Ciencias Penales Desde El Sur Conferencias PDF
Ciencias Penales Desde El Sur Conferencias PDF
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Ciencias Penales
desde el Sur
Segundo Congreso
Latinoamericano de Derecho
Ciencias Penales
desde el Sur
Conferencias
Ciencias Penales
desde el Sur
Segundo Congreso
Latinoamericano de Derecho
Penal y Criminologa
Conferencias
PRESIDENCIA DE LA NACIN
Dra. Cristina Fernndez de Kirchner
SECRETARA DE JUSTICIA
Dr. Julin lvarez
Comit Ejecutivo
Nilo Batista
S e c r e ta r i o E j e c u t i v o
E. Ral Zaffaroni
S e c r e ta r i o s a d j u n t o s
Gabriela L. Gusis
Roberto Carls
Zaffaroni, Ral E.
Ciencias penales desde el sur : Segundo Congreso Latinoamericano
de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias / Ral E. Zaffaroni ;
dirigido por Ral E. Zaffaroni. - 1a ed. - Ciudad Autnoma de Buenos
Aires : Infojus, 2014.
v. 2, 360 p. ; 23x16 cm.
ISBN 978-987-3720-18-5
ISBN: 978-987-3720-18-5
1ra. edicin - octubre 2014
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho
Penal y Criminologa. Conferencias
Editorial Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nacin, Sarmiento 329,
C.P. 1041AFF, C.A.B.A.
Editado por la Direccin Nacional del Sistema Argentino de Informacin Jurdica.
Directora Nacional: Mara Paula Pontoriero
DIRECTOR
E. RAL ZAFFARONI
COORDIN A DORES
Martn g. degoumois
antonela c. ghezzi
gabriela l. gusis
COL A B OR A DORES
patricia guzmn
prlogo
E. RAL ZAFFARONI
prlogo
E. RAL ZAFFARONI(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Seor secretario de Justicia de la Nacin, Dr. Julin lvarez; seor ministro
de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, Dr. Ricardo Casal; seor rector
de la Universidad Nacional de San Martn, Dr. Carlos Ruta; seor rector de
la Universidad Nacional de La Matanza, Dr. Daniel Martnez; seor inten-
dente del partido de La Matanza, don Fernando Espinosa; seora procu-
radora General de la Nacin, Dra. Alejandra Gils Carb; autoridades de la
universidad, autoridades nacionales y provinciales, jueces, magistrados,
colegas, profesores, distinguidos penalistas y criminlogos que nos visi-
tan, estudiantes, amigas y amigos: todos.
Este es el primer congreso de ALPEC, la Asociacin Latinoamericana de
Derecho Penal y Criminologa, despus del fundacional de la Ciudad de
Guatemala. Quiero manifestar mi ms profundo agradecimiento, como
secretario ejecutivo de ALPEC, a todos los que han posibilitado la rea-
lizacin de este congreso, fundamentalmente al Ministerio de Justicia y
Derechos Humanos de la Nacin, al equipo de colaboradores del secre-
tario de Justicia, Julin lvarez, a Infojus, a la Universidad Nacional de La
Matanza y a la Universidad Nacional de San Martn, que nos permiten este
marco inmejorable para la realizacin de tan importante actividad acad-
mica. Por ltimo, quiero agradecer a mi propio equipo de colaboradores
y a los docentes de las ctedras de la Universidad de Buenos Aires, de los
Dres. Alejandro Slokar, Alejandro Alagia y Javier De Luca, que colaboran
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E. RAL ZAFFARONI
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Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
tendencia se expande por el hemisferio norte y se muestra al sur como
modelo.
El material penal que se enva son leyes descuidadas e improvisadas, san-
cionadas al comps de una agenda marcada por la televisin. Pases hasta
hace poco realmente responsables y juiciosos, parecen haber perdido la
razn a la hora de legislar penalmente. Mientras tanto, en todo el mundo
va aumentando el nmero de presos, a veces hasta lmites inconcebibles,
como es el caso de los Estados Unidos, con su inevitable secuela repro-
ductora y condicionante de deterioros y de carreras criminales.
La doctrina que nos llega desde esos pases muchas veces se acerca cada
da ms al derecho penal autoritario, al derecho penal de voluntad, al de-
recho penal de nimo, de autor, de peligrosidad, de seguridad; reverde-
cen tesis propias de los peores momentos de totalitarismo del siglo pasa-
do, se debilita la legalidad, se limita la potestad paliativa de los jueces, se
multiplican los tipos penales, se adelanta la punicin a actos preparatorios
equvocos, etc. Todo eso lo justifican algunos colegas del norte con el ar-
gumento de que en el marco de Estados democrticos y constitucionales
esto no implica los mismos riesgos del pasado, olvidando por cierto que
son esas leyes las que van configurando el nuevo modelo de Estado au-
toritario, que por cierto prescinde solo de los smbolos del pasado.
Con toda clase de argumentos, los juristas centrales tratan de justificar la
pena, cada da menos justificable ante la amplitud que cobra, pero que
bajo el manto piadoso de una supuesta prevencin general positiva es-
conde el fracaso de todas las teoras legitimantes, quedando solo en pie
el prestigio del Estado y del propio poder punitivo. La pregunta que que-
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E. RAL ZAFFARONI
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Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
historia.
Cuando los tericos de los derechos humanos hablan de las tres gene-
raciones de derechos humanos, en la tercera, en la ltima generacin,
colocan el derecho al desarrollo progresivo. Pero la historia nuestra de
los derechos humanos es exactamente inversa, el derecho al desarrollo
progresivo es para nosotros el primero de los derechos humanos, por-
que la primera condicin del desarrollo progresivo es la independen-
cia, y esa fue la primera lucha de nuestros pueblos con los libertadores
a la cabeza.
El colonialismo no ha terminado, despus de esas luchas siguieron dic-
taduras sangrientas, siguieron movimientos populares de soberana, de
autonoma, ahogados en sangre muchas veces, y la lucha anticolonialista
contina hasta el presente. Las secuelas de esta lucha estn vivas en nues-
tra regin, y una de sus manifestaciones ms notorias son los niveles de
violencia que padecemos, inherentes a nuestras marcadas estratificacio-
nes sociales.
El efecto de ellas sobre el poder punitivo siempre es directo, a mayor es-
tratificacin, mayor selectividad del poder punitivo, o sea, mayor repre-
sin sobre las clases subalternas y mayor impunidad para los segmentos
hegemnicos. Esta selectividad se marca en toda la regin, solo que con
diferentes niveles de intensidad. Por ende, como hay diferentes niveles de
intensidad, el mapa de violencia de la regin, tambin es dispar. Hay pa-
ses con altas tasas de muerte violenta, hay otros con tasas mucho meno-
res, pero incluso en estos ltimos se observan concentraciones de muertes
violentas, por lo general, en zonas de habitacin precaria.
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E. RAL ZAFFARONI
En muy apretada sntesis, podra afirmar que los datos ms salientes, las
notas ms significativas respecto de nuestros poderes punitivos y de los
problemas que les son propios en este momento y en toda la regin, son
ms o menos los siguientes:
1. hay muy poca investigacin de campo seria y confiable sobre la violencia
criminal;
2. la publicidad de los medios de comunicacin en manos de oligopolios o mo-
nopolios mediticos es igualmente intensa en cuanto a incitacin a la ven-
ganza y a la represivizacin, con independencia de las tasas concretas de
muerte violenta;
3. lo anterior indica que las muertes en s mismas no interesan, sino que lo que
interesa es su manipulacin con objetivo poltico de mayor represin;
4. esta publicidad se intensifica cuando existen administraciones que contradicen
los principios de la teocracia de mercado;
5. no hay ensayos serios de reestructuraciones policiales, sino que las agencias
ejecutivas tienden a autonomizarse del poder poltico y a disfrutar de mbitos
de recaudacin autnomos;
6. la coincidencia de reacciones policiales en defensa de sus mbitos de recauda-
cin con la incitacin pblica de los medios oligopolizados puede desestabili-
zar gobiernos y dar lugar a nuevas formas de golpes de Estado;
7. buena parte de nuestras prisiones se hallan superpobladas, con su efecto de
violencia, motines o supuestos motines, y muertes masivas;
8. hay ejercicio desmedido de violencia policial, en muchos casos con ejecucio-
nes sin proceso y desapariciones;
9. permanecen prcticas de tortura y maltrato de prisioneros, respecto de los
cuales no podemos conformarnos diciendo que no es ms sistemtica;
10. existe predominio neto de presos sin condena, o sea, inversin de nuestros
sistemas penales;
11. se observa persecucin, estigmatizacin meditica y riesgo de destitucin de
jueces y magistrados que hacen valer las garantas y los lmites al poder punitivo,
con el consiguiente amedrentamiento de los poderes judiciales de foro penal;
12. falta casi en absoluto cualquier asistencia a los presos liberados;
13. en las campaas polticas, el eje central es la llamada seguridad, con lo que
estas se transforman en virtuales campeonatos de propuestas represivas, auto-
ritarias y disparatadas;
14. se crean las vctimas hroes para aumentar la incitacin a la violencia y justificar
la sancin de leyes ms represivas y violatorias de garantas constitucionales e
internacionales;
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negativos denigrantes, y a veces fomentando todo gnero de discriminaciones.
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E. RAL ZAFFARONI
Segunda iniciativa, hace muchos aos, casi 30, se llev a cabo con el apo-
yo y en el marco del Instituto Interamericano de Derechos Humanos una
investigacin que se llam Sistemas penales y Derechos Humanos en
Amrica Latina, de los que actuamos en esa investigacin hay varios
sobrevivientes que estamos ac, entre otros la profesora Lola Aniyar de
Castro; el profesor Nilo Batista; el director general del Instituto Latinoa-
mericano de Naciones Unidas, Elas Carranza y creo que nadie ms, somos
pocos los sobrevivientes, pero bueno, estamos. Yo creo que es tiempo de
reeditar en cierto modo esa investigacin, no la propongo en este mo-
mento como un simple diagnstico sino que aspiro a que cada uno de los
investigadores, de aceptarse esta idea, extreme su imaginacin creadora
para proponer, junto al diagnstico, las soluciones que se ensayaron, las
que se pueden proponer y las que considere ms viables, prcticas y acep-
tables, es decir, demos vuelo a nuestra imaginacin para resolver nuestros
problemas. No nos quedemos en el diagnstico, porque si diagnostica-
mos la enfermedad, le ponemos un nombre cientfico y ah nos quedamos,
se nos muere el enfermo. Creo que hoy la facilidad en las comunicaciones,
la comunicacin electrnica, nos permitira realizar una investigacin de
esta naturaleza con muchos menores costos de los que tuvo hace 30 aos.
Por ltimo, pero no por eso de menor importancia, quisiera sealar que
este congreso se rene bajo la advocacin y en memoria de un juez, el
profesor Dr. Alfonso Reyes Echanda, presidente de la Corte Suprema de
Colombia. Alfonso fue asesinado el 7 de noviembre de 1985, durante la
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llamada toma del Palacio de Justicia. Es decir, dentro de dos das se cum-
plirn exactamente 28 aos de su desaparicin, mientras nosotros conti-
nuaremos nuestras sesiones. Alfonso Reyes Echanda fue nuestro colega,
colabor en la investigacin del Instituto Interamericano de Derechos Hu-
manos al que hice referencia hace un momento, era un hombre formado
en la universidad italiana, fue un destacado introductor de la dogmtica
jurdico penal en Colombia, egresado de la Universidad del Externado de
Colombia, fue despus su distinguidsimo catedrtico de Derecho Penal y
director de Instituto, fue viceministro de Justicia, magistrado y finalmente,
desde algunos meses antes de su muerte, presidente de la Corte Supre-
ma. Conoc a Alfonso en Mxico en 1965, yo era muy pequeito, junto
a Ricardo Medina Moyano, ministro de la Suprema Corte de Colombia,
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tambin muerto en el mismo acto, asesinado en el mismo acto, y durante
20 aos mantuvimos una amistad y una vinculacin harto estrecha, a veces
con visitas y encuentros personales, a veces por correspondencia, per-
manente intercambio de trabajos. La Corte Suprema de Colombia, por
l presidida, poco antes de este terrible episodio que le costara la vida,
haba declarado la inconstitucionalidad del estatuto de seguridad. El pue-
blo colombiano escuch por radio la voz de Alfonso y el pedido angustio-
so a las autoridades para que cesaran el fuego, pedido que proviniendo
del presidente de la Corte Suprema deba entenderse como una orden,
pero los disparos siguieron y su muerte fue atribuida a la guerrilla del
M19. Una comisin designada en el ao 2006 dictamin que en el cuerpo
de Alfonso, tanto como en el de Ricardo Medina Moyano, haba balas
que no correspondan a las secuestradas y usadas por la guerrilla del M19.
Querido Alfonso, tu memoria sigue viva en todos nosotros, ests hoy pre-
sente aqu. Queramos tu presencia y por eso iniciamos este congreso in-
vocando tu nombre. Los que no te conocieron tambin te conocern aho-
ra, porque tus inquietudes, en definitiva, son las mismas que expresamos
nosotros hasta hoy. Muchsimas gracias.
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julin lvarez
PRESENTACIN
JULIN LVaREZ(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Desde hace ms de una dcada desde el Poder Ejecutivo Nacional tra-
bajamos, concebimos y utilizamos la poltica como una herramienta de
transformacin de la realidad, con un claro y contundente objetivo: el de
alcanzar un pas ms inclusivo para todos y todas.
Con ms de treinta aos de democracia en nuestro pas, hemos logrado
construir un sistema que se encuentra de pie mirando hacia el futuro, y
una generacin del bicentenario, cuyos representantes tenemos la firme
conviccin de que a travs del debate y de la discusin podremos cumplir
la finalidad propuesta.
En ese marco, es que en el mes de noviembre de 2013 hemos invitado des-
de el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nacin y la Asocia-
cin Latinoamericana de Derecho Penal y Criminologa (ALPEC) a profeso-
res, estudiantes, funcionarios y profesionales destacados de nuestra regin,
de Europa y de frica, a participar del Segundo Congreso Latinoamericano
de Derecho Penal y Criminologa. Generamos as un espacio donde predo-
min el conocimiento, la investigacin y el anlisis crtico de las polticas e
instituciones criminolgicas, siempre guiados por el propsito de fortale-
cer el Estado de derecho y la defensa de los derechos humanos.
El evento cont con los auspicios y la participacin de los organismos ms
importantes de nuestro pas que intervienen en la temtica jurdico-penal:
la Universidad Nacional de La Matanza (quien nos abri las puertas de
sus instalaciones para que all se desarrollara el encuentro), la Universidad
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julin lvarez
XXIV
NDICE
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NDICE
La violencia en Amrica Latina: nuevas y antiguas discusiones......... p. 1
Presentacin .........................................................................................................p. 3
Nilo Batista............................................................................................................p. 7
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Lola Aniyar de Castro.........................................................................................p. 17
Fernando Tenorio Tagle.....................................................................................p. 49
Len C. Arslanian................................................................................................p. 87
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La violencia
en Amrica Latina:
nuevas y antiguas
discusiones
presentacin
Presentacin
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
ca y el diseo de acciones para combatirla se torne muy compleja.
El aumento de la violencia en los ltimos aos se atribuye sobre todo
a factores que operan en la sociedad: el aumento en la desigualdad, el
crecimiento de los mercados de trfico de armas y drogas y su relacin
con el crimen organizado, y las secuelas de los conflictos civiles de los
aos 80. As surge en la poblacin una alta proporcin de jvenes agre-
sores y vctimas.
Los Dres. Nilo Batista, Lola Aniyar de Castro, Fernando Tenorio Tagle y
Len Carlos Arslanin compartirn sus experiencias y puntos de vista so-
bre este panorama.
Batista caracteriz el poder que ejercen los medios de comunicacin en el
mbito del Estado democrtico de derecho, especialmente el referido al
sistema penal, como un poder ilegtimo que construye realidades.
Expres que el cadalso fue hoy sustituido por la exhibicin del acusado
en las primeras pginas del diario y en la televisin; y no como consecuen-
cia de la condenacin, sino de la acusacin cuando se presume que la
persona an es inocente.
Hizo mencin a las palabras de la profesora Simone Schreiber al decir que
la forma en la que la prensa lidia con el hecho criminal () y la realizacin
de campaas mediticas a favor de la condenacin de los reos en determi-
nados procesos puede comprometer el juzgamiento justo. Su conclusin
estrib en que las democracias que se precien como tal deben regu-
lar la interaccin entre los medios y el sistema penal. Aun desbordando
el concepto jurdico-penal, la violencia de las palabras tambin debe ser
contenida.
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presentacin
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
entender el estado actual de las prcticas sociales que se desarrollan
inconscientemente y que mantienen as arcaicas ritualidades, y que el
trmino rito significa originariamente orden. Aadi que se trata de
una ritualidad que comunica y dibuja virtualmente la identidad de un
grupo y que cuyo mensaje parece tener como objetivo la solidaridad del
grupo y la exclusin de otros.
Finalmente nos ilustr, con una aproximacin simblica, respecto del ini-
cio de la biopoltica y sobre el paso de la sociedad a una sociedad estatal-
mente organizada.
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presentacin
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Nilo Batista
Nilo Batista(1)
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Boa noite a todos. Eu pretendo falar em portugus. J ofendi muito os
ouvidos dos meus colegas e amigos argentinos praticando largamente
o portunhol. Por gostar tanto de ouvir um castelhano bem falado e ter
tanto respeito pela lngua de Cervantes resolvi no cometer mais o caste-
lhanicdio. Falarei em portugus, penso que para o bem de todos. Peo
tambm sua compreenso para o fato de que, tendo sido um pouco sur-
preendido pelo convite, no consegui preparar toda a exposio. Venho
aqui para lanar a candidatura do Professor E. Ral Zaffaroni presidncia
da Associao Internacional de Direito Penal. Nos mais de 100 anos dessa
Associao, jamais tivemos um presidente do hemisfrio Sul do planeta.
Com largas gestes, reeleies e prticas s vezes pouco democrticas,
os presidentes sempre foram do Norte. Entendo que o Professor E. Ral
Zaffaroni um colega completamente preparado para estar frente da
Associao e pautar o estudo e as reflexes acerca do direito penal. Por
que permaneceremos submetidos a uma pauta que vem do Norte, no
raro desassociada da realidade de nossos povos? Vejam, por exemplo, o
trfico de pessoas. Criminalizam-se latino-americanos que, premidos pe-
las circunstncias da vida, so obrigados a procurar meios de trabalho e
subsistncia nesse tipo de atividade. E ns, professores latino-americanos,
temos que estudar processos que criminalizam nossos prprios irmos.
7
Nilo Batista
(3) Fragoso, Heleno, Lies de Direito Penal, vol. I, Ro de Janeiro, Forense, 1988, p. 26.
(4) Snchez Toms, Jos M., La violencia en el Derecho Penal, Barcelona, Bosch, 1999, p. 507.
(5) Medina, Juan, Violencia contra la mujer en la pareja, Valencia, Tirant lo Blanch, 2002, p. 55.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
esto documentados em muitas pesquisas empricas, como por exemplo
aquela que foi feita pelo Instituto de Filosofia e Cincias Sociais da Uni-
versidade Federal do Rio de Janeiro. Neste momento, h na Universidade
Federal Fluminense uma pesquisa que mais qualitativa, porque explora
tambm a responsabilidade do Ministrio Pblico e do Poder Judicirio
no arquivamento desses autos de resistncia. As histrias dessa segunda
pesquisa so assombrosas. A leviandade, a irresponsabilidade e a coni-
vncia de certas autoridades do Ministrio Pblico e do Poder Judicirio,
onde esses autos de resistncia tramitam e so sepultados, uma histria
que est sendo escrita agora e estar em breve sendo publicada no Rio
de Janeiro.
(6) Todorov, Tzevetan, A conquista da Amrica, B. Perrone Moiss (trad.), San Pablo, M. For-
tes, 1993.
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Nilo Batista
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
e temidas: os signos ser converteram em armas que amedrontaram, inde-
pendentemente de existirem. Concluamos com Todorov: o encontro de
Montezuma com Cortez, dos ndios com os espanhis, era antes de mais
nada um encontro humano, e no h razo para surpresa se os especialis-
tas da comunicao humana levam a melhor. Mas essa vitria d ao mes-
mo tempo um grande golpe na nossa capacidade de no nos sentirmos
em harmonia com o mundo, de pertencer a uma ordem pr-estabelecida;
tem por efeito recalcar profundamente a comunicao do homem com o
mundo, produzir a iluso de que toda comunicao comunicao inter-
-humana. Ganhando de um lado, o europeu perdia de outro; impondo-se
em toda a Terra pelo que era sua superioridade, arrasava em si mesmo a
capacidade de integrao ao mundo. Durante os anos seguintes, sonhar
com o bom selvagem: mas o selvagem j estava morto ou assimilado, e o
sonho condenado esterilidade.(14) A burla e a mentira ajudaram a desfe-
rir, l se vo 500 anos, o primeiro golpe em Pachamama.
Tendo examinado esse velho problema, vamos a outro atual: o poder que
exercido pelos meios de comunicao no mbito do estado democrti-
co de direito, especialmente no que se refere ao sistema penal. Trata-se,
desde logo, de um poder pouco legtimo afinal, o cargo de proprietrio
de meio de comunicao no submetido a escrutnio popular mas
(11) Bernard, Vincent, 1492: descoberta ou invaso, V. Ribeiro (trad.), Rio de Janeiro, Zahar,
1992, p. 58.
(12) Todorov, Tzevetan, op. cit., p. 72.
(13) Ibid., p. 87.
(14) Ibid., p. 94.
11
Nilo Batista
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
panhas de mdia pela condenao de rus em determinados processos
pode comprometer o julgamento justo.(17) Entre as caractersticas des-
sa forma como a imprensa lida com o fato criminal, o saudoso Bustos
Ramrez destacou duas. Em primeiro lugar, temos que na obteno de
informaes os meios de comunicao se orientam pelo que consta nos
informes policiais, orais ou escritos.(18) A segunda caracterstica reside no
emprego pela mdia, ao versar um caso criminal, da linguagem do conto
de fadas, colocando as coisas (como se faria para crianas) em grossos tra-
os de bons e maus, e os maus sendo muito maus.(19) Este maniquesmo
desgua, como notou Carvalho Natalino, numa demonizao, atravs
da qual os indiciados so frequentemente referidos de forma pejorativa,
implcita ou explicitamente, mediante por exemplo o uso de metforas e
adjetivaes.(20) Uma terceira e decisiva caracterstica, sobre a qual no
se deteve Bustos, est na atitude pblica que a mdia sempre procura atri-
buir-se, camuflada qualquer motivao relacionvel s afinidades polticas
ou aos interesses econmicos dos controladores do jornal ou da televiso.
Um pesquisador viu nesta atitude uma evocao do poder moderador de
(15) Ferrajoli, Luigi, Diritto e Ragione. Teoria del garantismo penale, P. IV, cap. 10, 44, 6.
(16) Andrade, Fbio Martins De, Mdia e Poder Judicirio. As Influncias dos rgos da Mdia
no Processo Penal Brasileiro, Ro de Janeiro, Lumen Juris, 2007, p. 248.
(17) Schreiber, Simone, A Publicidade Opressiva de Julgamentos Criminais, Rio de Janeiro,
Renovar, 2008, p. 373.
(18) Bustos Ramrez, Juan J., Los medios de comunicacin de masas, en Bergalli, Roberto et al.
[orgs.], El Pensamiento Criminolgico, vol. II, Bogot, Temis, 1983, p. 58.
(19) Ibid., p. 59.
(20) Natalino, Marco Antonio Carvalho, O Discurso do Telejornalismo de Referncia: Crimina-
lidade Violenta e Controle Punitivo, San Pablo, IBCCrim, 2007, p. 85.
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Nilo Batista
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
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pela Corte Suprema, cujos protagonistas, destacadas lideranas polticas
de outrora, submeteram-se a intensa e descontrolada campanha difama-
tria, no curso do processo inclusive. Talvez hoje a proximidade cronol-
gica com os fatos no nos permita ver isso com tanta claridade, mas daqui
a cinquenta anos esse passado ser motivo de vergonha, uma ignom-
nia nacional. Uma quantidade fantstica de garantias individuais e prin-
cpios essenciais do nosso regramento constitucional, como a presuno
de inocncia e o devido processo legal, cotidianamente vilipendiada
pelos meios de comunicao, que assim definem o destino de rus, pre-
sos provisrios e suspeitos. Os problemas prticos suscitados pelo trial by
the media angustiam juzes e tribunais comprometidos com o Estado de
direito, que passam a ter na racionalidade da dogmtica jurdico-penal
a mais segura bssola para contornar preconceitos desapercebidamente
inculcados.
H quinhentos anos atrs, as palavras de Cortez iniciaram um genocdio
sobre uma populao em cuja cultura a mentira era um delito. Se a lei
de Montezuma ainda estivesse em vigor, a redao de certos jornais que
conhecemos estaria vazia... Democracias que se prezem tm de regular
a interao entre a mdia e o sistema penal. Ainda que desbordando do
conceito jurdico-penal, a violncia das palavras tambm deve ser contida.
No quero ultrapassar o meu tempo em mais nenhum segundo. Ningum
est mais interessado do que eu em ouvir Len Arslanin, Lola Aniyar de
15
Nilo Batista
Castro e Fernando Tenorio Tagle. Quero dizer que estou muito feliz por
me encontrar aqui com os senhores. Estamos muito felizes de saber que
aqui existem mulheres e homens capazes de enfrentar esse poder, de pas-
sar por todas as agruras s quais nos submetemos quando enfrentamos
este poder ilegtimo, mas o enfrentam ainda assim para dele libertar o
povo argentino.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
1. Los antecedentes: violencia
institucional y violencia institucionalizada
Una vez un hombre grande le quit la comida a un hombre chiquito.
Pero, para podrsela quitar, tuvo que correr tras l por kilmetros y kil-
metros porque el hombre chiquito era muy gil y adems sufri algu-
nos rasguos en el forcejeo por la presa.
Entonces, el hombre grande se propuso encontrar un mtodo ms cmo-
do para apoderarse de la comida del hombre chiquito, y lo encontr. Esta-
ba el hombre chiquito devorando un pato que acababa de cazar, cuando
el hombre grande se le acerc y le dijo:
Oye, ese pato es un palmpedo. Por lo tanto, me lo tienes que dar. Y si
no me lo das, entonces te aplicar un artculo.
Y el hombre chiquito, como no saba lo que era un palmpedo y muchos me-
nos un artculo, entreg el pato rpidamente para evitar males mayores
Otro da, el hombre grande encontr al hombre chiquito relamindose
despus de haber almorzado un sabroso conejo.
17
Lola Aniyar de Castro
Ese es el artculo.
As, con este cuento del muy serio humorista venezolano Aquiles Nazoa,
inici el discurso de apertura del XXIII Curso Internacional de Criminolo-
ga, de la Sociedad Internacional de Criminologa (que, por cierto, reac-
cion con conservador disgusto) sobre el tema de la violencia en Amrica
Latina, que se realiz en 1973 en Maracaibo.
Para los latinoamericanos que all haba, incluso para los que se fueron
sumando a la composicin del Grupo Latinoamericano de Criminologa
Comparada, fue un momento de encuentro, ms que un reencuentro,
porque no nos conocamos, aunque s estbamos al tanto de los exce-
lentes e innovadores libros latinoamericanos de la poca, provenientes
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
dud de los resultados sobre sus propias y masivas investigaciones sobre
gemelos univitelinos (hoy, replicada en Estados Unidos), llamando en su
ayuda a la psicologa social. El afroamericano Robert Staples habl sobre
colonialismo interno y violencia negra. El antipsiquiatra Basaglia enfrent
la realidad de las instituciones cerradas (primero como detenido por los
fascistas; luego, como dice, estando supuestamente de la parte de los
carceleros); y denuncia, textualmente, que si se acta dentro de una de
estas instituciones creadas por nuestra ciencia y por nuestra civilizacin,
nos damos cuenta de que cada instrumento tcnicamente innovador no
ha servido, en realidad, ms que para dar un aspecto formal nuevo a con-
diciones cuya naturaleza y significado quedaban inmutables (como sim-
ples instituciones de custodia), en los cuales la ideologa mdica es una
coartada para la legalizacin de la violencia.
As, violencia result ser, como lo han dicho los lingistas, un concepto
de sobrecarga semntica.
En nuestro continente, la investigacin comparada sobre violencia en Amrica
Latina, que sigui a este Curso, innov dndole contenido regional a una
poca signada por la violencia poltica, tanto en Amrica Central como en
el Cono Sur; y en la violencia estructural, a lo ancho de todo el continente.
Volviendo a la parbola del hombre chiquito y el hombre grande, ya he-
mos discurrido bastante en otros escritos sobre qu significa el garrote
del artculo: l simboliza algo ms que la ley, ms que el derecho, es
toda la carga de legitimacin aplicada a travs de los controles sociales
formales e informales, que conforman la ideologa de resguardo de
un orden determinado.
19
Lola Aniyar de Castro
De la violencia del control penal hay mucho que decir, y mucho se ha di-
cho, tanto en el mundo como en Amrica Latina. En la dcada del 70, la
violencia era abundantemente poltica, ideolgica, y ahogaba en sangre a
Amrica Central y el Cono Sur.
Aunque han pasado tantos aos, pareciera que muy poco ha cambiado el
panorama. La violencia parece haber dejado de ser poltica, pues no se ve
orientada a asumir un poder que no sea el econmico. Tal vez la violencia
interpersonal ha crecido (digo tal vez porque las cifras latinoamericanas
para los aos 70 eran imprecisas o desconocidas). Pero sus manifestacio-
nes han ido cambiando con el tiempo y sus circunstancias.
2. La violencia interpersonal:
problema fundamental del siglo XXI
(3) Ver Pavarini, Massimo, Control y Dominacin, Mxico, Siglo XXI, 1983. Tambin el libro que
escribi conjuntamente con Melossi, Carcere y Fabbrica, de la misma editorial.
20
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Diapositiva 1.
Bolivia 1
4
Per 4
20
Brasil 8
17
Colombia 10
24
Ecuador 10
18
R. Dominicana 12
12 Desempleo Delincuencia
Chile 12
15
Paraguay 16
23
Uruguay 19
25
El Salvador 14
19
Argenna 16
21
Honduras 11
22
Costa Rica 7
22
Panam 12
24
Guatemala 9
24
Mxico 14
33
Venezuela 8
57
0 10 20 30 40 50 60
(4) El primero en usar ese mtodo fue Hctor Abad Gmez del Instituto Cisalva, Universidad
del Valle, Cali, Colombia. Fue luego desarrollado por William Haddon Jr., de la Universidad
de South Carolina, EEUU.
21
Lola Aniyar de Castro
Los pases con medianos y bajos ingresos, que son los de Amrica Latina
en su totalidad, tienen 3,5 veces ms homicidios que los de mayores ingre-
sos (10,1 contra 2,9 por 100.000). Y, tambin ms homicidios que suicidios
(27,7 contra 6 por 100.000), al revs que en el resto del mundo donde hubo
8,8 homicidios y 14,5 suicidios por 100.000.
(5) La significacin del homicidio es tal que segn el Informe Mundial sobre Violencia y Salud
hubo aproximadamente 1.6 millones en el ao 2000, incluyendo las guerras, pero en esa
cantidad, el homicidio comn, fue mayor que el producido en las guerras (8.8 por 100.000
frente a 5.2 por 100.000).
(6) Ver en International Journal of epidemiology.
22
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
impune, aplaudida y arbitraria, y consolidan la cultura de la muerte.(7)
Diapositiva 2.
(7) Los resultados del Plan Patria Segura en Venezuela en manos militares ha ocasionado
en sus primeros das varios homicidios, ms que violentos, por error, por parte de com-
ponentes de una Guardia Nacional entrenada para matar en guerras en defensa de alguna
supuesta soberana, pero no para ser polica ni agente de prevencin.
(8) Resultado de una encuesta masiva de victimizacin y percepcin policial realizada oficial-
mente en Venezuela en el 2006 por el Instituto Nacional de Estadsticas (INE), CONAREPOL.
23
Lola Aniyar de Castro
Diapositiva 3.
Romero: Romero:
Una importante porcin (28,70%) aprueba que Un tercio (38,40%) manifiesta que
la polica detenga a jvenes que considere la polica ene el derecho a matar
sospechosos por su aspecto sico a los delincuentes
(Muy de acuerdo: 10,60%) (Muy de acuerdo: 18%)
Por muchas de las razones expuestas, y porque hay una victimizacin pri-
maria y secundaria preocupante, en virtud del tipo de personas que estn
sufriendo la violencia homicida, tenemos que considerar la situacin en
trminos responsables.
Entiendo que las cifras, an aproximadas como son las cifras que se reco-
gen a veces con mtodos, definiciones y criterios diversos, pueden con-
ducirnos a conclusiones capaces de racionalizar la creciente poltica crimi-
nal autoritaria que se est implantando a travs del brazo meditico, en el
mundo y en el subcontinente. Las cifras, aunque ensean, tambin ocultan.
Voy a dar algunas cifras. Pero las dar con las reservas propias de quien
conoce la realidad catica del campo.
24
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
cionalizada, ya mencionadas, son ratificada por los estudios del Banco Mundial,
que nos dice (textualmente) que el acceso desigual al cuidado de la salud es
el principal asesino de madres y nios: los nios de hogares con menores in-
gresos mueren 5 veces ms que los otros nios antes de los 5 aos de edad.
Por otra parte, existen, asimismo, la violencia que se ha llamado tradicional,
que sera la respuesta que se produce en un conflicto fuerte entre autores,
pblicos o privados;(9) y la violencia ms organizada, que tiene muy varia-
das formas de estructuracin y de objetivos y que genera normalmente altos
ndices de fallecidos (generada por los mercados de la droga prohibida, ar-
mas, trfico de personas, secuestros, delitos informticos, pornografa infantil,
extorsin a cambio de proteccin, corrupcin, contrabando, etc.). La variedad
es muy grande, y adems cambiante.
b. La selectividad del mal llamado sistema penal, que se inicia bajo la influencia
de la actividad de la vctima o de sus familiares, y que cristaliza en una enorme
cantidad de variables que dependen de los criterios de las diversas corpora-
ciones del sistema penal (el trabajo social, la polica, el Ministerio Pblico, la
Defensa Pblica y privada, el Sistema Penitenciario, etc.).
c. La dificultad para hacer estimaciones comparadas debido tanto a las diferencias
en la recoleccin de datos y a sus mtodos definitorios para su inclusin esta-
dstica como a la nomenclatura de su registro (policial, del Ministerio Pblico,
judicial, u otro).
d. La seriedad (confiabilidad) poltica de esas estadsticas, ya que el secretismo en
esta rea suele ser un recurso usual de los gobiernos.
e. Los ajusticiamientos que lleva a que los fallecimientos no suelan aparecer como
homicidios sino como muertos por resistencia a la polica. Asimismo, una gran
cantidad de homicidios se esconde tras denominaciones escurridizas.
25
Lola Aniyar de Castro
Diapositiva 4.
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
26
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Diapositiva 5.
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
La parte rayada de las barras son las muertes excluidas de las cifras de homicidio: de 65% en el 2001,
se pasa a 71% en el 2002; luego a 73% (2003); a 71% (2004); 67% (2005); y a 70% (2006).
Diapositiva 6.
0
9% 7,20%
2000 57,42%
3000 100%
4000 3688
5000
6000
6422
7000
Nmero de funcionarios Actos conclusivos Nmero de funcionarios Nmero de funcionarios
investigados imputados acusados formalmente
Cifras de INCOSEC.
27
Lola Aniyar de Castro
(12) Ver Ramesh, Deosaran, El uso de la fuerza en el Caribe. Hacia un anlisis social y psicol-
gico en Gabaldon, Luis Gerardo y Birkbeck, Christopher, Polica y Fuerza Fsica en Perspec-
tiva Intercultural, Caracas, Nueva Sociedad, 2003.
(13) Tragedias como la de la explosin de la planta de Amuay, suscitada en Venezuela por
falta de mantenimiento, son un ejemplo de ello.
(14) Venezuela, en el 2013, est en el antepenltimo lugar en materia de hacinamiento peni-
tenciario en el mundo, solo superada por Filipinas y Hait.
28
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Tabla 1. Cifras oficiales CICPC (PTJ)
Tasa asesinatos
Aos Poblacin total Asesinatos
100.000 hab.
1990 18.105.265 2474 13,7
1991 20.196.727 2502 12,4
1992 20.659.047 3266 15,8
1993 21.121.216 4292 20,3
1994 21.582.756 4733 21,9
1995 22.043.179 4481 20,3
1996 22.501.988 4961 22,0
1997 22.958.680 4225 18,4
1998 23.412.742 4550 19,4
1999 23.867.393 5974 25,0
2000 24.310.896 8022 33,0
2001 23.232.553 7960 34,3
2002 25.219.910 9617 38,1
2003 25.673.550 11.342 44,2
2004 26.127.351 9719 37,2
2005 26.577.423 9964 37,5
2006 27.030.656 12.257 45,3
2007 27.483.208 13.156 47,9
Total 99-07 88.011
Entre 1998 (4550 homicidios) y 2007 (se llega a 13.156 ) la tasa sube de 19,4 a 47,9.
29
Lola Aniyar de Castro
Tasa
Causa
Aos Poblacin total Asesinatos asesinatos
de muerte
100.000 hab.
30
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Diapositiva 7.
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Accidentes de todo tipo 20,53%
(15) Al respecto, ver: Briceo Len, Roberto, La nueva violencia urbana en Amrica Latina,
en Sociologas, ao 4, n 8, Porto Alegre, julio/diciembre 2002, pp. 34/51.
31
Lola Aniyar de Castro
Con todas estas aclaraciones previas, hay que sealar que la violencia re-
sidual, que es la que aparece ms o menos registrada, tambin es preocu-
pante. Consignaremos a continuacin sus caractersticas.(16)
(16) Ver Dammert, Luca y Arias, Patricia, El desafo de la delincuencia en Amrica Latina:
diagnstico y respuestas de poltica, en Serie Estudios Socio/Econmicos, n 40, julio 2007.
(17) La regin sub-sahariana tena ms conflictos armados que Las Amricas (22,2 por 100.000
contra 5,2 por 100.000). Cuando se excluyen los pases de altos ingresos y se enfocan los
de medios y bajos ingresos los de Amrica Latina, estos fueron los ms altos (27,5 por
100.000) 3 veces ms que en Europa, 4 veces ms que el Mediterrneo Oriental, 5 veces ms
que el Sudeste asitico y 8 veces ms que el Pacfico Occidental. Citado por Briceo Len, Ro-
berto; Villaveces, Andrs y Concha Eastman, Alberto, en pg. web Violencia en Amrica Latina.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
presencia carcelaria. En 1999, se hace evidente en San Pablo el Primer
Comando de la Capital PCC, bajo el lema del Comando Vermelho:
Paz, Justicia y Libertad; consignas que hacan pblico que estaban en
contra del sistema capitalista, lo que podra darle un sentido poltico. Pero
no tenemos otra informacin sobre su contenido real.
Puede decirse tambin que hoy, en perodos de paz, hay ms muertos
que en tiempos de las guerras que existieron en Amrica Latina en el siglo
pasado. Esto puede explicarse por una internalizacin de la cultura de la
violencia durante el perodo post-blico (Hagan); como vemos en El Sal-
vador, donde se pas, despus de la guerra, de 72 homicidios por 100.000
a 139. Pero tambin, por otras razones que veremos ms adelante, porque
El Salvador y las maras suponen un fenmeno muy particular, que excede
esa variable.
Algunos autores estiman que los pases latinoamericanos, considerados
todos entre los de medianos y bajos ingresos, aumentan la capacidad de
victimizacin (27,7 frente a 6,9 por 100.000 de los de altos ingresos) por
razones comportamentales, culturales e institucionales,(21) todo lo cual
es bastante difuso.
Pero, la pobreza no es la que determina las altas cifras de violencia. En
efecto, aunque, segn la CEPAL, en 1998 el salario mnimo fue inferior al
de 1980 y en la regin hubo 220 millones de pobres (24% de la poblacin),
los pases ms pobres tienen las tasas ms bajas de violencia. Tal es el
caso de Hait, Bolivia y Per. De igual modo sucede en las regiones rurales
33
Lola Aniyar de Castro
de cada pas, pese a que tienen mayores carencias que las grandes capi-
tales.(22) Es, entonces, la inequidad, la desigual distribucin de la riqueza
en un mismo pas que generalmente se mide con el ndice de Gini,
la que genera esa violencia. Los altos ingresos de algunos pases, si no se
reparten de manera equitativa entre los ciudadanos aunque se tenga la
posibilidad de hacerlo, desencadenan desequilibrios que suscitan vio-
lencias.
Veamos en los grficos siguientes el ndice de Gini del 2013, que es mate-
mticamente calculado,(23) y otras formas de medir la inequidad:
Diapositiva 8.
NDICE DE GINI
Mayor desigualdad
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
Menor desigualdad
An menor desigualdad
Menor an
Mnima desigualdad
Sin datos
(22) Ver Cepal, Equidad, desarrollo y ciudadana, Santiago de Chile, CEPAL, 2000.
(23) Fue diseado por Corrado Gini. Se basa en la llamada curva de Lorenz, que es la dis-
tribucin de la riqueza entre los individuos, y se expresa en porcentajes. Si todos en un pas
tuvieran la misma renta, tal porcentaje sera de 0, lo que implica la equidad absoluta.
34
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Diapositiva 9.
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Tipo de trabajo: informal
Tamao del hogar: hay 6,3 personas en los hogares
de menores ingresos y 4 en los de altos ingresos
Diapositiva 10.
LOS JVENES
Que la violencia homicida en Amrica Lana se manifieste ms en pases con mayora de
poblacin juvenil, es significavo. Generalmente los actores son hombres y jvenes. Tambin
ese fenmeno se nota en pases de altos ingresos, pero con poblacin joven.
Suele tomarse en cuenta que en Amrica Lana, especialmente los pases con mayor ndice de
violencia, enen tambin un alto ndice de desigualdad.
Se agrega que el desempleo de los jvenes creci de 7,2 millones de jvenes en 1995, a 9,5
millones en el 2005. El desempleo juvenil es de 16%: el doble de la media regional. Uno de
cada dos desempleados del total, es joven. Una proporcin de 2,8 jvenes por cada adulto.
35
Lola Aniyar de Castro
Las lesiones personales afectan mucho menos a los estratos I, II y III que a los estratos IV
y V, donde se encuentran sobre-representadas
En las ofensas sexuales, hay una ligera sobre-vicmizacin proporcional para el estrato V.
(24) La Investigacin sobre Armas Cortas demostr que Amrica Latina es la Regin que
ofrece mayor facilidades para conseguir armas.
(25) Ver: Banco Mundial, 2003 y UNICEF, 2000.
36
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
mujeres maltratadas, sus hijos presenciaban habitualmente la violencia en su
contra. En Monterrey (Mxico) este porcentaje era de 50%. Los nios que su-
fren abusos ya sea directa o indirectamente o que presencian abusos en la
familia producen menos en el colegio, presentan ms problemas de conduc-
ta y conflictividad: sus probabilidades de xito en la escuela disminuyen, son
candidatos a la desercin, depresin, baja autoestima, y presentan mayor ten-
dencia a tener conductas violentas. Ellos son parte de las llamadas vctimas
secundarias.
(26) Ver Dawn,1998, citado por Dammert, Luca y Arias, Patricia, op. cit.
37
Lola Aniyar de Castro
Diapositiva 12.
(27) Ruggiero, Vincenzo, Delitos de los Dbiles y de los Poderosos, Bs. As., Ad-Hoc, 2005.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
historia y los avatares del narcotrfico en Mxico han producido ms de
un libro y miles de pginas en los peridicos. De este fenmeno quiero
resaltar una situacin nueva que se est dando, tambin puntualmente, en
los ltimos aos en Venezuela.
(28) Usamos este trmino para referirnos a una actividad lucrativa ilcita que acta con las
estrategias de las empresas lcitas, al tiempo que aclara su ambigedad y su definicin opor-
tunista de acuerdo a los intereses polticos segn cada legislacin nacional.
(29) Los ms conocidos son el Cartel del Golfo, el Cartel de Tijuana, el Cartel de Jurez, Los
Zetas y La Familia.
39
Lola Aniyar de Castro
(30) Ver Ferrero Tamayo, Luis, La situacin fronteriza y su anlisis estadstico, en El secuestro y
la toma de rehenes una nueva realidad?, Caracas, Fondo Editorial CEVI, 2008. El trabajo pro-
vee cifras que, reconoce el autor, no son exactas porque en el secuestro hay una enorme cifra
negra: desde 1986 hasta diciembre del 2000 tuvieron lugar 482 secuestros, lo que equivalen al
93% del total de 30 aos. La autora se atribuye en un 22% al hampa organizada, 53% al EPL,
68% al hampa comn, 124% a las FARC y 154% al ELN. De tales secuestros, un 79% concluye
con un acuerdo negociado; 8%, con la muerte; 8%, con liberad sin pago; y un 5% por escape.
(31) Se habla de falsos positivos en Colombia, y de la accin militar en las favelas de Ro de
Janeiro que Vera Malagutti ha denominado invasin del territorio.
40
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
crcel de Uribana, en Venezuela, donde este mismo ao la Guardia Na-
cional extermin a 50 reclusos que estaban desnudos, desarmados y
hacinados en el patio del penal, en ocasin de una requisa. Un disparo
suelto, entre los centenares que hubo, mat a un guardia nacional. A la
crcel en cuestin le pusieron el nombre del nico efectivo de la guardia
asesinado, por la errada puntera de sus colegas. Sin embargo, de los re-
clusos asesinados, ni siquiera sabremos de qu color tenan los ojos.
42
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
violencia en el imaginario de los buenos ciudadanos.
(32) Eso comentan mis alumnos de posgrado que desempean cargos policiales.
(33) Pero all el problema de ubicacin de registros confiables es mayor: Marcela Smutt del
PNUD, nos deca en el Simposio de Estocolmo del 2013, lo siguiente: No es fcil determinar
cuntos delitos son cometidos por pandillas. Algunas instituciones pblicas afirmaban, para el
2012, que las pandillas estaban involucradas en aproximadamente un 90 % de homicidios, otras
reportaban entre el 30 y 40%, y otras decan no tener datos. El nmero de miembros de pandillas
tambin vara segn las diferentes investigaciones. El Ministerio de Justicia y Seguridad Pblica
estima que los pandilleros activos alcanzan los 60.000 jvenes y sumada su base social el nmero
podra ascender a unas 200.000 personas involucradas en violencia. Otras investigaciones hablan
de unos 20.000 pandilleros. Debido a la insuficiente informacin, las polticas pblicas para aten-
der a estos grupos han sido diseadas muchas veces sobre la base de especulaciones.
43
Lola Aniyar de Castro
(34) Prensa Grfica, 17/09/2006, citado por Dammert, Luca y Arias, Patricia, op. cit.
(35) Marcela, Smutt (representante del PNID en el Salvador), en su intervencin en el Simpo-
sio Internacional de Criminologa en Estocolmo, junio 2013.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Es un terreno de alta carencia efectiva de derechos, de cultura de paz, y
de cohesin social. De hecho, algunos pases como por ejemplo, Nicara-
gua, a pesar de niveles de pobreza elevados, al presentar bajos ndices de
desigualdad, no tienen esos ndices de violencia. Como siempre ha insistido
Elas Carranza es la desigualdad y no la pobreza la que favorece la violencia.
Smutt seala tambin algo que ya ha sido investigado por expertos que
estudiaron algunas zonas de guerra, pretritas y presentes, en frica y el
Medio Oriente, como Darfur (Hagan), Israel y Palestina. Al finalizar las gue-
rras civiles y otras experiencias blicas, y en especial en el caso de los
jvenes que crecieron en aires de violencia fue el caso de El Salvador y
buena parte de Centroamrica, entre 1980 y 1992, se mantiene esa cul-
tura del enemigo y su aniquilamiento, bajo la manifestacin de atentados
contra la vida como solucin a conflictos o carencias, siempre referidas a la
conjuncin de pobreza-riqueza en un mismo lugar y con la relatividad que
se deriva de posesiones no necesariamente significativas.
45
Lola Aniyar de Castro
6. En conclusin
No hay violencia interpersonal a sangre fra si no hay violencia institucional.
La nueva guerra entre mercados est estimulada, entonces, por el beneficio
de nuevos tipos de violencia fcil, como el secuestro exprs, el secuestro
de vehculos (y hasta de mascotas), el sicariato y los cobros de vacuna o
impuestos de proteccin; el paso fcil y bien comercializado de las drogas
prohibidas, que representan el trfico sin competencia de una nueva es-
pecie de joyera multimillonaria del mercado oscuro, el lavado de dinero y
autorizado por las complicidades bien remuneradas de altos representantes
del poder poltico, econmico, y de seguridad, y la crcel como sitio de res-
guardo, que generan recompensas lucrativas sin precedentes.
La violencia policial es un fenmeno endmico.
Guerra, pues, dentro de las oportunidades ofrecidas a cada clase, entre
los dos tipos de mercado que dominan los inicios del siglo XXI, mercados
que no siempre pueden deslindarse en sus procederes, propsitos y be-
neficios. Es el mercado oscuro que se vincula, en relacin dialctica, al
mercado dorado.
Las polticas inclusivas en muchos casos han sido fallidas. Tambin CEPAL, en
sus encuestas por hogares, encuentra que la pobreza disminuye gracias a la
contribucin de los ingresos laborales ms que a las erogaciones de la asis-
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
46
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
BIBLIOGRAFA
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47
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
1. Introduccin
Una de las ms importantes conclusiones a las que se lleg en la primera par-
te de esta investigacin(2) y que reitera los resultados de diversas filosofas,
en el amplio espectro del trmino es: matar para vivir. Lo anterior no significa
que fsicamente o materialmente hablando, unas muertes culturalmente im-
puestas propicien la posibilidad de vida para otros. La idea central es apreciar
desde una causalidad de sentido, es decir, desde una pluralidad de signos,
que en la fantasa construida por el ser humano (como opina Norbert Elias(3)
respecto a gran parte de los saberes de las ciencias sociales, especialmente
desde su origen), semejantes muertes impuestas contra natura conducen
49
fernando tenorio tagle
(4) A este respecto y de manera por dems antigua, considrese que el mismo Sneca afir-
m: La mayora del pueblo hace lo que hace sin saber por qu (citado por Burkert, Walter,
Mito e rituale in Grecia, Italia, La Terza, 1987, p. 65).
(5) Ver Galimberti, Umberto, La terra senza il male. Jung: dallinconscio al simbolo, Italia, Fel-
trinelli, Universal Economica-Saggi, 2001. Para una visin ms amplia sobre el discurso del
orden, tmese en cuenta a Tamar Pitch (Pitch, Tamar, Responsabilitt limitate, Italia, Einaudi,
1989) que describe de manera sucinta la historia de los relatos del orden desde la experiencia
europea, ulteriormente centrada en lo que se conoce como ley y orden, como aquella otra
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
50
La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
de sus funciones latentes, esta continuara ocultando la verdad, asumin-
dose a la misma como una de las funciones declaradas (o al menos inscrita
en una zona de indistincin o de indeterminacin entre estas y las latentes,
como adelante se reafirma) que encubre semejante verdad.
Aunado a lo anterior, la relatora (el relato) en torno al homo sacer que con-
duce a apreciar a Giorgio Agamben(10) como un referente obligado ampla,
sin alterar, la hiptesis precedente. En efecto, en esa primera parte de la
investigacin, siguiendo las argumentaciones de Agamben, el homo sacer
represent el cono del receptor de la fuerza del acto poltico originario y
entonces de la biopoltica, que Agamben encuentra originariamente en el
bando y en la modernidad en el estado de excepcin que figuran, como
bien acredita Agamben una zona de indistincin que incluye en el propio
acto de exclusin. Esa fuerza, en mi opinin, la asumir progresivamente
el Sistema de Justicia Penal, ciertamente el mbito o el instrumento que,
de manera formal o sin seguir las reglas jurdicas, expresa o actualiza el
estado de excepcin. Al respecto, coincide con anticipacin Alfonso di
Nola,(11) aunque con argumentos menos precisos o ms generales y en
invalida las conclusiones del trabajo citado y ahora las ampla. Ver Tenorio Tagle, Fernando,
Las ritualidades del ajusticiamiento: de la teraputica premoderna a la pena medicinal de la
modernidad, en ALTER, Revista Internacional de Teora, Filosofa y Sociologa del Derecho,
ao I, n 2, Mxico, U-A. de Campeche, mayo-agosto de 1997.
(9) Girard no considera a la ritualidad del sacrificio como una medida teraputico social, sino
que solo describe las consecuencias de la misma, esto es, la reduccin de la violencia recproca.
(10) Agamben, Giorgio, Homo sacer. Il potere sovrano e la nuda vita, Italia, Einaudi, 2005.
(11) Di Nola, Alfonso, Sacro y Profano, Enciclopedia Einaudi, Italia, Einaudi, 1981, vol. 12,
pp. 313/366.
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ocasiones confusos, al ver al homo sacer ... como el hombre excluido del
grupo, el delincuente, el condenado a muerte, como residuo del sacrificio,
que permanece despus de la desaparicin del sacrificio y se transforma
de funcin religiosa en exclusiva funcin penal.(12)
Estando las cosas as, en donde dos sujetos arcaicos (el chivo expiatorio y
el homo sacer) mutan hasta nuestros das como sujetos receptores de la
violencia punitiva. Uno y otro se implicaban, como me parece haber pro-
bado en la primera parte de la investigacin, en la misma iconografa que
se desprenda de la puesta en escena de la violencia en contra de Jess
de Nazaret. En efecto, Jess de Nazaret no represent un sujeto expuesto
a la violencia punitiva de la poca ni tampoco a la consagracin, al sacri-
ficio, sino que represent a alguien expuesto a la sacralidad de la vida, a
la violencia decretada por plebiscito en la civitas, en la informalidad de los
acuerdos jurdicos de la poca, es decir, su declaracin como sagrado en
vida, lo que lo converta en santo y maldito, esto es, en homo sacer. No
obstante, en la propia ritualidad del crusifixus, Jess de Nazaret vendra a
mutar por decisin propia y de los creyentes en el chivo expiatorio de una
tradicin que con ese hecho se iniciaba, es decir, en pharmakos, en el sen-
tido de sacrificarse este para la salvacin de la humanidad. Por ello, repre-
senta la unanimidad de la violencia (presente en ambos casos: tanto en la
violencia desatada contra el homo sacer como contra el chivo expiatorio),
que entonces es violencia fundadora o renovadora de una racionalidad,
equivalente a lo que fue demostrado por Walter Benjamin(13) al apreciar a la
violencia con las sus dos nicas finalidades posibles: ser productora o con-
servadora de derecho, sin importar, en mi opinin, si la sociedad ha transi-
tado de una sociedad sin Estado a una sociedad estatalmente organizada.
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(12) Si bien el homo sacer representa al excluido del grupo de la comunidad, no significa que
este haya sido delincuente. Tmese en cuenta que el homo sacer no violenta con sus com-
portamientos ni el derecho divino ni el derecho humano. Tampoco puede ser visto como un
residuo del sacrificio, pues este coexiste con la consagracin, ya latinamente: fare sacer. Aun-
que debe considerarse, como adelante expongo, que decretar por plebiscito como sagrada
a una persona tuvo las mismas consecuencias de aquellas que produce la ritualidad del sacri-
ficio, esto es, reducir la violencia recproca que Ren Girard aprecia en la ritualidad sacrificial
(ver Di Nola, Alfonso, ibid.)
(13) Benjamin, Walter, Para una crtica de la violencia, en Angelus Novus, Italia, Einaudi Tas-
cabili, 1995.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
(siendo en el origen solo cazador y recolector) se empeaba en sacrificar al
primer producto de la caza en tributo no solo a natura de la que lo extrajo
(segn Fichera, una vez que el cazador ha matado a su presa experimen-
tar culpa),(15) sino para a los efectos de que la muerte siga dando vida,
es decir, que posibilite la subsistencia y por ello, tal hecho se convierte
violento, en oferta, en ceremonia sagrada, en rito expiatorio. Ya ulterior-
mente, la sangre y la carne de la presa seran sustituidas por el pan y el
vino en la tradicin griega, como seala Burkert cuando alude a la edad de
bronce.(16) De ah que, asumindose Jess de Nazaret como el hijo de Dios
hecho hombre, figurar por decisin propia y para dar inicio a una tradi-
cin, ser vctima propiciatoria del rito sacrificial en el relato denominado
La ltima cena distribuyendo pan y vino a los que signa como su propia
carne y su propia sangre.
Sin embargo, Girard,(17) en un documento posterior, reitera como hipte-
sis razonablemente acreditable que el sacrificio de Jess de Nazaret (aun
cuando formalmente haya representado un homo sacer) propiciar la di-
solucin de semejante hecho (el sacrificio: la muerte del sujeto calificado
como chivo expiatorio), y por ello la asuncin de semejante ritualidad por
el tambin llamado por Girard Sistema Judicial, esto es, el sistema de
justicia penal. No obstante, tal hiptesis, la cual comparto especialmente
(14) Burkert, Walter, Homo necans. The Antropology of Ancient Greek. Sacrificial Ritual and
Mith, EEUU, University of California Press, 1983.
(15) Fichera, Antonio, Breve storia della vendetta. Arte, Litteratura, Cinema: la gistizia originaria,
Italia, Castelvecchi, 2004, p. 111.
(16) Burkert, Walter, Mito e rituale in Grecia, op. cit., p. 91.
(17) Girard, Ren, Il Sacrificio, Italia, Rafaello Cortina Editore, 2004.
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(18) Burkert, Walter, Homo necans. The Antropology of Ancient Greek. Sacrificial Ritual and
Mith, EEUU, University of California Press, 1983, cap. 1.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
es herencia del sphazein griego. Estando las cosas as, se hace inteligi-
ble que los excluidos sociales desde la modernidad sean a su vez selec-
cionados para ser excluidos fsicamente en el encierro que caracteriza la
pena epocal contempornea, sin necesidad de apelar a la antigua pena
del destierro que caracterizaba las ms de las veces al pharmakos, como
al antiguo wargus, asumiendo sus destinatarios los sentidos que esa pena
les asignaba, entre otros, ser el extrao en la comunidad, en efecto, en
cualquier comunidad.
A este respecto, me parece igualmente que he probado que en el caso
descrito en la iconografa del crucifixus, donde el homo sacer muta como
pharmakos, ulteriormente, como en la actualidad, el pharmakos (de la ra-
cionalidad vencedora) vendr a mutar como homo sacer con todas sus
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
consecuencias, es decir, expuesto solo a su nuda vita porque ya no hay
ms, esto es, la designacin de un sujeto cuya vida no tiene valor alguno
y por lo mismo, en razn de esos sentidos, cualquiera puede darle muerte
sin que haya materialmente represalias por ello, ms all de las formalida-
des jurdicas, dado que en los hechos el sistema de justicia penal exhibe
una inmensa impunidad con la que se encubre a este como a otros hechos.
Resulta de suma importancia tambin que en el anlisis de Agamben(19)
dedique un captulo completo al mbito de la ambivalencia con la que se
designaba al homo sacer, cuestin detectada precisamente en el bando y
otras relatoras bastante tratadas por especialistas como es el caso de Eva
Cantarella, refirindose ambos a la pena cullei, al ya citado wargus ale-
mn, como igualmente al homo sacer.(20) La cuestin que aqu interesa es
que, a partir del bando el sujeto queda excluido y, entonces, considerado
como un otro, desterrado normalmente de la comunidad a la que, sin
embargo pertenece (como desde el origen es la dicotoma cultura/natura,
como adelante se expone: salimos o somos expulsados de natura a la cual
pertenecemos y a la que irremediablemente regresaremos), fragundose
con ello, en mi opinin, la ambivalencia: el extrao en cualquier comuni-
dad, aun en aquella a la que se pertenece, como ha sido desde Moiss, la
caracterizacin que se ha hecho en relacin al pueblo judo.
Al respecto, considrese la violencia desatada contra semejante pueblo
(como tambin en contra otras identidades) con el llamado pogrom ruso
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Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
de Zaffaroni,(31) como la designa Massimo Pavarini,(32) viene a evidenciar la
aseveracin precedente, si se considera que Girard apuesta a mostrar (en
contra de otras lneas interpretativas), que los sujetos que fueron conduci-
dos al sacrificio eran aquellos que no tenan la posibilidad de la venganza,
esto es, de reaccionar con lo que es definido antropolgicamente como
(26) Goffman, Erving, Stigma: Notes on the Management of spoiled identity, EEUU, Touchstone, 1986.
(27) Young, Jock, La sociedad excluyente: exclusin social, delito y diferencia en la moderni-
dad tarda, Espaa, Marcial Pons, 2003.
(28) Zaffaroni, Eugenio R., Criminologa. Aproximaciones desde un margen, 3 reimp., Colombia,
Temis, 2003.
(29) Pavarini, Massimo; Prez Carrillo, Agustn y Tenorio Tagle, Fernando, Seguridad Pblica:
tres puntos de vista convergentes, Mxico, Ediciones Coyocn-Conacyt-Flasud, 2004.
(30) Comienzan con esta percepcin, empricamente probada, John Lea y Jock Young al
inaugurar el nuevo realismo de izquierda. En el trabajo citado se evidencia que los recep-
tores privilegiados de la criminalidad pertenecen tambin a los segmentos inferiores de la
sociedad, de los cuales se obtiene la clientela favorita del sistema de justicia penal (ver Lea,
John y Young Jock, What is to be done about the law and order, Inglaterra, Penguin, 1984).
(31) En sntesis, la teora agnstica de la pena propuesta por Zaffaroni apuesta a indicar que
ha sido probado suficientemente que ninguna teora positiva de la pena es cumplida por
el Sistema de Justicia Penal y los datos aportados por las ciencias sociales dicen muchas
cosas sobre la pena, pero todas parciales. As, la pena evidencia en su praxis tener muchas
utilidades, las cuales son decididamente heterogneas, como por ejemplo, hace pelear a
los excluidos y marginados, con lo cual los mantiene distrados; permite sacarse de encima
a algn enemigo poderoso, retirndole cobertura en cierto momento; normaliza situacio-
nes desnormalizadas a travs de la entrega de diplomas de vctimas; proporciona votos a
los polticos; es fuente de recursos extrapresupuestarios para las agencias; permite subir el
precio de lo prohibido cuando se lo encara empresarialmente; puede ser til para eliminar
disidentes; tranquiliza a la opinin pblica; permite montar industrias de seguridad; etc. Ver
Zaffaroni, Eugenio R. et al., Manual de derecho penal mexicano, Mxico, Porra, 2013, p. 50.
(32) Pavarini, Massimo, Sistema penale e pensiero critico nella postmodernit. Rioensando
a Sandro Baratta, Conferencia dictada en la Universit degli Studio di Napoli Federico II,
25/09/2012.
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Pero an ms, aquellos que son calificados como un otro, con los arre-
glos econmicos y polticos de la llamada aldea global, son extrados en
buena medida en Occidente de la parte ms vulnerable, como es eviden-
te, pero no solo de su hemisferio, sino de todo el amplio margen que, en
Europa, por ejemplo, puede denominarse extracomunitario, lo que mues-
tra que la llamada sociedad excluyente denominada por Young, perfila
una actitud en nada ya ingenua, peligrosamente etnocntrica. Si bien
Agamben considera que en nuestro tiempo todos los ciudadanos pueden
ser potencialmente construidos como hominis sacri, los datos expuestos
pueden evidenciar que la consciencia que comanda tiene ms posibilida-
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(33) Sandoval Huertas, Emiro, Penologa. Parte General, Colombia, Universidad Externado de
Colombia, 1982.
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Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
se impone, cuya funcin central se dirige, contra toda apariencia y ms all
de la necesidad de esclavos (y definido en trminos nietzcheanos),(36) a la
produccin de la nuda vita, es decir, la construccin de un otro, en el sen-
tido de quien no tiene posibilidades de desarrollar la venganza.
En cuanto a la ley, si esta debe ser cantada de acuerdo a la tradicin juda,
conforme a lo descrito por Massimo Cacciari,(37) semejante accin que pue-
de apreciarse en un primer momento como simblica al exhibir el triunfo
de una racionalidad cualquiera, semejante canto atiende a toda cultura,
algunas de las cuales como el caso mesoamericano la vendra a explicitar
en el rubro de filosofa: flor y canto, esto es, ser (el presupuesto) y deber ser
(la ley, el canto). Es indudablemente el canto de una racionalidad vencedo-
ra, de una violencia que cumple en el ser el deber ser que lo implica.(38) No
es casual, por un lado, la necesidad de los himnos nacionales que parece
que lo evidencian al reiterar la fundacin de una tradicin cualquiera, ni por
otra parte, el amplsimo rubro en la actualidad del trmino encantamiento
que sugiere, tambin ms all de toda apariencia, la sujecin a una ley, su
consenso, como tambin del desencantamiento, el disenso, la rebelda
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hacia un estado de las cosas que pretende imponer una ley, en efecto, a
partir del estado de excepcin, sea esta una cuestin jurdica o no jurdica,
esto es, de la pura vida cotidiana.
(39) Cantarella, Eva, Itaca. Eroi, donne, potere tra vendetta y diritto, Cap. 4, Italia, Feltrinelli,
2002.
(40) Galimberti, Umberto, Gli equivoci dellanima, 9 ed., Italia, Feltrinelli, 2011.
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de su cuerpo, maldito o no como este sea significado, con lo cual dicha
alma alcanzar la redencin, en efecto, erlsung, una de las finalidades
declaradas, aunque poco difundida de las polticas nazis en todo el amplio
espectro de aquellas dirigidas a la eliminacin de los otros conforme a su
ideologa, o ms exactamente, conforme a una identidad que pretendi
ser fundadora.
(41) Rosenzweig, Franz, La estrella de la redencin, 2 ed., Espaa, Ediciones Sgueme, 2006.
(42) Galimberti, Umberto, Gli equivoci..., op. cit.
(43) Wittgenstein, Ludwig, Tractatus logico-philosophicus, 3 ed., Valds Villanueva, Luis M.
(trad., introd. y notas), Espaa, Tecnos, 2007.
(44) Pavarini, Massimo, op. cit.
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lizada, una cuestin que el mismo Burkert evade en este debate que se
mantiene abierto.(47) No obstante, en la interpretacin de Jos Gil, la dis-
tincin se refiere a la imposibilidad en el smbolo de ver significados en
cdigos porque estos hablan de las cosas y sus relaciones y no de aquello
que las hace posibles,(48) que es precisamente el inters de estos escri-
(45) En franca coincidencia, el propio Rosenzweig apela a hacer inteligible las cuestiones
que equivalentemente Wittgenstein denomin lo mstico, a partir de la esttica, en ra-
zn que sus productos pueden revelar aquello de lo que el lenguaje sera incapaz (ver Gil,
Jos, Corpo, en Enciclopedia Einaudi, Italia, Einaudi, 1978, vol. 3, pp. 1096/1162).
(46) Eco, Umberto, Segno, Enciclopedia Einaudi, Italia, Einaudi, 1981, vol. 12, pp. 628/668.
(47) Burkert, Walter, Lorganizzazione del mito, Mito e rituale..., op. cit., pp. 3/57.
(48) Gil, Jos, Corpo, en Enciclopedia Einaudi, Italia, Einaudi, 1978, vol. 3.
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Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Y aunque Eco cuestiona este proceder como peligroso por apreciarlo
como una interpretacin simblica de la etimologa del smbolo, cuando
no se sabe qu cosa sea el smbolo ni una interpretacin simblica, en el
resumen de la voz smbolo afirma: el smbolo se interpreta y reinterpreta
tambin inconscientemente; ello realiza la fusin de los contrarios y expre-
sa lo indecible en cuanto escapa, al menos en parte, a la razn y a cada
proyecto de totalizante racionalismo.(51)
De este modo, cuando Girard, por ejemplo, signa como smbolo al chivo
expiatorio, Galimberti afirma: el smbolo no es cmo piensa Girard,
la vctima sacrificial que, como chivo expiatorio, recoge la violencia que
la comunidad quiere sacar de s, porque ello significa pensar al simbolis-
mo implicado en el sacrificio como una representacin teatral donde los
hombres, con la sustitucin de la vctima, engaan a los dioses. El smbolo
no es una representacin, sino el origen no representado de todas las
representaciones, incluida la representacin del chivo expiatorio.(52)
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Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
parece, sin dudas, puede encubrirse en la afirmacin de la lucha por la so-
brevivencia, argumento que indudablemente deviene de la misma cues-
tin simblica de cualquier puesta en escena de la violencia.
(57) Snchez Vzquez, Adolfo, Praxis social y violencia, Filosofa de la praxis, Mxico, Editorial
Grijalbo, 1967.
(58) Pasquinelli, Carla, Poder sin Estado, en Revista Poder y Control, n 1, Espaa, 1987.
(59) Rosenzweig, Franz, op. cit.
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que no era una ley, sino una excepcin en la civitas que equilibraba el
poder soberano), aprecia: Los dos lmites extremos del ordenamiento
(soberano y homo sacer) presentan dos figuras simtricas que tienen
la misma estructura y estn correlacionadas en el sentido que sobera-
no es aquel respecto del cual todos los hombres son potencialmente
hominis sacri y homo sacer, es aquel respecto al cual todos los hombres
actan como soberanos.(64)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
mejantes zonas de indistincin instrumentalizan el sentido simblico que
origina la puesta en escena de las diversas formas de violencia que acopia,
pero tambin aquellas otras que dicho simbolismo quiere conjurar.
(64) Ibid.
(65) Fichera, Antonio, op. cit., p. 114.
(66) Burkert, Walter, Homo necans. The Antropology of Ancient Greek..., op. cit., y Mito e
rituale..., op. cit.
(67) Burckert, E., Homo necans..., op. cit., 1983, especialmente el Captulo II, Werewolves
around the trpode kettle, pp. 83/134.
67
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Toda esa ambivalencia y que la razn descuida, o ms bien encubre con in-
diferencia, tiene inicio en el origen mismo del ser humano, el nico capaz,
dada su naturaleza, su equipo biolgico, como lo aprecia Norbert Elias(68)
de producir, en mi opinin, un horizonte de sentido, aun cuando este sea
fantasioso si se desea. Ese origen figura exactamente la inicial zona de
indistincin fraguada ambiguamente por el mismo ser humano respec-
to de la dicotoma cultura/natura en la que todos aprecian el inicio del
sendero humano, de la vida humana, ciertamente como tragedia, palabra
que, aunque relativa a los productos de la esttica, en el origen griego
signific el canto del chivo expiatorio.(69)
He ah la razn por la cual, como afirma Jos Gil respecto de las iniciales
sociedades (pero cuyas ritualidades en modo quizs diverso se mantienen
hasta nuestros das): Cada pasaje de un estado a otro (nacimiento, muer-
te, matrimonio), desencadena energas que los ritos liberan y utilizan. Por
ello, los brujos ocupan siempre un lugar a parte en la sociedad porque
ejercitan actividades ambiguas por el valor simblico ambivalente (...) en-
tre natura/cultura.(70)
No importa cul sea en la lnea evolutiva la interpretacin: que el huma-
no surja de natura construyendo la ambivalencia (que es la interpretacin
dominante), procurando este evidenciarse diverso de natura, en este caso
muy prximo al autoexilio de Moiss con el que da inicio la llamada por
Cacciari errante radice de la tradicin juda;(71) o que la misma natura ex-
pulse a quien ha dejado de ser solo natura, muy semejante a la interpre-
tacin que recoge Young de Lvi-Strauss(72) de ver en la actual sociedad
excluyente la metfora de una sociedad bulmica que vomita desechos,
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esto es, seres que podramos considerar en la misma metfora, cuya vida
no tiene ya valor alguno. En cualquiera de los casos, natura reclama el
regreso al origen al que fatalmente se pertenece.
Una dicotoma, entonces, que a partir de la razn, de la ciencia, el huma-
no, quizs demasiado humano, ha pretendido fronterizar, separar, desunir,
justamente por el miedo a la muerte del que habla Rosenzweig, esto es,
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
alejarnos de aquella natura que nos da vida, pero que nos reclama al con-
denarnos tambin a la muerte.
Esa desunin de una ambivalencia construida desde el origen ha tenido
diversas consecuencias negativas para amplios mrgenes de la poblacin.
Pinsese en la ms moderna interpretacin entre el estado de naturaleza y
el estado civil, esto es, la civilizacin, que dara lugar o encubrira al nacien-
te estado de derecho, eco del antiguo sentido de los brbaros, sea ello
una construccin griega o romana, no distante de la caracterizacin de
los habitantes americanos como el buen salvaje; hiptesis en todos los
casos que designa a unos como natura (o muy prximos a esta: entonces,
subhumanos) y a otros como cultura, siendo justamente estos ltimos los
constructores de semejante designacin, como la efectuada, no ingenua-
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mente al apelar al derecho penal del enemigo, la misma reiteracin que
incluye en el mismo acto de exclusin; un estado de excepcin explcito
en la relatora de una doxa que se impone por la fuerza, en nada distante
del carcter emprico de la justicia (del jus en el sentido originario de la
tradicin latina como expresin de fuerza), entonces del uso de la fuerza,
esto es, de la violencia. He ah que, en franca coincidencia, Gil asevera que
es de la articulacin natura/sociedad, que tiene origen la justicia,(73) una
cuestin, que si se advierte, no es estrictamente natural, sino justo por esa
articulacin cultura/natura, el jus se desata a partir de guas valorativas,
entonces de sentido.
Pero a su vez, si se sigue la recomendacin de Ren Girard de contrastar
los datos a travs de una antropologa comparativa es posible apreciar,
en su hiptesis, una nica lnea evolutiva del ser humano, aspecto que
Girard pone a consideracin en la ritualidad del sacrificio.(74) A este respec-
to, considrese que en la interpretacin de Antonio Fichera,(75) siguiendo a
los estructuralistas, aprecia en la historia o literatura del pueblo sumerio, en
la epopeya de Galimesh que este representa cultura, mientras que Enkidu,
con quien, considero, se une la ambivalencia, representa natura. Y an
ms. El mismo Fichera, entre otros, evidencia que la venganza que sigue la
ley arcaica de la sangre no se diferencia del rubro de justicia ulteriormente
invocado a travs de los tericos del derecho y, en este sentido, involu-
crndose con la tradicin egipcia, ve en la propia idea de venganza uno de
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fernando tenorio tagle
los pilares sobre el cual se funda la autoridad del Faran, cuyo ttulo inicial
es Horus, el vengador por excelencia; precisamente, como aprecia Fiche-
ra, la venganza es concebida como el reequilibrio, entonces, de aquello
que ha desequilibrado la balanza.(76)
Pero igualmente, consonante con lo sealado, Gil afirma que: ... amor/
odio, deseo/envidia, celos/generosidad (las pasiones), traen todas consi-
go la eventualidad de la dominacin y de la violencia.(77)
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Aun en el caso del derecho penal mnimo que muestra el pasaje de una
resolucin de conflictos entre vctima y victimario, hacia una relacin tri-
partita en la cual se incluye la figura del juez, lo cual exhibe el nacimiento
de la pena, a esta se le vendra a atribuir la finalidad de prevenir otras re-
laciones de violencia desproporcionadas como es el caso, en efecto, de la
venganza, la misma que Girard identifica como violencia recproca que el
chivo expiatorio conjuraba, y que con posterioridad semejante funcin la
asumir el sistema de justicia penal. As las cosas, el ajusticiamiento, ms
all de la decisin del estado de las cosas sobre una persona, precisamen-
te como el chivo expiatorio de la modernidad avanzada, representar un
cono de la teraputica social contempornea cuya funcin, en esa zona
de indistincin entre las funciones declaradas y latentes, no es otra sino
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la reduccin de las ansiedades sociales, las cuales tienen origen precisa-
mente en ese miedo a la muerte que producira el conocimiento del todo,
pero que conduce tambin a la ritualidad que comanda matar para vivir;
la necesidad de producir la nuda vita, de reiterar, entonces, la fundacin
de una tradicin cualquiera, independientemente de que todo ello pueda
configurar fantasas.
Mas ese pasaje que describe la direccin hacia una sociedad estatalmente
organizada, y a la cual enseguida me refiero, ha producido otras conse-
cuencias que igualmente pueden evaluarse en forma negativa, como bien
lo describe Galimberti(80) al hablar de la parte maldita del cuerpo, aquella
que tiende a la acumulacin, justo la que en la ulterior disyuncin pro-
piciar que de una sociedad econmicamente igualitaria se arribe a una
sociedad desigual, precisamente, a una sociedad de dominacin de unos
frente a otros. No obstante, los excluidos han sido los receptores de la
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violencia sacra arcaica (cualquiera que esta haya sido), como de la violen-
cia punitiva en nuestros das, precisamente por estar involucrados en esa
ambivalencia que los incluye en el acto de exclusin.
(81) Ver Benjamin, Walter, Destino y carcter, en Angelus Novus, op. cit.
(82) Gil, Jos, Corpo..., op. cit.
(83) Marcuse, Herbert, El hombre unidimensional, Espaa, Ariel, 1993.
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sistema punitivo que el receptor de su violencia asumir la ritualidad arcai-
ca del pharmakos, del chivo expiatorio de la racionalidad vencedora, que
entonces mutar en la puesta en escena de semejante violencia en homo
sacer en el ms importante sentido que as lo designaba en su origen, esto
es, un sujeto cuya vida no tiene ya valor alguno.
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(85) Considrese, como hace Jos Gil (1979), que en el caso de Crcega no se produjo
ninguna limitacin a la ley de la sangre y, en consecuencia, se sobrevena la destruccin de
familias completas. Un caso totalmente opuesto lo representa Mesoamrica, particularmente
en relacin a los aztecas, como son conocidos ms ampliamente, los cuales desarrollaron las
denominadas guerras floridas con la nica finalidad de obtener prisioneros destinados al sa-
crificio, entonces, sujetos que indudablemente caracterizaban a los otros y cuya ritualidad,
ao con ao, reiteraba la fundacin de su propia tradicin, esa especie de auto-afirmacin
para diferenciarse de los otros. Considrese igualmente que ya con anticipacin, al verificar-
se el primer sincretismo cultural en Mesoamrica entre Toltecas y Chichimecas, semejante
sincretismo vendra a concretarse por el sacrificio de un tolteca por parte de los chichimecas
(Ver Tenorio Tagle Fernando, op. cit.).
(86) Burkert, Walter, Homo necans..., op. cit.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Pero justamente de ese rito inicialmente sacrificial, y justo para prevenir
una ley inflexible como lo era la ley de la sangre, es que aparecieron sus l-
mites formales. Westermarck rastrea una amplia diversidad de culturas, al-
gunas de las cuales privilegiaban el resarcimiento a travs de la entrega de
bienes, aunque para otras culturas ello develaba lo que ya indicamos de
Galimberti, la parte maldita del cuerpo, atribuyndoles a quienes accedan
a esta componenda el signo de debilidad o de mostrar su carcter villano.
En otros casos, bastaba una simple excusa, semejante a la tradicin latina
con el perdn y en general en los actos de amnista;(89) no obstante, como
bien acredita Westermarck, la ley de la sangre continu rigiendo en todas
las sociedades arcaicas dado el antiguo sentido del honor.(90)
(87) Westermarck, Edward, La vendetta di sangue, Italia, Edizioni ETS, 1993, p. 18.
(88) Ibid., pp. 20/21.
(89) Sordi, Marta (ed.), Amnistia, perdono y vendetta nel mondo antico, Italia, Vita e Pensiero,
1997.
(90) Westermarck, Edward, op. cit., p. 22 y ss.
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(91) Foucault, Michel, Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber, Argentina, Siglo XXI
Editores, 2002.
(92) Agamben, Giorgio, Homo sacer. Il potere sovrano e la nuda vita, Italia, Einaudi, 2005.
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fatal.(93) En efecto, la vida como tragedia.
De este modo, los sujetos expuestos a su nuda vita y nada ms, sern
entonces sujetos incorporados en la metfora del territorio de lo sagra-
do, entre la luz y la sombra, inscritos en la ambivalencia, escenificando
justamente el mbito de lo incodificable que lo simblico origina hasta
nuestros das, al migrar tal puesta en escena de la violencia, como rituali-
dad del sistema de justicia penal, incluido el estado de excepcin, mismo
que, como Walter Benjamin conjetur, se exhibe como la regla, entonces,
como el nico deber ser que siempre es.
3. Endlsung-Erlsung
Considrese que la asuncin de un poder sobre los miembros de la co-
munidad que a la postre perfilar lo que entendemos como una sociedad
estatalmente organizada, inicia justamente con la expropiacin sustantiva
de fuerzas de la comunidad (y solo secundariamente de sus bienes), aun-
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Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
fundamental, una carencia de la cual la accin del estado no hace sino in-
crementar su amplitud,(97) sea que se hable de acumulacin en detrimento
de otros, de dominacin en diversas formas, o de cualquier otra variable
que pueda acumular o asimilar el rubro o signo valorativo de injusticia.
Pero semejantes justificaciones sobre la gnesis del Estado y sus ulterio-
res transformaciones representan solo un relato posterior al nacimiento
del mismo Estado, una relatora que, en efecto, adems del desarrollo
de la parte maldita del cuerpo desprendida por Galimberti, encubre las
razones reales de semejante pasaje, como de las transiciones que ha su-
frido la organizacin estatal hasta nuestros das en un mundo globalizado.
Esto es, solo funciones declaradas que encubren a aquellas otras que ve-
nimos denominando funciones latentes y que van ms all de los intere-
ses personales de quienes dan en llamarse portadores de las historias.
A este respecto, considrese una vez ms la puntual pregunta formula-
da por Foucault: qu sucedera si el poder fuese enteramente cnico?,(98)
una cuestin que, en mi opinin, va ms all de aquello que los propios
promotores del orden pueden encubrir si histricamente el rito, el orden
originario, ha migrado hasta nuestros das y nos captura an en manera
inconsciente, como se desprende de los relatos que se aproximan a una
interpretacin simblica.
Si las cosas se evidencian de ese modo, an la misma razn, esto es, sus
saberes, desde la disyuncin, no han dejado de estar sometidos al sim-
(97) Gil, Jos, Unantropologia delle forze: dalle societ senza stato alle societ statualli, Italia,
Einaudi, 1983.
(98) Foucault, Michel, op. cit.
79
fernando tenorio tagle
bolismo que en buena medida gua las prcticas sociales, aspecto que se
devela a travs de ese constante interrogar: por qu?, y cuyas respuestas,
entonces, deben ir ms all de los productos de la ciencia, de la as en-
tendida disyuntiva razn. Tengo la impresin de que esa carencia funda-
mental de la que habla Gil no fue otra sino la nuda vita (como prestacin
poltica originaria) que exiga la permanencia de la comunidad, dados los
estragos de la ley de la sangre y sus pasiones, propiciando que la rituali-
dad del sacrificio y de la ulterior violencia puesta en escena por el sistema
de justicia penal redujeran las ansiedades sociales, no de un grupo, sino
de todos los que conformaban a la comunidad. De este modo, a la reco-
mendacin de Benjamin de ir a la bsqueda del origen de la sacralidad de
la vida, Girard la encuentra en la ritualidad del sacrificio, an antes de la
aparicin del homo sacer. Si ello trajo consigo la divisin social (econmi-
camente expresada), la nuda vita resultar el nico patrimonio de los que
ulteriormente vendrn a denominarse los miserables, justo los recep-
tores privilegiados de la violencia punitiva, pero tambin de la violencia
ilegal. Mas los nimos del poder pueden llegar a ser caprichosos y, como
Agamben lo ha recordado, en nuestro tiempo, todos los ciudadanos pue-
den convertirse en hominis sacri.
Consonante con ello, Umberto Galimberti afirma: hundido por los sig-
nos con los cuales la ciencia, la economa, la religin, el psicoanlisis,
la sociologa de vez en vez lo han connotado, el cuerpo ha sido vivido
de conformidad a la lgica de la estructura de los varios saberes, como
organismo para sanar, como fuerza de trabajo por emplear, como carne
para redimir, como inconsciente por liberar, como soporte de signos para
transmitir.(99)
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
el rgimen nazi?, como se pregunta Ana-Vera Sullam Calimani,(101) dado
entre los cuestionamientos de otros trminos, el amplio desacuerdo de la
palabra Holocausto para signar esa matanza en masa, cuya designacin
con ese rubro el mismo Agamben lo aprecia como ceguera histrica. En
cualquier caso, las dudas, ms all del nombre, se pueden centrar en la ya
citada pregunta de Jos Gil: En nombre de cules signos se ha impuesto
un cierto tipo de violencia al cuerpo?
Como ha sido multicitado (entre otros, Bauman; Gil, Jos; Mayer, Arno),(102)
en la experiencia nazi el Fhrer lleg a representar la encarnacin del orden
y su voz el dictado de la ley, de ah que, a la expresin de su deseo de tener
una Alemania y ulteriormente una Europa judenfrei (libre de judos), que
podra evocar la simple prctica del destierro altamente desarrollada por
el mismo rgimen, vino a pasarse a la expresin ms asptica de judenrein
(limpia de judos), mucho ms articulada al mbito de la biopoltica, espe-
cialmente por ya estar presentes las polticas sanitarias derivadas, como
seala Agamben,(103) del libro Estado y salud que informaba sobre las po-
lticas en materia de salud y de eugenesia, esto es, sobre el mejoramiento
gentico de la raza humana, es decir, del pueblo alemn. A este respecto,
(100) Tenorio Tagle, Fernando, Hacia una poltica inclusiva en Derecho Penal, en Pavarini
Mssimo, Prez Carrillo, Agustn y Tenorio Tagle, Fernando, Seguridad Pblica: tres puntos
de vista convergentes, Mxico, Coyoacn-Conacyt-Flasud, 2006.
(101) Sullam Calimani, Anna V., I nomi dello sterminio, Italia, Ebaudi, 2001.
(102) Bauman, Zygmunt, Modernidad y Holocausto, 1 reimp., Espaa, Sequitur, 1998; Gil, Jos,
Corpo, op. cit.; Mayer, Arno J., Soluzione finale. Lo sterminio degli ebrei nella storia euro-
pea, Italia, Arnoldo Mondadori Editore, 1990.
(103) Agamben, op. cit., p. 160 y ss.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
del antiguo homo sacer, su vida no tiene valor alguno para el soberano,
para aquel quien tiene, en efecto, el poder de semejante asignacin y su
instrumentalizacin.
En ese tipo de poltica asptica impuesta por el nacional socialismo, no
sera necesario evaluar los casos de enfermedades terminales o de suje-
tos incurablemente perdidos, bastara la respuesta cientfica respecto de
la gentica, para los acomodos de una semejante poltica que, para no
olvidar, hoy se exhibe en uno de los museos de Berln denominado To-
pografa del terror.
No resulta ilusorio, entonces, que la Solucin final (Endlsung) se haya
pretextado igualmente para los fines de la redencin (Erlsung), una re-
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
dencin que se actualiza en el suplicium y que, en opinin de Rosenzweig
quien no vivi el nacional socialismo, redime al que lo sufre, a quien lo
impone y, por alguna razn, afirma, tambin a dios. Una herencia, me pa-
rece, del antiguo rgimen, herencia, a su vez, de las ritualidades de las
sociedades arcaicas.
BIBLIOGRAFA
Agamben, Giorgio, Homo sacer. Il potere so- Burkert, Walter, Origine selvagge, Sacrificio
vrano e la nuda vita, Italia, Einaudi, 2005. e mito nella Grecia arcaica, Italia, Laterza,
1992.
Bauman, Zygmunt, Modernidad y Holocausto,
1a reimp., Espaa, Sequitur, 1998. Burkert, Walter, La creazione del sacro, Ita-
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83
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Di Nola, Alfonso, Sacro y Profano, en Lea, John y Young, Jock, What is to be done
Enciclopedia Einaudi, Italia, Einaudi, 1981. about the law and order, Inglaterra, Penguin,
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1981, vol. 12. nal, Espaa, Ariel, 1993.
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Arte, Litteratura, Cinema: la gistizia origina- degli ebrei nella storia europea, Italia, Arnol-
ria, Italia, Castelvecchi, 2004. do Mondadori Editore, 1990.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
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Len C. Arslanian(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
1. Introduccin
En Amrica Latina, la disputa ideolgica se ha entrometido en las polticas
de seguridad pblica y como resultado de ello ha producido respuestas
que, en la mayora de los casos, poco o nada han tenido que ver con la
solucin del problema.
Por influjo de las posiciones ms conservadoras, todo el siglo XX estuvo
dominado por el imperio del derecho penal y de las soluciones que, des-
de el sistema penal y como subproducto de aquel, se fueron arbitrando al
amparo de los vaivenes que crisis econmico-sociales recurrentes fueron
presentando.
Poca o ninguna atencin se prest a las causas de la violencia que de-
terminan el comportamiento delictivo, ni a las sucesivas crisis de las ins-
tancias del control social formales o informales, primarias o secundarias.
Recientemente, entre los aos 70 y 80, lo que debi haber sido preocupa-
cin creciente por el auge de la criminalidad organizada en particular,
el narcotrfico y la trata se tradujo en una inexplicable mirada impvida.
Hubo razones esenciales para ese desarreglo.
En primer lugar, los Estados confiaron el control de la seguridad pblica a
sus respectivos sistemas penales, es decir, a las agencias policiales, a las
(1) Abogado especializado en Ciencias Penales (UBA). Profesor adjunto de Derecho Penal
(Facultad de Derecho, UBA). Profesor titular de Derecho a la Informacin (Facultad de Cien-
cias Sociales, UBA). Conjuez de la Corte Suprema de Justicia de la Nacin. Ex Juez de la C-
mara de Apelaciones en lo Criminal. Ex Juez de la Cmara Federal de la Capital. Ex Ministro
de Justicia de la Nacin. Ex Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
que generan delito y en la necesidad de prevenirlas utilizando la totalidad
de los recursos del Estado.
A ello cabra agregar que para la mayora de los pases del rea, violencia,
delincuencia y pandilla (32% promedio) son los problemas ms graves que
enfrentan.
(2) Lagos, Marta y Dammert, Luca, La seguridad ciudadana. El problema principal de Amrica
Latina, Lima, Corp. Latinobarmetro, 2012.
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Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
sivamente.
No es cierto que el crimen crezca por esto. En primer lugar, del universo
de las personas que delinquen, un nmero nfimo ingresa al sistema (el
resto sigue delinquiendo sin ser siquiera apresado). En segundo lugar,
de las personas que estn en las crceles, entre el 50% y el 80% son pro-
cesados, esto es, presos sin condena: no salieron por la puerta giratoria,
sino que estn privados de la libertad, a pesar del principio de inocencia
y de las eventuales absoluciones que, a su respecto, se dicten. Ese n-
mero suele ser variable y las variables son la alarma social, la capacidad
carcelaria y los sistemas de regulacin utilizados. Tambin y muy espe-
cialmente la demanda social que alimenta y agita el mito, las ms de
las veces, an cuando los ndices delictivos estn en baja.
El delito aumenta porque las penas, lejos de ser ejemplares, estn inspira-
das en criterios de lenidad.
Esto es falso. Si fuera as, los ndices de reincidencia seran muy supe-
riores a los observados, cosa que en la realidad no ocurre. Ntese que
en Argentina, el ndice de reincidencia es del 19%.(3) Adems, aun en
los sistemas ms duros (EEUU) la existencia de la pena de muerte o la
imposicin de penas a perpetuidad, o bien superiores a la expectativa
de vida de condenados jvenes, no han servido para reducir las violencia
delictiva.
91
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Sobre los Derechos del Nio; Reglas de Beijing; Reglas de Tokio acerca de
medidas no privativas de la libertad). Adems, ntese que en Argentina
hay 6214 menores institucionalizados y 1799 alojados en institutos.(5)
Ello, sin pasar por alto fenmenos por dems preocupantes de la exis-
tencia de pandillas en Centro Amrica y la cooptacin creciente de las
bandas narcocriminales de menores para su utilizacin en los circuitos de
comercializacin que, en todo caso, lejos de justificar la reduccin de la
edad de imputabilidad, muestra la urgencia de claras polticas pblicas de
base social para la atencin del fenmeno.
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
turar de policas las zonas calientes. Por cierto que el tema remite a una
cuestin similar a la resolucin de la cuadratura del crculo; esto es, a deter-
minar qu relacin debe haber entre poblacin y polica, es decir, el ndice
cada 1000 habitantes. Pero ms all de que lleguemos a conformar el ndice
ideal (la media de la UE es de 4 policas cada 1000 h.), la cuestin de la
prevencin pasa por factores de mayor peso o incidencia que el nmero de
policiales, v. gr. modelos de actuacin policial, criterios de descentralizacin
policial, existencia o no de cuadrculas y su matriz de organizacin y articu-
lacin con la central de emergencia telefnica. Por otro lado, los criterios de
saturacin de reas, si son efectivos, lo que terminan por producir es un des-
lizamiento de la actividad delictiva (esencialmente dinmica) hacia otros te-
rritorios, fenmeno observable particularmente en el robo de automotores.
Benson sostiene que no existe una relacin directa entre los delitos que
suceden y el nmero de policas; la prevencin de delitos no es un objeti-
vo medible, mientras que la resolucin s.
Adems, la severidad de las penas no tiene ningn efecto merced a la baja
probabilidad de ser inculpado que exhiben numerosos sistemas del rea,
segn el interesante estudio economtrico sobre el crimen en Argentina
que fue realizado en el mbito de la Universidad de La Plata por Mariela
Bello y Josefina Posadas en 1998.
Tampoco se puede perder de vista el impacto presupuestario y la trans-
ferencia de recursos hacia el rea de seguridad, que en los hechos suele
(5) Ministerio de Desarrollo Social de la Nacin; Universidad de Tres de Febrero; Unicef, Investiga-
cin conjunta Adolescentes en el sistema penal, 2008.
93
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Esto es falso. Las videocmaras que son usadas con propiedad y al servicio
de una vigilancia eficiente sirven para documentar y guardar el registro de
hechos cometidos de modo de facilitar su investigacin ulterior, pero en
modo alguno para evitarlos. No amilana su presencia a quienes delinquen,
de hecho, se enmascaran con una media de mujer (cuando no con caretas)
y las situaciones de flagrancia no siempre terminan en aprehensiones, ello
sin perjuicio de su naturaleza francamente intrusiva en la vida privada y
sin entrar a considerar la problemtica que envuelve su implementacin
como remedo de una suerte de sistema panptico de observacin ciu-
dadana.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
apropiarse del temido cartel de los Zetas para pasar a operarlo. Y en Brasil
si bien las FFAA fueron empeadas en la lucha contra el narcotrfico, fue-
ron programas de reforma urbana y de desarrollo social los que permitie-
ron comenzar a neutralizar el fenmeno.
Podramos seguir con la enumeracin de los mitos pero creo que, con la
enunciacin precedente, basta para demostrar que difcilmente la mitolo-
ga ciudadana nos auxilie en nuestra ardua empresa.
Todos estos mitos habitan en el imaginario colectivo y permean las deci-
siones de nuestros gobiernos, deseosos de complacerlo tanto en procura
de adhesiones rpidas como para dar la imagen de que estn al frente de
la lucha, de que ganarn la batalla y de que si postulan penas de reclu-
sin perpetua para cualquiera de los delitos de moda aventarn la fantasa
de que tienen alguna actitud complaciente con el enemigo.
Ms all de las iniciativas plausibles que muestra la regin en relacin a
valerse de otros instrumentos, los mitos nos gobiernan.
Luego, el primer esfuerzo es desmitificar y mostrar que las deficiencias ms
graves, si de instituciones penales se trata, es la de su franca ineficacia in-
trnseca, en la mayora de los casos y, relativa en todos. Sin perorar dema-
siado sobre esto, baste comparar ciertas estadsticas cuya elocuencia es un
golpe en la lnea de flotacin de la nave insignia del punitivismo populista.
No voy a recurrir al golpe bajo de comparar el ndice de homicidios
cada 100.000 h. de Suiza (0,60%), Austria (0,80%), Dinamarca (0,80%) u
Holanda (0,90%) con el de Honduras (86%); pero s los de Francia (1,20%),
Espaa (0,80%), Alemania (0,80%) o la misma Rusia (9,70%), con los del
Salvador (70,10%), Colombia (31,50%), Mxico (23,50%), Brasil (26,40%),
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Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
renci la polica de prevencin de la de investigaciones, a la que dot de
su propia escuela, y cre cuerpos policiales sobre la base del principio de
especialidad, con sus propias jefaturas;
3. se dot a cada municipio de su propia polica a las que se denomin Poli-
cas de Distrito. Para los municipios del interior de poblacin no superior
a 70.000 habitantes y menos conflictivos se cre la Polica Comunal, la
que si bien mantuvo en una primera etapa su dependencia orgnica
con el gobierno provincial, fue luego puesta bajo la dependencia funcional
del Intendente. As, este fue dotado de un valioso instrumento de gobierno
y su rol fue resignificado frente a la comunidad;
4. se crearon Jefaturas Departamentales que se hicieron coincidir con sen-
das jurisdicciones judiciales, cuya finalidad fue ejercer un control sobre el
funcionamiento de un nmero variable de Jefaturas de Policas de Distrito,
adjudicadas a cada una de aqullas;
5. se suprimi el doble escalafn de oficiales y suboficiales, dado que en los
hechos y en la prctica se haban borrado las diferentes funciones de cada
uno de ellos, y se cre un escalafn nico con nuevos grados, tras un pro-
ceso de nivelacin de gran complejidad que permiti que quienes fueran
suboficiales pasaran a ser oficiales; al mismo tiempo se admiti la incor-
poracin a grados intermedios de profesionales calificados y expertos en
seguridad, ajenos a la fuerza policial;
6. se cre una Auditora General de Asuntos Internos, integrada por per-
sonal civil, lo que detrajo de manos policiales el control de la corrupcin
policial. Tal creacin se debi a la comprobacin del apaamiento que, de
acciones tpicas de violencia policial y hasta de hechos comunes de de-
lincuencia, ejerca la anterior direccin de Asuntos Internos, lo que se
complementaba con la defensa que, ante los juzgados, abogados de la
institucin hacan de autores de tormentos, prevalindose de sus vnculos
aceitados con la judicatura para obtener resoluciones complacientes;
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
de limpieza de escuelas, desmalezamiento y dems. Durante todo el tiempo
que dur el programa ms de 12 meses no hubo un solo caso de entrada
policial por parte de alguno de esos menores, quienes, adems pudieron inter-
nalizar el valor social del trabajo.
f. La verificacin de conflictos sociales graves con altos ndices de violencia y
delito en conglomerados de exclusin y hacinamiento mostr la necesidad
de elaborar una matriz de intervencin para esos colectivos, tendiente a re-
solver los problemas ms crticos de convivencia, salud, escolaridad, trabajo,
etc. Desde el Ministerio, y mediante acuerdo con universidades, se convoc a
equipos interdisciplinarios para la realizacin de una investigacin de campo
que se centr, como primera accin, en Fuerte Apache; el relevamiento
mostr las aristas ms agudas del problema y ello permiti arbitrar solucio-
nes urbansticas, administrativas (regularizacin dominial), atencin de la salud
materno-infantil, rehabilitacin de las escuelas cerradas por la hostilidad y los
destrozos, creacin de talleres de capacitacin para el trabajo, etc. Este tipo
de acciones incorporaron activamente al personal policial, lo que tendi al
restablecimiento del vnculo entre polica y comunidad (severamente daado)
y mostr la validez de un nuevo concepto de abordaje de la problemtica del
delito y la violencia, no ya de cuo excluyentemente policial, sino multiagen-
cial y multiactoral.
Qued, de tal suerte, validada una matriz de intervencin que permiti se-
guir avanzando en su aplicacin a otros universos y ello se vio plasmado en
un Acuerdo del que tomaron parte sectores del empresariado que asumi el
compromiso de facilitar puestos de trabajo para la incorporacin de jvenes
provenientes de familias que, por varias generaciones, no conocieron un tra-
bajo formal.
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La violencia en Amrica Latina: Nuevas y antiguas discusiones
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
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La prisin preventiva
en Amrica Latina
y frica
De izquierda a derecha: Roberto Santana (Director del Instituto Latinoamericano de las Na-
ciones Unidas para la Prevencin del Delito y el Tratamiento del Delincuente), Mara da
Imaculada Melo (Jueza del Tribunal Constitucional de Angola), Esteban Righi (Profesor Titular
de Derecho Penal y Derecho Procesal Penal, UBA) y Elas Carranza (Director del Instituto
Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevencin del Delito y el Tratamiento del
Delincuente, ILANUD) y moderador: Rmulo R. Abreg (Asesor de Incapaces del Departa-
mento Judicial de Trenque Lauquen).
La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
presentacin
Presentacin
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
ms graves y extendidos que enfrentan los pases latinoamericanos. Su
uso excesivo o abusivo nos habla del fracaso del sistema de administra-
cin de justicia.
Creemos que en una sociedad democrtica el sistema procesal penal se
funda en la preeminencia de la dignidad de la persona y en los derechos
que le son inherentes, entre los que se encuentran la libertad personal,
el derecho al debido proceso y la presuncin de inocencia, razn por la
cual, toda persona tiene el derecho a permanecer en libertad durante el
proceso penal.
Es una garanta bsica del debido proceso y de la presuncin de inocencia
que el imputado cuente con un recurso judicial efectivo ante una autori-
dad judicial independiente que le permita debatir la decisin de mante-
nerlo en custodia durante el proceso. De forma tal que se garantice el
derecho de defensa del imputado y que se atribuya, a la autoridad judicial
competente, el deber de realizar un anlisis integral de todos los aspectos
procesales y sustantivos que sirvieron de fundamento a la decisin recurri-
da y que no se limite a una simple revisin formal.
Pero, en la mayora de los pases de la regin, la prisin preventiva se uti-
liza como una suerte de pena anticipada o como una va de justicia expe-
dita previa a la sentencia. Este uso indiscriminado de la prisin preventiva
como estrategia de poltica criminal constituye una grave violacin de los
derechos humanos y es una de las principales causas de la grave crisis de
muchos de los sistemas penitenciarios de la regin.
En ese contexto, los Dres. Elas Carranza, Mara da Imaculada Melo y
Roberto Santana intentan hallar soluciones y explicaciones a las distintas
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presentacin
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La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
que ella sea la alternativa a otras sanciones penales. Es decir, lo normal
sera que la persona cumpla su pena en libertad o bajo algn tipo de vi-
gilancia o restriccin y, en ltimo caso, si no hay otra opcin, se debera
recurrir a la prisin.
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La prisin preventiva en amrica latina y frica
Elas Carranza(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
en Amrica Latina y el Caribe
Hace treinta y tres aos, en 1980, E. Ral Zaffaroni, Luis Paulino Mora,
Mario Houed y quien les habla hicimos nuestra primera investigacin
sobre el fenmeno de el preso sin condena en Amrica Latina y el Cari-
be. Hoy seguramente lo hubiramos bautizado las personas presas sin
condena, por razones de gnero.
(1) Director del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevencin del Delito
y el Tratamiento del Delincuente (ILANUD). Profesor en diversas universidades y centros de
estudio. Autor de numerosos libros y artculos en revistas especializadas. .
109
elas carranza
Brecha mnima entre la poblacin privada de su libertad sin condena en uno y otro grupo de
pases. Ao 1981.(*)
Sistema Penal
Continental-Europeo Brecha mnima:
9,96%
Costa Rica ...........................................
{
Antillas Holandesas ............................
Argentina ............................................
Martinica ............................................
Chile ....................................................
Guatemala ..........................................
Honduras ............................................
Ecuador ...............................................
Panam ...............................................
Per .....................................................
Colombia ............................................
Venezuela ............................................
Mxico ................................................
Uruguay ...............................................
Rep. Dominicana ................................
El Salvador ..........................................
Bolivia ..................................................
Paraguay ..............................................
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
(*) Los datos de Per, Argentina y Mxico corresponden a los aos 1978, 1980 y 1980 respectivamente.
Los de Antillas Holandesas, Bolivia, Jamaica y Repblica Dominicana a 1982.
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La prisin preventiva en amrica latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Guatemala 53,92 Santa Luca 10,56
Chile 52,21 Islas Caimn 2,18
Martinica 51,50
Entre el pas del Caribe de sistema anglosajn en peor situacin, con ma-
yor porcentaje de personas presas sin condena, y el de Amrica Latina de
sistema continental europeo con mejor situacin, o sea con menor por-
centaje de personas presas sin condena, haba una distancia de diez pun-
tos porcentuales a favor del pas caribeo.
111
elas carranza
PASES
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
Jamaica
Puerto Rico (USA)
Dominica
Chile
Granada
Anguilla
San Vincente y Las Granadinas
Islas Caimn (UK)
Belize
Santa Luca
Costa Rica
Nicaragua
Colombia
San Cristbal y Nieves
El Salvador
Antigua y Barbuda
Barbados
Mxico
Trinidad y Tobago
Bahamas
Brasil
Ecuador
Honduras
Guatemala
Venezuela
Argentina
Rep. Dominicana
Uruguay
Per
Panam
Paraguay
Bolivia
0 10 20 30 40 50 60 70 80
PORCENTAJES
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La prisin preventiva en amrica latina y frica
PASES
Nicaragua
Jamaica*
Chile 2011
Costa Rica
El Salvador
San Vincente y Granadinas
Islas Caimn (UK)
Colombia*
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Anguilla (UK)
San Cristbal y Nieves
Belize
Guyana
Ecuador
Santa Luca
Barbados
Dominica
Brasil 2011
Bahamas
Antigua y Barbuda
Honduras
Guatemala 2012
Granada
Argentina 2011
Trinidad y Tobago
Per
Mxico
Rep. Dominicana 2011
Uruguay 2011
Panam
Venezuela*
Paraguay
Bolivia
0 10 20 30 40 50 60 70 80
PORCENTAJES
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elas carranza
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
todos las duplicaron, varios las triplicaron, y tambin algunos van en va de
cuadruplicarlas:
AOS
1990 2000
PAS
92 93 94 95 96 97 98 99 00 01 02 03 04 05 06 07 08 09 10 11 12 13
Argentina 63 64 68 74 97 96 99 106 118 126 141 157 163 164 152 149 152 163 161
Brasil 74 80 81 107 119 131 133 132 133 169 182 193 211 219 226 238 247 253
Colombia 92 96 97 98 120 129 128 139 157 170 157 178 199 207 179 174 188 158 169 193 227 232
Costa Rica 104 105 109 121 133 160 162 169 168 183 187 190 196 196 191 186 189 191 211 238 264 313
Chile 154 153 148 153 161 170 179 203 215 216 221 228 226 228 259 290 318 312 320 311
El Salvador 101 103 109 124 138 157 136 112 130 158 177 180 188 186 184 226 258 283 315 322 339 347
Honduras 110 113 139 160 166 153 160 178 183 170 159 148 148 149 152 154 153
Mxico 101 104 97 101 108 116 127 142 152 163 170 177 185 196 200 200 202 208 203 203 213 214
Nicaragua 78 78 91 98 111 106 132 143 128 124 131 112 116 117 111 121 120 103 111 134 151
Panam 176 215 221 229 269 282 292 294 293 320 341 361 360 359 356 342 275 298 347 378 404
Per 77 80 83 88 96 100 105 108 108 104 104 108 116 123 136 149 153 155 160 181 208
Rep. Dominicana 145 135 151 161 129 140 165 168 189 150 143 148 164 166 202 211 212
Uruguay 96 99 100 99 101 106 120 122 129 148 170 203 215 213 198 212 231 246 258 267
Elas Carranza, ILANUD, 2013. Elaborado con informacin penitenciaria y policial oficial de los pases y datos de poblacin
del Centro Latinoamericano y Caribeo de Demografa (CELADE) Divisin de Poblacin de la CEPAL, estimaciones y proyecciones
de poblacin, 2008. Las tasas de Bolivia (2011), Per (2011) y Venezuela (2010) fueron tomada del ICPS, Kings College.
115
elas carranza
Anguilla (UK) 2004 (315), 2007 (400), 2010 (387), 2011 (480)
Antigua y Barbuda 1995 (341), 1998 (278), 2005 (269), 2008 (262), 2010 (330)
Bahamas 1998 (478), 2002 (410), 2005 (460), 2008 (415), 2010 (382)
Barbados 1993 (238), 1998 (291), 2002 (317), 2005 (367), 2007 (408), 2010 (354)
1992 (310), 1995 (293), 1998 (448), 2001 (384), 2003 (420), 2006 (516), 2010 (446), 2011
Belice
(447), 2012 (452), 2013 (486)
Islas Caimn (UK) 1995 (546), 1998 (682), 2001 (539), 2004 (425), 2007 (409), 2010 (385)
Dominica 1992 (387), 1995 (392), 1998 (421), 2004 (418), 2007 (367), 2010 (431)
Granada 1998 (352), 2002 (333), 2005 (265), 2008 (427), 2010 (423)
Jamaica 1992 (178), 1995 (171), 1998 (162), 2003 (176), 2006 (183), 2007 (174)
Puerto Rico (USA) 1992 (314), 1995 (310), 1998 (388), 2001 (377), 2004 (369), 2007 (330), 2008 (303)
1995 (295), 1998 (288), 2001 (441), 2004 (559), 2007 (452), 2010 (529), 2011 (603), 2012
San Cristbal y Nieves
(685), 2013 (670)
Santa Luca 1992 (210), 1995 (263), 1998 (216), 2001 (296), 2004 (294), 2008 (304), 2010 (323)
San Vincente
1992 (294), 1995 (323), 1998 (390), 2001 (280), 2004 (337), 2007 (350), 2010 (379)
y Las Granadinas
Trinidad y Tobago 1992 (269), 1995 (299), 1998 (353), 2001 (370), 2004 (302), 2007 (276), 2010 (276)
Elaborado a partir de informacin del Centro Internacional de Estudios Penitenciarios, King's College de Londres.
116
La prisin preventiva en amrica latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Argentina 58.211 58.810 101
Elas Carranza, ILANUD. Elaborado con informacin oficial proporcionada por las autoridades de cada pas.
Los datos de Argentina, Brasil, Chile, Guatemala, Rep. Dominicana y Uruguay son del 2011. El dato de Venezuela es 2007.
2010
PAS
CAPACIDAD POBLACIN DENSIDAD
DEL SISTEMA EXISTENTE CADA 100 PLAZAS
Granada 200 440 220
San Cristbal y Nieves 164 344 210
San Vicente
200 413 207
y Las Granadinas
Antigua y Barbuda 150 295 197
Anguilla (UK) 45 72 160
Dominica 200 289 145
Santa Luca 450 568 126
Bahamas 1180 1322 112
Jamaica 4247 4709 111
Puerto Rico (USA) 15.034 13.215 88
Islas Caimn (UK) 179 212 84
Trinidad y Tobago 4386 3591 82
Barbados 1250 910 73
Belice 2100 1380 66
Elas Carranza, ILANUD. Belice: Informacin proporcionada por Ministerio de Nacional Seguridad. Para los dems pases,
la informacin se obtuvo de la pgina web del Centro Internacional de Estudios Penitenciarios, King's College de Londres.
117
elas carranza
Con el apoyo que nos brindaron dos de los entonces juzgados de instruc-
cin que existan en Costa Rica, excarcelamos aleatoriamente 500 per-
sonas que cumplan prisin preventiva por delitos de ms de tres aos
de prisin. A partir de esto pudimos verificar que si el procedimiento se
haca adecuadamente, es decir, cumpliendo determinados requisitos b-
sicos, ambos grupos, el excarcelado bajo caucin econmica y el excar-
celado bajo sola caucin juratoria cumplan en la misma proporcin con
su obligacin de presentarse al juicio.
118
Figura 22. Desigualdad de ingreso y homicidios en 138 pases, 2008
NAM ZAF
65
AGO
HTI
ndice de Gini, 2008 (o ltimo disponible)
55 BOL HND
CPV PNG BWA
ZMB ECU COL
PER GTM
CHL PAN
LSO
SURNPLPRY
NIC
BTN GMB LBR KEN BRA JAM
DOM
MEX BFA SWZ
RUS CIV
CRI COG SLV
CHN
TUR LKA MDG NGA RWA SLE
LEBURY
ARG KHMNER
45 IRN THA GHA CMR GAB PHL ZAR
MAR
TUN
ARM MOZ
SGP GEO
MAU
DJI JOR TKM TCD VEN
YEM BGD MWI
MLI
GIN UGA
VNMKGZ LVA TTO GNB
MKDISRMDA
UZB MYS KAZ SEN
BEN
JPNPRT USA IDN TZA
SRB LAO
INDLTUDZA TGO
BIH
BGR
GRC
EGY
AUS MNG BDI
35 ITAROM
TJK
NZL
CAN ALB UKR EST
ESP
CHE
IRL PAK
DEU
POL
KOR ETHBAH
HRV
CYP
LUX
FRA
NLD
HUN BLR
AUT FIN
BEL
SVN
CZE
DNK
NOR
25 SVK
SWE
AZE
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
15
0 10 20 30 40 50 60 70
Tasas de homicidios (por 100,000 habitantes, 2008 (o ltimo disponible)
Fuentes: Clculos de los autores con base en Solt (2009) y Oficina de Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen (2008)
En pases sin justicia social nunca ha habido una justicia penal justa. Y en este
punto lamentablemente los informes anuales sobre indicadores socia-
les del Banco Mundial banco que sin duda tiene una importante cuota de
responsabilidad por
Fuentes : Clculos laautores
de los situacin que
con base existe
en Solt nos de
(2009) y Oficina dicen que
Naciones la para
Unidas inequidad
las Drogas y ha
el
Crimen (2008)
venido en aumento desde 1820, y de manera ms acelerada a partir de los
aos 80 del siglo pasado, como lo vemos en el cuadro y grfico siguientes.
Ao Gini
1820 43,0
1850 53,2
1870 56,0
1913 61,0
1929 61,6
1950 64,0
1960 63,5
1980 65,7
2002 70,7
Fuente: Milanovic (2009). Tomado de Ortiz y Cummins (2012)
Q5
Q4
Q2
Personas con menos
Personas en extrema pobreza de 2 dlares al da (40%)
Q1 con menos de 1.25 dlares al da 22%)
Fuente: Adaptado de PNUD (2005) con base en Banco Mundial (2011), UNU-WIDER (2008) y Eurostat (2011).
* Segn el modelo contable global. Basado en Chen y Ravallion (2008).
45
40 40 41 40 41
40 38
36 36 36 37 37
34 34 35
35 32 33
ndice de GINI
32 31 31
29 29 29 30
30 27 28 28 28
25
20
15
10
5
0
Mxico
Philipinas
Guyana
Panama
Grecia
Paraguay
Peru
Taiwan
Colombia
Brasil
Irlanda
Italia
Venezuela
Rep. Dominican
Holanda
Uruguay
Costa Rica
Argentina
Nicaragua
Guatemala
Chile
Ecuador
Bolivia
Jordania
Indonesia
Corea
Bangladesh
China
Nepal
Finlandia
Noruega
Suecia
Malasia
Tailandia
Austria
Luxemburgo
Dinamarca
Belgica
Francia
Alemania
Australia
Canada
Espania
Nueva Zelanda
Suiza
Reino Unido
Estados Unidos
Portugal
El Salvador
Honduras
Israel
Hait
Informe Regional sobre Desarrollo Humano del PNUD para Amrica Latina y el Caribe.
Nota: el ndice de Gini considerado en cada caso corresponde al ltimo ao del que hay datos disponibles durante
el perodo que abarca 1995-2005 Fuente: Gasparini et al. (2009), en base a SEDLAC (CEDLAS y Banco Mundial, 2010)
120
La prisin preventiva en amrica latina y frica
Para cerrar, dir que quienes trabajamos en la justicia penal tenemos dos
obligaciones. Una como operadores, acadmicos o integrantes de orga-
nismos no gubernamentales, que es contribuir a que se haga verdadera
justicia en los casos en que debemos intervenir, lo que no significa nece-
sariamente ms crcel ni ms personas presas sin condena.
Sin embargo, lo ms importante en este momento a nivel regional y mun-
dial, no es lograr ms justicia penal (aunque la logrramos justa y con un uso
prudente de la prisin) sino lograr ms justicia social, que significa esencial-
mente redistribuir el ingreso, entre los pases, y al interior de los pases.
Esta es una tarea poltica, pero tambin es nuestra obligacin lograr alcan-
zar una mayor justicia social votando a gobiernos que se comprometan a
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
eso, y participando activamente en nuestras democracias para promover
ese objetivo. Esta meta no ser fcil de alcanzar, sobre todo en pases pe-
queos, que tienen uno o dos productos esenciales, cuya comercializacin
no se encuentra en manos de transnacionales. Estas empresas tienen a su
vez socios minoritarios en los pases, que pueden llegar a oponerse a la
redistribucin de las maneras ms violentas, incluso pueden atentar contra
las democracias.
Sin embargo, esa es nuestra tarea primordial como ciudadanos y ciudada-
nas de nuestros pases y como habitantes de nuestro mundo globalizado,
alcanzar la justicia social, porque sin sta, como hemos visto, tampoco
podremos alcanzar una buena justicia penal.
121
La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
reito Penal e Criminologia, de comear por saudar fortemente a organiza-
o do evento pelo honroso convite que me foi dirigido e com isto trazer
no s Angola, mas um pedao de frica a participar em to importante
frum de reflexo sobre um domnio transversal na sociedade actual, mor-
mente do Estado democrtico de direito.
O contributo que trago a este painel dedicado priso preventiva na Am-
rica Latina e em frica de frica por enquanto apenas est Angola, mas
esperemos que a presena africana aumente em iniciativas do gnero
refere-se problemtica no meu pas e, desde j, vou alertando aos pre-
sentes que se trata de uma questo demasiado complexa e delicada que
desafia tudo e todos sistematicamente. Pelo menos esta a realidade que
regista a minha experincia, enquanto juza do Tribunal Constitucional an-
golano, que tambm um Tribunal de Direitos Humanos, decorrente da
competncia que lhe confere a Constituio da Repblica de Angola, CRA.
Acredito que a complexidade e delicadeza da questo subjacente ao
tema priso preventiva no exclusiva deste ou daquele pas ou conti-
nente, mas uma situao transversal que se coloca a partir dos finais do
sculo dezanove desde os pases da Europa Ocidental, como disso indi-
cia o debate contnuo que traz colao dois polos: por um lado est a
(1) Juza Conselheira do Tribunal Constitucional de Angola. Mestre em Direito na rea jur-
dico-poltica. Doutoranda pela Universidade de Lisboa, Repblica Portuguesa. Foi regente
da cadeira de Direito Penal da Faculdade de Direito da Universidade Metodista de Angola.
(2) Observao: A Repblica de Angola no aderiu ao Acordo ortogrfico da lngua portu-
guesa e com base nisso se escreveu a presente comunicao. La traduccin al espaol, de la
Dra. Laura Elbert, se puede ver [en lnea] www.infojus.gob.ar
123
maria da imaculada melo
neste contexto que terminada a guerra civil, o pas inicia, a par da re-
construo nacional, a dar os seus passos tambm na reforma da justia e
do direito, encontrando-se esta questo da priso preventiva e outras que
se prendem com o aprofundamento e renovao das instituies proces-
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
suais penais e do direito a serem vistas por uma Comisso de Trabalho sob
orientao do poder executivo, cujo resultado ainda no foi apresentado
ao pblico.
124
La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
de confrontar ordem pblica e liberdade individual, tal como se apresenta
noutras partes do mundo, mas tambm por mostrar um quadro legislativo
caduco e completamente ultrapassado, quer pela dinmica social, quer
pelo pensamento constituinte que deu lugar Constituio de 2010, des-
vendando um ordenamento processual penal cheio de contradies, des-
fasamentos e disfunes que comprometem a obrigatoriedade de cons-
titucionalidade dos actos que se impe a todos os poderes do Estado e
por maioria de razo ao poder judicial. Desse somatrio emerge a visvel
impossibilidade de se conviver com um processo coerente, preordenado
realizao de uma teleologia claramente idealizada e assumida no dom-
nio dos direitos fundamentais.
Efectivamente, a priso preventiva a janela que mostra o respeito pela
liberdade dos cidados em qualquer ordem jurdica, quer na perspectiva
da sua regulamentao legal, quer no modo como aplicada. A frequn-
cia com que se recorre priso preventiva e a forma da sua execuo
constituem o barmetro do culto da liberdade, componente essencial do
Estado de Direito material.(3) Como bem de ver o Estado de Direito
material que confere substrato ao princpio da supremacia da Constitui-
o e assegura a sua fora normativa.
Regista-se no quadro existente em Angola que a legislao ordinria do
domnio penal em vigor, para alm da matria referente priso preventi-
va, no responde elaborao dogmtica da CRA denunciando um atraso
(3) Conforme firma Germano Marques da Silva no prefcio Lei da Priso Preventiva e Legis-
lao Complementar com anotaes de Pedro Romo e Fernando Macedo, dois activistas
cvicos angolanos.
125
maria da imaculada melo
tucional.
Destarte, no opcional a escolha de uma ou de outra medida cautelar,
porquanto a liberdade provisria assegura a liberdade e a priso preven-
tiva priva o individuo de liberdade. No horizonte do Estado de direito
mister referir que o bem jurdico que tutelado o direito liberdade.
Posto isso, imperioso reconhecer que a priso preventiva uma medida
cautelar muito gravosa dos direitos individuais, na medida que o arguido
no necessariamente culpado, nem presumido como culpado, por isso
elementar que o Estado assegure as suas obrigaes estatais garantin-
do quele a proteco jurdica que advm da condio de arguido. Da o
entendimento de no se dever privar algum da liberdade pessoal sem-
pre que meios menos severos garantam eficazmente as cautelas que se
126
La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
do, como medida cautelar autorizada pela Constituio e concretizada
pela lei apenas como uma situao de excepo. Assim sendo, a dificulda-
de existente situa-se a nvel das mentalidades, muitas vezes influenciadas
e pressionadas por factores extra-jurdicos.
A CRA refere expressamente que Angola uma Repblica soberana e in-
dependente e baseia-se na dignidade da pessoa humana, consagra a liber-
dade como um fundamento do Estado e limita as situaes de restrio de
direitos, liberdades e garantias ao necessrio, proporcional e razovel numa
sociedade livre e democrtica por forma a salvaguardar outros direitos ou
interesses constitucionalmente protegidos, conforme resulta do disposto
do artigo 57, n 1, conjugado com as disposies dos artigos 1, 2, 56, e
58, ns 1 e 2, tambm da Constituio.
De realar ainda que para alm do regime de excepo consagrado na
CRA restritivas liberdade individual, conforme resulta do disposto no ar-
tigo 57, n 1, a lei fundamental angolana consagra ainda no artigo 64 que
a privao da liberdade apenas permitida nos casos e nas condies
determinadas por lei e a polcia ou outra entidade apenas podem deter
127
maria da imaculada melo
128
La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
pode ocorrer em flagrante delito e fora do flagrante delito. Fora do fla-
grante delito, a priso preventiva ocorre quando o crime que a motiva seja
punvel com pena de priso maior. No entanto, a actuao dos operadores
da justia no reflecte o dever de cuidado que se impe em obedincia
Constituio relativamente priso preventiva fora do flagrante delito.
129
maria da imaculada melo
130
La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
guido, deveria conduzir a resultados prticos diferentes dos que se verificam
que se traduziriam num nmero reduzido de casos de priso preventiva.
O contrrio leva, a concluso de que, a maior parte das vezes, h detur-
pao dos fins da priso preventiva, uma vez que se lida sistematicamente
com o critrio legal fornecido de forma muito subjectiva, arbitrria e espe-
culativa, como se os meios justificassem os fins.
Quanto a priso preventiva em flagrante delito, esta se tem apresentado
de forma menos perversa e conturbada, independentemente da natureza
do crime, por constituir prova bastante da infraco e da sua imputao ao
arguido incluindo a comprovao dos requisitos que definem a sua autoria.
Nos termos do disposto no artigo 286 do CPP, a priso preventiva em
flagrante delito s pode ser autorizada: 1) quando corresponda pena de
priso, caso em que as autoridades ou agentes de autoridade devem pro-
ceder a deteno, podendo, ainda, qualquer pessoa do povo prender os
infractores; 2) por crime doloso a que caiba pena de priso superior a um
ano e verificar-se cumulativamente forte suspeita da prtica do crime pelo
arguido e o crime no admitir a liberdade provisria ou se manifeste insufi-
ciente esta medida para a realizao dos seus fins, pelo no cumprimento
de obrigaes a que ficar subordinada a liberdade provisria ou quan-
do o arguido que se encontrar em liberdade provisria mediante cauo
continuar a actividade criminosa pela qual arguido, e bem assim aquele
que faltar s obrigaes impostas que consistem na prova da identidade.
Trata-se da declarao da residncia e comparncia em juzo, quando a lei
o exija ou quando sejam devidamente notificados por ordem de magis-
trado competente.
131
maria da imaculada melo
Um dado mencionado numa obra que faz anotaes Lei da Priso Pre-
ventiva e Legislao Complementar revela que no ano da sua publicao,
em 2007, a Procuradoria-geral da Repblica de Angola havia mandado
libertar 3000 reclusos por se ter excedido o prazo de priso preventiva
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
legalmente previsto.
Os mapas que se apresenta sintetizam dados recolhidos da Procurado-
ria-geral da Repblica de Janeiro a Setembro de 2013 em todo o pas e
demonstram a dimenso do estrangulamento existente, se tivermos em
conta o nmero de casos formalizados, as solturas e os processos julga-
dos, deixando, lamentavelmente, a ideia de que a prtica de prender para
investigar a regra no meu pas. Por outro lado, manifesta a falta de
cultura jusconstitucional por parte dos operadores da justia o que impos-
sibilita uma pr-compreenso sobre os fins da priso preventiva no actual
Estado direito.
132
La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Tabla 1.
Movimento de detidos
Apresentados
Proc. Despa
Proc. Entra
Arguidos P
Arg. Soltos
Arg. Manti
Processos Existentes
Meses fora de prazo
Perodo
SME DPIC P.E. Ent. Total
anterior
Janeiro 2787 3662 2787 2057 1605 7 190 2 716 2018 2734
Fevereiro 3454 4480 3454 2494 1986 88 161 28 610 3140 3750
Maro 3671 3630 3671 1831 1799 2 180 12 947 3071 4018
Abril 5055 5681 5034 2936 2745 6 96 5 575 3359 3934
Maio 3989 5104 3989 2721 2383 0 184 3 608 2916 3524
Junho 3654 3706 3654 1301 2405 1 149 3 603 3009 3612
Julho 3718 4293 3718 2027 2266 0 145 3 634 2854 3488
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Agosto 3992 4637 3992 2188 2449 0 164 4 773 3367 4140
Setembro 2593 3343 2593 1759 1584 0 131 0 719 2946 3665
Total 32.913 38.536 32.892 19.314 19.222 104 1400 60 6185 26.680 32.865
tabla 2.
Transitados p
Devolvidos
Transferidos
julgamentos
Assistncia
Melhor prova
Promoes
Dec. Finais
sumrias
Facultativ
Total
Total
Arq
D/P.
P.C
Q
133
maria da imaculada melo
134
La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
direito impe rpidas transformaes que, por sua vez, reclamam por pro-
teco da confiana por parte do Estado, para assegurar e garantir aos ci-
dados o respeito pelos seus direitos, bem assim como d maior robustez
ao sistema. O contrrio acarreta um sentimento de absoluta frustrao e
justa revolta que pe em causa, em ltima anlise, a consolidao do Esta-
do de Direito, o mesmo princpio invocado para a salvaguarda e coerncia
do sistema jurdico-poltico, mormente o sistema penal.
Por conseguinte a priso preventiva deve ser entendida como uma medi-
da cautelar aplicada com a finalidade de prevenir a eficcia do processo
criminal nos casos em que forem inadequadas ou insuficientes outras me-
didas menos gravosas e desde que se verifiquem certos requisitos sus-
ceptveis de prejudicar o bom termo da instruo do processo legalmente
previsto num contexto contemporneo do sistema penal.
135
maria da imaculada melo
1. O Estado da Jurisprudncia
proferida pelo Tribunal Constitucional Angolano
A jurisprudncia do Tribunal Constitucional sobre a priso preventiva tem
sido proferida em sede de recurso extraordinrio de inconstitucionalida-
de(8) e vai no sentido de considerar os limites que se apresentam mesma
no se circunscrevem dosimetria penal. Ao invs, atende suficincia ou
no da liberdade provisria para realizao dos fins determinados pelo
processo penal na perspectiva do Estado democrtico de direito.
Destarte, num primeiro momento o destaque foi dado aos limites tempo-
rais, salientando o Tribunal Constitucional angolano que, em obedincia
ao disposto na Constituio, mesmo nos casos em que a lei no admite
liberdade provisria, ainda assim, a priso preventiva, em flagrante delito
ou fora do flagrante delito, com ou sem culpa formada, est sujeita aos
prazos estabelecidos na lei.
Nesta senda o Tribunal Constitucional considerou incompatvel com o n 1
do artigo 66 da CRA e consequentemente fixou a interpretao a fazer do
sentido constante do artigo 10, n 2, alnea a) da Lei da Priso Preventiva
que considera inadmissvel a liberdade provisria em caso da condenao
abstracta corresponder pena de priso maior. Para o efeito o Tribunal
Constitucional estabeleceu que, nos termos do citado artigo da Constitui-
o, no pode haver penas e medidas de segurana privativas ou restritivas
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(7) Veja alerta Jos de Faria e Costa, Noes Fundamentais de Direito Penal, Coimbra: Edi-
tora, 3 edio.
(8) O recurso extraordinrio de inconstitucionalidade para o Tribunal Constitucional in-
terposto das sentenas dos demais tribunais que contenham fundamentos de direito e
decises que contrariem princpios, direitos, liberdades e garantias previstos na Constitui-
o aps o esgotamento nos tribunais comuns e demais tribunais, dos recursos ordinrios
legalmente previstos. Cabem ainda dentro deste recurso os actos administrativos defini-
tivos e executrios que contrariam princpios, direitos, liberdades e garantias previstas na
Constituio.
(9) Vide Acrdos 121/2010; 124/2011 e 312/2013 disponveis [em linha] www.tribunalconstitu-
cional.ao
136
La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
uma aco susceptvel de perturbar a instruo do processo.
H claramente neste segundo momento assinvel da jurisprudncia do Tri-
bunal Constitucional angolano, em sede de recurso extraordinrio de incons-
titucionalidade em que se aprecia o direito liberdade/priso preventiva, o
acolhimento do critrio constitucional da necessidade, proporcionalidade e
razoabilidade, como sendo a medida valorativa constitucionalmente vlida e
recomendvel para restringir o direito liberdade individual e, concomitan-
temente, justificar a aplicao da medida cautelar priso preventiva.(11)
pois de concluir que a jurisprudncia do Tribunal Constitucional angola-
no aponta claramente, no seu papel fiscalizador e de garante da Constitui-
o, para a supremacia da Constituio consequentemente para a tutela
do bem jurdico direito liberdade individual.
O sentido firmado pelo Tribunal Constitucional tem em conta que tendo
Angola consagrado o Estado democrtico de direito, e basear-se enquanto
Repblica soberana e independente na dignidade da pessoa humana, est
obrigada a tratar at mesmo os criminosos, e por maioria de razo os simples
arguidos, como sujeitos de direitos e no como meros objectos processuais.
Decorre da compreenso do Tribunal Constitucional que os diversos servi-
dores do poder pblico ajam de acordo com os princpios da lei suprema,
com consequncias para a preponderncia da liberdade provisria real-
ando, desta feita, o carcter subsidirio da priso preventiva no contexto
(10) Nos termos do que dispe o artigo 291 do Cdigo de Processo Penal so os crimes
punveis com pena de priso maior superior a 8 anos de priso.
(11) Acrdo n 315/2013.
137
maria da imaculada melo
2. Em Concluso
Importa salientar, que efectivamente, o processo penal e o direito proces-
sual penal constituem, no Estado democrtico de direito, uma estrutura
legal de equilbrio entre o direito de punir do Estado e o direito dos indi-
vduos liberdade e segurana, pelo que devem os decisores judiciais e
jurisdicionais assegurar esse sentido.
O legislador e os diversos decisores legais em matria de priso preven-
tiva devem tratar a questo como uma soluo legal e excepcional, aten-
dendo os problemas especficos e delicados que comporta, confront-los
com os valores que concretamente devem ser salvaguardados. Para tal
mister considerar que a priso preventiva, na sua configurao legal,
especfica e dimensional, tem estado a sofrer evolues histricas pelo
que se impe, na fase de construo do Estado democrtico de direito,
o imperativo de existir compatibilidade entre os seus ideais, devendo-se
primar por um critrio de eficincia e efectividade do direito.
Partindo-se do disposto na Constituio angolana, em matria de priso pre-
ventiva, impe-se conciliar o que partida parece inconcilivel: a liberdade,
os direitos e as garantias fundamentais dos cidados com a necessidade de
segurana da sociedade,(12) e com isso assegurar-se a adequao da praxe
ao quadro jusconstitucional, bem assim como pugnar por um sistema penal
apoiado em polticas criminais decorrentes da multidisciplinaridade social.
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(12) Veja alertam os Mestres ROMO, Pedro e MACEDO, Fernando, em Anotaes Lei da
Priso Preventiva e Legislao Complementar, Edies Almedina, 2008.
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La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
BIBLIOGRAFA
Cdigo de Processo Penal Angolano, Anotado e Lei N 18-A/92 de 17 de Julho, Lei da Priso
Comentado, de Manuel Lopes Maia Gonalves. Preventiva em Instruo Preparatria.
Costa, Jos de Faria, Noes Fundamentais Romo, Pedro e Macedo, Fernando, Anotaes
de Direito Penal (Fragmenta iuris poenalis), Lei da Priso Preventiva e Legislao Com-
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Coimbra, Editora, 3 Edio. plementar, Editora Almedina.
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La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
ROBERTO SANTANA
ROBERTO SANTANA(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
ma penitenciaria. Se encarga de acompaar a los pases en la promocin
de la reforma identificando las oportunidades del fortalecimiento institucio-
nal, ayudando a la coordinacin entre las instituciones estatales vinculadas
a ella y haciendo acopio de las experiencias de los sistemas penitenciarios
de la regin para contribuir con el intercambio al mejoramiento de todos.
Este Centro de Excelencia cuenta con el acompaamiento y asesora del
ILANUD, dirigido por nuestro maestro Elas Carranza. Ha sido instalado
en la Repblica Dominicana a partir de un proceso que ha tenido algn
resultado en los ltimos nueve aos en la implementacin de una reforma
penitenciaria para el seguimiento, las inspecciones de Naciones Unidas y
la tutora moral de especialistas penitenciarios del mundo como Andrew
Coyle, Vivien Stern, el profesor E. Ral Zaffaroni, Elas Carranza y otros
argentinos, como Juan Carlos Domnguez, cuya presencia aprecio. Me
honra hablar de la preocupacin por el tema de las penas en un auditorio
donde se encuentran l y muchas otras distinguidas personalidades.
Voy a hablarles de prisin preventiva, algunas de sus caractersticas cuali y
cuantitativas. Intentar agotar una parte de esas preocupaciones en la his-
toria de la prisionizacin, qu dice la normativa internacional, los derechos
(1) Politlogo. Profesor de las Ctedras de Desarrollo Poltico, Ciencias Polticas, Historia de
las Ideas Polticas y Filosofa de la Universidad Autnoma de Santo Domingo (UASD, Repbli-
ca Dominicana). Profesor del Instituto Militar de Estudios Superiores. Presidente y profesor del
Instituto Dominicano de Capacitacin de Empresas (INDOCADE). Director de Planificacin y
Decano de la Facultad de Ciencias Jurdicas y Polticas. Rector de la UASD. Vicepresidente
de la Unin de Universidades de Amrica Latina (UDUAL). Asesor del Procurador General
de la Repblica y Fundador del Departamento de Prevencin de Corrupcin Administrativa.
Director de la Escuela Nacional Penitenciaria (ENAP).
141
ROBERTO SANTANA
142
La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Entonces, qu tipo de ambiente debera ser una prisin? Pues si, dijimos,
no puede ser ni un recinto de militares ni de policas, tiene que ser lo ms
parecido a una escuela posible.
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
rechos humanos de nuestro pas antes y despus de abrirlos. Hacen visitas
que, a veces, resultan un poco costosas porque los observadores, por su-
puesto, marcan sus objeciones, y debemos atenderlas. Pero necesitamos
esa presencia moral porque nos ayuda a que, precisamente, el Centro de
Excelencia de Naciones Unidas funcione para ayudar a promover las bue-
nas prcticas en materia penitenciaria.
143
ROBERTO SANTANA
La industria de la prisin
En una sociedad de mercado, el preso es una mercanca de la economa
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La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
son centros en manos de delincuentes y de funcionarios corruptos.
Nosotros abogamos, en consecuencia, porque haya un modelo realmente
estatal y comunitario. La comunidad debe participar y ayudar a controlar al
estado y a los polticos. Y en un esquema de transparencia se debe garanti-
zar que la comunidad asista, intervenga y acompae, no solamente la fase
de la prisin, sino la fase postpenitenciaria. Porque todos los prisioneros,
cuando terminan su prisin, van para la calle y quines los van a recibir?
Nos preocupa o no nos preocupa lo que hagan cuando esas personas
salgan? Nos preocupa o no nos preocupa lo que suceda cuando esas
personas salgan a la calle? Si nos preocupa, debemos trabajar como co-
munidad para que esas prisiones sean lugares de cambio, sean lugares
amigables, sean lugares decentes, y estar preparados a la vez para reci-
birlos en la calle cuando regresen? Entendemos que s.
adecuados, igual que ocurre en las familias, igual que ocurre en cualquier
mbito; aun en las prisiones se puede lograr un buen trabajo.
Tienen que ser distintos a los protocolos de los condenados. Tiene que
haber una gestin paralela y preferiblemente un personal que paralela-
mente trabaje con los preventivos. Pero debemos dejar en claro que la
premisa es que se encuentran en libertad.
La normativa internacional
Existe una panacea falsa alrededor de que lo mejor que existe es lo que
est en los organismos internacionales. Relativamente es verdad, pero mu-
cha de esa normativa puede seguir avanzando y, muchas veces, lo digo
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La prisin preventiva en Amrica Latina y frica
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
el honor inmenso de acompaar a don Elas Carranza, por ejemplo, a Per,
y encontr una crcel llamada Lurigancho. Era una crcel tan compleja, tan
perfecta, tan costosa, tan sublime que no sirvi. Y entonces, finalmente
tuvieron los limeos y los peruanos que usarla al estilo latinoamericano.
Frecuentemente nos estn vendiendo unas panaceas, unas megacrceles
para 10.000, para 20.000, unas sper crceles de mxima seguridad. Todas
son falsedades financieras.
Las prisiones tienen que ser preferiblemente chicas para que el personal
se pueda encargar de los privados de libertad. Hay en Nueva York una
crcel llamada Red Rikers Island con una capacidad para 24.000 internos.
Cmo un psiclogo o diez va a trabajar con 24.000 privados de liber-
tad? Est de por medio un inters pecuniario o un inters vengativo, cosas
por el estilo.
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ROBERTO SANTANA
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Genocidio
y crmenes
contra la humanidad
presentacin(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
comunicacin. Los motivos por los que se ha transformado en un tema
de actualidad, tan irritante y politizado para la opinin pblica como
lo pueden ser la eutanasia, el aborto, el acoso sexual o los malos tratos
familiares.
La polmica pblica generada alrededor de este delito inclusive ha reanu-
dado la discusin jurdica, tanto entre positivistas e iusnaturalistas, como
entre penalistas y criminlogos, sobre las necesarias excepciones al princi-
pio de territorialidad en cuanto al principio bsico en relacin a la vigencia
espacial de las normas penales.
Por estas razones, me parece crucial llevar a cabo una reflexin serena y
estrictamente jurdico-penal sobre este delito tradicionalmente poco
tratado por la doctrina debido a su escasa relevancia prctica, que
permita delinearlo claramente y que ponga de relieve los problemas que
presenta en la actualidad la tipificacin de las conductas que con l se
relacionan.
En este sentido, y por un lado, el jurista tiene la obligacin de estar atento
a las cuestiones de preeminencia jurdica que se ocasionan en la sociedad
desde una perspectiva que busque el rigor tcnico. Por el otro, a los espe-
cialistas en derecho penal les llama la atencin el delito de genocidio por
presentar una serie de caractersticas que lo distinguen como una figura
singular.
(1) Por Cristian J. Cabral. Abogado, especialista en Derecho Penal y Criminologa. Secretario
de Legal y Tcnica de la (UNLaM). Profesor adjunto de Derecho Penal I, Parte General (UNLZ).
Profesor titular de Derecho Penal II (UNLaM). Director de diversos proyectos de investiga-
cin, jurado actuante en diversos concursos acadmicos.
151
genocidio y crmenes contra la humanidad
(2) El caso de la persecucin a grupos polticos es, quiz, el ms espinoso ejemplo. Sobre
esta cuestin gir la discusin jurdica en el caso Pinochet.
152
presentacin
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
deseos y creencias acerca de cmo satisfacerlos. En algunos casos, el ca-
rcter intencional de estas acciones es ms evidente, porque son el resul-
tado de una decisin razonada.
153
genocidio y crmenes contra la humanidad
Otro caso donde pudo visualizarse este tipo de aceptante entusiasta ocu-
rri en la ejecucin de los hermanos Scholl.
154
presentacin
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
en la que el juez norteamericano (Spencer Tracy) le pregunta al matrimo-
nio que lo sirve si conoca lo que ocurra con los judos. La respuesta nega-
tiva no deja satisfecho al juez. Tampoco a los espectadores.
Son muchos los casos de este tipo relatados por los historiadores . Como
antes sealaba, la discusin acerca de la responsabilidad de los alemanes
ha vuelto a renacer en los ltimos aos a raz del libro de Daniel Goldha-
gen, Los verdugos voluntarios de Hitler.(4) All se sostiene la tesis de la res-
ponsabilidad general de los alemanes. Yves Ternon parece suscribir a esta
tesis cuando seala: Todos estuvieron implicados: los que saban, los que
vean, los que sospechaban, los que no queran saber, los que no saban
nada (...) El genocidio no es un espectculo donde actores y espectadores
son distintos.(5)
Otros autores tendieron a diluir o relativizar el papel de los perpetradores
y los testigos o espectadores en el Holocausto. Tal disparidad en las inter-
pretaciones suele repetirse cuando se observan otros genocidios, mostra-
ron vergenza ante la humillacin que sufran los judos. Horwitz cuenta los
sentimientos de una alemana ante lo que ocurra: Se les obliga a cavar
sus propias tumbas susurra la gente. Se les quita la ropa, los zapatos,
la camisa. Se les manda desnudos a la muerte. El horror es tan increble
(3) Prez Trivio, Jos Luis, El Holocausto y la responsabilidad: altruismo limitado y dilemas
trgicos, Universidad de Alicante, 2006
(4) Goldhagen, Daniel, Los verdugos voluntarios de Hitler, trad. de Jordi Fibla, Madrid, Taurus,
1997.
(5) Ternn, Yves, El estado criminal: Los genocidios en el Siglo XX, Barcelona, Ediciones Pe-
nnsula, 1995, p. 155.
155
genocidio y crmenes contra la humanidad
(6) Lemkin, Rafael, El dominio del eje en la Europa Ocupada, Bs. As., Prometeo, 2009.
156
presentacin
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
nas por actos de genocidio.
Por otro lado, se ha creado el Tribunal Penal Internacional con el que la
comunidad internacional ha realizado un paso crucial para erigir un cuerpo
internacional estable y capaz de perseguir futuros actos de genocidio.
Sin embargo, a pesar de todos esos avances recientes y de que el conve-
nio cumplir en breve 50 aos, la pregunta sobre qu es genocidio an es
difcil de responder.
La International Law Comission ha sealado que el delito de genocidio
se caracteriza por: a) el requisito de la intencin (mens rea) y, 2) el acto
prohibido (actus reus).
La palabra genocidio fue inventada por Raphael Lemkin como un hbrido de
dos races: genos, del griego clsico, que refiere a la idea de nacin, raza o
tribu; y el sufijo cide del latn, que remite a la nocin de asesinato. Su objeti-
vo era formular un concepto jurdico que diera cuenta de la destruccin de
grupos humanos tal y como estaba sucediendo con los judos a manos de
los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La obra donde expuso estas
consideraciones fue publicada al poco tiempo de que empezara a saberse
pblicamente la existencia de campos de exterminio. Por ello la actuacin
genocida debe ser interpretada como parte de un plan global normal-
mente de un gobierno o de una estructura organizada de poder en el que
participaron diversas personas organizadas de forma sistemtica para hacer
desaparecer total o parcialmente un determinado grupo humano.
Slo desde esta perspectiva colectiva constituye la actuacin del autor un
medio objetivamente adecuado o idneo para tal fin exterminador. La in-
terpretacin contraria, adems, puede tener problemas desde el punto de
157
genocidio y crmenes contra la humanidad
vista del tenor literal de los trminos, ya que el trmino genocidio tiene el
significado de exterminio o eliminacin sistemtica de un grupo social.
Desde el punto de vista subjetivo, por tanto, el delito de genocidio no es
un delito contra bienes jurdicos individuales acompaado de una inten-
cin o un propsito irreal o absolutamente inidneo de acabar con el gru-
po nacional, tnico, racial o religioso al que pertenece la vctima. El dolo
como elemento subjetivo necesario para que exista un delito de geno-
cidio debe estar integrado por la existencia de conductas conocidas si-
milares que posibilitan la destruccin total o parcial, de un grupo nacional,
tnico, racial o religioso como objetivo de una pluralidad o asociacin de
personas. Desde el punto de vista del dolo, es preciso que el autor del
delito valore como profano que el individuo que ataca sea integrante del
colectivo que se pretende destruir de forma sistemtica.
Por ltimo, habra que diferenciar a efectos interpretativos entre el pro-
psito de destruir el grupo dolo directo de primer grado del mero
deseo de destruir el grupo, carente de relevancia tpica.
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
158
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Alejandro Alagia
Alejandro alagia(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
1. El derecho penal argentino moderno
El dogma en las creencias del penalista es este: el hombre se abre paso
del salvajismo a la civilizacin con la regla de castigo en la mano, instru-
mento insustituible de convivencia humana(2) y lenguaje que unifica muy
diferentes versiones de la cultura punitiva nacional desde la poca en que
las elites locales consiguen la unidad del pas. En 1940, con la aparicin del
Tratado de Derecho Penal de Sebastin Soler, la antigua tradicin jurdica
se renueva. Quiere adjudicarse el predominio perdido ante el positivismo
criminolgico y penal, ms notorio en la enseanza universitaria que en
la prctica forense. Esta obra puede aspirar legtimamente a que se la
reconozca como aquella que logr definitivamente, para la cultura jurdica
penal argentina, el pasaje de la nocin de delito como obra inevitable de
un sujeto inferiorizado por degeneracin a otra en la que independien-
temente de cualquier imagen deshumanizada que se tenga del enemigo
social, el delito es pura infraccin de una norma que amenaza sufrimiento.
El centro de gravedad del derecho penal vuelve a fijarse en el concepto
de delito que regresa junto a la idea retributiva de pena. En este esque-
ma, las disciplinas criminolgicas, ms o menos sociolgicas, ms o me-
nos mdico-psiquitricas, quedan reducidas al papel de hacer algo til
con la escoria humana prisionizada o bien orientar la prevencin policial
(1) Abogado (UBA). Doctor en Ciencias Penales por la tricentenaria Universidad San Carlos
de Guatemala. Docente titular del departamento de Derecho Penal (UBA). Fiscal General
ante los Tribunales Orales en lo Criminal de la Capital Federal en causas por violaciones a los
derechos humanos durante el terrorismo de Estado.
(2) Soler, Sebastin, Tratado de derecho penal, t. I, Bs. As., TEA, 1970, p. 2.
159
Alejandro Alagia
160
Genocidio y crmenes contra la humanidad
del ius puniendi estatal. A la vez, facilita un mejor examen de las visiones
antropolgicas que hacen del mito de la pena para que exista sociedad
un dogma en el que encuentra fundamento la doctrina penal del estado
liberal de derecho.
La idea de la inevitabilidad de la pena para que exista sociedad huma-
na se renueva en el Tratado de Derecho Penal, de Soler, en oposicin a
la tradicin positivista y ms cercana a la tradicin de la filosofa poltica
clsica. Por lo tanto, no faltan en esta primera obra moderna de derecho
penal imgenes antropolgicas del hombre primitivo y civilizado. En el
derecho penal positivista fue muy comn identificar al delincuente con un
estado evolutivo inferior. Con influencia de las ciencias naturales, especial-
mente de la embriologa, se identific en la ontognesis del individuo, la
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
filognesis de la especie humana. En cambio, en la obra de Soler se llega
al mismo resultado con conclusiones antropolgicas que en la poca en
que se escribe (tiene sucesivas ediciones, en 1945, 1963, 1970, 1987 y ml-
tiples reimpresiones hasta 1992) ya haca tiempo haban dejado de domi-
nar el panorama de esta disciplina, sin embargo, obtiene reconocimiento.
Por su marcado etnocentrismo no pudo evitar la conclusin deshumani-
zante de una inferioridad humana natural: debemos tratar con reservas
toda hiptesis que lleve el intento de explicar los fenmenos primitivos de
penalidad () atribuyendo al hombre salvaje, y an brbaro, los mismos
sentimientos y modo de pensar nuestros.(5) Esta ha sido la visin de cro-
nistas, misioneros y colonizadores de los siglos XVI y XVII.
Soler introduce en la cultura penal a James George Frazer, autor de La
rama dorada, que fue publicado en 12 volmenes en Londres entre 1907 y
1914, y a Lvy-Bruhl, cuyo La mentalidad primitiva fue publicado en Pars,
en 1925 tal como hizo luego Hans Kelsen en Sociedad y naturaleza de
1943, para demostrar la naturaleza irracional y mgica del pensamiento
primitivo que le impeda a su sociedad pegar el salto civilizatorio: la
cultura del hombre primitivo no estaba construida sobre una base cient-
fica, naturalista y experimental, como la nuestra que descansa, ante todo,
en los principios de identidad, contradiccin y razn suficiente. La idea de
causalidad, tan influyente en todas nuestras actividades, se muestra total-
mente rudimentaria, y gran parte de los fenmenos son explicados no por
esa ley sino por principios mgicos.(6)
161
Alejandro Alagia
(7) Frazer, J., La rama dorada: Magia y religin, Madrid, FCE, 1981, p. 34.
(8) Soler, S., op. cit.
(9) de Azara, F., Viajes por Amrica Meridional, Madrid, Calpe, 1923, t. I, p. 74, citado por
Soler, S., op. cit., p. 72 y ss.
(10) Soler, S., op. cit., p. 98.
(11) Ibid., p. 99.
(12) Ibid., p. 66.
(13) El pargrafo 11 dedicado al derecho y la costumbre penal en los pueblos aborgenes
no distingue entre sociedades primitivas con estado de sociedades salvajes igualitarias (Ibid,
p. 95 y ss.).
162
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
composicional, lo consider tanto extorsivo como aberrante su modo de
imputacin.(15) Su descripcin de la forma primitiva de lidiar con el conflicto
interno se comprende no por la singularidad de la sociedad salvaje, sino
por lo que ella carece desde el punto de vista de la civilizacin. Pero cuan-
do no se la califica por lo que le falta se le asignan propiedades inexisten-
tes, como la venganza privada ilimitada, imaginario con el que, desde los
siglos XVI y XVII, la filosofa poltica clsica justifica la pena pblica civiliza-
da que pone fin al salvaje estado de guerra de todos contra todos. Pese
a que la antropologa estructural-funcionalista europea y norteamericana
de 1940 y 1950 ponen punto final a esta fantasa racionalista, Soler no
abandonar en las sucesivas ediciones del su obra la idea de la anar-
qua primitiva, la visin del hombre salvaje como un asesino irracional, y de
la inevitabilidad de la pena pblica para que exista sociedad.(16)
163
Alejandro Alagia
(17) Jimnez de Asa, L., Tratado de derecho penal, Bs. As., Losada, 1950, t. I, p. 241.
(18) Jimnez de Asa, L., op. cit., p. 243.
(19) Ibid.
(20) Ibid., t. II, p. 14.
(21) Jimnez de Asa, L., Psicoanlisis criminal, Bs. As., Losada, 1947, p. 225 y ss.
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Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
En el estudio del profesor Hendler, el lugar de Lucien Lvy-Bruhl y de Ja-
mes George Frazer es ocupado por Franz Boas Cuestiones fundamen-
tales de Antropologa Cultural, 1964 y Lvi-Strauss El pensamiento
Salvaje, 1962, y Antropologa Estructural, 1973, para quienes no solo no
existe una diferencia fundamental en los modos de pensar del hombre
primitivo y el civilizado, sino que la causa de la inferiorizacin salvaje se en-
cuentra en la mentalidad colonizadora del etnocentrismo cultural que se
niega a reconocer una matriz comn que hace equivalentes los catlogos
de prohibiciones de culturas totalmente diversas.(25)
Franz Boas, quien cambi el conocimiento antropolgico del siglo XX (es-
pecialmente en los Estados Unidos) parti de la identidad en la estructura
mental del hombre. El libro The mind of primitive man, de 1911, est de-
dicado a refutar la teora que diferencia al ser humano en razas superiores
e inferiores. No ignor las diferencias fsicas, tnicas y culturales de los
grupos humanos, pero seal que la cultura occidental las utiliz para in-
ventar un concepto de raza y justificar con ello el abismo que la doctrina
racista introduce entre el salvaje irracional (calificacin en la que estn in-
cluidos los pobres) y el hombre civilizado: Es impresin general recogida
por numerosos viajeros, y basada tambin en experiencias obtenidas en
(22) Hendler, E., Las races arcaicas del derecho penal, Quito, Corporacin Editora Nacional,
1995, p. 65 y ss.
(23) Tern Lomas, R., Las races del derecho penal en la sociedad primitiva, en Revista de
derecho penal y criminologa, n 3, julio-septiembre, 1971, p. 405 y ss.
(24) Hendler, E., op. cit., p. 15.
(25) Ibid., p. 54.
165
Alejandro Alagia
nuestro propio pas, que el hombre primitivo de todas las razas, y el menos
educado de nuestra propia raza, tienen en comn la falta de dominio de
sus emociones, que ceden ms fcilmente a un impulso que el hombre
civilizado y el de educacin superior. Esta impresin proviene especial-
mente de que se olvida considerar las ocasiones en que formas varias de
la sociedad exigen un fuerte dominio de los impulsos () Demasiado a
menudo el viajero o el estudioso () juzgan el impulso hacia las explosio-
nes de ira segn su propio patrn de medida.(26)
Lvi-Strauss, de igual talla que Boas, desde el Collge de France lanzaba
sus dardos contra un racismo psicologizante:
"Nunca y en ninguna parte, el salvaje ha sido, sin la menor duda, ese ser
salido apenas de la condicin animal, entregado todava al imperio de
sus necesidades y de sus instintos, que demasiado a menudo nos hemos
complacido en imaginar y, mucho menos, esa conciencia dominada por la
afectividad y ahogada en la confusin".(27)
Lo que resulta ms perturbador es descubrir que esta inferiorizacin psi-
cologizante se renueva con el positivismo jurdico de Hans Kelsen y que
Soler introduce en el derecho penal para demostrar que la pena pblica
es el progreso civilizatorio que pone fin a la irracionalidad vindicativa del
salvaje. En 1943, en los Estados Unidos, Kelsen escribe una extraa obra
de investigacin etnogrfica, Sociedad y naturaleza, traducida al espaol
en 1949 por Jaime Perriaux, discpulo argentino de Ortega y Gasset, abo-
gado de magnates nazis en la Argentina, ministro de justicia de la dicta-
dura del general Levingston e idelogo de la dictadura genocida de 1976-
1983. Las conclusiones a las que arriba son: a) el monopolio estatal de la
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
(26) Boas, F., Cuestiones fundamentales de la antropologa cultural, Bs. As., Solar, 1964,
pp. 140/141.
(27) Lvi-Strauss, C., El pensamiento salvaje, Mxico, FCE, 2006, p. 69.
(28) Especialmente este punto de partida en su Teora general del derecho y del estado,
Mxico, UNAM, 1988, p. 24.
166
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
tienen abierto el camino de la irracionalidad, aunque para esa poca en la
antropologa ya no se discuta que el salvaje emocional y animista haba
creado los dos sistemas normativos ms complejos que produjeron el pa-
saje de la naturaleza a la cultura: la convencin del lenguaje y las reglas de
parentesco para la evitacin del incesto. Ausente la razn en el salvaje, el
nico mrito que se le reconoce es el de antecesor del hombre racional,
aun cuando en su estupidez aniada, como crea Lvy-Bruhl, manufactu-
rar tiles, domesticar plantas y animales, creando as las condiciones
para la civilizacin.(32) No obstante lo cual esta no ahorrar esfuerzos, a
su turno, para extender el poder de domesticacin hasta alcanzar a la
mayora de hombres y mujeres. Como Kelsen, cuya obra es testimonio
del esfuerzo por hacer del derecho una ciencia depurada de prejuicios,
dogmas e ideologas, lleg a racionalizar el orden jurdico sobre la fantasa
de una irracionalidad vindicativa primitiva es prueba suficiente, no solo de
la fuerza del mito, sino tambin de la habilidad para presentarse bajo los
ms diversos disfraces. Cuando en 1940, Sebastin Soler incorpor esta
idea como punto de partida antropolgico, se abri en el pas una nueva
etapa del derecho penal. Recordemos que un ao antes se haba publi-
cado el Tratado de derecho penal de Eusebio Gmez, basado en la idea
(29) Kelsen, H., Sociedad y naturaleza, una investigacin sociolgica, Bs. As., Depalma, 1949,
p. 405.
(30) Kelsen, H., op. cit., p. 71.
(31) Ibid., p. 79; y Kelsen, H., Causalidad e imputacin, Qu es la justicia?, Bs. As., Ariel,
1993, p. 221.
(32) Sobre los orgenes de la ciencia racional en la sociedad primitiva ver Bernal, J., La ciencia
en la historia, Mxico, UNAM, 1959, p. 59 y ss.
167
Alejandro Alagia
(33) Gmez, E., Tratado de derecho penal, Bs. As., Compaa Argentina de Editores, 1939,
pp. 85, 248 y ss., 336 y ss.
(34) von Liszt, F., Tratado de derecho penal, Madrid, Reus, 1937, t. I, p. 19.
(35) von Liszt, F., op. cit., t. II, p. 4.
(36) Mezger, E., Derecho penal. Libro de estudio. Parte general, op. cit., p. 32.
(37) Mezger, E., op. cit., p. 379.
(38) Fontn Balestra, C., Tratado de derecho penal, Bs. As., Abeledo-Perrot, 1995, p. 96.
(39) Nuez, R., Tratado de derecho penal, Ed. Crdoba, Crdoba, 1988, p. 43.
168
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
en el perodo posterior a la dictadura cvico-militar de 1976-1983. En los
quince aos que separan la primera de la segunda edicin de 1999 del
Manual no hay cambios en Bacigalupo en la idea de que sin castigo para
criminales no hay estabilidad ni equilibrio social.(41) En cambio, abierta a
la especulacin filosfica y a las ciencias sociales, la obra de Zaffaroni no
elude el desafo por el origen de la pena, aunque, a diferencia de sus tra-
bajos posteriores que revolucionan las concepciones del poder punitivo y
el derecho penal en toda Amrica Latina, en esta obra de 1980 en cinco
volmenes(42) concebira al castigo igual a como lo hace Welzel.(43) La pena
cumple la funcin posibilitadora de la coexistencia humana, al impedir la
guerra civil de todos contra todos(44) aunque lejos de cualquier inferiori-
zacin del hombre primitivo.
Fue una sorpresa que en 1991 apareciera en Buenos Aires una tesis que
resucita la doctrina de la irracionalidad de los salvajes con el propsito
de justificar castigo sobre conductas sin resultado lesivo. En Teora del
delito y disvalor de accin, el profesor Marcelo Sancinetti establece que,
si para el salvaje un resultado malo debe castigarse y un resultado bueno
recompensarse, el hombre civilizado se diferencia en que puede distin-
guir entre intencin y consecuencia, de modo de poder castigar tambin
(40) Gluckman, M., Poltica, derecho y ritual en la sociedad tribal, Madrid, Akal, 1978, p. 142.
(41) Bacigalupo, E., Manual de derecho penal, Bogot, Bs. As., Temis, 1999, pp. 3 y 41 res-
pectivamente.
(42) Zaffaroni, E. Ral, Tratado de derecho penal, Bs. As., Ediar, 1980.
(43) Welzel, H., Derecho penal alemn, Chile, Editorial Jurdica de Chile, 1993, p. 10 y ss.
(44) Zaffaroni, E. Ral, Tratado de derecho penal, op. cit., t. I, p. 44.
169
Alejandro Alagia
(45) Sancinetti, M., Teora del delito y disvalor de accin, Bs. As., Hammurabi, 1991, p. 115 y ss.
(46) Hobbes, T., Leviatn, Mxico, FCE, 2003, pp. 101/102.
(47) Montaigne, M., Ensayos completos, Madrid, Ctedra, 2005, p. 237.
170
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
fundamentacin del Estado.
Un siglo antes y sin el clima revolucionario que hara famosa Dei delitti e
delle pene (1764) de Cesare Beccaria, Hobbes dedica los captulos XXVII y
XXVIII a fijar un esquema de derecho penal y procesal liberal bsico. Esta-
blece un rgimen de castigo pblico con garantas individuales para el jui-
cio, la calificacin de una conducta como delito y la graduacin de la pena.
Define el principio de legalidad penal y la prohibicin de retroactividad,
el error de prohibicin y otras causas de inculpabilidad; establece criterios
de agravacin y atenuacin de la penas; fija los principios del debido pro-
ceso penal, los delitos y el sistema de penas. Contemporneo de Baruch
de Spinoza, coincidir en la primaca en el hombre (salvaje o civilizado)
de pasiones y afectos ciegos que inclinan a la venganza por lo que
estn hechos de tal manera que no pueden vivir sin una ley comn.(52)
Ambos justifican, de igual modo, la soberana punitiva en la amenaza de
anarqua.(53) En Locke, tambin el origen del poder poltico radica en un
derecho de la autoridad a fijar castigos, incluso la pena de muerte, para
171
Alejandro Alagia
(54) Locke, J., Segundo ensayo sobre el gobierno civil, Bs. As., Losada, 2002, p. 15.
(55) Rawls J., Teora de la justicia, Madrid, 1979, p. 143 y ss.; Nozick, R., Anarqua, estado y
utopa, Mxico, FCE, 1988, p. 94 y ss.
(56) Terray E., La poltica en la caverna, Bs. As., Colihue, 2009, p. 76 y ss.
(57) Bartra R., El mito del salvaje, en Revista de cultura cientfica de la Facultad de Ciencias
de la UNAM, n 60/61, (octubre 2000/marzo 2001), p. 88 y ss.
(58) Rousseau J., Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad de los hombres,
Bs. As., 2008, p. 291.
(59) Castoriadis C., La ciudad y las leyes. Lo que hace a Grecia. 1. De Homero a Herclito,
Seminarios 1982-1983. La creacin humana II, Bs. As., FCE, 2006, p. 340.
(60) Jaeger W., Paideia: los ideales de la cultura griega, Mxico, FCE, 2000, p. 274.
172
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
tre los salvajes se luchaba para impedir que algo as surgiera del inte-
rior mismo de la sociedad. Anular de manera casi automtica el efecto
que los factores histricos podran tener sobre el equilibrio y continui-
dad de su sociedad es una intencin permanente que gua la vida de
los salvajes. De all la distincin que hace Lvi-Strauss de sociedades
calientes, que interiorizan resueltamente el devenir histrico para ha-
cer de l el motor de su desarrollo, y sociedades fras, conservadoras
por naturaleza.(61) El mal encuentro o accidente trgico de la sociedad
con la soberana punitiva, en este sentido de cambio radical, no es me-
nos relevante para la historia humana que la revolucin neoltica para el
dominio del hombre sobre la naturaleza. La produccin de excedentes
alimentarios no solo crea la oportunidad para el despegue civilizatorio,
tambin para la soberana punitiva que se abre paso con la divisin so-
cial. Esta tensin entre progreso y tragedia social se har conocida ms
como dialctica de la modernidad que como dialctica civilizatoria. En
el Manifiesto Comunista de 1848, Karl Marx expresa por primera vez la
contradiccin en imgenes y sentimientos con los que se organizan las
primeras asociaciones de oprimidos y explotados. Casi un siglo despus,
se ocupar de este fenmeno la teora crtica de Adorno y Horkheimer en
Dialctica del iluminismo,(62) expresiva de una cultura de izquierda identi-
173
Alejandro Alagia
(63) Zaffaroni E., En busca de las penas perdidas, Bs. As., Ediar, 1998, p. 73 y ss.
(64) Zaffaroni E., Alagia A. y Slokar A., op. cit., p. 3 y ss.
(65) Zaffaroni, E. Ral, Crmenes de masa, Bs. As., Madres de Plaza de Mayo, 2010, p. 63 y ss.;
La palabra de los muertos, Bs. As., Ediar, 2011, p. 479 y ss.
174
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
manidad puede aspirar a comprenderse sino por referencia a otras: Los
antroplogos estn para dar testimonio de que el modo en que vivimos,
los valores en los que creemos no son los nicos posibles; que otros tipos
de vida, otros sistemas de valores han permitido y permiten an a algunas
comunidades humanas alcanzar la felicidad () Hoy en da, sabemos que
algunos pueblos designados como primitivos, que ignoran la agricultura
y la ganadera, o que tan solo practican una agricultura rudimentaria, a
veces sin conocimientos de alfarera ni tejido, y que principalmente viven
de la caza y de la pesca y la recoleccin de productos silvestres no estn
atenazados por el miedo a morir de hambre y la angustia de no poder so-
brevivir en un medio hostil () Como qued demostrado con una serie de
estudios minuciosos realizados en Australia, Amrica del Sur, Melanesia y
frica, de dos a cuatro horas de trabajo cotidiano bastan sobradamente a
sus miembros activos para asegurar la subsistencia de todas las familias.(67)
Al contrario de la opinin de la filosofa clsica, la cohesin social y el buen
entendimiento en el seno del grupo resultan preferibles a cualquier inno-
vacin. De tal forma la cuestin litigiosa se posterga tantas veces como
sea necesario para alcanzar una decisin unnime.(68) Las sociedades pri-
mitivas tienen historia como todas, pero a diferencia de lo que sucede
entre nosotros, donde la civilizacin est hecha para cambiar, los salvajes
se niegan a la historia y se esfuerzan por esterilizar en su interior todo
(66) Lvi-Strauss C., La antropologa frente a los problemas del mundo moderno, Bs. As.,
Libros del Zorzal, 2011, p. 39.
(67) Lvi-Strauss C. op. cit., pp. 66/67.
(68) Ibid., p. 109.
175
Alejandro Alagia
Bibliografa
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Berman M., Todo lo slido se desvanece en el de Azara, F.,Viajes por Amrica Meridional,
(69) Sobre la desacralizacin del estado por la antropologa poltica ver, Abls, M., Antropo-
loga de la globalizacin, Bs. As., 2008, p. 156.
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InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
178
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Daniel Feierstein
Daniel Feierstein(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
1. Introduccin
Es por ello que, entre las diversas conceptualizaciones en boga para referir
a estos hechos (crmenes contra la humanidad, crmenes de masa, crme-
nes atroces), elegir la denominacin de crmenes de Estado, en tanto es
el carcter estatal en la perpetracin de delito lo que otorga la especifici-
dad al tipo de prctica y las peculiaridades y diferencias cualitativas que
justifican un tratamiento especfico y diferenciado. Esto es, que en este
caso especfico, el objetivo del proceso penal no son individuos espec-
ficos que han cometido vulneraciones al orden social sino el propio apa-
rato del poder punitivo estatal, en el ejercicio del paroxismo de su poder,
imponiendo a la poblacin (a los grupos poblaciones y/o a los individuos
que los componen) toda la fuerza del castigo (legal y/o ilegal) de la que
dispone el aparato punitivo.
(1) Doctor en Ciencias Sociales (UBA). Investigador del CONICET y docente (UNTREF y UBA).
Actualmente es Presidente de la International Association of Genocide Scholars (IAGS).
179
Daniel Feierstein
El objetivo, por tanto, de este trabajo ser desarrollar algunas ideas acer-
ca de las dos grandes tradiciones que surgieron a partir de mediados del
siglo XX como propuestas para intentar definir, perseguir y castigar los
crmenes de Estado: 1) la tradicin que asume la definicin y calificacin
como crmenes contra la humanidad o crmenes de lesa humanidad ; y
2) la tradicin que desarrolla su comprensin como genocidio.
Estas dos tradiciones de anlisis de los crmenes de Estado surgen en la
segunda posguerra a partir de dos hechos emblemticos: los Juicios de
Nremberg y Tokio para la primera tradicin (que implican el surgimiento
de la jurisprudencia sobre los crmenes contra la humanidad, figura utili-
zada para condenar a los perpetradores nazis), y la sancin de la Conven-
cin para la Prevencin y Sancin del Delito Genocidio, aprobada por las
Naciones Unidas el 9 de diciembre de 1948 y que entr en vigor en 1951
al contar con el nmero suficiente de ratificaciones.
Se trata, sin embargo, de dos tradiciones y modalidades muy distintas,
que van a establecer lgicas diferentes de comprensin y justificacin de
los juzgamientos, aunque pocas veces fueron analizadas en sus divergen-
cias, sino que, por lo general, se las trat conjuntamente, como parte de
un universo que, sin embargo, arraiga en dos tradiciones diferentes.
Los juicios de Nremberg y los otros juicios asociados al mismo, que
trataron las responsabilidades de los perpetradores alemanes y japoneses
por los crmenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial cons-
tituyeron uno de los primeros intentos exitosos para juzgar y castigar el
ejercicio sistemtico y paroxstico del poder punitivo estatal, aunque re-
ducido a aquellos Estados que haban sido derrotados en una contienda
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
blica, sin contemplar en modo alguno los crmenes cometidos por las
potencias vencedoras. La Convencin sobre Genocidio, por otra parte,
cre una nueva figura penal que buscaba dar cuenta de la especificidad de
este tipo de prctica, a travs del concepto de genocidio.
Los juicios de Nremberg cuentan con una genealoga que se vincula al
creciente desarrollo del derecho penal internacional, a travs de la jus-
tificacin del derecho de gentes y de las costumbres y tradiciones, aun
cuando las mismas no se encontraran codificadas positivamente (lo que en
las causas tendi a interpretarse con la figura del jus cogens). Asimismo,
se trat de tribunales militares, integrados por miembros de las potencias
blicas triunfantes que, a la vez que buscaron juzgar los ya previamen-
te codificados crmenes de guerra cometidos por las potencias vencidas,
180
Genocidio y crmenes contra la humanidad
incluyeron este anlisis del jus cogens para permitir el juzgamiento de ac-
ciones estatales contra poblacin civil cometidas antes o durante el con-
flicto blico, las que fueron calificadas como crmenes de lesa humanidad
o crmenes contra la humanidad, una figura que tena una existencia previa
en el derecho internacional aunque nunca haba sido utilizada. A su vez,
la figura de lesa humanidad cuentan con una genealoga etimolgica
que la conecta con la antigua figura de la lesa majestad, posteriormente
eliminada de las codificaciones legales. No sera ya la majestad del rey
sino ahora los intereses del conjunto de la humanidad los que justifica-
ran un tratamiento penal diferenciado. Intentaremos observar algunos de
los problemas que se desprenden de esta justificacin, por oposicin a la
lgica que concibe la especificidad de los delitos no en su vulneracin de
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
la lesa humanidad sino en su carcter de crmenes de Estado.
El concepto de genocidio tiene una tradicin y genealoga muy distinta a
la del concepto de crmenes de lesa humanidad y a la experiencia de los
juicios de Nremberg. Por una parte, el concepto proviene de un anlisis
que, si bien inicialmente realizado por un jurista (Raphael Lemkin) contena
caractersticas ms histricas y sociolgicas (basta para ello leer la obra
clsica donde Lemkin lo introduce a la discusin universal, Axis Rule in
Occupied Europe).(2) A travs del concepto de genocidio, por tanto, se
propone un anlisis socio-histrico de los crmenes de Estado, a la vez que
se busca dar cuenta de una prctica que no necesariamente se despren-
de de la guerra o de la relacin interestatal (es claro en las primeras for-
mulaciones, tanto conceptuales como legales, que el delito de genocidio
puede cometerse tanto en contextos de guerra como de paz y tanto entre
Estados como al interior de un Estado).
Antes de iniciar el anlisis crtico de ambas tradiciones, me resulta funda-
mental dejar aclarado un punto que podra formular como una peticin
de principio, que atravesar todo el anlisis: la importancia indeclinable
de la necesidad de investigacin, juzgamiento y sancin de los crmenes
de Estado. Esto es, que a diferencia del ejercicio cotidiano y regular del
sistema punitivo, en el cual la funcin de su propio ejercicio es puesta en
cuestin por numerosas escuelas de pensamiento, en el caso de los crme-
nes de Estado, la posibilidad de su juzgamiento resulta fundamental para
la preservacin del lazo social.
(2) Lemkin, Raphael, El dominio del Eje en la Europa ocupada, Buenos Aires, Prometeo, 2009.
181
Daniel Feierstein
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Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
sales de numerosos fenmenos cualitativamente distintos (exterminio,
asesinatos selectivos discriminados y/o indiscriminados, apartheid, tortu-
ra) agrupados bajo una categora legal comn, con una falta de unidad
entre los incisos que la componen, cuyas prcticas solo tienen en comn
el hecho de tratarse de acciones organizadas de modo masivo o sistem-
tico por parte del aparato punitivo estatal (aun cuando, lamentablemente,
esta perpetracin estatal no es explcita en la formulacin legal, lo cual ha
dado lugar a una peligrosa expansin en el uso del trmino para calificar
acciones de organizaciones insurgentes y/o de individuos).
Otro problema de la figura de crmenes contra la humanidad es que, a
partir de esta posible constitucin en un tipo abierto con formulaciones
del tipo otros actos inhumanos, se ha ido buscando crecientemente la
homologacin o analoga de prcticas que claramente no constituyen cr-
menes de Estado con la figura de crmenes contra la humanidad, como
modo de aprovechar su estatuto especial en relacin a las garantas de
territorialidad, prescripcin o amnistiabilidad. Aunque la tipificacin legal
requiere la comprobacin de la existencia de un ataque masivo o sistem-
tico, al no haberse explicitado la perpetracin estatal como parte del tipo
penal, en las ltimas dos dcadas se han ido incrementando las tenden-
cias por aprovechar los logros en la lucha contra los crmenes de Estado
para utilizar dicho estatuto especial como parte de una ofensiva neopuni-
tivista, que busca homologar la figura de crmenes contra la humanidad a
prcticas como el terrorismo, el narcotrfico y otro conjunto de acciones
que, ms all de su gravedad, no son prcticas cometidas por el poder pu-
nitivo estatal sino por organizaciones que buscan confrontar con el mismo
o que se encuentran ajenas a dicho poder.
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Daniel Feierstein
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Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
crmenes contra la humanidad, ninguno de los incisos puede dar lugar a
tipos abiertos o subjetivos sino que, por el contrario, dan cuenta de cinco
tipos de prcticas objetivables y articuladas entre s en la consecucin del
fin bsico del tipo: la destruccin total o parcial del grupo.
Sin embargo, sus problemas de tipificacin fundamentales (ya sealados
hace aos por infinidad de trabajos, en nuestro pas, por ejemplo, en los
de E. Ral Zaffaroni) se vinculan con la delimitacin de la prctica por su
vctima (incluyendo tan solo cuatro grupos humanos en la tipificacin y
vulnerando de este modo el derecho de igualdad ante la ley) y la inclu-
sin de la intencionalidad como requisito del propio tipo, al referir que
el tipo no da cuenta de la mera destruccin del grupo sino que requiere
probar el carcter intencional de dicha destruccin, lo cual en trminos
de codificacin es problemtico porque excluira a priori la culpa o el
dolo eventual.
He desarrollado estas problemticas en numerosos trabajos, con lo que
no me detendr aqu en estos dos ejes fundamentales de problemas en
la tipificacin del genocidio, sino que me parece relevante destacar algu-
nas de sus posibilidades y la peculiaridad de su tradicin de surgimiento,
en oposicin a los elementos que hemos discutido en relacin a la figu-
ra de crmenes contra la humanidad. En lo inmediato, que la unidad de
sus incisos y su constitucin como tipo cerrado, como tipo configurado
y objetivable, se articula con un amplio y slido desarrollo criminolgico,
sociolgico e histrico sobre las prcticas genocidas. Existe una literatura
cientfica de estudios sobre genocidio que cuenta ya casi con medio siglo
de reflexiones y aportes conceptuales, desde los ms variados ngulos.
Es muy sintomtico que, por el contrario, no haya una literatura cientfica
185
Daniel Feierstein
3. El desarrollo jurisprudencial
186
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Por lo tanto, al observar las consecuencias de los avances jurisprudenciales
del ltimo medio siglo, se observa que se centr fundamentalmente en la
posibilidad (claro que limitada, siempre limitada, porque se debe enfren-
tar a los poderes hegemnicos) de juzgar y castigar algunos crmenes de
Estado bajo su calificacin como crmenes de lesa humanidad. Sin embar-
go, simultneamente (y esto es lo que busco sealar como problemtico)
a comienzos del siglo XXI el mismo desarrollo doctrinario y jurisprudencial
fue crecientemente utilizado para hacer anlogos a los crmenes de Esta-
do con otro tipo de prcticas o delitos, legitimando una criminologa pre-
ventiva internacional. Uno de los hechos ms preocupantes en esta lnea
es que la decisin del Consejo de Seguridad para autorizar el bombardeo
de Libia se basa en una orden de arresto del Presidente libio, librada por
el fiscal de la Corte Penal Internacional, orden de arresto que no responde
a un proceso desarrollado sino al inicio de una accin sobre la que haba,
hasta el momento, solo denuncias.
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Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
creador del trmino, Raphael Lemkin, da cuenta tanto de los grupos inclui-
dos en la Convencin (religiosos o tnicos, no incluyo a los raciales porque
nadie habla hoy en ninguna disciplina de la existencia de grupos raciales)
pero tambin de cualquier otro grupo excluido de la Convencin, en tanto
aunque no est nombrado explcitamente en la Convencin, constituye
una parte inescindible y sustancial del grupo nacional, el cual resulta des-
truido en parte si se le amputa dicha porcin, sea esta de orden poltico,
social, cultural, de gnero, sexual u otra.
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4. A modo de conclusin
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Quisiera cerrar este trabajo con dos sugerencias sobre las posibilidades
que han abierto estos diversos desarrollos jurisprudenciales, herederos de
dos tradiciones distintas. Sugerencias que buscan destacar no solo las po-
sibilidades sino tambin los riesgos que ha generado la creacin de estas
dos nuevas figuras dentro del campo del derecho penal. Entiendo que
existen dos salidas polticas posibles, que buscan compensar estas posibi-
lidades y riesgos, balancearlos, tratando de que no sea peor la accin que
cometemos que la accin que buscamos confrontar.
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
los incisos ms abiertos.
La propuesta radicalizada, donde la experiencia argentina nos demuestra
que lo imposible apenas puede tardar un poco ms, sera revertir este
abandono de la figura de genocidio (mucho mejor construida y ms siste-
mtica, adems de constituir un tipo cerrado) y recuperar el concepto de
genocidio como categora central para la comprensin de los crmenes
de Estado. Poder comenzar, a travs de la interpretacin de la destruc-
cin parcial de un grupo nacional, a recuperar el concepto de genocidio
y permitir de ese modo redireccionar el juzgamiento de los crmenes de
Estado y, de algn modo, poder poner lmites y frenos a la posibilidad de
la utilizacin de los derechos humanos como caballito de batalla de un
neopunitivismo internacional.
De un modo conservador o de un modo radicalizado, la lucha por sancio-
nar los crmenes de Estado no puede volverse ajena de las tendencias de
las ltimas dcadas y de su articulacin con estrategias neopunitivas. El
valor enorme de una lucha muy larga para poder, por primera vez, juzgar
y condenar los nicos delitos verdaderamente destructores del lazo social
(los crmenes de Estado) no debe ser banalizado y utilizado para destruir
el aparato de proteccin que otra serie de luchas han construido ante
el avance del poder punitivo nacional e internacional. En nuestra lucidez
para enfrentar esta contradiccin, debieran radicar nuestras esperanzas.
191
Genocidio y crmenes contra la humanidad
CSAR L. FRANCO
CSAR L. FRANCO(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
la figura correspondiente al tipo penal del genocidio.
Como se sabr, durante los aos 60 al 86 en Latinoamrica se libr una
lucha armada, producto de conflictos ideolgicos, cuyo rumbo en Guate-
mala fue determinado por una serie de injerencias externas.
Esto origin, entre otras cosas, que en Guatemala se vietnaminizara el
desarrollo del conflicto y se instituyeran prcticas tendientes a eliminar
y sacrificar poblados enteros a partir de la creacin de diferentes planes
por parte del ejrcito que tenan como ltimo fin desaparecer algunas de
las poblaciones consideradas poblaciones germen o poblaciones en las
que la guerrilla fundamentalmente basaba su punto de apoyo.
Uno de los planes era el denominado Operacin Sofa, cuyo objetivo
era matar combatientes enemigos y destruir los poblados donde se agru-
paran, adems de las bases de apoyo sustentadas en poblacin civil, a
pesar de que no tenan ninguna participacin dentro del conflicto.
El plan Victoria 82 tena la poltica denominada tierra arrasada; es
decir, la de destruir poblados enteros y desaparecerlos de la geografa
guatemalteca.
El tercer plan se llam Firmeza 83. Estaba destinado a identificar ciertos
sectores de la poblacin indgena que es mayoritaria en mi pas como
(1) Presidente de la Asociacin Guatemalteca de Derecho del Trabajo Mario Lpez Larrave.
Abogado y Notario (Universidad de San Carlos de Guatemala). Doctor en Sociologa (Univer-
sidad Pontificia de Salamanca). Doctor en Derecho del Trabajo, Previsin Social y Derechos
Humanos (Universidad de San Carlos de Guatemala). Docente en diversas universidades de
Guatemala y el exterior. Integrante del Comit Ejecutivo de la Asociacin Latinoamericana de
Derecho Penal y Criminologa (ALPEC).
193
CSAR L. FRANCO
Ahora bien, estos planes contra insurgentes no sitan una sola prctica de
genocidio por parte del estado guatemalteco hacia un sector en particu-
lar de la etnia o de las etnias indgenas de mi pas. De hecho, el conflicto
armado se desarroll teniendo como base el objetivo de ubicar a mu-
chos grupos. Inicia en una regin del pas de poblacin mestiza, en donde
normalmente no germina. Posteriormente se traslada al rea indgena, en
donde los niveles de exclusin y de marginalidad permitieron que el con-
flicto pudiera subsistir y que la guerrilla pudiera nutrirse ideolgicamente.
Esto, fue ubicado inmediatamente por el ejrcito, que hall a los grupos
de poblacin indgena como potencialmente peligrosos, abastecedores y,
sobre todo, responsables de albergar la guerrilla.
Las patrullas de autodefensa civil tenan una conformacin cien por ciento
indgena, esa era la base de su sustentacin. Es decir, armar a la misma po-
blacin indgena, ideologizarla para prepararla para luchar contra la mis-
ma base de sustento indgena que haca descansar la base de la guerrilla
en el sector occidental de Guatemala.
Con motivo del juicio contra Ros Montt, se han recogido testimonios
que refieren a casos donde los militares guatemaltecos humillaban a
las mujeres; buscaban a las que estaban en estado de gravidez, abran
194
Genocidio y crmenes contra la humanidad
sus estmagos con las bayonetas de las armas y, luego, las ridiculiza-
ban con los fetos.
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
quienes sobrevivieron fueron ancianos, en algunos casos, pero en muy po-
cos casos los nios.
En tercer lugar, hubo tambin destruccin de cultivos. Esta era una estrate-
gia muy especial que tena como propsito suprimir cualquier posibilidad
de que los indgenas pudieran continuar cultivando para el autoconsumo,
para que pudieran subsistir; y no solo para que no pudieran dar aprovisio-
namiento a la guerrilla.
Durante todos esos aos entonces, el grupo ixil fue cosificado y subes-
timado; deshumanizado y estigmatizado. Un objetivo de guerra a des-
truir. El racismo contra grupos como el ixil se convirti en una ideologa
poltica de estado que, indudablemente, preceptuaba que indio visto,
indio muerto.
Todos estos casos fueron llevados a juicio y juzgados por jueces guatemal-
tecos en un momento donde nosotros mismos ramos escpticos a creer
que furamos capaz de encauzar histricamente a algn militar.
195
CSAR L. FRANCO
Hubiera valido la pena vivir en Guatemala durante los seis meses previos al
juicio; en donde casi todos los das en los medios de comunicacin masiva
del pas televisivos, radiales y escritos, el sector poderoso publicaba
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
campos pagados millonarios para hacer ver que el juicio contra Ros Montt
se estaba desarrollando en un ambiente de falsedad, porque jams haba
existido genocidio en Guatemala.
196
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
En 1986, los militares, antes de entregar el poder a los civiles, se autofa-
vorecieron al decretarse la Ley de Amnista, invocada en repetidas opor-
tunidades por sus defensores, pero especialmente por los defensores de
Ros Montt; a pesar del pronunciamiento de algunos tribunales ordinarios
en contra de esa ley.
Los considerandos del fallo dejan entrever que la amnista debe otorgarse
porque es un decreto vigente; nunca fue derogado por los gobiernos civi-
les constitucionales desde el 85 hasta hoy.
Pero lo que la Corte omite deliberadamente, es que existe una ley de re-
conciliacin nacional producto de la firma de los acuerdos de paz poste-
rior a este decreto ley de amnista suscritos el 29 de diciembre de 1996,
en donde se deja prevista la posibilidad de una amnista, como parte de
las negociaciones de paz entre los grupos guerrilleros y el gobierno guate-
malteco, pero con exclusiones muy claras: no se admite la posibilidad de
amnistiar por delito de genocidio, el delito de tortura y desaparicin forza-
da, delitos imprescriptibles o que no admiten extincin de responsabilidad
197
CSAR L. FRANCO
198
Genocidio y crmenes contra la humanidad
John A. E. Vervaele
John A. E. Vervaele(1)
Delitos internacionales:
Del ius (non) puniendi del Estado-nacin
a un deber puniendi imparativo de ius cogens?(2)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
1. Soberana y potestad penal revisited
Nuestro sistema y derecho penal modernos estn conceptualizados, des-
de el Siglo de las Luces, como parte integral y exclusiva de la potestad so-
berana del Estado-nacin. La trias poltica nacional (legislativo, ejecutivo,
judicatura no es judicial?)(3) define los tipos, ejerce la potestad investiga-
tiva, promueve la accin penal y juzga los delitos segn criterios de juris-
diccin nacional. La definicin de los bienes jurdicos que merecen tipifi-
cacin penal (criminalizacin primaria) y los mecanismos del sistema penal
que son decisivos para saber cundo y cmo se investigan, se juzgan y se
sancionan las violaciones de estos bienes jurdicos (criminalizacin secun-
daria) son parte de la poltica criminal del Estado-nacin.
La globalizacin y la digitalizacin de nuestras sociedades han obligado
a los Estados-nacin a elaborar enfoques comunes en relacin con la ti-
pificacin penal o en relacin con las herramientas de investigacin judi-
cial. El ejercicio del ius puniendi en sus aspectos legislativos, ejecutivos
y jurisdiccionales debe adems ser conforme con el acervo (convenios
y jurisprudencia) del derecho internacional de derechos humanos (DH),
(1) Profesor de Derecho Penal y Procesal Penal, Universidad de Utrecht, Holanda, y profesor
de Derecho Penal Europeo, Colegio de Europa, Brujas, Blgica.
(2) Este trabajo fue publicado en Velsquez; Posada; Cadavid y Oberto Sotomayor (coords.), De-
recho Penal y Crtica al Poder Punitivo del Estado. Libro Homenaje al Profesor Nodier Agudelo
Betancur, Bogot, Grupo Editorial Ibez y Universidad de los Andes, 2013, t. 2, p. 1233 y ss.
(3) Montesquieu, De lesprit des lois, 1758.
199
John A. E. Vervaele
(4) Vervaele, J. A. E., El derecho penal europeo, Bs. As., Del Puerto, 2001.
(5) Vervaele, J. A. E., Delincuencia econmica y lavado de activo: un nuevo paradigma del
sistema penal?, en Cuadernos de derecho penal econmico, n 5 Lavado de activos y de-
litos afines, Universidad de Ibagu, 2011, pp. 27/52.
(6) Ver monitoreo de Gafisud en Amrica Latina, [en lnea] http://www.gafisud.info/activi-
dades.asp
200
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
en su conjunto de investigacin, persecucin, captura, enjuiciamiento
y condena de los responsables de las violaciones de los derechos pro-
tegidos por la Convencin Americana, toda vez que el Estado tiene la
obligacin de combatir tal situacin por todos los medios legales dispo-
nibles ya que la impunidad propicia la repeticin crnica de las violacio-
nes de derechos humanos y la total indefensin de las vctimas y de sus
familiares.(8)
201
John A. E. Vervaele
202
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
responsabilidad y punibilidad penal por violaciones de crmenes interna-
cionales. La pregunta clave se podra formular de esta manera: cul sera
el deber puniendi de los Estados-naciones en relacin con graves violacio-
nes de derechos humanos-crmenes internacionales derivado del derecho
internacional pblico y cmo se articulara este deber con el ius puniendi
del Estado-nacin y con los principios generales de derecho penal, espe-
cialmente el principio de legalidad? Obliga el deber puniendo a convertir
el adagium: nullum crimen, nulla poena sine lege en nullum crimen, nulla
poena sine iure (derecho internacional consuetudinario-ius cogens)?
203
John A. E. Vervaele
(10) Popkin, Margaret, Latin America: The Court and the Culture of Impunity, Crimes of War
Project, diciembre 2003, [en lnea] http://www.crimesofwar.org/icc_magazine/icc-popkin.html.
(11) Ver, por ejemplo, Corte IDH, Caso Masacre de Mapiripn vs. Colombia, 19 de septiemb-
re de 2005; y Caso Masacre de Pueblo Bello vs. Colombia, 31 de enero 2006.
204
Genocidio y crmenes contra la humanidad
nal(12) impuestas por los militares, negociados por los militares con gobier-
nos de transicin, hasta formas de justicia (penal) transicional pactadas
dentro un acuerdo de paz o aprobadas en el parlamento y/o por referendo
popular. La justicia penal transicional siempre tambalea entre la bsqueda
de la verdad y la bsqueda de la justicia pero con parmetros de recon-
ciliacin. La justicia transicional enfrenta en Amrica Latina, adems de la
comisin de crmenes de genocidio y crmenes de lesa humanidad por
agentes del Estado en contra de una parte de la poblacin (grupos exclui-
dos, personas sospechosas de subversin, oposicin poltica, etctera): el
fenmeno de terrorismo de Estado.
Muchas formas de justicia penal transicional son de tipo posconflicto tra-
tando con la transicin de dictadura a democracia, aplicando tipologas
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
diferentes de amnista: de autoamnista por parte de los militares (como
fue el caso en Argentina) a amnista bilateral (a agentes del Estado y a
guerrilleros) otorgada por democracia directa y/o indirecta (como es el
caso en Brasil). En algunos pases formalmente democrticos, como por
ejemplo Colombia, esta justicia penal transicional ha sido introducida du-
rante el conflicto interno armado, otorgando a los paramilitares un trata-
miento penal muy favorable a condicin de reconocer su culpabilidad y de
poner fin a sus actividades paramilitares.(13) La justicia penal transnacional
es una justicia penal de excepcin que no tiene como funcin principal la
retribucin pero s la restauracin de la comunidad (restorative justice). En
la justicia transicional estn en juego sobre todo los intereses de las vc-
timas. Su derecho a justicia y verdad incluye su inters en la persecucin
y castigo de los presuntos autores. Aunque hay otras formas de impartir
justicia (indemnizaciones, comisiones de verdad, etctera), ellas solo po-
dran complementar y no sustituir la justicia penal cuando se haya tratado
de graves violaciones de derechos humanos, delitos internacionales y de-
lincuencia de Estado. La jurisprudencia de la Corte IDH deja tambin muy
claro que las formas de la justicia transicional, de fuente democrtica o no,
deben cumplir con la tutela de los derechos fundamentales y la sujecin
de los poderes pblicos a la ley. Son valores que no pueden ser sacrifi-
(12) Bassiouni, Cherif M., Post-Conflicto Justicia Penal Internacional y Comparado de la serie
Law, Ardsley, Nueva York, Transnational Publishers, 2002.
(13) Ley Justicia y Paz (ley 975 de 2005), ver Aponte Cardona, A., El proceso penal especial de
Justicia y Paz. Alcances y lmites de un proceso penal concebido en clave transicional, 2011,
[en lnea] http://www.toledopax.org/uploads/EL%20PROCESO%20PENAL%20ESPECIAL%20
DE%20JUSTICIA%20Y%20PAZ_CITpax_Observatorio.pdf
205
John A. E. Vervaele
(14) Corte IDH, Caso Gelman vs. Uruguay, 24 de febrero de 2011, prr. 239.
(15) Ver [en lnea] http://www.derechos.org/nizkor/impu/impuppos.html
206
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
cionales han calificado muchas veces las desapariciones como un delito con-
tra la humanidad.(18) En el caso es importante subrayar que la Corte declara
probada la prctica de desapariciones, incluyendo aquel de Manfredo Vels-
quez, por obra o con la tolerancia de las autoridades hondureas. Cmo atri-
buir la tolerancia al Estado? La Corte IDH introduce el tema de esta manera:
La prctica de desapariciones, a ms de violar directamente numerosas
disposiciones de la Convencin, como las sealadas, significa una ruptura
radical de este tratado, en cuanto implica el craso abandono de los valores
que emanan de la dignidad humana y de los principios que ms profunda-
mente fundamentan el sistema interamericano y la misma Convencin. La
existencia de esa prctica, adems, supone el desconocimiento del deber
de organizar el aparato del Estado de modo que se garanticen los dere-
chos reconocidos en la Convencin, como se expone a continuacin.(19)
La Corte IDH refiere al art. 1 CEDH (obligacin de respetar los derechos)
pero subraya inmediatamente: La obligacin de garantizar el libre y ple-
no ejercicio de los derechos humanos no se agota con la existencia de un
orden normativo dirigido a hacer posible el cumplimiento de esta obliga-
cin, sino que comparta la necesidad de una conducta gubernamental
que asegure la existencia, en la realidad, de una eficaz garanta del libre y
pleno ejercicio de los derechos humanos.(20)
(16) Corte IDH, Caso Velsquez Rodrguez vs. Honduras, 29 de julio de 1988.
(17) Ibid., prr. 148.
(18) Ibid., prr. 153.
(19) Ibid., prr. 158.
(20) Ibid., prr. 167.
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John A. E. Vervaele
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Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
interesados directamente en el conocimiento de lo sucedido con sus alle-
gados (verdad del caso) proporcionando as un recurso efectivo para las
vctimas como un derecho de toda la sociedad a saber todo lo ocurrido
(verdad global).
Es sumamente interesante al respecto el Caso Masacre de La Rochela
vs. Colombia, dado que se trata del primer caso en el cual la Corte IDH
tiene que pronunciarse sobre la aplicacin de la Ley de Justicia y Paz. En
los pargrafos 192 a 198 de la sentencia, la Corte IDH hace un resumen de
los parmetros de su jurisprudencia en materia de deber positivo de pro-
teccin de derechos humanos, en este caso aplicndolo al marco jurdico
de desmovilizacin de los paramilitares y un derecho penal beneficioso
para los sospechosos de graves violaciones de derechos humanos. En pri-
mer lugar, la Corte subraya que, para garantizar el derecho de acceso a la
justicia, el derecho de conocimiento y acceso a la verdad, hay un deber
general de investigar, juzgar y sancionar graves violaciones a los derechos
humanos y reparar los daos causados. La investigacin debe ser seria, im-
parcial, efectiva, tendiente a establecer plenamente las responsabilidades
por las violaciones.(29) Los Estados tienen el deber de iniciar ex officio, sin
dilacin y con debida diligencia estas investigaciones.
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John A. E. Vervaele
(30) Corte IDH, Caso Gelman vs. Uruguay, prr. 183, que se refiere a los casos: Goibur
y otros vs. Paraguay, 22 de septiembre de 2006; Caso Gomes Lund y otros (Guerrilha do
Araguaia) vs. Brasil, 24 de noviembre de 2010; y el Caso Ibsen Crdenas e Ibsen Pea vs.
Bolivia, 01 de septiembre de 2010..
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Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
un conjunto de principios actualizados para la proteccin y la promocin
de los derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad, incluy
en el texto tambin un captulo especial sobre medidas restrictivas.(31) En
el art. 20 fue formulado as: Los Estados incorporarn garantas contra las
desviaciones a que pueda dar lugar el uso de la prescripcin, la amnista,
el derecho de asilo, la denegacin de la extradicin, non bis in idem, la
obediencia debida, las inmunidades oficiales, las leyes sobre arrepenti-
dos, la competencia de los tribunales militares, as como el principio de
la inamovilidad de los jueces que promueve la impunidad o contribuye a
ella.
En materia de amnista, hay una muy clara posicin especfica en el
art. 24: Incluso cuando tenga por finalidad crear condiciones propicias
para alcanzar un acuerdo de paz o favorecer la reconciliacin nacional,
la amnista y dems medidas de clemencia se aplicarn dentro de los si-
guientes lmites: a) Los autores de delitos graves conforme al derecho in-
ternacional no podrn beneficiarse de esas medidas mientras el Estado no
cumpla las obligaciones enumeradas en el principio 19 o los autores hayan
sido sometidos a juicio ante un tribunal competente, sea internacional,
internacionalizado o nacional, fuera del Estado de que se trata...
La soberana en materia de prescripcin penal va limitada en el art. 23:
La prescripcin de una infraccin penal, tanto en lo que respecta a las
diligencias como a las penas, no podr correr durante el perodo en que
no existan recursos eficaces contra esa infraccin. La prescripcin no se
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John A. E. Vervaele
(32) Arvelo, Jos E., International Law and Conflict Resolution in Colombia: Balancing Peace
and Justice in the Paramilitary Demobilzation Process, en Georgetown Journal of Interna-
tional Law, 2006. [en lnea] https://articleworks.cadmus.com/geolaw/zsx00206.html
(33) Corte IDH, Caso Gelman vs. Uruguay, cit., prr. 193.
212
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
tersticas tanto formales como sustanciales, por lo que, particularmente
en casos de graves violaciones a las normas del derecho internacional de
los derechos, la proteccin de los derechos humanos constituye un lmite
infranqueable a la regla de mayoras.(34)
Tambin el Poder Ejecutivo puede crear cantidad de obstculos, sobre
todo cuando trata de la criminalizacin secundaria. La capacidad y la vo-
luntad del Estado de investigar y juzgar de manera eficaz los delitos inter-
nacionales dependen en gran medida de la organizacin y del profesio-
nalismo de los cuerpos de aplicacin de la ley (superintendencias, polica,
polica judicial, fiscales, etctera) y la estructura de servicios forenses. Hay
tambin decisiones puntuales del ejecutivo que pueden afectar de ma-
nera sustancial el ejercicio de la accin penal. Un ejemplo ilustrador nos
aporta la realidad colombiana. En el marco de la justicia penal transicional
de Justicia y Paz, se desmovilizaron importantes grupos paramilitares. Sus
dirigentes confesaron muy graves y masivas violaciones de derechos hu-
manos y delitos internacionales, dentro el marco preferencial de Justicia
y Paz, teniendo la seguridad de que la pena mxima era de 8 aos. La
Corte Constitucional colombiana,(35) limpiando el texto de algunas normas
inconstitucionales, declar el diseo conforme a la Constitucin, teniendo
en cuenta las normas imperativas de derechos humanos, que en Colombia
hacen parte del bloque constitucional. Si este marco punitivo favorable,
que podra ser cualificado como un derecho penal de amigo, es ver-
daderamente compatible con la Convencin Interamericana de Derechos
213
John A. E. Vervaele
(36) Corte IDH, Caso Masacre de la Rochela vs. Colombia, 11 de mayo de 2007, prr. 192.
(37) Ibid., prrs. 193/198.
(38) Ibid., prr. 196.
(39) Otras posibilidades, autorreferencia por Colombia o referencia por parte del Consejo de
Seguridad con decisin unnime, no parecen vas realistas en el caso colombiano.
214
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
generados en esa primera etapa tienen repercusin negativa en los pro-
cesos investigativos adelantados en aplicacin de la Ley de Justicia y Paz
y pueden llevar a la impunidad de los numerosos crmenes no confesos
por los cuales no se adelantan investigaciones judiciales (...). Es incierto el
panorama sobre el desmonte efectivo de las estructuras armadas del para-
militarismo y la genuina participacin de los cuadros armados de las AUC
en el proceso de desmovilizacin. Si bien el nmero de desmovilizados
que han recibido beneficios procesales y econmicos supera con creces
la cifra estimada de miembros de las AUC, el fenmeno de las estructuras
armadas ilegales permanece presente en las mismas reas del pas.(40)
En 2011, la Comisin IDH someti el Caso Marino Lpez y otros (ope-
racin Gnesis) vs. Colombia a la Corte IDH. Se trata de una operacin
militar de contrainsurgencia llevada a cabo conjuntamente con paramili-
tares. La Comisin concluy que los hechos constituyen un crimen de lesa
humanidad en contra de la comunidad afrodescendiente. Una parte de los
autores estn imputados en el marco de la Ley Justicia y Paz. Sin embar-
go: La comisin concluy que las investigaciones no se llevaron a cabo
de manera rpida y eficaz ni se examin la multiplicidad de violaciones
ocurridas durante la Operacin Gnesis, las incursiones paramilitares,
las violaciones ocurridas como producto de estas y el desplazamiento for-
zado que ocasionaron. Asimismo, la Comisin concluy que los tribunales
de justicia actuaron con falta de diligencia para impulsar el procedimiento
(40) Comisin IDH, Informe sobre la implementacin de la Ley de Justicia y Paz: etapas iniciales
del proceso de desmovilizacin de las AUC y primeras diligencias judiciales, 2007, prr. 109,
[en lnea] http://www.cidh.oas.org/countryrep/Colombia2007sp/Col07indice.sp.htm
215
John A. E. Vervaele
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Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Colombia: No cabe duda que la gravedad del narcotrfico palidece frente
a los delitos de genocidio, homicidio en persona protegida, desaparicin
y desplazamiento forzados, tortura y otros, cometidos durante las ltimas
dcadas por los miembros de los grupos paramilitares desmovilizados ().
Tal imperativo tiene una connotacin superior cuando se trata de delitos
de lesa humanidad, situacin en la que se encuentran los desmovilizados
que han sido postulados para los beneficios de la Ley de Justicia y Paz,
en tanto que su obligacin consiste en rendir versiones libres en las que
deben confesar de manera veraz y completa los delitos cometidos (). Te-
niendo en cuenta que los relatos ejecutados por los postulados se refieren
a desapariciones forzadas, desplazamiento forzado, torturas, homicidios
por razones polticas, etctera, y como dichos punibles se entienden com-
prendidos dentro de la calificacin de delitos de lesa humanidad, tal valo-
racin se debe extender al denominado concierto para delinquir agravado
en tanto el acuerdo criminal se perfeccion con tales propsitos.(45)
A la luz de estas constataciones por parte de la Sala de Casacin de la Cor-
te Suprema, es ilustrativo que el regreso de los jefes paramilitares extradi-
tados sea en el marco de cooperacin en materia penal, para responder
por las sospechas de delitos internacionales en Colombia no fue negocia-
do con Estados Unidos por parte del gobierno colombiano. Tambin se ha
podido constatar que las extradiciones han interrumpido la cadena de las
diligencias judiciales colombianas respecto a los delitos internacionales,
(44) Corte Suprema de Justicia de Colombia, Sala de Casacin Penal, M. P. Yesid Ramrez Bastidas,
19 de agosto de 2009, proceso 30451.
(45) Ibid., p. 40.
217
John A. E. Vervaele
dado que las autoridades judiciales no tienen los medios para dar con-
tinuidad al proceso, privando as a las vctimas de justicia, verdad y repa-
racin. Recientemente, se ha conocido tambin que en caso de condena
de paramilitares en Colombia no se ha asegurado que Estados Unidos los
transfiera a Colombia, debido a que algunos son tambin testigos prote-
gidos del Departamento de Justicia.(46) En el 2012, la Sala de Casacin de
la Corte Suprema emiti de nuevo un concepto favorable de extradicin
de un jefe paramilitar, con la sorprendente motivacin de que haba nece-
sidad de replantear su jurisprudencia, porque los procesados en el marco
de Justicia y Paz no haban cumplido, despus de 7 aos, con la condicin
de esclarecer la verdad o reparar a las vctimas.(47)
El tercer poder de la tras poltica a cumplir con el deber positivo es el
poder jurisdiccional.
Quisiera enfocar mi anlisis respecto a las consecuencias para el poder
jurisdiccional penal confrontado con un Poder Legislativo nacional que,
por negligencia o por deliberada accin poltica, ha preferido no cum-
plir con el derecho internacional pblico imperativo en materia de masi-
vas violaciones de derechos humanos y delitos internacionales. Este no
cumplimiento puede consistir en no tipificacin de ciertos delitos, en su
tipificacin limitada (elementos sustantivos, elementos morales, autores,
etctera) o limitando la accin penal por trminos de prescripcin, etcte-
ra. La posicin del poder jurisdiccional es muy diferente de aquella de la
ley de amnista declarada de nulidad por parte de la Corte IDH o par parte
de cortes constitucionales o supremas nacionales. Una vez puesta de lado
la amnista, revive el ius puniendo del Estado vis--vis de los presuntos res-
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
(46) Ver Don Berna no pagara crcel en Colombia, en El Tiempo, Bogot, 04/09/2012.
(47) Extradicin 35630, Carmen Gelves Albarracn, 14 de agosto de 2012.
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Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
que pueden derivar sujetos activos de derecho internacional pblico (de
derechos humanos) en relacin con el core delicta iuris gentium, como por
ejemplo el derecho a la verdad y el derecho a una justicia penal eficaz en
relacin con serias violaciones de derechos humanos que afectan la co-
munidad internacional y su conciencia en su conjunto. La responsabilidad
penal de un communis hostis omnium(48) o de un hostis humani generis(49)
sin clara definicin de la conducta en su aspecto material (actus reus) y en
su aspecto moral (mens rea) y sin clara definicin de la pena aplicable en
derecho internacional pblico convencional pone obviamente en peligro
uno de los principios bsicos del estado de derecho y del derecho penal
liberal: nullum crimen sine lege, nulla poena sine crimen. Tambin mina
toda la clsica teora del delito que exige la aplicacin de lex certa y lex
praevia para la tipicidad y criterios preestablecidos para determinar la cul-
pabilidad. La previsibilidad de parte del ciudadano no se limita al conoci-
miento de la inmoralidad de la conducta, pero implica la previsibilidad del
ilcito penal y de la pena aplicable. En el caso de delicta iuris gentium falta
no solo taxatividad de la costumbre en el momento de los hechos sino
tambin completa indeterminacin de la pena. Hay solo previsibilidad del
bien jurdico afectado, pero no hay de la tipicidad penal de la conducta
en su aspecto material y moral, ni de la pena, ni de los criterios de impu-
tacin de culpabilidad, ni de las reglas de prescripcin o de cooperacin
internacional en materia penal, etctera. Es el derecho de costumbre de
carcter ius cogens, incluyendo crmenes de lesa humanidad no codifica-
(48) ...pirata non est perduellium numero definitus, sed communis hostis omnium. En Cicern,
De oficiis, lib. 3, cap. 29.
(49) Grotius (1583-1645), De Jure Belli ac Pacis, 1625, vol. 2, cap. 20, 40.
219
John A. E. Vervaele
(50) Garca-Sayn, Diego, Una viva interaccin: Corte Interamericana y tribunales internos,
en La Corte Interamericana de Derechos Humanos: un cuarto de siglo: 1979-2004, Corte
Interamericana de Derechos Humanos, San Jos, Costa Rica, 2005, p. 330.
(51) Corte IDH, Caso Gelman vs. Uruguay, cit..
220
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
para la Corte Penal Internacional. Sin embargo, esta elaboracin de de-
recho positivo a nivel internacional no ha resuelto completamente el
problema de lex praevia, lex certa a nivel nacional. En primer lugar, la
positivizacin de estos delicta iuris gentium no es completa; los convenios
y el estatuto no abarcan la totalidad de estos crmenes internacionales y el
contenido mismo del concepto delicta iuris gentium es objeto de discu-
sin permanente y evolucin histrica. En segundo lugar, estos convenios
internacionales y el Estatuto de Roma no han anulado completamente
el vaco legislativo a nivel nacional. No todos los Estados son partes de
las convenciones y del Estatuto de Roma. En caso de ratificacin e in-
corporacin, el legislador no siempre ha cumplido en la totalidad con el
ncleo duro de crmenes internacionales, recogidos en las convenciones y
el Estatuto. Esta constatacin es sorprendente, visto que hay desde hace
tiempo la obligacin del deber puniendi en base de la jurisprudencia de
la Corte IDH y que hay, desde la entrada en vigor del Estatuto de la CPI,
una obligacin explcita en el prembulo (prrs. 4/6) de luchar contra la
impunidad y de investigar y juzgar los crmenes internacionales de com-
petencia de la CPI.
221
John A. E. Vervaele
esta posicin afecta al adagium: princips legibus solutis est y, por ende,
la soberana nacional, no afecta directamente la gnesis de tipificaciones.
Cundo, segn la Corte Constitucional, los derechos constitucionales
son el fundamento y lmite del poder punitivo?(53) Sera esto compatible
con delitos internacionales de carcter ius cogens, que tendran validez
per se in el orden jurdico interno, sin que haya voluntad explcita del le-
gislador de tipificacin y, por tanto, fuente de obligaciones penales para
el ciudadano?
222
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
en caso de tipificacin posterior a los hechos y no se viola tampoco la
prescindibilidad constitucional de todos los delitos. Sin embargo, la mis-
ma Corte tambin reconoce que el deber positivo de carcter ius cogens
no resulta directamente aplicable en los ordenamientos internos cuando
se trata de tipificaciones o instrumentos de cooperacin judicial en ma-
teria penal. Son los propios Estados que tienen que desarrollar las herra-
mientas para dar contenido al deber positivo del derecho internacional
pblico de derechos humanos.(56)
(56) En el mismo sentido, ver Corte Suprema de Justicia de Colombia, Sala de Casacin Penal,
Proceso N 32.022, 21 de septiembre de 2009.
(57) Fernndez Meja, Diana, El crimen de lesa humanidad y la ausencia de consagracin en la
ley penal colombiana, [en lnea] http://investigaciones.usbcali.edu.co/pcd/images/stories/
crimen.pdf
(58) [En lnea] http://www.usergioarboleda.edu.co/derecho_penal/cuadernos-de-derecho-
penal/cdp4/Caso-Palacio-de-justicia-DP4.pdf
223
John A. E. Vervaele
(59) Ambos, Kai, La desaparicin forzada de personas. Anlisis comparado internacional, Bo-
got, Temis, 2009.
(60) Corte IDH, Caso Tojin vs. Guatemala, 26 de noviembre de 2008.
(61) En lnea con Corte Suprema de Justicia de Colombia, Sala de Casacin Penal, sentencia
del 3 de diciembre de 2009, radicacin 32672 (Caso Salvador Arana Sus) y Corte Constitu-
cional, Sentencia C-370/06.
(62) Ver [en lnea] http://www.colectivodeabogados.org/IMG/pdf/Radicado_11_001_07_
04_003_2008_00025_09-_Sentencia_segunda_instancia.pdf
(63) Ver Wolffhgel Gutierrez, C., La prohibicin de retroactividad, y Posada Maya, R., Los
delitos de lese humanidad, en Anuario de Ciencias Penales, n 4, 2010; [en lnea] http://
www.usergioarboleda.edu.co/derecho_penal/cuadernos-de-derecho-penal4.htm
(64) Causa N 2009-0203, Juzgado 51 Penal, Circuito Bogot, 28 de abril de 2011.
(65) Ver tambin a Andreu-Guzmn, Federico, Imprescriptibilidad de los crmenes de lesa
humanidad versus irretroactividad de la ley penal: un falso dilema, en AAVV., Retos de la
224
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
esta providencia, y como tal, no opera a favor de los autores o partcipes
que no han sido juzgados y decidida en forma definitiva su responsabi-
lidad, el fenmeno de la prescripcin, por tratarse de un delito de lesa
humanidad imprescriptible.
En la sentencia Masacre de Salado, proceso N 33.039, La Corte Supre-
ma, Sala de Casacin Penal,(67) se adhiere completamente al criterio de la
legalidad del derecho internacional pblico, evocando que la flexibilidad
a la legalidad penal nacional se explica en que con frecuencia se trata de
manifestacin delincuencial auspiciada o sistemticamente cometida
por los Estados totalitarios, que por supuesto no estaran interesados en
legislar tipificando sus propios actos, y la Corte aade: En este entendi-
do, no puede ser aceptable que por, la negligencia o dificultad legislativa
en promulgar leyes internas que se hubiesen adecuado a dichos derro-
teros, se pretenda desconocer que a nivel internacional, previo a dicho
trmite, ya se haba proscrito la comisin del genocidio y se le haba cate-
gorizado como un crimen atroz desconocedor de la humanidad, as como
que su investigacin puede hacerse en cualquier tiempo y , en razn de
ello, no aplican reglas ni trminos de prescripcin respecto de ejercicio de
la accin penal, civil o administrativa.
225
John A. E. Vervaele
4. Conclusin
Despus de nuestro anlisis exhaustivo del deber positivo, es tiempo de
volver a nuestra cuestin principal. Obliga el deber puniendo a convertir
el adagium: nullum crimen, nulla poena sine lege en nullum crimen, nulla
poena sine iure (derecho internacional consuetudinario-ius cogens)? Des-
de el punto de vista del derecho internacional de derechos humanos no
hay duda sobre la respuesta afirmativa. Sin embargo, como esto se articula
en el derecho penal interior, depende en gran medida del cumplimiento
por cada parte del tras poltica. Cada poder del tras poltica tiene que
asumir su responsabilidad. El hecho de que haya tanta discusin sobre
el alcance del deber positivo de investigar, perseguir, juzgar y castigar y
sobre la interaccin entre derecho internacional de derechos humanos y
derecho penal nacional, se debe fundamentalmente a que la legalidad
internacional tiene carcter imperativo sobre la legalidad nacional y, en
materia penal, esta legalidad internacional carece en algunos casos de
taxatividad respecto de la relacin con los elementos sustantivos y subje-
tivos del delito y/o de la pena.
(68) Velsquez Velsquez, F., La flexibilidad del principio de legalidad y los crmenes que
agravian a la humanidad, en Cuadernos de Derecho Penal, n 7. [en lnea] http://www.user-
gioarboleda.edu.co/derecho_penal/cuadernos-de-derecho-penal/cdp7/JURISPRUDENCIA/
Flexibilidad_legalidad/Flexibilidad_legal.pdf
(69) Ver Sentencia C-588/02.
226
Genocidio y crmenes contra la humanidad
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
parte legislativa del deber positivo, fomentado la impunidad respecto a
graves violaciones de derechos humanos y delitos internacionales.
(70) Corte Suprema de Justicia de Colombia, auto del 16 de diciembre de 2010, radicacin
33039.
227
John A. E. Vervaele
BIBLIOGRafa
Garca-Sayn, Diego, Una viva interaccin: Vervaele, J. A. E., El derecho penal europeo,
Corte Interamericana y tribunales internos, Bs. As., Del Puerto, 2001.
228
Problemas
futuros de la
internacionalizacin
del Derecho Penal
presentacin
presentacin(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
actividades en amplios mbitos de influencia.
Respecto de esto, los artculos de los profesores Luis Arroyo Zapatero, Ju-
lio Maier y Gonzalo Fernndez contribuyen a la comprensin de la temti-
ca, sus dificultades y desafos, instruyndonos desde diversas perspectivas
y a partir de sus enriquecedoras posturas.
(1) Por Sergio Torres. Doctor en Ciencias Jurdicas (USAL). Abogado especialista en Dere-
cho Penal y Criminologa (UNLZ). Juez del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional
Federal N 12. Profesor adjunto de Derecho Penal, ctedra Alagia (UBA).
231
presentacin
232
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Julio Maier
Julio Maier(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
1.
El rubro Justicia penal internacional as lo titul quien me invit y el de-
sarrollo responde a ese ttulo contiene diversos fenmenos: el ms visible
se refiere, histricamente, a tribunales ad hoc creados por los vencedores
en una conflagracin militar para juzgar los crmenes de los vencidos por
ejemplo, despus de la primera y la segunda guerras mundiales, Nremberg
y Tokio, los ms prximos a nosotros o tambin creados por un rga-
no internacional como el Consejo de Seguridad de la ONU para la ex
Yugoslavia y para Ruanda. Hoy en da se refiere tambin a un tribunal
permanente, pues estudia la competencia y el funcionamiento de la Corte
Penal Internacional (CPI) creada por el llamado Estatuto de Roma en 1998;
el segundo contenido en importancia, a mi juicio, se refiere a la llamada
competencia universal de los tribunales nacionales en el juzgamiento de
crmenes internacionales; el tercero, y ms ajeno a nosotros, est represen-
tado por los tribunales hbridos resultantes de la combinacin de una per-
secucin penal estatal con elementos de un tribunal penal internacional.
Por una razn de tiempo, pero tambin de importancia, me referir pre-
ferencialmente al nico tribunal creado permanentemente: la Corte Pe-
nal Internacional con sede en La Haya, Holanda, procedente del llamado
233
Julio Maier
2.
Intentar ser esquemtico y a la vez sinttico en la exposicin de mi opi-
nin sobre la realizacin del derecho penal internacional, por imposicin
del papel asumido en esta mesa y la consiguiente restriccin temporal en
favor de mis compaeros, seguramente ms eruditos que yo.
3.
Estimo que habr coincidencia acerca de que un derecho penal interna-
cional implica una restriccin o limitacin de la soberana estatal y, preci-
samente por ello, all se sita el principal punto de tensin entre el dere-
cho penal, llammoslo comn, conocido y nombrado hasta la aparicin
de este fenmeno universal y esta suerte de derecho penal global. No es
para asombrarse. En verdad, el derecho penal que nosotros conocemos
representa un fenmeno que, histricamente, coincide con la aparicin de
otro fenmeno poltico, el Estado-nacin, all por el siglo XIII de nuestra
era. Y la Nacin, producto de la imposicin de un rey o prncipe sobre los
sbditos locales, solo es concebida hoy todava a partir de un terri-
torio que expresa el poder de dominacin soberano del rey, del Estado,
sobre una cultura asentada en ese distrito. Parece natural, entonces, que
el derecho penal conocido antes del fenmeno universal tenga al princi-
pio territorial como regla de su actuacin, de su vigencia, con unas pocas
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
234
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
territorio, en la soberana sobre l, base de la creacin del Estado. De all
que el primer crimen conocido fuera el crimen lesae majestatis.
4.
Si a ello le agregamos la revolucin jurdica que significa que una institu-
cin internacional u otro Estado diriman responsabilidades individuales
en verdad, una tautologa si se trata de un sistema cuya consecuencia
jurdica es la pena, el problema de la fragilidad de fundamentacin se
acenta. Efectivamente, la CPI no juzga la conducta de los estados miem-
bros para imponerles ciertas conductas, obligaciones o mandatos, sino
que juzga a individuos por su responsabilidad penal, impone condenas
a penas por cierto severas a sbditos de estados, penas tildadas de
estatales segn su ejecucin y el empleo de la fuerza pblica, o ab-
suelve a personas fsicas. La llamada competencia universal tambin se
refiere al mismo fenmeno, con la particularidad de que un Estado juzga
a sbditos de otro Estado soberano por hechos que no son diramos
propios esto es, ocurridos en el Estado juzgador o cuyos resultados lo
alcanzan, sino que suceden en el territorio de otro Estado o afectan
relevantemente a ese otro Estado.
5.
A esta fragilidad de fundamentacin del poder de juzgar penalmente de
tribunales con competencia universal hay que agregar, cuando menos,
cierta imposibilidad genrica de desarrollar todas las garantas propias de
la persecucin penal estatal, cuya custodia es una de las tareas o funcio-
nes previstas para los rganos del Estatuto que, a la vez, lo justifican. Por
235
Julio Maier
6.
Otro ejemplo prctico, aunque con pretensin de jurdico, nos pone en con-
tacto con la regla que regula el principio de la prohibicin de la persecucin
penal mltiple por un mismo hecho ne bis in idem, procedimiento que,
en el Estatuto, representa un nuevo riesgo de condena a penas gravsimas,
al menos ms graves que aquellas ya impuestas por un tribunal nacional.
236
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
incluso avalado por un texto abierto o en cierta contradiccin con el prin-
cipio de complementariedad que domina la interpretacin del Estatuto.
Hasta esta norma, el principio ne bis idem prohiba un juzgamiento poste-
rior, aun cuando el primero pudiera ser catalogado como errneo. Lo raro,
a mi juicio, es que la CPI no posea el mismo poder para anular decisiones
estatales de condena penal injustas que recaen sobre enemigos polticos
de regmenes tirnicos, el caso ms comn y trgico que conocemos.
7.
Ni qu decir sobre el juicio por jurados, que para nuestra tradicin cons-
titucional representa una garanta jurdica, un derecho de quien es perse-
guido penalmente (art. 24 CN), a la par de un modelo judicial en materia
procesal penal que debe impregnar nuestra legislacin, cualquiera que
haya sido su suerte prctica. Tal garanta resulta inalcanzable para una jus-
ticia penal internacional.
8.
Nunca se ha regulado legalmente un principio de oportunidad ms exten-
so que el concedido por el Estatuto. A la total discrecionalidad de la fisca-
la para dejar de lado ciertas persecuciones penales (Estatuto de Roma de
la Corte Penal Internacional ECPI, art. 53, inc. 1, ap. c), sobre la base
de una frmula ms que abierta (no redundar en inters de la justicia,
frmula que permite cualquier interpretacin) se agrega, para colmo de
males, en cabeza de un rgano poltico de la ONU el Consejo de Se-
guridad que no funciona democrticamente en el seno de las Naciones
Unidas y con un texto que pretende encubrir su verdadero significado
237
Julio Maier
9.
Lo dicho solo como ejemplos ms a mano y con exclusin del Derecho
Penal (DP) material, que reclama an ms protestas. La verdad, sin embar-
go, no es esa fragilidad de fundamentacin que, si la traducimos en una
ojeada prctica de lo sucedido hasta ahora, se manifiesta como incredi-
bilidad hacia las declamaciones y fines propuestos en el prembulo de la
obra legislativa y, yo dira, como ejemplo de hipocresa de sus creadores.
238
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
mente, como ultima ratio de ella. Esta ltima es la razn por la cual los
fines del Estatuto son expresados por el verbo castigar, escondido tras
la mencin de luchar contra la impunidad que, en principio, anuncia solo
condenas y, por lo contrario, rehsa verdaderos juzgamientos.
Segn alguien lo ha expresado, la labor del CPI se asemeja ms a una re-
presalia que a un juicio: se investigan hechos conocidos de antemano por
aberrantes, que no conducirn por regla a la absolucin de los sospechados
como autores. Por lo dems, esas condenas son, en la prctica, generaciona-
les, esto es, distanciadas en el tiempo, condenas de vencidos por vencedores.
Si, adems de carecer de un Estado responsable, advertimos que la or-
ganizacin primitiva de esa supuesta comunidad internacional no tiene
estructura democrtica, sino, incluso, abiertamente antidemocrtica en su
principal conexin con el Estatuto penal, el Consejo de Seguridad, donde
los Estados hegemnicos poseen el derecho de vetar cualquier decisin
(derecho que explica que nunca sern juzgados sus nacionales por hechos
de estas caractersticas), caeremos en cuenta de que el DP global se pa-
rece ms a la opresin de la minora poderosa y rica, que as se protege
contra la criminalidad de subsistencia. Tambin es de advertir la ausencia
de control sobre la tarea de la CPI.
10.
Pretendo dejar en claro que las masacres y delitos extraterritoriales del
Estatuto me conmueven como tambin me conmovieron los hechos juz-
gados de Nremberg y Tokio, pese a las irregularidades jurdico-penales
reconocidas para sus juicios y hasta creo que merecen una reaccin,
239
Julio Maier
La CPI solo debera ser nica como concepto, pero permitir la existencia de
varias posibilidades de integracin del Tribunal segn regiones determina-
das en el Estatuto. Los jueces que la integran en un caso concreto deberan
240
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
que, al menos, su interpretacin quede en manos de jueces que regular-
mente juzgan a sus nacionales segn el contexto cultural que les es propio.
Por lo dems, posiblemente evite la tragedia de toda una literatura jurdica
acrtica y de apoyo al Estatuto por parte de los juristas que lo crearon, o
son hoy sus funcionarios o esperan serlo conforme, precisamente, a sus
declaraciones pblicas. Tal solucin contribuir, adems, a evitar el enorme
dispendio de dinero que se esconde tras la CPI.
11.
Me gustara decir, por fin, que nuevamente vuelven a sentarme incorrecta-
mente en un panel conforme a su tema. Existen libros crticos insuperables
en nuestro idioma, cuyos autores estn al alcance de la organizacin y,
ms an, en nuestro mismo pas un libro fundamental que, gracias a Dios,
fue objeto de una investigacin seria encarada por un discpulo mo, el
Dr. Daniel Pastor, profesor titular de Derecho Penal y Procesal Penal de la
UBA, a quien debo agradecerle, incluso, la cita repetida e injustificada de
un ensayo mo publicado en el extranjero, sin demasiadas pretensiones.
241
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Me complace compartir algunos de los sueos de E. Ral Zaffaroni. Dos
de esos sueos tienen realidad en estos das: su pasin, para desde todas
partes apoyar su Amrica, lo que l llama ahora el sur, conociendo todo
lo que se produce en el norte; y, en segundo lugar, sacar al campo, a la
provincia, la actividad acadmica. Y estas universidades nuevas como la
de La Matanza son el factor ms importante de transformacin y de de-
mocratizacin de la sociedad argentina. Se dice de esta lo que de la ma,
la mayora de los estudiantes comienzan su linaje acadmico con ellos
mismos, porque en su familia nunca hubo acadmicos. Y esto, sin ser falta
de respeto para las universidades clsicas, es lo que motiva el afn de los
profesores amantes del progreso, y de los rectores de estas universidades
de provincias con las que yo me siento tan identificado. Espero que esa
juventud que accede masivamente a la universidad devuelva a la sociedad
nada en trminos polticos, pero al menos s el compromiso con el es-
fuerzo que la sociedad hace hoy por ellos, comprometindose a ser unos
profesionales decentes. Este es el segundo sueo de E. Ral Zaffaroni.
Por otra parte, quiero manifestar mi alegra por ver a tantos compaeros
y amigos que voy a resumir en uno, que en un lugar inmemorialmente
pequeo, con grandes dificultades intenta que el sistema penal en Latino-
(1) Catedrtico de Derecho Penal, director del Instituto de Derecho Penal europeo e internacio-
nal y Rector emrito (Universidad de Castilla-La Mancha). Decano fundador y actual Rector de
la Facultad de Derecho de la Universidad de Castilla-La Mancha, Albacete, Espaa. Presidente
de la Socit Internationale de Dfense Sociale. Vocal permanente de la Comisin General de
Codificacin del Ministerio de Justicia. Vicepresidente del Consejo cientfico asesor del Instituto
Max Plank de Derecho Penal Extranjero e Internacional de Friburgo de Brisgovia. Presidente del
Comit Acadmico del Portal Iberoamericano de las Ciencias Penales..
243
Luis Arroyo Zapatero
244
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
nal bastaba con y se exiga hablar francs. Pero ni aquellos rusos tremen-
dos que haban sacado de las trincheras al ejrcito alemn hablaban fran-
cs, ni los norteamericanos haban querido aprenderlo. Por fortuna, para
juzgar a los nazis la gran empresa de las tecnologas digitales que se llama
IBM, haba inventado la mquina para la traduccin simultnea. Y pegados
a las mquinas de la traduccin simultnea es como se refund la AIDP.
Y, a la vez, en Gnova se pensaba que haba que crear un derecho penal
nuevo. Esto no era una mana de profesores. Es que el espacio y escenario
de la guerra que fue Europa, a la altura de 1946, cuando se juzga a los res-
ponsables nazis, hay un espacio de criminalidad desbocado. En los pases
que haban estado alejados del frente y de los aspectos ms crueles de la
guerra, se haba multiplicado por dos y por tres la delincuencia, la delin-
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
cuencia juvenil, la delincuencia sexual, la delincuencia de sangre, como, por
ejemplo, en Inglaterra. Y en aquellos pases en los que el terror y la prohibi-
cin del matar se haban violentado de modo tan descomunal, all no haba
fronteras, no haba cdigos penales reales, solo el sobrevivir. Doscientos mil
jvenes, doscientos mil nios, ms que jvenes, vivan sin padre ni madre,
ni perro que les ladre, merodeando y viviendo del robo y del asalto en Ber-
ln y sus alrededores. Y otros tantos corran los campos que median entre
Miln y Roma. Y aquellos penalistas se preguntaban qu sentido tena ir
con un derecho penal de la retribucin a poner orden en esta juventud, y
apareci la gran renovacin de las ideas penales, que amparando a la vez
derechos humanos y un derecho penal de la prevencin y de la ayuda a la
reinsercin, se hicieron presentes en el escenario, por breve tiempo, pero
se hicieron presentes en l. De ah, de esa reflexin es de donde venimos,
y esa es una reflexin que sirve para muchos otros escenarios del mundo.
Me gustara en los veinte minutos que me han concedido decirles algunas
cosas ms. Pues es bueno saber de dnde venimos, porque sino todo nos
parece suficiente razn para la depresin. Lo fundamental es que des-
de despus de esa guerra mundial ltima, la bandera de los derechos
humanos se ha consolidado en un sentido propiamente jurdico. De los
derechos humanos como idea poltica de la Revolucin Francesa hemos
podido pasar a lo que se puede llamar un derecho penal constitucional,
garantizado por las normas constitucionales en sentido tradicional, y cons-
titucionales en el sentido de las constituciones que han de ser interpreta-
das todas de acuerdo con las convenciones internacionales de derechos
humanos, como muy bien se sabe en Argentina. Se ha consolidado la idea
de que el proceso penal no puede ser cualquier cosa, y podremos discu-
245
Luis Arroyo Zapatero
tir sobre frmulas, pero tiene que ser un debido proceso, idea que es
la gran creacin de la democracia norteamericana de valor universal. De
otras cosas no hemos de cantar admiracin, pero s de esa idea del pro-
ceso justo. Y as, una serie de elementos que creo que son de inters para
nuestra reflexin. Les recomiendo un libro que deberamos ser capaces
de editar aqu, porque es el esfuerzo modernizador de la aproximacin
a los problemas de la internacionalizacin mejor que conozco, que es el
proyecto dirigido por M. Delmas-Marty y Ulrich Sieber, en el que tuve el
honor de participar, y que se llama Los caminos de la armonizacin penal.
Es una nueva forma de abordar las tareas del derecho comparado para sa-
car conclusiones para la generacin de las normas nuevas internacionales
e internas derivadas de la internacional.
Les he dicho que venimos de la Ilustracin, venimos de Roma, que es lo
comn a todos, los transocenicos. Roma es nuestra cuna, no solo es Cas-
tilla, la cuna de Castilla tambin es Roma. Y el espritu es el de la Ilustra-
cin. Los penalistas venimos de Beccaria, y aprovecho para incitarles a to-
dos ustedes, los que tienen iniciativas, pues el ao que viene se cumplirn
los 250 aos de la publicacin del librito que representa la bandera del
Derecho Penal Humanista. Todos venimos de ah. A Beccaria lo llevaron a
los tronos la Revolucin Francesa, que milagrosamente produce una obra
parece mentira lo bien escrita que est con el barullo en el que se apro-
b que es la Declaracin de los derechos del hombre. Aquello era un
programa poltico, que no tena cobertura jurdica. Para conseguirlo hubo
una tentativa en el tiempo tras la Primera Guerra Mundial con la creacin
de la Sociedad de Naciones, que fracas en los aires terribles de la Segun-
da Guerra Mundial. Y tras sta, lo que es la Declaracin de derechos del
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
246
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
nes de criminlogos, hoy toda la materia penal est sometida a una serie
de principios que todos conocemos y que tienen rango superior al de la
constitucin de cada pas, y mucho ms a las leyes ordinarias de cada pas.
Y son esos principios del derecho penal constitucional los que se inspiran
en las declaraciones de derechos y en la interpretacin que de ellos han
hecho las cortes de justicia europeas, la de Estrasburgo y la de Costa Rica
en el espacio latinoamericano.
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
tiene una capacidad, como la Inquisicin, de volver a la vida, que parece
increble. El primer fiscal de origen hispano que nombraron en Estados
Unidos dej una obra imborrable, recuper despus del 11 de septiembre
la prctica de la tortura, mediante el instrumento del agua, que es una
tortura que deja poca huella, y nos hizo una vez ms universales en el
captulo XXII del Quijote en el que se explica el condenado que va como
galeote, y don Quijote le pregunta: y usted por qu va en la cadena?, y
l responde: por el agua; porque cant en el agua, aadi el guardia,
y dice don Quijote: cmo porque cant?, si hay tanta gente que canta,
incluso mal. Pero s, el galeote cant en el tormento del agua y por eso
haba sido condenado a servir en galeras.
247
Luis Arroyo Zapatero
248
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
y no resulta fcil crear recursos para construir eso, y es algo que est pro-
fundamente desajustado como seala Carranza. Pero lo que no es menos
cierto es que las prisiones latinoamericanas son pre-becarianas, y las con-
diciones de los presos preventivos y definitivos son propias del infierno de
Dante. Y esa no es la pena de prisin. La pena de prisin no es tortura, no es
humillacin, no es exterminio de las poblaciones inclinadas por la balanza
de la justicia a ingresar en prisin. Ese es un genocidio de grupo, que dicho
as tiene que completarse con otras reflexiones. Pero no hay nada parecido
en occidente, y este es un gran reto a abordar en la lucha contra los nuevos
fenmenos de la criminalidad. Lo ha dicho mejor y ms clara y alarmante-
mente que nadie, el Ministro de Justicia de Brasil: prefiere morir a entrar en
cualquiera de sus propias crceles.
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Hay que reflexionar sobre la cuestin de las drogas, no es sencillo. Yo,
cuando est Zaffaroni nunca pongo su foto, por eso pongo hoy la de mi
amigo, el antiguo Rector de la UNAM, Juan Ramn la Fuente. Es demasia-
do sencillo pensar que con la legalizacin de las drogas se resuelve el pro-
blema del crimen organizado. La noticia mexicana de hoy por la maana
es la noticia relativa al asesinato de los inmigrantes con los que se trafica.
No son drogas, no tienen ms que la droga, la bsqueda del paraso en
el Norte. La superacin de los bloques ha producido algo que antes no
exista, y es que hay aviones fuera de control. Venezuela ha derribado 30,
segn reconoca el presidente Maduro, y es de esperar que todos sean
solo de narcotraficantes, como ha dicho. Pero antes no haba aviones que
pudieran ir incluso a estrellarse contra las Torres Gemelas, antes no se mo-
va nada sin que fuera objeto de control. Y ahora se mueve todo, las masas
de inmigrantes tambin y, lo que es peor, hay Estados enteros fracasados
o fallidos que se convierten en gestores de la criminalidad.
249
Luis Arroyo Zapatero
250
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Gonzalo D. Fernndez
Gonzalo D. Fernndez(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
1. Introduccin
Como todos sabemos, al promediar el siglo pasado la doctrina interna-
cionalista dominante reivindicaba con energa al jus cogens como fuente
de derecho internacional pblico, fundada en argumentos provenientes
del derecho natural y abiertamente contrarios, por ende, a la visin rgi-
da y acotada que planteaba por la misma poca el positivismo jurdico.(2)
El reverdecimiento del derecho natural, su as llamado eterno retor-
no, que indujo a proclamarlo incluso como philosophia perennis, sobre
todo en la poca de la segunda postguerra, fue la reaccin previsible fren-
te al autntico jus barbarum impuesto por el rgimen nacionalsocialista
alemn(3) y, por cierto, logr adquirir definida prevalencia dentro de la filo-
sofa jurdica de su tiempo.(4)
251
Gonzalo D. Fernndez
252
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
No es aventurado sostener, por lo tanto, que ms all de alguna conven-
cin internacional aislada acordada a comienzos del siglo XX (a modo de
ejemplo, el Convenio sobre Trata de Blancas firmado en Pars en 1904, o la
Convencin Internacional del Opio, suscrita en La Haya en 1912), o bien de
algunas convenciones homlogas aprobadas ya durante el perodo de en-
treguerras (en este caso, la Convencin sobre la Esclavitud de Ginebra de
1926, o la Convencin Internacional para la Represin de la Falsificacin
de Moneda y Protocolo, estipulada en Ginebra en 1924), la materia propia
y el contenido sustancial de ese emergente derecho penal concebido por
los internacionalistas se nutri, inicialmente, de las infracciones al derecho
de guerra (el jus in bellum), que es el mbito donde este nuevo sector del
derecho, conocido como derecho internacional humanitario, va a asentar
su piedra fundacional.(10)
(8) Vieira, Manuel A., Derecho Penal Internacional y Derecho Internacional Penal, Montevideo,
Fundacin de Cultura Universitaria, 1969, p. 281.
(9) Rueda Fernndez, Casilda, Delitos de derecho internacional. Tipificacin y represin inter-
nacional, Barcelona, Bosch, 2001, p. 38.
(10) Swinarski, Christophe, Introduccin al derecho internacional humanitario, San Jos de
Costa Rica, Comit Internacional de la Cruz Roja/Instituto Interamericano de Derechos
Humanos, 1984, p. 9; Arbuet Vignali, Heber, El derecho internacional humanitario (ius in
bellum), en Jimnez de Archaga, op. cit., p. 333; Plaza Ventura, Patricia, Los crmenes de
guerra, Recepcin del derecho internacional humanitario en derecho penal espaol, Pam-
plona, Universidad Pblica de Navarra, 2000. p. 37.
253
Gonzalo D. Fernndez
(11) Swinarski, Christophe, Principales nociones e institutos del derecho internacional huma-
nitario como sistema internacional de proteccin de la persona humana, San Jos de Costa
Rica, Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 1990, p. 29; Moreno, Roberto, A., Los
crmenes de guerra. Receptacin en el ordenamiento jurdico argentino, en Lecciones y En-
sayos. Derecho Internacional Humanitario y temas de reas vinculadas, n 78, Bs. As., Lexis-
Nexis-CICR, 2003, p. 449 y ss.
(12) Rueda Fernndez, Casilda, op. cit., p. 33.
(13) Grass, Gnter, Escribir despus de Auschwitz, Barcelona, Paids, 1999, p. 13.
254
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
bada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en sesin plenaria
del 9 de diciembre de 1948.(16)
En ambos documentos se hallar la simiente y la fuente ms concreta del
derecho penal internacional hoy en vigor. All arranca, en efecto, el largo
proceso de elaboracin de una normativa que culminar con el Estatuto
de Roma y con la creacin de la Corte Penal Internacional, que tiene sede
en La Haya, como eventual tribunal de enjuiciamiento universal.
La creacin de un rgano judicial permanente y con competencia de al-
cance universal obedece, por un lado, a la desconfianza que siempre inspi-
raron los tribunales locales del Estado de nacionalidad del autor del delito
lo cual se hizo patente en el caso de Alemania y justific, ya entonces,
la creacin del Tribunal Militar Internacional de Nremberg,(17) el que, en
definitiva, no pas de ser una Corte ad hoc instituida por los vencedores
de la contienda blica.(18)
(14) Agamben, Giorgio, Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo, Valencia, Pre-
Textos, Valencia, 2005, p. 32.
(15) Dalessio, Andrs, Los delitos de lesa humanidad, Bs. As., Abeledo-Perrot, 2010, pp. 3/4;
Blanc Altemir, Antonio, La violacin de los derechos humanos, Bs. As., Abeledo-Perrot, 2010,
p. 17; Rueda Fernndez, Casilda, op. cit., p. 62.
(16) Vase el detalle del proceso de elaboracin de la Convencin en Gil Gil, Alicia, Derecho
Penal Internacional, Madrid, Tecnos, 1999, pp. 156/158; y en Blanc Altemir, Antonio, op. cit.,
p. 171 y ss.
(17) Glueck, Criminales de guerra. Su proceso y castigo, Bs. As., Anaquel, 1946, p. 102. A su
vez, Llorens Borrs, Jos A., Crmenes de guerra, Barcelona, Acervo, 1973, p. 30, cuestiona la
parcialidad en la integracin del tribunal.
(18) As lo expuso Otto Freiherr von Ldinghausen, uno de los defensores del juicio de
Nremberg, en su alegato. Ver Der Nrnberger Prozess, vol. 19/20, p. 243.
255
Gonzalo D. Fernndez
(19) Friedrich, Jrg, Freispruch fr die Nazi-Justiz, Berln, Ullstein, 1998, p. 15, donde sostiene,
a la vista de los resultados, que el asesinato judicial no es punible.
(20) Entre otros, Irving, Der Nrnberger Prozess. Die letzte Schlacht, Mnchen, Wilhelm Hey-
ne, 1979, p. 327; Muoz Conde, Francisco y Muoz Aunin, Marta, Vencedores o vencidos?,
Valencia, Tirant lo Blanch, 2003, pp. 18/19; Kirchheimer, Otto, Justicia poltica, Mxico DF,
UTEHA, 1968, p. 376; Zolo, Danilo, La justicia de los vencedores. De Nremberg a Bagdad,
Madrid, Trotta, 2007, pp. 159/160. De otra opinin, en cambio, Fernndez Garca, Antonio;
Rodriguez Jimnez, Jos Luis, El juicio de Nremberg, cincuenta aos despus, Madrid, Arco
Libros,1996., pp. 66/68.
256
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
y los crmenes de guerra,(22) en tanto queda abierta a la discusin futura la
determinacin tpica del crimen de agresin.(23)
De esta manera, para salvar toda contingencia y obviar los cuestionamientos
del pasado, el Estatuto plasma un derecho objetivo y un tribunal cuya com-
petencia temporal establece la irretroactividad como criterio determinante,
as como la subsidiariedad (el Estatuto la llama complementariedad) de
la intervencin del rgano jurisdiccional, en ausencia de actuacin de los
tribunales nacionales.
(21) Jimnez de Asa, Luis, Tratado de Derecho Penal, t. II, Bs. As., Losada, 1950, p. 1283.
(22) Lirola Delgado, Isabel; Martn Martnez, Magdalena, La Corte Penal Internacional, Bar-
celona, Ariel, 2001, pp. 115/132 y 151; Prez Otermin, Jorge, Introduccin a la Corte Penal
Internacional, Montevideo, AMF, 2002, pp. 71/90.
(23) Werle, Gerhard, Tratado de Derecho Penal Internacional, Valencia, Tirant lo Blanch, 2005,
p. 612.
(24) Werle, Gerhard, op. cit., p. 309 y ss.; Ibez Guzmn, Augusto J., El sistema penal en el
Estatuto de Roma, Bogot, Universidad Externado de Colombia, 2003, p. 165 y ss.
257
Gonzalo D. Fernndez
por el Estatuto, mal que bien, son fuera de toda duda hechos atroces y
gravsimos, y que la respectiva criminalizacin de tales conductas tiene
tras de s una larga trayectoria histrica en el seno de la doctrina jurdica y
tambin dentro de la communis opinio.
En todo caso, s puede aadirse desde el punto de vista poltico-criminal
que, an cuando se argumenta que ms de cien Estados han adherido al
sistema, en su gran mayora se trata de pequeos pases, fuera de los de la
Unin Europea y Canad. En efecto, Estados Unidos, Rusia, China, Japn,
India, Corea del Norte y los pases rabes esto es, aproximadamente
el 80% de la humanidad, no forman parte del Tratado de Roma y han
quedado fuera del respectivo Estatuto.
Por otro lado, a la luz de los procesos hasta ahora sustanciados por la Cor-
te Penal Internacional, que han involucrado delitos cometidos en Uganda,
Congo, Repblica Centroafricana y Sudn, se ha sealado no sin razn
que este tribunal penal internacional, malgrado su denominacin y su vo-
cacin de universalidad (la consagracin del principio de justicia mundial),
ha funcionado hasta ahora exclusivamente para una franja de Africa.(25)
Sin embargo, lo que hoy nos preocupa como objeto de estas reflexiones
es el vigoroso proceso expansivo que viene adquiriendo el poder penal
internacional, no precisamente a travs del sistema instituido por el Esta-
tuto de Roma que tiene un elenco cerrado de hechos punibles y cuyos
magros resultados judiciales a la vista estn, sino a travs de mltiples
acuerdos convencionales multilaterales que, indefectiblemente, implican
para los Estados signatarios mandatos de criminalizacin a nivel de su res-
pectivo derecho interno, donde se les obliga a introducir y tipificar los
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
(25) Pastor, Daniel R., Tendencias. Hacia una aplicacin ms imparcial del derecho penal,
Bs. As., Hammurabi, 2012, pp. 352 y 357; Recodificacin penal y principio de reserva de c-
digo, Bs. As., Ad-Hoc, 2005; El poder penal internacional. Una aproximacin jurdica crtica a
los fundamentos del Estatuto de Roma, Barcelona, Atelier, 2006, p. 115.
(26) Ferrajoli, Luigi, Derecho y razn. Teora del garantismo penal, Madrid, Trotta, 1995, p. 702.
258
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
de desborde permanente del poder punitivo y aconseja un uso reductor
de la dogmtica jurdica, derivado de la teora agnstica de la pena,(29)
para contener al jus puniendi y acotarlo a un recurso de extrema ratio
dentro de la praxis social, reservado solamente para intervenir en los ms
graves conflictos de la vida comunitaria. En esos trminos, la dogmtica
penal bien entendida viene a ser el alfabeto y la tcnica ms eficaz de
contencin del poder punitivo.
(27) Sobre ello, Silva Snchez, Jsus Mara, La expansin del derecho penal. Aspectos de la
poltica criminal en las sociedades post-industriales, Bs. As., BdeF, 2011, p. 11 y ss.; Diez Ripolls,
Jos Luis, La racionalidad de la leyes penales, Madrid, Trotta, 2003, p. 23 y ss.; La poltica cri-
minal en la encrucijada, Bs. As., BdeF, 2007, p. 69 y ss.
(28) Pastor, Daniel, Tendencias..., op. cit., p. 364; Recodificacin penal..., op. cit., p. 37.
(29) Por todos, Zaffaroni, Eugenio R.; Alagia, Alejandro; Slokar, Alejandro, Derecho Penal. Parte
General, Bs. As., Ediar, 2002, p. 44; Zaffaroni,Eugenio R., Crmenes de masa, Bs. As., Ediciones
Madres de Plaza de Mayo, 2010, p. 32.
259
Gonzalo D. Fernndez
Por cierto, la ley penal siempre llega tarde en su afn de proteccin, pues
se dinamiza cuando ya ha sido lesionado un derecho lase, un bien jurdi-
co, que ella ya no puede reparar. Es la paradoja de la ilusin penalista.
Desde el punto de vista tipolgico, florecen adems los tipos abiertos, con
referencias normativas vacas de contenido en mltiples oportunidades,
260
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
de verificar la concreta y efectiva realizacin de un peligro concreto por el
autor. He ah la tarjeta de presentacin del derecho penal de la sociedad
de riesgos, que ha impactado profundamente en la cultura jurdica de la
modernidad.
(30) En especial Jakobs, Gnter, Derecho penal del ciudadano y derecho penal del enemigo,
en Jakobs, y Cancio Meli, Derecho Penal del enemigo, Madrid, Civitas, 2003, pp. 24, 33 y 40.
261
Gonzalo D. Fernndez
262
Problemas futuros de la internacionalizacin del Derecho Penal
4. Colofn
La problemtica que he intentado resumir nos plantea a socilogos, cri-
minlogos y juristas penales un tremendo desafo interdisciplinar; acaso
nuestra ms relevante tarea acadmica de hoy en da.
No debemos permitir que, de pronto, el derecho penal se metamorfosee
en un ars belli, en un puro derecho de lucha contra enemigos, a los cua-
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
les hay que aniquilar e intimidar, para esterilizar en ellos toda actitud de
resistencia, como lo pensaba el hoy glorificado por razones que cuesta
entender pensador Carl Schmitt.(34)
No debemos tolerar, en suma, que la tan mentada configuracin norma-
tiva de la sociedad, su estructuracin esencial a travs de normas, nos la
convierta inexorable y definitivamente en una sociedad punitiva.
Me parece vlido recordar en el final la aguda observacin de Foucault
inspirada en Nietzsche que vertiera en uno de sus ltimos escritos,
datado en febrero de 1984: En nuestras sociedades contemporneas no
se sabe exactamente qu se hace cuando se pena y aquello que puede,
en el fondo, justificar en principio la punicin: todo pasa como si nosotros
practicramos una punicin libre de valor, sedimentando, un poco lo uno
sobre lo otro, un cierto nombre de ideas heterogneas, que relevan histo-
rias diferentes, momentos distintos, racionalidades divergentes.(35)
Dicho en forma ms cruda y simplificada: en la teora penal el debate no
enfrenta un sistema de ideas, un puro repertorio conceptual o una deter-
minada inclinacin terica. Indefectiblemente, detrs de ello se oculta el
poder punitivo, que es el verdadero adversario y el permanente enemigo
emboscado. A la luz de las reflexiones que preceden, el neopunitivismo
internacional parece estar ganndonos la partida.
(34) Dotti, Jorge, Estado, representacin, guerra. Algunas consideraciones sobre la concep-
cin hobbesiano-schmittiana de lo poltico, Revista de Ciencias Sociales, Universidad de
Valparaso, Valparaso, 2012, pp. 437/470.
(35) Foucault, Michel. Qu appelle-t-on punir?, [en lnea] http://1libertaire.free.fr/MFou-
cault255.html.
263
Gonzalo D. Fernndez
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InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
266
Los problemas
penales del sur
(y el pluralismo cultural)
presentacin
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
transcendental porque se trata de reconocer una realidad social. Estos re-
conocimientos permiten que las prcticas legales, jurdicas y judiciales de
una parte importante de su poblacin sean reconocidas y dejen la clandes-
tinidad. Sin embargo, estos avances en la legislacin no fueron seguidos
por las prcticas institucionales, y por este motivo se ha originado en la re-
gin un debate jurdico sobre el tratamiento penal que correspondera a los
hechos delictivos realizados por personas con pautas culturales diferentes.
Los Dres. Luzia Sebastio y E. Ral Zaffaroni analizaron, entre otros temas,
las causas de la resistencia de la cultura judicial formal por la instauracin
de una justicia comunitaria, lo que ha llevado a que se impidiera el reco-
nocimiento efectivo de la pluriculturalidad.
269
presentacin
InfoJus - Sistema Argentino de Informacin Jurdica
270
Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
LUZIA SEBASTIO
LUZIA Sebastio(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
A Repblica de Angola, situada na parte Austral de frica no tem uma
justia comunitria sistematizada e escrita, como entre acadmicos se di-
ria codificada, positivada. Tem uma justia comunitria efectivamente vi-
gente que resolve conflitos, cujas decises no chegam, na maior parte
das vezes ao conhecimento das designadas autoridades administrativas
do Estado que gere a Nao.
A justia comunitria existe e funciona paralelamente justia do Estado,
imperando, l onde esta no existe; mas porque ela que est em vigor
em grande parte do territrio nacional e muitas vezes as suas normas e
procedimentos entram em conflito com as normas do designado Direito
Positivo, parece importante buscar o ponto de encontro, sobretudo quan-
do o assunto Direito Penal.
Pretendemos partir de um caso concreto que ocorreu em 2002 mas s co-
nheceu concluso de seus termos no ano de 2008. O caso ficou conhecido
271
LUZIA SEBASTIO
1. O fenmeno Kamutukuleno
1.1. Os factos
Correu seus termos no Tribunal Supremo(3) no ano de 2005 sob o n64 o
processo que ficou conhecido como Kamutukuleno.
Segundo documento que consta de fls. 237 a 241 proveniente do Reino
Municipal do Kuito Kuanavale, os factos(4) que deram origem ao processo
podem ser resumidos no seguinte:
Aqui na audincia do Rei, compareceram os dois cidados da
Regedoria (...), uma povoao situada a 20Km da Sede Munici-
pal do Kuito Kuanavale. No dia 5 de Maro/ 2001, numa tera-
-feira estes (2) dois indivduos informaram o seguinte: que no (...)
surgiu um desastre, que na histria do Mundo nunca se contou,
nem se falou! Apareceu naquela rea os defuntos falecidos j
h 2, 3 anos perante 8 testemunhas (...). Os falecidos apresen-
taram-se a queixarem-se de fome dizendo que eles trabalham
muito nas lavras dos acusados, cartam gua, caam animais sel-
vagens e pescam. E no podem vir apresentarem-se aos seus
familiares, assim os familiares dos falecidos ouvindo estas infor-
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(3) Em Angola o Tribunal Supremo , a Ultima Instancia da Jurisdio comum . Julga tanto a
questo de facto como a de Direito. O processo a que nos estamos a referir envolveu o Go-
vernador da Provncia, a mais alta entidade administrativa, como Arguido e nos termos da al-
nea c) do artigo 20 da Lei do Sistema Unificado de Justia, Lei n 18/88 de 31 de Dezembro,
em vigor no momento em que os factos ocorreram, o julgamento em 1 Instancia dos Gover-
nadores Provinciais da competncia da Cmara dos Crimes do Tribunal Supremo. Tratava-
-se de uma funo cuja nomeao competia ao Presidente da Repblica conforme o artigo
da Lei Constitucional. Assim, os demais arguidos foram julgados em 1 Instncia pelo Tribunal
Provincial de Menongue, Capital da Provncia do Kuando Kubango, pois os factos ocorreram
no Municpio do Kuito Kuanavale um Municpio daquela Provncia. O julgamento do Gover-
nador funcionou como instncia de Recurso para os arguidos julgados em Menongue .
(4) O processo pode ser consultado junto do Cartrio do Tribunal Supremo, sito no 10 andar
do Palcio da Justia em Luanda, Avenida 17 de Setembro . Por razes ticas os nomes dos
intervenientes sero nesta descrio omitidos.
272
Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
gedores, Sobas e Seculos para analisar a questo junto com os
ancios e decidiram o seguinte: A medida tomada nesse encon-
tro, organizou-se uma fora das Milcias do Rei, foram buscar os
acusados, testemunhas e outros sobas daquela Povoao, e fa-
miliares de ambos os lados. No dia 8 de Maro de 2001 reuniu-
-se com as testemunhas e declarou-se a verdade (...) [a primeira
testemunha disse que] viu-os quando ia tirar o bombo(6) no rio,
acompanhou-os at ao Bairro (...) e desapareceram (...) [a segun-
da testemunha disse que ] viu tambm quando ia a procura de
tortulho(7) debaixo de uma tenda (...) [ a quarta testemunha disse
que ] viu quando transitava com o seu irmo (...), viu o falecido
(...) carregando um balde de mel (...) [a quinta testemunha disse
que ] tambm viu o falecido (...) quando regressava da lavra(8)
com a esposa encontrou a caminhar com (...) [um dos acusados]
e a carregar um balde na cabea (...) No dia 9 e 10 de Maro de
2001, foi o primeiro julgamento [ de um dos acusados].
Cumpridas as formalidades processuais do julgamento tradicional, em
16 de Junho de 2001 o Rei do Municpio do Cuito Cuanavale escrevia para
o Governador da Provncia do Kuando Kubango em Menongue (Capital
da Provncia), nos seguintes termos:(9)
273
LUZIA SEBASTIO
tos que correreu seus termos no Tribunal Supremo sob o n 84/2004, 1 Volume. Estamos a
transcrever o texto tal como ele consta dos autos.
274
Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
2. 9 Cabritos
3. 30 Galinhas
275
LUZIA SEBASTIO
Como se pode ver da descrio, as penas aplicadas pelo Rei aos acu-
sados, foram indemnizao s famlias das vtimas e expulso da co-
munidade. Paga a indemnizao, os acusados foram soltos e deveriam
cumprir o restante da pena, ou seja a expulso do territrio da Provn-
cia. Porm, o relatrio de fls. 327 a 334 dos autos, permite compreender
porque razo a pena de expulso no foi efectivada e foram aqueles
acusados mortos.
276
Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
bm o Catequista, o Enfermeiro, o Professor. Quanto ao gnero 65,63%
so do sexo masculino e 34,38% do sexo feminino.
277
LUZIA SEBASTIO
278
Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
cumulativamente, expulso da comunidade.
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LUZIA SEBASTIO
(14) O Relato feito por um dos Arguidos no Processo n 315/02 que correu seus termos
no Tribunal Provincial de Menongue, sede da Provncia do Kuando Kubango, em que foram
condenados, por terem ordenado a morte dos referidos 8 acusados de feitiaria. Chamado
apenas como declarante no processo n 84 de que temos vindo a fazer referencia porque j
havia sido condenado pelos mesmos factos no dito Processo n 315/02.
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
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2002, a Comisso foi recebida em audincia pela Sua Ex Senhor
Governador da Provncia com o objectivo de explicar o trabalho
realizado naquele Municpio. Houve novamente a orientao
para a dita comisso voltar aquele Municpio com vista a solu-
cionar o problema com as autoridades tradicionais locais, visto
que o fenmeno da feitiaria no tem enquadramento no Cdi-
go penal da Justia moderna e Universal vigente no nosso Pas.
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LUZIA SEBASTIO
por ceder. Foi assim que aos 22/8/02 ele entregou a tropa. Como o
acto foi consumado no posso explicar porque foi de noite.
Quanto acusao que pesa sobre mim tenho a dizer que sou
inocente porque segundo as orientaes superiores o governo
no pode intervir nos assuntos desta natureza. Foi por isso que
tanto eu assim como os membros do governo Municipal nin-
gum interviu. O problema da inteira responsabilidade das
autoridades tradicionais...
Menongue aos 16 de Setembro de 2002.
2.1.3.1. Os fundamentos da deciso do tribunal supremo
(Doc fls. 131 a 251, Processo n 84/04, 2 Volume e fls. 100 a 109 do Pro-
cesso n 64/2005 Autos de Recurso Ordinrio do Tribunal Pleno, respecti-
vamente)
Os Rus(15) vieram pronunciados: o primeiro, pela prtica de um crime de
homicdio qualificado do artigo 351 n4 com as agravantes (premedita-
o) e (crueldade) previstas nos ns 1 e 23 do Artigo 34 do Cdigo Penal;
o segundo, por sete crimes de priso ilegal, previstos no artigo 291 n 4
tambm do Cdigo Penal e cumplicidade no crime de Homicdio.(16)
O segundo ru foi absolvido porque a prova produzida no foi suficien-
temente esclarecedora de que tivesse tido conhecimento da existncia
de pessoas detidas ou retidas nas Cadeias do Comando da Polcia
Municipal no Kuito Kuanavale. Tambm no ficou provada a sua cumpli-
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(15) Os Rus que aqui se refere foram o Governador da Provncia e o Comandante da Polcia
na Provncia.
(16) Para mais detalhes sobre a Pronncia veja-se Processo n 84 que pode ser encontrado no
Cartrio do, Tribunal Supremo, Cmara dos Crimes, ano 2004, 2 Volume fls. 174V e 175. O
Cdigo Penal a que fazemos aluso o Cdigo Penal de 1886 ainda em vigor na Repblica
de Angola. O artigo 351 do Cdigo Penal prev: Ser punido com a pena de priso maior
de 20 a 24 anos o crime de homicdio voluntrio declarado no artigo 349 quando concor-
rer qualquer das circunstncias seguintes: 1. Premeditao (...) 4. Quando for precedido ou
acompanhado ou seguido de outro crime a que corresponda pena maior que a de 2 anos
de priso. Por sua vez o artigo 291 estabelece o seguinte: Ser punido com priso de trs
meses a dois anos, podendo agravar-se com multa correspondente segundo as circunstn-
cias: 4. O que ordenar ou prolongar ilegalmente a incomunicabilidade do preso, ou que
ocultar um preso que deva apresentar.
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
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feitio, da que tenha preferido tratar o assunto a nvel tradicional, ao invs
de pedir- como devia- a interveno das autoridades competentes (Polcia
e Procuradoria Geral da Repblica).
Como tem sido jurisprudncia deste Tribunal a forte crena no feitio jus-
tifica o uso da faculdade de atenuao extraordinria de penas do artigo
94 n 1 do Cdigo Penal.(17)
283
LUZIA SEBASTIO
(19) Refere-se aqui a uma terceira medida, porque segundo declaraes de fls. 43V do Pro-
cesso n 84, 1 Volume, o declarante (...) que exercia a funo de Regedor Provincial, ao
descrever o encontro que haviam tido com o Governador da Provncia sobre os motivos
que os afligiam, este havia perguntado como que os antepassados agiam perante uma
situao de feitio. A esta pergunta o declarante respondeu que haviam trs penas a aplicar
conforme os casos, nomeadamente indemnizaes em multas como 1 pena, 2 expulso do
territrio e a 3 e ltima consistia em amarrar, atirar ao fogo ou ao rio...
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
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No que ao ru (...) diz respeito, este no podia, como no pode,
afastar-se e encontrar diferente postura, porque pese embora a
posio de autoridade estatal-administrativa a que fora eleva-
do, oriundo dessa regio de onde bebeu hbitos e costumes
j enraizados na alma e na vivncia comum de geraes inteiras
por isso comungando do mesmo modo de sentir e entender o
fenmeno.
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LUZIA SEBASTIO
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
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vao jurdica, o juzo de censura, de censura jurdica dirigido ao agente
por ter praticado o facto ilcito e no se ter motivado na norma quando
podia e era-lhe exigvel que o fizesse.(21) Para se emitir esse juzo neces-
srio que por um lado o agente tenha capacidade para avaliar a ilicitude
do facto (acto) que praticou, elemento intelectual e, por outro, tambm a
capacidade para se autodeterminar de acordo com a avaliao feita sobre
a ilicitude do facto.(22)
O Cdigo em vigor na Repblica de Angola no momento em que os fac-
tos ocorreram e em que foi tomada a deciso pelo Pleno do Tribunal Su-
premo era o Cdigo Penal Portugus de 1886.(23)
(21) Por todos, Figueiredo Dias, Jorge de, Direito Penal, Parte Geral, Tomo I, Questes Fun-
damentais a Doutrina Geral do Crime, Coimbra Editora, 2007, p. 512 e ss.; Silva, Germano
Marques, Direito Penal Portugus, Parte Geral II, Teoria do Crime, Verbo, 1998, p. 163; Roxin,
Claus, Derecho Penal, Parte General, Tomo I, Madrid, Civitas, 1999, pp. 796/797; Jescheck,
Hans-H., Tratado de Derecho Penal, Parte General, Granada, Comares, 1993, p. 378 e ss.; Mir
Puig, Santiago, Derecho Penal, Pate General, Barcelona, 1998, p. 542 e ss.; Zaffaroni, Ral E.,
Pierangeli, Jos Henrique, Manual de Direito Penal Brasileiro, Parte Geral, Editora Revista dos
Tribunais, 2002, p. 605 e ss.
(22) Taipa De Carvalho, Amrico, Direito Penal, Questes Fundamentais, Teoria do Crime,
Coimbra Editora, 2008, p. 471.
(23) Este o Cdigo ainda em vigor embora esteja j em discusso pblica o texto do Projec-
to de Novo Cdigo Penal que preconiza uma tratamento legislativo e doutrinal mais moder-
no e, por isso, mais juridico-constitucionalmente imposto, conforme afirmao de Tiedemann,
Zum Verhltnis von allgemeinem und besonderem Teil des Strafrechts, Baumann-FS, 1992,
p.14 e ss., a propsito da soluo do Cdigo Penal Portugus de 1982 para as questes do
erro sobre o tipo, do erro sobre a proibio e da falta de conscincia do ilcito. O Projecto
de Novo Cdigo o resultado de um trabalho realizado por duas Comisses a primeira que
elaborou a parte Geral e foi Coordenada pelo Senhor Professor Doutor Jorge de Figueiredo
Dias, Faculdade de Direito da Universidade de Coimbra, Portugual e a Segunda, que elabo-
rou a parte Especial, Coordenada pelo Professor Dr. Orlando Ferreira Rodrigues, Faculdade
287
LUZIA SEBASTIO
Poderia aquele Pleno seguir por caminho diferente, quando ainda hoje Fi-
gueiredo Dias(24) reconhece que o entendimento da conscincia da ilicitu-
de no pode deixar de atender s particularidades das comunidades onde
existem ncleos de populaes cujas concepes morais, sociais, polti-
cas e culturais so diferentes das dominantes e aponta como exemplo
o que se passava com a ordem jurdica portuguesa aplicada s colnias?
Parece que a resposta s poder ser negativa. Na verdade,
o art. 29 do Cdigo Penal Portugus em vigor em Angola, o
Cdigo de 1886, estipula: No eximem da responsabilidade
criminal: 1. A ignorncia da lei penal; 2. A iluso sobre a crimi-
nalidade do facto; 3. O erro sobre a pessoa ou coisa a que se
dirigir o facto punvel; 4. A persuaso pessoal da legitimidade
do fim ou dos motivos que determinaram o facto; 6. A inten-
o de cometer crime distinto do cometido, ainda que o crime
projectado fosse de menor gravidade... 1 As circunstncias
designadas nos nmeros 1 e 2 deste artigo nunca atenuam a
responsabilidade criminal; 2 O erro sobre a pessoa a que se
dirigir o facto punvel agrava ou atenua a responsabilidade cri-
minal, segundo as circunstncias; 3 A circunstncia designada
no n 6 no pode dirimir em caso algum a inteno criminosa,
no podendo por consequncia ser por esse motivo classifica-
do o crime como meramente culposo.
de Direito da Universidade Agostinho Neto de Angola. Por isso que a soluo preconizada
vai de encontro a que vem sendo defendida por Jorge de Figueiredo Dias.
(24) Figueiredo Dias, Jorge de, op. cit., p. 531.
(25) Ibid., p. 532.
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
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nuar de forma geral a sua responsabilidade criminal com fundamento na
circunstncia 23 do artigo 39 do Cdigo Penal de 1886, que estabelece:
So circunstncias atenuantes da responsabilidade criminal do agente:
23 Em geral, quaisquer outras circunstncias, que precedam, acompa-
nhem ou sigam o crime, se enfraquecerem a culpabilidade do agente ou
diminurem por qualquer modo a gravidade do facto criminoso ou dos
seus resultados.
Considerou pois a Cmara dos Crimes do Tribunal Supremo ser a crena
no feitio uma circunstncia que por ter precedido o crime enfraqueceu
a culpabilidade do agente. Ter retirado da interpretao do princpio da
culpa as consequncias lgico-materiais que comporta e que a lei ex-
pressamente no contrariou,(28) porque ao remeter para as autoridades
tradicionais a soluo do problema, no ter, em nosso entender, o argui-
do, deixado de manifestar uma certa falta de conscincia do ilcito.
2.1.3.1.3. A Conscincia da Ilicitude no Direito a Constituir
(26) Acrdo da Cmara dos Crimes do Tribunal Supremo, pp. 241/242, Processo n 64. A
citao que est a ser feita, respeita ao Acrdo da Cmara dos Crimes do Tribunal Supremo
que funcionou como primeira instncia no julgamento do referido processo. O Pleno seguiu
os mesmos fundamentos do Acrdo recorrido, por essa razo a ele fazemos novamente
aqui referncia.
(27) bid., p. 242
(28) Figueiredo Dias, Jorge de, op. cit., p. 535.
289
LUZIA SEBASTIO
(29) A Teoria do dolo estrita, a Teoria do dolo limitada, a Teoria da culpa estrita, a
Teoria da culpa limitada.
(30) Figueiredo Dias, Jorge de, op. cit., p. 541.
(31) Artigo 14 Projecto de Novo Cdigo Penal da Repblica de Angola 1. O erro sobre os
elementos, de facto ou de direito, de um tipo de crime exclui o dolo. 2. O preceituado no
nmero anterior abrange o erro sobre um estado de coisas que, a existir, excluiria a ilicitude
do facto. 3. Fica ressalvada a punibilidade da negligncia, nos termos dos artigos 11 e 13.
(32) 1. Age sem culpa quem actua sem conscincia da ilicitude do facto, se o erro lhe no
for censurvel. 2. Tem os mesmos efeitos do erro sobre a ilicitude, o erro sobre um estado de
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
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Mas porque razo nos preocupamos aqui com as solues propostas para
esta questo falta de conscincia do ilcito ou erro sobre a ilicitude?
que, no momento em que os factos que serviram de base a esta nossa in-
terveno, em que a deciso foi tomada pelo Pleno do Tribunal Supremo,
e se elaborou o projecto de Novo Cdigo Penal da Repblica de Angola,
que ainda est em discusso, no estava ainda em vigor a Constituio da
Repblica de Angola de 5 de Fevereiro de 2010 com a norma do artigo 7.
coisas que, a existir, afastaria a culpabilidade do agente. 3. Se em qualquer dos casos previs-
tos nos nmeros anteriores, o erro for censurvel, o agente punido com a pena aplicvel ao
crime doloso respectivo, a qual poder ser especialmente atenuada. 4. O erro censurvel
quando, face s circunstncias, for razovel exigir do agente outro comportamento.
(33) Feij, Carlos Maria, A coexistncia Normativa entre o Estado e as autoridades tradicio-
nais na odem jurdica plural angolana, Teses, Almedina, Janeiro de 2012, p. 13.
291
LUZIA SEBASTIO
Que relevncia poder ter esta disposio para a questo que estamos
a tratar?
O artigo 7 da CRA consagrou o costume como fonte de direito, embora,
fonte subordinada, uma vez que, por um lado a Constituio que a li-
mita e, por outro, o facto de Angola integrar a comunidade internacional
dos Estados e se ter estruturado, enquanto Estado de Direito baseado no
princpio da dignidade da pessoa humana.
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
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portante que se trate de um costume autntico no sentido de legtimo,
porque criado e vigente nas respectivas comunidades.(38)
Por uma questo de melhor preciso sobre a posio jurdica do costume
na ordem jurdica angolana, seria de interesse fazer uma brevssima refe-
rncia perspectiva pluralista seguida pela Constituio angolana relati-
vamente ao costume.
Um dos elementos caracterizadores do Estado de Direito a subordina-
o do poder poltico Constituio. Esta a lei fundamental (Grundge-
zetz) e dispenso outras consideraes que so j nossas conhecidas, em-
bora essa posio no seja hoje defendida assim de forma to linerar.(39)
293
LUZIA SEBASTIO
acordo com as quais as normas primrias so reconhecidas como direito (normas secundrias
ou de reconhecimento). Estas ltimas so: (i) normas sobre normas: (ii) observveis no plano
dos comportamentos externos s instancias jurisdiconais; (iii) que constituem o fundamento
de validade das normas primrias. Estas normas de reconhecimento no se confundem, no
seu conjunto, com a constituio, mas elas descrevem como que o direito reconhecido,
inclusive a constituio formal. Contudo, a constituio prescreve qual o direito que deve
ser reconhecido e, todo o aplicador do direito oficial deve obedecer constituio, naquilo
que ela prescreve quanto ao modo de constituio do direito e relativamente aos princpios
fundamentais que o direito oficial deve obedecer. Enquanto se defendeu uma viso estadu-
alista do direito, o primado da constituio impunha-se a todos os aplicadores do direito,
porque a constituio continha normas de elevada hierarquia do direito oficial e, este era
todo o direito que se devia considerar e obedecer.
A partir de uma viso pluralista em que vemos que, em dada comunidade, outros direitos
so reconhecidos para alm do direito oficial por entidades socialmente competentes para
tal, direitos considerados vlidos pelas normas de reconhecimento, a constituio passa a ser
dirigente, a ter o primado, apenas no mbito oficial e no nos restantes onde a origem e
a legitimidade no so o Estado.
Todavia, a constituio, nos modernos estados constitucionais, tem autoridade social. s
ver o seu desenvolvimento em Tribunais Constitucionais ou em Tribunais Supremos. As suas
normas influenciam as decises das instncias de definio do direito de modo a no acei-
tarem as normas que sejam contrrias constituio. Esta facto ser, naturalmente registado
pela observao das normas de reconhecimento e, dar lugar a que nas sociedades demo-
crticas se possa encontrar uma norma que venha a estipular que As normas de qualquer
natureza ou origem, que contrariem a constituio no so aceites como direito. Acontece,
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porm, que pode certa norma estadual ou no, ser reconhecida, apesar da sua contrarie-
dade constituio, como tambm pode acontecer que, certa norma no estadual e, por
isso no sujeita ao primado da constituio, tambm no ser reconhecida na ordem local,
precisamente, por contrariar a constituio. Estas situaes podem ocorrer. Porm, no se
pode contra elas invocar o primado da constituio, porque esse no um postulado ex ante
e sim algo a ser provado ex post .
Acresce que, as situaes de subordinao constituio, mesmo quando previstas no texto
constitucional (ver art 6 da CRA), podem no encontrar acolhimento na prtica das instn-
cias que definem o direito. Tanto porque a constituio tem agora apenas uma autoridade
simblica, como pelo facto de que as instncias que definem o direito e que trazem a ma-
tria de que so feitas as normas de reconhecimento, usarem como padro de deciso o
carcter estabilizador das normas-candidatas. Contudo, a conformidade com a constituio
um importante factor de promoo do consenso, pela solenidade e reflexividade do pro-
cesso constituinte como pelo impacto simblico que o texto constitucional hoje tem. Por
isso, ao estabelecer o processo formal de criao do direito tal como alguns dos requisitos
quanto ao contedo, veja-se o respeito pelo princpio do direito democrtico, respeito pelos
direitos fundamentais, verifica-se que os requisitos constitucionais de validade do direito so
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
senvolver, regular ou regulamentar, ou seja a concretizar a Constituio.(41)
O outro limite, embora considere que cabe no limite mais geral que a
conformidade Constituio, uma vez que se trata de um Princpio que
est nela consagrado, a dignidade da pessoa humana que, pelas suas
particularidades parece-me importante tambm aqui relevar.
Este princpio, que faz da pessoa humana o fundamento e o fim da so-
ciedade e do Estado angolano serve de inspirao para o sistema dos
direitos fundamentais consagrados na Constituio que, na sua qualidade
de norma supra-ordenadora confere ao sistema unidade de sentido e con-
cordncia prticas. nesse sentido que se garantem as condies para o
desenvolvimento da personalidade do ser humano quer como membro
da colectividade ou como membro da sua prpria comunidade, seja esta
simples ou complexa, soberana ou tutelada, sem prejudicar os outros e
atribuindo a cada um o que seu.
tomados em muita considerao pelas instancias que dizem o direito e, essas instancias, no
se limitaro a reconhecer a constituio como direito, mas tambm a reservar-lhe um estatu-
to de supremacia em relao s demais normas.
Todavia, este primado, continua a ser produto da observao, o que no impede que, do
ponto de vista prtico sofra limitaes a serem registadas pelas normas de reconhecimento.
(40) Feij, Carlos M., op. cit., p. 397/398.
(41) Ibid, p. 401. Esta perspectiva vai no sentido defendido por Hespanha quando refere a
influncia que ainda hoje a lei tem, no obstante a crise que a teoria do direito e da norma
juridica est a viver. Com efeito, segundo aquele autor hoje tomando em conta o character
pluralista das ordens jurdicas actuais, em consequncia da crise do legalismo, aspas do
autor, a importncia da lei est mais matizada. Porm, ela continua a ser um indicador de
consensus comunitrios, aqueles que esto na base do reconhecimento das normas jurdicas
pelas instncias jurisdicionais.
295
LUZIA SEBASTIO
S uma dignidade da pessoa entendida como fonte tica dos direitos se-
jam eles polticos, sociais, econmicos ou culturais, liberdades e garan-
tias individuais pode conferir unidade e valor axiolgico ao sistema.(42)
tambm este princpio que acolhe a ideia de que ao Estado est vedada
a interferncia na condio de cada pessoa para transformar a sua perso-
nalidade, podendo o sujeito recorrer aos tribunais, especialmente ao Tri-
bunal Constitucional para assegurar a fiscalizao da actuao do Estado
para com os direitos mais nucleares da pessoa humana.(43)
Assim o princpio da dignidade da pessoa humana assume-se como um
pilar onde o direito assenta e, neste sentido, o reconhecimento do cos-
tume significa que aquele princpio constitui um limite intrnseco ao di-
reito. Este um entendimento que apenas cabe, se for atendida a pers-
pectiva pluralista, pois aqui ele elevado a princpio legitimador, por
respeito ao projecto de vida prprio das minorias, o reconhecimento e
a mtua tolerncia da diferena de valores e de modos de conceber e de
viver o direito.(44) Assim se justifica a ordem plural, pois o valor de cada
pessoa v-se aqui reflectido e reclama a incorporao e integrao dos
sistemas autnomos em vigor em comunidades minoritrias numa comu-
nidade maior, procurando um equilbrio harmonioso das necessidades
e manifestaes da pessoa humana. O reconhecimento visa abarcar to-
das as dimenses em que se revela a existncia do ser humano. Porm,
quando esses actos ou efeitos violem a dignidade da pessoa humana,
eles deixam de ter substracto, perdem a tutela tanto do reconhecimento
como do prprio Estado porque sessa o consentimento da Constituio.
Ento se, tanto a Constituio como o Estado esto vinculados ao res-
peito pela dignidade da pessoa humana, princpio que se situa acima
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(42) Feij, Carlos M., op. cit., pp. 402/403; Gomes Canotilho, Jos Joaquim, Direito Constitu-
cional e Teoria da Constituio, Almedina, 2003, pp. 225/226; Gomes Canotilho, Jos Joaquim
e Vital Moreira, Constituio da Repblica Portuguesa Anotada, v. I, Coimbra Editora, 2007,
pp. 199/200.
(43) Feij, Carlos M., op. cit., p. 408.
(44) Ibid., p. 408.
(45) Ibid., p. 409. No sentido dessa vinculao e a propsito da Constituio da Repblica
Portuguesa, Gomes Canotilho, Jos Joaquim e Vital Moreira, op. cit., p. 199.
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
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dever ser densificada, procurando-se um equilbrio harmnico entre as
comunidades tradicionais e a comunidade nacional no seu todo, reconhe-
cendo-se tambm as autoridades e poder tradicionais. A discusso ora tra-
zida levanta um questo fundamental ao nvel das fontes do Direito Penal.
297
LUZIA SEBASTIO
Sousa e Brito, Jos, A lei Penal na Constituio, Estudos sobre a Constituio, II vol, Lisboa
1978. Ambos so autores portugueses e querem referir-se ao Direito Portugus que no con-
sagra na Constituio uma norma com o ocntedo do artigo 7 da Constituio da Repblica
de Angola.
(48) O Autor est a referir-se ao Cdigo Civil Portugus. O Cdigo Civil angolano que ainda
o Cdigo Civil Portugus de 1966, tambm contm uma disposio nos mesmos termos.
Porm a sua leitura dever ser feita em conformidade com o artigo 7 da Constituio da
Repblica de Angola, a CRA.
(49) Dotii, Ren Ariel, Curso de Direito Penal, Parte Geral, Editora Forense, Rio de Janeiro,
2002, p. 227.
(50) Ibid., p. 230.
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
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dignidade da pessoa humana, poderia ele, numa interpretao conforme
a Constituio qualificar um comportamento como crime, sem que de-
vesse constar de uma lei, que afinal e de uma perspectiva pluralista das
fontes do direito se situa em posio de paridade com o costume? Como
compatibilizaramos isso com o princpio Nullum crimen nulla poena sine
lege escripta? Afinal, os costumes so orais?
que a exigncia de lei escrita, surgiu em tempos idos, segundo Amri-
co Taipa de Carvalho(52) e isso foi apenas para que a definio tanto dos
crimes como das penas constasse de diploma legislativo escrito, indepen-
dentemente do rgo de soberania que o aprovasse. Essa exigncia foi
principalmente para afastar o costume de fonte de diteito penal e tambm
a figura dos designados crimes naturais cuja qualificao no exigia, du-
rante as pocas anteriores ao Estado de Direito expresso escrita legal. O
que se visou, foi o referido afastamento do costume e dos crimes natu-
rais, porque eles haviam sido, durante o Ancien Regime, fonte de grande
insegurana jurididica do cidado e de graves arbitrariedades judiciais.
Assim, e no deixando de considerar relevante este entendimento, como
ficaria a aplicao dessa garantia constitucional e, em geral o problema da
segurana juridica?
Estas so apenas algumas das questes que a reflexo que estamos a
fazer nos suscita. Voltemos ao caso Kamutukuleno.
299
LUZIA SEBASTIO
cessem).
(53) O Kuito e o Kuanavale so dois rios. A confluncia deles que deu o nome ao Municipio.
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familiar. Podem permanecer na comunidade e processar a sua vida sem
receios de represlias tanto da parte da comunidade como da famlia ou
famlias das vtimas.
Reclamam, contudo, a participao do Estado no sentido de, em conjunto
com a comunidade encontrar as regras para a punio da referida conduta.
Dizem que o Estado (entidades Administrativas, Polcia) se recusa a rece-
ber as situaes que envolvem feitiaria pois consideram tratar-se de uma
questo da inteira competncia da comunidade. Porm, a comunidade
considera que, em caso de morte,(54) as autoridades deveriam colaborar,
recebendo o condenado e executando a deciso proferida pela comuni-
dade. Equiparam o acto de matar com Kamutukuleno ou com feitio
ao acto de matar com arma branca, arma de fogo, catana, machado ou
azagaia. Entendem, por isso que, o Estado deveria, receber e aceitar a
queixa apresentada pela comunidade, constituindo a prova resultante da
averiguao comunitria como bastante para condenar e, executar a pena
nos seus estabelecimentos penitencirios.
(54) Nem sempre as praticas de feitiaria resultam em morte. A morte o resultado mais grave.
301
LUZIA SEBASTIO
4.1.1. Em geral
302
Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Por isso, Carlos Feij ainda no seguimento de Will Kymlicka, busca a con-
servao de um minimus fundamental de ordem tradicional; para tal,
parte de uma interpretao da norma precedida de um dilogo multicul-
tural, ou seja, em face de uma dada situao de Direito, resolver as situa-
es multiculturais tanto pelo direito estadual como por uma instncia de
resoluo de conflitos (que pode ser denominada ou designada tribunal)
composto por uma participao idealmente paritria de representantes
das ordens coexistentes em conflito.
A proposta de soluo, no impede que, em alguns casos o resultado pos-
sa ser poltico, conseguido mediante uma arbitragem negocial em que se
seguem mecanismos de representao democrtica amplos conduzidos
por princpios de justia.(57)
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Questo que se pe, saber se havendo conflito entre o Costume e a
Constituio ou entre aquele e a dignidade da pessoa humana, tal soluo
ainda aplicvel. Carlos Feij, considera que a natureza das normas, dos
princpios em conflito no alteram a soluo, porque o que aqui tem de
ser convocado uma compreenso multicultural do direito para que se
possa entender as razes e os sentidos possveis para tornar til ou confor-
me a norma consuetudinria. Devero intervir aqui, para compreenso da
norma, elementos interpretativos que, tanto por um lado os aplicadores
do direito estadual como por outro, as autoridades aplicadoras do costu-
me no seio das suas prprias comunidades no se mostram preparados
para compreender.(58)
O recurso ao princpio da igualdade seria um caminho que ajudaria na
conduo para a busca de um resultado para a interpretao. Assim:
a) a ideia de que igualdade no identidade mas, proporcio-
nalidade;
b) a ideia de que a igualdade apela racionalidade e inteno
de justia;
c) e a ideia de que o princpio da igualdade se encontra em di-
logo normativo com outros princpios e tem de ser entendido
no plano global dos valores e opes da Constituio material.(59)
(57) Feij, Carlos M., op. cit., p. 411; Kymlicka, Will, op. cit., p. 131.
(58) Feij, Carlos M., op. cit., p. 411.
(59) No sentido defendido por Miranda, Jorge, Manual de Direito Constitucional, v. IV, Coim-
bra, Coimbra Editora, 1993, p. 213. Tambm, Miranda, Jorge, e Medeiros, Rui, Constituio
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LUZIA SEBASTIO
mano vivo e concreto, nem se mostra admissvel quer o Estado seja neutro
a neutralidade e a tolerncia face a atentados dignidade humana ser
sempre sinnimo de cumplicidade e colaboracionismo.(63)
A ideia de Estado neutro contrria ao esprito, valores, princpios e nor-
mas de qualquer constituio fundada na soberania popular, no respeito
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
nos casos em que o agente no descumpre o feitio?
Outros casos de expulso ocorrero. A expulso da comunidade uma
sano, ou seja, uma pena, que contraria claramente e, em ltima anlise
o direito do agente a viver na sua prpria comunidade (trata-se de uma
situao semelhante do abandono noxal praticado na idade mdia).
Dentre a soluo perfilhada pelo Cdigo Penal em vigor, o Cdigo de
1886 artigo 29 que consideramos j ultrapassada e a do Projecto de novo
Cdigo Penal da Repblica de Angola ainda em discusso, e aqui pro-
posta como erro sobre a ilicitude que afasta a culpa desde que no seja
censurvel, pareceu-me que aquela que defende o Erro de compreenso
culturalmente condicionado que no est proposta no Projecto de Novo
Cdigo Penal, seria, num primeiro momento, o caminho a seguir.
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LUZIA SEBASTIO
306
Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Razo tem Mariana Carneiro Leo Figueiroa,(67) quando refere ter havido
no processo a que faz referncia citamos uma clara violao do direito
diversidade tnica e cultural do povo Xukuru no processo em contrapo-
sio ao seu modo de estar no mundo.(68) pois importante como diz
Mariana Figueiroa parafraseando E. Ral Zaffaroni e ns concordamos, o
respeito pela diversidade cultural, pelos valores das diversas culturas, pois
ele que garante ao sujeito colectivo de direito a faculdade de no se
contaminar por valores que no sejam os seus.
o caminho da interlocuo, do dilogo que nos vai permitir atender a
essa diversidade, tomando em considerao as suas especificidades so-
bretudo quando se pretender emitir juzos de valor atravs de decies
Estatistas que possam directa ou indirectamente afect-los. para essa
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
compreenso que nos remete E. Ral Zaffaroni e Jos Pierangueli quando
referem e citamos: na realidade social existem condutas, aces, que sig-
nificam conflitos que se resolvem de forma geral de modo institucionali-
zado, mas que isoladamente considerados possuem significados culturais
completamente diferentes.(69) tambm a esse propsito que se busca o
erro de compreenso culturalmente condicionado.
307
LUZIA SEBASTIO
nuada se, por iguais razes, a capacidade que se indica se encontrar ape-
nas diminuda.(73)
Esta uma soluo que, em tese geral contrapem a da inimputabilidade.
Trata-se de um erro de proibio que dever ser atendido naqueles casos
em que, embora o agente conhea a proibio, no lhe exigvel a interio-
rizao, porque esta estranha sua cultura. E. Ral Zaffaroni, reconhece
(72) Encontramos esta espcie de erro no Cdigo Penal do Peru, no artigo 15 que este-
belece: El que por su cultura o costumbres comete hecho punible sin poder compreender
el character delituoso de su acto o determinar-se de acuerdo a essa comprensin, ser
eximido de responsabilidad. Cuando por igual razn esa posibilidad se halla disminuda,
se atenuar la pena.
(73) Traduo nossa.
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
comprovao da censurabilidae do erro. Afinal, o juzo de censurabilidade
na situao em anlise, teria como pressuposto o reconhecimento da obri-
gatoridade da assimilao dos valores culturais dominantes o que signifi-
caria a renncia, forada diferena cultural.(75)
Com efeito, E. Ral Zaffaroni e Jos Pierangeli(76) defendem que, enquanto
o erro do tipo pertence tipicidade, o erro de proibio pertence culpa
e recai sobre a compreenso da ilicitude da conduta. Trata-se de um puro
problema da culpabilidade que se revela em erro vencvel ou invencvel.
Quando vencvel ele releva para efeitos da tipicidade dolosa ou negli-
gente que j esto afirmados; mas se for invencvel, ou seja, se o autor,
mesmo realizando todas as diligncias, no pode compreender a ilicitude
do seu acto, o efeito eliminar a culpabilidade.(77)
Segundo os autores, o erro de proibio impede sempre o entendimento
da ilicitude, s que, uma vezes impede, porque afecta a possibilidade de
conhecimento e, outras porque, embora haja conhecimento da ilicitude
no se pode exigir do agente essa compreenso ou entendimento. este,
a espcie de erro de compreenso que impede a interiorizao da norma
por mais que ela seja conhecida.
Seguindo os autores E. Ral Zaffaroni e Jos Pierangeli, o erro de proibi-
o pode ser: um erro que afecta o conhecimento da ilicitude que, por sua
309
LUZIA SEBASTIO
vez pode ser directo, quando recai sobre o conhecimento da norma proi-
bitiva, ou indirecto quando tem haver com a permisso da conduta. Nuns
casos de erro indirecto, o autor tem a falsa suposio de uma permisso
que a lei no outorga; exemplo algum que vende a mercadoria do patro
para se cobrar dos salrios atrasados; noutros o autor considera haver ali
uma situao de justificao, uma justificao putativa, exemplo: algum
que pensa que est a ser agredido e se defende, quando na realidade se
trata de uma brincadeira de amigos; noutros ainda, um Erro que afecta a
compreenso da ilicitude e no o conhecimento (o indivduo que desde
criana mastiga liamba e no pode compreender a norma que a probe).
Nesta linha de pensamento, os efeitos do Erro de Proibio sero os se-
guintes: Se o erro vencvel, no elimina a culpabilidade, mas pode dimi-
nu-la; se for invencvel elimina a culpabilidade e a conduta no chega a
ser crime. Porm importante notar que erro de proibio, no o mes-
mo que erro de direito. Essa classificao entre error jris e error facti.
Tem um outro sentido.(78)
Dentro do erro de compreenso os autores distinguem ainda o erro de
conhecimento do erro de compreenso.
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
situaes de erro de compreenso culturalmente condicionado. O autor
foi educado numa cultura diferente da, da maioria e, desde criana que
interiorizou as regras de conduta dessa cultura; uma vez que a culpabilida-
de no pode ser indicada com um limite fixo e, neste caso de conscincia
dissidente, a exigibilidade de interiorizao da norma, h-de tambm ter
um certo grau, pode acontecer que, o autor por conscincia pode ser um
terrorista, que actua em nome e no interesse de uma organizao, ou um
indgena que age segundo a sua cultura. Em qualquer dos casos a exigibi-
lidade da interiorizao (compreenso) da ilicitude varia, ou seja, ela ser
maior para o terrorista, a no ser que esteja louco, porque ele actua por
conta da organizao, e menor para o indgena porque no interiorizou
(compreendeu) a ilicitude dita dominante. Por si s, a conscincia dissi-
dente, no uma causa de excluso da culpa; mas o erro de compreenso
culturalmente condicionado um erro de proibio invencvel. Trata-se,
de graus de exigibilidade da compreenso que traduzem graus de repro-
vao nem sempre fceis de valorizar.(81)
5.1.2.1. Erro de Compreenso e Erro de compreenso culturalmente condicionado
311
LUZIA SEBASTIO
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
ao nvel da Constituio, pois o mandato constitucional no permite ao
Estado que se mantenha neutro ou tolerante perante violaes dos seus
prprio valores axiolgicos, como acima j referido.
Precisamos de chegar ao ponto de encontro em que tambm no dom-
nio criminal possa haver coexistncia, como sugerido pela comunidade
do Kuito Kuanavale.
Em nosso entender, esse equilbrio seria buscado na Constituio se en-
tendermos que ela ns traz normas que so obtidas no apenas pela forma
consensual, mas tambm a partir de pontos de vista e de interesses mais
gerais que ajudam a romper a lgica dos sistemas locais de segurana,
sobretudo quando eles afectam esses interesses mais gerais.(83) Veja-se,
a eficcia transversal dos direitos fundamentais. A comunidade do Kuito
Kuanavale d sinais de ela prpria reconhecer o valor vida, o valor dignida-
de da pessoa humana, o que significa existir nela alguma consensualidade
nessa matria que pode ajudar a alterar, em certo sentido, o modo de
pensar e agir abrindo-os a consideraes e pontos de vista mais cosmo-
politas e, em consequncia, impeder o fechamento sectorial das formas
locais de regulao.(84)
A comunidade, sua maneira e em resposta ao inqurito que fizemos,
rejeita atitudes ou comportamentos que conduzam morte. Assemelha
a morte causada por feitio quela provocada por arma de fogo, arma
branca, catana ou azagaia. O que ela reclama que a sua crena seja
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LUZIA SEBASTIO
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
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Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
E. Ral Zaffaroni
E. Ral Zaffaroni(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
espontneamente.
Hablar del multiculturalismo y el derecho penal, de sistemas jurdicos pa-
ralelos y coexistentes en materia penal es una pregunta que no deben solo
formularse los africanos, ni deben formularse algunos de nuestros pases
que la tienen incluso consagrada en su Constitucin, otros que aunque no
la tengan consagrada, la tenemos que reconocer de alguna manera, sino
que creo que tenemos que formulrnosla todos.
La pluralidad cultural e incluso las variables culturales ponen en crisis y nos
obligan a repensar el principio de culpabilidad. Nos encontramos ante una
cuestin que plantea una disyuntiva civilizatoria que, de alguna manera,
en el transcurso del siglo XXI se ir profundizando y habr que decidirla.
Algunos pases reconocen el pluralismo normativo, es decir, justicia for-
mal y justicia comunitaria o justicia tradicional; para otros, esto constituye
un escndalo, pero por qu viene este escndalo? Cul es la razn del
escndalo? Ser que estamos formateados, de alguna manera, en una
tradicin jurdica de ley escrita? S, puede ser, pero eso, a mi juicio, no
es lo que escandaliza cuando hablamos de sistemas jurdicos paralelos
coexistentes.
No nos puede escandalizar. Nuestra lengua, esta lengua que hablamos,
se asienta con un Cdigo, el Fuero Juzgo. El Fuero Juzgo rega para un
grupo humano, el otro grupo humano se segua rigiendo por el derecho
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E. Ral Zaffaroni
318
Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
Cuidado, no tenemos que oficializar esas cuestiones, la justicia comunita-
ria es comunitaria, la justicia tradicional es consuetudinaria, no podemos
poner un juez a orinarle la cabeza a un sujeto, no. Pero, me pregunto: si
nos dan a elegir a nosotros con toda esta cultura de derecho legislado,
etctera, qu preferiremos, tres latigazos o tres aos de prisin? Y, creo
que vamos a preferir los tres latigazos, es decir, cuidado, midamos siempre
la violencia de la intervencin.
Con nuestra intervencin penal, con la polica, etctera, con el desastre
que muchas veces producimos, estamos generando mucha ms violencia
que la solucin aparentemente violenta que a primera vista que podra
generar la justicia tradicional o la justicia comunitaria.
En el fondo, el escndalo proviene de que el reconocimiento de otras
formas de solucin del conflicto, deslegitima el concepto de pena que
sostenemos.
Nos pone ante la realidad de que hay formas de resolver el conflicto, for-
mas restitutivas, formas conciliatorias, formas de darle los dos latigazos
como un ritual de reincorporacin, que sin acudir a nada de lo que noso-
tros tenemos como pena formal, resuelven el conflicto y restablecen la paz
en el seno de la comunidad.
Realmente, esto s es un desafo civilizatorio, un terrible desafo civiliza-
torio, porque nos dice: bueno pero si estas soluciones son posibles, por
qu ustedes no las adoptan y por qu siguen teniendo esta solucin, esta
pena, este encierro? Me deca un colega de frica hace algunos aos:
La prisin es un problema que nos trajeron los europeos, nosotros no lo
conocamos. Y, efectivamente, as es.
319
E. Ral Zaffaroni
320
Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
En este sentido, el Cdigo de Per hace rato sigui el camino que haba
surgido del error de prohibicin culturalmente condicionado. Naturalmen-
te, siempre estn los objetores, salen otros y dicen: bueno, pero si el
antropfago se come a alguien en la calle. No, habr alguna medida ad-
ministrativa, en ltimo caso, pero no tenemos antropfagos, por lo menos
en Amrica Latina no hay, no s, ah los uruguayos tienen el problema de
si se comieron a Sols o no, cuando lleg a los Charras; pero si lo hicieron,
mejor, miren lo que hicieron los mexicanos: lo invitaron a Tenochtitln y
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
estos se lo comieron.
Pero, desde ese momento, no hay casos de tal ndole, entonces dnde
est la objecin o qu les molesta de eso? La propiedad. El concepto
de propiedad que nosotros manejamos, las comunidades originarias no
lo manejan, eso es lo que molesta, no nos llamemos a engao. Por eso,
creo que hay que defender el concepto ms tradicional de culpabilidad y
profundizarlo. No en vano nos llega algn discurso jurdico que dice: no,
hay que destruir ese concepto, la culpabilidad tiene que ser la medida de
la necesidad de prevencin general positiva.
Ahora, si est loco y creen que est cuerdo, tiene que haber pena, porque
entonces surge la necesidad de vindicacin, esta es la consecuencia de la
prctica de la teora, por as decir. Por eso, creo que hay que profundizar el
propio concepto tradicional de culpabilidad y aqu hay que tener cuidado
con lo de cultural, volvemos tambin a lo mismo, aunque no tengamos
caractersticas tnicas tan diferenciadas.
321
E. Ral Zaffaroni
El derecho penal del sur debe ser realista, de lo contrario estamos pedi-
dos. Si no somos realistas, si no manejamos estas realidades y estos nive-
les de reproche, nos vamos convirtiendo en cmplices del control social
represivo de los sectores hegemnicos y ese control social represivo es
letal, es mortfero. Hasta que llegue un punto en que se convierta directa-
mente en un crimen de Estado.
El penalista del sur no ejerce el poder punitivo pero debe teorizar para
ensearles a sus jueces que tambin hay penas ilcitas que se cumplen,
hay penas ilcitas que se ejecutan y que las debe tomar en cuenta a la hora
de imponerle una pena lcita, s, esto en el norte no se plantea por reglas
generales. Nos guste o no nos guste, tenemos un sistema penal violento,
tenemos torturas, no nos podemos conformar diciendo: No, como no
tenemos tortura sistemtica, la tortura no existe. No, existe, quizs no
sistemticamente pero existe, hay tortura, hay malos tratos, hay crceles
superpobladas donde se producen motines en los cuales muere gente,
donde otros resultan lesionados, donde otro pierde un rgano o queda
tuerto, donde se contagian enfermedades, etctera.
322
Los problemas penales del sur (y el pluralismo cultural)
Todas estas son penas. Penas ilcitas, s, penas prohibidas, s, pero penas al
fin. Hay penas prohibidas y penas no prohibidas, estas son penas prohibi-
das. Bueno, cuando se ejecut la pena prohibida, a la hora de imponerle
la pena lcita se la tengo que descontar; de lo contrario, vuelvo al Hegel de
hace un rato, el elefante en la mitad de la calle, lo prohibido no existe. No,
lo prohibido existe y existi y hay que tenerlo en cuenta, por lo menos a la
hora de imponer la pena lcita. Ahora, si hay que absolverlo mala suerte,
porque ah no se le puede dar un cheque en blanco para la prxima.
Estas son algunas realidades y algunos problemas que nos plantea el po-
der punitivo del sur. Podra decir otros ms, creo que el pluriculturalismo,
tal cual lo plante la profesora Sebastio, es un hermoso tema para cerrar
este congreso, creo que nos enfrenta a aceptar esa culpabilidad tan discu-
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
tida como elemento propio del derecho penal, porque en los dems ele-
mentos del delito, del derecho penal, en los dems caracteres del delito
nos ayuda el derecho civil, pero cuando llegamos a la culpabilidad ese es
propiamente nuestro, ah patinamos, ah es donde realmente nos disolve-
mos. Bueno, ese elemento que es la culpabilidad, ese reproche jurdico
penal sufre un enorme desafo con el pluralismo cultural, pero creo que
si lo profundizamos en su sentido originario tradicional, no tratando de
esconderlo, o de cambiarlo, escamotearlo por otra cosa, tambin de ah
podemos sacar las distintas soluciones.
De esta manera, retomo lo que deca el Ministro de Justicia de la Na-
cin, el Dr. Alak sobre el proceso de democratizacin y de dinamizacin
de la sociedad. El derecho penal no va a dinamizar la sociedad, no. La
criminologa nos puede explicar los procesos, cmo se van dando, cmo
opera el poder punitivo para parar la dinmica democratizadora, la lucha
de nuestros pueblos, s. El derecho penal no va a impulsar ninguna de-
mocratizacin, tengmoslo claro, pero s tiene una funcin fundamental y
bsica, que es la de contener las fuerzas que impiden la democratizacin
y, por ende, la de posibilitar y garantizar el espacio de dinamizacin social
de nuestros pueblos.
Muchsimas gracias nuevamente a todos, muchsimas gracias al Ministerio
de Justicia y Derechos Humanos de la Nacin, particularmente a la Secre-
tara de Justicia de la Nacin, y muchsimas gracias a mi equipo, sin ellos
esto no se hubiera podido hacer, gracias a todos, hasta siempre.
323
Palabras de cierre
Julio ALAK(1)
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
asistentes; y les voy a contar una ancdota: me vino a la memoria la prime-
ra vez que habl con el actual Papa por telfono, cuando an estaba
aqu en Argentina y le pregunt cmo dirigirme a l, si como Monseor
o como Arzobispo de Buenos Aires o Cardenal, y el entonces Arzo-
bispo de Buenos Aires, actual Papa, me dijo: No me llame ni Monseor,
ni Arzobispo ni Cardenal; dgame Padre, porque esos tres cargos no
figuran en la Biblia.
Y cuando estaba pensando en referirme a Ral pensaba si dirigirme a l
como ministro de la Corte o como especialista destacadsimo a nivel in-
ternacional de derecho penal o como profesor emrito de la Universidad
de Buenos Aires o como Secretario de la Asociacin Latinoamericana de
Derecho Penal; y pens en denominarlo de otra manera, como Maestro,
porque el aporte de E. Ral Zaffaroni el que hizo, el que est haciendo, y
el que har, seguramente trasciende el derecho penal y la criminologa,
porque con su lucha, con su obra y con su ejemplo se ha convertido en una
de las referencias y guas ms importantes del progreso social argentino.
As que en primer lugar le dira: querido maestro E. Ral Zaffaroni, gracias
por darnos la oportunidad de participar en este encuentro.
Querida magistrada del Tribunal Superior Constitucional de Angola,
doa Luca Sebastio; querido rector de la Universidad de La Matanza,
que siempre nos da la posibilidad de utilizar estas instalaciones para el
327
Julio ALAK
Quiero compartir con todos los presentes algunos nmeros de este even-
to que son destacables, tanto en magnitud como en transcendencia. Du-
rante estos tres das de actividad se han desarrollado 13 mesas de diser-
tacin y discusin organizadas en cinco ejes temticos; quiero agradecer
especialmente a los 30 destacados juristas de la regin latinoamericana
que han hecho el esfuerzo de trasladarse hacia Argentina y a los recono-
cidos acadmicos de nuestro pas por haber comprometido, una vez ms,
su presencia; y me tomo otra licencia: quiero agradecer la presencia de
Elas Carranza, titular del ILANUD quien siempre, pese a tener la respon-
sabilidad de conducir ese rgano tan trascendente de Naciones Unidas,
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328
palabras de cierre
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
de hacerles llegar, a quienes representan a nuestro pas en ese encuentro,
las conclusiones de los temas que el Congreso de Ministros de Justicia en
Venezuela va a tratar y que se han tratado en esta reunin.
329
Julio ALAK
330
palabras de cierre
Ciencias Penales desde el Sur. Segundo Congreso Latinoamericano de Derecho Penal y Criminologa. Conferencias
y que tardamos 37 aos en que en la Plaza Lavalle se renan los civiles que
queran este logro, convocados por Leandro N. Alem y por Hiplito Yrigo-
yen y que hicieron la Revolucin del Parque, fueron 37 aos para
que se instalara el tema y a partir de entonces, otros casi 30 aos para que
en 1916 el pueblo argentino pudiera votar en forma democrtica, secreta
y universal con la Ley Senz Pea, pero solo lograda luego de haber tran-
sitado con su proslitos por el desierto de la incomprensin.
Cunto dur esa lucha que iniciaran Alicia Moreau y otras mujeres en
1920? Dur otros casi 30 aos para que, finalmente en 1949, Eva Pern
pudiera lograr el voto femenino en Argentina. Pero la consolidacin de-
mocrtica tampoco se logr ah, porque el poder econmico logr tam-
bin convencer a las Fuerzas Armadas que tenan que salir a derribar a los
gobiernos populares, a dar golpes de Estado o a revoluciones como
se deca antes, para terminar luego con la dictadura ms sangrienta que
masacr 30 mil argentinos desde 1976 a 1983.
331
Julio ALAK
Tuvieron que iniciarse los juicios de lesa humanidad para probar la cri-
minalidad de los autores de esa masacre, para que en Argentina ya defi-
nitivamente podamos tener democracia plena en la que voten todos en
forma secreta, tambin las mujeres y para que las dictaduras militares no
condicionen al pueblo. Pero igualmente sabemos que los condiciona-
mientos son ms sofisticados y el poder econmico promueve, en muchas
circunstancias, que a los gobiernos se los condicione desde la concentra-
cin meditica y estos son los nuevos desafos de estos momentos.
Quiero citar, por ltimo, ms all del inmenso valor de este encuentro, la
visin que los grupos econmicos tienen de cmo frenar a las mayoras
populares y evitar que las transformaciones sociales se puedan estable-
cer rpidamente. Me quiero referir tambin a un hecho lamentablemente
pintoresco en una reunin de jueces, empresarios de medios concentra-
dos de comunicacin de Latinoamrica y representantes de la Cmara de
Representantes de Estados Unidos, en una reunin celebrada en Miami,
cuando una representante de esa Cmara dijo claramente: Es importante
que empresarios de la comunicacin y jueces luchen para evitar el avan-
ce del populismo en Latinoamrica, ya que cuando el populismo logra
acceder al control de uno de los poderes, el Poder Ejecutivo, traten de
que no se construyan mayoras en el Poder Legislativo, y que cuando ese
movimiento popular logra una mayora en el Poder Legislativo, sea la jus-
ticia y los medios masivos de comunicacin quien puedan limitar a los
populismos.
Esta declaracin hecha pblica en mayo del ao 2012 creo que demuestra
por qu esa dialctica entre poder econmico y poder democrtico, esa
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332
Este libro con una tirada de 3000 ejemplares, se termin de imprimir en
los Talleres Grficos de la Cooperativa Campichuelo Ltda. en noviembre de 2014.