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El Pájaro Pintado

1. Durante la Segunda Guerra Mundial, los padres de un niño de 6 años en Europa Oriental lo enviaron a una aldea lejana para protegerlo de los peligros de la guerra. Perdieron contacto con él debido a la confusión causada por la guerra. 2. El niño vivió los siguientes 4 años en aldeas aisladas y atrasadas, pasando de una a otra. Los aldeanos lo rechazaban porque pensaban que era gitano o judío. 3. El niño vivió con una anciana llamada Marta, quien

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El Pájaro Pintado

1. Durante la Segunda Guerra Mundial, los padres de un niño de 6 años en Europa Oriental lo enviaron a una aldea lejana para protegerlo de los peligros de la guerra. Perdieron contacto con él debido a la confusión causada por la guerra. 2. El niño vivió los siguientes 4 años en aldeas aisladas y atrasadas, pasando de una a otra. Los aldeanos lo rechazaban porque pensaban que era gitano o judío. 3. El niño vivió con una anciana llamada Marta, quien

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Durante las primeras semanas de la Segunda Guerra


Mundial, en el otoo de 1939, los padres de un nio de
seis aos de una gran ciudad de la Europa Oriental, lo
enviaron, como a miles de otras criaturas, al abrigo de una
lejana aldea.
A cambio de una substanciosa cantidad de dinero, un
hombre que viajaba rumbo al Este accedi a buscarle unos
padres adoptivos temporales. A falta de otras alternativas,
los padres le confiaron el nio.
Los padres estaban convencidos de que lo mejor que
podan hacer para asegurar la supervivencia del nio
durante la guerra era alejarlo. A consecuencia de las
actividades antinazis que el padre haba protagonizado
antes de la guerra, ellos mismos debieron esconderse para
evitar que los enviaran a un campo de trabajos forzados
en Alemania o que los encerraran en un campo de
concentracin. Queran salvar al nio de estos peligros y
alimentaban la esperanza de volver a unirse a l en el
futuro.
Los hechos, empero, desbarataron sus planes. En medio
de la confusin producida por la guerra y la ocupacin,
con traslados continuos de poblacin, los padres perdieron
contacto con el hombre que haba instalado al nio en la
aldea. Debieron admitir la posibilidad de que nunca
volveran a reunirse con su hijo.
Mientras tanto, la madre adoptiva muri dos meses
despus de la llegada del nio, y ste, librado a su suerte,
comenz a peregrinar de una aldea a otra. Unas veces lo
albergaban y otras lo rechazaban.
Los pueblos donde habra de pasar los cuatro aos
siguientes pertenecan a un grupo tnico distinto del de su
regin natal. Los campesinos locales, aislados y unidos

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entre s por lazos de consanguinidad, eran de tez blanca,
rubios y de ojos azules o grises. El nio tena piel cetrina,
pelo oscuro y ojos negros.
Hablaba el lenguaje de la clase culta, apenas inteligible
para los campesinos del Este.
Pensaban que era un gitano o un judo fugitivo, y los
individuos y las comunidades que daban asilo a gitanos o
judos, a quienes les estaban reservados los ghettos y
campos de exterminio, corran el riesgo de ser
implacablemente castigados por los alemanes.
Las aldeas de la comarca haban sido descuidadas
durante siglos. Inaccesibles y alejadas de todos los
centros urbanos, se hallaban en las zonas ms atrasadas
de Europa Oriental. No tenan escuelas ni hospitales,
haba pocas carreteras pavimentadas o puentes, y
carecan de electricidad. La gente viva en pequeas
comunidades, como sus abuelos. Los aldeanos se
disputaban los derechos sobre los ros, los bosques y los
lagos. La nica ley se expresaba en el derecho tradicional
del ms fuerte y ms rico sobre el ms dbil y ms pobre.
La poblacin estaba dividida entre catlicos y ortodoxos, y
slo les unan su desmedida supersticin y las incontables
enfermedades que acosaban a hombres y animales por
igual.
Eran ignorantes y brutales, aunque no por su voluntad.
La tierra era pobre y el clima inclemente. Los ros,
generalmente desprovistos de peces, inundaban con
frecuencia praderas y campos, transformndolos en
lodazales. La comarca estaba atravesada por marismas y
cinagas, y los espesos bosques albergaban
tradicionalmente a bandas de rebeldes y forajidos.
La ocupacin de esa zona por los alemanes slo sirvi
para aumentar su miseria y atraso. Los campesinos
deban entregar una parte considerable de sus magras

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cosechas a las tropas regulares por un lado, y a los
guerrilleros por otro. La negativa a estas exigencias poda
traducirse en incursiones de castigo contra las aldeas, que
quedaban convertidas en ruinas humeantes.

Yo viva en la choza de Marta, esperando que mis padres


vinieran a buscarme de un da a otro, de un momento a
otro. Llorar no mejoraba las cosas, y Marta era
indiferente a mis pucheros.
Era vieja y estaba siempre doblada en dos, como si
quisiera partirse por la mitad pero no pudiese. Su pelo
largo, que jams peinaba, se haba anudado en
innumerables y espesas sortijas imposibles de
desenmaraar. Las llamaban greas. En ellas se alojaban
fuerzas malignas, que las retorcan y producan
lentamente la senilidad.
Cojeaba de un lado a otro, apoyndose sobre una estaca
nudosa, farfullando en un idioma que yo no entenda
muy bien. Su pequeo rostro mustio estaba cubierto por
una red de arrugas, y su piel tena un color marrn rojizo
semejante al de una manzana que ha pasado demasiado
tiempo en el horno. Su cuerpo marchito temblaba
constantemente como si lo sacudiera un viento interior, y
los dedos de sus manos huesudas, con las articulaciones
deformadas por la enfermedad, se agitaban
incesantemente mientras la cabeza se meca en todas
direcciones sobre el extremo del largo pescuezo
descarnado.
Vea mal. Escudriaba la luz a travs de pequeas
ranuras embutidas debajo de las pobladas cejas. Sus
prpados parecan los surcos de un terreno
profundamente roturado. De las comisuras de sus ojos
siempre manaban lgrimas, que corran por su cara a lo
largo de ntidos canales hasta unirse a los hilos viscosos

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que colgaban de su nariz y a la saliva espumosa que le
chorreaba de los labios. Pareca un hongo viejo, de color
gris verdoso, totalmente podrido y a la espera de que una
ltima rfaga de viento dispersara el polvo seco y negro
de su interior.
Al principio la tema y cerraba los ojos cada vez que se
acercaba. Lo nico que perciba entonces era el hedor de
su cuerpo. Siempre dorma vestida. Segn ella, las ropas
eran la mejor defensa contra la amenaza de las mltiples
enfermedades que el aire fresco poda introducir en la
habitacin.
Para proteger la salud, afirmaba, haba que baarse
solamente dos veces por ao, en Navidad y Pascua, y aun
entonces muy superficialmente y sin desvestirse. Slo
utilizaba el agua caliente para reducir los infinitos callos,
juanetes y ueros de sus pies nudosos. Esa era la razn
por la que los humedeca una o dos veces por semana.
A menudo me acariciaba el pelo con sus manos viejas,
trmulas, que tanto se parecan a rastrillos. Me invitaba
a jugar en el corral y a trabar amistad con los animales
de la casa.
Al fin comprend que stos eran menos peligrosos de lo
que parecan. Record las historias sobre ellos que mi
niera me lea de un libro ilustrado. Estos animales
tenan su propia vida, sus amores y conflictos, y
entablaban discusiones en su propio lenguaje.
Las gallinas se apretujaban en el gallinero, y se abran
paso violentamente para alcanzar el grano que yo les
arrojaba. Algunas paseaban en parejas, otras picoteaban
a las ms dbiles y se daban baos solitarios en los
charcos despus de la lluvia o desplegaban
vanidosamente las plumas sobre sus huevos y se
adormecan rpidamente.

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En el corral sucedan cosas extraas. Los polluelos
amarillos y negros salan del cascarn, y parecan, a su
vez, huevecillos vivientes montados sobre finas patas. En
una oportunidad un palomo solitario se sum a la
bandada. Fue recibido con visible disgusto. Cuando se
pos, con un revuelo de plumas y polvo en medio de las
gallinas, stas huyeron asustadas. Cuando empez a
cortejarlas, zureando guturalmente al aproximarse a ellas
con paso saltarn, guardaron las distancias y le miraron
con desdn. Si se acercaba demasiado, siempre
escapaban cloqueando.
Un da, mientras el palomo intentaba congraciarse como
de costumbre con las gallinas y los polluelos, una
pequea figura negra baj del interior de las nubes. Las
aves huyeron chillando hacia el cobertizo y el gallinero.
La bola negra cay como una piedra sobre el grupo. Slo
el palomo no tena dnde esconderse. Aun antes de que
pudiera desplegar las alas, un pjaro poderoso, de pico
ganchudo, lo aplast contra el suelo y lo atac. Las
plumas del palomo estaban salpicadas de sangre. Marta
sali corriendo de la choza, blandiendo una estaca, pero
el halcn se remont elegantemente, transportando en el
pico el cuerpo flccido del palomo.
Marta criaba una serpiente en un jardincito especial de
piedra, cuidadosamente cercado. El reptil se deslizaba
sinuosamente entre las hojas, haciendo flamear la lengua
bfida como si fuera un estandarte en una parada militar.
Pareca muy indiferente al mundo, y nunca supe si se
haba fijado en m.
En una oportunidad la serpiente se ocult debajo del
musgo de su madriguera y permaneci mucho tiempo
all, sin comer ni beber, sumida en extraos misterios de
los que incluso Marta prefera no hablar. Cuando por fin
emergi, su cabeza brillaba como una ciruela aceitada. A

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continuacin asist a un espectculo increble. La
serpiente se inmoviliz, hasta que su cuerpo enroscado
slo se vio recorrido por estremecimientos muy dbiles.
Luego se arrastr plcidamente fuera de su piel, con un
aspecto repentinamente ms esbelto y rejuvenecido. No
volvi a agitar la lengua, sino que pareci esperar que la
nueva piel se endureciera. Se haba despojado totalmente
de la antigua, semi-traslcida, sobre la que se paseaban
moscas irrespetuosas. Marta tom la piel con veneracin
y la escondi en un lugar secreto. Un pellejo como ese
tena valiosas propiedades teraputicas, pero dijo que yo
era demasiado joven para entender su naturaleza.
Marta y yo habamos asistido con asombro a la
transformacin. Me explic que el alma humana desecha
el cuerpo de forma muy similar y luego se remonta a los
pies de Dios. Despus del largo viaje Dios la recoge con
Sus clidas manos, la resucita con Su aliento, y la
convierte en un ngel celestial o la arroja al infierno para
que el fuego la torture eternamente.
Una ardillita roja visitaba frecuentemente la choza.
Despus de comer bailaba en el corral, sacudiendo la
cola, emitiendo agudos chillidos, revolcndose, brincando
y aterrorizando a las gallinas y palomas.
La ardilla vena a buscarme todos los das, se posaba
sobre mi hombro, me besaba las orejas, el cuello y las
mejillas, y me rozaba suavemente el pelo. Despus de
jugar desapareca, internndose en el bosque despus de
atravesar el campo.

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