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Motivos de la muerte de Jesús

Este documento analiza por qué murió Jesús y por qué fue asesinado desde tres perspectivas: 1) La dimensión histórica de su muerte muestra que Jesús se oponía cada vez más a los poderes religiosos y políticos de su tiempo, quienes finalmente lo capturaron y condenaron a muerte por considerarlo un enemigo del poder establecido y del orden social. 2) La conciencia histórica de Jesús indica que era consciente de que su forma de actuar podría conducir a su muerte. 3) El significado teoló

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Motivos de la muerte de Jesús

Este documento analiza por qué murió Jesús y por qué fue asesinado desde tres perspectivas: 1) La dimensión histórica de su muerte muestra que Jesús se oponía cada vez más a los poderes religiosos y políticos de su tiempo, quienes finalmente lo capturaron y condenaron a muerte por considerarlo un enemigo del poder establecido y del orden social. 2) La conciencia histórica de Jesús indica que era consciente de que su forma de actuar podría conducir a su muerte. 3) El significado teoló

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Por qu muere Jess y por qu le matan

Ignacio Ellacura

Caracteres: 28.900

Palabras: 4.900

Aparicin original: Misin Abierta (marzo 1977)17-26

El intento de poner en relacin a Jess con la historia y, consiguientemente, a la


Iglesia con la historia, es esencial para la comprensin y realizacin del
cristianismo, as como para la realizacin y la comprensin de la historia. Si no
se llega a tener clara esta relacin, se cae en posturas religiosistas o en posturas
secularistas, con menoscabo de lo que es realmente la salvacin histrica.

La encarnacin histrica de Jess, como paradigma de lo que ha de ser una


historizacin de la salvacin, puede presentarse desde diversos aspectos de su
vida. Uno de ellos, especialmente privilegiado, es el de su pasin y su muerte. En
efecto, stas representan el ncleo original de los relatos evanglicos, permiten
una mayor verificacin histrica, representan la culminacin de su vida mortal y,
desde otro punto de vista, son elemento de divergencia entre quienes se atienen a
que Jess muri por nuestros pecados y quienes piensan que se le mat en razn
de su lucha por el hombre y en virtud de motivos polticos.

El estudio, por tanto, de la pasin en su doble vertiente de por qu muere Jess y


de por qu le matan, es un lugar adecuado para iluminar la unidad intrnseca y
necesaria entre la lucha por el hombre y la implantacin del Reino de Dios.

Es un problema muy presente en el Nuevo Testamento. Ya en el primero de sus


escritos se nos dice, por un lado: porque Dios no nos destin a la ira, sino a
adquirir la salvacin por medio de Nuestro Seor Jesucristo, el que muri por
nosotros, a fin de que... lleguemos a la vida juntamente con l (I Tes 5, 910); por
otro: pues vosotros hermanos os hicisteis imitadores de las Iglesias de Dios que
estn en Judea, en Cristo Jess, porque tambin vosotros padecisteis de parte de
vuestros compatriotas las mismas persecuciones que ellos de parte de los judos,
los que mataron al Seor, a Jess, y a los profetas... (ib., 2, 14-15). Y es un
problema que no puede resolverse a la ligera. Un autor, tan ponderado como
Rahner, considera, por ejemplo, que es discutible si el propio Jess atribuy a su
muerte una funcin soteriolgica; esto es, si a l mismo le era clara la conexin
entre el significado histrico de su muerte y su sentido trascendente1 .
Consideramos nuestro problema desde tres puntos de vista: 1) la dimensin
histrica de la muerte de Jess; 2) la conciencia histrica de Jess sobre su
muerte; 3) significado teolgico de su muerte. Nos ceiremos a los relatos de la
pasin y el punto de vista ser exclusivamente exegtico-histrico.

1. Dimensin histrica de la muerte de Jess

a) Creciente oposicin entre Jess y sus enemigos.

Los autores evanglicos presentan la vida de Jess como una creciente oposicin
entre l y quienes van a ser los causantes de su muerte. Pocas dudas pueden caber
sobre este punto, lase la vida de Jess segn Marcos o, en el otro extremo, segn
Juan2 . Jess y sus enemigos representan dos totalidades distintas, que pretenden
dirigir contrapuestamente la vida humana; se trata de dos totalidades prcticas,
que llevan la contradiccin al campo de la existencia cotidiana. Ya en el pasaje de
la curacin del hombre con la mano paralizada (Mc 3,1-6; Lc 6, 6-11) aparecen
sus enemigos espindole para acusarle y condenarle y Jess encolerizado, con el
resultado de que los fariseos y herodianos salieran dispuestos a deshacerse de l.

Pero el complot definitivo aparece en la pasin y est narrado por los cuatro
evangelistas. Parecera que hasta Juan se ha vuelto sinptico, a la hora de
contar el proceso de la muerte de Jess. Esta relativa coincidencia sinptica de
los cuatro evangelistas indica el carcter histrico del fondo de la narracin.
Reunamos los rasgos ms sobresalientes.

Se renen los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (Mt 26, 3), los escribas
(Mc 14, 1 y Lc 22, 2) y los fariseos (Jo 11, 47). Coinciden todos en querer matar
a Jess y los tres sinpticos sealan que no se atreven a hacerlo por miedo al
pueblo, con lo cual se sobrepasa el nivel de la confrontacin puramente personal.
Pero se aprovechan de Judas, que llega a capturarlo con un grupo numeroso,
enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (Mt 26, 47), de los
escribas (Mc 14, 43) y de los fariseos (Jo 18, 3). Juan aade que se trata de la
cohorte y de los guardias; al parecer, la cohorte era romana y los guardias lo eran
de los sumos sacerdotes. Hay, pues, una captura en que se aunan los poderes
sociales, polticos y religiosos. La acusacin, a pesar de las divergencias entre los
evangelistas, muestra por qu le persiguen y le combaten estos poderes.

b) Por qu persiguen a Jess.

Segn Juan (18, 19-27) el sumo sacerdote le interroga a Jess sobre sus
discpulos y sobre su doctrina; se tratara, por tanto, de un problema de ortodoxia,
pero tras este primer plano de la ortodoxia aparece el de sus seguidores, esto es,
el de un movimiento, que ha cobrado fuerza y frente al cual no tienen control los
dominantes oficiales de la situacin religioso-oficial. No deja de ser significativo
que los guardianes le insulten como a profeta; debieron de percibir en sus amos la
persuasin de que Jess era profeta y pona en marcha dinamismos profticos.

En el juicio ante el Sanedrn se le acusa de querer destruir el templo. No puede


pasarse por alto lo que supona el templo jerosolimitano en la configuracin
religiosa y poltica de Judea; la afirmacin del templo nuevo que sustituye al
antiguo era una blasfemia, que exiga la lapidacin. Distintos motivos
redaccionales han hecho que se ampliara la acusacin a la ms llamativa de
hacerse el Mesas, pero este punto lo trataremos en la tercera parte. En este
primer estadio Jess aparece como blasfemo, pero como blasfemo pblico, que
pone en conmocin los pilares de la estructura del judasmo.

Las acusaciones cambian ante Pilato. El punto de conexin est en la acusacin


de presentarse como Mesas, que de cara a los judos se presenta como Hijo del
Bendito y de cara a los romanos como rey de los judos. Es Lucas quien propone
el sumario de la acusacin: Hemos encontrado a este hombre excitando al
pueblo a la rebelin e impidiendo pagar los tributos al Csar y dicindose ser el
Mesas, Rey (23, 2). Pilato saba que el Mesas sera enemigo de los romanos;
toda la poca de su mandato estara llena de expectativas mesinicas y de
levantamientos armados de tinte mesinico. Por eso pregunta a Jess: eres el
Rey de los judos? Ninguno de los cuatro evangelistas pone en boca de Jess el
rechazo de esta acusacin. Ante las reticencias de Pilato los sumos sacerdotes y
los escribas le siguen acusando violentamente (Lc 23, 10) e insisten en que Jess
subleva al pueblo con su enseanza. Ni Herodes ni Pilato recogen la acusacin;
pero cuando le amenazan a Pilato con que si no condena a Jess se convierte en
enemigo del Csar, acaba por ceder. De hecho le condena a la crucifixin, pena
tpicamente poltica impuesta a los rebeldes contra Roma, y como titulus de la
condenacin se establece su pretensin de convertirse en rey de los judos.

c) Jesucristo como enemigo del poder y estructura social.

Es claro que, fuera de intereses redaccionales, los enemigos de Jess extreman y


distorsionan las apariencias, pero estas apariencias lo eran de hechos reales. Ante
todo, est el hecho real de la oposicin a muerte de los poderes socio-religiosos
contra Jess; si no hubieran visto en l a un enemigo de su poder y de la
estructura social, no lo hubieran condenado a muerte; y si la accin de Jess no
hubiera tenido nada que ver con aquello de que le acusan, tampoco hubiera
prosperado. Ambos aspectos que en su unidad se hacen presentes a todo lo largo
de la vida de Jess, prueban el carcter de su vida: el anuncio del Reino de Dios
tena mucho que ver con la historia de los hombres y esta historia quedaba
contradicha por el anuncio efectivo del Reino. Tan peligrosa apareca la persona
y la accin de Jess, que las autoridades judas haban calculado que esa
peligrosidad iba a traer una mayor represin por parte de los romanos. Lo cuenta
San Juan: reunidos los sumos sacerdotes y los fariseos se preguntaban qu hacer,
porque Jess haca muchos signos; si le dejaban seguir, todos iban a creer en l,
lo cual ocasionara la intervencin de los romanos, que destruiran el lugar santo
y la nacin entera; a lo cual respondi Caifs que era mejor que muriera un solo
hombre por el pueblo y no que pereciera toda la nacin (11, 47-50). La apelacin
a los romanos y al peligro del lugar santo y de la nacin, muestra la conexin de
la palabra y de los signos de Jess con la realidad histrica, tanto en su vertiente
religiosa como poltica. Curiosamente esta frase de Caifs de tinte tan
marcadamente poltico va a ser leda por Juan teolgicamente y, adems, en un
sentido expiatorio. El por qu le matan a Jess queda unido al por qu muere en
la propia historia teolgica de Juan.

La preponderancia de los elementos histrico-polticos en el juicio de Jess y aun


en el relato entero de la pasin es grande. Lo que ms resaltan los evangelistas es
una serie de elementos histricos, como si estuvieran preocupados por responder
a por qu le mataron a Jess. Sobre este punto crucial se han deslizado los
comentaristas teolgicos con peligrosa e ideologizada facilidad; hoy se trata de
evitar ese deslizamiento interesado. No en vano este punto tiene tal importancia
en los relatos evanglicos; considerar la morosidad de los evangelistas como algo
anecdtico o como concesin sentimental, sera caer en lo que Zubiri ha llamado
docetismo biogrfico. Insistir en lo que realmente significa nos lleva a la que fue
la raz humana de la vida de Jess y, consiguientemente, al lugar adecuado de la
fe y de la trascendencia.

2. Conciencia histrica de Jess ante su muerte

a) Jess saba que su modo de actuar era peligroso y lo llevaba a la muerte.

Entramos en un tema lleno de dificultades exegticas y dogmticas. Dando por


supuesta la literatura sobre la conciencia de Jess, nos vamos a ceir a lo que los
evangelistas muestran de esa conciencia en los relatos de la pasin.

Como prembulo podemos dar por supuesto que Jess era consciente de la
peligrosidad de su vida y de que su actuacin ofreca motivos para llevarlo a la
muerte. La hiptesis contraria no es aceptable: una cosa es que los anuncios de la
pasin sean port-pascuales, otra que Jess no previera el peligro mortal que
corra. La confrontacin con sus enemigos, tal como la sealan los evangelistas,
no poda llevar a otro final; Juan reitera incansablemente cmo Jess conoca el
propsito de sus adversarios: algn tiempo despus recorra Jess Galilea,
evitando andar por Judea porque los judos trataban de matarlo (7, 1; cfr. 2, 24-
25; 5, 16-17; 7,19, 25-26, 30-35; 8, 20, 59; 10, 30-31, 39; 11, 8, 53-54, 57).

Cmo se le presenta a Jess no tanto la inminencia de su muerte sino lo que la


muerte significaba para l y para los hombres? Esta conciencia puede
sospecharse a partir de dos pasajes: el huerto y la crucifixin.

b) La muerte de Jess, consecuencia de haber anunciado el Reino de Dios.

Boismard3 rastrea tres documentos anteriores al actual relato de Getseman, de


los cuales el ms primitivo ofrecera un sensible paralelismo con algunos
versculos de Juan, no referidos por ste a la escena del huerto. El ms antiguo
dira:

"ha llegado la hora en la que es entregado el hijo del hombre en manos de los
pecadores; mi alma est triste hasta la muerte, y oraba para que si fuera posible
pasase de l la hora; he aqu que se acerca el que me entrega; levantaos,
vayamos. Jess, pues, esperara la "hora", pero la "hora" tiene un claro carcter
mesinico que, sobre todo en Juan, implica el paso por la glorificacin de la
muerte, lo cual le causa profunda turbacin. No aparece explcitamente ni el
sentido expiatorio de su muerte ni siquiera de su inmediata resurreccin. Tanto la
oracin de Jess como su tristeza mortal son datos no conciliables con una visin
clara de su triunfo glorioso sobre el prncipe de este mundo.

Igualmente las palabras de Jess en la cruz muestran el dramatismo de una


conciencia oscura respecto del sentido de la muerte. Boismard4 trata aqu
tambin de reconstruir los documentos que reflejan la tradicin ms antigua: en
el ms antiguo no habra ni siquiera una palabra de Jess; en el segundo, mucho
ms elaborado, slo estara la palabra del abandono: Dios mo, Dios mo, por qu
me has abandonado. Slo en el tercer nivel apareceran las otras "seis palabras",
de las cuales las recogidas por Lucas serian las ms significativas: el perdn a los
que le matan, el premio al que se arrepiente y un ltimo suspiro de confianza en
el Padre.

Lo que en el huerto apareca todava como autoconciencia del hijo del hombre
entregado en manos de los pecadores, todava queda ms oscurecido en la cruz.
Ni siquiera la reelaboracin teolgica de los evangelistas se crey autorizada a
poner en los labios y en la conciencia manifiesta de Jess un planteamiento claro
del sentido de su muerte. Jess muere en la cruz acosado por sus enemigos,
abandonado por sus discpulos; todo ello como resultado de lo que hizo en vida,
todo ello como resultado de su oposicin radical a quienes acaban vencindole en
la cruz. No aparece ningn sentido mstico expiatorio: lo que le ocurri en la
muerte fue la consecuencia de lo que actu en vida: el anuncio y la realizacin
del Reino de Dios entre los hombres, a lo que se oponan los representantes del
poder religioso, del poder social y del poder poltico, como plasmacin visible
del prncipe este mundo.

3. Significado teolgico de su muerte

Es, entonces, arbitraria la referencia al por qu muere Jess, cuando el acento de


los evangelistas en la pasin est puesto en por qu le matan los judos y los
romanos? Para responder a esta cuestin quedan por examinar dos pasajes
fundamentales del relato de la pasin: la institucin de la Eucarista y las palabras
puestas en boca de Jess con ocasin de su condena.

a) La institucin de la Eucarista.

No pretendemos entrar en el problema general de la cena pascual y de la


institucin de la Eucarista ni desde el punto de vista exegtico ni desde el punto
de vista dogmtico. Nuestra pretensin se reduce a mostrar la conexin del por
qu muere Jess y del por qu le matan, la conexin entre el sentido histrico de
su muerte y el sentido teolgico respecto de un punto particular.

Si consideramos las diferentes redacciones de la institucin eucarstica (1 Cor 11,


24-25; Lc 22, 19-20; Mc 14, 22-24 y Mt 26, 28) en su versin actual, parecera
evidente que Jess, en la vspera de su pasin, consideraba expiatoria y
soteriolgica su muerte. Aunque respecto del pan, como cuerpo suyo, nada dicen
Marcos y Mateo, Pablo afirma que es por vosotros y Lucas que es entregado por
vosotros; con estos ltimos coincide Juan (6, 51) cuando pone en boca de Jess
que su carne es para la vida del mundo. Pero, al hablar del vino y de la sangre los
tres sinpticos y Pablo hablan de la (nueva) alianza, mientras que slo los
tres5 hablan de la sangre derramada por vosotros o por muchos, aadiendo Mateo
-y slo l- para el perdn de los pecados. Segn Pablo y Lucas, Jess les
manda a sus discpulos que lo sigan haciendo en su memoria y Pablo seala que,
hacindolo as, anunciarn la muerte del Seor mientras vuelva.

Este recuerdo de datos mostrara que Jess en la cena habra tenido clara
conciencia de la relacin entre la institucin eucarstica y su sangre derramada
por el perdn de los pecados y aun con una segunda venida suya. Se tratara de
una nueva alianza sellada con un nuevo sacrificio. Vista la muerte de Jess desde
la cena poco o nada importara el planteamiento del por qu le matan; lo
importante sera el sentido de su muerte. De ah a considerar que lo importante en
el cristianismo es la celebracin cultual de la pasin y de la resurreccin de Jess,
dejando de lado la celebracin real e histrica de su vida, no hay ms que un
paso. El culto sera el libi perfecto de la realidad cristiana.

Pero un anlisis del modo en que estn redactados los textos pone en entredicho
esta apariencia del relato eucarstico, si queremos saber lo que realmente ocurri
en la vspera de la pasin. En efecto, dos planos fundamentales deben
distinguirse en el texto evanglico: el relato de la cena ritual de la pascua y el
relato de la institucin eucarstica; el primero ms histrico y el segundo ms
litrgico.

En el relato ms primitivo de Marcos6 se hace explcita referencia a la


celebracin de la pascua juda: Jess toma la copa, da gracias, se la pasa a los
discpulos, que beben de ella, mientras les dice que no beber ms del producto
de la vid hasta el da en que lo beba de nuevo en el reino de Dios. Es a esta cena a
lo que aludiran las palabras: con gran deseo, he deseado comer con vosotros
esta pascua. En este plano del relato pascual nada rompe la continuidad de la
conciencia histrica de Jess. Jess prev su final, pero no desespera del sentido
de su muerte sino que positivamente establece su firme esperanza en el triunfo
del Reino y el de su causa personal.

Pero, adems del relato pascual, est el relato de la institucin eucarstica, cuyo
texto ms antiguo es el de Pablo; se trata de un texto litrgico de vocabulario
distinto al de Pablo y que retrotrae la tradicin usada ms all del ao 54, fecha
de la carta, pero al mismo tiempo, muestra un texto transformado por exigencias
litrgicas e incluso una helenizacin de la frmula eucarstica7 . Reunidos los
textos de los sinpticos y de Pablo tendramos los siguientes elementos: a) esto es
mi cuerpo; b) entregado por vosotros; c) esto es mi sangre; d) derramada por
muchos; e) para el perdn de los pecados; f) como alianza (nueva); g) mandato
de su recuerdo.

Ahora bien, si el texto de Marcos es el que responde a una tradicin mas antigua
y es el menos afectado por el lenguaje litrgico, los elementos ms originales
seran: a) una cena de despedida en que Jess anuncia la inminencia del final de
su vida de predicador y anunciador del Reino de Dios; b) una cierta esperanza
escatolgica en continuidad con lo que ha sido su predicacin del Reino y su
relacin con el Padre; c) la referencia a su cuerpo y a su sangre como alimentos
nuevos de la alianza de Dios con el hombre; d) un profundo sentido sacrificial de
toda su vida entregada a los dems.

Que esto ofrezca suficiente base para que una tradicin, muy primitiva, viera en
los sucesos de la cena y de la crucifixin un claro sentido soteriolgico y
expiatorio, no permite concluir que Jess apreciara su muerte en los mismos
trminos.

b) Los ttulos trascendentes de Jess.

En los diferentes enfrentamientos de Jess con sus enemigos con ocasin de su


enjuiciamiento, los evangelistas proponen una serie de ttulos, que mostraran
cmo el propio Jess teologizaba creyentemente lo que estaba ocurriendo, sobre
todo con ocasin del interrogatorio del Sumo Sacerdote. Le pregunta, en efecto,
si es el Mesas, el Hijo del Bendito. Jess acepta estos ttulos, pero los
reinterpreta desde el ttulo de Hijo del Hombre, sentado a la derecha del Padre y
que ha de volver entre las nubes del cielo (Mc 14, 61-62). El sentido de la
pregunta no hace referencia a una presunta divinidad de Jess, que caa
completamente fuera del horizonte mental del Sumo Sacerdote; significaba tan
slo una pregunta por su carcter de rey mesinico, que gozara de la total
proteccin de Yahv. Jess, por su parte, le responde con el salmo 110,1, referido
al rey mesinico y con Daniel 7,13 referido al Hijo del hombre; esto es, en
ninguno de los dos casos autoproclamara su divinidad sino que se limitara a
colocarse en la lnea de un nuevo mesianismo y anunciara la certeza de su
triunfo final y de su potestad de juicio definitivo.

Qu supondran, entonces para Jess estos ttulos de Hijo del hombre y de


Mesas en referencia al sentido de su muerte?

No tiene razn Bultmann, al rechazar tan rpidamente la conexin de este ttulo


con la vida histrica de Jess8 . Aunque se acepte que las profecas de la pasin,
tal como hoy se encuentran en el texto evanglico, son formulaciones de la
comunidad primitiva, no hay por qu negar la proyeccin escatolgica del Hijo
del hombre. Si se acepta un sentido escatolgico del Reino de Dios, no hay por
qu desechar la proyeccin escatolgica de Jess como Hijo del hombre en
funcin del Reino de Dios, aunque la plena identificacin de toda la carga
teolgica del Hijo del hombre con el Jess histrico slo se realizara en la
experiencia creyente de la comunidad primitiva. En la propia vida de Jess se dan
las bases de esa identificacin: Jess habra acentuado cmo su misin le iba
llevando al sufrimiento, a la oposicin y a la muerte habra proclamado tambin
el carcter definitivo del Reino de Dios y de su persona; habra anunciado que el
criterio definitivo del juicio es la relacin con su vida y con su persona (Lc 12,
8ss.), y, en este sentido, habra preanunciado una esperanza que la comunidad
primitiva habra clarificado tras la experiencia creyente de la resurreccin. Pero
esto no supone que Jess se haya concebido a s mismo como siervo de Yahv,
que cumple su misin mesinica mediante una muerte expiatoria. Aunque la
presencia de este ttulo llene los evangelios y remita a un estadio muy primitivo
de la redaccin9 , no debe olvidarse la resonancia teolgica diversa que han ido
poniendo en el Hijo del hombre las distintas comunidades. Las referencias
evanglicas al Hijo del hombre apuntan a una justificacin del paso del por qu le
matan al por qu muere, pero no permiten independizar la segunda pregunta de la
primera.

Algo parecido ha de decirse de la autoproclamacin como Mesas. La disposicin


del texto (Mc 14, 62 y paralelos) muestra que Jess no rechaza el ttulo, pero
muestra asimismo que l no lo toma en el contexto del mesianismo judo; por
otra parte, el mismo Jess desva el significado demasiado poltico hacia la
consideracin del Hijo del hombre. Pero esto no permite confundir la mesio-loga
del Nuevo Testamento en su sentido judaico con la cristologa en su sentido
helnico. Es cierto que Jess intent purificar el mesianismo politizado,
entendido como una toma del poder en la linea de una concepcin teocrtica,
pero de ah no se sigue que se haya entendido a s mismo como Cristo-Seor, que
poco tiene que ver con la historia material de los hombres.

No puede interpretarse el Heilsbringer, el salvador, como alguien que tan slo


aporta una salvacin individual y espiritualizada. Moltmann lo ha resaltado con
razn, as como lo han hecho con insistencia los telogos de la liberacin. Una
lectura objetiva de la vida y, sobre todo, de la pasin de Jess no deja lugar a
dudas, sobre todo si se subraya que se trata de relatos posteriores -mucho ms
historizados- a algunos de los textos paulinos. Qu inters pudo tener la
comunidad postpascual al mostrar tan numerosos y precisos rasgos histrico-
sociales, una vez que estaba en posesin del Jess resucitado y exaltado? No otro
sino el de mostrar la conexin real entre el Cristo de la fe con el Jess de la
historia.

4. A Jess le mataron por la vida que llev y por la misin que cumpli

Podemos ahora aproximarnos a la respuesta de nuestra pregunta. Circunscritos a


lo que sucedi al Jess histrico y, por tanto, dejando slo metdicamente de lado
el resto del Nuevo Testamento y las formulaciones ulteriores de la Iglesia,
podemos decir que el por qu muri Jess no se explica con independencia del
por qu le mataron; ms an, la prioridad histrica ha de buscarse en el por qu le
mataron. A Jess le mataron por la vida que llev y por la misin que cumpli.
Sobre este por qu de su muerte puede plantearse el para qu de su muerte. Si
desde un punto de vista teolgico-histrico puede decirse que Jess muri por
nuestros pecados y para la salvacin de los hombres, desde un punto de vista
histrico-teolgico ha de sostenerse que lo mataron por la vida que llev. La
historia de la salvacin no es ajena nunca a la salvacin en la historia. No fue
ocasional que la vida de Jess fuera como fue; no fue tampoco ocasional que esa
vida le llevara a la muerte que tuvo. La lucha por el Reino de Dios supona
necesariamente una lucha en favor del hombre injustamente oprimido; esta lucha
le llev al enfrentamiento con los responsables de esa opresin. Por eso muri y
en esa muerte les venci.

5. Conclusiones principales

a) Jess no fue muerto por confusin de sus enemigos. Ni los judos ni los
romanos se confundieron, pues la accin de Jess, pretendiendo ser
primariamente un anuncio del Reino de Dios, era necesariamente una amenaza
contra el orden social establecido, en cuanto estaba estructurado sobre
fundamentos opuestos a los del Reino de Dios.

b) Esta conexin se funda en una necesidad histrica. Jess no predica un Reino


de Dios abstracto o puramente transterreno sino un Reino concreto, que es la
contradiccin de un mundo estructurado por el poder del pecado; un poder que va
ms all del corazn del hombre y se convierte en pecado histrico y estructural.
En estas condiciones histricas la contradiccin es inevitable y la muerte de Jess
se constituye en necesidad histrica.

c) La comunidad post-pascual, aun tras la experiencia creyente de la resurreccin


y de la divinidad de Jess consider imprescindible no dejar anulado el Jess
histrico sino que le dio mxima importancia para mostrar cmo la experiencia
creyente est ligada necesariamente al proseguimiento de lo que fue la vida de
Jess, muerto y crucificado por lo que representaba como oposicin al mundo de
su tiempo.

d) Slo en el proseguimiento esperanzado de esa vida de Jess, se hace posible


una fe verdadera, que testifique la fuerza nueva de la resurreccin. Porque Jess
ha resucitado como Seor, ha quedado confirmada la validez salvfica de su vida;
pero al mismo tiempo, por la relacin de su vida con su resurreccin ha quedado
mostrado cul es el camino histrico de la fe y de la resurreccin.

e) La conmemoracin de la muerte de Jess hasta que vuelva no se realiza


adecuadamente en una celebracin cultual y mistrica ni en una vivencia interior
de la fe, sino que ha de ser tambin la celebracin creyente de una vida que sigue
los pasos de quien fue muerto violentamente por quienes no aceptan los caminos
de Dios, tal como han sido revelados en Jess

f) La separacin en la vida de la Iglesia y de los cristianos del por qu muere


Jess y del por qu le matan, no est justificada. Es una disyuncin que reduce la
fe a una pura evasin o reduce la accin a una pura praxis histrica. La praxis
verdadera, la plena historicidad, est en la unidad de ambos aspectos, aunque esa
unidad se presente a veces con la misma oscuridad, que se hizo presente en la
vida del Jess histrico.

g) No puede olvidarse que si la vida de Jess hubiera terminado definitivamente


en la cruz, nosotros estaramos en la misma oscuridad que su muerte produjo
entre sus discpulos. El que su vida no pudo terminar en la cruz muestra
retroactivamente la plenitud que esa vida encerraba y da la base firme para que la
comunidad creyente actualizara las posibilidades reales que esa vida tuvo. Jess
fue y se proclam el verdadero templo de Dios, el lugar definitivo de la presencia
de Dios entre los hombres y del acceso de los hombres a Dios. Por eso muri y
por eso nos dio la vida nueva.

Notas:

1 RAHNER y W. THSSING, Christologie systematisch und exegetisch. Freiburg


1972, pp. 27 y 33.
2 I. ELLACURIA, Teologa poltica, San Salvador, 1973; traduccin inglesa: Freedom
made flesh, New York, 1976.
3 P. BENOIT, M. BOISMARD, Synopse des quatre vangiles, Pars, 1972, pp. 390ss.
4 l.c., 428 ss.
5 Dejamos de lado, a pesar de su gran importancia para nuestro propsito, el problema
del texto largo y del texto corto de Lucas. Cfr. P. BENOIT, Exegese et theologie, Paris,
1961, I, pp. 163-203 y J. JEREMIAS, Die AbendmaHlsworte Jesu, Goettingen, 1960, pp.
133-135.
6 Cfr. BOISMARD, l.c., pp. 381 SS.; Jeremas, l.c., pp. 153 ss.
7 Cfr. BOISMARD, l.c.
8 R. BULTMANN, Theologie des neuen Testaments, Tbingen, 1968, p. 31 ss.
9 F. HANN, Christologische Hoheitstitel, Goettingen, 1966, p. 13 ss.

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