Problemticas del supery: el masoquismo
moral
Maria Vilela Pinto Nakasu
Resumen
A partir del examen crtico de algunos aspectos del origen del supery, de su dotacin
agresiva y la relacin con el yo, comnmente relegados a un segundo plano, este trabajo se
propone reflexionar sobre las consecuencias del viraje terico de 1920 hacia la teora
freudiana del supery. Se examinar y repensar el supery y su relacin con el yo partir de
la problemtica del masoquismo moral segn El problema econmico del masoquismo
(1924), para, finalmente, elucidar algunas particularidades relativas al problema de la
eticidad, de la supervivencia y de las relaciones entre instancias psquicas.
El consciente es como nuestra vida, no vale mucho, pero es todo lo que tenemos.
("Nuevas conferencias de introduccin al psicoanlisis" (1933), 31a, pg. 209.)
El movimiento de elaboracin de la concepcin freudiana del supery es lento, oscilante,
difcil de aprehender. Sabemos que Freud no posee una teora explcita del supery, sino
una sumatoria de hiptesis, algunas de ellas sistematizadas y otra no. Desde 1923 el
supery ocupa un tercio de nuestro aparato psquico. Sus ecos se hacen or en la mayora de
los sntomas clnicos, en la teora de la cura, en actos psquicos normales individuales y en
fenmenos colectivos y culturales. Resulta imposible sustentar la primaca del supery en
un nico dominio, clnico, teraputico, normal individual o cultural. La concepcin del
supery atraviesa todas ellos, evidenciando, adems, un aspecto comn de las concepciones
metapsicolgicas de forma general.
La constelacin del supery nos permite comprender lo que nos torna neurticos, lo que
nos torna civilizados, lo que nos torna ticos.[1] En otros trminos, el supery ocupa un
lugar central en la problemtica de la culpa y su clnica, en la relacin del hombre con la
ley y del hombre con la violencia, interna y externa. El supery se dibuja en una topologa
de borde. Como sugiere Albertn (2003), l est siempre en el lmite entre el ello y el
mundo exterior, entre el ello y el Edipo, entre la pulsin y la formacin del inconsciente,
entre el deseo y el goce. Tal vez no resulte exagerado afirmar que justamente debido a su
amplitud y complejidad, el supery asuma fases tan controvertidas y genere tantos
malentendidos.
A partir del examen crtico de algunos aspectos del origen del supery, de su dotacin
agresiva y la relacin con el yo, comnmente relegados a un segundo plano, este trabajo se
propone reflexionar sobre las consecuencias del viraje terico de 1920 hacia la teora
freudiana del supery.[2] Se examinar y repensar el supery y su relacin con el yo partir
de la problemtica del masoquismo moral segn El problema econmico del masoquismo
(1924). Para finalmente elucidar algunas particularidades relativas al problema de la
eticidad, de la supervivencia y de las relaciones entre instancias psquicas.
Poder parental y masoquismo moral
La ltima figura de la serie que comienza con los progenitores es el oscuro poder del
destino, al que slo una minora puede concebir impersonalmente. Segn Freud, aquellos
que transfieren la conduccin de los sucesos del universo a la Providencia, a Dios o a Dios
y a la Naturaleza son: "(...) sospechosos de sentir a estos poderes, no obstante ser los ms
exteriores y los ms remotos, como si fueran una pareja de progenitores (...) y de creerse
enlazados con ellos por ligazones libidinosas (Freud, 1924, pg. 174). La expresin "poder
parental" revela, justamente, una concepcin parental de la Providencia, de Dios y de la
Naturaleza, objetificaciones del supery en la cultura. El individuo interpreta al infortunio
o al azar siempre a travs de la ptica de castigo y de la expiacin de la culpa: el destino me
condena, dios me condena, la naturaleza me condena.
Si buceamos en la psicopatologa e indagamos, podramos preguntarnos: la punicin del
poder parental est vinculada al masoquismo moral? En trminos metapsicolgicos, qu es
lo que est en juego en el masoquismo moral? Cmo es que el supery se manifiesta
esencialmente a travs del sentido de la culpa y muestra una realidad tan cruel para con el
yo, a tal punto de mostrarse tan cruel como solamente el ello puede serlo? O bien, cmo
puede el yo instar al castigo del destino o de los poderes parentales? Sabemos a travs de
Ricoeur (1977), que la consecuencia ms extrema del parentesco entre el supery y el ello
implica no solamente que el supery soporta residuos libidinales a travs del complejo de
Edipo, sino que tambin est cargado de la rabia destructiva gracias al esclarecimiento de la
pulsin tantica. Con El yo y el ello y El malestar (...) la dotacin agresiva del supery,
adems de ser atribuida a su origen identificatorio y por eso mismo heredero de la
desmezcla pulsional, se refuerza por medio de la renuncia pulsional impuesta por la cultura.
De all el lugar estructural ocupado por el masoquismo moral.
Sin embargo, son varios los enigmas en El problema econmico del masoquismo (1924),
texto capital de la teora del masoquismo, que crean en el lector una cierta confusin en
relacin a la economa pulsional en juego en las expresiones normales y patolgicas del
masoquismo moral. Qu importa ms, quin busca el castigo o quien castiga? Despus de
todo, en el interior de la economa masoquista "trabajar" para ser castigado revelara
solamente la exacerbacin del masoquismo en el yo o revelara del mismo modo la
intensificacin del sadismo del supery?
En Freud existen tres lgicas de funcionamiento vinculadas al masoquismo: la lgica que
produce la expresin normal y estructural del masoquismo moral y dos lgicas que
producen expresiones patolgicas. El masoquismo moral "estructural" es tributario de la
represin cultural de las pulsiones que, al mismo tiempo, aumentan el sadismo del supery
y el masoquismo del yo. En el plano de la psicopatologa encontramos la continuidad
inconsciente de la moral o simplemente crueldad y el masoquismo moral o
masoquismo ideal, para utilizar una expresin acuada por Freud en 1909.[3]
En el caso de la "continuidad inconsciente de la moral" o crueldad el sadismo del supery
propiamente dicho es el que promueve conductas que revelan la hipermoralidad de la
consciencia. Las manifestaciones de la culpa aqu son ruidosas y casi siempre perceptibles.
En el segundo caso, el "masoquismo moral" o "masoquismo ideal" la aspiracin del propio
yo de ser castigado es lo que importa y de esta forma engendra el genuino masoquismo del
yo, la tendencia a sufrir exacerbada. El yo masoquista protagoniza escenas en las cuales
alivia su culpa, de forma oculta, a travs de infortunios del destino y de los azotes de
supery. En ambos casos, el de la crueldad y el del masoquismo moral patolgico, sin
embargo, los resultados son los mismos; necesidad de castigo, resistencia al tratamiento y
apego a la condicin de enfermo. Tal vez ste sea el motivo por el cual el anlisis detallado
de las dos expresiones del masoquismo moral parece no ser el centro de las preocupaciones
de Freud, ya que las consecuencias de ambos son las mismas. Al menos, sta es la
impresin que se tiene frente al siguiente pasaje:
En la primera, el acento recae sobre el sadismo acrecentado del supery, al cual el yo se
somete; en la segunda, en cambio, sobre el genuino masoquismo del yo, quien pide castigo,
sea de parte del supery, sea de los poderes parentales de afuera. Pero nuestra confusin
inicial puede disculparse, pues en los dos casos se trata de una relacin entre el yo y el
supery o poderes equiparables a este ltimo; y en ambos el resultado es una
necesidad que se satisface mediante castigo y padecimiento (Freud, 1924, pg. 175).[4]
Como en el masoquismo moral y en la continuidad inconsciente de la moral, nos
enfrentamos a los mismos factores, (necesidad de castigo, rigidez del supery, pulsin
tantica y represin cultural), resulta fcil confundir los trminos. Nuestra hiptesis es la de
que en Freud comnmente opera una simplificacin en la concepcin del masoquismo
moral. Segn esta tesis, simplificada, el masoquismo moral es el resultado del aumento del
sadismo del supery, negndose en primer lugar el aumento del masoquismo del yo y en
segundo, la existencia de dinmicas diferentes en la produccin de los sntomas. El pasaje
apunta justamente a una tendencia, entre losque analizaron la obra de Freud, sobre el
ocultamiento del papel del yo en el abordaje de la temtica del masoquismo moral. Valas
(1990), en Freud y la perversin, desestima la distincin continuidad inconsciente de la
moral y masoquismo moral y asume el aumento del sadismo del supery en el interior del
masoquismo moral, como l mismo lo explica: "En el masoquismo moral, de esta forma se
conjugaran el componente masoquista primario del yo (en otras palabras, el masoquismo
ergeno) y la severidad aumentada del supery (heredero del complejo de Edipo)" (Valas,
1990, pg. 86).
Albertn (2003), en Las voces del supery en la clnica psicoanaltica y en el malestar en la
cultura, dice lo siguiente acerca del masoquismo moral:
En la encrucijada de esos caminos la bsqueda del castigo erotizado afianzado en el
fantasma Pegan a un nio revela el vnculo estrecho entre supery y fantasma. A partir
de estos ejes interrogamos "el modo de vida masoquista" de la neurosis de Dostoievski.
Segn Freud, las subversiones del padre y del destino con la presin superyoica, destino
que incita a la sumisin al padre, veladamente por detrs de las atroces figuras del fracaso
(Albertn, 2003, pg. 183).
De hecho, en Dostoievski y el parricidio (1927), un padre violento en realidad contribuye
a la formacin de un supery igualmente violento con el yo. Sin embargo, algo sucede con
el yo: ste se torna masoquista, adopta una postura femenina pasiva y aumenta su necesidad
de castigo que, en parte, est lista como tal a aceptar el destino y en cierta forma encuentra
satisfaccin en el maltrato del supery. Freud utiliza como llave para analizar al escritor los
azotes del supery y critica los aspectos morales y ticos en Dostoievski, realzando su
necesidad de castigo apaciguado por los engaos que l se hace a s mismo a lo largo de su
vida. Al asociar el castigo erotizado al estrecho vnculo entre supery y fantasma,
Albertn parece dejar de lado un elemento fundamental en la produccin de las "engaos" y
de las situaciones de fracaso del escritor: la posicin masoquista del yo. Adems, el unir el
masoquismo moral al paradigma de Pegan a un nio (1919), implica, del mismo modo,
no considerar los efectos destructivos de la pulsin tantica sobre la posicin masoquista de
la libido.[5]
Si, por un lado El problema econmico del masoquismo (1924) conserva de
Pegan a un nio (1919) la hiptesis basada en una escena donde el individuo se ve a s
miso golpeado por el padre y goza con ello - un goce de carcter masoquista -, por otro
lado, los celos y la rivalidad, centrales en Pegan a un nio, salen de escena en el texto de
1924, dando lugar a la ecuacin libido ms pulsin fantica. El resultado del vnculo
mortfero entre el yo y el sufrimiento ser la renuncia a las pulsiones.[6] Ricoeur en 1977
postula que, a pesar de que ignoramos cmo se produce la domesticacin (Bndigung) de
la pulsin de muerte por parte de la libido, o sea, en la parte de la pulsin de muerte vertida
en los objetos exteriores, sino tambin en el residuo que queda adentro, es decir, en el
masoquismo, que se nos muestra as como la ms primitiva aleacin (Legierung,
coalescencia) del amor y la muerte (Ricoeur, 1970, pg. 257).
Volvamos sobre algunos pasajes de El problema econmico del masoquismo (1924) para
ilustrar mejor nuestro argumento. Comencemos por la afirmacin de Freud que
reprodujimos anteriormente, en la que dice que: en el masoquismo moral (...) el acento
recae sobre el verdadero masoquismo del yo, quien pide ese castigo, ya sea de parte del
supery o de los poderes parentales exteriores (...) (Freud, 1924, pg.175).[7] Ms
adelante leemos: (...) tambin llamen masoquistas a los que infligen daos a s mismos
(Freud, 1924, p. 171).[8] Y luego:
Este ltimo masoquista - crea la tentacin de un trabajar pecaminoso, que debe ser
expiado bajo las acusaciones de la consciencia moral sdica (como en el carcter de varios
personajes rusos) o con el castigo del destino, ese gran poder parental. Para provocar el
castigo de este ltimo sustituto de los progenitores, el masoquista se ve obligado a hacer
cosas inadecuadas, a trabajar contra su propio beneficio, a destruir las perspectivas que se
abren en el mundo real y, eventualmente, aniquilar su propia existencia real (Freud, 1924,
pg. 175).
Y finalmente, encontramos una expresin contundente: No interesa quien lo inflija, si la
persona amada o una indiferente o si es causado por poderes o circunstancias impersonales;
el verdadero masoquista ofrece su mejilla toda vez que se le presenta la oportunidad de
recibir una bofetada (Freud, 1924, pg.171).[9] En suma, el yo masoquista provoca
situaciones en las cuales l es el castigado, "ofrece su mejilla" en situaciones de castigo. l
pide, busca y provoca los castigos del supery o del dolor parental. l es activo en la
bsqueda del sufrimiento en ese sentido. A diferencia del melanclico, para quien la
relacin con el objeto especfico es determinante -recordando que la melancola opera en
torno a la prdida del amor del objeto reprendido- en el masoquismo moral "(...) no importa
de donde venga el castigo. El yo no necesita de alguien amado, ni de la prdida de ese amor
para sufrir" (Weterink, 2009, pg. 205).
Sin embargo, asumir un lugar pasivo no implica "quedarse inmvil aguardando el castigo.
Al contrario, el yo provoca activamente estas situaciones de castigo. En 1909, Freud
propuso la expresin "masoquistas ideales" {ideelle Masochisten} para los individuos que
no buscan el placer en el castigo corporal, sino que se lo infligen debido a la humillacin y
la mortificacin psquica, en un comentario agregado a "La interpretacin de los sueos"
(1900). La expresin masoquismo moral conserva este aspecto "ideal" de la humillacin y
de la mortificacin mental, designando una conducta de auto castigo del yo hacia el exterior
del cuerpo, conducta que no es ni perversa ni normal, sino patolgica y moral. Moral
debido a su relacin con el supery. Patolgica, de acuerdo a la situacin de moralidad
alienada, inconsciente, por generarle un tipo de sufrimiento al individuo, que pacifica la
necesidad de castigo, obedeciendo a una lgica compulsiva en la produccin de situaciones
de castigo del supery o del poder parental.
En El yo y el ello" (1923), la continuidad inconsciente de la moral aparece vinculada a
un supery tirano, que, como heredero del complejo de Edipo, sustituye el rigor de la
instancia parental. Este sentimiento de culpa tambin encuentra satisfaccin en el castigo.
El caso de Elizabeth von R. ilustra de qu modo, en la histeria, la represin de un deseo,
puede convertirse en dolor psquica e hipermoralidad. En Elisabeth von R., la represin de
un fuerte deseo inconsciente por su cuado, ante el lecho de muerte de su hermana,
adquiere un fuerte carcter moral. Y en este caso, este carcter moral revelaba solamente su
lado externo: su supery acusaba a su inconsciente y la enloqueca.
Por el contrario, en el caso del masoquismo moral lo que se observa es la resexualizacin y
la reanimacin del complejo de Edipo en un sentido regresivo, que origina su carcter
pasivo. Al respecto, Westerink (2009), afirma:
Estrictamente hablando, igualmente tenemos que diferenciar la necesidad de castigo del
masoquismo moral del sentimiento inconsciente de culpa discutido en El yo y el ello. La
necesidad de castigo en el masoquismo moral puede entenderse como una regresin al
(negativo) deseo edpico de ser castigado por el padre y tomar el lugar de la madre como
objeto de deseo sexual del padre (Westerink, 2009, pg. 205)[10]
Solamente una moralidad resexualizada puede producir ese monstruoso enmaraamiento de
amor y de muerte, que corresponde, en el plano sublime, a lo que el placer del
sufrimiento en el plano perverso (Ricouer, 1979, pg. 247).
Si en la continuidad inconsciente de la moral el supery se torna ms sdico, en el
masoquismo moral la agresividad superyoica no aumenta. El supery desempea su
funcin usual, que debido a su origen y a su relacin con el ello, es siempre e
inevitablemente violenta y sdica. Freud parece confundir a sus lectores cuando insiste en
el aspecto sdico del supery en juego en el masoquismo moral. El sadismo y el supery
son indisociables. El supery es, en su esencia, sdico al igual que el yo. Parece haber una
sutil distincin en relacin a las formas a travs de las cuales el yo sufre las amarguras de
poder parental o del supery. En el caso del masoquismo moral, el yo se empea en sufrir
provocando el castigo del Destino o del supery. Su sentido moral puede debilitarse, lo que
llevar al individuo a cometer infracciones y delitos, con el objeto del castigo de la
consciencia moral y del destino como representante del padre. El debilitamiento de su
sentido moral no se debe a la actuacin del supery, sino solamente a la posicin
masoquista que ocupa el yo. Aqu, el yo quiere ser tratado como un nio dependiente y
malvado.
El ello tambin sufre en la continuidad inconsciente de la moral, pero no promueve su
sufrimiento, no incita a la realidad para ser castigado. Frente a la frustracin o al infortunio,
al ser alcanzado por la infelicidad externa, el yo desconfa de que el poder parental contine
amndolo. l se examina, reconoce su pecaminosidad, eleva las reivindicaciones de la
consciencia, se considera culpable ante lo ocurrido y se castiga por medio de penitencias.
Sin embargo, no refuerza su masoquismo, lo que realmente interesa es la agresin del
supery, propiamente dicho.[11] Por este motivo, se percibe una tendencia entre los
analistas de los textos freudianos, a subvertir el texto freudiano, retirando la "necesidad del
castigo" como efecto o producto de la "continuidad inconsciente de la moral" o de la
crueldad.
En resumen, tendramos entonces: a la "continuidad inconsciente de la moral" o crueldad,
en la cual la realidad toma al yo por sorpresa y en la que el supery entra en escena para
infundrle la culpa y promover su castigo. He aqu la hipermoralidad del supery. En primer
lugar, no existe en este caso correspondencia entre actuar sobre la realidad y ser castigado
por eso, la naturaleza de la crueldad es eventual: el yo espera el castigo del supery cada
vez el infortunio recaiga sobre el individuo.[12] De manera diferente que en caso del
masoquismo moral, el yo reaccionara sobre la realidad para sufrir con las acusaciones del
supery y sus derivados, lo que generara la necesidad de castigo propiamente dicha del yo
que, en nuestra interpretacin del trabajo de Freud, aparecera asociado al masoquismo
moral en lugar de la crueldad. En funcin de esto, nos hacemos eco de la afirmacin de
Ricoeur (1977):
Podemos ver lo peligroso que sera confundir: moralidad normal, crueldad (sadismo del
supery) y necesidad de castigo (masoquismo del yo). Ciertamente, estas tres posibilidades
- la represin cultural pulsional, el oponer al sadismo contra el ego, el refuerzo del propio
masoquismo del ego - son tendencias que compiten peligrosamente, pero, al menos en
principio, son tendencias diferentes. Lo que llamamos sentimiento de culpa se compone de
todo ello, pero en proporciones variables. (Ricoeur, 1977, pg. 248).[13]
Lo esencial, finalmente, consiste en retirar del campo del masoquismo moral y colocar del
lado de la crueldad al infortunio, o mejor dicho, los modos de las reacciones del psiquismo
frente a eventuales situaciones de infelicidad, muerte, prdidas, etc., situaciones en las
cuales el inconsciente no produce dolor o sntomas, en los que el individuo es, literalmente,
"tomado por sorpresa".
Notas finales
Lo que se observa luego del viraje terico de 1920 es la omnipresencia del supery en todas
las formas de la patologa, principalmente en torno al eje culpa-castigo.[14] El poder del
supery frente al yo reflejar el poder de la autoridad externa otrora ejercida ante el nio.
En ese sentido, tal parece que la condicin absoluta de desamparo y de fragilidad del nio y
a su vez, su estricta dependencia del mundo externo inauguran su obediencia a los
preceptos ticos. Preceptos inicialmente impuestos desde lo externo y una vez construido el
supery, imperativos interiores. Leemos en Moiss y la religin monotesta (1938):
El supery es el sucesor y representante de los padres (y de los educadores), que dirigieron
las actividades del individuo durante el primer perodo de su vida; contina, casi sin
modificarlas, las funciones de esos personajes Mantiene al yo en continua supeditacin y
ejerce sobre l una presin constante. (Freud, 1938, pg.140).
En efecto, tica y supervivencia no estn tan distantes como puede suponerse a primera
vista.
De esta forma podemos examinar en Freud los fundamentos de la tica, a partir del
desamparo humano y asumir el supery como la figura ltima que amparar al yo para
garantizarle su existencia. Tambin vimos que el supery es responsable, juntamente con el
masoquismo del yo, de las conductas amorales y de las hipermorales, que encuentran
castigo transformando la realidad y promueven situaciones infelicidad. En medio de la
discusin metapsicolgica acerca de la topologa psquica en juego en el masoquismo moral
o en la "continuidad inconsciente de la moral", asumimos finalmente las siguientes
hiptesis: Primero, en el masoquismo moral patolgico se destaca el masoquismo del yo, en
lugar del sadismo del supery. Segundo, an en los trazos de carcter en los cuales se
observa la moral asociada a las pulsiones destructivas, es imposible negar la participacin
del yo en la produccin de situaciones de fracaso, infelicidad o muerte. Tercero, hablar de
un supery sdico implica incurrir en una tautologa, puesto que la estructura del supery es
esencialmente sdica. Cuarto, a pesar de existir una complementacin entre el supery
sdico y el yo masoquista, tanto en el masoquismo moral como en la "continuidad
inconsciente de la moral", en un caso el yo acta sobre la realidad para sufrir con las
acusaciones del supery y, en el otro, la realidad lo sorprende y de esa forma el supery
entra en escena para estimular la culpa y promover su castigo. Por ltimo, en la clnica de la
culpa, la contingencia ejerce un rol fundamental. Sin embargo, sta no refuerza el
masoquismo de yo, sino apenas al sadismo del supery o sea, el plano de la crueldad.
Nos resta una pregunta en torno a la economa en juego en el masoquismo moral: sera
posible para el analista evaluar la bsqueda del sufrimiento del masoquista -y del placer que
de l extrae- como secundaria, detrs de la bsqueda de una compaa, y, como
consecuencia, del posicionamiento del Destino como compaero contra el desamparo
humano?
Referencias
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P. (1990). Freud e a perverso. Rio de Janeiro: Jorge Zahar.
[1] En El problema econmico del masoquismo (1924) Freud dice: "En todas las formas de
las psicopatas, debera tenerse en cuenta la conducta del supery, algo que hasta ahora no
ha sido hecho" (Freud, 1924, pg. 44).
[2] Se descartaron las versiones que se proponen explicar el origen del concepto por medio
de razones subjetivas que por ventura hayan afectado a Freud.
[3] An en El yo y el ello (1923) Freud se refera a "la prolongacin de la moral". Recin en
El malestar en la cultura (1930) sustituye ese trmino por el de la continuidad
inconsciente de la moral.
[4] El subrayado es mo.
[5] Recordemos que, desde 1915, en Pulsiones y destinos de pulsin, el sadismo no tiene
como finalidad ni causar dolor ni disfrutar con el sufrimiento, solamente el masoquismo
introduce esa dimensin de satisfaccin, o sea, un grado del disfrute para el individuo.
[6] Gori (2006) afirma, basndose en Stein: Si a lo que nos enfrentamos sin cesar en el
anlisis tanto el de nuestros pacientes como al nuestro , no es a ese "yo me odio", al que
cada uno de nosotros est condenado a pronunciar. l no lo sabe, l no lo admite, l lo sabe
pero no lo admite. Saberlo, no lo modifica. El odio dirigido hacia s mismo es sin dudas
uno de los factores fundamentales de aquello que se presenta como resistencia al anlisis"
(Gori, 2006, pg. 126).
[7] Subrayado nuestro.
[8] Subrayado nuestro.
[9] Subrayado nuestro.
[10] A lo que Westerink (2009) se refiere como sentimiento inconsciente de culpa, nosotros
optamos por llamarlo continuidad inconsciente de la moral.
[11]En este caso, dice Freud, "El destino es considerado como un sustituto de la instancia
parental; si nos golpea la desgracia, significa que ya no somos amados por esta autoridad
mxima, y amenazados por semejante prdida de amor, volvemos a someternos al
representante de los padres en el supery, al que habamos pretendido desdear cuando
gozbamos de la felicidad. Todo esto se revela con particular claridad cuando, en estricto
sentido religioso, no se ve en el destino sino una expresin de la voluntad divina. (Freud,
1930, pg. 97).
[12] Valas (1990), en Freud y la perversin, repite el equvoco al desconsiderar la
distincin continuidad inconsciente de la moral y masoquismo moral y asume el aumento
del sadismo del supery en el interior del masoquismo moral, como l mismo lo explica:
"En el masoquismo moral, de esta forma se conjugaran el componente masoquista
primario del yo (en otras palabras, el masoquismo ergeno) y la severidad aumentada del
supery (heredero del complejo de Edipo)" (Valas, 1990, pg. 86).
[13] Solamente es preciso hacer una ratificacin en este pasaje y agregar, como dice Freud
en El problema econmico del masoquismo (1924), que la necesidad de castigo tambin
est presente en dinmicas en las cuales el supery es sdico.
[14] "En todas las formas de las psicopatas, debera tenerse en cuenta la conducta del
supery, algo que hasta ahora no ha sido hecho" (Freud, 1924, pg. 165).
[Link]