SEGUNDA ANTOLOGA DE POESA ESPAOLA (s.
XX)
2 DE BACHILLERATO INS VENTURA GASSOL
CURSO 2016-2017
Segunda antologa de poesa espaola s. XX
17. Rubn Daro, Cancin de otoo en primavera, de Cantos de vida y
esperanza (1905).
A Gregorio Martnez Sierra
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Juventud, divino tesoro, Cuando quiero llorar, no lloro...
ya te vas para no volver! y a veces lloro sin querer...
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer... Otra juzg que era mi boca
el estuche de su pasin;
Plural ha sido la celeste y que me roera, loca,
historia de mi corazn. con sus dientes el corazn.
Era una dulce nia, en este
mundo de duelo y de afliccin. Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
Miraba como el alba pura; mientras eran abrazo y beso
sonrea como una flor. sntesis de la eternidad;
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor. y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edn,
Yo era tmido como un nio. sin pensar que la Primavera
Ella, naturalmente, fue, y la carne acaban tambin...
para mi amor hecho de armio,
Herodas y Salom... Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Juventud, divino tesoro, Cuando quiero llorar, no lloro...
ya te vas para no volver! y a veces lloro sin querer.
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer... Y las dems! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
Y ms consoladora y ms si no pretextos de mis rimas
halagadora y expresiva, fantasmas de mi corazn.
la otra fue ms sensitiva
cual no pens encontrar jams. En vano busqu a la princesa
que estaba triste de esperar.
Pues a su continua ternura La vida es dura. Amarga y pesa.
una pasin violenta una. Ya no hay princesa que cantar!
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolva... Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
En sus brazos tom mi ensueo con el cabello gris, me acerco
y lo arrull como a un beb... a los rosales del jardn...
Y te mat, triste y pequeo,
falto de luz, falto de fe... Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Juventud, divino tesoro, Cuando quiero llorar, no lloro...
te fuiste para no volver! y a veces lloro sin querer...
Mas es ma el Alba de oro!
Segunda antologa de poesa espaola s. XX
18. Antonio Machado, Fue una clara tarde, triste y soolienta, de Soledades
(1907).
Fue una clara tarde, triste y soolienta lo mismo que ahora. Recuerdas,
tarde de verano. La hiedra asomaba hermano?...
al muro del parque, negra y polvorienta... Fue esta misma lenta tarde de verano.
La fuente sonaba. No s qu me dice tu copla riente
Rechin en la vieja cancela mi llave; de ensueos lejanos, hermana la fuente.
con agrio ruido abriose la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave Yo s que tu claro cristal de alegra
golpe el silencio de la tarde muerta. ya supo del rbol la fruta bermeja;
En el solitario parque, la sonora yo s que es lejana la amargura ma
copia borbollante del agua cantora que suea en la tarde de verano vieja.
me gui a la fuente. La fuente verta
sobre el blanco mrmol su monotona. Yo s que tus bellos espejos cantores
copiaron antiguos delirios de amores:
La fuente cantaba: Te recuerda, mas cuntame, fuente de lengua
hermano, encantada,
un sueo lejano mi canto presente? cuntame mi alegre leyenda olvidada.
Fue una tarde lenta del lento verano.
Yo no s leyendas de antigua alegra,
Respond a la fuente: sino historias viejas de melancola.
No recuerdo, hermana,
mas s que tu copla presente es lejana. Fue una clara tarde del lento verano...
T venas solo con tu pena, hermano;
Fue esta misma tarde: mi cristal verta tus labios besaron mi linfa serena,
como hoy sobre el mrmol su monotona. y en la clara tarde dijeron tu pena.
Recuerdas, hermano?... Los mirtos
talares, Dijeron tu pena tus labios que ardan;
que ves, sombreaban los claros cantares la sed que ahora tienen, entonces tenan.
que escuchas. Del rubio color de la llama,
el fruto maduro penda en la rama, Adis para siempre la fuente sonora,
del parque dormido eterna cantora.
Adis para siempre; tu monotona,
fuente, es ms amarga que la pena ma.
Rechin en la vieja cancela mi llave;
con agrio rudo abriose la puerta
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
son en el silencio de la tarde muerta.
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19. Juan Ramn Jimnez, En ti ests todo, mar, y sin embargo (Soledad),
de Diario de un hombre recin casado (1916).
En ti ests todo, mar, y sin embargo, 4
qu sin ti ests, qu solo,
qu lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besndose, apartndose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres t, y no lo sabes,
tu corazn te late, y no lo siente...
Qu plenitud de soledad, mar solo!
20. Pedro Salinas, Para vivir no quiero, de La voz a ti debida (1933).
Para vivir no quiero slo t sers t.
islas, palacios, torres. Y cuando me preguntes
Qu alegra ms alta: quin es el que te llama,
vivir en los pronombres! el que te quiere suya,
Qutate ya los trajes, enterrar los nombres,
las seas, los retratos; los rtulos, la historia.
yo no te quiero as, Ir rompiendo todo
disfrazada de otra, lo que encima me echaron
hija siempre de algo. desde antes de nacer.
Te quiero pura, libre, Y vuelto ya al annimo
irreductible: t. eterno del desnudo,
S que cuando te llame de la piedra, del mundo,
entre todas las gentes te dir:
del mundo, Yo te quiero, soy yo.
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21. Jorge Guilln, Ms all, de Cntico (1928).
I Ser, nada ms. Y basta.
(El alma vuelve al cuerpo, Es la absoluta dicha.
Se dirige a los ojos Con la esencia en silencio
Y choca.) Luz! Me invade Tanto se identifica!
Todo mi ser. Asombro! Al azar de las suertes
Intacto an, enorme, nicas de un tropel
Rodea el tiempo. Ruidos Surgir entre los siglos,
Irrumpen. Cmo saltan Alzarse con el ser,
Sobre los amarillos Y a la fuerza fundirse
Todava no agudos Con la sonoridad
De un sol hecho ternura Ms tenaz: s, s, s,
De rayo alboreado La palabra del mar!
Para estancia difusa, Todo me comunica,
Mientras van presentndose Vencedor, hecho mundo,
Todas las consistencias Su bro para ser
Que al disponerse en cosas De veras real, en triunfo.
Me limitan, me centran! Soy, ms, estoy. Respiro.
Hubo un caos? Muy lejos Lo profundo es el aire.
De su origen, me brinda La realidad me inventa,
Por entre hervor de luz Soy su leyenda. Salve!
Frescura en chispas. Da!
Una seguridad II
Se extiende, cunde, manda. No, no sueo. Vigor
El esplendor aploma De creacin concluye
La insinuada maana. Su paraso aqu:
Y la maana pesa. Penumbra de costumbre.
Vibra sobre mis ojos, Y este ser implacable
Que volvern a ver Que se me impone ahora
Lo extraordinario: todo De nuevo vaguedad
Todo est concentrado Resolvindose en forma
Por siglos de raz De variacin de almohada,
Dentro de este minuto, En blancura de lienzo,
Eterno y para m. En mano sobre embozo,
Y sobre los instantes En el tendido cuerpo
Que pasan de continuo Que aun recuerda los astros
Voy salvando el presente, Y gravita bieneste
Eternidad en vilo. Ser, avasallador
Corre la sangre, corre Universal, mantiene
Con fatal avidez. Tambin su plenitud
A ciegas acumulo En lo desconocido:
Destino: quiero ser. Un ms all de veras
Misterioso, realsimo.
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Dora y sombrea claros
Caldeados, la calma
Soleada vara.
Sonredo va el sol
III Por la pared. Gozosa
Ms all! Cerca a veces, Materia en relacin!
Muy cerca, familiar, Y mientras, lo ms alto
Alude a unos enigmas. De un rbol hoja a hoja 6
Corteses, ah estn. Solendose, dndose,
Irreductibles, pero Todo actualme enamora.
Largos, anchos, profundos Errante en el verdor
Enigmas en sus masas. Un aroma presiento,
Yo los toco, los uso. Que me regalar
Hacia mi compaa Su calidad: lo ajeno,
La habitacin converge. Lo tan ajeno que es
Qu de objetos! Nombrados, All en s mismo. Ddiva
Se allanan a la mente. De un mundo irremplazable:
Enigmas son y aqu Voy por l a mi alma.
Viven para mi ayuda,
Amables a travs VI
De cuanto me circunda Oh perfeccin! Dependo
Sin cesar con la mvil Del total ms all,
Trabazn de unos vnculos Dependo de las cosas.
Que a cada instante acaban Sin m son y ya estn
De cerrar su equilibrio. Proponiendo un volumen
Que ni so la mano,
IV Feliz de resolver
El balcn, los cristales Una sorpresa en acto.
Unos libros, la mesa. Dependo en alegra
Nada ms esto? S, De un cristal de balcn,
Maravillas concretas. De ese lustre que ofrece
Material jubiloso Lo ansiado a su raptor,
Convierte en superficie Y es de versa atmsfera
Manifiesta a sus tomos Difana de maana,
Tristes, siempre invisibles. Un alero, tejados,
Y por un filo escueto, Nubes all, distancias.
O al amor de una curva Suena a orilla de abril
De asa, la energa El gorjeo esparcido
De plenitud acta. Por entre los follajes
Energa o su gloria! Frgiles. (Hay roco.)
En mi dominio luce Pero el da al fin logra
Sin escndalo dentro Rotundidad humana
De lo tan real, hoy lunes. De edificio y refiere
Y gil, humildemente, Su fuerza a mi morada.
La materia apercibe As va concertando,
Gracia de Aparicin: Trayendo lejanas,
Esto es cal, esto es mimbre. Que al balcn por pases
De trnsito deslizan.
V Nunca separa el cielo.
Por aquella pared, Ese cielo de ahora
Bajo un sol que derrama, Aire que yo respiro
De planeta me colma.
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Dnde extraviarse, dnde? De alzarse a lo infinito:
Mi centro es este punto: Un rayo de sol ms.
Cualquiera. Tan plenario Es la luz del primer
Siempre me aguarda el mundo! Vergel, y aun fulge aqu
Una tranquilidad Ante mi faz, sobre esa
De afirmacin constante Flor, en ese jardn.
Gua a todos los seres, Y con empuje henchido
Que entre tantos enlaces De afluencias amantes 7
Universales, presos Se ahnca en el sagrado
En la jornada eterna, Presente perdurable.
Bajo el sol quieren ser Toda la creacin,
Y a su querer se entregan Que al despertarse un hombre
Fatalmente, dichosos Lanza la soledad
Con la tierra y el mar A un tumulto de acordes.
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22. Gerardo Diego, Ro Duero, ro Duero, de Soria (1923).
ROMANCE DEL DUERO
Ro Duero, ro Duero,
nadie a acompaarte baja;
nadie se detiene a or
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
T, viejo Duero, sonres
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los lamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quin pudiera como t,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Ro Duero, ro Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.
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23. Federico Garca Lorca, Ciudad sin sueo, de Poeta en Nueva York (1929-30,
publicado en 1940).
CIUDAD SIN SUEO (NOCTURNO DEL BROOKLYN BRIDGE)
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabaas.
Vendrn las iguanas vivas a morder a los hombres que no suean
y el que huye con el corazn roto encontrar por las esquinas
al increble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio ms lejano
que se queja tres aos
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el nio que enterraron esta maana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueo la vida. Alerta! Alerta! Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra hmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueo:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraa de venas recientes
y al que le duele su dolor le doler sin descanso
y al que teme la muerte la llevar sobre sus hombros.
Un da
los caballos vivirn en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarn los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro da
veremos la resurreccin de las mariposas disecadas
y an andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
Alerta! Alerta! Alerta!
A los que guardan todava huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invencin del puente
o a aquel muerto que ya no tiene ms que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
Segunda antologa de poesa espaola s. XX
donde espera la mano momificada del nio
y la piel del camello se eriza con un violento escalofro azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
azotadlo, hijos mos, azotadlo!
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Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
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24. Dmaso Alonso, Madrid es una ciudad de ms de un milln de cadveres (segn
las ltimas estadsticas), de Hijos de la ira (1944).
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INSOMNIO
Madrid es una ciudad de ms de un milln de cadveres (segn las ltimas estadsticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 aos que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracn, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracn, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche
de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntndole a Dios, preguntndole por qu se pudre lentamente mi alma,
por qu se pudren ms de un milln de cadveres en esta ciudad de Madrid,
por qu mil millones de cadveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, qu huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
Temes que se te sequen los grandes rosales del da, las tristes azucenas letales de tus noches?
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25. Vicente Alexandre, Se queran, de La destruccin o el amor (1935).
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Se queran.
Sufran por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, sangre dnde?
Se queran en un lecho navo, mitad noche, mitad luz.
Se queran como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melanclicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.
Se queran de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.
Se queran de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.
Se queran de da, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se queran de da, sobre el mar, bajo el cielo.
Medioda perfecto, se queran tan ntimos,
mar altsimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.
Amando. Se queran como la luna lcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin msica.
Da, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navo, lecho, pluma, cristal,
metal, msica, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se queran, sabedlo.
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26. Rafael Alberti, Si mi voz muriera en tierra, de Marinero en tierra (1924).
Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
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Llevadla al nivel del mar
y nombardla capitana
de un blanco bajel de guerra.
Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazn un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!
27. Luis Cernuda, Donde habite el olvido, de Donde habite el olvido (1933).
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo slo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran regin donde el amor, ngel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia area mientras crece el tormento.
All donde termine este afn que exige un dueo a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin ms horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean ms que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de nio.
All, all lejos;
Donde habite el olvido.
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28. Miguel Hernndez, Yo quiero ser, llorando, el hortelano, de El rayo que no
cesa (1936).
ELEGA
(En Orihuela, su pueblo y el mo, se 14
me ha muerto como del rayo Ramn Sij,
con quien tanto quera).
Yo quiero ser llorando el hortelano En mis manos levanto una tormenta
de la tierra que ocupas y estercolas, de piedras, rayos y hachas estridentes
compaero del alma, tan temprano. sedienta de catstrofes y hambrienta.
Alimentando lluvias, caracolas Quiero escarbar la tierra con los dientes,
y rganos mi dolor sin instrumento, quiero apartar la tierra parte a parte
a las desalentadas amapolas a dentelladas secas y calientes.
dar tu corazn por alimento. Quiero minar la tierra hasta encontrarte
Tanto dolor se agrupa en mi costado, y besarte la noble calavera
que por doler me duele hasta el aliento. y desamordazarte y regresarte.
Un manotazo duro, un golpe helado, Volvers a mi huerto y a mi higuera:
un hachazo invisible y homicida, por los altos andamios de las flores
un empujn brutal te ha derribado. pajarear tu alma colmenera
No hay extensin ms grande que mi herida, de angelicales ceras y labores.
lloro mi desventura y sus conjuntos Volvers al arrullo de las rejas
y siento ms tu muerte que mi vida. de los enamorados labradores.
Ando sobre rastrojos de difuntos, Alegrars la sombra de mis cejas,
y sin calor de nadie y sin consuelo y tu sangre se irn a cada lado
voy de mi corazn a mis asuntos. disputando tu novia y las abejas.
Temprano levant la muerte el vuelo, Tu corazn, ya terciopelo ajado,
temprano madrug la madrugada, llama a un campo de almendras espumosas
temprano ests rodando por el suelo. mi avariciosa voz de enamorado.
No perdono a la muerte enamorada, A las aladas almas de las rosas
no perdono a la vida desatenta, del almendro de nata te requiero,
no perdono a la tierra ni a la nada. que tenemos que hablar de muchas cosas,
compaero del alma, compaero.
Segunda antologa de poesa espaola s. XX
29. Blas de Otero, En el principio, de Pido la paz y la palabra (1955).
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tir, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra. 15
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mo y result ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abr los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abr los labios hasta desgarrrmelos,
me queda la palabra.
30. ngel Gonzlez, Para que yo me llame ngel Gonzlez, de spero mundo, (1956).
Para que yo me llame ngel Gonzlez,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
frtiles vientres de mujer, y cuerpos
y ms cuerpos, fundindose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrndose
al ltimo suspiro de los muertos,
yo no soy ms que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aqu,
tan slo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningn sitio. El xito
Segunda antologa de poesa espaola s. XX
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...
16
Segunda antologa de poesa espaola s. XX
31. Jos ngel Valente, Si no creamos un objeto metlico, de El inocente (1970).
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Si no creamos un objeto metlico
de dura luz,
de pas aceradas,
de crueles aristas,
donde el que va a vendernos, a entregarnos, de pronto
reconozca o presencie metdica su muerte,
cundo podremos poseer la tierra.
Si no depositamos a mitad del vaco
un objeto incruento
capaz de percutir en la noche terrible
como un pecho sin trmino,
si en el centro no est invulnerable el odio,
tentacular, enorme, no visible,
cundo podremos poseer la tierra.
Y si no est el amor petrificado
y el residuo del fuego no pudiera
hacerlo arder, correr desde s mismo, como semen o lava,
para arrasar el mundo, para entrar como un ro
de vengativa luz por las puertas vedadas,
cundo podremos poseer la tierra.
Si no creamos un objeto duro,
resistente a la vista, odioso al tacto,
incmodo al oficio del injusto,
interpuesto entre el llanto y la palabra,
entre el brazo del ngel y el cuerpo de la vctima,
entre el hombre y su rostro,
entre el nombre del dios y su vaco,
entre el filo y la espada,
entre la muerte y su naciente sombra,
cundo podremos poseer la tierra,
cundo podremos poseer la tierra,
cundo podremos poseer la tierra.
Segunda antologa de poesa espaola s. XX
32. Jaime Gil de Biedma, Intento formular mi experiencia de la guerra, de
Moralidades (1966).
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Fueron, posiblemente,
los aos ms felices de mi vida,
y no es extrao, puesto que a fin de cuentas
no tena los diez.
Las vctimas ms tristes de la guerra
los nios son, se dice.
Pero tambin es cierto que es una bestia el nio:
si le perdona la brutalidad
de los mayores, l sabe aprovecharla,
y vive ms que nadie
en ese mundo demasiado simple,
tan parecido al suyo.
Para empezar, la guerra
fue conocer los pramos con viento,
los sembrados de la gleba pegajosa
y las tardes de azul, celestes y algo plidas,
con los montes de nieve sonrosada a lo lejos.
Mi amor por los inviernos mesetarios
es una consecuencia
de que hubiera en Espaa casi un milln de muertos.
A salvo en los pinares
pinares de la Mesa, del Rosal, del Jinete!,
el miedo y el desorden de los primeros das
eran algo borroso, con esa irrealidad
de los momentos demasiado intensos.
Y Segovia pareca remota
como una gran ciudad, era ya casi el frente
o por lo menos un lugar heroico,
un sitio con tenientes de brazo en cabestrillo
que nos emocionaba visitar: la guerra
quedaba all al alcance de los nios
tal y como la quieren.
A la vuelta, de paso por el puente Us,
Buscbamos la arena removida
donde estaban, sabamos, los cinco fusilados.
Luego la lluvia los desenterr,
los llev ro abajo.
Y me acuerdo tambin de una excursin a Coca,
que era el pueblo de al lado,
una de esas maanas que la luz
es an, en el aire, relmpago de escarcha,
pero que anuncian ya la primavera.
Segunda antologa de poesa espaola s. XX
Mi recuerdo, muy vago, es slo una imagen,
una ntida imagen de felicidad
retratada en un cielo
hacia el que se apresura la torre de la iglesia,
entre un nimbo de pjaros.
Y los mismos discursos, los gritos, las canciones
eran como promesas de otro tiempo mejor,
nos ofrecan 19
un billete de vuelta al siglo diez y seis.
Qu nio no lo acepta?
Cuando por fin volvimos
a Barcelona, me qued unos meses
la nostalgia de aquello, pero me acostumbr.
Quien me conoce ahora
dir que mi experiencia
nada tiene que ver con mis ideas,
y es verdad. Mis ideas de la guerra cambiaron
despus, mucho despus
de que hubiera empezado la postguerra.