HACIA UNA CULTURA DE LA
SOSTENIBILIDAD
ANLISIS Y PROPUESTAS DESDE LA
PERSPECTIVA DE GNERO
Alicia H. Puleo, Georgina Aim Tapia Gonzlez,
Laura Torres San Miguel y Anglica Velasco Sesma
(coords.)
Edita: Departamento de Filosofa de la Universidad
de Valladolid
Con la colaboracin de la Ctedra de Estudios de
Gnero de la UVA
HACIA UNA CULTURA DE LA
SOSTENIBILIDAD
ANLISIS Y PROPUESTAS DESDE LA
PERSPECTIVA DE GNERO
HACIA UNA CULTURA DE LA
SOSTENIBILIDAD
ANLISIS Y PROPUESTAS DESDE LA
PERSPECTIVA DE GNERO
Alicia H. Puleo, Georgina Aim Tapia Gonzlez,
Laura Torres San Miguel y Anglica Velasco Sesma
(coords.)
Edita: Departamento de Filosofa de la Universidad de
Valladolid
Con la colaboracin de la Ctedra de Estudios de Gnero de
la UVA
Primera edicin: 2015
Alicia H. Puleo, Georgina Aim Tapia Gonzlez, Laura Torres San
Miguel y Anglica Velasco Sesma 2015
de los captulos, sus autores 2015
Departamento de Filosofa de la Universidad de Valladolid
(Espaa)
Esta obra se publica bajo una licencia libre Creative Commons
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copia, distribucin, reproduccin, prstamo y modificacin total o
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nimo de lucro, se acredite la autora original y la obra resultante se
distribuya bajo los trminos de una licencia idntica a esta. Para usos
comerciales, se requiere la autorizacin del editor.
Imagen de portada: Vernica Perales Blanco
ISBN: 978-84-606-7121-3
Presentacin
El podero tecnolgico alcanzado en la actualidad presenta
numerosas ventajas pero tambin nuevos problemas. Nunca como
hoy en da se haban elevado tantas voces competentes y autorizadas
para alertar del peligro global al que se enfrenta la humanidad al
cumplir el programa moderno de construccin de la Casa del
Hombre, esa Naturaleza totalmente domesticada y convertida en
simple medio de la razn instrumental. A finales de este ao 2015
tendr lugar en Pars una conferencia mundial sobre el clima que es
quizs la ltima esperanza de conseguir un acuerdo de reduccin de
emisiones de CO2, siempre postergado a pesar de los alarmantes
informes que desde 1990 entrega el Panel Intergubernamental de
Expertos sobre el Cambio Climtico IPCC (Intergovernmental Panel on
Climate Change). El temido cambio climtico no es el nico riesgo pero
s anuncia un punto de no retorno. Otras formas del deterioro
medioambiental son la contaminacin creciente de la tierra, del aire y
del agua por las actividades industriales, los pesticidas y herbicidas
empleados en la agricultura, los conflictos blicos y las diferentes
formas de la civilizacin del petrleo
La Filosofa Moral y Poltica no ha permanecido indiferente
ante estos fenmenos. Las voces solitarias y las reflexiones puntuales
han ido conformando una nueva rea especfica con nombre propio
_la llamada tica ambiental_ y la Filosofa Poltica ha comenzado a
interesarse por la problemtica ecolgica como elemento que no
puede ser ignorado a la hora de pensar en torno a categoras tales
como las de justicia o ciudadana. Un nmero creciente de
investigaciones indagan, asimismo, en aquellos aspectos en que la crisis
ecolgica ha de ser comprendida con la ayuda de la categora de
gnero como construccin histrica de las identidades de sexo e
-5-
Hacia una cultura de la sostenibilidad
interpretacin androcntrica del mundo. La puesta en relacin de los
tiles conceptuales de las teoras feministas y ecolgicas constituye una
aproximacin de vanguardia que tendr un amplio desarrollo en el
futuro.
La construccin de una cultura de la sostenibilidad basada en
la justicia social y ecolgica y en la igualdad efectiva entre hombres y
mujeres, la superacin de estereotipos y discriminaciones de gnero
ocupa un lugar central entre los retos pendientes del siglo XXI. As lo
reconoce su inclusin en los Objetivos del Milenio. Las contribuciones
que reunimos en esta publicacin son el resultado de las exposiciones
y debates que tuvieron lugar en el I Congreso Internacional Gnero y
Cultura de la Sostenibilidad (XXII Jornadas de Filosofa) celebrado en
la Facultad de Filosofa y Letras de la Universidad de Valladolid,
Espaa, durante los das 6, 7 y 8 de noviembre de 2013 con la
asistencia de investigadoras e investigadores de ms de 10 pases de
Europa y Amrica Latina. Este Congreso Internacional se centr en
las relaciones entre igualdad de gnero y sostenibilidad a partir de la
idea de que los instrumentos conceptuales desarrollados en torno a
ambas metas pueden potenciarse mutuamente. Durante los tres das
del encuentro, tuvieron lugar conferencias y debates con especialistas
en Filosofa Moral y Poltica y espacios de dilogo interdisciplinario
abiertos a otras reas de la praxis y del conocimiento de las
Humanidades y las Ciencias Sociales que se revelaron altamente
enriquecedores en el tratamiento de la cuestin. El objetivo de la
realizacin de este encuentro era incentivar esfuerzos y superar las
limitaciones disciplinares y vivenciales para conocer y discutir anlisis y
propuestas prcticas orientadas a la igualdad de gnero, al desarrollo
humano y al respeto por los dems seres vivos y los ecosistemas.
El carcter coral y diverso de esta obra procede, pues, de la
multiplicidad de sus participantes que, con posiciones distintas y, en
ocasiones, opuestas, reflexionan desde sus respectivas disciplinas y
mbitos de accin con la intencin de avanzar hacia un mundo mejor.
Hemos organizado las diferentes aportaciones en 7 grandes secciones.
Consideraciones preliminares trata la evolucin del
pensamiento ecologista en los ltimos 25 aos _un aspecto a tener
muy en cuenta para el resto de las discusiones_ y el surgimiento de la
teora ecofeminista, sus problemas, sus potencialidades y su progresivo
alejamiento del esencialismo inicial a travs de una perspectiva
constructivista desarrollada fundamentalmente en el mbito de la
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Presentacin
Filosofa. La segunda parte, Pioneras del pensamiento, rene
investigaciones sobre pensadoras del pasado que corresponde recordar
a la hora de atender a la relacin entre gnero y ecologa. De las
sufragistas se destacan aspectos olvidados que las hacen precursoras
de la filosofa ecofeminista: sus escritos y su militancia en defensa de
los animales, y su activismo ecopacifista. De Oliva Sabuco, filsofa del
Renacimiento espaol, su participacin en dos polmicas significativas
de la poca: la de la supuesta inferioridad natural de las mujeres y la
que negaba la capacidad de sentir a los animales. Finalmente, de la
filsofa que ms ha marcado el feminismo del siglo XX _Simone de
Beauvoir_ se examina su posicin frente a la Naturaleza, una posicin
que no dejar de tener su influencia en las vicisitudes posteriores de la
relacin del feminismo con la ecologa. Debates sobre dominio,
autonoma y tica del cuidado _tercera parte de esta compilacin_
incluye trabajos muy diversos que van desde la pregunta acerca de la
compatibilidad del ecologismo con la autonoma hasta las formas en
que se relaciona la construccin de subjetividades con el dominio
patriarcal sobre los cuerpos de las mujeres, de los animales y del resto
de la naturaleza no humana. Algunos estudios abordan la cuestin
desde hiptesis histrico-antropolgicas, otros desde la tica del
cuidado, el Derecho, la Biotica y la experiencia y el saber de mujeres
con discapacidad. Como no poda ser de otra manera, este debate
entra tambin en la tematizacin de la identidad viril desde la
perspectiva de los estudios de la masculinidad. La representacin
simblica como construccin interpretativa del mundo que nos rodea
constituye el tema de la cuarta parte, Reflexiones sobre arte,
literatura, cultura popular y media . Se rastrea la relacin de las
creadoras y de las imgenes femeninas del arte culto y de la moderna
cultura popular de masas con aquello que se presenta como
Naturaleza. Se subraya la existencia del impacto de las teoras
ecofeministas en la produccin artstica contempornea, as como la
capacidad del arte para descubrir la subjetividad de los animales no
humanos, superando as el antropocentrismo extremo hegemnico. Se
enfatiza tambin la presencia del sexismo y del androcentrismo en la
representacin artstica y en la informacin de los [Link] crtica al
etnocentrismo y al colonialismo se combina con la denuncia del
dualismo jerarquizado y generizado Cultura/Naturaleza en la quinta
parte, titulada Ecojusticia para descolonizar la tierra. Varios son
los aspectos relevantes de la cuestin que son tratados aqu: las
categoras filosficas dualistas de anlisis de la realidad, el interesado
sesgo del paradigma de desarrollo, la destructiva contaminacin de la
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
tierra en el llamado Sur para beneficio de multinacionales
extractivistas, la interseccin entre identidad cultural e identidad de
gnero y las tensiones entre las propuestas del feminismo de la
igualdad y los feminismos indgenas. Se examinan tambin soluciones
y modelos innovadores como la Agroecologa y las resistencias
asociativas que ya estn en marcha, todos ellos fenmenos en los que
las mujeres tienen un valioso protagonismo. La sexta parte concierne
las Propuestas educativas para una necesaria conjuncin de
conciencia ecolgica e igualdad de gnero. Tanto para la educacin
formal como informal, se evidencia la necesidad de adoptar nuevos
modelos y de revisar los valores que se transmiten a la luz de la
igualdad, la interculturalidad y la sostenibilidad. Por ltimo, las
Consideraciones finales aportan una reflexin sobre la
vulnerabilidad y la precariedad como elementos necesarios en el
tratamiento actual del tema de la justicia en la filosofa poltica.
No queremos cerrar estas lneas sin antes agradecer al
Departamento de Filosofa de la Universidad de Valladolid, en
particular a su secretaria, Elicia Garca, a su director, Pedro
Gonzlez Arroyo y a todo su profesorado por el apoyo dado a
esta publicacin. Todo nuestro reconocimiento tambin a la
Ctedra de Estudios de Gnero de la Universidad de Valladolid por
su colaboracin. Y, por supuesto, especialmente, agradecemos a todas
las personas que aportaron su conocimiento y sus reflexiones con los
trabajos que conforman esta obra.
Alicia H. Puleo, Georgina Aim Tapia Gonzlez,
Laura Torres San Miguel y Anglica Velasco Sesma
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I. CONSIDERACIONES
PRELIMINARES
Transformaciones del ecologismo
Andrew Dobson1
Universidad de Keele (Reino Unido)
19ad57@[Link]
All I left behind 2
Introduccin
Hace 25 aos, la entonces primera ministra del Reino Unido,
Margaret Thatcher, pronunci un discurso ante la Royal Society. En
l, afirm lo siguiente:
A lo largo de muchas generaciones hemos
dado por sentado que los esfuerzos de la
humanidad daran lugar a la estabilidad del
equilibrio fundamental de los ecosistemas y la
atmsfera. Sin embargo, es posible que, como
resultado de los enormes cambios (en la
demografa, la agricultura, el uso de los
1Andrew Dobson es Catedrtico de Poltica en la Keele University, miembro de la
Academy of Social Sciences y miembro fundador de la revista Environmental Politics. Se
encuentra entre los especialistas ms conocidos en el mundo en lo que concierne al
pensamiento poltico ecologista. Es autor, entre otras obras, de Green Political Thought
(versin castellana: Pensamiento poltico verde: Una nueva ideologa para el siglo XXI) y
Citizenship and the Environment (Oxford University Press, Oxford, 2003).
2 Emmylou Harris, del disco Songbird: Rare Tracks and Forgotten Gems
(Septiembre 2007).
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
combustibles fsiles) que han tenido lugar en
un perodo tan breve, hayamos iniciado sin
saberlo un descomunal experimento con el
ecosistema del planeta (Thatcher, 1988)
Este discurso ha sido ampliamente reconocido como un punto
de referencia en el desarrollo del movimiento ecologista, no porque
Thatcher pasara a ser miembro activo del movimiento (que no lo
hizo), sino porque seal la aceptacin general de la preocupacin
medioambiental.
La aceptacin de la preocupacin medioambiental, a la que el
discurso de Thatcher contribuy de un modo importante (pero no
exclusivo), ha tenido un efecto considerable en cmo percibimos los
problemas ambientales y lo que debemos hacer al respecto. Un cuarto
de siglo despus, se puede ver claramente una trayectoria. La teora
poltica verde ha cambiado mucho desde aquel entonces y creo que
esto se debe, en parte, al modo en que la poltica verde se ha acercado
al centro del inters poltico, hasta tal punto que Los Verdes participan
en coaliciones de gobiernos (Mller-Rommel and Poguntke, 2002).
Ahora bien, nos podemos preguntar cmo ha sido esta
trayectoria. Cuando escrib por primera vez sobre este tema, en 1990,
mi intencin fue escribir un libro sobre lo que a m me pareci una
nueva ideologa lo que llam el ecologismo. Bas mi descripcin y mi
anlisis sobre tres posturas que _a mi juicio_ distinguan el
ecologismo de las dems ideologas polticas (Dobson, 1990). Con
esto quiero decir que ninguna de estas tres posturas se encontraba en
ideologas modernas ms establecidas como el socialismo, el
anarquismo, el liberalismo y otras.
Ecocentrismo
La primera era su ecocentrismo. En trminos generales, es la idea
de que aunque los seres humanos sean las nicas entidades capaces de
conferir valor, no son las nicas que tienen valor. Adems, aunque se
pueda aceptar que las entidades no humanas tienen un valor
instrumental para los seres humanos, el ecologismo sostena que estas
entidades tenan un valor que iba ms all de su posible utilidad para
los seres humanos en otras palabras, que tienen un valor intrnseco.
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Transformaciones del ecologismo
Los lmites al crecimiento
El segundo principio del ecologismo fue su creencia en los
lmites del crecimiento. En 1972 se public un libro que lleva este mismo
nombre (Meadows et al, 1974) y desde entonces ha sido actualizado
dos veces (Meadows et al, 1992, 2005). Aunque se han modificado
algunos detalles de su mensaje, la idea principal sigue siendo la misma:
el crecimiento continuo en un sistema finito es una aspiracin
imposible.
Se han planteado diversas objeciones a la tesis de los lmites del
crecimiento:
que subestimaba la capacidad del ingenio humano para
afrontar los desafos que supone el progreso,
que subestimaba la capacidad del mercado para responder a la
escasez de recursos,
que los avances tecnolgicos nos permitiran sacar aun mayor
provecho de los recursos que tenemos.
Pero ninguna de estas objeciones ha alejado a los ecologistas polticos
de su creencia fundamental: que los sistemas polticos y econmicos
que solo miden el xito en trminos de crecimiento del Producto
Interno Bruto estn condenados al fracaso a largo plazo.
Ecofeminismo
Lo que los dos pilares citados tienen en comn es la
reinsercin de los seres humanos en un contexto ms grande que los
abarca. Otras ideologas polticas son en su mayora prometeicas tanto
en sus supuestos como en sus intenciones: el mundo est hecho para
los seres humanos, y cada vez ms hecho por ellos.
La crtica por parte de los Verdes a esta actitud prometeica es
apoyada por una visin clave del ecofeminismo en la que los seres
humanos son criaturas naturales. Lo cual no significa caer en un
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
esencialismo que ve a las mujeres como ms cercanas a la naturaleza,
sino que es, ms bien, una observacin ms profunda sobre qu tipo
de seres debemos ser para poder llevar a cabo vidas ms sostenibles.
Al igual que otros animales, los seres humanos somos
dependientes, vulnerables y limitados. El sujeto del pensamiento
liberal imperante es siempre autnomo, nunca enfermo, con un
trabajo permanente y bien remunerado, y sin hijos ni otras personas
dependientes. Adems de poco realista, y de haber sido
histricamente desastrosa para muchas mujeres (y para unos cuantos
hombres tambin), segn el ecofeminismo, esta perspectiva es tambin
nociva para el planeta, o al menos limita las oportunidades de la
humanidad para sobrevivir en l.
Tanto el ecocentrismo como los lmites al crecimiento se
fundamentan en esta leccin del ecofeminismo: que somos criaturas
heternomas a la vez que autnomas, dependientes e independientes,
limitadas realmente por nuestro contexto y circunstancias.
Descentralizacin
La tercera caracterstica del ecologismo jug un papel ms
instrumental y contingente en la ideologa que el ecocentrismo o los
lmites del crecimiento. Al verse enfrentados a la cuestin de cmo
organizar la sociedad del mejor modo para lograr y mantener un
proceso de desarrollo sostenible, los ecologistas polticos abogaron
por una descentralizacin radical.
Evidentemente, el ecologismo no ha sido la nica ideologa
con esta visin. Algunas vertientes del liberalismo y el anarquismo
tambin han elogiado a las sociedades descentralizadas. Pero, dado su
inters en la sostenibilidad, el ecologismo recurri a una serie de
razones especficas para defender la descentralizacin. Otras ideologas
basan sus argumentos en un imperativo democrtico, mientras que el
ecologismo sostiene que, al reducir la distancia entre productores y
consumidores, organizaciones sociales de tipo descentralizado pueden
poner de manifiesto las consecuencias ecolgicas de los procesos de
produccin y consumo. As pues, las caractersticas del ecologismo
que ms directamente sirvieron para distinguirlo de otras ideologas
polticas modernas fueron el ecocentrismo, los lmites del crecimiento
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Transformaciones del ecologismo
y la descentralizacin. A medida que se ha desarrollado la teora
poltica verde, estos tres pilares han evolucionado de un modo
bastante diferente.
El ecologismo en la actualidad
Hoy, la definicin de ecologismo en estos trminos no resulta
tan convincente como lo fue en aquel entonces, en gran parte debido a
que estos pilares no forman parte tan evidente de la ideologa, tal
como sta se nos presenta actualmente. Esto se debe a razones
complejas e interrelacionadas, pero sobre todo al modo en que las
formaciones polticas verdes han puesto en prctica dichas ideas.
Para comenzar con el ecocentrismo, he de decir que los
tericos y los partidos verdes se han apoyado cada vez menos en la
idea del valor intrnseco de la naturaleza como una razn vlida para
defender el ecologismo. Las razones basadas en intereses humanos
predominan cada vez ms en el pensamiento tico verde. Hoy en
da, es muy difcil imaginar que un partido poltico base su campaa en
una plataforma ecocntrica.
Antropocentrismo progresista
A veces, este cambio sigue una direccin bastante clara: la
degradacin ambiental es perjudicial para los seres humanos de la
generacin actual y, por lo tanto debe evitarse; pero, en otras
ocasiones, el argumento se complica un poco ms. Es el caso, por
ejemplo, del anlisis de Bryan Norton (Norton, 1991).
Norton se ha esforzado enormemente en reunir a los
partidarios de la doctrina de los valores intrnsecos y a los llamados
antropocntricos a travs del argumento del inters de las
generaciones futuras. Sugiere que nuestra falta de certeza sobre la
utilidad de ciertos componentes del medio ambiente para las
generaciones futuras, y sobre el grado de redundancia que puede
haber en los ecosistemas, nos debe llevar a un principio de
precaucin radical. Segn Norton, este principio radical protegera
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
una parte importante del mundo natural no humano en aras de las
futuras generaciones humanas como lo hara si se tratara de razones de
tipo ecocntrico. Afirma que llegaramos al mismo grado de
proteccin. Esta es su hiptesis de convergencia: la convergencia de
los seguidores del egocentrismo, por un lado, y de aquellos centrados
en las nuevas generaciones, por otro. Por los dos caminos, sostiene,
llegaramos a la misma proteccin radical del mundo natural no
humano.
La justicia ambiental
Un segundo enfoque humano es el que se encuentra en el
movimiento por la justicia ambiental (Dobson, 1998; Schlosberg,
1999; Martinez-Alier, 2002; Agyeman et al, 2003). Los activistas y
defensores de dicho movimiento sostienen que la pobreza causa
degradacin ambiental y que esta degradacin se encuentra mal
distribuida - por lo que las personas y comunidades pobres son las
ms propensas a sufrirla.
Adems argumentan que las campaas en favor de la
proteccin del mundo natural no humano, basndose en el valor
intrnseco, por lo general ignoran los intereses humanos. Estos
intereses pueden acabar siendo vctimas de tal proteccin, como es el
caso de los proyectos de proteccin de la selva tropical o de la
megafauna.
Desde un punto de vista ecocntrico, la justicia ambiental es
antropocntrica, no solo percibe al medio ambiente como un recurso,
sino que tambin determina su utilidad de acuerdo a lo provechoso
que pueda ser para los seres humanos. Sin embargo, de la misma
manera que el ecologismo, la justicia ambiental tambin tiene muchas
vertientes y matices. Entre sus documentos ms importantes figuran
los 17 Principios de la Justicia Ambiental, los cuales fueron redactados
por los delegados de la cumbre First National People of Color
Environmental Leadership, celebrada entre el 24 y 27 de octubre de 1991
en Washington D.C. El primero de estos principios afirma la santidad
de nuestra Madre Tierra, la unidad ecolgica y la interdependencia de
todas las especies y el derecho a no ser objeto de destruccin
ecolgica (Principles, 1991).
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Transformaciones del ecologismo
Al combinar esto con las intenciones de distribucin igualitaria
del movimiento por la justicia ambiental, como se ha descrito
anteriormente, se puede obtener un poderoso y progresivo cctel
poltico.
La modernizacin ecolgica
El otro pilar del ecologismo fue, como hemos visto, la tesis de
los lmites del crecimiento. La idea del agotamiento de recursos, que
lleg a la escena poltica gracias al movimiento verde, ha sido tomada
en serio por casi todos los partidos del espectro poltico. Pero este
tomar en serio puede adoptar diversas formas.
La tesis de los lmites del crecimiento ha provocado numerosas
respuestas, y la ms significativa es probablemente lo que se llama la
modernizacin ecolgica. El problema que presenta esta tesis es que
una economa que crece parece suponer un uso creciente de recursos y
una creciente cantidad de desechos. Los partidarios de la
modernizacin ecolgica rebaten esta conclusin con el argumento de
que es posible desacoplar el crecimiento y la utilizacin de recursos,
ya que la innovacin tecnolgica nos permitir producir ms unidades
con menos recursos.
El Estado verde
El ltimo cambio importante en la orientacin de la ideologa
verde en el curso de los ltimos veinte aos es el paso de una imagen
de la sociedad sostenible radicalmente descentralizada a una que
implica el respaldo (si bien cualificado) del Estado como un agente de
transformacin ecolgica.
Desde luego que el pensamiento ecolgico siempre ha sido
consciente de que (algunos) problemas medioambientales tienen un
carcter internacional. Es obvio que la contaminacin del aire, por
ejemplo, no entiende de fronteras nacionales. La globalizacin ha
intensificado el carcter interdependiente de las causas y
consecuencias de los problemas medioambientales y el viejo adagio
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
verde acta localmente, piensa globalmente parece ser, segn
algunos, una gua de accin poltica menos eficaz y realista de lo
que alguna vez fue. Estos cambios de circunstancia y contexto han
provocado una importante reevaluacin del Estado en materia de
teora y prctica medioambientalista, y se ha intentado describir
cmo sera un Estado verde o ecolgico (De Geus, 1996;
Eckersley, 2004).
En resumen, tres de los principales puntos de referencia
originarios del ecologismo de hace veinte aos han sido objeto de
una revisin importante en el transcurso de las ltimas dos
dcadas. Para el estudioso de las ideologas, esto suscita una
pregunta importante: Ha muerto el ecologismo?
El fin del ecologismo o su recuperacin?
Si decimos que ha muerto, es porque el antropocentrismo
progresista, la modernizacin ecolgica, y la idea de un Estado ms o
menos verde son posiciones que yacen entre el ecologismo y otras
ideologas, en lugar de distinguir a ste de las dems. Ms que
caractersticas distintivas, son caractersticas que pueden ser
compartidas fcilmente entre ideologas. Desde este punto de vista, el
ecologismo ha sido fagocitado por las ideologas y las prcticas
dominantes.
Pero quizs sea demasiado pronto para hablar de esta muerte
anunciada porque podemos ver signos de un retorno de los tres
pilares mencionados: una vuelta a los lmites al crecimiento y a la
descentralizacin. La aparicin en los ltimos aos, del llamado
pico del petrleo (peak oil), incluso para algunos, el Peak everything
(pico de todo), ha insuflado nueva vida a la tesis de los lmites al
crecimiento 3. En noviembre de 2010, la Agencia Internacional de la
Energa anunci que la produccin de petrleo crudo lleg a su pico
mximo en 2006.
3 Peak everything es el ttulo de un libro de Richard Heinberg (2007). Versin espaola
en ed. Icaria.
- 18 -
Transformaciones del ecologismo
El debate sobre el citado cenit petrolero es un recordatorio
del tamao finito del planeta en que vivimos. Ninguna
modernizacin ecolgica ser capaz de incrementar la cantidad
de petrleo del que disponemos. Y como sealaba recientemente
el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climtico, la cuestin
no sera tanto una insuficiencia de petrleo, como el reto de dejar
bajo tierra el que nos queda. Este es otro tipo de lmite: el lmite
que tiene el planeta para absorber los gases de efecto invernadero,
manteniendo, asimismo, un nivel de temperatura global consistente
con una vida sostenible para los seres vivientes.
Del mismo modo, el lamentable fracaso en las
negociaciones internacionales para atajar el cambio climtico ha
reducido nuestra fe en la capacidad de los Estados para lidiar con
este tipo de problemas. El Estado Verde parece quedar a aos luz.
Lo cual ha provocado una serie de enfoques subnacionales para
intentar crear una sociedad sostenible. Por ejemplo, hay infinidad
de programas a nivel municipal que buscan atajar el cambio
climtico, y existe tambin el cada vez ms extendido fenmeno de
las ciudades en transicin en las que la gente local ya est
viviendo el tipo de vida local y resistente al que creen que nos
veremos obligados a llevar debido a la escasez de recursos
(naturales).
Merece la pena resaltar que el tercero y ltimo pilar, el
ecocentrismo, parece ms lejano que nunca de una posible
recuperacin/rehabilitacin. Igual de remota parece la idea de que
el mundo natural no humano debera en principio compartir con
los seres humanos el mismo estatus tico. Quizs todo esto se
deba a que el precio de la entrada al espectculo de ser
considerado objeto de consideracin moral es prohibitivo.
Exigimos que la naturaleza comparta caractersticas con los
humanos- la capacidad de razonar/la razn por ejemplo. Quizs
debamos aspirar a recuperar el principio feminista de
corporalidad. Lo que de verdad importa es cunto compartimos
nosotros con la naturaleza y no al revs. Nuestra corporalidad nos
recuerda cun limitados, vulnerables y dependientes somos. Esto es
lo que aprendemos de una vertiente del ecofeminismo y, para m al
menos, mientras miramos de cara al futuro, hacia los prximos
veinte aos de ecologismo, esta es la leccin ms valiosa de todas.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
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- 21 -
Iguales en un mundo sostenible
Alicia H. Puleo1
Universidad de Valladolid
([Link]@[Link])
Javier Muguerza ha sealado en diversas ocasiones que la
Filosofa no tiene que estar al servicio de objetivos externos que la
condicionen; no ha de ser esclava de ningn propsito que la reduzca
a un rango instrumental. Este carcter incontrolable del verdadero
pensamiento filosfico genera incomodidad en un mundo
dirigido a la eficacia y que ha renunciado a preguntarse por otros
fines que no sean los inmediatos, un mundo que trata de reducir el
pensamiento libre a su mnima expresin en los recorridos
educativos. No se considera necesaria la reflexin filosfica
porque los objetivos ya han sido prefijados por un modelo
productivo que est lejos de ser racional en el sentido pleno que,
desde la Filosofa, podemos dar a este adjetivo (Adorno y
Horkheimer, 2001). En la ya larga Historia de la Filosofa, podemos
distinguir dos tipos de efectos socio-polticos del pensar filosfico
muy diferentes: la legitimacin del orden existente y la crtica y
propuesta de horizontes regulativos emancipatorios. En nuestro
presente de mltiples crisis sistmicas (econmica, ecolgica,
institucional), nos interesa, indudablemente, esa capacidad crtica
que le es inherente. La Filosofa pone distancias frente a la
inmediatez de la respuesta irreflexiva, es capaz de trascender la razn
instrumental y de abrir nuevos espacios de libertad.
1 Doctora en Filosofa y Profesora Titular de Universidad de Filosofa Moral y Polti-
ca de la Universidad de Valladolid. Forma parte del Consejo de la Ctedra de
Estudios de Gnero de la misma Universidad y del Consejo del Instituto de
Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid. Dirige la
Coleccin Feminismos (Editorial Ctedra-Universitat de Valncia). Cuenta con
numerosas publicaciones en Europa y Amrica, entre las que destaca Ecofeminismo
para otro mundo posible (2011).
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
Veamos ahora un nuevo y grave desafo que se le presenta.
Vivimos una emergencia ecolgica planetaria cada vez ms evidente. A
la tala de bosques, la prdida de la biodiversidad y la contaminacin de
agua, aire y tierra, se suma ahora la amenaza del cambio climtico. La
globalizacin es tambin esto. Del negacionismo reinante con respecto
a la existencia del cambio climtico en la poca en que Al Gore
denunciaba a los lobbys del petrleo en su clebre An Inconvenient Truth
(2006), hemos pasado al reconocimiento cnico de que este cambio es
una realidad y que se puede entender como un buen negocio para los
pases ms desarrollados. Estos, se nos dice, podrn protegerse de las
transformaciones ecosistmicas y vender tecnologa para ello a
aquellos pases que por subdesarrollo tcnico no hayan sido capaces de
poner en marcha mecanismos adaptados a los fenmenos asociados a
la desestabilizacin climtica tales como la subida del nivel del mar, las
sequas, inundaciones, tornados, hambrunas y escasez de agua potable.
En el ao 2000, el ambientalista estadounidense Paul Crutzen, premio
Nobel de Qumica por sus trabajos sobre el ozono atmosfrico, forj
el trmino de Antropoceno para denominar a la poca que se abri
con la industrializacin, un perodo en que adquirimos una potencia
tcnica indita de modificar la Tierra. Cambio climtico patente y
acelerado, desertizacin, deforestacin, prdida de la biodiversidad,
graves enfermedades producidas por la contaminacin ambiental son
slo algunos aspectos de la cara perversa de esta nueva era.
En la Antigedad clsica, Sfocles advirti sobre los riesgos de
la desmesura a travs de la figura de yax, victimario pero tambin
vctima de la hybris. Podemos decir que el Antropoceno es tiempo de
una desmesura tan enorme que, frente a ella, los errores de yax
parecen insignificantes. Ya no se trata, como en la tragedia griega, de
un hombre castigado por los dioses a causa de su soberbia y que
decide, desesperado, darse la muerte, sino de millones de seres
humanos que destruyen el ecosistema que habitan y del que forman
parte, llevando a la humanidad al borde del abismo. Hasta ahora, el
movimiento ecologista, las personalidades cientficas que una y otra
vez han advertido del problema, e incluso el Panel Intergubernamental
para el Cambio Climtico parecen relegados a mero coro de tragedia
griega que anticipa y comenta con lucidez la marcha ineluctable de los
personajes hacia su triste destino. Frente al deseo generalizado de
ignorar nuestras responsabilidades en el Antropoceno _ una tentacin
impulsada por la sociedad de consumo_ las personas que nos
dedicamos a la Filosofa no podemos permanecer al margen. Por
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Iguales en un mundo sostenible
fortuna, el tbano socrtico sigue cumpliendo su antiptica tarea de
sealar los numerosos puntos ciegos de cada poca.
A esta altura de la degradacin ambiental, no se trata solo de
defender los derechos de las generaciones futuras (un objetivo que
sigue siendo correcto y relevante, sin duda), sino de actuar en defensa
de las personas que viven hoy en el mundo, en particular de las
poblaciones ms pobres de Sur, y entre ellas, de las mujeres y las nias
y nios, primeras vctimas de la devastacin ambiental. La justicia
social implica hoy una ecojusticia que atienda a los conflictos
ecolgicos distributivos tal como lo ha demostrado la Economa
Ecolgica con su concepto de ecologismo de los pobres (Martnez
Alier, 2004)
Hace casi medio siglo, diversos informes cientficos dieron la
voz de alarma sobre los nuevos peligros medioambientales y el
ecologismo inici su andadura como movimiento organizado en los
pases industrializados, en aquellos en que la poblacin, o al menos su
juventud ms ilustrada, se haba cansado del espejismo hedonista
contemporneo que prometa la felicidad a travs de la acumulacin de
un sinfn de objetos materiales. En la actualidad, ese ecologismo
urbano se le ha sumado, en algunas zonas rurales de los pases
empobrecidos, un nuevo ecologismo que, a menudo, ni siquiera se
autodenomina as pero que tambin se inspira en un modelo diferente
de lo que es la calidad de vida y, sobre todo, se activa por la
desesperacin de quien todo lo pierde: sus tierras, su cultura y hasta su
vida. La desesperada resistencia de la poblacin indgena y campesina a
los proyectos extractivistas de megaminera y de monocultivos
transgnicos en Amrica Latina es hoy una referencia para el
movimiento ecologista mundial. Frente a la racionalidad reducida del
homo oeconomicus se yerguen paradigmas alternativos como la Ecologa
Social, el Decrecimiento y la Soberana Alimentaria. La Ecologa en
tanto ciencia nos ha enseado a pensar la Naturaleza en trminos
holsticos y stos han mostrado ser incompatibles con los clculos
basados en el beneficio econmico individual a corto plazo.
Las bases del movimiento ecologista mundial son
mayoritariamente femeninas. Se han avanzado diversas hiptesis sobre
este inters de las mujeres. Las explicaciones han sido
fundamentalmente de dos tipos: las de orden biologicista que
enfatizaban su papel en la reproduccin de la especie y las de tipo
constructivista que analizaban la posicin marginal del colectivo
femenino en el sistema productivo existente. Algunas formas del
ecofeminismo no dudaron en asumir las primeras tesis en su teora y
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
su praxis, legitimando sus propuestas alternativas en tanto madres y
cuidadoras de la vida. Pero esta estrategia gener rpidamente en el
pensamiento y la teora feministas un profundo malestar y un
comprensible temor. No se estara aceptando la tesis patriarcal que
haba reducido a las mujeres a la posicin subordinada de Segundo
Sexo? Pretender resignificar desde la impotencia no es acaso un acto
de ingenuo voluntarismo? (Amors, 2005).
Pero incluso aunque se hiciera desde bases constructivistas, el
compromiso de las mujeres con un nuevo movimiento social suscit
dudas bien fundadas: No estaramos ante una nueva alianza ruinosa
(Amors, 2005, p.321), ese fenmeno repetido una y otra vez en la
historia del feminismo, por el que las mujeres postergan sus justas
reivindicaciones en favor de una causa supuestamente superior?
Cmo evitar que se vuelva a producir este sacrificio tan tpicamente
femenino (Puleo, 2015, pp. 387-405)?
Filosofa, teora feminista y naturalizacin de la Mujer
El feminismo es un movimiento con una historia mucho ms
extensa que el ecologismo. Recordar sus orgenes como filosofa nos
lleva a los siglos XVII y XVIII, a las ideas de igualdad de todos los
seres humanos que prepararon el ambiente cultural que desembocara
ms tarde en la abolicin de los privilegios de los nobles (Puleo, 1993).
Evocar su desarrollo como movimiento social nos remite al
sufragismo surgido de la lucha por la abolicin de la esclavitud en el
siglo XIX (Amors y De Miguel, 2005). Una parte de las mujeres y de
los hombres que denunciaban el racismo legitimador de la sociedad
esclavista comprendi la necesidad de enfrentarse tambin a los
prejuicios sexistas y reivindicar la igualdad de derechos para las
mujeres. Tras dcadas de movilizacin, el sufragismo conseguir, entre
otros logros, el voto femenino y el acceso de las mujeres a la
educacin superior. En la segunda mitad del siglo XX, el feminismo
volver a resurgir con nuevas reivindicaciones, entre las que destacan
los derechos sexuales y reproductivos y la conquista de una igualdad
efectiva, ms all de aquel primer paso que se haba centrado (en
especial, aunque no exclusivamente) en reclamar la igualdad ante la
ley.
A efectos de comprender el encuentro entre feminismo y
ecologismo, es importante tener presente que el feminismo supo
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Iguales en un mundo sostenible
mostrar que uno de los mecanismos de legitimacin del patriarcado ha
sido la naturalizacin de La Mujer. En El Segundo Sexo (1949),
Simone de Beauvoir denuncia la exclusin de las mujeres del mundo
de lo pblico realizada a travs de la conceptualizacin de la Mujer
como Alteridad, como Naturaleza, como Vida Cclica casi
inconsciente, por parte del Hombre (Varn) que se reservaba, as, los
beneficios de la civilizacin. Recordemos, por ejemplo, que en la obra
de Hegel, la Mujer es presentada como un ser ms prximo a formas
de vida consideradas inferiores _animales o vegetales_ que el Varn, a
quien el filsofo asigna las caractersticas de lo plenamente humano.
Este no es un caso aislado en la historia del pensamiento. Por el
contrario, forma parte de una larga tradicin que en Filosofa se
remonta a los griegos. Cul es el fundamento de esta identificacin
Mujer-Naturaleza? Hago mas las palabras de Celia Amors en ese
libro tan decisivo para el desarrollo del pensamiento feminista
contemporneo en lengua espaola como ha sido Hacia una crtica de la
razn patriarcal: la recurrencia en la adjudicacin de los lugares den las
contraposiciones categoriales responde a la situacin universal de
marginacin y de opresin _cuando no de explotacin_ en que se
encuentra la mujer, opresin desde la que se la define _pues en ello
consiste la operacin ideolgica fundamental de racionalizacin y
legitimacin_ como aquello que requiere ser controlado, mediado,
domesticado o superado segn los casos (Amors, 1985, p.34).
El movimiento filosfico de la Ilustracin que fundament e
impuls la implantacin de las democracias modernas tuvo una doble
cara para las mujeres. Qu significaba el trmino hombres en la
concepcin de la igualdad de todos los hombres? Unos pocos
pensadores y pensadoras reivindicaron la igualdad de todos los seres
humanos: Poulain de la Barre, Olympe de Gouges, Condorcet, Mary
Wollstonecraft En cambio, la mayora interpret hombres como
varones y sostuvo que el lugar natural de las mujeres era el mbito
domstico. El mismo Kant, pensador de la autonoma del individuo,
asegur que las mujeres no eran capaces de juicio moral autnomo y
haban de ser consideradas como eternas menores de edad a las que un
tutor, padre o esposo, guiaran convenientemente.
La corriente triunfadora fue la segunda. A pesar de la decidida
participacin de numerosas mujeres en el ambiente intelectual y en las
acciones revolucionarias, las democracias modernas nacidas de la
crtica ilustrada terminaron excluyendo a las mujeres del mundo de lo
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
pblico con el argumento de que eran ms cercanas a la Madre
Naturaleza e inaptas, por lo tanto, para la elevada racionalidad del
mbito de lo pblico. Suponan, en cambio, que los varones
pertenecan, por sus capacidades intelectuales (aunque con diferencias,
segn clase y raza) al mundo de la Cultura. Con la Modernidad,
racismo, sexismo, homofobia, clasismo y antropocentrismo extremo
dejaron de ser legitimados desde narraciones bblicas y comentarios
teolgicos para pasar a ser justificados con un discurso secularizado.
La filosofa y la ciencia facilitaron nuevas razones para antiguas
jerarquas. La homosexualidad dej de ser un pecado nefando
castigado con la muerte para convertirse en una patologa que deba
erradicarse a travs de la intervencin teraputica (Foucault, 1984). Y
en nombre de la maternidad, Rousseau recluir a las mujeres en el
mundo domstico, negndoles la participacin poltica. Su funcin es
criar ciudadanos, no serlo ellas mismas, afirmar. La responsabilidad
de Eva en la Cada dej de ser el argumento predilecto para mantener
al colectivo femenino en una posicin subordinada. Los mdicos-
filsofos de los siglos XVIII y XIX afirmaron la inferioridad biolgica
femenina y, por consiguiente, la conveniencia de mantener las puertas
de la Universidad cerradas a criaturas destinadas a la reproduccin de
nuestra especie. El perfeccionamiento de la civilizacin fue concebido,
en cambio, como tarea del sexo masculino cuyo cerebro,
consideraban, era ms apto para la creacin cultural.
El famoso lema feminista "no se nace mujer, se llega a serlo",
forjado por Simone de Beauvoir, es una denuncia del carcter cultural,
construido, de los estereotipos femeninos y, al mismo tiempo, un
alegato en favor del reconocimiento del derecho de las mujeres, en
tanto seres humanos portadores de un proyecto existencial, a acceder
al mundo de la Cultura (Beauvoir, 1998). En ese clsico del feminismo
que es El Segundo Sexo, obra publicada en 1949, la vindicacin de
Beauvoir se basaba en el dualismo Naturaleza/Cultura. La Naturaleza
era concebida por la filsofa francesa como eterno retorno de lo
mismo, indiferenciacin y carencia de conciencia. El mundo humano,
en cambio, dejaba atrs la inmanencia de las cosas sometidas a la
causalidad ciega para erigirse como trascendencia, como flecha
ascendente hacia individuos y sociedades que avanzaban en la Historia
como producto de la eleccin libre. Impedir que las mujeres
accedieran a ese proyecto era condenarlas a no poder realizar su
esencia propiamente humana: la autoconstruccin, la libertad.
Reconocer que las mujeres son plenamente humanas es, pues, abrirles
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Iguales en un mundo sostenible
las puertas del mundo de lo pblico, del trabajo, de la poltica y del
quehacer cultural. Hemos de agradecer a esta pensadora esta demanda
y hacerla nuestra. De hecho, los feminismos liberal, socialista y radical
de principios de los aos setenta del siglo XX recogieron esta
reivindicacin consiguiendo romper, al menos en gran parte, la prisin
domstica en la que se hallaban encerradas las mujeres de la poca.
La preocupacin ambiental, la desconfianza hacia los discursos
de los expertos y las soluciones que hoy llamaramos
tecnoentusiastas llev a parte del feminismo radical a interesarse por
el ecologismo y buscar una ginecologa alternativa frente a los
tratamientos invasivos de mdicos y grandes laboratorios
farmacuticos. Al hilo de la crtica a la ciencia y la tcnica, hacia
finales de los setenta, algunos grupos del feminismo radical
reconsideraron la oposicin Naturaleza/Cultura, recuperando la
antigua identificacin patriarcal de Mujer y Naturaleza para darle un
nuevo significado. Invirtieron la valoracin de este par conceptual que
en los pensadores tradicionales serva para sostener la inferioridad de
la Mujer y afirmaron que la Cultura masculina, obsesionada por el
poder, haba conducido a guerras suicidas y al envenenamiento de la
tierra, el agua y el aire. En el Hombre, vieron la agresividad; en la
Mujer, la esperanza de conservacin de la Vida. Algunos grupos se
organizaron en torno al pacifismo, otros desarrollaron un
espiritualismo ecofeminista con cultos a la Diosa Tierra que buscaban
el reencantamiento del mundo frente a su desacralizacin
instrumentalizadora que de Terra mater lo haba reducido a mera
materia prima. Eros se opona a Thanatos en esta perspectiva
esencialista de lo que ms tarde recibi el nombre de ecofeminismo
clsico. La palabra ecofeminismo todava evoca hoy desconfianza y
rechazo entre las feministas, sobre todo en el mundo de habla hispana,
porque se la asocia con este ecofeminismo que identificaba a las
mujeres con la naturaleza y con la maternidad. Esta imagen uniforme y
monoltica del ecofeminismo ya no corresponde a la realidad.
Actualmente, el panorama de tendencias es variado. Incluso se ha
llegado a decir que hay tantas corrientes del ecofeminismo como
tericas ecofeministas. En las lneas que siguen, presentar los ejes de
mi propio pensamiento ecofeminista.
Mi propuesta ecofeminista
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
Tras aos de lectura y reflexin sobre teora feminista y
ecolgica, he perfilado una propuesta a la que he llamado ecofeminismo
crtico (Puleo, 2011). Es el resultado de mi bsqueda de una teora
ecofeminista que sea capaz de eludir los peligros que encierra para las
mujeres la renuncia al legado de la Modernidad. Es evidente que todos
los ecofeminismos son crticos en la medida en que critican el
sistema actual pero he elegido este adjetivo como una referencia a la
apuesta por el cumplimiento de las promesas de la Ilustracin y a su
puesta en relacin con los nuevos retos del milenio.
Como he apuntado, el proceso de desarrollo de la Modernidad
presenta ambigedades y mltiples caras y no todas ellas son
deseables. Los principios y convicciones de libertad e igualdad han
estado acompaados de nuevas formas de opresin y explotacin. Sin
embargo, puede decirse que la crtica al prejuicio y la idea de la
igualdad de todos los hombres han sido decisivas para el surgimiento
imparable numerosos movimientos emancipatorios y, como no poda
dejar de ocurrir, para la emergencia de las reivindicaciones de las
mujeres. Hoy podemos hablar de ms de dos siglos de teora y praxis
feministas. En las cuatro ltimas dcadas, el neofeminismo ha
manifestado una extraordinaria multiplicidad de intereses y de marcos
tericos y ha sabido responder a los retos de distintos debates
emergentes con propuestas innovadoras y fecundos anlisis que no
habran podido ser elaborados desde una perspectiva ciega a la
desigualdad de gnero. Los enfoques de clase, raza y diversidad sexual,
las teoras sobre el sujeto, la tica y la filosofa poltica se han visto
notablemente enriquecidos por un pensamiento que da la voz a las
mujeres en un impulso emancipatorio indito.
En su vertiente tecnocientfica, la racionalidad moderna nos ha
aportado grandes cotas de bienestar pero, en la actualidad,
descubrimos que ha trado tambin una destruccin nunca vista del
tejido de la vida que nos sustenta, as como amenazas al ecosistema
global insospechadas hasta hace poco tiempo (Riechmann, 2000). De
ah el desarrollo de la tica Ambiental como gabinete de crisis ante lo
que, en el mbito del pensamiento, ha podido definirse como The
Death of Nature (Merchant, 1981) Asimismo, como racionalidad
reducida del homo oeconomicus, ha instalado nuevas formas de
explotacin y desigualdad. Estos problemas inditos aparecen en el
marco de un ya largo perodo de desconcierto y apata ciudadana, en
una poca que recuerda al helenismo escptico y hedonista,
convencido de su impotencia para enderezar la marcha del mundo.
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Iguales en un mundo sostenible
En lo que se refiere a la tematizacin de los problemas
medioambientales, el pensamiento feminista tiene ya una larga
andadura. Hace ya ms de tres dcadas que ha aceptado el desafo de
reflexionar sobre la crisis ecolgica desde sus claves propias. El
resultado ha sido la aparicin en escena del ecofeminismo: un intento
de esbozar un nuevo horizonte utpico, abordando la cuestin
medioambiental desde las categoras de patriarcado, androcentrismo,
cuidado, sexismo y gnero. En sus pensadoras, he encontrado
reflexiones originales y muy sugerentes sobre la civilizacin
tecnolgica que nos ha tocado vivir. Todas ellas aportan luz a distintos
aspectos de lo que podemos llamar, en alusin a un clsico de la
hermenutica de la sospecha, el malestar en la cultura y en la
Naturaleza. Desde mis propias coordenadas vitales e intelectuales en
dilogo y polmica con las suyas, he elaborado un planteamiento
ecofeminista que evita apelar a las definiciones esencialistas de la
diferencia sexual propias de las llamadas clsicas. Tampoco es un
ecofeminismo espiritualista, cristiano o neopagano para el que sea
necesario el componente de la fe, algo que se posee o no,
independientemente de la voluntad. Mi propuesta conserva el legado
ilustrado de igualdad y autonoma al tiempo que reivindica el sentido
fuerte de eco, es decir, que no se limita a un simple ambientalismo
feminista antropocntrico en el que las relaciones con la Naturaleza se
cian a proponer una buena gestin de los recursos. Se trata de
pensar y pensarnos con otra mirada en la urgencia de los tiempos del
cambio climtico sin desandar el camino recorrido por el feminismo ni
abandonar los fundamentos que nos han permitido avanzar en l.
En este sentido, es necesario dejar clara la reivindicacin de los
derechos sexuales y reproductivos. Insistir en la capacidad de dar a luz
de las mujeres como lo han hecho algunas corrientes ecofeministas,
puede significar un retroceso con respecto al principio feminista de la
maternidad como opcin libre y personal. Reivindicar la igualdad y la
autonoma implica promover los derechos sexuales y reproductivos.
Frente a una difusa exaltacin de la Vida que esconde la tradicional
negativa a dar autonoma sexual a las mujeres, el ecofeminismo crtico
que propongo defiende la libre determinacin sobre el propio cuerpo.
Es importante recordar que el texto en el que por primera vez se
utiliz el trmino ecofeminismo era un artculo de Franoise dEaubonne
publicado en 1974 que sostena que la sobrepoblacin del planeta,
tema que preocupaba a los ecologistas, era el resultado de la negacin
patriarcal del derecho a decidir de las mujeres sobre sus propios
cuerpos. Esta idea se ha debilitado en los desarrollos ecofeministas
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
posteriores. Tericas como Mara Mies incluso rechazan todo recurso
tecnolgico por considerarlo elemento de dominacin del patriarcado
capitalista. Vuelven, as, a la imagen de la mujer definida por su rol de
madre. Por otro lado, algunas formas del ecologismo estn
actualmente impulsando un discurso esencialista y antifeminista que
reactivar probablemente el justificado temor de las mujeres al
ecologismo 2. Esto es muy negativo tanto para las mujeres como para
el ecologismo. Sostengo que, entre el hedonismo nihilista
irresponsable y carente de objetivos solidarios y el retorno a la
sacralizacin de los procesos biolgicos, existe una alternativa: la
consciencia ecolgica que preserva su plena autonoma. El futuro del
ecofeminismo pasa por un posicionamiento claro a favor del acceso de
las mujeres a la libre decisin en materia reproductiva. Las mujeres
deben ser reconocidas como sujetos con poder de decisin en
cuestiones demogrficas, es decir, sujetos de su propia vida que eligen
si van o no a tener hijos y, en el caso de que los deseen, cundo y
cuntos dar a luz en el marco de una cultura ecolgica de la igualdad.
Esto requiere, en ocasiones, el concurso del conocimiento cientfico y
de la tecnologa.
No se trata de volver a un pasado natural idealizado ni de tener
una confianza ciega en la ciencia y la tecnologa. El ecofeminismo
crtico no es ni tecnofbico ni tecnlatra. Exigir el cumplimiento
efectivo del principio de precaucin asumido por la Unin Europea en
el ao 2000 3. Segn este principio, cuando haya incertidumbre
cientfica con respecto al riesgo de un dao irreversible que pueda
entraar para el medio ambiente o la salud una nueva actividad o
producto, se impondr la prudencia. No ser necesario que se haya
demostrado de manera concluyente su carcter nocivo para que se
tomen medidas de control y prevencin. La carga de la prueba recae
en quien pretende introducir el nuevo producto o actividad, no en los
eventuales afectados. Frente a las pretensiones de quienes priorizan las
2 La revista The Ecologist en su versin para Espaa y Latinoamrica es el principal
portavoz de estas posiciones. Con un discurso de corte conspiratorio, acusa al
feminismo y al capitalismo de controlar la fertilidad natural, poniendo en un mismo
plano las tcnicas de cultivo con transgnicos y los mtodos anticonceptivos usados
por las mujeres. Predica a stas el retorno al hogar y a la maternidad y la crianza
como nico objetivo y las insta a abandonar los estudios universitarios. Ver el
Monogrfico La Revolucin calostral ha empezado del n 48.
3 Actualmente en vas de ser abandonado, sobre todo si se firma el Tratado de Libre
Comercio entre la Unin Europea y Estados Unidos (TTIP).
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Iguales en un mundo sostenible
ganancias sobre los riesgos, el principio de precaucin plantea la
transparencia y la participacin democrtica en el debate.
Para un ecofeminismo de fundamentos materialistas, el
problema de las modificaciones tecnocientficas de la Naturaleza no
reside en la alteracin de un orden sagrado, sino en lo rudimentario y
tosco de la intervencin humana actual sobre adaptaciones sistmicas
complejas con un pasado de millones de aos. Frente al avance de lo
que podemos llamar tecnolatra, una creencia ciega en la tcnica
como solucin mgica de todo, hemos de tener claro que la tcnica no
puede ser un nuevo dolo ante el cual postrarse renunciando al
pensamiento crtico. Los daos colaterales y la posible
irreversibilidad de los cambios introducidos hacen que debamos
examinar las innovaciones a la luz de los Derechos Humanos
_particularmente el derecho a la salud en un medio ambiente sano_
de la biodiversidad, del sufrimiento de los dems seres vivos y de la
herencia que dejamos a las generaciones futuras. Una de las razones
por las que la ecologa se convierte en una cuestin feminista es el
hecho de que la contaminacin tiene particular incidencia en la salud
de las mujeres 4 y en la salud reproductiva. Los seres humanos somos
cuerpos que han de adquirir la autoconciencia de pertenecer al tejido
de la vida mltiple y multiforme del planeta que vivimos, y que su
destruccin es, a medio o largo plazo, la nuestra. La tecnologa que
crea problemas en vez de solucionarlos, que pretende aduearse de la
Naturaleza para convertirla en esclava y mero objeto de compra y
venta, es hybris, es desmesura irracional.
Ninguna cultura conocida es perfecta pero todas pueden
mejorar con el aprendizaje intercultural. Debemos aprender de la
interculturalidad que ofrece el amplio espacio latinoamericano. Frente
a un multiculturalismo extremo que beatifica cualquier prctica con tal
de que est fundada en la tradicin, el aprendizaje intercultural nos
permite comparar, criticar y criticarnos. Hemos de aprender de
culturas sostenibles como oportuno correctivo a nuestra civilizacin
suicida pero hacerlo sin caer en una admiracin beata. Tambin
tenemos que ser capaces de reconocer en lo propio algo que ofrecer a
los dems. Se trata de construir en conjunto una cultura ecolgica de la
igualdad, no de venerar toda costumbre slo por ser parte de la
4Entre sus efectos, se cuentan la incidencia creciente de la Sensibilidad Qumica
Mltiple (SQM diagnosticada errnea y rutinariamente como alergia), la Fatiga
Crnica, la Fibromialgia y el incremento del Cncer de Mama (Valls-Llobet, 2015:21-
36).
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
tradicin cultural, de la nuestra o la ajena. Todas las culturas han sido y
son injustas con las mujeres y los animales no humanos. Los criterios
mnimos de comparacin que propongo para presidir la ayuda mutua
intercultural del ecofeminismo crtico son la sostenibilidad, los
derechos humanos, con especial atencin a los de las mujeres por ser
los ms ignorados transculturalmente y el trato dado a los animales.
Frente a la globalizacin neoliberal, el ecofeminismo crtico
reivindica ecojusticia y sororidad. Es necesario tener muy claro que si
el feminismo quiere mantener su vocacin internacionalista, deber
pensar tambin en trminos ecologistas ya que las mujeres pobres del
llamado Sur son las primeras vctimas de la destruccin del medio
natural llevada a cabo para producir objetos suntuarios que se venden
en el Primer Mundo. El nivel de vida de los pases ricos no es
exportable a todo el planeta. Los recursos naturales son consumidos
sin atender a la posibilidad o imposibilidad de su renovacin. El
expolio no tiene lmites en aquellos pases en los que la poblacin
carece de poder poltico y econmico para hacer frente a la
destruccin de su medio natural. As, por ejemplo, los elegantes
muebles de teca que proliferan hoy en las tiendas de decoracin de los
pases del Norte son, por lo general, lo que queda de los bosques
indonesios, sistemticamente arrasados. Como bien ha mostrado
Vandana Shiva (Shiva, 1995), las mujeres rurales de la India que viven
en una economa de subsistencia han visto su calidad de vida disminuir
trgicamente con la llegada de la explotacin "racional" dirigida al
mercado internacional. Si antes disponan de lea junto al pueblo,
ahora deben caminar kilmetros para encontrarla. Esa es la
modernizacin que les llega. Si en nombre de la justicia pensamos que
toda la humanidad debe acceder a una vida digna, este modelo de
desarrollo debe cambiar y hacerse sustentable. La Soberana
alimentaria y la Agroecologa han mostrado ser excelentes compaeras
de viaje del ecofeminismo en la construccin de este nuevo modelo
que no slo atiende al equilibrio medioambiental sino que empodera a
las mujeres en su cotidianeidad.
Los problemas ecolgicos y sociales de nuestro tiempo exigen
el anlisis y denuncia de los intereses econmicos implicados en la
devastacin medioambiental. Pero la crtica a las identidades de gnero
tambin es necesaria si queremos una transformacin tico-poltica
profunda que vaya ms all de una gestin racional de los recursos.
Habr que proceder al desvelamiento del androcentrismo que hace del
varn (andros) la medida de todo valor. Androcentrismo es un concepto
clave para la comprensin de la ideologa del dominio. El sesgo
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Iguales en un mundo sostenible
androcntrico de la cultura proviene de la bipolarizacin histrica
extrema de los papeles sociales de mujeres y varones. En la
organizacin patriarcal, la dureza y carencia de empata del guerrero y
del cazador se convirtieron en lo ms valorado, mientras que las
actitudes de afecto y compasin relacionadas con las tareas cotidianas
del cuidado de la vida fueron asignadas exclusivamente a las mujeres y
fuertemente devaluadas. En el mundo moderno capitalista, bajo la
bsqueda insaciable de dinero y el omnipresente discurso de la
competitividad, late el antiguo deseo de poder patriarcal. De ah que
una mirada crtica a los estereotipos de gnero sea tambin necesaria
para alcanzar una cultura de la sostenibilidad. No se trata de caer en
esencialismos ni en un discurso del elogio que haga de las mujeres las
abnegadas salvadoras del ecosistema, sino de reconocer como
sumamente valiosas las capacidades y actitudes de la empata y el
cuidado atento, ensearlas desde la infancia tambin a los varones y
aplicarlas ms all de nuestra especie, a los animales _esclavizados y
exterminados a una escala sin precedentes_ y a la Tierra en su
conjunto. La crtica al modelo neoliberal de desarrollo basado en la
competitividad del mercado que explota y oprime ha de tener tambin
una perspectiva de gnero.
Es hora de exigir, ensear y compartir actitudes, roles y
virtudes, porque elogiar las virtudes del cuidado sin una mirada crtica
que denuncie las relaciones de poder desemboca en un discurso
edulcorado e inane. La universalizacin de una tica del cuidado
ecolgica y postgenrica es una tarea pendiente en la vida cotidiana.
Gran parte de la emancipacin femenina se ha apoyado en la
industrializacin, por ejemplo, en los artculos envasados o de "usar y
tirar", nefastos para el medio ambiente. Si no hemos planteado la
igualdad en el cuidado cmo organizaremos la infraestructura
cotidiana sostenible sin sacrificar los todava inciertos mrgenes de
libertad de las mujeres? Tambin es una tarea pendiente en la
educacin esta universalizacin de la tica del cuidado ecolgica y
postgenrica. La Educacin Ambiental predominante sigue sin
visibilizar suficientemente a las mujeres y sin facilitar una conciencia
crtica de los roles de gnero. Tampoco favorece demasiado el
surgimiento de los sentimientos empticos con respecto al mundo
natural. En este punto opera el dualismo razn/emocin que tiene una
larga historia patriarcal. Puede decirse que, salvo contadas
excepciones, los desarrollos de la Educacin Ambiental no superan un
examen crtico ecofeminista. Necesitamos una reconceptualizacin
del ser humano que integre razn y emocin, un sentido moral
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
ampliado y una tica de la responsabilidad acorde con el nuevo poder
tecnolgico de la especie.
Ya no podemos apelar a guas providenciales. Ni la religin ni
la filosofa nos proveen de coartadas teleolgicas vlidas. Hace tiempo
que hemos descubierto nuestra insignificancia en la infinitud del
cosmos. En el universo desencantado por la ciencia, la tcnica y la
filosofa, slo una mirada emptica hacia humanos y no humanos
puede rescatarnos del nihilismo. Desde Darwin, la teora de la
evolucin nos ha mostrado nuestro estrecho parentesco con los
animales no humanos, ese Otro ignorado y silencioso, capaz de gozar,
amar y sufrir. No somos los nicos seres arrojados a la cruel vorgine
del devenir. Slo nos diferencia el privilegio de conceptualizarlo.
Compartimos, en cambio, con otros seres sensibles la experiencia de
vivirlo en su trgica inexorabilidad. El ecofeminismo puede ayudarnos
a entender esta hermandad y actuar en consecuencia.
La afirmacin de que otro mundo es posible marca el
despertar del sueo hedonista-nihilista que ha acompaado en las
ltimas dcadas a la postmodernidad. Hemos de entender esta
venturosa creencia en el sentido de las esperanzas epimeteicas
adjudicadas certeramente por Javier Muguerza a la tica: no la
esperanza en la definitiva instauracin del bien y la justicia o en la
erradicacin definitiva del mal y la injusticia, que eso sera la
prometeica realizacin irrealizable de la filosofa, sino la esperanza ms
humilde de que siempre nos ser dado luchar en pro de lo que
creamos bueno y justo (Muguerza, 2002, p.42).
Concluir, entonces, estas lneas, con una llamada a continuar
nuestra tarea bajo el lema de Libertad, Igualdad y Sostenibilidad.
Desde nuestro presente postmetafsico, en estos tiempos de crisis
econmica y ecolgica, de surgimiento de fundamentalismos de
diverso signo, de reaccin y retroceso con respecto a conquistas
sociales que han costado mucho a quienes nos han precedido, estos
tres conceptos expresan el ncleo de la conviccin de que otro
mundo es posible y que, para acercarnos a este horizonte regulativo,
hemos de construir sin descanso una cultura ecolgica de la igualdad.
Bibliografa
- 36 -
Iguales en un mundo sostenible
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- 38 -
II. PIONERAS DEL PENSAMIENTO
Es compatible la ciencia con la tica?
El pensamiento de las sufragistas
antiviviseccionistas del siglo XIX
Bruna Bianchi1
Universidad de Venecia
(bbianchi@[Link])
Cuando la Ciencia entra por la puerta, el Arte, como el Amor, sale
volando por la ventana. Slo la idolatra de la Ciencia podra hacer que
hombres inteligentes pasaran por alto el hecho de que ella y el Arte se
parecen a dos galgos atados que tiran en direcciones opuestas [...]
como los cubos en un pozo, escriba Frances Power Cobbe, en 1888,
en The Scientific Spirit of the Age (Cobbe, 1888, pp. 131-132). Con el
trmino "emociones", la feminista britnica se refera al sentido
esttico y al moral, las facultades humanas ms altas, ignoradas y
desacreditadas por la nueva idolatra de la ciencia. El tema de la
relacin entre tica y ciencia est en el centro del debate sobre la
viviseccin que tuvo lugar en Gran Bretaa a mediados de ese siglo.
Algunas feministas: Anna Kingsford, Vernon Lee, Elizabeth
Blackwell, Lind af Hageby y, sobre todo, Frances Power Cobbe,
desempearon un papel muy importante, tanto en trminos tericos
como prcticos.
1 Bruna Bianchi es profesora de Historia de las Mujeres y Estudios de Gnero y de
Historia del Pensamiento Poltico Contemporneo en la Universidad de Venecia.
Sus escritos se centran en la influencia de Tolstoi en Europa y Estados Unidos, en la
filosofa de la no violencia y en el pensamiento de Jane Addams, Presidenta de la
primera organizacin internacional feminista pacifista. Ha dirigido el equipo de
investigacin Venice PRIN sobre las violaciones en masa en Serbia. Actualmente,
prepara un libro sobre feminismo pacifista durante la Primera Guerra Mundial.
- 41 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Desde el comienzo, el debate adquiri una dimensin de gnero
muy marcada. Si, de hecho, las mujeres eran mayora en las sociedades
antiviviseccionistas, los doctores y fisilogos se posicionaban
generalmente a favor de la experimentacin sin lmites en el
laboratorio.
Vieron en las mujeres a sus rivales principales y para debilitar
la fuerza de su protesta, no vacilaron en definirlas como charlatanas
hipcritas y viejas criadas histricas (De Cyon, 1893, p. 500). Los
estudiantes de Medicina se manifestaron abiertamente contra las
antiviviseccionistas, irrumpiendo en sus reuniones con unas formas
tan violentas que se ganaron el epteto de mdicos gamberros. El
debate se haba caldeado mucho: para los fisilogos, la viviseccin era
el smbolo de la libertad de la ciencia, un principio que no permita
excepciones; para las antiviviseccionistas era el smbolo de la
separacin entre la tica y la ciencia, de la voluntad de dominio de la
naturaleza.
Quienes promovieron y participaron en las campaas
antiviviseccionistas compartan la creencia de que las nuevas prcticas
mdicas eran una amenaza para la integridad fsica femenina, en
particular para las mujeres pobres, que eran vctimas, como los
animales, de la misma opresin patriarcal, del mismo proceso de
objectivacin y explotacin (Pooley, 1986).
En las pginas siguientes, intentar dar cuenta del activismo
femenino para la proteccin de los animales, mostrando algunos temas
que surgen de sus escritos, sobre todo sus reflexiones sobre la relacin
entre gnero y ciencia, el lazo entre violencia contra las mujeres y
violencia contra los animales, el significado del progreso humano y,
en lneas generales, el deterioro del sentido de responsabilidad de la
profesin mdica en lo que respecta al sufrimiento individual y social.
El activismo de las mujeres y la proteccin de los animales
El instinto despertado, que siente la llamada
del infrahumano y dice soy la voz de los que no
tienen voz, a travs de m hablar el mudo, es un
fenmeno moderno que no puede ser negado.
Por una parte, se manifiesta como reforma
alimentaria, por la otra como fuerte protesta
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Es compatible la ciencia con la tica?
contra los mtodos crueles de la investigacin
experimental. Ambas formas se hallan en
marcada armona con las demandas hechas por
las mujeres (Despard, 1913, p. 44).
Las mujeres siempre han demostrado ser muy sensibles a la
explotacin y al maltrato de los animales y muy activas en promover
su proteccin. Aunque eran mayora entre los miembros de la Royal
Society for the Prevention of Cruelty to Animals (RSCPA), fundada en 1824
(el 50 % en 1850, el 69 % en 1900) 2 , fueron excluidas de la
participacin activa, y hasta 1896 no fueron representadas en el
Consejo general (Elston, 1978, p. 267). Las mujeres tambin fueron
marginadas dentro de la Humanitarian League, fundada en 1891 por el
socialista Henry Salt (Weinbren, 1994; Kean, 1995).
En la segunda mitad del siglo, la voluntad femenina de hacerse
or y actuar honradamente, condujo a la fundacin de docenas de
sociedades para la proteccin animal. En 1875, Frances Power Cobbe,
en abierta oposicin a la RSPCA, que mantena una actitud de gran
moderacin, fund la Society for the Protection of Animals Liable to
Vivisection (Sociedad para la Proteccin de Animales Sometidos a
Viviseccin) _la primera sociedad para la abolicin de la viviseccin,
ms adelante Victorian Street Society (VSS) y su rgano The Zoophilist
(El Zofilo). Las mujeres constituyeron el 70 % de los miembros y
fueron representadas en el Comit Ejecutivo (en 1876, haba cinco
mujeres y ocho hombres). En 1891, Emily Williamson y Eliza
Phillips fundaron la Royal Society for the Protection of Birds. El objetivo de
esta asociacin era limitar la importacin de aves tropicales (ms de
400.000 por ao hacia 1880) para la industria de la confeccin. En
1898, tena 20.000 miembros y miles de mujeres firmaron el
compromiso de no llevar sombreros o vestidos embellecidos con
plumas (Gates, 1996; Doughty, 1975).
Algunas escritoras denunciaron la indiferencia hacia el
sufrimiento animal en sus novelas. Entre las ms conocidas se
encuentra la novela de Anna Sewell, Black Beauty (la autobiografa de
un caballo que podra ser leda como la autobiografa de una mujer),
publicada en 1877, y otra contra la caza escrita por Florence Dixie,
Horrors of Sport (1892). Incluso en las asociaciones sufragistas se
expresaba una nueva sensibilidad hacia la condicin animal. La
viviseccin y el vegetarianismo comenzaron a extenderse y, en 1898,
fue fundada la Women's Vegetarian Society. La mayor parte de lderes
2 Sobre RSCPA, ver Harrison, 1971; Turner, 1980; Ritvo, 1987.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
radicales del movimiento, por ejemplo Constance Lytton y Eva Gore-
Booth, rechazaron contribuir a la muerte antinatural de animales
producida por el consumo de carne y el uso de ropa de lana. Desde
principios de los aos 1890, el peridico Shafts hablaba del lazo entre
vegetarianismo y feminismo junto con el tema de la caza y la
viviseccin. La dieta vegetariana era presentada como el primer paso
hacia el rechazo de todas las formas de la violencia y fue considerada
una cuestin feminista (Leneman, 1997).
Recordando un episodio de maltrato de una oveja vieja que se
haba escapado de un matadero, Constance Lytton escribi en su
autobiografa:
[La vista de esta oveja] pareci revelarme por
primera vez la posicin de mujeres en todo el
mundo. Comprend con qu frecuencia las
mujeres son despreciadas como seres carentes
de dignidad humana, excluidos o confinados,
objeto de burla e insulto debido a condiciones
de las que no son responsables y que son
causadas por injusticias fundamentales respecto
a ellos, y a los errores de una civilizacin en
cuya formacin no han participado libremente
(Ibid, p.279).
Violencia contra los animales y violencia contra las mujeres
La identificacin de las mujeres con animales maltratados, tan
frecuente en la escritura femenina, estaba basada en la semejanza de su
condicin: seres sin derechos, impotentes, encarcelados en las mismas
estructuras de dominacin y proteccin.
La equivalencia entre mujeres y animales est en el centro de la
imaginacin sexual violenta, un tema constante en la literatura
pornogrfica que, desde principios de los aos 1870, tena un gran
desarrollo. La lengua de pornografa - como observa Coral Lansbury
que ha analizado un buen nmero de novelas publicadas entre 1870 y
1910 - es la lengua del establo: bridas, trozos, correas, fustas. Los
smbolos de privacin de la libertad son ubicuos y la culminacin del
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Es compatible la ciencia con la tica?
placer masculino se produce cuando las mujeres estn atadas e
inmovilizadas, reducidas a la condicin de animal (Lansbury, 1985).
Estas imgenes sexuales eran slo una expresin de los
impulsos violentos contra las mujeres. En el curso del siglo, se
registr un aumento gradual de la violencia domstica; numerosos y
graves incidentes eran diariamente relatados por la prensa y, a
comienzos de 1850, aumentaron las presiones para agravar penas
contra maridos abusivos.
En 1868, se aumentaron las penas por golpear a la esposa o los
nios (un ao de la prisin). Un ao antes, la relacin entre el estatus
poltico inferior de las mujeres y la opresin matrimonial fue
subrayado por John Stuart Mill, quien en su discurso en la Cmara de
los Comunes apoy el sufragio femenino y mencion que las mujeres
eran todos los aos "golpeadas hasta la muerte" por sus protectores
varones (Shanley, 1989).
Fue Frances Power Cobbe 3, feminista, periodista, reformadora
social y antiviviseccionista quien, ms que nadie, relacion la violencia
contra las mujeres en el hogar, la opresin femenina y la crueldad hacia
los animales. Sus escritos tenan mucha influencia y ayudaron a
cambiar las leyes del matrimonio, sobre todo Criminals, Idiots, Women
and Minors. Is the Classification Sound? A Discussion on the Law Concerning
the Property of Married Women (1868) y Wife-torture (1878). En el primer
ensayo, Cobbe trata extensamente la violencia inherente al matrimonio
en tanto este impona la dependencia completa, principalmente
econmica, a las mujeres: solamente el poder del monedero a falta
del palo puede asegurar la autoridad de manera permanente y total
(Cobbe, 1868, p.8). Una dominacin basada en la inferioridad moral,
intelectual y fsica de la mujer. Adems, la ley no protega a las mujeres
de la pobreza y el abuso fsico y moral; al contrario, daba a los
hombres privilegios adicionales. Comparando la grave situacin
femenina con la del animal atrapado en una jaula, Cobbe hizo una
parodia de los guas que conducan a los grupos de visitantes en los
zoolgicos:
3Sobre Power Cobbe (1822-1904) existe una vasta bibliografa. Ver, en primer lugar,
Frances Cobbe, 1894; Ferguson 1998; Peacock, 2002; Mitchell, 2004; Williamson,
2005; Hamilton, 2006; Caine, 1992. Sobre Wife-torture, ver: Bauer-Lawrence Ritt,
1983; Hamilton, 1995, 2001; Schroeder, 2004; Dardenne, 2005.
- 45 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Esta, seoras y seores, es un ave inofensiva, el
Mulier Anglicana. Su pico es dbil y sus garras no son
aptas para escarbar en la tierra. Slo muestra
inteligencia en la construccin de su nido y el cuidado
de las cras, a las cuales se dedica particularmente, as
como a su compaero. Por otra parte, es una clase muy
simple de ave que recoge cualquier miga que se le
arroje [...]. Por lo tanto, ustedes ven, seoras y seores,
que, como es tan indefensa, le ponemos una cadena
fuerte alrededor de sus extremidades que la sujeta a su
nido, y hacemos las barras de su jaula
excepcionalmente fuertes (Ibid, pp.16-17).
Aunque Cobbe no subestimaba el papel de la pobreza, el
alcoholismo y las mseras condiciones de alojamiento como elementos
que podan favorecer los arrebatos de rabia violenta en las zonas que
llamaba distritos de las patadas, identific las verdaderas causas de la
violencia en la devaluacin y cosificacin. Como los animales, las
mujeres eran consideradas criaturas inferiores que no merecan
respeto. La Otredad radical _explica Cobbe_ conduce a la tortura. El
linchamiento domstico se perpetuaba por el hbito y la
indiferencia, y los nios que eran testigos de los abusos terminaban
pensando en las mujeres como seres inferiores, como un caballo
azotado o un perro al que se daba una patada.
El ensayo de Frances Power Cobbe tuvo un gran eco y
contribuy a la aprobacin de la enmienda propuesta por Leigh en
mayo de 1878 (An Act to Amend the Matrimonial Causes Act) que
garantiz la proteccin y/o el divorcio en caso de maltrato,
proporcion la custodia de los nios a la madre y oblig al marido a
pagar una contribucin semanal. La ley era innovadora porque cambi
el foco desde el castigo del culpable a la proteccin de la vctima. En
1894, Cobbe escribi en su autobiografa: la parte de mi trabajo por
las mujeres que me produce mayor satisfaccin cuando miro hacia
atrs es aquella en la que trabaj con el objetivo de obtener la
proteccin para mujeres infelices, golpeadas, destrozadas, mutiladas o
pisoteadas por maridos brutales(Cobbe, 1894, vol. 2, p. 534).
Tanto los animales como las mujeres - segn Cobbe - fueron
torturados en sitios alejados de la mirada pblica, en el secreto de los
laboratorios y entre las paredes domsticas, pero ella iluminara
aquellos sitios oscuros, escribi en 1888 en Light in Dark Places. Como
- 46 -
Es compatible la ciencia con la tica?
mujer, sinti que poda ofrecer una contribucin especial para el
mundo. Portadoras de un mensaje moral, las mujeres deberan
reconocer que los animales eran quienes ms necesitaban su ayuda.
Reclamo, como una mujer _mejor dicho,
como una anciana, ese punto culminante de
debilidad e inutilidad!_ para tener ms derecho
a ser oda en tal causa que un hombre, o incluso
que un sacerdote. Si mi sexo tiene "una misin"
de alguna clase, es, con toda seguridad, la de
suavizar este viejo y duro mundo que han
hecho los hombres (sacerdotes incluidos)
(Cobbe, 1895, pp. 497-498).
Cuando Cobbe escribi Wife-torture, sus esfuerzos contra la
viviseccin se remontaban a 1863. A partir de 1875, cuando se
estableci la primera comisin parlamentaria de investigacin sobre la
viviseccin, su compromiso con la abolicin de la viviseccin absorbi
todas sus energas 4.
.
Prurigo secandi: experimentacin en mujeres y animales
Un tema que se repite en los escritos contra la viviseccin es la
analoga entre la violencia que las mujeres y los animales sufran a
manos de los mdicos, la ansiedad producida por la progresiva
interferencia mdica en todos los aspectos de la vida femenina, en
particular en la esfera reproductiva.
Las primeras mujeres graduadas en Medicina descubrieron con
indignacin el tratamiento irrespetuoso y degradante infligido a las
mujeres pobres en los hospitales de caridad: inmovilizadas por la
restriccin fsica, con la pelvis levantada y las piernas extendidas,
expuestas al examen de los estudiantes y a sus chistes. Una verdadera
tortura para mujeres a las que constantemente se predicaba el valor de
la "modestia" en el comportamiento y el vestido, y que en los
hospitales eran considerados material clnico, sujetos convenientes
para experimentos dolorosos (Maitland, 1886, volumen 1, p. 82). Para
los pobres, de hecho, los mdicos varones no usaron la anestesia, ni
siquiera para la cauterizacin. Este era especialmente el caso de las
mujeres de las que se pensaba que eran menos sensibles al dolor.
4 Sobre el debate de la viviseccin, ver: Montgomery, 2000; Williamson, 2005.
- 47 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Elizabeth Blackwell, la primera mujer inscrita como doctora en
Gran Bretaa, habl extensamente de la relacin entre viviseccin y
ciruga agresiva en mujeres. En su libro Scientific Method in Biology, en el
captulo titulado Prurigo Secandi, Blackwell escribi: otro peligro
tico serio relacionado con el experimento desenfrenado en los
animales inferiores es el aumento enorme de la ciruga humana audaz,
que tiende a sobreponerse a los mtodos ms lentos pero ms
naturales del arte mdica (Blackwell, 1902, p. 119). Las operaciones
quirrgicas que implicaban daos fsicos severos y tenan una tasa de
mortalidad alta, eran las ms populares en Francia, donde la
viviseccin, o la mutilacin irracional de criaturas vivas y sensibles,
la furie opratoire, no era sometida a ningn control.
Blackwell se refera al aumento enorme de la extirpacin de
ovarios que llam la castracin de mujeres: ms de 500.000 en
Francia en 1896. Sobre la base de sus fuentes mdicas, Blackwell
estim que, en Europa, una mujer cada 250 haba sido sometida a esta
operacin (Ibid, p.120). El poder de destruir la capacidad reproductiva
femenina era la expresin ms brutal de la dominacin masculina. Los
desrdenes triviales del carcter nervioso o menstrual fueron
interpretados como estrechamente unidos a la funcin ovrica, y
podan conducir a la extirpacin de ovarios. Esta mutilacin masiva
hizo que Blackwell se convirtiera en una antiviviseccionista
apasionada, la condujo a identificar la ciruga sexual con la tortura de
animales, la convenci de que la Medicina haba perdido sus objetivos.
Slo las mujeres, cuyo trabajo distintivo era la alegre
creacin de la vida y que eran la encarnacin de la gran vida
maternal podran devolver la profesin mdica otra vez a sus lmites
morales distintivos y hacer de la Medicina una ciencia de la vida y no
de la muerte (Blackwell, 1902, p.10).
A fin de realizar su tarea de guas espirituales, las mujeres
deberan tener el coraje de afirmar su propio punto de vista y
abandonar la creencia de que los hombres representan la especie
humana. Demasiadas estudiantes de Colegios femeninos, que
finalmente tuvieron la posibilidad de hacerse camino en la profesin,
aceptaron acrticamente lo que se les haba enseado en las
universidades, incluso la experimentacin arriesgada en gente y
animales.
La viviseccin, inversin del arte de curacin, era el estudio de
la muerte. Era intil desde el punto de vista teraputico. Slo satisfaca
la curiosidad mrbida, torca la direccin de la actividad mental y
destrua la empata inteligente con la vctima.
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Es compatible la ciencia con la tica?
Slo las mujeres podran contrarrestar el materialismo que
conduca a dar importancia slo al aspecto fsico de la vida y
considerar a la gente y a los animales como mquinas para ser
estudiadas. El progreso humano verdadero, en opinin de Blackwell,
debera ser medido por un respeto creciente por la vida (Blackwell,
1902, p.92). Cuando la inteligencia es separada de la conciencia, los
seres humanos se convierten en una fuerza destructiva. Un error moral
siempre conduce a un error intelectual y la Medicina nunca podra
penetrar los secretos de vida por mtodos violentos.
Otra consecuencia destructiva de la viviseccin en la psique de
mdicos y estudiantes era la indiferencia, que amenazaba su integridad
mental y moral. El hbito de usar instrumentos para reprimir la
resistencia de una criatura viva desmoralizaba y la influencia perjudicial
se extenda a todos aquellos que inventaban, compraban y vendan
instrumentos de tortura, y a aquellos que capturaban y encarcelaban a
los animales (Ibid, pp. 112-113).
Entre la indiferencia, la separacin y el placer de infligir dolor,
haba un corto trecho, observaba Cobbe en 1882 en The Janus of Science.
La separacin entre el deseo del conocimiento por su propio bien y la
buena voluntad de curar _un objetivo puramente humano_ estaba en
la raz de tal perversin.
Anna Bonus Kingsford: espiritualizar la vida
Como Cobbe y Blackell, tambin Anna Bonus Kingsford, en el
curso de su experiencia profesional oa repetidamente que la
viviseccin era un arte, una investigacin artstica 5. A diferencia de
Blackwell, que se convirti en antiviviseccionista durante su carrera
clnica, Anna Kingsford haba emprendido la profesin con la
intencin especfica de oponerse a la viviseccin.
Uno de los temas preferidos de la autora _que se encuentra en
otros muchos escritos feministas contra la viviseccin_ es el tema del
lmite. Hay un lmite moral en el uso de medios que apuntan a la
adquisicin del conocimiento. La aceptacin de un lmite proviene del
rechazo de la idea de dominacin. De hecho, el verdadero progreso
humano no deriva de la dominacin, de sacrificar a otros por el
bienestar de alguien, sino del sacrificio de uno para los otros.
5Sobre Anna Bonus Kingsford (1846-1888), ver la entrada realizada por Lori
Williamson in ODNB, [Link]
- 49 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
A partir de qu puede detenerse la separacin de ciencia y
tica? A partir de lo que Kingsford llam 'la unidad filosfica, la
unidad de la naturaleza moral del ser humano. La separacin entre el
cuerpo, la mente y el alma _sostiene_ impidi la verdadera
comprensin de los fenmenos que la ciencia pretende estudiar y
entender, degrad el nivel moral de seres humanos, destruy la
dignidad de sentimientos y de la responsabilidad.
La responsabilidad fue entendida por Kingsford como "el
privilegio" de los humanos hacia todas las criaturas. Desde su punto
de vista, la opcin del vegetarianismo era crucial. Haba que reconocer
que la viviseccin era el producto de una cultura que admita la
matanza de animales para el consumo humano.
El fundamento de la verdadera justicia es un sentido de
solidaridad. Todas las criaturas, desde la ms elevada a la ms simple,
estn unidas ante Dios. Nunca comenzaremos a espiritualizar nuestras
vidas y nuestros pensamientos, a elevarnos e iluminarnos si no
reconocemos esta solidaridad, si no consideramos las criaturas de Dios
como almas vivas (Kingsford, 1912, p. 150). Una ciencia basada en la
tortura no puede ser verdadera, as como una religin basada en la
tortura no puede ser una religin verdadera. Queremos una nueva
Reforma, pero esta vez en la esfera de la ciencia (Kingsford 1882, p.
301).
En su ensayo The Uselessness of Vivisection, despus de presentar
numerosos testimonios mdicos sobre la inaplicabilidad de las
observaciones en animales al cuerpo humano, se pregunta cules
pueden ser los motivos que llevan a los profesionales de la Medicina a
la defensa tan feroz de una prctica que conduce a deducciones
errneas.
[La viviseccin es] el rechazo de los
sentimientos religiosos y empticos y de la
doctrina de la responsabilidad moral del
hombre, como algo supersticioso y carente de
fundamento. Es la determinacin deliberada de
separarse de todos, excepto de aquellos que
participan en tal rechazo; y hacer de la prctica
de la fisiologa experimental con animales vivos
un punto de encuentro para la expresin de esa
determinacin (Kingsford, 1882, p. 183).
Recogi las respuestas de los mdicos sobre la cuestin de la
viviseccin en el transcurso de su experiencia profesional y esto le
- 50 -
Es compatible la ciencia con la tica?
revel que su terquedad provena del deseo de poder y ambicin. La
viviseccin se haba hecho el smbolo de la libertad de ciencia con
respecto a las consideraciones ticas y las interferencias externas.
El trabajo de un fisilogo _ le confi un mdico_ es
puramente cientfico y cuanto ste menos se ata a limitaciones
utilitarias, mejor artista es (Kingsford 1882, p.182). Es as porque
_declar a otro fisilogo_ ha sido til, o porque pensamos que podra
ser til justificar nuestro derecho de practicarlo libremente. La base
verdadera de nuestra vindicacin es que, una vez que permitimos a los
moralistas y a los clrigo dictar limitaciones a la ciencia, cedemos
nuestra fortaleza en sus manos (Ibid). Una fortaleza convertida en
inexpugnable por el poder corporativo de la profesin mdica, como
escriba Cobbe, en 1881, en The Medical Profession and Its Morality.
Qu otra explicacin puede encontrarse del apoyo de toda la
profesin mdica a una mesa de viviseccin libre? La influencia
creciente de los mdicos en todas las reas de la vida social, escribi la
feminista irlandesa, se transformaba en despotismo y en las actitudes
de los doctores, se poda observar el tono de la dominacin, por no
decir de la arrogancia (Cobbe, 1881, p.297) que conduca a la
medicalizacin de la vida.
De dnde obtenan los mdicos su poder? Era una profesin
lucrativa practicada por parvenus que hacan del atesmo, el
materialismo y el utilitarismo vulgar los fundamentos de su filosofa y
desatendan las almas humanas si habitaban cuerpos de personas
despreciadas y marginadas. Los doctores quisieron sacrificar el
bienestar de los pacientes a su xito profesional, adquirir destrezas
manuales en el campo de la ciruga y buscar la ganancia personal,
como lo demuestran las presiones para la vacunacin obligatoria. Los
profesionales se unieron en un cdigo corporativo del silencio sobre
las muertes causadas por las vacunas o por arriesgadas e intiles
operaciones como la extraccin de ovarios. Un corporativismo sexista
que se opona por todos los medios, incluso por la clamorosa protesta
pblica, a la entrada de mujeres en el campo de la Medicina y que puso
en peligro la libertad del individuo, amenazando con aniquilar el
sentido moral en la sociedad, destruir el valor del cuidado en la
Medicina y, como escriba Mona Caird 1895, llevaba a ignorar las
causas sociales de la enfermedad (Caird, 1895, p.3)6.
6 Sobre Mona Caird, ver Heilmann, 1996.
- 51 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Frances Power Cobbe: la Religin del Futuro
La reflexin sobre el carcter de la ciencia moderna est
presente en todos los escritos del antiviviseccionismo, pero fue
Frances Power Cobbe quien, ms que cualquier otro autor, se centr
en los fatales resultados de la separacin entre ciencia y tica.
El culto a la ciencia era, en opinin de Cobbe, la supersticin
moderna frente a la cual la gente suspenda el juicio crtico e inclinaba
reverente la cabeza. Cobbe sealaba que, a diferencia de lo que suceda
con la religin y la ley, las leyes de Medicina, en tanto basadas en
fundamentos cientficos, no estaban sujetas al juicio moral, una
necedad infame que protega a mdicos y fisilogos de toda
responsabilidad. Entonces, el conocimiento fue reducido a una forma
de poder, un instrumento de control de la naturaleza y otros seres
humanos, un conocimiento incapaz de evaluar crticamente sus
propias asunciones y objetivos, ignorante de sus lmites y limitado a la
acumulacin de hechos.
El nuevo hbito cientfico de la crueldad era lo ms
inquietante. No era el viejo vicio de la crueldad por la crueldad misma,
que se lleva a cabo bajo el efecto de impulsos apasionados o bajo la
influencia del alcohol; no era el practicado por el rudo carretero o por
el carnicero, sino por hombres cultos, bien alimentados y bien
vestidos, tranquilos, relajados, con determinacin, que saban lo que
ellos hacan: eran hombres de la ciencia que esperaban encontrar la
Religin del Futuro y dejar su huella en la poca (Cobbe, 1894, pp.
606-607).
En 1883, con el objetivo de criticar a los fisilogos, Cobbe
escribi su ensayo ms custico: Science in Excelsis. En esta corta obra
de teatro, imagina que los ngeles, despus de antiguas especulaciones
sobre el libre albedro y la predestinacin que no haban conducido a
ningn resultado, se dedican a la ciencia y a los mtodos de fisiologa,
y deciden practicar la viviseccin en seres inferiores, no en los
humanos, sino en aquellos eminentes fisilogos que haban dedicado
sus vidas al progreso del conocimiento cientfico. Ya era hora de
comprobar si los resultados de los experimentos en animales eran
vlidos para la gente, una pregunta que, a pesar del sacrificio de un
nmero enorme de criaturas, haba permanecido sin resolver. La parte
central del texto es un dilogo ntimo entre el Arcngel Rafael y los
fisilogos.
- 52 -
Es compatible la ciencia con la tica?
Rafael: Bien! Somos ngeles y ustedes son
hombres; y por esta misma lgica nosotros
tenemos el derecho de hacer cuanto nos venga
en gana con ustedes, estando por encima de
ustedes como ustedes estn por encima de los
perros y los monos. Adems, los mismos
monos, segn ustedes han explicado, son sus
parientes; mientras que los ngeles rechazamos
cualquier clase de la conexin con ustedes,
mseros mortales (Cobbe, 1889 en Gates, 2002,
p.153).
La consecuencia ms trgica y destructiva, en opinin de
Cobbe, era la aniquilacin del sentimiento de compasin, negada,
burlada y pisoteada por la nueva idolatra de la ciencia.
En sus numerosos escritos, nunca dej de presentar pruebas
_imgenes y palabras_ de este crimen contra la sensibilidad humana.
En 1888, en The Scientific Spirit of the Age, Cobbe sostuvo que el espritu
cientfico del tiempo, asertivo y analtico, robaba a la especie humana
sus valores ms altos e invada cada aspecto de la vida:
No soy tan ciega como para ignorar los
esplndidos logros de la ciencia fsica moderna
en su propio reino, ni los beneficios que
muchas aplicaciones del Espritu Cientfico han
aportado en otras direcciones. Pero es
necesario protestar contra el intrusismo y la
opresin del Espritu Cientfico en terrenos en
los que no tiene ninguna labor apropiada, (y
todava ms a menudo) su predominio en otros
donde su lugar debera ser totalmente
subordinado (Cobbe 1888, p. 128).
Con su materialismo y el rechazo de la tica, el Darwinismo
haba destruido la posibilidad de "reverencia" a los dictados de la
conciencia. Esto era una doctrina nefasta que reduca todo a un
principio utilitario, empobreca la vida y retrataba la sociedad como un
teatro de lucha (Ibid, p. 136). La clnica misma se converta en un
laboratorio, smbolo y medida de la disciplina cientfica. La viviseccin
era el ritual macabro del ideal de progreso, la celebracin de la muerte
y el dolor. Por lo tanto, era imposible reconciliar la ciencia con la
humanidad, escriba Cobbe en 1884 en The Right of Tormenting. La
- 53 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
ciencia no conoce lo que es humanidad y no admitir nada que pueda
retrasar su invasin de una pulgada (Cobbe, 1884, p.55). No niego,
prosigue Cobbe, que un remedio para las enfermedades de nuestro
templo de carne representa una gran ventaja, pero el precio es
demasiado alto. El alivio del dolor, la prolongacin de la vida no son
los bienes ms importantes a los que se puede aspirar.
La cuestin de la necesidad de renunciar a ciertas ventajas,
sobre la base de los principios morales, haba sido planteada dos aos
antes por Vernon Lee 7.
Vernon Lee: la viviseccin como retroceso moral y deshonor
Convencida de que la viviseccin poda ser til a la humanidad,
Vernon Lee intenta demostrar que es una ventaja a la cual los
humanos deben renunciar. La mayor parte de los antiviviseccionistas
apelaron a un sentido abstracto de justicia y compasin, cayendo en
un sentimentalismo que no era capaz de minar la confianza en la
ciencia. El verdadero horror de la viviseccin reside en la deshonra, en
un sentimiento de indignacin hacia el engao, el abuso de poder que
ofende el sentido profundo de la justicia.
No debe infligirse el dolor a unos pocos si
as puede ser evitado a muchos? S, si esos
pocos son parte de los muchos y comparten
igualmente con los dems la posibilidad del
sufrimiento, e igualmente con los dems la
posibilidad de beneficiarse de l. No, si esos
pocos estn separados de los muchos, y son
ellos solos quienes pueden perder, y ellos solos
quienes no pueden ganar (Lee, 1882, p. 800).
Guardar todos los beneficios para s mismos a expensas de los
otros es deshonroso. Declarar que la viviseccin era deshonrosa
significa para la autora que era contraria a los resultados de la
evolucin humana, o a aquellas caractersticas morales desarrolladas
lentamente en el tiempo, al principio moral de la reciprocidad de
beneficios. La viviseccin era, as, un retroceso en el camino de la
evolucin moral, un fracaso en la percepcin del mal que hacemos a
7 Sobre Violet Paget (Vernon Lee) (1856-1935), ver Oldfield, 2006, pp. 163-166.
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Es compatible la ciencia con la tica?
otros por nuestros deseos, dado que nuestra mejor cualidad es
abandonar nuestros deseos por el sentido de la justicia. Al preferir la
satisfaccin de un deseo a la justicia, deformamos nuestra naturaleza
moral y degradamos nuestra conciencia intelectual.
La tentacin de reconocer la viviseccin
como una prctica legtima es una tentacin
muy grande; la viviseccin supone el
instrumento ms valioso, o mejor dicho, el
atajo ms valioso, para el logro de un tipo de
conocimiento con el cual estn relacionados no
slo un gran nmero de problemas del cuerpo y
el alma, de la vida presente y futura, de la salud
moral y de la enfermedad, sino que tiene una
importancia casi religiosa, para nosotros, que
hemos abjurado de nuestros credos pero
estamos [...] poco acostumbrados an al rudo
tnico de una nueva fe que simplemente nos
dice que hay que actuar correctamente sin
recompensa y soportar el dolor sin
compensacin _es en realidad el ingrediente de
un elixir embriagador con el cual consolamos
nuestras almas fras, de un licor espiritual de la
religin de la ciencia y la especie humana que
ha sustituido a la vieja religin de Cristo y Sus
heridas, hasta que el mundo est preparado
para la religin de la justicia (ibid, p. 806).
Vernon Lee desplaz la atencin de la crueldad inherente a
esta prctica a la deformacin del sentido comn, al dao del juicio
moral que vea en la sociedad de su poca. Quienes no tenan la
fuerza de cuestionar la fe ciega en el progreso humano y preferan
asumir que todos sus aspectos eran buenos sin someterlos al juicio
moral, permitieron el paso a una actitud de conformismo aptico.
Para detener esta tendencia, la demanda de compasin no era
suficiente, haba que reforzarla con el sentido de la justicia. Si el
principio del progreso de la ciencia con vistas a una futura reduccin
del sufrimiento humano se enraizaba, si se converta en la prueba
moral ms elevada, no habra ningn lmite al sacrificio de vidas
humanas y animales para conseguir este bien absoluto. Y no habra
ningn lmite a la deformacin de la verdad.
- 55 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Lind af Hageby y el caso del perro marrn
Hacia los primeros aos del siglo XX, la oposicin a la
viviseccin cambi su carcter. En 1898, Cobbe dimiti del VSS, que
ella haba fundado, porque sus miembros queran un compromiso y
aceptaban alguna forma de regulacin. Fund la British Union for
the Abolition of Vivisection (BUAV), una organizacin todava activa
en la actualidad, y, poco despus, se retir de la escena. La
personalidad ms importante en el movimiento desde los primeros
aos del siglo era Lind af Hageby. Sobrina del chambeln del rey de
Suecia y fundadora en 1906 de la Anti-vivisection and
Animal Defence Society, buscaba una medicina alternativa que se
dirigira a los orgenes sociales de la enfermedad.
No era suficiente, sostena la feminista sueca, con burlarse y
difamar a los fisilogos torturadores, los demonios salen del
infierno, ahora los activistas tenan que armarse con el punto de vista
cientfico, deban conseguir un detallado conocimiento del mundo
animal, estudiar qumica, geologa, etctera. Hageby se comprometi
con la difusin de una dieta vegetariana y el pacifismo; de hecho, crea
en la unin y el refuerzo mutuo de estas causas. Hasta entonces, la
causa del vegetarianismo haba sido la menos compartida por las
antiviviseccionistas.
Con la excepcin de Anna Bonus Kingsford, la cuestin de la
dieta fue evitada por la mayor parte de autoras. Cobbe, por ejemplo,
haba dejado su deporte favorito, la pesca, pero, como Blackwell,
diferenciaba entre la matanza de animales para comer _legal_ y la
tortura _ilegal_ y entre granjas respetuosas del bienestar animal y otras
que los explotaban indiscriminadamente. De hecho, nunca
abandonaron por completo la idea de la superioridad de los humanos
en comparacin con los animales y en sus escritos a menudo los
llaman animales inferiores o brutos.
Adems, Hageby inaugur una nueva forma de protesta: las
manifestaciones de masas que se repitieron una tras otra, en particular
entre 1906 y 1910, durante el caso del perro marrn. Se matricul
con su amiga Liesa von Shartau en la London School of Medicine for
Women y presenci numerosos experimentos con animales. En 1903,
apareci el diario de su experiencia que describa el episodio de un
experimento en un pequeo perro marrn, utilizado en repetidas
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Es compatible la ciencia con la tica?
ocasiones y sin anestesia por dos fisilogos: Guillermo Bayliss y
Ernest Starling. Despus de numerosas operaciones, el pncreas del
perro fue extirpado y el animal entregado a un estudiante que lo mat
con una pualada en el corazn. Las revelaciones de las dos
antiviviseccionistas dieron origen al juicio ms famoso de su tiempo,
con amplia resonancia en la prensa y que termin con la absolucin
completa de Bayliss 8. En 1906, se levant un monumento de bronce al
perro marrn en Battersea por iniciativa del movimiento
antiviviseccin, lo cual origin una serie de disturbios en los que los
estudiantes universitarios trataron de derribar la estatua. Esta fue
finalmente demolida en 1910, durante la noche, por el Battersea
Council.
Despus del proceso, en 1913, The Shambles of Science fue
reeditado por la Anti-vivisection Society con un relato completo del
proceso. El captulo que caus sensacin, la Diversin, describa
aquel humor al que Frances Power Cobbe el ao anterior haca alusin
en su artculo Schadenfreude (Cobbe, 1902):
Escuchamos algunos informes interesantes de "comida
falsa". El conferenciante describe ciertos experimentos
con perros entre las risas del auditorio. Les haban
cortado el esfago y colocado una fstula, de manera
que el alimento ingerido cayera en el suelo en vez de
pasar al estmago. Los perros coman y coman y
coman _estaban terriblemente hambrientos_ y se
sorprendan al ver que el alimento caa; lo volvan a
intentar de nuevo con el mismo resultado. Podan
continuar as durante horas. Qu cmico! Qu
inteligente el fisilogo que invent esto! Acaso los
animales no son estpidos? Durante el proceso de la
comida, el estmago de los perros secret jugo
gstrico. Es un caso de secrecin psquica.
Terriblemente interesante. Maravillosamente
inteligente! (Hageby-Shartau, 1903, p.25).
Cuando Ernest Starling expres su orgullo por su investigacin
y declar que los experimentos de viviseccin del estmago haban
contribuido al progreso del conocimiento del proceso digestivo ms
que lo que la investigacin en la anatoma humana haba hecho
durante un siglo, se refiri a los experimentos de la comida falsa
8 Sobre este caso, ver Lansbury, 1985.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
(Molinero, 2009). Su trabajo fue repetidamente criticado en los
peridicos antiviviseccionistas Animals Defender y "Zoophilist" y
la prctica de la comida falsa se convirti en el smbolo de la crueldad,
la inutilidad y el cinismo de los fisilogos. En el centro del debate
estaba el uso de la sobrealimentacin forzada por medio de la sonda
esofgica (gavage), una prctica dolorosa que los doctores dominaban y
que los pacientes teman.
Frente a las repetidas acusaciones de crueldad dirigidas a los
mdicos, era importante demostrar que los experimentos tenan algo
de utilidad teraputica o social, y que no eran dictados por la pura
brutalidad o la curiosidad perversa.
Sugerir _escribe Ian Miller_ que la
viviseccin humana pareci convertirse en
real cuando el tubo estomacal comenz a ser
usado como presunto instrumento de
tortura y crueldad durante la controvertida
alimentacin forzada de las sufragistas
encarceladas desde 1909 en adelante, una
situacin con varias interrogantes morales
que fueron discutidos internacionalmente
(Ibd, p. 337).
En 1909 la extensin de las protestas de las sufragistas en
las crceles britnicas por medio de huelgas de hambre, llev al
Ministerio de Asuntos Interiores a usar la alimentacin forzada, una
prctica que dur hasta 1913. Se trataba de una forma de castigo,
tortura y experimentacin. Muchas de las que la sufrieron (hasta
cientos de veces) nunca se recuperaron. La alimentacin forzada
era comparada por los mismos mdicos a la prctica para
alimentar gallinas y era aplicada de un modo doloroso y brutal
(Purvis, 1995; Geddes, 2008).
Las semejanzas entre los animales diseccionados y las
militantes alimentadas a la fuerza, entre el laboratorio y la prisin,
se convirtieron en un tema recurrente en la propaganda sufragista.
Los dolores, el sentido de impotencia y ahogamiento, la
humillacin por los gestos y las palabras y la angustia por el da
siguiente eran recurrentes en los informes que aparecieron en la
prensa y en las memorias publicadas en los aos siguientes (Lytton,
1914).
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Es compatible la ciencia con la tica?
Las prcticas mdicas que resultan de la experiencia de
laboratorio eran presentadas como instrumentos tiles para romper la
resistencia de las sufragistas. Una vez ms, las afirmaciones de la
Medicina haban sido alcanzadas por el dolor infligido a individuos
contra su voluntad.
Desde finales del siglo XIX, la viviseccin y los experimentos
con seres vivos no han cesado, y una idea de ciencia que muchas
feministas britnicas cuestionaban en la segunda mitad del siglo XIX
parece haber sido firmemente establecida (Illich, 1976). Hoy, los
escritos de Cobbe, Kingsford, Blackwell y muchas otras sobre el
divorcio entre tica y ciencia, entre fines y medios, sobre la
devaluacin de la compasin y la empata en el ejercicio de la
profesin mdica, sobre la medicalizacin de todos los aspectos de la
vida, todava son reveladores; su fuerza moral, su rigor crtico, su
previsin an pueden conducirnos al compromiso con un mundo que,
como Blackwell indicaba, considerara el aumento del respeto por la
vida como la nica medida del progreso humano.
Traduccin del ingls de Alicia H. Puleo
- 59 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
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El ecopacifismo de Sylvia Pankhurst en el
entorno sufragista y socialista de
principios del siglo XX
Eva Palomo Cermeo1
Universidad Rey Juan Carlos
evapalomo63@[Link]
Introduccin
En este trabajo trataremos el modo en que la sufragista inglesa
Sylvia Pankhurst incorpor en su discurso feminista y socialista, sus
preocupaciones acerca de la destruccin del medio ambiente y la
necesidad de vivir en armona con la naturaleza.
Sylvia Pankhurst naci en 1882 en el seno de una familia muy
comprometida poltica y socialmente con su tiempo. Hija de
Emmeline Pankhurst, figura emblemtica y una de las lderes del
sufragismo britnico, y de Richard Pankhurst, abogado radical y
socialista entregado a la defensa de la causa de los ms desfavorecidos,
creci rodeada literalmente de intelectuales y activistas de todo el
mundo, pertenecientes a crculos socialistas, anarquistas, ateos
librepensadores y feministas. En el hogar de los Pankhurst se lea
literatura de contenido socialista, utpico y romntico que exaltaba la
vuelta a la naturaleza y al comunalismo, frente a la sociedad industrial
1 Eva Palomo es Doctora por la Universidad Rey Juan Carlos. Su tesis trata sobre
feminismo y socialismo en la obra de Sylvia Pankhurst y los debates en torno a la
clase, el gnero y la sexualidad en el contexto del sufragismo britnico.
Recientemente, ha participado en proyectos de investigacin en la URJC,
desarrollando temas como el activismo feminista contra la prostitucin en el siglo
XIX.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
deshumanizada. El fundador de la Socialist League y artista
revolucionario, William Morris, era un habitual en las tertulias de la
familia, influyendo notablemente en las ideas polticas y artsticas de
Sylvia Pankhurst.
Heredera de la tradicin ms radical del liberalismo y del
socialismo, tanto el llamado utpico como el marxista, Sylvia
Pankhurst form parte, como pensadora y activista, del heterogneo
movimiento sufragista, intentando siempre articular el gnero y la clase
tanto en los crculos de la izquierda y el movimiento obrero, como
entre la militancia feminista.
Artista, periodista y poeta, apost por el anti-colonialismo, el
pacifismo y el antirracismo, ya a principios del siglo XX; una poca en
la que defender tales posiciones era impopular. Fue, a nuestro juicio,
una pionera que tuvo la razn a destiempo.
Antecedentes.
1. Preocupaciones medioambientales en la tradicin
emancipatoria del siglo XIX.
Existi en la tradicin socialista, radical y anarquista del siglo
XIX -W. Thompson, C. Fourier, W. Morris, P. Kropotkin, Emma
Goldman...- una profunda preocupacin por los efectos negativos de
la revolucin industrial sobre las condiciones de la vida humana y el
entorno natural. Desde distintos anlisis encontramos una denuncia
comn acerca de la destruccin de una concepcin de trabajo y de las
consecuencias de este nuevo modelo de produccin: las migraciones,
la polucin del aire y de las aguas, la insalubridad, el hacinamiento, las
enfermedades, la mortalidad... tal como fue recogido en The Making of
the English Working Class (Thompson, 1965).
Frente al individualismo y la competitividad, Kropotkin parti
de su interpretacin de Darwin para defender que la cooperacin era
la base del progreso de las especies (Kropotkin, 1902). De acuerdo con
este modelo, citado a menudo por Pankhurst en sus escritos, propuso
la idea de una comuna autosuficiente como forma de organizacin
social y productiva que superase la dicotoma campo-ciudad, industria-
agricultura o trabajo intelectual versus manual. Crea en la
descentralizacin industrial y en una concepcin del trabajo basado en
la cooperacin -entre especies y con el entorno natural-, y compatible
con el desarrollo del bienestar social y la vida ldica.
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El ecopacifismo de Sylvia Pankhurst
En el mismo sentido desarrolla Morris la idea de que el trabajo
no puede ser alienante y embrutecedor sino que debe desarrollarse en
un entorno agradable, ocupar solo una parte del da e involucrar una
variedad de tareas. En su obra News from Nowhere, considerada una
'ecotopa', contempl la posibilidad de transformar las fbricas en
centros dedicados al cultivo de la belleza, la actividad intelectual, la
sociabilidad y el ocio (Morris, 1890).
A pesar de su denuncia firme de los males de la vida urbana e
industrializada (polucin, insalubridad, hacinamiento etc.), Morris
imagina una sociedad futura en la que no desapareciesen las ciudades
sino que se transformasen. En su utopa habla del modelo de ciudad
ideal, donde no hubiese lugar para las zonas fabriles ni para la
especulacin, que hacina a la gente en lugares insalubres y obtiene
beneficios de la desgracia humana; un lugar que combinase las
cualidades del campo y de la ciudad.
2. Ecofeministas en el movimiento sufragista
Dentro de la heterogeneidad del sufragismo y el feminismo del
XIX hubo numerosos ejemplos de mujeres sensibilizadas y
comprometidas con las ms variadas causas que hoy podramos
calificar como eco-feministas. Las britnicas Helena Swanwick,
Catherine Marshall, Charlotte Despard, Virginia Woolf, y la propia
Sylvia Pankhurst eran conocidas de diferentes maneras por su
activismo anti-militarista y a favor de las salidas pacficas y negociadas
a los conflictos. La denuncia de la guerra por Emma Goldman, o la
estadounidense Jane Addams, quien lider el movimiento de mujeres
por la paz durante la primera guerra mundial. Frances Power Cobbe y
Anna Kingsford denunciaron la viviseccin de animales, prctica cruel
que en sus escritos relacionaron con diversas formas de violencia hacia
las mujeres en el hogar, en la prostitucin y en la pornografa y en las
crceles (Donovan, Adams, 2006). Era tambin conocida en los
crculos de mujeres la crtica de Charlotte Perkins Gilman a la caza y el
maltrato animal para el consumo de objetos de lujo. Los debates sobre
cuestiones como la salud de las mujeres en el trabajo, la violencia
ejercida sobre los cuerpos y mentes de las mujeres desde la medicina y
la psiquiatra, la educacin en contacto con la naturaleza, la idea de
vivir en equilibrio con el medio natural y la necesidad de respetarlo y
- 67 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
preservarlo, constituyeron preocupaciones bastante extendidas en los
ambientes feministas a lo largo del siglo XIX y principios del XX.
Sylvia Pankhurst: la construccin del socialismo, el feminismo, y
el papel de la naturaleza
1. La difcil lucha por la paz en tiempos de guerra
"Al igual que hubo sufragistas que apoyaron a sus gobiernos en la
primera guerra mundial para demostrar que eran ciudadanas leales... y
merecedoras del derecho a voto, otras muchas adoptaron una
perspectiva anti-militarista e internacionalista..." (King, 1989, p.120).
En las ltimas dcadas, tanto historiadoras como autoras del
mbito ecofeminista han reconocido la importancia y contribuciones
de las mujeres procedentes del sufragismo al pacifismo, al anti-
militarismo y al anti-colonialismo. Sylvia Pankhurst defendi la
resolucin pacfica de los conflictos entre naciones a travs del dilogo
y la justa representatividad en los organismos internacionales de
arbitraje, as como medidas para la limitacin de los armamentos.
Su oposicin a la Gran Guerra fue firme, como ya lo haba
sido la adoptada por su familia durante la guerra de los Boers.
Denunci la crueldad y explotacin a la que se someti a los pueblos,
tanto en los campos de batalla como en el frente interior. En su obra,
The Home Front, relat de manera pormenorizada los efectos de la
guerra sobre la clase trabajadora, el desabastecimiento y el hambre, el
deterioro de las condiciones de vida y de trabajo, la destruccin y
degradacin en las ciudades y en el campo, la legislacin represiva
contra los derechos civiles de la poblacin en general y, en especial,
contra ciertos colectivos, como huelguistas, mujeres u objetores de
conciencia. Igualmente denunci el enriquecimiento a travs de la
especulacin y el consiguiente aumento de las desigualdades
(Pankhurst, 1932).
En agosto de 1914 escribi con angustia sobre el ambiente
pre-blico: En vano intentaba aislarme de aquel triste ruido y de las
imgenes de aquellos jvenes rostros ebrios Me suscitaban la idea
del ganado llevado al matadero, meros peones en manos de aquellos
cuya identidad les era desconocida. Pens en los ejrcitos marchando
sobre Europa, llevando la destruccin a miles de hogares pacficos
Los lamentos de las viudas, los hurfanos y los hombres mutilados,
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El ecopacifismo de Sylvia Pankhurst
un triunfo tristemente inmenso para el poder aniquilador de la
violencia, mantenida y albergada por la riqueza; una riqueza extrada de
cualquier fuente y, sobre todo, de las grandes privaciones de los
pueblos... del hambre. El hambre se erigira en el vencedor.
(Pankhurst, 1932, p.15).
En sus escritos combin una descripcin de los horrores de la
guerra desde una perspectiva humanitaria, con un anlisis socialista y
marxista de la guerra como instrumento de dominacin capitalista
generadora de beneficios para ciertas capas sociales (Pankhurst, 1922).
Como anti-colonialista, dedic buena parte de su obra a
reflejar los desastres humanos y medioambientales producidos por la
dominacin de las potencias europeas en pases como India y Etiopa,
fundamentalmente; no solo como producto de las guerras sino del
expolio, apropiacin y degradacin de sus recursos naturales, causando
la destruccin de las formas de vida de gran parte de la poblacin y su
consiguiente empobrecimiento. Fue el caso de la destruccin de la
produccin textil india, de su sistema de canalizacin de agua o de las
migraciones a las ciudades creando masas de poblacin en la extrema
pobreza (Pankhurst, 1926). O el de Eritrea, asolada por la
deforestacin, la desertizacin, la polucin de los ros y la destruccin
de las formas de subsistencia bsica de sus habitantes. Es ilustrativa su
descripcin de la ciudad colonizada de Asmara, capital de Eritrea:
Pocos visitantes conocen realmente la ciudad de Asmara. La mayora
solo han visto una mscara alegre e ilusoria que esconde la verdadera
Asmara con su sangrante miseria y polucin. Los barrios ms
pobres se encuentran sobre un suelo de roca sin apenas tierra
cultivable Cada hombre ha de construir su propia vivienda; no se
conoce la vivienda municipal. La madera escasea; la tierra que rodea
Asmara est erosionada por la tala indiscriminada y la ausencia de
reforestacin El agua corriente en los hogares solo existe en la parte
europea de la ciudad. Para economizar el gasto de agua en la estacin
seca, se cierran las fuentes en los barrios pobres, y sin embargo los
baos y duchas siguen funcionando en la ciudad europea (Dodd,
1993, pp.231-233).
2. El papel de la naturaleza en la nueva organizacin social
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
Sylvia Pankhurst desarroll en sus escritos una propuesta de
organizacin para la nueva sociedad socialista que deba construirse,
incorporando muchos de los planteamientos de autores como
Kropotkin y Morris. Para ella, el futuro de la humanidad pasaba por
superar la dicotoma naturaleza-cultura, campo-ciudad, y por ello,
imagin la vida en comunidades que se desarrollaran en armona con
el medio natural: "Cuando se nos empezaba a revelar la crueldad y la
srdida fealdad del capitalismo moderno a principios del siglo XIX,
muchas personas humanitarias intentaron demostrar de forma
prctica, cmo la industria y la agricultura podran desarrollarse a
travs de la mutua cooperacin para el bien comn. Un ejemplo de
estos esfuerzos fue puesto en marcha en Ralahine... en Irlanda... en
1831...". "...El desarrollo de la agricultura y la asociacin entre la
ciencia y el trabajo manual..." (Pankhurst, 1926, pp. 590-1).
Sin embargo, tras las frustrantes experiencias vividas durante la
Gran Guerra, Pankhurst radicaliz su discurso y su prctica poltica,
evolucionando hacia posiciones comunistas al calor de la revolucin
rusa de 1917. Defendi las ideas bolcheviques en cuanto a la necesidad
de una organizacin social basada en los soviets, tras el derrocamiento
del sistema capitalista.
En un escrito de 1920 titulado A Constitution for British Soviets.
Points for a Communist program, desarroll para su pas una propuesta de
sociedad organizada en soviets (Dodd, 1993). La originalidad de su
enfoque radica en el modo que introdujo la perspectiva de gnero y
sus preocupaciones sobre la naturaleza a la hora de describir el
funcionamiento de estas pequeas unidades de produccin dedicadas a
satisfacer las necesidades de todas las personas. Los centros de trabajo,
talleres, huertos, centros de ocio y servicios estn rodeados de jardines
y el trabajo domstico y de cuidados no solo est valorado y
remunerado sino que se socializa y no recae nicamente sobre las
mujeres (Dodd, 1993, pp. 104-108).
3. El derecho a la educacin y a la belleza
"El patio del colegio con suelo de macadam pareca el patio de
una crcel, rodeado de un muro elevado, sin ningn arbusto ni una
brizna de hierba. El cuarto de juegos de una suciedad inimaginable.
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El ecopacifismo de Sylvia Pankhurst
An hoy me entristece ver los patios desnudos de los colegios..."
(Pankhurst, 1931, p. 122)
Sylvia Pankhurst fue consciente de la importancia de una
educacin en contacto y armona con la naturaleza, combinando
trabajo intelectual y manual en un entorno agradable. Nios y nias
deban formarse para ejercer una profesin, a la vez que aprendan
agricultura y jardinera, conociendo e interactuando con el medio
natural. Muy crtica con la instruccin tradicional y seguidora de la
pedagoga Montessori, defendi una escuela coeducativa, igualitaria y
solidaria que formase personas crticas, autnomas y creativas, capaces
de motivarse para desarrollar sus intereses, talentos y habilidades.
Para Pankhurst, que se form como artista plstica, la belleza
constitua un aspecto esencial en la formacin de la sensibilidad
humana. En la mayor parte de sus textos, son constantes las
descripciones -ya desde su infancia- acerca de la naturaleza, los
entornos armnicos o los ambientes ms degradados, y sobre el modo
en que stos influan en el estado fsico y anmico de las personas que
los habitan. Recordando su infancia, escribi: "Mi viejo sueo de
habitar una gran casa de campo en la que todo el mundo fuera feliz,
apareca de nuevo para confrontarme con la visin de las fbricas
arrojando humo y las pequeas casas grises de Hulme y Ancoats; cas
me senta culpable por desearlo..." (Pankhurst, 1931, p.123). Sus
principios le llevaron a recorrer los lugares ms srdidos para
denunciar la miseria y la injusticia. Sin embargo, busc incesantemente
el contacto con la naturaleza, a travs de sus estancias en el campo, el
buen trato a animales y plantas, el rechazo a las vestimentas poco
sanas para el cuerpo de las mujeres y la adopcin de una dieta
vegetariana.
Sylvia Pankhurst mantuvo su sueo de un 'paraso en la tierra'
y defendi el derecho de hombres y mujeres a un mundo justo, en paz
y en equilibrio con el medio natural.
Conclusiones
La reconstruccin de la genealoga del pensamiento feminista y
socialista es fundamental para comprender tambin los debates
actuales en el eco-feminismo. En este sentido, pensamos que el
- 71 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
conocimiento de las aportaciones de Sylvia Pankhurst contribuye a
fortalecer el necesario dilogo presente-pasado.
Aunque ha sido en los siglos XX y XXI cuando se hicieron ms
patentes las consecuencias, primero de la revolucin industrial, y
despus del productivismo salvaje y de la creacin de una sociedad de
consumo desaforado, podemos afirmar que muchos planteamientos
del presente se iniciaron en esta poca; y que la sensibilidad hacia el
deterioro de la naturaleza estaba presente entre pensadoras y activistas
feministas como Sylvia Pankhurst. Por ello, podemos concluir que su
estudio es relevante para la construccin de una sociedad igualitaria en
armona con el medio ambiente y como parte de l, y en la constante
lucha por la paz.
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- 74 -
Inteligencia y sentimientos en la Filosofa
de la Naturaleza del siglo XVI espaol
Rosala Romero Prez1
Grupo de investigacin. Universidad de Sevilla
rosaliarom@[Link]
Introduccin
En el siglo XVI se experimenta un cambio crucial en la
concepcin del cuerpo humano, provocado en la Filosofa de la
Naturaleza en virtud de la renovacin de la Anatoma. Los estudios
anatmicos vuelven a estar en manos de los mdicos, despus de
que durante mucho tiempo las actividades manuales fueran proscritas
en la medicina acadmica, y relegadas a quienes no tenan los
conocimientos necesarios para interpretar los datos ofrecidos por las
disecciones.
La obra principal que rompe con la concepcin mdica
tradicional es De humani corporis fabrica de Andrs Vesalio, publicada en
1543, en la que el sexto libro est dedicado al corazn como rgano
impulsor de la facultad vital y a las pequeas partes que le ayudan, y en
el sptimo libro se examina la armona entre el cerebro y los rganos
de los sentidos, habiendo descrito en el libro cuarto la amplia serie de
nervios originados en el cerebro (Vesalio, 2004). De modo que si con
Coprnico comienza la ruptura con el geocentrismo de la cosmologa
hegemnica, con Vesalio comienza la ruptura con la concepcin
1 Doctora en Filosofa. Entre sus publicaciones citaremos: Michel Foucault y la
visin androcntrica del panptico, Alfa, en-jun, 1999, Hacia una Historia del
Pensamiento Feminista en Espaa, Labrys, n 10, 2006, y Philosophie, Gender und
Gesellschaft: Von der politischen Transicin zur gleichberechtigten Demokratie, Feministische
Studien, vol. 29, 2011.
- 77 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
cardiocntrica de la medicina tradicional.
En la Filosofa de la Naturaleza del siglo XVI espaol se
realiza la renovacin propia del Renacimiento, caracterizada por la
revisin del pensamiento de Aristteles y por ofrecer un sentido a la
nueva visin cefalocntrica. Se generan intensos debates que
representan posiciones diversas y divergentes sobre el mundo natural;
entre ellas encontramos interpretaciones del nuevo dato ofrecido por
la Anatoma en claves androcntrica y antropocntrica-mecanicista.
Cefalocentrismo y mundo humano
Los estudios tradicionales ofrecen una visin incompleta e
incierta del siglo XVI espaol. En algunos manuales de historia de la
filosofa en Espaa se afirma que los naturalistas profesaban la
inferioridad intelectual de la mujer, al mismo tiempo que compartan
la visin cefalocntrica del ser humano (Mndez Bejarano, 1927, p.
149). Tal afirmacin ignora la defensa que una importante obra
naturalista del Renacimiento espaol alberga sobre la inteligencia de
las mujeres: Nueva Filosofa de la Naturaleza del Hombre (1587) de Oliva
Sabuco, donde se cuestionan las tesis de Juan Huarte en su obra
Examen de Ingenios (1575).
La refutacin de Oliva Sabuco a Juan Huarte se realiza en un
contexto en el que se resignifica la terminologa aristotlica, utilizando
la misma estructura lgica que su referente polmico, sin que el
nombre sea desvelado en ningn momento: enlazar el debate sobre la
participacin de las mujeres en la reproduccin biolgica de la especie
y la cuestin de la inferioridad intelectual femenina.
Aristteles es el referente principal de la comprensin
monoseminal de genealoga masculina. En su obra se encuentra la
conceptualizacin de las mujeres como seres ms cercanos a hembras
de otras especies animales que a la otra mitad humana de su propia
especie; en la reproduccin de la especie humana, las mujeres aportan
meramente la materia, a diferencia de los varones que aportan la
semilla, lo que en la comprensin aristotlica es la forma. Entre las
causas de la generacin, para Aristteles, la causa formal tiene
preponderancia sobre la causa material. Posteriormente, en el siglo II
de la era cristiana, Galeno, a diferencia de Aristteles, afirma la
existencia del esperma femenino; y en los albores del Renacimiento, la
Medicina se decanta por un galenismo matizado de aristotelismo. Juan
- 78 -
Inteligencia y sentimientos en la Filosofa de la Naturaleza
Huarte se hace eco de este posicionamiento y responde a una pregunta
planteada en la Filosofa Natural: cul es la razn que de hombres
sabios salgan hijos de poco ingenio. Y en su respuesta afirma que los
hijos necios de los hombres sabios casi siempre se hacen de la simiente
de sus madres (Huarte, 1953, pp. 513 y ss.).
Oliva Sabuco refuta a Juan Huarte en una triple dimensin:
defiende que la aportacin de las mujeres en la reproduccin de la
especie no es inferior a la aportacin del esperma masculino, que las
mujeres pueden transmitir la inteligencia a sus descendientes en la
misma medida que los varones y, adems, responde al autor del
Examen de Ingenios contra su propuesta de formacin de matrimonios.
Esta ltima respuesta explica que la refutacin no se encuentre en un
Tratado de Filosofa Natural, sino en un captulo del Coloquio de las cosas
que mejorarn este mundo y sus repblicas, titulado Mejoras en los
casamientos y genitura.
La propuesta de Juan Huarte es una Repblica en la que se
confiara a los mdicos la tarea de decidir la formacin de matrimonios;
los nuevos expertos habran de ser consultados, para que examinaran
si la complexin y belleza de una mujer era apta para el hombre con
quien estaba comprometida. En una poca en que los matrimonios
son concertados por los padres, en Oliva Sabuco se encuentra una
argumentacin a favor de la autonoma del hombre y de la mujer a la
hora de elegir consorte. O. Sabuco responde a la cuestin planteada en
la comunidad filosfico-cientfica sobre el hecho que de padres sabios
y hbiles salen hijos necios, y explica que la causa puede estar en uno
de los dos progenitores de manera indistinta, tomando la forma
conforme a la materia que ms prevaleci (Sabuco, 1888). Aqu ya se
ha consumado la resignificacin de la terminologa aristotlica: la
forma, lo esencial del nuevo ser, puede ser aportado por la mujer.
Como consecuencia lgica, se afirma que las mujeres transmiten con la
aportacin de su propio esperma la inteligencia a sus descendientes.
Cefalocentrismo en clave antropocntrica-mecanicista
El nuevo descubrimiento cientfico no slo reprodujo
longevos debates como el de la inteligencia humana o el del grado de
participacin de hombres y de mujeres en la reproduccin de la
especie, sino que contrajo una discusin sobre el alma que afect al
mundo animal, al que Aristteles atribua alma sensitiva. Ahora,
sostener que los animales tienen alma sensitiva fue resignificado en
- 79 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
distintas claves, dado el hecho del descubrimiento de la centralidad del
cerebro en el cuerpo humano. Las diferentes interpretaciones en este
orden generaron un debate en el que los referentes polmicos tenan
nombres y apellidos, y constituyen el antecedente de una polmica que
se extiende a la Filosofa Moderna. De hecho, Gmez Pereira, mdico
y autor de la controvertida obra Antoniana Margarita (1554), defiende la
tesis que ms tarde sostuvo Descartes, siendo el autor del Discurso del
mtodo acusado de plagiar al mdico espaol.
Gmez Pereira desarroll la tesis de que el alma racional,
propia del gnero humano, es el nico que coordina las sensaciones y,
por tanto, los animales al no tener un alma indivisible y separable del
cuerpo ni sienten ni sufren. Y no slo se niega en su obra el
sufrimiento en el mundo animal, sino tambin se afirma que el
movimiento en los animales es causado por agentes externos. Entre las
tesis de Gmez Pereira vamos a analizar las que generaron la
polmica animalista del Renacimiento espaol: los brutos ni
sienten ni por s se mueven.
En la obra de Gmez Pereira, los animales son presentados
como carentes de sensaciones porque se presupone que el sentimiento
es exclusivo del alma racional. Se opone a la que considera una idea
errnea: entender el sentido comn como una facultad orgnica
situada en la parte frontal del cerebro. Los datos percibidos por los
sentidos son conducidos al alma racional, motivo por el que el alma
ve, huele, toca, saborea y se enfada (Gmez Pereira, 2000, p. 287).
Tales tesis generaron distintas reacciones tanto en el campo de la
Teologa como en el de la Medicina; en este ltimo es donde se
produce la defensa animalista de la mano de otro mdico de la poca:
Francisco de Sosa, autor de Endeclogo contra Antoniana Margarita (1556).
Esta obra est escrita en dilogo, en la que sus interlocutores son
todos los animales interponiendo querella criminal contra el mdico-
filsofo que afirma que los animales no sienten ni por s se mueven.
Las tesis de Gmez Pereira son calificadas de opiniones inventadas y
no de descubrimiento de los secretos de la naturaleza. Tales
invenciones tendran sus antecedentes en dos escuelas filosficas del
mundo antiguo: en el estoicismo y en el pitagorismo.
Crisipo afirmaba que los animales no tienen ni
concupiscencia ni ira (De Sosa, 1994, p. 5). La calificacin de
invencin a las tesis de Crisipo nos permite ver la profundidad con
la que se defiende a los animales contra los malos tratos en el s. XVI.
La propia concepcin de la tica estoica desvela que tales afirmaciones
sobre el mundo animal no contenan comentarios peyorativos, ya que
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Inteligencia y sentimientos en la Filosofa de la Naturaleza
alcanzar la felicidad para el estoicismo se obtiene viviendo segn la
naturaleza. El primer estoicismo utiliz el trmino oikeiosis para
referirse a la caracterstica fundamental de los seres vivos, cuyo
significado estriba en el reconocimiento de una tendencia a
conservarse a s mismos y a apropiarse de su mismo ser, y en los
animales la hallaban vinculada con determinado instinto o impulso
primigenio. De hecho, para los estoicos, la concupiscencia o deseo era
considerada una pasin contraria al orden moral. Baste recordar que
en los testimonios escritos sobre la obra de Crisipo se le atribuye la
afirmacin de reconocerle pensamiento a los perros, comparndolos
en cierta manera a los hombres mudos.
Por otra parte, la crtica de Francisco de Sosa se diriga al
sentido que cobraba en la escuela pitagrica no comer carne animal
(De Sosa, 1994): el fundamento se encuentra en la doctrina de origen
rfico de la metempsicosis, segn la cual, el alma, debido a una culpa
originaria, se ve obligada a reencarnarse en sucesivas existencias
corpreas, incluidas las formas animales, para expiar aquella culpa. Por
ello, en boca de Jpiter, personaje implicado en la querella criminal de
todos los animales contra quien afirma que stos no sienten ni por s
se mueven, califica de insano e inventor de necedades a Pitgoras,
quien deca recordar haber sido carnero, por ordenar a sus discpulos
no matar animales ni tampoco comerlos porque habra algn hombre
que matara y comera a su padre.
No obstante, si bien se contra-argumentan las concepciones
filosficas del mundo antiguo para criticarlas como antecedentes, o
bien de una motivacin meramente antropocntrica en el caso del
pitagorismo, o bien de una explicacin de la conducta animal
homologable para las mentes mecanicistas con seres que carecen de
sentimientos, hay que sealar que la prioridad en la diatriba planteada
es declarar ilegtimo cualquier maltrato al mundo animal. El primero
de los fundamentos del mecanicismo pereiriano que se revisa es el
referido al movimiento de los animales, y se plantea de la siguiente
manera: pues los animales no nos movemos, si es ass verdad,
naturalmente antes somos movidos por las especies de las cosas
violentamente y como relojes, a vuestra Magestad suplico ninguno sea
condenado por dao que haga, ass a los hombres como a los animales
domsticos que los hombres poseen, pues por las especies de la cosa
daada es el tal bruto guiado y movido para hazer el dicho dao sin
poder el tal bruto dexarle de hazer (De Sosa, 1994, p. 14).
La crtica de Francisco de Sosa se centra en la afirmacin
pereiriana de que los animales carecen tanto de los cinco sentidos
- 81 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
externos -vista, odo, olfato, tacto y gusto- como del sentido comn
interior, derivndose de estos presupuestos que los animales no se
mueven sino que son movidos, quedando reducidos a piedras y, en el
mejor de los casos, a plantas. Los fundamentos cuestionados del
mecanicismo objeto de crtica pueden resumirse en los siguientes:
1) De la misma forma que la piedra imn atrae al hierro, las
especies de las cosas u objetos animados o inanimados atraen a los
animales. Por ejemplo, las especies del asno entran por los ojos del
len y van a la parte anterior del cerebro, donde proceden todos los
nervios que mueven los miembros del len. La crtica generada es por
otorgar ms poder a las especies inanimadas que a las formas vivientes
de los animales.
2) Dichas especies circulan por los nervios del animal y llegan
a un lugar que est en la parte posterior del cerebro llamada memoria,
e instaladas dichas especies en esta parte posterior se llaman
fantasmas; y cuando circulan y llegan a la parte anterior del cerebro,
donde est el sentido comn en los hombres, generan el movimiento
en los miembros del animal. Y por estas especies, reservadas en este
lugar, tiene el animal memoria y adquiere costumbre; as se explica,
por ejemplo, que las ovejas conozcan a su pastor. La crtica generada
por este fundamento es cmo explicar que un ser que aprende y que
adquiere un hbito no sienta, porque es imposible recibir
adoctrinamiento si no se tienen sentidos.
3) Infinitos animales se mueven por instinto de naturaleza,
como las hormigas cuando guardan el trigo en el verano sin conocer el
invierno; a este fundamento se le objeta no haber definido qu sea el
instinto natural, ni si se funda en la materia o en la forma, o si es
inherente al animal guindole en todas sus obras.
La querella criminal culmina con una sentencia que condena a
Gmez Pereira a sepultar su libro, con el claro objetivo de restituirles
la honra a los animales, y se declara que son ms que plantas y
rboles, y que tienen alma sensitiva, por lo que sienten y se mueven
por s mismos, desean y conocen lo que es daino o provechoso para
ellos, y tambin en virtud del alma sensitiva aprenden y son seres de
costumbres.
La polmica sobre si los animales sienten y sufren permanece
durante dcadas. Oliva Sabuco critica a los naturalistas y anatomistas
que ignoraron la sensitiva de los animales, errando en las causas finales
(Sabuco, 1888), y afirma que el principio del sentir, alimentarse y
desarrollarse en el animal es el cerebro (Sabuco, 1888, p. 438). En el
cerebro es donde se produce toda sensacin, pues las puertas y
- 82 -
Inteligencia y sentimientos en la Filosofa de la Naturaleza
rganos de los sentidos tienden hacia el sentido comn, siendo ms
evidente en los seres humanos puesto que, reproduciendo la tesis
aristotlica, recuerda que nada hay en el entendimiento que no haya
pasado por los sentidos. E insiste en que el cerebro es el asiento del
alma tambin en los animales y, por ello, algunos siguen viviendo
despus de arrancarles el corazn, como las anguilas y las tortugas, las
cuales viven y caminan mucho tiempo sin corazn; adems,
remitindose a Plinio, recuerda tambin que la foca es muy difcil que
no siga viviendo si no se le corta la cabeza.
A modo de conclusin
Los hombres y mujeres del Renacimiento espaol que
perciban, pensaban y defendan con Oliva Sabuco y con Francisco de
Sosa necesitaban tiempo para que se reconocieran sus verdades. El
descubrimiento de la gentica en el siglo XIX dara definitivamente la
razn a Oliva Sabuco, quien atendiendo a la observacin directa de los
fenmenos y al sentido comn se opuso a la filosofa especulativa y
contraemprica, que negaba la inteligencia a las mujeres y su
participacin in toto activa en la reproduccin de la especie.
A Francisco de Sosa le daran la razn las palabras encontradas
en la obra del mdico al que dialcticamente se enfrent: Gmez
Pereira escribi que si los brutos sintieran desaparecera toda bondad
de la naturaleza, lase naturaleza humana. Y preguntaba qu cosa
habra ms atroz, si los animales tuvieran sentimientos y sufrieran, que
las acmilas cuando profieren abundantes gemidos y parece que
solicitan misericordia con determinadas voces, al transportar pesadas
cargas y caer por el pinchazo de pas de hierro. Y prosigue el mismo
autor mecanicista diciendo: el tormento de los toros alcanzara la
cima de lo cruel cuando son heridos por prtigas, espadas y piedras, ya
que no hay otra prctica humana con la que la vista del hombre se
deleite tanto como con estas acciones vergonzosas, incluso pareciendo
que la bestia pide la libertad con sus suplicantes gemidos (Gmez
Pereira, 2000, p. 8).
La ciencia confirm las verdades del autor que se enfrent al
mecanicismo que redujo a los animales a relojes o a rocas, pero se
necesita ms tiempo para comprender cuntas acciones humanas
cuestionan la supuesta bondad de la que parta Gmez Pereira.
Coreemos, pues, con las acmilas y con los toros: Tiempo, dnde
ests?
- 83 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Bibliografa:
De Sosa, Francisco (1994): Endeclogo contra Antoniana Margarita,
Barcelona, Delstres.
Huarte, Juan (1953): Examen de ingenios, Obras escogidas de filsofos,
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Vesalio, Andrs (2004): Prefacio de Humani Corporis Fabrica, trad. de
Amparo Prez Gutierrez, Ars Medica, 1, 96-158.
- 84 -
Mujer y naturaleza en el existencialismo
de Simone de Beauvoir 1
Anglica Velasco Sesma2
Universidad de Valladolid
[Link]@[Link]
Introduccin
Histricamente, numerosos autores han sostenido que la mujer
tiene una esencia determinada por naturaleza. Se ha empleado el
argumento de las naturalezas diferentes y complementarias de los
sexos para legitimar el orden social basado en la desigualdad entre
hombres y mujeres. sta ha sido la postura que ha gozado de mayor
aceptacin tanto en el mundo acadmico como en la opinin general.
Sin embargo, se han alzado voces en contra de esta idea que pretende
justificar el sometimiento de las mujeres. En diferentes pocas, autoras
y autores como Franoise Poulain de la Barre, Olympe de Gouges,
Mary Wollstonecraft o John Stuart Mill han sealado la influencia que
el proceso de socializacin tiene sobre el carcter humano y han
defendido que la desigualdad entre hombres y mujeres no se basa en la
existencia de naturalezas determinadas, sino en construcciones
sociales.
El anlisis del pensamiento de Simone de Beauvoir resulta
imprescindible para cualquier teora comprometida con el valor de la
1 Este trabajo ha sido realizado en el marco del proyecto I+D Prismas filosfico-morales
de las crisis (Hacia una nueva pedagoga sociopoltica) FFI2013-42935-P. Se ha beneficiado,
asimismo, del programa de becas FPI de la Universidad de Valladolid.
2 Anglica Velasco es Mster en Estudios Avanzados de Filosofa por la Universidad
de Valladolid y la Universidad de Salamanca y Mster en Estudios de Gnero y
Polticas de Igualdad por la Universidad de Valladolid. Es miembro del Consejo de la
Ctedra de Estudios de Gnero de esta ltima Universidad. Forma parte del equipo
de trabajo del proyecto I+D Prismas filosfico-morales de las crisis (Hacia una nueva
pedagoga sociopoltica) FFI2013-42935-P.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
igualdad. Esta autora emple la categora de lo Otro, de resonancias
hegelianas 3, y la aplic a sus reflexiones sobre la desigualdad entre los
sexos. Beauvoir, basndose en las teoras que desarrolla Claude Lvi-
Strauss en Las estructuras elementales del parentesco, establece que la
categora de Otro, aunque en los orgenes no se asimile a la divisin de
los sexos, surge con la propia conciencia. Sera, pues, una categora
fundamental del pensamiento humano. Cada colectivo se define como
el Uno frente al Otro. Para entender este fenmeno, Beauvoir rechaza
la idea de que la realidad humana sea nicamente un mitsein solidario y
amistoso. Por el contrario, acepta la idea hegeliana de la hostilidad de
la conciencia con respecto a las otras conciencias. Asume que el sujeto
se afirma nicamente cuando se opone, cuando se autodetermina
como esencial frente al Otro, que sera un objeto, inesencial. No
obstante, la conciencia del Otro se muestra con las mismas
pretensiones, pues el Sujeto es visto como Objeto por la conciencia
que se le opone. Por este motivo, la idea de Alteridad aparece como
relativa, no es absoluta, de forma que el reconocimiento de la
reciprocidad de las relaciones con los dems se convierte en una
obligacin. En los grupos nativos que estudian los antroplogos, el
concepto de Otro es un concepto relativo y recproco. Sin embargo,
Beauvoir observa que esta reciprocidad que se exige en las relaciones
con las otras conciencias no est presente cuando se aplica la nocin
de lo Otro a la mujer. Analiza, por tanto, la causa de que se haya
definido a la mujer como pura Alteridad, habindose afirmado el
hombre como el nico esencial.
Como seala Alicia Puleo (2011), Simone de Beauvoir se sita
en la tradicin de pensamiento dualista que concibe naturaleza y
libertad como opuestas. El mundo natural se rige por las leyes de la
fsica. Aparece como el mundo de la necesidad frente al mbito de la
libertad que sera el del pensamiento, regido por la razn. La oposicin
entre naturaleza y cultura, cuerpo y mente, emocin y razn constituye
el eje central de la tradicin filosfica. Nuestra existencialista se
propuso rescatar a las mujeres de la inmersin en el mundo natural a
que las sometan las definiciones patriarcales (PULEO, 2011: 148).
3 Recordemos la idea hegeliana de la autoconciencia como una concrecin del
Espritu en su despliegue autorreproductivo y cognoscitivo, que debe llegar al saber
absoluto partiendo de la certeza sensible como conocimiento ms inmediato y
abstracto. Hegel emplea la categora de Otro como uno de los momentos del
desarrollo de la autoconciencia. sta slo logra la plena autorrealizacin conciencia
de s y para s- cuando es reconocida por otra autoconciencia (HEGEL, 2006). Este
estado slo se alcanza cuando se arriesga la vida biolgica. As es como se pasa de la
vida animal a la vida humana y como se conserva la libertad.
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Mujer y Naturaleza en el existencialismo de Simone de Beauvoir
No se plante la legitimidad de los propios dualismos. Desde los aos
setenta del siglo XX, numerosas tericas ecofeministas se han
acercado a estos dualismos desde una perspectiva crtica, mostrando
que tanto las mujeres como la naturaleza, los animales, los
sentimientos y lo corporal han sido, y continan siendo,
desvalorizados. De hecho, la mujer es concebida como ms cercana a
la naturaleza. Se la conceptualiza como cuerpo, emotividad, sexualidad
o reproduccin, mientras que el hombre se adjudica el espritu, la
razn, la cultura y la libertad. Podemos comprobar que existe una
conexin importante entre feminismo y ecologa si tenemos en cuenta
que las mujeres han sido vistas como ms cercanas a la naturaleza
bsicamente en todas las culturas. Y, al mismo tiempo, la naturaleza ha
sido feminizada. Val Plumwood (1997) critica que el marco
racionalista haya desarrollado una explicacin del yo humano como
nicamente racional, apartado de los impulsos naturales, de las
emociones y del cuerpo. Estos atributos humanos han sido sacados
del mbito de la razn, se los ha vinculado a la esfera de la naturaleza
y, con esto, se los ha infravalorado. El ser humano ha sido identificado
con las particularidades masculinas y definido en oposicin a la
naturaleza. En contraposicin a esta conceptualizacin de lo humano,
Plumwood propone una definicin del yo en la que se reconozca tanto
la continuidad con el mundo natural como la independencia de ste.
La reconceptualizacin de lo humano debera incluir el
reconocimiento de que las cualidades excluidas (como la reproduccin,
la sensualidad o la emotividad) son plenamente humanas,
posibilitndose, as, el reconocer nuestra continuidad con el mundo
natural. Igualmente, sera preciso reconceptualizar la parte inferior de
los dualismos, para no concebir a la naturaleza como algo pasivo y
puramente material.
Nos encontramos en unas circunstancias de crisis ecolgica a
nivel global. Las reflexiones a favor de la igualdad deben, por tanto,
abarcar tambin planteamientos comprometidos con la proteccin de
la naturaleza. Este trabajo se presenta como un estudio crtico del
pensamiento de Simone de Beauvoir, partiendo de la constatacin de
la importancia del mismo pero asumiendo, al mismo tiempo, la
necesidad de compaginar las demandas de igualdad con la ampliacin
del crculo moral ms all del mundo humano.
La mujer como Alteridad
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
El segundo sexo aparece como el estudio ms completo sobre la
condicin de la mujer 4 en las sociedades occidentales. El
existencialismo sartreano es el punto de referencia de la filosofa de
Beauvoir. Los presupuestos ontolgicos de El ser y la nada constituyen
la base de los dos tratados de moral escritos por nuestra filsofa: Para
qu la accin? (ttulo original en francs Pirrhus et Cinas, 1944) y Para
una moral de la ambigedad (1946). No obstante, como bien seala Teresa
Lpez Pardina (2000), Beauvoir modifica algunas de las ideas de
Sartre, y son precisamente estas modificaciones las que tienen mayor
relevancia en la teora feminista del sujeto. Teresa Lpez Pardina,
como Celia Amors y Ofelia Schutte, defiende que la filosofa
existencialista constituye un marco adecuado para las reivindicaciones
feministas. Seala que el existencialismo, en tanto filosofa del sujeto,
posibilita las demandas del feminismo que parten tambin del sujeto
(LPEZ PARDINA, 2008). El segundo sexo reivindica la igualdad en
libertad, dignidad y derechos, reivindicacin que hay que hacer
tambin desde el sujeto. Por otro lado, muestra que el existencialismo
no se reduce a ser una filosofa del interior del individuo, como el
estoicismo, sino que concibe al sujeto como libertad y trascendencia.
Aparece, por tanto, como un marco adecuado para el feminismo como
pensamiento poltico y social. Puesto que el existencialismo asume que
nuestro modo de ser consiste en proyectar, aparece como una filosofa
que nos invita a actuar libremente. Se tratara, pues, de una filosofa
emancipatoria y es precisamente esta vertiente emancipatoria lo que
Lpez Pardina (2010b) considera un rasgo distintivo del
existencialismo de Beauvoir.
En El Ser y la Nada (1943), Sartre haba relacionado la categora
de situacin con la de libertad. Estableca que la libertad no se produce
sin la situacin y sta existe por la libertad. La conciencia siempre es
libre, por lo que la situacin no disminuye la libertad. La situacin
aparece como el producto de la contingencia del en-s y de la libertad.
Por lo tanto, permanece dentro del sujeto, ya que son sus proyectos
los que la definen. Beauvoir redefinir las ideas de libertad y situacin
propuestas por Sartre, estableciendo que la situacin no pertenece al
mbito de la actividad humana, sino al de las posibilidades de la
4 Beauvoir resalta que cuando habla de mujer o de femenino se est refiriendo
al estado actual de educacin y costumbres y no a un arquetipo o esencia inmutable.
No pretende enunciar verdades eternas, sino explicar el trasfondo sobre el que se
desarrolla la existencia singular de todas las mujeres.
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Mujer y Naturaleza en el existencialismo de Simone de Beauvoir
accin. La situacin sera, por tanto, la que posibilita o impide el
desarrollo de la libertad. Sostiene, en Para qu la accin? (1944), que
aunque la libertad del sujeto es ilimitada, las posibilidades concretas
para el cumplimiento de la misma son finitas. Los otros, aunque no
influyan en los proyectos que se plantea libremente el sujeto, s que
pueden aumentar o disminuir las posibilidades de realizacin, pues
inciden directamente sobre su libertad. Afirma que la fatalidad que
pesa sobre el prjimo somos siempre nosotros, la fatalidad es la
mirada fija que posa sobre cada uno la libertad de todos los dems
(BEAUVOIR, 1983: 331). Considera, por tanto, que la actitud de los
otros interfiere en la situacin que condicionar, al mismo tiempo, el
cumplimiento de los fines que el sujeto se haya propuesto. Como
recuerda Lpez Pardina (2008a, 2000, 2010a), el concepto sartreano de
situacin se transforma en el pensamiento de Beauvoir para dar
mayor relevancia a los hechos externos al sujeto 5. El sujeto aparece en
su pensamiento, a diferencia del de Sartre, como un sujeto que podr
ejercer la libertad en la medida en que se lo permita la situacin. As,
nuestra existencialista establece que una accin ser moral si ampla la
libertad del otro y ser inmoral si supone un impedimento para el
ejercicio de la misma. Ah radica el sentido moral de las propias
acciones en relacin con los dems.
La idea de que la situacin posibilita o dificulta el ejercicio de la
libertad vuelve a plantearse en Para una moral de la ambigedad. En este
caso, Beauvoir mantiene que existen situaciones negativas en las que los
proyectos no llegan a realizarse debido a la interferencia de otra
libertad humana. La trascendencia humana debera, no obstante, tratar
de superar la situacin que imposibilita el cumplimiento de los
proyectos. De este modo, defiende que la libertad siempre puede
salvarse y que las situaciones pueden jerarquizarse, establecindose
como situaciones privilegiadas aquellas que permitan al existente
mantenerse como movimiento indefinido.
5 Mara Marta Herrera (2010) realiza un estudio de las diferentes posturas que se han
tomado en cuanto a la dependencia o independencia de la obra de Beauvoir con
respecto al pensamiento de Sartre. Concluye en la misma lnea que Lpez Pardina-
que debe considerarse a nuestra autora existencialista como una filsofa y no
nicamente como una escritora. Establece, asimismo, que sus planteamientos no se
reducen a ser una extensin de los de Sartre, sino que se puede decir, con toda
justicia, que son independientes en numerosos aspectos. Benote Groult, por su
parte, mantiene que la influencia que han ejercido las propuestas de Beauvoir sobre
nuestras ideas y costumbres es probablemente ms profunda que la de Sartre.
Afirma, al mismo tiempo, que Beauvoir contribuy, ms que ninguna otra mujer, al
surgimiento de una conciencia femenina capaz de superar la fatalidad de su
condicin, que es el sentido mismo del existencialismo (GROULT, 2010: 32).
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
La moral existencialista que subyace a El segundo sexo es, por
tanto, la moral que Beauvoir desarrolla en estas dos obras precedentes
en las que modifica los conceptos sartreanos de libertad y situacin.
Reproduzco el fragmento en el que pone de relieve en esta obra las
ideas fundamentales de su moral:
Todo sujeto se afirma concretamente a travs de los
proyectos como una trascendencia, slo hace culminar
su libertad cuando la supera constantemente hacia otras
libertades; no hay ms justificacin de la existencia
presente que su expansin hacia un futuro
indefinidamente abierto. Cada vez que la trascendencia
vuelve a caer en la inmanencia, se da una degradacin de
la existencia en un en s, de la libertad en facticidad;
esta cada es una falta moral si el sujeto la consiente; si se
le inflinge, se transforma en una frustracin y una
opresin; en ambos casos se trata de un mal absoluto.
Todo individuo que se preocupe por justificar su
existencia la vive como una necesidad indefinida de
trascenderse (BEAUVOIR, 2008: 63).
El primer presupuesto hace referencia a la afirmacin
existencialista de que todo sujeto se configura a travs de sus acciones
como realizacin de sus proyectos. Un sujeto que no hace nada sera
una mera existencia arrojada al mundo. El sujeto, por tanto, adquiere
su esencia cuando cumple los proyectos que se propone. Por otro
lado, el sujeto, como proyecto de ser, se realiza como libertad
traspasando constantemente lo que es, realizando proyectos a lo largo
de toda la vida. As, su existencia se justifica en el querer trascenderse
continuamente. Cuando no se ejerce la trascendencia, se produce una
falta moral. Este es el presupuesto fundamental para entender las
reflexiones de Beauvoir (Lpez Pardina, 2000, 2010a). Aqu adquieren
relevancia la idea de situacin propuesta en sus tratados morales,
que establece que la libertad del sujeto puede verse dificultada por la
accin de los otros. Estaramos ante una falta moral si el sujeto no
asume que es una existencia libre, si no ejerce la trascendencia como
actividad que ontolgicamente le corresponde al sujeto humano y se
comporta, por tanto, como una cosa. Sin embargo, la propia situacin,
como marco objetivo en el que se ejerce la libertad, est determinada
por las acciones de los dems. As, si el sujeto cae en inmanencia
porque se topa con obstculos que le impiden trascender, no sera una
falta moral sino una frustracin o una opresin. Y es justamente esta
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Mujer y Naturaleza en el existencialismo de Simone de Beauvoir
segunda circunstancia en la que se encuentran la mayora de las
mujeres, pues permanecen en la inmanencia porque los hombres
coartan su capacidad de trascenderse. Como esto es algo infligido, no
voluntario, Beauvoir lo muestra como opresin y no como falta
moral 6.
Dado que asume la idea hegeliana de que las conciencias son
esencialmente conflictivas, establece que para alcanzar la plena
realizacin humana es imprescindible que ambos se reconozcan
mutuamente como sujetos independientes y libres. Sin embargo, las
relaciones entre hombres y mujeres se encuentran, sostiene, en un
estado similar a la fase de la dialctica hegeliana ejemplificada con la
metfora del amo y el esclavo. En la Fenomenologa del espritu, Hegel
sostiene que el sujeto consigue el estadio de la vida propiamente
humana nicamente cuando se reconoce como autoconciencia que
instituye valores ms all de la propia existencia. Esto slo se logra
arriesgando la vida biolgica. La metfora del amo y el esclavo es
empleada por Hegel para ejemplificar los dos tipos de posturas ante la
vida: aquel que arriesga en combate anteponiendo sus ideales a su
propia vida, eligiendo, pues, la libertad; y aquel que escoge la vida y,
por tanto, la esclavitud. El amo es aquel que niega la vida en su
positividad como el s mismo, arriesga la vida, mostrando que por
encima de ella est la libertad; mientras que el esclavo permanece
siendo conciencia de la vida como positividad, teme la muerte y
demuestra que considera la vida tan esencial como la autoconciencia.
El esclavo contempla al amo como su esencia, pues slo puede
reconocerse como conciencia en la conciencia libre del amo. El amo
es su ideal y depende de l para reconocerse como ser humano. Tiene,
adems, una relacin inmediata con las cosas, en contra de lo que le
sucede al amo: la relacin de ste con las cosas est mediatizada por el
trabajo del esclavo. El amo, por su parte, se reconoce como conciencia
gracias a la mediacin del esclavo, pues la conciencia inesencial y servil
de ste constituye la verdad de la conciencia del amo. El
reconocimiento de amo y esclavo es, por todo esto, desigual y no
establecen una relacin de reciprocidad. Esto es as porque uno se
sita como dominador y el otro, como dominado.
6 Aunque seala tambin los casos en los que son las propias mujeres las que
contribuyen a mantener este estado de cosas, con lo que la cada s que se presenta
como una falta moral. Sin embargo, dado que la mujer est educada para no ejercer
la trascendencia, es comprensible, aunque no moralmente justificable, que sus actos
se encaminen a mantenerse en la inmanencia.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
La mujer adquiere su identidad en tanto que esclava del varn
y es definida en relacin a ste. Ella se reconoce en el varn, con el
que se encuentra en una relacin de asimetra y dependencia. No
encuentra su razn de ser en ella misma, sino en la conciencia libre del
hombre. ste aparece como el amo, como lo esencial. Su conciencia
realiza su independencia al ser reconocida por la conciencia de la
mujer, que sera lo Otro, la Alteridad.
La humanidad, sostiene, se concibe como masculina y la mujer
se define en relacin con el hombre ya que no se la considera un ser
autnomo. Mantiene que: la mujer se determina y se diferencia con
respecto al hombre, y no a la inversa; ella es lo inesencial frente a lo
esencial. l es el Sujeto, es el Absoluto: ella es la alteridad
(BEAUVOIR, 2008: 50). La mujer, siendo, en tanto que ser humano,
libertad autnoma, est condenada a la inmanencia. Se encuentra en
una situacin de conflicto entre la reivindicacin de todo sujeto de
afirmarse como esencial y las exigencias de una situacin que la
determina como inesencial. Los hombres establecen que la mujer es la
Alteridad, con lo que su trascendencia ser constantemente
trascendida por la conciencia esencial, esto es, la conciencia masculina.
Beauvoir sostiene que en realidad, todo existente es a un tiempo
inmanencia y trascendencia; cuando no se le propone un objetivo, o se
le impide que alcance ninguno, cuando se le arrebata su victoria, su
trascendencia cae vanamente en el pasado, es decir, se convierte en
inmanencia; es la suerte que le toca a la mujer en el patriarcado, pero
no es en modo alguno una vocacin, como tampoco la esclavitud es la
vocacin del esclavo (BEAUVOIR, 2008: 353).
Dadas estas circunstancias, Beauvoir se plantea, rechazando la
idea del determinismo fisiolgico de la mujer, cmo puede realizarse
un ser humano dentro de la condicin femenina, cules son los
proyectos que se le permiten y cmo se pueden superar los factores
que limitan la libertad de la mujer. Como veremos a continuacin, el
cuerpo de la mujer as como sus funciones biolgicas contribuyen,
segn nuestra existencialista, a mantenerla en la inmanencia.
La especie humana como un continuo trascenderse, el cuerpo de
la mujer como obstculo para la trascendencia
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Mujer y Naturaleza en el existencialismo de Simone de Beauvoir
Beauvoir rechaza que exista la feminidad como esencia 7.
Establece que no se nace mujer: se llega a serlo. Teniendo en cuenta
el peso que tiene el estudio del cuerpo de las mujeres en El segundo sexo
y la importancia del cuerpo en toda su obra, Franoise Collin (2010)
sostiene que esta clebre afirmacin de Beauvoir es problemtica.
Considera que es ms acertado afirmar que se nace mujer y se
deviene. Constata que en Beauvoir hay un descrdito del cuerpo
femenino proveniente, probablemente de su educacin en el
puritanismo cristiano- y observa que no es necesario llegar a la
idealizacin del mismo que posteriormente propondr Luce Irigaray,
sino que basta con constatar nuestra existencia corporal. Collin
sostiene, por otro lado, que tambin es necesario analizar tal y como
vienen haciendo las herederas de Beauvoir- el estatuto del primer
sexo, pues asume que tampoco se nace varn, sino que se deviene.
Sin embargo, parecera que en la obra de Beauvoir la masculinidad se
identifica con la humanidad, de modo que el devenir humano de las
mujeres sera su devenir masculino asimilado as a lo universal
(COLLIN, 2010: 74).
Ningn destino biolgico, psquico, econmico, define la
imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; el
conjunto de la civilizacin elabora este producto intermedio entre el
macho y el castrado que se suele calificar de femenino. Slo la
mediacin ajena puede convertir a un individuo en Alteridad
(BEAUVOIR, 2008: 371). La primera frase de este prrafo indica que
el gnero es la construccin cultural que se elabora sobre el sexo
anatmico, aunque Beauvoir no emplee esta terminologa 8 (LPEZ
PARDINA, 2000). El carcter de las mujeres surge como
consecuencia de la imposicin de una forma determinada de
comportarse. La educacin diferenciada que les inculca la pasividad y
la necesidad de ser amada y de gustar como un objeto ejerce una gran
7 Sin embargo, el que no exista la feminidad no significa que las mujeres puedan
evadirse de su sexo. De hecho, observa que el plantearse qu significa ser mujer es ya
una muestra de la situacin especial en la que se encuentran las mujeres. Ellas
siempre tienen que establecer su identidad sobre su sexo. Los hombres, por el
contrario, no resaltan el hecho de ser individuos de un sexo determinado, pues el ser
hombre no constituye una singularidad, sino que es el tipo humano absoluto.
8 Mara Luisa Femenas explica: en una operacin desnaturalizadora, Beauvoir
procedi a desmontar y denunciar la lgica de la opresin sexual y estableci en
carcter de constructo cultural del eterno femenino, alinendose con otros
existencialistas en su desafo a las esencias. Pero asumindose genealgicamente en
una lnea muy rica que puede darse por iniciada en el siglo XVII con Franois
Poulain de la Barre (FEMENAS, 2010: 36).
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
influencia, logrando que la mujer renuncie a la propia autonoma y a la
trascendencia.
Los rganos sexuales de las mujeres seran la caracterstica
fundamental para recluirlas en su subjetividad. Por lo tanto, considera
el cuerpo femenino como parte de la situacin de la mujer, que
contribuye a reducir su libertad. Critica que los hombres no tengan en
cuenta que su anatoma tambin cuenta con rganos sexuales. El
cuerpo de los varones les permite relacionarse de forma directa con el
mundo. El cuerpo de las mujeres, por el contrario, se considera un
obstculo.
Beauvoir sostiene que el patriarcado triunf gracias al
privilegio biolgico de los varones, que les permita trascender la
naturaleza. Por la maternidad, la hembra permanece atada a la especie
en la misma medida que los animales. Rechaza la menstruacin, el
embarazo y el parto como impedimentos que, en los tiempos
primitivos, implicaban para las mujeres perodos de impotencia y que
las condenaban a necesitar la proteccin y el sustento proporcionados
por los hombres. El papel de la mujer se reduca a conseguir que la
especie humana perseverara en su ser. Mantiene que la maternidad no
se ha establecido como la actividad superior porque la especie humana
no es slo una especie natural, no aspira nicamente a mantenerse
como especie, sino que trata de superarse. Beauvoir asegura que el
amamantar y el engendrar no pueden considerarse actividades. Son slo
funciones naturales que no suponen proyecto alguno. La mujer, por
tanto, no puede basarse en ellas para afirmar altivamente su existencia.
Tiene que conformarse con sufrir su destino biolgico de forma
pasiva.
La maternidad, sostiene, recluye a las mujeres en el mbito
domstico, pues las cargas de la maternidad imposibilitan para
cualquier otro tipo de trabajo 9. Este mbito las condena a la repeticin
y la inmanencia, no se genera nada nuevo, sino que la reproduccin se
produce de forma idntica a lo largo de la historia. Por el contrario, la
forma en que los hombres alimentan al grupo trasciende la condicin
animal. La creacin de las herramientas permiti al hombre convertir
9 A pesar de que su visin de la maternidad haya sido muy criticada por autoras
como Judith Okeley, Mary Evans y las tericas de la diferencia sexual, Alicia Puleo
resalta que debemos agradecer la mirada de la filsofa que, resuelta a rechazar
cualquier mistificacin de la mujer como madre, describe las servidumbres del
cuerpo al tiempo que reclama para las mujeres la posibilidad de elegir su trayectoria
vital. Como pensadora de la libertad, afirm que la capacidad de gestar no deba ser
impuesta como un destino, elevando la maternidad a eleccin responsable y las
mujeres a sujetos de su propia vida (PULEO, 2011: 164).
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Mujer y Naturaleza en el existencialismo de Simone de Beauvoir
en una actividad el mantenimiento de la vida. El hombre se realiza en
su singularidad y se reafirma como sujeto dominando la naturaleza. La
actividad que realiza el varn es la que otorga la mxima dignidad
porque pone su vida en peligro. En la guerra y en la lucha contra los
animales, el hombre arriesga su vida demostrando, as, que la vida no
es el valor supremo, que es slo un medio para lograr fines ms
relevantes.
Dado que las mujeres han estado excluidas de las actividades
guerreras, se han mantenido en el puesto inferior. Sostiene que si el
hombre se eleva por encima del animal no es dando la vida, sino
arriesgndola; por esta razn, en la humanidad la superioridad no la
tiene el sexo que engendra, sino el que mata (BEAUVOIR, 2008:
128). Son los proyectos trascendentes los que convertiran en valiosos
los actos del hombre, que le permiten transformar y crear el mundo
dando lugar a nuevos valores que muestran que la mera repeticin
carece de valor.
A pesar de que los planteamientos de Beauvoir han favorecido
los avances hacia la igualdad, a este tipo de reflexiones, tal y como
seala Alicia Puleo (2011), subyace un fuerte androcentrismo, pues el
hombre aparece como el nico creador histrico de valores y el
cazador y el guerrero, como paradigmas de la excelencia humana.
Igualmente, considero que Puleo acierta cuando afirma que: la visin
beauvoireana del ser humano corresponde punto por punto con el
dualismo antropocntrico extremo y con la total adhesin entusiasta a
la fe en el progreso tecnolgico [] El perfeccionamiento humano es
visto como un proceso de creciente dominio sobre la Naturaleza que
conduce triunfalmente al podero nuclear (PULEO, 2011: 162).
Dadas las circunstancias actuales, considero que el ecofeminismo
crtico desarrollado por Puleo se presenta como una filosofa que
puede completar las propuestas de Beauvoir pues reivindica, al igual
que nuestra existencialista, la igualdad y la autonoma de las mujeres,
pero se acerca desde una perspectiva crtica a los avances tecnolgicos,
aceptando con precaucin los beneficios de la ciencia y la tcnica. Al
mismo tiempo, apuesta por la universalizacin de los valores de la
tica del cuidado, defiende la interculturalidad y afirma la unidad y
continuidad de la naturaleza. Esta autora considera que, aunque
algunos aspectos del pensamiento de Beauvoir con respecto al propio
cuerpo como naturaleza interna son problemticos para la postura
ecolgica y pacifista contempornea, el reivindicar para las mujeres el
estatus de personas no sometidas a la maternidad como obligacin
aparece como un elemento fundamental para la poltica ecologista que
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
busque la sostenibilidad y la autonoma de las mujeres. Es
imprescindible, por tanto, rescatar este tipo de planteamientos para
lograr una tica ecolgica completa, comprometida con la igualdad de
gnero.
Naturaleza y mujer
Hemos visto ya que existen una serie de dualismos
jerarquizados en los que la mujer, la naturaleza, las emociones y lo
corporal, entre otros elementos, aparecen como inferiores al hombre,
la cultura, la racionalidad y la mente. Beauvoir establece que el ser
humano se opone a la Naturaleza, que no puede colmarle porque para
ello necesita otra conciencia separada e idntica a la propia. Se apropia
de la naturaleza mediante la destruccin pero esa forma de relacin le
mantiene en la soledad porque el ser humano slo puede reconocerse
como conciencia frente a otra conciencia. Considera que, aunque la
vida sea una lucha, el hombre tiende al reposo, al ser, a la existencia, y
este sueo sera precisamente la mujer: la intermediaria entre la
naturaleza extraa y el semejante. Ella se relaciona directamente con la
naturaleza, mientras que el hombre se relaciona con sta a travs de la
mujer. Recuerda nuestra filsofa que la mujer aparece como carne,
asimilada a la naturaleza y a la inmanencia. No obstante, en tanto que
inmanencia y pasividad, otorga la paz y la armona. Escribe Beauvoir:
El hombre busca en la mujer el Otro como
Naturaleza y como su semejante. Conocemos, no
obstante, los sentimientos ambivalentes que inspira la
Naturaleza al hombre. l la explota, pero ella lo aplasta,
de ella nace y en ella muere; es la fuente de su ser y el
reino que somete a su voluntad. [] Es la contingencia y
la Idea, la finitud y la totalidad; es lo que se opone al
espritu y el Espritu mismo. Alternativamente aliada y
enemiga, aparece como el caos tenebrosos del que brota la
vida, como la vida misma y como el ms all hacia el que
tiende: la mujer resume la naturaleza como Madre, Esposa
e Idea. El hombre hunde sus races en la Naturaleza; ha
sido engendrado como los animales y como las plantas;
sabe bien que slo existe en la medida en que vive. Sin
embargo, desde la aparicin del patriarcado, la Vida reviste
a sus ojos un aspecto doble: es conciencia, voluntad,
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Mujer y Naturaleza en el existencialismo de Simone de Beauvoir
trascendencia, es espritu; y es materia, pasividad,
inmanencia, es carne (BEAUVOIR, 2008: 230).
Aunque se venere a la mujer como naturaleza y fuente de vida,
se la rechaza como carne porque genera horror por la propia
contingencia. El hombre reniega de sus aspectos animales. Le
horroriza la muerte y por ello la Mujer Madre es tenebrosa, pues es la
que le ata a la vida. Beauvoir sostiene que el descubrimiento de la
contingencia de los cuerpos es ms desgarrador cuando no se alcanza
un sentido trascendente. El hombre aspira a ser el Espritu Absoluto,
el Todo, pero descubre que est encerrado en un cuerpo limitado. El
hombre aspira a escapar de esta situacin de contingencia pero, al
mismo tiempo, busca el descanso en el seno materno.
En el primer volumen de El segundo sexo, Beauvoir realiza un
estudio de las identificaciones mticas de la mujer con la naturaleza.
Considera que la suplantacin de las religiones que rendan culto a las
diosas madres por las religiones solares expresa las nuevas formas
sociales patriarcales ya que los hombres logran mayor control de los
ciclos vitales. A pesar de este cambio, seala que la vinculacin entre
mujer y naturaleza se mantuvo en el imaginario patriarcal. Estas ideas
beauvoirianas influyeron en el pensamiento de la antroploga Sherry
Ortner 10 que, a su vez, influy de manera decisiva en las reflexiones de
las primeras tericas ecofeministas.
La feminizacin de la naturaleza y la naturalizacin de la mujer
ponen de manifiesto el vnculo conceptual que existe entre feminismo
y ecologa. La preocupacin por la naturaleza aparece como un
elemento fundamental en los planeamientos ecofeministas. Aunque la
experiencia de libertad que puede llegar a proporcionar la naturaleza
jug un papel importante en la personalidad y la obra de Beauvoir, su
concepcin de la naturaleza va variando a lo largo del tiempo. Claire
Cayron (1973) ha analizado la imagen beauvoiriana del mundo natural.
Alicia Puleo (2011), por su parte, estudia la concepcin de la
naturaleza de nuestra existencialista, esta vez desde las claves
conceptuales de la tica ecolgica. Constata Puleo que, dentro de la
obra de Beauvoir, la atencin a la naturaleza externa (como aquello
que los humanos no han producido) es, ms bien, escasa. Cayron
clasifica en tres momentos diferentes la actitud de Beauvoir con
10Ortner (1979) sostiene que todas las sociedades, en tanto que patriarcales, han
oprimido y desvalorizado a las mujeres en nombre de su supuesta proximidad con la
naturaleza y que bsicamente todas las sociedades desvalorizan la naturaleza,
concedindole importancia a la cultura como medio de control sobre el entorno
natural.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
respecto a la naturaleza. As, resalta que en la infancia, la naturaleza le
genera admiracin por lo infinito y sentimientos de libertad pero, ms
que nada, reverencia hacia el Creador. Al perder la fe durante la
adolescencia, Beauvoir vive, como recuerda Puleo, su propio proceso
personal de desencantamiento del mundo (PULEO, 2011, 151). Sin
embargo, constata Cayron que la sensacin de vaco y de angustia que
Beauvoir comienza a tener al acercarse a la naturaleza genera un
segundo momento de afirmacin de s misma. Esta experiencia le
permite configurar un proyecto de vida. En Memorias de una joven formal,
observa, recostada en una pradera, que el roble domina el paisaje. Por
el contrario, concibe las briznas de hierba como indiferenciadas.
Como resalta Puleo, el rbol aparece no como Otro con entidad
propia digno de consideracin, sino como un smbolo de la
trascendencia humana individual.
En esta misma obra, Beauvoir confiesa que le atraa todo
aquello que se le resista. Cayron considera que esa voluntad de vencer
resistencias se observa en sus descripciones del paisaje, pues siente
predileccin por las montaas, las rocas, el agua y el rbol como
smbolo de duracin y resistencia. Con respecto a esto, Puleo se
pregunta muy acertadamente: quiere esto decir que predomina en
nuestra filsofa una experiencia de la Naturaleza dentro de la narrativa
de la conquista caracterstica de la Modernidad baconiana que la
ecofeminista Karen Warren opone a la narrativa emptica 11?
(PULEO, 2011: 153).
La influencia de Sartre y el impacto de la Segunda Guerra
Mundial hacen que Beauvoir sienta culpabilidad por haber apreciado la
naturaleza sin presencia humana y olvidado el sufrimiento humano
que se esconde detrs de los paisajes de los que ella haba disfrutado.
En este tercer momento que seala Cayron, Beauvoir se abrira a los
11 Karen Warren defiende que la narrativa en primera persona es un elemento
imprescindible tanto para el feminismo como para la tica medioambiental, por
varias razones: Primeramente, esta narrativa suple las carencias del discurso tico
analtico tradicional, incluyendo una sensibilidad que permite concebirse como un
ser interconectado con los otros, entre los que se incluye a los no humanos. En
segundo lugar, muestra determinadas actitudes, como la actitud del cuidado, que no
se han tenido en cuenta en la tica occidental predominante, y las antepone a los
comportamientos de conquista. En tercer lugar, posibilita que la tica surja de las
situaciones particulares de los agentes morales. Y, finalmente, la narrativa en primera
persona es importante por su relevancia argumentativa, pues sugiere que aquello que
se cuenta es importante para la situacin tica. Como defiende Warren, una
perspectiva ecofeminista sobre las mujeres y la naturaleza implica un cambio en la
actitud desde la percepcin arrogante hacia la percepcin afectiva del mundo no
humano (WARREN, 1997: 134).
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Mujer y Naturaleza en el existencialismo de Simone de Beauvoir
seres humanos y a la solidaridad con los que sufren. Comienza a
centrarse en la obra humana, con lo que el mundo natural pasa a un
segundo plano y en los placeres de la contemplacin no hay ya lugar
para los objetos de la naturaleza, sino nicamente para las creaciones
de los hombres. El mundo natural se devala y aparece como el
mundo del aburrimiento. Puleo resalta que Beauvoir no hace
referencia a conciencias no humanas, sino que se refiere nicamente a
colores, olores y sonidos. Seala muy acertadamente que la postura de
Beauvoir con respecto a los animales parece enmarcarse en la tradicin
moral de la teora cartesiana del animal-mquina incapaz de sufrir. El
comentario en el que nuestra existencialista se refiere a los corderos
muertos de los mercados de Atenas 12, permite a Puleo sostener que
[ese comentario] trasluce un peculiar pathos que [] en combinacin
con los dualismos conceptuales tradicionales que sitan a la Naturaleza
en una posicin degradada, configura una visin antropocntrica
extrema. Aunque en su madurez filosfica se define claramente como
materialista, el abismo ontolgico entre naturaleza humana y no
humana contina siendo tan hondo como el delineado normalmente
por las convicciones teolgicas sobre el alma inmortal del Hombre
(PULEO, 2011: 157).
Actualmente, el desarrollo moral no se ha producido en la
misma medida que el desarrollo tecnolgico. Dado que el pensamiento
ilustrado exige un examen autocrtico constante, Alicia Puleo se
pregunta si es posible revisar el proyecto existencialista de Beauvoir
desde una perspectiva ecolgica. Para responder a esta cuestin,
recurre a las observaciones que la autora de El segundo sexo desarrolla
en Para qu la accin?. En esta obra, Beauvoir se plantea los lmites del
proyecto existencial, preguntando para qu debemos esforzarnos si
podemos disfrutar sin hacerlo. Para responder, acude al consejo final
de Cndido: Voltaire afirma que hay que limitarse a cuidar nuestro
jardn. Para algunos, el jardn se limita a sus intereses egostas, mientras
que otros lo conciben como el mundo entero. El propio proyecto, por
tanto, determinar qu forma parte de nuestro jardn.
Beauvoir sostiene que los contenidos de la moral no son fijos,
sino que estarn fundamentados nicamente cuando atiendan a las
necesidades de los otros. Partiendo de estas reflexiones, Puleo plantea:
quines son los otros? Cules son los lmites de mi jardn tico?
Qu debe preocuparnos moralmente? (PULEO, 2011: 166).
12 Afirma en La plenitud de la vida: les tena mana a todos esos corderos de perfil
estpido, que exhiban con una obscenidad triste su carne exange y desabrida
(BEAUVOIR, 1960: 313, citado en PULEO, 2011: 157).
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
Considero que resulta imprescindible acercarse a estos interrogantes y
tratar de responderlos. Beauvoir sostena que son los sujetos de la
accin los que deben responder a estas preguntas en cada poca
concreta. Coincido con Puleo cuando mantiene que, para ser fieles a
su pensamiento, debemos ejercer el pensamiento crtico, abarcando
tambin las apreciaciones de nuestra existencialista, y cuando establece
que, en la actualidad, el ampliar los lmites de nuestro jardn implica
necesariamente incluir de manera sustantiva esa naturaleza no
humana que en su obra era slo un escenario para la grandeza
humana (PULEO, 2011:166).
Vemos, pues, que los planteamientos de Beauvoir sobre la
situacin de sometimiento de las mujeres siguen vigentes en la
actualidad. Su anlisis contina siendo, por tanto, imprescindible. Sin
embargo, nuestra situacin actual exige que tratemos de deconstruir los
dualismos conceptuales que establecen una jerarqua entre la cultura y
la naturaleza, el hombre y la mujer, la mente y el cuerpo o la razn y
las emociones, con el fin de lograr una cultura comprometida tanto
con la igualdad como con la sostenibilidad y el respeto por todos los
Otros, humanos y no humanos.
Bibliografa
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- 100 -
La crtica a la naturalizacin de las
mujeres en la obra de Celia Amors
Marta Madruga Bajo 1
Universidad de Valladolid
martamadrugabajo@[Link]
Practicando la hermenutica de la sospecha feminista, el
anlisis que en su Hacia una crtica de la razn patriarcal Celia Amors
realiza de la recurrente asociacin entre mujer y naturaleza nos desvela
una de las grandes falacias del discurso filosfico patriarcal. Si el
feminismo es una actividad crtica -crtica de la razn patriarcal-, la
tarea de desenmascarar las distorsiones que el sistema de dominacin
patriarcal introduce en el discurso debe realizarse con uno de los
dualismos jerarquizados y generizados fundamentales (Puleo, 2005):
naturaleza-cultura/mujer-varn. Como seala Valcrcel (Valcrcel,
1 Profesora de Filosofa de Enseanza Secundaria. Licenciada en Filosofa, se
encuentra finalizando su Tesis Doctoral titulada Feminismo e Ilustracin: Un Seminario
fundacional para el pensamiento filosfico y la praxis de la igualdad entre mujeres y hombres bajo
la direccin de Alicia Puleo en la Universidad de Valladolid.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
1994), el debate naturaleza-cultura es el marco en el que se desarrolla
toda la discusin sobre la causa de la opresin de las mujeres.
Aunque los contenidos incluidos en la categora de Naturaleza
cambien y su valoracin flucte entre la de hazaa de la humanidad
y la de error trgico de la especie (Puleo, 1992, p. 85), la asignacin
de la mujer al mbito de lo natural permanece inalterada. La mujer ha
sido pensada como naturaleza, dice Amors en el plano metafrico
(Amors, 1995, p.39), lo cual significa que la mujer se identifica con,
simboliza a la naturaleza. La mujer es naturaleza. Resulta que lo que se
entiende por Naturaleza es a todas luces cultural (Molina, 1994): es la
cultura la que piensa a la mujer como natural, lo cual significa
solidarizarla con el conjunto de connotaciones con las que la idea de
naturaleza es definida y redefinida en un universo simblico en el que
el hombre se piensa a s mismo como cultura, pensando su propia
relacin de contraposicin a la naturaleza (Amors, 1995, p.39).
Lo que la filsofa Celia Amors destaca es que el fundamento
de la identificacin mujer-naturaleza no es simplemente la
reproduccin, sino que se trata de una redefinicin o reconstruccin
ideolgica. Muchas interpretaciones de este fenmeno explican la
naturalizacin de la mujer por su capacidad biolgica para reproducir
la especie 2. Pues bien, remitir la explicacin de la situacin de opresin
de las mujeres a un fenmeno estrictamente biolgico es reduccionista
e insatisfactorio. Segn nuestra filsofa la naturalizacin de la mujer
no deriva de su mayor proximidad a la naturaleza por su condicin
reproductora de la especie o por sus ritmos cclicos en los que el
pertinaz simplismo biologista pretende insistir, sino que responder a
la situacin universal de opresin de las mujeres, opresin que servir
de sustento ideolgico para la definicin de la mujer. Como veremos,
si la causa de opresin de las mujeres se encontraba en la naturaleza, se
generar un concepto de naturaleza que legitime tal opresin.
2 La misma Beauvoir afirma que la razn profunda que en el origen de la historia
consagra a la mujer al trabajo domstico y le impide que tome parte en la
construccin del mundo es su sometimiento a la funcin generadora. Beauvoir, S,
(2000), Vol I, p.196.
- 102 -
La crtica a la naturalizacin de las mujeres en la obra de Clia Amors
La naturalizacin de la mujer ser una redefinicin cultural e
ideolgica que concurre en una esencializacin que la sita del lado de
la especie y de la indiferenciacin, impidindole el acceso a la
individualidad. A la esencia femenina que comparten todas y cada una
de las mujeres le corresponde un conjunto compacto de caractersticas
genricas en el que cada ejemplar individual es inexistente o, como
mnimo, irrelevante. Constituidas en gnero, las idnticas (Amors,
2007) no despegan de su inmediatez y carecen de la autoconcienca que
exige la individualidad. La identificacin de la mujer con lo natural
lleva inherente un esencialismo que culmina en una oposicin de
categoras en la que el lugar de la civilizacin corresponda al varn
(Puleo, 1992, p.150), y, como afirma Fraisse, la civilizacin, lejos de
borrar la separacin entre los dos sexos, la perpeta al reforzar la
naturaleza en las mujeres y empujar los hombres a la cultura (Fraisse,
1991, p.94).
Esta redefinicin de lo natural se produce en la Modernidad,
que ha sido responsable de la elaboracin de un concepto ilustrado de
naturaleza oscilante entre dos polos: mientras se mantiene su
significado tradicional de lo opuesto a la cultura, que sta debe
dominar y transformar, de lo que la cultura debe despegarse
precisamente para erigirse en cultura, al mismo tiempo se convertir
en paradigma legitimador de la organizacin social. Dicho de otro
modo, asociando a la mujer con la naturaleza, la piensa como lo
salvaje, que es necesario domesticar, al mismo tiempo que como lo
originario deseable para organizar la nueva sociedad.
La maniobra moderna queda perfectamente reflejada -diramos
mejor acuada- en la mitologa rousseauniana del buen salvaje y en
las ideas acerca de la educacin como domesticacin de la naturaleza
segn la naturaleza (Amors, 1995, p.38). La misoginia pre-romntica
de Jean Jacques Rousseau estara sustentada en su construccin
ideolgica del concepto mismo de naturaleza del que derivar toda
una retcula conceptual. Como es sabido, el estado de naturaleza
rousseauniano desempea una doble misin. Por un lado es el
instrumento que sirve para denunciar y condenar el mal desarrollo de
la sociedad y al mismo tiempo representa la posibilidad de articular
otro tipo de sociedad sustentada en nuevos principios polticos
cimentados en la base de los dictados naturales. As, la hiptesis
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
rousseauniana del estado de naturaleza se convierte en ideal regulador:
el alejamiento de las sociedades modernas de tal ideal es lo que las
convierte en perversas y su recuperacin ser la estrategia perfecta
para convertir el orden social en bueno. Lo expone muy claramente
Rosa Cobo, quien define el estado de naturaleza rousseauniano como
paradigma de impugnacin y de legitimacin al mismo tiempo: tiene
funcin impugnadora cuando se investiga el orden social y poltico de
su tiempo y legitimadora cuando postula un nuevo orden social y
poltico (Cobo, 1995, p.97). Paralelamente, la mujer naturalizada
cumplir una doble funcin: por un lado ser lo que hay que reprimir
por instintivo, al mismo tiempo que se convertir en la guardiana de
los valores originarios que la vida social debera recuperar.
Vayamos por partes. Por un lado, hemos dicho que la
naturaleza es lo que hay que controlar. La invariable ley de la
Naturaleza (Rousseau, 1995, p.487) otorga al hombre una serie de
caractersticas que en realidad le indican su destino, y la mujer est
hecha especialmente para agradar al hombre (Rousseau, 1995, p.485).
Tal y como expone Molina Petit, la mujer, para Rousseau es
Naturaleza, en primer lugar porque est considerada como sexo, como
pasin ciega encaminada a incitar los deseos del hombre (Molina,
1994, p.118). Si en la mujer todo es pasin, hasta el punto de que su
existencia entera se cie a incitar los deseos del hombre, la conclusin
parece lgica: el dominio de las pasiones queda equiparado con el
sometimiento de la mujer, pues sta es percibida como el centro
hemorrgico por el que la naturaleza amenaza permanentemente con
irrumpir en el seno mismo de la cultura (Amors, 1995, p. 129). El
ejercicio racional de la libertad del ciudadano que est tratando de
construirse pasa necesariamente por el autocontrol y el dominio de lo
instintivo, por lo que el control de la mujer, del tremendo residuo
natural de la humanidad (Valcrcel, 2012, p.27), ser la condicin de
posibilidad del ciudadano del estado social.
Por otro lado, esa misma naturaleza se convertir en paradigma
legitimador del orden social. Entonces, ocurre que si la mujer es
naturaleza parece obvio que ella sea la encargada la recuperacin de lo
natural perdido. Siendo el ser menos contaminado de los existentes,
ella ser el reducto que preserva los valores originales olvidados. El
papel que se le reservar no es ni ms ni menos que el de la
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La crtica a la naturalizacin de las mujeres en la obra de Clia Amors
regeneracin social 3, hacindose cargo del hogar y de la educacin del
ciudadano. Amors insiste en que al sentido tradicional de naturaleza
como lo que no es cultura, la Modernidad le aade el sentido
ilustrado, como orden que legitima y sanciona a su vez la adecuada
distribucin de los papeles entre la naturaleza y la cultura (Amors,
1995, p.177).
La tarea de la regeneracin social se lograr mediante una
educacin especfica, diferenciada, y tremendamente represiva que
ensee a las mujeres a ser lo que la sociedad necesita que sean. La
educacin propuesta para Sofa es el mejor ejemplo de la denuncia que
hace Celia Amors de la falacia naturalista que comete la Modernidad
con respecto a la mujer, y que se traduce en que la naturaleza sea
prescrita como naturaleza. Veamos: la mujer-naturaleza debe ser
naturaleza, y si la maternidad es el destino propio de la mujer, su deber
ser tener hijos; si por naturaleza las mujeres son dependientes de los
varones, en sociedad debern someterse a la autoridad de los hombres.
El hecho es que lo que la mujer es por naturaleza se convierte en lo
que sta ha de ser, producindose un sospechosamente fcil
deslizamiento del ser al deber ser: la mujer debe ser lo que por
naturaleza es, ocurriendo que la Naturaleza, que por definicin nunca
prescribe, es quien dicta la norma en el caso de la educacin de la
mujer y del papel social que sta debe desempear. De modo inslito,
la naturaleza describe y prescribe, y los hechos se convierten en
principios por los que las mujeres deben ser lo que son: naturaleza -
puesto que son naturaleza por naturaleza (Amors, 1995, p.165)-.
Como bien recuerda Rosa Cobo, ya Mary Wollstonecraft critica a
Rousseau el haber construido una segunda naturaleza para las mujeres
sobre la base del sometimiento a que las costumbres y los hbitos
sociales las han sometido (Cobo, 1994).
Toda esta elaboracin conceptual esconde un trasfondo
ideolgico (Amors, 1995, p.134) por el cual a la mujer se la oprime
3 Dice Amors: La mujer, en este contexto, es naturaleza en cuanto debe ser
guardiana de ciertos valores prstinos, cuya preservacin se le encomienda dado que,
por su inmediatez, en ella se proyecta simblicamente la nostalgia de los orgenes
(1997, P.151).
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
para humanizar el mundo. El hombre se define a s mismo como
cultura, y, por oposicin, a la mujer como naturaleza -opuesta a la
cultura- sobre la base de la situacin de opresin de sta y
pretendiendo legitimar el orden social. Asistimos a un deslizamiento
del argumento de la naturaleza al de la conveniencia social difcil de
percibir a primera vista y lo que ocurre es que la mujer se convertir en
la guardiana de lo autctono-natural en funcin de intereses asociados
a los roles que le han sido adjudicados (Amors, 2000). El concepto
de feminidad es elaborado otorgndole a la mujer un modo diferencial
de ser que le obligue a asumir un tipo especializado de deberes en lo
moral y tambin en lo social. La universalidad que la Modernidad
establece para la definicin formal del concepto de sujeto se estrecha
para las mujeres, para quienes la ideologa patriarcal establece normas
morales y papeles sociales especializados. De este modo, la denunciada
falacia naturalista se viene a sumar a la falacia biologista que distribuye
roles sociales segn las funciones sexuales y reproductivas
diferenciales que varn y hembra desempean. Tal distribucin de
roles sociales diferenciados tiene su correspondencia tica en el doble
cdigo de moralidad 4, de hecho viene a ser el trasunto en el terreno
de la tica de la divisin del trabajo en funcin del sexo (Amors,
1995, p.148): la demarcacin de determinados mbitos simblicos a lo
masculino y a lo femenino servir de legitimacin ideolgica para la
distribucin diferencial de tareas. As, la construccin de un nuevo
mbito pblico deber descansar en la configuracin de un tipo
concreto de mbito privado y la transformacin de uno de los dos
espacios implica la transformacin del otro. En definitiva, para que el
nuevo orden social y poltico funcione es necesario llevar a cabo una
doble construccin: por un lado la del nuevo sujeto poltico,
aparentemente autnomo e independiente; por otro, y
simultneamente, la de un determinado modelo de familia que
vertebre el orden social convirtindose en la condicin de posibilidad
del mbito pblico. Aparentemente son dos mbitos independientes,
sin embargo, como afirma Rosa Cobo, ni el ciudadano ni Emilio
4 Respecto a la presunta fundamentacin natural del doble cdigo de moralidad, es
interesantsimo el anlisis que Amors hace de la interpretacin hegeliana de
Antgona como figura de la eticidad, interpretacin definida precisamente como la
elaboracin filosficamente ms sofisticada. (Amors, 1995, p. 149 y ss.).
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La crtica a la naturalizacin de las mujeres en la obra de Clia Amors
pueden desempear el rol social que tienen asignado en la sociedad si
Sofa no existe (Cobo, 1992, p.186). Se naturaliza a la mujer para
situarla en un determinado lugar dentro del orden social, el mbito
privado-domstico, quedando inserta en el modelo de familia que est
definindose, y cuyo mantenimiento y reproduccin sern su
trabajo. El objetivo ser la exclusin de las mujeres de la ciudadana
y la base de la estrategia que lo consiga ser la construccin de un
concepto de feminidad cuyo fundamento ser la opresin misma de la
mujer. Como decamos al principio, Amors defiende que la
identificacin de la mujer con la naturaleza es una redefinicin
realizada desde las definiciones que la cultura se da a s misma y
responde a la situacin universal de opresin -cuando no de
explotacin- en que se encuentra la mujer, opresin desde la que se la
define () como aquello que debe ser controlado, mediado,
domesticado o superado segn los casos (Amors, 1995, p. 41). La
operacin ideolgica moderna que define a la mujer como naturaleza
tiene como finalidad la legitimacin de un orden social en el que a las
mujeres se las excluye de la ciudadana y del mbito pblico del poder
al incluirlas en un lugar definido dentro del orden social -el domstico-
desde el que nicamente pueden relacionarse con lo pblico
ejerciendo influencia 5. La Ilustracin construye una categora de
naturaleza que consagra los viejos lugares naturales aristotlicos
concibiendo a la mujer como lo natural dentro de la cultura y
desempeando a la vez la funcin de juez que asigna su lugar a cada
parte y de lugar asignado a una de las partes (Amors, 1995, p.165).
Una de las principales tareas del feminismo es la revisin
crtica del sustrato conceptual de nuestra historia y la denuncia de las
falacias que han sido cometidas. Amors, desde el inicio de su
produccin filosfica, ha denunciado que la Ilustracin presenta un
doble rasero en lo que se refiere a la coherencia de sus postulados
universalistas cuando estos se aplican a las mujeres. Slo desvelando
como ficticia la universalidad de los ideales ilustrados podemos
situarnos en el adecuado punto de partida para la construccin de una
tica y poltica feministas que se fundamenten en una autntica
5 Es interesante la reflexin acerca de la diferencia entre la influencia y la ciudadana
realizada por G. Fraisse, que no podemos tratar aqu. (P. 107 y ss.)
- 107 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
universalidad, en un concepto de sujeto que incluya a la mitad de la
humanidad excluida. La postura de Amors respecto a la
identificacin de la mujer con la naturaleza est perfectamente definida
y nuestra filsofa entiende que el camino para la conquista de la
individualidad, y con ella, de la ciudadana y del acceso al mbito del
poder, es la reubicacin de las mujeres en el mbito humano de la
cultura. Esto parece situar a nuestra filsofa lejos de una perspectiva
ecofeminista, por ms ilustrada que sta sea. Sin embargo, la labor
de visibilizar las trampas de los discursos filosficos patriarcales es el
punto de partida desde el que iniciar nuevos discursos no
androcntricos, y una revisin crtica de los conceptos de naturaleza y
mujer creados sobre la base de un sofisma como el que Amors
desvela puede prepararnos para la constitucin de un nuevo concepto
de mujer y de naturaleza no domesticables.
- 108 -
La crtica a la naturalizacin de las mujeres en la obra de Clia Amors
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- 110 -
III. DEBATES SOBRE DOMINIO,
AUTONOMA Y TICA DEL CUIDADO
La cultura solidaria: paraso perdido?
Por una subjetivacin sustantiva como ncleo
simblico de la sostenibilidad
Pilar Errzuriz Vidal1
Universidad de Chile
pilarerraz@[Link]
Hoy en da emergen movimientos que aspiran a una
realidad planetaria ecolgica, pacfica, equitativa y preocupada
por el derecho al cuidado. Sus paradigmas no se inscribiran en
el registro de las utopas, sino en la recuperacin de una
cultura solidaria que, segn hiptesis de algunos/as
historiadores/as y arquelogos/as, habra sido construida por
grupos humanos de la Europa Antigua. Invisibilizado por la
historia oficial, durante el Neoltico y el Calcoltico, un orden
simblico otro que aquel de la Ley del Padre parece haber
organizado sociedades agrcolas, ganaderas, manufactureras y
artsticas basadas en un principio de veneracin a la vida
Recuperar posibles parmetros solidarios que existieran en el
origen de nuestra civilizacin occidental, permite una
inscripcin simblica de estos sujetos en un registro cultural
que respalde la viabilidad de sus proyectos.
La secular dicotoma: Cultura vs. Naturaleza
1 Doctora en Estudios de Gnero por la Universidad de Valladolid,
psicloga, psicoanalista por la Universidad de la Sorbona, Directora del
Centro de Estudios de Gnero y Cultura en Amrica Latina de la Facultad
de Filosofa de la Universidad de Chile, profesora de Post Grado en el
Magister de Gnero y Cultura en Psicoanlisis y Gnero, Subjetividad
Femenina, Historia del Feminismo, Ciencias Sociales y Gnero.
- 113 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Nuestro empeo por separarnos de los esencialismos y
nuestra adhesin a la teora psicoanaltica freudiana con su
complemento lacaniano nos hizo comprender que la diferencia
sexual y, por lo tanto la construccin de los y las sujetos, eran
consecuencia de un proceso acontecido en un sistema sexo-
gnero determinado, es decir, conforme a las regulaciones de
la Ley del Padre. Desde los Estudios de Gnero celebramos
que as fuera, puesto que la deconstruccin del discurso de
inequidad entre los sexos, se hace, entonces, posible sin tener
que abandonar la teora. Esta teora psicoanaltica no pretende
negar el androcentrismo de nuestra cultura, ni que el falo sea el
significante simblico por excelencia, aun cuando se refiera a
la falta y precisamente por ello. Sin embargo, despus de
cincuenta aos de investigacin psicoanaltica sobre la
diferencia sexual durante la cual se empe en superar los
supuestos biolgicos de la sexologa de su poca, Sigmund
Freud nos sorprende con una afirmacin terminante acerca de
la jerarqua sexual construida por el sistema patriarcal: ()
Para el campo psquico, el territorio biolgico desempea en
realidad la parte de la roca viva subyacente. El repudio de la
feminidad [algo que los dos sexos tienen en comn] puede
no ser otra cosa ms que un hecho biolgico 2, una parte del gran
enigma de la sexualidad (Freud, 1937/1981, pp. 3363-64) 3.
Desde la Antigedad, la diferencia de los sexos y los
mandatos de gnero se vieron troquelados por la creencia de
que las mujeres son ms cercanas a la naturaleza y los varones
a la cultura. Si la Modernidad homolog mujer-feminidad-
naturaleza 4, lo que hombres y mujeres tendran en comn
segn la teora psicoanaltica, sera el repudio a la naturaleza.
Este desprecio por la naturaleza finalmente rene a todos los
propsitos misginos, pero tambin forja un juicio y un
mandato por el cual el desarrollo del pensamiento humanista
2 La cursiva es ma.
3 Pensamos que esta afirmacin sella un pacto con el Patriarcado: si el
repudio por la feminidad es biolgico, el sistema no podra deconstruirse.
4 La misoginia romntica que se desarrolla en la Filosofa alemana
decimonnica refuerza los propsitos de la Antigedad de la cercana de la
mujer a la naturaleza. (Puleo: 1992). Freud fue un dedicado lector de
aquella.
- 114 -
La cultura solidaria: paraso perdido?
debe alejarse lo ms posible de cualquier sospecha de
naturalizacin.
La dificultad para el estudio de las subjetividades desde
una perspectiva psicoanaltica en el marco del ecofeminismo es
la omnipresencia de este binarismo cultura versus naturaleza
que representa un orden jerrquico de dominacin del primer
trmino sobre el segundo. Comprender lo humano como un
fenmeno siempre en proceso de construccin que se juega a
nivel del cuerpo, cuerpo que deja de ser un trozo de carne
desde el momento en que se inserta en la cultura, no significa
naturalizar a los sujetos, sino considerar como un todo
complejo los avatares de la existencia en este planeta. Si bien
atribuir el repudio de la feminidad a causas biolgicas por
parte de Freud raya en la misoginia, esta afirmacin acerca de
que el campo psquico reposa en el territorio biolgico,
perfectamente probado por la neurociencia en la actualidad,
nos permite una perspectiva holstica del sujeto sin traicionar a
la teora psicoanaltica. Como bien expresa Alicia Puleo
superar el dualismo mente-cuerpo implica comprender en
profundidad que los humanos no estamos encerrados en el
cuerpo como pensaba Platn. Nuestros cuerpos son esa
Naturaleza interna con conciencia de s gracias a la que
existimos formando parte del tejido de la vida. Los seres
humanos somos cuerpo. (Puleo, 2011, p.167).
En efecto, para la teora psicoanaltica el cuerpo juega
un rol fundamental en la diferencia sexual, solo que no es el
cuerpo en tanto anatoma per se, sino en tanto simbolizado por
un sistema cultural que lo define y lo evala. Freud asegur
que nios y nias nacen con caractersticas psquicas similares
(el deseo o libido, energa comn para ambos sexos), y que,
con la toma de conciencia de las diferencias anatmicas, las
cuales no tienen el mismo valor segn el orden simblico
androcntrico, cada sexo debe con-formarse con ciertos
mandatos de gnero emanados de la Ley del Padre. De modo
que la roca biolgica sufre una impronta de significacin
desde un orden simblico determinado. Difcil resulta, por lo
tanto, separar lo natural de lo cultural, considerando que este
ltimo orden resignifica al primero.
Asimismo, Freud deja clara la relacin del sistema
patriarcal con la Naturaleza. Define la cultura como todo
aquello en que la vida humana ha superado sus condiciones
- 115 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
zoolgicas y es el resultado de todo el poder y el saber ()
para dominar la Naturaleza y extraer los bienes naturales con
que satisfacer las necesidades (Freud, 1927/1981, p.2962).
Fcilmente se deduce que si la mujer es cercana a la
Naturaleza, ser, a su vez, dominada y constituir una fuente
de bienes pasibles de apropiacin.
Por lo tanto, conjugar la construccin de subjetividades
desde la perspectiva psicoanaltica y ecofeminista supone
resignificar la oposicin psquico-biolgica, mente-cuerpo y
naturaleza-cultura. Por otra parte, supone esquivar los
esencialismos que predican que mujer es a naturaleza lo que
hombre es a cultura, as como evitar la mistificacin de un
nuevo discurso de la excelencia sobre las mujeres, esta vez
pretendiendo que lo femenino puede salvar el Planeta.
Estimamos que la construccin de un sujeto ecofeminista es
un ejercicio cronolgico de revisin del pasado y de re-
apropiacin consciente de lgicas de cuidado que parecen
haber existido durante un largo perodo en el proceso
civilizatorio de grupos humanos que conformaron nuestras
genealogas.
Historia oculta o mitos compensatorios?
Segn lo investigado por algunos arquelogos/as,
antroplogos/as y otros estudiosos /as 5, en una etapa anterior
a nuestra historia oficial, en nuestro Planeta habran existido al
menos dos ordenes civilizatorios distintos: aquel que veneraba
la fertilidad, la vida, la muerte y la regeneracin simbolizadas
en un cuerpo de mujer y aquel que habra celebrado las
cualidades masculinas de conquista, violencia y destruccin.
Supuestamente, esta diferencia habra sido efecto de una
adaptacin para la sobrevivencia, habindose asentado los
grupos de la veneracin a la fertilidad en torno y a lo largo de
los grandes ros y valles, dedicados a la agricultura, pastoreo,
manufactura textil, arte en cermica, joyera, grabado y pintura
5Para profundizar en este tema, vase: Gimbutas (1974); Lerner (1990);
Stone (1993); Eisler (1990); Mellaart, (1967); Graves (1948); James, (1959);
Mallory (1989), Villar (1971), entre otros / as.
- 116 -
La cultura solidaria: paraso perdido?
mural (ao 7.000 a 3000 a.n.e.), con un desarrollo propio de
una cultura con economa excedentaria.
Otros grupos, sin embargo, aquellos que veneraron la
virilidad y la fuerza, habran habitado inhspitos lugares tales
como estepas nrdicas y oasis en los desiertos, desarrollando
impulsos hostiles frente a la naturaleza y a los animales que
eran su nica fuente de alimento. Este hubiera sido el caso de
los Indoeuropeos en el norte de Europa y los Semitas que
habitaban el desierto al oeste de Mesopotamia que alcanza
Siria por el norte y Arabia por el sur. Compelidos por pocas
cclicas de escasez, se piensa que estos grupos se volvieron
semi-nmades y que, a partir del cuarto milenio antes de
nuestra era habran practicado sucesivas invasiones a
asentamientos agrcolas para apoderarse de bienes para sus
necesidades. (Lerner, 1986/1990). Segn esta teora, las
invasiones culminaron en conquista y colonizacin de los
pueblos agrcolas a pesar de que stos se resistieran durante
2000 aos 6. Los invasores, gracias a la domesticacin del
caballo, al conocimiento del bronce y la construccin de armas
blicas, habran logrado instalarse en las regiones frtiles
imponiendo su orden simblico patriarcal y su lgica de
apropiacin y violencia. Sera el caso de la Europa Antigua y
de vastas regiones del Oriente Medio. Estas tesis deducidas a
partir de las miles estatuillas de cuerpo de mujeres encontradas
en diversos sitios supuestamente con matices religiosos, de
enterramientos, ruinas urbanas, pinturas murales, cermicas,
tablillas y otros (Mellaart, 1967; Gimbutas, 1974) han sido
criticadas por las disciplinas convencionales. Lo notable de
estos estudios es la perspectiva de gnero que acompaa a sus
interpretaciones, tal como define Joan Scott el tercer aspecto
de las relaciones de gnero (Scott, 1990: 30), cuando se
refiere a que los cambios en la organizacin de las relaciones
sociales corresponden siempre a cambios en las
representaciones del poder.
La Historia oficial, siempre escrita por los vencedores,
catapult la cultura de la sostenibilidad de la Europa Antigua y
parte del Oriente Medio a representaciones de primitivismo
6 Estudios sugieren que las invasiones indoeuropeas y semitas que tenan
una cultura patriarcal se sucedieron por etapas, entre 4.400 hasta 2.800
a.n.e., conquistando las zonas de veneracin de un principio femenino
(Villar, 1971).
- 117 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
con las etiquetas de Pre-historia y Proto-historia (7000 a 3000
a.n.e.). De este modo, sac de circulacin de las redes
educativas de nuestra era cualquier residuo de informacin que
permitiera cuestionar el sistema sexo-gnero patriarcal que
conocemos, el cual construy, con ayuda de la filosofa y de las
religiones, un creacionismo naturalizado de un Padre de la
Humanidad, por no decir del universo entero. Linajes
matrsticos, organizaciones agrcolas solidarias, veneracin por
La Diosa como smbolo de la reproduccin de la vida, fueron
negados. En los primeros tiempos del cambio de paradigma,
las deidades femeninas fueron transformadas en masculinas o
bien supeditadas a un varn superior (Stone, 1993). Cuando se
descubrieron los testimonios artsticos y culturales de la
cultura cretense ms cercana a nuestra era, ya era tarde. El
sistema sexo-gnero ya haba interiorizado un universal
masculino que dejaba cualquier otro fenmeno civilizatorio
como una excepcin o un error.
Hasta hoy, los estudios sobre el Neoltico y Calcoltico
muestran que las ms notables de estas agro-culturas fueron
las mediterrneas, las del sureste de Europa y aquellas
desarrolladas en Anatolia, cuyos restos arqueolgicos
testimonian de un culto a una figura de mujer que deja
suponer un orden simblico matrstico. Sin embargo, la
existencia de una Gran Madre Mediterrnea, es decir la figura
religiosa de la Potnia (seora omnipotente), no implica
necesariamente el poder femenino, como lo seala Cantarella.
An admitiendo contina- que la Potnia fuese la nica
divinidad, ello puede significar, como mucho, que las mujeres
disfrutaban de una posicin social elevada (Cantarella, 1996,
p.20). Estas culturas dan cuenta de un importante desarrollo
agrcola, ganadero y textil, as como de ms de 1000 aos
consecutivos de convivencia pacfica sin ciudades amuralladas
y sin testimonio de armas blicas ni armaduras o escudos, sino
de herramientas de trabajo para el cultivo de la tierra. Los
vestigios muestran una amplia produccin en artes plsticas,
en cermica, tallado en hueso y piedra, joyera, confeccin de
prendas de vestir, y desarrollo arquitectnico y planificacin
urbana. (Mellaart, 1967).
Dicho esto y como bien seala Lerner, no estamos
afirmando que antes del Patriarcado existiera un Matriarcado
ya que teoras como las de Bachofen y Engels fueron
- 118 -
La cultura solidaria: paraso perdido?
desestimadas por la antropologa moderna. (Lerner,
1986/1990). Por su parte, Cantarella seala que si por
matriarcado se entiende () derecho materno () la
existencia de un derecho materno en la antigedad no puede
ser probada, pero tampoco excluida, y aade si se entiende
por matriarcado una sociedad caracterizada por una fuerte
presencia femenina en la sociedad y en la religin, entonces
podemos afirmar que en la sociedad mediterrnea ms antigua
hubo una influencia importante de las mujeres. (Cantarella,
1996, p.19).
En efecto, las excavaciones del arquelogo ingls James
Mellaart en la dcada de los sesenta y Marija Gimbutas
aproximadamente en la misma poca pusieron de manifiesto
que la representacin de cuerpos de mujeres, encintas algunas,
otras pariendo, sentadas en tronos, de pie, y en general con
opulentos cuerpos, nos indican un lugar de valoracin de las
mujeres, omnipresente a travs del Neoltico y Calcoltico. De
esto se puede deducir que hubo un referente simblico fuerte
de lo femenino. El descubrimiento de ms de 30.000 figurillas
de mujer encontradas por la arqueloga en el sur este de
Europa que datan desde el 7000 hasta el 2000 a.n.e. gener
una hiptesis de veneracin de la fertilidad. Pero, tal como
indica Lerner, el hallazgo de estas estatuillas no es razn
suficiente para hablar de la existencia de una difundida
adoracin a la diosa-madre (Lerner, G. 1990, p.225). En
cualquier caso, este culto se relacionaba con la agricultura, la
domesticacin y crianza de animales as como el desarrollo de
las artes.
La teora psicoanaltica contempla una perspectiva
histrica nica, un sistema sexo-gnero nacido de la
dominacin masculina y creador de una religin androcntrica
y, finalmente, monotesta. Debiendo aceptar que en la cultura
egea haba existido una veneracin a la Gran Madre de los
Dioses, en una nota a pie de pgina, Freud justifica el
abandono de la misma con un supuesto muy singular que se
basa en la destruccin del palacio de Minos en Cnosos por
erupciones volcnicas: La comprobacin de que ella (la diosa)
no era capaz de proteger su casa contra el ataque de una
potencia superior, bien puede haber contribuido a que fuera
desplazada por una deidad masculina, siendo el dios volcnico,
evidentemente el candidato ms directo para reemplazarla.
- 119 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Esta nota que agrega Freud parece justificar las caractersticas
destructivas de los dioses que creara el sistema sexo-gnero:
Yahv, Zeus, Jpiter, entre otros (Freud, 1934/1981, p.3266).
Por lo tanto, la lgica de una figura masculina ms
poderosa que la femenina, sera nuestro referente simblico.
Nuestro psiquismo estara construido por y dentro de un
sistema sexo-gnero universal que obedece a la Ley del Padre,
y cualquier vestigio de otros referentes se escamotea en
beneficio de esta cultura de dominacin. Sin embargo, desde
hace ya varias dcadas, una corriente opuesta atraviesa
colectivos humanos a lo ancho del Planeta. De donde
emergen esos anhelos ecolgicos, pacifistas y equitativos?
Ciertamente, no forman parte de la doctrina de este sistema
sexo-gnero. Entonces, tal como sostiene el psicoanlisis, no
habran inscripciones subjetivas fuera del orden simblico,
significa esto la construccin de mitos compensatorios 7? o
un ingenuo retorno a creencias primitivas?
Sostenemos con la psicoanalista Ana M. Fernndez que
lo exaltado contiene a lo negado y a su propia denegacin, lo
invisible es lo que contiene lo visible como su propia
denegacin (Fernndez, 1994, pp.180-181). Por lo tanto,
culturas no tan lejanas, operando con la lgica de la solidaridad
y no de la dominacin (Eisler, 1990), estaran en nuestro
bagaje genealgico en calidad de negadas o invisibilizadas.
Podemos suponer que una cierta filomemtica conservada a
travs de genealogas anima a grupos de personas
contemporneas a recobrar el buen vivir o sumak kausay
(Puleo, 2011, p.341). Sera este anhelo solamente reactivo?, o
vendra de la certeza profunda de una capacidad civilizatoria
perdida? Y si es as de qu modo persistira esta memoria? No
se construye un sujeto verosmil 8 desde la arbitrariedad: se
construye gracias al revs negado del discurso, como seala
Fernndez, y/o a partir de esa capacidad de que nunca nos
identifiquemos por completo con nuestra identidad, que
7 Concepto acuado por Gerda Lerner (Rullman y Schlegel 2004, pp. 20-
21).
8 Concepto acuado por Celia Amors como concepcin del sujeto
idnea para el proyecto feminista () una caracterizacin del sujeto en
tanto que capacidad de trascendencia con respecto a caractersticas
adscriptivas o a situaciones dadas (Amors: 1997, pp.29-30)
- 120 -
La cultura solidaria: paraso perdido?
estemos permanentemente reinterpretndola y redefinindola
(Amors, 1997, p.30). Nos preguntamos a qu referentes
simblicos ha recurrido la construccin de estos sujetos
surgidos desde el ltimo tercio del siglo XX hasta hoy para no
con-formarse en/con la ideologa patriarcal y anhelar
(aorar?) un sistema otro, regido por el derecho al cuidado.
Conclusin: propuesta de subjetivacin sustantiva para
una cultura de la sostenibilidad
De haber sido exitoso el discurso patriarcal, habra
construido sujetos enajenados por relaciones de poder y
jerarquas (gnero, raza, clase, dominio sobre la naturaleza...)
que no cuestionaran la estructura de las relaciones existentes
en y con el Planeta. Lo cierto es que ha surgido una
revitalizacin de otros parmetros culturales que animan a las
feministas, ecologistas, pacifistas, animalistas y tantos otros
colectivos rurales, rur-urbanos y urbanos que se ejercitan en la
recuperacin de otras prcticas de vida.
Si bien estamos an lejos de la equidad entre los sexos o
de cumplir con el principio de equivalencia humana, por
usar el concepto de Marcela Lagarde (Lagarde, 2000, p.11) _y
esto no solo con respecto al gnero, sino a etnias, razas, clases,
opcin sexual, rango etario, profesiones, localizaciones
geopolticas, entre tantas otras desigualdades flagrantes_
pensamos que, en poco tiempo, se han despertados otras
representaciones en el pensamiento de las y los sujetos. Una
perspectiva cronolgica que se extienda por sobre el muro de
la invisibilizacin y silenciamiento de civilizaciones que en otro
tiempo posiblemente ensearon el buen vivir, uno de los
ingredientes fundamentales para la cultura de la sostenibilidad,
puede resignificar el quehacer de ms de doscientos millones
de campesinos y campesinas que representara alrededor del
6.5% de la poblacin activa mundial 9. Y tambin la tarea de
9 Va Campesina es una organizacin internacional que agrupa a ciento
cincuenta organizaciones locales y nacionales de setenta pases, que
representan cerca de doscientos millones de campesinos e indgenas que
son pequeos y medianos productores migrantes sin tierra. Es una
- 121 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
quienes trabajamos en estudios de gnero, en polticas de
equidad, en ecologa, en colectivos de mujeres, en
movimientos pacifistas, por nombrar algunos puntos de fuga
del sistema patriarcal. Los ciclos de la humanidad nos parecen
largos y extensos porque estamos limitados a una corta vida,
pero en comparacin con las edades geolgicas y csmicas que
nos rodean, constituyen un lapso minsculo que nos prueba
que ninguna civilizacin es natural y que toda cultura es una
construccin que se puede deconstruir.
Una cultura solidaria, pacifista, agrcola y equitativa en la
Europa Antigua con ms de 4000 aos de existencia no parece
ser solo un mito compensatorio. Si bien resultar difcil para
quienes sostienen esta teora probarla con certeza, los
hallazgos arqueolgicos permiten pensar que dicha cultura se
invisibiliz detrs de los relmpagos guerreros que ms tarde
se transformaran en el discurso exaltado (Eisler, 1990). Por lo
tanto, esta cultura permanecera negada en el revs del
discurso.
Si hemos trado el psicoanlisis para interactuar con esta
historia silenciada, es porque en la Modernidad se ha
distinguido como la mejor teora posible acerca de la
construccin psquica de los sujetos, especialmente, en su
diferencia sexual. Muy a su pesar, la teora denuncia la
impronta de la dominacin masculina en clave de repudio de
la feminidad y da por sentado un orden patriarcal desde el
inicio de los tiempos como nico sistema sexo-gnero
civilizatorio 10. Pensamos que las invasiones sucesivas que
traan consigo dioses destructores, debieron repudiar cualquier
representacin de la feminidad propia de las culturas que
conquistaron por la violencia y la destruccin. Tan fuerte hubo
de ser la labor de desmantelamiento de las ideologas previas,
que el padre del psicoanlisis, despus de largas reflexiones,
organizacin que trabaja por una agricultura sostenible de pequea escala,
basada en la justicia social (Dragnic, 2013).
10 El escamoteo que hace Freud de cualquier otro sistema simblico que no
el patriarcal, resulta evidente cuando sabemos que en 1908 y cerca de
Viena, ciudad donde viva el psicoanalista, fue descubierta la estatuilla de
mujer de Willendorf. Ms tarde, aquella de Laussel (1911) y de Lespugue
(1922). Comprobando los mltiples focos de inters que manejaba, no se
entiende que nunca se extendiera sobre estos descubrimientos.
- 122 -
La cultura solidaria: paraso perdido?
solo pudo explicar este repudio como inherente a la biologa
humana.
Freud se equivoca: el repudio a la feminidad o lo que
con ella se relaciona, ha sido una construccin, en clave
misgina, por este sistema sexo-gnero androcntrico. La
equidad de gnero no es una fantasa improcedente que surgi
a lo largo de la historia solo como reaccin a la dominacin
masculina; la ecologa no es fruto de un temor a la destruccin
del Planeta. Se pueden abrir ventanas a culturas pasadas que
respetaron la vida y la naturaleza representadas en figuras de
mujeres (Eisler, 1990). No es necesario recurrir a la tan
vituperada naturalizacin de las y los sujetos. Basta con saber
que los parmetros ecofeministas no son nuevos en la cultura
de la humanidad y que hubo largos perodos de interaccin
solidaria con el Planeta, de una divisin sexual del trabajo no
jerarquizada (Lerner, 1986/1990), referentes culturales
simblicos y materiales desestimados. Los sujetos
contemporneos que buscan nuevas lgicas bien pueden
afianzar su identidad a travs de investigaciones cronolgicas y
topolgicas que legitimen su desarrollo y proyeccin: el
pronstico de un desarrollo sustentable a no muy largo plazo
no es, por lo tanto, una utopa.
- 123 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
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En torno a la Biotica y el Bioderecho
Una propuesta para la construccin de un marco
terico desde la perspectiva de las mujeres
Juana Mara Gonzlez Moreno 1
Universidad Csar Vallejo, Trujillo, Per
E-mail: jmgmfiloder1@[Link]
I. Introduccin
Desde hace algunas dcadas, los desarrollos de la ciencia y de la
tcnica, fundamentalmente de sta ltima, en sus afanes por
subordinar la naturaleza, la vida y sus mecanismos de reproduccin,
han desencadenado un nmero cada vez mayor de problemas que
tratan de ser abordados desde la Biotica y el Bioderecho2. Estas
disciplinas son, en buena medida, el precipitado de un proceso de
hipernormativizacin de la vida humana que se ha intensificado
precisamente a raz de la aplicacin de las nuevas tecnologas a la
creacin, prolongacin y acompaamiento a la reproduccin de la vida
humana.
Sin embargo, el impacto especfico que esas aplicaciones de las
nuevas tecnologas tienen sobre la vida de las mujeres no ha sido
1 Profesora de Filosofa del Derecho, Facultad de Derecho, Universidad Csar
Vallejo, Trujillo, Per (Abril 2008-Diciembre 2011). Mster en Docencia e
Investigacin en Estudios Feministas, de Gnero y Ciudadana (Universitat Jaume I,
Castelln, Espaa).
2 As, la Biotica se ocupa de los problemas derivados de la ingeniera y de la terapia
gentica, del anlisis del genoma humano, de la reproduccin asistida, de la
investigacin y experimentacin, el aborto, la esterilizacin, la eutanasia, los
trasplantes, la informtica y la confidencialidad de los datos, las discapacidades, las
minusvalas y posibles causas de discriminacin (Casado, 1996). Y el Bioderecho se
ocupa de todos los fenmenos con trascendencia jurdica que tienen que ver con la
vida y la salud del hombre, desde su concepcin hasta su muerte, e incluso despus
de sta (Vila Coro, 1995).
- 127 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
valorado de manera suficiente. Desde la Biotica y en el Bioderecho,
instalados en la universalidad y la neutralidad, se presta ms atencin a
la instrumentalizacin de los seres humanos, en general, y a la puesta
en riesgo de la propia naturaleza humana y de la especie 3 que suponen
las nuevas tecnologas, que a los daos que stas comportan contra la
vida y la integridad fsica de las mujeres _como son los daos que se
producen a la hora de la obtencin de vulos para la fecundacin in
vitro (Cambrn, 1997, 2001) (Aparisi, 2007, p. 75)_, y contra su
autonoma _por ejemplo, cuando se suplantan los deseos de las
mujeres, y se construyen otros, como es el deseo de hijo/a, a cuya
satisfaccin se encaminan (y tambin se las encamina) a aqullas, an a
costa de su propia vida (Tubert, 1996) (Rich, 1996)_.
De ah que hayamos considerado que para una mejor
comprensin y proteccin de la vida de las mujeres, quizs sea
necesario partir de un marco terico que proporcione categoras y
presupuestos que permitan elaborar normas (ticas o jurdicas) que
tengan en cuenta la vida de las mujeres. Este marco terico puede
estar constituido por aquellas corrientes de la filosofa que ms han
centrado su reflexin en la vida humana, como son las filosofas de la
vida (Dilthey, Simmel, Bergson, Blondel, Unamuno)4, y de la
existencia (Jaspers et Heidegger, en Alemania; Sartre, Marcel y
Beauvoir, en Francia), con sus lneas de ascendencia (Kierkegaard,
Scheler, e incluso Nietzsche), y de descendencia (Ortega y Gasset).
A pesar de los defectos que se achacan a las filosofas de la vida
y de la existencia 5, sus virtualidades en orden a la conceptualizacin y
a la proteccin de la vida de las mujeres no habran sido explotadas
3 As, en la modificacin activa que las nuevas tecnologas realizan de la vida, de la
naturaleza humana y del medio ambiente, y que pone en peligro el destino futuro de
la humanidad. Puede verse al respecto: (Habermas, 2010), (Martnez Morn, 2008),
(Aparisi Miralles, 2007).
4 No hay unanimidad acerca de las figuras integrantes de la filosofa de la vida. Para
Hirschberger, la filosofa de la vida est representada por el bergsonismo y el
blondelismo (Hirschberger, 1981). S hay unanimidad, en cambio, en cuanto a su
diferenciacin respecto a la fenomenologa (representada por Husserl y Scheler) y a
la filosofa de la existencia.
5 A la filosofa de la existencia se le ha objetado el que conduce al individuo hacia la
angustia y la desesperanza; que incurre en individualismo y subjetivismo; que es
imposible extraer pautas morales o normativas de ella (ms bien lo que pregona es la
amoralidad); y, en concreto, en el mbito del Derecho, se ha sealado su
incompatibilidad con un orden que, por un lado, es pura abstraccin y, por otro,
versa sobre la vida en sociedad (vid. por ejemplo, las crticas de Bobbio, (1974
[1944], p. 49)).
- 128 -
En torno a la Biotica y el Bioderecho
completamente6. Si analizamos las tesis que sostienen los principales
autores que se inscriben en dichas corrientes de la filosofa,
concentrndonos en las notas que tienen en comn (ms que en los
matices que les diferencian), y dejando aparte el sexismo ms o menos
explcito en las obras de algunos de ellos, podemos extraer una serie
de categoras en relacin con la vida humana de las que se
desprenderan determinadas exigencias que, de tenerse en cuenta,
permitiran elaborar pautas ticas y jurdicas ms favorables a las
mujeres.
II. Hacia una Biotica y un Bioderecho acordes con la vida de
las mujeres
Algunas de las categoras en relacin con la vida humana que
estn contenidas en las filosofas de la vida y de la existencia son las
que aqu enunciamos y explicamos brevemente, determinando sus
implicaciones en el mbito de la Biotica y el Bioderecho. Aunque las
distintas categoras estn interrelacionadas entre s, las vamos a
presentar de manera separada, fundamentalmente a efectos didcticos.
1. La experiencia como fuente de conocimiento
El escepticismo de las filosofas de la vida y de la existencia
sobre la posibilidad de un conocimiento objetivo (la verdad slo
puede ser subjetiva) llevar a considerar la experiencia (personal)
como fuente de conocimiento ms fiable. La certeza proviene del
sujeto de las vivencias. Ms an: la existencia del sujeto es el lugar
donde obtener sentido sobre el ser (Amors, 2000).
Asumir lo enunciado en el mbito de la Biotica y el Bioderecho
implicara, ante todo, conceder relevancia epistmica a las experiencias
de vida de las mujeres, en particular por parte del derecho que, al igual
que la moral, se ha caracterizado precisamente por lo contrario _de
ah la reivindicacin de que se incorpore al derecho la voz femenina,
que no ha sido escuchada (Gilligan, 1982), o de que se articule el Otro
concreto con el Otro abstracto (Benhabib, 1990). Y, de manera ms
6La obra El segundo sexo de Simone de Beauvoir (2013[1949]) es, seguramente, la que
de forma ms evidente y efectiva plasma el uso de las categoras de la filosofa de la
existencia para el fin que se propone su autora: explicar qu es la mujer y cmo es
definida la feminidad.
- 129 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
concreta, supondra conceder relevancia epistmica a las experiencias,
a las vivencias de las mujeres en el mbito de las biotecnologas (por
ejemplo, los daos a su integridad corporal que conlleva la
fecundacin in vitro, o las implicaciones sentimentales y psicolgicas
que para aqullas tienen el embarazo o el aborto, entre otras), en vez
de construir dichas experiencias (desde discursos como el biotico, el
mdico o el jurdico) con vistas a obtener determinados fines.
2. La primaca del yo singular y concreto
La experiencia a la que nos remiten las filosofas de la vida y de
la existencia es la experiencia del hombre de carne y hueso, como
deca Unamuno (2011 [1913], p. 21). Es la experiencia del hombre y
habra que aadir y de la mujer -, que es algo concreto, temporal, en
devenir. Porque lo que importa es la vida de cada uno en particular.
Las exigencias que se derivaran de esta categora seran, por un
lado, la primaca de la vida de las mujeres frente a las abstracciones
(tales como la dignidad humana, la persona, etc.) con que operan
los rdenes tico y jurdico, a priori, encorsetando la realidad (la vida)
y administrando su proteccin (y tambin su desproteccin);
abstracciones que, adems, son absolutizadas, elevadas al rango de
valores absolutos.
Por otro lado, el yo singular primara sobre lo social, sobre las
determinaciones sociales, que impersonalizan, y tambin sobre la
especie, de manera que no cabra vincular a las mujeres a la
reproduccin, como ocurre _an hoy_ cuando se proyecta
implcitamente, desde los distintos discursos, la maternidad como el
destino de las mujeres.
3. La unidad de nuestro yo
Ese yo singular y concreto, que es el que importa, constituye una
unidad. Esta unidad es una unidad de razn ms sentimiento, segn
algunos autores, una unidad de cuerpo y mente, segn otros, o de
manera ms general, una unidad de sujeto ms objeto, en tanto que el
yo rene ambas condiciones al mismo tiempo. En definitiva, el yo es
trascendencia, ser-para-s. No es un cuerpo con instintos que
satisfacer, por ejemplo (Beauvoir, 2009 [1945], p. 48).
- 130 -
En torno a la Biotica y el Bioderecho
Lo que se sigue de ello es que no cabe la escisin entre sujeto y
objeto, o entre cuerpo y subjetividad, o cuerpo y espritu, tpica de la
filosofa racionalista. Esta escisin es patrimonialista. Y adems,
patriarcal: el cuerpo de las mujeres es lo que reclaman los hombres
para s (Beauvoir, 2013 [1949], p. 246). No es, por tanto, una escisin
revolucionaria, pues constituye y crea a las mujeres como objetos.
En consecuencia, todas las teoras y prcticas que se sustenten
en dicha escisin estaran deslegitimadas. As, no cabe la defensa de la
autonoma, de la autodeterminacin o disponibilidad del propio
cuerpo, o simplemente, de las relaciones de las mujeres con sus
propios cuerpos (por lo dicho y porque, de paso, se est
menospreciando el poder constructor de realidad que tiene el
lenguaje). E, igualmente, quedaran deslegitimadas prcticas como la
prostitucin y la maternidad subrogada, que se sustentan en la escisin
que venimos comentando y en la defensa de la libre disposicin del
cuerpo, con la que se diluye el componente de objetificacin de las
mujeres que suponen dichas prcticas.
4. El yo como proyecto, como perpetuo hacer
Para las filosofas de la vida y de la existencia, asimismo, el
hombre (y debemos insistir, tambin la mujer) es proyecto, perpetuo
hacer. El hombre es, como dira Ortega y Gasset, una posibilidad
abierta, libertad de hacerse esto y lo otro (en el marco, eso s, del
mundo, de lo dado, de las circunstancias que limitan sus posibilidades
y su libertad) (Hirschberger, 1981, p. 510). O, como se precisa en la
filosofa sartreana, el hombre no tiene una esencia que le determine.
l es su propio hacerse, su propio existir. Es trascendencia (Sartre,
1946).
Si el hombre es as es porque es libertad. La libertad es, en
trminos sartreanos, la textura de nuestro ser mismo (Sartre, 1946, p.
270), aunque no es una esencia fija (el existencialismo est en contra
de las esencias inmutables y a favor de lo incompleto, de lo que
infinitamente se hace). La libertad tiene un sentido dinmico,
afirmativo. Pero, en trminos generales, no se considera absoluta: en
ella est integrada la situacin, el mundo, los Otros, hacia los que el ser
del hombre se encuentra siempre trascendiendo.
En el mbito de la Biotica y el Bioderecho, todo lo expresado
implicara asumir, entre otros aspectos, que la tica y el derecho, que
son una construccin del propio hombre, no estn determinadas por
- 131 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
una pretendida naturaleza o esencia humana nuestra. El hombre es
trascendencia, no tiene una esencia que le determine.
Tambin habra que asumir que las mujeres, al igual que los
hombres, somos (o debemos ser) trascendencia (y no inmanencia,
Alteridad) (Beauvoir, 2013 [1949]). No cabe que nos construyan
identidades fijas (como esencias) como sucede cuando se nos
proyectan (desde la sociedad, el Estado, el derecho, la tica, etc.)
determinados modelos normativos. Ni podemos vivir estos modelos,
estos proyectos de vida, como si fueran nuestros propios proyectos
(Amors, 2001, 114).
Por otra parte, integrada como est la situacin en la libertad,
sera necesario tener en cuenta las circunstancias, los determinantes
sociales, institucionales, y tambin personales, que integran la
situacin de las mujeres, en especial en el mbito de la
reproduccin. Una determinacin en la que a veces no se repara o que
se reinterpreta segn las ideologas en boga o, mejor dicho, segn los
intereses en juego 7.
5. La vida como algo ms que lo biolgico
Para las filosofas de la vida y de la existencia, la vida tiene
dimensiones diversas a la netamente biolgica o material. Sobre todo,
la vida est impregnada de dinamismo, es un trascender, es ante todo
libertad. Y la realizacin de la vida as concebida es lo que debe
procurarse. Esto conlleva una ampliacin del alcance de las tareas de la
Biotica y del Bioderecho, pues hacia lo que hay que tender es hacia la
proteccin de la vida humana no slo en su dimensin puramente
fsica.
Sin embargo, es en esta dimensin fsica, biolgica, de la vida
humana en la que se focalizan la Biotica y el Bioderecho, una
dimensin que es sobredimensionada (aunque ello no suponga su
mayor proteccin), frente a otros bienes y valores, como la libertad,
7 As, como seala Pitch para Italia, por situacin de las mujeres suele entenderse
exclusivamente las condiciones socioeconmicas (Pitch, 2003, 82). Algo parecido
puede apreciarse en Espaa cuando se considera que las condiciones
socioeconmicas son el factor determinante del aborto, cuando en realidad no
habra un perfil tipo de la mujer que interrumpe voluntariamente su embarazo
(Sahuquillo, 2013).
- 132 -
En torno a la Biotica y el Bioderecho
que son invisibilizados y cuya reivindicacin incluso deviene ilegtima
(Gonzlez, 2013).
III. A modo de conclusin
Desde las filosofas de la vida y de la existencia, es posible, por
tanto, construir una Biotica y un Bioderecho ms sensibles al impacto
especfico que sobre la vida de las mujeres tienen las nuevas
tecnologas aplicadas en la reproduccin de la vida humana. Sobre
todo si se tienen en cuenta las experiencias de las mujeres en este
mbito, y se concede primaca a nuestro yo singular y concreto, a
nuestro yo en tanto unidad, en tanto proyecto, libertad, entre otros
aspectos a que nos interpelan estas corrientes de la Filosofa.
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La tica del cuidado para s, para el
otro y para el medio ambiente
Miguel Dez Casares 1
Universidad de Valladolid
diezcasares@[Link]
Un nuevo paradigma: el cuidado
Una de las enseanzas ms profundas que podemos extraer del
anlisis ecofeminista es la idea de que detrs de la crisis ecolgica hay
una cuestin de gnero. As, el ecofeminismo afirma que la
dominacin y explotacin de la naturaleza guarda una estrecha relacin
con la dominacin y explotacin de las mujeres. Veamos someramente
por qu.
En las relaciones del ser humano con la naturaleza es posible
identificar un paradigma de pensamiento que rige nuestras acciones.
Este paradigma se fundamenta en divisiones dicotmicas y establece
una valorizacin que jerarquiza la divisin (Puleo, 2005, 2011). Las
dicotomas ms importantes que se suelen identificar son las
siguientes: Varn/Mujer, Masculino/Femenino, Produccin/
Reproduccin, Cultura/Naturaleza, Razn/Emocin, y Dominante/
Dominado. Un primer grupo estara compuesto por los conceptos de
varn, masculino, produccin, cultura, razn y dominante; mientras
que el segundo grupo estara compuesto por los conceptos de mujer,
femenino, reproduccin, naturaleza, emocin y dominado. Ahora bien,
esta divisin no es inofensiva y tiene unas claras consecuencias de
dominacin que se llevan a cabo gracias a la valorizacin positiva de
todo lo asociado al primer grupo y la devaluacin de todo lo asociado
al segundo grupo. En la relacin del ser humano con la naturaleza, lo
1 Doctorando en Filosofa por la Universidad de Salamanca y la Universidad de
Valladolid (Espaa).
- 137 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
admirable est en la produccin de nuevos artificios y no en la
conservacin de lo recibido, en la creacin cultural que es capaz de
intervenir y modificar la naturaleza, en el imperio de la razn que es
capaz de someter a los sentimientos. Y esta jerarquizacin conceptual
va ligada a la construccin cultural que hemos hecho a lo largo de
nuestra historia acerca de lo masculino y lo femenino: la masculinidad
tiene que ver con la explotacin de la naturaleza mientras que la
feminidad est relacionada con su conservacin. Hoy en da parece
evidente que Occidente no ha sido especialmente femenino a la
hora de relacionarse con la naturaleza.
Pues bien, dada la situacin de crisis ecolgica actual y los
mecanismos ideolgicos que nos han llevado a ella, parece de inters
general proponer una nueva forma de pensamiento. Una forma muy
especfica de luchar contra la mentalidad androcntrica es la reflexin
crtica que C. Gilligan hace de la visin tradicional de la tica. Gilligan
reflexiona crticamente sobre la concepcin tradicional de las teoras
del desarrollo moral a la luz de las voces y las experiencias de las
mujeres, hasta ahora excluidas de dichas teoras (Gilligan, 1994).
Estudiando la teora del desarrollo moral de L. Kohlberg, Gilligan
detect que, segn dicha teora, las mujeres alcanzaban, por lo general,
un desarrollo moral inferior al de los varones. Y en lugar de asumir
que las mujeres posean una capacidad moral inferior a la de los
varones, Gilligan se pregunt el porqu de esta situacin y observ,
entre otras cosas, que Kohlberg utiliz slo varones como base
emprica para la construccin de su teora. En contra de esto, Gilligan
escuch una voz diferente: la de las mujeres. Esta voz, no escuchada
en la teora del desarrollo moral de Kohlberg, llev a Gilligan a definir
una nueva teora del desarrollo moral resultado de la participacin
igualitaria de varones y mujeres. De un modo general, la tica de
Gilligan se caracteriza por ser una tica basada en el cuidado como
imperativo moral (en lugar de la justicia), por ser contextual (sin
pretensin de universalidad) y por pensar en las personas como el otro
concreto e interconectado (y no abstracto y separado). Adems, es una
tica centrada ms en las relaciones interpersonales que la
inviolabilidad del individuo, lo que hace que se centre ms en la
responsabilidad por s mismo y por los otros que en los derechos. En
lugar de ser un desarrollo hacia la autonoma y la independencia moral,
el desarrollo moral de Gilligan se caracteriza por atender a la
interconexin con las otras personas y, en este sentido, a un cierto tipo
de dependencia. Por ello, la naturaleza de los dilemas morales no son
los derechos en conflicto, sino la amenaza a la armona de las
- 138 -
La tica del cuidado para s, para el otro y para el medio ambiente
relaciones interpersonales. As, el sujeto de la tica del cuidado de
Gilligan es una persona relacional, esto es, una madre, un hijo, una
hermana, un amigo. El sujeto moral es algo ms que un individuo
aislado, es ms que un nmero. La pregunta acerca de la justicia se
traslada a la pregunta acerca de la accin, poniendo los pies en la tierra
a la filosofa moral. Cmo actuar? sta es la pregunta esencial 2.
Por otro lado, el cuidado tiene la virtud de luchar contra las
nefastas consecuencias que el individualismo y la pasividad tienen para
la vida en comunidad. Para ejemplificar esta idea, pensemos en la
necesidad de reconocimiento por parte de las personas. A. Honneth
habla de tres modos de menosprecio y tres modos de reconocimiento
(Honneth, 1997). En primer lugar, tenemos el reconocimiento fsico,
despus el reconocimiento de los derechos de la persona en la
sociedad y, finalmente, el reconocimiento del propio estilo de vida.
Ahora bien, qu mejor manera de reconocer al otro que mediante el
cuidado? Ms all del pluralismo y la tolerancia, elementos pasivos del
reconocimiento que encajan perfectamente con el individualismo, el
cuidado se erige como un reconocimiento activo que rompe con la
ilusin de individualidad. Si tanto el pluralismo como la tolerancia son
actitudes que entienden que la diversidad de opiniones existe y que
deben ser tenidas en cuenta para enfrentarse en un dilogo abierto, el
cuidado exige la accin y el contacto directo con las personas. El
cuidado es algo ms que una actitud mental: lleva a la accin la actitud
pluralista y tolerante. El reconocimiento de las personas va ms all del
simple reconocimiento terico de los otros. Concluye con el
reconocimiento prctico, esto es, el cuidado. Adems, el cuidado
combate tambin la ilusin de individualidad al recordarnos que la
mayor fuente de moralidad est en la interconexin con los otros.
Sin embargo, esto puede llevar a confusiones y deducir que se
est exigiendo un deber samaritano de los ciudadanos. Pero el cuidado
no es caridad. La diferencia fundamental es el papel activo del que
recibe el cuidado. En la caridad, la relacin es asimtrica: el que padece
el acto de caridad no tiene la oportunidad de responder
recprocamente. Adems, en la caridad se adopta una actitud
paternalista en la que el que cuida interpreta y decide las necesidades
del que es cuidado. En cambio, el cuidado que se tiene hacia una
2 A pesar de que la tica del cuidado de Gilligan se muestre como contrapuesta a la
tica de la justicia, no deben tomarse como excluyentes y s como complementarias
(Puleo, 2011). En este sentido, de la tica de la justicia podemos aprender la
obligacin moral de no actuar injustamente con los otros, y de la tica del cuidado, la
obligacin moral de no girar la cabeza ante las necesidades de los dems.
- 139 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
persona provoca normalmente un cuidado de vuelta y escucha las
demandas del que es cuidado (Todorov, 1993). Para que el cuidado sea
efectivo tiene que tener en cuenta las demandas del destinatario del
cuidado y permitir una correspondencia. Por ello, las personas no
pueden ser abstracciones, sino personas concretas que expresan sus
necesidades y que interrelacionan con los cuidadores. Y es que uno de
los problemas de los intentos de abstraccin de las personas es que
conllevan actitudes paternalistas que dejan poco espacio para la
libertad y que pueden desembocar en autnticas barbaries. No son
nada nuevo los crmenes en nombre de la humanidad.
El cuidado de s, de los otros y del medio ambiente
Tambin hay que aclarar que cuando se habla del cuidado no se
est hablando de anteponer el cuidado de los otros al cuidado de uno
mismo. La tica del cuidado habla de responsabilidad, pero en ningn
caso habla de sacrificar la propia vida por los dems. La tica del
cuidado no pretende ser una moral del esclavo, ya que concede gran
importancia al cuidado de s. El cuidado de los otros no debe olvidar
el cuidado de s. Es ms, sin cuidado de uno mismo no hay cuidado de
los otros.
Para entender mejor esta idea del cuidado de s podemos
recurrir al pensamiento de M. Foucault y proponer una relacin con la,
aparentemente opuesta, tica del cuidado de Gilligan. Una de las tareas
de Foucault fue desarrollar una hermenutica del sujeto, la cual se
centr en el cuidado de s como componente fundamental del sujeto y
de la reflexin filosfica. En este sentido, Foucault destaca que el
cuidado de s comprende tres aspectos fundamentales (Foucault,
1994): 1) es una actitud con respecto a s mismo, con respecto a los
otros y con respecto al mundo; 2) es una forma muy especfica de
mirada que va del exterior al interior; y 3) comprende una serie de
acciones que uno ejerce sobre s mismo, que lo transforman con el
objetivo de que uno se haga cargo de s mismo.
Del anlisis del cuidado de Foucault se deduce que el cuidado de
s no slo tiene que ver con cmo nos comportamos con respecto a
nosotros mismos, sino tambin con respecto a los dems y al mundo.
Pero para saber cmo comportarnos con nosotros mismos y, en
consecuencia, con los dems y con el mundo, lo primero que hay que
- 140 -
La tica del cuidado para s, para el otro y para el medio ambiente
hacer es preguntarnos a nosotros mismos acerca de nuestra propia
identidad. Y esta pregunta no es slo terica, sino que debe atender a
la accin. En este sentido, el cuidado de s sera nuestra propia
formacin como personas. El cuidado de s busca mirar, preguntar y
escucharse a s mismo, para poder afrontar, disfrutar y soportar la vida,
pero recordando en todo momento que no se puede cuidar de s sin
percatarse de la existencia del otro y del mundo. Del mismo modo que
un profesor necesita el estimulante retorno de su mensaje por parte de
sus alumnos, el cuidado de s necesita de los otros y del mundo. El
cuidado de s no es otra cosa que el camino hacia la comprensin de
que vivimos conectados a un mundo donde convivimos con otras
personas. La pregunta por uno mismo conlleva una pregunta por el
otro y por el mundo. En este sentido, complementar la tica del
cuidado de Gilligan, ms centrada en la idea del cuidado atento del
otro dependiente, con el cuidado narcisista de Foucault puede dar una
imagen ms pragmtica de la tica del cuidado.
Como vemos, una de las cualidades que las voces de las mujeres
incluyen en la teora del desarrollo moral de Gilligan es el cuidado. Sin
embargo, fomentar el cuidado en ambos sexos no es ir en contra de la
naturaleza de los varones? Gilligan sugiere que las mujeres tienen una
diferente tica, que tienen diferentes prioridades y una actitud
diferente hacia el mundo, pero tambin sugiere que esta diferencia es
el resultado de una construccin cultural ms que biolgica 3. En este
sentido, fomentar el cuidado en los varones no es un ataque a su
esencia, ya que lo que define la masculinidad es una construccin
cultural. El peligro de una tica del cuidado es creer que el cuidado es
una tendencia biolgica de las mujeres. Pero este peligro se supera
reconociendo el carcter de construccin social y de aprendizaje de
esta tendencia. Y, una vez que se acepta que el cuidado es algo
construido culturalmente, entonces se abre la posibilidad de
aprenderlo, desaprenderlo y modificarlo.
Por otro lado, que el cuidado no es exclusivo de las mujeres
tambin se puede ver en las diferentes religiones y filosofas de vida
(Boff, 2002). El cristianismo o el Feng Shui son buenos ejemplos de
ello. Tambin en el sentido nietzscheano de crtica de la moral, el
cuidado no slo se observa en la experiencia de las mujeres, sino
tambin a partir de la experiencia de otros grupos oprimidos. Esto
3La propia Gilligan as lo sugiere en la introduccin de su libro. Adems esta idea de
construccin social del genero se encuentra apoyada por estudios antropolgicos
como el de M. Mead sobre el comportamiento de varones y mujeres (Subirats
Martori, 1994).
- 141 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
puede llevarnos a considerar la posibilidad del cuidado como un
elemento de clase ms que como un elemento de gnero.
En un mundo donde las prcticas consideradas femeninas
propician, ms que las masculinas, el desarrollo sostenible, quizs sea
de inters comn revisar nuestra cosmovisin androcntrica. La mayor
parte de las obligaciones de la ciudadana ecolgica son asumidas por las
mujeres y no porque el cuidado sea algo innato a ellas, sino porque el
campo de accin al que han estado sometidas coincide con el de la
ciudadana ecolgica: el mbito privado. Es por ello que, para que el
mundo tenga un futuro digno de ser vivido, las voces de las mujeres
deben ser escuchadas y las prcticas del cuidado han de desgenerizarse
y universalizarse (Puleo, 2011).
Pero cuando se habla de universalizar el cuidado no se est
diciendo que hay que sustituir una tica de la justicia por una tica del
cuidado, sino de complementarlas (Puleo, 2011). El reconocimiento de
la otra voz no debe llevarnos a eliminar el lenguaje de los principios
y los derechos por considerarlos androcntricos, ya que son ellos
mismos los que nos sirven de excusa para justificar la reclamacin de
un mundo mejor. Del resultado de la unin del cuidado con la justicia
ha de salir una nueva definicin del concepto de justicia basada en la
sostenibilidad: asegurar que la huella ecolgica no pone en peligro la
posibilidad de que otros, en el presente o en el futuro, puedan llevar a
cabo posibles acciones importantes para ellos (Dobson, 2005). Poner
el lmite de las acciones humanas en la sostenibilidad y, en este sentido,
hablar de justicia, es una forma de universalizar el cuidado. Libertad,
igualdad y sostenibilidad puede ser un buen lema para guiarnos en la
poca actual (Puleo, 2011).
Pero tampoco hay que reducir el fomento del cuidado nica y
exclusivamente a los varones, ya que las mujeres tambin son vctimas
de creer que el xito y la buena vida slo se alcanzan si se poseen las
cualidades masculinas. Hay que reflexionar sobre el verdadero valor
que tienen las prcticas consideradas femeninas. Precisamente de la
crtica ecofeminista aprendemos a valorar eso. En el sistema patriarcal,
tanto los trabajos del cuidado que llevan a cabo las mujeres como los
bienes que produce la naturaleza son apropiados sin pensar en su
verdadera importancia. Son trabajos y bienes a los que se les da por
supuesto y que pasan a ser invisibles. Pero son indispensables para la
vida humana. Es por ello que el ecofeminismo nos advierte del peligro
de creernos independientes de la naturaleza y del trabajo diario de las
mujeres.
Dicho todo lo anterior, el primer paso que tenemos que dar es
- 142 -
La tica del cuidado para s, para el otro y para el medio ambiente
eliminar el sesgo de gnero de determinadas actitudes y acciones para
que las personas se sientan libres de elegir cmo quieren vivir. En este
sentido, la crtica ecofeminista, como teora que desenmascara los
verdaderos mecanismos del poder que perpetan las relaciones de
dominacin, tiene un papel liberador fundamental. No se trata de
obligar a cuidar de uno mismo, de los dems y del medio ambiente,
sino de dar la oportunidad de hacerlo sin sufrir el desprestigio por
actuar de un modo poco varonil y de comprender que vivimos
interconectados con los otros y con el medioambiente. Para ello es
necesario mostrar en todo momento los beneficios sociales y
ambientales que se siguen de tales acciones. Pero tambin hay que
recordar que este nuevo paradigma supone un importante cambio en
el modelo econmico actual, lo que puede ser considerado como un
perjuicio para una pequesima parte de la poblacin. Quizs ellos
tengan que comprender mejor que nadie que el progreso de la
humanidad no tiene por qu ir ligado necesariamente al crecimiento
econmico sin lmites, que hay otros campos donde se puede crecer:
en el mbito social, ecolgico, etc. Resaltar las nefastas consecuencias
que el androcentrismo y la ilusin de individualidad tienen para con el
medio ambiente y las dems personas, as como proponer y fomentar
alternativas no hace sino liberar.
- 143 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Bibliografa
Boff, Leonardo (2002): El cuidado esencial, Madrid, Trotta.
Dobson, Andrew (2005): Ciudadana ecolgica, en Isegora, nm. 32,
Madrid, pp. 47-62.
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Gilligan, Carol (1994): La moral y la teora: psicologa del desarrollo femenino,
Mxico D.F., Fondo de Cultura Econmica.
Honneth, Axel (1997): Reconocimiento y Obligacin Moral, en
Aret, Revista de Filosofa, IX (2), pp. 235-252.
Puleo, Alicia (2005): Los dualismos opresivos y la educacin
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Puleo, Alicia (2011): Ecofeminismo para otro mundo posible. Madrid,
Ctedra.
Subirats Martori, Marina (1994): Conquistar la igualdad: la
coeducacin hoy, en Revista Iberoamericana de Educacin, (6).
Todorov, Tzvetan (1993): Frente al Lmite, Madrid, Siglo XXI.
- 144 -
Sostenibilidad y dependencias: encuentros
y desencuentros entre ecologismo y
feminismo
Hortensia Fernndez Medrano 1
Ecologistas en Accin y Dones i Treballs
hortensiafm@[Link]
El sistema econmico solo incluye lo que pasa
por el mercado y puede generar dinero, la paz
no vale nada, los recursos naturales tampoco ni
el trabajo de las mujeres, puesto que no hay
transaccin financiera
Marilynn Waring, ex-diputada neozelandesa,
1994
La humanidad parte de una doble dependencia:
como ser vivo y como especie animal. Este
hecho consustancial a nuestra existencia es el
que provoca que al hablar de sostenibilidad
tengamos en cuenta las dos dimensiones de
sta: la ecolgica y la humana
Bosch, Carrasco y Grau, 2005
Dependencia ecolgica
Por un lado, nuestra pertenencia a un ecosistema que incluye a
todos los seres vivos y del cual formamos parte nos lleva a la
necesidad de admitir una total dependencia de ste derivada del hecho
de que nuestro destino est interconectado con el de la biosfera, en
1Licenciada en Ciencias Biolgicas por la Universidad de Barcelona y Profesora de
Biologa y Geologa de Enseanza Secundaria de la Generalitat de Catalunya.
Pertene al grupo ecologista Ecologistas en Accin y al grupo feminista Dones i
Treballs de Ca la Dona de Barcelona.
- 145 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
contra de una visin antropocntrica que ha dominado el
pensamiento durante mucho tiempo, y que nos sita en el centro de la
biosfera.
Durante la mayor parte de su existencia, la especie humana ha
vivido en estrecha relacin con la naturaleza utilizando los recursos
biticos que le proporcionaba la energa solar a travs de la
fotosntesis y de los materiales de su entorno ms prximo. Esta
forma de funcionamiento le ha permitido asegurar su permanencia en
la Tierra a largo plazo al articular su abastecimiento sobre el modelo
de la "biosfera" en una economa cclica en la que los productos
resultantes de un proceso son objeto de un uso posterior mediante el
establecimiento de cadenas en las que domina el transporte vertical,
como ocurre normalmente en el ecosistema de la Tierra de forma
espontnea (Naredo, 2006).
Dependencia humana
Por otro lado, la dimensin humana de la sostenibilidad hace
referencia a nuestra dependencia como especie animal derivada del
hecho de pertenecer a una especie particularmente vulnerable y
dependiente, necesitada de cuidados a lo largo de su ciclo biolgico.
La dimensin humana se pone en evidencia en los cuidados
realizados a lo largo del ciclo vital de las personas y tiene una vertiente
biolgica que le aproxima al resto de los animales, y otra social,
cultural y psicolgica, estrechamente interconectadas, ya que con las
tareas de cuidado nos referimos a actos montonos y repetitivos
como procesar los alimentos, limpiar, cuidar, as como tambin a las
relaciones afectivas que estos cuidados implican.
De forma general, el cuidado significa atender las necesidades
de los cuerpos de forma natural para que la vida [Link] es
ms, en el caso de la especie humana, gracias a estos cuidados, las cras
humanas nacidas en total estado de indefensin y dependencia
pueden llegar a sobrevivir y superar su animalidad humanizndose.
En el proceso evolutivo de Homo sapiens, el hecho ms
significativo que distingue a la especie humana de los dems primates,
es justamente el hecho de ser la nica especie en la que se realizan
cuidados prolongados en las cras inmaduras. Esta inmadurez es una
caracterstica, derivada de la reduccin del canal plvico en las mujeres
como adaptacin a la locomocin bpeda, as como en el resto de los
homnidos, y que al dificultar el parto, provoca alumbramientos
- 146 -
Sostenibilidad y dependencias
prematuros en las mujeres antes de completar la maduracin neuronal
del feto (Bermdez de Castro, 2002)
El precio a pagar por la adquisicin de la posicin bpeda ha
sido el nacimiento de cras inmaduras, con la necesidad de prolongar
sus cuidados despus del nacimiento, pero a su vez este hecho ha sido
la causa del gran desarrollo del cerebro adulto humano, que llega a
multiplicar por cuatro su volumen respecto al volumen del cerebro del
neonato mientras que en otros primates no llega a doblar su
capacidad. Esta solucin supone que los nios nacen con una gran
indefensin e inmadurez neuromotriz que obliga a la especie humana
a proporcionar un largo perodo de cuidados a sus cras. hecho que ha
tenido una gran importancia en el desarrollo intelectual y cultural de la
humanidad.
Los cuidados en la especie humana se prolongan hasta que el
cerebro del nio alcanza su tamao adulto y durante este largo
periodo de aprendizaje que constituye la niez se produce una
verdadera humanizacin, como es la adquisicin de tecnologa,
lenguaje y cultura que nos hace realmente personas.
Encuentros entre ecologismo y feminismo: crisis y deudas
Por un lado, la economa feminista critica este modelo
econmico porque no tiene en cuenta la economa de la vida, la cual
no est incluida en los costes econmicos del PIB, ya que se trata de la
apropiacin del tiempo y energa de las mujeres Por otro, el
ecologismo pone en cuestin un modelo extractivo basado en el
crecimiento ilimitado al que incorrectamente hemos llamado
productivo.
La concepcin de crecimiento econmico est basada en el
desarrollo de las fuerzas productivas sin lmites de ningn tipo. Esta
concepcin choca con el mundo fsico que nos rodea ya que tanto los
recursos naturales como el trabajo de las mujeres tienen un lmite, que
es el agotamiento de los primeros y el tiempo y energa de las
segundas, dando lugar a una crisis ecolgica o crisis de los cuidados
respectivamente.
Crisis ecolgica
- 147 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
A partir de la revolucin industrial, al menos de forma mucho
ms intensa, nos alejamos del modelo de funcionamiento de la
biosfera al usar los combustibles fsiles para acelerar las extracciones
de los recursos de la corteza terrestre sin devolverlos a su estado
original. De esta forma, los recursos quedan desconectados de los
productos resultantes y al no cerrarse los ciclos de los materiales se
produce una acumulacin de residuos al final del proceso que no son
incorporados al sistema, como resultado de un modelo de tipo lineal
que acenta el deterioro del patrimonio natural al extender el
transporte horizontal por todo el planeta. Este modelo se manifiesta
inviable a largo o medio plazo debido a los lmites que representan los
recursos y sumideros planetarios.
El abuso y explotacin que hemos hecho de los recursos
naturales basados pura y simplemente en la adquisicin y extraccin,
aunque eufemsticamente lo llamemos produccin, ha tocado fondo.
Despus de aos de extraccin continua, el petrleo est a punto de
agotarse o por lo menos el llamado "petrleo barato" y cada vez habr
que invertir ms esfuerzos y tecnologa en la extraccin de lo que nos
quede una vez alcanzado el peak-oil, por lo que cada vez resultar ms
caro.
Por otro lado, nuestro modelo energtico basado
fundamentalmente en la utilizacin de combustibles fsiles est
llegando a su fin debido a los problemas creados con las emisiones de
CO2 que estn acelerando el calentamiento del planeta a un ritmo sin
precedentes y nos estn llevando a una situacin en la que hemos
puesto en peligro nuestra permanencia en la Tierra como especie. Tal
como ha manifestado el eclogo Ramn Margalef : "uno de los
mecanismos de regulacin de la biosfera de Gaia tan eficaz como el
que ms, puede consistir pura y simplemente, en eliminar a la especie
humana si su comportamiento se aparta demasiado del conveniente"
(Margalef, 1994, p.18).
Crisis de los cuidados
De forma general, el sistema capitalista y patriarcal no valora
ni la energa solar de la que depende toda la produccin de vida en
nuestro planeta ni la energa y tiempo de las mujeres empleados en el
cuidado de la vida humana, es decir, que podemos decir que el trabajo
realizado tradicionalmente por las mujeres para alimentar y cuidar la
vida humana a lo largo del ciclo biolgico, forma ciclos repetitivos
- 148 -
Sostenibilidad y dependencias
anlogos a los ciclos biogeoqumicos de la biosfera en que la materia
es continuamente transformada y que en ninguno de los dos casos
estn internalizados en el PIB, permaneciendo por lo tanto, ocultos a
los ojos de la economa de mercado.
Como consecuencia del envejecimiento de la poblacin y de
la incorporacin de las mujeres al mercado del empleo remunerado se
ha creado un vaco en la cobertura de los cuidados que el sistema
capitalista no ha cubierto de ninguna forma, al hacer recaer el peso del
cuidado y mantenimiento de la vida, sobre los hombros de las
mujeres fundamentalmente.
Con la actual situacin de crisis que estamos viviendo en el sur
de Europa, esta explotacin se est ampliando cada vez ms a
sectores desfavorecidos y feminizados de nuestro entorno ms
prximo provocando que muchas familias se hayan tenido que hacer
cargo directamente de sus mayores y enfermos y que sean bsicamente
las mujeres las que soportan los efectos de la crisis con la prctica
supresin de la ley de dependencia y de los recortes en nuestro sistema
de bienestar. Todo lo ms, de forma privada y en sectores
privilegiados desde el punto de vista social, estos cuidados se han
transferido a las mujeres de los pases del sur provocando una
migracin de cuidadoras constituidas fundamentalmente por mujeres
jvenes en edad laboral que abandonan a hijos y familias propios para
atender a los ajenos con lo que esta desatencin, se desplaza a los
pases del sur dando lugar a lo que llamamos globalizacin del trabajo
de cuidado o cadenas transnacionales de cuidado.
Deudas
Los pases del norte han contrado una deuda con los pases
del sur como consecuencia del expolio realizado a lo largo de la
historia de la humanidad, en que se han apropiado sistemticamente
de sus riquezas naturales. A esta deuda desde algunos movimientos se
le ha atribuido el nombre de "deuda ecolgica" para poner en
evidencia el saqueo de los recursos naturales a que han sido
sometidos los pases en vas de desarrollo por los pases del norte y
que han causado su empobrecimiento.
En esta deuda, debemos incluir tambin la deuda externa provocada
por los crditos con intereses abusivos otorgados por el FMI y el BM
a estos pases cuyo pago ha supuesto y supone la aplicacin de
injustas polticas de ajuste estructural y la orientacin de sus
- 149 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
economas hacia la exportacin, lo que ha significado una mayor
dependencia.
Para seguir con las analogas entre ecologismo y feminismo,
podemos decir que la humanidad tambin tiene contrada una deuda
social con las mujeres tanto por el trabajo de cuidado y sostenimiento
de la vida ejercido por stas a lo largo de la historia en todas las
sociedades, como por el esfuerzo realizado para sacar adelante a las
comunidades humanas en situacin de crisis, conflicto o hambre
(Fernndez H, 2011).
Desencuentros entre ecologismo y feminismo y sntesis
ecofeminista
El largo proceso de reconocimiento de las tareas ejercidas por
las mujeres a lo largo de la historia de la humanidad ha llevado a parte
del movimiento feminista a situarlas en el centro de la vida como las
tareas humanas ms importantes, ya que por un lado son
absolutamente imprescindibles para el mantenimiento de la vida
humana y por otro lado han permitido rescatar el lado del trabajo
humano ms ligado con la corporeidad y la necesidad.
Este camino de reconocimiento no est exento de dificultades
y desencuentros con otros feminismos que rechazan la asociacin con
la naturaleza convirtiendo a las mujeres en seres deshumanizados, o
que, todo lo contrario, las mitifican cayendo en una mstica
reaccionaria de la feminidad.
La estrategia del ecofeminismo se basa en reconocer las
cualidades escindidas o negadas y supuestamente inferiores como
emotividad, sentimientos, sensualidad etc. como plenamente humanas
lo cual proporciona una base para la continuidad con el mundo natural
convirtiendo a las mujeres en mediadoras entre naturaleza y cultura al
considerar las actividades de mantenimiento de la vida humana como
sociales y al recuperar el ligamen con la naturaleza y rechazar el cuerpo
desencarnado en el que algunos planteamientos feministas pueden
caer.
El ecologismo tampoco ha sido capaz de abordar
correctamente el tema de la relacin de la naturaleza con la humanidad
al no tener en cuenta las contradicciones de sexo/gnero existentes
dentro del concepto humanidad.
De forma general, el pensamiento ecologista, al ocuparse de la
relacin de la humanidad con la naturaleza, intenta reinsertar a la
- 150 -
Sostenibilidad y dependencias
humanidad dentro de la biosfera y no en su centro como el
pensamiento antropocntrico pretende. Pero al considerar a la
humanidad como parte integrante de la naturaleza o identificarla con
esta, no tiene en cuenta la discontinuidad masculino/femenino
existente dentro del trmino humano por lo que muchas veces cae
en el discurso androcntrico dominante segn el cual solo se toman
como caractersticas humanas las masculinas.
Las polticas de poblacin tienen implicaciones diferentes para
los hombres y para las mujeres como resultado de sus distintas
experiencias que nos obligan a tener en cuenta la especificidad de los
cuerpos de las mujeres en lo que tendra que ser una visin no
androcntrica del tema. No tener en cuenta esta especificidad nos lleva
a no reconocer el derecho de las mujeres al control de su propio
cuerpo y a manejar a la poblacin como una variable ms dando lugar
a un neomaltusianismo de tipo ecolgico (Bosch, 2010)
El control de la poblacin ha sido siempre una preocupacin
por parte de las clases dominantes como se denunci en la
Conferencia del Cairo en 1994 por organizaciones de mujeres de todo
el mundo ante las polticas de control de natalidad realizadas en los
pases del Sur con la complicidad de los laboratorios farmacuticos
que convirtieron los cuerpos de las mujeres pobres en un campo de
experimentacin. Como dice Silvia Federici:
"Es posible que la caza de brujas fuera al
menos en parte, un intento de criminalizar el
control de natalidad y de poner el cuerpo
femenino, el tero, al servicio del incremento
de la poblacin y de la acumulacin de la fuerza
de trabajo" (Federici, 2011, p.50)
El discurso euro-cntrico dominante considera que la
pobreza en el mundo es debida a las altas tasa de natalidad de los
pases en vas de desarrollo. Sin embargo, cuando vemos la
distribucin del consumo de energa en el mundo vemos que quienes
consumen ms son los pases ms desarrollados. El eclogo Ramn
Margalef ya seal hace tiempo que mientras unos grupos humanos
consumen 2/3 de la energa total, otros se reproducen ms
intensamente pero utilizan solo 1/3 de la energa, lo que corresponde
al uso de diferentes estrategias en sociedades desiguales respecto al
acceso y consumo de energa externa y lo mismo sucede con las
emisiones de CO2 y su contribucin al cambio climtico.
- 151 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
El bilogo Barry Commoner (1992) tambin critic esta
forma eurocntrica de ver el problema representada por algunos
eclogos como Harding o Ehrlich (1994) cuando hablan de la "bomba
demogrfica" y culpabilizan a los pobres de su alta tasa reproductiva.
Al estudiar el impacto de la humanidad sobre el medio
ambiente, Commoner demostr que de los tres factores que influyen
en el impacto ambiental (I=TxRxP): el factor tecnolgico T, el factor
riqueza R y el factor poblacin P, este ltimo no es el ms importante.
Por ejemplo, el efecto de la introduccin de los envases no retornables
(factor tecnolgico) en el consumo de cerveza contribuy en mayor
medida al deterioro del medio ambiente que el factor riqueza o
cerveza consumida por persona y que el nmero de personas o
poblacin.
Conclusiones
Los sistemas polticos y econmicos que han permitido la
explotacin de la naturaleza y del trabajo de las mujeres no son ajenos
a una poltica androcntrica basada en el mantenimiento de estructuras
construidas de forma dualstica como la dicotoma naturaleza/cultura,
que subordina igualmente a la naturaleza y a las mujeres frente a la
cultura y a las estructuras masculinas de poder.
Sin un anlisis feminista, el ecologismo no podr escapar del
marco de la cultura patriarcal dominante, de la misma forma que el
feminismo sin las aportaciones del ecologismo puede caer en una
concepcin antropocntrica y desconectada de la naturaleza. Es decir
que el ecofeminismo no pretende sustituir el anlisis anti-
antropocntrico del ecologismo por el anlisis anti-androcntrico del
ecofeminismo, sino ampliar y enriquecer esta crtica (Plumwood,
1997).
El modelo de crecimiento ilimitado intrnseco al capitalismo
ha entrado en crisis porque no es sostenible y hay que pensar en
alternativas basadas en otro modelo de desarrollo en armona con la
naturaleza y en la sostenibilidad de la vida real que suponga dar valor y
promover aquellas actividades basadas en proporcionar cuidados a la
naturaleza y a las personas para asegurar que la vida contine.
- 152 -
Sostenibilidad y dependencias
Bibliografa
Bermdez de Castro, J. M. (2002): El chico de la Gran Dolina,
Barcelona: Crtica.
Bosch, A.; Amoroso, M I.; Fernndez, H. (2003): Arraigadas en la
tierra, en Amoroso; Bosch; Carrasco; Fernndez; Moreno:
Malabaristas de la vida, Barcelona: Icaria.
Bosch, A; Carrasco, C.; Grau, E. (2005):"Por un dilogo verde-violeta,
Madrid: Revista Ecologista n 43.
Bosch, A. (2010): "Una crtica ecofeminista al tema de la poblacin",
en Mujeres que alimentan la vida, Barcelona: Icaria.
Commoner, B. (1992): En paz con el planeta, Barcelona: Crtica.
Ehrlich, R. y A. (1994): La explosin demogrfica, Barcelona: Salvat.
Fernndez Medrano, H. (1996): Poblacin y pobreza, Barcelona:
Revista Realitat n46.
Fernndez Medrano, H. (2011):"El cuidado de la vida humana y de la
tierra: una mirada desde las mujeres", Barcelona: Revista Intercambios n
26.
Federici, S. (2011): "Calibn y la bruja", Madrid: Traficantes de sueos.
Margalef, Ramn (1992): Planeta azul, planeta verde ,Barcelona:
Prensa Cientfica.
Mellor, M. (2000): Feminismo y ecologa, Mxico: Siglo XXI.
Mies M, Shiva V. (1993): Ecofeminismo, Barcelona: Icaria.
Naredo, Jos Manuel (2006): Races econmicas del deterioro ecolgico y social,
Madrid: Siglo XXI de Espaa.
- 153 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad de
los cuidados
Procesos grupales de apoyo mutuo de mujeres desde la
metodologa de Intervencin-Investigacin
Pilar Domnguez Castillo1 y Amparo Bonilla Campos 2
Universitat de Valncia
pilardominguezcastillo@[Link] [Link]@[Link]
Narrativas sobre la culpa desde la costura colectiva de un
grupo de mujeres ha sido un proceso de Intervencin-
Investigacin en el que cristalizamos los compromisos que
habamos decidido adoptar como investigadoras feministas:
- Investigacin orientada por el carcter emancipatorio
de los procesos de las mujeres y que en palabras de
Sandra Harding suponen realizar investigaciones de,
con y para las mujeres (Harding, 1998).
- Investigacin que apueste por una manera de
1 Psicloga en intervencin grupal con grupos de mujeres. Psicloga
Formadora en procesos educativos para igualdad de gnero y
construccin sociedades igualitarias. Doctoranda Estudios de Gnero en
el Institut Universitari dEstudis de la Dona de la Universitat de Valncia.
Lnea de investigacin: Implicaciones psicolgicas de las relaciones
sexo/gnero.
2 Profesora Titular del Departamento de Personalidad, Evaluacin y
Tratamientos Psicolgicos, y miembro del Institut Universitari dEstudis de
la Dona de la Universitat de Valncia. Lnea de investigacin: Implicaciones
psicolgicas de las relaciones sexo/gnero
- 155 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
conocer y producir conocimientos caracterizada por su
inters en que stos contribuyan a erradicar la
desigualdad de gnero que marca las relaciones y las
posiciones de las mujeres respecto a los hombres
(Castaeda, 2008, p. 11).
- Investigacin que vincule la teora con las
necesidades prcticas y estratgicas de las mujeres en
cada contexto y momento (Bonder, 1998, p. 41).
Estas apuestas y compromisos personales se
encontraban latentes cuando recibimos una propuesta desde
los Servicios Sociales de Requena (Valencia): Acompaar a
un grupo de mujeres (cuyo trabajo principal es ser cuidadoras
de familiares dependientes) que deseaban crear un espacio de
apoyo mutuo en el que elaborar los malestares que sentan en
su trabajo de cuidados.
Desde ese momento, comenzamos a soar con
vincular intervencin e investigacin y poder as dar respuesta
a las necesidades de mujeres que deseaban alcanzar un mayor
bienestar mediante la elaboracin grupal de aquellas
problemticas y malestares compartidos en el trabajo que
como mujeres cuidadoras desempeaban en sus contextos
familiares.
Diseamos as un proceso de Intervencin-
Investigacin para generar conocimientos desde las
articulaciones parciales de las mujeres en el marco del
planteamiento epistemolgico de LOS CONOCIMIENTOS
SITUADOS (CS) de Donna Haraway (Haraway, 1995)
puesto que nos ofrece la posibilidad de dar agencia a las
mujeres, romper con la dicotoma investigadoras y objetos de
investigacin as como cuestionar la verticalidad tanto en la
produccin de ciencia como en la difusin y socializacin de
sta.
Los conocimientos situados que el grupo fue
articulando sobre el sentimiento de culpabilidad (puesto que
haba sido la problemtica que el grupo consensu para
trabajar grupalmente) ofrecan posibilidades de toma de
conciencia individual y colectiva sobre la construccin de la
feminidad, la maternalizacin de roles en los modelos de
gnero tradicionales y su relacin con el malestar provocado
- 156 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad de los cuidados
por el sentimiento de culpabilidad en el trabajo de cuidados.
Estos conocimientos situados igualmente nos han ofrecido la
oportunidad de realizar un Dilogo de Saberes con el
conocimiento terico existente y articular aperturas y
transformaciones sociopolticas dirigidas a construir
sociedades donde el cuidado no sea un mandato ms en los
modelos de gnero femenino sino una responsabilidad de
los Estados y de las sociedades desde una perspectiva de la
co-responsabilidad y sostenibilidad de los cuidados.
En la Intervencin-Investigacin, el acompaamiento
grupal estaba dirigido a que los conocimientos situados que
el grupo realizaba, en relacin al sentimiento de culpabilidad,
se constituyeran en procesos de empoderamiento que
facilitaran a las mujeres a la vez transformaciones en sus
subjetividades desde la comprensin y liberacin del
sentimiento de culpabilidad.
La metodologa para este proceso de Intervencin-
Investigacin considerbamos que deba articularse por las
narraciones puesto que mediante stas se va accediendo a la
conciencia reflexiva a travs de la palabra narrada, las
experiencias compartidas as como permiten la construccin
colectiva del relato (FIC, 2005). Por ello, buscamos una
metodologa que fuera creando, colectivamente, narraciones
que textualizaran las conexiones parciales que se articulaban en
relacin a la vivencia y comprensin del sentimiento de
culpabilidad por lo que elegimos Produccin de Narrativas
(PN) (Balasch y Montenegro, 2003) al caracterizarse por:
posibilidad de conexiones parciales con
personas que estn cerca del fenmeno a
estudiar. El equipo investigador se articula
con estas posiciones a travs de varias sesiones
en las que se construye un texto hbrido que
expresa cierta manera de entender el
fenmeno, garantizando la agencia de quien
participa, sobre el texto producido (op. cit., p.
44).
La PN entreteja todo el proceso de Intervencin-
Investigacin de tal modo que se integr en la formulacin
del problema (recogiendo las primeras conexiones grupales
- 157 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
puesto que el grupo consensu que desean trabajar el
sentimiento de culpabilidad): La produccin de narrativas
colectivas sobre el sentimiento de culpabilidad nos permite acercarnos a la
comprensin de nuestro malestar, nuestras vivencias y experiencias como
cuidadoras de familiares dependientes, as como entender la relacin de
la culpa con los procesos de subjetivacin como mujeres, con los
modelos ideales de mujer y descubrir las relaciones determinados por
ellos?
El proceso de costura apareca como una metfora que
poda dar cuenta de este trabajo de mujeres de Intervencin-
Investigacin, por lo que decidimos incorporarla tal como
muestra el cuadro 1.
Cuadro 1: Metfora del proceso de costura colectiva de
conocimientos situados que hemos realizado.
A lo largo de diferentes sesiones, las mujeres que
formbamos el grupo nos dedicamos a dialogar y reflexionar
acerca de todas las dimensiones y experiencias que daban
cuenta de la experiencia del sentimiento de culpabilidad en el
da a da como mujeres cuidadoras de familiares
- 158 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad de los cuidados
dependientes. De este modo, generamos un tejido colectivo de
conocimientos situados sobre el sentimiento de culpabilidad (cuadro 2)
formado por 12 retales que daban cuenta del conocimiento
situado sobre el sentimiento de culpabilidad de nuestro grupo
de mujeres cuidadoras.
Cuadro 2: Tejido colectivo sobre el sentimiento de culpabilidad.
Cada uno de los 12 retales se aislaron a partir de las
narrativas construidas colectivamente y por tanto stos
estn formados por textualizaciones y narraciones que
explican y dan cuenta del proceso por el que se crearon. El
tejido creado, donde los retales que lo forman son ms
que la suma de las partes, nos permite articular los
conocimientos creados colectivamente de manera entre-
lazada, generndose as complejidades y riquezas
explicativas en relacin al sentimiento de culpabilidad en la
vivencia de mujeres de nuestro grupo.
A partir de este conocimiento entre-lazado articulamos
el Dilogo de Saberes: Apartado del proceso de Intervencin-
Investigacin que nos remite, de manera simblica, a una
- 159 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
conversacin en la que diferentes perspectivas sobre
conocimientos y aportaciones tericas hablan y exponen sus
argumentos en torno a un determinado fenmeno. Este
Dilogo de Saberes est formado por diferentes dimensiones que
sitan en dilogo los conocimientos situados del tejido sobre la
culpa que el grupo de mujeres realizaron con las reflexiones y
aportaciones tericas en relacin a los cuidados y al sentimiento
de culpabilidad.
Nos gustara compartir algunas de las dimensiones del
Dilogo de Saberes puesto que consideramos imprescindible
realizar cambios estructurales en el sistema socio-poltico de
nuestros Estados as como transformaciones en las
subjetividades de la ciudadana si queremos construir un
abordaje de los Cuidados que sea sostenible, co-responsable
entre Estado, hombres y mujeres y fundamentalmente que
este trabajo desaparezca, junto con todos los mandatos, de los
requisitos que el patriarcado impone al desarrollo de la
feminidad. Consideramos fundamental que las propuestas de
estos cambios sean producto de la puesta en dilogo entre las
problemticas identificadas por las mujeres cuidadoras (en
procesos grupales como el que presentamos) con los trabajos
de investigacin y propuestas tericas que mujeres
investigadoras han realizado.
Presentamos as dos de las 6 dimensiones del Dilogo
de Saberes de nuestro proceso de Intervencin-Investigacin.
Cada una de ellas comienza con un ttulo (en color lila) que
refleja los contenidos del mismo y se encuentran
entrecomilladas (en color azul y cursiva) las narraciones,
articulaciones parciales de conocimientos situados, que han
emergido en las sesiones grupales del proceso de Intervencin-
Investigacin.
Ser cuidadora: Una trabajo de vivencias y
experiencias diversas y que parecieran contradictorias:
Entre la satisfaccin? y sacrificio.
Diferentes experiencias, que parecieran contradictorias,
han ido emergiendo en nuestras sesiones de costura en
relacin al trabajo de cuidados: Satisfaccin, sacrificio,
felicidad, agotamiento, tener el sentimiento de una conciencia
- 160 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad de los cuidados
tranquila, sensacin de ahogo, sentir que no se puede aguantar
ms la situacin son algunas de las expresiones relacionadas
con el trabajo de cuidar a familiares dependientes junto con:
No puedes vivir tranquila una sensacin de
agobio. Esto es muy sacrificado.
Este trabajo de cuidados lleva consigo una vivencia
con gran riqueza y complejidad de sentimientos y
emociones junto con un gran esfuerzo fsico y mental
debido a las condiciones de las personas familiares a las
que cuidan,
puesto que estn incapacitadas para realizar una vida de
manera independiente y autnoma. Garca Calvente (2004)
hace referencia a estas sobrecargas fsicas y emocionales, y
articula el concepto sobrecarga del cuidado como herramienta de
anlisis de la vivencia de cuidadoras. En las diferentes sesiones
de nuestro grupo, las narraciones sobre la dificultad de
realizar las tareas de cuidados debido a la complejidad de la
enfermedad y/o discapacidad de sus familiares as como por el
gran esfuerzo fsico que se necesita para movilizarlos, se
intercalaban continuamente entre las vivencias y reflexiones
sobre el sentimiento de culpabilidad.
Las articulaciones parciales en relacin a esta vivencia
de cansancio y agotamiento emergieron enseguida,
probablemente porque el agotamiento y el cansancio son una
manera permitida, e incluso socialmente valorada, de expresar
la frustracin y la vivencia de agotamiento por parte de las
mujeres. Las mujeres cansadas por el desempeo de su rol
de cuidadoras, sienten que consiguen un reconocimiento
social si expresan cansancio, mientras que si dieran espacio a
la expresin de frustracin de manera directa, podran tener
conflictos con las personas a las que cuidan: stas personas y
familiares tomaran conciencia de que las mujeres no son
felices cuidando y olvidndose de ellas mismas . Las
mujeres por tanto evitan el poder ocasionar conflictos, de
modo que esconden frustraciones y necesidades para seguir
siendo valoradas (y valorndose a s mismas por seguir siendo
queridas). Este proceso intrapsquico es explicado por
Gonzlez de Chvez (1999) cuando afirma que la frustracin
es ocultada porque en el rol tradicional de mujer, donde la
maternalizacin del rol es fundamental, se parte del supuesto
- 161 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
que las mujeres disfrutan cuidando y ofreciendo sus cuidados a
sus familiares porque remite a la naturaleza de su constitucin
femenina. De este modo, la autora nos hace reflexionar cmo
las mujeres que exponen directamente la queja y la frustracin
pueden ser consideradas desnaturalizadas y por tanto se sitan
en riesgo de no sentirse queridas ni admiradas.
Por estas dificultades en la expresin directa de la
frustracin, nos gustara valorar del grupo de mujeres dos
dimensiones:
- El temor a que puedan parecer desnaturalizadas
hace que oculten el sacrificio que vivencian por la
experiencia de agotamiento.
- El valor, que muestran a la vez, cuando realizan
narraciones directas sobre la frustracin:
Pero hay ratos que dices: si es que ya no puedo ms, no puedes
ms con el hecho que no te puedas ir a ninguna parte, ningn da o
siempre con lo mismo.
Desde esta ltima articulacin parcial, es importante
reivindicar la importancia de verbalizar y expresar estas
emociones porque suponen una ruptura, de alguna manera, con
el modelo de gnero dominante donde la maternalizacin del
rol lleva implcitamente la aceptacin, con amor, del esfuerzo.
En este punto del dilogo de saberes, visibilizamos y
recogemos la satisfaccin que igualmente expresan las mujeres
en el grupo:
Tambin me he llegado a sentir muy feliz, de estar en la situacin en la
que estoy, muy satisfecha
Igual que a veces me siento tremendamente feliz, realizada.
Hay ratos que te encuentras muy satisfecha de lo que haces. Y t
piensas para t: A ver, qu hago todo lo que puedo hacer, que esto va irle
bien. Y eso te da para ti una satisfaccin yo pido a Dios que me de
fuerza para cuidarlo bien.
La complejidad, aparentemente contradictoria de esta
vivencia como cuidadoras, emerge en las sesiones grupales y
produce articulaciones parciales por la experiencia compartida.
Esto supone una aportacin de gran valor, puesto que nos
acerca a cmo pueden sentirse las mujeres en su cotidianidad,
162
Hacia una cultura de la sostenibilidad de los cuidados
para desde ah y junto a ellas, poder seguir articulando
conocimientos e intervenciones.
Nos gustara problematizar sobre la satisfaccin que las
mujeres expresan, desde algunas perspectivas tericas revisadas
anteriormente:
Gracias al trabajo de Nora Levinton (2000) en su obra
El supery femenino tenemos la posibilidad de acercarnos al
funcionamiento intrapsquico y explicar cmo los modelos de
gnero existentes se constituyen en ideales del yo que
interiorizamos y en los que basamos nuestro querer ser,
nuestro deseo de ser. Estos ideales del yo, junto con el
contenido normativo moral y tico que interiorizamos en
nuestro desarrollo socio-moral, formarn el contenido de la
estructura del supery y este ltimo se convertir en vigilante,
regular y castigador para que el ideal del yo interiorizado, se
cumpla. Se establece as en nuestra dimensin intrapsquica el
mecanismo sancionador, basado en modelos de gnero, ms
fuerte y potente.
La satisfaccin que las mujeres articulaban como
experiencia compartida, puede remitirnos al proceso en el que
sienten que dan respuesta con su vida a la conducta moral
establecida donde la satisfaccin es la recompensa al esfuerzo:
la respuesta adecuada a la moral establecida. Del mismo modo,
esta coherencia con el mandato producir que no aparezca el
sentimiento de culpabilidad que tanto malestar genera (como
ms adelante profundizaremos).
Siguiendo con la problematizacin sobre la
experiencia narrada de satisfaccin en el grupo, nos gustara
retomar la aportaciones de M Jess Izquierdo (2003) que nos
remiten a cmo las mujeres cuidadoras se aprecian, se valoran
y se sienten confirmadas en su identidad en la medida que son
miradas y consideradas por aquellas personas a quienes dirigen
la funcin que el patriarcado les ha impuesto: asegurar
cuidados y felicidad a sus familiares. Satisfacen su necesidad
de desarrollo sociopersonal gracias al feedback positivo que
les devuelve las personas a quienes dirigen su atencin y
cuidado.
Sentimiento de culpabilidad: Un sentimiento
inevitable? que genera malestar.
163
Hacia una cultura de la sostenibilidad
El mecanismo de la culpabilidad ha emergido desde
las articulaciones parciales, como un malestar y una carga que
pareciera inevitable a la vez que ha sido identificada como
una problemtica que las mujeres desean trabajar para
mejorar su calidad de vida.
En relacin al sentir la inevitabilidad del malestar
ocasionado por la culpa, han emergido las siguientes
articulaciones parciales:
El sentimiento de culpa siempre lo tenemos, siempre, aunque hagas
todo lo que puedas.
El sentimiento de culpa es algo que te llega y te acostumbras a
vivir con ellos como quien se acostumbra a vivir con un dolor de pierna, lo
mismo.
Sin embargo, se oponen a esa inevitabilidad desde el
momento en el que el grupo de mujeres acuerda que desean
trabajar el sentimiento de culpabilidad para mejorar as su
calidad de vida. Se entremezcla la aceptacin del sentimiento y
el deseo de no tener la sensacin perturbadora de reprimir y
controlar las emociones y demandas personales que sienten.
Es esa culpabilidad de que yo me voy a distraerme un poco
pero l se queda ah t sabes por un lado que es mejor para ti que te
vayas pero si te vas, es con mucha pena.
Yo pensaba: cmo voy a distraerme y mira l cmo est? Y t te
sientes mal porque parece que ests haciendo un crimen.
El conflicto se concreta en relacin a la aceptacin por
un lado el sentimiento de culpabilidad a la vez que se desea
que el malestar que provoca desaparezca. Nora Levinton
(2000) pone de manifiesto que el sentimiento de
culpabilidad es un mecanismo de la estructura del supery
que con malestar se cobra cuando se transgrede el rol
maternal al introducirse deseos que el ideal del modelo de
gnero femenino no contempla. La inevitabilidad del
sentimiento se relaciona por tanto con la omnipresente
funcin sancionadora del mecanismo vigilante y punitivo
interiorizado (op. cit.).
A modo de conclusin, nos gustara reafirmar la
relevancia que los modelos de gnero tradicionales siguen
164
Hacia una cultura de la sostenibilidad de los cuidados
teniendo actualmente en los procesos de socializacin en
nuestra sociedad patriarcal. La transformacin de estos
modelos de gnero a partir de espacios de toma de conciencia
socio-personales de mujeres, hombres, jvenes, nios y nias,
e tc. sobre cmo interiorizamos y reproducimos los mandatos
impuestos, son imprescindibles junto con la implementacin
de polticas sociales y laborales para que el trabajo de
cuidados forme parte de la dimensin pblica como parte de
la responsabilidad de Estados y ciudadana.
165
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Bibliografa
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167
Cmo los animales pueden contribuir a
mejorar la calidad de vida de las mujeres
con discapacidad
Marta Senent 1
Universidad Jaume I de Castelln
martauji18@[Link]
En nuestra sociedad es comn tener animales en casa como
mascotas. Los ms habituales suelen ser pequeos y de fcil cuidado
como tortugas, pjaros, peces o pequeos roedores. Tambin los hay
de un mayor tamao que requieren algo ms de cuidado como perros
y gatos. Y si disponemos de ms espacio, tambin los caballos son
buenos compaeros. No cabe duda que el tener una mascota produce
en la mayora de seres humanos una mayor felicidad. Los animales que
en nuestra sociedad se consideran mascotas, adems de
proporcionarnos compaa, poseen ciertas cualidades beneficiosas
para el desarrollo de las personas. Por ejemplo, a los pequeos de la
casa les ayudan a ser ms responsables y a aprender a respetar el
mundo animal y, a los ms mayores, a mantener sus facultades en
mejor forma. Nosotros en esta comunicacin tenemos como objetivo
principal mostrar de qu manera estos animales llamados mascotas, y
otros muchos, influyen y pueden ser beneficiosos para las personas
con discapacidad.
Segn el Informe Olivenza 2010, elaborado por el Observatorio
Estatal de la Discapacidad del Ministerio de Sanidad, la radiografa de
la poblacin con discapacidad 2 en Espaa, es de 4.056.993 personas (el
1 Es Licenciada en Humanidades por la Universidad Jaume I de Castelln. En la
actualidad se encuentra elaborando su tesis doctoral: La diversidad funcional
(discapacidad) en el cine espaol. Es autora del libro Arte y discapacidad, otra visin del arte.
Dirige la Editorial ACEN ([Link]).
2 Utilizaremos siempre el trmino personas con discapacidad, puesto que nos parece
el ms adecuado. Por su parte, las palabras: minusvlido, deficiente, anormal,
- 169 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
9% de la poblacin espaola). De estas, aproximadamente un 58% del
total son mujeres (Encuesta de Discapacidades, Deficiencias y Estado
de Salud, 1999 - INE, Fundacin ONCE e IMSERSO, en adelante
EDDES - 1999). Cuando hablamos de discapacidad, tenemos que
tener presente que existen varios tipos. Hay distintas clasificaciones
elaboradas por diferentes organismos que dependen de la finalidad de
cada uno. Desde nuestro punto de vista, la clasificacin que ms se
ajusta a nuestro artculo, y por tanto la que utilizaremos, es la
elaborada por el Grupo de Investigacin, Anlisis y Trabajo sobre
Discapacidad (GIAT-D) de la fundacin Isonomia. sta divide a las
personas con discapacidad en cuatro grandes grupos: sensoriales,
fsicos, psquicos y orgnicos. El grupo de los sensoriales son aquellas
personas que carecen o tienen mermada la capacidad de visin,
audicin o del habla. Las personas con discapacidad fsica son aquellas
que parcial o totalmente carecen de movimiento en una o varias partes
de su cuerpo, ya sea desde su nacimiento o por una lesin o
amputacin posterior. El grupo de los psquicos se divide en dos:
enfermedades mentales que condicionan la conducta y las psquicas
que merman las capacidades cognitivas. Por ltimo, el grupo de los
orgnicos lo forman las personas que padecen una enfermedad crnica
que implica, como consecuencia, algn tipo de discapacidad,
desfiguracin o dolor en su persona. Una vez explicados los tipos de
discapacidad, pasemos a ver de que manera nuestros amigos los
animales pueden contribuir a mejorar la vida de estas personas.
El colectivo de personas con discapacidad se encuentra en claras
condiciones de inferioridad con respecto al resto de la poblacin. Sus
limitaciones pueden dificultarles la realizacin de ciertas tareas diarias.
Para llevarlas a cabo pueden hacer uso tanto de ayuda humana como
de ayudas tecnolgicas. Pero tambin los animales en ocasiones
pueden suplir determinadas carencias de estas personas. Un buen
ejemplo de ello son los perros lazarillo, que ayudan a personas ciegas a
orientarse o a personas con movilidad reducida a realizar algunas
tareas imposibles de llevar acabo por s solas. Estos animales, no
subnormal nos parecen denigrantes y peyorativas para referirnos a este colectivo
y, por lo tanto, prescindiremos de ellas. Al mismo tiempo, siempre acompaaremos
el trmino discapacidad de las palabras: personas, mujer, hombre puesto que ante
todo, este colectivo son eso, personas. Tambin obviaremos el uso del trmino
persona con diversidad funcional, a nuestro parecer la forma ms correcta de
referirnos a este colectivo, por ser todava muy desconocido y no tener suficiente
espacio para su correcta explicacin.
- 170 -
Cmo los animales pueden contribuir a mejorar la calidad de vida
necesariamente caninos, les proporcionan una autonoma y una
seguridad muy difciles de conseguir en ocasiones.
Por otro lado son mltiples las terapias que existen para la
rehabilitacin de personas con discapacidad que se llevan a cabo con la
ayuda de animales. Algunos ejemplos son: la hipoterapia, la
canoterapia, con conejos o con pequeos animales. La hipoterapia es
aquella terapia en la que el caballo es el animal utilizado. Esta terapia
con caballos es muy utilizada para casos con problemas locomotrices,
parlisis, ataxias, etc., ya que la biomecnica, es decir, el movimiento
del caballo, produce grandes beneficios. ste, al caminar, hace que los
pacientes entre otras cosas fortalezcan su musculatura. Adems, se usa
hoy en da para pacientes con enfermedades psicolgicas como
depresin o estrs. Por su parte, en la canoterapia, el perro es quien
ayuda a la rehabilitacin del paciente. Las tareas de los canes son muy
variadas, desde el conocido perro gua o lazarillo, hasta perros que
realizan actividades para personas con distintos grados de parlisis, en
que el perro pasa a ser las manos de su amo/a, abriendo puertas,
tirando de la silla de ruedas, ayudndolo/a a vestir, etc. La terapia con
conejos, animales caracterizados por generar gran ternura y, adems,
de fcil manejo y cuidado, en donde el animal forma parte de las
sesiones de terapia y a travs de la interaccin se disminuye la ansiedad
del paciente. Tambin animales pequeos como gatos, patos y pollos,
son utilizados en pediatra, para minimizar el estrs que puede
producir en un nio el estar hospitalizado largos periodos de tiempo.
Y por ltimo, tambin existen terapias con algunas especies acuticas.
Por ejemplo, la terapia con leones marinos se marca como objetivo
mejorar la estimulacin sensorial, visual, tctil y auditiva, mediante el
contacto fsico con estos animales, adems de mejorar el control
ceflico en personas con movilidad reducida, el control postural, la
movilidad de los miembros superiores e inferiores, as como
contrarrestar la espasticidad (o rigidez postural) cuando sta es muy
acusada.
Una vez hemos hablado de discapacidad y de cmo diferentes
tipos de animales pueden mejorar la vida de las personas con
discapacidad, vamos a centrarnos en las ventajas que les pueden
aportar determinados animales a las mujeres que pertenecen a este
colectivo. Las mujeres con discapacidad, vctimas de una doble
discriminacin (Morris, 1997), son potenciales beneficiarias de las
cualidades que los animales poseen. stas, demasiado a menudo, son
el blanco de violencia de gnero. Agresiones fsicas, psicolgicas y de
carcter sexual, afectan a un porcentaje muy elevado de mujeres con
- 171 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
importantes discapacidades. El magistrado vocal del Consejo General
del Poder Judicial (CGPJ) y representante del Foro Justicia y
Discapacidad, Po Aguirre Zamorano, afirma que el 5,9 por ciento de
las mujeres con discapacidad ha sufrido algn tipo de maltrato a lo
largo de su vida, frente al 3 por ciento del resto de mujeres, segn
datos de un informe con cifras correspondientes a 2010, lo que
significa que las mujeres con discapacidad sufren el doble de malos
tratos que el resto (Europa Press, 2013). Son varios los factores que
contribuyen a que el nivel de violencia que sufren las mujeres con
discapacidad sea ms elevado que el del resto. Segn algunos
autores/as, los factores ms relevantes para que esta violencia tenga
lugar son:
- Menos capaces de defenderse fsicamente.
- Problemas de comunicacin.
- Dificultades para acceder a los servicios convencionales
de orientacin debido a la existencia de barreras
arquitectnicas.
- Mayor dependencia de la asistencia y cuidados de otros,
por lo que aumenta su miedo a perder los vnculos y la
provisin de cuidados si denuncia.
- El maltratador percibe que tiene un menor riesgo de ser
descubierto.
- La dificultad de las vctimas para ser credas.
- Baja autoestima y el menosprecio de la propia imagen
de la mujer.
- Menor informacin acerca de lo que es
apropiado/inapropiado en aspectos relacionados con la
sexualidad.
- Falta de recursos de la mujer.
- Capacidad y habilidad de orientar las integraciones en
trminos de los intereses, creencias y percepciones del
hombre.
- Mayor aislamiento social y mayor riesgo de ser
manipuladas. (Shum, 2006) y (Iglesias, 1998)
A estos factores se le suman los estereotipos que tiene la
sociedad con respecto a la sexualidad de las mujeres con discapacidad:
- 172 -
Cmo los animales pueden contribuir a mejorar la calidad de vida
[] se piensa que las mujeres con discapacidades
no son sujetos sexualmente deseables y se las ve como
seres asexuados, que no tienen necesidades de ese tipo.
[] Como consecuencia de ello, no slo sufren muy
frecuentemente una fuerte represin sexual y
discriminacin, sino que tambin son vctimas de abusos.
(Shum, 2006: 40).
Su escasa posibilidad de defenderse, junto con su escasa
formacin y su habitual dependencia del agresor, hacen que sea muy
difcil que las mujeres vctimas de estos abusos lleguen a denunciarlos
o simplemente a sentirse maltratadas. Esta falta de denuncias nos
impide conocer cifras reales de tales abusos, aunque como hemos
sealado, existen datos orientativos con los que podemos hacernos
una idea de la problemtica. Por otra parte, afortunadamente desde
hace unas escasas dcadas, estas mujeres han empezado a organizarse
y a reivindicar que son vctimas de estos abusos. Por una parte, se han
sacado a la luz parte de los abusos sexuales de los que son vctimas y
ha sido posible conocer la punta del iceberg de la problemtica, hasta
entonces desconocida e ignorada. Para poner freno a estos abusos era
muy importante dar este paso y que el resto de la poblacin fuera
consciente de su existencia. Existen diferentes vas y mtodos para
paliarlos, pero nosotros vamos a centrarnos en cmo los animales
pueden ayudar en ocasiones a evitar este tipo de ultrajes.
Hemos visto cmo existen diferentes tipos de animales que
ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad.
Pero quizs sea el perro el animal que ms puede ayudar a que las
mujeres que pertenecen a este colectivo sufran menos abusos. Los
perros son animales que ya se adiestran para que defiendan a mujeres
vctimas de violencia de gnero que ya han dado el paso de separarse
de su maltratador y a ste le han impuesto una orden de alejamiento de
su vctima. Los perros adiestrados acompaan a su vctima en todo
momento y en caso de aparecer su agresor, la defendern de ste. De
la misma manera que son adiestrados para defender a vctimas de
violencia de gnero y as frenar al agresor que se acerca para atacar a su
vctima, los perros pueden ser adiestrados para impedir que a una
mujer con discapacidad sea agredida. Si an as, son vctimas de
abusos, tambin se les puede entrenar para que gruan o avisen en
caso de acercarse el agresor, de esta manera pueden alertar al
supervisor/a del perro adiestrado cuando ste/a vaya a comprobar el
correcto empleo del perro peridicamente.
- 173 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Otro de los beneficios que tienen en concreto los perros es que
fomentan la socializacin. A las personas con discapacidades
significativas a menudo les es muy complicado interactuar con
personas de fuera de su entorno ms cercano. La dificultad de acceder
a una educacin, a un trabajo, a muchos lugares de ocio, propician a
veces su aislamiento social. El que una persona con discapacidad tenga
que pasear a un perro diariamente ayuda en gran medida a su
interaccin con las personas de su barrio. El pasear un perro siempre
cerca de la vivienda, en horarios similares, propicia que se formen
manadas de perros. Sus dueos, al encontrarse hasta varias veces al
da, trazan un vnculo de amistad. Estas amistades, adems de ser una
va para conocer a otra gente o salir del crculo familiar, pueden ayudar
a una la persona con discapacidad a conseguir las herramientas
necesarias para frenar cualquier abuso que est sufriendo.
En este trabajo, hemos mostrado algunos de los abusos que
pueden sufrir las mujeres con discapacidad (algo que siempre ha
estado muy silenciado y sigue estndolo en muchos casos). Tambin
hemos visto cmo los animales, adems de una fuente de compaa y
socializacin para los seres humanos y en especial para las mujeres con
una importante discapacidad, a menudo relegadas a la esfera privada,
pueden ser adiestrados para empoderarlas y as evitar un sustancial
nmero de agresiones. De esta manera, las mujeres con discapacidad
obtendrn una mayor igualdad de oportunidades con respecto a sus
semejantes varones y podrn desarrollarse como personas, algo que a
menudo se les niega. De la misma forma, los animales recibiran un
adiestramiento especializado y seran integrados en nuestro entorno,
no como meras mascotas, sino como agentes activos de nuestra
sociedad. De esta forma ambas partes saldran plenamente
beneficiadas.
- 174 -
Cmo los animales pueden contribuir a mejorar la calidad de vida
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Ejes para un anlisis de las masculinidades
desde la perspectiva de gnero
Ivn Sambade Baquern1
Universidad de Valladolid
ivansambade@[Link]
Introduccin
Todo anlisis de los procesos masculinos de subjetivacin de la
masculinidad hegemnica desde una perspectiva de gnero, todo
estudio de las relaciones entre masculinidad y/o masculinidades y
justicia, debe partir del hecho de que en todo el mundo, la conducta
antisocial es abrumadoramente masculina. La violencia, la agresin
sexual a menores, el consumo de drogas ilegales, el abuso de alcohol,
el juego, todas son actividades ejercidas mayoritariamente por
varones (Clare, 2002).
Este hecho tiene una significacin ciertamente paradjica en lo
que refiere a las sociedades occidentales. A lo largo del pasado siglo
XX, estas sociedades experimentaron el proceso histrico ms
dinmico de avance social hacia la igualdad entre los sexos. La
igualdad formal, la incorporacin masiva de las mujeres al mercado de
trabajo, la liberacin sexual de las mismas y la condena social del
discurso sexista fueron, entre otras, las conquistas ms importantes de
la lucha feminista por la igualdad (Marqus, 1991). Esta lucha se
legitima desde los mismos principios que fundamentan las modernas
democracias occidentales, por lo que no deberan ser extraos para los
hombres que habitan en ellas. En cambio, es indudable que sigue
existiendo una estructura social de discriminacin de las mujeres en las
1 Doctor en Filosofa por la Universidad de Valladolid y especialista en estudios de
las masculinidades. Miembro de la CEG de la Uva. Ha sido profesor en el Master en
Estudios de Gnero y Polticas de Igualdad de la Uva y becario en el Proyecto I+D La
igualdad de gnero en la cultura de la sostenibilidad: valores y buenas prcticas para el desarrollo
solidario.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
sociedades occidentales y que los hombres forman parte activa de la
misma. Las lites sociales de poder siguen siendo bsicamente
masculinas; el trabajo domstico, remunerado o no, sigue estando
realizado fundamentalmente por mujeres; stas padecen
discriminacin salarial en el mercado laboral y tampoco disfrutan de
iguales oportunidades de ascenso. Estos privilegios patriarcales siguen
induciendo a los hombres a confirmar su masculinidad en base a un
sentimiento de supremaca sobre las mujeres. De hecho, aunque el
discurso machista sea considerado polticamente incorrecto, la
simbologa patriarcal sigue siendo ocultamente rearticulada desde los
mass media (Sambade, 2012). Las identidades de gnero siguen siendo
soterradamente reproducidas tanto en los contenidos como en la
estructura de la informacin y el entretenimiento audiovisual.
Aparecen edulcoradas por unos cnones de belleza que se presentan
como condiciones sine qua non del sujeto de xito social, lo que genera
una apariencia de igualdad de posiciones y oportunidades entre
cualesquiera hombres o mujeres que deseen conseguir el xito. Por
este motivo, son los propios hombres y las propias mujeres quienes
desean identificarse con los modelos de gnero 2. Si consideramos que
las lites que controlan los mass media estn constituidas prcticamente
por hombres, esta rearticulacin edulcorada de contenidos simblicos
sexistas no puede ser considerada slo como una campaa globalizada
de marketing en relacin con los objetivos de consumo, sino tambin
como una reorganizacin formal del poder patriarcal frente a los
avances sociales hacia la igualdad (Walter, 2010). La lacra social de la
violencia de gnero y la existencia de un mercado global e ilegal de
trata de mujeres con fines de explotacin sexual gestionado por
hombres y para la satisfaccin de hombres, son las caras ms
flagrantes de esta estructura social de discriminacin.
En este contexto socio-histrico, los hombres occidentales
estn siendo socializados en un modelo de masculinidad problemtico
y contradictorio, que es para ellos fuente de incongruencia,
inestabilidad y frustracin. De una parte, son cognitivamente educados
en los principios democrticos de Igualdad, Libertad y Solidaridad,
valores que son considerados derechos naturales e inalienables de
todos los seres humanos y que sostienen el imperativo moral (e
incluso legal) de establecer relaciones justas e igualitarias entre las
2Alicia Puleo ha definido las sociedades occidentales del presente como patriarcados
de consentimiento en relacin con la induccin del deseo de identificacin de gnero
que se vehicula desde los mass media como principales dispositivos de definicin
social del poder. Vase Puleo, 1995.
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Ejes para un anlisis de las masculinidades
personas. De otra, son estimulados e inducidos a confirmar su
identidad de gnero, autodesignndose como sujetos de xito de las
modernas sociedades capitalistas, principalmente en base a la
discriminacin de las mujeres en el espacio pblico y el control de las
mismas en el privado.
La pragmtica masculina del control
En ciencias como la Neuroendocrinologa o la Biologa
evolucionista se han realizado rigurosos estudios que sealan que,
aunque efectivamente parece que existe en los hombres una
predisposicin gentica y neurofisiolgica para la conducta agresiva,
sta no es determinante, sino que los factores culturales juegan un
papel como mnimo igualmente decisivo en el desencadenamiento de
la conducta violenta (Sapolsky, 1997). Por ello, se muestra
especialmente relevante el estudio de los factores histricos, sociales y
culturales en los cuales se han configurado las masculinidades del
presente.
En este anlisis de ndole filosfica, me voy a centrar
principalmente en la cosmovisin desde la que los hombres
occidentales han comprendido y desarrollado emocional y
prcticamente su masculinidad: el racionalismo ilustrado en general, y
las antropologas mecanicista y capitalista en particular. Para ello, he
elegido como teora de base al feminismo filosfico de la igualdad,
puesto que entiendo que al mismo tiempo que constituye un
excepcional instrumento para el anlisis genealgico del
androcentrismo en el mundo occidental, esta teora me permitir
fundamentar propuestas tico-polticas de cambio hacia nuevas
masculinidades basadas en el principio de Igualdad.
Existe ya una amplia y slida investigacin sobre la
legitimacin de la estructura social patriarcal que realiz la corriente
principal de la Ilustracin y sobre la necesidad de revisar sus
planteamientos (Puleo, 2000). As, por ejemplo, Carol Pateman (1995)
ha mostrado cmo los tres grandes tericos del contrato social
naturalizaron una institucin de la familia abiertamente patriarcal,
legitimando de derecho el poder de los maridos sobre las esposas. En
este sentido, Rousseau (1970) incluso le concedi a la familia una
funcin estructural en el nuevo orden social democrtico.
El pensamiento ecofeminista es especialmente relevante para
mi anlisis porque hace manifiesta la vinculacin existente entre la
lgica masculinista del dominio y la conceptualizacin occidental de la
- 179 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
naturaleza, esclareciendo asimismo la comprensin que los hombres
tienen de su propia naturaleza. La pensadora ecofeminista Plumwood
(2010) seal que la cultura occidental ha estado histricamente
vertebrada por la asociacin de los dualismos jerarquizados
Cultura/Naturaleza y Hombre/Mujer. Esta asociacin simblica ha
significado socialmente la supremaca de la cultura y de lo masculino
frente a la naturaleza y a las mujeres, generando una lgica
androcntrica y antropocntrica de dominacin (Puleo, 2011). En sta,
la Naturaleza fue comprendida como materia, como un mero
instrumento para los fines humanos, negando as la dependencia que
las personas tenemos de la misma en tanto que animales. Pero no slo
la Naturaleza ser objeto de dominacin, puesto que dispuesta la
lgica de dominacin, la naturalizacin se convirti en un medio por
excelencia para la legitimacin de otras formas de dominacin y/o
discriminacin, en particular, la de las mujeres en el interior de las
sociedades occidentales y la de los pueblos indgenas hacia el exterior
de las mismas. De este modo, Plumwood explica que el modelo
econmico de explotacin de la naturaleza, los procesos occidentales
de colonizacin de los pueblos indgenas y las sociedades de
dominacin masculina fueron legitimados desde la lgica occidental
del dominio.
La identificacin de los hombres con la Razn los defini
como sujetos agentes dentro del nuevo orden social democrtico
gestado en la Ilustracin. As, legitimado por la autoridad de la Razn,
el nuevo orden social patriarcal instituy a los varones como sujetos
de autoridad frente a las mujeres, quienes ubicadas en el espacio
privado, debieron supeditar sus iniciativas al cuidado y la educacin de
los futuros ciudadanos. Pero, como ha explicado Vctor Seidler, la
definicin de una masculinidad racional que detentase el poder y la
autoridad en el mundo pblico, implic, al mismo tiempo, que las
formas hegemnicas de masculinidad fueran desprovistas de vida
interior y emotividad:
Como hombres, aprendemos a vivir una mentira.
Aprendemos a vivir como si furamos agentes
racionales en el sentido de que vivimos como si
viviramos ms all de la naturaleza. Aprendemos a
vivir como si nuestra vida emocional no existiera, al
menos en lo que al mundo pblico se refiere, porque
es ah donde la identidad de ser racional se vive con
ms seguridad. Es como si la modernidad esperara de
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Ejes para un anlisis de las masculinidades
nosotros que viviramos no como si nuestra naturaleza
hubiera sido controlada con eficacia, sino como si no
existiera en absoluto. Porque vivir el ideal que la
modernidad nos plantea equivale a existir slo como
seres racionales. Aprendemos a vivir en nuestra mente
y a tomar esto como la fuente de nuestra identidad.
Si por los hombres fuera, la vida emocional masculina
no existira en absoluto ya que slo sirve para
obstaculizar la realizacin de las metas y los propsitos
establecidos exclusivamente por la razn. Esto ofrece
el nico significado y la dignidad que nuestra vida
puede tener. (Seidler, 2000, p. 21)
Esto pone de manifiesto que el sentimiento masculino de
supremaca y la conformacin del ethos de dominador a partir de cual
mujeres, pueblos indgenas y naturaleza fueron objetualizados,
requieren de la previa intrumentalizacin de la emotividad y el cuerpo
del sujeto dominador. He propuesto el concepto de pragmtica
masculina del control (Sambade, 2008, 2010), con el objetivo de
comprender cmo se desarrolla, prctica y socialmente, la
masculinidad hegemnica a partir del enclave racionalista desde el que
se constituy. Con este concepto, me refiero al conjunto de prcticas
de autocontrol, histricamente legitimadas por los saberes
hegemnicos de cada poca, que, normalizadas en la subjetividad y el
cuerpo de los hombres, les proporcionan la aptitud y la disposicin
para permanecer ubicados en los juegos de poder de la esfera social
pblica.
La pragmtica del control se encuentra incardinada en la
cosmovisin mecanicista y universalista del paradigma epistemolgico
moderno, por lo que dentro de la subjetividad masculina, el cuerpo y
la emotividad sern comprendidos como materia (o efectos de la
misma) que domear en disposicin de los fines del sujeto racional.
En consecuencia, la definicin del hombre como agente social se
sustent sobre la represin de la emotividad y el disciplinamiento del
cuerpo como atributos connaturales de la masculinidad.
Contrariamente, las mujeres fueron definidas por los discursos
hegemnicos como seres determinados por las vicisitudes de su
naturaleza y, por ende, susceptibles de ser sometidas a la sujecin
masculina (Fraisse, 1991).
Por lo tanto, la pragmtica del control conforma la
subjetividad masculina preparando implcitamente a los hombres para
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
desarrollar distintas formas de control/dominacin de las mujeres,
bajo el objetivo de su definicin como agente social. Paralelamente, las
consecuencias de este proceso de socializacin han sido y son
consideradas como atribuciones naturales de la masculinidad, como
resultado de los mecanismos sociales de naturalizacin. stas pueden
ser resumidas en cuatro fundamentales (Sambade, 2012):
- Un hondo recelo de la intimidad, de la afectividad y de la
exteriorizacin de sus emociones.
- El desprecio del dolor fsico y la asuncin de
comportamientos fsicos de riesgo.
- La superficialidad, la competitividad y la homofobia como
aspectos caractersticos de las relaciones entre varones.
- Y, finalmente, frente a la sensacin de prdida de control, la
violencia como mecanismo para la recuperacin del mismo.
Estos rasgos conductuales se pueden observar en las culturas
masculinas del riesgo y la violencia, subculturas que son representadas
por el mainstream cinematogrfico y estn encarnadas en el
comportamiento masculino medio. Es decir, en el comportamiento de
tantos y tantos hombres. Tambin se pueden observar de manera
paradigmtica en una descripcin general de la sexualidad masculina.
La concepcin instrumental de la sexualidad constrie la libido
masculina entre los extremos del autocontrol extremo (ser una
maquina sexual), lo que provoca egolatra y ansiedad en igual medida,
y la autosatisfaccin genital, lo que ubica a las mujeres como objetos
de su deseo y su satisfaccin (Marqus, 1991). La objetualizacin
sexual de las mujeres en la publicidad, la pornografa y,
fundamentalmente, en la prostitucin, un derecho de pernada
democrtico en palabras de Ana de Miguel (2012), es la consecuencia
ms grave de esta flagrante tendencia masculina.
Ahora bien, el ejercicio de la conducta violenta frente a la
prdida de control es la consecuencia ms significativa de la
socializacin patriarcal masculina, especialmente si consideramos el
desarrollo democrtico de las sociedades occidentales en el ltimo
siglo. En este sentido, el historiador Peter Stearns (1900) ha sealado
que si bien durante el capitalismo industrial la masculinidad tradicional
fue redefinida, reemplazando la fuerza fsica y el honor por el xito, el
dinero y el trabajo como fuentes de identificacin, los primeros nunca
han desaparecido de nuestras sociedades capitalistas. De este modo, la
- 182 -
Ejes para un anlisis de las masculinidades
dialctica masculina control/violencia sigue presente en la
socializacin patriarcal de los hombres.
El socilogo Norbert Elias (1992) ha sealado que los
deportes competitivos de equipo han incorporado veladamente los
valores de la guerra, convirtindose en smbolos subliminales de la
misma. En una lnea similar, Elisabeth Badinter (1993) explica que la
ideologa de estos deportes sostiene que aguantar el dolor es un
sntoma de valenta y virilidad y que el cuerpo es una mquina, un
mero medio para obtener el fin de la victoria. No encontramos as con
que, tras la desaparicin del servicio militar obligatorio y la
profesionalizacin de los ejrcitos, los deportes competitivos de
equipo se habran convertido en el espacio de socializacin de los
hombres en una masculinidad autocontrolada y violenta. En este
sentido, Badinter (1993) muestra la analoga existente entre los
modelos deportivos de masculinidad y los modelos de hipervirilidad
representados por bodybuilders en el cine estadounidense. Pero lo cierto
es que no slo estos estereotipos de masculinidad se basan en una
construccin social del cuerpo autocontrolada y violenta. De hecho,
los nuevos modelos de belleza masculina han provocado la
normalizacin del prototipo atltico en la definicin del sujeto
(hombre) de xito (Lpez y Gauli, 2000). La generalizacin del
bodybuilding en nuestras sociedades occidentales puede dar buena
cuenta de esta aseveracin.
Contrariamente, la representacin hipersexualizada de la
femineidad reproduce el mensaje tradicional de que el nico poder de
las mujeres reside en su esencial sexualidad, representndolas de nuevo
como objetos del deseo masculino. Tal y como ha sealado Natasha
Walter (2010), esta representacin aparece articulada bajo el discurso
de la libre eleccin femenina, pero este discurso slo tiene un sentido
retrico, pues no puede haber eleccin si slo existe un modelo con el
que identificarse.
Conclusiones
Las exigencias del modelo hegemnico de masculinidad y el
disciplinamiento de la emotividad implican mltiples frustraciones en
los varones. Su canalizacin, frente a la imposibilidad de reconocerlas
y exteriorizarlas, es la violencia. Y en la medida en que el varn
obtendr un autoconcepto masculino elevado de s en relacin con su
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
posicin respecto de las mujeres, aquellos varones que sientan las
exigencias de la socializacin de gnero en forma de frustracin,
ejercern formas de control y violencia contra las mujeres como
prctica confirmatoria de su masculinidad. Se restituyen as los
trminos originales del contrato social-sexual, segn los cuales la
autoridad de la Razn, encarnada por el sujeto masculino, sera
legtimamente defendida con la violencia en caso de insurreccin.
Este hecho configura mi hiptesis sobre la violencia masculina
contra las mujeres: la idea de que, socializados en un imaginario que
les representa como la excelencia social, fundamentalmente respecto
de las mujeres, la autoestima y el autocontrol de los varones se
sustentan sobre la posibilidad de poder y control sobre las mismas.
Esto genera una personalidad endmica cuyas frustraciones son el
resultado de la interiorizacin de las exigencias patriarcales como
deseo de dominacin. La violencia es, por lo tanto, el ltimo recurso
dispuesto en la subjetividad masculina para la confirmacin de una
masculinidad que representa socialmente la posibilidad de poder
(Amors, 2005).
El hecho de que la violencia masculina se origine en la
socializacin patriarcal hace manifiesto que su ejercicio contra las
mujeres es un dispositivo estructural de la desigualdad de los sexos
(De Miguel, 2003). Es ms, R. Connell (1997) explica que la violencia
entre varones tiene tambin una funcionalidad especfica dentro de la
masculinidad hegemnica como prctica de confirmacin de la misma.
Obviamente, no todos los hombres son competitivos,
misginos, homfonos y agresivos. No todos son idnticos. La
socializacin de gnero se encuentra condicionada por las
circunstancias biogrficas, sociales y psicolgicas de cada hombre, por
lo que sus decisiones en estos contextos pueden hacer que se desligue
del modelo hegemnico de masculinidad. Pero, sin duda, tanto la
socializacin de gnero como la experiencia vital de los privilegios
patriarcales siguen induciendo a los hombres a confirmar su
masculinidad mediante la dominacin/discriminacin de las mujeres.
Ms an, cuando bajo la apariencia social de igualdad, experimentan y
conciben los privilegios sociales como mritos legtimos.
Ahora bien, como hemos visto, el modelo hegemnico de
masculinidad no slo conlleva privilegios, sino tambin graves costes
sociales para los varones, quienes significados como la Razn, se ven
sometidos a un proceso de represin de su naturaleza que les empuja
hacia la conducta antisocial. De este modo, las estadsticas muestran
que los hombres constituyen la mayora de las personas
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Ejes para un anlisis de las masculinidades
drogodependientes, de las que padecen accidentes y estrs laborales,
que tienen menor esperanza de vida y que componen la mayora de la
poblacin reclusa, ya sea por atentados contra la persona, la
propiedad, trfico de drogas o cualquier otro hecho punible, incluidos
los asesinatos de nios y mujeres (Clare, 2002).
Por estos motivos, sostengo que un anlisis filosfico-poltico
de las formas hegemnicas de masculinidad, bajo el objetivo de la
consecucin social y material de la igualdad entre los sexos,
comprende una fundamentacin tica tanto deontolgica como
teleolgica. Desde una tica de la justicia, puesto que la desigualdad
social entre los sexos y la violencia de gnero son graves injusticias
sociales. Y, desde una perspectiva tica de la autorrealizacin, ya que el
cambio hacia formas igualitarias de masculinidad implica un desarrollo
plenamente humano que integrara nuestras condiciones racional,
animal y moral a travs de un ejercicio de libertad. Y es precisamente
por esto, por lo que entraa un modelo de desarrollo humano, una
virtus en el sentido clsico, porque la libertad personal se dirige a
ejercer el bien hacia el Otro, en este caso, fundamentalmente, hacia el
Otro-mujer.
Finalmente, slo apuntar que, a mi entender, existe un
modelo de cambio que rene estas condiciones: el modelo de una
masculinidad cuidadora y co-rresponsable propuesto por los grupos de
hombres por la Igualdad. Este se encuentra dirigido en la lnea
propuesta por Alicia Puleo (2011); la universalizacin de la tica del cuidado.
Pero, adems, parte de reivindicaciones de justicia e implica una forma
posible de desarrollo humano. Por lo tanto, ana los tres principios de
las sociedades democrticas en su formulacin feminista: Libertad,
Igualdad y Solidaridad. De hecho, la aparicin de grupos de hombres que
vindican la justicia de las propuestas feministas no puede entenderse
sino como el resultado de una identidad basada en la ciudadana (en
los valores democrticos) que, compartida por mujeres y varones,
genera justicia y empata.
- 185 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
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- 187 -
La interseccin de las opresiones del
patriarcado y del pastoralismo
Annalisa Zabonati1
DEP-Universidad Ca' Foscari de Venecia
[Link]@[Link]
El dominio sobre mujeres y animales 2: las reflexiones feministas
Las teoras feministas no han reconocido siempre las
intersecciones entre las explotaciones y, a menudo, han rechazado la
asimilacin de las mujeres a los animales, para reivindicar la
pertenencia de las mujeres a la especie humana. Al rechazar la
animalidad de las mujeres, se han orientado hacia el racionalismo,
sustentando de hecho la ideologa masculina del dualismo
trascendente, basado en la lgica de la conquista y del dominio
(Radford Ruether, 1992).
Este anlisis, identificable como feminismo liberal, no critica
de modo radical el sistema y su organizacin, creyendo prioritario el
tema de la exclusin de las mujeres de la escena social, poltica y
laboral (von Werlhof, 2007). No desafa el patriarcado porque es un
derivado suyo y funciona con mecanismos tpicos del pensamiento
occidental. Eso se traduce en el consentimiento silente de la opresin
1 Miembro de la redaccin de Dep, publicacin online de memoria de mujeres,
Universidad Ca' Foscari, Venecia. Investigadora independiente, trabaja como
psicloga social y psicoterapeuta feminista. Activista ecovegfeminista, se ocupa de
animalismo antiespecista, de ecofeminismo y de movimientos sociales y polticos de
base.
2 El empleo de la palabra "animal" se basa en la costumbre y no es entendido aqu
como discriminante o especista.
- 189 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
de los animales, casi aceptndola con indiferencia, volvindose, as, en
cierta manera cmplice (Gruen, 1993).
El feminismo histrico-materialista propone en cambio un
anlisis econmico que indica la crtica del dominio patriarcal como
parte del conjunto ms amplio de la opresin de las clases proletarias y
subalternas. Desde su perspectiva, la liberacin pasara por la abolicin
de la propiedad privada y el acceso igualitario a los medios de
produccin, en una ptica antropocntrica, en la que los otros-no-
humanos son irrelevantes.
El feminismo radical combina un anlisis de clase con un
anlisis de gnero, manteniendo el foco de la atencin en el
materialismo histrico. Sus objetivos son la transformacin absoluta
de los aparatos sociales y la produccin, sin indagar la explotacin
sistemtica de los animales no humanos y el dominio sobre el medio
ambiente.
El feminismo de la diferencia reconoce la conexin de las
mujeres con la naturaleza, pero cree necesaria la distincin entre las
mujeres y los hombres, no considerando la cuestin animal relevante
por las mismas reflexiones. De este modo, perpeta la ideologa del
dominio patriarcal y pastoral, invirtiendo el orden de los factores pero
no la sustancia.
El dominio sobre las mujeres y los animales se configura ya
desde las historias de los orgenes transmitidas en cada cultura. Los
pasos histricos y evolutivos que han conducido a la estructuracin
sistemtica de la subordinacin de las mujeres y de los animales son la
caza, el sedentarismo, la ganadera, la cra, la domesticacin, la religin,
el empirismo y el mecanicismo cientficos (Gruen, 1993).
Para superar la lgica dualstica y binaria que mantiene las
contraposiciones jerrquicas entre grupos de poder, se tienen que
desestructurar las lgicas andro-antropocntricas. Un enfoque que
evidencia este recorrido crtico es el ecofeminista, el cual considera
relevantes la empata, la coparticipacin, el holismo, la inclusin, la
mutualidad, en sintona con el medio ambiente y los animales. Estos
factores conducen hacia una teora y una prctica de la liberacin que
reconocen y rechazan todas las formas de dominio, en una lgica
transformativa, a partir de las necesidades y de los deseos de tod@s
l@s habitantes de la tierra (Gruen, 1993).
- 190 -
La interseccin de las opresiones del patriarcado y del pastoralismo
El patriarcado: el dominio sobre las mujeres
El patriarcado es la ideologa basada en la escisin del hombre,
en cuanto varn de la especie humana, del medio ambiente, de los
animales no humanos y de las mujeres. Es un fenmeno pancultural,
presente en muchos grupos socio-culturales, que separa las categoras
conceptuales de cultura y naturaleza (Ortner, 1974), entendiendo la
cultura como el proceso de interpretacin y transformacin del
mundo y la naturaleza el lugar en que este se realiza.
El patriarcado es el resultado de la colisin progresiva de las
ideologas patriarcal y matriarcal (Eisler, 1987; Miles, 1988; Gimbutas,
1989; Ehrenberg, 1990). Es un proceso histrico y social que expresa
un sistema opresivo y mantiene la misma hegemona con la violencia
repetida contra todos aquellos sujetos que pueden amenazar los
privilegios masculinos.
Tales privilegios implican un sistema de dominio en el que se
puede distinguir el grupo de los privilegiados, que se beneficia de una
misma condicin, y el grupo de los oprimidos, que es excluido de tal
beneficio. Lo anterior ha favorecido la superioridad de una categora
sobre las otras, perpetuando los mecanismos de desigualdad y
sumisin.
Este poder biopoltico puede ser caracterizado, de acuerdo a
sus modalidades de manifestacin, en patriarcado coercitivo y
patriarcado de consentimiento (Puleo, 1995). En el primer caso, ste es
garantizado por la legislacin y sus rgidas normas codificadas, cuyos
mecanismos sancionadores violentos determinan los roles masculino y
femenino. El segundo est presente en las sociedades con una igualdad
de tipo formal, que logran la adhesin de todos sus componentes,
garantizando una pax social basada en la mistificacin poltica de la
igualdad.
El patriarcado inferioriza a las mujeres y las considera similares
a los animales no humanos. Esta des-humanizacin y sub-
humanizacin (Deckha, 2010) relegan a las mujeres y a todos los
humanos considerados marginales, fuera del cauce de la cultura.
Paralelamente, los otros-no-humanos y el medio ambiente son
sometidos a un proceso de feminizacin, en el que la corporeidad es el
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Hacia una cultura de la sostenibilidad
principal objeto de opresin y control (Bujok, 2005). Este proceso
conserva su circularidad por la denigracin y la explotacin.
El pastoralismo: el dominio sobre los animales no humanos
Las formas especficas de la interaccin entre otros-no-
humanos y humanos son la domesticacin, la ganadera y la cra. La
domesticacin ha sido el modo ms simple para que los humanos se
liberasen de la condicin precaria de la caza. Se basa en la adopcin
de una economa de produccin alimenticia constante, activada por el
proceso de dominio sobre la naturaleza y sobre los otros-no-humanos
(Ingold, 1980).
Elemento esencial para la actividad pastoral es el acceso a la
propiedad "animada", es decir, a los animales, por medio de la marca.
La mentalidad pastoral favorece una forma econmica que promueve
las actividades basadas sobre el control, la seleccin y la cra. Las
relaciones de dominio entre humanos y animales implican la
programacin de las modificaciones genticas y conductuales de los
animales.
La domesticacin, precondicin de la cra y de la ganadera, se
caracteriza por una secuencia de innovaciones tecnolgicas necesarias
para sacar recursos de los animales (Hesse, 1982). El largo proceso de
domesticacin se despliega en un continuum subdividido en varias fases:
caza selectiva, agricultura, semi-domesticacin, domesticacin total. La
domesticacin es un proceso social de transformacin de las reglas
que organiza las poblaciones animales y los grupos humanos, y se basa
en el acuerdo entre los humanos por el uso de los animales. Las
prcticas de domesticacin presentan contenidos polticos que no slo
definen la relacin entre humanos y no humanos, sino tambin entre
los humanos mismos (Anderson, 1997).
Puede, por tanto, considerarse la domesticacin como el
proceso social, poltico y simblico en que emerge la presunta
unicidad humana que distingue entre la naturaleza y la cultura. Este
proceso comporta el control sobre los cuerpos y la reproduccin por
el que las mujeres son confinadas en la dimensin domstica de la casa
y de la familia, y los animales son manipulados para las necesidades
- 192 -
La interseccin de las opresiones del patriarcado y del pastoralismo
humanas.
La cra y el control sobre los animales, como prcticas
intencionales, son organizadas de modo industrial e intensivo slo en
las realidades urbanizadas, herederas directas de la economa y de la
ideologa pastoral (Ingold, 1980), que se han desarrollado en el
capitalismo como verdadera industria agroalimentaria y zootcnica.
El ecovegfeminismo: una reflexin sobre los dominios
interconectados
El ecofeminismo asume la tica ecolgica como sistema de
valores; es un movimiento social, una prctica y un anlisis poltico,
que analiza las conexiones entre el androcentrismo y la destruccin del
medio ambiente (Birkeland, 1993).
Se trata de un proceso terico y prctico que subraya la
inseparabilidad entre el desarrollo personal y la accin poltica,
considera el holismo como su principio bsico y desea una
transformacin social radical, afirmando el valor intrnseco de cada
criatura, el biocentrismo, la convivencia entre especies, el respeto
mutuo, la importancia de lo personal y de lo poltico, y que postula la
crtica y el derribo del sistema patriarcal y pastoral.
El ecofeminismo, tercera ola del feminismo, (Val Plumwood,
1990), se acerca a las formas ms radicales y crticas del pensamiento
poltico, deconstruyendo el androcentrismo patriarcal, el
etnocentrismo imperialista y colonial y el antropocentrismo especista.
Todo eso a partir de la reformulacin de la presencia humana sobre la
tierra, desquiciando el error epistemolgico primevo: cultura vs
naturaleza (Mathieu, 1973; Ortner 1974).
La evolucin del ecofeminismo es el ecovegfeminismo, que adopta
el veganismo como reconocimiento de lo otro-no-humano como
persona (Adams, 1990; Gaard, 2002; Kheel, 2004; Bailey, 2007; Gruen,
2011). Reconoce como cuestin poltica el control y el dominio sobre
los animales (cra, reproduccin forzada, transporte coactivo, matanza)
recordando que la comida, su acceso, su produccin y su consumo no
son nunca neutrales, sino siempre ligados a las clases sociales, a la raza
y al gnero de pertenencia (Adams, 1990).
- 193 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
Las ecovegfeministas afroamericanas (Harper, 2010) e
indgenas (Robinson, 2010; Fisher, 2011) subrayan la necesidad de la
de-colonizacin de la comida y la alimentacin, para revalorizar en
clave vegana la tradicin culinaria y los productos de las comunidades
de origen. Plantean la concientizacin, la responsabilidad y la
reformulacin afro-americana, latina e indgena de todas las
opresiones para dar as espacio a cada aportacin autnticamente
ecologista, feminista, animalista-antiespecista, antirracista, anticlasista y
criticar el etnocentrismo blanco y burgus (Harper, 2010; Deckha,
2006; 2010).
Para ampliar las reflexiones del ecovegfeminismo puede ser til
introducir el concepto de kiriarquia, que combina los distintos sistemas
de opresin, dominio, privilegios y sumisin, como procesos
interconectados e interactivos. El trmino significa dominio del
dueo y es entendido como la extensin de la interseccionalidad al
patriarcado, superando los lmites del anlisis de gnero. Pues,
considerando que quienquiera experimente opresiones especficas con
base en la combinacin de clase, gnero, raza, sexualidad,
habilidad/inhabilidad, especie, edad, etc., quienquiera luche para
librarse de una opresin, en realidad combate contra todas las
opresiones, en ms frentes (Schssler Fiorenza, 2001).
El concepto de kiriarquia permite superar las opresiones y
reivindicaciones individuales para crear las bases de una
coparticipacin ms amplia, para enfrentar las potentes tentativas, a
menudo eficaces, de divisin de las luchas y los anlisis por parte del
sistema de poder. En la praxis poltica y en los anlisis tericos en
general y ecovegfeministas en particular, es necesario ser conscientes
de las interconexiones, incluso focalizando las reflexiones y las
acciones sobre algunos aspectos que estratgicamente pueden ser
considerados prioritarios con respecto a otros.
- 194 -
La interseccin de las opresiones del patriarcado y del pastoralismo
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Historia y Desarrollo de los grupos de hombres
por la igualdad en Espaa
David Pinilla Muoz 1
Universidad de Zaragoza
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Los hombres son quienes no deben ser
como su modelo les exige
Amelia Valcrcel
Introduccin
Wheleham (1995) sita el surgimiento internacional del
movimiento de hombres en los comienzos de los aos 70, tras una
dcada donde aparecieron y se desarrollaron diferentes movimientos
polticos y sociales de gran envergadura. El movimiento de liberacin
gay, surgido en 1969 con los disturbios de Stone Wall, en protesta por
el acoso policial a la comunidad gay de Nueva York, supuso un
arranque de agenda poltica en la lucha a favor de los derechos civiles
de los homosexuales y fue pionero en criticar las construcciones
patriarcales y heterosexistas de la masculinidad, conformando los
primeros grupos de hombres y haciendo una reflexin sobre la
construccin de las identidades masculinas.
1 Titulado en Educacin Social por la UNED y Mster en Relaciones de Gnero por
la Universidad de Zaragoza. Actualmente cursa el doctorado en el programa
interdisciplinar de Estudios Feministas y Estudios de Gnero de la Universidad de
Zaragoza. Es miembro fundador de la Red de Hombres por la Igualdad as como ha
desarrollado su actividad profesional en el campo de la cooperacin al desarrollo.
- 201 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
El movimiento de hombres pro-feministas (se utilizan tambin
otras acepciones, como: anti-patriarcales, anti-sexistas, pro-igualitarios,
feministas, y por la igualdad) emerge y nace primeramente en Estados
Unidos en los aos 70. Kaufman (1994) incide en las dos visiones
diferenciadas que se dieron en los inicios del movimiento de hombres
y que llev a la escisin en dos organizaciones: los que se centraron en
el dolor y los costes del patriarcado en los hombres conformaron el
movimiento mito-potico (mens pain) y aquellos que se centraron en
las relaciones de poder conformaron el movimiento pro-feminista
(mens power).
Para Bonino, (2002) los grupos de hombres en sus inicios
tomaron la forma de grupos de toma de conciencia y de grupos de
discusin. Este autor clasifica los diferentes grupos de hombres en tres
movimientos: a) movimiento mito potico; b) movimiento por los
derechos de los hombres y c) movimiento anti sexista o pro feminista.
ste ltimo correspondera a los grupos de hombres por la igualdad
que, segn el autor, se nutren de las ideas del feminismo de la igualdad
y de la perspectiva de gnero, rechazando el modelo masculino
dominante y la homofobia.
Los grupos de hombres por la igualdad en Espaa.
Se pueden fechar los comienzos de los grupos de hombres en
Espaa con una reflexin sobre la condicin masculina en el artculo
La alienacin del varn, escrito por J.V Marqus y publicado en
1979 en el nmero 30 de El Viejo Topo 2. Para Bonino, Leal, Szil y
Lozoya (2003) no es fcil de relatar el surgimiento y desarrollo del
movimiento de hombres igualitarios. Resean una serie de pasos que
se habran ido dando, como los esfuerzos individuales (escritos de
Josep Vicent Marqus) o las Jornadas y Congresos donde se empiezan
a abordar el anlisis de los modelos masculinos, como, por ejemplo, el
III Congreso estatal de planificacin familiar, Pas Vasco 1985 y el VII
Congreso espaol de sexologa, Sevilla 1989. Para estos autores,
siempre ha existido cierta confusin desde los orgenes en lo que han
sido los denominados grupos de hombres (por la igualdad), los grupos
2 Revista cultural y poltica de corte marxista as como editorial. Editada por primera
vez en 1976. Fue una de las referencias del pensamiento de la izquierda en la
transicin espaola.
- 202 -
Historia y desarrollo de los grupos de hombres por la igualdad
teraputicos dirigidos a hombres y los talleres o dinmicas dirigidos a
hombres en cursos mixtos.
Nacimiento de grupos de hombres.
Los grupos de hombres surgen en el contexto histrico de
mediados de los 80, cuando el movimiento feminista espaol haba
conseguido, tras aos de lucha, una serie de derechos mediante la
aprobacin de diferentes leyes (Ley del aborto y Ley del divorcio) as
como la derogacin de leyes franquistas que discriminaban a las
mujeres. Los hombres que inician los primeros grupos tenan
relaciones directas con el feminismo y el marco universitario. Se
sienten interpelados por los cambios que ellas estaban ejerciendo y, en
al menos dos localidades diferentes, en el mismo intervalo de tiempo
(Valencia y Sevilla) surgen sendos grupos. El grupo de Valencia fue
promovido por Marqus 3. Este autor decide formar un grupo de
hombres, todos ellos cercanos al amplio espectro poltico de la
izquierda. El grupo de Sevilla fue promovido por Lozoya 4, quien
reuni a 17 hombres y les plante qu papel estaban jugando los
hombres en relacin al cambio de las mujeres as como un anlisis
crtico de los lderes de la izquierda antifranquista en las
organizaciones mixtas.
Desde mediados de los 80 hasta finales de los 90, se van creando
diferentes grupos de hombres que no se asientan con el tiempo. No se
llamaban por la igualdad y su funcin segua siendo a nivel interno,
de reflexin grupal sobre la construccin masculina. As mismo, su
presencia y reparto era muy desigual por el territorio espaol.
A finales de los 90 y principios del 2000, se produce una
incorporacin paulatina a la esfera pblica de algunos grupos de
hombres como resultado de hechos sociales relacionados con la
violencia de gnero. Dentro de una realidad social donde se solicitaba
una mayor implicacin a los hombres, ante lo que se empezaba a
considerar como un problema social de primer orden y no tanto un
3 Josep Vicent Marqus (1943-2008): Socilogo y escritor valenciano. Fue
Catedrtico del Departamento de Sociologa y Antropologa de la Universidad de
Valencia. En 1973 gan el premio de ensayo Joan Fuster. Public una decena de
libros sobre el ecologismo y la igualdad entre los sexos.
4 Jos ngel Lozoya: Nacido en Valencia en 1951. Miembro fundador de la Red de
Hombres por la igualdad. Reconocimiento 2010 por su labor en pro de la igualdad
de gnero.
- 203 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
problema menor relacionado con la esfera privada y familiar, surgen
las primeras iniciativas pblicas para trabajar directamente con los
hombres en materia de igualdad y de violencia de gnero. En este
periodo, se tramita la Ley Integral contra la Violencia de Gnero.
Anteriormente, se haba producido un hecho social que caus una
gran conmocin pblica en la sociedad espaola: el asesinato de Ana
Orantes 5. Los grupos de hombres ya creados empezaron a salir a la
calle y a mostrar su rechazo pblicamente (en el caso del grupo de
Sevilla, por ejemplo, repartieron octavillas en contra de la violencia de
gnero y llevaron a cabo la iniciativa socio-poltica No nos
resignamos. Asimismo, en el ao 2004, cuando se tramita la Ley
Integral de Gnero, plantearon una carta de apoyo al proyecto de ley
firmada por 3000 hombres). Estas protestas y manifestaciones de
hombres organizados son las primeras que se producen despus de
una dcada de activismo, cuyo objetivo principal haba sido la
reflexin y el trabajo de carcter personal. Es, sin duda, en la primera
dcada del siglo XXI, dnde se sucede la creacin de nuevos grupos
de hombres por otras partes del territorio espaol, as como un mayor
e intenso activismo mediante campaas, manifiestos, concentraciones
y encuentros. Destacar, entre otros, las primeras jornadas estatales
desarrolladas sobre la condicin masculina, bajo el ttulo: Los
hombres ante el reto de la igualdad, en noviembre del 2001 en Jerez
de la Frontera o la primera manifestacin bajo el lema Hombres
contra la violencia machista, en Sevilla del 2006.
Las relaciones de los grupos de hombres con el movimiento
feminista espaol no han sido homogneas y han ido variando,
dependiendo de diferentes factores como el territorio, el grado de
relacin en lo personal, la implicacin y el mantenimiento en el tiempo
del propio grupo y los discursos recibidos de hechos acaecidos tiempo
atrs. Debido a la propia evolucin dispersa y cuasi marginal de ciertos
grupos de hombres, las relaciones no se dieron hasta bien entrados los
aos 90. Encontramos diferentes posiciones y niveles de relacin. Uno
de los polos se caracterizara por una relacin formal y de poco
vinculo organizacional tanto con el feminismo institucional como con
algunas de las nuevas organizaciones feministas, mientras que en el
otro polo, grupos de mujeres y de hombres desarrollaran relaciones
5 Ana Orantes fue quemada viva por su marido en diciembre de 1997, tras haber
relatado su historia de maltrato en un programa de televisin. Hubo una conmocin
social tras este hecho y una amplia difusin informativa en los medios de
comunicacin.
- 204 -
Historia y desarrollo de los grupos de hombres por la igualdad
estables donde los grupos de hombres formaran parte de
coordinadoras y plataformas feministas. Un ejemplo de ello sera el
grupo de hombres de Sevilla, que forma parte de la de coordinadora
feminista local gora Feminista 6 o bien los grupos de hombres que
forman parte de la plataforma PPiiNA 7.
En la ltima dcada, se han ido fortaleciendo y coordinando los
diferentes grupos de hombres, extendindose por casi toda la
geografa espaola. Destacamos, entre otros: Hombres por la
igualdad de Aragn, Stop machismo de Madrid, Piper txuriak de
Bilbao, Hombrecitos de madera de Jerez, Foro de hombres por la
igualdad de Sevilla, Grupo de hombres de Granada y Homes
igualitaris de Catalua. Tambin se han ido creando redes para
compartir ideas y campaas y programar reuniones entre los diferentes
hombres de distintos grupos como, por ejemplo, Gizon Sarea, la red
de grupos de hombres vascos o la Red de hombres por la igualdad
as como asociaciones con sedes territoriales, con una amplia y mayor
proyeccin social como AHIGE (Asociacin de hombres por la
igualdad de gnero).
Por ltimo, terminar con lo que ha sido considerado el primer
acto pblico del movimiento de hombres por la igualdad. Los
antecedentes se remontan a la celebracin, en octubre del 2011, del
Congreso Iberoamericano de Masculinidades y Equidad en Barcelona.
En aquel congreso, se produjo un encuentro de diversas
organizaciones y colectivos de hombres por la igualdad de toda
Espaa. Se apostaba por unir fuerzas y coordinar reivindicaciones, con
la intencin de llegar mejor a los hombres y poder coordinarse con los
movimientos de mujeres en el camino hacia la igualdad. De aquel
encuentro surgi una agenda comn, que recoge un conjunto de
posicionamientos y propuestas en los que todas las entidades presentes
coincidan. Ese documento, llamado Declaracin de Barcelona, se
present el 10 de febrero de 2012 en Madrid, ante representantes de
organizaciones feministas e instituciones por la igualdad de gnero y
6 gora Feminista: Coordinadora que representa a 30 organizaciones de Sevilla. La
conforman colectivos feministas, sindicatos y asociaciones.
7 Plataforma cvica por permisos iguales e intransferibles de nacimiento y adopcin,
creada en el 2005, compuesta por 90 colectivos-feministas, mixtos y de hombres por
la igualdad. Desde la plataforma se pide un permiso de paternidad intransferible de
una duracin no inferior a cuatro semanas (actualmente es de 13 das), que pueda ser
simultneo o sucesivo a decisin de la pareja, como primer paso hacia una verdadera
igualdad. Adems, reclama que dicho permiso sea de carcter obligatorio.
- 205 -
Hacia una cultura de la sostenibilidad
fue presentado como la Agenda comn del movimiento de hombres
por la igualdad del Estado espaol.
Caractersticas de los hombres pertenecientes a los grupos y/o
el movimiento de Hombres por la Igualdad.
En el mbito espaol, encontramos pocos estudios relevantes
que hayan analizado en profundidad el movimiento de hombres por la
igualdad. Entre los ms destacados, se encuentra el estudio sociolgico
realizado por Domingo (2008) que lleva por ttulo Caracterizacin de
los hombres por la igualdad en Espaa. Este texto se basa en un
estudio cualitativo con 19 hombres encuestados, todos miembros de
grupos por la igualdad.
Afirma que se trata de un colectivo minoritario de hombres
comprometidos pblicamente con la igualdad, que adoptan modelos
alternativos de masculinidad, ms respetuosos, corresponsables y no
opresivos. Buena parte de ellos se hallan integrados a nivel local en
grupos de Hombres por la Igualdad y, en conjunto, configuran el
conocido como Movimiento de Hombres por la Igualdad. Este
movimiento, tomado como mxima representacin actual de una
masculinidad igualitaria, se trata de un modelo social inacabado, pero
con buenas perspectivas. Lomas (2003) comenta que vivimos en un
esquizofrenia sociocultural de gnero que implica que, tanto mujeres
como hombres, mantenemos valores y prcticas sociales
contradictorios con relacin a las cuestiones de gnero, pudiendo
tener unos ideales sumamente igualitarios y desarrollar prcticas
sociales en flagrante contradiccin.
En relacin al estudio desarrollado en el marco de la tesina
donde se enmarca este trabajo, basado en un estudio cualitativo con 15
hombres encuestados, todos miembros de grupos de hombres, se
constata que existen al menos cuatro causas principales que les ha
llevado a formar parte de un grupo de hombres y a iniciar una
reflexin sobre su condicin masculina: a) el contexto familiar; b) la
relacin de pareja; c) el contexto laboral y d) las relaciones con las
mujeres.
Es en el contexto familiar donde algunos hombres inician una
reflexin sobre su construccin social y cultural, no en base a un
discurso establecido, sino a travs de las emociones y sentimientos que
sentan en relacin con los miembros que componen la unidad
familiar. Otro de los contextos que actan como catalizadores del
- 206 -
Historia y desarrollo de los grupos de hombres por la igualdad
cuestionamiento y el cambio es el contexto laboral. Es importante
sealar que muchos de los hombres participantes en el estudio y que
militan en grupos de hombres trabajan en mbitos laborales
relacionados directamente con algunas problemticas que afectan
directamente a las mujeres como la violencia o en reas y
departamentos pblicos relacionadas con la promocin de la igualdad.
Por ltimo, como consecuencia de las relaciones previas con grupos
de mujeres o con sus relaciones de pareja (en el caso de hombres
heterosexuales), el desencadenante en el cambio personal viene de las
mujeres, principalmente de las pertenecientes al movimiento feminista.
Conclusiones
No se trata, como apunta Amors (2006), de deconstruir ni
volver femeninos a los hombres, sino de reclamar de forma cada vez
ms exigente igualdad a escala mundial. Esta tesis se encuentra en el
origen y en la misma esencia de los grupos de hombres por la igualdad.
Los grupos de hombres visibilizan los modelos existentes de
masculinidades que han estado a la sombra de los hegemnicos. Se
trata de modelos ticos alternativos que no slo plantean, sino que
experimentan y viven ya hombres de hoy en da en Espaa (sin formar
parte del movimiento). Igualmente, estos grupos apuestan por unas
relaciones ms igualitarias y corresponsables y rechazan
profundamente la violencia contra las mujeres as como contra otras
personas por su identidad sexual (homofobia, transfobia). Desde la
tica del cuidado, los grupos de hombres plantean unas masculinidades
que suponen una concepcin integral de respeto y preservacin del
medio ambi