CAUSA Nro.
9493- SALA IV
CERUTI, Héctor Mario s/recurso
de casación
Cámara Nacional de Casación Penal
Año del Bicentenario
MATÍAS SEBASTIÁN KALLIS
Secretario de Cámara
REGISTRO NRO. 13.204 .4
//la ciudad de Buenos Aires, a los días 9 del mes de
abril del año dos mil diez, se reúne la Sala IV de la Cámara Nacional de
Casación Penal, integrada por el doctor Mariano González Palazzo como
Presidente y los doctores Gustavo M. Hornos y Augusto M. Diez Ojeda
como Vocales, asistidos por el Secretario de Cámara, Matías Sebastián
Kallis, a los efectos de resolver el recurso de casación interpuesto a fs.
555/565 vta. de la presente causa Nro. 9493 del registro de esta Sala,
caratulada: "Ceruti, Héctor Mario s/recurso de casación"; de la que
RESULTA:
I. Que los jueces a cargo del Tribunal Oral en lo Penal
Económico Nro. 2, en la causa Nro. 1309 de su registro, por resolución de
fecha 30 de mayo de 2008, dispuso a fs. 544/550 vta., en cuanto aquí
interesa, “1) SUSPENDER el presente juicio promovido contra Héctor
Mario CERUTI en orden a los hechos descriptos en el requerimiento fiscal
de elevación a juicio (art. 302 inc. 3/ del Código Penal) por el término de
UN (1) AÑO. SIN COSTAS.
2) IMPONER al nombrado durante tal lapso las siguientes
reglas de conducta:
a) FIJAR residencia y someterse a la supervisión del Patronato
de Liberados de la Provincia de Buenos Aires.
b) REALIZAR mensualmente la donación de cien (100) pañales
para adultos al “Hospital de Niños”, Dr. Ricardo GUTIERREZ.
3) DECLARAR razonable la suma de doscientos pesos ($200)
ofrecida en concepto de reparación del daño”.
II. Que, contra esa decisión, el Sr. Fiscal General, Dr. Mariano
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H. Borinsky, articuló el consecuente recurso de casación, que fue concedido
a fs. 567/568 y mantenido a fs. 577.
III. Que el recurrente encarriló sus agravios en orden al primer
motivo previsto en el art. 456 del C.P.P.N. -errónea aplicación de la ley
sustantiva-, en la ausencia de fundamentación y en la doctrina de
arbitrariedad de sentencias.
Indicó que la resolución impugnada es inválida ya que afecta
en forma directa la intervención y participación del Ministerio Público
Fiscal en los actos en que esta resulta obligatoria, pronunciándose mediante
argumentos aparentes.
Así, afirmó que “[e]l consentimiento fiscal, para otorgar el
beneficio de suspensión de juicio a prueba, abarca tanto los requisitos de
procedibilidad positivos como los negativos (art. 76 bis del CP), dicho
consentimiento no puede ser remplazado por el tribunal”.
De esta forma, mencionó que en caso que tribunal esté en
desacuerdo con alguno de los requisitos que el acusador público considera
indispensables para que proceda la suspensión del ejercicio de la acción,
rechace la misma y no parcialice el dictamen efectuado por esa parte.
En ese sentido, explicó el recurrente que prestó conformidad
para el otorgamiento de la probation en favor de Ceruti, pero que ello se
encontraba supeditado a que el imputado cumpliera con su ofrecimiento de
autoinhabilitarse para ser titular de cuentas corrientes bancarias o girar en
la de terceros.
Consecuentemente, el tribunal no podía aplicar el
consentimiento fiscal para un supuesto distinto, “no sólo por ser contra
legem sino porque en definitiva implica el ejercicio de la acción penal
pública por parte de un órgano que no es titular de la misma”.
Tachó de incorrecta la interpretación efectuada por los
judicantes del precedente “Acosta” del Máximo Tribunal, pues éste no se
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CERUTI, Héctor Mario s/recurso
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expidió respecto de todos los requisitos de procedibilidad del instituto de
marras, particularmente, sobre la inhabilitación.
En orden al inciso primero del art. 456 del CPPN, indicó que
los jueces a quo se apartaron de la regla que establece el carácter vinculante
del pronunciamiento fiscal, haciendo caso omiso a que la conformidad
prestada se encontraba, como dijo, condicionada a la estricta aplicación de
los requisitos estimados indipensables.
Así, efectuaron una errónea interpretación del art. 76 bis in fine
del CP, en cuanto establece que “tampoco procederá la suspensión del
juicio a prueba respecto de los delitos reprimidos con pena de
inhabilitación”.
Por último, hizo reserva de caso federal.
IV. Que no habiendo concurrido las partes a la audiencia
prevista por el art. 468 del C.P.P.N., de lo que se dejó constancia en autos,
quedaron las actuaciones en estado de ser resueltas. Efectuado el sorteo de
ley para que los señores jueces emitan su voto, resultó el siguiente orden
sucesivo de votación: doctores Mariano González Palazzo, Gustavo M.
Hornos y Augusto M. Diez Ojeda.
El señor juez Mariano González Palazzo dijo:
I.- Llegado el momento de expedirme sobre la cuestión traída
a estudio, particularmente, acerca de la procedencia o no del instituto de la
suspensión del juicio a prueba, como he señalado en los precedentes
“CLAURE, Lucía Isabel s/recurso de casación” (Causa Nro. 9839, rta. el
28/11/08, Reg. Nro. 11.076, de esta Sala IV), “VARAS PRADO, Víctor
Manuel s/recurso de casación” (Causa Nro. 9873, rta. el 12/12/08, Reg.
Nro. 11.126, de esta Sala IV), “BARREIRO, Horacio Alberto s/recurso de
casación” (Causa Nro. 9930, rta. el 22/12/08, Reg. Nro. 11.176, de esta Sala
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IV) y “GÓMEZ, Juan Antonio s/recurso de casación” (Causa Nro. 10.769,
rta. el 22/06/09, Reg. Nro. 11.936, de esta Sala IV), entre muchos otros, no
puedo analizar el concreto agravio introducido por el impugnante, sin antes
repasar, brevemente, las aristas del instituto que se incorporara a nuestro
cuerpo de leyes a través de la ley 24.316.
En esta inteligencia, entiendo que a la hora de evaluar su
pertinencia, no puede realizarse un análisis estricto y acotado sobre su
procedencia, pues ello contrariaría el espíritu de su implementación como
remedio procesal en nuestro derecho.
En efecto, teniendo en cuenta que dentro de la tarea que nos
compete a los magistrados se encuentra la de “comprender” al justiciable,
es decir, analizar desde nuestro lugar los motivos y razones que lo llevaron
a ingresar dentro de un proceso criminal, debemos tener particularmente en
cuenta las medidas y herramientas que se encuentran a nuestro alcance para
intentar evitar que se produzcan los efectos negativos que implica esa
“judicialización”, los cuales, como es sabido, consisten en la
estigmatización y exclusión del individuo.
Al respecto, se ha dicho que “El instituto de la probation tiene
como fin no estigmatizar a la persona y tratar de que esta persona
recapacite sobre el hecho que cometió..., que repare el daño causado a la
sociedad y que se sienta útil...” (Marquez, Armando - Cabral, Alejandro;
“La probation como medio alternativo de solución de conflictos”; en
Suspensión del juicio a prueba. Perspectivas y Experiencias de la probation
en la Argentina y en el mundo; Pedro R. David - Brian Fellowes; 1era
edición, Buenos Aires, Depalma, 2003, p. 132).
En la misma línea, el Prof. Cafferatta Nores agregó que la
institución tiene una variedad de objetivos, ya que “...tiende a dar una
salida al atosigamiento de los Tribunales, permitiendo que la energía se
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utilice para las causas más graves y de mayor trascendencia; busca que el
sistema de selección sea racional; procura resocializar a los imputados
evitando la estigmatización de la condena que lejos de ayudar, obstaculiza,
a la vez que tiende a respetar sus derechos y garantías; y apunta a dar una
solución a la víctima...” (Cafferatta Nores, José; “La reforma de la ley de
suspensión del juicio a prueba” en Suspensión del juicio a prueba... pág.
138)
Por ello, en el convencimiento que la finalidad del proceso
penal no es la mera aplicación de una pena, sino, antes bien, la
resocialización e integración del sujeto dentro del sistema, entiendo que si
este fin puede realizarse de alguna manera alternativa, evitando así los
perjuicios mencionados precedentemente, ésta debe ser bienvenida.
Es que desde una visión teleológica de las normas se advierte
que éstas deben adaptarse a las realidades sociales, pues “sin la adecuación
de las normas jurídicas y su aplicación a través de la justicia a las nuevas
realidades, se deterioran sustancialmente el ambiente requerido para las
inversiones, la certidumbre de las transacciones económicas e incluso la
situación de los más pobres, agravada por una regulación inadecuada de
sus relaciones laborales o familiares, entre otras” (Iglesias, Enrique;
Palabras de clausura del Seminario “La Justicia y el Caribe en la década de
los '90", San José, Costa Rica, 6 de febrero de 1993).
Tampoco debe soslayarse que la implementación de la llamada
“probation” obedeció, entre otras circunstancias, a un crisis del sistema
penal. Ello, pues “los sistemas procesales y de los modelos de organización
judicial que han colapsado y que no están en condiciones de responder a
una conflictividad que es masiva y que además espera respuestas distintas;
la pena de prisión como regla no es la solución que muchas personas
esperan a su conflicto...” (Mendaña, Ricardo; “La probation como
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instrumento de política criminal: una visión del conflicto penal” en
Suspensión del juicio a prueba... pág. 57).
Las circunstancias antedichas me convencen en que, siempre
que las circunstancias del caso particular lo permitan, debe prevalecer un
criterio amplio respecto de la procedencia del instituto, a efectos de que los
fines que llevaron al legislador a implementarlo en nuestro ordenamiento,
no se vean vulnerados por la interposición de límites formales que la propia
ley no contempló.
II.- En este entendimiento, y abocado ya en el estudio de los
agravios presentados por el recurrente, habré de analizar si la concesión de
la suspensión del proceso a prueba seguido contra Héctor Mario Ceruti por
parte de los jueces del tribunal oral se encontró ajustada a derecho.
Y en este punto habré de discrepar con las consideraciones que
vertiera el Sr. Fiscal General en la pieza recursiva, pues entiendo que la
solicitud interpuesta por la defensa de Ceruti no puede considerarse
improcedente, tal como lo estimaron los integrantes del Tribunal Oral en lo
Penal Económico nro. 2 de la Capital Federal.
En efecto, de la compulsa del expediente se advierte que el
hecho por el cual se ha requerido la elevación a juicio respecto del
mencionado Ceruti fue encuadrado dentro de las previsiones del art. 302,
inc. 3, primer supuesto, del C.P., figura que tiene prevista pena de prisión
de un seis meses a cuatro años e inhabilitación especial de uno a cinco años.
No obstante, el Sr. fiscal de cámara prestó su conformidad para
la procedencia del instituto, afirmando que “...para sortear el escollo de la
inhabilitación, el imputado Ceruti ofreció auto inhabilitarse para librar
cheques por el plazo que fije el Tribunal”.
Sin perjuicio de ello, los judicantes suspendieron el presente
juicio seguido contra el aludido Ceruti, pero entre las reglas de conductas
que le impusieron no se aplicó la referida autoinhabilitación, extremo del
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cual se agravia el representante del Ministerio Público Fiscal.
Sobre el tópico, debo destacar que si bien en este caso el
acusador estatal no se opuso al otorgamiento de la probation, según él
entiende -aunque a mi criterio ello no surge tan patente del acta celebrada
en ocasión de la audiencia del art. 393 del CPPN como lo pretende-, ello se
encontraba supeditado a que Ceruti se autoinhabilitara. Así, consideró que
en caso de no haberse dipuesto esa circunstancia, su dictamen debía
entenderse en sentido contrario, es decir, oponiéndose a la concesión del
instituto.
De esta manera, ya he señalado en numerosas oportunidades
(vid precedente “Claure” citado, entre muchos otros) que si bienn la
oposición del Ministerio Público Fiscal en principio es vinculante para el
otorgamiento de la suspensión del juicio a prueba, lo cierto es que se
encuentra siempre sujeta al control de logicidad y fundamentación por parte
del órgano jurisdiccional, atento al deber que les compete de motivar las
conclusiones de sus dictámenes (art. 69 del ordenamiento ritual).
De esta forma, en atención a las razones vertidas recientemente
por el Máximo Tribunal en “Acosta, Alejandro Esteban s/ infracción art. 14,
primer párrafo de la ley 23.737" S.C.A. 2186, L.XL, rta. el 23/4/08, a la
hora de adoptar una decisión como la que nos ocupa, determinando la
validez de una interpretación “...debe tenerse en cuenta que la primera
fuente de exégesis de la ley es su letra (Fallos: 304: 1820; 314: 1849), a la
que no se le debe dar un sentido que ponga en pugna sus disposiciones,
sino el que las concilie y conduzca a una integral armonización de sus
preceptos (Fallos: 313:1149; 327:769). Este propósito no puede ser
obviado por los jueces con motivo de las posibles imperfecciones técnicas
en la redacción del texto legal, las que deben ser superadas en procura de
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una aplicación racional (Fallos: 306:940; 312: 802), cuidando que la
inteligencia que se le asigne no pueda llevar a la pérdida de un derecho
(Fallos: 310: 937; 312: 1484). Pero la observancia de estas reglas
generales no agota la tarea de interpretación de las normas penales, puesto
que el principio de legalidad (art.18 de la Constitución Nacional) exige
priorizar una exégesis restrictiva dentro del límite semántico del texto
legal, en consonancia con el principio político criminal que caracteriza al
derecho penal como la ultima ratio del ordenamiento jurídico, y con el
principio pro homine que impone priveligiar la interpretación legal que
más derechos acuerde al ser humano frente al poder estatal” (ver
considerando 6º).
En esta inteligencia, a la luz de las consideraciones que realicé
precedentemente, comparto que la postura tradicional de esta Cámara -en
cuanto a que la suspensión de juicio a prueba no procede cuando el delito
en cuestión tiene prevista pena de inhabilitación como principal, conjunta
o alternativa- impide que los recursos estatales se focalicen en la
prosecución de los delitos más graves y que se cumplan los plazos
razonables del proceso impuestos por el derecho internacional de los
Derechos Humanos y de la Constitución Nacional (del voto del Dr. Gustavo
M. Hornos en la causa nro. 8400, reg. 10.919.4, “Arnaldi, Mariano s/
recurso de casación”, rta. el 29/10/08 con cita de Eugenio Raúl Zaffaroni;
“Tratado de Derecho Penal”, Ediar, Bs. As. 2003, p. 970)
Por otra parte, también coincido plenamente con la
interpretación efectuada por mi distinguido colega en el precedente citado,
quien indicó que toda vez que el artículo 76 bis del C.P. establece en su
último párrafo que “Tampoco procederá la suspensión del juicio a prueba
respecto de los delitos reprimidos con pena de inhabilitación”, parecería
indicar que se trata de la inhabilitación como pena única; mientras que el
quinto párrafo del mentado artículo prevé en forma expresa la calidad
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conjunta o alternativa de la pena de multa respecto de la de prisión “Si el
delito o alguno de los delitos que integran el concurso estuviera reprimido
con pena de multa aplicable en forma conjunta o alternativa con la de
prisión, será condición, además, que se pague el mínimo de la multa
correspondiente”, aclaración que permitiría sustentar esta tesitura.
También debe tenerse en cuenta que en atención a la naturaleza
de la pena de inhabilitación, en los casos en que se encuentra prevista en
forma conjunta o alternativa, puede suplírsela a través de las reglas de
conducta.
Por estas razones, entiendo que al resolver la cuestión
correspondía otorgársele el beneficio a Héctor Mario Ceruti por los motivos
que expusieran los jueces a quo, contrariamente a lo planteado por el Sr.
Fiscal General, por lo tanto propongo al acuerdo se rechace el recurso de
casación interpuesto a fs. 555/565 vta. por esa parte, sin costas.
Así lo voto.
El señor juez Gustavo M. Hornos dijo:
Por coincidir sustancialmente con el voto que lidera el presente
acuerdo, adhiero a la solución allí propuesta.
El señor juez Augusto M. Diez Ojeda dijo:
Que adhiero a la solución propuesta por el colega que lidera el
acuerdo, expresando mi opinión en el sentido de que el texto legal, en
ninguno de sus términos, autoriza al representante del Ministerio Público
Fiscal a prestar un consentimiento condicionado, ya que, sin perjuicio de las
medidas que pueda proponer para el cumplimiento de las pautas de
conducta, la fijación de las mismas constituye una competencia exclusiva
del tribunal.
Así voto.-
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Por ello, en mérito del acuerdo que antecede, el Tribunal
RESUELVE:
RECHAZAR el recurso de casación interpuesto a fs. 555/565
vta. por el Fiscal General, Dr. Mariano H. Borinsky, sin costas (arts. 530 y
532 del C.P.P.N.).
Regístrese, notifíquese y, oportunamente, remítase la causa al
tribunal de origen, sirviendo la presente de muy atenta nota de envío. Se
deja constancia que el señor juez Mariano González Palazzo, participó de
la deliberación, pero no firma la presente por encontrarse en uso de licencia
(art. 109 del R. J. N.).
GUSTAVO M. HORNOS AUGUSTO M. DIEZ OJEDA
Ante mí:
MATÍAS SEBASTIÁN KALLIS
Secretario de Cámara
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