0% encontró este documento útil (0 votos)
197 vistas793 páginas

Bikini - James Patterson

Una modelo llamada Kim McDaniels desaparece mientras trabajaba en Hawai. Es secuestrada y encerrada en el maletero de un coche. Forcejea para liberarse mientras el coche se mueve, pero no puede escapar. Recuerda los eventos previos a su secuestro, incluida una sesión de fotos en la playa, pero no sabe quién la ha secuestrado ni por qué.

Cargado por

Camille Claudel
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
197 vistas793 páginas

Bikini - James Patterson

Una modelo llamada Kim McDaniels desaparece mientras trabajaba en Hawai. Es secuestrada y encerrada en el maletero de un coche. Forcejea para liberarse mientras el coche se mueve, pero no puede escapar. Recuerda los eventos previos a su secuestro, incluida una sesión de fotos en la playa, pero no sabe quién la ha secuestrado ni por qué.

Cargado por

Camille Claudel
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Un thriller escalofriante escrito por

el autor ms vendido del mundo.


Una espectacular top-model
desaparece en Hawai, donde
estaba trabajando en una sesin de
fotos. Sus padres, alertados por
una llamada telefnica y
temindose lo peor, deciden viajar
hasta all sin sospechar el horror
que los aguarda. Entretanto, el
reportero de Los ngeles Times
Ben Hawkins est llevando a cabo
su propia investigacin del caso.
James Patterson & Maxine
Paetro

Bikini
ePub r1.0
j666 03.08.13
Ttulo original: Swimsuit
James Patterson y Maxine Paetro, 29 de
junio de 2009
Retoque de portada: j666

Editor digital: j666


ePub base r1.0
Al equipo local:
Suzie y John, Brendan y Jack
PRLOGO
Slo los hechos
S cosas que preferira ignorar.
Un autntico asesino psicpata no se
parece en nada al homicida comn. No
es como el atracador que se asusta y
descarga su pistola sobre un infeliz
empleado de licorera, ni como el
hombre que irrumpe en la oficina de su
corredor burstil y le vuela la cabeza, ni
como el marido que estrangula a su
mujer a causa de una infidelidad real o
imaginaria.
Los psicpatas no estn motivados
por el amor, el miedo, la furia o el odio.
No sienten esas emociones.
No sienten nada. S de qu hablo.
Gacy, Bundy, Dahmer, BTK Arder y
las dems estrellas del gremio de los
asesinos depravados eran gente distante,
impulsada por el ansia sexual y la
emocin de la cacera. Si alguien crey
ver remordimiento en los ojos de Ted
Bundy cuando confes haber matado a
treinta mujeres jvenes, slo se lo
imagin, porque lo que distingue al
psicpata de los dems homicidas es
que le importan un bledo la vida y la
muerte de sus vctimas.
Pero puede fingir que le importan.
Remeda las emociones humanas para
pasar inadvertido entre nosotros y
acechar a su presa. Para acercarse poco
a poco. Y una vez que ha matado, busca
una emocin nueva y ms intensa, sin
lmites, sin tabes, sin restricciones.
Me han dicho que uno puede
distraerse al estar tan consumido por
sus apetitos inconfesables, y as los
psicpatas cometen fallos.
S, a veces cometen errores.
Quizs ustedes recuerden la
primavera de 2007, cuando Kim
McDaniels, modelo de bikinis, fue
secuestrada en una playa de Hawai.
Nadie pidi rescate. La polica local se
mostr lenta, arrogante e inepta, y no
hubo testigos ni informadores que
supieran quin haba raptado a esa bella
y talentosa mujer.
En esa poca, yo era un ex polica
metido a novelista, pero como mi ltimo
libro haba ido casi directamente de la
distribuidora a las mesas de saldo, era
un novelista venido a menos que
procuraba sobrevivir sin tener que
escribir culebrones.
As que trabajaba como periodista
en la seccin de crnicas policiales del
L.A. Times y trataba de ser optimista: as
fue como el escritor Michael Connelly
inici su carrera hacia la fama y el xito.
El viernes por la noche, veinticuatro
horas despus de la desaparicin de
Kim, yo estaba ante mi escritorio,
redactando otro artculo rutinariamente
trgico sobre la vctima de un tiroteo,
cuando mi jefe de redaccin, Daniel
Aronstein, se asom a mi cubculo, dijo
Mueve el culo y me arroj un billete a
Maui.
Entonces yo frisaba los cuarenta y
sufra una indigestin de escenas del
crimen, pero me deca que estaba en un
puesto ideal para pillar la idea que me
permitiera escribir el libro que dara un
giro radical a mi vida. Me aferraba a
esa ilusin para conservar mi
deshilachada esperanza de lograr un
futuro mejor.
Lo extrao es que cuando la gran
idea llam a mi puerta no supe
reconocerla.
El billete a Hawai me brindaba una
ansiada oportunidad. Presenta un
pasatiempo cinco estrellas; bares con
vistas al mar y chicas semidesnudas,
codo a codo con la competencia: todo
eso a cuenta del L.A. Times.
Cog el billete y vol hacia el
artculo ms importante de mi carrera.
El secuestro de Kim McDaniels era
un incidente inesperado, una historia
caliente de duracin desconocida. Todas
las agencias de noticias del planeta ya
estaban pendientes de ella cuando me
sum a la multitud de reporteros que se
agolpaba frente al cordn policial ante
el hotel Wailea Princess.
Al principio pens lo que pensaban
todos: Kim haba bebido ms de la
cuenta y cado en manos de unos chicos
malos que, tras violarla, la mataron y se
deshicieron del cuerpo. La Bella
Ausente ocupara los titulares durante
una semana o un mes, hasta que algn
imbcil de la farndula o el
Departamento de Seguridad Interior
recobrara la primera plana.
Aun as, tena que mantener mi
autoengao y justificar una cuenta de
gastos, as que me abr paso a
empellones hasta el negro corazn de
una perversa y fascinante orga de
crmenes. Al hacerlo, y sin haberlo
planeado, pas a formar parte de la
historia, pues fui escogido por un
asesino profundamente psictico que
cultivaba su propio autoengao.
Este libro es la autntica historia de
un monstruo hbil y elusivo, un monstruo
de primera categora que se llamaba
Henri Benoit. Como me dijo el propio
Henri: Jack el Destapador nunca so
con matar as.
Hace meses que vivo en una
localidad remota, transcribiendo la
historia de Henri. Los cortes de
electricidad son frecuentes en este lugar,
as que me he puesto ducho con una
mquina de escribir manual. Lo cierto es
que no necesito Google, porque lo que
no figura en mis cintas, notas y recortes
est grabado para siempre en mi mente.
Bikini trata sobre un asesino sin
precedentes que elev el listn a cotas
inimaginables, un homicida sin
parangn. Me he tomado ciertas
licencias literarias para narrar su
historia porque no puedo saber lo que
Henri o sus vctimas pensaban en tal o
cual situacin.
Pero no se preocupen por eso, pues
lo que Henri me cont con sus propias
palabras fue confirmado por los hechos.
Y los hechos cuentan la
verdad.
Y la verdad los dejar sin
aliento, igual que a m.

BENJAMIN L. HAWKINS
Mayo de 2009
PRIMERA PARTE
La cmara la ama
1
Kim McDaniels estaba descalza, con un
minivestido Juicy Couture de rayas
azules y blancas, cuando la despert un
golpe en la cadera, un porrazo doloroso.
Abri los ojos en la oscuridad y a su
mente afloraron preguntas.
Dnde estaba? Qu suceda?
Forceje contra la manta que le
haban echado sobre la cabeza, logr
liberar la cara y repar en un par de
cosas: la haban amarrado de manos y
pies, y se encontraba en un
compartimiento estrecho.
Otro golpe la sacudi.
Oye! protest.
Su grito fue sofocado por el espacio
cerrado y la vibracin de un motor.
Comprendi que estaba dentro del
maletero de un coche. Absurdo! Se
dijo que deba despertarse.
Pero estaba despierta, sintiendo
golpes reales, as que forceje,
retorciendo las muecas contra una soga
de nailon que no ceda.
Se volvi sobre la espalda, pegando
las rodillas al pecho, y pate la tapa del
maletero. La tapa no se movi.
Pate una y otra vez, hasta sentir
punzadas desde la planta de los pies
hasta las caderas, pero sigui encerrada
y dolorida. El pnico la hizo estremecer.
Estaba atrapada. Confinada. No
saba cmo ni por qu haba ocurrido,
pero no estaba muerta ni herida, as que
poda escapar.
Usando las manos amarradas como
una garra, Kim tante el compartimiento
buscando una caja de herramientas, un
gato, una palanca, pero no encontr
nada, y el aire se enrareca mientras ella
jadeaba en la oscuridad.
Por qu estaba all?
Busc su ltimo recuerdo, pero su
mente estaba lerda, como si tambin le
hubieran arrojado una manta sobre el
cerebro. Sospech que la haban
drogado. Alguien le haba dado un
somnfero. Pero quin? Cundo?
Socorro! Soltadme! grit al
tiempo que pateaba de nuevo la tapa del
maletero, golpendose la cabeza contra
un borde de metal que la hizo lagrimear.
Ya no slo estaba muerta de miedo, sino
furiosa.
A travs de las lgrimas, Kim vio
una reluciente barra de cinco pulgadas
encima de ella. Tena que ser la palanca
para abrir el maletero desde dentro.
Gracias a Dios susurr.
2
Sus manos amarradas temblaban
mientras Kim estiraba los brazos,
enganchaba los dedos en la palanca y
tiraba hacia abajo. La barra se movi
con facilidad, pero la tapa no se abri.
Lo intent de nuevo, tirando una y
otra vez, esforzndose frenticamente a
pesar de su sospecha de que la palanca
estaba inutilizada, de que haban cortado
el cable. Entonces not que el coche
abandonaba el asfalto. Sinti menos
barquinazos, as que pens que estaban
avanzando sobre arena.
Se dirigan al mar?
Ella se ahogara en ese maletero?
Grit de nuevo, un estridente alarido
de terror que se transform en una
frentica plegaria:
Dios mo, permteme salir con
vida de esto y te prometo!
Cuando el grito se apag, oy
msica detrs de su cabeza. Una
vocalista entonaba una especie de blues,
una cancin que ella no conoca.
Quin conduca el coche? Quin le
haba hecho eso? Por qu motivo?
Ahora la mente se le despejaba,
retrocediendo, pasando revista a las
imgenes de las horas anteriores.
Empez a recordar. Madrugn a las tres.
Maquillaje a las cuatro. En la playa a
las cinco. Con Julia, Darla, Monique y
esa chica despampanante pero extraa,
Ayla. Gils, el fotgrafo, beba caf con
el equipo, y los hombres que
remoloneaban alrededor de la escena,
toalleros y corredores maaneros
embelesados por esas chicas con sus
bikinis diminutos, por la maravilla de
tropezarse con un rodaje de Sporting
Life.
Kim evoc aquellos momentos, sus
poses con Julia.
Una sonrisa, Julia deca Gils.
Estupendo. Divina, Kim, divina, as me
gusta. Los ojos hacia m, Perfecto.
Record que las llamadas
telefnicas haban empezado despus,
durante el desayuno, y haban seguido
todo el da.
Diez malditas llamadas, hasta que
desconect el telfono.
Douglas la haba llamado, le haba
dejado mensajes, la haba acechado, la
haba enloquecido. Douglas!
Y record que esa noche, despus de
la cena, ella estaba en el bar del hotel
con el director artstico, Del Swann,
encargado de supervisar el rodaje, de
protegerla despus, y Del haba ido al
bao de caballeros, y l y Gils, ambos
gais, haban desaparecido.
Y record que Julia hablaba con
alguien en el bar y Kim trat de llamarle
la atencin pero no lograba establecer
contacto visual, as que sali a caminar
por la playa. Y eso era todo lo que
recordaba.
Haba ido a la playa con el mvil
colgado del cinturn, apagado. Y ahora
empezaba a pensar que Douglas se haba
desquiciado. Perda fcilmente los
estribos y se haba convertido casi en un
acosador. Quiz le hubiera pagado a
alguien para que le echara algo en la
copa.
Ahora empezaba a comprender. Su
cerebro funcionaba bien.
Douglas! grit. Doug
Y entonces, como si el mismsimo
Dios hubiera odo su invocacin, un
mvil son dentro del maletero.
3
Kim contuvo el aliento y escuch.
Sonaba un telfono, pero no era el
timbre del suyo. Era un zumbido sordo,
no las cuatro notas de Beverly Hills de
Weezer. De todos modos, si era como la
mayora de los telfonos, estara
programado para activar el contestador
despus de cuatro tonos.
No poda permitirlo!
Dnde estaba el puetero telfono?
Palp la manta y la soga le rasgu
las muecas. Estir las manos, toc el
suelo, percibi el bulto bajo un trozo de
alfombra cerca del borde, pero lo alej
con sus movimientos torpes. No!
El segundo tono termin. El frenes
le haba acelerado el corazn cuando
por fin cogi el telfono, un aparato
grueso y anticuado. Lo aferr con dedos
trmulos mientras el sudor le empapaba
las muecas.
Vio la identificacin de la llamada,
pero no haba nombre, y no reconoci el
nmero.
Pero no importaba quin fuera.
Cualquiera dara igual.
Kim puls la tecla ok y se llev el
auricular al odo.
Hola! Grit con voz ronca.
Con quin hablo?
En vez de una respuesta oy un
canto. Esta vez era Whitney Houston.
I'll always love you-ou-ou, deca el
estreo del coche, slo que con mayor
claridad y volumen.
La llamaban desde el asiento
delantero?
Doug Doug? Grit por
encima de la voz de Whitney. Qu
diablos sucede? Respndeme.
Pero l no responda y Kim
temblaba en el estrecho maletero,
amarrada como un pollo, sudando a
mares, y la voz de Whitney pareca
burlarse de ella.
Doug! Qu diantre ests
haciendo?
Entonces lo adivin: l quera
ensearle lo que se senta cuando no te
prestaban atencin, le estaba dando una
leccin; pero no podra salirse con la
suya. Estaban en una isla, verdad?
Cun lejos podan ir?
As que Kim se vali de su furia
para estimular la mente que le haba
permitido iniciar la carrera de Medicina
en Columbia, y pens en cmo disuadir
a Doug. Tendra que manipularlo,
decirle cunto lo lamentaba, y explicarle
dulcemente que l deba entender que no
era culpa de ella. Lo ensay
mentalmente.
Comprende, Doug, no puedo
recibir llamadas. Mi contrato me
prohbe estrictamente revelar dnde
estamos rodando. Podran despedirme.
Lo entiendes, verdad?.
Le insinuara que, aunque ya haban
roto su relacin, aunque Doug actuaba
como un demente al cometer ese acto
criminal, l an era su chico.
Pero tena otros planes. En cuanto l
le diera la oportunidad, le propinara un
rodillazo en los testculos o le pateara
las rtulas. Saba suficiente yudo para
amansarlo, aunque l fuera corpulento.
Luego pondra pies en polvorosa. Y
despus los polis se encargaran de l!
Doug! Grit al telfono.
Responde, por favor. Te lo ruego. Esto
no tiene ninguna gracia.
De pronto el volumen de la msica
baj.
A decir verdad, Kim, tiene su
gracia, aparte de ser maravillosamente
romntico.
Kim no reconoci la voz.
No era Doug.
4
Un nuevo temor la embarg como un
fuego helado y estuvo a punto de
desmayarse. Pero recobr la
compostura, junt las rodillas, se
mordi la mano y se mantuvo alerta.
Reprodujo mentalmente el sonido de esa
voz.
A decir verdad, Kim, tiene su
gracia, aparte de ser maravillosamente
romntico.
No conoca esa voz, no la conoca
en absoluto.
Todo lo que haba imaginado un
momento atrs, la cara de Doug, su
debilidad por ella, el ao que haba
pasado aprendiendo cmo apaciguarlo
cuando se descontrolaba, todo eso se
haba esfumado.
Ahora haba una nueva verdad.
Un desconocido la haba maniatado
y arrojado al maletero de un coche. La
haban secuestrado. Pero por qu? Sus
padres no eran ricos! Qu le hara?
Cmo escapara? Ella estaba pero
cmo?
Kim escuch en silencio.
Quin es usted? pregunt al
fin.
Cuando volvi a orse, la voz son
meliflua y serena.
Lamento ser tan grosero, Kim. Me
presentar enseguida. Dentro de poco. Y
no te preocupes. Todo saldr bien.
La comunicacin se cort.
Kim se calm cuando se cort la
llamada. Era como si tambin le
hubieran desconectado la mente. Luego
se agolparon los pensamientos. La voz
tranquilizadora del desconocido le
infunda esperanza. As que se aferr a
eso. l era amable. Todo saldr bien,
haba dicho.
El coche vir a la izquierda y Kim
rod contra el flanco del maletero y
apoy los pies en el metal. Not que an
aferraba el telfono.
Se acerc el teclado a la cara.
Apenas poda leer los nmeros a la luz
tenue de la pantalla, pero aun as logr
pulsar el 911.
Escuch tres tonos y luego la voz de
la operadora.
Nueve once. Cul es su
emergencia?
Me llamo Kim McDaniels. Me
han
No la entiendo bien. Por favor,
deletree su nombre.
Kim rod hacia delante cuando el
coche fren. Luego oy la portezuela del
conductor, y el chasquido de la llave en
la cerradura del maletero.
Aferr el telfono, temiendo que la
voz de la operadora fuera demasiado
fuerte y la delatara. Pero no quera
colgar para no perder la conexin GPS
entre ella y la polica, su mayor
esperanza de rescate.
Una llamada telefnica poda
rastrearse. Eso era as, o no?
Me han secuestrado jade.
La llave gir a izquierda y derecha,
pero la cerradura no atinaba a abrirse.
En esa fraccin de minuto, Kim repas
desesperadamente su plan. Todava le
pareca acertado. Si el secuestrador
quera acostarse con ella, podra
sobrevivir a eso, pero obviamente
tendra que ser lista, entablar amistad
con l, y recordarlo todo para luego
contarlo a la polica.
El maletero se abri por fin y el
claro de luna le ba los pies.
Y el plan de seducir al secuestrador
se esfum. Kim encogi las rodillas y
lanz una patada a los muslos del
hombre. l salt hacia atrs, eludiendo
sus pies, y antes de que ella pudiera
verle la cara, le ech una manta encima
y le arrebat el mvil de la mano.
Kim sinti el pinchazo de una aguja
en el muslo.
Oy la voz mientras su cabeza se
inclinaba hacia atrs y la luz se
desvaneca.
Es intil que te resistas, Kim. No
se trata de nosotros dos, sino de algo
mucho ms importante, creme. Aunque,
pensndolo bien, por qu ibas a
creerme?
5
Recobr el conocimiento acostada boca
arriba en una cama, dentro de un cuarto
reluciente y pintado de amarillo. Tena
los brazos sujetos y trabados detrs de
la cabeza. Sus piernas, muy separadas,
estaban amarradas al armazn metlico
de una cama. Tena una sbana de satn
blanco hasta la barbilla, metida entre las
piernas. No poda estar segura, pero le
pareci que estaba desnuda bajo la
sbana.
Tirone de la cuerda que le sujetaba
los brazos, teniendo aterradores
vislumbres de lo que podra ocurrirle,
nada que congeniara con la
tranquilizadora promesa de que todo
saldra bien. Luego oy gruidos y
chillidos que nacan en su garganta,
sonidos que nunca haba emitido.
No logr hacer nada con las cuerdas,
as que irgui la cabeza y ech un
vistazo al cuarto. Pareca irreal, como
un plat.
A la derecha de la cama haba dos
ventanas cerradas cubiertas con cortinas
de gasa. Bajo las ventanas haba una
mesa llena de velas encendidas de toda
altura y color, y flores autctonas de
Hawai.
Estrelicias y jengibre, flores muy
masculinas a su entender, realmente
sexuales, erectas en un jarrn junto a la
cama.
Otro vistazo y detect dos cmaras.
De tipo profesional, montadas en
trpodes a ambos lados.
Vio luces sobre pedestales y un
micrfono en el que no haba reparado
antes, situado sobre su cabeza.
Oy el fragor del rompiente, como si
las olas se estrellaran contra las
paredes. Y all estaba ella, clavada
como una mariposa en el centro de todo.
Inhal profundamente.
Socorro! grit.
Cuando ces el grito, una voz son
detrs de su cabeza.
Calma, Kim, calma. Nadie puede
orte.
Ella movi la cabeza a la izquierda,
estir el cuello con gran esfuerzo, y vio
a un hombre sentado en una silla. Usaba
auriculares y se los quit de la cabeza
para apoyrselos en el pecho.
Su primera visin del hombre que la
haba capturado.
No lo conoca.
Tena pelo rubio oscuro ms o
menos largo, y frisaba los cuarenta.
Tena rasgos regulares e imprecisos que
casi podan considerarse agraciados.
Era musculoso, y usaba ropa ceida de
aspecto caro, adems de un reloj de oro
que ella haba visto en Vanity Fair.
Patek Philippe. El hombre de la silla se
pareca a Daniel Craig, el actor que
haba protagonizado la ltima pelcula
de James Bond.
Volvi a ponerse los auriculares y
cerr los ojos mientras escuchaba. No le
prestaba atencin.
Oye, amigo, te estoy hablando!
grit Kim.
Tendras que or esto dijo l. Le
dijo el nombre de la pieza musical, le
dijo que conoca al artista, que se era
el primer corte del estudio.
Se levant, le acerc los auriculares
y le apoy uno en la oreja.
No es maravilloso?
El plan de fuga de Kim se evapor.
Haba perdido su gran oportunidad de
seducirlo. Har lo que quiera hacer,
pens. Aunque todava poda suplicar
por su vida. Decirle que sera ms
divertido si ella participaba. Pero su
mente estaba embarullada por la
inyeccin que l le haba puesto y se
senta demasiado floja para moverse.
Escrut los ojos grises del hombre y
l la mir como si sintiera afecto por
ella. Quiz pudiera valerse de eso.
Escchame dijo, la gente
sabe que he desaparecido. Gente
importante. Life Incorporated. Has odo
hablar de ellos? Tengo un toque de
queda, como todas las modelos. La
polica ya me est buscando.
Yo no me preocupara por la
polica, Kim dijo James Blonde.
He sido muy cuidadoso. Se sent en
la cama junto a ella y le apoy la mano
en la mejilla, con admiracin. Luego se
puso guantes de ltex.
Kim repar en el color de los
guantes porque eran azules. l tom algo
de un clavo de la pared, una especie de
mscara. Cuando se la puso, sus rasgos
se distorsionaron. Y eran escalofriantes.
Qu vas a hacer? Qu vas a
hacer?
Los gritos de Kim rebotaron en el
cuartucho.
Eso ha sido sensacional dijo el
hombre. Puedes hacerlo de nuevo?
Ests preparada, Kim?
Se aproxim a cada una de las
cmaras, revis el ngulo a travs de las
lentes, las encendi. Las brillantes luces
resplandecieron.
Kim sigui los guantes azules
mientras le apartaban la sbana de satn.
La habitacin estaba fresca, pero el
sudor le perl la piel de inmediato.
Supo que l iba a violarla.
No tienes que hacerlo as le
dijo.
Claro que s.
Kim se puso a gemir, un lloriqueo
que se convirti en grito. Desvi la cara
hacia las ventanas cerradas, oy que el
cinturn del desconocido caa al suelo.
Rompi a llorar sin reservas al sentir la
caricia del ltex en los senos, la
sensacin en la entrepierna mientras l
la abra con la boca, la brusquedad con
que l la penetraba, los msculos que se
tensaban para cerrarle el paso.
l le habl al odo, respirndole
suavemente en la cara.
No te resistas, Kim. No te
resistas. Lo lamento, pero es un trabajo
que estoy haciendo por mucho dinero.
Los espectadores son grandes
admiradores tuyos. Trata de entender.
Murete dijo ella. Le mordi la
mueca, hacindole sangre, y l la peg,
le abofete con fuerza cada mejilla, y
las lgrimas le escocieron la piel.
Quera desmayarse, pero an estaba
consciente, bajo el cuerpo de ese
desconocido rubio, oyendo sus gruidos,
sintiendo demasiado. As que procur
bloquear todas las sensaciones salvo el
fragor de las olas y los pensamientos
sobre lo que le hara cuando escapara.
6
Kim despert sentada en una baera de
agua tibia, con la espalda apoyada en el
borde curvo, las manos atadas bajo las
burbujas.
El desconocido rubio estaba sentado
en un taburete, lavndola con una
esponja con toda naturalidad, como si la
hubiera baado muchas veces.
A Kim le dio una arcada y vomit
bilis en la baera. El desconocido la
alz con un movimiento vigoroso,
diciendo Arriba. Ella volvi a notar
cun fuerte era, y esta vez repar en un
leve acento. No poda identificarlo.
Quiz ruso. O checo. O alemn. Luego l
quit el tapn de la baera y abri la
ducha.
Kim se contone bajo la lluvia y l
la alz y le sostuvo el cuerpo mientras
ella gritaba y forcejeaba, tratando de
patearlo pero perdiendo el equilibrio.
Estuvo a punto de caerse, pero l la
sostuvo de nuevo, riendo.
Eres una criaturilla especial,
verdad? le dijo.
Luego la envolvi en toallas blancas
muy mullidas y la arrop como a un
beb. La sent en la tapa del retrete y le
ofreci una copa de algo para beber.
Bebe esto. Te ayudar. De veras.
Kim mene la cabeza.
Quin eres? pregunt. Por
qu me haces esto?
Quieres recordar esta velada,
Kim?
Bromeas, maldito pervertido?
Este brebaje te ayudar a olvidar.
Y te convendr estar dormida cuando te
lleve a casa.
Cundo me llevars a casa?
Todo terminar pronto dijo l.
Kim alz las manos y not que la
cuerda que le sujetaba las muecas era
diferente: azul oscuro, probablemente
seda, y la forma de los nudos era
intrincada, casi hermosa. Acept el vaso
y lo vaci.
A continuacin, el desconocido le
pidi que agachara la cabeza. Ella
obedeci y l le sec el cabello con la
toalla. Luego lo cepill, haciendo rulos
y rizos con los dedos, y sac frascos y
cepillos del largo cajn del mueble que
rodeaba el lavabo.
Le aplic maquillaje en las mejillas,
los labios y los ojos con mano diestra,
cubriendo una magulladura cerca del ojo
izquierdo, mojando el cepillo con la
lengua, combinando todo con la base.
Soy muy bueno en esto, no te
preocupes le dijo.
Termin su trabajo, la rode con los
brazos, alz el cuerpo envuelto por la
toalla y la llev a la otra habitacin.
La cabeza de Kim cay hacia atrs
cuando l la deposit en la cama. Not
que l la estaba vistiendo, pero no lo
ayud en nada mientras le suba la
braguita de un bikini por los muslos.
Luego le at el sujetador del traje de
bao a la espalda.
El traje se pareca mucho al
Vittadini que Kim haba usado al final
de la filmacin. Rojo con una ptina
plateada. Debi de haber murmurado
Vittadini, porque James Blonde le
respondi:
Es mejor an. Lo escog
personalmente cuando estaba en St.
Tropez. Lo compr slo para ti.
T no me conoces dijo ella,
torciendo el gesto.
Todos te conocen, primor.
Kimberly McDaniels, bello nombre, por
lo dems. Le movi el cabello a un
costado y le anud el cordel del
sujetador sobre la nuca. Hizo un lazo y
se disculp por haberle tirado del pelo.
Kim quiso hacer un comentario, pero
se olvid de lo que iba a decir. No
poda moverse. No poda gritar. Apenas
poda mantener los ojos abiertos.
Escrut aquellos ojos grises que la
acariciaban.
Asombroso dijo l. Ests
bellsima para un primer plano.
Ella intent decir Vete a la
mierda, pero las palabras se enredaron
y salieron como un suspiro largo y
cansado.
Veieeerda.
7
En una biblioteca privada al otro lado
del mundo, un hombre llamado Horst
estaba sentado en su silln tapizado de
cuero y miraba la gran pantalla LED
junto al hogar.
Me gustan las manos azules le
dijo a su amigo Jan, que agitaba su
bebida en un vaso tintineante. Horst
subi el volumen con el control remoto.
Es un toque delicado convino
Jan. Con ese traje de bao y esa tez,
ella es tan americana como el pastel de
manzana. Ests seguro de que grabaste
el vdeo?
Claro que s. Ahora mira dijo
Horst. Observa cmo l tranquiliza a
su animal.
Kim estaba tendida de bruces,
amarrada como una presa de cazador,
las manos a la espalda y sujetas a las
piernas flexionadas. Adems del traje de
bao rojo, usaba zapatos negros de
charol con tacones de doce centmetros
y elegante suela roja. Era un calzado
exclusivo, Christian Louboutin, el mejor,
y Horst pens que parecan ms juguetes
que zapatos.
Kim le suplicaba al hombre que sus
espectadores conocan como Henri.
Por favor sollozaba. Por
favor, destame. Har mi papel. Ser
mejor para ti y jams se lo contar a
nadie.
Eso es verdad rio Horst.
Jams se lo contar a nadie.
Jan baj el vaso.
Horst dijo con tensa
impaciencia, por favor, haz retroceder
el vdeo.
Jams se lo contar a nadie,
repiti Kim en la pantalla.
Est bien, Kim. Ser nuestro
secreto, verdad?.
Henri llevaba una mscara en el
rostro y su voz sonaba alterada
digitalmente, pero su actuacin era
enrgica y su pblico estaba ansioso.
Ambos hombres se inclinaron en el
asiento y contemplaron cmo Henri
acariciaba a Kim, le frotaba la espalda y
la arrullaba hasta que ella dejaba de
gimotear.
Y luego, cuando ella pareca a punto
de dormirse, l se mont a horcajadas en
su cuerpo, envolvindose la mano con el
pelo largo, hmedo y rubio de la mujer.
Le alz la cabeza, tirando hasta que
Kim arque la espalda y la fuerza del
tirn la hizo gritar. Tal vez vio que l
haba empuado un cuchillo dentado con
la mano derecha.
Kim dijo l, pronto
despertars. Y si alguna vez recuerdas
esto, te parecer una pesadilla.
La bella joven guard un asombroso
silencio cuando Henri abri el primer
tajo profundo en la nuca. Luego, cuando
sinti el dolor que la arranc
bruscamente de su modorra, abri los
prpados y solt un alarido ronco con la
boca pintada. Sacudi el cuerpo
mientras Henri aserraba los msculos, y
luego el alarido se interrumpi, dejando
un eco mientras Henri terminaba de
tronchar la cabeza con tres tajos largos.
Chorros de sangre salpicaron las
paredes pintadas de amarillo, se
derramaron en las sbanas de satn,
mojaron el brazo y la entrepierna del
hombre desnudo arrodillado sobre la
muchacha muerta.
La sonrisa de Henri era visible a
travs de la mscara mientras sostena la
cabeza de Kim por el cabello, de modo
que oscilaba suavemente frente a la
cmara. Una expresin de pura
desesperacin estaba tallada en aquel
bello rostro.
La voz digitalizada del asesino era
turbadora y mecnica, pero Horst la
encontraba muy satisfactoria.
Todos felices, espero, dijo Henri.
La cmara se demor ante el rostro
de Kim un largo instante y luego, aunque
el pblico quera ms, la pantalla se
ennegreci.
SEGUNDA PARTE
Vuelo nocturno
8
Un hombre miraba el agua oscura y las
nubes rosadas desde un muralln de lava
mientras el alba se cerna sobre la costa
oriental de Maui.
Se llamaba Henri Benoit, que no era
su nombre autntico, sino el alias que
usaba en ese momento. Frisaba los
cuarenta, tena pelo rubio ms o menos
largo y ojos grises y claros, y meda ms
de un metro ochenta. Ahora estaba
descalzo, con los dedos de los pies
hundidos en la arena.
Su holgada camisa de lino blanco
colgaba sobre sus pantalones grises de
algodn, y miraba las aves marinas que
graznaban mientras rozaban las olas.
Henri pensaba que esos graznidos
podran haber sido los acordes iniciales
de otro da impecable en el paraso.
Pero el da se haba malogrado aun antes
de empezar.
Henri dio la espalda al mar, se
guard el PDA en un bolsillo del
pantaln y, mientras el viento le
hinchaba la espalda de la camisa como
una vela, subi el parque en declive que
conduca a su bungal particular.
Abri la puerta con cancela, cruz el
lanai y el entarimado claro hasta la
cocina, se sirvi una taza de caf kona.
Regres al lanai, se repantig en la
tumbona junto a la tina caliente y se puso
a cavilar.
Ese lugar, el Hana Beach Hotel,
estaba en el tope de su lista de favoritos:
exclusivo, confortable, sin televisin, ni
siquiera telfono. Rodeado por cientos
de hectreas de bosques, encaramado
sobre la costa de la isla, aquel plcido
grupo de edificios constitua un refugio
perfecto para los muy ricos.
All un hombre poda relajarse
perfectamente, ser la persona que era,
realizar su esencia como ser humano.
La llamada telefnica desde Europa
oriental haba estropeado su relajacin.
La conversacin haba sido breve,
prcticamente un monlogo. Horst le
haba dado las noticias buenas y las
malas en un tono de voz que semejaba
una navaja cortando un rgano vital.
Horst le haba dicho a Henri que su
trabajo haba tenido una buena acogida,
pero que haba problemas.
Haba escogido la vctima
adecuada? Por qu la muerte de Kim
McDaniels era como el sonido del
aplauso de una sola mano? Dnde
estaba la prensa? Haban recibido todo
aquello por lo que haban pagado?
Entregu una realizacin brillante
rugi Henri. Cmo puedes
negarlo?
Cuida tus modales, Henri. Aqu
somos todos amigos, s?
S. Amigos en un proyecto
estrictamente comercial en el que un
grupo de camaradas controlaba la pasta.
Y ahora Horst le deca que sus
compinches no estaban conformes.
Queran ms. Ms enredos en la trama.
Ms accin. Ms aplausos al final de la
pelcula.
Usa tu imaginacin, Henri.
Sorprndenos.
Le pagaran ms, desde luego, por
servicios adicionales. Al cabo de un
rato, la perspectiva de ganar ms dinero
atemper el mal humor de Henri sin
modificar bsicamente su desprecio por
el Mirn.
Conque quieren ms, eh? Vale.
Cuando termin su segunda taza de
caf, haba elaborado un nuevo plan.
Sac un telfono inalmbrico del
bolsillo y empez a hacer llamadas.
9
Esa noche nevaba en Cascade Township,
el suburbio boscoso de Grand Rapids,
Michigan, donde vivan Levon y
Barbara McDaniels. Dentro de la eficaz
pero acogedora casa de ladrillos de tres
dormitorios, los dos hijos varones
dorman profundamente bajo las mantas.
Pasillo abajo, Levon y Barbara
yacan espalda contra espalda,
tocndose la planta de los pies sobre la
divisoria invisible de su cama Sleep
Number, y su contacto de veinticinco
aos no pareca romperse ni siquiera en
sueos.
La mesilla de Barbara estaba
abarrotada de revistas y peridicos a
medio leer, carpetas de anlisis y
memorndums, una multitud de
suplementos vitamnicos alrededor de su
frasco de t verde. No te preocupes,
Levon, y por favor no toques nada. Yo s
dnde est todo.
La mesilla de Levon congeniaba con
su cerebro izquierdo, as como la de
Barbara con el derecho: su pulcra pila
de informes anuales, el ejemplar
anotado de Against All Reason, una
pluma, una libreta y una hueste de
adminculos electrnicos (telfonos,
ordenador porttil, reloj meteorolgico),
todos alineados a diez centmetros del
borde de la mesilla, enchufados en una
toma de corriente detrs de la lmpara.
La nevisca haba envuelto la casa en
un silencio blanco y el ruido del
telfono despert sobresaltado a Levon.
Sus palpitaciones se aceleraron y su
mente fue presa de un pnico
instantneo. Qu suceda?
El telfono volvi a sonar, y Levon
cogi el aparato de lnea.
Mir el reloj: las tres y cuarto de la
maana. Quin demonios llamara a esas
horas Luego lo supo. Era Kim. Estaba
cinco horas retrasada respecto de ellos,
y sin duda se haba olvidado de la
diferencia horaria.
Kim? Cario? dijo Levon.
Kim no est respondi una voz
masculina.
A Levon se le encogi el pecho y no
pudo recobrar el aliento. Estaba
sufriendo un infarto?
Disculpe, cmo ha dicho?
Barbara se incorpor en la cama y
encendi la luz.
Levon, qu sucede? pregunt.
Levon alz una mano, indicando que
aguardara.
Con quin hablo? pregunt,
frotndose el pecho para aliviar el
dolor.
Slo tengo un minuto, as que
escuche con atencin. Llamo desde
Hawai. Kim no est. Ha cado en malas
manos.
Qu significaba aquello?
No le entiendo. Est herida?
Ninguna respuesta.
Oiga?
Escucha lo que le digo, seor
McDaniels?
S. Quin es usted, por favor?
Slo lo dir una vez.
Levon se tir del cuello de la
camiseta, sin saber qu pensar. El
hombre menta o deca la verdad?
Conoca su nombre, su nmero de
telfono, saba que Kim estaba en
Hawai. Cmo saba todo eso?
Qu sucede, Levon? insisti
Barbara. Se trata de Kim?
Kim no se present para la
filmacin ayer por la maana dijo el
hombre. La revista ha tapado el
asunto. Esperan tener suerte, esperan
que ella regrese.
Han llamado a la polica?
Alguien ha llamado a la polica?
Ahora colgar dijo la voz.
Pero si yo fuera usted, abordara el
primer avin a Maui. Con Barbara.
Aguarde! Por favor, aguarde.
Cmo sabe que ella ha desaparecido?
Porque lo hice yo, amigo mo. La
vi. Me gust. La tom. Buenas noches.
10
Qu quiere? Dgame qu quiere!
Levon oy un chasquido seguido por
el tono de marcacin. Puls el botn del
directorio y ley desconocido donde
tena que figurar el nmero de la
llamada.
Barbara le tironeaba del brazo.
Levon! Dime qu pasa!
Barbara siempre deca que ella era
el lanzallamas de la familia y que l era
el bombero, y esos papeles se haban
fijado con el tiempo. As que Levon
comenz a contarle lo que haba dicho
aquel hombre, pero elimin el temor de
su voz y se atuvo a los hechos.
El rostro de Barbara reflejaba el
terror que llameaba dentro de Levon
como una fogata. La voz le llegaba como
desde lejos.
Y le has credo? Te ha dicho
dnde estaba Kim? Te ha contado lo
que ha ocurrido? Por Dios, de qu
estamos hablando?
Slo que ha desaparecido
Nunca va a ninguna parte sin el
mvil dijo Barbara con voz
entrecortada, sufriendo un ataque de
asma.
Levon se levant bruscamente, tir
cosas de la mesilla de Barbara con su
mano trmula, derramando pldoras y
papeles en la alfombra. Encontr el
inhalador entre aquel batiburrillo, se lo
dio a Barbara y la mir mientras ella
aspiraba largamente.
Las lgrimas le perlaban la cara.
l le tendi los brazos, ella se dej
abrazar y llor en su pecho.
Por favor llmala.
Levon cogi el telfono de la manta
y marc el nmero de Kim. Cont los
interminables tonos, dos, tres, mirando
el reloj, haciendo el clculo. En Hawai
eran poco ms de las diez de la noche.
Oy su voz.
Kim! grit.
Barbara se pas las manos por la
cara con alivio, pero Levon comprendi
su error.
Es slo un mensaje le dijo a
Barbara, al or la voz grabada de Kim:
Deja tu nombre y tu nmero y
responder a tu llamada. Chao!.
Kim, soy tu padre. Ests bien?
Nos gustara tener noticias tuyas. No te
preocupes por la hora. Slo llama. Aqu
estn todos bien. Te quiero, cario.
Barbara sollozaba Dios, santo
Dios, estrujando las mantas y
apretndoselas contra la cara.
An no sabemos nada, Barbara
dijo Levon. Podra ser un imbcil con
un morboso sentido del humor
Dios mo. Llama a la habitacin
del hotel.
Sentado en el borde de la cama,
mirando la grumosa alfombra entre sus
pies, Levon llam a informacin. Anot
el nmero, colg y llam al Wailea
Princess de Maui.
Cuando atendi el operador, pidi
hablar con Kim McDaniels, oy cinco
tonos distantes en una habitacin que
estaba a diez mil kilmetros de distancia
y luego una voz grabada contest: Por
favor, deje un mensaje para el ocupante
de la habitacin 314, o pulse cero para
hablar con un operador.
Levon volvi a sentir dolores en el
pecho y se qued sin aliento.
Kim le dijo al auricular,
llama a pap y mam. Es importante.
Apret el botn del cero, hasta que la
voz cantarina del operador del hotel, al
otro lado del mundo, apareci en la
lnea.
Le pidi que llamara a la habitacin
de Carol Sweeney, la representante de la
agencia de modelos, que haba
acompaado a Kim a Hawai y deba
estar all para cuidarla.
Tampoco hubo respuesta en la
habitacin de Carol. Levon dej un
mensaje.
Carol dijo, soy Levon
McDaniels, el padre de Kim. Por favor,
llmame cuando recibas este mensaje.
No te preocupes por la hora. Estamos
despiertos. ste es el nmero de mi
mvil
Luego volvi a comunicarse con el
operador.
Necesitamos ayuda dijo. Por
favor, pngame con el gerente. Es una
emergencia.
11
Levon McDaniels tena la mandbula
cuadrada, meda ms de uno ochenta y
pesaba unos ochenta kilos de puro
msculo. Siempre haba tenido fama de
firme, enrgico, reflexivo, un buen lder,
pero sentado all con sus calzoncillos
rojos, sosteniendo un minsculo telfono
inalmbrico que no lo comunicaba con
Kim, senta revulsin e impotencia.
Mientras esperaba que el personal
de seguridad del hotel fuera a la
habitacin de Kim e informara al
gerente, su imaginacin le trajo
imgenes de su hija, lastimada o cautiva
por un maldito manitico a saber con
qu intenciones.
El tiempo pas, quiz slo unos
minutos, pero Levon se imagin
surcando el cielo del Pacfico como un
blido, subiendo a grandes zancadas la
escalera del hotel y abriendo a patadas
la puerta de Kim. La vea apaciblemente
dormida, con el telfono descolgado.
Seor McDaniels, seguridad est
en la otra lnea. La cama est sin
deshacer. Las pertenencias de su hija
parecen intactas. Quiere que llamemos
a la polica?
S. De inmediato. Gracias.
Podra darme su nombre, por favor?
Levon reserv una habitacin y
llam a United Airlines.
A su lado, Barbara respiraba con
resuellos hmedos. Brillaban lgrimas
en sus mejillas, y su trenza entrecana se
deshaca mientras ella le pasaba los
dedos una y otra vez. Su sufrimiento
estaba al desnudo y ella no poda
evitarlo. Barbara nunca ocultaba sus
sentimientos.
Cuanto ms lo pienso balbuce
entre sollozos espasmdicos, ms
creo que es una broma pesada. Si se la
hubiera llevado querra dinero, y no lo
pidi, Levon. Para qu llam entonces?
No s, Barbara. Para m tampoco
tiene sentido.
Qu hora es all?
Las diez y media de la noche.
Entonces hace dieciocho horas
que no la ven? continu Barbara,
secndose los ojos en la camiseta de l,
tratando de encarar las cosas con
optimismo. Quiz fue a pasear con
algn chico guapo y tuvieron un
pinchazo. O el mvil no tena cobertura,
o algo as. Quizs est muy contrariada
por no haberse presentado en el rodaje.
Ya sabes cmo es ella. Tal vez est
atascada en alguna parte, enfadada
consigo misma.
Levon haba omitido la parte ms
aterradora de la llamada telefnica. No
le haba contado a Barbara que el
hombre haba dicho que Kim haba
cado en malas manos. Eso no
ayudara a su esposa, y no hallaba las
fuerzas para decrselo.
Tenemos que mantener la cabeza
fra dijo.
Barbara asinti.
Desde luego. Bien, iremos all,
Levon. Pero Kim perder los estribos
cuando sepa que le pediste al hotel que
llamara a la polica. Ya sabes cmo se
enfada.
l sonri.
Me duchar despus de ti
aadi ella.
Levon sali del bao cinco minutos
despus, rasurado, con el cabello
castao y hmedo erguido alrededor de
la coronilla calva. Trat de imaginarse
el Walea Princess mientras se vesta, vio
imgenes de postal con recin casados
que caminaban por la playa en el
poniente. Pens que nunca ms vera a
su hija y sinti el filo de un terror
cortante.
Por favor, Dios, por favor, que
nada le ocurra a Kim.
Barbara se duch deprisa. Luego se
puso un suter azul, pantalones grises y
zapatos bajos. Tena una expresin de
shock, pero haba superado la histeria y
su lcida mente estaba activa.
Slo llevaremos ropa interior y
cepillos de dientes, Levon, nada ms.
Compraremos lo que haga falta en Maui.
En Cascade Township eran las
cuatro menos cuarto. Haba pasado
menos de una hora desde que la llamada
annima haba desgarrado la noche y
sumido a los McDaniels en una
incgnita aterradora.
Llama a Cissy dijo Barbara.
Yo despertar a los nios.
12
Barbara suspir y encendi el atenuador
de luz, alumbrando gradualmente el
cuarto de los nios. Greg se tap con la
colcha de Spiderman, pero Johnny se
incorpor. Su cara de catorce aos
estaba alerta a algo nuevo y quizs
emocionante.
Ella sacudi suavemente el hombro
de Greg.
Tesoro, despirtate.
Mam, no.
Barbara apart la manta de su hijo
menor y explic a los nios una versin
tranquilizadora de la historia. Que ella y
pap viajaban a Hawai para visitar a
Kim.
Sus hijos abrieron unos ojos como
platos y la acribillaron a preguntas,
hasta que Levon entr con gesto tenso.
Pap! Qu sucede? exclam
Greg al verle la cara.
Barbara estrech a Greg entre sus
brazos y le dijo que todo estaba bien,
que la ta Cissy y el to Dave los
esperaban, que podran dormirse de
nuevo dentro de quince minutos. Podan
quedarse con el pijama puesto pero
tendran que calzarse y abrigarse.
Johnny les suplic que lo llevaran a
Hawai, por las motos acuticas y el
buceo, pero Barbara, conteniendo las
lgrimas, le dijo que esta vez no y se
ocup de juntar calcetines, zapatos,
cepillos de dientes y Gameboys.
Mam, nos ocultas algo. Todava
est oscuro!
No hay tiempo para
explicaciones, Johnny. Todo est bien.
Pero tenemos que coger un avin.
Diez minutos despus, a cinco calles
de distancia, Christine y David
esperaban frente a la casa mientras el
aire rtico que barra el lago Michigan
espolvoreaba el jardn con fina nieve
blanca.
Levon vio que Cissy bajaba los
escalones para salir al encuentro del
coche mientras l entraba en la calzada.
Cissy era dos aos menor que Barbara y
tena la misma cara con forma de
corazn, y Levon tambin vea a Kim en
los rasgos de ella.
Llamadme cuando hagis escala
dijo Cissy.
Dave le entreg un sobre a Levon.
Aqu tienes un poco de efectivo,
unos mil dlares. No, no, acptalos.
Quiz los necesitis al llegar all. Taxis
y todo eso. Levon, cgelos.
Los abrazaron y les desearon buen
viaje y palabras de afecto vibraron en la
quietud de la madrugada. Cuando Cissy
y David cerraron la puerta, Levon le
pidi a Barbara que se sujetara.
El Suburban retrocedi por la
calzada, luego cogi Burkett Road y
enfil hacia el aeropuerto Gerald R.
Ford a ms de ciento treinta por hora.
Ms despacio, Levon.
Vale.
Pero mantuvo el pie en el
acelerador, internndose en la noche
constelada de nieve, que de algn modo
lo mantena al borde del terror e
impeda que se despeara en el abismo.
Llamar al banco cuando
trasbordemos en Los ngeles dijo.
Hablar con Bill Macchio para que nos
tramite un prstamo con la casa como
garanta, por si necesitamos efectivo.
Vio que Barbara lagrimeaba, oy el
chasquido de sus uas pulsando el
Blackberry, enviando mensajes de texto
a todos los parientes, amigos, a su
trabajo. A Kim.
Barbara volvi a llamar al mvil de
su hija cuando Levon aparc el coche, y
alz el telfono para que Levon oyera la
voz mecnica: El buzn de voz de Kim
McDaniels est lleno. No se pueden
dejar mensajes por el momento.
13
Los McDaniels volaron de Grand
Rapids a Chicago, donde figuraban en
lista de espera para un vuelo a Los
ngeles que conectaba justo a tiempo
con un vuelo a Honolul. Una vez en
Honolul, corrieron por el aeropuerto,
billetes y documentos en mano, y
llegaron al aparato de Island Air. Fueron
los ltimos en embarcar, y se
acomodaron en los asientos antes de que
la puerta del avin se cerrara con un
fuerte estampido.
Estaban a slo cuarenta minutos de
Maui.
Desde que haban salido de Grand
Rapids haban dormido a ratos. Haba
pasado tanto tiempo que aquella llamada
telefnica empezaba a parecer irreal.
Ahora barajaban la idea de que se
reiran de todo una vez que Kim los
hubiera regaado por causar tanta
alharaca, y se sacaran una instantnea
con Kim con cara de fastidio entre
sus padres, todos luciendo guirnaldas,
como tpicos turistas felices en Hawai.
Y luego volvan a sentir miedo.
Dnde estaba Kim? Por qu no
podan comunicarse? Por qu no haba
llamadas de ella en el telfono de la
casa ni en el mvil de Levon?
Mientras el avin sobrevolaba las
nubes, Barbara coment:
Estaba pensando en la bicicleta.
Levon cabece y le asi la mano.
Lo que llamaban la bicicleta haba
empezado con otra terrible llamada
telefnica, ocho o nueve aos atrs, una
llamada de la polica. Kim tena catorce
aos. Sala en bicicleta despus de la
escuela, con una bufanda en el cuello. La
bufanda ondeante se enred en la rueda
trasera, sofocando a Kim y arrojndola
al arcn. Una mujer que pasaba en coche
vio la bicicleta en el camino, fren y
encontr a la nia tendida junto a un
rbol, inconsciente. Esa mujer, llamada
Anne Clohessy, haba llamado al 911, y
cuando lleg la ambulancia no lograron
que Kim recobrara el conocimiento. Su
cerebro estaba privado de oxgeno,
decan los mdicos. Estaba en coma. El
personal del hospital le dijo a Barbara
que quiz fuera irreversible.
Cuando llamaron a Levon a la
oficina, un helicptero haba trasladado
a Kim a una unidad de traumatismos en
Chicago. Levon y Barbara viajaron
cuatro horas en coche, llegaron al
hospital y encontraron a su hija en
cuidados intensivos, aturdida pero
consciente, con una tremenda
magulladura en el cuello, tan azul como
la bufanda que casi la haba matado.
Pero estaba con vida. An no se haba
recobrado del todo, pero se pondra
bien.
La mente me haca jugarretas
haba dicho Kim. Era como soar,
slo que mucho ms real. O que el
padre Marty me hablaba como si
estuviera sentado al pie de la cama.
Qu te dijo, tesoro? haba
preguntado Barbara.
Me alegra que ests bautizada,
Kim. Eso me dijo.
Ahora Levon se quit las gafas y se
sec los ojos con el dorso de la mano.
Entiendo, querido, entiendo le
dijo Barbara, dndole un pauelo de
papel.
As queran encontrar a Kim ahora.
Bien. Totalmente recobrada. Levon le
dirigi a su mujer una sonrisa oblicua, y
ambos recordaron que la nota del
Chicago Tribune la haba llamado la
chica milagrosa, y a veces an la
llamaban as.
La chica milagrosa que entr en el
equipo de baloncesto de la universidad
cuando apenas haba ingresado. La chica
milagrosa que inici la carrera de
Medicina en Columbia. La chica
milagrosa a quien haban elegido para
que posara en traje de bao para
Sporting Life, con todas las
probabilidades en contra.
Vaya milagro que fue se, pens
Levon.
14
Nunca deb haberme entusiasmado
tanto con esa agencia de modelos dijo
Barbara, arrugando un pauelo de papel.
Ella quera hacerlo, cario. No es
culpa de nadie. Ella siempre ha sido
muy independiente.
Barbara sac una foto de Kim de la
cartera, un retrato de su cara a los
dieciocho aos, tomada para aquella
agencia de Chicago. Levon mir la foto:
Kim con un suter negro de corte bajo,
el cabello rubio por debajo de los
hombros, una belleza radiante que
mareaba a los hombres.
Despus de esto no trabajar ms
de modelo.
Tiene veintin aos, Levon.
Kim ser mdica. No hay motivos
para que siga siendo modelo. Se
termin. Se lo har entender.
La azafata les anunci que el avin
aterrizara dentro de poco.
Barbara apart la cortinilla y Levon
mir las nubes que pasaban bajo la
ventanilla. Parecan iluminadas con
candilejas.
Mientras las casas y carreteras
diminutas de Maui se mostraban a la
vista, Levon se volvi hacia su esposa y
compaera.
Cmo te sientes, cario? Bien?
Mejor que nunca gorje ella,
tratando de bromear. Y t?
Levon sonri, la abraz y apret su
mejilla contra la de ella, oli la
fragancia que ella se pona en el pelo.
El aroma de Barbara. La bes y le
apret la mano.
Aguanta le dijo, mientras el
avin iniciaba un pronunciado descenso.
Y le envi un pensamiento a Kim:
Vamos a buscarte, cielo. Mam y pap
van a buscarte.
15
Los McDaniels bajaron del jet por una
escalerilla tambaleante hasta la pista. El
calor era sofocante despus del aire
acondicionado del avin.
Levon ech una ojeada al paisaje
volcnico, un asombroso contraste con
la negra noche de Michigan y la nieve
que le rozaba la nuca mientras se
despeda de sus hijos con un abrazo. Se
quit la americana y palme el bolsillo
interior para cerciorarse de que sus
billetes de regreso estaban seguros,
incluido el que haba comprado para
Kim.
La terminal estaba atestada de gente,
con la sala de espera en el mismo sector
al aire libre que el reclamo de
equipajes. Levon y Barbara mostraron
sus documentos a un funcionario vestido
de azul y declararon que no traan
ninguna fruta. Luego buscaron un taxi.
Levon ech a caminar deprisa,
ansioso por llegar al hotel, y casi
tropez con una nia de trenzas rubias.
Ella aferraba un osito de peluche, de pie
en medio del recinto, observndolo
todo. Pareca una nia tan aplomada que
Levon volvi a recordar a Kim y sinti
una oleada de pnico que le provoc un
retortijn de estmago.
Levon sigui andando,
preguntndose si Kim no habra agotado
su cupo de milagros. Su tiempo
prestado se haba terminado? La
familia haba cometido un tremendo
error al creerse los titulares redactados
por un reportero de Chicago, que les
haban hecho pensar que Kim era tan
milagrosa que nada poda lastimarla?
Volvi a rogarle a Dios en silencio. Que
por favor Kim estuviera a salvo en el
hotel, que se alegrara de ver a sus
padres, que dijera: Lo lamento, no
quera preocuparos.
Rode a Barbara con el brazo y los
dos salieron de la terminal, pero antes
de llegar a la fila de taxis vieron que se
acercaba un hombre, un chfer que
alzaba un letrero con el nombre de ellos.
Era ms alto que Levon, de pelo y bigote
oscuros, y usaba gorra de conductor,
traje oscuro y botas de vaquero que
parecan de piel de caimn, con tacos de
casi ocho centmetros.
Los McDaniels? pregunt.
Soy Marco. El hotel me contrat para
que los llevara. Tienen que recoger el
equipaje?
No hemos trado ninguna maleta.
Vale. El coche est fuera.
16
Los McDaniels siguieron a Marco, y
Levon repar en su extrao andar
ondulante con aquellas botas de
vaquero, pensando en el acento del
hombre, que pareca de Nueva York o
Nueva Jersey.
Cruzaron la calzada hasta un tramo
de cemento donde Levon vio un
peridico abierto en un banco. Con
estremecedora sorpresa, not que el
rostro de Kim lo miraba desde abajo de
los titulares. Era el Maui News, y las
grandes letras negras clamaban: La
Bella Ausente.
Levon se aturdi y tard unos
instantes en entender que durante las
once horas de viaje se haba declarado
la desaparicin oficial de Kim.
As pues, no los aguardaba en el
hotel.
Como haba dicho aquel hombre,
Kim no estaba.
Cogi el peridico con manos
trmulas y su corazn se encogi
mientras miraba los ojos risueos de
Kim y observaba el traje de bao que
luca en esa foto, quiz tomada un par de
das atrs.
Levon pleg el peridico y alcanz a
Marco y a Barbara en el coche.
Tardaremos mucho en llegar al
hotel? le pregunt al chfer.
Una media hora, sin cargo, seor
McDaniels. El Wailea Princess me ha
puesto a su disposicin.
Por qu hacen eso?
Bien, en vista de la situacin,
seor McDaniels respondi Marco
con discrecin.
Abri las portezuelas y la pareja
subi. Barbara arrug el ceo al coger
el peridico, y llor mientras lea el
artculo. El sedn se intern en el
trfico.
El coche lleg a la autopista y
Marco, los ojos en el espejo retrovisor,
les pregunt si estaban cmodos, si
queran ms aire o msica. Levon no
saba si ir al hotel o directamente a la
polica. Se senta como si hubiera
sufrido una amputacin en el campo de
batalla, como si le hubieran arrancado
brutalmente un miembro y quiz no
sobreviviera.
Al fin el coche enfil lo que pareca
un camino privado, bordeado por
matojos morados y florecientes. Dejaron
atrs una cascada artificial y pararon
ante la suntuosa entrada portecochre
del Wailea Princess Hotel.
Haba fuentes azulejadas a ambos
lados del coche, y a un lado, estatuas de
bronce de guerreros polinesios que
emergan del agua con lanzas; en el otro,
embarcaciones con batanga llenas de
orqudeas.
Los botones, con camisa blanca y
pantalones cortos rojos, corrieron hacia
el coche. Marco abri su portezuela y
Levon, mientras rodeaba el sedn para
ayudar a Barbara, oy que repetan su
apellido por doquier.
Reporteros con cmaras y
micrfonos corran hacia la entrada del
hotel.
Corran hacia ellos.
17
Diez minutos despus, Barbara, aturdida
y desorientada por el largo viaje, entr
en una suite que en otras circunstancias
habra considerado majestuosa. Si
hubiera mirado la tarjeta colgada detrs
de la puerta, habra visto que la
habitacin costaba ms de tres mil
dlares diarios.
Entr en el saln como una
sonmbula, mirando la alfombra de seda
anudada a mano sin verla, un dibujo de
orqudeas sobre un fondo color
melocotn, los muebles tapizados, el
enorme televisor de pantalla plana.
Fue a la ventana y mir la belleza
tambin sin verla, buscando slo a Kim.
Haba una estupenda piscina con
forma complicada, como un cuadrado
superpuesto sobre un rectngulo,
jacuzzis circulares en la parte baja, una
fuente semejante a una copa de champn
en el medio, derramando agua sobre los
chiquillos que jugaban debajo.
Escrut las filas de cabaas
inmaculadamente blancas que rodeaban
la piscina, buscando a una joven en una
tumbona bebiendo un trago, buscando a
Kim sentada por all. Vio a varias
muchachas, delgadas, gordas, altas y
bajas. Ninguna era Kim.
Ms all de la piscina vio un pasaje
cubierto, escalones de madera que
conducan a la playa tachonada de
palmeras, frente al mar azul zafiro, slo
agua entre esa orilla y las costas de
Japn.
Dnde estaba Kim?
Quiso decirle a Levon que senta la
presencia de su hija all, pero cuando se
gir l no estaba. Repar en un
exuberante cesto de frutas en la mesa
cercana a la ventana y fue hacia all.
Oy el ruido del retrete mientras
levantaba la nota, que era una tarjeta de
presentacin con un mensaje en el dorso.
Levon, su querido esposo, con ojos
vidriosos detrs de las gafas, se le
acerc.
Qu es eso, Barbara?
Estimados seor y seora
McDaniels ley ella en voz alta,
llmenme, por favor. Estamos aqu para
ayudar en todo lo posible.
La tarjeta estaba firmada por Susan
Gruber, Sporting Life, y bajo el
nombre haba un nmero de habitacin.
Susan Gruber dijo Levon. Es
la jefa de redaccin. La llamar de
inmediato.
Barbara sinti renovadas
esperanzas. Gruber estaba al mando.
Ella sabra algo.
Quince o veinte minutos despus, la
suite de los McDaniels se haba llenado
con una pequea multitud de personas.
18
Barbara estaba sentada en un sof, las
manos entrelazadas sobre el regazo,
esperando que Susan Gruber, la enrgica
ejecutiva neoyorquina, con su fulgurante
dentadura de dentfrico y su rostro
afilado como una navaja, les dijera que
Kim haba tenido una ria con el
fotgrafo, o que no haba salido bien en
las fotos, as que le haban dado tiempo
libre o cualquier otra cosa, algo que
aclarase la situacin, que les confirmara
que Kim slo estaba ausente, no
desaparecida, ni secuestrada ni en
peligro.
Gruber usaba un traje con pantalones
aguamarina y muchos brazaletes de oro,
y sus dedos estaban glidos cuando le
estrech la mano a Barbara.
Del Swann, el director artstico
tez oscura, pelo platinado, alhajas en
una oreja, vesta tejanos desteidos a
la moda y una camiseta negra y ceida.
Pareca a punto de sufrir un colapso
mental, y Barbara sospech que saba
ms de lo que declaraba, o quiz se
senta culpable porque haba sido el
ltimo en ver a Kim.
Haba otros dos hombres. El mayor
era cuarentn y vesta traje gris, y era
ms que obvio que perteneca al mbito
empresarial. Barbara haba conocido
hombres como l en las convenciones y
fiestas de negocios de Merrill Lynch a
las que asista Levon. Estaba segura de
que ese sujeto y el clon ms joven que
tena a la derecha eran abogados
neoyorquinos a quienes haban llevado a
Maui como un paquete de Federal
Express, para eximir a la revista de
responsabilidades.
Barbara mir a Carol Sweeney, una
mujer corpulenta ataviada con un caro
vestido negro, aunque anodino, la
representante de la agencia que le haba
conseguido ese trabajo a Kim y haba
asistido a la filmacin como escolta de
la modelo. Carol tena aspecto de
haberse tragado un sapo, tan sofocada
estaba.
Barbara no soportaba estar en la
misma habitacin que Carol.
Tenemos un equipo de seguridad
trabajando para averiguar el paradero
de Kim dijo el cuarentn (Barbara
haba olvidado su nombre nada ms
orlo) a Levon.
Ni siquiera miraba a Barbara.
Concentraba su atencin en Levon, como
casi todos. Saba que ella pareca
conmocionada, frgil. Y nadie poda
afirmar que no tena buenos motivos.
Qu ms puede decirnos? le
pregunt Barbara al abogado.
No hay indicios de que le haya
pasado nada. La polica supone que est
haciendo turismo.
Barbara deseaba que Levon les
contara todo, pero ste, antes de que
llegara la gente de la revista, le haba
dicho: Asimilaremos informacin. Slo
escucharemos. Debemos tener en cuenta
que no conocemos a esta gente. Dicho
de otro modo: cualquier persona
vinculada con la revista poda estar
relacionada con la desaparicin de Kim.
Susan Gruber apoy los codos en las
rodillas.
Kim estaba en el bar del hotel con
Del le dijo a Levon. l fue al
servicio y cuando regres Kim se haba
ido. Nadie se la llev. Se fue por su
cuenta.
sa es su versin? Pregunt
Levon. Kim se fue del bar del hotel
por su cuenta y nadie tuvo ms noticias
de ella, y se ha ido hace un da y medio,
y ustedes creen que abandon la
filmacin para hacer turismo. Interpreto
bien?
Es una persona adulta, seor
McDaniels dijo Gruber. No sera la
primera vez que una chica abandona un
trabajo. Recuerdo a una joven, Gretchen,
que se esfum en Carines el ao pasado,
y apareci en Montecarlo seis das
despus. Habl como si estuviera en
su oficina y le explicara pacientemente
su trabajo a Levon. Tenemos ocho
chicas en este rodaje aadi, y cont
a cunta gente tena que supervisar y
todos los aspectos con que deba lidiar,
y que deba estar en el plat cada minuto
o mirando las tomas de ese da
Barbara senta una presin creciente
en la cabeza. Susan Gruber estaba
cubierta de oro, pero no tena sortija de
bodas. Tena un hijo? Saba lo que era
un hijo? Aquella mujer no entenda nada.
Queremos a Kim le dijo Carol
Sweeney a Barbara. Yo yo pensaba
que Kim estaba segura aqu. Estaba
cenando con otra modelo. Kim es una
chica tan buena y responsable que nunca
cre que tuviramos motivos para
preocuparnos.
Yo slo le di la espalda un minuto
dijo Del Swann. Y rompi a llorar.
Barbara entendi por qu Gruber
haba trado a su gente a verles. A
Barbara le haban enseado a ser
amable, pero ahora que haba dejado de
negar lo obvio, tuvo que decirlo:
Ustedes no son responsables?
Por eso estn todos aqu? Para
decirnos que no son responsables de
Kim?
Nadie la mir a los ojos.
Hemos dicho a la polica todo lo
que sabemos dijo Gruber.
Levon se levant y apoy la mano en
el hombro de Barbara.
Por favor, llmennos si se enteran
de algo le dijo a la gente de la revista
. Ahora quisiramos estar solos.
Gracias.
Gruber se levant y cogi su bolso.
Kim regresar dijo. No se
preocupe.
Ms les vale que as sea. Ruegue
por ello cada vez que respire espet
Barbara.
19
Entre los reporteros reunidos frente a la
entrada principal del Wailea Princess,
un hombre esperaba el inicio de la rueda
de prensa.
Se confunda con la muchedumbre,
pareca un to que viva con lo puesto,
que quiz dorma en la playa. Llevaba
gafas de sol panormicas que le cubran
la cara como un parabrisas, aunque el
sol estaba cayendo, una gorra de los
Dodgers sobre el pelo castao,
zapatillas Adidas, pantalones abolsados
y arrugados, y en el frente de su barata
camisa hawaiana colgaba una rplica
perfecta de un pase de prensa que lo
identificaba como Charles Rollins,
fotgrafo de Talk Weekly, una revista
que no exista.
Su cmara de vdeo era cara, una
flamante Panasonic HD con micrfono
estreo y lente Leica, cuyo precio
superaba los seis mil dlares.
Apunt la lente a la suntuosa entrada
del Wailea Princess, donde los
McDaniels se estaban instalando detrs
de un atril.
Mientras Levon ajustaba el
micrfono, el supuesto Rollins silb
unas notas entre dientes. Disfrutaba del
momento, pensando que ni siquiera Kim
lo reconocera si hubiera estado con
vida. Alz la cmara sobre la cabeza y
grab a Levon saludando a los
periodistas, pensando que los
McDaniels le caeran simpticos si
llegaba a conocerlos. Qu diantre, ya le
resultaban simpticos. Era imposible
que los McDaniels no ejercieran ese
efecto.
Mralos. La dulce y temperamental
Barbara. Levon, con el corazn de un
general con cinco estrellas. Ambos, la
sal de la puta tierra.
Estaban afligidos y aterrados, pero
aun as se comportaban con dignidad,
respondiendo preguntas insensibles,
incluida la infaltable Qu le dira a
Kim si ella los estuviera escuchando?.
Le dira: Te queremos, tesoro.
Por favor, s fuerte respondi
Barbara con voz trmula. Y a quien
nos escuche, por favor, ofrecemos
veinticinco mil dlares por cualquier
informacin que conduzca al regreso de
nuestra hija. Si tuviramos un milln, lo
ofreceramos
Barbara se qued sin aliento, y
Rollins vio que respiraba con un
inhalador. Las preguntas seguan
lloviendo sobre los padres de la
supermodelo.
Levon, Levon! Le han pedido
rescate? Qu fue lo ltimo que le dijo
Kim?
l se inclin hacia los micrfonos y
respondi con paciencia.
La gerencia del hotel ha puesto un
nmero de emergencia dijo al fin, y lo
ley en voz alta.
Rollins mir a los periodistas que
brincaban como peces voladores,
barbotando ms preguntas mientras los
McDaniels bajaban y se dirigan al
vestbulo.
Rollins mir por la lente, hizo un
acercamiento a la nuca de los
McDaniels y vio a alguien que se abra
paso en la muchedumbre, una celebridad
de segunda que l haba visto en C-
Span, publicitando sus libros. Era un to
apuesto de casi, cuarenta aos,
periodista y autor de populares novelas
de misterio, vestido con pantalones
holgados y una camisa rosa
arremangada. Le recordaba a Brian
Williams enviando sus notas desde
Bagdad. Quizs un poco ms recio y
enrgico.
Mientras Rollins observaba, el
escritor estir la mano para tocar el
brazo de Barbara McDaniels y ella se
volvi para hablar con l.
Charlie vio una entrevista con un
autntico periodista en accin.
Sensacional pens. Los Mirones
quedarn encantados. Kim McDaniels
alcanzar el estrellato. Aquello se
estaba transformando en gran noticia.
20
Un periodista con pantalones holgados y
camisa rosa.
S, se era yo.
Vi una oportunidad cuando los
McDaniels se alejaron del atril y la
muchedumbre estrech filas,
rodendolos como un tornado.
Me abalanc y toqu el brazo de
Barbara McDaniels, llamndole la
atencin antes de que desapareciera en
el vestbulo.
Yo quera esa entrevista, pero
aunque hayas visto a muchos padres de
gente perdida o secuestrada rogando por
el regreso de sus hijos, es imposible no
conmoverse. Los McDaniels me
conmovieron en cuanto les vi la cara.
Me mortificaba verlos tan doloridos.
Toqu el brazo de Barbara
McDaniels. Ella se volvi, y yo me
present y le entregu mi tarjeta. Por
suerte para m, conoca mi nombre.
Es usted el Ben Hawkins que
escribi Rojo?
Todo en trazos rojos. S, ese libro
es mo.
Dijo que le haba gustado el libro, y
su boca sonrea aunque su cara estaba
rgida de angustia. En ese momento el
personal de seguridad hizo un cordn
con los brazos, un sendero a travs de la
muchedumbre, y entr en el vestbulo
con Barbara, que me present a Levon.
Ben es un autor conocido, Levon.
Recordars que lo lemos para nuestro
club del libro el otoo pasado.
Estoy cubriendo la noticia de Kim
para el L.A. Times le dije a
McDaniels.
Si busca una entrevista, lo
lamento dijo Levon. Estamos
agotados y quiz sea mejor que no
hablemos hasta habernos reunido con la
polica.
An no han hablado con ellos?
Levon suspir y sacudi la cabeza.
Alguna vez ha hablado con un
contestador automtico?
Quiz pueda ayudarle dije.
El L.A. Times tiene influencia aqu. Y yo
fui polica.
De veras? McDaniels tena los
prpados cados, la voz ronca y spera.
Caminaba como un hombre que acabara
de correr una maratn, pero de pronto se
interes en m. Se detuvo y me pidi que
le dijera ms.
Estuve en el Departamento de
Polica de Portland. Era detective.
Ahora investigo crmenes para las
crnicas policiales del Times.
La palabra crmenes no le gust.
De acuerdo, Ben. Cree que puede
echarnos una mano con la polica? Nos
estn volviendo locos.
Camin con los McDaniels por el
fresco vestbulo de mrmol con sus
techos altos y sus vistas al mar hasta un
lugar apartado que daba a la piscina.
Las palmeras susurraban en la brisa
islea. Chicos mojados en traje de bao
pasaron corriendo, riendo
despreocupadamente.
Llam a la polica varias veces
dijo Levon. Obtuve un men:
Billetes de aparcamiento, pulse uno.
Juzgado de guardia, pulse dos. Tuve
que dejar un mensaje. Puede creerlo?
Barbara y yo fuimos a la comisara de
este distrito. El horario estaba pegado
en la puerta. Lunes a viernes de nueve
a dieciocho. Sbados de diez a
diecisis. No saba que las comisaras
cerraban. Usted lo saba?
La expresin de Levon era
desgarradora. Su hija haba
desaparecido y la comisara estaba
cerrada. Cmo poda este lugar tener
ese aspecto paradisaco cuando ellos
vadeaban un pantano infernal?
Aqu la polica se dedica
principalmente a supervisar el trfico,
arrestar a conductores ebrios, esas cosas
dije. Violencia domstica, hurtos.
Y record que aos atrs una turista
de veinticinco aos fue atacada en la
isla grande por tres matones lugareos
que la violaron y mataron. Era alta,
rubia y dulce, muy parecida a Kim.
Haba otro caso, ms famoso, una
animadora de la Universidad de Illinois
que se haba cado del balcn de la
habitacin del hotel y haba muerto en el
acto. Estaba de parranda con un par de
muchachos a quienes no hallaron
culpables de nada. Y haba otra chica,
una adolescente lugarea, que visit a
sus amigos despus de un concierto en la
isla, y no fue vista nunca ms.
La rueda de prensa fue buena
idea. La polica tendr que tomar a Kim
en serio le dije.
Si no recibo una llamada, volver
all por la maana dijo Levon
McDaniels. Ahora queremos ir al bar,
ver el lugar donde estaba Kim antes de
desaparecer. Si quiere, puede
acompaarnos.
21
El Typhoon Bar estaba en el entresuelo,
abierto a los vientos alisios,
maravillosamente aromatizado con
sacuanjoche. Haba mesas y sillas
alineadas en la balaustrada que daba
sobre la piscina. Ms all, una fila de
palmeras descenda hasta la arena. A mi
izquierda haba un piano de cola, an
tapado, y a nuestras espaldas una larga
barra. Un barman estaba cortando
mondaduras de limn y sacando platos
de fruta seca.
El gerente de turno nos dijo que
Kim estaba sentada a esta mesa, la ms
cercana al piano dijo Barbara,
palmeando tiernamente la superficie de
mrmol.
Luego seal una puerta a unos
quince metros.
Aqul es el famoso bao de
caballeros adonde fue el director
artstico. Cuando le dio la espalda slo
un minuto.
Me imagin el bar tal como deba de
estar aquella noche. Gente bebiendo.
Muchos hombres. Yo tena muchas
preguntas. Centenares.
Empezaba a encarar esta historia
como si an fuera polica. Si ste fuera
mi caso, empezara por las cintas de
seguridad. Quera ver quin se hallaba
en la barra cuando Kim estaba all,
saber si alguien la estaba observando
cuando se levant de la mesa, y quin
haba pagado la cuenta cuando ella se
fue.
Se haba ido con alguien? Quizs a
la habitacin de l?
O haba caminado hacia el
vestbulo, seguida por ojos vigilantes
mientras bajaba la escalera, ondeando
su cabello rubio?
Entonces, qu? Haba salido,
dejando atrs la piscina y las cabaas?
Alguna de esas cabaas estaba ocupada
a horas tardas de aquella noche?
Alguien la haba seguido a la playa?
Levon limpi cuidadosamente las
gafas, primero una lente y luego la otra,
y las alz para ver si haban quedado
limpias. Cuando se las cal de nuevo,
me vio mirando el pasaje cubierto que
conduca a la playa.
Qu piensa, Ben?
Todas las playas de Hawai son
pblicas, as que all no habr vdeos de
vigilancia.
Me preguntaba si bastara con la
explicacin ms sencilla. Kim haba
ido a nadar? Se haba metido en el agua
y una ola la haba arrastrado? Alguien
haba encontrado sus zapatos en la playa
y se los haba llevado?
Qu podemos contarle sobre
Kim? me pregunt Barbara.
Quiero saberlo todo dije. Si
no les importa, me gustara grabar la
conversacin.
Barbara asinti y Levon pidi gin-
tonics para ambos. Yo rehus el alcohol
y opt por un refresco.
Ya haba empezado a dar forma a la
historia de Kim McDaniels en mi
cabeza, pensando en esa hermosa
muchacha del Medio Oeste, con cerebro
y belleza, a punto de hacerse famosa en
todo el pas, que haba llegado a uno de
los lugares ms hermosos del mundo y
haba desaparecido sin dejar rastro. Una
exclusiva con los McDaniels superaba
mis expectativas, y aunque an no poda
saber si esa historia dara para un libro,
era ciertamente una gran oportunidad
periodstica.
Ms que eso, los McDaniels me
haban conquistado. Eran buena gente.
Quera ayudarlos, y los ayudara.
En ese momento estaban agotados,
pero resistan. La entrevista estaba en
marcha.
Mi grabadora era nueva, con una
cinta virgen y pilas flamantes. Apret el
botn de grabacin, pero, mientras el
aparato zumbaba suavemente sobre la
mesa, Barbara McDaniels me
sorprendi.
Fue ella quien empez a hacer
preguntas.
22
Se apoy la mano en el mentn.
Qu pas con usted y la polica
de Portland? Y por favor, no me repita
lo que dice la biografa de la solapa del
libro. Eso siempre est maquillado,
verdad?
Con su nfasis y determinacin,
Barbara me daba a entender que no tena
motivos para responder mis preguntas si
yo no responda las suyas. Yo estaba
dispuesto a satisfacer su curiosidad,
pues quera que los McDaniels
confiaran en m.
Ese interrogatorio directo me hizo
sonrer, pero no haba nada divertido en
la historia que ella me peda que
contara. Una vez que remit mi memoria
a esa poca y lugar, los recuerdos
afloraron sin interrupcin, y ninguno de
ellos era glorioso ni agradable.
Mientras las vividas imgenes se
proyectaban en la pantalla de mi mente,
les habl de un terrible accidente de
coche ocurrido muchos aos atrs; mi
compaero Dennis Carbone y yo
estbamos cerca y habamos respondido
a la llamada.
Cuando llegamos al lugar,
quedaba una media hora de luz diurna.
Estaba oscuro con una llovizna
persistente, pero haba luz suficiente
para ver que un vehculo se haba salido
de la carretera. Haba derribado algunos
rboles como una bola de bolera de dos
toneladas, estrellndose fuera de control
en el bosque. Ped ayuda por radio.
Luego me qued all para interrogar al
testigo que conduca el otro coche,
mientras mi compaero iba hasta el
vehculo siniestrado para ver si haba
supervivientes.
Les cont a los McDaniels que el
testigo conduca el coche que vena en
direccin contraria, que el otro
vehculo, una camioneta Toyota negra,
haba invadido su carril y se le ech
encima a toda velocidad. Dijo que l
haba dado un volantazo, y tambin el
Toyota. La camioneta se haba salido de
la carretera a gran velocidad y el testigo
haba logrado frenar su coche, dejando
un rastro de goma quemada de cien
metros en el asfalto.
Acudieron vehculos de rescate
dije. El personal auxiliar sac el
cuerpo de la camioneta. El conductor
haba muerto al chocar contra un abeto y
no llevaba pasajeros. Mientras se
llevaban el cadver, busqu a mi
compaero. Estaba a pocos metros de la
carretera, y me miraba furtivamente. Eso
me extra un poco.
Se oy un sbito estallido de risas
femeninas cuando una novia, rodeada
por sus damas de honor, atraves el bar
rumbo a la sala. Era una rubia bonita y
veinteaera. El da ms feliz de su vida,
como dicen.
Barbara mir el squito un momento
y luego volvi a centrarse en mi relato.
Cualquiera que tuviera ojos poda ver
cules eran sus sentimientos. Y sus
esperanzas.
Contine, Ben dijo. Nos
hablaba de su compaero.
Asent. Dije que me haba apartado
de mi compaero porque alguien me
llam, y cuando volv a mirar Dennis
estaba cerrando el maletero de nuestro
coche.
No le pregunt lo que haca,
porque ya estaba pensando en el trabajo
que nos esperaba. Debamos redactar
informes, acabar ciertas tareas. Ante
todo, tenamos que identificar a la
vctima. Yo estaba cumpliendo con mi
deber, Barbara. Creo que es bastante
comn negar las cosas que no queremos
ver. Tendra que haberme enfrentado a
mi compaero all y entonces. Pero no
lo hice. Y ese fugaz momento de
vacilacin acab por cambiarme la
vida.
23
Una camarera se acerc para
preguntarnos si queramos algo ms, y
me alegr verla. Tena la garganta
reseca y necesitaba una pausa. Haba
contado esta historia anteriormente, pero
nunca es fcil superar la humillacin.
Y menos cuando no es merecida.
S que es difcil, Ben me dijo
Levon. Pero le agradecemos que nos
hable de usted. Es importante orlo.
Lo difcil viene ahora respond.
l asinti, y aunque Levon quiz
slo me llevara diez aos, not su
preocupacin paternal.
Lleg mi segundo refresco y lo
revolv con una pajita. Luego continu:
Pasaron unos das. La vctima del
accidente result ser un narcotraficante
de poca monta, Robby Snow, y el
anlisis de sangre dio positivo en
herona. Y entonces nos llam su novia,
Carrie Willis. Estaba afligida por la
muerte de Robby, pero algo ms la
angustiaba. Me pregunt qu haba
pasado con la mochila de Robby. Una
mochila roja, con cinta reflectora
plateada en el dorso, que contena
mucho dinero.
Bien, no habamos encontrado
ninguna mochila roja, y hubo muchas
bromas sobre el descaro de Carrie
Willis, que le reclamaba a la polica
dinero obtenido con las drogas. Pero la
novia de Robby era convincente. Carrie
no saba que Robby era traficante. Slo
saba que l estaba por comprar un
terreno a orillas de un arroyo y el pago
total por la propiedad, cien mil dlares,
estaba en esa mochila porque l iba a
ver al agente para cerrar el trato. Ella
misma haba puesto el dinero en la
mochila. Su versin era coherente.
Entonces le pregunt a su
compaero por la mochila dedujo
Barbara.
En efecto. Le pregunt, y l me
respondi que no haba visto ninguna
mochila, ni roja ni verde ni de ningn
color.
Ante mi insistencia, fuimos al
aparcamiento de vehculos incautados y
registramos el coche a fondo, sin
resultado. Luego fuimos a plena luz del
da hasta el bosque donde se haba
producido el accidente y peinamos
minuciosamente la zona. Al menos, yo lo
hice. Me pareci que Dennis slo mova
ramas y pateaba hojarasca. Fue entonces
cuando record aquella expresin
furtiva que le haba visto la noche del
accidente.
Aquella noche tuve una larga y
seria charla conmigo mismo. Al da
siguiente fui a ver a mi teniente para una
conversacin extraoficial. Le dije lo que
sospechaba, que cien mil dlares en
efectivo se haban hecho humo sin que
nadie lo informara.
No tena opcin dijo Levon.
Dennis Carbone era un sujeto
agresivo, y yo saba que procurara
vengarse si se enteraba de que yo haba
hablado con el teniente, pero corr el
riesgo. Al da siguiente Asuntos Internos
estaba en el vestuario. Adivinen qu
encontraron en mi taquilla.
Una mochila roja respondi
Levon.
Bingo.
Mochila roja, cinta reflectora
plateada, documentos bancarios, herona
y diez mil dlares en efectivo.
Santo cielo! exclam Barbara.
Me dieron a elegir: o renunciaba
o me enjuiciaran. Yo saba que no poda
ganar en los tribunales. Sera mi palabra
contra la suya. Y las pruebas, al menos
una parte de ellas, haban aparecido en
mi taquilla. Para rematarlo, sospech
que me endilgaban ese asunto porque el
teniente era cmplice de Dennis
Carbone. Fue un da nefasto. Entregu
mi placa, mi arma y parte de mi respeto
por m mismo. Pude haber luchado, pero
no poda correr el riesgo de ir a la
crcel por algo que no haba hecho.
Es una historia muy triste, Ben
dijo Levon.
Ya. Y usted conoce el desenlace.
Me mud a Los ngeles. Consegu un
puesto en el Times y escrib algunos
libros.
No sea modesto dijo Barbara,
palmendome el brazo.
Escribir es mi trabajo, pero no es
lo que soy.
Y qu cree que es?
En este momento, procuro ser un
buen reportero. Vine a Maui para cubrir
la historia de su hija, y al mismo tiempo,
quiero que ustedes tengan un final feliz.
Quiero verlo, informar al respecto,
compartir los buenos sentimientos
cuando Kim regrese a salvo. se soy yo.
Gracias, Ben dijo Barbara, y
Levon cabece a su lado.
Como deca, buena gente.
24
msterdam. Las cinco y veinte de la
tarde. Jan van der Heuvel estaba en su
despacho del quinto piso de un edificio
clsico con gablete. Mataba el tiempo
mirando por encima de los rboles la
embarcacin turstica que surcaba el
canal.
La puerta se abri y entr Mieke,
una guapa veinteaera de pelo corto y
oscuro, de largas piernas desnudas hasta
sus pequeas botas acordonadas, que
llevaba una falda diminuta y una
chaqueta ceida. Baj los ojos y dijo
que si l no la necesitaba se tomara el
resto del da libre.
Que te diviertas dijo Van der
Heuvel.
La acompa hasta la puerta, ech la
llave, regres a su asiento ante el gran
escritorio y mir la calle que bordeaba
el canal Keizersgracht hasta ver que
Mieke suba al Renault de su novio y se
alejaba.
Slo entonces prest atencin a su
ordenador. Faltaban cuarenta minutos
para la teleconferencia, pero quera
establecer contacto temprano para
grabar la conversacin. Puls teclas
hasta que se comunic y el rostro de su
amigo apareci en la pantalla.
Horst dijo. Aqu estoy.
A esa misma hora, una mujer rubia y
cuarentona estaba en el puente de su yate
de 35 metros de eslora, anclado en el
Mediterrneo, en la costa de Portofino.
Era un yate de diseo exclusivo,
construido con aluminio de alta tensin,
con seis camarotes, una suite y un centro
de videoconferencias en el bar, que se
converta fcilmente en cine.
La mujer dej a su joven capitn y
baj hasta el camarote, donde sac una
chaqueta Versace del armario y se la
puso sobre el sujetador. Cruz la cocina,
fue hasta la sala de medios y encendi el
ordenador. Cuando se estableci el
contacto con la lnea cifrada, le sonri a
la cmara web.
Aqu Gina Prazzi, Horst. Cmo
estamos hoy?
A cuatro husos horarios de distancia,
en Dubai, un hombre alto y barbudo con
ropa tradicional de Oriente Prximo
dej atrs la mezquita y se meti en un
restaurante calle abajo. Salud al dueo
y atraves la cocina, que ola a ajo y
romero. Apart una gruesa cortina, baj
por la escalera hasta el stano y abri
una puerta de madera maciza que
conduca a una sala privada.
En Victoria Peaks, Hong Kong, un
joven qumico encendi su ordenador.
Tena poco ms de veinte aos y un
cociente intelectual superior a 170.
Mientras se cargaba el software, mir
ms all de la pared de cerramiento, los
rascacielos cilndricos y las torres
iluminadas de Hong Kong. El cielo
estaba inusitadamente despejado para
esa poca del ao. Su mirada se
deslizaba hacia la gran baha y las luces
de Kowloon cuando el ordenador emiti
un pitido y l se concentr en la reunin
de emergencia de la Alianza.
En Sao Paulo, el cincuentn Raphael
dos Santos lleg a su casa poco despus
del medioda en su nuevo deportivo
Weisman GT MF 5. El coche costaba
250.000 dlares, pasaba de cero a
sesenta en menos de cuatro segundos y
alcanzaba un mximo de 300 kilmetros
por hora. Rafi, como lo llamaban, amaba
ese coche. Se detuvo en la entrada del
garaje subterrneo, le arroj las llaves a
Tomas y cogi el ascensor que llevaba
directamente a su apartamento.
All cruz varios cientos de metros
cuadrados de entarimado, dej atrs
muebles ultramodernos y entr en una
oficina con vistas a la reluciente fachada
del Renaissance Hotel, en Alameda
Campos. Apret un botn del escritorio
y una pantalla delgada subi
verticalmente por el centro. Se
preguntaba cul era el propsito de esa
reunin. Algo haba salido mal. Pero
qu? Toc el teclado y apoy el pulgar
en la pantalla de identificacin.
Rafi salud al jefe de la Alianza en
portugus.
Horst, viejo canalla. Espero que
esto se justifique. Tienes toda nuestra
atencin!
25
En los Alpes suizos, Horst Werner
estaba sentado en el silln tapizado de
su biblioteca. Brincaban llamas en el
hogar y lmparas diminutas iluminaban
el modelo a escala de dos metros y
medio de longitud del Bismarck
montado por l mismo. Haba anaqueles
en todas las paredes pero ninguna
ventana, y detrs de los paneles de
sndalo haba una muralla de acero
forrada con plomo de ocho centmetros
de grosor.
El centro de operaciones de Horst se
conectaba con el mundo mediante
sofisticados circuitos de Internet que
daban la sensacin de que esa cmara
blindada era el centro del universo.
En ese momento, los doce
integrantes de la Alianza se haban
conectado con la red cifrada. Todos
hablaban ingls en mayor o menor
grado, y sus imgenes en vivo estaban en
la pantalla. Despus de saludarlos,
Horst pas rpidamente al objeto de la
reunin.
Un amigo americano ha enviado a
Jan una pelcula como entretenimiento.
Estoy muy interesado en vuestra
reaccin.
Una luz blanca llen doce pantallas
conectadas y se aclar a medida que la
cmara enfocaba un jacuzzi. Dentro
haba una joven desnuda de tez morena,
con pelo largo y negro, tendida de
bruces en diez centmetros de agua.
Estaba amarrada como la presa de un
calador, manos y pies a la espalda y una
soga ceida al cuello.
Haba un hombre en el vdeo, de
espaldas a la cmara.
Henri dijo uno de los miembros
de la Alianza cuando el hombre gir un
poco.
Henri estaba desnudo, sentado en el
borde del jacuzzi, y una mscara de
plstico claro le deformaba los rasgos.
Como veis dijo a la cmara,
hay muy poca agua, pero suficiente. No
s qu es ms letal para Rosa. No s si
se ahogar con el agua o con la cuerda.
Veamos qu pasa.
Henri se volvi y le habl en
castellano a la muchacha, que sollozaba,
y luego tradujo para la cmara.
Le he dicho que mantuviera las
piernas alzadas hacia la cabeza. Que si
poda aguantar as otra hora, la dejara
vivir. Quizs.
Horst sonri ante el descaro de
Henri, el modo en que acariciaba la
cabeza de la joven, calmndola.
Por favor, djame ir. Eres
malvado! grit ella sin resuello,
agotada por el esfuerzo de sobrevivir.
Me pide que la suelte tradujo
Henri para la cmara. Dice que soy
malvado. Bien, la amo de todos modos.
Qu chica tan dulce.
Rosa sigui sollozando, aspirando
aire cada vez que sus piernas se
relajaban y la soga se tensaba en su
garganta. Gimi Mam, baj la
cabeza, y su exhalacin final hizo
burbujear la superficie del agua.
Henri le toc el costado del cuello y
se encogi de hombros.
Ha sido la cuerda dijo. Pero
lo cierto es que se ha suicidado. Una
hermosa tragedia. Tal como promet.
Sonrea cuando el vdeo hizo un
fundido en negro.
Horst, esto es una violacin del
contrato, verdad? dijo Gina con
indignacin.
En realidad, el contrato de Henri
slo dice que no puede aceptar trabajos
que le impidan cumplir con sus
obligaciones hacia nosotros.
Es decir que tcnicamente no lo
ha violado. Slo tiene otros chanchullos.
S dijo la voz de Jan por los
altavoces. Como veis, Henri intenta
provocarnos. Esto es inaceptable.
Ya, es un to difcil interrumpi
Raphael, pero concedamos que Henri
tiene su genio. Tendramos que trabajar
con l. Darle un contrato nuevo.
Que establezca qu, por
ejemplo?
Henri ha hecho pelculas cortas
para nosotros, similares a la que
acabamos de ver. Sugiero que le
encarguemos un documental.
Brillante, Rafi intervino Jan,
entusiasmado. Las intimidades de
Henri. Un ao en la vida de, ja?
Sueldo y bonificaciones acordes con la
calidad de la accin.
Exacto. Y trabajar
exclusivamente para nosotros dijo
Raphael. Empieza ahora, en Hawai,
con los padres de la muchacha del
bikini.
Los miembros de la Alianza
deliberaron sobre las condiciones e
incluyeron algunas medidas drsticas en
el contrato, penas por incumplimiento.
Incumplimiento por impotencia, brome
alguno, y rieron. Despus de la votacin,
Horst hizo una llamada a Hawai.
26
Los McDaniels y yo an estbamos en el
Typhoon Bar cuando el ocaso cay
sobre la isla. Durante la ltima hora
Barbara me haba interrogado como una
profesional y, tras cerciorarse de que
poda confiar en m, me cont sobre la
vida de los McDaniels con
apasionamiento y unas dotes para la
narracin que no habra supuesto en una
profesora de Matemticas y Ciencias de
instituto.
Levon apenas poda hilvanar dos
frases seguidas. No era por torpeza, sino
por su estado: demasiado asustado y
demasiado ansioso por su hija para
concentrarse. Pero se expresaba
vvidamente con sus gestos; apretaba los
puos, desviaba la cara cuando
asomaban las lgrimas, con frecuencia
se quitaba las gafas y se apretaba los
ojos con las palmas.
Cmo se enteraron de la
desaparicin de Kim? le pregunt a
Barbara.
En ese momento son el mvil de
Levon. l mir la pantalla y camin
hacia el ascensor.
Teniente Jackson? le o decir
. Esta noche no? Por qu no? De
acuerdo. A las ocho de la maana.
Parece que tenemos una cita con
la polica por la maana. Ven con
nosotros dijo Barbara, tutendome.
Anot mi nmero de telfono, me
palme la mano y me bes la mejilla.
Me desped de ella y ped otro
refresco, sin lima ni hielo.
Me sent en un silln confortable
con vistas a ese paisaje de cien millones
de dlares y en los siguientes quince
minutos la atmsfera del Typhoon Bar se
anim considerablemente. Gente guapa
con bronceado reciente y ropa de
colores chillones se sent en las mesas
junto a la balaustrada mientras los
solteros ocupaban los taburetes de la
larga barra. Las risas suban y bajaban
como la brisa clida que soplaba en ese
amplio espacio abierto, agitando
peinados y faldas.
El pianista abri el Steinway, se
lade en el asiento y acometi un viejo
clsico de Peter Alien, deleitando al
pblico mientras cantaba Ro de
Janeiro.
Repar en las cmaras de seguridad
que haba sobre la barra, dej diez
dlares en la mesa, baj la escalera y
dej atrs la piscina, ahora iluminada,
de modo que pareca vidrio de color
aguamarina.
Pas por las cabaas, recorriendo el
camino que Kim podra haber recorrido
dos noches atrs.
En la playa casi no haba gente, y el
cielo an tena claridad suficiente para
ver la lnea costera que aureolaba Maui
como el halo de un eclipse lunar.
Me imagin caminando detrs de
Kim el viernes por la noche. Tendra la
cabeza gacha, el pelo le azotara la cara,
la fuerte rompiente ahogara los dems
ruidos.
Un hombre podra haberse acercado
por detrs con una piedra o una pistola,
o simplemente pudo haberla
estrangulado.
Camin por la arena apisonada, con
hoteles a la derecha, tumbonas vacas y
sombrillas arqueadas hasta donde poda
ver.
Al cabo de medio kilmetro, sal de
la playa y sub por un sendero que
bordeaba la piscina del Four Seasons,
otro hotel de cinco estrellas donde por
ochocientos dlares la noche slo se
consegua una habitacin con vista al
aparcamiento.
Atraves el deslumbrante vestbulo
de mrmol del hotel y sal a la calle.
Quince minutos despus estaba sentado
en mi Chevy alquilado, aparcado a la
fresca sombra que rodeaba el Wailea
Princess, escuchando el rumor de las
cascadas.
Si hubiera sido un asesino, podra
haber arrojado a mi vctima al mar o
habrmela llevado al hombro hasta mi
coche. Y haberme marchado de all sin
que nadie se diera cuenta. Coser y
cantar.
27
Puse el motor en marcha y segu la luna
hasta Stella Blue's, un alegre caf de
Kihei. Tiene techos altos y picudos y una
barra en derredor, y con el fin de semana
era un hervidero de lugareos y turistas
recin desembarcados de sus cruceros.
Ped un Jack Daniels y mahi-mahi en la
barra, y sal al patio para beber el trago
en una mesa para dos.
Mientras la vela goteaba sebo en un
vaso, llam a Amanda.
Hace dos aos que Amanda Diaz y
yo estamos juntos. Es cinco aos menor
que yo, trabaja como chef y se describe
como una motochica, lo cual significa
que algunos fines de semana lleva a
correr su antigua Harley por la carretera
del Pacfico para aliviar el estrs que no
puede descargar en la cocina. Amanda
no slo es lista y hermosa: cuando la
miro, todas esas canciones de rock
sobre corazones palpitantes y amor
eterno cobran sentido.
En ese momento aoraba or la voz
de mi chica y ella no me defraud, pues
atendi al tercer tono. Despus de
saludarnos, le pregunt cmo haba ido
su jornada en Intermezzo.
Un da demoledor, Ben. Remy ha
despedido a Rocco, por ensima vez
dijo, e impost su acento francs.
Qu tengo que decirte para hacerte
pensar como un chef? Esta confitura
parece caca de paloma. Dijo caca
como un cacareo. Se ech a rer.
Claro, volvi a contratarlo diez minutos
despus, como de costumbre. Y luego yo
quem la crme brle. Merde,
Amanda, mon Dieu. Me estis
volviendo loco. Rio de nuevo. Y
t, Ben? Has conseguido material para
ese artculo?
Pas buena parte del da con los
padres de la chica desaparecida. Me han
contado muchas cosas.
Uf, qu deprimente.
Le resum la entrevista con Barbara,
y aad que los McDaniels me caan
bien, y que tenan otros dos chicos, dos
varones adoptados en orfanatos rusos.
El mayor se hallaba en tal estado
de abandono que estaba casi catatnico
cuando lo recogi la polica de San
Petersburgo. Y el menor tiene sndrome
de alcoholismo fetal. Kim decidi
estudiar pediatra a causa de sus
hermanastros.
Ben, cario.
Se corta la comunicacin?
No; te oigo perfectamente. T me
oyes?
S, muy bien.
Entonces escucha: ten cuidado,
por favor.
Sent una leve irritacin. Amanda
era bastante intuitiva, pero yo no corra
ningn peligro.
Cuidado con qu?
Recuerdas cuando dejaste tu
maletn con todas tus notas sobre el caso
Donato en un restaurante?
De nuevo vas a recordarme lo
del autobs? Pues ya que lo
mencionas
Estaba bajo tu hechizo, so tonta.
Te miraba a ti cuando fui a cruzar la
calzada. Si estuvieras aqu ahora, podra
pasar lo mismo.
Slo digo que ahora tienes el
mismo tono que entonces.
De veras?
S. As que abre los ojos, de
acuerdo? Presta atencin. Mira a ambos
lados.
A unos metros, una pareja brind y
se cogieron las manos sobre una mesa
pequea. Recin casados, pens.
Te echo de menos dije.
Yo tambin. Te mantengo la cama
caliente, as que regresa pronto.
Envi un beso inalmbrico a mi
chica de Los ngeles y me desped.
28
A las siete y cuarto de la maana del
lunes, Levon vio que un sedn negro se
detena en la entrada del Wailea
Princess. Levon subi al asiento
delantero mientras Hawkins y Barbara
ocupaban el trasero. Cuando todas las
puertas estuvieron cerradas, le dijo a
Marco que los llevara a la comisara de
Kihei.
Durante el trayecto, Levon escuch
los consejos que le susurr Hawkins
acerca de cmo manejarse con la
polica, dicindole que fuera servicial,
que tratara de amigarse con los agentes,
que no fuera hostil si no quera ponerlos
en su contra.
Levon asinti con gruidos, pero
estaba enfrascado en sus pensamientos y
no habra podido describir el trayecto
entre el hotel y la comisara, pues iba
concentrado en la inminente reunin con
el teniente James Jackson.
Volvi al presente cuando Marco
aparc el coche en una pequea galera
comercial. Se ape de un brinco antes
de que el vehculo se hubiera detenido
del todo. Se dirigi hacia la pequea
comisara, flanqueada por un estudio de
tatuajes y una pizzera.
La puerta de vidrio estaba cerrada,
as que apret el botn del interfono y
dijo su nombre, anuncindole a la voz
femenina que a las ocho tena una cita
con el teniente Jackson. Se oy un
zumbido, la puerta se abri y entraron.
A Levon la comisara le pareci la
oficina de vehculos automotores de un
pueblo. Las paredes estaban pintadas de
verde burocrtico, el suelo era de
linleo marrn, y la larga habitacin
estaba bordeada por hileras de sillas de
plstico.
Al final de la angosta oficina haba
una ventanilla, con la persiana bajada, y
al lado una puerta cerrada. Levon se
sent junto a Barbara, y Hawkins se
sent frente a ellos. Esperaron.
Poco despus de las ocho, la
ventanilla se abri y entr gente que se
diriga a la ventanilla para pagar multas
de aparcamiento y otros trmites. Tipos
con peinado rasta, chicas con tatuajes
complicados, jvenes madres con cros
chillones.
Levon sinti una punzada y pens en
Kim, ansiando saber si estaba bien, si
padeca algn sufrimiento, y por qu
haba sucedido aquello.
Al rato se levant y se pase por la
galera de fotos de personas buscadas,
mir los ojos penetrantes de asesinos y
delincuentes, y luego los retratos de
nios desaparecidos, algunos de ellos
alterados digitalmente para que
aparentaran la edad que tendran ahora,
pues haban pasado aos desde su
desaparicin.
Qu barbaridad le dijo Barbara
a Hawkins. Cunto hace que nos
tienen esperando? Dan ganas de gritar.
Levon quera gritar, en efecto.
Dnde estaba su hija? Se inclin para
hablarle a la agente que atenda la
ventanilla.
El teniente Jackson sabe que
estamos aqu?
S, seor, claro que s.
Levon se sent junto a su esposa y se
pellizc entre los ojos, preguntndose
por qu Jackson tardaba tanto. Y pens
en Hawkins, que haba entablado una
relacin muy amigable con Barbara.
Levon confiaba en el juicio de su esposa
pese a que, como muchas mujeres, haca
amigos con facilidad. A veces con
demasiada facilidad.
Observ cmo Hawkins escriba en
su libreta y luego a unas adolescentes
que se sumaron a la fila del escritorio
del frente, cuchicheando con unas voces
agudas que le pusieron los nervios de
punta.
A las diez menos diez, la agitacin
de Levon era como el rugido de los
volcanes que haban levantado aquella
isla del mar prehistrico. Estaba a punto
de estallar.
29
Yo estaba sentado en una silla de
plstico junto a Barbara McDaniels
cuando o que se abra la puerta del
extremo de aquella sala larga y estrecha.
Levon se levant abruptamente y se
plant delante del polica casi antes de
que cerrara la puerta.
Era corpulento, treintaero, de
espeso pelo negro y tez marrn. Pareca
una mezcla de Jimmy Smits con Ben
Affleck, y tambin de dios surfista
isleo. De americana y corbata, llevaba
una placa enganchada en el cinturn;
dorada, lo cual significaba que era
detective.
Barbara y yo nos acercamos y Levon
nos present al teniente Jackson.
Cul es su relacin con los
McDaniels? me pregunt Jackson.
Amigo de la familia respondi
Barbara.
Trabajo para el L.A. Times dije
al mismo tiempo.
Jackson solt una risotada y me
escrut.
Conoce a Kim? pregunt.
No.
Tiene alguna informacin sobre
su paradero?
No.
Usted conoca a estos seores?
O acaba de conocerlos?
Acabamos de conocernos.
Interesante dijo Jackson con
una sonrisa burlona. Se volvi hacia los
McDaniels. Ustedes entienden que el
trabajo de este hombre consiste en
vender peridicos?
Lo sabemos dijo Levon.
Bien. Slo quiero prevenirles que
todo lo que le digan ir directamente a
la primera plana del L.A. Times. Por mi
parte, no me gusta su presencia. Seor
Hawkins, tome asiento. Lo llamar si lo
necesito.
Teniente intervino Barbara,
mi esposo y yo hemos hablado de esto y
de hecho confiamos en Ben. l cuenta
con la influencia del L.A. Times. Podra
lograr mucho ms que nosotros por
nuestra cuenta.
Jackson resopl pero pareci
asentir.
Cualquier cosa que salga de mi
boca me advirti tiene que ser
aprobada por m antes de que se
publique, entiende?
Asent.
El despacho de Jackson estaba en un
rincn al fondo del edificio, tena una
ventana y un ruidoso aire
acondicionado; haba numerosas notas
en las paredes azules, cerca del
telfono.
Jackson invit a los McDaniels a
sentarse y yo me apoy en la jamba
mientras l abra una libreta y anotaba
los datos bsicos. Luego pas a las
preguntas importantes, partiendo, me
pareci, de la premisa de que Kim era
una chica ligera de cascos, cuestionando
sus hbitos nocturnos y preguntando
sobre los hombres de su vida y el uso de
drogas Barbara le respondi que su
hija era una estudiante con excelentes
calificaciones. Que haba apadrinado a
un beb ecuatoriano a travs de la
Christian Children's Fund. Que era una
chica muy responsable y que era
inaudito que no hubiera devuelto las
llamadas.
Jackson escuch con cara de
aburrimiento.
Ya, estoy seguro de que es un
ngel dijo al fin. Todava no he
visto el da en que alguien venga aqu
para admitir que su hija es una
drogadicta o una pelandusca.
Levon se puso de pie y Jackson
tambin se levant, pero Levon le solt
un puetazo en un hombro que lo lanz
contra la pared, que tembl con
estrpito. Placas y fotos cayeron al
suelo, lo que caba esperar tras recibir
el impacto de noventa kilos.
Jackson era ms robusto y ms
joven, pero Levon era pura adrenalina.
Sin ms, cogi a Jackson por las solapas
y le dio un empelln. La cabeza de
Jackson reson contra la pared. Se
aferr al brazo de su silla, que se volc,
y l cay por tercera vez.
Fue una escena estremecedora aun
antes de que Levon diera el toque final.
Maldita sea le espet a Jackson
, esto me ha hecho sentir bien, hijo de
perra.
30
Una agente corpulenta irrumpi
bruscamente mientras yo me quedaba
all petrificado, tratando de asimilar que
Levon haba atacado, empujado,
tumbado e insultado a un polica en su
propio despacho, y para colmo
aseguraba que eso le haca sentirse bien.
Jackson se levant. Levon an
jadeaba.
Qu ocurre aqu? exclam la
mujer polica.
No pasa nada, Millie dijo
Jackson. Slo he trastabillado.
Necesitar una nueva silla. La
despidi con un gesto y se volvi hacia
Levon.
Es que no lo entiende? dijo
ste. Se lo dije anoche. Recibimos
una llamada en Michigan. Un hombre
dijo que tena secuestrada a mi hija, y
usted me insina que Kim es una
cualquiera.
Jackson se ajust la americana y la
corbata y enderez la silla. Tena la cara
enrojecida y el ceo fruncido. Movi la
silla espasmdicamente.
Usted est chiflado, McDaniels
le espet. Se da cuenta de lo que
acaba de hacer, imbcil? Quiere que lo
encierre? Eso quiere? Se cree muy
recio, eh? Quiere averiguar cun recio
soy yo? Podra arrestarlo y ponerlo
entre rejas, por si no lo sabe.
S, mtame en la crcel,
maldicin. Hgalo, porque quiero
contarle al mundo cmo nos ha tratado.
Usted es un energmeno.
Levon, clmate le rog
Barbara, tironendole del brazo.
Basta, Levon. Contrlate. Pide disculpas
al teniente, por favor.
Jackson se sent y acerc la silla al
escritorio.
McDaniels, no vuelva a ponerme
la mano encima le advirti.
Teniendo en cuenta que usted est como
un cencerro, en mi informe minimizar
lo que acaba de ocurrir. Y ahora sintese
antes de que cambie de parecer.
Levon an resollaba, pero Jackson
seal las sillas, y ambos esposos se
sentaron.
El teniente se masaje la nuca y se
frot el hombro.
Casi siempre que desaparece un
hijo dijo al fin, uno de los padres
sabe lo que sucedi. A veces ambos. Yo
necesitaba saber cul era el caso de
ustedes.
Levon y Barbara lo miraron
boquiabiertos. Y todos entendimos.
Jackson los haba provocado para ver
cmo reaccionaban.
Haba sido un examen. Y haban
aprobado. En cierto modo.
Estamos investigando este caso
desde ayer por la maana. Como le dije
cuando usted llam dijo Jackson,
fulminando a Levon con la mirada.
Nos hemos reunido con la gente de
Sporting Life, y tambin con el personal
de la recepcin y el bar del Princess. De
momento no hemos descubierto nada.
Jackson abri un cajn, cogi un
mvil, uno de esos artilugios delgados y
medio humanos que toman fotos, envan
e-mails y avisan si le falta aceite al
motor.
ste es el telfono de Kim dijo
. Lo encontramos en la playa detrs
del Princess. Encontramos varias
llamadas a Kim de un hombre llamado
Doug Cahill.
Cahill? Dijo Levon. Doug
Cahill sala con Kim. Vive en Chicago.
Jackson sacudi la cabeza.
Llamaba a Kim desde Maui.
Insisti una hora tras otra hasta que el
buzn de ella se llen y dej de aceptar
mensajes de voz. Localizamos a Cahill
en Makena, y anoche lo interrogamos
dos horas antes de que pidiera un
abogado. Dijo que no haba visto a Kim.
Que ella se negaba a hablarle. Y no
pudimos retenerlo porque no podamos
acusarlo de nada aadi Jackson,
guardando el mvil de Kim en el cajn
. McDaniels, resumamos la situacin.
Usted tiene una llamada de alguien que
le dice que Kim cay en malas manos. Y
nosotros tenemos el mvil de Kim. Ni
siquiera sabemos si se ha cometido un
delito. Si Cahill aborda un avin, no
podemos impedir que se vaya.
Vi que Barbara se sobresaltaba,
asustada.
Doug no lo hizo dijo Levon.
Jackson enarc las cejas.
Y cmo lo sabe?
Conozco la voz de Doug. El
hombre que llam no era Doug.
31
Estbamos de vuelta en el sedn negro, y
esta vez yo iba en el asiento delantero,
junto al conductor. Marco ajust el
espejo retrovisor e intercambiamos
gestos, pero no haba nada que decir. Lo
importante suceda en el asiento trasero,
entre los McDaniels.
Barbara le explicaba Levon,
no te repet literalmente lo que dijo ese
cabrn porque nada se ganaba con ello.
Perdname.
Soy tu esposa. No tenas derecho
a ocultarme lo que dijo.
Cay en malas manos, eso dijo,
vale? Fue lo nico que no te cont,
porque prefera que no lo supieras, pero
tena que decrselo a Jackson. Quera
protegerte, cario, quera protegerte.
Protegerme? solloz ella.
Me mentiste, Levon. Me mentiste.
l tambin rompi a llorar, y
comprend que se era el motivo por el
que estaba tan crispado y tena aquella
mirada vidriosa y distante. Alguien le
haba dicho qu daara a su hija y
Levon no se lo haba contado a su
esposa. Y ahora ya no poda seguir
ocultndolo.
Quera darles cierta intimidad, as
que baj la ventanilla y contempl las
playas que iban quedando atrs, las
familias que merendaban junto al mar,
mientras los padres de Kim sufran
terriblemente. El contraste entre esos
turistas y la pareja acongojada que tena
a mis espaldas era desgarrador.
Hice una anotacin, me volv y trat
de consolar a Levon.
Jackson no es un hombre sutil,
pero est investigando. Quiz sea buen
polica.
l me clav los ojos.
Ya, seguro que es buen polica. l
te cal en cinco segundos. Mrate,
parsito, escribiendo tu artculo.
Vendiendo peridicos a costa de nuestra
afliccin.
Aquello me sent como una patada
en el vientre, pero haba cierta verdad
en ello. Me tragu el dolor y trat de ser
compasivo con Levon.
Tiene razn le dije, pero
aunque sea como usted dice, la historia
de Kim podra salirse de madre y
hacerles mucho dao. Piense en los
Ramsey, los Holloway, los McCann.
Espero que Kim est a salvo y que la
encuentren pronto. Pero, pase lo que
pase, le convendr que yo est con
ustedes. Porque en lo que a m
concierne, no pienso avivar el fuego ni
inventarme nada. Contar la historia tal
como es.
32
El conductor, Marco, observ hasta
que Hawkins y los McDaniels pasaron
entre los estanques de carpas y entraron
en el hotel. Despus puso el coche en
marcha, cogi por Wailea-Aluani Drive
y se dirigi al sur.
Mientras conduca, palp bajo el
asiento, extrajo una bolsa de nailon y la
puso a su lado. Luego meti la mano
detrs del retrovisor, donde haba
instalado la flamante microcmara
inalmbrica de alta resolucin. Sac la
cinta y se la guard en el bolsillo de la
camisa.
Tema que la cmara se hubiera
desplazado durante el viaje de regreso y
el ngulo fuera inadecuado, pero aunque
slo grabara los llantos, tena la banda
de sonido para otra escena. Levon
hablando de sus malas manos, las de
Marco. Para partirse de risa.
El astuto Marco.
Imagnate su sorpresa cuando
deduzcan la verdad. Si es que alguna vez
la deducen.
Sinti excitacin al pensar en el
dineral que le supondra el nuevo
contrato, el grueso fajo de euros con
posibilidades de duplicarse si la
Alianza aceptaba la totalidad del
proyecto.
Les hara erizar el pelo hasta las
races, tan buena sera esta pelcula, y
slo tena que hacer lo que l saba
hacer. Sin duda resultara su mejor
trabajo.
Vio que se aproximaba al giro, puso
el intermitente, vir hacia el carril
derecho y entr en el aparcamiento de
las tiendas de Wailea. Aparc el Caddy
en el sector sur, lejos de las cmaras de
vigilancia de la galera comercial, junto
a su inspido Taurus alquilado.
A salvo detrs de los cristales
tintados del Caddy, el asesino se quit el
disfraz de Marco: gorra y peluca, bigote
postizo, librea, botas de vaquero. Luego
sac a Charlie Rollins de la bolsa: la
gorra de bisbol, las ajetreadas
Addidas, las gafas panormicas, el pase
de periodista y ambas cmaras.
Se cambi rpidamente, guard el
disfraz de Marco e inici el viaje de
regreso al Wailea Princess en el Taurus.
Le dio al botones una propina de tres
dlares, luego se registr en recepcin,
y tuvo la suerte de conseguir una
habitacin con cama grande y vistas al
mar.
Henri, en su identidad de Charles
Rollins se alej de la recepcin y se
dirigi a la escalera en el extremo del
deslumbrante vestbulo de mrmol. Vio
a los McDaniels y a Ben Hawkins
sentados ante una mesa de cristal,
bebiendo caf.
Sinti que se le aceleraba el corazn
cuando Hawkins gir, lo mir y vacil
una fraccin de segundo: tal vez su
mente instintiva lo haba identificado,
antes de que la mente racional, engaada
por el disfraz de Rollins, le hiciera
desviar la mirada.
Todo podra haber terminado con
aquella mirada, pero Hawkins no lo
haba reconocido, y l haba estado
sentado a su lado durante horas en el
coche. Eso era lo ms emocionante,
exponerse al lmite sin ser descubierto.
As que Charlie Rollins, fotgrafo
de la inexistente Talk Weekly, elev la
apuesta. Levant su Sony (Sonred,
amigos) y sac tres fotos de los
McDaniels.
Os he pillado, mam y pap.
Su corazn an palpitaba cuando
Levon frunci el ceo y se inclin hacia
delante, impidiendo que la cmara
registrara a Barbara.
Extasiado, el asesino subi a su
habitacin por la escalera, pensando en
Ben Hawkins, un hombre que le
interesaba an ms que los McDaniels.
Hawkins era un gran escritor de
misterio, y cada uno de sus libros era tan
bueno como El silencio de los corderos.
Pero Hawkins no haba alcanzado la
fama. Por qu no?
Rollins insert la tarjeta en la
ranura, se encendi la luz verde y la
puerta se abri para mostrarle una
escena de indolente magnificencia en la
que l apenas repar. Su cabeza era un
hervidero de ideas, cavilando en cmo
integrar a Ben Hawkins en su proyecto.
Slo se trataba de encontrar el mejor
modo de utilizarlo.
33
Levon baj la taza de caf y la
porcelana tintine contra el platillo.
Saba que Barbara, Hawkins y aquella
turba de turistas japoneses que pasaban
en tropel vean que le temblaban las
manos. Pero no poda evitarlo.
Aquel paparazzo chupasangre
apuntando su cmara hacia l y Barbara!
Y todava senta las reverberaciones de
su estallido en la oficina del teniente
Jackson. An senta el empelln en la
palma de las manos, an senta
mortificacin al pensar que ahora podra
estar en un calabozo. Pero qu diantre,
lo haba hecho y punto.
Lo bueno era que quizs hubiera
motivado a Jackson para preocuparse un
poco por el caso de Kim. De lo
contrario, mala suerte. Ya no dependan
totalmente de Jackson.
Levon not que alguien se acercaba
a sus espaldas y que Hawkins se
levantaba.
All viene dijo.
Levon vio que un treintaero cruzaba
el vestbulo con pantalones holgados y
una chaqueta azul sobre una colorida
camisa estampada hawaiana, el pelo
rubio decolorado con la raya en medio.
Levon, Barbara dijo Hawkins
, les presento a Eddie Keola, el mejor
detective privado de Maui.
El nico detective privado de
Maui precis Keola, y su sonrisa
mostr que llevaba un aparato de
ortodoncia.
Cielos pens Levon, no es
mucho mayor que Kim. ste fue el
detective que encontr a la chica de los
Reese?.
Keola estrech la mano de los
McDaniels y se sent en una de las
sillas de junquillo.
Encantado de conocerlos dijo
. Y disclpenme por anticiparme,
pero ya he movido algunos hilos.
Ya? pregunt Barbara.
En cuanto Ben me llam puse
manos a la obra. Nac a quince minutos
de aqu y estuve en la polica unos aos
cuando sal de la Universidad de Hawai.
Tengo una buena relacin laboral con la
poli. No era una frase jactanciosa,
slo una presentacin de credenciales
. Tienen un sospechoso aadi.
Lo conocemos dijo Levon, y le
cont que Doug Hill era el ex novio de
Kim, y luego le habl de la llamada
telefnica que haba recibido en
Michigan y haba resquebrajado su
universo como si fuera un huevo.
Barbara le pidi que les hablara de
Carol Reese, la joven estrella del
atletismo de Ohio desaparecida un par
de aos antes.
La encontr en San Francisco
dijo Keola. Tena un novio violento e
imprevisible, as que se secuestr a s
misma, se cambi el nombre y todo lo
dems. Estaba furiosa conmigo por
haberla encontrado Sonri sacudiendo
la cabeza.
Dgame cmo lo har en nuestro
caso pidi Levon.
Keola dijo que necesitara hablar
con el fotgrafo de Sporting Life, para
verificar si haba filmado a los curiosos
durante el rodaje, y que hablara con el
personal de seguridad para ver las
cintas del Typhoon Bar correspondientes
a la noche en que Kim desapareci.
Esperemos que Kim aparezca sola
continu Keola, pero en caso
contrario habr que hacer un riguroso
trabajo detectivesco. Usted ser mi
nico cliente. Pedir ayuda adicional a
medida que la necesite y trabajaremos
las veinticuatro horas. Mientras usted
quiera continuar. Es mi modo de hacer
las cosas.
Levon discuti los honorarios con
Keola, pero en verdad no le importaba.
Pensaba en los horarios exhibidos en la
puerta de la comisara de Kihei. De
lunes a viernes de 8 a 17. Fines de
semana y festivos, de 10 a 16. Mientras,
Kim estaba en una mazmorra o una
zanja, indefensa.
Est contratado dijo Levon.
El trabajo es suyo.
34
Mi telfono son en cuanto abr la
puerta de mi habitacin.
Ben Hawkins? pregunt una
mujer con fuerte acento extranjero.
El mismo. Y esper que me
dijera quin era, pero no se identific.
Hay un hombre que se aloja en el
Princess Hotel.
Aj.
Se llama Nils Bjorn y usted
debera hablar con l.
Y por qu?
La mujer dijo que Bjorn era un
empresario europeo que vala la pena
investigar.
Estaba en el hotel cuando
desapareci Kim McDaniels. Quizs l
sea Usted debera hablar con l.
Abr el cajn del escritorio,
buscando papel y pluma.
Por qu Nils Bjorn es
sospechoso? pregunt mientras
anotaba el nombre.
Hable con l. Ahora tengo que
colgar repuso la mujer. Y colg.
Saqu una botella de Perrier de la
nevera y sal al balcn. Yo me alojaba
en el Marriott, a medio kilmetro de
playa del mucho ms costoso Wailea
Princess, pero con la misma y
deslumbrante vista del mar. Beb mi
agua y pens en la pista que me haban
dado. Para empezar, cmo me haba
encontrado esa mujer? Slo los
McDaniels y Amanda saban dnde me
alojaba.
Cruc las puertas correderas,
encend mi ordenador porttil y busqu
Nils Bjorn en Google.
El primer hallazgo fue un artculo
publicado en el London Times un ao
antes, sobre un Nils Bjorn a quien
haban arrestado en Londres como
sospechoso de vender armas a Irn,
posteriormente liberado por falta de
pruebas.
Segu consultando artculos, todos
similares o idnticos al primero.
Abr otra Perrier, segu buscando,
encontr otro artculo sobre Bjorn que
se remontaba a 2005, una acusacin de
tentativa de violacin. No se
mencionaba el nombre de la mujer, slo
que era modelo y tena diecinueve aos,
y tampoco esa vez Bjorn fue condenado.
Mi ltima parada en este viaje por
Internet fue Skol, una revista europea
dedicada a la alta sociedad. Haba una
foto tomada en la fiesta de recepcin de
un industrial sueco que haba inaugurado
una fbrica de municiones en las afueras
de Gotenburgo.
Ampli la foto, estudi al hombre
identificado como Bjorn, mir sus ojos
luminosos como bombillas. Tena rasgos
regulares, cabello castao claro, nariz
recta, aparentaba poco ms de treinta
aos y no presentaba ningn rasgo
memorable.
Guard la foto, llam al Wailea
Princess y pregunt por Nils Bjorn. Me
dijeron que se haba marchado el da
anterior.
Ped que me pusieran con los
McDaniels.
Le coment a Levon la llamada
telefnica de la mujer y lo que saba
sobre Nils Bjorn: lo haban acusado de
vender armas a un pas terrorista, y
tambin de intentar violar a una modelo.
Ninguna de las dos acusaciones haba
podido comprobarse. Dos das atrs
haba sido husped del Wailea Princess
Hotel.
Trat de contener mi entusiasmo,
pero se trasluca en mi voz.
sta podra ser una buena pista
dije.
35
Levon esperaba al teniente Jackson.
Despus de cinco minutos de musiquilla
ambiental, le dijeron que el teniente le
devolvera la llamada. Colg y encendi
el televisor un enorme aparato de
plasma que ocupaba media pared para
ver las noticias.
Primero proyectaron la
relampagueante presentacin grfica de
All Island News at Noon, con Tracy
Baker y Candy Ko'alani. Luego Baker
habl de la modelo an desaparecida,
Kim McDaniels, presentando una
imagen de Kim en bikini, y luego
apareci el rostro de Jackson con la
leyenda en directo.
Hablaba a los reporteros frente a la
comisara.
Barbara, ven! llam Levon,
subiendo el volumen.
Su mujer a su lado en el sof.
Estamos interrogando a una
persona relevante para el caso deca
Jackson, y esta investigacin
contina. Pedimos que nos llame
cualquiera que posea informacin sobre
Kim McDaniels. Se respetar la
confidencialidad. Es todo lo que puedo
decir por el momento.
Han arrestado a alguien o no?
pregunt Barbara, aferrando la mano a
su marido.
Una persona relevante es un
sospechoso. Pero no tienen suficientes
pruebas, de lo contrario diran que lo
tienen retenido.
Levon elev el volumen un poco
ms.
Teniente dijo un reportero,
tenemos entendido que esa persona
relevante es Doug Cahill.
Sin comentarios. Esto es todo lo
que tengo que decir. Gracias.
Jackson se alej y los reporteros se
agitaron. Tracy Baker volvi a la
pantalla.
Doug Cahill, defensa de los Bears
de Chicago dijo, ha sido visto en
Maui y fuentes bien informadas dicen
que fue amante de Kim McDaniels.
En la pantalla apareci una foto de
Doug ataviado con el equipo de su club,
el casco bajo el brazo, una ancha
sonrisa, el pelo rubio cortado a cepillo,
guapo al estilo huesudo del Medio
Oeste.
Me consta que la molestaba
dijo Barbara, mordindose el labio
inferior, arrebatndole el mando a
distancia a Levon para bajar el volumen
, pero hacerle dao? No lo creo.
Son el telfono. Levon atendi.
Seor McDaniels, soy el teniente
Jackson.
Piensa arrestar a Doug Cahill?
En tal caso, comete un error.
Hace una hora apareci un testigo,
un lugareo que pasaba por all y dice
haber visto a Cahill acosando a Kim
despus del rodaje.
Pero Doug dijo que no haba visto
a Kim
En efecto. Pero quiz nos minti,
as que lo estamos interrogando.
Todava niega toda participacin.
Hay alguien ms sobre quien usted
debera saber dijo Levon, y le refiri
la reciente llamada de Hawkins
concerniente a una pista sobre un
empresario internacional llamado Nils
Bjorn.
Sabemos quin es Bjorn. No nos
consta ningn vnculo entre Bjorn y Kim.
No hay testigos. No hay nada en las
cintas de vigilancia.
Usted habl con l?
Bjorn se march antes de que
nadie se enterase de la desaparicin de
Kim. McDaniels, s que usted no lo cree
as, pero Cahill es nuestro hombre. Slo
necesitamos tiempo para que confiese.
36
Henri, con su disfraz de Charlie Rollins,
almorzaba en el Sand Bar, el elegante
restaurante playero del hotel. Relucan
sombrillas amarillas y desde la playa
suban adolescentes en cuyos cuerpos
bronceados chispeaba el agua. Henri
pens que no saba quines eran ms
hermosos, si los chicos o las chicas.
La camarera le llev azcar lquido
para su t helado y un cesto de
panecillos y le anunci que su ensalada
saldra enseguida. l asinti con una
sonrisa, dijo que disfrutaba de la vista y
que no tena ninguna prisa.
Un camarero apart una silla de la
mesa contigua para que se sentara una
bonita joven. Tena el pelo negro y corto
estilo varn, y llevaba un bikini blanco y
pantalones cortos amarillos.
A pesar de las gafas Maui Jim, Henri
saba quin era.
Julia, Julia Winkler dijo cuando
ella dej el men.
La chica alz la vista.
Disculpa, te conozco?
Yo te conozco a ti dijo l,
alzando la cmara para indicar que era
del gremio. Ests aqu por un
trabajo?
Estaba. El rodaje termin ayer.
Maana regreso a Los ngeles.
Ah, el rodaje de Sporting Life.
Ella asinti con cara triste.
Me he quedado por aqu con la
esperanza Yo comparta habitacin
con Kim McDaniels.
Regresar dijo Henri,
amablemente.
En qu te basas para asegurarlo?
Se ha tomado unas vacaciones.
Suele suceder.
Ya que eres vidente, dime dnde
est.
Est fuera del alcance de mis
vibraciones, pero a ti te capto con toda
claridad.
Seguro. Qu estoy pensando?
Que te sientes triste y un poco
sola y quisieras comer con alguien que
te haga sonrer.
Julia sonri y Henri llam al
camarero, le pidi que acomodara a la
seorita Winkler a su mesa y la hermosa
muchacha se sent junto a l, ambos
encarados al paisaje.
Charlie dijo l, extendiendo la
mano. Rollins.
Hola, Charlie Rollins. Qu
almorzar?
Ensalada de pollo a la parrilla y
una Coca light. Y ahora recibo otra
seal. Piensas que te gustara quedarte
otro da porque un vecino se encarga de
tu gato y este sitio es tan agradable que
no tienes prisa por volver a casa.
Julia volvi a sonrer.
Bruno. Es un rottweiler.
Lo saba repuso Henri justo
cuando la camarera le serva la ensalada
y le preguntaba a Julia que tomara.
Ella pidi pollo a la parrilla y un
Mai Tai.
Aunque me quedara otra noche,
nunca salgo con fotgrafos aadi
luego, mirando la cmara apoyada en la
mesa.
Yo te he pedido que saliramos?
Lo hars.
Sus sonrisas acabaron en risas.
Vale dijo Rollins, te pedir
que salgamos. Y te tomar una foto para
que los tos de Loxahatchee no crean que
me lo invent.
De acuerdo, pero qutate las
gafas. Quiero ver tu mirada.
Mustrame la tuya y te mostrar la
ma.
37
Julia gritaba de deleite mientras el
helicptero surcaba el cielo color coral
y la pequea isla de Lanai se agrandaba
a ojos vistas. Al fin se posaron
suavemente en el pequeo helipuerto
privado del linde del increblemente
verde campo de golf del vasto Island
Breezes Hotel.
Charlie baj el primero, ayud a
Julia a descender y ella mantuvo el
cuello de la zamarra cerrado. Su pelo
rizado se alborot y sus mejillas se
sonrojaron mientras corran hacia el
coche agazapados bajo las hlices.
Veo que tienes una bien provista
cuenta de gastos dijo ella, sin aliento.
En nuestra cita de ensueo invito
yo, Julia.
De veras?
Qu clase de persona cargara
una cita contigo a su cuenta de gastos?
Oh.
El chfer abri las puertas y luego
los condujo lentamente por un camino de
guijarros hasta el hotel. Julia jade al
entrar en el vestbulo, puro azul verdoso
aterciopelado, oro y borgoa, con
mullidas alfombras chinas y estatuas
antiguas. La luz del poniente se
derramaba en el espacio abierto, casi
apropindose del espectculo.
Julia y Charlie pidieron una sesin
de masajes en una choza de bamb
abierta al rtmico retumbo del mar sobre
la costa. Los masajistas plegaron las
sbanas que los cubran, aromatizadas
con fragancias vegetales, y les frotaron
la piel con manteca de cacao antes de
proceder a las largas caricias con los
antebrazos del tradicional masaje lomi-
lomi.
Julia, tendida de bruces, le sonri
perezosamente al hombre que acababa
de conocer.
Esto es magnfico dijo. No
quiero que termine nunca.
A partir de ahora slo mejorar.
Horas despus cenaron en el
restaurante del piso principal. Columnas
e iluminacin tenue fueron el decorado
de su festn: gambas y chuletas de cerdo
kurubuto con mango al chutney y un
excelente vino francs. Julia se dej
conducir dcilmente por Charlie en una
conversacin sobre s misma. Y le cont
cosas personales, hablndole de su
crianza en una base militar de Beirut, su
vuelo a Los ngeles, su golpe de suerte.
Charlie pidi vino de postre y
productos de confitera: zucotto,
almendras confitadas con leche, mousse
de chocolate, bananas de Lanai con
caramelo preparado en la mesa por el
camarero. La deliciosa fragancia del
azcar quemado volva a abrirle el
apetito. Contemplaba a la muchacha, que
ahora pareca una nia dulce,
vulnerable, disponible.
Cuatro mil dlares bien gastados,
aunque todo acabase all.
Pero no acab all.
Se pusieron los trajes de bao en
una cabaa junto a la piscina y dieron un
largo paseo por la playa. El claro de
luna baaba la arena y transformaba el
mar en un encuentro mgico de sonidos
susurrantes y espuma hirviente.
Julia se ech a rer.
El ltimo en llegar al agua es un
vejestorio, y se sers t! dijo.
Corri, grit cuando el agua le lami
los muslos y Charlie tom algunas fotos
antes de guardar la cmara en la bolsa y
dejarla en la arena.
Veremos quin es un vejestorio.
Brinc, se zambull en las olas y al
emerger atrap a Julia entre sus brazos.
38
Regres a mi habitacin y revis los
mensajes. No tena ms llamadas de la
mujer del acento extranjero, ni de nadie
ms. Encend el ordenador y poco
despus envi una bonita nota de
setecientas palabras a Aronstein en el
L.A. Times.
Cumplida mi labor del da, encend
la televisin. La historia de Kim sali en
los titulares de las noticias de las diez.
Apareci un letrero de ltimas
noticias y los locutores anunciaron que
Doug Cahill era presunto sospechoso en
el presunto secuestro de Kim
McDaniels. La foto de Cahill apareci
en la pantalla, con el equipo completo
de los Bears de Chicago antes de un
partido, el casco bajo el brazo,
sonrindole a la cmara como una
estrella de cine, un corpachn de casi
dos metros y ms de ciento diez kilos.
Cualquiera poda sacar sus
conclusiones: Cahill poda haber alzado
fcilmente a Kim McDaniels, con sus
cincuenta kilos, y llevarla bajo el brazo
como un baln.
Entonces di un respingo.
Cahill estaba en pantalla, en un
vdeo que se haba filmado dos horas
antes. Mientras yo coma pizza con
Eddie Keola, la accin se haba
desarrollado frente la comisara de
Kihei.
Cahill estaba flanqueado por dos
leguleyos, y reconoc a uno de ellos:
Amos Brock, un abogado penalista de
Nueva York, famoso por representar a
celebridades y estrellas del deporte que
se haban pasado al lado oscuro. Estaba
muy elegante con su traje gris perla.
Brock mismo era una estrella, y ahora
defenda a Doug Cahill.
La emisora KTAU tena las cmaras
enfocadas en Cahill y Brock. ste se
acerc al micrfono.
Mi cliente Doug Cahill dijo no
est acusado de nada. Los cargos que se
presentan contra l carecen de base
legal. No existe la menor prueba para
respaldar las pamplinas que han
circulado, y por eso mi cliente no est
acusado. Doug quiere hablar
pblicamente, por nica vez.
Cog el telfono y arranqu a Levon
de lo que pareca un sueo profundo.
Levon, soy Ben. Encienda la
televisin. Canal Dos. Deprisa.
Cahill ocup un primer plano.
Estaba sin afeitar, y llevaba una camisa
azul bajo una chaqueta deportiva de
buena confeccin. Sin las almohadillas y
el uniforme pareca relativamente dcil,
como un estudiante de empresariales.
Vine a Maui a ver a Kim dijo
con voz trmula, las lgrimas
resbalndole por las mejillas. La vi
diez minutos hace tres das y ya no volv
a verla. Yo no le hice ningn dao. Amo
a Kim y me quedar aqu hasta que la
encontremos.
Le devolvi el micrfono a Brock.
Repito dijo el abogado: Doug
no tiene nada que ver con la
desaparicin de Kim y emprender
acciones legales contra cualquiera que
lo difame. Es todo lo que tenemos que
declarar por el momento. Gracias.
Qu piensas de eso? me
pregunt Levon al telfono.
Doug ha sido bastante
convincente. O la ama o miente muy
bien.
Pens algo ms, pero no se lo dije:
las setecientas palabras que acababa de
enviarle a Aronstein eran historia
antigua.
39
Llam a mi jefe de redaccin para
decirle que Doug Cahill se prestara al
circo meditico y por qu: un testigo
misterioso le haba visto hostigar a Kim,
y Cahill estaba representado por Amos
Brock, un peso pesado.
Acabo de enviarte una nueva
versin de mi nota le dije a Aronstein
. No ser bueno, pero soy rpido.
Luego llam al jefe de la seccin
deportiva, Sam Paulson.
Paulson me tiene simpata, pero no
confa en nadie.
Mira, Sam le dije, necesito
saber qu clase de persona es Doug
Cahill. Mi nota no afectar la tuya.
El regateo dur quince minutos. Sam
Paulson protega su posicin como
figura suprema de la crnica deportiva,
yo trataba de sonsacarle algo que me
indicara si Cahill era peligroso fuera del
campo de juego.
Al fin Sam me dio una pista.
Hay una chica de relaciones
pblicas. Yo le consegu un puesto de
trabajo en los Bears. Hawkins, no
bromeo. Esto es extraoficial. Esa chica
es amiga ma.
Entiendo.
Cahill la dej encinta hace un par
de meses. Ella habl con su madre al
respecto. Tambin nos lo cont a Cahill
y a m. Piensa darle a Cahill la
oportunidad de hacer lo correcto, sea
esto lo que sea.
Sala con Kim cuando dej
preada a esa otra mujer? Ests
seguro?
S.
Sabes si l tiene un historial de
violencia?
Todos lo tienen, por supuesto.
Rias en bares. Una bastante peliaguda
cuando jug en Notre Dame. Esas
tonteras.
Gracias, Sam.
No hay de qu. Literalmente. Yo
no te he dicho nada.
Me sent sobre esa bomba unos
minutos, pensando qu significaba. Si
Kim saba que Cahill la haba engaado,
era motivo suficiente para plantarlo. Si
l quera recuperarla, si estaba
desesperado, una confrontacin pudo
haber derivado en una pelea de
consecuencias imprevisibles.
Llam a Levon y su reaccin me
dej azorado.
Doug es una mquina de
testosterona dijo. Kim deca que
era tozudo y todos sabemos cun
arrollador se mostraba en los partidos.
Cmo saber de qu es capaz? Barbara
an cree en l, pero yo empiezo a pensar
que quiz Jackson tenga razn. Quizs
hayan pillado al culpable, a fin de
cuentas.
40
Julia se senta ingrvida en los brazos
de Henri, como un ngel. Sus largas
piernas le cieron la cintura y l slo
tuvo que alzar las rodillas para que ella
se le sentara encima.
Eso fue lo que hizo mientras se
mecan en las olas, hasta que ella alz la
cara y le dijo:
Charlie, esto ha sido el no va ms,
lo mejor.
A partir de ahora mejorar
repiti l, su cantinela para esa cita.
Ella sonri, lo bes suavemente y
luego profundamente, un beso largo y
salado, seguido por otro. Una
electricidad cimbreante los rodeaba
como el calor de un relmpago.
l le desat el tirante del cuello y
luego el de la espalda.
Cuntos nudos para un simple
bikini blanco.
Qu bikini?
Olvdalo dijo l, mientras el
sujetador se alejaba a la deriva, una
cinta blanca en las olas negras hasta que
desapareci sin que ella le diera
importancia.
Estaba demasiado ocupada
lamindole la oreja, con los pezones
erectos como diamantes contra su pecho,
gruendo mientras l la mova para
frotarla vidamente contra su miembro.
l pas los dedos bajo el elstico de
la braguita y toc los puntos sensibles,
hacindola chillar y retorcerse como una
nia.
Ella le baj los pantalones cortos.
Espera dijo l, prtate bien.
Pienso portarme muy mal jade
ella, besndolo, tirando de nuevo de los
pantalones. Me muero por ti.
l le separ las piernas y tir de la
braguita. Luego sali de las olas
llevando a la muchacha desnuda en los
brazos. El agua les perlaba el cuerpo,
plateado en el claro de luna.
Afrrate a m, pequea dijo
Charlie.
La llev hasta el lugar donde haba
dejado la bolsa de mano, junto a un
montculo de roca de lava negra. Se
agach, la abri y extrajo dos toallas
playeras.
Todava con la muchacha en brazos,
extendi una toalla como pudo y
deposit suavemente a Julia, para a
continuacin cubrirla con la segunda
toalla.
Gir brevemente, puso la cmara
Panasonic sobre la bolsa y la encendi,
ladendola un poco.
Luego se puso delante de Julia, se
quit el baador y sonri al ver que ella
gema de excitacin. Se arrodill entre
sus piernas, lamindola hasta que ella
grit que no poda ms, y entonces la
penetr.
El rugido del ocano tap los gritos,
tal como l haba supuesto, y cuando
terminaron, meti la mano en la bolsa y
sac un cuchillo de hoja dentada. Puso
el cuchillo sobre la toalla.
Para qu es eso? pregunt
Julia.
Ms vale ir con cuidado dijo
Charlie, restndole importancia. Por
si algn chico malo anda merodeando.
Le acarici el pelo corto, le bes los
ojos y la abraz. Durmete, Julia
dijo. Conmigo ests a salvo.
Mejorar todava ms?
brome ella.
Quiz se ponga ms guarro.
Ella rio, se acurruc contra su pecho
y Charlie le cubri los ojos con la
toalla. Julia pens que le hablaba a ella
cuando l le dijo a la cmara:
Todos satisfechos?
Totalmente satisfechos suspir
ella.
41
Otras desgarradoras veinticuatro horas
pasaron para Levon y Barbara, y yo me
senta incapaz de aliviar su
desesperacin. Los canales de noticias
repetan las mismas informaciones
cuando me acost esa noche, y estaba en
medio de un sueo perturbador cuando
son el telfono.
Ben me dijo Eddie Keola,
esprame frente a tu hotel en diez
minutos, pero no llames a los
McDaniels.
El jeep de Keola estaba en ralent
cuando sal a la noche tibia y me
encaram al asiento delantero.
Adnde vamos? le pregunt.
A una playa llamada Makena
Landing. Parece que la polica ha
encontrado algo. O a alguien.
Diez minutos despus, Eddie aparc
en el arcn curvo entre seis coches
patrulla, camiones del Equipo Especial
y de la Oficina del Forense. A nuestros
pies haba un semicrculo de playa, una
caleta ahusada rodeada por dedos de
roca de lava.
Un ruidoso helicptero revoloteaba
sobre nosotros, perfilando con su foco la
silueta de los policas que se
desplazaban por la costa.
Keola y yo bajamos a la playa; en la
arena haba un vehculo del
Departamento de Bomberos. Haba
botes inflables en el agua y unos
submarinistas se disponan a
zambullirse.
Sent nuseas de slo pensar que el
cuerpo de Kim estuviera sumergido all
y me desped de la idea de que, como
esa otra chica que Keola haba
descubierto, Kim hubiera desaparecido
para escapar de un viejo novio.
Keola interrumpi mis reflexiones
para presentarme a un tal detective
Palikapu, un joven corpulento con
chaqueta del Departamento de Polica
de Maui.
Aquellos turistas dieron aviso
dijo Palikapu, sealando un apiamiento
de nios y adultos en el otro extremo del
muelle de lava. Durante el da vieron
algo que flotaba.
Un cuerpo, quieres decir repuso
Keola.
Al principio pensaron que era un
tronco o basura. Vieron tiburones
rondando, as que no se metieron en el
agua. Luego las mareas lo llevaron bajo
la burbuja de roca y lo dejaron ah. All
estn ahora los buzos.
Keola me explic que la burbuja de
roca era una plataforma de lava con un
interior cncavo. A veces la gente se
internaba nadando en esas cavernas con
la marea baja, no se percataba de la
llegada de la marea alta y se ahogaba.
Eso le haba pasado a Kim? De
pronto pareca muy posible.
Llegaban furgonetas de la televisin,
y fotgrafos y reporteros bajaban a la
playa. Los policas trataban de tender
las cintas amarillas para preservar la
escena.
Un fotgrafo se me acerc y se
present como Charlie Rollins. Dijo que
era independiente y que si yo necesitaba
fotos para el L.A. Times l poda
proveerlas.
Acept su tarjeta, y al volverme vi
que los primeros submarinistas salan
del agua. Uno de ellos cargaba un bulto
en los brazos.
T ests conmigo dijo Keola, y
soslayamos la cinta amarilla. Estbamos
en la orilla cuando lleg el bote.
El foco brillante del helicptero
ilumin el cuerpo que el buzo traa en
brazos. Era menuda, una adolescente,
quizs una nia. Su cuerpo estaba tan
hinchado por el agua que no se
distingua la edad, pero tena las manos
y los pies atados con cuerdas.
El teniente Jackson se acerc y con
una mano enguantada apart el largo
pelo negro, revelando la cara de la
chica.
Me alivi que no fuera Kim; no
tendra que hacer una funesta llamada a
los McDaniels. Pero mi alivio fue
sofocado por una pena abrumadora. Era
evidente que otra muchacha, la hija de
otras personas, haba sido asesinada
brutalmente.
42
Se oy el alarido de una mujer por
encima del bramido del helicptero. Me
gir, vi a una mujer morena, un metro
sesenta, quiz cuarenta y cinco kilos,
corriendo hacia la cinta amarilla.
Rosa, Rosa! gritaba en espaol
. Madre de Dios, no!
Isabel, no vayas ah! Le gritaba
un hombre que la segua de cerca.
No, Isabel!
La alcanz y la estrech en sus
brazos, y la mujer lo golpe con los
puos, tratando de zafarse.
No, no, no! gritaba. Mi
nia, mi nia!
Los policas rodearon a la pareja y
los gritos frenticos de la mujer se
apagaron mientras se la llevaban de all.
Una manada de reporteros corri hacia
los padres de la chica muerta. Sus ojos
lobunos parecan relucir. Pattico.
En otras circunstancias, yo habra
formado parte de esa manada, pero
ahora estaba con Eddie Keola, subiendo
por la costa rocosa donde estaban
emplazadas las cmaras de los medios.
Los corresponsales de la televisin
local hablaban ante las cmaras mientras
una camilla llevaba el maltrecho cuerpo
a la furgoneta del forense. Cerraron las
puertas y el vehculo se alej.
Se llamaba Rosa Castro me
dijo Keola mientras subamos al jeep.
Tena doce aos. Has visto esas
ligaduras? Los brazos y las piernas
sujetos a la espalda.
S, lo he visto.
Haba visto violencia durante casi la
mitad de mi vida, y haba escrito sobre
ella, pero el asesinato de esa nia me
trajo imgenes tan horrorosas que sent
nuseas. Me tragu la bilis y cerr la
portezuela del jeep.
Keola enfil hacia el norte.
Por eso no quera que llamaras a
los McDaniels me dijo. Si hubiera
sido Kim Su mvil lo interrumpi.
Rebusc en el bolsillo de la chaqueta y
se apoy el telfono en la oreja. Hola,
Levon dijo, no, no es Kim. S, he
visto el cadver. Estoy seguro. No es
vuestra hija.
Aadi que pasaramos por su hotel
y diez minutos despus estbamos en la
entrada del Wailea Princess.
Barbara y Levon estaban en la
galera, y el cfiro les haca ondear el
pelo y el nuevo atuendo hawaiano. Se
cogan de las manos fuertemente y tenan
el semblante plido de fatiga.
Caminamos con ellos hasta el
vestbulo y Keola explic que la nia
muerta haba sido asfixiada, sin entrar
en los detalles truculentos.
Barbara pregunt si poda haber una
relacin entre la muerte de Rosa y la
desaparicin de Kim, un modo de pedir
una tranquilidad que nadie poda darle.
Aun as, yo lo intent. Dije que los
asesinos en serie tenan preferencias y
sera raro que uno de ellos matara a una
nia y tambin a una mujer. Raro, pero
no inaudito, pens.
No slo le deca a Barbara lo que
ella quera or, sino que me confortaba a
m mismo. En ese momento no saba que
el asesino de Rosa Castro tena un
apetito voraz y variado para torturar y
asesinar.
Y jams se me pas por la cabeza
que ya lo conoca, que haba hablado
con l.
43
Horst sabore el Domaine de la
Romane-Conti; en 2001 Sotheby's lo
venda a 24.000 dlares la botella. Le
dijo a Jan que acercara la copa. Era una
broma. Jan estaba a muchos kilmetros
de distancia, pero la conexin por
cmara web creaba la impresin de que
estaban en el mismo cuarto.
El motivo de la reunin: Henri
Benoit le haba escrito a Horst diciendo
que esperase la descarga de un archivo a
las nueve de la noche, y Horst invit a
Jan, su amigo de muchos aos, a ver el
estreno del flamante vdeo antes de
enviarlo al resto de la Alianza.
El ordenador emiti un pitido y
Horst se dirigi al escritorio. Le dijo a
su amigo que se estaba efectuando la
descarga y reenvi el e-mail a la oficina
de Jan en msterdam.
Las imgenes aparecieron
simultneamente en ambas pantallas.
El trasfondo era una playa iluminada
por la luna. Una bonita muchacha yaca
desnuda de espaldas sobre una toalla
grande. Tena caderas delgadas, pechos
pequeos y pelo corto estilo varn. Los
contornos y sombras en blanco y negro
daban a la pelcula un aire melanclico,
como si la hubieran filmado en los aos
cuarenta.
Hermosa composicin dijo Jan
. El hombre tiene criterio.
Cuando Henri entr en el cuadro, su
rostro estaba digitalmente pixelado para
parecer un borrn, y la voz tambin
estaba alterada electrnicamente. Henri
le habl a la muchacha con voz traviesa,
llamndola monita y a veces diciendo
su nombre.
Interesante, no? Coment
Horst a Jan. La chica no siente el
menor temor. Ni siquiera parece
drogada.
Julia le sonrea a Henri, extendiendo
los brazos y abriendo las piernas. l se
quit el baador, mostrando un miembro
robusto y erecto, y la muchacha se tap
la boca y alz la vista. Dios mo,
Charlie, exclam.
Henri le dijo juguetonamente que era
una golosa. Le vieron arrodillarse entre
los muslos de la muchacha, alzarle las
nalgas y bajar la cara para lamerla hasta
que la muchacha se retorci, meneando
las caderas, hundiendo los dedos de los
pies en la arena, gritando Charlie, por
favor, no aguanto ms!.
Creo que Henri la est
enamorando dijo Jan a Horst. Tal
vez l tambin se est enamorando. Eso
sera digno de verse.
Crees que Henri puede sentir
amor?
Mientras los dos hombres
observaban, Henri acariciaba a la
muchacha, la estimulaba y la penetraba,
dicindole que era hermosa y que se
entregara a l, hasta que los gritos se
convirtieron en sollozos. Ella le ech
los brazos al cuello, y Henri la estrech
y le bes los ojos, las mejillas y la boca.
Luego su mano se acerc a la cmara,
bloqueando un poco la imagen de la
muchacha, y se retir empuando un
cuchillo de caza. Puso el cuchillo junto a
la muchacha en la toalla.
Horst se inclin para observar la
escena, pensando: S, primero la
ceremonia, y ahora el sacrificio
supremo. Entonces Henri volvi su
cara borrosa hacia la cmara.
Todos satisfechos?, pregunt.
Totalmente satisfechos, respondi
la muchacha, y la imagen se ennegreci.
Qu ocurre? pregunt Jan,
despertando de lo que era casi un estado
de trance.
Horst rebobin el vdeo, volvi a
ver los ltimos momentos y comprendi
que haba terminado. Al menos para
ellos.
Jan, nuestro chico nos excita
tambin a nosotros. Nos hace esperar el
producto terminado. Un chico listo. Muy
listo.
Jan suspir.
Qu gran vida lleva a nuestras
expensas.
Hacemos una apuesta slo entre
t y yo?
Sobre qu?
Sobre cunto falta para que pillen
a Henri.
44
Eran casi las cuatro de la maana y no
lograba conciliar el sueo. En mi mente
an ardan las imgenes del cuerpo
torturado de Rosa Castro, y todava
pensaba en lo que le haban hecho antes
de que su vida terminara bajo una roca
en el mar.
Pens en sus padres y los
McDaniels, buena gente que pasaba por
un infierno que El Bosco no podra
haber imaginado ni siquiera en sus
momentos de mayor inspiracin. Quera
llamar a Amanda, pero me contuve.
Tema cometer un desliz y decirle lo que
pensaba: Gracias a Dios que no
tenemos hijos.
Me levant y encend las luces.
Saqu de la nevera una lata de POG, un
refresco de pia, naranja y guayaba, y
encend el ordenador. Mi correo se
haba llenado de spam desde mi ltima
revisin, y la CNN me haba enviado un
alerta noticioso sobre Rosa Castro. Ech
un rpido vistazo a la nota y comprob
que mencionaban a Kim en el ltimo
prrafo.
Escrib el nombre de Kim en la
casilla de bsqueda para ver si la CNN
haba introducido alguna noticia en su
sitio web. Nada.
Abr una lata de patatas fritas, com
una, prepar caf en la cafetera y segu
trabajando en Internet.
Encontr imgenes de Doug Cahill
en YouTube: vdeos del club
universitario, travesuras en el vestuario,
un vdeo de Kim sentada en las gradas
durante un partido de ftbol,
aplaudiendo y menendose. La cmara
iba y vena entre ella y tomas de Doug
Cahill jugando brutalmente contra los
Giants de Nueva York. Trat de
imaginarme a Cahill matando a Kim y
hube de admitir que un to que poda
arremeter contra jugadores de ciento
diez kilos era alguien que poda
abofetear a una muchacha que se
resistiera y, por accidente o adrede,
desnucarla. Pero en el fondo crea que
las lgrimas de Cahill eran genuinas,
que amaba a Kim. Adems, si l la
hubiera matado, contaba con recursos
para perderse en cualquier parte del
mundo.
Busqu el nombre que me haba
soplado aquella mujer por telfono, el
sospechoso de trfico de armas, Nils
Bjorn, cuyo primer apellido era
Ostertag. La bsqueda arroj los
mismos resultados del da anterior, pero
esta vez abr los artculos redactados en
sueco.
Usando un diccionario on line
mientras lea, traduje las palabras
suecas que significaban municiones y
blindaje protector y luego encontr
otra foto de Bjorn fechada tres aos
antes. Era una foto directa del hombre,
con sus rasgos regulares y olvidables,
saliendo de un Ferrari en Ginebra.
Vesta un elegante traje de rayas blancas
bajo un sobretodo de buena confeccin,
y empuaba un maletn Gucci. En esa
foto Bjorn no se vea igual que en la
cena de gala, porque ahora tena el pelo
rubio. Casi blanco.
Pinch el ltimo artculo sobre Nils
Ostertag Bjorn y otra foto llen mi
pantalla, esta vez un joven de uniforme
militar. Aparentaba unos veinte aos,
tena los ojos muy separados y la
barbilla cuadrada. Pese al mismo
nombre no se pareca a las otras fotos de
Nils Bjorn.
Le el pie de foto y distingu las
palabras suecas que significaban Golfo
Prsico y fuego enemigo, y entonces
comprend.
Estaba leyendo una necrolgica.
Aquel Nils Ostertag Bjorn haba
muerto quince aos atrs.
Fui a ducharme y dej que el agua
caliente me masajeara la cabeza
mientras trataba de unir las piezas. Se
trataba slo de dos hombres con el
mismo nombre, un nombre poco
habitual? O alguien que usaba la
identidad del muerto se haba registrado
en el Wailea Princess?
En tal caso, haba secuestrado y
asesinado a Kim McDaniels?
45
Henri Benoit despert entre sbanas
suaves y blancas en la elegante cama
con baldaquino de su habitacin del
Island Breezes Hotel de Lanai.
Julia roncaba suavemente bajo su
brazo, la cara tibia contra su pecho. El
sol de la maana se filtraba por las
cortinas transparentes, y el ancho
Pacfico estaba slo a cincuenta metros.
Aquella chica. Aquel ambiente.
Aquella luz inimitable. Era el sueo de
un fotgrafo de cine.
Con los dedos, apart el pelo de los
ojos de la muchacha. La dulce criatura
estaba bajo el hechizo del kava kava,
ms la generosa dosis de Valium que l
le haba echado en la copa. Haba
dormido profundamente, pero era hora
de despertarla para su primer plano.
Despierta, despierta, carita de
mono le dijo, sacudindole
suavemente el brazo.
Julia entreabri los ojos.
Charlie? Qu? Ya es la hora de
mi vuelo?
Todava no. Quieres dormir diez
minutos ms?
Ella asinti y se acurruc contra su
hombro.
Henri se levant y se puso a trabajar,
encendiendo lmparas, reemplazando la
tarjeta de la cmara por una nueva,
apoyando la cmara en la cmoda,
enfocando la escena. Satisfecho, desat
los cordeles con borlas de las cortinas,
dejando que la gruesa colgadura se
cerrara.
Julia murmur una queja mientras l
la pona de bruces.
Est todo bien la tranquiliz l.
Le sujet las piernas a los postes del
pie de la cama, haciendo un nudo
ballestrinque con los cordeles, y luego
le at los brazos al cabezal, usando un
extico nudo japons que sala
espectacular en una filmacin.
Julia suspir mientras caa en otro
sueo.
Henri hurg su bolsa, se puso la
mscara de plstico clara y los guantes
de ltex azul, y finalmente desenvain el
cuchillo de caza.
Enmascarado y enguantado, pero
desnudo, Henri apoy el cuchillo en la
mesilla y se arrodill detrs de Julia. Le
acarici la espalda antes de alzarle las
caderas y penetrarla por detrs. Ella
gimi en sueos, sin despertar mientras
l la embesta. Entonces el placer se
impuso a la razn y Henri le dijo que la
amaba.
Despus se desplom junto a ella,
apoyndole el brazo en la espalda hasta
que su respiracin se calm. Luego se
puso a horcajadas de la muchacha
dormida, le revolvi el pelo corto con
los dedos de la mano izquierda, y le alz
la cabeza.
Ay dijo Julia, abriendo los ojos
. Me lastimas, Charlie.
Lo lamento. Tendr ms cuidado.
Esper un instante antes de rozar con
la hoja la nuca de Julia, dejando una
lnea roja y delgada.
Julia slo dio un respingo, pero con
el segundo corte abri los ojos de par en
par. Volvi la cabeza, y agrand los ojos
al ver la mscara, el cuchillo, la sangre.
Charlie, qu ests haciendo?
grit.
Henri se enfad. Estaba lleno de
amor por esa chica y ahora ella se
rebelaba, arruinando la toma,
arruinndolo todo.
Por favor, Julia, acta con
elegancia.
Julia grit y forceje contra las
amarras. Su cuerpo tena ms capacidad
de movimiento del que Henri esperaba.
Le dio un codazo en la mano, haciendo
volar el cuchillo. Julia inspir hondo y
solt un largo y ondulante alarido de
terror.
No le dejaba opcin. No era de buen
gusto, pero a fin de cuentas era el mejor
medio para un fin. Cerr las manos
sobre la garganta de Julia y apret. Ella
se sofoc y se revolvi desesperada
mientras l le sacaba el aire, controlaba
cada segundo final de su vida, soltando
el cuello y volviendo a apretarlo, una y
otra vez, hasta que se qued tiesa.
Porque estaba muerta.
Henri se levant jadeando y camin
hacia la cmara.
Se acerc a la lente, se apoy las
manos en las rodillas.
Mejor de lo que planeaba dijo
con una sonrisa. Julia no respet el
guin y termin nuestro idilio con un
gesto grandilocuente. La amo. Todos
satisfechos?
46
Henri sala de la ducha cuando llamaron
a la puerta. Alguien haba odo los
gritos de Julia?
Servicio de limpieza dijo una
voz.
Vyase! espet. No sabe
leer? En el letrero pone No molestar.
Se ajust el cinturn de la bata,
camin hacia las puertas de vidrio del
otro extremo de la habitacin, las abri
y sali al balcn.
La belleza del terreno se extenda
ante l como el Jardn del Edn.
Gorjeaban aves en los rboles, crecan
pias en los canteros. Corran nios
alrededor de la piscina mientras el
personal del hotel instalaba tumbonas.
Ms all de la piscina, el mar estaba
azul brillante y el sol alumbraba otro
perfecto da hawaiano.
No haba sirenas ni policas a la
vista. Todo despejado.
Henri cogi el mvil y llam al
helicptero. Luego fue hasta la cama y
cubri el cuerpo de Julia con las mantas.
Despus limpi la habitacin
meticulosamente y encendi la
televisin mientras se vesta de Charlie
Rollins. La cara de Rosa Castro le
sonri desde la pantalla, una dulce nia,
y luego sigui una nota sobre Kim
McDaniels. Ninguna noticia, pero la
bsqueda continuaba.
Dnde estaba Kim? Dnde poda
estar?
Henri meti sus cosas en la bolsa de
viaje y luego repas de nuevo la
habitacin por si haba pasado por alto
algn detalle. Una vez conforme, se puso
las gafas panormicas de Charlie y la
gorra, se ech la bolsa al hombro y
sali.
Camino del ascensor pas frente al
carro de la mujer de la limpieza, una
mujer robusta y morena que pasaba la
aspiradora.
Estoy en la 412.
Ahora puedo limpiar?
pregunt ella.
No, an no. Por la tarde, por
favor. Le he dejado algo en la habitacin
aadi.
Gracias respondi ella.
Henri le gui el ojo, baj por la
escalera hasta aquel vestbulo
maravilloso que pareca un joyero, con
aves que entraban volando por un lado y
salan por el otro.
Pag su cuenta en recepcin y pidi
que lo llevaran al helipuerto. Elabor
sus planes mientras el coche elctrico
atravesaba el campo de golf. El viento
arrastraba nubes hacia el mar.
Le dio una propina al conductor y
corri hacia el helicptero sujetndose
la gorra.
Al ajustarse el cinturn, intercambi
saludos breves con el piloto. Se puso el
auricular y mientras el helicptero
despegaba tom fotos de la isla con su
Sony, lo que hara cualquier turista. Pero
todo era para disimular. La
magnificencia de Lanai no conmova a
Henri.
Cuando el helicptero descendi en
Maui, hizo una llamada importante.
Seor McDaniels? Usted no me
conoce. Me llamo Peter Fisher dijo
con leve acento australiano. Debo
decirle algo sobre Kim: tengo su reloj
de pulsera, un Rolex.
47
El albergue Kamehameha se haba
construido a principios del siglo XX y
para Levon tena aspecto de haber sido
una pensin, con sus pequeos bungals
y la playa ms all de la carretera. En el
horizonte, los surfistas se agazapaban
sobre sus tablas, hendiendo las olas,
patinando sobre el agua, esperando la
Gran Ola.
Levon y Barbara pasaron junto a
unos mochileros mientras suban la
escalera del edificio principal. El
oscuro vestbulo de madera tena un olor
mohoso, a humedad con una pizca de
marihuana.
El recepcionista pareca haber
recalado en esas playas cien aos atrs:
ojos inflamados, el pelo recogido en una
trenza blanca ms larga que la de
Barbara, y una camiseta manchada que
rezaba Creo en Estados Unidos y un
nombre: Gus.
Levon le dijo que l y su mujer
tenan una reserva por una noche y Gus
le respondi que tena que pagarle al
contado antes de recibir las llaves, que
as eran las normas.
Levon le entreg noventa dlares en
efectivo.
No hay reembolsos y deber dejar
la habitacin al medioda.
Estamos buscando a un husped
llamado Peter Fisher dijo Levon.
Tiene acento australiano o sudafricano.
Sabe cul es su habitacin?
El empleado hoje el libro de
registros.
No todos firman dijo. Si
vienen en grupo, slo necesito la firma
del que paga. No veo a ningn Peter
Fleisher.
Fisher.
Da igual, no lo veo. La mayora
de la gente cena en nuestro comedor.
Seis dlares, tres platos. Pregunte ms
tarde y quiz lo encuentre. Gus mir a
Levon con atencin. Yo les conozco.
Ustedes son los padres de esa modelo
que mataron en Maui.
Levon sinti que su presin
sangunea suba. Se pregunt si se sera
el da en que sufrira un infarto de
miocardio fatal.
Dnde ha odo eso? rugi.
Cmo que dnde? En la tele y en
los peridicos.
Ella no ha muerto espet
Levon.
Cogi las llaves y subi hasta el
tercer piso seguido por Barbara. La
habitacin daba pena: dos camas
pequeas, con sbanas roosas
perforadas por los muelles del colchn,
la ducha sucia de moho, aos de mugre
en las persianas, humedad en la
alfombra, la tapicera y la moqueta.
Un letrero sobre el fregadero rezaba:
Por favor, limpie usted mismo. Aqu no
hay camarera.
Barbara mir a su esposo con
desaliento.
Dentro de un rato bajaremos a
cenar y hablaremos con la gente. No
tenemos que quedarnos aqu. Podemos
regresar.
Despus de encontrar al tal
Fisher.
Ya dijo Levon, pero se pregunt
si Fisher no se habra marchado de ese
tugurio, si ese asunto no era un timo,
como el teniente Jackson le haba
advertido el da que se conocieron.
48
Henri no se basaba slo en el disfraz:
las botas de vaquero, las cmaras y las
gafas panormicas. El atrezo era
importante, pero el arte del disfraz
consista en los gestos y la voz, adems
del factor X. El elemento que distingua
a Henri Benoit como camalen de
primera era su talento para
transformarse en el hombre que finga
ser.
A las seis y media de esa tarde,
Henri entr en el tosco comedor del
albergue Kamehameha. Vesta tejanos,
un suter ligero de cachemir azul con las
mangas recogidas, mocasines italianos
sin calcetines, reloj de oro y sortija de
matrimonio. Su cabello entrecano estaba
peinado hacia atrs y sus gafas sin
montura enmarcaban el semblante de un
hombre refinado y rico.
Ech un vistazo a la rstica sala, las
filas de mesas y sillas plegadas y la
larga mesa de comidas. Se sum a la fila
y recibi la bazofia que le ofrecieron
antes de dirigirse al rincn donde
Barbara y Levon aguardaban frente a
unos platos que no haban tocado.
Puedo sentarme con ustedes?
pregunt.
Estamos por marcharnos dijo
Levon, pero si usted tiene la valenta
de comer eso, sintese, por favor.
Qu demonios cree que es esto?
Pregunt Henri, acercando una silla a
Levon. Animal, vegetal o mineral?
Me dijeron que era guisado de
carne rio Levon, pero no confe en
mi palabra.
Henri extendi la mano.
Andrew Hogan se present.
De San Francisco.
Levon le estrech la mano y le
correspondi.
Aqu somos los nicos que
tenemos ms de cuarenta dijo.
Usted saba cmo era este antro cuando
reserv habitacin?
En realidad no me alojo aqu.
Estoy buscando a mi hija. Laurie acaba
de terminar sus estudios en Berkeley
dijo con modestia. Le dije a mi
esposa que Laurie lo estara pasando
bomba, acampando con un grupo de
jvenes, pero hace varios das que no
llama a casa. Una semana, para ser
preciso. As que mi mujer est muy
nerviosa, a causa de esa pobre modelo
que desapareci en Maui.
Henri revolvi el guisado con el
tenedor.
Es nuestra hija, Kim dijo
Barbara, y Henri alz la vista. La
modelo desaparecida.
Caramba, lo lamento. Lo lamento
muchsimo. No s qu decir Cmo lo
llevan?
Es horrendo respondi
Barbara, sacudiendo la cabeza, la
mirada gacha. Rezamos y tratamos de
dormir. Procuramos conservar la
lucidez.
Nos aferramos a cada hilo de
esperanza dijo Levon. Estamos
aqu porque recibimos una llamada de
alguien llamado Peter Fisher. Dijo que
estuvo con Kim la noche que
desapareci, que ella dej su reloj y que
si nos reunamos con l nos dara el
reloj y nos hablara de Kim. Saba que
mi hija usaba un Rolex. Usted se llama
Andrew, no?
Henri asinti.
La polica nos dijo que la llamada
deba de ser falsa, que hay chiflados que
juegan con el dolor ajeno. Lo cierto es
que aqu hemos hablado con todos y
nadie conoce a Peter Fisher. No se ha
registrado en el maravilloso
Kamehameha Hilton.
No les conviene quedarse aqu,
adems dijo el hombre de azul.
Escuche, he alquilado una casa a diez
minutos de aqu, tres habitaciones y dos
baos, y est limpia. No quieren
alojarse all esta noche? Me harn
compaa.
Muy amable de su parte, seor
Hogan dijo Barbara, pero no
queremos molestar.
Llmeme Andrew. Y me haran un
favor. Les gusta la comida tailandesa?
Hay un restaurante a poca distancia de
aqu. Qu me dicen? Nos largamos de
este tugurio y por la maana vamos a
buscar a nuestras hijas.
Gracias, Andrew dijo Barbara
. Es un ofrecimiento muy amable. Si
nos permite, lo invitamos a cenar y
hablamos de ello.
49
Barbara despert en la oscuridad presa
de un terror profundo.
Tena los brazos atados a la espalda
y le dolan. Tena las piernas amarradas
en las rodillas y tobillos. Estaba
ovillada en posicin fetal contra el
rincn de un compartimiento estrecho
que se mova.
Estaba ciega o estaba demasiado
oscuro? Por Dios, qu estaba pasando?
Levon! grit.
Algo se movi a sus espaldas.
Barbara? Ests bien?
Ah, cario, gracias a Dios ests
aqu. Te encuentras bien?
Estoy atado. Maldicin. Qu
diablos es esto?
Creo que estamos en el maletero
de un coche.
Por Dios! Un maletero! Es
Hogan. Hogan nos ha hecho esto.
Oyeron una msica sofocada a
travs del asiento trasero contra el cual
iban acurrucados como gallinas en un
cesto.
Me estoy volviendo loca gimi
Barbara. No entiendo nada. Qu
quiere de nosotros?
Levon pate la tapa del maletero.
Oiga! Djenos salir!
La patada ni siquiera movi la tapa.
Los ojos de Barbara se acostumbraron a
la oscuridad.
Levon, mira! Ves eso? La
palanca para abrir el maletero.
Los dos giraron dolorosamente,
raspndose mejillas y codos contra la
alfombra. Barbara se quit los zapatos y
tir de la palanca con los dedos de los
pies. La palanca se movi sin encontrar
resistencia y el cerrojo no cedi.
Por favor, Dios gimi Barbara,
con un acceso de asma. Su voz se perdi
en un jadeo y luego en un estallido de
tos.
Los cables estn cortados dijo
Levon. El asiento trasero. Podemos
patear el asiento trasero.
Y despus qu? Estamos
maniatados! jade Barbara.
Aun as lo intentaron, y patearon sin
poder aprovechar toda la fuerza de sus
piernas, pero no consiguieron nada.
Est trabado, maldicin dijo
Levon.
Barbara respiraba en resuellos,
tratando de calmarse para impedir un
ataque total. Por qu Hogan les haca
eso? Por qu? Qu pensaba hacerles?
Qu ganaba con secuestrarlos?
Le en alguna parte que, si apagas
las luces traseras y sacas la mano,
puedes agitarla hasta que alguien te vea
dijo Levon. Con slo apagar las
luces, quizs un polica detenga el
coche. Hazlo, Barbara. Intntalo.
Ella pate y el plstico se
resquebraj.
Ahora t! jade.
Mientras Levon meta la mano por el
hueco de la luz de su lado, Barbara gir,
de modo que su cara qued cerca de las
astillas y los cables. Poda ver el asfalto
que pasaba bajo los neumticos. Si el
coche se detena, gritara. Ya no estaban
desvalidos. An estaban con vida y
presentaran batalla!
Qu es ese sonido? Un mvil?
Pregunt Levon. Aqu en el
maletero?
Barbara vio la pantalla iluminada de
un telfono a sus pies.
Saldremos de aqu, cario. Hogan
ha cometido un gran error.
Forceje para acomodar las manos
mientras sonaba el segundo tono,
palpando los botones a ciegas a su
espalda.
S, s! Aull Levon. Quin
llama?
Seor McDaniels, soy yo. Marco.
Del Wailea Princess.
Marco! Gracias a Dios. Tienes
que encontrarnos. Nos han secuestrado.
Lo lamento. S que estn
incmodos ah atrs. Pronto les
explicar todo.
Y la comunicacin se cort.
El coche se detuvo.
50
Henri sinti que la sangre bombeaba en
sus venas. Estaba tenso del mejor modo,
con adrenalina, mentalmente alerta,
preparado para la escena siguiente.
Registr de nuevo la zona, echando
un vistazo a la carretera y a la curvada
costa. Tras cerciorarse de que el paraje
estaba desierto, sac su bolsa del
asiento trasero, la arroj bajo una
maraa de arbustos y regres al coche.
Caminando alrededor del sedn con
traccin a las cuatro ruedas, se detuvo
ante cada neumtico, reduciendo la
presin del aire de ochenta a veinte
libras, golpeando el maletero al pasar,
abriendo la puerta del lado del pasajero.
Meti la mano en la guantera, arroj el
contrato de alquiler al suelo y sac su
cuchillo de caza. Pareca formar parte
de su mano.
Cogi las llaves y abri el maletero.
El claro de luna alumbr a Barbara y a
Levon.
Todos bien en clase turista?
pregunt.
Ella grit a todo pulmn hasta que
Henri se agach para apoyarle el
cuchillo en la garganta.
Barbara, Barbara, deja de gritar.
Nadie puede orte salvo Levon y yo, as
que olvidemos la histeria, por favor. No
me agrada.
El grito de la mujer se transform en
un jadeo y un sollozo.
Qu demonios hace, Hogan?
Pregunt Levon, moviendo el cuerpo
para ver el rostro de su captor. Soy un
hombre razonable. Explquese.
Henri se puso dos dedos bajo la
nariz, imitando un bigote, baj y engros
la voz.
Cmo no, seor McDaniels. Usted
es mi mxima prioridad.
Santo cielo. Usted es Marco? S,
es l! No puedo creerlo. Cmo ha
podido asustarnos as? Qu quiere?
Quiero que te comportes, Levon.
T tambin, Barbara. Si os ponis
traviesos, deber tomar medidas
drsticas. Si os portis bien, os paso a
primera clase. Vale?
Henri cort las cuerdas de nailon
que cean las piernas de la mujer y la
ayud a salir del coche y acomodarse en
el asiento trasero. Luego fue por el
hombre, cort las cuerdas, lo llev al
asiento trasero y sujet a ambos con los
cinturones de seguridad.
Luego subi al asiento delantero.
Trab las puertas, encendi la luz del
techo, estir la mano hasta la cmara
que estaba detrs del espejo retrovisor y
la activ.
Si queris, podis llamarme Henri
les dijo a los McDaniels, que lo
miraban con los ojos desorbitados.
Meti la mano en el bolsillo de la
zamarra, sac un elegante reloj que
pareca un brazalete y lo sostuvo frente a
ellos.
Veis? Lo prometido. El reloj de
Kim. El Rolex. Lo reconocis? Y lo
meti en el bolsillo de la chaqueta de
Levon. Bien dijo Henri, me
gustara contaros qu est pasando y por
qu tengo que mataros. A menos que
tengis alguna pregunta.
51
Cuando despert esa maana y puse las
noticias locales, Julia Winkler estaba en
todas partes. Su rostro bellsimo llenaba
la pantalla, con un titular bajo su foto:
Supermodelo asesinada.
Cmo poda haber muerto Julia
Winkler?
Me ergu en la cama, sub el
volumen y mir la foto siguiente. Kim y
Julia posaban juntas para los archivos
de Sporting Life, uniendo sus rostros
adorables, risueos, radiantes de vida.
Los locutores repetan la gran
noticia para aquellos que acaban de
sintonizarnos.
Me qued mirando el aparato,
asociando los asombrosos detalles; el
cuerpo de Julia Winkler haba aparecido
en una habitacin del Island Breezes, un
hotel de cinco estrellas de Lanai. La
encargada de la limpieza haba corrido
por los pasillos gritando que haba una
mujer estrangulada con magulladuras en
el cuello, que haba sangre en las
sbanas.
Luego entrevistaron a Emma Laurent,
una camarera. La noche anterior haba
atendido las mesas del Club Room y
haba reconocido a Julia Winkler.
Cenaba con un hombre guapo de unos
treinta aos. Era blanco y robusto, de
cabello castao. Sin duda hace
ejercicio.
El acompaante de Winkler haba
cargado la cuenta a un nmero de
habitacin, la 412, registrada a nombre
de Charles Rollins. ste dej una buena
propina y Julia le haba dado el
autgrafo a la camarera. Personalizado:
Para Emma, de Julia. Emma mostr la
servilleta firmada a la cmara.
Saqu un refresco de la nevera y lo
beb viendo tomas en directo frente al
Island Breezes Hotel. Haba coches
patrulla por doquier, las radios de la
polica crepitaban de fondo. La cmara
se centr en un reportero de la filial
local de la NBC.
Kevin de Martine era respetado y
haba trabajado con una unidad militar
en Irak en 2004. Ahora daba la espalda
a una valla con forma de herradura y la
lluvia le mojaba la cara barbada,
mientras las palmeras se cimbraban
detrs de l.
Esto es lo que sabemos dijo De
Martine: Julia Winkler, supermodelo
de diecinueve aos, ex compaera de
habitacin de la supermodelo Kimberly
McDaniels, que an sigue desaparecida,
ha sido hallada muerta esta maana en
una habitacin registrada a nombre de
Charles Rollins, de Loxahatchee,
Florida.
De Martine explic que Charles
Rollins no estaba en su habitacin, que
lo haban buscado para interrogarlo, y
que cualquier dato sobre l deba
informarse al nmero de telfono que
apareca en la parte inferior de la
pantalla.
Trat de asimilar aquella espantosa
historia. Julia Winkler haba muerto y el
nico sospechoso haba desaparecido.
52
El telfono son junto a mi odo,
sobresaltndome. Cog el auricular.
Levon? pregunt.
Soy Dan Aronstein. El que te paga
el sustento. Hawkins, ests enterado del
caso Winkler?
S, jefe, estoy en ello. Siempre
que cuelgues y me dejes trabajar, vale?
Volv a mirar la televisin. Los
locutores locales, Tracy Baker y Candy
Ko'olani, haban aadido una nueva cara
procedente de Washington.
Las muertes de Rosa Castro y
Julia Winkler podran estar
relacionadas? Le pregunt Baker a
John Manzi, ex investigador del FBI.
Estamos ante un asesino en serie?.
Una expresin aterradora. Asesino
en serie. La historia de Kim recorra el
mundo entero, y ste estara pendiente
de Hawai y el misterio de la muerte de
dos bellas muchachas.
El ex agente Manzi se tir del lbulo
de la oreja, dijo que los asesinos en
serie solan dejar una impronta
inequvoca en su manera de matar.
Rosa Castro fue estrangulada, pero
con cuerdas. Su deceso se produjo por
ahogo. Sin hablar con el forense, slo
puedo basarme en los informes de
testigos, segn los cuales Julia Winkler
muri a manos de alguien que la
estrangul. Es prematuro afirmar que
estas muertes sean obra de la misma
persona, pero s puedo adelantar que la
estrangulacin manual revela un toque
personal. El asesino disfruta ms porque
la vctima tarda en morir. No es como
dispararle.
Kim. Rosa. Julia. Era coincidencia?
Ansiaba hablar con Levon y Barbara,
comunicarme con ellos antes de que
vieran la noticia de Julia, para
prepararlos de algn modo, pero no
saba dnde estaban.
Barbara haba llamado el da
anterior por la maana para avisarme de
que ella y su marido iran a Oahu para
verificar lo que quiz fuera una pista
falsa, y desde entonces no tena noticias
de ellos.
Baj el volumen del televisor y
llam al mvil de Barbara. No obtuve
respuesta, as que colgu y llam a
Levon. l tampoco respondi. Tras
dejar un mensaje, llam al conductor, y
me enviaron al buzn de voz de Marco,
as que le dej mi nmero de telfono y
le dije que mi llamada era urgente.
Me duch y me vest deprisa,
ordenando mis ideas, sintiendo una
inquietud difusa pero apremiante. Algo
me molestaba, pero no lograba precisar
qu era. Pareca un mosquito que no
puedes aplastar. O ese tenue olor a gas
cuyo origen desconoces. Qu era?
Llam de nuevo a Levon y le dej un
mensaje. Luego llam a Eddie Keola; l
tena que saber cmo encontrar a los
McDaniels.
Era su trabajo.
53
Keola ladr su nombre al auricular.
Eddie, soy Ben Hawkins. Has
visto las noticias?
Peor que eso. He visto la
realidad.
Keola haba estado en el Island
Breezes desde que la noticia sobre Julia
Winkler haba circulado por la radio
policial. Haba estado all cuando
sacaron el cuerpo y hablado con los
policas presentes en la escena del
crimen.
Era la compaera de habitacin
de Kim dijo. Puedes creerlo?
Le cont que no haba podido
comunicarme con los McDaniels ni con
su chfer, y le pregunt si saba dnde se
alojaban.
En un tugurio de la costa este de
Oahu. Barbara me dijo que no conoca
el nombre.
Quiz yo est paranoico, pero esto
me preocupa. Ellos no suelen
desaparecer tanto tiempo sin telefonear.
Nos vemos en su hotel dentro de
una hora me dijo Keola.
Llegu al Wailea Princess poco
antes de las ocho. Me diriga a la
recepcin cuando o que Eddie Keola
me llamaba. Cruz el vestbulo de
mrmol a paso rpido. Su pelo plateado
estaba hmedo y revuelto, y tena ojeras
de fatiga.
El gerente de turno era un joven con
una elegante corbata de cien dlares,
una americana de gabardina azul con una
identificacin en la que pona Joseph
Casey.
Cuando dej el telfono, Keola y yo
le explicamos nuestro problema: que no
podamos localizar a dos huspedes y
tampoco al chfer contratado por el
hotel. Le dije que nos preocupaba la
seguridad de los McDaniels.
El gerente sacudi la cabeza.
No tenemos chferes en el
personal, y no contratamos a nadie para
conducir a los McDaniels. Y menos a
alguien llamado Marco Benevenuto. No
lo hacemos y nunca lo hemos hecho.
Me qued atnito.
Por qu ese hombre les dira a
los McDaniels que era un chfer del
hotel? pregunt Keola.
No conozco a ese hombre. No
tengo ni idea. Tendrn que preguntarle a
l.
Keola le ense su identificacin,
diciendo que era empleado de los
McDaniels y quera ver su habitacin.
Tras consultar al jefe de seguridad,
Casey accedi. Llev una gua telefnica
a una silla del vestbulo. Haba cinco
servicios de limusinas en Maui, y ya los
haba llamado a todos cuando Eddie
Keola se dej caer en la silla de al lado.
Nadie ha odo hablar de Marco
Benevenuto le dije. No figura en
ninguna gua de Hawai.
Y la habitacin de los McDaniels
est vaca. Como si nunca hubieran
estado all.
Qu diantre pasa? Barbara y
Levon se fueron de aqu y no sabas
adnde iban?
Pareca una acusacin. No era mi
propsito, pero mi pnico se haba
disparado. Hawai tena una tasa de
delincuencia baja. Y ahora tenamos dos
chicas muertas, la desaparicin de Kim,
la desaparicin de los padres de sta y
el chfer, todo en una semana.
Le dije a Barbara que yo deba
encargarme de esa pista en Oahu dijo
Keola. Esos antros para mochileros
estn alejados y son bastante precarios.
Pero Levon me disuadi. Me dijo que
quera que yo dedicara mi tiempo a
buscar a Kim aqu.
Keola jugueteaba con su reloj de
pulsera y se morda el labio. Los dos, ex
policas sin ninguna autoridad,
tratbamos desesperadamente de
comprender lo incomprensible.
54
El vestbulo del Wailea Princess se
estaba transformando en un circo de tres
pistas. Una fila de turistas alemanes se
alineaba ante la recepcin, un grupo de
chiquillos peda al jardinero que les
dejara alimentar a las carpas, y a diez
metros se desarrollaba una presentacin
sobre atracciones tursticas, con
diapositivas, pelculas y msica nativa.
Eddie Keola y yo parecamos
invisibles. Nadie se dignaba mirarnos.
Empec a analizar los datos,
asociando a Rosa con Kim, a Kim con
Julia y el chfer, Marco Benevenuto, que
les haba mentido a los McDaniels y a
m, y la desaparicin de los McDaniels.
Qu te parece, Eddie? Ves la
conexin? O estoy atizando las llamas
de mi calenturienta imaginacin?
Keola suspir.
Te dir la verdad, Ben: esto me
supera. No pongas esa cara. Yo me
encargo de infidelidades y
reclamaciones de seguros. Qu crees?
Que Maui es Los ngeles?
Por qu no presionas a tu amigo,
el teniente Jackson?
Lo har. Insistir para que se
comunique con la polica de Oahu y los
convenza de buscar a Barbara y a
Levon. Si se pone difcil, pasar por
encima de l. Mi padre es juez.
Eso puede ser til.
Ya lo creo.
Keola dijo que me llamara, y luego
me dej con el telfono en el regazo.
Mir el mar esmeralda desde el
vestbulo abierto. A travs de la niebla
matinal vea el contorno de Lanai, la
pequea isla donde se haba extinguido
la vida de Julia Winkler.
En Los ngeles eran las cinco de la
maana, pero tena que hablar con
Amanda.
Qu cuentas, florecilla?
canturre en el telfono.
Cosas malas, abejorro.
Le coment la ltima noticia, y mi
sensacin de lgubre desasosiego. Le
aclar que en los ltimos tres das no
haba bebido nada ms fuerte que zumo
de guayaba.
Kim ya habra aparecido si
pudiera le dije a Amanda. No
conozco el quin, el dnde, el porqu, el
cundo ni el cmo, pero te juro que creo
conocer el qu.
Un asesino en serie en el
paraso. La gran nota que esperabas.
Quizs un libro.
Apenas o sus palabras. El dato
elusivo que me haba molestado desde
que haba encendido el televisor dos
horas antes centelle en mi cabeza como
un letrero de nen rojo. Charles Rollins.
El nombre del sujeto al que haban visto
con Julia Winkler.
Yo conoca ese nombre.
Le ped a Amanda que aguardara,
saqu la billetera del bolsillo trasero y
con una mano trmula oje las tarjetas
reunidas en la funda transparente.
Amanda.
Sigo aqu. Y t?
Un fotgrafo llamado Charles
Rollins se me acerc en la escena del
crimen de Rosa Castro. Trabajaba para
la revista Talk Weekly, de Loxahatchee,
Florida. La polica cree que puede haber
sido la ltima persona que vio a Julia
Winkler con vida. Y no aparece por
ninguna parte.
Hablaste con l? Podras
identificarlo?
Quiz. Necesito tu ayuda.
Enciendo el ordenador?
Por favor.
Aguard, apretando el mvil contra
la oreja, y o el ruido del retrete en Los
ngeles. Al fin, la voz de mi amada
reapareci en la lnea.
Se aclar la garganta.
Ben dijo, hay cuarenta
pginas de Charles Rollins en Google,
tiene que haber dos mil tos con ese
nombre, cien de ellos en Florida. Pero
no aparece ninguna revista Talk Weekly.
Ni en Loxahatchee ni en ninguna parte.
Slo por probar, mandmosle un
e-mail.
Le pas la direccin electrnica de
Rollins y le dict un mensaje.
Me lo han devuelto, Ben dijo
Amanda segundos despus. Direccin
desconocida. Y ahora qu?
Te llamo despus. Tengo que ir a
la polica.
55
Henri iba sentado a dos filas de la
cabina en un vuelo chrter casi sin
pasaje. Mir por la ventanilla mientras
el elegante y pequeo avin despegaba
de la pista y se elevaba al ancho cielo
azul y blanco de Honolul.
Bebi champn y tom caviar y
tostadas que le ofreci la azafata, y
cuando el piloto lo permiti, Henri abri
el ordenador en la mesilla.
Haba tenido que sacrificar la
minicmara instalada en el espejo
retrovisor, pero antes de ser destruida
por el mar, haba enviado el vdeo a su
ordenador.
Henri se mora por ver la nueva
grabacin.
Se puso los auriculares y abri el
archivo MPV.
Tuvo ganas de soltar un hurra. Las
imgenes que aparecan en la pantalla
eran bellsimas. El interior del coche
reluca bajo la luz del techo.
Una tenue luminosidad baaba a
Barbara y Levon, y la calidad del sonido
era excelente.
Como Henri estaba en el asiento
delantero, no apareca en la toma, y eso
le gustaba. Ninguna mscara. Ninguna
distorsin. Slo su voz al desnudo, a
veces como Marco, a veces como
Andrew, siempre razonando con las
vctimas.
Le dije a Kim cun bella era,
Barbara, mientras haca el amor con
ella. Le di algo para beber, para que no
sintiera dolor.
Tu hija era una persona
encantadora, muy dulce. No pienses que
hizo algo por lo que mereciera morir.
No puedo creer que usted la haya
matado dijo Levon. Usted es un
enfermo. Un embustero compulsivo!.
Te di su reloj, Levon De
acuerdo, mirad esto.
Henri abri el mvil y les mostr la
foto de su mano sosteniendo la cabeza
de Kim por las races del cabello rubio
y desmelenado.
Tratad de entender dijo, por
encima de los gemidos y sollozos de los
McDaniels. Esto es un negocio. La
organizacin para la que trabajo paga
mucho dinero por ver a gente que
muere.
Barbara se sofocaba con su llanto, le
peda que se callara, pero Levon pasaba
por otra clase de infierno, y obviamente
trataba de equilibrar su dolor y su horror
con el ansia de salvar la vida de ambos.
Vamos, Henri. Ni siquiera sabemos
quin es usted le dijo. No podemos
perjudicarlo.
No es que yo quiera mataros,
Levon. Se trata del dinero. S, ganar
mucho dinero con vuestra muerte.
Puedo conseguir el dinero dijo
Levon. Puedo hacerle una oferta
mejor!.
Y ahora, en la pantalla, Barbara
suplicaba por sus hijos, y Henri la
silenciaba, dicindole que ya tena que
irse.
Haba acelerado, y los neumticos
blandos haban rodado suavemente por
la arena. Cuando el coche tuvo buen
impulso, Henri se ape y camin junto al
vehculo hasta que el agua cubri el
parabrisas.
En el interior, la cmara haba
grabado los ruegos de los McDaniels, el
agua que chapoteaba contra las
ventanillas, elevando los asientos donde
los brazos de los McDaniels estaban
amarrados a la espalda, los cuerpos
sujetos con los cinturones de seguridad.
Aun as, les haba dado esperanzas.
Dejar la luz encendida para que
podis grabar vuestra despedida se
oy decir en la pantalla del ordenador
. Y alguien podra veros desde la
carretera. Os podran rescatar. No
desechis esa posibilidad. En vuestro
lugar, yo rezara por eso.
Les haba deseado suerte y haba
subido a la playa. Se haba quedado
bajo los rboles mirando el coche, que
se hundi por completo en slo tres
minutos. Ms rpido de lo que esperaba.
Piadoso. Quizs existiera Dios, a fin de
cuentas.
Cuando el coche desapareci, se
cambi de ropa y camin carretera
arriba hasta que consigui que alguien lo
llevara.
Ahora, cerr el ordenador y termin
el champn mientras la camarera le
entregaba el men. Escogi pato a la
naranja, se puso los auriculares Bose y
escuch msica de Brahms. Sedante,
bella, perfecta.
Los ltimos das haban sido
excepcionales, un drama tras otro, un
perodo singular de su vida.
Sin duda todos estaran satisfechos.
56
Horas despus, Henri Benoit estaba en
el lavabo de la sala de espera de
primera clase de LAX. El primer tramo
del vuelo haba sido un placer, y
esperaba lo mismo en su viaje a
Bangkok.
Se lav las manos, examin su nueva
personalidad en el espejo, la de un
empresario suizo oriundo de Ginebra.
Su cabello rubio platino era corto, la
montura de carey de sus gafas le daba un
aire erudito, y vesta un traje de cinco
mil dlares con finos zapatos ingleses.
Haba enviado algunas tomas de los
ltimos momentos de los McDaniels a
los Mirones, sabiendo que al da
siguiente habra muchos euros ms en su
cuenta bancaria de Ginebra.
Sali del lavabo, se dirigi a la zona
principal de la sala, apoy el maletn a
su lado y se distendi en un mullido
silln gris. Por la televisin pasaban las
ltimas noticias, un especial, y la
locutora Gloria Roja describa un
crimen que, segn deca, suscitaba
horror e indignacin.
El cuerpo de una joven decapitada
se hall en una cabaa alquilada en una
playa de Maui dijo Roja. Fuentes
cercanas al Departamento de Polica
dicen que la vctima haba fallecido
varios das atrs.
Roja se volvi hacia la gran pantalla
que tena detrs y present a una
reportera local, Kai McBride, que
informaba desde Maui.
Esta maana dijo McBride a la
cmara, la seorita Maura Aluna,
propietaria de este camping playero,
encontr la cabeza y el cuerpo
decapitado de una joven. La seorita
Aluna revel a la polica que haba
alquilado la cabaa telefnicamente y
que la tarjeta de crdito del cliente
estaba aprobada. En cualquier momento,
esperamos declaraciones del teniente
Jackson, de la polica de Kihei.
McBride se apart brevemente de la
cmara.
Gloria dijo, el teniente
Jackson est saliendo de la cabaa.
McBride ech a correr seguida por
el cmara y la imagen bail.
Teniente Jackson llam McBride
, puede concedernos un minuto?.
El cmara enfoc al teniente.
De momento no tengo ninguna
informacin para la prensa.
Una sola pregunta, teniente.
Henri se inclin en el asiento de la
sala de espera, cautivado por la
dramtica escena que se proyectaba en
la gran pantalla. Estaba presenciando el
final del juego en tiempo real. Era
demasiado bueno para ser cierto. Luego
descargara esa emisin del sitio web de
la emisora y la incluira en su vdeo.
Tena toda la saga hawaiana, principio,
nudo y estupendo final. Y ahora, este
eplogo.
Henry sofoc el impulso de decirle
al hombre que estaba a dos asientos:
Mire a ese poli, por favor. Ese teniente
Jackson. Tiene la piel verde. Creo que
va a vomitar.
En pantalla, la reportera insisti.
Teniente Jackson, es Kim? El
cuerpo que ha encontrado pertenece a la
supermodelo Kim McDaniels?.
Sin comentarios. Estamos en medio
de una investigacin. Quiere apagar esa
cosa? Nunca hacemos comentarios sobre
una investigacin en curso, McBride, y
usted lo sabe.
Kai McBride gir hacia la cmara.
Me arriesgar a sacar una
conclusin y dir que la renuencia del
teniente Jackson ha sido una
confirmacin, Gloria. Ahora todos
esperamos una identificacin que
corrobore que la vctima era Kim
McDaniels. Aqu Kai McBride, desde
Maui.
57
Esa maana, con la marea baja, un
corredor haba visto el techo de un
coche que pareca la concha de una
gigantesca tortuga de mar. Haba
llamado a la polica, que haba acudido
con varios vehculos de emergencias.
Ahora la gra depositaba el coche
anegado en la playa. La dotacin de
bomberos, el personal de rescate y
policas de las dos islas formaban
corrillos en la arena, mirando el agua
del Pacfico que chorreaba del chasis.
Un polica abri una de las puertas
traseras.
Dos cuerpos con los cinturones
abrochados exclam. Los
reconozco. Santo cielo, son los
McDaniels. Los padres de la modelo.
Me estremec y espet una serie de
amargos juramentos para no ponerme
violento ni vomitar.
Eddie Keola estaba junto a m al
lado de la cinta amarilla que iba desde
un tronco arrojado por el mar hasta un
trozo de roca de lava a treinta metros.
Keola no slo era mi billete para
conseguir informacin policial y entrar
en las escenas del crimen, sino que
empezaba a considerarlo el hermano
menor que no haba tenido.
No nos parecamos en nada, salvo
que ambos ramos piltrafas en ese
momento.
Se aproximaron ms vehculos,
algunos con sirena, y se detuvieron en el
asfalto lleno de baches que corra
paralelo a la playa, una carretera
cerrada por reparaciones.
Estos nuevos aditamentos a la flota
de la ley eran vehculos utilitarios
negros, y los hombres que se apearon de
ellos llevaban chaquetas con la leyenda
FBI.
El amigo polica de Eddie se nos
acerc.
Lo nico que puedo deciros
coment es que se vio a los
McDaniels cenando hace dos noches en
el albergue Kamehameha. Estaban con
un hombre blanco, un metro ochenta y
pico, pelo cano y gafas. Salieron con l,
y eso es todo lo que tenemos. Con esa
descripcin, el sujeto que cen con ellos
pudo ser cualquiera.
Gracias dijo Eddie.
De nada, pero ahora tendris que
iros.
Eddie y yo subimos por una rampa
arenosa hasta el jeep.
Me alegr de irme.
No quera ver los cadveres de esas
dos buenas personas a las que haba
cobrado tanto afecto. Eddie me llev de
vuelta al Marriott y nos quedamos un
rato en el aparcamiento, rumiando lo
sucedido.
Las muertes de todas las vctimas de
esa orga sangrienta haban sido
premeditadas, calculadas, casi
artsticas, la obra de un asesino muy
listo y experto que no dejaba pistas.
Compadec a los investigadores que
tuvieran que resolver el caso. Y ahora
Aronstein pona fin a mis vacaciones en
Hawai con todos los gastos pagados.
Cundo sale tu vuelo?
pregunt Keola.
Alrededor de las dos.
Quieres que te lleve?
Te lo agradezco, pero de todos
modos tengo que devolver el coche.
Lamento que esto haya salido as.
ste ser uno de esos casos sin
resolver. Y si alguna vez se resuelve,
ser dentro de muchos aos. La
confesin de un moribundo o una
componenda con un presidiario.
Poco despus me desped de Eddie,
recog mis cosas y me march del hotel.
Regresaba a Los ngeles insatisfecho y
angustiado, con la sensacin de haber
sufrido un desgarrn. Lo habra
apostado todo a que la historia haba
terminado, al menos para m.
Una vez ms, me equivocaba.
TERCERA PARTE
Recuento de victimas
58
El guapo caballero rubio cruz un
pasillo rojo con cortinas de seda que
terminaba en un vestbulo recorrido por
una suave brisa. Un mostrador de piedra
se ergua en un extremo de la estancia y
un joven recepcionista recibi al
husped con una sonrisa tmida.
Su suite ya est preparada, seor
Meile. Una vez ms, bienvenido al
Pradha Han.
Encantado de estar aqu dijo
Henri. Se apoy las gafas en la coronilla
mientras firmaba el taln de la tarjeta de
crdito. Has mantenido tibias las
aguas del golfo, Raphee?
Desde luego. No defraudaramos
a un apreciado husped como usted.
Henri abri la puerta de la suite de
lujo, se desvisti en el suntuoso
dormitorio y arroj la ropa a la enorme
cama cubierta por el mosquitero. Se
puso una bata de seda y prob bombones
y mango seco mientras miraba BBC
World, disfrutando de las noticias sobre
la racha de asesinatos en Hawai que
sigue desconcertando a la polica.
Estaba pensando que eso hara
felices a los Mirones cuando la
campanilla de la puerta anunci la
llegada de sus amigos especiales.
Aroon y Sakda, adolescentes
menudos de pelo corto y piel dorada, se
inclinaron para saludar al hombre que
conocan como Paule Meile, y luego,
riendo, lo rodearon con los brazos
mientras l los llamaba por su nombre.
Instalaron la mesa de masajes en el
balcn privado que daba a la playa.
Mientras los chicos alisaban las sbanas
y sacaban aceites y lociones, Henri
instal la cmara de vdeo y encuadr la
escena.
Aroon lo ayud a quitarse la bata y
Sadka dispuso las sbanas sobre la parte
inferior del cuerpo, y luego los chicos
iniciaron la especialidad del spa Pradha
Han, el masaje de cuatro manos.
Henri suspir mientras los chicos
trabajaban a la vez, sobndole los
msculos, frotndolo con la crema
hmong, disolviendo las tensiones de la
semana anterior. En la selva graznaban
claos y el aire ola a jazmn. Era una
experiencia sensorial deliciosa, y por
eso iba a Hua Hin al menos una vez al
ao.
Los chicos le hicieron dar la vuelta y
le tiraron de los brazos y manos al
mismo tiempo, luego hicieron otro tanto
con las piernas y los pies, le acariciaron
la frente, hasta que Henri abri los ojos.
Aroon dijo en tailands, me
traeras el billetero? Est en la cmoda.
Cuando Aroon regres, Henri sac
un fajo de billetes, mucho ms que los
pocos centenares de bahts que costaba el
masaje. Agit el dinero frente a los
chicos.
Yak ja yoo len game tor mai?
pregunt. Os gustara quedaros para
jugar un poco?
Los chicos rieron entre dientes y
ayudaron al rico caballero a
incorporarse en la mesa de masajes.
A qu quieres jugar, pap?
pregunt Sakda.
Henri se lo explic y ellos asintieron
y batieron las palmas, al parecer muy
contentos de proporcionarle
satisfaccin. Les bes las palmas, uno
por vez.
Amaba a esos dulces chicos.
Era un autntico deleite estar con
ellos.
59
Henri despert a solas al or el
campanilleo.
Adelante dijo.
Entr una muchacha con una flor roja
en el cabello, se inclin y le sirvi el
desayuno en una bandeja de cama: nahm
prik, tallarines de arroz con salsa de
chile y cacahuate, fruta fresca y un
cuenco de t cargado.
La mente de Henri era un hervidero
mientras coma, pensando en la noche
anterior, disponindose a editar su vdeo
para la Alianza.
Llev el t a la mesa, examin la
filmacin en su ordenador y ech un
vistazo a la escena del masaje. Pas a la
escena del agua que caa en la tina bajo
el ojo redondo de la claraboya y puso un
ttulo sobre el agua corriente:
Ochibashigure.
La escena siguiente era una toma
larga y morosa que empezaba con la
cara inocente de los chicos y luego un
pasaje por sus cuerpos jvenes y
desnudos, demorndose en la ropa que
se haban quitado.
Cuando su propia cara apareci en
la pantalla, Henri us la herramienta de
distorsin para deformar sus rasgos
mientras alzaba a los nios para
meterlos en la baera. Esa toma era una
belleza.
Cort y peg la secuencia siguiente,
cerciorndose de que el montaje diera
una impresin de impecable
continuidad: un primer plano de sus
manos sosteniendo a los chicos mientras
forcejeaban y pataleaban, las burbujas
que salan de sus bocas, ngulos de los
cuerpos flotantes, ochiba shigure. En
japons: como hojas flotando en un
estanque.
A continuacin, un plano de la cara
desencajada de Sadka, las gotas de agua
que se adheran al pelo y la piel. Luego
la cmara retroceda para revelar a
ambos chicos muertos sobre las
tumbonas junto a la tina, los brazos y las
piernas extendidos como en una danza.
Una mosca aterriz en la mejilla
hmeda de Sadka.
La cmara se aproxim, la pantalla
se ennegreci. En off, Henri susurr su
frase caracterstica: Todos
satisfechos?.
Pas la pelcula de nuevo, la trabaj
y la redujo a diez minutos de hermosa
videografa para Horst y su pandilla de
pervertidos, un anticipo para que
esperaran con ansia el siguiente rodaje.
Prepar un e-mail y adjunt una foto
fija del vdeo; ambos chicos con los
ojos abiertos, bajo el agua, las caras
contradas de terror.
Para placer de vuestra vista, os
ofrezco a dos jvenes prncipes por el
precio de uno, escribi. Envi el e-
mail cuando sonaba la campanilla de la
puerta.
Se ci el cinturn de la bata y
abri. Los chicos le sonrieron y se
echaron a rer.
As que estamos muertos, pap?
Dijo Aroon. No nos sentimos
muertos.
No; estis rozagantes. Mis dos
nios buenos y vivarachos. Vamos a la
playa dijo Henri, apoyndoles las
manos en los esbeltos hombros para
salir por la puerta trasera de la villa.
El agua se ve maravillosa.
Sin juegos, pap?
Revolvi el pelo del chico y Sadka
le sonri.
No, slo nadar y chapalear. Y
luego volveremos aqu para mi masaje.
60
Las merecidas vacaciones de Henri
continuaron en Bangkok, una de sus
ciudades favoritas.
Conoci a la chica sueca en el
mercado nocturno, donde ella procuraba
convertir los bahts a euros para comprar
un pequeo elefante de madera. El saba
bastante sueco, as que le habl en ese
idioma, hasta que dijo riendo:
He agotado todo mi sueco.
Probemos el ingls repuso ella,
en un ingls perfecto de acento
britnico. Se present como Mai-Britt
Olsen, y le dijo que estaba de
vacaciones con sus compaeras de
estudios de la Universidad de
Estocolmo.
Era una muchacha despampanante,
de diecinueve o veinte aos, un metro
ochenta de estatura. Llevaba el pelo
claro recortado sobre los hombros,
llamando la atencin sobre su adorable
garganta.
Tienes unos bonitos ojos azules
dijo l.
Oh dijo ella, y agit las
pestaas cmicamente. Henri rio. Ella le
ense el pequeo elefante y dijo:
Tambin estoy buscando un mono.
Cogi el brazo de Henri y caminaron
por los pasillos entre tenderetes de luces
coloridas que vendan frutas, baratijas y
golosinas.
Mis amigas y yo fuimos al polo de
elefantes hoy le dijo Mai-Britt, y
maana estamos invitadas al palacio.
Somos jugadoras de voleibol. Las
Olimpadas de 2008.
De veras? Magnfico. Me han
dicho que el palacio es estupendo. En
cuanto a m, maana por la maana
estar amarrado a un proyectil que
apuntar a California.
Mai-Britt rio.
Djame adivinar. Vuelas a Los
ngeles por negocios.
Henri sonri.
Bingo. Pero eso es maana, Mai-
Britt. Has comido?
Slo un bocadillo en el mercado.
Cerca de aqu hay un lugar que
pocos conocen. Muy exclusivo y un
poco atrevido. Te apetece una
arriesgada aventura?
Me ests invitando a cenar?
pregunt la chica.
Ests aceptando?
La calle estaba bordeada por
restaurantes al aire libre, pabellones con
tejado que se asomaban al golfo de
Tailandia. Dejaron atrs los bulliciosos
bares y locales nocturnos de la calle
Selekam para llegar a un portal casi
escondido que llevaba a un restaurante
japons, el Edomae.
El matre los acompa al interior
reluciente, bordeado de vidrio verde,
dividido por estrechos acuarios que iban
del suelo al techo y en los que haba
peces que parecan gemas.
De pronto Mai-Britt cogi el brazo
de Henri y lo hizo detenerse para mirar
con atencin.
Qu estn haciendo?
Seal con la barbilla a la muchacha
desnuda que estaba tendida grcilmente
en el bar de sushi, y al cliente que beba
del recipiente formado por la hendidura
de sus muslos cerrados.
Se llama Wakesame explic
Henri. Significa algas flotantes.
Oh. Esto es nuevo para m. Has
hecho eso, Paul?
Henri le gui el ojo y acerc una
silla para su compaera, que no slo era
hermosa sino que tena un temperamento
osado y estaba dispuesta a probar el
sashimi de carne de caballo y el
edomae, el pescado crudo marinado que
daba nombre al restaurante.
Henri casi se haba enamorado de
ella cuando not que un hombre lo
miraba fijamente desde otra mesa.
Qued pasmado, como si alguien le
hubiera echado hielo en la espalda. Carl
Obst. Un hombre que Henri haba
conocido muchos aos atrs, y ahora
estaba sentado con un travest elegante,
un prostituto de lujo.
Henri se dijo que su aspecto haba
cambiado mucho y que Obst no lo
reconocera. Pero sera muy
inconveniente que lo reconociera. Obst
volvi a fijarse en su travest y Henri
desvi la mirada, aliviado, pero su
nimo se haba enfriado.
La encantadora joven y el extico y
hermoso ambiente se esfumaron mientras
l evocaba una poca en que estaba
muerto y sin embargo respiraba de algn
modo.
61
Henri le haba dicho a Marty Switzer
que estar en una celda aislada era como
estar dentro de tus propias tripas. Era
oscura y hedionda, pero all terminaba
la analoga. Porque nada que Henri
hubiera visto, odo nombrar o imaginado
se poda comparar con aquel agujero
inmundo.
Para Henri haba empezado antes del
derrumbe de las Torres Gemelas, cuando
fue contratado por Brewster-North, una
empresa privada especializada en
contratos militares, ms sigilosa y
mortfera que Blackwater.
Haba realizado una misin de
reconocimiento con otros cuatro
analistas de inteligencia. Como
lingista, Henri era el elemento crucial.
Su unidad estaba descansando en un
refugio cuando el guardia fue destripado
ante la puerta que vigilaba. El resto del
equipo fue capturado, aporreado sin
piedad y encerrado en una crcel sin
nombre.
Al final de su primera semana en el
infierno, Henri conoca a sus captores
por nombre, tics y preferencias: el
Violador, que cantaba mientras colgaba
a sus prisioneros como araas, con los
brazos encadenados encima de la cabeza
durante horas; Fuego, a quien le gustaba
quemar con cigarrillos; Hielo, que
ahogaba a los prisioneros en agua fra.
Henri tuvo largas conversaciones con un
soldado, el Tentador, que haca
tentadoras ofertas de llamadas
telefnicas, cartas a casa y una posible
libertad.
Estaban los brutos y los refinados,
pero todos los guardias eran sdicos.
Haba que reconocerles ese mrito.
Todos disfrutaban de su trabajo.
Un da cambiaron la rutina de Henri.
Lo sacaron de su celda y lo llevaron
a patadas al rincn de una habitacin sin
ventanas, junto con los tres hombres
restantes de su unidad, todos
ensangrentados, con magulladuras
supurantes, quebrantados.
Se encendieron luces brillantes, y
cuando Henri pudo ver, descubri las
cmaras y una media docena de hombres
encapuchados alineados contra una
pared.
Uno de esos hombres arrastr a su
compaero de celda y amigo, Marty
Switzer, hasta el centro de la habitacin
y lo oblig a levantarse.
Switzer respondi las preguntas.
Dijo que era canadiense, que tena
veintiocho aos, que sus padres y su
novia vivan en Ottawa, que realizaba
operaciones militares. S, era un espa.
Minti tal como se esperaba,
reconociendo que lo trataban bien.
Luego uno de los encapuchados lo
arroj al suelo, le alz la cabeza por el
pelo y le pas un cuchillo dentado por la
nuca. Brot sangre y se oy el coro del
takbir: Alahu Akbar. Al es grande.
Henri qued fascinado por la
facilidad con que haban tronchado la
cabeza de Switzer con pocos tajos, un
acto definitivo y veloz al mismo tiempo.
Cuando el verdugo mostr la cabeza
a la cmara, la expresin de angustia de
Switzer estaba fija en su rostro. Henri
haba pensado en decirle algo, como si
Marty an pudiera escucharlo.
Hubo otra cosa que Henri no
olvidara nunca. Mientras aguardaba la
muerte, sinti un torrente de excitacin.
No entenda esa emocin, ni poda
definirla. Mientras yaca en el suelo, se
haba preguntado si estaba eufrico
porque pronto lo liberaran del
sufrimiento.
O quizs acababa de comprender
quin era en verdad, y lo que haba en su
mdula.
Disfrutaba de la muerte, incluso de
la propia.
62
En el Edomae le sirvieron ms t y
Henri regres al presente; le dio las
gracias a la camarera mecnicamente.
Sorbi el t, pero no poda desprenderse
del recuerdo.
Pens en el tribunal de
encapuchados, el cuerpo decapitado de
un hombre que haba sido su amigo, el
suelo pegajoso de sangre. En ese
momento sus sentidos estaban tan
agudizados que oa el zumbido de la
electricidad en las lmparas.
Haba clavado los ojos en los
restantes hombres de su unidad mientras
los separaban del montn: Raymond
Drake, ex marine de Alabama, que
gritaba pidiendo ayuda a Dios; el otro
chico, Lonnie Bell, ex SEAL de
Luisiana, que estaba en estado de shock
y nunca deca una palabra, ni siquiera
gritaba.
Ambos hombres fueron decapitados
en medio de gritos exultantes, y luego
arrastraron a Henri del pelo hasta el
ensangrentado centro de la habitacin.
Una voz sali de la oscuridad ms all
de las luces.
Di tu nombre a la cmara. Di de
dnde eres.
Estar armado y aguardando en el
infierno respondi en rabe. Saluda
a Saddam con mi mayor desprecio.
Se rieron y se burlaron de su acento.
Sinti tufo a excremento cuando le
vendaron los ojos. Esperaba que lo
empujaran al suelo, pero en cambio le
arrojaron una manta tosca sobre la
cabeza.
Deba de haberse desmayado porque
cuando despert estaba amarrado con
sogas y arqueado en la parte trasera de
un vehculo donde viaj durante horas.
Luego lo arrojaron en la frontera siria.
Tena miedo de creerlo, pero era
cierto.
Estaba vivo. Vivo!
Cuenta a los americanos lo que
hemos hecho, infiel. Y lo que haremos.
Al menos t tratas de hablar nuestro
idioma.
Una bota le pate la espalda y el
vehculo se alej.
Regres a Estados Unidos a travs
de una cadena clandestina de
organizaciones amigas entre Siria y
Beirut, donde obtuvo nueva
documentacin, y en un avin de carga
de Beirut a Vancouver. Hizo autoestop
hasta Seattle, rob un coche y logr
llegar a un pueblo minero de Wisconsin.
Pero Henri no se comunic con su
controlador de Brewster-North.
No quera volver a ver a Carl Obst,
nunca.
Pero Brewster-North haba hecho
cosas magnficas por Henri. Haban
borrado su pasado al contratarlo,
eliminado su verdadero nombre, sus
huellas digitales, todo su historial de los
registros. Y ahora lo daban por muerto.
Contaba con eso.
Frente a l, ahora, en un exclusivo
restaurante japons de Tailandia, la
adorable Mai-Britt haba notado que la
mente de Henri se haba alejado.
Te encuentras bien, Paul?
pregunt. Te molesta que ese hombre
me est mirando?
Siguieron a Carl Obst con los ojos
mientras l sala del restaurante con su
travest. Obst no mir atrs.
No, no me molesta dijo Henri
con una sonrisa. Todo est bien.
Perfecto, porque me preguntaba si
podramos continuar la velada ms
ntimamente.
Oye, lo lamento. Ojal pudiera
le dijo Henri a aquella muchacha que
tena el cuello ms elegante desde la
segunda esposa de Enrique VIII. Ojal
dispusiera de tiempo aadi,
asindole la mano. Pero tengo un
vuelo de madrugada.
Al cuerno con los negocios
brome Mai-Britt. Esta noche ests de
vacaciones.
l se inclin sobre la mesa y le bes
la mejilla.
Se imagin acariciando ese cuerpo
desnudo, pero se contuvo. Ya estaba
pensando en el asunto que lo aguardaba
en Los ngeles, y se rea para sus
adentros al pensar en la sorpresa que se
llevara Ben Hawkins.
63
Henri pas un fin de semana largo en el
Sheraton del aeropuerto de Los ngeles,
movindose annimamente entre los
dems viajeros de negocios. Aprovech
el tiempo para releer las novelas de Ben
Hawkins y cada artculo periodstico
que Ben hubiera escrito. Haba
comprado provisiones y haba hecho
viajes de ensayo hasta Venice Beach y la
calle donde viva Ben, muy cerca de
Little Tokio.
Poco despus de las cinco de la
tarde del lunes llev su coche de
alquiler hasta la autopista 105. Las
amarillentas paredes de cemento que
bordeaban los ocho carriles estaban
iluminadas por una luz dorada,
salpicada de espinosas matas de
buganvillas rojas y moradas y gticos
grafitos de pandillas latinas que daban a
la srdida carretera un sabor caribeo,
al menos para l.
Henri sigui la 105 hasta la salida
de la 110 en Los ngeles Street, y enfil
en medio de un trfico lento hasta
Alameda, una arteria importante que
llegaba al centro de la ciudad.
Era la hora punta, pero Henri no
tena prisa. Estaba entusiasmado con una
idea que haba rumiado en las tres
ltimas semanas y cuyo desenlace
espectacular poda cambiarle la vida.
El plan se centraba en Ben Hawkins,
periodista, novelista y ex detective.
Henri haba pensado en l desde
aquella noche en Maui, frente al Wailea
Princess, cuando Ben haba estirado la
mano para tocar a Barbara McDaniels.
Esper el semforo, y cuando se
encendi la luz verde vir a la derecha
hacia Traction, una calleja paralela al
ro Los ngeles cerca de las vas de la
Union Pacific.
Siguiendo el coche abollado que lo
preceda, Henri recorri el acogedor
vecindario de Ben, con sus restaurantes
elegantes y exclusivas tiendas de ropa, y
encontr un sitio para aparcar frente al
edificio de ladrillo blanco y ocho pisos
donde viva Ben.
Se ape del coche, abri el maletero
y sac una americana de la bolsa. Se
meti una pistola en la cintura de los
pantalones, se aboton la americana y se
ech hacia atrs el pelo castao estriado
de plata.
Luego volvi al coche, encontr una
buena emisora de msica y pas veinte
minutos escuchando Beethoven y
Mozart, mirando a los peatones que
recorran esa calle agradable, hasta que
vio al hombre al que aguardaba.
Ben, vestido con pantalones
holgados y un jersey, llevaba un elegante
maletn de cuero en la mano derecha.
Entr en el restaurante Ay Caramba, y
Henri aguard pacientemente a que
saliera con su cena mexicana en un
recipiente de plstico.
Henri cerr su coche y sigui a Ben
por Traction hasta el corto tramo de
escaleras. Ben estaba insertando la llave
en la cerradura.
Perdn dijo, el seor
Hawkins?
Ben se volvi con expresin alerta.
Henri sonri, se abri la chaqueta y
le mostr su arma.
No quiero lastimarte dijo.
Ben habl con una voz que an
apestaba a polizonte.
Tengo treinta ocho dlares
encima. Cgelos. Mi billetera est en mi
bolsillo trasero.
No me reconoces, verdad?
Debera?
Piensa en m como tu padrino,
Ben dijo Henri, con ms acento.
Voy a hacerte una oferta
Que no puedo rehusar? S quin
eres. Eres Marco. Correcto. Invtame
a pasar, amigo. Tenemos que hablar.
64
Qu diantre es esto, Marco? grit
. De pronto tienes informacin sobre
los McDaniels?
Marco no respondi, ni siquiera se
mosque.
Hablo en serio, Ben dijo, y
dando la espalda a la calle sac la
pistola de la cintura y me apunt al
vientre. Abre la puerta.
Me qued paralizado. Haba
conocido un poco a Marco Benevenuto,
haba pasado un par de horas sentado
junto a l en un coche, y ahora se haba
quitado la gorra de chfer, el bigote, se
haba puesto una americana de
seiscientos dlares y me tena a su
merced.
Yo estaba avergonzado y
confundido.
Si me negaba a dejarlo entrar en mi
edificio, me disparara? No poda
saberlo, pero intua que me convena
dejarlo entrar.
Mi curiosidad superaba ampliamente
mi cautela, pero quera satisfacer esa
curiosidad empuando una pistola. Mi
bien aceitada Beretta estaba en mi
mesilla, y confiaba en poder echarle
mano una vez hubiramos entrado.
Guarda esa cosa dije,
encogindome de hombros ante su media
sonrisa burlona. Abr la puerta, y sub
los tres tramos de escaleras con el ex
chfer de los McDaniels a mi zaga.
Aquel edificio era uno de esos ex
almacenes que se haban usado con fines
residenciales en los ltimos diez aos.
Me encantaba el lugar. Una unidad por
piso, techos altos, paredes gruesas.
Ningn vecino entrometido. Ningn
sonido molesto.
Abr los gruesos candados de la
puerta del frente y lo dej pasar. l
cerr la puerta.
Apoy el maletn en el suelo de
cemento.
Sintate dije, y me dirig a la
cocina. El anfitrin perfecto. Qu
quieres beber, Marco?
Gracias dijo l detrs de mi
hombro. Por ahora, nada.
Reprim el reflejo de abalanzarme
sobre l, saqu una naranjada de la
nevera y lo conduje a la sala de estar,
donde me sent en un extremo del silln
de cuero. Mi invitado eligi el sof.
Quin eres en verdad? le
pregunt mientras l echaba un vistazo a
mi vivienda, mirando las fotos
enmarcadas, los viejos peridicos del
rincn, los ttulos de los libros. Tuve la
sensacin de estar en presencia de un
espa sumamente observador.
Al fin apoy la Smith & Wesson en
la mesilla, a tres metros de donde yo
estaba, fuera de mi alcance. Hurg en el
bolsillo del pecho, extrajo una tarjeta
con los dedos y la desliz por la mesa
de vidrio.
Le el nombre impreso y el corazn
me dio un vuelco.
Conoca la tarjeta. La haba ledo
antes: Charles Rollins. Fotgrafo. Talk
Weekly.
Mi mente hurgaba en el pasado. Me
imagin a Marco sin bigote, y trat de
recordar la cara de Charles Rollins
mientras rescataban del mar el cuerpo
de Rosa Castro. Aquella noche, cuando
Rollins me haba dado su tarjeta,
llevaba una gorra de bisbol y quiz
gafas. Haba sido otro disfraz.
El cosquilleo de mi nuca me deca
que aquel to guapo y elegante sentado
en mi sof haba estado muy cerca de m
en las dos semanas que yo haba pasado
en Hawai. Casi desde mi llegada.
Me haba estado vigilando. Y yo no
haba reparado en l. Pero qu
pretenda?
65
El hombre sentado en mi sof de cuero
favorito me escrut la cara mientras yo
procuraba armar el rompecabezas.
Record aquel da en Maui en que
los McDaniels haban desaparecido y
Eddie Keola y yo habamos intentado
encontrar a Marco, el chfer que no
exista.
Record que, despus del hallazgo
del cuerpo de Julia Winkler en un hotel
de Lanai, Amanda haba tratado de
ayudarme a localizar a un paparazzo
llamado Charles Rollins, porque era la
ltima persona que haba estado con
Winkler.
Record el nombre de Nils Bjorn,
otro fantasma que se haba alojado en el
Wailea Princess en la misma poca que
Kim McDaniels. Nadie haba
interrogado a Bjorn, pues haba
desaparecido convenientemente.
La polica no haba credo que Bjorn
tuviera nada que ver con el secuestro de
Kim, y cuando investigu a Bjorn, tuve
la certeza de que usaba el nombre de un
muerto.
Estos datos me indicaban que el
hombre sentado en mi sof era por lo
menos un embaucador, un maestro del
disfraz. Si eso era cierto, si Marco,
Rollins y Bjorn eran la misma persona,
qu significaba?
Luch contra el maremoto de
pensamientos lgubres que me
invadieron. Destap la botella de
naranjada con mano trmula,
preguntndome si haba besado a
Amanda por ltima vez.
Pens en mi vida embarullada, el
artculo atrasado que Aronstein estaba
esperando, el testamento que nunca
redactara, mi seguro de vida (haba
pagado la prima?).
No slo estaba asustado sino
furioso. Pensaba que se no poda ser el
ltimo da de mi vida. Necesitaba
tiempo para ordenar mis pueteros
asuntos.
Poda tratar de llegar a mi arma?
No, imposible.
Marco/Rollins estaba a medio metro
de su Smith & Wesson. Y actuaba con
una calma irritante. Tena las piernas
cruzadas, el tobillo sobre la rodilla,
mirndome como si yo estuviera en la
pantalla del televisor.
Dediqu ese momento aterrador a
memorizar la cara blanda y simtrica de
aquel cabrn. Por si llegaba a escapar.
Por si tena la oportunidad de
describirlo a la polica.
Puedes llamarme Henri dijo.
Henri qu?
No tiene importancia. No es mi
verdadero nombre.
Y ahora qu, Henri?
Sonri.
Cuntas veces te han dicho:
Deberas escribir un libro sobre mi
vida? pregunt.
Por lo menos una vez por semana.
Todos creen que tienen una vida digna
de un best seller.
Aj. Y cuntas de esas personas
eran asesinos a sueldo?
66
El telfono son en el dormitorio. Quiz
fuera Amanda. Henri me indic que no
contestara con un gesto, as que dej que
la voz de mi amada enviara sus saludos
al contestador automtico.
Tengo mucho que contarte, Ben
dijo l. Ponte cmodo. Concntrate
slo en el presente. Podramos estar
aqu largo rato.
Te molesta que traiga la
grabadora? Est en mi dormitorio.
Ahora no. Slo cuando hayamos
llegado a un acuerdo.
Vale, cuntame le dije,
preguntndome si hablaba en serio, si un
asesino quera hacer un trato conmigo.
Pero la pistola estaba al alcance de su
mano. Yo slo poda seguirle el juego
hasta que pudiera hacer algo.
Las peores autobiografas de
aficionados empiezan con Nac, as
que me reclin en el silln y me prepar
para una saga.
Y Henri no me defraud. Inici su
historia incluso antes de haber nacido.
Me dio una pequea leccin de
historia, diciendo que en 1937 haba un
judo francs que posea una imprenta en
Pars, que era un especialista en viejos
documentos y tintas. Cont que ese
hombre haba comprendido desde el
principio el autntico peligro del Tercer
Reich y que l y otros huyeron antes de
que los nazis tomaran Pars. Ese
hombre, ese impresor, haba huido a
Beirut.
Este joven judo se cas con una
libanesa dijo. Beirut es una ciudad
grande, el Pars de Oriente Medio, y l
se adapt muy bien. Abri otra imprenta,
tuvo cuatro hijos, vivi una buena vida.
Nadie lo cuestionaba. Otros refugiados,
amigos de amigos de amigos, acudan a
l. Necesitaban papeles, documentos
falsos, y este hombre los ayudaba para
que pudieran iniciar una nueva vida. Su
trabajo es excelente.
Es? En presente?
Todava vive, aunque no en
Beirut. Estaba trabajando para el
Mossad, y ellos lo trasladaron para
protegerlo. No hay manera de
encontrarlo. Concntrate en el presente,
amigo, no divagues.
Te hablo de este falsificador
porque trabaja para m. Yo le llevo
comida a la mesa. Guardo sus secretos.
Y l me ha dado a Marco, Charlie, Henri
y otros personajes. Puedo transformarme
en otro nada ms salir de esta
habitacin.
El relato continu durante horas.
Encend las luces y regres a mi
silln, tan enfrascado en la historia de
Henri que me haba olvidado del miedo.
Henri me cont que haba
sobrevivido a un brutal encarcelamiento
en Iraq y que haba decidido que ya no
se dejara restringir por la ley ni la
moralidad.
Y sabes cmo es mi vida ahora,
Ben? No me privo de ningn placer, y
hay muchos placeres que ni siquiera
imaginas. Pero para eso necesito mucho
dinero. Ah es donde entran en escena
los Mirones. Y tambin t.
67
La automtica de Henri me retena en mi
asiento, pero estaba tan fascinado por su
relato que casi me haba olvidado del
arma.
Quines son los Mirones?
pregunt.
Ahora no. Te lo revelar la
prxima vez. Cuando regreses de Nueva
York.
Qu piensas hacer? Meterme en
un avin por la fuerza? No podrs llevar
el arma.
Henri sac un sobre del bolsillo y lo
desliz por la mesa. Lo abr y saqu un
fajo de fotos.
Se me sec la boca. Eran
instantneas de Amanda de gran calidad,
y recientes. Estaba patinando a slo una
calle de su apartamento, con el top
blanco y los pantalones cortos rosados
que llevaba cuando habamos
desayunado el da anterior.
Yo tambin apareca en una foto.
Gurdalas, Ben. Creo que son
bastante bonitas. Lo cierto es que puedo
llegar a Amanda en cualquier momento,
as que nada de acudir a la polica. Es
slo un modo de suicidarte, y de paso
matar a Amanda. Entiendes?
Un escalofro me baj por la espalda
desde la nuca. Una amenaza de muerte,
con una sonrisa. Acababa de advertirme
que poda matar a Amanda, y lo haba
dicho como si me invitara a almorzar.
Espera un minuto le dije. Dej
las fotos y extend las manos como si
empujara a Henri y su arma y su maldita
biografa lejos de m. No soy el
hombre indicado. Necesitas un bigrafo,
alguien que haya escrito este tipo de
libro y lo considere un trabajo de
ensueo.
Ben, es un trabajo de ensueo y t
eres mi autor. Rechzame si quieres,
pero tendr que aplicar la clusula de
rescisin, para mi propia proteccin.
Entiendes? Y aadi con afabilidad,
vendindome la parte positiva mientras
me apuntaba al pecho con su arma:
Mira el lado bueno. Seremos socios.
Este libro ser un xito. Hace un rato
hablabas de best sellers. Pues eso es lo
que pongo en tus manos.
Aunque quisiera, no puedo
Mira, Henri, soy slo un escritor. No
tengo tanto poder como crees.
Maldicin, to, no tienes idea de lo que
me pides.
Te he trado algo que puedes usar
como argumento de venta dijo con una
sonrisa. Noventa segundos de
inspiracin.
Meti la mano en la americana y
extrajo un adminculo que colgaba de un
cordel alrededor del cuello. Era una
memoria USB, un dispositivo para
guardar y transferir datos.
Si una imagen vale ms que mil
palabras, calculo que esto vale, no s,
ochenta mil palabras y varios millones
de dlares. Pinsalo, Ben. Podras
llegar a ser rico y famoso, o podras
morir. Me gustan las opciones claras. Y
a ti?
Se palme las rodillas y se levant.
Me pidi que lo acompaara hasta la
puerta y luego que me pusiera de cara a
la pared. Obedec.
Cuando despert un rato despus,
estaba tendido en el fro suelo. Tena un
chichn doloroso en la nuca y una
jaqueca fatal.
El hijo de perra me haba dado un
culatazo antes de irse.
68
Me levant penosamente y trastabill
contra las paredes mientras me diriga al
dormitorio. Abr el cajn de la mesilla.
El corazn me reson en el pecho hasta
que cerr los dedos sobre la culata de
mi pistola. Me remet la Beretta en la
cintura y fui hasta el telfono.
Amanda atendi al tercer tono.
No le abras la puerta a nadie
dije, an jadeando y sudoroso. Esto
haba sucedido de veras? Henri haba
amenazado con matarnos a Amanda y a
m si yo no escriba su libro?
Ben?
No le abras la puerta a ningn
vecino, ni siquiera a una nia
exploradora. A nadie, entiendes?
Tampoco a la polica.
Ben, me ests matando del susto!
Qu pasa, cario?
Te lo contar cuando te vea. Salgo
ya.
Fui tambalendome hasta la sala de
estar, guard las cosas que Henri haba
dejado y enfil hacia la puerta. An vea
la cara de Henri y oa su amenaza:
Tendr que aplicar la clusula de
rescisin y de paso matar a Amanda,
entiendes?.
S, entenda.
La calle Traction estaba oscura, pero
llena de bocinazos, turistas que hacan
compras o se juntaban alrededor de un
msico que tocaba en la acera.
Abord mi vetusto Beeper y me
dirig a la autopista 10.
Pens en el peligro que corra
Amanda. Cunto tiempo haba estado
inconsciente? Dnde estaba Henri? Era
un sujeto guapo que poda pasar por
ciudadano modelo, y sus rasgos
maleables le permitan adoptar
cualquier tipo de disfraz. Me lo imagin
como Charlie Rollins, cmara en mano,
tomando fotos de Amanda y de m.
Usaba la cmara como un arma.
Pens en la gente asesinada en
Hawai. Kim, Rosa, Julia, mis amigos
Levon y Barbara, todos torturados y
despachados con destreza, sin dejar una
sola huella ni rastro para la polica.
Eso no era obra de un principiante.
A cuntas personas ms haba
matado Henri?
La autopista desembocaba en la
calle Cuatro y Main Street. Vir a la
derecha, hacia Pico, dej atrs los
restaurantes y talleres de reparaciones,
los horrendos apartamentos de dos
pisos, el gran payaso de Main y Rose, y
entr en otro mundo, Venice Beach, un
patio de juegos para los jvenes y
despreocupados, un refugio para los
indigentes.
Tard unos minutos ms en rodear
Speedway hasta encontrar un sitio a una
calle de la vivienda de Amanda, una
casa familiar dividida en tres
apartamentos.
Camin calle arriba alerta a los
coches que se acercaban, al sonido de
mocasines italianos en la acera.
Quizs Henri me estuviera
observando, disfrazado de mendigo, o
quiz fuese ese to barbado que
aparcaba el coche. Pas frente a la casa
de Amanda, mir el tercer piso y vi luz
en la cocina.
Camin otra calle antes de
retroceder. Llam al timbre, muerto de
preocupacin hasta que o su voz detrs
de la puerta.
Contrasea?
Emparedado de queso. Djame
entrar.
69
Amanda abri y la abrac, cerr la
puerta de un puntapi y la estrech con
fuerza.
Qu pasa, Ben? Qu ha
sucedido? Por favor, cuntame qu
ocurre.
Se zaf de mi abrazo, me cogi por
los hombros y me estudi la cara.
Tienes sangre en el cuello. Ests
sangrando, Ben. Te han atracado?
Asegur la puerta, apoy la mano en
la espalda de Amanda y la conduje a la
pequea sala. La sent en el silln y yo
ocup la mecedora.
Habla de una vez, por favor.
No saba cmo suavizarlo, as que
se lo cont sin rodeos.
Un sujeto se ha acercado a mi
puerta con una pistola. Ha dicho que era
un asesino a sueldo.
Qu?
Me ha inducido a creer que l
mat a toda esa gente en Hawai.
Recuerdas cuando te ped que me
ayudaras a encontrar a Charlie Rollins,
de la revista Talk Weekly?
El Charlie Rollins que fue el
ltimo en ver a Julia Winkler? Ese
hombre ha ido a verte?
Le mencion los otros nombres y
disfraces de Henri, y que no slo lo
haba conocido como Rollins, sino
tambin como Marco Benevenuto, el
chfer de los McDaniels. Le cont que
horas atrs l se haba sentado en mi
sof, apuntndome con un arma,
contndome que era un asesino
profesional a sueldo y que haba matado
muchas veces.
Quiere que escriba su
autobiografa. Y que Raven-Wofford la
publique.
Eso es increble dijo Amanda.
Lo s.
No me entiendes. Digo que es
increble porque creo que nadie
confesara semejantes crmenes. Tienes
que llamar a la polica, Ben.
Me ha advertido que no lo haga.
Le entregu el fajo de fotos y not
que su incredulidad inicial se
transformaba en pasmo y despus en
rabia.
Vale, ese cabrn tiene un
teleobjetivo dijo. Tom algunas
fotos. No prueba nada.
Saqu la memoria USB del bolsillo y
la columpi con el cordel.
Me ha dado esto. Dice que es un
argumento de venta y que me inspirar.
70
Amanda sali de la sala y regres con el
ordenador porttil bajo el brazo,
sosteniendo dos copas y una botella de
pinot. Encendi la mquina mientras yo
serva, y cuando el ordenador empez a
zumbar, insert la memoria de Henri en
el puerto USB.
Empez a proyectarse un vdeo.
Durante un minuto y medio, Amanda
y yo quedamos sobrecogidos por las
escenas ms horripilantes y obscenas
que habamos visto. Ella me aferr el
brazo con tal fuerza que me dej
magulladuras. Cuando termin, se
desplom en la silla, lagrimeando.
Dios mo, Amanda, qu imbcil
soy. Lo lamento. Deb mirarlo primero.
No podas saberlo. Y yo no lo
habra credo si no lo hubiera visto.
Lo mismo digo.
Me guard la memoria en el bolsillo
y fui al bao a refrescarme la cara y la
cabeza con agua fra. Cuando alc la
vista, Amanda estaba en la puerta.
Qutate todo me dijo.
Me ayud con la camisa
ensangrentada, se desvisti y abri la
ducha. Me met en el plato y ella me
sigui; me abraz mientras el agua
caliente llova sobre ambos.
Ve a Nueva York y habla con
Zagami dijo. Haz lo que dice
Henri. Zagami no puede rechazar esto.
Lo dices con mucha conviccin.
As es. Hay que mantener
entretenido a Henri mientras pensamos
qu hacer.
No pienso dejarte sola aqu.
S cuidarme. Ya s que suena a
tpico, pero s cuidarme, de veras.
Sali de la ducha y desapareci
tanto tiempo que cerr el agua, me
envolv en una toalla y fui a buscarla.
La encontr en el dormitorio, de
puntillas, estirando el brazo hacia el
anaquel ms alto del armario. Baj una
escopeta y me la mostr.
La mir estpidamente.
S, s usarla me dijo.
Y piensas llevarla en la cartera?
Cog el arma y la guard bajo la
cama. Luego descolgu el telfono, pero
no llam a la polica, pues saba que no
poda protegernos. No tena huellas
dactilares y mi descripcin de Henri no
servira de nada. Uno ochenta, pelo
castao, ojos castaos: poda ser
cualquiera.
La polica vigilara mi casa y la de
Amanda durante una semana y luego
estaramos de nuevo por nuestra cuenta,
vulnerables a la bala de un francotirador
o a cualquier cosa que Henri optara por
hacernos.
Me lo imagin agazapado detrs de
un coche, o de pie a mis espaldas en
Starbucks, o vigilando el apartamento de
Amanda con una mira telescpica.
Amanda tena razn. Necesitbamos
tiempo para trazar un plan. Si yo
colaboraba con Henri, si l se senta
cmodo conmigo, quiz cometiera un
desliz, quiz me diera pruebas
condenatorias, algo que la polica o el
FBI pudieran usar para encerrarlo.
Dej un mensaje en el contestador de
Leonard Zagami, diciendo que era
urgente que nos reuniramos. Luego
reserv billetes para Amanda y para m,
ida y vuelta Los ngeles-Nueva York.
71
Cuando Leonard Zagami me acept
como autor, yo tena veinticinco aos y
l cuarenta, y Raven House era una
editorial prestigiosa que publicaba una
veintena de libros al ao. Desde
entonces Raven se haba fusionado con
la gigantesca Wofford Publishing y la
nueva Raven-Wofford ocupaba los seis
pisos superiores de un rascacielos que
daba sobre Bloomingdales.
Leonard Zagami tambin haba
crecido. Ahora era director ejecutivo y
presidente, la flor y nata, y la nueva
editorial publicaba doscientos libros al
ao.
Al igual que la competencia, Raven-
Wofford perda dinero o sala pareja con
la mayor parte del catlogo, pero tres
autores (yo no era uno de ellos)
generaban ms ingresos que los otros
ciento noventa y siete juntos.
Leonard Zagami ya no me vea como
un autor lucrativo, pero yo le gustaba y
no le costaba nada mantenerme a bordo.
Yo esperaba que despus de nuestra
reunin me viera de otra manera, que
oyera cajas registradoras tintineando de
Bangor a Yakima.
Y Henri retirara su amenaza de
muerte.
Tena mi discurso preparado cuando
llegu a la moderna y elegante sala de
espera de Raven-Wofford a las nueve.
Al medioda, la secretaria de Leonard
cruz la moqueta rayada para decirme
que el seor Zagami tena quince
minutos para m.
La segu.
Cuando traspuse el umbral, Leonard
se puso de pie, me estrech la mano y
me palme la espalda. Dijo que se
alegraba de verme, pese a mi psimo
aspecto.
Se lo agradec y le dije que haba
envejecido un par de aos mientras
esperaba nuestra reunin de las nueve.
Leonard rio, se disculp, dijo que
haba hecho lo posible para recibirme y
me invit a sentarme. Con un metro
sesenta, menudo detrs del enorme
escritorio, Leonard Zagami irradiaba
poder y una astucia indudable.
Me sent.
De qu trata este libro, Ben? La
ltima vez que hablamos no tenas nada
en mente.
Has seguido el caso de Kim
McDaniels?
La modelo de Sporting Life?
Claro. Ella y otras personas fueron
asesinadas en Hawai hace Oye, t
cubras esa nota? Ah, entiendo.
La cubr durante dos semanas, y
trat con algunas de las vctimas
Mira, Ben me interrumpi
Zagami, mientras no pillen al asesino
la prensa sensacionalista no soltar el
hueso. Todava no es un libro.
No es lo que crees, Leonard. sta
es una revelacin total en primera
persona.
Quin es la primera persona?
T?
Relat mi historia como si la vida
me fuera en ello.
El asesino me abord de incgnito
dije. Es un manaco muy fro e
inteligente. Quiere hacer un libro sobre
los homicidios que ha cometido y
pretende que lo escriba yo. No est
dispuesto a revelar su identidad, pero s
a contar cmo cometi los crmenes y
por qu.
Esperaba que Zagami dijera algo,
pero permaneca impvido. Cruc los
brazos sobre el escritorio tapizado de
cuero, me asegur de que mi viejo amigo
me mirase a los ojos.
Leonard, me has odo? Este
sujeto podra ser el hombre ms buscado
del pas. Es listo. Est suelto. Y mata
con las manos. Est emperrado en que
yo escriba sobre lo que ha hecho porque
quiere el dinero y la notoriedad. S.
Quiere que lo admiren por haber hecho
bien su trabajo. Y si no escribo el libro,
me matar. Tambin podra matar a
Amanda. As que necesito un simple s o
no, Leonard. Ests interesado o no?
72
Leonard Zagami se reclin en la silla, se
meci un par de veces y, alisndose el
poco pelo blanco que conservaba, me
mir. Luego habl con desgarradora
sinceridad, y eso fue lo que ms doli.
Sabes que te tengo simpata, Ben.
Hemos estado juntos cunto? Diez
aos?
Doce.
Doce buenos aos. Somos amigos,
as que no te vendr con paparruchas.
Mereces la verdad.
Vale dije, pero mi pulso lata
con tanto estruendo que apenas oa sus
palabras.
Yo slo digo en voz alta lo que
pensara cualquier buen empresario, as
que no me malinterpretes, Ben. Has
tenido una carrera prometedora pero
tranquila. Ahora crees tener un libro que
te quitar de la lista de los perdedores,
elevar tu perfil en Raven-Wofford y en
la industria editorial. Me equivoco?
Crees que es una maniobra
publicitaria? Crees que estoy tan
desesperado? Me tomas el pelo?
Djame concluir. T sabes lo que
pas cuando Fritz Keller public la
presunta historia real de Randolph
Graham.
Un escndalo, s.
Primero las maravillosas
reseas, luego Matt Lauer y Larry
King. Oprah puso a Graham en su club
del libro, y luego empez a saberse la
verdad. Graham no era un asesino. Era
slo un matn y un escritor bastante
bueno que adorn bastante su biografa.
Y cuando estall, la explosin arruin a
Fritz Keller.
Y aadi que Keller reciba
amenazas por la noche en su casa, que
los productores de televisin lo
llamaban a su telfono mvil, que las
acciones de su empresa se haban ido a
pique, que Keller haba sufrido un
infarto.
Mi propio corazn empez a fibrilar.
O bien Leonard pensaba que Henri
menta o que yo estaba inflando
exageradamente un artculo periodstico.
En ambos casos la respuesta era
negativa. Leonard no me haba
escuchado? Henri haba amenazado con
matarnos a Amanda y a m. Leonard hizo
una pausa, as que aprovech el
momento.
Leonard, voy a decir algo muy
importante.
Dilo, porque lamentablemente
slo tengo cinco minutos ms.
Yo tambin dud. Me pregunt si
Henri era de verdad un asesino, o si
slo era un embaucador talentoso que
vea en m el timo de su vida.
Exacto.
Bien, Henri es lo que dice. Y te lo
puedo demostrar.
Puse la memoria USB en el
escritorio.
Qu es eso?
Todo lo que necesitas saber y
ms. Quiero que conozcas a Henri
personalmente.
La pantalla del ordenador de
Leonard mostr una habitacin
crepuscular, con velas ardiendo y una
cama centrada en una pared. La cmara
se acerc a una joven delgada que
estaba tendida de bruces en la cama.
Tena el pelo rubio y largo, llevaba un
bikini rojo y zapatos negros con suelas
rojas, y tena las muecas atadas a los
barrotes con sogas intrincadamente
anudadas. Pareca drogada o dormida,
pero rompi a llorar cuando el hombre
entr en el cuadro. El hombre estaba
desnudo, salvo por una mscara de
plstico y guantes de ltex azules.
Yo no quera ver el vdeo de nuevo.
Fui hasta la pared de vidrio de la
oficina, que daba a la fuente del atrio, y
cuarenta y tres pisos ms abajo gente
diminuta cruzaba la plaza de la planta
baja.
O las voces que venan del
ordenador, o la exclamacin de
Leonard. Me volv y vi que corra hacia
la puerta. Cuando regres minutos
despus, estaba blanco como la cera y
haba cambiado.
73
Leonard se desplom en su silla, sac la
memoria y la mir como si fuera la
serpiente del Jardn del Edn.
Llvate esto dijo.
Convengamos en que nunca lo he visto.
No quiero tener ningn tipo de
complicidad o lo que sea. Has hecho la
denuncia a la polica? Al FBI?
Henri dijo que si haca eso me
matara, y tambin a Amanda. No puedo
correr ese riesgo.
Ahora entiendo. Ests seguro de
que la chica de ese vdeo es Kim
McDaniels?
S, es Kim.
Leonard cogi el telfono, cancel
su reunin de las doce y media y se
reserv el resto de la tarde. Pidi
bocadillos a la cocina y nos sentamos en
los sillones del otro lado de la oficina.
Bien, empieza por el principio
dijo. No omitas un solo punto ni una
sola coma.
Empec por el principio. Le habl
de esa minscula noticia de Hawai que
se haba transformado en un asesinato
misterioso multiplicado por cinco. Le
cont que haba trabado amistad con
Barbara y Levon McDaniels y que Henri
me haba engaado con sus disfraces:
Marco Benevenuto y Charlie Rollins.
La emocin me quebr la voz
cuando habl de los cadveres, y
tambin cuando le cont que Henri haba
entrado en mi apartamento a punta de
pistola y me haba mostrado las fotos
que le haba tomado a Amanda.
Cunto quiere Henri por su
historia? Te dio una cifra?
Le dije que Henri hablaba de varios
millones, y el editor no se alter. En la
ltima hora haba dejado de lado su
escepticismo y mostraba un gran inters.
Por el fulgor de sus ojos, pens que
haba evaluado el mercado para ese
libro y vea que su bache presupuestario
quedara tapado por una montaa de
dinero.
Cul es el paso siguiente? me
pregunt.
Henri dijo que permanecera en
contacto. Estoy seguro de que as ser.
De momento es todo lo que s.
Leonard llam a Eric Zohn,
principal abogado de Raven-Wofford, y
pronto un cuarentn alto, delgado y
nervioso se reuni con nosotros.
Leonard y yo le informamos sobre
el legado del asesino, y Zohn present
objeciones.
Zohn cit la ley hijo de Sam, que
sostena que un homicida no poda ganar
dinero con sus delitos. l y Leonard
hablaron de Jeffrey McDonald, que
haba entablado pleito a su escritor, y
del libro de O. J. Simpson, pues la
familia Goldman haba reclamado las
ganancias del libro para costear su
pleito civil contra el autor.
Me temo que seremos
econmicamente responsables ante las
familias de las vctimas dijo Zohn.
No me prestaban atencin mientras
deliberaban sobre los resquicios
legales, pero not que Leonard peleaba
por el libro.
Eric dijo, no digo esto a la
ligera. ste es un best seller garantizado
en ciernes. Todos quieren saber qu hay
en la mente de un asesino, y este asesino
hablar sobre crmenes que todava no
estn resueltos. Ben no tiene un libro
sobre los delirios de un manaco, sino
sobre un manaco que ha cometido estos
actos.
Zohn quera ms tiempo para
estudiar las implicaciones jurdicas,
pero Leonard se vali de su prerrogativa
como ejecutivo.
Ben, por ahora eres el escritor
annimo de Henri. Si alguien comenta
que te vio en mi oficina, dile que viniste
a presentar una nueva novela. Que la
rechac. Cuando Henri te llame, dile que
estamos afinando una oferta que le
gustar.
Eso es un s?
Lo es. Tienes mi aprobacin. ste
es el libro ms escalofriante que he
abordado, y quiero publicarlo.
74
A la noche siguiente, de vuelta en Los
ngeles, an me senta en un mundo
irreal. Amanda preparaba una cena de
cuatro estrellas en su cocina minscula
mientras yo exploraba Internet sentado a
su escritorio. En mi mente tena
imgenes indelebles de la ejecucin de
Kim McDaniels que me llevaron a
muchos sitios web que comentaban
trastornos de la personalidad. Pronto me
centr en la descripcin de los asesinos
en serie.
Media docena de expertos convenan
en que estos homicidas casi siempre
aprenden de sus errores. Evolucionan.
Toman distancia y no sienten el dolor de
las vctimas. Siguen aumentando el
peligro para realzar la emocin.
Entenda por qu Henri estaba tan
feliz y satisfecho. Le pagaban por hacer
lo que le encantaba hacer, y ahora un
libro sobre su pasin sera una especie
de desfile de la victoria.
Llam a Amanda, que vino a la sala
con una cuchara de madera en la mano.
La salsa se quemar.
Quiero leerte algo. Esto es de un
psiquiatra, un veterano de Vietnam que
ha escrito mucho sobre asesinos en
serie. Aqu est. Escucha, por favor:
Todos tenemos algo de asesino en
nosotros, pero cuando llegamos al
proverbial borde del abismo, podemos
retroceder un paso. Los sujetos que
matan una y otra vez han saltado al
abismo y han vivido en l durante aos.
No dir Ten cuidado con lo que
deseas, Ben, porque eso no basta para
describir lo que ser trabajar con esta
criatura.
Si pudiera alejarme de esto,
Amanda, echara a correr. A correr.
Ella me bes la coronilla y sigui
removiendo su salsa. Poco despus son
el telfono.
Aguarde, lo llamar dijo
Amanda.
Me entreg el telfono con una
expresin que slo puedo describir
como horror puro.
Es para ti.
S? dije al auricular.
Cmo ha ido nuestra gran reunin
en Nueva York? Me pregunt Henri
. Tenemos un contrato?
Mi corazn dio un brinco. Hice lo
posible por conservar la calma.
Estamos trabajando en ello dije
. Hay que consultar a mucha gente,
con la cantidad de dinero que pides.
Lamento or eso.
Yo tena la aprobacin de Zagami y
se lo poda haber dicho, pero estaba
escrutando el crepsculo por la ventana,
preguntndome dnde se encontraba
Henri, cmo saba que Amanda y yo
estbamos all.
Haremos ese libro, Ben dijo.
Si Zagami no est interesado, se lo
llevaremos a otro. Pero, de cualquier
modo, recuerda tus opciones. Escribir o
morir.
Henri, no me he expresado con
claridad. Tenemos un acuerdo. Estn
trabajando en el contrato. Papeleo.
Abogados. Hay que llegar a una cifra y
hacer una oferta. Es una empresa
enorme, Henri.
Perfecto, entonces. Descorchemos
el champn. Cundo tendremos esa
oferta en firme?
Le dije que esperaba noticias de
Zagami en un par de das y que luego
habra que redactar un contrato. Era la
verdad, pero aun as sent vrtigo.
Iniciara una sociedad con un gran
tiburn blanco, una mquina de matar
que no dorma nunca.
Henri nos observaba en ese preciso
momento, o no?
Nos observaba continuamente.
75
Henri no me haba aclarado el destino
final cuando me describi el trayecto.
Coge la Diez y ve hacia el este
dijo. Despus te dir qu hacer.
Tena los papeles en el maletn, el
contrato de Raven House, las cesiones,
las lneas punteadas de Firmar aqu.
Tambin tena una grabadora, libretas,
ordenador, y en el bolsillo con
cremallera del dorso del maletn, junto
al equipo de recarga del ordenador, mi
pistola. Esperaba tener oportunidad de
usarla.
Sub al coche y me dirig a la
autopista. No era gracioso, pero la
situacin era tan extravagante que senta
ganas de rerme.
Tena un contrato para un best-
seller garantizado que haba soado
durante aos, slo que este contrato
tena una clusula de rescisin bastante
drstica.
Escribir o morir.
Algn autor de la historia moderna
firm un contrato sujeto a la pena de
muerte? Estaba seguro de que esto era
nico, y era todo mo.
Era un sbado soleado de mediados
de julio. Ech a andar por la autopista,
mirando el espejo retrovisor a cada
instante, esperando que me siguieran,
pero no vi a nadie. Me detuve para
repostar gasolina, compr caf y un
donut, y volv a la carretera.
Al cabo de cien kilmetros y dos
horas, son mi telfono mvil.
Coge la Ciento once a Palm
Springs dijo Henri.
La aguja del velocmetro haba
subido cuando vi la salida para la 111.
Cog la rampa y segu por la autopista
hasta que se transform en Palm Canyon
Drive, una calle de una sola direccin.
El telfono volvi a sonar y recib
ms instrucciones de mi socio.
Cuando llegues al centro, vira a la
derecha en Tabquitz Canyon, y a la
izquierda en Belardo. No cuelgues el
telfono.
Hice los dos giros, presintiendo que
estaba cerca del sitio de reunin.
Ya tienes que verlo dijo Henri
, El Bristol Hotel.
Nos reuniramos en un edificio
pblico.
Eso era bueno. Era un alivio. Sent
un estallido de euforia.
Llegu a la entrada del hotel, le di
las llaves al mozo del tradicional y
famoso spa, conocido por su
refinamiento y sus servicios.
Henri me habl al odo:
Ve al restaurante que est junto a
la piscina. La reserva est a mi nombre.
Henri Benoit. Espero que tengas hambre,
Ben.
Eso era positivo: me haba dado un
apellido. No saba si era real o ficticio,
pero me pareci una muestra de
confianza.
Atraves el vestbulo y me dirig al
restaurante, pensando que todo iba a ser
muy civilizado.
Descorchemos el champn.
76
El restaurante Desert Rose estaba bajo
un dosel largo y azul cerca de la piscina.
La luz rebotaba en el patio de piedra
blanca y tuve que taparme los ojos para
protegerme del resplandor. Le dije al
matre que almorzara con Henri Benoit.
Usted es el primero en llegar
me dijo.
Me condujo a una mesa con una vista
perfecta de la piscina, del restaurante y
un sendero que serpenteaba alrededor
del hotel y conduca al aparcamiento.
Estaba de espaldas a la pared, con el
maletn a mi derecha.
La camarera vino a la mesa, me
habl de las diversas bebidas, que
incluan la especialidad de la casa, un
cctel de granadina y zumo de frutas.
Ped una botella de Pellegrino y, cuando
lleg, empin una copa entera, la llen y
esper la llegada de Henri.
Mir la hora: slo llevaba
esperando diez minutos. Tena la
sensacin de haber esperado el doble.
Siempre alerta, llam a Amanda y le
dije dnde estaba. Luego us el telfono
para hacer una bsqueda en Internet de
cualquier mencin de Henri Benoit.
No encontr nada.
Llam a Nueva York para hablar con
Zagami y le dije que estaba esperando a
Henri. Mat otro minuto mientras le
describa a Leonard el viaje al desierto,
el hermoso hotel, mi estado de nimo.
Empiezo a entusiasmarme con
esto dije. Slo espero que firme el
contrato.
S cauto dijo Zagami. Guate
por el instinto. Me sorprende que llegue
tarde.
A m no. No me gusta pero no me
sorprende.
Fui al servicio y luego regres a la
mesa con precipitacin. Me tema que
Henri hubiera llegado mientras yo no
estaba y estuviera sentado frente a mi
silla vaca.
Me preguntaba qu apariencia
tendra hoy. Si habra sufrido otra
metamorfosis. Pero no haba llegado.
La camarera se acerc, dijo que el
seor Benoit haba telefoneado para
decir que se retrasara y yo tendra que
empezar sin l.
Ped el almuerzo. La sopa de
habichuelas a la toscana con col negra
estaba bien. Prob algunos penne con
desgana, sin saborear lo que me
imaginaba era una gastronoma
excelente. Acababa de pedir un espresso
cuando son mi mvil.
Lo mir un instante.
Hawkins respond, tratando de
fingir que no estaba hecho un manojo de
nervios.
Ests preparado, Ben? Tienes
que conducir un poco ms.
77
Coachella, California, situado a cuarenta
kilmetros al este de Palm Springs, tiene
una poblacin de 25.000 personas. Un
par de das al ao, en abril, ese nmero
casi se duplica durante el festival anual
de msica, un Woodstock en miniatura,
sin el lodo.
Cuando termina el concierto,
Coachella vuelve a ser una planicie
agrcola en el desierto, hogar de jvenes
familias latinas y jornaleros, un lugar de
paso para los camioneros que usan esa
localidad como parada.
Henri me haba dicho que buscara el
Luxury Inn, y fue fcil encontrarlo.
Estaba aislado en un largo tramo de
carretera, y era un clsico motel con
forma de U y piscina.
Dirig el coche hacia el fondo, como
me haba dicho, busqu el nmero de
habitacin que me haba dado, el 229.
Haba dos vehculos en el
aparcamiento. Uno era un Mercedes
negro de modelo reciente, un coche
alquilado. Supuse que Henri lo habra
llevado all. El otro era una camioneta
Ford azul enganchada a una vieja
caravana de nueve metros. Plateada con
rayas azules, aire acondicionado,
matrcula de Nevada.
Apagu el motor, cog el maletn y
abr la puerta.
Un hombre apareci en el balcn.
Era Henri, con la misma apariencia que
la ltima vez que lo haba visto; el
cabello castao peinado hacia atrs,
rasurado, sin gafas, un sujeto guapo de
cabeza bien proporcionada que poda
adoptar otra identidad con un bigote, un
parche en el ojo o una gorra de bisbol.
Ben, deja el maletn en el coche
dijo.
Pero el contrato
Yo buscar tu maletn. Pero ahora
sal del coche y por favor deja el mvil
en el asiento. Gracias.
Una parte de m gritaba: Lrgate de
aqu. Enciende el motor y mrchate.
Pero una voz interior opuesta insista en
que, si abandonaba en ese momento, no
habra ganado nada. Henri seguira
suelto y podra matarnos en cualquier
momento, y slo porque le haba
desobedecido.
Apart la mano del maletn y lo dej
en el coche junto con el mvil. Henri
baj corriendo la escalera y me dijo que
apoyara las manos en el cap. Luego me
cache con pericia.
Pon las manos a la espalda, Ben
dijo con amable tranquilidad. Slo
que me apoyaba el can de una pistola
en la columna vertebral.
La ltima vez que le di la espalda a
Henri, l me haba dejado fuera de
combate de un culatazo en la nuca. Ni
siquiera pens demasiado, slo us el
instinto y el entrenamiento. Me mov al
costado, dispuesto a girar para
desarmarlo, pero lo que vino a
continuacin fue una oleada de dolor.
Los brazos de Henri me estrujaron
como un tornillo de banco y me derrib.
Fue una cada violenta y dolorosa, pero
no tena tiempo para examinar mi
estado. Henri estaba encima de m, su
pecho sobre mi espalda, sus piernas
entrelazadas con las mas. Me enganch
con los pies de tal modo que nuestros
cuerpos quedaron unidos y su peso me
aplastaba contra la calzada. Sent la
presin del can del arma en la oreja.
Alguna otra idea? dijo.
Venga, Ben, quieres intentarlo de
nuevo?
78
Esa llave me haba dejado tan
inmovilizado como si me hubieran
partido la columna vertebral. Ningn
cinturn negro aficionado podra
haberme derribado as.
Podra desnucarte en un santiamn
dijo. Entiendes?
Asent con un jadeo, y l se levant,
me aferr el antebrazo y me ayud a
incorporarme.
Trata de hacerlo bien esta vez. Da
media vuelta y pon las manos a la
espalda.
Entonces me espos y luego subi
las esposas, y casi me disloc los
hombros.
Me empuj contra el coche y puso
mi maletn en el techo. Lo abri,
encontr mi pistola, la arroj al suelo
del vehculo. Luego asegur las puertas
y me llev hacia la caravana.
Qu demonios es esto?
pregunt. Adnde vamos?
Lo sabrs cuando lo sepas dijo
el monstruo.
Abri la puerta y entr a
trompicones.
Era una caravana vieja y maltrecha.
A mi derecha estaba la cocina: una mesa
unida a la pared, dos sillas atornilladas
al suelo. A mi derecha haba un sof que
poda usarse como cama plegable. Un
gabinete albergaba un retrete y un catre.
Henri me condujo a una de las sillas
y me oblig a sentarme con un golpe
detrs de las rodillas. Me puso un saco
de tela negra en la cabeza y me ci la
pierna con una argolla. O el rechinar de
una cadena y el chasquido de un cerrojo.
Estaba engrillado a un gancho del
suelo.
Henri me palme el hombro.
Clmate, no quiero lastimarte. No
me interesa matarte sino que escribas el
libro. Ahora somos socios, Ben. Trata
de confiar en m.
Yo estaba encadenado y
prcticamente ciego. No saba adnde
me llevaba Henri. Y sin duda no
confiaba en l.
O que atrancaba la puerta, y luego
puso en marcha la camioneta. El aire
acondicionado bombeaba una brisa fra
a travs de un conducto del techo.
Anduvimos sin traqueteos durante
media hora, luego viramos a la derecha
por una carretera irregular. Siguieron
otros giros. Trat de aferrarme al liso
asiento de plstico con los muslos, pero
repetidamente me golpeaba contra la
pared y la mesa.
Al rato perd la cuenta de los virajes
y de la hora. Me deprima que Henri me
hubiera dominado totalmente. Era la
pura y sencilla verdad.
Henri estaba al mando. l tena la
voz cantante. Yo slo segua el tirn de
la tralla.
79
Al cabo de una hora y media el vehculo
se detuvo y abrieron la puerta. Henri me
arranc la capucha.
ltima parada, amigo. Estamos en
casa.
A travs de la puerta abierta vi un
desierto llano y hostil; dunas de arena
hasta el horizonte, yucas desgreadas y
gallinazos surcando el cielo en crculos.
Mi mente tambin volaba en crculos
alrededor de un pensamiento: Si Henri
me mata aqu, nunca encontrarn mi
cuerpo. A pesar del aire refrigerado, el
sudor resbalaba por mi cuello cuando l
se apoy en la angosta mesa de formica.
Hice un poco de investigacin
sobre las colaboraciones literarias
dijo. La gente dice que se requieren
unas cuarenta horas de entrevistas para
obtener material para un libro. Es
correcto?
Qutame las esposas, Henri. De
aqu no puedo fugarme.
Abri la pequea nevera y vi que
estaba aprovisionada con agua,
Gatorade, alimentos envasados. Sac
dos botellas de agua y apoy una en la
mesa.
Si trabajamos ocho horas por da,
estaramos aqu cinco das.
Dnde es aqu?
El parque Joshua Tree. Un
campamento cerrado por reparaciones
viales, pero el equipo elctrico funciona
dijo.
El parque nacional Joshua Tree
consiste en 400.000 hectreas de
desierto, kilmetros de nada salvo yuca,
broza y formaciones rocosas en todas
las direcciones. Se dice que las vistas
desde lo alto son espectaculares, pero la
gente normal no acampa en l en la
cancula de pleno verano. Yo ni siquiera
entenda a la gente que iba all.
Por si crees que podras escapar
de aqu aadi, permteme
ahorrarte la molestia. Esto es Alcatraz,
pero en desierto. Esta caravana se
encuentra en medio de un mar de arena.
Las temperaturas diurnas llegan a
cincuenta grados. Aun si huyeras de
noche, el sol te freira antes de que
llegaras a una carretera. Con toda
franqueza, te aconsejo que no lo intentes.
Cinco das, eh?
Estars de vuelta en Los ngeles
para el fin de semana. Palabra de nio
explorador.
Vale. Entonces, por qu no me
sueltas?
Extend las manos y Henri me quit
las esposas.
80
Me frot las muecas, me levant y
empin una botella de agua fra de un
solo trago, y ese pequeo alivio me dio
una dosis de inesperado optimismo.
Pens en el entusiasmo de Leonard
Zagami. Imagin que mis viejos sueos
de escritor se concretaban.
Bien dije, manos a la obra.
Ambos instalamos el toldo del
flanco del remolque, pusimos un par de
sillas plegables y una mesa bajo la
delgada franja de sombra. Con la puerta
del remolque abierta, sintiendo el
cosquilleo del aire fresco en la nuca,
nos pusimos a trabajar.
Le mostr el contrato, le expliqu
que Raven-Wofford slo hara pagos al
autor. Yo le pagara a Henri.
Los pagos se efectan por partes
le expliqu. El primer tercio se
liquida contra la firma. El segundo se
efecta cuando se acepta el manuscrito,
y el pago final se hace contra la
publicacin.
Tienes un buen seguro de vida
dijo Henri, y esboz una sonrisa
radiante.
Trminos estndar para proteger
al editor de los escritores que se atascan
en mitad del proyecto.
Discutimos qu porcentaje le
corresponda a cada uno, una
negociacin ridculamente unilateral.
Es mi libro, verdad? Dijo, y
tu nombre figura en l. Eso vale mucho
ms que dinero, Ben.
Propones que trabaje gratis?
repliqu.
Henri sonri.
Tienes una pluma? pregunt.
Le entregu una y l firm con su
nom de guerre en las lneas punteadas, y
luego me dio el nmero de una cuenta
bancaria de Zurich. Guard el contrato y
Henri sac un cable de electricidad de
la caravana. Encend el ordenador y la
grabadora, prob el sonido.
Listo para empezar? pregunt.
Te contar todo lo que necesitas
saber para escribir este libro, pero no
dejar un rastro de migajas, entiendes?
Es tu historia, Henri. Cuntala
como quieras.
Se reclin en la silla de lona, pleg
las manos sobre el vientre duro y
comenz por el principio.
Me cri en el quinto infierno, en
un pueblucho rural en el linde de la
nada. Mis padres tenan una granja
avcola y yo era el nico hijo. Su
matrimonio era horrible. Mi padre beba
y golpeaba a mi madre. Y a m. Ella
tambin me golpeaba y a veces intentaba
golpear a mi padre.
Henri describi una destartalada
casa de cuatro habitaciones, su cuarto en
la buhardilla, sobre el dormitorio de sus
padres.
Haba una fisura entre los
tablones del suelo dijo. Yo no
llegaba a ver la cama, pero vea
sombras y oa lo que hacan. Sexo y
violencia. Todas las noches me dorma
con ese arrullo.
Describi los tres cobertizos largos
para los pollos, y me cont que a los
seis aos su padre lo puso a cargo de
sacrificar los pollos a la antigua usanza:
decapitacin con hacha sobre un tajo de
madera.
Yo haca mis quehaceres como un
buen chico. Iba a la escuela y a la
iglesia. Haca lo que me decan y trataba
de esquivar los golpes. Mi padre no
slo me apaleaba, sino que me
humillaba. En cuanto a mi madre, la
perdono. Pero durante aos tuve el
sueo recurrente de que los mataba a
ambos. En el sueo, les apoyaba la
cabeza en aquel viejo tocn del
gallinero, empuaba el hacha y miraba
correr sus cuerpos decapitados. Durante
un rato, al despertar de ese sueo, crea
que era verdad. Que lo haba hecho en
serio.
Henri me clav los ojos.
La vida continu. Figrate, Ben,
un chiquillo encantador con un hacha en
la mano, con el mono empapado de
sangre.
Es una historia muy triste, Henri.
Pero parece un buen comienzo para el
libro.
Mene la cabeza.
Tengo un principio mejor.
Vale. Adelante.
Inclin el cuerpo y entrelaz las
manos.
Yo empezara la pelcula de mi
vida en la feria estival dijo. La
escena se centrara en m y una hermosa
rubia llamada Lorna.
81
Yo revisaba continuamente la grabadora,
vea que las ruedecillas giraban
despacio.
Una brisa seca barra la arena y una
lagartija pas sobre mi zapato. Henri se
mes el pelo con las dos manos; pareca
nervioso, agitado. Nunca le haba visto
esa crispacin, y me transmita su
nerviosismo.
Por favor, descrbeme la escena,
Henri. Era la feria del condado?
Podras llamarla as. A un lado
del camino principal haba productos
agrcolas y ganado. Al otro lado estaban
los juegos mecnicos y la comida.
Ningn rastro, Ben. Esto podra haber
ocurrido en las afueras de Wengen,
Chipping Camden o Cowpat, Arkansas.
No importa dnde fue. Slo
imagnate las luces brillantes de la feria,
la gente feliz y las competencias entre
animales. All estaban en juego los
negocios, las granjas de la gente y su
futuro.
Yo tena catorce aos. Mis padres
mostraban pollos exticos en la tienda
de aves de corral. Se haca tarde y mi
padre me dijo que sacara el camin del
terreno reservado para los vehculos de
los exhibidores, a cierta distancia de la
feria.
En el camino, tom por uno de los
pabellones de comida y vi a Lorna
vendiendo productos horneados. Lorna
tena mi edad y ramos compaeros en
la escuela. Era rubia, un poco tmida.
Llevaba sus libros contra el pecho para
que no le viramos el busto. Pero lo
veamos de todos modos. Todo me
apeteca en Lorna.
Asent y Henri continu con su
historia.
Recuerdo que aquel da llevaba
ropa azul. Su pelo pareca an ms rubio
y cuando la salud pareci alegrarse de
verme. Me pregunt si quera comer
algo en la feria. Yo saba que mi padre
me matara si no regresaba con el
camin, pero me dispuse a aguantar la
tunda, pues estaba loco por aquella
hermosa chica.
Cont que le haba comprado una
pasta a Lorna y haban ido juntos a una
de las atracciones, y que ella le apret
la mano cuando la montaa rusa hizo su
vertiginoso descenso.
Senta una especie de ternura
dulce y desbocada por ella. Despus de
la montaa rusa, se acerc otro chico,
Craig. Era un par de aos mayor. A m
no me dio ni la hora, y le dijo a Lorna
que tena billetes para la rueda de la
fortuna, que era sensacional ver la feria
al despuntar las estrellas, con todas las
luces debajo. Lorna dijo que le
encantara ir, y se volvi hacia m para
preguntarme si me molestaba y luego se
fue con aquel tipo.
Bien, Ben, la verdad es que me
molest. Y mucho.
Los segu con la vista, y luego fui a
buscar el camin, resignado a recibir el
castigo. El terreno estaba oscuro, pero
encontr el camin de mi padre junto a
un remolque de ganado. Junto a ste
haba otra chica que conoca de la
escuela, Molly, y tena un par de
terneros con cintas en los arreos.
Trataba de subirlos al remolque, pero no
le obedecan. Me ofrec para ayudarla.
Molly dijo que no haca falta, que ya los
tena dominados, y trat de empujar los
terneros rampa arriba.
No me gust su modo de
contestarme, Ben. Entend que se haba
extralimitado. As que empu una pala
que haba apoyada en el remolque. Y
cuando Molly me dio la espalda, la
descargu contra su nuca. Hubo un ruido
hmedo, un sonido que me estremeci, y
cay al suelo.
Henri hizo una pausa. El momento se
prolong, y yo esper.
La arrastr al remolque dijo al
fin, y cerr la puerta. Se haba puesto
a gemir. Le dije que nadie la oira, pero
no se callaba. As que le puse las manos
en el cuello y la estrangul con tanta
naturalidad como si repitiera algo que
haba hecho antes. Quiz lo haba hecho
en sueos.
Gir la pulsera del reloj y
contempl el desierto. Cuando volvi a
mirarme, sus ojos no tenan expresin.
Mientras la estrangulaba, o que
pasaban dos hombres hablando y riendo.
Le estrujaba la garganta con tanta fuerza
que me dolan las manos, as que apret
ms y segu apretando hasta que Molly
dej de respirar.
Le solt la garganta y ella trat de
inspirar, pero ya no gema. La abofete
con fuerza. Le quit la ropa, la volv y la
foll, siempre apretndole el cuello, y
cuando termin, la estrangul
definitivamente.
Qu te pasaba por la cabeza
mientras hacas eso?
Slo quera seguir hacindolo. No
quera que cesara esa sensacin.
Imagnate, Ben, tener un orgasmo con el
poder de vida y muerte en tus manos.
Senta que me haba ganado el derecho a
hacerlo. Quieres saber cmo me senta?
Me senta como Dios.
82
Por la maana despert cuando se abri
la puerta de la caravana y entr la luz
del sol.
Caf y panecillos dijo Henri.
Para ti, amigo. Tambin huevos.
Desayuno para mi socio.
Me incorpor en la cama plegable y
Henri encendi la cocina, bati los
huevos en un cuenco, hizo sisear la
sartn. Una vez que com, mi socio me
llev a un puesto de guardabosques
cerrado, a un kilmetro de distancia,
para que me duchase.
Durante el trayecto mantuve la mano
en la manija de la puerta y escrut las
dunas. No vi ninguna criatura viviente,
salvo un conejo que se ocultaba detrs
de un montculo de pedrejones y
docenas de yucas que arrojaban su
sombra filosa en la arena.
Despus de mi ducha regresamos a
la caravana y nos pusimos a trabajar
bajo el toldo. Yo segua pensando que
Henri haba confesado un homicidio. En
alguna parte, una chica de catorce aos
haba muerto estrangulada en una feria.
An constara algn registro de su
muerte.
Henri me dejara vivir con ese
conocimiento?
l volvi a la historia de Molly, en
el punto donde se haba interrumpido la
noche anterior.
Estaba de buen talante, y gesticulaba
con las manos para mostrarme cmo
haba arrastrado el cuerpo de Molly al
bosque y lo haba sepultado bajo la
hojarasca. Dijo que se imaginaba el
miedo que se propagara de la feria a
los pueblos circundantes cuando se
denunciara la desaparicin de Molly.
l se haba sumado a la bsqueda de
Molly, haba pegado carteles y asistido
a la vigilia a la luz de las velas, y
mientras tanto guardaba su secreto: que
haba matado a Molly y se haba salido
con la suya.
Describi el funeral de la muchacha,
el atad blanco bajo un manto de flores.
Haba observado a la gente que lloraba,
sobre todo a la familia de Molly, los
padres y hermanos.
Me preguntaba cmo sera tener
esos sentimientos me dijo. T
sabes algo sobre los asesinos en serie
ms famosos, verdad, Ben? Gacy,
Arder alias BTK, Dahmer, Bundy. Todos
estaban motivados por compulsiones
sexuales. Anoche pensaba que es
importante para el libro establecer una
distincin entre esos asesinos y yo.
Un momento, Henri. Me contaste
cmo te sentas al violar y matar a
Molly. Y est el video en que apareces
con Kim McDaniels. Y ahora me dices
que no eres como esos otros? No parece
congruente.
Pasas por alto lo importante.
Presta atencin, Ben. Esto es crucial. He
matado a muchas personas y tuve
relaciones sexuales con la mayora de
ellas. Pero, a excepcin de Molly, cada
vez que mat lo hice por dinero.
Afortunadamente la grabadora lo
estaba registrando todo, porque mi
mente estaba dividida en tres partes: el
escritor, procurando unir las ancdotas
de Henri en una narracin atractiva; el
polica, buscando pistas de la identidad
de Henri a partir de lo que me revelaba,
lo que exclua y los puntos ciegos
psicolgicos que l ignoraba que tena; y
la parte de mi cerebro que trabajaba con
ms intensidad era el superviviente.
Henri deca que haba matado por
dinero, pero haba matado a Molly por
furia. Y me haba advertido que me
matara si yo no haca lo que l deca.
En cualquier momento poda infringir
sus propias reglas.
Escuch. Trat de aprehender a
Henri Benoit en todas sus dimensiones.
Pero ante todo procuraba averiguar qu
deba hacer para salvar el pellejo.
83
Henri regres al remolque con
bocadillos y una botella de vino.
Cmo anda tu negocio con los
Mirones? le pregunt despus de que
descorchara la botella.
Ellos se hacen llamar la Alianza
dijo. Sirvi dos copas y me pas una
. Una vez los llam los Mirones y me
dieron una leccin: ni trabajo ni paga.
Remed un acento alemn. No te
portes mal, Henri. No juegues con
nosotros.
As que la Alianza es alemana.
Uno de los miembros es alemn.
Horst Werner. Ese nombre ha de ser un
alias. Nunca lo verifiqu. Otro es Jan
van der Heuvel, holands. se tambin
podra ser un alias. Huelga decir, Ben,
que cambiars todos los nombres en el
libro, verdad? Aunque estas personas
no son tan estpidas como para dejar
huellas.
Descuida.
l asinti y continu. Ya no estaba
agitado, pero su voz era ms dura. No
poda encontrarle una sola fisura.
Hay otros en la Alianza, pero no
s quines son. Viven en el
ciberespacio. Aunque conozco a una
muy bien: Gina Prazzi. Ella me reclut.
Eso suena interesante. Te
reclutaron? Hblame de Gina.
Henri bebi un sorbo de vino y
comenz a contarme que haba conocido
a una bella mujer despus de sus cuatro
aos en una prisin iraqu.
Yo almorzaba en un bistr de
Pars cuando repar en una mujer alta,
esbelta, extraordinaria, sentada a una
mesa cercana. Tena la tez muy blanca y
las gafas apoyadas en un pelo espeso y
castao. Pechos erguidos, piernas
largas, y tres relojes de diamantes en
una mueca. Pareca rica, refinada e
inaccesible, y yo la dese.
Ella puso dinero sobre la cuenta y
se levant para marcharse. Yo quera
hablarle, y lo nico que se me ocurri
fue preguntarle la hora. Me ech una
mirada larga y lenta, desde mis ojos
hasta mis zapatos, y luego a la inversa.
Mi ropa era barata. Haca pocas
semanas que haba salido de la crcel.
Los cortes y magulladuras haban
sanado, pero an estaba esculido. La
tortura, las cosas que haba visto, las
imgenes estaban grabadas en mis ojos.
Aun as, reconoci algo en m. Esa
mujer, ese ngel cuyo nombre yo an no
conoca, me respondi: Tengo la hora
de Pars, la hora de Nueva York, la hora
de Shanghi y tambin tengo unas
horas para ti.
La voz de Henri se suaviz mientras
hablaba de Gina Prazzi. Era como si al
fin hubiera saboreado la satisfaccin
tras una vida de privaciones.
Dijo que haban pasado una semana
en Pars, y que l an la visitaba cada
septiembre. Describi sus paseos por la
Place Vendme, las compras que hacan.
Dijo que Gina pagaba todo, le compraba
regalos y ropa cara.
Su familia era rica y tena cierto
abolengo me dijo. Tena relaciones
con un mundo de fasto y riqueza que yo
desconoca por completo.
Despus de esa semana en Pars,
recorrieron el Mediterrneo en el yate
de Gina. Henri evoc imgenes de la
Costa Azul, diciendo que era uno de los
sitios ms bellos del mundo. Recordaba
sus retozos en la cabina, el vaivn de las
olas, el vino, las comidas exquisitas en
restaurantes con vistas panormicas del
Mediterrneo.
Prob el whisky Glen Garloch de
1958, a 2.600 dlares la botella. Y hay
una comida que nunca olvidar. Raviolis
de erizo de mar seguidos por conejo con
hinojo, mascarpone y limn. No estaba
mal para un patn del campo, ex
prisionero de Al Qaeda.
Yo prefiero el bistec con patatas.
Henri se ech a rer.
Eso porque no has hecho un tour
gastronmico por el Mediterrneo.
Podra ensearte. Podra llevarte a una
repostera de Pars, Au Chocolat, y
nunca ms seras el mismo, Ben.
Pero estaba hablando de Gina, una
mujer de paladar refinado. Un da
apareci un to nuevo a nuestra mesa. El
holands Jan van der Heuvel.
Henri tens el rostro al hablar de
Van der Heuvel, que los haba
acompaado a la habitacin del hotel y
haba dado instrucciones escnicas
desde una silla en el rincn mientras
Henri haca el amor con Gina.
No me gustaba ese tipo ni ese
nmero, pero un par de meses antes yo
dorma sobre mi propia inmundicia,
comiendo bichos. Qu cosa no hara
por estar con Gina, con o sin Jan van der
Heuvel?
El rugido de un helicptero que
sobrevolaba el valle ahog su voz. Me
advirti con los ojos que no me moviera
de la silla. Cuando regres el silencio
del desierto, tard unos instantes en
continuar con la historia de Gina.
84
Yo no amaba a Gina me dijo,
pero estaba fascinado por ella,
obsesionado. Bien, quiz la amaba en
cierto modo aadi, concediendo por
primera vez que tena una vulnerabilidad
humana. Un da, en Roma, ella
conoci a una muchacha
Y el holands? No estaba con
vosotros?
No del todo. Haba regresado a
msterdam, pero l y Gina tenan una
conexin extraa. Siempre hablaban por
telfono. Ella susurraba y rea cuando
hablaba con l. Te imaginas? A ese to
le gustaba mirar, pero fsicamente ella
estaba conmigo.
Me hablabas de Gina en Roma
le record, para que siguiera con el hilo
de la narracin.
S, por cierto. Gina conoci a una
estudiante que brincaba de cama en
cama mientras cursaba su carrera. Una
golfa de Praga en la Universit degli
Studi di Roma. No recuerdo el nombre,
slo que era atractiva y demasiado
confiada.
Los tres estbamos en la cama
cuando Gina me dijo que cerrara las
manos sobre el cuello de la muchacha.
Es una prctica sexual llamada "juego
del aliento". Intensifica el orgasmo, y s,
Ben, antes de que me preguntes, fue
emocionante revivir mi singular
experiencia con Molly. La muchacha se
desmay y yo afloj el apretn para que
respirara. Gina me aferr la polla y me
bes. Despchala, Henri, dijo luego.
Iba a montarme sobre la muchacha, pero
Gina aadi: No, Henri. No entiendes.
Despchala. Estir la mano hacia la
mesilla, alz las llaves de su Ferrari y
meci las llaves ante mis ojos. Era una
oferta: el coche por la vida de la chica.
Mat a la chica. E hice el amor con
Gina con la chica muerta junto a
nosotros. Gina estaba frentica de
excitacin. Cuando se corri, fue como
si muriese y renaciera como una mujer
ms blanda y dulce.
Los gestos de Henri se distendieron.
Me cont que haba conducido el Ferrari
en un viaje de tres das hasta Florencia,
y me describi la vida en que se estaba
iniciando.
Poco despus del viaje a
Florencia, Gina me habl de la Alianza,
y me cont que Jan era un miembro
importante.
El turismo por Europa occidental
haba concluido. Henri se enderez y
abandon su voz lnguida para adoptar
un tono crispado.
Gina me dijo que la Alianza era
una organizacin secreta compuesta por
las mejores personas, con lo cual quera
decir gente de fortuna, obscenamente
rica. Dijo que podan utilizarme
Aprovechar mi talento fue su
expresin. Y dijo que me daran una
suculenta recompensa. As pues, Gina no
me amaba. Quera usarme para algo. Eso
me doli un poco, desde luego. Al
principio pens en matarla. Pero no era
necesario, verdad, Ben? Ms an,
habra sido estpido. Porque ellos te
contrataban para matar?
Desde luego.
Pero en qu beneficiaba eso a la
Alianza?
Benjamin dijo pacientemente
, ellos no me contrataban para
liquidar a sus enemigos. Yo filmo mi
trabajo. Hago pelculas para ellos.
Pagan por mirar.
85
Henri haba dicho que mataba por
dinero y ahora todo encajaba. Haba
matado y filmado esas ejecuciones
sexuales para un pblico selecto por un
precio principesco. Ahora la
escenografa de la muerte de Kim tena
sentido. Haba sido el trasfondo
cinematogrfico de su perversin. Pero
yo no entenda por qu haba ahogado a
Levon y a Barbara. Cmo se explicaba
eso?
Estabas hablando de los Mirones.
El trabajo que realizaste en Hawai.
Lo recuerdo. Bien, entiende: los
Mirones me conceden un amplio margen
de libertad creativa. Repar en Kim a
causa de sus fotos. Us una treta para
obtener informacin en su agencia. Dije
que quera contratarla y pregunt cundo
regresara de dnde era la
filmacin?
Me dijeron el lugar y yo averig
el resto: qu isla, la hora de llegada, el
hotel. Mientras esperaba la llegada de
Kim, mat a la pequea Rosa. Era un
aperitivo, un amuse-bouche
Amuse qu?
Significa un entrems, y en este
caso la Alianza no haba encargado el
trabajo. Ofrec la pelcula en una
subasta S, hay un mercado para esas
cosas. Gan un dinero adicional y me
asegur de que el holands viera la
pelcula. Jan tiene predileccin por las
nias jvenes y yo quera que los
Mirones se engolosinaran con mi
trabajo. Cuando Kim lleg a Maui para
el rodaje, yo la vigilaba.
Usabas el nombre de Nils Bjorn?
pregunt.
Henri dio un respingo y frunci el
ceo.
Cmo has sabido eso?
Haba cometido un error. Mi salto
mental haba asociado a Gina Prazzi con
la mujer que me haba telefoneado en
Hawai dicindome que investigara a un
husped llamado Nils Bjorn. Al parecer
Henri haba hecho la misma asociacin,
y no le haba gustado.
Pero por qu Gina traicionara a
Henri? Qu era lo que yo no saba
acerca de ambos?
Pareca un gancho importante para la
historia de Henri, pero me hice una
advertencia a m mismo: por mi
seguridad, deba cuidarme de no alertar
a Henri. Cuidarme mucho.
La polica recibi una pista
dije. Un traficante de armas con ese
nombre se march del Wailea Princess
en el momento en que Kim desapareci.
Nunca lo interrogaron.
Te dir una cosa, Ben: yo era Nils
Bjorn, pero he destruido su identidad.
Nunca volver a usarla. Ya no te sirve
de nada.
Se levant abruptamente del asiento.
Acomod el toldo para bloquear los
rayos bajos del sol. Aprovech esa
pausa para calmar mis nervios.
Estaba cambiando la casete por una
nueva cuando Henri dijo:
Viene alguien.
Mi corazn se desboc.
86
Me cubr los ojos del sol con las manos,
mir el camino que surcaba el desierto
hacia el oeste, vi un sedn oscuro
subiendo una loma.
Muvete! Dijo Henri. Coge
tus cosas, tu copa y tu silla y mtete
dentro.
Entr a trompicones en el remolque
con l detrs de m. Desenganch la
cadena del suelo y la meti bajo el
fregadero. Me dio mi chaqueta y me dijo
que entrara en el bao.
Si nuestro visitante se entromete
demasiado dijo Henri, lavando las
copas de vino, quiz tenga que
eliminarlo. Eso significa que podras ser
testigo de un homicidio, Ben. No es
saludable para ti.
Me acurruqu en el diminuto aseo y
me mir la cara en el espejo antes de
apagar la luz. Tena barba de tres das y
la camisa arrugada. Ofreca un psimo
aspecto. Pareca un pordiosero.
La pared del bao era delgada y a
travs de ella se oa todo. Llamaron a la
puerta de la caravana y Henri abri. O
unos pasos pesados subiendo la
escalinata.
Entre, agente, por favor. Soy el
hermano Michael dijo Henri.
Soy la teniente Brooks dijo la
voz cortante de una mujer. Servicio
de Parques. Este campamento est
cerrado, seor. No vio el bloqueo del
camino y el letrero de No entrar?
Lo lamento. Quera rezar en
completa soledad. Pertenezco al
monasterio camaldulense de Big Sur.
Estoy en un retiro.
No me importa si es acrbata del
Cirque du Soleil. No tiene derecho a
estar aqu.
Dios me condujo aqu. l me dio
ese derecho. Pero no tena ninguna mala
intencin. Lo siento.
Poda sentir la tensin fuera de la
puerta. Si la teniente intentaba usar su
radio para comunicar la situacin, poda
darse por muerta. Aos atrs, en
Portland, yo haba retrocedido con el
coche patrulla y haba tumbado a un
viejo en silla de ruedas. En otra ocasin,
encaon con mi arma a un chiquillo que
salt entre dos coches, apuntndome con
una pistola de agua.
En ambas ocasiones pens que mi
corazn no poda latir ms deprisa, pero
con toda franqueza lo que estaba
viviendo en ese momento era peor. Si la
hebilla de mi cinturn chocaba contra el
lavabo de metal, la mujer lo oira. Si me
vea, si me interrogaba, Henri podra
decidir matarla y su muerte recaera
sobre mi conciencia.
Y luego me matara a m.
Rec para no estornudar. Rec.
87
La teniente le dijo a Henri que
comprenda muy bien lo que era un
retiro en el desierto, pero que ese lugar
no era seguro.
Si el piloto del helicptero no
hubiera visto la caravana, no habra
ninguna patrulla por aqu. Qu
sucedera si se quedara sin combustible?
O sin agua? Nadie lo encontrara y
usted morira dijo Brooks.
Esperar mientras recoge sus cosas.
O el crepitar de una radio.
Lo tengo, Yusef dijo la teniente.
Esper el inevitable disparo, pens
en abrir la puerta de un puntapi y tratar
de arrebatarle el arma a Henri, salvar a
esa pobre mujer.
Es un monje, una especie de
anacoreta dijo la teniente por radio.
S, est solo. No; todo bajo control.
Teniente, es tarde intervino la
voz de Henri:. Puedo partir por la
maana sin dificultad. Agradecera una
noche ms aqu, para mis meditaciones.
Lo siento, pero no es posible.
Claro que s. Slo pido una noche
ms insisti l.
Su depsito de gasolina est
lleno?
S. Lo llen antes de entrar en el
parque.
Y tiene agua suficiente?
La puerta de la nevera se abri con
un chirrido.
Est bien. Pero maana por la
maana se va de aqu cedi la mujer
. De acuerdo?
De acuerdo. Lamento las
molestias.
Vale. Que tenga buenas noches,
hermano.
Gracias, teniente. Que Dios la
bendiga.
O que el coche de la mujer
arrancaba. Un minuto despus, Henri
abri mi puerta.
Cambio de planes dijo mientras
yo sala penosamente del bao. Yo
cocinar. Trabajaremos toda la noche.
Muy bien dije.
Mir por la ventana y vi que los
faros del coche patrulla regresaban a la
civilizacin. A mis espaldas, Henri puso
unas hamburguesas en la sartn.
Esta noche tenemos que avanzar
bastante dijo.
Yo pensaba que al medioda del da
siguiente estara en Venice Beach
contemplando a los fisicoculturistas y
las chicas en tanga, los patinadores y
ciclistas en las sinuosas sendas de
cemento de la playa y la costa. Pensaba
en los perros con pauelo y gafas, los
cros con sus triciclos, y que comera
huevos rancheros con salsa extra en
Scotty's con Amanda.
Le contara todo.
Henri me puso delante una
hamburguesa y un bote de ktchup.
Aqu tienes, don bistec-con-patatas.
Se puso a preparar caf.
La vocecilla de mi cabeza dijo:
Todava no ests en casa.
88
Cuando realizas una entrevista, no
escuchas de la manera habitual. Yo tena
que concentrarme en lo que deca Henri,
hilvanarlo con la historia, decidir si
necesitaba que se explayara sobre ese
tema o si debamos seguir adelante.
La fatiga me envolva como niebla y
la combat con caf, manteniendo mi
objetivo a la vista: Consigna todo y sal
de aqu con vida.
Henri volvi a la historia de sus
servicios para el contratista militar,
Brewster-North. Me dijo que haba
aportado su conocimiento de varios
idiomas, y que haba aprendido varios
ms mientras trabajaba para ellos.
Me cont que haba entablado cierta
relacin con el falsificador de Beirut.
Encorv los hombros al describir en
detalle su encarcelamiento, la ejecucin
de sus amigos.
Hice preguntas y situ a Gina Prazzi
en la cronologa. Le pregunt si ella
conoca su verdadera identidad y l dijo
que no. Haba usado el nombre que
congeniaba con los documentos que el
falsificador le haba dado: Henri Benoit
de Montreal.
Has mantenido el contacto con
Gina?
Hace aos que no la veo. Desde
Roma. Ella no confraterniza con la
servidumbre.
Avanzamos desde su romance de tres
meses con Gina hasta las muertes por
encargo de la Alianza, una seguidilla de
homicidios iniciada cuatro aos atrs.
En general mataba mujeres
jvenes me dijo. Me mudaba
continuamente, cambiaba mi identidad
con frecuencia. Y empez a narrar las
muertes, varias jvenes en Yakarta, una
israel en Tel Aviv. Qu luchadora,
esa chica juda. Por Dios. Por poco me
mata a m.
Visualic la estructura narrativa. Me
entusiasmaba al pensar cmo
organizara el borrador, y por un
momento casi me olvid de que no se
trataba del libro de una pelcula.
Los homicidios eran reales.
El arma de Henri estaba cargada.
Numeraba las cintas y las cambiaba,
haca anotaciones para tener presentes
nuevas preguntas mientras Henri
enumeraba sus vctimas; las jvenes
prostitutas de Corea, Venezuela,
Bangkok.
Explic que siempre haba amado el
cine y que al filmar pelculas para la
Alianza haba mejorado como cazador.
Los asesinatos eran cada vez ms
complejos y cinematogrficos.
No te preocupa que esas
pelculas anden recorriendo el mundo?
Siempre oculto mi rostro dijo
. O bien uso una mscara, como hice
con Kim, o bien trabajo en el vdeo con
una herramienta de distorsin. El
software que uso me permite eliminar mi
cara fcilmente.
Me dijo que sus aos en Brewster-
North le haban enseado a abandonar
los cuerpos y las armas in situ y que,
aunque no haba ningn registro de sus
huellas dactilares, nunca dejaba ningn
rastro personal.
Me cont cmo haba matado a Julia
Winkler, cunto la amaba. Reprim un
comentario desagradable sobre lo que
significaba ser amada por Henri. Y me
habl de los McDaniels, y cunto los
admiraba. En ese punto tuve ganas de
abalanzarme sobre l para estrangularlo.
Por qu, Henri, por qu tuviste
que matarlos? pregunt al fin.
Formaba parte de una serie
cinematogrfica que estaba haciendo
para los Mirones, lo que llambamos un
documental. Maui fue muy lucrativa,
Ben. Cinco das de trabajo por mucho
ms de lo que t ganas en un ao.
Pero el trabajo en s Cmo te
sentiste al quitar esas vidas? Segn mi
cuenta, has matado a unas treinta
personas.
Quizs haya omitido a algunas.
89
Eran ms de las tres de la maana
cuando Henri me describi lo que ms
lo fascinaba de su trabajo.
Me he interesado en ese momento
fugaz que hay entre la vida y la muerte
dijo.
Pens en los pollos decapitados de
su infancia, los juegos de asfixia que
practicaba despus de matar a Molly. l
me cont mucho ms de lo que yo quera
saber.
Haba una tribu del Amazonas
continu que ataba un dogal bajo la
mandbula de las vctimas, justo bajo las
orejas. El otro extremo de la cuerda
estaba amarrado a la copa de un rbol
joven y cimbrado. Cuando decapitaban a
la vctima, el rbol se enderezaba y
catapultaba la cabeza hacia arriba. Esos
indios crean que era una buena muerte.
Que la ltima sensacin de la vctima
sera de vuelo.
Has odo hablar de un asesino que
vivi en Alemania a principios del siglo
XX, Peter Kurten? El Vampiro de
Dusseldorf. Era un sujeto de aspecto
insulso cuya primera vctima fue una
nia que encontr durmiendo mientras
robaba en la casa de los padres. La
estrangul, le abri la garganta con un
cuchillo y se excit con la sangre que
brotaba de las arterias. se fue el inicio
de una gran carrera. En comparacin,
Jack el Destripador parece un
aficionado.
Henri me cont que Kurten haba
matado a demasiadas personas para
contarlas, de ambos sexos, hombres,
mujeres y nios, y que haba usado toda
clase de instrumentos. Lo esencial era
que le excitaba ver sangre.
Antes de que Peter Kurten fuera
guillotinado me dijo, le pregunt al
psiquiatra de la prisin Aguarda.
Quiero citarlo con precisin. Bien,
Kurten pregunt si, una vez que le
cortaran la cabeza abri comillas con
los dedos, podra or el sonido de mi
propia sangre brotando del cuello
tronchado. Ese placer sera la
culminacin de todos los placeres.
Henri, me ests diciendo que ese
momento entre la vida y la muerte es lo
que te provoca el deseo de matar?
Creo que s. Hace tres aos mat
a una pareja en Big Sur. Les anud
cuerdas bajo la mandbula dijo,
formando una V con el pulgar y el ndice
para mostrarme. Sujet el otro
extremo de las cuerdas a las paletas de
un ventilador de techo. Les cort la
cabeza con un machete y el ventilador
gir con las cabezas colgadas.
Creo que los Mirones supieron que
yo era especial cuando vieron esa
pelcula. Elev mis honorarios y me
pagaron. Pero todava me intrigan esos
dos enamorados. Me pregunto si al
morir sintieron que estaban volando.
90
El agotamiento me tumb cuando sala el
sol. Habamos trabajado treinta y seis
horas consecutivas, y aunque le pona
mucho azcar al caf y lo beba hasta las
heces, mis prpados se cerraban, y el
pequeo mundo del remolque y las
rugosas hectreas de arena se
desdibujaban.
Esto es importante, Henri dije,
pero tuve un lapsus y olvid lo que iba a
decir, as que Henri me sacudi por los
hombros.
Termina la frase, Ben. Qu es
importante?
Era la pregunta que se hara el lector
al principio del libro, y haba que
responderla al final.
Por qu quieres publicar este
libro? pregunt. Luego apoy la
cabeza en la mesa, slo por un minuto.
O que Henri caminaba por la
caravana, cre ver que limpiaba las
superficies. Le o hablar, pero no supe si
me hablaba a m.
Cuando despert, el reloj del
microondas indicaba las once y diez.
Llam a Henri, que no respondi.
Me levant del lugar estrecho que
ocupaba a la mesa y abr la puerta del
remolque.
La camioneta no estaba.
Los engranajes de mi cerebro
empezaron a lubricarse y regres al
interior. El ordenador y el maletn
seguan en la mesa de la cocina. El
montn de cintas que yo haba
etiquetado cuidadosamente formaba una
pulcra pila. Mi grabadora estaba
enchufada a la toma de corriente. Y
entonces vi una nota junto a la mquina:
Ben, escucha esto.
Apret el botn y o su voz.
Buenos das, socio. Espero que
hayas descansado bien. Lo necesitabas,
as que te di un sedante para ayudarte a
dormir. Entenders que quisiera pasar un
tiempo a solas. Ahora deberas seguir el
camino hacia el oeste, veinte kilmetros
hasta la autopista Veintinueve Palms. He
dejado suficiente agua y comida. Si
esperas hasta el ocaso, podrs salir del
parque por la maana.
Es muy posible que la teniente
Brooks o uno de sus colegas pasen para
echarte una regaina. Ten cuidado con lo
que dices, Ben. Guardemos nuestros
secretos por ahora. Recuerda que eres
un novelista, as que procura pergear
una excusa creble. Tu coche est detrs
del Luxury Inn, donde lo dejaste, y te he
puesto las llaves en el bolsillo de la
chaqueta, con el billete de avin.
Ah, me olvidaba de lo ms
importante. Llam a Amanda. Le dije
que estabas a salvo y que pronto
volveras a casa.
Ciao, Ben. Trabaja con empeo.
Trabaja bien. Estar en contacto.
La cinta sise y el mensaje termin.
El muy cabrn haba llamado a
Amanda. Era otra amenaza.
Fuera del remolque, el desierto
arda en el infierno de julio,
obligndome a esperar hasta el ocaso
para iniciar la caminata. Entretanto,
Henri estara borrando sus rastros,
asumiendo otra identidad, abordando un
avin sin impedimentos.
Ya no tena la menor sensacin de
seguridad, ni volvera a tenerla hasta
que Henri Benoit fuera a la crcel o al
otro mundo. Quera recobrar mi vida, y
estaba dispuesto a obtenerla a cualquier
precio.
Aunque yo mismo tuviera que matar
a Henri.
CUARTA PARTE
Caza mayor
91
Haca un da que haba regresado de mi
retiro en el desierto cuando Leonard
Zagami llam para decirme que quera
publicar el libro pronto, as
obtendramos una cobertura periodstica
adicional por mostrar la historia de
Henri en primera persona antes de que
se resolvieran los homicidios de Maui.
Yo haba llamado a Aronstein para
pedir unas vacaciones del L.A. Times y
haba transformado mi sala de estar en
un bnker, y no slo por la presin de
Zagami. Senta la presencia de Henri
continuamente, como si fuera una boa
constrictora que me estrujara las
costillas, mirando por encima de mi
hombro mientras yo escriba. Ansiaba
terminar de una vez con aquella historia
obscena y expulsarlo de mi vida.
Desde mi regreso trabajaba desde
las seis de la maana hasta altas horas
de la noche, y la transcripcin de las
cintas me result muy instructiva.
Escuchando la voz de Henri en mi
casa, tranquilo y concentrado, pude
captar inflexiones y pausas, comentarios
susurrados que haba pasado por alto
cuando sufra el acecho de su presencia
viperina y me preguntaba si saldra con
vida de Joshua Tree.
Nunca haba trabajado con tanto
empeo ni tan regularmente, pero al
cabo de dos semanas haba concluido la
transcripcin, y tambin el bosquejo del
libro. Faltaba un elemento importante, el
gancho para la introduccin, el
interrogante que deba impulsar la
narracin hasta el final, la pregunta que
Henri no haba respondido: por qu
quera publicar este libro?
El lector querra saberlo, pero yo
mismo no lo entenda. Henri era
retorcido, pero tambin un
superviviente. Esquivaba la muerte
como si fuera el trfico dominical. Era
listo, tal vez un genio. Por qu
publicara una confesin total cuando
sus propias palabras podan llevar a su
captura y condena? Acaso por dinero?
Ansia de reconocimiento? Su
narcisismo era tan acuciante que se
haba tendido una trampa a s mismo?
Eran casi las seis de la tarde del
viernes. Estaba archivando la
transcripcin de las cintas en una caja
de zapatos cuando apoy la mano en la
cinta final, la que contena las
instrucciones de Henri para salir del
parque Joshua Tree. No haba vuelto a
escucharla porque el mensaje de Henri
no me haba parecido relevante para el
libro, pero antes de guardarla insert la
cinta 31 en la grabadora y la rebobin.
Al instante comprend que Henri no
haba usado una cinta nueva para su
mensaje. Haba grabado sobre la cinta
que ya estaba en la mquina.
O mi voz aturdida y fatigada en el
altavoz, diciendo Esto es importante.
Luego hubo un silencio. Yo haba tenido
un lapsus y olvidado lo que quera
preguntarle. Luego la voz de Henri dijo:
Termina la frase, Ben. Qu es
importante?.
Mi respuesta: Por qu quieres
publicar este libro?.
Yo haba apoyado la cabeza en la
mesa, y record haber odo su voz como
a travs de una niebla. Ahora la escuch
con toda claridad: Buena pregunta,
Ben. Si eres un escritor del calibre que
espero, si an eres el polica que eras,
deducirs por qu quiero publicar este
libro. Creo que te sorprenders.
Sorprenderme? Qu demonios
significaba eso?
92
Una llave gir en la cerradura y el
pestillo se abri. Di un respingo y gir
en mi silla. Henri? Pero era slo
Amanda, que traspona el umbral con
una bolsa de la compra. Me levant de
un brinco, cog la bolsa y bes a mi
chica.
He conseguido los ltimos dos
pollos de granja de Cornualles. S! Y
mira, arroz integral y judas.
Eres un ngel, lo sabas?
Has visto la noticia?
No. Qu ha pasado?
Esas dos chicas que encontraron
en Barbados. Una estrangulada y la otra
decapitada.
Qu dos chicas? No haba
encendido la televisin en una semana.
No saba de qu diablos hablaba
Amanda.
La noticia estaba en todos los
canales, por no mencionar Internet.
Necesitas emerger a la superficie, Ben.
La segu a la cocina, dej las
compras en la encimera y encend el
televisor. Sintonic MSNBC, donde Dan
Abrams hablaba con John Manzi, ex
investigador del FBI, que tena mala
cara.
Hablamos de "asesino en serie"
cuando hay dos o tres homicidios con un
perodo de enfriamiento emocional
intermedio deca. El homicida dej
el arma en una habitacin de hotel, con
el cuerpo decapitado de Sara Russo.
Wanda Emerson fue hallada en el
maletero de un coche, amarrada y
estrangulada. Estos crmenes recuerdan
las muertes de Hawai de hace un mes. A
pesar de la distancia que los separa, yo
dira que pueden estar vinculados.
Apostara por ello.
Proyectaron imgenes de las dos
jvenes en pantalla dividida mientras
Manzi hablaba. Russo pareca tener
menos de veinte aos, Emerson un poco
ms. Ambas jvenes exhiban sonrisas
grandes y vidas, y Henri las haba
matado. Estaba seguro de ello. Yo
tambin hubiera apostado.
Amanda pas junto a m, meti los
pollos en el horno, movi cacharros y
lav las verduras. Sub el volumen.
Es demasiado pronto para saber si
el asesino dej muestras de ADN
deca Manzi, pero la ausencia de un
mvil, el acto de dejar las armas
homicidas, nos dan la imagen de un
criminal muy experto. No empez en
Barbados, Dan. La pregunta es a cunta
gente ha matado, durante cunto tiempo y
en cuntos lugares.
Durante la pausa comercial le dije a
Amanda:
Me pas una eternidad
escuchando a Henri hablar de s mismo.
Puedo asegurar que no siente el menor
remordimiento. Est orgulloso de s,
casi en xtasis. Aad que Henri me
haba dicho que esperaba que yo
dedujera por qu quera que su historia
apareciera en un libro. Me est
retando como escritor y como polica.
Oye, quiz quiera que lo capturen.
Tiene sentido para ti?
Amanda se haba mantenido firme,
pero me mostr cun asustada estaba
cuando me estruj las manos y me clav
la mirada.
Nada de esto tiene sentido para
m. Ben. Ni el porqu ni lo que quiere,
ni siquiera por qu te escogi para
escribir el libro. Slo s que es un
maldito psicpata. Y que sabe dnde
vivimos.
93
Despert en la cama, el corazn
palpitante, la camiseta y los calzoncillos
empapados de sudor.
En mi sueo, Henri me haba
ofrecido un tour por sus asesinatos de
Barbados, y me hablaba mientras
serraba la cabeza de Sara Russo.
Sostena la cabeza por el pelo, diciendo
Esto es lo que me gusta, ese momento
fugaz entre la vida y la muerte, y, como
ocurre en los sueos, Sara se
transformaba en Amanda. sta me
miraba, manchando de sangre el brazo
de Henri, y me deca: Ben, llama al
911.
Me apoy el brazo en la frente y me
enjugu la cara.
Era fcil interpretar aquella
pesadilla: me aterraba que Henri
pudiera matar a Amanda. Y me senta
culpable por las chicas de Barbados. Si
hubiera acudido a la polica, quizs an
estaran con vida.
Era slo una ilusin? O era
verdad?
Me imagin yendo al FBI, contando
que Henri me haba encaonado con un
arma, haba tomado fotos de Amanda y
amenazado con matarnos a ambos.
Habra tenido que contarles que Henri
me encaden a una caravana en el
desierto durante tres das y me describi
en detalle la muerte de treinta personas.
Pero haban sido verdaderas
confesiones? O meras patraas?
Imagin al agente del FBI con su
mirada escptica, luego las emisoras de
televisin transmitiendo la descripcin
de Henri: sujeto masculino blanco, un
metro ochenta y pico, unos ochenta
kilos, treintaero. Eso irritara a Henri.
Y entonces, si poda, nos matara.
Henri realmente pensaba que yo lo
permitira?
Mir los faros que se reflejaban en
el techo del dormitorio.
Record los nombres de restaurantes
y hoteles que Henri haba visitado con
Gina Prazzi. Haba varios otros alias y
detalles que Henri no haba considerado
importantes pero que quiz
contribuyeran a desovillar la madeja.
Amanda se volvi en sueos, apoy
el brazo en mi pecho y se acurruc
contra m. Me pregunt qu estara
soando. La estrech entre mis brazos y
le bes levemente la coronilla.
Trata de no atormentarte
ronrone contra mi pecho.
No pretenda despertarte.
Bromeas? Casi me tiras de la
cama con tus resuellos y suspiros.
No s qu hora es.
Es temprano, demasiado temprano
para estar levantados. Ben, no creo que
ganes nada con obsesionarte.
Crees que estoy obsesionado?
Piensa en otra cosa. Tmate un
respiro.
Zagami quiere
Al cuerno con Zagami. Yo tambin
he estado pensando, y tengo un plan. No
te gustar.
94
Me paseaba frente a mi edificio con mis
petates cuando Amanda se acerc en su
cuidada y rugiente Harley Sportster, una
moto que irradiaba potencia, con asiento
de cuero rojo.
Sub, rode su estrecha cintura con
las manos y, con su largo cabello
azotndome la cara, enfilamos hacia la
10 y desde all a la Pacific Coast
Highway, un tramo deslumbrante de
carretera costera que parece prolongarse
para siempre.
A nuestra izquierda y abajo, las olas
encabritadas suban en arcos a la playa,
desplazando a los surfistas que
tachonaban las olas. Pens que nunca
haba surfeado porque me pareca
demasiado peligroso.
Me aferr mientras Amanda
cambiaba de carril y aceleraba.
Bjate los hombros de las orejas!
me grit.
Qu?
Que te relajes.
Era difcil, pero me obligu a aflojar
las piernas y los hombros.
Ahora acta como un perro!
grit Amanda.
Volvi la cabeza y sac la lengua, y
me hizo gestos hasta que la imit. El
viento de setenta kilmetros por hora me
peg en la lengua, distendindome, y los
dos nos remos tanto que nuestros ojos
se humedecieron.
Todava sonrea cuando atravesamos
Malib y cruzamos la frontera del
condado de Ventura. Minutos despus,
Amanda fren en Neptune's Net, un
restaurante de mariscos con un
aparcamiento lleno de motocicletas.
Un par de tos la saludaron cuando
entramos. Sacamos dos cangrejos de la
cuba y diez minutos despus los
recogimos en la ventanilla, cocidos al
vapor y servidos en platos de cartn con
recipientes de mantequilla derretida.
Bajamos los cangrejos con Mountain
Dew, y luego volvimos a montar en la
Harley.
Esta vez me sent ms cmodo en la
moto, y al fin lo entend: Amanda me
ofreca el regalo del jbilo. La
velocidad y el viento me despejaban las
telaraas de la mente, haciendo que me
entregara al entusiasmo y la libertad de
la carretera.
Mientras viajbamos hacia el norte,
la carretera descendi al nivel del mar y
nos llev por las deslumbrantes
localidades de Sea Cliff, La Conchita,
Rincn, Carpenteria, Summerland y
Montecito. Y luego Amanda me pidi
que me agarrara con fuerza mientras
sala de la autopista por la salida de
Olive Mill Road, hacia Santa Brbara.
Vi los letreros y supe adnde nos
dirigamos. Siempre queramos pasar un
fin de semana en ese lugar, pero nunca
encontrbamos el tiempo.
Mi cuerpo entero temblaba cuando
me ape de la moto frente al legendario
Biltmore Hotel, con sus tejados rojos,
sus palmeras y su vista panormica del
mar. Me quit el casco y abrac a mi
chica.
Cario, cuando dices que tienes
un plan, sin duda no te andas con
chiquitas.
Estaba ahorrando mi bonificacin
navidea para nuestro aniversario, pero
sabes lo que pens a las cuatro de esta
maana?
Dime.
Ningn momento mejor que ahora.
Ningn lugar mejor que ste.
95
El vestbulo del hotel resplandeca. No
soy de esos tos aficionados a sintonizar
el canal House Beautiful, pero conoca
el lujo y el confort, y Amanda,
caminando junto a m, me describa los
detalles. Seal el estilo mediterrneo,
las arcadas y los techos con vigas vistas,
los rechonchos sofs y los leos que
ardan en un hogar con azulejos. Debajo,
el mar vasto y ondulante.
Amanda me hizo una advertencia,
con toda seriedad.
Si mencionas a ese individuo tan
slo una vez, la cuenta ir a tu tarjeta de
crdito, no a la ma. Vale?
Vale dije, estrechndola en un
abrazo.
Nuestra habitacin tena hogar, y
cuando Amanda empez a arrojar la
ropa en la silla, me imagin el resto de
la tarde retozando en la enorme cama.
Ella vio mi mirada y se ech a rer.
Ah, ya veo dijo. Espera,
quieres? Tengo otro plan.
Me estaba volviendo fantico de los
planes de Amanda. Ella se puso su
bikini leopardo y yo me puse el baador
y fuimos a una piscina que haba en el
centro del jardn principal. Segu a
Amanda, me zambull y o
incrdulamente msica bajo el agua.
De vuelta en nuestra habitacin, le
quit el bikini y ella se encaram sobre
m, cindome la cintura con las
piernas. Camin hasta la ducha y pocos
minutos despus nos dejamos caer en la
cama, donde hicimos el amor
apasionadamente. Luego descansamos, y
Amanda se durmi apoyada en mi pecho
con las rodillas apoyadas contra mi
costado. Por primera vez en semanas
dorm profundamente, sin que ninguna
pesadilla sangrienta me despertara
sobresaltado.
Al caer el sol, Amanda se puso un
vestido negro y se recogi el cabello
hacia arriba, recordndome a Audrey
Hepburn. Bajamos por la sinuosa
escalera al Bella Vista, y nos condujeron
a una mesa cerca del fuego. El suelo era
de mrmol, las paredes tenan paneles
de caoba, y la vista del oleaje
encrespado vala mil millones de
dlares. El techo de cristal mostraba un
poniente color cobalto sobre nuestras
cabezas.
Ech una ojeada al men y lo dej
cuando se acerc el camarero. Amanda
pidi para los dos.
Volv a sonrer. Amanda Diaz saba
cmo rescatar un da que se iba a pique
y crear recuerdos que pudieran
acompaarnos hasta la vejez.
Iniciamos nuestra cena de cinco
estrellas con escalopes gigantes
salteados, seguidos por una suculenta
lubina glaseada con miel y cilantro,
setas y guisantes. Luego el camarero
trajo el men de postres y champn
helado.
Gir la botella para ver la etiqueta.
Dom Perignon.
No habrs pedido esto, verdad,
Amanda? Cuesta trescientos dlares.
No he sido yo. Debe de ser el
champn de otro.
Cog la tarjeta que el camarero haba
dejado en la bandeja de plata. Le:
Invito a Dom Perignon. Champn de
primera. Saludos, H. B..
Henri Benoit.
Un escalofro me baj por la
espalda. Cmo haba sabido ese cabrn
dnde estbamos cuando ni siquiera yo
saba adnde bamos?
Me puse de pie, tumbando la silla.
Gir en redondo en una y otra direccin.
Escrut cada rostro del restaurante; el
viejo de patillas largas, el turista calvo
con el tenedor suspendido sobre el
plato, los recin casados que
aguardaban en la entrada, cada uno de
los camareros.
Dnde estaba? Dnde?
Mi cuerpo bloqueaba a Amanda y
sent que el grito me raspaba la
garganta:
Henri, maldito bastardo! Djate
ver!
96
Despus de la escena en el comedor,
ech la llave a la puerta de nuestra suite
y puse la cadena, revis los cerrojos de
las ventanas y corr las cortinas. No
haba llevado mi pistola, un error
garrafal que no volvera a cometer.
Amanda estaba plida y trmula
cuando me sent en la cama junto a ella.
Quin saba que venamos aqu?
le pregunt.
He hecho la reserva esta maana,
cuando he ido a casa para recoger unas
cosas. Eso es todo.
Ests segura?
Ah, me olvidaba: tambin he
llamado al nmero privado de Henri.
Hablo en serio. Has hablado con
alguien cuando has salido esta maana?
Pinsalo, Amanda. l saba que
estaramos aqu.
Acabo de decrtelo, Ben. De
veras, no se lo he mencionado a nadie.
Slo le he dado el nmero de mi tarjeta
al empleado de las reservas.
Est bien, lo siento.
Por mi parte haba sido cuidadoso.
Estaba seguro de ello. Record aquella
noche de un mes atrs, cuando acababa
de regresar de Nueva York y Henri me
llam al apartamento de Amanda
minutos despus de mi llegada. Yo haba
revisado los telfonos de Amanda y los
mos, y peinado ambos apartamentos en
busca de micrfonos.
Esa tarde en la carretera no haba
visto nada extrao. No haba modo de
que alguien nos hubiera seguido cuando
bajamos por la rampa a Santa Brbara.
Habamos estado solos tantos kilmetros
que prcticamente ramos dueos del
camino.
Diez minutos antes, cuando el matre
nos acompa fuera del comedor, me
haba dicho que haban encargado el
champn por telfono y pagado con una
tarjeta de crdito a nombre de Henri
Benoit. Eso no explicaba nada. Henri
poda haber llamado desde cualquier
lugar del planeta.
Pero cmo haba sabido dnde
estbamos? Si Henri no haba
intervenido el telfono de Amanda y no
nos haba seguido
Un pensamiento asombroso cruz mi
mente como un rayo.
Coloc un aparato de rastreo en tu
motocicleta dije ponindome de pie.
Ni suees con dejarme sola en
esta habitacin repuso Amanda.
Volv a sentarme a su lado, cog su
mano entre las mas y la bes. No poda
abandonarla all, y tampoco poda
protegerla en el aparcamiento.
Maana, en cuanto aclare,
desmantelar esa moto hasta encontrar
ese aparato.
No puedo creer que nos haga esto
dijo Amanda, y rompi a llorar.
97
Nos abrazamos bajo las mantas, con los
ojos bien abiertos, alertas a cada pisada,
cada crujido en el pasillo, a los ruidos
del aire acondicionado. Yo no saba si
era algo racional o pura paranoia, pero
senta la mirada de Henri.
Amanda me estrechaba con fuerza
cuando empez a gritar:
Dios mo! Oh, Dios mo!
Calma, cario trat de
sosegarla. No es tan terrible.
Averiguaremos cmo nos ha rastreado.
Dios mo esto dijo
palpndome la nalga derecha. Esto
que tienes en la cadera. Te he hablado
de ello pero siempre dices que no es
nada.
Esto? Pues no es nada.
Mralo.
Baj de la cama y encend las luces.
Fui hasta el espejo del bao seguido por
Amanda. Yo no poda verlo sin
contorsionarme, pero saba a qu se
refera: un cardenal que haba
permanecido inflamado unos das
despus de que Henri me dejara sin
sentido en mi apartamento. Haba
pensado que era una magulladura
causada por la cada, o la picadura de
un insecto, y al cabo de unos das la
molestia haba remitido.
Amanda me haba preguntado sobre
esa inflamacin un par de veces y yo, en
efecto, haba dicho que no era nada.
Palp el pequeo bulto, del tamao de
dos granos de arroz.
Ya no pareca que no fuera nada.
Busqu entre mis artculos de
tocador, los arroj sobre la cmoda y
encontr mi navaja. La golpe contra el
lavabo de mrmol hasta que la hoja se
desprendi.
No pensars Ben, no querrs
que yo haga eso!
No te preocupes. A m me doler
ms que a ti.
Muy gracioso.
Estoy muerto de terror dije.
Amanda cogi la hoja, la moj en un
antisptico y pinch el bulto de mi
trasero. Luego pellizc un pliegue de
piel e hizo un corte rpido.
Lo tengo dijo.
Me puso en la mano un objeto de
vidrio y metal ensangrentado. Slo
poda ser una cosa: un artilugio de
rastreo GPS, como los que se insertan en
el pescuezo de los perros. Henri deba
de habrmelo injertado mientras yo
estaba inconsciente. Haca semanas que
usaba ese maldito adminculo.
Arrjalo al retrete dijo Amanda
. Eso lo entretendr un rato.
S. No! Arranca un poco de cinta
de ese rollo, quieres?
Me apret el aparato contra el flanco
y Amanda rasg un trozo de cinta
adhesiva con los dientes. Pas la cinta
sobre el aparato, pegndolo de nuevo a
mi cuerpo.
Qu pretendes? pregunt
Amanda.
Mientras lo est usando, l no
sabr que s que me sigue el rastro.
Y qu?
Pues que las cosas empiezan a ir
en direccin contraria: ahora sabemos
algo que l no sabe.
98
Henri acarici las caderas de Gina
Prazzi mientras su respiracin se
aquietaba. Ella tena un trasero perfecto,
con forma de melocotn, caderas
redondas con un hoyuelo en la unin de
cada nalga con la espalda.
Quera follarla de nuevo. Mucho. Y
lo hara.
Ya puedes desatarme dijo ella.
l la acarici un poco ms y luego
se levant. Busc la bolsa que haba
puesto bajo la silla y fue hasta la cmara
sujeta a los pliegues de las cortinas.
Qu haces? Vuelve a la cama,
Henri. No seas cruel.
l encendi la lmpara de pie y le
sonri a la lente. Luego regres a la
cama con baldaquino.
Creo que no capt la parte en que
invocabas a Dios dijo. Una pena.
Qu haces con ese vdeo? No
pensars enviarlo Henri, ests loco si
crees que pagarn por esto.
Ah, no?
Te aseguro que no.
De todos modos, es para mi
coleccin privada. Deberas confiar ms
en m.
Destame, Henri. Tengo los
brazos cansados. Quiero un juego nuevo.
Lo exijo.
Slo piensas en tu placer.
Haz lo que quieras buf ella.
Pero pagars un precio por esto.
Siempre hay un precio rio
Henri.
Cogi el mando a distancia de la
mesilla y encendi el televisor. Quit la
pantalla de bienvenida del hotel,
encontr la gua de canales y sintoniz
la CNN.
Pasaron noticias deportivas e
informacin sobre los mercados, y luego
aparecieron las caras de las chicas
nuevas, Wendy y Sara.
Me encantaba Sara le dijo a
Gina, que trataba de aflojar los nudos
que le sujetaban las muecas al cabezal
. Nunca rog por su vida. Nunca hizo
preguntas tontas.
Si tuviera las manos libres, podra
hacerte algunas cosas agradables.
Lo pensar.
Henri apag el remoto, gir y se
mont sobre el fabuloso trasero de Gina,
le apoy las manos en los hombros y
traz crculos bajo la nuca con los
pulgares. Estaba teniendo otra ereccin.
Muy dura, dolorosa.
Esto empieza a aburrirme dijo
Gina. Quizs este reencuentro fue una
mala idea.
Henri le cerr los dedos suavemente
sobre la garganta, siempre jugando.
Sinti que ella se tensaba y una ptina
de sudor le perlaba la piel.
Bien. Le gustaba que ella tuviera
miedo.
Todava te aburres? Apret
hasta que Gina tosi y tir de las
amarras, jadeando el nombre de Henri
mientras procuraba respirar.
La solt y, mientras ella respiraba
trabajosamente, le desat las muecas.
Ella sacudi las manos y rod sobre s
misma.
Saba que no podas hacerlo
dijo, an resollando.
No. No podra hacer eso.
Gina se levant de la cama y fue al
bao. Henri la sigui con la mirada, se
levant, volvi a meter la mano en la
bolsa y la sigui.
Qu quieres ahora? pregunt
ella, mirndolo por el espejo.
El tiempo se ha acabado.
Henri le apunt la pistola a la nuca y
dispar. Mir los ojos que se
agrandaban en el espejo salpicado de
sangre, sigui el cuerpo que se
desplomaba en el suelo. Le descerraj
dos balazos ms. Luego le tom el
pulso, limpi el arma y el silenciador y
la puso al lado de ella.
Despus de ducharse, Henri se
visti. Luego descarg el vdeo a su
ordenador, limpi las habitaciones,
recogi sus cosas y verific que todo
estuviera como deba estar.
Mir un instante los tres relojes de
diamantes que haba en la mesilla y se
acord del da en que la haba conocido.
Tengo unas horas para ti.
El valor de esos relojes sumaba cien
mil euros. Pero el riesgo no vala la
pena. Los dej sobre la mesilla. Una
buena propina para la camarera.
Gina haba utilizado su tarjeta de
crdito, as que Henri sali de la
habitacin y cerr la puerta. Abandon
del hotel tranquilamente, subi a su
coche alquilado y se dirigi al
aeropuerto.
99
El domingo por la tarde estaba de vuelta
en mi bunker, de vuelta en mi libro. En
el armario tena comida basura para un
mes y estaba decidido a terminar el
bosquejo de captulos ampliado para
Zagami, que lo esperaba en su e-mail
por la maana.
A las siete encend la televisin.
Acababa de empezar 60 Minutos y los
homicidios de Barbados eran el
principal titular.
Los expertos forenses comentaba
Morley Safer dicen que las muertes
de Wendy Emerson y Sara Russo,
combinadas con los cinco homicidios de
Maui, forman parte de una serie de
asesinatos sdicos y brutales cuyo fin no
se adivina. En este momento, policas de
todo el mundo vuelven a examinar casos
de homicidio sin resolver, buscando
cualquier pista que pueda conducir a un
asesino en serie que no haya dejado
testigos conocidos, vctimas vivas, ni
una huella de s mismo. Bob Simon,
corresponsal de la CBS, habl con
algunos de esos policas.
Aparecieron vdeos en la pantalla.
Mir a policas retirados
entrevistados en su hogar y me asombr
su expresin lgubre y voz trmula. Uno
tena lgrimas en los ojos mientras
enseaba fotos de una nia de doce aos
cuyo asesino nunca haba sido
descubierto.
Apagu el televisor y grit
tapndome la boca.
Henri estaba vivo en mi mente, en el
pasado, el presente y el futuro. Yo
conoca sus mtodos y sus vctimas y
ahora adaptaba mi estilo a la cadencia
de su voz. A veces, y esto me asustaba
de veras, pensaba que era l.
Abr una cerveza y la empin frente
a la nevera abierta. Luego regres al
ordenador. Revis mi correo, algo que
no haca desde el fin de semana con
Amanda. Abr una docena de mensajes
antes de llegar al marcado como
Todos satisfechos?. Tena un archivo
adjunto.
Mis dedos se paralizaron sobre el
teclado. No reconoca la direccin del
remitente, pero parpade ante el
encabezado antes de abrir el mensaje:
Ben, sigo trabajando con frenes. Y
t?. La firma era H. B.
Toqu la cinta adhesiva pegada a mi
costado izquierdo y palp el adminculo
que enviaba mi posicin al ordenador de
Henri.
Luego descargu el archivo adjunto.
100
El vdeo se iniciaba con un estallido de
luz y un primer plano de la cara
digitalmente distorsionada de Henri. Se
volva y caminaba hacia una cama con
baldaquino de lo que pareca la
habitacin de un hotel exclusivo. Repar
en el exquisito mobiliario, la tradicional
flor de lis que se repeta en los
cortinajes, la alfombra y la tapicera.
Mir la cama, donde vi a una mujer
desnuda tendida de bruces, estirando las
manos, tirando de los cordeles que le
sujetaban las muecas al cabezal.
Oh, no pens. Aqu vamos de
nuevo.
Henri se meti en la cama con ella y
ambos hablaron con tono displicente. No
pude distinguir lo que decan hasta que
ella alz la voz para pedirle que la
desatara.
Algo era diferente esta vez.
Me llam la atencin que ella no
manifestara temor. Era muy buena
actriz? O an no sospechaba cul era la
culminacin del nmero?
Detuve el vdeo con el botn de
pausa.
Evoqu con ntido detalle el vdeo
de noventa segundos que mostraba la
ejecucin de Kim McDaniels. Nunca
olvidara la expresin de Kim despus
de la muerte, como si an sufriera el
dolor aunque su cabeza ya estuviese
separada del cuerpo.
No quera aadir otra produccin de
Henri Benoit a mi lista mental.
No quera ver eso.
Abajo era una tpica noche de
domingo en la calle Traction. Un
guitarrista callejero tocaba Oh, Domino
y los turistas aplaudan, los neumticos
de los coches suspiraban al pasar frente
a mi ventana. Semanas atrs, en una
noche as, habra bajado para beber un
par de cervezas en Moe's.
Ojal pudiera hacerlo ahora. Pero no
poda alejarme.
Puls PLAY y mir las imgenes que
se movan en la pantalla: Henri
dicindole a la mujer que ella slo
pensaba en su propio placer. Siempre
hay un precio. Coga el mando a
distancia y encenda el televisor.
Despus de la pantalla de
bienvenida, un locutor de la BBC World
dio un informe deportivo, en general
ftbol. Sigui otro locutor con un
resumen de varios mercados financieros
internacionales, luego la noticia sobre
las dos chicas asesinadas en Barbados.
En la pantalla, Henri apag la
televisin. Se mont a horcajadas sobre
el cuerpo desnudo de la mujer, le apoy
las manos en el cuello. Su mirada era
intensa y tuve la certeza de que la
estrangulara, pero cambi de parecer.
Le desat las muecas y yo exhal,
me enjugu los ojos con las palmas. La
dejaba en libertad. Por qu?
Saba que no podas hacerlo, le
dijo la mujer a Henri. Hablaba en ingls,
pero con acento italiano.
Era Gina?
Se levant de la cama, se acerc a la
cmara y gui el ojo. Era una bonita
morena que frisaba los cuarenta. Se
dirigi a una habitacin contigua, quizs
el bao.
Henri se levant tambin y sac una
pistola de la bolsa. Pareca una Ruger
de 9 mm con un silenciador acoplado al
can. Sigui a la mujer y sali del
cuadro visual.
O una conversacin lejana, luego el
zumbido del arma disparando con el
silenciador. Una sombra pas por el
umbral. Hubo un golpe blando, otros dos
disparos ahogados, ruido de agua.
Salvo por la cama vaca, fue todo lo
que vi y o hasta que la pantalla se
fundi en negro.
Me temblaban las manos cuando
volv a pasar el vdeo. Esta vez buscaba
un detalle que me indicara dnde estaba
Henri cuando haba matado a esa mujer.
En el tercer visionado, repar en algo
que me haba pasado por alto. Detuve la
accin cuando Henri encenda el
televisor. Ampli la imagen y le la
pantalla de bienvenida con el nombre
del hotel en la parte superior del men.
Estaba filmada en ngulo y era
difcil distinguir las letras, pero las
anot y luego busqu en Internet para ver
si ese lugar exista.
Exista.
El Chteau de Mirambeau estaba en
Francia, en la regin vitivincola
cercana a Burdeos. Lo haban edificado
sobre los cimientos de un fuerte
medieval construido en el siglo XI, y en
el siglo XIX lo haban reconstruido y
transformado en hotel exclusivo. Las
fotos del sitio web mostraban campos de
girasoles, viedos y el Chteau, un
intrincado y ferico edificio de piedra
abovedada, coronado con torres que
rodeaban el patio y los jardines.
Hice otra bsqueda, encontr los
resultados del ftbol y los cierres de
mercado que haba visto en la televisin
de la habitacin de Henri. Comprend
que el vdeo se haba filmado el viernes,
la misma noche en que Amanda haba
trado pollos de Cornualles y yo me
haba enterado de la muerte de Sara y
Wendy.
Me apoy la mano sobre la venda de
la cadera y sent el latido de mi corazn.
Ahora todo estaba claro.
Dos das atrs Henri estaba en
Francia, a cien kilmetros de Pars. La
semana entrante comenzaba septiembre.
Henri me haba dicho que a veces iba a
Pars en septiembre.
Yo crea saber dnde se alojaba.
101
Cerr la tapa del ordenador, como si as
pudiera apagar las imgenes que Henri
haba activado en mi imaginacin.
Luego llam a Amanda. Habl
deprisa mientras arrojaba ropa a una
maleta.
Henri me envi un vdeo le dije
. Parece que mat a Gina Prazzi.
Quizs est haciendo limpieza.
Liberndose de la gente que lo conoce y
sabe lo que ha hecho. As que debemos
preguntarnos qu har con nosotros
cuando el libro est terminado.
Le describ mi plan y ella puso
objeciones, pero yo tuve la ltima
palabra.
No puedo quedarme aqu sentado.
Tengo que hacer algo.
Llam un taxi, y cuando estuvimos en
marcha, me arranqu la cinta adhesiva
de las costillas y pegu el aparato de
rastreo bajo el asiento trasero.
102
Cog un vuelo directo a Pars, clase
turista, ventanilla. En cuanto reclin el
asiento, mis ojos se cerraron. Me perd
la pelcula, las comidas precocinadas y
el champn barato, pero obtuve nueve
horas de sueo. Despert slo cuando el
avin iniciaba el descenso.
Mi equipaje baj por la cinta
transportadora como si me hubiera
echado de menos, y a los veinte minutos
del aterrizaje estaba sentado en el
asiento trasero de un taxi.
Le habl al chfer en mi francs
rudimentario, le dije que me llevara al
hotel Singe Vert, el mono verde. Me
haba alojado all antes y saba que era
un establecimiento limpio de dos
estrellas y media, conocido por los
periodistas que trabajaban en la Ciudad
de la Luz.
Atraves la puerta del vestbulo,
dej atrs la entrada del bar Jacques'
Americaine a la derecha, entr en el
vestbulo oscuro con sus gastados
divanes verdes, pilas de peridicos en
todos los idiomas y una gran acuarela
desvada de monos verdes africanos
detrs de la recepcin.
Georges, pona en la
identificacin del encargado. Era un
sujeto fofo y cincuentn, y estaba
irritado porque haba tenido que
interrumpir una conversacin telefnica
para atenderme. Una vez que Georges
pas mi tarjeta de crdito y guard mi
pasaporte en la caja de seguridad, sub
la escalera y encontr mi habitacin en
el tercer piso, al final de una alfombra
rada en el fondo del hotel.
El empapelado tena rosas y la
habitacin estaba abarrotada de muebles
centenarios. Pero la ropa de cama estaba
fresca y haba televisin y conexin a
Internet. Suficiente para m.
Apoy la maleta en el cubrecama y
encontr una gua telefnica. Haca una
hora que estaba en Pars, y me era
crucial conseguir un arma.
103
Los franceses se toman las armas de
fuego en serio. Los permisos estn
limitados a la polica, las fuerzas
armadas y unos pocos profesionales de
seguridad que tienen que portar las
pistolas en fundas a la vista.
Aun as, en Pars, como en cualquier
gran ciudad, se puede conseguir un arma
si uno la quiere de veras. Me pas el da
merodeando por el Goutte d'Or, el antro
de venta de drogas cerca de la baslica
del Sacr-Coeur.
Pagu doscientos euros por un viejo
calibre 38 corto, un revlver para damas
con un can de dos pulgadas y seis
balas en el tambor.
Cuando regres al hotel, Georges
descolg mi llave del tablero y seal
con la barbilla un bulto echado en un
sof.
Tiene visita.
Tard lo mo en asimilar lo que vea.
Me acerqu, le sacud el hombro y la
llam por su nombre.
Amanda abri los ojos y se
desperez mientras yo me sentaba junto
a ella. Me rode el cuello con los
brazos y me bes, pero yo no pude
responder. Se supona que ella estaba a
salvo en Los ngeles.
Vaya, al menos finge que te
alegras de verme. Pars es para los
amantes dijo ella, sonriendo con
cautela.
Amanda, qu mosca te ha
picado?
Ha sido un poco precipitado, lo
s. Mira, tengo que contarte algo que
podra afectarlo todo.
Al grano, Amanda. De qu ests
hablando?
Quera decrtelo personalmente
Y has cruzado el Atlntico para
eso? Se trata de Henri?
No
Entonces lo lamento, Amanda,
pero tienes que regresar. No, no sacudas
la cabeza. Tu presencia es una
desventaja. Entiendes?
Bien, gracias. Hizo un puchero,
algo inhabitual en ella, pero yo saba
que, cuanto ms me opusiera, ms terca
se pondra. Ya poda oler la alfombra
ardiendo mientras ella le clavaba los
tacones.
Has comido? me pregunt.
No tengo hambre dije.
Yo s. Soy experta en gastronoma
francesa. Y estamos en Pars.
No estamos de vacaciones.
Media hora despus, estbamos
sentados en la terraza de un caf en la
Rue des Pyramides. La noche dilua la
luz del poniente, el aire estaba tibio y
tenamos una vista de una estatua
ecuestre de santa Juana, en la
interseccin de nuestra calle lateral con
la Rue du Rivoli.
El nimo de Amanda haba
cambiado. Pareca casi exaltada. Pidi
la comida en francs, enumer un plato
tras otro, describiendo la preparacin y
la ensalada, l pat y el plat de mer.
Yo me conform con galletas con
queso y beb caf cargado, concentrando
la mente en lo que tena que hacer,
sintiendo que el tiempo pasaba deprisa.
Slo prueba esto dijo ella
dndome una cucharada de crme
brle.
Amanda repuse con
exasperacin, no tendras que estar
aqu. No s qu otra cosa decirte.
Slo di que me amas, Ben. Voy a
ser la madre de tu hijo.
104
La mir boquiabierto: treinta y un aos y
apariencia de veinticinco, con un
crdigan celeste con cuello y puos
alechugados y una perfecta sonrisa de
Mona Lisa. Estaba asombrosamente
bella, como nunca.
Por favor, dime que eres feliz
dijo.
Le quit la cuchara de la mano y la
dej en su plato. Me levant de la silla,
le apoy una mano en cada mejilla y la
bes. Luego la bes de nuevo.
Eres la chica ms loca que he
conocido, trstonnante.
T tambin eres asombroso
dijo ella, radiante.
Cunto te amo.
Moi aussi. Je t'aime muchsimo.
Pero ests feliz o no?
Me volv hacia la camarera.
Esta encantadora dama y yo
vamos a tener un hijo le dije.
Es el primero?
S. Y amo tanto a esta mujer, y
estoy tan feliz por el beb, que podra
volar en crculos alrededor de la luna.
La camarera sonri afablemente, nos
bes a ambos en las mejillas e hizo un
anuncio general que no entend del todo.
Pero ella alete con los brazos y la
gente de la mesa contigua se ech a rer
y aplaudi, y luego otros se sumaron con
enhorabuenas y hurras.
Les sonre a aquellos desconocidos,
me inclin ante la beatfica Amanda, y
sent el torrente de una alegra
inesperada y plena. Un mes atrs le
agradeca a Dios no tener hijos. Ahora,
resplandeca ms que la pirmide de
cristal de I. M. Pei, frente al Louvre.
No poda creerlo.
Amanda iba a tener nuestro hijo.
105
As como mi expansivo amor por
Amanda disparaba mi corazn a la luna,
mi felicidad pronto fue eclipsada por un
temor an ms grande por su seguridad.
Mientras regresbamos al hotel, le
expliqu por qu tena que irse de Pars
por la maana.
Nunca estaremos a salvo mientras
Henri tenga las riendas de la situacin.
Debo ser ms listo que l, y eso no es
fcil, Amanda. Nuestra nica esperanza
es que me anticipe a l. Por favor, confa
en m. Aad que Henri haba dicho
que a menudo se quedaba con Gina en
Pars, y que me haba contado que
paseaban por la Place Vendme. Es
como buscar una aguja en cien pajares,
pero el instinto me dice que est aqu.
Y si est aqu, qu piensas hacer,
Ben? De veras vas a matarlo?
Tienes una idea mejor?
Tengo cien ideas mejores.
Subimos a la habitacin y le ped
que se apartara mientras empuaba el
pequeo Smith & Wesson y abra la
puerta. Revis los armarios y el bao,
corr las cortinas para mirar el callejn,
viendo monstruos que brincaban de
todas partes.
Cuando confirm que no haba
peligro, dije:
Regresar en una hora. Dos horas,
a lo sumo. No te muevas de aqu. Mira
la televisin. Jrame que no te irs de la
habitacin.
Por favor, Ben, llama a la polica.
Cario, insisto: no pueden
protegerme. Nadie puede protegernos de
Henri. Promtelo.
A regaadientes, Amanda alz la
mano y extendi tres dedos en el saludo
de las nias exploradoras. Ech el
cerrojo cuando yo sal.
Haba hecho mis deberes. Haba un
puado de hoteles de primera clase en
Pars. Era posible que Henri se alojara
en el Georges V o el Plaza Athene.
Pero apost por mi corazonada.
Fue una tranquila caminata de veinte
minutos hasta el hotel Ritz de la Place
Vendme.
106
Henri hizo crujir los nudillos en el
asiento trasero del taxi Mercedes que lo
llevaba desde Orly hasta la Rue du
Rivoli, y de all a la Place Vendme.
Estaba hambriento e irritado y el
ridculo trfico se arrastraba por el Pont
Royal en la Rue des Pyramides.
Mientras el taxi se detena ante un
semforo en rojo, Henri sacudi la
cabeza, pensando una vez ms en el
error que haba cometido, un fallo de
aficionado, no saber que Jan van der
Heuvel no estara en la ciudad cuando
visit msterdam ese da. En vez de
largarse de inmediato, haba tomado una
decisin impulsiva, algo muy raro en l.
Saba que el holands tena una
secretaria. La haba conocido y saba
que ella cerrara la oficina de su jefe al
final de la jornada.
As que haba observado, esperando
que Mieke Helsloot, con su cuerpecito
apetecible, su falda corta y sus botas
echara la llave a la puerta de la oficina a
las cinco. Luego la haba seguido en el
intenso silencio del barrio de los
canales. Slo el taido de las campanas
de una iglesia y el graznido de las aves
marinas rompan el silencio.
La sigui sigilosamente, a pocos
metros, cruz el canal detrs de ella,
enfil una tortuosa calle lateral, y
entonces la llam por su nombre. Ella se
dio la vuelta. l se disculp de
inmediato, la alcanz, dijo que la haba
visto salir de la oficina y haba tratado
de alcanzarla en el ltimo par de calles.
Trabajo con el seor Van der
Heuvel en un proyecto confidencial le
haba dicho. Me recuerdas, verdad,
Mieke? Soy monsieur Benoit. Una vez
nos presentaron en la oficina.
S dijo ella dubitativamente.
Pero no s en qu puedo ayudarle. El
seor Van der Heuvel regresar
maana
Henri le dijo que haba perdido el
nmero del mvil de Van der Heuvel, y
que sera una ayuda si pudiera
explicarle que haba anotado mal la
fecha de su reunin. Y continu con su
historia hasta que Mieke Helsloot se
detuvo ante la puerta de su apartamento.
Ella sostuvo la llave en la mano con
impaciencia, pero en su cortesa y su
voluntad de ayudar a su jefe, lo dej
entrar para que llamara a Van der
Heuvel.
Henri se lo agradeci, ocup la
nica silla tapizada del apartamento de
dos habitaciones, situada bajo una
escalera, y esper el momento
apropiado para matarla.
Mientras la chica limpiaba dos
vasos, Henri ech un vistazo a los
anaqueles abarrotados de libros, las
revistas de moda, el espejo sobre el
hogar casi totalmente cubierto de fotos
enmarcadas de su apuesto novio.
Luego, cuando comprendi lo que l
iba a hacerle, ella gimi y suplic, pidi
por favor, dijo que no haba hecho
ningn mal a nadie, que nunca contara
ese episodio a nadie pero que por favor
no le hiciera dao.
Lo lamento. No es por ti, Mieke
repuso l. Es por tu jefe. Es un
hombre muy prfido.
Entonces, por qu me hace esto a
m?
Bien, es el da de suerte de Jan,
entiendes? No estaba en la ciudad.
Henri le at los brazos a la espalda
con un cordn de las botas, y empez a
desabrocharse el cinturn.
Eso no, por favor le rog ella
. Estoy a punto de casarme.
No la haba violado. No estaba de
nimo despus de despachar a Gina. As
que le haba dicho que pensara en algo
bonito. Era importante tener buenos
pensamientos en los ltimos momentos
de la vida.
Le rode la garganta con el cordn
de la otra bota y apret, apoyndole la
rodilla en la espalda hasta que ella dej
de respirar. El cordn encerado era
resistente como alambre. Abri un tajo
en el delgado cuello y ella sangr
mientras expiraba. Luego acost el
cuerpo de la bonita muchacha bajo las
mantas y le palme la mejilla.
Ahora pensaba que se haba
enfadado tanto consigo mismo por no
encontrar a Jan que ni siquiera se le
haba ocurrido filmar esa muerte.
Pero Jan entendera el mensaje.
Era grato pensar en eso.
107
En medio del interminable atasco, Henri
pens en Gina Prazzi, recordando cmo
sus ojos se haban agrandado cuando l
le dispar, preguntndose si ella haba
entendido lo que l haca. Era algo muy
significativo. Gina haba sido la primera
persona que mataba por satisfaccin
personal desde que haba estrangulado a
aquella chica en el remolque veinticinco
aos atrs.
Y ahora haba matado a Mieke por la
misma razn, no por dinero.
Algo estaba cambiando en su
interior.
Era como una luz que se filtrara bajo
la puerta, y l no poda abrirla de par en
par para ver el brillo cegador, ni tapiar
el resquicio y escapar.
Ahora se multiplicaban los clxones
y not que el taxi haba llegado a la
interseccin de Pyramides y Rivoli, y se
haba detenido de nuevo. El conductor
apag el aire acondicionado y abri las
ventanillas para ahorrar gasolina.
Irritado, Henri se inclin hacia
delante y golpe la mampara.
El conductor interrumpi su charla
telefnica por el mvil para explicarle
que la calle estaba abarrotada a causa
de la comitiva del presidente francs,
que acababa de salir del Elyse para
dirigirse a la Asamblea Nacional.
Yo no puedo hacer nada,
monsieur. Reljese.
Cunto tardaremos? Quizs
otros quince minutos. Cmo saberlo?
Henri se enfureci an ms consigo
mismo. Haba sido estpido ir a Pars
como una suerte de eplogo irnico a la
muerte de Gina. No slo estpido sino
autocomplaciente, o quizs
autodestructivo. Era eso? Resulta que
ahora quiero que me pillen?.
Observ la calle por la ventanilla
abierta, ansiando que la absurda
caravana de polticos pasara de una vez,
cuando oy risas en una brasserie de la
esquina.
Mir hacia all.
Un hombre con chaqueta azul, jersey
rosado y pantalones caqui, un
americano, por supuesto, le haca una
cmica reverencia a una joven con
suter azul. La gente que los rodeaba se
puso a aplaudir y Henri mir con mayor
atencin. El hombre le resultaba
conocido. Su mente se par en seco.
No dio crdito. Quiso preguntarle al
conductor si l vea lo mismo. Eran
Ben Hawkins y Amanda Diaz? Porque
me parece que me he vuelto loco.
Entonces Hawkins movi la silla de
metal, la hizo girar, sentndose de frente
a la calle, y Henri no tuvo ms dudas.
Era Ben. La ltima vez que haba mirado
el rastreador, Hawkins y la chica
estaban en Los ngeles.
Repas el fin de semana hasta la
noche del sbado, despus de la muerte
de Gina. Haba enviado el vdeo a Ben,
pero no haba comprobado el rastreador
GPS. No lo haba hecho en un par de
das.
Ben lo haba descubierto y haba
tirado el chip?
Por un instante tuvo una sensacin
totalmente nueva para l: sinti miedo.
Miedo de volverse chapucero, de
distender su rgida disciplina, de perder
la compostura. No poda permitir que
ocurriera.
Nunca ms.
Henri ladr que no poda esperar
ms. Pas unos billetes al conductor,
cogi la maleta y el maletn y se ape.
Camin entre los coches hacia la
acera. Movindose deprisa, se agazap
en un recoveco entre dos tiendas, a slo
diez metros de la brasserie.
Observ con el corazn palpitante
mientras Ben y Amanda se marchaban
del restaurante caminando del brazo por
Rivoli. Dej que se adelantaran y los
sigui, mantenindolos a la vista hasta
que llegaron al Singe Vert, un hotelucho
de la Place Andr Malraux.
Una vez que ambos entraron, Henri
fue al bar del hotel, el Jacques'
Americaine, contiguo al vestbulo. Pidi
un whisky al camarero, que trataba de
flirtear con una morena de cara equina.
Bebi la copa y vigil el vestbulo
por el espejo del bar. Cuando vio que
Ben bajaba, gir en el taburete y
observ que le entregaba la llave al
encargado.
Henri memoriz el nmero bajo el
gancho de la llave.
108
Ya eran las ocho y media cuando llegu
a la Place Vendme, un cuadrado
enorme con calzadas por los cuatro
lados y un monumento de bronce de
veinte metros en el centro, en memoria
de Napolen Bonaparte. Al oeste de la
Place est la Rue St. Honor, paraso de
compras de los ricos, y frente a la plaza
se yergue la apabullante arquitectura
gtica francesa del hotel Ritz; piedra
color miel, luces, toldos demie-lune
sobre las puertas y ventanas.
Camin por la alfombra roja y
atraves la puerta giratoria para entrar
en el vestbulo y mir los suntuosos
sofs, los candelabros que arrojaban una
luz tenue sobre las pinturas al leo y la
cara feliz de los huspedes.
Encontr los telfonos internos y
ped a la operadora que me pusiera con
Henri Benoit. Mis palpitaciones
marcaron los segundos, hasta que la
mujer respondi que esperaban a
Monsieur Benoit, pero que an no se
haba registrado. Quera dejarle un
recado?
Volver a llamar dije. Merci.
No me haba equivocado.
Henri estaba en Pars, o vendra
pronto. Y se alojaba en el Ritz.
Al colgar el auricular, sent un
borbotn de emociones pensando en
todas las personas inocentes que Henri
haba matado. Pens en Levon y
Barbara, y en los das y noches
sofocantes que haba pasado encadenado
en una caravana, sentado frente a un
luntico homicida.
Y luego pens en Henri amenazando
con matar a Amanda.
Me sent en un rincn desde donde
vigilar la puerta, oculto detrs de un
International Herald Tribune, pensando
que era lo mismo que vigilar desde un
coche patrulla, aunque sin el caf ni la
chchara de un compaero. Poda
quedarme all para siempre, porque al
fin me haba adelantado a Henri, ese
maldito psicpata. l no saba que yo
estaba all, pero yo saba que l vendra.
En las dos eternas horas siguientes,
me imagin viendo a Henri entrar en el
hotel con su maleta, registrarse en la
recepcin. Yo lo identificara a pesar
del disfraz, lo seguira al ascensor y le
dara la misma sorpresa escalofriante
que una vez l me haba dado.
An no saba qu hara despus.
Tal vez amarrarlo, llamar a la
polica y hacerlo detener bajo la
sospecha de haber matado a Gina Prazzi.
Pero eso era demasiado arriesgado.
Pens en meterle un balazo en la cabeza
y entregarme en la embajada de Estados
Unidos, para lidiar con la situacin
despus.
Analic la primera opcin: los
policas me preguntaran quin era Gina
Prazzi y cmo saba que estaba muerta.
Me imagin mostrndoles la pelcula de
Henri, en que el cadver de Gina no se
vea. Si Henri se haba deshecho del
cuerpo ni siquiera lo arrestaran. Y yo
quedara bajo sospecha. Ms an, sera
el principal sospechoso.
Luego la segunda opcin: me
imagin apuntndole con el 38,
obligndolo a volverse, diciendo: Las
manos contra la pared, no te muevas!
Esa idea me gustaba.
Eso pensaba cuando entre las
muchas personas que cruzaban el
vestbulo vi pasar a dos bellas mujeres y
un hombre que se dirigan a la
recepcin. Las mujeres eran jvenes y
elegantes, anglfonas, hablaban y rean,
prodigndole atenciones al hombre que
iba entre ambas.
Entrelazaban los brazos como
compaeros de estudios, y se separaron
cuando llegaron a la puerta giratoria. El
hombre se rezag caballerosamente para
cederles la delantera a las dos atractivas
mujeres.
La euforia que sent estaba a
kilmetros de mi pensamiento
consciente. Pero registr los rasgos
blandos del hombre, su contextura, su
modo de vestir. Ahora era rubio, usaba
gafas grandes de montura negra, andaba
un poco encorvado.
As era como se disfrazaba Henri.
Me haba dicho que sus disfraces
funcionaban porque eran sencillos.
Adoptaba cierto modo de andar o
hablar, y luego aada algunos detalles
visuales desorientadores pero
recordables. Se transformaba en su
nueva identidad. Y yo saba esto al
margen de la nueva identidad que l
hubiera adoptado.
El hombre que iba con aquellas dos
mujeres era Henri Benoit.
109
Dej el peridico y los segu con la
mirada mientras salan a la calle por la
puerta giratoria, uno a uno.
Me dirig hacia la puerta principal
para ver adnde se encaminaba Henri.
Pero antes de llegar a la puerta giratoria,
un rebao de turistas se agolp frente a
m, tambalendose, riendo, apindose
dentro de la puerta mientras yo
aguardaba, queriendo gritarles:
Imbciles, no estorbis!.
Cuando logr salir, Henri y las dos
mujeres ya estaban lejos, caminando por
la galera que bordea el lado oeste de la
calle. Cogieron por la Rue de
Castiglione, hacia la de Rivoli. Atin a
ver que giraban a la izquierda cuando
llegu a la esquina. Luego vi que las dos
mujeres miraban el escaparate de una
zapatera exclusiva y vislumbr el
cabello rubio de Henri ms all. Procur
no perderlo de vista, pero l
desapareci en la estacin de metro
Tuilleries, al final de la calle.
Corr en medio del trfico, baj al
andn por la escalera, pero es una de las
estaciones ms concurridas y no logr
localizar a Henri. Trat de mirar a todas
partes al mismo tiempo, escudriando
los grupos de viajeros que circulaban
por la estacin.
All estaba, en el extremo del andn.
De pronto se volvi hacia m y me
qued helado. Por un minuto eterno, me
sent totalmente vulnerable, como si me
hubieran iluminado con un foco en un
escenario negro.
Forzosamente tena que verme.
Estaba en su lnea de visin.
Pero no reaccion y yo segu
mirndolo mientras mis pies parecan
pegados al suelo.
Entonces su imagen pareci oscilar y
aclararse. Mientras lo miraba
directamente, percib la forma de la
nariz, la altura de la frente, la barbilla
con papada.
Me haba vuelto loco?
Antes estaba seguro, pero ahora
estaba igualmente seguro de que me
haba equivocado en todo, de que era un
necio, un inepto, un fracaso como
detective. El hombre al que haba
seguido desde el Ritz no era Henri, ni
por asomo.
110
Sal del metro, recordando que le haba
dicho a Amanda que estara de vuelta en
una hora pero ya haban transcurrido
tres.
Regres al Singe Vert con las manos
vacas, sin bombones, sin flores, sin
joyas. Mi expedicin al Ritz no haba
arrojado ningn resultado, salvo un dato
que poda resultar crtico.
Henri haba reservado una
habitacin en el Ritz.
El vestbulo de nuestro pequeo
hotel estaba desierto, aunque una nube
de humo de tabaco y de conversacin
estentrea flotaba desde el bar hacia la
desconchada sala principal.
La recepcin estaba cerrada.
Fui detrs del escritorio, pero mi
llave no estaba en el gancho. Acaso no
la haba devuelto? No lo recordaba.
Amanda la habra usado para salir a
pesar de mi insistencia en que se
quedara en la habitacin? Sub la
escalera enfadado conmigo mismo y con
Amanda, y ansiando dormir.
Golpe la puerta con los nudillos y
llam a Amanda. No respondi. Accion
el picaporte dispuesto a decirle que ya
no tena derecho a comportarse como
una nia irresponsable, que ahora tena
que cuidar de dos.
Abr la puerta y al instante not que
algo andaba mal. Amanda no estaba en
la cama. Estara en el bao? Se
encontrara bien?
Entr llamndola, y la puerta se
cerr a mis espaldas. Gir y trat de
entender lo imposible: un hombre negro
aferraba a Amanda, cruzndole el brazo
izquierdo sobre el pecho. Con la mano
derecha empuaba un arma que le
encaonaba la cabeza. Usaba guantes de
ltex. Azules. Yo haba visto unos
guantes como sos.
Amanda estaba amordazada. Tena
los ojos desencajados, y sofocaba un
grito.
El hombre negro me sonri, la
apret con ms fuerza y apunt el arma
hacia m.
Amanda dijo, mira quin ha
llegado. Hemos esperado mucho tiempo,
verdad, cario? Pero ha sido divertido,
no?
Todas las piezas del rompecabezas
encajaron: los guantes azules, el tono
conocido, la cara detrs de los ojos
oscuros, el maquillaje. Esta vez no me
equivocaba. Haba odo esa voz durante
horas, directamente en mi odo. Era
Henri. Pero cmo nos haba
encontrado?
Mi mente se dispar en cien
direcciones al mismo tiempo.
Yo haba ido a Pars por miedo.
Pero ahora que Henri me visitaba, ya no
senta ms temor. Senta furia, y mis
venas bombeaban adrenalina pura, la
clase de adrenalina que permite que un
beb levante un coche, el torrente que
puede impulsarte a correr hacia un
edificio en llamas.
Saqu el revlver y lo amartill.
Sultala orden.
Supongo que l no crea que le
disparara. Henri sonri
socarronamente.
Deja el arma, Ben. Slo quiero
hablar.
Camin hacia aquel manaco y le
apoy el can en la frente. l sonri y
un diente de oro centelle, parte de su
ltimo disfraz. Dispar en el mismo
instante en que me dio un rodillazo en el
muslo. Ca contra un escritorio, cuyas
patas de madera se astillaron mientras
me desplomaba.
Tem haber herido a Amanda, pero
vi que el brazo de Henri sangraba y o el
ruido de su arma deslizndose por el
parquet del suelo. Le dio un empelln a
Amanda, que cay sobre m. La apart, y
mientras trataba de incorporarme, Henri
me apoy el pie en la mueca,
mirndome con desdn.
Por qu no te limitaste a hacer tu
trabajo, Ben? Si hubieras cumplido, no
tendramos este pequeo contratiempo,
pero ahora no puedo fiarme de ti.
Lstima que no he trado la cmara.
Se agach, me retorci los dedos
hacia atrs y me arrebat el revlver.
Luego me apunt, y despus a Amanda.
Bien, quin quiere morir
primero? Vous o vous?
111
Todo se puso blanco ante mis ojos. Era
el final, sin duda. Amanda y yo bamos a
morir. Sent el aliento de Henri en la
cara mientras me apretaba el can del
38 en el ojo derecho. Amanda trat de
gritar a pesar de la mordaza.
Cierra el pico ladr Henri.
Ella obedeci.
Mis ojos lagrimearon. Quiz fuera el
dolor, o la triste certeza de saber que no
volvera a ver a Amanda. Que ella
morira tambin. Que nuestro hijo no
nacera.
Henri dispar a la alfombra, junto a
mi odo, ensordecindome. Luego tir
de mi cabeza y me grit al odo.
Escribe el maldito libro, Ben!
Vete a casa y haz tu trabajo. Llamar
todas las noches a Los ngeles y, si no
atiendes el telfono, te encontrar. Sabes
que te encontrar, y os prometo a ambos
que no tendris una segunda
oportunidad.
Apart el revlver de mi cara.
Cogi una bolsa y un maletn con el
brazo sano y dio un portazo al salir. O
sus pasos alejarse por la escalera.
Me volv hacia Amanda. La mordaza
era una funda de almohada metida en su
boca, anudada sobre la nuca. Tir del
nudo con dedos trmulos, y cuando ella
qued libre la abrac y la mec
suavemente.
Ests bien, cario? Te ha hecho
dao?
Ella lloraba y balbuceaba que estaba
bien.
Ests segura?
Vete dijo. S que quieres
seguirlo.
Me arrastr, tanteando los bordes
ondulados de aquella abarrotada
coleccin de muebles antiguos.
Sabes que tengo que ir dije.
De lo contrario seguir vigilndonos.
Encontr la Ruger de Henri bajo la
cmoda y la empu. Abr el picaporte
ensangrentado y le dije a Amanda que
regresara pronto.
Apoyndome en el balaustre, camin
hasta disipar el dolor del muslo mientras
bajaba la escalera, tratando de darme
prisa, sabiendo que tena que matar a
Henri.
112
El cielo estaba negro, pero las farolas
de la calle y el vasto y siempre
reservado Hotel du Louvre acababan de
transformar la noche en da. Los dos
hoteles estaban a pocos cientos de
metros de las Tulleras, el inmenso
parque que se extiende frente al Louvre.
Esa semana haba una especie de
festejo; juegos, carreras, msica
umpapa, no faltaba nada. A las nueve y
media, turistas mareados y personas con
nios salieron a la acera, aadiendo su
risa estentrea a los estampidos de los
fuegos artificiales y los clxones de los
coches. Me record una escena de una
pelcula francesa que haba visto en
alguna parte.
Segu un delgado hilillo de sangre
hasta la calle, pero desapareci a pocos
metros de la puerta. Henri haba vuelto a
esfumarse. Se haba ocultado en el
Hotel du Louvre? Haba tenido suerte y
encontrado un taxi?
Estaba mirando la muchedumbre
cuando o sirenas en la Place Andr
Malraux. Obviamente, alguien haba
denunciado disparos. Adems, me
haban visto correr con un arma en la
mano.
Dej la Ruger de Henri en un
macetn frente al Hotel du Louvre.
Luego entr cojeando en el vestbulo del
Singe Vert, me sent en un sof y esper
la llegada de los agents de police.
Tendra que explicarles quin era
Henri y todo lo dems.
Me pregunt qu diantres les dira.
113
Las sirenas eran cada vez ms
estridentes, los hombros y el cuello se
me pusieron rgidos, pero el gemido
ululante pas de largo y continu hacia
las Tulleras. Cuando tuve la certeza de
que haba terminado, sub la escalera
como un viejo. Llam a la puerta de
nuestra habitacin.
Amanda, soy yo. Estoy solo.
Puedes abrir.
Abri segundos despus. Tena la
cara surcada de lgrimas, y la mordaza
le haba dejado magulladuras en las
comisuras de la boca. La acun entre
mis brazos y ella se apoy en m,
sollozando como una nia inconsolable.
La mec largo rato. Luego la
desvest, me quit la ropa y la ayud a
acostarse. Apagu la luz del techo,
dejando slo una pequea lmpara sobre
la mesilla. Me deslic bajo las mantas y
abrac a Amanda. Ella apret la cara
contra mi pecho, se peg a mi cuerpo
con brazos y piernas.
Hblame, cario le dije.
Cuntame todo.
l ha llamado a la puerta. Ha
dicho que traa flores. Te imaginas un
truco ms simple? Pero le he credo,
Ben.
Ha dicho que yo las enviaba?
Eso creo. S, eso dijo.
No s cmo ha averiguado que
estbamos aqu. Cmo ha obtenido esa
pista? No lo entiendo.
Cuando he abierto la puerta, le ha
dado una patada y me ha agarrado.
Ojal lo hubiera matado, Amanda.
Yo no saba quin era. Un hombre
negro. Me ha inmovilizado los brazos a
la espalda. Me ha dicho Oh, esto me
da nuseas dijo, sollozando.
Qu ha dicho?
Te amo, Amanda.
La escuchaba y oa ecos al mismo
tiempo. Henri me haba contado que
amaba a Kim, que amaba a Julia.
Cunto habra esperado Henri para
demostrarle su amor a Amanda,
violndola y estrangulndola con las
manos enfundadas en aquellos guantes
azules?
Lo lamento susurr. Lo
lamento mucho.
Yo soy una idiota por haber
venido aqu, Ben. Oh, Dios. Cunto
tiempo ha estado aqu? Tres horas? Soy
yo quien lo lamenta. Hasta ahora no
haba entendido lo que habrs sufrido en
esos tres das con l.
Rompi a llorar de nuevo y la
calm, le repet que todo saldra bien.
No lo s, cario me dijo con
voz tensa y ahogada. Por qu ests
tan seguro?
Me levant de la cama, abr el
ordenador porttil y reserv dos vuelos
de regreso a Estados Unidos por la
maana.
114
Era medianoche y yo todava me
paseaba por la habitacin. Tom un par
de Tylenol y volv a acostarme, pero no
poda dormir. Ni siquiera lograba
mantener los ojos cerrados ms de unos
segundos.
El televisor era pequeo y viejo,
pero lo encend y sintonic la CNN.
Mir los titulares y me ergu cuando
una voz anunci:
La polica no tiene sospechosos en
el homicidio de Gina Prazzi, heredera
de la fortuna de los Prazzi, magnates
navieros. La hallaron asesinada hace
veinticuatro horas en una habitacin del
exclusivo hotel francs Chteau de
Mirambeau.
Cuando la cara de Gina apareci en
la pantalla, tuve la sensacin de que la
conoca ntimamente. La haba visto
pasar ante la cmara en un hotel, cuando
ella no saba que su vida estaba a punto
de terminar.
Contempl las declaraciones del
comisionado de polica a la prensa.
Tradujeron y repitieron sus palabras
para los que acababan de sintonizar. La
seorita Prazzi se haba registrado en el
Chteau de Mirambeau. Los empleados
crean que haba dos personas en la
habitacin, pero nadie haba visto al
otro husped. La polica no divulgara
ms informacin sobre el asesinato por
el momento.
Era suficiente para m. Yo conoca
toda la historia, pero antes no saba que
Gina Prazzi era un nombre real, no un
alias.
Qu otras mentiras me haba dicho
Henri? Por qu motivo? Por qu haba
mentido? Para contarme la verdad?
Mir la pantalla.
En los Pases Bajos, una joven fue
hallada asesinada esta maana en
msterdam deca el presentador.
Esta tragedia llama la atencin de los
criminlogos internacionales porque
ciertos elementos recuerdan al
homicidio de las dos jvenes de
Barbados, y tambin la muerte de las
famosas modelos americanas asesinadas
hace dos meses en Hawai.
Sub el volumen mientras las caras
aparecan en la pantalla: Sara Russo,
Wendy Emerson, Kim McDaniels y Julia
Winkler. Y una cara nueva, una joven
llamada Mieke Helsloot.
La seorita Helsloot, de
veinticinco aos, era la secretaria del
clebre arquitecto Jan van der Heuvel,
de msterdam, que se hallaba en una
reunin en Copenhague en el momento
del homicidio. El seor Van der Heuvel
ha sido entrevistado en su hotel hace
unos minutos.
Cielo santo. Yo conoca ese nombre.
La pantalla mostr a Van der Heuvel
saliendo de su hotel de Copenhague,
maleta en mano, los periodistas
agolpados al pie de una escalera
redonda. Tena unos cuarenta aos,
cabello cano y rasgos angulosos.
Pareca sinceramente conmocionado y
asustado.
Acabo de enterarme de esta terrible
tragedia declar ante los micrfonos
. Estoy conmovido y dolorido. Mieke
Helsloot era una joven correcta y
decente, e ignoro por qu alguien
querra hacerle algo tan espantoso. Es un
da muy luctuoso. Mieke estaba a punto
de casarse.
Henri me haba dicho que Jan van
der Heuvel era el alias de un miembro
de la Alianza; l lo llamaba el
holands. Van der Heuvel era el sujeto
que haba acompaado a Henri y a Gina
durante su viaje por la Riviera francesa.
Y ahora, a menos de un da de la
muerte de Gina Prazzi, la secretaria de
Van der Heuvel apareca asesinada.
Si no hubiera sido polica, habra
considerado que estas dos muertes eran
mera coincidencia. Las mujeres eran
diferentes y los crmenes haban
ocurrido a cientos de kilmetros de
distancia uno de otro. Pero ahora vea
dos piezas ms del rompecabezas, parte
de un dibujo.
Henri haba amado a Gina Prazzi, y
la haba matado. Odiaba a Jan van der
Heuvel. Quizs haba querido matarlo
tambin, as que pensndolo bien
Quizs Henri no saba que ese da Van
der Heuvel estaba en Dinamarca.
Quizs haba matado a la secretaria
como sucedneo.
115
Cuando despert, la luz entraba por un
ventanuco. Amanda yaca de costado,
mirando hacia el otro lado, su largo pelo
oscuro derramado sobre la almohada. Y
de pronto me enfurec al recordar a
Henri con su cara ennegrecida,
apuntando el arma a la cabeza de
Amanda, los ojos desencajados de ella.
En ese momento no me importaba
por qu Henri haba matado, qu se
propona hacer, por qu el libro era tan
importante para l ni por qu pareca
estar perdiendo el control. Slo me
importaba una cosa: proteger a Amanda
y al beb.
Cog mi reloj, vi que eran casi las
siete y media. Sacud suavemente el
hombro de Amanda, que abri los ojos.
Jade, pero al ver mi cara el semblante
se le demud.
Por un momento he pensado
Que todo era un sueo?
S.
Apoy la cabeza en su vientre y ella
me acarici el pelo.
Es la manita del beb?
pregunt.
Bobo Tengo hambre.
Fing que hablaba para el beb y me
hice bocina con las manos.
Hola, Rorro. Soy pap dije,
como si esa diminuta combinacin de
nuestros ADN pudiera orme.
Amanda lanz una carcajada y me
alegr de robarle una risa, pero yo llor
bajo la ducha cuando ella no me vea.
Ojal hubiera matado a Henri cuando lo
tena encaonado. Ojal lo hubiera
hecho. Entonces todo habra terminado.
Mantuve a Amanda cerca de m
mientras pagaba la cuenta en la
recepcin, y luego llam un taxi para
que nos llevara al aeropuerto Charles de
Gaulle.
Cmo vamos a irnos a Los
ngeles justo ahora? pregunt
Amanda.
No lo haremos.
Ella lade la cabeza y me mir
sorprendida.
Y qu estamos haciendo?
Le dije lo que haba decidido, le di
una breve lista de nombres y nmeros en
el dorso de mi tarjeta, y aad que
alguien la recibira cuando aterrizara el
avin. Ella me escuch, sin poner
reparos cuando le dije que no me
telefoneara ni enviara e-mails, nada.
Slo tena que descansar y comer bien.
Si te aburres, piensa en el vestido
que querrs ponerte.
Sabes que no uso vestidos.
La excepcin confirma la regla.
Saqu un bolgrafo de la funda del
ordenador y dibuj una sortija sobre el
anular izquierdo de Amanda, con lneas
que salan de un gran diamante
refulgente en el centro.
Amanda Diaz, te amo de todo
corazn. Quieres casarte conmigo?
Ben.
T y el Rorro.
Lgrimas de felicidad le surcaron
las mejillas. Me rode con los brazos y
dijo S, s, s, y jur que no se lavara
el anillo dibujado hasta que tuviera uno
real.
En el aeropuerto desayunamos
cruasanes de chocolate y caf con leche,
y cuando anunciaron el vuelo de
Amanda la acompa hasta donde pude.
Entonces la abrac y ella llor contra mi
pecho hasta que yo tambin romp a
llorar. Poda haber una situacin ms
escalofriante? No lo crea. El temor a
perder a alguien que amas tanto.
Una y otra vez bes su boca
magullada. Si el amor contaba para algo,
ella estara a salvo. Y tambin nuestro
beb. Y yo volvera a ver a ambos.
Pero el pensamiento opuesto me
atraves como una lanza. Quiz nunca
volviera a ver a Amanda. Aquello poda
ser el fin para nosotros.
Me sequ los ojos con las palmas y
segu a Amanda con la mirada cuando
cruz el puesto de control. Ella se
despidi con la mano y me lanz besos
antes de enfilar el largo pasillo.
Cuando ya no pude verla ms, sal
del aeropuerto, tom un taxi a la Gare du
Nord y abord un tren de alta velocidad
para msterdam.
116
Cuatro horas despus de abordar el tren
en Pars, me ape en la Centraal Station
de msterdam, donde llam a Jan van
der Heuvel desde un telfono pblico.
Antes de irme de Pars me haba
comunicado con l para pedirle una
reunin urgente. Volvi a preguntarme
por qu ese encuentro era tan urgente, y
esta vez se lo dije.
Henri Benoit me envi un vdeo
que usted debera ver.
Hubo un largo silencio, hasta que me
indic cmo llegar a un puente que
cruzaba el canal Keizersgracht, a pocas
calles de la estacin de trenes.
Encontr a Van der Heuvel junto a
una farola, mirando el agua. Lo reconoc
por la entrevista que le haban hecho en
Copenhague, cuando los reporteros le
preguntaban cmo se senta despus del
crimen de Mieke Helsloot.
Ahora llevaba un elegante traje de
gabardina gris, una camisa blanca y una
corbata color carboncillo con una ptina
plateada. Tena rasgos angulosos y la
raya que le divida el pelo pareca
trazada con precisin quirrgica.
Me present, diciendo que era un
escritor de Los ngeles.
Cmo conoce a Henri?
pregunt tras una pausa.
Estoy escribiendo su biografa. O
autobiografa. l me la encarg.
Lo conoce personalmente?
En efecto, s.
Todo esto me sorprende. l le
dio mi nombre?
En el mundo editorial, este tipo de
libro se conoce como tell-all, porque se
cuenta todo. Y Henri as lo hizo.
Van der Heuvel pareca sumamente
incmodo. Evalu mi aspecto, como si
no supiera si continuar con aquella
conversacin.
Puedo concederle unos minutos
dijo al fin. Mi oficina est cerca.
Venga.
Cruzamos el puente y nos dirigimos
a un elegante edificio de cinco pisos en
lo que pareca una exclusiva zona
residencial. Abri la puerta y me dijo
que pasara yo primero. Subimos hasta el
piso ms alto por cuatro tramos de
escalera iluminados. Mis esperanzas se
acrecentaban mientras suba.
Van der Heuvel era perverso como
una serpiente. Siendo miembro de la
Alianza, era tan culpable de los
asesinatos como si los hubiera cometido
con sus propias manos. Pero aunque
fuera despreciable, yo necesitaba su
colaboracin, as que deba controlar mi
furia y mantenerla oculta. Si aquel
holands poda conducirme a Henri
Benoit, tendra otra oportunidad de
liquidarlo.
Esta vez no fallara.
Van der Heuvel me condujo por su
estudio de diseo, una vasta estancia
muy iluminada, de madera y cristal. Me
ofreci una cmoda silla frente a l, ante
una mesa larga de dibujo, cerca de unas
altas ventanas.
Es gracioso que Henri le est
contando su biografa dijo. Me
imagino cuntas mentiras le habr dicho.
Dgame si esto le parece gracioso
respond. Encend el ordenador, lo
gir hacia l y puls PLAY para que Van
der Heuvel viera los ltimos minutos de
Gina Prazzi.
Creo que no haba visto el vdeo
antes, pero lo mir con expresin
inmutable.
Pues lo gracioso es que creo que
l la amaba dijo cuando termin.
Detuve el reproductor de vdeos y
Van der Heuvel me mir a los ojos.
Antes de ser escritor fui polica
le dije. Creo que Henri est
haciendo limpieza. Est matando a la
gente que conoce su identidad. Aydeme
a encontrarlo, Van der Heuvel. Soy su
mejor oportunidad de supervivencia.
117
Van der Heuvel daba la espalda a las
altas ventanas. Su larga sombra caa
sobre la mesa de roble, y la luz de la
tarde le aureolaba el rostro.
Sac un paquete de cigarrillos de un
cajn, me ofreci y luego encendi uno
para l.
Si supiera cmo encontrarlo
dijo, ya no sera un problema, pero
Henri es un genio del escapismo. No
conozco su paradero. Nunca lo he
conocido.
Trabajemos en esto juntos
propuse. Compartamos algunas ideas.
Usted debe de saber algo que pueda
conducirme hasta l. S que estuvo
prisionero en Iraq, pero Brewster-North
es una empresa privada, hermtica como
una bveda. S que el falsificador que
trabaja para Henri est en Beirut, pero
ignoro su nombre
Ah, esto es demasiado dijo Van
der Heuvel, riendo. Era una risa
estremecedora porque haba autntico
humor en ella. Yo le pareca cmico.
Henri es un psicpata. Acaso no lo ha
descubierto an? Ese hombre alucina.
Es narcisista, y ante todo es un
mitmano. Henri nunca estuvo en Iraq.
l mismo falsifica sus documentos.
Entienda una cosa, seor Hawkins:
Henri se glorifica ante usted, inventa una
biografa mejorada. Usted es como un
perrito al que llevan a rastras
Oiga! Exclam, golpeando la
mesa y ponindome de pie. No se
ponga difcil. He venido aqu para
encontrar a Henri. No tengo el menor
inters en usted, ni en Horst Werner, ni
en Raphael dos Santos ni los dems
patticos pervertidos de ese club. Si no
puede ayudarme, slo me queda acudir a
la polica y contarles todo.
Van der Heuvel volvi a rer y luego
pidi que me calmara y me sentara. Yo
estaba conmocionado. Acababa de
responder a mi pregunta sobre el porqu
del libro? Henri quera glorificar su
biografa?
El holands abri su ordenador.
Hace dos das recib un mensaje
de Henri dijo. El primero que me
enva directamente. Quera venderme un
vdeo. Creo que acabo de verlo
gratuitamente. Usted dice que no tiene
inters en nosotros. Seguro?
Ninguno en absoluto. Slo me
interesa Henri. l ha amenazado mi vida
y a mi familia.
Quizs esto le ayude en su trabajo
de detective. Pas los dedos por el
teclado del ordenador mientras hablaba
. Henri Benoit, como se hace llamar,
fue un monstruo desde su infancia. Hace
treinta aos, cuando l tena seis,
estrangul a su hermanita en la cuna.
No pude ocultar mi sorpresa
mientras Van der Heuvel asenta
sonriendo y echaba la ceniza en un
cenicero, asegurndome que deca la
verdad.
Un chiquillo precioso. Mejillas
regordetas y grandes ojos. Asesin a un
beb. El diagnstico fue trastorno
psicoptico de la personalidad, y es muy
raro que un nio rena todos los
sntomas. Lo enviaron a una institucin
psiquitrica, la Clinic du Lac de
Ginebra.
Esto est documentado?
Claro que s. Yo me encargu de
investigarlo cuando le conoc. Segn el
jefe de psiquiatra de esa institucin, el
doctor Carl Obst, el nio aprendi
mucho durante sus doce aos de
reclusin. Antes que nada, a imitar a la
gente. Tambin aprendi varios idiomas
y un oficio: artes grficas.
Van der Heuvel me deca la
verdad? En tal caso, eso explicaba cmo
Henri poda adoptar una personalidad,
falsificar documentos, escurrirse a
voluntad entre las hendijas.
Cuando le dieron el alta, a los
dieciocho aos, nuestro muchacho se
dedic a homicidios y robos. Me consta
que rob un Ferrari, entre otras cosas.
Pero cuando conoci a Gina hace cuatro
aos, ya no tuvo que conformarse con
las sobras del festn.
Me cont que Gina estaba prendada
de Henri, que l le haba hablado de
sus intimidades y predilecciones
sexuales. Le dijo a Gina que haba
cometido actos de violencia extrema. Y
que quera ganar mucho dinero.
Ella tuvo la idea de que Henri
brindara entretenimiento a nuestro
pequeo grupo, y Horst aprob la
propuesta.
Y all apareci usted.
As es. Gina nos present.
Henri dijo que a usted le gustaba
mirar desde un rincn.
Van der Heuvel me observ como si
yo fuera un insecto extico y no supiera
si aplastarme o incluirme en su
coleccin.
Otra mentira, Hawkins. A l le
daban por culo y gema como una
hembra. Pero esto es lo que debe saber
usted, porque es la verdad. Nosotros no
hicimos de Henri lo que es. Slo lo
alimentbamos.
118
Los dedos de Van der Heuvel volvieron
a volar sobre el teclado.
Y ahora una rpida ojeada.
Estrictamente confidencial. Le mostrar
cmo se desarroll este joven.
Su cara resplandeca de deleite
cuando volvi el ordenador hacia m.
Por la pantalla desfil una serie de
fotos fijas extradas de vdeos de
mujeres atadas, torturadas y
decapitadas.
Apenas lograba asimilar lo que vea
mientras Van der Heuvel pasaba las
imgenes, fumando y haciendo
comentarios joviales sobre una
exhibicin de horror absoluto e
inimaginable.
Sent que me mareaba. Empec a
pensar que Van der Heuvel y Henri eran
la misma persona. Los odiaba por igual.
Tuve ganas de matar al holands, aquel
cerdo inmundo, y pensaba que poda
hacerlo sin pagar ninguna consecuencia.
Pero necesitaba que l me condujera
hasta Henri.
Al principio yo no saba que los
asesinatos eran reales me deca,
pero cuando Henri empez a cortar
cabezas, me di cuenta, por supuesto. En
el ltimo ao empez a escribir sus
propios guiones. Demasiada petulancia
y codicia. Era peligroso. Y nos conoca
a Gina y a m, as que no haba modo
fcil de liquidar el asunto. Exhal una
bocanada de humo.
La semana pasada, Gina me dijo que
podramos acallarlo con dinero, o
hacerlo desaparecer. Es obvio que lo
subestim. Nunca me dijo cmo se pona
en contacto con l, as que se lo repito,
Hawkins: ignoro el paradero de Henri.
Es la verdad.
Horst Werner firma los cheques
de Henri, verdad? Dgame cmo
encontrar a Werner.
Van der Heuvel apag el cigarrillo.
Ya no senta deleite. Me habl con
gravedad, enfatizando cada palabra.
Seor Hawkins, no le conviene
conocer a Horst Werner. A usted menos
que a nadie. A l no le gustar el libro
de Henri. Hgame caso y no deje cabos
sueltos. Borre los datos de su ordenador.
Queme las cintas. Nunca mencione la
Alianza ni a sus miembros ante nadie.
Este consejo puede salvarle la vida.
Era demasiado tarde para borrar el
disco duro. Le haba enviado a Zagami
las transcripciones de las entrevistas
con Henri y el bosquejo del libro. En
Nueva York, las transcripciones se
haban fotocopiado y haban circulado
entre los correctores y los consultores
legales de Raven-Wofford. Los nombres
de los miembros de la Alianza estaban
en todo el manuscrito.
Trat de hacerme el recio.
Si Werner me ayuda a m, yo lo
ayudar a l.
Tiene usted un ladrillo por
cerebro, Hawkins. Escuche lo que le
digo. Horst Werner es un hombre
poderoso con brazos largos y puos de
acero. Puede encontrarle dondequiera
que usted est. Entiende, Hawkins? No
tenga miedo de Henri, no es ms que
nuestro pequeo juguete de cuerda.
Tenga miedo de Horst Werner.
119
Van der Heuvel puso un fin abrupto a
nuestra reunin, y me despidi diciendo
que deba tomar un vuelo.
Mi cabeza pareca una olla a presin
a punto de estallar. La amenaza contra
m se haba duplicado, una guerra en dos
frentes: si no escriba el libro, Henri me
matara; si lo escriba, me matara
Werner.
An no haba encontrado a Henri, y
ahora deba impedir que Van der Heuvel
le hablara a Werner del libro y de m.
Saqu la Ruger de Henri de la funda
del ordenador y encaon al holands.
Recuerda que le dije que no tena
inters en usted ni en la Alianza? Dije
con la voz crispada por el miedo y la
furia contenidos. He cambiado de
parecer. Tengo un gran inters.
l me mir con desdn.
Hawkins, si me mata se pasar el
resto de su vida entre rejas. Y Henri
seguir suelto y viviendo a todo lujo en
alguna parte del mundo.
Qutese el abrigo orden,
moviendo la pistola, y todo lo dems.
A qu viene esto, Hawkins?
Me gusta mirar. Ahora cierre el
pico. Qutese toda la ropa. La camisa,
los zapatos, los pantalones, todo.
Usted es un autntico imbcil
dijo, obedeciendo.
De qu puede acusarme? Un
poco de pornografa en mi ordenador?
Esto es msterdam. No somos mojigatos
como los americanos. No puede
vincularme con nada de esto. Me ha
visto a m en alguno de esos vdeos? No
lo creo.
Aferr la pistola con ambas manos,
encaonndolo, y cuando estuvo
desnudo le dije que se apoyara contra la
pared de cara a la misma. Luego le
propin un culatazo en la nuca, el mismo
tratamiento que Henri me haba dado a
m.
Dejndolo inconsciente en el suelo,
recog la corbata de la ropa amontonada
en la silla y le maniat las muecas a la
espalda.
Su ordenador estaba conectado a
Internet y trabaj deprisa, adjuntando los
vdeos de Henri Benoit a mensajes
dirigidos a mi correo. Qu ms poda
hacer? De la mesa cog un marcador
fluorescente y me lo met en un bolsillo
de la americana.
Luego recorr el inmaculado loft de
Van der Heuvel, que abarcaba toda la
planta. El hombre cuidaba su vivienda.
Tena objetos hermosos. Libros caros.
Dibujos. Fotografas. El guardarropa era
como un museo de la indumentaria. Era
indignante que un hombre tan ruin, tan
depravado, pudiera llevar una vida tan
lujosa y despreocupada.
Fui hasta la suntuosa cocina y
encend los hornillos de gas.
Arroj servilletas y corbatas de
doscientos dlares al fuego y cuando las
llamas llegaron al techo, se activ el
sistema antiincendios.
Una alarma vibr en la escalera y
tuve la certeza de que otra alarma
sonara en un cuartel de bomberos
cercano.
Mientras el agua anegaba los
exquisitos suelos de madera, regres a
la sala principal, guard ambos
ordenadores y me los ech al hombro.
Luego abofete al holands, lo llam
por su nombre y lo obligu a levantarse.
Arriba! Levntese! Vamos!
Pas por alto sus preguntas mientras
lo llevaba escalera abajo hasta la calle.
El humo brotaba por las ventanas y, tal
como esperaba, una multitud de mirones
y curiosos se haba congregado delante
de la casa; hombres y mujeres bien
vestidos, viejos y nios con bicicletas
que la ciudad ofreca gratis a los
residentes.
Obligu a Van der Heuvel a sentarse
en el bordillo y destap el marcador.
Asesino, le escrib en la frente. l le
habl a la multitud con voz estridente.
Estaba rogando, pero la nica palabra
que le entend fue polica.
Comenzaron a aparecer telfonos
mviles.
Pronto aullaron las sirenas, y cuando
se aproximaron yo quera ulular con
ellas. Pero mantuve la pistola de Henri
apuntada a Van der Heuvel y esper la
llegada de la polica.
Cuando llegaron, dej la Ruger en la
acera y seal la frente de Van der
Heuvel.
120
Dos policas iban en el asiento delantero
y yo iba en el trasero de un coche que se
diriga velozmente hacia Wengen, una
localidad alpina que pareca de juguete,
a la sombra del Eiger.
Mientras el coche serpeaba en las
carreteras angostas y heladas, yo
aferraba el reposabrazos, me inclinaba
hacia delante y clavaba los ojos en el
camino. No tema que el coche saltara
por encima de un guardarral. Tema que
no llegramos a tiempo para detener a
Horst Werner.
El ordenador de Van der Heuvel
contena su lista de contactos, y adems
de la lista completa de vdeos de Henri,
yo haba entregado mis transcripciones
de sus confesiones en aquella caravana.
Expliqu a la polica el vnculo entre
Henri Benoit, asesino en serie a sueldo,
y la gente que le pagaba.
La polica estaba eufrica.
Slo haban reparado en el vnculo
que una a las vctimas de Henri
(decenas de muertes horribles en
Europa, Amrica y Asia) despus del
crimen de las dos jvenes de Barbados.
Ahora la polica suiza confiaba en que
Horst Werner entregara a Henri si se lo
presionaba lo suficiente.
Mientras nos dirigamos a la villa de
Werner, agentes de la ley estrechaban el
crculo sobre los miembros de la
Alianza en diversos pases. Deberan
haber sido horas triunfales para m, pero
yo era presa del pnico. Haba llamado
a varios amigos, pero no haba telfonos
en el lugar donde estaba Amanda.
Ignoraba si pasaran horas o das hasta
que pudiera saber si estaba a salvo. Y
aunque Van der Heuvel haba dicho que
Henri era un juguete, yo tena ms
pruebas que antes de su crueldad, su
ingenio, su afn de venganza. Y
finalmente entend por qu Henri me
haba fichado para escribir el libro:
quera que apresaran a sus titiriteros, los
miembros de la Alianza, para librarse
de ellos, para cambiar de nuevo su
identidad y llevar una vida autnoma.
El coche fren, y los neumticos
patinaron sobre el hielo y la gravilla
hasta que se detuvo al pie de un muro de
piedra. El muro protega un complejo
semejante a una fortaleza, erigido al pie
de una colina.
Se oyeron portazos, el crepitar de
las radios. Unidades especiales nos
flanquearon, docenas de hombres con
chaleco antibalas, armados con armas
automticas, lanzagranadas y equipo de
alta tecnologa que yo ni siquiera saba
nombrar.
A cincuenta metros, ms all de un
campo nevado, estallaron cristales de
ventana en una esquina de la villa. El
tiroteo se increment y desde dentro nos
devolvan el fuego; las granadas
tronaban al explotar dentro de la finca.
Cubiertos por el fuego de sus
compaeros, varios agentes avanzaron
hacia la villa y se oy el rugido de la
nieve que se desprenda de la empinada
roca que haba detrs de la fortaleza de
Horst. Se oan gritos en alemn, ms
fuego de armas ligeras, y me imagin el
cadver de Horst Werner saliendo en
una camilla, el acto final de su cada.
Pero, si Horst Werner mora, cmo
encontraramos a Henri?
La enorme puerta de la villa se
abri. Los hombres parapetados a
ambos lados contra la pared apuntaron
sus armas.
Y entonces lo vi.
Horst Werner el engendro que Van
der Heuvel haba definido como un
hombre de brazos largos y puos de
acero, al que no me convena conocer
sala de su morada de piedra. Era
robusto y barbado, llevaba gafas con
montura de oro y sobretodo azul, y aun
con las manos entrelazadas encima de la
cabeza tena un porte confiado, casi
dira militar.
Aqul era el libertino corrupto que
lo diriga todo, el mirn de mirones, el
asesino de asesinos, el mago de una Oz
infernal y pervertida.
Estaba con vida, y en manos de la
polica.
121
Metieron a Werner en un vehculo
blindado, y los policas suizos lo
siguieron en caravana. Yo fui en otro
coche con dos investigadores de la
Interpol. Una hora despus de la captura,
llegamos a una comisara y comenz el
interrogatorio del detenido.
Yo miraba ansiosamente desde un
cuarto de observacin cuya ventana-
espejo mostraba la sala de
interrogatorios.
Mientras Werner aguardaba la
llegada de su abogado, su cara estaba
perlada de sudor. Supe que haban
subido la calefaccin, que las patas
delanteras de la silla de Werner eran
ms cortas que las traseras, y que el
comisario Voelker, que lo interrogaba,
no obtena mucha informacin.
Un joven agente sentado detrs de mi
silla me traduca.
Herr Werner dice que no conoce a
Henri Benoit, que no ha matado a nadie.
Que l mira pero no hace nada.
Voelker sali un momento de la sala
y regres con un CD. Le habl a Werner
y el intrprete me dijo que haban
hallado ese disco dentro de un
reproductor de DVD, junto con otros CD,
en la biblioteca de Werner. El rostro de
ste se demud cuando Voelker insert
el disco en un reproductor.
Qu vdeo era se? El asesinato de
Gina Prazzi? Otra muerte perpetrada
por Henri?
Mov la silla para ver el monitor y
contuve la respiracin.
En la pantalla haba un hombre con
la cabeza gacha. Poda verle desde la
coronilla hasta la mitad de la camiseta.
Cuando irgui la cara hinchada y
ensangrentada, mir hacia otro lado,
impidiendo que lo viera. Por ese breve
atisbo, pareca rondar los treinta y
carecer de rasgos distintivos. Era obvio
que se estaba realizando un
interrogatorio. Sent una tensin extrema
mientras observaba.
Henri, di las palabras, dijo una
voz en off.
Mi corazn dio un brinco. Era l?
Haban capturado a Henri?
Yo no soy Henri respondi el
cautivo. Mi nombre es Antoine
Pascal. Se han equivocado de hombre.
No es difcil pronunciarlas
repuso la voz. Slo di las palabras y
quiz te soltemos.
Insisto, no me llamo Henri. Mi
identificacin est en mi bolsillo. Mire
en mi cartera.
El interrogador apareci ante la
cmara. Aparentaba ms de veinte aos,
de cabello oscuro, y en el cuello tena
tatuada una telaraa que ascenda hasta
la mejilla izquierda. Ajust el objetivo
para obtener una toma amplia de un
cuartucho desnudo y sin ventanas, un
stano alumbrado por una bombilla. El
cautivo estaba amarrado a una silla.
De acuerdo, Antoine le dijo el
hombre del tatuaje. Hemos visto tu
identificacin y admiramos tu capacidad
para transformarte en otra persona. Pero
me estoy cansando del juego. Pronuncia
las pueteras palabras de una vez.
Contar hasta tres.
El hombre del tatuaje empuaba un
largo cuchillo dentado con el que le
golpe el muslo mientras contaba.
El tiempo se acaba dijo. Creo
que esto es lo que siempre quisiste,
Henri. Conocer ese momento entre la
vida y la muerte. Correcto?.
La voz del cautivo me resultaba
familiar, y tambin la expresin de sus
ojos claros y grises. Era Henri. De
pronto lo supe.
Me embarg el horror cuando
comprend lo que sucedera. Quise
gritarle a Henri, expresar una emocin
que yo mismo no entenda. Haba estado
dispuesto a matarlo, pero no soportaba
aquello. No poda limitarme a mirar.
Henri solt un escupitajo contra el
objetivo y el hombre del tatuaje le
aferr un mechn de pelo castao. Tir
del cuello hasta tensarlo.
Pronuncia las palabras!, aull.
Y a continuacin le asest tres
vigorosos cuchillazos en la nuca,
separando de los hombros la cabeza de
Henri.
Borbotones de sangre salpicaron a
Henri, a su verdugo, la lente de la
cmara.
Henri. Me oyes, Henri?, pregunt
el verdugo, y acerc la cabeza cortada a
la cmara.
Me apart del cristal, pero no pude
dejar de mirar el vdeo. Me pareca que
Henri me clavaba los ojos a travs del
monitor. An los tena abiertos. Y de
repente parpade. De veras. Parpade.
El verdugo se inclin ante la cmara;
su barbilla goteaba sangre y sudor.
Todos satisfechos?, dijo
sonriendo con satisfaccin.
122
Se me hizo un nudo en la garganta y
temblaba espasmdicamente, sudando.
Me aliviaba que Henri hubiera muerto,
pero al mismo tiempo mi sangre gritaba
en mis arterias. Me aterraban las
imgenes morbosas e indelebles que
acababan de grabarme en el cerebro.
Dentro de la sala de interrogatorios,
la expresin impvida de Horst Werner
no haba cambiado, pero alz la cara y
sonri dulcemente cuando se abri la
puerta y entr un hombre de traje oscuro
que le apoy una mano en el hombro.
Mi intrprete confirm mi intuicin:
haba llegado el abogado de Werner.
La conversacin entre el abogado y
el comisario Voelker fue un breve y
spero cruce de palabras que se resuma
en un hecho inapelable: no haba
pruebas suficientes para retener a
Werner.
Me qued pasmado viendo cmo
Werner sala de la sala con su abogado.
Libre.
Un momento despus, Voelker se
reuni conmigo en el cuarto de
observacin y me dijo que an no haba
terminado. Ya se haban obtenido
rdenes judiciales para inspeccionar los
datos bancarios y telefnicos de Werner.
Presionaran a los miembros de la
Alianza all donde estuvieran, asegur.
Slo era cuestin de tiempo, y acabaran
encerrando a Werner. La Interpol y el
FBI ya trabajaban en el caso.
Sal de la comisara con las piernas
flojas, pero disfrut del aire puro y la
luz diurna. Un coche aguardaba para
llevarme al aeropuerto. Le dije al chfer
que se diera prisa. Encendi el motor y
subi el cristal de la mampara, pero tras
arrancar mantuvo una velocidad
moderada.
En mi cabeza, Van der Heuvel deca:
Tenga miedo de Horst Werner. Y vaya
si tena miedo. Werner se enterara de
que yo haba hecho transcripciones de la
confesin de Henri. Se podan usar
como prueba contra l y los Mirones. Yo
haba reemplazado a Henri como el gran
testigo, el que poda arruinar a Werner y
a los dems con acusaciones de
asesinato mltiple.
Mi cerebro cruzaba continentes.
Golpe la mampara. Ms aprisa le
grit al conductor. Vaya ms aprisa.
Tena que llegar hasta Amanda en
avin, en helicptero, en lo que fuera.
Tena que llegar el primero. Tenamos
que ocultarnos. No saba por cunto
tiempo, ni me importaba.
Saba lo que hara Horst Werner si
nos encontraba.
Lo saba.
Y no poda dejar de preguntarme
otra cosa: Henri estaba muerto de
verdad?
Qu haba visto en la comisara?
Aquel parpadeo, era un guio?
Aquella filmacin era una de sus
artimaas?
Ms aprisa.
EPLOGO
Por Benjamn
Hawkins
Carta a mis lectores

Cuando se public este libro, las ventas


excedieron las expectativas de la
editorial, pero nunca se me haba
ocurrido que estara en miles de
libreras de todo el mundo, y que yo me
encontrara viviendo en una cabaa en la
falda de una montaa en un pas que no
es el mo. Ten cuidado con lo que
deseas, porque puede cumplirse, diran
algunos. Y yo respondera: Tengo lo
que deseaba, de un modo que jams
habra imaginado.
Estoy con Amanda, mi amada, y ella
se ha adaptado fcilmente a la
sobrecogedora belleza y la soledad de
nuestra nueva vida. Es bilinge y me ha
enseado a hablar otro idioma, y a
cocinar. Desde el principio cultivamos
un huerto, y una vez por semana bajamos
a un pueblo encantador en busca de pan,
queso y otras vituallas.
Amanda y yo nos casamos en esta
aldea, en una pequea iglesia construida
por manos devotas, bendecidos por un
sacerdote y una congregacin que nos ha
acogido con afecto. El beb ser
bautizado aqu cuando llegue a este
mundo, y no veo el momento de que
nazca. Nuestro hijo.
Pero cul ser su herencia? Qu
dicha puedo prometerle?
La primera vez que vi el vehculo
que suba por el camino que trepa desde
el valle, le entregu un arma a mi
prometida y dispuse pistolas en la mesa
cerca de la ventana.
El coche era un transporte privado
que mi editorial haba contratado para
traerme la correspondencia y noticias
del mundo. Despus de cachear al
conductor y recibir el envo, le todo lo
que me haba mandado Zagami. Supe
que haban capturado a los Mirones, que
todos irn a juicio por homicidio,
asociacin ilcita para cometer crmenes
y otros delitos que los mantendrn en la
crcel de por vida.
En ciertos das mi mente se
concentra en Horst Werner, sus brazos
largos y sus puos de acero, y mientras
su juicio se prolonga, pienso que al
menos s dnde est.
Y despus pienso en Henri.
A veces proyecto las imgenes de su
muerte en mi mente, como una pelcula
pasando por los dientes de un anticuado
proyector. Miro su horrenda ejecucin y
me convenzo de que realmente est
muerto.
En otras ocasiones tengo la certeza
de que ha engaado a todo el mundo, de
que vive bajo un nombre falso, igual que
yo. Y de que un da nos encontrar.
Quiero dar las gracias a mis lectores
por sus cartas, su preocupacin y sus
plegarias por nuestra seguridad. Aqu la
vida es grata. A veces soy muy feliz,
pero no puedo superar del todo mi temor
por el monstruo psicpata que conoc
tan bien, y nunca podr olvidar a la
familia McDaniels: Levon, Barbara y
Kim.
AGRADECIMIENTOS
Los autores quieren expresar su gratitud
a estos talentosos profesionales por
concederles generosamente su tiempo y
sus conocimientos: el doctor Humphrey
Germaniuk, el comisario Richard
Conklin, Clint Van Zandt, el doctor
David Smith, la doctora Maria Paige y
Allison Adato.
Tambin nuestro agradecimiento a
nuestros excelentes investigadores:
Rebecca DiLiberto, Ellie Shurtleff, Kai
McBride, Sage Hyman, Alan Graison,
Nick Dragash y Lynn Colomello.
Un reconocimiento especial a
Michael Hampton, Jim y Dorian Morley,
Sue y Ben Emdin, y a Mary Jordan, que
hace que todo esto sea posible.
JAMES PATTERSON naci en Newburgh,
Nueva York, en 1947. Estudio en el
Manhattan Collage para graduarse en la
Universidad de Vanderbilt, fijando su
residencia en Florida. Despus de
trabajar en diversos proyectos
mercantiles o comerciales, se dedica
enteramente a la literatura con indudable
acierto. Es indiscutiblemente el autor de
thriller ms vendido en todo el mundo.
Tiene una extensa obra a sus espaldas y
ha recibido diversos galardones: el
Edgar, el BCA Mystery Guild's Thriller
of the Year y el International Thriller of
the Year Award, adems del Thriller
Master Award concedido por la
International Thriller Writers. Adems
ha escrito otro tipo de gneros, incluido
novelas romnticas.
La serie de Alex Cross, de la que se
han vendido ms de sesenta millones de
ejemplares en todo el mundo, ha dado
lugar a adaptaciones cinematogrficas
como El coleccionista de amantes, o La
hora de la araa, con Morgan Freeman
en el papel de Cross. Su otra serie ms
famosa, El Club de las Mujeres contra
el Crimen ha sido llevado a la pequea
pantalla por la cadena de televisin
norteamericana ABC.
Fund el James Patterson Page
Turner Awards, colaborando con
aportaciones econmicas muy
sustanciosas para el fomento de la
lectura y el amor a los libros. Vive en
Florida con su mujer y su hijo.
MAXINE PAETRO, es una escritora
Norteamericana que empez a publicar
en 1979. Ha colaborado con el escritor
James Patterson en la serie de novelas
El club de las mujeres contra el crimen,
adems de en otras obras.
Desde 1975 hasta 1987, trabaj en
varias agencias de publicidad de la
ciudad de Nueva York. En 1979 public
su primer libro How to Put Your Book
Together and Get a Job in Advertising,
el cual tuvo su cuarta revisin en agosto
de 2010. Esta obra de no ficcin ha sido
descrita como La Biblia de la
industria de la publicidad.

Entre 1986 y 1992, public tres novelas:


Manshare, Baby Dreams y Windfall. En
1993, colabor con Dodd Darin para
escribir la biografia Dream Lovers: The
Magnificent Shattered Lives of Bobby
Darin and Sandra Dee.
En 2005 empez la primera de sus
colaboraciones con James Patterson, co-
escribiendo El 4 de Julio de la serie El
club de las mujeres contra el crimen.
En una entrevista explica que ella y
Patterson (quien tambin haba trabajado
en el mundo de la publicidad antes de
convertirse en escritor a tiempo
completo) se conocen desde la dcada
de los 70.

Est casada con el ex ejecutivo de


fianzas John A. Duffy, ahora fundador y
CEO de la consultora Manhattan Bridge,
LLC.

También podría gustarte