Date tiempo!
Mircoles, 15/Abr/2015 Ignacio Snchez Cmara ABC
El estado espiritual de nuestro tiempo, si es que puede hablarse de tal cosa, dificulta
enormemente las posibilidades del silencio y la lentitud. Y, con ellas, las del pensamiento y la
vida del espritu. Wittgenstein dijo que en la carrera de la filosofa gana el que consigue correr
ms despacio. Nada es tan ajeno a la filosofa como la precipitacin y la prisa. Por eso el
filsofo viens deca que el saludo entre filsofos debera ser date tiempo!
La filosofa, es decir, la autntica filosofa, no los prescindibles sucedneos al uso, es
esencialmente ajena al espritu progresista dominante, no propio del Occidente sino de la
suplantacin vergonzante de su genuino espritu. Ese que se nutre de lo que no es l, pero que
ha acertado a asimilar durante siglos como su tradicin y vocacin: la religin cristiana, la
filosofa griega y el derecho romano (valgan los pleonasmos).
Wittgenstein redact un prlogo para sus Investigaciones filosficas que no lleg a publicar. En
l puede leerse lo siguiente, que quiz exprese lo que yo querra expresar:
Este libro ha sido escrito para quienes se acercan amistosamente al espritu con el que fue
escrito. Creo que este espritu es distinto al de la gran corriente de la civilizacin europea y
americana. El espritu de esta civilizacin, cuya expresin es la industria, la arquitectura, la
msica, el fascismo y el socialismo de nuestra poca, es ajeno y antiptico al autor
Me es indiferente que el cientfico occidental tpico me comprenda o me valore, ya que no
comprende el espritu con el que escribo. Nuestra civilizacin se caracteriza por la palabra
progreso. El progreso es su forma, no una de sus cualidades, el progresar. Es tpicamente
constructiva. Su actividad estriba en construir un producto cada vez ms complicado. Y aun la
claridad est al servicio de este fin; no es un fin en s. Para m, por el contrario, la claridad, la
transparencia, es un fin en s.
No hay verdad que no sea clara, transparente. Pero la claridad no es fcil sino, por el contrario,
lo ms exigente. No hay que hablar para todos, sino slo para los que pueden entender. A los
dems hay que dirigirles hacia otras metas. Lo que entienden unos pocos, slo lo entienden
esos pocos. No tiene sentido decrselo a los dems. Es ms decoroso poner a la puerta un
cerrojo que slo llame la atencin a quienes pueden abrirlo y no a los dems. Todo decir
distingue entre quienes lo entienden y quienes no lo entienden. En realidad, no se trata de
llegar a un lugar distinto a aquel en el que ya estamos. Y a quien no est, es muy difcil llevarlo
all.
La Universidad resulta cada vez ms amiga de la utilidad que del pensamiento, de la prctica
que de la teora. Ortega y Gasset pens escribir un ensayo sobre Marta y Mara, las hermanas
de Lzaro en el relato evanglico, es decir, sobre la accin y la contemplacin. La Universidad
quiso ser, y lo fue en sus horas mejores, un mbito para la contemplacin, esto es, para Mara.
Para escuchar y, menos, para hablar. Hoy esto resulta extraamente difcil. Pero al negar la
posibilidad de Mara, tambin se impide la de Marta. Ni Marta ni Mara. Hoy viven los
universitarios una absurda carrera que no tiene ms meta que la acreditacin y la promocin.
Todo es frivolidad y prisa. No tienen ellos la culpa. Y se olvida que gana la carrera quien corre
ms lentamente. Es la maldicin del yuppie universitario, hermano fallido del broker.
Aborrecemos tanto la meditacin y el sosiego que prostituimos la Universidad y vaciamos los
monasterios.
Y cada vez es ms difcil encontrar en ella un pensamiento. Heidegger enseaba a sus
discpulos a distinguir entre el objeto erudito y la cosa pensada. A favor de lo segundo,
aclaremos por si acaso. Hoy apenas es posible discernir entre ambos porque la cosa pensada se
ha ausentado. No habita, al menos, segn Wittgenstein, en la mayora de las pginas del
periodismo filosfico y de las revistas especializadas (incluidas las indexadas, aadira con
perdn).
Popper deca que un intelectual es alguien que lee con un lpiz en la mano. Pero nadie lee hoy;
si acaso, desliza sus pupilas sobre la superficial superficie del computador. Y quin recuerda lo
que era un lpiz?
Pocos de los grandes filsofos podran acreditarse en la Universidad actual. Pongamos
Scrates, que no escribi nada pero ense mucho. Por no hablar de las estancias de Kant en
el extranjero. O de los aparentes devaneos literarios de Nietzsche. Por cierto, cuando ms
viajan los universitarios, ms provinciana y aldeana resulta la Universidad. Cosas de la aldea
global.
Sin embargo, lo que queda hoy de la Universidad es lo que permanece en ella de lo sagrado
perdido. La Universidad, si acaso sobrevive en su desplome, es un templo. Siempre lo ha sido.
En mayo de 1976 pronunciaba Claudio Snchez Albornoz estas palabras ante los alumnos en el
homenaje que le tribut la Facultad de Filosofa y Letras de la Universidad Complutense:
Vis a decir que soy un reaccionario, pero para m la Universidad es sagrada. Gritad lo que
queris, alborotad, defended vuestros intereses, pero fuera de la Universidad; la Universidad es
un templo.
Esperemos que un templo no definitivamente profanado y devastado, tierra balda. Y, por
cierto, en un sentido profundo, inusual y verdadero, toda Universidad es cristiana. Aunque hoy
apenas perviva algo ms que el viejo ritual, anacrnicos retazos de algo que un tiempo atrs
tuvo pleno sentido. Vestigios de un antiguo naufragio. La idea de una Universidad cristiana es
un pleonasmo.
La Universidad es una comunidad de maestros y discpulos. Lo dems es formacin profesional
superior. Incluso habra que revisar esa idea de comunidad. Wittgenstein deca que el filsofo
no es miembro de ninguna comunidad, y que l, en ningn caso, aspiraba a tener discpulos. En
esto se parece ms bien al solitario hroe americano, tal como lo describen los autores del
excelente ensayo tocquevilliano Hbitos del corazn. El verdadero hroe, el que salva a la
comunidad del mal, suele ser alguien ms bien poco comunitario, un sujeto extraviado y
marginal, que vive o ha vivido en el lmite de la legalidad y la normalidad. Acaso es compatible
el herosmo con la normalidad? Es una paradoja que ilustran la novela negra y el cine del
Oeste. Digamos, Hammett y Ford.
No hay que tener prisa. Los molinos de los dioses, segn Homero, muelen despacio. Dmonos
el saludo de los filsofos (aunque no lo seamos; desconfiemos de quien se declara filsofo,
pues no es ese un ttulo que alguien pueda otorgarse a s mismo): Date tiempo! Al fin y al
cabo, estamos invitados a la eternidad. Como afirm Hegel, la lechuza de Minerva levanta el
vuelo a la hora del crepsculo. La sabidura no es fruto de juventud, sino que espera, en el
mejor de los casos, en la ltima vuelta del camino de la vida. Siempre hay tiempo. Date
tiempo!
Ignacio Snchez Cmara, catedrtico de Filosofa del Derecho.