0% encontró este documento útil (0 votos)
393 vistas4 páginas

José Ramón Ubieto

Cargado por

Natalia Torres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
393 vistas4 páginas

José Ramón Ubieto

Cargado por

Natalia Torres
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

2 de marzo de 2016

Testimonios literarios del Bullying*, por Jos Ramn Ubieto


La experiencia subjetiva del bullying tiene un carcter traumtico. Los testimonios que encontramos en la
clnica y en la literatura as nos lo confirman. Se trata de un acontecimiento que deja huellas indelebles,
diferentes para cada uno, hasta el punto que a veces tienen que pasar dcadas para poder hablar de ello.
Los pacientes adultos se refieren a l como algo que sucedi en su infancia y adolescencia, y que guardan
como un secreto. Los artistas tratan ese real traumtico mediante la sublimacin que la obra de arte les
procura. Es su manera particular de exorcizar los fantasmas que les han acosado todo ese tiempo.
Algunos incluso quieren verificar en la realidad, mediante encuentros posteriores con sus acosadores, eso
que sufrieron como un sinsentido, algo para lo que entonces no encontraron una explicacin, ms all de los
lugares comunes (ser rara, un friki,..). Es el caso de Anna Odell, directora de cine sueca, autora de The
Reunion (Atertrffen, 2013), film que recrea una reunin de antiguos alumnos a los que ella reprocha el acoso
sufrido.
Sergio Vila-Sanjun convoca tambin una reunin en El club de la escalera. Un grupo de ex alumnos citan al
acosador aos ms tarde para confrontarlo a sus actos. En las dos obras la iniciativa parte de las vctimas,
que tratan de elaborar ese acontecimiento para encontrar un sentido que les procure ms tranquilidad que
venganza, si bien esto ltimo no est excluido.
Una muestra del dolor y de la huella que deja nos la ofrece Hctor Conde, personaje de El club de la
escalera: Me preguntas cmo llev este acoso. La verdad es que con mucha angustia. Me notaba
tremendamente inquieto y a veces me faltaba el aire, pensaba que iba a morir ahogado. Los fines de semana
me quedaba en mi cuarto, a oscuras. En casa me preguntaba qu ocurra, pero yo no estaba dispuesto a
decirle a mi padre que en el cole me perseguan por afeminado. Aguant como pude y as acab el
bachillerato, pero no me saqu la angustia de encima. Cuando estudiaba la carrera una noche pens que me
estaba dando un ataque al corazn. Mis padres me llevaron a urgencias del Clnico, y all me dijeron que lo
que tena era una crisis de ansiedad. A partir de aquel momento empec a ir a un psiclogo y tomar
ansiolticos.

Una falsa salida para los adolescentes

En una reciente investigacin que hemos dirigido, y que ha aparecido publicada como Bullying. Una falsa
salida para los adolescentes (Ned ediciones), constatamos como el acoso es una falsa salida por la que
algunos adolescentes optan de manera temporal. Eso explica que para muchos adultos confrontados a su
pasado de acosadores, y sobre todo de testigos, lo sucedido fue una cosa de nios, de adolescentes idiotas.
Para ellos fue una respuesta a un impasse, del que luego salieron de una manera u otra sin que lo sucedido
les dejase una marca especfica, como s ocurre con las vctimas.
Esa diferencia de posiciones constituye la lgica misma de la escena del acoso. No importan mucho las
razones, se trata de lugares y de lazos diferentes. Oskar, protagonista de la novela de John A.
Lindqvist Djame entrar, experimenta esa diferencia que lo sita como chivo expiatorio de la clase: El grupo
que estaba fuera se dispers, abriendo camino a Oskar hasta la puerta. l, en realidad, no se haba esperado
otra cosa. Tanto si era porque irradiaba fuerza o porque era un paria maloliente al que haba que evitar, eso
era lo de menos. l ahora era de otra especie. Los otros lo notaban y se apartaban.
Esa falsa salida es una respuesta a algo que surge, para cada adolescente, como una pregunta sin
respuesta. Algo inquietante en su nuevo cuerpo sexuado que les perturba porque altera su imagen, sus
relaciones y la manera de vivir eso que Freud nombr como la pulsin. Algo que insiste y que exige siempre
ser satisfecho. Ese nuevo real que los embaraza hace que el cuerpo se convierta en algo extrao, nada
familiar, y que debern aprender a habitar.
Asa Larsson (Aurora boreal) nos lo transmite muy bien: Por las maanas su cuerpo se despierta mucho ms
temprano que ella. La boca se le abre ante el cepillo de dientes. Las manos le hacen la cama. Las piernas la
llevan hasta el instituto A veces se queda de pie en medio de la calle, preguntndose si no es sbado.
Plantendose si de verdad tiene que ir al instituto. Pero es curioso, sus piernas siempre tienen razn. Llega al
aula correcta el da correcto a la hora correcta. Su cuerpo se las apaa bien sin ella.
El cuerpo es ahora el nuevo partenaire del adolescente que se emociona y trata de manipularlo para calmarlo,
cuando le agobia demasiado. Esa manipulacin admite hoy muchas variantes: desde el piercing hasta el
tatuaje pasando por formas ms extremas como los cortes o escoriaciones en la piel. Tambin ese cuerpo
puede envolverse y marcarse como mandan los cnones de la moda. Incluso puede muscularse, adelgazarse
u ofrecerse al otro para su satisfaccin. El recurso a los txicos, medicamentos o drogas, es tambin habitual.
En todos los casos se ve cmo las palabras no terminan de dar una significacin a esa novedad que
experimentan, y por ello la accin es inevitable.
Haruki Murakami, en Tokio Blues, es sensible a estas dificultades: No puedo hablar bien. Me pasa desde
hace un tiempo. Cuando intento decir algo, solo se me ocurren palabras que no vienen a cuento o que
expresan todo lo contrario de lo que quiero decir. Y si intento corregirlas, me lo an ms, y ms equivocadas
son las palabras, y al final acabo por no saber qu quera decir al principio. Es como si tuviera el cuerpo
dividido por la mitad y las dos partes estuvieran jugando al corre que te pillo. En medio hay una gruesa
columna y van dando vueltas a su alrededor jugando al corre que te pillo. Siempre que una parte de m
encuentra la palabra adecuada, la otra parte no puede alcanzarla ...esto nos sucede a todos, le responde l.
En este pasaje adolescente surgen los impasses ante ese real que introduce la pubertad. Es all donde
manipular el cuerpo del otro bajo formas diversas: ninguneo, agresin, exclusin, injuria les permite poner a
resguardo el suyo.
Para eso hay que designar un chivo expiatorio y destacar un rasgo que lo diferencie. El Caas, joven
protagonista de Las leyes de la frontera, novela de Javier Cercas, lo explica as: En solo unos meses la
actitud de Batista hacia m cambi, su simpata se convirti en antipata, su antipata en odio y su odio en
violencia. Por qu? No lo s. Muchas veces he pensado que simplemente fui el chivo expiatorio que invent
Batista para conjurar el miedo esencial del grupo. Pero repito que no lo s; lo nico que s es que en muy
poco tiempo pas de ser su amigo a ser su vctima.
La crueldad del bullying persigue golpear y destruir esa diferencia que se le imputa a la vctima y que deviene,
para algunos, insoportable porque confronta a cada uno con una doble tarea. Por un lado la asuncin de su
sexualidad y por otro encontrar un lugar en ese nuevo mundo que sucede a la adolescencia.
Orientarse sexualmente no resulta fcil en un tiempo en que las referencias normativas clsicas estn en
declive. Hoy ya no hay, afortunadamente, una versin nica del ser hombre o el ser mujer. Pero esa
diversidad es vivida en la adolescencia como desorientacin. En un momento en que cada uno debe dar la
talla, surge el miedo y la tentacin de golpear a aquel que, sea por desparpajo o por inhibicin, cuestiona a
cada uno/a en la construccin de su identidad sexual.
El reciente suicidio del joven Alan, transexual, se suma a esa larga serie de adolescentes acosados por su
diferencia sexual. Imputar al otro rasgos afeminados, como algo negativo cuando se trata de un varn, o ser
una estrecha o por el contrario una puta, si se trata de chicas, es una frmula para evitar la soledad con la
que cada uno y cada una deben afrontar el encuentro sexual. Localizar en el otro la dificultad le ahorra a uno
preguntarse por la propia.
Alice, personaje de La soledad de los nmeros primos del italiano Paolo Giordano, es una adolescente
retrasada en su iniciacin sexual. Sus compaeras hablaban de posturas y chupetones y de cmo usar los
dedos, y discutan si era mejor con preservativo o sin l, mientras que Alice no tena otro bagaje que el
recuerdo inspido de un morreo dado cuando iba a tercero. Este rasgo la convierte en diana de las burlas de
sus compaeras.

La escena del acoso: la extraa pareja...

En el bullying se acosa la subjetividad de la vctima, lo ms singular que tiene y que le hace diferente a
cualquier otra persona. Esa singularidad es leda por el grupo como signos extraos si bien, como hemos
visto, se trata de asuntos familiares para cada uno. Por ello muchos acosadores ya vivieron, como acosados,
esas escenas de humillacin que ahora tratan de borrar a costa del otro.
El Esclavo, joven cadete de La ciudad y los perros de Vargas Llosa, interroga a su colega Alberto por esos
signos: Pero t no peleas mucho. Y sin embargo no te friegan. Yo me hago el loco le responde Alberto-
quiero decir el pendejo. Eso tambin sirve, para que no te dominen. Si no te defiendes con uas y dientes ah
mismo se te montan encima.
Esa extraa pareja se forma pues alrededor de algo opaco, desconocido para ambos. Lo que comparten es la
angustia que para uno toma la forma del acto de acoso, como falsa salida, y para el otro se manifiesta como
inhibicin, vergenza que le impide responder y le deja con un nudo en el estmago como a la protagonista
de la novela de Laura Fernndez, La chica zombie: Se limit a abrir la puerta, subir al ascensor e intentar
deshacerse de aquel nudo que tena en la garganta. Pero el nudo no iba a irse a ningn sitio. Iba a quedarse
ah, como un aspirante a pirata dispuesto a conservar su par de ojos. A ratos incluso le dolera. Para entonces
ya no sera rabia. Tampoco sera pena. El nudo simplemente estara ah. Y Erin tendra la sensacin de que
estaba creciendo. Aquella cosa, cualquier cosa, all dentro. Cada vez ms grande.
No existe un perfil nico de agresor ni de vctima. El acosador testimonia en muchos casos de antecedentes
en su infancia de haber sido violentado en su propia familia o por iguales. La pelcula Bully (Larry Clark, 2011),
basada en hechos reales, presenta al protagonista y su novia planeando el asesinato de su amigo como
venganza por los continuos abusos y maltratos que les causa.
Si bien las diferencias entre las formas de acoso protagonizadas por chicos y chicas van disminuyendo,
perviven algunos rasgos diferenciales. El golpeo fsico est ms presente en los chicos mientras que para
ellas el recurso ms habitual es la marginacin de la rechazada, a la que dejan de hablar como en el caso de
Alice: Antes de la maana de aquel mircoles, Viola no le haba dirigido la palabra. Fue una especie de
iniciacin y se hizo como era debido. Ninguna de las muchachas supo nunca si Viola improvis aquella tortura
o si fue algo largamente meditado, pero todas convinieron en que estuvo genial.
Esta modalidad de acoso, el ninguneo, es especialmente dolorosa y llega a generar un estado de
autodesprecio en muchos adolescentes que no se ven reconocidos en ninguno de sus compaeros,
quedando invisibles para todos. Como en el caso de Oskar (Djame entrar): Se entretuvo un rato frente a la
pared de cristal que separaba las duchas de la piscina y estuvo observando a los otros mientras se tiraban al
agua, se perseguan, lanzaban pelotas. Y el sentimiento lo invadi de nuevo. No como un pensamiento
formulado con palabras, sino como una sensacin muy fuerte: Estoy solo. Estoy... totalmente solo

...y los mirones cmplices

La extraa pareja del acoso no es solitaria, incluye dos elementos ms. Por una parte el pblico al que va
dirigido el espectculo que protagonizan. Un pblico diverso que incluye a los iguales que contemplan la
escena, a veces mudos pero siempre cmplices. Por otra parte est el Otro adulto al que esa escena se dirige
en ltima instancia.
En ese ternario los testimonios de los espectadores resaltan su deseo: callar y aplaudir para no ser vctimas,
ellos tambin. El pnico de verse segregados de ese espacio compartido (pandilla, crculo del patio, chat,..) y
de los beneficios identitarios que conlleva, hace que tomen posicin para ser normal, uno como los dems
por temor a ser rechazados.
La novela del escritor austraco Robert Musil Las tribulaciones del estudiante Trless,un clsico en la
literatura sobre el acoso escolar, nos muestra como el joven vive con inquietud su propia sexualidad y junto a
l hay una tropa de estudiantes que designan a uno de ellos, Basini, como chivo expiatorio de sus propias
incertidumbres adolescentes. Las escenas de acoso se repiten y la cuestin para cada uno es cmo no verse
incluidos en el bando de Basini: Trless vio como Beineberg y Reiting se acercaban a ste o a aquel
compaero y como formaban grupos en los que se cuchicheaba vivamente. Al principio sinti miedo de que
se estuviera tramando tambin algo contra l; mas ahora que se encontraba frente al peligro se senta tan
paralizado por su infortunio que habra dejado que todo se le viniera encima sin pestaear. Slo ms tarde se
mezcl, medroso, entre los camaradas, temiendo que de un momento a otro pudieran abalanzarse contra l.
Pero nadie reparaba en l. Por el momento slo se trataba de Basini.
Hoy el acoso se extiende a las redes sociales bajo la forma del ciberbullying. All la escena se multiplica
poniendo de manifiesto la fascinacin de la mirada como fuente privilegiada del goce de mirar y ser mirado,
como ocurre en la viralizacin de las filmaciones de palizas a la salida de la escuela. Nos conmocionan por la
brutalidad misma de la crueldad ejercida, pero tambin por la difusin en las redes sociales y por la inhibicin
de los testigos. Se trata de una aprobacin de la agresin, de un miedo insuperable, de un goce del
espectculo o de una mera indiferencia ante el dolor de la vctima? Es posible que varias de estas razones
cuenten para los presentes. Trless, testigo de la violencia sobre Basini, asiste impvido, molesto y al tiempo
fascinado sin saber si es por la crueldad de los acosadores o por la falta de coraje de la vctima.
En cualquier caso, lo que comprobamos en estos hechos es que la figura del testigo es clave por dos
razones. Por una parte su mirada aade un plus de goce al recrearse en la crueldad y el dolor del otro sin por
ello implicarse en el cuerpo a cuerpo, al tiempo que concede mayor protagonismo al agresor por la viralidad
de las imgenes.
Por otro lado inhibirse, hacindose cmplice del fuerte, asegura a cada uno imaginariamente su inclusin en
el grupo dominante y evita ser excluido de l por frikio pringao.

Adultos difuminados

La escena del acoso tiene su trasfondo en el mundo adulto, el de los docentes y los padres. Ellos raramente
asisten a esa representacin en directo, pero eso no quita que estn convocados para sancionarla. Los
testimonios hablan de silencios, ausencias, pero tambin de presencias, intervenciones y compromisos.
Adultos difuminados como efecto del eclipse de su autoridad.
Caas (Las leyes de la frontera) responde as ante la pregunta de por qu no denunci: A quien quera que
la denunciase? A mis profesores? Yo tena un buen cartel en el colegio, pero no tena ninguna prueba de lo
que estaba pasando, y denunciarlo me hubiese convertido en un mentiroso o en un chivato (o en las dos
cosas a la vez), y eso era la mejor forma de empeorarlo todo. A mis padres? Mi padre y mi madre eran
buena gente, me queran y yo les quera a ellos, pero en los ltimos tiempos nuestra relacin se haba
estropeado lo suficiente como para que yo no me atreviese a contrselo.
El silencio y la ceguera ante esa escena cruel se suma, en ocasiones, al doble rostro del acosador, seductor y
maltratador, que le permite hacer rer a los dems al tiempo que pasa desapercibido ante los adultos que, en
muchas ocasiones, lo toman por un bromista. Nao, la protagonista de El efecto del aleteo de una mariposa
en Japn de la escritora norteamericana de ascendencia japonesa Ruth Ozeki, lo narra con pesar: Y si pap,
por casualidad, se hubiera vuelto para saludarme, le habra parecido una broma sana, habra pensado que yo
tena muchos amigos divertidos que me rodeaban y se habra quedado tranquilo al ver que era tan popular y
que todos se esforzaban para ser simpticos conmigo.
Abordar el acoso implica acompaar a esos adolescentes en su recorrido y para ello hace falta la palabra y
sobre todo poner el cuerpo. Estar all para dar testimonio, como adultos, de lo que para cada uno supuso ese
delicado trnsito, de sus dificultades y tambin de sus invenciones. Estar all es abrir los ojos y escuchar no
slo lo que ellos pueden contar, sino atender a las muestras de ese sufrimiento subjetivo que tan bien
recogen los testimonios literarios: soledad, insomnio, tristeza, humillacin, temores, sentimiento de culpa.

*La Vanguardia. Cultura(s). Sbado 20 de febrero de 2016

Visite: [Link]

También podría gustarte