Anonimo/a
LLAMAMIENTO
Texto original:
APPEL
Paris, 2007
EDICIONES CRIMENTAL
Santiago, Mayo 2011
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Ningn derecho reservado
Alentamos la reproduccin total o parcial de esta obra,
mediante cualquier medio.
Se repdia cualquier intento de lucro.
Diseo y diagramacin:
Ediciones Crimental
Piratea y Difunde
ndice
A modo de presentacin.......................4
PROPUESTA I..............................5
Apunte.................................5
PROPUESTA II.............................9
Apunte................................10
PROPUESTA III...........................14
Apunte................................14
PROPUESTA IV............................19
Apunte................................19
PROPUESTA V.............................24
Apunte................................24
PROPUESTA VI............................30
Apunte................................30
PROPUESTA VII...........................34
Apunte................................35
Anonimo/a / 3
A Modo de Presentacin
La realidad se cuadra con lo predecible, los discursos de nuestros
llamados dirigentes resuenan con eco en un mar de estupideces,
la gran mayoria de las respuestas ante este sistema de miseria
se guian por lo canales establecidos, creando el espectaculo de-
mocratico, donde se habla mucho de cambio, pero siempre es la
misma mierda con diferente perfume.
Las propuestas, incluso dentro de las posturas mas radicales
de la izquerda, solo hacen de tapon para una revolucion cotidia-
na, individual y colectiva. El abanico de partidos que se pelean
por gobernarnos solo
muestra su verdadera cara cuando la espontaniedad y los suce-
sos inesperados salen a relucir y sus discursos se desmoronan
como castillos de cartas.
Ante esto solo nos queda destruirlos y crear.
Este es una llamado a desechar las bizantinas formas de organi-
zacion, de tomar todo tipo de experiencias y asi construir redes
y afinidades con las que actuar en el presente, no sin planea-
miento ni pasion pura, si no la mezcla nesesaria de estos dos
explosivos elementos.
El texto aparecio repentinamente en francia y se difundio mano
a mano por canales informales, luego de las revueltas de los
suburbios en el 2005, que tuvo en jaque al estado frances por su
espontaniedad y desentralizacion, donde no se perseguia a una
guerrilla o partido si no que los actores eran simples mortales
que enojados y organizados quemaron la pasividad burguesa
que nos ahoga, aunque sea por algunas semanas, sacando el
pesimo maquillaje que todo el aparato del sistema nos trata de
mostrar.
Pero aunque la mona se vista de seda, mona queda...
Organizate, destruye, crea.
Ediciones Crimental
La Revuelta necesita de todo diarios y libros, armas y explosivos,
reflexiones y blasfemias, venenos, puales e incendios.
Lo interesante es como mezclarlos
4 / Llamamiento
Propuesta I
Nada le falta al triunfo de la civilizacin. Ni el terror poltico ni
la miseria afectiva. Ni la esterilidad universal.
El desierto no puede crecer ms: est por todas partes. Pero an
puede hacerse ms profundo.
Ante la evidencia de la catstrofe, estn los que se indignan y los
que actan, los que denuncian y los que se organizan.
Nosotros estamos del lado de los que se organizan.
Apunte
Esto es un llamamiento. Es decir, se dirige a todos aquellos que
lo quieran escuchar. No se trata aqu de demostrar, argumentar
o convencer. Iremos directamente a la evidencia.
La evidencia no es, desde luego, una cuestin de lgica o de
raciocinio.
Pertenece al dominio de lo sensible, al dominio de los mundos.
Cada mundo posee sus evidencias.
La evidencia es aquello que se comparte.
O que divide1.
Tras la cual toda comunicacin vuelve a ser posible, no ya una
comunicacin imaginada, sino una comunicacin que ha de ser
construida.
SE nos ha aleccionado muy bien para dudar, huir, callar, guardar
para nosotros mismos esa red de evidencias que NOS constituye.
SE nos ha enseado tan bien que no somos capaces de encontrar
las palabras cuando queremos gritar.
En cuanto al orden bajo el que vivimos, cada uno sabe a qu
atenerse: el imperio ciega la vista.
Que un rgimen social agonizante no tenga otra justificacin
para su naturaleza arbitraria que no sea su determinacin
absurda - su determinacin senil - en simplemente perdurar;
que la polica, mundial o nacional, haya obtenido va libre
para ajustar cuentas con todos aquellos que no acatan las
rdenes; que la civilizacin, herida en su corazn, no encuentre
nada ms que sus propios lmites en la permanente guerra a
la que se ha lanzado; que esta huda hacia adelante, casi ya
centenaria, no produzca nada ms que una serie inacabable de
desastres cada vez ms frecuentes; que la masa de humanos se
1(n/t)Levidence est ce qui se partage ou partageen el original.
Anonimo/a / 5
acomode a este orden de cosas a golpe de mentiras, de cinismo,
de embrutecimiento y de recompensa, ya nadie puede fingir
ignorarlo.
El deporte que consiste en describir sin fin, con un variable
grado de complacencia, el desastre presente, no es ms que otra
manera de decir: Esto es lo que hay; la palma de la infamia
se la llevan los periodistas, aquellos que aparentan redescubrir,
cada maana, las suciedades que haban constatado la vspera.
Pero lo ms perturbador en este momento no es la arrogancia
del imperio, sino la debilidad del contraataque. Como una
parlisis colosal. Una parlisis de masas que lo mismo afirma
que no hay nada qu hacer, si es que habla, como concede, si a
eso es obligada, que hay mucho qu hacer que es, al fin y al
cabo, decir lo mismo.
Y adems de esta parlisis est el es realmente necesario hacer
algo, no importa el qu de los activistas.
Seattle, Praga, Genova, la lucha contra los OGM (Organismos
modificados genticamente) o el movimiento de los parados.
Ocupamos nuestro lugar, tomamos partido en las luchas de los
ltimos aos;
y ciertamente no al lado de Attac o de los Tute Bianche.
El folclore contestatario ha dejado de distraernos.
En las ltimas dcadas hemos visto al marxismo-leninismo
retomar su monlogo tedioso en bocas an imberbes.
Hemos visto al anarquismo ms puro negar tambin aquello
que no comprende.
Hemos visto al economismo ms vulgar - el de los amigos de
Le Monde Diplomatique -convertirse en la nueva religin
popular. Y al negrismo imponerse como la nica alternativa a la
desorientacin intelectual de la izquierda mundial.
Por todas partes la militancia se ha dedicado a edificar sus
construcciones vacilantes,
sus redes depresivas,
hasta el agotamiento.
No han sido necesarios ni tres aos para que la polica, sindicatos y
otras burocracias informales desmantelasen el corto movimiento
anti-globalizacin. Para controlarlo. Para cuadricularlo. Para
dividirlo en terrenos de lucha tan rentables como estriles.
6 / Llamamiento
En estos tiempos, de Davos a Porto Alegre, del MEDEF a la CNT,
el capitalismo y el anticapitalismo describen el mismo horizonte
ausente. La misma perspectiva limitada para la gestin del
desastre.
Lo que se opone a la desolacin dominante, en definitiva, no es
ms que otra desolacin peor aprovisionada. En todas partes se
trata de la misma estpida idea de felicidad. Los mismos juegos
de poder paralizados por el miedo.
La misma desarmante superficialidad. El mismo analfabetismo
emocional.
El mismo desierto.
Afirmamos que esta poca es un desierto y que este desierto
se hace cada vez ms profundo. No se trata de poesa, es una
evidencia. Una evidencia que alberga muchas otras. Como
por ejemplo la ruptura con todo lo que protesta, todo lo que
denuncia y glosa sobre el desastre.
Quien denuncia se exime.
Parece como si los izquierdistas estuviesen acumulando motivos
para rebelarse, de la misma manera que el gestor acumula
medios de dominacin. De la misma manera en realidad significa
con el mismo placer.
El desierto es la progresiva despoblacin del mundo.
La costumbre que hemos adquirido de vivir como si no
estuviramos en el mundo. El desierto est en la proletarizacin
continua, masiva, programada, de las poblaciones, igual
que en los suburbios californianos, donde la angustia reside
precisamente en el hecho de que nadie parece ya reconocerlo.
Que hoy en da no se consiga discernir el desierto slo lo
confirma an ms.
Algunos han intentado nombrar el desierto. Designar lo que en l se
ha de combatir, no como una accin de un agente exterior, sino como
un conjunto de relaciones. Se ha hablado de espectculo, de biopoder,
de imperio. Pero todo eso ha venido a sumarse a la confusin vigente.
El espectculo no es una cmoda abreviacin de medios de
comunicacin de masas; reside sobretodo en la crueldad con que todo
nos remite incesantemente hacia nuestra propia imagen.
Anonimo/a / 7
El biopoder no es un sinnimo de seguridad-social, Estado-
providencia o industria farmacutica; ms bien se aloja
apaciblemente en el cuidado que dedicamos a nuestros bonitos
cuerpos, en una cierta extraeza fsica hacia si mismos como
hacia los otros.
El imperio no es una especie de entidad supra-terrestre, una
conspiracin planetaria de gobiernos, de redes financieras,
de tecncratas y de multinacionales. El imperio est en todos
los sitios donde no pasa nada. En todos los sitios donde todo
funciona. All donde reina la situacin normal.
Es a fuerza de encarar al enemigo como a un sujeto que nos
hace frente - en vez de reconocerlo como una relacin que
nos domina - que adolecemos en la lucha contra la dolencia.
Que reproducimos bajo el pretexto de la alternativa lo peor
de las relaciones dominantes. Que nos ponemos a vender la
lucha contra la mercanca. Que nacen las autoridades contra
la lucha anti-autoritaria, el feminismo con dos cojones y los
linchamientos antifascistas2.
Nosotros somos, en todo momento, parte integrante de una
situacin. En su seno no existen sujetos y objetos, los otros y yo,
mis aspiraciones y la realidad, sino el conjunto de las relaciones,
el conjunto de los flujos que la atraviesan.
Existe un contexto general - el capitalismo, la civilizacin,
el imperio o como uno quiera-, un contexto general que no
slo pretende controlar todas las situaciones sino, mucho
peor, procura asegurarse de que las situaciones no se vuelvan
frecuentes. SE adornan las calles y las casas, el lenguaje y los
afectos y despus, el ritmo mundial que arrastra todo esto
ejerce su efecto singular. En todos los sitios hacemos como que
los mundos se deslizan unos sobre los otros o se ignoran. La
situacin normal es la ausencia de situacin.
Organizarse quiere decir: partir de la situacin y no negarla.
Tomar partido en su seno. Y desde ah tejer las solidaridades
necesarias, materiales, afectivas y polticas. De eso es de lo que
trata una huelga en cualquier oficina, en cualquier fbrica.
Eso es lo que hace cualquier grupo. Cualquier resistencia.
Cualquier partido revolucionario o contrarevolucionario.
Organizarse quiere decir: hacer la situacin consistente. Hacerla
2(n/t) En francs Ratonnade, palabra utilizada para designar
las agresiones xenfobas de europeos a inmigrantes magre-
bes.
8 / Llamamiento
real, palpable. La realidad no es capitalista.
Asumir una posicin en el seno de una situacin crea la necesidad
de establecer alianzas, y por eso, de establecer ciertas lneas ms
amplias de comunicacin y de circulacin. A su vez, esas nuevas
asociaciones reconfiguran la situacin.
A la situacin en la que nos encontramos la llamaremos guerra
civil mundial. Donde ya nada est en condiciones de acotar
el enfrentamiento de las fuerzas presentes. Ni siquiera el
derecho, que entra cada vez ms en juego como otra forma de
enfrentamiento generalizado.
El NOSOTROS que aqu se expresa no es un NOSOTROS
delimitable, aislado, el NOSOTROS de un grupo. Es el NOSOTROS
de una posicin. Esta posicin se afirma en estos tiempos como
una doble secesin: por un lado, secesin con el proceso de
valorizacin capitalista y por el otro secesin con todo lo que
una simple oposicin al imperio, aunque extra-parlamentaria,
impone de esterilidad; secesin, por tanto, con la izquierda.
Entendiendo secesin no tanto como el rechazo prctico a
comunicar sino como una disposicin a formas de comunicacin
tan intensas, que all donde se establecen, arrancan al enemigo
la mayor parte de sus fuerzas.
Para ser breve, diremos que tal posicin pide prestada a los
Black Panthers la fuerza de irrupcin, a la autonoma alemana
las cantinas colectivas, a los neo-ludditas ingleses las casas en
los rboles y el arte del sabotaje, a las feministas radicales la
eleccin de las palabras, a los autnomos italianos la auto-
reduccin de masas y al movimiento del 2 de Junio la alegra
armada.
Ha dejado de existir para nosotros otra amistad que no sea
poltica.
Anonimo/a / 9
Propuesta II
La ilimitada escalada del control es la respuesta sin esperanza a
la previsible ruina del sistema.
Igualmente, nada de lo que se expresa en la conocida distribucin
de las identidades polticas podr conducir a otra cosa que no
al desastre.
Por eso, empezamos por desmarcarnos. Nosotros no contestamos
nada y nada reivindicamos. Nosotros nos constituimos en
fuerza, en fuerza material, en fuerza material autnoma en el
seno de la guerra civil mundial. Este llamamiento se expresa
sobre estas bases.
Apunte
Aqu experimentamos armas inditas para dispersar a los locos,
una especie de granadas de fragmentacin hechas de madera.
En Oregon proponen castigar con 25 aos de crcel a cualquier
manifestante que bloquee el trfico automovilstico. El ejrcito
israel se est convirtiendo en el consultor ms solicitado en
materia de pacificacin urbana; expertos de todo el mundo all
acuden para maravillarse ante los ltimos descubrimientos, tan
imponentes y tan sutiles, para la eliminacin de los subversivos.
El arte de herir - herir a uno para educar a cien - parece alcanzar
su auge. Y tambin est el terrorismo, claro. Segn la Comisin
Europea cualquier infraccin cometida intencionalmente
por un individuo o un grupo de individuos contra uno o ms
pases, sus instituciones o poblaciones, pretendiendo amenazar
y golpear a gran escala o destruir las estructuras polticas,
econmicas y sociales de un pas. En EEUU hay ms prisioneros
que agricultores.
A medida que es reorganizado y progresivamente reconquistado, el
espacio pblico se cubre de cmaras. No se trata slo de que toda
vigilancia parezca posible sino de que parezca adems totalmente
admisible. Circulan de gobierno a gobierno todo tipo de listas de
sospechosos, cuyos probables usos apenas podemos adivinar.
Agrupaciones de todo tipo de milicias, ante las cuales la polica hace
de garante arcaico, ocupan posiciones por todas partes para sustituir
a los cotillas y a los flanur, figuras de otro tiempo. Un antiguo jefe
de la CIA, uno de esos personajes que, del lado opuesto, se organizan
ms de lo que se indignan, escribe en Le Monde: Ms que una guerra
contra el terrorismo, el objetivo es llevar la democracia a las partes
del mundo (rabe y musulmn) que amenazan la civilizacin liberal,
la construccin y la defensa de aquello que nosotros construimos a
lo largo del siglo XX, durante la primera y posteriormente la segunda
guerra mundial, seguidas de la guerra fra, o tercera guerra mundial.
10 / Llamamiento
En todo esto nada nos choca, nada nos coge de sorpresa, o
altera radicalmente nuestro entendimiento de la vida. Nosotros
nacimos en la catstrofe y establecimos con ella una extraa y
apacible relacin de costumbre. Casi una intimidad.
En la memoria del hombre, la actualidad nunca fue sino
la de la guerra civil mundial. SE nos ha creado en tanto que
supervivientes, en tanto que mquinas de supervivencia. SE
nos ha formado en la idea de que la vida consista en marchar,
marchar hasta hundirnos en medio de otros cuerpos que
marchan idnticamente, tropiezan y luego se hunden a su vez,
en la indiferencia. Al lmite, la nica novedad de la poca actual
es que nada de esto puede ser ya escondido, que en cierta manera
todo el mundo lo sabe. De ah los recientes endurecimientos,
tan visibles, del sistema: sus resortes estn desnudos, de nada
servir querer escamotearlos.
Muchos se asombran del hecho de que ninguna fraccin de
la izquierda o de la extrema izquierda, ninguna de las fuerzas
polticas conocida, sea capaz de oponerse a este curso de las
cosas. Vivimos en una democracia, no?. Y pueden seguir
asombrndose para rato: nada de lo que se exprese en el marco
de la poltica clsica podr jams frenar el avance del desierto,
pues la poltica clsica forma parte del desierto. Cuando lo
afirmamos no es con el objetivo de preconizar algn tipo de
movimiento extra-parlamentario como antdoto contra la
democracia liberal. El famoso manifiesto Nosotros somos la
izquierda, firmado en los ltimos aos por todos los colectivos
de ciudadanos y movimientos sociales que hay en Francia,
enuncia bien la lgica que, desde hace treinta aos, anima la
poltica extra-parlamentaria: nosotros no queremos hacernos
con el poder, derrocar el Estado, etc.; por tanto, nosotros
queremos ser reconocidos por l como interlocutores vlidos.
Donde quiera que reine la concepcin clsica de la poltica,
reina la misma impotencia frente al desastre. El hecho de que
esa impotencia sea ampliamente distribuida entre una gran
variedad de identidades finalmente conciliables entre si, no
supone la ms mnima diferencia. El anarquista de la FA, el
comunista del consejo, el trotskista de Attac, el diputado de
la UMP, parten todos de una misma amputacin. Propagan el
mismo desierto.
La poltica para ellos es lo que se juega, se dice, se hace, se
decide entre los hombres. La asamblea que los rene a todos,
que rene a todos los seres humanos abstrados de sus
respectivos mundos, conforma la circunstancia poltica ideal.
La economa, la esfera econmica, se deriva lgicamente como
Anonimo/a / 11
una necesaria e imposible gestin de todo aquello que ha sido
dejado a las puertas de la asamblea, de todo aquello que ha sido
constituido, por tanto, como no-poltico y que en eso deviene
consecuentemente: familia, negocios, vida privada, tiempo libre,
pasiones, cultura, etc.
Es as como la definicin clsica de la poltica propaga el desierto:
abstrayendo a los humanos de su mundo, desconectndolos de
la red de las cosas, los hbitos, las palabras, los fetiches, los
afectos, el tiempo libre, las solidaridades que constituyen su
mundo. Su mundo sensible. Y que les da su propia consistencia.
La poltica clsica es la gloriosa puesta en escena de los cuerpos
sin mundo. Pero la asamblea teatral de las individualidades
polticas disfraza mal el desierto en que consiste. No existe
sociedad humana separada del resto de los seres. Existe una
pluralidad de mundos. De mundos que son tanto ms reales
en cuanto que son compartidos. En tanto que coexisten. La
poltica, en realidad, es, por encima de todo, un juego entre los
diferentes mundos, la alianza entre los que son compatibles y la
confrontacin entre los que son irreconciliables.
As mismo, defendemos que el hecho poltico central de los
ltimos treinta aos pas desapercibido. Porque tuvo lugar en
un estrato tan profundo de lo real que no pudo ser considerado
poltico sin que eso implicase una revolucin en la propia
nocin de poltica. Porque, a fin de cuentas, ese estrato de lo real
es tambin aquel en donde se construye la divisin entre lo que
es considerado como real y lo que no. Ese hecho central es el
triunfo del liberalismo existencial. El hecho de que admitamos,
de ahora en adelante, como natural una relacin con el mundo
fundada sobre la idea de que cada uno tiene su vida. Que esta
consiste en una serie de elecciones, buenas o malas. Que cada
uno se define por una amalgama de cualidades, de propiedades,
que hacen de uno mismo, por su ponderacin variable, un ser
nico e insustituible. Que el contrato resume adecuadamente
la relacin de compromiso entre los seres y el respeto, toda
virtud. Que el lenguaje es slo un medio de entenderse. Que
cada persona es un mi-yo entre los otros mi-yoes. Que el mundo
realmente se compone, por un lado, de cosas a gestionar y por
otro, de un ocano de mi-yoes. Que tienen, adems, una infeliz
tendencia a transformarse en cosas a fuerza de dejarse gestionar.
Evidentemente, el cinismo no es ms que una de las caras
posibles en el infinito cuadro clnico del liberalismo existencial:
la depresin, la apata, la deficiencia inmunitaria - todo el sistema
inmunitario es, de entrada, colectivo - la mala fe, la persecucin
judicial, la insatisfaccin crnica, el vnculo denegado, el
aislamiento, las ilusiones de ciudadana o la prdida de toda
12 / Llamamiento
generosidad, tambin se incluyen en l.
En el fondo, el liberalismo existencial supo esparcir tan
adecuadamente su desierto que es actualmente en sus propios
trminos que los izquierdistas ms sinceros enuncian sus
utopas. Nosotros reconstruiremos una sociedad igualitaria
en la cual cada uno aporta su contribucin y de la que retira
las necesidades que tiene (... ) Con respecto a las ambiciones
personales, ser justo que cada uno consuma en medida a
las contribuciones que est dispuesto a aportar. Faltara, slo,
redefinir el modo de evaluacin del esfuerzo aportado por
cada cual, escriben los organizadores del Village Alternatif,
anti-capitalista y anti-guerra, contra el G8 de Evian en un texto
titulado Cuando hayamos abolido el capitalismo y el trabajo
asalariado!. He aqu una clave del triunfo del imperio: conseguir
mantener en la sombra, rodear de silencio el propio terreno
en el cual pone en prctica su plan y en el cual conduce la
batalla decisiva: la de formatear lo sensible, la de perfilar las
sensibilidades. De este modo, paraliza preventivamente todas
las defensas en el momento en que opera e incluso arruina la
idea de una contra ofensiva. La victoria se alcanza cada vez que
un militante, al final de una jornada de trabajo poltico, se
abandona ante una pelcula de accin.
Cuando nos ven desertar de los tristes rituales de la poltica
clsica - la asamblea, la reunin, la negociacin, la contestacin,
la reivindicacin - cuando nos oyen hablar del mundo sensible
en lugar de hablar del trabajo, de documentos, de reforma o
de libertad de circulacin, los militantes nos encaran con una
visin paternalista. Pobres, parecen decir, se estn resignando
al minoritarismo, se han encerrado en sus guetos, renuncian
a extenderse. Nunca sern un movimiento. Pero nosotros
creemos precisamente en lo contrario: son ellos los que se
resignan al minoritarismo al utilizar su lenguaje de falsa
objetividad, cuyo nico peso es el de la repeticin y la retrica.
Nadie se deja engaar por el velado desprecio con el que hablan
de los problemas de la gente, y que les permite ir del parado a
los sin papeles, del huelguista a la prostituta, sin ponerse nunca
al mismo nivel- pues este desprecio es una evidencia sensible.
Su voluntad de extenderse no es ms que una manera de huir
de aquellos que ya viven en esas situaciones y con quien, por
encima de todo, temeran vivir. Y finalmente, son ellos quienes
se niegan a admitir el significado poltico de la sensibilidad,
quienes deben esperar de la sensiblera que ejerza su penoso
efecto de arrastre.
Todo sumado, preferimos partir de ncleos densos y reducidos
que de una red vasta y dbil. Hemos conocido suficientemente
bien esa cobarda .
Anonimo/a / 13
Propuesta III
Aquellos que pretenden responder a la urgencia de la situacin
mediante la urgencia de su reaccin no hacen ms que aumentar
la asfixia.
Su forma de intervenir contiene implcita el resto de su poltica,
de su agitacin.
En cuanto a nosotros, la urgencia de la situacin nos libera
precisamente de cualquier consideracin a cerca de la legalidad
o de la legitimidad , que se han hecho, de todas formas,
inhabitables.
Que nos sea necesaria una generacin entera para construir, en
todas sus dimensiones, un movimiento revolucionario victorioso,
no nos lleva a retroceder. Lo afrontamos con serenidad.
Del mismo modo que afrontamos serenamente el carcter
criminal de nuestra existencia y de nuestros gestos.
Apunte
Hemos conocido en el pasado y conocemos an en el presente,
la tentacin del activismo. Las contra-cumbres, las campaas
contra las repatriaciones, contra las leyes de seguridad, contra
la construccin de nuevas prisiones, las ocupaciones, los
campamentos No Border; lo que se deriva de todo esto. La
dispersin progresiva de los colectivos correspondiendo a la
propia dispersin de la actividad.
Experimentar progresivamente su potencia pagando el precio
de volver, una y otra vez, a la misma impotencia de base. Pagar,
en cada campaa, un alto precio . Dejar que consuma toda la
energa de la que disponemos. Abordar despus lo siguiente,
cada vez ms desalentados, ms agotados, ms disgustados. Y a
fuerza de reivindicar, a fuerza de denunciar, nos hemos vuelto
incapaces de reconocer, simplemente, lo que est en la base de
nuestra participacin, la naturaleza de la urgencia en la que nos
encontramos.
El activismo es el primer reflejo. La respuesta estndar a la
urgencia de la situacin presente. La movilizacin perpetua en
nombre de la urgencia es a lo que nuestros gobiernos y nuestros
jefes nos han acostumbrado, incluso a la hora de luchar contra
ellos.
14 / Llamamiento
Formas de vida desaparecen todos los das, especies vegetales
o animales, experiencias humanas e incontables relaciones
posibles entre formas vivas y formas de vida. Pero nuestro
sentimiento de urgencia no tiene tanto que ver con la rapidez
de estas desapariciones como con su irreversibilidad, y an ms,
con nuestra incapacidad para repoblar el desierto.
El activista se moviliza contra la catstrofe, pero no hace ms
que prolongarla. Su precipitacin consume el poco mundo
que queda. La respuesta activista a la urgencia permanece ella
misma en el interior del rgimen de urgencia, sin esperanzas de
abandonarlo o interrumpirlo.
El activista intenta estar en todas partes. Comparece en todos
los lugares adonde lo lleva el ritmo de las perturbaciones de la
mquina. A todas partes lleva su ingenio pragmtico, la energa
festiva de su oposicin a la catstrofe. Incontestablemente, el
activista se mueve. Pero nunca se apropia de los medios para
pensar en cmo hacerlo. Cmo hacer, concretamente, para
frenar el avance del desierto. Para concretar mundos habitables
sin permanecer a la espera.
Nosotros desertamos del activismo. Sin olvidar lo que constituye
su fuerza: una cierta presencia ante la situacin. Una facilidad
de movimientos en su seno. Una forma de afrontar la lucha, no
desde el punto de vista moral o ideolgico, sino desde el punto
de vista tcnico, tctico.
La vieja militancia es un ejemplo a la inversa. Hay algo de
remarcable en la impermeabilidad de los militantes ante las
situaciones. Nos acordamos de esta imagen en Gnova: cincuenta
militantes de la Ligue Communiste Rvolutionnaire agitan sus
banderas rojas rotuladas 100% a la izquierda. Permanecen
inmviles, intemporales. Gritan sus eslganes ordenados,
rodeados de un servicio de orden. Mientras tanto, a pocos metros
de all, algunos de nosotros se enfrenta a las filas de carabinieri,
lanzndoles de vuelta el gas lacrimgeno, arrancando adoquines
para hacer proyectiles, preparando ccteles molotov a partir de
botellas encontradas en la basura y de la gasolina derramada de
las Vespas tumbadas. A cerca de esto, los militantes hablan de
aventurismo e inconsciencia. Argumentan que no se renen an
las condiciones. Nosotros afirmamos que nada faltaba, que todo
estaba ah, excepto ellos.
De lo que nosotros desertamos en la militancia, es de esta ausencia
ante la situacin. As como desertamos de la inconsistencia a la
que ese mismo activismo nos condena.
Anonimo/a / 15
Los mismos activistas experimentan esa inconsistencia. Y es
por eso que a menudo se vuelven hacia sus antepasados, los
militantes. Les toman prestados los gestos, los lugares, los
eslganes. Lo que les atrae de la militancia es la persistencia,
la estructura, la fidelidad que les falta. Pero los activistas de
nuevo contestan, reivindican los papeles para todos, la
libre circulacin de las personas, el salario mnimo o los
transportes gratuitos.
El problema con las reivindicaciones es que formular las
necesidades de manera que sean audibles para los poderes,
nada dice, en principio, a cerca de esas mismas necesidades, de
aquello a lo que llaman transformaciones reales del mundo. De
este modo, reivindicar la gratuidad de los transportes nada dice
acerca de nuestra necesidad de viajar y no de ser transportados,
de nuestra necesidad de una mayor lentitud.
Con frecuencia las reivindicaciones no hacen ms que
enmascarar los conflictos reales que pretenden enunciar.
Reclamar transportes pblicos no hace ms que posponer en
un determinado entorno la difusin de tcnicas de fraude.
Defender la libre circulacin de personas no hace ms que eludir
la cuestin prctica del escape a los cercos del control.
Luchar por el salario mnimo es, en el mejor de los casos,
condenarse a la ilusin de que es necesaria una mejora del
capitalismo para salir de l. Como quiera que sea, el atolladero
es siempre el mismo: los recursos subjetivos movilizados son
tal vez revolucionarios pero permanecen inscritos en lo que se
presenta como un programa de reforma radical. Bajo el pretexto
de superar la alternativa entre reforma y revolucin, se instala
una ambigedad oportuna.
La catstrofe presente es la de un mundo que se ha vuelto
activamente inhabitable. Una especie de devastacin metdica
de todo aquello que permaneca vivo en la relacin entre los
humanos y entre stos y sus mundos. El capitalismo no podra
haber triunfado a escala planetaria sin tcnicas de poder,
tcnicas objetivamente polticas - hay tcnicas de todos los
tipos, con o sin instrumentos, corporales o discursivas, erticas
o culinarias, que van desde la disciplina hasta los dispositivos
de control- y esto en nada ayuda a denunciar el reino de la
tcnica. Las tcnicas polticas del capitalismo consisten en
romper los vnculos donde un grupo encuentra los medios para
producir, al mismo tiempo, las condiciones de su subsistencia
y de su existencia. En separar a las comunidades humanas
de infinidad de cosas, piedras y metales, plantas, rboles de
16 / Llamamiento
mil utilidades, dioses, genios mgicos, animales salvajes o en
cautiverio, medicamentos o sustancias psico-activas, amuletos,
mquinas y todos los otros seres junto a los cuales los grupos
humanos constituyen sus mundos.
Arruinar toda comunidad, separar a los grupos de sus medios
de existencia y de los saberes a los que estn ligados: es sa la
motivacin poltica que comanda la ofensiva de la mediacin
mercantil sobre todas las relaciones. Tal como fue necesario
eliminar a los hechiceros, es decir, eliminar simultneamente
el conocimiento de los saberes medicinales y la comunicacin
entre reinos a los que los mismos daban existencia, del mismo
modo hoy es necesario que los agricultores renuncien a sembrar
sus propias simientes, con el fin de asegurar la dominacin de
las multinacionales agroalimentarias y otros organismos de
gestin de las polticas agrcolas.
Las metrpolis contemporneas conforman los puntos
de concentracin mximos de estas tcnicas polticas del
capitalismo. Las metrpolis son el medio donde no hay nada, en
fin, de lo que nos podamos reapropiar. Un medio en el que todo
est hecho para que el humano apenas interaccione consigo
mismo, crezca separadamente de las otras formas de existencia,
que las frecuente y las utilice sin encontrarlas jams.
En el ncleo de esta separacin, y para hacerla duradera, nos
empeamos en considerar criminal el ms mnimo intento de
pasar por encima de la mediacin del mercado.
El campo de la legalidad se confunde desde hace mucho con
el de las constricciones mltiples que hacen nuestra vida
imposible, ya sea por el trabajo asalariado o por cuenta propia,
por la caridad o por la militancia. Al mismo tiempo que este
campo se vuelve diariamente ms inhabitable, se ha hecho de
todo para convertir en crimen cualquier vida posible.
Ah donde los activistas claman: No one is illegal, se hace
absolutamente necesario reconocer exactamente lo opuesto:
una existencia enteramente legal hoy en da sera una existencia
totalmente sumisa.
Existen fraudes fiscales y empleos ficticios, estafas financieras y
falsas quiebras: hay fraudes en el salario mnimo y recibos de
sueldos falsos, fraudes en las ayudas para el alquiler y desvos
de subvenciones del estado, facturas de restaurantes que pagan
terceros y multas que desaparecen. Existen viajes en la bodega
de un avin para traspasar fronteras y viajes sin billete para
Anonimo/a / 17
hacer un pequeo trayecto en el interior de una ciudad o
un pas. El fraude en el metro, el robo en el tendedero... son
prcticas cotidianas de miles de personas en las metrpolis.
Y son, precisamente, las prcticas ilegales de intercambio de
simientes las que han permitido la preservacin de ciertas
especies de plantas. Hay ilegalidades ms funcionales que otras
en el sistema-mundo capitalista. Estn las que son toleradas, las
que son alentadas, y otras, en fin, que son castigadas. Un huerto
improvisado sobre un terreno libre tendr grandes posibilidades
de ser destruido antes de la primera cosecha. Si tenemos en
cuenta el conjunto de leyes de excepcin y de reglamentos de
costumbres que gobiernan cada uno de los espacios atravesados
por cualquiera en un da, no hay ninguna vida cuya impunidad
pueda ser asegurada actualmente. Existen leyes, cdigos y
decisiones de jurisprudencia que convierten en punible toda
existencia: basta para ello que sean aplicadas al pie de la letra.
Nosotros no estamos dispuestos a apostar que all donde crece
el desierto crece tambin la salvacin. No puede aparecer nada
que no comience, de entrada, por la secesin con todo lo que
hace crecer ese desierto. Sabemos que construir una potencia de
cierta amplitud llevar su tiempo. Hay bastantes cosas que ya no
sabemos hacer. A decir verdad, tal como todos los beneficiarios
de la modernizacin y de la educacin dispensada en nuestras
tierras desarrolladas, nosotros no sabemos hacer prcticamente
nada. Incluso recoger plantas para darles, no ya una utilizacin
decorativa sino medicinal o culinaria, pasa en el mejor de los
casos como arcaico y, en el peor, como simptico.
Hacemos una constatacin simple: cualquiera dispone de una
cierta cantidad de riquezas y saberes que se vuelven accesibles
por el simple hecho de habitar en estos dominios del viejo
mundo, puede comunizarlos.
La cuestin no es vivir con o sin dinero, robar o comprar, trabajar
o no, sino utilizar el dinero que tenemos para aumentar nuestra
autonoma con respecto a la esfera mercantil.
Y si nosotros preferimos robar a trabajar y auto-producir a
robar, no es porque busquemos la pureza. Es porque los flujos
de poder que duplican los flujos de mercancas, la sumisin
subjetiva que condiciona el acceso a la supervivencia, se han
vuelto exorbitantes.
Ciertamente habr maneras inapropiadas de decir lo que
nosotros anhelamos:
18 / Llamamiento
Nosotros no queremos ir a vivir al campo, ni tampoco
reapropiarnos de los saberes ancestrales y acumularlos. Lo que
nos ocupa no es slo una reapropiacin de medios. Ni una
reapropiacin de saberes. Si juntsemos todos los saberes y
las tcnicas, toda la creatividad desarrollada en el campo del
activismo, no obtendramos un movimiento revolucionario. Es
una cuestin de temporalidad. Una cuestin de construir las
condiciones bajo las cuales una ofensiva se pueda alimentar
sin desfallecer, de establecer solidaridades materiales que nos
permitan persistir.
Creemos que no existe revolucin sin la constitucin de una
potencia material comn. No ignoramos el anacronismo de esta
creencia. Sabemos que es demasiado pronto y tambin, que es
demasiado tarde, y es por eso que tenemos tiempo.
Nosotros hemos dejado de esperar.
Propuesta IV
Situamos el punto de inversin, la salida del desierto, el
fin del Capital, en la intensidad del vnculo que cada uno
consigue establecer entre lo que vive y lo que piensa. Contra
los defensores del liberalismo existencial, no aceptamos que
se trate de una cuestin privada, un problema individual, una
cuestin de carcter. Por el contrario, el punto de partida es la
certeza de que el vnculo depende de la construccin de mundos
compartidos, de la puesta en comn medios efectivos.
Apunte
Cada uno de nosotros tiene que admitir, cotidianamente, hasta qu
punto la cuestin de la relacin entre la vida y el pensamiento es
ingenua, est superada, y en el fondo, demuestra una pura y simple
ausencia de cultura. Vemos aqu un sntoma. Porque esta evidencia
no es ms que uno de los efectos de la moderna redefinicin liberal
de la distincin entre lo pblico y lo privado. El liberalismo erigi
como principio que todo debera ser tolerado, que todo puede ser
pensado, siempre y cuando no tenga consecuencias directas en la
estructura de la sociedad, en sus instituciones y en el poder del
Estado. Cualquier idea puede ser aceptada y su expresin favorecida
siempre y cuando las reglas del juego social y del Estado se acepten.
En otras palabras, la libertad de pensamiento del individuo debe ser
total, su libertad de expresin tambin, pero el mismo individuo no
puede querer consecuencias de su pensamiento en lo que respecta
a la vida colectiva.
Anonimo/a / 19
Puede que el liberalismo hasta haya podido inventar al individuo.
Pero, desde luego, lo invent mutilado. El individuo liberal,
aquel que se expresa mejor que nunca cuando se encuentra
en los movimientos pacifistas y cvicos, es ese individuo que
supuestamente siente apego por su libertad, en la exacta medida
en que esa libertad no le comprometa y sobretodo que no
pretenda imponerse a los otros. El estpido precepto de que mi
libertad acaba donde empieza la de los otros es considerado
hoy en da como una verdad inviolable. Incluso John Stuart Mill,
que es sin embargo uno de los pilares esenciales de la conquista
liberal, not que de ella se deriva una infeliz consecuencia: es
permitido desear todo con la condicin de que no sea deseado
demasiado intensamente, que no supere los lmites de la esfera
privada o, en cualquier caso los de la libertad de expresin
pblica.
Lo que nosotros llamamos liberalismo existencial es la adhesin
a una serie de evidencias en el centro de las cuales surge una
propensin esencial del sujeto para la traicin. Fuimos habituados
a funcionar a baja potencia, lo que nos hace ser anticipadamente
disponibles a la propia idea de traicin. Este rgimen emocional
a baja potencia fue la condicin que aceptamos como garanta
de que nos convertimos en adultos. Aadiendo, para los ms
diligentes, el espejismo de una autosuficiencia afectiva como
ideal indiscutible. Para los que mantienen una relacin con las
promesas, tradas sin duda desde la infancia y que an continan
acompandolos, hay, por tanto, mucho que traicionar.
Entre las evidencias liberales est la de comportarse, incluso
en lo que respecta a tus propias experiencias, como un
propietario. Es por eso que no comportarse como un individuo
liberal supone, antes que nada, no aferrarse a tus propiedades.
O entonces se le debe dar otro sentido a la propiedad: no
como aquello que me pertenece, sino como lo que me liga al
mundo y que, en ese sentido, no me es reservado ni tiene nada
que ver con la propiedad privada ni con lo que se supone que
define una identidad (el Yo soy as y su confirmacin : As
eres t!). Aunque rechazamos la idea de la propiedad individual
no tenemos nada contra los apegos. La exigencia de apropiacin
o reapropiacin se reduce, para nosotros, a la cuestin de lo
que nos es apropiado, es decir, adecuado en trminos de uso
y necesidad, en relacin a un lugar, a un momento de mundo.
El liberalismo existencial es la tica espontnea adecuada a la
socialdemocracia considerada como el ideal poltico. El mejor
ciudadano ser aquel capaz de renunciar a una relacin o a
un combate para no perder su lugar. Lo que, a veces, implica
20 / Llamamiento
sufrimiento, pero es precisamente en esto que el liberalismo
existencial es eficaz: en la previsin de los remedios para los
malestares que l mismo genera. El cheque para Amnista, el
paquete de caf del comercio justo, la manifestacin contra la
guerra de turno, tragarse a Daniel Mermet, son todo no-acciones
disfrazadas de gestos de salvacin.
Hagan exactamente lo que estn acostumbrados a hacer, esto
es, vayan a los espacios disponibles y hagan sus compras, las
mismas de siempre, pero ms all de eso, como suplemento,
convnzanse de su buena conciencia; compren no logo,
boicoteen Total Fina Elf, lo que deber bastar para persuadirse
de que, en el fondo, la accin poltica no es muy difcil y de
que usted tambin puede implicarse. Nada de nuevo en este
comercio de indulgencias, las dificultades comienzan cuando
se intenta ver con claridad en medio de esta confusin. La
cultura invocatoria del-otro-mundo-posible, el pensamiento de
Max Havelaar, dejan poco espacio para hablar de tica de otra
manera que no sea a cerca de la etiqueta. La multiplicacin de
las asociaciones ambientalistas, humanitarias y de solidaridad
viene oportunamente a canalizar un malestar generalizado y
contribuir as a la perpetuacin del estado actual de las cosas,
a travs de la valorizacin personal, el reconocimiento y su
coleccin de apoyos honestamente recibidos, en definitiva, a
travs del culto a la utilidad social. Lo principal es que haya
ms enemigos. O en cualquier caso, algunos problemas, abusos
o incluso catstrofes, peligros de los cuales solamente los
dispositivos del Estado nos pueden proteger.
Si la obsesin de los fundadores del liberalismo era la eliminacin
de las sectas, es porque en ellas se reunan todos los elementos
subjetivos cuyo ostracismo constitua la condicin para la
existencia del Estado moderno. Para un sectario, por encima
de todo, la vida es precisamente lo que se puede adecuar a lo
que exija el pensamiento considerado correcto - a saber, una
cierta actitud ante las cosas y los acontecimientos del mundo,
una manera de no perder de vista lo que realmente importa
-. Hay una concomitancia entre la aparicin de la sociedad
(y de su correlato: la economa) y la redefinicin liberal de
las esferas pblica y privada. La colectividad sectaria es, en s
misma, una amenaza para aquello que el pleonasmo sociedad
liberal designa. Es as en la medida en que se trata de una forma
de organizacin de secesin. La pesadilla de los fundadores
del Estado moderno consiste en lo siguiente: una parte de
la colectividad se separa del resto, arruinando as la idea de
una unidad social. Hay dos cosas que la sociedad no puede
soportar: que un pensamiento pueda ser incorporado, es decir,
que pueda tomar forma en una existencia en cuanto conducta
Anonimo/a / 21
de vida o manera de vivir; que esa incorporacin pueda no
slo ser transmitida sino tambin compartida y convertida,
as, en comunitaria. No es necesario nada ms para que SE
nos acostumbre a descalificar como secta toda experiencia
colectiva fuera de control.
La evidencia del mundo del mercado se inmiscuye en todas
partes. Esta evidencia es el instrumento ms operativo para
desasociar los objetivos y los medios para as vehicular la vida
cotidiana como un espacio de existencia que tan slo nos
incumbe gestionar. A lo que se supone que queremos volver es a
la vida cotidiana, as como a la aceptacin de una neutralizacin
necesaria y universal. Se trata de una parte cada vez ms amplia
de la renuncia a una posible felicidad no diferida. Como dice un
amigo: es la media de todos nuestros posibles crmenes.
Son raras las colectividades que pueden escapar al abismo que
les espera, es decir, la cada en picado en la plana banalidad de
lo real, la comunidad como el culmen de la intensidad mediana,
el retorno del lento desmoronamiento torpemente repleto de
banal palabrera.
La neutralizacin es una caracterstica fundamental de la
sociedad liberal. Los ncleos de neutralizacin, en donde se
requiere que las emociones sean comedidas, en donde todos
deben contenerse, son por todos conocidos y an peor, todos
los vivimos como tal: empresas (y qu no es empresa hoy
en da?), discotecas, locales de actividades deportivas, centros
culturales, etc. Si todos sabemos lo que podemos esperar de estos
locales la cuestin que se plantea es: Por qu siguen siendo
tan frecuentados? Por qu, siempre y por encima de todo, esta
preferencia por el que no pase nada, que no acontezca nada
que sea susceptible de provocar sacudidas muy profundas? Por
costumbre? Por desespero? Por cinismo? O incluso: porque
podemos as saborear el placer de estar en cualquier lugar sin
estar all, de estar aqu estando esencialmente en otro lugar,
porque en el fondo lo que nosotros somos estara preservado
hasta el punto de no tener siquiera que existir.
Son estas las cuestiones ticas que, sobretodo, tienen que ser planteadas,
las mismas que encontramos en el corazn de la poltica: Cmo
responder a la neutralizacin afectiva, la de los efectos potenciales de
pensamientos decisivos? Y tambin: De qu manera las sociedades
modernas manipulan estas neutralizaciones, o mejor dicho, las utilizan
como un mecanismo esencial para su funcionamiento? De qu manera
nuestras tendencias a la atenuacin sustituyen en nosotros e incluso en
nuestras experiencias colectivas, la efectividad material del imperio?.
22 / Llamamiento
La aceptacin de estas neutralizaciones podra ir perfectamente
de la mano de grandes intensidades de creacin. Se puede
experimentar hasta enloquecer con la condicin de ser una
singularidad creadora y de producir en pblico la prueba de
esa singularidad (las obras). Hasta se puede experimentar el
significado de estremecimiento, pero con la condicin de vivirlo
solo y como mucho transmitirlo indirectamente. Ser entonces
reconocido como un artista o un pensador y con poco que est
comprometido podr mandar al mar tantas botellas como
quiera, con la buena conciencia de quien ve ms all y avis a
los otros.
Todos sabemos por experiencia que los afectos bloqueados
en una interioridad se pueden agriar: se pueden, incluso,
transformar en sntomas.
Podemos observar en nosotros mismos una cierta rigidez que
viene de las barreras que cada uno considera una obligacin
construir con tal de marcar los lmites de su persona y as
contener lo que no debe salir fuera. Cuando por alguna u
otra razn esas barreras se agrietan y se rompen entonces
algo ocurre, algo que puede llegar a ser espantoso, que tal
vez, hasta tenga algo que ver con el espanto, pero un espanto
capaz de liberarnos del miedo. El cuestionamiento de los lmites
individuales o de las fronteras establecidas por la civilizacin
puede llegar a revelarse como una salvacin. Poner el cuerpo
en peligro es algo que forma parte de la existencia de toda
comunidad material: cuando ya no es posible atribuir a nadie
los afectos y los pensamientos, cuando se reestablece una
circulacin en la que, independientemente de los individuos,
transitan ideas, afectos, impresiones y emociones. Es necesario
entender que la comunidad, tal y como est, no es la solucin:
ms bien es su desaparicin, constante y en todas partes, lo que
constituye el problema.
No percibimos a los seres humanos aislados unos de otros, ni
de los otros seres de este mundo; los vemos conectados por
mltiples vnculos que han aprendido a negar. Esa negacin
permite bloquear la circulacin afectiva a travs de la cual estos
mltiples vnculos se viven. Este bloqueo es a su vez necesario
para que se gane la costumbre de un rgimen de intensidad
lo ms neutro, insulso, y mediocre posible, lo que puede hacer
nacer el deseo de vacaciones, tomarse las comidas o las noches
de relax como un beneficio - es decir, como algo igualmente
neutro, mediocre e insulso pero libremente decidido-. De este
rgimen de intensidad muy occidentalizado, digmoslo, se
alimenta el orden imperial.
Anonimo/a / 23
Nos podrn decir: al hacer apologa de las intensidades
emocionales vividas en comn, nos estamos enfrentando a lo
que los seres vivos reivindican para vivir, a saber, la calma y la
dulzura - a da de hoy vendidas al ms alto precio como si de
bienes escasos se trataran -. Si queremos decir con esto que
nuestro punto de vista es incompatible con el ocio autorizado,
incluso los fanticos de los deportes de invierno reconoceran
que ver arder todas las estaciones de esqu y devolver el espacio
a las marmotas, tampoco supondra una gran prdida. Por el
contrario, no tenemos nada contra la delicadeza y la dulzura
que cada ser vivo, en tanto que vivo, contiene en si mismo.
Pudiera ser que vivir fuese algo dulce. Cualquier brizna de
hierba sabe esto mucho mejor que todos los ciudadanos de este
mundo.
Propuesta V
Oponemos a cualquier preocupacin moral, a cualquier
puritanismo, la elaboracin colectiva de una estrategia.
Tan slo es malo aquello que perjudica al crecimiento de nuestra
fuerza.
Dejar de distinguir economa y poltica forma parte de esta
resolucin.
La perspectiva de crear gngsters no nos amedrenta; pero nos
divierte ms hacernos pasar por mafia.
Apunte
Nos han vendido esta mentira: nuestro trazo ms caracterstico
sera aquello que nos distinguira de lo comn.
Nosotros contamos con la experiencia inversa: toda singularidad
se ejerce en la manera y en la intensidad con la que un ser hace
existir algo en comn.
En el fondo, es aqu desde donde partimos y aqu donde nos
reencontramos.
Lo ms singular en nosotros apela al acto de compartir.
Ahora bien, constatamos lo siguiente: lo que tenemos para
compartir no slo es obviamente incompatible con el orden
dominante sino tambin, que este ltimo hace todo lo posible
24 / Llamamiento
para perseguir cualquier modo de compartir cuyas reglas no
haya decretado.
En las metrpolis por ejemplo, el cuartel, el hospital, la prisin,
el internado y el geritrico son las nicas formas permitidas de
vivienda colectiva. Lo normal es el aislamiento de cada uno en
su cubo privado. Es adnde se vuelve siempre, por ms fuertes
que sean los enfrentamientos que se lleven a cabo, las repulsas
que se sientan.
Ya conocemos estas condiciones de existencia y nunca ms
volveremos a ellas. Nos debilitan mucho. Nos vuelven muy
vulnerables. Nos hacen flaquear.
El aislamiento, en las sociedades tradicionales era la pena
ms dura a la que poda ser condenado un miembro de la
comunidad. Hoy es la condicin comn. El resto del desastre
se sucede lgicamente. Es gracias a la idea limitada que cada
uno tiene de su casa que se vuelve natural dejar la calle para
la polica. El mundo no SE podra haber vuelto tan claramente
inhabitable, ni se pretendera tener toda sociabilidad controlada
-de los mercados a los bares, de las empresas a las bambalinas -
si previamente no SE hubiese atribuido a cada uno de nosotros
el refugio de un espacio privado.
En nuestra fuga a las condiciones de existencia que nos mutilan
encontramos las casas ocupadas, o mejor, el movimiento okupa
internacional. En esta constelacin de locales ocupados en
los que se expresan, digan lo que digan, diferentes formas de
agregacin colectiva fuera de control, asistimos, en un primer
momento, al crecimiento de nuestra fuerza. Organizamos
nuestra supervivencia elemental -recuperacin, robo, trabajo
colectivo, comidas comunes, compartir tcnicas, materiales,
inclinaciones amorosas - y encontramos formas de expresin
poltica - conciertos, manifestaciones, acciones directas, sabotaje,
panfletos-.
Despus, poco a poco, hemos asistido a la transformacin de lo
que nos rodeaba en un medio y de se medio en escena. Hemos
asistido a la promulgacin de una moral que vino a sustituir a la
elaboracin de una estrategia. Hemos asistido a la solidificacin
de normas, a la construccin de reputaciones, a la puesta en
funcionamiento de hallazgos, y al hecho de que todo se haya
convertido en extremamente previsible. La aventura colectiva
ha mutado en triste cohabitacin.
Una tolerancia hostil se ha adueado de todas las relaciones. La
Anonimo/a / 25
gente se las apaa. E inevitablemente, al fin, lo que pareca ser
un contra-mundo, no haca ms que reducirse al mero reflejo
del mundo dominante: el mismo juego de valorizacin personal
en el terreno del robo, de la pelea, de la correccin poltica o de
la radicalidad - el mismo liberalismo srdido en la vida afectiva,
las mismas preocupaciones de territorio, de dominio, la misma
escisin entre vida cotidiana y actividad poltica, las mismas
paranoias de identidad. En el mejor de los casos se disfrutaba
del lujo de huir peridicamente de la miseria local, llevndola a
sitios donde an es extica.
No atribuimos estas debilidades al formato de casa ocupada. No
lo negamos ni desertamos de l. Simplemente afirmamos que
ocupar casas slo volver a tener sentido si lo entendemos en
base al acto de compartir en el que estamos comprometidos. En
las casas ocupadas, como en cualquier otro lado, la confeccin
colectiva de una estrategia es la nica alternativa al recogimiento
en una identidad, a la integracin o al gueto.
En materia de estrategia retenemos todas las lecciones de la
tradicin de los derrotados.
Nos acordamos de los inicios del movimiento obrero. Estn
cerca de nosotros. Porque lo que se puso en prctica en esa fase
inicial est directamente relacionado con nuestra experiencia,
con lo que hoy queremos poner en prctica.
La constitucin en fuerza de lo que se vendra a llamar
movimiento obrero se apoy, en primer lugar, en el hecho de
compartir prcticas criminales. Las cajas negras de solidaridad
en caso de huelga, los sabotajes, las sociedades secretas, la
violencia de clase, las primeras formas de mutualidad que
tenan como intencin acabar con el buscarse la vida individual,
se desarrollaron en la plena consciencia de su carcter ilegal, de
su antagonismo.
Fue en los EEUU que la indistincin entre formas de organizacin
obrera y el crimen organizado se hizo ms tangible. La fuerza
de los proletarios americanos a comienzos de la era industrial
provena del desarrollo, en el seno de la comunidad de los
trabajadores, de una fuerza de destruccin y de represalia contra
el Capital, as como de la existencia de solidaridades clandestinas.
La reversibilidad constante del trabajador en malhechor obtena
como respuesta un control sistemtico, la moralizacin de
cualquier tipo de organizacin autnoma. SE margin como
gangster a todo aquel que exceda el ideal de trabajador honesto.
Hasta que se obtuvo por un lado la mafia y por otro los sindicatos,
ambos productos de una amputacin recproca.
26 / Llamamiento
En Europa, la integracin de las formas de organizacin obrera en
el aparato de gestin estatal - fundamento de la socialdemocracia
- fue la contrapartida de la renuncia a cualquier tipo de capacidad
nociva. Tambin aqu, el surgimiento del movimiento obrero
tuvo su origen en las solidaridades materiales, en una necesidad
urgente de comunismo. Las casas del pueblo constituyeron
el ltimo refugio de esta indistincin entre las necesidades
de comunizacin inmediata y las necesidades estratgicas
relacionadas con la implementacin del proceso revolucionario.
El movimiento obrero se desarroll despus como separacin
progresiva entre la corriente cooperativa, nicho econmico
amputado de su razn de ser estratgica y, por otro lado, las
formas polticas y sindicales proyectadas sobre el terreno del
parlamentarismo, de la cogestin. Es del abandono de cualquier
perspectiva secesionista que nace esta cosa absurda: la izquierda.
Se alcanza el punto lgido cuando los sindicalistas denuncian el
recurso a la violencia, clamando a quienes quisiesen or que
estaban dispuestos a colaborar con la polica para contener a los
causantes de los desrdenes.
El endurecimiento policial de los Estados en los ltimos aos
slo demuestra lo siguiente: que las sociedades occidentales han
perdido toda fuerza de agregacin. No hacen ms que lidiar
con su propia descomposicin inevitable. Lo que esencialmente
significa impedir toda reagregacin, pulverizar todo aquello que
emerge. Todo aquello que pueda desertar. Todo aquello que se
salga de la lnea.
Pero no se puede hacer nada. El estado de ruina interna de estas
sociedades revela un nmero creciente de fisuras. El continuo
revoque de las apariencias ya no resuelve nada: es aqu que
los mundos se forman. Okupas, comunidades, grupsculos,
repblicas, todos intentan substraerse a la desolacin capitalista.
La mayor parte de las veces, estas tentativas abortan o mueren
de autarqua, por no haber establecido los contactos, las
solidaridades apropiadas. Tambin por no percibirse a si mismas
como parte activa en la guerra civil mundial.
Pero todas esas reagregaciones no significan nada a los ojos del
deseo de las masas, el deseo, siempre pospuesto de dejarlo todo,
de partir.
En diez aos, entre dos censos, cien mil personas han
desaparecido en Gran Bretaa. Han cogido un autobs, se han
comprado un billete, han tomado cidos o se han juntado a la
resistencia. Se han desafiliado. Se han ido.
Anonimo/a / 27
Nos hubiese gustado, en nuestra desafiliacin, tener algn sitio
donde reagruparnos, un partido y una direccin a tomar.
Muchos de los que parten, se pierden.
Nunca llegan al destino.
Nuestra estrategia es, pues, la siguiente: establecer desde ahora
un conjunto de antros de desercin, de polos de secesin, de
puntos de reagrupamiento. Para los fugitivos. Para los que
parten. Un conjunto de locales donde sea posible sustraerse al
imperio de una civilizacin al borde del abismo.
Se trata de encontrar los medios, encontrar la escala que permita
resolver el conjunto de cuestiones que, planteadas por cada uno
individualmente, conducen a la depresin. Cmo deshacernos
de las dependencias que nos debilitan? Cmo nos podemos
organizar para no trabajar ms? Cmo instalarnos fuera de la
toxicidad de las metrpolis sin tener que acabar yendo al campo?
Cmo acabar con las centrales nucleares? Cmo escapar de
la trituracin psiquitrica, cuando un amigo enloquece, de los
groseros remedios de la medicina mecanicista, cuando enferma?
Cmo vivir juntos sin aplastarnos mutuamente? Cmo acoger
la muerte de un compaero?
Cmo arruinar al imperio?.
Conocemos nuestras debilidades: nacemos y crecemos en
sociedades pacificadas y disueltas. No tuvimos la oportunidad
de adquirir la consistencia que proporcionan los momentos
de intensa confrontacin colectiva. Ni el saber ligado a estas
vivencias. Tenemos que madurar una educacin poltica juntos.
Una educacin terica y prctica.
Para eso precisamos de espacios. Locales donde nos podamos
organizar, donde compartir y desarrollar las tcnicas requeridas.
Donde ejercitar el manejo de todo aquello que se revele
necesario. Donde colaborar. Si no hubiese renunciado a toda
perspectiva poltica, la experiencia de la Bauhaus, con todo lo que
albergaba de materialidad y rigor, evocara la idea que tenemos
del espacio-tiempo aprovechado para la transmisin del saber y
de la experiencia. Los Black Panther tambin se dotaron de estos
lugares a lo cual aadieron su capacidad poltico-militar, los diez
mil desayunos gratuitos y la prensa autnoma que distribuan
todos los das. En breve formaron una amenaza al poder tan
tangible que SE tuvo que enviar a los servicios especiales para
masacrarlos.
28 / Llamamiento
Quien quiera que se constituya en una de estas fuerzas sabe
que pasa a ser un partido en el desarrollo de las hostilidades
mundiales. La cuestin de recurrir o renunciar a la violencia
no se plantea en un partido de stos. El mismo pacifismo nos
parece ms bien un arma suplementaria al servicio del imperio,
del lado de los contingentes de la polica de intervencin y de
los periodistas.
Las consideraciones que nos deben ocupar son las condiciones
del conflicto asimtrico que nos es impuesto, la manera ms
adecuada de aparecer o desaparecer en cada una de nuestras
prcticas.
La manifestacin o la accin a cara descubierta, la protesta
indignada, son formas de lucha inadecuadas en el rgimen
dominante actual, e incluso hasta lo refuerzan, alimentando
con informaciones actualizadas los sistemas de control. Por otro
lado, viendo las subjetividades contemporneas tan frgiles,
incluso las de nuestros dirigentes, viendo tambin el pathos
lacrimgeno que han conseguido que se haga en torno a la
muerte de cualquier ciudadano, nos parece ms sensato atacar
a los dispositivos materiales que a los hombres que le ponen
cara a esos dispositivos. Esto por el bien de la estrategia. Tal
vez tengamos que volvernos hacia las formas de operacin de
las guerrillas: sabotajes annimos, acciones no reivindicadas,
recurso a las tcnicas que podemos adoptar fcilmente,
contraataques dirigidos a blancos concretos.
No existe una cuestin moral en la manera en como buscamos
los medios para vivir y para luchar, ms bien una cuestin
tctica sobre los medios de los que nos apertrechamos y del uso
que les damos.
La manifestacin del capitalismo en nuestras vidas es la
tristeza deca una amiga.
Se trata de establecer las condiciones materiales de una
disponibilidad compartida para la alegra.
Anonimo/a / 29
Propuesta VI
Por un lado queremos vivir el comunismo, por el otro nos
gustara difundir la anarqua.
Apunte
La poca que atravesamos es la de la ms extrema separacin.
La normalidad depresiva de las metrpolis, sus locos solitarios,
expresan la imposible utopa de una sociedad de tomos.
La ms extrema separacin ilustra el sentido de la palabra
comunismo. El comunismo no es un sistema poltico o
econmico. El comunismo bien puede pasar sin Marx. Al
comunismo se la suda la URSS.
No nos sera posible explicar que tras cincuenta aos SE haga
como si, en cada dcada, se redescubriesen los crmenes de
Stalin para exclamar Mirad lo que es el comunismo!, si no SE
presintiese que, en realidad, todo nos gua en esa direccin.
El nico argumento esgrimido alguna vez contra el comunismo
fue que no tenamos necesidad de l. Y ciertamente, por ms
limitados que fuesen, persistan an e incluso recientemente,
aqu y all, cosas, lenguajes, modos de pensar y lugares comunes;
lo suficiente como para no flaquear. Existan mundos y estos
eran poblados. El rechazo a pensar, el rechazo a plantearse la
cuestin del comunismo tena sus argumentos, argumentos
prcticos. Estos han sido barridos.
Los aos 80, los aos 80 tal como perduran, permanecen en
Francia como el marco traumtico de esta ltima purga. Desde
entonces todas las relaciones sociales se han transformado en
sufrimiento. Hasta el punto de hacer preferible toda anestesia,
todo aislamiento. En cierto sentido es el liberalismo existencial
el que nos conduce hacia el comunismo por el propio exceso de
su triunfo.
La cuestin comunista se sustenta en la elaboracin de nuestra
relacin con el mundo, con los seres, con nosotros mismos. Se
sustenta en la elaboracin del juego entre los diversos mundos,
de la comunicacin entre ellos, no a travs de la unificacin
del espacio planetario sino a travs de la instauracin de lo
sensible, es decir, de la pluralidad de los mundos. En ese sentido,
el comunismo no es la extincin de todo conflicto, ni describe
un estado final de la sociedad tras el cual todo est dicho.
Porque tambin es, a travs del conflicto, que los mundos se
30 / Llamamiento
comunican. En la sociedad burguesa, donde las diferencias
entre los hombres no son ms que diferencias que no tienen
nada que ver con el propio hombre, son justamente las
verdaderas diferencias, las diferencias de cualidad, las que no
son consideradas. El comunista no pretende construir un alma
colectiva, desea realizar una sociedad donde las falsas diferencias
sean liquidadas. Y una vez liquidadas esas falsas diferencias,
abrir todas las posibilidades a las diferencias verdaderas. As
hablaba un viejo amigo.
Es evidente, por ejemplo, que SE ha pretendido zanjar la cuestin
sobre lo que me es apropiado, lo que me es necesario, lo que
forma parte de mi mundo, a travs de la simple ficcin policial
de la propiedad privada, de lo que me pertenece. Algo me es
propio en la medida en que entra en el dominio de mis usos
y no en virtud de cualquier ttulo jurdico. La propiedad legal,
a fin de cuentas, no posee otra realidad que no sea la de las
fuerzas que la protegen. La cuestin del comunismo es pues,
por un lado, suprimir la polica y por el otro, elaborar entre
aquellos que viven en conjunto, modos de compartir y usos. Es
sa la cuestin que SE elude cada da con los djame en paz
o los reljate. El comunismo ciertamente no es dado. Debe
ser pensado, debe ser hecho. Del mismo modo, todo aquel que
se pronuncia contra l se apoya casi siempre en la expresin
de cansancio nunca lo vais a alcanzar...no puede funcionar...los
hombres son lo que son...adems, ya es suficientemente duro
buscarse la vida, la energa se ha agotado, no podemos hacerlo
todo. Pero el cansancio no es un argumento. Es un estado.
El comunismo, por tanto, parte de la experiencia de compartir
y desde luego, del hecho de compartir nuestras necesidades.
La necesidad no es a lo que los dispositivos capitalistas nos
han acostumbrado. La necesidad nunca es necesidad de cosas
sin ser al mismo tiempo necesidad de mundo. Cada una de
nuestras necesidades nos liga, mas all de toda vergenza, a
todo aquello que la compone. La necesidad no es ms que el
nombre de la relacin a travs de la cual un determinado ser
sensible da existencia a uno u otro aspecto de su mundo. Es
por eso que aquellos que no poseen mundo - las subjetividades
metropolitanas, por ejemplo - no poseen ms que caprichos. Y
es por eso que el capitalismo mientras satisface como ningn
otro la necesidad de cosas, slo distribuye universalmente la
insatisfaccin: porque para conseguir hacer otra cosa tendr
que destruir los mundos.
Anonimo/a / 31
Por comunismo entendemos una cierta disciplina de atencin.
A la prctica del comunismo, tal y como la vivimos, la llamamos
El Partido.
Cuando conseguimos superar en conjunto un obstculo o
alcanzar un nivel superior del acto de compartir afirmamos
que estamos construyendo el Partido. Cierto que otros, que
an no conocemos, construyen tambin el Partido en otros
sitios. Este llamamiento les est dirigido. Ninguna experiencia
del comunismo, en la presente poca, puede sobrevivir sin
organizarse, sin conectarse a las otras, sin estar en crisis, sin
dedicarse a la guerra. Porque los oasis que dispensan la vida
son aniquilados tan pronto buscamos refugio en ellos.
Tal y como lo concebimos, el proceso de instauracin del
comunismo no puede sino asumir la forma de un conjunto de
actos de comunizacin, de hacer comn ste o aquel espacio,
este o aquel aparato, este o aquel saber. Lo que significa la
elaboracin del modo de compartir que les est asociado. La
propia insurreccin es tan slo un acelerador, un momento
decisivo en este proceso. Tal como lo entendemos, el Partido
no es la organizacin - donde todo es inconsistente debido
a la transparencia- y el Partido no es la familia - donde todo
huele a mentira debido a la opacidad-. El Partido es un conjunto
de lugares, de infraestructuras, de medios comunizados y los
sueos, los cuerpos, los murmullos, los pensamientos, los deseos
que circulan entre esos lugares, el uso de esos medios, el acto de
compartir esas infraestructuras. La nocin de Partido responde
a la necesidad de una formalizacin mnima que nos de acceso
a todo permitindonos permanecer invisibles. Forma parte de la
exigencia comunista explicarnos a nosotros mismos, formular
los principios de nuestro modo de compartir. Para que, al menos
en eso, el recin llegado sea igual al ms antiguo.
Observndolo de cerca, el Partido podra ser tan slo esto: la
constitucin en fuerza de una sensibilidad. El despliegue de un
archipilago de mundos. Qu sera de una fuerza poltica bajo el
imperio que no tuviese sus granjas, sus escuelas, sus armas, sus
medicamentos, sus viviendas colectivas, sus mesas de montaje,
sus imprentas, sus camiones de carga y sus trincheras en las
metrpolis? Nos parece cada vez ms absurdo que algunos de
nosotros an sean obligados a trabajar para el Capital - con la
excepcin de ciertas tareas de infiltracin, claro-.
De ah proviene la potencia ofensiva del Partido, de ser tambin
una potencia de produccin en cuyo seno las relaciones lo son
de produccin apenas de modo
32 / Llamamiento
El capitalismo, en ltima instancia, habr consistido en la
reduccin de todas las relaciones a relaciones de produccin.
Desde la empresa hasta la familia, el propio consumo aparece
como un episodio ms de la produccin general, de la produccin
de sociedad.
El derrocamiento del capitalismo vendr de aquellos que
consigan crear las condiciones para otro tipo de relaciones.
En eso, el comunismo al que nos referimos, se opone punto por
punto a lo que SE ha llamado comunismo y que generalmente
no ha sido ms que socialismo o capitalismo monopolista de
Estado.
El comunismo no consiste en la elaboracin de nuevas relaciones
de produccin sino en la abolicin de las mismas.
No establecer en nuestro medio o entre nosotros relaciones
de produccin significa no permitir nunca que la bsqueda del
resultado se sobreponga a la atencin al proceso, destruir entre
nosotros toda forma de valorizacin, velar para que no se separe
el afecto de la cooperacin.
Estar atento a los mundos, a su configuracin sensible, significa
exactamente impedir el aislamiento de cualquier cosa que se
asemeje a relaciones de produccin.
En los lugares que abrimos, alrededor de los medios que
compartimos, es esa bendicin la que buscamos, la que
experimentamos.
Para nombrar tal experiencia, en Francia frecuentemente
optamos por volver a la palabra gratuidad. Ms que de
gratuidad, preferimos hablar de comunismo, puesto que no
podemos olvidar lo que la prctica de la gratuidad implica en
trminos de organizacin, y a corto plazo, de antagonismo
poltico.
Del mismo modo, la construccin del Partido, en su aspecto
ms visible, consiste para nosotros en la puesta en comn, en
la comunizacin de aquello de lo que disponemos. Comunizar
un sitio significa: liberar su uso y en la base de esa liberacin,
experimentar relaciones de afinidad, intensificadas, ms
complejas. Si la propiedad privada es, esencialmente, el poder
discriminatorio de privar a quien queramos de la utilizacin de
la cosa poseda, la comunizacin consiste en privar tan slo a
los agentes del imperio.
Anonimo/a / 33
En todas partes nos enfrentamos al chantaje de tener que
escoger entre la ofensiva y la construccin, la negatividad y la
positividad, la vida y la supervivencia, la guerra y lo cotidiano.
No responderemos. Vemos demasiado bien el modo en cmo
esa alternativa descuartiza y despus escinde y vuelve a escindir
todos los colectivos existentes. Para una fuerza que se despliega
es imposible decir si la aniquilacin de un dispositivo que la
perjudica es una cuestin de construccin o de ofensiva, si el
hecho de alcanzar una relativa autonoma alimentaria o medicinal
constituye un acto de guerra o de sustraccin. Es una cuestin
de circunstancias, como en un motn, donde el hecho de poder
defendernos como camaradas aumenta considerablemente
nuestra capacidad de causar estragos. Quin puede afirmar
que armarse no forma parte de la constitucin material de
una colectividad? All donde nos ponemos de acuerdo acerca
de una estrategia comn no existe eleccin entre ofensiva y
construccin, existe, en cada situacin, la conciencia de lo que
aumenta nuestra potencia y de lo que la debilita, de lo que es
oportuno y de lo que no lo es. Y ah donde esa evidencia no se
da, existe la discusin y en el peor de los casos, la apuesta.
De una manera general, no vemos ms que una fuerza, una
realidad apta para sobrevivir a la disolucin total del capitalismo,
que lo podr atacar verdaderamente, es decir, hasta que esa
disolucin ocurra.
Si ocurre, llegado el momento, se trata precisamente de
transformar en una ventaja para nosotros el colapso social
generalizado, de transformar un hundimiento a la manera
argentina o sovitica en una situacin revolucionaria. Los que
pretenden separar autonoma material y sabotaje de la mquina
imperial claramente revelan que no quieren ni una cosa ni otra.
No es una objecin contra el comunismo el hecho de que, en
el perodo reciente, la primera experiencia de este modo de
compartir fuera llevada a cabo por el movimiento anarquista
espaol entre 1868 y 1939.
Propuesta VII
El comunismo es posible en cualquier momento.
Aquello a lo que llamamos Historia no ha sido hasta hoy sino
el conjunto de los desvos inventados por los humanos para
conjurarlo. Que esta Historia se reduzca, despus de un siglo,
a una acumulacin variada de desastres y slo a eso, revela con
34 / Llamamiento
claridad que la cuestin comunista no debe ser suspendida por
ms tiempo. Es esa suspensin la que se hace necesario, a su
vez, suspender.
Apunte
Pero al final, qu pretendis? Qu proponis concretamente?
Este tipo de preguntas puede parecer inocente. Pero infelizmente,
esto no son peguntas. Son operaciones.
Remitir todo el NOSOTROS que se expresa a un VOSOTROS
extranjero es, desde el principio, conjurar la amenaza de que
este NOSOTROS se dirija a m, de que este NOSOTROS me
atraviese. Sera, adems, como transformar a quien no hace
ms que proponer un enunciado - en si mismo inatribuible -
en propietario del mismo. Pues en la organizacin metdica de
la separacin hasta aqu dominante, los enunciados no estn
autorizados a circular a no ser con la condicin de que ostenten
un propietario, un autor. Sin el cual amenazaran con convertirse
en enunciados un poco comunes, y slo aquel que enuncia el
ALGUIEN est autorizado a la difusin annima.
Adems existe esta mistificacin: que prisioneros del rumbo
de un mundo que nos desagrada, existiran propuestas a hacer,
alternativas a encontrar. Que podramos, en otros trminos,
abstraernos de la situacin en la que nos encontramos, para
discutir de modo desapasionado entre personas razonables.
Pues bien, no. No existe espacio ninguno fuera de la situacin.
No existe nada exterior a la guerra civil mundial. Estamos
irremediablemente ah. Todo lo que podemos hacer es elaborar
aqu una estrategia. Compartir un anlisis de la situacin de
donde surja una estrategia. Es el nico NOSOTROS posiblemente
revolucionario, el NOSOTROS prctico, abierto y difuso, de quien
acta en la misma direccin.
En el momento en que escribimos, en agosto de 2003, podemos
afirmar que nos enfrentamos a la mayor ofensiva del capital
de los ltimos 20 aos. El anti-terrorismo y la supresin de las
ltimas mejoras conquistadas en otros tiempos por el difunto
movimiento obrero dan el tono de un castigo general a la
poblacin. Jams antes los gestores de la sociedad conocieron
tan bien los obstculos con los que deparaban y los medios
que poseen. Ellos saben, por ejemplo, que la pequea burguesa
planetaria, que ahora puebla las metrpolis, se encuentra
demasiado indefensa como para ofrecer la mnima resistencia a su
Anonimo/a / 35
anulacin programada. Tal como saben que la contra-revolucin
que dirigen se encuentra inscrita en millones de toneladas de
cemento, en la propia arquitectura de las nuevas ciudades. A
largo plazo, el plan del Capital parece ser destacar, a escala global,
un conjunto de zonas de seguridad, incesantemente conectadas
entre si, donde el proceso de valorizacin capitalista abarcara,
en un movimiento simultneamente perpetuo y sin trabas,
todas las manifestaciones de la vida. Esa zona de comodidad
imperial, ciudadana y desterritorializada, formara una especie
de continuum policial donde reinara un nivel de control cada
vez ms constante, tanto poltica como biomtricamente. El
resto del mundo podra entonces ser tratado a medida de su
incompleta pacificacin como depsito y al mismo tiempo como
un enorme territorio exterior a ser civilizado. La experiencia
salvaje de cohabitacin zona a zona entre enclaves hostiles, tal
como se lleva a cabo hace dcadas en Israel, ofrecera el modelo
de gestin social que se anuncia. No dudamos de que el objetivo
real de todo esto sea, para el Capital, el de reconstruir de cero
esta sociedad para si mismo. No importa la forma ni el precio.
Ya vimos en Argentina que el desmoronamiento econmico
de un pas entero no fue, desde su punto de vista, un precio
demasiado elevado a pagar.
En este contexto, nosotros somos aquellos, todos aquellos que
sienten la necesidad tctica de estas tres operaciones:
Impedir por todos los medios la recomposicin de la izquierda.
Hacer progresar de catstrofe natural a movimiento social el
proceso de comunizacin, la construccin del Partido.
Llevar la secesin hasta los sectores vitales de la mquina
imperial.
1. Peridicamente la izquierda sufre derrotas. Eso nos agrada,
pero no nos basta. Pretendemos que su derrota sea definitiva. Sin
remedio. Que nunca ms el espectro de una oposicin conciliable
venga a planear sobre el espritu de aquellos que se saben
inadecuados al funcionamiento capitalista. La izquierda - esto es
admitido por todo el mundo hoy en da, pero lo recordaremos
pasado maana? - forma parte integrante de los dispositivos
de neutralizacin propios de la sociedad liberal. Cuanto ms
se agudiza la explosin de lo social, ms la izquierda invoca a
la sociedad civil. Cuanto ms la polica ejerce impunemente
su arbitrio, ms la izquierda se declara pacifista. Cuanto ms
se libera el Estado de las ltimas formalidades jurdicas, ms la
izquierda se vuelve ciudadano. Cuanto ms crece la urgencia de
apropiarnos de los medios de nuestra existencia, ms la izquierda
nos exhorta a esperar, a reclamar la mediacin, cuando no la
36 / Llamamiento
proteccin, de nuestros seores. Es ella la que nos incentiva
hoy en da, ante gobiernos que se posicionan abiertamente
en el terreno de la guerra social, a buscar su comprensin, a
redirigir nuestras quejas, a formular reivindicaciones, a estudiar
economa poltica. De Lon Blum a Lula, la izquierda nunca
fue ms que esto: el partido del hombre, del ciudadano y de la
civilizacin. Hoy en da este programa coincide con el programa
de contra-revolucin integral. El de mantener en pie las ilusiones
que nos paralizan. La vocacin de la izquierda es, por tanto, la de
exponer el sueo para cuya realizacin slo el imperio dispone
de los medios. La izquierda constituye la faceta idealista de la
modernizacin imperial, la vlvula necesaria a la insoportable
marcha del capitalismo. Ya ni siquiera repugna escribir en las
propias publicaciones del ministerio de la juventud, de educacin
y de investigacin: Todos saben que, actualmente, sin la ayuda
concreta de los ciudadanos, el Estado no tendr ni los medios ni
el tiempo para acometer las obras que puedan evitar la explosin
de nuestra sociedad. Deshacer la izquierda, es decir, mantener
constantemente abierto el canal de descontentamiento social,
no slo es necesario hoy en da sino tambin posible. Somos
testigos, precisamente cuando se refuerzan a un ritmo acelerado
las estructuras imperiales, del paso de la vieja izquierda laborista,
fsil del movimiento obrero y de l proveniente, a una nueva
izquierda, mundial, cultural, de la que podemos afirmar que el
negrismo constituye su punta de lanza. Esta nueva izquierda
est todava mal informada a cerca de la reciente neutralizacin
del movimiento anti-globalizacin. Los logros que anticipa,
pasan an por tales, al mismo tiempo que los antiguos ya no
surten efecto. Nuestra tarea es arruinar la izquierda mundial
all donde se manifieste, sabotear metdicamente, es decir
tanto en la teora como en la prctica, cada uno de sus posibles
momentos de constitucin. As, nuestro xito en Genova no
residi tanto en los espectaculares enfrentamientos contra la
polica o los daos infligidos a los organismos del Estado y del
Capital, como en el hecho de que la difusin de las prcticas de
confrontacin propias del Black Block en todos los cortejos de
la manifestacin sabote la apoteosis anunciada por los Tute
Bianche. Del mismo modo, nuestro fracaso posterior consisti
en no haber sabido elaborar nuestra posicin de manera que
pudiese transformar nuestra victoria en la calle en algo ms que
un simple espantapjaros, agitado ahora sistemticamente, por
todos los movimientos llamados pacifistas.
Es ahora la retirada de esta izquierda mundial hacia los foros
sociales - retirada motivada por el hecho de haber sido vencida
en la calle - la que se hace necesario atacar.
Anonimo/a / 37
2. De ao en ao aumenta la presin para que todo funcione. A
medida que avanza la cibernetizacin de lo social, la situacin
normal se hace cada vez ms imperiosa. Es, de hecho, lgico
que se multipliquen crecientemente las situaciones de crisis, las
averas. Una falta de electricidad, una cancula o un movimiento
social en nada se diferencian desde el punto de vista del imperio.
Son perturbaciones. Se hace necesario provocarlas. Por ahora,
debido a nuestra debilidad, esas situaciones de interrupcin
se presentan como otros tantos momentos en que el imperio
se sobrepone, se inscribe en la materialidad de los mundos,
experimenta nuevos procedimientos. Es sobretodo entonces que
se relaciona ms firmemente con las poblaciones que pretende
socorrer. El imperio se presenta por todas partes como el agente
de regreso a la situacin normal. Nuestra tarea, por el contrario,
es hacer habitable el estado de excepcin. Nunca conseguiremos
verdaderamente bloquear la sociedad-empresa sin llenar
ese bloqueo con otros deseos que no sean el del regreso a la
normalidad.
Lo que se produce en una huelga o en una catstrofe
natural es, de alguna manera, bastante semejante. Una
suspensin interviene en la organizada regularidad de nuestras
dependencias. Nos sobreviene a cada uno de nosotros el ser
hecho de necesidad, el ser comunista, lo que esencialmente nos
une y lo que esencialmente nos separa. El velo de la vergenza,
que habitualmente todo lo cubre, se desvanece. La disponibilidad
para el encuentro, para la experimentacin de otras relaciones
con el mundo, con los otros, con nosotros mismos, tal como
ah se manifiesta, llega para barrer todas las dudas relativas a
la posibilidad del comunismo. Relativas tambin a la necesidad
de comunismo. Lo que se requiere, es pues nuestra capacidad
de auto-organizacin, nuestra capacidad de, organizndonos
desde el principio en base a nuestras necesidades, hacer durar,
propagar, hacer efectivo el estado de excepcin de cuyo terror
depende el poder imperial. Esto es particularmente urgente en
los movimientos sociales. La propia expresin movimiento
social parece existir para sugerir que lo que verdaderamente
importa es la direccin que seguimos y no lo que all pasa.
Existe en todos los movimientos sociales, hasta hoy, un punto
de orgullo en ignorar lo que pasa, lo cual explica el hecho de
que estos movimientos se sucedan sin juntarse jams, ms
bien pareciendo ahuyentarse los unos a los otros. De ah
se deriva la textura particular, tan voltil, de la sociedad en
movimiento, donde todo empeo parece tan revocable. De
ah tambin, su invariable dramaturgia: un rpido desarrollo
debido a la resonancia meditica tras el cual, partiendo de esta
agregacin frgil, se sucede el lento pero fatal deterioro; en
38 / Llamamiento
fin, el movimiento agotado, el ltimo puado de irreductibles
que se aferra a este o aquel sindicato, funda esta o aquella
asociacin, esperando, de este modo, encontrar una continuidad
organizativa para su empeo. Pero no es una continuidad de
ese tipo la que buscamos: tener a nuestra disposicin un lugar
donde reunirnos y una fotocopiadora para hacer panfletos. La
continuidad que buscamos es la que nos permite, tras haber
luchado durante meses, no volver a trabajar, no retomar el
trabajo tal y como antes, continuar provocando daos. Y esto
no es posible construirlo sino durante los movimientos. Es una
cuestin inmediatamente colectiva, material, de construccin
de una verdadera mquina de guerra revolucionaria, de
construccin del Partido.
Se trata, como apuntbamos, de organizarnos en base a nuestras
necesidades - de conseguir responder progresivamente a la
cuestin colectiva de comer, dormir, pensar, amar, de crear las
formas, de coordinar nuestras fuerzas - y de concebir todo esto
como un momento de la guerra contra el imperio.
Slo de esta manera, habitando las propias perturbaciones del
programa podremos afrontar este liberalismo econmico
que no es sino la directa consecuencia, la realizacin lgica,
del liberalismo existencial que por todas partes es aceptado,
practicado y al que cada uno est unido como a su derecho
ms fundamental, incluso aquellos que desearan desafiar al
neoliberalismo. As es como el Partido se construir, como una
secuencia de lugares habitables, dejados atrs por cada una de
las situaciones de excepcin que se enfrentan al Imperio.
No dejaremos entonces de constatar de qu modo las
subjetividades y los colectivos revolucionarios se hacen menos
frgiles, a medida que toman un mundo en sus manos.
3. El imperio es manifiestamente contemporneo a la constitucin
de dos monopolios: por un lado el monopolio cientfico de
las descripciones objetivas del mundo y de las tcnicas de
experimentacin sobre ste. Por otro lado, el monopolio religioso
de sus tcnicas, de los mtodos por los cuales se elaboran
subjetividades - monopolio a los cuales se asocia directamente la
prctica psicoanaltica-. De un lado, una relacin con el mundo en
cuanto relacin consigo mismo - consigo en tanto que fragmento
de mundo - del otro, una relacin consigo mismo en cuanto
relacin con el mundo - con el mundo en la medida en que l me
atraviesa-. Todo ocurre desde entonces como si las ciencias y las
religiones, en su propia fragmentacin, configurasen el espacio
donde el imperio encuentra su libertad de movimientos.
Anonimo/a / 39
Evidentemente estos monopolios se distribuyen de modo diverso
segn las zonas del imperio.
En las zonas llamadas desarrolladas, las ciencias constituyen un
discurso de verdad al cual se le reconoce el poder de ordenar
la propia existencia de la colectividad, justo donde el discurso
religioso ha perdido esa capacidad. Y es ah, para empezar, que se
hace necesario introducir la secesin. Introducir la secesin en
las ciencias no significa lanzarse sobre ellas como una fortaleza
a conquistar o a demoler, sino subrayar las lneas de fractura
que las recorren, tomar partido por aquellos que acentan esas
lneas y que para ese efecto empiezan por no enmascararlas.
Porque del mismo modo que la falsa consistencia de lo social es
permanentemente rasgada por fisuras, tambin cada ramo de
las ciencias forma un campo de batalla saturado de estrategias.
Ya hace mucho que la comunidad cientfica consigui dar de
si misma la imagen de una gran familia unida, consensual a
cerca de lo fundamental, y extremamente respetuosa con las
reglas de cortesa. Esta fue realmente la principal operacin
poltica relacionada con la existencia de las ciencias: ocultar
las divergencias internas y ejercer, en base a esa imagen idlica,
efectos desiguales de terror. Terror hacia lo que est fuera en
cuanto privacin de todo aquello que no es reconocido como
cientfico, con estatuto de discurso de verdad. Terror hacia el
desdn, en cuanto descalificacin pulida, feroz, de potenciales
herejas. Querido colega....
Cada ciencia pone en pie un conjunto de hiptesis; esas hiptesis
son otras tantas decisiones en relacin a la construccin de la
realidad. Hoy en da esto es largamente admitido. Lo que es
negado es el significado tico de cada una de las decisiones, lo
que stas presuponen de una cierta forma de vida, una cierta
forma de comprender el mundo (por ejemplo, sentir el tiempo
de existencia como el desarrollo de un programa gentico o la
alegra como una cuestin de serotonina).
De este modo, los juegos de palabras cientficos parecen menos
hechos para establecer una comunicacin entre aquellos que
los usan, que para excluir a aquellos que los ignoran. Las
disposiciones materiales estancadas, en las cuales se insiere la
actividad cientfica, - laboratorios, conferencias, etc. - conllevan
el divorcio entre las experimentaciones y los mundos que stas
podran configurar. No basta describir el modo en el que las
investigaciones calificadas como fundamentales estn siempre
relacionadas por algn tipo de lazo al flujo militar-mercantil y
cmo recprocamente stas contribuyen a la definicin de sus
contenidos, a las propias orientaciones de la investigacin. El
40 / Llamamiento
modo usado por las ciencias para participar en la pacificacin
imperial es, antes que nada, realizar slo las experimentaciones,
testar slo las hiptesis que son compatibles con la manutencin
del orden dominante. Nuestro modo de destruir el orden imperial
no puede sino pasar por la apertura de espacios disponibles para
experiencias antagonistas. Slo en la existencia de estos lugares
de despegue, las experiencias conllevan mundos propios, as
como depende de la pluralidad de esos mundos, la expresin de
conflictualidad ahogada de las prcticas cientficas.
Es necesario que los practicantes de la vieja medicina mecanicista
y pasteuriana se enfrenten a aqullos que practican las
medicinas tradicionales dejando a parte cualquier confusin
new age. Que se deje de confundir el apego a la investigacin
como la defensa judicial de la integridad de los laboratorios.
Que las prcticas agrcolas no productivistas se desarrollen ms
all del pequeo cuadrado de la etiqueta bio. Que sean cada vez
ms numerosos aquellos que sienten el carcter irrespirable de
las contradicciones de la enseanza nacional entre defensa de
la Repblica y la oficina de difusa auto-empresarializacin. Que
la cultura no se pueda enorgullecer de la colaboracin de un
slo inventor de formas.
Por todas partes las alianzas son posibles.
La perspectiva de romper los circuitos capitalistas exige,
para hacerse efectiva, que las secesiones se multipliquen y se
agreguen.
SE nos dir: vosotros estis dominados por una alternativa
que de un modo u otro os condena: si consegus constituir
una amenaza al imperio seris rpidamente eliminados, si no
consegus constituir tal amenaza, entonces os autodestruiris,
una vez ms.
Podemos apostar tan slo que existe otro recorrido, un sinuoso
camino de cabras, suficiente para poder caminar sobre l,
suficiente para que todos aquellos que comprenden puedan por
ah caminar y vivir.
FIN
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