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Mithen Steven - Arqueologia de La Mente

¿Cómo es y cómo trabaja la mente humana? Esa es una pregunta a la que hasta ahora solían contestar sobre todo los psicólogos. Pero Steven Mithen, profesor de arqueología de la Universidad de Reading, nos dice que no podemos llegar a comprender la inteligencia humana(y a comprendernos con ello a nosotros mismos), si no averiguamos cómo ha nacido y ha evolucionado: Arqueología de la mente usa conjuntamente las herramientas de la investigación arqueológica y de la psicología para contarnos la historia del nacimiento y evolución de la inteligencia humana: una historia que comienza, hace unos seis millones de años, en un simio cuyos descendientes evolucionaron en dos direcciones divergentes, una de las cuales condujo hasta los humanos modernos.

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Mithen Steven - Arqueologia de La Mente

¿Cómo es y cómo trabaja la mente humana? Esa es una pregunta a la que hasta ahora solían contestar sobre todo los psicólogos. Pero Steven Mithen, profesor de arqueología de la Universidad de Reading, nos dice que no podemos llegar a comprender la inteligencia humana(y a comprendernos con ello a nosotros mismos), si no averiguamos cómo ha nacido y ha evolucionado: Arqueología de la mente usa conjuntamente las herramientas de la investigación arqueológica y de la psicología para contarnos la historia del nacimiento y evolución de la inteligencia humana: una historia que comienza, hace unos seis millones de años, en un simio cuyos descendientes evolucionaron en dos direcciones divergentes, una de las cuales condujo hasta los humanos modernos.

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Cmo es y cmo trabaja la mente humana?

Esa es una pregunta a la que hasta ahora solan contestar sobre


todo los psiclogos. Pero Steven Mithen, profesor de arqueologa de la Universidad de Reading, nos dice que no
podemos llegar a comprender la inteligencia humana(y a comprendernos con ello a nosotros mismos), si no
averiguamos cmo ha nacido y ha evolucionado: Arqueologa de la mente usa conjuntamente las herramientas de
la investigacin arqueolgica y de la psicologa para contarnos la historia del nacimiento y evolucin de la
inteligencia humana: una historia que comienza, hace unos seis millones de aos, en un simio cuyos descendientes
evolucionaron en dos direcciones divergentes, una de las cuales condujo hasta los humanos modernos.

El segundo acto se inici hace 4,5 millones de aos, con el primer productor de objetos de piedra, y el
tercero se desarroll entre hace 1,8 millones y 100 000 aos, momento en que apareci el Homo sapiens sapiens y
en que se produjo una explosin cultural de la que naceran el arte, la religin y la ciencia: un momento de
asombrosa creatividad para el que Mithen nos propone una nueva y fascinante explicacin. Las propuestas de
Mithen han merecido la atencin por parte de psiclogos de la categora de Richard Byrne o Nicholas Humphrey,
que admiten la validez y utilidad de esta arqueologa de la mente, y han sido recibidas con entusiasmo por
arquelogos como Colin Renfrew, que celebra este libro como una obra realmente innovadora, tal vez la primera
en que un arquelogo analiza coherentemente la evolucin de la capacidad cognitiva del hombre.
Steven Mithen

Arqueologa de la mente

Orgenes del arte, de la religin y de la ciencia


Ttulo original: The prehistory of the mind: a search for the origins of art, religion, and science

Steven Mithen, 1996

Traduccin: Mara Jos Aubet


Para mis hijos, Hannah, Nicholas y Heather
Prefacio

La evolucin de la mente humana ha necesitado millones de aos. Es el producto de un proceso largo y


gradual sin meta ni direccin predestinadas. Durante la fase final de los ltimos 2,5 millones de aos de ese
proceso, nuestros antepasados dejaron huellas de su conducta, en forma de tiles lticos, de restos de alimentos y
pinturas rupestres. Y slo al final de aquel periodo, hace slo unos 5000 aos, dejaron registro escrito. Es
evidente, pues, que si queremos comprender la evolucin de la mente tendremos que concentrar la mirada en
nuestra prehistoria, ya que fue entonces cuando aparecieron los rasgos distintivos de una mente humana, como
son el lenguaje y una inteligencia avanzada. Comprender el funcionamiento de la mente nos permitir discernir lo
que significa ser humano. Espero, pues, que esta Arqueologa de la mente sea de inters para los arquelogos y
los psiclogos, pero tambin para todo lector medianamente curioso y reflexivo.

He intentado escribir un libro que permita incluso a aquellos lectores que nunca hayan odo hablar de un
australopiteco o de un hacha de mano acceder a la evidencia de la prehistoria. Pero este libro tambin pretende
ofrecer una nueva teora explicativa de la evolucin de la mente. El personal universitario llamado a juzgarla
querr verla sustentada al detalle, un nivel que seguramente resultara aburrido para el lector medio. De modo
que, para los acadmicos, incluyo notas adicionales relativamente extensas en apoyo de las afirmaciones y
razonamientos que aparecen en el texto. Estas notas tambin sern de utilidad para aquellos estudiantes que
deseen profundizar en las complejidades del registro arqueolgico y de la evolucin humana.

Si bien la evolucin de la mente fue un proceso lento y gradual, existieron asimismo acontecimientos
decisivos que la determinaron. Este libro ha evolucionado tambin de una forma gradual, pero ha sido posible
asimismo gracias a tres acontecimientos decisivos. Sin ellos, este libro no se habra escrito o bien, al igual que la
mente, se habra quedado estancado en un estadio bastante primitivo. Mi inters inicial por el conocimiento de la
prehistoria se despert con la lectura de la obra del arquelogo norteamericano Thomas Wynn, y en 1998,
mientras disfrutaba de una beca de investigacin en el Trinity Hall de Cambridge, tuvo lugar el primero de
aquellos acontecimientos decisivos. Un da, a la hora de comer, el decano de la facultad, sir John Lyons, me
pregunt de forma casual si habla ledo The Modularity of Mind de Jerry Fodor. Como no lo haba ledo, lo hice
de inmediato. Y de este modo qued sembrada en m una determinada idea de la prehistoria de la mente, aunque
se qued ah, sin apenas desarrollo, durante otros seis aos. Ms tarde el segundo acontecimiento, una noche
de abril de 1994, siendo ya profesor de la Universidad de Reading tras abandonar Cambridge, fui a cenar con
Leda Cosmides, John Tooby y Michael Jochim a un restaurante de la playa de Santa Brbara, California. Leda y
John me bombardearon con sus ideas acerca de una psicologa de la evolucin, y me dieron una lista de libros
para leer, los cuales resultaron cruciales para el desarrollo del mo. Por ltimo, pocos meses despus, junto con
mi colega Mark Lake, nos dirigamos a mis excavaciones en Escocia cuando nos detuvimos a cenar en una
estacin de servicio de la autopista, la M6, ya de noche. Hablamos de arqueologa, de la mente y de ordenadores,
y comprend que era el momento de sacar la prehistoria de la mente de mi cabeza para plasmarla sobre papel.

La oportunidad para ello se present de la mano de mis colegas del Departamento de Arqueologa de la
Universidad de Reading, porque fue gracias a ellos que pude gozar de una excedencia entre los meses de enero a
marzo de 1995 para poder redactar el primer borrador de este libro. Agradezco a mis colegas de Reading aquel
periodo de excedencia, y el marco sumamente agradable y estimulante que supieron crear desde que me un a
ellos en 1992 y que me permiti desarrollar mi versin de una arqueologa cognitiva. Richard Bradley, Dick
Byrne y Clive Gamble se ofrecieron amablemente a leer el manuscrito, formulando crticas sumamente pertinentes
y animndome con palabras de aliento.

Mientras redactaba el libro, muchos colegas me ofrecieron nuevas referencias, materiales inditos y buena
parte de su tiempo, a veces slo unas cuantas palabras durante una conversacin, pero que tuvieron para m, sin
ellos saberlo, un valor inestimable. Otros me ofrecieron su ayuda en mi investigacin de las mentes del pasado
durante mi estancia en Cambridge y en Reading. Quisiera dar las gracias concretamente a Leslie Aiello, Ofer
Bar-Yosef, Pascal Boyer, Bob Chapman, Michael Corballis, Leda Cosmides, Nyree Finlay, Bill Finlayson, Robert
Foley, Chris Knight, Alexander Marshack, Gilbert Marshall, Paul Meliars, Richard Mithen, Steven Pinker,
Camilla Powers, Coln Renfrew, Chris Scarre, Rick Schulting, John Shea, Stephen Shennan, James Steele, Chris
Stringer y Thomas Wynn. A lo largo de todo el proceso, Mark Lake ha hecho de caja de resonancia de mis
ideas, y por ello le estoy enormemente agradecido. Tambin estoy en deuda con el personal editor de Thames &
Hudson por la ayuda que me prestaron durante las ltimas fases de la redaccin. Y quisiera agradecer a
Margaret Mathews y a Aaron Watson sus dibujos a pluma. El grueso de la redaccin de este libro lo realic en la
mesa del comedor de mi casa en medio del bullicio de mi vida familiar. Por lo tanto, todo mi agradecimiento a
Site, mi esposa, y a mis hijos, por haber aguantado las pilas de libros y el constante teclear del ordenador. Dedico
este libro a mis hijos Hannah, Nicholas y Heather, en agradecimiento a sus mentes jvenes, vivas y radicalmente
modernas.
Captulo 1

Por qu preguntar a un arquelogo sobre la mente humana?

La mente humana es intangible, una abstraccin. Pese a ms de un siglo de estudios sistemticos de


psiclogos y filsofos, sigue eludiendo toda definicin y descripcin precisa, y, sobre todo, una explicacin. Los
tiles de piedra, los trozos de hueso y las estatuillas talladas la materia prima de la arqueologa poseen otras
cualidades. Pueden pesarse y medirse, o pueden ilustrarse en libros y en diapositivas. No se parecen en nada a la
mente, si no es por el profundo sentido de misterio que los rodea. Entonces por qu preguntar a un arquelogo
sobre la mente humana?

Existen bastantes aspectos de la mente que nos intrigan. Qu es la inteligencia? Qu es la consciencia?


Cmo puede la mente humana crear arte, hacer ciencia y creer en ideologas religiosas cuando en nuestros
parientes ms prximos, los chimpancs, no se encuentra ni rastro de esas actividades[1]? Y de nuevo nos
preguntamos cmo puede ayudarnos un arquelogo, con sus viejos utensilios, a responder a estas cuestiones.

La tarea parece ms propia de un psiclogo que de un arquelogo. Porque el trabajo de un psiclogo


consiste precisamente en estudiar la mente, valindose por lo general de ingeniosos experimentos de laboratorio.
Los psiclogos exploran el desarrollo mental de la infancia, las disfunciones del cerebro y las posibilidades de
lenguaje en el chimpanc. A partir de esas investigaciones estn en posicin de ofrecer respuestas al tipo de
preguntas que plantebamos ms arriba.

Tambin se podra abordar a un filsofo. La naturaleza de la mente y su relacin con el cerebro el


problema mente-cuerpo ha sido un tema recurrente de la filosofa desde hace ms de un siglo. Algunos filsofos
han intentado encontrar evidencia emprica, otros sencillamente han consagrado al tema su notable intelecto.

Cabra interrogar igualmente a otros especialistas. Tal vez a un neurlogo, alguien que puede conocer lo que
realmente ocurre en el cerebro; quizs a un primatlogo con conocimientos especializados sobre chimpancs que
viven en su medio natural, no en laboratorio; o tal vez a un bioantroplogo capaz de analizar fsiles y, a travs de
ellos, los cambios de tamao y forma del cerebro durante el curso de la evolucin humana; o a un antroplogo
social, que estudia la naturaleza del pensamiento en sociedades no occidentales; o quizs a un ingeniero de
informtica creador de inteligencia artificial.

La lista de profesionales susceptibles de ofrecer respuestas sobre la mente humana es ciertamente larga. Y
podra serlo an ms si aadiramos a artistas, atletas y actores, es decir, a todos aquellos que se sirven de la mente
para alcanzar cotas de concentracin y de imaginacin especialmente emblemticas. Sin duda la respuesta ms
lgica es que habra que contar con todos ellos: casi todas las disciplinas pueden ayudar a comprender la mente
humana.

Pero qu puede ofrecer un arquelogo? O ms concretamente qu puede ofrecer la arqueologa que aqu
nos interesa, es decir, la que se ocupa de los cazadores-recolectores prehistricos? Esta arqueologa especfica
abarca desde la aparicin de los tiles lticos hace 25 millones de aos hasta la aparicin de la agricultura, hace 10
000 aos. La respuesta es muy simple: slo podremos entender el presente conociendo el pasado. Por consiguiente,
la arqueologa no slo puede contribuir a ello, sino que puede poseer la clave para comprender la mente moderna.

Los creacionistas creen que la mente surgi de repente y ya completamente formada. De acuerdo con su
visin de las cosas, fue un producto de la creacin divina[2]. Estn equivocados: la mente tiene una larga historia
evolutiva y puede explicarse sin recurrir a poderes sobrenaturales. La importancia de comprender la historia de la
evolucin de la mente explica que muchos psiclogos deseen estudiar los chimpancs, nuestros ms prximos
parientes an vivos. Son numerosos los estudios que comparan la mente del chimpanc con la mente humana,
sobre todo por lo que respecta a las capacidades lingsticas. Pero tales estudios han demostrado ser, en ltima
instancia, muy poco satisfactorios, porque aunque el chimpanc sea nuestro pariente vivo ms cercano, en realidad
no es tan cercano como todo eso. Hace unos 6 millones de aos compartimos un mismo antepasado, pero a partir
de esa fecha las lneas de la evolucin de los antropomorfos* modernos y la de los homnidos comenzaron a
bifurcarse. Por consiguiente, 6 millones de aos de evolucin separan la mente de los humanos modernos de la
mente de los chimpancs.

En ese periodo de 6 millones de aos se encuentra la clave para poder comprender la mente moderna.
Debemos analizar las mentes de nuestros innumerables antepasados [3] de ese periodo, incluyendo a nuestro
antepasado de hace 4,5 millones de aos conocido como Australopitecus ramidus; a Homo habilis, uno de nuestros
primeros antepasados que fabric tiles de piedra hace unos dos millones de aos; a Homo erectus, el primero en
salir de frica hace 1,8 millones de aos; a Homo neanderthalensis (los neandertales), que sobrevivi en Europa
hasta hace menos de 30 000 aos; y por ltimo a nuestra propia especie, Homo sapiens sapiens, que apareci hace
100 000 aos. Todos estos antepasados se conocen slo por sus restos fsiles y por los restos materiales de sus
actividades y de su conducta, (aquellos restos seos, lticos y estatuillas que mencionbamos).

El intento ms ambicioso hasta el momento de reconstruir las mentes de todos estos antepasados se debe al
psiclogo Merlin Donald. Su libro The Origins of the Modern Mind (1991) se basa fundamentalmente en datos
arqueolgicos para proponer un determinado guin de la evolucin de la mente. Mi deseo es seguir los pasos de
Donald, aunque creo que incurri en una serie de errores fundamentales. Si no fuera as, el presente libro no habra
sido necesario[4]. Yo pretendo darle la vuelta al enfoque de Donald y escribir ms como un arquelogo que desea
fundamentarse en las ideas de la psicologa que como un psiclogo cimentndose en datos arqueolgicos. Prefiero
que, ms que desempear una funcin de apoyo, la arqueologa marque y estructure el camino para comprender la
mente moderna. De ah el ttulo de Arqueologa de la mente.

Las dos ltimas dcadas han sido testigo de un avance considerable en nuestra comprensin del
comportamiento y de las relaciones evolutivas de nuestros antepasados. Hoy ya son muchos los arquelogos que
estn convencidos de que ha llegado el momento de superar el estadio de las preguntas acerca de cmo eran y
actuaban aquellos antepasados, para pasar a plantear qu es lo que pasaba por sus mentes. Ha llegado la hora de la
arqueologa cognitiva[5].

Su necesidad es especialmente manifiesta en la pauta de la expansin del cerebro a lo largo de la evolucin


humana y su relacin o ausencia de ella con posibles cambios de conducta. Es evidente que no existe una
relacin simple entre el tamao del cerebro, la inteligencia y la conducta. En la figura 1 se ilustra el aumento del
tamao del cerebro durante los ltimos cuatro millones de aos de evolucin a travs de una sucesin de
antepasados humanos y parientes que ir introduciendo con ms detalle en el prximo captulo. Pero aqu slo
deseo mencionar cmo se produjo el aumento del tamao del cerebro. Se aprecia que hubo dos grandes
expansiones repentinas del cerebro, una hace entre 2 y 1,5 millones de aos, relacionada al parecer con la aparicin
de Homo habilis, y otra menos pronunciada hace entre 500 000 y 200 000 aos. Los arquelogos suelen vincular la
primera al desarrollo de la produccin de tiles, pero en cambio no logran descubrir ningn cambio importante en
la naturaleza del registro arqueolgico susceptible de ser correlacionado con el segundo periodo de expansin
cerebral. Nuestros antepasados siguieron manteniendo el mismo estilo bsico de vida cazadora-recolectora, y
utilizando la misma gama limitada de tiles de piedra y de madera.
1. El aumento del volumen del cerebro a lo largo de los ltimos 4 millones de aos de la evolucin humana. Cada
smbolo denota un determinado crneo del que Aiello y Dunbar (1993) han estimado el volumen del cerebro. El
grfico superior se basa en la figura de Aiello (1996a) que analiza la evidencia relativa a los dos periodos de
aumento del tamao cerebral separados por ms de un milln de aos de estancamiento.
Las dos transformaciones verdaderamente espectaculares de la conducta humana tuvieron lugar mucho
despus de que el tamao del cerebro alcanzara su tamao moderno. Y ambas aparecen asociadas exclusivamente a
Homo sapiens sapiens. La primera fue una explosin cultural ocurrida hace entre 60 000 y 30 000 aos, cuando
surgieron las primeras manifestaciones de arte, de tecnologa avanzada y de religin. La segunda se asocia a la
emergencia de la agricultura hace 10 000 aos, cuando por primera vez se empiezan a sembrar cosechas y a
domesticar animales. Los neandertales (hace entre 200 000 y 30 000 aos) tenan un cerebro tan grande como el
nuestro, y sin embargo su cultura se mantuvo a niveles sumamente limitados: sin arte, sin tecnologa compleja y,
seguramente, sin actividad religiosa. Los grandes cerebros son rganos caros, cuya manutencin requiere mucha
energa, 22 veces ms que una cantidad equivalente de tejido muscular en reposo [6]. De modo que topamos con un
dilema: para qu todo aquel nuevo poder cerebral en una poca anterior a la explosin cultural? Qu pasaba en
la mente durante aquellos dos momentos de aumento rpido y repentino del tamao del cerebro en el curso de la
evolucin humana? Y qu le pas entre uno y otro, qu le ocurri a la mente de Homo sapiens sapiens para
provocar la explosin cultural de hace 60 000 a 30 000 aos? Cundo aparecieron por primera vez el lenguaje y la
conciencia? Cundo hizo su aparicin una forma moderna de inteligencia, y qu es en ltima instancia esa
inteligencia y la naturaleza de la inteligencia que la precedi? Cules son las relaciones, si es que las hay, entre
estas y el tamao del cerebro? Para contestar a estas preguntas debemos reconstruir primero la mente prehistrica a
partir de la evidencia que presento en el captulo 2.

Pero la evidencia slo tendr sentido si partimos de ciertas expectativas sobre la clase de mente que
pudieron poseer nuestros antepasados. Porque, sin ellas, tendramos que lidiar con una confusa masa de datos sin
saber qu aspectos son los ms relevantes para nuestro estudio. La tarea del captulo 3 es precisamente empezar a
establecer y delimitar estas expectativas. Y estoy en posicin de hacerlo porque tambin los psiclogos han
reconocido que slo conociendo el proceso de la evolucin humana podremos entender la mente moderna. De ah
que, mientras los arquelogos se han dedicado a desarrollar una arqueologa cognitiva, los psiclogos hayan
desarrollado una psicologa de la evolucin*. Estas dos nuevas subdisciplinas se necesitan mutuamente, y
mucho. La arqueologa cognitiva no puede avanzar a menos que los arquelogos incorporen las tendencias actuales
en psicologa; y los psiclogos de la evolucin no llegarn a buen puerto si no se interesan por el estudio del
comportamiento de nuestros antepasados humanos que han reconstruido los arquelogos. Mi cometido en este libro
es unir ambas disciplinas. El resultado ser una comprensin de la mente ms profunda de lo que la arqueologa o
la psicologa podran lograr por separado.

En el captulo 3 se destacarn aquellas aportaciones en psicologa que hay que poner en contacto con los
conocimientos que poseemos del comportamiento pasado. Una de las aportaciones fundamentales de la nueva
psicologa de la evolucin es su negativa a considerar la mente como un mecanismo de aprendizaje general, como
si fuera una especie de potente ordenador. Esta idea, predominante en las ciencias sociales, constituye una visin
de la mente basada, se dice, en el sentido comn. Pero los psiclogos de la evolucin sostienen que habra que
sustituirla por una idea de la mente como constituida por una serie de mdulos especializados, o de reas
cognitivas o inteligencias, cada cual dedicada a un tipo concreto de comportamiento (vase el recuadro de la
pgina 19[7]). Habra, por ejemplo, mdulos para la adquisicin del lenguaje, o mdulos de habilidad tcnica para
fabricar tiles, o para establecer interacciones sociales. Tal como explicar en los captulos que siguen, esta nueva
forma de entender o de ver la mente posee la llave para desvelar la naturaleza de las mentes prehistrica y
moderna, aunque de una forma muy distinta a la que preconizan actualmente los psiclogos de la evolucin. A lo
largo de este libro veremos que la diferencia entre una mentalidad generalizada y una mentalidad
especializada demostrar ser decisiva.

Las nuevas ideas de la psicologa de la evolucin plantean un nuevo dilema que demanda una solucin.
Porque si la mente est efectivamente constituida por numerosos procesos especializados dedicados cada uno a un
tipo concreto de conducta, cmo dar cuenta de uno de los rasgos ms extraordinarios de la mente moderna como
es la capacidad prcticamente ilimitada para la imaginacin? Cmo puede emerger cada uno, a partir de una serie
de procesos cognitivos aislados, dedicado a un tipo distinto y determinado de conducta? Este dilema slo encuentra
respuesta hurgando en la prehistoria de la mente.
En el captulo 4 me basar en las ideas de la psicologa de la evolucin, as como en ideas de otros campos
cientficos, como el desarrollo infantil y la antropologa social, para sugerir un guin de la evolucin de la mente
que nos procurar el modelo para reconstruir las mentes prehistricas en los captulos siguientes. En el captulo 5
iniciaremos la tarea analizando la mente del antepasado comn de antropomorfos y humanos que vivi hace 6
millones de aos. Como no disponemos de huellas fsiles ni de restos arqueolgicos de ese antepasado comn,
partiremos de la suposicin de que la mente de aquel antepasado comn no fue fundamentalmente distinta de la del
chimpanc actual. Plantearemos preguntas del tipo qu nos dice sobre la mente del chimpanc, y tambin sobre la
mente del antepasado comn de hace 6 millones de aos, la capacidad que tienen los chimpancs para usar
instrumentos o para buscar alimentos?

En los prximos dos captulos reconstruiremos la mente de nuestros antepasados humanos antes de la
aparicin de Homo sapiens sapiens nuestra propia especie en los registros fsiles de hace 100 000 aos. En el
captulo 6 nos centraremos en el primer miembro del linaje Homo, Homo habilis. Porque no slo fue el primer
antepasado identificable que fabric tiles lticos, sino que Homo habilis fue tambin el primero en presentar una
dieta a base de una cantidad relativamente importante de carne. Nos dicen algo estas nuevas conductas acerca de
la mente de Homo habilis? Posea Homo habilis capacidad para el lenguaje? Tena esta especie una consciencia
del mundo como la que poseemos nosotros actualmente?
En el captulo 7 analizaremos un grupo de antepasados y parientes humanos a los que llamar humanos
primitivos. Los ms conocidos son Homo erectus y los neandertales. Los humanos primitivos existieron hace
entre 1,8 millones y 30 000 aos. Y cuando procedamos a la reconstruccin de la mente de estos primeros humanos
tendremos que intentar explicar tambin qu haca el nuevo poder procesador de la mente que apareci hace 500
000 aos, dado el escaso cambio que se aprecia en el comportamiento de los humanos primitivos durante todo el
periodo, que es, por otra parte, lo que nos permite agrupar juntos a todos esos antepasados en la categora de
humanos primitivos.

Los neandertales plantean uno de los mayores problemas, un reto que acepto cuando pregunto en el captulo
8 qu pudo significar tener la mente de un neandertal. En contra de la opinin generalizada que le otorga una
inteligencia ms bien escasa, veremos que, en muchos aspectos, los neandertales fueron muy similares a nosotros,
por ejemplo en cuanto al tamao del cerebro y al nivel de habilidad tcnica que se evidencia en sus tiles lticos.
En cambio, en otros aspectos, fueron muy distintos de nosotros; carecan, por ejemplo, de arte, o de ritual, y hacan
sus tiles solamente a base de piedra o de madera, y de ningn otro material. Esta aparente contradiccin en el
comportamiento neandertal tan moderno en ciertos aspectos, pero tan primitivo en otros ofrece evidencia
crucial para reconstruir la naturaleza de su mente. Y reconstruyendo aquella mente, lograremos hacernos con
informacin clave sobre el rasgo fundamental de la mente humana, una clave que permanece oculta para todos
aquellos, psiclogos, filsofos y cientficos, que ignoran la evidencia que nos ofrece la prehistoria.

El punto culminante de nuestra indagacin llega en el captulo 9, titulado El big bang de la cultura
humana. Veremos que cuando aparecen los primeros humanos modernos, Homo sapiens sapiens, hace 100 000
aos, se comportan en esencia de la misma manera que los humanos primitivos, como es el caso de los
neandertales. Y ms tarde, hace entre 60 000 y 30 000 aos sin cambio aparente de tamao, forma y anatoma
del cerebro en general, tuvo lugar la explosin cultural, la cual conllev un cambio tan fundamental en los estilos
de vida que ya nadie duda de que tuvo su origen en un cambio trascendental en la naturaleza de la mente. Y
demostrar que este cambio fue nada menos que la aparicin de la mente moderna, la misma mentalidad que usted
y yo poseemos en la actualidad. En el captulo 9 describir esta nueva mentalidad, mientras que en el captulo 10
tratar de las condiciones de su aparicin.

En el captulo 11, el ltimo, abandonar la prehistoria de la mente para pasar a abordar la evolucin de la
mente. Si a lo largo del libro analizo el cambio de la mente a lo largo de los ltimos seis millones de aos, en el
captulo final adoptar una perspectiva mucho ms amplia, situndome hace 65 millones de aos junto a los
primeros primates. As se podr entender mejor la mente moderna como el producto de un largo y lento proceso
evolutivo, pero un proceso que presenta una pauta asombrosa y, hasta el momento, no reconocida.

El libro se completa con un eplogo sobre los orgenes de la agricultura hace 10 000 aos. Este
acontecimiento transform los estilos de vida humanos y cre un nuevo contexto de desarrollo para las nuevas
mentes, pero un contexto que ya no se enmarcaba en el seno de una existencia cazadora-recolectora nmada, sino
en sociedades agrcolas y ganaderas sedentarias. Y mostrar a lo largo de este libro que los acontecimientos ms
fundamentales que definieron la naturaleza de la mente moderna tuvieron lugar mucho antes en la prehistoria. El
origen de la agricultura no es, pues, sino un eplogo de la prehistoria de la mente.

En este libro deseo especificar los qus, los cundos y los porqus de la evolucin de la mente. Y yendo tras
sus huellas, buscar y encontrar los fundamentos cognitivos del arte, de la religin y de la ciencia. Cuando
descubra y exponga esos fundamentos, se ver con claridad que compartimos races comunes con otras especies,
aun siendo la mente de nuestro pariente vivo ms prximo, el chimpanc, tan fundamentalmente diferente de la
nuestra. Con ello aportar la evidencia necesaria para negar la afirmacin creacionista de que la mente es un
producto de la intervencin sobrenatural. Con esta prehistoria espero haber contribuido al avance de nuestro
conocimiento del funcionamiento de la mente. Y espero asimismo haber demostrado por qu hay que preguntar a
un arquelogo sobre la mente humana.
Captulo 2

El drama de nuestro pasado

Para descubrir los orgenes de la mente moderna hay que adentrarse en la oscuridad de la prehistoria. Hay
que retroceder a los tiempos anteriores a las primeras civilizaciones, que emergieron hace tan slo 5000 aos. Y
anteriores tambin a la primera domesticacin de plantas y animales, hace 10 000 aos, a la primera aparicin del
arte hace 30 000 aos y a antes incluso de la aparicin de nuestra propia especie, Homo sapiens sapiens, en el
registro fsil, hace 100 000 aos. Ni siquiera cabe asociar aquel origen a la poca en que por vez primera aparecen
tiles lticos, hace 2,5 millones de aos. Nuestro punto de partida de la prehistoria de la mente debe remontarse a
no menos de 6 millones de aos, porque fue entonces cuando vivi un antropomorfo cuyos descendientes
evolucionaron en dos direcciones divergentes. Una rama evolucionara hacia los antropomorfos modernos, los
chimpancs y los gorilas, y la otra hacia los humanos modernos. Llamaremos, pues, a aquel antiguo antropomorfo
el antepasado comn.

No slo el antepasado comn, sino tambin el eslabn perdido. Es la especie que nos vincula a los
antropomorfos contemporneos, y es tambin la que sigue ausente del registro fsil. No tenemos ni un solo
fragmento fsil de ese antepasado. Pero no hay duda alguna de que el eslabn perdido existi. Los cientficos le
pisan los talones. Midiendo las diferencias genticas entre los simios modernos y los humanos modernos, y
mediante una estimacin de la frecuencia de las mutaciones genticas, se ha podido remontar el curso de la
evolucin hasta situar su existencia hace seis millones de aos. Y es casi seguro que vivi en frica, ya que tal
como declar Darwin ese continente pudo ser, en efecto, la cuna de la humanidad. Ningn otro continente ha
arrojado los necesarios fsiles humanos.

Seis millones de aos es un periodo largusimo de tiempo. Para empezar a aprehender sus verdaderas
dimensiones y vislumbrar su patrn de acontecimientos mis importante, propongo pensar en l como si de una obra
dramtica se tratara, el drama de nuestro pasado. Una obra muy especial, ya que nadie escribi el guin; seis
millones de aos de improvisacin. Los actores son nuestros antepasados, sus tiles son los accesorios y los
continuos cambios medioambientales que conocieron son los distintos escenarios. Pero no cabe concebir esta obra
como una novela policaca, donde lo que cuenta es la accin y el final. Porque nosotros ya conocemos el final,
estamos vivindolo. Los neandertales y los dems actores del Paleoltico murieron y se extinguieron dejando tan
slo un nico superviviente, el Homo sapiens sapiens.

Es mejor pensar nuestro pasado como si fuera no una novela de Agatha Christie o de Jeffrey Archer sino un
drama shakespeariano. Imaginarlo como una historia donde el conocimiento previo de su desarrollo ayuda a
disfrutarla y a comprenderla mejor. Porque ya no tenemos que preocuparnos por el qu va a pasar, sino por el por
qu ocurren las cosas, por el estado mental de los actores. No vamos a ver Macbeth para saber si matar o no a
Duncan, ni haremos apuestas sobre si Hamlet morir o vivir. En este libro nuestro inters radica menos en lo que
nuestros antepasados paleolticos hicieron o dejaron de hacer, que en lo que sus acciones nos dicen acerca de su
mentalidad.

As que propongo considerar este breve captulo como las notas al programa de la obra. Diferentes
productores los autores de manuales de arqueologa ofrecen distintas versiones de los principales
acontecimientos, de ah que se hayan aadido breves comentarios sobre las versiones alternativas. He dividido el
drama en cuatro actos, y ms abajo presento un breve resumen de la accin, as como algunos detalles
biogrficos de los actores y notas sobre los accesorios y los cambios de escena. Todo esto puede leerse ahora o
puede utilizarse como marco de referencia ms adelante. Los cambios de iluminacin que menciono reflejan la
variable calidad y la cantidad de nuestros conocimientos sobre cada uno de los actos de la prehistoria. Y cuando
hablo de l o de ella me valgo de una base arbitraria para evitar sencillamente la frmula tan poco elegante de
el/ella. Pero ello no implica que un sexo fuera necesariamente ms importante que otro en un determinado
periodo de nuestro pasado.

Acto 1

(hace entre 6 y 4,5 millones de aos)

Una larga escena con poca accin.

Contmplese prcticamente a oscuras.

Nuestra obra se inicia en algn lugar de frica hace unos 6 millones de aos y tiene un nico actor, el
antropomorfo ancestral. Este actor no tiene uno, sino dos nombres en escena: antepasado comn y eslabn perdido.
Mientras no se encuentren algunos restos fsiles, su verdadera identidad su nombre cientfico seguir en
blanco. Como no sabemos nada del medio en que vivi aquel antropomorfo ancestral, y dado que al parecer no ha
dejado tiles lticos, el escenario permanece desnudo y en silencio a lo largo de todo este primer acto. A ms de un
productor le gustara aadir tal vez algunos rboles y algn que otro til, sencillo, parecido a los palos termiteros
que usan los actuales chimpancs. Pero si lo hiciramos pecaramos de sobreinterpretacin. Es mejor dejar el
escenario desnudo y sin accin durante todo el acto. Estamos de hecho en la ms absoluta oscuridad.

Acto 2

(hace entre 4,5 y 1,8 millones de aos)

Este acto tiene dos escenas que, unidas, duran algo ms de 2,5 millones de aos.

Iluminacin slo a base de una vela oscilante.

El segundo acto tiene lugar en frica, inicialmente tan slo en regiones del Chad, Kenia, Etiopa y
Tanzania, y ms tarde el escenario se ampla para abarcar frica del Sur en la segunda escena. El acto empieza
hace 4,5 millones de aos con la aparicin de Australopitecus ramidus, un actor que no se dio a conocer al mundo
hasta 1994. Es el primero de los llamados australopitecinos (que significa simios meridionales). Transcurridos
unos 300 000 aos aparece un segundo actor, A. anamensis, de llegada an ms reciente, pues se descubri en
1995. Ambos actores viven en medios arbreos y son esencialmente vegetarianos. Hace unos 3,5 millones de aos
ambos abandonan el escenario para ser sustituidos por una actriz tan famosa que ha merecido un nombre propio en
la profesin, Lucy (porque su descubridor estaba escuchando en ese momento la cancin de los Beatles Lucy in
the Sky with Diamonds). Su verdadera identidad es Australopitecus afarensis. Seguramente desciende de A.
ramidus, pero pudo asimismo evolucionar a partir de A. anamensis, o de alguna otra rama. Lucy posee un carcter
tan impresionante, ya que es adicta a andar erguida sobre ambas piernas y a trepar a los rboles, que la ausencia de
accesorios tiles pasa casi inadvertida. Abandona el escenario medio milln de aos ms tarde, y en la obra se
abre otro periodo de silencio hasta la segunda escena, que empieza hace 2,5 millones de aos. Pero justo al final de
la primera escena vemos algunas piedras dispersas en el escenario. Apenas se diferencian de otras piedras,
desprendidas de la roca de forma natural, pero en realidad son los primeros accesorios de la obra.
Lamentablemente no podemos ver al actor que las fabric.

La segunda escena se abre 2,5 millones de aos atrs con la aparicin de mltiples actores en el escenario.
La mayora presenta una gran similitud aparente con los actores de la primera escena, aunque ahora despliegan una
mayor variedad de formas y tamaos. Son otros australopitecinos: son los hijos de Lucy. De hecho, uno de ellos,
que exhibe una constitucin claramente ms ligera y al que se considera un australopitecino grcil, es muy parecido
a Lucy, aunque ahora lo vemos en el sur y no en el este de frica. Se trata de A. africanus, que se comporta ms
como un moderno babuino, si bien pasa ms tiempo erguido que sus abuelos. Los dems australopitecinos son
fsicamente ms robustos, con representantes tanto en el sur como en el este de frica. Nos recuerdan ms a los
gorilas que a los babuinos.

Hace 2 millones de aos, tras la desaparicin de A. africanus, aparece un nuevo grupo de actores con
cabezas ms voluminosas y aspecto bastante precoz. Son, en efecto, los primeros miembros del linaje Homo, con
un cerebro 1,5 veces mayor que el de los australopitecinos. Pero, como en el caso de estos ltimos, muestran una
considerable variedad de tamao y forma. Algunos crticos ven en l a un nico actor, Homo habilis, pero lo ms
seguro es que haya tres en escena: Homo habilis. Homo rudolfensis y Homo ergaster. Pero, dada la dificultad para
diferenciarlos, nos referiremos a ellos colectivamente como Homo habilis.

Es evidente que Homo habilis es portador de tiles, artefactos de piedra que reciben el nombre de industria
olduvayense o de Olduvai. Es posible que los australopitecinos robustos tambin lo sean, pero es difcil asegurarlo.
La anatoma de sus manos se lo habra permitido, ciertamente. Vemos a Homo habilis descuartizando animales con
sus tiles, pero no sabemos con certeza si esos animales son producto directo de la caza o si, por el contrario, son
los restos que han dejado leones y leopardos tras darles caza y matarlos. Hacia el final de la escena, el
comportamiento de Homo habilis comienza a diverger de forma clara del de sus primos australopitecinos robustos:
los primeros van ganando en habilidad en la fabricacin de tiles e incluyen ms carne en su dieta, mientras que los
segundos parecen preparar el camino hacia una morfologa an ms robusta.

Acto 3

(hace 1,8 millones de aos-100 000 aos)

Dos escenas, que tienen un comienzo excitante hace entre 1,8 y 1,5 millones de aos, para luego caer en un tedio
absoluto.

La iluminacin es an escasa, aunque mejora ligeramente en la segunda escena

El tercer acto se abre con una gran declaracin: Empieza el Pleistoceno. Empiezan a formarse capas de
hielo en las latitudes ms septentrionales. Y hace unos 1,8 millones de aos aparece en escena una nueva figura.
Homo erectus. Desciende de Homo habilis (o tal vez de algn otro tipo de Homo), quien abandona ahora la accin,
y es ms alto y posee un cerebro mayor. Los australopitecinos robustos permanecen an en escena, aunque en la
sombra, hasta hace un milln de aos, pero ya no participan en los eventos de este acto. Lo que ms sorprende de
la aparicin de Homo erectus es el hecho de que su llegada parece ser prcticamente simultnea en tres partes del
mundo, en el este de frica, en China y en Java, de ah que el escenario haya tenido que ampliarse para incluir el
Prximo Oriente, el este y sureste de Asia. Gradualmente vamos viendo a Homo erectus, o sus tiles, en todas estas
reas, Pero es difcil decir con exactitud cundo lleg a determinadas zonas y qu es lo que est haciendo.

Tras ms de un milln de aos de Homo erectus un periodo durante el cual el cerebro no parece
experimentar ningn tipo de expansin empezamos a ver nuevos actores en el escenario. Como en el caso de los
primeros Homo, no vemos con claridad cuntas especies hay. Homo erectus contina viviendo en el este de Asia
hasta hace tan slo 300 000 aos, pero en Asia y en otras partes de frica hay actores con crneos ms
redondeados que se conocen con el extrao nombre de Homo sapiens arcaico. Es muy posible que desciendan de
Homo erectus en sus respectivos continentes, y marcan una vuelta a un periodo de gradual aumento del tamao
cerebral. Hace unos 500 000 aos, el escenario se ampla de nuevo para incluir a Europa. El actor se llama Homo
heidelbergensis, otro descendiente de Homo erectus que parece presentar una estructura fsica especialmente
grande.

Mientras que los accesorios del segundo acto siguen siendo los mismos a lo largo de todo el acto, ahora
aparecen otros algo ms impresionantes, sobre todo unos tiles lticos en forma de pera llamados hachas de mano-
Poco despus de su primera aparicin en el este de frica, hace aproximadamente unos 1,4 millones de aos, se
encuentran en casi todo el mundo, excepto en el sureste asitico, donde no vemos ningn tipo de til; algunos
crticos afirman que es porque se fabricaron con bamb, que es una materia perecedera.

La segunda escena de este tercer acto, que empieza hace unos 200 000 aos, se conoce tradicionalmente
entre los arquelogos con el nombre de Paleoltico Medio para diferenciarlo del Paleoltico Inferior de la
escena anterior. Pero los lmites entre ambos son tan difusos que esta distincin va perdiendo actualidad. Con todo,
est claro que por estas fechas han ocurrido cambios significativos en los accesorios que utilizan los actores. Se
han diversificado, y las hachas de mano son ahora menos prominentes. Aparecen nuevos tiles, algunos hechos con
una nueva tcnica llamada levallois, capaz de producir lascas y puntas lricas minuciosamente talladas. Y por
primera vez parece que los actores de las distintas zonas del escenario poseen un conjunto distinto de tiles cada
uno. Slo en frica, por ejemplo, vemos que en el norte predominan las lascas levallois, en las regiones
subsaharianas, unos autnticos picos de piedra macizos, y lascas finas y alargadas en el sur.

Hace 150 000 aos en Europa y en el Prximo Oriente aparece un nuevo actor, Homo neandertalensis,
conocido popularmente como el hombre de Neandertal. Es propenso a utilizar tiles fabricados con la tcnica
levallois y puede vrsele dedicado a la caza mayor. Al igual que los dems actores de este acto, los neandertales
sufren cambios frecuentes y profundos de escenario: es el periodo de las glaciaciones, cuando las capas de hielo
avanzan y retroceden una y otra vez en toda Europa, y observamos que paralelamente tambin cambia la
vegetacin, pasando de tundra a bosque. Pero aun con todos estos cambios, la accin parece sumamente montona.
En efecto, un distinguido crtico del segundo y tercer acto, el arquelogo Glynn Isaac, afirmaba que durante casi
un milln de aos, los conjuntos lticos parecen incluir los mismos ingredientes esenciales, sometidos al parecer a
incesantes cambios, todos ellos menores y sin direccin alguna. Si bien algunos de estos tiles evidencian una
habilidad muy refinada, todos estn hechos de piedra o de madera. Y aunque se utilizan trozos de hueso y asta,
estos no presentan modificaciones ni estn tallados.

Tras otro prolongado acto cae el teln. Ha durado ms de 1,5 millones de aos, y aunque una gran parte del
Viejo Mundo ocupe ahora todo el escenario, los accesorios se hayan diversificado, el tamao del cerebro haya
alcanzado sus dimensiones modernas y haya aparecido una serie de nuevos actores, no hay ms remedio que
describir el acto como puro y simple aburrimiento. Hemos estado contemplando la obra durante algo menos de 6
millones de aos, pero an no hay nada que podamos calificar como arte, religin o ciencia.

Acto 4

(hace entre 100 000 aos y la actualidad)

Un acto mucho ms corto, donde se agrupan tres escenas que contienen ms accin dramtica que todo el resto de
la obra

La primera escena del cuarto acto abarca el periodo que se inicia hace 100 000 aos y finaliza hace unos 60
000 aos, aunque como veremos la lnea divisoria entre las escenas primera y segunda es relativamente difusa.
Pero el inicio es claro: entra una nueva figura, nuestra propia especie, Homo sapiens sapiens. La vemos por vez
primera en el sur de frica y en el Prximo Oriente, y se une a un reparto que contina incluyendo a los
neandertales y al Homo sapiens arcaico. Tal vez sorprenda que no se aprecie durante este periodo ningn cambio
esencial en los accesorios, en trminos generales: nuestro nuevo actor contina fabricando la misma gama de tiles
lticos que sus abuelos de la ltima escena del tercer acto. En efecto, prcticamente ningn aspecto de su
comportamiento difiere del de sus abuelos. Pero hay indicios de algo nuevo. En el Prximo Oriente vemos que
Homo sapiens sapiens no slo entierra a sus muertos en fosas al igual que hacen los neandertales, sino que
coloca trozos de animales muertos encima de los cuerpos, a modo, por lo que parece, de ajuares funerarios. En el
sur de frica utiliza grumos de ocre rojo, aunque no sabemos qu es lo que hace con ellos, y afila trozos de hueso
para fabricar arpones. Se trata de los primeros tiles hechos con materiales distintos a la piedra y la madera.

La segunda escena de este ltimo acto empieza hace unos 60 000 aos con un acontecimiento importante:
en el sureste asitico Homo sapiens sapiens construye barcas y luego procede a realizar la primera travesa a
Australia. Muy pronto ocurren nuevos eventos en el Prximo Oriente. En lugar de lascas producidas mediante la
tcnica levallois, aparecen las llamadas hojas, es decir, lminas largas y finas talladas en slex que adoptan la forma
de hojas. Y luego, de forma bastante repentina hace unos 40 000 aos en Europa y en frica la obra se
transforma. Los accesorios dominan ahora la accin. Para marcar ese cambio de comportamiento tan espectacular,
los arquelogos utilizan estos accesorios para determinar el comienzo de un nuevo periodo de nuestro pasado, el
llamado Paleoltico Superior, en Europa, y Edad de la Piedra Reciente, en frica. En Asia tiene lugar una
transformacin parecida, pero dado que podemos descifrar esa regin slo parcialmente, no sabemos si acaeci al
mismo tiempo que en Europa y frica, o si ocurri ms tarde, hace tal vez unos 20 000 aos.

En lugar de la pequea gama de tiles lticos, los accesorios son ahora extremadamente diversificados y
hechos de muchas materias nuevas, que incluyen el hueso y el marfil. Los actores crean ahora su propio escenario:
construyen viviendas y pintan en las paredes. Algunas aparecen sentadas tallando figuras animales y humanas de
piedra y marfil, otros cosen ropas con agujas hechas de hueso. Y en sus cuerpos, estn vivos o muertos, llevan
colgantes y abalorios. Quines son esos actores? Es evidente que quien marca el paso es Homo sapiens sapiens.
Hemos visto al principio de esta escena que es capaz de realizar la travesa hasta Australia, y luego lo hemos visto
entrar en Europa hace 40 000 aos. Durante los siguientes 10 000 aos los neandertales de Europa intentan quizs
copiar los nuevos tiles las hojas que Homo sapiens sapiens est fabricando y los collares de abalorios que
lleva. Pero pronto los neandertales desaparecen de la escena, como ha ocurrido con todos los dems actores de la
obra. Homo sapiens sapiens se ha quedado solo en el escenario del mundo.

El ritmo de la accin se acelera lentamente. Europa brilla a la luz del color del arte rupestre hace entre 30
000 y 12 000 aos, aunque los paisajes se han helado durante la ltima glaciacin. A medida que las capas de hielo
empiezan a retroceder, el escenario se hace an mayor, incorporando ahora Amrica del Norte y del Sur. Cuando la
era glaciar llega a su fin, tienen lugar profundas fluctuaciones climticas, pasando de periodos templados/hmedos
a periodos fros/secos, y esta fase acaba con un periodo de rpido calentamiento global hace unos 10 000 aos, que
marca el final del Pleistoceno, en que el actor entra en el templado mundo del Holoceno y ltima escena de la obra.

Con el inicio de la tercera escena del cuarto acto, aparecen algunas gentes del Prximo Oriente sembrando
cosechas y luego domesticando animales. Los acontecimientos transcurren ahora a una velocidad vertiginosa. Los
actores levantan pueblos y ms tarde ciudades. Surgen y caen una sucesin de imperios, y los accesorios son cada
vez ms dominantes, diversos y complejos: en un abrir y cerrar de ojos los carros se han convertido en automviles
y las tablillas en ordenadores. Tras casi 6 millones de aos de relativa inaccin, resulta difcil darle un sentido a
esta ltima y febril escena.
Los actores

Acto 2 A. Ramidus y A. anamensisA. ramidus es el antepasado humano ms antiguo que se conoce, y se le


atribuye una edad de 4.5 millones de aos. Viene definido por 17 especmenes fsiles hallados en la regin del
Awesh Medio, en Etiopa, en 1994, y despliegan rasgos ms simiescos que cualquier otro antepasado humano. El
cuerpo de A. ramidus pudo parecerse al de un chimpanc. Se ha sugerido que estos fsiles deberan atribuirse de
hecho a un nuevo gnero, Artdipithecus. La abundancia de madera, semillas y monos fosilizados entre los
sedimentos donde se hallaron los fsiles sugiere que A. ramidus vivi en un medio boscoso.

A. anamensis se define a travs de nueve especmenes fsiles de Kanapoi, Kenia, descubiertos en 1995. Esta
especie podra haber vivido hace entre 4,2 y 3.9 millones de aos y se cree que tambin ocup hbitats boscosos o
arbreos. Parece mayor que A. ramidus, pero la ausencia de fragmentos del esqueleto poscraneal hace difcil la
comparacin entre ambas especies. Parece que se yuxtaponen en el tiempo y su relacin con A. afarensis es
dudosa.

Acto 2 Australopitecinos grciles

A. afarensis y A. africanus

Estas dos especies se conocen con el nombre de australopitecinos grciles y vivieron hace entre 4 y 2,5
millones de arios. A. afarensis es el que mejor se conoce gradas al esqueleto fsil casi completo apodado Lucy.
Se encontr en la regln del Hadar, Etiopa, donde se han descubierto asimismo otros especmenes de A. afarensis.
Esta especie pudo medir entre 1 1,5 m de alto y pesar entre 30 y 75 kg, con un cerebro de 400-500 cm3 de tamao.
De complexin ligera, brazos largos proporcionales a sus extremidades inferiores, y dedos curvos, sus rasgos
sugieren que A. afarensis pudo no ser totalmente bpedo ni totalmente arbreo.

Es posible que el rastro de huellas de hace 3,5 millones de aos descubiertas en Laetoli, Tanzania, se
debiera a A. afarensis. Los fsiles de A. africanus se encuentran en el sur de frica. Esta especie tenia un tamao
similar a A. afarensis y la misma capacidad craneal parece adaptada al bipedismo. Se aprecian contrastes en la
forma del crneo. A. africanus posee una frente ms alta y reborde supraorbital menos prominente. En cuanto a la
denticin, A. africanus tena caninos ms pequeos y molares mayores que A. afarensis.
Acto 2 Australopitecinos robustos

P. bosei y P. robustus

Los australopitecinos que desarrollaron rasgos especialmente robustos se han clasificado en un genero
aparte llamado Paranthropus. En el sur de frica reciben el nombre de P. robustus y pesaban entre 40 y 80 kg.
Esto sugiere que, como los gorilas modernos, los machos eran considerablemente ms grandes que las hembras. La
forma del frica oriental, P. boiset, era al parecer an mayor, y pudo medir hasta 1.40 m.

Los rasgos anatmicos de los australopitecinos robustos indican una dieta que incluye el procesamiento de
muchas materias vegetales y la generacin de una fuerza considerable entre los dientes. Los rasgos ms notables
son unos grandes maxilares, sus grandes molares y la cresta sagital, que articulaba poderosos msculos para
masticar. Tras su aparicin en el registro fsil hace 2,5 millones de aos, las especies Paranthropus sobrevivieron
basta hace un milln de aos.
Acto 2 El primer Homo

H. habilis, H. rudolfensis y H. ergaster

Hace unos 2 millones de aos aparecieron nuevos fsiles que se han asignado al gnero Homo Muestran
una variacin considerable de tamaos y formas y. por lo tanto, es posible que representen a varias especies. Todos
se caracterizan por un tamao cerebral mayor que el de los australopitecinos, entre 500 y 800 cm3. Los
descubrimientos mas importantes se han hecho en la garganta de Olduvai, en Tanzania, y en Koobi Fora, en Kenia,
donde se recuper el espcimen mejor preservado de H. habilis, el KNM-ER 1470.

H. habilis habra tenido un cuerpo de carcter ms parecido al del australopitecino pero con un rostro y una
denticin humanas, mientras que H. rudolfensis tenia un cuerpo ms humano pero rasgos faciales y dentales de los
australopitecinos. Hace 1,6 millones de aos que ya no se encuentran fsiles de estas primeras especies Homo, y
parecen haber sido sustituidos por H. erectus, que seguramente evolucion a partir de otro tipo de Homo primitivo,
H. ergaster.

Acto 2 Homo erectus


Los primeros fsiles de H. erectus se encontraron en la regin de Koobi Fora, en frica, y en Java, con una
antigedad de 1,8 millones de aos. Se cree que H. erectus evolucion a partir del primer Homo en frica y que
luego se dispers rpidamente por Asia. Se ha recuperado asimismo una mandbula de H. erectus en Dmanisi,
Georgia, que se cree data de hace 1,4 millones de aos. H. erectus posea un cerebro mayor que los primeros
Homo, entre 750-1.250 cm3. con rebordes supraorbitales prominentes y un esqueleto robusto.

Los crneos de H. erectus asitico, como los de la cueva de Zhoukoudian, conocidos anteriormente como
el hombre de Pekn, presentan rebordes seos ms pronunciados que los de frica. El H. erectus fsil ms
espectacular es un esqueleto casi completo de un joven de 12 aos, de 1.6 millones de aos, encontrado en
Nariokotome. Kenia, que presenta evidencia de un rpido desarrollo infantil, algo que podra ser caracterstico de
los primeros humanos. Posee las caractersticas fsicas de los humanos que viven en medios tropicales. H. erectus
an sobreviva hace 300 000 aos.

Acto 3 Homo sapiens arcaico y

H. heidelbergensis

Se encuentran especmenes de H. sapiens arcaico en frica y en Asia de entre 400 000 y 100 000 aos de
edad. Muchos especmenes importantes proceden de Broken Hill, Florisbad y del ro Orno, en frica, y de Dal y
Maba. en el Asia oriental. Se trata de una especie mal definida pero se distingue de H. erectus por su cerebro
mayor, 1.100-1.400 cm3, y un crneo ms alto y redondo. Se conoce poco del resto del esqueleto, pero se le
considera tan robusto y musculoso como H. erectus.

H. heidelbergensis es el nombre que se da a los primeros humanos de Europa y desciende de H. erectus.


Existen muy pocos restos, slo el maxilar de Mauer, en Alemania, y parte de un hueso de la pierna, de Boxgrave,
Inglaterra, ambos fechados hace 500 000 aos. Ambos especmenes sugieren que H. heidelbergenss fue una
especie alta y robusta. Los fsiles humanos de Atapuerca, Espaa, fechados recientemente en al menos 780 000
aos, podran pertenecer tambin a H. heidelbergensis.

Acto 3 Los neandertales

H. neanderthalensis
Se cree que H. neanderthalensis evoluciono de H. heidelbergensis hace 150 000 aos. Los especmenes de
Pontnewydd, Pas de Gales, de 220 000 aos de edad, presentan rasgos neandertales bien definidos. Los
neandertales clasicos se encuentran en yacimientos de Europa y del Prximo Oriente con edades de entre
115.000 y 30 000 aos, sobre todo en Saint Csaire, Francia (33 000) y Tabn (100 000) y Kebara (63 000), en el
Prximo Oriente.

H. neanderthalensis se distingue de H. erectus por su mayor tamao cerebral, de 1 200-1.750 cm3, nariz
ms larga y rebordes supraorbrtales menores. Su cuerpo era de complexin muy fuerte, corpulento y musculoso
con piernas cortas y un gran trax en forma de tonel. Muchos de sus rasgos anatmicos son adaptaciones a una
vida en medios muy fros. El cuerpo de los neandertales parece haber experimentado un alto grado de lesiones
fsicas y enfermedades degenerativas que podran reflejar un estilo de vida fsicamente muy duro.

Acto 4Humanos anatmicamente

modernos

H. sapiens sapiens

Los humanos anatmicamente modernos (HAM) ms antiguos se encuentran en el Prximo Oriente, en las
cuevas de Qafzeh y Skhul, y en Surfrica, en la cueva de Border y en la de Klasies River Mouth. con edades de 100
000 aos Los especmenes fsiles de Jebel Irhoud, en el norte de frica, tambin podran pertenecer a H. sapiens
sapiens. Se cree que los HAM descienden de H. sapiens arcaico de frica. Los especmenes fragmentarios de
Klasies River Mouth muestran algunos rasgos arcaicos y podran representar una forma de transicin.
Los HAM se distinguen tanto de H. sapiens arcaico como de H. neanderthalensis por una complexin
menos robusta, la reduccin y frecuente ausencia de rebordes supraorbitales, un crneo ms redondo y dientes ms
pequeos. El tamao del cerebro, entre 1.200 y 1 700 cm3. es igual o ligeramente menor que el de H.
neanderthalensis.

Poco despus, hace 100 000 aos, los HAM pudieron dispersarse por frica y Asia oriental. Colonizaron
Australia hace menos de 60 000 aos y entraron en Europa por vez primera hace 40 000 aos. Hace 30 000 aos
que H. sapiens sapiens es el nico miembro superviviente del linaje Homo.

Los accesorios

Acto 2Los primeros

artefactos lticos

Los primeros artefactos de piedra datan da hace entre 3 y 2 millones de aos y con frecuencia son difciles
de distinguir de rocas que se han roto de forma natural. Estos artefactos se han agrupado bajo el nombre de
complejo industrial del Omo, porque se encontraron en la regin etope del rio Omo. Los artefactos de esta regin
proceden de la formacin Shungura con sedimentos que abarcan el periodo de hace entre tres y un milln de aos.

Los ms antiguos consisten en cantos rodados de cuarzo desbastados. Se han encontrado artefactos
parecidos en Kada Gona, en Etiopa, que se cree datan de hace 2.7 millones de anos. Otro yacimiento antiguo
importante es el de Lokalaei (GaJh 5) descubierto cerca de la base de Kalochoro, parte de la formacin Nachukui
del Turkana occidental, Kenia. cuyos tiles se fechan hace 2,36 millones de aos.
Acto 3 Hachas de mano

y lascas levallois

Las hachas de mano son un tipo de til hecho a base de tallar bifacial mente un ndulo de piedra o una lasca
grande. Quiere decir que las lascas se tallan alternativamente por las dos caras del til. Las hachas de mano
presentan una tpica forma de pera, mientras que otros tiles exhiben un borde romo, en lugar de apuntado u
ovalado, y se (laman hendidores. Cuando entre los conjuntos lticos se encuentran hachas de mano/hendido-res con
frecuencias relativamente altas, estos conjuntos reciben el nombre de achelenses. Los tiles bifaces se descubren
por primera ve/ en el lecho II de Olduvai. y cuando estn presentes, la industria Mica recibe el nombre de
olduvayense avanzado. Las autnticas hachas de mano ms antiguas proceden de Konso-Gardula, en Etiopa, y se
fechan en 1,4 millones de aos. Tambin aparecen repentinamente en el registro arqueolgico en los yacimientos
de Olorgesailie y de Kesem-Kebana, hace 1,4 millones de aos. Las hachas de mano se encuentran en yacimientos
de toda Europa y en el Asia occidental y meridional durante el tercer acto; suelen aparecen en grandes cantidades.
Por ejemplo, en Olorgesailie, Tanzania, se han descubierto miles de hachas en 16 conjuntos lticos a orillas de un
antiguo lecho lacustre.
Uno de los yacimientos europeos ms notables es el de Boxgrove, en el sur de Inglaterra, de 500 000 aos de
antigedad, donde se han descubierto restos de talla procedentes de la manufactura de hachas de mano. La nica
parte del Viejo Mundo donde los primeros humanos no parecen fabricar hachas de mano es el sureste asitico.
Tambin son sumamente raras en China. En las regiones donde s se encuentran, son escasas y estn ausentes de
muchos yacimientos con tiles de tecnologa similar a la olduvayense o a la olduvayense avanzada. Es el caso de
Verteszlls, Hungra, de Bilzingsleben, Alemania, y de los niveles inferiores de los yacimientos estratificados de
Ubeidiya, Israel, y de Swanscombe, Inglaterra. El mtodo levallois es una tcnica para extraer lascas y puntas de
piedra de un tamao predeterminado y requiere una meticulosa preparacin del ncleo. Aparece por primera vez en
el registro arqueolgico hace 250 000 aos y abunda en frica, en el Prximo Oriente y en Europa. Es la tcnica
predominante en muchos conjuntos del norte de frica, como el de la cueva de Haua Fteah, y del Prximo Oriente,
como los de las cuevas de Tabn y Kebara. En otros, como el de Pontnewydd, Gales, la tcnica levallois se
encuentra asociada a hachas de mano.
Acto 2 Los tiles lticos

olduvayenses

Hace entre 2 y 1,5 millones de aos, los tiles lticos descubiertos en el este y sur de frica consisten en lascas
extradas de cantos rodados y lo que queda de sus respectivos ncleos. 5e conocen con el nombre de industria
olduvayense, debido a los tiles del lecho I de la garganta de Olduvai. Estos tiles se presentan bajo diversas
formas y tamaos y se han clasificado en tiles para tareas duras, tiles para tareas ligeras, piezas utilizadas y
restos de talla La garganta de Olduvai sigue siendo el yacimiento ms importante de tiles lticos olduvayenses.
Es un desfiladero de 100 m de profundidad y de unos 50 km de longitud en el Serengeti, en Tanzania, creado por
un rio que fluye entre sedimentos deposita dos a lo largo de los ltimos 1,8 millones de aos. Contiene una extensa
serie de yacimientos arqueolgicos que se encuentran en cuatro lechos principales, y que contienen tiles y fsiles,
muchos de los cuales fueron excavados por Mary Leakey. Hay otros lugares en el frica oriental de similar
importancia que la garganta de Olduvai. El ms notable es el rea de Koobi Pora, en Kenia, donde Glynn Isaac
realiz una labor de campo extensiva que dej al descubierto varios yacimientos muy antiguos.
Actos 1, 2, 3 y 4 tiles de madera

Los tiles de madera son extremadamente raros en el registro arqueolgico, pero los pocos que sobreviven
indican que fueron obra de los humanos primitivos. Se han descubierto palos acabados en punta, seguramente
lanzas, en los yacimientos de Clacton-on-Sea y de Lehringen, y en Gesher Benot Va'aqov, Israel, se ha encontrado
una placa de madera pulimentada. Seguramente la manufactura de la madera para producir tiles se remonta al
antepasado comn de hace 6 millones de aos.

Acto 4 Tecnologa laminar

o de hojas

Las laminas finas y alargadas de slex no se laman lascas, sino que reciben el nombre de hojas o laminas, y
suelen extraerse de ncleos preparados meticulosamente, por lo general en forma prismtica. Las hojas mas
antiguas se encuentran en las industrias llamadas preauriacienses de la cueva de Haua Fteah, en el norte de Africa,
y amudiense, en el Prximo Oriente, ambas de mas de 100 000 aos de edad.

Pero slo hace 40 000 aos que la industria de hojas inicia una produccin sistemtica, para convertirse en
la tcnica ltica dominarte en todo el Viejo Mundo. Los ncleos presentan varios tamaos: los ms pequeos se
llaman laminillas o microlminas. Las lminas u hojas se podan astillar para obtener determinadas formas, tales
como puntas de proyectil, raspadores y buriles (tiles-cinceles para tallar).
Acto 4 tiles de hueso

Si bien hay evidencia del uso de huesos para fabricar tiles hace ya 500 000 aos, los primeros tiles
trabajados arpones hechos a base de afilar el hueso no aparecen hasta hace 90 000 anos en Katanda, R.D. de
Congo. Estos arpones sor descubrimientos nicos, puesto que el segundo til de hueso trabajado que se conoce
data de hace slo 40 000 aos. Despus de esta fecha los tiles de hueso se encuentran en todas las regiones del
Viejo Mundo.

Un ejemplo son las puntas de flecha de hace 39.000 aos de la cueva de Bordee mientras que en el Prximo
Oriente y en Europa se trabaj el hueso para producir puntas y punzones. A partir de hace 20 000 aos se utiliz el
hueso para hacer arpones, sobre todo en las sociedades que vivan en Europa hacia el final de la ltima glaciacin
Se encuentran por primera vez agujas de hueso hace 18.000 aos. En Rusia y en Siberia, hace 20 000 aos, la
primera arquitectura utiliz huesos de mamut para levantar viviendas.

Acto 4 Objetos de arte

y ornamentacin personal
Aunque se han encontrado fragmentos de ocre rojo en yacimientos de hace 250 000 anos, los primeros
objetos de arte aparecen hace 40 000 aos Los mas impresionantes y tambin los ms abundantes son los de
Europa. Se han encontrado cuentas, collares y colgantes de marfil, fiquras talladas de animales y humanos, y toda
una serie de imgenes abstractas y naturalistas pintadas y grabadas en las paredes de las cuevas. En frica se
encuentran losas de piedra pintadas con figuras animales de ms de 27.500 aos de edad, y cuentas hechas de
cascara de huevo de avestruz de hace 39.000 aos.

En el Asia oriental los primeros abalorios de la cueva de Zhoukoudian datan de hace 8000 13 000 aos,
mientras que de la cueva de Longgupo, en China, procede una pieza decorada de asta de ciervo de hace 13.000
anos. Los grabados hechos sobre barro blando en las paredes de las cuevas de Australia datan de hace 23 000-15
000 aos, y es posible que parte del arte rupestre se remonte a ms de 40 000 aos atrs. En el abrigo de Mandu
Mandu se ha descubierto un conjunto de 20 cuentas de concha con 34 000-30 000 aos de antigedad.

Acto 4 Ordenadores y otros

accesorios modernos

El primer ordenador, la maquina analtica de Charles Babbage, fue diseado en 1834. Menos de 160 aos
ms tarde se ha creado la red informtica global llamada Internet. Estos hechos ocurran 90 000 aos despus de
que se grabara el primer objeto de hueso, lo que contrasta con los ms de 2 millones de aos que fueron necesarios
para pasar de la produccin del primer til ltico a aquel primer grabado sobre hueso. Esta diferencia refleja el
ritmo sumamente rpido de innovacin y cambio tecnolgicos que empezaba a asomar hace 90 000 aos, con ms
intensidad hace 40 000 aos y de forma vertiginosa en la actualidad.

Hitos notables durante esos 40 000 aos fueron la primera aparicin de la tecnologa cermica hace 26 000
aos para hacer estatuillas de arcilla, y que luego, hace 8.000 aos, se difundi extensivamente para la produccin
masiva de vasijas. Animales y plantas se domesticaron por primera vez hace 10 000 aos, la primera escritura
apareci hace 5000 aos, y la fundicin de metal hace 4000 aos. Se necesitaron solamente 20 000 aos para pasar
del arco y la flecha a la bomba atmica, y 6000 aos para pasar de los primeros vehculos rodados a la nave
espacial.
Actos 1 y 2: Orgenes africanos

Se conocen fsiles de antropomorfos de hace entre 10 y 5 millones de aos en frica, Europa y Asia, y no
se sabe con certeza dnde vivi realmente el antepasado comn de hace 6 millones de aos. Pero seguramente fue
en el frica oriental, si nos atenemos a ta diversidad de fsiles de australopitecinos descubiertos en esa regin y a
los rasgos simiescos del fsil ms antiguo. Se han descubierto fsiles de australopitecinos y de los primeros Homo
en depsitos de cuevas de frica del Sur y en yacimientos del frica oriental. Los yacimientos ms importantes de
frica del Sur son Makapansgat, Sterkfontein y Swartkrans, todos ellos con una serie de animales fsiles. No es
probable que estos antepasados humanos ocuparan realmente las cuevas; lo ms probable es que sus restos llegaran
all arrastrados por carnvoros. La cueva de Sterkfontein contiene fsiles de H. habilis y una secuencia estratificada
de tiles lticos primitivos. Los fsiles y los tiles lticos ms antiguos del frica oriental se encuentran en
sedimentos erosionados, sobre todo en Hadar, en el Awash Medio, en la garganta de Olduvai, en Koobi Fora y en
el Orno. Su descubrimiento y datacin han sido posibles debido a las fallas y a la erosin del valle del Rift
africano, que ha dejado al descubierto los antiguos sedimentos y los lentes de tobas volcnicas, que pueden datarse
mediante diversos mtodos radiomtricos.
Acto 3: La colonizacin de Asia y Europa

Los fsiles de H. erectus de Mojokerto y de Sangiran, en Java, se han fechado, no sin controversia, en torno a los
1,6-1,8 millones de aos, lo que los convierte en un milln de aos ms antiguos de lo que se crey en un principio.
En la cueva de Longgupo, en la China central, se ha descubierto un diente con una posible antigedad de 1,9
millones de aos y se atribuye a los primeros Homo. Si estos nuevos datos son correctos, significa que H. erectus
se extendi desde frica muy rpidamente, o bien que una especie ms antigua de Homo haba ya abandonado
frica, y que el origen de H. erectus podra encontrarse en la misma Asia. Algunos afirman que los tiles lticos
del rea del Riwat, en Pakistn, de ms de 2 millones de aos, son de tipo olduvayense, pero no se sabe con certeza
si fueron o no autnticos tiles. Se ha descubierto en Dmanisi, Georgia, un fragmento de mandbula humana
atribuida a H. erectus. Se encontr encima de los sedimentos fechados hace 1,8 millones de aos, estaba asociada a
tiles de tipo olduvayense y data seguramente de hace entre 1,5 y 1 milln de aos. Como tal, puede ser
cronolgicamente semejante a las primeras ocupaciones de Ubeidiya, en el Asia occidental. Los yacimientos
arqueolgicos ms antiguos de Asia oriental se encuentran en la cuenca del Nihewan, en China, que se fecharan en
torno a los 0,75 y 1 milln de aos. Con estos primeros fsiles y yacimientos de Asia, la ausencia de yacimientos
bien fechados en Europa de ms de 500 000 aos de antigedad sigue siendo un misterio. Algunos afirman que
yacimientos como el de Vallonet, en Francia, podran tener ms de un milln de aos, pero, como en el caso de
Riwat, no es imposible que los tiles de piedra sean simples trozos de roca desprendidos por fracturas naturales.
Las fechas ms antiguas de fsiles humanos proceden de Gran Dolna, en Atapuerca, Espaa, y se les atribuye una
edad de 780 000 aos, si bien esta datacin an est por confirmar. En Europa hay varios yacimientos
arqueolgicos fechables hace 500 000 aos y poco despus. El ms importante es el de Boxgrove, en el sur de
Inglaterra, donde se han encontrado hachas de mano y parte de un hueso de la pierna de un humano primitivo.
Acto 4: La colonizacin de Australasia y del continente americano

Seguramente Australia fue colonizada hace 50 000-60 000 aos, de acuerdo con la datacin por
termoluminiscencia de la ocupacin de los abrigos de Malakunanja II y de Nauwalabila en el Territorio del Norte.
El resto de yacimientos se fechan en menos de 40 000 aos, pero eso podra deberse a la barrera temporal de las
dataciones por radiocarbono. El yacimiento del Alto Swan, en las afueras de Perth, se fecha en torno a los 39 500
2 300 aos, y hay un nmero significativo de yacimientos de hace 35 000-30 000 aos. Australia fue colonizada
por H. sapiens sapiens, pero no hay acuerdo sobre si fueron representantes de una poblacin procedente de frica o
si evolucionaron localmente a partir de un linaje de H. erectus del sureste asitico. Unos fsiles humanos de
Australia de hace 30 000-20 000 aos muestran una considerable variabilidad, desde una anatoma sumamente
grcil hasta una sumamente robusta. El continente americano fue colonizado a travs de una ruta que cruzaba el
norte de Siberia, donde los yacimientos ms antiguos se han fechado slidamente en torno a los 35 000 aos de
antigedad. El ms rico es el de Mal'ta, de hace 25 000 aos, donde se ha encontrado gran cantidad de objetos de
arte. La penetracin en el continente americano se hizo a travs de la masa de tierra ahora sumergida del estrecho
de Bering, pero la fecha de esta colonizacin sigue siendo incierta. A algunos yacimientos de Amrica del Sur se
les atribuye una antigedad de 40 000 aos, pero no son fechas precisas. Las fechas ms antiguas y verificadas
corresponden a los yacimientos de Dry Creek, en Alaska, y al abrigo de Meadowcroft, en Pensilvania, de 12 000
aos de antigedad. Hay numerosos yacimientos fechados entre hace 11 500 y 11 000 aos, cuando parece que se
cazaba megafauna, como el mamut. En Amrica del Sur, y sobre todo en Monte Verde, hay muchos yacimientos de
11 000 aos de edad. Y como en el caso de Australia, seguramente la colonizacin no fue un solo y nico
acontecimiento, sino que implic numerosos flujos de poblacin durante un prolongado lapso de tiempo.
rbol genealgico de los antepasados humanos

Reconstruir las relaciones entre los antepasados humanos en el curso de la evolucin es una tarea repleta de
dificultades debido a la escasez de evidencia fsil. Este diagrama se basa en el de Bernard Wood (1993): los tramos
negros denotan el tiempo transcurrido entre la primera y la ltima aparicin de una especie. Las relaciones entre los
australopitecinos son especialmente difciles de establecer debido a la escasez de fsiles y o su variabilidad
morfolgica: casi nunca se logra saber si se trata del macho y de la hembra de la misma especie, o de dos especies
distintas. Quizs la parte ms discutible del rbol genealgico sea la mas reciente, relativa al origen de H. sapiens
sapiens. Existen dos grandes tendencias al respecto. Unos creen que hubo un solo origen en frica, y que to das las
poblaciones existentes, como los neandertales de Europa y H. sapiens arcaico de Asia, fueron sustituidos por esta
nueva especie y que no hicieron ninguna contribucin al acervo gentico moderno. Otros cuestionan esta hiptesis
y defienden la existencia de orgenes mltiples de H sapiens sapiens en distintas partes del mundo, que habran
evolucionado a partir de las primeras poblaciones humanas locales. Entre estos dos extremos hay otras posiciones,
como quienes defienden una dispersin de poblacin de humanos modernos desde frica hace unos 100 000 aos,
pero con un cierto grado de cruce con las poblaciones de H. sapiens arcaico. El estudio de la gentica humana
tambin puede aportar medios para reconstruir la historia de la evolucin. La limitada variabilidad gentica
existente entre los humanos modernos sugiere que nuestro origen es muy reciente, mientras que s medimos la
diferencia entre los humanos y los chimpancs, nos aproximamos a la edad establecida de 6 millones de aos para
el antepasado comn. Se est utilizando la variacin del ADN de las poblaciones humanas en diferentes partes del
mundo para intentar distinguir un origen nico o mltiple de los humanos modernos, y en caso de un origen nico,
identificar cundo y dnde tuvo lugar. Este libro adopta la posicin de un nico origen africano seguido de una
sustitucin de todos los Homo sapiens arcaicos, pero simpatiza con la idea de una hibridacin limitada entre las
poblaciones que salieron de frica y las poblaciones locales de humanos [Link] de decorado durante
los actos 3 y 4

El clima del pleistoceno registrado en ncleos marinos V28-238 del Ocano Pacfico

Los actos 3 y 4 de la prehistoria comprenden los


periodos geolgicos llamados Plestoceno Medio y Superior. En ellos, el planeta experiment una larga y compleja
secuencia de cambios climticos, dominados por cambios de fases glaciares a fases interglaciares. Esta alternancia
se aprecia claramente en ncleos de sondeo procedentes de los sedimentos marinos. Su anlisis puede suministrar
un registro ce cambios en el porcentaje de dos istopos de oxgeno, que a su vez estn directamente relacionados
con las fluctuaciones climticas de las fases glaciares e interglaciares. Estos ncleos, que no se conocieron hasta
los anos setenta, demuestran que hubo ocho ciclos glacar-interglaciar durante el Pleistoceno Medio y Superior.
Hubo tambin numerosas oscilaciones menores con marcados periodos de fro, llamados estadiales, durante los
periodos interglaciares, y perodos templados, llamados interestadiales, durante los periodos glaciares fros. Estas
oscilaciones climticas nos proporcionan una estructura cronolgica del Pleistoceno, dado que cada fase climtica
tiene un nmero; los periodos glaciares estn indicados median te nmeros pares, y los periodos templados
mediante nmeros impares. Ademas, las fluctuaciones habidas en una misma fase climtica se indican con letras:
por ejemplo, la fase 5 corresponde a todo el periodo interglaciar (hace 128 000-71 000 aos), y se divide en 5
subfases llamadas Sa-Se, donde la letra indica el nivel del mar mximo. Otras fases importantes de los istopos de
oxgeno son la fase 12 (supuestamente la glaciacin angliense. que cubri todo el norte de Europa hace 478 000-
123.000 aos) y la fase 2 (correspondiente a 3a ltima glaciacin, hace 24.000-13.000 aos). Fases templadas

Durante las fases templadas del Pleistoceno, las capas de hielo se derretan, produciendo una subida del nivel del
mar y aislando reas de la Europa continental como Bretaa. A medida que el clima se templaba, comunidades de
plantas y y rboles colonizaban los paisajes y las comunidades animales se transformaban. Los sedimentos y los
niveles de hielo muestran que la temperatura en las fases templadas implic muchas veces periodos muy rpidos de
calentamiento global.
Fases fras

Cuando las temperaturas globales se enfriaban, grandes volmenes de agua quedaban atrapados en forma de capas
de hielo que invadan las latitudes septentrionales. En las latitudes ms meridionales los climas se hacan ms
secos. El descenso del nivel de. mar dejaba al descubierto extensas zonas de tierra que ahora estn sumergidas. En
Europa aparecieron las tundras, que fueron explotadas por las grandes manadas migratorias de renos. Zonas como
el Prximo Oriente experimentaron sequas.
Captulo 3

La arquitectura de la mente moderna

Qu sabemos actualmente de la mente moderna que nos ayude a abordar la naturaleza de la mente de
nuestros primeros antepasados?

Empezar nuestra investigacin centrndonos en el cuerpo y no en la mente puede sernos de gran ayuda [1]. Si
queremos saber cmo eran o se comportaban las gentes del pasado podemos ir a un museo y contemplar los
ejemplares de fsiles humanos o de tiles lticos. Si es un buen museo es posible que incluya una reconstruccin de
un peludo neandertal sentado a horcajadas a la entrada de una cueva asando carne o afilando una punta. Pero existe
una manera mucho ms fcil de empezar a conocer el pasado, incluidos los antepasados humanos ms antiguos:
sentndose en la baera. Mientras se va llenando de agua, se nos pone la piel de gallina. La piel reacciona as
porque nuestros antepasados de la Edad de la Piedra eran mucho ms peludos que nosotros. Cuando tenan fro,
tambin se les pona la piel de gallina, haciendo que el pelo se erizase para atrapar y mantener as una capa de aire
caliente justo encima de la piel. Nosotros ya hemos perdido casi todo el pelo del cuerpo, pero seguimos teniendo la
piel de gallina. Esta capacidad residual constituye una clave para vislumbrar nuestra posible fisonoma de hace
milenios.

De hecho nuestro cuerpo es un paraso para cualquier detective de la Edad de la Piedra. Si observamos en la
actualidad la extrema flexibilidad de un gimnasta, tan parecida a la de un gibn, intuimos que nuestros brazos y
nuestros hombros estuvieron un da diseados para ello. La amplitud de las dolencias cardacas en las sociedades
actuales del mundo occidental nos dice que nuestra dieta, excesivamente rica en grasas, no es precisamente la ms
acorde con el diseo de nuestro cuerpo[2]. Ocurre lo mismo con nuestras mentes? Puede la naturaleza de la mente
moderna traicionar la naturaleza de la mente paleoltica? Podemos descubrir indicios en nuestra forma de pensar
actual que nos permitan conocer mejor la forma de pensar de nuestros ancestros de hace miles e incluso millones
de aos? S que podemos, aunque los indicios no son tan claros como en el caso de nuestra anatoma.

De hecho podemos descubrir algo ms que indicios, ya que la arquitectura de la mente moderna se ha ido
construyendo a lo largo de millones de aos de evolucin. Podemos empezar a reconstruir la prehistoria de la
mente exponiendo a la luz esa arquitectura, para luego desmenuzarla.
La mente-esponja, la mente-ordenador

Desentraar la arquitectura de la mente moderna es tarea de psiclogos. Pero todos nosotros nos hemos
ocupado del lema en un momento u otro: todos somos expertos usuarios de la mente. Nos asomamos compulsiva y
constantemente al interior de nuestra propia mente y nos hacemos preguntas sobre lo que puede estar pasando por
la mente de los dems. A veces creemos saberlo. Pero se trata de una tarea arriesgada, porque podemos
engaarnos. Contemplamos el mundo y nos parece sencillo, esttico. Pero observamos la mente y nos parece
bien, empecemos por aquello que la mente parece ser realmente. Y empecemos por una de las mentes ms frtiles
y extraordinarias que existen: la de la primera infancia.

Observar el desarrollo de mis propios hijos me ha sido de mil maneras tan til para mi investigacin de la
prehistoria de la mente como los libros y el material acadmico que he ledo en las ltimas dcadas. Un da estaba
jugando con mi hijo Nicholas, que tena algo menos de tres aos, y con su zoolgico de juguete, y le pregunt si
quera poner la foca en el lago. Su mirada se pos en el animal y luego me mir en silencio. S me dijo, pero
es una morsa. Y tena razn. Yo no haba sabido distinguirlos bien, pero mi hijo tena un conocimiento minucioso
de esos animales. Bastaba con explicrselo una sola vez para que las diferencias entre el armadillo, el cerdo
hormiguero y el oso hormiguero quedaran de inmediato impresas en su mente. Y al igual que todas las mentes
infantiles, la suya pareca una esponja absorbiendo conocimientos. Nuevos hechos e ideas penetraban en lo que
pareca ser una infinita serie de poros vacos. Adems, la mente infantil embebe diferentes cosas en distintas partes
del mundo; adquiere distintas culturas. Y las culturas, segn nos dicen los antroplogos, no son simples conjuntos
de datos acerca del mundo, sino formas concretas de pensar y de comprender: la mente-esponja es una mente que
absorbe los procesos del propio pensamiento[3].

La idea de que la mente es una esponja vaca que slo espera ser llenada est presente tanto en nuestra vida
de cada da como en el mundo acadmico. El proceso de adquirir conocimientos significa llenar los poros, y el
proceso de recordar equivaldra a estrujar la esponja. Tras un test de cociente intelectual subyace la idea de que
algunas esponjas son mejores que otras a la hora de absorber y de estrujar. La evolucin de la mente humana se nos
muestra sencillamente como la expansin gradual de la esponja en el interior de nuestra cabeza.

Pero esta analoga no nos ayuda a saber cmo la mente soluciona problemas, o cmo aprende. Eso es algo
que trasciende la simple acumulacin y posterior regurgitacin de datos; tiene que ver con la comparacin y la
combinacin de tems de informacin. Y las esponjas no pueden hacerlo, pero los ordenadores s. La idea de
comparar la mente con un ordenador es seguramente bastante ms convincente que la de la mente-esponja.
Podemos pensar en la mente como algo que incorpora datos, los procesa, soluciona el problema y hace que
nuestros cuerpos ejecuten el producto resultante. El cerebro es el hardware, la mente el software [4]. Pero con qu
programas funciona?

Normalmente pensamos que la mente funciona a base de un nico y potente programa general,
plurifuncional. A este programa solemos darle el nombre de aprendizaje, y ya est. As, cuando la nia
empieza a absorber conocimientos empieza tambin a funcionar el programa de aprendizaje general. Un da la nia
empezar a incorporar datos relacionados con las expresiones y sonidos que oye procedentes de la boca de los
adultos y las acciones que los acompaan, y el programa se pone en marcha y la nia aprender el significado de
las palabras. Otro da la entrada de datos tendr que ver con la forma de los signos que ve en un papel y los
objetos dibujados que van asociados, y la nia aprende a leer. Otro da las entradas pueden incorporar nmeros
escritos en una pgina, o pueden referirse al equilibrio de un objeto de dos ruedas, y ese programa informtico de
considerable flexibilidad que llamamos de aprendizaje permitir a la nia entender las matemticas o subirse a
una bicicleta. El mismo programa sigue activo, incluso en la edad adulta.

Si la mente es un ordenador, cmo y qu pensar de las mentes de nuestros antepasados prehistricos? Es


fcil. Los diferentes tipos de mente son como unos ordenadores con distinta capacidad de memoria y distintos
chips para procesar los datos. Durante la ltima dcada hemos presenciado un aumento espectacular de la potencia
y la velocidad de los ordenadores, un hecho que prcticamente pide ser utilizado como una analoga en el mbito
de la prehistoria de la mente. No hace mucho llev a mis hijos al Musco de la Ciencia de Londres, y contemplamos
la reconstruccin de la mquina analtica de Charles Babbage, el primer ordenador. Es muchsimo ms voluminoso
e infinitamente ms lento que el pequeo ordenador porttil que utilizo para escribir este libro. Y me pregunt si
sera pertinente proponer una analoga entre, por un lado, el ingenio analtico de Babbage y mi porttil y, por otro,
la mente neandertalense y la mente moderna. O acaso esa analoga debera limitarse a una mera cuestin de
capacidad de memoria, que sera mayor en un ordenador personal?

La mente-esponja y la mente-ordenador. Ambas ideas son muy sugerentes, y ambas parecen decirnos algo
sobre el funcionamiento de la mente. Pero cmo puede ser dos cosas tan distintas a la vez? Parece fcil decir lo
que la mente parece ser, y tan difcil definir lo que la mente es realmente.

Pero las esponjas y los ordenadores son buenas analogas de la mente? La mente no slo acumula
informacin para luego devolverla. Y tampoco es indiscriminada a la hora de absorber tal o cual conocimiento. Mis
hijos como todos los nios han absorbido miles de palabras sin esfuerzo, pero esa capacidad de absorcin
parece perder fuerza cuando se trata de las tablas de multiplicar. La mente tampoco resuelve problemas de la
misma forma que lo hara un ordenador. La mente hace algo ms: crea. Piensa cosas que no estn ah fuera, en el
mundo. Cosas que no pueden estar ah fuera en el mundo. La mente piensa, crea, imagina. Eso no ocurre con un
ordenador. Los ordenadores hacen slo aquello que los programas les dicen que tienen que hacer; no pueden ser
verdaderamente creativos, algo que s parece obligado en un nio de cuatro aos[5]. Seguramente cuando pensamos
en la mente como una esponja o como un programa informtico estamos recreando el equivalente psicolgico de
aquella sociedad que no ve la Tierra redonda.

En realidad, lo ms estimulante de la afirmacin de mi hijo de que es una morsa no fue el hecho de que
tuviera razn, sino que en un sentido ms fundamental estaba equivocado. Cmo pudo pensar que era realmente
una morsa? Porque all no haba ms que una pequea figurilla de plstico de color naranja. Una morsa es
gelatinosa y hmeda, gruesa y maloliente. Aquella figura de plstico era todo eso, s, pero slo en su mente.
Las ideas de Thomas Wynn y de Jean Piaget

Mi propio inters por los orgenes de la mente humana se despert no gracias a mis hijos, sino a raz de un
texto de enorme inters que le siendo estudiante universitario. En 1979 un arquelogo norteamericano llamado
Thomas Wynn public un artculo donde afirmaba que la mente moderna ya exista hace 300 000 aos [6].
Recordemos que esto ocurre en el tercer acto de la obra de nuestro pasado, antes de que los neandertales, y por
supuesto antes de que los humanos anatmicamente modernos, hayan entrado en escena. La evidencia en que se
basaba Thomas Wynn para apoyar aquella afirmacin eran las estilizadas y simtricas hachas de mano producidas
por Homo erectus y por Homo sapiens arcaico durante la primera escena del tercer acto.

Y cmo haba llegado a aquella conclusin? Basndose en una teora que ha provocado un acalorado
debate en los medios acadmicos durante aos: la teora de que las fases del desarrollo mental del nio reflejan las
fases de la evolucin cognitiva de nuestros antepasados humanos. En la jerga cientfica, esa idea se Traduce
diciendo que la ontogenia sintetiza o recapitula la filogenia[7]. Es una gran idea, sobre la que volver ms
adelante en este y en los siguientes captulos. Es como si implicara que la mente de, digamos, Horno erectus o tal
vez de un chimpanc actual puede poseer semejanzas estructurales con la de un nio, aunque es evidente que
ambas tendran contenidos abismalmente distintos. Para desarrollar su teora, Tom Wynn tena que saber cmo era
la mente infantil, es decir, conocer las fases del desarrollo mental. Y no sorprende que para ello se basara en la obra
del psiclogo infantil Jean Piaget, sin duda la figura ms influyente de aquel momento.

Piaget fue un psiclogo que crea firmemente que la mente funciona como un ordenador. De acuerdo con
sus teoras, la mente utiliza unos cuantos programas generales plurifuncionales que controlan la entrada de nueva
informacin en la mente, y que sirven para reestructurarla de forma que atraviese una serie de fases evolutivas.
Denomin a la ltima de esas fases, que se alcanza en torno a los 12 aos, inteligencia operacional formal. En esta
fase la mente puede pensar objetos y acontecimientos tericos. Este tipo de pensamiento es absolutamente esencial
para poder producir un til ltico como el hacha de mano. Antes de empezar a extraer lascas de un ndulo de
piedra, uno tiene que formarse primero una imagen mental de cmo es el til acabado. Y cada golpe practicado en
el ndulo obedece a una hiptesis sobre su efecto en la forma del til. A partir de ah. Tom Wynn pudo atribuir
slidamente a los productores de hachas una inteligencia operacional formal, y por lo tanto una mente
fundamentalmente moderna.

Para un estudioso de la arqueologa, aquella era una conclusin absolutamente asombrosa. Ah haba
alguien que de hecho poda leer la mente de un antepasado humano ya extinguido a partir de los tiles de piedra
desechados y perdidos en la prehistoria. Pero la prehistoria de la mente pudo ser tan corta, finalizar tan pronto en
el curso de la evolucin humana? Es que acaso la aparicin del arte, de los tiles de hueso y de la colonizacin
global, en suma, los acontecimientos del cuarto acto, no requera nuevos soportes cognitivos? Parece algo
implausible, por no decir imposible.
Un anlisis de la obra de Tom Wynn mostr que el uso que hizo de las ideas de Piaget era correcto. Hacer
un hacha de mano simultneamente simtrica en sus tres dimensiones pareca efectivamente indisociable del tipo
de procesos mentales que Piaget consideraba caractersticos de la inteligencia operacional formal. Pero entonces tal
vez fueran las ideas de Piaget las incorrectas. Y este ha sido inequvocamente el mensaje de muchos psiclogos
durante esta ltima dcada: la mente no utiliza programas generales, plurifuncionales, y tampoco es como una
esponja que absorbe indiscriminadamente toda la informacin que tiene a su alcance. Los psiclogos se han valido
de un nuevo tipo de analoga en relacin con la mente: sera como una navaja del ejrcito suizo o navaja suiza.
Una navaja suiza? Una de esas navajas cortas y rechonchas provista de un sinfn de dispositivos especializados
pensados para mltiples funciones: tiene pequeas tijeras, sierras, pinzas, cuchillas, etc. Cada uno de esos
dispositivos est pensado para abordar un problema concreto. Cuando la navaja est cerrada, nadie dira que
contiene tal cantidad de tiles especializados. Tal vez nuestra mente est cerrada para nosotros. Pero si la mente es
una navaja suiza, cuntos dispositivos contiene? Y para solucionar qu tipo de problemas? Cmo llegaron ah?
Acaso esta analoga nos ayuda ms que las anteriores a comprender la imaginacin y el pensamiento creativo?

Desde 1980 muchos psiclogos han tratado de dar respuesta a estas cuestiones, fiar adoptado trminos tales
como mdulos, reas cognitivas e inteligencias para describir los distintos tiles o dispositivos
especializados. Existen grandes desacuerdos acerca de la cantidad y la naturaleza de esos dispositivos
especializados, pero nos ser ms fcil acceder a la arquitectura de la mente analizando esos estudios que
hacindonos preguntas al azar cuando jugamos con nios. Y esa arquitectura parece ser fundamentalmente distinta
de la que sugiere Piaget. De modo que ahora tendremos que averiguar la gnesis y el desarrollo de esa visin de la
mente-navaja suiza durante estos ltimos aos[8].
Fodor y la arquitectura mental de doble rango

Nuestro punto de partida se basa en dos voluminosos libros publicados en 1983. De hecho el primero de
ellos es pequeo y no muy grueso, pero contiene varias grandes ideas acerca de la arquitectura de la mente, y
ofrece algunas claves fundamentales para acceder a su pasado. Se trata de The Modularity of Mind, de Jerry
Fodor[9].

Jcrry Fodor es un psicolingista con ideas muy claras sobre la arquitectura de la mente. Propone dividirla en
dos partes que l llama percepcin, o sistemas de input, y cognicin, o sistemas centrales. La arquitectura de una y
otra son muy diferentes; los sistemas de input son como las cuchillas de la navaja suiza y el autor los describe
como una serie de mdulos independientes y separados, como por ejemplo la vista, el odo y el tacto. El lenguaje
tambin figura como uno de esos sistemas de input. En cambio, los sistemas centrales no tienen ningn tipo de
arquitectura, o como mucho su arquitectura siempre permanecer oculta para nosotros. Es aqu donde operan esos
misteriosos procesos que conocemos como pensamiento, resolucin de problemas e imaginacin. Y es aqu
donde reside la inteligencia.

Fodor afirma que cada sistema de input se basa en procesos cerebrales independientes. Por ejemplo, los
sistemas que usamos para or son radicalmente distintos de los que utilizamos para ver o para hablar: son como las
distintas cuchillas de la navaja suiza, contenidas todas ellas dentro del mismo envoltorio casi por azar. Esta
modularidad de los sistemas de input viene confirmada por varios niveles de evidencia, entre ellos su clara
asociacin con partes concretas del cerebro, con pautas caractersticas del desarrollo infantil, y con su propensin a
exhibir pautas concretas de fracaso. Fodor destaca asimismo la rapidez con que operan los sistemas de input y su
carcter imperativo: es imposible no or, o no ver, ante el estmulo correspondiente.

Pocos cuestionaran estos rasgos de los sistemas de input, pero s otros elementos de la teora de Fodor que
resultan ms controvertidos. El primero es la idea de que los sistemas de input no tienen acceso directo a la
informacin adquirida a travs de otros sistemas de input. Lo que oigo no influye en lo que veo aqu y ahora. Fodor
utiliza el trmino encapsulado para describir este rasgo de los sistemas de input. El segundo rasgo es que los
sistemas de input reciben slo informacin limitada de los sistemas centrales. Este es, segn Fodor. un rasgo
arquitectnico decisivo, porque significa que el conocimiento que posee todo individuo tiene una influencia
limitada, tal vez incluso marginal, en la forma de percibir el mundo. El autor se sirve de un ejemplo muy claro para
ilustrar este hecho: las ilusiones pticas. Estas siguen presentes aun cuando sabemos que lo que vemos no es real.

La idea de que la cognicin slo influye de forma marginal en la percepcin choca frontalmente con las
ideas relativistas de las ciencias sociales. Recordemos que, de acuerdo con el supuesto funcionamiento de la mente
como una esponja, lo que hacen los nios es absorber los conocimientos de sus respectivas culturas. Para la
mayora de los cientficos sociales ese conocimiento tambin incluye la manera de percibir el mundo. Fodor afirma
que eso es errneo: la naturaleza de la percepcin ya est slidamente ensartada en nuestra mente en el momento
de nacer. Fodor dice que odia el relativismo tanto como los barcos de fibra de vidrio, lo cual significa, supongo,
que lo odia en grado sumo[10].

Segn Fodor, los sistemas de input estn encapsulados, son imperativos, rpidos y firmemente ensartados.
Los llama estpidos. Como tales, difieren radicalmente de la cognicin, que es el sistema central listo. Fodor
afirma que apenas sabemos cmo funcionan los sistemas centrales, slo que poseen una serie de rasgos opuestos a
los sistemas de input: operan lentamente, no estn encapsulados y su campo de accin es neutral: o dicho de otro
modo, los procesos de pensamiento y resolucin de problemas permiten integrar la informacin procedente de
todos los sistemas de input, incluida la que est siendo generada internamente. En cambio, los procesos de los
sistemas centrales, a diferencia de los sistemas de input, no pueden relacionarse con partes concretas del cerebro.
El rasgo fundamental de la cognicin es su carcter generalizado, holstico, justo lo contrario de los sistemas
de input, que estn dedicados a tratar solamente una clase concreta de informacin. Y ese rasgo de la cognicin es
para Fodor el ms abstruso: su no encapsulacin, su creatividad, su holismo y su pasin por lo analgico [11].
Fodor se siente vencido frente a los sistemas centrales, cuyo estudio considera imposible. Para l, el
pensamiento, la solucin de problemas, la imaginacin y la inteligencia son irresolubles.

En pocas palabras, Fodor cree que la mente posee una arquitectura de doble rango: el inferior seria como la
navaja suiza, y el superior como bueno, no lo sabemos, puesto que no hay nada igual en todo el mundo.

A primera vista, la combinacin entre sistemas de input y sistemas centrales configurara una arquitectura
de la mente relativamente extraa, un choque dramtico y desagradable de estilos. Pero Fodor afirma que, de
hecho, la arquitectura de la mente moderna los procesos de la evolucin humana posee un diseo sumamente
ingenioso. Resulta poco menos que perfecto para permitir nuestra adaptacin al mundo que nos rodea. La
percepcin existe para detectar lo bueno en el mundo: en situaciones de peligro o de oportunidad, una persona
necesita reaccionar con rapidez y sin pensar. Segn Fodor, sin duda es importante atender a lo eternamente bello y
verdadero, pero es ms importante no ser comido[12]. En otros momentos, sin embargo, es posible sobrevivir
contemplando la naturaleza del mundo de un modo sosegado, reflexivo, integrando mltiples fuentes y tipos de
informacin. Slo as se pueden llegar a reconocer las regularidades y la estructura del mundo. La naturaleza se
las ha ingeniado para integrar ambas posibilidades afirma Fodor para lograr lo mejor de los sistemas rpidos y
estpidos pero tambin de los ms contemplativos y lentos, negndose sencillamente a optar entre ambos[13].

Gardner y la teora de las inteligencias mltiples

El mismo ao en que se public el libro de Fodor, apareci otro: Frames of Mind: The Theory of Multiple
Intelligences, de Howard Gardner[14]. En algunos aspectos esta obra contrasta profundamente con la de Fodor.
Gardner se interesa ciertamente por las cuestiones prcticas relacionadas con posibles polticas educativas en las
escuelas, pero tambin aborda temas puramente filosficos relacionados con la mente. Y para ello recurre tambin
a la informacin generada no slo por la psicologa y la lingstica para el estudio de la mente, sino por otras
disciplinas tales como la antropologa social y la pedagoga.

Gardner propone un tipo muy diferente de arquitectura para la mente. Deja de lado la distincin entre
sistemas de input y sistemas centrales y se centra, en cambio, en el concepto de inteligencia, que para Fodor era
irresoluble. Cuestiona la existencia de una capacidad intelectual nica y generalizada el tamao de la propia
esponja, o la velocidad de nuestro ordenador y la sustituye por no menos de siete clases distintas de inteligencia.
Afirma que las siete tienen su base en distintas partes del cerebro, cada una con sus propios procesos neurolgicos
independientes y especializados. De manera que volvemos a encontrar una arquitectura de la mente-navaja suiza,
pero donde cada hoja es una inteligencia distinta.

Para identificar las inteligencias mltiples de la mente, Gardner utiliza un conjunto estricto de criterios.
Cree, por ejemplo, que tendra que haber evidencia de que la capacidad central puede quedar aislada por lesin
cerebral, bien porque pierde esa capacidad (mientras todas las dems permanecen intactas), bien porque pierde
todas las dems capacidades pero sigue siendo competente en el rea de la inteligencia en cuestin. Tambin cree
que tendra que ser posible identificar una historia evolutiva claramente discernible en el nio en trminos de la
inteligencia, y que el grado de desarrollo de la inteligencia debera ser distinto en individuos distintos. Utilizando
estos criterios, Gardner llega a configurar el conjunto de sus siete inteligencias: sus hojas para la navaja suiza de la
mente moderna.

Las siete inteligencias de Gardner son: la lingstica, la musical, la lgico-matemtica, la espacial, la


corporal-cinesttica y dos formas de inteligencia personal, una para mirar dentro de nuestra propia mente, la otra
para mirar hacia afuera, a los dems. La funcin de cada una de esas inteligencias viene claramente definida por su
propio nombre. La lgico-matemtica es tal vez la ms prxima a lo que nosotros solemos denotar cuando
invocamos la palabra inteligencia, puesto que en ltima instancia se refiere al pensamiento lgico y cientfico. La
inteligencia que Gardner denomina corporal-cinesttica, un nombre ciertamente extrao, es la responsable de la
coordinacin de los movimientos de nuestro cuerpo, cuyo ejemplo ms emblemtico seran los deportistas y las
bailarinas. Cada una de estas inteligencias responde a los criterios avanzados por Gardner. Por ejemplo, es evidente
que el lenguaje parece depender de procesos cerebrales nicos y propios; y todos conocemos algn nio con
niveles especialmente avanzados de inteligencia musical o lgico-matemtica.

Gardner sugiere, pues, que la arquitectura de la mente est constituida por una serie de inteligencias
relativamente autnomas. Y no slo lo sugiere, sino que defiende su tesis con bases muy slidas. Se aparta as
radicalmente del tipo de arquitectura propuesta por Fodor. Las inteligencias de Gardner son muy distintas de los
mdulos de Fodor. Las primeras tienen una historia evolutiva, y en su carcter influye profundamente el contexto
cultural del individuo. Los instrumentos de la navaja suiza de Gardner tienen que ver con el pensamiento y la
resolucin de problemas, no slo con la adquisicin de informacin, que sera la funcin de un mdulo fodoriano.
Y todava se aprecia una diferencia fundamental entre ambos autores. Pero, paradjicamente, esa diferencia
aproxima ambas teoras ms de lo que inicialmente se podra pensar.

Mientras los mdulos de Fodor son absolutamente independientes unos de otros, Gardner subraya
continuamente que para el funcionamiento de la mente la interaccin entre las mltiples inteligencias resulta
fundamental. Gardner destaca que en el curso normal de los acontecimientos, las inteligencias de hecho
interaccionan entre s y se basan las unas en las otras [15]. Afirma que un rasgo caracterstico del desarrollo humano
es que los nios tienen la capacidad para crear conexiones entre distintas reas. Y su libro est repleto de ejemplos
que demuestran de qu manera las inteligencias trabajan juntas para crear las pautas de conducta y los logros
culturales de la humanidad. Es cierto que resulta difcil concebir, por ejemplo, una inteligencia musical disociada
de los intrincados movimientos corporales gobernados por la inteligencia corporal-cinesttica, o concebir la
inteligencia lingstica desvinculada e independiente de la inteligencia personal. Gardner sostiene, pues, que pese a
que cada inteligencia depende de sus propios procesos independientes, en los intercambios humanos normales lo
habitual es encontrar complejos de inteligencias funcionando conjuntamente de forma fluida, incluso sin fisuras,
para llevar a cabo actividades humanas complejas[16]. Y los individuos ms sabios, dice, son aquellos que son ms
capaces de crear conexiones transversales entre todas las reas, como demuestra el uso de metforas y de
analogas.

La palabra analoga recuerda inmediatamente la descripcin que haca Fodor de los sistemas centrales,
que segn l poseen una pasin por el pensamiento analgico. Es posible que Fodor no percibiera modularidad
alguna en los sistemas centrales sencillamente porque las inteligencias o mdulos que de ellos dependen funcionan
articulados entre s con tanta fluidez que no nos damos cuenta de que exista una tal modularidad[17]?.
Entreacto: Fodor contra Gardner

Parmonos un momento a descansar tras este paseo por las tendencias recientes en psicologa para
comprobar lo que hemos avanzado en nuestra exposicin de la arquitectura de la mente. Fodor nos propone una
arquitectura de doble rango, y el papel de cada uno de ellos podra tener inters desde el punto de vista de la
evolucin: es posible imaginar una mente que funcione solamente con los sistemas de input, pero no una mente que
funcione slo con un sistema central. Los insectos y las amebas requieren sistemas de input, pero no necesitan los
procesos de los sistemas centrales. De modo que es posible que estos ltimos se hayan aadido en algn momento
de la evolucin. Gardner propone un modelo tipo navaja suiza para los procesos del pensamiento, un modelo que,
si las inteligencias mltiples funcionan realmente unidas y con suficiente fluidez, no resulta sustancialmente
distinto de los sistemas centrales que Fodor propone. Por consiguiente, es posible que la mente no sea una sola
navaja suiza, sino dos: una para los sistemas de input donde las hojas son verdaderamente independientes, y otra
para el pensamiento, donde las hojas casi siempre operan juntas de alguna manera. Pero si esto es as, por qu la
existencia de hojas separadas para el pensamiento, en primer lugar? Por qu no tener un programa general y
plurifuncional para aprender/pensar/resolver problemas o, en otras palabras, una inteligencia general? Y hasta qu
punto podemos estar seguros de que Gardner ha identificado real y correctamente el nmero y las clases de
dispositivos de la navaja? El propio Gardner admite que otros estudiosos de la mente podran descubrir una gama
distinta de inteligencias. Para responder a estas preguntas lo mejor sera preguntarse quin ensambl la o las
navajas suizas de la mente, es decir, preguntar por el arquitecto de la mente: los procesos de la evolucin. Para ello
hay que regresar a nuestro estudio del pensamiento reciente en psicologa y saber algo ms de todos aquellos
psiclogos que con ms fuerza se han dejado or en la dcada de los noventa: los psiclogos de la evolucin.

Los psiclogos de la evolucin

Los lderes de la cuadrilla de psiclogos de la evolucin son Leda Cosmides y John Tooby, dos personas
encantadoras con mentes agudsimas[18]. A finales de la dcada de los ochenta y principios de los noventa
publicaron una serie sucesiva de artculos que culmin en un largo ensayo titulado The Psychological foundations
of culture, publicado en The Adapted Mind, un libro editado en 1992 por ambos y por Jerome Barkow [19]. Al
adoptar un enfoque basado explcitamente en la evolucin, sus trabajos han cuestionado muchas de las ideas
convencionales sobre la mente: la mente-esponja, la mente-programa general de ordenador. De hecho vi a Leda
Cosmides hace pocos meses empezando su intervencin con una navaja suiza en la mano y declarando que aquello
era la mente[20]. Me referir a Cosmides y a Tooby como C&T.

La razn de que aparezcan bajo la etiqueta de psiclogos de la evolucin es porque el grupo en su conjunto
afirma que slo se podr comprender la naturaleza de la mente moderna si se la considera como un producto de la
evolucin biolgica. El punto de partida de esta afirmacin es que la mente es una estructura compleja y funcional
que no pudo aparecer por casualidad. Si estamos de acuerdo en descartar la posibilidad de una intervencin divina,
el nico proceso conocido capaz de generar tal complejidad es la evolucin por seleccin natural [21]. En este
sentido, C&T tratan la mente como cualquier otro rgano del cuerpo: es un mecanismo evolucionado que se ha ido
construyendo y ajustando en respuesta a las presiones selectivas que nuestra especie ha tenido que afrontar durante
su evolucin. Y, ms concretamente, afirman que la mente humana evolucion bajo las presiones selectivas que
conocieron nuestros antepasados humanos cuando vivan de la caza y la recoleccin en el ambiente del
Pleistoceno, los actos y escenas centrales de nuestra prehistoria. Como ese estilo de vida lleg a su fin hace muy
poco tiempo en trminos de la evolucin, nuestra mente sigue adaptada a aquel estilo de vida.

Consecuentemente, C&T sostienen que la mente consiste en una navaja suiza con un sinfn de hojas
altamente especializadas. En otras palabras, est compuesta por mltiples mdulos mentales. Cada uno de estos
hojas/mdulos ha sido diseado por la seleccin natural para hacer frente a un determinado problema adaptativo
que tuvieron que afrontar en el pasado los cazadores-recolectores. Tal como afirma Gardner, la mente posee ms
de una capacidad para una inteligencia general: hay mltiples clases especializadas de inteligencia, o de maneras
de pensar. Como en el caso de las inteligencias de Gardner, es muy posible que cada mdulo tenga su propia forma
concreta de memoria y sus propios procesos de razonamiento [22]. Pero los mdulos de la mente que proponen C&T
son muy distintos de las inteligencias de Gardner. En realidad se parecen mucho ms a los procesos de input de
Fodor: estn firmemente ensartados en la mente desde el nacimiento y son universales a lodos los seres humanos.
Mientras que el carcter de las inteligencias mltiples de Gardner estaban abiertas a la influencia del contexto
cultural en que se desarrollaban las jvenes mentes, no ocurre lo mismo con los mdulos de C&T.

Estos mdulos presentan una caracterstica fundamental que hasta ahora no hemos abordado: son ricos en
contenido. Es decir, los mdulos no slo proporcionan conjuntos de reglas para resolver problemas, sino que
suministran tambin el grueso de la informacin necesaria para ello. Este conocimiento refleja la estructura del
mundo real, o al menos el mundo del Pleistoceno en el que evolucion la mente. Esta informacin sobre la
estructura del mundo real, junto con una multitud de normas para solucionar problemas, cada una contenida en su
propio mdulo mental, ya est presente en la mente del recin nacido. Algunos mdulos son llamados a actuar de
forma inmediata mdulos para el contacto con los ojos de la madre, y otros requieren algo ms de tiempo
antes de ponerse en funcionamiento, como los mdulos para la adquisicin del lenguaje.

Antes de abordar las clases de mdulos que C&T creen ver presentes en su anlisis de la mente, es
importante entender por qu creen que la mente se asemeja a una navaja suiza, y no a una esponja o a un programa
informtico general o a cualquier otra cosa. Defienden tres razonamientos centrales.

En primer lugar, sugieren que puesto que cada problema que tuvieron que afrontar nuestros antepasados
cazadores-recolectores era nico en su forma, intentar resolver todos los problemas mediante un nico dispositivo
de razonamiento habra llevado a cometer muchos errores. Por consiguiente, todo humano que tuviera mdulos
mentales especializados dedicados a tipos concretos de problemas habra podido evitar errores y resolverlos ms
eficazmente. Esa persona habra gozado de una ventaja selectiva y sus genes se habran transmitido a la poblacin,
codificando la construccin de navajas suizas en las mentes de su prole.

Los criterios para la eleccin de pareja sexual pueden ilustrar el valor de los mdulos mentales. Si un
hombre elige a alguien para la relacin sexual eludir a cuantas personas estn biolgicamente relacionadas con l.
Pero si la elige para compartir su comida, entonces no hay razn para eludir a nadie en razn del parentesco.
Alguien que utilizara un razonamiento simple que dijera mustrate siempre cordial con los parientes o no hagas
nunca caso a tus parientes tendra menos xito reproductivo que alguien armado de un conjunto de reglas
mentales dedicadas cada una a resolver un problema concreto.

El segundo argumento que utilizan C&T para apoyar su teora de mdulos mentales ricos en contenido es
que los nios aprenden rpidamente tantas cosas sobre tantos temas complejos que resulta sencillamente increble
que esto fuera posible si sus mentes no estuvieran preprogramadas para hacerlo. Este argumento se conoca
originalmente como la pobreza del estmulo y Noam Chomsky lo acu en relacin con el lenguaje. Este
lingista se preguntaba cmo era posible que los nios adquirieran las infinitas y complejas reglas gramaticales a
partir de la limitada serie de sonidos que salan de los labios de sus padres. Y cmo era posible que un programa de
aprendizaje general en la mente pudiera deducir estas reglas, memorizarlas y luego permitir a un nio de cuatro
aos utilizarlas casi a la perfeccin. Bueno, la respuesta es muy simple: no era posible. Chomsky sostena que la
mente contiene un dispositivo para la adquisicin del lenguaje genticamente determinado y dedicado a aprender
el lenguaje, que viene ya equipado con un programa detallado para las reglas gramaticales. Fodor y Gardner
coincidieron con este punto de vista, lo que explica que ambos consideraran el lenguaje como un rasgo
especializado de la mente.
C&T generalizan el argumento de la pobreza del estmulo a todos los mbitos de la vida. Cmo podra
un nio aprender el significado de una expresin facial, o el comportamiento de ciertos objetos fsicos, o aprender a
atribuir creencias e intenciones a otros si no contara con la ayuda de mdulos mentales ricos en contenido
dedicados a esas tareas?

Su tercer argumento se conoce como el problema del estado de nimo o de la disposicin mental, y hace
referencia a la dificultad para tomar decisiones. Es el mismo argumento que utiliza Fodor para explicar por qu
existen sistemas de input estpidos. Imaginemos que un cazador prehistrico da la vuelta a un recodo y se
encuentra de repente frente a un len. Qu hacer? Si tiene slo un programa general de aprendizaje, el lapso de
tiempo que necesita para valorar las intenciones del len y sopesar los pros y los contras de echar a correr o
quedarse quieto podra ser excesivo. Lo ms seguro es que el len acabe por comrselo, como dice Fodor.

El problema con las reglas de aprendizaje de tipo muy general, segn C&T, es que no existen lneas precisas
que permitan saber el tipo de informacin que habra que descartar a la hora de tomar un decisin, o el curso de
accin alternativo que habra que excluir. Habra que analizar cada una de las posibilidades individuales existentes.
Nuestros antepasados prehistricos se hubieran muerto de hambre tratando de decidir dnde y qu cazar. Pero si
uno de los cazadores hubiera posedo un mdulo mental especializado para tomar decisiones de caza, que
prescribiera la informacin que deba considerar y cmo procesarla, habra prosperado. Cosa que sin duda habra
incrementado su xito reproductivo, y pronto la comunidad se hubiera visto poblada de hijos suyos, todos ellos
provistos de ese mdulo mental especializado para tomar decisiones de caza[23].

Hay que reconocer que son argumentos de peso. Si creemos legtimo imaginar la mente como un producto
de la seleccin natural, entonces el caso en favor de un diseo mental tipo navaja suiza parece abrumador. Pero
qu tipo de hojas habra en esa navaja? La pregunta nos conduce a uno de los aspectos posiblemente ms
relevantes de los argumentos de C&T: sugieren que podemos realmente predecir los dispositivos que debiera
incluir la navaja. No es necesario proceder como Gardner y basarnos en suposiciones y en corazonadas. Como
mnimo podremos predecir el conjunto instrumental si conocemos la clase de problemas que tuvieron que afrontar
y resolver de manera regular nuestros cazadores-recolectores prehistricos. C&T creen que los conocen y sugieren
que la mente contiene un sinfn de mdulos, que incluyen:

Un mdulo de reconocimiento de rostros, un mdulo de relaciones espaciales, un mdulo de mecnica de


objetos rgidos, un mdulo de utilizacin de tiles, un mdulo del miedo, un mdulo de intercambio social, un
mdulo de emocin-percepcin, un mdulo de motivacin orientada al parentesco, un mdulo de asignacin-
recalibracin de esfuerzos, un mdulo de cuidado de nios, un mdulo de inferencia social, un mdulo de amistad,
un mdulo de inferencia semntica, un mdulo de adquisicin de gramtica, un mdulo para la pragmtica de la
comunicacin, un mdulo para una teora de la mente, y etc.![24].

Esta extensa lista, aunque incompleta, de posibles mdulos seguramente no difiere tanto de las propuestas
de Gardner. Ya que a partir de este tipo de listas se pueden reagrupar diversos mdulos, como por ejemplo los que
se ocupan de la interaccin social, o los que se refieren a objetos fsicos. C&T llaman facultades a estas
agrupaciones. Como tales, estas facultades se asemejan a la idea de inteligencia propuesta por Gardner. Pero la
diferencia fundamental en relacin con las ideas de Gardner es que sus inteligencias son arbitrarias, como lo son
sus corazonadas acerca de lo que ocurre en la mente. C&T, en cambio, predicen qu tipo de mdulos deberan estar
presentes, porque parten del supuesto de que la mente es un producto de la evolucin durante el Pleistoceno, un
periodo en que la seleccin natural desempe seguramente un papel dominante. Adems, las inteligencias de
Gardner se configuran en funcin del contexto cultural de desarrollo. C&T son inmunes al mundo exterior. Pero
tantos mdulos? Es posible realmente que tengamos tantos procesos psicolgicos independientes en nuestra
mente? Me pregunto si estas ideas son las que Fodor tema cuando adverta que la teora de la modularidad se
haba vuelto loca[25].
Interludio: los cazadores-recolectores y los catedrticos de Cambridge contra los psiclogos
de la evolucin

Dejemos a los psiclogos y veamos de qu manera la idea de la mente humana moderna como navaja suiza
de un cazador-recolector prehistrico encaja con nuestra experiencia del mundo. La respuesta es: con mucha
dificultad.

Para empezar, consideremos la idea segn la cual la mente moderna evolucion como un medio para
resolver los problemas que tuvieron que afrontar los cazadores-recolectores de la Edad de la Piedra en el ambiente
pleistocnico. Los razonamientos lgicos en favor de esa afirmacin son abrumadores: cmo pudo ser de otra
manera? Pero entonces cmo dar cuenta de esas cosas que la mente moderna hace tan bien, pero que los
cazadores-recolectores de la Edad de la Piedra nunca intentaron, como leer libros o elaborar medicamentos para
curar el cncer? Para algunas de estas actividades podemos usar mdulos que originalmente evolucionaron para
tareas distintas, aunque relacionadas. As, los mdulos proyectados para la adquisicin del lenguaje hablado
pueden servir para aprender a leer y a escribir. Y quizs podemos aprender geometra porque podemos servirnos
del mdulo de relaciones espaciales de C&T, ya no para encontrar el camino a travs del paisaje, sino para
encontrar el camino entre los lados de un tringulo.

Otras clases de pensamiento y conducta no asociables a los cazadores-recolectores podran utilizar


perfectamente reglas de aprendizaje general, como por ejemplo el aprendizaje por asociacin y el aprendizaje
mediante ensayo y error. Los agrupo a todos ellos bajo el ttulo de inteligencia general. Incluso C&T admiten la
existencia de algunas reglas de aprendizaje general en la mente. Pero, si sus argumentos son correctos, estas reglas
slo podran resolver problemas simples. Situaciones de mayor dificultad requieren procesos mentales
especializados y dedicados, o cooptados.

Consideremos las matemticas. A los nios les cuesta mucho ms aprender las reglas de lgebra que las
reglas del lenguaje, lo que sugiere claramente que la mente est preadaptada para aprender el lenguaje pero no las
matemticas. As que es posible que aprendamos matemticas utilizando las reglas de la inteligencia general. Pero
cmo explicar entonces que haya adultos, y tambin nios, brillantes en matemticas?

Veamos el caso de un matemtico llamado Andrew Wiles. En junio de 1993 anunci que tena la prueba de
lo que se conoce como el ltimo teorema de Fermat [26]. Fermat fue un matemtico del siglo XVII que anot en el
margen de un cuaderno que haba logrado demostrar que la solucin a la ecuacin xn+yn=zn no arroja nmeros
enteros cuando n es mayor que 2 y x, y y z no equivalen a cero. Pero olvid dejarnos la prueba, que desde entonces
ha sido uno de los Santos Griales de las matemticas. Wiles afirm que la haba logrado: ms de mil pginas de
ecuaciones literalmente ininteligibles para la mayora de la gente de este mundo. Pero alguien s las entendi y le
dijo al pobre Andrew Wiles que su solucin era errnea! Un ao despus se present una prueba revisada, que ha
sido aclamada como uno de los mayores logros de la matemtica del siglo XX [27]. Pero entonces, si la mente slo
est adaptada para resolver problemas relacionados con la caza y la recoleccin cmo habra sido posible idear
esa prueba? Cmo pudo Fermat pensar un ltimo teorema, o incluso un primer teorema? Acaso Fermat y Wiles
utilizaron slo un proceso cognitivo de segunda mano que haba sido inicialmente proyectado para otra tarea? O
se sirvieron de una capacidad de aprendizaje general? Ni lo uno ni lo otro parece plausible.

Es evidente que no es slo la capacidad de los humanos modernos para la matemtica pura lo que plantea
problemas a la teora de la mente de Cosmides y Tobby. Cuando le sus trabajos por primera vez, yo era profesor
en Cambridge, en el Trinity Hall. Una vez a la semana todos los miembros de la junta rectora de la universidad nos
reunamos para cenar en la Gran Mesa. Y all estaba yo, recin terminada mi tesis doctoral, rodeado de algunos de
los grandes intelectos del pas. Personas como sir Roy Calne, el cirujano de trasplantes (y artista de talento); el
profesor John Polkinghorne, antiguo profesor de fsica matemtica que haba sido ordenado sacerdote anglicano, y
el distinguido lingista sir John Lyons, director del College. En ocasiones especiales los miembros honorficos del
cuerpo docente de la universidad tambin venan a cenar, incluido el famoso fsico y profesor Stephen Hawking.
Es posible que aquellos cirujanos, lingistas y fsicos estuvieran expandiendo los lmites del conocimiento
humano en campos tan diversos y complejos sirvindose de mentes que estaban adaptadas a una simple existencia
cazadora-recolectora?

Tal vez merezca la pena centrarnos un momento en los cazadores-recolectores modernos para tratar de ver
cmo funcionan sus mentes. Los inuit, los bosquimanos del Kalahari y los aborgenes australianos no son reliquias
de la Edad de la Piedra. Son tan modernos como usted y yo. Simplemente ocurre que su estilo de vida, por diversas
razones, presenta analogas muy prximas a los estilos de vida del Pleistoceno. Porque, efectivamente, dado que
tienen que cazar y recolectar para obtener su alimento, estos pueblos modernos comparten muchos de los
problemas adaptativos que conocieron los cazadores-recolectores del Pleistoceno. Pero existe un profundo abismo
entre la manera en que parecen pensar en sus actividades y el cmo deberan de hacerlo de acuerdo con la teora de
C&T.

Uno de los razonamientos fundamentales de C&T es que tipos concretos de problemas requieren formas
concretas de resolucin. Si una joven selecciona la fruta utilizando el mismo dispositivo mental que utiliza para
elegir pareja, lo ms probable es que acabe con un serio dolor de estmago, porque escoger la fruta verde, una
fruta que presente un perfecto tono muscular. Pero si observamos a los cazadores-recolectores modernos vemos
que esto es precisamente lo que hacen; no acaban con dolor de estmago por comer fruta verde, pero razonan sobre
el mundo natural como si fuera un ser social.

Nurit Bird-David ha vivido en la selva tropical entre pueblos que practican un estilo de vida de caza-
recolecccin tradicional, concretamente entre los mbuti de la Repblica Democrtica de Congo. Descubri que
todos aquellos grupos comparten una misma forma de ver y entender su medio: conciben la selva como una
madre, como un medio generoso, como puede serlo un pariente prximo [28]. Tambin los inuit del rtico
canadiense ven su mundo imbuido de las cualidades humanas de voluntad y finalidad [29]. Los modernos
cazadores-recolectores no viven en un medio constituido slo por animales, plantas, rocas y cuevas. Sus paisajes
estn construidos socialmente. Entre los aborgenes de Australia los pozos de agua son espacios donde sus
antepasados cavaron la tierra, los rboles crecen donde se colocaron los palos cavadores, y los sedimentos de ocre
rojo son los lugares donde derramaron su sangre[30].
2. Durante el periodo de creacin mitolgica de los inuit, animales y humanos vivieron juntos,
metarmofosendose los unos en los otros con suma facilidad. Esta figura reproduce un dibujo de Davidialuk
Alasuaq y muestra un oso polar vestido con ropas inuit saludando cordialmente a un cazador.
Esta tendencia a pensar el mundo natural en trminos sociales es quizs an ms evidente en el uso ubicuo
del pensamiento antropomrfico, aquel que atribuye a los animales una mente similar a los humanos. Analicemos
la relacin que tienen los inuit con el oso polar. Este animal es sumamente apreciado y se le mata con pasin, se
descuartiza con cuidado y se devora con sumo deleite [31]. Pero en determinados aspectos tambin se le suele tratar
como si fuera un cazador ms. Cuando se mata un oso se aplican las mismas restricciones que se practican cuando
alguien muere en el campamento. Se considera al oso polar como un ancestro humano, un miembro del linaje, un
adversario temido y respetado (vase la figura 2). En la mitologa de los inuit hubo un tiempo en que los humanos
y los osos polares eran fcilmente intercambiables. Esta idea, segn la cual en el pasado los animales humanos y
los no humanos podan transformarse uno en el otro, es efectivamente un rasgo muy comn entre las mentes
cazadoras-recolectoras. Es la base del pensamiento totmico, cuyo estudio constituye la piedra fundacional de la
antropologa social[32].

En general, todos los cazadores-recolectores modernos parecen hacer precisamente lo que C&T dicen que
no debieran hacer: piensan su mundo natural como si fuera un ente social. No utilizan una hoja distinta para
pensar entidades tan distintas. El antroplogo Tim Ingold resume perfectamente este rasgo. Escribe: Para ellos
[los cazadores-recolectores modernos] no existen dos mundos distintos, uno de personas (sociedad) y otro de cosas
(naturaleza), sino un solo mundo un medio lleno de poderes personales y que incluye a los seres humanos, a
los animales y las plantas de los que dependen, y el paisaje en que viven y se mueven [33]. El antroplogo social y
filsofo Ernest Gellner va an ms lejos. Refirindose a las sociedades tradicionales no occidentales, concluye
que la fusin y la confusin de funciones, objetivos y criterios es la condicin normal y original de la
humanidad[34].

La abrumadora impresin que se tiene a partir de las descripciones de los cazadores-recolectores modernos
es que todos los mbitos de su vida estn tan ntimamente conectados entre s que la sola idea de que piensan en
ellos mediante dispositivos distintos de razonamiento parece improbable. Matar y comer animales parecen
actividades vinculadas tanto a la construccin y mediacin de relaciones sociales como a la obtencin de
alimentos[35]. Para cobijarse, los cazadores-recolectores tienen que construir cabaas en sus asentamientos, pero el
acto de emplazar una cabaa en un lugar y no en otro constituye una afirmacin social importante [36]. Lo mismo
ocurre con la ropa: lodo cuanto cubre el cuerpo sirve para mantener a la persona caliente pero tambin para enviar
mensajes sociales sobre la propia identidad y sobre cmo esa persona desea ser tratada [37]. A la hora de disear la
forma de una punta de flecha, los cazadores tienen en cuenta las propiedades fsicas de la materia prima, los
requisitos funcionales de la punta por ejemplo, si est pensada para perforar rganos vitales o para seccionar
arterias, pero tambin la mejor forma de transmitir mensajes sociales sobre su identidad personal o afiliacin
grupal[38]. En pocas palabras, cada una de las acciones de un moderno cazador-recolector no est encaminada a
resolver un nico problema adaptativo, sino que simultnea e intencionadamente tiene que ver con todo un
conjunto de problemas. Si y es un si muy grande estos modernos cazadores-recolectores constituyen
efectivamente un buen ejemplo analgico para entender la mente de los cazadores-recolectores del Pleistoceno,
cmo pudieron existir presiones selectivas para producir una navaja suiza para la mente?

No he tenido la suerte de sentarme a compartir la comida con los inuit o los bosquimanos del Kalahari. Pero
me he sentado con profesores universitarios de Cambridge a la Gran Mesa y no parece haber una gran diferencia de
comportamientos. Porque si bien los alimentos aseguraban la nutricin, tambin servan para enviar mensajes
sociales. Eran caros, excesivos y exticos, sobre todo cuando haba invitados: un consumo manifiesto que serva
para aglutinar al grupo de profesores y dejar bien establecido su prestigio. El lugar que cada comensal ocupaba en
la mesa del comedor estaba tan socialmente condicionado como el lugar de los cazadores-recolectores sentados
alrededor del fuego: la Gran Mesa de los profesores literalmente colocada sobre un pdium, mirando hacia abajo
donde se sentaban los estudiantes. El director estaba sentado en el centro. Recuerdo las mltiples miradas de
desaprobacin que me dirigieron los profesores ms veteranos cuando accidentalmente me sent en un lugar que no
corresponda a mi rango. Y tambin recuerdo el fruncir de entrecejos cuando olvid pasar el Oporto, una situacin
muy parecida (aunque no tan grave) a la que se produce cuando un cazador joven se olvida de compartir su caza.
Las togas que llevan los miembros del cuerpo docente son, claramente, su vestimenta tribal, cuyos colores y
diseos sirven para establecer el rango social. Los profesores de Cambridge y los bosquimanos del Kalahari son
idnticos. Ambos poseen la arquitectura de la mente moderna, algo que difiere fundamentalmente de una serie de
dispositivos especializados cada uno en resolver un nico problema adaptativo.

Ahora bien, no es necesario analizar culturas humanas exticas para reconocer que lo que C&T nos estn
diciendo sobre la mente va en contra de lo que la gente parece pensar realmente. Volvamos a los nios. Dad a una
nia un cachorro de galo y creer que posee una mente como la suya: antropomorfizar parece ser una actividad
compulsiva. Dad a una nia una mueca y empezar a hablarle, a darle de comer y a cambiarle los paales. Ese
bulto inerte de plstico nunca le sonre, pero la nia parece utilizar con la mueca el mismo proceso mental de
interaccin que el que usa para interactuar con seres de carne y hueso.

Ahora sentmonos junto a unos nios y contemplemos dibujos animados en la televisin. Inmediatamente
se entra en un mundo que viola todas y cada una de las reglas que la evolucin haya podido inculcar en sus mentes.
Aparecen animales que hablan, objetos que pueden cambiar de forma y adquirir vida, y hay personas que pueden
volar. Las mentes infantiles comprenden sin esfuerzo este mundo surrealista. Pero cmo es eso posible si los
psiclogos de la evolucin estn en lo cierto y la mente infantil est compuesta por mdulos mentales ricos en
contenido que reflejan la estructura del mundo real? En cuyo caso no tendran que estar confundidos, enfadados,
aterrorizados por esos dibujos animados?

As que estamos ante una paradoja. Los psiclogos de la evolucin sostienen mediante slidos
razonamientos que la mente debera ser como una navaja suiza. Debera estar constituida por mltiples mdulos
mentales ricos en contenido, cada uno de ellos adaptado para resolver un problema concreto en la vida de los
cazadores-recolectores del Pleistoceno. No se encuentran fallos en la lgica de su argumentacin. Encuentro que
tiene fuerza. Pero cuando pensamos en los catedrticos de la Universidad de Cambridge, en los aborgenes
australianos o en los nios, esta idea parece casi absurda. A mi modo de ver, el mayor obstculo con que se
enfrenta la teora de la mente de Cosmides y Tooby es la pasin humana por la analoga y la metfora. Por el
simple hecho de poder invocar una analoga entre la mente y la navaja suiza. Leda Cosmides podra estar falsando
estas afirmaciones.

Cmo se podra resolver esta paradoja? Creo eme tendramos que volver de nuevo a explorar la mente
infantil, pero esta vez con la ayuda de otro grupo de expertos: los psiclogos evolutivos.

El desarrollo del nio y los cuatro mbitos del conocimiento intuitivo

Nacen realmente los nios con mdulos mentales ricos en contenido que reflejan la estructura del mundo
real (del Pleistoceno), como proponen C&T? La respuesta de la psicologa evolutiva es abrumadoramente positiva.
Los nios pequeos parecen tener un conocimiento intuitivo del mundo en al menos cuatro mbitos de
comportamiento: el lenguaje, la psicologa, la fsica y la biologa. Y sus conocimientos intuitivos dentro de cada
uno de esos mbitos parecen estar directamente relacionados con un modo de vida cazador-recolector muy, muy
antiguo en la prehistoria. Ya hemos considerado el lenguaje, as que ahora nos ocuparemos de la evidencia relativa
a los dems conocimientos intuitivos, empezando por el de la psicologa.
Psicologa intuitiva

Cuando los nios alcanzan los tres aos de edad, atribuyen estados mentales a otras personas cuando
intentan explicar sus acciones. Concretamente, entienden que otras personas tienen creencias y deseos y que estos
desempean un papel causal en el comportamiento. Como explica Andrew Whiten en la introduccin de su libro
Natural Theories of Mind (1991), diversos autores lo han descrito como psicologa intuitiva, psicologa de
creencia-deseo, psicologa popular y tambin como teora de la mente[39]. Es imposible que los conceptos
bsicos de creencia y deseo que utilizan los nios, independientemente del trasfondo cultural, se hayan construido a
partir de la evidencia que tienen a su alcance en los primeros estadios de su desarrollo. Por consiguiente, estos
conceptos parecen derivar de una estructura psicolgica innata, un mdulo mental rico en contenido que crea
interpretaciones obligadas del comportamiento humano en trminos mentales.

El estudio de esta psicologa intuitiva ha constituido uno de los campos de investigacin sobre el desarrollo
del nio ms dinmicos de esta ltima dcada. El mayor inters se ha centrado en lo que se ha llamado el mdulo
de la teora de la mente: la capacidad para leer la mente de otros, tal y como se describe en la obra de Alan
Leslie, por ejemplo. Una de las propuestas ms interesantes es que el autismo, que hace que los nios tengan
graves dificultades para la interaccin social, podra tener su origen en una disfuncin de ese mdulo. Parece que
los nios autistas no se dan cuenta de lo que piensan los dems, ni siquiera de que otros puedan tener pensamientos
en la mente. Simon Baron-Cohen ha descrito esta condicin como ceguera mental. Pero los nios autistas
parecen ser totalmente normales por lo que se refiere a otros aspectos del pensamiento. Es como si una hoja de su
particular navaja suiza mental se hubiera roto o encallado y no pudiera abrirse. Todas las dems hojas siguen
funcionando con normalidad, o puede incluso que se hayan reforzado, como ocurre en aquellas personas que tienen
graves deficiencias en algunas zonas de su actividad mental, pero que despliegan un talento prodigioso en otras, los
llamados idiots savants[40].

Hace veinte aos, Nicholas Humphrey avanzaba una explicacin de tipo evolucionista referida a un mdulo
de la teora de la mente[41]. En realidad fue Humphrey quien introdujo la psicologa de la evolucin en el mundo
acadmico; el equipo actual lo nico que ha hecho es redescubrirla como si estuvieran en sus aos de jardn de
infancia. En un original trabajo acadmico titulado La funcin social del intelecto, Nicholas Humphrey dice que
cuando los individuos viven en el seno de un grupo y entablan mltiples relaciones de cooperacin, competicin y
reciprocidad, los individuos con capacidad para predecir el comportamiento de los dems alcanzan mayor xito
reproductivo. Adems, el poder de previsin y de comprensin social lo que l llam una inteligencia social es
esencial para mantener la cohesin social, ya que posibilita la transmisin del conocimiento prctico en materia,
por ejemplo, de produccin de tiles y de provisin de alimentos. En otras palabras, habr presin selectiva para
que se desarrolle la capacidad de leer el contenido de la mente de otras personas. Y para ello los seres humanos nos
valemos de un truco ingenioso: se llama consciencia. Analizaremos las ideas de Humphrey con mayor detalle en el
captulo 5, cuando empecemos tambin a abordar la idea de consciencia. Aqu slo nos queda sealar que podemos
no slo identificar presiones selectivas en favor del desarrollo de un mdulo de la teora de la mente, sino descubrir
evidencia en la psicologa evolutiva en apoyo de su existencia. Parece que C&T han dado en el blanco.
Biologa intuitiva

Existe evidencia muy similar sobre la existencia de una interpretacin intuitiva de la biologa. Los estudios
en el campo del desarrollo infantil han demostrado que los nios parecen nacer con capacidad para comprender que
los seres animados y los objetos inanimados son esencialmente distintos. Un nio de tres aos parece atribuir
necesariamente una esencia a distintas clases de seres animados, y entiende que un cambio de apariencia exterior
no refleja un cambio de esencia[42]. Por ejemplo, Frank Keil ha demostrado que los nios son capaces de
entender que aunque un caballo lleve puesto un pijama a rayas, no por eso se convierte en una cebra. Y si un perro
nace mudo y con slo tres patas, sigue siendo un perro, que es un cuadrpedo que ladra [43]. Si la experiencia infantil
parece inadecuada para explicar cmo se adquiere el lenguaje, su experiencia del mundo tampoco parece apta para
explicar su comprensin de los seres vivos.

Todos nosotros estamos familiarizados con la nocin de esencia de las especies. Es la que nos lleva a exigir
que una persona con graves lesiones cerebrales tenga los mismos derechos que un profesor de universidad, o a
defender que una persona fsicamente discapacitada posea los mismos derechos que un atleta olmpico. Todas ellas
son humanas, independientemente de sus capacidades intelectuales o fsicas. Por eso son muchas las personas
que se sienten incmodas ante la manipulacin gentica, porque con frecuencia parece que quiere combinar la
esencia de dos especies diferentes.

Otra de las razones para creer en la capacidad para un conocimiento biolgico intuitivo es que todas las
culturas comparten las mismas ideas sobre la clasificacin del mundo natural, del mismo modo que todas las
lenguas comparten la misma estructura gramatical. Este hecho ha sido documentado por Scott Atran en su libro
Cognitive Foundations of Natural History (1990[44]). El autor dice que todas las culturas conocidas parecen poseer
nociones de: 1) especies biolgicas de vertebrados y plantas; 2) pautas secuenciales para nombrarlas, por ejemplo,
roble, roble carrasqueo, roble carrasqueo moteado; 3) clasificaciones basadas en una apreciacin de las
pautas generales de regularidad morfolgica: 4) agrupacin de categoras animales segn formas de vida que se
corresponden fielmente con las familias zoolgicas modernas, como peces y pjaros; y 5) agrupacin de categoras
botnicas segn formas de vida de plantas con relevancia ecolgica, como rboles y hierbas, aunque estas
no tengan lugar en la moderna taxonoma botnica.

La universalidad y la complejidad de las clasificaciones jerrquicas del mundo natural que adoptamos se
explican escueta y tal vez solamente por un mdulo mental compartido especializado en biologa intuitiva. Es
sencillamente imposible que los seres humanos pudieran construir las complejas taxonomas universalmente
adoptadas a partir de la limitada evidencia disponible de que gozan durante su desarrollo si no tuvieran un foto-
calco de las estructuras del mundo animado firmemente asentado en sus mentes.

Existen adems otras semejanzas entre el conocimiento biolgico, el conocimiento psicolgico y el


lingstico. Por ejemplo, parece que los seres humanos no pueden dejar de pensar en las acciones de otros en
trminos de una psicologa de creencia-deseo, como tampoco pueden evitar imponer una compleja clasificacin
taxonmica del mundo, aun cuando sea de escaso valor utilitario. El antroplogo Brent Berln ha demostrado, por
ejemplo, que entre los mayas tzeltal de Mxico y los jvaros aguarana de Per, ms de una tercera parte de las
plantas a las que han dado nombre no tienen uso social ni econmico alguno, y tampoco son venenosas o
nocivas[45]. Pero pese a todo se les ha dado un nombre y se las ha agrupado segn semejanzas ostensibles.

Otra semejanza entre las nociones de creencias y deseos es la facilidad con que se transmite la informacin
biolgica. Scott Atran afirma que la estructura, el alcance y la profundidad del conocimiento taxonmico son muy
parecidas en distintas sociedades, independientemente del esfuerzo empeado en la transmisin de ese
conocimiento. Los hanunoo de las Filipinas, por ejemplo, poseen un conocimiento botnico sumamente detallado,
sobre el que suelen discutir y pontificar. Los zafimaniri de Madagascar, que viven en un medio similar y con una
organizacin de subsistencia parecida, poseen un conocimiento botnico tanto o ms minucioso. Pero transmiten
esta informacin de manera muy informal, sin instrucciones ni comentarios.

Un componente importante de esta informacin hace referencia no a la taxonoma de animales y plantas,


sino a su comportamiento. Existen varios casos de patologa cognitiva, lo que significa que una persona puede bien
perder la comprensin intuitiva del comportamiento animal, bien acrecentarla cuando pierde otros tipos de
conocimiento. Uno de los mejores ejemplos procede del neurlogo clnico Oliver Sacks, quien describe el caso de
Temple Grandin, una mujer autista incapaz de descifrar ni el ms simple intercambio social entre humanos. Pero en
cambio su comprensin intuitiva del comportamiento animal es casi intimidatorio. Sacks describe sus impresiones
despus de pasar un tiempo con Temple en su granja:

Me sorprendi la enorme diferencia, el abismo que exista entre el reconocimiento inmediato, intuitivo, que
Temple tena de los estados de humor y de los gestos de los animales, y su extraordinaria dificultad para entender a
los seres humanos, sus cdigos y seales, su forma de comportarse. No puede decirse que Temple carezca de
sentimientos o que tenga una ausencia fundamental de simpata. Al contrario, siente con tanta fuerza los estados de
nimo y los sentimientos de los animales que estos casi la poseen, la abruman por momentos[46].

De modo que contamos con buena evidencia que demuestra que la mente posee un dispositivo especializado
para conocer el mundo natural. Esto resulta particularmente evidente sobre todo cuando vemos la desenvoltura y el
gozo con que los nios aprenden cosas sobre los animales en sus juegos, lo cual indica que su biologa intuitiva
est funcionando. Esta biologa intuitiva es explicable por las presiones selectivas sobre los cazadores-
recolectores prehistricos, como C&T nos quieren hacer creer? Evidentemente que s. De todos los estilos de vida,
el de la caza y recoleccin necesita de un conocimiento muy detallado del mundo natural. Esto es evidente entre los
modernos cazadores-recolectores: son slidos y expertos naturalistas, capaces de interpretar las ms pequeas
claves de su medio y sus implicaciones para la localizacin y comportamiento de los animales [47]. Su xito como
cazadores-recolectores, a menudo en medios marginales, depende mucho ms de su comprensin de la historia
natural que de su tecnologa o de la cantidad de fuerza de trabajo que dedican a sus vidas. Es lgico pensar que en
el marco de la evolucin de los modernos humanos, aquellos individuos nacidos con mdulos mentales ricos en
contenido capaces de facilitar la adquisicin de aquellos conocimientos habran gozado de una ventaja selectiva
sustancial.

Fsica intuitiva

La evidencia procedente de la psicologa evolutiva parece concluyente: la facilidad con que los nios
incorporan conocimientos sobre el lenguaje, sobre otras mentes y sobre la biologa parece derivar de una base
cognitiva de mdulos mentales innatos y ricos en contenido. Parece que estos mdulos los comparten
universalmente todos los humanos. Este descubrimiento tambin es aplicable a un cuarto mbito cognitivo: la fsica
intuitiva. Desde muy temprana edad los nios comprenden que los objetos fsicos estn sujetos a un conjunto de
reglas distinto del que rige para los conceptos mentales y los seres animados. Parece imposible que hayan
adquirido tal conocimiento a partir de su limitada experiencia del mundo.

Es lo que ha demostrado la psicloga Elizabeth Spelke [48] mediante una serie de experimentos con nios que
le han permitido confirmar que poseen un conocimiento intuitivo de las propiedades de los objetos fsicos.
Conceptos como el de solidez, gravedad e inercia parecen estar slidamente insertados en la mente infantil.
Aunque las experiencias vitales de un nio estn dominadas por las experiencias de otras gentes, entienden sin
embargo que los objetos tienen propiedades fundamentalmente diferentes. No pueden, por ejemplo, provocar
accin a distancia, cosa que s puede hacer un extrao o extraa al entrar en una habitacin.
Los nios comprenden que la manera ms idnea de clasificar objetos fsicos es muy distinta de la que se
necesita para los seres vivos. La nocin de esencia est completamente ausente de su manera de pensar los objetos
inertes. Mientras que un perro es un perro, aunque tenga tres patas, los nios aprecian que una canasta puede servir
para guardar cosas, o para sentarse, o para usar como mesa o cama. A diferencia de los seres vivos, la identidad de
un objeto depende del contexto. No tiene esencia. No depende ni de clasificaciones jerrquicas ni de ideas sobre
crecimiento y movimiento[49].

Desde el punto de vista de la evolucin, la ventaja de poseer mdulos mentales ricos en contenido para
comprender los objetos fsicos es obvia. Si utilizramos ideas relativas a los seres vivos para pensar los objetos
inertes, la vida estara repleta de errores. Tener un conocimiento intuitivo de la fsica nos permite servirnos
rpidamente de los conocimientos, transmitidos culturalmente, sobre aquellos objetos concretos que son necesarios
a nuestro propio estilo de vida tal vez los tiles lticos que necesitan los cazadores-recolectores prehistricos
sin previo aprendizaje sobre las diferencias entre los objetos fsicos, los seres animados y los conceptos mentales.

El desarrollo de la mente: auge y ocaso de una mentalidad tipo navaja suiza

En esta pugna entre nuestra experiencia cotidiana del mundo y las ideas acadmicas de los psiclogos de la
evolucin, parece que seran estos ltimos quienes habran ganado este segundo asalto sin esfuerzo. Hay una
creciente acumulacin de datos en el campo de la psicologa evolutiva favorables a la tesis de que los nios nacen
con una gran cantidad de informacin sobre el mundo bien asentada en sus mentes. Estos conocimientos parecen
corresponder a cuatro reas cognitivas: lenguaje, psicologa, biologa y fsica. En cada una de ellas cabe imaginar
fuertes presiones selectivas a favor de la evolucin de mdulos mentales ricos en contenido, es decir, a favor de las
cuchillas especializadas de la navaja suiza que es, al parecer, la mente.

Sin embargo, esta interpretacin no explica toda la mente. Recordemos que un nio que juega con una
mueca inerte tender a investirla de los atributos de un ser animado. Un rasgo importante de esa mente infantil no
es slo el hecho de que aplique reglas, impropias desde el punto de vista de la evolucin, de la psicologa, de la
biologa y del lenguaje para jugar con su objeto fsico inerte, sino el hecho de que est indefectiblemente
compelida a hacerlo as. Esta compulsin, y la facilidad con que lo consigue, parece ser tan fuerte como la que la
lleva a adquirir el lenguaje o una psicologa de creencia-deseo[50]. Esta tambin tiene que reflejar un rasgo
fundamental de la arquitectura evolucionada de la mente infantil.

Vayamos ahora al ring para iniciar el tercer asalto contra C&T. Mis guantes de boxeo sern un par de
psiclogos evolutivos que se han interesado en los cambios que se producen en la mente infantil durante los
primeros aos de vida. Pero cuando pasemos a analizar sus ideas ser bueno recordar aquella idea, ciertamente
convincente, introducida anteriormente en este captulo, segn la cual los estadios del desarrollo de la mente
infantil reflejan los estadios de la evolucin cognitiva de nuestros antepasados: la idea de que la ontogenia
sintetiza o recapitula la filogenia.
La primera infancia: de una mentalidad generalizada a una constituida por reas
especficas

La evidencia concluyente que hemos ido explorando a favor de unos mdulos mentales ricos en contenido
estaba basada, en su mayor parte, en estudios de nios de dos y tres aos. Qu ocurre con la mente infantil antes y
despus de estas edades?

La psicloga evolutiva Patricia Greenfield afirma que hasta la edad de dos aos la mente infantil no se
parece en absoluto a una navaja suiza, sino que de hecho funcionara como aquel programa general, o
plurifuncional, de aprendizaje que mencionbamos anteriormente en este mismo captulo [51]. Y dice que la
capacidad para el lenguaje y la capacidad para la manipulacin de objetos que se aprecian en los nios descansan,
ambas, en los mismos procesos cognitivos: la modularizacin tendra lugar slo despus de esa edad.

En apoyo de su argumentacin, Greenfield destaca la semejanza que existe entre los nios ms pequeos en
la organizacin jerrquica a la hora de combinar objetos y a la hora de hablar. Por lo que a los objetos se refiere,
los nios combinan elementos para hacer construcciones, mientras que en el lenguaje, construyen fonemas para
crear palabras. Slo despus de la edad de dos aos tiene lugar la explosin del lenguaje; antes de esa edad, el nio
parece adquirir rudimentos de lenguaje utilizando reglas de aprendizaje no restringidas nicamente al mbito del
lenguaje. La mente funciona a base de un programa informtico simple y plurifuncional, es decir, que posee una
inteligencia general. Greenfield afirma que en este aspecto la mente de un nio de dos aos es similar a la de un
chimpanc, que, segn ella, tambin utiliza procesos de aprendizaje de tipo general para manipular objetos fsicos
y smbolos, una idea que exploraremos en el captulo 5. Entre los humanos, los mdulos mentales que contienen
conocimientos de lenguaje, de fsica, de psicologa y de biologa no dominan sobre las reglas generales de
aprendizaje hasta despus de los dos aos.

As pues, la mente parece sufrir una extraa metamorfosis, es decir, que parece pasar de funcionar como un
programa informtico a funcionar como una navaja suiza. Esta metamorfosis es similar a la que tiene lugar entre
el renacuajo y la rana, es decir, el final de la historia, o es como la oruga que se convierte en crislida, donde el
cambio final y ms sorprendente an est por llegar? Annette Karmiloff-Smith cree esto ltimo y sostiene que el
estadio final del desarrollo mental es similar a la transformacin en mariposa[52].

El nio: de una mentalidad constituida por reas especficas a una mentalidad


cognitivamente fluida

En su libro Beyond Modularity (1992), Karmiloff-Smith defiende, con Greenfield, que la modularizacin es
un producto del desarrollo. Pero para Karmiloff-Smith, los mdulos que se desarrollan son hasta cierto punto
variables segn los distintos contextos culturales, una idea que constituye un anatema para los psiclogos de la
evolucin, pero que la alinea con las ideas de Howard Gardner. Ella acepta totalmente el rol de los conocimientos
intuitivos del lenguaje, de la psicologa, de la biologa y de la fsica, algo que han demostrado de forma
concluyente autores como Noam Chomsky, Alan Leslie, Scott Atran y Elizabeth Spelke, como hemos visto. Pero
para Karmiloff-Smith, estos autores slo se ocupan del saque inicial del desarrollo de las reas cognitivas.
Algunas de las reas/facultades/inteligencias que, segn ella, se desarrollan en la mente son las mismas que ya
aceptan los psiclogos de la evolucin, como la del lenguaje y la de la fsica. Y estn constituidas de la misma
manera: mientras que C&T dividen los mdulos mentales en facultades, Karmiloff-Smith divide las reas en
microreas. As, dentro de la facultad/rea del lenguaje, la adquisicin de pronombres correspondera a un mdulo
o a una microrea, segn el autor que uno est leyendo.

Pero lo fundamental de las ideas de Karmiloff-Smith es su conviccin de que el contexto cultural en que se
desarrolla el nio desempea tambin un rol en la determinacin del tipo de rea que emerge. Ello se debe a la
plasticidad del cerebro infantil durante el proceso de desarrollo, y sugiere que con el tiempo, se van seleccionando
progresivamente determinados circuitos cerebrales para computar diferentes reas especficas[53]. Y por
consiguiente, aun cuando los cazadores-recolectores del Pleistoceno no fueran seguramente grandes matemticos
sus vidas no lo necesitaban, los nios actuales s pueden desarrollar un rea cognitiva especializada de
matemticas. El saque inicial de esta capacidad podra residir en uno de los mdulos de fsica intuitiva o en
algn otro aspecto del conocimiento intuitivo innato que poseen los nios. Y en condiciones culturales propicias,
puede convertirse en un rea de conocimiento matemtico plenamente desarrollada, como concluye efectivamente
el psiclogo David Geary[54]. La mente es an una navaja suiza; pero la clase de hojas que contiene puede variar de
una persona a otra. Un hombre que utiliza una navaja suiza para ir a pescar necesita un instrumental distinto a otro
que va de camping.

As, Karmiloff-Smith coincide con C&T en que la mente de un nio pequeo funciona como una navaja
suiza. Pero para Karmiloff-Smith, se trata tan slo de un estadio previo a la transformacin en mariposa, porque,
dice, poco despus de que haya tenido lugar la modularizacin, los mdulos empiezan a trabajar de forma conjunta.
Y aunque utiliza un trmino extrao para definir ese proceso, redescripcin representacional (RR). lo que quiere
decir en realidad es muy simple. La consecuencia de la RR es la aparicin en la mente de mltiples
representaciones de conocimientos similares y por lo tanto el conocimiento deviene aplicable a objetivos
distintos de aquellos, ms especficos, a los que se aplica normalmente, de modo que pueden forjarse vnculos
perceptuales transversales a todas las reas[55]. En otras palabras, pueden aparecer pensamientos que combinen
conocimientos previamente atrapados en un rea determinada.

Los psiclogos evolutivos Susan Carey y Elizabeth Spelke han formulado, por vas independientes, una idea
muy parecida. Afirman que la aparicin de un mapa transversal a todas las reas es un rasgo fundamental del
desarrollo cognitivo, lo que por lo dems explicara la diversidad cultural: Si bien los nios de todo el mundo
comparten un conjunto de sistemas iniciales de conocimiento, estos sistemas se transforman espontneamente
durante el proceso de desarrollo y aprendizaje, a medida que nios y adultos construyen, exploran y adoptan
mapas que conectan transversamente los sistemas de conocimiento[56].
Cmo explicar la creatividad

Las ideas de Karmiloff-Smith, de Carey y de Spelke nos recuerdan de inmediato aquellos atributos de la
mente que Jerry Fodor y Howard Gardner consideraron tan impresionantes, y parte fundamental de su arquitectura.
Recordemos que, para Fodor, los rasgos ms caractersticos y sorprendentes de la mente eran su no
encapsulacin, su holismo, y su pasin por lo analgico, y recordemos tambin los trminos en que se expresaba
Gardner para describir la forma en que uno encuentra siempre complejos de inteligencias funcionando
conjuntamente de forma armnica, prcticamente sin fisuras, para ejecutar intrincadas actividades humanas.
Gardner sugera que los seres humanos ms sabios son aquellos mejor capacitados para crear conexiones interreas
o intermapas, cuyo ejemplo ms paradigmtico es el uso de analogas y metforas.

Esta parece ser la esencia de la creatividad humana. En su libro The Creative Mind (1990). Margaret Boden
explora las posibilidades de explicar el pensamiento creativo y concluye que este surge gracias a lo que ella
describe como la transformacin de los espacios conceptuales[57]. Para Boden, un espacio conceptual se parece
mucho al rea, inteligencia o facultad cognitivas que hemos estado analizando. La transformacin de una de ellas
implica la introduccin de nuevos conocimientos, o de nuevas maneras de procesar el conocimiento ya contenido
en las reas. En su libro menciona que Arthur Koestler ya explic la creatividad humana en el ao 1964 cuando
afirmaba que esta surga a partir de la repentina interconexin de dos capacidades o matrices de pensamiento
previamente no relacionadas entre s[58]. La idea de matriz de pensamiento se parece sospechosamente mucho a la
de inteligencia de Gardner o a la de facultad de C&T.

La evidencia a favor de un pensamiento basado en conocimientos de mltiples reas cognitivas es tan


abrumadora, y tan decisiva por lo que a la arquitectura mental se refiere, que incluso algunos psiclogos de la
evolucin han querido explicarlo. Existen dos propuestas. La primera ya tiene, en realidad, veinte aos y fue
formulada por Paul Rozin, uno de los padres, junto con Nicholas Humphrey, de la psicologa de la evolucin.
Rozin desarroll unas ideas muy similares a las de C&T[59]. Deca que los procesos de la evolucin tenan que
potenciar la aparicin de una serie de mdulos en el interior de la mente, que l describi como especializaciones
adaptativas (el trmino tcnico de C&T, acuado veinte aos ms tarde, sera algoritmos darwinianos). Pero la
pregunta decisiva, segn l, era cmo puede evolucionar la flexibilidad de las conductas? C&T sugieren que esa
flexibilidad es sencillamente el resultado de ir aadiendo ms dispositivos especializados a la navaja suiza. Rozin,
por su parte, deca que el rasgo decisivo en el desarrollo infantil y en la evolucin es algn tipo de accesibilidad
entre mdulos/reas mentales: el sello distintivo de la evolucin de la inteligencia es la aparicin de una
determinada capacidad primero en un contexto limitado, para luego extenderse a otras reas [60]. Esta afirmacin es
perfectamente intercambiable con la de Karmiloff-Smith, escrita casi dos dcadas ms tarde: el conocimiento
deviene aplicable a otros objetivos distintos de aquellos especficos para los que se utiliza normalmente.

Todos estos razonamientos de Fodor, Gardner, Karmiloff-Smith, Carey, Spelke y Rozin parecen cuestionar
la idea de una arquitectura estrictamente modular para una mente moderna plenamente desarrollada. Pero la
ausencia de modularidad parece ser esencial al pensamiento creativo. El cognitivista Dan Sperber sostiene que se
pueden tener las dos cosas: una mente moderna estrictamente modular y al mismo tiempo altamente creativa [61].
Sostiene que en el curso de la evolucin la mente ha desarrollado sencillamente otro mdulo, un tanto especial. Lo
llama el mdulo de la metarrepresentacin (MMR). Este nombre es casi tan extrao como el de redescripcin
representacional de Karmiloff-Smith, pero es evidente que existe una semejanza fundamental entre ambas: las
mltiples representaciones, del conocimiento en la mente humana. Mientras que los dems modulas de la mente
contienen conceptos y representaciones de cosas, sobre perros y sobre lo que hacen los perros, por ejemplo.
Sperber sugiere que el nuevo mdulo slo contiene conceptos de conceptos y representaciones de
representaciones.
Sperber lo explica valindose de un ejemplo con gatos, no con perros. En algn lugar de las profundidades
de nuestra mente, tenemos un concepto de gato que est asociado a nuestro conocimiento intuitivo de las cosas
animadas. Este gato conceptual no puede ladrar, porque esa capacidad no est en la esencia del gato. Cuando
aprendemos algo nuevo sobre los gatos, ese dato entra inicialmente en nuestra mente, en el MMR. Desde all, todo
cuanto se refiera a gatos y que sea compatible con nuestro concepto preexistente de gato, se combina con aquel
dato, y puede alterarlo ligeramente. De modo que el MMR es como un centro distribuidor por el que tienen que
pasar las nuevas ideas antes de encontrar un hogar. Pero aun habiendo encontrado su hogar, son libres para volver
y visitar el centro de distribucin cuantas veces gusten. Hay ideas nuevas, como por ejemplo que los gatos podran
ladrar, que no tienen un hogar propio para cobijarse. Y por consiguiente se quedan en el centro distribuidor. Pero
en ese centro pueden ocurrir toda clase de malas pasadas. Tas ideas procedentes de distintos mdulos pueden
mezclarse de manera un tanto peculiar con las que no tienen hogar. Por ejemplo, el conocimiento que se tiene de
los perros puede mezclarse con el conocimiento de los objetos fsicos y con el conocimiento sobre creencias y
deseos, y as ocurre que un nio a quien se le ha regalado un perro de juguete un bulto inerte hecho a base de
material de relleno juegue con l como si realmente fuera un perro, y le atribuya opiniones, deseos e intenciones
humanas.

Cmo se ha podido desarrollar este centro de distribucin? O, en caso de que un tal centro no est
realmente presente, cmo se las ha ingeniado la evolucin para hacer agujeros en las paredes de nuestras reas
cognitivas y dejar as que fluyan los conocimientos entre unas y otras o reverberen en distintas partes de la mente,
como sugieren Gardner, Karmiloff-Smith y Rozin? Para dar con la respuesta hay que conocer la prehistoria de la
mente. Porque esta permeabilidad entre unas reas y otras es, despus de todo, precisamente lo que, segn C&T, no
debe de ocurrir en el curso de la evolucin, ya que puede traducirse en toda una serie de errores en materia de
conducta. Por ejemplo, imaginemos que a la hora de comer veo un cuenco con pltanos de plstico; en vez de
comprobar si esos objetos amarillos encajan o no con lo que yo s sobre las cosas comestibles (por ejemplo, que no
son de plstico), podra darles un mordisco. Y todo porque algn trastorno o disfuncin en mi centro mental de
distribucin ha hecho que se mezclara mi conocimiento de los objetos fsicos inanimados con mi conocimiento de
los (en su da) seres vivos.

He acabado de almorzar y no hay ningn pltano de plstico a la vista. En realidad nunca he corrido el
riesgo de comerme uno ya que la mente no parece cometer este tipo de errores. Podemos crear conceptos errticos
y absurdos, pero con frecuencia (no siempre) somos muy capaces de disociarlos del mundo real Pero lo cierto es
que la capacidad para pensar tales conceptos ha evolucionado, y los psiclogos no saben por qu ocurre. Los
nicos psiclogos que han pensado seriamente en trminos de evolucin, como C&T, no tienen explicacin de
cmo ni por qu los numerosos mdulos mentales que segn ellos existen en la mente pueden desembocar en ideas
as. Porque creen que la mente funciona como una navaja suiza.

En este captulo hemos visto que la mente es ms que una simple navaja suiza. Puede que no sea ni una
esponja indiscriminada ni un ordenador con un nico programa que sirve para todo, tal como sostenan anteriores
tericos, pero tampoco es slo una navaja suiza. Es demasiado creativa e impredecible para ello. As que tal vez
sea posible conciliar la idea de una especie de centro de distribucin defendida por Karmiloff-Smith, Carey, Spelke
y Sperber con las teoras de Cosmides y Tooby, si se analizan en el contexto de la evolucin. La tarea del prximo
captulo es precisamente proponer este tipo de marco de referencia.
Captulo 4

Una nueva propuesta sobre la evolucin de la mente

Los guas que en el captulo anterior nos han acompaado en nuestra visita de la mente moderna
deseaban saber cmo funciona la mente hoy en da y cmo se desarrolla en la infancia. Pero lo que a m me
interesa es la historia de su evolucin. Dada mi formacin de arquelogo, siempre que me encuentro ante una
estructura compleja busco identificar las distintas fases de su evolucin, ya se trate de una piedra tallada o de la
mente moderna. Mediante algunas pinceladas intentar explicar la forma en que, en mi opinin, habra que abordar
la mente, y para ello me propongo contar de forma breve mi propia experiencia en una excavacin arqueolgica.

Durante mis vacaciones de verano, siendo estudiante, trabaj en la excavacin de la abada benedictina
medieval de San Vincenzo, en Molise, Italia [1]. Yo supervisaba la exploracin de un edificio especialmente
complejo, que se llamaba la Iglesia Sur. Esto significaba descubrir, registrar e interpretar una vasta serie de
muros, pavimentos y tumbas: los vestigios de un considerable palimpsesto de construcciones. Cmo hacer para
arrancar de los muros y dems restos los secretos de la historia de la abada, sus fases arquitectnicas y su
cronologa? Gran parte del trabajo arqueolgico consiste en ir escarbando y destapando con sumo cuidado el
pasado, estrato por estrato. Exige asimismo estudiar las complejas yuxtaposiciones de muros hechos por otros, para
deducir cules son anteriores y cules posteriores. Luego esos muros deben fecharse, tomando habitualmente como
referencia los distintos tipos de cermica hallados en los depsitos prximos del pavimento. Luego, todas estas
tcnicas de deteccin arqueolgica se combinan para recrear, de la mejor manera posible, las fases arquitectnicas
del edificio. En el caso de la Iglesia Sur, dedujimos que hubo cinco fases en total, que abarcaban los primeros 1000
aos d. C. y culminaban con una sofisticada construccin de varias plantas que cobijaba gran parte de las preciadas
reliquias de la abada. Las transiciones entre las distintas fases haban comportado la demolicin y construccin de
muros, la pavimentacin de nuevos suelos, la adicin de nuevas plantas y el bloqueo de puertas.

La evidencia sobre la mente moderna aportada por los psiclogos en el captulo anterior me hace pensaren
nuestro trabajo en la Iglesia Sur de San Vincenzo, o en cualquier iglesia o catedral moderna. La tarea de este
captulo es idntica a la que haba que realizar una vez acumulada toda la informacin procedente de las
excavaciones de la Iglesia Sur: identificar una serie de fases arquitectnicas.

En este corto captulo propondr una historia de la evolucin de la mente dividida en tres fases
arquitectnicas. De ese modo contaremos con un marco para abordar el resto de mi estudio; los dalos
arqueolgicos que analizaremos en captulos posteriores servirn para valorar, depurar, desarrollar y fechar este
marco de referencia. Sin ese marco, aunque sea provisional, los datos sencillamente nos desbordaran, y no
sabramos qu es lo que tenemos que buscar ni lo que puede significar. Para proponer estas fases me basar en las
leonas expuestas en el captulo anterior. Tambin utilizar una de las ideas ms importantes de la biologa, y que ha
sido relevante para el estudio de la evolucin desde los tiempos de Aristteles, pese a que en las ltimas dos
dcadas ha perdido su antigua posicin dominante: se trata de la idea de recapitulacin, o de que la ontogenia
sigue a la filogenia.

Introduje muy someramente esta idea en el captulo anterior. En esencia, la recapitulacin significa que la
secuencia de los estadios evolutivos por los que atraviesan los pequeos de una especie, su ontogenia refleja la
secuencia de las formas adultas de sus antepasados, su filogenia. Ernst Haeckel avanz esta idea en su ley
biogentica de 1866: la ontogenia es la recapitulacin breve y rpida de la filogenia [2]. Segn Hacckel, en el
curso de la evolucin el ritmo de desarrollo se haba acelerado y, por consiguiente, las formas ancestrales adultas
haban sido proyectadas, o comprimidas, en los estadios infantiles de sus descendientes.

Stephen Jay Gould registra el origen y la historia de esta idea en un libro muy influyente titulado Ontogeny
and Phylogeny (1977). Explica el autor que los paralelismos entre desarrollo y evolucin estn presentes en todo el
mundo biolgico, y que muchos cientficos del siglo XIX y principios del XX pensaron que la recapitulacin
constitua la clave para entender el pasado, Gould cita un texto del bilogo E. Conklin de 1928: la recapitulacin
prometa revelar no slo la ascendencia animal del hombre y la lnea de su descendencia, sino tambin el mtodo
para conocer el origen de sus facultades mentales, sociales y ticas[3]. Jean Piaget, el psiclogo evolutivo ms
influyente de los aos sesenta y setenta, simpatizaba con la idea de los paralelismos entre ontogenia y filogenia,
aunque sin adoptar una posicin explcita sobre la recapitulacin. Pero como veamos en el captulo anterior, el
arquelogo Thomas Wynn se sirvi de la idea de recapitulacin para inferir la inteligencia de nuestros antepasados,
basndose en las fases evolutivas de la mente propuestas por Piaget. La psicloga Kathleen Gibson ha escrito
recientemente que entre los estudiosos ms serios de la evolucin cognitiva y lingstica, las perspectivas
ontognicas se han convertido en la norma, no en la excepcin[4]

En cuanto a la relacin entre ontogenia y filogenia, hoy los bilogos adoptan un punto de vista algo ms
liberal que Haeckel. Por ejemplo, Stephen Jay Gould opina que si bien existe evidencia en favor del desarrollo
acelerado de algunos rasgos, tal como propuso Haeckel, y por lo tanto de un reflejo de formas adultas ancestrales
en los estadios infantiles de los descendientes, tambin hay evidencia de lo contrario: una ralentizacin en el
desarrollo de otros rasgos provoca que ciertos rasgos infantiles de los antepasados aparezcan en los descendientes
adultos. Este proceso se conoce como neotenia, y se cree que es tan comn como la recapitulacin. Un ejemplo
paradigmtico es el asombroso parecido que presentan los chimpancs jvenes con los humanos adultos, una
semejanza que se pierde en los chimpancs maduros. Por consiguiente, si la idea de recapitulacin tiene algn
valor, habr que buscarlo en el estudio de los rganos individuales, no en los organismos entendidos globalmente.

Gould dedica la mayor parte de su libro a la idea de neotenia, y demuestra que es de una importancia crucial
para la comprensin de la evolucin humana. Pero como han argumentado Kathleen Gibson y el psicolingista
Andrew Lock, mientras que la neotenia puede ayudar en la explicacin del desarrollo morfolgico de los humanos
modernos, no sirve para el desarrollo de la inteligencia y el conocimiento [5] pues ambos no siguen siendo infantiles
durante el desarrollo, como sucede con la forma del crneo, por ejemplo. Adems, si existen paralelos entre el
desarrollo y la evolucin de la mente, la recapitulacin parece el marco ms plausible, no la neotenia [6]. Cada vez
me siento ms escptico de adoptar la nocin de recapitulacin y propongo una serie de fases arquitectnicas para
la evolucin de la mente. Mi escepticismo se debe a dos razones. Primera, tal como Gould describe en La falsa
medida del hombre (1981), la idea de recapitulacin ofreca un criterio irresistible [7] a los cientficos de los siglos
XIX y XX para poder clasificar los distintos grupos humanos en superiores e inferiores, dando as apoyo
seudocientfico a las ideologas racistas y sexistas. De modo que, aun cuando estas ideologas reflejen una
interpretacin errnea y un uso indebido de la idea de recapitulacin, lo cierto es que este concepto debe usarse
siempre con gran prudencia. La segunda razn de mi escepticismo es que no tengo la conviccin terica de que se
produzca necesariamente la recapitulacin de la evolucin de la mente durante el desarrollo. Si tiene lugar, estoy
convencido de que lo ms probable es que se manifieste en forma de grandes paralelismos, y no en forma de una
correspondencia estricta entre estadios filogenticos y ontognicos.

Sea o no correcta la recapitulacin de la mente, lo cierto es que supone un medio para establecer el marco
de las posibles fases arquitectnicas necesarias para proseguir mi estudio[8]. Porque si ignorase la idea de
recapitulacin, podra significar una oportunidad perdida, rozando la negligencia acadmica. Despus de todo,
poseo ya informacin suficiente sobre el desarrollo de la mente infantil, tal como he descrito en el captulo anterior,
y cuando est llegando al final de mi estudio tambin espero tener informacin sobre la evolucin de la mente
basndome en los materiales del registro arqueolgico y fsil. Adoptando la idea de recapitulacin se abre un
interrogante fascinante: veremos los estadios evolutivos de la mente infantil actual reflejados en paralelo en la
evolucin de la mente humana ancestral?
En el captulo anterior analizbamos el trabajo de varios psiclogos evolutivos, especialmente de Patricia
Greenfield, de Annette Karmiloff-Smith, de Susan Carey y de Elizabeth Spelke. Basndome en general en sus
respectivos trabajos propondr las fases arquitectnicas de la evolucin de la mente. Digo en general porque
creo que tambin se pueden hallar claves en todos aquellos psiclogos cuyo trabajo hemos comentado en el
anterior captulo, claves que de hecho avalan las fases propuestas que se manejan en los estudios del desarrollo
infantil.

Tres fases para la evolucin de la mente

Ahora slo presentar las tres grandes fases arquitectnicas de la evolucin de la mente que servirn de
marco para interpretar los datos arqueolgicos y fsiles en prximos captulos, y para trabajar con ellos en el resto
de este captulo.

Fase 1. Mentes dominadas por un rea de inteligencia general: una serie de reglas para el aprendizaje
general y para la toma de decisiones.

Fase 2. Mentes donde la inteligencia general se ha visto complementada con inteligencias especializadas
mltiples, dedicadas cada una de ellas a un rea especfica de conducta, y funcionando aisladamente unas de otras.

Fase 3. Mentes donde las mltiples inteligencias especializadas parecen trabajar conjuntamente, con un
flujo de conocimientos y de ideas entre las distintas reas de conducta.

La correspondencia entre estas fases y los procesos de desarrollo descritos en el captulo anterior debera
estar clara. La primera fase tiene su paralelo en los procesos de aprendizaje general considerados decisivos en el
nio; la segunda establece un paralelo entre la modularizacin de la mente y el desarrollo de pensamientos y de
conocimientos especializados; y la tercera se corresponde con lo que Karmiloff-Smith describe como la
redescripcin representacional y que Carey y Spelke denominan mapas transversales interreas, cuando
mltiples reas de actividad pueden acceder y utilizar el conocimiento ahora disponible[9].

Estas tres grandes fases se sugieren tan slo a ttulo de marco terico para orientar mi estudio a partir de
aqu. Deseo dedicar el resto de este captulo a la elaboracin de este marco. An hay otras claves por extraer de las
aportaciones realizadas por los psiclogos analizados en el captulo precedente sobre la mente moderna.

Tambin es importante clarificar la relacin entre desarrollo y evolucin. Como recalcaba Stephen Jay
Gould en Ontogeny and Phylogeny, cuando hablamos de evolucin nos referimos normalmente a la evolucin de
las formas adultas de las especies del pasado. Pero al igual que ocurre con cualquier individuo hoy en da, un
australopitecino o miembro de una especie primitiva de Homo conoci un periodo de desarrollo, que posiblemente
comport una serie de cambios sustanciales en su mente. Hay, por consiguiente, un potencial considerable para
confundir desarrollo y evolucin de la mente. Intentar clarificar la relacin sirvindome de una analoga entre la
mente y una catedral.
La mente-catedral

Podemos comparar la mente de una persona con una nueva catedral que se va construyendo a medida que
esa persona pasa de la infancia a la madurez. Se construye segn unos diseos arquitectnicos codificados en la
constitucin gentica de esa persona, tal como la ha heredado de sus padres, y bajo la influencia del medio
concreto en que se desarrolla. Como todos nosotros poseemos una constitucin gentica y un medio evolutivo
distintos, lodos tenemos una mente nica. Pero como miembros de la misma especie, compartimos semejanzas
importantes en los diseos arquitectnicos que heredamos y en las mentes que desarrollamos.

Esta situacin fue la misma para todos nuestros antepasados. Pero la evolucin ha ido constantemente
remendando y modificando los diseos arquitectnicos. Determinadas mutaciones genticas provocaron un sinfn
de cambios aleatorios, la mayora sin efecto sobre la mente. Algunos de ellos tuvieron efectos negativos: los
proyectos tocados no sobrevivieron mucho tiempo en la dotacin gentica porque los individuos con esas mentes
tocadas quedaron rezagados respecto a otros individuos en la obtencin de recursos y de parejas sexuales. Otras
mutaciones tuvieron efectos benficos, al permitir que los individuos compitieran con mayores garantas de xito y
transmitieran a la siguiente generacin esos diseos arquitectnicos mejorados. Es evidente que a medida que
esas mutaciones tenan lugar, el medio tambin iba cambiando. Nuestros antepasados tuvieron que afrontar
constantemente nuevos problemas, que requeran nuevos procesos mentales para su resolucin: diferentes
construcciones para diferentes clases de medio.

Gracias a los efectos asociados de la variacin causada por las mutaciones genticas aleatorias, por la
herencia, por el xito reproductivo diferencial y por el constante cambio medioambiental, el conjunto de diseos
arquitectnicos evolucion. En otras palabras, fue moldeado por la seleccin natural [10]. Es posible que los diseos
arquitectnicos sufrieran continuos retoques, pero ninguno de ellos empez nunca desde cero. La evolucin no
tiene la opcin de volver al diseo inicial para empezar otra vez desde el principio: slo puede modificar lo que es
anterior. Esto es, evidentemente, lo que explica que slo entendiendo la prehistoria de la mente podremos entender
la mente moderna. Lo que explica, pues, que la ontogenia puede contener claves para descifrar la filogenia. Y es la
razn que nos lleva a analizar la catedral de la mente moderna en busca de claves que nos permitan descifrar la
arquitectura de las mentes del pasado.

Tambin sabemos que aun cuando dos catedrales compartan el mismo diseo arquitectnico, eso no
significa que su aspecto sea exactamente idntico, por la sencilla razn de que han sido construidas en distintos
medios. El tipo de piedra, la topografa y la mano de obra habrn sido distintas. Es imposible separar la influencia
del medio y del diseo arquitectnico en la obra acabada, diciendo, por ejemplo, que tal o cual rasgo se debe a uno
u otro. Lo mismo pasa cuando se intenta comprender el carcter de la mente moderna: es imposible separar la
influencia de los genes y la del medio en que se ha desarrollado. En el captulo anterior hemos visto distintas
catedrales modernas, es decir, distintas mentes infantiles y adultas, mentes de catedrticos de Cambridge y mentes
de los bosquimanos del Kalahari, mentes de brillantes matemticos y mentes que padecen patologas diversas,
como el autismo. Varios psiclogos nos han guiado en esa tarea, todos ellos intentando identificar los rasgos
comunes y ms relevantes de las mentes modernas, pero todos haciendo hincapi en caractersticas distintas. En mi
opinin todos ellos subvaloran la importancia de las ensambladuras y los cambios que se operan en la concepcin y
funcin de los edificios a lo largo de su dilatada historia. Obviamente no era ese su objetivo ni su principal inters:
su inters se centraba en comprender cmo funciona hoy la mente moderna. Pero a m me interesa la historia
arquitectnica, as que vuelvo a aquellas tres fases que he mencionado anteriormente para poder elaborarlas en
funcin de mi analoga entre mente y catedral (vase el recuadro de la p. 75).

Fase 1
Mentes dominadas por una nave central de inteligencia generalizada

Las mentes de la primera fase propuesta poseen slo una nica nave donde tienen lugar todos los servicios
o, lo que es lo mismo, los procesos del pensamiento. La informacin llega a esta nave a travs de una serie de
mdulos de entrada, en una versin anterior a los mdulos que describe Jerry Fodor en su exploracin de la mente
moderna. Nuestra nave no contiene los complejos sistemas centrales que Fodor vea en la mente. Es una nave de
inteligencia general, y slo unos pocos vestigios de ella sobreviven en la mente moderna. Dos de nuestros guas,
Patricia Greenfield y Annette Karmiloff-Smith, encontraron restos de este tipo de inteligencia en las mentes
infantiles. Otros dos guas, John Tooby y Leda Cosmides, reconocieron que podra haber vestigios de esta nave en
alguna parte de la mente moderna, pero no estaban interesados en encontrarlos, porque crean que la inteligencia
general desempea un papel limitado en la mente moderna. Claro que si yo hubiese elegido otro gua, Jean Piaget,
habra visto poco ms que esta nave en todas las mentes visitadas. Esta inteligencia general pudo estar constituida
por una serie de reglas de aprendizaje y de toma de decisiones de tipo general. Sus rasgos esenciales son que
pueden utilizarse para modificar el comportamiento a la luz de la experiencia en cualquier rea de conducta. Pero
slo pueden producir comportamientos relativamente simples; el ndice de aprendizaje seria lento, los errores
seran frecuentes y la adquisicin de conductas ms complejas estara bloqueada.

La mente como una catedral

N.B. Se trata de ilustraciones metafricas esquemticas. No tienen implicaciones para la ubicacin


espacial de los procesos cognitivos en el [Link] 3:

Dos posibles planos arquitectnicos de las mentes de la fase 3. Representan mentes de comunidades de
cazadoras-recolectoras. Los que tenan otros estilos de vida pudieron desarrollar otros tipos de inteligencias
especializadas, aunque seguramente la inteligencia social y la inteligencia lingstica son universales.

Fase 2:
Mentes como una nave de inteligencia general y mltiples capillas de inteligencias especializadas. No se sabe
con certeza cmo se relaciona la inteligencia lingstica con las dems reas cognitivas. Como presuponemos que
todas las mentes de esta fase pertenecan a personas que vivan de la caza y la recoleccin, las tres capillas son la
inteligencia tcnica, la inteligencia social y la inteligencia natural.
Fase 1:
Mentes como una nave de inteligencia general. Las puertas representan la entrada de informacin procedente
de mdulos relacionados con la percepcin.

Fase 2

Mentes donde se construyen capillas independientes de inteligencias especializadas

Las mentes de esta segunda fase que proponemos se caracterizan por la construccin de una serie de
capillas de inteligencias especializadas, segn la terminologa de Howard Gardner, y conocidas tambin como
reas o facultades cognitivas, segn Leda Cosmides y John Tooby. Y de la misma forma que un mayor nmero de
capillas laterales en las catedrales romnicas del siglo XII reflejan la creciente complejidad del ritual eclesistico
de la poca, as tambin estas capillas reflejan la creciente complejidad de la actividad mental.

La nave de la inteligencia general sigue presente como un rasgo esencial del diseo arquitectnico. Pero los
servicios del pensamiento en la nave quedan ahora ensombrecidos por otros de mayor complejidad que se
desarrollan en cada una de las capillas. En cada una de esas inteligencias especializadas hay un montn de mdulos
mentales estrechamente relacionados entre s, todos ellos relacionados a su vez con un rea especfica de la
conducta. No es imposible que algunos mdulos estuvieran ya presentes de hecho en la fase 1, pero en lugar de
agruparse dentro de la correspondiente inteligencia especializada, se habran diseminado por toda la nave.
Cada inteligencia especializada cuida de un rea especfica de la conducta y es esencial para el
funcionamiento de la mente en su conjunto. Todo el conocimiento relativo a esa rea concreta est contenido en
esa capilla y no se encuentra ms que all y en ningn otro sitio de la mente. El aprendizaje dentro de cada una de
estas reas de conducta es ahora rpido y con errores mnimos. Pueden adquirirse pautas de conducta ms
complejas, que pueden modificarse fcilmente con la llegada de nuevas experiencias relacionadas con esa rea
especfica de conducta. De modo que en la fase 2 tenemos mentes con mltiples inteligencias especializadas, o
capillas mentales. Cuntas capillas haba, y a qu reas de comportamiento estaban dedicadas?

Sabemos que los planes arquitectnicos relativos a estas mentes evolucionaron y la propia mente se
desarroll en la poca en que la poblacin viva de la caza y la recoleccin. Y hemos visto en el anterior captulo
que la mente moderna an contiene mdulos que nos permiten un conocimiento intuitivo de la biologa, de la fsica
y de la psicologa. Lo ms probable es que estos mdulos sean los fundamentos que han sobrevivido de las
capillas/inteligencias que se construyeron hace mucho tiempo en las mentes de esta segunda fase. Por consiguiente,
es muy posible que en esta fase hubiera al menos tres capillas/inteligencias:

1. Los vestigios de una psicologa intuitiva implican una capilla de inteligencia social, que sirve para
interactuar con otros individuos humanos, e incluye mdulos para leer la mente.

2. Tambin aqu los vestigios de una biologa intuitiva en la mente moderna sugieren que hubo, en algn
momento, una capilla de inteligencia de la historia natural, un conjunto de mdulos para comprender el mundo
natural, algo esencial para la vida de los cazadores-recolectores.

3. La fsica intuitiva podra asentarse en los fundamentos supervivientes de una capilla de inteligencia
tcnica, que existi hace tiempo en las mentes de algunos de nuestros primeros antepasados, y que contendra los
mdulos mentales para la fabricacin y manipulacin de tiles de piedra y de madera, incluyendo artefactos para
lanzarlos a distancia[11].

Un rasgo importante de estas capillas es que sus muros son gruesos y casi impermeables al sonido
procedente del resto de la catedral. No hay acceso de una capilla a otra. En otras palabras: los conocimientos de las
distintas reas de comportamiento no pueden combinarse entre s. Adems, los mdulos utilizados para pensar
dentro de cada inteligencia se limitan solamente a esa inteligencia. Puede haber excepciones: en determinadas
ocasiones los mdulos pueden ser utilizados en un rea inadecuada de comportamiento un mdulo desarrollado
para la interaccin social es utilizado para la interaccin con animales pero, cuando esto ocurre, el mdulo no
puede funcionar eficazmente. Es como si los sonidos que emanan de una capilla se oyeran en el resto de la catedral
sumamente amortiguados e indistintos.

Las mentes en esta segunda fase de la evolucin cognitiva utilizan las capillas para abordar pensamientos
complejos relativos a la fabricacin de tiles, a la historia natural y a la interaccin social. Pero cuando se requiere
un nico pensamiento que requiere la conjuncin de los conocimientos o mdulos de ms de una capilla como,
por ejemplo, pensamientos sobre cmo disear un til para cazar un determinado animal, entonces la mente pasa
a depender de la inteligencia general. Por consiguiente, el pensamiento y la conducta situados en la zona interfacial
de cada rea parecern mucho ms simples que el que depende de una sola rea. Sin embargo, la nave sigue siendo
una parte esencial del edificio, ya que sin ella la estructura no resistira.

Podra haber una cuarta capilla en las catedrales de esta fase: la de la inteligencia lingstica. Como veamos
en el captulo anterior, tambin est constituida por un conjunto de mdulos mentales. Pero pudo la inteligencia
lingstica estar alguna vez separada de las dems inteligencias de la mente? Al revs que las otras, en s misma no
cumple ninguna funcin: las personas no hablan de gramtica sin motivo. Y veamos en el captulo anterior que
Jerry Fodor caracterizaba el lenguaje como uno de los procesos de entrada o input, no como un rasgo de los
sistemas centrales. As que hoy, aun reconociendo que pudo existir una capilla de inteligencia lingstica, no
podemos concretar su relacin arquitectnica con la inteligencia general ni con otras inteligencias especializadas.
Es algo que tendr que esperar a los captulos finales del libro, cuando contemos con ms evidencia.
En el captulo anterior ofrecamos gran cantidad de claves relativas a la existencia de esta fase evolutiva de
la mente moderna, que refleja en parte la seleccin de los guas que he elegido. Una de las claves ms importantes
se encontraba en el estudio del desarrollo infantil. Annette Karmiloff-Smith explica que los nios, tras atravesar
una fase donde el pensamiento aparece dominado por la inteligencia general, desarrollan procesos mentales
especializados en reas concretas. Dado el alto grado de variedad de medios en que los nios se desarrollan
actualmente, la cantidad y clases de reas son muy variables; no son necesariamente las ms idneas para la forma
de vida cazadora-recolectora. Pero estn construidas encima de los restos de los fundamentos de las inteligencias
especializadas de la fase 2.

Fase 3

Mentes donde las capillas se han conectado, traducindose en una fluidez cognitiva

Las mentes de la tercera fase comparten una nueva caracterstica arquitectnica: un acceso directo entre
todas las capillas. Con esta caracterstica, los conocimientos antes atrapados dentro de las distintas capillas ahora
pueden integrarse. No sabemos muy bien cmo se consigui ese acceso directo. Algunos de nuestros guas
describieron cmo el conocimiento pasaba de unas reas/inteligencias a otras, como si atravesara puertas y
ventanas que se hubieran abierto en los muros de la capilla. Pero uno de ellos, Dan Sperber, crey ver una
supercapilla, su mdulo de la meta-representacin. En esta supercapilla hay rplicas del conocimiento
procedente de las inteligencias especializadas, de la misma manera que, segn Karmiloff-Smith, el conocimiento
reverbera en diferentes partes de la mente durante el desarrollo. Es evidente que necesitamos ms evidencia para
poder describir el diseo arquitectnico especfico de las mentes de la fase 3; todo cuanto sabemos por el momento
es que la combinacin de pensamientos y conocimientos de las distintas inteligencias especializadas es posible y
que este hecho tiene consecuencias importantes para la naturaleza de la mente.

Al igual que ocurra en la fase 1, slo puede manejarse un nico servicio de pensamiento. Pero estos
servicios nicos de la fase 3 se basan en y armonizan los servicios previamente separados realizados
seguramente durante milenios en cada una de las capillas de la fase 2. Por ejemplo, Howard Gardner destaca que
los complejos de inteligencias de la mente moderna funcionan armnicamente y sin fisuras; Paul Rozin, Annette
Karmiloff-Smith. Susan Carey y Elizabeth Spelke subrayan la importancia de utilizar los conocimientos en
mltiples mbitos del pensamiento. Adems, el servicio nico presenta ahora una complejidad que antes no tena:
ya que este servicio nico equivale a lo que Jerry Fodor denominaba el sistema central de la mente.

La experiencia ganada en un rea de conducta puede ahora influir en la de otra. Ya no existen reas
diferenciadas de conducta. Y aparecen formas de pensar, temas sobre los que pensar y clases de comportamiento
totalmente nuevas. La mente adquiere no slo la capacidad sino tambin una pasin positiva por la metfora y la
analoga.

Las diferencias entre las mentes de la fase 2 y la fase 3 son anlogas a las que existen entre las catedrales
romnicas y las catedrales gticas que les sucedieron. En la arquitectura gtica el sonido y la luz que emanan de las
distintas partes de la catedral pueden fluir libremente por todo el recinto, porque han desaparecido los obstculos
que en forma de gruesos y pesados muros y de bvedas bajas caracterizaban la arquitectura romnica. En un diseo
gtico, el sonido, el espacio y la luz interaccionan para producir un sentido de espacio casi ilimitado. As tambin,
en la arquitectura mental de la fase 3, los pensamientos y los conocimientos generados por las inteligencias
especializadas ahora pueden fluir libremente por la mente, o tal vez slo en torno a la supercapilla. Como
reconocieron tanto Arthur Koestler como Margaret Boden. cuando los pensamientos originados en las distintas
reas consiguen unirse, el resultado es una capacidad casi ilimitada para la imaginacin. As que hay que entender
las mentes de la fase 3 como estructuras poseedoras de una fluidez cognitiva.

Pero seguimos sin saber por qu las remodelaciones de la evolucin se tradujeron en una capacidad para
combinar pensamientos y conocimientos procedentes de las inteligencias especializadas, ni por qu se construyeron
en primer lugar las inteligencias especializadas. Pero esto no es importante en este estadio de nuestra investigacin.
Todo lo que necesitamos por ahora es una historia arquitectnica bsica.

Cmo datar las diferentes fases de nuestra historia arquitectnica? En qu momento del curso de la
evolucin humana los diseos arquitectnicos codificaron informacin para la construccin de slo una nave
central? Cundo se construyeron por primera vez las capillas? Se construyeron simultneamente o se
introdujeron una a una, para posibilitar el cambio gradual entre las construcciones de la fase 1 y las de la fase 2?
Cmo se encaj la capilla de la inteligencia lingstica? Cundo se cre por primera vez el acceso libre y directo
entre las capillas? Cmo se logr este acceso directo? Mediante la construccin de una supercapilla o
simplemente abriendo una serie de puertas y ventanas?

Estas preguntas son parecidas a las que planteara un arquelogo medievalista a la hora de elaborar un
programa de excavaciones para desenterrar una historia arquitectnica. Son las preguntas que tendremos que
contestar cuando analicemos la evidencia arqueolgica y fsil de la evolucin de la mente en los prximos
captulos. Pero un buen arquelogo o arqueloga nunca se precipita a la hora de hacer los cortes. Primero intenta
descubrir otras claves en el mundo moderno. Contempla el paisaje de su entorno para encontrar una estructura de
fecha anterior y no sometida a ulteriores obras que puedan haber destruido el diseo original. En efecto, pocos aos
despus de excavar en San Vincenzo pude acompaar al director de aquellas excavaciones al sur de Albania donde
pudimos ver, intactas, estructuras monsticas del siglo IX, y construidas segn planos arquitectnicos similares a
los utilizados para las edificaciones de San Vincenzo, que habamos intentado reconstruir a partir de poco ms que
algunos fragmentos de muro y de fundamentos.

Por consiguiente, tendremos que permanecer en el mundo moderno durante un captulo ms. Pero en el
paisaje que exploraremos ahora no hay iglesias ni abadas, sino chimpancs que lo pueblan. Intentaremos descubrir
la arquitectura de la mente del chimpanc, porque es ms que probable que comparta determinados rasgos con la
mente del antepasado comn de hace 6 millones de aos. En este sentido, ya se puede levantar el teln del primer
acto de nuestra prehistoria.
Captulo 5

Los simios y la mente del eslabn perdido*

El primer acto de nuestra prehistoria empieza hace 6 millones de aos. Pero como vimos en el captulo 2, el
escenario est vaco y nuestro actor, el eslabn perdido, ausente. No hay huesos ni tiles que estudiar susceptibles
de deparar claves sobre el comportamiento y la actividad mental del pasado. Entonces cmo reconstruir la mente
de ese antepasado tan lejano? A qu fase arquitectnica habra que asignar su mente? A la fase 1, que slo
dispone de una inteligencia general? O tal vez a la fase 2, que, adems de una inteligencia general, tiene una o
ms reas cognitivas especializadas que trabajan en paralelos pero independientes unas de otras? Cmo servirnos
de la mente del eslabn perdido para que nos ayude a comprender la prehistoria de la mente? Todas estas preguntas
constituyen verdaderos desafos.

Nuestra nica esperanza es ese gran antropomorfo del que se bifurcaron nuestros antepasados en el rbol
genealgico ancestral hace 6 millones de aos: el chimpanc.

El uso de chimpancs como analoga de nuestros primeros antepasados humanos tiene una larga tradicin
en la ciencia[1]. Esta analoga se basa en la premisa de que, en la lnea evolutiva de los antropomorfos, la evolucin
cognitiva ha sido mnima en el curso de los ltimos 6 millones de aos. En efecto, podemos tener la plena
seguridad de que no ha habido una evolucin significativa del poder procesador del cerebro, puesto que el tamao
del cerebro del chimpanc, de unos 450 cm3, no es sustancialmente menor que el que poseen los australopitecinos,
y es un volumen que parece razonable para el eslabn perdido. As, a medida que retrocedemos en el tiempo desde
H. erectus a H. habilis, a A. afarensis y a A. ramidus, la anatoma se va haciendo ms simiesca, cada vez ms
parecida a la de los chimpancs actuales. Y si observamos el registro arqueolgico que los chimpancs han dejado
tras de s, resulta prcticamente indiferenciable del de nuestros primeros antepasados, porque prcticamente no
existe. No tenemos ms que unas pocas lascas de piedra (creadas inintencionadamente al cascar frutos secos) que
apenas se distinguen de las lajas creadas por procesos naturales. Tales lascas pudieron perderse en el humus de la
naturaleza.

De modo que respetaremos las convenciones y partiremos del supuesto de que la mente del chimpanc es
una buena aproximacin a la del eslabn perdido. Qu nos dice la conducta de los chimpancs sobre la
arquitectura de su mente? Empecemos por un tipo de conducta que hace tiempo se consider exclusivamente
humana la manufactura y uso de tiles e intentemos averiguar si los chimpancs tienen una capilla de
inteligencia tcnica.

La inteligencia tcnica: el chimpanc, productor de tiles?

Hace cincuenta aos exista la creencia generalizada de que los humanos eran la nica especie capaz de
fabricar y usar tiles, idea que se resuma en el epteto El hombre, productor de tiles. Ms larde, a finales de los
aos cincuenta. Jane Goodall empez a estudiar chimpancs salvajes en Gombe, Tanzania, y pronto descubri que
los chimpancs arrancaban hojas de las ramas para utilizarlas como sonda o calador para cazar hormigas y
termitas[2]. Desde entonces, investigadores como Bill McGrew y Christophe y Hedwige Boesch han venido
realizando otras muchas observaciones sobre la fabricacin y uso de tiles por parte de los chimpancs. Hoy
sabemos que los chimpancs construyen y utilizan una amplia gama de tiles para una serie de tareas [3]. Adems de
cazar insectos, utilizan pequeos palos para coger miel, extraer frutos secos de la cascara, trozos de cerebro de los
crneos y hurgar en las rbitas de los ojos. Prensan hojas y forman con ellas una esponja para coger hormigas o
agua. Tambin utilizan las hojas para limpiar las cavidades craneanas de sus presas, o para lavarse, e incluso a
modo de recipiente para recoger sus propias heces que luego inspeccionan en busca de tems indigestos de
comida. En los bosques del frica oriental los chimpancs utilizan percutores y yunques para partir frutos
secos (vase la figura 3). En resumen, los chimpancs parecen versados en la fabricacin y manipulacin de
objetos fsicos. Quiere ello decir que operan mediante procesos cognitivos especializados dedicados a tales tareas?
O, dicho de otro modo, posee su arquitectura mental una capilla de inteligencia tcnica? O para producir y
utilizar tiles slo hacen uso de los procesos de inteligencia general, por ejemplo, el de aprendizaje a base de
ensayo y error?
3. Un chimpanc usando un percutor y un yunque de piedra para partir nueces.

En un primer intento de responder a esta pregunta, podramos tener en cuenta las apariencias del complejo
comportamiento tcnico del chimpanc: cuanto ms complejo, ms posibilidades existen de que se deba a procesos
cognitivos especializados. Bill McGrew, autor del estudio ms exhaustivo de la cultura material del chimpanc [4],
cree firmemente que la utilizacin de tiles por parte del chimpanc es de una complejidad considerable. En efecto,
en un (por muchos conceptos) famoso artculo escrito en 1987, comparaba directamente los tiles de los
chimpancs con los de los aborgenes tasmanos, y conclua que el nivel de complejidad de ambos era equivalente.
Para llevar a cabo esta comparacin, McGrew opt por medir la complejidad mediante tecnounidades, que es
simplemente un componente individual de un til, sin considerar la materia prima de que est compuesto ni cmo
se utiliza. Por ejemplo, la azada que utiliza, digamos, un campesino, que incluye una empuadura, una hoja y un
enmangue, poseera tres tecnounidades, mientras que el conjunto de robots informatizados que operan en un coche
moderno tiene tal vez tres millones de tecnounidades.

Cuando McGrew midi las tecnounidades de los tiles de los aborgenes tasmanos y de los chimpancs
tanzanos descubri que el nmero medio de tecnounidades por til no era sustancialmente diferente. Todos los
tiles del chimpanc y la mayora de los tiles aborgenes estaban hechos de un solo componente. El til aborigen
ms complejo, un pellejo con anzuelo, contaba con slo cuatro tecnounidades. Todos los dems tiles, ya fueran
lanzas, piedras arrojadizas, cueros o cestas, parecan directamente comparables, en cuanto a la complejidad de sus
tecnounidades, a los palos termiteros y a las esponjas de hojas de los chimpancs. Por consiguiente, si la mente
moderna, en este caso la de los aborgenes tasmanos, posee una fsica intuitiva, entonces tambin tendramos que
atribursela a la mente del chimpanc.

Pero las conclusiones de McGrew no nos ayudan al respecto. Los tiles del campesino pueden tener varios
millones menos de componentes que los del obrero industrial, pero seguramente requieren mucha ms destreza y
mayores conocimientos a la hora de utilizarlos con eficacia. Una vez que los ordenadores y los robots estn
instalados, apretando un botn se puede producir un coche, pero para labrar la tierra hay que manejar la azada con
cuidado.

Contar tecnounidades para medir la complejidad de la cultura material puede sernos de poco valor a la hora
de considerar cmo se fabrican los tiles. Se requiere algn tipo de til para obtener un palo afilado. Este til puede
ser una sencilla lasca de piedra, pero aun as, primero hay que encontrarla o, ms probablemente, habr que tallarla
a partir de un ndulo. Un palo termitero se obtiene arrancando simplemente las hojas y seccionando el palo con los
dientes a la medida adecuada. Cuando los aborgenes fabrican tiles, sus acciones fsicas estn encaminadas
exclusivamente a esa produccin de tiles: no hay nada en los dems mbitos de la conducta humana comparable a
la talla de una piedra o a la obtencin de un palo. Cuando los chimpancs producen tiles simplemente utilizan el
mismo tipo de acciones que emplean para alimentarse: arrancan ramas de los arbustos, extraen las hojas, y las
seccionan con los dientes para obtener palos ms cortos[5].

McGrew s tuvo en cuenta la complejidad tcnica al comparar tiles aborgenes y chimpancs, y de nuevo
afirm que las semejanzas eran superiores a las diferencias. Pero encuentro algunos de sus ejemplos poco
convincentes. Por ejemplo, cuando fabrican sus tiles, los aborgenes utilizan habitualmente el principio productivo
de la rplica. Es la combinacin de varios elementos idnticos, como en un hato compacto y uniforme de heno.
McGrew deca que los chimpancs tambin se sirven de ese principio, pero el nico ejemplo que pudo citar fue el
de una esponja de hojas, una masa apretada de hojas esencialmente idnticas.

Los aborgenes tambin utilizan regularmente la conjuncin, que es la asociacin de dos o ms


tecnounidades. Pero slo se ha podido registrar un ejemplo de conjuncin por parte de chimpancs. Ocurri el 16
de enero de 1991, cuando Testuro Matsuzawa observ que Kai. un viejo chimpanc hembra, agarraba dos piedras
para partir nueces, una como percutor y otra como base, a modo de yunque [6]. Y para estabilizar la base calz otra
piedra debajo en calidad de cua. Hasta que no haya otros ejemplos, no estoy convencido de que esta sea evidencia
suficiente de que los chimpancs se sirvan de la conjuncin para fabricar tiles, algo que s est presente en
prcticamente todos los tiles hechos por humanos.

A estas alturas, la esencia de mi argumentacin debera ser evidente: no podemos atribuir a los chimpancs
procesos cognitivos especializados dedicados a la manipulacin y transformacin de objetos fsicos, es decir, no
podemos atribuirles una inteligencia tcnica. Esto se ve confirmado en las distintas pautas que se observan entre los
chimpancs en materia de utilizacin de tiles, aunque esta evidencia se utilice muchas veces para demostrar
exactamente lo contrario. Parece que, en materia de tiles, los chimpancs poseen determinadas tradiciones
culturales[7]. Slo los chimpancs de los bosques del Tai, en el frica oriental, se valen de palos para extraer la
mdula sea; los chimpancs de Mahale, Tanzania, no usan tiles para hurgar en los hormigueros, pese a que se
nutren de esos insectos. Lo mismo ocurre con los del Tai, que tampoco utilizan tiles para remover hormigueros,
aunque s se alimentan de hormigas A diferencia de los chimpancs de Gombe, los de Mahale y Tai no utilizan
tiles para su higiene personal.

Estas diferencias no pueden explicarse slo por razones genticas o ecolgicas: el uso de tiles entre los
chimpancs parece basarse sobre todo en la tradicin. Este descubrimiento ha supuesto un espaldarazo para quienes
pretenden minimizar las diferencias entre el comportamiento del chimpanc y del humano. Porque parece estar
diciendo que los chimpancs son como los humanos: animales con cultura. Pero yo interpreto este descubrimiento
de forma bastante diferente. Las tradiciones culturales humanas raramente influyen en el uso de tiles simples
diseados para tareas sencillas, sobre todo cuando incrementan de manera espectacular su eficacia en la tarea a
llevar a cabo (como cuando se usan palos para hurgar en un termitero). Todos los grupos humanos utilizan
cuchillos, por ejemplo. Las tradiciones culturales humanas influyen por lo general en las distintas formas de
realizar la misma tarea, pero no en si esa tarea se realiza o no. Por poner un ejemplo banal, los franceses solan
utilizar boinas y los ingleses bombines, pero ambos llevaban sombrero. Las tradiciones chimpancs relativas al uso
de tiles parecen fundamentalmente distintas de las tradiciones culturales humanas. El hecho de que los
chimpancs del Tai no utilicen palos termiteros se debe seguramente a que ningn individuo de ese grupo ha
pensado nunca en hacer una cosa as, o bien lo ha descubierto fortuitamente, o lo ha aprendido de otro chimpanc
antes de que ese chimpanc olvidara cmo hacerlo o muriera llevndose con l su gran secreto. Eso no es
comportamiento cultural, sino sencillamente dificultad o imposibilidad para pensar cmo fabricar y utilizar objetos
fsicos Es la carencia de inteligencia tcnica.

Esta conclusin se ve reforzada cuando observamos el modelo de aprendizaje en materia de usos


artefactuales. Recordemos que la fsica intuitiva y la inteligencia tcnica en la mente humana facilitan un
aprendizaje rpido y eficaz del mundo de los objetos. En cambio, si constatramos el esfuerzo que realizan los
chimpancs para aprender las cosas ms sencillas relacionadas con la manipulacin de objetos, diramos que sus
mentes carecen de ese conocimiento intuitivo. Y eso es precisamente lo que observamos.

Por lo general, tendemos a creer que los chimpancs son alumnos que aprenden muy rpidamente, una
especie que ha logrado dominar el arte de la imitacin. En este sentido, solemos decir parece un mono para decir
que sabe imitar. Pero esto est muy lejos de la verdad: los chimpancs no son en absoluto buenos imitadores de
conductas. De hecho, algunos primatlogos afirman que los chimpancs no pueden imitar, que todo lo ms centran
su atencin en determinados objetos y luego aprenden a base de ensayo y error [8]. As, si un chimpanc ve que
otro introduce un palo en un agujero y se come las termitas adheridas, y luego empieza a hacer algo parecido, no
parece tratarse de una imitacin, si por imitacin entendemos que ha comprendido el objetivo de la accin y los
medios para lograrlo. Lo ms probable es que su atencin estuviera centrada sobre todo en los palos y en los
agujeros. Esa es tal vez la razn de que en ms de treinta aos de observacin del uso de tiles por parte de
chimpancs no se haya observado ningn avance tecnolgico: cada generacin de chimpancs parece luchar por
alcanzar el nivel tcnico de la generacin precedente.

Por desgracia faltan estudios sistemticos que nos permitan saber algo ms sobre la adquisicin de este tipo
de tcnicas para atrapar termitas u hormigas por parte de los chimpancs, aunque existen varios informes que
describen a jvenes chimpancs mirando a sus madres jugar con palos[9]. Pero Christophe y Hedwige Boesch han
realizado un estudio detallado de la adquisicin de la tcnica para cascar nueces que utilizan los chimpancs del
Tai[10]. Para ustedes, para m o para la mayora de los nios esta tcnica es fcil. Se coloca una nuez en una piedra
de base o yunque y se la golpea con un percutor. Pero los jvenes chimpancs parecen tener una enorme dificultad
para aprenderla. No llegan a adquirir plenamente esa habilidad antes de la edad adulta y necesitan cuatro aos de
prctica antes de lograr algn beneficio. Los chimpancs jvenes parecen dedicar muchsimo tiempo a golpear
piedras directamente contra yunques sin haber colocado una nuez entre ambos, o a colocar nueces sobre el yunque
pero sin percutor para partirlas.

Con esto resumimos la evidencia existente relativa a la produccin y utilizacin de tiles por parte de los
chimpancs. Sus instrumentos son muy simples. Estn hechos mediante acciones fsicas que son comunes a otros
mbitos de la conducta. Los utilizan para una gama reducida de tareas, y los chimpancs parecen bastante imitados
a la hora de pensar en otras formas de utilizacin. Son lentos a la hora de adoptar los mtodos que practican
corrientemente los miembros adultos de su grupo. Y ciertamente, este tipo de atributos no constituyen el repertorio
que cabra esperar si la mente del chimpanc tuviera una inteligencia tcnica dedicada a manipular y a transformar
objetos fsicos. En cambio, se parecen mucho ms a los que se esperan de una inteligencia general procesos de
ensayo y error, por ejemplo, o de aprendizaje asociativo que no estn especficamente diseados para fabricar o
usar tiles.

La inteligencia de la historia natural: mapas mentales y comportamiento cazador

La utilizacin de tiles por parte del chimpanc est relacionada fundamentalmente con la obtencin de
alimento. As que ahora debemos ocuparnos de esa obtencin de alimentos y preguntarnos si la mente chimpanc
posee una inteligencia de la historia natural entendida como un conjunto de procesos cognitivos destinados a
adquirir y procesar informacin sobre los recursos, es decir, sobre plantas, animales y materias primas.

Los chimpancs parecen sumamente versados en tomar decisiones relacionadas con la bsqueda de vveres,
puesto que realizan desplazamientos dirigidos exclusivamente a determinadas manchas medioambientales provistas
de recursos alimentarios. Lo ms probable es que ese comportamiento derive de un conocimiento detallado de la
distribucin espacial de los recursos un mapa mental continuamente actualizado y de los ciclos de maduracin
de muchas plantas. Algunas de las observaciones ms detalladas sobre el comportamiento proveedor * de los
chimpancs se deben a Richard Wrangham[11]. Este cientfico se dedic a estudiar los chimpancs de Gombe,
Tanzania, para concluir que poseen un conocimiento ntimo de su entorno, que son excelentes botnicos y capaces
de distinguir sutiles claves visuales sobre las especies animales o sobre la condicin de las plantas. Utilizando estos
conocimientos botnicos y un mapa mental, los chimpancs eran capaces de dirigirse directamente a manchas
medioambientales de plantas ya maduras.

Pero Wrangham no pudo descubrir ninguna evidencia de que los chimpancs puedan encontrar manchas
medioambientales provistas de recursos alimentarios sin tener previo conocimiento de su existencia. Para
conseguirlo tendran que poder desarrollar hiptesis sobre la distribucin de alimentos, es decir, hacer un uso
complejo y perspicaz de sus conocimientos para construir una nueva idea del mundo, que es uno de los sellos
distintivos de una inteligencia especializada. Parece ms bien que los chimpancs confan en anotar y recordar
suficiente informacin sobre el medio con ocasin de sus desplazamientos cotidianos.

Se ha podido demostrar la existencia de mapas mentales en chimpancs comprobando formalmente su


capacidad para descubrir y recordar el emplazamiento de objetos escondidos en lugares cerrados [12]. Pero el estudio
ms interesante es el que han llevado a cabo Christophe y Hedwige Boesch sobre el transporte de percutores y
frutos secos a yunques en los bosques del Tai, en el frica oriental[13]. Tras realizar un seguimiento del traslado de
piedras de percusin, tras pesarlas y medir la distancia entre rboles, los Boesch dedujeron que los chimpancs
poseen una manera espontnea de medir la distancia entre dos lugares del bosque, una manera tan precisa como las
cintas mtricas de los Boesch, y que resulta operativa incluso cuando interfieren obstculos, lase rboles cados y
ros. Los autores afirman que los chimpancs son capaces de hacer abstraccin y comparar distancias entre una
serie de lugares asociados, identificar el camino ms corto y contar con la influencia del peso del percutor que hay
que transportar a la hora de decidir adonde ir. Esta proeza mental resulta an ms impresionante si recordamos que
los mapas mentales requieren una actualizacin continua para dar cuenta no slo del traslado de percutores, sino
tambin de la actividad de otros chimpancs cascanueces. En efecto, una de las razones de que se produzcan tan
pocas decisiones subptimas se debe a aquellas situaciones en que el chimpanc espera encontrar un percutor en un
determinado lugar, pero el percutor ya ha sido trasladado por otros individuos.

Este mapa mental tan bien desarrollado que exhiben los chimpancs del Tai deriva seguramente de la
necesidad de explotar recursos irregulares en condiciones de mala visibilidad. Es lo que muchos han propuesto a
titulo de explicacin general de la evolucin de la inteligencia entre los primates [14], antes, evidentemente, de que la
inteligencia fuera comparada a una navaja suiza con dispositivos especializados.

Estas observaciones de Wrangham y de los Boesch nos sitan en una posicin un tanto equvoca en cuanto a
la posibilidad de un rea especializada de inteligencia de la historia natural. Determinados elementos s parecen
estar presentes: el inters y la capacidad para crear una amplia base de datos de historia natural y el procesamiento
de esos datos para que las decisiones relativas a la provisin de alimentos sean ms eficaces. Pero esto,
efectivamente, no es sino memoria rutinaria, y no parece existir un uso creativo o lcido de esos conocimientos.
Recordemos que muchos animales, especialmente los pjaros, construyen mapas mentales sumamente elaborados
sobre la distribucin de recursos[15]. Necesitamos ms evidencia acerca de la interaccin de los chimpancs con el
mundo natural, y eso es algo que podemos encontrar analizando un tipo de provisin de alimentos bastante ms
excitante: la caza.

En 1989 los Boesch publicaron un estudio detallado del comportamiento cazador de los chimpancs del Tai.
comparndolo con la prctica de la caza entre los chimpancs de Gombe y de Mahale [16]. Los chimpancs del Tai
parecen ser unos cazadores sumamente avezados; en ms del 50 por 100 de los acontecimientos de caza se hicieron
patentes intenciones cazadoras muy claras en el seno del grupo antes de que la presa hubiera sido vista u oda. En
cambio, todas las actividades de caza de los chimpancs de Gombe y de Mahale parecen oportunistas.

Los chimpancs del Tai se concentran en un tipo de presa, los monos colobo, mientras que los de Gombc y
Mahale cazan sistemticamente el cerdo salvaje, el pequeo antlope africano y el antlope azul. Esta diferencia se
explica slo en funcin de la ecologa, ya que el joven antlope raramente se encuentra en los bosques del Tai y los
cerdos salvajes viven en grupos relativamente grandes y son difciles de cazar.

En cuanto al xito en la caza, es considerablemente mayor entre los chimpancs del Tai. Este xito parece
derivar del hecho de que cazan en grupos mayores, donde se da un grado relativamente alto de cooperacin.
Cuando los chimpancs de Gornbe cazan en grupo tienden a perseguir a la presa en diferentes direcciones, lo que
tiende a confundirla. En cambio, los chimpancs del Tai se dispersan para ponerse al abrigo de la presa, y por lo
general fuera de la vista unos de otros, pero todos permanecen con la atencin centrada en la misma vctima. A
medida que la caza progresa, se vuelven a reagrupar una vez han acorralado a su vctima.

Por qu los chimpancs del Tai muestran un mayor grado de intencionalidad y de cooperacin en su
actividad cazadora? Los Boesch dicen que responde al reto que supone cazar en un bosque muy denso donde la
visibilidad no supera los 20 metros. Pero existe una alternativa a este razonamiento. En los bosques del Tai los
chimpancs cazadores dependen de claves acsticas para localizar a su presa. Los Boesch citan varios ejemplos de
cmo un grupo de caza cambia de direccin cuando oye los gruidos de los cerdos salvajes del bosque. En medios
ms abiertos, como en Gombe y en Mahale, un chimpanc habr de confiar tanto o ms en las claves visuales,
como es la vista del animal y las huellas que deja en tierra. Pero las claves visuales pueden ser en s mismas ms
difciles de descifrar para un chimpanc. Es precisamente el caso de los monos vervet del sur de frica, que
parecen incapaces de reconocer el peligro que acecha cuando ven seales que delatan la proximidad de sus
depredadores, como es el rastro de una serpiente pitn o el de un animal recin muerto por un leopardo [17]. Dado
que los chimpancs se muestran tambin bastante deficientes a la hora de extraer consecuencias de las claves
visuales como parece ser el caso[18], entonces la caza en medios relativamente abiertos puede resultar ms
difcil en los medios donde predominan las claves acsticas.

Mi sospecha de que la caza que practican los chimpancs del Tai puede parecer ms compleja de lo que es
en realidad se ha visto algo reforzada gracias a una curiosa ancdota que aparece mencionada en la obra de los
Boesch. Describen un incidente entre un grupo de chimpancs pequeos y jvenes que haban cazado un antlope
joven y estaban jugando con l. Una hembra adulta se uni al juego, y la contundencia del juego acab matando
al animal. Pero durante toda la sesin ldica ningn macho adulto mostr el menor inters y los restos del animal
fueron abandonados sin ms. Esta conducta parece un tanto extraa dada la excitacin que suelen exhibir los
machos cuando matan a un pequeo mono colobo. Sera muy difcil imaginar a un cazador humano
desaprovechando una oportunidad as; no es la clase de comportamiento que cabra esperar si hubiera estado
presente un rea especializada de inteligencia de la historia natural.

En resumen, la base cognitiva para la interaccin del chimpanc con el mundo natural es difcil de
determinar. Por un lado, est la adquisicin de gran cantidad de informacin y su procesamiento para tomar
decisiones eficaces en materia de provisin y bsqueda de alimentos. Por otro, parece haber una clara ausencia de
un uso creativo de esos conocimientos; el comportamiento proveedor parece mostrar un grado considerable de
inflexibilidad. Y es sumamente dudoso que los chimpancs sean buenos lectores de la masa de claves visuales
disponibles en el entorno. La conclusin ms razonable sera atribuir a la mente del chimpanc una microrea que
le permite construir mapas mentales, pero no una inteligencia de la historia natural plenamente desarrollada.

La inteligencia social: la conducta maquiavlica y el papel de la consciencia

Volvamos ahora a la base cognitiva de la interaccin social. En 1988 se public una importante antologa de
textos con el ttulo Machiavellian Intelligence: Social Expertise and the Evolucion of Intellect in Monkeys, Apes
and Humans[19]. Editado por Dick Byrne y Andrew Whiten, algunos de los textos ya haban sido publicados
originalmente treinta aos antes. Todas eran contribuciones favorables a la tesis central, segn la cual habra algo
muy especial en los procesos cognitivos que se utilizan para la interaccin social. Estos procesos posibilitan la
conducta social que es, en su esencia, ms compleja que cualquier otro mbito de actividad. En efecto, los autores
sostienen que los simios poseen un rea separada de inteligencia social, constituida por todo un conjunto de
mdulos mentales. El trmino maquiavlico pareca especialmente oportuno, ya que la astucia, el engao y la
construccin de alianzas y lazos de amistad son omnipresentes en la vida social de muchos primates.

Uno de los artculos ms influyentes reeditado en ese volumen trataba sobre la funcin social del
intelecto, y lo firmaba Nicholas Humphrey, autor que ya he mencionado en el captulo 3. All se exponan los
problemas que plantea a los primates la vida en grupo y la necesidad de procesos cognitivos especializados para
competir con xito en el medio social. Basndose en estos argumentos, Byrne y Whiten describieron la intrincada
red social en la que viven los chimpancs y otros muchos primates. Estos animales tienen que

sopesar una variada gama de opciones competitivas y cooperativas. Los individuos compiten no slo por
compaeros sexuales, sino tambin (por ejemplo) por recursos alimentarios, un lugar para dormir, su ubicacin en
el grupo (que puede condicionar su acceso a los alimentos y tambin sus posibilidades de eludir a los
depredadores), compiten por determinados aliados, por compaeros de juego y de espulgo y por el acceso a las
cras, y pueden cooperar unos con otros no slo en materia de apareamiento, sino (por ejemplo) de aseo/espulgo
mutuo y de apoyo en los enfrentamientos[20].

Parece mucho ms difcil que arrancar unas cuantas hojas de una rama para producir un palo termitero o
construir un mapa mental de la distribucin de las plantas.

Uno de los mejores relatos de este intrincado tejido social en que viven los chimpancs es la estupenda
descripcin que hace Franz de Waal de las astucias que pudo observar en el seno de una colonia del zoolgico de
Burgers, en Arnhem[21]. Explica una historia de ambicin, de manipulacin social, de privilegios sexuales y de
poder que avergonzara a ms de un aspirante a poltico, y todo ello protagonizado por chimpancs (de mente
maquiavlica). De Waal describe, por ejemplo, una lucha de poder que dur dos meses entre los dos machos de
ms edad, Yeroen y Luit. La historia empieza con Yeroen como macho dominante y se desarrolla a travs de una
serie de choques agresivos, de fanfarronadas y de gestos de reconciliacin hasta el aislamiento social y posterior
destronamiento de Yeroen. Para ello, Luit fue cimentando meticulosamente el apoyo de las hembras del grupo, que
inicialmente apoyaban a Yeroen. Cuando Yeroen estaba presente, Luit ignoraba a las hembras; pero cuando
Yeroen no estaba a la vista les dedicaba atenciones y jugaba con sus cras. Y antes de cada despliegue de
intimidacin contra Yeroen, Luit intercambiaba sistemticamente mimos y atenciones con cada hembra, una tras
otra, como para estimular su apoyo. El futuro xito de Luit dependa de una coalicin con otro macho, Nikkie.
Durante los conflictos con Yeroen, Luit confiaba en Nikkie para repeler a quienes apoyaban a Yeroen, las hembras.
Nikkie tena mucho que ganar con ello. Su estatus inicial en el grupo haba sido muy bajo, e ignorado por las
hembras, pero una vez Luit fue lder, se convirti en el segundo de a bordo en la jerarqua, por encima de las
hembras y del propio Yeroen. Cuando esta situacin fue un hecho, las actitudes sociales de Luit cambiaron. En
lugar de ser una fuente de conflictos, se convirti en el campen de la paz y la estabilidad. En una ocasin en que
las hembras luchaban entre s, ataj la pelea sin tomar partido y peg a cuantas continuaron peleando. En otras
ocasiones Luit impidi la escalada del conflicto en el grupo dando su apoyo al participante ms dbil de la pelea.
Ahuyentaba a Nikkie, por ejemplo, cuando Nikkie atacaba a Amber, una de las hembras. Tras unos meses como
macho dominante, Luit fue a su vez depuesto por Nikkie. Y ello slo gracias a una poderosa coalicin nada
menos que con Yeroen.

Los dos elementos centrales de la inteligencia social son la posesin de un amplio conocimiento social sobre
otros individuos, con el fin de saber quines son los amigos y aliados, y la capacidad de inferir los estados mentales
de esos individuos. Cuando vemos que algunos chimpancs se dedican a engaar a otros, podemos estar seguros de
que ambos trabajan juntos sin roces. Dick Byrne y Andrew Whiten han ofrecido muchos ejemplos de engao entre
antropomorfos[22], pero citamos slo los tres siguientes. Se ha visto a gorilas hembras tramando meticulosamente
situaciones donde ellas y un joven macho se separan del grueso del grupo, sobre todo del macho dominante, y
luego copulan, reprimiendo los gemidos y gritos que normalmente acompaan a este tipo de actos. Los chimpancs
machos son igual de astutos. Se ha observado que cuando cortejan a las hembras en presencia de un competidor de
mayor rango, colocan una mano sobre su pene erecto para que sea visible para la hembra pero permanezca fuera
del campo de visin del otro macho. El engao se utiliza tanto para robar comida como para robar sexo. Otro
incidente que Byrne y Whiten relatan es aquel en que un individuo de alto rango abandona un rea donde otro
individuo haba ido escondiendo diversos alimentos. Se march como si no sospechara nada, pero luego se puso a
mirar a hurtadillas detrs de un rbol hasta que la comida qued a la vista. Y entonces la rob.

David Premack, mediante experimentos de laboratorio, ha explorado la naturaleza de la teora de la mente


de los chimpancs[23]. En uno de los experimentos, a un chimpanc hembra llamada Sarah se le haba dado el
control del botn que abra la puerta del armario donde se colocaba la comida y que, una vez abierta, permita que
una de sus cuidadoras alcanzara la comida. Detrs de la puerta el armario estaba dividido en dos mitades, una
donde se almacenaban los tems de comida buenos, como galletas y dulces, y la otra con malos productos, como
serpientes de goma e incluso un vaso de heces, ante el cual la cuidadora haba gesticulado para darle a entender a
Sarah su profundo asco. En el experimento, la cuidadora entraba en la habitacin y Sarah pulsaba el botn que
abra la puerta del armario para que la cuidadora pudiera acceder al lado que contena los productos buenos Esto se
repiti varias veces. Luego se dej que Sarah observara a un intruso, un humano desconocido para ella, que abra
de par en par el armario y cambiaba la ubicacin de los productos buenos y malos. Cuando la cuidadora entr de
nuevo. Sarah estaba al corriente del cambio, y tendra que haber sabido que la cuidadora no lo estaba. Si se abra la
puerta del armario, la cuidadora pondra la mano en el lugar equivocado. Pero Sarah puls el botn como de
costumbre.

Premack se basa en este experimento para demostrar que la teora de la mente del chimpanc es bastante
menos sofisticada que la de los humanos. Porque Sarah pareca incapaz de retener en la mente ni una
representacin de su propio conocimiento, ni de la cuidadora, que era distinta que la suya. Premack afirma que
atribuir a otro individuo un conocimiento que es diferente del de uno est ms all de las capacidades mentales de
un chimpanc. Pero no es eso precisamente lo que los chimpancs hacen cuando engaan? El chimpanc malo
con el pene erecto es perfectamente capaz de representarse su propio conocimiento, el conocimiento del macho
dominante y el de la hembra. Sospecho que la razn de que Sarah pareciera incapaz de hacer lo que se esperaba de
ella fue porque su cuidadora no era otro chimpanc. Leer las mentes de otros chimpancs puede ser difcil pero
posible, pero cruzar las fronteras de la especie y leer el estado mental de un humano puede resultar sencillamente
imposible para los chimpancs.
Esto nos devuelve a la idea analizada en el captulo 3 de que el mdulo de la teora de la mente en el
rea de la inteligencia social pudo haber evolucionado para facilitar la interaccin con otros miembros del grupo
social al que uno pertenece. La esencia de una teora de la mente es que permite a un individuo predecir el
comportamiento de otro. La vida social trata de construir y verificar hiptesis, algo muy distinto a la toma de
decisiones sobre bsqueda y provisin de alimentos de los chimpancs, que es simple memoria rutinaria. Nicholas
Humphrey afirma que esta es la funcin biolgica de la consciencia [24]. En efecto, exploramos nuestra propia mente
y la usamos como modelo para hurgar en la mente de otro individuo. Reflexionamos sobre cmo nos sentiramos y
nos comportaramos en un determinado contexto y suponemos que otro individuo hara lo mismo. Se trata de un
argumento muy poderoso en favor de la evolucin de la consciencia reflexiva: es elegante, es de sentido comn y
se adeca a todo lo que sabemos sobre la evolucin. Me persuade de que los chimpancs tienen una
autoconsciencia de sus propias mentes. Pero si Humphrey est en lo cierto, esta autoconsciencia slo debera
referirse a pensamientos sobre interaccin social. Si la consciencia es un dispositivo para predecir el
comportamiento de otros, no hay razn, en trminos de evolucin, que explique por qu los chimpancs tienen que
tener una autoconsciencia de sus (limitados) pensamientos sobre fabricar tiles o buscar alimentos. Con lodo,
nuestra propia autoconsciencia parece abarcar pensamientos sobre todos nuestros mbitos de actividad. A medida
que esta prehistoria de la mente se vaya revelando, veremos que la extensin de la autoconsciencia desempea un
papel decisivo en la creacin de la mente moderna.

Nuestra prxima tarea consiste en conocer las experiencias de los potenciales doctores Doolittle, es decir, de
aquellos que han intentado hablar con los animales.

Una capacidad lingstica? Charlar con chimpancs

Los chimpancs no pueden hablar con nosotros porque no tienen el aparato vocal para ello. Pero tienen la
base cognitiva para el lenguaje? Si pudiramos conectar a un chimpanc a un par de cuerdas vocales tendran algo
que decir? Bueno, esto no se puede hacer, pero lo que ms se aproxima es ensear a chimpancs a utilizar el
lenguaje por signos.

En los aos sesenta. Beatrice Gardner y su marido y compaero de investigacin Alien Gardner entrenaron
a un chimpanc llamado Washoe a usar el lenguaje por signos[25]. Washoe viva en una caravana al lado de su casa
y siempre que se encontraban en su presencia se comunicaban con l y entre ellos mediante signos. Washoe
aprendi a responder con signos. En el lapso de tres aos haba adquirido al menos 85 signos y poda mantener una
conversacin con humanos y pedir cosas. Gimme tickle, gimme, gimme tickle (hazme cosquillas, hazme,
hazme cosquillas) no es la solicitud ms profunda y articulada posible, aunque s una de las ms sinceras. La frase
ms aclamada de Washoe durante el tiempo en que fue la estrella del mundo chimpanc la pronunci al ver un
cisne y gesticul agua y luego pjaro en rpida sucesin. Un cisne es, en efecto, un pjaro de agua.

En la misma dcada, David Premack se embarc en una serie de experimentos lingsticos con Sarah, a la
que acabamos de conocer hace un momento[26]. Premack se sirvi de unas fichas de plstico de distintos colores y
formas, cada una representada por un objeto diferente. Deca que, al utilizarlos, poda verse que Sarah entenda
conceptos abstractos tales como igual, diferente, color de y nombre de.

A principios de los aos setenta, Duane Rumbaugh y Sue Savage-Rumbaugh iniciaron un programa de
investigacin a largo plazo en el Centro Yerkes de Investigacin del Lenguaje en los Estados Unidos [27]. Utilizaron
los smbolos de un teclado de ordenador para representar palabras. Dijeron poder demostrar que los chimpancs
eran capaces de clasificar objetos segn tipos semnticos, tales como fruta o til. Pero lo ms importante es su
afirmacin de que sus experimentos demostraban una correspondencia entre lo que los chimpancs queran decir y
lo que realmente decan. La utilizacin de smbolos por parte de los chimpancs, dijeron, no era simplemente una
serie de trucos o rutinas condicionadas, sino que implicaba una comprensin del significado de las expresiones de
forma muy similar a la de los humanos.

La validez de estos experimentos y resultados no dej de ser cuestionada. En la Universidad de Columbia,


Herbert Terrace llev a cabo un estudio de la capacidad lingstica de un chimpanc llamado Nim Chimpsky[28] y
conclua diciendo que las afirmaciones de los Gardner, Premack y Rumbaugh eran falsas. Deca que todos ellos
haban exagerado negligentemente las capacidades lingsticas de sus chimpancs al adoptar una metodologa
deficiente que no exclua el aprendizaje asociativo ni la posibilidad de signos fortuitos. En su deseo de descubrir
evidencia de una capacidad lingstica, los acadmicos haban sobreinterpretado sus datos; todo gesto susceptible
de aparecer como un signo plausible haba sido registrado como tal. Era, pues, el pjaro de agua de Washoe tan
slo una asociacin fortuita de dos palabras que casualmente creaban una combinacin con sentido en el contexto
en que fueron emitidas?

En 1979 Terrace y sus colegas publicaron un artculo acadmico que planteaba la cuestin de si un
antropomorfo poda crear una frase. Y su respuesta fue simple: No. En una serie de artculos acadmicos de
principios de los aos noventa, Sue Savage-Rumbaugh y sus colegas han dado la respuesta contraria. S, dicen, los
chimpancs pueden crear frases. O al menos s puede la nueva estrella del mundo chimpanc. Se trata de un
chimpanc pigmeo o bonobo conocido con el nombre de Kanzi[29].

A Kanzi no se le ense formalmente a utilizar smbolos como se haba hecho con los anteriores.
Simplemente se le estimul a usarlos situndolo en un entorno de aprendizaje que tena el mximo de semejanzas
posibles con una situacin natural. Por consiguiente, Kanzi y sus hermanos fueron educados y criados en un
bosque de 20 ha y gran parte de la comunicacin entre ellos tena que ver con actividades tpicas de chimpancs,
como por ejemplo buscar comida.

El proceso de aprendizaje de Kanzi se basaba en comprender una palabra hablada y su referente, y luego
aprender el smbolo correspondiente en un teclado de ordenador. A los seis aos Kanzi poda identificar 150
smbolos distintos al or la palabra respectiva. Tambin poda entender el significado de las frases cuando se
conjugaban palabras distintas para componer nuevas demandas que no conoca. A la edad de ocho aos, se
compar formalmente la capacidad lingstica de Kanzi con la de una nia de dos aos llamada Alia. Era la hija de
una de las cuidadoras de Kanzi y haba crecido en un entorno similar. Sus respectivas capacidades lingsticas
parecan muy similares.

Sue Savage-Rumbaugh y sus colegas han destacado con fuerza la supuesta capacidad de Kanzi para usar
reglas gramaticales. Pareca adoptar algunas de las reglas gramaticales que utilizaban sus cuidadores. Por ejemplo,
pareca existir un orden progresivo de palabras en frases de dos palabras lejos de una combinacin fortuita segn el
orden utilizado en ingls, donde el verbo precede al complemento. De modo que Kanzi se mostraba ms inclinado
a decir morder pelota y esconder cacahuete y menos propenso a decir pelota morder y cacahuete
esconder.

Afirman asimismo que Kanzi ha inventado sus propias reglas gramaticales. Por ejemplo, Kanzi hace con
frecuencia combinaciones de dos palabras que implican accin. Un anlisis estadstico de estas expresiones
demostr que determinadas palabras, como por ejemplo perseguir, hacer cosquillas y esconder aparecan
frecuentemente en primera posicin, mientras que otras palabras tendan a aparecer en segunda posicin, como
bofetn y morder. Savage-Rumbaugh y sus colegas dijeron que ese orden reflejaba la secuencia en que se
suceden los eventos: la primera palabra tiende a ser una invitacin al juego, mientras que la segunda describe el
contenido del juego que viene a continuacin. En tales casos, Kanzi combinaba palabras con reglas gramaticales.
Creaba frases.

Pero no eran frases demasiado buenas. De hecho eran horribles, las comparemos con las de William
Shakespeare o con las de un nio de tres aos. Savage-Rumbaugh y sus colegas reconocieron que la gama del
vocabulario de Kanzi y su uso de reglas gramaticales no eran tan avanzadas como las de un nio de tres aos. El
lingista Steven Pinker seala esta diferencia[30]. A la edad de tres aos, un nio suele unir diez palabras seguidas
utilizando reglas gramaticales complejas. A los seis aos, el nio tiene un vocabulario de unas 13 000 palabras. Los
nios pequeos no cesan de hacer comentarios sobre el mundo que les rodea y sobre lo que los dems dicen.
Prcticamente la totalidad de las expresiones de Kanzi son peticiones de cosas; sus comentarios sobre el mundo
son sumamente raros.

En efecto, toda la pauta de adquisicin del lenguaje es tan radicalmente diferente entre los antropomorfos y
los humanos que es difcil imaginar cmo se ha podido creer alguna vez que el lenguaje de un antropomorfo fuera
algo ms que una dbil analoga del lenguaje humano. El canto de los pjaros parece presentar una analoga mucho
ms consistente. Como describiera hace tiempo el bilogo Peter Marler, hay varios puntos importantes de
semejanza entre la forma en que los nios adquieren el lenguaje y la de los pjaros jvenes que aprenden a
cantar[31]. Ambos aprenden la pauta correcta de vocalizacin de los adultos. Ambos tienen un periodo crtico
durante el cual el aprendizaje del lenguaje/trino resulta difcil. El subtrino de los pjaros jvenes parece anlogo
al balbuceo de los nios pequeos. Tambin existe semejanza en las estructuras cerebrales que permiten aprender
el lenguaje/trino. Tanto en los pjaros como en los humanos estas estructuras se encuentran en el crtex cerebral,
mientras que entre los primates no humanos son otras partes del cerebro las que controlan las voces
inarticuladas[32].

Las semejanzas entre la adquisicin del lenguaje por parte de los nios y el aprendizaje del canto por parte
de los pjaros jvenes son tan asombrosas como sus diferencias respecto de la adquisicin del lenguaje por parte
de los chimpancs. El canto desempea un papel mucho ms importante en la vida de los pjaros que las voces
inarticuladas en la vida de los primates no humanos; posiblemente sea tan importante como el papel del lenguaje
entre los humanos. De modo que tal vez cabra esperar que tanto los pjaros como los humanos tengan procesos
cognitivos especializados diseados para la rpida adquisicin de trino/lenguaje complejos, rasgos que pueden
estar menos desarrollados, tal vez incluso ausentes, entre los primates no humanos. La evolucin convergente ha
significado que estos mdulos de trinos de pjaro y de lenguaje humano sean profundamente anlogos. Por eso no
resulta del todo sorprendente que el mayor lingista no humano no sea un antropomorfo, sino un papagayo africano
llamado Alex[33].

La descripcin que hace Steven Pinker de la lingstica de los chimpancs, a la que considera como actos
animales altamente entrenados puede ser un poco severa. Pero, a raz de estos experimentos de adquisicin de
lenguaje, no parece que estemos en presencia del despliegue de una capacidad lingstica latente, atrapada en las
mentes de los animales debido a la ausencia de cuerdas vocales. Todo cuanto vemos son chimpancs listos que
utilizan aspectos de la inteligencia general, como es el aprendizaje asociativo, para comprender los vnculos que
existen entre un conjunto de signos y sus referentes, y cmo combinar esos signos para conseguir una recompensa.
Y un chimpanc, utilizando una regla de aprendizaje general para el lenguaje, slo puede llegar a ese punto si
aprende vocabulario y gramtica: y esa distancia es parecida al lenguaje de un nio humano de dos aos. Y
recordemos, tal como mencionbamos en el captulo anterior, que hasta la edad de dos aos los nios humanos
pueden estar utilizando reglas generales de aprendizaje para el lenguaje; la explosin del lenguaje slo tiene lugar
despus de esa edad, cuando empiezan a operar los mdulos especializados del lenguaje. Pero eso no ocurre en la
mente del chimpanc. No posee inteligencia lingstica.
Paredes de ladrillo o ventanas abiertas? El pensamiento en las zonas interfaciales de la
mente del chimpanc

Hemos intentado establecer los procesos cognitivos que estn detrs del uso de tiles, de la bsqueda de
alimentos, del comportamiento social y de la adquisicin de lenguaje por parte de los chimpancs. Cmo est
configurado el diseo arquitectnico de la mente del chimpanc?

Parece presentar tres caractersticas fundamentales (vase la figura 4). La primera es una inteligencia
general, que incluye mdulos para el aprendizaje asociativo y mediante ensayo y error. Opera en una amplia gama
de tareas: tomar decisiones en materia de bsqueda y provisin de alimentos, aprender a utilizar tiles, comprender
significados simblicos. No habra que minimizar la importancia de esta inteligencia general: los chimpancs son
sin lugar a dudas unos animales listos. En segundo lugar, existe un rea especializada de inteligencia social, que
permite que la interaccin del chimpanc con el mundo social presente un nivel de complejidad mayor que su
interaccin con el mundo no social, y que incluye aspectos como la formulacin de hiptesis, algo que de toda
evidencia est ausente en la bsqueda y provisin de alimentos y en el uso de tiles. En tercer lugar, habra un
pequeo grupo de mdulos mentales responsables de la elaboracin de amplias bases de datos mentales relativos a
la distribucin de recursos, es decir, una incipiente inteligencia de historia natural.
4. La mente del chimpanc.
Estas caractersticas que se proponen para la arquitectura mental de los chimpancs se han podido
identificar observando los comportamientos tcnico, proveedor, lingstico y social, independientes y aislados unos
de otros. Y pueden verse reforzadas si analizamos las zonas interfaciales entre esos cuatro comportamientos.

Examinemos el interfaz entre la produccin de tiles y la bsqueda y provisin de alimentos. Parece tan
fluido que resulta imposible diferenciar ambas actividades. Los chimpancs del Tai parecen expertos a la hora de
elegir percutores de piedra con el peso adecuado para partir el fruto seco concreto que han recogido [34]. Tambin
fabrican palos de un tamao preciso para la tarea que tienen entre manos: los hacen pequeos para extraer el
tutano de los huesos y el contenido de las nueces, y ms largos y delgados para llegar a la miel y para
introducirlos en los hormigueros[35]. Los chimpancs de Gombe seleccionan tallos y hierbas largas de un
determinado tamao para hurgar el fondo de los termiteros y los cortan con los dientes para optimizar su longitud o
remozar la consistencia de las puntas. Bill McGrew relata que Kate, un chimpanc hembra rehabilitado en Gambia,
usaba cuatro tiles sucesivos para llegar hasta la miel de un panal construido dentro de un rbol hueco [36]. Al
parecer, Kate haba elegido minuciosamente cada til para cada una de las fases de su delicada tarea.

En general, los chimpancs parecen muy bien dotados para hacer y elegir los tiles precisos para la tarea
que deben realizar. Esto es al menos lo que cabe esperar si en la fabricacin de tiles y la bsqueda de alimentos
utilizan los mismos procesos mentales, la inteligencia general.

Ahora bien, si analizamos el interfaz entre el comportamiento social y el comportamiento tcnico


(produccin de tiles), parece todo lo contrario: parece caracterizarse por la ineptitud y por lo que podran
considerarse oportunidades fallidas. Consideremos las interacciones sociales que afloran entre madres e hijos en el
uso de percutores y de yunques para partir frutos secos en el bosque del Tai [37]. Es normal que las madres ayuden a
sus hijos ms pequeos a adquirir esa habilidad, dado el valor nutritivo de esos frutos y la dificultad para
romperlos. A veces colocan el percutor encima del yunque, o algunos frutos secos junto al yunque. Adems, al
parecer se ha podido observar un aprendizaje activo. Los Boesch citan dos ejemplos de madres que, ante las
dificultades de sus hijos para partir las nueces, hicieron una demostracin de cmo resolver el problema. En uno de
los casos, la madre mostr cmo colocar correctamente la nuez encima del yunque, y en el segundo caso ense a
su pequeo cmo haba que agarrar la piedra de percusin, e inmediatamente el pequeo pareci asirla con relativo
xito.

Pero lo extrao es la escassima frecuencia de ese aprendizaje activo, e incluso del estmulo pasivo. Los dos
ejemplos que citan los Boesch representan menos del 0,2 por 100 de casi mil intervenciones maternas en contextos
similares observados a lo largo de 4137 minutos. Por qu no es ms frecuente? El tiempo y el esfuerzo que los
pequeos invierten en romper los frutos es considerable, como lo es el beneficio nutritivo que se logra si se tiene
xito. Tenemos evidencia de que los chimpancs son capaces de imaginar lo que puede estar pasando por la mente
de otro chimpanc, as que no tendra que ser capaz una madre de valorar los problemas que tienen sus pequeos
cuando intentan usar tiles? Desde el punto de vista de la evolucin, tendra sentido que las madres suministraran a
sus hijos mayor instruccin. Pero no lo hacen. Parece una oportunidad desaprovechada. Y parece que esa
capacidad para imaginar los pensamientos de otros no incluye los pensamientos tcnicos, es decir, relativos a la
fabricacin de tiles, sino que se limita exclusivamente a los del rea social.

Los chimpancs tampoco utilizan la cultura material en sus estrategias sociales. Hemos visto que su carcter
es maquiavlico: engao, astucia, ambicin son moneda corriente. Parece que los chimpancs se valen de cualquier
medio para conseguir ventajas sociales, pero en realidad no es as. Porque no emplean la cultura material con este
fin. Nunca se ha visto a un chimpanc llevando o utilizando tems materiales para transmitir mensajes sociales
sobre su estatus y sobre sus aspiraciones. Imaginemos qu pasara si nuestros polticos actuaran con el mismo
autocontrol en sus alardes competitivos: sin trajes a rayas ni corbatas de colegios caros. La cultura material es
decisiva para las maquiavlicas bufonadas sociales de los humanos modernos, pero aunque parezca extrao est
ausente de la vida social de los chimpancs. Si el estatus social es tan importante para ellos, por qu no usar
instrumentos para afirmarlo? Por qu no exhibir la cabeza del pequeo mono que se ha matado, o utilizar hojas
para exagerar el tamao del propio trax? La incapacidad de los chimpancs para actuar de esta manera parece otra
oportunidad fallida en esta extraa zona interfacial entre el comportamiento social y el comportamiento tcnico.
Es como si hubiera una pared de ladrillos entre el comportamiento social y el comportamiento tcnico: la
relacin entre ambos carece de la fluidez que s se da entre este ltimo y el comportamiento proveedor. Esa pared
estara ah porque los procesos cognitivos que utilizan los chimpancs para interactuar con objetos fsicos
(inteligencia general) son radicalmente distintos de los que utilizan para la interaccin social (inteligencia social).
En pocas palabras, parecen ser incapaces de integrar sus pensamientos tcnicos y sus pensamientos de interaccin
social. Puede que sean capaces de leer sus respectivas mentes, pero no cuando una mente est pensando el uso
artefactual. Sospecho que esto se debe a que no tienen consciencia mental de su propio conocimiento y cognicin
sobre la fabricacin y uso de tiles. Son conocimientos que no forman parte de su autoconsciencia.

La existencia de esta pared entre inteligencia general e inteligencia social no significa que no haya relacin
entre el comportamiento social y el comportamiento tcnico. Est claro que lo hay, porque las pautas del
comportamiento social suministran los medios para que el conocimiento tcnico se conserve en el seno del grupo.
Como han observado los Boesch, tal vez no sea mera coincidencia el que los chimpancs del Tai presenten las
pautas tcnicas ms complejas y tambin el mayor grado de complejidad social entre los grupos chimpancs [38]. El
hecho de que madres e hijos compartan la comida puede ser esencial para que los pequeos puedan invertir ms
tiempo y energa en aprender la tcnica de partir nueces. La intensidad de la vida social en el seno de los grupos
chimpancs es asimismo esencial para mantener las tradiciones relativas al uso de los tiles, que requieren
observacin constante por parte de otros individuos, proporcionando as oportunidades gratuitas llamadas a
estimular la utilizacin de tiles. El elemento que debe retenerse es que la frecuencia relativamente mayor del uso
de tiles que se observa entre los chimpancs que viven en grupos socialmente ms complejos es simplemente un
reflejo pasivo de esa misma complejidad social; los tiles no desempean un papel activo en las estrategias
sociales.

Sospecho que se da la misma relacin entre el comportamiento social y el comportamiento proveedor, sobre
todo por lo que a las pautas de caza se refiere. Existen indudablemente tradiciones relativas a la explotacin
animal que no parecen tener una explicacin ecolgica. Existen algunas preferencias culinarias ciertamente
curiosas: Los chimpancs del Tai dejan el cuarto trasero o la caja torcica para el final, siempre comparten el
cerebro, y siempre se tragan sus fajos de hojas. En cambio, los chimpancs de Gombe se guardan el cerebro, que
casi nunca comparten, para el final, escupen las hojas, chupan la sangre de su presa, y se comen con deleite el
contenido fecal del intestino grueso[39]. Las diferencias en materia de matanza son interesantes: los chimpancs del
Tai suelen matar a su presa destripndola, mientras que los de Gombe machacan la cabeza de su presa contra
troncos de rbol o rocas, o desgarran los miembros. Como ocurre con los tiles, estas tradiciones parecen
desempear un rol pasivo en la interaccin social; no tienen nada que ver con las tradiciones culinarias o de
matanza entre los grupos humanos, que s desempean un papel activo en la definicin de la identidad social.

En general, la explotacin de recursos no parece tener implicaciones sociales directas. El reparto de la


comida entre los chimpancs tiene ms de robo tolerado que de ocasin para crear obligaciones sociales entre los
individuos, como ocurre entre los humanos. Incluso entre los chimpancs del Tai, el reparto de los alimentos es
fundamentalmente un reflejo pasivo de la estructura social, y no un medio activo de relacin social. La aparente
eficacia cazadora de los chimpancs del Tai no es consecuencia de una inteligencia de la historia natural, sino del
gran tamao del grupo, de la prctica generalizada entre madres e hijos de compartir alimentos y juegos, y de la
abundancia de claves acsticas.

Otras evidencias en favor de la arquitectura mental que se propone para los chimpancs se basan en las
observaciones realizadas durante su captura y en cautividad, cuando empiezan a recibir la influencia de seres
humanos socialmente complejos, tcnicamente expertos y con talento lingstico. No se aprecia ningn cambio
fundamental en la complejidad del comportamiento social del chimpanc. Las estrategias sociales que adoptan en
cautividad son esencialmente las mismas que en estado salvaje. En cambio, si observamos su capacidad para
fabricar y usar tiles, resulta que puede llegar a ser sumamente elaborada, y aprenden incluso a extraer lascas de
ndulos de piedra. En efecto, muchos primates, si reciben los estmulos adecuados, consiguen manejar tiles con
destreza en cautividad. Y lo mismo pasa con las capacidades lingsticas de los chimpancs: emerge
repentinamente una capacidad para utilizar smbolos. Ahora recordemos que en los dos captulos anteriores
sostenamos que una de las caractersticas fundamentales de una inteligencia especializada basada en el
conocimiento intuitivo es que basta un mnimo estmulo del entorno social y natural para que esas capacidades se
desarrollen. Si los chimpancs tuvieran una inteligencia tcnica, cabra prever que su manejo de tiles en
laboratorio fuera algo mejor que en estado salvaje; por otro lado, si son solamente chimpancs listos, es decir, si
poseen una inteligencia general, cuanto ms estmulos y aliento reciban, tanto mejor utilizarn los tiles y el
lenguaje. Y esto es precisamente lo que se observa. La conducta social ya se ha construido sobre una base de
procesos cognitivos especializados, y una interaccin social ms intensa en cautividad no influye de forma
relevante en ella.

El origen de la inteligencia social

Ahora resumir los elementos fundamentales de este captulo. Nos proponamos interpretar la accin del
primer acto de nuestra prehistoria, pero el teatro estaba en penumbra y nuestro actor ausente. Para compensar esta
situacin, hemos analizado el comportamiento de los chimpancs, y hemos partido del supuesto de que la
arquitectura de la mente del chimpanc es parecida a la del antepasado comn de hace 6 millones de aos.

Hemos visto que los chimpancs producen y usan tiles, aprenden a utilizar smbolos en el laboratorio, van
a buscar alimentos y provisiones y se implican en estrategias sociales complejas. Interpretamos este
comportamiento diciendo que la mente del chimpanc tiene una gran inteligencia general, un rea especializada de
inteligencia social, y varios mdulos mentales que utiliza para crear una vasta base de datos sobre la distribucin
de los recursos. Si retomamos la analoga de la mente-catedral y la propuesta de nuestra historia arquitectnica de
la mente, se puede sugerir que la mente de aquel antepasado de hace 6 millones de aos est en el interfaz entre la
fase 1 y la fase 2. Ahora sabemos que las capillas no se construyeron simultneamente, y que la primera en erigirse
fue la capilla de la inteligencia social.

Cundo apareci por vez primera un rea de inteligencia social en la mente de los primates? Antes de
contestar a esta pregunta tendremos que ocuparnos de otro antepasado comn, nuestro, de los chimpancs y de los
simios no antropomorfos. Parece que este antepasado comn vivi hace unos 35 millones de aos y seguramente
posea una mente similar a la de los monos actuales[40].

Los muchos aos que dedicaron Robert Seyfarth y Dorothy Cheney a experimentos y observaciones de
campo para mirar dentro de la mente de los simios no antropomorfos aparecen publicados en su libro de 1990
How Monkeys See the World. Descubrieron una inteligencia general relativamente menos desarrollada que la que
nosotros hemos encontrado en la mente del chimpanc; una inteligencia que no permita a los monos en estado
salvaje manejar tiles, pero s aprender a utilizarlos en laboratorio si eran convenientemente estimulados. Cheney y
Seyfarth tambin descubrieron evidencia en favor de un rea especializada de inteligencia social en la mente del
simio no antropomorfo, que, como en la del chimpanc, estaba separada e incomunicada de la inteligencia general.
Los simios no antropomorfos parecen ser capaces de resolver los problemas del mundo social con mucha mayor
eficacia que los problemas del mundo no social, incluso cuando esos problemas parecen ser esencialmente los
mismos. Por ejemplo, pueden identificar el rango social de sus congneres, pero no pueden identificar el orden de
las distintas cantidades de agua contenidas en una serie de recipientes. Poseen hambre de conocimiento social, pero
muestran indiferencia hacia el conocimiento del mundo no social [41]. Pero la inteligencia social de los simios no
antropomorfos parece menos compleja y potente que la de los chimpancs. Los simios no antropomorfos parecen
incapaces de saber o de deducir lo que piensan otros monos, ni siquiera saber si piensan: no poseen un mdulo para
una teora de la mente. Y si colocamos a un simio no antropomorfo delante del espejo, se enojar con el otro simio
no antropomorfo que ha entrado de repente en la habitacin: al revs que los chimpancs y los gorilas, no pueden
reconocerse a s mismos ni tienen un concepto de s mismos[42].

Ahora analicemos otro antepasado comn. Nos aventuraremos an ms atrs en el tiempo para observar el
antepasado comn de humanos, simios no antropomorfos y lmures. Este antepasado comn vivi hace al menos
55 millones de aos, y probablemente su mente era muy parecida a la de los modernos lmures. Dick Byrne y
Andrew Whiten dicen que esa mente posee una inteligencia general, aunque carece de procesos cognitivos
especializados para el comportamiento social[43]. La interaccin de los lmures con su mundo social no parece ser
ms compleja que la que desarrollan con el mundo no social.

En resumen: un rea especializada de inteligencia social apareci por primera vez en el curso de la
evolucin humana con posterioridad a hace 55 millones de aos, y fue gradualmente ganando en complejidad con
la incorporacin de otros mdulos mentales el de una teora de la mente, por ejemplo hace entre 35 y 6
millones de aos. A medida que esta rea de inteligencia social iba hacindose ms compleja, tambin ganaba en
complejidad la capacidad de la inteligencia general. Y los mdulos mentales aparecan por primera vez
relacionados con la actividad proveedora permitiendo que la mente construyera grandes bases de datos relativos a
la distribucin de los recursos.

El segundo acto de nuestra prehistoria est a punto de comenzar. Las notas del programa nos avisan que
ahora aparecern los actores y se encender una vela para contemplarlos. El tiempo ha volado. Ahora es hace 4,5
millones de aos. Se han realizado nuevas obras en la catedral de la mente?
Captulo 6

La mente del primer productor de tiles lticos

La primera escena del segundo acto empieza hace 4,5 millones de aos y tiene tres actores, A. ramidus, A.
anamensis y A. afarensis. Como ya mencion en el captulo 2, se pueden saber bastantes cosas sobre su
comportamiento gracias a los pocos fragmentos fsiles de estas especies que han sobrevivido, pero no tenemos
evidencia directa ni de su industria ltica ni de sus actividades proveedoras. Con el inicio de la segunda escena,
hace 2,5 millones de aos, observamos una afluencia de actores en escena: primero los ltimos australopitecinos y
ms tarde, hace unos 2 millones de aos, los primeros miembros del linaje Homo. Los fragmentos fsiles de estos
ltimos evidencian avances significativos en la anatoma y, por consiguiente, tambin en el comportamiento, como
es, por ejemplo, la aparicin de un bipedismo ms eficaz andar normalmente con las dos piernas, un
acontecimiento sobre el que volver ms adelante. Adems, podemos ver a nuestros antepasados iniciar lneas
evolutivas en dos direcciones divergentes. Los australopitecinos siguieron una ruta de robustez creciente en forma
de mquinas especializadas en triturar plantas, mientras que los primeros Homo discurrieron por un camino ms
cerebral hacia el aumento del tamao del cerebro. El tema de este captulo es precisamente la mente de estos
primeros Homo.

Pudo haber varias especies de Homo primitivo en aquella poca, pero ser taquigrfico y me referir a una
sola especie, a Homo habilis. Aunque los restos fsiles de H. habilis son escasos y dispersos, son ms abundantes
que los de los australopitecinos grciles que vivieron hace ms de 2 millones de aos. De modo que contamos con
ms oportunidades para explorar el comportamiento y la actividad mental. Adems, ahora tenemos evidencia
directa de actividad industrial y de actividad proveedora en forma de conjuntos dispersos de tiles lticos y de
desechos correspondientes a su manufactura, as como conjuntos dispersos de fragmentos de hueso de los animales
que explotaron. Pero estos restos arqueolgicos slo en muy contados casos pueden atribuirse con claridad a H.
habilis. Muchos de esos tiles lticos pudieron ser producto de los australopitecinos, que tambin pudieron ser los
responsables de algunos conjuntos dispersos de fragmentos seos animales. Pero en este captulo me atendr a las
convenciones y supondr que la mayora de los restos arqueolgicos son resultado, de hecho, de la actividad de H.
habilis. Mi objetivo es reconstruir la arquitectura de la mente de H. habilis. Es obligado empezar por la evidencia
disponible ms difcil, los tiles lticos olduvayenses, e indagar si hubo un mbito especializado de inteligencia
tcnica.

La inteligencia tcnica: indican los primeros tiles lticos un avance cognitivo?

Los artefactos olduvayenses deben su nombre al yacimiento de la garganta de Olduvai, en el frica oriental,
donde han aparecido por erosin del sedimento. Otros muchos lugares del este y del sur de frica han arrojado
artefactos similares. Casi todos son de basalto y cuarcita[1] y presentan una diversidad de formas y tamaos.
Algunos son lascas extradas de ndulos, otros son los restos de los propios ndulos, llamados ncleos. De algunas
pocas lascas se han hecho otras lascas. Son estos tiles indicativos de unos procesos cognitivos especializados que
parecen estar ausentes de la mente del antepasado comn de hace 6 millones de aos? En el curso de los 4 millones
de aos que han transcurrido desde aquel antepasado, ha creado la evolucin una inteligencia tcnica?

Si empezamos por analizar las diferencias entre estos artefactos lticos y los tiles que fabrican los
chimpancs con materias vegetales, es evidente que por definicin son diferentes: estn hechos de piedra. Algunos
arquelogos han credo que aqu se acababa el problema y que en todos los dems aspectos las tecnologas
olduvayense y chimpanc son en esencia iguales [2]. Pero olvidan dos diferencias importantes, que tienen
considerables implicaciones en cuanto a los procesos mentales que subyacen en la manufactura de tiles. La
primera es que, aun siendo dudosa la funcin de los tiles olduvayenses, es evidente que algunos de ellos se
fabricaron para hacer otros tiles: por ejemplo, producir una lasca de piedra para afilar un palo[3]. Producir tiles
para hacer otros tiles es algo desconocido entre los chimpancs. Significa retener en la mente las cualidades de
dos tipos distintos de materia prima piedra y madera, por ejemplo y comprender el posible impacto de uno
sobre el otro.

Una segunda diferencia es que cuando un chimpanc hace un palo termitero, los trozos que tiene que
arrancar de la rama le vienen claramente dictados por la naturaleza de la propia materia y por la futura funcin; no
se puede introducir un palo en un agujero si tiene hojas, y es evidente por dnde hay que arrancarlas. Pero la tarea
de H. habilis era bastante ms difcil, puesto que tuvo que producir lascas a partir de ndulos de piedra. Golpeando
un ndulo al azar difcilmente se obtiene ningn impacto, o se puede hacer aicos la piedra. Para poder tallar la
clase de lasca que encontramos en los yacimientos de la garganta de Olduvai, hay que saber reconocer
determinados ngulos del ndulo, seleccionar las llamadas plataformas de percusin y disponer de una buena
coordinacin mano-ojo para golpear el ndulo en el lugar preciso, en la direccin correcta y con la fuerza
adecuada[4] (vase la figura 5). Los miembros de H. habilis tallaron ndulos lticos de una forma fundamentalmente
distinta a la que emplean los chimpancs para trabajar sus materias primas. Porque aquellos saban localizar los
ngulos propicios y ajustar la fuerza y la direccin de sus movimientos.
5. La produccin de un sencillo percutor olduvayense y las lascas resultantes.

En 1989, Tom Wynn y Bill MacGrew, que ya han aparecido en esta prehistoria, dijeron que un chimpanc
poda hacer tiles lticos del tipo olduvayense, algo que no se ha comprobado, y que no puede comprobarse. O
digamos que ni siquiera aquella estrella del mundo chimpanc, Kanzi, es capaz de hacerlos. Y si Kanzi no puede,
es improbable que otros chimpancs puedan. Nicholas Toth, el mejor experto en tecnologa olduvayense, y sus
colegas estimularon en Kanzi su necesidad de tiles cortantes y afilados a base de tentarle con golosinas colocadas
en el interior de una caja atada con cuerda. A Kanzi se le mostraron los principios de la produccin de tiles lticos
y se le suministraron piedras para ello. Aprendi a producir lascas lticas, a cortar la cuerda y ganarse as su
recompensa, pero no se gan el voto de Nicholas Toth como tcnico olduvayense moderno. Porque Kanzi nunca
logr desarrollar la idea de buscar determinados ngulos, de utilizar las cicatrices de las lascas como plataformas
de percusin o de controlar la fuerza de la percusin. Su incapacidad para ello no es el reflejo de una falta de
destreza manual, ya que Kanzi ha aprendido a hacer cosas como atar cordones de zapato y desabrochar botones. Y
parece improbable, aunque no del todo imposible, que pueda aprender las estrategias de la industria ltica
olduvayense a base de prcticas[5].

Entonces, el hecho de que Kanzi no pueda producir tiles como los de Olduvai, qu nos dice sobre las
mentes de quienes s los produjeron hace 2 millones de aos? Existen dos posibilidades. Primera, que evolucionar
una inteligencia general ms potente para que las tcnicas de la tecnologa olduvayense pudieran ser aprendidas de
forma gradual, posiblemente con muchos ensayos y muchos errores. O, segunda, que hubieran aparecido ya los
procesos cognitivos especializados destinados a la manipulacin y transformacin de ndulos lticos, es decir, una
fsica intuitiva en la mente de H. habilis. Tal vez incluso una inteligencia tcnica.

Si este fue el caso, entonces nuestra apuesta en cuanto a la fecha de su aparicin es el corto intervalo entre la
primera y la segunda escena de este segundo acto de la prehistoria. Recordemos que justo al final de la primera
escena, hace entre 3 y 2 millones de aos, aparecan accesorios diseminados por el escenario aunque no
pudiramos ver a los actores que los utilizaban. Pues bien, estos accesorios son los tiles de la tradicin industrial
del ro Orno, la inmediatamente anterior a la de Olduvai. Slo se encuentran en unos pocos lugares del frica
oriental, fundamentalmente a orillas del Orno y en el yacimiento de Lokalalei, en el Turkana occidental [6]. Estos
tiles son poco ms que ndulos destrozados, que han requerido menos habilidad tcnica que los de Olduvai. Se
parecen ms bien al tipo de lascas lticas que podra producir Kanzi. De modo que es probable que nos hallemos
ante una mayor necesidad de lascas lticas asociada al repertorio de comportamientos propios de los antepasados de
H. habilis que vivieron antes de hace 2 millones de aos, y que ms tarde ejercieron las presiones selectivas en
favor de los mecanismos cognitivos especializados que vemos reflejados en la tecnologa olduvayense.

Pero deberamos pisar con cuidado, porque si bien los tiles lticos olduvayenses trascienden las
capacidades cognitivas de los chimpancs, no por ello dejan de ser artefactos extremadamente simples segn
estndares humanos. Como ha demostrado Nicholas Toth, parece que el objetivo de los productores olduvayenses
fue simplemente obtener lascas con cantos afilados, y ndulos que cupieran en una mano, pero con consistencia
suficiente para realizar tareas tales como quebrar y partir huesos para extraer el tutano. En los aos setenta, los
arquelogos se dedicaron profusamente a clasificar los tiles olduvayenses en diferentes tipos, en polidricos,
discoidales y percutores, tipos que son fcilmente asociables a tipos de herramientas modernas de uso
equivalente, como martillos, sierras y destornilladores. Pero ahora sabemos que se trataba de una clasificacin
demasiado compleja. Los tiles olduvayenses presentan, en realidad, una pauta continua de variabilidad. La forma
de los artefactos puede explicarse simplemente en funcin del carcter del ndulo original, la cantidad de lascas
producidas y la secuencia en que fueron talladas. No hay evidencia alguna de una imposicin de forma
intencionada[7]. A destacar igualmente que aunque trabajar la piedra es tcnicamente ms exigente que arrancar
hojas de una rama, los productores olduvayenses, que trabajaron principalmente el basalto y la cuarcita, parecen
incapaces de trabajar piedras ms duras, como determinadas variedades de cuarzo [8]. Para ello tendremos que
esperar al prximo acto de nuestra prehistoria.

Por lo tanto, habremos de concluir con una nota relativamente equvoca. De un lado, la fabricacin de tiles
lticos olduvayenses requiere una comprensin de la dinmica de fractura que parece trascender la capacidad de la
mente del chimpanc. Del otro, el estancamiento que se aprecia en la tecnologa olduvayense, la ausencia de forma
impuesta y la preferencia por materias primas ms dctiles nos impiden atribuir a H. habilis una inteligencia
tcnica no superior a unas pocas microreas.
La inteligencia de la historia natural: la aparicin del consumo de carne?

Aun cuando los tiles lticos olduvayenses pudieron utilizarse para una variedad de tareas y objetivos, su
funcin principal fue probablemente el procesamiento de animales muertos. Es muy probable que las lascas
afiladas se utilizaran para cortar la piel, seccionar los tendones y extraer trozos de carne. Los pesados ndulos se
utilizaron seguramente para arrancar articulaciones o quebrar huesos para extraer el tutano [9]. Lo cual nos lleva a
un segundo aspecto del estilo de vida de H. habilis, y ah cabra esperar una evolucin de los procesos cognitivos
especializados: la interaccin con el mundo natural. En captulos anteriores vimos que los chimpancs son capaces
de crear importantes bases de datos mentales sobre la distribucin de recursos. Yo lo atribu a la presencia de
mdulos mentales destinados a esta tarea. Pero la ausencia de elaboracin de hiptesis y de un uso creativo del
conocimiento en cuanto a la distribucin de recursos sugeran que atribuir a los chimpancs un rea de inteligencia
de historia natural estaba injustificado. Hay alguna evidencia de que hubiera evolucionado en tiempos de H.
habilis?

Para responder a la pregunta tendremos que centrar nuestra atencin en la principal diferencia observable
entre el comportamiento del chimpanc y el comportamiento de nuestro antepasado comn, una diferencia que
consideramos suficientemente fiable, los individuos de la familia H. habilis consuman mayores cantidades de
carne. Y se sabe porque muchos yacimientos arqueolgicos fechados entre hace 2 y 1,5 millones de aos presentan
una cantidad considerable de fragmentos de huesos animales mezclados con algunos tiles. Por lo general se
supone que estas densas acumulaciones son producto de las comidas; Mary Leakey describi estos yacimientos
cmo suelos de habitacin.

En los aos ochenta gran parte de la atencin se centr en estos fragmentos seos, cuya interpretacin
desencaden un debate acalorado y ruidoso. Los fragmentos se descubrieron en yacimientos como el de HAS, en
Koobi Fora. un conjunto disperso de tiles lticos y de huesos animales de hace 1,6 millones de aos, dominado por
los huesos de un hipoptamo[10]; o como los de FLK 22, en la garganta de Olduvai, donde se descubrieron 40 172
fragmentos de huesos y 2647 artefactos lticos que se han estudiado en detalle; se trata de uno de los yacimientos
mejor estudiados de cualquier periodo o regin de todo el mundo [11]. El problema de estos fragmentos seos es que
son, en general, extremadamente pequeos, y con frecuencia no se sabe exactamente de qu hueso proceden, y
mucho menos a qu clase de animal pertenecieron. Cuando estos animales se han podido identificar, demuestran
que H. habilis explot una amplia gama de especies, entre ellas la cebra, el antlope y el u.

Los debates en torno a los estilos de vida de H. habilis se iniciaron a raz de las publicaciones del fallecido
Glynn Isaac[12]. Este autor sostena que estos densos conjuntos lticos y seos dispersos representaban
campamentos base, lugares donde H. habilis comparta alimentos y el cuidado de los ms pequeos. El rasgo
distintivo era precisamente el hecho de que los alimentos se compartieran. Isaac sugiere que la amplia gama de
especies tpicamente representadas en esos yacimientos implicaba que los miembros de H. habilis transportaban
alimentos desde distintas zonas ecolgicas del paisaje a un lugar central. El reparto y distribucin de alimentos era
la base de una pirmide de inferencias algunos lo llamaran un castillo de naipes que culminaban en una
prolongada dependencia infantil y en la presencia de comunicacin lingstica (vase la figura 6). El modelo de
campamento base se public a finales de los aos setenta y transform el campo de la arqueologa paleoltica,
alejndola de la mera descripcin industrial y de las conjeturas subjetivas sobre su posible significado [13]. Durante
algunos aos esta teora fue aceptada por todo el mundo. Y luego, en 1981, Lewis Binford public una de las obras
de arqueologa ms importantes de los ltimos treinta aos, Bones: Ancient Men and Modern Myths[14], que
revolucion todava ms el estudio de los yacimientos arqueolgicos ms antiguos.

Durante los aos ochenta, Lewis Binford fue el peso pesado de la arqueologa paleoltica. Desafi a todos
los interesados con su interpretacin de los tiles lticos y de los fragmentos seos del registro arqueolgico. Su
fuerza discursiva radicaba en su conocimiento de la formacin del registro arqueolgico: los procesos de deterioro
y de cambio que afectan a los tems que los cazadores-recolectores dejan tras de s durante milenios hasta que los
arquelogos los encuentran. Haba adquirido esos conocimientos en el ocano Glacial rtico y en el desierto
australiano, viviendo con cazadores-recolectores modernos y elaborando un meticuloso registro de sus actividades
y de cuanto desechan, y describiendo de qu manera podan presentarse esos materiales desechados a los ojos de
un arquelogo.
6. El campamento base de Glynn Isaac y la hiptesis del alimento compartido representados como un castillo de
naipes. Si la conclusin de Isaac de que el primer Homo consuma una gran cantidad de carne es errnea,
entonces el resto de sus ideas sobre el comportamiento social y la cognicin carece de fundamento.
Binford deca que no haba evidencia de transporte y consumo de grandes cantidades de carne. Pero sugera
que los miembros de H. habilis s pudieron consumir pequeas porciones de carne, pero con dudas. No fueron
meros carroeros, sino carroeros marginales u oportunistas. Se contentaban con las sobras, situndose as en la
zona inferior de la jerarqua de los carnvoros de la sabana africana, una vez que los leones, las hienas y los buitres
hubieran dado buena cuenta de sus presas (vanse las figuras 7 y 8). Si desearamos los grandes banquetes de carne
y los campamentos base, la pirmide de Isaac se derrumba.

Tras el primer ataque de Binford al modelo de Isaac en 1981, se produjo un prolongado debate, con
frecuencia protagonizado no por el propio Isaac, sino por sus discpulos, que defendan la tesis de un H. habilis
cazador y carroero de los restos de animales recin muertos y, por consiguiente, conservando en su dieta un alto
porcentaje de carne[15]. Se propusieron nuevos modelos que complementaran las hiptesis del campamento base y
del carroeo marginal. El propio Binford convirti el tema del carroeo marginal en un modelo de bsqueda de
vveres con el itinerario fijado, donde los movimientos de los buscadores de alimentos se desarrollaban en torno
a una serie de puntos fijos del paisaje, por ejemplo, en torno a rboles que dieran sombra [16]. Richard Potts sugiri
que los miembros de H. habilis construan escondrijos de ndulos o artefactos lticos sin tallar en puntos
estratgicos del paisaje para economizar el tiempo de bsqueda de piedras una vez localizados los restos de un
animal muerto[17]. Y Robert Blumenschine sostuvo que los miembros de H. habilis pudieron concentrar sus
actividades en zonas boscosas prximas a los recursos de agua, porque constitua un nicho de carroeo no
explotado por otras especies[18].

Pero, a pesar de la intensidad de la investigacin, nuestro conocimiento de las pautas de subsistencia de H.


habilis es an limitado, y no hay acuerdo sobre la importancia de la caza y del carroeo, sobre el uso de lugares
centrales o sobre la bsqueda con itinerario de alimentos. Dos factores explican esta falta de acuerdo. Primero, el
estado de conservacin del registro arqueolgico es seguramente demasiado pobre para permitimos deducir los
estilos de vida y las actividades cotidianas de H. habilis[19]. Segundo y algo ms optimista, la verdadera
respuesta al modo de vida de H. habilis es su ms que probable diversidad; una flexibilidad entre caza y carroeo, y
entre compartir alimentos y alimentarse sobre la marcha, segn las circunstancias ecolgicas concretas del
momento. H. habilis pudo tener un comportamiento flexible, ser un proveedor o buscador de alimentos no
especializado. El nico tipo de explotacin animal que parece ausente de la cultura material olduvayense es el
carroeo marginal, de gorra u oportunista[20].

As pues, es ms que probable que la carne fuera una parte regular de la dieta de H. habilis[21]. Adems de
los huesos animales, que a veces presentan cortes de matanza y descuartizamiento practicados con los tiles lticos
descubiertos en los yacimientos arqueolgicos, el cerebro relativamente grande de H. habilis indica el consumo de
una dieta de alta calidad, medida en trminos de caloras ingeridas por unidad de alimento. El cerebro es un rgano
muy caro por lo que respecta a la cantidad de energa que consume. Como demostraron los antroplogos Leslie
Aiello y Peter Wheeler, para compensar la cantidad de energa que necesita un cerebro mayor, deben reducirse las
exigencias de otras partes del cuerpo al estricto mantenimiento de un ndice metablico bsico estable, y sugieren
que esa economa tuvo que producirse en los intestinos [22]. A medida que el cerebro aumenta de tamao, los
intestinos deben hacerse menores. Y la nica forma de reducirlos es elevando la calidad de la dieta mediante, por
ejemplo, un consumo mayor de carne en lugar de alimentos de origen vegetal. As, el hecho de que el tamao del
cerebro de H. habilis fuera bastante mayor que el de los australopitecos sugiere que la carne se habra convertido
en una parte sustancial de la dieta independientemente de que el reto intelectual que supona descubrir restos
animales constituyera o no una presin selectiva en favor del aumento del cerebro. En este sentido, ms adelante
veremos que la necesidad de vivir en grupos mayores tuvo que suponer una presin selectiva mucho ms
importante.
7 y 8. Los modelos comparados de Glynn Isaac y de Lewis Binford relativos al estilo de vida del primer Homo. En
la ilustracin superior aparecen los primeros Homo viviendo en grupos sociales mayores y utilizando espacios
concretos del paisaje como campamento base para compartir los alimentos. En estos campamentos base se
planifica la cooperacin basada en la divisin del trabajo. En la figura inferior se ilustra la interpretacin que
hace Binford de la misma evidencia, pero aqu los individuos, a lo sumo pequeos grupos, aprovechan la carne y
el tutano de un animal muerto una vez en pasado otros depredadores y carroeros.
La flexibilidad del comportamiento relativo a la ingestin de carne indica complejidad cognitiva. Pero
implica a su vez la existencia de una inteligencia especializada de historia natural? Qu nuevas capacidades
cognitivas habra exigido la ingestin regular de carne a la mente de H. habilis?

Habida cuenta del tipo de improntas dentales presentes en los huesos de los yacimientos arqueolgicos ms
antiguos, los restos y esqueletos animales parecen reflejar la competencia de una variedad de animales carnvoros y
carroeros, y muchos de esos competidores tuvieron que representar una amenaza para los miembros de H. habilis.
Conocer el comportamiento y la distribucin de los carnvoros tuvo que ser, por consiguiente, crucial para el
primer Homo: la competencia entre los distintos carnvoros pudo representar una amenaza, pero tambin una
posible oportunidad de carroeo. En este sentido, H. habilis no habra podido explotar animales muertos si no
hubiera dominado el arte de descifrar claves visuales inanimadas, como son las huellas y los rastros de animales.
Al revs que los simios no antropomorfos, que los chimpancs y que nuestro antepasado comn de hace 6 millones
de aos, los miembros de H. habilis habran sido capaces de leer las claves visuales que indicaban que un carnvoro
rondaba por los alrededores.

En un plano ms general, el paso a una dieta ms rica en carne habra requerido una capacidad ms
sofisticada para predecir el emplazamiento de los recursos que la de los australopitecinos, predominantemente
vegetarianos. En un medio con abundancia de depredadores, la bsqueda errtica de animales vivos o muertos, o de
claves visuales indicativas de la localizacin de los restos, no es la hiptesis ms probable. A diferencia de las
plantas comestibles, los animales son mviles y los restos de animales muertos pueden desaparecer en un lapso
relativamente corto de tiempo en las fauces de una serie de carnvoros, incluidas las hienas y los buitres [23]. No
basta con almacenar informacin y construir un mapa mental de su distribucin, algo que, como hemos visto,
pueden hacer los chimpancs por lo que a la distribucin de plantas y percutores se refiere. Los miembros de H.
habilis seguramente habran necesitado un dispositivo cognitivo adicional, esto es, la capacidad para servirse de
sus conocimientos de historia natural para elaborar hiptesis sobre el emplazamiento de animales vivos o muertos.

La evidencia relativa a la capacidad de los miembros de H. habilis para predecir la distribucin de recursos
procede de la recuperacin de ndulos lticos en lugares alejados de las fuentes de materias primas y tambin de
conjuntos incompletos de desechos de talla en yacimientos arqueolgicos, que reflejan el transporte de ndulos y
piedras sin tallar a travs del paisaje. Esas piedras o artefactos no se trasladaron a grandes distancias: el mximo
parece ser de unos diez kilmetros, pero las distancias recorridas suelen ser mucho menores [24]. La pauta
predominante es el uso sumamente local de materias primas. Pero el hecho de que algunos tems se transportaran,
seguramente para construir escondrijos, indica que H. habilis posea mapas mentales de la distribucin de las
materias primas y, por lo tanto, que poda anticipar el futuro uso de tiles en actividades de subsistencia [25]. Parece
haber tres diferencias importantes entre el transporte ltico de H. habilis y el transporte de percutores por parte de
los chimpancs del Tai. En primer lugar, el transporte de tiles por parte de H. habilis evidencia una escala espacial
mayor que la de los chimpancs. En segundo lugar, los chimpancs trasladan piedras a lugares fijos (nogales, por
ejemplo), mientras que el lugar de destino de los tiles de H. habilis cambiaba continuamente en funcin del
emplazamiento de los animales muertos. Y en tercer lugar, lo ms probable es que los miembros de H. habilis
transportaran los alimentos que deban procesarse hasta el lugar donde se encontraban los tiles (y no a la inversa),
y que con frecuencia trasladaran tanto tiles como alimentos de fuentes distintas a un tercer emplazamiento.

Hasta ahora, la evidencia procedente del registro arqueolgico se ha decantado a favor de un desarrollo
considerable de mdulos mentales susceptibles de potenciar la interaccin con el mundo natural. Pero existe
tambin evidencia contraria, que nos previene contra toda inferencia relativa a una inteligencia avanzada de
historia natural. Por un lado, gran parte de la actividad de H. habilis parece constreida a una gama mucho ms
limitada de ambientes que la de los humanos representados en el registro fsil de hace 1,8 millones de aos.
Considerado a una escala espacial muy amplia, no es probable que ningn Homo anterior a H. erectus saliera de su
medio evolutivo africano[26]. Incluso en la regin del frica oriental, la actividad de H. ha-bilis parece centrada en
una gama muy estrecha de microambientes, en contraste con la amplia gama de medios que explot H. erectus, por
no hablar de los humanos modernos. Casi toda la actividad de H. habilis aparece atada a los confines de los
recursos permanentes de agua[27].
Esta atadura de los focos de actividad a los elementos naturales aparece reflejada en la estructuracin de
los yacimientos arqueolgicos de la garganta de Olduvai. Yacimientos como el de FLK Norte I y el de MNK
Principal II presentan distribuciones artefactuales verticales en varios de sus estratos [28]. Todo apunta a que los
homnidos volvieron una y otra vez a estos lugares a pesar de los profundos cambios faunsticos, climticos y
paisajsticos acaecidos en la regin. La diversidad que presentan los restos faunsticos de los yacimientos en cuanto
a tamao corporal y a preferencia de hbitat sugiere que los miembros de H. habilis s recorrieron ampliamente
toda una variedad de microambientes para procurarse carne El hecho de que esta se transportara de forma reiterada
al mismo tipo de contexto medioambiental indica la ausencia del comportamiento flexible propio de una completa
inteligencia de la historia natural[29].

Resumamos ahora la evidencia que tenemos sobre la mente de H. habilis y su interaccin con el mundo
natural. Podemos empezar a partir de una capacidad bsica para elaborar una gran base de datos y mapas sobre las
caractersticas y la distribucin de los recursos, tal y como descubrimos en la mente del antepasado comn en el
captulo anterior. Esta capacidad bsica aparece ahora complementada con una cierta habilidad para desarrollar
hiptesis sobre el emplazamiento de los recursos y sobre el uso de claves visuales inanimadas. Pero por otro lado,
los miembros de H. habilis siguen movindose en un marco medioambiental relativamente estrecho, y gran parte
de sus actividades estn atadas a rasgos naturales. Parece que hemos llegado a una conclusin parecida a la de la
inteligencia tcnica: la evolucin ha ido colocando nuevos fundamentos para una capilla de inteligencia de la
historia natural, pero los muros an no estn terminados y la inteligencia general contina desempeando un rol
dominante a la hora de pensar el mundo natural.

Una incipiente inteligencia social: la seguridad de las cifras

En el captulo anterior veamos que el antepasado comn de los humanos modernos y de los chimpancs de
hace 6 millones de aos ya tena un mbito separado de inteligencia social. Qu haba cambiado si es que haba
cambiado en la naturaleza de la inteligencia social en tiempos de H. habilis?

Para contestar a esta cuestin es preferible empezar con una breve digresin encarando primero los
problemas de la vida en grupo, los seriales y el tamao del cerebro. En trminos generales, cuanta ms gente
elegimos para compartir nuestra vida, tanto ms compleja se hace esa vida: y tantas ms opciones tendremos de
modelos posibles de con quin compartir los alimentos o el sexo, y cada uno de esos modelos tendr una cantidad
mayor y ms diversificada de relaciones con otros miembros del grupo. Supone un esfuerzo considerable averiguar
quin es amigo de quin, quines son nuestros enemigos y quin guarda rencor o deseo, para luego poder decidir
con quin entablar amistad sin que tus otros amigos se molesten. Todos nosotros tenemos cierta experiencia en este
campo. De hecho parece que nos divierten las maniobras sociales, que se exacerban a medida que el grupo va
creciendo, sobre todo si somos espectadores. Por qu si no son los seriales tan populares? Cuando un nuevo actor
se incorpora al guin los estragos que causa en las relaciones sociales preexistentes son evidentes. Siempre hay
alguien que acaba con el corazn roto, y otros con dolor de cabeza.

No es extrao, pues, que entre los primates actuales se aprecie una fuerte relacin positiva entre el tamao
del grupo y el tamao del cerebro: aquellas especies que tienden a un estilo de vida terrestre en grandes grupos
tienden a presentar cerebros mayores. Necesitan el poder procesador del cerebro para rastrear el mayor nmero de
relaciones sociales que surgen cuando los grupos aumentan de tamao. Es lo que descubri el antroplogo Robin
Dunbar, quien afirm, en consecuencia, que entre los primates actuales el tamao del cerebro es una medida directa
de la inteligencia social[30]. Dick Byrne abunda en esta tesis cuando descubre una relacin positiva fuerte entre el
tamao del cerebro y la frecuencia del engao en las estrategias sociales: cuanto ms complejo es el escenario
social, tantos ms ardides habr que utilizar para ganarse ms amigos sin que aumenten los enemigos[31].
Una cuestin importante para poder reconstruir la prehistoria de la mente es saber si esas relaciones son
generalizables y por lo tanto vlidas tambin para los primates ya extinguidos, como los australopitecinos y H.
habilis. La respuesta sera negativa porque, como hemos visto, la mente de H. habilis posee un nmero de mdulos
mentales para fabricar tiles e interactuar con el mundo natural mayor que cualquier otro primate actual y estos
mdulos consumen parte de la potencia procesadora del cerebro. Pero al parecer estas reas apenas haban iniciado
su despegue hace 2 millones de aos, de modo que la relacin entre el tamao del cerebro y el tamao del grupo
entre los actuales primates tambin podra ser aplicable a H. habilis.

Robin Dunbar se bas en el volumen de los crneos fsiles de H. habilis para estimar el tamao del cerebro.
Luego relacion las cifras resultantes con una ecuacin relativa a los primates actuales que asociaba el tamao del
cerebro al tamao del grupo, para sugerir que los australopitecinos habran vivido en grupos de un tamao medio
de unos 67 individuos, mientras que un miembro de H. habilis, con un tamao de cerebro mayor, habra convivido
habitualmente con otros 82 miembros de H. habilis, cifras que contrastan con un tamao de grupo previsto para los
chimpancs de 60 individuos. El tamao del grupo sirve para lo que Dunbar llama el grupo cognitivo, es decir, el
nmero de individuos sobre los cuales uno tiene conocimiento social, que es distinto del nmero de aquellos con
quienes uno puede vivir diariamente.

Existe buena evidencia circunstancial de que H. habilis habra vivido en grupos mayores que sus
antepasados. Si consideramos de nuevo los modernos primates, vemos dos situaciones ecolgicas en que los
primates eligen vivir en grupos mayores y se enfrentan a los consiguientes retos sociales [32]. La primera se produce
cuando hay que enfrentarse al peligro de los depredadores, que es una situacin de alto riesgo, en cuyo caso es
mejor tener algunos amigos cerca porque as se puede trabajar conjuntamente para repeler un ataque o, en caso de
que esa posibilidad falle, se puede an esperar que el depredador se coma a algn colega antes que a uno. Hoy
sabemos que nuestros primeros y ms antiguos antepasados fueron presa de los carnvoros; y para probarlo
contamos con crneos que presentan marcas de dientes de leopardo[33]. Y sabemos que su predileccin por
determinados trozos de carne de animales muertos pudo obedecer a la necesidad de esconderlos de las hienas. Con
apenas 1,5 m de altura y como mucho 50 kilos de peso [34] y con slo un puado de piedras para lanzar, esos
antepasados no estaban especialmente bien equipados para una lucha cuerpo a cuerpo con las hienas. As que la
vida en grupo parece una necesidad para H. habilis.

La otra condicin ecolgica que favorece la vida en grupo es cuando los alimentos vienen en grandes lotes
distribuidos de forma muy irregular por todo el paisaje. Dar con ellos puede ser tarea difcil, pero una vez
localizados, el alimento disponible es abundante. As que suele ser benfico vivir en el seno de un grupo
relativamente grande, buscar lotes de comida individualmente o por parejas, para luego compartir los alimentos
con otros miembros del grupo. Al da siguiente puede ser otro el que tenga la suerte de encontrar los alimentos.
Este guin podra aplicarse perfectamente a un H. habilis en busca de animales muertos en las sabanas del frica
oriental hace 2 millones de aos. El arquelogo Mark Lake ha demostrado la plausibilidad de esta hiptesis
mediante un modelo de simulacin por ordenador protagonizado por un H. habilis que busca restos de animales y
donde se ve lo bien que se llevan los diferentes individuos ya sean introvertidos solitarios o extrovertidos
sociales[35]. Los fanfarrones gregarios consiguen el premio de la hedionda carne podrida.

Por lo tanto, contamos con buenos criterios ecolgicos para creer que H. habilis prefera vivir en grupos
relativamente grandes; y el mayor tamao de su cerebro nos dice que posea la inteligencia social para ello. En
otras palabras, el cerebro ms desarrollado de H. habilis indicara que el rea de la inteligencia social era ahora ms
potente y compleja. Cules pudieron ser los nuevos elementos? Tan slo podemos especular, pero es posible que
fueran capaces de procesar ms rdenes de intencionalidad que sus antecesores, ms prximos al chimpanc.

rdenes de intencionalidad es un trmino que introdujo el filsofo Daniel Dennett para ayudarnos a
analizar el funcionamiento de la inteligencia social[36]. Si creo que t sabes algo, entonces puedo arreglrmelas con
un orden de intencionalidad. Si creo que t crees que yo s algo, entonces puedo manejar dos rdenes de
intencionalidad. Si yo creo que t crees que mi mujer cree que yo s algo, significa que puedo incorporar tres
rdenes de intencionalidad. Nosotros, los humanos modernos, contamos normalmente con tres rdenes de
intencionalidad, si es que creemos en los seriales, que casi siempre tratan de creencias sobre lo que otros creen que
un tercero cree, y que al final suelen ser falsas creencias. Parece que nuestro lmite seran cinco rdenes de
intencionalidad. Daniel Dennett lo demuestra de forma concluyente cuando se pregunta si t te preguntas si me
doy cuenta de lo difcil que es para ti tener la seguridad de que comprendes si lo que quiero decir es que reconoces
que puedo creer que quieres que te explique que la mayora de nosotros puede registrar, en las mejores condiciones
posibles, slo unos cinco o seis rdenes de intencionalidad[37]. En las mejores condiciones posibles, los
chimpancs podran manejar tan slo dos rdenes de intencionalidad. Es posible que los nuevos rasgos
arquitectnicos de la capilla de la inteligencia social hubieran posibilitado tres o cuatro rdenes de intencionalidad
entre los primeros Homo.

Un lenguaje incipiente? Investigacin de los moldes endocraneales y el aseo social

En un prrafo anterior deca que los miembros de H. habilis fueron posiblemente fanfarrones gregarios.
Todos los animales pueden llegar a fanfarronear en un sentido metafrico cuando quieren amenazar a otro animal o
alardear ante el sexo opuesto. Los pavos reales alardean con sus colas, los gorilas fanfarronean golpendose el
pecho y algunos peces lo hacen tornando su estmago de color rojo. Los miembros de H. habilis tambin tuvieron
que fanfarronear en este sentido, alardeando para impresionar al sexo opuesto o para hacer valer su autoridad en el
seno del grupo. Pero fueron literalmente unos bocazas, es decir, se valieron de palabras para hablar? Tenan
capacidad para el lenguaje?

En el captulo anterior intentamos hablar con los chimpancs, mediante gestos y tambin mediante teclados
de ordenador. Pero ahora tenemos solamente huesos fsiles y tiles lticos de H. habilis para poder hacer
preguntas. Observar los tiles de piedra ms de cerca no nos servir de nada. El lenguaje es una capacidad
cognitiva modularizada, que depende de sus propios y nicos procesos neurales. En cambio, tal como hemos
visto en el captulo 3, la manipulacin de objetos y las voces inarticuladas de los nios pequeos en la etapa previa
al desarrollo del lenguaje, como en el caso de los chimpancs, derivan de la inteligencia general y no de mdulos
de lenguaje. Cuando vemos a un nio crear un objeto jerrquicamente estructurado deducimos que ese nio
tambin pronuncia sonidos o voces jerrquicamente estructuradas, aunque slo veamos los objetos. Pero el
lenguaje plenamente desarrollado depende de mdulos mentales especializados exclusivamente en y para el
lenguaje; y no podemos deducir la existencia de estos mdulos en la mente de H. habilis a partir del tipo de objetos
fsicos que produjo[38].

9. Una seccin del cerebro que muestra la ubicacin del rea de Broca y el rea de Wernicke. Se cree que ambas
estn relacionadas con la produccin y la comprensin del lenguaje.
Podemos inferir una capacidad lingstica a partir de la forma del cerebro? Los procesos neurales
responsables de la capacidad para el lenguaje parecen concentrarse en zonas concretas del cerebro, principalmente
en el hemisferio izquierdo. En esta zona, parece haber dos reas especialmente importantes: el rea de Broca y el
rea de Wernicke[39] (vase la figura 9). La gente que ha sufrido un dao en una de estas reas pierde parte de su
capacidad lingstica. Un dao en el rea de Broca afectara sobre todo al uso de la gramtica, mientras que si se
produce en el rea de Wernicke, es la capacidad de comprensin la que queda afectada. Un dao en los tejidos de
conexin entre ambas reas, o en el tejido que conecta ambas reas al resto del cerebro, puede producir tambin
graves defectos de lenguaje. Pero las relaciones entre determinadas zonas del cerebro y determinados rasgos del
lenguaje son complejas y las conocemos mal; todo cuanto sabemos con relativa seguridad es que determinadas
reas del cerebro son importantes para el lenguaje.

Entonces cmo era el cerebro de H. habilis? Se observa un desarrollo de las reas de Broca y de
Wernicke? Nos tendremos que contentar con analizar los moldes del interior de sus crneos fosilizados [40],
confiando en que las protuberancias e improntas de esos moldes reflejen las protuberancias e improntas del cerebro
de H. habilis. Cuando menos se trata de un asunto arriesgado. Recordemos que estos fsiles han permanecido bajo
tierra durante 2 millones de aos, y que con frecuencia se han fosilizado bajo el peso de los sedimentos que se han
ido acumulando sobre ellos. Por lo tanto, es probable que las protuberancias e improntas de estos moldes reflejen la
estructura del cerebro, pero tambin las contusiones y deformaciones producidas a lo largo de todo el proceso de
fosilizacin.

El crneo fosilizado de un espcimen de H. habilis de hace 2 millones de aos descubierto en Koobi Fora, y
al que se le ha dado el nombre de KNM-ER 1470, est particularmente bien conservado. Lo estudi Phillip Tobias,
una autoridad en la evolucin del cerebro. Cree apreciar un desarrollo significativo del rea de Broca, lo que se ha
visto confirmado por el trabajo de otro gran especialista, Dean Falk. En cambio, en el cerebro de los
australopitecinos no se aprecia ese desarrollo del rea de Broca[41].

Otra clave en favor de la presencia de una inteligencia lingstica podra radicar no en la forma del cerebro,
sino en su tamao. Pero las dos personas que se han ocupado del tema con mayor detalle han llegado a
conclusiones opuestas.

El neurocientfico Terrence Deacon afirma que la ampliacin del cerebro que tiene lugar en los primeros
miembros del linaje Homo conllev un aumento desproporcionado de la parte del cerebro conocida como el crtex
prefrontal[42]. Basndose en una serie de estudios de los circuitos neurales implicados en las voces inarticuladas de
los primates y en el lenguaje humano, Deacon afirma que este aumento relativo del crtex prefrontal habra
provocado una reorganizacin de las conexiones en el interior del cerebro, favoreciendo el desarrollo de una
capacidad lingstica, si bien seguimos sin saber si esa capacidad estaba lo suficientemente desarrollada hace 2
millones de aos como para ser considerada lenguaje.

El antroplogo Robin Dunbar estudi el tamao del cerebro de H. habilis desde una perspectiva bien
distinta[43]. Recordemos que ya nos hemos referido a su trabajo sobre la relacin entre el tamao del cerebro y el
tamao del grupo: vivir en un grupo mayor requiere ms poder procesador por parte del cerebro para poder
gestionar el conjunto de las relaciones sociales en continuo cambio. Cuando viven en grupo, los primates tienen
que transferirse informacin unos a otros y la principal va para hacerlo es el aseo y espulgo mutuo *. Quin de ellos
decide empezar a escudriar el cuerpo de otro, durante cunto tiempo y a quin deja mirar mientras dura la sesin,
son elementos que sirven a la vez para enviar mensajes sociales y para deshacerse de los parsitos. En el grupo de
chimpancs del zoolgico de Burgers que hemos mencionado en el captulo anterior, el aseo entre machos
alcanzaba su cnit cuando sus relaciones eran ms inestables. Las sesiones de aseo y espulgo entre machos duraban
nueve veces ms en aquellos periodos que haba una hembra en celo en el grupo; De Waal sugiere que el aseo
mutuo puede significar un regateo sexual.

Dunbar descubri que cuando aumenta el tamao del grupo, la cantidad de tiempo que dedican los primales
al aseo mutuo tambin es mayor. Y no es porque haya ms piojos, sino porque hay que invertir cada vez ms
tiempo en la comunicacin social. Pero el aseo y el despioje consumen tiempo, y hay otras cosas que hacer, como
salir a buscar alimentos para comer. Dunbar estima que lo mximo que puede dedicar un primate a despiojar y
acicalar a otros puede suponer alrededor de un 30 por 100 de su tiempo. Una vez se ha superado ese lmite, el
individuo puede considerarse una lumbrera en relaciones sociales, pero tambin estar muy hambriento y falto de
energa para explotar esos conocimientos en beneficio propio o del grupo.

Entonces qu se puede hacer cuando el tamao del grupo es tan grande que, aun dedicando al aseo mutuo
el 30 por 100 del tiempo disponible, muchas relaciones sociales importantes en el seno del grupo escapan al propio
conocimiento? Pues bien, tal vez podra utilizarse o seleccionarse, en trminos de evolucin otro medio para
transmitir informacin social. Dunbar sostiene que ese otro medio es el lenguaje. Dice que el lenguaje evolucion
como un medio para intercambiar informacin social en el seno de grupos relativamente grandes y socialmente
complejos, inicialmente como complemento de las sesiones de aseo, y luego sustituyndolas. El lenguaje puede
cumplir esa funcin porque es un modo mucho ms eficaz de transmitir informacin. Un chimpanc ambidextro
puede ser capaz de despiojar y acicalar a dos de sus congneres a la vez, pero un humano con lenguaje articulado
puede charlar con todo aquel que quiera escucharle.

En el prximo captulo exploraremos esta teora del origen social del lenguaje ms detenidamente, pero aqu
habra que preguntar si H. habilis pudo transmitir informacin social suficiente basndose nicamente en el aseo.
Dunbar incorpor sus estimaciones sobre el tamao del grupo de H. habilis a su ecuacin tamao grupal-tiempo de
asco que derivaba de su estudio de los primates contemporneos. Descubri que el primitivo H. habilis habra
estado justo por debajo del umbral del 30 por 100, con una demanda social de tiempo para dedicar al acicalado del
23 por 100. Con un porcentaje tan alto de tiempo dedicado al aseo, es probable que los individuos capaces de
reducir el tiempo dedicado a esa actividad gracias a su habilidad para inferir informacin social de las voces
inarticuladas de otros, o capaces de empezar a incorporar informacin social en sus propias expresiones, obtuvieran
ciertas ventajas selectivas.

La antroploga Leslie Aiello cree que estas voces inarticuladas pudieron ser anlogas a la charla que se ha
podido observar entre los modernos babuinos de Celada, y que pudieron servir para canalizar sentimientos de
satisfaccin y bienestar mutuos[44]. Tal vez fueran anlogas asimismo al ronroneo de un gato cuando es acariciado.
O tal vez a los suspiros de placer cuando nos acariciamos unos a otros. Esos ooh, aah y ay son
comunicacin social: quiero ms, por favor, un poco menos de esto. Dunbar ha afirmado, de hecho, que en
nuestros momentos ms ntimos se produce una regresin a nuestros antiguos medios de comunicacin social el
aseo y acicalado fsico aunque ahora nuestro cuerpo ya no est cubierto de pelo ni (esperamos) de piojos ni
pulgas.

Abriendo urna grieta en la puerta de la catedral

En algunas catedrales e iglesias es ms fcil entrar que en otras. Una de las que he visitado recientemente es
la iglesia de la pequea ciudad francesa de Angles. Las puertas principales estaban cerradas y hubo que buscar una
pequea entrada lateral. Una vez en el interior, al principio estaba tan oscura que a duras penas podamos
movernos. Visitar la iglesia fue como intentar visitar la mente de Homo habilis. Con un registro arqueolgico tan
pobremente preservado, y sin especies vivas que permitan establecer una analoga apropiada, encontrar el camino
de entrada a esta mente prehistrica ha sido sumamente difcil. Puede que los tiles lticos de Olduvai hayan
abierto una grieta en la puerta de la catedral. Pero mirar a travs de ella ha sido como los primeros momentos en la
iglesia de Angles: todo est oscuro y sombro, y es difcil discernir realmente el diseo arquitectnico bsico, y
mucho menos apreciar los detalles.

Cuando mis ojos se fueron acostumbrando a la falta de luz en la iglesia de Angles, qued sorprendido por la
simplicidad de la construccin; haba slo una sencilla nave con muros de piedra desnudos y reclinatorios de
madera sin adorno alguno. Unas pocas velas quemaban en una pequea capilla. No s por qu me esperaba algo
ms elaborado, arquitectnicamente ms complejo y con decoraciones ornamentadas. Siento lo mismo respecto de
lo que he logrado ver de la mente de H. habilis. La primera aparicin de tiles lticos supone un acontecimiento tan
enorme en la prehistoria humana es, efectivamente, el punto de partida de la disciplina de la arqueologa que
esperamos verla ribeteada de determinados eventos cognitivos mayores. Pero la mente de H. habilis de hace 2
millones de aos no parece ser ms que una versin elaborada de la mente del antepasado comn de hace 6
millones de aos, sin ningn cambio fundamental en el diseo (vase la figura 10). Ahora resumir brevemente
cuanto hemos visto en la mente de H. habilis.

Nuestro antepasado socialmente precoz

El comportamiento productor y proveedor de H. habilis es ciertamente ms complejo que el de los


chimpancs y que el que esperarnos del antepasado comn. Tanto la produccin de tiles lticos como la
explotacin regular de restos de animales muertos demandaban procesos cognitivos especializados de los que
carece la mente del chimpanc, H. habilis parece haber entendido la dinmica de fractura de la piedra y haber sido
capaz de formular hiptesis acerca de la distribucin de los recursos, dos cosas que seguramente trascienden la
capacidad de inteligencia general que domina el comportamiento productor y proveedor del chimpanc. Pero no
parece que estos procesos cognitivos especializados de la mente de H. habilis se hallen dentro de una matriz de
otros procesos especializados relacionados con la misma rea de actividad. Parece que la inteligencia general
sigui desempeando un papel importante en el comportamiento productor y proveedor de H. habilis. De ah que la
fabricacin de artefactos lticos y la explotacin de restos de animales muertos parezcan estar plenamente
integradas, como si fueran parte de un nico flujo de actividad, similar a lo que observbamos en el
comportamiento productor y proveedor de los chimpancs.

10. La mente del Homo primitivo. Se trata del crneo de H. habilis conocido como KNM-ER 1470, descubierto en
1972 en Koobi Fora, Kenia, y datado en 1,9 millones de aos.
La inteligencia social se ha hecho ms compleja y poderosa que la que encontramos en la mente del
chimpanc. Pero contina tan separada e independizada del pensamiento tcnico (produccin de tiles) y
proveedor como en la mente del chimpanc. No hay evidencia de que H. habilis usara tiles en sus estrategias
sociales. Como hemos visto anteriormente, la forma de los tiles olduvayenses no parece reflejar ms que el
carcter del ndulo original y el nmero de lascas talladas. Los tiles no incorporan informacin social, como
ocurre entre los humanos modernos. En el registro arqueolgico tampoco hay ejemplos de estructura espacial de
los yacimientos arqueolgicos que pudieran reflejar un uso social del espacio. La cultura material no se utiliz en
las estrategias sociales, aunque es forzoso concluir que estas estrategias sociales fueron an ms complejas y
maquiavlicas que las que observamos actualmente entre los chimpancs.

Pero puede que esta mayor complejidad social tuviera una influencia pasiva en el comportamiento tcnico y
proveedor de H. habilis. Como hemos mencionado en el captulo anterior, la complejidad del comportamiento
cazador y tcnico de los chimpancs del Tai, a diferencia de los de Combe, puede atribuirse en parte a su mayor
tamao grupal y a la mayor intensidad de sus relaciones sociales. Estas ofrecen mayores oportunidades para el
aprendizaje social y para la transmisin cultural de pautas de comportamiento. Desde esta perspectiva, gran parle
del aumento de la complejidad del comportamiento de H. habilis respecto de la conducta de nuestro antepasado
comn, en relacin a la manufactura de tiles lticos y a la explotacin de restos de animales muertos, podra
explicarse sencillamente como un efecto-prolongacin de la mayor complejidad social. La frecuente referencia al
concepto de compartir alimentos al analizar el comportamiento del Homo primitivo es probablemente engaosa.
Sera ms adecuado considerarlo como un robo tolerado. En el contexto del drama que es nuestro pasado, el
poder suplementario y la complejidad de la inteligencia social parecen ser los rasgos ms importantes a la hora de
explicar la accin de la escena segunda del segundo acto.

En resumen, los diseos arquitectnicos que heredaron los miembros de H. habilis contenan los cdigos
para la construccin de una catedral mental que tena, al parecer, el mismo diseo bsico que la mente de nuestro
antepasado comn de hace 6 millones de aos. 1.a nave era mayor, la capilla de la inteligencia social ms
elaborada, los muros de las capillas de la inteligencia tcnica y de la inteligencia de la historia natural algo ms
altos e incorporaban ms mdulos. Pero esas capillas seguan siendo incompletas.
Captulo 7

Las inteligencias mltiples de la mente humana primitiva

El tercer acto de la prehistoria, que se desarrolla hace entre 1,8 millones y 100 000 aos, es el periodo ms
enigmtico de nuestro pasado. La calidad del registro arqueolgico ha mejorado con respecto al del segundo acto,
lo que permite en muchos casos realizar reconstrucciones detalladas y precisas del comportamiento del pasado.
Pero cuando estudiamos ese comportamiento nos parece extrao. Parece radicalmente distinto de todo lo anterior y
de lodo cuanto viene despus, en esa carrera hacia nuestro presente que es el cuarto acto.

Aunque todava nos queda mucho por saber y por aprender sobre nuestros antepasados del segundo acto
analizados en el captulo anterior, al menos podemos aceptar que sus modos de vida fueron adaptaciones armnicas
al bosque y la sabana de frica de hace entre 4,5 y 1,8 millones de aos. Pero precisamente porque sus estilos de
vida parecen tan ajenos a nosotros, la manera en que habra que estudiarlos se nos antoja muy clara: una vez
reconstruido el comportamiento del Homo primitivo, por ejemplo, tratar de comprenderlo como si furamos
eclogos intentando captar el comportamiento de cualquier otra especie de primates. Tambin podemos pisar suelo
firme a la hora de abordar la representacin del cuarto acto, sobre todo en las escenas segunda y tercera, hace
menos de 60 000 aos A lo largo de este periodo el ritmo del cambio cultural es tan rpido que nos parece familiar,
justamente porque nuestras cortas vidas estn acostumbradas a l. Y para la mayora de esas escenas contamos con
un nico tipo de humano que improvisa el guin: nosotros, H. sapiens sapiens. Por ello tratamos de parecernos ms
a un antroplogo que a un eclogo a la hora de explicar el comportamiento humano del cuarto acto.

Entre estos dos periodos, est la tierra de nadie del tercer acto, donde ni los eclogos ni los antroplogos
pisan tierra firme. Esto es aplicable tambin a gran parte de la primera escena del cuarto acto, sobre todo por lo que
se refiere al comportamiento de los ltimos neandertales. Algunos rasgos del comportamiento de los actores de
estos periodos nos parecen tan familiares que nos inclinaramos a atribuirles una mente moderna; pero en otros
aspectos su comportamiento nos parece tan ajeno como el del Homo primitivo de la sabana africana. El tercer acto
es, pues, un periodo lleno de enigmas: ocho de ellos se abordarn en este captulo. Cada actor se parece al hombre
que Charles Colton tena in mente cuando escribi a principios del siglo pasado que el hombre es la paradoja en
persona, un montn de contradicciones[1]. La tarea de los prximos dos captulos consistir en abrir ese montn
para ver qu clase de mente se esconde en su interior.

Empecemos por recordar los puntos ms destacados del tercer acto.

El comienzo del tercer acto es estimulante: la aparicin de H. erectus hace 1,8 millones de aos, y tras l la
emergencia de nuevas clases de tiles lticos, las llamadas hachas de mano, hace 1,4 millones de aos. A lo largo
de todo este acto contemplamos cmo H. erectus se diversifica y evoluciona hasta formar una serie de nuevos
antepasados humanos. Si bien el tamao del cerebro permanece, al parecer, estable entre 1,8 y 0,5 millones de aos
mientras H. erectus y sus inmediatos descendientes colonizaban gran parte del Viejo Mundo, este periodo
conoce hacia el final una nueva etapa de incremento acelerado del tamao del cerebro, semejante al que haba
tenido lugar hace 2 millones de aos, que termina hace unos 200 000 aos con un cerebro de (amao equivalente al
de los actuales humanos modernos. Los nuevos actores de hace 500 000 aos, ahora con un cerebro mayor, se
clasificaron como tipos de H. sapiens arcaico en frica y en China, mientras que en Europa los escasos restos
responden al nombre de H. heidelbergensis. Esta ltima especie parece dar origen ms tarde a H. neanderthalensis
los neandertales que se encuentran en Europa y en el Prximo Oriente a partir de hace 150 000 aos y que
sobreviven en Europa hasta hace solamente 30 000 aos. En este captulo agrupar a todos estos actores en un solo
grupo y los llamar humanos primitivos para distinguirlos de los H. sapiens sapiens que aparecen a) comienzo
del cuarto acto y a los que denominar humanos modernos.

Mientras todos estos acontecimientos evolutivos tenan lugar, el escenario sufra una serie de cambios
relativamente turbulentos. Este periodo de nuestro pasado est dominado por una sucesin de cambios
medioambientales globales provocados por al menos ocho grandes ciclos glaciares-interglaciares a nivel de todo el
planeta. Si nos centramos en Europa, el paisaje cambia repetidas veces, pasando de tundras heladas a densos
bosques y de nuevo a tundras heladas, con cambios concomitantes en la fauna animal. E incluso en cada una de las
distintas fases climticas se produjeron diversas fluctuaciones climticas ms cortas, de varios aos, y a veces
tambin de un solo ao, en que el clima fue anormalmente fro o templado, hmedo o seco.

As, en trminos de evolucin de la anatoma humana y del cambio climtico, el tercer acto aparece, en
efecto, rebosante de accin. Pero los accesorios que utilizan los actores no parecen ser los ms adecuados para esa
velocidad de cambio. Tras la inicial aparicin del hacha de mano hace 1,4 millones de aos, contamos con una sola
innovacin tcnica importante, hace unos 250 000 aos: se trata de una nueva tcnica de talla llamada levallois.
Pero al margen de esa innovacin, apenas parecen producirse cambios en la cultura material. Ciertamente, muchos
accesorios parecen diferenciarse muy poco de los que usaba el H. habilis de la sabana africana del segundo acto.
En conjunto, el registro arqueolgico de hace entre 1,4 millones y 100 000 aos parece girar en torno a un nmero
casi ilimitado de variaciones menores de un pequeo conjunto de temas tcnicos y econmicos.

Cuando se inicia el tercer acto, ya han transcurrido ms de 4 millones de aos desde los tiempos de nuestro
antepasado comn, y esa evolucin nos ha llevado hasta una mente que presenta dos rasgos dominantes: un
conjunto de mdulos mentales dedicados exclusivamente a la interaccin social, y que pueden caracterizarse como
una inteligencia social separada, y una serie de reglas de aprendizaje generalizado y de resolucin de problemas
que se utilizan indistintamente en cualquier rea de comportamiento y que denominamos inteligencia general.
Complementando ambos rasgos, existen diversos mdulos mentales especializados relativos a la comprensin de
objetos fsicos y del mundo natural, si bien parecen ser relativamente pocos. Ahora veamos qu pasa con esta
mente durante el prximo acto de la prehistoria.

Como acabo de indicar, aparecen tipos distintos de antepasados humanos a lo largo de este acto, y cada uno
de ellos pudo poseer un tipo ligeramente diferente de arquitectura mental. Digo ligeramente porque partir de la
premisa de que las semejanzas de sus arquitecturas mentales son ms importantes que las diferencias. Mi objetivo
en este captulo es tratar de reconstruir la arquitectura de una mente genrica para el humano primitivo, y para ello
me servir libremente de datos que corresponden a los distintos tipos de humanos primitivos de este acto. Tambin
pasar al inicio del cuarto acto cuando analice el comportamiento de los ltimos neandertales, un comportamiento
que no parece distinto del comportamiento observado en el tercer acto, pero que puede reconstruirse con algo ms
de detalle. Slo al final de este captulo tratar de esbozar algunas diferencias entre la arquitectura mental de H.
erectus y la de H. neanderthalensis, diferencias que me permitirn explorar la evolucin de la mente a lo largo del
tercer acto.

En materia de comportamiento, este acto est lleno de paradojas, por no decir contradicciones evidentes.
Averiguar en qu aspectos los humanos primitivos parecen asemejarse a los humanos modernos, siendo al mismo
tiempo tan claramente distintos en otros, ser uno de los temas recurrentes de todo el captulo. Creo que estos
enigmas y paradojas son en realidad la clave para reconstruir la arquitectura de la mente del humano primitivo.
Para poder avanzar, tendremos que analizar la evidencia relativa a cada una de las cuatro reas cognitivas que
defin en el captulo 4: inteligencia tcnica, inteligencia de la historia natural, inteligencia social e inteligencia
lingstica, y considerar tambin sus interacciones recprocas, si es que las hubo. As que empecemos una vez ms
con la inteligencia tcnica y con la evidencia procedente de los tiles lticos.
La inteligencia tcnica: imposicin de simetra y forma

Tenemos que empezar por reconocer un aumento espectacular de las habilidades tcnicas con respecto a las
de H. habilis del segundo acto. El til ms caracterstico producido por los humanos primitivos fue el hacha de
mano. Una breve mirada a esos tiles es suficiente para apreciar ciertas diferencias significativas con respecto a los
tiles producidos por la tradicin olduvayense. Por lo general despliegan un alto grado de simetra, a veces
simultneamente en tres dimensiones, e indican que el productor estaba imponiendo una determinada forma al
artefacto, y no meros bordes cortantes como en el caso del productor de Olduvai.

Para conseguir esa simetra y esa forma, fueron necesarias secuencias de percusin ms prolongadas. Y esas
secuencias son evidentes en los retoques que presentan los desechos de talla descubiertos en yacimientos como el
de Boxgrove, en el sur de Inglaterra, donde las hachas de mano datan de hace 50 000 aos [2]. Para hacer un hacha
de mano, hay que seleccionar muy bien el ndulo ltico inicial, atendiendo a su forma, a la calidad y a su dinmica
de fractura. La manufactura implica reducir el hacha en bruto mediante un percutor de piedra para luego darle su
forma final, normalmente mediante un percutor blando hecho de hueso o de madera (vase la figura 11). Se
desbastan lascas alternativamente en ambas caras del til, lo que explica que con frecuencia se d el nombre de
percusin bifacial a esta tcnica, y a los tiles se les conozca como bifaces. Un martillo blando puede
desprender lascas con cicatrices superficiales para crear una herramienta relativamente fina. Antes de proceder a
tallar cada una de las lascas de configuracin del ndulo, pueden dedicarse unos minutos a afilar el perfil del til o
a desbastar pequeas lascas, en preparacin del golpe.

Jacques Pelegrin, que cuenta con muchos aos de experiencia en la reproduccin de hachas de mano, ha
destacado la dificultad de lograr un hacha simtrica de una determinada forma, y explica que la meta del artesano
no es obtener un simple perfil cortante y afilado, sino producir un instrumento de una forma determinada
independiente de la forma inicial del ndulo. La planificacin previa es esencial si se desea conseguir y mantener
la simetra a medida que la pieza avanza. Quien golpea tiene que tener muy claro lo que desea y tambin lo que es
posible, para as obtener las formas y acabados deseados golpeando con una fuerza y una direccin determinadas
en puntos concretos del til. Cada ndulo trabajado por un productor tendr unas caractersticas nicas. Por
consiguiente, para poder producir formas estandarizadas, el productor, en lugar de atenerse a una serie de reglas
fijas y a una determinada rutina, tiene que explotar y adaptar sus conocimientos tcnicos [3]. Este ltimo punto es
especialmente importante por cuanto muchos conjuntos de hachas de mano procedentes de un solo yacimiento
tienen formas y tamaos muy similares. Si aceptamos que es improbable que los ndulos originales tuvieran la
misma forma, entonces tenemos un claro ejemplo de la imposicin de una forma determinada[4].
11. La produccin de un hacha de mano simtrica requiere tres fases fundamentales. Empezando con una lasca
grande o un ndulo (1), se usa un percutor duro de piedra para obtener la forma bsica mediante el desbastado
de lascas de ambos lados del til (2). En acabado del hacha se hace con un percutor blando, de hueso, asta o
madera, para extraer lascas de configuracin (3) y obtener la forma final deseada del artefacto.

Muchos de los comentarios anteriores relativos a la dificultad tcnica de producir hachas de mano tambin
son aplicables al uso del mtodo levallois, la percusin arquetpica usada por los neandertales. En efecto, el mtodo
levallois puede llegar a incorporar an mayor destreza tcnica que la requerida para fabricar hachas de mano [5]. La
esencia del mtodo levallois es la talla de una lasca, cuyo tamao y forma vienen predeterminados por la
preparacin del ncleo. Se fabrica el ncleo con dos caras diferenciadas. Una de ellas es abovedada, con seales
para orientar el desbastaje de una lasca. La otra es la plataforma de percusin. Para que la lasca se desprenda del
ncleo con xito, es preciso controlar perfectamente el ngulo entre ambas superficies, el ngulo donde se percute
el ncleo y la fuerza utilizada. En caso contrario, la lasca desprendida podra desprenderse del lado del ncleo o
desviarse hacia uno u otro lado.

Un arquelogo y tallador de tiles de slex deca no hace mucho que aun hoy, slo unos pocos estudiosos
de la tecnologa ltica logran alcanzar el nivel de destreza de los neandertales y producir buenas puntas o ncleos
levallois, mientras que el nmero de talladores de slex contemporneos que han logrado dominar con xito la
tcnica y producir buenas puntas levallois puede contarse con los dedos de la mano [6]. Y contina diciendo que la
produccin de una hoja o lmina a partir de un ncleo prismtico caracterstico del periodo del Paleoltico
Superior, que se inicia hace 40 000 aos en el cuarto acto es incomparablemente ms fcil que la manufactura
de una punta levallois (vase la figura 12).
12. Para hacer una punta levallois hay que extraer lascas de la superficie de un ncleo para obtener una serie de
aristas en una superficie cncava (1-3) que luego orientar la talla de la deseada lasca puntada. Se prepara una
plataforma de percusin perpendicular a la superficie cncava del ncleo (4) y se desprende la punta levallois de
un solo golpe (5).
La tecnologa ltica de los neandertales del Prximo Oriente ilustra la sofisticacin tcnica del mtodo
levallois. Consideremos, por ejemplo, el difcil proceso de produccin de las puntas levallois de la cueva de
Kebara, de hace entre 64 000 y 48 000 aos [7]. Una vez reducido el crtex del ncleo, se tallaban lascas del ncleo
para crear un perfil convexo en direccin tanto longitudinal como transversal. A continuacin, se creaba un tipo
especial de plataforma de percusin, llamada un chapeau de gendarme, que presenta una protuberancia central en
lnea con la forma en Y del principal reborde del lado dorsal del ncleo creado durante la preparacin inicial.
Esta combinacin acta luego para orientar el desbastaje de una lasca con el fin de obtener la punta simtrica
descada. Los neandertales de Kebara producan varias lascas levallois de cada ncleo antes de restablecer su
convexidad para permitir otra secuencia de talla de puntas levallois. Estas puntas se utilizaban tal y como salan del
ncleo, sin requerir mayores retoques.

Como en el caso de las hachas de mano, es importante destacar que las lascas levallois no pueden tallarse
con xito siguiendo simplemente un conjunto de reglas mecnicas. Cada ndulo de piedra posee propiedades
nicas y hay que encontrar la nica senda posible a travs del ndulo. As lo constata Nathan Schlanger en su
anlisis de las percusiones realizadas hace 250 000 aos por el humano primitivo responsable del ncleo de
Marjories, un ncleo levallois procedente del yacimiento de Maastricht-Belvdre, en Holanda, cuyos restos de
talla presentan muchos retoques[8]. Schlanger destaca que el tallador tuvo que utilizar claves tanto visuales como
tctiles presentes en el ncleo, mantener un control constante de la forma cambiante, y reajustar continuamente sus
planes en funcin de la evolucin del ncleo[9].

La inteligencia tcnica de los humanos primitivos tambin se evidencia en la gama de materias primas
trabajadas. Algunas de las primeras hachas de mano exhiben una gran habilidad para trabajar materias primas
cuyas pautas de fractura son menos predecibles que las de Olduvai. Consideremos, por ejemplo, el conjunto de
tiles con hachas de mano hallados en los estratos inmediatamente encima del olduvayense en Sterkfontein,
Surfrica[10]. En ellos se observa la introduccin de una nueva materia prima, la diabasa, y un mejor uso de las
materias rocosas difciles, como el cuarzo y la cuarcita. Y en todo el Viejo Mundo encontramos tcnicas de talla
bifacial y levallois aplicadas con xito a materiales relativamente intratables[11].

Adems, en algunos yacimientos se aprecia una clara preferencia por tipos determinados de tiles a partir de
tipos concretos de materias primas. Por ejemplo, en Gesher Benot, Israel, un yacimiento de ms de 500 000 aos
de antigedad, se us preferentemente el basalto para fabricar hachas de mano, mientras que la piedra caliza se
utilizaba como percutor. En el yacimiento de Terra Amata, en el sur de Francia, uno de los asentamientos ms
antiguos de Europa, la caliza se utilizaba para producir percutores y bifaces, mientras que el slex y el cuarzo
servan para obtener los tiles ms pequeos[12].

Enigmas en torno al conservadurismo tcnico

Hemos presentado evidencia en favor de una inteligencia tcnica avanzada entre los humanos primitivos.
Por lo que se refiere al nivel de comprensin de la dinmica de fractura de la piedra, y a la aplicacin prctica de
ese conocimiento para producir tiles lticos segn una serie de modelos mentales preconcebidos, no cabe duda de
que la capacidad de los humanos primitivos era equivalente a la de los humanos modernos del cuarto acto. Pero
cuando entramos a considerar otros rasgos de la tecnologa de los humanos primitivos, aparecen unos tipos de
comportamiento que contrastan radicalmente con los propios de los humanos modernos. Existen, en efecto, cuatro
enigmas en torno a la tecnologa de los humanos primitivos:

Enigma 1. Por qu los humanos primitivos no usaron el hueso, el asta y el marfil como materias primas?
Si bien hay evidencia de que los humanos primitivos usaron trozos de hueso no trabajado, por ejemplo, en calidad
de percutores para hacer hachas de mano, no existen tiles tallados en hueso, asta o marfil. Unas pocas piezas
presentan cortes en la superficie, e incluso astillas desprendidas de sus bordes, aunque resulta difcil distinguirlos
de los rasguos que dejan las garras de los carnvoros. Pero no hay nada que remotamente exija el tipo de destreza
tcnica tan fcilmente reconocible en los tiles lticos. Si los humanos primitivos hubieran trabajado materias como
el marfil o el hueso, seguro que ya contaramos con algunas piezas entre la enorme cantidad de conjuntos seos que
se descubren entremezclados con los tiles lticos de los neandertales en yacimientos como Combe-Grenal, en
Francia, y Tabn, en el Prximo Oriente. Ambos presentan largas secuencias de horizontes de ocupacin con miles
de tiles lticos y huesos animales. Por consiguiente, la ausencia de tiles tallados en hueso no puede explicarse
invocando una mala conservacin, o limitaciones anatmicas relacionadas con la posible falta de destreza manual
en los humanos primitivos. Aunque la anatoma de la mano del neandertal difiere ligeramente de la del H. sapiens
sapiens[13], los neandertales parecen capaces de una manipulacin muy sofisticada de los tiles lticos a lo largo del
proceso de manufactura, similar a la de los humanos modernos. Adems, los humanos primitivos hacan tiles de
madera sencillos, como los palos afilados de Clacton, en las islas Britnicas, y de Lehringen, Alemania, o como la
placa pulimentada de Gesher Benot, en Israel, que implican movimientos motrices similares a los que se
necesitan para trabajar el hueso. Y finalmente no se puede explicar la ausencia de tiles de hueso, asta o marfil
diciendo que habran sido de escaso valor para los humanos primitivos. Estas materias primas tienen propiedades
fsicas, como por ejemplo la capacidad para resistir un impacto sin quebrarse, que los hacen ms ventajosos que la
piedra a la hora de fabricar puntas arrojadizas para cazar grandes ungulados [14], una actividad que, como veremos,
fue un elemento central del modo de vida de los humanos primitivos. Entonces por qu no usaron esas materias
primas?

Enigma 2. Por qu los humanos primitivos no fabricaron tiles diseados para finalidades concretas? Un
anlisis microscpico de los filos de los tiles lticos ha demostrado que estos tiles de los humanos primitivos se
usaron por lo general para toda una serie de tareas. Adems, parece no haber relacin entre la forma de un til y su
posible funcin[15]. Las hachas de mano, o las simples lascas, parecen haberse utilizado como herramientas
plurifuncionales, para todo tipo de funciones, por ejemplo, para trabajar la madera, triturar materias vegetales,
cortar pieles animales o extraer carne. La naturaleza generalista de los tiles del humano primitivo es
particularmente evidente en las puntas de lanza. Estas apenas muestran variabilidad de tamao y forma en todo el
Viejo Mundo, pese a que se cazaban distintos tipos de animales. Como veremos en el captulo 9, los humanos
modernos del Paleoltico Superior hace entre 40 000 y 10 000 aos produjeron una enorme diversidad de
puntas de lanza y de puntas arrojadizas, lo cual indicara que fabricaron determinados tipos de armas para cazar
tipos concretos de animales[16]. Los humanos primitivos no parecen haberlo hecho as. De hecho tampoco es el caso
entre los humanos modernos de la primera escena del cuarto acto.

Enigma 3. Por qu los humanos primitivos no fabricaron tiles de componentes mltiples? No hay nada
que sugiera que H. erectus enmangara sus tiles lticos. Los neandertales parecen haber sido los primeros en
hacerlo con las puntas de piedra que fabricaron con el mtodo levallois. Estas puntas descubiertas en las cuevas del
Prximo Oriente presentan fracturas y pautas de uso indicativas de enmangue y de su utilizacin como puntas de
lanza[17]. Enmangar implica manufacturar un venablo asegurndose de que la punta sea de la forma y tamao
deseados, conseguir la atadura y la resina y utilizarlas para fijar slidamente las puntas al venablo. Es una tarea que
requiere mucho tiempo, pero transforma la eficacia de las armas de caza. A partir de la evidencia de las pautas de
fractura de las puntas levallois del Prximo Oriente, es evidente que los humanos primitivos dominaban la tcnica.
Lo curioso, sin embargo, es que esos tiles con empuadura fueran tan escasos y tuvieran tan pocos componentes.
Si puede incrustarse y fijarse una lasca de piedra, por qu no crear tiles con componentes mltiples que, a la vista
de su preponderancia entre los cazadores-recolectores posteriores, parecen haber sido considerablemente ms
eficaces? As pues, si los humanos primitivos dominaron el arte de combinar distintos tipos de materias primas
para hacer artefactos mixtos por qu no produjeron tiles tan sencillos? No es probable que el til ms complejo
de los neandertales tuviera ms de dos o tres componentes.

Enigma 4. Por qu los tiles lticos de los humanos primitivos muestran un grado tan limitado de
variacin en el espacio y en el tiempo? Tal vez el aspecto ms asombroso de la tecnologa ltica de los humanos
primitivos sea su limitado grado de variabilidad. En el captulo 2 mencionbamos al arquelogo Glynn Isaac y su
comentario sobre la combinacin de los mismos ingredientes esenciales en la tecnologa del humano primitivo
durante ms de un milln de aos de cambios menores sin direccin alguna. Otros destacados arquelogos han
subrayado igualmente este enigmtico aspecto de la tecnologa humana primitiva. Por ejemplo, Lewis Binford dice
que contamos con varios conjuntos de hachas de mano procedentes de medios muy distintos de frica, Europa
occidental. Prximo Oriente e India y, salvo posibles variaciones menores que pueden explicarse en funcin de las
materias primas disponibles para la produccin y distribucin de esos tiles no se aprecian pautas de
diferenciacin que se puedan asociar convincentemente a medios naturales diferentes [18]. Los anlisis estadsticos
a gran escala de la forma de las hachas de mano han corroborado este punto de vista[19]. Y respecto al periodo
posterior a hace 200 000 aos, Richard Klein, una autoridad en el estudio del comportamiento del H. sapiens
arcaico del sur de frica, afirma asimismo que sus tiles apenas se distinguen de los producidos por los
neandertales que vivieron en el Prximo Oriente y en Europa[20]. Por qu no hubo ninguna variabilidad
tecnolgica que respondiera a la variabilidad del medio? Por qu hubo tan poca innovacin?

Una posible solucin a estos enigmas es sencillamente que los humanos primitivos no tuvieron necesidad de
tiles hechos con materias orgnicas distintas de la madera, o de tiles con funciones especializadas o de
componentes mltiples. Pero es evidente que esta solucin es inadecuada: cuando analizamos la interaccin entre
los humanos primitivos y su medio natural, vemos que muchos de ellos parecen haber sufrido un estrs adaptativo
considerable que este tipo de tiles podra haber aliviado. As pues, antes de dar con la solucin de estos enigmas
debemos explorar la naturaleza de esta interaccin con el medio, y analizar al mismo tiempo un segundo mbito
cognitivo de la mente humana primitiva: la inteligencia de la historia natural.

La inteligencia de la historia natural: expansin de mentes y territorios

La inteligencia de la historia natural es una amalgama de al menos tres subreas de pensamiento: las
relativas a los animales, a las plantas y a la geografa del paisaje, es decir, a la distribucin de los recursos de agua
y de las cuevas. En general tiene que ver con la comprensin de la geografa del paisaje, de los ritmos de las
estaciones y de los hbitos de los animales potenciales de caza. Tiene que ver con la utilizacin de observaciones
corrientes del mundo natural para predecir el futuro: el significado de la formacin de las nubes, de las huellas de
un animal, de la llegada y regreso de las aves en la primavera y el otoo.

Fueron los humanos primitivos naturalistas por excelencia como los modernos cazadores-recolectores? En
el captulo anterior llegbamos a una situacin un tanto equvoca acerca de los primeros miembros del linaje
Homo. Concluamos que su xito como cazadores, recolectores y carroeros en la sabana del frica oriental
obedeca a su capacidad para entender y utilizar determinadas claves huellas, por ejemplo de la historia
natural y a su capacidad para desarrollar hiptesis sobre la distribucin de recursos. Estas capacidades pudieron
superar con creces las que posea el antepasado comn de hace 6 millones de aos, analizado en el captulo 5. Sin
embargo, caracterizbamos estas capacidades como un puado de microreas, demasiado limitadas en cantidad y
alcance como para merecer el ttulo de inteligencia de la historia natural.

La indicacin ms clara de que ahora s sera procedente usar ese ttulo para designar un componente de la
mente humana primitiva es la colonizacin de territorios fuera de frica. Recordemos que en el captulo 2 H.
erectus o sus descendientes haban empezado a instalarse en el sureste asitico, y tal vez en China, hace unos 1,8
millones de aos, en Asia occidental hace un milln de aos, y en Europa hace tal vez 0,78 millones de aos, pero
con total seguridad hace medio milln de aos.

Pese a ser tan distintos unos de otros, todos estos nuevos medios eran mucho ms estacionales que las bajas
latitudes de frica. As como el primer Homo haba dominado la sabana de las bajas latitudes, los humanos
primitivos tuvieron la capacidad de aprender y adaptarse a una serie mucho ms extensa de nuevos medios,
especialmente en las latitudes septentrionales, con paisajes, recursos y climas muy distintos. La mayor inteligencia
tcnica mencionada anteriormente, junto con el desarrollo de la organizacin social y del lenguaje que
abordaremos ms adelante, habran facilitado perfectamente la explotacin de nuevos entornos. Pero, en ltima
instancia, los humanos primitivos habran tenido que aprender a conocer los hbitos de nuevos tipos de animales, la
distribucin de nuevas plantas y un nuevo conjunto de claves medioambientales. De ah que la presencia de
humanos primitivos en lugares que van desde la cueva de Pontnewydd, en el norte del Pas de Gales, pasando por
el lejano rincn noroccidental del Viejo Mundo, hasta el extremo del sur de frica, implique una sofisticada
inteligencia de la historia natural.

Pero los humanos primitivos permanecieron ausentes de varias regiones del Viejo Mundo, y no penetraron
ni en Australasia ni en el continente americano. Clive Gamble, una de las ms destacadas autoridades en materia
del comportamiento del humano primitivo, ha analizado recientemente la evidencia a favor de una colonizacin
global, y concluye que los humanos primitivos fueron incapaces de vivir en medios muy secos y muy fros[21].
Habra constituido una dificultad excesiva, aun cuando los humanos primitivos tuvieran una inteligencia de la
historia natural bien desarrollada y fueran capaces de fabricar tiles como las hachas de mano.

No sabemos de qu forma los humanos primitivos explotaron estos diversos medios, especialmente en la
primera escena del tercer acto. Slo en contadas ocasiones encontramos los huesos animales resultantes de la
actividad cazadora o carroera de los humanos primitivos, y cuando ocurre, suelen estar en mal estado de
conservacin[22]. Pero la evidencia disponible sugiere que los humanos primitivos fueron buscadores de alimentos
eclcticos y flexibles, que combinaban la recoleccin de plantas, la recuperacin de animales muertos y la caza. En
la segunda escena del tercer acto y en la primera escena del cuarto acto, entre 200 000 y 60 000 aos atrs, la
interaccin entre los humanos primitivos y el mundo natural se hace algo ms clara. De modo que exploraremos la
inteligencia de la historia natural de los humanos primitivos a travs de un actor concreto en una parle concreta del
Viejo Mundo: los neandertales de Europa occidental.

Los neandertales: supervivientes en posicin de desventaja

Si los tiles lticos de los neandertales son impresionantes, an lo es ms el hecho de que estos humanos
primitivos consiguieran sobrevivir en los particularmente difciles paisajes helados de Europa. Las dificultades de
la vida en esas latitudes, sobre todo en la tundra abierta, no pueden subestimarse.

Los restos faunsticos descubiertos en cuevas y sitios abiertos evidencian la existencia de comunidades
animales muy diversas Entre los herbvoros destacaban el mamut y el rinoceronte lanudo, el bisonte, el ciervo y el
caballo, el reno, el bice y la gamuza. Entre los carnvoros se incluan especies que actualmente slo se encuentran
en medios muy diferentes, como el oso de las cavernas, la hiena, el len y el lobo [23]. En general, las comunidades
animales fueron, al parecer, mucho ms diversas que en el mundo moderno.

Con esta diversidad de animales de caza, podra pensarse a primera vista que los neandertales vivieron en
una especie de Jardn del Edn; pero este no fue ni mucho menos el caso. Cubrir las necesidades vitales
alimento, cobijo y calor tuvo que ser terriblemente difcil. Los recursos animales y vegetales pudieron ser muy
diversos, pero no es seguro que fueran abundantes. Cada animal habra estado vinculado a una compleja red
alimentaria, lo cual tuvo que provocar fluctuaciones cuantitativas reiteradas e impredecibles. Y con los frecuentes
cambios medioambientales, ya fueran avances o retrocesos de las capas de hielo, o incluso unos cuantos aos de
relativo fro o calor, la composicin y los vnculos de estas redes alimentarias habran cambiado constantemente.
Aun en un solo ao, la disponibilidad de plantas y animales habra presentado variaciones estacionales muy
pronunciadas, y un marcado deterioro durante los meses de invierno[24].

Los problemas que tuvieron que afrontar los neandertales en este tipo de medios se habran exacerbado an
ms debido a su tecnologa, o ms bien a la falta de ella. Como ya he mencionado, los neandertales dominaron
seguramente secuencias tcnicas muy complejas por lo que se refiere a la fabricacin de tiles lticos. Pero, a pesar
de su destreza tcnica, la gama de tiles es asombrosamente parca, lo que supone una limitada contribucin a la
tarea de enfrentarse a paisajes glaciares.

Es importante que nos detengamos aqu para considerar el tipo de tecnologa que utilizan los modernos
cazadores-recolectores, como los inuit (esquimales), para sobrevivir en territorios helados. Estos cazadores-
recolectores modernos sobreviven gracias a una tecnologa altamente compleja, a un conocimiento detallado del
mundo natural y a una serie muy amplia de alianzas sociales entre grupos [25]. Poseen tiles con componentes
mltiples y varias infraestructuras complejas, entre ellas medios para almacenar alimentos con que hacer frente a
escaseces estacionales[26]. Para fabricar sus tiles se sirven de un amplio abanico de materias primas, sobre todo del
hueso y del marfil. Muchos de sus tiles estn dedicados a tareas muy determinadas (vase el recuadro de la
pgina 137). Como ya se ha mencionado, no tenemos evidencia de que los neandertales, ni ningn otro humano
primitivo, tuvieran estas tecnologas. El hecho de que los humanos modernos dispongan de una tecnologa
compleja y diversa para explotar territorios helados convierte la sencilla tecnologa neandertal en un logro
particularmente impresionante, un logro que dur ms de 200 000 aos.

Los complejos tiles de los cazadores-recolectores inuit

Posiblemente el til ms complejo hecho por humanos primitivos es una corta lanza arrojadiza creada a base de
una punta ltica enmangada a! extremo de un venablo de madera. En cambio, los cazadores-recolectores inuit
modernos fabrican y utilizan tiles con muchos componentes, dedicados a matar tipos concretos de animales en
circunstancias concretas. El antroplogo Wendell Oswalt ha realizado un estudio de la tecnologa inuit y muestra
que los tiles destinados a matar mamferos terrestres, como el carib, muy parecido al reno que cazaban los
neandertales, suelen incluir varios componentes y estn hechos de varias materias primas: puntas lticas,
enmangues de asta y venablos de madera. Es posible que los artefactos de hueso encontrados en los yacimientos
ms antiguos del Paleoltico Superior de hace 40 000 anos pertenecieran a tiles de similar complejidad. Los tiles
ms complejos utilizados por los inuit estaban destinados a la caza marina, como este arpn para cazar focas de los
cazadores angmagsalik de Groenlandia. Se prenda en la parte lateral del kayak y se lanzaba cuando se avistaba una
foca. Wendell Oswalt (1973, pp. 137-138) describe sus partes componentes:

Reconstruccin de una punta levallois

con enmangue tpicamente neandertal


La punta ltica (1) se fijaba al extremo articulado de hueso (2) con una clavija (3) y se encajaba el extremo distal
del enmangue de marfil a travs de un agujero en la base del extremo del arpn. El extremo proximal del
enmangue se encajaba en un agujero al final del manguito de hueso (5) y se fijaba con correas (6) que pasaban por
un agujero del enmangue y por dos agujeros del fuste de madera (7). En la base de la lanza se fijaba un contrapeso
de hueso (8) con clavijas (9). La cuerda del arpn (10) se fijaba al extremo del arpn a travs de dos agujeros (11)
y se pasaba a travs de dos agujeros de una abrazadera de hueso (12). Un tercer agujero de la abrazadera se fijaba a
una clavija de hueso (13) calzada en la lanza. La cuerda continuaba hasta otra abrazadera de hueso (14) a la que se
ataba el extremo. Los flotadores (15. 16) se sostenan mediante una nica cuerda (17) acabada en una palanca
articulada (18) que se fijaba a la cuerda del extremo del arpn. Los flotadores consistan en dos pellejos de foca
hinchados y atados seguramente con una correa, y tenan correas que cerraban la abertura de cada flotador (19, 20).
Un trozo de madera (21) que serva para unir los flotadores se bifurcaba en forma de horquilla en su superficie
transversal para quedar sujeta a una franja a lo largo de la parte trasera del kayak ... El arpn se lanzaba mediante
una placa arrojadiza (22) y se dejaba listo para ser lanzado de nuevo fijando las dos clavijas de hueso (23, 24) en el
fuste a base de encajar los agujeros en la placa arrojadiza. La placa arrojadiza consista en un trozo de madera con
un pedazo de hueso insertado en el extremo distal (25) fijado mediante una serie de clavijas de hueso (26).
Que la vida no fue nunca fcil para los neandertales lo demuestra el hecho de que murieran tan jvenes: el 70-80
por 100 de los individuos moran antes de los cuarenta aos. Los neandertales no slo vivieron en los lmites del
Viejo Mundo, sino que vivieron literalmente al lmite de la vida misma. Un porcentaje muy alto de ellos exhibe
fracturas por sobrecarga e incidencia de enfermedades degenerativas. De hecho evidencia una pauta de lesiones
fsicas muy similar a la de los jinetes de un rodeo actual[27]. Por eso resulta difcil imaginar un grupo de gente ms
necesitado de una gran variedad de tiles, o de tiles dedicados a tareas concretas.
As que cmo pudieron sobrevivir? Dado que las condiciones medioambientales no favorecan una actividad
recolectora importante, los neandertales tuvieron que confiar en la explotacin de la caza mayor, sobre todo
durante los duros meses de invierno. Los conjuntos de huesos animales que se encuentran en lugares de ocupacin
neandertales de las cuevas de Europa occidental representan tpicamente especies muy diversas, pero con claro
predominio de los grandes herbvoros, como el ciervo, el reno, el caballo y el bisonte. Estos huesos han sido objeto
de intenso debate con el fin de saber si reflejan una recuperacin oportunista de animales muertos o una actividad
bien planificada de caza mayor por parle de los neandertales[28].
Los conjuntos seos ms importantes son los de la cueva de Combe-Grenal, en el suroeste de Francia. Phillip
Chase los ha estudiado y ha examinado la clase de huesos presentes, para ver si en su da pudieron suministrar gran
cantidad de carne o slo algunos trozos procedentes de los restos de animales muertos. Tambin ha analizado la
ubicacin de las marcas de cortes producidas por tiles de piedra en los huesos, porque pueden indicar cmo se
mataron y descuartizaron los animales y, por consiguiente, cmo se obtuvieron. Chase conclua que los
neandertales de Combe-Grenal fueron diestros cazadores de renos y de ciervos. El mtodo de explotacin de los
bvidos y del caballo es ms equvoco y pudo incorporar perfectamente una mezcla de caza y carroeo[29]. Otras
cuevas, como la Grotta di Sant'Agostino, en el oeste de Italia, tambin han arrojado evidencia concluyente de que
los neandertales fueron cazadores, en este caso de ciervos y corzos[30]. Esta actividad cazadora se habra realizado
con lanzas cortas, lo que habra obligado a los cazadores a acercarse a su presa, tal vez acorralando a los animales
en cinagas o ros[31].
Los neandertales tambin saquearon animales muertos por otros depredadores o por muerte natural, como
demostr el yacimiento de Guattari, en el oeste de Italia[32]. Clive Gamble ha destacado la posible importancia del
carroeo durante los meses de invierno cuando escaseara la caza, lo que habra obligado a los neandertales a
localizar y luego a descongelar los restos helados, un nicho aumentarlo vetado a otros depredadores[33]. En efecto,
es muy probable que la caza y el carroeo fueran tcticas alternativas abiertas a los neandertales, que podan
utilizar segn aconsejaran las circunstancias.
Hemos visto, por lo tanto, que los neandertales sobrevivieron en Europa a base de una mezcla de caza y carroeo.
Los humanos primitivos del Levante (neandertales) y los del sur de frica (H. sapiens arcaico) emplearon una
combinacin parecida de tcticas de subsistencia, adaptadas a las particulares caractersticas de sus respectivos
recursos [34]. Cmo pudieron los humanos primitivos alcanzar pautas tan eficaces de subsistencia, sobre todo en
los duros paisajes helados de Europa, visto su limitado repertorio tecnolgico?
Parece haber tres respuestas. La primera es que vivieron en grandes grupos, lo cual habra mitigado el peligro de un
fracaso en el suministro de alimentos entre los individuos o subgrupos de proveedores. Ms adelante analizaremos
la evidencia en favor de esta hiptesis. Una segunda razn es que trabajaron muy duramente. La corta esperanza de
vida de los neandertales refleja en parte una vida fsicamente exigente[35]. Sus extremidades inferiores eran
sumamente robustas, lo cual indica, junto con otros rasgos anatmicos poscraneanos y una alta frecuencia de
fracturas por sobrecarga, que los neandertales conocieron prolongados periodos de locomocin que requeran
fuerza y resistencia[36]. Seguramente sus grandes fosas nasales y su nariz prominente obedecan en parte a la
necesidad de eliminar el exceso de calor corporal acumulado durante esos prolongados periodos de actividad.
Pero tener muchos amigos y trabajar duramente no habra sido suficiente. La tercera respuesta, y la ms
importante, a su supervivencia tecnolgicamente amenazada debe encontrarse en sus mentes. La evidencia
circunstancial es concluyente al respecto: los neandertales (y otros humanos primitivos) tuvieron que poseer una
comprensin sofisticada de su medio y de los animales que vivan en l; posean, pues, una inteligencia de la
historia natural avanzada.
La inteligencia de la historia natural habra sido esencial para elaborar mapas mentales de su entorno, mapas a una
escala geogrfica mucho mayor que las utilizadas por los chimpancs que analizbamos en el captulo 5. Uno de
los rasgos decisivos de estos mapas mentales habra sido el emplazamiento de abrigos y cuevas, necesarios para
cobijarse y calentarse. La vestimenta neandertal tuvo que ser poco sofisticada, puesto que no disponan de la
tecnologa para coser; las agujas de hueso slo se descubren en estratos de hace 18 000 aos, bien entrado el cuarto
acto[37]. La evidencia en favor de una ocupacin neandertal en cuevas se traduce con frecuencia en amplios estratos
de cenizas y evidencia de combustin. Estos restos se han interpretado tradicional mente como campamentos
base, pero recientemente se cree que pudieron servir principalmente como cmaras descongeladoras de los
restos animales[38]. Sea cual fuere el papel de las cuevas, los mapas mentales neandertales del emplazamiento de
cuevas y abrigos, y la capacidad para inferir la presencia de carnvoros en la zona, habran sido esenciales para su
supervivencia.
La inteligencia de la historia natural tambin tuvo que ser esencial para la caza. Los neandertales tenan que
acercarse a la presa para garantizar un uso eficaz de sus lanzas cortas. Para ello tenan que comprender el
comportamiento animal y saber acorralar a la presa en situaciones desfavorables: la planificacin es esencial para
una caza eficaz, y un conocimiento del comportamiento animal es esencial para la planificacin eficaz. Los
neandertales slo podan tener xito en la caza mayor mediante el dominio de claves visuales, como las pisadas y
las heces, y un ntimo conocimiento de los hbitos de esos animales. Un carroeo eficaz tambin habra requerido
una inteligencia de la historia natural, tal vez mucho ms decisiva que en el caso del primer Homo de la sabana
africana. Predecir la localizacin de animales muertos, en lugar de buscar al azar, tuvo que ser asimismo una
necesidad. Y ello requiere no slo conocer el comportamiento animal, incluidas las pautas de caza de los
depredadores cuya presa es susceptible de recuperacin, sino tambin los procesos fsicos que mueven, entierran y
dejan expuestos los cadveres animales.
En resumen, una inteligencia de la historia natural bien desarrollada tuvo que ser esencial para los estilos de vida
de los humanos primitivos tal como se infiere del registro arqueolgico. Y seguramente tuvo que ser una
inteligencia tan sofisticada como la de los modernos cazadores-recolectores, que tienen la ventaja de disponer de
tiles altamente complejos y con componentes mltiples. En efecto, sin acceso a tiles complejos, los humanos
primitivos tuvieron que confiar ms incluso que los humanos modernos en una inteligencia de la historia natural,
tuvieron literalmente que idear formas de supervivencia capaces de sortear el peligro que supone vivir de la caza y
la recoleccin en espacios helados.
Pero incluso una inteligencia de la historia natural bien desarrollada pudo ser inadecuada cuando las condiciones
medioambientales del norte de Europa se agravaron en los momentos lgidos de una de las ltimas glaciaciones del
Pleistoceno. En momentos as, los neandertales recurran a una nueva estrategia de supervivencia: se marchaban.
Parece que los neandertales fueron incapaces de afrontar el denso bosque del noroeste de Europa de hace 125 000
aos, un periodo de caldeamiento climtico comprimido entre dos periodos con medios de tundra fros y avance de
las capas de hielo[39]. Tambin habra que mencionar que si bien los humanos primitivos fueron expertos cazadores
de caza mayor, no parece en cambio que explotaran sistemticamente animales pequeos, aves y peces. Incluso la
caza mayor parece limitarse a matar a un solo animal o todo lo ms a pequeos grupos de animales. Slo con los
cazadores-recolectores modernos de principios del cuarto acto se introducen las matanzas masivas y sistemticas.
As pues, al igual que ocurre con su industria ltica, en algunos aspectos los humanos primitivos parecen muy
modernos, y en otros parecen antepasados humanos muy lejanos.

Resolucin del enigma de la tecnologa del humano primitivo

Una vez establecido que los neandertales en calidad de representantes de los humanos primitivos
posean no slo una inteligencia tcnica, como ponen de manifiesto sus tiles lticos, sino tambin una inteligencia
de la historia natural, tal como evidencian sus actividades de caza y el simple hecho de haber sobrevivido en la
Europa glaciar, propongo volver a nuestros cuatro enigmas asociados a la tecnologa del humano primitivo. Como
se har evidente, existe, creo, una solucin simple a estos enigmas: una barrera entre la inteligencia tcnica y la
inteligencia de la historia natural en la mente del humano primitivo, una barrera como la de un grueso muro que
dividiera dos capillas en una catedral medieval. Veamos cada uno de los enigmas por separado.

El primero era la ausencia de tiles hechos de hueso, asta o marfil. Esta ausencia slo se explica si
aceptamos que los humanos primitivos no eran capaces de pensar en servirse de estas materias para fabricar tiles:
estas materias, en algn momento, formaron parte de un animal, y los animales se pensaban en el rea de la
inteligencia de la historia natural. El salto conceptual requerido para pensar las partes animales mediante procesos
cognitivos que haban evolucionado en el rea de los objetos fsicos inertes habra sido demasiado grande para los
humanos primitivos.

Los escasos ejemplos de hueso con ligeros cortes y algunas astillas descubiertos en contextos humanos
primitivos indicaran acaso que esta barrera cognitiva pudo ser superada en alguna ocasin? Es posible, ya que el
hecho de que el hueso apareciera astillado sugiere que pudo ser pensado como una piedra. Por ejemplo, Paola Villa
ha descrito un trozo de hueso de elefante procedente del yacimiento de Castel di Guido, en Italia, fechado hace al
menos 130 000 aos, y que presenta una serie de marcas de percusin como si fuera un ndulo de piedra. Ella lo
interpreta como un intento de fabricar un hacha de mano de hueso[40]. Pero los cortes y las astillas del hueso podran
reflejar simplemente la presencia de una inteligencia general, que nunca habra logrado fabricar tiles de una
mnima complejidad, ni desarrollar mtodos de talla adecuados a esa materia prima. Sera, pues, la inteligencia
general la que habra suministrado los procesos cognitivos necesarios para trabajar el hueso como materia prima.

La existencia de una barrera cognitiva que impeda la integracin de conocimientos referidos al


comportamiento animal y a la fabricacin de tiles tambin parece explicar el segundo enigma, la ausencia de
tiles fabricados para actividades concretas. Como vimos anteriormente, los humanos primitivos disponan de
tiles de tipo general; no disearon tiles especficos para tareas especficas. Para ello, habra sido necesaria la
integracin de la inteligencia tcnica y la inteligencia de la historia natural. Por ejemplo, si se desea disear un
arma arrojadiza para matar un tipo determinado de animal, digamos un ciervo, y en una determinada situacin, hay
que pensar en la anatoma del animal, en las pautas de movimiento y en el grosor de la piel, pero tambin en la
materia prima y en cmo trabajarla. Hemos visto que los humanos primitivos podan pensar de manera compleja
sobre cada uno de estos temas, pero no parecen haber sido capaces de pensar en ellos de esta manera y
simultneamente. Cuando se requera una actividad en el rea interfacial entre la manufactura y la caza, era la
inteligencia general la que se encargaba de ello, resultando en un comportamiento sumamente simple.

Esto explica tambin el tercer enigma: la ausencia de tiles con componentes mltiples. Entre los modernos
cazadores-recolectores estos tiles multicompuestos se producen pensando sobre todo en determinadas presas. Los
tiles ms complejos se encuentran, por ejemplo, en comunidades como los inuit, y se utilizan para cazar
mamferos marinos (vase ms arriba[41]). Cada uno de los componentes est diseado para resolver un problema
determinado relacionado con la localizacin, la matanza y la recuperacin de un animal. Si los animales y los tiles
no pueden pensarse de una manera tan integrada, lo ms probable es que se fabriquen tiles con slo unos pocos
componentes.

Podra invocarse esta misma limitacin cognitiva para explicar el cuarto enigma, el que se refiere al notable
conservadurismo en el espacio y en el tiempo de la tecnologa humana primitiva. No cabe duda de que el
comportamiento de los humanos primitivos vari a lo largo y ancho de la parte habitada del Viejo Mundo en
funcin de los distintos recursos, los distintos carnvoros y los distintos regmenes climticos que fueron
encontrando. Su avanzada inteligencia de la historia natural les permiti adaptarse a los nuevos recursos. Si los
chimpancs de Gombe y del Tai pueden tener pautas alimentarias tan diferentes, como vimos en el captulo 5,
cabra esperar lo mismo de los humanos primitivos. Pero, considerada a esta escala, la tecnologa exhibe una
variacin mnima. Y es que, sencillamente, la fabricacin de tiles no parece estar totalmente integrada en el
comportamiento de subsistencia, y ello se debe sin duda a que el pensamiento tcnico era inaccesible al
pensamiento sobre historia natural. Como arquelogos, nos hemos quedado con un milln de aos de monotona
tcnica que enmascara un milln de aos de comportamiento social y econmicamente flexible.

Con ello no quiero decir que no hubo ninguna relacin entre el tipo de medios explotados por los humanos
primitivos y el tipo de tiles que produjeron. Diferentes medios ofrecan distintas materias primas. Si los humanos
primitivos slo disponan de pequeos ndulos, o si la piedra era de mala calidad, el tipo de tiles lticos que
podan hacer era muy limitado. Adems, el acceso a las fuentes de materias primas dependa del carcter de los
desplazamientos de la gente por el territorio, y de la extensin de la vegetacin y de la capa de nieve. Cuando el
acceso se restringa en el caso de Francia debido al grosor de las capas de nieve en algunos periodos, o en el caso
de la Italia centrooccidental debido a un comportamiento carroero altamente diversificado que redujo las visitas a
las fuentes de materias primas, los humanos primitivos usaban sus materias primas de manera ms conservadora.
Por ejemplo, reafilando repetidas veces un mismo til o adoptando mtodos de percusin capaces de desprender
una gran cantidad de lascas de un solo ndulo de piedra[42]. Pero esta variabilidad tecnolgica no es sino un reflejo
pasivo de medio ambientes pretritos y de la manera en que fueron explotados, lo cual requera tan slo una
inteligencia general que facilitara la toma de simples decisiones costo/beneficio sobre la utilizacin ce las materias
primas[43].

Ahora pasemos a explorar la inteligencia social.

La inteligencia social: mentes y redes sociales en expansin

La inteligencia social de los humanos primitivos es el rea cognitiva ms fcil y tambin la ms difcil de
acotar. La parte fcil es que podemos afirmar sin temor a error que H. erectus, los neandertales y otros humanos
primitivos pudieron perfectamente poseer una inteligencia social compleja desde el momento en que se ha
detectado su existencia entre los primates no humanos y en el primer Homo, como hemos visto en los captulos 5 y
6. Si los chimpancs tienen una teora de la mente y despliegan tcticas sociales maquiavlicas, no hay duda de que
los humanos primitivos fueron al menos socialmente inteligentes. En efecto, se puede encontrar abundante
evidencia en favor de la existencia de un rea de inteligencia social tal vez tan compleja como la de los humanos
modernos en la mente humana primitiva. Esta evidencia no proviene de los tiles y de los huesos animales que
dejaron tras de s, sino de su anatoma y del medio en que vivieron.

La evidencia ms reveladora es el tamao del cerebro de los humanos primitivos, y las implicaciones que
tiene para el tamao medio de los grupos sociales que, como analizbamos en el captulo precedente, es una
medida sustitutiva del grado de inteligencia social. Recordemos que el bioantroplogo Robin Dunbar ha
demostrado una fuerte correlacin entre el tamao del cerebro y el tamao medio de grupo entre los actuales
primates no humanos[44]. Basndose en estimaciones del tamao del cerebro de los humanos primitivos, y
extrapolndolas a partir de esa relacin, Leslie Aiello y Robin Dunbar predijeron que H. erectus habra vivido en
grupos de un tamao medio de 111 individuos, H. sapiens arcaico en grupos de 131, y los neandertales en grupos
de 144, lo cual no difiere sustancialmente del tamao grupal medio de los humanos modernos, que es de unos 150
individuos[45]. No son predicciones acerca del grupo en cuyo seno transcurra el da a da de los humanos
primitivos, sino sobre el nmero de individuos del que toda persona individual tiene conocimiento social. Este
estudio plantea una serie de problemas que me hacen recelar de estas cifras concretas. Aiello y Dunbar ignoran, por
ejemplo, el complejo comportamiento tcnico y proveedor de los humanos primitivos, que debieron de utilizar
algn tipo de poder procesador cerebral y contribuir a la expansin del cerebro. En cambio. Dunbar, en apoyo de
sus predicciones, lo que hace es presentar algunos datos referidos al tamao del grupo de humanos modernos en
sociedades cazadoras-recolectoras recientemente documentadas[46]. A la vista de tales inferencias, tenemos buenas
razones para pensar que los humanos primitivos, especialmente los que vivieron a partir de hace 200 000 aos,
fueron socialmente tan inteligentes como los humanos modernos.

Vivir en grandes grupos aunque seguramente no tan grandes como sugiere Dunbar pudo tener sentido
ecolgico para los humanos primitivos. En muchas regiones del mundo tuvieron que vivir a merced de los
carnvoros, un peligro que, como vimos en el ltimo captulo, la vida en grupo habra aliviado. Pero aun as,
sabemos de varios casos de humanos primitivos vctimas de los carnvoros [47]. El carcter del suministro de
alimentos tambin pudo estimular la formacin de grandes grupos. Es evidente que el alimento tuvo que llegar
fundamentalmente en grandes lotes o, lo que es lo mismo, en forma de cadveres animales, resultantes de la caza
o del carroeo. Este habra sido especialmente el caso en las tundras heladas de Europa. Un gran lote poda
alimentar muchas bocas, estimulando as a los humanos primitivos a vivir en grandes grupos[48]. Adems, las
oportunidades de localizar y matar un animal a nivel individual o en pequeos grupos habran sido mnimas[49].

Pero aunque en la mayora de los casos la estrategia social ms adecuada fuera la vida en grandes grupos
sociales, tambin es cierto que, en determinados medios, los humanos primitivos pudieron estimar ms ventajoso
vivir en grupos relativamemente pequeos. Existen muchos desincentivos a la vida en grupo, por ejemplo, la
competencia en torno a los recursos o las peleas agresivas entre los miembros del grupo, cuya frecuencia pudo
incrementarse en funcin del tamao del grupo[50]. Es probable que en medios relativamente boscosos, como los
que emergan durante los interludios templados entre los avances de las capas de hielo, los humanos primitivos de
Europa formaran grupos mucho ms pequeos. Una vegetacin densa constituye un medio para evadirse y escapar
a los potenciales depredadores, los recursos vegetales estn distribuidos de forma ms equilibrada y abastece de
alimento en lotes menos grandes que los cadveres animales. Por consiguiente, cabe esperar de los humanos
primitivos una alteracin continua de su tamao grupal en funcin de las condiciones medioambientales, lo cual
exige un ajuste en las relaciones sociales entre individuos. La razn de ser de la inteligencia social radica
precisamente en la capacidad para ese tipo de flexibilidad.

Los restos de esqueletos de humanos primitivos pueden suministrar todava un poco ms de luz sobre la
complejidad de las relaciones sociales. Existe evidencia de que los neandertales cuidaron de sus enfermos y
ancianos, es decir, de aquellos que slo podan aportar una contribucin limitada o nula al bienestar del grupo. Un
ejemplo clsico es el neandertal de la cueva de Shanidar, en Irak, que al parecer vivi varios aos a pesar de
presentar ceguera en su ojo izquierdo, diversas lesiones y tener la parte derecha de su cuerpo totalmente aplastada,
a causa seguramente del desprendimiento de una roca. No es probable que pudiera desplazarse normalmente, y
pese a ello vivi varios aos con esas heridas a cuestas, indicio de que otros miembros de su grupo social cuidaron
de l[51].

La inteligencia social: la evidencia contradictoria de la arqueologa

La evidencia anatmica y medioambiental que hemos revisado hasta ahora refuerza la idea de que los
humanos primitivos vivan con frecuencia en grandes grupos y posean un nivel avanzado de inteligencia social.
Pero cuando analizamos la evidencia arqueolgica descubrimos nuevos enigmas. Si aceptamos como es obligado
hacerlo que el tamao del cerebro de los humanos primitivos significa un alto grado de inteligencia social, que
se traduce en tcticas sociales maquiavlicas por parte de individuos que suelen vivir en grandes grupos, entonces
hay otros cuatro aspectos del registro arqueolgico que resultan sumamente extraos:

Enigma 5. Por qu todos los asentamientos de humanos primitivos implican umversalmente a grupos
pequeos? Los arquelogos intentan deducir el tamao del grupo y la organizacin social primitiva a partir de la
extensin espacial de los yacimientos arqueolgicos y de la distribucin de tiles y rasgos encontrados en ellos [52].
No es una tarea fcil cuando se abordan los yacimientos del tercer acto: la conservacin precaria y la extensin
limitada de muchas excavaciones hacen muy difcil delimitar el rea original de una ocupacin. Sin embargo, los
especialistas en materia de registro arqueolgico de humanos primitivos coinciden en que estos datos indican que
vivan en grupos muy pequeos en relacin con los humanos modernos. Por ejemplo, Lewis Binford describe
grupos de neandertales uniformemente pequeos[53], mientras que Paul Mellars sugiere que las comunidades
fueron en general pequeas y en su mayora sin una estructura social clara, o sin una definicin clara de las
funciones sociales o econmicas individuales[54]. Randall White ha descrito la organizacin social de los
neandertales como internamente poco o nada diferenciada[55]. Olga Soffer, la mxima autoridad en arqueologa
de la llanura central rusa, afirma que los neandertales vivieron en grupos de pequeo tamao y sin
diferenciacin social[56]. Resulta, pues, evidente que existe un desacuerdo importante entre estos puntos de vista,
que basan sus estimaciones del tamao de los grupos humanos primitivos en el registro arqueolgico, y las
previsiones de los bioantroplogos quienes, como Robin Dunbar, se basan en sus observaciones del tamao del
cerebro del humano primitivo.

Enigma 6. Por qu la distribucin de tiles en los yacimientos sugiere una limitada interaccin social? No
slo es muy diferente el tamao de los asentamientos humanos primitivos del de los humanos modernos. Tambin
presentan una pauta de distribucin de tiles y fragmentos seos muy distinta. tiles y fragmentos no exhiben una
asociacin o distribucin pautadas, digamos en torno a hogares o cabaas, sino que aparecen en forma de
acumulaciones de desechos de matanza o de talla distribuidas aparentemente al azar [57]. Es como si cada individuo
o pequeo grupo hubiera operado sin deseo de observar o de interactuar con otros miembros del grupo, algo
diametralmente opuesto a lo que se espera de una alta inteligencia social. As por ejemplo, Clive Gamble interpreta
la ausencia de estructura espacial como el reflejo de una pauta de comportamiento episdico, o de lo que l llama
una cultura de 15 minutos[58]. Y sin embargo un rasgo esencial de la inteligencia social avanzada sugerida por el
tamao del cerebro del humano primitivo es una dedicacin intensa y prolongada a las relaciones sociales.

Enigma 7. A qu se debe la ausencia de tems de ornamentacin personal? Un rasgo caracterstico de


todos los humanos modernos, ya sean cazadores-recolectores prehistricos o empresarios del siglo XX, es que
utilizan la cultura material para transmitir informacin social. Como ya he observado, se trata de una parte esencial
de nuestra compleja conducta social; resulta inimaginable que los miembros de grandes grupos sociales pudieran
transmitir suficiente informacin social sin la ayuda de la cultura material. Pero lo cierto es que no tenemos
evidencia de que los humanos primitivos lo hicieran: no hay abalorios, ni colgantes, ni collares, ni pinturas
rupestres. Lo que s hay son algunas piezas de hueso agujereadas donde algunos ven la mano de los neandertales,
pero es probable que las hendiduras observadas se deban a los caninos de los carnvoros. Y unos pocos restos de
ocre rojo encontrados en yacimientos de humanos primitivos del sur de frica podran indicar pintura corporal [59].
Pero si as fuera, an resultara ms inexplicable la ausencia de tiles concretos de decoracin corporal en ms de
1,5 millones de aos de prehistoria.

Enigma 8. Por qu no hay evidencia de ritos funerarios entre los humanos primitivos? Esta ausencia de
ritos funerarios es realmente un misterio, porque si bien existe clara evidencia de que los neandertales enterraban a
algunos individuos en hoyos, no hay evidencia de ritual funerario junto a tales enterramientos, ni colocacin de
ajuares en las tumbas junto a los muertos, que es caracterstico de los humanos modernos. Se han encontrado
enterramientos aislados de neandertales en varias cuevas, como en Teshik Tash, en La Ferrassie y en Kebara. Se
lleg a sugerir que la cueva de Shanidar contena un enterramiento floral, debido a la alta frecuencia de polen
descubierto en el suelo, lo que pareca indicar que sobre el cuerpo neandertal pudo colocarse una guirnalda de
flores. Pero hoy se cree que ese polen lo trajo el viento, o lleg adherido a las botas de los trabajadores[60].

La importancia de estos enterramientos neandertales sigue siendo confusa. Tal vez representen simplemente
una forma higinica de proteger los cadveres de los carnvoros carroeros. Pero tambin es posible que el acto
funerario, y la correspondiente tumba en el interior de una cueva ocupada, refleje la importancia de los antepasados
en las relaciones sociales del grupo. Y es eso precisamente lo que convierte la ausencia de ritual y de ajuares
funerarios en un hecho tan misterioso.

La resolucin del enigma de la inteligencia social

Para resumir diremos que la evidencia en favor de una inteligencia social entre los humanos primitivos
plantea una paradoja. El tamao del cerebro de los humanos primitivos y la evidencia medioambiental parecen
demostrar de forma concluyente un nivel avanzado de inteligencia social; pero la arqueologa demuestra
exactamente lo contrario, es decir, que los humanos primitivos vivieron en pequeos grupos al parecer con poca o
nula estructura social. La solucin a esta paradoja es muy simple: los arquelogos cometen un gran error de
interpretacin de los datos. Parten de la premisa de que la mente de los humanos primitivos era exactamente igual
que la mente moderna, es decir, que haba una fluidez cognitiva entre las inteligencias social, tcnica y de la
historia natural. El registro arqueolgico slo tiene sentido, y slo podremos resolver los enigmas mencionados, si
reconocemos que esas inteligencias estaban aisladas y separadas unas de otras. De la misma manera que exista una
barrera cognitiva entre la inteligencia tcnica y la inteligencia de la historia natural, tambin haba barreras entre
estas y la inteligencia social.

Esta hiptesis aporta una solucin slida a la cuestin de por qu los yacimientos humanos primitivos
parecen sugerir un comportamiento social simple, en tanto que el tamao del cerebro implica una inteligencia
social sofisticada. Si la inteligencia tcnica no estaba integrada en la inteligencia social, es lgico esperar que la
actividad social y la actividad tcnica no se desarrollaran en el mismo lugar del espacio, a diferencia, como
sabemos, de los humanos modernos, cuya imagen ms paradigmtica es la de un grupo sentado alrededor del fuego
y charlando, mientras que simultneamente algunos de sus miembros producen o reparan tiles. Debido a esta
intimidad entre la actividad tcnica y la actividad social, la distribucin artefactual de los humanos modernos
puede perfectamente reflejar el tamao del grupo y su estructura social. Pero la dispersin de los conjuntos lticos
que dejaron los humanos primitivos no tienen esas implicaciones. Muestran tan slo dnde se fabricaron y
utilizaron los tiles: el complejo comportamiento social y las grandes agregaciones sociales de los humanos
primitivos se desarrollaban en otro lugar, acaso a tan slo unos pocos metros de distancia, y son hoy
arqueolgicamente invisibles para nosotros (vanse las figuras 13 y 14). Entre los modernos cazadores-recolectores
actuales, tambin la matanza y el reparto de alimentos es a la vez una actividad social y una actividad econmica y,
por consiguiente, la distribucin de los restos de matanza arroja informacin sobre el comportamiento social. Pero
si la inteligencia social y la inteligencia de la historia natural no estaban vinculadas, los huesos animales de los
yacimientos de los humanos primitivos no podrn suministrar informacin sobre la conducta social prehistrica.
13 y 14. El comportamiento espacial de humanos modernos y de humanos primitivos comparados. En la
ilustracin superior pueden verse humanos primitivos realizando actividades de interaccin social, produciendo
tiles lticos y descuartizando animales muertos en lugares espacialmente separados y distintos. Entre los
humanos modernos del Paleoltico superior, las fronteras entre los distintos tipos de actividad eran mucho ms
borrosas, y todas las actividades se realizaban en la misma rea espacial. Para el arquelogo, el resultado son
dos tipos muy distintos de registro arqueolgico.
Con todo, el reparto de alimentos pudo ser una pauta dominante en la sociedad humana primitiva, dado que
los recursos alimentarios habran llegado por lo general en forma de grandes lotes (animales enteros muertos).
Adems, el tamao relativamente grande del cerebro humano primitivo, sobre todo el de los neandertales y el de H.
sapiens arcaico, sugiere que la dieta de las madres lactantes tuvo que ser de alta calidad para poder atender las
demandas alimentarias de sus cras. Proveer de carne a las hembras pudo ser un guin ms que probable; es difcil
imaginar que una hembra neandertal embarazada de nueve meses, o con un beb recin nacido, pudiera sobrevivir
sin que alguien, bien otras hembras o quizs su propio compaero sexual, la abastecieran de alimentos. Pero la
articulacin del alimento en una relacin social pudo ser obra de la inteligencia general.

Como veremos en el prximo captulo, la provisin de vveres a madres lactantes o embarazadas pudo
constituir un comportamiento susceptible de ejercer una presin selectiva en favor de una integracin de la
inteligencia social y la inteligencia de la historia natural. Pero eso ocurre ms tarde en la evolucin humana. La
provisin y el reparto de alimentos entre los humanos primitivos parece obra de la inteligencia general, dada la
ausencia de pautas de distribucin espacial de tiles y huesos en los yacimientos. Por esa razn sospecho que las
normas formales que existen en muchos grupos modernos de cazadores-recolectores en materia de reparto de
alimentos no estaban presentes entre los humanos primitivos Estas normas suelen implicar reglas muy estrictas que
definen qu parte del animal debe destinarse a qu pariente [61]. El cadver de un animal se interpreta con frecuencia
como un mapa de relaciones sociales en el seno del grupo, puesto que la distribucin de carne constituye un medio
para reforzar esas mismas relaciones sociales. Compartir la comida entre los humanos primitivos tuvo que ser un
asunto bastante ms simple. Por la misma razn, dudo de que se organizaran festines similares al potlatch de los
amerindios de la costa noroeste de Amrica del Norte, o a las fiestas del cerdo de los indgenas de las tierras altas
de Nueva Guinea. En estos banquetes ritualizados, el alimento se utiliza como un medio para la interaccin social,
no para saciar el hambre.

Para crear los vnculos de interaccin entre el medio social y el medio natural necesarios para coordinar la
caza colectiva, se habra utilizado tambin la inteligencia general. El xito de la caza o del carroeo hubiera sido
casi imposible sin algn grado de cooperacin social, bien en esas mismas actividades, bien compartiendo
informacin. Pero la prudencia invita a no exagerar la importancia de la cooperacin social requerida para ello;
cazar en grupo y compartir informacin es algo que vemos en muchas especies animales, como los leones y los
chimpancs, tal como se ha descrito en el captulo 5.

La evidencia ms convincente en favor de una barrera cognitiva entre la inteligencia social y la inteligencia
tcnica es la total ausencia de tiles para la ornamentacin corporal, como abalorios y colgantes. La manufactura
de estos objetos requiere un tipo de pensamiento similar al que se necesita para producir armas de caza
especializadas, como las descritas en captulos anteriores. Cuando se realizan los propios actos tcnicos, es preciso
tener presentes los fines sociales de estos tiles, ya sea comunicar estatus social o afiliacin grupal. Si las
inteligencias social y tcnica no estn en contacto, la oportunidad de producir este tipo de tiles se pierde. Dada la
existencia de esta barrera cognitiva, la decoracin corporal de los humanos modernos slo pudo ser posible
mediante la inteligencia general. Lo cual, a su vez, significa que esa decoracin corporal slo enviaba mensajes
sociales muy simples, o quizs slo pretenda llamar la atencin hacia partes del cuerpo. Es, pues, este tipo de
comportamiento el que explicara probablemente los restos de ocre rojo descubiertos en muy pocos yacimientos
arqueolgicos del humano primitivo.

Para decirlo brevemente, las relaciones entre la inteligencia social y la inteligencia tcnica de los humanos
primitivos parecen reflejar la relacin entre la inteligencia tcnica y la inteligencia de la historia natural. Los tiles
no fueron fabricados pensando en formas concretas de interaccin con el mundo natural ni en pautas concretas de
interaccin social. Del mismo modo que la limitada variacin tecnolgica refleja muy pobremente la diversidad del
comportamiento cazador y recolector, tambin la limitada variabilidad del tamao de los asentamientos constituye
un pobre reflejo de la variabilidad y complejidad sociales.
Habra, sin embargo, otra semejanza, en el sentido de que la tecnologa del humano primitivo podra reflejar
de forma pasiva pautas prehistricas de comportamiento social. Por ejemplo, es evidente que los humanos
primitivos de Europa que vivieron hace ms de 100 000 aos en pequeos grupos sociales en medios boscosos no
produjeron tiles complejos hachas de mano, por ejemplo ni tuvieron slidas tradiciones industriales. Un buen
ejemplo de ello son los humanos primitivos autores de los tiles clasificados bajo el nombre de industria
clactoniense del sur de Inglaterra, que tienen ms de 250 000 aos de antigedad y que carecen de hachas de mano.
En cambio, los que vivieron en grandes grupos y en territorios de tundra posean tradiciones muy arraigadas, como
ponen de manifiesto las formas de las hachas de mano, que parecen copiarse de generacin en generacin. Los que
vivieron en el sur de Inglaterra antes y despus de la cultura clactoniense utilizaron las mismas materias primas
para fabricar bellas hachas de mano.

La razn radica en el hecho de que los productores clactonienses tenan sencillamente muy pocos talladores
que observar, y lo hacan con menos frecuencia, lo cual se tradujo en un menor estmulo para que la fsica intuitiva
en el interior de sus mentes pudiera madurar y transformarse en una inteligencia tcnica, como ocurri entre los
humanos primitivos que vivan en grandes grupos sociales en tundras abiertas[62].

Volvamos ahora al lenguaje.

Un lenguaje social

Son tres los rasgos de un crneo fsil de humano primitivo que nos permitiran deducir su capacidad
lingstica: el tamao del cerebro, la estructura neural deducible a partir de la forma del cerebro, y la naturaleza del
aparato vocal.

Por lo que se refiere al tamao del cerebro, el factor ms importante es tambin el ms simple: el tamao del
cerebro de la mayora de H. erectus, de todos los H. sapiens arcaicos y de los neandertales entra en la misma
categora que el cerebro de los humanos modernos. El tamao medio del cerebro de los neandertales es incluso
mayor que el de los humanos anatmicamente modernos [63]. Y recordemos que en el captulo anterior mencionaba
las tesis de Robin Dunbar, quien relacionaba el tamao del cerebro con el tamao del grupo, y el tamao del grupo
con la cantidad de aseo social necesario para preservar la cohesin social. Este autor sugera que el porcentaje
mximo de tiempo que un primate puede dedicar al aseo mutuo sin interferir con otras actividades (como la
provisin de alimentos) es aproximadamente de un 30 por 100. En los tiempos de H. sapiens arcaico, hace unos
250 000 aos, el tiempo predecible de aseo pudo alcanzar casi el 40 por 100. Leslie Aiello y Robin Dunbar han
afirmado que, para aliviar este incremento, habra sido fundamental el uso del lenguaje con un contenido social
relevante[64].

Basndose en esta evidencia, Aiello y Dunbar concluan que las bases para la capacidad lingstica tuvieron
que aparecer en los albores de la evolucin del gnero Homo, hace al menos 250 000 aos. Un aspecto importante
de su argumentacin es que la finalidad central del primer lenguaje fue la interaccin social; fue, por lo tanto, un
lenguaje social. Puede decirse, pues, que hubo una coevolucin del tamao del grupo/inteligencia social y de una
capacidad para el lenguaje. En la estructura del cerebro puede encontrarse, efectivamente, evidencia en apoyo de
esta hiptesis. El crtex prefrontal no es slo la zona del cerebro responsable de muchos aspectos del lenguaje, sino
que en ella tambin se encuentra la capacidad de reflexionar sobre los estados mentales propios y ajenos, que,
como ya he mencionado, es un factor central de la inteligencia social [65]. Segn Aiello y Dunbar, el carcter
plurifuncional del lenguaje tal como hoy lo conocemos, as como sus rasgos simblicos, evolucionaron en fechas
ms tardas, aunque estos autores no precisan cuanto tiempo ms tarde. A nivel mucho ms intuitivo, resulta difcil
imaginar a un humano primitivo con un tamao cerebral equivalente al nuestro pero sin capacidad lingstica.
Puede encontrarse evidencia adicional de una capacidad lingstica en la forma del cerebro del humano
primitivo, segn se ha podido reconstruir a partir de las improntas laterales endocraneanas. Vimos en el captulo 6
que H. habilis habra dispuesto de un rea de Broca bien desarrollada, lo que convencionalmente suele asociarse
con el habla. El crneo KNM-WT 15000 de H. erectus[66], correspondiente a un muchacho de 12 aos
especialmente bien preservado de 1,6 millones de aos descubierto en el lago Turkana, Kenia, tambin parece
presentar un rea de Broca bien formada. Y por lo que se refiere a humanos primitivos ms recientes, algunos
paleoneurlogos han afirmado que la forma del cerebro es prcticamente idntica a la de los humanos modernos.
Ralph Holloway, sobre todo, ha dicho que en el cerebro neandertal pueden identificarse tanto el rea de Broca
como la de Wernicke y que su apariencia no presenta diferencias respecto a los cerebros humanos modernos[67].

Una tercera fuente de evidencia en favor de una capacidad lingstica es la naturaleza del aparato vocal de
los humanos primitivos. Los esfuerzos por reconstruir el aparato vocal, sobre todo de los neandertales, tienen una
larga historia[68]. Dado que ese aparato se compone principalmente de tejidos blandos la laringe y la faringe,
hay que confiar en las relaciones demostradas que existen entre la organizacin del tejido blando y las partes del
crneo susceptibles de sobrevivir en un contexto arqueolgico. Las reconstrucciones ms recientes sugieren que el
aparato vocal del neandertal no habra diferido sustancialmente del aparato vocal de los humanos modernos: parece
que los neandertales tenan capacidades esencialmente modernas para vocalizar y hablar.

Esta hiptesis se ha visto reforzada tras el descubrimiento de un hueso hioides que ha sobrevivido en un
esqueleto neandertal fechado hace 63 000 aos y enterrado en la cueva de Kebara, Israel [69]. El hioides es un
huesecillo que puede suministrar informacin detallada sobre la estructura del aparato vocal. Sus movimientos
afectan a la posicin y al movimiento de la laringe, a la que est unido. Descubierto en una posicin inalterada
respecto de la mandbula y las vrtebras cervicales, es prcticamente idntico al del humano moderno, tanto en la
forma como en sus adherencias musculares y su posicin aparente. Ello implica que la morfologa del aparato
vocal de este neandertal no era muy distinta de la que poseen los humanos modernos. Entonces, si la capacidad
cognitiva para el lenguaje estaba presente, no parece haber razn que impidiera producir una gama completa de
sonidos humanos.

Claro que el si condicional de esta ltima frase es un si importante. Pero en trminos puramente
lgicos, sera un tanto extrao que los neandertales tuvieran las estructuras vocales pero no la capacidad cognitiva
para el habla. La estructura del aparato vocal humano difiere mucho de la de otros animales, dado que posee un
sistema monotubular en lugar de un sistema bitubular. Esa es la razn de que los humanos adultos corran el
peligro, a veces incluso fatal, de atragantarse si el alimento se aloja en la faringe. La desventaja selectiva de este
hecho queda neutralizada por los beneficios selectivos que reporta este tipo de estructura, al capacitar la emisin de
una amplsima gama de vocalizaciones posibles y por lo tanto de habla articulada [70]. Supondra un absurdo
evolutivo el que los neandertales pudieran atragantarse sin tener al mismo tiempo la capacidad para poder quejarse
de la comida!

Toda la evidencia fsil que hemos repasado hasta aqu es ambigua y est abierta a diferentes
interpretaciones. Pero lo cierto es que durante estos ltimos aos se ha impuesto la tesis de que tanto H. sapiens
arcaico como los neandertales tenan la capacidad cerebral, la estructura neural y el aparato vocal necesarios para
disponer de una forma avanzada de vocalizacin que debera llamarse lenguaje.

Si los humanos empezaron a usar el lenguaje para hablar de sus relaciones sociales, empezaron a usarlo
tambin para hablar de la fabricacin de tiles, de la recoleccin de plantas y de la caza antes de finalizar el tercer
acto? En otras palabras, se haba producido la transformacin del lenguaje capacitndoles para desarrollar las
funciones generales que hoy nos resultan familiares? Es decir se haba convertido en un medio para comunicar
informacin de todo tipo, independientemente del rea de comportamiento? Algunos diran que es sumamente
difcil adquirir, por ejemplo, la tcnica levallois sin instruccin verbal. O que la cooperacin que exige la caza y el
carroeo no habra sido posible sin hablar del movimiento de las presas. Contra estos argumentos cabra destacar
que H. erectus, el ms antiguo de los humanos primitivos, fue, al parecer, un artesano y un proveedor de alimentos
sumamente eficiente, aun poseyendo una capacidad lingstica seguramente muy limitada. Adems, si es cierto que
el lenguaje se utiliz en las reas tcnica y de la historia natural con tanta frecuencia y eficacia como en el rea
social, cabra esperar una mayor integracin entre los comportamientos de estas tres reas. La comunicacin
mediante el lenguaje hablado es, despus de todo, el medio a travs del cual evolucion, segn Dan Sperber, el
mdulo de la metarrepresentacin, como mencionbamos en el captulo 3.

Por consiguiente, simpatizo con la sugerencia de Robin Dunbar segn la cual el lenguaje evolucion
inicialmente para canalizar la informacin social, y creo que durante todo el tercer acto sigui siendo
exclusivamente un lenguaje social.

La mente del humano primitivo

Hemos considerado las cuatro reas cognitivas especializadas de la mente humana primitiva, y la naturaleza
de las conexiones entre estas reas. La mente humana primitiva que ha resultado se ilustra en la figura 15. Es lo
que podra describirse como una mente humana primitiva genrica, puesto que la he reconstruido basndome
libremente en la evidencia procedente de distintos tipos de humano primitivo, aunque la calidad de la evidencia
disponible me llevara a centrarme en la mente neandertal que este diagrama refleja con precisin. Los datos
arqueolgicos eran demasiado escasos o ambiguos para poder analizar de forma sistemtica cada tipo de humano
primitivo, o para identificar la variabilidad cognitiva que tuvo que existir entre ellos. Pero hay algunos indicios que
nos permiten precisar algo ms en qu pudieron consistir esas diferencias.
15. La mente neandertal. La ilustracin muestra el crneo neandertal conocido como Shanidar 1, un hombre que
presentaba heridas importantes y posiblemente ceguera en su ojo izquierdo. Este modelo mental tambin es
aplicable al H. sapiens arcaico posterior a hace unos 200 000 aos.
Durante el tercer acto se ha producido un importante aumento del tamao del cerebro, pasando de los 750-
1250 cm3 correspondiente a los primeros H. erectus, a los 1200-1750 cm3 de los neandertales. No se trata de un
aumento gradual: el tamao del cerebro parece haberse mantenido inalterado durante el periodo comprendido entre
hace 1,8 millones y 500 000 aos, para luego conocer una rpida expansin asociada a la aparicin de H. sapiens
arcaico y ms tarde a los neandertales. A la vista de los argumentos que he planteado y revisado en este captulo, es
lgico esperar que esa expansin reflejara un incremento de la inteligencia social y de la capacidad lingstica.
Tengo la corazonada de que esa expansin del cerebro refleja un cambio hacia una forma de lenguaje con lxico
ms extenso y una compleja serie de reglas gramaticales, aunque siguiera siendo un lenguaje social.

As, pese a que la capacidad de vocalizacin de H. erectus pudo aumentar considerablemente con respecto a
la de cualquier primate actual, aun as segua siendo demasiado simple para ser considerado lenguaje. Como dice
Leslie Aiello, la anatoma del esqueleto ms completo de H. erectus, el KNM-WT15000, sugiere la imposibilidad
del control muscular esencial para la buena regulacin de la respiracin en el habla humana [71]. Tal vez habra que
pensar en H. erectus como alguien capaz de producir una amplia gama de sonidos en el marco de la interaccin
social relacionados con sentimientos de satisfaccin, enojo o deseo y como un medio para canalizar las relaciones
sociales. Pero comparada con la de los humanos modernos, la gama de sonidos y sus significados habran sido
limitados, sin ninguna de las reglas gramaticales que hacen posible una cantidad infinita de expresiones a partir de
un nmero finito de sonidos disponibles. Tal vez una analoga adecuada sea una versin muy elaborada del
ronroneo de los gatos.

Tambin cabra alegar que el mtodo levallois, que aparece hacia el final del periodo de expansin cerebral
(hace 250 000 aos), es tcnica y cognitivamente ms exigente que la talla bifacial utilizada para fabricar hachas de
mano. Y por consiguiente, la aparicin del nuevo mtodo podra reflejar un aumento de la inteligencia tcnica.
Aunque yo lo pongo en duda, porque sospecho que podra ser un reflejo de interacciones sociales ms intensas que
permitieron transmitir de manera pasiva y no deliberada una mayor cantidad de conocimientos tcnicos. Tambin
es cierto que las latitudes septentrionales de Europa se ocuparon bastante ms tarde que las de Asia, quizs tanto
como un milln de aos despus de que H. erectus saliera de frica. Esta intrusin tarda en Europa es
sorprendente y cabe preguntarse si haba algn rasgo en los medios pleistocnicos de Europa que trascendiera las
capacidades cognitivas de los primeros humanos primitivos para sobrevivir en ellos, quiz el grado de variacin
estacional. Por lo tanto, habra elementos, aunque dbiles, para pensar en un incremento de la inteligencia de la
historia natural durante el tercer acto. Pero la diferencia fundamental entre la mente de H. erectus y la de H.
neanderthalensis radica en el grado de inteligencia lingstica (vase la figura 16).
16. La mente de H. erectus. La ilustracin muestra el crneo llamado KNM-WT15000, conocido como el joven de
Nariokotome, descubierto en Kenia en 1984 y datado en aproximadamente 1,6 millones de aos.
A modo de conclusin, podemos afirmar con toda seguridad que, a pesar de las diferencias lingsticas,
todos los humanos primitivos compartieron el mismo tipo bsico de mente: una mentalidad de navaja suiza.
Posean inteligencias mltiples, cada una de ellas dedicada a un rea concreta de comportamiento, con muy poca
interaccin entre ellas. Se puede comparar la mente humana primitiva a una catedral con varias capillas aisladas, en
las que se llevan a cabo, separadamente, servicios de pensamiento exclusivos, sin que se puedan or en el resto del
recinto catedralicio. Hemos llegado a la fase 2 de la historia arquitectnica propuesta en el captulo 4. Parece que
los humanos primitivos se parecan mucho a nosotros en algunos aspectos, puesto que posean esas reas
cognitivas especializadas, pero al mismo tiempo eran muy diferentes, porque carecan de un ingrediente vital de la
mente moderna: la fluidez cognitiva.
Captulo 8

Intentando pensar como un neandertal

Antes de entrar a analizar lo que ocurri con la mente al comienzo del cuarto acto a raz de la aparicin de
los primeros humanos modernos, habra que plantear una cuestin importante: qu supondra poseer una mente de
humano primitivo, la de un neandertal por ejemplo?

Para contestar a esta pregunta hay que volver al tema de la consciencia. En este libro me baso en la
afirmacin de Nicholas Humphrey segn la cual la consciencia evolucion como un dispositivo cognitivo que
permita a un individuo predecir el comportamiento social de otros miembros de su grupo. Humphrey deca que la
consciencia evolucion para permitirnos utilizar nuestra mente como un modelo para comprender la mente de otras
personas. En algn momento de nuestro pasado evolutivo se hizo posible hurgar en nuestros propios pensamientos
y sentimientos, y preguntarnos a nosotros mismos cmo nos comportaramos en tal o cual situacin ficticia. En
otras palabras, la consciencia evolucion como parte de la inteligencia social.

Lo cual tiene consecuencias importantes a la hora de analizar las diferencias entre la corriente de estados
subjetivos de consciencia y autoconsciencia que pudieron experimentar los neandertales y la corriente de esos
estados subjetivos en nuestra propia mente. En la mente neandertal, la inteligencia social estaba aislada de la
inteligencia tcnica y de la inteligencia de la historia natural, es decir, de la que rige la interaccin con el mundo
natural. Utilizando la catedral de nuestra analoga, la consciencia estaba firmemente atrapada entre los gruesos y
pesados muros de la capilla de la inteligencia social, y no poda orse en el resto de Ja catedral salvo en forma
sumamente mitigada. Por lo tanto, cabe concluir que los neandertales no posean autoconsciencia de los procesos
cognitivos que utilizaban en las reas de la inteligencia tcnica y de la historia natural.

Ahora bien, antes de proseguir, deseo advertir que la consciencia es un fenmeno de mltiples caras que
nadie alcanza a comprender del todo. Si Daniel Dennett logr o no explicar la consciencia en su libro de 1991,
Consciousness Explained, es algo discutible. Algunos sugieren que lo que hizo en realidad fue justificarla. Habra
al menos dos tipos diferentes de consciencia[1]. El primero sera el tipo al que nos referimos como sensacin,
como cuando sentimos picores en nuestro cuerpo, o los colores y los sonidos. Nicholas Humphrey lo considera un
orden inferior de consciencia comparado con el razonamiento y la reflexin sobre los propios estados mentales.
Sospecho que es este ltimo orden superior de consciencia introspectiva o reflexiva el que parece estar ausente
de la mente neandertal por lo que se refiere a la produccin de tiles y a la interaccin con el mundo natural, si bien
estaba presente en sus pensamientos sobre el mundo social.

Creo que los humanos primitivos, cuando producan sus tiles lticos, experimentaban el mismo tipo de
consciencia que nosotros conocemos cuando conducimos un automvil y al mismo tiempo mantenemos una
conversacin con un pasajero. Acabamos el viaje sin memoria de los semforos, de las curvas y de otros avatares
que hemos resuelto y superado felizmente sin pensar para nada en la conduccin. Como dice Daniel Dennett, si
bien esta forma de conduccin suele describirse como un caso clsico de percepcin inconsciente y accin
inteligente, en realidad se trata de un caso de consciencia atenuada con prdida pasajera de memoria[2].

Cuando los humanos primitivos se dedicaban a producir tiles y a buscar alimentos es muy probable que
experimentaran este tipo de consciencia atenuada, resultado de la fuerte amortiguacin de la consciencia
cuando se la oye desde fuera de la catedral de la inteligencia social. En otras palabras, cuando los mdulos
mentales creadores de consciencia se aplicaban a reas diferentes de aquellas para las que estaban destinados, no
podan funcionar eficazmente. Esto dej a los neandertales con una consciencia atenuada, momentnea y efmera
acerca de su propio conocimiento y de sus ideas sobre la produccin de tiles y la provisin de alimentos. No haba
introspeccin.

Este razonamiento tal vez resulte ms fcil de aceptar si, en lugar de aplicarlo a los neandertales, nos
referimos al antepasado comn de hace 6 millones de aos y a H. habilis hace 2 millones de aos. Ninguno de ellos
posea procesos mentales particularmente avanzados sobre la manufactura ltica y la historia natural, de modo que
una consciencia de ambas reas no parece que fuera un tema fundamental. Pero si se trata de los neandertales, o de
cualquier otro tipo de humano primitivo, resulta difcil imaginar que fuera posible ser un hbil artesano o
naturalista sin ser consciente, al mismo tiempo, de la profundidad del propio conocimiento o de los procesos
cognitivos que tienen lugar en la propia mente. Se nos antoja impensable que se pueda producir un til sin, al
mismo tiempo, pensar detalladamente en la funcin futura de ese artefacto y utilizar inmediatamente esos
pensamientos para disear el artefacto. Es como cuando por la maana elegimos la ropa que nos pondremos
(nuestros tiles materiales) pensando automticamente en los distintos contextos sociales en que nos moveremos
a lo largo del da.

Es tan difcil imaginar lo que pudo significar poseer una mentalidad tipo navaja suiza que la posible
existencia de este tipo de mentalidad resulta cuestionable. Cmo pudo existir una mente tipo navaja suiza? Pero
en momentos de duda como ahora es til recordar que nosotros poseemos muchos procesos cognitivos complejos
que estn funcionando en nuestra mente de los que no somos conscientes. Tal vez tengamos consciencia de slo
una minscula fraccin de lo que ocurre en nuestra mente. Por ejemplo, no somos conscientes de los procesos que
utilizamos para comprender y generar expresiones lingsticas, ni de la gran cantidad de reglas lingsticas que
utilizamos en nuestro lenguaje cotidiano, ni de las miles de palabras cuyo significado conocemos. Generar
expresiones gramaticalmente correctas y con significado es tal vez la cosa ms compleja que hacemos es muy
probable que la cantidad de procesos cognitivos que utilizamos exceda con mucho la cantidad que necesitaban los
neandertales para fabricar sus tiles lticos y la hacemos sin ser conscientes de lo que ocurre en nuestra mente.

Daniel Dennett ha subrayado la importancia de otros tipos de pensamiento inconsciente. Para demostrar su
existencia cita el ejemplo del caf derramado sobre la mesa:

En una milsima de segundo, saltamos de la silla para intentar eludir el caf derramado que gotea por el
borde. No tenamos consciencia de haber pensado que la mesa no absorbera el caf O que el caf, un lquido sujeto
a las leyes de la gravedad, rebasara el borde de la mesa, pero esos pensamientos inconscientes tienen que haberse
producido, puesto que si la Laza de caf hubiera contenido sal, o si en la mesa hubiera habido un mantel, no
habramos saltado bruscamente[3].

Tal vez el argumento ms persuasivo de que los humanos primitivos s pudieron fabricar sus tiles lticos y
buscar vveres con poca o nula consciencia introspectiva de los procesos mentales y de los conocimientos
utilizados se encuentra en el siguiente ejemplo de pensamiento inconsciente. Algunas personas sufren prdida
repentina de funciones en la parte superior del cerebro, que se traduce en ataques epilpticos muy leves, lo cual
implica una prdida de experiencia consciente. Pero los pacientes pueden continuar realizando sus actividades
normalmente, ya sea pasear, conducir o tocar el piano. Continan realizando actividades que exigen respuestas
selectivas a estmulos medioambientales, sin autoconsciencia de sus procesos mentales. Cuando actan as, su
comportamiento adquiere un carcter ms bien mecnico un tema que abordaremos ms adelante en este mismo
captulo pero continan, sin embargo, realizando sus actividades complejas[4].

No estoy sugiriendo que la mente humana primitiva fuera equivalente a la de alguien contemporneo que
sufra este tipo de ataques. Simplemente me valgo de este ejemplo como una demostracin ms de que la ausencia
de autoconsciencia sobre los propios procesos mentales no tiene por qu significar que esos procesos mentales no
tienen lugar y no pueden traducirse en formas complejas de comportamiento. Si las personas pueden conducir y
tocar el piano sin autoconsciencia de esas actividades, entonces la posibilidad de que los neandertales fabricaran
tiles lticos y buscaran alimentos sin ser conscientes de ello se hace ms plausible.

Plausible, tal vez, pero todava imposible de imaginar en la prctica. Pero es posible que esta dificultad para
imaginar cmo sera pensar como un neandertal sea meramente reflejo de una limitacin de nuestra propia clase de
pensamiento resultante de la evolucin.

El ncleo de las tesis de Nicholas Humphrey sobre la evolucin de la consciencia radica en la idea de que
aquella nos permite utilizar nuestra propia mente como un modelo de la mente de los dems. Pensar que otras
personas piensan de la misma manera que nosotros habra sido de un valor inmenso en trminos de evolucin. Pero
su corolario es la dificultad inherente para pensar que otro humano (de la especie que sea) pueda pensar de una
manera fundamentalmente distinta a la nuestra.

Pero quizs no estemos en tan mala posicin como el filsofo Thomas Nagel cuando, en 1974, formul su
famosa pregunta de qu supone ser un murcilago?. Despus de todo, en trminos de evolucin, estamos
mucho ms cerca de los neandertales que de los murcilagos. Pero Nagel no pretenda saber cmo se sentira l si
fuera un murcilago, sino qu representa ser un murcilago para un murcilago. Si trato de imaginarlo escribi
me tengo que limitar a los recursos de mi propia mente, y esos recursos son inadecuados para la tarea. No puedo
lograrlo ni siquiera imaginando adiciones a mi actual experiencia ni imaginando segmentos gradualmente
sustrados a ella, ni imaginando combinaciones de adiciones, sustracciones y modificaciones[5].

Todo cuanto podemos lograr es quizs una experiencia efmera de la manera de pensar posible de un
neandertal cuando, por ejemplo, nos concentramos en una determinada tarea y cerramos el resto del mundo a
nuestra mente. Pero esa experiencia no dura ms que un instante. Como en el caso de Nagel y sus murcilagos,
somos incapaces de saber qu pudo suponer para un neandertal ser un neandertal. La evolucin se ha protegido
contra esta posibilidad dejando que nos rompamos la cabeza con la idea de una mentalidad humana primitiva
semejante a una navaja suiza.

Pero para ayudarnos en esta contienda est el registro arqueolgico, la evidencia emprica, posiblemente
mucho ms valiosa que todas las teoras filosficas y psicolgicas. En efecto, la naturaleza casi siempre enigmtica
de este registro es el argumento de ms fuerza en favor de un tipo de mente humana fundamentalmente distinto.
Gran parte del comportamiento humano primitivo parece moderno, y el paradigma sera la habilidad tcnica que
exhiben los tiles lticos. Pero en cambio son muchas las cosas que nos parecen realmente extraas: la monotona
de las tradiciones industriales, la ausencia de tiles de hueso o marfil, la ausencia de arte El paradigma de todo ello
es el artefacto tipo de los humanos primitivos, el hacha de mano. Como ha dicho recientemente el arquelogo
Thomas Wynn, sera difcil exagerar lo extraa que resulta el hacha de mano cuando la comparamos con los
productos de la cultura moderna[6]. Creo que la nica forma de explicar el registro arqueolgico de los humanos
primitivos es invocando un tipo de mente fundamentalmente distinta de la mente de los humanos modernos.
Captulo 9

El big bang de la cultura humana: los orgenes del arte y de la religin

Hubo una explosin cultural en los actos cuarto y final de nuestro pasado. Esto ocurri en el periodo entre
60 000 y 30 000 aos atrs, un periodo que marca el inicio un tanto confuso de la segunda escena del cuarto acto.
El inicio del propio acto viene marcado por la entrada del nico y tambin ltimo actor superviviente, H. sapiens
sapiens hace 100 000 aos. Inmediatamente parece que este nuevo actor ha adoptado unas formas de
comportamiento que no se haban visto hasta ahora en la obra. Entre ellas destaca, sobre todo,la produccin de
tiles de hueso en el sur de frica; y la presencia de partes animales en enterramientos humanos en el Prximo
Oriente, las nicas dos reas del mundo donde se conocen fsiles de H. sapiens sapiens de 100 000 aos de
antigedad. Pero aparte de esta fugaz visin de algo nuevo, los accesorios de H. sapiens sapiens de la primera
escena del cuarto acto son casi idnticos a los de los humanos primitivos. De modo que me referir a estos
primeros H. sapiens sapiens como los primeros humanos modernos. La explosin cultural no acaece hasta 40 000
aos despus de haber entrado en escena. Y por lo tanto, lo que los arquelogos consideran uno de los cambios
cruciales de la prehistoria, y que denominan inadecuadamente la transicin del Paleoltico Medio al Superior, es
en realidad el inicio de la segunda escena, y no la primera aparicin de H. sapiens sapiens.

En este captulo deseo explorar el comportamiento de H. sapiens sapiens en las dos primeras escenas del
cuarto acto inmediatamente antes y despus de esa transicin y preguntar en qu medida sus mentes diferan
de las de los humanos primitivos. Pero abordar ambas escenas en sentido inverso, empezando por los
espectaculares cambios culturales que tuvieron lugar a partir de hace 60 000 aos en adelante, en especial el origen
del arte.

Recordemos que en los inicios del cuarto acto la catedral de la mente moderna est casi completa. Ya estn
en su lugar las cuatro capillas de la inteligencia tcnica, de la historia natural, social y lingstica, cuyos bosquejos
vimos ya al explorar la mente moderna en el captulo 3. Pero los muros de estas capillas son slidos; las capillas
estn aisladas unas de otras, atrapando en su interior las ideas y el conocimiento de cada inteligencia especializada,
con excepcin de los flujos entre la capilla de la inteligencia social y la de la inteligencia lingstica. Para constituir
la mente moderna, los pensamientos y conocimientos encerrados en cada una de esas capillas deben poder fluir
libremente por todo el recinto de la catedral o quizs dentro del espacio de una supercapilla de forma
armnica y conjunta para crear formas de pensamiento que nunca hubieran podido existir en el interior de una sola
capilla.

Los arquelogos han descrito con frecuencia la transicin entre el Paleoltico Medio y el Superior como una
explosin cultural. Ya mencionamos en el captulo 2 que fue durante esa transicin, o poco despus, cuando
Australia se coloniza, los tiles de hueso se generalizan (tras haber hecho su primera aparicin en la escena primera
del cuarto acto) y se crean las primeras pinturas rupestres. La escena segunda del cuarto acto conoce una actividad
frentica, con ms innovaciones que en los anteriores 6 millones de aos de evolucin humana. Dado que el inicio
de esta escena es calificada con frecuencia como una explosin cultural, es lgico que nos preguntemos si ese ruido
es o no una explosin; tal vez es el ruido de puertas y ventanas que se estn abriendo en los muros de las capillas, o
puede que sea el ruido de la construccin de una supercapilla; en otras palabras, el inicio de la fase final de
nuestra historia arquitectnica de la mente.
Es muy fcil considerar la transicin del Paleoltico Medio al Superior como una explosin cultural, o como
un big bang, el origen del universo de la cultura humana. El big bang es la descripcin taquigrfica que utilizar en
este captulo. Pero si miramos algo ms de cerca la lnea de separacin-transicin entre la primera escena y la
segunda, vemos que no se trata de un solo big bang, sino de toda una serie de destellos culturales que tienen lugar
en momentos ligeramente diferentes en distintas partes del mundo entre 60 000 y 30 000 aos atrs. La
colonizacin de Australia, por ejemplo, parece reflejar un destello cultural que aconteci hace entre 60 000 y 50
000 aos, si bien en esa misma poca en el resto del mundo todo permaneci relativamente tranquilo y silencioso.
En el Prximo Oriente hubo un destello cultural hace entre 50 000 y 45 000 aos, cuando la tecnologa levallois
fue sustituida por la de los ncleos foliformes o laminares. El destello cultural en Europa no se producira hasta
hace unos 40 000 aos, con la aparicin de los primeros objetos de arte. Pero slo a partir de hace 30 000 aos se
podra afirmar que el agitado ritmo del cambio cultural haba empezado en serio en todo el globo. Algunos
arquelogos llegan a negar que hubiera algo parecido a una gran transicin, y consideran los cambios culturales
como un mero resultado de un proceso largo y gradual de cambio. Sugieren que los nuevos tipos de artefactos que
aparecen en el registro arqueolgico en el cuarto acto reflejan una preservacin y una recuperacin mejores, pero
no nuevas formas de comportamiento[1]. Pero yo no estoy de acuerdo.

Como la mayora de los arquelogos, yo creo que algo fundamental tuvo lugar durante la transicin entre el
Paleoltico Medio y el Superior, aunque fuera en momentos ligeramente distintos en distintas partes del mundo. Se
han avanzado con anterioridad diversas ideas acerca de esos posibles factores fundamentales, entre ellas la
reestructuracin de las relaciones sociales[2], la aparicin de la especializacin econmica [3], una invencin
tecnolgica semejante a la que originara la transicin a la agricultura 30 000 aos ms tarde [4], y el origen del
lenguaje[5]. Creo que todas ellas son errneas: porque o bien son ms consecuencia que causas de la transicin, o
bien no llegan a reconocer la complejidad de la vida social y econmica de los humanos primitivos.

Mi explicacin del big bang de la cultura humana es su coincidencia con la gran configuracin final de la
mente; cuando se insertaron puertas y ventanas en los muros de las capillas, o tal vez cuando se construy una
nueva supercapilla. La mente moderna podra, as, representarse tal como aparece en la figura 17. Con estos
nuevos elementos en el diseo, las inteligencias especializadas de la mente humana primitiva dejaron de trabajar
aisladamente unas de otras. Creo que en las ltimas dos dcadas de investigacin se ha dado con la explicacin de
la transicin del Paleoltico Medio al Superior, y no se debe a los arquelogos, sino a los cientficos cognitivistas
cuyo trabajo analizamos en el captulo 3.

Recordemos que, segn Jerry Fodor, la pasin por lo analgico es un rasgo fundamental de los procesos
centrales claramente no modulares de la mente, y que, en opinin de Howard Gardner, en la mente moderna operan
inteligencias mltiples de forma conjunta y armnica, incluso sin fisuras, con el fin de ejecutar actividades
humanas complejas. Veamos que Paul Rozin conclua que el sello distintivo de la evolucin de la inteligencia
es que una capacidad aparece primero en un contexto limitado y ms tarde se extiende a otros mbitos, y quepan
Sperber propona una idea parecida con su mdulo de la metarrepresentacin, cuya evolucin creaba nada menos
que una explosin cultural. Recordemos asimismo las ideas de Annette Karmiloff-Smith sobre la manera en que
la mente humana re-representa conocimientos, de forma que resulta posible aplicar el conocimiento ms all de
los objetivos especficos para los que normalmente se utiliza y forjar vnculos figurativos a travs de las diferentes
reas, algo muy parecido a la idea de configuracin de mapas transversales a los sistemas de conocimiento de
Susan Carey y Elizabeth Spelke, y a las ideas de Margaret Boden sobre el nacimiento de la creatividad gracias a la
transformacin de espacios conceptuales[6].

Ninguno de estos cognitivistas pretenda analizar la transicin del Paleoltico Medio al Superior. Y tampoco
trataron necesariamente los mismos aspectos de la mente moderna: algunos de ellos analizaron el desarrollo
infantil, mientras otros se ocuparon de la evolucin cognitiva, o sencillamente de cmo pensamos en el transcurso
de nuestra vida cotidiana. Pero sus ideas tienen un elemento en comn: que tanto en el desarrollo (infantil) como en
la evolucin (de la especie humana), la mente humana sufre o ha sufrido una transformacin, pasando de ser una
mente constituida por una serie de reas cognitivas relativamente independientes a ser una mente donde las ideas,
maneras de pensar y el conocimiento fluyen libremente entre las distintas reas. Aunque no lo supieran, Gardner,
Rozin, Boden y los dems estaban preparando la respuesta a la transicin del Paleoltico Medio al Superior.
17. La mente de los cazadores-recolectores modernos.
O al menos yo as lo creo. El propsito de este captulo y del prximo es valorar esta propuesta. Empezar
por preguntar si tales desarrollos pueden explicar los nuevos tipos de comportamiento que observamos al principio
del cuarto acto, cuando las comunidades humanas seguan viviendo de la caza y la recoleccin durante el periodo
que llamamos el Paleoltico Superior. En el eplogo nos acercaremos algo ms al presente y a los estilos de vida
actuales que nos son familiares abordando el origen de la agricultura.

Empezaremos por el acontecimiento del cuarto acto que aporta finalmente un poco de color a la obra: la
aparicin del arte.

Qu es arte?

No podemos abordar el origen del arte sin antes ponernos de acuerdo sobre lo que estamos hablando. Arte
es otra de esas palabras que impregnan este libro y que desafan cualquier definicin facilona, como mente,
lenguaje e inteligencia. Al igual que en otros casos, la definicin de arte viene determinada culturalmente. Muchas
de las sociedades que producen esplndidas pinturas rupestres no tienen una palabra para arte en su lenguaje [7].
Seguramente las comunidades del Paleoltico Superior tenan un concepto de arte (si es que lo tenan) muy distinto
del que actualmente se ha popularizado entre nosotros: objetos no utilitarios para ser exhibidos sobre un pedestal
en las galeras de arte. Pero aquellos cazadores-recolectores prehistricos producan tiles que para nosotros no
tienen precio, y que colocamos encantados sobre un pedestal en nuestras galeras y museos. Antes de generalizar
sus cualidades esenciales, pasemos a considerar brevemente las piezas de arte ms antiguas que se conocen.

Entre los desechos abandonados en el tercer acto, se han descubierto unas pocas piezas de piedra y hueso
con unas rascaduras, que segn algunos arquelogos tienen un significado simblico, como es el hueso de
Bilzings-leoen. Alemania, que presenta lneas incisas paralelas[8]. Dudo de que esta hiptesis est justificada, y creo
que habra que excluir estos objetos de nuestra mal definida categora de arte. La mayora pueden explicarse como
producto colateral de otras actividades, como cortar materia vegetal sobre un soporte de hueso, por ejemplo, si bien
pudiera haber algunas excepciones, sobre las que volver ms adelante.

La pertenencia al grupo de tiles de lite que llamamos arte debe concederse a aquellos objetos que o
bien son figurativos o bien demuestran pertenecer a un cdigo simblico, como en el caso de repeticin de los
mismos motivos. La fase ms antigua del Paleoltico Superior ofrece ejemplos de ambas categoras.

Por lo que respecta al arte figurativo, lo mejor es empezar con la estatuilla de marfil encontrada en
Hohlenstein-Stadel, en el sur de Alemania, fechada hace unos 30 000 a 33 000 aos (vase la figura 18). Se trata de
una figurilla de un hombre con cabeza de len tallada en el colmillo de un mamut, una combinacin esplndida de
destreza tcnica y de gran fantasa. Se encontr hecha aicos y fue meticulosamente restaurada para ofrecernos la
obra de arte ms antigua que se conoce[9]. Tambin del sur de Alemania y de la misma poca procede una serie de
figuras zoomorfas talladas en marfil que incluyen felinos y herbvoros tales como mamuts, caballos y bisontes.
Algunas presentan marcas incisas en el cuerpo[10]

Contemporneas a este arte figurativo se han descubierto imgenes que podran ser parte de un cdigo
simblico creado en el suroeste de Francia (vase la figura 19). Se trata de signos predominantemente en forma de
V tallados en bloques de piedra caliza en las cuevas de la Dordoa. Aunque tradicionalmente se han considerado
imgenes de vulvas, los arquelogos descartan ahora la idea de que puedan tener ni siquiera un simple estatus
figurativo. Su rasgo ms destacado es la produccin reiterada de motivos que tienen la misma forma[11].
18. La estatuilla de un hombre/len de marfil hallado en Hohlenstein-Stadel, en el sur de Alemania, de unos 30
000-33 000 aos de antigedad (28 cm de altura).
Junto a estos objetos de arte, el periodo de hace 40 000 a 30 000 aos conoci la primera produccin de
tems destinados a la ornamentacin personal, tales como abalorios, colgantes y dientes perforados de animales. En
el yacimiento de La Souquette, en el suroeste de Francia, los grabados que figuran en los abalorios de marfil
pretenden imitar conchas marinas[12]. En la misma poca, o poco despus, de la produccin de estos tems, se
empezaron a pintar las primeras cuevas del suroeste de Europa con imgenes de animales, signos y figuras
antropomorfas, una tradicin que culminara en las pinturas rupestres de Lascaux, de unos 17 000 aos de
antigedad[13]. Algunas de las pinturas de la cueva Chauvet, en la regin francesa del Ardche, descubierta el 18 de
diciembre de 1994, se han fechado, efectivamente, hace 30 000 aos. Las ms de 300 pinturas zoomorfas de esta
cueva que incluyen rinocerontes, leones, renos, caballos y un bho son realmente extraordinarias. Muchas de
ellas son sumamente naturalistas y demuestran un conocimiento impresionante de la anatoma animal y un talento
artstico asombroso. Esta cueva no tiene nada que envidiar a la de Lascaux ni a la de Altamira, en Espaa, por lo
que a la espectacularidad de su arte se refiere [14]. Aunque se trata del arte ms antiguo que conoce la humanidad, no
hay nada primitivo en l.

19. A la derecha, smbolos grabados en un pequeo canto rodado, de 60 cm de ancho, procedente del Abri Cellier,
en la Dordoa francesa, de unos 30 000-25 000 aos. Imgenes como estas se repiten en otros yacimientos del
suroeste de Francia durante este periodo, entre ellos el Abri Blanchard, Abri de Castanet y La Ferrassie, tal como
se ilustra en la parte izquierda.

Si la produccin de arte fue prolfica en Europa, a partir de hace 30 000 aos ya se haba convertido en un
fenmeno mundial. En el sur de frica, las placas pintadas de la cueva de Apolo tienen 27 500 aos, mientras que
los grabados de Australia tienen ms de 15 000 aos, y posiblemente 40 000 [15]. Pero el arte sigui escasamente
presente o incluso ausente en varias regiones del mundo hasta hace 20 000 aos, es decir, exactamente 20 000 aos
despus de su primera aparicin en Europa, ciertamente un lapso de tiempo casi insignificante comparado con los
ms de 1,5 millones de aos en que los humanos primitivos vivieron sin arte.
Esta variable intensidad en la produccin de arte cabe atribuirla a las variaciones en la organizacin
econmica y social, que a su vez podra atribuirse, grosso modo, a condiciones medioambientales. El registro
arqueolgico demuestra que el arte de la Edad de la Piedra no es el producto de unas circunstancias confortables,
de cuando la gente tiene tiempo en sus manos, sino que habitualmente se produca cuando la gente viva en
condiciones de gran tensin. El florecimiento del arte paleoltico en Europa se desarroll en un momento en que las
condiciones medioambientales eran extremadamente duras, en torno al punto lgido de la ltima glaciacin[16]. Y
sin embargo, si hubo una poblacin humana que sufri una de las mayores presiones adaptativas fueron los
neandertales de Europa occidental. Y en cambio no produjeron arte. No tenan la capacidad para ello.

No cabe duda de que hace 30 000 aos esta capacidad ya constitua un atributo universal de la mente
humana moderna. Qu implica exactamente? Aunque la definicin de un smbolo visual sea difcil, al menos
posee cinco propiedades que resultan decisivas:

La forma del smbolo es arbitraria respecto de su referente. Este es uno de los rasgos fundamentales del
lenguaje, pero tambin es aplicable a los smbolos visuales. Por ejemplo, el smbolo 2 no se parece ni recuerda
remotamente a dos tems de algo[17].

Un smbolo se crea con la intencin de comunicar[18]

Puede haber un considerable desplazamiento espacio/tiempo entre el smbolo y su referente. As. por
ejemplo, yo puedo trazar una imagen de algo que ha pasado hace mucho tiempo, o que creo que podra pasar en el
futuro.

El significado concreto de un smbolo puede variar entre individuos y especialmente entre culturas.
Depende por lo general del conocimiento y de la experiencia. Una cruz, gamada nazi tiene un significado distinto
para un nio que para un judo cuya familia pereci en el Holocausto. La esvstica es, en realidad, un smbolo muy
antiguo, que se encuentra en culturas muy distantes unas de otras, en Mxico y en el Tbet por ejemplo.

Un mismo smbolo puede tolerar cierto grado de variabilidad, sea o no deliberada. Por ejemplo, podemos
leer la escritura de distintas personas, aunque las formas concretas de las letras varen.

Estas propiedades de los smbolos visuales se hacen especialmente evidentes cuando analizamos el arte que
han creado los cazadores-recolectores recientes, como es el caso de las comunidades aborgenes de Australia. La
ltima dcada ha sido testigo de un considerable desarrollo de nuestra comprensin de ese arte [19] Ahora sabemos
que incluso las imgenes ms simples, como el crculo, pueden tener muchos referentes distintos. Entre los walpiri,
que habitan en el desierto central australiano, por ejemplo, un crculo puede representar un nmero casi ilimitado
de referentes: campamentos de paso, hogares, montaas, charcas, pechos femeninos, huevos, fruta y otros tems. El
supuesto significado del crculo en cualquier composicin slo se puede identificar a partir de los motivos
asociados. Esos motivos geomtricos tan simples pueden llegar a tener una cantidad de significados posibles mayor
que las imgenes naturalistas complejas[20] (vase el recuadro siguiente).

Significados complejos de los diseos simples del arte cazador-recolector

Los significados complejos y mltiples que pueden encontrarse en los diseos geomtricos ms sencillos del arte
del Paleoltico pueden ilustrarse con un ejemplo del arte aborigen australiano. El antroplogo social Howard
Morphy afirma que muchas de sus pinturas poseen un patrn geomtrico bsico subyacente al diseo. Cada parte
del patrn puede codificar toda una serie de significados. Por ejemplo, consideremos la imagen inferior que tiene
dos loci o lugares geomtricos, a) y b).
En a) estn codificados los siguientes significados charca, lago, vagina. En b) los significados palo
cavador, ro, pene. Por consiguiente, tres posibles interpretaciones de esta imagen podran ser un ro que
vierte en un lago, un palo cavador utilizado para cavar un pozo, y un pene penetrando en una vagina. Las tres son
interpretaciones correctas, pero cada una de ellas obedece a un contexto social distinto. Adems, las
interpretaciones pueden asociarse en una sola secuencia mtica: Un antepasado canguro estaba cavando una charca
con un palo cavador. Cuando hubo acabado, una hembra wallabi se inclin para beber agua fresca, y el canguro
aprovech la oportunidad para tener relaciones sexuales con ella. El semen sali del cuerpo de la hembra
derramndose en la charca. Actualmente un ro vierte en el lago en aquel lugar y el pene del canguro se transform
en un palo cavador que an puede verse en forma de un gran tronco a orillas del lago. Si diseos geomtricos tan
simples pueden codificar significados tan complejos, y con ello expresar los aspectos transformativos de los
Seres Ancestrales, slo cabe maravillarse ante los significados codificados de los diseos geomtricos del
Paleoltico.

Las imgenes naturalistas, ya sean de animales o de seres ancestrales, por ejemplo, tambin pueden tener
significados complejos y mltiples. Un nio aborigen que desconozca el Tiempo del Sueo (el pasado/presente
mticos) podra inicialmente interpretar las imgenes de un modo literal. Para un nio, la imagen de un pez, por
ejemplo, tiene que ver con la pesca, que es una actividad econmicamente importante para muchos grupos
aborgenes. Este tipo de interpretaciones literales pueden calificarse como significados externos del arte; se
aprenden en el contexto de la vida diaria y pertenecen al mbito pblico. A medida que el nio crece y adquiere
conocimientos sobre el mundo ancestral, interpretar la misma imagen en un sentido ms metafrico, con
frecuencia asociado a las acciones de los Seres Ancestrales. Estos seres pueden presentar diversos niveles, y cada
uno de ellos requiere conocimientos adicionales sobre el pasado ancestral, que puede restringirse a determinadas
clases de individuos. Por consiguiente, se consideran significados internos. Por ejemplo, el nio puede aprender
poco a poco que el pez es un smbolo muy poderoso de la transformacin espiritual del nacimiento y de la muerte.
Son buenos para pintar no slo porque son buenos para comer, sino porque son buenos para pensar. Los
significados metafricos de las imgenes del pez relativos al nacimiento y a la muerte, no sustituyen la
interpretacin literal referida a la prctica de la pesca, sino que se complementan. De todo ello resulta que muchas
imgenes tienen significados distintos para distintas personas, dependiendo de su acceso al conocimiento del
pasado ancestral[21].
Sea cual fuere el significado atribuido a una imagen, lo ms probable es que esa imagen se aleje en el tiempo y en
el espacio de aquello que la inspir. La charca a la que puede aludir un crculo puede estar muy lejos, mientras que
el Ser Ancestral no tiene una ubicacin clara ni en el espacio ni en el tiempo.
Se pueden encontrar muchos de estos rasgos en la tradicin del arte rupestre de otros cazadores-recolectores
modernos, como en el caso de los san del sur de frica[22]. Es indudable que las imgenes creadas en el Paleoltico
Superior teman tambin mltiples significados simblicamente complejos por lo que se refiere a aquellas cinco
propiedades mencionadas anteriormente. Seguramente los arquelogos tendrn ms xito a la hora de reconstruir
los significados externos de este arte que los significados internos, puesto que para desentraar estos ltimos hay
que acceder al mundo mitolgico ya perdido de la mente prehistrica, un mundo al que volver al final de este
captulo al abordar el origen de las ideas religiosas.

La fluidez cognitiva y el origen del arte

Habiendo explorado algunas de las propiedades de los smbolos visuales, pasemos ahora a considerar los
atributos mentales que se requieren para crearlos y leerlos. Hay al menos tres:

La produccin de una imagen visual supone la planificacin y la ejecucin de un modelo mental


preconcebido.

Una comunicacin deliberada referida a algn evento u objeto alejado en el tiempo o en el espacio.

La atribucin de significado a una imagen visual no asociado a su referente.

Segn dejamos establecido en el captulo anterior y tal como explicar ms adelante, es probable que
los humanos primitivos fueran competentes en cada uno de esos procesos cognitivos. Estos habran podido existir
en un estado tan complejo y avanzado como en una mente humana moderna. Entonces por qu no hubo arte? La
respuesta podra ser que aun cuando los poseyeran, estos procesos se encontraban en reas cognitivas distintas, sin
accesos entre unas y otras. Y el origen del arte slo fue posible tras un considerable aumento de las conexiones
entre las distintas reas cognitivas. Entonces en qu parte de la mente del humano primitivo estaban ubicados
estos procesos?

20. El fragmento de costilla de un gran mamfero procedente de Bilzigsleben, Alemania. En la superficie hay una
serie de lineas paralelas, al parecer grabadas mediante la aplicacin repetida de un til ltico por parte,
seguramente, de un neandertal (28,6 cm de largo por 3,6 cm de ancho).

Dejar marcas en los objetos es algo que ocurre sin querer en el curso de cualquier actividad por parte de los
animales, marcas en forma de huellas, de araazos en huesos, o de rasguos en los rboles. Algunos animales no
humanos tambin producen marcas de manera deliberada: los chimpancs han creado pinturas asombrosas en
laboratorio, aunque carezcan, en principio, de significado simblico y no se hayan producido en su entorno
natural[23]. Yo interpretara estos logros artsticos de igual modo que los logros lingsticos de los chimpancs,
es decir, como el producto de una capacidad generalizada de aprendizaje. Los primeros miembros del linaje Homo
que tratamos en el captulo 6 hacan marcas con tiles lticos en los huesos durante el proceso de matan/a. Tambin
tenemos una serie de tiles hechos por humanos primitivos que presentan lneas incisas, como por ejemplo el hueso
de Bilzingsleben[24] ya mencionado (vase la figura 20), y un fsil numulita de Tata, Hungra, donde se aprecia una
lnea grabada, al parecer intencionadamente, perpendicular a una fisura natural para producir una cruz, y cuya
antigedad se estima en unos 100 000 aos. Aunque an est por demostrar, simpatizo con la idea de que algunas
de estas lneas pudieron ser intencionadas, y ms adelante me ocupar de su interpretacin. Tambin los escasos
restos de ocre rojo encontrados en yacimientos de humanos primitivos del sur de frica apenas una docena
correspondientes al periodo inmediatamente anterior a hace 100 000 aos [25] podran indicar que H. sapiens
arcaico decoraba su cuerpo. Pero no hay razn para equipararlo al comportamiento simblico implicado en la
produccin de objetos de arte. Lo que necesitamos encontrar en la mente de los humanos primitivos es una
capacidad para crear deliberadamente marcas u objetos con una forma preconcebida.

Y eso s es posible, precisamente en el rea de la inteligencia tcnica. Hemos visto que los humanos
primitivos impriman formas regulares a sus tiles lticos. Las hachas de mano y las lascas levallois exigen la
extraccin de objetos con una forma preconcebida a partir de un ndulo de piedra. Ante este tipo de inteligencia
tcnica, la incapacidad para producir objetos de arte tridimensionales no puede atribuirse a una dificultad a la hora
de concebir objetos dentro de un bloque de piedra o marfil, o de planificarlos mentalmente, o a una falta de
destreza manual para sintetizarlos. Los procesos mentales ubicados en el rea de la inteligencia tcnica y que se
utilizaban para fabricar tiles lticos fueron, al parecer, suficientes para esculpir una estatuilla en una defensa de
mamut. Pero no se usaron para tales propsitos.

Con respecto a la segunda de las tres capacidades cognitivas decisivas para el arte, la comunicacin
deliberada, la caracterizbamos en el captulo anterior como un rasgo importante de la inteligencia social del
humano primitivo. En efecto, los humanos primitivos dependieron seguramente tanto de la comunicacin
deliberada como los humanos modernos de hoy en da. Entre los ltimos humanos primitivos esta capacidad se
manifest en el lenguaje hablado; entre los primeros humanos primitivos, puede que se limitara a sonidos
inarticulados demasiado simples para ser descritos como lenguaje o gesto. En el captulo 5 vimos que los simios no
antropomorfos y los antropomorfos tambin desarrollan una comunicacin deliberada, lo que sugiere que esta
capacidad ha tenido una larga historia evolutiva: no hay duda de que tanto los humanos primitivos como el
antepasado comn y los primeros Homo se comunicaron frecuente y deliberadamente.

El tercer elemento de una capacidad para el arte es la habilidad para atribuir significado a objetos
inanimados o a seales alejados de sus referentes [26]. Encontramos esta habilidad en alguna de las reas cognitivas
de los humanos primitivos? Decididamente s: la capacidad para atribuir significado a los rastros y a las huellas no
deliberadas de presas potenciales es un componente fundamental de la inteligencia de la historia natural. Como ya
he mencionado en captulos anteriores, la habilidad para hacer deducciones a partir de unas huellas de pisadas, por
ejemplo, podra remontarse a la poca en que el Homo primitivo, o los australopitecinos, empezaron a cazar y a
recuperar animales muertos en la sabana africana. Esas deducciones se refieren, por lo general, al tipo, la edad, el
sexo, el estado de salud y el comportamiento habitual del animal que produjo esas huellas.

Las marcas no deliberadas que dejan tras de s los animales comparten algunas propiedades con las
marcas deliberadas o los smbolos de los humanos modernos, como las pinturas rupestres o los trazos en la
arena[27]. Son inanimados. Ambos estn espacial y temporalmente alejados del acontecimiento que los inspir y de
aquel que denotan. Las huellas de pisadas, como los smbolos, hay que enmarcarlas en una categora adecuada si se
quiere atribuir un significado adecuado. Por ejemplo, las huellas de las pezuas de un ciervo variarn segn se
hayan dejado en el barro, en la nieve o en la hierba, y el trazo de un smbolo tambin ser distinto segn cul sea la
superficie rocosa y el estilo individual del artista. Las huellas de los animales no son, por lo general, figurativas. Si
bien la huella de un ciervo suele reproducir la base de la pezua, no reproduce el acontecimiento que cabe
deducir de ella, es decir, el paso de un venado macho. Hay muchas marcas que no tienen ningn parecido visual
con el animal que las ha creado; es el caso de las lneas paralelas que deja el culebreo de una serpiente. Y
finalmente, el significado de las marcas variar segn los conocimientos de la persona que ve la marca, como vara
tambin el significado de los smbolos. Por ejemplo, un nio puede identificar la huella de una pezua y deducir
que procede de un ciervo, mientras que un cazador adulto y diestro puede llegar a conocer que el ciervo era una
hembra preada que pas por all dos horas antes.

Estos puntos de semejanza sugieren que los mismos procesos cognitivos que se usan para atribuir
significado a marcas de animales dejadas de forma no deliberada seran igualmente eficaces a la hora de atribuir
significado a marcas creadas deliberadamente por los humanos. Pero no hay evidencia de que se utilizaran con esa
finalidad antes de la llegada de los humanos modernos.

Los tres procesos cognitivos fundamentales para crear arte concepcin mental de una imagen,
comunicacin deliberada y atribucin de significado estaban los tres presentes en la mente del humano
primitivo. Se encontraban en las reas de la inteligencia tcnica, social y de la historia natural, respectivamente.
Pero la creacin y uso de smbolos visuales requiere un funcionamiento conjunto armonioso y sin fisuras (para
usar las palabras de Gardner), lo cual exige una transversalidad de los vnculos entre las distintas reas (para
citar a Karmiloff-Smith). Y el resultado sera una explosin cultural (para citar a Sperber).

S se constata una explosin cultural hace 40 000 aos en Europa cuando se produjeron los primeros objetos
de arte, y sugiero que la explicacin radica en la posibilidad de nuevas conexiones entre las reas de la inteligencia
tcnica, social y de la historia natural. Los tres procesos cognitivos anteriormente aislados unos de otros
funcionaban ahora de forma conjunta, creando el nuevo proceso cognitivo que llamamos simbolismo visual, o
sencillamente arte (vase el recuadro de la pgina 176).

Si tuviera que elegir un nico rasgo definitorio del arte ms primitivo en apoyo de este razonamiento
destacara la gran destreza tcnica y el poder emotivo de las primeras imgenes. No puede establecerse ninguna
analoga entre el origen del arte en el curso de la evolucin y el desarrollo de la habilidad artstica en el nio. Este
ltimo consiste en un cambio gradual desde los garabatos iniciales a las imgenes figurativas, para luego desplegar
una mejora gradual en la calidad de esas imgenes. En algunos artistas jvenes se observa ms tarde una
comprensin gradual de cmo usar lneas y colores para transmitir no slo un registro de lo que ven, sino los
propios sentimientos sobre ello. En cambio, no hay nada gradual en la evolucin histrica de la capacidad artstica:
las primeras obras que encontramos son comparables en calidad a las producidas por los grandes artistas del
Renacimiento. Lo cual no quiere decir que los artistas de la era glaciar no tuvieran que pasar por un proceso de
aprendizaje; de hecho, encontramos muchas imgenes que parecen dibujadas por un nio o por un aprendiz de
artista[28].
Pero la habilidad para imponer una forma y para comunicar e inferir significado de las imgenes ya tuvo
que estar presente en la mente del humano primitivo, aunque no hubiera arte. Lo que necesitaba para crear las
maravillosas pinturas de la cueva de Chauvet era una conexin entre aquellos procesos cognitivos que haban
evolucionado para otras funciones.

Pero antes de abandonar el origen del arte, habra que volver a aquellas piezas de hueso o marfil
marcadas producidas por los humanos primitivos, como las ya mencionadas de Bilzingsleben y Tata. Si y es
un gran si aquellas lneas son deliberadas, cmo explicarlas? Sugiero que reflejan la mxima cantidad de
comunicacin simblica posible que permite la inteligencia general por s sola. Puede que los humanos primitivos
fueran capaces de asociar marcas y significados usando slo su capacidad para el aprendizaje asociativo. Pero
confiar en ese aprendizaje habra limitado severamente la complejidad de las marcas y de los significados. Existe
una semejanza entre la simplicidad de la capacidad tcnica del chimpanc comparada con la de los humanos
primitivos, y la simplicidad de las marcas deliberadas de estos ltimos comparada con las de los humanos
modernos. Los chimpancs se sirven de la inteligencia general para fabricar tiles, del mismo modo que los
humanos primitivos se servan de la inteligencia general para la comunicacin simblica. Por eso los chimpancs
y los humanos primitivos parecen subdotados en esas actividades si las comparamos con sus logros en aquellas
reas de comportamiento para las que s poseen inteligencias especializadas.

Humanos como animales, animales como humanos: antropomorfismo y totemismo

El nuevo flujo de conocimientos y de procesos de pensamiento entre las reas cognitivas de la mente
moderna se aprecia fcilmente no slo en la existencia del arte, sino tambin en su contenido. Observemos una vez
ms la imagen de la figura 18. Esta figura tiene una cabeza de len y un cuerpo humano. No podemos demostrar,
pero tampoco dudar, de que representa un ser de la mitologa propia de los grupos del Paleoltico Superior del sur
de Alemania. No sabemos si se trata de la imagen de un animal que ha adoptado determinados atributos humanos
lo que reflejara un pensamiento antropomrfico, o si se trata de un humano que desciende de un len lo
que reflejara un pensamiento totmico. Pero, sea cual fuere la respuesta correcta (y seguramente ambas lo son), la
capacidad para concebir un ser as requiere fluidez entre la inteligencia social y la inteligencia de la historia
natural.

Imgenes como esta impregnan tanto el arte del Paleoltico Superior como el de casi todas las sociedades
cazadoras-recolectoras, y evidentemente tambin el arte de las sociedades que viven de la agricultura, el comercio
y la industria[29]. Tenemos muchos ejemplos famosos en la prehistoria. El arte del Paleoltico Superior incluye el
hechicero de Les Trois-Frres una figura pintada en posicin erguida, con extremidades superiores e inferiores
que parecen humanas, pero con el lomo y las orejas de un herbvoro, las astas de un reno, la cola de un caballo y un
falo dirase que de un felino (vase la figura 21), as como un hombre con cabeza de pjaro, en Lascaux, y una
figura femenina de la cueva de Grimaldi, asociada a un carnvoro [30]. Una de las pinturas de la cueva recin
descubierta de Chauvet, muchas de ellas de 30 000 aos de antigedad, representa una figura con la cabeza y el
torso de un bisonte y las extremidades de un humano. Y los cazadores-recolectores prehistricos que vivieron hace
7000 aos en la zona de bosque de Lepenski Vir, en el Danubio, tras la retirada de las capas de hielo, tambin nos
han dejado esculturas monumentales de peces/humanos [31]. Como se recoga en el captulo 3, entre los modernos
cazadores-recolectores estudiados por los antroplogos, se suele atribuir mentes de tipo humano a los animales.
21. El hechicero de Les Trois-Frres, en Arige. Francia, dibujado por Henri Dreuil (75 cm de alto).

El pensamiento antropomrfico es algo que est presente en toda nuestra propia vida cotidiana. En nuestras
relaciones con los animales domsticos nos entregamos al pensamiento antropomrfico, atribuyndoles
sentimientos, objetivos e intenciones. Es algo que puede parecer razonable en el caso de los perros y los gatos, pero
si nos paramos un momento a pensar, en realidad parece bastante cogido por los pelos cuando se trata, por ejemplo,
de animales como los pececillos de color. Parece que la antropomorfizacin de animales es inevitable entre
nosotros hay quien dice que es un legado de la naturaleza y de la crianza, y aunque sea motivo de considerable
placer, lo cierto es que es un problema que se ha convertido en una plaga en el campo del estudio del
comportamiento animal, puesto que es altamente improbable que los animales posean realmente una mente de tipo
humano[32]. El antropomorfismo es una integracin sin fisuras entre la inteligencia social y la inteligencia de la
historia natural (vase el recuadro de la pgina 179). Las obras ms antiguas del arte paleoltico indican que se
remonta a la explosin cultural de hace 40 000 aos. Pero creo que quiz sea ms antigua.

El totemismo es la otra cara de la moneda humano/animal. En lugar de atribuir caractersticas humanas a los
animales, introduce individuos y grupos humanos en el mundo natural, remontando la descendencia a especies no
humanas. El estudio del totemismo y los intentos por definirlo constituy el ncleo de la antropologa social
desde su nacimiento en el siglo XIX. Las grandes obras sobre el totemismo aparecieron entre 1910 y 1950 de la
mano de los pioneros de la antropologa social. Frazer, Durkheim, Pitt-Rivers, Radcliffe-Brown y Malinowski.
Aquellas obras sentaron las bases para La mente salvaje, de Lvi-Strauss, una obra que, a partir de los aos setenta,
estimulara un resurgir del inters por el totemismo[33].

Dada esta larga historia de investigacin y estudio, es lgico que el totemismo se haya definido e
interpretado de maneras muy variadas. Las tesis de Lvi-Strauss son tal vez las ms conocidas: los animales no
slo son buenos para comer, sino que tambin son buenos para pensar. Este autor consideraba el totemismo
como la prctica de la humanidad meditando sobre s misma y sobre su lugar en el mundo. En su opinin, el
estudio de las especies naturales procuraba a grupos grafos y precientficos un medio al abasto para
conceptualizar relaciones entre grupos humanos[34].
Sea esta o no la interpretacin correcta, nosotros simplemente constatamos tres rasgos del totemismo que
nos parecen particularmente relevantes para comprender la evolucin de la mente moderna. Primero, si definido en
sentido amplio, el totemismo es universal entre los grupos humanos con un estilo de vida cazadora-recolectora;
segundo, requiere una fluidez cognitiva entre pensar en animales y pensar en seres humanos; y, tercero, de acuerdo
con la evidencia arqueolgica, es probable que el totemismo permeara la sociedad humana desde el comienzo del
Paleoltico Superior. La evidencia que podemos invocar aqu incluye la fantasa del arte paleoltico y la de los
enterramientos, como la necrpolis de 7800 aos de antigedad de Oleneoslrovski Mogilnik, en Carelia, donde
encontramos dos agrupaciones de tumbas, una asociada a efigies de serpiente, y otra a efigies de alce [35]. Aun as,
no hay razn para creer que la sociedad humana primitiva estuviera estructurada sobre bases totmicas.

Habra que mencionar que no son las nicas cosas animadas a las que se otorgan cualidades humanas. Los
cazadores-recolectores no viven slo en un paisaje de animales, plantas, piedras, montaas y cuevas. Sus paisajes
estn construidos socialmente y repletos de significado. Una vez ms las comunidades aborgenes de Australia son
un buen ejemplo. Los pozos de agua de su paisaje se hallan all donde los seres ancestrales excavaron la tierra, los
rboles estn donde hincaron sus palos cavadores y los depsitos de ocre rojo donde sangraron [36]. John Pfeiffer
dice que el hecho de que los aborgenes encuadren los rasgos del paisaje en una red de mitos y de historias les es
enormemente til, porque les ayuda a recordar una gran cantidad de informacin geogrfica. Sea como fuere,
cuando contemplamos una regin como el suroeste francs, con cuevas y abrigos llenos de pinturas, y que presenta
toda una serie de rasgos topogrficos a los que todos los cazadores-recolectores modernos atribuyen
universalmente significado social y simblico[37], no nos cabe duda de que los cazadores del Paleoltico Superior
tambin tuvieron que vivir en un paisaje lleno de significados simblicos.

Es til recordar aqu las palabras de Tim Ingold ya mencionadas en el captulo 3: Para ellos [los cazadores-
recolectores modernos] no hay dos mundos de personas (sociedad) y cosas (naturaleza), sino tan slo un mundo
un medio lleno de poderes personales que abarca no slo a los seres humanos, a los animales y a las plantas de
las que dependen, sino tambin al paisaje donde viven y se mueven [38]. Las imgenes y las pinturas antropomorfas
de cuevas y abrigos que aparecieron hace 40 000 aos sugieren que los primeros cazadores-recolectores del
Paleoltico Superior teman una actitud similar hacia el mundo natural y hacia el mundo social: eran uno y el
mismo. Una de las consecuencias de esta unidad, y que nos beneficia, es que expresaron esta concepcin del
mundo en su arte, creando algunas de las imgenes ms poderosas y hermosas de la historia de la humanidad. Pero
esta desintegracin de la barrera cognitiva entre el mundo social y el mundo animal tambin tuvo consecuencias
considerables para su propio comportamiento, ya que cambi de forma fundamental su interaccin con el mundo
natural. De ello nos ocuparemos ahora.

Una nueva pericia en la caza: estrategias especiales, tiles especiales

Los cazadores-recolectores del Paleoltico Superior cazaban el mismo tipo de animales que los humanos
primitivos. En Europa, por ejemplo, el reno, el ciervo, el bisonte y el caballo seguan constituyendo el soporte
principal de sus economas, mientras que en el sur de frica los animales ms importantes eran el antlope, el
bfalo y la foca. Pero la diferencia radica en la manera de cazar estos animales. Los humanos modernos parecen
mucho ms diestros a la hora de predecir el movimiento de las presas y de planificar estrategias de caza complejas.

Esto es evidente en Europa. En casi todos los yacimientos de humanos primitivos se encuentran restos de
una mezcla de especies animales, lo cual sugiere que se cazaron individualmente, sobre una base oportunista. El
yacimiento de Combe-Grenal, en el suroeste de Francia, es tpico en este sentido. Cada estrato de ocupacin
contiene habitualmente unos cuantos ejemplares de cada una de las especies caractersticas de la caza mayor. A
medida que el clima se fue haciendo ms fro, en los depsitos de ocupacin comienzan a prevalecer animales
como el reno, mientras que el ciervo aumenta durante los periodos ms templados. Los neandertales cazaban
sencillamente cualquier animal disponible, aunque como ya he indicado en el captulo anterior, no habra que
minimizar en absoluto sus logros en materia de explotacin de esos animales.

Los primeros humanos modernos de Europa cazaban, en cambio, de una manera muy diferente. Aunque
siguieron matando una serie de animales individuales, o todo lo ms pequeos grupos, empezaron a especializarse
en determinados animales y en lugares concretos [39]. De ah que en muchos yacimientos domine una sola especie,
sobre todo el reno. En efecto, determinados yacimientos parecen haberse seleccionado por su situacin idnea para
la emboscada, lo que indicara que los humanos modernos fueron mejores que los humanos primitivos a la hora de
predecir el desplazamiento de los animales Esta evidencia se observa al analizar los mtodos de caza de hace unos
18 000 aos, cuando la ltima glaciacin estaba en su cnit. En esa poca, los humanos modernos dejaron atrs la
caza de animales individuales o en pequeos grupos, para dedicarse a masacrar manadas enteras de renos y ciervos,
seguramente atacndolos en lugares y momentos clave de sus rutas migratorias anuales, cuando las manadas se
agrupaban en estrechos valles o cruzaban los ros[40].

En otras partes del Viejo Mundo se constata idntica diferencia entre humanos modernos y humanos
primitivos. En el norte de Espaa, por ejemplo, se empieza a cazar por primera vez el bice. Es un hecho relevante
porque, como ha escrito el arquelogo Lawrence Straus, la caza del bice requiere estrategias, tcticas y armas
elaboradas y campamentos logsticos. Por campamento logstico el autor entiende lugares especficamente
establecidos: para la caza de este animal[41]. Olga Sofler constata igualmente que los primitivos cazadores del
Paleoltico Superior de la llanura rusa se asentaban en determinados lugares para explotar determinados animales
en pocas concretas del ao. Y sugiere que tenan mucho ms presentes las fluctuaciones estacionales y temporales
en cuanto a la cantidad de animales y a sus pautas de comportamiento [42]. Lo mismo se aprecia en el sur de frica.
Por ejemplo, Richard Klein sugiere la emergencia de una nueva consciencia en torno a la variacin estacional del
nmero de focas, y que ese conocimiento se utiliz para planificar partidas de caza en la franja costera, que habra
sustituido un modelo ms oportunista de caza y carroeo[43].

En general, parece que los humanos modernos del Paleoltico Superior posean una capacidad
considerablemente mayor para predecir el movimiento de los animales y usar ese conocimiento en sus estrategias
de caza. Y cmo lo consiguieron? La respuesta se halla en lo que ha sido tema central de este captulo: en el
pensamiento antropomrfico. Es un pensamiento universal a todos los cazadores modernos y es importante porque
puede mejorar sustancialmente la prediccin del comportamiento animal. Aun cuando un ciervo o un caballo no
piensan la bsqueda de alimentos y sus pautas de movilidad de la misma forma que lo haran los humanos
modernos, el mero hecho de imaginar que s lo hacen permite predecir en qu lugares se alimentar el animal y en
qu direccin se mueve.

As lo han reconocido diversos estudios sobre cazadores-recolectores actuales, como por ejemplo los g/wi y
los !kung del Kalahari, los bisa de Zambia y los nunamiut del ocano Glacial rtico canadiense. Antropomorfizar
animales atribuyndoles personalidad y carcter humanos demuestra ser sumamente eficaz a la hora de predecir su
comportamiento, tan eficaz como el estudio de sus pautas a la luz del conocimiento ecolgico que poseen los
cientficos occidentales[44]. La antroploga Mary Douglas considera que la semejanza entre las categoras utilizadas
para comprender el mundo social y el mundo natural tiene fundamentalmente un valor prctico, en el sentido de
que permite comprender y predecir el comportamiento animal. Sugiere que este factor tiene una importancia
mucho mayor que el hecho de utilizar el mundo natural para abordar profundos problemas metafsicos sobre la
condicin humana, como propone Lvi-Strauss[45].

El pensamiento antropomrfico, pues, tiene claros beneficios utilitarios. Pero los nuevos poderes de
prediccin habran tenido un valor limitado si paralelamente los humanos modernos no hubieran sido tambin
capaces de desarrollar nuevas armas de caza. Y, en efecto, eso es precisamente lo que se observa en los albores del
Paleoltico Superior: una asombrosa creacin de tecnologa. En Europa, los humanos modernos podan hacer todos
aquellos tiles que los neandertales, con su mentalidad de navaja suiza, no hubieran sido capaces de hacer: tiles
que requeran una integracin de la inteligencia tcnica y la inteligencia de la historia natural.

Por ejemplo, se observan ahora muchos tipos nuevos de armas hechas de hueso y de asta, sobre todo
arpones y propulsores. Estudios experimentales basados en rplicas de tiles han demostrado la eficacia de esas
armas para perforar pieles y rganos de animales [46]. Tambin aparecen muchos tipos nuevos de puntas de
proyectil, de piedra, y asociaciones entre unas determinadas puntas y determinados tipos de animales [47]. Hay
evidencia de fabricacin de tiles de componentes mltiples, en forma, por ejemplo, de microlitos pequeas
hojas o lminas de slex que se utilizan como puntas y barbas. En el centro de todas esas innovaciones
tecnolgicas est el paso a la tecnologa de hojas, que produjo hojas sin tallar estandarizadas, que podan
convertirse en parte de un til altamente especializado (vase la figura 22).
22. La produccin sistemtica de hojas en el Paleoltico Superior fue un medio para producir lminas sin tallar
estandarizadas y fcilmente modificables para producir una amplia serie de tiles de componentes mltiples.
Lo importante no es slo la introduccin de nuevos tiles al principio del Paleoltico, sino su constante
modificacin y cambio. Durante todo el Paleoltico Superior vemos operar procesos de innovacin y de
experimentacin, que produjeron un flujo constante de nuevas armas de caza adaptadas a las condiciones
medioambientales dominantes y basadas en los conocimientos de generaciones anteriores. Cuando el medio se hizo
ms severo, en los momentos ms lgidos de la ltima glaciacin hace 18 000 aos, se fabricaron puntas ms
anchas, especiales para asegurar el xito de la caza mayor en la tundra. Con la mejora del clima, y la consiguiente
proliferacin y mayor disponibilidad de animales de caza, la tecnologa de la caza se diversific, en forma de una
mayor preponderancia de tiles multicompuestos[48] Lawrence Straus lo describe oportunamente como una carrera
de armamento paleoltica[49]. Este tipo de comportamiento, pensado para mantener o maximizar la eficacia
cazadora, difiere de manera manifiesta de la monotona que caracteriza los tiles de caza de los humanos
primitivos en los medios, tambin variables, que explotaron, Y slo pudo emerger gracias a una nueva conexin
entre la inteligencia tcnica y la inteligencia de la historia natural.

El diseo de las armas de caza es tal vez el mejor ejemplo de este nuevo tipo de pensamiento, pero tambin
estimul muchos oros desarrollos tecnolgicos. Por ejemplo, hace unos 18 000 aos, en el norte de frica, se
usaron piedras especiales para triturar y preparar materias vegetales. Estos tiles tuvieron que integrar
pensamientos relativos a las caractersticas tanto de la piedra como del grano[50]. La elaboracin que se aprecia en
toda la gama de tiles para raspar y tallar destinados a tareas como la limpieza de cueros y el grabado de huesos
demuestra que, durante el proceso de manufactura, se ha pensado en la naturaleza de los productos animales. Y
puede que el aspecto ms impresionante de todos sea el desarrollo de artilugios para tender trampas a animales de
caza menor o redes para pescar peces, as como la tecnologa para almacenar alimentos, ya fuera carne de reno
durante el Paleoltico Superior o avellanas en los extensos bosques de Europa durante la ltima glaciacin, hace 10
000 aos[51]. El diseo y uso de todo ello implica la integracin del conocimiento tcnico y del conocimiento de la
historia natural, lo que posibilit y estimul una innovacin constante de nuevas tecnologas.

El arte como informacin almacenada

Muchos de los tiles de hueso y de asta del Paleoltico Superior presentan diseos muy elaborados,
grabados en la superficie o incluso esculpidos en forma de figuras animales, como el propulsor de Mas d'Azil
(vase la figura 23). Es ciertamente muy difcil trazar una lnea divisoria entre lo que es arte y lo que es un
til, y este tipo de artefactos personifican la ausencia de barreras entre las distintas reas de actividad. Muchos
de los objetos de arte podran considerarse o pensarse como un tipo completamente nuevo de til, un instrumento
para almacenar informacin y ayudar a recuperar informacin almacenada en la mente.

Los tiles ms sencillos de nuevo tipo son trozos de hueso con lneas incisas paralelas. Los ms complejos
presentan cientos de marcas dejadas por distintos tiles, configurando una pauta bastante compleja en la superficie
del til, como se aprecia, por ejemplo, en la placa de Tai, en el este de Francia (vase la figura 24 [52]). La
interpretacin de estas piezas siempre ha sido controvertida. Cuando fueron descubiertas, se las consider como
tailles de chasse, tallas o muescas de caza que registraban el nmero de animales capturados. Desde entonces se
han avanzado otras interpretaciones, en el sentido de que podran registrar, por ejemplo, el nmero de personas que
acuden a reuniones sociales y calendarios lunares[53].
23. Propulsor de asta de Mas d'Azil, Arige, Francia. Representa un bice en posicin de parir o defecar un gran
excremento donde posan dos aves (29,6 cm de largo).
Alexander Marshack y Francesco d'Errico han realizado un estudio microscpico detallado de estos tiles y
han confirmado que en varios de ellos las incisiones presentan pautas tan regulares que parecen constituir un
sistema de anotacin[54]. Es posible que estos artefactos se utilizaran como una forma de registro visual, relativo
seguramente a acontecimientos medioambientales. Se parecen mucho a las muescas y grabados que imprimen los
modernos cazadores-recolectores a sus tiles, y que sirvieron, como hoy sabemos, de dispositivos de memorizacin
y de registro, como los palos-calendario de marfil de los yakut de Siberia[55].

Parece que las pinturas rupestres, al igual que los huesos grabados, tambin se utilizaron para almacenar
informacin sobre el mundo natural, o al menos para facilitar su retencin en la memoria, como un artificio
mnemotcnico. As, John Pfeiffer denomina estas pinturas la enciclopedia tribal [56]. Yo mismo he sugerido que
muchas de las imgenes animales que aparecen en este arte servan para ayudar a recordar informacin sobre el
mundo natural almacenada en la mente[57] He sugerido, por ejemplo, que la manera en que se pintaron muchos de
los animales constituye una referencia directa a la forma de obtener informacin sobre sus movimientos y su
conducta. En algunas imgenes, los animales aparecen representados de perfil, mientras que sus extremidades
inferiores y las huellas se reproducen de frente, como si se hubieran pintado as para facilitar la memorizacin y el
recuerdo de las huellas tal como se ven en el exterior, en la naturaleza, o incluso para facilitar el aprendizaje de los
nios. Tambin la eleccin misma de las imgenes es selectiva en favor de aquellos animales portadores de
conocimientos sobre futuros acontecimientos medioambientales. Las imgenes de pjaros son especialmente claras
al respecto, puesto que dominan los nades y los nsares seguramente migratorios. Los cazadores modernos que
viven en medios helados vigilan muy de cerca la llegada y la partida anual de estas aves, dado que se trata de una
informacin de vital importancia para conocer cundo llegar el gran fro del invierno o el deshielo de la
primavera. Algunas de las imgenes ms evocadoras en este sentido son los nsares en pleno vuelo grabados en
marfil descubiertos en el yacimiento siberiano de Marta. Sus ocupantes, cazadores, dependan del mamut para
alimentarse, pero seguramente tambin vigilaban el paso de las aves migratorias indicadoras de la llegada de la
primavera[58].

24. Placa de hueso grabada de la gruta del Tai. Drme. Francia (8,8 cm de largo).
La posible utilizacin de las pinturas rupestres del Paleoltico Superior como ayuda para almacenar
informacin sobre el mundo natural tal vez sea anloga al uso que hacen los cazadores-horticultores wopkaimin de
Nueva Guinea de los huesos de los animales que cazan. Colocan estos huesos en las paredes posteriores de sus
casas y los describen como conjunto de trofeos. Pero estn ordenados de manera que puedan servir como un
mapa mental del entorno, como recordatorio de la informacin sobre ese entorno y sobre el comportamiento
animal. Desempean, as, un papel importante a la hora de decidir el uso de los recursos y mejorar las predicciones
sobre el emplazamiento y comportamiento de los animales [59]. Hay pautas muy claras en la ordenacin de las
figuras animales en las pinturas rupestres del Paleoltico Superior[60]. Michael y Anne Eastham han sugerido que las
pinturas y grabados de las cuevas de la regin del Ardche, en Francia, sirvieron como un modelo o mapa del
terreno concreto en torno a las cuevas[61]

En pocas palabras, aun cuando ignoremos el rol concreto que desempearon los tiles prehistricos en la
gestin de la informacin sobre el mundo natural, no cabe duda de que muchos de ellos sirvieron para almacenar,
transmitir y recuperar informacin. Las principales ventajas que se habran derivado de ese hecho fueron una
habilidad reforzada para detectar cambios a largo plazo, controlar las fluctuaciones estacionales, e idear planes de
caza. Muchas pinturas, grabados y esculturas de los humanos modernos fueron tiles para pensar el mundo natural.

El envo de mensajes sociales: objetos de ornamentacin personal

Los abalorios, los colgantes y otros tems de ornamentacin personal aparecen por primera vez a principios
del Paleoltico Superior. Estos objetos aparecen tambin gracias a la nueva fluidez cognitiva de la mente, es decir,
a una integracin entre la inteligencia tcnica y la inteligencia social. Estos objetos aparecen inicialmente en
abundancia en los estratos de ocupacin de las cuevas del suroeste francs, y son especialmente importantes
durante las dursimas condiciones climticas de hace 18 000 aos[62] Casi siempre se encuentran en enterramientos,
siendo el hallazgo ms espectacular el de las tumbas de Sungir, en Rusia, fechadas hace 28 000 aos (vase el
recuadro de la pgina 188). Considerar las cuentas y los colgantes como ornamentacin podra minimizar su
importancia. Porque pudieron utilizarse tambin para enviar mensajes sociales, tales como el estatus del
propietario, su afiliacin grupal y sus relaciones con otros individuos, como ocurre en nuestra sociedad. Y
evidentemente estos mensajes no tenan por qu ser ciertos; abalorios y colgantes ofrecen nuevas oportunidades
para el engao, una tctica social que ya hemos visto prevalecer incluso entre los chimpancs. Para producir estos
objetos fueron necesarias no slo una inteligencia social y tcnica especializadas como las que posean los
humanos primitivos, sino tambin una capacidad para integrar ambas.

Es muy posible que, a principios del Paleoltico Superior, todos los tiles, incluidos los de apariencia
mundana, para cazar o curtir pieles por ejemplo, estuvieran imbuidos de informacin social [63]. En efecto, los
postes de la portera del comportamiento social se haban desplazado; mientras que en los humanos primitivos
los mbitos de caza, manufactura y socializacin estaban totalmente separados, ahora aparecen tan integrados que
resulta imposible caracterizar un solo aspecto del comportamiento del humano moderno como perteneciente a una
sola de esas reas. Como afirmaba Ernest Gellner, la combinacin y la confusin de criterios y fines es la
condicin normal y original de la humanidad[64].
La aparicin de la religin

Gran parte de los nuevos comportamientos que he descrito, como las imgenes antropomorfas de las
pinturas rupestres y el enterramiento de personas con ajuar funerario, sugieren que estas poblaciones del Paleoltico
Superior fueron las primeras en creer en seres sobrenaturales y posiblemente en una vida ms all de la muerte. Se
tratara, pues, de la primera aparicin de ideologas religiosas; la cual se explicara por el colapso de las barreras
que anteriormente existan entre las mltiples inteligencias de la mente del humano primitivo.

Envo de informacin social a travs de la cultura material: las tumbas de Sungir

Las tumbas de Sungir. en Rusia, se han fechado en 28 000 aos de antigedad. Consisten en las tumbas de un
hombre de sesenta aos, con un enterramiento de dos adolescentes, varn y mujer, en su interior. Cada uno de ellos
apareci decorado con miles de cuentas de marfil, seguramente cosidas en su da a la ropa. El arquelogo Randall
White ha estudiado estas tumbas y las describe de la siguiente manera: El hombre apareca adornado con 2936
cuentas y fragmentos formando hileras en todas las partes del cuerpo, incluida la cabeza, que al parecer haba
estado cubierta con un birrete o toca con cuentas y varios dientes de zorro. Sus antebrazos y bceps estaban decora
dos con una serie de brazaletes de marfil pulimentado (unos 25 en total), hechos a partir de defensas de mamut, y
algunos mostraban indicios de pintura negra ... Alrededor del cuello llevaba un pequeo colgante liso de esquisto,
con pintura roja, pero con un pequeo punto negro en un lado... El supuesto joven estaba cubierto de hileras de
cuentas 4903, cuyo tamao representaba unas dos terceras partes del tamao de las cuentas del adulto, aunque
de idntica forma. Pero al contrario que el hombre, alrededor de la cintura haba ms de 250 dientes caninos de
zorro polar, al parecer los restos de un cinturn [Link] el pecho se encontr un colgante de marfil tallado en
forma de animal. En el cuello habla un pasador de marfil, parece ser el cierre de algn tipo de manto o capa. Bajo
su hombro izquierdo haba una gran escultura de marfil representando un mamut- En el lado izquierdo haba un
segmento de un fmur muy pulido de un humano sumamente robusto, cuya cavidad medular estaba llena de ocre
rojo. En el lado derecho ... haba una lanza de marfil hecha a partir de una defensa de mamut enderezada ... Al lado
un disco de marfil grabado hincado en el suelo. La supuesta joven tena 5274 cuentas y fragmentos (cuyo tamao
era tambin unos dos tercios menor que las cuentas del adulto) cubriendo su cuerpo. Tambin haba llevado un
tocado con cuentas y tena un broche de marfil en el cuello, aunque su enterramiento no contena ningn diente de
zorro, ni exhiba colgante en el pecho Pero a ambos lados del cuerpo haba cierta cantidad de pequeas lanzas de
marfil, ms adecuadas al tamao de su cuerpo que la lanza del joven. A su lado tambin haba dos varas de asta
perforadas, una de ellas decorada con puntos horadados formando una hilera. Finalmente, se acompaaba de tres
discos de marfil con un agujero central y trabajo de reticulado, como el que se encuentra en el enterramiento del
supuesto joven (White, 1993, pp. 289-292).
Pero como en el caso del arte, primero tendramos que alcanzar un mnimo acuerdo sobre que es lo que queremos
decir con religin. Aunque resulta difcil identificar rasgos universales a todas las religiones, existe, sin embargo,
una serie de ideas recurrentes, cuya importancia ha destacado el antroplogo social Pascal Boyer en su libro de
1994 The Naturalness of Religious Ideas, Boyer explica que una creencia en seres inmateriales es el rasgo ms
comn a todas las religiones; podra ser incluso universal. En realidad, desde la obra clsica de L. B. Tylor,
Primitive Odiares, escrita en 1871, la idea de seres inmateriales se considera la definicin ms clara de religin.
Boyer menciona otros tres rasgos recurrentes en las ideologas religiosas. El primero se refiere al hecho de que
muchas sociedades creen que el componente inmaterial de una persona puede sobrevivir despus de su muerte y
seguir presente como un ser que posee creencias y deseos. Segundo, se supone con mucha frecuencia que
determinadas personas en el seno de una sociedad son ms propensas que otras a recibir la inspiracin directa o los
mensajes de los agentes sobrenaturales, ya sean dioses o espritus. Y tercero, se suele dar asimismo por sentado que
realizar ciertos rituales de una determinada manera puede comportar un cambio en el mundo natural.
Si nos atenemos a la evidencia arqueolgica del inicio del Paleoltico Superior, observamos indicios de la presencia
de cada uno de esos rasgos. Pocos dudan ya de que las cuevas pintadas, algunas a cierta profundidad bajo tierra,
fueron lugares para llevar a cabo actividades rituales. De hecho, las imgenes antropomorfas de este arte, como el
hechicero de la cueva de Les Trois-Frres, pueden interpretarse perfectamente bien como seres sobrenaturales, bien
como chamanes que se comunicaban con ellos. Como afirmaba con vehemencia el prehistoriador francs Andr
Leroi-Gourhan, estas cuevas pintadas podran reflejar un mundo mitolgico con conceptos tan complejos como el
del Tiempo del Sueo de los aborgenes australianos.
Adems del arte, contamos con la evidencia de los enterramientos. Es difcil creer que se pudiera realizar una
inversin tal de esfuerzo en rituales funerarios, como el de Sungir, sin una idea de la muerte entendida como una
transicin a una forma inmaterial. Dado que, por lo que parece, slo una pequesima fraccin de la poblacin del
Paleoltico Superior fue enterrada, es muy posible que esta gente desempeara un rol religioso especial en el seno
de la sociedad.
Pascal Boyer estudi las caractersticas de los seres sobrenaturales tal y como aparecen en las ideologas religiosas
y su relacin con el conocimiento intuitivo del mundo genticamente codificado en la mente humana. En el
captulo 3 describamos tres tipos de conocimiento intuitivo, el psicolgico, el biolgico y el fsico, y decamos que
estos activan la formacin de reas cognitivas o inteligencias mltiples durante el desarrollo infantil. Boyer dice
que un rasgo tpico de los seres sobrenaturales es su capacidad para violar este conocimiento intuitivo.
Boyer explica, por ejemplo, que los seres sobrenaturales de las ideologas religiosas violar sistemticamente el
conocimiento biolgico intuitivo. Aunque tengan cuerpo, no pasan por el ciclo normal del nacimiento, crecimiento,
reproduccin, muerte y descomposicin. Y su capacidad para atravesar objetos slidos (como los fantasmas) o para
hacerse invisibles estara violando asimismo la fsica intuitiva. Sin embargo, los seres sobrenaturales tambin
tienen una tendencia a adaptarse a ciertos conocimientos intuitivos; por ejemplo, suelen ser seres intencionados que
tienen creencias y deseos como el resto de los seres humanos. Los Seres Ancestrales de los aborgenes australianos
son un ejemplo excelente de este tipo de entes que violan pero tambin se adaptan al conocimiento intuitivo del
mundo. Por un lado, poseen caractersticas fantsticas, como por ejemplo existir en el pasado y en el presente. Por
otro, en muchas leyendas traman trucos y engaos de una manera que resulta sumamente humana[65] Un ejemplo
ms familiar para muchos seran los dioses de las leyendas griegas que tienen poderes sobrenaturales pero que
tambin conocen los celos y las rivalidades de los dems mortales.
Boyer afirma que es precisamente esta combinacin de violacin y de adaptacin respecto al conocimiento
intuitivo lo que caracteriza a los seres sobrenaturales de las ideologas religiosas. Las violaciones los convierten en
algo diferente, pero su adaptacin a determinados aspectos del conocimiento intuitivo permite a los dems
conocerlos mejor. Si no hubiera nada en los seres sobrenaturales que se ajustara al conocimiento intuitivo del
mundo, la mente humana difcilmente podra captar la idea misma de esos seres.
Una forma alternativa de entender este rasgo de los seres sobrenaturales es considerarlos como una mezcla de
conocimientos sobre distintos tipos de entidades del mundo real, unos conocimientos que habran quedado
atrapados en reas cognitivas distintas en el interior de la mente del humano primitivo. Por ejemplo, los
humanos primitivos saban seguramente que las rocas no nacen ni mueren como los seres vivos. Y tambin saban
sin duda que las personas tienen intenciones y deseos, mientras que los inertes ndulos de piedra no los tienen.
Dado que posean reas cognitivas aisladas unas de otras, la mente humana primitiva no corra el riesgo de
confundir estos entes ni de concebir un objeto inerte que ni nace ni muere, pero que a pesar de todo tiene
intenciones y deseos. Este tipo de ideas y conceptos, que segn Boyer son la esencia de un ser sobrenatural, slo
pudo surgir en una mente cognitivamente fluida.
El propio Boyer sugiere que una combinacin de conocimientos sobre distintos tipos de entes explicara otro rasgo
recurrente en las ideologas religiosas: el hecho de creer que algunos individuos poseen-poderes especiales de
comunicacin con los seres sobrenaturales. En el fondo de esta idea, dice Boyer. est la creencia de que algunas
personas tienen una esencia diferente del resto del grupo. En el captulo 3 exploramos la idea de esencia, y
explicamos que era un rasgo importante de la biologa intuitiva, un medio que permite a los nios clasificar
animales en diferentes especies. Boyer explica la diferenciacin de las personas en distintos roles sociales, cuyo
paradigma sera el rol del chamn, como una introduccin de la idea de esencia en el pensamiento sobre el mundo
social. En otras palabras, sera una consecuencia de la fluidez, cognitiva.
Es evidente que no podemos reconstruir las ideologas religiosas de las sociedades ms antiguas del Paleoltico
Superior. Pero s podemos prcticamente asegurar que ideologas religiosas tan complejas como las de los
modernos cazadores-recolectores surgieron en la transicin del Paleoltico Medio al Superior, y que desde entonces
se ha mantenido entre nosotros. Parece ser una consecuencia ms de la fluidez cognitiva que apareci en la mente
humana, que se plasm en forma de arte, de una nueva tecnologa y en una transformacin de la explotacin del
mundo natural y de los medios de interaccin social.

Hacia la fluidez cognitiva: la mente de los primeros humanos modernos

La nueva fluidez cognitiva transform la mente humana y todos los aspectos del comportamiento humano
(vase la figura 25). Vista esa nueva capacidad para fabricar tiles a partir de materias como el hueso y el marfil, y
para utilizar nuevas tcnicas de almacenaje y transmisin de informacin, no resulta sorprendente que los humanos
fueran capaces de colonizar nuevas regiones del mundo. Hace unos 60 000 aos se iniciaba un nuevo gran impulso
migratorio por todo el globo, el segundo tras aquel primero que haba llevado a los primeros humanos primitivos a
salir de frica hace ms de 1,5 millones de aos. Como Clive Gamble ha descrito en su reciente estudio de la
colonizacin global[66], Australasia fue colonizada mediante numerosos viajes por mar, y ms tarde, hace menos de
40 000 aos, se colonizaron la llanura norteuropea, las regiones ridas de frica y los bosques de conferas y la
tundra del extremo norte. Los humanos primitivos pudieron penetrar temporalmente en estos medios, pero no se
quedaron en ellos durante mucho tiempo. Los humanos modernos no slo colonizaron estos paisajes, sino que los
usaron como hitos hacia el continente americano y las islas del Pacfico.

La emergencia de una mentalidad cognitivamente fluida constituye la respuesta a la transicin del


Paleoltico Medio al Superior. Pero recordemos que esta transicin no tiene lugar hasta la mitad del cuarto acto. El
inicio de este acto viene definido por la aparicin de H. sapiens sapiens en el registro fsil hace 100 000 aos.
Habremos de completar este captulo preguntndonos en qu difera la mente de aquellos primeros humanos
modernos que vivieron antes de la transicin del Paleoltico Medio al Superior de la mente de los humanos
primitivos del tercer acto (que tambin continan presentes en la primera escena del cuarto acto) y de la de los
humanos modernos que vivieron con posterioridad a la transicin del Paleoltico Medio al Superior, entre los que
nos incluimos.
25. La explosin cultural, consecuencia de la fluidez cognitiva.
Creo que hay una respuesta sencilla a esta pregunta. Parece que los primeros humanos modernos alcanzaron
un cierto grado de integracin entre sus inteligencias especializadas, pero sin lograr la plena fluidez cognitiva que
aparece a partir de hace 60 000 aos. Sus mentes estaban a medio camino entre una navaja suiza y una mentalidad
cognitivamente fluida.

Este hecho se aprecia con mucha claridad en los restos de los primeros humanos modernos descubiertos en
las cuevas de Skhl y Qafzeh, en el Prximo Oriente, y que arrojan una edad estimada de entre 100 000 y 80 000
aos. Si bien sus tiles lticos no se distinguen prcticamente de los producidos por los neandertales, que usaron la
cueva de Tabn antes que ellos (hace entre 180 000 y 90 000 aos) y la de Kebara despus de su marcha (hace
entre 63 000 y 48 000 aos), los primeros humanos modernos presentan dos rasgos de comportamiento que parecen
nicos.

El primero es el hecho de que colocaran partes de animales muertos en tumbas humanas. En la cueva de
Qafzeh, por ejemplo, se descubri un nio enterrado con el crneo y las astas de un ciervo. Una de las tumbas de
Skhl contena un cuerpo yaciendo de espaldas, con las mandbulas de un jabal en sus manos [67] Parecen indicios
de actividad funeraria y de creencia en ideologas religiosas. Recordemos que aunque los neandertales enterraban a
algunos individuos, no existe evidencia de colocacin deliberada de tems en las tumbas, ni de actividad ritual
asociada al acto funerario.

El segundo rasgo tiene que ver con la caza de la gacela. Este animal fue el objetivo de caza ms importante
de los neandertales y de los humanos modernos, y parece que ambos utilizaron lanzas cortas arrojadizas con puntas
de piedra. Pero sus pautas de caza eran muy distintas. Los primeros humanos modernos usaban sus cuevas de
manera estacional, y seguramente invertan menos energa fsica en sus actividades de caza. Adems, segn todos
los indicios, reparaban sus lanzas con menos frecuencia [68] En otras palabras, cazaban con mayores dosis de
planificacin y eficacia que los neandertales. Esto, a su vez, pudo ser el reflejo de una mayor capacidad para
predecir la localizacin y el comportamiento de sus presas.

A primera vista, estas dos diferencias entre los primeros humanos modernos y los neandertales del Prximo
Oriente no parecen relacionadas entre s. Pero en realidad existe una relacin muy relevante: ambas se deben a una
integracin de la inteligencia social y de la inteligencia de la historia natural en la mente de los primeros humanos
modernos. Como he mencionado anteriormente en este mismo captulo, la mayor capacidad para predecir el
comportamiento animal, contra lo que puede conseguirse con slo una inteligencia de la historia natural, tuvo que
ser resultado del pensamiento antropomrfico, que es universal entre los actuales cazadores-recolectores. Tambin
he defendido que el origen de la idea de creencia religiosa fue posible gracias a la fluidez cognitiva, y sobre todo a
la integracin de la inteligencia social y la inteligencia de la historia natural. La colocacin de partes de animales
en las tumbas de los primeros humanos modernos significa que ya se estaban produciendo determinadas
asociaciones entre las personas y los animales, posiblemente reflejo de alguna forma de pensamiento totmico.
Creo que es significativo el hecho de que no hubiera tiles en las tumbas, algo que sera prctica habitual en el
Paleoltico Superior. Lo cual sugiere que la inteligencia tcnica segua aislada en la mente del primer humano
moderno; el hecho de que, a pesar de su capacidad para predecir el comportamiento de la gacela, los humanos
modernos continuaran usando los mismos tipos de armas de caza que los neandertales, lo confirmara. Al parecer
no disearon armas ms eficaces, porque esto slo habra sido posible si la inteligencia tcnica y la inteligencia de
la historia natural hubieran estado integradas; y tampoco parece que invistieran sus tiles lticos de informacin
social, algo que slo resulta posible si se integran la inteligencia social y la inteligencia tcnica.

En resumen, parece que la mente de los primeros humanos modernos del Prximo Oriente est a medio
camino entre la mentalidad de navaja suiza y la mentalidad cognitivamente fluida de los humanos modernos (vase
la figura 26).
26. La mente del primer humano moderno. La ilustracin muestra el crneo llamado Qafzeh 9, de unos 100 000
aos de edad. Pertenece a un joven adulto que parece haber sido enterrado con un nio a sus pies.
Si observamos a los primeros humanos modernos del sur de frica llegamos a una conclusin similar. Sus
fsiles, encontrados en la cueva de Klasies River Mouth y en la de Border, estn peor preservados que los del
Prximo Oriente, pero datan del mismo periodo, en torno a los 100 000 aos de antigedad. Los especmenes del
sur de frica presentan algunos rasgos arcaicos, de modo que la regin pudo ser muy bien la cuna original de H.
sapiens sapiens[69]

La larga secuencia estratificada de los depsitos arqueolgicos de la cueva de Klasies River Mouth es de
sumo inters[70] Abarca el periodo entre hace 140 000 y 20 000 aos. Hacia el final de esta secuencia, hace unos 40
000 aos, se observa un cambio en la tecnologa ltica, que pasa de un mtodo de produccin predominante de
lascas a otro de hojas, que refleja la transicin del Paleoltico Medio al Superior, que los arquelogos llaman
transicin de la Edad de la Piedra Media a la Edad de la Piedra Tarda en el caso de frica. Antes de esta
transicin, todos los tiles lticos en la prctica totalidad de esta secuencia son muy similares a los fabricados por
los humanos primeros en el resto del continente africano durante el tercer acto, aunque los tiles producidos
despus de hace 100 000 aos parecen hechos por los primeros humanos modernos, los primeros H. sapiens
sapiens.

Pero lo ms destacable es que los niveles susceptibles de correlacin con la aparicin de los primeros
humanos modernos presentan un incremento importante de la cantidad de ocre rojo [71]. Algunos de estos restos
parecen haberse usado como carboncillo. Los grumos de ocre rojo an son sumamente excepcionales, ya que
representan menos de un 0,6 por 100 de los objetos de un estrato, pero presentan frecuencias mucho ms altas que
en otros yacimientos asociados a humanos primitivos. De hecho, no se conocen restos de ocre rojo de ms de 100
000 aos, pero s en otros yacimientos del sur de frica de fecha posterior, y hay quienes afirman que hubo
extraccin de este mineral en Lion Cavern, en Swazilandia. An no sabemos qu es lo que hacan los primeros
humanos modernos con el ocre. Segn los antroplogos Chris Knight y Camilla Powers, la explicacin ms
probable es la ornamentacin corporal, ya que no se conocen objetos de arte en el sur de frica con anterioridad a
hace 30 000 aos, ni tampoco abalorios ni colgantes[72]

En el sur de frica encontramos otros indicios de nuevos tipos de comportamiento por parte de los primeros
humanos modernos. En la cueva de Border hubo al parecer un enterramiento infantil en una tumba fechada hace
entre 70 000 y 80 000 aos. Es el nico enterramiento conocido de la Edad de la Piedra Media en la regin, y
destaca no slo por ser la tumba de un humano moderno primitivo, sino porque contiene una concha Conus
perforada cuyo origen se hallaba a ms de 80 kilmetros de distancia [73]. Otra innovacin junto con la ms
extendida tecnologa de lascas fue la introduccin de hojas pequeas o laminillas, hechas de piedra de mayor
calidad y presentando unas formas que no desentonaran nada en el Paleoltico Superior de Europa. Estas hojas
parecen diseadas para tiles multicompuestos[74]. Un ltimo tipo de comportamiento nuevo es el trabajo del hueso.
La evidencia ms espectacular procede de los yacimientos de Katanda, en la Repblica Democrtica de Congo,
donde se han encontrado arpones de hueso dentados. Son igual de complejos que los tiles de hueso del Paleoltico
Superior de Europa. Se hicieron a base de afilar y pulimentar la materia prima y tienen por lo menos unos 90 000
aos de antigedad, lo que los hace 60 000 aos ms antiguos que cualquier otro ejemplar conocido. Aparecen
asociados a los tpicos tiles lticos de la Edad de la Piedra Media[75]

Si se trata de un nico tipo de humano en el sur de frica de hace menos de 10 000 aos, entonces nos
hallaramos ante un primer humano moderno con una mentalidad que entra y sale de la fluidez cognitiva. Como
si las ventajas de una fluidez cognitiva parcial no fueran suficientes para que esa transformacin mental se fijara
entre la poblacin. La mente de estos primeros humanos modernos se parece a la de los primeros humanos
modernos del Prximo Oriente, por cuanto ambas muestran un cierto grado de fluidez cognitiva, pero sin
comparacin con la que surge tras el inicio del Paleoltico Superior.

Sin embargo, esta fluidez cognitiva parcial demostrara ser crucial a la hora de proporcionar a los primeros
humanos modernos un talante competitivo suficiente para expandirse desde frica y el Prximo Oriente a todo el
mundo, hace entre 100 000 y 30 000 aos.

Los primeros humanos modernos del Prximo Oriente pudieron ser representantes de o al menos
estrechamente relacionados con la poblacin original de H. sapiens sapiens que abandon frica, se expandi
por Asia y Europa, y sustituy a todos los humanos primitivos existentes[76]

La evidencia ms slida en favor de esta sustitucin es la limitada diversidad gentica que se observa entre
los humanos contemporneos. Pese a la considerable controversia que se ha desatado sobre cmo interpretar la
variabilidad gentica moderna, hay slida evidencia de un reciente y grave cuello de botella en la evolucin
humana. En general, los actuales africanos presentan un grado de variabilidad gentica mayor que el resto del
mundo, lo que sugiere que cuando los primeros H. sapiens sapiens abandonaron frica se produjo una prdida
considerable de variacin gentica. Esto significa que durante un corto lapso de tiempo la poblacin infantil tuvo
que ser pequea en extremo. Una estimacin reciente maneja una cifra de solamente 6 cras durante 70 aos, lo que
reflejara una poblacin real de unos 50 individuos, o de 500 si ese cuello de botella dur 200 aos[77]

Si los primeros humanos modernos del Prximo Oriente fueron efectivamente parte de aquella poblacin
original, o estrechamente relacionados con ella, entonces en su expansin por el mundo llevaron consigo sus
mentes slo parcialmente fluidas cognitivamente. Cabe suponer que este rasgo de su mentalidad estaba codificado
en sus genes. Fue su integracin de la inteligencia social y la inteligencia de la historia natural lo que les permiti
competir con xito frente a las poblaciones residentes de humanos primitivos, llevndolas a la extincin, aunque
persiste la posibilidad de algn tipo de hibridacin. De ah que encontremos H. sapiens sapiens en China hace 67
000 aos, representado por el crneo fsil de Liujang[78]

El paso final a una mente cognitivamente fluida tuvo lugar en pocas ligeramente distintas en diferentes
partes del mundo, a raz de la integracin de la inteligencia tcnica con las ya combinadas inteligencia social e
inteligencia de la historia natural. Tal vez fue inevitable que todas las poblaciones de H. sapiens sapiens dispersas
por el mundo dieran este paso final, en un caso de evolucin paralela. En el curso de la evolucin, hubo un impulso
inicial en favor de la fluidez cognitiva: una vez el proceso en marcha, ya no pudo pararse. Parece que en el
momento en que apareci una serie de presiones adaptativas en cada rea, la inteligencia tcnica se integr como
parte de la mente cognitivamente fluida, el paso final en la senda hacia la modernidad.

En este captulo he sostenido que los acontecimientos del cuarto acto pueden explicarse gracias a la
emergencia de la fluidez cognitiva en la mente humana. Este proceso empez con la primera aparicin de H.
sapiens sapiens y su culminacin provoc la explosin cultural que los arquelogos llaman transicin del
Paleoltico Medio al Superior. Pero, como ocurre tantas veces en las ciencias, la respuesta a una pregunta no hace
sino plantear otra. Cmo ocurri? Cmo escaparon los pensamientos y los conocimientos de sus respectivas
capillas de la mente humana primitiva?
Captulo 10

As pues, cmo ocurri?

En un captulo precedente sugera que tenamos que considerar el pasado como una obra teatral. El inters
por este tipo de obra no es tanto la accin en s misma sino lo que pasa por la mente de los actores cuando ocurren
diversos acontecimientos y se llevan a cabo determinadas acciones. He llegado a la conclusin de que la variada
gama de nuevos comportamientos que aparecen en el cuarto acto de la obra derivan de un cambio fundamental en
la arquitectura mental. Pensamientos y conocimientos antes atrapados en capillas de inteligencia especializadas
podan ahora fluir libremente por todo el recinto de la catedral de la mente o por lo menos en una parte de l
de forma armnica para crear nuevos tipos de pensamiento como parte de una imaginacin casi ilimitada: una
mentalidad cognitivamente fluida.

Explicacin de la aparicin de la mente flexible

Mi razonamiento es incompleto porque an me resta explicar cmo surgi la nueva fluidez cognitiva. Creo
que la explicacin tiene que ver con cambios en la naturaleza del lenguaje y de la consciencia en el interior de la
mente. Empezar mi explicacin con una sencilla proposicin: una vez los humanos primitivos empezaron a
hablar, ya no pudieron dejar de hacerlo.

Para comprender cmo este hecho pudo desembocar en una fluidez cognitiva, primero tendremos que
recordar que en captulos anteriores me he basado en las propuestas de Robin Dunbar, segn las cuales el lenguaje
de los humanos primitivos era un lenguaje social, en la medida en que lo utilizaron como un medio para
transmitir y recibir informacin social. Esta capacidad contrasta con nuestro lenguaje actual, que es un lenguaje
general, que sirve para todo, y que desempea un papel crucial en la transmisin de informacin sobre el mundo no
social, aunque siga conteniendo an un sesgo social. Y si bien el lenguaje de los humanos primitivos puede
caracterizarse como un lenguaje social y en el caso de los humanos primitivos de hace 250 000 aos, como un
lenguaje con extenso lxico y complejidad gramatical, creo que, pese a todo, pudo haber retazos de lenguaje
acerca del mundo no social, por ejemplo, sobre el comportamiento y las habilidades tcnicas de los animales.

Estos retazos procedan de dos fuentes. La primera es la inteligencia general. Como deca en el captulo 7, la
inteligencia general fue sumamente importante en la mente del humano primitivo, puesto que condicionaba el
comportamiento en las zonas interfaciales, como el uso de tiles para la caza y el uso de alimentos para establecer
relaciones sociales. De ah que el comportamiento en estas reas interfaciales siguiera siendo extremadamente
simple, puesto que la inteligencia general no poda acceder a los procesos cognitivos localizados en cada una de las
inteligencias especializadas. La inteligencia general pudo asimismo permitir a los humanos primitivos asociar
determinadas voces inarticuladas a entes no sociales y, por lo tanto, permitirles producir retazos de conversacin
sobre el mundo no social, retazos que habran sido cuantitativamente escasos y gramaticalmente simples. La
complejidad de estos retazos pudo ser similar al uso de smbolos por parte de los chimpancs entrenados en
laboratorio, algo que, como mencionaba en el captulo 5, surge simplemente del hecho de poseer una inteligencia
general y no una capacidad lingstica. El lenguaje no social de los humanos primitivos pudo, as, contener un
pequeo abanico de palabras, usadas sobre todo como demandas, y con no ms de dos o tres palabras
agrupadas en una nica expresin. Eso es algo muy diferente del flujo gramaticalmente complejo y diversificado
de las expresiones relativas al mundo social producidas por los humanos primitivos que proceden de sus
inteligencias social y lingstica especializadas. Pero es posible que las voces inarticuladas no sociales estuvieran
encajadas en ese lenguaje social.

La segunda va de emergencia de retazos de conversacin no social pudo estar asociada a la posibilidad de


que las inteligencias especializadas nunca estuvieran totalmente aisladas unas de otras, aunque el grado de
aislamiento fuera suficiente para impedir que funcionaran de forma conjuntada. En el ejemplo que he mencionado
en el capitulo 8 ya he insinuado que aun cuando los neandertales carecieran de consciencia reflexiva sobre sus
actividades industriales y alimentarias s pudieron tener una consciencia momentnea, efmera y atenuada sobre
ellas, un retazo de consciencia, insuficiente para una mirada introspectiva sobre sus pensamientos y
conocimientos en estas reas. He explicado las razones de ello mediante mi analoga de la mente-catedral. Los
sonidos de la consciencia reflexiva pudieron filtrarse a travs de los muros de la capilla de la inteligencia social
y penetrar luego en las capillas de la inteligencia tcnica y de la historia natural pero en forma sumamente
amortiguada o diluida. Otro ejemplo es el ya mencionado en el captulo 7, cuando deca que en aquellos rarsimos
ejemplos en que los humanos primitivos s trabajaron el hueso, lo hacan desbastndolo como si de una piedra se
tratara. Y esto significa que si se estaba utilizando la inteligencia tcnica, esta no funcionaba eficazmente, puesto
que el laminado no es un mtodo adecuado para trabajar el hueso. As, podemos tambin imaginar que a travs de
los muros de las inteligencias social y lingstica se filtraran los pensamientos y conocimientos amortiguados
procedentes de las capillas de las inteligencias tcnica y de la historia natural. Por consiguiente, la inteligencia
lingstica pudo tambin tener acceso a aquellos pensamientos y conocimientos amortiguados a la hora de generar
voces inarticuladas.

Cul pudo ser la suerte de esos retazos de lenguaje sobre el mundo no social? Para ser descodificados por
la inteligencia lingstica e interpretados por la inteligencia social tuvieron que penetrar en la mente de otros
individuos como parte del flujo del lenguaje social. En otras palabras, la informacin social empez a invadir la
capilla de la inteligencia social. Los individuos capaces de explotar estas invasiones para aumentar sus propios
conocimientos sobre el mundo no social habran tenido una ventaja selectiva. Y habran sido capaces de tomar
decisiones mejor informadas sobre la caza y la manufactura, permitindoles competir con mayores posibilidades de
xito tanto en relacin con el apareamiento sexual como con el cuidado de la prole.

Una ventaja selectiva an mayor habran tenido aquellos individuos capaces de incorporar ms retazos
lingsticos no sociales a su conversacin, como, por ejemplo, introduciendo preguntas sobre el comportamiento
animal o sobre mtodos de produccin. Acaso fueron individuos que, debido a cambios aleatorios en los planos
arquitectnicos que haban heredado, posean muros particularmente permeables entre sus distintas inteligencias
especializadas. Estos individuos ms locuaces alimentaron su ventaja selectiva explotando el conocimiento no
social de otros individuos mediante el uso del lenguaje, lejos, por lo tanto, de una dependencia exclusiva de la
observacin de comportamientos ajenos. A partir de ese momento, el lenguaje social se habra convertido
rpidamente (en trminos de evolucin) en un lenguaje plurifuncional, lo que en mi opinin pudo ocurrir en el
perodo de tiempo comprendido entre hace 150 000 y 50 000 aos. La seleccin natural, el arquitecto ms
importante de la mente, sencillamente no habra dejado que se escapara la oportunidad de mejorar el intercambio
de informacin no social, aumentando as el xito reproductivo[1]

Sobrevive an evidencia de esta mutacin de un lenguaje social a un lenguaje plurifuncional o general en


nuestras actuales conversaciones. Como describiera Robin Dunbar, nosotros an hablamos predominantemente
sobre temas sociales, nos encantan los chismes. Adems, cuando hablamos de objetos fsicos casi siempre solemos
otorgarles una tendencia intrnseca al movimiento y suponer que poseen mentes como si fueran seres vivos,
sociales. El lingista Leonard Talmy lo explica[2] diciendo que las frases del tipo el libro se ha cado de la
estantera o la pelota atraves la ventana sugieren que estos objetos se mueven por s solos, dado que la
estructura de estas frases es equivalente a la de frases como un hombre entr en mi habitacin. En trminos ms
generales, las voces inarticuladas parecen servirse de la misma gama de conceptos y de estructuras ya sea para
referirse a estados mentales, a seres sociales o bien a objetos inertes, lo que los lingistas llaman la hiptesis de
las relaciones temticas[3]. Parten del supuesto de que el uso original del lenguaje tuvo que ver con la ltima
categora mencionada, los objetos inanimados, y que esos conceptos se convirtieron en voces sobre el mundo
social/mental por extensin metafrica. Pero tiene ms sentido si lo miramos al revs: la estructura del lenguaje
surgi al hablar sobre el mundo social y se extendi metafricamente para hablar de objetos fsicos.

La supercapilla de la mente

Pero volviendo a nuestro guin de la historia evolutiva en el momento del cambio de un lenguaje social a un
lenguaje general, hay que preguntarse qu pas con la capilla de la inteligencia social al verse invadida
gradualmente por la informacin y las ideas no sociales. El cognitivista Dan Sperber ha dado la respuesta: se
convirti en una especie de supercapilla en la catedral de la mente. Como veamos en el captulo 3, Sperber
describe esta supercapilla como el mdulo de la metarrepresentacin (MMR), y sugera que el MMR es una
versin ampliada del mdulo de la teora de la mente, aunque yo personalmente lo concibo como una versin
ampliada tal vez incluso explosionada de un rea de inteligencia social ms general. Sperber dice:

Como resultado del desarrollo de la comunicacin, y sobre todo de la comunicacin lingstica, el mbito
real del mdulo multirrepresentacional rebosa de representaciones que los comportamientos comunicativos ponen
de manifiesto Un organismo dotado de un mdulo de metarrepresentacin podra formar representaciones
de conceptos y de creencias pertenecientes a todos los mbitos conceptuales, pero de una clase que los mdulos de
esos mbitos tal vez no podran crear por s mismos (vase la figura 27[4])

El punto ms importante que Sperber trata de expresar es que el conocimiento sobre el mundo se representa
en dos lugares distintos de la mente: en el rea cognitiva especializada al que pertenece, y en la que haba sido el
rea de la inteligencia social pero que ahora contiene conocimientos tanto sobre el mundo social como sobre el
mundo no social. Las representaciones mltiples del conocimiento en la mente tambin es un rasgo de gran
importancia para Annette Karmiloff-Smith sobre todo por lo que se refiere a su teora de la aparicin de la fluidez
cognitiva durante el desarrollo.
27. El papel del lenguaje en la creacin de la fluidez cognitiva.
Esta idea nos ayuda a comprender lo que con frecuencia nos parecen visiones del mundo contradictorias
entre los diferentes pueblos cazadores-recolectores actuales y entre los humanos modernos. Recordemos, por
ejemplo, la actitud de los inuit hacia el oso polar descrita en el captulo 3. Consideran a este animal como un
miembro del clan, pero al mismo tiempo lo matan y se lo comen con placer. Esta combinacin de un profundo
respeto por los animales que cazan, habitualmente expresado en forma de relaciones sociales, y la ausencia de
escrpulos a la hora de matarlos, parece ser universal entre los cazadores-recolectores. Esta combinacin de
actitudes nos parece contradictoria, hasta que nos damos cuenta de que el conocimiento de estos animales puede
estar contenido en dos reas cognitivas distintas, una donde se le relaciona con la historia natural y con los
problemas de alimentacin, y otra donde aparece confundido con la inteligencia social. Otro ejemplo es la actitud
de los aborgenes australianos hacia el entorno. Para explotarlo dependen de una profunda comprensin de la
ecologa. Son naturalistas expertos con conocimientos detallados de los ciclos de la vida y la muerte. Pero tambin
comprenden el entorno como algo constantemente creado por los Seres Ancestrales, que no muestran ningn
respeto por las leyes de la ecologa. No existe contradiccin ni confusin en la mente aborigen: simplemente
poseen dos representaciones mentales de su entorno, localizadas en distintas reas cognitivas.

Sperber sugera que la invasin de la inteligencia social por parte de la informacin no social habra
provocado una explosin cultural[5] Y eso es precisamente lo que observamos al comienzo del Paleoltico
Superior, como tambin el rugido sordo de su anticipacin tras la primera entrada de los humanos modernos en la
obra de nuestro pasado, hace 100 000 aos. Y, como parte de esa explosin cultural, contemplamos la aparicin de
conceptos y de creencias que ningn rea por s sola habra podido crear, conceptos como arte y religin, por
ejemplo.

Un nuevo papel para la consciencia

Un rasgo importante del paso a una mente cognitivamente fluida fue el cambio en la naturaleza de la
consciencia. A lo largo de este libro he seguido a Nicholas Humphrey, para quien la consciencia (reflexiva)
evolucion como un rasgo decisivo de la inteligencia social: permiti a nuestros antepasados predecir el
comportamiento de otros individuos. Pero los pensamientos de otras reas cognitivas no podan acceder a la
consciencia, que operaba como cualquier otra microrea de la inteligencia social, y no hay nada que nos induzca a
pensar que los humanos primitivos fueran conscientes de sus propios conocimientos y de sus procesos mentales
sobre el mundo no social (salvo la efmera consciencia atenuada descrita en el captulo 8). Pero si, a travs del
mecanismo del lenguaje, la inteligencia social empieza a verse invadida por informacin no social, el mundo no
social se hace accesible a la exploracin de la consciencia reflexiva. Este es, en esencia, el argumento que Paul
Rozin desarroll en 1976 para la evolucin de la inteligencia avanzada. El rasgo esencial de su nocin de
accesibilidad fue la posibilidad de llevar a la consciencia el conocimiento ya presente en la mente humana pero
ubicado en la inconsciencia cognitiva[6].

No sabemos cuntos conocimientos llegaron al nivel de la consciencia introspectiva. Como deca en el


captulo 8, es muy probable que una gran parte de nuestra actividad mental permanezca an cerrada para nosotros
en nuestra mente inconsciente. Los artesanos, por ejemplo, parecen no ser conscientes de sus conocimientos y
capacidades tcnicas. Cuando se les pregunta, por ejemplo, cmo llevan a cabo la tarea de modelar una vasija a
torno, suelen tener dificultades para explicar lo que hacen a menos que puedan hacer una demostracin. Las
acciones dicen ms que las palabras cuando el conocimiento tcnico se encuentra atrapado en un rea cognitiva
especializada. Este hecho destaca la importancia del aprendizaje verbal de la habilidad tcnica, que slo se inicia a
principios del Paleoltico Superior, como demuestra la proximidad espacial de los desechos de talla producidos por
individuos cualificados y no cualificados en yacimientos como el de Etiolles, Francia, y el de Trollesgave,
Dinamarca[7]. Cuando el conocimiento se adquiere a travs de la instruccin verbal, pasa, por definicin, a lo que
en su da fueron las capillas de la inteligencia social y lingstica, donde se hace accesible a la consciencia
reflexiva[8]

Seguramente el nuevo papel de la consciencia en la mente humana fue el que ya identificara el psiclogo
Daniel Schacter. En un artculo escrito en 1989 deca que, adems de crear los sentimientos subjetivos de saber,
recordar y percibir, la consciencia tendra que ser considerada como una base de datos global que integra el
output de los procesos modulares. Y contina diciendo que un tal mecanismo integrador es fundamental en todo
sistema modular donde mdulos separados e independientes manejan paralelamente el procesamiento y las
representaciones de distintos tipos de informacin[9] En la mente humana primitiva, la inteligencia general era el
nico dispositivo disponible capaz de desempear este rol integrador, y apenas lo ejerca. Pero desde el momento
en que el lenguaje se convirti en vehculo de pensamientos y conocimientos no sociales hacia la capilla de la
inteligencia social, la consciencia pudo empezar a desempear este nuevo rol integrador en la catedral de la mente.

En el captulo anterior analizbamos las consecuencias de integrar conocimientos procedentes de reas


distintas y separadas: un ostensible aumento de la creatividad humana. Un ltimo argumento que avala el papel
fundamental que desempea la consciencia en esa integracin y la creatividad resultante lo aporta el filsofo John
Searle. En su libro El redescubrimiento de la mente, publicado en 1992, analiza a quienes padecen esos pequeos
ataques epilpticos que mencionbamos en el captulo 8. Recordemos que durante esos ataques, los individuos
pueden continuar con su comportamiento habitual pero sin consciencia de ello. Refirindose al cambio que se
produca en su manera de realizar sus actividades, como tocar el piano por ejemplo, Searle escribe:

Los pacientes realizaban cuantas acciones eran habituales, rutinarias y memorizadas La conducta
consciente humana normal presenta un grado de flexibilidad y de creatividad que est ausente en [los] casos
de conductores y pianistas inconscientes Una de las ventajas evolutivas que nos confiere la consciencia es una
flexibilidad, una sensibilidad y una creatividad mucho mayores derivadas del hecho de ser conscientes[10].

Los humanos primitivos no carecan totalmente de consciencia; lo que pasa es que se restringa a su mbito
ms propio, el de la inteligencia social. De ah que sus interacciones sociales mostraran una flexibilidad, una
sensibilidad y una creatividad considerables. Pero, en cambio, estaba claramente ausente de su actividad no social,
como sabe perfectamente todo aquel que se haya dedicado a describir un hacha de mano, y otra hacha de mano, y
otra. Pero a partir del momento en que el lenguaje empez a actuar como vehculo de transmisin de informacin e
ideas no sociales al rea de la inteligencia social, la consciencia reflexiva pudo tambin ocuparse del mundo no
social. Ahora los individuos ya podan mirar introspectivamente sus procesos mentales y sus conocimientos no
sociales. Y a partir de ese momento la totalidad del comportamiento humano qued impregnado de la flexibilidad y
de la creatividad caractersticas de los humanos modernos.

Hembras que cran, fluidez cognitiva e infancia prolongada

El guin que he propuesto relativo a la evolucin de la fluidez cognitiva sugiere que hace 150 000 aos la
mentalidad tipo navaja suiza empez a resquebrajarse. Los individuos capaces de explotar retazos de conversacin
no social posean una ventaja selectiva sobre el resto, desde el momento en que podan integrar conocimientos
atrapados en las inteligencias especializadas. Creo que en esas sociedades se puede identificar una clase concreta
de individuos que habran conocido una especial presin selectiva para alcanzar una fluidez cognitiva: las hembras
sexualmente adultas.

A lo largo de la evolucin humana las hembras slo podan dar a luz cras con un cerebro relativamente
pequea Esto se debe a la anatoma de la pelvis, que tiene que ser estrecha para poder caminar eficazmente sobre
las dos extremidades inferiores[11]. Por consiguiente, el tamao del cerebro de las cras de los humanos modernos
no es mayor que el del chimpanc recin nacido: unos 350 cm3. Pero, a diferencia del chimpanc, en el periodo
inmediatamente posterior al nacimiento, el cerebro humano sigue creciendo al mismo ritmo que el de un feto. A la
edad de cuatro aos un cerebro humano ha triplicado su tamao, y cuando llega a la madurez alcanza unos 1400
cm3, cuatro veces ms que su tamao al nacer. En cambio, el cerebro chimpanc slo conoce un pequeo
incremento posnatal hasta llegar a los 450 cm3[12] Durante el periodo de crecimiento cerebral que sigue al
nacimiento, los nios humanos presentan un alto grado de dependencia de los adultos. Las madres encaran una
demanda sustancial por parte de sus cras para que suministren energa capaz de alimentar el crecimiento del
cerebro infantil y de la anatoma en general. Estas exigencias pudieron ser extremadamente fuertes durante el
segundo periodo de rpida expansin cerebral que se inici hace unos 500 000 aos.

El antroplogo social Chris Knight y sus colegas sostienen que las primeras hembras humanas modernas,
para solucionar el problema de la alimentacin de unas cras con cerebros cada vez mayores, recurrieron a niveles
desconocidos de inversin energtica del macho[13] Sugieren que el comportamiento coordinado entre las hembras
forz a los machos a suministrarles alimento de alta calidad procedente de la caza. Entre los elementos ms
importantes de la accin de las hembras, estaran una huelga de sexo y la menstruacin fingida utilizando ocre
rojo. Y consideran estas acciones como un uso primigenio de simbolismos, de lo que encuentran evidencia en el
aumento de la cantidad de ocre rojo, a partir de hace 100 000 aos, asociado a los primeros humanos modernos del
sur de frica.

Pese a mi escepticismo respecto a su idea de una accin femenina coordinada, estos autores han identificado
un contexto social donde el alimento se haba convertido en un factor decisivo para negociar relaciones sociales
entre los sexos. En este contexto, los retazos de lenguaje sobre el alimento y la caza pudieron ser especialmente
valiosos para el lenguaje social entre machos y hembras. Las hembras, sobre todo, habran explotado
necesariamente esta informacin en sus relaciones con los machos. Lo que podra explicar que el primer paso hacia
la fluidez cognitiva, tal como se aprecia en el comportamiento de los primeros humanos modernos del Prximo
Oriente, fuera una integracin de la inteligencia social y la inteligencia de la historia natural.

La infancia prolongada, esto es, la prolongacin del tiempo entre el nacimiento y la madurez que se fue
incrementando a medida que el tamao del cerebro aumentaba en el curso de la evolucin humana [14] estimula
tambin el paso de una mentalidad de navaja suiza a una mentalidad cognitivamente fluida. Porque sencillamente
proporciona el tiempo necesario para que en la mente se formen conexiones entre las inteligencias especializadas.
Como describ en el captulo 3, la psicloga evolutiva Annette Karmiloff-Smith afirmaba que la mente de un nio
moderno pasa por una fase durante la cual la cognicin se concreta esencialmente en determinadas reas, y que tras
esa fase el conocimiento se empieza a aplicar a reas que trascienden los objetivos concretos para los que
normalmente se usa. En el captulo 7 deca que el desarrollo cognitivo de un humano primitivo joven se
interrumpa de forma efectiva tras la emergencia de las reas especializadas de pensamiento y antes de crearse
conexiones entre ellos. As, respecto al desarrollo, la fuente de fluidez cognitiva tiene que residir en una
prolongacin ulterior del periodo de desarrollo cognitivo.

Hay efectivamente evidencia en el registro fsil de que el desarrollo infantil de los humanos modernos fue
considerablemente ms largo que entre los humanos primitivos. Esa evidencia nos ha llegado en forma de restos de
esqueletos de los poqusimos nios neandertales que existen. Estos restos muestran que los nios neandertales
conocieron un crecimiento rpido y desarrollaron unas extremidades robustas y un cerebro relativamente grande a
una edad temprana en comparacin con los humanos modernos. Un espcimen especialmente importante procede
del yacimiento de la Torre del Diablo, en Gibraltar, y se fecha en unos 50 000 aos. Consiste en no ms de cinco
fragmentos, pero su reconstruccin ha demostrado que pertenecan a un nio de tres o cuatro aos. Los dientes
demuestran que la erupcin dental tuvo lugar antes que en los humanos modernos. Pero lo que tiene an mayor
inters es el hecho de que a esta temprana edad, el tamao del cerebro de este neandertal, de 1400 cm3, se
aproximara al cerebro de un adulto. Parece que este ritmo tan rpido de expansin cerebral es un rasgo general
entre los nios neandertales, dado que se ha encontrado en otros especmenes[15]. El ejemplar neandertal mejor
preservado y de descubrimiento ms reciente es el nio de dos aos encontrado en la cueva de Dederiyeh, en Siria.
Al parecer tena un tamao cerebral equivalente al de un nio humano moderno de seis aos[16]

En realidad, no haba tiempo suficiente para que surgiera la fluidez, cognitiva antes de que cesara el
desarrollo de la mente del neandertal, y creo que el de la mente humana primitiva en general. Por desgracia no
contamos con ningn crneo infantil correspondiente a los primeros humanos modernos de hace 100 000 aos del
Prximo Oriente, ni a los primeros cazadores-recolectores del Paleoltico Superior. Pero estimo que se produjo una
prolongacin gradual del periodo de desarrollo hace entre 100 000 y 50 000 aos.

La aparicin de la mente moderna: una visin global

Concluir este captulo con un resumen de mi explicacin de la evolucin de la fluidez cognitiva. La


simiente se sembr con el aumento del tamao del cerebro, que se inicia hace 500 000 aos. Este aumento est a su
vez relacionado con la evolucin de un lenguaje social gramaticalmente complejo. Pero las voces de este primer
lenguaje tambin contenan retazos de informacin no social. Los individuos capaces de explotar esta informacin
no social lograron una ventaja reproductiva. Es el caso, sobre todo, de las hembras lactantes que amamantaban a
sus cras durante prolongados periodos lo que las imposibilitaba para alimentarse a s mismas adecuadamente,
que habran experimentado una presin selectiva para adaptarse, porque sus pautas de interaccin social con los
machos se habran visto modificadas por la necesidad de alimento. A medida que el lenguaje social se converta en
un lenguaje general, los individuos fueron adquiriendo una consciencia cada vez mayor de sus propios
conocimientos del mundo no social. La consciencia adopt el papel de un mecanismo de integracin del
conocimiento anteriormente atrapado en inteligencias especializadas aisladas.

Parece que el primer paso hacia la fluidez cognitiva fue una integracin entre la inteligencia social y la
inteligencia de la historia natural, algo que evidencian los primeros humanos modernos del Prximo Oriente, hace
100 000 aos. Esto tuvo lugar antes de que los humanos modernos se dispersaran por Asia y Europa, donde
sustituyeron o se mezclaron con las poblaciones existentes de humanos primitivos. El ltimo paso hacia una total
fluidez cognitiva tuvo lugar en momentos ligeramente distintos en diferentes poblaciones hace entre 60 000 y 30
000 aos, y conllev una integracin de la inteligencia tcnica, provocando los cambios de comportamiento que se
observan en lo que se llama el periodo de transicin del Paleoltico Medio al Superior. En otras palabras, cre una
explosin cultural: la aparicin de la mente moderna.
Captulo 11

La evolucin de la mente

El factor decisivo para la evolucin de la mente moderna fue el paso de una mente diseada como una
navaja suiza a una mente con fluidez cognitiva, es decir, el cambio de una mentalidad especializada a una
generalizada. Ese cambio permiti disear tiles complejos, crear arte y creer en ideologas religiosas. Adems,
como ilustro en los recuadros de las pginas 210 y 211, el potencial para otros tipos de pensamiento que son
importantes para el mundo moderno estaba ahora al abasto de la fluidez cognitiva. Lo mismo cabra decir de la
aparicin de la agricultura, como explicar en el eplogo, puesto que la agricultura y sus consecuencias constituyen,
efectivamente, el eplogo cultural de la evolucin de la mente.

El cambio de una mentalidad especializada a una de tipo general hace entre 100 000 y 30 000 aos supuso
una digresin considerable en la trayectoria de la evolucin. Los 6 millones de aos de evolucin anteriores
haban conocido una especializacin creciente de la mente. A la inteligencia social ya presente en la mente del
antepasado comn se fueron aadiendo, en antropomorfos y humanos, primero la inteligencia tcnica y la
inteligencia de la historia natural, y ms tarde la inteligencia lingstica. Pero lo ms extraordinario es que este
reciente cambio en la manera de pensar, de una especializada a otra general, no fue la nica digresin que tuvo
lugar en el curso de la evolucin de la mente moderna. Si, respecto a la evolucin de la mente, tenemos en cuenta
los 65 millones de aos de evolucin de los primates y no slo los 6 millones de aos de esta prehistoria,
constatamos una oscilacin entre maneras de pensar especializadas y generalizadas.

Las actitudes racistas, un producto de la fluidez cognitiva

En el captulo 9 deca que la fluidez cognitiva posibilitaba el pensamiento antropomrfico y totmico, dado que ta
accesibilidad reciproca entre las reas de la inteligencia de la historia natural y de la inteligencia social permiti
pensar a los individuos como animales, y a los animales como personas. Las consecuencias de una integracin de
la inteligencia tcnica y la inteligencia social son ms serias. La inteligencia tcnica se haba dedicado a
pensamientos de objetos fsicos, que carecen de emociones y de derechos porque carecen de mente. Los objetos
fsicos pueden ser manipulados a voluntad para cualquier finalidad que uno desee. La fluidez cognitiva crea la
posibilidad de pensar en las personas de la misma forma. Todos conocemos este tipo de actitudes racistas en el
mundo moderno, tipificadas en el tratamiento de minoras raciales. Las races de negar a las personas su
humanidad podran remontarse a los albores del Paleoltico Superior. Quizs el enterramiento de parte de un fmur
humano pulimentado hallado junto a uno de los jvenes de Sungir, hace 28.000 aos, y la presencia de cadveres
humanos descarnados en la cueva de Gough, en Somerset, Inglaterra, hace 12.500 aos, que parecen haber sido
desechados como si fueran cadveres de animales, sean ejemplos de ello. Los humanos primitivos, con su
mentalidad de navaja suiza, no podan pensar en otros humanos como si fueran animales o tiles. Sus sociedades
no habran conocido, pues, actitudes racistas. Para los neandertales, las personas son personas. Claro que aquellas
primeras sociedades no fueron pacficos Jardines del Edn, si conflictos individuales o grupales. La idea de que
nuestros antepasados pudieran vivir en un estado idlico de cooperacin y armona se demostr absurda en el
momento en que Jane Goodall, en su libro publicado en 1990 Through a window sobre los chimpancs de Gombe,
describiera el brutal y sangriento asesinato y la prctica del canibalismo entre los chimpancs. No cabe duda de que
los humanos primitivos conocieron conflictos semejantes en su intento por asegurar y mantener el poder en el seno
de sus grupos respectivos y el acceso a los recursos. Pero seguramente los humanos primitivos no crean que otros
individuos o grupos tenan mentes distintas a la suya propia, es decir, la idea de que otras gentes fueran menos
que humanos, que es la base del racismo. Los antroplogos sociales Scott Atran y Pascal Boyer afirman, de forma
independiente uno de otro, que la idea de la existencia de distintas razas humanas se debe a una transferencia a la
esfera social del concepto de esencias correspondiente a las cosas animadas que, como vimos en el capitulo 3, es
una parte importante de la biologa intuitiva. Esta transferencia parece ocurrir de manera espontnea en la mente
infantil. Como dijo otra antroploga social, Ruth Benedict, en su obra ya clsica de 1942 titulada Raza y racismo,
creer que existen diferencias entre grupos humanos es muy distinto a creer que algunos grupos son inherentemente
inferiores a otros. De acuerdo con esta ltima visin, que podemos llamar racismo, se tratara de la transferencia a
la esfera social de conceptos relativos a la manipulacin de objetos, indiferentes al trato que reciban puesto que no
poseen ningn tipo de mente. Mi hiptesis es que la fluidez cognitiva de la mente humana moderna ofrece todo un
potencial para creer no slo que existen razas distintas de humanos, sino que algunas de ellas pueden ser inferiores
a otras, y ello se debera a la mezcolanza de pensamientos sobre humanos, animales y objetos. No es obligatorio
que as sea, digo tan slo que existe el potencial para que ello ocurra. Y por desgracia ese potencial se ha llevado
repetidas veces a la prctica a lo largo de la historia humana.

En este captulo final deseo situar la mente moderna en su autntico contexto temporal, a largo plazo, y describir y
explicar esta oscilacin en la naturaleza de la mente tambin en el marco temporal. Slo as podremos apreciar en
qu medida somos producto de un proceso largo, lento y gradual de evolucin y por qu somos tan diferentes de
nuestro pariente actual ms prximo, el chimpanc. Y lo har articulando slidamente la evolucin de la mente y la
evolucin del cerebro, y la del cuerpo en general. Empezar por introducir nuevos actores, un tanto difusos, que
aparecen ahora en el largo prlogo de la obra que es nuestro pasado (vase la figura 28[1])
28. Un grfico simplificado de la evolucin humana.
Sesenta y cinco millones de aos de la mente

Tenemos que empezar hace 65 millones de aos con una criatura llamada Purgatorios, de la que tenemos
fragmentos dentales y craneanos dispersos descubiertos en el este de Montana, en los Estados Unidos. Este animal
fue miembro de un grupo conocido como los plesiadapiformes. Parece que Purgatorias fue una criatura del tamao
de un ratn que se alimentaba de insectos. El espcimen mejor preservado de su grupo es el llamado Plesiadapis:
del tamao de una ardilla, se alimentaba de hojas y frutos (vase la figura 29).

29. Plesiadapis.
Existen dudas sobre si los plesiadapiformes deben clasificarse como primates o no. En determinadas zonas
del crneo y en su modo de desplazarse no se aprecian rasgos tpicamente primates, en la medida en que esas
caractersticas pueden reconocerse en restos fsiles sumamente fragmentarios. De hecho, es posible que los
plesiadapiformes no fueran primates en un sentido estricto, sino que compartieran un antepasado comn con los
verdaderos primeros primates que aparecieron hace 55 millones de aos. En vista de su incierto estatus en la lnea
de la evolucin, los plesiadapiformes pueden describirse como primates arcaicos.

El humor corno un producto de la fluidez cognitiva

Un chiste: Un canguro entra en un bar y pide un whisky con soda. El camarero lo mira con cierta curiosidad
y prepara la bebida. Sern dos libras y media, dice el camarero. El canguro saca un billetero de su bolsa, cuenta
el dinero y paga. El camarero sigue con su trabajo, mirando de vez en cuando al canguro, que est de pie
consumiendo su bebida. Transcurridos unos cinco minutos, el camarero se dirige al canguro y le dice: Sabe?, no
vienen muchos canguros por aqu, y el canguro le contesta: A dos libras y media el trago, no es de [Link]
chiste se menciona en el libro de Elliot Oring, Jokes and their Relations, publicado en 1992, con el fin de ilustrar lo
que el autor considera un rasgo fundamental del humor: incongruencias apropiadas. En este chiste hay montones
de incongruencias: canguros entrando en un bar, hablando ingls y tomando un whisky. Pero la respuesta del
canguro al camarero es una incongruencia apropiada debido a la naturaleza del comentario del camarero. Su
comentario daba por sentado que existen canguros que beben whisky y hablan ingls, pero que no visitan su
establecimiento.

Es evidente que el potencial para concebir ideas que renan elementos de reas normalmente incongruentes
aparece slo con una mente cognitivamente fluida. Si los neandertales hubieran sabido de canguros, whiskies y
bares, no habran sido capaces de pensar en la incongruencia que supone que un canguro est tomando unas copas,
porque sus conocimientos sobre las transacciones sociales habran estado en un rea cognitiva y el conocimiento
sobre los canguros en otra. Y, por consiguiente, su mentalidad de navaja suiza les habra negado lo que parece ser
un elemento esencial del sentido del humor.
Lo que nos interesa aqu es el tipo de mente que cabra atribuir a estos seres. A primera vista podramos
decantarnos por asociar sus pautas de comportamiento ms bien a mecanismos genticos antes que a mecanismos
de aprendizaje. Hace tiempo que los cientficos han descartado una estricta divisin entre ambos entre
naturaleza y crianza. Todo comportamiento tiene que estar influido en parte por la estructura gentica del
animal y en parte por el medio en que se desarrolla. Sin embargo, el peso relativo de una u otro vara
considerablemente entre las especies, sobre todo por lo que se refiere a los distintos aspectos del comportamiento
de una sola especie.
Merece la pena mencionar brevemente algunos descubrimientos de laboratorio sobre la capacidad de aprendizaje
de distintos animales. Estos estudios, que animan a los animales a resolver problemas como, por ejemplo, acceder
al alimento pulsando el dispositivo correcto, han demostrado que los primates, en general, tienen mayor capacidad
de aprendizaje que otros animales, como las ratas, los gatos y las palomas. Con el trmino aprendizaje hago
referencia aqu a lo que en todo el libro he denominado inteligencia general, una serie de reglas de aprendizaje
de tipo general, plurifuncionales, semejantes a las que se necesitan para aprender a establecer asociaciones entre
distintos hechos o acontecimientos. Slo los primates parecen capaces de identificar reglas generales susceptibles
de aplicarse a una serie de experimentos, y de usar la regla general cuando tienen que resolver un problema nuevo.
Las ratas y los gatos tambin pueden solucionar problemas sencillos, pero los reiterados ejercicios de aprendizaje
no se traducen en ningn tipo de mejora[2].
Volviendo a los plesiadapiformes, y sin olvidar que tal vez no sean ni siquiera primates, parecera ms lgico
encuadrarlos en el grupo de las ratas y los gatos que entre los primates. En otras palabras, cabra atribuirles una
inteligencia general mnima, si es que la tuvieron. La vida de los plesiadapiformes estuvo seguramente dominada
por pautas concretas de comportamiento relativamente innatas, que aparecieron como respuesta a determinados
estmulos pero que apenas se vieron alteradas por la experiencia. Es posible que el cerebro/mente de los
plesiadapiformes contara con una serie de mdulos capaces de codificar conocimientos y pautas de
comportamiento altamente especializados. Para decirlo con otras palabras, es posible que tuvieran una mentalidad
de navaja suiza.
Los plesiadapiformes iniciaron su declive demogrfico hace unos 50 millones de aos, coincidiendo con una
proliferacin de roedores que seguramente los superaron en la competicin por los alimentos (hojas y frutas). Pero
hace unos 56 millones de aos aparecieron dos nuevos grupos de primates, los llamados omomidos y los adpidos.
Se trata de los primeros primates modernos, parecidos a los lmures, loris y tarseros actuales. Aquellos primeros
primates modernos eran buenos trepadores que se nutran fundamentalmente de frutas y hojas. El ejemplar mejor
preservado es Notharctus, cuyos restos fsiles se han encontrado en Norteamrica (vase la figura 30).

30. Notharctus.
El rasgo a destacar en estos primitivos primates es que fueron los primeros en tener un cerebro
relativamente grande. Quiero decir que tenan un cerebro mayor en proporcin a su tamao corporal y a otros
mamferos del mismo periodo[3]. En general, cuanto ms grandes son los animales, tanto mayor es su cerebro,
sencillamente porque tienen ms msculos que mover y coordinar. Pero los primates, en tanto que grupo, poseen
cerebros mayores de lo que el tamao de sus cuerpos deja entrever. La evolucin de esta capacidad cerebral
particularmente voluminosa se llama proceso de encefalizacin, un proceso que comenz con estos primeros
primates hace 56 millones de aos.

Este grupo ya se mencionaba al final del captulo 5 al analizar la evolucin de la inteligencia social. Y,
como all se deca, si sus mentes fueron similares a las de los actuales lmures, entonces no es probable que
poseyeran una inteligencia social especializada, pero s una inteligencia general complementaria de los mdulos
responsables de las pautas concretas de comportamiento relativamente innatas. La bioantroploga Katherine
Milton afirma que la presin selectiva en favor de esa inteligencia general tuvo que provenir del tipo de
configuracin espacial y temporal de los recursos arbreos que explotaron. Por lo que se refiere a la bsqueda y
provisin de alimentos, los primates habran conseguido reducir costos y mejorar su rendimiento gracias a sencillas
reglas de aprendizaje[4]. Aunque la inteligencia general tambin pudo comportar ventajas en otras reas del
comportamiento, facilitando, por ejemplo, el reconocimiento del parentesco.

Pero fue entonces, hace 56 millones de aos, cuando aparece la primera digresin en la evolucin de la
mente. Se observa en los primates arcaicos una transformacin entre una mentalidad especializada, cuyas
respuestas comportamentales a los distintos estmulos estaban slida y mayoritaria-mente fijadas en el interior
del cerebro, y una mentalidad generalizada cuyos mecanismos cognitivos permitan aprender de la experiencia.
Parece que la evolucin, una vez agotadas las posibilidades de incrementar las conductas rutinarias fijadas en el
cerebro, se adentraba por la senda evolutiva alternativa de la inteligencia generalizada.

La inteligencia general exiga un cerebro mayor capaz de aadir a la informacin procesada sencillos
clculos costo-beneficio en materia de estrategias comportamentales, y capaz asimismo de adquirir conocimiento
mediante el aprendizaje asociativo. Para que evolucionara un cerebro mayor, aquellos primeros primates modernos
tuvieron que explotar alimentos vegetales de alta calidad, tales como hojas, frutas maduras y flores, una dieta que
confirman sus rasgos dentales. Tales preferencias dietticas fueron esenciales para inducir una reduccin del
tamao intestinal y poder as liberar suficiente energa metablica para alimentar un cerebro mayor, manteniendo al
mismo tiempo un ritmo metablico constante[5].

El siguiente grupo de primates importante procede de frica, sobre todo de los depsitos sedimentarios de
la depresin del Fayum, en Egipto. El ms importante de todos es Aegyptopithecus, que vivi hace unos 35
millones de aos. Se trata de un primate que se alimentaba de frutas y viva en los grandes rboles de la selva
monznica. Su cuerpo parece especialmente adaptado para trepar y saltar entre los rboles. Como todos los
primates anteriores, fue un cuadrpedo que se desplazaba sobre sus cuatro extremidades. Los primates fsiles ms
importantes de entre 23 y 15 millones de aos de edad pertenecen posiblemente a varias especies, pero se les
conoce con el nombre de Procnsul. Estos fsiles se encuentran en Kenia y en Uganda, y exhiben una combinacin
de rasgos de simios no antropomorfos y antropomorfos (vase la figura 31).

La mente de Aegyptopithecus seguramente difera de las mentes de Notharctus y de los primeros primates
modernos en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, el rea de la inteligencia general era ms potente, con
mayor capacidad para procesar informacin. El segundo cambio es ms relevante: el desarrollo de un rea
especializada de inteligencia social.
31. Proconsul.

Si nos atenemos al guin de Dick Byrne y de Andrew Whiten, hace 35 millones de aos hubo una forma de
inteligencia social que posibilit un comportamiento bastante ms complejo en el rea social que en el mbito de la
interaccin con el mundo no social, como ya mencion en el captulo 5. Esta rea de la inteligencia social
evolucion gracias a las ventajas reproductivas que conllev en materia de prediccin y manipulacin del
comportamiento de otros miembros del grupo. Como sostienen Leda Cosmides y John Tooby, los individuos
dotados de una serie de mdulos mentales especializados de inteligencia social pudieron hacer frente a los
problemas del mundo social con ms garantas de xito. En otras palabras, hace 35 millones de aos, la evolucin
habra agotado, al parecer, las posibilidades de mejorar el xito reproductivo mediante la inteligencia general
solamente: se realiz un giro evolutivo que posibilit una especializacin cada vez mayor de las facultades
mentales y que se prolongara prcticamente hasta el presente.

A este periodo correspondera la evolucin del cerebro descrita por Andrew Whiten, a partir, segn l, de
una presin en espiral a medida que individuos inteligentes buscaban una y otra vez una mayor inteligencia en sus
compaeros[6]. Segn Nicholas Humphrey, cuando el valor intelectual se correlaciona con el xito social, y si el
xito social significa unas buenas condiciones biolgicas, entonces todo rasgo heredable susceptible de incrementar
la capacidad de un individuo para superar a sus compaeros pronto se extender a todo el acervo gentico[7].

Esta presin en espiral sigui operando seguramente a lo largo del periodo comprendido entre hace 15 y
4,5 millones de aos, un lapso de tiempo en que el registro fsil es especialmente escaso [8]. Pero fue entonces, hace
unos 6 millones de aos, cuando vivi el antepasado comn de los antropomorfos y humanos modernos, y es con
ese actor perdido con el que se inicia el drama de nuestro pasado. Byrne y Whiten sugieren que, en la poca del
antepasado comn, la inteligencia social estaba ya suficientemente elaborada para incorporar la capacidad de
atribuir intenciones a otros individuos e imaginar otros mundos sociales posibles.

Cuando el registro fsil mejora, desde hace unos 4,5 millones de aos, los australopitecinos estn
establecidos en el este de frica y seguramente en otras partes del continente. Como vimos en el captulo 2, el fsil
mejor conservado de todos ellos, A. afarensis, presenta adaptaciones a un estilo de vida tanto arbreo como
terrestre. Como se aprecia en la figura 1, los fsiles de hace entre 3,5 y 2,5 millones de aos apuntan a un periodo
de estabilidad por lo que al tamao del cerebro se refiere. Por qu se agota o se interrumpe la presin en espiral
en favor de una mayor inteligencia social y, por lo tanto, en favor de una expansin del cerebro? La respuesta
probable es que la evolucin topaba ahora con dos obstculos: un cerebro mayor requiere ms combustible, pero
tambin debe mantener una temperatura moderadamente fra. En materia de combustible, el cerebro es muy voraz,
puesto que necesita 22 veces ms energa que cuando los tejidos musculares estn en reposo. Y en cuanto a la
temperatura, un aumento de slo 2C puede menoscabar el funcionamiento del cerebro[9].

Los australopitecinos fueron fundamentalmente vegetarianos y vivieron en las sabanas ecuatoriales


arbreas. Este estilo de vida limitaba la cantidad de energa que podan suministrar al cerebro, y los expona a un
riesgo constante de sobrecalentamiento. Por lo tanto, la expansin del cerebro estaba bloqueada, aun cuando las
presiones selectivas en su favor hubieran estado presentes.

Si no se hubiera dado una notable conjuncin de circunstancias, es muy posible que los australopitecinos
an estuvieran deambulando en busca de alimentos en frica, y el linaje Homo no hubiera evolucionado. Pero,
como ilustrbamos en la figura 1, hace unos 2 millones de aos se inici un periodo muy rpido de expansin
cerebral, que determin la aparicin del linaje Homo. Y esto slo poda acaecer gracias al relajamiento de las
limitaciones a la expansin del cerebro, siempre, claro est, que las presiones selectivas estuvieran presentes. Para
poder explicar cmo ocurri, es de vital importancia conocer las interrelaciones entre la evolucin de la mente, la
evolucin del cerebro y la evolucin del cuerpo. En este periodo se desarrollan dos tipos de comportamiento que
son decisivos: el bipedismo andar habitualmente sobre las dos extremidades inferiores y una mayor ingestin
de carne.

La evolucin del bipedismo se inici hace 3,5 millones de aos. Hay evidencia de ello en la anatoma de A.
afarensis (vase la figura 32), y tambin en las espectaculares huellas de unos pies de australopitecinos conservadas
en Laetoli, Tanzania. Las presiones selectivas responsables de la evolucin del bipedismo hay que buscarlas
seguramente en las condiciones trmicas bajo las cuales los australopitecinos tuvieron que cazar y recolectar
alimentos en las sabanas boscosas del frica oriental. Su condicin de buenos trepadores y su vida en los rboles
haba preparado sus cuerpos para la posicin erecta. El antroplogo Peter Wheeler ha demostrado que el bipedismo
habra permitido a los australopitecinos reducir en un 60 por 100 la cantidad de radiacin solar a la que estaban
expuestos en las horas de mayor insolacin, y reducir, adems, el coste energtico de los desplazamientos. El
bipedismo les habra permitido asimismo desplazarse en busca de provisiones durante periodos ms largos sin
necesidad de alimento ni agua, cazar y recolectar en medios menos umbros, y por consiguiente explotar nichos no
accesibles a otros depredadores mucho ms dependientes de lugares de sombra y agua[10]. El paso a un bipedismo
de creciente eficacia pudo estar en parte relacionado con la emergencia de medios ms ridos y abiertos acaecida
en frica hace unos 2,8 millones de aos[11], un cambio que habra incrementado el valor de la posicin erecta y su
capacidad para reducir la exposicin a la radiacin solar.
32. Una comparacin del tamao y la postura de Lucy (derecha) A. Afarensis y una hembra humana
moderna (izquierda). Lucy meda unos 105 cm de altura, con brazos notablemente largos.
El bipedismo requera un cerebro mayor capaz de asegurar el control muscular necesario para mantener el
equilibrio y el movimiento. Pero el bipedismo y el estilo de vida terrestre incidieron de otras muchas formas en la
expansin del cerebro. Algunas las ha analizado la antroploga Dean Falk [12]. Esta autora explica que, asociada al
bipedismo, tuvo que operar una nueva red de vasos sanguneos recubriendo el cerebro que asegurara a este un
sistema de enfriamiento que ella describe como un radiador. Con esos vasos sanguneos, el peligro de
sobrecalentamiento debido a la expansin del cerebro qued controlado, en la medida en que ese radiador poda ser
fcilmente modificado. Una consecuencia de ello fue la posibilidad (no la necesidad) de un mayor incremento del
cerebro.

Dean Falk sugiere asimismo que el bipedismo habra favorecido una reorganizacin de las conexiones
neurolgicas del cerebro: a partir del momento en que las extremidades inferiores se usaron para andar y no para
asir (como un segundo par de manos), las reas del crtex que antes se utilizaban para controlar las piernas se
redujeron, liberando el crtex para ejercer otras funciones [13]. Este proceso fue, evidentemente, paralelo a la
liberacin de las manos, que abra la oportunidad de una mayor destreza manual para transportar y producir
tiles. Tambin pudieron producirse cambios importantes en la percepcin del medio natural, debido a un aumento
de las distancias y direcciones regularmente recorridas; y un cambio en el medio social a raz de un aumento del
contacto cara a cara, que habra propiciado nuevas posibilidades de comunicacin a travs de la expresin facial.

Pero la consecuencia posiblemente ms significativa del bipedismo fue una mayor facilidad para explotar
nichos de carroeo. Se abra una ventana de oportunidad para explotar restos de animales muertos en los
momentos del da en que los carnvoros buscan la sombra. Como dicen Leslie Aiello y Peter Wheeler, con
cantidades mayores de carne en la dieta, el tamao de los intestinos poda reducirse an ms, liberando as ms
energa metablica hacia el cerebro, en tanto se mantena un ritmo metablico basal constante [14]. De esta forma se
superaba el segundo obstculo a la expansin del cerebro.

Es indudable que las principales presiones selectivas a favor de un aumento del cerebro siguieron viniendo
del entorno social: las presiones en espiral procedentes de individuos socialmente inteligentes crearon la presin
selectiva para el desarrollo de una inteligencia social an mayor entre sus compaeros. Y esta presin estaba
presente debido a la necesidad, impuesta por el estilo de vida terrestre en hbitats abiertos, de organizarse en
grupos sociales ms amplios, en parte como una forma de defensa frente a los depredadores.

En el captulo 6 encontrbamos confirmacin de la importancia del medio social para la expansin del
tamao del cerebro. Vimos que los tiles lticos olduvayenses del Homo primitivo requeran mayores
conocimientos que los artefactos que usan los chimpancs actuales, y por lo tanto que los que usaron los
australopitecinos. Pero esos conocimientos surgieron probablemente no tanto como una consecuencia de la
seleccin en favor de un mbito de inteligencia social, sino gracias a las nuevas y mayores oportunidades para
el aprendizaje social que comportaban los grupos mayores. Y lo mismo ocurre con la limitada gama
medioambiental explotada por el primer Homo, indicativa de que an no haba evolucionado un rea separada de
inteligencia de la historia natural y de que la necesidad de informacin relativa al carroeo se trataba como un
subproducto del hecho de vivir en grupos sociales mayores.

En mi reconstruccin de la evolucin de la mente, la primera evidencia de la existencia de reas distintas de


inteligencia tcnica y de inteligencia de la historia natural la he encontrado tan slo hace entre 1,8 y 1,4 millones de
aos, con la aparicin de H. erectus y de las hachas de mano tcnicamente ms complejas. Cules fueron las
causas, las condiciones y las consecuencias de estas nuevas reas de inteligencia?

La causa ltima de estas nuevas inteligencias especializadas fue la constante competencia entre individuos:
la carrera de armamentos cognitiva que se desencaden una vez los obstculos a la expansin del cerebro se
hubieron relajado. Pero la evolucin de estas reas intelectuales concretas podra reflejar la aparicin de un
obstculo a un nuevo incremento de la propia inteligencia social. Como adverta Nicholas Humphrey,
necesariamente tiene que llegar un momento en que el tiempo requerido para resolver una disputa social sea
insoportable[15]. Por consiguiente, si es cierto que las posibilidades de incrementar el xito reproductivo a base
solamente de una mayor inteligencia general por seleccin natural se agotaron hace 35 millones de aos, tambin
cabra concluir que la va de la menor resistencia hacia una ulterior evolucin de la mente en las condiciones
existentes hace 2 millones de aos no parti de una inteligencia social mayor, sino que se debi a la evolucin de
nuevas reas cognitivas: las de la inteligencia tcnica y de la historia natural.

En otras palabras, los individuos con mayor xito reproductivo fueron aquellos que se mostraron ms
eficaces a la hora de localizar animales muertos (y otros recursos) y de descuartizarlos. Estos individuos disponan
de una dieta de mejor calidad y pasaban menos tiempo expuestos a los depredadora de la sabana. De modo que
disfrutaban de mejor salud, compitieron con ms xito en materia de apareamiento sexual y crearon una prole ms
fuerte. En la fabricacin de tiles, tuvieron ventaja aquellos individuos capaces de acceder ms fcilmente a
materias primas adecuadas para trocear carne y quebrar los huesos animales. Las potenciales ventajas de
determinados tiles, como en el caso de las hachas de mano, son su transportabilidad como materia prima para
producir lascas, y su utilidad para la matanza. Estudios experimentales han demostrado repetidamente que son
tiles plurifuncionales generales muy eficaces.

El bipedismo, el nicho de carroeo, la existencia de materias primas, la competencia por parte de otros
carnvoros, fueron las condiciones que permitieron seleccionar la mayor capacidad intelectual para la manufactura
y la historia natural. Si hubiera faltado una de estas condiciones, es posible que an estuviramos viviendo en la
sabana.

La consecuencia ms importante en el comportamiento de estas nuevas reas cognitivas fue la colonizacin


de gran parte del Viejo Mundo. La evolucin de una inteligencia de la historia natural y tcnica habra abierto,
pues, otra ventana de oportunidad para el comportamiento humano. En un lapso de menos de 1,5 millones de aos,
nuestros parientes ms recientes vivieron en lugares tan alejados unos de otros como puede ser la cueva de
Pontnewydd, en el Pas de Gales, el extremo de frica del Sur y los confines del sureste asitico. No cabe mejor
demostracin de que la mentalidad de navaja suiza de los humanos primitivos haba posibilitado una adaptacin
sumamente eficaz al mundo del Pleistoceno. Porque, efectivamente, no parece observarse ningn nuevo
incremento cerebral ni ms cambios de importancia en la naturaleza de la mente en todo el periodo que se extiende
entre hace 1,8 y 0,5 millones de aos.

Esto no quiere decir que todas las mentes fueran exactamente iguales; las poblaciones de H. erectus y de H.
heidelbergensis que se dispersaron por gran parte del Viejo Mundo vivieron en hbitats diversos, lo que produjo
diferencias sutiles en la naturaleza de sus inteligencias mltiples. Un ejemplo que se menciona en el captulo 7
hace referencia a individuos adolescentes cuya vida en medios arbreos y en grupos sociales relativamente
pequeos en periodos interglaciares, tuvo que mermar sus oportunidades de contemplar la manufactura de tiles,
limitando as el desarrollo de esas capacidades tcnicas que encontramos en otras poblaciones de humanos
primitivos.

La cuarta y ltima rea cognitiva en evolucionar en la mente del humano primitivo fue la del lenguaje. Es
posible que hace 2 millones de aos ya existieran presiones selectivas en favor de una intensificacin de las voces
inarticuladas. En este libro me he atenido a la tesis de Robin Dunbar y Leslie Aiello, segn la cual el lenguaje
habra evolucionado inicialmente como un medio para comunicar solamente informacin social, y no para
comunicar informacin sobre otros temas tales como el utillaje o la caza. Con el aumento del tamao del grupo,
debido sobre todo a las presiones derivadas de un estilo de vida terrestre, aquellos individuos capaces de dedicar
menos tiempo a la creacin de lazos sociales mediante el aseo y el espulgo mutuos o capaces de adquirir mayor
cantidad de conocimiento social con la misma inversin de tiempo tuvieron mayor xito reproductivo.

Si la vida en los rboles de los australopitecinos haba posibilitado el desarrollo del bipedismo, el
bipedismo, a su vez, iba a posibilitar la evolucin de una capacidad mayor de vocalizacin en el primer Homo,
sobre todo en H. erectus. Leslie Aiello lo ha dejado muy claro[16]. Explica que la posicin erecta asociada al
bipedismo provoc un descenso de la laringe, que en Homo est situada mucho ms abajo en la garganta que en los
antropomorfos. Un efecto, no una causa, de la nueva posicin de la laringe fue una mayor capacidad para formar
sonidos vocales y consonantes. Adems, los cambios en las pautas respiratorias asociadas al bipedismo habran
mejorado la calidad del sonido. Una ingestin mayor de carne tuvo asimismo un efecto lingstico importante, ya
que resultaba ms fcil masticar carne y grasa que grandes cantidades de materias vegetales secas, lo que habra
redundado en una reduccin del tamao de los dientes. Esta reduccin cambi la geometra de la mandbula,
posibilitando el desarrollo de los msculos que controlan los delicados movimientos de la lengua en el interior de
la cavidad oral, necesarios para producir la gama diversificada de sonidos de alta calidad que requiere el lenguaje.

En la mente del humano primitivo la capacidad lingstica estaba ntimamente conectada al rea de la
inteligencia social. Pero la inteligencia tcnica y la inteligencia de la historia natural continuaban estando separadas
de aquellas y tambin entre s. Como vimos en el captulo 7, esta separacin es responsable de las caractersticas
distintivas del registro arqueolgico del humano primitivo, muy moderno en algunos aspectos, pero tan arcaico en
otros.

Al final del captulo 7 tambin mencionaba que H. erectus pudo poseer una capacidad de vocalizacin
sustancialmente ms compleja que la que observamos en los simios actuales, pero que segua siendo relativamente
simple comparada con el lenguaje humano. La evolucin de los dos principales rasgos definitorios del lenguaje, un
extenso lxico y un conjunto de reglas gramaticales, parece relacionada con el segundo momento de expansin del
cerebro que tuvo lugar hace entre 500 000 y 200 000 aos. Pero aun con estos elementos presentes, segua siendo
en esencia un lenguaje social. Este segundo periodo de expansin cerebral resulta ms difcil de explicar que el
primer periodo expansivo, que aparece claramente asociado al origen del bipedismo y un modo de vida terrestre.

Es posible que la renovada expansin del cerebro est relacionada con una nueva expansin del tamao de
los grupos sociales, lo que habra facilitado ventajas selectivas a aquellos individuos con mayores capacidades
lingsticas. Pero la necesidad de un tamao grupal mayor es dudosa, aunque se refiera al grupo cognitivo mayor
y no necesariamente al grupo menor donde uno vive cotidianamente. Aiello y Dunbar sugieren que podra
simplemente reflejar el aumento de la poblacin humana global y la necesidad de defenderse no ya de los
carnvoros, sino de otros grupos humanos[17].

Pero de nuevo surge una nueva ventana de oportunidad para la evolucin. A partir del momento en que el
lenguaje empez a actuar como un vehculo para canalizar informacin hacia la mente (la propia o la de otra
persona), incorporando retazos de informacin no social, se inicia una transformacin de la naturaleza de la mente.
Como apuntaba en el captulo 10, el lenguaje pas de desempear una funcin social a ejercer una funcin de tipo
general, y la consciencia pas de ser un medio de prediccin del comportamiento de otros individuos a gestionar
una base mental de datos relativos a todas las reas del comportamiento. En la mente apareci una fluidez
cognitiva que no corresponda a un nuevo poder procesador sino que reflejaba nuevas conexiones mentales Y. por
consiguiente, esta transformacin mental tuvo lugar sin aumento del tamao del cerebro. Supuso, bsicamente, el
origen de la capacidad simblica exclusiva de la mente humana, con mltiples consecuencias para el
comportamiento cazador-recolector, descritas ya en el captulo 9. Y como ahora s se aprecia, esta transformacin
de una mentalidad especializada a otra generalizada fue la ltima de una serie de oscilaciones que se remontan a
los primeros primates.

Como deca en el captulo 10, una de las presiones selectivas ms potentes a favor de la fluidez cognitiva
podra haber sido la provisin de alimentos a las hembras. La expansin del cerebro haba provocado una
prolongacin de la dependencia infantil, lo que a su vez habra comportado un incremento del consumo energtico
de las hembras y una mayor dificultad para autoalimentarse. Por consiguiente, es posible que el suministro de
alimentos por parle de los machos fuera un factor vital, estimulando la necesidad de conexiones entre la
inteligencia social y la inteligencia de la historia natural. Sera lgico, pues, que estas reas cognitivas fueran las
dos primeras en integrarse como evidencia el comportamiento de los primeros humanos modernos del Prximo
Oriente, aadindose a ellas algo ms tarde la inteligencia tcnica. Adems, una infancia prolongada ofreca el
tiempo necesario para que se desarrollara la fluidez cognitiva.

Esta transicin a una mente cognitivamente fluida no fue ni inevitable ni preplanificada. Ocurri que la
evolucin sencillamente capitaliz una ventana de oportunidad que haba creado a ciegas produciendo una mente
con mltiples inteligencias especializadas. Puede que hace 100 000 aos la mente hubiera llegado a un lmite en
trminos de especializacin. Cabra preguntarse por qu la fluidez cognitiva no evolucion en otros humanos
primitivos, en los neandertales o en el H. sapiens de Asia, por ejemplo. Bueno, lo cierto es que podran existir
indicios de fluidez cognitiva entre la inteligencia social y la tcnica en los ltimos neandertales de Europa, ya que
al parecer empiezan a producir tiles cuya forma aparece restringida en el espacio y en el tiempo y, por lo tanto,
susceptible de contener informacin social[18]. Pero antes de que esta tendencia pudiera desarrollarse plenamente,
los recin llegados humanos modernos, que s haban alcanzado plena fluidez cognitiva, llevaron a los neandertales
a la extincin.

La fluidez cognitiva permiti a los individuos iniciarse en nuevos tipos de actividad, como el arte y la
religin. A partir del momento en que ambas hicieron su aparicin, los contextos evolutivos de la mente infantil
empezaron a cambiar. Los nios nacan en un mundo donde ya existan el arte y la ideologa religiosa; donde se
diseaban tiles para tareas concretas, y donde todos los tems de la cultura material estaban imbuidos de
informacin social. Y hace 10 000 aos el contexto evolutivo empez a cambiar de forma an ms profunda con la
emergencia de una forma de vida agrcola, la cual, como explicar en el eplogo, fue resultado asimismo de la
fluidez cognitiva. Como deca en el captulo 3, en este nuevo contexto cultural, los conocimientos intuitivos,
firmemente asentados en las mentes infantiles, pudieron impulsar la aparicin de nuevas reas cognitivas
especializadas. Por ejemplo, un nio pequeo que crece en un marco industrial difcilmente desarrollar una
inteligencia de la historia natural plena. En cambio, en determinados contextos, podra desarrollarse un rea
especializada de matemticas, propiciada por determinados rasgos de la fsica intuitiva, aunque ningn cazador-
recolector prehistrico desarrollara nunca este tipo de rea.

El ritmo frentico y progresivo de la evolucin cultural ahora sin trabas gracias a la aparicin de la fluidez
cognitiva sigue cambiando los contextos evolutivos de las mentes infantiles, produciendo nuevos tipos de
conocimiento especializado. Pero el hecho es que ahora todas las mentes desarrollan una fluidez cognitiva. Esta es
la propiedad definitoria de la mente moderna.

Oscilaciones en la evolucin de la mente

Si contemplamos el lapso de tiempo transcurrido entre el presente y 65 millones de aos atrs, veremos que
las ventajas selectivas en el curso de la evolucin de la mente han conocido oscilaciones, desde aquellos individuos
con una inteligencia especializada, en forma de mdulos slidamente implantados en la mente, hace 56 millones de
aos, hasta los individuos con inteligencia general hace 35 millones de aos, pasando de nuevo a individuos con
una inteligencia especializada basada en reas cognitivas hace 100 000 aos. La fase final de la evolucin cognitiva
implic nueva oscilacin hacia un tipo generalizado de cognicin representado por la fluidez cognitiva.

A la luz de esta trayectoria de la evolucin, que se ilustra en la figura 33, se entiende que muchas veces se
compare la mente moderna con la del chimpanc. Ambas exhiben una mentalidad predominantemente generalizada
(si bien los chimpancs poseen una inteligencia social especializada) y, por consiguiente, ambas presentan un
parecido superficial. En efecto, tanto entre los chimpancs como entre los modernos cazadores-recolectores se
observa una concordancia muy fluida entre sus respectivas tecnologas y las tareas de subsistencia. Ambos se
dedican a producir tiles especializados para tareas concretas. Los chimpancs suelen comportarse de forma muy
parecida a los humanos, sobre todo cuando los humanos les ensean y estimulan a hacer tiles, a pintar o a valerse
de smbolos. Todo ello nos lleva a pensar que la mente chimpanc y la mente humana son en esencia la misma,
slo que la de los humanos modernos sera ms poderosa debido a un cerebro mayor, lo que abre la posibilidad de
un uso ms complejo de tiles y smbolos. Pero la evolucin de la mente, tal como la he documentado en las
pginas precedentes, demuestra que esta analoga es una falacia: la arquitectura cognitiva de la mente del
chimpanc y la de la mente moderna son fundamentalmente distintas.

Lo cual plantea una pregunta importante. Si el objetivo final de la evolucin cognitiva ha sido producir una
mente con una mentalidad generalizada, semejante superficialmente tanto a la mentalidad generalizada del
chimpanc (si exceptuamos la inteligencia social) como a la que atribuimos a nuestros primeros antepasados
primates, entonces por qu molestarse en pasar por una fase de inteligencias especializadas mltiples que
presentaban una integracin limitada? Por qu la seleccin natural no sigui operando simplemente a base de la
inteligencia general, hacindola gradualmente ms compleja y potente?
33. La evolucin de la inteligencia humana.
La respuesta es que slo una transformacin entre sistemas especializados y sistemas generalizados permite
la aparicin de un fenmeno complejo, ya se trate de un motor de propulsin, de un programa informtico o de la
mente humana. Mi colega Mark Lake cree que, en general, los cambios reiterados de diseos generales a diseos
especializados podran ser muy bien un rasgo inherente a la propia evolucin [19]. Para intentar explicarlo retomar
una de las primeras analogas de la mente que he utilizado en este libro: la mente como un ordenador. En realidad,
ser ms concreto y comparar la mente con un disquete de software, y la seleccin natural con el programador del
ordenador, con el diseador. Se trata slo de analogas corrientes, y nada ms. La mente/cerebro es a la vez una
sopa qumica y tambin una serie de circuitos electrnicos, y la seleccin natural no tiene una finalidad
determinada; es, en palabras, ya famosas, de Richard Dawkins, como el relojero ciego [20]. Veamos ahora de
forma resumida de qu manera la seleccin natural dise a ciegas los programas informticos de la mente.

Cmo se fabrica un complejo software? Existen tres fases. En la primera hay que esbozar un plan general
del programa, normalmente en forma de una serie de rutinas distintas vinculadas entre s. El objetivo de esta fase es
simplemente obtener un programa para operar, para que todas las rutinas puedan funcionar conjuntamente. Es
anlogo a la seleccin natural cuando crea la inteligencia general de nuestros primeros antepasados primates:
ninguna complejidad, tan slo un sistema de funcionamiento fluido. La fase siguiente consiste en aadir
complejidad al programa incorporando diversos mens. Un buen programador no trata de introducir de golpe
toda la complejidad que requiere un programa, porque sabe que si lo intentara, bloqueara las soluciones a los
posibles fallos del sistema y el programa fallara una y otra vez. Los errores no podran localizarse e invadiran
todo el sistema.

La nica forma de transformar un programa simple en otro ms complejo es ir paso a paso, y tratar cada uno
de ellos de forma independiente para que pueda realizar su propia funcin especializada y compleja, y garantizar
que siga siendo compatible con el diseo del programa inicial. Es lo que hizo la seleccin natural con la mente; se
desarrollaron las inteligencias especializadas y se verificaron separadamente, usando la inteligencia general para
mantener el sistema en funcionamiento. Slo cuando cada rutina se ha desarrollado sobre bases independientes
puede el programa pegarlas y reintegrarlas de nuevo para que puedan realizar simultneamente sus complejas
funciones, al igual que un programa informtico avanzado. Esta integracin constituye la tercera y ltima fase de
elaboracin de un programa complejo. La seleccin natural hizo lo mismo con la mente utilizando a modo de
adhesivo el lenguaje y la consciencia generales. El resultado fue la explosin cultural descrita en el captulo 9.

En este sentido, al crear la compleja mente moderna, la seleccin natural se estaba comportando
sencillamente como un programador muy bueno, aunque ciego. Si hubiera intentado desarrollar el tipo complejo y
generalizado de mente moderna directamente a partir de la mentalidad simple y generalizada de nuestros primeros
antepasados, sin desarrollar cada rea cognitiva de manera separada, sencillamente habra fracasado. A nadie puede
sorprender, pues, que en este libro hayamos encontrado una secuencia de cambios muy parecida entre el desarrollo
cognitivo del nio y la evolucin cognitiva de las especies.

El origen cognitivo de la ciencia

Conocer la prehistoria de la mente nos permite comprender ms profundamente el significado del ser
humano. Me he servido de la prehistoria para comprender el origen del arte y de la religin. Y me propongo
finalizar este libro abordando el tercero de los logros exclusivos de la mente moderna, la ciencia, a la que me refer
en el captulo introductorio, porque as podremos identificar el rasgo ms importante de nuestra mente
cognitivamente fluida.

La ciencia es posiblemente tan difcil de definir como el arte o la religin [21]. Pero en mi opinin posee tres
propiedades importantes. La primera es la capacidad para generar y verificar hiptesis. Esto es algo que, como ya
he mencionado en anteriores captulos, resulta fundamental para toda inteligencia especializada: los chimpancs
generan y verifican hiptesis sobre el comportamiento de otros individuos cuando, sirvindose de su inteligencia
social, desarrollan su capacidad para el engao. He dicho ya que los primeros Homo y los humanos primitivos
tuvieron que generar y verificar hiptesis sobre la distribucin de los recursos, sobre todo en materia de
comportamiento carroero, sirvindose de su inteligencia de la historia natural.

Una segunda propiedad de la ciencia es el desarrollo y uso de tiles para resolver problemas concretos: un
telescopio para mirar la luna, un microscopio para observar una pulga, o incluso lpiz y papel para registrar ideas y
resultados. Y aunque los cazadores-recolectores del Paleoltico Superior no hicieran ni telescopios ni microscopios,
s fueron capaces de desarrollar determinados tiles especficos, al poder integrar sus conocimientos de historia
natural y sus conocimientos tcnicos. Adems, utilizaron la cultura material para registrar informacin en forma de
lo que el arquelogo Francesco d'Errico ha descrito como sistemas de memoria artificial[22]: las pinturas rupestres
y las placas de marfil grabadas del Paleoltico Superior son las precursoras de nuestros CD-Rom y de nuestros
ordenadores. El potencial para desarrollar una tecnologa cientfica emergi con la fluidez cognitiva.

Y lo mismo cabe decir del tercer rasgo de la ciencia. Se trata del uso de metforas y de analogas, que son
nada menos que los instrumentos del pensamiento [23]. Se pueden desarrollar metforas y analogas basndose en
el conocimiento de una sola rea, pero las que poseen ms fuerza son las metforas y analogas transversales a
todas las reas, capaces de atravesar las fronteras interreas, como, por ejemplo, cuando se asocia un ser vivo a
algo inerte, o una idea a algo tangible. Por definicin slo pueden producirse en una mente cognitivamente fluida.

El uso de metforas impregna toda la ciencia [24]. Existen innumerables ejemplos de ello a nivel popular: el
corazn se caracteriza como una bomba mecnica, los tomos como sistemas solares en miniatura, etc., mientras
que otros son ms exclusivos de la teora cientfica, como la nocin de agujeros de gusano en la teora de la
relatividad, o las nubes de electrones de la fsica de partculas. Charles Darwin conceba el mundo
metafricamente como un tronco con diez mil fisuras a lo largo, en representacin de las especies. Una nueva
especie, para entrar en este abarrotado mundo, slo tiene que insinuarse en forma de grieta para finalmente
explotar formando otra fisura[25]. El bilogo Richard Dawkins es un maestro a la hora de elegir metforas para
explicar las ideas de la evolucin. Habla, por ejemplo, del DNA egosta, de la seleccin natural como un
relojero ciego y de la evolucin como un ro que fluye. Los matemticos son propensos a calificar sus
ecuaciones y teoremas en trminos de buen comportamiento o de hermoso, como si en lugar de anotaciones
inertes escritas sobre un papel fueran seres vivos.

Los filsofos reconocen claramente la importancia de la metfora en la ciencia, y admiten que desempea
un papel de vital importancia no slo en la transmisin de ideas sino tambin en la prctica de la ciencia misma. En
su ensayo de 1979 titulado La metfora en la ciencia, Thomas Kuhn explicaba que el papel de la metfora en la
ciencia va mucho ms all de un simple instrumento para la enseanza y est en el corazn mismo de la
formulacin de teoras sobre el mundo [26]. La ciencia se parece muchas veces a la descripcin que hace Daniel
Dennett de la consciencia humana: una guerra de metforas rivales [27]. En este libro hemos librado esa batalla. Si no
hubiramos pensado en la mente como una esponja, como un ordenador, como una navaja suiza o como una
catedral, habramos podido pensar y estudiar la mente?

A modo de resumen, puede decirse que la ciencia, como el arte y la religin, es un producto de la fluidez
cognitiva. Depende y descansa en procesos psicolgicos que originariamente evolucionaron en reas cognitivas
especializadas y emergieron solamente cuando aquellos procesos pudieron trabajar conjuntamente. La fluidez
cognitiva hizo posible el desarrollo de la tecnologa capaz de resolver problemas y almacenar informacin. Y, lo
que es quizs ms importante, posibilit el uso de poderosas metforas y analogas sin las cuales la ciencia no
habra existido.

En efecto, si quisiramos concretar aquellos atributos de la mente moderna que la diferencian no slo de las
mentes de nuestros ms prximos parientes vivos, los simios, sino tambin de nuestros antepasados ms prximos,
aunque extinguidos, tendramos que referirnos al uso de la metfora y a lo que Jerry Fodor describiera como
nuestra pasin por la analoga. Los chimpancs no pueden utilizar metforas ni analogas, porque con un nico tipo
de inteligencia especializada, carecen de los recursos mentales para la metfora, por no mencionar el lenguaje con
el que expresarla. Los humanos primitivos no podan utilizar metforas porque carecan de fluidez cognitiva. Pero
entre los humanos modernos la analoga y la metfora estn presentes en todos los aspectos de nuestro pensamiento
y estn en el corazn del arte, la religin y la ciencia.

La mente humana es un producto de la evolucin, no una creacin sobrenatural. He puesto claramente sobre
la mesa la evidencia al respecto. He especificado los qus, los cundos y los porqus de la evolucin de la
mente. He explicado cmo surgi en la mente el potencial para hacer ciencia, crear arte y creer en ideologas
religiosas, aunque en ningn punto de nuestro pasado hubiera presiones selectivas concretas a favor de tales
capacidades abstractas. He demostrado que slo se puede comprender la naturaleza del lenguaje y de la consciencia
si se comprende la prehistoria de la mente, abordando los detalles del registro fsil y arqueolgico. Y he
descubierto que el uso de la metfora y de la analoga en sus diversas formas es el rasgo ms significativo de la
mente humana. Yo mismo slo he podido pensar y escribir sobre prehistoria y mente utilizando aqu dos metforas:
nuestro pasado como una obra de teatro y la mente como una catedral.

Por lo tanto, el hecho de que este ltimo captulo haya sido redactado en su mayor parte en Santiago de
Compostela tal vez sea oportuno. Esta ciudad espaola fue en su da un gran centro de peregrinaje en poca
medieval. La ciudad posee una serie extraordinaria de iglesias y edificios religiosos que fueron construidos y
modificados sin cesar en la Edad Media: desde la simplicidad de las pequeas iglesias de slo una nave hasta la
complejidad de la catedral. Construida encima de una pequea iglesia del siglo IX, la catedral es una obra de arte
de la arquitectura romnica. Posee tres naves centrales y no menos de 20 capillas, cada una de ellas dedicada a un
santo distinto. Al diseo romnico original se han ido aadiendo elementos gticos y posteriores. El libro que me
ha servido de gua para la catedral y las dems iglesias de Santiago dice que pasear por el interior de ellas y entre
ellas es como pasear por la historia. Pero para m ha sido como pasear a travs de la prehistoria de la mente.
Eplogo

el origen de la agricultura

Hace unos 10 000 aos los cazadores-recolectores se convirtieron en agricultores y pastores en muchas
regiones del mundo. Esta transformacin tuvo lugar de forma totalmente independiente en el suroeste de Asia, en
el frica ecuatorial, en el sureste de Asia continental, en Amrica Central y en las tierras altas y bajas de Amrica
del Sur. La aparicin de la agricultura y del pastoreo suele considerarse el punto de inflexin de la prehistoria. Sin
agricultura no tendramos ni ciudades ni sociedades con estado. Y estos fenmenos son los que han cambiado de
forma fundamental el marco donde se desarrolla actualmente la mente moderna a partir de las mentes de nuestros
antepasados cazadores-recolectores. Pero cmo ocurri ese cambio? En este eplogo probar que la aparicin de la
agricultura fue una consecuencia directa del tipo de mentalidad que evolucion a raz de la aparicin de la fluidez
cognitiva. Y ms concretamente, propondr cuatro aspectos del cambio de la mente que hicieron posible la
domesticacin de plantas y anmales cuando las condiciones medioambientales se alteraron abruptamente hace 10
000 aos. Pero antes de explorar la naturaleza de esos cambios, habremos de analizar brevemente algunos temas
ms generales relacionados con el origen de la agricultura.

La introduccin de la agricultura y el pastoreo se considera uno de los grandes misterios de nuestro pasado.
Por qu ocurri? Est claro que no se debi a la superacin de un determinado umbral en cuanto al conocimiento
acumulado sobre plantas y animales, que habra permitido su domesticacin [1]. Como ya he planteado en este libro,
los cazadores-recolectores fueran humanos primitivos o modernos son y fueron expertos en historia natural.
Es prcticamente seguro que la mente humana ya conoca los mecanismos de la reproduccin de los animales y las
plantas, y las condiciones necesarias para su crecimiento, desde la emergencia de una inteligencia de la historia
natural plenamente desarrollada, hace al menos 1,8 millones de aos.

Los conocimientos que los cazadores-recolectores prehistricos posean sobre los animales se evidencian en
la diversidad de especies que hoy sabemos que cazaban, a juzgar por los huesos descubiertos en sus asentamientos.
Pero slo recientemente los arquelogos han podido documentar un nivel similar de explotacin de plantas
alimentarias por parte de cazadores-recolectores prehistricos. Es el caso, por ejemplo, de los yacimientos de 18
000 aos de antigedad de Wadi Kubbaniya, al oeste del valle del Nilo. Los restos de plantas carbonizadas
descubiertos en l indican el uso de una especie de pasta o gachas de planta triturada muy fina, seguramente
utilizada para el destete. Se explotaron una serie de races y tubrculos al parecer durante todo el ao a partir de
asentamientos permanentes[2]. Tambin en el yacimiento de Tell Abu Hureyra, en Siria, que fue ocupado por
cazadores-recolectores hace entre 20 000 y 10 000 aos, se han identificado no menos de 150 especies de plantas
comestibles, aunque no se conservaran races, tubrculos ni hojas[3]. En ambos lugares est presente la tecnologa
necesaria para triturar y moler materia vegetal, la misma que utilizaron los primeros agricultores (vase la figura
34). En resumen, estos yacimientos demuestran que el origen de la agricultura hace 10 000 aos no se debe ni a un
repentino avance tecnolgico ni a un avance cualitativo del conocimiento botnico.
34. Mortero y almirez para procesar plantas del yacimiento E-78-4, Wadi Kubbaniya, de hace unos 18 000 aos.

Entonces por qu se adopt la agricultura? Tuvo que haber un factor de apremio. Pese a todas las
apariencias intuitivas, la agricultura y el pastoreo no liberaron de forma automtica a nuestros antepasados de la
Edad de la Piedra de una existencia azarosa y precaria. Ms bien todo lo contrario. Vivir de la agricultura tuvo que
suponer un empobrecimiento comparado con una vida basada en la caza y la recoleccin. La necesidad de vigilar
un campo sembrado ata a algunos miembros de la comunidad a un lugar concreto, con los consiguientes problemas
de higiene, de tensiones sociales y el riesgo de agotamiento de determinados recursos como la lea. Los cazadores-
recolectores resuelven fcilmente estos problemas gracias a su movilidad. Cuando los desechos se acumulan, o se
agota la lea, se trasladan a otro campamento. Si hay individuos o familias que muestran desacuerdo, pueden irse a
otros campamentos. Pero cuando las cosechas requieren desyerbe regular e inversin de horas de trabajo para crear
lugares de almacenamiento o canales de irrigacin que necesitan mantenimiento, la opcin de trasladarse a otro
lugar se pierde. No es ninguna coincidencia que las primeras comunidades agrcolas del Prximo Oriente muestren
estados de salud bastante ms pobres que sus predecesores cazadores-recolectores, como han puesto de relieve los
estudios realizados en huesos y dientes[4].

De modo que tuvo que haber algn incentivo para adoptar la agricultura. Adems, si pretendemos explicar
la aparicin de diversos mtodos de produccin alimentaria de forma independiente en un lapso de tiempo
relativamente corto en todo el globo, ese incentivo tuvo que producirse a escala mundial hace 10 000 aos [5]. Las
plantas que se cultivaron varan enormemente, desde el trigo y la cebada del suroeste asitico, pasando por los
ames del frica occidental, hasta el taro y el coco del sureste asitico.

Existen convenconalmente dos explicaciones a esta adopcin cuasisimultnea de la agricultura. La primera


sugiere que hace unos 10 000 aos los ndices de poblacin superaron el nivel de los nicos recursos disponibles,
los frutos silvestres. El mundo se hallaba abarrotado de cazadores-recolectores y ya no quedaban tierras que
colonizar. De ah habra surgido la necesidad de contar con nuevos mtodos de subsistencia capaces de asegurar
mayor cantidad de alimentos, aunque ello significara mano de obra intensiva y viniera acompaado de un conjunto
de problemas de salud y sociales[6].

Esta idea de una crisis alimentaria global en la prehistoria es no slo poco plausible sino que no est avalada
por la evidencia. Sabemos por estudios realizados con cazadores-recolectores modernos que poseen muchos
medios a su disposicin para controlar los ndices de poblacin, como el infanticidio, por ejemplo. La propia
movilidad limita el tamao de la poblacin debido a las dificultades que supone cargar con ms de un nio.
Adems, sabemos que, en algunos casos, al menos el estado de salud de los ltimos cazadores-recolectores de una
regin donde se adopt la agricultura fue, al parecer, bastante mejor que entre los primeros agricultores. Es lo que
revela el estudio de las patologas seas de los ltimos cazadores-recolectores y de los primeros agricultores,
demostrando que la adopcin de la agricultura trajo consigo una ola de infecciones, una disminucin de la calidad
global de la nutricin y una esperanza de vida media menor[7]. La aparicin de la agricultura no supuso, pues, una
solucin a los problemas nutritivos y de salud de las poblaciones prehistricas; en muchos casos parece incluso
haberlos causado. Sin embargo, aunque una crisis demogrfica global resulte inverosmil, no hay que descartar la
posibilidad de que la produccin de plantas alimentarias se hiciera necesaria para alimentar a poblaciones locales
relativamente densas.

Una segunda explicacin, en parte ms convincente, de la introduccin de la agricultura hace 10 000 aos,
es que en aquel momento todo el planeta experiment profundos cambios climticos asociados al final de la ltima
glaciacin. Hubo un periodo de calentamiento global muy rpido estudios recientes hablan de un asombroso
aumento de hasta 7.C en pocas dcadas que marc el final del ltimo periodo glacial [8]. Este periodo fue
precedido, hace 15 000-10 000 aos, de una serie de fluctuaciones que hicieron que el globo pasara de periodos
templados/hmedos a otros fros/secos y viceversa. Estas fluctuaciones climticas ocurrieron a nivel
autnticamente planetario. La adopcin casi simultnea de la agricultura y del pastoreo en diferentes partes del
mundo parece reflejar, pues, respuestas locales a cambios medioambientales locales causados por los cambios
climticos globales inmediatamente anteriores a hace 10 000 aos, al final de la ltima glaciacin. Como veremos,
esta hiptesis no explica enteramente la aparicin de la agricultura, puesto que los humanos primitivos conocieron
fluctuaciones climticas similares sin abandonar por ello su modo de vida cazador-recolector. Pero antes hagamos
una pausa momentnea para fijarnos de nuevo en una regin muy concreta y entender mejor lo que pas realmente
con la adopcin de la agricultura.

En el suroeste de Asia, donde se ha podido estudiar con mayor detalle el origen de la agricultura, se
evidencia la estrecha relacin existente entre las distintas formas de obtencin de alimentos y las inestabilidades
climticas de la ltima glaciacin. Por ejemplo, en los yacimientos de Jeric y de Gilgad, que tienen unos 10 000
aos de antigedad, se han descubierto las comunidades ms antiguas que domestican cereales (cebada y trigo) y
animales (ovejas y cabras). Estos yacimientos, como el de Ahu Hureyra, se encuentran precisamente en zonas
donde anteriormente crecieron los predecesores silvestres de estos cereales domesticados, y que fueron explotados
por los cazadores-recolectores.

En efecto, la secuencia estratigrfica de los restos vegetales de Abu Hureyra, estudiados por el
arqueobotnico Gordon Hillman y mencionados ms arriba, resulta altamente informativa respecto al cambio de un
estilo de vida cazador-recolector a uno agrcola [9]. Hace entre 19 000 y 11 000 aos las condiciones
medioambientales del suroeste asitico mejoraron tras la retirada de las capas de hielo en Europa, abriendo un
periodo de condiciones ms templadas y hmedas, especialmente en primavera. Es probable que en ese periodo las
poblaciones cazadoras-recolectoras aumentaran de tamao, ya que ahora podan explotar plantas comestibles ms
productivas, as como manadas de gacelas que migraban siguiendo rutas predecibles[10]. En Abu Hureyra se
encuentra, de hecho, evidencia de que se recolectaba una gama amplsima de plantas. Pero hace entre 11 000 y 10
000 aos hubo una clara regresin a condiciones medioambientales mucho ms secas, incluso de sequa[11].

Esta sequa tuvo consecuencias graves para los cazadores-recolectores de Abu Hureyra. En sucesivos
estratos arqueolgicos del yacimiento se constata la prdida de frutos arbreos comestibles como fuente de
alimento reflejo de la prdida de rboles a causa de la sequa y ms tarde la prdida de cereales silvestres,
incapaces de sobrevivir en medios fros y secos. En compensacin, se observa un fuerte aumento de pequeas
legumbres cultivadas, plantas que eran ms resistentes a la sequa pero que requeran tambin un delicado proceso
de desintoxicacin para hacerlas comestibles. Hace unos 10 500 aos se abandon Abu Hureyra; y cuando 500
aos ms tarde se asentaron de nuevo, lo hicieron ya como agricultores.

En el suroeste de Asia se constata la importancia de aquella sequa y posiblemente de las fluctuaciones


climticas anteriores, y su relacin con el cambio del modo de vida cazador-recolector. En la regin del Levante, al
sur y al oeste de Abu Hureyra, se observa entre las poblaciones de cazadores-recolectores el paso, hace unos 13
000-12 000 aos, de un modo de vida itinerante a otro sedentario, seguramente como respuesta a una corta pero
abrupta crisis climtica de mayor aridez, que se tradujo en una merma y menor predecibilidad de los recursos
alimentarios[12]. Y aunque los grupos humanos siguieron viviendo de la caza y la recoleccin, se construyeron los
primeros asentamientos permanentes con arquitectura y depsitos de almacenaje[13]. Este periodo de asentamiento
se conoce como natufiense, y dur hasta hace 10 500 aos, cuando aparecen los primeros asentamientos
autnticamente agrcolas.

La cultura natufiense marc una ruptura profunda respecto a todo lo anterior [14]. Algunos de los nuevos
asentamientos eran extensos. El de Mallaha incluye depsitos de almacenaje excavados bajo tierra y
acondicionamiento de terrazas en las laderas para levantar cabaas. Sus tiles de hueso, objetos de arte, joyas y
tiles lticos afilados y pulimentados se difundieron extensamente. Algunas de las hojas de slex natufienses
exhiben el llamado pulimentado falciforme, lo que indicara que se explot intensivamente la cebada silvestre.
Pero las gentes que vivieron en estos asentamientos todava se alimentaban a base de recursos silvestres. La
importancia decisiva del natufiense para el origen de la agricultura Tadica en su aparente irreversibilidad, o lo que
los arquelogos Ofer Bar-Yosef y Anna Belfer-Cohen denominan un punto sin retorno [15]. Una vez adoptado el
modo de vida sedentario, la necesidad de incrementar el nivel de produccin alimentaria se hizo inevitable, dado
que el control demogrfico impuesto por el modo de vida itinerante se haba relajado. Aunque no sabemos con
certeza por qu se opt por un modo de vida sedentario, es posible que surgiera de las decisiones adoptadas por las
poblaciones cazadoras-recolectoras para hacer frente a las cortas pero repentinas fluctuaciones climticas del final
de la ltima glaciacin.

Es posible que los cazadores-recolectores de otras partes del mundo reaccionaran frente a las fluctuaciones
climticas del final del Pleistoceno bien cultivando plantas directamente, bien mediante la adopcin de un modo de
vida sedentario que les forzaba a depender de plantas domesticadas. Pero esta no puede ser toda la historia del
origen de la agricultura. Como he sealado en diversos captulos de este libro, los humanos primitivos del tercer
acto conocieron sucesivas eras glaciares. Tambin ellos conocieron profundas fluctuaciones climticas, una merma
de plantas comestibles y la necesidad de cambiar sus prcticas de caza y recoleccin. Pero en ningn momento
desarrollaron formas de vida sedentarias, ni empezaron a cultivar plantas ni a domesticar animales. Entonces por
qu muchos grupos de humanos modernos, cuando se vieron ante cambios medioambientales similares, s
desarrollaron de forma independiente un estilo de vida agrcola?

La respuesta radica en las diferencias mentales, entre la mente de los humanos primitivos y la de los
humanos modernos. Si mis propuestas sobre la evolucin de la mente son correctas, los humanos primitivos no
podan pensar la idea de domesticar plantas y animales, aun en el caso de que hubieran conocido grandes
presiones econmicas, hubieran estado rodeados incluso de trigo y cebada silvestres y hubieran dispuesto por arte
de magia de morteros y piedras de moler. El origen de la agricultura se debe tanto a la nueva manera de pensar el
mundo natural por parte de la mente moderna, como a la secuencia concreta de desarrollos medioambientales y
econmicos del final del Pleistoceno. Cabe destacar cuatro aspectos del cambio en la naturaleza de la mente que
fueron decisivos para el origen de la agricultura.
La capacidad para desarrollar tiles que podan utilizarse intensivamente para segar y procesar recursos
vegetales. Esta capacidad surgi gracias a la integracin de la inteligencia tcnica y la inteligencia de la historia
natural. Poco ms se puede decir de esta capacidad, ya que estos avances tecnolgicos se han analizado en el
captulo 9. En Wadi Kubbaniya y en Abu Hureyra se evidencia la tecnologa necesaria para el cultivo de plantas
hace 20 000 aos.

La propensin a usar animales y plantas como medio para adquirir prestigio social y poder. Surgi de la
integracin entre la inteligencia social y la inteligencia de la historia natural. Existen varios ejemplos de ello en el
comportamiento de los cazadores-recolectores de hace 40 000 aos en Europa. Consideremos, por ejemplo, de qu
forma se utilizaba el almacenamiento de carne y hueso en la llanura central rusa hace entre 20 000 y 12 000 aos,
un periodo en que se construyeron habitculos a base de huesos y colmillos de mamut (vase la figura 35). Los
recursos almacenados procedan de animales como el bisonte, el reno y el caballo, que se cazaban en las tundras de
la ltima glaciacin. Olga Soffer dice que, durante ese periodo, el acceso a los recursos almacenados pas a estar
de forma creciente bajo el control de determinadas viviendas[16]. Parece, pues, que los individuos usaban la carne, el
hueso y el marfil almacenados no slo como fuente de materia prima y alimento, sino como una fuente de poder.

35. Casas hechas de huesos de mamut y pozos de almacenaje en la llanura central rusa, de hace unos 12 000
aos.

Algo parecido se constata entre las comunidades cazadoras-recolectoras del sur de Escandinavia hace entre
7500 y 5000 aos. Aquellas gentes explotaron el ciervo, el cerdo salvaje y el corzo en los densos bosques de robles
y de otros rboles. Si se observan las frecuencias de caza de cada especie, y si se estudian las pautas de caza
mediante simulacin por ordenador, se deduce que aquellas poblaciones se concentraron en el ciervo, aunque ello
significara para los cazadores regresar muchas veces con las manos vacas, porque el ciervo abundaba menos y era
ms difcil de cazar que, por ejemplo, el corzo, ms pequeo y abundante [17]. Entonces, por qu se especializaron
en el ciervo? Seguramente la preferencia por el ciervo se debi a su mayor tamao. El cuerpo del ciervo permite
repartir ms carne, proporcionar mayor prestigio social y ms poder. Las fluctuaciones de la cantidad diana de
carne procedente de la caza podan compensarse explotando los ricos productos vegetales acuticos y costeros de la
regin, sobre todo mediante dispositivos especiales, como por ejemplo trampas para atrapar peces, que podan estar
horas sin atender. En medios cenagosos se han descubierto algunas de esas trampas en un estado de preservacin
casi perfecto. Esta idea se confirma observando las tumbas de los cazadores-recolectores: entre sus ajuares
funerarios predominan las astas de ciervo y los collares hechos con sus dientes[18].

El uso de animales, y sin duda de plantas, como medio para obtener control social y poder en una
comunidad estaba ausente de las comunidades de humanos primitivos. Sus pensamientos sobre la interaccin social
y el mundo natural se abordaban desde reas cognitivas separadas que no podan integrarse de la manera requerida.
Esta diferencia es crucial para abordar el origen de la agricultura. Porque pese a que la agricultura y el pastoreo
sedentarios pudieron representar para una comunidad determinada una peor calidad de vida en relacin con el
modo de vida itinerante de los cazadores-recolectores, tambin es cierto que ofrece a determinados individuos la
oportunidad de asegurarse el control social y el poder. Y por consiguiente, si siguiendo la lnea darwiniana nos
centramos ms en los individuos que en los grupos, veremos claramente que la agricultura emerge como una
estrategia ms para obtener y conservar el poder por parte de algunos individuos[19].

El arquelogo Brian Hayden avala esta explicacin del origen de la agricultura. En un artculo publicado en
1990 deca que el advenimiento de la competencia entre individuos que utilizan los recursos alimentarios para
dirimir sus rivalidades proporciona los motivos y los medios para el desarrollo de la produccin de alimentos [20].
Menciona ejemplos de varias sociedades cazadoras-recolectoras modernas para demostrar que cuando las
condiciones tecnolgicas y medioambientales lo permiten, los individuos intentan maximizar su poder y su
influencia acumulando alimentos y bienes deseables y proclamando la propiedad de tierras y recursos.

Cuando Hayden estudi la cultura natufiense, entendi que la evidencia de comercio a larga distancia de
tems de prestigio y la abundancia de joyas, estatuillas de piedra y arquitectura eran claros indicios de desigualdad
social que reflejaban la emergencia de individuos poderosos. Una vez aflorada esa estructura social, los individuos
ms poderosos, para mantener las bases de su poder, se vieron obligados a introducir constantemente nuevos tipos
de tems de prestigio y a generar continuos excedentes econmicos. La produccin de alimentos es una
consecuencia inevitable, siempre y cuando haya plantas y animales domesticables adecuados en el medio. Como
dice Hayden, muchas de las plantas y animales domesticados parecen ms tems de prestigio es el caso del perro,
de las calabazas, los condimentos picantes y los aguacates que meros recursos para alimentar a una poblacin en
aumento demasiado grande para sobrevivir exclusivamente a base de los recursos silvestres existentes.

3. La propensin a desarrollar relaciones sociales con plantas y animales, estructuralmente semejantes a


las desarrolladas con las personas. Es otra de las consecuencias de la integracin de la inteligencia social y la
inteligencia de la historia natural. Para poder domesticar animales y plantas era necesario que las mentes
prehistricas fueran capaces de pensarlos como seres con los que se podan establecer relaciones sociales. Como
ya he mencionado, los humanos primitivos, con su mentalidad de navaja suiza, no pudieron concebir este tipo de
ideas.

Entre los cazadores-recolectores prehistricos de Europa existe evidencia de la aparicin de relaciones


sociales entre personas y animales salvajes/plantas silvestres. Por ejemplo, en la cueva del Paleoltico Superior de
Les Trois-Frres y en Isturitz, en Francia, se han encontrado huesos de reno con fracturas y lesiones que habran
inhibido seriamente la capacidad de movimiento y subsistencia del animal. Pero ese reno sobrevivi el tiempo
suficiente para sanar sus lesiones, y se ha sugerido que pudieron ser seres humanos quienes atendieron y cuidaron
esas heridas[21], de forma idntica a los supuestos cuidados dispensados al herido neandertal de la cueva de
Shanidar mencionado en el captulo 7.
Existen tambin algunos ejemplos enigmticos en el arte paleoltico en forma de representaciones de
caballos, donde los animales exhiben lo que parecen ser unas bridas, aunque es difcil asegurarlo, ya que las marcas
podran simplemente corresponder a cambios de color o a la propia estructura sea (vase la figura 36 [22]). Pero s
sabemos con seguridad que se domesticaron perros poco despus del final de la era glaciar. As, en las necrpolis
de cazadores-recolectores del sur de Escandinavia, de unos 7000 aos de antigedad, se encuentran perros
acompaados de rituales y ajuares funerarios idnticos a los humanos. Hay tambin una tumba en el asentamiento
natufiense de Mallaha que contiene un enterramiento mixto de un nio y un perro[23].

36. Cabeza de caballo de St.-Michel d'Arudy, Pirineos Atlnticos, Francia (4,5 cm de largo).

La capacidad para establecer relaciones sociales con animales y plantas es algo fundamental para el origen
de la agricultura. El psiclogo Nicholas Humphrey llam la atencin sobre el hecho de que las relaciones que las
personas establecen con las plantas presentan semejanzas estructurales muy estrechas con las que se establecen con
otras personas. Lo cito textualmente:

El cuidado de un jardinero para con sus plantas (riego, fertilizantes, remocin de la tierra, poda, etc.) se
adapta a las propiedades emergentes de las plantas Claro que las plantas no responden a las presiones sociales
normales (aunque los hombres s hablen con ellas), pero sugiero que la manera de dar y recibir de un jardinero
presenta una estrecha semejanza estructural con una sencilla relacin social. Si podemos hablar de
conversacin entre una madre y un recin nacido de dos meses, tambin podramos hablar de una conversacin
entre un jardinero y sus rosas, o entre un granjero y su maz.

Y contina diciendo que muchos de los descubrimientos tecnolgicos ms preciados de la humanidad,


desde la agricultura hasta la qumica, pudieron tener su origen en un afortunado mal uso de la inteligencia
social[24].

4. La propensin a manipular plantas y animales, que emerge de la integracin de la inteligencia tcnica y la


inteligencia de la historia natural. Cabra considerar esa propensin como el uso incorrecto de la inteligencia
tcnica, porque aun cuando parece que los humanos modernos empezaron a tratar a animales y plantas como si
fueran seres sociales, tambin los trataron como instrumentos susceptibles de manipulacin. Tal vez el mejor
ejemplo sea el de los cazadores-recolectores de Europa quienes, una vez finalizada la era glaciar, vivieron en reas
de bosque y robledales y se dedicaron a quemar de modo deliberado partes del bosque [25]. Esta es una forma de
manipulacin/gestin medioambiental que estimula el crecimiento de nuevas plantas y atrae animales de caza. Esta
prctica se ha documentado sobradamente entre las comunidades aborgenes de Australia, que la practicaron con
plena consciencia de que de ese modo conseguan deshacerse de plantas exhaustas y devolver nutrientes al suelo
para facilitar nuevos cultivos. Leyendo los relatos sobre la explotacin del medio por parte de los indgenas
australianos encontramos evidencia de muchas prcticas que no son mera caza y recoleccin, ni agricultura ni
pastoreo. Por ejemplo, en el suroeste de Australia, cuando se practicaba la recoleccin intensiva de ames, siempre
se dejaba un trozo de raz en el suelo para garantizar futuras cosechas[26].

Los humanos modernos prehistricos que vivieron como cazadores-recolectores seguramente desarrollaron
relaciones con plantas y animales similares a las que se observan entre los cazadores-recolectores actuales. No es
probable que fueran simples depredadores, sino ms bien gentes dedicadas a la manipulacin y gestin de sus
respectivos entornos, algo muy prximo a la domesticacin de recursos. Eric Higgs, un arquelogo de Cambridge,
as lo reconoci hace un cuarto de siglo [27]. Espole a toda una generacin de investigadores a que cuestionaran ese
dualismo simple entre cazadores-recolectores y agricultores-pastores. Ahora sabemos que estos son slo dos polos
de un continuum de relaciones propias de los cazadores-recolectores prehistricos. Pero esas relaciones no se
desarrollaron hasta hace 40 000 aos, cuando apareci la idea de equiparar animales y plantas a seres manipulables
a voluntad o a seres con los que era posible establecer relaciones sociales.

Las cuatro capacidades y propensiones que he destacado alteraron fundamentalmente la naturaleza de la


interaccin humana con los animales y las plantas. Ante los inmensos cambios medioambientales que se
produjeron al final de la ltima glaciacin, fue la mente cognitivamente fluida la que permiti a aquellas
poblaciones hallar una solucin: el desarrollo de un modo de vida agrcola. En todas y cada una de las regiones
hubo una nica va histrica a la agricultura, donde algunas de estas capacidades y propensiones mentales pudieron
ser ms importantes que otras. Pero si bien las simientes de la agricultura pudieron sembrarse hace 10 000 aos, se
implantaron en la mente por vez primera en la poca de la transicin entre el Paleoltico Medio y el Paleoltico
Superior. Esta es la poca decisiva que est en el origen del mundo moderno, y no el momento concreto del
nacimiento de la agricultura. De ah que en este libro haya tratado el origen de la agricultura tan slo como un
eplogo. Pero es cierto que la agricultura cambi de forma fundamental el marco de desarrollo de las mentes
jvenes: para la inmensa mayora de la gente que vive actualmente, el mundo de la caza y la recoleccin, con sus
reas cognitivas especializadas de inteligencia tcnica y de inteligencia de la historia natural no es ms que pura
prehistoria.

He intentado demostrar en este libro el valor de la reconstruccin de esa prehistoria. Porque nuestra mente
actual es un producto tanto de la historia de nuestra evolucin como del contexto en que nos desarrollamos en tanto
que individuos. Esos tiles lticos, huesos rotos y estatuillas que los arquelogos excavan y descubren con tanta
meticulosidad pueden hablarnos de la prehistoria de la mente. Y por lo tanto, si deseamos conocer la mente, no
preguntemos slo a los psiclogos y a los filsofos: asegurmonos de preguntar tambin a los arquelogos.
Lecturas recomendadas

La evolucin humana

Jones et at (1992) ofrecen una serie de captulos excelentes que abarcan todos los aspectos de la evolucin
humana, con descripcin de fsiles y de cuanto puede conocerse a partir de los primates actuales y de la gentica
humana. Para un debate sobre los mtodos de la taxonoma molecular para reconstruir las relaciones entre humanos
y primates en el curso de la evolucin, vase Byrne (1995, captulo 1).

Los descubrimientos ms recientes de australopitecinos se describen en White et al (1994), Wolde Gabriel


et al (1994), Leakey et al (1995) y en Brunet et al (1995), mientras que Wood (1994) y Andrews (1995) analizan la
importancia de estos descubrimientos. Susman (1991) estudia la anatoma de la mano australopitecina para conocer
su potencial para fabricar tiles lticos. Johanson y Eddy (1980) relatan el descubrimiento de Lucy y analizan su
significado. Wood (1992) revisa los fsiles ms antiguos de Homo, y Tobias (1991) lleva a cabo un estudio
completo de los fsiles homnidos de la garganta de Olduvai.

Rightmire (1990) aborda la evolucin de H. erectus mientras que Swsher et al (1994) fechan los fsiles de
H. erectus de Java, y Wanpo et al los de China (1995). La importancia de los nuevos descubrimientos de China y
los problemas de su identificacin taxonmica se abordan en Wood y Turner (1995) y en Culotta (1995). Walker y
Leakey (1993) presentan un detallado estudio del espcimen de H erectus llamado KNM-WT 15000. El tema de la
evolucin de los humanos modernos ha estado en el centro de un intenso debate durante esta ltima dcada, entre
quienes defienden una evolucin multiregional y quienes defienden la expansin a partir de frica. Sobre la
contribucin de la gentica molecular, cabe incluir las aportaciones de Cann et al (1987) y de Templeton (1993),
mientras que Hubiin (1992), Frayer et al (1993 1994). Aiello (1993), Stringer y Bruer (1994) y Wolpoff (1989;
Wolpoff et al, 1984) resumen ios puntos ms conflictivos relacionados con los homnidos fsiles. Los fsiles ms
antiguos de Europa se describen en Arsuaga et al (1993), Carbonell et al (1995) y en Roberts et al (1994). Stringer
(1993) ofrece un compendio de las distintas interpretaciones. Stringer y Gamble (1993) y Trin-kaus y Shipman
(1993) abordan la evolucin y la naturaleza de los neandertales Grn y Stringer resumen las dataciones de los
primeros humanos anatmicamente modernos.

Existen varios ttulos que tratan sobre el origen de los humanos modernos. Los ms notables son los
editados por Akazawa et al (1992), por Mellars y Stringer (1989), por Bruer y Smith (1992) y por Nitecki y
Nitecki (1994).

La tecnologa de los tiles lticos

Border (1961a, 1968) e Inizan et al (1992) presentan una introduccin general a la tecnologa ltica,
describiendo las diferentes tcnicas y los respectivos periodos prehistricos.

La arqueologa del segundo acto

En Merrick y Merrick (1976), en Chavaillon (1976), en Roche (1989), en Roche y Tierce-lin (1977) y en
Kibunjia (1994; Kibunjia et al, 1992) se describen los primeros tiles lticos. Ha-nis y Capaldo (1993) revisan los
yacimientos arqueolgicos ms antiguos y su posible interpretacin. Leakey (1971) describe la arqueologa de la
garganta de Olduvai, mientras Hay (1976) aborda el importante trasfondo geolgico. Sobre la industria
olduvayense, vase Toth (1985) y Schick y Toth (1993), y para la arqueologa del lecho I, vase Potts (1988), Isaac
(1984) analiza todos los dems complejos arqueolgicos del frica oriental, incluido el de Koobi Fora. Sobre la
interpretacin de los huesos animales asociados a tiles lticos, vase Binford (1981, 1985. 1986), Bunn (1981,
1983a, 1983b), Bunn y Kroll (1986), Potts (1988) y Potts y Shipman (1981). La lectura de las obras de Olynn Isaac
(B. Isaac, 1989) es fundamental para entender la arqueologa del segundo acto. Otros artculos tiles sobre el
contexto medioambiental de los primeros homnidos son los de Cerling (1992) y Sikes (1994), Dennell et al
(1988a. 1988b) proponen una antigedad de 2 millones de aos para los tiles lticos descubiertos en Pakistn.

La arqueologa del tercer acto

Leakey (1971) analiza la primera utilizacin de la tecnologa bifacial, mientras que Asfaw et al (1992)
fechan las primeras hachas de mano. Para una visin general de la penetracin de los humanos modernos en Asia y
Europa, vase Gamble (1993, 1994), Bar-Yosef (1994a) describe el yacimiento de Dmanasi, y los ms antiguos del
Asia occidental se abordan en Bar Yosef (1980, 1989,1994a), en Bar-Yosef y Goren Inbar (1993) y en Goren-lnbar
(1992). Para los yacimientos del Asia oriental vase Schick y Zhuan (1993). El yacimiento de Zhoukoudian se
analiza en Wu y Lin (1983). El debate en torno a la primera colonizacin de Europa se discute en Roebroeks y Van
Kolfschoten (1994), y Pares y Prez-Gonzlez (1995) describen los tiles ms antiguos de Atapuerca. Bonifay y
Vandermeersch (1991) proponen una ocupacin de hace ms de un milln de aos. El yacimiento de Boxgrove se
describe en Robcrts (1986), y las cuestiones relativas a su datacin se abordan en Bowen y Sykes (1994).

Isaac (1982) y Phillpson (1985) abordan la arqueologa de frica de hace entre 1,5 millones y 200 000
aos, el Paleoltico Inferior. Los yacimientos ms importantes son los de Olorgesailie, en Kenia (Isaac, 1997; Potts,
1989,1994); el de Isimila, en Tanzania (Howell, 1961); en el Gadeb, en Etiopa (Clark y Kurashina, 1979a, 1979b)
y el de Sterkfontein, en frica del Sur (Kuman, 1994). Para los yacimientos del Asia occidental de este periodo,
vase Bar-Yosef (1980,1994a), para los del Asia oriental vase Schick y Zhuan (1993) y para los del sureste
asitico vase Ayers y Rhee (1984), Bartstra (1982), Smah et al. (1992), Pope (1985, 1989) y Yi y Clark (1985).
Roebroeks et al (1992) y Gamble (1986) analizan los yacimientos ms antiguos de Europa, Roe (1981) los de Gran
Bretaa, y Villa (1983) los de Francia, con especial atencin al de Terra Amata. Otros yacimientos importantes son
el de la cueva de Pomncwydd, en el Pas de Gales (Green, 1984), el de High Lodge, en Inglaterra (Ashton et al,
1992) y el de la Cotte, en Jersey (Callow y Cornford, 1986). Svoboda (1987) y Verles (1975) analizan ios
yacimientos que carecen de hachas de mano.

Por lo que se refiere al periodo de hace entre 200 000 y 51 000 aos, Clark (1982) aborda la arqueologa de
frica, mientras Allsworth-Jones (1993) ofrece una interpretacin de las asociaciones entre la especie humana y las
industrias lticas. Yacimientos particularmente importantes con secuencias estratificadas del material son Haua
Fteah, en el norte de frica (McBumey, 1967), Muguruk, en Kenia (McBrearty, 1988), el de las cataratas de
Calambo, en la Repblica Democrtica de Congo (Clark. 1969. 974). el de Klasies River Mouth, en frica del Sur
(Singer y Wymer, 1982; Thackeray, 1989) y la cueva de Border, tambin en frica del Sur (Beaumont et al, 1978).
Para un compendio de los yacimientos de este periodo en el Asia occidental, vase Bar-Yosef (1988, 1994b) y
Jelenik (1982). En Bar-Yosef et al (1992) se describen los trabajos ms recientes realizados en la importante cueva
de Kebara. Sobre Europa, Gamble (1986) y Roebroeks et al (1992) ofrecen una visin global, y para estudios ms
concretos vase Laville et al (1980) sobre los abrigos del suroeste francs, Luffreau (1992) para los yacimientos del
norte de Francia, Kuhn (1995) para los de la Italia occidental y Conrad (1990) para los del Rin medio. Se conoce
poco y mal la arqueologa del Asia oriental de este mismo periodo. Schick y Zhuan (1993) y Zhonglong (1992)
analizan los escasos yacimientos que se conocen, casi todos ellos con problemas de datacin.

La utilizacin de ncleos de sedimentos marinos para reconstruir los cambios medioambientales de este
periodo se aborda en Dawson (1992), y Shackleton y Opdyke (1973) y Shackleton (1987) presentan otras
contribuciones importantes al tema. Alley et al (1993), Johnsen et al (1992) y Taylor et al (1993) analizan los
primeros resultados del estudio de los ncleos de hielo.

La arqueologa del cuarto acto

En Knight et al (1995) se estudia el uso de ocre rojo en el sur de frica, mientras Yellen et al (1995) se
centran en los arpones de hueso de ms de 90 000 aos de antigedad. Roberts etal (1990, 1993, 1994) y Alien
(1994) describen los yacimientos ms antiguos de Australia, y Gamble (1993) y Bowdler (1992) discuten el
proceso de colonizacin. Davidson y Noble (1992) analizan las implicaciones de la colonizacin en relacin con
las capacidades culturales, mientras Bahn (1994) fecha las primeras manifestaciones de arte en Australia. Bowdler
(1992) y Brown (1981) tratan de la evolucin de la morfologa de los humanos modernos de Australia, y Flood
(1983) se ocupa de la arqueologa de los primeros australianos. Sobre la colonizacin de Amrica del Norte, vase
Hoffecker et al. (1993), C Haynes (1980). G. Haynes (1991), Gamble (1993) y Greenberg et al (1986). Larichev et
al (1988, 1990, 1992) ofrece un resumen de la evidencia de ocupacin en el norte de Siberia. Entre los yacimientos
americanos ms importantes por lo que se refiere a ocupacin prehistrica, se incluyen el abrigo de Meadowcroft
(Adovasio et al, 1990), el de Monte Verde, en Chile (DiUeyhay 1989; Dillebay y Collons 1988) y el de Pedra
Furada, en Brasil (Guidon et al, 1994; Meltzer et al, 1994). Dillehay et al (1992) proponen una nueva estructura de
la arqueologa ms antigua de Amrica del Sur.

Los cambios de tecnologa y de comportamiento de hace 40 000 aos en frica se analizan en Smith
(1982), Parkington (1986) y Wadley (1993). Cise (1986) se ocupa de la nueva tecnologia del Haua Fteah, y
Wendorf et al (1980) de los importantes desarrollos culturales del Wadi Kubbaniya, y ms concretamente de las
piedras para triturar o moler. Los primeros cambios tecnolgicos ocurridos en el Asia occidental se describen en
Bar-Yosef (1988. 1994b), Gilead (1991), Gilead y Bar-Yosef (1993) y en Olszewski y Dibble (1994). Por lo que
respecta a los primeros objetos de arte del Asia oriental, vase Bednarik y Yuzhu (1991) y Aikens y Higuchi
(1982). Zhonglong (1992) y Reynolds y Barnes (1984) describen los cambios de la industria ltica de esta parte del
mundo. Y Anderson (1990) y Groube et al (1986) describen los yacimientos arqueolgicos ms antiguos del
sureste asitico.

Los cambios culturales acaecidos en Europa a partir de hace 40 000 aos se abordan de forma concisa en
Mellars (1973. 1989a, 1989b, 1992), White (1982), Gamble (1986) y en Allsworth-Jones (1986). Hedges et al
(1994), Bischoff et al (1989) y Cabrera y Bischoff (1989) suministran dataciones decisivas de la expansin de los
humanos modernos. Sobre la primera tecnologa del hueso, vase Kneeht (1993a, 1993b) y para la tecnologa del
abalorio, vase White (1989a, 1993a, 1993b). Delluc y Delluc (1978) y Hahn (1993) describen el arte ms antiguo,
mientras Bednarik (1992,1995) y Marshack (1990) proponen la existencia de arte ya en el tercer acto. Para una
interpretacin de la relacin entre neandertales y humanos modernos, vase Harold (1989) y Mellars (1989a). Para
el arte del ltimo periodo glaciar en Europa, vanse Bahn y Vertut (1988), y para los desarrollos y adaptaciones
tecnolgicos durante el periodo lgido de la ltima glaciacin, vanse Straus (1991), Jochim (1983) y Gamble y
Soffer (1990). Para la prehistoria europea posterior, vanse Barton et al (1992) y Cunliffe (1994).
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Referencias de las ilustraciones

Figuras

1. Ilustracin de Steven Mithen utilizando datos de Aiello y Dunbar (1993); figura superior modificada a
partir de Aiello (1996b)

2. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Saladin D'Angular (1990).

3. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de McGrew (1992).

4. Dibujo de Margaret Mathews y Steven Mithen.

5. Dibujo de Margaret Mathews, modificado a partir de Schick y Toth (1993).

6. Ilustracin de Steven Mithen.

7. Dibujo de Aaron Watson.

8. Dibujo de Aaron Watson.

9. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Jones et al. (1992).

10. Ilustracin de Margaret Mathews y Steven Mithen.

11. Dibujo de Margaret Mathews.

12. Dibujo de Margaret Mathews.

13. Dibujo de Aaron Watson.

14. Dibujo de Aaron Watson.

15. Ilustracin de Margaret Mathews y Steven Mithen.

16. Ilustracin de Margaret Mathews y Steven Mithen.

17. Ilustracin de Margaret Mathews y Steven Mithen.

18. Dibujo de Margaret Mathews, basado en una fotografa de A. Marshack en National Geographic, 174
(1988).
19. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Delluc y Delluc (1978).

20. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de D. Mania y U. Mania (1988), Deliberate engravings on bone
artefacts by Homo erectus. Rock Art Research, 5, pp. 91-107.

21. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Breuil (1952).

22. Dibujo de Simn S. S. Driver, en B. Fagan (1990), Journey from Edn, Thames and Hudson, Londres y
Nueva York.

23. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Bahn y Vertut (1989).

24. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Marshack (1991).

25. Ilustracin de Margaret Mathews y Steven Mithen.

26. Ilustracin de Margaret Mathews y Steven Mithen.

27. Ilustracin de Margaret Mathews y Steven Mithen.

28. Dibujo de Margaret Mathews, modificado de Schick y Toth (1993).

29. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Jones et al. (1992).

30. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Jones et al. (1992).

31. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Jones et al. (1992).

32. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Jones et al. (1992).

33. Ilustracin de Margaret Mathews y Steven Mithen.

34. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Wendorf et al. (1992).

35. Dibujo de Aaron Watson.

36. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Piette (1906).

Recuadros

p. 19. Ilustracin de Steven Mithen.

pp. 30-31. Dibujos de Margaret Mathews, a partir de Jones et al. (1992).

pp. 32-33. Dibujos de Margaret Mathews. De arriba abajo, lasca de cuarzo segn Merrick y Merrick (1976);
percutor segn Bordes (1968); hacha de mano apuntada, segn Roe (1981); lasca y ncleo levallois, segn Bordes
(1968); la lanza de Clacton-on-Sea, segn K. Oakley (1949), Man the Tool-maker (Fideicomisarios del Museo
Britnico, Londres); ncleo laminar, segn Bordes (1968); arpn de hueso, segn Bordes (1968); la Venus de
Willendorf, segn Marshack (1991).

p. 34. Dibujo de Margaret Mathews.

p. 35. Dibujo de Margaret Mathews.

p. 36. Dibujo de Margaret Mathews.

p. 37 Ilustracin de Steven Mithen, modificada a partir de Wood (1993).

p. 38. Ilustracin de Steven Mithen, a partir de Stringer y Gamble (1993).

p. 75. Ilustracin de Steven Mithen.

p. 137. Dibujos de Margaret Mathews, a partir de Shea (1988) y Oswalt (1973).

p. 171. Dibujos de Margaret Mathews, a partir de Morphy (1989) y Leroi-Gourban (1968).

p. 176. Ilustracin de Steven Mithen.

p. 179. Ilustracin de Steven Mithen.

p. 188. Dibujo de Margaret Mathews, a partir de Cunliffe (1994).

pp. 210-211. Ilustracin de Steven Mithen.

p. 212. Ilustracin de Steven Mithen.


STEVEN MITHEN es catedrtico de Arqueologa en la Universidad de Reading (Inglaterra).

Entre sus campos de investigacin se encuentran la evolucin humana y la arqueologa cognitiva y


computacional. Es autor de varios libros entre los que figura After the Ice (2003) o Arqueologa de la mente
(Crtica, 1998), La prehistoria de la Mente y El Canto del Neandertal y Los Neanderthales cantaban rap.

Mithen se ocupa de una historia que comienza hace unos dos millones de aos y que se expande hasta el
comienzo de la agricultura, hace aproximadamente siete mil aos.

Adems de su intensa actividad acadmica, Mithen dedica parte de su tiempo a la divulgacin cientfica.
Notas

[1]La evolucin de la capacidad de la mente humana para el arte y la ciencia es quizs el problema ms
importante de la mente. El paleolingista Steven Pinker lo considera un problema fundamental. Cmo es
posible, pregunta, que la evolucin produjera un cerebro capaz, de concebir cosas tan especializadas y complejas
como las matemticas, la ciencia y el arte, dada la total ausencia de presiones selectivas que potenciasen tales
capacidades abstractas en la historia de la evolucin? (1989, p. 371). <<

[2]En este contexto, los creacionistas no son necesariamente anticiencia o antievolucin por lo que se refiere
a la anatoma humana. Por ejemplo, Alfred Wallace Russell, el codescubridor de la teora de la seleccin natural,
crea que la inteligencia humana slo puede explicarse por la creacin divina (Gould, 1981, p. 39). En su libro de
1989, The Evolution of the Brain, el neurlogo y premio Nobel sir John Eccles llega a la conclusin de que la
consciencia humana deriva de la creacin espiritual sobrenatural (1989, p. 287). <<

*En ingls, apes. En castellano no existe una palabra totalmente satisfactoria que, como el trmino ingls,
designe a este grupo de simios antropomorfos. Tampoco existe una palabra precisa para lo que en ingls se
denomina monkeys, es decir, simios no antropomorfos. En esta traduccin castellana, se ha optado por designar a
los primeros antropomorfos sin ms y a los segundos simios no antropomorfos (N. de la r.) <<

[3]Utilizo el trmino antepasados en un sentido relativamente laxo, ya que las relaciones entre los
australopitecinos y Homo a lo largo de la evolucin son sumamente discutibles. En muchas ocasiones no se sabe
con seguridad si una especie fue un antepasado directo o meramente un pariente, especialmente en el caso de H.
neanderthalensis, como se ver ms adelante. <<

[4]El libro de Merlin Donald, The Origins of the Modern Mind, publicado en 1991, supuso un excelente e
importante intento de integrar informacin e ideas procedentes de la psicologa, de la paleobiologa y de la
arqueologa. Sugiere que la mente atraves tres grandes etapas: una cultura episdica asociada a los
australopitecinos, al primer Homo y a los homnidos actuales; una cultura mimtica asociada a H. erectus, y una
cultura mtica asociada a H. sapiens. Esta ltima incorpora la capacidad para construir modelos conceptuales y
est estrechamente relacionada con la evolucin del lenguaje. Cree que con esta tercera etapa la mente se
expandi, es decir, que empez a usar dispositivos de almacenaje externos o, lo que es lo mismo, smbolos
materiales. Recomiendo a los lectores de mi libro la lectura de The Origins of the Modern Mind puesto que ofrece
una interpretacin alternativa de cmo integrar datos e ideas procedentes de la psicologa y de la arqueologa. El
principal punto dbil de la obra de Donald es el uso que hace de los datos arqueolgicos: no siempre da cuenta de
su complejidad y su variabilidad, y por lo tanto no explota toda su riqueza. Lake (1992) realiza diversas criticas
sumamente pertinentes al respecto. Donald tambin parece subestimar las capacidades cognitivas de los homnidos
actuales, ya que el tipo de inteligencia que atribuye a H. erectus es similar a la que poseen los actuales chimpancs
(Byrne, comunicacin personal). Donald (1994) presenta un resumen seguido de una discusin crtica de su libro.

El psiclogo Michael Corballis (1992) tambin se basa en los datos arqueolgicos, sobre todo a la hora de
explorar la evolucin del lenguaje. Afirma que el origen del lenguaje fue el gesto, y que la utilizacin del habla
como medio principal del lenguaje fue bastante ms tarda en la evolucin humana, en la poca de la transicin del
Paleoltico Medio al Superior (hace unos 40 000 aos). Apoya esta tesis en la expansin y diversificacin del
comportamiento tcnico que tuvo lugar en el momento de la transicin, refirindose ms concretamente al trabajo
del hueso y del marfil, a la produccin de arte y al uso de ncleos prismticos para fabricar tiles lticos, que
aparecieron, segn l, porque las manos haban dejado de ser un medio para la comunicacin gracias a la evolucin
del habla. El principal problema de este planteamiento es que la tecnologa ltica del Paleoltico Medio entra
tanta destreza manual como las tcnicas del Paleoltico Superior, como explico en el captulo 6. Pero, al igual que
en el caso de la obra de Donald (1991), se trata de un valioso intento de integrar ideas y datos de la psicologa y de
la arqueologa. <<

La llamada ms explcita en favor de una arqueologa cognitiva vino de Colin Renfrew (1983). Pero
[5]

antes que l, Thomas Wynn (1979, 1981) y Alexander Marshack (1972a y 1972b) ya haban intentando inferir la
cognicin prehistrica a partir de tipos concretos de tiles. Ms recientemente hay arquelogos que han empezado
a concentrarse en la evolucin del lenguaje (Davidson y Noble, 1989; Whallon, 1989; Mellars, 1989a), pero han
mostrado poco inters por la relacin entre el lenguaje y otros aspectos de la cognicin. Creo que ningn
arquelogo ha intentado seguir las huellas de la evolucin de la mente a lo largo de la prehistoria. <<

[6] Aiello (1996a). <<

*Aqu se traduce evolutionary psychology y developmental psychology por psicologa de la evolucin y


psicologa evolutiva, respectivamente, dada la consolidacin en las universidades espaolas del trmino
psicologa evolutiva para referirse a la disciplina que estudia el desarrollo infantil. (N. de la t.) <<

[7]Como veremos en el captulo 3, no se trata de una idea nueva, ni requiere necesariamente referirse
explcitamente al curso de la evolucin para apoyarla. <<

Durante aos los filsofos se han preguntado si cabe o no hacer una distincin legtima entre mente y
[1]

cuerpo, uno de los grandes problemas de la filosofa. Dennett (1991) ofrece una amena introduccin al problema,
mientras que MacDonald (1992) revisa las distintas teoras que se ocupan de la identidad cuerpo-mente. Para
conceptos cuerpo-mente en el mundo antiguo, vase Hankoff (1980). <<

[2]Nuestro cuerpo est fisiolgicamente adaptado a la dieta de los cazadores-recolectores del Pleistoceno:
animales salvajes, frutos secos, frutas y verduras frescas. El hecho de que nuestra dieta actual (y la de gran parte de
la prehistoria tarda) sea distinta en cuanto a consumo de productos lcteos de cereales, de carne grasa, de azcares,
aceites y alcohol, tiene profundas consecuencias para nuestra salud: los ataques cardacos, los infartos, el cncer y
la diabetes tienen que ver con este tipo de nutricin.<<

Tooby y Cosmides (1992) han analizado la forma en que la mayora de los cientficos sociales abordan la
[3]

mente, considerndola como una tabula rasa que espera ser llenada por el contexto cultural del desarrollo. Por
ejemplo. Clifford Geertz, tal vez el antroplogo social ms influyente del siglo XX. dice que la mente depende
desesperadamente de mecanismos extra-genticos, extradrmicos para el control del comportamiento (Geertz.
1973. p. 44). ntimamente ligado a esta visin est lo que se podra considerar como una negacin de la naturaleza
humana: la humanidad es tan diversa en su esencia como en su expresin (ibid., p. 37). <<

[4] El arquelogo Colin Renfrew compara el cerebro con el hardware y la mente con el software. El
hardware (que depende directamente de la dotacin gentica) habra cambiado muy poco en ese lapso de tiempo
[en los ltimos 40 000 aos] pero es el software (la cultura) el que nos permite comprender las transformaciones
radicales que han tenido lugar desde la poca de los cazadores-recolectores hasta la era del espacio (Renfrew,
1993. p. 249). <<

[5]Margaret Boden (1990) se pregunta si los ordenadores pueden ser autenticamente creativos, y simpatiza
ms con la causa de los ordenadores creativos que yo mismo. Y en cuanto a la posibilidad de ordenadores
inteligentes, la autora remite a la definicin de creatividad. <<

[6]La necesidad de reconstruir la cognicin de nuestros primeros antepasados siempre estuvo implcita en la
obra de Glynn Isaac (por ejemplo. 1978, 1981) y se hizo explcita en su obra de 1986. Otros arquelogos del
Paleoltico menospreciaron esa necesidad y tambin nuestra capacidad para realizar interpretaciones cognitivas.
Por ejemplo. Lewis Binford, tal vez el paleolitista ms influyente del siglo XX, condena los intentos de hacer
paleopsicologa. Otro influyente paleolitista, Clive Gamble, se ha pronunciado en el mismo sentido, aunque ms
recientemente, diciendo que los tiles lticos pueden decirnos muy poco sobre la inteligencia o sobre sus
potencialidades (1993. p. 170). Wynn (1979, 1981, 1989) pensaba exactamente lo contrario. En sus primeros
trabajos. Thomas Wynn afirmaba que la inteligencia es una capacidad general nica. En sus ltimos trabajos (1991.
1993) se muestra menos ambicioso a la hora de atribuir capacidades mentales a los primeros homnidos y reconoce
que la inteligencia puede ser un fenmenos modular. Y, por lo tanto, se sirve ahora de los atributos morfolgicos
de los primeros tiles lticos para inferir no ya el nivel de inteligencia, sino los niveles de competencia espacial. <<

[7]La idea de que la ontogenia recapitula la filogenia la formul Haeckel por vez primera en el siglo XIX,
si bien sus races se remontan a Aristteles. La obra de Gould (1977), muy original y de gran influencia, analiza la
relacin entre filogenia y ontogenia, y Gould (1981) explica de que forma la idea de recapitulacin se utiliz en el
siglo XIX para justificar actitudes racistas y sexistas. Por lo que se refiere a obras ms recientes, varios psiclogos
han sugerido que la ontogenia del lenguaje recapitula su filogenia, especialmente en Parker y Gibson (1979).
Aunque sigue habiendo grandes desacuerdos sobre esa recapitulacin, las perspectivas ontognicas estn ya
presentes en todos los debates sobre la evolucin cognitiva, como se ilustra perfectamente en Gibson e Ingold
(1993). En el captulo 4 volver a abordar la idea de recapitulacin. <<

[8]Las ideas de Piaget aparecen en toda una serie de libros en los que se detecta un cierto grado de evolucin
a lo largo de su vida. Un buen punto de partida es su libro publicado en 1971, Biology and Knowledge. En l
afirmaba que haba slo tres programas en la mente, a los que denomin asimilacin, acomodacin y
equilibrio. El primero de ellos hace referencia a la manera en que los nuevos conocimientos se integran a los que
ya estn en la mente, mientras que el segundo se refiere a la forma en que el conocimiento existente se transforma
para adaptarse a los nuevos conocimientos. Son, por lo tanto, procesos recprocos que trabajan en tndem. Propuso
el trmino de equilibrio para describir la reestructuracin mental que tiene lugar durante el desarrollo. Piaget
propone un modelo de estadios o fases de desarrollo, donde la reestructuracin mental marca el inicio de cada
nueva etapa. En su forma ms simple, Piaget propuso cuatro fases; la inteligencia sensomotriz (desde el nacimiento
hasta la edad de 2 aos), la inteligencia preoperativa (de 2 a 6/7 aos), la inteligencia operativa concreta (de 677 a
11 aos) y la inteligencia operativa formal a partir de los 12 aos. Durante la fase sensomotriz hay una ausencia de
pensamiento figurativo interiorizado, que slo emerge con la inteligencia preoperativa y permite el desarrollo del
lenguaje. Las dos formas de inteligencia operativa incluyen una serie de operaciones mentales que permiten, entre
otras cosas, la planificacin de acciones a largo niazo. La inteligencia operativa formal tiene que ver con el
pensamiento de objetos y acontecimientos tericos. <<

[9]Otros muchos psiclogos han adoptado la idea de la mente como una navaja suiza, aunque aqu citar
slo algunos de ellos. Por ejemplo. Gardner (1983) ha cortado la tarta de la inteligencia en siete trozos, y Robert
Sternberf (1988) en slo tres, que denomin inteligencia analtica, inteligencia creativa e inteligencia prctica. El
neurofisilogo Michael Gazzaniga (1985; Gazzaniga y Lerdoux, 1978) deca que la mente es una coalicin de
agencias semiindependientes, y Khalfa (1994) escribe en la introduccin de un libro titulado What is Inteligence?
que hay muchas clases de inteligencia, difciles de comparar entre s y de adscribir a una escala comn. La tarta
de la memoria tambin ha conocido diversas divisiones en estas dos ltimas dcadas. Una ha creado la memoria a
corto y a largo plazo. Endel Tiiiving (1983) ha dividido esta tarta cognitiva en memoria de procedimiento y
memoria de proposicin, que se aproxima a una distincin entre conocer habilidades y conocer conocimientos. La
memoria de proposicin fue ms tarde dividida de nuevo en memoria episdica y memoria semntica. La primera
registra y luego recupera recuerdos de acontecimientos y hechos personales, y la segunda tiene que ver con el
conocimiento del mundo, con independencia de la identidad y del pasado de una persona. <<

[10] Fodor (1983), Fodor (1985) resume y analiza crticamente el libro de Fodor. <<

La cita de Fodor es tan buena que vale la pena reproducirla en su totalidad: Podramos preguntar Pero
[11]

dime por qu te interesan tanto los mdulos? Tienes rentas; por qu no te echas a la mar y te dedicas a
navegar?. Se trata de una pregunta perfectamente razonable y que yo mismo me hago muchas veces Pero la
idea de que la cognicin satura la percepcin pertenece (y est histricamente vinculada) a la teora de la filosofa
de la ciencia segn la cual las propias observaciones estn determinadas por las propias teoras: a la teora de la
antropologa segn la cual los propios valores estn determinados por la propia cultura; a la idea de la sociologa de
que los compromisos epistmicos propios, incluida sobre todo la ciencia, estn determinados por la propia filiacin
de clase; y a la idea de la lingstica de que la propia metafsica est determinada por la propia sintaxis. Todas estas
ideas implican una concepcin holstica relativista: porque si la percepcin est saturada de cognicin, la
observacin de teora, los valores de cultura, la ciencia de clase y la metafsica de lenguaje, entonces la crtica
racional de las teoras cientficas, los valores ticos, la cosmovisin metafsica o lo que sea slo pueden tener lugar
dentro del marco de suposiciones compartidas por los interlocutores, como si de un accidente geogrfico, histrico
o sociolgico se tratara. As resulta imposible formular una crtica racional del marco. La verdad es que odio el
relativismo. Odio el relativismo ms que cualquier otra cosa salvo, quizs, las lanchas de fibra de vidrio. Creo que
el relativismo es seguramente falso. Se olvida, para decirlo breve y crudamente, de la estructura fija de la
naturaleza humana Bueno, de acuerdo con la psicologa cognitiva, la hiptesis de que existe una estructura fija
de la naturaleza humana adopta tradicionalmente la forma de una insistencia en la heterogeneidad de los
mecanismos cognitivos y en la rigidez de la arquitectura cognitiva que afecta a su encapsulacin. Si existen
facultades y medidos, entonces no todo afecta a todo lo dems; no todo es de plstico. Sea lo que sea todo, al
menos hay ms de uno en l (Fodor, 1985. p. 5). <<

[12] Fodor (1985, p. 4). <<

[13] Ibidem. <<

[14] Ibidem. <<

Gardner (1983), Frames of Mind se public de nuevo en 1993 para conmemorar su 10. aniversario,
[15]

acompaado de un eplogo: Multiple Intelligences; The Theory in Practice (Gardner. 1993). <<

[16] Gardner (1983. p. 279). <<

[17] Gardner (1983. p. 279). <<

[18] Es lo que sugirieron Gallistel y Cheng (1983) en su comentario de las ideas de Fodor. <<

Adems de Cosmides y Tooby. otros prominentes psiclogos de la evolucin son Steven Pinker (1994),
[19]

que se ocupa de la evolucin del lenguaje, y el psiclogo David Buss (1994), dedicado a la investigacin de la
seleccin sexual humana basndose en dalos culturales comparados. <<

Mi anlisis del trabajo de Cosmides y Tooby se basa en Cosmides (1989), Cosmides y Tooby (1987,
[20]

1999, 1994) y en Tooby y Cosmides (1989. 1992). <<

En el seminario conjunto de la Royal Society/British Academy titulado La evolucin de las pautas de


[21]

comportamiento social en primales y humanos, Londres. 4-6 de abril de 1995. <<

[22]La idea de una intervencin divina resulta ms difcil de combatir cuando se trata de la mente que cuando
se trata de otras partes del cuerpo o de la persona. Por ejemplo, en su descripcin de la evolucin del cerebro, el
cientfico y premio Nobel sir John Eccles decidi que era necesario invocar la creacin sobrenatural para explicar
las cualidades de la mente humana (Eccles. 1989). <<

En el seminario sobre La conducta humana y la evolucin de la sociedad, Santa Brbara. 28 de junio-1


[23]

de julio de 1995, John Tooby dijo que la memoria episdica definida por Tulving (1983) est esencialmente
relacionada con el mdulo de la teora de la mente. Tooby desea cortar la tarta de la memoria en muchos
pedazos muy finos, y cada modulo cognitivo tendra su propio sistema independiente de memoria. <<

[24] Kaplan y Hill (1985) presentan evidencia en favor de una relacin entre la capacidad cazadora y el xito
reproductivo entre los modernos cazadores-recolectores. <<

[25] Tooby y Cosmides (1992. p. 113). <<

[26] Fodor (1987, p. 27). <<

Para un relato del anuncio de una prueba por parte de Andrew Wiles. vase New Scientist, 3 de julio de
[27]

1993 y 5 de noviembre de 1994. <<

[28] Bird-David (1990). <<

[29] Riddington (1982, p. 471). Citado asimismo en Ingold (1993. p. 440). <<

Morphy (1989b) ofrece un breve anlisis de la creacin del paisaje por parte de los Seres Ancestrales
[30]

durante el Tiempo del Sueo. Segn afirma, la mejor forma de pensar el pasado Ancestral es verlo como una
dimensin del presente y as el paisaje no es slo un registro de acontecimientos mitolgicos del pasado, sino que
desempua un papel activo en la creacin de esos acontecimientos. <<

Saladin D'Anglure (1990, p. 187). Este trabajo aborda la compleja y a menudo ambigua concepcin que
[31]

tienen los inuit del oso polar. Los inuit trazan paralelos entre los humanos y el oso polar basndose en las
semejanzas de comportamiento: el oso tambin se sostiene sobre sus dos extremidades inferiores, construye
refugios para el invierno, se desplaza por mar y tierra, y caza focas valindose de tcticas similares a las de los
cazadores. El oso desempea un papel central en muchos rituales de la infancia y adolescencia de un nio, y se
asocia a los poderes sexuales masculinos. Por ejemplo, matar el primer oso es signo de virilidad adulta y las
mujeres estriles se comen los penes de los osos polares. <<

[32]En la introduccin del libro de Willis (1990) que trata del significado humano en el mundo natural, el
editor analiza las diversas definiciones e interpretaciones del totemismo. Afirma que con la publicacin en 1962 de
sus dos obras ms importantes, El totemismo hoy y El pensamiento salvaje, Lvi-Strauss elev el nivel del debate
totmico a cotas muy altas, incorporndolo a la universalidad de los procesos mentales humanos. Douglas (1990. p.
35) caracteriza las ideas de Lvi-Strauss tomo la prctica de la humanidad meditando sobre s misma y sobre su
lugar en la naturaleza. <<

[33] Ingold (1992, p. 42). <<

[34]Gellner (1988. p. 45) destaca que las asociaciones aparentemente absurdas que se realizan en el
pensamiento y en el lenguaje de las sociedades tradicionales no occidentales reflejan una cognicin compleja y
sofisticada que sirve para lograr varios objetivos a la vez. Son el desamparo singular, la clara y lgica divisin del
trabajo, la separacin de funciones caractersticos de la sociedad moderna occidental lo que constituye la
anomala y lo que requiere explicacin. Ingold (1993) realiza una critica parecida de Gellner, cuando sugiere que la
separacin entre naturaleza, sociedad y tecnologa es un producto del pensamiento occidental. Los
modernos cazadores-recolectores no contemplan tales distinciones y muestran una fluidez cognitiva ilimitada. El
lema que ni Gellner ni Ingold abordan y que es central en este libro es que esta fluidez ilimitada tal vez no sea de
aplicacin a los cazadores-recolectores premodernos. <<

Por ejemplo, en el caso del oso polar y los inuit ya mencionado, el oso se asocia estrechamente a la
[35]

fuerza del varn. Asocindose a s mismos con el oso polar, los varones inuit utilizan el oso como un poderoso
instrumento ideolgico para consolidar su dominacin sobre las mujeres. Saladin d'Anglure (1990). <<

[36]Whitelaw (1991) ha llevado a cabo un detallado estudio comparativo del uso del espacio en
campamentos de cazadores-recolectores, demostrando que la comunidad posee mapas mentales de las relaciones de
parentesco, y que el espacio es un medio activo para la interaccin social. Para citarlo textualmente: la
organizacin espacial es utilizada por diferentes individuos y en diferentes culturas para generar, amplificar,
facilitar, manipular y controlar la interaccin y la organizacin social (1991. p. 181). <<

[37]Segn el antroplogo social Andrew Strathem, lo que la gente lleva, y lo que hace con su cuerpo en
general, es una parte importante del flujo de informacin, estableciendo, modificando y comentando categoras
sociales fundamentales, como son la edad, el sexo y el estatus (citado en White. 1997, pp. 539-540). Turner
afirma asimismo que la superficie del cuerpo se convierte en la fase simblica sobre la que se materializa el
drama de la socializacin, y la ornamentacin corporal se convierte en el lenguaje a travs del cual se expresa
(citado en White, 1991, p. 539). <<

[38]Los tiles de los humanos modernos presentan diseos muy eficaces de cara a las funciones para los que
han sido creados (Oswalt, 1976; Torrence, 1983; Bleed. 1986; Churchill. 1993). Pero al mismo tiempo esos tiles
se utilizan para canalizar relaciones sociales. Polly Wiessner (1983) lo ha constatado en las flechas de los san del
Kalahari. Son armas de caza muy eficaces, pero la forma de las puntas contienen informacin sobre la afiliacin
grupal. Su uso para la caza del antlope africano, un animal bsico en la mitologa san suministra a sus flechas un
significado claramente simblico. <<

[39] Whiten y Perner (1991). Vanse asimismo Gopnik y Wellman (1994), Whiten (1991) y Wellman(1991).
<<

Para la relacin entre el autismo y el deterioro del mdulo de la teora de la mente, vanse Leslie (1991.
[40]

1994), Frith (1989) y Baron-Cohen (1995). Estos trabajos dicen que otros aspectos de la cognicin pueden no
quedar afectados, Algunos nios autistas parecen tener un talento prodigioso en el campo del arte, la msica o las
matemticas. Para un estudio ms pormenorizado, vase Sacks (1995), sobre lodo el texto titulado Prodigios. En
Smith y Tsimpli (1995) se describe el caso de un idiot savant (un idiota sabio). Se trata de un hombre llamado
Christopher que a los 35 aos posee un cociente intelectual entre 40 y 70 (la media humana es de 100) y que no
supera tests para nios de cinco aos. No puede vivir solo porque no sabe cuidar de s mismo. Pero en cambio
Christopher habla 15 lenguas, adems de su ingls nativo. <<

[41] Humphrey (1976). Sus ideas se presentan en forma ms elaborada en Humphrey (1984. 1993). <<

[42] Atran (1990, 1994). <<

[43] Keil (1994) y Atran (1994). <<

[44] Atran (1990). <<

[45] Berlin (1992); Berlin et al (1973) y Atran (1994). <<

[46] Sacks (1995, p. 269). Otros ejemplos en Atran (1990). <<

[47]Mithen (1990. pp. 52-88) revisa los mtodos que utilizan los modernos cazadores-recolectores para
recabar informacin de su entorno y su forma de utilizarla para tomar decisiones. Existen otras descripciones
etnogrficas especialmente tiles, con ejemplos del minucioso conocimiento de historia natural que poseen los
cazadores recolectores, que se refiere a las siguientes comunidades: los !kung (Lee, 1976, 1979; Lee y DeVore,
1976; Marshall, 1976; Blurton-Jones y Konner, 1976), los g/wi (Silberbauer. 1981), los bisa (Marks, 1976), los
ache (HUI y Hawkes, 1983), los algonquinos de Mistassini (Tanner, 1979. Winterhalder. 1991), los koyukon
(Nelson, 1983), los kutehin (Nelson. 1973), los ten'a (Sullivan, 1942), los nunamiut (Gubser, 1965; Binford, 1978),
los nativos de Grote Eylandt (Levitt. 1981), los gidjingali (Mechan, 1982), los ttwi (Goodale, 1971) y los indios
de Canad (Jennes, 1977). <<

[48] Spelke (1991), Spelke et al (1992). Vase tambin Pinker (1994, pp. 423-424). <<
[49] Atran (1990, p. 57). <<

Kennedy (1992) dice que la gente tiende al antropomorfismo compulsivo. La idea de que los animales
[50]

son conscientes y tienen intenciones parece creado en nosotros por la naturaleza. No analiza lo que parece ser una
parecida compulsin infantil a atribuir una mente a los objetos fsicos inertes. <<

Greenfield (1991). Vase tambin Lock (1993). Pero existe considerable desacuerdo sobre el tema, y los
[51]

sistemas de conocimiento intuitivo podran estar presentes en la mente desde el nacimiento. <<

[52]Karmiloff-Smith (1992). En Karmiloff-Smith (1994) se encuentra un resumen de su libro y un debate


crtico de sus ideas. <<

[53] Karmiloff-Smith (1994. p. 695). <<

[54]Geary (1995) utiliza el trmino capacidades biolgicas primarias y no conocimientos intuitivos para
referirse a aquellas habilidades firmemente asentadas en el cerebro como una consecuencia de la historia de nuestra
evolucin. Dice que el detonante inicial del desarrollo del conocimiento matemtico es una capacidad panhumana
para contar. Esto suministra un conjunto de principios troncales que orientan el comportamiento contable antes
de que el nio haya adquirido el uso de las palabras para expresar nmeros. <<

Karmiloff-Smith (1944, pp. 701 y 706). Es importante retener que el modelo de Karmiloff-Smith de
[55]

desarrollo mental no es un simple modelo por fases. Cree que hay dos procesos paralelos distintos pero
simultneos: uno de modularizacin progresiva, y otro de progresiva explicitacin de las representaciones del
conocimiento (1994, p. 733). <<

[56]Carey y Spelke (1994, p. 184), Las semejanzas y diferencias concretas entre las ideas de Carey y Spelke
y las de Karmiloff-Smith an estn por explorar. Las primeras realizan interesantes comparaciones entre el cambio
conceptual en la historia de la ciencia y en el desarrollo infantil, y sugieren semejanzas entre el tipo de mapas
transversales a las distintas reas de conocimiento que construyen los nios y aquellos que construyen los
cientficos. <<

[57] Boden (1990). En Boden (1994) se encuentra un resumen y un anlisis crtico de las ideas de Boden. <<

[58] Koestler, citado en Boden (1990). <<

[59] Rozin (1976); Rozin y Sehull (1988). <<

[60] Rozin (1976, p. 262). <<

[61] Sperber (1994). <<

[1] En Hodges y Mithen (1993) se describe la excavacin y la secuencia cronolgica de la Iglesia Sur. <<

[2] Citado en Gould (1977, p. 76). <<

[3] Gould (1977, p. 116). <<

[4] Gibson (editorial, p. 276 en Gibson e Ingold. 1993). <<

[5] Lock (1993). <<

[6] Como dijo en 1993 el psiclogo Daniel Povinelli refirindose a la evolucin de una teora de la mente, la
comparacin de la ontogenia de las capacidades psicolgicas debera permitir a los psiclogos reconstruir el orden
en que evolucionaron los aspectos concretos de la atribucin del estado mental (Povinelli. 1993. p. 506). Ese es
precisamente mi objetivo en este captulo, aunque mi intencin es lograrlo en relacin con la mente en general. <<

[7] Gould (1981. p. 115). <<

[8]Lock (1993) afirma que el uso de informacin ontognica para crear guiones tericos con el fin de
contrastar la evolucin con otros datos es un mtodo adecuado de investigacin. <<

[9]Debo destacar aqu que Karmiloff Smith no divide la modularizacin progresiva de la mente y la
redescripcin representacional en dos procesos consecutivos: dice que tienen lugar simultneamente, en paralelo.
Pero est implcito un lapso de tiempo entre ambos, dado que el conocimiento debe convertirse antes en parle de un
mdulo especializado para verse explcitamente representado y aplicado en las distintas reas. <<

No parece que la seleccin natural hiciera sola todo el trabajo. En el curso de la evolucin operaron
[10]

adems otros procesos, como la deriva gentica y los efectos del fundador, que pudieron desempear tambin un
papel importante en los continuos remiendos. La relativa importancia de la seleccin natural es tema de
profundo debate entre los bilogos de la evolucin. <<

[11] Calvin (1983. 1993) ha analizado la importancia del torno en la evolucin de la mente. <<

* En el original, Apes, monkeys and the mind of the missing link. Por las dificultades de traducir en
castellano apes y monkeys, ya expuestas en la nota de la pgina 14, en este capitulo se ha optado por denominarlos
simios, trmino que incluye ambos grupos (N. de la r.) <<

McGrew (1992) y Falk (1992) presentan ejemplos del uso de analogas entre los chimpancs y los
[1]

primeros antepasados humanos. Byrne (1995. pp. 27-30) explica que es mejor reconstruir el comportamiento y la
cognicin de nuestros antepasados mediante los mtodos cladsticos. <<

[2] La obra de Goodall est contenida en sus dos libros (Goodall, 1986, 1990). <<

[3]Veinte aos despus de que Goodall reconociese por primera vez el manejo de tiles por parte de los
chimpancs. Christophe y Hedwige Boesch han ampliado el repertorio observado en el frica occidental
aadiendo el uso de yunques y de percutores de piedra para partir frutos secos en la regin del Tai (1983. 1984a,
1984b, 1990, 1993). Tambin Bill McGrew y sus colegas han realizado numerosos estudios sobre la tecnologa del
chimpanc, que culminan en su libro titulado Chimpanzee Maurial Culture publicado en 1992. Todas estas
aportaciones, junto con las de otros primatlogos como Sugiyama (1993) y Matsuzawa (1991), constituyen una
importante base de datos sobre el uso de tiles por parte de los chimpancs, una base de datos que, segn McGrew.
tiene considerables implicaciones para la evolucin humana, aunque an no se sabe muy bien cules. <<

[4] McGrew (1992). <<

[5] Boesch y Boesch (1993) explican que slo se requieren siete clases de acciones para fabricar todo el
repertorio de tiles de los chimpancs: 1) arrancar una rama de un arbusto o rbol para que pueda servir de palo; 2)
cortar un palo a una medida adecuada con dientes o manos; 3) quitar la corteza u hojas de un palo con dientes o
manos; 4) afilar el extremo de un palo con los dientes; 5) modificar el largo de un palo (tras su aso inicial) con
dientes o manos; 6) partir una rama o una piedra en dos y golpearla contra una superficie dura que haga las veces
de martillo; 7) partir una rama en dos sujetando un extremo con el pie y doblando el otro extremo, para producir un
percutor. No se ha observado la talla deliberada de piedra. Entre los chimpancs del Tai las primeras cuatro
acciones suelen desarrollarse sucesivamente, mientras que el 83 por 100 de las modificaciones observada implican
las tres primeras. <<
[6] Matsuzawa (1991). <<

[7] Nishida (1987), Boesch y Boesch (1990) y McGrew (1992). <<

[8] Los procesos de aprendizaje social son tema de intenso debate en la literatura reciente sobre primates:
Clayton (1978), Oalef (1988, 1990), Whiten (1989), Visalberghi y Fragaszy (1990), Tomasellofi (1987, 1993),
Tomasello (1990) y Byrne (1995). Adems de la imitacin, el aprendizaje social puede incluir tambin el estmulo
reforzado y la facilitacin de respuestas. El estmulo reforzado es el proceso por el cual el inters del animal por
determinados objetos se refuerza sencillamente mediante la actividad de otro animal El proceso real por el que se
aprende a utilizar objetos como tiles puede basarse en ejercicios de ensayo y error. Otro proceso de aprendizaje
social es la facilitacin de respuestas, por el que la presencia de un congnere desarrollando una accin aumenta la
posibilidad de que otro animal que lo observe haga lo mismo. Una diferencia importante entre este proceso y la
imitacin es que en la imitacin se supone normalmente que la accin debo ser nueva para el animal, mientras que
la facilitacin de respuestas evoca acciones que ya existan en el repertorio del comportamiento del animal.
Muchos primatlogos creen ahora que los monos nunca imitan, y algunos extrapolan esta creencia a los
chimpancs, sobre todo cuando se hallan en libertad Aun cuando la imitacin est presente entre los chimpancs,
parece que su intensidad es inferior a la de los humanos modernos Pero este tipo de aprendizajes sociales son
seguramente los procesos primarios mediante los cuales se transmite el conocimiento tcnico entre las poblaciones
de chimpancs. <<

[9] Por ejemplo. McGrew (1999, pp. 186-187), Byrne (1995. pp. 76-88). <<

[10] Boesch (1991, 1993). <<

* La palabra inglesa forage, foraging, significa proveer de alimentos; recorrer un territorio con el propsito
de obtener vveres; deambular en busca de provisiones y de forraje; realizar una bsqueda itinerante, sin rumbo
fijo; hurgar, rebuscar, revolver; llevar forraje al ganado (esta ltima acepcin debe descartarse dado que hay
actividad foraging tambin en pocas en que no hay domesticacin de animales). Aqu traducimos foragers
bsicamente por proveedores, y algunas veces por buscadores de alimentos o vveres, (N de la t.) <<

[11] Wrangham (1977). <<

[12] Menzel (1973,1978). <<

[13] Boesch y Boesch (1984a). <<

[14]Katherine Milton sugiere que los primates que dependen de la fruta afrontan mayores desafos
medioambientales, porque este recurso se presenta de forma sumamente dispersa en el espacio y en el tiempo
(Milton, 1988). Los primates tienen que resolver el problema de recordar el emplazamiento de los rboles frutales,
y consumir la fruta en el momento adecuado durante su ciclo de maduracin. Esto habra creado, dice la autora,
una presin selectiva en favor de una mayor inteligencia y sugiere que existe en efecto una correlacin entre el
tamao del cerebro y la dieta efe los primates. Tambin Kathleen Gibson ha destacado las presiones selectivas que
habra creado la bsqueda y recoleccin omnvoras de carcter extractivo sobre la cognicin (Gibson. 1986,1990).
Se refiere a la prctica de buscar y extraer alimentos de diversos tipos de matrices: frutos secos y huevos de sus
cascaras, hormigas del hormiguero, etc. Estos alimentos, que se encuentran en el interior de materias no
comestibles, suelen ser muy ricos en energa y en protenas. Su mayor disponibilidad coincide con la estacin seca,
cuando otros recursos escasean. Pero su explotacin es difcil, porque requiere o bien adaptaciones anatmicas
especiales, o bien el uso de instrumentos y una inteligencia capaz de concebir una fuente de alimento oculta.

Robin Dunbar ha demostrado que las correlaciones entre el tamao del cerebro y las pautas de bsqueda y
provisin de alimentos podran ser errneas (Dunbar, 1992), mientras McGrew ha descartado la idea de una clara
relacin entre el uso de tiles y el tamao del cerebro (McGrew, 1992). Adems, Cheney y Seyfarth sealan que
cuando observamos a los animales en general, y no slo a los primates, la dieta, el comportamiento proveedor y el
tamao del cerebro varan considerablemente, y no presentan correlaciones claras (Cheney y Scytarth. 1990).
Destacan adems la dificultad para establecer una distincin entre presiones ecolgicas y presiones sociales. Los
primates se sirven de estrategias sociales para relacionarse con la complejidad de su medio. Un suministro de
alimentos irregular y muy disperso se traduce en presiones selectivas a favor de una mayor cooperacin en la
bsqueda y provisin de alimentos, y en una capacidad para detectar a los tramposos en el reparto de la comida y
pura la comunicacin sobre la distribucin de los recursos. El tamao del grupo entre los primates, por ejemplo,
que es la medida que propone Dunbar para estimar la complejidad social, est ntimamente relacionado con el
riesgo de depredadores y la accesibilidad de los alimentos (Dunbar, 1988). <<

Citemos el caso del pajarillo llamado el cascanueces de Clark. Este pequeo animal tiene un cerebro que
[15]

pesa menos de 10 g, pero cada verano esconde ms de 30 000 simientes de cara al invierno. No slo las esconde,
sino que suele encontrar ms de la mitad de los frutos que ha escondido. Estudios de laboratorio han demostrado
que este pajarillo posee una memoria espacial prodigiosa, mucho mayor que la de los humanos (Mackintosh,
1994). <<

[16] Boesch y Boesch (1989). <<

[17]Cheney y Seyfarth (1990) llevaron a cabo una extensa serie de experimentos para estudiar el tipo de
claves de que se sirven los monos verdes para obtener informacin, centrndose en claves que lucran significativas
para los monos. Por ejemplo, una de las especies que ms temen los monos verdes [Cercopithecus ethiops] son los
humanos, y ms concretamente los maasai locales, unos pueblos pastores de ganado vacuno y ovino. Los monos
tienden primero a emitir una voz de alarma de tipo humano y cuando aparecen los maasai huyen. Acaso los
monos son capaces de deducir la proximidad de los maasai a partir de la presencia de las vacas? Cheney y Seyfarth
usaron altavoces ocultos para imitar el mugido de las vacas, y constataron una reaccin positiva. Pese a que las
vacas no suponen amenaza alguna para los monos, estos reaccionaron a los mugidos como si oyeran a los propios
maasai, lo que indica que realizan una asociacin mental entre ambas especies. Los monos reaccionaron de la
misma forma ante el ruido de cencerros, otro sonido asociado a la proximidad de los maasai. Por consiguiente,
parece que los monos son capaces de utilizar este tipo de claves auditivas secundarias y asociaciones mentales para
inferir un peligro inminente.

En cambio, cuando las claves secundarias son de tipo visual y no auditivo, los monos parecen mucho menos
inteligentes. Por ejemplo, no reaccionan ante las evidentes polvaredas que crean los maasai y sus ganados, y slo
huyen cuando asoman las vacas y las personas. Mediante una serie de experimentos, se analiz esta dificultad de
los monos para descifrar claves de tipo visual. Se coloc una gacela muerta en lo alto de un rbol imitando una
vctima de leopardo. Los leopardos son uno de los depredadores de los monos y no suelen alejarse demasiado de
sus recientes vctimas. La gacela muerta permaneci en el rbol toda la noche para que fuera fcilmente visible por
la maana. Pero los monos la ignoraron y realizaron normalmente sus actividades como si el animal no estuviera.

Los monos tampoco parecen entender las implicaciones de las huellas que deja una serpiente pitn. Las
pitones son otro de los grandes depredadores de monos y dejan tras de s un rastro muy claro en la arena. Cheney y
Seyfarth observaron que cuando los monos se acercan a ese rastro no muestran actitudes de mayor vigilancia ni
cambio alguno de comportamiento Y lo que es peor, constataron que los monos siguen esos rastros hasta las zonas
arbustivas y se asustan cuando topan con una pitn! <<

[18]Seguramente los humanos son los nicos primates capaces de leer claves visuales alejadas de su
referente, como por ejemplo huellas de pies o pezuas (Davidson y Noble, 1989; Hewes, 1986, 1989). <<

[19] Byme y Whiten (1988). <<

[20] Byrne y Whiten (1988, editorial p. 4). <<


[21] de Waal (1982). <<

Byrne y Whiten (1991. 1992), Byrne (1995, pp. 124-140), Heyes (1993) lleva a cabo una revisin crtica
[22]

de diversos estudios, sobre lodo de cuantos se basan en datos de tipo anecdtico, como Byrne y Whiten, que
pretenden demostrar una teora de la mente en primates no humanos. <<

[23] Premack y Woodruft (1978), Premack (1988). <<

Humphrey resume sus ideas en dos cortos volmenes de fcil lectura (Humphrey, 1984, 1993, publicado
[24]

originalmente en 1986). En su libro ms reciente (Humphrey, 1992) considera la consciencia como una sensacin
en bruto, y no como lo que denomina una facultad mental de segundo orden, como son los pensamientos sobre
sentimientos y los pensamientos sobre pensamientos, Pero es este tipo de consciencia la que ms me interesa
desde el punto de vista de la evolucin de la mente humana. <<

[25] Gardner et al (1989). <<

[26] Premack y Premack (1972). <<

[27] Savage-Rumbaugh y Rumbaugh (1993). <<

[28] Terrace (1979), Terrace et al (1979). <<

Greenfield y Savage Rumbaugh (1990), Savage-Rumbaugh y Rumbaugh (1993), Sue Savage-Rumbaugh


[29]

dice que el pequeo tamao y otros rasgos morfolgicos del bonobo hacen de l un modelo del antepasado comn
pngido/homnido mejor que el chimpanc comn. Kanzi naci en cautividad en 1980. Matala, nacida en la selva,
nunca fue buena alumna en materia de lenguaje, aunque sus habilidades sociales eran excelentes. <<

[30] Pinker (1994, p. 151). <<

[31] Marler (1970). <<

[32]El crtex cerebral es la capa externa de los hemisferios cerebrales conocida como la materia gris:
contiene clulas nerviosas y sus interconexiones, que se prolongan en una serie de pliegues y conductos. Por el
contrario, las voces de los primates estn controladas por procesos neurales que dependen del sistema central del
cerebro (la parte del cerebro que conecta los hemisferios cerebrales a la mdula espinal) y por los sistemas lmbicos
(los cordones y centros nerviosos ubicados en el lbulo temporal de los hemisferios cerebrales) (Marler, 1970). <<

[33]Alex es un papagayo gris africano con capacidades cognitivas que parecen anlogas (aunque no
homlogas) a las de los primates y humanos. Alex ha sido un buen ejemplar para explorar semejanzas cognitivas
entre especies, ya que ha aprendido a hablar, de modo que uno de los principales obstculos a la exploracin de las
mentes primates queda parcialmente superado. Pepperberg (1990) presenta un resumen de sus estudios de Alex y
sus implicaciones. <<

[34] Boesch y Boesch (1983). <<

[35] Boesch y Boesch (1989). <<

[36]Este episodio del uso de tiles por parte de Kate se describe en Brewer y McGrew (1990). Primero
utiliz un cincel grueso y luego uno ms fino para hacer un pequeo corte en el panal. Luego se sirvi de un palo
en punta muy afilado para perforar las paredes del panal, y finalmente utiliz un palo ms largo y flexible para
llegar hasta la miel. En general, se dira que Kate ha utilizado secuencialmente un conjunto de tiles, cada uno de
ellos destinados a una tarea concreta. McGrew cree que pueden describirse como utillaje. <<
[37] Boesch (1991, 1993). <<

Los simios no antropomorfos parecen incapaces de reconocerse en un espejo, pero en cambio pueden
[38]

aprender a utilizar espejos para ver, por ejemplo, si hay otro mono a la vuelta de la esquina (Burne, 1995). <<

[39] Byrne y Whiten (1992). <<

[40] Boesch y Boesch (1989). <<

[41] Cheney y Seyfarth (1988, 1990). <<

[42] Boesch y Boesch (1989, p. 569), <<

[43] Byrne (1995). <<

[1]Al abordar la tecnologa olduvayense, es mejor usar el trmino artefacto que til. Cuando los
arquelogos descubren esas lascas y ncleos olduvayenses, no saben a ciencia cierta si se trata de piezas de
desecho de la manufactura (como las hojas de una rama arrancadas para obtener un palo termitero) o de piezas que
se guardan para realizar tal o cual tarea. Ni siquiera se sabe si los propios actores tenan una idea clara de esta
divisin entre desecho y til. As que los arquelogos, criaturas cautas por definicin, utilizan un trmino
neutro, artefacto. Potts (1988, cuadro 8.6) ofrece datos sobre la frecuencia de las materias primas utilizadas, segn
peso y cantidad de artefactos relativos a cuatro yacimientos del lecho 1 de Olduvai: DK, FLKNN 3. FLK Zinj y
FLK Norte. En FLK Zinj, el 90,2 por 100 de los artefactos son de cuarcita, aunque siendo como son pequeos,
constituyen slo el 27,6 por 100 del peso total del conjunto. En cambio, los artefactos hechos de basalto vesicular
representan el 4,7 por 100 de la cantidad total de artefactos, pero suponen el 44,7 por 100 del peso total. DK es
relevante porque presenta una frecuencia relativamente alta de nefelinita (una clase de lava) en cuanto a cantidad
(22,7 por 100) y peso (12,6 por 100). El cuarzo, el gneis y el feldespato nunca superan el 0,2 por 100 del conjunto,
ya sea en cantidad o en peso, excepto en FLK Norte-6, donde el 1,6 por 100 de los artefactos son de cuarzo. <<

[2] Wynn y McGrew (1989). <<

En Koobi Fora se han encontrado indicios de pulimentado de madera en artefactos de unos 1,5 millones
[3]

de aos (Keeley y Toth, 1981). Las posibles funciones de los artefactos olduvayenses se analizan en Schick y Toth
(1993, pp. 150-186). <<

[4] Schick y Toth (1993, pp. 118-122) resumen las tcnicas de produccin de los tiles lticos de Olduvai. <<

[5]Toth et al (1993). El formato bsico del experimento consista en colocar un objeto deseado en una caja
con una tapa transparente que slo poda abrirse cortando un cordel. A Kanzi se le ense a producir lascas de un
ndulo de piedra y a utilizarlas para cortar. Al principio slo le dieron lascas para cortar el cordel, pero luego le
entregaron ndulos para que produjera por s solo las lascas. En todos estos experimentos, Kanzi utiliz dos
tcnicas bsicas para obtener lascas: una fuerte percusin a base de lanzar una piedra contra otra, y estrellar piedras
contra el suelo para que se partieran en pedazos. En ambos casos se pudo apreciar una cierta mejora, pero ninguno
de los artefactos resultantes consigui parecerse a los de Olduvai. Toth y Schick (1993, p. 351) dicen que la tesis
de que los chimpancs no son capaces de moldear piedras al estilo olduvayense debido a una falta de habilidades
motoras es poco plausible, puesto que han demostrado tener habilidad suficiente para atar cordones de zapatos y
desabrochar camisas. Westergaard (1995) describe la destreza de los monos capuchinos para tallar lascas de piedra.
Son muy similares a las que produce Kanzi y significativamente diferentes de las producidas por los homnidos de
Olduvai. <<

Lokalalei (GaJh 5), excavado en 1991, tiene una edad ligeramente inferior a los 2,36 0,04 millones de
[6]

aos. Los artefactos estn muy bien conservados y hechos de una lava de granulacin media que tiene una buena
fractura concoidal. Los artefactos, el contexto geolgico del yacimiento y el conjunto faunstico se describen en
Kibunjia (1994). <<

Toth (1985) realiz miles de experimentos con rplicas para explorarlo. Demuestra que en la regin de
[7]

Koobi Fora la variedad de formas lticas en el espacio se explica por la variedad de caractersticas y accesibilidad
de las materias primas. Vase asimismo Potts (1988, pp. 235-237). <<

[8]Puede verse en Sterkfontein, donde se constata la introduccin, con el achelense, de nuevos tipos de
materia prima en una secuencia estratificada de conjuntos (Kuman, 1994). <<

[9]La evidencia directa del uso de tiles lticos para procesar animales muertos procede de los cortes
observados en los huesos de los animales (Bunn, 1981; Potts y Shipman, 1981) y de las pautas de desgaste
observables en determinados tiles lticos (Keeley y Toth, 1981). La evidencia indirecta se basa en la asociacin
regular que se observa en trabajos experimentales entre artefactos lticos y huesos animales en los yacimientos
arqueolgicos, y tambin en la eficacia de los artefactos lticos para descarnar cadveres animales (Schick y Toth,
1993). <<

[10]El yacimiento HAS se encuentra en sedimentos de 1.6 millones de aos de antigedad, en la regin de
Koobi Fora. Entre los huesos de hipoptamo se encontraron 119 piedras descantilladas y un canto rodado que haba
sido utilizado a modo de percutor (Isaac, 1978). <<

Potts (1988) resume la arqueologa de FLK 22, junto con los dems yacimientos del lecho 1 de la
[11]

garganta de Olduvai. <<

Isaac fue uno de los paleolitistas ms relevantes del siglo XX, sobre todo por su contribucin al
[12]

descubrimiento y excavacin de nuevos yacimientos, sus mtodos analticos y sus teoras. Muri trgicamente en
1983 en la cumbre de su carrera como profesor de Harvard. Su contribucin a la disciplina se encuentra en sus
obras completas, editadas por su esposa (B. Isaac. 1989). <<

El modelo de campamento base ya aparece claramente en su texto de 1978 publicado en Scientific


[13]

American y titulado The food sharing behaviour of proto-human hominids. Potts (1988) hace un excelente
resumen y crtica del modelo. <<

[14] Binford (1981). <<

[15]El debate sobre la frecuencia de la caza, del carroeo primario (es decir, recuperacin de carne de un
animal recin muerto que proporciona una cantidad crnica equivalente a la de un animal cazado) y del carroeo
marginal en parte ha surgido, y en parte se ha visto estimulado, a raz del considerable avance de los mtodos que
utilizan los arquelogos para interprelar sus materiales, sobre todo los huesos animales. Estos mtodos incluyen el
anlisis microscpico de improntas de dientes e incisiones en los huesos, el anlisis de las partes del cuerpo
representadas e inferencias acerca del tiempo de exposicin del hueso a la intemperie. Todos estos avances se
inscriban en diversos programas de estudios etnoarqueolgicos y analsticos de los procesos implicados en la
formacin de yacimientos. Pero estos debates acabaron como el rosario de la aurora debido a la incapacidad de los
participantes para ni tan slo ponerse de acuerdo sobre el contenido del registro arqueolgico, y ya no digamos su
interpreta don. Uno de los temas era las implicaciones de las seales de cortes en los tiles lticos y sus elaciones
temporales con las improntas dentales de carnvoros, su frecuencia y el tipo de matanza practicada. La
representacin de las partes del cuerpo tambin fue objeto de intenso debate, dado que poda constituir un medio
para diferenciar el carroeo marginal de la caza. Slo esta ltima explicara la presencia en un yacimiento de los
huesos ms grandes y carnosos, si bien es cierto que el caoneo primario, esto es, el acceso de un homnido a un
animal recin muerto, podra dejar un rastro seo muy parecido. Los principales textos de este debate son Binford
(1984b, 1985. 1986. 1988), Binford et al (1988). Bunn (1981, 1983a. 1983b, 1994), Bunn y Kroll (1986), Isaac
(1983a. 1983b). Kroll (1994). Kroll e Isaac (1984). Olivcr (1994), Potts y Shipman (l981)y Shipman (1983. 1986).
<<

[16] En Binford (1984a) se describe con detalle. <<

[17]La hiptesis del escondrijo de piedras se encuentra en Potts (1988). La minimizacin del tiempo
invertido en buscar lascas afiladas para descuartizar el cadver del animal habra sido esencial dado el alto nivel de
riesgo de depredadores al acecho que habran afrontado los homnidos. (Vase la nota 25). <<

Se bas sobre todo en estudios actualsticos para identificar el nicho de carroeo ms factible entre tos
[18]

primeros homnidas (Blumenschine, 1986, 1987: Blumenschine et al, 1994). <<

[19]Stern (1993. 1994) ha subrayado las dificultades de la arqueologa del paisaje en el frica oriental. La
autora describe la relacin inversa que existe entre el rea de muestreo de un antiguo paisaje, la cantidad de datos
arqueolgicos disponibles para el estudio y la cantidad de tiempo representado por esos materiales y los sedimentos
que los cobijan (1994, p. 89). A ttulo de ejemplo cita los yacimientos arqueolgicos del bajo Okote, integrante de
Koobi Fora, cuyas resoluciones temporales ms precisas lo fechan hace 65 5 millones de aos. Por consiguiente,
slo ignorando esta dimensin temporal que arrojan los datos es posible realizar observaciones a escala etnogrfica
de las interacciones entre los individuos y sus respectivos medios. <<

Potts (1988, p. 308). Potts (1994) y Bhimenschine et al (1994) mencionan la ms que probable
[20]

diversidad de los estilos de vida homnidos. Los ltimos sugieren que la variabilidad de la ecologa homnida se
habra debido a una variabilidad en la competencia de los carnvoros por los tejidos animales. <<

[21]Una dificultad importante a la hora de interpretar este material es que la explotacin de animales muertos
es prcticamente la nica evidencia que tenemos sobre la subsistencia homnida. Sabemos muy poco de la
importancia relativa de la carne en la dieta homnida en relacin con los alimentos de origen vegetal. La
investigacin sobre la probable contribucin de las materias vegetales a la dieta homnida se realiza mediante
estudios actualsticos en medios africanos modernos que valoran la disponibilidad de alimentos vegetales posibles
y los costos y beneficios de su explotacin (Halley y Kappelman. 1980; Sept, 1994). <<

Aiello y Wheeler (1995) han descubierto una correlacin entre el tamao de los intestinos y el tamao
[22]

del cerebro entre los primates en general. Algunos rganos, como el corazn y el hgado, no pueden reducir su
tamao para compensar las necesidades metablicas, ya que estn acotados fisiolgicamente. El cerebro
relativamente grande de los australopitecinos, comparado con el de los primates no humanos, sugiere que
consuman una gana de alimentos vegetales de alta calidad, como tubrculos. <<

Vase Blumenschine (1986). Lake (1995) lo ha explorado mediante una sofisticada simulacin por
[23]

ordenador. <<

[24]Varios arquelogos han destacado la importancia del transporte de piedras. Su identificacin en Olduvai
fue posible gracias a los estudios geolgicos de Hay (1976), que localiz las fuentes de materia prima. Para Isaac
(1978), el transporte de piedras era una razn ms en favor de su hiptesis del campamento base. Binford (1989)
sugiri que lo que se transportaban eran sobre todo los ncleos, puesto que no suelen encontrarse junto a los restos
de talla. Toth (1985) ha ideado una metodologa para inferir el transporte de artefactos basada en rplicas de
conjuntos y en las frecuencias de varios artefactos tipo en conjuntos completos, como en el caso de FxJj50. La
pequea escala espacial de este tipo de transporte se observa en los yacimientos FxJj y FeJj, en el Turkana oriental.
Ambos se ocuparon hace unos 1,8 millones de aos y distan uno de otro solamente unos 25 km. Los restos lticos
de ambos yacimientos estn hechos con la materia prima localmente disponible, la lava en el caso de FxJj y el
cuarzo en el caso de FeJj (Rogers et al, 1994, p. 151). <<

Richard Potts sugiri que uta de las finalidades del transporte de ndulos y tiles de piedra era la
[25]

creacin de escondrijos. Estos escondrijos habran posibilitado un acceso rpido a tiles lticos/materias primas
necesarios para explotar un animal muerto en el momento propicio. Hacer un uso eficaz del tiempo pudo ser
esencial para sobrevivir en un medio repleto de depredadores. Esta sigue siendo una de las explicaciones ms
plausibles de las acumulaciones de artefactos, sobre todo de manuports (ndulos sin modificar) y de restos
faunsticos como puntos especiales del paisaje. Pero no se sabe si los homnidos crearon deliberadamente tales
escondrijos, o si simplemente utilizaron estructuras ya existentes no deliberadas creadas en el transcurso de
sesiones de matanza y descuartizamiento anteriores. Si es cierto que se crearon deliberadamente, entonces
constituira una evidencia ms de la capacidad de prediccin y de planificacin de una futura distribucin de
recursos. Potts (1988) describi con detalle la hiptesis del escondrijo de piedras, demostrando mediante simples
modelos informticos el beneficio funcional que supona la creacin de tales escondrijos. (Vase la nota 17). <<

[26]Contamos con dos ejemplos de posible evidencia en favor de una salida de frica protagonizada por un
homnido anterior a H. erectus. Primero, los artefactos de Riwat, en Pakistn, de hace 2 millones de aos (Oennell
et al, 1988a, 1988b). Sospecho que son artefactos naturales, aunque Dennell sostiene que fueron producidos por
Homo primitivos. Segundo, los fragmentos dentales de homnidos de la cueva de Longgupo, en China (Wanpo et
al. 1995), fechados hace 1,9 millones de aos y posiblemente pertenecientes al primer H. erectus. Pero parecen
presentar ciertos rasgos primitivos, y existe la posibilidad de que sean de H. ergatter (una especie que incluyo en la
categora general de H. habilis y que seguramente es un antepasado directo de H. erectus). Si as fuera, significara
que H. ergaster pudo salir de frica y que H. erectus evolucion dentro de Asia para luego regresar a Europa y
frica. Pero no hay acuerdo sobre la identificacin taxonmica de estos restos homnidos: y hay quien duda
incluso de que sean homnidos. Las distintas interpretaciones se presentan en Wood y Turner (1995) y en Culona
(1995). <<

[27]Jack Harris y sus colegas (Kogers. Harris y Feibel, 1994) han intentado comparar sistemticamente el
uso del suelo antes y despus de hace 1.6 millones de aos en la regin del Turkana oriental. Compararon la
distribucin de asentamientos en tres sucesivos intervalos temporales, de hace 23, 1,9-1,8 y 1,7-1,5 millones de
aos, y atribuyen la localizacin ms dispar de yacimientos arqueolgicos del tercer periodo al comportamiento
tambin ms abierto y diversificado de H. erectus. Y concluan que slo a partir de esa fecha se utilizaron espacios
medioambientales ms diversos y las actividades se independizaron por primera vez de los elementos del paisaje,
es decir, de las fuentes de materias primas y de la sombra de los rboles. En el periodo anterior a los 1.6 millones
de aos, los yacimientos aqueolgicos estaban atados a lugares con recursos permanentes de agua, cuyas
graveras suministraban cantos rodados. Con posterioridad a esa fecha, los yacimientos se emplazaron en terrenos
de aluvin, a cierta distancia de los cursos permanentes de agua y de las materias primas. Los primeros homnidos
aparecen ms limitados que los primeros humanos en materia de distribucin de recursos naturales. Richard Potts
(1994) llega a una conclusin parecida cuando compara la arqueologa del lecho I de Olduvai (1.8-1.78 millones de
aos) y la del miembro I de Olorgesailie de 0,9 millones de aos. <<

Vase Leakey (1971) y Polts (1988, 1994). Por ejemplo, la principal ocupacin de MNK en el lecho II de
[28]

Olduvai presenta seis grandes estratos arqueolgicos en 1,5 metros de sedimento. Binford (1987a) sostena que, por
Jo que se refiere al comportamiento prehistrico, los yacimientos de este tipo no difieren en realidad de la densa
concentracin de artefactos y fragmentos seos descubiertos en niveles verticales aleatorios, como en FLK Zinj.
Las diferencias reflejan simplemente el distinto ritmo de acumulacin de sedimentos, que explicara que uno
acabara como un palimpsesto y el otro en forma de distribucin artefactual verticalmente difusa. Incluso cuando no
contamos con esta gran profusin de yacimientos con grandes estratos sedimentarios, la evidencia que suministra la
exposicin de huesos a la intemperie indica que los conjuntos del suelo de habitacin se acumularon a lo largo
de varios aos (Polts. 1986; Behrensmeyer. 1978). <<

[29]Este fue el rasgo bsico de los conjuntos faunsticos que llevaron a Isaac a desarrollar su hiptesis del
campamento base, ya que implica el transporte de partes del cuerpo animal entre dos o ms micromedios. Plummer
y Bishop (1994) han sugerido que la variabilidad morfolgica de los metapodiales de los bvidos del lecho 1 de
Olduvai indica que los homnidos de Olduvai utilizaron toda una gama de hbitats, abiertos y cerrados, y acaso la
gama completa en las mrgenes lacustres. Blumenschine (1986,1987) sugiri que los bosques de las mrgenes
fluviales constituan la regin ptima para el carroeo. Sikes (1994) utiliza la composicin isotpica estable de los
paleosoles procedentes de yacimientos de homnidos primitivos para estimar la proporcin original de praderas
(Cd) y bosques (Ct), y demuestra que el dominio de estos ltimos es claro. Y llega a la conclusin de que los
homnidos del Pliopleistoceno del frica oriental habran optado preferentemente por hbitats relativamente
cerrados y boscosos en busca de sombra, alimentos y refugio contra posibles depredadores. Cerling (1992) ha
sugerido, de forma algo ms general, que los hbitats abiertos, las grandes praderas con 90 por 100 C4 de biomasa,
no se consolidaron en el frica oriental hasta hace aproximadamente un milln de aos. Pero la diversidad de
especies animales indica que el primer Homo se abasteci de provisiones y alimentos en toda una variedad de
medios, incluidos los hbitats abiertos de la sabana. <<

Verificar una relacin entre el tamao del cerebro y la complejidad social no es nada fcil. La dificultad
[30]

radica en que el tamao del cerebro es en s mismo muy difcil de medir a base de comparaciones entre especies
que tengan un mnimo sentido (vase, por ejemplo, Jerison, 1973; Clutton-Brock y Harvey, 1980; Deacon, 1990;
Dunbar, 1992). Si bien es cierto que los animales ms voluminosos poseen cerebros mayores para responder a las
mayores exigencias sensoriales y motrices, el tamao del cerebro no aumenta de forma lineal en funcin del
tamao del cuerpo. Tambin hay que tener en cuenta las diferencias dietticas. Un primate que basa su
alimentacin en la ingestin de hojas necesita un intestino mayor y, por lo tanto, un mayor tamao corporal,
aunque no requiere una expansin de la capacidad cerebral. En cambio, los primates que se alimentan de frutas
tienden a tener un cuerpo ms pequeo puesto que requieren un intestino ms corto. Estas complejidades han
conducido a diferentes medidas de tamao cerebral utilizadas en estudios comparativos, basadas en medidas de
escala alomtrica que tienen en cuenta los efectos del tamao corporal y producen correlaciones lineales entre la
capacidad cerebral y el tamao del cuerpo. Cuando se produce este tipo de correlaciones en primates o en
mamferos en general, se pueden analizar los residuos de la lnea de regresin de cada especie. Grandes residuos
positivos detectan especies que poseen un cerebro relativamente mayor de lo que cabra esperar en un animal de
ese tamao. En el caso de los primates, los lmures (strepsirhinos) poseen el tamao cerebral esperado en razn del
tamao de su cuerpo, mientras que los simios presentan casi el doble de capacidad cerebral de Lo que cabra
esperar en funcin de su tamao. En este sentido, el tamao cerebral de los humanos es muy superior al que le
correspondera por tamao corporal.

De todas las formas de medir el tamao del cerebro que se han utilizado, la ms contundente frente a los
debates crticos que han suscitado estos temas es la relacin entre el volumen del neocrtex y el resto del cerebro.
Robn Dunbar analiz la correlacin entre el volumen del neocrtex y determinados factores relacionados con el
comportamiento proveedor y con la movilidad de los primates no humanos, como por ejemplo, el radio de accin,
la longitud de un recorrido diario y la cantidad de fruta en la dieta (Dunbar, 1992). Una correlacin entre estos
componentes habra significado que la presin selectiva en favor de una expansin del cerebro (que se utiliza como
una medida aproximativa de la inteligencia) se debi a la complejidad del medio. Pero no se confirm correlacin
alguna. En cambio, el volumen del neocortex s que se correlacionaba con el tamao medio del grupo entro los
primates. El tamao del grupo podra reflejar la complejidad social, ya que refleja la cantidad de animales que un
individuo necesita controlar y tener en cuenta a la hora de tomar decisiones. Se trata, pues, de un test explcito de la
hiptesis maquiavlica, con resultado positivo. <<

[31]Como medida de la complejidad modal, Byrne utiliz la amplitud del engao tctico. Basndose en los
informes de engaos tcticos referidos a toda una gama de especies primates, tambin encontr una fuerte
correlacin positiva entre la frecuencia y el volumen del neocrtex. Lo cual confirma la tesis de que la presin
selectiva en favor de un aumento del tamao del cerebro en el curso de la evolucin homnida vino del medio
social (Byrne, 1993: vanse animismo Byrne y Whiten, 1985, 1991, 1992). <<

Otros estudios sobre el tamao del grupo son los de Clutton-Brock y Harvey (1977), Van Schaik (1983),
[32]

Foley (1987). Wrangham (1987), Dunbar (1988), Chapman (1990) e labell er al. (1991). Se han realizado muy
pocos tests explcitos sobro la influencia relativa del riesgo de depredadores y de la distribucin y accesibilidad de
los recursos sobre el tamao del grupo, debido a los problemas inherentes a la medicin de estas variables
(Wrangham. 1987). Lo ms probable es que el tamao grupal dependa de una serie de factores ecolgicos,
evolutivos e histricos (Wrangham, 1987; Dunbar, 1988). Adems, la idea de que el tamao del grupo es una
variable social til es muy cuestionable. La investigacin seria ms provechosa si se analizaran determinados tipos
de grupo, como por ejemplo, los grupos reproductivos, teniendo en cuenta adems las distintas estrategias sociales
utilizadas por cada sexo (Cheney et al, 1987). Pero debido a la resolucin del registro arqueolgico, los
prehistoriadores parecen obligados a considerar el tamao del grupo como una variable social de textura gruesa.
<<

[33]Por ejemplo, el crneo de Swartkrans llamado SK54 de un australopiteco de corta edad presenta dos
agujeros provocados al parecer por los caninos inferiores de un leopardo (Brain, 1981). Brain sugiere que los
primeros homnidos habran vivido rodeados de una serie de grandes depredadores carnvoros. Tambin se ha
sugerido que el pequeo australopiteco representado por el crneo de Taung pudo ser vctima de un guila que se
lo arrebat a su madre, tal como suelen hacerlo actualmente con los monos (New Scientist, 9 de septiembre de
1995, p. 7). <<

[34] Jones et al (1992). <<

[35] Lake (1995). <<

[36] Dennett (1988). <<

[37] Dennett (1988, pp. 185-186). <<

[38] Dibble (1989) analiza los intentos de deducir capacidades lingsticas a partir de tiles lticos. <<

La importancia del rea de Broca y del rea de Wernicke para el lenguaje constituye el tema central de
[39]

varias publicaciones recientes que tratan de la evolucin del cerebro y del lenguaje (vase, por ejemplo, Corballis,
1991, 1992; Donald, 1991; Falk, 1983, 1990, 1992; Pinker, 1994), pero existe an cierta confusin sobre sus
funciones. Tras una larga descripcin del posible papel de ambas reas en el lenguaje. Steven Pinker conclua hace
poco que para ser sincero, nadie sabe realmente para qu sirve el rea de Broca ni la de Wernicke (1994. p. 311).
<<

[40]Se llaman moldes endocraneanos. Algunos se crean de forma natural a medida que las cavidades del
crneo se llenan de sedimentos de grano fino que se petrifican a medida que el cerebro se descompone, dejando un
negativo de las improntas de la parte interna del cerebro. Otros se crean artificialmente mediante un molde de
ltex. <<

[41] Tobias (1987. p. 741), Falk (1983). <<

[42]El trabajo de Deacon (1992) intenta comprender cmo se produjo el paso de la comunicacin vocal de
los antropomorfos al lenguaje de los humanos modernos cuando ambos parecen estar producidos por partes
distintas del cerebro. Las voces inarticuladas de los primates tienen su origen en las reas subcorticales, mientras
que el lenguaje humano depende de la actividad del neocrtex (vase el captulo 5, nota 32). Deacon dice que el
lenguaje no requiere circuitos enteramente nuevos, sino que puede explicarse por determinados cambios en las
proporciones relativas de ciertos circuitos en distintas partes del cerebro a medida que estas aumentan de tamao
durante el proceso de encefalizacin. <<

[43] Aiello y Dunbar (1993), Dunbar (1991. 1992, 1993). <<

* La palabra inglesa groom o grooming tiene un significado mltiple, pero aqu se refiere bsicamente a esa
actitud tan tpica entre los primates de escudrian, asearse, despiojarse y acicalarse unos a otros. Dado que el
castellano no tiene una palabra precisa para ello, hemos optado por traducirla indistintamente por espulgo, aseo
mutuo, acicalado, etc. (N, de la t.) <<

[44] Aiello (1996a). <<


[1] Charles Caleb Collon, Lacon (1820), vol. I, n. 408. <<

[2]Gowlett (1984). En Boxgrove se han excavado los desechos de Talla de hachas de mano ovaladas en
contextos inalterados y se han vuelto a ensamblar reconstruyendo paso a paso todas y cada una de las percusiones
de la secuencia de la talla. Las lascas de acabado de los tiles, delgadas y planas, indican que los talladores
utilizaron al menos dos clases diferentes de percutores, unos duros de piedra y otros blandos de hueso. Los de
hueso se descubrieron en Boxgrove hace poco con lascas diminutas de slex todava incrustadas en los bordes
(Bergman y Roberto, 1988; Koberts. 1994). <<

[3]Pelegrin (1993). Muchos animales no humanos, sobre todo los insectos sociales, son capaces de crear
artefactos de considerable complejidad y simetra obedeciendo de forma mecnica a unas reglas: el caso ms
emblemtico es el panal de las abejas. Se ha llegado a comparar este tipo de artefactos con el hacha de mano,
sugiriendo que los humanos primitivos no fueron, despus de todo, tan inteligentes Pero esta comparacin es falaz
porque la talla de tiles no es un proceso de construccin sino de reduccin, que requiere modificar constantemente
los propios planes debido a la impredecibilidad de las fracturas. <<

[4] Hay muchos conjuntos de hachas de mano que contienen tiles muy similares, Uno de los ms
impresionantes en este sentido es el de Wolvereote Channel, cerca de Oxford (Tyldes ley, 1986). Todos ellos
exhiben una simetra casi perfecta, lograda en parte mediante Ja extraccin de pequeas lascas de acabado que, al
menos por lo que parece, tienen poco o nulo valor funcional. Muchos de estos tiles son rplicas casi exactas unos
de otros, en tamao y forma. <<

[5]Nuestra comprensin del mtodo levallois ha avanzado considerablemente en los ltimos aos gracias a
los mltiples reensamblajes de los desechos tpicos de la talla levallois, y gracias asimismo a experimentos con
rplicas (p. ej., Boda, 1988. 1990; Roebroeks, 1988). Inizan et al (1992) sugieren que podra constituir el mtodo
de percusin tcnicamente ms difcil. <<

[6] Hayden (1993. p. 118). <<

Se define una punta levallois como un til producido mediante el mtodo levallois y que presenta una
[7]

morfologa simtrica, un extremo distal claramente apuntado y la cicatriz dorsal en forma de Y invertida que se
obtiene mediante tres o mximo cuatro golpes sin direccin precisa (Bar Yosef y Meignen. 1992, p. 175). <<

[8] Schlanger (1996), Maastricht-Belvdre contiene varios conjuntos distintos y separados de desechos de
talla. El ncleo Marjories est constituido por 41 lascas reensambladas de un total de 145 que se cree proceden
del mismo ncleo. Ninguna de las lascas reensambladas presenta indicios de haber sido retocada o utilizada, y
nueve de ellas se han clasificado como lascas levallois. Parece que el ncleo se transport al yacimiento ya
parcialmente tallado, ya que no se han encontrado lascas de la parte exterior del ndulo de slex. <<

[9]La inteligencia tcnica de los humanos primitivos tambin se aprecia en tipos y mtodos de produccin
que no abundan en el Viejo Mundo. Por ejemplo, H. sapiens arcaico del frica subsahariana produjo largos tiles
bifaces, los llamados bifaces lumpebienses que por lo general impresionan por su tamao, simetra y por el hecho
de que algunos ejemplares estn hechos de piedra sumamente dura y difcil de trabajar. Un ejemplar de Mugunik,
al oeste de Kenia, mide 267 mm de largo y slo 35 mm de grosor como mximo. Estos tiles fueron producidos
mediante percusin bifacial con percutores duros y blandos (McBrearty. 1988). Merece la pena mencionar aqu que
en algunos casos, extremadamente raros, los humanos primitivos desarrollaron una tecnologa de hojas muy
parecida a la del Paleoltico Superior, al comienzo del cuarto acto. Roen (1992) describe los conjuntos laminados
de los humanos primitivos, y los llama PPS, Prepaleoltico Superior. Conrad (1990) analiza los conjuntos de hojas
de los neandertales durante el ltimo periodo nterglaciar del noroeste de Europa. Pero en este caso se aprecia una
clara diferencia entre el tipo de hojas producidas en estos conjuntos y las del Paleoltico Superior. Por ejemplo, los
humanos primitivos no fabricaron ncleos de hojas en forma de prisma, sino que desbastaron las hojas golpeando
en diversas direcciones sobre el ncleo.
En la industria de Howieson's Poorl. en frica del Sur. fechada hace 73,000 aos, las hojas fueron retocadas
para formar pequeos tiles oblicuos, llamados microlitos, Parkington (1990) revisa las dataciones de Howieson's
Poort, y basndose en evidencia procedente de numerosos yacimientos de frica del Sur. afirma que varios
conjuntos de Howieson's Poort podran datar de hace slo 40 000 aos, lo cual ha sido confirmado mediante
datacin por resonancia electrnica, que ha arrojado una edad para estos tiles de Howienson's Poort de entre 40
000 y 60 000 aos, y para los de la cueva de Border entre 45 000 y 75 000 aos. El problema es que la industria de
Howieson's Poort tal vez no fuera un fenmeno unitario, pudiendo aparecer en distintos momentos y en distintos
yacimientos hace entre 100 000 y 40 000 aos. Parkington dice que slo en tres yacimientos de frica del Sur
aparecen tiles del tipo Howienson's Poort, debajo de los conjuntos de lascas y hojas de la Edad de la Piedra
Media. En el estrato superior de otros yacimientos se hallaron conjuntos de transicin a la Edad de la Piedra
Tarda, con cantidades crecientes de ncleos de laminillas. Excepcin hecha de esta industria que en realidad
podra pertenecer al cuarto acto, los microlitos slo aparecen en conjuntos de humanos modernos, hacia el final
de la ltima glaciacin, miles de aos despus del comienzo del cuarto acto. <<

[10] Kuman (1994). Vase asimismo Clarke (1988). <<

Por ejemplo, durante la Edad de la Piedra Media en frica se trabajaron diversos materiales sumamente
[11]

duros, en claro contraste con perodos anteriores (Clark. 1982). <<

[12] Goren-Inbar (1992). Belfer Cohn y Goren-lnbar (1994) y Villa (1983). <<

Los huesos de la mano de los neandertales implican una precisin algo menor en la manipulacin entre el
[13]

pulgar y los otros dedos que en los humanos modernos (Jones et al. 1992), Dennell (1983. pp. 81-83) sugiere que
los humanos primitivos carecan de capacidades motrices para trabajar el hueso, el asta y el marfil. Esta afirmacin
es dudosa, dado que slo este tipo de capacidad podra explicar los pocos tiles de madera que aparecen en el
registro arqueolgico y la diversidad de acciones motrices implicadas en tareas como la matanza y el
descuartizamiento de animales y el procesamiento de materias vegetales. <<

[14]Knecht (1993a), a travs de una serie de estudios experimentales, ha demostrado la eficacia de los
proyectiles hechos con materias orgnicas, y Slraus (1990a) compara la adaptabilidad de la materia ltica y de la
materia orgnica para producir proyectiles en el contexto del Paleoltico Superior Reciente. Oakley et al (1977) y
Belitzky et al (1991) describen los tiles de madera de los humanos primitivos. <<

Por desgracia hay relativamente pocos estudios del microdesgaste de los primeros tiles prehistricos, y
[15]

ello se debe en gran parte a que la materia prima es poco propicia a este tipo de estudios. Keeley y Toth (1981)
llevaron a cabo estudios del microdesgaste de las hachas de mano africanas, y demostraron que fueron tiles
plurifuncionales. Estudios de los tiles achelenses y claelunienses de Inglaterra dieron resultados parecidos
(Keeley, 1980). El uso experimental de rplicas de tiles (vase, p. ej., Jones, 1980. 1981) tambin confirma la idea
de que los primeros tiles fueron plurifuncionales y no especializados. Los anlisis de tiles musterienses
realizados por Anderson-Gerfund (1990) y Byrics (1988) arrojan resultados similares. <<

[16]Kuhn (1993) analiza el estrecho margen de variabilidad de las puntas musterienses, mientras que
Peterkin (1993) y Clark et al (1986) demuestran las relaciones entre las armas del Paleoltico Superior y
determinados tipos de especies animales. Straus (1990a, 1993) examina la especializacin un materia de armas
durante el Paleoltico Superior, tema que tratamos en el captulo 9. <<

Shea (198H. 1989; Lieberman y Shea. 1994) han constatado pautas de rotura, restos de microfractura y
[17]

desgaste abrasivo en tiles apuntados. Tambin se han realizado anlisis de desgaste en tiles musterienses de la
Europa occidental, pero sin evidencia clara de que se hubieran utilizado como puntas de flecha (Anderson-
Gerfund. 1990; Byries, 1988). <<

[18] Binford (1989. p. 28). <<


Un estudio demuestra que comparando estadsticamente ms de mil hachas de mano de 17 yacimientos
[19]

de Europa, frica, la India y el Prximo Oriente, slo las procedentes de una de estas regiones parecen mostrar
algn tipo de formas distintivas (Wynn y Tierson, 1990). Dado que la muestra inclua yacimientos de latitudes
septentrionales y meridionales, lo que significa explotacin de diferentes clases de animales y distintos grados de
importancia de las materias vegetales en la dicta de los humanos primitivos, la nica conclusin posible es que la
morfologa de las hachas de mano guarda escasa relacin con la variabilidad del medio natural y con las
actividades de subsistencia. <<

[20] Klein (1989). <<

[21] Gamble (1993). <<

[22]Muchos conjuntos faunsticos del Pleistoceno Medio, como los de Torralba. Espaa, los de
Zhoukoudian. China, y los de Olorgesailie, en frica, donde domina el elefante, se interpretaron iniciulmenle como
un reflejo de la presencia de caza mayor (p. ej. Howell, 1965; Isaac, 1978; Shipman et al, 1981). En los aos
ochenta Binford reinterpret varios de ellos como un producto de carroeo homnido (Binford, 1985, 1987b;
Binford y Ho. 1985; Binford y Stonc, 1986; Binford y Todd. 1982). Pero gran parte de esos conjuntos faunsticos
podran estar sencillamente demasiado alterados y mal preservados para poder establecer deducciones sobre
comportamientos del pasado (Villa. 1983. 1990. 1991; Stopp, 1988). <<

[23]Vanse resmenes en Gamble (1986) y en Stringer y Gamble (1993). Para un estudio ms detallado de la
fauna del Pleistoceno, vase Stuart (1982). Se cree que un alto grado de diferenciacin de las especies reflejara
una autntica diferencia entre las comunidades animales del Pleistoceno y las del mundo moderno. Pero
recordemos que los conjuntos faunsticos del Pleistoceno suelen arrojar una resolucin cronolgica muy pobre, y
constituyen invariablemente autnticos palimpsestos. Datos recientes obtenidos de los ncleos de hielo muestran
que hubo fluctuaciones medioambientales breves pero muy intensas, en el transcurso de las cuales determinadas
especies pudieron ampliar, temporalmente, su radio de accin. Por lo tanto, la idea de que tales comunidades
diversificadas (opuestas a los conjuntos) fueron un rasgo tpico del Pleistoceno podra ser infundada. <<

Otro rasgo medioambiental de relativo riesgo para los neandertales fue el menor grado de zonacin de la
[24]

vegetacin durante el Pleistoceno, claramente inferior al actual, presentando una distribucin de comunidades
vegetales de tipo ms cuadricular. Hoy encontramos tipos de vegetacin distintivos, como el bosque, la pradera y la
tundra, que se presentan en forma de franjas relativamente anchas, cada una con sus respectivas especies animales.
Pero antes del final de la ltima glaciacin, hace 10 000 aos, los tipos de vegetacin estuvieron al parecer mucho
ms intermezclados (Guthrie, 1984. 1990). En favor de esta hiptesis hablan los anlisis de polen y, lo que es ms
importante, la manifiesta diversidad de animales de caza caracterstica de los paisajes del Pleistoceno. Guthrie
sugiere que este contraste de la vegetacin se debe a suelos ms ricos y a primaveras y veranos ms largos y con
mayor grado de variabilidad, Lo cual habra reducido la predecibilidad de las especies animales haciendo su
explotacin an ms difcil que la que hoy se observa en las latitudes ms septentrionales.

Otra dificultad de los neandertales es que en aquellos medios fluctuantes e impredecibles habran tenido que
enfrentarse y competir por alimento y cobijo con una serie de carnvoros. Esta competicin se evidencia en la
mezcla de actividad humana y carnvora que con frecuencia vemos representada en los mismos conjuntos
faunsticos (Straus, 1982). Gamble (1986, 1989) trat de estimar la variacin de la presin competitiva entre
carnvoros y humanos durante el Pleistoceno europeo, y sugiere que podra explicar la variacin de los ndices de
supervivencia que se observa en los esqueletos y enterramientos neandertales. <<

[25]Para ms informacin sobre la tecnologa inuit, vase Oswalt (1973), y para los modernos cazadores-
recolectores en general, vase Oswalt (1976). Torrenee (1983) ha demostrado que la complejidad tecnolgica est
relacionada con la latitud y lo interpreta como un reflejo de la necesidad de ganar tiempo (tiempo-dependencia). En
efecto, los grupos como los inuit tienen que asegurarse el xito de sus golpes mortales porque difcilmente tendan
una segunda oportunidad. Adems, la explotacin de mamferos marinos requiere una tecnologa especialmente
compleja, ya que adems de matar al animal, hay que recuperarlo y sacarlo del mar. Churchill (1993) ofrece un
anlisis muy til de la tecnologa y mtodos de caza de los modernos cazadores-recolectores. <<

Soffer (1989b) pasa revista a las distintas tecnologas de almacenamiento de que disponen los cazadores-
[26]

recolectores. Para el almacenaje permanente usan varios tipos de pozos, depsitos y otros dispositivos, mientras
que para el almacenaje porttil es til secar la carne, aunque es una actividad que requiere mano de obra intensiva.
Tambin es posible el almacenaje social en forma de creacin de obligaciones recprocas; en ocasiones los tiles
pueden servir incluso para simbolizar deudas. En fin, una forma de almacenamiento posible entre los neandertales
pudieron ser los propios individuos, mediante acumulacin de reservas de grasa. <<

[27]Trinkaus (1995) realiza un estudio completo de los ndices y pautas de mortalidad de los neandertales.
Dos factores cuestionaran sus aparentes altos ndices de mortalidad. Primero, la muestra abarca todo el Viejo
Mundo y mezcla neandertales de decenas de miles de aos de diferencia. Por consiguiente puede no reflejar una
poblacin real concreta. Segundo, la muestra la componen inevitablemente individuos descubiertos en cuevas.
Ante la posibilidad de que hubiera individuos de diferentes edades que murieron en otros lugares del territorio,
basarse en muestras de slo un contexto puede llevar a conclusiones errneas. Berger (National Geographic, 1996,
n. 189, p. 27) compara las lesiones de los neandertales con las de los vaqueros de un rodeo. <<

[28]Chase (1986) pasa revista a los conjuntos faunsticos del Paleoltico Medio. Uno de los problemas de la
interpretacin de estas faunas en cuevas es que el producto de la actividad humana suele aparecer mezclado con los
restos de hienas, osos y otros carnvoros. Muchas veces resulta difcil distinguir entre ambos. Gran parte del debate
que ha provocado su interpretacin lo inici Binford (1985), al sugerir que los neandertales fueron esencialmente
carroeros. Mellars (1989a) y Stringer y Gamble (1993) analizan las distintas interpretaciones de los conjuntos
faunsticos ms relevantes. <<

[29]Chase (1986, 1989). Las pautas relativas a las partes del cuerpo representadas en el yacimiento
(predominantemente huesos carnosos), y la presencia de marcas de cortes en los lugares del esqueleto ms
prximos a las zonas ms carnosas, no son ni mucho menos las que cabra esperar de un carroeo oportunista
situado en la zona inferior de la jerarqua depredadora. Los restos de bvidos y equinos presentan frecuencias
relativamente altas de partes animales menos utilitarias (como las que dejan los carnvoros cuando matan un
animal), aunque an se observan marcas de matanza y descuartizamiento en los huesos de las extremidades (Chase,
1986). Levine (1983) ha demostrado que los restos equinos presentan una tasa de mortalidad catastrfica (es decir,
que se hallan representados animales de diferentes edades en idntica proporcin que en una manada viva),
producto, seguramente, de la caza y no del carroeo. <<

[30] Mary Stiner (Stiner y Kuhn, 1992) ha analizado la launa de la Grotta di Sant'Agostino. <<

[31]Adems de las cuevas, tambin hay evidencia de caza neandertal en yacimientos abiertos. Tanto en
Mauran, en los Pirineos, como en La Borde, en el valle del Lot, los bvidos dominan los conjuntos faunsticos. En
Mauran se han hallado los restos de al menos 108 bvidos, que representan ms del 90 por 100 del conjunto. El
yacimiento se halla en la parte inferior de un acantilado a orillas del ro y podra reflejar una caza por
despeamiento masivo (Giran y David, 1982: Mellars, 1989a). No hay dataciones absolutas para el yacimiento y
Straus (1990b) cuestiona su atribucin al Paleoltico Medio, porque, dice, se basa en un razonamiento circular y el
conjunto lrico no excluye una fecha de principios del Paleoltico Superior. Tambin afirma que el conjunto
faunstico pudo formarse durante un periodo relativamente prolongado en el tiempo y, por consiguiente, la masacre
masiva de bvidos implcita en la supuesta caza por despeamiento pudo muy bien no existir. La Borde est
aparentemente bien fechada en 120 000 aos de antigedad (Springer y Gamble, 1993. p. 163). En el caso de que
los neandertales fueran efectivamente carroeros oportunistas, estos yacimientos presentaran una distribucin de
especies animales ms uniforme. La Cotte, en Jersey, podra ser otro posible caso de caza por despeamiento. La
cueva est en la base de un acantilado de 180 000 aos de edad (Scott, 1980; Callow y Cornford, 1986). Mellars
(1989a) afirma que los yacimientos como el de La Cotte indican que los neandertales practicaron una caza por
despeamiento equiparable al despeamiento masivo de bisontes que practicaron los paleoindios de Amrica del
Norte. Gamble (Stringer y Gamble, 1993. p. 162) tambin interpreta La Cotte como reflejo de un sistema de caza
especializada, pero sugiere que podra traducir no una caza perfectamente controlada y planificada, sino una
conduccin peligrosa de gentes desesperadas. Las pilas de huesos de mamut y de rinoceronte que se han
descubierto en esta cueva se interpretan como los restos animales arrastrados hasta la cueva una vez que los
animales hubieran sido conducidos al precipicio y se despearan hasta morir. <<

[32] Stiner (1991). <<

[33] Gamble (1987). <<

En latitudes ms meridionales las dificultades medioambientales de los neandertales se habran reducido,


[34]

pero no desaparecido. Los conjuntos faunsticos de las cuevas del Levante indican que uno de los rasgos tpicos del
Pleistoceno fue la diversidad de faunas, as como la competicin por presas y abrigos entre humanos y carnvoros.
Los neandertales de la cueva de Kebara parecen haber ganado la mano en esta competicin, ya que las marcas de
dientes que se observan en la fauna suelen ser posteriores a las marcas de cortes practicados por los humanos (Bar-
Yosef et al, 1992).Tanto los neandertales como los humanos anatmicamente modernos del Prximo Oriente se
asocian a industrias musterienses, y ambos fueron al parecer cazadores competentes. Las puntas levallois de
Kebara y de Qafzeh, asociadas a neandertales y a humanos modernos respectivamente, presentan seales de
desgaste y pautas de fractura indicativas de su utilizacin como puntas de lanza fijadas a un fuste (Shea. 1988.
1989).

Estas puntas de lanza se usaron para cazar una serie de especies animales que inclua la gacela, el gamo y el
corzo. La gacela fue seguramente la presa principal, puesto que representa ms del 75 por 100 de los restos
faunsticos de Kebara. Aunque tanto los neandertales como los humanos modernos practicaron la caza de estos
animales, la pauta precisa de su comportamiento cazador parece ser diferente (Lieberman y Shea, 1994): los
neandertales habran practicado una estrategia menos mvil, aunque requera un esfuerzo diario mayor que en el
caso de los humanos modernos. Esto concuerda con la evidencia de los esqueletos, cuya anatoma muscular indica
un alto grado de actividad fsica y una alta frecuencia de fracturas por sobreesfuerzo (Trirrkaus. 1995). Como en el
caso de Europa, el prolongado xito y eficacia de las estrategias de caza de estos humanos primitivos del Levante
traducen una sofisticada inteligencia de la historia natural. En el xito a largo plazo de los humanos primitivos del
Levante est implcita una comprensin del comportamiento animal y la capacidad para leer claves visuales.
Pero las bases del conocimiento de los humanos primitivos de Europa y del Asia occidental pudieron ser diferentes,
debido no slo a la distinta gama de animales de caza, sino a una mayor abundancia y disponibilidad de alimentos
vegetales asociadas ambas a latitudes ms meridionales. Tenemos evidencia arqueolgica de su explotacin, como
son los restos de los frutos de la especie Cettis de la cueva Doura y los guisantes silvestres de los hogares de
Kebara (Bar-Yosef, 1994b; Bar-Yosef et al, 1992). Pero este tipo de evidencia sigue siendo muy escasa.

El comportamiento de subsistencia de los humanos primitivos de la Edad de la Piedra Media (EPM) del sur
de frica comparte muchas semejanzas con el Levante y con Europa. Tambin aqu la interpretacin de los restos
faunsticos ha desatado una polmica, iniciada con la publicacin del controvertido volumen de Binford (1984a)
sobre Klasies River Mouth. Klein (1989) ofrece la interpretacin ms razonable de las pautas de subsistencia
durante la EPM y de sus diferencias con las de la Edad de Ja Piedra Tarda (EPT). Los restos faunsticos de Klasies
River Mouth indican que se caz el antlope, pero seguramente los bvidos mayores, como el bfalo, son producto
del carroeo. Los humanos primitivos de la EPM tambin explotaron la foca y diversos crustceos, lo que
demuestra la existencia de una avanzada inteligencia de la historia natural aplicada a la explotacin de recursos
costeros. Los humanos primitivos del sur de Africa, al igual que los neandertales de Europa, no parecen
excesivamente activos en materia de pesca o de caza de aves. <<

Trinkaus (1987. 1995). Los neandertales presentan una alta frecuencia de lesiones traumticas e
[35]

indicadores de la existencia de estrs durante el desarrollo. Su bajo ndice de supervivencia podra reflejar
asimismo declives frecuentes de poblacin, coincidiendo tal vez con periodos de escasez estacional de alimentos
provocados por fluctuaciones medioambientales o episodios de caza fallidos. <<
Este es un rasgo que comparten con otros humanos primitivos a excepcin de los primeros humanos
[36]

anatmicamente modernos (Trinkaus, 1987). <<

Algunas magnficas agujas hechas de hueso proceden del yacimiento de Combe Saunire, en el suroeste
[37]

de Francia, fechado hace 18 000 aos (Geneste y Plisson, 1993). <<

[38] Gamble (1994). <<

Gamble (1986. 1992) y Roebroeks et al (1992) analizan la evidencia relativa a la capacidad de los
[39]

humanos primitivos para explotar medios interglaciares. La total ausencia de rastros arqueolgicos durante el
ipswichianiense de Gran Bretaa (es decir, del ltimo interglaciar, hace aprox. 125 000 aos, fase 5.a, vase el
recuadro de la p. 38), un periodo que se caracteriza por la abundancia de animales de caza pero tambin por unas
capas forestales relativamente densas, podra indicar la imposibilidad por parte de los neandertales de explotar
estos medios con su tecnologa. Pero en el caso de que los neandertales hubieran vivido en pequeos grupos,
tambin podra ocurrir que su registro arqueolgico fuera sencillamente demasiado disperso y escaso. Pero la
ausencia de restos arqueolgicos tambin podra deberse a internos fallidos de colonizar las islas Britnicas antes
de que quedaran aisladas del resto del continente por la elevacin del nivel del mar tras el periodo glaciar
precedente. <<

[40] Villa (1983), vase asimismo Stepanchuk (1993). <<

[41] Oswalt (1973, 1976). <<

[42] La influencia del clima en la industria neandertal de Francia se analiza en Nicholas Rolland y Harold
Dibble (1990; Dibble y Rolland, 1992; vase tambin Turq, 1992, y su interpretacin de la variante musteriense de
Ouina como un reflejo de actividades tiempo-dependientes en condiciones climticas severas). Demuestran que
cuando el clima es relativamente templado, se producen tiles con un grado relativamente bajo de reduccin, es
decir, ms bien grandes y con menos episodios de retoque. En cambio, cuando las condiciones climticas son muy
fras, los tiles se retocan y reafilan con ms frecuencia y los productores se muestran ms conservadores con sus
materias primas. A modo de explicacin, dicen que los largos inviernos de aquellas fases fras habran forzado a los
grupos a minimizar trayectos y habran reducido su acceso a las materias primas. Durante las condiciones ms
templadas, los neandertales habran cambiado sus lugares de habitacin con ms frecuencia, permitindoles un
recambio ms frecuente de materias primas, lo que a su vez habra producido conjuntos con menor ndice de
reduccin.

Mary Stiner y Steven Kuhn han explorado la conexin entre la variabilidad de la tecnologa ltica y los
conjuntos de huesos animales de cuatro cuevas de la Italia centrooccidental, todas ellas ocupadas por neandertales
(Grotta Breuil. Grotta Guattari, Grotta dei Moscerini y Grotta di Sant'Angelo). El carcter de los huesos animales
anteriores a hace 55000 aos sugieren que los anmales procedan del carroeo. Los tiles y lascas asociadas a
estos huesos eran relativamente grandes y presentan evidencia de uso prolongado, as como frecuencias
relativamente altas de transporte entre yacimientos. Con posterioridad a aquella fecha los neandertales parecen
dedicarse prioritariamente a la caza de anmales como el ciervo y el caballo. Y sus tiles lticos haban cambiado.
Ahora dominan tcnicas de produccin que permiten obtener una gran cantidad de pequeas lascas, y los tiles ya
no reflejan un trabajo intensivo ni un transporte de larga distancia.

Si bien existe una clara asociacin entre la variacin tecnolgica y la forma de obtencin de carne, no se
observa en cambio una relacin directa ni obvia entre ambas. Los tiles lticos anteriores o posteriores a hace 55
000 aos son, por lo general, raederas. Las puntas lticas presentan ms o menos la misma frecuencia en ambos
conjuntos. Stiner y Kuhn (1992) dicen que las diferencias en las pautas de movilidad de los neandertales por el
territorio, dedicados como estaban tanto a la caza como al carroeo, ofrecan distintas oportunidades para reponer
sus materias primas destinadas a la fabricacin de tiles. El carroeo y la recoleccin implican pautas de bsqueda
de un radio de accin relativamente vasto, y la produccin de grandes lascas mediante tcnicas de reduccin
centrpeta del ncleo habran supuesto diversas ventajas, porque tales lascas sin trabajar son perfectamente aptas
para la recoleccin y el carroeo en reas donde escasean las materias primas. El constante y reiterado reafilado
que esas lascas sin trabajar permiten, constituye tambin una forma de hacer frente a la incertidumbre del cundo y
dnde encontrar materias primas para fabricar nuevos tiles. Hace menos de 50 000 aos, la caza debi de exigir
una dependencia mayor de aquellas zonas con una concentracin mayor de alimentos, lo que redujo el radio de
accin de los homnidos, lo cual comport a su vez periodos de ocupacin en cuevas ms prolongados pero
tambin menor incertidumbre acerca de las materias primas disponibles. En consecuencia, se produjeron mayores
cantidades de tiles ligeros mediante una tcnica de reduccin de la plataforma del ncleo que permite obtener
lascas sin trabajar que podan utilizarse directamente, sin modificaciones o todo lo ms con ligeros retoques, para
procesar tejido animal. Este estudio ilustra una vez ms que la variacin que se aprecia en las tcnicas de los
humanos primitivos a nivel regional es fundamentalmente un reflejo pasivo de la movilidad y de la distribucin de
las materias primas. Esa variabilidad no estructur las pautas de movilidad y de caza como ocurre entre los
modernos cazadores-recolectores. Roebroeks et al (1988) y Pblot-Augustins (1993) han realizado estudios
adicionales sobre transporte y movilidad de tiles entre humanos primitivos. Para interpretaciones anteriores de la
tecnologa del Paleoltico Medio vanse Binford y Binford (1969), Binford (1973) y Bordes (1961b. 1972). <<

[43]En otras regiones se observan idnticos reflejos pasivos de la variabilidad medioambiental y formas
similares de simples decisiones costo/beneficio. En la regin de Aquitania. Geneste (1985) ha reconocido que el
ndice de utilizacin (IU) de materias primas aumenta progresivamente con la distancia de las fuentes donde se
obtuvieron el IU mide la intensidad de uso de una materia prima una vez obtenida. En un radio de 5 km, el IU
es de slo 5 por 100: para las fuentes situadas a 5-20 km de los yacimientos, el IU es del 10-20 por 100; y para
materias exticas situadas a 50-80 km de distancia, el IU es de 75-100 por 100 Adems, las formas de introduccin
de la materia prima en los yacimientos varia sistemticamente: se realiza en bloques ya preparados cuando la
fuente est a 5-20 km, y en piezas ya en la fase final de la secuencia de reduccin para aquellas materias
procedentes de fuentes exticas.

Otte (1992) explica que en el yacimiento de Sclayn, cuya ocupacin se fecha hace 130 000 aos, los
humanos primitivos utilizaron el cuarzo local para producir simples denticulados, el cuarzo de una cantera algo
ms distante para hacer becs y perforadores, y el slex cuyo origen estaba a 30 km se us para hacer raederas
fuertemente retocadas, mientras que las lascas levallois hechas de arenisca fina se haban transportado al
yacimiento desde una fuente lejana.

Callow (Callow y Cornford, 1986) atribuye una parte importante de la variabilidad tecnolgica de La Cotte
a cambios en la disponibilidad de las materias primas. Cuando la elevacin del nivel del mar dificulta el acceso a
las materias primas, los tiles son pequeos y las lascas gruesas con retoque inverso o bifacial. Cuando el nivel del
mar desciende y las materias primas son ms accesibles, estos rasgos decrecen. <<

Dunbar (1992) analiza las distintas medidas del tamao del cerebro, y concluye que todas ellas
[44]

demuestran algn grado de correlacin con el tamao medio del grupo. La correlacin ms fuerte se da cuando el
tamao del cerebro se estima en funcin de la relacin entre el volumen del neocrtex y el resto del cerebro. <<

[45] Aiello y Dunbar (1993). Son cifras medias procedentes de los datos que figuran en su cuadro 1. <<

[46]Dunbar (1993). Para los humanos modernos se da una cifra de 147,8. Todas estas estimaciones presentan
altos ndices de Habilidad, en torno al 95 por 100, y los relativos a los humanos modernos se sitan entre el 100,2 y
el 231,1. La extrapolacin que trasciende a la escala de valores de la variable X se intenta justificar sin demasiado
xito aduciendo que se trata de un estudio exploratorio y no explicativo. En el comentario que sigue al artculo de
Dunbar se analizan una serie de temas metodolgicos. Dunbar afirma que el tamao del grupo que se asocia a los
humanos modernos coincide con el tamao de los grupos cazadores-recolectores de nivel intermedio, situndose
entre el grupo de personas que viven juntas cotidianamente (30-50 individuos) y la unidad de poblacin (500-2000
individuos). El tamao de los grupos de nivel intermedio va de 100 a 200, con una media no muy distinta de los
147.8 que se les atribuye. Dunbar sugiere asimismo que tanto en las sociedades agrcolas prehistricas como en las
sociedades modernas existen muchos grupos (como en el ejrcito) de unos 150 individuos, lo que reforzara la idea
de que, con ese tamao, los humanos modernos estn cognitivamente obligados a mantener contacto personal. Un
razonamiento ms bien dbil, para decirlo suavemente. <<

[47]En los restos neandertales de la Grotta Guattari y de Krapina se observan importantes seales de
incisivos de carnvoros (Trinkaus. 1985. White y Toth. 1991). No sabemos si los neandertales llevaban ya algn
tiempo muertos cuando fueron devorados por los carnvoros. Pero es la posibilidad ms lgica, aunque hay clara
evidencia de caza y muerte de homnidos primitivos a manos de carnvoros (Brain, 1981). <<

[48]Un buen ejemplo de ello es el matadero de elefantes de Mwanganda's Village, en frica (Clark y
Haynes, 1970). Dennell (1983) menciona las consecuencias para el tamao del grupo de la presencia de lotes
alimenticios de megafauna. <<

Incluso entre los modernos cazadores-recolectores con armas de fuego el porcentaje de xito en la caza
[49]

suele ser muy bajo. Por ejemplo. Marks (1976) describe las poqusimas veces que los bisa del valle consiguen
matar realmente a un animal, aun utilizando fusiles de caza. <<

Wrangham (1987) analiza la competencia por los alimentos como un desincentivo para la vida en grupo
[50]

la frecuencia de choques agresivos en grupos de primates no humanos parece correlacionarse directamente con el
tamao del grupo y el grado de concentracin de los alimentos (Dunbar, 1988, pp. 113-115). Podra constituir una
de las principales causas del modelo de fusin-escisin tan frecuente entre los grandes grupos de primates
(Beauchamp y Cabana, 1990). <<

[51] Stringer y Gamble (1993). Trinkaus (1983). <<

Por ejemplo, vase Naroll (1962), Yellen (1977). CVConnell (1987) realiza uno de los estudios de mayor
[52]

utilidad y demuestra que el rea espacial de la distribucin artefactual est condicionada tanto por el nmero de
personas que ocupan el yacimiento como por la duracin de la ocupacin. <<

[53] Binford (1989, p. 33). <<

[54] Mellars (1999a. p. 358). <<

[55] White (1993a. p. 352). <<

[56] Soffer (1994.p. 113). <<

[57]Es una visin compartida por muchos (vase Mellars, 1989a), y para un ejemplo concreto de ausencia
aparente de estructura espacial en lugares de matanza, vase Farizy y David, 1992. No se trata de una funcin de
preservacin, ya que como destaca Clive Gamble (1994; Stringer y Gamble, 1993), tenemos varias reas de
ocupacin en su mayor parte bien preservadas y no alteradas en los yacimientos de humanos primitivos de Hoxne y
de Boxgrove, Inglaterra, en Biache-St.-Vuasl. en el norte de Francia, y en Maastricht-Belvdre, en Holanda.
Ninguno de ellos tiene fosas, improntas de postes, hogares ni estructuras lticas como las que se utilizan para
estructurar la interaccin social entre los humanos modernos. El mismo fenmeno se ha detectado precisamente en
los sedimentos de 0,99 millones de aos de Olorgesailie. Como ha descrito Richard Potts. aun cuando los
sedimentos arqueolgicos de estos yacimientos hayan preservado huellas de pies y madrigueras de animales, no
hay indicios de hogares, ni de abrigos ni rastros de unidades sociales claras (Potts, 1994. p. 18). Hayden (1993)
cuestiona esta interpretacin y sugiere que hay numerosos yacimientos del Paleoltico Medio con estructura
espacial, observable en la distribucin artefactual, as como en otros elementos como improntas de postes y
construcciones de paredes que indicaran un uso social del espacio. Pero muy pocos de estos ejemplos, por no decir
ninguno, resisten un examen minucioso, y no podran explicarse en trminos ms parcos. <<

[58] Stringer y Gamble (1993. pp. 154-158), Gamble (1994, pp. 24-26). <<
[59]En una reciente revisin de estos dalos. Knight et al (1995) concluyen que no hay ms de 12 piezas de
este tipo en todo el periodo anterior al inicio del Paleoltico Superior, y todas ellas se fechan en menos de 250 000
aos. Pero creen que estos grumos de ocre rojo indican que los humanos primitivos se pintaban el cuerpo. Sugieren
que el ocre pudo utilizarse como un smbolo de la sangre menstrual y construyen un intrincado razonamiento, poco
convincente por lo dems, para explicar el origen del comportamiento simblico y ritual basndose en un texto
anterior de Knight (1991). <<

[60]Gargelt (1989) analiza la evidencia sobre los enterramientos neandertales (para Kebara, vase Bar Yoscf
et al. 1992). Respecto a Shanidar, sugiere que lo ms probable es que el responsable de la presencia de polen en la
cueva fuera el viento, mientras que Gamble (19S9) menciona la posibilidad de que el polen llegara a la cueva con
los obreros de la excavacin. Gamble (1989) destaca que la distribucin de los enterramientos neandertales parece
ser inversamente proporcional a la intensidad de la actividad de los carnvoros. Akazawa et al. (1995) han descrito
lo que ellos consideran el enterramiento de un nio neandertal en la cueva siria de Dedenyeh. De su breve informe
no parece deducirse la presencia de una fosa, peto la excelente conservacin podra indicar efectivamente un
enterramiento. Dicen que encima del corazn del nio se coloc deliberadamente un trozo de slex, pero los dalos
en apoyo de esta hiptesis son insuficientes. <<

Birket-Smith (1936) y Weyer (1932) las analizan en relacin con los grupos inuit, mientras que Knight
[61]

(1991) rene numerosos relatos de todo el mundo. <<

[62]Mithen (1994) lo analiza en detalle en relacin con el achelense y el clacloniense en el sureste de


Inglaterra (Wymer. 1974; Ashlon et al., 1994), basndose en el intento de correlacin de Wymer (1988) entre
conjuntos y ecosistemas pretritos, Gamble (1992, cuadro 2) correlaciona yacimientos sin hachas de mano de
principios del Paleoltico del noroeste de Europa con estadios interglaciares, mientras que V'aloch (1984) y
Svoboda (1992) tambin sostienen que las industrias de cantos rodados/lascas proceden de medios forestales.
Vase asimismo McNabb y Ashton (1995) y Mithen (1995).

La cadena de consecuencias que van desde medios boscosos, pasando por grupos de pequeo tamao, hasta
el predominio del aprendizaje individual de ensayo y error en detrimento del aprendizaje social, y que produce
una tecnologa ltica con un bajo nivel de destreza tcnica (vase Mithen. 1996, figura 7.2), podra explicar
asimismo los tiles lticos del yacimiento de Gran Dolina, una de las muchas cavernas en la montaa de piedra
caliza de Alapuerca, en Espaa. Estos tiles lticos podran ser los ms antiguos descubiertos en Europa, ya que se
han encontrado en un depsito lechado hace 780 000 aos. Este depsito contiene tambin muchos restos fsiles de
animales y restos de al menos cuatro humanos primitivos, que se han asignado inicialmente a H. heidelbergensis.
Los tiles muestran un nivel muy tosco de habilidad tcnica y son comparables a los de Olduvai. Pero lo ms
relevante es que el tipo de animales representados en los fsiles corresponden a medios de bosque: el castor, el oso,
el venado y el gamo. Estos humanos primitivos vivieron, al parecer, en medios boscosos y por lo tanto sin la
estructura social necesaria para mantener un alto nivel de destreza tcnica en el grupo. Las lechas que se barajan
para los depsitos de Gran Dolina deben considerarse provisionales hasta que otros mtodos de datacin las
confirmen. Los homnidos y tiles lticos de este yacimientos, se describen en Carbonell et al. (1995) y el mtodo
de datacin en Pares y Prez-Gonzlez (1998).

John Shea (comunicacin personal, 20 de junio de 1994) sugiere que tambin podra existir una relacin
entre industria y medio en Ubeidiya, Israel. Este yacimiento estuvo ocupado durante un periodo relativamente
largo (aunque seguramente de forma intermitente entre hace aproximadamente 1.4 y 0.85 millones de aos).
Muchos de los tiles encontrados en los estratos inferiores se parecen a los artefactos olduvayenses y reflejan
escasa pericia tcnica. El medio en que se produjeron, reconstruido a partir del polen hallado en sedimentos
asociados, parece ser de bosque frondoso. Lo cual podra indicar la existencia de pequeos grupos sociales, que a
su vez implican bajos niveles de aprendizaje social. En los estratos superiores de Ubeidiya se hacan hachas de
mano, que aparecen asociadas a medios de estepa/sabana y, seguramente, a un tamao grupal mayor y por lo tanto
a ms aprendizaje social. El resultado sera una mejora de la destreza tcnica y de la tradicin cultural, como de
hecho queda reflejado en la produccin de hachas de mano tcnicamente ms complejas. <<
Holloway (1985) atribuye el mayor nivel de expansin cerebral de los neandertales respecto de los
[63]

humanos modernos a una adaptacin metablica a medios fros. <<

Aiello y Dunbar (1993), Dunbar (1993). Dunbar sugiere que el lenguaje es un medio notablemente ms
[64]

eficaz para transmitir informacin social que las sesiones de aseo mutuo, y ello por dos razones: la primera es que
puede utilizarse paralelamente a otras actividades: y en segundo lugar, se puede hablar a muchas personas a la vez,
mientras que las sesiones de aseo y espulgo se limitan a una sola persona. <<

[65] Aiello (1996a). <<

[66] Beeun y Walker (1993). <<

Holloway (1981a, 1981b, 1985), Holloway y de la Coste-Lareymondie (1982). Tambin LeMay (1975.
[67]

1976) ha afirmado que los moldes endocraneanos neandertales indican una estructura neurolgica esencialmente
moderna. <<

[68]Phillip Lieberman y Ed Crehn presentaron en 1971 una reconstruccin muy influyente del aparato vocal
neandertal. Sugeran que los crneos neandertales exhiben semejanzas muy relevantes con la morfologa de un
humano moderno recin nacido, no con un adulto, y sobre esas bases reconstruyeron el aparato vocal Comparado
con los humanos modernos, su tamao y forma slo permita producir una gama limitada de sonidos vocales. De
ah que sostuvieran que los neandertales eran capaces de lenguaje y habla, pero con una gama de vocales muy
limitada. Fremlen (1975) demostr que esta gama restringida de vocales habra tenido escasas consecuencias en
materia de lenguaje, y lo razonaba de la siguiente forma: perece em prebebte que equel heble fecre enedekede
debede e le felte de les tres vekeles segeredes. Le kemplejeded del heble depende de les kensenentes, ne de les
vekeles, keme pede verse en le kemprensebeleded generel de este texte. De forma un tanto sorprendente, y en
base al mismo mtodo anterior, Lieberman y Crelin afirmaron que H. sapiens arcaico, a diferencia de los
neandertales, era capaz de producir un habla completamente moderna. Jeffrey Laitman y sus colegas llegaron a
conclusiones parecidas tras reconstruir el aparato vocal basndose en la forma de la base del crneo, que se
correlacionaba, dijeron, con la ubicacin de los tejidos blandos (Laitman et al, 1979. 1991. 1993). Midiendo la base
del crneo de varios fsiles neandertales y de H. sapiens arcaico, llegaron a la misma conclusin que Lieberman y
Crelin: los neandertales, a diferencia de H. sapiens arcaico, difcilmente habran podido producir la gama completa
de vocalizaciones modernas. Ambos estudios han recibido fuertes criticas, que se resumen en Schepartz (1993).
Vase asimismo Frayer (1992) y Houghron (1993). Una de las crticas ms relevantes es la que califica de
inexactas las reconstrucciones de los crneos neandertales utilizadas por Lieberman y otros, sobre todo las
correspondientes al yacimiento de Chapelle-aux-Saints. <<

[69]Arensburg et al (1989). Hay desacuerdo importante sobre las implicaciones de este minsculo hueso
prehistrico (Arensburg et aly 1990: Laitman et al, 1990; Lieberman. 1993). <<

[70] Lieberman (1984). <<

[71] Aiello (1996b). <<

[1] Block (1995) analiza distintos tipos de consciencia. <<

[2] Dennett (1991, p. 137). <<

[3] Dennett (1991, p 308). <<

[4]Penfield (1975) y Block, en forma resumida (1995), describen las consecuencias de los ataques ligeros de
epilepsia. <<
[5] Nagel (1974). <<

[6] Wynn (1995. p. 21). <<

[1] La idea de que la transicin del Paleoltico Medio al Superior marca una ruptura drstica en el
comportamiento humano es la ms comnmente aceptada y se defiende en Mellars (1973,1989a. 1989b) y en
White (1982, 1993a, 1993b). Sin embargo. Murshack (1990) dice que la capacidad para el simbolismo visual
evolucion gradualmente a lo largo del Pleistoceno, mientras Lindly y Clark (1990) sugieren que los cambios de
comportamiento de hace aproximadamente 20 100 aos son mucho ms importantes que los de hace 40 000-35 000
aos. Pero en sus conclusiones parecen olvidar la repentina aparicin y la abundancia de tems de ornamentacin
personal hace unos 40 000 aos. Bednarik (1994) ha sugerido que las pautas cronolgicas y espaciales actualmente
vigentes para los objetos de arte son un mero reflejo de la conservacin y del contexto del descubrimiento y no
prejuzga las pautas del comportamiento prehistrico. Esta opinin extremadamente tajante es totalmente errnea.
Por ejemplo, los contrastes taxonmicos que se observan entre los conjuntos del Paleoltico Medio y los del
Paleoltico Superior en el suroeste de Europa no pueden explicar las diferencias en las cantidades respectivas de
arte. Hay una enorme cantidad de objetos orgnicos asociados a los neandertales que han sobrevivido miles de
aos, como son los huesos de los animales que cazaron. Pero ni uno solo presenta evidencia de imgenes talladas o
grabadas con significado simblico. Y pese al mal estado de preservacin del registro del Paleoltico Inferior,
considerado en su globalidad, hay algunos yacimientos con un nivel de preservacin casi perfecto, como el de
Boxgrove y, como se menciona en el captulo 7, en ellos tampoco se aprecia ningn indicio de actividad con
significado simblico. <<

[2]White (1982, p. 176) se refiri a la total reestructuracin de las relaciones sociales en la frontera del
Paleoltico Medio al Superior y a la transformacin a partir de sistemas sociales internamente poco o nada
diferenciados (1993a, p. 352). Soffer (1994) esboza un guin social para la transicin, y argumenta concretamente
la ausencia de divisin sexual del trabajo y la provisin biparental de los pequeos en el Paleoltico Medio. En este
sentido, la autora sita el origen del modelo de campamento base/compartir alimentos, propuesto por Isaac (1978),
hace 2 millones de aos, al comienzo del Paleoltico Superior. La evidencia que aporta es escasa, por no decir
inconsistente, y la inteligencia social y probable complejidad social de los humanos primitivos, como hemos
comentado en el captulo 6, sugieren que la hiptesis de Soffer y de White de una forma simple de organizacin
social en el Paleoltico Medio es totalmente errnea. <<

[3]Orquera (1984) sugiere que la transicin podra explicarse por un incremento de la tecnologa
especializada de caza. Hayden (1993) cree que el contraste entre las comunidades del Paleoltico Medio y Superior
de Europa es similar al que se da entre cazadores-recolectores simples y complejos, segn evidencia el registro
etnogrfico. Estos ltimos se caracterizan por el almacenamiento de alimentos, la propiedad privada y la
diferenciacin social, mientras que los primeros son de pequeo tamao y altamente mviles. El problema que
plantea esta idea es que las poblaciones del Paleoltico Medio de Europa vivieron precisamente en aquellos medios
y bajo el tipo de presin adaptativa ms propicios para el desarrollo de los atributos propios de sociedades
cazadoras-recolectoras complejas. Pero no fue as, lo cual significa que haba obstculos cognitivos que impidieron
a los neandertales desarrollar innovaciones tcnicas y econmicas. Hayden asume quizs esta tesis cuando sugiere
que pudieron producirse algunos cambios en la capacidad y la composicin mentales de los neandertales a los
humanos plenamente modernos (1993, p. 137), si bien puntualiza inmediatamente que no es probable que esos
cambios fueran relevantes. <<

[4]Bar-Yosef (1994b) compara explcitamente el origen del Paleoltico Superior y el origen de la agricultura.
Propone que los arquelogos adopten una estrategia similar para la transicin del Paleoltico Medio al Superior,
igual que se ha hecho con el origen de la agricultura. Ello equivaldra a tratar de identificar primero el ncleo
donde se produjeron los desarrollos tcnicos ms decisivos y luego su proceso de expansin, ya fuera por
migracin o bien por difusin tecnolgica. El problema que plantea esta comparacin es que los cambios ocurridos
durante la transicin del Paleoltico Medio al Superior parecen incorporar una diversidad y una profundidad mucho
mayores que los de hace 10 000 aos, y una incidencia mayor, puesto que parecen tener lugar en muchas regiones
del mundo en un lapso de tiempo muy corto. Adems, se carece para ese periodo de una nica gran idea (como
la domesticacin de las plantas). <<

[5] La interpretacin del lenguaje vara. Algunos autores afirman que la transicin marc el paso de un
lenguaje gesticulado al lenguaje hablado (Corballis, 1992); otros, en cambio, sostienen que se pas de un
protolenguaje sin la gama completa de tiempos verbales al lenguaje plenamente moderno (Whallon, 1989). Mellars
dice que la emergencia de un lenguaje complejo y altamente estructurado pudo potencialmente revolucionar
todo el espectro de la cultura humana (Mellars, 1989a, p, 364), sin especificar lo que l entiende por complejo o
por altamente estructurado ni en qu pudo consistir esa revolucin. Gamble y Stringer (1993) se refieren a la
falta de capacidades simblicas en el Paleoltico Medio, pero no queda claro si incluyen el simbolismo lingstico y
visual en esas capacidades. <<

[6]Fodor (1985, p. 4), Gardner (1983. p. 279), Rozin (1976, p. 262), Sperber (1994, p. 61), Karmiloff-Smith
(1994. p. 706), Carey y Spelke (1994. p 184) y Boden (1994. p 522). <<

White (1992) afirma que la dificultad para definir el arte ha sido un serio obstculo a la hora de explicar
[7]

el origen del arte. Conkey (1983,1987) sostiene que la adopcin por parte de los arquelogos del concepto
moderno de arte como una categora universal es un estorbo a la hora de explicar los desarrollos culturales de
comienzos del Paleoltico Superior. <<

[8]Bednarik (1995) hace afirmaciones extravagantes acerca de estos tiles. En unos simples rasguos sobre
hueso ve marcas concepto-mediatizadas, sin explicar lo que quiere decir con este trmino. Afirma igualmente en
relacin con un simple conjunto de lneas yuxtapuestas que son conjuntos estructurados, deliberados, con
idntica angulacin y rectitud extraordinaria, sin intentar justificar tales afirmaciones. Su discurso ilustra el
tipo de interpretacin crtica y subjetiva de los datos arqueolgicos que obstaculiza gravemente nuestro avance
hacia una comprensin del modelo de la evolucin cognitiva. <<

[9] Marshack (1990, pp. 457-498). <<

[10]El arte figurativo auriaciense de Europa central se reduce a cuatro yacimientos: Vogelherd,
Hohlenstein-Sladel, Geissenklosterle, los tres en Alemania, y Stralzing/Krems-Rehberg en Austria. La serie ms
numerosa de diez estatuillas procede de la cueva de Vogelherd, y consiste en 2 mamuts, 1 caballo, 2-3 felinos u
otros animales indeterminados, una cabeza de mamut en bajo relieve, un len en bajo relieve, un bisonte totalmente
esculpido, la cabeza de un len y una figura antropomorfa (Hahn. 1972,1984 1993). Marshack (1990) explica que
su anlisis microscpico de las figuras de Vogelherd revel que las figuras animales aparecan con frecuencia
marcadas y sobremarcadas, como si se tratara de prcticas rituales peridicas. <<

[11] Delluc y Delluc (1978). <<

White (1989, 1992. 1993a. 1993b) ha realizado un estudio detallado de la produccin y distribucin de
[12]

estos tems en toda Europa, poniendo de manifiesto su considerable complejidad y su abundancia en el suroeste de
Europa. De los muchos aspectos importantes a destacar de su estudio, cabra mencionar que las cuentas forman un
claro horizonte temporal fechable hace uno 40 000 aos y que en el suroeste de Europa no se encuentran en
contextos funerarios sino en estratos de ocupacin. White destaca que habra que considerar estas cuentas como
objetos de arte en lugar de trivializarlos como tems decorativos. <<

Bahn y Vertut (1989) y Clottes (1990) pasan revista a los problemas de datacin del arte rupestre.
[13]

Nuestro conocimiento de la cronologa del Paleoltico est cambiando radicalmente a raz de la datacin por
radiocarbono (Valladas et al. 1992), cuyo uso esperamos que se generalice. <<

Chauvet, Deschamps e Hillaire (1996) hacen una descripcin del arte de la cueva Chauvet. Adems de su
[14]

datacin temprana. 10 000 aos ms antigua de lo que los expertos esperaban, la cueva tambin es importante por
el predominio de rinocerontes y carnvoros en el arte. En otras cuevas estos animales suelen ser poco frecuentes,
superados cuantitativamente por caballos y bisontes. Adems, todas las dems cuevas pintadas clsicas se han
descubierto en el Prigord/Ouerey y en los Pirineos franceses, o en Cantabria. Pero el descubrimiento de la cueva
Chauvet ha cambiado de forma fundamental nuestros conocimientos de la pintura rupestre del Paleoltico. <<

[15]Bahn (1991, 1994) analiza el arte del Pleistoceno fuera de Europa. Hay numerosos yacimientos
australianos fechados en el Pleistoceno. En Sandy Creek, Queensland, los grabados han dado una antigedad de 32
000 aos gracias a los sedimentos que los cubren, y la pintura roja ha arrojado directamente una fecha de 26 000
aos. El anlisis de radioearbono del material orgnico barnizado que recubre los petroglifos del sur de Australia
ha dado fechas de 42 700 aos para una figura oval de Wharton Hill. y 43 140 + 3000 para una lnea curva en
Panaramitec North. Estas fechas tan antiguas son discutibles y no deberan aceptarse sin confirmacin. Hay quien
sostiene que ciertos tems de arte del Pleistoceno proceden de China y de Amrica del Sur. <<

[16]Mithen (1989, 1990) dice que la combinacin de severas condiciones climticas e intensificacn de la
caza produjo fluctuaciones entre los principales animales de caza, lo que a su vez cre las condiciones para que
floreciera el arte paleoltico. Jochim (1983) enfatizaba, de forma ms general, el papel de refugio desempeado por
el suroeste de Europa durante el momento lgido de la ltima glaciacin, lo que habra coadyuvado a la emergencia
del arte rupestre y rituales asociados, que sirvieron para marcar territorios y para hacer frente a las tensiones
sociales derivadas de altas densidades de poblacin. Vase asimismo Soffer (1987). <<

[17] Chase (1991) ofrece un anlisis til de la compleja terminologa arqueolgica referida a smbolos y
estilos, y estudia las distintas formas de utilizar la palabra arbitrario. Diferencia entre iconos, que apuntan a
algo por medio de una imagen que se le parece (como un retrato), ndices, que apuntan a algo asocindose a ello
(como el humo y el fuego), y smbolos, que tienen una relacin completamente arbitraria con su referente que
hay que conocer. <<

[18] Esta es quizs la diferencia fundamental entre un til con atributos simblicos y un til con atributos
estilsticos (Chase, 1991). Sackett (1982) distingue entre estilo activo, cuya intencin es comunicar algo, y
estilo pasivo, cuando un til adopta determinados atributos distintivos de un individuo o grupo, pero sin que por
parte del artesano hubiera intencin de comunicar esa identidad. Algo con estilo activo actuar como un smbolo
(Wobst, 1977). Halverson (1987) sugiere que el arte rupestre del Paleoltico pudiera no tener significado (y por
consiguiente fue creado sin intencin alguna de comunicar), ni referencias religiosas, mticas ni metafsicas
(1987, p. 63). Lo cual parece bastante improbable dada la limitada gama de temas que los artistas del Paleoltico
optaron por reproducir. <<

[19] Layton (1994) ofrece una sntesis excelente de nuestros conocimientos actuales del arte aborigen. <<

[20]Faulstich (1992) analiza el uso de la abstraccin y del naturalismo en el arte walpiri. Explica que las
abstracciones suelen tener diversos niveles de significado, mientras que una imagen naturalista tendr un solo
referente, aunque ese referente en s mismo pueda tener mltiples significados. <<

[21]Tacon (1989) analiza la representacin de peces en el arte del Arnhem Land occidental, y explica su
importancia econmica y simblica. Sobre esta ltima, explica que entre los kunwinjku del Arnhem Land central
los peces son un smbolo tan poderoso de fertilidad, de relaciones sexuales y de reencarnacin que el coito suele
describirse en lenguaje familiar como una mujer pescando un pez con redes. Hace referencia a una semejanza
entre el papel de las redes para pescar y el de las piernas para retener un pene, y apunta a un vnculo simblico
entre los peces y los penes como fuente de la vida humana. Los peces tambin invitan a ser pintados y pensados
debido a su anatoma. En las pinturas, sus espinas smbolos de la transformacin entre la vida y la muerte
pueden representarse en detalle. Tambin son buenos para la pintura y el pensamiento porque, ms que cualquier
otro animal, sus colores poseen la cualidad irisada que se asocia a la esencia de los Seres Ancestrales. Taylor
(1989) aporta elementos fascinantes de la polivalencia de las imgenes en el arte aborigen de los kunwinjku, en el
Arnhem Land occidental, y Morphy (1989b) lo hace sobre los yolngu del Arnhem Land oriental. <<
[22]Lewis-Williams (1982, 1983, 1987, 1995) ha llevado a cabo estudios particularmente detallados del arte
rupestre del sur de frica exponiendo sus complejos significados simblicos. Ha destacado la presencia de
fenmenos entpticos en las imgenes de este arte generados por el sistema nervioso cuando se halla bajo
estados de consciencia alterados (Lewis-Williams y Dowson, 1988; Lewis-Williams, 1991). Dice que se
encuentran imgenes similares en muchas tradiciones de arte rupestre, incluido el arte paleoltico. Un buen ejemplo
de polivalencia se encuentra en Natal Drakensberg, el arte rupestre de los san, en la imagen de una serie intrincada
de curvas en forma de U que aparecen rodeadas de minsculos insectos voladores (Lewis-Williams, 1995). Se
trata, en principio, de una pintura de un panal de abejas, que refleja probablemente la gran estima de todos los
cazadores-recolectores por la miel. Pero Lewis-Williams tambin explica que esta imagen podra tener un
significado entptico y reflejar asimismo la actividad de los chamanes. <<

[23] Morris (1962) incluye muchas pinturas esplndidas hechas por chimpancs. <<

[24]Hay numerosos tiles del Paleoltico Inferior que, segn algunos autores, podran ser arte o tener
significados simblicos, debido a la presencia de lneas incisas (vase la nota 8). Marshack (1990) y Bednarik
(1992. 1995) tambin se inclinan por esa lectura, pero la mayora de esos tiles pueden explicarse como tiles
marcados de forma no deliberada, bien en el transcurso de actividades humanas (triturar hierba sobre un soporte de
hueso, por ejemplo), bien por carnvoros, o bien en el transcurso de los procesos fsicos implicados en la formacin
de un yacimiento (Chase y Dibble, 1987,1992: Davidson, 1990, 1991,1992: Pelcin, 1994). Los restantes tiles,
pocos, se encuentran aislados y separados unos de otros en el espacio y en el tiempo, y no hay razn para creer que
las marcas que presentan formen parte de un cdigo simblico. <<

[25] Knight et al (1995). <<

[26]Lo cual es muy distinto a atribuir significado al comportamiento de otro individuo a partir del posible
contenido de su mente, algo que s pudo darse entre los humanos primitivos. En este tipo de atribucin de
significado, lo significado (el estado cognitivo) est espacial y temporalmente prximo al significante (el
comportamiento observado). Se trata de un rasgo central de la inteligencia social y muchos primates no humanos lo
poseen en distintos grados. Como hemos visto en el captulo 4, los primates no humanos parecen incapaces de
atribuir significado a marcas inanimadas o a objetos alejados de sus referentes. <<

[27]White (1992, p. 558) y Hewes (1989, p. 145) tambin lo constatan de forma independiente. Hewes
afirma que no percibo diferencia perceptual alguna entre la decodificacin del rastro no deliberado de un animal y
la descodificacin de representaciones hechas por el hombre, si bien es cierto que la lectura efectiva de las
huellas animales exige mayor capacidad cognitiva. <<

[28]Bgouen y Clones (1991) sugieren que algunos grabados sobre hueso de la cueva de Enlene, en los
Pirineos, pudieron ser producto de artistas noveles, dado que muestran mucha menor pericia que los grabados de
las paredes de las cuevas adyacentes de Tuc d'Audoubert y de Les Trois-Frres. Pero no parecen dispuestos a
aceptar la idea, relativamente simple, de Capitn y Bouyssonie, avanzada ya en 1924, segn la cual Enlne
representara un taller donde los aprendices trabajaban bajo la supervisin de un maestro. Y si bien los libros
suelen reproducir con suma frecuencia las imgenes de animales ms realistas y tcnicamente mejor conseguidas,
el arte del Paleoltico contiene numerosas imgenes de animales desproporcionados que pudieron ser obra de una
mano poco entrenada (Bahn y Vertul, 1989). <<

[29] Morphy (1989a) presenta una serie de textos que ilustran las diversas y complejas formas en que el arte
utiliza a los animales. En el arte cermico de los alfareros ilama, un grupo amerindio que floreci en Colombia en
el primer milenio a. C. (pp. 87-97), y en el arte de las islas Salomn (pp. 318-342), pueden verse buenos ejemplos
de antropomorfismo. Tambin aparecen imgenes antropomorfas en el arte rupestre de Kenia, en el arte aborigen
de Australia y en el arte de los indios hopi y de los indios pueblo zui de Arizona y Nuevo Mxico. <<

[30] Bahn y Vertut (1989) analizan las imgenes antropomorfas del arte paleoltico (p. 144 para la descripcin
del hechicero de Les Trois-Frres), mientras Lorblanchet (1989) explora la continuidad entre imgenes humanas y
animales. La esplndida figura de Grimaldi mide 47.2 mm de alto y est hecha de serpentina verde. Hembra y
animal enlazan por la parte posterior de sus cabezas, hombros y pies. Pertenece a un grupo de figurillas de
Grimaldi que fueron redescubiertas en Montreal en 1991, si bien su descubrimiento en Grimaldi se produjo entre
1883 y 1895 (Bisson y Bolduc, 1994), Delporte (1979. 1993) y Gvozdover (1989) describen figuras humanas del
Paleoltico, y Gamble (1982,1993), Duhard (199.3) y Rice (1981) las interpretan. <<

[31] Srejovic (1972). <<

Kennedy (1992) ofrece una visin general del pensamiento antropomrfico, destacando sobre todo su
[32]

presencia en la etologa. Sugiere que ha llevado a muchas interpretaciones errneas sobre el comportamiento
animal y sostiene que incluso los cientficos que se esfuerzan por no antropomorfizar animales lo hacen a veces sin
darse cuenta. Afirma que la gente tiende compulsivamente a antropomorfizar porque la idea de que los animales
son conscientes y tienen objetivos parece estar en nosotros por naturaleza y por socializacin. <<

Willis (1990), en la introduccin a su volumen sobre el significado humano en el mundo actual, ofrece
[33]

una revisin de las distintas definiciones e interpretaciones del totemismo. <<

[34] Willis (1990, p. 4). <<

[35]En la necrpolis de Oleneoslrovski Mogilnik, en Carelia, de 7800 aos de antigedad, las tumbas
aparecen distribuidas en dos grupos, norte y sur. En las tumbas del primer grupo, en el norte, haba una efigie
crvida, mientras que en las del grupo sur haba una efigie de serpientes y humanos, lo que se ha interpretado como
un reflejo de una divisin en dos grupos totmicos (O'Shea y Zvelebil, 1984). <<

[36]Morphy (1989b, p. 145). Dado que los Seres Ancestrales son recreados continuamente a travs de
rituales y ceremonias, el pasado Ancestral se concibe mejor como una dimensin del presente y, por lo tanto, el
paisaje no es simplemente un registro de acontecimientos mitolgicos del pasado, sino que desempea un papel
activo en la creacin de esos acontecimientos. <<

Carmichael et al (1994) presenta una serie de contribuciones sugiriendo que los humanos asignan
[37]

universalmente significado simblico a rasgos topogrficos con formas extraas, sean cuevas, ros o rocas. <<

[38] Ingold (1992, p. 42). <<

Las tcticas de caza de comienzos del Paleoltico Superior parecen basarse ms en el acoso y muerte de
[39]

animales individuales que en la matanza masiva de manadas, y en este sentido son ms tpicas del Paleoltico
Medio. Enloe (1993), por ejemplo, lo ha demostrado en el Nivel V del Abri du Flageolet (25 700 700 aos), y
coincide con la pauta de caza de renos auriaciense que Spiess (1979) propuso para el Abri Pataud, y con la del
crvido reconstruida por Pike-Tay (1991, 1993) en Roe de Combe y en La Ferrassie. Pike-Tay dice que durante el
Perigordiense Superior la caza no estaba organizada de forma tan logstica como a finales del Paleoltico Superior.
Pero Mellars (1989a, pp. 357-338) describe los conjuntos de Abri Pataud, Roe de Combe. La Gravette y Le Piage
dominados por el reno, cuyos restos representan el 95-99 por 100 de los restos de fauna, todos ellos fechados hace
entre 32 000 y 34 000 aos. El predominio de una nica especie en estos conjuntos de comienzos del Paleoltico
Superior contrasta significativamente con los conjuntos del Paleoltico Medio de la misma regin. Slo el
yacimiento del Paleoltico Medio de Mauran parece arrojar un porcentaje equivalente de dominio de una sola
especie, en este caso bvidos. En Audouze (1987), Audouze y Enloe (1992), Bokelmann (1992), Bratlund (1992) y
Grpnnow (1987) se describe la caza especializada del reno en la fase final del Paleoltico Superior. <<

[40] White (1989); Mithen (1990). <<

[41] Straus (1992, p. 84). La caza especializada del bice es caracterstica del sistema de subsistencia de
finales del Paleoltico Superior en todas las regiones montaosas del sur de Europa (Straus, 1987b). Pero algunos
yacimientos, como el de Bolnkoba y Rascao, en la Espaa cantbrica, situados en acantilados muy escarpados,
tambin presentan niveles de principios del Paleoltico Superior. <<

[42] Soffer (1989a, pp. 714-742). <<

[43] Klein (1989, pp. 540-541). <<

[44]Silberbauer (1981) ofrece una descripcin particularmente detallada de los modelos antropomrficos que
utilizan los g/wi Este pueblo impone atributos humanos a los mamferos sobre todo, y algo menos a aves, reptiles y
anfibios. Silberbauer explica que atribuir personalidades y caractersticas humanas a tales animales sirve para
predecir su comportamiento tanto antes como despus de recibir el impacto (y mientras se persigue su rastro
cuando est herido). Marks (1976) destaca algo parecido entre los bisa, y Gubser (1965) entre los nunamiut.
Blurton-Jones y Konner (1976) han reconocido que el conocimiento que tienen los !kung del comportamiento
animal, basado en modelos antropomrficos, es tan bueno como el de cualquier cientfico occidental. <<

[45]Douglas (1990, p. 33). Esta autora se refiere en especial a los lele de la Repblica Democrtica de
Congo. Estos pueblos tienen numerosas prohibiciones relacionadas con la ingestin de animales moteados, porque
los relacionan al parecer con enfermedades de la piel, incluida la viruela. La autora dice que no utilizan animales
para dibujar imgenes elaboradas de s mismos, ni los utilizan necesariamente para plantear y responder a
profundos problemas metafsicos. El hecho es que tienen razones prcticas para intentar comprender y predecir el
comportamiento animal, razones que tienen que ver con la salud, la higiene y la enfermedad. Los principios de
madurez, de intercambio matrimonial, de territorio y de hegemona poltica que utilizan para explicar su propio
comportamiento son los mismos que utilizan para predecir el comportamiento animal. <<

[46]Knecht (1993a, 1993b, 1994) llev a cabo amplios estudios experimentales de la manufactura y uso de
armas orgnicas de caza a principios del Paleoltico Superior. Tambin compara la utilidad de la piedra y del asta
como materias primas para fabricar armas de caza, y dice que mientras que la piedra posee mayor capacidad para
cortar y penetrar y es de talla ms rpida, los tiles hechos de material orgnico son ms duraderos y fciles de
reparar. Pike-Tay (1993) dice que sus estudios faunsticos y los estudios tecnolgicos de Knecht implican que los
buscadores y proveedores de alimentos del Perigordiense Superior fueron expertos cazadores. La autora interpreta
que las armas orgnicas de principios del Paleoltico Superior no estaban pensadas para animales concretos, sino
para cazar toda una variedad de ellos. <<

[47] Por ejemplo, Clark et al (1986) realizaron un anlisis estadstico con distintas variables de los conjuntos
lticos y faunsticos de La Riera, que demostraba una asociacin persistente entre las puntas solutrenses y el bice.
Utilizando mtodos similares, Peterkin (1993) demostr una asociacin positiva entre la longitud de la empuadura
de los tiles lticos y la proporcin de bvidos en los conjuntos del Paleoltico Superior del suroeste de Francia, lo
que indicara el uso de una tecnologa de enmangue fijo para cazar bvidos. Para el desarrollo de la tecnologa del
arco, vase Bergman (1993). <<

Esto puede reconocerse utilizando los criterios de Bleed (1986) para el diseo ptimo de armas de caza
[48]

(vase tambin Torrence, 1983). Este autor compar dos diseos alternativos: tiles fiables y tiles sostenibles,
pensados cada uno para circunstancias distintas. Cuando los recursos alimentarios son predecibles, pero
disponibles slo durante cortos periodos (una situacin que Torrence, 1983, calificara de apremio o tiempo-
dependiente), los tiles tendran que ser fiables. Lo cual se traducira en un cierto sobrediseo, es decir, en
tiles con partes redundantes y pensados para recursos concretos y producidos por especialistas. Cuando los
recursos presentan una distribucin ms uniforme en el tiempo y son relativamente impredecibles, los tiles
ptimos tendran un diseo sostenible. Se trata de tiles fciles de reparar y mantener mientras se usan, y que
normalmente incorporaran mltiples componentes estandarizados. Considerado desde una escala de anlisis muy
amplia, es cierto que encontramos manufactura de tiles fiables en aquellos medios ms tiempo-dependientes del
periodo lgido de la ltima glaciacin, como era de esperar, y un cambio a una manufactura de tiles sostenibles en
los medios forestales del Holoceno, donde se daba una mayor dispersin y una menor predecibilidad de los
animales de caza. Straus (1991) y Geneste y Plisson (1993) describen la tecnologa de caza especializada del
suroeste de Europa en el momento lgido de la ltima glaciacin, mientras Zvelebil (1984) la compara con la
tecnologa microltica y sostenible del Mesoltico. Ofrece una excelente descripcin de la tecnologa mesoltica y
de su perfecta adecuacin a la caza en medios forestales (Zvelebil, 1986). El contraste entre tiles fiables y tiles
sostenibles tambin es manifiesto a una escala de anlisis menor. Por ejemplo, Pike-Tay y Bricker (1993) sostienen
que mientras en los conjuntos lticos gravetienses del suroeste francs predominan los artefactos lticos que, segn
ellos, son armas de caza fcilmente sostenibles para explotar el alce y el reno, en los conjuntos gravetienses del
estrato 4 del Abri Pataud predominan las armas orgnicas. Este estrato se caracteriza asimismo por un periodo
estacional de caza muy breve slo en primavera y otoo que pudo estimular la produccin de tiles orgnicos
fiables, tal como sugiere la teora de Bleed. <<

Straus (1990a) usa esta frase para caracterizar la nterrelacin entre tecnologa microltica, arpones
[49]

orgnicos y largas puntas de proyectil en el solutrense y el magdalenense. Pero es posible que tambin sea
apropiada como descripcin general de los desarrollos tecnolgicos de los humanos modernos. <<

[50] Wendorf et al. (1980). <<

La evidencia ms impresionante de almacenamiento durante el Paleoltico Superior se encuentra en la


[51]

llanura rusa, donde Soffer (1985) descubri pozos de almacenaje en muchos yacimientos que se utilizaron para
esconder provisiones de carne congelada. Entre finales del Pleistoceno y principios del Holoceno las comunidades
de Japn (cultura Jomon) y del Prximo Oriente (nalufienses) construyeron estructuras de almacenamiento para
guardar materias vegetales (Soffer, 1989b). Nadie discute que entre los grupos mesolticos fuera corriente
almacenar alimentos, aunque la evidencia arqueolgica siga siendo muy parca al respecto. <<

Se trata de un trozo de hueso de la gruta del Tai (Drme. Francia), que data del magdaleniense, y que
[52]

presenta 1020 incisiones en un lado y 90 en el otro, todas ellas ordenadas en lineas paralelas al eje del hueso.
Marshack (1991) ofrece una descripcin minuciosa e interpreta la pieza como una representacin de un sistema de
anotacin y, ms concretamente, como un calendario solar. <<

Existen varias interpretaciones de estos tiles: muescas de caza, calendarios lunares, una concepcin
[53]

matemtica del cosmos, el conocimiento de un sistema de numeracin o clculo, y un acompaamiento


rtmico de recitacin tradicional o de instrumentos de msica (D'Errico y Cacho, 1994. p. 185). <<

[54]Tanto Marshack (1972a. 1972b, 1991) como D'Errico (1991: D'Errico y Cacho. 1994) han realizado un
examen microscpico de las marcas para averiguar la manera y el orden en que se hicieron Mientras Marshack fue
el innovador de esta investigacin. D'Errico aport un grado mayor de valoracin objetiva de las marcas, en parte
utilizando tiles producidos experimentalmente para establecer los criterios a utilizar para inferir la direccin, el
tipo y los cambios del til. Es lgico que exista un cierto grado de desacuerdo entre arabos cientficos, y que
D'Errico se muestre escptico hacia muchos de los mtodos e interpretaciones de Marshack (D'Errico, 1989a,
1989b, 1991, 1992; Marshack, 1989). Los casos ms slidos en la deduccin de sistemas de anotacin a partir de
estos artefactos son el estudio que realizaron D'Errico y Cacho (1994) del til inciso del Paleoltico Superior
procedente de Tossal de la Roca, Espaa, y el estudio de D'Errico (1995) del asta incisa de La Marche, Francia.
Robinson (1992) realiza una crtica muy lcida del trabajo de Marshack. <<

Buenos ejemplos etnogrficos son el paleo-calendario de Amrica del Norte descrito en Marshack (1985)
[55]

y el calendario de los yakut de Siberia hecho de placas de marfil fsil (Marshack. 1991). <<

[56] Pfeiffer (1982). <<

[57] Mithen (1988, 1990). <<


Estas esculturas de Marta, y muchas otras piezas de arte paleolticas, aparecen muy bien ilustradas en el
[58]

National Geographic, vol. 174, n. 4 (octubre de 1988). <<

[59]Hyndman (1990) hace una descripcin del orden de colocacin de los trofeos de los wopkaimin de
Nueva Guinea central y los interpreta como mapas mentales. Destaca su funcin como recordatorio de las
caractersticas de determinados lugares y reas del medio fsico. La disposicin de los huesos en el orden de
colocacin de los trofeos de la casa de los hombres bako-nabip es la siguiente: Las reliquias ancestrales
(menarnen) se guardan en cestas de cuerda colocadas en el centro de los trofeos a nivel de los ojos. Los trofeos
pertenecen al mbito del ahip [crculo interno de las aldeas] en aldeas relativamente estables emplazadas en el
centro del territorio tribal. Los cerdos domsticos se entregan en adopcin a familias selectas que residen a corta
distancia de las aldeas, y las mandbulas de estos animales se exhiben debajo de las reliquias ancestrales Los
huesos de cerdo salvaje ocupan una posicin inferior a los domsticos; proceden del gipsak, la zona baja de la selva
tropical que rodea el jardn interior y las zonas aldeanas Las mandbulas de marsupial ocupan la posicin ms
alejada del suelo, y proceden sobre todo de las selvas meda y alta. Las pelvis y los huesos del muslo del casuario
[animal del mismo gnero que el avestruz] se colocan junto a los cerdos salvajes y a los marsupiales, representando
as la coexistencia de estos animales en las selvas exteriores (Hyndman. 1990. p. 72). <<

[60]Leroi-Gourhan (1968) sugiere que hay pautas deliberadas en la distribucin de las figuras de las pinturas
rupestres, y segn l, algunos animales, como los carnvoros, aparecen en cavidades profundas, y el bisonte en
reas centrales. Esta tesis nunca se ha verificado formalmente, en parte debido a la dificultad que supone identificar
las entradas originales y el lugar preciso en que empiezan y acaban la entrada, las partes centrales y las zonas ms
profundas. Sieveking (1984) cree que las pautas propuestas por Leroi-Gourhan podran estar relacionadas con las
caractersticas ecolgicas de los animales que se asociaban entre s regularmente, de forma muy parecida a como
estos aparecen codificados en el orden de colocacin de los trofeos de los wopkaimin. <<

[61] Eastham y Eastham (1991). <<

Para los tems de ornamentacin personal de principios del Paleoltico Superior vase White (1989b,
[62]

1992, 1993a, 1993b), y Soffer (1985) para los tems manufacturados en la llanura rusa a finales del Paleoltico
Superior. <<

[63]Esto explicara seguramente la discontinua distribucin espacial y temporal de las puntas con formas
muy especficas que los arquelogos clasifican mediante nombres propios como las puntas Font Robert o
pedunculadas de Europa occidental, y las puntas Emi-reh del Prximo Oriente. Estos artefactos, sumamente
tiles para los arquelogos puesto que sirven de indicadores cronolgicos cuando se carece de otros mtodos de
datacin, son portadores seguramente de informacin social relativa a su pertenencia grupal, una informacin que
se incorpora en el momento de su fabricacin. Otros elementos de variabilidad, como seran las marcas en arpones,
pudieron servir para comunicar propiedad individual. La creencia de que estos tiles tipolgicamente distintivos
del Paleoltico Superior incorporaban informacin social est muy extendida entre los arquelogos (p ej., Mellars,
1989b). Wiessner (1983) realiza un excelente estudio etnogrfico de la informacin social de que estn investidos
determinados tiles. Esta autora analiza los tems de la cultura material de los san del Kalahari que llevan
informacin social, y descubre que las puntas de proyectil son idneas para incorporar informacin referida a
grupos y fronteras territoriales, debido a su importancia social, econmica, poltica y simblica generalizada. La
autora caracteriza este tipo de informacin de estilo emblemtico y lo diferencia de lo que ella denomina el estilo
afirmativo, que es informacin sobre la propiedad individual. En cuanto al Paleoltico, tal vez cabria esperar la
presencia del estilo afirmativo en tiles orgnicos como los arpones y las flechas, cuya produccin suele exigir
mayor inversin en trminos de tiempo que la talla de puntas lticas. Adems, el proceso mismo de manufactura
haba adquirido renovada importancia. Sinclair (1995, p. 50) afirma que los aspectos simblicos de la tecnologa
[del Paleoltico Superior) no se limitar a la forma externa de los tiles el simbolismo est presente en todo el
proceso de manufactura, a travs del uso de un conjunto de capacidades y deseos dominantes comunes a la
tecnologa y a otras actividades en el seno de la sociedad. <<

[64] Gellner (1988. p. 45). <<


[65] Morphy (1989b) ofrece un resumen de las caractersticas de los Seres Ancestrales. <<

[66] Gamble (1993). <<

El enterramiento de Skhl se describe en McCown (1937) y el de Oafzch en Vandermeersch (1970).


[67]

Lindly y Clark (1990) dudan de que las partes de animales se incluyeran deliberadamente junto a los humanos
anatmicamente modernos en el momento del enterramiento. Pero debido a la estrecha asociacin entre huesos
animales y humanos, no hay duda de que esas partes de animales fueron depositadas intencionadamente en las
tumbas. <<

Lieberman y Shea (1994). Las inferencias relativas a la estacionaldad se obtienen mediante el anlisis de
[68]

las capas de cemento de los dientes de gacela, mientras que para conocer la intensidad de la caza se analizan la
frecuencia de las puntas en los conjuntos lticos y el carcter de las fracturas. La evidencia de un gasto energtico
mayor por parte de los neandertales se halla en el carcter de su esqueleto poscraneano (Trinkaus, 1992). <<

[69] Grn et al. (1990). Grn y Stringer (1991), Stringer y Brauer (1994). <<

Singer y Wymer (1982). Thackeray (1989) ofrece un resumen de la secuencia arqueolgica del
[70]

yacimiento de Klusier River Mouth. <<

[71] Knight et al (1995) resume la evidencia relativa al uso de ocre rojo en la Edad de la Piedra Media. <<

[72] Knight et al (1995), Knight (1991). <<

[73]Este yacimiento se excav en 1941 y la verdadera fecha de la tumba, si es que es una tumba, es todava
incierta Por desgracia tampoco es posible fechar el material seo (Grn y Stringer, 1991). <<

Parkington (1990) rene la evidencia cronolgica de la industria de Howieson's Poort. y demuestra que
[74]

algunos de estos conjuntos podran tener slo 40 000 aos. Segn l, es improbable que esta industria fuera un
fenmeno unitario y sostiene que emergi en distintas pocas hace entre 100 000 y 40 000 aos. <<

[75] Yellen (1995). <<

Aqu elijo uno solo de los posibles guiones para el origen y distribucin de los humanos modernos en
[76]

todo el mundo. La visin opuesta ms destacable es la que propone una evolucin multirregional (para el debate
sobre el origen de los humanos modernos, vase Mellars y Stringer, 1989; Nitecki y Nitecki, 1994). El
razonamiento ms slido en favor de la hiptesis multirregional de la evolucin es la continuidad de los rasgos
morfolgicos de los fsiles en diferentes partes del mundo, especialmente en el sureste asitico/Australasia y
China. Sospecho que esta continuidad tambin puede explicarse por la emergencia de un conjunto similar de rasgos
adaptativos y por un cierto grado de hibridacin entre poblaciones residentes e inmigrantes. <<

[77] Jones y Rouhani (1986), Jones et al (1992). <<

[78]Tendra que ser posible descubrir en el perodo de hace entre 100 000 y 60 000-30 000 aos yacimientos
arqueolgicos creados por los primeros humanos modernos que guarden algn parecido con los humanos modernos
y con los humanos plenamente modernos. Este yacimiento podra ser el de Prolom II, en Crimea, que contiene
tiles Lticos tpicamente neandertales, pero tambin una gran cantidad de huesos, algunos de los cuales presentan
perforaciones, incisiones o astillas (Stepanchuk, 1993). El yacimiento an no se ha fechado y no hay restos de
esqueleto humano asociado a l. En mi opinin, este yacimiento arqueolgico demostrar ser un asentamiento de
primeros humanos modernos con una pizca de fluidez cognitiva. <<

[1] Dunbar se expresa de la siguiente forma al respecto: El intercambio de informacin ecolgicamente


relevante podra ser el desarrollo ulterior que se capitaliz en una ventana de oportunidad creada por la
disponibilidad de un ordenador con una gran capacidad para procesar informacin (1993, p. 689). <<

[2] Talmy (1988). <<

[3] Pinker (1989). <<

[4] Sperber (1994, p. 61). <<

[5]El filsofo Daniel Dennett sugiere, para la evolucin de la mente, un guin parecido al de Sperber cuando
en su libro de 1991, Consciousness Explained, interpreta uno de sus experimentos mentales. Pero en su caso
destaca la importancia de hablarse a uno mismo ms que con otras personas. Lo llama autoestimulacin y las
consecuencias que describe son las que yo he descrito como fluidez cognitiva. Cito a Dennett (1991, pp. 195-
196): La prctica de hacerse preguntas a uno mismo pudo originarse como un efecto colateral natural de hacer
preguntas sobre otros, y su utilidad sera parecida: un comportamiento que visiblemente incrementara las
perspectivas de uno gracias a una orientacin-accin mejor informada Supongamos que la informacin
correcta ya est en el cerebro, pero se halla en manos del especialista equivocado; el subsistema del cerebro que
necesita la informacin no puede acceder directamente al especialista porque la evolucin sencillamente no ha
encontrado la oportunidad para suministrar esa conexin. Pero hacer que el especialista transmita la
informacin al medio, y luego confiar en un par de orejas (y un sistema auditivo) para poder captarla, sera una
forma de crear una conexin virtual entre los subsistemas implicados. Un acto de autoestimulacin de este tipo
podra abrir una nueva y valiosa va entre los componentes internos de uno. Si sustituimos los trminos
especialista por inteligencia especializada y conexin virtual por fluidez cognitiva, el razonamiento de
Dennett es similar al que yo he propuesto, salvo que en su caso cualquier especialista podra transmitir
informacin, mientras que yo sostengo que esta funcin se limit solamente a la inteligencia social. <<

[6] Rozin (1976. p. 246). <<

[7] Pigeot (1990), Fischer (1990). <<

[8] Es importante mencionar aqu que aunque los humanos modernos tienen una capacidad para la
instruccin verbal, los artesanos especializados suelen adquirir su habilidad tcnica mediante observacin y
aprendizaje a base de ensayo y error, y no mediante aprendizaje explicito. Wynn (1991) describe este proceso en
varios grupos modernos, desde los palangreros hasta los artesanos de las sociedades tradicionales. Ese mtodo de
aprendizaje asegura que el conocimiento tcnico se construye en el interior de una inteligencia especializada, que
es algo muy distinto a convertirse en parte de lo que Sperber (1994) llama el mdulo de la metarrepresentacin,
donde se emplaza el conocimiento adquirido mediante el lenguaje. Los psiclogos llaman memoria procesal a la
clase de conocimiento que slo puede expresarse mediante demostracin. Y la comparan con la memoria
proposicional que est dividida en dos; episdica y semntica. Endel Lulving (1983) propuso y explor esta
distincin. Si bien estos tipos de memoria comparten muchos rasgos, difieren en otros: la memoria episdica se
refiere a recuerdos de hechos y quehaceres personales, mientras que la memoria semntica se refiere al
conocimiento del mundo, que es independiente de la identidad y del pasado de la persona. Con respecto al guin de
la evolucin que he propuesto, la memoria episdica podra ser perfectamente la forma original de la memoria en
la inteligencia social, y pudo estar presente en los humanos primitivos, as como formas de memoria procesal en las
inteligencias tcnica y de la historia natural. En cambio, la memoria semntica podra ser exclusiva de la mente
humana moderna. Si la principal diferencia entre esta memoria y la episdica es el tipo de informacin que
procesan y Tulvin destaca que las diferencias ms importantes entre estos dos tipos de memoria siguen siendo
inciertas, entonces la memoria semntica pudo emerger a raz de la invasin de informacin no social en la
inteligencia social. Esta informacin se hizo accesible a los mdulos mentales previamente dedicados a crear
recuerdos slo de eventos personales en la inteligencia social, y se hizo asimismo asequible a la consciencia
reflexiva o autoconsciencia. <<
[9] Schachter (1989. p. 360). <<

[10] Searle (1992. pp. 108-109). <<

[11] Aiello (1996a), Wills (1994). <<

[12] Wills (1994). <<

[13] Knight et al (1995). <<

[14] Smith et al (1995). <<

[15] Stringer y Gamble (1993), Dean et al (1986), Zollikofer et al (1995). Vase asimismo Smith et al (1993).
<<

[16] Akazawa et al (1995). <<

[1] El breve resumen que sigue de la evolucin de los primates se basa en Martin (1990) y Simons (1992). <<

[2] McFarland (1987). <<

[3] Simons (1992). <<

[4] Milton (1988). <<

[5] Aiello y Wheeler (1995). <<

[6] Whiten (1990, p. 367). <<

[7] Humphrey (1984, p. 22). <<

[8]No estn claras las relaciones filogenticas entre los primates fsiles euroasiticos de entre 15 y 4,5
millones de aos y los homnidos. De estos fsiles, el mejor representado es Dryopithecus, cuyos restos se han
encontrado en Hungra, el sur de Francia y en Espaa. En la regin del valle del Peneds, en Espaa, se ha
encontrado recientemente un espcimen especialmente bien conservado de D. laietanus, que demuestra que los
dryopitecos se colgaban de los rboles y caminaban a cuatro patas, como los actuales orangutanes (Moy-Sol y
Khler. 1996), Andrews y Pilbeam (1996) comentan la reconstruccin filogentica de este periodo. <<

[9] Aiello (1996a). <<

[10] Wheeler (1984, 1988, 1991, 1994). <<

[11] DeMenocal (1995). <<

[12] Falk (1990). <<

[13] Falk (1990, p. 334). <<

[14] Aiello y Wheeler (1995). <<

[15] Humphrey (1984, p. 23). <<


[16] Aiello (1996a. 1996b). <<

Aiello y Dunbar (1993), Aiello (1996b), basndose en un trabajo reciente de Roben Foley. sugiere que
[17]

un aumento gradual a ritmo exponencial de la poblacin humana, empezando con H. erectus hace 1,8 millones de
aos, habra acabado por traducirse en una explosin demogrfica, forzando a la poblacin a vivir en grandes
grupos. <<

[18]Los ms notables son tiles trabajados bifacialmente, parecidos a las hachas de mano, que se encuentran
en los conjuntos del final del musleriense en yacimientos como el de Combe Cirenal. Clive Gamble (1993. 1994;
Stringer y Gamble, 1993) ha sugerido que pueden observarse otros rasaos en el comportamiento neandertal a partir
de hace 60 000 aos como un mayor grado de estructura espacial en los yacimientos arqueolgicos, que
prefiguran los desarrollos del Paleoltico Superior. Llama a este periodo fase pionera. Pero no hay evidencia
slida de la presencia de una fluidez cognitiva, y no hay nada que indique una capacidad para el simbolismo. <<

[19]Lake afirma que es plausible que la evolucin por seleccin natural avance aislando, rectificando y
luego reintegrando las partes una y otra vez. La seleccin natural es mucho ms eficaz cuando la correlacin entre
la variabilidad y las condiciones genotpicas es muy estrecha; resulta imposible cuando no hay correlacin entre
ambas. El grado de correlacin sera dbil en los sistemas generalizados, ya que las condiciones genotpicas
estaran sujetas a ms presiones selectivas que demandan respuestas adaptativas incompatibles. Es por ello que la
seleccin natural opera con ms xito sobre los sistemas especializados. Pero estos sistemas suelen ser frgiles, en
el sentido de que no hay forma de adaptarlos para que puedan afrontar un cambio radical en las condiciones
selectivas. As, parece que la persistencia a largo plazo de un tipo de sistema (o de linaje) requiere que posea las
propiedades contradictorias de la predecibilidad y La flexibilidad. Sugiero que la seleccin natural ha resuelto con
frecuencia este entresijo descomponiendo los sistemas en partes cuyas interconexiones mutuas son muy dbiles. De
esta manera puede responder a pequeos cambios en las condiciones selectivas adaptando el subsistema ms
pertinente sin afectar radicalmente al resto del sistema. Pero al mismo tiempo, la posibilidad de reordenar los
vnculos entre los distintos subsistemas proporciona la flexibilidad requerida para hacer frente a condiciones
selectivas radicalmente alteradas (comunicacin personal, 16 de noviembre de 1995). <<

[20] Dawkins (l986). <<

[21]El problema que plantea la definicin de ciencia se pone de manifiesto cuando comparamos los dos
puntos de vista siguientes, el primero, que mantienen los filsofos e historiadores de la ciencia, nace ya con la
publicacin a principios del siglo XVII de la obra de Francis Bacon. quien proclama que la ciencia debe basarse en
la observacin emprica del mundo y en la experimentacin. A partir de Bacon se han propuesto otras definiciones
de ciencia. Karl Popper neg que la ciencia fuera un mero proceso de generalizacin a partir de un cmulo de
observaciones y dijo que la esencia de la ciencia es la capacidad para falsar las propias hiptesis. Thomas Kuhn
introdujo la idea de que la ciencia est profundamente arraigada en una matriz social y no avanza por una
acumulacin gradual de conocimientos, sino a saltos (cambios de paradigma). Ms recientemente algunos
filsofos como Paul Foyerbend han cuestionado la idea misma de mtodo cientfico.

Hay muchos libros que abordan las distintas y cambiantes ideas sobre la ciencia (por ejemplo, Gillies, 1993)
y otros que describen el desarrollo del pensamiento cientfico; tal voz el ms notable sea el trabajo de Herberl
Bulterworth de 1957, The Origins of Modern Science 1300-1800. Como evidencia el propio ttulo, las distintas
historias de la ciencia empiezan casi invariablemente a finales del periodo medieval y se centran en el trabajo de
figuras como Galileo, Coprnico. Newton y Einslein. En todas estas obras se presupone implcitamente que si bien
los fundamentos intelectuales de todos esos cientficos se encuentran en las obras de los pensadores clsicos e
islmicos, la ciencia es en realidad un producto de la civilizacin occidental. Un artculo reciente publicado en el
Brtish Journal for the history of Science llegaba a la conclusin de que la ciencia no tiene ms de 250 aos y que
est confinada a la Europa occidental y a Norteamrica (Cummingham y Williams. 1993).

Pero pasemos a considerar ahora el otro punto de vista, radicalmente distinto, y que se debe a un cientfico
En su libro de 1995, The Trouble with Science, Robin Dunbar cuyas teoras sobre la evolucin del lenguaje se han
comentado aqu, afirma que la ciencia es un mtodo para descubrir cosas sobre el mundo basado en la generacin
de hiptesis y la verificacin/contrastacin de las predicciones derivadas de esas hiptesis. Se trata de una posicin
bastante convencional. Pero Dunbar adopta una posicin radical al cuestionar la presuncin de que ese mtodo sea
exclusivo de la cultura occidental moderna.

En su libro, Dunbar sostiene que no slo los inventos tecnolgicos chinos del primer milenio a. C., como la
imprenta, la seda y la plvora, pueden considerarse como productos de la ciencia, sino tambin el conocimiento
que tena Aristteles del mundo natural en el siglo IV a. C. y el desarrollo de las matemticas y de la fsica por
parte de los estudiosos islmicos de los siglos IX al XII d. C. Hasta aqu resulta sin duda aceptable para la mayora
de sus lectores. Pero Dunbar da un paso ms y afirma que la ciencia es algo corriente en las sociedades
tradicionales no occidentales. Segn l, la ciencia es el mtodo para adquirir el prodigioso y preciso
conocimiento sobre el mundo natural que ya posean los cazadores-recolectores, los pueblos pastores y
agricultores. Y por si fuera poco, Dunbar afirma que muchos animales no humanos tambin hacen ciencia,
porque la verificacin de hiptesis parece ser uno de los medios que utilizan para adquirir SU conocimiento del
mundo. Y concluye que la ciencia es una caracterstica genuina y universal a todas las formas avanzadas de vida
(p. 75). <<

D'Errico (1995), Donald (1991) tambin destaca la importancia de lo que l denomina dispositivos de
[22]

almacenaje exteriores. <<

[23] Dennett (1991). <<

[24]En su libro The Trouble with Science (1995), Robin Dunbar dice que el uso de meta loras es muy
corriente en la fsica y en la biologa de la evolucin, ya que estas disciplinas se basan en teoras un tanto extraas
a nuestra experiencia cotidiana. Para entenderlas, los cientficos tienden no slo a utilizar metforas, sino a elegir
aquellas relacionadas con el mundo social de los humanos. Por ejemplo, el genetista Steve Jones (1993) utiliza la
metfora del cdigo gentico como posesin de un lenguaje; y Pinker (1994) dice que el uso de una metfora
lingstica en la gentica es ya moneda corriente. Dunbar ofrece ejemplos de otras muchas metforas utilizadas en
el pensamiento biolgico, como por ejemplo la hiptesis del esperma kamikaze. <<

[25] Gould (1990, p. 229). <<

[26] Kuhn (1979). <<

[27] Dennett (1991, p. 455). <<

[1] Mole (1992) presenta un breve compendio de las teoras existentes sobre el origen de la agricultura. <<

Wendorf el al. (1990) describen la arqueologa de Wadi Kubbaniya, e Hillman (1989) resume los restos
[2]

alimentarios del ltimo Paleoltico. <<

[3] Hillman et al. (1989). <<

[4] Cohen y Armelagos (1984). <<

[5] Hole (1992). <<

[6]Este razonamiento se detalla en el libro de Nathan Cohen de 1977 titulado La crisis alimentaria de la
prehistoria. <<

[7] Cohen y Armelagos (1984). <<


[8] Dansgaard. White y Johnson (1989). <<

[9] El siguiente resumen se basa en Moore y Hillman (1992). <<

[10] Legge y Rowley-Conwy (1987). <<

Este es el periodo denominado Dryas reciente, un acontecimiento medioambiental global que signific
[11]

un nuevo avance de las capas de hielo en Europa. Fue un intervalo fro corto y duro seguido de un calentamiento
global muy rpido que mare el verdadero fina de la ltima glaciacin. <<

[12] Bar-Yosef y Belfer-Cohen (1989). <<

[13]La arquitectura misma no es necesariamente indicativa de sedentarismo. Los cazadores-recolectores


tambin construyen viviendas relativamente estables en determinadas circunstancias, as como otras estructuras a
las que regresan regularmente. Bar-Yosef y Belfer-Cohen (1989) sugieren que la mejor evidencia de sedentarismo
se halla en la presencia de gorriones, ratones y ratas en la fauna de estos yacimientos. <<

Para un resumen del asentamiento y economa natufienses, vanse Byrd (1989) y Bar-Yosef y Belfer-
[14]

Cohen (1989). <<

[15] Bar-Yosef y Belfer-Cohen (1989, p. 4909). <<

[16]Esto se evidencia en las relaciones espaciales entre los pozos de almacenaje y los habitculos En
Radomyshl aparecen varias viviendas en torno a un pozo central de almacenamiento, lo que indicara un acceso
abierto, visible e igual de todos los habitantes del yacimiento a los recursos almacenados. En el yacimiento
ligeramente ms tardo de Dobrani-chevka aparece una cantidad similar de pozos de almacenamiento de tamao
parecido, distribuidos alrededor de cada vivienda, lo que significara que los residentes de cada vivienda eran ahora
propietarios de sus propios recursos almacenados, pero la distribucin de estos se-gua siendo equitativa. En
yacimientos posteriores, como los de Mezin. Gontsy y Eliseevichi, los pozos de almacenamiento aparecen
distribuidos preferentemente en torno a una Kilo vivienda Por ejemplo, en Mezin parece que haba 5 viviendas,
pero 6 de los 7 (u 8) pozos de almacenamiento estaban emplazados al lado de slo una de ellas. Por consiguiente,
parece que los residentes de esta vivienda controlaron el acceso a los recursos almacenados (Soffer, 1985, pp 459
463). <<

[17]
Mithen (1990). <<

[18] Vanse Albrethsen y Petersen (1976), Larsson (1983) y Clark y Neeley (1987). <<

Vanse Clark (1992) y Mithen (1993) para dos visiones distintas sobre cmo utilizar una perspectiva
[19]

darwiniana para abordar el comportamiento prehistrico. <<

[20] Hayden (1990. p. 35). <<

[21] Bahn (1978). Esta evidencia ha sido valorada crticamente en White (1989b). <<

[22] Bahn (1978). <<

Para el adiestramiento de perros en el sur de Escandinavia, vase Larsson (1983), para el natufiense,
[23]

vase Byrd (1989). <<

[24] Humphrey (1984. pp. 26-27). <<


[25]Zvelebil (1994) resume la evidencia sobre la gestin y manipulacin de recursos vegetales durante el
Mesoltico europea. <<

[26]Yen (1989) y Hallam (1989) resumen la evidencia sobre domesticacin del medio entre los indgenas
australianos. Vanse asimismo Chase (1989) y Jones y Mechan (1989). <<

[27] Vanse Higgs y Jarman (1969), Higgs (1972). <<

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