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Marxismo y Religión: Un Análisis

Este documento resume las principales ideas del materialismo filosófico y científico sobre la religión y la vida después de la muerte. Argumenta que la ciencia ha demostrado la evolución de la vida y el universo sin intervención sobrenatural, y que la mente y el alma son productos de la materia orgánica. Sostiene que la muerte es parte integral de la vida y que no hay evidencia de vida después de la muerte, por lo que la humanidad debería enfocarse en mejorar esta vida en lugar de creer en ilusiones.
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Marxismo y Religión: Un Análisis

Este documento resume las principales ideas del materialismo filosófico y científico sobre la religión y la vida después de la muerte. Argumenta que la ciencia ha demostrado la evolución de la vida y el universo sin intervención sobrenatural, y que la mente y el alma son productos de la materia orgánica. Sostiene que la muerte es parte integral de la vida y que no hay evidencia de vida después de la muerte, por lo que la humanidad debería enfocarse en mejorar esta vida en lugar de creer en ilusiones.
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ALAN WOODS

EL MARXISMO
Y LA RELIGIN

Biblioteca Virtual
OMEGALFA
2010

El materialismo filosfico y la ciencia

Los marxistas se basan en el materialismo filosfico que niega la exis-


tencia de cualquier ente sobrenatural o de algo externo a la naturaleza.
Hoy la propia naturaleza nos proporciona sus propias explicaciones
sobre el origen de la vida y el universo.
La ciencia ha demostrado que la humanidad ha evolucionado, como el
resto de las especies, a lo largo de millones de aos y que la propia
vida evolucion a partir de la materia inorgnica. No puede existir el
cerebro sin un sistema nervioso central, y no puede existir un sistema
nervioso central sin un cuerpo material, sangre, huesos, msculos, etc.
Al mismo tiempo, hay que mantener el cuerpo con comida que tam-
bin procede de un entorno material. Los ltimos descubrimientos ge-
nticos conseguidos por el proyecto genoma humano han aportado la
prueba indiscutible de la visin materialista.
La revelacin de la larga y compleja historia del genoma, durante tanto
tiempo oculta, ha provocado discusiones sobre la naturaleza de la hu-
manidad y el proceso de creacin. Resulta increble que en los inicios
del siglo XXI las ideas de Darwin todava sean desafiadas por el lla-
mado movimiento creacionista en EEUU el cual pretende que los esco-
lares estadounidenses piensen que Dios cre el mundo en seis das, al
hombre del polvo y a la primera mujer a partir de una de sus costillas.
Los ltimos descubrimientos finalmente han demostrado lo absurdo
que es el creacionismo. Han terminado con la idea de que las especies
fueron creadas por separado y el hombre, con su alma eterna, fue crea-
do especialmente para cantar alabanzas al Seor. Ahora es evidente
que los humanos no son creaciones nicas. Los resultados del proyecto
genoma humano demuestran de una forma concluyente que comparti-
mos los genes con otras especies y estos genes tan antiguos son los que
nos han ayudado a ser lo que somos. Los humanos compartimos genes
con otras especies que se remontan a las nebulosas del tiempo.
En realidad, una pequea parte de esta herencia gentica comn se

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puede remontar a organismos tan primitivos como la bacteria. En mu-
chos casos, los humanos tienen exactamente los mismos genes que las
ratas, ratones, gatos, perros e incluso la mosca del vinagre. Los cient-
ficos han encontrado que los humanos compartimos aproximadamente
200 genes con la bacteria. De esta forma se ha llegado a la prueba final
de la evolucin. Y sin la necesidad de intervencin divina.

Vida despus de la muerte?


A pesar de todo el avance cientfico por qu la religin todava se
encuentra tan arraigada en la mente de millones de personas? La reli-
gin ofrece a los hombres y mujeres el consuelo de una vida despus
de la muerte. El materialismo filosfico niega esta posibilidad. La
mente, las ideas y el alma son el producto de la materia organizada de
una forma concreta. La vida orgnica surge en determinado momento de
la vida inorgnica, e igualmente, las formas simples de vida -bacteria,
organismos unicelulares, etc.-, evolucionan hacia formas ms comple-
jas con una columna vertebral, un sistema nervioso central y un cere-
bro.
El deseo de vivir para siempre es tan antiguo como la propia civiliza-
cin probablemente ms antiguo. Hay algo en nuestro ser que se
resiste a la idea de que yo algn da dejar de existir. Y ciertamente,
renunciar para siempre a este maravilloso mundo, a las flores, la luz
del sol, el viento en la cara, el sonido del agua, la compaa de los se-
res queridos -entrar en un reino infinito de la nada es duro e incom-
prensible. Los humanos buscaban una comunin imaginaria con un
mundo espiritual no material donde -pensaban una parte de ellos vivi-
ra para siempre. Este fue uno de los mensajes ms fuertes y duraderos
de la cristiandad: puedo vivir despus de la muerte.
El problema es que la vida que la mayora de hombres y mujeres viven
en la sociedad actual es tan dura, insoportable o carente de sentido, que
la idea de una vida despus de la muerte a veces es la nica forma de
dar algn significado a la propia existencia. Volveremos ms tarde a
esta cuestin tan importante. Pero mientras, analicemos el significado
exacto de la existencia de la vida despus de la muerte.
Se trata de un problema antiguo del que se ocup entre otros el filsofo

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neoplatonista griego Plotino que sealaba lo siguiente sobre la inmor-
talidad: sta es inexplicable, si dices algo de ella la conviertes en par-
ticular. Esta misma idea se puede encontrar en los escritos indios re-
lacionados con el alma. Para los filsofos y telogos el alma es solo
una noche en la que todas las vacas son negras, como deca Hegel. Y
en la vida cotidiana las personas hablan con confianza del alma y la
vida despus de la muerte.
Se supone que el alma es inmaterial. Pero, existe vida sin materia? La
destruccin del cuerpo fsico significa el final del ser individual. Los
billones de tomos individuales que forman nuestro cuerpo no desapa-
recen, sino que reaparecen formando combinaciones diferentes. En ese
sentido todos somos inmortales, porque la materia no se puede crear ni
destruir. Es verdad que existen espiritualistas que insisten en que oyen
voces aunque no haya presencia de seres fsicos. La respuesta es bas-
tante sencilla: si hay voz, debe haber cuerdas vocales si no no podra
existir la voz. No se puede separar ninguna de las manifestaciones
de nuestra actividad viviente del cuerpo material.
La idea comn de la vida despus de la muerte es ms o menos una
continuacin de la vida que llevamos sobre la tierra (ya que no cono-
cemos otra). Despus el alma abandona el cuerpo y al parecer despier-
ta en una tierra maravillosa donde milagrosamente nos unimos a
nuestros seres queridos, para una vida de goce eterno en la cual la en-
fermedad y la vejez desparecern. Basta con hacer la pregunta de una
forma concreta para ver que es imposible. Si consideramos todas las
cosas que hacen que merezca la pena vivir: buena comida, buen vino
(para los ingleses una buena taza de t cargado), cantar, bailar, abrazos,
hacer el amor, etc., rpidamente ser evidente que todas estas activida-
des van inseparablemente unidas al cuerpo y sus atributos fsicos. Los
pasatiempos ms cerebrales como hablar, leer, escribir y pensar estn
igualmente unidos a nuestros rganos corporales. Lo mismo ocurre con
la respiracin o cualquier otra actividad de lo que se llama vida.
Una existencia que carezca de todo sufrimiento y dolor sera intolera-
ble para los seres humanos. Un mundo donde todo es blanco sera igual
a un mundo en el que todo es negro. Desde un punto de vista estricta-
mente mdico el dolor tiene una funcin importante. No slo es un
mal, tambin es un aviso de que algo funciona mal en nuestro orga-

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nismo. El dolor es parte de la condicin humana. No slo eso: el dolor
y el placer estn dialcticamente relacionados. El placer no podra
existir sin el dolor. Don Quijote explicaba a Sancho Panza que la me-
jor salsa era el hambre. De la misma forma que descansamos mejor
despus de un perodo de intenso esfuerzo.

La muerte es una parte integral de la vida.


La vida es inconcebible sin la muerte. Comenzamos a morir en el
mismo momento en que nacemos, porque la vida es al mismo tiempo
la muerte de billones de clulas y su sustitucin por otros millones de
clulas nuevas, este proceso es el que constituye la vida y el desarrollo
humano. Sin la muerte no puede existir la vida, el crecimiento, el cam-
bio o el desarrollo. Al intentar separar la muerte de la vida como si
las dos cosas pudieran estar separadas se llega a un estado de abso-
luta inmutabilidad, inalterabilidad y a un equilibrio esttico. Este es
slo otro sinnimo de la muerte. No puede existir vida sin cambio o
movimiento.
Qu hay de malo en creer en otra vida? Podra parecer que no dema-
siado. Pero por qu maleducar a hombres y mujeres animndoles a
construir su vida alrededor de una ilusin? En la medida que apartamos
las ilusiones, vemos el mundo como es en realidad y como somos
realmente nosotros, entonces podemos adquirir el conocimiento nece-
sario para cambiar el mundo y a nosotros mismos.
Lo que somos como individuos est ntimamente relacionado con
nuestros cuerpos materiales y no con una existencia separada. Nace-
mos, vivimos y morimos, como los dems organismos vivientes del
universo. Cada generacin debe vivir su vida y preparar el camino para
las nuevas generaciones que estn destinadas a ocupar nuestro lugar.
La aspiracin a la inmortalidad, el derecho imaginario a vivir para
siempre, es egosta y poco realista. En lugar de malgastar el tiempo
intentando alcanzar otro mundo no existente, es necesario esforzarse
por hacer que este mundo sea un lugar mejor para vivir. Para la gran
mayora de hombres y mujeres que han nacido en este mundo la pre-
gunta ms correcta no es hay vida despus de la muerte? sino hay
vida antes de la muerte?

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Saber que esta vida es fugaz, que nosotros y nuestros seres queridos no
vamos a estar aqu para siempre, lejos de provocar consternacin, de-
bera inspirarnos un amor apasionado por la vida y un ardiente deseo
de hacer todo lo mejor que podamos. Sabemos que una flor nace slo
para marchitarse, y en cierto sentido, esta transicin de la floracin es
lo que da la flor una belleza trgica. Pero tambin sabemos que cada
primavera la naturaleza florece de nuevo, que el eterno ciclo de naci-
miento y muerte es la esencia de todas las cosas vivientes y da a la vida
su sabor agridulce, la comedia y la tragedia, la risa y las lgrimas, que
convierten a la vida en un rico mosaico de sensaciones. Este es nuestro
destino inexcusable como seres humanos. Somos humanos y no dioses,
y por lo tanto debemos aceptar nuestra condicin humana. Sobre los
dioses tenemos la desventaja de ser mortales. Pero tambin tenemos
una gran ventaja sobre ellos, nosotros existimos en carne y hueso,
mientras que ellos son un simple producto de la imaginacin.

Una conclusin pesimista?


El materialismo como filosofa tiene una larga y honorable historia.
Los primeros filsofos jnicos griegos eran todos materialistas. Segn
cuenta Platn, Anaxgoras -uno de los ms destacados y tutor de Peri-
cles fue acusado de atesmo. Protgoras (415 a. C) dice con la irona
habitual de un sofista:
Con relacin a los dioses he sido incapaz de llegar a deter-
minar su existencia o no, tampoco su forma debido a las mu-
chas cosas que dificultan el logro de este conocimiento, tanto
por la oscuridad de la materia como por la brevedad de la vi-
da humana.
Digoras, un contemporneo, fue an ms all. Cuando alguien diriga
su atencin a las lpidas votivas de un templo erigidas por los agrade-
cidos supervivientes de un naufragio, l responda: Los que se ahoga-
ron no colocaron las lpidas.
Acaso la comprensin materialista significa una visin de la vida pe-
simista o nihilista? Todo lo contrario. La condicin previa para una
vida plena y satisfactoria sobre la tierra es que adoptemos una visin
real de las cosas.

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Una de las visiones ms humanas y sublimes de la vida es la filosofa
de Epicuro ese genio de la antigedad que junto con Demcrito y
Leucipo descubri que el mundo estaba formado por tomos.
Epicuro (341-270 a. C.), cuya memoria ha sido calumniada durante
siglos por la Iglesia, deseaba liberar a la humanidad del tormento del
miedo, y particularmente, del miedo a la muerte. Tena una visin ale-
gre y optimista de la vida. El mismo da de su muerte hizo el siguiente
comentario: Es un buen da para morir.
Los estoicos, que predicaban una hermandad universal en la que todos
seramos miembros de una gran mancomunidad, crean que, como el
universo es indestructible entonces las almas de todos los hombres
sobreviven a la muerte, pero no como individuos. Y como nada puede
ocurrirnos porque es el curso y la constitucin de la naturaleza, enton-
ces no hay que temer la muerte. Fue un estoico el que dijo primero que
todos los hombres son libres. El estoicismo tuvo una gran influencia
en la cristiandad, a travs de los escritos de Epictetus y Marco Aurelio.
En realidad los estoicos no crean en un dios (utilizaban la palabra
theos, pero con un sentido completamente diferente al dios cristiano),
afirmaban que el hombre sabio era igual a Zeus. Su idea no era ir al
cielo, sino vivir una buena vida que identificaban con la apatheia, pero
que no significaba apata, sino el control de las emociones.
Realmente, la mayora de las personas de la antigedad pareca ser
indiferente a la cuestin de lo que ocurrira despus de la muerte. La
vida despus de la muerte de los griegos era un lugar particularmente
poco atractivo, gris, un mundo triste de espritus vacilantes. Los egip-
cios tenan una visin ms atractiva del otro mundo, en l haba comi-
da y vino, msica, mujeres desnudas danzando, y por lo tanto sera
necesario ser abastecidos por un ejrcito de esclavos. Pero, para los
egipcios, el otro mundo era el monopolio de la clase dominante, cuyas
tumbas monumentales mostraban la misma riqueza ostentosa y lujo
que haban disfrutado en vida. En China y otras sociedades clasistas
primitivas, la clase dominante miraba con una ecuanimidad sorpren-
dente a la posibilidad de un infierno futuro ardiente, preferan dedicar-
se al tranquilo goce de sus riquezas en vida, mientras dejaban que el
futuro cuidase de s mismo. Sin embargo, para los pobres la aceptacin
pasiva de un mundo de dolor y sufrimiento en este valle de lgrimas es

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un precio a pagar ante la promesa de un futuro feliz ms all de la
tumba. Esta promesa ha llevado a millones de hombres y mujeres al
olvido, agotndose en una vida de esfuerzos interminables, angustia
mental y fsica.
A algunas personas esta situacin les puede parecer justa. Pero a noso-
tros nos parece ms un engao descarado. Si a las personas comu-
nes les quitamos esta esperanza que les queda? Este es el argumento
de los sofistas. La respuesta es: ellos alcanzarn la verdad y la Biblia
dice que la verdad nos har libres. As que mientras los ojos de hom-
bres y mujeres se dirigen al cielo, sern incapaces de contemplar los
problemas reales que les atormentan y a sus verdaderos enemigos.
El amor a la vida es el autntico sello del materialismo filosfico y
debe suponer un deseo apasionado por cambiar el mundo en el que
vivimos y mejorar la vida de nuestros conciudadanos. Donde la reli-
gin ensea a elevar la vista al cielo, el marxismo dice que luchemos
por una vida mejor sobre la tierra. Los marxistas creen que hombres y
mujeres deben luchar para transformar su vida y crear una sociedad
genuinamente humana que permita a la raza humana elevarse hasta
alcanzar su verdadera naturaleza. Creemos que los hombres y las muje-
res slo tienen una vida y deben dedicarse a hacer esta vida maravillo-
sa. Luchamos por un paraso en esta vida porque sabemos que no hay
otra. En la medida que vivimos y luchamos por un mundo mejor, tam-
bin preparamos un futuro mejor para nuestros hijos y nietos. Y aun-
que cada individuo tiene una vida finita, la raza humana contina y
nuestra contribucin individual a la causa de la humanidad tambin
puede perdurar despus de que hayamos dejado de existir. Podemos
alcanzar la inmortalidad, no negando las leyes de la naturaleza, sino
perdurando en la memoria de futuras generaciones, la nica inmortali-
dad a la que los mortales pueden aspirar.
Hay una profunda diferencia filosfica entre el marxismo y todas las
formas de religin. Eso significa que no podemos luchar y trabajar
juntos por un mundo mejor? En absoluto. Todo el mundo tiene derecho
a defender cualquier opinin. Pero esta diferencia de opiniones
importante desde un punto de vista filosfico, no nos debera im-
pedir la unin en la lucha contra la injusticia y la opresin terrenales.
Se trata slo de llegar a un acuerdo en el programa bsico para la trans-

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formacin socialista de la sociedad y los medios para llevarlo a la prc-
tica. Ya tendremos tiempo suficiente para discutir las otras cuestiones!
El mundo de la religin es un mundo desconcertante, es una impresin
distorsionada de la realidad. Pero como todas las ideas, stas tienen su
origen en el mundo real. Adems, son una expresin de las contra-
dicciones de la sociedad de clases. Este hecho es muy evidente en las
religiones ms antiguas.
El dios babilnico Marduk anunci su intencin de crear al hombre
para que prestara servicio a los dioses, para liberarles de las tareas
ms bajas relacionadas con el ritual del templo y proporcionar comida
a los dioses. En este caso encontramos un reflejo en la religin de la
realidad de la sociedad de clases, la humanidad estaba dividida en dos
clases: arriba los dioses intocables (la clase dominante) y debajo los
canteros y dibujantes de agua (las clases trabajadoras). Su objetivo
es dar una justificacin (religiosa) ideolgica a la esclavizacin de la
mayora por parte de una minora. Y este era un hecho muy real en la
vida de todas las sociedades antiguas (y modernas): la casta sacerdotal
estaba liberada del trabajo y disfrutaba de privilegios reales al erigirse
como representantes fsicos de dios sobre la tierra.
Al escribir sobre los mitos de la creacin babilnicos (en los que se
bas el primer libro del Gnesis), S. H. Hooke hace la siguiente obser-
vacin: Ya hemos visto que el mito de Lahar y Ashnan termin en la
creacin del hombre para prestar su servicio a los dioses. Otro mito
[...] describe como se cre el hombre. Aunque el mito sumerio difiere
considerablemente de la pica de la creacin babilnica, ambas versio-
nes estn de acuerdo en el objeto para el cual fue creado el hombre, es
decir, prestar sus servicios a los dioses, cultivar la tierra y liberar a los
dioses de tener que trabajar para vivir. (S. H. Hooke. Middle Easter
Mythology. p. 29. En la edicin inglesa).
La religin (a diferencia de la magia, el toteismo y el animismo de las
primeras sociedades sin clases) surge de la divisin de la sociedad en
clases antagnicas, y es una expresin de las contradicciones insolu-
bles que provocan esta divisin. En la Biblia encontramos el jardn del
edn, que expresa el sentimiento y el anhelo de haber perdido un mun-
do lleno de felicidad. La religin busca superar esta contradiccin,

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suavizar este aguijn, reconciliar a hombres y mujeres con la realidad
de sufrimiento y explotacin, y estas calamidades se presentan como la
voluntad de Dios o el resultado de la desobediencia a Dios, o a ambos.
Sumisin! Obediencia! Sacrificio! Despus todo ir bien.
En realidad, la violenta separacin de la humanidad de s misma -esta
alienacin de la raza humana-, slo se podr superar con la abolicin
de la sociedad clasista y el reestablecimiento de lazos verdaderamente
humanos entre las personas.
Esta relacin psicolgica entre los seres humanos y las deidades que
crean para s mismos, nos dicen mucho sobre la verdadera situacin de
la raza humana. No es un secreto que las deidades de una sociedad
determinada son un reflejo de esa sociedad, de su modo de produccin,
las relaciones sociales, la moralidad y los prejuicios. Como sealamos
en Razn y Revolucin:
No fue dios quien cre al hombre a su propia imagen, sino,
por el contrario, el hombre quien cre dioses a su propia ima-
gen y semejanza. Ludwig Feuerbach dijo que si los pjaros tu-
vieran una religin, su dios tendra alas. La religin es un
sueo en el que nuestras propias concepciones y emociones se
nos presentan como existencias separadas, como ser es al
margen de nosotros mismos. La mente religiosa no distingue
entre los subjetivo y lo objetivo no tiene dudas; tiene la
capacidad no de discernir cosas diferentes a ella misma, sino
de ver sus propias concepciones fuera de s misma como seres
independientes. Esto era algo que hombres como Jenfanes de
Colofn (565 a 470 a. C.) entendi cuando escribi: Homero
y Hesiodo han atribuido a los dioses cada accin vergonzosa y
deshonesta entre los hombres: el robo, el adulterio, el engao
(...) Los etopes hacen sus dioses negros y con nariz chata, y
los tracios hacen los suyos con ojos grises y pelo rojo (...) Si
los animales pudieran pintar y hacer cosas como los hombres,
los caballos y los bueyes tambin haran dioses a su propia
imagen.
(Alan Woods y Ted Grant. Razn y Revolucin. Madrid. Fun-
dacin Federico Engels. 1995. p. 36).

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Pero estos dioses no son simples copias en papel carbn de la realidad,
es la realidad vista a travs de los anteojos de la religin un mundo
alienado, mstico, patas arriba donde todo est al revs. Ellos son
todo lo que al hombre le gustara ser pero que no puede ser. Poseen
todos esos atributos que a los humanos les gustara tener y que aspiran
a tener pero no pueden. En ese sentido, la religin representa una ao-
ranza inalcanzable. Pero este sentimiento religioso tambin contiene
otro elemento: un profundo anhelo de un mundo mejor despus de la
vida. Cuando el campesino hambriento y oprimido grita a su dios, pi-
diendo a gritos justicia, grita contra la injusticia, la crueldad y falta de
humanidad de este mundo.
La creencia en la igualdad y la comunin de los creyentes, se encuentra
frecuentemente en el comunismo primitivo y tambin en los primeros
cristianos. Los movimientos de masas que surgieron al calor de estas
creencias durante el primer perodo tanto del Islam como de la cris-
tiandad, sacudieron el mundo. Pero, debido al escaso desarrollo de los
medios de produccin, la humanidad tuvo que trabajar y sufrir otros
dos mil aos de sociedad esclavista. El sueo de la igualdad y herman-
dad se desvaneci. Detrs del seor y ms tarde del capitalista
estaba no slo el monarca terrenal con sus soldados, el polica y el
carcelero, tambin estaban los policas y carceleros espirituales. La
resistencia al status quo era castigada no slo con el fuego y la espada,
tambin con la excomunin y el tormento eterno. La desesperacin de
no obtener justicia en el mundo real, obligaban al hombre a pensar que
la justicia se poda encontrar ms all, al otro lado de la tumba.
Hablamos aqu de hombres, porque durante la mayor parte de la histo-
ria escrita, la sociedad ha estado dominada por hombres, las mujeres
han sido relegadas al papel de esclavas del esclavo. Un hombre debe
servir a su seor, a su rey y a su dios, pero una mujer debe servir a su
marido, a su seor y a su maestro. Para muchas mujeres el consuelo de
la religin fue la nica manera de aliviar el intenso sufrimiento de su
esclavitud. Esto explica por qu en muchas sociedades las mujeres
estn tan unidas a la religin. Sin ella, su vida sera insoportable. Es
como una droga que nubla los sentidos y los hace insensibles al sufri-
miento. Pero eso no elimina la causa del dolor ni mejora la suerte de
las mujeres. Todo lo contrario. Aunque en sus orgenes la cristiandad

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ofreciera nuevas esperanzas para las mujeres y que fuera descrita, des-
deosamente, por los romanos como una religin de esclavos y muje-
res, en la prctica se caracterizaba por una intensa misoginia. El peca-
do original del hombre fue provocado por una mujer: Eva.
Se prohibieron las relaciones naturales entre los hombres y las mujeres
y quedaron maldecidas como un pecado mortal. San Agustn describi
el acto sexual como una misa de perdicin. El lugar de la mujer es
sufrir en el servicio al hombre, una situacin que se expresa grfica-
mente en la afligida virgen Mara. Sobre la tierra no se puede esperar la
felicidad.
Generaciones de pensamiento religioso han puesto su sello en la infeli-
cidad de muchas mujeres. Y lo que se aplica a la cristiandad tambin
se puede aplicar a otras religiones. Hay una antigua oracin juda que
dice:
Bendita vuestra destreza seor que no me ha hecho mujer.
En determinados pases musulmanes la opresin de las mujeres ha
alcanzado una forma extrema como es el caso de Irn y an peor en
Afganistn. La tradicin hind india durante siglos ha condenado a las
viudas a inmolarse en las piras funerarias de sus maridos. La emanci-
pacin de las mujeres de su esclavitud est en directa contradiccin
con la religin.
En la mayora de las religiones, cristianismo, islam, budismo, sikhismo
al menos en sus orgenes existe un elemento de crtica al mundo
y su funcionamiento, combinado con el sueo de un mundo mejor, en
el que no habr ricos ni pobres, opresores ni oprimidos, y todos los
hombres y mujeres sern hermanos y hermanas. Tanto en las iglesias
cristianas como en las mezquitas musulmanas, esta ilusin persiste en
la comunin o hermandad de todos los creyentes, en la idea que to-
dos son iguales a los ojos de dios y otras cosas por el estilo. Pero al
da siguiente, el empresario rico cristiano o musulmn volver a explo-
tar, robar, insultar y estafar a sus trabajadores como lo haca antes de la
comunin. Cuando se menciona esta flagrante contradiccin entre la
teora y la prctica de la religin, sacudirn tristemente la cabeza y
entre dientes se culpar a la imperfeccin de los seres humanos en este
mundo de pecado, y esto es muy poco consuelo para el trabajador.

- 12 -
Los orgenes de la cristiandad
El papel de la religin en la sociedad ha cambiado muchas veces a lo
largo de los siglos. Es importante comprender el origen de la evolucin
histrica de las grandes religiones. Originalmente, la cristiandad y el
islam eran movimientos revolucionarios de pobres y oprimidos. To-
memos el ejemplo de la cristiandad. Hace aproximadamente dos mil
aos los primeros cristianos organizaron un movimiento de masas for-
mado por los sectores ms pobres y oprimidos de la sociedad. Como
escriba Engels:
La historia de los primeros cristianos tiene notables puntos
de semejanza con el movimiento de la clase obrera moderna...
Ambos son perseguidos y hostigados, sus seguidores son des-
preciados y son objeto de leyes exclusivas, los primeros como
enemigos de la raza humana y los ltimos como enemigos del
estado, de la religin, la familia y el orden social. Y a pesar de
toda la persecucin, de ser espoleados por ello, ambos salen
hacia delante victoriosos.
(Marx y Engels. On the religion . P. 281. En la edicin ingle-
sa).
Los primeros cristianos eran comunistas y esto se puede ver con clari-
dad al leer los Hechos de los Apstoles. El propio Jesucristo andaba
entre los pobres y desposedos y con frecuencia atacaba a los ricos. No
es casualidad que su primer acto al entrar en Jerusaln fuera atacar a
los cambistas del templo. Tambin dijo que sera ms fcil que un ca-
mello pasara por el ojo de una aguja a que un rico entrara en el reino de
dios. (Lucas, 18-24). Los primeros cristianos tomaron partido por los
pobres contra los ricos y poderosos. En la epstola de Santiago pode-
mos leer:
Ahora les toca a los ricos: lloren y lamntense porque les han
venido encima desgracias. Los gusanos se han metido en sus
reservas y la polilla se come sus vestidos; su oro y su plata se
han oxidado. El xido se levanta como acusador contra uste-
des y como un fuego les devora las carnes. Cmo han ateso-
rado, si eran los ltimos tiempos?
El salario de los trabajadores que cosecharon sus campos se

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ha puesto a gritar, pues ustedes no les pagaron; las quejas de
los segadores ya haban llegado a los odos del Seor de los
ejrcitos. Han conocido slo lujo y placeres en este mundo, y
lo pasaron muy bien, mientras otros eran asesinados. Conde-
naron y mataron al inocente, pues cmo poda defenderse?
(Santiago, 5-1)
Esta es la voz de la lucha de clases, sin sis y sin peros. La Biblia
est llena de estas expresiones.
El comunismo de los primeros cristianos tambin era palpable en sus
comunidades donde toda la riqueza era un bien comn. Aquel que
deseara unirse a una comunidad cristina primero deba dar todas sus
pertenencias mundanas. En los Hechos de los Apstoles podemos leer:
Acudan asiduamente a la enseanza de los apstoles, a la
convivencia [koinonia, es similar a comunismo], a la fraccin
del pan y a las oraciones... Todos los que haban credo vivan
unidos; compartan todo cuanto tenan, vendan sus bienes y
propiedades y repartan despus el dinero entre todos segn
las necesidades de cada uno.
(Hechos de los Apstoles, 2-42).
Y de nuevo:
La multitud de los fieles tena un solo corazn y una sola al-
ma. Nadie consideraba como propios sus bienes, sino que todo
lo tenan en comn... Entre ellos ninguno sufra necesidad,
pues los que posean campos o casas los vendan, traan el di-
nero y lo depositaban a los pies de los apstoles, que lo repar-
tan segn las necesidades de cada uno.
(Hechos de los Apstoles, 4-32).
Evidentemente este comunismo tena un carcter ingenuo y primitivo.
Es un reflejo de los hombres y mujeres de su tiempo, que eran perso-
nas con gran coraje que no temieron sacrificar su vida en la lucha con-
tra el monstruoso estado esclavista romano. Pero este comunismo de
los primeros cristianos estaba an en un nivel muy primitivo, comunal
(reparto de la comida, ropa, etc.,) y no un comunismo real basado en la
propiedad colectiva de los medios de produccin. Al carecer de una

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comprensin cientfica del desarrollo de la sociedad, los primeros cris-
tianos, a pesar de su tremendo espritu revolucionario y herosmo, eran
incapaces de materializar sus ideales. Su comunismo tena un carcter
utpico y estaba condenado al fracaso.

La cristiandad y el comunismo
En los primeros aos de la iglesia sus representantes continuaron ha-
cindose eco de las ideas originales del movimiento -comunistas-. San
Clemente escribi:
El uso de todas las cosas que se encuentran en este mundo
deberan ser comunes para todos los hombres. Slo la iniqui-
dad ms manifiesta nos hace decir al otro, Esto me pertenece,
tanto como a ti. De aqu el origen de la discusin entre los
hombres
Esta observacin es correcta y demuestra claramente que el origen de
la lucha de clases (la discusin entre los hombres) se encuentra en
la existencia de la propiedad privada. La eliminacin de la discusin
entre los hombres presupone la abolicin de la propiedad privada. San
Basilio el Grande plante una idea similar:
Qu es eso que llamas tuyo? Por qu es tuyo? De quin
lo has recibido? Hablas y actas como aquel que en una oca-
sin fue temprano al teatro y tom posesin de los asientos
destinados al pblico restante, crea que por llegar antes poda
prohibir a las otras personas que se sentasen, pretenda arro-
garse para l el uso exclusivo de una propiedad destinada al
uso comn. Y esta es precisamente la forma de actuar del ri-
co.
Lo mismo dice San Gregorio:
Por lo tanto, si alguien desea convertirse en el amo de toda la
riqueza, poseerla y excluir a sus hermanos, incluso a la tercera
o cuarta generacin, tal desgraciado no es un hermano sino un
tirano brbaro y cruel, una bestia feroz cuya boca siempre est
abierta dispuesta a devorar para su uso personal la comida de
los otros compaeros.

15
Y segn San Ambrosio:
La naturaleza suministra su riqueza a todos los hombres en
comn. Dios ha creado todas las cosas para que todos los se-
res vivientes las gocen en comn, y para que la tierra se con-
vierta en una posesin comn a todos. La propia naturaleza es
la que ha creado el derecho de la comunidad, y es la usurpa-
cin injusta la que ha creado el derecho a la propiedad priva-
da.
San Gregorio el grande contina:
La tierra en la que han nacido es comn a todos, y por lo tan-
to el fruto de la tierra pertenece a todos sin distincin.
Y San Crisstomo aade: El rico es un ladrn.
Estas lneas bastan para ilustrar las races revolucionarias de la cris-
tiandad en su primera poca. Los primeros cristianos estaban dispues-
tos a resistir las torturas ms horribles para defender su fe, desafiar al
estado, a la clase dominante y morir en la arena. La causa de tan feroz
persecucin era que este movimiento de los pobres y desposedos re-
presentaba una seria amenaza para el orden existente. Pero ninguno de
estos mtodos represivos consigui aplastar al movimiento que resur-
ga con nuevas fuerzas de la sangre de sus mrtires.
No obstante, la ausencia de bases materiales que permitieran la intro-
duccin de una sociedad sin clases cambi poco a poco todo en su con-
trario. En esas condiciones la direccin de la iglesia, empezando por
los obispos -los tesoreros-, presionados por la clase dominante y el
estado poco a poco fueron apartndose de las creencias comunistas
originales del movimiento. Ante la imposibilidad de derrotar a los cris-
tianos con represin, la clase dominante cambi de tctica. Cmo el
emperador Constantino consigui corromper a las capas superiores de
la iglesia se puede ver en el siguiente pasaje sobre la historia de la pri-
mera iglesia. Eusebio describe el concilio de Nicea celebrado en el ao
325 d. C y que estuvo presidido por el propio emperador como men-
sajero de Dios, en estos trminos:
Las circunstancias del banquete fueron tan esplndidas que
son indescriptibles. Los destacamentos de guardias y otras

16
tropas rodearon la entrada del palacio con sus espadas y entre
stos, los hombres de Dios entraron sin temor hasta los apo-
sentos imperiales ms ntimos. Algunos fueron los propios
compaeros de mesa del emperador, otros se reclinaron en los
sofs que estaban colocados a cada lado. Se podra llegar a
pensar que esta era una imagen del reino de Cristo, que era un
sueo y no una realidad.
(T. Ware. Whe Orthodox Church . P. 27. En la edicin inglesa).
Estos mtodos les son muy familiares a los dirigentes socialdemcratas
y sindicalistas de hoy en da. Son precisamente los mismos mtodos
utilizados por el sistema para atraer a los lderes reformistas del movi-
miento obrero a las ideas burguesas, de esta forma los corrompen y el
sistema los absorbe. Las cabezas del movimiento son invitados a cenas
y fiestas ostentosas donde se codean con los ricos y los famosos. Desde
el concilio de Nicea la iglesia ha sido la ms firme colaboradora de la
riqueza, el privilegio y la opresin.
Los primeros cristianos se negaban a reconocer el estado o servir en el
ejrcito. Despus de este concilio todo cambi. La iglesia se converti-
ra en uno de los principales pilares del estado y perseguira feroz-
mente a todos los que cuestionaban sus nuevas doctrinas. Cuando
Arrio de Alejandra rechaz el credo niceno sus seguidores (los arria-
nos) fueron pasados por la espada. Ms de 3.000 cristianos fueron ase-
sinados por sus colegas cristianos -ms muertos que en tres siglos de
persecucin romana-. Con estos medios la Iglesia de los pobres y los
oprimidos se transform en el vehculo principal de su esclavizacin.

Cmo olvidar los pecados... y hacer dinero


Durante este perodo la iglesia cristiana fue absorbida a travs de sus
capas superiores por el estado. En toda su historia posterior la iglesia
se aprovech de la debilidad humana y el temor a la muerte para escla-
vizar la mente de los hombres y, en este proceso, conseguir enorme
poder y riquezas, algo que contrastaba absolutamente con las ensean-
zas del pobre rebelde Galileo en cuyo nombre pretendan hablar. De
ser un movimiento revolucionario de pobres y oprimidos, se convirti
en un baluarte de la reaccin y el portavoz de los ricos y poderosos -

17
una situacin que ha durado hasta la actualidad-.
La historia de la iglesia es la completa y absoluta negacin de sus pri-
meras ideas, creencias y tradiciones. Sobre la historia del papado de la
Edad Media y el Renacimiento una crnica sin paralelo de infamia y
crimen se han escrito numerosos volmenes. Aqu nos limitaremos a
un solo ejemplo que resume la verdadera situacin y demuestra cul es
el abismo que separa la verdadera situacin con los mitos hipcritas.
En el ao 1517 el Papa Len X public la Taxa Camarae destinada a
vender indulgencias y salvar almas a cambio de una modesta suma de
dinero. No exista ningn crimen por vil que este fuese que no pudiera
ser absuelto. Entre sus 35 artculos podemos leer:
[Link] eclesistico que incurriere en pecado carnal, ya sea con
monjas, ya con primas, sobrinas o ahijadas suyas, ya, en fin,
con otra mujer cualquiera, ser absuelto, mediante el pago de
67 libras, 12 sueldos.
[Link] el eclesistico, adems del pecado de fornicacin, pidiese
ser absuelto del pecado contra natura o de bestialidad, debe
pagar 219 libras, 15 sueldos. Mas si slo hubiese cometido pe-
cado contra natura con nios o con bestias y no con mujer, so-
lamente pagar 131 libras, 15 sueldos.
[Link] sacerdote que desflorase a una virgen, pagar 2 libras, 8
sueldos.
[Link] religiosa que quisiera alcanzar la dignidad de abadesa
despus de haberse entregado a uno o ms hombres simult-
nea o sucesivamente, ya dentro, ya fuera de su convento, paga-
r 131 libras, 15 sueldos.
[Link] sacerdotes que quisieran vivir en concubinato con sus
parientes, pagarn 76 libras, 1 sueldo.
[Link] todo pecado de lujuria cometido por un laico, la abso-
lucin costar 27 libras, 1 sueldo; para los incestos se aadi-
rn en conciencia 4 libras.
[Link] mujer adltera que pida absolucin para estar libre de
todo proceso y tener amplias dispensas para proseguir sus re-
laciones ilcitas, pagar al Papa 87 libras, 3 sueldos. En caso

18
igual, el marido pagar igual suma; si hubiesen cometido in-
cestos con sus hijos aadirn en conciencia 6 libras.
8. La absolucin y la seguridad de no ser perseguidos por los
crmenes de rapia, robo o incendio, costar a los culpables
131 libras, 7 sueldos.
9. La absolucin del simple asesinato cometido en la persona
de un laico se fija en 15 libras, 4 sueldos, 3 dineros.
10. Si el asesino hubiese dado muerte a dos o ms hombres en
un mismo da, pagar como si hubiese asesinado a uno solo.
11. El marido que diese malos tratos a su mujer, pagar en las
cajas de la cancillera 3 libras, 4 sueldos; si la matase, pagar
17 libras, 15 sueldos, y si la hubiese muerto para casarse con
otra, pagar, adems, 32 libras, 9 sueldos. Los que hubieren
auxiliado al marido a cometer el crimen sern absueltos me-
diante el pago de 2 libras por cabeza.
12. El que ahogase a un hijo suyo, pagar 17 libras, 15 suel-
dos (o sea 2 libras ms que por matar a un desconocido), y si
lo mataren el padre y la madre con mutuo consentimiento, pa-
garn 27 libras, 1 sueldo por la absolucin.
13. La mujer que destruyese a su propio hijo llevndole en sus
entraas y el padre que hubiese contribuido a la perpetracin
del crimen, pagarn 17 libras, 15 sueldos cada uno. El que fa-
cilitare el aborto de una criatura que no fuere su hijo, pagar
1 libra menos.
14. El asesinato de un hermano, una hermana, una madre o un
padre, se pagarn 17 libras, 5 sueldos.
15. El que matase a un obispo o prelado de jerarqua superior,
pagar 131 libras, 14 sueldos, 6 dineros.
16. Si el matador hubiese dado muerte a muchos sacerdotes en
varias ocasiones, pagar 137 libras, 6 sueldos, por el primer
asesinato, y la mitad por los siguientes.
Pero ms serios que el asesinato, la violacin o el infanticidio era el
atroz crimen de la hereja, es decir, mantener ideas diferentes a las de

19
la iglesia oficial. Incluso si un hereje se converta, l o ella deba toda-
va pagar la suma de 269 libras, mientras que el hijo de un hereje que
hubiera sido quemado, ahorcado u otra forma de ejecucin, no poda
ser rehabilitado excepto si pagaba 218 libras, 16 chelines y 9 peni-
ques. (19).
La lista continua con fraude, contrabando, impago de las deudas, co-
mer carne en das sagrados, hijos bastardos de sacerdotes que deseen
tomar los hbitos sagrados, e incluso eunucos que deseen convertirse
en sacerdotes (en el punto 33 se recoge que estos tenan que pagar 310
libras y 16 chelines).
A pesar de esta lista cnica de infamias, los historiadores catlicos des-
criben al Papa Len X como el protagonista del ms brillante y quiz
el perodo ms peligroso del pontificado en la historia de la iglesia.
(Pepe Rodrguez. Mentiras fundamentales de la iglesia catlica. Bar-
celona. Ediciones B. Anexo. pp. 397-400).

La religin y la revolucin
En todos los pases a travs de los siglos la iglesia se ha puesto a l lado
de los opresores frente a los oprimidos. Los terratenientes ingleses
trabajaban en estrecha colaboracin con los predicadores protestantes.
En Francia, Espaa e Italia, los sacerdotes eran los servidores abyectos
de los terratenientes y despus de los capitalistas. Sin embargo, fre-
cuentemente las contradicciones de clase de la sociedad se han expre-
sado con el disfraz religioso, y esto no debe sorprender a quien est
familiarizado con el materialismo histrico. Con relacin a este tema
Trotsky escriba:
Las ideas religiosas, como las dems, nacen en el terreno de
las condiciones materiales de la vida, es decir, ante todo en el
de los antagonismos de las clases, slo poco a poco se abren
un camino, sobreviven, por razn del conservadurismo, a las
necesidades que las han engendrado y no desaparecen sino a
consecuencia de choques y trastornos serios .
(Trotsky. Adonde va Inglaterra? Argentina. El Yunque edito-
ra. 1974. p. 192).

20
En diferentes perodos, diferentes religiones, iglesias y sectas han j
ugado papeles diferentes, que, en ltima instancia, reflejaban intereses
de clase diferentes y antagnicos. Los primeros movimientos de la
gran rebelin contra el feudalismo fueron desafos al poder y la autori-
dad de la iglesia catlica romana, y encontraron eco entre las masas.
Un historiador catlico dice que el espritu revolucionario de odio
hacia la Iglesia y el clero se apoder de las masas en varias zonas de
Alemania... El grito muerte a los curas! que antes se murmuraba en
secreto ahora era una consigna habitual. (Citado por W. Manchester.
A world Lit only by Flame. P. 161. En la edicin inglesa).
Las primeras explosiones sociales como la protagonizada por los lolar-
dos en Inglaterra y las husitas en Alemania prepararon el camino para
la reforma de Lutero. En todos estos movimientos existi una tenden-
cia comunista que recordaba las primeras tradiciones de la iglesia y en
todos los casos esta tendencia fue reprimida brutalmente. Durante las
rebelin campesina de Inglaterra en 1381, el cronista Froissart narra las
actividades de un movimiento de disidentes encabezado por John Ball,
precursor de ideas comunistas con un disfraz bblico como se puede
ver en sus famosas palabras:

Cuando Adn labraba y Eva hilaba


Quin era entonces el patrn?

En el perodo de ascenso de la burguesa la religin protestante refleja-


ba la rebelin de la naciente burguesa contra el decadente feudalismo.
Sin duda aqu jug un papel progresista. El protestantismo naci divi-
dido en el siglo XVI. En la agitacin de estos tiempos turbulentos,
surgieron nuevas sectas que representaban las ideas y aspiraciones de
diferentes clases y subclases. Anabaptistas, menonitas, bohemios, con-
gregacionalistas, presbiterianos, unitarios... El sector de izquierdas
representaba una tendencia claramente comunista, como era el caso de
Thomas Mntzer y los anabaptistas en Alemania. Mntzer, un antiguo
luterano, rompi con Lutero y anim a los campesinos a levantarse
contra el orden existente. A pesar de sus actividades revolucionarias
Lutero era hostil al movimiento revolucionario de los campesinos ale-

21
manes, aunque sus enseanzas les haban inspirado para entrar en ac-
cin. Lutero anim a la aristocracia a aplastar violentamente el movi-
miento y se hizo. Los prncipes cristianos asesinaron a casi 100.000
campesinos. Slo en Sajonia asesinaron a cinco mil hombres. Libera-
ron aproximadamente a trescientos slo despus de que sus mujeres
aceptaran dar una paliza a dos sacerdotes acusados de fomentar la re-
belin. El propio Mntzer fue torturado y degollado.
Las actividades de la sagrada Inquisicin la gestapo de la contrarre-
forma es bien conocida y no merece ms comentarios. En los Pases
Bajos ocupados por los espaoles era un crimen capital tener la Biblia
en casa. Los acusados de herejas eran quemados vivos, aunque si con-
fesaban y se arrepentan, la Inquisicin mostraba misericordia: los de-
capitaba y a las mujeres se las quemaba vivas. Menos conocidas son
las actividades de los protestantes para sofocar la disidencia, Calvino
que cre una dictadura teocrtica en Gnova, quem vivo a Mi-
guel Servet cuando estaba a punto de descubrir la circulacin sangu-
nea. Servet pidi misericordia, no por su vida sino porque quera ser
decapitado. La peticin fue denegada y estuvo en la hoguera durante
hora y media.

Las revoluciones francesa e inglesa


En la Revolucin Inglesa del siglo XVII, el ala ms revolucionaria
reflejaba las aspiraciones de las capas ms bajas de la sociedad, los
artesanos y los trabajadores el naciente proletariado, y esto encon-
tr su expresin en una forma religiosa. El ala izquierda del movimien-
to se organiz en toda una serie de sectas protestantes radicales y de-
mocrticas como la Quinta Monarqua, los ranters y los anabaptistas,
los niveladores y los cavadores.
En este contexto histrico estos movimientos tenan un carcter pro-
gresista y revolucionario. Reflejaban los primeros avances confusos de
la conciencia de una clase que todava no se haba formado del todo.
Despus de la restauracin, estas tendencias radicales plebeyas reapa-
recieron como disidencias religiosas. Perseguidos por la monarqua
con el apoyo de la iglesia anglicana, muchos de ellos emigraron a
Amrica, y all sus energas revolucionarias quedaron en un segundo

22
lugar ante la tarea de descubrir y colonizar un nuevo continente. Con
los aos sus orgenes revolucionarios y radicales se perdieron. Algunos
de ellos, como los cuqueros, todava mantienen algunos elementos de
sus viejas ideas, aunque de una forma muy diluida y que no interfieren
con sus exitosos intereses empresariales. La mayora se han convertido
en un baluarte de la reaccin. En Amrica Latina por algn extrao
capricho del destino, las sectas evangelistas se han convertido en las
tropas de choque de la reaccin y los defensores de las dictaduras mili-
tares, mientras que hasta cierto punto, al menos la base de la iglesia
Catlica Romana, se ha inclinado hacia la causa de los pobres y los
oprimidos.
Durante la revolucin francesa ms de un siglo despus, la con-
ciencia de las masas haba avanzado a tal punto que la religin ya no
jugaba ningn papel en su pensamiento. La estrecha relacin entre la
iglesia y el estado absolutista era obvia para todos. En el tormentoso
perodo que llev a la toma de la Bastilla, los filsofos materialistas
como Diderot y Holbach realizaron un riguroso trabajo para demoler la
Bastilla espiritual de la religin. La revolucin francesa erradic la raz
eclesistica. El estado jacobino oficialmente era ateo, aunque Robes-
pierre intent encubrirlo con la hoja de parra del ser supremo, que no
convenca a nadie excepto al propio Robespierre. Aunque el pueblo de
Francia se supona era fervientemente catlico, la religin prctica-
mente desapareci en Francia despus de la revolucin (excepto en los
distritos ms atrasados y reaccionarios como la Vende). En realidad,
la mayora de la poblacin odiaba a los curas a quienes consideraban,
correctamente, agentes de la clase dominante. Slo a finales del siglo
XIX, especialmente despus de la Comuna de Pars que dej conmo-
cionada a la burguesa francesa sta dio los pasos necesarios para recu-
perar el mtodo reaccionario de la religin, utilizando para este prop-
sito trucos como los milagros manufacturados de Lourdes.
En la revolucin rusa las cosas an estaban ms claras. Aunque la clase
obrera rusa entr en la escena de la historia en enero de 1905 con un
cura a la cabeza y portando iconos religiosos, todo esto desapareci
rpidamente despus de la masacre del 9 de enero, cuando el zar cris-
tiano orden a sus cosacos abrir fuego contra el pueblo desarmado que
haba ido a presentar una peticin. A partir de este momento la religin

23
no jug ningn papel en el movimiento, que estuvo organizado y diri-
gido por los marxistas. Despus de la victoria de la revolucin de octu-
bre el colapso de la influencia eclesistica fue incluso ms rpido y
ms completo que lo fue en Francia.
La Iglesia ortodoxa rusa se converta otra vez ms, sin llegar
a sobreponerse a la mitologa del cristianismo primitivo, en un
aparato burocrtico paralelo al del zarismo. El pope marcha-
ba de la mano con el terrateniente y responda con medidas de
represin a cualquier movimiento cismtico. Por tal razn se
revelaron tan endebles, sobre todo en los centros industriales,
la races de la Iglesia ortodoxa rusa. Separado del aparato bu-
rocrtico de la Iglesia, los obreros rusos, en su gran mayora,
como as mismo la joven generacin campesina, han apartado
del mismo golpe la religin. (Trotsky. Ibd. pp. 190-191).
Este es un comentario devastador contra la forma en que el estalinismo
ha retrasado la conciencia de la sociedad, cuando inmediatamente des-
pus del colapso de la URSS recuper toda la antigua basura: naciona-
lismo, antisemitismo, fascismo, monarquismo y junto con todas es-
tas glorias del zarismo la religin y la supersticin. Estos remanentes
del barbarismo medieval se han extendido como una plaga en el dbil
y destrozado cuerpo de Rusia, mostrando a todo el mundo la verdadera
naturaleza del mercado y el hecho de que la burguesa en Rusia no
ofrece nada excepto la perspectiva de un declive econmico, social y
cultural.

La Iglesia y el socialismo
El surgimiento del movimiento obrero moderno en la ltima dcada
del siglo XIX y el perodo previo a la Primera Guerra Mundial fueron
para el establishment religioso todo un desafo. Sin excepcin, la igle-
sia se situ de parte de los explotadores frente al socialismo y al mo-
vimiento obrero. Para evitar la extensin de las ideas socialistas entre
la clase obrera, la Iglesia catlica se dispuso a dividir el movimiento
obrero con la creacin de sindicatos catlicos separados, y organiza-
ciones de jvenes y mujeres para competir directamente con la social-
democracia. La realidad es que la Iglesia copi los mtodos organizati-

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vos de la socialdemocracia. La jerarqua eclesistica siempre tan
atenta con los ricos y los poderosos miraban al socialismo y al mo-
vimiento obrero con sospecha y hostilidad. El Papa Len XIII en su
Encclica Rerum novarum (sobre la condicin de los obreros) subra-
yaba la hostilidad del Vaticano hacia el socialismo:
Los socialistas despus de excitar en los pobres el odio a los
ricos, pretenden que es preciso acabar con la propiedad pri-
vada y sustituirla por la colectiva, en la que los bienes de cada
uno sean comunes a todos, atendiendo a su conservacin y dis-
tribucin los que rigen el municipio o tienen el gobierno gene-
ral del Estado. Pasados as los bienes de manos de los particu-
lares a las de la comunidad y repartidos, por igual, los bienes
y sus productos, entre todos los ciudadanos, creen ellos que
pueden curar radicalmente el mal hoy da existente... Si un
hombre alquila a otro, su fuerza o su industria, l lo hace para
recibir a cambio los medios de subsistencia, con la intencin
de adquirir un derecho real, no simplemente su salario, pero
tambin para liberarse de l. Invertira este salario en tierra y
eso es slo su salario de otra forma...
Precisamente en esto consiste, como fcilmente entienden to-
dos, el dominio de los bienes, muebles o inmuebles. Por lo tan-
to, al hacer comn toda propiedad particular, los socialistas
empeoran la condicin de los obreros porque, al quitarles la
libertad de emplear sus salarios como quisiera, por ello mismo
les quitan el derecho y hasta la esperanza de aumentar el pa-
trimonio domstico y de mejorar con sus utilidades su propio
estado. Los socialistas... atacan la libertad de cada asalariado,
para privarles de la libertad de disponer de sus salarios. Cada
hombre tiene, por la ley de la naturaleza, el derecho a poseer
propiedad para s mismo...
Debe ser dentro de este derecho de sus propias cosas, no sim-
plemente para el uso del momento, no simplemente las cosas
que perecen con su uso, sino tales cosas cuya utilidad es per-
manente y estable.
... Siendo el hombre anterior al estado, recibi aqul de la na-

- 25 -
turaleza el derecho de proveer a s mismo, aun antes de que se
constituyese la sociedad... Cuando en preparar estos bienes
materiales emplea el hombre la actividad de su inteligencia y
las fuerzas de su cuerpo, por ello mismo se aplica a s mismo
aquella parte de la naturaleza material que cultiv y en la que
dej impresa como una figura de su propia persona: y as jus-
tamente el hombre puede reclamarla como suya, sin que en
modo alguno pueda nadie violentar su derecho...
El papa Len XIII tambin escriba:
La democracia cristiana, por el mismo hecho de ser cristia-
na, se debe basar en los principios de la fe divina (..) Por eso
la justicia de la democracia cristiana es sagrada. El derecho
de adquirir y poseer propiedades no se pude contradecir y se
deben salvaguardar las distintas distinciones y grados que son
indispensables en cada mancomunidad bien ordenada. Es evi-
dente, por lo tanto, que no hay nada en comn entre la social-
democracia y la democracia cristiana. Ambas difieren entre s
como la secta del socialismo difiere de la Iglesia de Cristo.
James Connolly, ese gran marxista irlands y mrtir revolucionario,
cuyas polmicas con la Iglesia catlica son declaraciones clsicas de
socialismo, comentaba lo siguiente:
Si uno de los chicos de las escuelas pblicas no entrara en
razn lo ms lgico es que permaneciera en el asiento del zo-
penco hasta que terminara sus das de escuela. Imaginad a un
sacerdote que defiende el sistema de arrendamiento de tierras
como el padre Kane y el papa diciendo: El hombre que ha
cultivado la tierra durante el invierno y la primavera tiene el
derecho a quedarse con lo que ha ganado de su propia cose-
cha, e imagina que est presentando un argumento contra el
socialismo. Los socialistas no defienden la interferencia en el
derecho de un hombre a quedarse lo que ha ganado; adems
insisten enfticamente en que a ese hombre, campesino o tra-
bajador, no se le debera obligar a entregar ninguna parte de
lo que ha ganado a una clase ociosa cuyos miembros no ha-
cen ningn esfuerzo, y que han conseguido aduearse de la

- 26 -
propiedad de la nacin a travs de la fuerza despiadada, el ex-
polio y el fraude.
(J. Connolly. Selected Writtings. pp. 78-9).

El 21 de septiembre de 1958 el papa Po XII escriba:


La multiplicidad de clases sociales se corresponde plenamen-
te con los designios del creador.
Esto es como decir que la Iglesia considera la sociedad de clases fija,
eterna y de origen divino. Slo hay que compararla con las palabras de
San Clemente (citada anteriormente) cuando escriba:
El uso de todas las cosas que se encuentran en este mundo
debera ser comn para todos los hombres. Slo la injusticia
[iniquidad] manifiesta hace que uno diga al otro, esto me per-
tenece ms que a ti. De aqu el origen de la discusin entre
los hombres.
La postura de Po XII es la misma que el antiguo himno anglicano To-
das las cosas brillantes y maravillosas, que contiene las lneas bien
conocidas: El rico en su castillo, el pobre en su barrera: l [Dios] hizo
lo superior y lo humilde y orden su Estado.
Esto es absolutamente tpico de la actitud de la iglesia durante siglos:
una defensa abierta del status quo y de la divisin de la sociedad en
clases. Posteriormente, como resultado del crecimiento del movimiento
obrero y el irresistible movimiento en direccin al socialismo, la Igle-
sia catlica se ha visto obligada a modificar su postura. El papa Juan
XXIII el ms inteligente de los papas del siglo XX asumi una postura
ms progresista. Pero bajo el pontificado actual todo esto se ha conver-
tido en su contrario.

La Iglesia hoy
No se considera correcto apelar a los juzgados cuando al-
guien te ha estafado? Pero el apstol considera que es un
error. Ofreces tu mejilla derecha cuando te golpean la iz-

- 27 -
quierda o respondes al ataque? El Evangelio lo prohbe [...]
Acaso la mayora de los procedimientos judiciales y la ley no
estn relacionados con la propiedad? Pero decs que vuestro
tesoro no es de este mundo.
(Marx y Engels. On religion. p. 35).

Las actividades de la Iglesia en la sociedad moderna se basan en con-


tradicciones manifiestas y en la hipocresa. Las tradiciones revolu-
cionarias de los primeros cristianos no guardan absolutamente ninguna
relacin con la situacin actual. Desde el siglo IV a. C, cuando el mo-
vimiento cristiano fue secuestrado por el estado y se convirti en un
instrumento de los opresores, la Iglesia cristiana ha estado de parte de
los ricos y poderosos contra los pobres. Hoy las principales iglesias
son instituciones muy ricas, tanto en los pases musulmanes como en
los cristianos.
En Espaa la Iglesia catlica, adems de su enorme riqueza en tierras,
edificios y cuentas bancarias, recibe regularmente subvenciones del
estado con los impuestos pagados por todos los ciudadanos, indepen-
dientemente de si son religiosos o no, aunque al pueblo espaol nunca
se le haya consultado sobre esta medida. Lo mismo ocurre en otros
pases donde la Iglesia ha alcanzado un acuerdo con el estado. La reli-
gin es una violacin intolerable de la democracia. Y aunque ahora los
contribuyentes espaoles puede elegir si donan su dinero a la iglesia o
no, el hecho es que todava sta mantiene una situacin privilegiada a
la hora de acceder a los fondos pblicos.
En la Edad Media la Iglesia catlica declar la usura (el prstamo de
dinero con inters) pecado mortal; ahora el Vaticano posee su propio
banco y una enorme riqueza y poder. La iglesia en Inglaterra, aparte de
numerosos intereses empresariales, es uno de las mayores terratenien-
tes de Gran Bretaa. Sera fcil demostrar que ocurre lo mismo en to-
das partes. No es un fenmeno limitado a la religin cristiana. El Co-
rn tambin prohiba la usura y en todos los llamados pases islmicos
se pueden ver grandes bancos que son propiedad de los musulmanes.
Recurren a todo tipo de trucos para ocultar esto aunque el tipo de inte-
rs exprime a la poblacin de la misma forma.

- 28 -
Polticamente las iglesias han respaldado sistemticamente a la reac-
cin. En los aos treinta los obispos catlicos bendecan al ejrcito de
Franco en su campaa para aplastar a los trabajadores y campesinos
espaoles. La prensa fascista espaola publicaba frecuentemente fotos
de prelados con el saludo fascista. El Papa Po XIII apoy a Hitler y
Mussolini. El papa guard silencio sobre los millones que fueron ex-
terminados en los campos nazis, y aunque oficialmente el Vaticano se
mantuvo neutral durante la Segunda Guerra Mundial, en realidad sus
simpatas pro-nazis estn bien documentadas por G. Lewy:
Desde el principio hasta el final del gobierno de Hitler, los
obispos no se cansaron nunca de aconsejar al fiel que acepta-
ra su gobierno como la autoridad legtima a quin se deba
rendir obediencia [...] Despus del intento de asesinato fallido
contra Hitler en Munich el 8 de noviembre de 1939, el carde-
nal Bertram, en nombre del episcopado alemn, y el cardenal
Faulhaber de los obispos bvaros, enviaron telegramas de fe-
licitacin a Hitler. La prensa catlica de toda Alemania, en
respuesta a las instrucciones del Reichspresskammer, hablaba
de la milagrosa providencia que haba protegido al Fhrer.
(G. Lewy. The catholic Church and Nazi Germany, NY. 1965,
p. 310-311).
En los dos puntos importantes los documentos alemanes
muestran una similitud impresionante. Por un lado, la predi-
leccin que senta el soberano pontificio por Alemania no pa-
reca haber disminuido debido a la naturaleza del rgimen na-
zi y ste no fue repudiado hasta 1944; por otro lado, Po XII lo
que ms tema era la bolchevizacin de Europa y esperaba que
si la Alemania de Hitler se reconciliaba con los aliados occi-
dentales, entonces todos se convertiran en una muralla frente
al avance de la Unin Sovitica hacia occidente. (Saul Frei-
dhandler.
Po XII y el Tercer Reich. La documentacin. NY. 1958. p.
236. El subrayado es mo).
En la historia de las ideas la iglesia siempre ha jugado el papel ms
reaccionario. Galileo Galilei tuvo que retractarse de sus ideas ante las

- 29 -
amenazas de la Santa Inquisicin. Giordano Bruno fue quemado en la
hoguera. Charles Darwin fue acosado sin piedad por el establishment
religioso en Inglaterra al atreverse a desafiar la idea de que Dios cre
el mundo en seis das.
En la actualidad la teora de la evolucin tambin recibe los ataques de
la derecha religiosa de EEUU. La derecha religiosa en EEUU es un
movimiento bien financiado que predica las causas reaccionarias. Hace
unos aos, Nelson Bunker Hunt, el magnate del petrleo de Texas,
don ms de diez millones de dlares de los 1.000 millones consegui-
dos por el Crusade Campus for Christ. La Fundacin Cristiana para
la Libertad, un lobby educativoc reado por J. Howard Pew
fundador de Sun Oil Company y otros empresarios que se adhie-
ren al sistema de libre empresa. Hay otros muchos ejemplos que de-
muestran la estrecha relacin que existe entre la derecha religiosa y las
grandes empresas. Estos ricos empresarios no invierten estas cantida-
des de dinero para nada. La religin es utilizada como un arma de la
reaccin.
En el movimiento creacionista en EEUU participan millones de perso-
nas y est increblemente encabezado por cientficos, entre ellos
algunos genetistas. Esta es una expresin grfica de las consecuencias
intelectuales de la decadencia del capitalismo. Es un ejemplo contun-
dente de la contradiccin dialctica del retraso de la conciencia huma-
na. En el pas tecnolgicamente ms avanzado del mundo, la mente de
millones de hombres y mujeres est hundida en el barbarismo. Su nivel
de conciencia no es mucho ms elevado que el de los hombres que
sacrificaban a los prisioneros de guerra a los dioses, que se postraban
ante dolos sepultados o quemaban brujas en la hoguera. Si este movi-
miento triunfara, como dijo hace poco un cientfico, volveramos a la
Edad Media.
En el terreno de la legislacin social, y particularmente en los derechos
de la mujer, la Iglesia catlica romana siempre ha jugado un papel
reaccionario. Todava niega a la mujer el derecho a controlar su propio
cuerpo, niega el derecho al divorcio, a la contracepcin y el aborto. El
papa Karol Wojtyla es su principal portavoz. La persistente oposicin
de la iglesia a los mtodos anticonceptivos artificiales resulta sobre
todo desastrosa en el SIDA. En 1999 una encuesta entre catlicos esta-

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dounidenses demostraba que el 80 por ciento de los legos y el 50 por
ciento de los sacerdotes estaban a favor de la contracepcin, en otra
encuesta de la universidad de Maryland dos tercios de los catlicos
reconocan que practicaban la objecin de conciencia con relacin a las
ideas del Papa y hacan lo que les dictaba su conciencia. Se podran
citar cifras similares en el resto de pases desarrollados.
En el reino de la poltica el Papa es un portavoz reaccionario y un
enemigo del marxismo y el socialismo, ayudado por el poder del Opus
Dei, esa notoria mafia catlica cuyos tentculos alcanzan cada rincn
de la vida poltica italiana, espaola o de otros pases.

Lenin y la religin
Engels en su prefacio a La guerra civil en Francia deca que: con
relacin al estado la religin es un asunto puramente privado.
Lenin escriba en 1905:
El Estado no debe tener nada que ver con la religin, las
asociaciones religiosas no deben estar vinculadas al Poder del
Estado. Toda persona debe tener plena libertad de profesar la
religin que prefiera o de no reconocer ninguna, es decir, de
ser ateo, como lo es habitualmente todo socialista.
(Lenin. Acerca de la religin. Mosc. Editorial Progreso. p. 6).
Sin embargo, con relacin al partido, Lenin sealaba que Engels r
ecomendaba que el partido revolucionario debera luchar contra la reli-
gin:
El partido del proletariado exige del Estado que declare la
religin un asunto privado; pero no considera, ni mucho me-
nos, asunto privado la lucha contra el opio del pueblo, la lu-
cha contra las supersticiones religiosas, etc., Los oportunistas
tergiversan la cuestin como si el Partido Socialdemcrata
considerase la religin un asunto privado! (Ibd. pp. 25-26).
Y aadi que:
La raz ms profunda de la religin en nuestros tiempos es la

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opresin social de las masas trabajadoras, su aparente impo-
tencia total frente a las fuerzas ciegas del capitalismo [...]
Ningn folleto educativo ser capaz de desarraigar la religin
entre las masas aplastadas por los trabajos forzados del rgi-
men capitalista, y que dependen de las fuerzas ciegas y des-
tructivas del capitalismo, mientras dichas masas no aprendan
a luchar unidas y organizadas, de modo sistemtico y cons-
ciente, contra esa raz de la religin contra el dominio del ca-
pital en todas sus formas. (Ibd. pp. 21-22).
Los marxistas han hecho todo lo posible para implicar a todos los tra-
bajadores en la lucha contra el capitalismo, incluidos los que profesan
una religin. No debemos interponer barreras entre nosotros y estos
trabajadores, sino animarles a que participen activamente en la lucha
de clases.
Como vimos en 1905, la clase obrera rusa entr en la escena de la his-
toria con un sacerdote a la cabeza, portando en sus manos iconos reli-
giosos y una peticin al zar al padrecito de todos los rusos. Des-
confiaban de los revolucionarios e incluso en algunas ocasiones les
dieron una paliza. Pero todo eso cambi en veinticuatro horas despus
de la masacre del 9 de enero. Los mismos trabajadores, en la noche del
nueve, se convirtieron en revolucionarios y exigieron armas. As es
como la conciencia puede cambiar rpidamente en el fragor de los
acontecimientos!
A propsito, el padre Gapon, que haba organizado la peticin y la
manifestacin pacfica y que haba trabajado para la polica zarista, se
transform repentinamente despus del domingo sangriento. Hizo un
llamamiento a los revolucionarios para derrocar al zar e incluso en un
momento determinado estuvo prximo a los bolcheviques. Lenin no le
apart sino que intent ganarle aunque Gapon sigui como religioso.
La posicin flexible de Lenin se pudo comprobar cuando combata la
actitud sectaria contra aquellos trabajadores que eran religiosos pero
que participaban en las huelgas:
En tal momento y en semejante situacin [una huelga], el
predicador del ateismo slo favorecera al cura y a los curas,
quienes lo nico que desean es sustituir la divisin de los obre-

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ros en huelguistas y no huelguistas por la divisin en creyentes
y ateos. (Ibd. p. 24).
Aqu est el punto central de la cuestin. Luchamos por la unidad de
las organizaciones obreras por encima de todas las divisiones: religio-
sas, nacionales, lingsticas o raciales. Nuestra tarea es unir a todos los
oprimidos y explotados en un solo ejrcito contra la burguesa.
El atesmo para los marxistas nunca ha sido una parte del programa del
partido. Este disparate siempre ha caracterizado al anarquismo. Con
frecuencia un trabajador que todava es creyente se acerca al movi-
miento, convencido de su programa general y entusiasmado con la
lucha por el socialismo, pero no est dispuesto a renunciar a la reli-
gin. Qu actitud deberamos tomar? Por supuesto no lo echaremos.
Este trabajador no desea unirse al movimiento para ganar conversos a
la religin, sino para luchar contra el capitalismo. Probablemente, lle-
gar un momento en que ver la contradiccin entre su poltica y sus
creencias religiosas y poco a poco abandonar la religin. Pero es una
cuestin delicada y no hay que forzarla.
Como explic Lenin:
somos enemigos incondicionales de la ms mnima ofensa a
sus creencias religiosas. (Ibd. p. 24).
Es totalmente diferente cuando un intelectual de clase media busca
introducir confusin en la ideologa del movimiento, como era el caso
cuando Lenin escriba sobre la religin. Un grupo de bolcheviques
ultraizquierdistas (Bogdanov, Luchacharsky, etc.,) intentaban revisar el
marxismo e introducir nociones filosficas msticas. Lenin, correcta-
mente, luch contra esta tendencia.

El futuro de la religin
Cul ser el futuro de la religin? Sobre esta cuestin, desde luego,
habr una profunda diferencia de opinin entre los marxistas y los cris-
tianos y dems religiones. Naturalmente, no es posible mirar al futuro a
travs de una bola de cristal, pero si se puede decir lo siguiente. Aun-
que desde un punto de vista filosfico el marxismo es incompatible
con la religin, sobra decir que nos oponemos a cualquier intento de

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prohibir o reprimir la religin. Luchamos por la libertad completa del
individuo a tener su propio creencia religiosa o ninguna.
Lo que debemos decir es que debe haber una separacin radical entre
la iglesia y el estado. Las iglesias no deben ser apoyadas directa o indi-
rectamente por los impuestos, ni tampoco se debe ensear en las escue-
las la religin. Si la gente quiere religin, sta se debe aprender exclu-
sivamente en las iglesias a travs de las contribuciones de la congrega-
cin y predicar sus doctrinas en su propio espacio. Las mismas obser-
vaciones son buenas para el Islam o cualquier otra religin.
Por lo que a nosotros respecta el dilogo sobre la religin continuar,
pero esto no debe oscurecer el problema fundamental de nuestra poca.
Nuestra principal tarea es unir en la lucha a todos aquellos que desean
poner fin a la dictadura del Capital que mantiene a la raza humana en
una situacin de esclavitud. El socialismo permitir el libre desarrollo
de los seres humanos, sin la restriccin de las necesidades materiales.
Durante siglos, la religin organizada ha sido utilizada por los explota-
dores para engaar y esclavizar a las masas. Peridicamente, han esta-
llado rebeliones contra esta situacin. Desde la Edad Media hasta el
da de hoy, se han levantado voces de protesta contra la subordinacin
de la iglesia a los ricos y poderosos. Vemos tambin esto en la actuali-
dad. El sufrimiento de los trabajadores y campesinos, el martirio de la
raza humana bajo el infame despotismo del Capital, est provocando
indignacin entre amplias capas de la poblacin. Muchos de ellos no
estn al corriente de la filosofa del marxismo, pero desean luchar con-
tra la injusticia y la explotacin. Entre estos hay muchos cristianos
honestos e incluso sacerdotes de los escalafones ms bajos, que dia-
riamente presencian los sufrimientos de las masas.
La teologa de la liberacin es una expresin del fermento revoluciona-
rio en Amrica Latina. Las rdenes ms bajas del sacerdocio estn
horrorizados por el sufrimiento de las masas oprimidas y tan dado el
paso de luchar por una vida mejor. La jerarqua eclesistica, con sus
cientos de aos ha desarrollado una relacin cmoda con los ricos te-
rratenientes, los banqueros y los capitalistas, y combaten esta nueva
tendencia o la toleran de mala gana. As la lucha de clases ha penetrado
en las filas de la propia Iglesia catlica romana.

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Lo mismo ocurre entre los musulmanes, las ideas del marxismo han
comenzado a encontrar eco. Cuando las masas oprimidas de Oriente
Medio, Irn, Indonesia, comiencen a entrar en accin para mejorar sus
vidas, buscarn un programa de lucha para derrocar a sus opresores.
Es necesario derrocar el capitalismo, el latifundismo y el imperialismo.
Sin eso, no hay salida posible. El nico programa que puede asegurar
la victoria de esta lucha es el marxismo revolucionario. La colabora-
cin fructfera ente los marxistas y los cristianos, musulmanes, hin-
des, budistas, judos y seguidores de otras religiones en la lucha para
transformar la sociedad es absolutamente posible y necesaria, a pesar
de las diferencias filosficas que nos separan. Los cristianos honestos
se sienten profundamente ofendidos por la terrible opresin sufrida por
la mayora de la raza humana.
Camilo Torres, antiguo sacerdote colombiano, dijo una vez:
He colgado el hbito de sacerdote para convertirme en un
verdadero sacerdote. El deber de todo catlico es ser un revo-
lucionario; el deber de todo revolucionario es llevar adelante la
revolucin. El catlico que no es un revolucionario vive en pe-
cado mortal.
Estos son los verdaderos sucesores de aquellos primeros cristianos
revolucionarios que lucharon por la causa de los pobres sobre la tierra,
los pecadores y los oprimidos, y que no teman dar su vida en la lucha
contra la opresin. Son los mrtires modernos y todo aquel que quiera
la causa de la libertad y la justicia debe guardar su memoria. Entre
1968 y 1978, ms de 850 sacerdotes, religiosas y obispos fueron arres-
tados, torturados y asesinados en Amrica Latina. El jesuita salvadore-
o, Rutilio Grande, antes de ser asesinado dijo: Hoy en da, es peli-
groso [...] y prcticamente ilegal ser un autntica cristiano en Amrica
Latina. Lo importante es la palabra autntico.

Una vida alternativa?


Aunque en los ltimos aos la religin organizada ha perdido terreno,
las ideas religiosas han resurgido en un conjunto de sectas y cultos
desconcertantes, algunos ofrecen un estilo de vida alternativo. Algu-

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nas veces reflejando la creciente insatisfaccin entre una capa de jve-
nes con el sistema capitalista, su perspectiva de la vida inhumana y
desalmada, la vana comercializacin de todos los aspectos de la exis-
tencia, el crudo materialismo, el deterioro del medio ambiente, etc.,
puede representar el primer paso hacia la conciencia. Pero despus
empieza el problema. No basta con rechazar el capitalismo. Es necesa-
rio dar pasos concretos para abolirlo.
La caracterstica comn de todos estos movimientos alternativos
Nueva Era, etc., es que se basan en una salvacin individual. Por
este camino, no hay salida posible. Y en ltima instancia, tampoco esto
es una alternativa. El capitalismo puede vivir felizmente con un pua-
do de personas que han decidido retirarse. Esto no representa una
amenaza, porque los dueos del poder continan controlando la vida
de la sociedad como antes.
Incluso aquellos que profesan la retirada encontrarn en la prctica
que no hay retirada. Estn obligados a utilizar el dinero, comprar los
productos bsicos para la vida en las tiendas, llenar los depsitos de
sus camionetas en las gasolineras, donde comprarn los productos de
las grandes compaas petroleros que contaminan el medio ambiente,
sern desviados de un rea a otra por la polica, como el resto de noso-
tros.
La idea de que es posible apartarse de la sociedad y la poltica es una
ilusin. Intentadlo! Y encontrareis que un da la poltica estar en
vuestra casa y llamar al timbre de vuestra puerta (si no echa primero
la puerta abajo).
El intento de encontrar una solucin individual es esencialmente reac-
cionario porque es la nica forma de luchar contra el capitalismo y el
estado burgus para unir a la clase obrera y organizarla en un movi-
miento revolucionario. Optar por esta u otra forma, te situar a merced
del Capital y ayudar a perpetuar el orden existente.
Para cubrir su desnudez, los predicadores de la Nueva Era se presentan
con valores espirituales especiales lo imaginan que les puede si-
tuar al margen de los mortales normales y situarles en una lnea de
comunicacin directa con cosas sobrenaturales que sobrepasan todo
entendimiento. Se sienten superiores al resto de la humanidad que no

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tiene la confidencia de estos grandes misterios.
En realidad, estas ideas no son superiores al pensamiento de los morta-
les normales, son muy inferiores. La primera ley para aquel que desee
cambiar la sociedad es comprenderla y vivir en ella. Al intentar volver
la espalda a la sociedad, lo nico que consigues es convertirte en algo
impotente frente al orden existente, y renunciar eternamente, sin espe-
ranza, irrevocablemente, a toda posibilidad de cambiarla. Por este ca-
mino no hay alternativa, slo ms de lo mismo, para siempre.

La religin y la crisis del capitalismo


La religin es lo que los marxistas llamaran falsa conciencia, por que
dirige nuestro entendimiento fuera del mundo real, sobre el que no
podemos saber nada y del que es intil incluso hacer preguntas. Toda
la historia de la ciencia parte de dos presunciones fundamentales: a) el
mundo existe fuera de m mismo y b) puedo comprender este mundo, e
incluso aunque hay cosas que en la actualidad no puedo saber, al me-
nos ser capaz de conocerlas en el futuro. Para establecer un lmite ms
all del conocimiento humano necesita traspasar y abrir la puerta a
todo el misticismo y la religin. Durante ms de 2.000 aos, la huma-
nidad ha estado luchando para adquirir conocimiento de nosotros mis-
mos y del mundo en que vivimos. Durante todo ese tiempo, la religin
ha sido la enemiga del progreso cientfico, y no es una casualidad. En
la medida que el pensamiento cientfico nos ha permitido comprender
cosas que en el pasado parecan misterios, la religin ha sido empu-
jada para atrs y ahora se encuentra en la parte trasera intentando sal-
varse a s misma.
En la lucha de la ciencia contra la religin, es decir, la lucha del pen-
samiento racional contra la irracionalidad, el marxismo se ha puesto
con entusiasmo del lado de la ciencia. Pero hay ms. El objetivo al
adquirir un pensamiento racional del mundo es cambiarlo. El signifi-
cado de toda la historia humana de los ltimos 100.000 aos y
ms es la lucha sin fin de la humanidad por ganar la batalla a la na-
turaleza, controlar su propio destino y as convertirse en seres libres.
Las races de la religin estn en el pasado lejano, cuando los humanos
luchaban para librarse del mundo animal de donde procedemos. Para

- 37 -
encontrar sentido a los fenmenos naturales que estn ms all de
nuestro control, los humanos tenan que recurrir a la magia y el ani-
mismolas primeras formas de religin. En su da, esto represent
un paso adelante en la conciencia humana. Este estadio infantil de la
conciencia debera haber desaparecido hace tiempo, pero la mente hu-
mana es infinitamente conservadora y guarda conceptos y prejuicios
que hace tiempo han perdido su razn de ser.
En la sociedad de clases, el concepto de amor al prjimo es una va-
cua declaracin. La economa de mercado, con su moralidad servil
hace de esta aspiracin una proposicin imposible. Para cambiar la
conducta y la psicologa de hombres y mujeres es necesario, en primer
lugar, cambiar la forma en que viven. En palabras de Marx, el ser
social determina la conciencia. Todo el mundo est dominado por un
puado de gigantescos monopolios que saquean el planeta, lo deterio-
ran, destruyen el medio ambiente y condenan a millones de personas a
una vida de miseria y sufrimiento.
Las damas y caballeros que se sientan en los consejos de direccin de
estas multinacionales en su mayora son cristianos practicantes, en un
nmero menor judos, musulmanes, hinds u otros credos. Sin embar-
go, la verdadera religin del capitalismo no es ninguna de estas. Es el
culto a Mammon, el dios de la riqueza. El capitalismo da la vuelta a las
relaciones humanas. De una forma retorcida y distorsionada convierten
al hombre en un ser que vale un milln de dlares, como si habra-
mos de una mercanca. La televisin habla de la bolsa, el mercado, el
dlar y la libra como si fueran seres vivientes (la libra est hoy un
poco mejor). Esto es la alienacin: cosas muertas (Capital) que pare-
cen vivas y cosas vivas (personas, trabajo) que parecen muertes, trivia-
les y sin sentido.
El desarrollo humano ha tomado una lnea descendente. La capa de la
cultura moderna y la civilizacin fabricada durante miles de aos toda-
va es muy delgada. Ms abajo residen todos los elementos del barba-
rismo. Si alguien tiene dudas, estudiemos la historia de la Alemania
nazi, o los recientes acontecimientos en los Balcanes. En su perodo
ascendente, la burguesa abraz el racionalismo, incluso el atesmo.
Ahora, en el perodo de decadencia capitalista, aparecen por todas par-
tes tendencias a la irracionalidad incluso en los estados cultos ms

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avanzados. Si la clase obrera no consigue cambiar la sociedad, todas
las conquistas del pasado estarn amenazadas, y el futuro de la civili-
zacin humana no estar garantizado.
La devastacin infringida por el capitalismo en todo el mundo ha pro-
ducido numerosas monstruosidades. En su perodo de declive senil,
tambin hemos visto el ascenso de tendencias msticas y religiosas
retrgradas. El papel reaccionario de la religin se puede ver hoy en
todo el mundo, desde Afganistn a Irlanda del Norte. En todas las par-
tes vemos el monstruo del fundamentalismo: no slo el fundamenta-
lismo islmico, tambin el cristiano, judo e hind. El mensaje de amor
fraternal y esperanza se ha convertido en desesperacin, odio y matan-
za. Por este camino, nada es posible excepto el barbarismo y la extin-
cin de la cultura y civilizacin humanas.
La causa de estos horrores no es la religin por s misma, como poda
intentar defender un observador superficial, sino los crmenes del capi-
talismo y el imperialismo, que devasta pases enteros y comunidades y
destruye el tejido social y la familia sin poner nada en su lugar. Ante el
temor al futuro y la desesperacin por el presente, la gente busca con-
suelo en las llamadas verdades eternas de un pasado no existente. El
ascenso del llamado fundamentalismo religioso es slo una expresin
concreta del callejn sin salida de la sociedad, que lleva a las personas
a la desesperacin y la locura. Pero, como vemos en Irn y Afganistn,
las promesas de un cielo religioso sobre la tierra es un sueo vaco que
slo lleva a una pesadilla.
La religin no puede explicar nada de lo que est ocurriendo hoy en el
mundo. Su papel no es explicar, sino consolar a las masas con sueos y
untarles con el blsamo de una falsa promesa. Pero uno siempre se
despierta del sueo, y los efectos del blsamo, ms dulce, pronto desa-
parecen. La condicin previa para ganar nuestra libertad como seres
humanos es la ruptura radical con los sueos, y ver el mundo y a noso-
tros mismos tal como somos: mortales, luchando por una existencia de
seres humanos sobre esta tierra.

La humanidad alienada de s misma


Desde tiempos inmemoriales, los hombres (y tambin muchas mujeres)

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han sido educados en un espritu de servilismo. Incluso hemos llegado
a pensar que somos dbiles, impotentes, que no importa lo que haga-
mos, no hay diferencia, pues el hombre propone y Dios dispone. La
idea dominante es el fatalismo. Uno de los grandes problemas a los que
nos enfrentamos, es que nada se puede hacer. Este sentido de aceptar
de una forma fatalista, de adorar servilmente todo lo establecido, estn
inmersa en todas las religiones. Al cristiano se le aconseja que si al-
guien le golpea, debera poner la otra mejilla. La palabra islam es su-
misin, y los profetas del Antiguo Testamento nos aseguran que todo
es vanidad. Aparte de este sentido de impotencia est la necesidad de
un ser superior que es todo lo que nosotros no somos. El hombre es
mortal; Dios es inmortal. El hombre es dbil; Dios es fuerte. El hombre
es ignorante ante los misterios del universo; Dios lo sabe todo. La fe de
los seres humanos debe buscar en los cielos la salvacin y as surge la
creencia en milagros.
Pero esto no slo se limita a las clases menos cultas. Se encuentran
supersticiones similares en la mente de analistas econmicos y corre-
dores de bolsa, que simplemente se sitan a un nivel ms elevado de la
mentalidad del jugador que lleva un rabo de conejo en una mano y con
la otra lanza los dados. En la Biblia, el hambriento coma, el ciego
vea, el mudo hablaba... todo con la intervencin de milagros divinos.
Hoy en da, no se requiere la intervencin de elementos sobrenaturales
para conseguir estos milagros. Las conquistas de la ciencia moderna y
la tecnologa ya nos permite hacer todas estas cosas. Son slo las res-
tricciones artificiales impuestas por la propiedad privada de los medios
de produccin y la lucha por el mximo beneficio lo que impide la
extensin de estas ventajas a todos los seres humanos sobre el planeta.
Cuando hombres y mujeres sean capaces de controlar su vida y desa-
rrollarse como seres humanos libres, los marxistas creen que el inters
de la religin la bsqueda de consuelo en otra vida caer por s
mismo. Mientras tanto, los desacuerdos en estas cuestiones no deben
impedir a todos los cristianos, hinds, judos o musulmanes honestos
que deseen participar en la lucha contra la injusticia unan sus manos a
las de los marxistas en la lucha por un mundo nuevo y mejor.

- 40 -
Por un paraso en este mundo!
Si tuviera que comenzar todo de nuevo tratara, por supuesto,
de evitar tal o cual error, pero en lo fundamental mi vida sera
la misma. Morir siendo un revolucionario proletario, un mar-
xista, un materialista dialctico y, en consecuencia, un ateo
irreconciliable. Mi fe en el futuro comunista de la humanidad
no es hoy menos ardiente, aunque s ms firme, que en mi ju-
ventud... Esta fe en el hombre y su futuro me da aun ahora una
capacidad de resistencia que ninguna religin puede otorgar.
(Trotsky. Escritos. Bogot. Editorial Pluma. 1976. Tomo XI.
Vo. 1. pp. 216-7).
En su libro la Metafsica, Aristteles hizo un comentario profundo y
maravilloso, cuando dijo que el hombre comienza a filosofar cuando
sus necesidades de vivir estn satisfechas. Al eliminar la antigua de-
pendencia degradante de hombres y mujeres de las cosas materiales, el
socialismo establecer las bases para un cambio radical en la forma de
pensar y actuar. Trotsky adelant lo que podra ocurrir en una sociedad
sin clases:
Bajo el socialismo la solidaridad ser la base de la sociedad.
Todas las emociones que nosotros los revolucionarios, en la
actualidad, sentimos aprensin de mencionar, que han estado
llenas de hipocresa y vulgaridad, como es la amistad desinte-
resada, el amor por el prjimo, la simpata, ser el poderoso
coro de la poesa socialista.
(Trotsky. Literatura y revolucin. P. 60. En la edicin inglesa).

Las cadenas de la opresin de clase y la esclavitud no son slo materia-


les sino psicolgicas y espirituales. Costar tiempo, incluso despus de
la abolicin del capitalismo, para eliminar las cicatrices morales de
esta esclavitud. Hombres y mujeres que han sido formados durante
toda su vida en un espritu servil no emanciparn su mente y alma in-
mediatamente de todos sus prejuicios. Pero una vez las condicione
materiales y sociales estn dadas para permitir a hombres y mujeres
entrar en una relacin verdaderamente humana, su conducta y forma de
pensar se transformar de la misma forma. Cuando ese da llegue, la

- 41 -
gente no necesitar el polica sea material o espiritual.
Los antiguos sofistas griegos, que realmente eran filsofos perspicaces,
mantenan que el hombre es la medida de todas las cosas. En una
sociedad sin clases, este sera realmente el caso. Pero donde hombres y
mujeres controlan su vida y destino de una forma consciente, qu
espacio queda para lo sobrenatural? En lugar de desear una vida ima-
ginaria ms all de la tumba, la gente concentrar su energa en hacer
esta vida tan maravillosa y plena como pueda ser. Este es el significado
del socialismo: hacer realidad lo que siempre fue potencial.
En su forma ms elevada de la sociedad humana, hombres y mujeres
alcanzarn su verdadera talla. Limpiarn nuestro mundo de toda pobre-
za, odio e injusticia. Recuperarn el planeta, sus ros, mares y cascadas
sern puras de nuevo, y toda la maravillosa diversidad de la vida ser
protegida y cuidada. Las ciudades atascadas y contaminadas dejarn de
existir y reconstruidas con toda la creatividad artstica humana respe-
tando el medio ambiente. Las profundidades de los ocanos se explora-
rn y descubriremos sus secretos pasados. Y por ltimo, pero no menos
importante, tocaremos el cielo con la mano no en una oracin,
sino en naves especiales que llevarn a la humanidad a los confines
lejanos de nuestra galaxia y quiz ms all. Cuando hombres y mujeres
disfruten de esta visin ilimitada del progreso humano, que podemos
conseguir con nuestros propios esfuerzos y recursos, sin la ayuda de
espritus, qu lugar quedar para la religin?
En la Biblia se pueden encontrar palabras de gran sabidura, como en
los Corintios, donde podemos leer: Cuando era un nio hablaba como
un nio, comprenda como un nio, pensaba como un nio. Cuando me
convert en hombre dej a un lado las cosas pueriles. Ocurre lo mismo
con la evolucin de nuestra especie. Cuando la raza humana realice
definitivamente su destino y sea capaz de ponerse sobre los dos pies y
vivir la vida plenamente, ya no ser necesario el apoyo de la religin,
un ser sobrenatural a quin rezar o el falso consuelo de una vida en
otro mundo. Cuando llegue ese momento, la humanidad dejar la reli-
gin con la misma facilidad que cuando las personas crecen dejan de
lado los cuentos de hadas que amaban cuando eran nios y habrn su-
perado su necesidad.

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Sobre el autor:

Nacido en Swansea (Gales) en 1944, es licenciado en filologa rusa por la


Sussex University, Mosc y Sofa. Ha jugado un papel relevante en la
defensa de las ideas del marxismo en el seno del movimiento obrero brit-
nico e internacional. Ha escrito numerosos artculos y documentos sobre
el marxismo en ingls y en castellano, y es coautor, con Ted Grant, del
polmico libro Lenin y Trotsky, qu defendieron realmente y de Razn
y Revolucin. Es adems editor la web [Link]" y es Co Fun-
dador junto con Ted Grant de la Tendencia Marxista Internacional que en
estos momentos agrupa a marxistas de los cinco continentes y est presen-
te en aproximadamente 30 pases. Por ultimo sealar que es el impulsor de
la campaa de solidaridad con la revolucin venezolana "Manos Fuera de
Venezuela"

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