HAZME
LO
QUE
QUIERAS...
...ntimo
AMADO STORNI
Grupo Editorial Planeta Alvi, Ltd.
Realizacin Grfica:
Jos Antonio Alas Garca
Copyright Registry: 1510135460710
Printed in European Union.
Amado Storni, Madrid (Castilla) Espaa, 2015
ISBN: 978-1517698669
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Haba probado bocas con labios sensuales,
labios carnosos que daban besos generosos y plenos
y labios de rub que regalaban besos devotos.
Le haban dado besos aventureros y extrovertidos
alojados en labios sonrientes.
Un da prob mi boca y descubri a la mujer de su vida.
Pero mis labios, que tambin coleccionaban besos,
no encontraron en los suyos la fidelidad que buscaban
Segn la R.A.E. pornografa es, en su primera acepcin, el
carcter obsceno de las obras literarias o artsticas. El erotismo
tambin en su primera acepcin -, lo define como el amor sensual;
en la segunda, como el carcter de lo que excita ese amor sensual.
Atendiendo a dichas definiciones, es Hazme lo que quieras...
una novela ertica o pornogrfica? Ni una cosa ni la otra y ambas
a la vez. Hazme lo que quieras... lo conforman un conjunto de
relatos, - diecinueve en total -, en los que el sexo, con y sin amor,
toma los mandos de la vida de sus personajes y en ellos, como en
las flechas de Cupido, se aloja sin permiso asfixindoles de la
concupiscencia
ms
tapujos
de
nuestras
habilidades sexuales y de las habilidades sexuales de nuestros
semejantes. Aunque al contrario de lo que vivimos en nuestros
sueos ms erticos, en las realidades aqu narradas hay celos, y
rechazo, y conflicto, e inseguridad. En Hazme lo que quieras...
la luna de miel de nuestras pasiones es eterna y la creatividad no
tiene ms fecha de caducidad que la que el propio lector quiera
declarar.
Nuestros mayores temores se vulneran a golpes de
imaginacin y los relatos transmiten confianza para convertirse en
cmplices de una promiscuidad que el lector recordar siempre
porque no hay fingimiento.
visceral.
Y
se
habla
abiertamente
y
sin
fantasas
ms
inconfesables,
de
nuestras
Es
Hazme lo que quieras... una novela ertica o una
novela
pornogrfica?
Ms
all
de
lo
ledo
hasta
ahora,
la
diferencia
entre
el
erotismo
y
la
pornografa
reside
nica
y
exclusivamente en la actitud del lector ante el sexo. Y ser l,
usted, quien la encasille en uno u otro calificativo.
Y todo es uno y uno es todo.
Amado Storni
I
LA TERAPIA DEL LOBO FEROZ
La escritura es una forma de terapia;
a veces me pregunto cmo hacen
todos los que no escriben,
componen o pintan para escapar
de la locura, la melancola, el pnico
y el miedo que es inherente a las
situaciones humanas
Henry Graham Greene;
escritor britnico
Con veintids aos tuve la sensacin de que mi vida careca
de sentido. Completamente. Una vida sin ilusiones, marcada a
fuego lento por el infortunio desde que una fiebre puerperal, una
de esas extraas infecciones que se introduce en el organismo va
herida uterina, se cobr la vida de mi madre un veintisiete de
mayo de 1964. Se llamaba Mara, como la virgen. Mi padre, Jos -,
necesitado de alguien que le calentara la cama una vez
cumplido el obligado ao de luto, arrim su vida a la de una
concubina catorce aos ms joven a la que haba conocido en el
burdel donde alternaba todos los viernes, sbados y fiestas de
guardar. A los nueve meses de compartir cama y decepciones
Carolina - que as se llamaba la adolescente -, acostumbrada a las
fiestas nocturnas ms que a las tareas de la casa, dio a luz una
nia a la que bautizaron con el nombre de Leire y que hered la
belleza indmita de su madre y el espritu aventurero de nuestro
padre. A los tres meses del alumbramiento la pareja contrajo
matrimonio para una vez cumplido el ao de casados enviudar
ella el da que a mi padre le atropell un coche que se daba a la
fuga en un control de carretera. Carolina dispuso que yo, apenas
cumplidos los tres aos, me fuese a vivir con mis tos mientras
que mi hermano Jess, seis aos mayor, se qued a vivir en casa
con ella. Por aquel entonces Carolina trabajaba como secretaria en
una multinacional del disco.
Hasta cumplidos los trece aos mi vida result bastante austera y
annima, animada por algunas ligeras pinceladas de felicidad
como lo fueron el da de mi Primera Comunin o el viaje de fin
de curso a Torremolinos. Pero con trece primaveras el barco sin
rumbo
de
mi
cuerpo
atrac
en
el
placentero
puerto
de
la
adolescencia y me regal un par de preciosas tetas que me
convirtieron en el objetivo sexual de todos los chicos del barrio. Y
aquel voyeurismo
gratuito, lejos de abrumarme,
me
excitaba
enormemente. As fue cmo descubr miradas cuya existencia
antes desconoca. Aquellos libidinosos bultos me dieron fama y
reputacin pero sobre todo poder y autoestima. Me encantaba
desnudarme ante el espejo y ver reflejadas en l aquel par de
mamas tan bien puestas, engalanadas por dos pezones en forma de
pera que me hacan an ms especial. Mi primera regla, que no
lleg hasta cumplidos los quince aos, me invit a gritarle al
mundo que la nia que hasta entonces habitaba en m se haba
marchado para siempre. Sin despedirse. Y cambi los juegos
inocentes de la niez por la oscuridad de los portales
y la
complicidad de los descampados. La tarde que aquel vecino tres
aos menor se merend mi coo en los pisos abandonados que,
all por el ao 1979, la segunda crisis del petrleo dej a medio
construir, me sent realmente poderosa. nica! Aquella fue una
experiencia
mucho
ms
placentera
que
la
de
sentir
el
tacto
masculino
en
mis
pechos,
la
mayora
de
las
veces
torpe
y
atropellado, ms propenso a dejar la huella siempre dolorosa de
los pellizcos y cuyos moratones tardaban semanas en desaparecer.
Con dieciocho aos y animada por la urgencia de probar nuevas
sensaciones para sentirme ms mujer, prob a dar de alta un novio
en el iniciado currculum de mi vida. Y as fue como despus de
las clases particulares impartidas durante los meses de julio y
agosto de aquel caluroso verano de 1982 acuda a la piscina del
Parque Deportivo Municipal Concepcin, en el madrileo distrito
de Ciudad Lineal, para cumplir con aquella tenaz obsesin. Las
doscientas pesetas del precio de la entrada trescientas si el da
era festivo -, eran parte del presupuesto semanal que mis tos me
haban asignado. Y mientras ellos disfrutaban de sus vacaciones
en Benidorm broncendose en la playa, yo estudiaba en Madrid
intentando recuperar las dos asignaturas, matemticas e ingls,
que haba suspendido. En aquel trrido verano el mundial de
ftbol
copaba
las
conversaciones
de
todos
los
hombres.
Sin
embargo, el tiempo de Lus Carlos, un veinteaero al que el
deporte rey no pareca ponrsela dura, lo ocupaban la lectura y la
msica. La tarde que mi curiosidad fue ms atrevida que mi
timidez el apuesto joven se entretena leyendo La casa de los
espritus.
-
Hola -, le salud atentamente.
Lus Carlos dej de leer, coloc el libro encima de la toalla, se
quit las gafas de sol y me devolvi el saludo.
-
Hola.
-
Me llamo Clara.
-
Yo soy Lus Carlos.
Nos dimos un par de besos. Con el roce de las mejillas comprob
que todava conservaba el olor a cloro que el sol no haba podido
arrancar de su piel. Cog el libro. Sin permiso.
-
De qu trata? -, pregunt curiosa.
-
No lo s. En cuanto termine de leerlo te lo cuento O
mucho mejor, te lo dejo y ya me lo cuentas t.
-
Muchas
gracias.
Qu
haces
esta
noche?
-,
pregunt
descarada.
-
Esta noche he quedado para salir.
-
Con tu novia, claro.
Lus Carlos se ech a rer.
-
Pregunto demasiado, verdad? -, me disculp.
-
No, me ha hecho mucha gracia lo de la novia. Esta noche
salgo con unos amigos a celebrar el cumpleaos de uno de
ellos. Si quieres te pasas por all y tomamos algo juntos. A
eso de las once. Y no, no tengo novia.
-
Perfecto -, contest. - Por lo de quedar y tomar algo juntos
no por lo de la novia.
Lus Carlos volvi a sonrer.
-
Por cierto, me encanta tu biquini.
-
Muchas gracias. Entonces nos vemos esta noche.
Nos despedimos con otros dos besos. Cierto era que aquel biquini
de color blanco con rayas horizontales negras, con la braguita
atada a ambos lados de la cadera por una cinta finsima y con el
sujetador laceado al cuello, le sentaba muy bien a mi escultural
cuerpo.
No
haban
pasado
ni
quince
minutos
desde
aquel
espordico encuentro y ya estaba deseando que las agujas del
reloj marcaran las once para sentir de nuevo la cercana de Lus
Carlos. La tarde se me hizo eterna.
A las once menos cinco llegu al restaurante. A travs de la
ventana pude ver a Lus Carlos en compaa de unos amigos, tres
chicos y una chica, de los que ya se estaba despidiendo. Se
percat de mi presencia. Con la mano izquierda me hizo un gesto
para que me acercara.
-
Hola Clara -, me salud muy atentamente antes de darme
dos besos. - Quieres tomar algo?
-
Un refresco, por favor.
-
Nos sentamos?
-
Si.
-
All estaremos ms cmodos -, dijo mientras me agarraba de
la cintura.
Y ambos nos acomodamos en una mesa apartada del bullicio de la
barra. En la televisin daban la noticia de que Alemania haba
eliminado a Francia en la tanda de penaltis tras haber igualado a
uno en los noventa minutos reglamentarios y de empatar de nuevo
a tres tantos en el tiempo extra. Los germanos jugaran la final
contra Italia que a su vez haba eliminado a Polonia por dos tantos
a cero.
-
Ests preciosa -, me pirope Lus Carlos.
-
Muchas gracias. T tambin.
-
A qu se dedica una chica tan guapa como t?
-
Estoy estudiando. Y t?
-
Soy msico. Toco la guitarra. He formado un grupo con los
amigos
que
me
acompaaban
antes.
El
ao
que
viene
tenemos pensado sacar un disco.
-
Qu bien! -, contest. - Y me invitars a tus conciertos?
-
Por supuesto. A las chicas guapas siempre las invito a mis
conciertos.
Lus Carlos acerc su boca a la ma y nuestros labios se fundieron
en un beso apasionado, rebosante de amor y deseo.
-
Por qu no continuamos esto en otro sitio? -, me dijo
insinuante.
-
Como quieras.
Nuestra primera cita acab en el incmodo asiento de atrs de un
Talbot Horizon color rojo. Yo, con la falda subida hasta las
caderas, sin bragas, con las tetas al aire y los pies en alto
apoyados en el asiento del copiloto. Y mientras, Lus Carlos, con
los pantalones a la altura de los tobillos, me follaba con fuerza.
Aunque aquel no era el mejor sitio para formalizar una relacin,
desde entonces el asiento de atrs de los coches me produce un
morbo feroz e incontrolable, mucho ms que la cama de un hotel
o los servicios de una discoteca. Cuando terminamos de follar me
dijo:
-
Maana mismo te depilas el coo.
Aquella amistad con derecho a roce se fue afianzando con el
transcurso
del
verano
debido
a
muchas
noches
de
sexo
desenfrenado cuyo nico propsito era el de pasarlo bien. Muy
bien. Poco a poco me fui convirtiendo en el juguete sexual de
Lus Carlos hasta el punto de entregarme a sus deseos ms
libidinosos sin mesura ni vergenza. Recuerdo con nostalgia los
das de piscina y arrumacos en el csped, y en particular aqul en
el que disfrutando ambos del agua me entraron ganas de orinar.
-
Ahora vengo -, le susurr al odo. - Me estoy meando.
Nad hacia la orilla. Lus Carlos me sigui. Mientras suba
por la escalera, me cogi del pie y me dijo:
-
Sintate en el borde y me meas en la cara.
-
Ests loco!
-
Sintate, te separas la braguita del biquini y me meas en la
cara -, insisti.
As lo hice. Me sent en el borde de la escalera, separ la braguita
del biquini
como me haba ordenado y empec a mearle: al
principio un chorrillo dbil debido a los nervios convertido luego
en abundante y descarado. Lus Carlos reciba mi orina con
placer, la saboreaba para escupirla despus. Cuando termin me
bes el coo, pas su lengua repetidas veces por mi vagina y se
zambull en el agua. Yo sal corriendo hacia los aseos. Estaba tan
excitada que empec a masturbarme con urgencia hasta que me
corr.
En aquella dcada de los ochenta entre los jvenes se puso de
moda un caramelo carbonatado que cuando se introduca en la
boca, y al contacto con la saliva, uno de sus ingredientes - el
anhdrido carbnico -, produca un caracterstico sonido explosivo
y efervescente. Lo bautizaron con el nombre de Peta Zetas.
Despus de la fama adquirida por el prototipo se empez a
comercializar una variante que inclua un caramelo para mojar.
Con
veintin
aos
ya
infinidad
de
lugares
e
enganche, la pitn, el molinillo, la mariposa, Mi relacin con
Lus Carlos termin el mismo da que me dej por la cantante de
un grupo de techno-pop que el tiempo reconvirti en presentadora
de televisin. Dos semanas despus de aquella ruptura conoc a
Jorge, un afamado productor musical con el que descubrira el
apasionado mundo del sexo entre mujeres. Una tarde en la que
daba los ltimos retoques a la produccin del disco de un grupo
liderado por una bellsima rubia de bote, y despus de que los
msicos se marcharan del estudio, me invit a que le acompaara.
Y as lo hice. Sobre la mesa de grabacin Jorge extendi unos
polvos que haba sacado de una bolsita de plstico y que separ
en dos hileras con la ayuda de una tarjeta de visita. Del bolsillo
del pantaln sac un canutillo que dirigi hacia aquel polvo
blanco y que, al esnifarlo, acab alojado en su nariz. Despus de
pasar el dedo corazn por la mesa para recoger los restos, se lo
introdujo en la boca, lo restreg varias veces por los dientes
superiores, lo chup y me invit a repetir la operacin con la fila
que
quedaba.
Obedec.
Aquel
polvo
blanco
me
produjo
una
sensacin de euforia, una hiperactividad y un deseo sexual muy
intenso. Se me anestesiaron la cara, la nariz y la boca.
haba
probado
las
delicias
del
sexo;
infinidad
de
posturas:
la
cuchara,
el
-
Recoge las sobras con el dedo y chpatelo Y despus me
chupas la polla.
Me desnud y luego le chup la polla. La moqueta color azul cielo
se
me
clavaba
en
las
rodillas
pero
no
me
produca
dolor.
Entonces, alguien abri la puerta y entr en el estudio. Me asust,
detuve la mamada y me levant. Jorge me tranquiliz.
-
Es ngela -, me dijo. Hola ngela. Esta es Clara.
ngela era una chica alta, morena, de ojos azules, mayor que yo.
Vesta un abrigo de pieles de astracn y unos zapatos negros de
tacn. Se acerc y me dio un beso en la boca mientras yo
intentaba, sin conseguirlo, cubrir mi desnudez con ambas manos.
Ola como a recin salida de la ducha y apeteca tocarla tan solo
para contagiarse de aquella limpieza siempre fresca.
-
No te violentes, yo tambin estoy desnuda.
El abrigo cay al suelo. Estaba algo rellenita pero tena una cara
preciosa moldeada para el vicio, unas tetas enormes, ms grandes
que la mas, y un coito depilado que se presuma delicioso. Una
apetecible treinteaera el insalvable paso del tiempo la haba
tratado bastante bien -, de la que luego supe que haba perdido la
custodia de Claudia, su hija, cuando cumpli condena por trfico
de drogas. Aos antes fue la musa de Keith Richards, guitarrista
de The Rolling Stones, a quien inspir la cancin Angie, un hit
de 1973.
-
Ves? -, dijo ngela mostrndome su cuerpo desnudo. - Te
gusta?
No contest.
-
Te sientes incmoda, Clarita? -, me pregunt Jorge. - No
te gusta ngela? Mira qu par de tetas ms apetecibles
tiene. Acarciaselas.
Hasta aquella tarde nadie me haba llamado Clarita. Tampoco
haba probado el sabor a deseo de otras mujeres.
-
Acarciaselas No seas tonta. Sbale las tetas.
Obedec. Tambin da poder conceder deseos. Le toqu las tetas y
luego bes su boca. Le acarici el sexo y se lo chup. Para que el
sabor de aquella vagina no me disgustara, Jorge verti sobre ella
un sobre de Peta Zetas que, con el roce de la lengua, explotaban
en mi boca. Minutos despus, ngela se follaba a Jorge, quien
sustitua su coo por mi boca cuando sacaba la polla para que yo
se la chupara. En vista de que no se corra, ngela le ofreci su
culo.
-
Fllamelo -, le dijo.
-
No. Quiero follrselo a Clara.
ngela me bes en la boca.
-
Ven Clarita. Colcate encima de Jorge y abre bien las
piernas. Si no lo has hecho antes, al principio puede que
duela un poco. No te resistas y empuja con el ano, como si
trataras de expulsarla y sentirs un placer indescriptible.
As lo hice y as fue. Y despus de embestidas, de posturas
acrobticas, de idas y venidas al paraso del placer, Jorge se corri
en nuestras caras, inundndolas de un fluido que ngela lama
con la lengua y yo, aturdida por los efectos de la cocana, tragaba
y tragaba. Aquella tarde pas de ser la novia a la puta de Jorge;
una groupie que igual chupaba pollas en los lavabos de una
discoteca que follaba en la calle sentada sobre el cap de un
coche. Con Jorge aprend a depender de la droga y del sexo y con
veintids aos tuve la sensacin de que mi vida careca totalmente
de sentido. Nuestra relacin hizo aguas el da que le pill en el
estudio de grabacin acompaado de una chica de diecisis aos a
la que le coma el coo untado previamente en Peta Zetas. Fue
entonces cuando busqu consuelo en los brazos de otros artistas
para acabar interpretando idntico papel que Mara Magdalena
con Jesucristo: viaj con ellos y pas a ser la novia, y la amante, y
la confidente. Me depilaron el coo, me tieron el vello pbico de
rosa, inmortalizaron mis pezones en yeso, introdujeron bombones
en mi vagina, me ataron a sus camas, Y despus de acostarme
con la mitad de la farndula patria y de sentir que la vida
empezaba a sonrerme con su dentadura postiza, recin cumplidos
los cuarenta y ocho aos me diagnosticaron la enfermedad del
sida. De eso hace ya cuatro meses.
Hoy estoy aqu para confiaros mis experiencias sexuales con el
nico propsito de que vosotros, adictos al sexo, curis vuestra
enfermedad con los errores de mi vida. Cambio sexo por amor
es el ttulo del libro en el que he plasmado aquellos aos de locura
y desenfreno. En l hablo de mis ilusiones, de mis xitos y de mis
fracasos; en l doy consejos para que el sexo se disfrute sin riesgo
y sin compromiso. Tambin explico, entre otras muchas cosas,
cmo debe chuparse una polla o la manera ms placentera de
comerse un coo. Porque as lo he vivido yo.
-
Alguien tiene alguna pregunta?
Clara Domnguez Blanco falleci a los cuarenta y ocho aos de
edad, tres semanas despus de acudir como ponente a aquella
terapia de grupo. Nunca supo si a aquellos con los que comparti
sus experiencias curaron o no su adiccin. Estaba convencida de
que el sida pondra punto y final a su vida pero, caprichos del
destino, muri en la madrugada del veintitrs de agosto de 2012 a
la salida de un programa de televisin atropellada por el camin
de la basura.
In memoriam.
II
EDUCANDO AL PALADAR
Si busco en mis recuerdos
los que me han dejado
un sabor duradero,
si hago balance de las horas
que han valido la pena,
siempre me encuentro con aquellas
que no me procuraron
ninguna fortuna
Antoine de Saint-Exupery;
escritor francs
El descubrimiento del mundo exterior, ese que trasciende a
nuestros caprichos, se lo debo a los sabores que en mi boca
dejaron los jugos vaginales de todas aquellas mujeres cuyas
relaciones, conjugadas en pretrito imposible, hicieron realidad
mis sueos; mujeres que perfilaron la delgada pero deliciosa lnea
de mis pasiones ms inconfesables, de mis deseos ms prohibidos,
de mis verdades y mis mentiras.
La dulzura de la miel y del azcar, la textura suave que el
membrillo o el almbar dejan en el cielo siempre despejado del
paladar la puso en mis labios, hasta entonces vrgenes de besos y
adlteros de ausencias, los labios de Clara, una quinceaera cuya
sonrisa angelical, arropada por una mirada insinuante y unos
cabellos rubios y rizados que el viento acariciaba sin apenas
despeinar, daba jaque mate a la ignorancia de los nios que como
yo
no
saban
jugar
todava
al
juego
sin
reglas
de
romper
corazones. Msculos impulsores de vida que ella haca aicos y el
tiempo,
a
duras
penas
y
en
contadas
ocasiones,
acertaba
a
reconstruir. Clara perfumaba el ambiente de una fragancia sensual
cuando sus labios, que imaginaba con el sabor de la fruta siempre
fresca,
pronunciaban
mi
nombre.
Recuerdo
la
tarde
que
la
pubescente decidi ensearme los atajos del amor en aquellos
pisos que la segunda crisis del petrleo haba dejado a medio
construir y donde solamos jugar a la salida del colegio. Sentados
en unos ladrillos de azulejos apilados,
Clara cogi el dedo ndice de mi mano derecha, lo humedeci en
su boca y con el desparpajo de su voraz atrevimiento lo fue
introduciendo poco a poco entre sus braguitas de seda blanca. Lo
mova
repetidas
veces,
de arriba
hacia
abajo,
cada
vez
ms
deprisa, mientras se deshaca en gemidos de placer. Clara detuvo
aquel sensual movimiento, sac mi dedo de su vagina, se puso de
pie y, bajndose las bragas hasta la altura de los tobillos, abri las
piernas invitndome a explorar con la lengua aquel delicioso
vergel.
-
Prubalo. Seguro que te gusta -, me dijo.
Me
encog
de
hombros
y
obedec.
Con
doce
aos
recin
cumplidos la ignorancia epata ms que cualquier cosa. Y yo,
vido
por
explorar
aquel
mundo
totalmente
desconocido,
introduje mi cabeza entre sus insinuantes piernas y pase mi
incansable lengua por su virginal sexo. Clara apretaba los muslos;
cada
lengetazo
era
acompaado
por
espasmos
de
placer.
Segundos ms tarde mis labios se inundaban con los placenteros
jugos de los suyos. Hubo ms tardes como aqulla aunque ya no
las recuerdo con la claridad con la que recuerdo esa primera vez.
Clara, que saba perfectamente lo que quera, decidi que la
responsabilidad de desflorar su virginidad le perteneca a otro ms
experimentado y mejor dotado que yo. Aos despus volvera a
visitar
aquellos
pisos
abandonados
aunque
ya
no
sera
en
compaa de Clara.
Para celebrar mi dieciocho cumpleaos mi hermana Soraya, tres
aos mayor que yo, organiz una fiesta en el bungalow que mis
padres alquilaban todos los veranos en un pueblecito de la costa
mallorquina. Un da de calor especialmente sofocante que le hizo
diferente al resto de los das del mes de julio de aquel ao de
1985. All conoc a Cristina, una rubia de bote de ciento sesenta
centmetros de lujuria desenfrenada, con una cintura de avispa y
un culo y unos pechos patrocinados por la perfeccin. Soraya y
Cristina eran compaeras de trabajo y juntas haban compartido
noches locas de placer y desenfreno, bailando y desparramando su
juventud y su deseo por las discotecas de Palma de Mallorca.
Cristina era una encantadora veinteaera, algo engreda y estpida
pero de trato agradable y conversacin fluida. Despus de charlar
de cosas tan triviales como su trabajo o mis conquistas y de
embriagarnos de un impulso reservado y sigiloso que no supimos
controlar, me dijo que le apeteca muchsimo darse un bao en el
mar. Y me invit a que la
acompaara. Despus de despojarnos
de la ropa, que acab toda embadurnada de arena, y de quedarnos
en ropa interior, nos cogimos de la mano para correr juntos hacia
el agua. Un sol rojizo de atardecer se reflejaba majestuoso sobre
un mar prcticamente en calma. Y mientras jugbamos con las
tmidas olas, Cristina se insinuaba frotando sus turgentes pechos
sobre mi torso.
-
Qu abdominales tienes! -, me dijo mientras acariciaba mi
pecho. - Debes de cuidarte mucho en el gimnasio.
-
Con dieciocho aos supongo que debe ser lo normal, no?
Entonces, quizs adulada por aquel comentario o seducida por el
deseo irrefrenable que intentaba disimular y que el alcohol no la
dejaba, Cristina violent mis labios contra los suyos, introdujo su
lengua en mi boca, se baj las bragas hasta la altura de los muslos
y gui mi cabeza hacia su sexo, rubio, cuidado y fresco como una
rosa siempre en flor. Aquel coo estaba hecho a la medida de mi
lengua. Y yo lo lama con un ansia sin mesura, como si cada
lametn fuera el ltimo de mi vida, humedeciendo lo que el agua
era incapaz de mojar. Despus de varios minutos de intensa
pasin
en
los
que
el
mar,
mi
lengua
y
su
sexo
fueron
protagonistas,
Cristina
vaci
de
flujos
su
vagina,
espesos,
pegajosos, elsticos, y los aloj en mi boca. Es por ella por quien
s que el agua del mar es salada.
La msica y yo hablbamos el mismo idioma, una jerga que desde
nio
me
arrop
entre
figuras,
silencios,
intensidades
y
pentagramas. Y aquella relacin tan bien avenida me invit, con
veintids aos, a probar las mieles ms amargas de un xito tan
inesperado como efmero. As fue como conoc a Susana, la
directora de una multinacional dedicada al negocio del disco,
cargo que haba heredado por mritos propios de su marido, el
famoso productor musical Jorge Cabrales. Una morenaza con
treinta aos muy bien cumplidos, de piernas interminables y unos
pechos
a
los
que
la
gravedad
y
las
duchas
de
agua
fra,
estimulados con un guante relleno de cubitos de hielo, haban
tonificado y mantenido en su lugar. El da que me cit en aquel
lujoso despacho para que con nuestras firmas sellramos nuestra
relacin laboral, vesta zapatos negros de tacn a juego con una
blusa de tirantes muy finos abotonada a la espalda, sin sujetador,
y una minifalda color amarillo de un tejido imitacin al cuero,
quizs escay o molesquina.
-
Quieres tomar algo? -, me pregunt.
-
Agua, por favor.
Por el interfono solicit la presencia de su secretaria.
-
Carolina. Trae una botella de agua mineral y un zumo de
naranja.
No pasaron dos minutos cuando, despus de advertirnos de su
presencia
con
un
ligero
toque
de
nudillos
en
la
puerta,
la
secretaria entr con las bebidas, las dej sobre la mesa decorada
con fotografas de msicos que reemplazaban los tpicos retratos
familiares y se volvi a marchar. Sin despedirse. Una preciosa
cuarentona pelirroja que junto a la bandeja vaca se llev alojada
en sus tetas y en su culo mi mirada ms lasciva. Antes de
marcharse, su jefa le pidi que no le pasara llamadas. Susana se
sent en la mesa frente a m, se bebi de un trago el zumo de
naranja y volvi a dejar el vaso, vaco, encima de la mesa. Acto
seguido se subi la minifalda y separ las piernas para que fuera
testigo de que no llevaba bragas. Con ambas manos se apart los
labios vaginales y me orden que pasara mi lengua por aquel
frondoso bosque color negro zano. Me mir a los ojos, me agarr
del pelo y, violentando mi cabeza contra su sexo, me dijo:
-
Lee
la
letra
pequea.
Ests
firmando
un
contrato
muy
importante.
Aquella tarde el sabor cido, abrupto y siempre spero del zumo
de naranja, se instal en mi boca a travs de los fluidos vaginales
de Susana.
Verano
de
2005.
Conoc
a
Vernica
en
la
terraza
de
una
discoteca. La nuestra fue una relacin exprs que acab en boda
cuando en la primavera del ao siguiente la llev hasta el altar. Yo
tena treinta y seis aos y ella no haba cumplido los veintids.
Con ella aprend que el sexo y el amor no siempre viajan juntos y
cogidos de la mano ni en la misma direccin; ni siquiera en el
mismo sentido. Una relacin que dur poco ms de quince horas
y a la que pusimos punto y final en el juzgado a la maana
siguiente de contraer matrimonio. El motivo expuesto ante el juez
fue tan razonable como haberla pillado con el pene de mi mejor
amigo metido en la boca. Vernica gema de placer mientras
Javier se lo introduca con fuerza, restregndolo por los labios que
horas antes sellaron con un esperanzador beso un amor que nos
habamos jurado para toda la vida. Despus de varios minutos
observndoles,
la
pareja
se
percat
de
mi
presencia.
Ni
se
inmutaron. Vernica me mir, levant su inmaculado vestido
blanco, se separ las bragas y me ofreci su sexo para, despus de
sacarse de la boca el miembro de Javier, decirme:
-
No me montes un numerito y chpamelo.
Y aunque estaba algo confundido, obedec. Mientras lo lama me
excitaba escuchando el sonido que emite el ansia, las notas
sensuales que produce una boca succionando un miembro viril,
sensacin tan solo comparable con el canto de las sirenas que con
maliciosa
premeditacin
y
cmplice
alevosa
invitaba
a
los
marineros a lanzarse al mar para morir de placer. Ella segua en su
empeo desmesurado de ordear a Javier quien, empujado por el
morbo de aquella extraa situacin, no tard en correrse. Tambin
lo hizo Vernica,
llenndome
la boca con sus lquidos ms
sexuales. Fue entonces cuando descubr que la hiel y la quinina
dejan en la lengua la misma sensacin nociva, tan amarga y
duradera que se aloja en la traicin, en la humillacin o en la
impotencia.
Todos los veinte de diciembre el cliente para el que trabajaba
invitaba a sus empleados a un convite con motivo de las fiestas
navideas. All coincid con Esther, una joven muy atractiva,
duea del mismo glamour que en la imaginacin despierta el
apetito sexual. Hasta entonces nuestras conversaciones se haban
limitado al siempre educado hola, buenas cada vez que el
destino nos juntaba en la cafetera, en el pasillo o en el ascensor.
Al principio nuestras miradas se encontraron por el capricho de la
casualidad aunque varias coincidencias despus la necesidad y el
deseo incontrolable de mirarnos hicieron el resto. Y sucedi que
aquella tarde Esther estaba radiante, que yo haba bebido ms de
la cuenta y que el ascensor y el azar juntaron nuestro destino.
Nada ms cerrarse la puerta la cog por la cintura, la apret contra
mi cuerpo y la bes en la boca. No aguantamos a llegar al garaje.
Esther puso su mano en mi entrepierna, baj la cremallera del
pantaln, se arrodill y empez a hacerme una mamada perfecta
en presin y cadencia; un francs que me hizo experimentar
aquellas sensaciones que yo haba hecho sentir a todas esas
mujeres
paladar
eyaculacin. Mi semen se aloj violentamente y sin permiso en su
cara con la urgencia torpe y cerril de quien desabrocha el primer
sujetador. La secrecin caa atropelladamente por los cristales de
sus
gafas;
una
corrida
desordenada
y
confusa
que
haba
inundando toda su cara. Esther me miraba, sonrea y limpiaba con
la
lengua
los
restos
que
quedaban
en
mi
pene
de
aquella
descomunal corrida. Fue entonces cuando mi paladar termin de
educarse al sentir la intensidad sinrgica y deliciosa, armoniosa,
que, a golpes de fluidos vaginales, me
y
los
sentidos.
Me
result
imposible
educaron el
controlar
la
perfecta y sin condimentos, de todos aquellos sabores que aos
antes se haban alojado en mi boca.
Gurdeme un secreto, amigo lector. Me llamo Adolfo y a mis
cuarenta y tres primaveras todava sigo siendo virgen.
III
ANGIE
Angie, Angie,
cundo desaparecern
aquellas nubes?
Angie, Angie,
a dnde nos guiar desde aqu?
Sin amor en nuestras almas
y sin dinero en nuestros abrigos,
no puedes decir
que estamos satisfechos.
Pero Angie, Angie,
no puedes decir que nunca lo
intentamos
Angie;
cancin de The Rolling Stones
Grabada a finales de 1972 entre los meses de noviembre y
diciembre -, Angie es una cancin escrita por Keith Richards e
incluida en el lbum Goats head soup, disco que sus Satnicas
Majestades sacaran a la luz al ao siguiente, en 1973. Hay
muchos fans que aseguran que Keith la escribi pensando en la
mujer de David Bowie, ngela Barnett, famosa groupie y
modelo; otros, que fue compuesta en honor a su hija recin
nacida,
de nombre
ngela y otros, que se la dedic a una
groupie, Anita Pallenberg, con la que el guitarrista tuvo tres
vstagos, uno de ellos fallecido a los pocos das de nacer. Lo
cierto
es
que
la
cancin
fue
escrita
por
una
mujer,
ngela
Dresmeier, natural de Barcelona y con la que el Stone mantuvo
una intensa relacin de amor-odio. Despus de que el msico
diera por finalizado su vnculo amoroso en otoo de 1972, la
adolescente elevada a la categora de groupie -, escribi la
letra, inspirada en el desamor y la depresin que le caus aquella
ruptura.
Meses
ms
tarde
se
la
envi
a
Keith
y
ste
se
autoproclam autor de esos cuatro minutos y treinta y siete
segundos de un hit que ha entrado por la puerta grande en la
historia de la msica. Prueba del amor que Richards le segua
profesando
a
ngela,
quizs
remordimiento,
fueron
los
encuentros que tuvo la pareja en todas las giras que acercaron a
los Stones a nuestro pas junio de 1976, julio de 1982, junio de
1990, julio de 1995, julio de 1998, junio de 1999, junio y
septiembre de 2003 y junio de 2007 -. Aos despus de aquella
ruptura la joven, avalada por su pasado sexual con el guitarrista
ms rebelde del mundo, acompa las solitarias noches de otros
muchos
msicos,
algunos
de
fama
y
prestigio
internacional.
Aunque segn palabras de ngela, ninguno super la entrega, el
buen
hacer
y
la
pasin
de
Richards
en
la
cama.
IV
PARA TODA LA VIDA
Cinco minutos bastan
para soar toda una vida,
as de relativo es el tiempo
Mario Benedetti;
escritor y poeta uruguayo
-
Llevas toda la noche mirndome -, me recrimin aquella
jovencita por mi comportamiento tan voyeurista e indiscreto
de aquella noche.
Y tena razn. Aquella pelirroja de media melena, ojos verdes y
algo ms de metro y medio de estatura, haba cautivado toda mi
atencin. En una discoteca a rebosar de gente, mis ojos no
dejaban de buscarla: mientras hablaba en la barra, bailando en la
pista, yendo a los aseos, Siempre acompaada por mi mirada
ms descarada.
-
Soy
escritor
y
las
chicas
tan
guapas
como
t
son
las
protagonistas de mis libros -, contest intentando despertar
su inters.
La respuesta debi gustarle porque una sonrisa se aloj en sus
labios. Un vestido azul corto mostraba sus bonitas piernas y unos
zapatos
de
tacn
realzaban
su
juvenil
figura.
El
retrato
lo
completaba un culo precioso y unas tetas aniadas, talla 85.
Aunque lo que me cautiv de ella fue su acento andaluz, un deje
entre gracioso y sensual, que le haca mucho ms resultona y
simptica.
-
As que eres escritor. Y sobre qu escribes? -, pregunt
curiosa.
-
Sobre chicas como t -, contest.
-
Y qu tenemos las chicas como yo que pueda interesarle a
un escritor como t?
-
Todo. Qu te parece si te vienes conmigo y haces de
modelo mientras yo te esculpo con palabras?
-
De modelo? Crea que ese servicio solo lo requeran los
pintores y los escultores.
-
Los
escritores
necesitamos
de
modelos
para
describir
situaciones difciles de imaginar. A simple vista podra decir
que eres una chica guapa, elegante, sensual, divertida,
Pero no s si tienes novio, a qu te dedicas, Quiero
escribir mientras disfrutas de tu cuerpo con el roce de tus
manos.
Aquel comentario tan subido de tono no pareci impresionarle.
-
Interesante. Y qu obtengo yo a cambio? -, pregunt.
-
Disfrutars
de
una
experiencia
nica.
Y
por
supuesto,
ganars algo de dinero. Seguro que te viene bien -, dije con
arrogante seguridad.
-
El dinero siempre viene bien. De qu cantidad hablamos?
-
Te parece bien cien euros por sesin?
-
Sin sexo -, apuntill.
-
Sin sexo, si t quieres.
Volvi a sonrer.
-
Est bien. Acepto.
Recogimos los abrigos del ropero y abandonamos aquel lugar
cuyo
ensordecedor
bullicio,
poco
conveniente
para
mantener
conversaciones importantes, era un caldo de cultivo perfecto para
las relaciones espordicas, instintivas, de una noche. Media hora
ms tarde el taxi nos dejaba frente a la puerta de mi apartamento.
No conversamos durante el trayecto; tan slo algunas frases
sueltas acerca de la lluvia que estaba empezando a caer con
intensidad y de las luces que iluminaban la belleza sin igual de
Madrid en noches como aquella. Entramos en casa, cog su abrigo
y lo colgu en el perchero de la entrada. Le pregunt si quera
tomar algo.
-
Un gisqui solo, con dos cubitos de hielo, por favor. Nunca
haba
estado
en
el
apartamento
de
un
escritor
-,
dijo
mientras su curiosidad lo observaba todo.
-
Y qu te parece? -, pregunt desde la cocina.
-
Me gusta.
Se acerc al apilable del saln y cogi un libro de una de las
estanteras. Al azar.
-
La soledad de los desheredados -, dijo en voz alta.
Era mi ltimo libro publicado.
-
Lo he escrito yo -, dije orgulloso. - Te lo regalo.
-
Y de qu trata?
-
De una chica que como t me acompa una noche como
sta.
Abri el libro por una pgina, al azar, y ley en voz alta:
Le
apasionaba
el
sexo
oral,
al
natural,
libre
de
las
ataduras del preservativo. Odiaba el olor a goma, ms incluso si
se intentaba disfrazar con sabores artificiales como la fresa o la
canela. Su nmero favorito era el sesenta y nueve y la sumisin pocas
veces la vi tomando la iniciativa en nuestras relaciones
sexuales -, la volva loca. Gozaba cuando le azotaban el trasero y
la tiraban del pelo mientras se la follaban por detrs. Porque a
Lidia le encantaba follar y que la follaran Que la follaran
bien.
-
Y a ti, cmo te gusta el sexo? -, le pregunt mientras volva
de la cocina con las copas.
-
Con mucho amor.
-
Te dar todo el amor de mis noches ms solitarias. Hoy
sers mi musa.
-
Leme algo -, dijo mientras me entregaba el libro. - Me
gustara escucharte.
Dej la copa sobre la mesa, abr el libro por una pgina, al azar, y
le en voz alta:
Lo que ms me excitaba era ver cmo en aquel cuerpo
curvilneo las gotas de agua luchaban por no caer al suelo o no
evaporarse con los rayos del sol. Ver cmo en aquel cuerpo
curvilneo
las
gotas
deslizaban
de
deseo,
de
un
deseo
tan
placentero como efmero. Abandonar ese cuerpo era como saltar
al vaco sabiendo que estrellarse contra el suelo era morir de
placer.
-
Me encanta tu voz -, dijo. - Resulta tan sensual como lo que
escribes.
Me bes a la par que dejaba su copa ya vaca junto a la ma. Le
invit a que me acompaara a la habitacin y a que se desnudara.
Lentamente.
-
Y el dinero? -, pregunt.
-
Toma, aqu tienes mi cartera. Srvete tu misma.
Cogi cien euros. Yo observaba tumbado en la cama sin perder
detalle. Cuando ya estaba completamente desnuda, le ped que se
tocara. Ella obedeci. Sin apartar su mirada de la ma, empez a
acariciarse las tetitas simulando el imposible acto de llevrselas a
la boca para tocarlas con la lengua. Su coo rosado, totalmente
depilado, empez a dilatarse con las caricias. Se humedeci el
dedo ndice y con meticulosa precisin se lo introdujo poco a
poco, sin prisa. Lo sacaba y lo meta con la suavidad sublime y la
dedicacin sin tregua que conducen al xtasis.
-
Ests tomando nota? -, me dijo.
Me saqu la polla del pantaln y empec a tocarme. Ella cerr los
ojos.
-
Disfrutas? -, pregunt curioso.
-
Mucho.
-
En qu ests pensando?
-
Pienso en mi novio, en la buena polla que tiene.
Su respuesta me dej algo fro. No dej de tocarse. Lentamente.
Con delicadeza. Con decisin.
-
Puedo acariciarte los pechos? -, pregunt excitado.
-
Ven.
Me levant. Con la polla fuera del pantaln, me acerqu y le
acarici las tetas.
-
Y ahora, en qu piensas?
-
En una polla.
-
En una polla como sta? -, dije mientras coga su mano
izquierda y le invitaba a que la tocara.
-
S, en una polla como sta -, contest.
Estaba muy excitada - nadie puede ocultar la excitacin de una
mujer -. Detuvo las caricias y se puso de rodillas para comrmela
como nunca antes me la haban comido. A los pocos minutos de
masajermela con la lengua, me dijo:
-
Avsame cuando vayas a correrte. Detesto que los hombres
se alivien en mi boca.
Tres
minutos
despus
retir
violentamente
su
cabeza
de
mi
miembro. Ella me ofreci las tetas para que acabara en ellas mi
corrida.
Un grito
inund la
habitacin.
Y
all,
en
su
pecho
aniado, se aloj mi
leche, caliente y generosa. Se levant,
recogi su ropa y se dirigi al bao para limpiarse. Al salir, me
lanz un beso y se despidi dicindome:
-
Tenas razn, ha sido una experiencia nica.
-
Volveremos a vernos? -, le pregunt.
-
Seguro que s.
Y
ese
prometedor
distancia. Me levant y fui al bao para darme una ducha. En el
espejo haba una nota escrita con pintalabios rojo: Maana en
Pach. 01:00 horas. Besos. Haba dejado los cien euros encima
de la jabonera. La noche siguiente acud a la cita, - y la siguiente,
y la siguiente -, y all estaba ella, siempre radiante y sensual,
esperando mi llegada.
adis
puso
entre
nosotros
un
portazo
de
Despus
de
casi
dos
aos
de
matrimonio
y
de
una
novela
publicada ambos hemos cumplido nuestros sueos: ella presume
de follarse a un escritor y yo de tener una musa a la que ahora le
encanta que eyacule en su boca. Y a la par que escribo reinvento
el por qu de mi vida. Y en cada herida cicatriza la sinrazn de
mis errores. Y en cada palabra regenero la piel, y el cuerpo, y el
alma, y el corazn.
V
2 X 1
Siempre
he
sentido
una
Noble oficio, rara vocacin,
todas menos mi madre y mi hermana.
Magdalenas, Mesalinas, Jeniffers,
Vanessas, Emmanuelles,
pobres por necesidad
Como pago al contado
nunca me falta un beso,
siempre que me confieso
me doy la absolucin
Joaqun Sabina;
cantautor y poeta espaol
personajes
tan
dispares
Herodes,
Simn
Pedro
abandon
Todava
catorce aos, me adiestr para disfrutar del sexo. Era Navidad y
habamos decorado el recibidor con un nacimiento en el que,
junto a Mara y Jos, el Nio, la vaca y el buey, aparecan
como
el
emperador
Augusto,
el
rey
uno
de
los
apstoles
Pilatos
y
el
domicilio
recuerdo
con
especial
admiracin
por
las
prostitutas. Desde nio, cuando mi padre, viudo de estado y
guardia civil de profesin, me llevaba con l a los prostbulos para
que las putas me cuidaran mientras saciaba su apetito ms lascivo.
All, en el vestbulo de aquellos clubes de carretera, rodeado de
seoritas putas tan promiscuas como atentas pasaba el tiempo del
alivio paterno bebiendo un refresco y comiendo un sndwich de
Nocilla que las propias putas me preparaban. Fue all donde mi
padre
conoci
a
Carolina,
una
guapsima
meretriz
que
con
dieciocho aos recin cumplidos pas, de la noche a la maana,
de ejercer el oficio ms antiguo del mundo a ser la seora del
sargento de la guardia civil. Cuando mi padre muri Carolina
familiar
llevndome
a
vivir con
ella.
nostalgia
como,
recin
cumplidos
los
Jesucristo, ya crucificado. Mi madrastra se justificaba diciendo
que aquellos eran tiempos difciles y haba que aprovecharlo todo.
Los
Reyes
Magos
no
estaban
presentes
porque
la
tradicin
republicana de su familia le prohiba, por principios, colocarlos
all.
Todavia
hoy
me
pregunto:
que
momento
histrico
reservaban ellos para los Reyes de Oriente?
-
Es hora de que te hagas un hombre -, me dijo.
Y me ense su bonito coo pelirrojo.
-
Mira, as de bellas somos las mujeres. Quieres tocarlo?
Yo la observaba perplejo, sin saber qu hacer o qu decir. Muerto
de vergenza. Pero acab tocndoselo.
Con dieciocho aos contrat los servicios de una prostituta, la
primera de una larga lista de agraciadas, para que me hiciera
sentir
lo
que
sentan
los
hombres
de
verdad.
Y
aunque
la
experiencia no fue nada positiva eyacul rpido y en su vestido,
con el tiempo y la dedicacin mejor los resultados. Las putas
aliviaron mis necesidades ms sexuales. Los noviazgos y las
relaciones formales propias de los chavales de mi edad no me
interesaban para nada.
Con veinticinco aos me march de casa con el nico propsito
de descubrir el mundo; un universo que con menos edad Leire, mi
hermanastra, ya haba descubierto aos atrs en el internado
donde estudiaba; un colegio de monjas cuya madre superiora, sor
Leonor Surez Roig, a los setenta aos de edad, haba sido elegida
para ser beatificada debido a su dedicacin a los dems. Aunque
si les hubieran preguntado a Leire y a otras muchas compaeras
acostumbradas a probar la ira de su regla de madera, aquel intento
de beatificacin nunca se hubiera producido.
Con cuarenta y dos aos estren siglo y moneda el euro -. Y la
rutina se adue de mi vida. Hasta el da que le un anuncio en la
seccin de contactos de un peridico:
Quiero proponerte un juego divertido. Por veinte euros te
la chupo en los servicios del Carrefour, en un parquin, en el
Metro, en el Zoo, Me llamo Sofa y mi horario es de doce de la
maana a seis de la tarde, sbados incluidos.
Sin lmite de tiempo. Prueba mi boca; te la chupo como nadie te
la ha chupado.
Te atreves? Mi nmero de contacto es 609 436 787. Besos.
No sera la primera vez que practicara sexo en un sitio pblico;
ya haba follado en los servicios de la discoteca Penlope con
chicas cuyo nombre, o no recuerdo o nunca me dijeron. Llam a
Sofa y qued con ella ese mismo da. A las cuatro de la tarde.
-
S, a las cuatro me viene bien -, me dijo. - A las dos y media
salgo de la facultad.
-
Quedamos en los aseos del Carrefour del Centro Comercial
Las Rosas.
-
Perfecto, all estar.
A esas horas el centro comercial estaba prcticamente desierto.
Antes de acudir a la cita compr unos discos Sail away de Joe
Cocker y Space Oddity de David Bowie -, un paquete de pilas
alcalinas y unas plantillas para los zapatos. A las cuatro menos
diez ya esperaba la llegada de Sofa en la puerta de los aseos. Y
me encontr con una chica morena, de unos veinte aos de edad,
de metro sesenta de estatura, resultona de cara y con un cuerpo de
infarto moldeado con gusto por el tiempo y las curvas.
-
Hola, qu tal ests? -, dije mientras le daba dos besos.
-
Bien! -, contest como con extraeza.
-
Eres muy puntual. Entramos?
Pasamos al aseo de caballeros, ech el pestillo de la puerta, me
baj los pantalones y le invit a que me comiera la polla.
-
Toma, es toda tuya.
Y obediente, empez a comrsela. Me quit la camisa mientras
ella, sin dejar de chuparla,
se desabrochaba los botones del
pantaln.
Cinco minutos ms tarde, alguien llam a la puerta. Una voz
femenina dijo en voz alta:
-
Hola? Hay alguien ah?
Nos extraamos. Ambos permanecimos en silencio porque el
silencio otorga pero nunca miente.
-
Hola? -, volvi a insistir.
Abr la puerta y me encontr a una joven de unos veinte aos de
edad, de metro sesenta y cinco de estatura, rubia, guapsima, de
ojos azules y labios pintados de rojo carmes. Vesta una camiseta
roja de tirantes a juego con sus labios y una minifalda azul
conjuntada con los zapatos de tacn y el bolso de mano. Las tetas
eran algo pequeas y no llevaba sujetador. Se present:
-
Hola, soy Sofa, la del anuncio.
Sofa disip aquella surrealista situacin entrando y apuntndose
a la fiesta.
-
Como te coment por telfono, mi tarifa son veinte euros.
Me sub los pantalones y saqu dos billetes de diez euros del
bolsillo.
-
Toma, aqu tienes.
Cogi el dinero, lo meti en el bolso, se quit las bragas y me las
tir a la cara.
-
Toma. Aqu tienes mis braguitas -, dijo con descaro. - Vers
que bien huele mi coo.
Estaba algo excitada. Le orden a mi acompaante que se sacara
las tetas para que yo se las tocara. Obedeci. Tena unos pechos
bonitos; el pezn derecho decorado con un piercing de color
rosa.
Sofa, muy implicada y cariosa, empez a chuparme la
polla. Nunca me haban practicado una mamada tan perfecta; ni
siquiera las putas. Hasta el final, con masaje de huevos incluido.
No dio tiempo para ms. Me corr en su boca. Aquella fue una
experiencia morbosa, divertida y altamente recomendable.
-
Te ha gustado? -, pregunt Sofa.
-
Me ha encantado. Es la primera vez que alguien me hace
sentir as. As de bien.
La
otra
joven,
que
empezaba
a
tener
la
sensacin
de
estar
estorbando, se aboton la blusa y el pantaln y se march sin
despedirse. Sofa esper a que terminara de vestirme.
-
Quieres que tomemos algo? -, le pregunt. - Me parece
muy poco corts por mi parte que te vayas sin que te invite a
tomar algo despus de la buena mamada que me has hecho.
Acept. Y as pasamos la tarde hablando de cine, de msica, de
los sinsabores que causan las dependencias familiares, de su
padre,
viudo
y
dueo
de
un
bufete
de
abogados,
de
los
pormenores que la haban obligado a ejercer su oficio.
-
Del casi centenar de llamadas que recibo a la semana, tan
solo diez o doce acaban en cita. Cobro veinte euros por
mamarla y cien por un servicio completo de una hora de
duracin. Gano de mil a mil quinientos euros al mes con los
que me costeo la universidad y el piso donde vivo de
alquilada.
Sofa era una chica que llamaba la atencin, con don de gentes,
jovial, sensual e inteligente, con unas ganas locas de vivir y cuyo
desparpajo invitaba a la conversacin.
-
Tambin
realizo
servicios
de
acompaante
en
fiestas
privadas. No me gusta este trabajo
-
Y por qu lo haces? -, la interrump.
-
Por dinero. Ejercer la prostitucin hasta que termine la
carrera. Cuando termine,
-
Tienes muchos clientes? -, volv a interrumpirla.
-
Ser universitaria es un fetiche para captar gente, ya sabes,
por el morbo que les produce a los hombres follarse a una
estudiante. Los tengo ocasionales y otros que repiten.
-
Y tu familia?
-
Soy
hurfana
de
madre
y
mi
padre
no
sabe
nada.
Le
preocupa ms su bufete de abogados que mi felicidad.
-
Yo te har feliz.
-
Eso decs todos -, me dijo mientras sus labios esbozaban una
ligera sonrisa.
-
Pero yo lo cumplir.
Aquel encuentro placentero y oneroso nos convirti aquella tarde
en una pareja de novios que compartiran cama, vacaciones,
facturas y noches de desenfrenada pasin. Sofa sigue ejerciendo
la prostitucin aunque solo se dedica a las mamadas y las pajas
manuales.
Elige
a
sus
clientes
y
se
reserva
el
amor
y
la
concupiscencia para m y conmigo comparte la vida que siempre
haba soado. Y todas las noches, mientras convertimos el sexo
en amor, nos comprometemos a olvidar lo que somos y lo que
hacemos.
Porque
la
memoria,
en
demasa,
siempre
acarrea
problemas.
Ocasionalmente he vuelto a encontrarme con la chica que aquella
inolvidable tarde nos acompa en los servicios del Carrefour.
Coincidimos los das que yo voy a hacer la compra. Nos miramos
y sonremos y ella espera ansiosa a que alguien satisfaga en los
aseos su ninfomana ms libidinosa.
VI
MARIA MAGDALENA
La libertad de amar
no es menos sagrada
que la libertad de pensar.
Lo que hoy se llama adulterio
antao se llam hereja
Vctor Hugo; poeta francs
Y si Jesucristo hubiera sido una mujer? Jess de Nazaret,
figura central del cristianismo, no naci ni el veinticinco de
diciembre ni el ao cero. Vino al mundo un veintinueve de
septiembre del ao dos. Cierto es que lo hizo en Beln ya que el
censo ordenado por el emperador Augusto oblig a Mara y a
Jos, padres del nio, a viajar hasta all para que el progenitor se
empadronara por ser originario de aquella aldea y descendiente de
la casa de David. Ciento veinte kilmetros y cuatro das de
camino
despus
llegaron
a
su destino.
Y
Mara,
que
estaba
encinta, con los ajetreos del viaje dio a luz a su beb en un
pesebre abandonado; un nio al que pusieron de nombre Jess,
que significa el que salva. Pero en esta histria, el neonato,
smbolo de la fe de los creyentes - el Hijo de Dios -, nunca
llegara a cumplir el ao de edad ya que fue vilmente asesinado
por unos soldados en la persecucin y matanza de inocentes
ordenada por el rey Herodes, con la informacin obtenida de los
magos de oriente? El ngel encargado de avisar a sus padres de la
matanza no llegara a su cita y no les previno de la tragedia. La
familia pudo huir a Egipto llevndose consigo una nia que
lograron
salvar
de
aquel
infanticidio.
Aos
despus
los
tres
acabaran residiendo en Magdala, una localidad situada en la
costa
occidental
del
lago
Tiberades,
el
mar
de
Galilea,
a
veinticinco kilmetros de Nazaret. Cumplidos los treinta aos y
debido al poder que ejerca la joven sobre la poblacin - se
dedicaba
a
la
prostitucin
y
sanaba
el
espritu
de
enfermos
incurables que acudan al prostbulo para saciar con ella sus
deseos -, se fue de casa para predicar por toda Israel la doctrina
del amor libre. En tres aos cur a cientos de leprosos, paralticos,
hidrpicos, sordomudos, muchos de ellos condenados a la muerte
y que, milagrosamente, volvan a aferrarse a la vida cuando
Mara, que se llamaba Magdalena pero que adopt el nombre de
su supuesta madre, les calmaba su ardor mientras les hablaba de
otros mundos posibles sustentados por un amor sin lmites. Lleg
a multiplicar panes y peces, anduvo sobre las aguas, convirti el
agua en vino. Desde aquel burdel en mitad del desierto de Jud,
en torno al curso inferior del ro Jordn y el mar Muerto, Mara se
atrevi a cambiar la mentalidad de un mundo hasta entonces
sometido por el machismo y la misoginia. Tanto fue el poder
meditico de la mujer sobre los sbditos de Pilatos que el rey
mand su apresamiento. Ante los rumores de captura extendidos
por toda la comarca, Mara huy a Roma. Y los soldados, que
tenan la orden de entregarla, llevaron ante el precepto de Judea a
un inocente
- el
marido
de
Mara,
de nombre
Jess -,
que
regentaba el prostbulo y al que condenaron a la crucifixin
acusado de los cargos de proxenetismo y alteracin del orden
pblico. Sera entonces cuando Pedro - al que todos conocan
como Simn Pedro -, un pescador que abandon sus quehaceres y
se dedic a la vida contemplativa predicando una doctrina opuesta
en fines y mandamientos a la divulgada por Mara, se aprovech
del mrtir para vender como verdaderas sus palabras, carentes de
credibilidad y que ms tarde fundamentaran un proyecto de
sanacin y sustentacin de la fe al que bautizaron con el nombre
de Iglesia. Y como toda empresa humana necesita de publicidad
para darse a conocer, Pedro utiliz al joven - que fue crucificado,
muerto y sepultado, y que, a pesar de las graves heridas, resucit a
los tres das al sufrir de catalepsia, una enfermedad tan parecida a
la muerte que quien la sufre no responde a los estmulos externos
-,
para
sus
fines
comerciales.
Todas
aquellas
imaginarias
casualidades podran haber elevado al joven a la categora de
mrtir y convertirle en el Hijo de Dios, venerado desde entonces
por miles de creyentes que se multiplicaron como una plaga. Sin
embargo Mara, que regres aos despus a Jerusaln, morira
sola, pobre y desheredada.
VII
DIFERENCIA ENTRE PRECIO Y VALOR
El deseo es algo irracional
por el cual uno
siempre tiene que pagar
un alto precio
Pedro Almodvar;
director de cine espaol
Cuando Cristina entr en la casa de empeos en la que yo
trabajaba,
nunca
pens
que
acabara
acostndome
con
ella.
Aquella rubia de bote, bajita, tan sensual como estpida, de
minifalda blanca y palabra de honor rojo, sin un sujetador que
velara por la gravedad de sus dos razones menos cuestionables se
present en la tienda con el objetivo de empear el collar de
perlas mallorquinas que haba heredado de su madre. Entonces,
convencida, me confes que ahora entenda la diferencia entre el
precio y el valor, refirindose a la gargantilla que yo mismo la
estaba descolgando de su nveo cuello y por la que le haba
ofrecido cincuenta euros; un colgante cuyo valor sentimental,
segn ella, era incalculable. Y yo, ocurrente como nunca, le
susurr al odo:
-
Valor es decirte que con gusto me comera ese par de tetas
que exhibes con descaro. Comrtelas no tendra precio.
VIII
DEL LAT. MOD. FELLATO, DER. DE FELLRE, MAMAR
"
Bill Clinton minti.
Un hombre puede olvidar
donde aparc el coche, o dnde vive,
pero jams olvidar una mamada.
No importa lo mala que haya sido"
Brbara Bush;
ex primera dama americana
Amiga, no olvides nunca que una felacin es una caricia y
que como tal se rige por las normas y preceptos generales de
stas. Tampoco olvides que la higiene de la zona a tratar es
primordial; lavarla antes con agua y jabn ser suficiente. La
intimidad tambin es importante ya que os proporcionar, tanto a
ti como a tu pareja, una relajacin necesaria para llevar a cabo con
xito este tipo de prctica.
La felacin hay que empezar a realizarla con mucha suavidad,
cuidando meticulosamente los detalles para poco a poco, con
delicadeza
y
dedicacin,
atender
las
zonas
ms
ergenas
y
sensibles como lo son la corona del glande y el frenillo. El truco
para
que
una
buena
mamada
se
convierta
en
una
mamada
inolvidable reside en utilizar las manos adems de la boca. Hay
que evitar en todo momento el contacto del pene con los dientes.
Para ello, apoya la lengua sobre las piezas inferiores. Cuando
vayas a realizar una felacin, imagnate que la polla de tu pareja
es un delicioso cucurucho de helado. Elige el sabor que ms te
guste. Un caramelo en la boca evitar que el olor a veces tan
desagradable del miembro viril rompa el encanto del momento.
Empieza por recorrer con la lengua todo el tronco, lubricndolo
con tu propia saliva, desde los genitales hasta la extremidad del
glande; el sonido que se produce al succionar una polla hmeda es
muchsimo ms glamouroso que el de una polla seca. Detente e
insiste en el agujero del centro. Cuando la excitacin de tu pareja
alcance su clmax, mtete la polla en la boca, poniendo los labios
en forma de o. Siente cmo late en ti. Despus de colocar los
labios alrededor de la corona, desliza la lengua hacia el tronco, al
principio con movimientos suaves y aumentando progresivamente
la presin para, a continuacin, bajar el prepucio y chuparlo. Con
ganas.
Las manos tienen un papel importantsimo en la felacin. La
extremidad
que
sostiene
la
verga
debe
desplazarse
alrededor
mientras la mano que queda libre puedes utilizarla para masajear
sus nalgas, o incluso los testculos, con ligeros movimientos en
forma de crculo. No los muerdas ya que al ser extremadamente
sensibles puedes daarlos, pero s que debes chuparlos. Mtelos y
scalos repetidas veces en la boca con mucho cario y suavidad.
Tambin es tpico y muy recomendable que mientras acaricias
con una mano a tu pareja, la otra la dediques a acariciarte t: los
pechos, el sexo, el culo.
Acompaa tu excitacin con gemidos y balbuceos, mirndole a
menudo a los ojos para as sincronizar tus movimientos con su
grado de excitacin. Est demostrado que a los hombres les
encanta que la mujer les mire mientras se la chupan. Introducir el
pene en la boca simulando que nos lo queremos tragar - lo que
comnmente se conoce como garganta profunda -, resulta algo
incmodo ya que si el miembro roza sin querer la campanilla del
paladar puede provocar nuseas involuntarias muy desagradables.
Esta es una prctica poco recomendable dada la complicacin de
su tcnica y que en nada incrementa el grado de placer en el
hombre.
No dejes que tu pareja caiga en el error tan comn de asirte la
cabeza simulando los movimientos del coito pues lo ms probable
es que te atragantes. Las riendas del juego las tiene siempre el que
mama, o sea t. Splale muy suavemente sobre la polla ya que
con tu aliento provocars una sensacin muy agradable. Acenta
la presin progresivamente succionando a lo largo del tronco del
pene simulando que lo aspiras mientras lo pules con la lengua,
como si quisieras sacarle brillo. Alterna la presin y prolongars
el
placer
consiguiendo
un
orgasmo
ms
intenso.
Repite
la
operacin hasta que tu pareja eyacule. Si no quieres que lo haga
en tu boca puedes acabar el trabajo con la mano para que termine
en tu cara, en tus pechos o, simplemente, en el suelo. Hay
personas a quienes contemplar la salida del semen les hace sentir
realizados, que han cumplido con su cometido; ver la leche salir a
borbotones es una imagen tan sensual como imborrable. Hay
mujeres que optan por tenerlo en la boca, mantenindolo all
durante unos segundos para tragrselo despus. El semen sano es
estril y tiene un sabor alcalino y metlico debido a su alto
contenido
en
zinc.
En
su
sabor
interviene
directamente
la
alimentacin; una dieta alta en protenas confiere al semen un
sabor muy parecido al de la mantequilla mientras que otra basada
en
dulces,
arroz,
frutas,
hortalizas
y
bebidas
azucaradas
le
proporciona un sabor ms suave. Trata de evitar que antes de la
felacin tu pareja injiera alimentos como esprragos, pollo o caf,
ya que le dan al semen un sabor desagradable. Si optas por
esparcirlo
por
tu
cuerpo
debers
saber
que
la
testosterona
contenida en el esperma masculino mejora la elasticidad de la
piel,
la
rejuvenece
antioxidante
natural
retrasa la aparicin de las temidas arrugas evitando tambin el
acn en los adolescentes.
y
la
tonifica.
Adems,
al
contener
un
llamado
espermina,
su
asidua
utilizacin
Te recomiendo que antes de que te lances a chuparle la polla a un
hombre practiques primero con un pltano, un pepino o incluso
una
zanahoria
hasta
alcanzar
los
resultados
esperados;
y
aunque ni el pltano, ni el pepino, ni la zanahoria sienten
placer, ni balbucean, ni se corren, con la praxis tu boca ir
adoptando la forma y el gusto que se requiere para realizar una
buena mamada. Si se la chupas as a un hombre, el afortunado
te recordar toda la vida.
1.
Para estimular la libido de tu pareja, y previo a la
felacin, podis hacer realidad vuestras fantasas sexuales con
juegos erticos ser prisionero o la sumisin dan muy buenos
resultados -, o disfrutar con la degustacin de alimentos. ntale
la polla en nata, yogur, chocolate, antes de metrtela en la
boca, o introduce el miembro directamente en el recipiente. La
penetracin en texturas tan suaves provoca una sensacin tan
placentera como agradable.
IX
SANDRA Y SOFA
Somos fcilmente engaados
por aquellos a quienes amamos
Molire; comedigrafo francs
Lo que no es lgico suele caerse por su propio peso. As
ocurre con todo: con los ideales, con las opiniones y tambin con
las
relaciones
personales.
Aunque
sean
duraderas
y
estn
afianzadas en el amor, la necesidad o la rutina.
Sucedi en el mes de julio de un ao que no recuerdo. Una pareja
joven lleg al pueblo a pasar sus vacaciones. l tena veinticinco
aos y ella cumplira veintitrs en septiembre. Andrs y Sandra,
que as se llamaban, no tardaron en acaparar toda la atencin. La
novedad, ya se sabe! Los hombres nos prendimos de ella, duea
de un rostro morboso y sensual que recordaba al de las actrices
amateurs de cine porno. Su simpata y naturalidad, ms propias de
alguien con ms edad y madurez - virtudes ambas arropadas por
un
fsico
envidiable
propietario
de
dictadas
por
el
canon
ms
popular
noventa, sesenta, noventa -, completaban el cuadro de una mujer
de bandera.
las
medidas
armoniosas
de
perfeccin
femenina,
Una calurosa maana de domingo, despus de escuchar misa, fui
a tomar algo al bar, obligado punto de encuentro para todo el que
quiere ver y ser visto. Andrs y Sandra estaban all. l tomaba
una cerveza y ella un verm. Me acerqu a ellos.
-
Hola, me llamo Jess -, me present.
-
Hola, yo soy Andrs y ella es Sandra.
Andrs se levant de su silla y me tendi la mano. Sandra me dio
dos besos. Ola como huele la arrogante juventud de la primavera
siempre fresca. Su perfume golpe mis sentidos con la fuerza del
mar maltratando incansable el malecn con sus olas. Embriagado
por su aroma, Cupido me acert con una flecha envenenada de
deseo.
-
Qu os parece el pueblo? , pregunt.
-
Todava no hemos tenido la ocasin de visitarlo. Llegamos
ayer -, contest Andrs.
-
Y dnde os hospedis?
-
En El hostal del Vallejo -, contest Sandra.
-
All os atendern bien. De todas formas, si necesitis alguna
cosa no tenis nada ms que pedirlo. Yo vivo all enfrente -,
dije sealando mi casa. - Si os apetece, quedamos un da
para tomar caf.
-
Muy bien -, dijo Andrs.
Nos despedimos. Pasaron los das. Desde aquel encuentro mis
relaciones sexuales con Sofa, mi novia, ganaron en intensidad al
imaginar que era a Sandra a quien me follaba. Violentamente
coga su cabeza e introduca mi polla hasta tocar la campanilla de
su garganta en un arrebato de placer que, en vez de hacerla
disfrutar, sufra horrores.
-
Me vas a asfixiar. Ten cuidado -, me recriminaba mientras
los ojos se le llenaban de lgrimas involuntarias causadas
por el dolor.
Luego me entretena lubricndole el coo; y mientras se lo coma,
pronunciaba mentalmente el nombre de Sandra, imaginando que
era suyo aquel monte peludo y sedoso. Colocaba a Sofa a cuatro
patas y la follaba por detrs; y su culo era el culo de Sandra.
Entonces, sacaba la polla y amenazaba con introducrsela por el
ano.
-
Por el culo no. Hoy no me apetece.
Y
me
humedeca
el
dedo
anular
y
se
lo
introduca
para
acostumbrar la estrechez de aquel pequeo agujero al grosor de
mi polla. Sofa reculaba, volva la cabeza y me deca con un tono
mucho ms enrgico:
-
Te he dicho que por el culo no.
-
Ser solo la puntita.
Y acababa cediendo porque en el fondo saba que lo que ms me
gustaba era que la diera por el culo para acabar corrindome en su
espalda, a la altura de las caderas, cubriendo con mi leche el
tatuaje que se haba hecho con las iniciales de nuestros nombres.
Despus de unas cuantas embestidas sacaba la polla y me corra
restregndosela por aquel trasero que haba ganado en volumen y
experiencia. Aun as, segua siendo un buen culo.
Todas las tardes la rutina me invitaba a pasear junto a Sofa por la
senda del arroyo; paseos en los que, agarrados de la mano,
repasbamos los pormenores del da a da o los cotilleos de un
pueblo en el que raras veces ocurra algo interesante. Aquel
martes del mes de julio nuestro destino se encontr con el de
Sandra y Andrs.
-
Hola pareja -, salud.
-
Hola -, contest Andrs.
-
Os presento a Sofa, mi novia.
Dos besos sirvieron como saludo.
-
Esta es la pareja de la que tanto me hablas! -, exclam
Sofa. - Tena ganas de conoceros.
Sandra no apartaba los ojos de Sofa. Sonriente, dijo:
-
Jess,
te tomo
la
palabra
y maana,
si
os
viene bien,
tomamos caf en tu casa. As nos vamos conociendo.
-
Me parece estupendo. Qu dices t, Sofa?
-
Me parece bien.
-
A las cinco? -, apuntill Sandra.
-
A las cinco -, corrobor Sofa.
-
As tendremos tiempo para que nos pongis al da de los
cotilleos del pueblo -, dijo Andrs.
Y los cuatro nos echamos a rer.
A las cinco en punto del da siguiente llamaron a la puerta. Sofa
se levant a abrir.
-
Qu puntuales! -, exclam mientras les saludaba.
-
No nos gusta hacer esperar -, dijo Sandra. Toma. Esta
bandeja de pasteles es para acompaar el caf.
-
Haba preparado una tarta de manzana.
Y mientras Sofa coga la bandeja con los dulces invitaba a la
pareja a que pasaran a casa.
-
Pasar. Jess no tardar.
Sal del cuarto de bao y salud a la pareja. Sandra vesta una
camiseta de tirantes color azul claro que, al no llevar sujetador,
resaltaba sus pezones. La minifalda blanca, a juego con las
sandalias, le hacan ms apetecible todava. Me peguntaba si
debajo tampoco llevara bragas. En Andrs casi no me fij, la
verdad. Sofa, que ya haba vuelto de la cocina, interrumpi mis
pensamientos.
-
Sandra, quieres que te ensee la casa?
-
Me encantara.
-
Empezaremos por el piso de arriba.
Mientras Sofa suba por la escalera mi mirada segua sus pasos
intentando comprobar si la falda, que dejaba al descubierto unas
piernas preciosas, esconda debajo unas bragas. Pero no pude
hacerlo ya que Andrs reclam mi atencin.
-
Todos estos trofeos son tuyos? -, pregunt emocionado.
-
Si.
-
A m tambin me gusta correr. Aunque tengo poco tiempo
para hacerlo debido a mi trabajo. Soy relaciones pblicas en
una discoteca.
Sac una tarjeta del bolsillo y me la entreg.
-
Si alguna vez pasas por all pregunta por m y te invito a una
copa -, me dijo.
Desde el piso de arriba, Sofa reclam mi presencia.
-
Jess, sube un momento. No puedo abrir la puerta.
-
Ahora mismo subo.
Me disculp con Andrs. Sub las escaleras deprisa. Necesitaba
con urgencia estar cerca de Sandra.
-
Siempre se encasquilla. El truco est en tirar de la puerta a
la vez que levantas el pomo -, dije.
-
A m nunca me sale -, apuntill Sofa.
-
As.
Y la puerta de la habitacin se abri. En ese instante son el
telfono.
-
Ya lo cojo yo -, dijo Sofa.
Sofa baj para atender la llamada. Me qued a solas con Sandra,
en la penumbra de una habitacin que invitaba a tumbarnos en la
cama y perdernos en el deseo ms desenfrenado.
-
Qu buenas vistas hay desde aqu -, dijo acercndose al
mirador que haba en la habitacin y que daba a la plaza.
-
S -, dije yo, acercndome a ella.
No poda quedarme con la duda de si llevaba bragas o no. Le sub
la falda. S que llevaba. Muy finas. De seda. Sandra se volvi
violentamente.
-
Qu coos haces! -, dijo mientras me apartaba la mano de
su culo.
-
Quera saber si debajo de la falda llevabas bragas. Como no
llevas sujetador
-
Vmonos antes de que te arrepientas de lo que has hecho.
-
Pens que
-
Piensas demasiado -, me recrimin. Y baj apresuradamente
las escaleras para reunirse con Andrs y con Sofa.
Despus de aquel percance supuse que aquella sera la ltima vez
que nos veramos. Me sorprendi la insistencia de Sandra para
quedar de nuevo.
-
Sofa, la tarta de manzana estaba deliciosa. Maana vengo y
me das la receta.
-
Maana va a ser complicado. Tengo cita con el mdico -,
dijo Sofa.
-
No la tenas el jueves? -, apuntill.
-
No, es maana -, me corrigi Sofa.
-
Bueno, pues vengo otro da -, dijo Sandra.
La pareja se despidi.
-
Hemos disfrutado mucho de la velada -, dijo Andrs.
El reloj de la iglesia marcaba las ocho y media. Despus de haber
estado toda la tarde corriendo llegu a casa, abr la puerta y llam
a Sofa. No contest nadie. Fui a la cocina y me serv un refresco.
Tena sed. Me sent en el sof. Encend el televisor. En una de las
cadenas, no recuerdo cual, televisaban una pelcula de romanos.
Con Kirk Douglas de protagonista. Aprovech el intermedio para
subir a la habitacin y ponerme ms cmodo. All encontr a
Sandra y a Sofa. Me sobresalt.
-
Hola! Pens que no haba nadie en casa -, dije sorprendido.
-
Sandra ha venido a que le diera la receta de la tarta de
manzana -, dijo Sofa algo nerviosa.
-
Si, pero ya me iba. Vais a salir esta noche? Me han dicho
que toca una orquesta en la plaza.
-
Alfredo y su banda. Iremos a verle -, contest yo.
-
Pues hasta la noche se despidi Sandra.
Los dos besos que me dio en cada mejilla me hicieron recuperar
la ilusin que haba perdido hace un par de das; una extraa
relacin que despus de un punto y aparte volva a escribirse con
letras luminosas.
-
Qu chica ms agradable! -, coment.
Sofa permaneci en silencio. Al llegar la noche la cita obligada
en el pueblo era acudir a la plaza a escuchar al grupo de Alfredo,
primo segundo de Sofa, hermano de Soraya y amigo mo de la
infancia. En la terraza del bar nos encontramos con la feliz pareja
y nos sentamos con ellos.
-
Os estbamos esperando -, dijo Sandra.
No haban pasado diez minutos cuando a Sandra le entraron ganas
de orinar.
-
Sofa, me acompaas al bao?
Sofa se levant de la silla y se dirigi hacia los servicios del
bar.
-
Si no te importa prefiero utilizar el bao de tu casa. No me
gustan los aseos pblicos.
-
Est bien.
Sofa no haba cogido las llaves de casa as que me pidi que
acompaara a Sandra. Los veinte metros que separaban la terraza
de la plaza de mi casa se me hicieron eternos. Aquella sera la
oportunidad, quizs la nica, de insinuarme a la bella veinteaera.
Saqu las llaves del bolsillo, abr la puerta y me abalanc sobre
ella, agarrndola del culo para sentirla muy cerca de m.
Al principio rehus mi invitacin pero luego se entreg con
desenfreno. Se desabroch la blusa, me ense las tetas y me dijo:
-
Hoy no llevo bragas.
Aquel comentario me puso muy cachondo. Le sub la falda y
comprob que no menta. Su coito juvenil, totalmente depilado,
se prometa tentador.
-
Cmetelo! Es todo para ti.
Antes de que me arrodillara para cumplir sus deseos, Sandra me
pregunt desafiante:
-
Dejaras a Sofa por m?
-
Por ti lo dejara todo.
De repente, toda la pasin de aquel encuentro furtivo se congel.
-
Lo ves, Sofa? -, dijo mientras diriga su mirada hacia la
puerta.
Porque all estaba Sofa, impasible, espectadora de excepcin de
aquella comprometida escena.
-
Vena a coger una chaqueta. Est empezando a refrescar.
-
Cario, puedo explicrtelo todo -, dije tratando de justificar
lo injustificable.
-
No hay nada que explicar. Ya he visto todo lo que tena que
ver.
Sandra invit a Sofa a entrar en casa. Sofa la cogi por la cintura
y mientras le acariciaba los pechos desnudos, Sandra la besaba en
la boca; eso me puso ms cachondo todava.
-
Te gusta la escena? -, me pregunt Sandra. - Pues espera a
ver cmo le como el coo.
Sofa
era
un
poco
ms
bajita
que
Sandra.
Despus
de
desabrocharle la camisa, empez a chuparle los pezones. Luego le
levant la falda, la gir de espaldas y empez a darle unos
cachetes de complicidad en el culo antes de empezar a lamrselo.
Sofa no poda disimular el placer y empez a jadear. Sandra la
volte de nuevo para besarla y sus lenguas se fundieron en una. El
sostn de Sofa cay al suelo. Sandra le levant la falda, le quit
las bragas se puso de rodillas y empez a comerle el coo. Lo
buscaba con la lengua mientras lo pajeaba con el dedo anular de
la mano izquierda. Sofa se mora de gusto. Se puso de puntillas y
en cada embestida del msculo lamedor de su compaera mova
en crculo las caderas ofrecindole el coo. Y yo all, de pie,
dudando entre permanecer impasible o unirme a la fiesta.
-
Scate la polla -, me dijo Sandra. - Quiero ver cmo te
corres a nuestra salud.
No lo hice. Sofa agarr los rubios cabellos de Sandra y arrim su
boca al coo para que, a punto de correrse, no se perdiera ni una
gota de aquellos fluidos tan apasionados.
-
Me voy a correr -, grit Sofa.
Cinco
segundos
ms
tarde
la
magistral
orgasmo
que
dej
satisfecha. Estaba preciosa cuando se corra! Antes de limpiarse
la corrida y arropada por la conviccin de haber encontrado su
media
naranja,
Sofa
sac
fuerzas
para
decirme
que
nuestra
relacin, despus de dos intensos aos de ilusin, necesidad y
rutina, haba naufragado en las aguas de aquellos fluidos.
boca
de
a
Sofa
Sandra
recoga
aquel
totalmente
exhausta
y
-
Maana paso a recoger mis cosas.
Casi un ao despus las dos mujeres siguen dando rienda suelta a
sus fantasas; actualmente estn en proceso de adopcin de una
nia, Claudia, dada en acogida por los servicios sociales y cuya
madre legtima,
una conocida groupie, estuvo en la crcel
cumpliendo condena por trfico de drogas. Sofa acab la carrera
de derecho y ahora trabaja en el bufete de abogados de su padre.
Sandra se ha matriculado en la facultad de Sociologa. Andrs no
logr encauzar su vida con ninguna mujer y sigue soltero, como
yo.
Ahora
es propietario
de
la
discoteca
en
la
que
empez
trabajando como relaciones pblicas; y todas las noches le gusta
rodearse de chicas con las que se compromete para follar. Cada
da me convence ms la idea de que aquel jueves del mes de julio
en el que sorprend a Sandra y a Sofa en la habitacin de mi casa,
ambas planeaban andar juntas el camino que las alejara para
siempre
del
mo.
Porque
la
vida
siempre
ensea,
pero
el
hombre aprende a veces.
X
MI VIDA SIN TI
Cristales de tu ausencia acribillan mi voz
que se esparce en la noche
por el glacial desierto de mi alcoba.
Yo quisiera ser ngel y soy loba.
Yo quisiera ser luminosamente tuya
y soy oscuramente ma
Gloria Fuertes; poetisa espaola
Para
que
aquella
atractiva
veinteaera
y
yo,
un
recin
estrenado cuarentn, acabramos entregando nuestros cuerpos al
deseo tenan que darse casualidades pendientes del hilo de la
suerte. Darse, por ejemplo, que entablramos una conversacin,
por muy trivial que fuera, ms all del socorrido buenas, hola
o adis que ya nos habamos profesado en alguna ocasin o
que, aparte de intercambiar miradas, ella reconociera mi voz
cuando hablara o que yo recordara su olor cuando pasara a mi
lado. Pero aquella noche la casualidad buscaba cmplices en su
afn de cambiar el destino y encontr en nosotros dos bastante
promiscuos. Quizs fuera por eso que al verla sola en la barra del
bar me precipitara al vaco de su encuentro, seguro y decidido,
como se abalanzan los lobos a la caza de la presa ms dbil. De
ella tan solo saba su nombre, Vernica, y que era la novia del
chico ms rico del pueblo, Javier, a quin sedujo el mismo da que
le daba el s, quiero a otro hombre al que humill en su propio
convite de boda.
Cuando le pregunt si era consciente de que muchos hombres se
acostaban cada noche pensando en ella y que soaban con ella,
sin apartarme la mirada, con desparpajo y muy segura de s
misma, me contest:
-
Y t eres uno de ellos?
Aquella noche acab en su cama. Y tambin la siguiente. Su casa,
situada en la calle Real, distaba de la ma poco ms de cincuenta
metros. El nuestro es un pueblo pequeo y acogedor en el que las
puertas siempre permanecen abiertas y el vecino siempre tiene sal
cuando se la pides; un pueblo en el que todos nos conocemos de
vista, todos nos saludamos al cruzarnos en la calle y todos nos
encontramos
tomando
el
aperitivo
a
la
salida
de
misa
los
domingos y las fiestas de guardar en el nico bar que hay en la
plaza.
Desde aquel da he visitado la cama de Vernica todas las noches
que ella me ha invitado a hacerlo. Y yo, con la vil excusa de no
poder conciliar el sueo, dejaba a mi mujer durmiendo en casa
para, a las dos de la madrugada, salir en busca del deseo ms
visceral e incontrolado que ella guardaba para m en su alcoba.
Noches en las que nos miramos, nos susurramos palabras de
amor, hablamos de nuestros sueos mientras hacamos planes de
futuro. Y nos besamos y nuestros cuerpos se fundan en uno como
se funde la mantequilla con el pan recin tostado. Noches todas
ellas que recuerdo como se recuerda el primer beso de amor o la
primera mamada.
-
S, yo soy uno de ellos -, contest.
Sonri.
-
Y seguro que tambin eres de los que se tocan mientras
piensan en m.
Pasaron unos segundos hasta que pude contestar. La primera vez
que
conversaba
con
aquella
mujer
no
quera
caer
ni
en
la
pedantera ni en el ridculo. Tampoco en la mentira.
-
Y mientras me toco imagino que pronuncias mi nombre. Y
hacemos
el
amor
en
sitios
insospechados,
practicando
acrobacias imposibles, haciendo realidad mis sueos que
son los tuyos. En donde menos te imagines, all, te he
follado yo.
-
No me lo creo -, dijo desafiante. - Javier va a estar fuera
toda la semana. Si quieres me lo demuestras esta misma
noche. Si no, olvdate de m, para siempre. Y ahora, me
invitas a una copa?
La primera de las noches, cuando la vi tumbada en la cama, me
pareci
ver
a
Dios
descendido
del
cielo
para
bendecir
mis
pecados. Con un camisn de seda blanco y sin ropa interior, su
precioso coito esperaba ansioso una lengua que lo chupara, que
lo acariciara, que lo mimara. Le separ las piernas y me lanc a
saciarme de aquel manjar que tantas veces haba devorado en mis
noches ms hmedas. Ahora podra degustarlo, saborearlo, decir
con orgullo que haba probado el coo de la chica ms deseada
del pueblo. Ella jadeaba mientras me coga del pelo y guiaba mi
cabeza para que no perdiese el ritmo. Yo me limitaba a obedecer.
Despus de ensearme cmo quera que le hiciera el trabajo, se
separ los labios vaginales para facilitarme la introduccin de la
lengua.
-
Mtela hasta el fondo -, dijo suplicante.
Volv a obedecer. Mientras le chupaba el coo, estir los brazos
para alcanzar sus tetas. Not unos pezones duros, invertidos,
doblados hacia la aureola y alojados en unos pechos en forma de
pera. Aquel cuadro que tantas veces haba pintado en mis noches
ms desenfrenadas por fin se haca realidad.
-
Me corro, me corro -, grit ella.
Levant las nalgas que hasta entonces se apoyaban en la cama
para as ejercer con mi boca ms presin sobre su coo. Segundos
ms tarde su lquido ms deseado acababa alojado en mis labios.
Y su sabor, lejos de desagradarme, me satisfizo. Tanto que volv a
pasar la lengua por aquella vagina para limpiarla del rastro que el
deseo haba dejado en ella aquella noche de locura.
-
Pens que no ibas a venir -, me dijo mientras me abrazaba.
-
No poda rechazar una invitacin tan sugerente.
Nos besamos.
-
Mmmmm! Sabes a m y eso me encanta -, dijo. - Te espero
maana.
-
Aqu estar.
-
Entonces, hasta maana -, dijo ella.
Volvimos a besarnos.
Al da siguiente, martes, no nos vimos en todo el da. Pero a las
dos de la maana la puerta de su casa volva a estar entreabierta
para m. Pas. Ella me esperaba desnuda, tumbada en la cama.
-
No he dejado de pensar en ti -, dijo cuando cruc el umbral
de la puerta. - En tu lengua, en tus labios, en tus besos.
Vernica se puso de rodillas en la cama y me pidi que me
acercara.
-
Ven.
Me baj la cremallera del pantaln, sac mi polla y la bes con
mimo.
-
Qu pedazo de polla tienes! Es toda para m?
-
Toda la que te puedas meter en la boca -, dije desafiante.
Me mir, sonri y empez a chupar. Aparte de alguna vez que
cerr los ojos para sentir mejor su tacto, no dej un instante de
mirarme. Paseaba su lengua por el tronco mientras me acariciaba
los huevos que luego lama con extremada delicadeza. Introduca
el pene hasta la campanilla, al borde de la arcada, para segundos
despus jugar con el glande, besarlo, acariciarlo y excitar el
frenillo hasta sentir cmo mi leche corra despavorida por los
conductos seminales intentando salir al exterior. Antes de que me
corriera, se detuvo en seco para menearme la polla con la mano.
Suavemente.
-
No aguanto ms. Me corro -, dije extasiado. - Quieres que
termine en tu boca?
-
Lo estoy deseando.
Y como sucedi la noche anterior pero en bocas distintas, mis
fluidos acabaron en sus labios. Vernica los recibi agradecida,
feliz de obtener la recompensa que estaba esperando. Despus de
saborear mi semen y de escupirlo en el suelo, limpi con la lengua
los restos alojados en mi glande. Se relami. Nos tumbamos en la
cama, abrazados, sintiendo la necesidad de estar juntos para
siempre.
Mientras
sobamos
despiertos
nuestro
futuro,
me
pregunt:
-
Te ha gustado?
-
Maana volver -, contest.
Sonri.
-
Eso es que te ha gustado, verdad?
-
Qu perspicaz eres.
Volvi a sonrer. Y como la noche anterior, un beso apasionado
sell nuestra despedida.
Hace
dos
meses
desde
la
ltima
vez
que
follamos
en
su
dormitorio. Como si se tratara de un ritual de amor, todos los das
y a la misma hora las siete en punto de la tarde -, paseo por la
calle Real, me detengo frente a la puerta de su casa y me enciendo
un cigarrillo; despus de darle un par de caladas, guardo muy
despacio el paquete de tabaco, el mechero, alzo la vista y me
quedo mirando fijamente su balcn esperando una seal. Luego
recorro los escasos diez metros que me separan del bar de la
plaza, me siento en la terraza y pido una cerveza y luego otra, y
otra, y otra ms -, con el nico propsito de estar cerca de su casa
por si ella aparece. Espero ilusionado una llamada, or su voz a
travs del auricular dicindome que se encuentra bien, que me
ama, que me necesita,... Le promet viajar, soar, descubrirle el
mundo, hacerle cmplice del mo, ese en el que los sueos
siempre se cumplen y el pasado se olvida con besos, ahogado en
el sudor de noches apasionadas llenas de lujuria. Aunque cada da
me convenzo ms de que no voy a poder cumplir mis promesas;
en el pueblo se rumorea que Javier la ha matado por celos al
descubrir que un hombre, que no sabe quin es pero del que
conserva la huella del delito dejada por su semen en la moqueta
de la habitacin, visitaba a Vernica para follrsela y hacerla
olvidar su ausencia.
Hace dos meses, en un pueblo de la provincia de vila, alguien
recibi un mensaje de voz en el mvil:
Por favor, ven a buscarme. Javier sabe lo nuestro. Est
muy nervioso. Te necesito.
-
Hay que joderse. Los de la capital ya no saben qu hacer
para vendernos sus telfonos.
XI
LAS GOTAS DE AGUA
Lo que sabemos es una gota de agua;
lo que ignoramos es el ocano.
Isaac Newton; inventor ingls
I
Lo que ms me excitaba era ver cmo en aquel cuerpo
curvilneo las gotas de agua luchaban por no caer al suelo o no
evaporarse con los rayos del sol. Ver cmo en aquel cuerpo
curvilneo las gotas se deslizaban de deseo, de un deseo tan
placentero como efmero. Abandonar ese cuerpo era como saltar
al vaco sabiendo que estrellarse contra el suelo era morir de
placer.
Aunque
la
muerte
no
importaba
despus
de
haber
saboreado cada rincn de aquel cuerpo, un cuerpo que tantos y
tantos hombres hacamos nuestro con la mirada. En el agua, Leire
se
senta
como
un
pez
dentro
de
su
acuario:
atrapada
pero
protegida, limitada pero aventurera. Arrogante de saber que cada
gota luchaba con sus semejantes por acariciar su cuerpo, por
permanecer en su cuerpo el mayor tiempo posible, ese del que la
belleza
ms
mayscula
se
haba
millones
de
gotas
repartidas
por
acomodadas en sus senos aniados, deslizndose por su vientre,
acariciando
su
cintura
caprichosa,
tocando
el
cielo
de
su
verticalidad ms deseada, la tersura de sus muslos y recorriendo el
atajo interminable de sus piernas. Un segundo despus aquellas
gotas de agua caan al suelo agotadas, abatidas por la gravedad y
la inercia, resignadas pero satisfechas. Era entonces cuando morir
derretidas
en
aquel
bello
cuerpo,
salvaje
y
exclusivo,
no
importaba nada.
encaprichado
con
locura;
aquel
cuerpo
perfecto,
II
Cuando me miraba imaginaba que me soaba desnuda. Y
sus sueos, que eran los mos, se abrazaban a mis noches como el
deseo se abraza a la ausencia, como la ausencia se abraza al
olvido. Senta en mis caderas las caricias impdicas de su mirada,
sus
pupilas
clavndose
en
mis
senos
aniados,
sus
ojos
despeinando
el
rubio
de
mis
cabellos.
Soaba
despierta
e
imaginaba cmo sus desvergonzados dedos buceaban entre la
seda de mis bragas en busca de mi sexo. Le imaginaba paseando
su lengua por mi espalda, bajndome con delicadeza las braguitas
blancas hasta alcanzar las rodillas, dndome mordiscos en el culo
para luego recostarme sobre la encimera y separarme las piernas
para as acceder ms fcilmente a mi sexo, que se ofreca como un
vergel an sin explorar. Y su lengua se introduca con maestra
dentro de m sin violentarme, con mtodo y mesura, con cario y
disciplina. Entonces observaba el reflejo de mi cara en el cristal
de la vitrocermica y vea el rostro de una mujer abstrada de
placer. Aunque lo que ms me gustaba era que me cogiera las
manos y las pusiera en mi culo para que yo misma separara las
nalgas, como Moiss separ las aguas del mar Rojo, facilitando el
paseo de su miembro por la raja. Despus me meta el dedo ndice
en
la
boca
para
introducrmelo,
una
vez
humedecido,
en
la
estrechez de mi ano. Aquella postura tan violenta como placentera
era la que ms le excitaba a aquella nia cuya educacin fue
confiada a las Hermanas Benedictinas. Cuntas veces sor Leonor
me levant la falda y me peg en el culo con su regla de madera,
la misma que minutos antes haba golpeado el trasero de alguna
de mis compaeras! Las monjas me ensearon que la virginidad
era mi tesoro ms preciado, un tesoro que haba que guardar con
recelo y cerrojo a la espera de que lo abriera la llave del hombre
apropiado. Y Lus Carlos lo era. Aquella postura me resultaba tan
placentera que volva la cabeza para insinuarle con un gesto de
piedad que no abandonara su exploracin, invitndole incluso a
que
continuara
el
trabajo
con
su
miembro.
Entonces
me
lo
introduca, sin prisa, con suavidad y destreza. Cada golpe en mi
trasero era acompaado por un gemido de dolor ms intenso que
el anterior. Veinte golpes despus, ni uno ms ni uno menos, su
miembro
sala
de
m
para
ser
restregado
en
mis
nalgas
empapndolas
de
una
sustancia
viscosa
de
un
olor
tan
nauseabundo que a m me daba muchsimo asco.
Aquella incontrolable excitacin me devolvi a la realidad. Esos
pensamientos tan subidos de tono me obligaron a abandonar la
toalla. Nada mejor que una ducha para enfriar la calenturienta
imaginacin que me haba humedecido la braguita del baador y
erguido
mis
pezones.
Era
entonces
cuando
senta
su
mirada
alojada en todos los rincones de mi cuerpo. Aunque aquel juego
de
sentirnos
como
dos
perfectos
desconocidos
me
volva
completamente loca.
III
No poda apartar la mirada de su cuerpo, de sus manos
acariciando sus cabellos, paseando insinuantes por su entrepierna
adolescente. Despus de ducharse, se dirigi hacia m. Mi mirada
no soport tanto descaro y se retir como un psimo jugador de
pker que no sabe ir de farol. La sombra de su cuerpo me avis de
su presencia. Levant la mirada cuando ella, con una voz sensual
y acaramelada, tan segura de s misma, me dijo:
-
Te importara untarme crema por la espalda?
XII
Y AL TERCER DA DIOS RESUCIT EN MOJCAR
Morirse es fcil;
lo carajo est
en resucitar al tercer da"
Frank Srpico; oficial de polica
-
Este fin de semana he visto a Dios en Mojcar -, dijo Sandra
muy exaltada.
Sandra era la guapsima y sensual compaera de pupitre en la
facultad de Sociologa que con veintitrs aos recin cumplidos
apareca siempre en las juergas sin control de botelln y asiento
de atrs del coche en nuestros sueos ms hmedos, nexo de
unin entre los universitarios nosotros -, y los poligoneros.
-
He visto a Dios! -, volvi a repetir ms eufrica todava.
No menta. Al tercer da de los cuatro que Sandra pas en
Mojcar para celebrar la despedida de soltera de su prima, Dios se
haba hecho hombre. Para la ocasin el Supremo no utiliz su
socorrido disfraz de paloma, smbolo de la pureza del Espritu
Santo, o el de mendigo harapiento sanador de los enfermos, sino
que opt por unos calzoncillos modelo Calvin Klein de lycra
blanca que resaltaban sus atributos ms masculinos; la conjuntada
gorra de marinero aportaba un toque ms informal y juvenil, si
cabe. Y aunque esa noche no convertira el agua en vino ni
multiplicara panes y peces, s que hipnotiz a las presentes con
su torso totalmente desnudo, depilado, untado en miel y que
mova sensualmente al ritmo de la msica. Sandra no imaginaba
que veinte segundos despus de contar aquella sensual historia un
servidor, con los calzoncillos a la altura de los tobillos para
demostrar con orgullo el por qu le apodaban El trpode, la dira
totalmente convencido:
-
Como puedes comprobar no soy Dios..., aunque tambin
puedo hacer milagros.
XIII
EN UN CONCIERTO DE SERGIO DALMA
Nos conocimos
y nos hicimos tan amigos
que era imposible
imaginarnos separados.
Tan ntimos...
Y nos comamos el mundo juntos,
aliados, llegando al mismo punto
Sergio Dalma; cantante cataln
La suerte, la buena y la mala, esconde sus cartas marcadas
en una mirada, en un gesto, en una decisin, en una llamada. Si
cuando paseas por la calle se te insina una mujer de bandera,
polizn todas las noches de tus sueos ms inconfesables, o en la
parada
del
autobs
una
tarde
lluviosa
y
gris
una
guapa
adolescente te invita a compartir su paraguas y se agarra a tu
cintura para despus apoyar la cabeza sobre tu hombro, eso es
buena suerte. Muy buena suerte. Sin embargo, si la mujer de
bandera, o la guapa adolescente, reclama tu atencin cuando vas
acompaado de tu mujer, o de tu novia, o incluso de tu madre, eso
es mala suerte. Muy mala suerte.
Haban pasado cuatro das desde el envo de un correo
electrnico a la promotora KH Music solicitando la reserva de dos
pases
para
el
concierto
que
Sergio
Dalma
ofrecera
en
el
madrileo
teatro
Nuevo
Apolo,
acreditaciones
que
como
periodista
me
asignan
siempre
que
las
solicito.
Le
haba
prometido a una buena amiga que la llevara a ver al cantante de
Sabadell, fantica de sus canciones tanto o ms que de su fsico;
una buena amiga a la que, con buenas intenciones y mejores
detalles, quera convertir en lo que los entendidos denominan una
follamiga. La amistad con Soraya la alimentbamos desde el
instituto cuando la casualidad, o la buena suerte, la haba sentado
a mi lado; una compaera de metro y setenta centmetros de
estatura, veintin aos, complexin delgada, pelo largo castao y
nariz aguilea que lejos de afearla acentuaban su atractivo. Tena
en propiedad una sonrisa limpia de tabaco que floreca en una
boca sensual y adornada con un pequeo lunar a la derecha de su
labio superior. Sus manos eran grandes, con unos dedos largos e
interminables como sus piernas, un culo que al andar peda a
gritos que lo miraran y unas tetas que aunque eran generosamente
perfectas - la talla cien de sujetador le quedaba muy justa -, nadie
se haba corrido en ellas. An recuerdo los das de piscina en la
urbanizacin de sus padres en los que la suerte, o el atrevimiento,
me haban regalado un tmido roce con el codo. Un par de tetas
que luchaban constantemente por liberarse de la crcel de fibra
rosa de aquel sensual biquini. Soraya era una chica ingenua,
tmida, a pesar de que su primera relacin sexual la haba tenido
con diecisis aos en los servicios de una discoteca en Palma de
Mallorca, - donde pasaba los veranos junto a su familia -, sin
proteccin alguna ya que el chico que la desvirg le hizo creer
que la primera vez que las chicas practicaban sexo nunca se
quedaban
embarazadas
penetracin
dolorosa
en
desconocido que la ofreci la tierra prometida y que se larg con
la siguiente ingenua que le concedi el honor de desvirgarla en los
aseos de la misma discoteca. Pero cuando empujan las presiones
de las amigas, - todas haban tenido algn que otro affaire con el
sexo porque, segn ellas, perder la virginidad era como una
religin -, el riesgo y el dolor importan muy poco. Con el paso del
tiempo sus relaciones, que en un principio se dejaron llevar por el
instinto, fueron mejorando con la prctica.
ni
contraan
una
situacin
enfermedades.
Una
imprevista
con
un
-
Te han llegado ya los pases? -, me pregunt Soraya a travs
del Messenger.
-
Ya los tengo.
-
Qu bien! Me muero de ganas de ver a Sergio en concierto.
-
Ten paciencia. Todava faltan dos das.
-
A qu hora empieza?
-
A las diez. Si te apetece quedamos antes y tomamos algo.
-
Perfecto, pero invito yo. Ya has hecho ms que suficiente
consiguiendo las entradas.
-
Como
quieras
pero
recuerda
que
las
invitaciones
son
gratuitas.
-
Lo s. Aun as quiero invitarte.
-
Est bien.
-
Y dices que podr conocerle?
-
Que s, pesada.
-
Qu ilusin! Mis amigas se van a morir de la envidia.
Bueno, te dejo. Me voy a acostar que maana madrugo.
Besos. :)
-
Besos. ;)
Me qued con ganas de preguntarle si dorma con pijama, con
camisn, con salto de cama o si por el contrario prefera hacerlo
completamente
desnuda.
Si
lea
antes
de
dormirse,
si
se
acariciaba, si alguna vez so conmigo, Pero la timidez me lo
impidi, la misma que con doce aos me priv de mi primer beso,
con quince de mi primera novia y de mi primer polvo con
dieciocho.
Haca
semanas
que
esperaba
ansioso
que
llegara
el
da
del
concierto. Imaginaba que sentados en la butaca pondra mi mano
sobre su hombro y con disimulo le tocara el pecho; despus
iramos a bailar para acabar follando en el asiento de atrs del
coche en un socorrido descampado. Y lo haramos como locos,
intentando recuperar todos esos aos perdidos de diplomacia y
disimulo. El mismo da del concierto, Soraya me llam al mvil.
-
Hola Joaqun.
-
Dime Soraya.
-
No voy a poder ir al concierto. Mi madre est enferma y
tengo
que
quedarme
con
ella
para
cuidarla.
Lo
siento
mucho, de verdad. Me apeteca tanto ir contigo,
-
Y no puede cuidarla tu hermano? -, interrump.
-
Alfredo no est en Madrid.
-
No te preocupes -, dije resignado. - Le dar tu invitacin a
otra persona.
-
Disfruta del concierto. No te pierdas ni un solo detalle.
Quiero que me lo cuentes todo. Un beso.
-
Lo har. Que se mejore tu madre.
Media hora antes de que abrieran las puertas llegu al teatro
Nuevo Apolo para regalar aquel pase por el que muchas mujeres
habran matado. No buscaba a nadie en concreto. Eso s, tendra
que ser una mujer. Pens que ya que no me gustaba la msica de
Sergio por lo menos quera disfrutar de la velada en buena
compaa. Al lado de las taquillas, de espaldas, esperaba una
chica morena, alta, vestida con traje largo de color negro, zapatos
de tacn y pelo recogido con una cinta, tambin negra.
-
Qu buen culo tiene! -, pens.
Me acerqu a ella.
-
Hola, esperas a alguien?
Se dio la vuelta.
-
Te sobra una entrada? -, pregunt.
-
Ests de suerte.
-
Y cunto pides por ella?
-
Que me digas tu nombre y me des dos besos.
-
Me llamo Begoa, pero solo te dar uno.
Para estar separada y ser madre de una nia de once meses a la
que bautiz con el nombre de Rebeca, en honor a su abuela
materna, Begoa tena un cuerpo moldeado por el buen gusto y la
elegancia. Sus labios se fundieron con los mos en un beso
apasionado. Con lengua y saliva incluidas.
-
No te habr molestado, verdad? -, se disculp.
-
Al contrario. Me gustan las chicas arrogantes y decididas,
como t.
-
Entramos? El concierto est a punto de empezar.
-
Si.
Una seorita uniformada nos cort las entradas y nos acompa
hasta nuestros asientos. Fila doce, butacas dos y cuatro.
-
Gracias -, dije amablemente mientras extenda la mano y le
daba dos euros de propina.
Begoa se sent a mi derecha. El concierto dio comienzo a las
diez en punto. A la tercera cancin y con todo el teatro puesto en
pie, nuestras manos se encontraron. Hora y media ms tarde, el
frontman
cataln
decidi
darse
un
respiro
para
que
los
all
presentes hiciramos lo mismo. Begoa se levant, me dio otro
beso y me dijo:
-
Voy un momento al bao.
-
Te acompao hasta el vestbulo -, le dije. - Me apetece
fumarme un cigarro.
Y agarrados de la mano caminamos por un pasillo abarrotado de
gente. Llegamos al vestbulo y mientras ella visitaba los aseos yo
aprovechaba para salir a la calle a fumar. Cinco minutos ms
tarde volvimos a encontrarnos en el hall.
-
Qu tal todo? -, me pregunt.
-
Bien. Y t?
-
Bien.
-
Entramos?
Volvi a cogerme de la mano, aunque esta vez se la llev
directamente al culo.
-
Me he quitado las bragas en el servicio. Empezaban a
estorbarme -, me susurr al odo.
Volvi
a
besarme.
Mi
polla
empez
a
crecer
y
a
luchar
desesperadamente con la bragueta para huir de la dictadura del
pantaln. Nos sentamos. Begoa sac un chicle del bolso y se lo
meti en la boca. Lo masc. Me ofreci uno.
-
Quieres? Son de fresa.
-
S, por favor.
Sac un chicle del paquete, le quit el envoltorio y se lo pas
repetidas veces por el coo.
-
Toma. Con sabor a fresa, y a coo.
Lo sabore antes de masticarlo. Para entonces, Sergio Dalma ya
haba regresado al escenario y la gente se haba vuelto a levantar
de sus asientos para recibirle.
-
Te espero en los servicios -, dijo.
Se levant. La segu. Entramos en los aseos de seoras. Me mir
con morbo, dedicndome una sonrisa picarona. Se levant la falda
y me ense un coo rasurado que estaba pidiendo a gritos una
lengua.
-
Quieres probarlo?
Tir el chicle al suelo y me abalanc sobre aquel inesperado
regalo. Me puse de rodillas, le agarr el culo con ambas manos y
violent el coo hasta mi boca. Empec a chuparlo con ganas.
Begoa se retorca de placer. No haba terminado mi monlogo
cuando me
invit
a
que
me
levantara
para
arrodillarse
ella,
bajarme la cremallera del pantaln, sacarme la polla y metrsela
en la boca.
-
Vers qu bien hablo francs -, dijo.
No dejaba de mirarme mientras me chupaba el miembro viril.
Simulaba
morderlo;
lo
besaba.
Con
la
mano
derecha
me
masajeaba los huevos. Decidida a ordearme, introduca mi pene
en su boca hasta tocar la campanilla para luego recorrer con la
lengua el borde del capullo, estrujarlo y ver cmo brotaba un
lquido claro y denso premonitorio de una gran corrida.
-
Te gusta? -, pregunt sacndose la polla de la boca.
-
Sigue as.
Entonces, sin una explicacin lgica, detuvo la mamada y se
levant a la par que se limpiaba la boca.
-
Ya est listo -, dijo en voz alta.
La puerta de uno de los baos se abri y apareci Soraya. Me
qued perplejo, sin saber qu decir. Titubeante, solo acert a
preguntarle por su madre.
-
Soraya? Qu tal est tu madre?
-
Hola
Joaqun.
Mi
madre
est
bien.
Nunca
ha
estado
enferma. Estoy aqu para agradecerte todas las atenciones
que has tenido conmigo durante tanto tiempo.
Intent subirme el pantaln pero ella me lo impidi.
-
No te vistas. An no has terminado, verdad? Tienes que
correrte.
Con desparpajo se sac ambos pechos del palabra de honor azul;
primero el derecho y luego el izquierdo. Se acerc a m y me dijo:
-
Cmemelas!
Obedec. Soraya se mora de gusto. Begoa se puso de rodillas y
volvi a meterse mi polla en la boca, una polla que lejos de
abrazar la flacidez por aquella situacin tan confusa permaneca
erecta, dura y excitada.
-
Te gustan?
No
contest
y
segu
lamindolas.
Begoa detuvo la felacin.
Despus
de
unos
minutos
-
Est a punto de correrse -, dijo.
Soraya me apart de sus tetas y me orden que se las escupiera.
Volv a obedecer. Despus de salivarlas las escupi ella para
mezclar nuestros fluidos en su canalillo.
-
Quiero que seas el primero que me las folle.
Se puso de rodillas y aloj mi polla entre sus tetas. La suavidad
que haba sentido al tenerlas en mi boca se traslad a mi miembro
que lata con cada embestida como si el mismsimo corazn se
hubiera hospedado all. Y mientras yo empujaba, Soraya apretaba
las tetas para ejercer ms presin sobre mi pene que, a veces,
perda el rumbo y la cadencia. Pero ella volva a guiarlo con
maestra. Otras, sacaba la lengua con la intencin de tocarlo con
la punta. Un par de veces tuve que detenerme, sacar la polla y
volver a escupir en aquel sublime canalillo para intentar recuperar
la lubricidad absorbida por la piel con el roce de cada embiste.
Mientras, Begoa se ocupaba de mi boca. Cuando estuve a punto
de correrme, Soraya sac el miembro de sus tetas y le pidi a su
amiga que me pajeara.
-
Quiero toda su leche.
Begoa empez a pajearme con fuerza. Cuando Soraya vio que el
semen empezaba a fluir, orden a su amiga que me frotara la polla
contra sus pezones.
-
Escrrele bien. No quiero que se quede dentro ni una gota.
Sentir el frenillo rozando sus pezones me excit an ms. La
corrida
result
muy
generosa.
Cuando
tena
todo
mi
semen
alojado en sus tetas, Soraya invit a Begoa a que se las chupara
para degustarlo.
-
Quieres probarlo? Todava est caliente.
-
En otra ocasin -, contest Begoa. Por hoy ya ha tenido
suficiente.
-
Tienes razn.
Ambas afirmaciones resultaron ser ciertas. Esa noche pedir ms
hubiera sido muy egosta por mi parte. Disfrutaramos de muchas
ms experiencias como aquella; ahora follo con Soraya cuando
nos apetece y Begoa, mi mujer, nos lo permite.
La suerte, la buena suerte, se esconde en una mirada, en un gesto,
en una decisin, en una llamada..., o en los aseos del teatro Nuevo
Apolo.
XIV
POLVOS MGICOS
Slo pensar en traicionar
es ya una traicin consumada
Cesare Cant; escritor italiano
La
mayora
de los hombres
se creen
que
nosotras, las
mujeres, nos paseamos por la casa en liguero, con medias negras
de rejilla y sin bragas. Piensan que cuando nos duchamos nos
restregamos la alcachofa de la ducha por los labios vaginales
hasta que nos corremos, o que acabamos follando con el vecino
que amablemente se ha ofrecido a arreglarnos la cisterna para que
no gotee. Lo cierto es que el da que la caprichosa lujuria toca el
timbre de nuestra puerta, o no estamos depiladas, o tenemos la
regla, o llevamos las braguitas rotas. O mucho peor, sucias.
La
trrida
noche
que
coincid
con
Adolfo
en
una
conocida
discoteca madrilea llevaba puesto un tanga de encaje rojo recin
estrenado, una minifalda de muselina a juego, una blusa de
franela negra y zapatos escarpn con empella tambin de color
rojo. Un hombre apuesto, cuarentn un Cncer de cuarenta y
cinco
aos
recin
cumplidos
-,
bien
vestido,
con
el
pelo
engominado y un atrayente tic nervioso en la lengua que le
impulsaba a sacarla y moverla con rapidez de arriba a abajo como
insinuando lamerte el coo. Recuerdo que cruzamos las miradas,
nos sonremos varias veces y tras presentarnos y compartir besos
y borrachera, acabamos follando en los estrechos lavabos de aquel
ensordecedor antro. Y mientras la gente aliviaba sus necesidades
fisiolgicas en los retretes contiguos yo, con las palmas de las
manos apoyadas en los fros azulejos, con el tanga acaricindome
los tobillos y la falda recogida a la altura de la cintura, gema de
placer cada vez que mi partenaire me embesta con la fuerza
incontrolable del deseo ms lascivo y primerizo. Un mes ms
tarde formalizamos nuestra relacin y pasamos de follar una vez
por semana los sbados por la noche - a hacerlo todos los das.
Pensando en l he experimentado los orgasmos ms salvajes y
placenteros en los sitios ms insospechados: en la parada del
autobs, en la consulta del mdico o haciendo cola en la caja del
Carrefour. Un martes de un caluroso mes de julio descubr que
aquellos repentinos viajes al deseo ms desenfrenado se deban a
que yo era la protagonista de sus masturbaciones.
-
Hoy he pensado en ti y me he pajeado en la ducha -, me
susurr mientras me besaba en la nuca.
-
A eso de las dos de la tarde? -, le pregunt curiosa.
-
S, cmo lo sabes?
-
Lo s, cario. Lo s.
Aquel era un tesoro tan preciado que deba mantener en secreto y
retirar cuanto antes del mercado para no sufrir la competencia
desleal de otras de mi especie. Y no me refiero a las mujeres y s a
las lobas. Fue por eso que tom la ingenua decisin de que
nuestro
noviazgo
pasara
al
siguiente
estadio
lgico
en
una
relacin: el matrimonio. Un mes ms tarde convert a Adolfo en
mi marido con el nico fin de que sus experiencias ms hmedas
me pertenecieran solamente a m. Pero muy pronto me hizo saber
que
aunque
ates
a
un
hombre
a
los
pies
de
tu
cama,
su
imaginacin es mucho ms ancha y libertina que tu sexo. Lo
descubr el da que se excus para ir al bao mientras toda la
familia ramos testigos de cmo mi hermana gema y se retorca
de gusto en el funeral de mi padre.
XV
DEL LAT. CUNNILINGUS
La mujer y el arte
son excluyentes, mi amigo.
En cada vagina
est enterrado un artista.
Mario Vargas Llosa;
novelista peruano
He visto coos de diferentes tamaos y texturas, coos
pequeos, estrechos, poco profundos y sin lubricar; coos anchos,
con formas caprichosas, aburridos y montonos, con pequeas
dobleces que hacen que el miembro tenga mayor excitacin al ser
mayor el rozamiento. Coos que ejercen una presin justa y
placentera. Coos que huelen a gloria, sin suturas de episiotoma.
Coos ardientes, sper lubricados y siempre libres de la dictadura
de las bragas.
Encontrar a un hombre que coma bien el coo es como tener la
llave del cajn donde se guardan los deseos. Amigo mo, el coo
hace nicas a las mujeres; es por eso que nos gusta tanto que
mientras nos lo miran, nos lo acarician o nos lo lamen, nos hablen
de l y de lo nico que es. Un coo se ha de comer con todos los
sentidos. Tienes que observarlo con detenimiento ya que luego,
cuando lo tengas a merced de tu boca, no podrs hacerlo. Hulelo,
inspirando profundamente para que su aroma te invada y se meta
en ti. Tcalo con suavidad y atrevimiento. Cmetelo y saborea su
exclusividad. Disfrtalo y haz que tu pareja disfrute con ello.
Murdelo con cario, con sensualidad, con morbosa complicidad.
Recuerda que alguien ha abierto sus piernas para que t lo
disfrutes. No dejes ningn rincn sin lubricar. Busca cada pliegue,
llega con la lengua hasta el mnimo espacio que lo separa del ano
y mtela all. Sin prisas. Sin desmanes ni tropelas. Detente a
escuchar cmo gime de agradecimiento tu pareja.
Antes de empezar a comerte un coo acaricia los muslos de la
afortunada. La parte interior es una zona ergena importante que
no ha de quedarse sin masajear. Exctala con la lengua, invtala a
que abra los labios vaginales o breselos t: primero con la punta
para continuar con toda la superficie, repetidas veces, de arriba
hacia abajo y viceversa. Deja que ella participe, que se toque, que
se excite mientras se lo chupas. Si antes de excitar un coo con la
lengua
lo
haces
con
el
dedo
asegrate
de
que
est
bien
humedecido con tu saliva o con sus jugos; un dedo seco causa
mucho dolor cuando se queda pegado a la vagina. Busca el
cltoris, esa diminuta perla del deseo. Es importante que cuando tu
pareja est a punto de correrse, lo sientas en tu boca. Aydale a
llegar al orgasmo movindote con ella, a su ritmo. No pares.
Utiliza los dedos dos mejor que uno -, bien humedecidos para
pajearlo mientras lo lames; al principio con lentitud y delicadeza
para incrementar el ritmo al mismo tiempo que lo hace ella.
Mrale fijamente a los ojos y disfruta del momento porque ella lo
est disfrutando. Cuando se haya corrido no dejes de excitarla;
hblale de su bonito pecho, de sus perfilados labios, de su sensual
atractivo, de su perfume nico.
Como consejo te dir que despus de haber probado muchsimas
posturas a m me gusta poner el coo en la boca de mi pareja,
boca arriba, y moverme mientras pasea su lengua por l; insinuar
que voy a correrme para que l la introduzca en mi cltoris, suave
pero con firmeza, y correrme en su boca cuando el orgasmo me
invade. Recuerda que un mediocre follador, un psimo amante,
convierte
a
un
buen
comedor
de
coos
en
un
hombre
imprescindible.
2.
Los juegos preliminares son muy importantes para que el
resultado
de
comerse
un
coo
sea
ptimo,
dndonos
la
posibilidad de que nos lo volvamos a comer. Los lubricantes con
sabores afrutados, - fresa, cereza, frambuesa, -, y los espejos,
que
aportan
un
elemento
voyeurista
y
exhibicionista
muy
particular, ayudarn a recrear un ambiente muy propicio para
llevar a cabo el cunnilingus.
XVI
LA PROFESORA
Es detestable esa avaricia espiritual
que tienen los que, sabiendo algo,
no procuran la transmisin
de esos conocimientos
Miguel de Unamuno;
escritor y filsofo espaol
La noche rezumaba aburrimiento. Es por eso que despus de
cenar
decid
sacudirme
el
tedio
saliendo
a
tomar
una
copa.
Begoa, mi mujer, pasara el fin de semana en una casa rural ya
que se haba apuntado a uno de esos encuentros que tan de moda
han puesto las empresas como medida de acercamiento entre sus
trabajadores. Cog un taxi y me dirig al centro. En la radio
sonaba Bailar pegados, la cancin con la que Sergio Dalma
represent a Espaa en el festival de Eurovisin de 1991.
-
Por favor, a la calle Hilarin Eslava, nmero
-
Treinta y seis -, me interrumpi el taxista. Usted quiere
que le lleve a la discoteca Penlope.
-
S, por favor.
A esas horas el trfico era fluido. En poco ms de treinta minutos
llegu a mi destino.
-
Treinta y dos euros con ochenta -, dijo el taxista mientras
bajaba de nuevo la bandera.
Le di un billete de veinte, uno de diez y otro de cinco.
-
Tome. Qudese con el cambio.
-
Muchas gracias, seor.
Baj del taxi y entr en la discoteca. Andrs, propietario de la
sala, me salud al verme. Yo trabajaba como periodista y haba
cubierto la crnica de varios conciertos celebrados all. De eso
nos conocamos.
-
Hola Joaqun. Entra y tmate algo -, me dijo Andrs.
Le hizo un gesto a la camarera para que me sirviera una copa y no
me cobrara.
-
Gracias Andrs.
-
Luego nos vemos que ahora estoy muy liado.
-
De acuerdo.
Celebraban una fiesta en la que las chicas bailaban con las
camisetas mojadas al son de la cancin You can leave your hat
on, el tema popularizado por la pelcula Nueve semanas y
media e interpretado por la voz quebrada de Joe Cocker. Me
acerqu a la barra donde me estaba esperando una sonriente
camarera.
-
Ron con Cola, por favor.
-
Cacique?
-
No, Brugal.
Me sirvi la copa.
-
Aqu tiene -, me dijo.
Dej en el mostrador un vaso con tres dedos de ron y una botella
con la mitad del refresco.
-
Muchas gracias. Cmo te llamas? -, la pregunt.
-
Paquita.
De repente, alguien interrumpi nuestra conversacin.
-
Joaqun? Hola, soy Lidia, la profesora de Rebeca. Me
recuerdas?
Rebeca es mi hijastra, una nia preciosa de ao y medio de edad
con el desparpajo y la labia de una de cinco. Lidia, que a
mediados del mes de agosto cumplira veintin aos, era su
profesora de primaria. Nos conocamos del colegio los das que
Begoa, debido a compromisos de trabajo, no pudo recoger a la
nia y lo haba hecho yo.
-
Por supuesto. Qu tal Lidia! -, dije mientras nos dbamos
dos besos.
-
Bien. He venido con una amiga a celebrar su cumpleaos,
y t?
-
Yo he venido solo. Me aburra en casa y he salido a tomar
algo.
-
Por qu no nos acompaas?
-
No quiero molestaros.
-
No seas tonto!
Lidia me present a su amiga Leire que recin estrenaba la
mayora de edad. Despus de charlar, de beber y de bailar juntos,
la cumpleaera se despidi de nosotros. Haba conocido a un
joven con el que continuara la fiesta en otro sitio. De vuelta a
casa, en el taxi que compartimos, Lidia apoy la cabeza sobre mi
hombro y me abraz. Luego me cogi la mano y la pase por su
pecho, rozndolo con suavidad. Levant la cabeza de mi hombro,
me sonri con dulzura y me dijo:
-
Mtela por dentro.
Obedec. Me bes en la boca. Veinte minutos ms tarde llegamos
al Puente de Vallecas, destino de Lidia. Sac mi mano de su
escote, se coloc la blusa y le dijo al taxista:
-
Pare, por favor. Yo me bajo aqu.
El taxi se detuvo.
-
No baje la bandera -, le dije. - Yo contino.
Nos despedimos con otro beso en la boca.
-
Ya hablamos -, me dijo.
Aquella noche no pude dormir pensando en ella. Pasaron los das,
las semanas, incluso los meses y segua sin saber nada de Lidia.
Me mora de ganas de verla pero al mismo tiempo no quera que
nuestro
encuentro
comprometiera
mi
matrimonio.
El
destino
quiso que nos volviramos a encontrar, a solas, el da que Begoa
pidi una tutora para que Lidia le informara
acerca de los
progresos de Rebeca y no pudo acudir a la cita. En su lugar lo
hice yo.
-
Hola, Joaqun -, dijo Lidia, que esperaba en el vestbulo del
colegio.
-
Begoa no ha podido venir -, trat de disculparla.
-
Es lo que tiene solicitar las tutoras con tanta antelacin. No
te preocupes, Rebeca va estupendamente. Es una nia que se
relaciona muy bien con el resto de sus compaeros.
-
Me alegro.
Llegamos a una sala en donde otros padres charlaban con los
tutores acerca del comportamiento y la adaptacin de sus hijos.
Nos sentamos, uno en frente del otro. Despus de unos minutos
nos quedamos solos. Lidia se quit el zapato derecho y se me
insinu rozndome la pierna con su pie desnudo.
-
Tena
tantas
ganas
de
verte!
-,
me
dijo.
-
Cundo
quedamos para acabar lo que empezamos?
-
Va a ser complicado -, me excus.
Lidia se levant y se acerc a m con la intencin de besarme.
Pero en ese momento alguien abri la puerta de la sala y ella
desisti en su empeo disimulando que nos despedamos.
-
Bueno
Joaqun.
Pues
no
tengo
nada
ms
que
contarte.
Saluda a Begoa de mi parte.
-
Lo har.
Haba transcurrido un mes desde aquel encuentro y en el colegio
se celebraba una jornada de puertas abiertas. Era primavera y el
buen tiempo ya se haba instalado en el calendario. Begoa,
Rebeca y yo visitamos las instalaciones. All nos encontramos con
Lidia. Nada ms verla, Rebeca corri hacia ella y se lanz a sus
brazos.
-
Hola guapetona -, dijo Lidia mientras abrazaba a la nia y le
daba dos besos.
-
Hola Lidia -, salud Begoa.
-
Hola paps -, dijo Lidia. - Si os parece bien os enseo la
clase de Rebeca y las actividades que ha realizado durante
estas ltimas semanas.
-
Estupendo -, dijo Begoa.
Lidia cogi a Rebeca de la mano y los cuatro nos dirigimos hacia
el aula.
-
Te ha dicho Joaqun que este verano coincidimos en una
discoteca? -, pregunt Lidia a Begoa. - Tienes un marido
muy alegre y divertido.
-
No me ha comentado nada.
-
Te lo habr dicho lo que ocurre es que ya no te acuerdas -,
trat de justificarme.
-
Me acordara -, dijo Begoa.
-
Os dejo -, dijo Lidia. - Tengo que ensearles el aula a otros
padres.
Nosotros seguimos visitando las instalaciones e intercambiando
impresiones con otros padres. Rebeca se diverta jugando con sus
compaeros.
-
Qu bien se llevan los nios! -, exclam Susana, madre de
uno de ellos.
-
Eso parece -, corrobor Begoa.
Aquella situacin empezaba a agobiarme.
-
Alguien sabe dnde estn los servicios? -, pregunt.
-
Los ms cercanos los tienes cruzando el patio, al lado de la
piscina -, dijo Jorge, el marido de Susana.
-
Muy bien. Ahora vuelvo.
Atraves el patio y all, en uno de los pasillos, me encontr de
nuevo a Lidia. Pareca muy contenta de volverme a ver, tal vez
debido a los efectos que el alcohol - asa un vaso en la mano -,
haban causado en ella.
-
Quieres un gisqui? -, me pregunt a la par que me ofreca
beber de su vaso.
-
No, gracias. Busco los servicios.
-
Ven. Sgueme -, me dijo.
Me cogi de la mano para asegurarse de que la acompaaba.
Llegamos a los vestuarios de la piscina cubierta.
-
Pasa -, dijo Lidia.
Entramos. Me llev hasta las duchas.
-
Ven.
Se abalanz sobre m. Lidia era un poco ms alta que yo aunque
al quitarse los zapatos de tacn los labios quedaron a la altura de
nuestros besos. Se desabroch el vestido que cay al suelo como
un fardo de plomo, gir la llave del grifo de la ducha y me invit
a comerle las tetas empapadas de agua.
-
Para ti.
Resultaba de lo ms sensual ver cmo el agua le calaba el pelo y
resbalaba por la suavidad de su cuerpo. Le com las tetas para
despus romperle las bragas y comerle el coo. Ms tarde, Lidia
se arrodill, me baj la cremallera del pantaln, sac mi polla y se
la meti en la boca. Cuando estaba suficientemente lubricada se
levant, dio media vuelta y la aloj en su coo. Apoy las dos
manos en los azulejos blanquecinos y me suplic que empujara
con fuerza.
-
Quiero sentirla toda dentro de m.
Mientras con una mano la agarraba de la cintura, con la otra la
tiraba del pelo como si se tratara de las crines de un caballo
desbocado al que tena que domar.
-
Te gusta?
-
Ms fuerte, ms fuerte -, me suplicaba.
Yo empujaba y en cada embestida el deseo y los gemidos me
invitaban a seguir empujando. Cada vez ms fuerte. Unos minutos
ms tarde el eco de un grito de placer envolvi el ambiente. Lidia
se corri. Yo tambin. Nos sentamos en el suelo, empapados,
contemplando cmo nuestro placer se perda para siempre por el
sumidero. Nos miramos y sonremos. De repente, alguien entr en
los vestuarios y ocup la ducha de al lado. La voz de Begoa
rompa
la
armona
del
silencio.
Con
sarcasmo
e
irona
le
preguntaba a su acompaante:
-
No conocas los vestuarios de la piscina? Es lo mejor del
colegio. Por aqu hemos pasado casi todos. Varias veces.
XVII
LOS MEJORES ORGASMOS DE MI VIDA
El da que lea que el sexo
es malo para la salud,
dejar de leer
W.C. Fields; cmico y actor
Todas las noches sueo contigo y en cada fotograma de esos
sueos, por muy absurdos e imposibles que sean, apareces t: tu
rostro, tus labios, tu saliva, tu olor. Una veinteaera moldeada a
imagen
y
semejanza
de
mis
deseos
ms
inconfesables
y
libidinosos; una rubia natural propietaria en exclusiva de mis
sueos ms prohibidos e inconfesables. Ataviada una noche con
un corpio blanco que moldea una escultural figura con unos
pechos siempre turgentes, para la siguiente volverme loco con el
insinuante contoneo de un trasero con forma de corazn y una
minifalda de terciopelo negro a juego con unos zapatos de tacn
interminable que invita a gritos al deleite visual del vello dorado
de tu rizado pubis. Noches interminables en las que tus rodillas
terminan enrojecidas apoyadas en el suelo y las palmas de tus
manos
se
agarrotan
con
el
fro
de
las
baldosas.
Noches
de
descontrolada pasin junto a una mujer habituada a la contorsin
de mis fantasas, esas que la mayora de las veces acaban en el
cuarto de bao aliviadas de placer por la soltura y la maestra
adquirida por mi mano derecha.
Los placeres ms mundanos me invitaban a sentarme cada tarde
en la terraza de un cntrico bar para alimentar mi curiosidad con
el continuo pasar de un mar de gente que se exhiba ante m como
si de un desfile de modelos se tratara. Es lo que tiene ser escritor:
cualquier situacin despierta mi voyeurismo ms visceral, ese que
por deformacin profesional no entiende de horarios y que hay
que alimentar cundo, dnde y cmo sea.
-
Buenas tardes -, me salud atentamente el camarero.
-
Buenas tardes.
-
Le sirvo lo mismo que ayer?
-
Si, por favor.
Cada
tarde
aprovechaba
aquel
desfile
de
desconocidos
para
inventarles una vida nueva, tan vlida como las protagonizadas
por los celos mal curados de maridos ebrios de soberbia, aliviados
temporalmente con palizas que terminaban en el hospital o en la
comisara; ninfomanas aliviadas en encuentros fortuitos con el
fontanero en el cuarto de bao, con el repartidor de pizza en la
cocina o con el cobrador del recibo de los muertos en el hall. Si el
que
pasaba
por
all
mostraba
indicios
de
cojera
situaba
al
susodicho en una plaza de tercera categora de un innombrable
pueblo de vila, Orbita o Gutierremuz por ejemplo, siendo
corneado por un morlaco negro zaino y astifino en medio del
gritero ensordecedor del respetable que religiosamente acuda a
este tipo de eventos motivados ms por el morbo de las cogidas
que por el espectculo taurino. Y si la que paseaba lo haca sola,
igual me la imaginaba viuda prematura que jovencita en busca de
relaciones de una noche. Todas las tardes la misma rutina avivada
por unos desconocidos que desfilaban por la alfombra roja de mi
imaginacin. Pero aquella tarde sera diferente. Una rubia de poco
ms de veinte aos de edad, calcada en cuerpo y alma a la que
cada noche y sin permiso se haca con las riendas sin control de
mis sueos, se sentaba en la mesa de al lado. Vesta blusa blanca
con chorreras, a medio abotonar, falda negra larga de tergal con
una interminable abertura que descubra la perfecta proporcin
del muslo de su pierna derecha, manoletinas tambin negras y
calcetines blancos de perl. Se haca acompaar por una mujer
mucho mayor que ella, de pelo corto, morena, vestida con unos
pantalones
vaqueros
que
ceidos
al
cuerpo
delataban
sus
michelines, calzando unas zapatillas de deporte acordonadas al
tobillo y luciendo una camiseta ancha, souvenir de unas pasadas
vacaciones en Benidorm. La rubia levant la mano para reclamar
la atencin del camarero.
-
Por favor.
El joven acudi raudo a su llamada.
-
Buenas tardes, qu van a tomar?
-
A m me pone una horchata y a ella
-
Yo tomar una cerveza bien fra -, dijo su acompaante. En botelln y
sin vaso.
-
Muy bien.
Dos
minutos
ms
tarde
el
camarero
regresaba
con
las
consumiciones.
-
Aqu tienen. Una horchata y una cerveza bien fra. En
botelln y sin vaso.
-
Muchas gracias -, dijo amablemente la joven rubia.
Al principio nuestras miradas se buscaban como no querindose
encontrar,
discretas,
casualidad.
Pero
el
espordicas miradas se convirtieron poco a poco en necesarias. A
aquella veinteaera que haba robado toda mi atencin no le
inventaba una vida ya que me la saba de memoria de habrsela
escrito en todos mis sueos; igual poda llamarse Carolina y ser
una secretaria acostumbrada a complacer en los despachos los
deseos sexuales de sus jefes, que una enfermera en prcticas que
cambiaba su turno de trabajo para dar rienda suelta, con alevosa
nocturnidad, a sus fantasas menos confesables, aquellas que la
varita mgica del deseo hacan realidad con el joven inquilino de
la habitacin 804 en la inhspita octava planta de un vetusto
hospital. Pero aquella rubia se llamaba Esther, trabajaba en una
indecisas,
guiadas
por
la
brjula
de
la
reloj
y
la
curiosidad
tenan
prisa
y
las
consultora y estaba soltera. Entre mirada y mirada la jovencita se
levant para ir al cuarto de bao. Aquella loca e injustificada
relacin se volvera razonable en los servicios de aquel bar,
testigo mudo de cmo cada tarde mi vida se enriqueca con la
vida que les inventaba a los dems. Me levant y la segu. Era mi
nica oportunidad de conducir hacia la realidad cada centmetro
de aquellos sueos imposibles. Pero todas las expectativas de
apagar el fuego de aquel deseo incontrolable de dirigir a buen
puerto el barco de aquella sensualidad acumulada de noches de
pasin egosta pero sincera, se esfumaron en unos segundos, los
que tard en contemplar a aquella belleza de pie, con las bragas a
la altura de las rodillas y la falda asida con la mano izquierda y
subida
hasta
la
cintura
mientras
con
la otra
se
sacuda
con
efusividad su diminuto miembro viril despus de haber expulsado
del cuerpo el amarillento lquido cetrino de su orina en aquel
maloliente servicio de caballeros.
Maana cumple dos aos nuestra intensa relacin alimentada en
noches interminables que abrazan la madrugada y en las que froto
mi pene contra su cuerpo - muy vlidas son las axilas, los muslos,
las nalgas e incluso las plantas de los pies -. Noches interminables
en las que he acabado ponindome sus bragas, y sus medias, y su
liguero, y metiendo mi polla en su boca o alojando su miembro en
la estrechez de mi ano. Con Esther he experimentado los mejores
orgasmos de mi vida.
XVIII
EL SEXO Y EL AMOR
"Masturbarse es hacerle el amor
a la persona que uno ms quiere"
Woody Allen;
director de cine estadounidense
No puedo dormir. ltimamente el insomnio se apodera de
mis noches, los sueos apuestan por vivir sus propias realidades y
no dudan en despertarme a horas tan intempestivas como las tres
y
cuarto
de
la
maana.
Es
lo
que
tiene
estar
perdidamente
enamorado de la vida, que uno siempre prefiere vivirla que
soarla. Aunque aquella noche la culpa de no poder conciliar el
sueo no era del insomnio y s de hospedar en mi cabeza el
martilleante recuerdo de Lidia. Nada ms llegar a casa me puse
cmodo, me tumb en el sof y encend el televisor; un eficaz
medicamento con mnimas contraindicaciones para cuya ingesta
no haba que consultar al mdico y convertido - como el pan de
cada da -, en bueno y necesario para acabar en los brazos de
Morfeo. Lo de contar ovejitas no funcionaba. Haba probado con
la meditacin, incluso con el ejercicio antes de irme a acostar pero
tampoco haba obtenido los resultados esperados. Lo dicho, que
las noches de insomnio, o las que como sta no puedo dormir por
pensar en una mujer, enciendo el televisor y me tumbo en el
tresillo, entregndome en cuerpo y alma y sin condiciones a los
deseos de la programacin nocturna. As fue como acab viendo
aquel programa de opinin, ni el nombre de la cadena ni el del
programa importan demasiado, que permita a unos supuestos
invitados
convertidos
de
la
noche
a
la
maana
en
expertos
tertulianos emitir opiniones y juicios de valor acerca del sexo y el
amor. Y mientras unos defendan que el amor era ms propio del
invierno ya que el verano invita ms al deseo, otros defendan la
increble teora de que el amor verdadero se manifiesta en verano
ya que el invierno congela todo lo que toca. Entre aquellos
tertulianos se encontraba una mujer llamada Clara, que dijo haber
cumplido
cuarenta
y
ocho
aos,
muy
atractiva
-
lo
que
comnmente se conoce como una M.Q.M.F. Mam Que Me
Follara -, y cuyas opiniones haba recogido en un libro titulado
Cambio sexo por amor, trescientas pginas en las que, adems
de experiencias sexuales, se aconsejaba cmo practicar el sexo de
una manera saludable, gratificante y siempre placentera. Algunos
de
los
presentes
se
atrevan
a
arropar
sus
palabras
con
el
testimonio de otros ausentes a quienes pedan enfebrecidamente
que las corroboraran va telefnica. Experiencias tan excitantes y
morbosas como las de aquellos que haban practicado sexo en el
asiento de atrs de un coche, en los servicios de una discoteca o
en el ascensor de un hotel, localizaciones todas ellas que, segn
los defensores del sexo en verano, eran menos probables cuando
las hojas de los rboles caducan y desde el suelo abrazan el
invierno; experiencias todas ellas harto impensables cuando el
amor se acuesta en tu cama y se folla a tu mujer dos veces a la
semana en la postura del misionero. Los invitados defendan sus
absurdas e irreconciliables tesis entre el sexo y el amor sin caer en
la cuenta de que a veces ambos viajan juntos y cogidos de la
mano. Fue entonces cuando a una tertuliana, famosilla por ser
habitual del papel cuch, se le ocurri la genial idea de ensear a
la audiencia sus dos atributos ms deseados, cmplice de un
horario muy promiscuo y nada infantil. Y a los pocos segundos un
avispado se levant de su asiento y, despus de manosearlos, dio
fe de la naturalidad de aquellos suculentos pechos que nunca
haban sido sometidos a la artificialidad del quirfano y el bistur.
Increble! Aquello despert m libido e instintivamente conduje
mi mano hacia la polla. Acaricindome sent cmo el amor coga
al sexo de la mano y ambos viajaban hacia el paraso de mi
imaginacin. Y senta cmo aquella rubia de bote, de pechos
naturales y labios de escaparate, me haca una felacin en el
ascensor de un hotel para despus follrmela a cuatro patas en el
asiento de atrs de un coche y terminar corrindome en su cara en
los nihilistas servicios de una conocida discoteca. Y el deseo,
vido
de
conocer
mundo
y
incontrolado,
inund mi
mano
lquido traslcido, denso y viscoso y cuya presencia ya haba
en
una
explosin
de
jbilo
derecha
impregnndola
de un
experimentado
en
algunas
de
mis
noches
de
insomnio
y
tertulianas de asiento de atrs del coche y aseos de discoteca.
Aquella no sera la primera vez que practicaba sexo con amor.
Porque nadie me ha pajeado como yo. Porque nadie me conoce
mejor que yo.
XIX
GNESIS
Si Eva hubiera escrito el Gnesis,
cmo sera la primera noche de amor
del gnero humano?
Eva hubiera empezado por aclarar
que ella no naci de ninguna costilla,
ni conoci a ninguna serpiente,
ni ofreci manzanas a nadie,
y que Dios nunca le dijo:
parirs con dolor
y tu marido te dominar.
Que todas esas historias
son puras mentiras
que Adn cont a la prensa
Eduardo Galeano; escritor uruguayo
En contadas ocasiones la vida nos ofrece la oportunidad de
vivirla. Una oportunidad nica que no se le brinda a todo el
mundo, solo a aquellos que creen en la imperiosa necesidad de
vivirla. La vida ha tenido el detalle de darme esa oportunidad y la
vivo como quiero, sin nada ni nadie que me diga cmo hacerlo. Y
me levanto a la hora que quiero, y trasnocho, y ayuno de ti o te
peco de gula; a mi libre eleccin y a mi libre albedro. Ahora
disfruto de los detalles, de los paseos pausados, de la lectura sin
prisas con la nica obligacin que me imponen el gusto y las
ganas de vivir. Nada ms. Y contagio al mundo mi alegra, el
verso libre de mis ilusiones, la poesa del nosotros, abrigando los
sueos de aquellos que se han olvidado de soar o que nunca lo
han hecho. Y comparto mis te quiero y grito mis te necesito.
Ahora respiro a diario, desayuno en el VIPS, ayuno a deshoras,
todos mis das son das festivos. Y observo, y escucho, y palpo, y
huelo. Compro ramilletes de flores y les guio el ojo a las
camareras. Me enamoro del silencio, y del bullicio, y te engao de
consumismo con las cajeras del sper. Encierro en el redil de mi
insomnio las ovejitas que cuentan mis noches sin ti y escribo, y
escribo, y escribo. Vivo ajeno a envidias, a soberbias mal curadas,
a chismes y horarios de oficina; ajeno a traidores, hipcritas,
desagradecidos y falsos profetas. Y le doy la espalda a la rutina.
Una vez por semana contrato los servicios de Paquita, una joven
con cara de vicio que, aunque ejerce de puta a tiempo parcial, - o
sea, cuando la apetece -, necesita follar a diario. Cincuenta y
cinco kilos de peso, pelo corto castao, poco pecho, con un
pequeo dragn tatuado en la teta derecha y gafas de pasta.
Telfono de contacto: 639 245 236. Precio del servicio: Ciento
cincuenta
euros.
Calle
Clara
del
Rey,
escalera
izquierda,
apartamento 369. Precio del alquiler: veinte euros la hora.
Me acomodo en la cama mientras ella, de rodillas y con las bragas
an puestas, me come la polla. Y me mira y se relame. Y yo
endulzo mi curiosidad con un programa de recetas de cocina. Y
hago "zapping" y en la pantalla aparece Kirk Douglas, y ngela
Barnett y Anita Pallenberg, Y los Reyes Magos. Y Paquita
sigue
rechupetendome
la
polla,
ensalivando,
sin
utilizar
las
manos, como si de una piruleta se tratara. Y se excita con un
consolador color azul a la par que saca el miembro de la boca y se
da golpecitos suaves en la cara. Y yo aguanto y aguanto hasta que
no puedo ms y me corro en su boca. Y ella me sacude la polla
mientras la leche, mezclada con la saliva, se le sale por la
comisura de los labios y cae en la cama manchando la sbana. Y
se la vuelve a introducir en la boca mientras yo le agarro un pecho
con la mano izquierda y con la derecha cojo el mvil y le hago
una foto que guardar en la cartera junto a la
estampa de Mara
Magdalena que tutela mi suerte.
Ahora voy al bao varias veces al da. Ser que mi cuerpo
necesita expulsar con urgencia toda la mierda acumulada durante
tantsimo tiempo.
INDICE
Pg.
45
Del lat. mod. fellat
o, der. de fell
La terapia del lobo feroz
7
Educando al paladar
17
Angie
25
Para toda la vida
27
2 x 1
35
Mara Magdalena
43
Diferencia entre precio y valorre, mamar
47
Sandra y Sofa
51
Mi vida sin ti
63
Las gotas de agua
69
Y al tercer da Dios resucit en Mojcar
73
En un concierto de Sergio Dalma
75
Polvos mgicos
85
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