0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 312 vistas17 páginasGarcia Pablos - La Aportacion de La Criminologia PDF
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EGUZKILORE
(Flor protectore contra las fuernas negatives)
Cuaderno del Instituto Vasco de Criminologia.
San Sebastian, N° 3 - 1989.
José Miguel de Barandiaran.
Felicitaciones Navidefias a los intemos .... iL
* Emilio Barbera.
Contflictos biolégicos en la definicién de la paternidad 15
* Marcello de Araujo, dr.
Problematica de la droga en América Latina 21
Antonio Beristain.
Versus macrovictimacién: en la Universidad y en las Iglesias 35
José Luis de la Cuesta.
Presupuestos fundamentales del Derecho Penal ..[Link] 55
Antonio Garcia-Pablos de M
La aportacin de la Criminologia
Joaquin Giménez.
Consideraciones sobre los DD, HH. y ordenamiento juridico 95,
Fely Gonzalez Vidosa.
Derechos Humanos y la Victima ....0.
ina.
79
. 107
Teodoro Lépez-Cuesta.
Humanismo y libertad desde la Institucién Libre de Ensefianza 115
José M.* Macarulla.
Bases biolégicas de la conducia humana ss... 125
Augusto Maeso y Elena Bernarés.
Aproximacién a Pfo Baroja .
* Jorge Oteiza.
Teomaquias 4, 5, 6 y 7
Luis Sanchez Granjel.
Medicina y Antropologia en la génesis de Dorado Montero 155
Antonio Beristain.
Crimen y castigo. Cristianos ante la justicia penal... I7L
149
José Ignacio Garcia Ramos.
Presentacién Eguzkilore 1.2 2 ...essses 187
II Promacién de Crim. Vascos y Nombramiento de M. de H 191
Memoria de! IVAC-KREI ...... . 20379
EGUZKILORE
Namero 3.
San Sebastidn
Diciembre 1989
79-98
LA APORTACION DE LA CRIMINOLOGIA
Antonio GARCIA-PABLOS DE MOLINA
Catedratico de Derecho Penal
Universidad Complutense. Madrid
A mi admirado amigo y compaitero
ANTONIO BERISTAIN IPINA,
Catedratico de Derecho Penal y
Director del Instituto Vasco de Criminologta
Resumen: Actualmente a la Criminologia, como ciencia interdisciplinar, corresponde coortlinar los saberes
sectoriales (biolégicos, psicolégicos y sociolégicos) sobre el crimen y la vietima, para estructurar un control
social positivo que entienda y atlenda a la nueva dimensi6n dinémica social,
Laburpena: Gaur equa Kriminclogiati, zientzi interdisziplinario bezala, krimena eta biktimari buruzko
jakintza sektorialak (bialogikoak, psikologikoak eta soziologikoak) koordinatzea dagokio, gizartearen izart
dinamiko benia ulertu eta hanera egin dezakeen gizarte-kontro! positivo bat egituratzeko.
Resumé: II correspond actuellement a la Criminologie, en tent que science interciseiplinaire, de coordonner
les savoits sectorielles (biologiques. phycholoaiques, sociologiques) sur le crime et la victime, afin de structurer
un contréle social posit qui comprenne et fasse attention a la nouvelle dimension dynamique sociale.
Summary: At present, Criminology, as an interdisciplinary science, must coordinate sectional knowleges
(biological, psychological and sociological) about crime and victim to construct a positive social control
that understands and attends to the new social dynamic.
Palabras Clave: Criminologia, control social, Sociologia, Psicologia, Vietimologfa, sanci6n.
Hitzik Garrantzizkoenak: Kritninologia, gizarte kontrola, Soziologia, Psikologia, Biktimologia, zzhapen
Mois Clef: Criminologie, cénitole sociale, Sociolagie, Psychologie, Viclimologie, sanction
Key Words: Criminology, social control, Sociology, Psychology, Victimology, sanction
EGUZKILORE 3 (1989)80 Antonio Garce-Pablos de Molin
L- La Criminologfa es una ciencia empfrica e interdisciplinaria, que se ocupa
del delito, el delincuente, la victima y el control social del comportamiento delictivo;
y que trata de suministrar una informacién valida, asegurada, sobre la génesis y
dindmica del problema criminal y sus variables; sobre los programas y estrategias
de prevencién eficaz del delito; y sobre las técnicas de intervencién positiva en el
hombre delincuente.
Esta definicién provisional de la Criminologfa permite caracterizar su método
(empirico e interdisciplinario): delimitar el objeto de esta joven disciplina cientifica
(delito, delincuente, victima y control social}; y esbozar algunas de sus funciones
(explicacién y prevencién del delito e intervencién en el delincuente)
Pero un anélisis ms detenido de la “aportaci6n de la Criminologia” pone de
manifiesto la existencia de otras claves, probleméticas y controvertidas, mas alla de
la en apariencia pacifica polémica academicista.
IL.- Parece conveniente, ya de antemano, una precisin elemental en torno al
propio modelo 0 paradigma cientifico; y al grado de credibilidad que merece la
informacién suministrada por la Criminologfa.
Que la Criminologfa sea una “ciencia” —y una ciencia, ademés, “empirica’—
no significa que los conocimientos, saberes y experiencias acumulados por ella
alcancen e] rango maximo de fiabilidad y certeza propio de las denominadas ciencias
“exactas”. Porque la Criminologfa es una ciencia, pero no una ciencia exacta!.
En efecto, que la Criminologia sea una ciencia empitica sélo significa que utiliza
un determinado método para obtener la informacion deseada sobre el problema
criminal, y para verificarla satisfactoriamente; un método inductivo, basado en el
andlisis y observacién de la realidad individual y social, que por ello —por su
cientifismo— garantiza mejor que cualquier otro la fiabilidad y rigor del examen del
objeto investigado. Pero nada mas. La “correccién” del método criminolégico no
elimina la problematicidad del conocimiento mismo, ni la necesidad de interpretar
y sistematizar los datos y formular las correspondientes teorias.
El saber ctiminolégico, es, pues, como todo saber cientifico, un saber
inevitablemente relativo, inseguro, abierto, provisional. En primer lugar, por raz6n
de su objeto. Puesto que delito y delincuente no son dos fenémenos de la realidad
fisica 0 natural, sino algo més y algo distinto: problemas, problemas humanos y
sociales, con la carga de irracionalidad, de pasién, que el siempre enigmatico
comportamiento del hombre implica. El denominado “paradigma causal explicativo”,
vélido para el examen de la realidad fisico natural, fracasa, sin embargo, por su tosco
mecanicismo, cuando se aplica, sin mas, al complejo y sutil ambito de las ciencias
“sociales” y de la “conducta”®. En segundo lugar, las expectativas de certeza y
1, Sobre el problema, vid. GARCIA -PABLOS, A., Manual de Criminologfa, Madrid [Espasa Calpe),
1988, pags. 50 y ss ni la Criminologia es una ciencia “exacta”, ni puede confundirse métoda empfrico
con método experimental
2. En cuanto a la crisis del paradigma “causel-explicativo”, vid. GARCIA -PABLOS, A., Manual
de Criminologfa, cit., pags. 128 y ss.
EGUZKILORE 3 (3989,La aportactin de la Criminologge 81
exactitud del saber criminoldgico se frustran, también, como consecuencia ldgica
de un nuevo paradigma de saber cientifico que gana progresivamente terreno incluso
en el campo otrora més representativo de las ciencias “exactas”. Se trata, pues, de
un nuevo arquetipo de ciencia, mas acorde —y consciente— de nuestro limitado
conocimiento de la realidad y de la siempre parcial percepcién de ésta por el
observador. Y, por tanto, un paradigma de ciencia relativizador, menos exigente.
Que sustituye la “exactitud” y la “certeza absoluta” propias del patrén convencional
de las ciencias naturales, por la probabilidad razonable de una proposicién no
refutada, renunciando a la pretensién de explicar la realidad humana y social con
leyes universales que formulen ambiciosas relaciones de “causa” a “efecto”. Pues
no en vano un “fenémeno” puede “explicarse’, pero un “problema” debe ser
“comprendidc”; y esta “comprensién”, no exenta de “empatfa”’, sitiia al cientifico
més all de la mera légica formal, atin sin abandonar el rigor del método empirico.
IIL- La Criminologia, por su base interdisciplinaria, ha conseguido acumular
y sistematizar un valioso caudal de informaciones sobre el problema criminal; un
nticleo de conocimientos cientificos —por tanto, relativamente seguros y fiables—
que acusa la impronta dindmica e interaccionista’ de las modernas concepciones
criminolégicas.
En el momento de evaluar la aportacién de la Criminologfa, forzoso es reconocer
una tendencia irreversible, iniciada en los tiltimos lustros: la ampliacién de su propio
objeto’. En efecto, el estudio de la victima del delito y la acentuacién de la
relevancia del contro! social son dos nuevos centros de interés de la investigacién
criminolégica, que ponen fin a toda una etapa cientifica de exclusiva preocupacién
por la persona del delincuente. Dicha ampliacién del objeto de la Criminologia ha
significado, cualitativamente, un indiscutible enriquecimiento de la reflexién cientifica
sobre el problema criminal, al incorporar a la misma aspectos y dimensiones hasta
entonces no ponderadas
1+ Ello es claro a propésito de la victima del delito,
La actual preocupacién por la victima responde a la necesidad de redefinir el
rol de ésta en el fenémeno delictivo, planteando sobre nuevas bases sus relaciones
(interaccién) con los otros protagonistas del crimen y con el propio sistema legal
y social. El “redescubrimiento” de la victima no es una réplica —una revancha,
sesgada, también— a la Criminologia positivista tradicional, que volcé todos sus
esfuerzos hacia la persona del infractor olvidando interesadamente otros protagonistas
3. “Empatia” no significa “simpatia” o “complicidad” con los valores eritminales, sino “aprecio’, interés,
foscinacién por comprender el problema criminal “desde dentro’, desde e! mundo del infractor, tratando
de captar los valores y vivencias que éste experimenta. Todo ello, sin perder la distancia y objetividad
que el examen cientfico requiere, Cir. MATZA, D., El proceso de desviacin, Madrid (Taurus), 1981
(version castellana de J, Carabafia), pags. 36 y ss.
4. Dinamismo e interaccionismo son dos notas muy acusadas en la evolucién de la moderna
Criminolog’e, como apunta KAISER, G., Criminologta. Una introducci6n a sus fundarnentos cientficos,
Madrid, 1978 (Espasa Calpe), traducido de la 2.° Edicién alerana por J, Belloch Zimmermann, pag. 150.
5. En este sentido, KAISER, G., Introducci6n a la Criminologta, Madrid (Dykinson), 1988 (traduccién
de J.A. Rodriguez Nunez, bajo la direccién de J.M. Rodriguez Devesa), pag. 71
EGUZKILORE 3 (1980)82 Antonio Garcia Pabios ée Molina
y elementos del suceso delictivo; tampoco, una nueva lectura de éste desde el solo
Angulo del sujeto pasivo del crimen, reacia al garantismo liberal y proclive a la
traduccién rigurosa de los dictados emocionales de los perjudicados por el delito.
El “redescubrimiento” de la victima expresa la necesidad de revisar el rol de ésta
a la luz de nuestros conocimientos cientificos actuales, recomponiendo el mapa yv
correlacién de fuerzas que interactian en el hecho criminal’
A este enfoque dindmico e interaccionista se debe una nueva “imagen” de la
victima como activo protagonista del suceso delictivo, que termina definitivamente
con el estereotipo palido e inerme de victima de la Criminologia positivista: de la
victima “objeto” pasivo, fungible, casual e irrelevante en la génesis del delito y en
el disefio de programas de prevencién, reparaci6n, etc. El papel activo de la victima
en la dindmica delictiva (supuestos de interaccién delincuente-victima): y la relevancia
de ciertas variables personales, objetivas y situacionales relacionadas con la misma
en la determinaci6n selectiva del riesgo (diferencial) de victimizacién; la posibilidad
de trazar programas eficaces de prevencién del delito, operando discriminadamente
sobre grupos y subgrupos que exhiben més elevados riesgos de victimizacién; la
capacidad informadora de la victima sobre la criminalidad real no detectada por las
encuestas oficiales (encuestas de victimizacién); la trascendencia practica de ciertas
actitudes de la victima respecto al sistema legal, sus agentes y funcionamiento
(‘victimizacién secundaria”, “estereotipos”) en orden a la efectividad del propio
sistema y, por tanto, a la seriedad y capacidad disuasoria de las leves penales (victima
denunciante 0 testigo y “cifra negra’); las implicaciones politico criminales del miedo
a convertirse en victima del delito; los compromisos politico-sociales del Estado
“democrético y social” con las victimas inocentes del delito y su traduccién en los
correspondientes programas de prestaciones ("“resocializacién de la victima”)... son
algunas de las proposiciones més sugestivas de la moderna Victimologfa.
2. Un segundo exponente del giro metodolégico que ha contribuido a la
ampliacin del objeto de la Criminologfa es la moderna teoria de! contro! social
La relevancia que los partidarios del “labelling approach” (teorfas interaccionistas
del “etiquetamiento” o de la “reaccién social”) asignan a ciertos procesos y
mecanismos del control social en la configuracién de la criminalidad, permiten hablar,
no obstante, mas de un nuevo modelo o paradigma (‘‘paradigma de control”),
contrapuesto al modelo de consenso de la Criminologia positivista tradicional, que
de la mera ampliacién el objeto de ésta’.
En efecto, la Criminologia positivista, volcada en la persona del delincuente,
no prest6 excesiva importancia a los problemas del control social. Partfa de una
6. Vid. GARCIA-PABLOS, A., “La resocializacién de la vietima: victima, sistema legal y politica
criminal” (En: Homenaje al Profesor Antonio Beristain Ipific: Criminologfa y Derecho Penal al servicio
de la persona, San Sebastian, 1989, Instituto Vasco de Criminologia), pags. 193 y ss.
7. Sobre el control social, vid: BUSTOS RAMIREZ, J., Control social y sistema penal, Barcelona,
1987 |PPU); COHEN, St,, Visiones de control social, Barcelona, 1988 (PPU), traduccién de E. Larrauri
8. Asi, BUSTOS RAMIREZ, J., Control soctal y sistema penal, cit., pég. 475.
9 Clr. GARCIA-PABLOS, A., Manual de Criminologia, cit. pag. 104.
EGUZKILORE 9 1939)La aporacién de Criincloge 83
visin consensual y armoniosa del orden social que las leyes —expresién de tal
consenso— se limitarfan a reflejar. Los tedricos de la Criminologia “positivista” no
cuestionan las definiciones legales ni el cuadro normativo al que éstas responden
porque admiten que encarnan los intereses generales. Y tampoco someten a critica
el concreto funcionamiento del sistema, el proceso de aplicacién de tales definiciones
normativas a la realidad. Piensan que las leyes sdlo plantean un problema de
interpretacién reservado al juez, de subsunci6n del caso al presupuesto factico de
la norma; pero el dogma de igualdad ante la ley priva de caracter conflictivo a dicho
proceso de aplicacién de los mandatos legales. Las leyes, pues, caen sobre la realidad
social por su propio peso y no se experimentan desviaciones significativas de la
premisa normativa al momento terminal del caso concreto. El denuncianie, la policia,
el proceso penal, etc., son meras correas de transmisién que aplican fielmente,
objetivamente, la voluntad de la ley, de acuerdo, por tanto, con los intereses generales
a que ésta sirve. La poblaci6n reclusa, en consecuencia, ofrece una muestra fiable
y representativa de la poblacién criminal (real), ya que los agentes del control social
(policia, proceso, etc.) se rigen por el criterio objetivo del merecimiento (el hecho
cometido) y se limitan a “detectar” al infractor cualquiera que sea éste.
Para el “labelling approach”, por el contrario, el comportamiento del control
social ocupa un lugar mas destacado. Porque la criminalidad no tiene una naturaleza
“ontolégica’, sino “definitorial”, y lo decisivo es cémo operan determinados
mecanismos sociales que atribuyen o asignan el estatus criminal: la callficacién juridico
penal de la conducta realizada o los merecimientos objetivos del autor pasan a un
segundo plano. Més importante que la interpretaci6n de las leyes es analizar el proceso
de concrecién de las mismas a la realidad social, proceso tenso, conflictivo,
problemético. El mandato abstracto de la norma se desvia sustancialmente al pasar
por el tamiz de ciertos filtros altamente selectivos y discriminatorios que acttian quiados
por el criterio del estatus social del infractor. Precisamente por ello las clases sociales
mas deprimidas atraen las tasas mas elevadas de criminalidad, no porque profesen
unos valores criminales per se —ni porque delincan mas—, sino porque el control
social se orienta prioritariamente hacia ellas, contra ellas. El control social —sus
agentes y mecanismos— no se limitan a detectar la criminalidad y a identificar al
infractor, sino que “crean” o “configuran” Ja criminalidad: realizan una funcién
“constitutive”. De suerte que ni la ley es la expresién de los intereses generales, ni
el proceso de aplicacién de ésta a la realidad hace bueno el dogma de la igualdad
de los ciudadanos. Los agentes del control social formal (policfa, tribunales, etc.)
no son meras “correas de transmisién” de la voluntad general, sino “filtros” al servicio
de una sociedad desigual que, a través de los mismos, perpettia sus estructuras de
dominaci6n y potencia las injusticias que la caracterizan. En consecuencia, la
poblacién penitenciaria, subproducto final del funcionamiento discriminatorio del
sistema legal, no puede estimarse representativa de la poblacién criminal real, como
no lo son tampoco las estadisticas oficiales.
No es momento de evaluar esta controvertida pugna de modelos teéricos, ni
de tomar postura a favor de una u otra opci6n. Los postulados radicales del “labelling
approach”, por su inequ‘voca carga ideolégica, no son, desde luego, mayoritariamente
compartidos por la doctrina. Pero, sin embargo, nadie puede cuestionar ya84 Antonio Garcia Pablos de Moine
cientificamente algunas de las proposiciones de los teéricos del control social, que
gozan de amplio consenso en la moderna Criminologia. Asi, el componente
definitorial del delito, la selectividad y discriminatoriedad del control social, la
relevancia de la propie reaccién social en orden al volumen y estructura de la
criminalidad, etc.”
La efectividad del control social —y su problematicidad— es otro de los temas
que concitan mayor interés a crimindlogos y expertos en Politica Criminal. Pues,
frente a dogmas y convicciones tradicionales, no cabe ya seguir manieniendo que
el incremento de las tasas de criminalidad registrada sea un indicador significative
del fracaso del control social, Ni tampoco, que un sistemdtico y progresivo
endurecimiento de éste constituya, a medio y largo plaza, la estrategia més adecuada
para asegurar cotas més elevadas de eficacia en la lucha contra el crimen. El control
social penal tiene unas limitaciones estructurales inherentes a su naturaleza y funcin,
de suerte que no es posible exacerbar indefinidamente su efectividad para mejorar,
de modo progresivo, su rendimiento”. La prevencién eficaz del crimen no ha de
limitarse al perfeccionamiento de las estrategias y mecanismos del control social ("mas
leyes, mas penas, mas policias, mas jueces, mas carceles —decia, con raz6n, Jeffery—
significa mas presos, pero no necesariamente menos delitos”)"*. En todo caso, la
eficaz prevencién del crimen parece no depender tanto de la mayor efectividad del
control social formal como de la mejor integraci6n o sincronizacién del control social
formal y el informal”.
IV.- La informaci6n sobre el problema criminal que puede aportar la
Criminologia, valida (por la correccién del método de obtencién de la misma) y fiable
(por la bondad de la propia informacién), tiene un triple émbito: la explicacién
cientffica del fenédmeno criminal (modelos te6ricos), de su génesis, dindmica y
principales variables; la prevencién del delito; y la intervencién en el hombre
delincuente.
1- La formulacién de impecables modelos teéricos explicativos del
comportamiento criminal ha sido el cometido prioritario asignado a la Criminologia,
de acuerdo con el modelo de ciencia dominante en los paises de nuestro entorno
cultural. En los paises socialistas, sin embargo, tal objetivo merece una atencién
secundaria, ya que prima, por razones ideolégicas y metodolégicas, una concepcién
instrumental, prdctica’’, del saber cientifico, menos teérico y academicista,
10. Por todos, KAISER, G., Introduccién a la Criminologia, Madeid (1988), cit., pags. 247 y 251.
11. Sobre el problema, vid. KAISER, G.. Introduccion a ta Criminologta, Madrid, 1988, cit.. pég.
119. El neomodernismo, sin embargo, pretende conseguir las maximas cotas de prevencién del crimen
a costa de mejorar la efectividad y rendimiento del sistema legal (Ci, SCHNEIDER, H.d., Kriminologie,
1987, Walter de Gruyter, pag. 367 ss.)
12.- En cuanto al provencionismo de JEFFERY, Cl.R., vid: Crime Provention Trough Environmental
Design, London, 1977. Sage; del mismo; Punishment and deterrence; A Psychological statersent (Biology
and crime), Sage, 1979; “Criminal Behavior and the physical environment” (en: American Behavior
Scientist, 20, 1976, pégs. 149 a 174) Cit. GARCIA-PABLOS, A., Manual de Criminologia, cit., pégs.
366 y ss. (el modelo biosccial de Jeffery)
13. En este sentido, GARCIA-PABLOS, A., Manual de Criminologi, cit. pg. 107.
14. Cf. KAISER, G., Introduccién o fa Criminologia, Madrid, 1988, cit., pags. 66 y ss.
EGUZKILORE 3 (1980)La aportactn de la Criminologla 85
espoleada por la utopia politicocriminal que aspira a la superaci6n del crimen en
una sociedad socialista. Interesa ms prevenir el delito que explicarlo, ms transformar
la sociedad (capitalista) criminégena que elaborar modelos teéricos explicativos. El
dogmatismo ideolégico y la utopia polfticocriminal alimentan todavfa trasnochados
prejuicios doctrinarios en los pafses socialistas (vg. teorfa de los rudimentos, del
contagio, de la desviacién ideolégica, etc.). Explicar cientfficamente el
comportamiento criminal, sigue siendo para la ortodoxia socialista “quedarse a mitad
del camino”, segin el conocido reproche a la Criminologfa burguesa que
representa la 11° tesis de Marx a Feuerbach.
No cabe duda, sin embargo, que la formulacién y desarrollo de modelos tedricos
explicativos del comportamiento criminal es un objetivo cientffico de primera
magnitud. Que no se puede abordar rigurosamente el problema de la criminalidad
sin un conocimiento previo de su génesis y dindmica, ignorando que se trata de
un fenémeno muy selective. Sélo desde una concepcién magica y fatalista, despética
o doctrinaria (dogmatica), tiene sentido la absurda actitud de desinterés hacia la
determinacién de las variables de la delincuencia e integracién de ésta en los
correspondientes modelos teéricos. Refugiarse en cosmovisiones sacras, apelar a
la intuici6n y a la sabidurfa popular o ceder a la praxis rutinaria, son estrategias que
no asequran el éxito en el delicado y complejo problema de controlar el crimen.
Por otra parte, el propio progreso cientifico reclama modelos tedricos més sélidos
y convincentes, metodolégicamente mejor dotados y ms operativos desde un punto
de vista politicocriminal, Ambiguas referencias a la sociedad como explicaci6n tltima
del crimen o a la supuesta diversidad (patolégica) del hombre delincuente (al igual
que la formula de compromiso de F.v. Liszt: predisposicién individual/medio
ambiente), no son hoy atgumentos de recibo.
A este superior nivel de exigencias se debe, sin duda, el abandono de las teorfas
monocausales de la criminalidad, que fascinaron en otro tiempo. Y el claro intento
de la moderna doctrina de formular modelos cada vez mds complejos e integradores,
paliando el déficit empfrico que acusaban algunas construcciones tradicionales (yg.
ausencia de soporte estadistico, falta del oportuno grupo de control, generalizacién
indebida de hipétesis, etc.)
a) Los modelos biolégicos, contrapunto de las teorfas ambientalistas, exhiben
un elevado soporte empirico (a menudo, incluso “experimental”), a pesar de que
es més clara la vocacién clinica de los mismos, que su eficacia explicativa teérica
y operatividad politicocriminal. Evolucionan hacia paradigmas cada vez més
complejos, integradores y dinémicos, idéneos para ponderar la pluralidad de factores
que interactdan en el fendémeno delictivo. Pues si bien el sustrato biolégico del
individuo representa un valioso y relevante potencial, parece incuestionable —contra
la tesis sustentada por los modelos biolégicos radicales— que ni es el tinico dato,
ni la carga biolégica permite distinguir el hombre delincuente del no delincuente.
El llamado principio de la “diversidad” al que apelan las teorfas de corte biolégico
15. Chr. KAISER, G., Introducci6n a la Criminologia, Madrid, 1988, cit., pag. 67. La tesis 11° de
Marx a Feurbach reza ast: “Los filésoios han interpretado el mundo de muchas formas. Pero lo importante
es cambiarl
EGUZKILORE 3 (1989)85 Antonio Garefa-Pabios de Molina
radical (el hombre delincuente es distinto del no delincuente y porque es distinto
delinque), carece de todo respaldo cientifico, Es mAs, responde a una vision arrogante
del orden social, cuyo complejo de superioridad conduce a atribuir el delito a
patologias del individuo, salvando asi la incuestionabilidad de un sistema que se cree
perfecto y legitimado por el consenso. En el citado giro hacia la moderaci6n, influye
decisivamente la “imagen” de! hombre como ser abierto a los demés; existencialmente
receptivo y sensible a toda suerte de influencias interpersonales y ambientales, que
mira al futuro propio y ajeno, en un continuo y fecundo proceso de comunicacién
e interaccién. Imagen que pugna con el arquetipo de ser humano de las teorfas
biolégicas radicales —del determinismo biolégico, fiel y natural aliado del pesimismo
antropolégico—; de un ser humano preso de su herencia, esclavo del pasado, de
la carga biolégica y genética que recibe y hace del mismo un producto terminado;
un ser encerrado en si e incomunicado con los demas, mero objeto de la historia
e incapaz de decidir por si y transformar la sociedad que le condiciona”™.
En todo caso y, una vez desmentido el dogma clésico de la “equipotencialidad”,
corresponde a los modelos biolégicos explicar cientificamente la relevancia
criminégena de ciertas variables, pues la existencia de un dato bioldgico diferencial
gs una realidad incuestionable, y las concepciones ambientalistas no son capaces,
por definicién, de fundamentar por qué el crimen se distribuye de forma no
homogénea, concentraéndose en torno a muy reducidos grupos humanos, cuyos
individuos acaparan significativamente la comisién de la mayor parte de los
delitos””.
b] Un proceso semejante se aprecia en el seno de los modelos psicologicistas
(teorias psicopatolégicas, psicoanaliticas y psicolégicas). De una parte, para delimitar
los Ambitos y competencias respectivas: cuando el crimen responde a determinadas
patologias psiquidtricas, cuando a ciertos conflictos inconscientes 0 pulsiones internas
© cuando a procesos de condicionamiento y aprendizaje normales. De otra, la propia
evolucion interna de las diversas teorias ha limado numerosas aristas, propiciando
también formulaciones mas complejas o incluso la recepcién comin de variables
ajenas a las mismas (vg. variables cognitivas) en modelos integrados.
La moderna Psicopatologia ha asumido la problematicidad de los conceptos
de “salud” y “enfermedad”, mds inseguros adn que en la medicina somética. Junto
al descrédita de viejas teorfas (vg. teorfa de la personalidad criminal)". la
experiencia ha refutado, también, trasnochados t6picos que asociaban locura y delito
© psicopatia y criminalidad”’.
16. Una valoracién de los modelos biolosicistas, en: GARCIA -PABLOS, A, Manual de Criminologta,
ot, pags. 369 a 371.
17.. Sobre la selectiva cistribucién del crimen en la pablacién, vid., por todos, GARRIDO GENOVES,
Vs Delineuencia y sociedad, 1984 (Mezqult), pg, 2, ctando ls investigaciones ce Carlsson, Mecnik
y Volavica.
18.- Sobre la trasnochada teorfa de la “personalidad criminel” y su crisis, vid: GARRIDO GENOVES,
V,, Delincuencia y sociedad, cit., pag. 236; SCHNEIDER, H.d. Kriminologie, cit. pags. 417 ss. (que
hace mencion a desarrollos recientes de esta teoria en la Unién Sovistica); Cf. GARCIA - PABLOS, A.
Manual de Criminologfa, cit., pégs. 379 y 380.
19. Evidentememte, ai todo infractor es un psicépata, ni todo psicépate infringe las leyes.
EGUAKLLORE 8 (1980)La aporacion de la Céminclogia 8
Aunque la realidad de las psicopatias sigue obsesionando y numerosos esfuerzos
se dirigen a la comprobacién empirica del correlato fisiolagico de las mismas“” (y
al desarrollo de los correspondientes modelos teéricos, como el biolégico-conductual
0 el biosocial), cabe esperar en el futuro un desplazamiento del centro de gravedad
hacia la denominada Psiquiatria “ligera” (vg. estudio de las “neurosis”)*". Y, sobre
todo, serfa deseable sustituir la tentacién generalizadora, simplificadora (asociacién
del delito a cierta 0 ciertas categorfas clinicas) por un anélisis empfrico correlacional
y discriminador, que verifique la relacién espectfica en su caso existente entre cada
una de las entidades psiquiatricas y concretos comportamientas delictivos. Todo ello
sin olvidar que el delincuente mentalmente enfermo representa un porcentaje muy
reducido de la poblacién criminal total””; y que la sociedad teme a este infractor
anormal mas por la imprevisibilidad de su conducta que por la gravedad objetiva
de la misma o peligro que representa
Las doctrinas psicoanaliticas, por su imaginativo anilisis de la estructura y
dinémica de la personalidad, de sus conflictos, frustraciones y aspectos
motivacionales, han aportado un valioso aparato instrumental para la comunicacién
entre psicélogos y psiquiatras. El debate producido en el seno de las mismas
durante los tiltimos lustros, ha permitido revisar algunos de los postulados de sus
pioneros y representantes ortodoxos (vg. e! pansexualismo freudiano). La reciente
doctrina psicoanalitica adopta, desde luego, un lenguaje més psicodinémico,
desplazando significativamente su centro de interés del andlisis del instinto primario
de agresién, el triunfo del “ello” o la relevancia de ciertos conflictos intrapsiquicos
a otros abjetos: el proceso de aprendizaje del nifio, la interiorizacién de las normas
y valores convencionales, los estados deficitarios criminégenos, la psicologfa de la
sociedad sancionadora, etc.”®. Ciertamente, el modelo psicoanalitico cuenta con
algunas limitaciones estructurales insuperables, por raz6én de su propio objeto (el
mundo de Jo inconsciente), método (introspecci6n) y funciones (vocacién clinica
dirigida, en sus origenes, a ciertas dolencias concretas: histerias, neurosis). Y ha de
mitigar su desmedida carga especulativa y dogmética; su inaccesibilidad e
incomunicaci6n, que hacen de la misma, a menudo, un cuerpo cerrado de doctrina,
reacio ala critica y a la interdisciplinariedad de la reflexién cientffica; probablemente,
20. Para una informacién sobre el problema, vid GARCIA-PABLOS, A., Mariual de Criminalogta,
it, pags. 384 y ss
21- Asi, VALLEJO, J., BULBENA, A. y oltos: Introduccién a la Psicopatoloafa y Psiquiatria, Salvat
(Barcelona). relmpresién de 1983, pég. 12 (quienes advierten que el campo de la Psiquiatria deja de
circunseribirse a le locura)
22. En este sentido, GARCIA ANDRADE, J.A., Las rafces de la violencia, Madrid (1982), pag.
22; también, desde otro punto de vista, HALL WILLIAMS, J.E., Criminology and Criminal Justice,
1982, London (Butterworths), pag. 47.
23. Cf. GARCIA ANDRADE, J.A., Les rafces de Ia violencia, cit., pa. 22.
24.- Como apunian VETTER, H.d. y SILVERMAN, |. d., Criminology and Crime. An Introduction
Horper-Row Publishers, 1986, pag. 380.
25. Resaltando esta evolucién, SANCHA MATA, V, “Psicoandlisis y delito” (en: Deiincuencia, Teoria
investigaci6n, por: Sancha Mata, V. Clemente Diaz, M. y Miguel Tobal, d.J., Madrid, Alpe, 1987), pés, 65.
EGUZKILORE 3 [1989]
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