CONQUISTA CONTROL Y CONVICCIN: EL PAPEL DE LOS PARLAMENTOS INDGENAS
EN MXICO, EL CHACO Y NORTEAMRICA
POR
CARLOS LZARO AVILA
En este artculo se hace una evaluacin del papel que desempearon los conflictos fronterizos
en la toma de una serie de medidas para su resolucin y que desembocaron en la adopcin de un
mbito de consenso o diplomtico. Se parte del primer conflicto fronterizo americano, el norte de
Mxico, para ilustrar las aceleradas soluciones que se hubo de adoptar para solventarlo. Sin
embargo esas medidas tuvieron una honda repercusin en la metrpoli y se modificaron en fronteras
posteriores como el Chaco, a caballo entre la poltica austraca y la reformista borbnica. Por
ltimo, analizamos el caso de las posesiones espaolas de Norteamrica donde el pactismo se tuvo
que
aplicar bajo la gida directa del reformismo borbnico que afront all el difcil equilibrio de
preservar sus dominios territoriales a la vez que sus intereses comerciales en un contexto poltico
complejo.
Desde hace unos aos, la historiografa americanista especiazada en el
mundo fronterizo est empezando a reconsiderar el papel de aquel conjunto de
pueblos que no slo fueron capaces de obviar el poder colonial espaol, sino
tambin preservaron sus territorios y obligaron al sistema poltico-econmico
europeo a replantear sus directrices de dominacin. Aunque la mayora de los
deseos de ocupacin de las tierras ocupadas por tribus norteamericanas de las
riberas del Mississipi, los apaches y chichimecas del septentrin mexicano, el
abigarrado conjunto de bandas del Chaco, as como los mapuche y techuelches
de uno y otro lado de la cordillera andina ubicada en el cono sur americano, fueron objeto de
directrices geopolticas que convirtieron en estratgicos sus territorios en uno u otro momento de los
tres siglos de conquista y colonizacin, a este
variado conjunto de pueblos indgenas siempre se les ha atribuido un papel pasivo en la historia.
Desde los primeros escarceos con las bandas chichimecas en el
siglo XVI, estos grupos fronterizos se convirtieron en sujetos susceptibles de ser
perseguidos, esclavizados, deportados o eliminados fsica y culturalmente. La
nica relevancia que adquiran en la historiografa clsica de frontera era la de
figurar como meros saqueadores objeto de expediciones pacificadoras que, en
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verdad, escondan un ansiado afn de globalizacin en la esfera poltica y econmica de la colonia.
Hoy en da, conferimos a aquellas sociedades indgenas
fronterizas indmitas lase libres un papel ms activo en su propia historia y
en la del conjunto del continente americano. Durante casi tres siglos mantuvieron
con los hispanocriollos un pugna dialctica de guerra y paz cuyo aspecto ms
relevante fue la aparicin de una nueva forma de entendimiento, el parlamento.
Esta institucin poltica ya se hallaba presente en esencia tanto en las culturas
indgenas americanas como en la europea, pero en el mbito fronterizo americano
adquiri un nuevo papel, con reglas distintas aceptadas por ambos bandos, y cuya
expresin histrica se encuentra en los ms de doscientos tratados de paz que se
conservan en los archivos que, entre otros aspectos destacados, reflejan, aunque
muy matizado por la fuente de transmisin, un elemento muy preciado por los
investigadores americanistas: la palabra indgena. Dado que ya hemos tenido
ocasin de hacer un estudio global sobre el corpus diplomtico fronterizo americano y que en este
nmero se hace alusin al Cono Sur americano, nos referiremos a continuacin a cul fue la actitud
de la corona acerca de este tipo de indios
a partir de los aspectos ms llamativos de los tratados surgidos en el septentrin
mexicano, el Chaco y Norteamrica.
1. RAZONES PARA UN PARLAMENTO
A lo largo de los tres siglos de la colonia, cuando los hispanocriollos fueron
conscientes de la imposibilidad de conquistar o controlar a los indios fronterizos,
pese al empleo de la violencia ideolgica y prctica extrema centrados en la esclavitud y muerte de
un pueblo brbaro, se vieron obligados a poner en funcionamiento la prctica de los tratados. La
razn era evidente: el parlamento constituy el mejor medio para intentar controlar a unos grupos
indgenas irreductibles
en quienes se concentraban tres grandes problemas para la administracin colonial. El primero de
ellos era que su conocida animadversin a la colonia era un
foco poltico subersivo que constitua un potencial aliado de los enemigos de
Espaa en Amrica. En segundo lugar, estas regiones fronterizas libres agrupaban importantes
ncleos de poblacin que dejaban de ser clientes directos del
mercado colonial, y cuyas actividades de transaccin y contrabando quedaban
fuera del control fiscal colonial. Por ltimo, los territorios controlados por estos
grupos insurrectos no slo se convirtieron para los indgenas en un reducto cultural de resistencia
que ofreca refugio cultural y regioso del dogma cristiano y de
las formas culturales hispanocrioUas que impona la colonia, sino que tambin
abrieron sus puertas a todos aquellos elementos sociales rechazados por la sociedad estamental
hispanocrioUa (renegados, esclavos prfugos, maleantes y cautivos). En este sentido, para
contrarrestar esta compleja problemtica fronteriza
colonial, que inclua siempre, en mayor o menor grado, los tres problemas cita-
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LOS PARLAMENTOS INDGENAS EN MEXICO ^ 4 7
dos anteriormente, queremos sealar que no hubo una poltica uniforme hasta la
primera mitad del siglo XVII en que el famoso parlamento de Quilln (1641)
celebrado con los mapuche de la Araucana sent las bases de la tratadstica hispanocrioUa en
Amrica. Fue a partir de la celebracin de ese acuerdo, que, por
otra parte, constituye el nico documento diplomtico suscrito con unos indgenas que recoge J.A.
Abreu y Bertodano en su compilacin de tratados europeos^
cuando hemos empezado a detectar documentalmente la existencia de ms tratados en la Amrica
Hispana que renen, entre un conjunto de elementos novedosos, dos caractersticas que los
diferencian de acuerdos consensuados anteriormente: ya no se plantean desde una ptica local,
puesto que empieza a intervenir
ms la metrpoli, y se pretende convencer a los dscolos indgenas de que acepten el beneficioso
status de vasallo libre aliado de la corona espaola a la que
debe defender de todos sus enemigos. No obstante, este proceso diplomtico
encaminado a crear un mbito de consenso en la Amrica Hispana tuvo su propia
gnesis interna cuyo punto de partida es el pacto local que hace un jefe militar y
que finaliza con la intervencin de las ms altas autoridades coloniales en nombre de una corona
que refrenda en la metrpoli una manera de controlar aquellas
regiones ms dscolas de su imperio mediante un arma incruenta: la persuasin.
A continuacin, vamos a contemplar la casustica particular del norte de Mxico,
el Chaco y las posesiones de Norteamrica, donde podremos contemplar los diferentes desarrollos
del proceso diplomtico. Pero antes queremos hacer unas consideraciones generales previas que son
necesarias para comprender los contextos
que vamos a analizar.
Cuando en el primer siglo de ocupacin se iniciaba la etapa de consolidacin
de la colonia espaola, tanto en los antiguos imperios prehispnicos como en
aquellos territorios donde la poblacin sedentaria posibilitaba el establecimiento
de la encomienda, los espaoles tuvieron que hacer frente a un nuevo tipo de
conflicto en cuya resolucin el juego diplomtico desempe un papel crucial.
Este particular enfrentamiento se acota cronolgicamente entre la fecha de inicio
de la cruenta campaa del norte de Mxico, conocida como Guerra Chichimeca
(1550-1600), que marcara el inicio de una sucesiva aparicin de complejos conflictos en las zonas
limtrofes del imperio espaol en Amrica, y 1700, momento
en el que la dinasta real de los Borbones ocupa el trono vacante de Espaa, hecho que antecede a la
implantacin en Amrica del conjunto de reformas centralizadoras que se dictaban en Madrid. En
este caso, y al igual que ocurriera en la
etapa antillana, la diplomacia fronteriza fue seguida de la aparicin de una nueva
concepcin jurdica e ideolgica suscitada por el hecho crucial de que los hispanocrioUos tuvieron
que hacer frente a un tipo de aborgenes muy diferentes a los
que se englobaban en las estructuras virreinales: los indgenas fronterizos.
1 Jos Antonio ABREU Y BERTODANO, Coleccin de los tratados de paz, alianza, neutralidad
en elReynado del S.Rey D. Phelipe IV. 12 vols. Madrid, 1746. Volumen IV: p. 416.
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La mayora de las sociedades fronterizas con las que se enfrentaron los espa-
oles no disponan de ejrcitos tan numerosos y disciplinados como los mexica e
inca. Adems, gran parte de ellas se caracterizaban porque su poder poltico no
era coercitivo y estaba atomizado; estos grupos se estructuraban en bandas y
tribus nmadas o seminmadas que se dedicaban a la caza y recoleccin, aunque
tambin hubo algunas que practicaban la agricultura itinerante y la horticultura.
En este sentido, el proceso de negociacin no slo estuvo dificultado por el inicial choque blico en
el que se vieron envueltos ambos bandos, fuente de odios y
recelos imperecederos que afectaran a los tratados acordados, sino tambin por
el hecho de que la fragmentacin poKtica de estas bandas, tribus y cacicazgos
indgenas fronterizos dio lugar al establecimiento de mltiples acuerdos cuya
perdurabilidad dependa de los cambiantes intereses locales de los indgenas e
hispanocrioUos. Pese a ello, esta serie de pueblos a los que los europeos tambin
quisieron englobar en sus dominios resultaron ser hbiles combatientes; sus ataques asolaron
caminos reales, estancias y grandes ncleos de poblacin colonial,
desapareciendo sin dejar huellas que guiaran a las expediciones punitivas que
iban en su busca. En un estudio anterior^, hemos tenido ocasin de analizar comparativamente a
sociedades indgenas americanas que comparten esas caractersticas y que, adems, son los
principales protagonistas de los tratados fronterizos
que analizamos a continuacin: araucanos (centro-sur de Chile), chichimecas
(septentrin de Mxico),^ chaqueos y chiriguanos (sureste del virreinato del
Per) y pampas (Argentina). En nuestro estudio hicimos hincapi en varios hechos relevantes que
tambin se convirtieron en comn denominador de estas
culturas: a) intentaron ser asimiladas o mantuvieron enfrentamientos blicos y, en
consecuencia, hicieron pactos con entidades imperiales o estatales prehispnicas'*,
b) esas entidades transmitieron una imagen subjetiva que se refleja en los apelativos despectivos
chichimecas^ chiriguanos, guaycures que asimil la sociedad hispanocrioUa, y c) la mayora de
estas comunidades incorporaron paulatinamente numerosos elementos de la cultura espaola
^principalmente ganadera
vacuna y lanar, caballos y armas utilizndolos exitosamente en su resistencia
frente al avance de los europeos. Adems, en ese trabajo resaltamos que este
proceso de aculturacin selectiva favoreci un proceso de etnognesis que desemboc en la
aparicin de unas sociedades aborgenes cuyas bases sociopoKticas, econmicas y culturales eran
muy diferentes a las de la poca prehispnica,
influyendo determinantemente en el proceso pactista^.
2 Carlos LZARO VILA Las fronteras de Amrica y los Flandes Indianos. Consejo Superior
de Investigaciones Cientficas. Madrid, 1997.
3 LZARO [2] 44-50.
4 LZARO [2] cap.2;p. 99-107.
5 Para el caso araucano ver Carlos LZARO VILA La transformacin sociopoltica de los
araucanos (Siglo XVII), Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 1995 y
Guillaume BOCCARA, Des Reche aux Mapuche: analyse d^un processus d^ethnogense (Change-
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A medida que se consolidaba la colonia en el Nuevo Mundo, la administracin hispana, dentro de la
nueva geopoKtica colonial que se iba configurando a
partir de la segunda mitad del siglo XVI, iba tomando conciencia tanto de los
puntos dbiles de sus posesiones como de las nuevas atracciones estratgicas y
econmicas que emanaban de los territorios habitados por estas sociedades tan
peculiares. Los yacimientos argentferos del norte de Mxico, las importantes
cabanas ganaderas que poblaban el Tucumn que abastecan la infi'aestructura
de la minera de Potos y el control del estrecho de Magallanes, llave de acceso
al Pacfico, se convirtieron en objetivos de primer orden, tanto para los intereses
de la poltica exterior de la Corona, como para la poltica de actuacin local de la
administracin colonial americana. Los intentos de controlar estos estratgicos
territorios provocaron largas y sangrientas guerras donde se emplearon numerosos recursos
humanos y econmicos. La importancia y gravedad de este tipo de
luchas lleg a ser tan relevante que, en el caso concreto de Chile, el jesuta Diego
de Rosales llegara a comparar la lucha contra los araucanos con las guerras que
mantena la casa de Austria con las provincias septentrionales de los Pases Bajos, y lo denomin
como el Flandes Indiano, Estos conflictos fronterizos se convirtieron paulatinamente en los
onerosos y sangrientos Flandes de la Corona
espaola en Amrica y, al igual que ocurri en Europa, los espaoles se vieron
obligados a llegar a un acuerdo diplomtico con ellos.
2. E L SEPTENTRIN NOVOfflSPANO: LA CONFORMACIN DE LOS FACTORES DEL
CONSENSO.
La Guerra Chichimeca del norte de Mxico (1550-1600) ie el primero de los
conflictos fi"onterizos al que los espaoles tuvieron que hacer fi-ente en Amrica.
El descubrimiento de minas de plata en las inhspitas montaas de Zacatecas dio
lugar al desplazamiento de un considerable nmero de hispanocrioUos e indgenas deseosos de
mejorar su situacin socioeconmica. Desde que se puso en
marcha la extraccin del mineral y adquirieron regularidad los envos de plata a
la capital del virreinato novohispano, la administracin pretendi mantener un
ritmo continuado de la explotacin con el fin de satisfacer las exhaustas arcas de
la metrpoli empeadas por los sucesivos conflictos europeos. Al principio, las
dispersas comunidades chichimecas que habitaban el septentrin mexicano, que
nunca haban sido dominadas por el Imperio Azteca, aceptaron la presencia de
colonos y mineros. Pero en el momento en que los convoyes de suministros procedentes de Mxico
comenzaron a aumentar su regularidad y que a sus peticiones
de alimentos se les aadieron los numerosos abusos que se cometieron contra los
ments et continuits chez les Indiens du centre-Sud du Chili durant Vpoque coloniale,
XVImeXVnime sicle). Tesis Doctoral. EHESS. Pars, 1996.
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poblados indgenas, les obligaron a declarar la guerra abierta a los recin llegados. Los
hispanocrioUos respondieron rpidamente a los ataques indgenas, sumiendo a la frontera norte de
Mxico en una guerra cruenta que se prolongara
durante medio siglo.
El primer choque fronterizo hispano-indgena de Amrica ha sido ampliamente estudiado por
Philipp W. Powell en su libro, ya clsico, de La Guerra
Chichimeca (1550-1600). Este autor ha comentado que en el problema chichimeca los espaoles
utilizaron la fuerza militar de una manera expeditiva pero descoordinada, combinndola con una
medida que contribuy enormemente a la dilatacin y recrudecimiento de la guerra: la esclavitud de
los indgenas capturados
en la contienda. Cul fue el origen de esta medida? Podemos responder diciendo
que la conversin en esclavos de los indgenas insumisos respondi a la necesidad local de ofrecer
un aliciente a las tropas que se quisieran enganchar en las
expediciones punitivas. El conjunto de bandas nmadas que agrupaba el trmino
chichimeca tenan una escasa cultura material carente de objetos de valor y los
jefes de las expediciones tuvieron que recurrir a la esclavitud indgena para distraer hombres de las
imaginarias fortunas que podan proporcionar los focos mineros. Pero fueron tambin los
hacendados, as como los religiosos franciscanos
y agustinos, los que propugnaban que se hiciera una guerra sin cuartel a los chichimecas y se les
convirtiera en esclavos.
Adems, como ha sealado Powell, a las continuas demandas que hicieron
los hacendados para que se pusiera freno a los ataques chichimecas pronto se le
unieron las voces de destacados dirigentes de las iglesia novohispana que, basndose en las
atrocidades de los indgenas, apoyaban la guerra justa y su conversin
a la esclavitud^ y argumentaban que era necesario enviarlos a las minas para preservar a los
indgenas sedentarios del sur de estos trabajos tan penosos. Pese a
todo, la guerra a sangre y fuego como fue conocida en Mxico la combinacin
militar y esclavista no lograba acabar con las numerosas incursiones que los
indgenas realizaban contra los asentamientos hispanocrioUos. La dura respuesta
de la administracin colonial acendr los nimos de resistencia de los chichimecas; al mismo
tiempo, en el seno de estas bandas nmadas se produca una evolucin sociocultural como
consecuencia del proceso de contacto con los espaoles
e indgenas hispanizados que trajo consigo una transformacin en la direccin
poltica y una mejora en el campo blico. Los cambios operados entre los chichimecas dieron lugar
a un recrudecimiento de la guerra que fue contestado por
los espaoles con el refuerzo de su poltica blico-esclavista^.
Las protestas de los frailes dominicos y los escasos partidarios de aplicar una
lnea pacfica y comprensiva con los chichimecas fueron ganando adeptos en la
corte. Buena prueba de ello es que, en los ltimos aos del siglo XVI, durante los
6 Philipp W. POWELL La Guerra Chichimeca (1550-1600), FCE. Mxico, 1994, pp. 103 y ss.
7 LZARO [2] pp. 55 y ss.
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LOS PARLAMENTOS INDGENAS EN MEXICO ^ 5 j
gobiernos de los virreyes Alvaro Manrique de Ziga, Marqus de Villamanrique
(1585-1590) y Luis de Velasco, (1590-1595) se produjeron cambios que alteraron notablemente el
rumbo de este conflicto. Por un lado, el contingente militar
preparado contra los chichimecas se hizo ms efectivo con la incorporacin de
voluntarios militares y civiles tlaxcaltecas. Estas agrupaciones indgenas procedan del valle de
Mxico y, adems de servir como tropas auxiliares a los espa-
oles, se les asent en pueblos junto a la lnea de presidios que se iban estableciendo en los puntos
clave de la frontera como ejemplo a imitar por parte de los
chichimecas pacificados. Ms tarde, los auxiliares indgenas tlaxcaltecas recibieron la ayuda de un
grupo indgena local, los otomes, conformando de una manera muy temprana una de las unidades
bsicas unin de grupos indgenas for-
neos y locales en el bando espaol que participar tanto en la lucha como en la
posterior negociacin de los tratados de paz con los indios fronterizos. En realidad, los otomes se
convirtieron en el verdadero antecedente americano de la
figura fronteriza de los indios amigos que desempearn un papel muy destacado
en la frontera de la Araucana.
Junto a este frente militar hay que destacar la activa intervencin de franciscanos y jesutas estos
ltimos, de manera ms tarda que, ayudados por la
poltica conciliatoria establecida por los virreyes Villamanrique y Velasco, fundaron una serie de
misiones protegidas por presidios mitares a las que se pretenda atraer a los nmadas chichimecas
a cambio del reparto de ropas y alimentos. Segn Powell, la documentacin habla de acuerdos
pacficos o tratados con
los indgenas, pero no nos han legado constancia de ellos. As pues, es ms patente para el fin de la
guerra el efecto de una poltica de ddivas que, por otro
lado, ya se haba puesto en prctica en aos anteriores, a la que se sumaron los
efectos de la terrible mortalidad que asolaba a los chichimecas como consecuencia de la transmisin
de enfermedades de origen europeo.
Las consecuencias de este doble frente miUtar y reUgioso dio lugar a que numerosos grupos
chichimecas abandonaran las armas y comenzaran a establecerse
junto a las misiones, donde aprendieron la agricultura y empezaron a ser catequizados. A principio
del siglo XVII, la calma volvi a reinar momentneamente en
la regin. En realidad, los espaoles haban conseguido garantizar la extraccin
regular del mineral y su transporte a Mxico a costa de que los indgenas ms
irreductibles fueran expulsados a territorios situados ms al norte, pero ello no
impidi la existencia de un cierto clima de inseguridad que an perdurara durmite mucho tiempo.
Esta situacin ha sido calificada por W. Borah como de paz
precaria^, y refleja el hecho de que la administracin espaola, pese a un acuerdo
pacfico inicial, no supo aportar una respuesta adecuada para solventar los graves
8 W. BORAH, La defensa fronteriza durante la gran rebelin tepehuana, Historia Mexicana,
vol. XVI. nl. Mxico, 1966, p.l5.
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problemas que les haban proporcionado unas bandas nmadas despus de su
exitosa conquista del Imperio Azteca.
Pese a la posible existencia de acuerdos verbales entre los oficiales de la
hueste hispanocrioUa y los indgenas, el episodio de la Guerra Chichimeca, pese
a las referencias dadas, parece que se solucion sin dar lugar a la suscripcin de
un tratado escrito, pero lo que nos interesa destacar ahora es que el primer ejemplo de guerra
fronteriza aport una serie de factores que antecederan a la creacin de un medio de relacin por
encima de la violencia y que guiaran los posteriores procesos diplomticos. El primero de ellos se
refiere a la duadad militarreUgiosa empleada para tratar de solucionar los posteriores conictos
fronterizos;
en ella empezarn a jugar un destacado papel los aliados indgenas locales o indios amigos, que se
convertirn en los primeros interlocutores o intrpretes del
dilogo que surgir entre los dos mundos. En segundo lugar la importancia que
tiene el hecho de que ambas culturas acepten las existencia de un mbito de discusin donde tratar
sus diferencias, el mejor ejemplo que disponemos es la convocatoria de una reunin poltica
hispano-indgena ocurrida en 1616 durante la
rebelin tepehuana; se trata de una Junta de capitanes chichimecas organizada
por los espaoles para evitar cualquier tipo de ayuda por parte de los asentamientos sureos hacia
los rebeldes tepehuanes. En esta reunin los dirigentes
chichimecas, tras prometer fidelidad al gobernador, recibieron numerosos regalos
(ropa, tejidos y alimentos). Este hecho se convirti en el precedente directo de los
institucionazados donativos entregados a los dirigentes indgenas de otros territorios americanos
despus de los tratados de paz, y que ante la falta de reciprocidad por parte de los indgenas, fueron
considerados por algunos colonos y funcionarios locales como los onerosos tributos que tenan que
pagar los espaoles
para que los aborgenes se mantuvieran en paz.
La implantacin de un sistema diplomtico con los indgenas rebeldes debi
de ser lo suficientemente significativo como para que a fines del siglo XVI apareciese, de la mano
del capitn Bernardo Vargas Machuca, una recomendacin
formal sobre cmo haba de llevarse a cabo y qu objetivos haba de contener un
tratado de paz con los indgenas. En su obra Milicia y descripcin de las Indias
(1599)^, este militar adverta que los dirigentes siempre deben buscar la paz con
los indgenas para poder predicar el Evangelio y garantizar el vasallaje, obediencia y tributo del
aborigen hacia el rey. Vargas Machuca haca constar que el ind-
gena debe tener un exacto conocimiento de los contenidos de la paz advirtindoles las calidades y
condiciones de ellas pero no deja de ocultar la parte interesada del contrato: el oficial o caudillo
que la lleve a cabo debe perseguir la
debilidad del enemigo y evitar su alianza con otra nacin. Adems, este capitn
adverta a los encargados de llevar a cabo los tratados que deban conocer las
caractersticas de los indgenas con los que se iba concertar el acuerdo, haciendo
Bernardo de VARGAS MACHUCA, Milicia y descripcin de las Indias, Madrid, [1599], 1892.
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especial hincapi en aquellos que hubieran violado pactos anteriores, para quienes recomendaba una
ampHa demora a la hora de admitir sus peticiones pacficas. Finalmente, expresaba cules eran los
puntos cruciales que deba contener
todo tratado de paz; dada su relevancia enumeramos los ms importantes:
r - La paz se asentar por escrito, siendo autentificada mediante un escribano y testigos.
2- Los caciques y principales, en su calidad de representantes del resto de
su comunidad, dan la paz, obediencia y vasallaje al rey, comprometindose a respetarla para con el
resto de sus subditos y aliados indgenas.
3- No tomarn las armas contra los espaoles ni abandonarn sus asentamientos.
4- En caso de infringir el acuerdo, los principales inculpados sern los caciques, y aquellos
dirigentes que conocieran los motivos de la alteracin y
no lo comunicaran seran desposedos de sus cargos.
5- Los indgenas estn obligados a acudir a todos los llamamientos de la
justicia.
6- Como garanta del acuerdo se les exigir a los caciques y principales que
entreguen a sus hijos en calidad de rehenes.
Vargas Machuca especifica que la formalizacin del acuerdo lo llevar a cabo
el oficial espaol abrazando a todos los caciques al tiempo que se hace una salva
de armas de fuego como expresin de alegra; despus, se invitara a los caciques
indgenas a un convite que culminara con la entrega de presentes de cosas de
rescates que ellos estimen^^. Como se puede apreciar los trminos estipulados por
el capitn espaol bien pueden incluirse dentro del concepto de capitulaciones
porque, exceptuando el compromiso que Vargas Machuca expresa respecto a que
los representantes espaoles deben garantizar a los indgenas que el rey les protegera y defendera
de sus enemigos, el resto eran claras obUgaciones que deban
cumplir los aborgenes. Cabe sealar que no hay mencin expresa de una alianza
militar hispano-indgena y tampoco se alude a la condicin jurdica en la que
quedaran los indios, aunque s se expresa claramente la entrega de rehenes. stos
no slo constituyen una garanta del acuerdo, sino que, una vez aculturados, serviran para cimentar
las bases del poder espaol entre las comunidades sometidas. Las razones por las que consideramos
que no hay mencin explcita tanto a
la situacin jurdica como a la ayuda militar mutua obedece al hecho de que Vargas Machuca estima
que los trminos de este tratado conllevan, impKcitamente,
la total subyugacin de los indgenas al poder espaol. La experiencia posterior
demostrara que estas dos cuestiones tuvieron que inscribirse claramente en los
10 dem, pp. 11-13.
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trminos de los tratados o capitulaciones suscritos con los indgenas a consecuencia de la falta del
sometimiento de stos al dominio espaol; adems, los
tiispanocroUos tambin comprobaron reiteradamente que las promesas de paz
que los caciques daban en nombre de sus subditos no se correspondan con la
existencia de un poder coercitivo que garantizara su perdurabilidad.