ANDRES BELLO
vi
ESTUDIOS
FILOLOGICOS
I
CARACAS
V E N E Z U E L A
1954
'r
MINISTERIO DE EDUCACION
C O M IS IO N E D IT O R A D E L A S O B R A S C O M P L E T A S D E
ANDRES BELLO
B I B L I O T E C A N A C I O N A L
OBRAS COMPLETAS DE
ANDRES BELLO
VI
ESTUDIOS FILOLGICOS
i
C O M IS IO N E D IT O R A DE LA S O BRAS CO M PLETAS DE
ANDRES BELLO
RA FAEL CA LD ERA
D IR E C T O R
A U G U STO M IJA R E S
E N R IQ U E P L A N C H A R T (1894-1953)
PED R O GR A SES
S E C R E T A R IO
JU L IO P L A N C H A R T (1881-1948)
P R IM E R D IR E C T O R
6
Estatuilla de Andrs Bello, obra de Lorenzo Gonzlez (1 9 3 2 ), conservada en la Academia Venezolana
correspondiente de la Real Academia Espaola.
*
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j ^ 3
ANDRES BELLO
ESTUDIOS FILOLOGICOS
PRINCIPIOS
DE LA
ORTOLOGA Y MTRICA
DE LA
LENGUA CASTELLANA
Y OTROS ESCRITOS
IN T R O D U C C IO N A
LOS ESTUD IO S O RTO L GICO S Y M TRICOS D E BELLO
POR
SA M U EL G IL I G A YA
E D IC IO N E S D E L
M INISTERIO DE E D U C A C IO N
C A R A C A S V E N E Z U E L A
19 5 5
OBSEQUIO DE i A DIRECCION
DE CUL7VPA Y BElLAS ARTES
DEL MlHlStEklO DE -EDUCA
CION NACIONAL
S I G L A S
O. C . = Obras Completas de don Andrs Bello. 15 vols. Santiago, 1881-
1893.
O. C. Caracas = Obras Completas de Andrs Bello. Caracas, 1952.
Amuntegui, Vida Bello: Vida de don Andrs Bello, por Miguel Luis
Amuntegui, Santiago, 1882.
INTRODUCCIN A LOS ESTUDIOS
ORTOLGICOS Y MTRICOS DE BELLO
A R T E Y C IE N C IA D E L A PO ESA
La educacin humanstica que Bello haba recibido des
de su infancia y sus versiones juveniles de poesa latina, le
hacen pensar muy pronto en la naturaleza del ritmo potico
en las lenguas clsicas y en las romances. En 1806 tradujo
en verso castellano el libro quinto de la Eneida x; entre este
ao y el de 1808 se fechan generalmente una imitacin de
la gloga Coridon de Virgilio y otra de la oda de Horacio
O navis, referent 2. Traduciendo los hexmetros virgilianos,
primero como ejercicio escolar y luego con aspiraciones ar
tsticas ms altas, se plantea a s mismo la dificultad de ex
presar en metro castellano la belleza sonora y reposada de
los versos latinos: valor cuantitativo de las slabas, pies y sus
agrupaciones en la versificacin clsica, frente al cmputo
silbico y al comps acentual de la poesa moderna. Qu
habr de comn y qu habr esencialmente distinto en el
sistema rtmico de ambas versificaciones? Bello se propone
indagarlo; ya que, si bien eran conocidas las leyes del verso
clsico latino, no lo eran apenas las de la baja latinidad, y
distaban mucho de ser satisfactorias las que los preceptistas
haban ideado para explicar la mtrica romance.
Llegar a constituir una teora de la versificacin espa
ola fue desde su adolescencia una de las preocupaciones
troncales de su mente, y este afn va repitindose como un
1 A m unA tbgui, Vid Bello, p g . <1. M ig u e l A n to n io C a r o , Obras Completas,
III, Bogot, 1921, pg. 113.
2 Ambas publicadas en O. C . Caracas, I, pp. 21 y 3 respectivamente.
XI
Obras Completas de Andrs Bello
leitmotiv a lo largo de toda la produccin literaria de nues
tro autor. Con frecuencia, la firme contextura intelectual
que advertimos en la obra de los hombres egregios, nace de
que sta no es ms que el desarrollo tenaz de ilusiones y pro
yectos concebidos en la primera juventud. Menndez Pela-
yo dice de s mismo que todos los libros que escribi tuvie
ron su germen en los aos mozos: unos se le frustraron del
todo, otros quedaron incompletos y slo algunos alcanzaron
una realidad ms o menos semejante a la concepcin juvenil
que les dio vida. As tambin, a pesar de la dispersin de su
actividad en mltiples materias, no es difcil encontrar en
la obra total de Andrs Bello unas cuantas ideas centrales
que, nacidas en el entusiasmo de sus aos de estudiante, van
abrindose surco a travs de las peripecias de su vida, y re
aparecen aqu y all, enriquecidas por la reflexin y el
estudio, pero con el mismo frescor matinal con aue brota
ron en su espritu. Son las ideas-clave, aue dan direccin y
sentido a una trayectoria intelectual entera.
Entre los apuntes que Amuntegui exhum, aparecen
numerosas notas de mtrica antigua y moderna tomadas du
rante la estancia de nuestro autor en Londres. Todas figuran
en este volumen, y por ellas podr seguir el lector el proceso
del pensamiento de Bello, a pesar de que no representan se
guramente ms que una parte pequea de sus estudios previos
sobre el problema que persegua. Las perspectivas se le ensan
chaban con el conocimiento directo de los poetas griegos e
ingleses, el contacto constante con los tesoros bibliogrficos
del Museo Britnico y, sobre todo, con el ejercicio continua
do de su produccin potica original y traducida. Haba
alcanzado slida maestra en la ciencia y en el arte del verso.
En 1823 ha formado ya un plan de conjunto de la obra que
maduraba: Qu diferencia hay entre las lenguas griega y la
tina por una parte, y las lenguas romances por otra, en cuan
to a los acentos y cantidades de las slabas, y qu plan debe
abrazar un tratado de Prosodia para la lengua castellana. Es
XII
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
te opsculo, publicado en la Biblioteca Americana, era a la
vez el resultado de su labor y un boceto de la segunda parte
de la Ortologa y Mtrica que iba a cuajar ms adelante
(1835), cuando la estabilidad de su situacin en Chile le dio
el reposo necesario para escribir el libro proyectado y los
medios para imprimirlo. Su plan era ya entonces ms exten
so, puesto que al final del artculo anuncia una segunda par
te que no lleg a publicar:
"E n un nmero siguiente, procuraremos fijar los principios
de esta segunda parte de la prosodia relativa a la computacin
de las slabas, que nos parece la ms necesaria de las dos 3.
Entre los escritos preparatorios a que ahora me refiero
hay que considerar tambin: Del uso antiguo de la rima aso
nante en la poesa latina de la Edad Media y en la francesa,
y observaciones sobre su uso moderno, artculo aparecido
en el Repertorio Americano (enero de 1827), cuyo conte
nido, entonces nuevo porque estaba elaborado con materia
les casi desconocidos, se anticipa a varias conclusiones a que
los romanistas llegaron aos ms tarde.
Por el momento no trataba ms que de elaborar una
Prosodia Castellana, cuyo contenido haba de abarcar las
doctrinas del acento y de la cantidad silbica, en ntima co
nexin con el arte del verso, aunque reconoca que, en su
ms lata acepcin, la Prosodia era la parte de la Gramtica
"que fija el sonido de todas las letras, slabas y dicciones de
que consta el lenguaje , es decir, el estudio de los sonidos y
sus agrupaciones de todas clases, al cual daba la Academia el
nombre general de Prosodia 4. Bello prefera, sin embargo,
3 O. C. V, p. 449.
4 La cuarta edicin de la G ram tica de la Real Academia Espaola (ao 1796),
que es la que Bello manej, deca as: **. . la Prosodia [ensea] el sonido propio y la
verdadera pronunciacin de las letras, slabas y palabras de que se compone el lenguaje.
A l presente slo se trata de la Analoga y Sintaxis, emitiendo la O rtografa, porque
anda en tratado separado, y la Prosodia, por no haber fijado todava la Academia las
reglas de la verdadera pronunciacin de las voces castellanas* (pg. 2 ) . L a Academia
no se decidi a tratar de Prosodia, ni en libro aparte ni en el cuerpo de su Gram tica,
hasta la edicin que de sta imprimi en 1870, en la cual es m uy visible la influencia
XIII
Obras Completas de Andrs Bello
dar a la Prosodia su sentido ms estricto y reservar el valor
de los sonidos para un tratado especial denominado Ortoe
pa por algunos gramticos contemporneos suyos5. Una
teora de la versificacin castellana necesitaba apoyarse en
la Fontica ds la lengua, en sus unidades grandes y pequeas,
las cuales crean por s mismas las condiciones idiomticas
materiales que el poeta debe manejar:
"Considerando, pues, la ortoepa como distinta de la pro
sodia, y cindonos en este discurso a la segunda, observaremos
que entre ella y el sistema de versificacin adoptado en la len
gua debe haber una ntima correspondencia 6.
Luego abandona Bello el nombre de Ortoepa, y siguien
do la direccin normativa del pensamiento neoclsico en
que se haba educado, adopta el trmino empleado por su
predecesor don Mariano Jos Sicilia, y el libro se titular en
primer lugar Ortologa7. Sus estudios de Gramtica y las re
de los Principios de Ortologa y Mtrica de Andrs Bello, como diremos ms adelante.
Aunque la divisin de la Gram tica acadmica en cuatro partes responde a la
tradicin nebrisense, su definicin de la Prosodia ampliaba considerablemente la de
Nebrija, el cual se expresaba del modo siguiente: la segunda [parte] los griegos llaman
Prosodia; nosotros podemos la interpretar acento, o ms verdadera mente quasi canto.
E sta es arte para al?ar & abaxar cada una dlas silabas dlas diciones o partes de la
oracin. A esta se reduze esso mesmo el arte de contar, pesar & medir los pies dlos
versos & coplas ( Gram tica castellana, Parte I, cap. I ) . Como puede observarse, el
punto de vista de Bello se acercaba mucho al de Nebrija.
6 La denominacin de O rtoepa fue frecuente en Inglaterra (O rthoepy) desde
el siglo X V II; no debi de usarse tanto en Francia, puesto que no se encuentra en
la Encyclopedie. En Espaa la hallamos con el nombre de Ortopeya en un libro im
preso en Madrid, 1785, por J u a n A n t o n io G o n z l e z e V a l d s , que lleva el ttu lo
de Ortopeia universal o arte de pronunciar segn los principios fsicos elementales (L a
V in a z a , Bibl. histrica de la filo lo ga castellana, Madrid, 1893, pg. 4 9 4 ).
8 O. C. V , p. 433.
7 Aunque Bello parece dar a entender que Mariano Jos Sicilia (1827-1828) fue
el primero que emple la denominacin de O rtologa, sta tena ya cierta tradicin
en Espaa. Entre las noticias bibliogrficas de L a V in a z a , loe. cit., encontramos los
siguientes ejemplos: M ig u e l S e b a s t i n , Orthograpbia y Orthologia, Zaragoza, 1619;
el autor se jacta de haber sido el inventor de la palabra en los siguientes trminos:
"O rthologia es vocablo griego, es nueuo, que lo havemos nosotros, a imitacin de otros
de la mesma lengua Griega, compuesto. Quiere dezir forma de buena boca y lengua, si
quiera de buena pronunciacin para leer y para el hablar (p. 262 y sig s.); F r a n c i s c o
S n c h e z M o n t e r o , Escuela de Prima Ciencia, Sevilla, 1713, dice que su segundo ca
ptulo: "tr a ta y da a entender qu es Orthologia, su difinicin y empleo (pg. 6 6 1 );
B e n it o M a r t n e z G m e z G ayoso , Gramtica de la lengua castellana, Madrid, 1743:
Divdese esta obra en cuatro partes o libros: l 9 de la O rthologia y O rtographa . .
(pg. 2 9 4 ); F r a n c is c o X a v ier d e S a n t ia g o P a l o m a r e s , El Maestro de leer. C on
XIV
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
formas ortogrficas que haba propuesto y practicado en sus
escritos, refuerzan esta posicin ortolgica 8. Y as la obra
capital que comentamos, ampliando su propsito inicial, se
le bifurc naturalmente en estas partes distintas y comple
mentarias: Ortologa y Mtrica.
Con la publicacin, en 1835, de este libro tan entraable
mente querido, haba llegado Bello a un mejor planteamien
to y solucin de algunos problemas capitales, que desde en
tonces se veran ms claros. Pero la novedad relativa de sus
ideas le impulsa de vez en cuando a prolongar la discusin.
Por esto en las dos ediciones siguientes que public en vida
(1850 y 1859) ampla y retoca en ciertos puntos el texto
de la primera, y vuelve sobre el tema que tanto le haba
preocupado, en un opsculo polmico titulado Teora del
ritmo y metro de los antiguos, segn don Juan Mara Maury,
publicado postumamente en 1866. De aqu nace la unidad
con que se enlazan entre s todos los estudios de Bello que
ahora se publican juntos en este volumen; la decisin de
agruparlos ha sido un gran acierto de la Comisin Editora.
Forman todos un sistema coherente cuyo centro se halla en
la Ortologa y Mtrica; los dems opsculos, artculos y no
tas que aqu se renen, giran en torno a este libro que tanto
significaba en el espritu de su autor, y son su preparacin
y consecuencia.
Las ideas de Bello en las materias de que trataremos en
esta i n t r o d u c c i n vienen inmediatamente de la Precepti-
versaciones ortolgicas y nuevas cartillas para la verdadera uniforme enseanza de las
primeras letras, M adrid, 1786 (pg. 4 9 5 ) ; A n t o n io F e r n n d e z d e S. P ed r o , R e
glas instructivas de la ortografa y ortologa espaola, Madrid, 1815 (pg. 4 9 8 ) ; G r e
gorio G a r c a d e l P o zo , La doble ortologa castellana, o correspondencia entre la
pronunciacin y la escritura de este idioma, M adrid, 1825 (pg. 5 0 0 ). Com o puede
observarse, se trata de libros poco conocidos que no pudieron llegar a noticia de Bello,
en su m ayora tratados m uy elementales dedicados al arte de la lectura. Prescindiendo
del nombre, el libro de Sicilia fue, en efecto, como afirm a Bello, el primero que trat
a fondo cuestiones ortolgicas discutindolas minuciosamente. T an to en lo que nuestro
autor acepta, como en lo mucho que disiente de la obra de Sicilia, debe mirarse sta
como su punto de partida inmediato.
8 N o tratar aqu de las doctrinas ortogrficas de Bello, tan relacionadas con
el tema de este prlogo, por haber sido m agistralmente estudiadas por ngel Rosen-
blat en su Introduccin a O. C. Caracas, V.
XV
Obras Completas de Andrs Bello
va neoclsica en que fue educado; pero su profundo conoci
miento de la poesa espaola medioeval y de los siglos u
reos, unido al estudio afanoso de las doctrinas estticas de los
humanistas, le conduce a reaccionar contra las teoras pro
sdicas del neoclasicismo. Por otra parte, vive ya el ideario
y las innovaciones mtricas de los romnticos, tan discre
pantes del acartonamiento preceptista del siglo XVIII. Las
teoras ortolgicas y mtricas de Bello surgen, pues, fren
te a la Preceptiva neoclsica inmediatamente anterior, y
en ello consistir su novedad y su aportacin a la Ciencia
de su tiempo. En relacin con la Filologa actual mucho
subsiste de ellas, como veremos luego; pero es inevitable que
el nacimiento de la Fontica experimental a fines del siglo
X IX , y su desarrollo en nuestros das, haya hecho caducar
buena parte de su orientacin cientfica en lo que se refiere
al anlisis fsico y fisiolgico de la palabra humana. No
ocurre lo mismo en cuanto a la estimacin normativa del
uso culto y al ponderado discernimiento entre lo aceptable,
lo dudoso y lo inadmisible en el habla de su poca. La cua
lidad ms admirable de Bello fue su certero sentido selecti
vo del idioma, unido a un buen gusto flexible y tolerante
que le lleva casi siempre a recomendar sin dogmatismo en
cada caso las mejores pronunciaciones, cuando el uso efecti
vo de la lengua viva se mostraba vacilante. En este aspecto,
las ideas de Bello, aunque han sufrido rectificaciones par
ciales en el transcurso de ms de un siglo desde su publica
cin, podemos decir que de un modo general siguen vigen
tes, y han influido beneficiosamente en el uso culto a la vez
que en las doctrinas prosdicas de nuestro tiempo, a travs de
Miguel Antonio Caro, de la Academia Espaola y de Toms
Navarro, por no citar ms que a los ortlogos de ms relieve.
Aun hoy, siempre que se trata de decidir acerca de una prc
tica de pronunciacin recomendable o viciosa, nadie puede
excusarse de leer y sopesar directamente la opinin de Bello.
No se trata, por lo tanto, de un mero valor pretrito destina-
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
do al archivo histrico de la erudicin, sino que una parte
considerable de su pensamiento sobrevive a la transformacin
que las ciencias experimentales impusieron a los mtodos de
la Fontica moderna.
FINES DIDCTICOS
Precisamente la Lingstica de la segunda mitad del si
glo X IX y comienzos de la centuria actual, que aplica el
mtodo de las ciencias naturales al estudio de la pronuncia
cin, rehua expresamente toda direccin normativa. Que
ra ser ciencia de lo que es, y no de lo que debe ser. Lo vul
gar, lo dialectal y lo antiguo eran tan interesantes como el
uso culto contemporneo, y a veces ms, en cuanto eran
formas biolgicas de un proceso lingstico real, que no se
sujetaba a la presin ms o menos artificiosa de la lengua
literaria. Este naturalismo que con tanto amor buscaba y
explicaba lo espontneo del habla, cre la Fontica descrip
tiva, experimental e histrica, mientras la vieja Prosodia, y
con ella toda la Gramtica tradicional preceptiva, quedaba
desvalorizada como disciplina arcaica, convencional y ex-
tracientfica.
En plena crisis de los estudios gramaticales entendidos a
la manera antigua como un conjunto de reglas para separar
lo correcto de lo incorrecto, viene Saussure a plantear la
fecunda distincin entre habla y lengua: el habla es la co
municacin viva entre los hombres, la nica forma real del
lenguaje: la lengua es la norma abstracta, el patrn ideal a
que los hablantes se sujetan en cada momento; nadie la defi
ne por entero, pero todos la sienten como una imposicin
social que! obliga a acomodarse a los usos que acepta como
vlidos la comunidad parlante. De aqu resulta que la len
gua es la norma colectiva que, consciente o inconsciente
mente, con gramticos y sin ellos, moldea y cohibe la espon
taneidad de las hablas individuales. En el terreno fontico, el
pensamiento de Saussure encontr en seguida su repercusin
X V II
Obras Completas de Andrs Bello
en Trubetzkoy y sus discpulos de la escuela de Praga. Los
sonidos son reales y pertenecen al habla; los fonemas son la
imagen ideal que los hablantes quieren realizar. La Fonolo
ga estudia los fonemas abstractos que forman un sistema
sincrnico completo en la lengua de una comunidad. Cons
tituyen, pues, una norma social, una especie de Ortologa
colectiva que nos viene impuesta, si queremos ser entendi
dos por los dems. Hasta ahora la Fonologa parece haberse
detenido en el valor de la pronunciacin como portadora de
significados: los fonemas, las inflexiones de la entonacin,
crean oposiciones semnticas. Pero reflexionando un poco
ms, observamos en seguida que la pronunciacin nos dice
algo ms que el contenido semntico de las palabras y de las
oraciones. Por ella clasificamos la diccin como vulgar, fa
miliar, esmerada, culta, enftica o pedante, y estos califica
tivos representan tambin valores sociales. Todo hombre,
cualquiera que sea su grado de cultura lingstica, juzga
desde su punto de vista lo que considera correcto o incorrec
to. El concepto de correccin o incorreccin, de lo que est
bien y de lo que est mal dicho, vive en la imagen ms o me
nos confusa de su lengua, que todo hombre lleva dentro de
s, como una Ortologa informulada que le hace admirarse
de la pronunciacin ajena o reirse de ella. Esta misma sensi
bilidad, afinada por la reflexin y la cultura literaria, es la
que dicta la norma gramatical.
He aqu por donde la Fonologa de estos ltimos aos
viene a justificar a la antigua Prosodia, y nos pone otra vez
en el camino selectivo de la Ortologa, en el que Andrs
Bello se mostr tan certero. Es que, adems de ser hombre
de profunda ciencia y exquisito sentido del idioma, era Be
llo un pedagogo consumado, y en la motivacin de todas sus
obras brilla como factor esencial la intencin didctica con
que fueron escritas. No me refiero slo a la claridad de estilo
y al buen orden con que conduce al lector en la exposicin
del pensamiento, sino principalmente a su deseo de servir a
una alta finalidad de cultura nacional y humana.
XVIU
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
Bello observa que la pronunciacin vara segn los tiem
pos y lugares. En el estado naciente de las nuevas repblicas
hispanoamericanas, cuya cultura se hallaba entonces en no
torio desnivel con relacin a Europa, teme que el habla se
aplebeye hasta el punto de hacer peligrar la unidad lingsti
ca, que es el tesoro comn ms estimable de aquellos pases,
heredado de la antigua metrpoli. Sabe muy bien que una
lengua sin suficiente cultivo literario y escolar, queda en
tregada a la fermentacin disociadora de las hablas locales,
y en poco tiempo la expresin se adocena y la unidad lin
gstica se quebranta, no slo de una nacin a otra, sino
tambin entre las diferentes regiones y comarcas de cada
pas. Hoy sabemos que la disgregacin dialectal primitiva
del latn vulgar tuvo poco que ver con la ideologa, y obe
deci principalmente a diferenciacin fontica surgida y
ahondada en el aislamiento e ignorancia general de las dis
tintas regiones de la Romana. El temor de Bello respecto al
porvenir del espaol en Amrica es el mismo que aos ms
tarde preocupar tambin a Rufino J. Cuervo. Ambos au
tores hallan la solucin buscando el mantenimiento de la
unidad lingstica en el uso de las personas educadas y en la
extensin e intercambio de la cultura en todos los pases his
pnicos. ste es igualmente el pensamiento sustentado en
nuestros das por Menndez Pidal, Julio Casares y Amado
Alonso, y comprueba su verdad lo mucho que ha ganado du
rante los siglos X IX y X X la uniformidad del espaol lite
rario y hablado en todas las naciones de origen hispano.
Convena, por lo tanto, que la buena pronunciacin se
difundiese en la Amrica recin emancipada por medio de
la enseanza. Pero:
"U n arte tan esencial ha estado hasta ahora encomendado
exclusivamente a los padres y maestros de escuela, que care
ciendo, por la mayor parte, de reglas precisas, antes vician
con su ejemplo la pronunciacin de los nios que la corrigen
con sus avisos . (Prlogo de los Principios de Ortologa y
M trica).
X IX
Obras Completas de Andrs Bello
As pues, no bastaba con recomendar a los educadores
una atencin especial a corregir los vicios de la diccin in
fantil, sino que era necesario comenzar por crear un cuer
po de reglas y consejos, un contenido preciso de la ense
anza que se les recomendaba 9. Y por ello dice ofrezco
este libro a los jvenes americanos,
"para que juntando al conocimiento de las reglas la observa
cin del uso, cual aparece en los buenos diccionarios y en las
obras de verso y prosa que han obtenido el sufragio general,
adquieran por grados una pronunciacin correcta y pura .
Se dirige slo a los americanos, como haba de repetir
aos ms tarde en el prlogo de la Gramtica. N o pretende
dar reglas que puedan servir para Espaa. Mas a pesar de
tan modesta declaracin y de las referencias que hace de
vez en cuando a los usos de Amrica, encuentra que las par
ticularidades fonticas de aquellos pases, o de algunos de
ellos, como el seseo y el yesmo, se hallan tambin difundidas
en reas geogrficas ms o menos extensas del espaol pen
insular. As result que su Ortologa especial para america
nos se convirti muy pronto, aunque el autor no lo preten
diese, en la Ortologa general de nuestra lengua. En efecto,
es bien sabido que la Real Academia Espaola divida desde
el primer momento su Gramtica en cuatro partes, siguien-
f/
9 Entre sus numerosos escritos de divulgacin gramatical conviene sealar espe
cialmente Advertencias sobre el uso de la lengua castellana dirigidas a los padres de
fam ilia, profesores de los colegios y maestros de escuelas, coleccin de cinco artculos
insertos en El Araucano (1833 y 1834). Vase O. C . Caracas, V, pp. 144-171. Por su
texto y por las notas que le acompaan en dicho tomo, puede notarse que muchos de
los defectos e incorrecciones que Bello censura han desaparecido en Amrica, o han
quedado relegados a zonas sociales de nfim a vulgaridad, lo cual demuestra la eficacia
de la labor pedaggica que Bello impuls. En lo que se refiere a vicios de pronun
ciacin, basta trazar un inventario de ellos para convencerse de quo en su inmensa
m ayora son comunes a diferentes regiones de Espaa y Amrica. Por ejemplo edreulo
(c lc u lo ); gevo (h u ev o ); dislocacin del acento y formacin de diptongo en pala
bras que normalmente se pronuncian con hiato, como pais, bal, por pas, bal, etc.,
etc. La crtica de Bello se dirige especialmente contra los que estimaban innecesario
el estudio de la lengua patria, puesto que todos la saban hablar sin necesidad de
maestro. Se repite, pues, en estos artculos, aunque con argumentos modernos, la dis
cusin que Antonio de N ebrija explic en el famoso prlogo de su G ram tica, dirigido
a Isabel la Catlica, donde defenda el deprender por Arte** la lengua vulgar, contra
los qMe crean que bastaba deprenderla por uso .
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Facsm il de una pgina del Libro de Actas de la Real Academia Espaola correspondiente al 25 ae de
jumo de 18 52 (Libro 22, folio 318 v.) en la que se da cuenta del dictamen elevado a la Academia
por la comisin encargada de la formacin de la Prosodia, por el que se propone solicitar permiso a
Andrs Bello para reimprimir como texto de la Academia la obra publicada en Chile.
Introduccin a la Ortologia y Mtrica de Bello
do la tradicin del Nebrisense. Pero en todas las ediciones
anteriores a la de 1870, despus de definir cada una de estas
cuatro partes, trata slo de Analoga y de Sintaxis, porque
"la Ortografa y la Prosodia deben ser objeto de tratados es
peciales . A la Ortografa dedic la Academia un libro es
pecial en 1741, que fue reformando en ediciones sucesivas.
No se decidi, sin embargo, a emprender la Prosodia, sin dti-
da "por no haber fijado todava la Academia las reglas de la
verdadera pronunciacin de las voces castellanas , segn de
clara el prlogo de las cuatro primeras ediciones. En verdad
que entre las tareas de fijacin del idioma que competen a
aquella Corporacin, la Prosodia es la que presenta mayor
dificultad. Las dems partes de la Gramtica se apoyan en
la autoridad de la lengua escrita; pero el lenguaje oral, hui
dizo y cambiante, se presta menos a aprehender lo que en ca
da caso puede ser recomendado como norma de buen decir
dentro dei las variedades regionales, sociales y hasta indivi
duales de pronunciacin. La Prosodia acadmica en proyec
to segua sin publicar cuando ya circulaban dos ediciones
de los Principios de Bello. La Academia, impresionada sin
duda por la decisin con que Bello haba acometido un pro
blema de fijacin en el que ella misma haba titubeado du
rante muchos aos, pens en patrocinar los Principios de Or
tologa y Mtrica, y en 1852 envi a Bello la siguiente pro
posicin:
" Real Academia Espaola .
Madrid, 27 de junio de 18 52 .
"L a comisin nombrada por esta Academia para formar un
tratado de prosodia de la lengua castellana, ha dado su dicta
men, en el que manifiesta que, habiendo examinado todos los
trabajos publicados hasta ahora sobre esta importante materia,
juzga que no hay nada o casi nada que innovar; y consideran
do, despus de un detenido examen, que) este trabajo se halla
desempeado de un modo satisfactorio en la obra de Usa,
opina que la Academia podra adoptarla, previo el consen
timiento de Usa, y reservndose el derecho, si lo juzga opor
tuno, de anotarla y corregirla, dado que sus opiniones no se
XXI
Obras Completas de Andrs Bello
conforman en todo con las de Usa. Mas, reconociendo esta
Academia el derecho de propiedad de Usa, en junta celebrada
el da 25 de este mes, despus de aprobar el citado informe,
acord que se pidiese a Usa su beneplcito para poder hacer
la impresin en los trminos que dicha comisin indica .
Lo que tengo el honor de poner en conocimiento de Usa,
rogndole se sirva contestar lo que tenga por conveniente .
"Dios guarde a Usa muchos aos. Eusebio Mara del
Valle, vicesecretario .
"Seor Don Andrs Bello 10.
Gracias a las amables facilidades que la R. Academia Es
paola me ha dado para consultar su archivo, puedo ampliar
el documento anterior con algunas noticias complementa
rias, que no carecern de inters, sobre la cuestin que nos
ocupa. La comunicacin transcrita, que probablemente en
contr Amuntegui entre los papeles de Bello, es el cumpli
miento de un acuerdo de la Academia que dice as:
"E n Madrid, Jueves 25 de juniol de 1852 .
"L a Comisin encargada de la formacin de la Prosodia
dio cuenta del resultado de sus tareas en un luminoso informe
en el que haca presente cun completo era en esta parte el
tratado de nuestro Acadmico honorario el Sr. D. Andrs Bello,
el que reimpreso con algunas abreviaciones llenara sin duda el
vaco que en esta parte hasta1 su publicacin se adverta con
sentimiento de la literatura espaola; y que por lo tanto se
atreva a proponer que se pidiese al Autor el correspondiente
permiso manifestndole el grande aprecio que haca la Aca
demia de su importantsima publicacin, y se aprob en todas
sus partes este informe acordando que se dirija al seor Bello la
comunicacin en los trminos propuestos por dicha Comi
sin . (Actas, lib. 22, fols. 318 v. y 319 r .).
Cinco meses ms tarde, la Academia se da por enterada
de la contestacin afirmativa de Bello, y acuerda manifes
tarle su gratitud. Copio ntegra el acta de esta sesin por
referirse casi toda al tema de que estoy tratando:
"E n Madrid, jueves 18 de noviembre de 1852, se junt la
Academia en su casa de la calle de Valverde y asistieron los
1(1 A m u n t e g u i, Vida Bello, p. 426.
X X II
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
Seores D. Francisco Martnez de la Rosa, que como director
presidi la junta, Barn de Lajoyosa, D. Eusebio Mara del
Valle, D. Gernimo del Campo, D. Manuel Bretn de los H e
rreros, D. Juan Gonzlez Cabo-Reluz, D. Ventura de la Vega,
D. Joaqun Francisco Pacheco, Duque de Rivas, D. Euge
nio de Ochoa, D. Juan Eugenio Hartzenbusch y yo, D. Juan
Nicasio Gallego, Secretario, y dicha la antfona y oracin
acostumbrada.
"E l Sr. Valle hizo presente que el Sr. Revilla no poda
asistir a esta sesin por el mal estado de su salud y que le ha
ba remitido los ltimos pliegos de sus observaciones sobre la
Gramtica. Se acord que pasasen a la. Comisin que se ocupa
en su redaccin .
"Se dio cuenta de una comunicacin del Sr. Subsecretario
del Ministerio de Estado con la que de Real Orden remite dos
cartas del Sr. D. Andrs Bello escritas desde Chile el 13 de
Setiembre del presente ao. Manifiesta dicho Sr. en la una
que cooperar cuanto est de su parte a la formacin del Dic
cionario de Sinnimos de la lengua castellana, y en la otra que
presta su consentimiento para que la Academia pueda imprimir
con las correcciones que tenga por conveniente su tratado de
Prosodia, remitiendo al efecto un ejemplar de la segunda edi
cin de dicha obra, en la cual cree haber hecho alteraciones im
portantes, y aade que no haba contestado al oficio que se le
dirigi acompaando el ttulo de Acadmico honorario por no
haberle recibido hasta aquella fecha, a pesar de que saba por
la persona a quien se haban entregado en esta corte, dicho
nombramiento. La Academia acord que se contestase al Sr.
Subsecretario de Estado dndole gracias por la remisin de di
chas dos cartas, y que se le diesen muy expresivas al Seor
Bello, por su deferencia y consideracin hacia este cuerpo li
terario, cuando se le avise haberse recibido el ejemplar de que
habla en su apreciable carta .
"Se continu el examen del Prontuario de Ortografa has
ta la pgina 34: del parntesis, y habiendo transcurrido el
tiempo prescrito se dijo la oracin Agimus tib gratias y ter
min esta junta de que certifico .
"Ju an Nicasio Gallego . (Actas, lib. 22, fols. 332 v. - 334
r.)
A partir del 20 de enero de 1853, los acadmicos dedi
can una parte de sus sesiones a la lectura de la Ortologa y
Mtrica n, hasta que el 3 de marzo del mismo ao, termina
11 Las sesiones en que se va leyendo la obra de Bello, son las siguientes, segn
el mencionado libro de A ctas: 20 enero de 1853 (fol. 346 v . ) ; 27 enero (fol. 347
v .) ) febrero (fol. 349 r.); 17 febrero (fol. 352 r.) 24 febrero (fol. 3 J2 v .) .
X X III
Obras Completas de Andrs Bello
la lectura y se encarga a la Comisin de Prosodia "que pro
pusiese los trminos en que deba adoptar la Academia este
trabajo (Actas, lib. 22, fol. 3 53 r .) . Al cumplir la Comi
sin su cometido, surgen dificultades que alteran sustancial
mente los acuerdos primitivos y hacen que la Prosodia pro
yectada siga otro camino. De ello da cuenta escuetamente la
siguiente acta:
"Madrid, 10 de Marzo de 1853 .
"Antes de dar su dictamen la Comisin de Prosodia sobre
los trminos en que convendra que se adoptase la del Sr. Be
llo, consult a la Academia sobre si convendra publicar un
tratado completo de dicha arte o simplemente un prontuario.
Despus de una breve discusin se decidi lo primero. Consul
t igualmente la propia Comisin sobre si en el trabajo de la
Corporacin se habra de conservar ntegro el texto del origi
nal, aunque con las anotaciones convenientes; si se debera
ampliar en unos lugares, abreviar en otros y corregir en al
gunos; o por ltimo, si sera mejor componer un tratado nue
vo aprovechando para l todo lo que en la muy recomendable
obra del Sr. Bello no se oponga a las doctrinas que profesa la
Academia, o no desdiga del plan que sta se propone seguir.
El ltimo pensamiento pareci a todos el ms conveniente y
decoroso, por las razones que en su apoyo se adujeron, y as se
acord; pero con el propsito de hacer constar oportunamente
lo Utilsimas que haban de ser a la Academia para sus tareas
de Prosodia y Arte mtrica las de aquel consumado humanis
ta (Actas, lib. 22, fols. 3 5 5 v. y 356 r.) 12.
De aqu en adelante el primer proyecto queda definiti
vamente abandonado. La Prosodia acadmica ya no ser el
libro de Bello con anotaciones y retoques, sino otro libro
compuesto por la Academia misma, aunque en su composi-
12 En la sesin siguiente (17 marzo) se consigna que: . . . se ley el acta de
la junta anterior, y habiendo hecho sobre ella una observacin el Sr. Pacheco, se
rectifica en el prrafo concerniente al tratado de Prosodia, manifestando que lo*
acuerdos tomados sobre el particular no se fundaron en propuestas de la Comisin,
sino en lo que varios Acadmicos expusieron (fol. 3 57 r . ) . E l 2 de junio: "Se dio
cuenta de una comunicacin del Encargado de Negocios en Chile transmitiendo otra
del Sr. D. Andrs Bello, manifestando haber recibido con suma gratitud el ttu lo de
Acadmico honorario. I<a Academia qued enterada (fol. 372 r .) . Las comunicacio
nes a que estas actas aluden no existen actualmente en el archivo de la Academia.
X X IV
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Facsm il de una pgina del Libro de Actas de la Real Academia Espaola correspondiente a la sesin
del 10 de marzo de 18 53 (Libro 22, folio 3 56 r.) en la que se trata de la publicacin por la
Academia de la Prosodia, a base de la obra de Bello.
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
cin se tome como base la doctrina de Bello 1S. Pero tambin
esta obra haba de fracasar como tal, y tras largas vacilacio
nes y demoras que no importan a nuestro objeto, la Acade
mia se limit a incorporar por primera vez tres breves cap
tulos de Prosodia (21 pginas en total) a la edicin de su
Gramtica impresa en 1870. La influencia de Bello es bien
visible en ella, aunque con algunas discrepancias u , que Mi
guel Antonio Caro anota cuidadosamente.
Me he extendido algo en explicar las relaciones que a pro
psito de la Ortologa y Mtrica se trabaron entre nuestro
autor y la Academia Espaola, para hacer ver una vez ms
la alta autoridad que aqu haba conquistado en el mundo
literario hispnico, en el momento en que la enseanza de la
lengua materna va organizndose y tomando forma en los
planes escolares. La Academia aspir desde su fundacin a
influir en la educacin general, que es tambin el objetivo
principal que Bello se propone realizar en Amrica.
La accin que la escuela y el libro haban de emprender
para propagar la pronunciacin culta y extirpar los vulga-
13 Lo comprueba este prrafo del mismo libro de A ctas: " E l secretario comu
nic a la Corporacin una carta del Sr. D. Antonio M ara Segovia escrita en el
H avre en 16 de junio prxim o pasado, manifestando haber aceptado con suma satis
faccin y con el mayor deseo de corresponder dignamente a la confianza de la A ca
demia, el encargo que en nombre de la misma le dio el Sr. D . Ventura de la Vega,
de componer un tratado de Prosodia con sujecin a los principios que en este punto
profesa la misma Academia, y teniendo presente la obra del Sr. D. Andrs Bello sobre
la propia m a te r ia ...** (1 septiembre de 18 53; fol. 379 r ,) . E l acadmico designado
no cum pli el encargo, puesto que despus de haberle instado a que enviase su traba
jo, se acord el 28 de diciembre de 18 54, relevarle de l, y que el asunto pasase nue
vamente a manos de la Comisin de Prosodia {A ctas, lib. 23, fols 48 v. y 49 r .). N o
interesa seguir de aqu en adelante el desarrollo lento y siempre frustrado de la pro
yectada Prosodia acadmica, porque ya no tiene relacin directa con la O rtologa y
M trica de Bello, si bien sta continu siendo el punto de partida obligado de cuantos
intentos se hicieron.
H e revisado las actas de todas las sesiones celebradas hasta el final del ao 18 57,
y he comprobado que en ninguna de ellas se vuelve a hablar de Bello. De vez en cuan
do, se reitera el intento de escribir la prometida Prosodia como obra de la Academia,
sin que el propsito llegara a realizarse (20 mayo y 10 septiembre de 18 57; lib. 23,
fols. 140 v. y 148 v., respectivamente).
14 E n una edicin fraudulenta de la Gram tica acadmica, impresa en Pars
(Garnier, 185 5 ), el editor aade al final del libro unas Nociones de Prosodia en
cinco pginas, en las cuales se extractan algunas conclusiones de la O rtologa y M trica,
aunque sin mencionarla. Este brevsimo resumen carece de importancia, pero de
muestra una vez ms la rpida difusin e influencia de la doctrina de Bello.
XXV
Obras Completas de Andrs Bello
rismos, tena que ir apoyada por el esmero que en la diccin
recomendaba a poetas, oradores y actores. El teatro era un
medio de difusin excelente, y este motivo le llev, entre
otros, a procurar su elevacin artstica 15. En un artculo
publicado en El Araucano (30 de enero de 183S) propona
que la enseanza se preocupase del ejercicio de la declama
cin, y que el Instituto Nacional dedicase atencin a este arte
tan necesario para conseguir una mejora general de la pro
nunciacin. Como vamos viendo, todo el saber de Bello est
vivificado por el deseo de elevar el nivel de la educacin, y
sus obras, por muy cientficas que sean en su contenido y
por mucho que aporten a la tarea investigadora, estn con
cebidas en su proyeccin docente, con una finalidad amoro
samente didctica.
FUND a MENTACIN TERICA Y MTODO GENERAL
En el estudio pormenorizado que despus ensayar acer
ca del contenido y elaboracin de las diferentes partes del
libro, veremos que Bello evita siempre que le es posible las
teoras generales, para ceirse a la situacin de hecho que
encuentra en su idioma, y nada ms que en su idioma. Es la
misma actitud que adopta en los artculos de El Araucano
mencionados en mi nota 9, y la que el autor expondr des
pus con ms extensin en el prlogo de la Gramtica cas
tellana. De acuerdo con ella, no describe los sonidos en su
Ortologa; se contenta con partir de las letras que los re
presentan y discutir para cada una de ellas la propiedad o
impropiedad de su pronunciacin y de su grafa, atento
siempre a las miras didcticas que se propone divulgar. Sin
embargo, esta actitud no es ya posible cuando llega a los
captulos en que es indispensable plantear algunas cuestio
nes generales y partir de unas cuantas definiciones previas
para el desarrollo de su enseanza, como ocurra, por ejem-
15 A m u n t e g u i , Vida Bello, pp. 449-451.
XXVI
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
po, al tratar de la naturaleza del acento, o de la composi
cin y cantidad silbicas. Los gramticos que le precedieron
no estaban de acuerdo entre s (Sicilia, Gmez Hermosilla,
Salv), ni Bello aceptaba buena parte de sus doctrinas; y
es claro que necesitaba adoptar y defender definiciones ge
nerales propias, antes de aplicarlas a las reglas con que de
seaba dirigir el uso prctico del idioma. En estos casos se
lanza derechamente a la observacin de la lengua espaola
arrojando el peso muerto de las doctrinas prosdicas latinas.
Esta posicin metdica coincide con la de su Gramtica, y
tanto en esta obra como en la que aqu se comenta es la
clave de su originalidad y de sus mejores aciertos.
La necesidad de fundamentacin terica aumentaba en
los captulos dedicados a la Mtrica espaola. En este terre
no haba que edificar desde los cimientos. N o le servan
ms que en parte las doctrinas elaboradas por Nebrija, El
Brcense, Rengifo, Caramuel y otros preceptistas de los
siglos X V I y XVII. Mucho menos se conformaba con el ex
tremoso y mal entendido clasicismo de los autores que du
rante el siglo XVIII trataron de ajustar violentamente la
versificacin espaola a los patrones de la mtrica latina. En
el prlogo anuncia su discrepancia radical con muchas ideas
de Sicilia y Gmez Hermosilla, a pesar del gran prestigio que
por entonces tenan sus libros en Espaa y en Amrica. Be
llo no se propona escribir una Potica general, sino slo
una Mtrica espaola. Por esto no trata en su libro de las
teoras estticas de Blair, Batteux, Marmontel, y de los re
tricos que en Espaa se inspiraron en ellos, como Luzn,
Capmany, Munrriz, Martnez de la Rosa y el mismo Her
mosilla, con todo y serle bien conocidas. Si alude a los pre
ceptistas de su poca no es por las doctrinas poticas genera
les que sustentan, sino cuando los prejuicios latinizantes que
ellos propagaron le estorbaban para explicar la versificacin
espaola por s misma, segn su observacin personal. Con
gran esfuerzo se haba librado de aquellas doctrinas apren
XXV//
Obras Completas de Andrs Bello
didas en la infancia y que conservaban todava gran autori
dad entre los hombres doctos. La originalidad y el mrito
principal de la Mtrica consiste en que el autor supo hacer
tabla rasa de las doctrinas vigentes en su tiempo; se situ
en una posicin emprica basada en el testimonio del odo
y, en casos de duda, en la autoridad de los poetas, como si
nada se hubiese escrito sobre los fundamentos de nuestra
versificacin. Este empirismo seala el primer escaln que
hace posible en la segunda mitad del siglo una Fontica ex
perimental: los fisilogos precisarn la produccin y per
cepcin de las articulaciones; la Fsica ensear a medir du
raciones, intensidades, curvas de entonacin, armnicos que
caracterizan el timbre del sonido. Bello no poda adivinar
los resultados a que la Fontica experimental llegara; pero
presinti su mtodo y, sin ms instrumento que el odo y
una afinada sensibilidad potica, se lanz a plantear vina
Mtrica nueva.
No debe creerse, sin embargo, que todo es original en las
observaciones mtricas y ortolgicas de nuestro autor. En la
tradicin gramatical y retrica elaborada en Espaa desde
el Renacimiento no todo haba sido aplicacin ciega de la
Prosodia latina, sino que abundaban tambin las doctrinas
valiosas que hacan resaltar las diferencias entre el latn y
el castellano. Pensemos, por ejemplo, en la penetracin con
que Nebrija, Snchez de las Brozas, el Pinciano y Aldrete
supieron desprenderse en ocasiones de los modelos de la an
tigedad grecolatina y acertaron total o parcialmente al ex
plicar ciertos hechos lingsticos diferenciales del romance.
Aunque no lograsen ms que de vez en cuando una explica
cin adecuada, no es infrecuente que nos sorprendan con
la exactitud del enfoque. Bello supo valerse de esta tradi
cin, pero repensndola siempre. Al decir que su construc
cin es original, no afirmo que edificase en el vaco, sino que
desde sus cimientos se bas en la observacin propia o en la
reelaboracin activa de cuanto encontraba til en el pensa
X X V III
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
miento de los humanistas. Lo que le exasperaba era precisa
mente la regresin latinizante que las teoras prosdicas ha
ban sufrido en el siglo XVIII, y todo su esfuerzo se dirige
a combatirla.
En sus obras filosficas fue Bello poco inclinado a la Me
tafsica 16. El contacto prolongado con el empirismo ingls
y la aficin que desde su juventud sinti por las ciencias
experimentales, le llevaron con preferencia a la Lgica y
a la Psicologa. En el excelente prlogo que acompaa al
tomo III de esta coleccin de Obras completas (p. L X X V ),
don Juan David Garca Bacca hace notar que no se halla
en los escritos filosficos de Bello una doctrina esttica, ni
en forma sistemtica ni en estado germinal. Quizs hubiera
podido escribirla, puesto que estaba muy empapado de cuan
to el pensamiento europeo haba producido a este respecto.
Pero, de acuerdo con la inclinacin pragmtica y docente
de su espritu, no aspira a formular unos principios de Es
ttica literaria, ni siquiera en el grado elemental con que
solan hacerlo las Artes Poticas de su tiempo. Para Filoso
fa eran stas muy poca cosa, y adolecan adems de una va
guedad que no se avena con su aficin a operar sobre reali
dades concretas.
LAS ANOTACIONES DE MIGUEL ANTONIO CARO
En la exposicin que ahora voy a hacer del conteni
do de los Principios de Ortologa y Mtrica de la lengua cas
tellana procurar evitar toda parfrasis innecesaria del texto
que a continuacin se reimprime. Basta leerlo para hacerse
cargo de l en su conjunto y en sus pormenores. Una vez
expuestos los motivos de la obra, los conceptos generales
en que se basa y el mtodo que emplea, mi objeto se reduce
a examinar aqu lo que era nuevo para su poca, lo que ha
18 Vase M . M e n n d e z P e l a y o , Historia de la Poesa Hispanoamericana, I,
Madrid, 1911, pp. 364-365.
X X IX
Obras Completas de Andrs Bello
sido rectificado despus y lo que subsiste boy de las doctrinas
del autor. Esta labor fue ya hecha una vez en 1882 por
Miguel Antonio Caro, en la edicin anotada y comentada
que del libro de Bello public dicho ao en Bogot. Caro
escribi adems un importante estudio sobre la personalidad
y la obra total de Bello (tomo III de las Obras completas
de Caro, Bogot, 1921). Las notas y apndices del erudito
colombiano son siempre de mucho inters y generalmente
de gran valor, comparables a los que aadi Rufino Jos
Cuervo a la Gramtica castellana del mismo autor; de tal
manera que hoy podemos decir sin exageracin la Ortologa
de Bello-Caro, como citamos la Gramtica de Bello-Cuervo.
Puesto que se ha tomado el buen acuerdo de insertarlos en es
te volumen, me ahorran buena parte de mi comentario. Es
inevitable, claro est, que desde 1882 ac, algunas notas de
Caro hayan envejecido, tanto por la mayor fijacin norma
tiva de la lengua culta como por la transformacin que los
mtodos experimentales han producido en la investigacin
fontica. As ocurre, por ejemplo, en el comentario sobre la
b y la v (Apndice I), que nada aclara sobre la pronuncia
cin. Hoy sabemos que en espaol ambas consonantes son
iguales, y que su distincin es meramente ortogrfica en
todos los casos.
Sin embargo, Caro, gran conocedor de las letras latinas
e hispnicas, hombre dotado de exquisita percepcin lite
raria y de ese sentido del idioma imprescindible para un
buen ortlogo, se mueve en la misma lnea de Bello, y por
consiguiente la parte que no ha caducado de su doctrina es
por lo general la que se refiere a la seleccin y gua de la pro
nunciacin culta, en la cual reside principalmente la unidad
de la lengua comn a todos los hispanos. Por esto se ar
monizan tan estrechamente la obra anotada y el trabajo del
anotador. Cont, Caro, adems, con la aportacin considera
ble de Cuervo y Coll y Veh 17 y con los sucesivos perfec-
J . C o l l y V e h , Dilogos literarios, Barcelona, 1866. Lleva un prlogo de
Menndez Pelayo, en el cual condensa la doctrina mtrica del autor. Es la obra m s
XXX
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
cionamientos de la Prosodia acadmica, que tanto deben al
trabajo de Bello, aunque, como es natural, no acepten todos
sus puntos de vista. Precisamente esta continuidad de nues
tra Ortologa moderna prueba la eficacia de su iniciador ve
nezolano, ya que las enseanzas de todo maestro digno de
este nombre no valen tanto por lo que contienen siem
pre rectificable como por lo que sugieren como grme
nes de futuro desarrollo. Despus vendr Navarro Toms a
renovar la Fontica espaola con todo el rigor de la Filolo
ga de nuestro tiempo, y no contento con su labor cientfi
ca, querr darle como Bello aplicacin normativa es
cribiendo un breve Compendio de Ortologa espaola (Ma
drid, 1927) dedicado a los educadores de Espaa y de Am
rica. He aqu los hitos principales de una tradicin cient
fica y docente desarrollada a ambos lados del Atlntico, y
que han de servirme para valorar debidamente el libro en que
tom su impulso decisivo.
LO S SO N ID O S E LE M E N T A L E S
La denominacin de elementos aplicada a los sonidos ms
simples del lenguaje se halla ya en Prisciano, el cual distingue
cuidadosamente elementa de litterae. Probablemente prac
ticaban esta distincin los gramticos latinos anteriores y
tambin los griegos, aunque entre ellos es frecuente el em
pleo respectivo de littera y yf?waTa en ambas acepciones.
Sicilia adopta el nombre de elementos (sonidos), a diferen
cia de las letras que los representan en la escritura, siguien-
importante de Coll. U tiliza a Bello y le cita elogiosamente con frecuencia, aunque
a veces le contradice y rectifica. En lo que se refiere a la M trica espaola, puede
decirse sin exageracin que este libro no ha sido superado hasta el presente ms que
en pormenores sueltos. Desde luego se han publicado posteriormente algunas monogra
fa s valiosas sobre puntos concretos de nuestra versificacin, como la de H e n r iq u e z
U r e a , La Versificacin irregular en la Poesa espaola. Mientras escribo esta I n t r o
d u c c i n me llega la grata noticia de que est m uy prximo a imprimirse el libro
de conjunto que sobre esta materia viene preparando N avarro Toms desde hace m u
chos aos.
XXXI
Obras Completas de Andrs Bello
do la nomenclatura de Port-Royal y de la Enciclopedia. Be
llo prefiere llamarlos sonidos elementales para distinguirlos
de los sonidos compuestos o complejos que define a conti
nuacin.
El criterio que domina en la concepcin total de este ca
ptulo y en la manera de exponerlo es ms ortogrfico que
fontico. No describe los sonidos ni hace de ellos ms cla
sificacin que la tradicional en vocales y consonantes. Se
limita, pues, a nombrarlos por las letras del alfabeto que los
representan, confiando en que la imagen acstica que cada
letra evoca era suficiente para entenderse con el lector. H a
blando en trminos de ahora, diramos que procede de la
letra al fonema y viceversa, cosa generalmente posible en la
ortografa espaola, que ha tendido siempre a que los signos
alfabticos reproduzcan el sistema fonolgico. Cuando en
cuentra letras ociosas como la h, o la u de las combinaciones
que, qt, gue, gui; o cuando aparecen letras duplicadas que
representan un mismo sonido, c-z, c-k-q, tiene Bello buen
cuidado de poner ejemplos para que no haya dudas sobre la
entidad fonemtica a que alude en cada caso. Si se le pre
sentan vacilaciones o variantes de pronunciacin, las define
aproximadamente por medio de comparaciones, diciendo,
por ejemplo, que el valor de la x es para algunos parecido al
de es, para otros al de gs, y que es bastante frecuente con
vertirla en s. Observa que la d final suena en algunos terri
torios con su sonido propio, mientras en otros es ms o me
nos semejante al de z, y no faltan lugares donde se suprime
del todo. En cada caso el autor recomienda el uso que le pa
rece ms adecuado. De esta manera se ahorra toda clasifica
cin fontica, sin mengua de los fines prcticos que se pro
pone conseguir.
Claro es que no vamos a pedirle una tcnica descriptiva,
ni una nomenclatura rigurosa, ni un alfabeto fontico in
ternacional, o por lo menos nacional que no haban nacido
todava. Pero en la tradicin de nuestros fonetistas exista
X X X II
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
desde el siglo XV I la clasificacin sistemtica de los sonidos
ideada por los gramticos griegos y latinos, con una nomen
clatura coherente que no slo se aplicaba al estudio de las
lenguas clsicas, sino tambin a la descripcin de los sonidos
romances. Hay que preguntarse por qu Bello no la utili
z ni aludi a ella para nada, siendo as que en los captulos
del acento, de la cantidad y de la versificacin, tiene a me
nudo en cuenta la doctrina de los humanistas para admitir
la o para impugnarla en todo o en parte. La nica vez que
se refiere a la clasificacin antigua de los sonidos es para re
chazarla de plano sin ms comentarios:
"N o menciono la divisin de las consonantes en mudas y
semivocales, porque no tiene la menor utilidad prctica .
(Apndice II de la Ortologa) .
La observacin fontica griega fue iniciada por los fil
sofos, formulada plenamente por Aristteles y ordenada por
los gramticos alejandrinos. Clasificaba las vocales segn su
cantidad en breves, largas y ambiguas o indiferentes. Las
consonantes se dividan en mudas y semivocales; las mudas en
tenues, medias y aspiradas; las semivocales en simples, do
bles y lquidas. Esta clasificacin se basaba ms en el efecto
acstico de los sonidos que en la naturaleza fisiolgica de las
articulaciones respectivas. Los gramticos latinos se la apro
piaron, aunque no siempre la entendieron bien, y su nomen
clatura pas con ms o menos variantes al Renacimiento.
Nebrija se hace cargo de ella y le aade notables observa
ciones sobre el punto de articulacin y la tensin muscular
con que se articulan las consonantes (apretadas y floxas),
si bien su doctrina se aplica principalmente a las lenguas cl
sicas, y en proporcin mucho menor al romance. Sus des
cripciones de sonidos espaoles se ordenan con criterio ms
ortogrfico que fontico 18. El impulso estaba dado, sin em
18 V a se A m a d o A l o n s o , "Exam en de las noticias de N ebrija sobre antigua pro
nunciacin espaola en N ueva Revista de Filologa Hispnica, III, 1949, pgs. 1-82.
X X X III
Obras Completas de Andrs Bello
bargo, y servir de base a la copiosa y original tradicin de
los fonetistas espaoles: Yenegas, 1531, Juan Lpez de Ve-
lasco, 1578, Juan de la Cuesta, 1584, Benito Ruiz, 1587,
Mateo Alemn, 1609, y sobre todos ellos Juan Pablo Bonet,
1620. Paralelamente, la nomenclatura clsica es utilizada
con adaptaciones al romance por el fundador de la Gram
tica histrica espaola, Bernardo Aldrete, Del origen y prin
cipio de la lengua castellana (1606) 19 y por Sebastin de
Covarrubias, cuyo Tesoro de la lengua castellana o espao
la (1611) se sirve de ella a cada paso, tanto para describir
sonidos como para explicar las etimologas que propone, se
gn las leyes que Aldrete haba establecido por primera vez.
Las huellas de esta nomenclatura se perciben todava, a tra
vs de Covarrubias, en algunos artculos del Diccionario de
Autoridades que la Academia comenz a publicar en 1726.
N o importa a mi propsito seguir paso a paso las vicisi
tudes y progresos de tan brillante tradicin, que se va extin
guiendo en la segunda mitad del siglo XVII, y est ya ex-
He aqu una muestra de los curiosos razonamientos ontico-histricos de
Aldrete: En algunas de las letras que los latinos llaman mudas, como la b, c, d, g,
p, t, sucede en nuestra lengua una cosa, que es ju sto no pasarla en silencio.; i es que
tienen tanta amistad con las liquidas, I i r, que por acompaarlas y llegarse a ellas
dexan la vocal que hallan entre medias en las dicciones latinas i saltndola se juntan
con la que sigue i se pierde una silaba en la dicin; el exemplo haze esto claro: Los
latinos dizen admirabile, nobile, notabile, terribile, i los demas acabados en bilis; los
nuestros dexaron la i, i la b hiere a la l, i dizen admirable, noble, notable, terrible;
en todas pierde una silaba. Esto es mui ordinario en los semejantes, como se vee en
aperire abrir, cooperire cobrir, diabolo diablo, jabvlari hablar, heder iedra, Hibero
Ebro, Isidoro Isidro, libero libre, laborare, labrar, littera letra. . . Y es de auertir que
como la c, q, g, p, b, son mudas, igualmente se truecan vnas por otras haziendo la
c y la q, g ; i la pe, be, porque tienen la misma naturaleza i conseruan el efecto, i
assi en aperire mudan la p en b, abrir; en milagro, i en siglo, i en gritar, la c i q
se mudaron en g, como ia dexamos dicho arriba" (pp. 220-221).
Como prueba de la universalidad alcanzada por la terminologa fontica de la
antigedad clsica, mencionar un pasaje de Bacon de Verulamio, De dignitate et
augmentis scientiarum (1 6 2 3 ), donde, hablando de ciertos rasgos de pronunciacin
caractersticos de algunas lenguas, dice q'ue el griego tiene abundancia de diptongos,
que stos son menos frecuentes en latin, que las lenguas germnicas propenden a las
aspiraciones, y aade: Lingua Hispnica litteras tenues odit, casque statim vertit in
medias (lib. VI, cap. I; cito por la edicin de Lugano, 1763, p. 3 5 0 ). L as tenues
eran p, t, k ; las medias b, d. g. Formula, pues, la ley de conversin de las oclusivas
sordas en las sonoras de su punto de articulacin. Quizs se la sugiri el libro de
Alderete; pero es tambin posible que la dedujese por comparacin del la tn con el
espaol.
X X X IV
Introduccin a la Ortologa y Mtrica Je Bello
hausta cuando la lengua espaola entra, en el siglo XVIII,
en la poca de su codificacin y ordenamiento con fines es
colares 20.
Andrs Bello no encuentra cerca de s aquella tradicin
fontica cuya continuidad se haba roto desde haca siglo y
medio, y que yaca sepultada en libros raros, prcticamente
imposibles de encontrar, aun en el caso de que hubiese teni
do noticia de su existencia.
Tengamos en cuenta, adems, que por tradicin cient
fica no debe entenderse la perduracin de una misma doc
trina a travs de las varias generaciones de estudiosos, sino
precisamente el cambio constante de observaciones y mto
dos que se transmiten en continuidad de maestros a discpu
los, de unos libros a otros, corrigindose, afirmndose y aun
negndose recprocamente. Desde la segunda mitad del siglo
XVII se produce una ruptura en esta lnea transmisora de
doctrinas prosdicas, como en otros muchos aspectos de
nuestra cultura. Se olvida el pasado inmediato, y no se hace
ms que repetir y extractar. Cuando el siglo de la ilustra
cin quiere ordenar los conocimientos y organizar su ense
anza, no encuentra unos principios prosdicos en que apo
yarse, como los encontraba en otros captulos de la Gram
tica. Lo prueban las vacilaciones de la Academia respecto a
la Prosodia que se propona publicar y que no public hasta
3 5 aos despus de la de Bello. Una vez rota y olvidada la
continuidad de los estudios fonticos originales, no poda se
guirse ms camino que el de volver a empezarlos donde los
haban dejado los gramticos latinos. Es curioso observar que
las citas bibliogrficas contenidas en las Lecciones elemen
tales de Ortologa y Prosodia de Mariano Jos Sicilia no se
refieren a prosodistas espaoles de los siglos X V I y XVII,
salvo una vez Nebrija; en cambio abundan las de Cicern,
Varrn, Quintiliano, Prisciano, Carisio, Terenciano y otros
20 Vase F. L z a r o C a r r e t e r , Las ideas lingsticas en Espaa durante el si
glo X V III, Madrid, 1949; especialmente en las pp. 169-192.
XXXV
Obras Completas de Andrs Bello
latinos, citados a veces directamente, y a menudo de segun
da mano. Las citas de tratadistas espaoles se refieren a cues
tiones de Mtrica, nunca de Ortologa, y san todas de auto
res modernos: Capmany, Luzn, Academia, Gmez Hermo-
silla y Martnez de la Rosa. Por esto tiene la creencia since
ra de que nadie ha tratado en Espaa de materias fonticas,
y se jacta de ser el primero en abrir el camino. En este sen
tido relativo, no hay razn para negarle su esfuerzo original
autodidacta. Su precedente nico en el anlisis fisiolgico de
los sonidos se halla en los artculos de la Enciclopedia fran
cesa, y de ellos proceden en su totalidad no slo las numerosas
citas de autores extranjeros, sino tambin sus ideas sobre la
fisiologa de la voz y su clasificacin de las articulaciones.
Basta cotejar su obra con los artculos de la Enciclopedia:
voyelle, consonne, lettre, accent, hiatus, etc., etc., redacta
dos casi todos por el clebre gramtico racionalista Du Mar-
sais, para darse cuenta de que Sicilia les debe todas sus ideas
generales sobre Fontica, lo cual representaba entonces un
bagaje moderno elemental, pero nada desdeable, porque las
enseanzas de los enciclopedistas continuaban las doctrinas
fonticas de la Grammaire genrale de Port-Royal, con mo
dificaciones debidas a eminentes gramticos posteriores, co
mo Duelos, Beauze y el mismo Du Marsais. Por ejemplo,
Port-Royal aprovecha en parte la nomenclatura grecolati-
na de las consonantes, pero las clasifica segn el punto de
articulacin. Este criterio se va perfeccionando cada vez
ms, y aun despus de la Enciclopedia podemos verlo conti
nuado en los Elments didologie de Destutt de Tracy (II,
1803; pgs. 372 y sigs.), donde el autor discute las clasifica
ciones anteriores y establece otra muy extensa, en la que el
criterio fisiolgico del punto de articulacin se combina con
otros factores acsticos importantes. De esta manera la Fon
tica francesa, sin interrupciones ni cortes bruscos, enlaza la
tradicin grecolatina con la ciencia del siglo de Luis XIV,
y puede decirse que su continuidad no se rompi nunca has
XXXVI
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
ta alcanzar los das de Rousselot. Una de sus etapas es la re
presentada por los artculos de la Enciclopedia que, como
queda dicho, sirven de base a Sicilia para hacer tambin
una clasificacin de las consonantes espaolas segn su punto
de articulacin. Insiste poco en ella, porque su objetivo era
principalmente ortogrfico pero aunque se limita a esbozar
la, tiene, eso s, el mrito original de haber utilizado aque
llas doctrinas para interpretar la pronunciacin espaola se
gn su propia observacin; y para nosotros tiene su obra,
sobre todo, el valor de haber sido estmulo inmediato de Be
llo, a pesar de lo mucho en que ste discrepa de ella. El mis
mo Bello consideraba a Sicilia como el primer ortlogo espa
ol, y advierte en el prlogo la oposicin en que se encuentra
con el modo de pensar de este autor eminente y recomenda
ble "por la publicacin de los primeros elementos de Orto
loga que se han dado a luz sobre la lengua castellana; obra
llena de originales y curiosas observaciones, y fruto de lar
gos aos de estudio 21. Sin regatear, pues, los indudables
merecimientos de Sicilia, el calificativo de primer ortlogo,
que le da Bello, slo puede serle hoy aplicado en el sentido re
lativo que acabo de exponer.
Con respecto a las vocales, no se detiene Bello a exami
narlas una por una, puesto que no ofrecen problemas orto
lgicos. Se limita a esta apreciacin de conjunto:
"Los sonidos de las vocales no admiten dificultad alguna:
todos los pueblos que tienen por lengua nativa la castellana
las pronuncian de una misma manera .
N o creo que este principio, de tanta importancia para
definir la fisonoma acstica de nuestro idioma, hubiera si
do formulado antes de una manera tan clara y general22. Por
21 Vase adems lo que sobre el empleo de la palabra O rtologa queda dicho
en la nota 7 de esta I n t r o d u c c i n .
22 Mariano Jos Sicilia plantea el problema de loa diferentes matices voclicos
(loe. cit.y I, pp. 15 y sigs.) que aparecen en las lenguas. Para resolverlo divide las
vocales en puras y mixtas. Puras son para l las cinco vocales castellanas; ccimo ejem
plo de m ixtas da la u francesa y la e abierta y muda de la misma lengua. ** Y es
tis cierto de que no se encuentran esos sonidos mixtos en la lengua castellana? S,
X X X V II
Obras Completas de Andrs Bello
esto conviene examinar con alguna detencin lo que hoy
pensamos sobre l, para darnos cuenta de cun exacta era
la afirmacin de Bello, formulada quiz sin darse cuenta de
todo su alcance.
Es indudable que el anlisis fisiolgico y acstico de las
vocales espaolas descubre diferencias de timbre abierto y
cerrado en cada una de ellas; estas diferencias son particu
larmente apreciables en la e y en la o, pero existen tambin
en i, u. El timbre intermedio de a puede ser afectado por
matices palatales y velares. Por ltimo, las cinco vocales or
togrficas presentan tambin variedades relajadas en diver
sos grados23. Ahora bien, las causas que motivan estas altera
ciones de timbre son siempre exclusivamente fonticas, y de
penden de la acentuacin o inacentuacin de la vocal, de su
posicin en la slaba y en la palabra, y de la influencia que
ejercen los sonidos que se hallan en contacto con ella. Pero
pasan del todo inadvertidas para los hablantes hispnicos, los
cuales no tienen ms que las cinco imgenes acstico-motri-
ces que corresponden a su ortografa; ni se producen en el
idioma oposiciones semnticas a base de abiertas y cerradas,
como ocurre en las dems lenguas romances. En una palabra:
el espaol tiene slo cinco vocales fonolgicas, y los matices
que dentro d ellas se producen en el habla deben ser consi
derados como variantes fonticas de realizacin.
Si nos preguntamos ahora cules pueden ser las causas
del estado actual de nuestro vocalismo, observaremos que
unas son histricas y otras residen en la naturaleza de la
bien cierto, por lo que hace a la lengua castellana hablada con pureza. En los dia
lectos de algunas provincias se encuentran algunos de esos sonidos mixtos, y cuando
los naturales de ellas hablan castellano, suelen darlos; pero ste es un vicio del cual
es necesario guardarse . Claramente alude a los habitantes de Catalua, Valencia,
Baleares, Vasconia y Galicia, y no se refiere a los de regiones dialectales de tipo
castellano.
23 Para cuanto se refiere al estado actual de los conocimientos sobre Fontica
espaola remito al lector a las investigaciones de T . N avarro Toms. Como quiera
que una gran parte de las ideas modernas expuestas en esta parte de mi I n t r o d u c
c i n proceden de este maestro, a cuya escuela tengo la fortuna de pertenecer, hago
esta cita general a *fin de no m ultiplicar las citas particulares a propsito de cada una
de las cuestiones que aqu se tratan.
XXXVI11
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
base articulatoria y de todo el sistema fontico moderno.
Intentar explicarlas por separado.
Es bien sabido que el latn vulgar distingua entre voca
les abiertas y cerradas. Todas las lenguas romances tienen en
su origen siete vocales con valor fonolgico diferencial, a sa
ber: a, e abierta, e cerrada, i, o abierta, o cerrada 11. El es
paol extremaba hasta tal punto la diferencia entre e, o,
abiertas y sus correspondientes cerradas, que en posicin
acentuada lleg a diptongarlas de un modo general en ie,
ue, respectivamente, pasando por diversos grados interme
dios de diptongacin. De esta manera qued invalidada la
distincin entre estas dos vocales abiertas y cerradas en po
sicin acentuada, que era la ms importante y caractersti
ca, precisamente por lo mucho que al diptongar las abiertas
se haban diferenciado entre s. Ya no hubo oposiciones se
mnticas a base de tal diferencia, y el espaol pudo pasarse
con una e y una o fonolgicamente nicas. Los dems roman
ces , o no conocieron la diptongacin, o la practicaron en l
mites mucho ms reducidos (como el francs y el italiano),
y conservaron por consiguiente, con plena validez expresi
va, los dos matices de e, o, del latn vulgar. Esta causa fo
nolgica explica a mi modo de ver la reduccin espaola del
sistema latino a cinco fonemas voclicos. Por otra parte, es
de notar que el vascuence tiene hoy exactamente las mismas
vocales que el espaol y, si bien es posible que la influencia
castellana se haya dejado sentir en el vasco actual, lo es tam
bin que el sustrato vasco prerromano tuviera algo que ver
con la evolucin de las vocales castellanas. Por lo menos, la
coincidencia entre ambos sistemas voclicos no puede ser
estimada como una mera casualidad.
Viniendo ahora a los rasgos peculiares de la pronuncia
cin moderna, sabemos que nuestro idioma se caracteriza por
la firme tensin muscular con que se articula, y esta tensin
hace que las vocales se mantengan relativamente iguales en
su timbre desde el principio hasta el fin de su articulacin.
X X X IX
Obras Completas de Andrs Bello
Esta uniformidad de timbre se halla favorecida por la bre
vedad relativa de las vocales espaolas, y da como resultado
que no se produzcan ms que en lmites muy restringi
dos las alteraciones que, por ejemplo, en francs o en ingls
determinan una serie extensa de vocales intermedias, semi-
diptongadas y relajadas. La base articulatoria del espaol se
halla en la lnea media de la boca, sin mostrar preferencia
especial por las articulaciones avanzadas ni posteriores; y
como consecuencia, las vocales tienen asimismo un timbre
medio general, poco propicio a desarrollar diferencias extre
mas entre abiertas y cerradas, y menos an a que la relaja
cin alcance las proporciones que podemos observar en otras
lenguas modernas de cultura.
Todas estas causas concurren a que nuestro sistema vo
clico presente escasos matices, pero de una claridad y con
sistencia no igualadas por ningn otro idioma. Menndez
Pidal afirma que la uniformidad de timbre de las vocales es
la explicacin de que el espaol se haya diferenciado tan
poco a travs del tiempo y a lo largo de su extenso territo
rio geogrfico, en comparacin con las divergencias que
presentan las pronunciaciones en los pases de lengua ingle
sa. En efecto, es frecuente, no slo entre ingleses, norte
americanos o neozelandeses, sino entre habitantes de conda
dos distintos de la misma Inglaterra, que en la conversacin
se acuda con cierta frecuencia al spelling, o deletreo cuando
la diferencia de pronunciacin hace que alguna palabra sea
dificil de comprender para el interlocutor; la necesidad de
deletrear es mayor cuando se trata de nombres propios y
asimismo en las conversaciones telefnicas, que siempre al
teran ms o menos la pronunciacin natural, por muy per
fectos que sean los aparatos. La misma variedad y riqueza
de matices de las vocales inglesas las hace frgiles e inesta
bles en su evolucin histrica. El deletreo nunca es necesa
rio entre hablantes hispnicos, aunque estn muy alejados
los pases donde residen habitualmente. Hay que tener en
XL
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
cuenta que las vocales representan aproximadamente el cin
cuenta por ciento del material fontico de nuestro idioma
(basta para comprobarlo hacer el recuento de una pgina
cualquiera escrita en espaol), y una lengua que asegura la
fijeza de la mitad de los sonidos, precisamente los que tie
nen el mximo de sonoridad, resiste mejor que otras el des
gaste fontico. Las diferencias entre el espaol de Espaa
y el de Amrica se reducen a la entonacin de la frase y a
la pronunciacin de muy pocas consonantes, a que luego
me referir; y aun tales diferencias existen tambin en las
diversas regiones de Espaa. Lo mismo podemos decir de las
mnimas divergencias que pueden notarse en los pases his
panoamericanos entre s.
He aqu, pues, que las conclusiones a que ha llegado la
Fontica experimental a un siglo largo de distancia, nos con
ducen a reafirmar la intuicin de Bello cuando deca que
"los sonidos de las vocales no admiten dificultad alguna;
todos los pueblos que tienen por lengua nativa la castellana
las pronuncian de una misma manera . Su experiencia del
francs y del ingls le hizo llegar pronto a esta afirmacin
comparativa. En el artculo que en 1823 haba publicado en
la Biblioteca Americana hallamos ya esta afirmacin, a pro
psito de que las lenguas modernas no hacan diferencias
cuantitativas como las del latn: "El castellano slo se dife
rencia de las otras lenguas modernas de Europa en ser sus vo
cales las ms fijas e invariables de todas; pero ninguna, a lo
que entiendo, reconoce slabas cuyos valores estn en la razn
de 1 a 2 .
Slo una duda, ms ortogrfica que fontica, se le ocu
rre a Bello en relacin con la y : "L a tercera vocal es a veces
representada por el carcter y, v.g. en las dicciones carey,
voy. Sera de desear que se generalizase la prctica de los
que sealan este sonido en todos los casos con la letra i, es
cribiendo v.g. carei, voi, aire, peine, Europa i Amrica . N o
dice ms a este respecto en la Ortologa; pero el sistema que
XLI
Obras Completas de Andrs Bello
l preconiz consista esencialmente en conservar la y en
principio o en medio de diccin (yema, reyes) y escribir
i en los dems casos, incluso cuando es conjuncin. N o he
de entrar en estos pormenores ortogrficos, que fueron ya
tratados por Caro en la nota que acompaa al texto que se
publica en este volumen, y exhaustivamente por ngel Ro-
senblat en el prlogo del tomo Y de esta coleccin de Obras
completas de Bello. Me limitar a considerar esta cuestin
desde un punto de vista exclusivamente fontico. La i es
vocal cuando est entre consonantes (divie, partir) ; es se
mivocal cuando se halla como segundo elemento de un dip
tongo decreciente (aire, peine, soy ); es semiconsonante co
mo primer elemento de un diptongo creciente (vienes, via
je, sali); y finalmente es consonante fricativa si se encuen
tra entre vocales (mayo, rayar) y africada en otros casos
que no es necesario detallar aqu (cnyuge, inyectar), pro
nunciada con nfasis en principio de palabra formando dip
tongo (yo?, ya es hora!). Estas pronunciaciones rigen
normalmente lo mismo dentro de cada diccin que entre
palabras que se articulan juntas, y por lo tanto se dan tam
bin en la conjuncin y, cuyo valor fontico ser el siguien
te, segn el Manual de pronunciacin espaola de Navarro
Toms: la conjuncin y se pronuncia como vocal cuando
est entre consonantes (ms y menos); semivocal, entre vo
cal y consonante (este y todos); semiconsonante, cuando
se halla entre consonante y vocal (meses y aos); por lti
mo, ser consonante cuando est entre vocales (esta y aque
lla) . Esta regla se entiende, claro est, siempre que no haya
pausa que rompa el enlace de las palabras unidas por la con
juncin. De acuerdo con estos hechos, se hallan equilibrados
los casos en que sera aconsejable para la conjuncin la gra
fa i (vocal y semivocal) con aquellos en que preferiramos
escribir y (consonante y semiconsonante). Como una mis
ma palabra no podra escribirse de dos maneras diferentes
sin crear confusin, no hay motivo suficiente para cambiar
XLII
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
el uso general de escribir y, puesto que la misma arbitrarie
dad fontica se comete escribiendo i.
En cuanto a la doctrina de Bello acerca de las consonan
tes, concebida, segn se ha dicho antes, con criterio orto
grfico ms que fontico, muy poco habr que observar que
no se desprenda fcilmente de la lectura del texto, sin nece
sidad de interponer mis comentarios. Conviene slo destacar
que la discriminacin que hace en cada caso entre la pronun^
ciacin culta y la vulgar sigue teniendo para nosotros tal
actualidad, que sus normas son en conjunto las normas de
ahora, salvo algunas excepciones sueltas que fueron fijndo
se sucesivamente en las inteligentes notas de Caro y en las
reglas posteriores de la Prosodia acadmica. A ttulo de
ejemplo consignar que las Nuevas normas de Prosodia y
Ortografa que la Academia acaba de dar a conocer (Ma
drid, 1952) han consumado el pensamiento de Bello respec
to a las palabras griegas que comiezan por M, al autorizar
las grafas sicologa, siquiatra, sicotecnia, etc., como desde
hace tiempo vena escribindose y pronuncindose salmo y
seudnimo. Refirindose a los vocablos que empiezan por c,
g, m, p, t, z, seguidas de consonante, deca la Ortologa
de Bello:
"H ay nombres tomados de otras lenguas y particularmente
del latn y del griego, que principian por una de estas letras se
guida de una consonante con la cual no puede formar combina
cin inicial castellana; v. g.: Cneo, gnomnico, Mnemsine,
pseudoprofeta, tmesis, czar, czarina. Como, aunque dura, no es
imposible la pronunciacin de estas articulaciones iniciales, sor
da a lo menos, cada cual podra retener la primera de ellas o
no, segn se lo dicte su odo o su gusto: el uso escrito es vario.
H ay dicciones que universalmente se pronuncian y escriben
sin esa consonante inicial, como salmo, salmodia, antes psal-
mo, psalmodia .
En las pginas anteriores he procurado hacer resaltar
que Bello posea como nadie en su poca esta cualidad a la
que llamo "sentido del idioma con la cual se valoran y
conjugan en cada ocasin las tendencias fonticas de la len-
XLU I
Obras Completas de Andrs Bello
gua y el uso de los hablantes instruidos, para llegar a una
norma o consejo que armonice ambas posibilidades24. Y es
notable que las normas que despus han ido desarrollando
la lengua escrita y la pronunciacin culta, aunque alguna
que otra vez no hayan coincidido con la enseanza de Bello
en todos sus pormenores, se han movido siempre en la lnea
que su pensamiento dej trazado, no tanto por la autoridad
del escritor venezolano, como por la precisin con que l
supo interpretar el estado presente y la trayectoria futura del
idioma.
Me detendr, por ltimo, en la opinin que Bello haba
formado sobre el seseo y el yesmo, como hechos de ms vi
sible discrepancia en la pronunciacin de los pases hispni
cos, ya que el mayor conocimiento que hoy tenemos de la
distribucin geogrfica y de la evolucin histrica de ambos
fenmenos permite precisar algo ms las ideas.
Sabido es que el sonido de s ofrece dos variantes de suma
importancia: la s apical castellana, propia del centro y norte
de Espaa, y la predorsal dominante en el sur de Extrema
dura, Andaluca, Canarias y casi toda Hispanoamrica. La
primera se articula con la punta de la lengua en contacto con
los alvolos, y tiene para el odo extranjero un timbre ms o
menos chicheante, que se acenta de un modo especial en las
regiones riojana y vasconavarra. En la s predorsal, no es la
punta, sino el predorso de la lengua el rgano activo de la
articulacin infraalveolar o dental. Esta s andaluza e hispa
noamericana es tambin normal en francs, ingls, alemn e
italiano; de manera que la variedad apical de Castilla viene
a ser una excepcin en el Occidente de Europa. Ahora bien,
el seseo o pronunciacin como s del fonema que en Castilla
24 "Confieso dice en el Apndice I que esta especie de transaccin entre
los eufonistas y los etimologistas tiene el inconveniente de no trazar una lnea precisa
que dirija con facilidad y seguridad a los qMe hablan y escriben. Pero no se trata de
establecer una regla cimoda, sino de exponer con fidelidad un hecho. N o compete al
ortologista decir, as debe pronunciarse, porque as sera mejor que se pronunciase,
sino as se pronuncia, tomando de contado por modelo la pronunciacin urbana y cul
ta, que evita como extremos igualmente viciosos la vulgaridad y la afectacin pedan
tesca .
XLIV
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
se articula como interdental ( c o z ortogrficas), se produ
ce en todas las regiones y pases hispnicos cuya s es predor
sal, y no se da sin nota de incorreccin en los de 5 apical.
Para el odo castellano resulta insoportable el seseo apical de
los vascos y catalanes; en cambio tolera sin dificultad el
seseo predorsal de americanos y andaluces. El motivo de esta
diferente estimacin consiste en que la s predorsal, de articu
lacin avanzada, tiene semejanza de timbre con el sonido
castellano c., z; en cambio la articulacin plenamente alveo
lar de la s apical est muy alejada en su timbre.
Desde el punto de vista histrico, no debe pensarse en
modo alguno que el seseo andaluz o americano sea una de
formacin o sustitucin del sonido interdental de la z cas
tellana, sino que ste no ha existido nunca en Andaluca ni
en Hispanoamrica. El espaol medieval pronunciaba como
africada sorda, parecida a ts, toda c, f, ortogrfica; la z or
togrfica representaba una africada sonora, ms o menos
como ds. Cuando en el siglo X V I se ensordecen muchas so
noras antiguas igualndose s * = ss, j x, f y z se igualan
tambin en su sordez, y entonces se produce un desarrollo
divergente de este sonido nico, cuyo resultado final es 9 en
el centro y norte de Espaa, y s en Andaluca y Amrica.
No importa seguir aqu paso a paso los detalles de esta evo
lucin 25. Bello se percat muy bien, desde su punto de vista,
de que:
"N o hay hbito ms universalmente arraigado en los ame
ricanos y ms difcil de corregir, que el de dar a la z el valor
de la s, de manera que en su boca no se distinguen baza y
basa, caza y casa, cima y sima, cocer y coser, lazo y laso,
loza y losa, maza y masa, pozo y poso, riza y risa, roza y rosa,
e t c . . . . Es cosa ya desesperada restablecer en Amrica los so
nidos castellanos que corresponden respectivamente a la s y
a la z, o a la c subseguida de una de las vocales e, i.
Slo hay que aadir que en realidad no se trata, como
hemos visto, de restablecer un sonido perdido, sino que ame-
25 Vase A m a d o A l o n s o , "C r o n o lo g a de la igualacin -z en espaol , en la
Hspanle Review, 1951, X IX .
XLV
Obras Completas de Andrs Bello
ricanos y andaluces continan una evolucin histrica na
cida en sus propios pases. Desde luego la igualacin de ambos
sonidos ha hecho homfonas muchas palabras, y es una in
comodidad ortogrfica a la que no hay ms remedio que
resignarse.
Respecto al yesmo o confusin 11 = y, Bello no vacila
en calificarlo de vicio, y en el mismo sentido aboga Navarro
Toms por la conservacin cuidadosa de su diferencia, que
evita la homofona de vocablos como vaya y valla, haya y
halla, poyo y pollo, huya y bulla, cayado y callado, etc. El
fenmeno existe en francs, y la pronunciacin de piller
como piyer ha ganado a toda la Francia de ol y alguna zona
de oc. En Espaa es corriente en Andaluca y algunas co
marcas de Castilla la Nueva, entre ellas Madrid; la influen
cia de la capital tiende a propagar la confusin, de igual ma
nera que el yesmo de Pars se ha ido extendiendo por las pro
vincias de Francia. En Amrica el reparto geogrfico de este
hecho es muy desigual, y ofrece diversos grados de intensi
dad 28. Pero tanto en Espaa como en Hispanoamrica, exis
te entre las personas educadas el sentimiento muy generali
zado de que la confusin de estos sonidos es excesivamente
vulgar, y se procura evitarla en la oratoria y en la escena,
en coincidencia con la opinin de Bello. Comprobamos una
vez ms que todos los fenmenos especiales de pronuncia
cin americana son comunes a los de las diferentes regiones
del espaol peninsular, y que por lo tanto tienen el mismo
tratamiento ortolgico. Si no bastasen estas razones, sera
suficiente recorrer las pginas de Bello para convencerse
de que sus recomendaciones y normas son tan aplicables a
Espaa como a Amrica.
28 Vase el detallado estudio geogrfico e histrico de A m a d o A l o n s o , La
L1 y sus alteraciones -en Espaa y Amrica , en Estudios dedicados ai Metindez tid a l,
11, Madrid, 1951, pp. 41 y sigs.
XLV I
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
D E F IN IC I N Y E S T R U C T U R A DE L A SLA B A
Con razn dice Caro, en el Apndice II, que la defini
cin de la slaba formulada por Bello y las explicaciones con
que procura defenderla, es una de las partes ms endebles de
su obra. Todos tenemos conciencia de la slaba como esla
bn sonoro de una cadena que no se interrumpe hasta llegar
a la pausa, y aun las personas ms indoctas aciertan espon
tneamente a silabear las palabras. Mas a pesar de que nues
tra experiencia inmediata nos da la conciencia de las slabas
como unidades fonticas, no es tarea fcil la de definir la
slaba, ni menos la de fijar las leyes que la delimitan. La di
ficultad no est, pues, en percibirla intuitivamente, sino en
expresar su concepto con una frmula satisfactoria. Por esto
los gramticos han vacilado tanto en su definicin, que bien
puede decirse que hasta el siglo actual no se han llegado a ver
con exactitud las leyes internas de la agrupacin silbica;
lo cual no ha sido obstculo, sin embargo, para que cada uno
de los tratadistas, desde el punto de vista de su lengua y par
tiendo de la intuicin natural de la slaba que articulamos,
haya podido establecer las reglas de su idioma. A no ser que
las cuestiones ortogrficas, derivadas de la etimologa, se
hayan involucrado entre los gramticos a la consideracin
estrictamente fontica del problema.
Bello haba elaborado su teora de la cantidad silbica
con mucho esfuerzo y no poca novedad, en relacin con sus
predecesores ms prximos. Segn ella, aunque las slabas
no duran exactamente lo mismo, se acercan a la igualdad,
o si se quiere, "distan menos de la razn de igualdad que de
la razn de 1 a 2 . Con ello destrua la creencia en largas y
breves a la manera clsica, basndose en el odo y en el iso-
silabismo de la versificacin espaola. Ms adelante analizar
este tema, que bien merece captulo aparte. Por el momen
to basta consignar la conclusin ms importante a que Bello
haba llegado, y que repite con insistencia en varios lugares
XLV II
Obras Completas de Andrs Bello
de su obra. Encariado con su tesis de que las slabas en
nuestra lengua vienen a durar prcticamente lo mismo, se
desva a pensar que la unidad que llamamos slaba se define
por su valor cuantitativo, aproximadamente constante:
"Se llama silaba toda combinacin de sonidos elementales
que se pronuncian en la unidad de tiempo. N o hay silaba que
no tenga a lo menos una vocal, ni que conste de dos o ms
vocales separadas por consonantes .
"Esta unidad, aunque no de una duracin exactamente
invariable, lo es sin embargo lo bastante para fijar el valor
de todas las partes de la diccin en el habla ordinaria y en la
cadencia del verso .
La impugnacin de Caro a que las slabas sean unidades
de tiempo y se cuenten como tales en el silabeo de la prosa
o del verso, constituye por su modernidad una de sus apor
taciones ms felices a la obra de nuestro autor. Cambiando
ligeramente la terminologa, es la misma doctrina psicofi-
siolgica iniciada por Rousselot y desarrollada por Stetson
y por Hudgins27, que nos hace considerar hoy la slaba co
mo "la menor unidad de impulso espiratorio y articulatorio
en que se divide el habla real . Por impulso espiratorio se
entiende cada uno de los movimientos discontinuos origina
dos por las contracciones musculares del trax y del abdo
men. Impulsos articulatorios son los que producen en la co
rriente de aire los movimientos de los rganos de articulacin
(mandbulas, lengua, labios, etc.), los cuales modifican brus
camente la presin y el volumen del aire espirado. Las sla
bas, pues, se cuentan como unidades de impulso, y no se
miden como unidades temporales. Sorprende que Caro,
cuando apenas podan llegarle los primeros atisbos de los
mtodos experimentales, llegase a formular lo esencial de
esta doctrina, con trminos imprecisos, como es natural, pe
ro con perfecta claridad de concepto.
27 Archives verland. de Phontique experimentale, 1928 y 1930, respectiva
mente. Vase adems R . H . S t e t s o n , Bases o f Phonology, Oberlin, Ohio, 1945.
XLVIII
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
Bien es verdad que antes de Caro, y aun de Bello, halla
mos en Destutt de Tracy 28 una descripcin del mecanismo
fisiolgico de la slaba, que se acerca ya mucho al pensamien
to actual. Por su importancia resumo, y en parte traduzco,
a continuacin la teora del autor francs, que l formula
creo que con razn jactndose de su originalidad: "Cada
uno de los sonidos del lenguaje es un efecto fsico producido
por el rgano vocal sobre el rgano auditivo. Est producido
por la emisin de una cierta cantidad de aire que sale de la
garganta, mientras todo el sistema del rgano vocal est dis
puesto de cierta manera. Cuando esta disposicin del rgano
cambia en todo o en parte, de una manera o de otra, ya no
produce el mismo efecto. .. Cada emisin de aire realmen
te distinta de otra por cualquier circunstancia que sea, for
ma una slaba natural o fsica. Estas slabas naturales o f
sicas estn siempre separadas una de otra por cualquier mo
vimiento orgnico, por un cambio en la disposicin del r
gano, que interrumpe la emisin del aire o la modifica. Si
estas slabas naturales o fsicas no coinciden con las que re
conocen las gramticas, las retricas y las poticas de las di
ferentes lenguas, y que pueden llamarse slabas convencio
nales o artificiales, la razn consiste en que las primeras (o
los sonidos reales) no son siempre fciles de separar unas de
otras; y que varias de estas slabas fsicas se unen o confun
den fcilmente con la que les sigue o les precede, porque
o son muy breves o muy sordas, o bien porque el movimien
to orgnico que las separa es muy poco sensible .
La cita ha sido un poco larga con el fin de hacer ver la
filiacin de ideas que, a travs de Coll y Veh y algunos ms,
llevan a la Academia a definir la slaba como Sonido de
una o ms letras que se pronuncian en una sola emisin de
voz y el odo parece que las percibe a un tiempo (1874)29.
28 Elments dldologie, II, Pars, 1803, pp. 522-524.
29 En su edicin anterior de la Gram tica (1 8 7 0 ), la Academia Espaola no
emple todava el trmino emisin de voz: "Slab a en trminos de Prosodia es el
sonido de una o ms letras que se pronuncian y el oido percibe a un tiempo . En el
X L IX
Obras Completas de Andrs Bello
La definicin acadmica, que despus ha seguido con ligeras
variantes, sustitua con ventaja la herida de voz, de Nebrija,
por emisin de voz, que ya tena algn uso entre nosotros.
Lo que Caro aportaba sobre cuantos autores hispnicos le
precedieron, era su idea clara del mecanismo fisiolgico de
la slaba, parecida a la que acabamos de ver en Destutt de
Tracy, pero superior a sta en lo preciso del concepto y en
claridad de exposicin. Para mejorarla hay que saltar a las
conclusiones de la Fontica experimental desde comienzos
del siglo XX.
El mismo Bello ensay ms tarde otra frmula defini
dora: "Llmanse slabas los miembros o fracciones de cada
palabra separables e indivisibles (Gram. 7). A pesar de
los reparos que le opone Caro, esta definicin entra ya de
lleno en nuestros conceptos actuales. Bastara aadirle "se
parables e indivisibles en el habla real y sustituir miembros
o fracciones por unidades fonticas, para que pudiese ser hoy
aceptada apenas sin reparos. Pero el autor no la sostuvo en
otros lugares de su Gramtica, y volvi a incidir en su idea
de unidad temporal.
El error inicial de Bello en cuanto a la definicin de la
slaba, no le impide establecer con acierto las reglas de la
divisin silbica, que aproximadamente vienen a ser las que
hoy rigen en nuestra prosodia; salvo la rareza de atribuir la
r intervoclica a la vocal anterior (silabeando par-a-do, cor-
a-zn), que Bello sostuvo, llevado por el prejuicio de que la
r simple, al no poder ser inicial de diccin, tampoco poda
serlo de slaba. Por lo dems, el planteamiento y desarrollo
de estas reglas est pensado en general con miras ortogrfi
cas ms que fonticas, para resolver la divisin de renglones,
sobre todo en las palabras compuestas o que contienen pre
fijos, segn se sientan o no en la lengua actual los elemen-
Diccionario no aparece aquel concepto hasta la undcima edicin (1 8 8 4 ), que deca
as: Slaba. Trabazn o enlace de dos o ms letras que se pronuncian en una sola
emisin de voz*. A continuacin aclaraba que una sola vocal puede tambin constituir
slaba.
L
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
tos componentes (in-eficaz, vos-otros, des-apacible). En
este terreno las tendencias de la pronunciacin real han en
trado en conflicto con la etimologa, y han creado durante
mucho tiempo una dificultad ortogrfica, aunque no tan
grande y complicada como en otras lenguas cuya escritura
es ms etimologista que la nuestra. Como quiera que los ha
blantes tienen conciencia muy desigual de la composicin
de las palabras, la Academia Espaola acaba de resolver fe
lizmente el conflicto entre el silabeo fontico y el etimol
gico 30, admitiendo que en todos los casos pueda, para los
efectos ortogrficos, dividirse indistintamente el rengln con
uno u otro silabeo (desapacible o des-apacible, vosotros o
vos-otros, etc.). No es difcil prever que el silabeo fontico,
como ms sencillo, acabar por dominar en la prctica.
EL ACENTO
Los gramticos griegos daban el nombre de jrpo<jft>8ta,
que los latinos tradujeron por accentus, a la altura musical
de la voz con que se pronunciaban las distintas slabas de una
palabra o frase. El acento se llamaba agudo cuando elevaba
el tono de la slaba. El acento grave afectaba a todas las s
labas que no reciban acento agudo, es decir, a las inacen
tuadas; en lo escrito se usaba slo para indicar que una pa
labra con acento agudo en su ltima slaba, perda su al
tura musical en el cuerpo de la frase. No podemos saber hoy
con seguridad si, en estas condiciones, la slaba con acento
grave quedaba en el nivel de todas las tonas, o tena en su
tono alguna modificacin que la diferenciaba de ellas. El
acento circunflejo, que afectaba slo a las vocales largas,
designaba una elevacin de tono seguida de un descenso den
tro de la misma vocal. El acento griego era, pues, esencial
mente tnico, en el riguroso sentido etimolgico de la pa-
30 Nuevas normas i e Prosodia y O rtografa, M adrid, 1952.
Ll
Obras Completas de Andrs Bello
labra. A imitacin de los griegos, los gramticos y retricos
latinos definieron tambin el acento como elevacin de tono,
aun en la baja latinidad medieval, cuando es seguro que la
acentuacin haba pasado a ser intensiva en el uso efectivo
del latn hablado y de los romances nacientes.
Antonio de Nebrija distingue, como distinguieron los
latinos, entre cantidad (longura) de las slabas y acento:
"Tiene tan bien la silaba altura & baxura, porque dlas si
labas, unas se pronuncian altas & otras baxas. Lo qual est
en razn del acento, de que avernos de tratar en el capitulo
siguiente (lib. II, cap. I). Poco despus aade "Prosodia
en griego, sacando palabra de palabra, quiere dezir en latin
acento; en castellano quasi canto. . . Assi que ai enel caste
llano dos acentos simples: uno por el qual la silaba se alga,
que llamamos agudo; otro por el qual se abaxa, que llama
mos grave . . . (lib. II, cap. II). Los conceptos de cantidad
y altura musical aparecan pues, perfectamente separados en
el pensamiento de Nebrija, y de ahora en adelante la distin
cin entre uno y otro es una adquisicin en firme entre
nuestros tratadistas de los siglos XVI y XVII. Lo que se dis
cute es si la cantidad larga y el tono agudo coinciden en
las slabas acentuadas, o bien si acento y duracin son in
dependientes entre s. En el primer caso, la versificacin es
paola sera acentual, puesto que las slabas acentuadas se
ran a la vez largas. Si, por el contrario cantidad y acento
eran independientes, como lo eran en latn, los versos roman
ces deberan medirse por pies cuantitativos, sin que el acento
tuviera papel alguno en la mtrica. Las opiniones discrepan y
dan lugar a no pocas confusiones, que explicar despus con
ms detalle. Por de pronto, interesa nicamente sealar que
el concepto de intensidad no haba aparecido todava entre
nuestros prosodistas, los cuales, hasta muy avanzado el siglo
XVIII, no distinguen en el acento ms cualidad que la al
tura musical, que segn algunos coincida con la mayor du
racin relativa de la slaba afectada por l.
LII
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
No encontramos ms claridad en los tratadistas france
ses del siglo XVIII. En el artculo accent de la Enciclopedia,
redactado por Du Marsais, se sigue dando de esta palabra
la misma definicin de Cicern y Quintiliano. La escuela
de Port-Royal y las gramticas racionalistas derivadas de la
doctrina de Condillac no haban modificado el concepto
clsico del accentus. El abate Batteux (De la construction
oratoire, Pars, 1763) no se desva un pice de l en el
captulo que dedica al acento prosdico (pp. 324-346).
Todava en 1803, Destutt de Tracy 31 no considera en la
slaba ms que cuatro cualidades: voix, articulation, dure
y accent. Ms adelante (II, 331 y sigs.) trata de definir el
timbre como "la circunstancia del sonido que nos hace dis
tinguir la voz de un hombre de la de otro, bien quils pro
noncent tous deux avec la mme force, la mme articula
tion et le mme ton , y luego aade ms explcitamente
"je ne vois pas comment un son vocal pourrait tre diff
rent dun autre, autrement que par la voix, le ton ou larti
culation, si on les suppose de mme force et de mme du-
re . La idea de fierza o esfuerzo, distinta de duracin, co
mienza a aparecer con cierta frecuencia en libros de la
poca como factor importante de la pronunciacin, pero
enunciada siempre de un modo vago y sin que esta cualidad
se adscriba precisamente al acento.
Algo ms temprano aparece mencionada entre los tra
tadistas ingleses la cualidad de fuerza o esfuerzo aplicada al
acento. G. Mason (Elocution, 1748) dice: "When we distin
guish any particular syllable in a word with a strong Voice,
it is called accent; and when we thus distinguish any parti
cular Word in a Sentence it is called Emphasis 32. Adap
tando a Hugo Blair, Gaspar Melchor de Jovellanos33 niega
importancia a las diferencias entre la cantidad de las slabas
31 Loe. cit., pp. 324 y sigs.
32 Cito por el Diccionario de O xford (s. v. accent).
33 Curso de Humanidades castellanas, Biblioteca de AA. EE., X L V I, p. 139. El
libro de H. B l a ir , Lectures on Rhetoric and Belles Lettres, fue publicado en 1783.
LUI
Obras Completas de Andrs Bello
espaolas largas y breves, y aade: "La nica diferencia per
ceptible entre nosotros es la de pronunciar algunas slabas
con aquella presin ms fuerte de voz que llamamos acento.
Este acento, sin hacer siempre ms larga la slaba, la da un
sonido ms fuerte, y la meloda del verso entre nosotros
depende infinitamente ms de cierto orden y sucesin de
slabas acentuadas que de ser stas largas o breves . Las mis
mas palabras se hallan tambin en la traduccin y adapta
cin castellana que de la obra de Blair hizo Jos Luis Mu-
nrriz (Madrid, 1798-1801, t. III, pgs. 328-329), y en el
Compendio de las lecciones sobre la Retrica y Bellas Letras
de Hugo Blair (Madrid, 1815, pg. 316) que compuso el
mismo Munrriz. Parece ser, sin embargo, que el concepto
de fuerza no lleg a generalizarse ni en Inglaterra, ni en
Francia ni en Espaa, puesto que los gramticos y retricos
de todos estos pases siguen hablando en su inmensa mayora
del acento como tono agudo.
Con ms decisin y claridad afirma el valor intensivo
del acento Juan Mara Maury, primero en Espagne Potique
(1826) y luego en una carta dirigida a D. Vicente Salva
(1831) sobre cuestiones de mtrica34: "El acento rtmico
es hijo del esfuerzo de la voz con independencia de lo grave
y de lo agudo; pues no porque se apoye ms o menos en ella,
resultara una tecla ms alta ni ms baja. Es el mismo im
pulso del aliento que se emplea en los instrumentos de vien
to para los tiempos fuertes, y si hemos de darle nombre,
otro que el equvoco de acento, diremos que es el idu s lati
no, el stress ingls, la battuta italiana, por el que se diferen
cian dos vocablos escritos con las mismas letras, como tarde
y tard . Menndez Pelayo dijo que desde Maury se fue en
tendiendo que una cosa era la fuerza o intensidad con que la
slaba se pronuncia, y otra muy distinta su duracin, y des
de entonces entr por buen camino nuestra mtrica, y fui
mos entendiendo algo mejor la antigua. El concepto de in-
34 L a V in a z a , Bib. hist., nm eros 454 y 461.
L1V
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
tensidad, con independencia de la cantidad y la entonacin,
que no ofreca dudas para los msicos, tardar todava unos
aos en abrirse paso entre los tericos del lenguaje, y aun
Bello no acierta a ver en el acento ms que una elevacin del
tono y una prolongacin de la cantidad:
"Se llama acento aquel esfuerzo particular que se hace
sobre una vocal de la diccin, dndole un tono algo ms
recio y alargando un tanto el espacio de tiempo en que se
pronuncia. En aurora por ejemplo, el acento cae sobre la vo
cal o y consiste en alzar un poco la voz, detenindonos en esta
vocal algo m|s qu en cualquiera de las otras de la diccin.
A s es fcil observar que se oyen ms distintamente las voca
les acentuadas que las otras, y que se retarda tanto ms la
pronunciacin de una frase, cuanto es ms grande el nmero
de estas apoyaturas o esfuerzos particulares que hacemos en
ella .
Como vemos, la idea de esfuerzo interviene en esta defi
nicin y en la explicacin subsiguiente, y reaparece de vez
en cuando en el libro. En mi opinin, no significaba para
l intensidad fsica, sino ms bien intencin psicolgica de
hacer resaltar determinada slaba buscando una apoyatura,
como l dice, cuyo resultado acstico era la nota aguda y
el alargamiento de la cantidad. Dentro del conjunto de sus
ideas, no podemos pensar que atribuyese mucha importan
cia al factor cuantitativo, puesto que, segn se ha notado,
una de sus tesis principales consista en sostener que la du
racin de las slabas estaba muy prxima a la razn de igual
dad. Hemos de creer, pues, que a juicio de Bello la tonalidad
aguda segua siendo el elemento esencial del acento. Si hu
biese tenido conocimiento de la intensidad, que por entonces
comenzaba a abrirse paso en los textos que hemos aducido, la
hubiera aprovechado sin duda, puesto que le vemos manejar
confusamente el concepto de esfuerzo.
En la Gramtica ( 32) no vari sustancialmente la de
finicin:
"E l acento consiste en una levsima prolongacin d la
vocal que se acenta, acompaada de una ligera elevacin del
tono .
LV
Obras Completas de Andrs Bello
Cuervo en la nota 7, reflejando las ideas de Bopp, Diez
y otros fillogos, hizo patente que en las lenguas modernas
el acento espiratorio o intensivo era el factor esencial; aun
que poda ir acompaado de cantidad ms larga y tono ms
agudo, no eran stos factores constantes y caractersticos.
Tambin Caro, apoyndose en la autoridad de Coll y Veh
y de la Academia 35, haba refutado la definicin de Bello
en el mismo sentido.
Al hablar, en el apartado anterior de esta introduccin,
del concepto de slaba segn Bello, dije que elerror inicial
de su definicin no le haba impedido establecer con acier
to las reglas de la divisin silbica. De igual manera hay que
repetir ahora que, aunque no hubiese llegado a darse cuen
ta cabal de la naturaleza fisiolgica y acstica del acentosa,
sus doctrinas sobre la acentuacin castellana son siempre
atinadas, y en general han servido de base a cuanto sobre
esta materia se ha escrito despus. Su criterio sobre las pala
bras inacentuadas y sobre la ponderacin que el buen ort
logo debe establecer entre la etimologa y el uso culto, sigue
siendo el que hoy domina en nuestras gramticas, salvo li
geras modificaciones de detalle con respecto a palabras de
terminadas. Es materia extremadamente delicada, que re-
35 La Academia, desde 1880 en la Gram tica, y 1884 en el Diccionario, defi
na el acento como "la mayor intensidad con que se hiere determinada slaba al
pronunciar una palabra . Las definiciones, desde 1870, se haban inspirado en la de
Bello, y como l emplean el trmino esfuerzo. Es lamentable que en las ediciones ms
recientes de la Gram tica, haya vuelto la Academia a confundir los conceptos dicien
do ( 498, a ) : " Acento es la mxima entonacin con que en cada palabra se pronun
cia una slaba determinada. Acento se denomina tambin el signo ortogrfico con que
frecuentemente se indica en la escritura esta mayor intensidad . Entonacin e inten
sidad se emplean como sinnimas en esta definicin, que evidentemente significa un
retroceso respecto a la de 1884.
30 Adems de la acepcin corriente de la palabra acento, Bello explica tambin
el significado complejo que le damos al hablar del acento nacional o provincial; de los
acentos oratorio, didctico, etc., peculiares de determinados estilos de diccin, y tam
bin del acento enftico con q*ue recalcamos la pronunciacin de ciertas slabas, pa
labras o frases, a las que atribuimos especial importancia lgica o afectiva. E l acento
como conjunto de cualidades, que caracterizan la pronunciacin de un pas o* co
marca, se hallaba definido en el Diccionario de Autoridades (1 7 2 6 ). Las tres ltimas
acepciones figuraban en la Enciclopedia francesa (1751) explicadas con bastante ex
tensin, y fueron recogidas sumariamente por Mariano Jos Sicilia.
LV1
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
quiera a la vez conocimientos de historia del idioma, de la
tradicin literaria a veces cambiante, odo atento a la
pronunciacin y, sobre todo, buen gusto para discernir en
cada caso la acentuacin ms recomendable. En ltimo tr
mino, hay que atenerse para las dudas a la resolucin de
una autoridad como la de la Academia Espaola, por la cual
Bello, Caro y Cuervo sintieron hondo respeto. A su vez la
Academia, con criterio flexible, ha sopesado siempre, y ha
aceptado muchas veces, el juicio de estos ortlogos, antes
de fallar sobre la acentuacin de una palabra dudosa. Limi
tar mi comentario a unos cuantos puntos de vista genera
les, sin entrar en el examen particular de los casos concretos,
con el fin de hacer ver el camino que ha seguido la tradi
cin de nuestros ortlogos y el papel decisivo que Bello ha
desempeado en ella. Para mayor claridad considerar se
paradamente: 1) Doble acentuacin y enclticos; 2) Lugar
del acento en la palabra.
1) Doble acentuacin y enclticos. El anlisis fsico de
la intensidad, confirmando la impresin del odo, ha venido
a demostrar en nuestros das que las slabas inacentuadas
que, en la palabra o en la frase, se agrupan en torno a la
slaba que lleva el acento, no son todas igualmente dbiles;
es decir, que la inacentuacin ofrece diversos grados. La
mayor o menor debilidad se produce con arreglo a una al
ternancia rtmica, a partir de las slabas inmediatas a la
acentuada, que son siempre las ms dbiles. Por ejemplo, en
la palabra consuetudinario, cuyo acento prosdico est en la
penltima slaba, las slabas sue y di presentan una intensi
dad relativa inferior a con y tu. En prfugo, la slaba fu es
ms dbil que la final. Este vaivn inconsciente en el relieve
silbico relativo, tiene su origen en el hecho psicofisiolgico
de que los movimientos iguales y repetidos en serie ms o
menos extensa, no son del todo idnticos, sino que se orga
nizan con tendencia a un ritmo.
Pero en el lenguaje intervienen otros factores que en al-
LVII
Obras Completas de Andrs Bello
gunos casos pueden contrarrestar este ritmo alternante. Uno
de ellos consiste en la propensin de la lengua espaola a que
la slaba inicial sin acento adquiera cierto relieve que la re
fuerza ligeramente entre las inacentuadas. Por ejemplo, en
literatura, li es un poco ms intensa que te y ra que la siguen
antes del acento principal de la palabra, alterando as el vai
vn rtmico a que antes me he referido. Otras veces, la regu
laridad se perturba por el acento de insistencia con que vo
luntariamente refuerza el hablante alguna slaba sentida co
mo ms expresiva.
Ms importancia tiene para nuestro objeto la acentua
cin prosdica de los compuestos, a la cual dedica Bello aten
cin particular. De un modo general, el acento dominante
de las palabras compuestas es el del ltimo elemento com
ponente: bocamanga, correveidile, sobretodo, son voces lla
nas; quitaipn y anteayer, agudas; electromecnica y anti
areo, esdrjulas. Cuando los elementos componentes tienen
plena significacin para el hablante, es natural que cada
uno de ellos tienda a conservar su acento propio, pero como
la primera palabra, en su condicin de procltica, cede a la
segunda el acento principal del vocablo compuesto, conser
va a menudo un acento secundario menos dbil que el de
las restantes slabas inacentuadas, en armona o en desacuer
do con la alternancia rtmica. Por ejemplo en electromec
nica, la slaba lee es evidentemente ms fuerte que todas las
anteriores al acento; en destripaterrones, el vaivn rtmco
se altera en beneficio de tri, con acento etimolgico antes
de la composicin. Se trata, pues, de una forma de acento
de insistencia, cuyo relieve relativo vara segn la mayor o
menor cohesin unitaria del compuesto, el nfasis de la pro
nunciacin y la conciencia que en cada caso tenga el ha
blante de las palabras agrupadas.
As enfocado el problema, es fcil darse cuenta de las
discusiones que ha motivado entre los gramticos y de las
fluctuaciones'de la Academia sobre el acento ortogrfico de
LVUI
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
los compuestos. Hasta el presente mantenamos el acento
escrito sobre cada uno de los vocablos componentes, si stos
lo tenan como las palabras aisladas: asimismo, sabelotodo,
dnamoelctrico, intilmente. En sus Nuevas normas de
Prosodia y Ortografa, la Academia acaba de resolver que
se suprima el acento grfico del primer elemento, con la
nica excepcin de los adverbios en -mente, donde el adje
tivo tiene un visible relieve prosdico. De ahora en adelante
escribiremos, pues, asimismo, sabelotodo, dnamoelctrico, y
conservaremos el acento en fcilmente, intilmente, lngui
damente, etc. Con ello, no slo ha conseguido la Academia
una simplificacin ortogrfica, sino que ha interpretado la
pronunciacin real, que en todos los casos carga el acento
sobre el ltimo elemento del compuesto. Y es curioso obser
var que despus de dar tantas vueltas al tema, venimos a
parar exactamente a la doctrina ortolgica que Bello haba
formulado as:
"E n las dicciones compuestas de dos nombres o de verbo
y nombre, como pasicorto, boquirrubio, pasamanos, tragaluz,
etc., se conservan los dos acentos de las palabras componenr
tes, pero el segundo es siempre el ms fuerte, y el nico de
que se hace caso para la cadencia del verso. El primero (a
no ser en los adverbios terminados en mente) tiene apenas el
grado de fuerza que es menester para distinguirle de los
acentos graves ordinarios . (Ntese que para el autor acento
grave es sinnimo de inacentuacin).
Pocos casos podrn sealarse en que una regla ortolgica
de carcter normativo haya obtenido una confirmacin tan
rotunda despus de ms de un siglo.
Veamos ahora cmo se explica la acentuacin de los pro
nombres enclticos, que Bello, Caro y todos los tratadistas
sin excepcin consideran, con motivo sobrado, como un vi
cio reprensible; pero que ha tenido y tiene un uso bastante
extendido en el habla coloquial de Amrica y de Espaa;
no faltan de ello numerosos ejemplos en poetas clsicos y
modernos.
L IX
Obras Completas de Andrs Bello
Estos desplazamientos de acento (vmonos, digam, bus-
quemosl) se producen de ordinario cuando el pronombre
encltico se halla en posicin rtmica menos dbil, es decir,
cuando la alternancia intensiva predispone al pronombre a
absorber el acento principal. No es comn decir, en cambio,
dame, dil, porque el contacto inmediato con el acento hace
la slaba esencialmente dbil. Con esto no afirmo que la cau
sa de esta dislocacin de acento sea fontica; pienso ms
bien que hay que atribuirla al valor expresivo que el pro
nombre puede adquirir para el que habla. Pero es indudable
que su posicin rtmica la favorece en la conversacin y en
el verso. N o es que trate de defender este uso, con toda evi
dencia reprobable. Intento slo explicarlo como fenmeno
lingstico.
2) Lugar del acento en la palabra. Los gramticos lati
nos haban formulado reglas a que se ajustaba la acentua
cin de las palabras. La cantidad condicionaba el acento, de
tal manera que recaa sobre la penltima slaba, si sta era
larga; si la penltima era breve, el acento pasaba a la ante
penltima. Para los romanos no haba dificultad alguna,
puesto que sin necesidad de reglas daban a cada palabra su
acentuacin tradicional en el idioma. Pero a medida que el
imperio se extenda, e iban siendo cada vez ms numerosos
los vasallos de Roma para quienes el latn era una lengua
aprendida; a medida que se oscureca en la pronunciacin
real el sentido de la cantidad silbica que condicionaba la po
sicin del acento, los gramticos se vieron obligados a pro
digar las reglas prosdicas de la cantidad, y con ellas la po
sibilidad de saber cul era en cada caso la slaba acentuada.
Por esto la Prosodia adems de servir de gua a la versifi
cacin fue uno de los captulos ms extensos y difciles
de las gramticas escritas en la decadencia romana y en la
baja latinidad medieval, y lo sigui siendo despus en todos
los pueblos de Europa, puesto que de ella dependa, que los
estudiantes aprendiesen a acentuar correctamente las pala
bras latinas.
IX
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
Cuando se escribieron Jas primeras gramticas de las
lenguas vulgares, los autores se ajustaron, como es natural,
al modelo de la Gramtica latina y trataron de establecer
unas reglas que permitieran saber a priori la acentuacin
de cada palabra. Como el acento era tradicional, y los gra
mticos no podan determinar su lugar en relacin con una
cantidad imperceptible en las lenguas romances, tuvieron
que apoyar sus reglas en la terminacin de los vocablos, en
las agrupaciones de vocales y consonantes, en la flexin,
en la derivacin y en la composicin. Nebrija dedica tres
captulos a determinar cundo las palabras castellanas son
agudas, llanas o esdrjulas37, y a imitacin suya todas las
gramticas espaolas han seguido desde entonces ocupn
dose de este tema con extensin mayor o menor. Bello y la
Academia continan la tradicin nebrisense. La bibliogra
fa gramatical de todas las lenguas modernas demostrara
cmo se ha perpetuado hasta nuestros das este afn de for
mular reglas que permitan prever el acento prosdico de ca
da palabra 38. Basta leerlas para comprobar que tales reglas,
acompaadas, por lo general, de largusimas listas de excep
ciones, tienen muy poca utilidad prctica: para los naciona
les, porque el acento heredado forma parte de la imagen
acstica de la palabra tan estrechamente como los fonemas,
y no puede haber duda sobre el lugar que ocupa; para los
extranjeros, porque las reglas estn formuladas con arreglo
a criterios distintos, y aun contradictorios, que acaban en un
casuismo embrollado. Cuando se trata de vocablos de poco
uso, tecnicismos o neologismos, la determinacin del acento
37 E n el libro II, cap. II, de la G ram tica castellana, habla del acento en gene
ral, del que corresponde a los vocablos segn su terminacin, y de la vocal que lleva
el acento en los diptongos y triptongos. El cap. III trata de la acentuacin de las
form as verbales, y el IV en que pone reglas particulares de las otras partes de la
oracin. N ebrija tiene, como siempre, puntos de vista muy certeros, y a pesar del
casuismo dominante en sus reglas, es indudable que consigui encaminar beneficiosa
mente el tema prosdico, para que ms tarde pudiera servir de base al acento orto
grfico de nuestra lengua.
38 Por ejemplo, B a t t e u x , De la construction oratoire, Pars, 1763, le dedica
un captulo entero con el ttu lo Sur Vaccent prosodique (pp. 324-346).
LXI
Obras Completas de Andrs Bello
supone conocimientos etimolgicos, y el hablante se atiene
a la autoridad de las academias o del uso docto, y es ms asun
to del diccionario que de la gramtica.
A pesar de su ineficacia prctica para dirigir a los ha
blantes, las reglas que los gramticos trataban de ordenar tu
vieron el efecto beneficioso de ahondar analticamente en
la fisonoma acentual del idioma y de iniciar una especie de
inventario de sus tipos lxicos preferidos, con lo cual se en
camin la acentuacin ortogrfica y se entrevieron hechos
que en nuestros das habran de conducirnos a plantear al
gunos problemas del ritmo en la prosa y en el verso. N o
puedo menos de citar textualmente un prrafo de Nebrija
(Grarn. lib. II, cap. II) por lo que tiene de orientador:
"L a segunda regla sea: que todas las palabras de nuestra
lengua comn mente tienen el acento agudo enla penltima
silaba, & en las diciones brbaras o cortadas del latin, enla
ultima silaba muchas vezes, & mui pocas enla tercera, contan
do desde el fin; & en tanto grado rehsa nuestra lengua el
acento eneste lugar, que muchas vezes nuestros poetas pasando
las palabras griegas & latinas al castellano mudan el acento agu
do enla penltima, teniendo lo enla que est antes de aquella.
Como Juan de Mena: Ala biuda Penelpe / Y al hijo de Li-
ripe; i en otro lugar: Con toda la otra mundana machina .
Esta observacin, que Nebrija formul por primera vez,
establece la base prosdica de acentuacin llana caractersti
ca de la lengua espaola 89. Los vocablos agudos y esdrju
los son una minora en comparacin con el enorme predo
minio de los llanos. De esta manera, las palabras llanas no
necesitarn acento escrito, porque son lo normal; las agu
das y esdrjulas, como excepcionales, tendrn preferencia
para el acento ortogrfico, a fin de indicar con l que el
lector debe darles una acentuacin distinta de la que nor
39 Segn los recuentos efectuados por D . Toms N avarro en su fon olog a es
paola (Syracuse, 1946, p. 5 5 ), las palabras llanas suman en los textos examinados el
38,86 /o\ las agudas, sin contar los monoslabos acentuados, el 10,66 % ; las esdrju
las el 1,90 % ; las inacentuadas, 41,04 % .
LXI1
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
malmente les dara. Si del inventario lxico resulta que la
mayora de las dicciones terminadas en vocal, n o s , son lla
nas, las que sean agudas necesitarn llevar acento escrito que
advierta su carcter excepcional: cant, desdn, jams, etc.
Por este mtodo inductivo, practicado desde Nebrija hasta
hoy, ha llegado nuestra ortografa a ser la ms sencilla y cla
ra entre las lenguas literarias modernas. Resulta, pues, que
las normas prosdicas ideadas por los gramticos han con
ducido a una acentuacin ortogrfica que bien podemos ca
lificar de perfecta, o por lo menos muy prxima a la perfec
cin. En ingls, al no usarse los acentos grficos, ha sido ne
cesario que los diccionarios indiquen el acento prosdico de
cada palabra al lado de su forma escrita. En francs y otras
lenguas romnicas, los acentos ortogrficos agudos y graves
sealan diferencias de timbre entre las vocales, y el circun
flejo indica contracciones o sonidos perdidos; las gramticas
francesas dan reglas precisas sobre el acento prosdico de
intensidad, puesto que los acentos grficos tienen otros va
lores.
Si no estoy equivocado, Sicilia es entre nosotros el ort
logo que con ms extensin y minuciosidad traz el inven
tario de voces agudas, llanas y esdrjulas. Bello dedic tam
bin mucha atencin al tema, pero su punto de vista con
siste, ms que en inventariar formas y prever el lugar de la
slaba acentuada en deducir los principios a que la acentua
cin espaola obedece. Para ello atendi a estos tres criterios,
de los cuales trata separadamente: 1?, la inflexin y compo
sicin gramatical; 2P, la estructura fontica de las palabras;
y 3ff, la etimologa. La Academia Espaola se ha inspirado
principalmente en la doctrina que Bello expuso en la Orto
loga, aunque ha podido reducir sus reglas y suprimir algu
nas, a medida que se ha ido fijando el sistema ortogrfico que
las haca innecesarias, especialmente las que se refieren al
criterio 2Q. El criterio etimolgico, slo posible entre perso
nas que sepan latn y griego, apenas est tratado en la Gra-
LX III
Obras Completas de Andrs Bello
mtica acadmica, porque su carcter monogrfico, que
afecta a determinadas palabras o grupos lxicos del mismo
origen, no es adecuado para expresarlo en reglas generales;
pero en el Diccionario, la Academia ha recogido gran parte
de las observaciones de Bello y de sus anotadores. A nuestro
autor corresponde, por lo tanto, el mrito de haber dado el
impulso inicial de un mtodo y de una tradicin en la cual
seguimos movindonos ahora; por ejemplo, cuando inten
tamos fijar la acentuacin de ciertas formas verbales dudo
sas, o de las voces que el tecnicismo forma con palabras grie
gas y latinas, en una poca tan neologista como la nuestra.
En el apndice III, estima Bello que la Ortologa puede
considerar esta materia de dos maneras muy diversas:
" O se propone el prosodista recorrer una por una todas
las form as de los vocablos castellanos, sealando el acento
m s general de cada una y enumerando las excepciones; o se
propone averiguar los fundamentos de la acentuacin, o sea
las analogas ms generales que en este punto sigue la lengua,
con la m ira de fijar el acento en los casos dudosos, hacin
dola uniforme y consecuente consigo misma. Bajo el primer
punto de vista se puede decir que la materia ha sido agotada
por D . Mariano Jos Sicilia. Pero el segundo es a m i parecer
ms interesante, porque pone de manifiesto la constitucin
acentual del idioma, y no slo nos habilita para dirimir segn
ella las controversias a que da lugar la varia acentuacin de
los vocablos que ya existen, sino que establece y determina
de antemano la de las voces nuevas que se naturalizan en
castellano cada da y particularmente en el lenguaje tcnico
de las artes y las ciencias .
Aade poco despus que algunas de estas reglas "nos di
rigen sin percibirlo y se nos han vuelto como naturales e
instintivas , lo cual equivale en trminos modernos a decir
que los tipos lxicos predominantes en cada idioma contri
buyen grandemente a darle su fisonoma sonora peculiar.
Aunque en el ritmo de la lengua hablada se conjugan diver
sos factores, es indudable que el nmero, extensin y estruc
tura de los-grupos acentuales es el ms importante. En es
paol y en portugus predominan los grupos de intensidad
LX1V
y
PRINCIPIOS
OHTOJLOJT l H. METRICA
DE LA
w m m $i
P o r tyCnt/f ea
Fronte e*ile .nvgotium
F.t dgnutii piuTi* putcti
Agg ttmi lahot n i*.
M.u r .)
.
' -j '
||
SANTIAGO DE CHILEt *
I n p r e u t a d e l a Opinin.
1835,
L
F acsm il de la p ortad a de la prim era edicin de los Principios de la ortologa y mtrica de la
lengua castellana, Santiago, 183 5.
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
con acento en la penltima slaba, y el ritmo idiomtico se
debe en gran parte a la reaparicin frecuente de finales tro
caicos (-'-). Dominan en francs los grupos intensivos,
acentuados en la ltima slaba, con lo cual el ritmo de la
prosa y de la lengua hablada se distingue por el efecto acs
tico de la acentuacin ymbica ( - - ') El italiano ofrece
una proporcin elevada de agrupaciones dactilicas
en convivencia con numerosos vocablos de acentuacin lla
na. La abundancia de palabras monoslabas y agudas, da al
cataln y al provenzal un predominio del ritmo ymbico,
aunque con frecuencia menor que en francs.
Como quiera que el latn acentuaba con preferencia la
penltima slaba, y cuando sta era breve, la antepenlti
ma, viene a resultar que el italiano es la lengua romnica
que mejor conserva las proporciones acentuales latinas. Le
sigue el espaol con la acentuacin llana dominante, pero con
relativa escasez de esdrjulas. El francs sera en este as
pecto, como en otros varios, el romance que ms se ha apar
tado de la estructura rtmica del latn.
Esta digresin ha tenido por objeto mostrar, a la luz de
la Fontica de nuestro siglo, todo el alcance de aquellas leyes
"com o naturales e instintivas que Bello buscaba con afn,
no slo para resolver cuestiones prcticas de Ortologa y O r
tografa, sino principalmente con el fin de conocer la ndole
acentual de nuestro idioma.
C A N T ID A D SILBICA
Entre los gramticos latinos no hubo confusin alguna
entre la cantidad o duracin de las slabas y el acento tni
co. N o se trataba slo de dos conceptos netamente distin
tos, sino de dos realidades lingsticas que, si bien podan
coincidir en algunas slabas, se daban a menudo con entera
independencia una de otra. Los tratadistas espaoles, herede
ros de aquella doctrina, tuvieron conciencia clara de su di
LXV
Obras Completas de Andrs Bello
ferencia en latn y en romance. Navarro Toms dedic un
sustancioso artculo a examinar lo que se ha pensado entre
nosotros sobre la cantidad silbica 40, el cual me ahorra en
trar aqu en pormenores y me permite extractar las conclu
siones que importan para mi objeto. Segn dicho artculo,
los autores distinguan perfectamente entre cantidad y acen
to desde que Nebrija diferenci la longura de las slabas de
su altura o baxura acentual. Lo que se discuta durante los
siglos X V I y XV II, era si para la medida de los versos ro
mances coincidan cantidad y acento, o bien si haba que
prescindir de largas y breves, por inexistentes en nuestro
idioma, y basar la versificacin nicamente en la sucesin
regular de acentos. Nebrija afirm que no senta diferencias
cuantitativas; pero, por analoga con los pies latinos de lar
gas y breves en distintas combinaciones, estableci unos pies
de slabas acentuadas e inacentuadas, a los cuales aplic la
nomenclatura latina: yambo, troqueo, dctilo, etc. Lo que
en Nebrija no pas de ser una relacin de semejanza, fue
para Juan del Encina (1496) identificacin: las largas lle
vaban acento, las breves> no. Esta doctrina fue aplicada en
su integridad por Rengifo; pero el hecho de establecer una
coincidencia constante entre acento y cantidad, no significa
que confundiese ambos conceptos. El Pinciano, Cascales,
Correas 41 y otros, niegan las diferencias cuantitativas, y
40 "H isto r ia de algunas opiniones sobre la cantidad silb ica espaola*, en Re
vista de Filologa Espaola, V III, 1921, pgs. 30-57 Sobre el estado a ctu al de los
estudios acerca de la cantidad en nuestra lengua, vanse las investigaciones del m ijm o
autor: "C a n tid a d de las vocales acentuadas ( Revista de Filologa Espaola, 1916, III,
3 8 7 - 4 0 7 ): "C a n tid a d de las vocales inacentuadas (id. id., 1917, IV , 3 7 1 - 3 8 8 ) ; " D if e
rencias de duracin entre las consonantes espaolas (id. id ., 1918, V , 3 6 7 -3 9 3 );
" L a can tid ad silbica en unos versos de R ubn D a ro (id. id ., 1922, I X , 1 -2 9 ). En
estos trab ajo s encon trar el lector inform acin b ib lio grfica sobre investigaciones com
p arativ as en otras lenguas. Vase tam bin m i estu dio " L a cantidad silb ica en la
frase , en la revista Castilla, V alladolid, 1940, I, 2 8 7 -298.
41 G o n z a l o C o r r e a s , A rte grande de la lengua castellana, com puesto en 1626,
es el prim er g ram tic o que distingue, adem s del acento natural o e tim o l gico de las
p alabras, otro acento al que llam a versal o ridmtco, que puede darse en los vocablos
aislados y en el verso. H e aqu su doctrin a: "A l azento> propio de cada dizion llam a
rem os azento natural; al qe levanta el ridm o del verso, podem os llam ar azento versal
0 ridmico. L a silaba del azento en una i o tra m anera es en C astellan o siem pre larga,
1 a su diferenzia breves las b ajas, aunqe segn las reglas de silaba latin a parezcan a
LXVI
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
por consiguiente asientan nuestra versificacin en la dis
posicin de los acentos del verso. stas son, prescindiendo de
pequeas discrepancias, las dos doctrinas principales de los
preceptistas del Siglo de Oro. Ambas conducan, sin embar
go, al mismo resultado: hay largas y breves, decan unos, pe
ro coinciden respectivamente con las acentuadas e inacen
tuadas; no hay largas ni breves, afirmaban otros, y por con
siguiente atengmonos slo a los acentos. Notemos una vez
ms que estas ideas surgieron en torno a la Mtrica y a ella
se aplicaban42.
El pensamiento que iba cuajando en los principales pre
ceptistas de los siglos ureos, sufri un notable retroceso en
el siglo XV III. Luzn 43, influido por algunos autores ita
lianos de su tiempo, quiso aplicar a la poesa espaola las re
glas de la versificacin latina, diciendo que aunque la di
ferencia entre largas y breves no se cumpla en castellano
con tanto rigor como en griego y en latn, segua siendo el
fundamento de nuestra mtrica. Distingua, adems, sla
bas menos o ms largas, y ms o menos breves, y volvi a
valorar el principio clsico de la cantidad voclica por na
turaleza y por posicin. La doctrina de Luzn, unida a las
definiciones poco claras, y a menudo contradictorias, que
la Academia iba dando de los conceptos de cantidad y acen
to en las sucesivas ediciones del Diccionario, de la Ortogra
fa y de la Gramtica 44, embrollaron el problema durante
vezes largas, p or tener posizion de consonantes, o ser dipton gos o sinalefas, en qe
sonam os algo am bas vocales, porque ac nada de eso im p orta, ni im pide p ara abre
viarlas .
" L a qe levanta el azento versal, no se entiende qe siem pre es larga, m as de en
aqella p arte qe el verso la pide alta i la levanta, porqe en o tra p arte podr ser baja o
breve, segn ocurriere la p o stu ra .
" L a m esm a razn suzede en el azento natural, cuando el ridm o del verso le
traslada, qe d eja b a ja la suya, i levanta en la qe pasa, com o se ve en los versos de
A rte m ay o r i m enor i en can tarzillo s (ed. M ad rid , 19 0 3 , p. 2 6 4 ) .
42 E l estu dio de la cantidad desde el pun to de vista lin g stico , y n o m trico,
slo adquiere consistencia a p artir de la Gram tica de las lenguas romances de D iez
( 1 8 3 6 ) , fu n d ad o r de la F ilo lo g a rom nica.
43 I g n a c i o L u z a n , La Potica, o reglas de U Poesa en general y de sus prin
cipales especies, Z aragoza, 1737.
44 L a A cadem ia no suprim i en su Gram tica todo lo referente a la cantidad
hasta la edicin de 1911.
LXVII
Obras Completas de Andrs Bello
todo el siglo, y la cantidad silbica fue extremosamente apli
cada a la versificacin espaola a principios del siglo X IX ,
por obra de Hermosilla, Sicilia y Sinibaldo de Mas. N o ex
pongo las enseanzas de los dos primeros, porque Bello las
expuso con toda claridad, con el fin de impugnarlas, en el
Apndice VI, y all podr examinarlas el lector. Si bien
con notables atenuaciones, las doctrinas dieciochescas sobre
la cantidad en el verso se hallan todava en Martnez de la
Rosa (1834) y en Alberto Lista (1840).
La obra de Andrs Bello representa una reaccin decidi
da contra la Preceptiva neoclsica. Si el lector ha tenido la
paciencia de seguirme hasta aqu, recordar que al comenzar
esta Introduccin haca resaltar que el cotejo entre los sis
temas de versificacin latino y castellano, y el afn de in
vestigar los fundamentos de uno y otro, fue la idea inicial
y el motivo determinante de los Principios de Ortologa y
Mtrica. Aadir ahora que al desembarazarse de la Proso
dia latinizante creada en el siglo X V III y agudizada por los
preceptistas de principios del X IX , vino a retrotraer en cier
to modo el problema a la situacin en que lo haban dejado
el Pinciano y otros humanistas, probablemente sin darse
cuenta de ello. Digo esto, porque Bello no hubiera dejado de
citarlos en apoyo de su tesis propia, si hubiese tenido conoci
miento de aquellas doctrinas anteriores a los autores moder
nos que impugnaba. La coincidencia no es total, claro est,
ni obedece a influencia alguna que en este aspecto hubiesen
ejercido sobre Bello los viejos humanistas, sino que se explica
por la comn posicin metdica en que l y ellos se coloca
ron al saber desentenderse de la prosodia latina y mirar di
rectamente la pronunciacin y la mtrica romance tal co
mo las apreciaba el odo, sin los prejuicios creados por el
respeto supersticioso a los poetas y gramticos de la anti
gedad.
La posicin doctrinal de Bello fue, como hemos visto, un
acucioso interrogante que se plante en su mente desde sus
LXV1I1
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
primeros ensayos de poeta y traductor, y que madur poco a
poco en aquellos aos de meditacin en Londres, tan fecun
dos para su formacin espiritual. Los apuntes y notas suel
tas que en este volumen se publican, son tanteos previos que
le conducen a dar forma por primera vez a su pensamiento
en el opsculo Qu diferencia hay entre las lenguas griega
y latina por una parte y las lenguas romances por otra, en
cuanto a los acentos y cantidades de las silabas, y qu plan
debe abrazar un tratado de Prosodia para la lengua caste
llana (1823), cuyo contenido se basa en el principio de que
el ritmo potico suoone divisin regular del tiempo. Como
quiera que en espaol v en las lenguas modernas de Europa
las slabas tienen prcticamente la misma duracin, nuestros
poetas no miden las slabas, sino que las cuentan; y la divi
sin en tiempos iguales vendr marcada por el cmputo si
lbico, la posicin de los acentos fijos, las pausas finales de
verso y la rima. Combate la opinin de algunos autores ita
lianos, como Ouadrio, el P. Sacch 45 y otros, oue haban sos
tenido que en latn se identificaban cantidad y acento, de
tal manera que la cantidad silbica no era ms ciue un artifi
cio ideado por los gramticos, v a las slabas largas corres
ponda simplemente un tono aeudo en la pronunciacin
real. Para ello se apoya en el testimonio concluyente de Cice
rn, Quintiliano y otros retricos antiguos, v sobre todo en
la prctica de la poesa htina. Si nada hubiesen escrito los
gramticos romanos sobre versificacin dice es seguro
que, con slo el estudio de sus poetas, la ciencia moderna ha
bra descubierto los principios cuantitativos del arte que
practicaban. Tales principios no eran artificiales, sino que
respondan a la pronunciacin de la lengua latina. Sobre este
asunto habr de volver Bello muchos aos despus, para
oponerse a una tesis anloga sustentada por J. M. Maury.
En lo que se refiere a las lenguas modernas, muestra su
<5 F r a n c esc o S a v e r io Q u a d r io , Della storia e della ragione d ogtti poesa,
Bolonia, 17 3 3 ; J u v e n a l S a c c h i , Della divisone del tempo nella msica, nel bailo e
tiella poesa, 1770.
LX IX
Obras Completas de Andrs Bello
disconformidad con M itford46, que pretenda que las largas
y breves de los ingleses eran como las griegas y latinas. En
cuanto al espaol, se limita a sentar su doctrina contraria a
la cantidad silbica, sin mencionar a los autores que la afir
maban. Hace una sola excepcin con la Academia, cuyas
confusas enseanzas impugna en estos trminos:
" . . . hemos hallado bastante ambigedad en los escritores
castellanos que han tratado en estos ltimos tiempos sobre
acentos y cuantidades, de propsito o por incidencia. La A ca
demia Espaola en su Diccionario dico que la slaba breve se
diferencia de la larga en que aqulla gasta un tiempo y sta
dos; y al mismo tiempo declara que en nuestra lengua y otras
vulgares se llama acento la pronunciacin larga de las slabas,
y que slo sealamos el acento agudo, ponindole sobre las
slabas largas, porque las breves no se acentan. En esta doc
trina encontramos el inconveniente de alterar la significacin
antigua y recibida de las palabras, haciendo lo largo y breve
sinnimo de agudo y grave; y el error de suponer que nues
tras slabas acentuadas sean de doble duracin que las otras,
error que, como observamos arriba, tratando de la doctrina
del seor Scoppa, no dejara ni aun sombra de ritm o en la
versificacin de las lenguas modernas .
N o cita en este opsculo a Gmez Hermosilla, lo cual
hace suponer que no conoca por entonces su Arte de hablar
en prosa y en verso; de lo contrario no se hubiera referido a
la ambigedad de los escritores castellanos, puesto que H er
mosilla puede ser tachado de errneo, pero no de ambiguo.
Sicilia no haba publicado todava sus Lecciones elementa
les de Ortologa y Prosodia. Al examen de las teoras de am
bos autores dedica Bello su Apndice VI, que es una reafir
macin de los principios doctrinales sentados fundamental
mente en su artculo de 1823.
Desde el momento en que los medios experimentales con
que cuentan actualmente los fonetistas han permitido me-
dir con toda la exactitud deseable la duracin de los soni
dos y de sus agrupaciones, el estudio de la cantidad ha en-
46 W il l ia m M it f o r d , Att Essay on the Harmonie of Language, 1774.
LXX
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
trado en camino seguro. Las mediciones experimentales se
dirigieron primero a averiguar la cantidad lingstica, y des
pus se aplicaron a la cantidad mtrica. Las investigaciones
que enumero en mi nota 40 han conducido, en lo que se re
fiere al espaol, a las conclusiones que voy a resumir de un
modo general.
Miradas en conjunto, las diferencias de duracin entre
las consonantes son menores que entre las vocales. Dependen
de la naturaleza articulatoria de cada consonante y de su po
sicin en la palabra y en la slaba, es decir, de condiciones es
trictamente fonticas. Ms importantes son las diferencias
en la cantidad de las vocales. Los gramticos antiguos decan
que las largas duraban el doble de las breves; pero los apara
tos registradores del sonido demuestran que, con frecuen
cia, la relacin entre unas y otras sobrepasa mucho esta pro
porcin en todas las lenguas. En el tempo medio de la con
versacin ordinaria espaola, la duracin absoluta de las vo
cales ms breves y de las ms largas suele oscilar entre 4 y
20 centsimas de segundo, respectivamente. La duracin me
dia de las largas es en espaol de unas 15 c.s., mientras que
en alemn e ingls el promedio de las largas pasa siempre de
20 c.s.; no son raras en estos idiomas las vocales largas de
ms de 40 c.s. De aqu resulta una brevedad relativa gene
ral de las vocales espaolas, y sobre todo unos lmites de va
riabilidad cuantitativa ms reducidos, con lo cual los con
trastes entre las largas y las breves son mucho menos per
ceptibles que en las lenguas germnicas. Estas diferencias
cuantitativas obedecen a causas estrictamente fonticas, y
no afectan al significado de las palabras. La posicin acen
tuada es la ms favorable al alargamiento; las vocales inte
riores sin acento son, por el contrario, las ms breves. Entre
las inacentuadas, la menos breve en espaol es la final, hasta
el punto de que en ciertas ocasiones llega a igualar la dura
cin de la vocal acentuada.
En igualdad de condiciones con respecto al acento, el
LXXI
Obras Completas de Andrs Bello
hallarse en slaba libre o en slaba trabada favorece, respecti
vamente, el alargamiento o la brevedad de la cantidad voc
lica. Insisto en que todas estas variaciones se deben slo a la
naturaleza y posicin de los sonidos, y nunca a una pronun
ciacin tradicional adherida al significado de las palabras,
como en las lenguas clsicas y en alemn. Empleando tr
minos de ahora, puede decirse que no son diferencias fono
lgicas, sino estrictamente fonticas, a no ser que haya en
la diccin un nfasis deliberado. Desde el punto de vista psi
colgico, Gemelli47ha hecho recientemente la notable obser
vacin de que la cantidad de las vocales no depende tanto
de su duracin total como del nmero de vibraciones tp i
cas que contenga, es decir, de ciclos caractersticos de su tim
bre, en los cuales el hablante apoya su diccin y el oyente su
interpretacin.
Estas consideraciones sobre la duracin de los sonidos son
aplicables a la cantidad silbica. Existen en todas las lenguas
diferencias considerables entre las slabas breves y las largas,
no slo en la proporcin 1:2 que establecieron los gramticos
de la Antigedad, sino que en ocasiones la slaba larga al
canza duraciones tres, cuatro y hasta cinco veces mayores
que la breve. H ay que suponer que en griego y en latn,
donde la cantidad tena valor fonolgico, la proporcin real
exceda mucho a la razn 1 : 2, indicada por los gramticos
de un modo aproximado. En espaol se deben estas diferen
cias al acento y a la naturaleza y nmero de los sonidos que
componen la slaba. Son largas, en general, las slabas acen
tuadas; breves, las inacentuadas. En condiciones iguales de
acentuacin, son ms largas las que constan de tres o cuatro
sonidos que las que slo contienen uno o dos. Este nmero de
fonemas que componen la slaba fue considerado por Bello
A . G e m e l l i , La strutturazione psicolgica del linguaggio studiata medianil
lanalisi elettroacustica, 1950. L as observaciones de este in vestigador h ab rn de influir
notablem ente en los m todos que se empleen en el fu tu r o p ara el e stu d io de la can
tid ad . Se prestan a com parar diversas lenguas; puesto que el nm ero de ciclos tip ie
de las vocales depende en ltim o trm ino de la tensin m u scu lar con que se producen,
la cual m antiene su tim bre caracterstico d uran te un tiem po m ayor o m enor.
LXXII
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
como factor operante en la cantidad silbica, al cual, siguien
do a Sicilia, dio el nombre de material ortolgico. El material
ortolgico y el acento condicionan la cantidad, segn Bello,
y en esto estuvo en lo cierto. Se equivoc, en cambio, al creer
que las diferencias eran pequeas y estaban ms cerca de la
razn de igualdad que de la razn 1 : 2, segn su expresin
predilecta. Lo que ocurre es que son indeliberadas, no fonol
gicas, inconscientes. Si adems descontamos el factor psicol
gico, que no percibe diferencias de pocas centsimas de se
gundo, resultar que el hablante y el oyente tienen la impre
sin, como le ocurra a Bello, de que todas las slabas duran
igual o casi igual, aunque el anlisis fsico demuestre que de
las ms breves a las ms largas puede alcanzarse hasta la
razn 1:5.
El acento y la composicin de la slaba actan, con regu
laridad como determinantes de la cantidad en la palabra ais
lada. En la elocucin su influencia es mucho menor, porque
en ella muchos acentos etimolgicos de las palabras quedan
supeditados a los acentos de grupo, los cuales absorben para
s las duraciones mximas y reducen las diferencias cuanti
tativas de las slabas no afectadas por ellos. Esta reduccin
tiende a producirse tambin en las slabas que, sin acento
etimolgico o con l, son largas por estar constituidas por
tres, cuatro o cinco fonemas. Por otra parte, numerosas s
labas que en la palabra aislada son muy breves, ofrecen a
menudo en la frase ligeros aumentos en su duracin, como si
hubiera una tendencia hacia la nivelacin cuantitativa de las
slabas que no llevan acento de grupo. Claro es que se trati
slo de una tendencia que se realiza dentro de ciertos lm i
tes, no de un isosilabismo fsicamente imposible. Esta ten
dencia niveladora crece cuanto mayor sea el nmero de si
labas que separan los acentos de grupo.
La facilidad con que las slabas sin acento de grupo ce
den una parte de su duracin o pueden alargarse dentro del
conjunto, explica que las slabas situadas entre los acentos
LXXIII
Obras Completas de Andrs Bello
rtmicos del verso, formen pies iscronos, pierdan su canti
dad propia y adquieran la que corresponde a su posicin rt
mica, segn demostr Navarro Toms. Bello haca argu
mento principal del ritmo de los versos, para defender su
creencia en la igualdad cuantitativa de las slabas espaolas.
Del cmputo silbico en la mtrica deduca que las slabas
eran iscronas. Caro le objetaba que lo que vala no eran las
duraciones, sino el nmero de golpes o impulsos silbicos.
Hoy estamos en condiciones de conjugar lo que ambas doc
trinas tienen de til, corrigiendo a Bello en el sentido de sus
tituir el isocronismo de las slabas por el isocronismo de los
pies; y a Caro, en el sentido de que los golpes o impulsos si
lbicos son, en efecto, de duracin desigual segn su posi
cin con respecto al acento, pero estn organizados en pies
cuantitativos aproximadamente iguales. Esto en lo que se
refiere a la poesa clsica espaola; porque las tendencias
contemporneas al verso libre plantean problemas rtmicos
de otra ndole, que no son propios de este lugar.
Aunque los principios doctrinales de Bello sean errneos
desde nuestro punto de vista actual, significaron en su po
ca un notable progreso en cuanto desembarazaron a la Pro
sodia y a la Mtrica del prejuicio de largas y breves a la ma
nera clsica, y acostumbraron a los prosodistas a atenerse a
la observacin del lenguaje y a la prctica de los poetas.
V o c a l e s c o n c u r r e n t e s . Casi todo el captulo rela
tivo a la cantidad est dedicado a tratar de las vocales con
currentes. Pasa Bello rpidamente por los principios teri
cos en que funda la cantidad silbica, porque su demostra
cin estaba ya hecha en el opsculo de 1823; y por si algo
faltara, el Apndice V I sirve en la Ortologa para descargar
el texto de toda discusin innecesaria para los lectores a que
se diriga. N o olvidemos que era un consumado pedagogo
en toda ocasin, y el fin concreto que se propona era ense
ar cundo las vocales contiguas estn en hiato y cundo
forman diptongo, triptongo y sinalefas:
LXXIV
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
"E l problema, pues, que se nos presenta ahora, y el nico
de importancia en la prosodia por lo tocante a las cantidades,
es ste: determinar, cuando concurren dos o mj's vocales, si
form an una o ms slabas .
Parece que el lugar indicado para tratar de este problema
era el captulo de la divisin silbica, puesto que se propone
el silabeo correcto, y no hay a primera vista motivo para ex
cluir de l los casos en que hay que resolver a qu slaba
pertenecen dos o ms vocales en contacto inmediato. Hay
que preguntarse por qu Bello procedi a s 4S. A mi modo
de ver, esta decisin naci de su concepto de la slaba como
unidad de tiempo, es decir, de duracin. Puesto que las s
labas duraban aproximadamente lo mismo, segn su doc
trina, cuando aqullas estaban formadas por vocales y con
sonantes, era indiferente para la cantidad aunque no pa
ra el silabeo que una consonante se atribuyese a la vocal
anterior o a la siguiente, porque no se alteraba con ello el
nmero de unidades que componan cada palabra. Pero de
la unin o separacin de vocales concurrentes dependa el
nmero de unidades temporales (slabas) de la diccin y
del verso, y el problema pasaba a ser esencialmente cuan
titativo. Ya nos ha dicho que es el nico asunto que tiene
importancia en lo tocante a la cantidad.
Por otra parte, como la posicin que ocupan las vocales
concurrentes respecto al acento es condicin decisiva para
su silabeo, es probable que no hubiese querido tratar de ellas
hasta despus de haber expuesto su doctrina del acento.
En cambio, el ser acentuadas o inacentuadas no influye en
la divisin de las slabas formadas por una sola vocal con una
o ms consonantes. Por esto poda tratarse de ellas antes de
la acentuacin, como hizo Bello. Todo ello muestra una vez
N o sigui p ara ello a sus antecesores in m ediatos, porque G m ez H erm osilla
slo tr a ta de pasada de los hiatos, dipton gos, trip ton g o s y sinalefas. Sicilia se ocupa
de ello la rga y m inu ciosam en te, pero es a p ro p sito del lu gar del acento en las vocales
con cu rren tes. E s n ecesario pensar, p o r lo tan to , que B ello tu v o razones propia para
in cluir este asu n to e n el c a p tu lo de la can tid ad . N o cabe esperar o tra cosa de un
autor tan orden ado y m et d ic o en la d istrib u ci n de las partes de sus libros.
LXX V
Obras Completas de Andrs Bello
ms cun coherente y bien articulado en todas sus partes
era el sistema prosdico del escritor venezolano. Nada hay
en l improvisado ni contradictorio, sino que su pensamien
to entero fue madurando en su mente desde el plan primi
tivo que dio a conocer en 1823, hasta la impresin de la Or
tologa en 1835.
Intervienen en la resolucin de las vocales concurren
tes multitud de factores difciles de valorar para el ort
logo. En primer lugar, existe la tendencia idiomtica, desde
los tiempos primitivos, a convertir los hiatos en diptongos.
Contra ella han actuado siempre, en mayor o menor propor
cin, el cultismo, el arcasmo, la composicin y derivacin
de las palabras. Conjuntamente, la analoga, la flexin y las
licencias poticas dejan sentir su influencia en uno u otro
sentido; las divergencias regionales y sociales son numerosas
en todas las pocas. El uso recomendable en cada momento
resulta extremadamente dificultoso de fijar en casos de va
cilacin. Pero sta era, por cierto, la mejor habilidad de Be
llo, como ya hemos observado varias veces, y las extensas re
glas que formul sobre las vocales concurrentes, han sido
una gua metdica preciosa para los tratadistas posteriores
de nuestra Prosodia. Con mucha razn dijo Caro (Apndi
ce V I2) que, si eliminamos su equivocado concepto de la
cantidad silbica, la exposicin de Bello es la ms extensa
y exacta que se haba hecho hasta entonces, y es muy poco
lo que deja que desear. En nuestros das, en que la difusin
de la enseanza ha extendido y afirmado la pronunciacin
culta a un nivel muy superior al que tena a comienzos del
siglo X IX , no nos damos cuenta exacta del trabajo anal
tico que el autor tuvo que llevar a cabo para desenmaraar
la manigua de los usos varios y condensarla en diecisiete re
glas, unas generales, otras que acotan por lo menos la zona
de vacilacin en cada caso. Y a continuacin, en una serie
de observaciones y reglas, consigue ver con claridad, nueva
entonces, las tendencias que respecto a la sinalefa y al hiato
LXXVI
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
dominaban en el idioma y entre los poetas clsicos y moder
nos.
Pondr un ejemplo para hacer ms patente cmo la
mente cientfica y ordenadora de nuestro autor no se con
tentaba con reunir y clasificar los datos obtenidos en sus vas
tas lecturas, sino que se esforzaba por inducir la ley idiom
tica que los gobierna. Si no me engao, fue Bello el primero
en observar que para que se produzca sinalefa entre tres o
ms vocales, es indispensable que las ms llenas se encuen
tren en el centro del grupo y las ms dbiles en sus extremos.
En trminos de hoy, diramos que deben hallarse en progre
sin creciente de abertura y perceptibilidad hasta el pice
silbico, y en progresin decreciente despus de l; o lo que
es lo mismo, una depresin articulatoria rompe la continui
dad de la slaba. He aqu una ley prosdica redescubierta
despus por la Fontica experimental, aunque por supuesto
con mayor amplitud, que ha venido a confirmar aquella cer
tera observacin de un entendimiento acostumbrado a pe
netrar los hechos y a darles un sentido.
De estas pginas de la Ortologa, quizs las ms fecun
das en sus consecuencias ulteriores, parte una labor conti
nuada de ordenacin y reordenacin prosdica y ortogrfi
ca que los gramticos han ido elaborando durante ms de un
siglo, a la cual han contribuido especialmente Rufino J.
Cuervo 4fl, la Academia Espaola 50, Miguel A. Caro 81 y
Navarro Toms M. En lo que cabe dirigir normativamente
el idioma en materia tan movediza, es indudable que hoy se
49 Apuntaciones criticas sobre el lenguaje bogotano, caps. II y V I.
80E n las sucesivas ediciones de la Gram tica (P arte I I I ) y en las recientes
Nuevas normas de Prosodia y O rtografa ( 1 9 5 2 ) .
51 A pndice V I2 de la O rtologa de A n drs Bello. S u aportacin es m u y con
siderable, y el au to r la presenta a s: E n sayar presentar ordenados en nueva form a
los p rin cip ios que g u a n la acen tuacin de las vocales con cu rren tes, tratan d o de a r
m onizar, y am plian do y re c tific an d o a veces, la doctrina de la A cadem ia, de Bello y
de Cuervo**. L as 17 reglas de B e llo se convierten en 26, a las q u e sigue una Tabla de
las combinaciones de dos vocales en castellano.
62 Manual de pronunciacin espaola, 1 3 3 -1 5 2 . A lgu n as de sus enseanzas han
sido acogidas recientem ente p o r la A cadem ia E spa ola.
LXXV1I
Obras Completas de Andrs Bello
va llegando a una regulacin satisfactoria del uso literario
y del habla culta. A Bello corresponde la gloria de haberla
iniciado con materiales de primera mano, en una poca en
que apenas poda contar ms que con los esbozos de Masdeu,
de Salv y de Sicilia 03 en la parte prosdica, y con las Po
ticas en lo que se refiere a la sinalefa y al hiato de los versos.
Estas ltimas concedan poca atencin al tema; su doctrina
era confusa e insuficiente, y por esto Bello tuvo que dedu
cir sus normas directamente de los poetas, sin poder apro
vechar casi nada de la Preceptiva anterior a l.
E LE M E N TO S D E L R IT M O PO TICO
Desde Luzn a Gmez Hermosilla, el empeo de ver
en la versificacin espaola un ritmo temporal basado en
agrupaciones o pies de slabas largas y breves, al estilo de los
versos latinos, retras considerablemente nuestra Mtrica.
Las teoras de aquellos autores no se hallaban confirmadas
en los textos clsicos ni modernos, ni influyeron para nada
en la creacin potica de su tiempo; pero entorpecieron la
visin exacta de los elementos constitutivos del ritmo du
rante ms de un siglo. Probablemente no las compartan
todos los preceptistas: algunos, como Masdeu e Iriarte, se
abstuvieron de opinar sobre la cantidad silbica; pero tam
poco se atrevieron a combatirla, llevados quiz por la acti
tud respetuosa que ante la Antigedad clsica sentan ms
o menos todos los literatos del siglo X V III, y tambin por
faltarles una doctrina consistente que pudiera oponerse a
las mal entendidas teoras cuantitativas. Andrs Bello repre
senta, pues, como queda dicho repetidamente, una reaccin
53 E n rigor no puede llamarse esbozo a los capitulos que Sicilia dedic a las
vocales en contacto, porque contienen materia extensa y estudiada con bastante mi
nuciosidad. Pero se trata ms bien de un inventario poco elaborado de hechos, al cual
falta la visin de conjunto para deducir la ley interna que los rige, y el espritu sin
ttico necesario para form ularla. Cdn todo, hay q*ue reconocer en Sicilia el precursor
inmediato en muchos aspectos de la Ortologa de Bello.
LXXVIIl
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
que al negar las diferencias de duracin entre las slabas, vol
va a plantear el problema en trminos parecidos a los que
en el siglo X V II haban asentado el Pinciano, Cascales y Co
rreas. Las enseanzas relativamente nuevas de Bello encaja
ban tan bien con la prctica de la versificacin, que se im
pusieron sin esfuerzo y arrinconaron sin oposicin el inten
so y perturbador parntesis abierto por el neoclasicismo.
Desde entonces ac, podemos afirmar que de un modo ge
neral seguimos viviendo directa o indirectamente de los Prin
cipios de Ortologa y Mtrica de nuestro autor, a los cuales
no se ha hecho ms que aadir y retocar en algunos puntos,
sin variaciones fundamentales. Durante todo el siglo X IX
no se encuentra nada nuevo de verdadera importancia ex
cepto en la obra de Coll y Veh tanto en los tratados doc
trinales como en los libros de Preceptiva literaria destinados
a la enseanza. El siglo actual ha producido ya algunas apor
taciones considerables en el terreno de la investigacin so
bre temas monogrficos, especialmente desde el punto de
vista histrico, como las de Hanssen, Menndez Pidal, Hen-
rquez Urea, Dmaso Alonso y o tro s54; los estudios expe
rimentales de N avarro Toms y sus discpulos representan
una direccin metdica muy prometedora. Por el momento,
sin embargo, no pasamos del trabajo especial sobre aspectos
parciales de nuestra mtrica, y seguimos esperando el libro
de conjunto que ordene la enseanza, oriente la investigacin
futura, y aprovechando lo que se conserva til en la M
trica de Bello, pueda aspirar a superarla en el contenido y en
los mtodos.
La definicin del ritmo potico a que Bello haba llega
do, y que le sirve de punto de partida para su exposicin, di
ce as:
S4 Sobre la h istoria de la Mtrica espaola pueden con su ltarse: D o r o t h y C .
C larke, Una bibliografa de versificacin espaola, U n iversity o C alifo rn ia P ubli-
cations in M odern P h ilology , 19 3 7 , p g s. y0 -1 2 6 ; E . D e z E c h a r r i , Teoras m tri
cas Jc l Siglo de Oro, Madrid, 1949.
LXX1X
Obras Completas de Andrs Bello
" E l metro, en la lengua castellana, es el razonamiento di
vidido en tiempos iguales por medio de un orden fijo de acen
tos, pausas y rimas, con el objeto de agradar al odo. Los
acentos y pausas son de necesidad absoluta: la rima fa lta a
veces .
N o se trata aqu de criticar esta definicin. Mis glosas
tienen slo por objeto mostrar todo su alcance, porque sinte
tiza el pensamiento entero de su autor, su larga gestacin y
el desarrollo de los captulos que siguen. Las breves palabras
definidoras son la expresin comprimida de toda la Mtri
ca, y por ello vale la pena comentarlas con cierta detencin.
Observemos en primer lugar que, aunque no rehuye em
plear con alguna frecuencia en el libro la palabra ritmo,
prefiere generalmente decir metro, porque este vocablo te
na ms tradicin, responda mejor al ttulo de Arte m
trica que encabeza esta parte de su obra, y no se prestaba al
significado vago de composicin mtrica que daba a rit
mo la Academia ( Diccionario de Autoridades, 1737), se
gn el uso de nuestros clsicos del Siglo de Oro. Por otra
parte, la preceptiva grecolatina distingua ordinariamente
entre el metro, propio de la Poesa y resultante de la agru
pacin de slabas largas y breves en los pies, y de stos en los
versos, y el ritmo (numerus) , que poda darse tambin en
la prosa y que dependa de la medida o extensin temporal
de cada pie, independientemente de la manera como estaban
organizadas las slabas dentro de l. Aristteles 65 nos habla
del e^Ons oratorio como cosa distinta del Htqov potico. C i
cern S6, Quintiliano 67, y en general todos los retricos la
tinos, traducen ev6^g por numerus. Cuando Fray Luis de
Len y Fray Luis de Granada emplean el adjetivo numero
so, pueden referirse a la prosa o ai verso, pero lo aplican
principalmente a la primera; metro se usa exclusivamente
para el verso. Esta tradicin se mantiene viva en el siglo
P8 R hetorica, 3, 8.
86 O rator., c. 20 y c. 60.'
57 Instil. or., 9, 4 , 4 J .
LXXX
PRINCIPIOS
or u
0RT0L0JIA Y METRICA
U L
P O R D. A N D R E S BELLO.
Fsflja . b x i .8 sse T ifM
i:r mani-fi m . * i f r r r
AlaREBISl.ARi AKiH'r
(T E R E N T M A l'IU
i K diriou r c i n p n i n de In p u b lic a d a p o r el autor
r a S m ( de C h ile.
CARACAS.
A L M A C E N D E J . M . DE ROJAS,
CALLE DEL COMERCIO N 40.
1 84 4 .
F ac sm il de la p ortad a de la edicin de C aracas 1844, de los Principios de la
ortologa y mtrica de la lengua castellana.
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
X V III: la Enciclopedia francesa (s. v. rhythme) da la si
guiente definicin: " . . . el ritmo es un espacio determina
do segn ciertas leyes. El metro es tambin un espacio deter
minado, pero en l cada parte est llena segn ciertas leyes.
Para explicar con claridad esta diferencia, supongamos un
ritmo de dos tiempos. Cualquiera que sea la manera de con
tarlos, resultan siempre dos tiempos. El ritmo no considera
ms que el espacio; pero si este espacio se llena de sonidos,
como stos son todos ms o menos largos o breves, sern ne
cesarios ms o menos sonidos para llenarlo; lo cual produ
cir diferentes metros en el mismo ritmo, o si se quiere, di
ferentes partes del mismo espacio. Por ejemplo, si los dos
tiempos del ritmo se llenan con dos slabas largas, el ritmo
pasa a ser el metro llamado espondeo; si se llenan con una
larga y dos breves, el ritmo, sin dejar de ser el mismo, se hace
dctilo Esta nomenclatura, habitual en las Poticas,
hizo que Bello prefiriese la denominacin de metro; si bien
de vez en cuando usa del vocablo ritmo con un sentido ms
general 58: se refiere ms bien al movimiento de los acentos
que a la divisin del tiempo en partes iguales. Por ltimo,
metro corresponda bien al significado de "medida temporal
delimitada por pausas y rimas, y organizada interiormente
por los acentos, tal como Bello lo define y de acuerdo con la
acepcin clsica de la palabra.
Los conceptos de ritmo y metro entre los antiguos fue
ron cuidadosamente estudiados por Bello desde el punto de
vista histrico, en varios opsculos que se reimprimen en el
presente volumen, muy modernos en su contenido y clara
mente expuestos: Del ritmo y metro de los antiguos; Notas
sobre versificacin latina; Notas de mtrica histrica latina
58 E n la Teora del ritm o y metro de los antiguos, segn don Juan M. M aury ,
dice Bello lo que sigue: " N o nos detendrem os ahora a desentraar sus ideas sobre lo
q'ue llam a ritm o , acerca de lo cual h a b r ia m uch o que decir, y a que nos proponem os
d irigir la atencin de n uestros lectores en otra ocasin . N o tengo noticia de que p u
blicase nada m s sobre este tem a; y es lstim a, porque el escrito anunciado nos hubiera
dado el con cep to exacto que p ara el autor co rresp o n d a a la palabra ritmo, en aque
llos aos, y en qu sen tido se diferen ciaba de metro.
LXXXI
Obras Completas de Andrs Bello
y romance, y sobre todo el notabilsimo para su poca, Del
ritmo latino brbaro, en el cual combate las teoras de Maf-
fei y Muratori, y establece que el olvido de la cantidad y su
sustitucin progresiva por un ritmo basado en el cmputo
silbico y las cesuras, aparece ya claro en el siglo IV y se
afirma en la baja latinidad medieval. Examina tambin las
primeras manifestaciones de la ruda poesa de los arvales y
de los salios en aquel verso saturnio calificado de horridus
por Horacio, que, segn parece, obedeca ms a los acentos
que a las cantidades. Los mismos indicios se encuentran asi
mismo en las formas ms populares de la poesa romana y
en los senarios ymbicos de los cmicos, tan laxos en la or
denacin de largas y breves, que Cicern dice que eran sae-
pe abiecti, por su semejanza con el lenguaje de la conversa
cin, hasta el punto de que a veces parecan prosa y era di
fcil percibir en ellos la forma versificada. Estos trabajos,
basados en textos que por entonces comenzaban a estudiarse
con rigor, demuestran cun larga y extensa era la prepara
cin de los apuntes que haban de conducirle a escribir su
Mtrica espaola, y que no era indiferente para nuestro au
tor el empleo de los vocablos metro y ritmo, segn el sentido
que uno y otro tuvieron en las distintas pocas.
Porque el metro es ante todo para l una divisin del
razonamiento ( = elocucin) en tiempos iguales, es decir,
con una base temporal. Aunque nuestra lengua tuviese, a su
juicio, prcticamente todas las slabas de la misma duracin,
no por esto quedaba anulada la divisin del tiempo, ya que
bastaba que los versos contasen con el mismo nmero de s
labas, que sumadas igualaban la duracin de cada verso con
la de los dems. Al principio de la cantidad silbica sustitua
el principio del isosilabismo de los versos. Tambin en latn
ocurra a veces que los versos tuviesen el mismo nmero de
slabas; pero Bello (Apndice V III) demuestra victoriosa
mente, contra el parecer de Hermosilla, que esto no era ms
que un resultado accidental y espordico de la organizacin
LXXX1I
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
de los pies, y que no hay versos latinos clsicos caracterizados
por el cmputo silbico.
Previendo la objecin de que, segn su propia teora, el
acento y la composicin de las slabas modificaban su canti
dad, aunque slo fuese ligeramente, dijo Bello que en la re
citacin de los versos estas pequeas diferencias se compen
saban de unas slabas a otras, de tal manera que no alteraban
ni el isosilabismo ni el isocronismo de los versos. Recurdese
que la Mtrica era precisamente su principal argumento en
pro de la casi igual duracin de las slabas en el idioma. Be
llo no poda saber, como sabemos ahora, que las slabas del
verso cediesen su cantidad propia y se acomodasen a la que
les corresponde segn su posicin rtmica. Existe, pues, una
compensacin cuantitativa, pero en sentido muy diferente
de como l la interpret.
Muchos aos despus de la aparicin de los Principios
de Ortologa y Mtrica , volvi a debatir Bello el tema de la
cantidad silbica en un artculo publicado postumamente
en los Anales de la Universidad de Chile (1866) con el ttu
lo de Teora del ritmo y metro de los antiguos segn don
Juan Mara Maury, que va inserto en el presente volumen.
De igual manera que hubo autores que trataron de asimilar
la mtrica moderna al ritmo cuantitativo de la poesa gre-
colatina, no faltaron algunos que procuraron interpretar la
mtrica de la Antigedad segn el ritmo acentual de la ver
sificacin moderna. Bello, que tanto haba combatido a los
primeros, haba de impugnar tambin a estos ltimos, para
dejar bien sentado en todos los casos que los versos antiguos
y los modernos obedecan a principios rtmicos diferentes, y
que era vano cualquier intento de asimilarlos.
La idea de Maury no era nueva. Alonso Lpez Pincia-
no 69haba hablado de la posibilidad de imitar en castellano
los versos latinos, sustituyendo las slabas largas por slabas
89 Vhilosopha antigua potica, M ad rid , 1596, ep stola V II.
LXXX1II
Obras Completas de Andrs Bello
acentuadas. Hugo Blair fl0 recomienda la sustitucin en la
lectura de versos latinos, para remedar en lo posible la pro
nunciacin original. Pero esto no era todava ms que imi
tar la mtrica latina, no interpretarla como acentual. En las
pginas anteriores he aludido a los eruditos italianos Quadrio,
Sacchi y Scoppa, que pretendieron establecer que toda la
teora de la cantidad silbica en los versos latinos no pasaba
de ser un artificio ideado por los gramticos, y que en la
pronunciacin real de los romanos las slabas largas eran
simplemente acentuadas, y tonas las breves. Entre nosotros,
Juan Gualberto Gonzlez 61 dice, como ellos, que la canti
dad careca de valor ente los poetas latinos, los cuales "no
hacan tanto caso de la igualdad en la medida de los versos
por breves y largas cuanto de los acentos . Juan Mara Mau
ry, en una disertacin de la cual dio cuenta la Revista de
Madrid (octubre y diciembre de 1841), haba sostenido,
antes de Juan Gualberto Gonzlez, una tesis parecida a la
de los autores italianos mencionados. Ms que determinada
por influencia de stos, creo que la disertacin de Maury fue
una ocurrencia personal ms o menos improvisada, que acaso
ni l mismo hubiera mantenido, como lo prueba el hecho de
que no llegase a publicarla. Bello se sirvi de la resea inserta
en la Revista de Madrid, y crey que la disertacin misma
permaneci indita. Por mi parte tengo la misma convic
cin, despus de haber hecho intiles pesquisas para dar con
ella en las bibliotecas de Madrid y en los catlogos bibliogr
ficos. Bello senta admiracin por Maury, y los versos de ste
aparecen citados con frecuencia y elogio en la Mtrica. La
estimacin que por l senta como poeta hizo, sin duda, que
Bello aguardase que la disertacin de Maury fuese impresa
en su totalidad, para poderla impugnar con entero conoci
miento de su texto; pero al convencerse de que estaba in
dita, se decidi a combatirla tomando como base lo que de
80 Lecciones sobre la Retrica, tra d . p or M u n rriz, M adrid, 179 8 -1 8 0 1 , III,
p : 329.
61 Obras en verso y en prosa, M ad rid , 18 4 4 , III, p . 2 .
LXXXIV
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
ella deca la Revista de Madrid. As se explica que se publi
case postumamente en 1866 la rplica de una disertacin
pronunciada en 1841. Para Bello la cuestin no era balad,
sino que a ella haba dedicado sus mejores desvelos desde su
poca de estudio en Londres, y no es extrao que recordase
una opinin disidente que no convena dejar pasar sin rplica
adecuada.
En s misma, la tesis de Maury tiene poca importancia.
Piensa que la versificacin cuantitativa de los poetas latinos
es una rancia preocupacin de pedagogos que no entendan
lo que enseaban; mera invencin de los gramticos, sin
base alguna en la realidad, puesto que el ritmo de los latinos
era acentual, y no slo el de los latinos, sino "que todas las
versificaciones posibles son regidas por el acento . Aunque
quizs la ocasin no vala la pena, agradezcamos a Maury
que hubiese dado a Bello un motivo para reafirmar su doc
trina sobre la cantidad silbica y la diferencia entre los siste
mas de versificacin grecolatina y moderna. Creo que fue el
ltimo escrito, aunque no est fechado, que dedic a este te
ma; es tambin uno de los ms brillantes en su exposicin, y
el ardor polmico con que est redactado cierra el ciclo de
los estudios mtricos apasionadamente comenzados en su pri
mera juventud.
Por consiguiente, no es necesario aadir ms aclaracio
nes al concepto de la cantidad silbica segn Bello, y a las
consecuencias que de l se derivaban para la versificacin.
El isocronismo de la unidad rtmica llamada verso, quedaba
asegurado por el "cuento de las slabas , para emplear la
expresin de Juan del Encina. Los pies quebrados que se
unan a los versos isosilbicos, no eran ms que versos trun
cados, que no alteraban el principio del cmputo, sino que
contribuan a darle variedad. Cada verso queda delimitado
e individualizado por tres factores: pausas, rimas y estruc
tura acentual. Voy a dedicar un breve comentario a estos
factores, no para exponer la doctrina de Bello, que est bien
LXXXV
Obras Completas de Andrs Bello
clara en el libro que el lector tiene en sus manos, sino para
mostrar en ella la filiacin y novedad de algunos puntos de
vista importantes.
P a u sa s. Ncreo equivocarme al decir que nuestro au
o
tor es el primer preceptista que da a las pausas la importan
cia que tienen en el movimiento rtmico del lenguaje po
tico. Aunque su duracin es relativa, y es difcil que en la
recitacin haya dos pausas iguales, podemos aceptar hoy la
divisin establecida por Bello en pausas mayores terminales
de estrofa, pausas medias que dividen a sta, pausas menores
indispensables al fin de cada verso, y cesuras o cortes breves
en el interior de los versos largosC2. Que yo sepa, faltan
estudios experimentales acerca de la duracin relativa de las
pausas en la prosa y en el verso; pero parece probable que,
con algunas distinciones entre las propiamente mtricas y
las gramaticales, los tipos establecidos por Bello sean exactos.
Igualmente carecemos de comprobaciones experimenta
les que aclaren definitivamente la causa de que el acento
agudo final de verso aada a ste una slaba para el cmpu
to, y de que los finales esdrjulos valgan una slaba menos.
Todos los preceptistas han reconocido el hecho, pero su ex
plicacin no es unnime ni est suficientemente resuelta.
Pinciano 63 comprueba que el final agudo vale por dos s
labas, y no acierta a ver el motivo de esta anomala aparente.
C arvallo 64 y V illarfi5, aunque de modo diferente, vienen
a decir que la slaba aguda es larga y vale por dos breves;
62 E n la v ersificaci n latin a la cesura no era un a pausa, com o es bien sabido, sino
una slab a breve que p o d a aadirse a determ inados pies en ciertas circun stancias. E n
tre n uestros preceptistas h ay co n fu si n en el concepto de cesura, a causa de lo m u
ch o que pesaban en ellos las do ctrin as clsicas que h ab an aprendido. S lo a p artir
de Bello queda establecid o con claridad su sentido m oderno. V ase a este respecto E .
D e z E c h a r r i , Teoras mtricas del Siglo de Oro, M ad rid , 1 9 4 9 , pp. 1 6 4 y sigs.
63 Loe. cit., e p sto la V II , p . 2 8 4 .
61 L u is A l f o n s o d e C a r v a l l o , Cisne de Apolo de las excelencias y dignidad
y todo lo que al arte potica y versificatoria pertenece, M edina del C am p o, 1602,
D ilogo II, fols. 68 v . y 69.
J u a n d e V i l l a r , Arte de la lengua espaola, V alencia, 1 6 5 1 , parte III,
cap. I.
LXXXV1
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
pero como esto ocurra tambin con las agudas interiores
de verso, dejan sin explicar por qu se cuentan dos en posi
cin final y slo una dentro del verso. Martnez de la Rosa,
en una de las Notas a su Potica 68, crea encontrar en la s
laba de menos que tienen nuestros versos agudos, y en la
slaba de ms de los esdrjulos un vestigio de la compensa
cin entre largas y breves, que en el ritmo de los versos la
tinos era necesaria. Contradiciendo esta opinin, Bello
(Apndice V II) afirma que la slaba que sobra en los es
drjulos y la que falta en los agudos van embebidas en la
pausa, y as se explica que el hecho se produzca slo a fin
de verso. En ningn modo puede creer que las palabras du
ren ms ni menos en posicin final que en posicin interior.
"C uan do en el final de un verso pongo el esdrjulo tenr
sela en lugar de los graves tenerla o tenerse, se podr buena
mente decir que se sustituyen dos breves a una larga? Es
claro que no. Lo que se hace es aadir a las slabas existentes
otra slaba; no hay sustitucin alguna. Y cuando sustituyo
el final agudo al grave, tener a tenerle, sustituyo acaso una
06 I * r a n c i s c o M a r t n e z d e l a R o s a , Obras literarias, P ars, I , 1 8 2 7 , dice as en
su anotacin al tercer can to de su Potica (p . 1 5 9 ) : Pero la p ru eba m s palpable, si
es que m i ju icio no m e engaa, de que la cantidad de las slabas y no su sim ple
nmero , in flu y e en la versificacin m oderna m s de lo que com nm ente se im agina,
se deduce de esta ltim a observacin : supongam os, p o r ejem plo, estos versos castellanos:
Con m p etu veloz el asta trm u la,
P or la acerada cota penetrando,
H iere, traspasa, p arte el corazn.
todos tres pudieran colocarse en una com posicin de endecaslabos; cada uno de ellos
com pleta una medida igual, llenando el mismo espacio musical con respecto al o d o ;
y sin em b argo, el prim er verso tiene doce slab as, el segundo once y el tercero
diez. L u ego h ay o tra circu n stan cia, d iferente del nmero de silabas, q*ue in flu y e en
nuestra m trica; y ntese que as en el ejem plo p ropuesto com o en otros sem ejantes,
consiste la d iferen cia en que to d o verso que acaba con acento agudo debe tener una
slaba menos q u e si acabase con g rav e ; y todo el que acaba con palabra esdrjula
(es decir, con acento agudo en la antepen ltim a sla b a , siendo las dos ltim as breves)
debe tener una sla b a m s de la m edida com n. E n nada me parece que se descubre
tan to lo que nos acercam os a la m trica de los an tigu o s: la palabra trmula del ejem
plo propuesto, aunque con ste de tres slabas, consum e al fin de verso los m ism o
tiempos musicales que la palabra fuerte, que tiene slo dos slabas; y as es que esta
ltim a vo z pudiera m u y bien su stitu irse a la prim era del verso citado, sin que p o r eso
so variase su medida .
M as com o sta se calcu la, habland o generalm ente, por el nmero de silabas de
que constan los versos m odernos, debo decir que la poesa castellana los tiene de
m uchas y diferentes especies. . .**.
LXXXV1I
Obras Completas de Andrs Bello
larga por dos breves? N o ciertamente; porque lo mismo abso
lutamente es nr en tener que en tenerle. Lo que se hace
entonces no es ms que quitar una slaba. Puede concebirse
que la adicin o sustraccin de una cantidad a otra dada, que
permanece inalterable, no la aumenta o la disminuye? N o
era por cierto as la compensacin entre una larga y dos
breves en latn y griego .
La desigualdad existe, pero queda compensada y paliada
aade en el reposo con que termina el verso, y si no
fuese as, no se tolerara.
H oy sabemos que la slaba final absoluta, si no lleva acen
to, dura de ordinario ms que las restantes inacentuadas. Si
lleva acento, aade a esta condicin de alargamiento cuan
titativo la de ser final ante pausa. De modo que las slabas
finales agudas son las ms largas, as en verso como en
prosa. Los esdrjulos disminuyen notoriamente la cantidad
de la slaba intermedia. Pero estas diferencias, aunque me
didas en centsimas de segundo se muestran considerables,
no explican que, desde el punto de vista fonolgico, los ver
sos nos parezcan perfectamente iguales cualquiera que sea
su acentuacin final. Bello podra tener razn si los versos
fuesen iscronos, como l piensa; pero resulta que el isocro
nismo afecta slo a la suma de las slabas que van de un
acento a otro, pero no a las que siguen al ltimo acento.
Los versos, por lo tanto, se articulan en grupos de intensi
dad, y las porciones que van de una cspide acentual a otra
(llammosles pies) tienen duraciones iguales. En el ltimo
acento acaba la medicin del tiempo, y por esto es cuantita
tivamente indiferente que le sigan dos slabas (esdrjulos),
o una (llanos), o ninguna (agudos). Las slabas que pueden
preceder al primer acento de cada verso constituyen la ana
crusis de la versificacin clsica, o el tiempo al aire de los
msicos, que antecede al tiempo marcado. Tales slabas en
tran en el cmputo silbico del verso, pero no forman clu
sula rtmica para la medida temporal.
El lector comprobar que al comienzo de su opsculo
LXXXVU1
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
Del ritmo acentual y de las principales especies de versos en
la poesa moderna, Bello parece haber entrevisto esta solu
cin; aunque la expresa con vaguedad, su explicacin va
mejor encaminada que la de la Mtrica. En cambio, en la
misma obra vio con mucha claridad el motivo de que nues
tro cmputo silbico sea diferente del francs.
Por qu interpretamos como llanos todos los finales
de verso? La mtrica francesa slo cuenta las slabas hasta
el ltimo acento, en tanto que la espaola y la italiana cuen
tan una ms. Dejando a un lado lo que pueda haber de con
vencionalismo por parte de los prosodistas de cada pas, se
explica nuestro cmputo y el italiano porque en ambas len
guas la terminacin llana es, con gran diferencia, la que
predomina y la que da carcter al ritmo idiomtico: con
una proporcin de finales agudos algo mayor en espaol
que en italiano, y un nmero de finales esdrjulos mayor
en ste que en aqul; pero siempre con elevadsimo predo
minio de las terminaciones llanas en uno y otro idioma, tan
to en fin de verso como al final de los grupos fnicos en
la prosa. Se trata, pues, de un hbito rtmico de la lengua ha
blada. En francs, por el contrario, la acentuacin aguda do
minante ha dado lugar a que los tericos de la Mtrica no
hayan tenido en cuenta para el cmputo silbico ms que
hasta el acento final. "Desde el punto de vista del isocronis
mo de los pies y del verso, carece de importancia una u otra
manera de contar las slabas. N o ocurre lo mismo en otros
aspectos de la versificacin, como por ejemplo el meldico,
puesto que en el movimiento de la entonacin es muy dis
tinta una inflexin final brusca, en el ltimo acento, o
gradual en las slabas que puedan seguirle, como saben muy
bien recitadores y cantantes.
L a r i m a . L o que Bello dice acerca de la rima en los
Principios de Ortologa y Mtrica no rebasa ciertamente el
nivel medio de otros libros de su tiempo, porque los fines
didcticos elementales que se propona no le daban lugar
LXXX1X
Obras Completas de Andrs Bello
a explanar lo mucho que haba investigado sobre esta ma
teria. Desde el punto de vista de la Preceptiva prctica,
no poda hacer otra cosa que exponer con claridad y senci
llez la enseanza generalmente recibida y que nadie discuta.
En cambio, el origen y desarrollo histrico de la rima en
los pueblos modernos envolva muchos problemas que
Bello se aplic a desentraar, despus de largo estudio de la
poesa latina medieval y de la pica primitiva francesa y
espaola. Sus trabajos sobre el Poema del Cid, aunque hayan
sido superados y precisados por la crtica posterior, y espe
cialmente por Menndez Pidal, son buena prueba de ello.
El lector tiene en este volumen dos estudios de Bello, uno
exhumado por Amuntegui, La Rima G7, de fecha incierta,
y otro titulado Del uso antiguo de la rima asonante en la
poesa latina de la Edad Media y en la francesa, y observa
ciones sobre su uso moderno, que public en el Repertorio
Americano (1827). Examina en el primero las ideas de Mu-
ratori, Tyrwhitt y otros eruditos, acerca de la aliteracin, el
consonante y el asonante, y concluye que las muestras de
poesa latina decadente y medieval son suficientes para sen
tar que el uso de la rima en los pases romnicos nada debe
a los rabes y a los germanosfi8.
El segundo artculo es desde luego el ms importante,
porque aclara que el asonante, hoy slo usado en la poesa
espaola, tiene su raz en los versos latino-eclesisticos, y
aparece no slo en el Cid sino tambin en los pocos textos
que entonces se conocan de las gestas francesas. La existen
cia del asonante fue afirmada unos aos ms tarde en la l
rica provenzal por Raynouard (1833) y aceptada en el Cid
por Eugenio de Ochoa. El erudito Dozy hizo en 1849 la
misma afirmacin, basndose en textos franceses muy ante
riores a los que Bello haba utilizado. Por ltimo, el descu
brimiento de la Chanson de Roland, en 18 50, vino a dar
, 7 O. C . V III, p p . 4 9 - 8 9 .
68 N e b rija y Ju a n del E n cin a h ab an sealado el origen de la rim a en los h im
nos eclesisticos.
xc
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
completa certidumbre al meritorio hallazgo de Bello, que
as puede calificarse, puesto que fue hecho con materiales de
primera mano, muy escasos e inseguros en los textos y en la
cronologa. Con legtima satisfaccin se envanece de ver
que su descubrimiento iba ganando adeptos:
D ije, y si no me alucino, demostr, la antigedad del
asonante en la versificacin latina de la Edad Media y en las
gestas y lais de los troveros ( Repertorio Americano, 1 8 2 7 );
y despus he tenido ocasin de corroborar mi ase rto . . . pre
sentando muestras de que no s que nadie haya hecho uso
antes que yo . . . 69.
Hoy, despus de los estudios de Gastn Paris, de Bdier
y de Menndez Pidal, el empleo del asonante en la primitiva
poesa romnica es sobradamente conocido por todos. Pocos
son, sin embargo, los que tienen noticia de que por primera
vez fue descubierto por Andrs Bello durante su labor soli
taria en las bibliotecas de Londres, y demostrado en una re
vista de poca difusin en los medios intelectuales europeos.
R itm o Si bien el cmputo silbico, las pau
a c e n t u a l.
sas, cesuras y rimas miden el tiempo, el movimiento rtmico
est encomendado a los acentos. Por esto Bello, como qued
indicado anteriormente, usa la denominacin de ritmo cuan
do se refiere a los acentos, y la de metro cuando alude a la
medida temporal sealada por los dems elementos del ver
so. Con todo, la misin de los acentos no se limita a marcar
la estructura interior de los versos, sino tambin divisiones
temporales iscronas. El cmputo silbico y la rima pueden
faltar, y en este caso la medida del tiempo pende exclusiva
mente de las pausas y de las divisiones acentuales. Bello, pues,
necesita otra vez aclarar el concepto un poco vacilante de
ritmo, en la forma siguiente:
69 Anales de la Universidad de Chile, aos 18 5 2 , 185+ y 1855. V ase especial
mente A .M U N ' TE G U I, Vida Bello, pp. 567 y sig s.; en el m ism o c a p itu lo se encontrarn
n oticias sobre las d iscrepan cias de B ello co n las opiniones de T ick n o r, respecto a los
cantares de gesta castellanos y franceses.
XCI
Obras Co?npletas de Andrs Bello
"L a distribucin regular de los acentos da a cada especie
de verso cierto aire y marcha caracterstica, que se llama
ritmo .
"E sta palabra tiene dos sentidos, uno general y otro espe
cfico. Ritmo, en su sentido general, significa una simetra
de tiempos, sealada por accidentes perceptibles al odo. De
cualquier modo que se form e esta simetra o con cualesquiera
accidentes que se haga sensible, no puede haber sistema alguno
de versificacin sin ella. Ritmo, en esta acepcin, es lo mismo
que metro .
"Pero en un sentido especfico (que es en el que vamos a
considerarlo) el ritmo es la divisin del verso en partecillas
de una duracin fija, sealadas por algn accidente percepti
ble al odo. E n castellano (y segn creo, en todas las lenguas
de la Europa moderna) este accidente es el acento. Los acen
tos qud hacen este oficio en el verso, se llaman rtmicos
El verso se divide, por tanto, en grupos acentuales a los
cuales podemos llamar pies, por analoga con los pies m
tricos de la versificacin clsica, entendiendo siempre que
se trata de grupos de slabas acentuadas e inacentuadas, no
de largas y breves. Sin embargo, como el nombre de pie se
haba aplicado tradicionalmente en Espaa al verso ente
ro T0, nuestro autor propone sustituirlo por el de clusula
rtmica, que no se presta a equvocos. Viendo lo caracters
tica que es la clusula rtmica en la marcha acompaada del
verso, funda en ella la clasificacin de los versos, e intro
duce con esto en nuestra Mtrica una novedad que ahora
valoramos debidamente en todo su alcance cientfico, aun
que pas casi inadvertida por sus contemporneos y ha te
nido muy escasa repercusin en los libros escolares.
Novedad relativa, desde luego; porque ya Nebrija ha
ba ensayado una clasificacin de los versos espaoles con
70 N e b r i j a ( Gram . cast., l i b r o I I , c a p . V ) q u e r a y a e v i t a r la h o m o n im ia d e la
p a la b ra pie : * * .. . a g o r a d ig a m o s d lo s p ie s d lo s v e r s o s n o c o m o lo s t o m a n n u e s t r o s
p o e t a s , q u e l l a m a n p ie s a lo s q u e a v ia n d e l l a m a r v e r s o s , m a s p o r a q u e l lo q u e lo s m i d e .
R e n g ip o , A rte potica espaola: " D e s t o s n u e u e g n e r o s d e v e r s o s , q u e a l g u n o s ll a m a n
p ie s , se c o m p o n e n to d a s q u a n ta s d ife r e n c ia s d e c o p l a s se u s a n e n E s p a a * . E l Diccio
nario de Autoridades , d e sp u s d e d e fin ir e l pie d e lo s v e r s o s g r e c o l a t i n o s , aade: "E n
p o e s a c a s t e l l a n a se t o m a p o r lo m i s m o q u e v e r s o . H o y y a n o se a p l ic a e s t a a c e p c i n
m s que a lo s v erso s de pie quebrado.
XCII
Introduccin a la Ortologia y Mtrica de Bello
arreglo a los pies latinos n. N o es que Nebrija confundiera
la cantidad con el acento; pero muchos lo interpretaron as,
y su teora, unida a lo difcil y no siempre acertado de la
nomenclatura que emplea, fue pronto olvidada por los pre
ceptistas de los siglos siguientes, que se atuvieron principal
mente, para clasificar los versos, a su nmero de slabas y a
las estrofas o coplas en que solan figurar. Rengifo, por
ejemplo, aunque no se olvida de decirnos las slabas en que
recaen los acentos de cada verso, establece la siguiente di
visin: "A y nueue maneras de versos: de Redondilla mayor,
y su quebrado; de Redondilla menor; Italiano, y su quebra
do; Esdrxulo, y su quebrado; de Arte mayor; finalmente
verso Latino imitado. Destos nueue gneros de versos se
componen todas quantas diferencias de coplas se usan en Es
paa. Por lo qual primero trataremos de la cantidad y sla
bas que cada uno pide, y despus de la variedad de coplas y
consonancias que dellas se hazen 72. Al decir cantidad se re
fiere al acento, puesto que para l la slaba acentuada coin
cida en romance con la slaba larga; lo cual no significa que
confundiese ambos conceptos. As pues, explica para cada
verso el lugar o lugares donde se hallan o pueden hallarse los
acentos; sin pensar que en torno a stos pudieran formarse
agrupaciones silbicas. Los dems preceptistas siguen con va
riantes de poca importancia el mismo criterio, y emplean
una nomenclatura anloga a la de Rengifo, aunque de vez en
cuando hablen de pies y les apliquen unos nombres latinos
que slo entendan los eruditos 73. Los poetas y el gran p
blico culto podan pasarse muy bien sin ellos cuando se tra
taba de mtrica romance, puesto que la nomenclatura de
Rengifo bastaba para entenderse. Los intentos que desde Lu-
71 T r a ta este tem a con algun a extensin en los siguientes c a p tu lo s de su
Gramtica castellana: L ib . II, cap. V , De los pies que miden los versos; cap. V III,
De los gneros de los versos que estn en el uso de la lengua castellana, primero dt
los versos im bicos; cap. IX , De los versos adnicos. N o hace fa lta resum irlos aq u ,
puesto qnje su criterio n o tu v o acep tacin entre los preceptistas.
72 Arte Potica espaola, cap. V III.
73 V ase b ib lio g ra fa en E . D i e z E c h a r r i , Loe. cit., pp. 153-158.
XCI1I
Obras Completas de Andrs Bello
zn a Gmez Hermosilla se hicieron para aplicar a nuestra
poesa el sistema cuantitativo clsico, slo fueron entendidos
por muy pocas personas. Bello, una vez desembarazado de las
teoras neoclsicas, busca en los pies acentuales el factor ms
importante del ritmo potico, y con arreglo a ellos va a cla
sificar los versos. N o s si la primera idea de aplicar los pies
latinos al romance, sustituyendo las slabas largas por slabas
acentuadas, le fue sugerida por la lectura de Nebrija. Es muy
posible; pero creo ms bien en la influencia de las teoras
mtricas inglesas, en las cuaks eran corrientes los nombres
de troqueo, dctilo, yambo, etc., usados para indicar agru
paciones de slabas fuertes y dbiles. Es bien sabido que la
poesa inglesa le era familiar, y ms de una vez discute cues
tiones de versificacin inglesa con los mismos crticos de
Inglaterra. El mismo nos dice que no deben causar extrae-
za los nombres de los pies latinos aplicados a los versos mo
dernos, porque tales nombres eran ya usuales en varios pa
ses de Europa.
Entre los papeles de Bello figuraban dos notables mo
nografas que, aparte de las que ya he mencionado, indican
la profundidad con que haba explorado la historia del rit
mo acentual en latn y en las lenguas modernas. Se titulan:
Sobre el origen de las varias especies de versos usados en la
poesa moderna y Del ritmo acentual y de las principales
especies de versos en la poesa moderna. Vienen a ser dos
elaboraciones o redacciones del mismo tema; pero no se anu
lan entre s, sino que ms bien se completan; y la lectura
de ambas es indispensable para darse cuenta de que por de
bajo de los captulos elementales de su Mtrica haba una
doctrina mucho ms honda y trabajosamente construida.
El contenido de estos dos opsculos, salvo alguno que otro
pormenor, conserva hoy su vigencia en las lneas esenciales,
y es de las pocas exposiciones claras que podemos leer en
espaol sobre tan difcil materia. Desde luego, los proble
mas acerca del origen- de los versos modernos siguen abiertos
a la investigacin de nuestros das.
XC7V
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
Nuestro autor encuentra que los pies o clusulas rtm i
cas de la poesa espaola no pasan de cinco: dos dislabos
(yambo y troqueo) y tres trislabos (anapesto, anfbraco
y dctilo). La nomenclatura no presenta ms complicacio
nes y es fcil de retener. Cada uno de estos pies tiene su
expresividad propia, que los hace especialmente aptos para
determinados fines: "En el ritmo trocaico y en el anfibr-
quico dice se percibe algo de reposado y grave; el ym
bico y el anapstico son animados y vivos; el dactilico se
mueve como a saltos, y con todo eso carece de la energa
del ymbico y de la rpida ligereza del anapstico, en los
cuales la movilidad es ms uniforme y continua . Adems
de haber reconocido la existencia de estas clusulas rtmicas,
uno de los mejores aciertos de Bello consiste en su distincin
entre acentos rtmicos y accidentales o antirrtmicos, y ha
ber sealado que los primeros pueden ser necesarios o in
necesarios. Esta clasificacin aclar muchas dificultades de
nuestro ritmo acentual, e hizo ver que en muchos casos no
se trata de la repeticin uniforme y montona de un mismo
pi?. Enumera el autor los diferentes tipos de versos segn el
pie que los caracteriza, y dentro de cada tipo distingue los
versos por el nmero total de slabas que los componen. Por
consiguiente, el pie constituye el criterio primordial de cla
sificacin, en tanto que el cmputo silbico es un criterio
secundario, al revs de como procedieron en general los pre
ceptistas del Siglo de Oro.
H oy no nos contentamos con distinguir los acentos que
Bello supo ver, sino que necesitamos saber algo de la inten
sidad relativa de cada uno, y tambin de los diversos gra
dos de inacentuacin. H asta ahora los laboratorios de Fon
tica experimental no haban podido contar con medios ade
cuados para medir directamente la intensidad de los sonidos
y de las slabas; desde hace unos aos, la nueva tcnica elec-
trofnica ha encontrado solucin a esta dificultad, y es
probable que pronto nos podamos plantear con mejor luz
XCV
Obras Completas de Andrs Bello
las intensidades relativas de las slabas, que son el nervio del
ritmo acentual. Pero la intensidad es una magnitud que est
en funcin de la amplitud de onda y de la frecuencia, y por
consiguiente la primera puede compensarse con las varia
ciones de la entonacin. Despus de los estudios de Verrier,
Sievers, Saran, Landry, Grammont y Navarro Toms, sabe
mos que el ritmo se compone de la colaboracin estrecha de
la intensidad, cantidad, entonacin y timbre (aliteracin y
rim a). Todas las cualidades del sonido pueden contribuir,
juntas o separadas, a crear efectos de recurrencia acstica,
que es la base psquica del ritmo sonoro. Digo ritmo sonoro,
porque no es indispensable que la recurrencia lingstica se
produzca siempre por medios fonticos. En su ms amplia
acepcin, ritmo es la repeticin en el tiempo de ciertos
cpaivo^iva, fenmenos o apariencias. La reaparicin de las
percepciones ya vividas, o de algunas que nos las recuerden,
tiene sin duda un valor esttico de carcter recurrente. Re
vivir ciertas representaciones, conceptos o estados afectivos,
evocados por el lenguaje, puede producir efectos rtmicos
tan densos como los que se obtienen con la rima, los acentos
regulares o las agrupaciones silbicas. Y a Cicern supo dar
se cuenta de que existe un balanceo entre las significaciones
de palabras anlogas o contrapuestas: anttesis, clmax, an
ticlimax y paralelismo, son para l factores rtmicos inde
pendientes de las cualidades sonoras de los vocablos. Hace
poco, Dmaso Alonso y Carlos Bousoo han estudiado las
correlaciones y la distribucin bimembre o plurimembre en
la poesa contempornea, considerndolas como barra de
hierro que sujeta la unidad del poema cuando los factores
del ritmo acstico han desaparecido. Pero esta clase de rit
mo necesita un estudio aparte, y me desviara de mi objetivo
actual. Trato slo de sealar los planos en que se mueve el
pensamiento de nuestra poca, cada vez ms complejo a me
dida que se va conociendo mejor la naturaleza psicofisiol
gica del lenguaje.
XCVI
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
Volviendo ahora a la recurrencia acentual, los estudios
ms recientes han demostrado que en la versificacin de las
lenguas modernas el ritmo est constituido por la repeticin
acompasada de los acentos, que son el tiempo marcado del
comps. Las porciones iscronas con que as se divide el ver
so, no coinciden con el pie clsico ni con la clusula rtmica
de Bello, desde el punto de vista de la medicin del tiempo.
Por otra parte, estimo que habra que pensar en revisar el
concepto de pie o clusula rtmica, no porque sea inexacto
desde los puntos de vista mtrico e intensivo, sino con el
fin de completarlo con un nuevo factor muy poco atendido
que, segn sospecho, es de capital importancia. A falta de
un trmino mejor, lo llamar movimiento. De hecho nos
encontramos con que en un grupo fnico comprendido en
tre dos pausas, hay unos acentos de grupo situados a distan
cias ms o menos regulares en el verso, y a distancias irregu
lares, desiguales o amtricas, en la prosa literaria y en la
lengua hablada. Estos acentos van precedidos y seguidos por
una o ms slabas inacentuadas. Se trata de saber dnde co
mienza y dnde acaba el grupo de intensidad, cuyo ncleo
o pice es la slaba afectada por el acento. Dicho de otra
manera: qu slabas tonas gravitan sobre el acento que las
precede, y cules sobre el que las sigue? Si no existe tal cen
tro de gravedad y las slabas se suceden como masa uniforme
dentro de la cual emergen los acentos, independientes de
cuanto les rodea, es claro que no podramos hablar propia
mente de grupos de intensidad, ni de pies en los versos, pues
to que no habra tal agrupacin, sino una simple divisin
por tiempos marcados. Los acentos seran como golpes de un
metrnomo indiferente a lo que ocurra entre golpe y golpe.
Mediran el tiempo, sin duda, pero no gobernaran a las sla
bas inacentuadas, ni las trabaran con la subordinacin nece
saria para constituir agrupaciones silbicas o pies. Todos te
nemos, sin embargo, el sentimiento de que todas las slabas de
un verso van hacia un acento, o vienen de l, tienden a una
xcvn
Obras Completas de Andrs Bello
cspide acentual, o penden de ella. En esta apreciacin sub
jetiva de vaivn, de tensin y distensin, se funda la estruc
tura rtmica del verso, si no en lo que tiene de metro o me
dida temporal (que est dada por la sucesin iscrona de
los acentos), en lo que tiene de movimiento que ascien
de hacia una cspide o desciende de ella, y hace que las
slabas inacentuadas tengan para el hablante distinto ca
rcter.
Qu medidas objetivas podemos emplear para dar fo r
ma tabulable a nuestra experiencia interior del ritmo acen
tual? Estamos en presencia de un balanceo rtmico, es decir,
de un movimiento. Todas las slabas anteriores al acento se
precipitan hacia l, aceleran su tempo, elevan progresiva
mente su tono, y forman la parte tensiva del pie; las situa
das despus del acento son distensivas, declinantes en la
entonacin y menos rpidas en su tempo. Creo que, por la
menos, este concepto de movimiento, que agrupa las slabas
en torno a los acentos rtmicos, habra que aadirlo a la
funcin estrictamente mtrica de stos.
La expresividad, las relaciones sintcticas y semnticas
de las palabras, pueden favorecer o alterar ms o menos este
esquema tensivo-distensivo a que tiende el movimiento rt
mico de la palabra versificada; si el desajuste es grande, de
cimos que el verso es violento; si es pequeo, contribuye a
darle variedad dentro del acompasamiento general. De aqu
la admirable penetracin de Bello al decir que "los acentos
forman el ritmo, y el ritmo a su vez influye en los acentos ,
y aadir que este punto merece estudiarse con cuidado para
comprender el mecanismo de la versificacin. En efecto, los
acentos etimolgicos de las palabras cedn ms o menos ante
los acentos rtmicos, mientras ciertas slabas inacentuadas
pueden reforzarse si se hallan en posicin rtmica. Todo es
cuestin de juzgar hasta dnde se armoniza, y hasta dnde
es intolerable, este conflicto.
En otra Ocasin estudi la entonacin como elemento
XCVI1I
Introduccin a la Ortologia y Mtrica de Bello
rtmico del lenguaje versificado 7\ Mis conclusiones mos
traban que el papel coadyuvante de la curva meldica tien
de a unirse a los acentos, siempre que no dificulten esa unin
las exigencias sintcticas y emotivas de la frase, a las cuales
la entonacin obedece con preferencia. La coincidencia en
tre el tiempo marcado y la slaba aguda es frecuente, pero
no indispensable; y aada entonces que "esto no basta para
justificar una distincin entre pies meldicos y pies cuan
titativos . Con todo, la gravitacin de las slabas dbiles ha
cia los acentos me parece clara en el sentimiento del que re
cita versos: uno de sus indicios puede ser la curva meldica,
cuando sta puede manifestarse con arreglo al esquema rt
mico del verso; otra seal puede drnosla la aceleracin del
tempo en las slabas tensivas y su retardo en las distensivas,
y por ltimo, en las diversas intensidades de las slabas in
acentuadas podramos encontrar otra manifestacin obje
tiva de la tendencia espiritual subordinadora de las slabas
hacia los ncleos acentuales de grupo. Hay, pues, todo un
programa de investigacin basado en las inscripciones os-
cilogrficas, mucho ms finas que las del quimgrafo para
apreciar con todo pormenor cmo se conjugan entre s estos
tres valores. Si no estoy equivocado, coexistiran en el verso
unas medidas temporales debidas al isocronismo de los acen
tos rtmicos, con unos pies tensivo-distensivos que agrupa
ran en torno a cada acento todas o una parte de las slabas
dbiles que le preceden y le siguen.
Si el pie es esencialmente un movimiento rtmico que se
compone de una tensin y una distensin, surge el problema
de determinar cuntas slabas pueden agruparse en cada uno,
o lo que es lo mismo, cuntos y cules son los pies posibles
en un idioma determinado. Andrs Bello se sirvi de nuestra
poesa tradicional y lleg a la conclusin de que no existan
ms que pies bislabos y trislabos, a los cuales dio los nom-
" L a enton acin en el ritm o del verso , en la Revista de Filologa Espaola,
X III, 1926, pp. 1 2 9 -138.
CX IX
Obras Completas de Andrs Bello
bres que ya hemos mencionado, segn la posicin del acen
to. N o obstante, nada se opone tericamente a que pueda
haber pies de mayor nmero de slabas, dentro de las condi
ciones prosdicas de cada lengua. En el habla usual y en la
prosa literaria espaola existen desde luego grupos acentua
les mucho mayores, y son frecuentes los de cuatro y cinco
slabas. En poesa, hay que atenerse a la experiencia y pre
guntarse, ms que por los pies posibles, por los que se han
dado realmente en nuestra versificacin. De este estudio de
dujo Bello que los pies mayores eran trislabos, y quizs tu
viese razn en la poesa anterior a comienzos del siglo X IX .
N o he hecho recuentos que puedan contradecirle a este res
pecto. Pero las innovaciones romnticas, y sobre todo las
modernistas, ensancharon considerablemente los grupos
acentuales, y la variedad en la posicin de los acentos dot
a nuestra versificacin de ritmos insospechados en la poca
de Bello. En Pvubn Daro, por ejemplo, son frecuentes los
pies tetraslabos y no son raros los pentaslabos. Desde enton
ces ac, todo hace pensar que asistimos a una ampliacin ca
da vez mayor del repertorio rtmico, tan reducido hasta el
siglo X IX en la extensin de los pies y en las combinaciones
estrficas. El verso libre de nuestro tiempo, y en todos los
pases, significa a mi modo de ver un ensayo que procura
extender las clusulas rtmicas (pies y versos) entregndo
las slo al balanceo tensivo-distensivo de la entonacin y al
corte de las pausas, con olvido del cmputo silbico y del
acompasamiento acentual. Al desvalorizar estos factores tra
dicionales, el versculo contemporneo pone al descubierto
los cimientos prosdicos del idioma, y hace borrosas las fron
teras entre el ritmo de la prosa y el del verso. Cualquiera
que sea el porvenir de estas formas nuevas de versificacin,
creo que al someter a torsin todos los elementos de la pa
labra potica, extraern sus mximas posibilidades expresi-
vas y enriquecern el sentido rtmico de las generaciones
futuras, como ocurri cuando se incorporaron a nuestra m-
C
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
trica los versos italianos, o cuando el modernismo acrecent
el caudal con tanta variedad de pies, versos y estrofas.
Nuestro escritor previo muy bien que pronto la Poesa
hispana aumentara el nmero de combinaciones estrficas
ms all de las que catalogaba en su Mtrica. Lo estaba vi
viendo entre sus contemporneos romnticos. En las lti
mas pginas expresa su amplitud de criterio:
" N o creo necesario extenderme m s sobre esta materia.
Cualquiera podr fcilm ente analizar los metros que se le
presenten, aplicando los principios que dejo expuestos, y aun
que no sepa los nombres de las estrofas, percibir las leyes a
que las ha querido sujetar el poeta, que es lo nico que le im
porta. Adem s, la materia es inagotable de suyo, pues cada
versificador tiene la facultad de construir nuevas estrofas, com
binando a su arbitrio las rimas, las pausas y las varias especies
de versos, de manera que form en perodos mtricos en que
halle placer el odo .
No pudo prever que estas posibilidades ilimitadas en las
estrofas, iban a manifestarse tambin en el ritmo acentual,
capaz de multiplicar el repertorio reducido de los pies o
clusulas rtmicas que l haba encontrado en la tradicin
potica, y de combinarlos en versos hasta entonces descono
cidos, que en poco ms de medio siglo iban a hacrsenos fa
miliares. N o podemos reprochrselo, puesto que no se pro
puso nunca inventar la Mtrica castellana, sino interpretar
los principios de la que ya exista. Pero estos principios son
susceptibles de ampliacin en todos sentidos, y de aqu el
valor metdico que conservan en nuestros das, aunque al
gunos los estimen estrechos en ciertos puntos. En mi opi
nin, podra escribirse la Mtrica de ahora sin alterar sus
tancialmente el mtodo en que Bello la asent, con slo po
ner al da los conceptos de cantidad y acento, y ampliando,
como es natural, numerosos pormenores que la Poesa poste
rior y el estudio experimental nos han ido revelando. Basta
echar una ojeada a los libros de Mtrica y Teora literaria
que circulan en los pases hispnicos, para convencerse de
Cl
Obras Completas de Andrs Bello
que muchos de ellos no han llegado siquiera a incorporar
plenamente las doctrinas del egregio venezolano.
E L M A G IS T E R IO DE BELLO
Al terminar esta Introduccin al tomo que el lector tie
ne en sus manos, quiero advertir que los Principios de O r
tologa y Mtrica de la lengua castellana constituyen un
libro muy difcil y muy fcil, aunque parezca paradoja de
cirlo as. Su aparente sencillez, y la claridad expositiva con
que est construido, se abren al lector no iniciado para que
en sus captulos pueda hacer su primer aprendizaje. Pero
el lector versado en estas materias se percata en seguida de
la densidad de estos prrafos, en los que no puede suprimir
se una sola palabra sin mutilar el sentido, y se da cuenta de
que su autor sintetiz en pocas pginas una doctrina que
hubiera podido desarrollar en doble o triple volumen sin re
llenos ni repeticiones. La prueba est en que podemos releer
reiteradamente la mayor parte de los captulos, y cada lec
tura nos revela matices nuevos en que no nos habamos fi
jado bastante. Para el que sabe de dnde vienen y a dnde
apuntan una por una las ideas que se apretujan en estas p
ginas, es evidente que los opsculos publicados deben de ser
slo una representacin parcial del trabajo analtico que
precedi y acompa a la redaccin de la obra, en sus tres
ediciones publicadas en vida del autor. Muchos de los que
fueron hallados entre sus papeles y que permanecieron indi
tos hasta que Amuntegui los imprimi, tienen el carcter
de apuntes para sus clases, quizs artculos de revista en al
gunos casos, o esbozos de captulos extensos destinados a la
Ortologa y Mtrica, cuyo contenido redujo en esta obra
con el fin de acomodarla al pblico a que iba dirigida, des
cargndola especialmente de la parte histrica, que hubiera
ahuventado por su dificultad a la mavora de los lectores.
Precisamente mi intencin al escribir esta Introduccin
demasiado larga, evitando a la vez el panegrico hueco y la
CU
Introduccin a la Ortologa y Mtrica de Bello
fcil crtica desde el punto de vista actual, no ha sido otra
que la de llamar la atencin de los lectores de ahora hacia
este contenido invisible para quien se contente con una in
formacin elemental, pero patente para quien trate de va
lorar lo que significan las ideas prosdicas y mtricas de
Bello en funcin de su poca y como alumbramiento de po
sibilidades que ahora podemos recoger. Miguel Antonio Caro
titul uno de sus ensayos El Magisterio de Bello, destinado
a exaltar la enorme labor docente realizada por su iniciativa
en todos los grados de la educacin pblica, y el poderoso
atractivo que ejerca sobre los discpulos que asistan a sus
clases personales. En stas, es seguro que sus alumnos capta
ban la densidad doctrinal que se ocultaba detrs de cada ex
plicacin y que slo afloraba en ocasin propicia. Sus libros,
y muy especialmente el que ahora acabo de comentar en su
apretada elaboracin interna, nos muestran cmo supo ejer
cer el elevado magisterio de decir mucho en pocas palabras,
para que de ellas saquen su fruto en grados distintos los
iniciados y los ignorantes.
SA M U EL G ILI GAYA.
Clll
ADVERTENCIA EDITORIAL
E l presente volumen, primero de los escritos filolgicos de Andrs
Bello, contiene principalmente el texto de los Principios de la Ortologa
y Mtrica de la Lengua Castellana, y otros trabajos de Bello sobre ver
sificacin.
PR IN C IP A LE S E D IC IO N E S DE LA O R T O L O G A Y M TRIC A
Andrs Bello public en vida tres ediciones de su Ortologa, en la
que fue introduciendo sucesivas ampliaciones y enmiendas, con el es
mero con que siempre cuidaba sus obras. Son las siguientes:
1) Principios de la Ortoloja i Mtrica de la Lengua Castellana.
Santiago de Chile, Imprenta de la Opinin, 1835. iv, 132 p.
A l publicarse sta edicin apareci en El Araucano ( N 9 254, julio
18 de 1835) el siguiente aviso, probablemente redactado por el propio
Bello:
"S e vende en esta im prenta una obra intitulada Principios
de la Ortoloja i Mtrica de la Lengua Castellana por don
A ndrs Bello. E l objeto de ella es dar reglas para la recta
pronunciacin de nuestro idiomla, haciendo notar algunos de
los vicios que se cometen generalmente, y en especial por los
americanos, tanto en el modo de proferir algunas letras, como
en la colocacin de los acentos y en la cantidad o duracin
que se da a las vocales. Por consiguiente, esta parte de la
obra abraza, adems de la doctrina relativa al buen uso de los
sonidos elementales, o sea de las vocales y consonantes, que
deban entrar en la composicin de cada palabra, la que se
refiere a los acentos y cantidades, que se ha conocido ordina
riamente con el ttu lo de Prosodia. La materia de las canti
dades se ha reducido a un nmero corto de reglas precisas,
y casi todas de fc il aplicacin.
"S e dan tam bin en esta obra las reglas de la M trica o
versificacin castellana, presentando en un corto espacio una
exposicin com pleta del arte, y reduciendo todos los metros
CV
Obras Completas de Andrs Bello
que se han usado o pueden usarse en castellano a cinco clases
generales, cuyo carcter armnico puede comprender y perci
bir cualquiera, como tenga un odo mediano. (Precio a la
rstica, 12 reales) .
2) Principios de la Ortoloja i Mtrica de la Lengua Castellana.
Segunda edicin. Santiago de Chile, Imprenta del Progreso, plaza de la
Independencia N m . 32. 18 50. vii, 162 p.
3) Principios de la Ortoloja i Mtrica de la Lengua Castellana.
Tercera edicin. Santiago de Chile, Imprenta de la Opinin, calle de la
Com paa N . 155, 1859. viii, 245 p.
sta es la ltima publicacin que prepar personalmente Andrs
Bello.
D e las tres ediciones, el Museo Bibliogrfico de la Biblioteca N acio
nal de Santiago de Chile, posee los ejemplares utilizados por el au
tor para las enmiendas y correcciones con las que iba mejorando las
sucesivas ediciones de su obra. Hemos podido estudiar en reproduccin
fotogrfica dichos ejemplares.
* * *
4 ) D e la primera edicin hecha por Bello en Santiago en 183 5 se
hizo una reimpresin en C aracas por E l Alm acn de J . M. de Rojas,
calle del Comercio N . 40, en la Imprenta de George Corser, en 1844
[i. e. 1 845], iv, 138 p. Precede a esta edicin una "A dvertencia del
Editor en la que se manifiesta "el respeto que profesamos a este sabio
y distinguido americano , y explica las razones por las que disiente del
criterio ortogrfico propugnado por Bello.
5) En 1862 se public en Bogot una reimpfesin hecha por Eche
verra H nos. tomando como base la segunda edicin de Santiago de
Chile, 18 50, x, 183 p.
6) Este mismo texto fue reimpreso por la citada casa de Echeverra
Hermanos en 1872, x, 182 p.
* * *
Sobre la tercera edicin d Santiago de. Chile, 1859, se han hecho
luego nuevas publicaciones:
7) Con el rubro de cuarta edicin, Imprenta de la Repblica, de
Jacin to N ez, Santiago, 1871, viii, 266 p.
8) Por el mismo impresor, la denominada quinta edicin, 1876,
viii, 262 p.
CV I
Advertencia Editorial
9) La llamada sexta edicin, fue hecha en Santiago, Librera Cen
tral de M. Servat, Esquina de H urfanos y Ahumada, en la Imprenta
Gutenberg, Estado 38, 1886, ix, 246 p. 1
* *
10) En 1882 se public en Bogot, por Echeverra Hnos. Editores,
(xvi, 208 p .) esta obra ilustrada con notas y nuevos apndices por Don
Miguel Antonio Caro, precedida de una Advertencia, en la que explica
Caro el criterio que ha seguido en la edicin. Anuncia esta publicacin
el propio Caro en sus "A puntes bibliogrficos relativos a D . Andrs
Bello , ( Repertorio Americano, 1881) cuando dice: "L os editores Eche
verra Hermanos preparan una nueva edicin revisada por el autor de
estos Apuntes . Se basa en la segunda edicin de Bello (Santiago, 18 5 0 ),
pues ignora la tercera (Santiago, 18 5 9 ). En los citados Apuntes, Caro
expresa: " N o conocemos este tercera edicin (18 59) ni sabemos en qu
se diferencia de la segunda .
11) De la edicin anotada por Caro hay una reimpresin posterior,
hecha en Bogot, Librera Americana, 1911, xvi, 425 p. Aunque por lo
general sigue la edicin de 1882 cuidada por Caro, introduce algunas
modificaciones que debe haber dejado preparadas el humanista colom
biano, puesto que la edicin es de 1911 y haba fallecido en 5 de agosto
de 1909. Caro haba basado su edicin de 1882 en la segunda edicin de
Bello de 1850. En la reedicin anotada de la Ortologa, en 1911, apa
recen algunas de las reformas introducidas por Bello en la edicin de 1859.
12) En la edicin chilena d las Obras Completas de Bello, se in
cluyen en el volumen V (pp. 1 -2 2 9 ), Santiago de Chile 1884, los
Principios de la Ortologa y Mtrica de la Lengua Castellana, de acuerdo
con la edicin de 18 59, precedida de una introduccin de Don Miguel
Luis A m untegui.
13) E sta edicin se reprodujo textualm ente en la "Coleccin de
Escritores Castellanos , com o volumen primero de los Opisculos Gra
maticales de Bello, Imlprenta de M. Tello, Madrid, 1890, 8-440 p.
14) Se reprodujo igualm ente en el volumen V III (pp. 61-269) de
la edicin de Obras Completas, auspiciada por la Universidad de Chile,
Santiago, 1933.
15) A notam os la siguiente publicacin abreviada de la obra de
Bello: Compendio de Ortologa, Prosodia y Mtrica. Extractados y de-
1 E n P alau D u lcet, M anual del librero hispano-americano, n9 2 6 .9 1 9 , se m en
ciona, q u izs errneam ente, una edicin de la O rtologa, de P ars, 1882, que no he
mos lo-grado ver.
CV II
Obras Completas de Andrs Bell
dicados a la juventud boliviana por F. R. O. (Flix Reyes O rtiz ). R e
impreso en La Paz, Imprenta de la Opinin y el Pueblo, administrada
por Silvestre Salinas, 1868, 4, 32 p.
L A P R E S E N T E E D IC I N D E L A O R T O L O G A
E l texto de la presente edicin de los Principios de la Ortologa y
Mtrica de la Lengua Castellana se ha hecho con base en las tres p u
blicaciones hechas por Bello, 1835, 1850, y 1859. Se ha cotejado cada
una de las redacciones y se han anotado al pie de pgina algunas de las
diferencias ms trascendentes, que permiten seguir el pensamiento del
autor y la evolucin de sus ideas. Adems, se han tenido a la vista los
ejemplares de la Ortologa, usados por el propio Bello para preparar las
ediciones sucesivas. E n ellos las correcciones y adiciones fueron coloca
das sobre el libro impreso, ya en notas marginales, va en notas sobre
papeles pegados en las pginas correspondientes. Bello utilizaba habi
tualmente ambos procedimientos para perfeccionar sus propios escritos.
Los ejemplares enmendados r>or Bello se conservan en el Museo Biblio
grfico de la Biblioteca N acional de Santiago de Chile y de ellos ha te
nido copia fotogrfica la C o m i s i n E d i t o r a por gentileza de sus colabo
radores en la capital chilena. Hemos examinado el ejemplar de la pri
mera edicin, de Santiago, 183 5, y de la segunda de Santiago, 1850. De
e:te ltim o hay dos ejemplares: uno, corregido de puo y letra de Bello;
y otro, al que un copista pas las correcciones hechas por el autor, pero
con enmiendas y rectificaciones manuscritas de Bello hechas todava
sobre esta segunda copia. Tam poco esta ltima correccin fue definitiva,
porque en algunos casos la tercera edicin de la obra, Santiago, 18 59,
ofrece redaccin distinta a la que aparece como enmendada en las no
tas manuscritas adicionales a los ejemplares de la edicin de 1850. H ay
que admitir, por tanto, otra revisin del texto, quizs en las pruebas,
intermedia entre la correccin m anuscrita y la edicin de 18 59. Todas
estas diferencias, cuando son de alguna entidad, aparecen en notas a la
presente edicin. A s hemos procedido sistemticam ente, excepto en al
gunos pocos casos, m uy evidentes, en que hemos interpolado en el texto
de Bello, las correcciones m anuscritas que no haban sido recogidas en
la tercera edicin, haciendo en nota la debida advertencia. La preocupa
cin de Bello en cuanto a la correcta impresin de este texto puede ver
se por ejemplo, en la nota puesta al margen del ejemplar de la edicin
de 18 50, cuando en la transcripcin de un verso del Poema del Cid, el
impositor haba puesto La mujer ondrada por Ya mujer ondrada, Bello
dice: "L a primera de estas dos letras no s l sino I (Y ) m ayscula: hago
esta advertencia al cajista .
cvnr
PRINCIPIOS
i i: i, a
ORTOLOGA Y MTRICA
1)E LA L E M J l ' A O A STK LLA X A
vo u
DON A N D K K S BE LLO
u
HIC!\ IIJ STUUU (OS SOTAS Y KIKVOS Ai'rilCES
J' K
D. AIUil'KL ANTONIO ( ARO
Atadi-tai** *$k$<4,}dUllutorii, 4c., fcc.
TUMI OTA
E C U K V K B E IIHUMANOS, KDlTOttES.
F acsm il de la p o rtad a de la prim era edicin, Bogot, 1882, de los Principios de la
ortologa y mtrica de la lengua castellana, con las notas y apndices de M iguel
A ntonio Caro.
Advertencia Editorial
Creemos que del minucioso cotejo de las tres ediciones de la Ortolo
ga cuidadas por Bello junto con el de los ejemplares con las notas m a
nuscritas del autor, se desprenden observaciones de inters para el exacto
conocimiento de la obra.
* * *
L a C o m i s i n E d i t o r a ha juzgado conveniente publicar en esta edi
cin las notas y apndices redactados por el insigne humanista colom
biano Miguel Antonio Caro para la edicin de Bogot, 1882, hecha sobre
la segunda edicin de Santiago, 1850. D e la publicacin preparada por
Caro hay otra edicin de Bogot, 1911, que sin seguir por completo la
tercera edicin de Bello (Santiago, 1 8 5 9 ), ya la ha tenido a la vista en
algunos puntos. Caro escribi una "A dvertencia , fechada en agosto de
1882 para la edicin de dicho ao, "A dvertencia que se reimprimi
idnticamente en la de 1911, en la cual dice:
"Y a por aquel tiempo [18 50, fecha de la 2* edicin de
Santiago] lleg a merecer este libro tan buen concepto y f a
vorable acogida entre los doctos, que en la Academia Espaola
la comisin encargada de escribir la Prosodia, habiendo exami
nado todos los trabajos publicados hasta entonces sobre esta
importante materia, juzg no haber nada o casi nada que in
novar, y considerando que este trabajo se hallaba desempeado
de un modo satisfactorio en la obra del seor Bello, opin
que la Academia podra adoptarla, previo el consentimiento
del autor, y reservndose el derecho de corregirla y anotarla,
dado que sus opiniones no se conformaban en todo con las
del seor Bello. Y en efecto, a nombre de la Academia, el
Secretario D . Eusebio M ara del Valle, con fecha 27 de junio
de 1852, pidi a B e l l o el competente beneplcito para hacer
la impresin en los trminos que la comisin haba propues
to. 1 " N o se llev a cabo este pensamiento; pero la Academia,
que en sucesivas ediciones de su G ram tica y mayormente en
la novsim a, ha introducido siempre importantes mejoras, se
conform a en lo sustancial (y acaso no afortunadam ente en
algn punto secundario)2 con la doctrina prosdica de B e l l o .
"D e la tercera edicin de Santiago, no conocida en Bo
got, slo sabemos, por el seor A m untegui, que, como la
segunda, no contiene innovacin alguna en los puntos fu n d a
mentales.
"P o r los mismos editores que hoy ofrecen de nuevo al
pblico los Principios de Ortologa y Mtrica de D . A n d r s
B e l l o , habase ya reimpreso dos veces esta obra en Bogot,
1 A m u n teg u i, Vida Bello, S an tiago, 1882, p g. 4 2 6 ( N o t a de C aro),
2 V. A pndice V I2 nm s. 12, 13, 16. ( N o t a d e C a r o ) .
CIX
Obras Completas de Andrs Bello
primero en 1862 y despus en 1872, siguiendo la edicin 2*
de Santiago, a la que, por no haberse deparado ocasin de
traer a la vista la 3 , ha sido forzoso acomodar tambin el
texto de la presente, revisado, por lo dems, con mayor es
mero y diligencia, e ilustrado con notas.
" stas y las adiciones se han colocado en los lugares con
venientes para que el lector pueda aprovecharse de ellas, pero
puestas siempre entre corchetes o parntesis cuadrados [ ] , a
fin de que lo aadido ilustre la obra sin viciar el texto.
"E n el de este libro slo se han hecho alteraciones orto
grficas y tipogrficas.
"S e ha arreglado la acentuacin escrita a lo ltimamente
preceptuado por la Real Academia Espaola; siendo de notar
que ya B e l l o , aunque no fuese por sistema, se anticip a
practicar lo mismo, puesto que segn se ve en manuscritos
suyos y en ediciones que dirigi, pona tilde en su nombre
de pila, y no en el de su ciudad nativa *.
"E n algunas partes la exposicin, que antes corra seguida
y confusa a la vista, se ha espaciado, interpolando para m a
yor claridad los ttulos y subttulos que a cada divisin o
subdivisin corresponden, con escrupulosa sujecin al mtodo
y tecnicismo del autor.
"Se ha restituido a Gngora un verso, malamente y de
memoria achacado por B e l l o a Fernando de H errera; y en
todas las citas de la Cancin a las ruinas de Itlica se ha qui
tado el nombre de Rioja, y pustose el de R odrigo Caro, su
verdadero autor, como lo practican ya cuantos tienen oca
sin de citar tan admirable poesa, desde que la Academia
Espaola aprob por unnime voto en 1870 el inform e que
sobre este punto histrico de propiedad literaria, mediante
inspeccin prolija de manuscritos originales, present el ilus
tre investigador D. Aureliano Fernndez Guerra.
"L a Epstola moral a Fabio, atribuida como la Cancin
al autor de las Silvas a las flores, se ha referido en las trans
cripciones que de ella ocurren, al capitn Fernndez Andrada,
de acuerdo con las conclusiones del seor D . A dolfo de C astro,
bien fundadas a juicio de crticos competentes 2.
1 A cen tu ar en lo escrito las dicciones agudas en es, com o Andrs, inters, era
una de las peculiaridades de la o r to g ra fa de B e l l o , segn observa el corrector de
pruebas del Poema del C id (O . C . II, p. x x v ) . H a b a tam bin n otad o B e l l o lo de
fectu o so del antiguo, sistem a o rto g r fic o en casos de con cu rren cia de vocales. V id .
A pndice IV , al fin. ( N o t a d e C a r o ) .
2 C a stro , La Epstola moral a Fabio no es de Rioja. C d iz : 1 8 7 5 , 8 0 p. M e -
n d ez P ela yo, Horacio enr Espaa, p. 247. ( N o t a d e C a r o ) . Se sigue atrib uyend o
al C a p itn A n drs F ern n dez de A n d rad a, pero n o hay seguridad absoluta. ( C o m i
si n E d it o r a . C a r a c a s ) ,
ex
Advertencia Editorial
"M as aun en estas restituciones, a fin de no tocar el texto
de B e l l o , se ha usado el signo tipogrfico apropiado a aislar
notas e ilustraciones.
"E n ellas se hallarn a menudo confirmadas y ampliadas,
y tambin, alguna aunque rara vez, combatidas las opiniones
de B e l l o ; siendo derecho del que leyere, y no del anotador,
fallar en los puntos controvertidos.
" A los apndices del autor se han aadido tres:
"E n el m arcado con el nmlero II2 se fija la nocin pro
sdica de slaba, y se enuncian las consecuencias que de ese
concepto manan.
"E l V 2 explana la exacta y discreta doctrina de B e l l o
sobre acentuacin etimolgica.
"E n el V I2 se exponen de un modo ms completo que en
anteriores tratados, y ms fielmente ajustado al buen uso,
los principios que guan la pronunciacin de vocales concu
rrentes.
"E scritos otros dos y extensos apndices, uno, V III2, sobre
el ritmo acentual de la poesa latina, y otro, X , sobre el isosi-
labismo como accidente mtrico, para rectificar algunos con
ceptos del autor, quedan por ahora iriditos, aunque a uno
de los dos se hizo referencia en el texto x. Para adquirir pleno
conocimiento de las teoras de B e l l o , se ha credo que sera
necesario estudiar, adems de lo consignado por l en esta
obra, lo que expuso en una Memoria especial, impugnando
cierta teora de D . Ju an M ara M aury sobre el sistema mtrico
de la poesa clsica. Y corno al entrar en prensa los ltimos
pliegos de esta edicin, el revisor de ella an no haya logrado
ver el opsculo de M aury, ni la impugnacin,2 citada por el
diligentsim o autor de la nueva Vida de D. Andrs Bello, ha
tenido por prudente desistir de tratar ahora esos puntos, pro
metindose hacerlo ms tarde y con m ejor luz en alguno de
los tomos de m aterias filolgicas, de la edicin de las Obras
de Bello que se publican en M adrid como parte de la excelente
Coleccin de escritores castellanos .
Damos nosotros las notas y apndices de Caro trasladados sistem
ticamente al texto de Bello correspondiente a la tercera edicin (San
tiago, 1859) que, como ya hemos dicho, no siempre tuvo en cuenta la
publicacin de Caro, de Bogot, 1911.
1 N o ta a la s p p . 142 y 151. ( N o t a d e C a r o ) . E l A pndice V III2 se publica
en la presente edicin . ( C o m i s i n E d i t o r a . C a r a c a s ) ,
2 V a p u b licad o com o a rtc u lo V del presente volum en ( C o m i s i n E d it o r a .
Ca r a c a s) .
CX1
Obras Completas de Andrs Bello
O T R O S E SC R IT O S SO BR E PRO SO DIA Y V ER SIFIC A CI N
Com pletan este primer volumien de escritos filolgicos de Bello, una
serie de artculos sobre temas de prosodia y mtrica, publicados algunos
por Bello durante su vida, y otros aparecidos postumamente en la pri
mera edicin de Santiago de Chile, cuidada por los A m u n tegu i 1. Estos
escritos nos indican la constante preocupacin de Bello por esta materia,
desde los das de Londres, y parecen form ar parte de un plan no reali
zado de un gran estudio sobre prosodia y mtrica castellanas. Adems,
el modo como Bello fue elaborando sus investigaciones y el no haberlas
publicadq n vida, explica que a menudo repita los temas tratados, y
aun a veces reproduzca expresiones y pasajes enteros (especialmente en
el artculo V III, sobre el origen de las varias especies de versos usados
en la poesa moderna, respecto al art. X , Del ritmo acentual y de las
principales especies de versos en la poesa moderna; el artcu lo III, Uso
antiguo de la rima asonante . . . , respecto al artculo V , La rima, e tc .).
Pero hemos credo de nuestro deber dar la redaccin completa llegada
hasta nosotros. Slo introducimos alguna rectificacin respecto a la edi
cin de Chile, cuando hemos podido hacer el cotejo con el original m a
nuscrito.
Reservamos para el segundo volumen de escritos filolgicos, el estu
dio y edicin del Poema del Cid, y los dems escritos relacionados con
la literatura medioeval castellana y europea.
L a C o m is i n E d it o r a
Caracas, m arzo de 1954.
1 Vase O . C. VIII, pp. v-vi.
cxn
ESTUDIOS FILOLOGICOS
I
PRINCIPIOS
DE LA
ORTOLOGIA Y METRICA
DE LA
L E N G U A CASTELLANA
PRLOGO
DE LA E D I C I N DE 1 8 3 J
Como no hay pueblo, entre los que hablan un mismo
idioma, que no tenga sus vicios peculiares de pronunciacin,
es indispensable en todas partes el estudio de la Ortologa
a los que se proponen hablar con pureza; pues no basta que
sean propias las palabras y correctas las frases, si no se profie
ren con los sonidos, cantidades y acentos legtimos.
Estudio es ste sumamente necesario para atajar la r
pida degeneracin que de otro modo experimentaran las
lenguas, y que multiplicndolas hara crecer los embarazos
de la comunicacin y comercio humano, medios tan podero
sos de civilizacin y prosperidad1; estudio indispensable a
aquellas personas que por el lugar que ocupan en la socie
dad, no podran, sin degradarse, descubrir en su lenguaje
resabios de vulgaridad o ignorancia; estudio, cuya omisin
desluce al orador y puede hasta hacerle ridculo y concitarle
el desprecio de sus oyentes; estudio, en fin, por el cual debe
comenzar todo el que aspira a cultivar la poesa, o a gozar
por lo menos en la lectura de las obras poticas aquellos de
licados placeres mentales que produce la representacin de
la naturaleza fsica y moral 2, y que tanto contribuyen a me
jorar y pulir las costumbres.
1 L a 1* y la 2 edicin d ecan "fe lic id a d p or "p ro sp e rid ad ". ( C o m i s i n e d it o r a .
C a r a c a s) .
2 " F s ic a y m o ra l lo agreg Bello p ara la 2 * edicin. ( C o m isi n e d it o r a .
C a r a c a s) .
Principios de Ortologa y Mtrica
Un arte tan esencial ha estada hasta ahora encomendado
exclusivamente a los padres y maestros de escuela, que ca
reciendo, por la mayor parte, de reglas precisas, antes vician
con su ejemplo la pronunciacin de los nios, que la corri
gen con sus avisos. Pero al fin se ha reconocido la importan
cia de la Ortologa; y ya no es lcito pasarla por alto en la
lista de los ramos de enseanza destinados a formar el litera
to, el orador, el poeta, el hombre pblico, y el hombre de
educacin.
Deseoso de facilitar su estudio presento a los jvenes ame
ricanos este breve tratado, en que me parece hallarn reuni
do cuanto les es necesario, para que, juntando al conoci
miento de las reglas la observacin del uso, cual aparece en
los buenos diccionarios y en las obras de verso y prosa que
han obtenido el sufragio general, adquieran por grados una
pronunciacin correcta y pura.
En las materias controvertidas apunto los diferentes dic
tmenes de los ortologistas; y si me decido por alguno de
ellos o propongo uno nuevo, no por eso repruebo los otros.
El profesor o maestro que adoptare mi texto para sus leccio
nes ortolgicas, tiene a su arbitrio hacer en l las modifica
ciones que guste, y acomodarlo a sus opiniones particulares
en estos puntos variables, que afortunadamente ni son mu
chos, ni de grande importancia. Yo prefiero, por ejemplo,
la pronunciacin de substituir y transformar; mas no por
eso dir que hablan mal los que suprimen en la primera de
estas dos palabras la b y en la segunda la n, como lo hacen
hoy da gran nmero de personas instruidas, cuyas luces res
peto. La variedad de prcticas es inevitable en estos confi
nes, por decirlo as, de las diferentes escuelas; y no sera
fcil hacerla desaparecer sino bajo el imperio de una auto
ridad que, en vez de la conviccin, emplease la fuerza: au
toridad inconciliable con los fueros de la repblica literaria,
y que, si pudiese jams existir, hara ms dao que prove
cho; porque en las letfas, como en las artes y en la poltica,
6
Prlogo
la verdadera fuente de todos los adelantamientos y mejoras
es la libertad.
Algunas reglas de Ortologa (como de Sintaxis y Orto
grafa) se fundan en el origen de las palabras, y no pueden
aplicarse a la prctica sin el conocimiento de otros idiomas,
que no deben suponerse en los alumnos; pero no por eso es
lcito omitirlas en una obra cuyo objeto es investigar 1 los
principios y fundamentos de la buena pronunciacin, y no
slo aquellos que se dejan percibir a los observadores menos
instruidos, sino aun los que por su naturaleza slo pueden
servir de gua a los eruditos, y a las corporaciones literarias
cuyo instituto es fijar el lenguaje. Corresponde al profesor
elegir, entre las varias materias que se tocan en un tratado
elemental, las accesibles a la inteligencia de sus discpulos,
sirvindose de las otras, si las juzga tiles, para la decisin de
los casos dudosos que los principiantes no alcancen a resol
ver por s mismos.
A la Ortologa, que comprende, como parte integrante,
la doctrina de los acentos y de las cantidades, llamadas co
mnmente Prosodia, cre conveniente agregar un tratado
de Mtrica. La Prosodia y la Mtrica son dos ramos que or
dinariamente van juntos, porque se dan la mano y se ilustran
recprocamente.
En la Mtrica doy una anlisis completa, aunque breve,
del artificio de nuestra versificacin, y de los verdaderos
principios o elementos constitutivos del metro en la poesa
castellana, que bajo este respecto tiene grande afinidad con
la de casi todas las naciones cultas modernas. Pero me era
imposible emprender esta anlisis sin que me saliesen al pa
so las reidas controversias que han dividido siglos hace a los
humanistas, acerca de las cantidades silbicas, el oficio de los
acentos y la medida de los versos. Despus de haber ledo
con atencin no poco de lo que se ha escrito sobre esta ma
teria, me decid por la opinin que me pareci tener ms cla-
1 L a i * e d ic i n d e c a " d a r a c o n o c e r p o r " in v e s t ig a r . ( C o m isi n e d it o r a ,
C a r a c a s) .
7
Principios de Ortologia y Metrica
ramente a su favor el testimonio del odo, y que, s no me
engao, aventaja mucho a las otras en la sencillez y facili
dad con que explica la medicin de nuestros versos, sus va
rias clases, y los caracteres peculiares de los dos ritmos an
tiguo y moderno. Reservo para los Apndices estos y otros
puntos de elucidacin o de disputa, que, interpolados en el
texto, suspenderan inoportunamente la exposicin didc
tica destinada a los jvenes.
N o disimular que mi modo de pensar est en oposicin
absoluta con el de dos eminentes literatos, autor el uno de
un excelente tratado de literatura, y traductor de Homero;
y recomendable el otro por la publicacin de los primeros
elementos de Ortologa, que se han dado a luz sobre la len
gua castellana; obra llena de originales y curiosas observa
ciones, y fruto de largos aos de estudio. Pero por lo mis
mo que la autoridad de estos dos escritores es de tanto peso,
era ms necesario hacer notar aquellos puntos en que alguna
vez no acertaron; y si el desacierto fuere mo, se har un
servicio a las letras refutando mis argumentos y presentando,
de un modo ms claro y satisfactorio que hasta ahora, la
verdadera teora prosdica y mtrica de la lengua castellana.
Slo me resta manifestar aqu mi gratitud a la liberali
dad con que el gobierno de Chile se ha servido suscribirse a
esta obra. Ojal que su utilidad respondiese 1 a las intencio
nes de un patrono tan celoso por el adelantamiento de las
letras, y a mis ardientes deseos de ver generalizado entre los
americanos el cultivo de nuestra bella lengua, que es hoy el
patrimonio comn de tantas naciones!
A D V E R T E N C IA A LA E D IC I N D E 1850
Santiago, 1? de m arzo de 1850.
En esta segunda edicin, se han hecho correcciones im
portantes destinadas a elucidar algunas partes de la primera,
1 E n 1 1 * edicin "correspon diese . ( C o m i s i n e d it o r a . C a r a c a s) .
Prlogo
que me parecieron requerirlo, y a llenar ciertos vacos. He
credo tambin necesario multiplicar los ejemplos, demasia
damente escasos en la edicin anterior. Estudios posteriores
no han hecho ms que confirmar mis convencimientos so
bre todos los puntos fundamentales de mi teora prosdica
y mtrica. En esta parte, son casi enteramente conformes las
dos ediciones.
A D V E R T E N C IA A L A E D IC I N D E 1859
Santiago, l 9 d m arzo de 1859.
Fuera de no pocas correcciones puramente verbales y or
togrficas, se encontrarn en esta tercera edicin nuevos y
ms apropiados ejemplos; un orden ms lgico en la exposi
cin de ciertas materias; la teora de una especie de ritmo
popular a que no s se haya prestado atencin hasta ahora;
y algunas otras innovaciones de menor importancia, pero
que no alteran en ningn punto esencial las ideas emitidas
en la edicin primitiva.
9
O R T O L O G A
El objeto de la Ortologa es la recta pronunciacin de
las palabras. La Ortologa tiene tres partes: la primera tra
ta de los sonidos elementales de las palabras * ; la segunda, de
sus acentos; la tercera, de sus cantidades o tiempos. A las dos
ltimas suele darse colectivamente el nombre de Prosodia.
* A esta p a r te se d a en o tr a s le n g u a s el n o m b re de Ortoepa. ( N o t a d e B e l l o ) .
PRIM ERA PA R TE
DE LOS SONIDOS ELEMENTALES
I
D E LO S SO N ID O S E LE M E N T A L ES E N G E N ER A L
Se llama sonido elemental aquel que no puede resolverse
en dos o ms sonidos sucesivos. Tales son los que correspon
den a las letras con que escribimos las dicciones gala, campo,
soto. Tal es tambin el que corresponde a la letra compuesta
ch en choza, techo, y el que corresponde a la letra doble rr
en carro, tierra.
Por el contrario, es sonido compuesto el que consta de
dos o ms partes sucesivas, ya se represente con una sola
letra o con ms. Es por consiguiente sonido compuesto el
que representan las dos letras br en brazo y las dos letras ai
en baile. Tambin lo es el que damos a la letra x en la pala
bra examen, pues en l se perciben distintamente dos partes
sucesivas, que pudiramos representar escribiendo ecsamen,
o segn otros, egsamen.
Los sonidos elementales o son vocales o consonantes. Vo
cales son los que pueden pronunciarse por s solos, y conso
nantes los que es imposible proferir, a lo menos de un modo
claro y distinto, si no se juntan con sonidos vocales. Los so
nidos que corresponden a las letras a, o, en campo, son voca
les, y los que corresponden a las letras c, m, p, consonantes.
Debe notarse que los trminos vocal y consonante signi
Ortologa
fican no solamente las dos especies de sonidos elementales de
que se componen todas las palabras, sino las letras o carac
teres que los representan en la escritura. Yo procurar siem
pre distinguir estas dos acepciones.
Sn
DE LAS V OCALES
Los sonidos elementales vocales, o como solemos llamar
los ordinariamente, las vocales, no son ms que cinco en
nuestra lengua, a, e, i, o, u.
La tercera vocal es a veces representada con el carcter
y, verbi gracia en las dicciones carey, voy. Sera de desear
que se generalizase la prctica de los que sealan este sonido
en todos los casos con la letra i, escribiendo verbi gracia ca-
rei, voi, aire, peine, Europa i Amrica 1.
La quinta vocal es siempre representada por la letra u.
Pero este carcter es a veces enteramente ocioso, porque ni
representa el sonido vocal de que lo hemos hecho signo, ni
1 [ E l uso ha sido v ario en este punto. E l sistem a recom endado por B ello con
siste en escribir re , Europa 1 Amrica (i v o c a l), y reYes, Yema ( y co n so n an te).
Este sistem a no es n uevo; M ayans en el siglo pasado, siguiendo los principios de
N e b rija, lo us en todas sus ediciones, y en otras m ucho m s an tiguas aparece p r a c
ticado. Pero hubo ya com o sucede siem pre tratn d o se de innovaciones, quienes con
sta, as lim itada, no quedasen con ten tos: G o n zalo C orreas sosten a que la y en rey ,
reyes, yema, era diptongada, pero jam s consonante, y tratan d o de ign orantes a los
que no ad m itan su d o ctrin a, suprim i del tod o la y, y e scrib a rei, retes, tema.
Siguironle en esta p rc tic a el eru dito A ld rete y o tros. L a regla que en este p u n to ha
prevalecido en los ltim os tiem pos es la que a principios del siglo X V I p ro p o n a el
au to r del Dilogo de la lengua, que p artid ario en principio, del sistem a fo n o g rfico ,
lo lim itaba en la p rc tic a , y escriba ay (in te r je c c i n ), hay (v erb o ) y ah (a d v e r b io );
hoy (ad v erb io ) y o (v e r b o ). "C u a n d o es co n ju n cin ponem os tam bin y griega,
diciendo Csar Y Pompeyo. E n todas las o tras partes y o pongo la i pequea*. (O b ra
citada, M ad rid , 1873, p g. 5 0 ) . ste es tam b in el tem peram ento en q*ue se ha
fijad o la A cadem ia; pero ella slo se apoya en el uso general y reconoce que escribir
Juan 1 Pedro es "p r c tic a de algunos escritores, que razonablem ente no puede des
aprobarse . ( Gram ., 1 8 7 8 ), y que el uso general en este p u n to v a "c o n tra tod a razn
o rto g r fic a (G ram ., 1 8 8 1 ). L a fo rm a elegante e in equ voca de la y, y las tildes
que se ponen sobre las vocales sueltas , , , aslan y destacan estas p a rtc u la s
en lo m an uscrito, com un ican do a la escritura n otable claridad. E stas razones c a lig r
fic a s y p rc tic a s han p revalecido sobre las te o ras, fijan d o la o r to g ra fa en este pun to,
que no presta m rito p ara la polvareda que con l han querido m over algun os no s
si dir curiosos u o cioso s].
14
Primera parte. De los sonidos elementales
otro sonido alguno. As sucede siempre (segn la ortografa
corriente) despus de la q, verbi gracia en las dicciones que~t
ma, quita; y despus de la g, cuando no sealamos la u con
los dos puntos llamados crema. El oficio de este signo es avi
sar que debe pronunciarse la u; porque en esta situacin par
ticular, es decir, despus de la g y antes de la e o la /', si falta
la crema, es muda la u, y slo sirve para que se d a la 5 el
mismo sonido que antes de las otras vocales, como en guerra,
guinda; al paso que puesta la crema, es preciso pronunciar
la u, como en agero, argir.
Representamos los sonidos vocales no slo por los signos
simples a, e, i, o, u, sino por los compuestos ha, he hi, ho,
hu, cuando en ellos la letra h no significa nada por s sola,
como sucede en las dicciones haya, heno, hijo, hombre, hu-
mo. Esta h no indica accidente alguno que pueda hacerse
sentir al odo, y no acostumbra escribirse ahora, sino porque
se escriba siglos hace, cuando indicaba una verdadera mo
dificacin de la voz.
Divdanse las vocales en llenas y dbiles. Llenas son la
a, la e, y la o; dbiles la i, la u. La e, sin embargo, parece te
ner ms bien un carcter medio, aproximarse algo a las d
biles *. Este vario carcter de las vocales, que desde luego
se da a conocer al odo, produce efectos notabilsimos en
prosodia, como despus veremos. Por ahora me limito a in
dicarlo.
III
D E LA S C O N SO N A N T E S
Los sonidos elementales consonantes, o como solemos lla
marlos ordinariamente, las consonantes, que tambin se lla
man sonidos articulados, o articulaciones, son veintiuno en
* Fastum et ingenitam hispanorum gravitatem horum inesse sermoni facile quij
deprehendct, si crebram repetitionem Jiterae A, vocalium longe magnificentissimae,
sp e c te t... sed et crebra finalis clausula in O vel OS grande quid sonat. Isaac
Vossius. De poematum cantu et viribus rhythmi. ( N o t a d e B e l l o ).
15
Ortologia
nuestra lengua; es a saber, los representados por las letras
o caracteres simples b, d, f, j, l, m, n, , p, s, t, v; el repre
sentado por la letra compuesta ch en charco, leche, nicho;
el representado por la letra simple c en cama, coro, culpa, y
por la combinacin qu en quepo, quiso; el representado por
la c en celeste, cima, y por la z en zagun, zfiro, azul; el
representado por la letra g en gala, gozo, gusto, agero, y
por la combinacin gu en guerra, guinda; el representado
por la letra h en hueso, huevo, que se parece algo al antedi
cho de la g; el representado por la letra doble 11 en llanto,
bulla; el representado por la r en aire, abril; el representado
por la r simple en rayo, y por la rr doble en arrogante; y en
fin, el representado por la letra y en yema, yugo, mayo.
Por la enumeracin precedente, se ve que hay varios sig
nos que no tienen siempre un mismo valor. Para evitar equi
vocaciones advierto que por sonidos de la c y la g, entiendo
los que estas letras tienen en coro, craso, gamo, gloria; por
sonido de la r el suave que le damos en arena, coro; y por so
nido de la y, nicamente el articulado, como en yace, ayu
no \
Los sonidos de las vocales no admiten dificultad alguna:
todos los pueblos que tienen por lengua nativa la castellana
las pronuncian de una misma manera. Pero en algunas de
las consonantes, es vario el uso, y se han introducido vicios
de que deben precaverse los que aspiran a pronunciar co
rrectamente el castellano. Voy a tratar de cada una de estas
consonantes en particular.
B, V. An no est decidido si los dos signos b y v re-
1 De la 2* edicin de la Ortologa (1850), Bello suprimi aqu los prrafos
siguientes: Por lo dicho se ve tambin que ciertas letras no significan sonido alguno
en ciertos casos, y se hacen enteramente mudas. T al es la u despus de la q, que de
nada sirve en el presente sistema ortogrfico, pues la simple q significara lo mismo
que la combinacin de ambas letras. Tal es tambin el h en las dicciones hombre,
humo, hermosura, ahogar, ahuyentar, y muchsimas otras.
Se puede dudar si el h que precede o sigue a una vocal en ciertas interjecciones,
como ha, ah, he, oh, representa o no un verdadero sonido. Ella indica q*ue la vocal
se ha de pronunciar con cierto esfuerzo, arrojando ms que el ordinario aliento,
que es lo que se llama aspirar: esta aspiracin produce en realidad un sonido algo
semejante al de la j, pero ta tenue, que apenas se deja sentir. (C o m is i n e d it o r a .
C a racas) .
16
Primera parte. De los sonidos elementales
presentan hoy en castellano dos sonidos diferentes o uno so
lo. Me inclino a creer que la mayor parte pronuncian b y
v, pero sin regla ni discernimiento, y sustituyendo antojadi
zamente un sonido a otro *; de lo que resulta el no poderse
distinguir muchas veces por la sola pronunciacin vocablos
de diverso sentido, como bello y vello, basto y vasto, barn
y varn, balido y valido, beneficio y veneficio, tubo y tuvo,
embestir y envestir, baya y vaya, grabar y gravar, etc.
Si no se distinguen los valores de estas letras, quedan re
ducidas las articulaciones castellanas a veinte.
Si b y v significan sonidos distintos, es preciso advertir
que la diferencia es ligera: la b no se parece tanto a la p, ni
la v a la f, como en italiano, francs e ingls; y acercndose
mucho una a otra, casi llegan a confundirse, y efectivamen
te en la boca de muchas personas se confunden; lo que ex
plicara el uso incierto y promiscuo que suele hacerse de es
tos signos y el considerarlos como equivalentes en la rima.
Suponiendo que deba hacerse cierta diferencia entre b
y v, que es a lo que yo me inclino, a qu nos atendremos pa
ra colocar atinadamente los dos sonidos respectivos? La in-
certidumbre ocurre slo antes de vocal: en todos los dems
casos se pronuncia universalmente b y no v, como en brazo,
abril, obstinado, Moab, Job. Cmo sabremos, pues, cul de
1 [Que en otros tiempos se haca distincin entre la b y la v, es patente,
pues estas letras en la mayor parte de las voces castellanas que las llevan, como en las
otras lenguas romances, procedieron naturalm ente de las mismas letras latinas o de
otras consonantes ms fuertes; y si loBo fu modificacin de luPum, y lave de
claVem, no era posible que la b de la primera voz y la v de la segunda sonasen
idnticamente. Pero con el tiempo se perdi en la pronunciacin esta diferencia eti
molgica, y de aqu resultaron en la escritura reglas caprichosas como "la brbara
distincin que introdujo la ignorancia, de que no haba de haber dos bb ni dos vv
en una palabra, sino que haba de escribirse bever, bivir o veber, vibir (Academia,
Diccionario, 1726, I, L X X II). La Academia, ao y lugar citados, reconoci que los
espaoles no hacan distincin en la pronunciacin de las dos letras B y V, y que
igualmente se haban valido de una u otra sin el menor reparo; y determin introdu
cir en este punto la ortografa etimolgica, que hoy rige, dejando la b para los casos
de origen incierto. H oy la misma Academia observa (Gram., pg. 3 53) que "es en la
mayor parte de Espaa, igual, aunque no debiera, la pronunciacin de la b y de la v.
La ortografa etimolgica ejerce todos los das ms y ms influencia en la pro
nunciacin, principiando por las personas educadas, que estudiando lenguas extran
jeras en que la distincin entre b y v es necesaria, se acostumbran a hacerla tambin
en la lengua propia].
17
Ortologia
los dos ha de preferirse, cuando se le sigue vocal? La etimo
loga, cuando no hay duda en ella, es lo nico que puede
guiarnos. Por consiguiente:
1 Debemos pronunciar hbil, mbil \ nubil, derivados
de los vocablos latinos habilis, mobilis, nubilis; marabi-
lla, procedente de mirabilia 2; estabilidad, falibilidad, voces
nacidas de estable, falible. En una palabra, se debe siempre
conservar la b de los verbales latinos en bilis, de los castella
nos en ble, y de sus respectivos derivados.
29 En la terminacin de los pretritos imperfectos de
indicativo, se preferir siempre la b a la v, como en amaba
escuchaba, iba.
39 Se prefiere asimismo la b, cuando ha provenido de
la p, como en cabo de caput, obispo de episcopus.
49 Se prefiere la v en los nombres procedentes de los
verbales latinos en ivus, y en los verbales castellanos en ivo, y
sus derivados, como putativo, reflexivo, pensativo, cautivi
dad, motivar.
59 Se prefiere en fin la v en la terminacin de los nume
rales ordinales y partitivos, como octavo, ochavo, centavo.
6 N o parece haber razn alguna para pronunciar Avi
la, abogado, bermejo, bulto, buitre; derivados de Abula, ad-
vocatus, vermiculus *, xndtus, vidtur; pues no debe alegarse
1 [La Academia escribe mvil. En latn es mobilis. Hay diferencia entre el
sufijo ilis q*ue se aade inmediatamente a la raz verbal ( agilis, fragilis, facilis, docilis) ,
y el sufijo bilis, que se junta no a la raz pura, sino a la raz mediante la vocal
caracterstica de la conjugacin ( mira-bilis, ama-bilis, dele-bilis, fie-bilis, alr bilis,
credi-bilis, sepei-bilis) , y alguna vez al tema verbal como aparece en el supino ( mo-bilis ,
no-bilis, volu-bilis). Como en castellano movible sali directamente de mover, mvil
ha sido considerado como de formacin anloga a la de gil, fcil, etc., y entre uno
y otro derivado se ha introducido la diferencia de significacin que indica el Dic
cionario de la Academia].
2 [Es evidente que las reglas que da aqu el autor no slo son ortolgicas,
sino ortogrficas: a la etimologa ha de acomodarse la pronunciacin, y sta as
fijada es la que ha de representarse en la escritura. As lo reconoce infra, nmero 69.
En cuanto a la b y la v se muestra el autor rigurosamente etimoJogista, mientras que
con respecto a la h y en otros puntos se inclina a la fonografa con sobrada laxitud.
En la voz maravilla, en las que cita el autor en el nmero 69 (amn de otras muchas
como barrer, basura, bochorno, bosar, rebosar, boda) no parece suficiente la razn
etimolgica que alega Bello para oponerse al "uso general y uniforme ].
* Se llam vermiculus, vermello, vermejo, el insecto que da el tinte rojo lla
mado grana quermes; de aqu el adjetivo vermejo, vermeja. ( N o t a d e B e l l o ) .
18
Primera parte. De los sonidos elementales
aqu el uso contra la etimologa, ya que todos confiesan que
en la pronunciacin de los ms o se confunden o se emplean
caprichosamente la b y la v, y es natural atender al origen,
cuando el uso no puede servirnos de gua. Creo, pues, que lo
ms racional es pronunciar, y por consiguiente escribir, bi-
la, avogado, vermejo, vulto, vuitre; lo que por otra parte
guarda analoga con abulense (el natural de bila), que se
escribe con b y vulturino (lo semejante al vuitre o propio
de l), que se escribe con v.
Cuando es incierta o poco manifiesta la etimologa, lo
mejor es atenernos al uso de la Real Academia Espaola, co
mo representativo del que prevalece entre la gente educada.
Es prctica invariable en castellano que despus de m
no se escriba jams ni se pronuncie v, sino b; mas esto poca
luz puede darnos para la eleccin entre uno y otro sonido;
pues aquellos que en la voz mbito, por ejemplo, pronun
ciasen la b como v, incurriran tambin en la falta de dar
a la m el sonido de la n. As vemos que unos dicen embestir,
y otros envestir, en el significado de acometer; pero nadie
dice emvestir, ni enbestir.
Hay otra cosa que notar acerca de la letra b. Acostum
bran muchos suprimirla en las combinaciones abs, obs, se
guida de consonante, como en abstracto, obstruir, pronun
ciando astracto, ostruir. Deben evitarse estas innovaciones,
mientras no estn sancionadas por la comn pronunciacin
de la gente instruida, como lo estn efectivamente en oscu
ro. En sta, y acaso en alguna otra palabra, creo que no se
podra sonar hoy da la b, sin caer en la nota de afectacin
y recalcamiento \ La Real Academia suprime hoy general
mente la b de subs, cuando sigue consonante, como en sus
cribir, sustraer.
C. En ciertos nombres verbales, se omite indebidamente
el sonido c, pronunciando verbi gracia transacin, en vez de
* Bello terminaba este prrafo en la 29 edicin de la Ortologa (1850) de la
siguiente manera: Pero no ha ido tal vez demasiado lejos, suprimiendo por regla
general la de subs? Se ha reclamado y se reclama contra las novedades de esta especie
que aparecieron en la sexta edicin de su Diccionario. ( C o m i s i n e d it o r a . C a r a c a s ) .
19
Ortologa
transaccin. Tenemos en esta parte una norma segura, que
es el origen latino, corroborado en muchos casos por la ana
loga castellana. De transigir sale naturalmente transaccin,
como de afligir, afliccin, de corregir, correccin, de dirigir,
direccin, de erigir, ereccin, etc. Habra slo que excep
tuar objecin (de objectio) y no s si algn otro vocablo, en
que definitivamente haya dejado de pronunciarse la c. El
uso, cuando es general y uniforme, debe prevalecer en ma
teria de Ortologa sobre toda otra consideracin.
No se dice hoy succeder, suecesin, sueceso, succesor, si
no suceder, sucesin, etc.
C, G, M, P, T. Hay nombres tomados de otras lenguas,
y particularmente del latn y el griego, que principian por
una de estas letras seguida de una consonante con la cual
no puede formar combinacin inicial castellana; verbi gra
cia: Cneo, Gnomnico, Mnemsine, pseudoprofeta, tmesis,
Ptolomeo, czar x, czarina. Como, aunque dura, no es im
posible la pronunciacin de estas articulaciones iniciales, sor
da a lo menos, cada cual podr retener la primera de ellas
o no, segn se lo dicte su odo o su gusto: el uso escrito es
vario. Hay dicciones que universalmente se pronuncian y
escriben sin esa consonante inicial como salmo, salmodia, an
tes psalmo, psalmodia.
CS, X. Cumple considerar aqu el valor de la x; punto
en que hay variedad de opiniones. Hablo de su valor com
puesto, pues el simple, equivalente al de la j, que tuvo has
ta principios de este siglo, est desterrado de la moderna or
tografa. En cuanto a su valor compuesto, unos lo hacen
siempre equivalente al de la combinacin es, pronunciando
examen, como si se escribiera ecsamen; otros al de la com
binacin {egsamen) ; y otros le dan ambos valores, pero
distinguiendo casos. De estos ltimos, es el ilustrado y ele
gante autor de las Lecciones de Ortologa y Prosodia caste-
1 [La Academia h a fijado la ortografa de esta voz escribiendo Zar, que 6e
acerca ms a la pronunciacin rusa Tsar. Czar es la ortografa polaca, en la que cz
representa el sonido equivalente de nuestra ch~\.
20
Primera parte. De los sonidos elmenfales
llana, don Mariano Jos Sicilia, que establece las reglas si
guientes:
1* La x entre dos letras vocales tiene el sonido de es;
verbi gracia en axioma, examen.
2 La x antes de consonante o h tiene el valor de gs; ver
bi gracia en expiar, exhibir.
3 La x en fin de diccin suena como gs; verbigracia en
dux, fnix.
Si se me permitiera elegir entre esas diferentes opiniones,
me decidira ciertamente por la de aquellos que dan a la x
en todos los casos el valor de la combinacin gs, no slo por
que este sonido lleva al otro la ventaja de la suavidad, sino
porque creo que el uso est ms generalmente en favor de esa
prctica.
Otra cosa tenemos que observar sobre la x, y es el abuso
que modernamente se ha introducido de pronunciar y es
cribir s por x, no slo antes de otro sonido articulado, sino
antes de vocal, o cuando en la escritura se le sigue h, como
en espedir, eshalar, eshumar, esamen, en vez de expedir, ex
halar, exhumar, examen. La sustitucin de la s a la x, antes
de vocal o h, es intolerable. Cuando sigue consonante, no se
ofende tanto el odo; pero me parece preferible pronunciar,
y por consiguiente escribir, expectoracin, expectativa, ex
pedir, etc.; porque esta prctica tiene a su favor el uso de
las personas instruidas que no se han dejado contagiar de la
mana de las innovaciones, y porque de ella, como ya ha no
tado el seor Sicilia, se seguira que se confundiesen en la
pronunciacin y la escritura ciertos vocablos que slo dis
tinguimos por una s o x, como especiacin (de spectare)
y expectacin (de expectare) ; texto, contexto, sustantivos,
y testo, contesto, verbos; sestil, sesteadero, y sextil, voz astro
nmica, o el nombre antiguo del mes de agosto; sesma, la
sexta parte, y sexma, moneda antigua; esplique, sustantivo,
y explique, verbo; esclusa, sustantivo, y exclusa, participio;
esttica, sustantivo, y exttica, adjetivo; espiar, servir de es
pa, y expiar, purgar una culpa.
21
Ortologa
Cuando despus del sonido de x viene el de z, como en
excelente, excitar, suelen algunos omitir en la escritura la c
que representa el sonido de la z, escribiendo exelente, exitar.
Esta innovacin no podr prevalecer en pases donde se
pronuncie con pureza el castellano, porque la rechaza el
odo. Lo nico que admite duda es si debemos pronunciar y
escribir excelente o escelente, excitar o escitar. Los que pre
fieren espectativa, espido, esplico, espelo, estorsin, preferi
rn tambin escedo, escntrico, escelso, escelente, escepcin,
escito. Los que crean con el seor Sicilia que no debe susti
tuirse la s a la x original antes de consonante, sino slo en las
voces en que generalmente lo hagan as las personas cultas,
quiz preferirn la antigua pronunciacin y ortografa
excedo, excntrico, etc. Me inclino a la opinin de Sicilia,
autorizada hoy por la Real Academia.
C, Z. No hay hbito ms universalmente arraigado en
los americanos y ms difcil de corregir, que el de dar a la
z el valor de la s, de manera que en su boca no se distinguen
baza y basa, caza y casa, cima y sima, cocer y coser, lazo y
laso, pozo y poso, riza y risa, roza y rosa, etc.
En el mismo inconveniente, caen los que dan a la 5 el
sonido de z, que es lo que se llama ceceo, y los que emplean
estos dos sonidos sin discernimiento, como lo hacen algunos.
Es cosa ya desesperada restablecer en Amrica los sonidos
castellanos que corresponden respectivamente a la s, y a la z,
o a la c subseguida de una de las vocales e, i.
D. La letra d en medio de diccin debe pronunciarse
siempre: tiene algo de vulgaridad la pronunciacin colorao,
vesto, en lugar de colorado, vestido.
H ay variedad acerca del valor de la d final, pues unos la
pronuncian y otros no ( virtud, virt; mirad, mira); y de
aquellos que la pronuncian, los unos le dan un sonido que se
acerca ms o menos al de la z (virtuz, m iraz), y los otros
le conservan su natural valor. Virt, mira, es un resabio de
pronunciacin descuidada y baja *, y el valor de la z aplicado
* En el siglo XVII, se perm ita la supresin de la d en el plural del imperativo:
anda, mira, por andad, mirad. ( N o t a d e B e l d ) .
22
Primera parte. De los sonidos elementales
a la d final, aunque propio de algunos pueblos de Castilla,
no ha sido ni aun mencionado siquiera en la Ortografa de
la Real Academia Espaola; lo que me induce a mirarlo
como un provincialismo que no debe imitarse \ El seor
Sicilia es de opinin diferente. La d final, segn l, debe
pronunciarse con un ligersimo susurro de z. ste es un
punto en que se echa de menos una decisin expresa de la
Academia.
Segn la autoridad de este cuerpo, debe decirse adscribir
pronunciando la d, y astringir, astringente, astriccin, su
primindola. No se percibe motivo para esta discrepancia; y
en ambos verbos parece tanto menos necesario retener la d,
que los latinos la supriman, diciendo ascribere, astringere.
H. La letra h es a veces parte material del carcter o
signo complejo ch, que representa un sonido indivisible (co
secha, nicho), y otras veces figura por s sola. En este se
gundo caso, se hace sentir a veces en la pronunciacin, y a
veces es enteramente muda.
La h en ciertas interjecciones representa una especie de
articulacin tenusima, algo parecida a la j. Se esfuerza en
tonces el aliento con que se profiere la vocal, que se hace al
mismo tiempo ms larga. Esta h aspirada (como suele lla
marse) afecta unas veces a la vocal que precede, como en
ah! eh! oh! y otras a la vocal que sigue, como en ha! he!
hi! *
La h antes de dos vocales, la primera de las cuales es u,
tiene un valor que se acerca al de la g, pero que no debe
confundirse con l. Tan vicioso sera suprimir enteramente
este sonido, pronunciando nevo, tieso, como el confundirlo
1 [Quiz este modo de pronunciar la d final es ms general de lo que se cree:
slo que en este caso, como en otros, se ha observado poco la delicada variedad de
sonidos de algunas de nuestras consonantes. Pastor Daz en una poesa de rimas
perfectas todas (A la luna) emple como consonantes atad y luz].
* Tan tenue es esta articulacin que no impide la sinalefa; ah ingrato! se
pronuncia en tres slabas. Por eso no he credo necesario contarla en el nmero de las
verdaderas consonantes. ( N o t a d e B e l l o ) .
2 En 1* y 2f ediciones Bello escribi "el h . En la 3* edicin la hizo femenina
alguna vez. (C o m is i n e d it o r a . C a r a c a s ) .
23
Ortologia
con el de la g, pronunciando giievo, geso, que es el vicio en
que ms generalmente incurre el vulgo. Ntese que la h no
tiene este valor de articulacin, que se parece al de la g,
sino cuando se le sigue en dicciones castellanas la combina
cin ue, como vemos en huevo, huelo, hurfano, huesudo.
Pero hay muchos nombres propios americanos en que la
combinacin hu viene seguida de otras vocales; verbigracia
Hudnuco, Tehuantepec, Coahuila; bien que en algunos de
ellos se escribe y se pronuncia indiferentemente h o g. No
hay caso alguno en que la combinacin hu (articulndose
la h de un modo semejante a la 5 ) no venga seguida de
vocal \
El seor Sicilia da al h otro sonido ms, que, segn dice,
precede siempre a la combinacin te (como en hierro, adhie
ro) , y se parece un poco al de la j. La Academia no lo men
ciona: y yo confieso que me inclino a la opinin de aquellos
que lo tienen por imaginario.
La h muda es muchas veces del todo intil como en ham
bre, hbito, humo, en que slo representa el h o f de su
origen, de las cuales no queda vestigio ni se percibe efecto
alguno en el castellano que hoy se habla, sino en boca de la
ltima plebe, que, en algunas partes, suele dar al h derivada
de la f latina el sonido de j, pronunciando jembra, jierro *.
Mas hay casos en que no parece del todo intil esta letra,
sin embargo de no representar sonido alguno; ora indicando
que la articulacin precedente se junta ms bien con la vo
cal anterior que con la que sigue al h (como en adhesin,
1 [El seor Cuervo observa (Bello, Gram., nota 1*) que la fuerza de articula
cin atribuida a la i en huevo, hurfano no pertenece sino a la w que hiere a la
vocal siguiente y semeja a la w inglesa].
* Sabido es que la j, en muchas dicciones castellanas antiguas, antes de des
aparecer del todo, se convirti en una especie de aspiracin bastante fuerte para
impedir la sinalefa. De esto se ven bastantes ejemplos en fray Luis de Len:
Con la hermosa Caba en la ribera.
A dnde hallar seguro amparo?, etc.
Pero en el mismo escritor leemos:
Se viste de hermosura y luz no usada;
Lo que prueba que, an en su tiempo, comenzaba a suprimirse la aspiracin.
(N o ta de B ello) .
24
Primera parte. De los sonidos elementales
alhea, inhumano); ora dando a entender que las dos vo
cales que separa, se deben pronunciar como si las separase
una consonante (como en vahdo, azahar, zaherir, que se
pronuncian en los mismos tiempos, y con la misma separa
cin de vocales, que las dicciones valido, acabar, deferir) ;
ora (si se admiten los diferentes valores de la x) avisando
que esta letra suena como gs y no como es (verbigracia en
exhalar, exhumar).
Ntese, empero, que no siempre que se separan en la
pronunciacin las vocales y se profieren como si mediase
entre ellas una consonante, empleamos la h para darlo a
entender, escribiendo, pongo por ejemplo, cahova, cacaho,
lehn, pahs; y que tampoco solemos escribir h en todos los
casos en que hallndose una articulacin entre dos vocales,
la juntamos ms bien con la vocal precedente; pues no se
escribe inherme, voshotros, sin embargo de que estas diccio
nes se deletrean in-er-me, vos-o-tros. Y en cuanto a que
suene de diverso modo la x seguida de h que seguida de vo
cal, yo no he podido encontrar una sola persona que lo
perciba; y he consultado a castellanos instruidos. Fuera,
pues, de la multiplicidad de indicaciones, que es un emba
razo en todo signo, sucede que, en cuanto a usar la h muda,
no atendemos tanto a los accidentes que acabo de enunciar,
como a la etimologa de las palabras, consultando, no lo que
son, sino lo que fueron. Ponemos h en adhiero, porque la
tuvo adhoereo, y no la ponemos en len, ni en saco, porque
ni leo ni sambucus la tuvieron. N i tampoco es una norma
segura el origen, pues traer y sus compuestos se escriben
hoy ordinariamente sin h. Yo creo que la supresin del h
muda, en todos casos, removera de la escritura castellana
dificultades intiles \
1 [La supuesta mudez de la h etimolgica no es absoluta. Conserva cierto
valor: l 9 En boca del vulgo, cuya inclinacin a aspirar la h no es desatinada*, sino
tradicional y segura (Cuervo, Apunt., 685), siendo de advertir que esa aspiracin
delicadamente ejecutada, y en ciertos casos, no carece de gracia, como puede obser
varse oyndola de labios extremeos o andaluces* (Academia, Gram., pg. 3 58);
29 En las composiciones mtricas de los mejores poetas del siglo de oro, que evidente-
25
Ortologa
H i, Y. Es un hbito vicioso, no menos comn en la Pen
nsula que en Amrica, el de confundir los sonidos repre
sentados por estos signos, pronunciando, verbigracia, de la
misma manera hierro, yerro.
Sucede tambin que algunos pronuncian y escriben hi
cuando corresponde y como hierba por yerba; y otros al
contrario>y, cuando corresponde hi, como yedra por hiedra,
yelo por hielo *. Para uniformar en este punto la pronun
ciacin, y por consiguiente la escritura, conviene adoptar
la prctica de la Real Academia, y consultar su Diccionario \
/. Hay ciertos nombres acerca de cuya terminacin en
el singular no estaban acordes las opiniones, escribiendo unos
x y otros verbigracia relox, reloj; carcax, carcaj; lo que
produca bastante variedad en la pronunciacin de estas pa
labras, pronuncindose, verbigracia, relocs, relogs, reos, re
lox, reloj, rel. Entre estos diferentes finales, el de la j es el
ms conforme a la analoga, supuesto que solo de l ha po-
mente la aspiraban, y al escribirlas debe conservarse, y al leerlas imitarse por medio
del hiato:
Con la / hermosa Caba en la ribera*. (Len)
Templo de claridad y / hermosura. (El mismo)
La lumbre singular de esta / hazaa**. (Herrera)
Hay palabras con h inicial, en que, si se pronuncian aisladas, no se percibe
aspiracin, pero si se les antepone otra palabra terminada en vocal, se observar que
se produce hiato. Por esta razn (observa Cuervo, Apunt ., 203) hambre admite sin
cacofona el artculo femenino (la hambre, y lo mismo la hache) :
Por qu si puede, Dios no satisface
A la ! hambre cruel que nos devora?
(Carvajal, Salmo 77).
El hiato es aqu vestigio prosdico, dbil pero cierto de una letra aspirada que
tuvo la palabra en su origen (Pames). En francs, segn buenos gramticos (v. La
rousse), ese hiato es lo nico en que consiste la aspiracin de la h de le htre, le hros.
En suma, la h etimolgica, aunque en muchos casos semimuda o muda, tiene valor
clsico y valor popular, y por lo tanto no debe desterrarse de la escritura].
* La prctica viciosa de pronunciar la y (consonante) como i (vocal) ha
llegado hasta el punto de alterar el texto de escritores tan correctos como Iriarte y
M oratn, haciendo una mala aplicacin de la regla gramatical que prohibe emplear la
conjuncin y antes de dicciones q*ue principian con esta letra; y poniendo en las
reimpresiones de sus obras e yo, e ya, donde aqullos haban escrito i yo, i ya.
(N o ta de B e llo ).
1 [La Academia escribe "hierba o yerba, " hiedra o yedra; pero parece pre
ferir la primera forma como ms fiel a la etimologa (herba, heder) a diferencia de
yesca, yerra (de esca, errat). La Academia escribe tambin hibierno o invierno **:
est-a forma es la ms autorizada por el uso actual; sin embargo Bello escriba hi-
vierno siguiendo la etimologa].
26
Primera parte. De los sonidos elementales
dicta nacer el plural relojes, carcajes. Por esto, y porque est
a su favor el uso de los mejores hablistas, debemos pronun
ciar y escribir, reloj, carcaj; pero teniendo presente que la
j, en fin de diccin, se profiere con menos fuerza y de un
modo algo oscuro \
Ll, Y. Es un vicio confundir estos dos sonidos, como lo
suelen hacer los americanos y andaluces, pronunciando, ver
bigracia, Seviya; de que resulta que se empobrece la lengua,
y desaparece la diferencia de ciertos vocablos, como vaya y
valla, haya y halla, poya y polla, poyo y pollo, rayo y rallo,
cayado y callado, cay y call, etc.
M. Antes de b o p, no se pronuncia ni se escribe jams
n en una misma diccin, porque sustituimos a este sonido
el de la m. As las partculas compositivas in, con, se vuelven
im, com, si el segundo miembro de la palabra compuesta
empieza por b o p, como en impersonal, imponer, compa
recer, comprensin.
Por el contrario, antes de todas las otras articulaciones,
exceptuando la n, no pronunciamos ni escribimos m, sino n;
y as las palabras latinas en que aparece la duplicacin mm,
o pierden la primera m, como en comunidad ( communitas),
o la mudan, en n, como en inmune ( immunis); y la misma
conversin de m en n se verifica cuando la m es seguida de
otra articulacin que la b, la n, o la p, como en circunferen
cia (de circumsfero) , circunspecto (de circumspicio). Por
manera que slo antes de la n puede usarse unas veces m
(como en solemne, himno), y otras n (como en innato,
connaturalizar, connivencia). Se pronuncia entonces y se
1 [En anteriores ediciones de su Ortografa (89, 1815) la Academia ha ense
ado con mucha exactitud que no es propio de vuestra lengua las terminaciones fuer
tes de G y de J al fin de diccin. As, si se escriben tales voces con j, se ha de
suavizar este sonido gutural como indica Bello (Iriarte, La Msica, 1780, notas:
Academia, Ortografa, 1770, citada ibid.). Pero aun ese sonido gutural suave parece
impropio de una lengua que no admite g final (Gram. Acad., pg. 327). Yo prefe
rira conservar la x "inclinando siempre la pronunciacin a la suavidad de la es
(Academia, 1815), o ms bien de la gs. Hoy la Academia escribe con variedad: boj,
carcaj, reloj, troj (Gram., pg. 23), balaj, herraj, reloj; carcax, almofrex, almoradux
(pg. 342), reloj, carcax (pg. 365); y siempre con x los nombres propios Almarax,
Almorox, Alsodux, etc. Se halla en buenos escritores la forma moderna ret].
27
Ortologa
escribe m o n segn el origen de la palabra (solemnis, hym-
nus, conniventia) *.
N. sta es la nica articulacin que puede duplicarse en
castellano ( ennoblecer, innato). Muchos, so color de suavi
zar el habla, pronuncian y escriben inato, novar, coniven-t
cia. Esta prctica arguye vulgaridad o afectacin de nove
dades. Mas no por eso debemos duplicar la n siempre que
la etimologa parece pedirlo, pues hay dicciones en que ya
el odo no lo tolerara, verbigracia en connexin, innocente,
annales. Debemos, pues, seguir en esto el buen uso, de que
el Diccionario de la Real Academia es el expositor ms ca
lificado. 1
Por hbitos vulgares, o por el prurito de suavizar el
habla, suprimen algunos la n en las combinaciones ins, ons,
uns, seguidas de consonante, diciendo, verbigracia, istru-
mento, mostruo, costruir, circustancia. Por lo que toca a la
partcula prepositiva trans, no se puede negar que se ha
generalizado bastante la prctica de pronunciarla y escri
birla sin n, autorizada por la Academia . 2
P. Es vario el uso en los participios y verbales que salen
de los compuestos del verbo castellano escribir o del latino
scribere, suprimindose a veces la p del origen., y a veces
retenindose. Creo que el buen uso propende a que se supri
ma este sonido en los participios castellanos, como descrito,
prescrito, proscrito, suscrito; y que est decididamente a
favor de la p en los nombres que no son al mismo tiempo par
ticipios de verbos de nuestra lengua, como conscripto, res-
* Se dice innoble e ignoble, y la Academia parece preferir innoble. Esta g
en lugar de n en las partculas compositivas n y con, nos ha venido de la lengua
latina, donde se deca gnatus, gnosco, y suprimida la n de la partcula para suavizar
la diccin cognatus, gnosco, cognosco. H abra, pues, igual razn para pronunciar
innorancia, innominia, connacin y conmuto, connombre, connomento, connominar,
connoscible, y connoscitiva, que para pronunciar innoble. La etimologa y la analoga
me parecen estar de acuerdo para la preferencia de ignoble. ( N o t a d e B e l l o ) .
1 ["C uyo expositor ms autorizado es el Diccionario de la Academia, es el
giro castizo segn la doctrina gramatical del mismo Bello, Gram., p. 251].
2 [La Academia hoy escribe tras preposicin, y trans, partcula componente
(Gram., p. 2 0 3 ) pero "el uso" aade< autoriza que en casi todas las palabras de
que la ltima forma parte se diga indistintamente trans o tras].
28
Primera parte. De los sonidos elementales
cripto, conscripcin, prescripcin, proscripcin, suscripcin,
ascripticio, rescriptorio, etc.
S. Ninguna diccin castellana principia por s seguida
de consonante. Los que escriben scena \porque en latn se
pronunciaba y se escriba de este modo, debieran, si fuesen
consecuentes, escribir tambin, sperar, spritu, sposo, stado.
Solamente los nombres propios tomados de otras lenguas y
no castellanizados, admiten al principio esta s, llamada l
quida, verbigracia Stratford, Spencer, Stanbope. *
T. Es vicio harto comn pronunciar esta letra como d
en Atlas, Atlante, Atlntico, silabeando, por consiguiente,
as: Ad-las, Ad-lan-te, etc. El ta de estas dicciones debe
sonar exactamente como el de Tlatelulco, Tlascalteca2.
Las observaciones precedentes slo convienen a los so
nidos de que se componen las palabras que son castellanas o
se han naturalizado en la lengua; y miramos como naturali
zadas todas las que nos vienen del latn o el griego; en las
1 [M oratn siempre, y esta forma se ha conservado en la edicin de sus obras
postumas dirigida por H artzenbusch].
* Es grande el horror del idioma castellano a la 5 lquida; y de lo ms difcil
a los que le hablan desde la cuna es el habituarse a pronunciarla en latn y en otras
lenguas. Comunsimo es entre nosotros pegarle una e para convertirla en articulacin
inversa, diciendo verbigracia estudeo, espritus, en vez de studeo, spiritus. Y no es
esto peculiar de los americanos; en Espaa sucede lo mismo, como lo prueba Tirso
de Molina:
Est animus sapientissimus
splendor siccus; de forma
que la falta de mi cuerpo
a mi espritu le sobra;
Donde, si no se pronuncia esplendor, no consta el segundo verso. Es creble que un
hombre como don Juan de Iriarte, cometiese esta falta en su misma Gramtica
Latina, pronunciando escribo, escripsi, esterno?
Nupst, nuptum pide nubo;
scripsi, scriptum, scribo.
Formar quiere stravi, stratum,
diverso de ambos, sterno. ( N o t a d e B e l l o ) .
[Y cuenta que D. Juan de Iriarte se educ en Francia. Ni hay que subir hasta
1 para buscar calificados ejemplos de esta pronunciacin viciosa. Testifcalo el
insigne humanista y erudito Menndez Pelayo as en sus versos latinos goliardescos
como en este pasaje de su Epstola a Horacio:
"Famlico impresor meci su cuna;
A d usum scholarum destinle
El rector de la estpida oficina].
2 [Esta pronunciacin primitiva es m uy dura en castellano, y la Academia
la ha suavizado silabeando at~las, a semejanza de at-msfera: Gram., p. 328].
29
Ortologa
cuales, por regla general, convertimos la cb en c o qu, la
ph en /, la th en t, la s lquida en es, y la y en i; y de las
articulaciones duplicadas que no se usan en castellano, su
primimos una, como se ve en Calcis ( Chalets), Aquiles
(Achilles), filosofa (philosophia), Atenas (Athenae), Sz-
ria (Syria) , Estilicn (Stilicho) , Tibulo (Tibullus), Capa-
docia (Cappadocia) , misa (missa) , aticismo (atticismus).
La A de los griegos es siempre c, Corinto (Korinthos) , C-
crope (Kekrops), acfalo (akephalos). El diptongo ae, ai,
y el diptongo oe, oi, se vuelven e: Csar (Caesar), Fedra
(Pboedra, Phaidra) , edema (oedeina; oidema) ; etc. La w
del diptongo w antes de vocal, se vuelve v. Evangelio
(Evangelium). Los diptongos griegos ei, yi se hacen i: Pisis-
trato (Peisistratos), harpa (harpya) . *
Los nombres propios, los apellidos, los ttulos de poder o
dignidad, que sacamos del hebreo, del rabe, de idiomas ex
tranjeros modernos, deben conservar, en cuanto sea posible,
la ortografa nativa, o la adoptada para ellos en las lenguas
europeas que tienen alfabetos semejantes al nuestro. Se es
cribe, pues, Melchisedech, W al (jefe militar o civil entre
los rabes), Rousseau, Voltaire, Sir Arthur Wellesley; bien
que solemos traducir los nombres propios que tienen equi
valentes en el nuestro, y as se dice generalmente Juan Ra-
cine, Guillermo Pitt. Por supuesto, no se extiende la regla
a los nombres que han experimentado una completa asimi
lacin castellana, como Jos, Jerusaln, Mahoma, Clodo-
veo (Clovis) , Ludovico Po (Louis le Dbonnaire) , Londres,
Hamburgo, Varsovia, El Cairo, Aquisgrn (Aix-la-Cha-
pelle) .
* Para m es muy dudosa la conveniencia de esta prctica en los nombres
propios, por dos razones que no carecen de importancia. Primeramente, hay casos
en que, siguiendo las reglas del texto, se alterara de tal manera el nombre propio,
que sera difcil reconocerlo; por ejemplo, Phthia, patria de Aquiles, convertida
en Ftia o Tia. En segundo lugar, dos personajes distintos y de diversos nombres,
se haran homnimos y correran peligro de confundirse, como Tethys, la ms
alta de las divinidades marinas, hija del cielo y de la tierra, y Thetis, nieta de
la precedente, esposa de Peleo y madre de Aquiles; ambas en castellano Tetis,
(N ota de Bello).
30
Primera parte. De los sonidos elementales
Pero lo que compete en esta materia a la Ortologa es
determinar la pronunciacin de los nombres propios, apelli
dos y ttulos, que no nos hemos asimilado. Lo mejor sera
proferirlos del modo ms cercano a su origen. As se pro
nuncia generalmente Rus (Rousseau), Volter (Voltaire),
Sul (Sully), Hulinton (W ellington); aunque es preciso
convenir en que el ms o menos conocimiento de los idiomas
originales produce inevitablemente una variedad grande en
los sonidos vocales y articulados con que proferimos estos
nombres.
Lo que importa es conservar su identidad; y no siendo
esto asequible en la pronunciacin, porque cada cual los ha
de proferir como pueda o como se le antoje, se hace nece
sario retener la ortografa nativa, como en Rabelais, Goethe,
Pellicoy o la que hace sus veces en los idiomas cultos de
Europa, que tienen alfabetos parecidos al nuestro, como en
Abdel-Kader, Dhawalagiri (cumbre altsima de la cordille
ra de Himalaya), Schadrinsk (distrito de la Siberia). A
veces alterna en el uso comn el nombre naturalizado con
el indgena; de que tenemos ejemplo en Constantinopla,
llamada tambin Stambul. Pero las denominaciones indgenas
ocasionan no poco embarazo por la diversidad con que son
representadas en las principales lenguas europeas. Un nom
bre persiano o chinesco nos lo dan los ingleses de un modo,
los franceses de otro . 1 En casos tales, cada uno tiene la li
bertad de elegir la escritura que mejor le parezca. Ni se
prohben ligeras alteraciones de signos que sin desfigurar los
nombres los acomoden algn tanto a nuestro peculiar alfa
beto. As al ou de la lengua francesa solemos sustituir nues
tra u, que suena lo mismo2. Pero no se acostumbra alterar
1 En el ejemplar de la 2* edicin (1850), de uso personal de Bello haba
modificado la continuacin de este prrafo en la forma siguiente: "Cada cual
tiene, por consiguiente, la libertad de preferir el que le parezca mejor. Pero fuera
de estos casos no se permite alterar ni aun levemente. . (C o m is i n E d it o r a .
Car ac a s) .
2 [Y debemos, en mi concepto, sustituirlo, cuando tomamos una voz ex
tranjera por mediacin del francs. Si en francs se escribe simoun, ou tiene por
31
Ortologa
ni aun levemente los apellidos de personas, como los de
Dante Alighieri, Guillermo Shakespeare, Toms Corneille,
Bourdalaue, Schiller, Wieland, Cesaiotti. \
Determinada una vez la ortografa, cada cual adaptar
los sonidos a ella del mejor modo que pueda o sepa. De lo
que principalmente debe huirse es de lo que tenga algn
viso de afectacin. Hay nombres extranjeros que no han
recibido alteracin alguna en su forma escrita; pero en que
la costumbre general ha fijado la pronunciacin de tal ma
nera, que el apartarnos de ella para acercarnos a la del res
pectivo idioma, pudiera tacharse de pedantera. New ton,
por ejemplo, se pronuncia universalmente neutn, y el que
por imitar los sonidos ingleses dijese nitn, adems de ex
ponerse a que no se supiese de quin hablaba, incurrira
tal vez en la nota de afectada singularidad 2.
objeto que se lea simn, y entre lectores castellanos este objeto se consigue escri
biendo la palabra como acabo de estamparla:
En alas del simn veloz se arroja.
(Bermdez de Castro)
Cuando el simn de la pasin lo mueve.
(N ez de A rce)].
1 [La nica alteracin ortogrfica que en apellidos extranjeros (lo mismo que
en los nombres de otras lenguas trados a la nuestra) ha introducido la Academia
en la ltim a edicin de su Gramtica, consiste en pintarles tilde a algunos, cuando
la pidan las reglas de nuestra ortografa, y en conformidad con la acentuacin de
su origen: Schlgel, W nckelmann. Pero no dice q'u ha de hacerse con letras o
combinaciones de letras que no admiten tilde, ni si han de tenerse en cuenta, para
aplicar nuestras reglas, las letras finales que no suenen. Tampoco dice si se ha de
escribir Fneln o Feneln conservando o suprimiendo (y esto parece ms lgico)
la tilde que en francs es fnica y no tnica.
Los nombres extranjeros cuya terminacin se acomoda a nuestra eufona, for
man el plural segn las reglas castellanas, y as debe decirse los Massillones, los Kacines;
Capmany se atrevi tambin a decir los Bossuetes].
2 [Esa es la libertad: la que he previsto
Entre los raptos de mi ardiente edad;
La que en la tierra de Franklin he visto. . .
En toda lengua, y ms en poesa, los nombres extranjeros que deben ser
ledos por muchos que no saben pronunciarlos con arreglo al idioma a que perte
necen, deben considerarse sujetos a la prosodia del idioma en que se introducen.
As los ingleses dicen Napleon, como Quintana dice Neutn:
Lanzado
Veloz el genio de New tn tras ellos*. . .
Los que creen que sera mejor Nuton, piensan as porque ignoran tanto el caste
llano, en el cual no se dice prdon, ni blasn, ni Bretn, como el ingls, en el cual
32
Primera parte. De los sonidos elementales
El uso de la letra k y w est en el da exclusivamente
apropiado a vocablos extranjeros, contndose entre ellos los
de algunos reyes godos, como Wamba y Witiza. *
IV
DE LAS SLABAS*
Se llama slaba toda combinacin de sonidos elementales,
que se pronuncia en la unidad de tiempo. No hay slaba
que no tenga a lo menos una vocal, ni que conste de dos o
ms vocales separadas por consonantes.
Esta unidad, aunque no de una duracin exactamente
invariable, lo es sin embargo, lo bastante para fijar el valor
no se dice N uton ni N eutn sino N iutn. Debe, pues, decirse sobre todo en verso,
Franklin . . . (J. E. C a r o , La Libertad y el Socialismo, nota 4).
La Academia no trata este punto, pero implcitamente recomienda la acentua
cin original, pues pone entre las voces llanas ( Gram., p. 365) no slo a Franklin
sino a Bacon, nombre ste, tanto o ms que Newton, naturalizado con forma de
voz aguda en nuestra lengua: Bacn. As lo trae Bello al fin de este tratado de
acentos.
En este punto hay que consultar la eufona castellana, el grado de vulgariza
cin que ha alcanzado el nombre de que se trata, el tono y ocasin en que se emplea,
etctera. En una poesa del atildado D. Jos Joaqun de Mora, se lee:
Falta un Byrn a la abatida Hesperia,
donde el cambio del acento parece indicar alteracin completa en la pronunciacin:
Bairn sera hbrido y ridculo; Mora debi de leer Birn. En otro lugar, conservando
la pronunciacin original, dijo el mismo poeta:
Len, y Homero, y Byron, y Cervantes.
Generalmente se ha dicho en poesa castellana M lton; Bello prefiri hacerlo
agudo:
"M entir es privilegio del Parnaso,
Y si lo desconoces, no me leas
Ni al Ariosto, ni a M iltn ni al Tasso.
Hay nombres, como se ve, cuya aclimatacin no est sujeta a reglas generales,
sino que piden particular examen; y en que adhuc sub judice lis est].
* Vase el Apndice I. ( N o t a d e B e l l o ) .
** Para la debida inteligencia de este y los siguientes , conviene que el
alumno aprenda a percibir por el odo la medida de los versos octoslabo y endecaslabo;
cosa fcil para casi todos, despus de un corto ejercicio. El que no lo consiga, perder
el tiempo en el estudio de la prosodia y m trica. ( N o t a d e B e l l o ) .
33
Ortologa
de todas las partes de la diccin en el habla ordinaria y en la
cadencia del verso. Para formar idea de ella tomemos una
diccin en que las vocales y las consonantes se combinen de
manera que no haya nunca dos vocales juntas. Cada vocal
por s sola o con las consonantes que la preceden o siguen,
formar entonces una slaba. As advenedizo se divide en
cinco slabas, ad-ve-ne-di-zo; conscriptos en tres, cons-crip-
tos; amor, en dos, a-mor; y sol no tiene ms que una.
Comprendemos, pues, bajo el ttulo de combinaciones
aun los sonidos vocales simples, que forman slabas por s
solos, como la a de amor.
Todas estas combinaciones, aunque no se pronuncian en
tiempos exactamente iguales, se acercan con todo a la ra
zn de igualdad en sus cantidades o duraciones; por manera
que constando a de un solo elemento, y siendo cons una de
las slabas ms complejas que tiene el habla castellana, sin
embargo a y cons distan menos de la razn de igualdad que
de la razn de 1 a 2 .
Podemos convencernos de ello comparando estas tres
lneas:
A la selva se encamina. . .
Por la selva se encamina. . .
Tras la fiera se encamina. . .
las cuales se pronuncian en tiempos sensiblemente iguales,
pues forman versos de una misma especie, de una misma ca
dencia, y que pueden cantarse sin la menor violencia en
una misma tonada. El vulgo, que gusta mucho de esta espe
cie de versos, no los compone o mide contando las slabas,
sino percibiendo la igualdad de los espacios de tiempo en
que los profiere. Si el vulgo, pues, encuentra una misma
medida, una misma especie de verso en las tres lneas prece-
cedentes (hecho que no podemos poner en duda), es pre
ciso que le parezcan sensiblemente iguales las cantidades o
duraciones de a, por y tras.
Supongamos, por el contrario, que a y tras estuviesen
por lo tocante a su cantidad o duracin en la razn de 1
34
Primera parte. De los sonidos elementales
a 2. Es evidente que en tal caso seran iscronas e isorrtmi-
cas (esto es, iguales en el tiempo y en el ritmo o cadencia *)
las lneas siguientes:
Tras la fiera se encamina. . .
A la caverna se encamina. . .
porque entre las combinaciones la fiera se encamina y ca
verna se encamina, es imposible percibir la menor diferen
cia de tiempo o de ritmo, y, por la suposicin anterior, una
slaba tan llena como tras valdra lo mismo que dos slabas
tan breves y fugitivas como a la. Siendo, pues, certsimo
que ni el odo del vulgo ni el de los literatos reconocera la
equivalencia rtmica 2 de las dos lneas precedentes, la supo
sicin es inadmisible.
Cuando vienen dos o tres vocales juntas, pueden formar
una o ms slabas. Oa, por ejemplo, consta de tres slabas, y
buey una sola. Suponiendo que se pronuncie correctamente
la diccin, no ofrece ninguna dificultad la concurrencia de
vocales para silabearla, esto es, para resolverla en las slabas
o miembros naturales de que se compone. Siempre que se
dude si dos vocales concurrentes pertenecen a una sola o
a diversas slabas, interpngase una consonante; si el tiempo
necesario para pronunciarlas no crece de un modo sensible,
pertenecen a diversas slabas; en el caso contrario, a una
sola. Por ejemplo, las dicciones fo, caova, azahar, bien pro
nunciadas, consumen sensiblemente los mismos tiempos que
fino, paloma, acabar. Luego la i y la o de fo pertenecen a
slabas distintas; y lo mismo sucede con la a y la o de caova
y con las dos aes concurrentes en azahar. * Por el contra
rio, si entre las vocales concurrentes de aura, muerte, inter
ponemos una articulacin formando las dicciones nura, mu-
1 En las correcciones manuscritas de Bello a la 2* edicin de la Ortologa (1850)
de su uso personal deca: iguales en el tiempo y semejantes en el ritm o o cadencia*.
(C o m is i n E d it o r a . C a r a c a s ) .
2 E n su ejemplar personal de la 2* edicin de la Ortologa (18 50), Bello tach
la palabra rtm ica. (C o m is i n E d it o r a . C a r a c a s ) .
* Concurrentes las llamo, porque slo media una h muda. ( N o t a de Bello).
35
Ortologa
derte, cualquiera percibir que la pronunciacin de estas
ltimas consume ms tiempo. Si alguno lo duda, sustitya-
las en estos versos de Caldern:
Con el aura lisonjera,
ven, muerte, tan escondida,
y ver que desaparece de todo punto el ritmo. Luego las
vocales concurrentes en aura pertenecen a una sola slaba,
y lo mismo sucede con la combinacin u de muerte.
Por el contrario, pongamos en los dos precedentes versos
alba en lugar de aura, y parca en vez de muerte, y no per
cibiremos la ms leve diferencia rtmica.
Otro experimento nos dar igual resultado. En estos
versos de Caldern:
Sigo las seas que veo,
guiado de mi deseo,
guiado, ocupa el mismo espacio que daramos a llevado y
consta por tanto de las tres slabas gui-a-do; y si sustituimos
al segundo verso este otro:
Blanco de mi deseo,
echaremos de ver que no est completo el ritmo para que
se ajuste al del verso anterior; de manera que sin embargo
de ser tan llena la primera slaba de blanco, no consume esta
diccin las tres unidades de tiempo guiado, llevado.
Si en vea (bien pronunciado) se interpone una articu
lacin entre cada par de vocales, no crecer por eso el
tiempo:
Vea ya la maana.
Vena ya la maana.
Vecina ya la maana.
36
Primera parte. De los sonidos elementales
Luego vea consta de tres slabas. Al contrario, las voces
facticias bury, budy requieren ms tiempo que buey, co
mo se percibe fcilmente sustituyndolas en
El tardo buey que bramaba.
Luego buey es una slaba sola.
La combinacin de dos vocales que pertenecen a una
sola slaba, se llama diptongo; la de tres en el mismo caso,
triptongo: ai es diptongo en baile, ei en peine; iai es tripton
go en cambiis.
Los experimentos que hacemos del incremento o cons
tancia sensibles de las cantidades o duraciones por la inter
posicin de consonantes, o la comparacin de unas dicciones
con otras, suponen, como he dicho, que pronunciamos co
rrectamente; y al hacerlos, debe tambin tenerse cuidado
de conservar la apoyatura o acento sobre una misma vocal,
de manera, que no intervenga causa alguna extraa que in
fluya en el ms o menos tiempo de la pronunciacin.
V
DE LA AGREGACIN DE LAS CONSONANTES A LAS VOCALES
Las articulaciones pueden ser o simples o compuestas.
Aqullas constan de una sola consonante; stas, de dos. En
la palabra naturaleza, todas las articulaciones son simples.
Lo mismo sucede en la palabra intervalo; pues sin embargo
de concurrir en ella la n con la t, y la r con la v, las dos pri
meras no forman articulacin compuesta, por cuanto la 11
se articula con la i precedente y la t con la e siguiente; y
tampoco la forman las dos segundas, pues la r se articula
con la e y la v con la a. Mas en las palabras transformacin,
gracia, pluma, tenemos las articulaciones compuestas tr, ns,
gr, p l
Adems, las articulaciones o son directas o inversas. D i
37
Ortologia
rectas o iniciales son las que se apoyan en la vocal siguiente,
como las simples n, t, l, z, en naturaleza, y las compuestas
tr, gr, pl, en transformacin, gracia, pluma; inversas o fi
nales, las que por el contrario se apoyan en una vocal prece
dente, como las simples n, r, en intervalo, y las compuestas
ns y es o gs en constituir, expido, fnix.
Hay consonantes que sirven particularmente para las ar
ticulaciones simples directas, porque apetecen una vocal si
guiente en que apoyarse, y as es que principian y rarsima
vez terminan diccin. Por consiguiente, cuando una de estas
consonantes viene entre dos vocales, como la 11 en anillo, la
en hurao, la v en agravio, la h en ahuecar, la articula
mos directamente. Son siempre directas o iniciales las con
sonantes ch, h, 11, , rr, v, y, y pueden tambin considerarse
como de la misma clase la / y la j, porque rarsima vez arti
culan inversamente. La / se baila en fin de slaba en unos po
cos nombres de origen griego, como Dafne, afta, oftalma,
oftlmico, o tomados del hebreo, como Jeft, Josef (bien
que este ltimo se escribe ya y se pronuncia casi universal
mente Jos); o de otras lenguas extranjeras, como Azof,
cofto, m uft. La j no deja de articularse directamente sino
en los pocos sustantivos cuyo singular termina en ella, co
mo reloj, carcaj.
Hay una consonante que termina y jams principia dic
cin, y es la r. Luego situada la r entre dos vocales, debemos
agregarla a la vocal precedente silabeando, verbi gracia, cor
al, var-n. Si silabesemos co-ral, va-rn, la separada enun
ciacin de las segundas slabas ral, ron, se nos hara dura V
difcil, como puede percibirlo cualquiera. Por consiguiente,
la r es por su naturaleza una consonante final o inversa \
Otras consonantes hay que llamaremos comunes, porque
se prestan indiferentemente a las articulaciones directas o
1 [La observacin no es concluyente. N o es fcil pronunciar r suave en princi
pio de palabra aislada, pero s en principio de slaba, apoyada por la precedente. Yo
pronuncio, silabeo y divido a-rama, i-rtamos. Obsrvese que la r final de palabra
(amaK, temeK) que es el sonido que imita Bello cuando escribe ar-oma, her-cncia a
ms fuerte que el de la r medial de palabra e inicial de slaba].
3*
Primera parte. De los sonidos elementales
inversas. A esta clase pertenecen las consonantes b, c, d, g,
l, m, n, p, s, t, z y la aspiracin sorda del h, como se ve en
las primeras slabas de las dicciones siguientes: bao y abju
rar, cama y activo, dtil y adviento, gozar e ignorancia, lava
y alba, mano y cambio, nacido y antiguo, palo y apto, sano
y asno, tema y atmsfera, zelo y vizconde. La m no termi
na ninguna diccin castellana; pero como puede pronun
ciarse fcilmente en articulacin inversa, se halla bastantes
veces a fin de slaba, como en imbuir, componer, solemne,
etctera.
Las articulaciones compuestas directas que se confor
man al genio de la lengua castellana, son nicamente aque
llas en que alguna de las consonantes b, c, d, f, g, p, t, viene
seguida de una / o r. Estas dos ltimas se llaman lquidas,
porque parecen entonces como embeberse en las primeras,
que llamar licuantes, valindome de la misma metfora. De
las articulaciones directas, compuestas de las licuantes y l
quidas de que acabo de hablar, vemos ejemplos en las dic
ciones blasn, brazo, clarn, crnica, dragn, flaco, fresno,
gloria, milagro, phima, prncipe, atlante \ contrato. Por ma
nera que se verifican todas las combinaciones posibles de li
cuante y lquida, excepto la combinacin, di, y segn al
gunos, ti. La primera jams ocurre en castellano con el va
lor de articulacin compuesta. As en miradlo, conocedlo,
sentidlo, la d y la l forman, no una articulacin compuesta,
sino dos simples; la de la d, inversa, y la de la l, directa.
En cuanto a la segunda, es cierto que la encontramos en
pocas dicciones, como atlas, atlante, atleta y sus derivados.
Si se han de pronunciar estas dicciones, como lo hacen mu
chos, odiante, adieta, tendremos dos articulaciones simples,
la primera inversa ad, y la segunda directa, la o le. Pero yo
no veo ni la necesidad de dar a la / un sonido que no es suyo
y que introducira una notable irregularidad en nuestro
alfabeto, ni la dificultad de pronunciar la combinacin ti,
1 [V. P. 29, nota 2].
39
Ortologa
como en Tlatehilco, conservando a cada letra su valor ge
nuino.
Hay otras articulaciones compuestas directas que son
poqusimo conformes al genio de la lengua castellana, y
de que slo ocurren ejemplos en uno que otro nombre saca
do del griego, como Mnemsine, Ptolomeo, tmesis, pseudo
profeta. En czar, czarina, que son tambin palabras natura
lizadas en nuestra lengua, apenas puede pronunciarse la c.1;
y supuesto que la escritura no debe ser ms que una imagen
de la pronunciacin, la pudiramos suprimir sin inconve
niente. El retener en las palabras naturalizadas las letras que
no pronunciamos, es una de las causas principales de las irre
gularidades que se introducen poco a poco en el alfabeto de
una lengua hasta plagarlo de vicios incurables.
Pasemos a las articulaciones compuestas inversas. De
stas hay tres verdaderamente castellanas, la de es o gs repre
sentada por la x como en expedir, exhalar, fnix; la de bs,
como en abstracto, obstruccin-, y la de ns, como en cons
cripto, instruccin. Son raras la de rs, que ocurre en pers
picaz, supersticin, y la de st, de que tenemos ejemplo en
istmo, postliminio, y en que la t es dursima a la pronuncia
cin y al odo, y pudiera muy bien suprimirse. Lo mismo de
cimos de la d en ads, que la Academia retiene en adscribir y
sus derivados. Es de notar que en todas las articulaciones
compuestas inversas figura la s.
Clasificadas las articulaciones simples y compuestas, no
ser difcil establecer las reglas que determinan la agregacin
de las consonantes a las vocales, nico punto que resta para
completar la materia del silabeo. Helas aqu.
1. Toda consonante inicial que se halle en medio de dos
vocales, se articula con la vocal siguiente. Silabearemos, pues,
as: mu-cha-cho, a-fn, ro-jo, al-de-hue-la, ma-lla, ce-o,
gue-rra, le-va, po-yo.
1 [V. p. 20, nota i] .
40
Primera parte. De los sonidos elementales
2 . La consonante final colocada entre dos vocales, se
r,
articula con la vocal precedente: cor-al, ri-ber-a mar-o-
ma \
3. Toda consonante comn, colocada entre dos vocales,
se agrega a la vocal siguiente, siempre que la estructura 2 o
composicin de las palabras lo permita: co-mi-da, a-pa-sio-
na-do, li-mi-ta-ba.
No lo permite la composicin de las palabras en los casos
que voy a enumerar.
A. Cuando la palabra resulta visiblemente de la unin
de dos vocablos significativos, cada uno de los cuales conser
va su significado natural. Entonces, si el primero de ellos
acaba en consonante, debe sta agregarse a la vocal que pre
cede. Silabearemos, pues, as: bien-es-tar, mal-an-dan-za.
B. La consonante comn en que terminan las partculas
compositivas ab, ob, sub, ad, en, in, des, tras, forma siempre
una articulacin inversa: ab-or--ge-nes, ob-i-tuar-io, sub-
ins-pec.-tor, ad-ap-tar, en-a-je-na-cin, in-er-me, in-en-a-
je-na-ble, des-or-e-ja-do, tras-a-bwe-lo, tras-o-ir.
Pero esta excepcin no se extiende a las palabras que no
son verdaderamente compuestas, o no lo son de las precita
das partculas, como a-bad, a-ba-rran-ca-do, -bo-lo, o-be-
lis-co, o-bis-po, a-do-ce-na-do, e-na-no, de-se-ca-do; ni a
las palabras en que figura una de estas partculas, pero des
pojada de su terminacin, como a-di-cin (ad-di-cin) , i-
no-cen-te (in-no-cen-te) , de-san-gra-do (des-san-gra-do) ,
tra-so-ar (tras-so-ar) .
Como para distinguir los casos de excepcin de aquellos
que, sin serlo verdaderamente, lo parecen, son necesarios co
nocimientos que slo puede dar la posesin del idioma latino,
y adems 3 es tan corta la diferencia (si en realidad hay al-
1 [V. p. 38, nota 1].
2 E n su ejemplar personal de la 2* edicin de la Ortologa (18 50), Bello tach
estructura o. (C o m is i n E d it o r a . C a r a c a s ) .
3 Bello modific este prrafo con las correcciones manuscritas en su ejemplar
personal de la 2* edicin (18 50), de la siguiente forma: Adems es tan corta para
el odo la diferencia (si en realidad hay alguna) entre ad-aptar y a-daptar, en-ajenar y
e-najenar, lo mejor s e r a ...*. (C o m is i n E d it o r a . C a r a c a s ) .
41
Ortologa
guna) entre ad-aptar y a-daptar, en-ajenar y e-najenar, pa
ra lo que es la pronunciacin de estas palabras, lo mejor
sera desentendemos de unas partculas compositivas, cuya
existencia est sujeta a mil dudas, y no puede servir de gua
sino a muy pocos de los que hablan la lengua. A lo menos,
convendra limitar la excepcin a las partculas compositi
vas, sub, en, in, des y tras, cuando se juntan con voces cas
tellanas, formando palabras compuestas en que ambos ele
mentos conservan su significado propio, como en las pala
bras sub-arriendo, sub-inspector, en-arcar, in-ofensivo, des
armado, tras-abuelo, tras-oir. Limitada as esta excepcin,
quedar reducida a la precedente.
C. La consonante comn, seguida de h muda en la escri
tura, se articula con la vocal que antecede, como en las pa
labras al-he-a, an-he-lar.
sta es otra excepcin a que creo no debiera darse lugar,
as 1 porque la escritura no debe dirigir a la pronunciacin,
sino la pronunciacin a la escritura, como porque es casi de
todo punto, o ms bien absolutamente, imperceptible la di
ferencia entre an-e-lar, y a-ne-lar, al-e-a y a-le-a; y por
que la composicin de estas voces indicada por la h muda in
termedia, con que principia la segunda de las partes compo
nentes, slo la saben aquellos pocos que tienen conocimiento
de su etimologa. Quitaramos, pues, a nuestra escritura un
embarazo intil, suprimiendo esta h muda (como la Aca
demia lo hace en subasta), y silabeando a-ne-lar, a-le-a,
etctera. Mientras subsista en la escritura la h muda de hu
mano, hebra, hilo, etc., es natural que la conservemos en in
humano, en-hebrar, des-hilar, etc., que son compuestos de
formacin castellana; mas en ellos el agregarse la n o s a la
vocal que antecede se verificara siempre en fvierza de la ex
cepcin anterior.
Tratemos ahora de la concurrencia de dos consonantes
en medio de diccin.
1 Bello haba escrito eij la 2* edicin (1850): **. . as porque la escritura no debe
dirigir a la pronunciacin, sino la pronunciacin a la escritura, como porque es
c a s i.... (C o m is i n E d it o r a . C a r a c a s ) .
42
Primera parte. De los sonidos elementales
4. En todos los casos en que las dos consonantes no son
una licuante y una lquida, colocadas en este mismo orden,
o no son representadas por la letra x, la primera se articula
con la vocal precedente, y la segunda forma una articula
cin directa: cam-po, sel-va, r-bol, ar-dien-te, in-fan-do,
es-pur-io. Y se observa la regla aun en el caso de las combi
naciones griegas en, gn, mn, pn, ps, pt, tm, las cuales no son
articulaciones compuestas directas sino cuando no hay vocal
anterior; por lo que silabearemos ic-nografa, anag-norisis,
am-nis-ta, Trip-tlemo, perp-tero, Calip-so, etc. Sucede
lo mismo en el caso de las combinaciones rs y st, que tam
poco son articulaciones compuestas inversas, sino cuando
no se les sigue vocal; por lo que silabearemos per-sona, pe-
rs-tilo.
5. El caso de la combinacin x, precedida y seguida de
sonidos vocales, merece considerarse aparte. Si la x no es ele
mento de la partcula compositiva ex, no hay duda que este
caso se comprende en el anterior, pues pronunciamos cier
tamente ec-samen o eg-samen, no ecs-amen o egs.-amen, y
mucho menos e-csamen o e-gsamen. Pero siendo inseparables
en la escritura los dos elementos componentes, se hace pre
ciso representar toda la combinacin como directa o como
inversa, cuando realmente el primero de los elementos es
inverso y el segundo directo. El uso es agregar la letra x a
la letra vocal siguiente ( a-xioma, e-xamen). Mas esta prc
tica me parece mal entendida. La combinacin x es muchas
veces articulacin compuesta inversa, directa jams; y por
consiguiente la silabeacin escrita a-xioma, e-xamen, no tie
ne el menor viso de fundamento en el habla \
1 [Para que una letra, simple o compuesta, sea inicial de slaba no siempre es
indispensable requisito que pueda ser inicial de palabra. Si no se puede partir a-xioma
porque no hay voces que principien por xi (xa, xe, xo, xti), tampoco debiera dividirse
ax-ioma, porque no hay palabra que principie por io (a, ie, iu). Lo ms regular es
dividir ane-xo, ortodo-xo, tanto ms que en muchos casos la x se ha convertido o puede
convertirse en j, y sera inconsecuencia escribir anex-o, y ane-jo, ortodox-o y ortodo-jo.
Debe s conservarse, como lo pide la etimologa, la articulacin inversa para el ex
componente: ex-ornar].
43
Ortologa
Si la x es elemento de la citada partcula compositiva,
debe mirarse como una articulacin compuesta inversa ( ex
onerar, ex-ormr, ex-humar) .
6. Si las dos consonantes son una licuante y una lquida,
colocadas en este mismo orden, forman articulacin com
puesta directa. Silabearemos, pues, de este modo: ta-bla-do,
a-bril, re-cla-mo, a-cri-tud, ba-la-dro, re-chi-fla, a-frl-ca-
no, a-gra-cia-do, co-pla, etc.
Las palabras que principian por las partculas composi
tivas ab, ob, sub, seguidas de l, pueden ocasionar dudas. He
aqu la regla que me parece ms racional y al mismo tiempo
ms conforme a la prctica. Si la segunda parte componente
de la diccin no es de suyo significativa en castellano, se si
gue la regla general. Silabearemos, pues, a-blativo, a-bhicin,
o-blada, o-blata, o-blea, o-blicuo, su-blime. Mas en el caso
contrario, es decir, cuando el miembro que sigue a la part
cula compositiva es de suyo significativo en castellano, la
b se articula con la vocal antecedente, y la l forma una ar
ticulacin directa, como en ob-longo, sub-lunar. Decimos
con todo o-bligar y su-blevar, y lo mismo se verifica en los
derivados o-bligador, su-blevacin, etc.
En las palabras que principian por ab, ob, sub, seguidas
de la letra r, la duda no es si debemos separar la lquida de
la licuante, sino si debemos pronunciar r o rr. Si pronun
ciamos r, la licuante y la r, que es entonces lquida, forman
articulacin compuesta directa. Si pronunciamos rr, el caso
est comprendido en la regla 4: la b se agrega a la vocal
antecedente y la r (equivalente a la rr) forma una articu
lacin simple directa.
Pero cmo sabremos si se debe pronunciar r o rr? La re
gla es pronunciar rr, siempre que ab, ob, sub, son conocida
mente partculas compositivas; y por consiguiente silabeare
mos (dando a la r el valor de rr), ab-renuncio, ab-rogar, ob
repcin sub-repcin, sub-rogar; lo que se observa asimismo
44
Primera parte. De los sonidos elementales
en los derivados ab-rogacin, ob-repticio, sub-repticio, sub
rogante, etc. \
Lo contrario se observa cuando las combinaciones ab, ob,
sub, no son verdaderas partculas compositivas. En abraso,
abrazo, abrevo, abril, abrigo, abrojo, abrumo, obrero, etc.,
no lo son, y por consiguiente debemos, segn la regla gene
ral, pronunciar y escribir a-braso, a-brazo, a-brigo, o-brero,
etctera.
7. Cuando concurren tres consonantes en medio de dos
vocales, si la segunda es licuante y la tercera lquida, la pri
mera de dichas tres consonantes es inversa, y las otras dos
forman articulacin compuesta directa; en los dems casos,
las dos primeras consonantes forman articulacin compuesta
inversa, y la tercera se articula directamente. Silabearemos,
pues, de este modo: es-critura, in-flado, com-plexo, im-pri-
mir, en-tronizar, abs-tinencia, obs-truccin, cons-tante, ex
citar, pers-pectiva, pers-picaz, supers-ticin.
8 . Finalmente, cuando concurren cuatro consonantes
entre dos vocales, las dos primeras forman articulacin com
puesta inversa, y las dos ltimas (que son siempre una li
cuante y una lquida) articulacin compuesta directa. Sila
bearemos, pues, de este modo: abs-traccin, ins-trumento,
cons-cripcin 2.
1 [La Academia, Gram., p. 361, ha introducido la reforma de pintar siempre
doble la r fuerte, v. g., prorrata, contrarrplica sin ms excepciones que la r
inicial, rosa, reir y la r precedida de l, n, s, malrotar, honra, Israel].
2 En la correccin m anuscrita de Bello en su ejemplar personal de la 2* edicin
(1850), le aada la siguiente nota: Vase el Apndice II. (C o m is i n E d it o r a .
Caracas) .
45
SEGUNDA PARTE
DE LOS A C E N T O S
I
DEL ACENTO EN GENERAL
Se llama acento aquel esfuerzo particular que se hace
sobre una vocal de la diccin, dndole un tono algo ms
fuerte y alargando un tanto el espacio de tiempo en que se
pronuncia. En aurora, por ejemplo, el acento cae sobre la
vocal o, y consiste en alzar un poco la voz, detenindonos
en esta vocal algo ms que en cualquiera de las otras de la
diccin \ As es fcil observar que se oyen ms distintamen
1 [D. Jos Coll y Veh (Dilogos literarios, p. 107) censura, entre otras defini
ciones de acento, sta dada por Bello, en que parecen confundirse y equivocarse diversas
condiciones del sonido.
Suelen los prosodistas no entender de msica, as como los msicos no saber lo
que es prosodia, y de este divorcio ha resultado la confusin que se nota en esta
materia del acento, que es mixta, y as pertenece a la prosodia como a la msica.
En el sonido hay q^e considerar la intensidad, la cantidad y la entonacin. El
acento no depende ni de la cantidad o duracin, ni del tono o grado de elevacin de
la voz, sino de la intensidad o esfuerzo con que se produce. Los sonidos fuertes son
los que en prosodia se llaman acentuados. Acentuar una slaba es esforzar en ella la
voz ms que en las otras slabas de la misma palabra. Y podemos acentuar una
slaba ya alargndola, ya abrevindola (esto es, variando su cuantidad), ya elevndola
o bajndola (esto es, variando la entonacin). Una slaba inacentuada o dbil, puede
al mismo tiempo ser aguda (musicalmente) o ser larga, y una slaba acentuada o
fuerte, puede al mismo tiempo ser grave o ser breve.
Coll y Veh pone ejemplos de palabras acompaadas de notacin musical, para
m ostrar que, cuando las slabas acentuadas corresponden a las notas fuertes y las
inacentuadas a las dbiles, .hay correspondencia entre el lenguaje, o canto natural, y
la msica, y, al cantarlas, las palabras salen pronunciadas con su natural acentuacin
prosdica; y que, por el contrario, cuando las slabas acentuadas caen en las notas
dbiles, y las inacentuadas en las fuertes, falta la debida correspondencia entre la
46
Segunda parte. De los acentos
te las vocales acentuadas que las otras, y que se retarda tan
to ms la pronunciacin de una frase, cuanto es ms grande
el nmero de estas apoyaturas o esfuerzos particulares que
hacemos en ella.
Las vocales acentuadas se llaman agudas, y las inacen
tuadas graves.
La palabra acento se toma a veces en un sentido general,
denotando el grado cualquiera de esfuerzo con que pronun
ciamos cada una de las vocales de la diccin. En este sentido,
todas las slabas, todas las vocales, tienen acento, unas agu
do, y otras grave.
Selase el acento (yo entender siempre bajo esta deno
minacin el agudo) con la seal que aparece sobre las letras
que representan las vocales agudas de estas dicciones, crcel,
alel, barmetro, pelcano. Pero no es costumbre sealar
siempre el acento; sino slo cuando se aparta de las analo
gas o reglas generales de la lengua. Selase, por ejemplo,
en las dicciones crcel, alel, porque en castellano carga ms
a menudo sobre la ltima vocal, cuando la diccin termina
en consonante, y sobre una vocal de la penltima slaba,
cuando la diccin termina en vocal; que es cabalmente lo
contrario de lo que sucede en esas dos palabras. Y lo seala
mos en barmetro, pelcano porque lo ms comn es que
las dicciones castellanas se acenten sobre la ltima o la pen
ltima slaba, y estas dos palabras se acentan sobre la ante-
letra y la msica, y el cantor, siguiendo sta, tiene que dislocar los acentos y destro
zar la letra.
La Academia Espaola ha aceptado esta doctrina en la ltima edicin de su
Gramtica y define " a c e n t o : la mayor intensidad con que se hiere determinada slaba
al pronunciar una palabra.
Esta es la verdadera definicin de acento. Quien quiera ahondar ms en este
asunto lea el V de los citados Dilogos1 literarios del finado seor Coll y Veh.
Slo aadir que consistiendo el acento en la intensidad, sta puede ser mayor
o menor, en larga escala. Es slaba acentuada la que se pronuncia con mayor esfuerzo
que las otras de la misma palabra, aunque ese acento sea mucho ms dbil compara
do con el de la slaba acentuada de otras palabras. As en sobre, preposicin, la slaba
acentuada es jo ; y la misma lo est, pero con acento mucho ms fuerte, en sbre,
sustantivo o verbo.
Regla general: el acento de las voces esdrjulas o proparoxtonas, y el de las
agudas u oxtonas, es en castellano ms fuerte que el de las llanas o paroxtonas].
47
Ortologa
penltima. Yo escribir el acento siempre que se me ofrezca
dirigir la atencin a l.
Las dicciones que tienen el acento sobre una vocal de la
ltima slaba, se llaman a g u d a s u o x t o n a s , como fe, co
razn, maraved, manguey, traspi. Las que lo tienen sobre
una vocal de la penltima slaba, se llaman g r a v e s , l l a n a s ,
p a r o x t o n a s , b a r t o n a s , como silla, crcel, sierpe, feudo.
Y las que lo tienen sobre una vocal de la antepenltima, e s -
d r j u l a s o p r o p a r o x t o n a s , verbigracia lgrima, custi
co, cinaga. Todas las dicciones castellanas acentuadas son
agudas, graves o esdrjulas, menos las compuestas que cons
tan de pronombres enclticos, las cuales pueden tener el
acento hasta sobre la cuarta o quinta slaba, contadas desde
el fin de la diccin; como arrepentiramonos, castigese-
mele. Estas dicciones se llaman s o b r e s d r j u l a s .
Hemos hablado hasta aqu del acento prosdico, que es
el nico de que se trata en la Ortologa. Se conoce tambin
con el nombre de acento cierta especie de entonacin que
damos a la sentencia. As como las dicciones, consideradas
cada una de por s, tienen un acento que les es propio, el
cual consiste en reforzar una de sus vocales, deprimiendo
las otras, las sentencias tienen tambin el suyo, que consiste
en dar ms fuerza y claridad a una o ms de las dicciones
de ellas, hacindose las otras a proporcin ms dbiles y
oscuras. Y a esta variedad en la fuerza de los acentos, se
junta a menudo una modulacin especial, una manera de
canto.
En esta entonacin o modulacin de las sentencias, in
fluyen dos cosas, la costumbre del pas (y bajo este respecto
el acento se llama nacional o provincial), y el sentido de
la oracin (bajo cuyo respecto el acento se llama oratorio,
lgico, pattico, enftico).
El que quiera formar idea de lo que es el acento nacional
o provincial, compare el habla de un andaluz con la de un
castellano. Prescindiendo de las diferencias que no dependen
de la entonacin, como el pronunciar los unos z donde los
48
Segunda parte. De los acentos
otros s, los unos y donde los otros 11 (diferencias que tam
bin comprenden algunos, aunque impropiamente, en el
acento provincial), quin habr que no distinga las ento
naciones andaluzas de las de todas las otras provincias de
Espaa? Los franceses que no han residido mucho tiempo
entre espaoles, dan a sus frases, cuando hablan castellano,
no s qu cadencia particular, que los distingue fcilmente
no slo de aquellas personas que lo hablan desde la cuna,
sino de todos los otros extranjeros. Acaso no hay lengua ni
pueblo que no d fundamento a iguales observaciones. Lo
ms curioso es que cada pueblo se imagina hablar su lengua
nativa sin acento; y cree que todos los otros pueblos cantan
o modulan cuando hablan. II ne faut pas chanter, no hay
que cantar, dice un francs a un extranjero que comienza
a leer o declamar en francs. Pero propiamente debiera
decirle: es menester que Ud. deje el modo de cantar de su
nacin y tome el nuestro.
Acerca del acento nacional o provincial, puede darse una
sola regla, y es que en la modulacin de las frases se debe
tomar por modelo la costumbre de la gente bien educada,
evitando todo resabio de rusticidad o vulgarismo.
El acento enftico me parece tambin dificultossimo
de reducir a reglas precisas. Las circunstancias que lo deter
minan son infinitamente varias, como que dependen de
relaciones delicadas entre las ideas, y de lo ms o menos
que interesan nuestros afectos en lo que decimos. Distin
guimos de las frases enunciativas las interrogativas y admi
rativas, y las sealamos con diferentes cadencias en el ha
bla, y con signos particulares en la escritura. Mas hay
muchos otros accidentes lgicos y apasionados que influyen
en la modulacin de las frases. De diverso modo, y por de
cirlo as, con diverso canto, se dan a entender la amenaza
que la splica, la alabanza que la censura, la familiaridad
que el respeto, la ponderacin que la irona. Cada afecto
tiene cierta manera de entonar que le es propia, y que se
percibe ms a las claras en la recitacin de los oradores e
49
Ortologia
histriones, los cuales no hacen otra cosa que emplear con
oportunidad y discernimiento los tonos apasionados que
nos ensea a todos la naturaleza, y que son entendidos a
veces hasta de los mismos animales, de donde procede que por
lo tocante al acento enftico las naciones se diferencian
poco entre s. Y no slo los movimientos del corazn, sino
las relaciones puramente intelectuales, producen esta varie
dad de matices en el habla. En qu consiste que ciertos
lectores hacen sentir mejor que otros la nfasis de una gra
ve sentencia, o la agudeza de un chiste gracioso? N o con
siste, a mi parecer, en otra cosa que en ciertas ligeras e
indefinibles modificaciones de la voz, que realzan lo impor
tante, amortiguan lo accesorio, y dan a cada cosa el valor
y el grado de luz que conviene.
El juego del acento nacional y del enftico consiste, se
gn yo creo, no slo en reforzar ciertos acentos prosdicos
y hacer proporcionalmente ms dbiles y apagados los otros,
sino en dar una modulacin musical a la frase; pero nunca
hacen agudo lo que prosdicamente es grave, ni grave lo
que prosdicamente es agudo.
n
DE LAS DICCIONES QUE TIEN EN MS DE U N ACENTO, Y DE AQULLAS
EN QUE EL ACENTO ES DBIL O NULO
En algunas dicciones, adems del acento verdadero, se
percibe una apoyatura o esfuerzo dbil, que se llama acen
to secundario. As sucede en las dicciones compuestas de dos
nombres, como carirredondo, barbilampio, lnguidamente,
casatienda; o de nombre y verbo, como pisacorto, destripa
terrones; o en las esdrjulas o sobresdrjulas que constan
de pronombres enclticos, verbigracia mirbame, dmelo,
re?nitiramostela.
En las dicciones Compuestas de dos nombres o de verbo
y nombre, como pisacorto, boquirrubio, pasamanos, traga
50
Segunda parte. De los acentos
luz, se conservan los dos acentos de las palabras componen
tes, pero el segundo es siempre el ms fuerte, y el nico de
que se hace caso para la cadencia o ritmo del verso. El pri
mero (a no ser en los adverbios terminados en mente) tiene
apenas el grado de fuerza que es menester para distinguirle
de los acentos graves ordinarios.
Al contrario, en las dicciones que constan de enclticos,
el primer acento es el principal y el ms fuerte; el dbil o
secundario cae constantemente sobre el ltimo de los pro
nombres. Es un defecto pronunciar estas dicciones como si
el acento principal cargase sobre el pronombre encltico;
bien que a los poetas se permite alguna vez hacerlo a bene
ficio del metro, verbigracia:
Juntndolos con un cordn los ato.
( Garcilaso).
Consgrale tu abominable vida.
(Q uintana). 1
Si el compuesto que lleva encltico es grave, no se perci
be acento alguno en el pronombre. Y con todo eso, los
poetas se toman alguna vez la libertad de colocar el acento
principal en l:
Como he estado tanto en pi,
el corazon desfallece,
ay Dios! Ea, que parece
que os desmayis Ay! Tenl.
(T irso).
1 [En Colombia pronunciamos despojando absolutamente de acento los enclticos.
Esta acentuacin est justificada por el ejemplo de los poetas clsicos:
Filis un tiempo mi dolor sabia,
Qusome un tiempo, mas agora temo . . .
(Villegas) ;
y por la ortografa, que de siglos atrs, adhiere al verbo el caso pronominal pospuesto;
as es que la Academia Espaola (Ortografa, 1779, p. 113) reconoce como voces per
fectamente esdrjulas a mrame, yeme, d i jse, spase. Habiendo perdido estos casos
pronominales el acento cuando son afijos, han debido perderlo igualmente como
enclticos. La adhesin perfecta del encltico al verbo, tiene, adems, la gran ven
taja de que siendo en muchos casos potestativo del que habla anteponer o pos
poner a voluntad el pronombre, tiene por este medio facultad de usar enfticamente
51
Ortologa
No todas las dicciones castellanas tienen acento.
Carecen de acento, en primer lugar, los artculos defi
nidos el, la, los, las, lo; 29 los casos pronominales me, nos, te,
os, le, lo, la, les, los, las, se; 39 los pronombres posesivos sin
copados, mi, mis, tu, tus, su, sus; 4 9 el relativo que; 59 las
preposiciones y conjunciones monoslabas, como a, de, en,
por, y, o, ni, etc. *
voces esdrjulas, llanas o agudas, segn convenga: rendviosle, le acariciamos, acercse,
se hundi.
Por lo dems, el ejemplo de Garcilaso no prueba nada: l 9 porque en aquella
poca no estaba bien determinada la prosodia castellana y as en l mismo, aunque
delicado versificador (cuanto ms en Boscn y otros) hilanse a veces acentuadas
partculas que hoy son tonas, v. gr.:
"A daros cuenta d mis pensamientos.
(Garcilaso)
"Salir el humo d las caseras.
(El mismo) ;
y 29 porque el artculo un, aun hoy da, puede tomar en verso la acentuacin de
pronombre indefinido, a que es suficiente para los lugares donde el verso la pide:
Y arrojndose en n colchn mullido.
(Mora)
Aplica
Leche a sus labios y con n roco
De agua fresca humedece el negro rostro.
(D. A ngel Saaved ra)
"La cosa por desgracia vi un gigante
Y ech a correr como n espiritado.
(Bello)
Y as, podemos leer el verso de Garcilaso:
Juntndolos con n cordn los ato,
prescindiendo del acento de los.
Los ejemplos de Quintana, y otros semejantes, son como dice Bello, licencias
poticas, o bien concesiones a la viciosa acentuacin doble (dm e-l, vnga-m) que
afectan muchos actores espaoles].
* Los artculos indefinidos, un una, unos, unas, tienen un acento bastante
dbil; pero callndoseles el sustantivo, se acentan con ms fuerza, como en: No
vive ya en la casa donde sola, sino en na contigua.
He notado en muchos castellanos la prctica de acentuar los posesivos sinco
pados, pronunciando: "M pas, No tiene nada que esperar de s solicitud. A mi
me suena m uy mal este acento. (N o ta d e B e l l o ) .
[Esta acentuacin usada en Castilla es vestigio vicioso de una poca en que no
se haba fijado la prosodia, y en que solan acentuarse las partculas (como se ve
52
Segunda parte. De los acentos
En efecto, construyndose estas palabras con otras, sue
nan como si formasen con ellas un solo vocablo, y en la
construccin no se oye ms acento que el que es propio de
estas otras palabras. As es que, hablando, no se puede dis
tinguir el hado de helado; la vara de lavara; me sana de
mesana; mi sal de misal; en arco de enarco. Lo mismo se
pronuncian las dos ltimas palabras de la frase ni como ni
ceno, que el adjetivo niceno, y las dos ltimas palabras de
la frase dolo, culpa, o caso, que el sustantivo ocaso.
Tienen acento, aunque dbil y no suficiente para con
tentar el odo en los parajes del verso que deben acentuarse,
las preposiciones y conjunciones de ms de una slaba, ver
bigracia, dsde, contra, pro, sino *.
en los ejemplos copiados del mismo Garcilaso), prctica desterrada por los elegantes
versificadores andaluces que fijaron la acentuacin castellana. Aun los posesivos
bislabos, cuando van antepuestos, tienen un acento tan dbil que no basta para el
ritmo del verso; as, no creo que pueda aprobarse la prosodia de este pasaje de Bello:
A la mujer de nustro don Gregorio
Por lo menos har su media hora
A la reja dej del locutorio ].
* N o debe confundirse esta ltima conjuncin, que es una palabra general
mente indivisible, con la frase si no, que se compone del adverbio condicional si, y el
adverbio negativo no, entre los cuales puede interponerse otra u otras palabras: as
en Saldr, si no llueve, podemos alejar el si del no, interponiendo, por ejemplo, acaso,
de aqu a la noche, como parece por lo sereno del tiempo; al paso que sino, conjuncin,
no admite por lo comn que se interponga cosa alguna. Digo, por lo comn, porque
proviniendo esta palabra de los mismos dos elementos adverbiales, se conserva en tal
cual expresin una como reminiscencia e este remoto origen. Tal es aquella que se
encuentra ms de una vez en Cervantes: En ayunas estoy, si de pecar no. (N o t a d e
Be l l o ) .
[El autor dice que sino tiene un acento dbil; en el texto aparece sealado en
la (siti). Pero esto podra ser errata, punto que no me ha sido dado verificar. En
poesas de Bello publicadas en Londres bajo su inspeccin aparece siempre sino sin
tilde marcada: ,,r.
Virtud, no ,le falto,
, , sino
. fortuna
c .
"De la naciente libertad no slo
Fue fundador sino maestro y padre ;
lo cual, segn el sistema de acentuacin general, el mismo que segua Bello, indica que
l lea sino con la misma acentuacin de pero:
"V irtud no le falt, pero fortuna.
Sino es procltico, tiene acento m uy dbil en la i, nulo en la . Tal es la acen
tuacin que rige en el interior de Colombia y es en mi concepto la legtima. En
nuestras costas, en el Cauca, en Antioquia, se acenta sin, y as Salv en sus
ediciones: ,,XT ,
No q'ueremos sino
morir, ' ! alabarte
! > * .
(Edicin de Carvajal, Salmos).
Pero Salv, con sus resabios de acentuacin valenciana, no era autoridad en este
punto],
53
Ortologia
Los adverbios monoslabos que se construyen con una
palabra o frase siguiente calificando su significacin, tie
nen tambin un acento dbil, a veces absolutamente nulo.
Cuando decimos no viene, bien habla, ya llega, se amortigua
y oscurece el acento de las palabras bien, ya, y el de no es
imperceptible. Mas si el adverbio figura solo, o se pospone
a la palabra cuyo significado califica, revive el acento, y
cobra toda la fuerza necesaria para el ritmo; como se ve en
estos ejemplos:
N o pienses, n, que a tu poder me humillo.
N o vive mal el que ignorado vive.
Florece y la primavera alegre.
Aun,en el primer caso, es monoslabo y se acenta d
bilmente sobre la primera vocal; en el segundo, dislabo
con un acento bastante lleno y fuerte en la u. 1
t i tiimn '
Aun se ve el humo aqu, se ve la llama.
y >
Aun se oyen llantos hoy. . .
(Rodrigo C aro).
* [sta es la distincin que en el interior de Colombia hace naturalmente todo
el mundo al pronunciar la palabra aun: monoslabo si precede a la palabra que
modifica: aun llueve, bislabo agudo si va despus: llueve an. En la Costa, el Cauca
y Antioquia se pronuncia siempre como dislabo agudo, confundiendo viciosamente el
afijo y el encltico. En el mismo error incurri D. Florencio Varela censurando in
justamente un verso de D. Esteban Echeverra. (Obras de Echeverra, tomo V,
p. XIX bis).
Pero no es cierto lo que dicen Bello y dems prosodistas, que cuando es mono
slabo aun "se acenta dbilmente sobre la primera vocal*: las vocales a, u forman
diptongo y el acento se reparte entre las dos.
En este verso de Gallego:
"A y de tu libertad y aun de la m a!*
aun es monoslabo, pero, siendo procltico, la a no tiene la fuerza acentual que se
nota v. gr. en la interjeccin ay; as es que el movimiento del verso no sera exacta
mente igual si leysemos:
Ay de tu libertad, y ay de la ma!
Es, pues, discreta y exacta la regla que da sobre este punto la Academia en la
ltim a edicin de su Gramtica (p. 3 66):
"El adverbio aun precediendo a verbo (o a la palabra que modifique, cual
quiera que sta sea) "no se acenta, porque en este caso forman diptongo las dos
vocales; pero se acentuar cuando vaya despus del verbo (o palabra q*ue modifique)
"porque entonces se pronuncia como voz aguda dislaba: a u n no ha venido? No
ha venido a n ] .
54
Segunda parte. De los acentos
. .Desclav el cuchillo
teido an con la caliente sangre.
( Quintana),
l Oyes el nombre del social Orfeo
entre aplausos an}. . .
(El m ism o).
en la frase pues que, tiene un acento dbil. Lo
Pues,
mismo sucede cuando se suprime el que, siguindosele aque
lla parte de la sentencia que se representa como un antece
dente o premisa raciocinativa; como en estos ejemplos:
Pues os llama a la lid la Patria amada,
corred a defenderla. . .
Corred a defender la Patria amada,
pues en peligro est. . .
Pero si se coloca en medio de la proposicin que significa
la consecuencia o deduccin raciocinativa (en cuyo 1 caso
suelen muchos ponerlo entre comas), tiene un acento su
ficientemente lleno y fuerte, verbigracia:
Llama sus hijos a la lid la Patria,
Volemos, pues, a defenderla. . .
Muchas otras observaciones pudieran aadirse sobre la
debilidad del acento en ciertas palabras y circunstancias;
pero la prctica de los buenos hablistas y la atenta lectura
de los poetas podrn sugerirlas. Slo notar, por punto
general, que la causa de la ms o menos debilidad o com
pleta evanecencia del acento es el enlace ntimo de la dic
cin con la palabra o frase que sigue; y que siempre que se
verifica este enlace, se amortigua ms o menos el acento.
Manifestmoslo con un ejemplo. En este verso:
Tu culto al verdadero Dios agrada,
1 [H e aqu el empleo impropio de cuyo (bien que autorizado por el uso gene
ral), que el mismo Bello despus, en su G r a m p. 2 51, tild por su "olor de nota
ra, v como caracterstico de escritores declinados. Bello di a luz su Ortologa
en 183 5, y su Gramtica se public en 1847].
V
Ortologa
aunque no se puede decir que es vicioso el ritmo, el odo,
sin embargo, no queda del todo satisfecho, porque el acento
de verdadero, que es necesario para el ritmo, no tiene la
misma fuerza que el acento de Dios, que no es necesario.
Recprocamente, en este verso:
Slo al Dios verdadero rinde culto
el alma religiosa. . .
la cadencia es perfecta, porque el acento del adjetivo ver
dadero, que se pospone ahora al sustantivo, tiene toda la
fuerza que el odo apetece.
En el siguiente pasaje de fray Luis de Granada se vern
sealadas todas las palabras que deben pronunciarse con
acento:
"Qu nacin hy en el mndo tan brbara, que no
tnga alguna noticia de Dis, y que no le hnre con algna
manra de honra, y que no espre algn beneficio de su
providncia? Parce que la misma naturalza humna, aun-
qu no simpre conoce el verdadro Dis, conoce que tine
necesidd de Dis, y aunqu no conzca la cusa de su fla
queza, conoce su flaquza y por so naturlmnte bsca a
Dis pra remdio de lla.
Este ejemplo manifiesta que en el razonamiento caste
llano el nmero de las palabras inacentuadas es casi tan
grande como el de las otras. Mas an entre las palabras
acentuadas no todas lo son igualmente. En el interrogativo
qu, hy, algn, algna, misma, naturalza, verdadro, el
acento se debilita un poco por el enlace ntimo de stas con
las siguientes palabras: el de aunqu es tambin algo d
bil, 1 y el de la preposicin pra se hace casi imperceptible,
por la misma razn.
1 [Aunque, y lo mismo porque (causal) y sino, son como proclticos, bislabos
llanos con acento dbil, por ms que Salv, siguiendo su acentuacin provincial,
contra la clsica espaola, tildase siempre en sus ediciones, esas partculas como
bislabas agudas].
56
Segunda parte. De los acentos
III
INFLUENCIA DE LAS INFLEXIONES Y COMPOSICIONES GRAMATICALES
EN LA POSICIN DEL ACENTO
La posicin del acento en las dicciones castellanas es de
terminada principalmente por tres cosas: la inflexin y
composicin gramatical; la estructura de las palabras; la
etimologa. Consideraremos primeramente el influjo de las
inflexiones y composiciones gramaticales.
I. En el plural de los nombres, se acenta la misma s
laba que en el singular: campo, campos; margen, mrgenes;
tahal, tahales. Exceptase rgimen, que hace el plural,
poco usado, regmenes, y carcter, cuyo plural es caract
res. 1 Por la analoga que tienen con esta palabra los otros
nombres griegos crter, clister, estter, esfnter, parece que
deben formarse de la misma manera sus plurales, cratres,
clistres, etc.
II. La acentuacin de todas las formas de los verbos
regulares es como la de las formas correspondientes de aca
bar, aprender, acudir. Aqu notaremos una particularidad
caracterstica del castellano: las formas del verbo en las cua
les el acento no afecta a la terminacin sino a la raz, es
a saber, todas las personas de singular y la tercera de plural
de los presentes indicativo y subjuntivo, y la segunda de
singular del imperativo, son graves, cualquiera que sea la
acentuacin de la palabra de que se deriven. Acentase,
pues, yo lagrimo, yo estimulo, yo equivoco, yo critico,
aunque sean esdrjulos los primitivos lgrima, estmulo,
equvoco, crtico. Exceptanse los monoslabos, porque el
acento agudo no puede menos de herir la nica slaba de
que constan; como doy, das, soy, es, son, voy, vas, ve, ven,
etc., con sus respectivos compuestos rev, prevn, etc. De
1 [Hoy. Antes se deca caracteres o caracteres indistintamente; y todava puede
usarse y se ha usado esta forma en poesa. V. en Cuervo, Apuntaciones; Hartzenbusch,
Carta a\ autor, p. XXXVI].
57
Ortologa
las formas verbales enumeradas que no sean monoslabas o
compuestas de monoslabas y que sin embargo sean agudas,
no hay otras que las pertenecientes al verbo estar {estoy,
ests, est, estn; est, ests, est, estn, est t) que no tie
nen dos slabas sino por causa de la e que se les antepone para
evitar la s lquida.
N o es necesario enumerar las irregularidades acentuales
que las formas verbales experimentan, porque ellas hacen,
parte de las irregularidades de conjugacin, y pueden verse
en cualquiera gramtica. Slo nos detendremos en uno que
otro punto dudoso, fijando particularmente la considera
cin en los vicios que sobre el modo de acentuar las formas
y derivados verbales se han introducido en el lenguaje de
los americanos.
III. Cuando en el pretrito perfecto de indicativo de
la segunda y tercera conjugacin, la primera persona de
singular termina en e, la tercera no termina en i, sino en o
precedida de consonante, y ninguna de las dos personas es
aguda, sino grave: quise, quiso; supe, supo; dije, dijo. Son
graves, por consiguiente, los antiguos pretritos plgo o plu
go de placer, yogue y yogo, de yacer. *
IV. Es harto comn entre los americanos decir hya-
mos, hyais; vyamos, vyais; samos, sais; y no faltan
algunos que acentan del mismo modo otros presentes de
subjuntivo, diciendo, tngamos, tngais; oigamos, oigis, etc.
Estas irregularidades no carecen de autoridad en el da res
pecto de los verbos ir y haber; mas ni aun en ellos han sido,
segn creo, sancionadas por la Academia; lo que prueba que
el uso es vario, y que, por consiguiente, debe resistirse una
novedad tan anmala. En los dems verbos, el buen uso est
* Este verbo se conjugaba yago, yaces, etc.; yaca, yacas, etc.; yogue, yoguistc,
yogo, y ogimos, yoguistes, yoguieron; yazr, yazrs, etc; yazra, yazras, etc.; yaz
t, yaced vosotros, yaga, yagas, etc.; yoguiera, yoguieras, etc. yoguiese, yoguieses, etc.;
yoguiere, yoguieres, etc. Por no haberse conocido la antigua conjugacin de yacer, se
han atribuido algunas de sus formas al verbo, tambin anticuado, yogar, y a un verbo
yoguer o yoguir que jams ha existido. ( N o t a d e B e l l o ) .
[Vase sobre estos curiosos arcaismos de conjugacin el Apndice nmero III, y
Bello, Gram., p. 142].
5
Segunda parte. De los acentos
uniformemente en favor de la regla: seamos, seis, tenga
mos, tengis; etc.
V. Cuando la terminacin er o ir del infinitivo es pre
cedida de vocal, hay varias formas y derivados verbales que
los americanos acostumbran acentuar de un modo anmalo
y brbaro. Dcese, por ejemplo, yo cia, yoci, nosotros
limos, vosotros habis ido, etc. He aqu una lista de las
formas y derivados verbales en que se comete esta falta,
escritos como deben pronunciarse, que es colocando el acen
to en la misma letra en que lo llevan las formas y derivados
de los verbos aprender y acudir.
In fin itiv o ..................... . . . car . . . . .or.
Indicativo presente . . . . camos . . . . omos.
cais . . . . . O IS.
Pretrito imperfecto 1 . . caa . . . oa.
catas . . . . . otas.
cata . . . . oa.
catamos . . oamos.
caais . . . . . oais.
catan . . . . . oan.
Pretrito perfecto . . . . .c a . . . . . o.
caste . . . . oste.
camos . . . omos.
casteis . . . . osteis.
Imperativo . . . . . . cad . . . . od.
P articip io .................... . . . cado . . . . . odo.
S ustantivo.................... . . . cada . . . . . odas.
A d jetiv o ....................... . . . creble . . . . oble.
VI. La acentuacin de la primera persona de singular
del presente de indicativo, determina la de muchas otras
1 [Obsrvese que Bello se desentiende aqu de su nomenclatura de I oj tiempos
del verbo, y sigue la generalmente conocida]. La formula por primera vez en Anlisis
ideolgica de los tiempos de la conjugacin castellana, en 1841. La primera edicin de
la Ortologa es de 183 5. ( C o m is i n E d it o r a . C a r a c a s ) .
59
Ortologa
formas verbales, es a saber, la de todas aqullas en que el
acento cae sobre la raz. *
As es que como en la citada primera persona decimos
yo amplo, decimos tambin, con el acento en la i, t am
plas, l ampla, ellos amplan, ampla t, yo ample, t
amples, l ample, ellos amplen. Y por el contrario, como
en la primera persona singular del presente de indicativo
decimos yo vacio, decimos tambin con el acento en esa a,
t vacias, l vacia, ellos vacian, vacia t, yo vacie, t vacies,
l vacie, ellos vacien.
Pero por qu se dice con esta variedad de acentuacin
yo amplo, yo vacio? La duda no puede ocurrir sino en los
verbos cuyo infinitivo termina en iar o en uar. Respecto de
los primeros, es caprichosa la lengua, y no se puede dar
regla fija; es necesario consultar el uso; y por desgracia ni
las gramticas ni los diccionarios nos dan mucha luz sobre
esta materia. He aqu, sin embargo, tres analogas fciles
de percibir.
1 Los verbos compuestos siguen la acentuacin del
simple. Dcese, pues, yo desavo, yo desvaro, yo desah-
cio **, porque se dice yo avo, yo varo, y porque antigua
mente se dijo yo ahcio (yo esperanzo); y se dice, yo con
fo, yo desafo, yo me descro, yo deslo (de desliar), por
que se dice, y no puede menos de decirse, yo fo, yo cro,
yo lo. Sin embargo, aunque se pronuncia, con el acento
en la i, yo me gloro, suele pronunciarse con el acento en la
o que precede, yo me vanaglorio; y segn Sicilia, se dice yo
reconcilio, significando "yo oigo una breve confesin en el
* La raz de un verbo es el infinitivo despojado de su terminacin caracterstica,
ar, er, ir. En ampliar, la raz es ampli; en vaciar, vaci. ( N o t a d e B e l l o ) .
** Muchos acentan malamente desahucio, a pesar del simple ahcio, y el prim iti
vo hcia [del latn fiducia; de ah fiucia, fucia, hucia; v. Cuervo, Ap., 285]:
O dgalo Rosimunda;
pues viendo que mi rencor
su esperanza dsahcia,
ya en otros medios me escribe:
toma aquesa carta suya.
(Caldern). ( N o t a de Bello ).
60
Segunda parte. De los acentos
tribunal, de la penitencia, y yo reconcilio en las dems
acepciones.
2* Si el verbo se deriva inmediatamente de un nombre
castellano, que, para formar el verbo se junta con una par
tcula compositiva, se retiene la acentuacin del nombre,
como en yo avo, yo desvo, yo enro, yo ahucio, yo acari
cio, yo acopio, yo desquicio, yo enjuicio, yo aprecio, yo
abrvio, yo ensucio, yo expo, yo enfro, yo arrdo, yo en
turbio, en los cuales entran respectivamente los sustantivos
va, ro, lo, hcia (palabra anticuada que significa "con
fianza), caricia, cpia, quicio, juicio, prcio, y los adjeti
vos brve, sucio, po, fro, recio y turbio.
3* Si el verbo se forma de un nombre castellano grave
que no se junta con elemento alguno prepositivo, lo ms
general es que se retenga la acentuacin del nombre, como
sucede en yo atavo, yo espo, yo estro, yo roco, yo me
demaso, yo dio, yo fastidio, yo desperdicio, yo silncio,
yo presagio, yo concilio, yo calumnio, yo angustio, yo nsio,
yo oficio, yo privilgio, yo ajusticio, yo estudio, yo lidio,
yo remdio, yo beneficio, yo injurio, yo agrio, yo vicio, yo
mdio, yo envidio, yo me refugio, yo albricio, yo vendimio,
yo elogio, yo encmio, yo tapio, yo me ingnio, yo escrpio,
yo columpio, yo rabio, yo agravio. Y a esta analoga se re
fiere propiamente vanaglorio, que no se compone de vano
y gloro, sino se deriva inmediatamente del nombre com
puesto vanagloria. Lo que pareca, pues, una excepcin, en
realidad no lo es.
Se exceptan yo amplo, yo contraro, yo me gloro, yo
varo, yo vacio. En expatriar, cariar, vidriar, paliar, chi
rriar, escoriar, historiar, auxiliar, foliar, parece incierto el
uso. Sicilia dice que se pronuncia yo expatro, cario, vidrio,
chirro, palio, sin embargo de la diferente posicin del
acento en los sustantivos patria, carie, vidrio, plio, chirrio;
que, por lo contrario, se pronuncia yo flio conservando la
acentuacin del sustantivo flio; que se pronuncia yo escorio,
yo historio, en el indicativo, y yo escorie, yo historie, en el
61
Ortologa
subjuntivo; y en fin, que se pronuncia yo auxilio (yo pres
to ayuda), y yo auxilio (yo ayudo a bien m orir). El dic
cionario de la Real Academia autoriza la acentuacin yo
chirrio. En cuanto a escoriar e historiar, es caprichosa y sin
ejemplo en la lengua la diferencia que se quiere establecer
entre el indicativo y el subjuntivo; y creo preferible acen
tuar la i en ambos modos y en el singular del imperativo.
Escritores eminentes pronuncian yo palio.
Quin de tan grande ingenuidad blasona,
que no disculpe o palie sus delitos?
(El duque de Rivas).
1
Quedan algunos verbos que no comprenden ninguna de
M '
las tres analogas precedentes. He aqu la acentuacin de los
que se me ofrecen ahora a la memoria: yo descarro, yo
filio, yo rumio, yo sacio. En extasiarse, verbo recientemente
introducido, no se puede decir que hay uso constante, y me
parece ms suave extasi que extaso. 1
VII. Los verbos cuyo infinitivo es en uar presentan la
misma variedad de acentuacin en las formas que se acen-
1 [Sobre la materia que trata el autor en los anteriores prrafos trae intere
santes pormenores Cuervo, Apuntaciones Crticas, 269 y siguientes. De all voy a
extractar, prescindiendo de comprobantes, algunas observaciones como adicin o
rectificacin a las de Bello.
En verbos como desahuciar, si el acento va fuera de las vocales concurrentes,
stas se diptongan: des-ahu-cia-mos, des-ahu-cia-do (cuatrislabos); si va en una de
ellas, se disuelve el diptongo: yo des-a-h-cio. Siguen la prosodia de desahuciar los
verbos airarse, aullar, maullar, ahumar, aunar, rehuir, reunir, prohibir, sahumar o
zahumar. Salv disuelve siempre el diptongo en reunir.
Es vario el uso en yo embauco y yo embauco, yo ansio y yo ansio; M oratn y
Bretn dicen l se extasa; l rmia (latn rminat), y l se espacia tienen en su
favor razones gramaticales y de autoridad. Como Salv y Sicilia quieren, sin citar
ejemplo alguno, que se diga rum io, aadir dos a los que en contrario aduce Cuervo:
*'SIo una cosa por amor te pido,
Y es que esta voz que Cristo dio a su padre
La rumies con el alma y el sentido.
(Diego M urillo).
" Rmia bien mis canciones
Y en breve triunfars de tus pasiones.
(Annimo: Bhl de Faber, Rimas, n. 84).
A filio dice Bretn de los Herreros:
Ora le afilie descreda secta*'].
62
Segunda parte. De los acentos
tan sobre una slaba radical, pues decimos yo contino, yo
avalo, yo concepto, yo evacu, yo fraguo. Pero aqu la
regla es sencilla y obvia. Si el infinitivo termina en cuar o
guar, no carga el acento sobre esta u; si termina de cual
quier otro modo, carga sobre ella.
VIII. Los verbos cuyo infinitivo trae dos vocales lle
nas antes de la r final, tienen el acento sobre la ltima vocal
de la raz en todas las formas arriba enumeradas, en que el_
acento no pertenece a la inflexin, sino a la raz. Se acen
ta, pues: yo espolo, yo zarandeo, yo cabeceo, aunque de
rivados de espuela, zaranda, cabeza; y se dice que el sol pur
purea las nubes o que las nubes purpuran \ y que el cura
ola al enfermo, no obstante la diversa acentuacin del
adjetivo purpreo, y del sustantivo leo. De espontneo sale
espontanearse, y Bretn de los Herreros ha dicho muy bien:
Clama: Seor, pequ; me espontaneo.
No creo que deba imitarse la prctica de los que contra
una ley tan conocida y constante conjugan yo alineo, yo
delineo, en vez yo alino, yo delino2.
1 [La hespride granada purpurea
Del hondo valle en el recinto esquivo.
(Menndez Pelayo)].
2 [Los cauces alia tortuosos.
(Melchor de Palau).
Es tanto ms censurable cuanto es propia de algunas personas que afectan
pronunciar esmeradamente, la costumbre de acentuar la e final de las formas de
tiempo presente l cree (ind. de creer, subj. de crear), desee l, asimilndolas a las
primeras personas de pretrito: yo cre (de crear) ; yo dese.
Aqullas son llanas, y deben llevar el acento en la primera de las dos ee finales:
l cre (cre dislabo grave), dese l (dese trislabo, llano tam bin).
La acentuacin correcta, y propia de quienquiera q^e haya estudiado humani
dades, se ve en estos ejemplos:
En suma, ya pase por los prados
O por los montes frtiles camine.
(Alonso de Acevedo),
*Y porque si lo cres, no lo creas . . .
(Lupercio de Argensola),
Te puncen y te sajen,
Te tundan, te golpen, te martillen,
63
Ortologa
IX. En los compuestos castellanos que no constan de
enclticos, el acento dominante es el del ltimo de los ele
mentos que entran en ellos; verbigracia pelicano (el que
tiene cano el pelo), boquirrubio, vaivn, traspi.
X. Los adverbios en mente conservan la acentuacin
del adjetivo que entra en ellos y del sustantivo mente, como
si estas dos partes componentes fuesen dos palabras distin
tas: vlmnte, dctamnte, psimamnte \
Te piquen, te acribillen. . .
Te estrujen, te aporren, te magullen,
Te deshagan, confundan y aturrullen.
(Fr. Diego Gonzlez).
"Si no con ambicin busco mezquina
Que mi heredad se agrande y redonde
Con un rincn de la heredad vecina
Ni que el cielo un tesoro me franque,
Cual deparlo Alcides al labriego, etc.
(Burgos).
Con la prisa de la conversacin familiar, y tal vez por licencia potica (aunque
inelegantemente), pueden esas dos ee contraerse en una sola slaba:
"Cre ver un asesino en cada bulto.
(Bello).
"La dama que a Reinaldos cree seguro.
(El mismo).
"Cree ver las huellas de sus pies andando.
(Campoamor).
Esta contraccin ha prevalecido absolutamente en el verbo ver, que antes se
dijo veer (vidre):
"Y que la muerte que crees
En tanto que no la v e s ,
Porque no te d postemas,
En ningn tiempo la temas
N i tampoco la deses.
(Castillejo).
Pero en ningn caso debe pasarse al fin el acento diciendo: l cre, que l dese,
porque esta acentuacin va contra el uso tradicional y confunde como homfonas
formas verbales que tienen diversos oficios].
1 [As este verso de Bello:
"Quieres que yo mseramente muera,
Se lee, salvo las pausas, con los mismos acentos que si dijese:
"Quieres que yo, miser agente, muera.
Son, por tanto, los adverbios en mente, los compuestos en que menos se ha debi
litado el acento del primer componente. De aqu el no usar mente sino una vez, como
64
Ortologia
Los compuestos en que figuran pronombres enclticos
son casi los nicos vocablos que pueden formar excepcin a
estas dos reglas: sorprendironme, prevenrnosle, acarala,
desperdranlos. Digo casi los nicos, porque tenemos unos
pocos adjetivos de uso raro que son esdrjulos sin embargo
de tener diptongo en la ltima slaba. Todos ellos son com
puestos latinos, y terminan en locuo, altlocuo, brevlocuo,
grandlocuo, ventrlocuo. Adase alcuota, que lo tiene en
la penltima.
III. Todo triptongo es acentuado, y el acento cae siem
pre sobre su segunda vocal: cambiis, fragis \ De aqu se
sigue que no hay diccin castellana en que se encuentre ms
de un triptongo.
Esto, sin embargo, parece ms un hecho accidental de la
lengua, el cual puede variar a consecuencia de nuevas ad
quisiciones, que no un carcter permanente de ella, funda
do en su genio y pronunciacin natural; pues no creo se diga
que es dura o repugnante a nuestros hbitos la prolacin de
vocablos en que hayan triptongos inacentuados. Y aun se
puede afirmar que existen tales vocablos castellanos; pues lo
son verdaderamente los nombres propios de lugares o de
regiones en que la lengua nativa es la castellana, y los ape
lativos de las tribus o razas que moran en ellos, y todos los
derivados de unos y otros. El triptongo guai es frecuente
en los nombres geogrficos y nacionales de Amrica, y en
tre ellos hay varios que, como guaireo (natural de la Guai
ra) y guaiquer (raza de indios), forman excepciones a la
regla anterior. Tenemos tambin los nombres propios Miau-
lina, Miauregato, formados caprichosamente, aqul por Cer
vantes, y ste por el fabulista Samaniego; uno y otro fciles
de pronunciar, y nada desagradables al odo.
Voy ahora a manifestar algunas tendencias o propensio
nes generales de la lengua, que son dignas de notarse, sin
embargo de estar sujetas a gran nmero de excepciones.
1 En las correcciones manuscritas de Bello en su ejemplar personal de la 2*
edicin ( 1 8 5 0 ) , aparece tachado fragis** y sustituido por averigis. ( C o m is i n
E d it o r a . C a r a c a s ) .
66
Segunda parte. De los acentos
IV. Si la diccin termina en una sola vocal, el acento
carga ms comnmente sobre la penltima slaba, como en
naturaleza, amoroso. Pero son frecuentes las excepciones, ya
de dicciones agudas como ojal, caf, borcegu, biric, ya
de dicciones esdrjulas y sobresdrjulas, como lgrima, l
brego, pjaro, llvasele, traeramostelo. De las agudas, k
mayor parte son formas verbales que por la analoga de
su conjugacin piden el acento en la vocal postrera, verbi
gracia temer, temer, tem; y de las esdrjulas y sobresdr
julas, la mayor parte constan de enclticos, cuya aadidura
a las formas y derivados verbales nunca altera la posicin del
acento.
V. Si la diccin termina en dos vocales ambas llenas, el
acento recae ms a menudo sobre la primera, como saro,
febo, canoa. Pero son frecuentes las excepciones de voca
blos acentuados en la slaba precedente, como cesreo, her
cleo, hroe, en la mayor parte de los cuales la primera de
las dichas vocales es e, que es la menos llena de las llenas y la
que ms se acerca a las dbiles; y los dems son casi todos
nombres propios griegos, como Alcnoo, Dnae, Pasfae,
Mroe. Hay tambin algunas pocas excepciones de vocablos
agudos, como los nombres No, obo \ y las formas verba
les en que, segn la analoga de la conjugacin debe acen
tuarse la vocal postrera, como en lo, lo.
VI. Si la diccin termina en dos vocales, la primera lle
na y la segunda dbil, aqulla trae por lo regular el acento,
como en tary, ly convoy. Solemos empero acentuar la vo
cal dbil en nombres hebreos, verbi gracia Jeh; bien que se
1 [Algunas de estas formas, por exticas, suelen eufonizarse segn el modo de
acentuar que prevalece en castellano en forma anlogas. As Pasfae se convierte
en Pasife, por analoga con cae, trae. Salv acenta obo; Iriarte lo hace agudo y
dislabo o-bo; la Academia, siguiendo esta tendencia lo convierte en o-bue. Pero
la analoga con loe, re, hizo decir a Bretn de los Herreros:
Y deja que Madrid plcido loe
Los trinos de una amable virtuosa
Al comps del violn y del oboe>)].
67
Ortologa
apelativos, verbi gracia Anaxmenes, Temstocles, Eurpi
des, Scrates, anlisis, anttesis, xtasis, hiptesis, resta un
nmero bastante corto de dicciones esdrjulas, terminadas
en consonante, como rgimen, dficit.
XII. Si la diccin termina en consonante precedida de
ms de una vocal, el acento carga ms a menudo sobre la
postrera vocal, como sucede en azahr, bal, Can, den,
Fan, Jan, len, maz, mil, nuz, pas, Sebastin, soz.
No siguen esta regla los patronmicos, todos los cuales (ex
ceptuando Ruiz) se acentan sobre la penltima vocal, co
mo Daz, Pez, Pelez, y muchos nombres plurales y formas
verbales en que la analoga de inflexin o la ley de compo
sicin pide que se coloque el acento, ya sobre la penltima
vocal, como en borcegues, canoas, les, ren, ren, amis,
amaris, ya sobre la vocal antepenltima como en delicias,
nectreos, cmbias, cmbies, cantbais, cantarais, cantseis,
cantrais, cantreis.
XIII. Resta considerar un caso en que es necesario fijar
la verdadera acentuacin, por la tendencia que tenemos a
alterarla, particularmente los americanos. Lo que voy a de
cir se refiere a gran nmero de vocablos graves que traen
inmediatamente antes de la ltima slaba dos vocales, segui
das o no de articulacin inversa \ Si de estas dos vocales la
primera es llena y la segunda dbil, nos es ms natural colo
car el acento sobre la llena, como se ve en estos ejemplos:
aire, auto, caigo, cauto, claustro, feudo, flauta, peine, reino,
traigas, vaina, etc.; y de aqu es que el nmero de los voca
blos en que sucede lo contrario, va siendo cada da menor
en castellano. Los antiguos decan reina, vaina, veinte,
treinta (como nacidos que eran de regina, vagina, viginti,
triginta); y nosotros decimos rina, vina, vinte, trinta;
y obedeciendo a esta propensin, aun personas no vulgares
pronuncian hoy Atulfo, balustre, suco, en vez de Atal
1 [Quien quiera estudiar extensamente esta materia, consulte los captulos I y
II de las Apuntaciones Crticas de Cuervo, donde hallar curiosos e interesantes
pormenores].
70
Segunda parte. De los acentos
fo, balatstre, saco. Pero quedan todava muchas palabras
en que el buen uso no permite hacerlo, como son, adems
de las tres precedentes ana, baranda, Calanos, cabrahi
go, Castro, Cresa, desvado, Lanez, mohno, paraso,
tablilla, trailla, vahdo, zaina, zahrda. Muchas de las
otras excepciones pueden reducirse a estas clases:
l* Formas verbales y derivados en que la analoga de
inflexin o la ley de composicin requiere que se acente la
dbil, como alcalano, bilbano, vizcano, hebrazo, judazo,
hebrasmo, judaismo, atesmo, egosmo, correit, paseto,
cado, creiste, creble, ola, reme.
2* Plurales de nombres que retienen el acento del sin
gular, como bales, pases.
3* Formas y derivados de verbos compuestos, en los cua
les por punto general el acento no debe caer sobre la par
tcula prepositiva. Por consiguiente, decimos yo me ahto
(del adjetivo anticuado hito, fijo), yo estoy ahto; yo ahjo,
yo ahlo, yo ahcio, yo ahcho, yo ahmo, yo ahso, yo ano,,
yo desahcio, t prohjas, t prohbes, l rehla, l rehnche,
l rehzo, l rehnde, l rehye, l se rehrta, l rene, l
sahma \
4* Formas verbales en que el acento carga sobre la raz
y es determinado por el del nombre de que se componen, co
mo embalo, de bal, despaso, de pas *.
V
INFLUENCIA DEL ORIGEN DE LAS PALABRAS EN LA POSICIN
DEL ACENTO
Hay varios casos en que no estando determinada la po
sicin del acento por la estructura material de las palabras
ni por la analoga de inflexin o composicin, ni por el uso
1 E n la 2* edicin (1850) esta regla terminaba con el siguiente prrafo: "Im i
tan esta acentuacin otros verbos en que no hay composicin o es oscura, como
allo, mallo, rehso, y no se si algn otro. N o aparece tachado en el ejemplar
de uso personal de Bello. (C o m is i n E d it o r a . C a r a c a s ) .
* Vase el apndice IV. ( N o t a d e B e l i o ) .
71
Ortologa
Y otra vez:
El nimo es presago de su dao.
Yo vi el cometa y las lumbres
de mi desdicha presagas,
cuando aquel sueo introdujo
miedo al cuerpo, horror al alma.
(Caldern, La Cisma de Inglaterra).
An hay menos razn para acentuar la antepenltima
de epigrama, que muchos acentan mejor en la penltima,
como lo hicieron los latinos, y se hace universalmente en las
dicciones cognadas anagrama, diagrama y programa.
Y no slo el honor del epigrama,
recibe calidad de este precepto,
sino la lira con que amor nos llama.
(B. de Argensola).
Y para ennoblecer fiestas de damas
fueron las seguidillas epigramas.
(M ora).
N i por respetable que sea la autoridad de don Jos G
mez Hermosilla, la seguira yo en el esdrjulo Mitrdates,
contra el uso de los latinos, que hace grave este nombre
propio. Dicen hoy celtbero, las comparativamente pocas
personas que se hallan en el caso de emplear esta palabra *;
no sera mejor celtibro, imitando la acentuacin latina
( cltiber, celtibri), y la del simple castellano ibro? Creo
tambin que en el sustantivo procer est bien colocado el
acento sobre la o; pero no en el adjetivo procero, procera,
que en latn es constantemente grave 2.
* ["Y el agreste Celtbero indomable.
(Olmedo).]
2 [Del sustantivo plural proceres no faltan ejemplos en poetas andaluces. (Car
vajal, Job, IV; Mora, Leyendas Espaolas, p. 125).
Lope de Vega us como esdrjulo el adjetivo:
"Con su estatura prcera se mide.
Pero Bello nos da el precepto y el ejemplo:
Para sus hijos la procera palma ].
74
Segunda parte. De los acentos
Veo que hoy se escribe a cercen, suponiendo que se pro
nuncia a cercn; pero debe pronunciarse a crcen, como se
ve por los ejemplos siguientes, que pudieran multiplicarse:
Antes llevando a crcen la alta cresta,
(Valbuena, canto XXIV de su Bernardo).
. . Ensalmo s yo
con que un hombre en Salamanca,
a quien cortaron a crcen
un brazo con una espalda,
volvindosela a pegar,
en menos de una semana
qued tan sano y tan bueno
como primero. . .
(Alarcn en La Verdad Sospechosa).
s bien sabido que a cercen es la expresin latina ad cr-
cinum.
Ha sucedido a veces alterarse el uso general por etimo
logas dudosas o falsas. Pronuncibase no ha mucho tiem
po pabilo, segn se ve por la asonancia y consonancia de es
ta palabra en poesas de los mejores tiempos de la lengua *,
y por la Selva comn de consonantes en el Arte Potica de
Rengifo (pgina 301). Pero se introdujo la moda de pro
nunciar pbilo esdrjulo, porque se imagin, con poco fun
damento, que se derivaba de pbulum; y esta prctica se ha
* En el Amor Mdico de Tirso de Molina, acto segundo, escena 3, entre los dos
criados Tello y Delgado, se lee:
Delg. Tello!
Tello. Oh Delgado, y no hilo!
Ac tambin?
Delg. Qu hay de nuevo?
Tello. En Portugal todo es sebo,
hasta quedarse en pabilo.
Y en el Amar por seas del mismo autor, acto primero escena 6:
. . .H ilo a hilo
me voy Chitn. No hablo nada.
Labrando voy cera hilada,
pero fltala el pabilo.
(N ota de B ello ).
75
Ortologa
como Telsforo, fsforo, cafora; en gamo, gama, como bi
gamo, polgamo, criptgama, fanergama; en gono, gona,
como tetrgono, polgono; en grafo, grafa, grafe, como ge
grafo, tipgrafo, historigrafo, epgrafe; en genes, como Her-
mgenes, Digenes; en geno, como hidrgeno, oxgeno; en
logo, loga, como anlogo, dilogo, eplogo, telogo, fillogo:
en maco, maca, como Telmaco, Calimaco, Andrmaca;
en menes, como Anaxmenes; en metro, metra, como di
metro, permetro, termmetro, gemetra; en nomo, noma,
como astrnomo, ecnomo; en odo, como mtodo, snodo,
perodo; en nimo, nima, como Jernimo, annimo, pseu
dnimo; en ope (de ops, voz), como Calope, Mrope; en
pode, como trpode, hexpode; en poli o polis, como Trpo
li, metrpoli, Helipolis; y en ptero, ptera, como dptero,
coleptero, himenptero; en stasis, como hipstasis, antipe-
rstasis; en stenes, como Demstenes, Calstenes; en teles,
como Aristteles, Praxteles1; en tesis, como hiptesis, di
tesis.
Por el contrario hacemos graves, siguiendo siempre la
norma latina, los compuestos griegos terminados en agogo,
como pedagogo, demagogo; en demo, como Aristodemo,
Menedemo; en doro, dora, como Isidoro, Teodoro, Musido-
ra; en filo, fila (de phyllon, hoja), como difilo, trifilo; en
glotis, gloto, glota, como epiglotis, poliglota; en medes, como
Diomedes *.
Los nombres propios y patronmicos en ida, ides, son a
veces esdrjulos y a veces graves, siguiendo en uno y otro
caso la acentuacin latina. Por ejemplo, son graves Aris-
1 [Praxitles, grave (Villaviciosa, A rriaza), es la pronunciacin ms general,
como si cierta asociacin conceptual con Aples sugiriese la rim a].
* Diomdes acenta constantemente Hermosilla en su traduccin de la litada.
Las mquinas de Arquimdes
no son encarecimiento.
(Lope de Vega en la comedia La Hermosa Fea).
(N ota de Bello ) .
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Segunda parte. De los acentos
tdes1, Atrda, Heraclda; y esdrjulos Foclides, Eurpides,
Menides.
Hasta aqu todo es conformidad con la norma de la
acentuacin latina. En las terminaciones que voy a enume
rar, nos apartamos a veces de ella.
1. Los sustantivos en ma, si son en griego sustantivos
neutros derivados de verbos, llevan constantemente el acen
to sobre la penltima, como anagrama, sistma, diadma,
epifonma. Excepcin a esta regla no he podido hallar otra
bien establecida que sntoma; pues, aunque algunos dicen
diploma, lo general es diploma.
2 . Los nombres propios en eo tienen acentuada la e de
la terminacin, sin embargo de que en los correspondientes
latinos cae ms atrs el acento; y as pronunciamos Orfo,
Prometo, Perso, Idomeno.
3. Los nombres propios femeninos que terminan en ea,
siguen la acentuacin latina, acentundose sobre la e de la
terminacin; como Astra, Meda.
4. Los apelativos en eo, ea, siguen siempre la acentua
cin latina, y llevan acentuada esta e, si procede del dipton
go griego ai, como aquo, foco, sabo, febo, propilo,
mausolo; mas en conformidad tambin con el uso latino,
llevan acentuada la vocal precedente a la terminacin, cuan
do en sta era breve la e, como apolneo, hectoreo.
Dcese epicuro y epicreo, y por tanto parece que