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El Ajedrez - Alejo Marcoff

El Ajedrez - spanish book about chess, strategies, games, very interesting look of the game.

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veer uagenenasuint innocence ALEJO MARCOFF EL AJEDREZ (DEL METODO PSICOLOGICO Y DE SU EVOLUCION) Cultivacion racional del ingenio y manera de aquilatar la calidad del contrincante Preparacién de celadas, ardides y es- tratagemas con el fin de desorientar al © jugador con- trario SEGUNDA EDICION Ilasteada con a7 diagramas Sarno AC HOAs Editorial Bauza Aribau, 275 Y *77 i BARCELONA f s punusnauuennusna anne ann BIBLIOTECA DEL AJEDRECISTA mee Titulos publicados Manual de Ajedrez de Enrique Delaire? En réstica: Ptas. 6 Los primeros pasos en Ajedrez (con el Reglamento oficial del juego) de Juan Rousell Parcy En réstica: Ptas. 3°50 Cémo no debe jugarse al Ajedrez de Eugenio Znosko-Borovsky En rastica: Ptas. 6 ALEJO MARCOFF EL AJEDREZ (DEL METODO PSICOLOGICO Y DE SU EVOLUCION) Prepaid ead, de cilaiay, | isl ea racional del ardides y estratagemas ingenio y manera de ea el fin de ao | aquilatar la calidad del al seca | contrincante. DIFERENTES FORMAS DE ATAQUE Y DE DEFENSA Segunda edicién ilustrada con 27 diagramas Editorial Bauzd Aribau, 175 y 177 BARCELONA ES PROPIEDAD Copyright 1933, by BARTOLOME BAUZA + Iradier, 5 A. - Barcelona ALLLLVLLLNgrgegeegeee ProLioGco Al leer las cuartillas del presente tratado de Ajedrez, pronto he podido darme cuenta de su excepcional im~ portancia. Dificil resulta escribir nada nuevo sobre esta materia, \pero el sefior Marcoff aborda el problema filosdficamente y trata la cuestién bajo un aspecto originalisimo, baséndose en el momento psicolégico. Dice el autor, modestamente, que no ha querido hacer un libro para Jos principiantes ni para los maestros, sino para el término medio; pero sinceramente creo que su obra ha de ser de gran ulilidad a todas, y por lo tanto opino que viene realmente a Uenar un vacio en la literatura ajedristica. El juego psicolégico rompe el molde rigido de los caminos trillados por Ios anélisis cientificos y se presta al desarrollo de la personalidad y al ejercicio de la imaginacion y de las facultades analiticas. Para todos aquellos que constantemente me consultan solicitando mi opinion sobre un tratado util sobre el juego- ciencia, debo declarar, con la sinceridad profesional que me caracteriza en mi labor periodistica, que el estudio de] presente libro es recomendable para todos, por las ideas ique sugiere, las cuales entrafian un concepto fundamental del Ajedrez. Antonio G. Castella BLLLLLILLLLLLLLNLNegg OBJETO DE ESTA OBRA Esta obra no va dirigida’a los estudiosos del Ajedrez, que quizd piensan encontrar en ella un material copioso para ampliar sus conocimientos teéricos de este dificil jue- go; como tampoco la creeinos util a los qué tan sdlo se han familiarizado con el A.B C de las reglas fundamientates’ que lo rigen y, por lo tanto, desconocen ‘los’ rudimentos tedricos indispensables, como son las principales y los «finales» corrientes de partidas. . Al escribir Ja presente obra hemos tenido especialmente” en cuenta a aquellos aficionados que, sin aproximarse a la categoria de maestros, tampoco son principiantes, y, per- teneciendo a la’ numerosa mediania, desean, sin Jargos y pacienzudos estudios, perfeccionar su juego a fin de encontrar mayor deleite en las partidas y lograr nids belleza’en las’ jugadas y combinaciones, mas violencia en los ataques y recursos en la defensa, y, por consiguiente, mds éxito ep sus luchas en el tablero. El jugador mediano, al enfrentarse con otro de su cate- goria, tendraé mayores probabilidades de salir airoso de la contienda; contra un adversario mas flojo, conseguiré la victoria mds rdpida y brillantemente, como es el caso para los que juegan partidas simultaneas, a los que sus co- nocimientos posicionales, si bien por una parte quizd les permitan conseguir un buen resultado, en cambio, por otra, tendrén el inconveniente de prolongar excesivamente la du- 8 EL AS ED REZ racion de las sesiones, traduciéndose por consiguiente en cansancio fisico, que, indudablemente, se reflejaria en el resultado. Look ve: Y si, finalmente, el adversario es de fuerza superior a la suya, no dudamos de que la aplicacién de los principios sefialados en este modesto libro, si bien no le permitirén decidir favorablemente la partida, por lo menos le darén pré- babilidades de una tenaz resistencia. Luego de un somero anélisis de los métodos psicolé- gicos, acompafiado de numerosos ejemplos, que a su vez podran servir de base para ulteriores deducciones, hemos procedido a resefiar la evolucién del juego psicolégico. a través de los tiempos, demostrando que sus métodos, en una época aparentemente abandonados, vuelven a resu- citar, iluminados por los nuevos maestros de la escuela «hipermodema», y terminando fa obra con ¢l suplemento de algunas partidas modernas, en las que el aficionado atento sabré encontrar el resurgimiento sefialado del método psi- colégico, base fundamental de toda combinaciéa. LLLLMNLLLLLLLLLVLLNNNB CapituLo: PRimMERO DEFINICION DEL JUEGO DEL AJEDREZ De la simetria.—Del «momento psicolégico= Mucho se ha escrito sobre el Ajedrez y muchas son las definiciones que se han dado de este complicadisimo juego, pero una especialmente ha Iamado nuestra atencién y so- bre ella insistiremos, por considerarla particularmente acer- tada y adaptarse més que otra cualquiera al tema que pen- samos desarrollar en la presente obra. Esa definicién, enunciada por primera vez por el aje~ drista ruso Nicolés Vasilievich Bugieff, doctor en Ciencias Exactas de la Universidad de Moscu, gran fildsofo y notable jugador (incluso existe una apertura que lleva su nombre y que se caracteriza por la primera jugada de las blan- cas, P4CD, precursora de las, atrevidas teorias ultramo~ dernas), puede concretarse de la siguiente manera: «El juego del Ajedrez consiste en llevar un ntimero cons~ tante de elementos de una posicién determinada a otras que satisiagan ciertas. condiciones, y ello. merced a un nii- mero casi ilimitado de combinaciones.> Comenzaremos examinando uno por uno todos los tér- 10 BL AT EDREZ minos de esa definicién que, a primera vista, quizi parezca algo imprecisa. Es evidente que «los elementos en miimero constante> a que se refiere la formula, no son ni més ni menos que las treinta y dos piezas del juego, dieciséis blancas y obras tantas negras que, junto con las sesenta y cuatro ca- sillas del tablero, forman el juego del Ajedrez propia- mente dicho. De igual manera la mo es mds que la inicial de dichas piezas en el tablero al comenzar la partida, y, por lo tanto, deducimos légicamente que las «posiciones» que han de cumplir . Sélo nos queda, pues, esclarecer el tillimo término de la formula, que indica que a esas posiciones finales se puede legar gracias a un niimero casi ilimitado de combinaciones. Tal expresion, quizi no sea la més apropiada tomandola al pie de la letra, pero hay que advertir que sdlo expresa una idea, puesto que, evidentemente, y siguiendo las le~ ues de una matemdtica elemental, las combinaciones y per- mutaciones posibles de. realizar con un ntimero limitado de elementos, que en el presente caso son las sesenta y cuatro casillas y las treinta y dos piezas que en él evolu~ cionan, sdlo pueden dar un resultado completamente finito. Sin embargo, esa expresién, si bien inexacta tedricamente,: tiene sobrado fundamento desde el punto de vista practico, puesto que asi considerado el juego presenta um niimero tan elevado de combinaciones o posiciones posibles que ‘puede considerarse como . Deducimos, pues, de lo dicho, que el problema que ‘se plantea a cada jugador es el do agrupar los clomentos’ puestos a su disposicién en forma tal que determine una posicién de mate para el’ adversario. Bhora advertiremos uma circumstancia que se desprende de todo lo indicado: si bien el mimeto de posiciones posi~ ALESoO MA RCORFRE 1 bles en el tablero es prdcticamente ilimitado, no sucede asi con las indicadas posiciones de mate, que en compiaracién con el mimero anterior representan una cantidad bastante reducida, aunque se exprese con seis o siete cifras. Y aun se reduce mds esa cantidad si de todas esas po- siciones eliminamos aquellas que son prdcticamente impo- sibles (como por ejemplo la de un Rey aprisionado entre «dos» Damas contrarias, posicién que no puede conseguirse siguiendo las normas establecidas para la partida), y luego las que se denominan generalmente «mates simples, 0 sea aquellas en que intervienen tres o cuatro piezas a lo sumo, como por ejemplo en los mates de Rey y Torre, de Rey y Dama, de Rey, Alfil y Caballo, de dos Torres, ete. En el presente libro no nos ocuparemos de esas posicio- nes, que el aficionado puede hallar extensamente tratadas en cualquicr manual de Ajedrez, pero, no obstante, recor- daremos a los que comienzan el estudio de este dificil juego Ja importancia que tienen esas evoluciones si de- sean Ilevar a feliz término sus partidas. En muchas ocasiones una partida que puede tener un rd- pido y fécil desenlace se eterniza, y a menudo ocurre que se trasforma en tablas, a pesar de ser factible la ganancia por la sola aplicacién, por decirlo asi, mecinica, de esos conocimientos elementales, Al comenzar el juego, el jugador que lleva las blancas tiene, indudablemente, una determinada superioridad sobre su adversario, aunque no fuese més que por el mero hecho de principiar la partida, o sea, expresado en otras palabras, de evar un «tiempo de ventaja», lo cual evidentemente le permite, dentro de ciertos limites, escoger tal o cual apertura que tenga mejor estudiada y que, por lo tanto, le daré 12 EL A c'E DRE Z ocasién de llevar a su adversario a un terreno desfavo~ rable. Y, sin embargo, esa ventaja acerca de la cual tanto se ha discutido, no es més qite relativa y no tiene la trascendencia que muchos le atribuyen. Efectivamente, a medida que avanza la partida, la ven- jaja’ sefialada del «tiempo» va menguando, hasta llegar un momento en gue se anula completamente. Por ofra parte, la facultad de las blancas de forzar al bando contrario a aceptar una apertura determinada es igual~ mente relativa, puesto que este ultimo, en la gran mayoria de casos, se halla en disposicion de Hevar a su adversario hacia un terreno que a su vez haya escogido. Aclararemos esto wltimo con algunos ejemplos practicos. Supongamos que las blancas se proponen ofrecer a las ne~ gras el «gambito de Alfil de Rey», y para ello inician la par- tida con P4R. Si las negras contestan, igualmente P4R, las blancas continuaran P4AR y habrén planteado el : Giuoco piano Apertura eSpafiola Blancas Negras Blancas Negras 1. PAR 1. PAR 1, PAR 1. PAR 2. C3AR 2, C3AD 2, GAR 2 C3AD 3, ASAD 3, AYAD 3. ASCD En Ja primera posicién, se advierte perfectamente la ventaja del tiempo, puesto que las blancas ya se encuentran en la posibilidad de enrocar, mientras que las negras pre- cisan aun jugar el caballo de 1CR. En el segundo caso, o sea en la apertura espafiola, la tercera jugada de las ne~ gras 3.... A 5CD seria una falta, pues contestando las blancas 4. P3AD, obligando la retirada del Alfil negro, ga~ 14 EL aoe" ple alg narian aun otro tiempo en el desarrollo de sus piezas, preparando ademas el avance del Peén de Dama. En muchos casos la conservacién de la simetria no so- lamente es desfavorable para el segundo jugador, sino com- pletamente imposible, como por ejemplo en el presentado caso del «gioco piano», en caso de continuar las blancas 4. P SAD, movimiento que no pueden efectuar las negras por impedirselo ¢l caballo en 3CD. Ademas ‘hay que advertir que esa simetria no solamente tiene suma importancia por la posibilidad que desde los comienzos de la partida tienen las blancas de prolongar la iniciativa, sino que desempefia un papel predominante en todas las normas de estrategia y se halla estrechamente ligada con los principios de . Asi, pues, es Iégico que todo el esfuerzo de las negras se haya concentrado en romper, en los comienzos mismos de Ja partida, esa simetria desfavorable, que de continuar, redundaria irremisiblemente en pérdida. Y fué precisamente ese afém del segundo jugador el que levé a los maes-~ tros a alejarse gradualmente de las partidas lamadas , llamada igualmente 0 «Zukertort-Reti» (1. C SAR), etc. Por otra parte, una preocupacién idéntica ha llevado ‘a las negras a tratar de ganar la iniciativa, mediante inge- niosos gambitos, contragambitos y ataques, con el fin de alcanzar la victoria gracias a complicadas combinaciones ¢ inesperados saarificios. Sin embargo, y por las mismas razones que las indicadas al tralar de los ataques emprendidos por las blancas desde Jos comienzos de la partida, esas aperturas no pueden con- siderarse como sdlidas y como tales no han resistido la concluyente prueba del tiempo. En todo lo expuesto hallamos precisamente la razén de comenzar la gran mayoria de las parlidas modernas ju- gadas por maestros con las jugadas 1. P4D — P4D u otras, como 1: CSAR, 1. P4AD, etc, que gracias a una feliz intervencién en el orden de las jugadas, conducen general~ mente a posiciones parecidas o idénticas. 16 EL AJEDREZ Asi vemos que la siguiente partida jugada en la ron- da XIII del torneo de Moscti, del afio 1925, entre E. D. Bo- goliubov y S, Tartakover, E. D. BOGOLIUBOV S. TARTAKOVER 1. C 5AR 1. PSR 2, P 4AD 2. PAD 3. PAD 3. C SAR 4, A 5CR 4. CD 2D i 5. PBR presenta a la quinta jugada la misma posicién que esta otra jugada en la ronda XVI del mismo torneo entre S. Tarta~ kover y Em. Lasker. S. TARTAKOVER ° E. LASKER 1 P aD. 1, P 4D 2. P 4AD 2. POR 3. C SAR 3. C SAR 1 4, RSCR.. 4. CD 2D i 5. POR Igualmente la partida R. Teichmann-F. D. Yates, jugada en el torneo de 1925, en Carlsbad R. TEICHMANN FP. D. YATES i 1. P 4D 1..P 4D 2. C 3AR 2. C BAR - 8. P 4AD 5. PSR 4. C3AD 4, AR 5. A SCR 5. CD 2D 6 PBR 6. 0-0 conduce a la misma posicién que esta otra, que tuvo lugar durante el campeonato de Francia del mismo afio, entre G. Renaud y E. Michel: A LEAs 40 MAR ClOlF F li G. RENAUD E. MICHEL 1. P 4D 1. C3AR 2. C SAR 2. P 4D 6. P 4AD 3. P3R 4. A SCR 4, A QR 5. PSR 5. CD 2D 6. C3AD 6 0-0 Después de las seis primeras jugadas, ambas partidas continuaron en la misma forma: 1. T 1AD 7. P 3AD 8. D2AD 8& TAR 9. A 3D 9. PxPA 10. AxPA : 10. C 4D Jugando a continuacién las blancas en la segunda 11. CAR obteniendo una posicién semejante a la de una partida de Alejin-A. Muffang, hecha con motivo del Congreso de Mar- gate. Tales ejemplos abundan extraordinariamente en las par- tidas modernas y dan un porcentaje clevadisimo de «ta- blas», especialmente al tratarse de jugadores de fuerzas relativamente equilibradas, como lo ha. patentizado el iil- timo «match» Capablanca-Alejin, celebrado en Buenos Aires. El cardcter de este libro no nos permite tratar on este Capitulo mas detalladamente todo cuanto se relaciona con la simetria y la evolucién del juego del Ajedrez. 2 18 BL AJEDREZ Sin embargo, pensamos que las anteriores observaciones, Sino imprescindibles, son necesarias para la buena orien- tacion de aquellos jugadores que si bien conocen las reglas fundamentales del juego, aun carecen de suficiente expe~ Tiencia y tan sdlo superficialmente se han dedicado al cs- tudio de la ardua teoria de las aperturas, no pudiendo por Jo tanto llevar la partida siguiendo las complicadas normas de la estrategia y del juego de posicién, dificil ruta tnica-/ mente abierta a los maestros y jugadores de notables fuerza U practica. Asi, pues, el aficionado que no forma parte de esta ca- tegoria ha de limitarse en sus comienzos a dominar el movimiento de sus piezas inicamente para lograr tales po- siciones favorables, que le permitan, a la mayor brevedad posible, llegar a una facil victoria, sin pisar el terreno, para él de momento védado, del modernd Ajedrez tedrico, que ha elevado este juego a la altura de una verdadera ciencia. Esas posiciones de mate o de ganancia inminente, o bien de empate cuando la derrota parece inevitable, serdn los principales objetivos de este libro, advirtiendo una vez més al lector que en todos los andlisis, deducciones y comen- tarios, siempre tendremos en cuenta «ya una supuesta des- igualdad» entre los adversarios, 0 bien la «escasa fuerza de ambos» 0 «de uno de ellos». Veamos ahora como pueden originarse tales Posiciones desfavorables para uno dz los jugadores. Esas posiciones, que en su aspecto mas caracleristico se presentan como posiciones de mate, pueden llegar a crearse obedeciendo a tres causas bien definidas: la primera de- tiva de la sucesién de jugadas deficientes o flojas, hechas por uno de los jugadores, errores habilmente explotados por el adversario, que los trasforma a la larga en notable reduccién numérica o cualitativa de piezas. La segunda puede obedecer a una colocacién defectuosa de las piezas, que, aunque numéricamente iguales, al estar mal colocadas pierden todos sus significados agresivos y defensivos y merman précticamente las fuerzas del jugador. 5 AL E‘3 0 En cambio, la tercora yu de jugadores poco exporimentados, puede ser completa~ mente fortuita y culmina por lo general en un mate «ines~ perado», En el primer caso, ‘la Partida acostumbra ser laboriosa, y {ras una lucha mas o menos encarnizada se llega a la wl- lima ‘fase del combate, denominada «final». Sos finales pueden resolverse ya en mates complicados la forma més sencilla de «mates simples», o sea Pertene- Clentes a la categoria que, como anteriormente hemos in- divado, no entra en el plan trazado para esta obra. En el caso segundo el mate puede presentarse a mitad de la partida y estando las fuerzas aparentemente equili- bradas. Esta clase de mates llegan a presentarse, en algunos isos, como verdaderas joyas de ingenio, y por su atrevida concepcién y maravillosa Precisién en todas las evolucio~ nes, constituyen uno de los mayores atractivos del bello juego que nos ocupa. En lo que respecta a la tercera clase de mates, tinica- mente pueden obedecer a la distraccién o a una acentuada Impericia del jugador que comete la falta. Son, sencillamente, errores momentaéneos y fatales en los que no media pre- Paracién alguna y que mo permiten ni el intento de un andlisis. Antes de proseguir nuestro andlisis y examinando lo dicho para el primer caso de los que tiltimamente hemos tratado, es decir, en lo referente a aquellas partidas que se plerden por ‘algunos defectos on las jugadas, hemos de aclarar el concepto de «jugada mala» o «floja>. Como todos los Conceptos esencialmente cualitativos, los de «flojo», «malo», «fuertes, «bueno», ele, son, en cierto modo, relativos, lo cual, aplicado a la terminologia del Juego del Ajedrez, puede traducirse de la Siguiente manera: ‘Una jugada puede ser . El detenido examen de estas tres clases de puede ofrecer mtilfiples ventajas a los jugadores de cualquier ca~ tegoria, desde los mas flojos aficionados hasta los que son de notable fuerza. Efectivamente, el juego psicolégico es casi indispensable a aquel aficionado que deseando progresar, aun no ha Iegado a aquel grado en que sus conocimientos, i fectamente desarrollados, le permitan aplicar las, difi simas reglas del juego tedrico. Igualmente el jugador fuerie, al enfrentarse con un adver- sario de escasa potencia, mediante la aplicacién de las normas que més adelante examinaremos, lograra una notable eco- nomia en el tiempo, es decir, que en vez de ganar la par- tida aplicando el juego estratégico, con lo cual la victoria llega tras una lucha, si no laboriosa, lenta, valiéndose de conocimientos de orden psicolégico lograré un resultado rapidisimo, en muchos casos fulminante y no desprovisto de elegante brillantez. Y, finalmente, hasta en las partidas serias entre jugadores de derta categoria, el factor psicolégico no puede despre~ ciarse completamente, pues existe incluso en las partidas regidas por serias reglas tedricas, aunque em estos casos es tan complicado que seria extremadamente dificil, por no decir imposible, aplicarle un andlisis sistematico. Sin embargo, algunos maestros, refiriéndose a las cuali- ADTEDRREZ 4 LES 0 MARC OF F 21 ilades que han de reunir los jugadores de Ajedrez, aconsejan fo despreciar nunca al adversario, por débil que éste sea, \ dicho en otra forma, considerar que juegan la partida ton un adversario impersonal, descartando asi todo factor psicolégico, pues es, evidente que éste sdlo puede existir tomo funcién de Ja individualidad del contrincante. Nos inclinamos a creer que este consejo tiene un fun- damento Idgico y puede tener una aplicacién practica tra~ Windose de dos jugadores muy fuertes. En tales casos, el juego obedece al célculo frio, al andlisis completo de las @voluciones, que hace semejar los adversarios a dos md- quinas desprovistas de los defectos de orden psicoldgico. Si uno de tales jugadores quiere valerse de una estratagema i preparar a su adversario una celada , no solamente tal proceder puede no surtir efecto alguno, por pasar completamente inadvertido, sino hasta serle perjudi- chal. Entre estos jugadores, cuyas capacidades amaliticas se uproximan notablemente a la perfeccién de una maquina Impersonal, es evidente que el juego tinicamente puede obedecer al mayor o menor grado de perfeccién de estas ilisposiciones calculatorias unidas a las capacidades de or- den Idgico. En este caso» la perfeccién consiste tinicamente en el niimero de jugadas analizadas y en la previsién de «todas» las variantes no solamente probables, sino posibles, que puledan derivarse de las posiciones creadas. Este factor «ntimero de jugadas», tiene uma importancia copital on cl examen de la «calidad» de las jugadas, y pre- cisamente seré el que tendremos en cuenta para la de- forminacién del concepto de . En el capitulo siguiente ‘indicaremos algunos de esos momentos psicolégicos, escogiendo preferentemente aquellos que con mds frecuencia pueden presentarse al practicar las aperluras mds. usuales. MLLVLLLMLLQLQLLQuegg2uge Carituro II EJEMPLOS DE «MOMENTOS PSICO- LOGICOS>» Como dejamos dicho en el anterior capitulo, a continua~ On examinaremos algunas posiciones tipicas que pueden presentarse ya en los comienzos de las partidas jugadas _ ttitre aficionados que, aunque tengan ciertas nociones de las Wperturas, no han profundizado, sin embargo, esta ardua teoria hasta poder Uegar a ejecutar correctamente las in- Wumerables variantes que pueden acurrir. Expresado en otra forma, ello significa que hemos pro- turado presentar al lector aquellos ejemplos que pueden presentarse signiendo una linea de juego mas 0 menos 16- wica, es decir, no los que son posibles en caso de efeciuar imo © ambos jugadores jugadas tan inverosimiles, tan fuera de toda idea de raciocinio, que no parece sino que preparan @ comin acuerdo un brillante pero artificioso mate de pro~ ‘Dlema, sino aquellos en que interviene cierto razonamiento, que, aunque imperfecto y hasta analiticamente falso, no ilejo de ser psicolégicamente Idgico, pues obedece a las Mmuniobras efectuadas por el contrario, el cual, por decirlo tl, induce a su adversario a cometer determinados errores. Siguiendo esta norma, no nos entretendremos en exami- 26 BL ATE DR Awe, nar esas partidas relampago que terminan con un mate absurdo y que la escasa terminologia dd principiante ha bautizado con nombres tales como «mate del loco», «mate del pastor> y oiros semejantes. Evidentemente en estos casos el rapido desenlace de la partida obedece a una <«distraccién» del jugador. La «distraccion», sin duda alguna, es uno de los fac~ tores més importantes del juego psicolégico, y, sin em~ bargo, en los casos que acabamos de mencionar, entra en una categoria que no se presta a ninguna clase de anilisis, pues esta completamente desprovista de todo fundamento Kégico. Todos conocemos el referido mate del pastor. Las Dlancas preparan el mate y las negras no lo evitan por mera inadvertencia, a pesar de que el adversatio no se ha es~ forzado lo mds minimo en disimular sus intenciones; mas bien, al contrario, sus jugadas parecen subrayarlas. Ya no es el mismo caso de un jugador que sacrifica la Dama para dar mate en tres, dos y hasia en una jugada. En tales posiciones, la atencién del adversario poco experimentado se halla desviada del peligro por la magnifud~ del sactificio. Por lo tanto, el error que se comete, a pesar de su acentuado cardcter , no deja ‘de ser légico. Con los ejemplos que a continuacién ilustran este libro, no deseamos significar que las jugadas que llevan a una combinaci6n determinada han de ser precisamente las in- dicadas. Muy al contrario, subrayamos Ja’ posibilidad de presentarse posiciones semejantes habiendo sido muy di- ferentes las evoluciones efectuadas. Tampoco es nuestro consejo que los jugadores encaminen la partida, desde los comienzos, por un determinado de~ rrotero que les pueda Ilevar a las posiciones indicadas, sino, muy al contrario, les aconsejamos que se limiten a un juego normal, y, en Jo posible, correcto, y que tinicamente en ocasién propicia intenten alguna de las celadas que pre- sentamos, 0 bien, en el caso de que sea cl adversario el que las tienda, que las eviten a tiempo, y hasta saquen un presentar todas Jas celadas y trampas que caben en juego del Ajedrez, que son innumerables, pero tenemos @speranza de que los siguientes ejemplos dardn al afi- espiritu creador, concentrando Ja atencién cuando un ye impreciso, una intuicién, propia de todo jugador, la presencia de un mate prdéximo, que por decirlo sflota> encima de la posicién del adversario. Pjemplo num. 1 Giuoco piano Blaacas Negras 1. PAR 1. P4R 2. C 3AR 2. (C 3AD 3. A 4AD 3. A 4AD 4. P6AD 4. C SAR Vasia este momento ambos jugadores han seguido co- lamente la apertura, pero ha Ilegado el momento «psi- igico» en que las blancas, tratandose evidentemente de Wi udversario de escasa fuerza, pueden intentar 5. C SCR? Tedticamente la jugada no es buena, pues las negras, Niusando el sacrificio que se presenta en la séptima ju- i de las blancas, quedan con una y puede in- tentarse al ser el adversario de escasa fuerza. Logicamente Jas blancas parecen tener principalmente dos continuaciones: la primera es C x C, en cuyo caso m0 logran ninguna ven~ taja, por decirlo asi, material, y en cambio en la segun~ da, C x P, ganan un Peon sin que aparentemente les ame- nace peligro alguno. Efectivamente: 4. CxP 4. D 4CR Las blancas advierten que el Caballo y el Pedn de Ca~ ballo Rey se hallan simulténeamente atacados. La tinica jugada para conjurar ambos peligros es C 4CR, pero evi- dentemente las negras seguirian con P 4D y acabarian ganando una pieza. En vista de ello, prefieren jugar Cx PAR, A Ly Bas Ko MARCO P F 31 ido simultaneamente la Dama y la Torre, gandndose otro Peén. 5. Cx PAR 5. Dx PCR 6. T 1AR evista por las blancas, que, sin embargo, no han lo~ lo ver la consinuacién: 6 Dx PR+ pérdida de la Dama es inevitable, y, sin embargo, las ‘as optan por conservarla, y en su ofuscacién dejan de el desenlace inmediato. 7. AOR 7. C 6AR mate, emplo nim. 4 Defensa Petroff Blancas Negras 1. PAR 1. PAR 2. C 3AR 2. C 3AR 3. CxP 3. C 3AD AevG=x:C 4. “PD x C 5. P3D 5. A 4AD o. A SCR weer. Con el propésito evidente de avanzar a continuacién Peon de Rey y ganar un Caballo. La ocasién esperada 32 Biba A UE DiR Biz Por las negras se presenta on forma singularmente bri- Hante: 6. Cx PR 7 AxD Naluralmente, si 7. P x C-Ax PA+,8&R 2R-H 5CR +-, ¥ las blancas pierden la Dama. Pero la comiestacién es atin més desagradable: 1 8. ROR 8. Ejemplo nim. § Defensa Petroff Un ejemplo muy notable de error presenta esta apertura, en que las negras tratan de Conservar cierta simetria. Blancas Negras 1, P4R 1 PAR 2. C 3AR 2. C 3AR Esta ultima jugada de las Negras se compagina bien con un espiritu combativo Yy obedece al mismo tiempo a una marcada tendencia «subconsciente> por conservar la si- metria, El segundo, jugador, en lugar de defender el Peon ata- cado, inicia a su vez una ofensiva contra el pedn enemigo. & CxpP ' A LYESI 400 2Mt 4. R Clotr Fr 3% Las negras, ‘naturalmente, tratan inmediatamente de equi- librar sus fuerzas y continian, conservando siempre la si- metria: Bx pe 4. DOR La conservacién de ‘la ‘simetria es Amposible, pues es evidente que si las negras contestan D 2R, las blancas, capturando el caballo del adversario, defienden el suyo; y si las negras quieren recuperar la pieza perdida han de efectuar varias evoluciones, cuyas conseciencias la inex: periencia no Jes permite prever. " Por lo tarito, no encuentran nada mejor ‘que’ retirar el Caballo, sin dar: importancia al Jaque a la descubierta, que creen que) lejos de serles fatal les ayudaré a desarro- lar el juego. No encuentran nada més l6gico\que colocar el Caballo en la casilla que anteriormente ocupaba. “4. CR BAR El resultado es fulminante e imprevisto... 4 5.-C 6AD jaque a la descubierta. La pérdida de la Dama es inevitable. El error ‘es grave,. pero muy frecuente en’ la practica, especialmente en Jes partidas entre Principiantes y hasta entre aficionados ‘de cierta fuerza, que se olvidan de esta continuacidn fatal. 34 EL A JoE DORCE |Z Ejemplo nim, 6 |. Apertura,.espafiola Este. es. un caso muy notable que puede presentarse en la apertura espafiold, igualmente llamada Ruy Lépez, Blancas Negras 1.0 PAR fo) siesta 138 aft i 2: C BAD Jugadas constitutivas de la apertura. _ 8. C SAR 4, Psp b Y ahora llega ‘el «momiento psicolégico» esperado por las negras, que se manifiesta bajo la forma de una jugada ex- tremadamente ingeniosa -y sutil, tanto que hasta juga~ dores “de relativa fuerza pueden caer en Ia celada. ‘4, CD aR! Aparentemente nada priva a las blancas la captura de! Peén abandonado. 5, ,CxP 5. P 3AD! Evidentemente, las blancas pierden una pieza, pues si ci Alfil se retira, las megras continiian D 4TD jaque, y ganan A LEXI 10 M.A R ClOIF F 35 «i Caballo. Sin embargo, las biancas han previsto esta conti- nuacién, y pensando con algun fundamento que dejando el Alfil en su sifio lis negras se apresuraran a» tomarlo, preparan el mate. 6. C4AD El Alfil no puede ser inmediatamente apresado, pues ¢s evidente que las negras esi4n amenazadas con C 6D, mate, y han de evitarlo, después de lo cual el Alfil blanco podré retirarse, conservando el Peén de ventaja. iY sin embargo, la pieza no se salva! 6. C SCR Dos continuaciones principales se presentan, pero en to- dos los casos la pieza esta irremisiblemente perdida. 7. A ATD y naturalmente: 7. PACD Y si las blancas intentan igualar. mediante 7 PSR 1 C4D Y las blancas, terminan perdiendo. Este ejemplo es sumamente instrutivo desde el punto de vista psicolégico y demuestra cémo un jugador, favore- ciendo aparentemente una combinacién del adversario, se yale precisamente de la celada que éste le tiende para, evi- tandola a tiempo, hacerle caer en otra. En el caso presente, las negras abandonan un "Peon. Las blancas analizan las posibles continuaciones y pronto advierten que las negras intentan ganar una ee dando jaque con la dama a 4TD. Inmediatamente imaginan una celada fumdade en que sal- tando e] Caballo a 4AD, al mismo tiempo que evitan el ja~ 36 EOL A JE DOR BZ que de Dama que, al parecer, pretendian dar las negras, amenazan el mate, disimulado con el sacrificio del Alfil, después de lo cual esperan, como “hemos indicado. antes, retirar el Alfil, quedando con la ventaja numérica del Pedn. Las negras dejan avanzar al adversatio por aquel ca~ mino, pero, Hegado lo que podriamos definir como el «punto critico de la evolucién psicolégica>, replican C SCR, con lo cual demuestran que no han caido en la burda celada de las blancas, y éstas advierten con el consiguiente pesar que la pérdida de la pieza es inevitable. Ejemplo nim. 7 e Apertura irregular El siguiente ejemplo puede, bajo clertos aspectos, con~ siderarse como uma variacién del conocido mate de . % El autor advierte, adem4s, que no se extrafie el aficio- nado adelantado de las jugadas evidentemente males, y hasta te6ricamente absurdas, de las negras; las variantes aducidas han sido todas tomadas de partidas «realmente jugadas» Y no traducen mas que la realidad. Ejemplo nim. 30 > Blancas 2 Negras 1, P4R ‘PAR 2. D STR 2. C 3AR 3. Dx PAR j. Goh pottiir. Obsérvese que las blancas no pueden capturar el Peén de Rey, ya que la condicién de la partida es la entrega de la Dama a la tercera jugada. 3% RxD A L°E:3 (0 M A RC O'F F 61 4. C 3AR 4. C 3AD 5. C 3AD 5. PSD 6. A 4A j. 6. A BR Te 2C5C 4, 7. ROR Mew... RIC : 8. Ax A mate. 8 CxA 8 D 2D o. -€'6C 9. P3TR 10. C 3AR F Las blancas ya han logrado ganar una picza, acer- céndose al equilibrio de fuerzas y conservando posibilidades para continuar con un fuerte ataque. Ejemplo aim. 81 Blancas Negras 1, P4R 1. PAR 2, D5TR 2. PAD 3, Dx PAj. 3. RxD 4, Px PD 4 DxP 5. C 5AR 5. AACR (a) 6. A 4A! 6 DxA 7. Cx PRj. y recuperan la Dama. (a) : 5. D5R j. AOR 6 ASCR C SCR j. y recuperan la Dama. mae 62, EL AJ ED REZ AL ESO MAR Cr-Or ete 63 - 6. Dx PR 3 DxD 4, C35AD 4, A 4A 5. C OAR 5. D 3AR Ejemplo num, 32 6. C 5D 6. D 3AD 7. A SCD 7, DSD 8 PAD 8 ASC Blancas Negras 9. A4AR 9. DSR 1. PAR 1, PAR 10. C 5CR 10. D SCR 2. D5T 2. DR 11. A 4AD 11. P GAR 3. Dx PR+ 3. Dx D 12 Ce AL 12. PTxC 4, C 3AD 4. C 3AR 13. Ax PAj. recuperando la Dama. 5. C 3AR 5. D 2B 6. PSR 6. C SCR x 7 P4D 7. P 5AD ¢ é 8. P STR 8. "C 3TR Ejemplo nim, 64 9 AR 9, P 3AR 10. P 5D 10. PAD x PD 11. CxP 11. D aR @) Blancas Negras 12. C 7A j. ganando la Dama. 1. P4R 1. PAR 2, DST 2. DR (a) 3. Dx PR 6. DxD a t 4, CAD 4, A SCD ee 11, D SAD 5. C SAR 5. D2R 12. 0-0-0 12. C 4AR 6. CSD 6. Dx Pj. LS eee 1. CBR 7. C SAD 8 ASD 8. DSR y la Dama negra esta perdida. 9. A4A 9. DSR 10. Ax PA}. 10. RXA 11. C SCR j. y recuperan la Dama. Eyemplo cau ai 38 Si no ha sido posible realizar esta altima combinacion, Jas blancas, después del enroque, pueden intentar un vio~ lento ataque, muchas veces coronado por el éxito, a causa Blancas Negras de la columna de R abierta y la situacién expuesta del Rey 1, P4aR 1. P4R negro. 2. DoT 2, D2R BLLLLLLLLLLLLLLLQgugee Capiturto [II CHIGORIN Y EL JUEGO PSICOLOGICO De los jugadores que mas se distinguieron en el juego de Ajedrez psicolégico, dos especialmente merecen una mencion. aparte por sus brillantes caracteristicas, que los han inmortalizado: el inigualable Morphy *y el maestro ruso Miguel Ivanovich Chigorin (1850-1908). Ambos poseian ese genio vive, esa capacidad para com- binaciones profundas, a la vez que brillantes, que nos han legado partidas de extraordinaria belleza, entre cuyas evoluciones imsospechadas hallamos tan maravillosa preci- sién y tanta genialidad en la idea que las hacen com- parables a verdaderas obras de arte bizantino. Asi el «Deutsche Schachzeitung>, en su nimero de mayo de 1889, dice, comparando el juego de esos dos maestros: «Por el estilo de su juego, por sus rapidas y peligrosas combinaciones y por sus vivos ataques, Chigorin es indu- dablemente, de todos los maestros contempordneos, el que més se asemeja al inmortal Morphy. Analizando les par- tidas del maestro ruso, se tiene la impresién de que éste se ha propuesto nada menos que resucitar el brillante es- tilo del genial americano...> Efectivamente, Chigorin, para no desmentir tal aprecia~ cién, nunca quiso subordinarse a las normas del juego de posici6n que ya comenzaba a imponerse en aquella época 5 66 BOL AJEDREZ y fué siempre un partidario ferviente del juego vivo, de las partidas abiertas y dificiles y de los mas arriesgados gambilos, que le permitian Iucir sus extraordinarias facul- tades de jugador brillante y fecundo en sus concepciones, siempre nuevas, originales y hasta desconcertantes. rusa, (Calendario del Ajedrista, Leningrado, 1926),—fué su afan en complicar extraordinariamente las Posiciones al objeto de buscar en ellas profundas e inesperadas combinaciones... Miguel Ivatovich Chigorin, en sus comentarios, siempre se mostré — marcadamente despectivo hacia las teorias de los normas de juego estén lejos de conocerse y lo que iinicamente se puede hallar son los fundamentos para el criterio de una posicién determinada, después de efectuar una jugada... Pero acababa, escéptico: «¢Tendran valor esos fundamentos?»> Una jugada cualquiera, segin Chigorin, puede determinar un ntimero casi ilimitado de combinaciones, en las que los movimientos de las piezas no se ajustan a las tan ponde- tadas reglas del juego de posicién. Siguiendo ese criterio, una jugada no solamente puede ser buena, sino inmejo- rable, a pesar de ir contra esas reglas, y si parece de valor dudoso de momento, puede que dentro de un tiempo deter- minado, quiz pasados muchos meses y hasta afios de profundos andlisis, se reconozca todo su valor. «Yo reconozco—decia Chigorin—que ol frio método ana- lilico quizd. sea muy profundo, mas igualmente hay que admitir que en el tablero pueden presentarse hermosas combinaciones no menos profundas ¥y Suliles, y en tal caso, A LSE is ko M A R CO F F 67 el factor més importante es indiscutiblemente el ‘Hempo. Cuando juego una partida, poco me interesa las jugadas que haga, sean consideradas buenas o malas después de un largo andlisis posterior a la partida.. Pasardn meses, quizé ajios, y los teéricos y analizadores encontraran en ellas algunos defectos, demostraran que era desfavorable... ¢Acaso me importa? Lo iimico que deseo es que en el corto tiempo que tiene a su disposicién mi adversario no descubra ami error, en caso que lo hubiere, y que mi combinacién, quizé teéricamente falsa, me dé practicamente la victoria...» De sus mismas palabras puede deducirse que el juego de Chigorin era mucho mds psicolégico que analitico, y desde este punto de vista, su alto valor es indiscutible. a Su nombre comenzé a figurar en el mundo ajedristico ruso en el afio 1875, uniéndose a los mundialmente cone4 cidos, como Vinaver, Schiffers, Alapin, Schumov, Solovief y Acharin. i En 1882, su fama traspasa las fronteras de su patria, con motivo del tomco internacional de Viena, en que, al enfrentarse con Steinitz, que en aquella época ostentaba ya el titulo de campedn mundial, de las dos partidas jugadas con éste, gana una y pierde la otra. Este resultado con un maestro considerado con justa razén como un coloso del Ajedrez, llamé la atencién mundial sobre la sigue de Chi- gorin y su singular método, eminentemente . AL partir de aquella fecha, menudearon los triunfos del maestro ruso; en el torneo internacional de Londres del afio 1885, Chigorin gana las dos parlidas que juega con Steinitz, y poco tiempo después obliene una brillante vie- toria en un «match» contra de Riviera, el mds temible adversario de Marchal. En 1888, en un «match» entre Londres yg San Peters- burgo, Ckigoria, que capitaneaba el equipo ruso, vence Tee Stent, que defendia los colores britanicos, con cuyo motivo el mundo ajedristico pidié un encuentro decisivo entre estos dos maestros. Efectivamente, el aiio siguiente fué organizado un en~ 68 EOL 43 EDREZ cuentro entre Steinitz y Chigorin, que debian disputarse el titulo “mundial, siendo las condiciones de dicho encuentro que la victoria seria del que lograse mejor puntuacién en veinte partidas. Esta vez el resultado fué favorable a Steinitz, siendo, no obstante, la lucha muy encamizada, como lo demuestra el resultado: Steinitz logré ganar diez partidas, perdid seis y la wltima terminé con tablas, no jugdndose las tres res~ tantes por no poder influir ya en el resultado. Pero esta derrota no impidié a Chigorin progresar en su actividad, como lo demuestra el hecho de aleanzar en el torneo internacional de Nueva York, en el mismo afio 1889, el primero y segundo lugares (junto con Wais), des~ pués de patentizar una notable superioridad sobre jugadores de tanta fama como Gunsberg, Blackburne, Bern, ete. En el afio 1891, Chigorin tuvo ocasiéh de enfrentarse nuevamente con el coloso Steinitz y ganarle brillantemente dos partidas’ jugadas por telégrafo, lo cual dié motivo a que se hablara de un segundo «match» de desquitey que efectivamente tuvo lugar en la Habana, en diciembre del mismo afio. Después de la novena partida, pocos eran los que du- daban del triunfo del maestro ruso, pero a seis puntos, Steinitz logré igualarse con su adversario, creciendo el interés despertado por la titdnica lucha de los ° genios. Pero aun mayor fué la expectacién en la tltima partida del encuentro, que ofrecia el doble interés de ser la decisiva y de Hevar en ella las blancas Chigorin. La apertura que escogié Chigorin fué el gambito de Rey; Uevé la partida con verdadera maestria, logrando ganar a su adversario una pieza, debiendo, por lo tanto, serle favorable el resultado. Sin embargo, cuando mas se- gura parecia la victoria, por um error inexplicable, perdié la partida, siendo grande la decepcién en los circulos aje~ dristas rusos. El resultado del encuentro fué nuevamente favorable a Steinitz: diez ganadas, ocho perdidas y cinco tablas. A L Eis 10 MAR CloOlF F 69 Desde aquel aciago dia en que una irreparable distrac~ cién le arrebaté el titulo de campeén mundial, y a pesar de que la Prensa comentaba el resultado calificando ta suerte de Steinitz de «victoria de Pirro», comenzé la deca~ dencia de Chigorin. La derrota sufrida quebrant6 seria~ mente su sistema nervioso y buscé en el alcohol un degra~ dante refugio para su tristeza. A pesar de ello y de um rapido ocaso, aun logré jalonar su carrera ajedristica con algunos brillantes triunfos. En 1893, en San Petersburgo, Chigorin se enfrenta con Torrasch, que en aquella época ya habia alcanzado la me~ recida fama de jugador singularmente temible, y logra em~ patar con el resultado de mueve ganadas, otras tantas perdidas y cinco tablas. En 1895, ‘alcanza el segundo puesto en el torneo de Gotinga (primero, Pilsbury), quedando delante. de juga~ dores como Em. Lasker, Tarrasch, Steinitz, etc. El afio siguiente alcanza el primer puesto en el torneo de Budapest; en 1897 gana un «match» con Schiffers, con el brillante resultado de siete gamadas, tres tablas y una sola perdida. En 1898 queda, en el tomeo de Colonia, mejor puntuado que Steinitz, Schlechter, Chovalter y otros de igual categoria. Pero sus fuerzas menguan rapidamente y en 1906, sdélo tras inauditos esfuerzos, logra ganar un «match» contra Salve (siete gamadas, cinco perdidas y tres tablas). Los iiltimos afios de su vida los pasé Miguel Ivanovich Chigorin agobiado. por casi continuas dolencias, sufriendo la cruel tragedia de un hombre que ve ya definitivamente perdidas sus esperanzas, muriendo el 25 de enero de 1908, en la ciudad de Lublin. La actividad ajedristica de Chigorin fué, por decirlo asi, la encarnacién de la lucha sostenida por el método psi- colégico, que encontré en cl maestro ruso un digno sucesor del inmorial Morphy, contra las tendencias del método. po-~ sicional que, no obstante, logré dominar, implantando la escuela Hamada «moderna». 10 EL a4 3°B DR EZ No ha sido nuestro Ppropésito sentar, por ahora, conclusion alguna sobre la superioridad de ésta o aquélla escuela, y dejamos al lector y aficionado la libre eleccién de la que mas se adapte a su cardcter, a sus facultades o simplemente a sus simpatias. Indicaremos, no obstante, que el método seguido por Chigorin, aunque contrario al juego de posicién, requiere una gran fuerza analitica, y sdlo gracias a esa cualidad, que el meestro ruso tenia extraordinariamente desarroliada, es posible obtener resultados tan brillantes como los alcanzados Por este maestro. Ademés de ser un analizador de primera fuerza, advertiremos que Chigorin era un profundo cono- cedor de las aperturas, dominaba todas las variantes en- tonces conocidas y era, segiin Lasker, el que mejor co- nocia el complicado gambito Evans, siendo especialmente temido por sus atrevidas innovaci & Uno de los mayores méritos de Chigorin como teérico, es, indudablemente, su original defensa de la apertura es- pafiola, que a continuacién indicamos Por parecernos digna de tal mencién: Blancas Negras 1. PAR 1. P4R 2. C SAR 2. C3AD 3. A 5CD 3. P 3TD 4. A 4TD 4. C SAR 5. 0-0 5. A2R 6. T1R 6. P4CD 7 ASCD 7. PSD 8 P 3AD 8. CATD 9. A 2AD 9. P 4AD 10. P 4D 10. D 2AD ete. Esta defensa se considera como la mejor de todas las conocidas hoy dia, y no son pocos los tedricos que afirman que es ideal. ALES oO M A RC O.F F uU Igualmente digna de mencién es su manera de continuar la defensa francesa, Ilevando las blancas, apartandose desde la segunda jugada de los caminos trillados: ~~ Blancas Negras 1, PAR 1. PGR 2. D2R Y finalmente indicaremos la defensa que adoptaba Chi- gorin contra el gambito de Dama, y que le permitié ganar la partida al ya en aquellos tiempos formidable Lasker (tor- eo de Hastings, 1895). Blancas Negras 1. P 4D 1, P 4D 2. P 4AD 2. € SAD Pero lo més interesante del juego de este maestro es que, aunque sigue los métodos de la escuela antigua, las posiciones de sus ‘partidas se aproximan notablemente a las que se alcanzan con las tendencias que estos tiltimos afios han sido lamadas «hipermodernas» y de las que vol- veremos a hablar més adelante. Al legar aqui presentaremos algunas partidas de Chigorin, escogiendo aquéllas que con més claridad ilustran el sin~ gular estilo de este maestro, padre consciente del métoda psicolégico. La primera de estas partidas es una que jugé contra el conocido maestro Schiffers y que acabé en tablas por no haber visto a tiempo el campeén ruso una brillante com- binacién que le hubiera permitido no solamente ganar la partida, sino élevarla a una altura quiz4 superior a la de la célebre « 4AR A ~ 67D D ~- 2AR P-2TR P -2CR ‘ DP ~ 2CR R - 2TR R~ 1CR T-1TD T - 1AD D- 10D En esta posicion, evidentemente, el mate no es posible por impedir el Caballo negro la jugada D 2TD jaque, se- guido de mate en pocas jugadas. A ELERAT gO MARCO FF 9 Las blancas, por este motivo, pueden impunemente cap~ turar el Alfil con la Torre, y si Jas negras, seducidas por este aparente sacrificio, continuasen C x T, inmediatamente jugarian las blancas: D 2TD jaque R1T C 7AR seguido de la continuacién indicada al pre- sentar el diagrama que antecede. Siguiendo con el propésito de familiarizar al aficionado con el buen uso de este importante auxiliar del juego psicolégico, aduciremos algunas posiciones de mates ti- picos, consistiendo cada ejemplo en un diagrama demostra~ tivo y especialmente escuecto, acompafiado de las corres- pondientes jugadas constitutivas hasta legar a la posicién del mate propiamente dicho. Pero, como ya hemos advertido, el juego psicolégico no consiste solamente en aprovechar estos momentos cri- ficos de la partida cuando se presente, sino que ensefia, ademis, la manera de crear estas posiciones, induciendo al adversario a-cometer determinados. errores que le con- duciran rdpidamente a la derrota. Bl objeto de demostrar practicamente la manera de reali- zarlo, algunos diagramas irdn seguidos de posiciones co- mentadas, en su mayoria tomadas de partidas realmente jugadas por aficionados de escasa fuerza contza edversarios més experimentados. 94, EL Ie DUR Res Diagrama ntim. 4 NEGRAS Blancas Negras 1, D6OA+ 1. T2¢ 2 D8A+ 2. TiC 5. C6C + 5. PxC 4, D6TR-+ mate, BLANCAS e Posiciéa relacionada con el dia- grama nim, 4 Blancas Negras D=agH D ~7AR P~3ID P ~ 4AD P- 3CD P - 4CcD C - 2aD A~ 41D P-2D C - SAR P-2TR T - 37D T~1CR P~-2CR R-1TR R~1CR La posicion indicada se habia originado a consecuencia de una partida jugada Por el autor en un campeonato local El adversario, levando las blancas, a pesar de una pe~ quefia superioridad por parte de las negras, confiaba que la partida terminaria en tablas. Evidentemente, inspeccionando AL YE Sy “lo MAR CO'F F % la posicién se advierte que las negras pueden lograr el empate por jaque continuo; asi, pues, el sacrificio que a continuacion se presenta aparece a las blancas como un vano intento de forzar la situacion. Blancas Negras 1. A 2AD !?P 2-DxA Aparentemente, ningiin peligro amenaza la posicién blan- ca, y con esta jugada las blancas, ademas de igualar las fuerzas, amenazan mate a la primera. 2. CATR! Al llegar a este punto, las blancas ya no dudaban del resultado nulo, puesto que ganan una Torre, y para de- mostrarlo jugaron: 3. D 8AD jaque 3. ROT ASD rots? Tan seguras estaban las blancas de que su adversario no tenia otra salvacién que las tablas, que se las propiu~ sieron. Pero la continuacién fué: 4, D 6AR jaque 5. T2C 5. D 8AR jaque 6. T1C 6. C 6CR jaque 7 PxC 7. D 6TR mate! Un adversario més experimentado seguramente no hu- biese caido tan facilmente en esta celada, y al presen- tarsele los sacrificios hubiera analizado detenidamente la posicién hasta encontrar el peligro que le amenazaba. Pero Diagrama nim. 5 NEGRAS Blancas Negras 1. AR © 1. RIT 2. T8AR + mate Posiciéa Correspondiente al mate del diagrama num, 5 Blancas Megras P-sTR C-4 A ~2aD Pp oat P-2CR P - scp T - 1AR P-2TR R- 1CR P - 2cR P~4cR R-1CR Juegan las biancas, side MARCORERE OT AEs ental En Ja posicién adjunia las blancas siempre pueden ganar una pieza jugando desde un principio A SCD jaque, y cla vando luego el Caballo, que no puede ser defendido a causa del mate y que tampoco puede defender la Torre por la misma razén, Pero asi y todo, la partida estaria lejos de estar ganada, especialmente a causa de los significativos Peones ne- gros, que podrian muy bien compensar Ja pieza. Por lo tanto, mucho mds acertado seria quiza: 1, A4TD Las negras ya han visto pasado el peligro de perder una pieza y no quieren resignarse a perder la calidad defendiendo la Torre con el Caballo. Por lo tanto: 1. T 4R? Sin sospechar la celada. 2. ABCD! 2 RAT 3. T 8AR mate. Diagrama nim. 6 NEGRAS Blancas Negras 4. C7AR+4 1. RIC 2. C6TR + mate. BLANCAS 98 EL ASD Bopy eM a2 Posicion correspondiente al mate del diagrama nim, 6 Blancas Negras C~R P - 45R C - 4cD C ~ 4D P ~ 3CD P ~ 3CR P ~ SAR C - SAR P -~3TR P -~ 5CcD P- 27D P- 2TR A - 2D A~2R P ~ 2AD P - 2aD P~2cR D ~ 2cD T ~- 17D P ~ 2TD D-1D R-~1TR R- 1TR T~- 1AR T-1TD En la presente Posicién de una partida entre dos aficio-~ nados de mediana fuerza; las Dlancas continuaron: 1.) x‘ ¥ Jas negras, sin examinar detenidamente Ia situacion, co~ metieron, naturalmente, el orror definitive: 1 CxD? y el mate no se hizo esperar: 2. C TAR j. doble 2 R1Cc 5. C 6TR mate. LEI Oo BE oi aR Age a pe) ORO) A Diagrama nim. 7 NEGRAS Blancas Negras 1. T7C-+ PEs 2. TxPC+y mate a la siguiente. (Es evidente que T SAR sdlo aplaza cl mate hasta la siguiente jugada.) BLANCAS Diagrama num. 8 NEGRAS Blancas Negras 4. C6CR+ bipxc 2. TATR + mate © bien 1. R1CR 2. TACD + (d) y mate a la siguiente. BLANCAS 100 EL Diagrama nim. 9 NEGRAS Blancas Negras as DxPT I+ 1, RxD 2. T2TD+ y mate 4 la siguiente, Es interesante hacer notar que ya en la obra de Da miano se menciona esta po~ sicién. AJED RE gZ Blancas 1. C6CR+ 2. TATR-+ mate. Negras 1,.PxC Como facilmente se ad- Vierte, este mate es uno de los que se Ppresentan en e diagrama nim. g, ° Diagrama nim, 10 NEGRAS aw! Boia) 30) Blancas Negras 1. DETR! 1, ASD 2, TST y mate a Ja siguiente. Ys 1. TACR 2, DxPT-+ 2RxD 3. TSTR-+ mate. Claro esté que las ree no pueden jugar ni D &: ni P x C, pues reciben mate inmediatamente. Diagrama nim. 12 NEGRAS BLANCAS Marco FF 101 Diagrama nim. 11 BLANCAS Blancas Negras 1, T8D+ CR2R 2. T8TR +mate. ae poe ATEDREZ Diagrama nim. 16 NEGRAS Ly gy) 18] Esta poskiténi: oinque ie mas complicada que las an- teriores y aparentemente ex- trafia, es digna, no obstante, de mencién, por presentarse con frecuencia en las par- tidas alguna de las dos va~ tiantes que reine, BLANCAS : Tas primeras jugadas son: Blancas Neue as Ape E 1. D1A ents 208 3. TTAD x PAR + = xD Variante A 4 TS 5. R IR 5. ace 4. R juega. . [Link]+ mate, ga. Variante B 4, 7 8AR + 5. RIC 5. T4A . TAR + ie “ ze 6. P SCR + ee ae 7. Tx PTR + mate, AL EJO Ma Rococo F F_ 103 Diagrama nim. 14 1 ni NEGRAS Blancas egras ‘ nar oe 1. T8TR+ 1. RxT wy 2. TATR-+ 2. RACR - - 3. T8TR 3. RxT a § 4, DITR-+ 4, RIC q 5. DITR-+ mate. Esta posicion es la pri- 3 mera que se efcuentra en la conocida obra de Carrera, ~ Zi publicada en 1618. L a BLANCAS Diagrama num. 15 Blancas Negras NEGRAS 1. A6AR + 1. RAC 2. D6TR y cualquier jugada que ha- gan las negras, mate a la siguiente. Observemos que si el Rey bianco esluviese, por ejem- plo, en 1TD, las negras po- drian dar algunos jaques con la Torre, lo cual, no obs~ jante, tnicamen:e retardaria “el momento definitive. Para terminar con esta breve serie de mates tipicos, reproduciremos a continuacién una posicién, por cierto no- table, de la que fué victima el autor en una partida que BLANCAS * 104 Br, ATEDRREZ jugd con el maestro Chigorin, supo explotar e » que blemente ta situacion expuesta deb Rey adversario. _ La posicién no es, en rigor, de la categoria de los mates lipicos, pero algunas de sus caracteristicas nos Permiten Situaria a continuacién de los mismos, admira- Diagrama nim. 16 CHIGORIN A, MARCOFF N. EGRAS Blancas Negras 1. CxPT 1. RxC 2. TSCD! Después de Ja indicada ju- gada de” Jas Diancas, éstas amenazan el mate de dos maneras: T 2TR seguido de mate, y el mismo mate ju- gando P 5AR. Claro esta que el mate, BLANCAS en rigor, no existe, pues con- peed las negras P3 o Conjurado el peligro inmediato, Pero las. blancas, con P SAR, ganarian una Tore. ra Véase, por ejemplo, esta variante: Blancas Negras : 2. PSR o PAR 3. P SAR! 5. R ITD forzada. 4. T 4TD 4. T 2TD i eT 5. RxT 6. Px T gy las negres no tienen defensa. Este ejemplo indica como puede explotarse la sola ame- naza del mate paza conseguir ganancias materiales de piezas ¥ Pposicién que inclinarén definitivamente el resultado. VBLLLLLLLLNLLQLKKLgunveg CarituLro V DE LAS TABLAS Las tablas, es decir, el resultado nulo de la partida, si bien mo tienen excesiva importancia entre aficio- nados que deleitan sus ratos de ocio con partidas sueltas, son de gran trascendencia en encuentros, torneos, ete, en que la finalidad es la clasificacién de los contendientes por los puntos obtenidos. Veamos, pues, a qué causas puede atribuirse este resul- tado y en qué condiciones puede presentarse, para lo cual indicaremos los siguientes casos: Las tablas pueden originarse: 1) Cuando Ja posicién de las piezas es tal que ambos adversarios consideran que cualquier intento que hagan para «forzar> Ja partida les seria desventajoso y la de- claran nula de comiin acuerdo. 2) Cuando al iegar to que vulgarmente se denomina «final de la partida» las fuerzas de los jugadores estan de tal manera equilibradas que no existe posibilidad tedrica alguna de llegar a una forzada posicién de mate, como, por ejemplo, en los finales de Dama contra Dama, Torre contra Torre o Alfil y Caballo contra Alfil, etc. 106 EL AJ EDRRB 2 3) Cuando en Ja anteriormente citada y illtima fase de la partida el mate es tedricamente imposible por no disponer el bando fuerte de piezas suficientes para darlo, como, por ejemplo, un Alfil 0 un Caballo solo o dos Caballos. De estas dos tiltimas condiciones de tablas se deduce, pre- -Cisamente, la imperiosa necesidad en que se encuentra el buen aficionado de conocer bien los lamados y algunos casos generales frecuentes en la practica, a fin de no dar por tablas una partida ganada o perder un juego cuyo resultado debiera ser nulo. 4) Cuando ambos adversarios estan obligados a la re~ Pelicién de las mismas jugadas en vista de que cualquier otra evolucién comprometeria la partida. Esta condicion puede considerarse como secuela de la mencionada en pri- mer término. . 5) Cuando uno de los adversarios tedricamente no puede evitar el jaque continuo. 6) Cuando uno de los bandos se halla en posicién de ahogo. No entra en nuestros Propésitos la dificil tarea de ana~ lizar las consideraciones completamente personales que guien a los jugadores a la determinacion sefialada on ol parrafo primero. Tampoco nos entretendremos examinando los casos que Sefialan los pdrrafos segundo y tercero, que se_hallan en los dominios del Ajedrez tedrico, advirtiendo, no obs- tante, que si bien la técnica de ellos nada tiene de comin con el juego psicolégico, éste Puede servir para abordarlos favorablemente. La cuarta condicién, como hemos indicado, se reporta, a la primera, y las mismas razones nos obligan a no ocu~ parnos de ella, _ Quedan, por consiguiente, las dos Ultimas ‘condiciones, tr AL EJ o MiAKR ClOwR # 10%) que son las que se prestan especialmente a la aplicacién del método psicolégico, por presentarse con relativa fre~ cuencia posiciones tales que, no siendo posible dar mate, en cambio un oportuno «momento Psicolégico» bien com~ binado puede permitir el empate, ya por un ahogo a pri- mera vista dificil de descubrir, ya por un jaque continuo que: el adversario advierte cuando ya es imposible evi- tarlo. Claro esté que en este caso el momento psicologico s6lo ha de aplicarse como «iltimo recurso», y no intentarlo cuando al resultado de la partida esté lejos de poterse decidir continuando el juego normalmente. Es hecho corriente entre los aficionados que la posicién de uno de ellos llega a ser tan marcadamente inferior que la pérdida de la partida en plazo mds 0 menos largo es evidente, 0 sea que tedricamente sélo es cuestién de tiempo. Pero no por eso ha de abandonar el aficionado, pues la prdctica demuestra (no hablamos de neéfitos, cuyas par- tidas tan pronto presentan aspecto favorable para uno como Para otro, por no saber aprovechar ninguno de los dos Jas ventajas conseguidas) que son frecuentes las ocasiones de intentar un ... Siguiendo por este camino Wegariamos a la conclusién, efectivamente cierta, de que el juego de posicién y la estrategia moderna no estén refiidas mas que aparente- mente con los principios fundamentales del juego psicolégico. Pero temiendo anticiparnos al tema tratado en el siguiente capitulo, pondremos fin al presente y abordaremos lo que tan escuetamente acabamos de esbozar, WLLLLLVLLLLLLLNugeee Capritutro VI DE LA EVOLUCION DE LOS METODOS AL partir del momento en que por primera vez se plan- tearon las cuestiones de la evolucién de las teorias del jue- go del Ajedrez, y, por consiguiente, la de su orientacion con respecto a la direccién del movimiento evolutivo—es decir, unos treinta afios atras,—mucho se ha discutido. acerca de la importancia, ventajas y valor practico del juego. psi- colégico, y fueron numerosisimas las publicaciones y autores que se ocuparon de este interesante problema. No es nuestro propésito ahondar aun mas esta cuestion tan extensamente tratada, pero para abordarla con la es- perenza de dar una somera idea de la misma, creemos ne- cesario retroceder unos cuantos siglos en la historia de este juego, cuando estaba atin lejos de ocupar el envidiable lugar que actualmente le est destinado. En efecto: en aquella época—inos siete siglos atras— el Ajedrez era considerado, especialmente en Francia, todo lo mas como otro juego cualquiera en que el azar ocupase tanto lugar como el ingenio desplegado por los jugadores. Desde este punto de vista, poco se diferenciaba de algun que otro juego de cartas o de domind (a pesar de que entre €stos existen algunos verdaderamente ingeniosos y complicados, como, por ejemplo, el Tresillo o el Bridge), en que los adversarios, para alcanzar el triunfo, unian al 116 EOL ATEDREZ factor suerte el de las multiples celadas y «trucos» que les permitian sus conocimientos Yy que podriamos comparar muy bien con los «momentos psicolégicos> en el tablero. Como muy acertadamente observa el maestro Alejin en un articulo publicado en «Posledtia Novosti» (5 de junio de 1951, nim. 3,726), esta opinién que del Ajedrez se habia formado en la Edad Media Ilegé a no dejarlo progresar més alla de unas truculentas charadas, como eran los «man- subas» drabes, de los que daremos més adelante algunos ejemplos, y que consistian en artificiosas Posiciones finales, problemas e ingeniosos enigmas, fundados especialmente sobre celadas de cardcter psicolégico, y la solucién de los cuales era motivo para apuestas materiales que no pocas veces Ilegaban a ser bastante crecidas. Por este motivo, al perseguir las autoridades los juegos de azar y mutuas apuestas (en los condllios de Paris de 1212 y 1255 se reprobé Ja sola tenencia de un tablero de Ajedrez en el domicilio), el Ajedrez siguié injustamente igual suerte, lo que determiné, como es natural, en la opinién pa- blica, un marcado desprecio hacia cuanto se relacionaba con este juego, y tanto los fuertes jugadores como los sim- ples aficionados fueron considerados como verdaderos tahures que se lucraban con habiles manejos ¥ artimafas indignas de personas honradas. Algunos manuscritos de aquella €poca nos muestran cla- tamente el estado del Ajedrez medieval. Incluso la obra de Alfonso X el Sabio no es més que una compilacién de ciento treinta posiciones parecidas a los «mansubas» arabes, Aun conservan este mismo cardcter las obras que apa~ Tecen mas de tres siglos mas tarde, como, por ejemplo, las de Lucena, Damiano, Ruy Lépez y Carrera, aunque en sus exploraciones ya se advierte que comenzaba a perfi~ larse el matiz tedrico de las evoluciones en el tablero y sus «juegos» son verdaderos ensayos de lo que mas tarde debia ser la . Pero aun tan rudimentarias nociones distaban mucho de Ser generalmente conocidas, y los aislados maestros no con- ALEJ0O MARCOREF iit siguieron variar la opinién que del Ajedrez se tenia. Y, no obstante, a pesar de tan desfavorable criterio, el Ajedrez Se introducia en la corte de Felipe Il y algo mds tarde ya lograba penetrar en las cortes de algunos principados de Italia. Tanto es asi, que llegaron a organizarse frecuentes encuentros entre los mejores jugadores de la época. Pero si examinamos algunos relatos que mos describen estas contiendas, notaremos que se les daba un significado muy parecido al de otros encuentros menos nobles, como tiflas de gallos, luchas atléticas y exhibiciones de circo. Por otra parte, el hecho mismo de que aquellos «maestros» fuesen pagados por los potentados para que con su ingenio les divirtieran, los rebajaba al nivel de vulgares bufones, Jo cual, como es de suponer, lejos de clevar el -concepto, que del Ajedrez se tenia, lo dejaba atin lo suficientemente bajo para que nadie se decidiera a Profundizarlo desinte- resadamente. Al pesar de ello, la activa labor de estos jugadores y el esfuerzo de los citados iban ya preparando paulatina- mente el terreno propicio a los genios de los tiempos futuros. Bien dice el doctor Emanuel Lasker en su «Curso de Ajedrez»: «.. De una obra publicada el afio 1621 por el mas grande genio de aquel tiempo, Greco el Calabrés, podemos juzgar cual fué el resultado de toda esta actividad. Los jugadores antes mombrados levantaron gradualmente la teoria des- de la o «celada> hasta mostrar un deseo muy bien comprendido en pro del «ataque>. La més alta estra~ tegia que ayudaron a desenvolver los maestros espafioles e@ italianos fué la de concentrar répidamente mucha fuerza contra el Rey, aun a expensas de fuerza material, y de amenazar mate al Rey para obligar al enemigo a abando~ nar, durante su defensa, algunas piezas de valor, YU ejecu- taron esta idea por varios medios ingeniosos, como lo demuestran algunos de los juegos de Greco. El procedimiento 118 EOL AJ EDR EZ de rapida concentracién de fuerzas sobre el Rey enemigo se denominé «el ataque», y el descubrimiento de este con- cepto, lo mismo’ que la inteligencia del valor de la rapidez y del peligro de perder tiempo—perder un movimiento o un «tempo»,—fuée la conquista mas valiosa desde et afio 1500 hasta mediados del siglo diecisiete.» Aun para la actualidad, algunas partidas de Greco ofre~ cen marcado interés, pues en ellas se advierte ya el notable desarrollo de los conceptos de «apertura», «ataque>, «de~ fensa>, efc., y en esta labor su genio fué poderosamente ayudado por la actividad que desplegaron paralelamente a la suya otros maestros, acompafiandole en la ruta del progreso‘con el estudio de lo que comunmente se deno- mina «finales». é Efectivamente, ya en 1618, Carrera publicaba en una obra los principios clasicos, sino tinicamente de finales propia~ mente dichos, de ocombinaciones de partidas. La posicién indicada en el diagrama nim 14 de este libro es la primera que examina Carrera en la citada obra; Ja segunda es la que todos conocen por «mate de Philidor> y que hemos reproducido en el diagrama mim. 3; luego si- guen algunos interesantes estudios de posiciones finales de empate, de Peones conira figuras y, finalmente, de Peo- nes contra Peones, todo lo cual es de sumo valor histérico para el estudio critico del desarrollo del Ajedrez en aquella €poca. i Sin embargo, el ambiente medieval no era el mds ade- cuado para el progreso del juego, y el impulso que le dicron los primeros maestros no era atin suficiente y sus. efectos se iban répidamente extinguiendo, dejandolo estacionario en su perfeccionamiento, cuando, por fin, la evolucién de la sociedad ya no se opuso a la aparicion de un nuevo astro, Mamedo a darle un nuevo y vigoroso empuje. Este brillante genio fué Francisco Andrés, Danican Phi- lidor. Nacio en Ja ciudad francesa de Dreux, en 1726; era hombre A UL, Biyps gO MA RCO F F 119 de costumbres sencillas, amable en [Link] y agradable en sus maneras; cullivaba el arte presidido por la divina Euterpe: la musica. El momento en que lo habia colocado la Historia, cuan- do ya se preparaba la Revolucién y el pensamiento hu- mano, extremadamente critico y revolucionario, elevaba ya las figuras de Diderol, Rousseau y Vollaire, hizo de Philidor un producto normal de aquellos tiempos, en que las condi~ ciones egoistas y conservadoras—singular contraste—pro- ducian gencralmente hombres de elevadas y originales ideas, pero aun débiles en la accion. Siendo paje de un cuerpo eclesidstico de musica, apren- dié el manejo de las fichas de damas y de Ajedrez y dis- trajo con ello sus ratos de ocio. Algo mas tarde, en Paris, encontré a Legal, que entonces era considerado como el mejor jugador de Francia, y encontrando en aquel hombre de distinguidos modales y singular nobleza cierta afinidad de caracteres, intimé tanto con él que durante toda su vida lo tuvo por adicto y fiel amigo. A los diecinueve afios, su profesién artistica y la esperanza de encontrar mayores ingresos lo llevaron a Holanda, donde fué cruel~ mente desilusionado. Obligado a quedarse alli por algiin tiempo, sin recursos ni ayuda, logré, no obstante, soste- nerse gracias a su habilidad en el juego de las «damas». Pero quiso la suerte que alli conociera a algunos oficiales ingleses que dedicaban sus horas de descanso al Ajedrez, y habiéndose captado nuestro héroe la simpatia de aquellos militares, pronto fué admitido en el circulo de la mas esco- gida nobleza inglesa. Gracias al apoyo que le prestaron esos nuevos influyentes amigos, no tardé en obtener mas que regulares ganancias practicando el juego del Ajedrez, lo cual te permitié hacer frecuentes viajes por Inglaterra, Holanda y Alemania, dando muestras en todas partes de su excepcional maestria; inmediatamente se destacaron sus maravillosas facultades, venciendo a cuantos jugadores en- contraba en sus viajes, y especialmente Iamaron la atencién mundial sus sesiones Mas a pesar del ambiente favorable en que aparecis este libro, sus ideas no Iegaron a ser comprendidas en aquel momento, y su labor, no apreciada en todo su inestimable valor, no obiuvo el éxito que merecia. Unos ocho afios mds tarde, Philidor abandonaba Ia vida inquieta, y volviendo a Francia fundaba,un hogar feliz y Se consagraba nuevamente a su arte favorito. Aqui también su talento le valid la gloria de la popularidad desde la escena de la Opera Comica, de la cual fué socio administrador durante dieciséis afios. Pero su intento de entrar en el circulo musical de la corte fracasé injustamente por la Oposicién de los muiisicus cortesanos, asestindole un rudo golpe que amengué su fertilidad como compositor y mueva~ mente lo Ilevé hacia el Ajedrez, que habia abandonado casi por completo, como no fuesen las partidas que por las tardes solia jugar en el histérico «Café de la Régence>. Fué precisamente entonces, y marcando su retorno a la vida activa ajedristica, cuando recibié la oferta de un club inglés inviténdole a dar lecciones del dificl juego, pasando cuatro. meses cada afio en la capital inglesa. Philidor acepté, y nuevamente sus sesiones de juego sin el tablero y sus apuestas fueron para él fuente de impor- tantes ingresos, y fué definitivamente el primero a quien se pudo aplicar con toda propiedad el calificativo de era naa que pie Rene se demostrs mas tarde ser falso Y Se sustituyd con la mejor teoria de Steinitz; pero la exageracién es frecuentemente un medio necesario para despertar interés, y el asunto re~ quiere tantas distinciones sutiles, Y los tiempos de Phi- lidor estaban tan poco adaplados para comprender las dificul- ‘axles inherentes al problema, que fué bastante, mas que aoe de su parie, haber descubierto tanto como des~ _ «Philidor generalmente gan6é sus juegos con ataques de- cisivos, aun ‘contra posiciones muy fuertes, que de otro modo serian inexpugnables...» © Las partidas a ciegas, los ataques violentos y el juego abierto descubren, Pues, en Philidor, un perfecto dominio dal tablero Y¥ uma concepeién viva bastante exacta de las Posiciones criticas que Permiten el empleo de mds o menos profundas combina finales, _ Todo ello nos muestra claramente la lenta evolucién del juego psicolégico, desde su incomprendida infancia hasta los mas _elevados principios de Philidor. A partir de este instante, la brillante curva ascendente de ‘su progreso se va mareando de un modo claro y con. ciso, realizada por una pléyades de maestros y analizadores geniales, como Mac Donell, Andersen, Kiezeritsky, Morphy Bloat Von Lasa, Steinitz, Chigorin y tantos otros que lan una lista inacabable i los anales del Ajedrez, ee Secures _Mas precisamente esta marcada Superioridad de los ge- ios produjo una_perturbacion Profunda en la evolucién del perfeccionamiento del método psicolgico Por ellos se- guido, y los tedricos se esforzaron en hallar un arma digna A DYEits yo MARCO F F 123 de adversarios tan formidables, una coraza suficientemente fuerte para resistir sus acometidas, y asi fué como aparecid un nuevo método defensivo bajo el aspecto del juego de «posicion>. El jugador cauto, temiendo el pleno desarrollo de su adversario, cuyos recursos desconoce, se aparta del terreno de las desconcertantes sorpresas, de los brillantes sacrifi- cios y de los mates fulminantes, y prefiere en lo posible lo~ grar la victoria, quiza mas lenta y laboriosamente, pero ex- poniéndose menos al azar de una combinacién imprevista. El maestro moderno tiende, pues, a eliminar de su juego todo aquello que tiene un cardcter «fortuito», y esta profundidad de calculo, este andlisis frio y sistemético, di6, naturalmente, el resultado que se tenia que esperar en vista de Ja marcada disminucién en la agresividad en el juego, multiplicando de una manera notable los casos de empate por tablas. Asi lo han patentizado los modernos torneos y campeo- natos, las luchas serias entre maestros, como, por ejem= plo, el «match» Lasker-Capablanca para el titulo mundial, y el tiltimamente celebrado on Buenos Aires entre este til- timo y el campeén mundial A. Aloji Pero, por otra parte, de lo anteriormente indicado se desprenden Iégicamente algunas observaciones interesantes: Es evidente que el jugador que quiere adaptar su juego a las normas de la escuela moderna, por ser ésia en su esen~ cia nada més que una defensa contra el juego psicolé- gico, ha de conocer igualmente el arma que le ataque, ¢s decir, todos los fundamentos de la «escuela psicolégica> © «antigua», so pena de no poder utilizar convenientemente el método en el cual cifra sus esperanzas. Otra deduccién aparentemente contradictoria, pero igeal- mente légica y patentizada por la observacion de los he- chos, es que el método posicional de la escuela moderna, al perfeccionarse y al ser adoptado por ambos adversarios, legé a convertirse de simple defensa en arma de ataque, abandonando su pasividad, e inmediatamente sobrevino la 124 BL ATEpDREg Consecuencia de buscar en 6! las Correspondientes celadas, asechanzas y combinaciones, en una palabra, los momentos spsicolégicos», aunque esta vez exteriorizados con menos vigor, mucho mas profundos, complicados ¥ ocultos, y aun- que en apariencia menos brillantes que los de Ja escuela antigua, en realidad tan bellos como los de aquélla, El concepto de Y era acompafiado del abandono de una o Varias piezas, se trasformé en lo que podriamos llamar Después afiade el maestro Alejin: «Pero estas afirmaciones de Capablanca ofrecen particular interés por estar hechas seis u ocho meses después de nuestro «match» en Buenos Aires, teniendo que descartarse, pues, la idea de que al emitirlas estuviera bajo la impre~ sién inmediata de su derrota. Al leer sus articulos me extrafid mucho el atrevimiento de tales aseveraciones, pues indudablemente habia previsto que sus profecias podrian prestarse, por parte de los afi- cionados imparciales, a otra interpretacion, verdaderamente enojosa y que podria traducirse aproximadamente de la si- guiente manera: «El juego del Ajedrez esta condenado a muerte, desde el momento que ya no soy el campeén mundial.» Mas, a pesar de ello, su teoria tuvo, en principio, bas~ tante éxito. Esto se explica, por una parte, por el hecho de que las causas verdaderas del considerable nimero de tablas hechas en nuestro ultimo «match» fueron desconoci- das del gran publico, y, por otra, debido a que cualquier opinion enunciada por un hombre que ha alcanzado una determinada celebridad, siempre encontrard fervientes de- fensores entre sus admiradores Jy partidarios. Pero yo espero poder demostrar, en mi libro dedicado @ nuestro «match», que la mayoria de las partidas que terminaron en tablas lo fueron no a consecuencia de una técnica demasiado perfecta, sino, al contrario, gracias a una técnica aun defectuosa. Mejor dicho: estoy convencido que de aquellas partidas muy pocas debian acabar en ta- blas.» A continuacién, Alejin afirma que el éxito de la teoria expuesta por su adversario fué debido a que la gran ma- yoria de aficionados que no habian logrado clevarse hasta 126 EL AT EDREZ el nivel deseado, asi como aquellos que habiendo alcanzado algunos pequefios triunfos sofiaban en otros mayores, vieron en ella la posibilidad de reformar el juego y, por lo tanto, nuevas esperanzas para sus limitadas capacidades, cuya in- suficiencia mo querian reconocer, alribuyéndola a los de- fectos (!) del juego ya su escasa elasticidad. Capablanca parece indicar que no estamos lejos de un tiempo en que el arte del Ajedrez, habiendo liegado a un «punto muerto», no podré extenderse mds alld de la aper~ tura, pudiendo siempre el adversario llegar a una posicion de nulidad tedrica desde los comienzos de la partida. Pero, como muy bien comenta Alejin, «ahora ya ven cla~ ramente los maestros y los jugadores notables que en lo que se refiere a las llamadas caperturas»> tan sdlo «sabemos que m0 sabemos nada». En efecto: [Link] es extraiio que ningiin tedrico haya logrado hasta hoy dia poner los puntos sobre las ies en esta cuestion, y que el concepto mismo de capertura>, en el actual orden de ideas, apenas da de- recho a emplear este término en la ciencia del Ajedrez? La teoria cldsica divide la partida en tres fases, que son: la apertura, el medio y el final. Por lo que se refiere a los dos tiltimos conceptos, los sefiores tedricos, por lo menos, se toman el trabajo de indicar, hasta cierto punto, las diferencias esenciales que existen entre ellos. Asi, afirman que el final se caracteriza por la posicién arbitraria del Rey, que puede evolucionar mas libremente y tomar parte activa en la contienda, ya que a consecuencia de la notable disminucién del material son menos los peligros que le amenazan. Por eso obligan al Rey a desempefiar un papel importante y a mi parecer excesivamente decisivo. Todas estas observaciones serian muy Idgicas si no se presentara la siguiente pregunta: aEn qué momento de la partida acaba el medio y principia el final, y cémo determinar cientificamente la linea divi- soria entre ambos conceptos? Pero las definiciones son alin mas vagas cuando se trata de separar la apertura del medio, porque aqui los teéricos ALES 0 Mv ALR cee | am ni siquiera pueden indicar caracteristicas generales, ya que guiandose unicamente por sus preferencias personales, © bien sencillamente por «comodidad>, denominan , Pero su» juego se diferencia notablemente del desarro- Hado por el campeén cubano. Alejin, primero consolida su A L EJ) 0 M A RCO F F (129 posicién, la trasforma en) fortaleza inabordable en la que acumula sus fuerzas para lanzarlas con irresistible impetu en el momento més inesperado. Rapido como un tigre, se lanza al ataque, desgarra su presa y llega a un mate ful- minante, inevitable. Cuando se lanza al ataque, se lanza a fondo, sin preocu- parse de las heridas que recibe su posicién ea la deses> perada reaccion del adversario, porque sabe que su acome- tida ha de ser decisiva, que el enemigo no tendré ocasion para rehacerse y que ha de darle. muerte, y que si no lo cousigue le espera el fracaso mds completo. Para Capablanca, lo primordial es: conservar una buena posicion desde los comienzos hasta el final de la partida; para Alejin, en cambio, la posicion es una base sdlida para apoyar un ataque, es el punto de partida para sus saitos de tigre. Por eso el primero es lento y constante durante todo el juego, mientras que el segundo no lo es més que al principio. Para Capablanca, la «estrategia» es un método que encama admirablemente la escuela moderna, es su quintaesencia; para el maestro eslavo, en cambio, no es mas que un medio para preparar el ataque y cuya razon de ser desaparece tan pronto como éste se desencadena, entrando Ja partida en el terreno de las combinaciones. Y aqui se revela todo su genio admirable, brillan todas sus facultades, pues ha legado su momento favorito. Mientras el adversario se halla atrincherado en una po- sicion sdlida, Alejim juega casi con displicencia, pero tan pronio se presenta el momento de la accién, se despiertan todas sus facultades, se inflama y se desborda su fantasia y se entrega con verdadero deleite al estudio profundo de infinitas y audaces combinaciones. Esta razon hace que Alejin retina més «probabilidades> imprevistas, porque para su actividad cerebral no existe otro limite que el que quiera imponerle su genio, En su persona retine casi todas las earacteristicas de las escuelas existentes: en los comienzos de la partida es el 2 .

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