Ms all de la fragmentacin
y el vaco de los 90.
El 2002 entre la depresin, el colapso y las nuevas
saludes.
Fernando Fabris
Para citar este artculo:
Fabris, F. (2002). Ms all de la fragmentacin y el vaco de los 90. El 2002 entre la
depresin, el colapso y las nuevas saludes. En Fabris, F. y Galianes, M.D. (2004).
Psicologa clnica pichoniana, una perspectiva vincular, social y operativa de la
subjetividad. Buenos Aires. Ediciones Cinco.
2
Ms all de la fragmentacin y el vaco de los 90.
El 2002 entre la depresin, el colapso y las nuevas saludes1.
Fernando Fabris
El objetivo de este trabajo es intentar aportar a la decodificacin de los puntos de
urgencia actuales en el terreno de la salud. Esto puede servir para ratificar o rectificar las
estrategias de abordaje ya existentes y/ para disear dispositivos y estrategias de
accin nuevas.
Me centrar, entonces, en lo que la clnica y otros dispositivos vinculares,
grupales o comunitarios, hacen visible respecto de los efectos de la crisis en la
subjetividad. Partir de la fragmentacin vincular y subjetiva y el vaco dominante en la
dcada del 90 hasta llegar a algunas aproximaciones acerca del presente ao 2002,
tanto en sus aspectos como positivos como negativos.
Al reflexionar sobre la expresin de la crisis en la clnica2 me ubico desde el
enfoque de la psicologa social pichoniana ya que esa es mi posicin terica tanto cuando
trabajo en el campo del aprendizaje, la creatividad, la investigacin, la promocin de la
salud o la clnica psicoteraputica.
Cuando Pichon-Riviere anex a la palabra psicologa la adjetivacin social
apunt a subrayar la perspectiva social desde la que entenda lo psicolgico.
Simultneamente focaliz nuevos mbitos de intervencin (grupales, institucionales,
comunitarios) y puso el eje en la prevencin de la enfermedad y la promocin de la
salud. Sin embargo Pichon-Riviere nunca contrapuso este tipo de abordaje con lo
especficamente clnico. Ms an, no estableci diferencias sustanciales entre lo clnico
y lo social ya que entenda que eran campos y prcticas que se interpenetraban y tenan
ms de similitud que de diferencia. El creador de la psicologa social, ya a fines de los 50,
se opona firmemente a la errada diferenciacin que hacan algunos de sus discpulos
entre el encuadre clnico y el encuadre operativo. La clnica pichoniana se realiza desde
un encuadre operativo.
Uno puede trabajar desde una psicologa social, histrica y concreta an en la
intimidad del encuadre teraputico bicorporal (terapia individual). Y puede trabajar desde
una psicologa individual y abstracta aunque trabaje con grandes grupos o instituciones.
Lo que define en ltima instancia la perspectiva psicolgica que se sustenta no es el
mbito en que se trabaja sino el enfoque desde el que se lo hace.
Tanto en los tiempos de Enrique Pichon-Riviere y Jos Bleger, como en los
actuales, nos encontramos en el marco de una disputa terica que se inscribe en una
lucha ideolgica entre diferentes concepciones de la salud y la enfermedad, distintas
concepciones del conocimiento y del papel que el sujeto tiene en la historia.
1
Publicado en Fabris, F. y Galianes, M.D. (2004). Psicologa clnica pichoniana, una perspectiva
vincular, social y operativa de la subjetividad. Buenos Aires. Ediciones Cinco.
2
Este texto es la ampliacin del trabajo presentado en el panel "La expresin de la crisis en la
Clnica" realizado en las Jornadas de Psicologa Social en Santa Fe Septiembre 2002. En el
mismo intervinieron Jorge Imhoff, Alejandro Scherzer y Daniel Kesner y Fernando Fabris. El
panel fue coordinado por Ana Mercado.
3
Hechas estas aclaraciones que me parecen imprescindibles paso a comentar lo
que observo respecto de los efectos subjetivos de la crisis social, crisis que ayer como
hoy significa riesgo pero tambin oportunidad.
La dcada del 90
La dcada del 90 desde mi perspectiva, acorde con la de muchos otros psiclogos
en distintos lugares del mundo y con el estudio sistemtico que viene realizando Ana
Quiroga en nuestro pas hace ms de una dcada, tuvo a nivel subjetivo ciertos rasgos
dominantes: la fragmentacin subjetiva, la vivencia de vaco, la vulnerabilidad en la
interaccin. Estos rasgos tuvieron sus causas en una multiplicidad de factores.
Para citar slo algunos recordemos que a comienzos de los 90 se impuso el
llamado Nuevo Orden Mundial definido desde el poder como el nico mundo posible.
La idea del Fin de la Historia y la Muerte de las Ideologas apunt a orientar a los sujetos
en la acomodacin en una perspectiva capitalista, basada en la promesa de un desarrollo
ilimitado en el cual, por el avance tecnolgico, llegara el fin de la necesidad del trabajo, el
fin del trabajo mismo y el espacio para el juego, el tiempo libre y la recreacin de la
personalidad. Cuando se vieron los resultados prcticos de este nuevo orden hubo
quienes dijeron que era sin duda injusto, que era horroroso, pero lo propusieron
inevitable ya que era una tendencia propia del desarrollo econmico-social, de la
globalizacin, de la supuesta sociedad pos-industrial y posmoderna.
El poder impuso su discurso tanto por la fuerza como por la seduccin
ideolgica. El mensaje seductor de un mundo en el que se aplanaran los conflictos,
reforzado por la amenaza de exclusin para quien no lo acepte, encontr eco en
muchas personas. La derrota de las experiencias socialistas gener un terreno frtil para
la imposicin de estas ideas y facilit la eficacia de la estrategia de dominacin. Millones
de sujetos quedaron atrapados ante el doble mensaje que el desarrollo de los
acontecimientos hara evidente. Un discurso de felicidad, disminucin de los conflictos y
la promesa de un desarrollo ilimitado contrastado cada vez ms por la experiencia
personal y colectiva de la destruccin de las condiciones bsicas de vida. La exclusin
laboral se generaliz, aument vertiginosamente el desempleo. Al mismo tiempo para otra
parte de la poblacin se increment la duracin de la jornada laboral hasta lmites
inhumanos, propios de comienzos de siglo. Sobre esta base se instal el terror de
inexistencia.
El efecto subjetivo de este nuevo orden fue de fragilizacin, fragmentacin,
vulnerabilidad acrecentada y muchas veces encierro en s mismo. Los tericos del
posmodernismo creyeron encontrar su paraso en este orden de fragmentacin ya que
pensaban que la fragmentacin era la forma de ser de las cosas.
La fragmentacin subjetiva y vincular dominante tuvo su correlato especfico en el
terreno psicopatolgico. Aparecieron nuevas patologas y otras viejas adquirieron
rasgos nuevos. Un trastorno especfico, subyacente a muchos cuadros, comenz a
extenderse. El trastorno del narcisismo pas a ser en los 90 la infraestructura
psicopatolgica dominante.3
3
En consonancia con el pensamiento de Pichon-Riviere, quien cuestiona el concepto freudiano de
narcisismo primario, consideramos en todos los casos al narcisismo como secundario, en tanto se
constituye como producto de la internalizacin de una red vincular.
4
La dcada del 90 fue la de los ataques de pnico, de la depresin, de los
trastornos de la alimentacin, el vaco, las actuaciones, el falso self, el sobre-estress, la
sobreadaptacin, el aumento de la violencia familiar, la implosin psicosomtica y las
adicciones. En muchos casos se observaban serias dificultades en los procesos de
simbolizacin. El dao psicolgico se extenda y profundizaba. Los vnculos presentaron
alteraciones significativas: la fragilizacin, proyecciones masivas de esa fragilidad,
defensas como la banalizacin, la desestima y el encierro en s mismo.
A pesar de la diversidad sintomtica y de cuadros psicopatolgicos, observamos
por entonces que muchas de estas expresiones patolgicas presentaban algo en comn:
un importante sufrimiento centrado en la identidad, la vivencia de naufragar entre
aspectos fragmentarios y la imposibilidad de delimitar cierta centralidad desde la cual
disear una estrategia de vinculacin con otros y consigo mismos4.
Durante los 90 diversos autores se refirieron a formas de fragmentacin como la
multifrenia, yo saturado, sujetos estallados, etc. Desde la psicologa social
pichoniana, para que se configure una estructuracin subjetiva especfica es necesario no
slo la presin de los factores actuales sino que los mismos se conjuguen con
factores disposicionales. En lo que refiere a los aspectos disposicionales ms
regresivos, vinculados a la personalidad de base, encontramos estas sugerentes
observaciones realizadas por Hanna Segal y Melanie Klein. Cuando los mecanismos de
proyeccin, introyeccin, escisin, idealizacin, negacin, e identificacin proyectiva no
alcanzan a dominar la ansiedad y sta invade al yo, puede surgir la desintegracin del yo
como medida defensiva. El yo se fragmenta y escinde en pedacitos para evitar la
experiencia de ansiedad. Este mecanismo, muy daino para el yo, generalmente aparece
combinado con la identificacin proyectiva. La desintegracin es el ms desesperado de
todos los intentos el yo para protegerse de la ansiedad. A fin de no sufrirla el yo hace lo
que puede por no existir, intento que origina una aguda ansiedad especfica: la de
hacerse pedazos y quedar pulverizado 5 (cursivas mas). Segal, Hanna. Introduccin a
la obra de Melanie Klein. Paidos. Buenos Aires, 1982.
El proceso social de los 90 produca efectos especficos creando nuevas
patologas o sumando rasgos nuevos a patologas ya conocidas. La fragmentacin del
orden social tena, evidentemente, eficacia en la configuracin de las tramas
intersubjetivas y por lo tanto intrapsquicas. La fragmentacin apareca por entonces tanto
como efecto de la crisis como defensa ante la misma.
4
Por entonces en casi la mitad de las consultas la fragmentacin subjetiva y vincular apareca
como lo principal del cuadro o por lo menos como un componente secundario pero significativo.
5
Melanie Klein, en el trabajo Envidia y gratitud de 1957 dice: En mi trabajo "Sobre la
identificacin" suger cun importante es para el desarrollo de la personalidad y la salud mental el
hecho de que la fragmentacin no domine en los primitivos procesos de disociacin. All dije:
"Cuando se tiene la sensacin de contener un pezn y un pecho no daados -aunque coincidiendo
con fantasas del pecho devorado y despedazado- la disociacin y proyeccin no estn
predominantemente relacionadas con las partes fragmentadas de la personalidad, sino con partes
ms coherentes del individuo. Esto implica que el yo no est expuesto al fatal debilitamiento por
dispersin y por esta razn es ms capaz de deshacer repetidamente la disociacin y alcanzar la
integracin y sntesis en relacin con los objetos".(cursivas mas).
5
Cada poca histrica instala un ideal de salud, un prototipo sano. Con relacin al
prototipo sano predomina tambin, en cada poca, un tipo de patologa mental especfico.
El trastorno del narcisismo fue la contracara inevitable del ideal de salud impuesto en la
dcada del 90. La ideologa del individualismo como salvacin (hac la tuya), del
trabajador adaptable, flexible y polifuncional, involucrado masivamente en la
empresa, generaron para muchos las condiciones ideolgicas de esa fragmentacin
subjetiva y vaco caracterstica de los trastornos del narcisismo.
Sin bien los rasgos dominantes de una poca no se reflejan linealmente en las
estructuraciones subjetivas e ideolgicas es innegable la presin que la poca ejerce
sobre las caractersticas de la subjetividad. La fragmentacin prctica que impuso el
orden social tuvo una fuerte pregnancia en muchos sujetos aunque no signific en todos
los casos el predominio de la fragmentacin subjetiva. Marc un predominio, una
tendencia. Podramos decir que todas las personas, en diferentes medidas, interiorizamos
algo de esa fragmentacin6.
Hagamos ms explcito y preciso el concepto de trastorno del narcisismo.
Seguimos aqu a Hctor Fiorini quien seal sus caractersticas principales7:
1. las problemticas estn centradas en el s mismo, en las imgenes de s, en la
no estabilidad ni coherencia de esas imgenes
2. implica siempre un trastorno de la autoestima en forma de una oscilacin entre
la impotencia y una omnipotencia muy severa,
3. fallas en la estructuracin del psiquismo que se expresan en la fragilidad,
inestabilidad, difusin
4. vivencias de riesgo permanente por lo que un acontecer cualquiera modifica la
imagen de s en forma sbita.
5. se produce un cuestionamiento constante, una vivencia de vulnerabilidad muy
intensa en la interaccin.
6. ansiedades hipocondracas y distintos trastornos en la configuracin del
esquema corporal y ansiedades muy intensas.
7. Existencia de un factor disposicional temprano vinculado a un dficit en la
estructuracin de la personalidad a causa de detenciones de aprendizajes en
etapas arcaicas o regresiones a esas etapas en las cuales predominan vnculos
simbiticos, en los que el otro aparece poco diferenciado de s.
8. El trastorno del narcisismo se presenta a veces con pensamiento confusional y
un fondo depresivo en todos los casos.
6
Existe una relacin dialctica entre la direccionalidad que tiende a imponer un orden social a la
subjetividad y otras circunstancias personales entre las que se encuentra el factor disposicional.
La interaccin de ambos factores da por resultante la conducta de los sujetos en cada aqu y ahora
(Principio de Policausalidad). La presencia diferencial de lo disposicional explica que muchas
personas hayan presentado lo que llamamos trastorno del narcisismo y muchas otras personas
patologas con caractersticas diferentes. El Factor Actual, que no es simplemente
desencadenante, - como en el esquema freudiano sino co-determinante, tampoco fue el mismo
para todos; dependi de la ubicacin en la estructura productiva y vincular-social de cada sujeto.
Refiriendo el problema de la Policausalidad a la fragmentacin subjetiva y vincular podemos decir
que a mayor disposicin a la fragmentacin hay menos necesidad de factores actuales
fragmentantes para que esta se manifieste la fragmentacin. Y a menor disposicin fragmentante,
la fragmentacin subjetiva se desencadena slo cuando el factor actual fragmentante es muy
significativo.
7
Fiorini, Hctor. Perfil clnico y psicodinmico del trastorno narcisista. Ficha.
6
Es importante sealar que no en todos los casos la fragmentacin subjetiva
constituye el lado visible y manifiesto de la problemtica narcisista. Muchas veces lo que
aparece explcito es la reaccin pseudo-cohesiva ante la misma8.
La fragmentacin subjetiva y vincular y el trastorno del narcisismo - apareca
manifiesta en el vaco, en muchos trastornos de la alimentacin, en el ataque de pnico,
en la violencia familiar, en las depresiones y las neurosis en general.
Aparece implcita, ocultada en una pseudo-cohesividad en la llamada personalidad
light, el falso self , muchas conductas sobreadaptadas, en patologas psicosomticas,
caracteropatas y actuaciones.
En ambos casos, cuando lo explcito es la fragmentacin o cuando lo es la
pseudo-cohesividad puede ocurrir que la problemtica narcisstica constituya lo
fundamental del cuadro un aspecto secundario pero significativo. En todas estas
circunstancias la fragmentacin subjetiva puede ser relacionada a un tipo de objeto que
Joyce Mc Dougall llam objeto transitorio, esto es un tipo de objeto que por no poderse
constituir como objeto interno lleva al sujeto a buscar sintomticamente en el afuera.
Adems de los conceptos de objeto externo y objeto interno creados por Freud y
desarrollados por Melanie Klein, Winnicott cre la categora de objeto transicional, para
referirse a un objeto que psicolgicamente no es externo ni interno. Joyce Mc Dougall
propuso el concepto de objeto transitorio para describir la modalidad de funcionamiento
psquico que observ en un tipo determinado de pacientes. El rasgo ms significativo del
objeto transitorio es que es un objeto que no puede establecerse como interno. El proceso
de internalizacin est bloqueado por insuficiencia de transicionalidad en el vnculo
producida por una distancia excesivamente cercana o lejana del otro - y la imposibilidad
que tiene el sujeto, inserto en esa estructura vincular, de perder psicolgicamente el
objeto externo. No se puede iniciar as el imprescindible proceso de duelo que precede a
la internalizacin. Esto lleva al sujeto a buscar la satisfaccin sintomticamente en el
afuera crendose una modalidad adictiva de relacin con los objetos externos.
Segn Mc Dougall el objeto transitorio se encuentra en la base de los trastornos
psicosomticos, la psicosis y la adiccin. El acto-sntoma ocupa el lugar de una
elaboracin faltante, de un afecto penoso o agradable - connotado como prohibido o
peligroso por el sujeto-. Al objeto adictivo - configurado por sustancias txicas, alimento
personas- se lo vive como un buen objeto aunque subyace a esa eleccin una sensacin
de vaco y angustias catastrficas.9
8
Esta cohesividad del yo es lo que diferencia la reaccin ante la angustia de fragmentacin en los
trastornos narcissticos y en las psicosis. En el narcisismo el yo tiende a cohesionarse, en la
psicosis tiende a fragmentarse.
9
Agrega Mc Dougall: Se produce una fusin ertica con un objeto faltante, ya muerto -ej: suicidio
psicosomtico-.
La presencia de un funcionamiento psquico de este tipo se acompaa de fantasas de
omnipotencia muy primarias y control mgico de los objetos. Se observa simultneamente una
desconexin del self que fue descripta como alexitimia. Este conjunto implica un estado de
carencia grave y la fragilizacin de una parte de la personalidad. Toda esta situacin dinmica
tiene su base en las angustias ms primarias vinculadas a la prdida del objeto y de la vida misma.
Esta estructura coexiste en un mismo sujeto con otras modalidades de vinculacin no afectadas
que pueden ser incluso muy creativas. Vase Mc Dougall, Joyce. Para Pensar la Bulimia. Zona
7
Decodificar este trastorno bsico y las formas pertinentes de abordaje del mismo,
signific para muchos de nosotros durante los 90 una esforzada e indispensable tarea de
investigacin. La crisis produca fenmenos especficos que planteaban nuevas
exigencias a la tarea clnica. Fuimos esclarecindonos y encontrando lneas de trabajo
para problemas clnicos para los que por entonces no tenamos respuestas suficientes10.
A mediados de la dcada del 90 significativos hechos irrumpieron en la escena
social planteando modificaciones en el esquema previo. El orden impuesto a comienzos
de la dcada comenz a ser confrontado por nuevas luchas y prcticas sociales. Miles de
personas, que venan sufriendo las consecuencias de los ajustes y despidos y que ya
haban decodificado el carcter antagnico del mismo con las necesidades humanas,
desarrollaron luchas con una consigna central: la dignidad. Estos procesos fueron
modelando formas de salida de la fragmentacin social y subjetiva. En el ao 2000
observamos emergentes que expresaban que si bien la fragmentacin era claramente lo
dominante, otro tipos de estructuraciones subjetivas comenzaban a confrontarla11.
La situacin actual
Este anlisis sobre la situacin actual no pretende ser ms que una aproximacin,
ya que refiere a hechos que estn sucediendo en este preciso momento. La
vertiginosidad de los mismos, una vez ms nos interroga, requiriendo tal vez reajustes
conceptuales. Es necesario reflexionar sobre las continuidades y rupturas que el momento
actual parece presentar.
Al hablar de situacin actual me refiero al perodo que se abre el 19 y 20 de
diciembre de 2001 y llega hasta el presente (Octubre 2002). En diciembre pasado, a
pocas horas de decretado el Estado de Sitio, se desencaden una inmensa movilizacin
popular que forz la renuncia del entonces Presidente de la Nacin. Emergi la consigna
que se vayan todos, que no quede uno slo. Se inaugur un tiempo de crisis de
consenso que se mantiene hasta el presente. Los valores, ideales y referencias
identificatorias de la dcada anterior, que venan siendo confrontados y sufriendo un
desgaste desde hace varios aos, se desmoronaron. Las verdades indiscutibles de los 90
Ergena. Bs. As. Invierno 1994. La autora, psicoanalista francesa de origen neozelands, es
autora de Teatros del Cuerpo y Teatro de la Mente.
10
En mi caso fueron conclusiones a las que arrib en el marco de un equipo de investigacin
integrado por Irma Mazzotti, Berta Aronowicz, Mnica Burstein, Fernando Fabris y Jorge Repetto
(aos 1993-1999).
11
Pudimos observar este fenmeno en una tarea de investigacin creativa realizada en el ao
2000. A travs de tcnicas dramticas, que funcionan como test proyectivo grupal en los que se
objetivan procesos intrasubjetivos e intersubjetivos de los miembros participantes observamos los
siguientes existentes: a) la alternancia de la fragmentacin (simbolizada por ejemplo en el
descuartizamiento de Tupac Amar) y procesos de unificacin transitoria, muchas veces de
contenido fusional; b) Las escenas, expresin de un perodo de transicin, contenan un grado
de ambigedad elevado, donde por ejemplo una situacin de nacimiento pareca remitir
indiferenciadamente a una situacin de muerte.
Lo fragmentado se fusionaba. Vale aclarar que la salida de la fragmentacin no es
necesariamente la integracin y que otros caminos como la fusin e indiscriminacin- y/ el
colapso son otras alternativas posibles para la misma. (Realizamos esta tarea con el Equipo de
Investigacin en Clnica Pichoniana (ICP) formado por Fernando Fabris, Mara Dolores Galianez,
Gabriela Lachowicz, Ricardo Silva y Silvia Puccini)
8
fueron cuestionadas y repudiadas por millones de personas. Sobre esta base el
movimiento popular realiz un nuevo avance en el desarrollo de formas de organizacin
social. La correlacin de fuerzas se volc ms a su favor hasta llegar a una situacin de
relativo equilibrio. Simultneamente desde diciembre se aceler el deterioro de la vida
econmica de millones de personas. Fueron fuertemente afectados los sectores medios
y los sectores ms humildes vieron aumentadas sus privaciones hasta niveles de hambre.
Miles de nios mueren hoy por causas evitables y millones crecen en condiciones de
subalimentacin que comprometen su adecuado desarrollo fsico y mental. Se
extendieron ingnominiosamente los porcentajes de necesidades bsicas insatisfechas e
indigencia.
Sintetizando, se entrelazan tres fenmenos: a) la profundizacin de la crisis
econmica, pobreza, hambre, b) la crisis de consenso de los sectores dominantes que se
expresa en el rechazo a los referentes e ideas polticas hasta diciembre vigentes c) el
cambio a favor de los sectores populares de la correlacin de fuerzas sociales y la
emergencia nuevas formas de organizacin.
Estos procesos sociales y polticos algunos de ellos inditos - se acompaaron
de vicisitudes subjetivas diversas.
a) En muchos sectores se desarrolla la tendencia a la reconfiguracin y
recuperacin de relaciones vinculares y sociales que haban sido devastadas por ms de
una dcada de individualismo, encierro en s mismo y significacin del otro como rival a
excluir. La recomposicin de vnculos y relaciones sociales se expresa en un renovado
sentimiento de poder influir en los acontecimientos. Las nuevas formas de organizacin
social como el trueque, las asambleas barriales, las multisectoriales, organizaciones de
ahorristas, las ocupaciones de fbrica por sus trabajadores, el desarrollo de las
organizaciones de desocupados, etc. son tanto efecto del nuevo posicionamiento como
estructuras de sostn del mismo. Sobre el marco de estas formas de organizacin social
se dan procesos de cambio personal, elaboracin de identidades y saludes nuevas12.
b) Por otro lado est presente un sentimiento de desesperanza al que subyacen
ansiedades catastrficas y la vivencia de derrumbe social (Titanic). Tambin se
observan vivencias melanclicas (por ejemplo la sensacin de estar fallado).
c) Un hecho preocupante es el incremento y agravamiento de severas expresiones
patolgicas, fundamentalmente de carcter autodestructivo. Son informados altos ndices
de suicidios en adolescentes y ancianos-, cuadros depresivos, enfermedades y
colapsos somticos como por ejemplo muertes en adultos de mediana edad por infartos
y accidentes cerebro vasculares- 13.
12
Un ejemplo de esto lo constituye una situacin que me refirieron: una persona que tena
dificultades para permanecer parada durante una hora, poda estarlo durante cuatro horas al
participar de una Asamblea Popular. Casos como estos ilustran respecto del significado de
estructura de sostn que para los sujetos tienen las nuevas formas de organizacin social. Estn
en curso redefiniciones de la identidad que se expresan tambin en procesos de crisis de
elecciones de vida (vocacionales, matrimonial, migracin, de modelos sobreadaptados).
13
Este fenmeno est minimizado en los medios de comunicacin masivos que muestran
selectivamente hechos de violencia delictiva, tal vez apuntando a mantener la significacin del otro
como peligro, dominante durante los 90.
9
Los fenmenos a, b y c, suelen estar presentes, coexistiendo a veces en una
misma persona y en un mismo sector social. La bsqueda de nuevas formas de salud y
protagonismo, los sentimientos depresivos de desesperanza y la presencia de un cuadro
depresivo el colapso somtico estn en unidad y lucha en la mayora de las personas en
la actualidad.
No para todos pero s para una mayora los ideales de una poca cayeron. Con
ello se desarticulan modalidades de funcionamiento psquico que fueron relativamente
funcionales en el pasado. La fragmentacin subjetiva y las modalidades de adaptacin
light, dominantes en los 90, dejaron de ser tiles ante los nuevos acontecimientos.
Cierto darse cuenta del mundo ahora reconocido como devastado y perverso se
correspondi en muchas personas con la visualizacin de lo negado y renegado en la
dcada anterior14. El reconocimiento de la realidad, tan fuertemente desestimada durante
la dcada del 90, conllev un reconocimiento de s mismo y una resignificacin del rol del
otro. En trminos generales nos encontramos, a nivel de la estructuracin subjetiva, en
el marco de un salto cualitativo parcial, avanzando posiciones, ms all de la
fragmentacin y el vaco de los 9015. En funcin de este proceso muchas contradicciones
se tensan y agudizan. Lo viejo ya no sirve y lo nuevo an no logra imponerse.
La expresin positiva de esta salida de la fragmentacin, incipiente pero efectiva,
es la que se da en las personas que al calor de nuevas formas de organizacin y
vinculacin, se reposicionan con relacin a sus necesidades y generan nuevas formas de
salud. La recuperacin de la iniciativa, las formas colectivas de organizacin y un
posicionamiento ms activo respecto de los hechos permiti a muchos aliviar un
padecimiento hasta hace poco sufrido pasivamente. Uno de los efectos de este
resposicionamiento es el encuentro o reencuentro de cierta centralidad subjetiva
personal, una visin ms totalizadora y concreta de s y los otros16. Este proceso tiende
a oponerse a la fragmentacin que domin en la dcada anterior.
Es probable que este mismo proceso de reconocimiento de s, aliviante para
muchos, haya sido vivido como predominantemente doloroso para otros y en algunos
casos segn la estructura de personalidad previa y circunstancia personal- puede haber
sido sentido por algunas personas como algo intolerable. A este ltima vicisitud es
probable que pertenezcan los casos de personas que sufrieron alguna de las formas de
colapso personal que se dieron intensificadas en el presente ao. Este signo,
preocupante, requiere de dispositivos preventivos y de asistencia adecuados.
14
A pesar del carcter excesivamente simplista de la afirmacin digo que el darse cuenta inicia
un proceso de recuperacin de la salud o desencadena el colapso. Ms an teniendo en cuenta
que el insight que se produjo en muchas personas refiere a un proceso social que tuvo y tiene
fuertes componentes perversos (corrupcin sistemtica, abuso de poder, desestima de la
percepcin, etc.).
15
El proceso de salida de la fragmentacin, tal cual lo defino aqu, no implica necesariamente el
avance a una integracin ms saludable. El encuentro con una cierta centralidad subjetiva
(identidad) supone la percepcin de la fragmentacin previa y por lo tanto requiere la reelaboracin
de conflictos eludidos o atemperados por medio de la fragmentacin, que funcion como defensa
psquica. Para algunas personas se hace posible y elaborable un proyecto que apunte a integrar
las partes escindidas. En otras, en las que observamos el desarrollo de situaciones de riesgo
autodestructivo la salida de la fragmentacin signific el colapso y no la posibilidad de una nueva
salud.
16
Seala Eric H. Erikson que los atributos de lo que se denomina identidad pueden caracterizarse
como centralidad, totalidad e iniciativa. ( tica y Psicoanlisis. Lumen-Horm. Bs.As. 1993).
10
Es probable que sobre un mismo eje, cierto insight sobre el mundo que tuvo un
efecto de resignificacin sobre el rol de s y los otros, se hayan movido las dos
direcciones contrarias que tom la subjetividad social predominante durante el 2002: la
depresin y las sintomticas formas de colapso personal por un lado, la reconfiguracin
de vnculos y una subjetividad menos fragmentada por el otro. Los dos fenmenos uno
positivo, otro negativo- se asientan sobre un emergente similar: la salida saludable o
fallida de la fragmentacin.
Hay muchos indicadores que hacen pensar que no predomina hoy esa
modalidad de funcionamiento subjetivo que fue tan central en la dcada pasada: la
fragmentacin subjetiva y vincular. A pesar del relativo atraso que tiene la reconstitucin
de las redes sociales, el an predominio de la fragmentacin a nivel de la organizacin
social y poltica y del agravamiento del sufrimiento social, no es hoy la fragmentacin
subjetiva la modalidad predominante de estructuracin de la personalidad de los
sujetos17. Como sealamos antes la crisis social no es directamente crisis de los sujetos
as como la fragmentacin social y el aumento del sufrimiento no es necesariamente
fragmentacin subjetiva. Los sujetos parecen haber encontrado una nueva centralidad,
que aunque inestable y an dbil los posiciona de forma diferente a la dcada anterior18.
En base a esta observacin y a la casustica restringida que me aporta la
prctica clnica arriesgo la hiptesis de que en el terreno de la enfermedad mental no es
ya predominante aquella infraestructura patolgica que lo fue durante los 90. No se
observa la antes tan frecuente presencia de patologas caracterizadas por la
fragmentacin subjetiva y vincular, la vivencia de vaco y el trastorno de identidad, es
17
Encontramos el terreno vincular recorrido por una significativa conflictividad. Hay una
agudizacin de la ritmia en las contradicciones encuentro/desencuentro, vinculacin/aislamiento,
acercamiento/distancia, solidaridad/temor al otro. La inestabilidad de la situacin produce pasajes
de momentos expectativa y esperanza a otros de rechazo, escepticismo, frustracin y vaco.
Factores disposicionales agravados por la fragmentacin de los noventa reaparecen con
frecuencia; la sospecha y la desconfianza (significacin negativa del otro) acecha, an en los
vnculos solidarios. Sin embargo, el conflicto no implica en todos los casos fragmentacin vincular.
La fragmentacin en el vnculo implica una modalidad especfica de relacin en la que uno
permanece predominantemente ajeno al otro (en tanto otro). En la situacin actual observamos
que los conflictos en los vnculos se dan sobre una nueva base que implica un grado mayor de
percepcin y problematizacin del rol del otro. Este movimiento en el vnculo es coincidente, en
nuestra opinin, con el logro de cierta centralidad subjetiva que desde ya coexiste con aspectos
fragmentados. Como dije antes, a nivel individual, se reconoce pero tambin se niega y reniega.
Estas vicisitudes intrapersonales se corresponden con la conflictividad que muestran las relaciones
interpersonales.
18
Recordemos que en el 2000 los emergentes referan a la dialctica fragmentacin / unidad
fusional transitoria. En septiembre de 2002 encontramos los siguientes emergentes: a) bsqueda
y encuentro de unidad que se re-descubre en el darse cuenta del enemigo comn (que se vayan
todos); b) la necesidad de unos parece remitir a la de los otros (no aislamiento); c) la unidad de
accin incluye una diversidad altsima de roles sociales y posicionamientos personales distintos; d)
la posibilidad de humor en el reflejo de lo trgico, que consideramos un indicador positivo de
simbolizacin. Como rasgo negativo encontramos ciertas vicisitudes de intolerancia ante los
diferentes ritmos y la formas en que distintas personas y sectores tienen de darse cuenta.
(Actividad realizada por el Equipo de Investigacin en Clnica Pichoniana en las Jornadas de
Psicologa Social en Santa Fe, septiembre de 2002).
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decir, los trastornos del narcisismo. La hiptesis de esta modificacin en la subjetividad
colectiva dominante y su correspondiente expresin patolgica requiere una observacin
detallada y cuidadosa, que desde ya ratificar o rectificar lo que aqu se afirma.
Notas sobre la tarea clnica
a) A nivel individual, en la prctica clnica, observ en el presente ao muchas
personas replantendose aspectos propios que los implicaban en niveles profundos.
Muchos se animaron a enfrentar defensas que en otro momento personal disminuyeron
la angustia pero conservaron en estado latente el conflicto. Emerge la posibilidad de
encontrarse con los aspectos ms daados y estereotipados de s mismo y atreverse a
abordar las escenas internas que por no haber sido elaboradas, fundaron los aspectos
ms rgidos y fragmentados de s. Da la impresin que los sujetos encontraran la
oportunidad de, a partir de las modificaciones en el encuadre del contexto social, revisar
ncleos encapsulados y ensayar conductas personales menos estereotipadas. Muchas
veces este proceso coincide con la revisin de los aspectos ms oscuros la propia
historia vincular, familiar y social.
La tendencia a la revisin y al cambio coexiste con fuertes resistencias a los
mismos, resistencia sin duda alimentada por un elevadsimo clima de inseguridad bsica y
temores depresivos. Es frecuente en la prctica clnica actual que a cada avance
elaborativo suceda un retroceso defensivo y que el ritmo del cambio no sea el de una
progresin ms o menos sostenida sino ms bien por oleadas, con fuertes avances y
retrocesos relativos pero importantes. Se enfrenta y aborda pero tambin se posterga, se
huye, se niega, se desmiente lo antes reconocido. Aparecen, muchas veces, manejos
psicopticos, actuaciones de mala fe, formas de no asumir y huir de la depresin,
caotizacin de los roles familiares, etc.
b) Es probable que la situacin actual, que increment los sufrimientos en forma
masiva, est convocando y actualizando con particular intensidad aspectos no
elaborados de la historia individual y social. Esta articulacin de factores es
particularmente significativa en las personas en las que la crisis se expresa en trminos
de colapso personal.
c) En los sectores ms empobrecidos, segn informaciones que dispongo, est
actuando, adems del dramtico problema de la supervivencia, conflictos vinculares y
subjetivos que por contener elementos regresivos generan tambin riesgos elevados y
especficos. El suicidio y la depresin tienen un lugar importante. La experiencia directa e
indirecta con personas pertenecientes a sectores de desocupados muestra que tambin
est activada la necesidad de revisin de aspectos personales y vinculares, cuestiones
que algunas veces se transforman en puntos de urgencia que son indispensables
abordar.
Es tarea del presente apoyar a los que luchan, asistir a los que sufren, que no
necesariamente son dos categoras distintas de personas.
Del encierro en la propia piel y el individualismo posmoderno avanzamos
paulatinamente a nuevas formas de vinculacin y organizacin. Del relativismo cognitivo
segn el cual cada uno tiene su verdad se pasa en muchos lugares a experiencias
colectivas de construccin de conocimiento en las cuales se trabajan las diferencias
desde una perspectiva de unidad.
La recomposicin del movimiento popular que desde hace algunos aos avanza
en identificar a sus enemigos, busca formas de unidad y mantiene la lucha por la
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dignidad, es la base de una nueva y creciente resignificacin del otro. En muchos
sectores los otros no son visualizados como rivales a excluir sino ms bien como otros
necesarios, indispensables para la elaboracin de un proyecto de cambio social sin el cual
parecen no tener lugar los proyectos personales.
Existe una tendencia al desarrollo de nuevas formas de salud, de la cual son
portavoces algunos integrantes del movimiento de desocupados que estn proceso de
organizacin y lucha. En algunos de ellos se observa una fortaleza yoica que
afortunadamente est desprovista de rigidez. Es probable (y deseable) que en algunas
personas y sectores sociales no se vuelva a formas de equilibrio anteriores y por lo tanto
no se repitan las modalidades caracteropticas, rgidas y disociadas que segn muchos
testigos especializados, entre ellos Pichon-Riviere y Otto Fenichel fueron predominantes
en la subjetividad durante las dcadas del 50 y del 60.
La estructuracin de nuevas subjetividades, que apuntan a cierta superacin de la
fragmentacin, se expresa en la salud como proceso ntimamente ligado a la lucha por la
dignidad y el encuentro parcial pero efectivo de un sentido nuevo a la vida, un
reposicionamiento con respecto a las necesidades propias y de los otros mediatos e
inmediatos, mayor conciencia de las formas organizativas adecuadas para resolver esas
necesidades y la elaboracin de nuevos proyectos.
En el terreno patolgico como dijimos aparecen situaciones de emergencia que
deben ser seguidos con atencin y detalle.
Las vicisitudes del desarrollo del proceso salud-enfermedad tienen una dinmica
inseparable de la agudizacin de la crisis as como de las prcticas de protagonismo
colectivo que maduran en muchos lugares de nuestro pas y sostienen la esperanza de
un presente y un futuro ms justo, ms humano, ms digno.
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Bibliografa:
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Temas de Psicologa Social. Octubre 2000 N 19. Bs.As. Argentina.
Fabris, Fernando. Institucin Salud, clase dada en junio de 2002 en la Primera Escuela
Privada de Psicologa Social fundada por Enrique Pichon-Riviere.
Fiorini, Hctor. Perfil clnico y psicodinmico del trastorno narcisista. Ficha.
Grupo de Investigacin en Clnica Pichoniana (ICP). De qu y cmo nos enfermamos?
Cmo y con quin nos curamos?. Actas de los Talleres de Investigacin Creativa
realizados en las Segundas Jornadas Latinoamericanas de Psicologa Social
(Capital Federal, octubre 2000) y Jornadas de Psicologa Social en Santa Fe
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Martinto de Paschero, Luca R. Situacin Actual en Actualidad Psicolgica. Ao XXVII,
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Mc Dougall, Joyce. Para Pensar la Bulimia. Zona Ergena. Bs. As. Invierno 1994.
Quiroga, Ana. Crisis, Procesos Sociales, Sujeto y Grupo. Ediciones Cinco. Bs.As. 1998.
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