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La Búsqueda de Tontoburro

1) Juanito y su camello buscan a Tontoburro y se encuentran con un viejo que es arrestado por hablar sobre la muerte en el funeral de un príncipe. 2) Juanito visita la prisión y encuentra al viejo cantando en su celda. 3) Juanito quiere hablar con el viejo para saber qué queda de un humano después de la muerte, una pregunta que espera pueda responderle Tontoburro.

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La Búsqueda de Tontoburro

1) Juanito y su camello buscan a Tontoburro y se encuentran con un viejo que es arrestado por hablar sobre la muerte en el funeral de un príncipe. 2) Juanito visita la prisión y encuentra al viejo cantando en su celda. 3) Juanito quiere hablar con el viejo para saber qué queda de un humano después de la muerte, una pregunta que espera pueda responderle Tontoburro.

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Por Hernn Rodrguez Castelo

TONTOBURRO:
nombrecito que se le ocurri a Selma
(no la Lagerloff, sino la pequea).
Pero esa noche -5 de febrero de 1979-
ni ella saba an nada de Tontoburro.
Pero acab haciendo los dibujos.
I

La noche en que naci Tontoburro, las estre-


llas del cielo estaban en un desorden terrible.
Los astrnomos andaban patidifusos y se par-
tan los crneos pelados tratando de saber
qu pasaba.
Pero Juanito, claro que lo saba:
Ha nacido Tontoburro pens.
Ahora la cosa era encontrar a Tontoburro.

1
II

En el camino se encontr con un camello y le


dijo:
T tambin vas a buscar a Tontoburro?
S le dijo el camello-, pero no puedo ir solo:
tengo que ir llevando a un rey mago.
Mira le dijo Juanito.
Sac tres bolas, una roja, una azul y una
verde. Y, de pronto, todas eran verdes.

2
III

As que, qu mago ni qu mago: l tambin


era mago!
Y lo de rey?
Bueno, eso ya se vera de camino. Porque
para rey estaba an bastante chuzo, no es
cierto?
Arriba, pues, del camello, y a seguir la
busca!
Pero, sobre cul de las dos jorobas se senta-
ba?
Mejor al medio y a caballo.
A caballo-camello, claro.

3
IV
Y busca y busca. Y las gentes al or el nombre
de Tontoburro meneaban la cabeza.
No. Por aqu no se ha sabido de l.
Y por qu lo buscas? le preguntaron a Jua-
nito los curiosos.
Y para qu lo buscas? le preguntaron los
ambiciosos.
Cuando lo hallemos, lo sabremos les respon-
di Juanito a los del porqu y a los del para
qu.
Lo hallemos? Quines? se interesaron cu-
riosos y ambiciosos.
El y yo respondi Juanito, poniendo un dedo
sobre la cabeza de su camello.
Y tambin los curiosos y los ambiciosos se
quedaban meneando la cabeza.

4
V
Entonces sali el viejo y le dijo:
Oye, pero cmo te has metido en esta his-
toria de ir a buscar a Tontoburro? Y si te
mueres antes de encontrarlo?
Juanito le contest:
Mi camello tiene agua para cruzar el desier-
to.
Y no habl nada ms porque el viejo era ya
demasiado viejo para entender. Y, adems,
tena que darse prisa si quera encontrar a
Tontoburro.
Bien dicho dijo el camello.
Estos jvenes jvenes y estos jvenes came-
llos se qued rezongando el viejo-. Si no
piensan! Y si se mueren los dos- antes de
llegar al prximo pueblo?

5
VI
Cuando llegaron a la primera ciudad con
muralla, calles de piedra, plaza ancha y
catedral-, estaban quemando libros.
A dnde vas? le preguntaron a Juanito.
A donde vamos corrigi Juanito, que ya
estaba hasta las narices de que ningunea-
sen a su camello.

Bueno, filtico y requetealzado mozalbete: a dnde vais?


Ahora s el camello puso cara tranquila y digna.
Vamos a buscar a Tontoburro.
El inquisidor cara de rata, con su bigotito y con sus
gafas-lentes-quevedos-antiparras sobre la ratonil
nariz, le clav los ojuelos y le pregunt ambiguo:
Tontoburro es libro?
Todava no le respondi Jua-
nito.
Pues cuando lo sea, psate
por aqu le dijo el quemador
y tir a las llamas un buen
manojo de libros.

6
VII
Al llegar a la siguiente ciudad, se ha terminado toda mi agua
dijo el camello, que estaba con sus jorobas hechas una lsti-
ma.
Vamos a ver dnde puedes beber y cargar tus tanques le
dijo Juanito.
Y se iban por unas calles estrechas buscando agua, cuando
de pronto se dieron de manos a boca con una multitud que
avanzaba gritando y gesticulando.
Al verdugo! decan- Al verdugo!
Y hacan el gesto de cortarse la cabeza.
Juanito y el camello fueron arrastrados por la turba.
Qu desque le van a hacer a ese verdugo? pregunt Jua-
nito, que nunca haba visto ni a un verdugo ni, peor, una
cabeza de verdugo rebanada.
A cortarle!
La cabeza?
Pues, claro!
Y cmo va a vivir sin la cabeza?
Pero, es que eres tonto? Lo que queremos es que no viva!
Y no se habl ms porque la multitud flua como ro crecido.
Arrastrados por la masa humana, Juanito y el camello no pa-
raron hasta una plaza toda de piedra, que tena al centro un
tablado. En la tarima aquella estaban dos encapuchados,
uno rojo y uno negro. Los capuchos les tapaban las caras y

7
solo se les vean los ojos. El de rojo
tena entre las manos un hacha
enorme y filuda. El otro no tena
nada. Entonces toc en la torre
una campana y el verdugo de
negro se arrodill junto a un grueso
tronco y puso all la cabeza. El de
rojo levant el hacha se hizo un
silencio que pareca que poda
tocarse. Chuta se le escap a
Juanito.

Zazzz!, cay el hacha.


Pero no le cort la
cabeza al verdugo de
negro! Levant la
cabeza!
As son estos dijo una
vieja arrugada-. Yo ya
lo dije. Si a stos que
cortan tantas cabezas,
el hacha no les puede
cortar la propia.
Cosa del diablo es
dijo otra, que pa-
reca bruja, bien
agarrada de su
escoba.

8
Trajeron otra hacha, y otra vez el verdugo de negro
puso la cabeza sobre el leo, y otra vez el de rojo levan-
t el hacha, y otro silencio tremendo, y zazzz y el de
negro volvi a alzar la cabeza
Y, como no haba manera de cortarle la cabeza al ver-
dugo, la gente comenz a irse.
Pero entonces lleg un vejete cargando una silla.
Esperen! No se vayan! Esperen! chillaba gesticulando.
Era pequeo. Calvo por delante, pero por detrs con
una gran melena blanca.
A la carrera se subi al tablado y puso la silla en el
centro.
Tome asiento, por favor invit al verdugo de negro.
El verdugo se sent. El viejo lo amarr con unos alam-
bres. Despus llev las puntas de los alambres a una
caja pequea.
Ahora! dijo: Que toquen la campana.
Toc la campana.
El viejo baj una palanca en la caja. Salt una gran
chispa en la silla. El verdugo de negro se retorci. Y
qued ms negro que nunca: como carbn! Y tieso! La
cabeza se cay y rod por el tablado. All qued sin
capuchn: carbn purito
La multitud ruga y aplauda y saltaba.
El viejo haca venias para agradecer los aplausos.

9
Despus recogi la silla, alambres y caja, y se fue tan
rpido como haba venido.
No hay como la ciencia! dijo la vieja arrugada.
Es peor que el diablo! dijo la vieja bruja, al tiempo que
se trepaba a su escoba.
Donde estn tipos como el viejo de la silla, no vamos a
hallar a Tontoburro le dijo Juanito a su camello y, pen-
sativos, algo tristes, se marcharon de la ciudad donde
cortaban las cabezas.

10
VIII
En la siguiente ciudad no les quisieron dejar entrar.
Aqu estamos de duelo les dijeron-, y no se admiten
gentes de circo.
Nosotros no somos gentes de circo repuso, muy digno,
Juanito. Y por qu estn de duelo?
Ha muerto el prncipe don Baltazar les dijeron-. En la flor
de su juventud. Y el reino se queda sin heredero.
Juanito fue, pero sin camello, hasta donde estaba el
tmulo del prncipe.
Alto; muy alto. Todo el cubierto con una tela negra con
unas guilas bordadas en hilo de plata. De lado y lado
unos candelabros gigantescos. Tres a cada lado. Sus
llamas eran como antorchas. Y arriba del tmulo, el
muerto, vestido de negro, calzas y jubn de seda y
capuz de raso, todo negro, y a su lado su espada. La
cara muy bella. Y blanca, blanqusima.
Cuando Juanito lleg junto al catafalco, un hombre
vestido con un tnica roja y una capa que pareca de
plata, hablaba con voz profunda:
Grave cosa es la muerte de un rey. Y nos muestra la pe-
queez de la vida humana. La vida del hombre sobre la
tierra es como las flores del campo: hoy lucen muy her-
mosas y frescas; maana se marchitan, se caen a peda-
zos y de ellas no queda nada.
Entonces se acerc al que hablaba un tipo gordo, muy
mal encarado.

11
Se os ha pagado para hacer el elogio del muerto dijo-;
no para que vengis con estas filosofas.
Por mis labios habla el espritu dijo el viejo de la tnica.
Pues ved que hable lo que se os ha pedido dijo el
gordo, que tena cara de dogo-; que, si no, vive Dios,
iris a dar con vuestros huesos a la crcel.
El espritu es libre: sopla donde quiere dijo el viejo, al
que la amenaza pareca tenerle sin cuidado.
Y sigui con su misma voz grave:
Ayer no ms, todo era esplendor y galas. Lujosas cabal-
gatas. Fiestas brillantsimas. Interminables banquetes
Qu ha quedado de todo eso? Nada y nada. Qu es
lo que queda de un humano despus de la muerte?
Esta pregunta interes mucho a Juanito: era de esas
cosas que tendra que explicarle Tontoburro. A ver qu
responda este viejo que tanto pareca saber
Pero no hubo respuesta. Porque el malencarado de las
amenazas envi a dos guardias, tambin gordos y
brutos, y ellos, alzando al viejo como si no pesara, se lo
llevaron.
No par Juanito hasta dar con la crcel. Y le pidi al
camello: Levntame para ver si llego a la rejilla. Tengo
que hablar con un viejo al que trajeron preso.
Rejilla por rejilla fue asomndose Juanito a las mazmo-
rras. Cuntos prisioneros! Sucios, barbados, con los ojos
hundidos. En grandes racimos. Pero del viejo, nada.
Entonces oyeron cantar. Un canto muy solemne y bello:

12
Te Deum laudamus
Te Dominum confitemur
Y era la voz del viejo! Profunda, un poco temblona,
pero llena de seguridad.
La voz sala por un hueco junto al muro. All se clav
Juanito y llam:
Seor, me oye?
El viejo, como si nada, cantaba y cantaba.
Seor me oye?
Slo al terminar su canto respondi:
S. Quin eres? Qu quieres de m? Bien poco puedo
hacer desde este foso y, si no bastase con lo hondo,
pegado al muro con estos hierros.

13
Yo slo quiero que responda a esa pregunta que hizo
all, donde el muerto.
Cul era?
Qu es lo que queda de un humano despus de la
muerte?
Grave pregunta dijo el viejo, y su voz se ensombreci
un tanto-. Y quin eres t, que quieres saberlo? Pare-
ces un muchacho
Me llamo Juanito.
Eres de aqu?
No, estoy viajando.
Anj Con tus padres
No, solo con mi camello.
Donosa compaa. Y por qu viajas? Ests regresando
a tu casa?
No, estamos buscando a Tontoburro.
Estamos?
Slo yo y mi camello
Bueno, bueno este debe ser un camello muy especial.
Y quin es Tontoburro?
No s.

Y lo buscas?
S.

14
Y por qu lo buscas?
Por la seal supe que ha nacido.
La seal? Qu seal?
Las estrellas del cielo estaban en un desorden horrible.
Y dnde ha nacido?
No s estoy buscando
Bueno bueno as que t eres de los que buscan
S.
No te detienes en ninguna parte?
No. Solo para hacer preguntas y ver si por ah est Ton-
toburro.
Entonces t ya has comenzado a hallar a Tontoburro
Y fue lo ltimo que pudo hablar Juanito con el viejo de
la tnica roja. Porque varios tipos lo cogieron. No sabes
que est prohibido hablar con los presos de los fosos?
Son los ms peligrosos. Y lo pusieron fuera de la ciudad.
Ahora vete, y no vuelvas si no quieres que tu camello
muera y t vayas a hacer compaa al viejo en el foso. Y
a las ratas grandes hambrientas peludas
Cunto le habra gustado a Juanito ir a estar con el
viejo! Pero tena que buscar a Tontoburro.

15
IX
Y result que por donde iban buscando Juanito y su ca-
mello se topaban con la muerte. Haba pueblos que
estaban quemados, humeantes. Y la gente se iba en
carretas, a pie, como poda.
Por qu se van? preguntaba Juanito, y en el fondo de
su corazn se mova una pequea esperanza: Y si se
fuesen para buscar a Tontoburro?
Por la peste respondan las gentes y regresaban a ver
con susto lo que quedaba atrs.
Y a dnde van? preguntaba Juanito.
Y la gente no le responda: meneaba la cabeza, la
hunda hacia tierra y segua arrastrando sus carricoches
y carretas.
Una vieja de aquellas, la nica que no cargaba nada,
tuvo nimo para devolverle a Juanito sus preguntas.
Y t, a dnde vas? Qu buscas? le pregunt con voz
cascada.
Buscamos comenz Juanito, y, al ver que la vieja bus-
caba a los otros, aadi: El y yo.
Eres alquimista? dijo la vieja, y le brillaron los ojos.
Qu es ser alquimista? pregunt Juanito.
Hacer del vil metal, oro dijo la vieja, y rezong: Ms les
valdra acabar con la peste.
Tontoburro acabar con la peste dijo Juanito, y la vieja
sinti que un escalofro la recorra entera.
16
Quin es Tontoburro? pregunt-. Dnde est?
Yo le busco dijo Juanito.
Pero, sabes dnde est?
No.
Y le buscas dijo la vieja con desaliento.
Le busco dijo sencillamente Juanito.
Para entonces gran cantidad de gente haban rodeado
a Juanito y a la vieja. Y al or esta ltima parte del dilo-
go comenzaron a gruir:
Debe ser un farsante.
O un hechicero.
Estos enanos malditos.
Y ese camello tal vez sea un prncipe embrujado Y
por estas cosas nos cae la peste
S: estos son los que traen la peste.
Qu Tontoburro ni qu Tontoburro A quemarlo!
No cort la vieja-. Tontoburro existe. Y l lo hallar. El va
en buena direccin. Hacia all est la libertad.
Libertad! Ja jaja jo jojo se retorcan de risa las gentes,
olvidndose por un momento de sus bubas, sus fiebres,
sus hambres, sus harapos-. Libertad si todo es de los
seores. Nosotros no tenemos ni la tierra que sembramos
ni la casa en que vivimos. Habla de libertad y te azota-
rn hasta que sangres. Y a ti si vuelves a repetir esa pa-
labra, te quemarn por bruja. Vamos. Este es un cmico
y su Tontoburro, una quimera. Libertad! Ja jaja jo jojo.

17
Y las gentes volvieron a emprender su marcha.
Nada esperan. Por all no se puede hallar a Tontoburro
dijo Juanito
Si lo hallas, hzmelo saber pidi la vieja a Juanito.

18
X
En el otro pueblo pareca que no haba nadie.
Qu callado est todo esto le dijo Juanito a su
camello.
El camello se limit a mover un poco la cabeza
abriendo y cerrando los ojos.
Se habrn muerto las gentes? pregunt Juanito
al camello-. Con la peste explic.
El camello movi otra vez la cabeza, ahora de
izquierda a derecha, y puso los ojos en blanco.
A lo mejor se han muerto repiti Juanito.
No. Todava no dijo una voz.
Dnde ests? Quin eres? Por qu dices toda-
va no? Por qu no sales? atropell sus preguntas
Juanito.
Son muchas preguntas a la vez dijo la voz.
Bueno. A ver, la primera: dnde ests?
Ac, debajo de esta ventana en la casa de la
esquina.
Quin eres?
Uno. En este pueblo somos siete
mil setecientos setenta y siete.
Por qu dijiste todava no?
Porque no me he muerto an.
Pero di, mejor, vivo.
Te parece vida esto de estar esperando que
llegue la muerte?
Pero otros no se pasan esperando la muerte.
Nosotros sabemos que ha de venir.
Cundo?
No sabemos.
Entonces, como todos.
Nosotros siempre sabemos.
Y a todos les pasa aqu lo mismo?
S.
Y desde cundo?
Desde el da en que murieron los nios.
Cuntos?
Todos.
La muerte no debi haber hecho eso dijo Juanito,
triste.
Qudate aqu todava eres un poco nio
No puedo. Tengo que buscar a Tontoburro.
Qudate por lo menos un poco.
No puedo. Tengo que darme prisa. Ya hay muchos

20
que esperan a Tontoburro.
Entonces, vete, a prisa, que la muerte no te alcan-
ce en el camino. Si llega ac, aqu la detendre-
mos Todos estamos esperndola. Ah! Y si hallas a
ese Tontoburro, cuntale de nosotros si no mori-
mos antes

21
XI
En el otro pueblo las gentes estaban tristes: no mira-
ban al cielo azul ni a las montaas verdes. Slo
cuando se acercaban al ro ponan cara de aten-
cin.
Juanito no entenda qu pasaba.

22
No entiendo dijo.
Es fcil le explic el camello-: Son ciegos.
Talvez Tontoburro pueda hacer algo dijo a los ciegos
Juanito.
Para qu? dijeron los ciegos.
Bueno para que vean que el mundo es bello cuando
sale el sol.
Cuando el sol sale, calienta, y eso basta dijeron los
ciegos.
Pero es bello insisti Juanito.
El camello meneaba la cabeza filosficamente. Es intil
pareca querer decirle a Juanito.
Los ciegos le dieron la espalda y Juanito se qued sin
saber por donde seguir.
Esper toda la noche y cuando el sol sali se puso en
camino. Hacia el sol, claro.

23
XII
Siguiendo el camino haba una vieja universidad y en
ella un viejo profesor.
A dnde vas? pregunt a Juanito el viejo profesor.
Vamos le respondi Juanito sealando al camello-,
vamos en busca de Tontoburro.
Para qu? le dijo el viejo profesor-. Si estamos en el
mejor de los mundos posibles.
Juanito y el camello se quedaron vindose las caras.
Mire dijo Juanito al viejo profesor-: all, en una ciudad,
le mataron a uno qued como carbn, el pobre. Y
por otras partes las gentes se estn yendo por la peste. Y
hallamos un pueblo donde todos estn ciegos. Y
Pero el viejo profesor tena sus razones. Se repantig en
su silln y explic:
Quin ha hecho este mundo?
Dios se respondi l mismo, y prosigui.
Y Dios no poda hacer sino lo mejor. Slo el que es malo
o no puede, hace algo que no sea lo mejor.
Juanito pens que aquel viejo profesor era muy inteli-
gente. Pero lo que deca no acababa de convencerle.
Si as fuera, no habra venido Tontoburro reflexion. Y
pregunt al viejo profesor:
Y quin le obliga a Dios a hacer lo mejor; as, lo mejor?
El viejo profesor se rasc la calva.
Y mientras pensaba y pensaba, Juanito se despidi: As
que nosotros le dijo- vamos a seguir buscando a Tonto-
burro.
Fue entonces cuando se hallaron con un seor que pa-
reca saber mucho. Tena unos ojos penetrantes, luenga
y aborrascada barba, y melena de len. Al camello se
le puso la piel como carne de gallina. Tranquilo le mur-
mur Juanito al odo-: parece un buen hombre.
As que t buscas le dijo a Juanito el hombre de la
barba.
S. A Tontoburro.
Bueno, da igual dijo el barbado.
Cmo que da igual? pregunt Juanito que al verle los
ojos comenz a sentir que ese hombre con aire de pro-
feta poda ayudarle en su bsqueda.
Todos los hombres que busquen como se debe buscar
llegarn un da al mundo nuevo.
Es decir que hallarn a Tontoburro? pregunt Juanito.

25
Puedes llamarlo as concedi el hombre de la barba.
Y usted, claro, est buscando como se debe buscar,
claro aventur Juanito.
He hallado. Y anuncio dijo el hombre de la barba.
Y nosotros, vamos en buena direccin? pregunt Jua-
nito.
Nosotros? inquiri el de la gran cabeza, que no vea
sino al pequeo.
Mi camello y yo explic Juanito.
Y esa fue la primera cosa que el hombre de la barba no
entendi.
S dijo, luego de haber dirigido una larga mirada escru-
tadora al camello-; creo que la direccin es buena.
Pero, cuidado! Vas a hallar grandes ciudades, fbricas
inmensas, hermosas creaciones humana, grandes cient-
ficos
Vi a uno que hizo carbn a un verdugo. Con slo una
silla y una caja con unos alambres cont Juanito.
Vers mquinas cada vez ms gigantescas y perfectas
sigui el de la barba, que ahora hablaba como si ha-
blase para muchas gentes, de muchos tiempos.
Eso ser muy hermoso dijo Juanito-; pero yo tengo que
buscar a Tontoburro.
S hay que buscar dijo el hombre que volvi a fijar sus
ojos en Juanito-. Porque todas esas ciudades, fbricas,
construcciones, invenciones, mquinas no estarn al
servicio del hombre, sino esclavizndolo; no servirn

26
para el disfrute de todos los hombres, sino para unos
pocos que tendrn cada vez ms riqueza y poder. Y
entretanto crecern las muchedumbres de miserables,
que apenas tendrn que comer. Y slo les darn de
comer para que sigan trabajando y haciendo cosas
hermosas y admirables para los ricos y poderosos.
Entonces reflexion Juanito- no vamos en buena direc-
cin.
Es la nica direccin dijo el hombre de la barba, que
pareca inmensamente seguro-. Por all pasa el camino.
Pero sigue hacia delante: esas masas de miserables
sern cada vez ms grandes y un da se darn cuenta
de lo que pasa, se unirn y combatirn para hacer un
mundo que sea para todos.
Se call el hombre de la gran melena, y sus ojos pare-
can ver el futuro. Brillaban. Despus aadi:
Esto es lo que he hallado. Y anunci: hay que luchar
para que venga ese mundo mejor. Para que venga
cuanto antes.

27
Y, como recordase que Juanito era un buscador, le ad-
virti:
No se puede buscar sin luchar. Tenlo siempre presente,
pequeo: si buscas bien, un da tendrs que luchar.
Y hallar a Tontoburro?
Y hallars a Tontoburro.
Ya se iban Juanito y el camello, cuando el hombre de la
gran barba y la tupida melena les dio voces:
Y otra cosa: no dejes que te inventen a Tontoburro. Los
ricos y poderosos ya han inventado mucho para que los
pueblos se ilusionen, se cieguen, se conformen, y no
busquen ni luchen.

28
XIII
Entonces se reunieron los ricos y los poderosos y dijeron:

Este que anda buscando a Tontoburro nos va a traer


problemas. Ahora que todava est solo, hay que ma-
tarlo.

Y al camello? preguntaron los soldados.

Al camello tambin dijeron los ricos y los poderosos-,


porque nunca se sabe.

Dnde? preguntaron los soldados.

Cundo? preguntaron los soldados.

Cmo? preguntaron los soldados.

Los soldados no preguntaron por qu, porque ellos


matan sin preguntar por qu.

En la fuente dijo el pequeo Macacoquiavelo.

Cuando lleve el camello a beber dijo el pequeo Ma-


cacoquiavelo.

Entre todos. Rpido. Sin que pueda decir ni una sola


palabra dijo el pequeo Macacoquiavelo.

Y si alguien pregunta despus por l? interrog otro,


aun ms enano, de gruesas antiparras, que acolitaba al
ministro de la guerra y la represin, el temido Macaco-
quiavelo.

29
Nada que no le hemos visto Para entonces estar
ya varios metros bajo tierra. Y quin ha visto nunca a
uno que est varios metros bajo tierra? Ji jijijiji celebr su
ingenioso ingenio Macacoquiavelo.

Jo jojojojo le hizo coro el homnculo.

Y en ltimo trmino complet, ya serio, Macacoquiave-


lo- quin nos va a reclamar nada? Tenemos el dinero y
la fuerza. Los peridicos y las radiodifusoras y las estacio-
nes de televisin y los polticos slo dicen lo que a noso-
tros nos conviene. A los que gritan, se los hace callar a
palos. Lo que queremos lo compramos. Lo que nos
impide el paso, lo pisoteamos. Tenemos fuerza y dinero:
el poder! Nuestro es el mundo. Y nada de Tontoburros!

30
XIV
Entretanto Juanito y su camello llegaban a una ciudad
muy grande.
Todas las gentes iban siguiendo un carro que tena
detrs una pantalla. Nadie hablaba. Nadie miraba
hacia otro lado.

De pronto, en la pantalla
apareci un seor que
dijo:
Tomen Cola Cola y no
tendrn ms sed!
Y todas las gentes se
fueron por un lado y por
otro a comprar una Cola
Cola, y se la bebieron.
En la pantalla haba
ahora una chica muy

31
linda que cantaba. Cuando termin, sali otra vez el
individuo y dijo:
Tomen Cola Cola y no tendrn ms sed!
Pero si ya dijo eso antes protest Juanito.
Pero la gente no le hizo el menor caso y se dispers
para conseguir su Cola Cola. Y otra vez se pusieron
detrs de la pantalla.
Ahora en la pantalla apareci una historia que a Jua-
nito le gust. Pero, de pronto, se cort y el mismo tipo
pesado se asom y dijo:
Tomen Cola Cola y no tendrn ms sed.
Y otra vez todos se pusieron a buscar una Cola Cola y
se la tragaron sin respirar.
Esta gente necesita a Tontoburro pens Juanito, pero
slo lo vern si aparece en esa pantalla
Ya toda la gente segua otra vez al carro de la panta-
lla. Y la pantalla le daba nuevas rdenes.
A Juanito no le importaban esas rdenes porque pen-
saba. Estaba pensando que por el lado de estas ciu-
dades no iba a encontrar nunca a Tontoburro. Sabra
alguien algo de Tontoburro? Talvez los del carro al que
segua toda la gente.
Dganme, seores: alguno de ustedes sabe por dnde
puedo hallar a Tontoburro
Dime t, ese nombre est registrado?
Qu es estar registrado?
Tenerlo inscrito en el registro de marcas y patentes.

32
Qu es registro de marcas y patentes? pregunt
Juanito, que cada vez entenda menos.
Y Tontoburro qu es? pregunt otro de los del carro-.
Qu es? Marca de cigarrillos, de refrescos (eso no
sirve porque tenemos la exclusiva de Cola Cola), de
televisores, de refrigeradoras, de motocicleta, de auto-
mvil, de equipo sonoro, de mueble de lujo, de camisa
de seda, de compaa de aviacin, de circo, de res-
taurante?
Tontoburro ha nacido ya dijo Juanito.
Anj! Un cantante de moda?
No.
Un astro de cine?
No.
Ah! Ya! Un gran futbolista!
No.
El seudnimo de un escritor de bestsellers?
No.
Un millonario excntrico
No.
Ah! Ya!: Un jeque petrolero!
No.
Adivine usted quin es Tontoburro y gane un milln!
deca el hombre ese de la Cola Cola por la pantalla
de televisin y toda la gente que segua al carro repe-
ta Tontoburro Tontoburro. Pero nadie entenda nada.

33
Y t puedes hacerte rico le decan los hombres del
carro a Juanito.
Si te apareces en la pantalla y hablas de Tontoburro
Y te tomas una botella de Cola Cola y no tendrs
sed
No dijo Juanito-: Yo tengo que buscar a Tontoburro.
Puedes ir con nosotros en este carro.
Ustedes nunca hallarn a Tontoburro dijo Juanito.
Pero por qu?
Porque ustedes no buscan nada.
Tenemos riqueza: mira cuntos miles de miles. Hermo-
sos billetes! Qu ms podemos buscar?
Yo tengo que buscar a Tontoburro.
All t vete pues.
Baj Juanito del carro y se subi a su camello. Y
cuando las gentes pasaban a su lado, fijos los ojos en
la pantalla, les dijo:
Ha llegado Tontoburro.
Nosotros tomamos Cola Cola le dijeron.
Y toda la gente se fue sin separar los ojos de la panta-
lla.
Juanito se qued solo y le dijo a su camello:
Vamos por el otro lado Estos van en mala direccin.
Tontoburro debe estar por all.
Y por eso nunca pasaron por la fuente donde les espe-
raban emboscados los soldados.

34
XV

Pero Juanito y su camello estaban de malas: otra vez se


fueron en mala direccin. Empezaron a darse cuenta
de ello cuando en el camino se toparon con una larga
hilera de taques. Cmo retumbaban! Y cunto polvo
levantaban! Y de qu manera iban destrozando con
sus orugas el pobre camino!
Juanito y el camello se quedaron mirando a los mons-
truos aquellos, menearon las cabezas y siguieron.
Y poco ms all, otra vez la fila de enormes tanques,
cada uno con su largo y amenazador can. Burun-
burunburun
Qu tierra tan rara! le dijo Juanito al camello, y el ca-
mello inclin filosficamente la cabeza-, O ser que
estn en guerra? Y todos los hombres de por aqu esta-
rn metidos en esos tanques, haciendo ruido? No vamos
a tener a quien preguntar nada.
Pero no todos los hombres estaban metidos dentro de
los tanques: de detrs de unos matorrales saltaron unos
tipos vestidos todos de verde y con unas ramas sobre la
cabeza. Se tiraron al suelo y apuntaron con sus fusiles al
pasajero del camello.
Quin eres?
De dnde vienes?
A dnde vas?
Qu buscas?
Juanito qued aturdido. Qu gente! Qu modo de
presentarse! Y qu manera de amontonar preguntas,

35
antes de que se pueda responder a la primera!
Son muchas preguntas a la vez dijo, acordndose del
hombre del pueblo donde esperaban la muerte.
A ver! Qu buscas? Rpido!
Buscamos a Tontoburro dijo Juanito.
Quines? Dnde estn los otros? chillaron los de
verde revolvindose a un lado y otro.
Quines? Pues yo y l dijo Juanito, sealando a su ca-
mello.
Y quin es Tontoburro?
Qu hace Tontoburro?
Juanito estaba perdiendo la paciencia. Por qu no
podan hacer las preguntas de una en una?
Tontoburro dijo- es Tontoburro.
Y dnde est?
Si supiera dnde est no lo andara buscando.
Y por qu lo buscas?
Vi la seal en el cielo y supe que haba llegado.
Qu seal?
Las estrellas del cielo estaban en un desorden horrible.
Esos cuentos los vas a contar en el cuartel general dijo
uno de los verdes que tena la cabeza cuadrada y un
bigotito.
No son cuentos dijo Juanito.

36
Ya lo veremos!
Y, sin que valieran reclamos, Juanito y su camello fueron
llevados a la ciudad, a una casa inmensa, rodeada de
altos muros, que era ms grande que toda la ciudad y
estaba llena de soldados, de caones, de tanques.
Ese camello a las caballerizas! grit un tipo.
Pero si es camello y no caballo, y viene conmigo recla-
m Juanito.
T, a callar!
Y a empujones se llevaron el camello, y a empujones
metieron a Juanito hasta una sala que no tena ms luz
que la de dos reflectores dirigidos contra una silla. En
esa silla hicieron sentar a Juanito, delante de los dos
grandes focos, que le dejaron medio ciego.
De detrs de los reflectores sali la voz:
Anj!... con que este es el sospechoso del camello
Seor, con estos focos aqu, no le puedo ver se quej
Juanito.
No hay nada que ver! dijo la voz-. Aqu tienes que
hablar. Si no, vas a pasar muy mal. Quin es ese
Tonto?
Tontoburro complet Juanito.
S, ese que andas buscando.
Es Tontoburro.
Te va a costar caro burlarte de las Fuerzas Armadas de
la Dictadura Soberana y Multiplicada amenaz la voz.

37
No me burlo.
Y cmo dices que Tontoburro es Tontoburro!
Es que Tontoburro es Tontoburro.
Pero quin es?
Es Tontoburro.
Y por qu lo buscas?
Porque ha venido.
Dnde est?
Si supiera dnde est no lo estara buscando.
Y por qu lo buscas por ac? Qu tiene que hacer
Tontoburro en el pas de la Dictadura Soberana y Multi-
plicada de las Fuerzas Armadas? Es rico?
Tontoburro es muy rico.
Eso est mejor. Qu tiene? Bancos?
No.
Fbricas?
No.
Grandes edificios?
No.
Almacenes?
No.

38
Peridicos? Canales de televisin?
No.
Entonces, qu tiene? Qu!!!
Las estrellas del cielo, las flores del campo, los camellos,
los
Basta! atron la voz-. Este debe ser un hippi o uno de
esos guerrilleros barbudos, que an no tienen barba. Y
viene a provocar el desorden. Aqu, donde los ricos, que
tienen bancos, fbricas, grades rascacielos, supermer-
cados, peridicos y canales de televisin, trabajan en
paz y ningn desadaptado los molesta, y los pobres
estn tranquilos, y no necesitamos de estos agitadores
que slo vienen a crear problemas.
Y el hombre hablaba y hablaba, y Juanito se qued
dormido.
Llvenselo al calabozo de los agitadores-extremistas-te-
rroristas. Ya veremos si maana sigue con sus locuras, o
canta todo! dijo la voz.

39
XVI

Cuando Juanito despert se hall en un lugar muy obs-


curo y hmedo, todo de piedra.
Haba all gente. Muchos, tirados por el suelo. Unos dor-
man acurrucados, temblando de fro; otros se queja-
ban.
Junto a l un tipo de barba que pareca muerto:
echado boca arriba, con los ojos abiertos. Juanito lo
toc.
No estoy muerto le dijo el de los ojos abiertos.
Y esos, por qu se quejan? pregunt Juanito.
Son los que apa-
learon hoy.
Apalearon?
S. Un da apalean
a la mitad, y al
otro da a la otra
mitad. Hasta que
perdemos el senti-
do.
Y por qu?
Para que digamos
quienes son los
jefes revoluciona-
rios.

40
Qu son revolucionarios? pregunt Juanito.
No lo sabes? Y entonces, por qu ests aqu?
No lo s, y no s por qu estoy aqu. Yo solo estoy bus-
cando a Tontoburro.
Ese Tontoburro, es revolucionario? Yo no he odo nunca
ese nombre
No lo s. Cmo voy a saberlo, si no s qu es revolucio-
nario? Qu es revolucionario?
Bueno, te lo explicar. Este era un pas tranquilo. Todas
las gentes vivan en paz. Tenan su pedazo de tierra, su
casa, su oficio. Vendan lo que cosechaban o hacan, y
con lo que les daban compraban lo que les faltaba
slo lo necesario. El tiempo sobrante lo dedicaban a
conversar en las puertas de sus casas, a tocar msica y
pintar, a conocer cosas y dar largos paseos, a leer, a
ensear a los nios y jvenes a hacer cosas bellas en
unos talleres llenos de luz.
Pero un da alguien asust a las gentes diciendo que los
del otro lado de las montaas iban a venir a quitarles sus
tierras, y entonces los notables, temerosos, resolvieron
que algunos, los ms fuertes, no trabajasen y aprendie-
sen a manejar escopetas para defenderlos de los que
iban a venir a quitarles las tierras. El pueblo todo acept
con entusiasmo. A los de las escopetas los llamaron los
armados. Los armados se pasaban el tiempo aprendien-
do a matar y llegaron a ser muchos y muy fuertes.
Y vinieron los del otro lado a quitarles las tierras? pre-
gunt Juanito.
Nunca vinieron respondi el hombre.

41
Entonces los armados volvieron a trabajar, y todo en
paz dijo Juanito.
Ah est la cosa le cort el hombre-: no volvieron
nunca a trabajar.
Juanito empez a entender.
No lo has visto? prosigui el hombre- Soldados en
todas partes, tanques de guerra por todos los caminos,
ametralladoras donde menos lo esperas, este gigantes-
co cuartel Los que aprendieron a matar ya nunca qui-
sieron trabajar. Y al que les reclamaba por ello, lo apa-
leaban.
Y entonces vino algo peor: los poderosos. Los ms ricos
de los notables se dieron cuenta de que se podan
aprovechar de los soldados. Les dieron a los generales
un poco de su riqueza, a cambio de que les ayudasen.
Y entonces, con la ayuda de los soldados, fueron qui-
tando sus tierras a los ms pobres, que no les podan
pagar las deudas, y haciendo trabajar a muchos en
unas fbricas muy grandes, pagndoles muy poco. Los
ricos fueron cada vez ms ricos, y cada vez hubo ms
pobres. Cuando algunos de los pobres queran rebelar-
se, los soldados los golpeaban, los encarcelaban, que-
maban sus casas y hasta los mataban.
Ya entiendo dijo Juanito-: este pueblo dio armas a los
soldados para que le defiendan, y los soldados, con
esas mismas armas, lo han atacado.
Lo has dicho muy bien dijo el hombre. Los poderosos
con los soldados han esclavizado a este pueblo.
Y los revolucionarios? pregunt Juanito.

42
Bueno respondi el hombre- ahora aparecen los revo-
lucionarios. Cuando la opresin era ya insoportable,
unos cuantos hombres y mujeres dijeron: Vamos a com-
batir contra esto! Esos son los revolucionarios.
Yo querra ser revolucionario dijo Juanito-. Apenas en-
cuentre a Tontoburro.
Ser todo ello si no mueres cuando te apaleen dijo el
hombre, y aadi: Pero ese Tontoburro, quin es?
No s.
Pero lo buscas.
S. Es que vi la seal.
Qu seal?
Las estrellas del cielo estaban en un desorden horrible.
Por la tierra las cosas estn en un desorden peor.
Entonces por eso tengo que hallar a Tontoburro.
A lo mejor Tontoburro resulta ser un revolucionario dijo
el de la barba.
A lo mejor dijo Juanito.
En ese caso, pienso que deberas escaparte. Buscas a
Tontoburro, y llevas a los compaeros noticias.
Escaparme? Pero cmo? pregunt Juanito que por
todos lados no vea sino muros de piedra y minsculas
ventanas con gruesos barrotes de hierro.

43
Para un pequeo como t hay por donde En la esqui-
na y aqu baj mucho la voz- el desage hemos
aflojado la tapa. Por el desage saldrs fuera de las mu-
rallas. All, arrastrndote lo ms callado que puedas
Pero
Pero qu?
Tengo un camello
A l no le harn nada. Djalo.
Pero el tambin busca a Tontoburro.
Un camello?
S. Y es mi amigo. Me entiende.
Bueno, eso facilita las cosas. La caballeriza est a la de-
recha del lugar donde saldrs. Puedes ir all y abrir una
puerta que da al campo. Pero cuida que salga solo el
camello. Mira que si te sorprenden en la fuga, te mata-
rn Y ahora, adis!
Qu debo decir a tus amigos?
Que sigan. Que nadie ha dicho nada. Que si pueden
enven armas. Es mejor morir peleando que apaleados.
Y ya, vete. Despus de unas dos horas saldr el sol
Tontoburro puede que sea revolucionario pensaba
Juanito cuando bajaba por los desages procurando
no romperse la crisma.

44
XVII

Qu sorpresa para el de la barba a la otra noche,


cuando sinti que le tocaban y vio junto a s al pequeo
que se haba escapado!
Y t qu haces aqu?
Te traigo armas. Y esto que dicen que t sabes usar
Ah! Una bomba!
Uno que dijo llamarse el Alto dice que prepares la fuga
para maana de noche. Ellos estarn afuera. Sera lo
mejor con caballos.
Ah, cierto y tu camello?
No puede abrir la puerta. Ahora le dir que se prepare
l tambin para maana.
Sera bueno soltar todos los caballos.
Yo le puedo decir a mi camello que l tambin organi-
ce la fuga. S?
Bueno, por ahora vete Que si te hallan, te matarn.
Estn furiosos porque no saben qu te has hecho. Creen
que eres un mago. Y, a lo mejor, lo eres. Lo eres?
Mira dijo Juanito, y sac sus tres bolas, roja, azul y
verde. Y, de pronto, las tres eran verdes.
Eso est bien dijo el revolucionario-: hacerlo todo verde
campos sembrados, esperanza para todos los hom-
bres-; nada rojo de sangre; nada azul de privilegios y
evasin

45
No lo haba pensado dijo
Juanito-: pero me gusta.
Pero, bueno ahora
vete si te hallan aqu,
te matarn a palos o
te quemarn, por
mago.
Queman a los
magos?
Queman todo lo
que no entienden.
Volver maana
se despidi Jua-
nito.
Trae cuerdas.
Muchas cuer-
das.
Pero, cmo?
Un mago
como t no hace esas preguntas.
Yo soy slo mago de bolas.
Mira: si traes una cuerda y atada a esa otra y otra y
otra
Ah! Esto va a ser muy divertido.
Hasta morir es ms fcil divirtindose Adis y buen
viaje.
Hasta maana.

46
XVIII

A la noche siguiente lo primero que son fue un gran


estallido. Las paredes de las grandes prisiones volaron
en pedazos y la obscuridad se ilumin como si hubiera
cado un rayo.
Enseguida, por el enorme orificio comenzaron a descol-
garse los presos, y abajo los esperaban caballos. Y un
camello.
El camello le grit a Juanito en el idioma de los came-
llos, claro-: Por ac!
Y justo entre las dos jorobas fue a parar Juanito.
Y como ya sonaban las sirenas de la crcel y los reflec-
tores se volvan buscando a los que huan, caballos y
camello se dispararon a gran velocidad.
Cuando los tanques salieron con sus caones vomitan-
do fuego, ya era tarde.
Lo ha hecho todo como un mago. Es, en verdad, un
mago dijo a los otros revolucionarios el amigo de Juani-
to-. Y, adems, es valiente. Esa es su magia: ser valiente.
Sera un gran revolucionario.
S, me gustara ser revolucionario dijo Juanito-; pero
primero tengo que hallar a Tontoburro.
He estado pensando, desde que me hablaste de Tonto-
burro dijo el revolucionario amigo de Juanito-, y creo
que buscar a Tontoburro es ser revolucionario. Te
parece a ti que Tontoburro podra estar del lado de los
poderosos? De los que tienen todo, mientras a muchsi-

47
mas gentes les falta hasta la comida y un techo propio?
No dijo Juanito-. Claro que no.
Y puedes imaginarte a Tontoburro mandando tanques
de guerra para aplastar a unos pobres obreros que
piden ms salario porque el que ganan no les alcanza
ya para vivir, o a unos campesinos que se tomaron una
tierra porque no tenan donde sembrar su trigo?
No dijo Juanito-. Y Tontoburro no necesita tanques.
No confirm el revolucionario, pensativo-. Yo creo, ms
bien, que Tontoburro debe ser revolucionario. Y, a lo
mejor, l ha resuelto muchos problemas que nosotros no
hemos podido vencer. Cuando lo halles, llmanos.
Talvez podamos trabajar con Tontoburro. Lo hars?
Lo prometo dijo, muy solemnemente, Juanito.
Y, despus de un largo silencio, an dijo otra cosa Juani-
to:
T dices que buscar a Tontoburro es ser revolucionario.
Yo estoy recordando lo que me dijo un hombre de gran
barba y melena tupida: No se puede buscar sin luchar,
me dijo. Y me dijo tambin: Si buscas bien, un da ten-
drs que luchar. Ahora s que he buscado bien.

48
XIX

Tres noches charl Juanito con los revolucionarios y al


amanecer del tercer da se puso en camino.
Al ver salir el sol pens que el sol sala para todos y que,
como el sol, todas las cosas de la tierra deban ser para
todos y que era como querer tapar el sol pretender
dejar a muchos hombres y nios sin las cosas de la tierra:
sin el pan, sin los frutos, sin la lana de la oveja y el cuero
de las reses; sin una casa con flores en el patio; sin
msica y sin libros; sin rboles, sin pjaros, sin juegos.
Pens tambin que, as como nadie poda detener el
sol, y su luz y su calor, nadie podra detener que un da
todos los hombres tuviesen la tierra, que era de ellos, y
fuesen felices. Sin tanques, sin caones, sin crceles, sin
apaleamientos, sin patronos, sin cosas como esa panta-
lla que mandaba a tomar Cola Cola, sin quemadores
de libros, sin pestes, sin verdugos, sin murallas
Pens, por ltimo, que Tontoburro deba ser como el sol,
que sala y daba luz y calor y vida a todo el mundo: a
las plantas, a los animales, a los hombres, a l y a su ca-
mello.
Entonces se puso en camino hacia el lugar por donde
haba salido el sol.
Seguiremos buscando y luchando, luchando y buscan-
do dijo, al despedirse, a sus amigos revolucionarios.

49
XX

Pero ya todos los ejrcitos del mundo buscaban a Juani-


to. Para matarlo. Porque era muy peligroso, decan, que
encontrase a Tontoburro.
Mira le dijo Juanito a su camello-: estamos en foto por
todas partes. Van a dar una Condecoracin al Mrito
en el Orden de Inquisidor Mayor al que informe sobre
nuestro paradero. Y esto, todava ms interesante: el
Consorcio Mundial de Bancos y el Club de los Seores
que se sientan en Sillones Dorados darn un milln de
dlares al que nos entregue vivos o, preferiblemente,
muertos S, a los dos. A ti y a m Que por qu nos
quieren ver muertos? Mira: aqu dice que somos peli-
grosos terroristas, contumaces delincuentes y prfu-
gos de la justicia. Entiendes esto de contumaces?
No? Pues yo tampocoY por qu nos llaman delin-

50
cuentes? Eso de prfugos, pues ahora s vamos a
tener que andar muy de prfugos Porque, si no, nos
matan
Pero, ms que a nosotros, a quien quieren capturar es a
Tontoburro. Aqu dice que darn tres millones a quien d
una pista que conduzca a hallar a Tontoburro, enemigo
pblico nmero uno y peligro mayor para la tranquilidad
social.
A nosotros podrn matarnos dijo filosficamente Juani-
to-, pero a Tontoburro nunca lo hallarn.
Pero, como no tena sentido dejarse matar antes de
hallar a Tontoburro, Juanito y el camello decidieron, los
dos, irse a seguir buscando ms bien por el desierto.

51
XXI
Entonces son un clarn a las puertas del desierto. Como
cuando se anuncia la llegada de un rey.
Ser Tontoburro rey y andar por aqu? pregunt Jua-
nito a su camello.
Los ojos del camello brillaban, pero no por otra cosa sino
porque recordaba el desierto que haba dejado haca
tiempo y que era su mundo y su casa.
Vamos le dijo Juanito-. Vamos a ver si encontramos
algo.
Caminaron y caminaron. Dos veces llen el camello sus
jorobas con agua de distintos oasis y dos veces las
vaci. Y ahora estaba otra vez sin gota. Y no hallaban
en el desierto nada que pudiera llevarlos a Tontoburro.
Las caravanas de nmadas,
al or el nombre, meneaban
la cabeza.
Tontoburro? Talvez uno de los reyezuelos del lado de
all
Cmo son? preguntaba Juanito.
Son poderosos. Son ricos. Tienen muchas mujeres y reba-
os de camellos. Son crueles.
No conclua Juanito-. No son Tontoburro.
Cuando estaban perdiendo la esperanza de salir vivos
del desierto, hallaron la cueva del ermitao.
Era un hombre de cabeza grande y muy flaco: se le
podan contar los huesos. La cabeza estaba pelada y
los pocos pelos que le caan por detrs eran blancos.
Deba ser viejsimo. Y qu haca?: de rodillas junto a
una piedra que pareca una mesa, con los ojos cerra-
dos, las manos juntas y el rostro vuelto hacia lo alto. Pa-
reca estar esperando algo. Esperando escuchar una
voz
Y a su pie, acostado como un perro, estaba un len.
S: un len! No haba, pues, como acercarse al viejo, ni
como llamarle la atencin. A esperar que abriese los
ojos.
Espera y espera, Juanito estaba que se dorma. Se solt
un ruidoso bostezo y entonces se despertaron todos: el
viejo, el len y el mismo Juanito. El len comenz a
gruir sordamente, y a Juanito y su camello se les pusie-
ron los pelos de punta.
Quieto! le orden el viejo al len, y alzndose y avan-
zando hacia el muchacho, le pregunt: Tienes hambre
y sed?
Este s era un hombre que saba hacer preguntas. No

53
como los militares esos que disparaban preguntas como
ametralladora y no haba como responderles, y a la
larga no averiguaban nunca nada bueno. Y qu buena
pregunta! Porque ni Juanito ni su camello daban ms de
hambre y de sed. De sed, sobre todo.
S dijo Juanito, con voz moribunda- nos secamos de
sed.
Venid dijo el viejo-; compartiremos mi pan y mi agua. Y,
en lugar de pan, ya hallaremos algo para tu camello.
Juanito se haba comido en dos por tres el pan que el
viejo tena para el mes. Y haba vaciado ya tres jarras de
agua.
Rico su pan dijo.
Yo mismo siembro el trigo, lo cosecho, lo muelo, amaso
y horno. Esta harina dorada es un bello don del Seor.
Tan bueno como el agua del manantial en la roca. Tan
bueno como el sol.
No tiene nada ms de comida?
Para sostener esta vida mortal, basta con pan y agua. El
camino es corto, y lo nico que espero es llegar a la
patria. Y t, qu buscas por estos lados a los que
nunca llega nadie?
Buscamos a Tontoburro.
S, los dos dijo el viejo, al que no le extraaba que Jua-
nito tuviese por compaero un camello, as como l
tena un len. Y qu bello len! Qu grande!
Y quin es Tontoburro? pregunt el viejo.
No s.

54
Comprendo dijo el viejo, con los ojos brillndole-, como
los pueblos que esperaron por siglos al Mesas y no
saban quien era. Unos decan que era rey, otros que
era jefe, otros que pastor, otros que profeta
Y dijeron algunos que era revolucionario? pregunt
Juanito.
Bueno, eso lo decan un poco todos: porque rey, o jefe,
o pastor, o profeta vena a cambiar el orden del mundo.
Y ese Mesas, ya lleg? pregunt Juanito, y sus ojos
le brillaban extraamente.
Lleg dijo el viejo.
Y cmo result ser? Rey?
No. O, talvez, un poco s.
Jefe?
No. O, talvez, un poco s.
Profeta?
No. O, talvez, un poco s.
Y ese Mesas, cmo se vesta?
Como uno cualquiera.
Y cmo era su cara, su cuerpo?
Unos dicen que era el ms hermoso de los hijos de los
hombres; otros, que era feo. Muchos nunca vieron en l
nada especial
Pasaron sin reconocerle? pregunt Juanito, un poco
asustado. Y si l pasaba junto a Tontoburro sin recono-
cerlo?
55
As sucedi dijo tristemente el viejo.
Y dnde est ahora eses Mesas?
En todas partes dijo el viejo.
No entiendo
Vers: muri.
Entonces ya no est en ninguna parte concluy Jua-
nito.
Muri dijo el viejo-, pero despus de tres das resucit. Y
desde entonces est junto a todos los que le buscan.
No entiendo y no entiendo. Se fue y est presente
est ya con los que le buscan Si yo estuviese junto a
Tontoburro, cmo podra buscarle?
Pudiera ser que ya estuvieses con Tontoburro por eso
no buscas nada ms que a Tontoburro por los caminos
del mundo.
Tres noches habl Juanito con el ermitao. Cuando al
amanecer del tercer da, se puso en camino, era como
si hubiese crecido tres aos enteros. No, claro, en el
cuerpo, sino en la manera de entender las cosas. Ahora
le habra gustado volver a donde sus amigos revolucio-
narios As como le habra gustado tambin tanto que
el viejo ermitao, que todo lo entenda, le hubiese
acompaado para ir a buscar a Tontoburro.
Cuando lo halles, vuelve a contarme de l. El me dir lo
que no entiendo del mundo y de las cosas le haba
dicho el viejo al despedirse.

56
XXII
Cuando Juanito sali del desierto saba que iba a en-
contrar a Tontoburro. Estaba cerca.
Hall en los campos a hombres y mujeres flacos y andra-
josos, y les dijo:
Los campos son de ustedes.
No le dijeron los hombres y mujeres flacos y andrajosos-:
son del seor.
El nico seor es Tontoburro.
Tontoburro es poderoso? preguntaron.
S, es muy poderoso respondi Juanito.
Y es cruel? volvieron a preguntar.
No. No es cruel. Aborrece la crueldad.
Pero y dnde est Tontoburro? preguntaron todos.
Vamos a hallarlo.
Y todos cogieron su trigo y levantaron sus azadas y
hoces como banderas y se fueron detrs de Juanito y
del camello, cantando.

57
XXIII

Y la nueva se reg por todos los campos:


Tontoburro nos dar los campos.
Tontoburro nos dar el agua.
Tontoburro nos dar las espigas.
Tontoburro nos dar las flores y los frutos.
Y las gentes lo dejaban todo, tomaban su trigo y sus
azadas y sus hoces y se iban a dar el encuentro a los
que marchaban hacia donde Tontoburro siguiendo a un
nio y un camello. Al encontrarse los grupos se abraza-
ban, celebraban el encuentro comiendo, como herma-
nos, el trigo comn y seguan caminando juntos.

58
XXIII

En las grandes ciudades dominadas por los ricos y los


poderosos, sus peridicos, sus radiodifusoras, sus panta-
llas de televisin nada decan de los miles y miles que lo
dejaban todo y se iban a buscar a Tontoburro.
La cabeza en la pantalla gritaba:
Tomen Cola Cola y sern felices.
Pero la gente comenzaba a murmurar:
Tenemos hambre de pan.
Y, como todas las gentes que sembraban el trigo se
haban ido a buscar a Tontoburro, en las ciudades no
haba pan.
Que salgan los ejrcitos a matar a los que no quieren
trabajar ordenaron los ricos y los poderosos.
Pero los ejrcitos no tenan balas suficientes para matar
a todos los que se iban a buscar a Tontoburro.
Y un hombrecito sali de un tanque y grit:

59
Yo no quiero seguir aqu adentro, matando Yo quiero
vivir! Yo me voy con los que tienen el trigo Esto no sirve
para sembrar.
Disprenle Es traidor! chill un regordete de ojos de
chino, lleno de medallas y cintas, como corresponda a
todo un general de divisin, en plena campaa.
Los soldados apuntaron.
Hermanos! les dijo el hombrecito.
Los soldados vacilaron los rifles y ametralladoras tem-
blaban en sus manos
Si no lo matan, lo mato yo! aull el regordete de las
medallas y las cintas.
Y, como nadie disparaba al hombrecito que haba
abandonado en medio camino su tanque, el regordete
general sac su pistola y apunt.
Pero, antes de que disparase, diez, cien, mil hombres le
arrojaron encima sus rifles y ametralladoras, y qued
enterrado debajo de una montaa.
Y los soldados, ya sin armas, se pusieron a cantar.

60
XXV
Cuando Juanito, su camello y los campesinos con su
trigo, sus azadas y sus hoces llegaron al camino y vieron
la larga columna de tanques, se prepararon a luchar.
Empuaron sus azadas y sus hoces y avanzaron en
escuadrn cerrado.
Pero los tanques no disparaban
Entonces los vieron venir: tenan toda-
va ropa de soldados, pero ahora
cantaban y sus caras ya no
eran caras de servidores de
la muerte.

Llegaron y se abrazaron
con los campesinos. Y
juntos quemaron los tan-
ques y pilas de fusiles y
ametralladoras, y baila-
ron alrededor de las
fogatas. Y por primera
vez tanques, fusiles y
ametralladoras sirvie-
ron para algo bueno:
dieron luz y calor.
Por aqu est Tonto
61
burro pens Juanito-; esto no lo poda hacer sino Tonto-
burro.
Y entonces mand mensajeros para todas partes.
Un mensajero a los ciegos, para decirles:
Venid ac, porque Tontoburro est cerca!
Un mensajero a la vieja y a los que huan de la peste,
para decirles:
Venid ac, porque Tontoburro est cerca!
Un mensajero a los que esperaban la muerte, para de-
cirles:
Venid ac, porque Tontoburro est cerca!
Un mensajero a sus amigos revolucionarios, para decir-
les:
Venid ac, porque Tontoburro est cerca!
Un mensajero al viejo del desierto, para decirle:
Ven ac, porque Tontoburro est cerca!
Y cuando la tercera noche estaba por terminarse, llega-
ron all muchas gentes de todas partes del mundo. Y
llegaron los ciegos, y llegaron los que huan de la peste,
y llegaron los que esperaban la muerte, y llegaron los
revolucionarios y lleg el viejo del desierto. Y todos, junto
a Juanito, esperaban ver salir el sol.
Y el sol comenz a salir alumbrando una tierra donde
todos los hombres eran libres y sembraban el trigo
comn para que diese pan para todos, y cantaban a la
vida.

62
XXVI
Y entonces la voz dijo:
Ya est entre nosotros Tontoburro!
El que gritaba era Juanito.
De pie sobre su camello:
Ya est entre nosotros Tontoburro!
Lleg, al salir el sol, con una manada de cervatillos, con
una bandada de gaviotas, con un
equipo acrobtico de golondrinas.
Al fin llegaste, Tontoburro dijo Jua-
nito-. No sabes como te he busca-
do.
Aqu tenamos que encontrarnos

63
dijo Tontoburro.
Llam ac a todos los que queran seguirte dijo Juani-
to.
Todos ellos sern necesarios dijo Tontoburro.
Para qu? pregunt Juanito.
Lo que tenemos aqu, hemos de llevarlo a todo el
mundo respondi Tontoburro.
Y Tontoburro empez a caminar por esa tierra donde los
hombres que lo haban buscado eran libres y sembra-
ban el trigo comn para que diera pan para todos, y
cantaban a la vida.
Y todas las gentes llamadas lo vieron.
Tontoburro era hermoso como el sol: verlo alegraba el
corazn. Como el sol: iluminaba y calentaba. Haca
crecer la vida.
Es rey? se preguntaban las gentes.
Pero, no: se lo vea pobre. Tan pobre como los ms
pobres de los que haban llegado (los que lo perdieron
todo por la peste).
Y Tontoburro dijo:
En nuestra pobreza est nuestra riqueza. Somos dueos
del aire que respiramos, de la luz del sol, de la tranquili-
dad reparadora de la noche, de la compaa de nues-
tros hermanos, del sabor nutricio de la espiga, del traba-
jo que todo lo puede, del habla que nos permite comu-
nicarnos, de la inteligencia con que entendemos el
mundo, del amor, de la esperanza. De todo lo que po

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seemos sin quitarlo a los otros.
Es un jefe guerrero? se preguntaban los que haban
sido soldados, porque lo vean ms fuerte que cualquie-
ra de sus generales.
Pero, no: se lo senta lleno de paz. Desde que l estaba
all, sobre la llanura se haba extendido una nueva paz.
Una paz que nada poda turbar. Y un hombre que la
senta como ninguno, clamaba por all: Bienaventura-
dos los pacficos, porque de l recibirn su paz. Era
aquel un hombre que vesta como campesino. Haba
venido, descalzo, desde Ass.
Tontoburro fue a l y le dijo:
Feliz t, Francisco, y todos los que aman la paz.
Y Tontoburro dijo:
Nuestra paz es ms fuerte que todas las murallas, todas
las prisiones, todas las torturas, todos los tanques y
bombas que han inventado los ricos y poderosos para
hacer la guerra. Nadie podr ya nunca nada contra
nuestra paz. Porque est dentro de nosotros y va a
llegar a todos los hombres del mundo.
Maestro dijeron entonces los revolucionarios a Tontobu-
rro-, puede llamarse paz la de los pueblos que estn
dominados, amedrentados, engaados? Es paz la de
aquellos que no tienen nada y, sin embargo, no luchan
para reclamar su parte del mundo?
No respondi Tontoburro-. La verdadera paz es la de
quienes son libres.
Y entonces las gentes entendieron que Tontoburro co

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municaba libertad. Todos se sentan tan libres como
nunca se sintieran antes. Ni cuando desconocieron a los
que haban usurpado la tierra de todos y se haban
hecho llamar seores. Ni cuando sepultaron bajo pilas
de fusiles a quienes les haban convertido en esclavos
de los poderosos y servidores de la muerte. Ahora sen-
tan ms fuertemente que nunca que al tener su tierra,
su trigo, su sol, su agua, y al amar a todos los hombres
como a hermanos, nada les poda oprimir ni atar, para
hacer cosas buenas. Eran libres para vivir, para alegrar-
se, para hacer cosas buenas.
Maestro dijeron los revolucionarios a Tontoburro-, que-
remos ir a libertar a quienes no son libres.
Todos vamos a ir respondi Tontoburro.
A Juanito le brillaban los ojos. Y el camello se puso a
patear el suelo, impaciente.
Y, cantando, todos se pusieron en camino. Francisco, el
de Ass, que saba ahora que haba que luchar para
llevar la paz a todos los hombres. El viejo del desierto,
que pensaba: En el desierto lo esper y ahora que ha
venido marchar con l. Los campesinos que haban
conquistado su libertad y acabado con los falsos seo-
res. Los que ya no tenan miedo a la peste. Los que
haban dejado de esperar a la muerte porque ahora
sentan que podan conquistar la vida. Los que ahora
vean claro con los ojos del espritu aunque no viesen
con los del cuerpo. Los revolucionarios. Los que antes
haban servido a la muerte y la opresin y ahora queran
servir a la libertar y la vida.
Todos iban por los caminos del mundo cantando. Llenos
de paz, ricos de los bienes que no entristecen el corazn

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del hombre, libres y henchidos de amor a la vida. Sem-
brando el trigo que era de todos y para todos. Que
sera, cuando Tontoburro lo partiera, pan de libertad y
alegra para todo el mundo.

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Y colorn colorado,
este cuento se ha acabado.

Otro final
de Tontoburro.

El da 15 de abril de 1979, da de la
Resurreccin del Seor, escrib el final
de Tontoburro, aunque faltaba an
mucho para que el libro estuviese
terminado.
Ese final era as:
Ya est entre vosotros Tontoburro.

Y colorn colorado
este cuento ha terminado.

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