Haba una vez una joven doncella quien era muy linda,
pero ociosa y negligente. Cuando ella tena que hilar,
se pona de tan mal genio que si topaba con un
pequeo nudo en el lino, inmediatamente sacaba toda
la carrucha y lo tiraba al suelo al lado de ella. Pero ella
tena a una criada que era muy laboriosa, y recoga las
carruchas y los trozos de lino que eran tirados por la
doncella, los limpiaba y los afinaba, y con ellos se haba
hecho un hermoso vestido para s misma.
Haba tambin un hombre joven que cortejaba a la
muchacha perezosa, y la boda estaba a punto de
efectuarse. En vsperas de la boda, la laboriosa criada
bailaba alegremente con su vestido bonito, y la novia
dijo,-
-Hey, como brinca aquella muchacha, vestida con mis
desperdicios.!-
El novio oy aquella expresin, y pregunt a la novia
qu quiso ella decir con eso. Entonces le dijo que esa
muchacha estaba usando un vestido hecho del lino que
ella haba tirado al suelo como sobras y desperdicios.
Cuando el novio oy eso, y vio lo ociosa que ella era, y
cuan laboriosa era la muchacha pobre, l la dej y fue
donde la criada, a la que eligi como su esposa.
Los indios aztecas veneraban al dios Quetzalcatl, que
significa Serpiente Emplumada.
Antes de la llegada de ese dios, los aztecas se
alimentaban de races y animales que cazaban, pero no
podan comer maz porque estaba escondido detrs de
las montaas.
Los antiguos dioses haban intentado tiempo atrs
separar estas altas montaas utilizando su fuerza, pero
no lo consiguieron, as que los aztecas pidieron ayuda
al dios Quezalcatl.
Quezalcatl no quiso emplear la fuerza, sino la
inteligencia y la astucia, y se transform en una
hormiga negra. Decidi dirigirse a las montaas
acompaado de una hormiga roja, dispuesto a
conseguir el maz para su pueblo.
Tras mucho esfuerzo y sin perder el nimo, Quezalcatl
subi las montaas y cuando lleg a su destino, cogi
entre sus mandbulas un grano maduro de maz e inici
el duro regreso. Entreg el grano a los aztecas que
plantaron la semilla, y desde entonces, tuvieron maz
para alimentarse.
Los indios indgenas se convirtieron en un pueblo
prspero y feliz para siempre y desde entonces fueron
fieles al dios Quetzalcatl, al que jams dejaron de
adorar por haberles ayudado cuando ms lo
necesitaban.
Haba una vez un prncipe que quera casarse con una
princesa, pero que no se contentaba sino con una
princesa de verdad. De modo que se dedic a buscarla
por el mundo entero, aunque intilmente, ya que a
todas las que le presentaban les hallaba algn defecto.
Princesas haba muchas, pero nunca poda estar seguro
de que lo fuesen de veras: siempre haba en ellas algo
que no acababa de estar bien. As que regres a casa
lleno de sentimiento, pues deseaba tanto una
verdadera princesa!
Cierta noche se desat una tormenta terrible.
Menudeaban los rayos y los truenos y la lluvia caa a
cntaros aquello era espantoso! De pronto tocaron a la
puerta de la ciudad, y el viejo rey fue a abrir en
persona.
En el umbral haba una princesa. Pero, santo cielo,
cmo se haba puesto con el mal tiempo y la lluvia! El
agua le chorreaba por el pelo y las ropas, se le colaba
en los zapatos y le volva a salir por los talones. A pesar
de esto, ella insista en que era una princesa real y
verdadera.
-Bueno, eso lo sabremos muy pronto -pens la vieja
reina.
Y, sin decir una palabra, se fue a su cuarto, quit toda
la ropa de la cama y puso un frijol sobre el bastidor;
luego coloc veinte colchones sobre el frijol, y encima
de ellos, veinte almohadones hechos con las plumas
ms suaves que uno pueda imaginarse. All tendra que
dormir toda la noche la princesa.
A la maana siguiente le preguntaron cmo haba
dormido.
-Oh, terriblemente mal! -dijo la princesa-. Apenas pude
cerrar los ojos en toda la noche. Vaya usted a saber lo
que haba en esa cama! Me acost sobre algo tan duro
que amanec llena de cardenales por todas partes. Fue
sencillamente horrible!
Oyendo esto, todos comprendieron enseguida que se
trataba de una verdadera princesa, ya que haba
sentido el frijol nada menos que a travs de los veinte
colchones y los veinte almohadones. Slo una princesa
poda tener una piel tan delicada.
Y as el prncipe se cas con ella, seguro de que la suya
era toda una princesa. Y el frijol fue enviado a un
museo, donde se le puede ver todava, a no ser que
alguien se lo haya robado.
Vaya, ste s que fue todo un cuento, verdad?