El paisajista
En un lejansimo pas, del que muy poca gente tena conocimiento, viva un
emperador al que sus enormes obligaciones, le impedan poder ir a descubrir
las nuevas tierras conquistadas por sus ejrcitos. Apenado ante tal
contratiempo, mand llamar al mejor pintor del reino, para que visitara sus
nuevos dominios y los reflejara en tantos cuadros como fuera posible.
Tras un largo viaje, en el que nuestro pintor qued maravillado por la belleza de
aquellos parajes, retorno al palacio del emperador, tal y como se haba
marchado. Al verlo regresar con las manos vacas, el mximo dirigente mont
en una terrible clera.
Sin inmutarse lo ms mnimo por los improperios lanzados por el emperador, el
pintor pidi a los sirvientes, que buscaran el cuadro ms grande que pudieran
encontrar. Una vez que lo tuvo todo dispuesto, comenz a pintar sin descanso,
todo aquello que sus ojos haban visto. Acto seguido, llam al emperador, para
contarle con pelos y seales, como era cada rincn de su nuevo reino.
Terminada la exposicin y sin que nadie se diera cuenta, el pintor se introdujo
por el camino que apareca en primer trmino, desapareciendo, al igual que su
obra, a los pocos minutos sin dejar el ms mnimo rastro,
El rbol maravilloso
En una pequea placetuela del pueblo de Concoverno, haba un precioso rbol,
al que centenares de los habitantes de la localidad, haban trepado en su ms
tierna infancia. Tan viejo era ya el rbol, que las autoridades del pueblo
decidieron darle un merecido descanso, colocando a su alrededor una pequea
valla, para impedir que los nios continuaran subindose a sus ramas.
Una medida, que no le gust nada al rbol, ya que l disfrutaba enormemente
de la compaa y las ocurrencias de los ms pequeos del lugar. Das y das
pasaron, hasta que un osado nio llamado Guillermo decidi hacer caso omiso
a las prohibiciones y trepar a una de sus fuertes ramas, en compaa de su
amigo Agustn.
Tan feliz estaba, al escuchar las confidencias que los dos amigos se hacan, que
la vieja savia de su cuerpo, pareca rejuvenecer con cada palabra de los
pequeos. Agradecido por la audaz accin de Guillermo, decidi ayudarle a
conseguir eso que el nio tanto deseaba: ganar a las canicas, para evitar que
todos se rieran de l y conseguir la atencin de Carlota.
A la maana siguiente, todos quedaron sorprendidos por la gran pericia de
Guillermo con las canicas. Incluso Carlota se dio cuenta de lo bueno que era,
regalndole su ms preciada canica. Ms feliz que una perdiz, regres por la
tarde al rbol, para contarle a Agustn sus proezas.
Fue as como el viejo rbol, descubri lo mgico y maravilloso que poda ser,
transformndose en el rbol de los Sueos
El hada fea
Hace muchos aos, viva una pequea hada, a la que todo el mundo ,estaba
empeado en rechazar porque era muy fea, a pesar de que posea un carcter
dulce y amable. Por mucho empeo que pusiera en que los dems vieran sus
cualidades, todos insistan en lo ms importante para ser una buena hada tena
que ser hermosa.
Ante tal rechazo, ms de una vez, se le paso por la cabeza, hechizarse para
parecer ante los ojos de los dems como la hermosa de todas. Sin embargo, le
enseo a que deba aceptarse como era.
Un da, las malvadas brujas que por all vivan, destruyeron el pas, llevndose
consigo a todas las hadas y brujos del lugar. Nuestra hada fea, haciendo uso de
su inteligencia, cambio sus vestidos y gracias a su apariencia, las brujas,
pensaron que era una de ellas y no pusieron impedimento en que fuera con
ellas hasta su escondite.
A pesar de que todos de metan con ella, mont una fiesta para mantener
ocupadas a las brujas, mientras liberaba a las dems hadas y brujos, con los
que lanz un hechizo tan potente, que nada se supo en 100 aos de las
malvadas brujas.
Desde aquel da, la fealdad en el pas de las hadas, fue considerada como
signo de que el recin nacido iba a realizar grandes proezas
El Lpiz Mgico
Era un bello da para caminar por el pueblo, me gustaba mucho ir al parque y
sentarme en las bancas a observar a la gente. Ya llevaba un buen tiempo
sentado, por lo que pens en irme, pero algo me hizo mirar al suelo y encontrar
un lpiz. A la edad de 10 aos un lpiz es til para el cole as que lo guarde en
mi mochila.
En una clase que mataba de aburrimiento, se me ocurri dibujar una mariposa,
tom el lpiz de mi mochila y comenc. Cuando termin el dibujo vi como poco
a poco se transformaba en una de verdad y se alejaba volando hasta la
ventana, la sorpresa fue tan grande que casi me caigo de la silla. Intent
dibujar otras cosas como una malteada, un par de caramelos e incluso billetes;
vi todo convertirse en fsico justo en frente de mi.
He de decir que aprovech mucho ese lpiz. Dibuje cosas realmente
fantsticas y vi como se hacan realidad ante mis ojos, pero no todo es para
siempre Cierto da me encontr con un nio muy infeliz y algo en mi interior
me dijo que el lpiz ya no me perteneca. Me acerqu a el y se lo di con la
condicin de que se lo regalara a alguien que lo necesitara cuando sintiera que
el lpiz ya no le perteneca. Le cont las cosas fantsticas que poda hacer con
el y la magia con la que transformaba las cosas, l me escuch un poco
incrdulo pero lo tom agradecido y se fue.
Hasta la fecha estoy seguro que el nio fue feliz gracias al lpiz mgico,
aunque desconozco que fue de l, Quin sabe?, tal vez un da alguien te
regale un lpiz y quedes encantado cuando lo uses y veas que tus dibujos se
hacen realidad
El hada de los Deseos
Kate era un joven muy simptica y de un corazn bondadoso. Todo los das
recorra la ciudad con su varita en mano en busca de algn nio o nia al cual
pudiera hacer feliz.
Katherine, como ya habrs imaginado, no era una joven comn y corriente:
Kate era una hada, un hada de la felicidad.
Da tras da, al caer la noche, la joven hada tenia que ir a la reunin de las
hadas de la felicidad, en dicha reunin todas sus compaeras contaban
aventuras y experiencias respecto a lo que les haba ocurrido en el da y a los
nios que les haban cumplido deseos.
Nuestra pequea amiga, se iba todas las noches muy triste, porque nunca
poda contarles nada, ya que en nunca haba conocido a alguien que la
necesitara realmente. Siempre encontraba nios que pedan dinero o juguetes
nuevos y costosos. A pesar de que Kate les cumpla los deseos no dejaba de
sentirse triste porque los nios pedan cosas materiales.
Tras mucho pensarlo, Kate encontr una posible solucin, y es que nunca haba
ido a buscar ms all de la ciudad, en la cual la mayora de los nios tenan
todo lo que sus padres les podan comprar y eso los hacia felices,
aparentemente.
La maana siguiente, con una energa renovada gracias a su descubrimiento,
decidi que ese da ira al pueblo llamado Tecpan a probar suerte. Tras unas
horas de vuelo por fin llego al pueblo. No tard mucho en encontrar a unos
pequeos nios que jugaban con el lodo. Kate se acerc a ellos y le dijo:
Hola, me llamo Kate, soy un hada de la felicidad y vengo a concederles un
deseo. Cmo se llaman?
Yo soy Julia Respondi la nia
Yo me llamo Jerry Contest el.
Bueno, y qu les gustara que les concediera?
Tras unos minutos de pensarlo y discutirlos los dos dijeron al mismo tiempo:
Desearamos que estos pasteles de lodo que estamos haciendo se
convirtieran en reales, para darles un poco a todos nuestros amigos.
Kate se sorprendi mucho, ya que por primera vez en su vida haba escuchado
un deseo sin pretensiones y lleno de bondad, nunca haba pensado que algn
da escuchara un deseo para nada ambicioso y con lagrimas de felicidad en
los ojos movi su varita y convirti los pasteles de lodo en ricos pasteles de
chocolate
Ese da varias personas fueron felices, en primer lugar todos los nios que
comieron de los deliciosos pasteles y tambin Kate, quien por fin tuvo algo
digno de contar en la reunin de esa noche y aprendi que los mejores deseos,
son aquellos que buscan beneficiar a otros tambin.
Mi otro Yo
Abr los ojos. Ante m estaba yo. S, no haba dudas. No era mi reflejo en un
espejo, era yo misma. La observ minuciosamente, o debera decir me
observ? Mis ojos, mi cabello, incluso meda exactamente lo mismo que yo.
No tena que ponerme de pie para saberlo: su cuerpo entraba perfectamente
debajo del perchero del que colgaban unos pauelos infantiles, como prueba
irrevocable de viejos recuerdos. Volv a observarla muda. Ella tambin me
miraba. Qu est pasndome, me pregunt en voz alta.
Silencio, ahora es mi turno. Lo dijo tan convencida que me asust (ms).
Qu turno, de qu ests hablando?
Shhh.
No, no vas a callarme. De dnde saliste?
Del mismo lugar que t. Se la notaba tan segura y determinada que
empec a temblar.
Qu? Mis padres solo tuvieron una hija, o sea, YO.
O yo
No, no
Somos iguales. Todas nosotras somos idnticas.
Aquello no estaba pasando. Mi cabeza iba a estallar. Le ped casi a los gritos
que me dijera cmo se llamaba. Pronunci su nombre: era el mo.
Lo siento, tengo que prepararme para la clase de maana dijo a
continuacin.
No, soy YO la que tiene que hacerlo.
No, tu turno se termin.
Qu turno? A ver! Suponiendo que sea cierto lo que crees de mi padre. No
te das cuenta de que no somos iguales? Bsicamente porque yo soy real.
Corr hacia la puerta. En vano me as con fuerza del picaporte: mi fatiga se
neg a continuar con esa tarea estril. Despus de una violenta pataleta en la
que intent golpear a mi adversaria, o sea, autolesionarme, me sent en la
cama. Esto no puede estar pasndome!, me repeta una y otra vez.
Esto est pasando me reprendi, y si no te comports vas a volver al
taller.
Qu taller? Yooooo sooooooy reaaaaaal!
Y entonces, por qu pap quiere sacarte de circulacin?
No es verdad. Pap me quiere y no hara semejante cosa
Y s creara una persona que se te pareciera? me desafi.
Una persona? T no entras en esa categora. Eres un robot, una androide,
una autmata, un mueco, una mquina ENTIENDES?
No, no lo entenda. Segua insistiendo. Llam a mi madre a los gritos; ella
sabra explicarme qu estaba ocurriendo. No apareci, ni siquiera o sus pasos
por el pasillo como cada maana. A las 12 mi otro yo abandon la habitacin
recomendndome que me portara bien si no quera ir al taller, donde, por lo
que dijo, otras cientos de yos ocupaban camas especiales donde se les
oxigenaba y se les informaba.
Esper un poco, hasta que no percib ni un rumor. Me levant sigilosamente e
intent abrir la puerta. El picaporte gir con la precisin de una aguja mecnica
y ante m se abri un pasillo interminable. No era mi casa, ciertamente. Alguien
como yo, tan pendiente de los detalles, no habra olvidado de la noche a la
maana cmo se vea su casa. Comenc a atravesar aquel corredor muerta de
miedo. Al llegar a la punta, no pude continuar: mi padre estaba bloqueando el
paso. Al verlo solo pude pensar en ese enorme ttem que habamos visto en
uno de nuestros viajes.
Qu est pasando, pap? le pregunt, intentando que no se me notara la
histeria.
Su respuesta fue una mirada llena de abismo y pocas palabras. Despus, no
hay imgenes: la memoria se disipa, como si una catarata de espuma avanzara
sobre ella y le impidiera recordar.
Abr los ojos. La habitacin estaba en penumbras. Corr hacia la puerta. El
picaporte gir y ante m se proyect el pasillo de mi casa y la luz de la cocina
estampando flores contra la pared. Llam a los gritos a mi madre, quien acudi
con la misma rapidez de siempre.
Ay, mam, tuve un sueo horrible, le dije. Y le cont lo que haba visto.
Ac estoy, no tengas miedo. Eso s! De esto ni una palabra a tu padre, si no
quieres terminar en el taller me dijo con esa mirada dulce y protectora.
Amigos para siempre
Cuando se miraron Brandy sinti que algo se conmova en su interior y supo
que su vida nunca ms sera igual. La voz de Ral lo calm y sus caricias
fueron tan tiernas que estuvo seguro de que no podra pasar ni un slo da sin
sentirlas sobre su lomo. Ral se acerc a la coordinadora de la protectora y le
expres su deseo de adoptarlo, siento que hemos conectado tan bien, le deca
entusiasmado.
Despus de someterse a una entrevista en la que le fueron cuestionadas sus
habilidades como adoptante y de salir ileso de todas las dudas, vino la
pregunta clave: realmente poda hacerse cargo de la manutencin del perro
con su situacin econmica? La respuesta fue no. No tena un trabajo fijo y
estaba viviendo en casa de sus padres. Le denegaron la adopcin. Antes de
marcharse de la protectora, Ral se acerc a Brandy y le dijo al odo: No te
preocupes, resolver esto. Slo debes tener paciencia.
En las semanas siguientes estuvo movindose muchsimo para conseguir un
trabajo y un sitio adecuado donde vivir con Brandy, pero la situacin no era tan
sencilla de resolver y tard tres meses en lograrlo. Finalmente se dirigi a la
protectora cumpliendo todos los requisitos; pero al llegar le dijeron que Brandy
haba sido adoptado por una familia esa misma tarde. La rabia, la tristeza y la
desesperacin se apoderaron de l y estuvo a punto de romper algo; pero se
tranquiliz y se march a casa.
Para Brandy las cosas no haban sido tampoco sencillas desde que Ral se
marchara con su promesa. Durante semanas estuvo esperndolo entusiasmado
pero un da comprendi que ya no regresara, como ya le haba ocurrido en
ocasiones previas y se supo perdido y solo en un mundo catico. Dej de salir,
de mover la cola con alegra cuando alguien se acercaba a visitarlo y de
asomarse a los barrotes de la jaula.
El da que aquella familia lo adopt Brandy no opuso resistencia. Cuando se lo
llevaban en el coche rumbo al nuevo hogar, sus ojos se cruzaron con los de
Ral que estaba entrando en la protectora. Sus ladridos y gruidos araaron el
techo y las ventanillas del coche, pero no fueron lo suficientemente alarmantes
para la familia como para detener el vehculo.
La convivencia en la casa fue imposible: Brandy no se adaptaba y cada da se
mostraba ms arisco e intratable. Despus de intentarlo, la familia llam a la
protectora desesperada; le queran pero les resultaba imposible cuidarlo.
Cuando lo llamaron Ral no lo dud, fue volando a la protectora a firmar los
papeles. Al verlo Brandy comenz a dar pequeos saltitos y a lamerle la cara y
las manos. Ral lo abrazaba con lgrimas en los ojos y le deca que nunca se
separaran.
Esta es la historia que Ral le contaba a uno de sus sobrinos ocho aos ms
tarde. En la vida lo ms importante es esforzarnos por conseguir lo que nos
proponemos y luchar por las personas a las que amamos, le deca; mientras el
calor de Brandy, durmiendo a sus pies, invada cada uno de sus msculos.
La bruja y el duende
Eungides era una bruja muy malvada que haba sido desterrada por el duende
Malvavisco a lo ms profundo de una cueva. Llevaba siglos confinada, sin
embargo no se haba mantenido quieta. No. Haba realizado toda clase de
experimentos para conseguir librarse de ese mal, sin resultados positivos.
Una tarde, una rosada lombriz apareci en el hueco; se haba perdido de su
camino. La bruja le habl con una dibujada dulzura y consigui engatusarla
para que se le acercara. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, la atrap y, a
travs de un hechizo, intercambi sus cuerpos.
Con su nuevo aspecto ya no haba nada que le impidiera salir. As que,
ahuecando el suelo con lentitud fue abrindose paso hasta llegar a la
superficie. Su venganza ya estaba en camino. Saba dnde viva el dichoso
duende y hacia all se dirigi.
Tard ms horas de las que esperaba para encontrar la casa de Malvavisco, el
hueco de un rbol muy antiguo. Lo llam con su voz maliciosa y Malvavisco se
asom con cautela: primero su narizota, despus los negros puntos de sus ojos
y ms tarde sus puntiagudas orejas.
Cmo lo has conseguido? le pregunt torpemente.
Es que soy menos estpida de lo que crees.
Ya veo. Imagino que habrs llegado a un acuerdo con ese pobre gusano; t
no eres de las que daan a otros sin fijarse.
Ella ri sonoramente y dijo:
Bah!Qu le hace al mundo un gusano menos?
En fin A qu has venido?
A vengarme. Conseguir que pases por lo que me has hecho pasar a m
todos estos aos.
Est bien, pero antes juguemos una apuesta
Durante toda la tarde el duende estuvo distrayendo a la bruja con toda serie de
juegos y ella se dej llevar: estaba ms que aburrida de estar sola, as que
pasar una tarde de juegos con Malvavisco le result una buena idea.
A lo largo del da su cuerpo fue transformndose: perdi su piel de seda y
comenz a transformarse en una hermosa mariposa con unas alas violceas
que se extendan suavemente y le permitan volar. Esta nueva imagen le
result gratamente atractiva.
Pasaron muchas horas jugando: el sol cay y cuando volvi a salir, la bruja se
acerc a Malvavisco y le dijo:
Bueno, ya est bien de tonteras. Ha llegado el momento de cumplir con mi
misin.
Pero cuando Eungides intent acercarse al duende para llevarlo al pozo, sus
alas no le respondieron. Volvi a intentarlo, pero NADA.
Bruja tonta, por casualidad se te habr olvidado pensar en que las
mariposas solo viven un da? Aquella tarde podra haberte matado, no lo hice.
Ahora t misma has terminado mi trabajo. Gracias! Ahora te dejo, ir a liberar
al pobre gusano que se quedar con tu cuerpo para siempre
Y el duende se alej riendo tranquilamente, mientras la bruja se retorca y se
iba desvaneciendo con la intensa luz del medioda.
La tortuga Flora
Flora, era una pequea tortuga, que viva feliz en la charca donde vino al
mundo. Muchos de los animales, que iban a refrescarse en ella, le hablaban de
la Charca Soleada, en la que las aguas eran claras, la comida era abundante y
haba otras muchas tortugas como ella.
Decidida a encontrar ese lugar maravilloso, hizo sus maletas y se march en su
bsqueda. Desde el aire, un guila, pens que poda ser buen alimento para
sus polluelos y con sus garras, levant por los aires a la pobre Flora.
Cuando estaban llegando al nido, la tortuga le mordi a pata y acto seguido,
solt a Flora, que fue rodando ladera abajo, protegida por su fuerte caparazn,
hasta un ro caudaloso, por el que fue flotando sin problemas.
Tan contenta iba mirando el paisaje, que no se dio cuenta, de que se
aproximaba a una cascada, estuvo apunto de caer y hacerse mucho dao. En
el ltimo momento, pudo subirse a un tronco, que la llev plcidamente a la
orilla.
Caminando un rato, y sin saber bien a donde ir, le pregunt a un conejito que
estaba comiendo hierba fresca, donde estaba. El conejito, le cont que estaba
en las praderas que rodeaban la Charca Soleada, que se encontraba a unos
cuantos pasos de all.
Animada por la conversacin del conejo, Flora recorri los ltimos pasos, que la
separaban de su charca soada, en la cual fue feliz por muchos aos.
El gato amarillo
Carlos abri los ojos y la oscuridad lo inund. No entenda cmo haba llegado
hasta ah, lo nico que saba era que estaba solo, lejos de su casa y que el sol
se haba puesto haca muchsimas horas. La oscuridad era tan espesa que
apenas poda moverse. Esper durante quin sabe, horas quizs, hasta que vio
una luz que se iba haciendo ms y ms intensa.
Intent gritar pero era intil: las palabras quedaban atrapadas en su boca, en
su lengua, en sus tmpanos La luz, que era un enorme coche de colores
llamativos y cristales polarizados, pas justo por donde l estaba. Cerr los
ojos, porque supo lo que sucedera. Cuando volvi a abrirlos, las luces rojas se
alejaban y l segua all, de pie en una carretera fra y oscura.
Todava aturdido comenz a caminar hacia alguna parte. El miedo se haba
adherido a sus huesos y volva ms oscura la noche. Se tendi al costado del
camino, donde ya no haba asfalto; y entonces, el fro ces y l se qued
dormido.
Al abrir los ojos, Carlos supo dnde estaba. El sol siempre nos recuerda de
dnde venimos y hacia dnde no deseamos ir. Se puso de pie y camin hacia
su casa. No pudo entrar. Por mucho que se aferr y tir del picaporte, la puerta
no cedi. Y cuando su madre sali, vestida de negro y con los ojos llenos de
lgrimas, tampoco lo vio; aunque Carlos tirono de su ropa sin poder romperla
e intent abrazarla. Era como si no le importara que l estaba ah,
necesitndola.
Deambul durante horas por la ciudad, perdido y absolutamente triste. Una vez
confirmada su muerte, ya no haba nada que pudiera hacer, crea. Se tendi
baj un rbol: no poda sentir nada, slo el silbido del viento y las tonalidades
del sol rozando el perfil de las hojas. Se qued boca arriba, disfrutando de ese
prisma maravilloso.
Entonces, un gatito amarillento y raqutico se le acerc. Tena el aspecto de
esos viajeros que pasan varias semanas sin comer y que aguantan, porque
saben que an quedan paisajes para ellos. Carlos lo tom entre sus manos y
comprob, por primera vez despus de ese largo da, que el pequeo animalito
s poda verlo y sentir sus caricias. Esta certeza ilumin su rostro y toda su
vida.
Cuando la mam de Carlos regres esa tarde del entierro y se encontr en el
umbral de su casa con un gatito diminuto temblando de fro, no lo dud. Sac
un brillo de sus ojos, ya casi marchitos, tom a la criatura entre sus brazos y
entr con ella en la casa. A veces la muerte nos apalea, pero la vida siempre se
resiste; hay algo que nos dice que se puede vivir ms all de la oscuridad.