En Las manos de mi madre
Alfredo Espino
Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
Slo ellas son las santas, slo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!
Para el ardor ingrato de recnditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.
Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, uncin;
Son las nicas manos que tienen corazn!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).
Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusin cadas,
Las manos maternales aqu en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazn!
Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
Las manos de mi madre perfuman con terneza!
La nia de Guatemala (Jos Mart)
Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la nia de Guatemala,
la que se muri de amor.
Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmn; la enterramos
en una caja de seda...
Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
l volvi, volvi casado;
ella se muri de amor.
Iban cargndola en andas
obispos y embajadores;
detrs iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores...
Ella, por volverlo a ver,
sali a verlo al mirador;
l volvi con su mujer,
ella se muri de amor.
Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente -la frente
que ms he amado en mi vida!...
Se entr de tarde en el ro,
la sac muerta el doctor;
dicen que muri de fro,
yo s que muri de amor.
All, en la bveda helada,
la pusieron en dos bancos:
bes su mano afilada,
bes sus zapatos blancos.
Callado, al oscurecer,
me llam el enterrador;
nunca ms he vuelto a ver
a la que muri de amor.
Mes de Mayo
Claudia Lars
Ojo celeste del da
abre pestaas de sol.
La tierra, mojada y fresca,
traje verde se visti.
El ro amarra los juncos
con transparente listn
y ensaya la rama erguida
danzas que al viento aprendi.
A la orilla del camino
y bajo el rbol de olor
asoma el jacinto tierno
su frgil cliz tembln.
Vuela la abeja ambarina,
zumba ellerdo moscardn
y la ranita de invierno
redobla ya su tambor.
Quin borda el primor
sencillo del encendido festn
que en la loma y en el llano
multiplica su color?
Quin esponja el buche rubio
del pajarillo cantor?
Quin encumbra, sin temores,
el ala fina y veloz?
Quin mece a las olas nias
en su cuna tornasol?
Quin traza sobre la playa
dibujos de caracol?
Quin pinta la mariposa
con polvillo del fulgor?
Quin mueve el resorte oculto
del vibrante picaflor?
Mayo baja de las nubes
jubiloso y juguetn.
Trae manojos de besos
y cantos de lluvia y sol!
Consejo Maternal
Ven para ac, me dijo dulcemente mi madre cierto da.
(An parece que escucho en el ambiente de su voz la dulce meloda)
- Ven y dime qu causas tan extraas te arrancan esa lgrima, hijo mo, que cuelga
de tus trmulas pestaas como gota cuajada de roco.
T tienes una pena y me la ocultas; no sabes que la madre ms sencilla sabe leer
en el alma de sus hijos como t en la cartilla?
Quieres que te adivine lo que sientes?
ven ac pilluelo, que con un par de besos en la frente disipar las nubes de tu
cielo.
Yo prorrump a llorar. Nada le dije.
- La causa de mis lagrimas ignoro, pero de vez en cuando se me oprime el corazn
y lloro!..........
Ella inclin la frente pensativa, se turb su pupila, y enjugando sus ojos y los mos,
me dijo ms tranquila:
- Llama siempre a tu madre cuando sufras, que vendr muerta o viva; si est en el
mundo, a compartir tus penas; y si no, a consolarte desde arriba.
Y lo hago as cuando la suerte ruda, como hoy, perturba de mi hogar la calma,
invoco el nombre de mi madre amada, y entonces siento que se me ensancha el
alma!
Olegario Vctor Andrade
Del Trpico
Qu alegre y fresca la maanita!
Me agarra el aire por la nariz:
los perros ladran, un chico grita
y una muchacha gorda y bonita,
junto a una piedra, muele maz.
Un mozo trae por un sendero
sus herramientas y su morral:
otro con caites y sin sombrero
busca una vaca con su ternero
para ordearla junto al corral.
Sonriendo a veces a la muchacha,
que de la piedra pasa al fogn,
un sabanero de buena facha,
casi en cuclillas afila el hacha
sobre una orilla del mollejn.
Por las colinas la luz se pierde
bajo el cielo claro y sin fin;
ah el ganado las hojas muerde,
y hay en los tallos del pasto verde,
escarabajos de oro y carmn.
Sonando un cuerno corvo y sonoro,
pasa un vaquero, y a plena luz
vienen las vacas y un blanco toro,
con unas manchas color de oro
por la barriga y en el testuz.
Y la patrona, bate que bate,
me regocija con la ilusin
de una gran taza de chocolate,
que ha de pasarme por el gaznate
con la tostada y el requesn.
A Margarita Debayle
La princesa no menta.
Margarita est linda la mar, Y as, dijo la verdad:
y el viento, Fui a cortar la estrella ma
lleva esencia sutil de azahar; a la azul inmensidad.
yo siento
en el alma una alondra cantar; Y el rey clama: No te he dicho
tu acento: que el azul no hay que cortar?.
Margarita, te voy a contar Qu locura!, Qu capricho!...
un cuento: El Seor se va a enojar.
Esto era un rey que tena Y ella dice: No hubo intento;
un palacio de diamantes, yo me fui no s por qu.
una tienda hecha de da Por las olas por el viento
y un rebao de elefantes, fui a la estrella y la cort.
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tis, Y el pap dice enojado:
y una gentil princesita, Un castigo has de tener:
tan bonita, vuelve al cielo y lo robado
Margarita, vas ahora a devolver.
tan bonita, como t.
La princesa se entristece
Una tarde, la princesa por su dulce flor de luz,
vio una estrella aparecer; cuando entonces aparece
la princesa era traviesa sonriendo el Buen Jess.
y la quiso ir a coger.
Y as dice: En mis campias
La quera para hacerla esa rosa le ofrec;
decorar un prendedor, son mis flores de las nias
con un verso y una perla que al soar piensan en m.
y una pluma y una flor.
Viste el rey pompas brillantes,
Las princesas primorosas y luego hace desfilar
se parecen mucho a ti: cuatrocientos elefantes
cortan lirios, cortan rosas, a la orilla de la mar.
cortan astros. Son as.
La princesita est bella,
Pues se fue la nia bella, pues ya tiene el prendedor
bajo el cielo y sobre el mar, en que lucen, con la estrella,
a cortar la blanca estrella verso, perla, pluma y flor.
que la haca suspirar.
Margarita, est linda la mar,
Y sigui camino arriba, y el viento
por la luna y ms all; lleva esencia sutil de azahar:
ms lo malo es que ella iba tu aliento.
sin permiso de pap.
Ya que lejos de m vas a estar,
Cuando estuvo ya de vuelta guarda, nia, un gentil pensamiento
de los parques del Seor, al que un da te quiso contar
se miraba toda envuelta un cuento.
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: Qu te has hecho?
te he buscado y no te hall;
y qu tienes en el pecho
que encendido se te ve?.
rbol de Fuego
Alfredo Espino
Son tan vivos los rubores
de tus flores, raro amigo,
que yo a tus flores les digo:
"Corazones hechos flores".
Y a pensar a veces llego:
Si este rbol labios se hiciera...
ah, cunto beso naciera
de tantos labios de fuego...!
Amigo: qu lindos trajes
te ha regalado el Seor;
te prefiri con su amor
vistiendo de celajes...
Qu bueno el cielo contigo,
rbol de la tierra ma...
Con el alma te bendigo,
porque me das tu poesa...
Bajo un jardn de celajes,
al verte estuve creyendo
que ya el sol se estaba hundiendo
adentro de tus ramajes.
El Nido
Alfredo Espino
Es porque un pajarito de la montaa ha hecho,
en el hueco de un rbol, su nido matinal,
que el rbol amanece con msica en el pecho,
como que si tuviera corazn musical.
Si el dulce pajarito por entre el hueco asoma,
para beber roco, para beber aroma,
el rbol de la sierra me da la sensacin
de que se le ha salido, cantando, el corazn.
Caal en flor
Alfredo Espino
Eran mares los caales
que yo contemplaba un da
(mi barca de fantasa
bogaba sobre esos mares).
El caal no se enguirnalda
como los mares, de espumas;
sus flores ms bien son plumas
sobre espadas de esmeralda...
Los vientos-nios perversos-
bajan desde las montaas,
y se oyen entre las caas
como deshojando versos...
Mientras el hombre es infiel,
tan buenos son los caales,
porque teniendo puales,
se dejan robar la miel...
Y que triste la molienda
aunque vuela por la hacienda
de la alegra el tropel,
porque destrozan entraas
los trapiches y las caas...
Vierten lagrimas de miel!
Un Rancho y Un Lucero
Alfredo Espino
Un da ?primero Dios!?
has de quererme un poquito.
Yo levantar el ranchito
en que vivamos los dos.
Que ms pedir? Con tu amor,
mi rancho, un rbol, un perro,
y enfrente el cielo y el cerro
y el cafetalito en flor...
Y entre aroma de sacos,
un zenzontle que cantar
y una poza que copiar
pajaritos y bejucos.
Lo que los pobres queremos,
lo que los pobres amamos,
eso que tanto adoramos
porque es lo que no tenemos...
Con slo eso, vida ma;
con slo eso:
con mi verso, con tu beso,
lo dems nos sobrara...
Porque no hay nada mejor
que un monte, un rancho, un lucero,
cuando se tiene un "Te quiero"
y huele a sendas en flor...
Amo el canto del Cenzontle
Nehuatl nictlazotla in centzontototl icuicauh,
nehuatl nictlazotla in chalchihuitl Itlapaliz
ihuan in ahuiacmeh xochimeh;
zan oc cenca noicniuhtzin in tlacatl,
Nehuatl nictlazotla
Amo el canto del zenzontle,
pjaro de cuatrocientas voces.
Amo el color del jade
y el enervante perfume de las flores,
pero ms amo a mi hermano: el hombre.
Poema Ascensin
Alfredo Espino
Dos alas!... Quin tuviera dos alas para el vuelo?
Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido.
Desde aqu veo el mar, tan azul, tan dormido,
que si no fuera un mar, Bien sera otro cielo!...
Cumbres, divinas cumbres, excelsos miradores...
Que pequeos los hombres! No llegan los rumores
de all abajo, del cieno; ni el grito horripilante
con que alla el deseo, ni el clamor desbordante
de las malas pasiones... Lo rastrero no sube:
sta cumbre es el reino del pjaro y la nube...
Aqu he visto una cosa muy dulce y extraa,
como es la de haber visto llorando una montaa...
el agua brota lenta, y en su remanso brilla la luz;
un ternerito viene, y luego se arrodilla
al borde del estanque, y al doblar la testuz,
por beber agua limpia, bebe agua y bebe luz...
Y luego se oye un ruido por lomas y floresta,
como si una tormenta rodara por la cuesta:
animales que vienen con una fiebre extraa
a beberse las lgrimas que llora la montaa.
Va llegando la noche. Ya no se mira el mar.
Y que asco y que tristeza comenzar a bajar...
(Quin tuviera dos alas, dos alas para un vuelo!
Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido,
con el loco deseo de haberlas extendido
Sobre aqul mar dormido que pareca un cielo!)
Un ro entre verdores se pierde a mis espaldas,
como un hilo de plata que enhebrara esmeraldas...
Los Pericos Pasan
Alfredo Espino
La tarde despierta de su sueo cuando
la aligera nube despunta cantando...
Una nube de alas... una alegre nube
que baja, que sube...
Son ellos. Se alejan entre llano y cielo.
Son las esmeraldas de un collar en vuelo...
Bulliciosamente
traza una verde curva en el ambiente.
Van a los palmares de ondeante abanico?
Ellos van a donde les apunta el pico...
Se alejan. se alejan... pero van tan juntos,
que mas bien parecen renglones de puntos...
Yen un llano caen, as como cuando...
como cuando un rbol se esta deshojando...
Los Ojos de Los Bueyes
Alfredo Espino
Los he visto tan tristes, que me cuesta pensar
cmo siendo tan tristes, nunca puedan llorar!...
Y siempre son as: ya sea que la tarde
los bese con sus besos de suaves arreboles,
o que la noche clara los mire con sus soles,
o que la fronda alegre con su sombra los guantes...
Ya ascendiendo la cuesta que lleva al casero,
entre glaucas hileras de cafetos en flor...
o mirando la aguas de algn murmurador
arroyuelo que corre bajo un bosque sombro...
Que tendrn esos ojos que siempre estn soando
y siempre estn abiertos?...
Siempre hmedos y vagos y sombros e inciertos,
cual si siempre estuviesen en silencio implorando!
Una vez, en la senda de una gruta florida
yo vi un buey solitario que miraba los suelos
con insistencia larga, como si en sus anhelos
fuera buscando, ansioso, la libertad perdida...
Y otra vez un rbol y junto a la carreta
cargada de manojos y mas tarde en la hondura
de una limpia quebrada, y en la inmensa llanura,
y a la luz de un acaso de purpura y violeta...
Siempre tristes y vagos los ojos de esos reyes
que ahora son esclavos! Yo no puedo pensar
como, siendo tan tristes, nunca pueden llorar
los ojos de bueyes...
Poema La pjara pinta
Claudia Lars
Estaba la pjara pinta
sentada en el verde limn;
est la campnula blanca
mirando la cara del sol.
La nube recoge en su juego
soldados, castillo y dragn;
el agua, en su cauce de berros,
tres lirios y un pez de color.
De ans las cabriolas del aire
de plumas su vivo listn;
les digo que el aire del mundo
jams fue tan buen bailador.
Me da la calandria su pico,
su rama me ofrece el gorrin,
en lunes tan nuevo y tan fino,
de qu servir el reloj?
Abejas con sueos de azcar
ya buscan un campo de olor;
hormigas de rudas faenas
va salen de cada terrn.
armia y Carmela en su risa
que es risa de-siempre-las-dos:
Carmela y Carmia en su canto
alzado de su corazn.
Invierno nos habla, sin lluvias,
por mil semillitas de -amor:
verano se ha puesto en las hojas
a ser ms alegre que yo.
La oveja descubre retoos
que casi le piden perdn;
la oveja ha olvidado su casa,
la casa del joven pastor.
Od la campana que dice:
no habr, esta maana leccin!
Od a la pjara pinta
cantando en el verde limn.
Mariposa del aire
Mariposa del aire,
qu hermosa eres,
mariposa del aire
dorada y verde.
Luz del candil,
mariposa del aire,
qudate ah, ah, ah!
No te quieres parar,
pararte no quieres.
Mariposa del aire
dorada y verde.
Luz de candil,
mariposa del aire,
qudate ah, ah, ah!.
Qudate ah!
Mariposa, ests ah?
Centro Escolar Colonia San Francisco
Asignatura:
Lenguaje
Maestra:
Olga Consuelo Alvarado
Tema:
Poemas
Alumna:
Stefany Guadalupe Sandoval Ortiz
Grado:
5 B
Fecha de entrega:
26 de junio de 2017