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Reflexión Sobre La Parábola de Fariseo y El Publicano

La parábola del fariseo y el publicano presenta tres leyes de la vida espiritual: (1) Aquellos que sinceramente confiesan sus pecados ante Dios están más cerca de Él que aquellos que creen no tener nada que confesar. (2) Quienes admiran su propia espiritualidad difícilmente ven lo bueno en otros. (3) Mientras los humanos aplauden a los ganadores, Jesucristo se interesa profundamente por los perdedores.

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Reflexión Sobre La Parábola de Fariseo y El Publicano

La parábola del fariseo y el publicano presenta tres leyes de la vida espiritual: (1) Aquellos que sinceramente confiesan sus pecados ante Dios están más cerca de Él que aquellos que creen no tener nada que confesar. (2) Quienes admiran su propia espiritualidad difícilmente ven lo bueno en otros. (3) Mientras los humanos aplauden a los ganadores, Jesucristo se interesa profundamente por los perdedores.

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Tres leyes de la vida espiritual: Una reflexin sobre la parbola

del fariseo y el publicano.


Jan Paulsen

Dos hombres vinieron a orar a la casa de Dios. Aparentemente no se conocan. Espiritual y


socialmente pertenecan a dos mundos aparte, o al menos as es como se vean a s
mismos. Estos dos hombres representan a dos grupos de personas que siempre han
llegado a la casa de Dios para orar.

Uno de ellos era considerado como un ciudadano bsicamente bueno y respetable. Viva
una vida decente y es probable que se vea a s mismo como un modelo digno de ser
imitado. Saba con claridad qu estaba bien y qu estaba mal. Por lo menos as lo crea.

El otro era considerado un estafador. En realidad, era un personaje despreciable.

Uno era tenido en alta estima, el otro, ciertamente, no. A uno se lo describa como
fariseo; al otro, como publicano o recaudador de impuestos.

Hoy puedes pensar que a las personas que entran en la casa de Dios para adorar y orar
pueden fcilmente dividirse en estos dos grupos, permteme decirte inmediatamente que
las cosas no se dan as. A nosotros nos sera difcil encontrar a muchas personas con la
firmeza, el celo y la disciplina de un fariseo. Y probablemente no muchos de los que
vienen a la iglesia se han hundido en las profundidades del estilo de vida del publicano.

Sospecho que en la mayora de nosotros hay algo de los dos, un poco del publicano y un
poco del fariseo; a veces ms del fariseo y a veces ms del publicano. Pero entre los dos
probablemente tenemos un promedio de la gente que viene a orar.

El mensaje bsico de este relato contado por Jess es un mensaje tanto de juicio como de
salvacin. El juicio est dirigido primariamente contra aquellos que tienden a compararse
con otros en la iglesia, y al hacer eso terminan sintindose muy bien. Se ven a s mismos
como realizados y exitosos, en contraste con los que tienen una autoestima negativa. Al
expresar los dos hombres sus pensamientos y sentimientos ante Dios en oracin, resulta
clara la percepcin que tenan de s mismos.

Uno se alaba a s mismo y a Dios por lo que es y por lo que es capaz de hacer. No tiene
deseos de ser diferente. No tiene nada que pedirle a Dios. Sus ayunos, su vida de oracin,
sus contribuciones de diezmos y ofrendas son impresionantes. Seguramente, Dios, t
reconoces eso! Su mente est concentrada en qu puede traer a Dios, no en qu ha
recibido de Dios. Y en eso radica su primer error.

En contraste, vemos al otro individuo, de aspecto miserable, que se siente completamente


fuera de lugar. Su mismo trabajo recaudador de impuestos era algo que iba en su contra.
La gente decente no escoga esa profesin. Socialmente, no era aceptado. Muchos lo vean
como un leproso moral, un traidor. De modo que lo ms adecuado era que se quedase
lejos, como dice la parbola.

Uno podra preguntar: Ser posible que tengamos en esta historia a un hombre
bsicamente recto, convertido injustamente en vctima de una profesin con un estigma
social? No, ni por asomo! Era una persona corrupta y estafadora. Su postura y sus
palabras, todo reflejaba su verdadera condicin. Todo andaba mal en su vida. No haba
nada en l que lo recomendase.

Pero, precisamente en eso radicaba su salvacin. Tuvo el valor de ser honesto consigo
mismo y con Dios. Al estar delante de Dios, no encontr nada en s mismo de lo cual
sentirse bien. Slo vea fracaso y miseria. Con sentimientos que evocaban los de David
muchos aos antes Lvame ms y ms de mi maldad, y lmpiame de mi pecado. Porque
yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado est siempre delante de m, Salmo 51:2-3, clama
por ayuda.

Leyes de la vida espiritual

De esta historia memorable se extraen tres leyes importantes de la espiritualidad.

Primera ley: La persona que confiesa sinceramente su pecado ante Dios est ms
cerca de Dios que aquella que cree que no tiene nada que confesar.

Dios puede encargarse de los pecados; lo hace todo el tiempo. Es muy competente
en eso. (Es quitada tu culpa, y limpio tu pecado, Isaas 6:7.) Pero la ceguera de
la arrogancia es difcil de curar.

Uno puede preguntarse: Cul fue el criterio del fariseo para sentirse tan logrado
y exitoso espiritualmente? Se compar con un individuo por quien no tena
sino desprecio! El compararnos con otros, lo que hacemos a menudo,
generalmente ayuda poco. Las conclusiones que extraemos en esas
circunstancias son inseguras. Y eso nos conduce a otra ley de la espiritualidad.

Segunda ley: La persona que admira su propia espiritualidad por lo general es


difcil que vea lo bueno en otros.

Nos recuerdan las palabras de advertencia de Pablo: As que, el que piensa estar
firme, mire que no caiga (1 Corintios 10:12). Al estar en la presencia de Dios,
probablemente no hay sentimiento ms arriesgado para acariciar que ste:
Seor, mientras otros quizs no sean capaces, te agradezco que yo lo soy. Esto
trae a nuestra mente el pensamiento bien conocido: Mientras ms nos
acerquemos a Jess, menos nos sentiremos inclinados a ensalzarnos a nosotros
mismos. Aquellos a quienes el cielo reconoce como santos son los ltimos en
alardear de su bondad (Elena White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 124).

Los verdaderos peregrinos no encuentran satisfaccin en proclamar su propia


espiritualidad. La humildad es su perfil caracterstico (ver Filipenses 2:3). Un
verdadero peregrino conoce por experiencia personal la fragilidad de la
humanidad; entiende y toma tiempo para dar una mano a compaeros de
travesa que encuentran difcil el camino.

Tercera ley de la espiritualidad: Mientras los seres humanos aclaman natural y


espontneamente a los ganadores, Jesucristo se interesa profundamente por los
perdedores.

La historia de Lucas 18 nos habla acerca de la solidaridad de Cristo con aquellos


que luchan y encuentran todo demasiado difcil. El dijo: No he venido a llamar
a justos, sino a pecadores al arrepentimiento (Lucas 5:32). El tambin declar a
travs del profeta: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y
humilde de espritu, para hacer vivir el espritu de los humildes (Isaas 57:15).

La maravillosa verdad es que ante Dios nadie necesita desesperarse. David or:
Oh Seor, ninguno hay como t. Seor, Dios misericordioso y clemente, lento
para la ira, y grande en misericordia (Salmo 86:8, 15).

Jan Paulsen (D. Th., Tubingen University) es presidente de la Asociacin General de los
Adventistas del Sptimo Da.

Todas las citas bblicas de este artculo proceden de la Versin Reina-Valera, revisin de
1960.

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