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Oda Al Paraná

Este poema es una oda al río Paraná, describiendo su grandeza y cómo fertiliza la tierra a lo largo de su curso. El poema también celebra el regreso del río luego de haberse asustado por los insultos de los ingleses, y cómo ahora es libre de fluir gracias a la valentía de los españoles. Finalmente, invita al río Paraná a continuar su curso fértil y a inspirar a los poetas.

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Oda Al Paraná

Este poema es una oda al río Paraná, describiendo su grandeza y cómo fertiliza la tierra a lo largo de su curso. El poema también celebra el regreso del río luego de haberse asustado por los insultos de los ingleses, y cómo ahora es libre de fluir gracias a la valentía de los españoles. Finalmente, invita al río Paraná a continuar su curso fértil y a inspirar a los poetas.

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Oda al Paran den idea cabal de tu grandeza.

Manuel Jos de Lavarden (1754-1808) No quede seno que a tu excelsa mano


Deudor no se confiese. T las sales
Derrites y t eleva los extractos
Augusto Paran, sagrado ro De fecundos aceites; t introduces
primognito ilustre del ocano, El humor nutritivo, y suavizando
que en el carro de ncar refulgente, El rido terrn, haces que admita
tirado de caimanes, recamados De calor y humedad fermentos caros.
de verde y oro, vas de clima en clima, Ceres de confesar no se desdea
de regin en regin, vertiendo franco, Que a tu grandeza debe sus ornatos.
suave verdor y prdiga abundancia, No el ronco caracol, la cornucopia,
tan grato al portugus como al hispano; Sirviendo de clarn, venga anunciando
si el aspecto saudo de Mavorte, Tu llegada feliz. Ac tu hijos,
si de Albin los insultos temerarios Hijos en que te gozas, y que a cargo
asombrando tu cndido carcter, Pusiste de unos hijos tutelares
retroceder te hicieron, asustado, Que por divisa la bondad tomaron,
a la gruta distante, que decoran Zfiros halageos por honrarte,
perlas nevadas, gneos topacios, Bullen y te preparan sin descanso
y en que tienes volcada la urna de oro, Perfumados altares, en que brilla
De ondas de plata siempre rebosando; La industria popular, triunfales arcos
Si las sencillas ninfas argentinas En que las artes liberales lucen,
Contigo temerosas profugaron Y enjambre vistossimo de naos,
Y el peine de carey all escondieron De incorruptible leo, que es don tuyo,
Con que pulsan y sacan sones blandos Con banderolas de colores varios
En liras de cristal, de cuerdas de oro, Aguardndote est. T con pala
Que os envidian las Deas del Parnaso; De plata, las arenas dispersando
Desciende ya dejando la corona Su curso facilita. La gran corte
De juncos retorcidos, y dejando En grande gala espera. <ya lo sabios,
La banda de silvestre camalote, De tu dichoso arribo se prometen
Pues que ya el ardimento provocado Muchos conocimientos ms exactos
Del heroico espaol, cambiando el oro De la admirable historia de tus reinos,
Por el bronce marcial, te allana el paso, Y los laureados jvenes, con cantos
Y para el arduo, intrpido combate, Dulcsimos de pura poesa
Carlos presta el valor, Jove los rayos. Que tus melfluas ninfas ensearon
Aspiran a grabar tu excelso nombre,
Para siempre, del Pindo en los peascos,
Cerquen tu augusta frente alegres lirios Donde hoy ms se cantan tus virtudes
Y coronen la popa de tu carro, Y no las iras del furioso Janto.
Las ninfas te acompaen adornadas
De guirnaldas, de aroma y amaranto,
Y altos himnos entonen, con que avisen Ven sacro ro, para dar impulso
Tu trnsito los Dioses tributarios. Al inspirador ardor; bajo tu amparo
El Paraguay, el Uruguay lo sepan, Corran como tus aguas nuestros versos,
Y se apresuren prvidos y urbanos Llevars guarnecidos de diamantes.
A salirte al camino, y a porfa, No quedars sin premio (premio santo!);
Te paren en distancia los caballos Y de rojos rubes, dos retratos,
Que del mar Patagnico trajeron; Dos rostros divinales, que conmueven;
Los que ya zambullendo, ya nadando, Uno de Luisa es, otro de Carlos.
Ostentan su vigor, que mientras llegan Ves ah, que tan magnfico ornamento
Lindos Zfiros tengan enfrenados. Transformar en un templo tu palacio;
Ves ah para las ninfas argentinas,

Baja con majestad, reconociendo


De tus playas los bosques y los antros. Y su dulce cantar, asuntos gratos.
Extindete anchuroso, y tus vertientes,
Dando socorro a sedientos campos

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