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TIEMPO Y TIEMPOS EN LA POESIA
DE ANTONIO MACHADO *
Francisco Javier Diez de Revenga
Universidad de Murcia
* Conferencia pronunciada en la Universidad de Cadiz ef 14 de
febrero de 1989, dentro del Programa de Actos, organizado
por la Junta de Andalucia, con motivo del Cincuentenario de
Antonio Machado.
Una aproximacién cordial a la poesia de Antonio Machado,
utilizando una palabra muy dilecta para él (cordial), ha de partir de
su propio concepto bergsoniano de la creacién poética. Juan de
Mairena, su fiel y amado apécrifo, el primero entre los suyos, sobre
cuya arte poética volveremos a reflexionar hoy, es calificado por Ma-
chado como «poeta del tiempo», como es generalmente sabido. Na-
turalmente, ese calificativo es mucho més que una precisién sobre
Mairena para convertirse en el propio autorretrato del poeta. Anto-
nio Machado, queda dicho desde el principio, es el poeta del tiempo,
como para él lo era Jorge Manrique, como para él no lo eran los
Poetas barrocos. Analizar su poesia-desde esta perspectiva es pene-
trar- con intensidad en la dimensién real de su intencién como poeta,
sin renunciar a otros tipos de precisiones tematicas y estilisticas que
puedan realizarse sobre su poesia.
El tiempo en la poesia de Antonio Machado es més, mucho
mas que un simple tema poético, incluso mas atin que una forma de
51Draco,n°2, 1990.
entender aspectos de nuestro mundo. El tema del tiempo en la poe-
sia de Antonio Machado deja de ser una mera circunstancia tema
ca para convertirse en toda una concepcién de la poesia. En 1914,
el poeta traza una sencilla poética del tiempo a través de unos ver-
sos también sencillos en su forma, pero como en tantos poemas
breves de su autor, disparadores de una reflexién intensa, reflexién
en el sentido machadiano auténomo de persona que ante si mismo.
medita sobre lo otro, sobre lo demas, sobre «el complementario»,
sobre lo que hay alrededor: :
El adjetivo y el nombre
remansos de agua limpia,
son accidentes del verbo
en la gramatica lirica,
del Hoy que serd Mafiana
y del Ayer que es todavia.
Para luego comentar, indicando lo temprano de su concep-
cién: «Tal era mi estética de 1902, Nada tiene que ver con la poética
de Verlaine. Se trataba sencillamente de poner la lirica dentro del
tiempo y, en lo posible, fuera de lo espacial». Pensamiento que luego
reiterarfa en numerosas ocasiones, especialmente cuando se refiera,
en el arte poética de Juan de Mairena, a su rechazo del barroco
como arte intemporal, concepto bastante Iticido que no todos han
aceptado unénimemente. En 1932, pasados ya tantos afios desde
aquella fecha del filo del siglo y cuando el poeta es incluido excep-
cionalmente por uno de los jévenes creadores liricos del momento
-Gerardo Diego- en su Antologla de Poesia espariola contemporanea,
Machado insistiré una vez més en este concepto temporal de la liri-
ca que siempre profes6, aunque ahora también se refiere a la emo-
cién del poema y a la fuerza del contenido: «...Al poeta no le es dado
pensar fuera del tiempo, porque piensa su propia vida que no es,
fuera del tiempo, absolutamente nada. Me siento, pues, algo en de-
sacuerdo con los poetas del dia. Ellos pretenden una destemporali-
zacién de la lirica, no sélo por el deseo de los artificios del ritmo,
sino, sobre todo, por el empleo de las imagenes en funcidn mas con-
ceptual que emotiva».
El tiempo es obsesién en Antonio Machado por tanto, y su di-
mensi6n afecta a todos los aspectos de su crear y de su sentir liri-
52Francisco Javier Diez de Revenga
cos. Y uno de ellos es el constituido por el propio tiempo de su poe-
sia. El poeta de Campos de Castilla, segiin queda escrito en Juan de
Mairena, a propésito de unas reflexiones muy interesantes sobre la
naturaleza, nos habla:de la utilidad de ésta para los poetas y nos re-
fiere que asi podrdn ser capaces de sentir el tiempo lento de la poe-
sfa. El texto es muy conocido, quizd mds porque es ese fragmento
que finaliza con el ataque contra don Luis de Géngora, al que termi-
na denominando «pedante canénigo cordobés». En lo que a nuestro
Propésito interesa, escribe Juan de Mairena: «Pero a quien el campo
dicta su mejor leccidn es al poeta. Porque, en la gran sinfonia cam-
pesina, el poeta intuye ritmos que no se acuerdan con el fluir de su
sangre, y que son, en general, mas lentos. Es la calma, la poca prisa
del campo donde domina el elemento planetario de gran ensefanza
para el poeta. Ademas, el campo le obliga a sentir las distancias -no
medidas- y a buscarles una expresién temporal».
Pero lo que nos interesa ahora, como reflexién para mejor en-
tender la poesia de Antonio Machado, es la presencia de ese tiempo
como unidad de medida abstracta, ese tiempo que Machado, equi-
vocadamente, como enseguida veremos, en un momento determi-
nado llama ritmo, y que no es lo mismo que el tiempo real. Es lo que
en el lenguaje musical denominamos tempo y que ha permitido a al-
gunos criticos facilitar la inteleccién de complejas estructuras narra-
tivas, como Mariano Baquero Goyanes cuando se refirid a «tiempo»
y «tempo» en la novela. Gerardo Diego, sensible poeta contempora-
neo, discipulo en muchos aspectos de Antonio Machado, indudable-
mente de su concepcidn de la poesia, se valia de sus excelentes co-
nocimientos musicales para explicar cual era el tempo de la poesia
de Antonio Machado. Como el propio Diego sefala, «a poesia de
Antonio Machado ha sugerido mas de un ensayo sobre su sentido
del tiempo, pero yo no conozco ninguno que se ocupe de su tempo»,
entendiendo por tempo, concepto tomado del lenguaje musical, la
andadura, la velocidad/lentitud de un determinado fragmento tem-
poral-artistico. «En la conversacién y aun en la literatura —afhade Ge-
rardo Diego- (y en el propio Juan de Mairena, podrfamos anadir no-
sotros teniendo en cuenta el fragmento antes leido), se emplea inde-
bidamente «ritmo», pero el ritmo es otra cosa que nada tiene que
ver con el «tempo». La organizacién del tiempo en unidades, con sus
multiplos y divisores es cosa distinta de la mayor o menor urgencia
con que en su lecho discurren unas aguas concretas, aguas de musi-
53Draco, n° 2, 1990.
ca o también de poesia métrica. Y esto es precisamente lo que lla-
mamos «tempo» ».
En el poeta del 27, en su dnimo no se hace esperar la clasifi-
cacién de cémo es ese «tempo» de Machado, cual seria la caracte-
ristica definitoria de su «andadura»: «salta al ofdo que la poesia de
Antonio Machado, su verso material y fonético, fluye a un «tempo
lento». Continuando el italianismo musical -concluye Gerardo Die-
go- diriamos que «Lento maestoso», o bien «Largo, pesante o mes-
to» ». La idea, ademés de acertada, esté explicada con toda claridad
y por ello no vamos a insistir mas en ello. Cualquier lector de la poe-
sia de Antonio Machado sabe mucho de su suave andadura, de su
musicalidad lenta y acompasada, obligada por la multiplicidad de su-
gerencias de su contenido. Incluso, cuando ese poema es tan breve
como un proverbio y un cantar, como sefiala Diego, «al ser asi el
verso de Antonio Machado no hace sino ser fiel a su vocacién sen-
tenciosa y rotunda. La riqueza mental y la profundidad cordial de su
inspiracién exigian pareja sensibilidad y ahinco en la materialidad fo-
nética y prosédica». Y podriamos ajiadir que esa cuestion del tempo
lento 0 maestoso que podemos considerar caracteristica de la anda-
dura de la poesia de Machado coincide plenamente con su filosofia
de la propia poesia, que se distingue por el desprecio definido de en-
cantamientos formales falsos o brillanteces momenténeas, para pre-
ferir una poesia que ‘encanta por lo que dice, no por como lo dice.
Parece entonces que la lentitud, el tempo lento y maestoso nos
muestra el cardcter intelectual y emotivo de una poesia que en su
concentracién mental y en su hondura de pensamiento encierran
sus més notables cualidades. Es evidente, leyendo a Machado, que
existid siempre un parentesco muy cercano y una identidad mante-
nida entre su teoria y su prdctica, entre su poética y su poesia.
La cuestién del tempo no es algo baladi y sin importancia. Si
su aplicacién como metodologia en el! andlisis de la novela ha dado
resultados clarificadores, también puede otorgarlos en el campo de
la poesia y mucho més en el campo de una poesia esencialmente
temporal, concebida tan bergsonianamente como lo hace Antonio.
Machado. Y su aplicacién ha dado resultados admirables, como los
conseguidos por Claudio Guillén en el andlisis estilistico de uno de
los poemas més valiosos de Antonio Machado, y, por cierto, dicho
sea de paso, uno de los poemas en los que se advierte con mayor
54Francisco Javier Diez de Revenga
claridad su condicién de poeta del. tiempo. Recuérdese esta obra
maestra fechada en abril de 1913, creada tras la publicacién de
Campos de Castilla y apartado ya de Soria. Me'refiero al poema «A
José Maria Palacio»:
Palacio, buen amigo,
desta la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del rio y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
i pero es tan bella y dulce cuando llega !..
& Tienen los viejos olmos
algunas hojas nuevas ?
Aun las acacias estarén desnudas
y nevados los montes de las sierras.
i Oh mole de! Moncayo blanca y rosa,
alldien el cielo de Aragén, tan bella !
é Hay zarzas florecidas
entre las grises pefias,
y blancas margaritas
entre la fina hierba ?
Por esos campanarios
ya habrén ido llegando las ciguefas.
Habré trigales verdes,
y mulas pardas en las sementeras,
y labriegos que siembran los tardios
con las lluvias de abril. Ya las abejas
libardn del tomillo y el romero.
é Hay ciruelos en flor ? é Quedan violetas ?
Furtivos cazadores, los reclamos
de la perdiz bajo las capas uengas,
no faltaran, Palacio, buen amigo,
é tienen ya ruisefiores las riberas ?
Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde estd su tierra...
En 1957, y en consonancia con las corrientes mds avanzadas
de la estilistica en ese momento, Claudio Guillén trazé un minucioso
estudio del poema del que destacé su «estilistica del silencio» yla
presencia de dos temas bdsicos o motivos fundamentales: la ausen-
55Draco, n° 2, 1990.
cia y el tiempo: la experiencia del tiempo y el sentimiento de la au-
sencia, es decir, dos nociones basicas de tiempo y espacio. Y es muy
cierto que si revisamos detenidamente todo el poema parece que es
la presencia del tiempo y su «emocidn» lo que concede a este poe-
ma su mayor fuerza, a este poema que es también un poema de
amor y de muerte. Mas que el tiempo, en abstracto, nos es posible
descubrir en esta extraordinaria composicién, como en otros mu-
chos poemas de Soledades, galerias y otros poemas y de Campos de
Castilla, «los tiempos» concretos de la poesia machadiana. Si obser-
vamos el poema desde esa perspectiva multiple, advertiremos cémo
esa sensacién de permanente vigencia, que hace que tan definitiva
composicién atin nos conmueva, se basa inevitablemente en la pre-
sencia del tiempo y de los tiempos, en esa emocidn del tiempo de la
que Machado habl6 tantas veces en sus escritos tedricos.
Asi, la primera de las preguntas realizadas, ya contendra, con
la mencidn de la primavera, la revelacidn de las mutaciones de la na-
turaleza, tanto estacional como césmica, con la presencia de los
chopos por un lado (que recuperan su bello aspecto pendientes del
ritmo estacional) como por el rfo y los caminos, verdaderas obsesio-
nes de Machado, verdaderos simbolos de la fluencia vital-temporal.
El rio, en los versos siguientes, se concretard, siguiendo uno de los
procedimientos machadianos més ricos, en el amado Duero y la pri-
mavera -nocién de tiempo estacional concreto- recibird un califica~
tivo concretizador y situador en una geograffa determinada: tarda,
primavera tarda. Machado se detiene en la emocién del tiempo e in-
siste y vuelve, una y otra vez, a recrearse en la realidad de un paisaje
concreto: no es, como él explicaba, cuando de Jorge Manrique trata-
ba, cualquier paisaje ni cualquier tiempo. Es ése concreto que tan
bien conoce. El paisaje en este poema no es una decoracién ni un
bello telén de fondo: es el aviso del paso del tiempo. Las acacias
desnudas (atin: adverbio de tiempo) y la nieve mantenida en las
cumbres de las sierras. Pero no se trata de una nieve cualquiera,
como antes no era un rio cualquiera. Ahora, como antes lo fue el
Duero, es el Moncayo, con su mole blanca y rosa (colores que son
impresiones, pues si bien el blanco corresponde a la nieve, el rosa
es, sin duda, el reflejo del sol sobre la nieve, quizé al atardecer. (Mas
adelante, Antonio Machado, formado desde el punto de vista pictéri-
co y cromatico en escuela muy cercana al impresionismo francés,
recomendaré que su amigo suba al Espino en una tarde azu/. Y los
56Francisco Javier Diez de Revenga
dias azules seran la ultima imagen en ese ultimo verso que escribid).
La dinamicidad del paisaje es su més clara advertencia del
paso del tiempo y del tiempo mismo. Y nada hay tan efectivo en el
recreo machadiano de la naturaleza como la propia fauna; pero serd
una fauna vinculada al paso del tiempo, bien tratandose de aves mi-
gratorias, como lo son las ciglefias, cuya imagen en el campanario
constituye una triple insistencia en el paso del tiempo, bien la perdiz,
vinculada a una determinada época del aiio en que la caza es furtiva,
bien los ruisefores, cuya presencia coincide con la primavera. En un
poema como éste no podia faltar la presencia humana, tratandose
de un poema del ciclo de poesia soriana de Antonio Machado. Pero
obsérvese que esa presencia humana, representada por determina-
das gentes que ejercen sus labores relacionadas con el paso del
tiempo —sembrar tardios, incluso haciéndose eco de una cierta preci-
sion técnica, 0 cazar la perdiz con reclamo —nuevo tecnicismo realis-
ta~, da buena cuenta de ese sentido temporal de todo el poema. En
Su conjunto, paisaje, fauna y hombre constituyen una naturaleza vin-
culada a un momento vital, pero también vinculada a un tiempo con-
creto.
Y si, para corroborar cuanto llevamos sefialado, nos detene-
mos en la adjetivacidn del poema, como uno de los signos de la cua-
lificacién mas caracteristico y que mas cardcter temporal, inestable
y transitorio imprime al poema, advertiremos la intensidad de su
sentido temporalista. En unos versos, como los contenidos en esta
bella interrogacién, se resume todo cuanto intentamos destacar:
é Tienen ya los viejos olmos
algunas hojas nuevas ?
Viejos los olmos, nuevas las hojas, desnudas las acacias, ne-
vados los montes de las sierras, florecidas las zarzas, fina la hierba
(es decir, recién nacida o incipiente), todos son objetos calificados
por una cualidad de suyo temporal, relacionada con la estacién o
con la edad, relacionada directamente con su propio trascurrir, con
Su propia esencia temporal. Los adjetivos son todos, por su posicién
y funcién concreta, temporales, y hallan su culminacién, ya al final
del poema, en la referencia a los primeros lirios y a las primeras ro-
sas. Incluso los adjetivos que aluden a cualidades cromaticas, los
57Draco, n° 2, 1990.
adjetivos de color, que tan variado cromatismo conceden a todo el
poema en la linea de concepcién pictdrica impresionista que hemos
sefialado, son adjetivos intensamente temporalizadores. Asi, la mole
del. Moncayo es d/anca, con muy clara alusién a una situacién tem-
poral, es decir la situacién provocada por la presencia de la nieve
que no estd siempre en la cumbre, sino en una determinada época
del afio, y rosa, con clara alusién a una situacién temporal cambian-
te, que bien puede ser la producida en el amanecer o en el ocaso; las
pefias son grises, las margaritas blancas son mds pinceladas de co-
lor como lo son los trigales verdes y las mulas pardas. Todo este
cromatismo culmina, lleno de sensibilidad, en la tarde azul, simbolo
maximo de la primavera —que veremos atin en el tiltimo verso escrito
por el poeta-, primavera que también encontramos delimitada por
un adjetivo referido a su propia condicién temporal: tarda.
Claudio Guillén se ha referido al «tempo» de este poema de
Antonio Machado, en que nosotros acabamos de revisar los tiempos
y la emocién del tiempo. Ha hablado de que, desde el primer verso,
debido a su disposicién acentual, percibimos ya un intencionado y
pertinente «tempo» retardado: «el mencionado «tempo» retardado
-asegura Guillén- es el «significante» mas adecuado a uno de los
significados centrales de esta poesia: el ritmo de la primavera soria-
na, retardada en comparacion con la andaluza». Y en realidad, lo que
ocurre con este poema sucede igualmente con otros muchos, tanto
de Soledades como de Campos de Castilla y otros libros posteriores.
En toda su poesia, la temporalidad, los tiempos, adquieren para An-
tonio Machado tal protagonismo que su riqueza esta en el matiz.
Cualquier lector de la edicién de Poes/as completas, realizada por
Manuel Alvar, habrd reparado en las interesantes observaciones que
el ilustre académico y prologuista hace de las versiones de la tarde
en Machado a propésito de unas observaciones suyas de cardcter
estil(stico sobre la adjetivacién. Una tarde -escribe Alvar- se repite
en cada ocaso, aunque cada tarde es distinta de las demas e idénti-
ca a sf misma: la lengua no pone sino una palabra para designar a
todas y cada una de ellas, pero el adjetivo de la identidad inalienable
de cada singularizacion: la tarde clara no es lo mismo que la tarde
triste, ni que la tarde sofiolienta, ni que la tarde roja, por mas que to-
das se refieran a distintas posibilidades de estio».
Con estas ideas pasamos a considerar el sentido de ese tiem-
58Francisco Javier Diez de Revenga
po machadiano como reflexién de la naturaleza. S4nchez Barbudo
no se basa en sus constantes referencias al tiempo en su poesia o
en el cardcter melédico de sus versos, sujetos a ritmos y tiempos,
sino en que «temporalidad es emotividad». «Poesia temporal quiere
decir en Machado en ultimo término poesia emotiva. Poesia escrita
con una emocién cuya raiz se halla en el sentimiento del tiempo o si
se prefiere de la nada». Lo cierto es que Machado, como se ha Sefia-
lado tantas veces, asi lo dejé escrito en sus reflexiones mairenianas,
en e/ arte poética de Juan de Mairena, que figura en sus Poes/as
completas, cuando compara el soneto «A las flores» de Calderén en
El principe constante con una bella estrofa de Jorge Manrique, «é Qué
se hicieron las damas...». «El poeta pretende —-escribe Juan de Maire-
na- que su obra trascienda de los momentos psicoldgicos en que es
Pproducida. Pero no olvidemos que, precisamente, es el tiempo (el
tiempo vital del poeta con su propia vibracién) lo que el poeta pre-
tende intemporalizar, digamoslo con toda pompa: eternizar. El poe-
ma que no tenga muy marcado su acento temporal esté més cerca
de la ldgica que de la lirica». Pero lo importante para él era la emo-
cién de esta temporalidad, el sentir ese paso del tiempo que deter-
mina nuestra existencia y produce no ya un sentimiento de angustia,
porque muy presente esté en Machado el tema de la renovacién de
la naturaleza, sino una emocidn vital, aprendida de Machado en la fi-
losofia de Bergson. Es interesante tener muy en cuenta esta dimen-
si6n de la temporalidad en la obra machadiana. Su canto del tiempo
no es mas que un reflejo de una vitalidad ante la propia realidad que
no siempre es elegiaca. Machado se preocupa del tiempo porque él
es el que rige nuestra vida pero no lamenta su paso. Ve en el paso
del tiempo la ley de la vida que permite no sdlo vivir sino seguir vi-
viendo. Seré frecuente en su obra ver, en cada mencidén de signos
temporales, a la propia naturaleza renovdndose. En el poema «A
José Maria Palacio» hemos leido un gran canto de la renovacién de
la naturaleza vinculada al tiempo,.un gran canto de los ciclos que
definen esa naturaleza vital.
Los tiempos de Antonio Machado en su poesia y en su teoria
literaria, en su poética, son harto conocidos y una nutrida bibliogra-
fia se ha ocupado de ellos. Primavera, verano, invierno, otofo
—despegdndose notablemente en las evocaciones de esta tiltima es-
tacién de enfermizas representaciones romanticas 0 modernistas—
59Draco, n’2, 1990.
como estaciones vinculadas a un determinado momento de la vida,
prendidas a un constante simbolismo; la majiana, la noche, y, sobre
todo, la tarde, son tiempos que nos definen posiciones ante el trans-
curso de la vida. Lo importante en cada caso -ya lo hemos visto en
el caso de la tarde- es el matiz que define la movilidad de la inten-
cién simbdlica y, sobre todo, lo dindmico de la temporalidad macha-
diana nada sujeta a esquemas simbdlicos establecidos, sino prendi-
da a la emoci6n espiritual de cada momento. Es interesante tener
esto muy en cuenta y observar cémo fue regla y norma de su vida y
de su poesia a lo largo del tiempo. Poemas suyos, de su etapa final,
menos conocidos asi lo demuestran fehacientemente. Con esos
poemas vamos a finalizar ya nuestras reflexiones mientras nos apro-
ximamos a un Machado menos conocido, el de sus poemas més
maduros, escritos después de 1928. Nos referimos a algunas de las
«Canciones a Guiomar», producidas tras su relacién amorosa en ple-
na madurez —cincuenta y tres afios tenfa el poeta- y que nos devuel-
ven algunos de los tonos més sensibles del emocionante poeta sevi-
llano. Léase, por ejemplo, ésta:
Tu poeta
piensa en ti. La lejania
es de limon y violeta,
verde el campo todavia.
Conmigo vienes, Guiomar,
nos sorbe la serrania.
De encinar en encinar
se va fatigando el dia.
El tren devora y devora
diay riel. La retama
pasa en sombra; se desdora
el oro de Guadarrama.
Porque una diosa y su amante
huyen juntos, jadeante
los sigue la luna llena.
El tren se esconde y resuena
dentro de un monte gigante.
Campos yermos, cielo alto.
Tras los montes de granito
y otros montes de basalto,
ya es la mar y el infinito.
Junto vamos; libres somos.
60Francisco Javier Diez de Revenga
Aunque el Dios, como en el cuento
fiero rey, cabalgue a lomos
del mejor corcel del viento,
aunque nos jure, violento,
su venganza,
aunque ensille el pensamiento,
libre amor, nadie lo alcanza.
Hoy te escribo en mi celda de viajero,
a la hora de una cita imaginaria.
Rompe el iris al aire el aguacero,
y al monte su tristeza planetaria.
Sol y campanas de la vieja torre,
Oh tarde viva y quieta
que opuso al panta rhei su nada corre,
tarde nifia que amaba tu poeta |
iY dia adolescente
-ojos claros y musculos morenos-,
' cuando pensaste a Amor, junto a la fuente,
besar tus labios y apresar tus senos !
Todo a esta luz de abril se trasparenta;
todo en el hoy de ayer, el Todavia
que en sus maduras horas
el tiempo canta y cuenta,
se funde en una sola melodia,
que es un coro de tardes y de auroras.
Ati, Guiomar, esta nostalgia mia.
La cancién tiene dos partes definidas. Se distinguen tanto en
lo formal como en el progreso del contenido. Pero en ambas esta
muy presente la emocién machadiana del tiempo. Es lo que las une,
!o que las hace similares. Porque son muy distintas entre si. Y tam-
bién percibimos en ellas la sensibilidad del’ poeta ante los tiempos,
impregnados en esta ocasién de definitiva subjetividad. Antonio Ma-
chado crea una poesfa de amor en la que se presenta é! mismo
como protagonista del envio o la dedicatoria: tu poeta. Es un poeta
en el tiempo. Un poeta en el tiempo que piensa en la amada cuando
ve la naturaleza cambiante. Las mutaciones de la naturaleza se pro-
ducen en esta ocasién a través de. dos efectos distintos que nos
traen el simbolismo del «panta rhei». Uno es el atardecer, nueva-
61Draco, n° 2, 1990.
mente la tarde machadiana siempre en progreso, siempre cambian-
te, avanzando de un tiempo a otro. Y otro es el tren. El poeta viajero
en tren, con todo lo que de machadiano tiene la cuestidn. El poeta
que vive, cada vez que lo lleva y lo trae un tren, los cambios de la na-
turaleza y del paisaje. Surge la adverbializacién temporal: todavia.
Todavia la luz define colores de su paleta impresionista: lim6n, viole-
ta, todavia verde. Si-hay un todavia es que hay un cambio césmico
inminente: la tarde cayendo esta: se repite en el texto que revela no-
torio cansancio: se va fatigando el dfa. Hay que observar cémo la mu-
tacién coésmica se funde con la mutacién que experimenta el viajero
en tren. Las palabras revelan en su agrupacién el sentido de la mo-
notonia que para el poeta ha tenido constantemente el paso del
tiempo: De encinar en encinar... / El tren devora y devora, Es también
la monotonia y el sonido del propio tren. Mutacién y viaje se funden:
devora y devora / dia y riel. Y |os juegos impresionistas de colores in-
sisten: se desdora el oro: la tarde, nuevamente, cayendo esta. El tren
avanza en el paisaje. El tiempo avanza de la tarde a la noche. La no-
che es entonces tiempo de fadbula para Antonio Machado, que recu-
pera el sentido de su poema amoroso: hay una diosa y su amante,
hay una luna llena. La noche ha Ilegado. Y el campo se transforma
en idea. El paisaje recupera su condicién césmica y se hace abstrac-
to, Surge la palabra definitiva en la negacién del tiempo: infinito. Pai-
saje y tiempo se funden:
Campos yermos, cielo alto.
Tras los montes de granito
y otros montes de basalto,
ya es la mar y el infinito.
La mar que es el morir. éPor qué ha surgido, de pronto, esta
imagen en machado, y justamente cuando esta viajando por la sierra
de Guadarrama? La mar y el infinito precedidos de un adverbio de
tiempo también y un verbo profundamente esencial, crean el verso
lapidario, definitivo, en la comprensién del poeta cincuentén y ena-
morado: ya es /a mar y el infinito.
La segunda parte del poema es muy distinta. No seria dificil
demostrar que estamos ante otra cancién diferente. Los dos tiem-
pos de Antonio Machado nos lo demuestran con meridiana claridad.
En el poema anterior habia un viaje y un atardecer concretos. Ahora
62Francisco Javier Diez de Revenga
el poeta viaja igualmente en su tren, en su celda de viajero. E imagi-
na. La tarde estd quieta. Como quieto esté el poeta. El viaje ahora es
imaginario. Ahora no. hay movimiento ya que el poema es estético.
Pero es la imaginacién la que acude a una cita imaginaria. Y surge
entonces el recuerdo de Machado en la frase definitiva, el panta rhei,
que se enfrenta a un nada corre imposible. El mundo del amor fisico
penetra en el poema y en la imaginacién del poeta y hay un dios, un
dios que es amor y todo se mezcla con un nuevo y agudo sentimien-
to del tiempo. Un d/a que es ado/escente; una luz forjada temporal-
mente en el afio y en el nombre de un mes: abril. Y otro verso lapida-
rio, sentencioso y definitivo, que comienza una sencuencia de la na-
turaleza bergsoniana. Un poema sobre el tiempo en un poema de
amor. Los adverbios adquieren su propia personalidad y se escriben,
al haber adquirido una nueva condicién de nombres propios, con le-
tra maytiscula:
Todo a esta luz de abril se trasparenta;
todo en el hoy de ayer, el Todavia
que en sus maduras horas
el tiempo canta y cuenta,
se funde en una sola melodia,
que es un coro de tardes y de auroras.
Ati, Guiomar, esta nostalgia mia.
éY cual es la nostalgia del poeta? Inevitablemente, el paso del
tiempo queen este poema de madurez se funde cuando con el amor
se pone en relacién: el dia es adolescente més arriba, pero en este fi-
nal las horas son maduras; en el lenguaje de la cancién el tiempo.
canta, pero también cuenta, y todo se junta y se funde en una sola
melodia: una melod/a de confusién y de coro (para la cancion a la
fascinante Guiomar) de tardes y de auroras. Estos son los tiempos
de Antonio Machado cuando, ya a los cincuenta afos, experimenta
la nostalgia del tiempo enfrentada al amor.
No vamos a terminar esta vision de los tiempos de Antonio
Machado sin referirnos a un poema escrito ya en la guerra. Surgen
ahora con més intensidad, y mds patetismo, los motivos de la dis-
tancia, la ausencia, el mar y, sobre todos, el tiempo. Pero ahora, y de
ahi el evidente patetismo draméatico, hay un elemento atin mas per-
turbador, la guerra. Machado, separado una vez mas de su amor, de
su Guiomar, ve la distancia en la imagen del mar, en ese mar que si-
63Draco, n° 2, 1990.
gue siendo, y ahora mas que nunca, el morir. El poeta tiene mas de
sesenta afios y escribe:
De mar a mar entre los dos de la guerra,
més honda que la mar. En mi parterre,
miro la mar que el horizonte cierra.
Tu, asomada, Guiomar, a un finisterre,
miras hacia otro mar, !a mar de Espafia
que Camoens cantara tenebrosa.
Acaso a ti mi ausencia te acompafia.
Am( me duele tu recuerdo, diosa.
La guerra dio al amor el tajo fuerte.
Y es la total angustia de la muerte,
con la sombra infecunda de tu llama
y la sofada miel de amor tardio,
y la flor imposible de la rama
que ha sentido del hacha el corte frio.
El mar, la ausencia y la total angustia de la muerte son los
grandes motivos de este soneto patético en el que percibimos las
dos Esparias frente a sus mares y también la guerra, la tremenda
imagen del hacha fria que tala sin piedad ese amor tardio, esa ya im-
posible floracién para una rama que quedaré definitivamente trunca-
da. Es emocionante contemplar a! poeta viviendo sensaciones que
ya antes habiamos advertido en otros poemas mas 0 menos lejanos,
pero ahora presentadas en patética negacién. No seria dificil recor-
dar aqui poemas como «A un olmo seco», simbolo de imposible es-
peranza. A ese olmo si que salid una rama de breve floracién, la re-
cuperacién de la amada que no fraguo finalmente. Ahora, en este
soneto, como ocurre en otros poemas de guerra, percibimos un final
diferente, con una ausencia obligada, y advertimos cémo los tiem-
pos machadianos han adquirido esa dimensién patética a la que ve-
nimos haciendo referencia. Solamente una palabra de todo el poe-
ma, tard/o, alude directamente a un sentido de duracién temporal y,
sin embargo, en todo el soneto se percibe, con toda claridad, algo
que el poeta siempre defendié por boca de Juan de Mairena: la emo-
cidn del tiempo. La ausencia, la distancia, la memoria, el recuerdo de
otro tiempo («a mf me duele el recuerdo, diosa»), la angustia de la
muerte —simbolizada y presentida previamente en el hondo mar- y,
sobre todo, la imagen de la flor cortada, de imposible futuro, nos
transmiten esa patética emocién del tiempo final.
64Francisco Javier Diez de Revenga
Hasta el ultimo momento, Machado vivid con emocién el
tiempo y es asi como lo percibimos en el ultimo verso que dicen que
escribid y en el que se percibe, en acorde definitivo, esa sentida
emocidn de lejania y duracién:
Estos dias azules y este sol de la infancia
El verso en cuestién es un hermoso final para una larga
trayectoria poética en la que siempre se persiguid una desnudez es-
piritual que parece haberse logrado en este tiltimo verso de forma
definitiva. Muy pocos ajios antes, cuando redactaba su discurso de
ingreso en la Real Academia Espafila, un discurso que, como es sa-
bido, jamas pronuncid, habia escrito: «Soy poco sensible a los pri-
mores de la forma, a la pulcritud y pulidez del lenguaje, y a todo
cuanto en literatura no se recomienda por su contenido. Lo bien di-
cho me seduce sdlo cuando dice algo interesante, y la palabra esc
ta me fatiga cuando no me recuerda la espontaneidad de la palabra
hablada. Amo la belleza, y al arte sdlo cuando me la representa o
evoca, y no siempre encontré la belleza allf donde literalmente se
guisay.
Estos dias azules y este sol de la infancia.
Desnudez absoluta y evocador contenido de toda una vida y
una trayectoria. Las tltimas imagenes de luz y de claridad, y la emo-
cidn del tiempo, de los tiempos de Antonio Machado, se siente con
fuerza singular y con Bergson siempre al fondo. Los tiempos, en los
dias -estos dias azules (éstos y no otros, como aquellas ropas cha-
padas manriquefas, que tanto impresionaron a Juan de Mairena)- y
este (éste y no otro) sol de infancia, pleno de memoria en la nostal-
gia concreta de un tiempo lejano, de un alfa recordado en este sinté-
tico, emblematico y emotivo omega final.
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