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CUENTOS Odt

El documento presenta tres cuentos populares resumidos en 3 oraciones o menos cada uno. El primer cuento es Caperucita Roja, en el que una niña lleva una cesta a su abuela pero se encuentra con un lobo que engaña a ambas y las come. Un cazador mata al lobo y rescata a la niña y la abuela. El segundo cuento es Los tres cerditos, en el que tres cerditos construyen casas de diferentes materiales y un lobo intenta comérselos soplando sus casas. La última casa, de ladrillos

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CUENTOS Odt

El documento presenta tres cuentos populares resumidos en 3 oraciones o menos cada uno. El primer cuento es Caperucita Roja, en el que una niña lleva una cesta a su abuela pero se encuentra con un lobo que engaña a ambas y las come. Un cazador mata al lobo y rescata a la niña y la abuela. El segundo cuento es Los tres cerditos, en el que tres cerditos construyen casas de diferentes materiales y un lobo intenta comérselos soplando sus casas. La última casa, de ladrillos

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Universidad Luterana Salvadorea

Materia:
Informtica

Tarea:
Cuentos

Docente:

Estudiante:
Pablo Timoteo Palacios Hernndez
Contenido
Caperucita Roja.............................................................................................. 3
Los 3 cerditos................................................................................................. 7
Rapunzel...................................................................................................... 10
Pinocho......................................................................................................... 13
La liebre y la tortuga.................................................................................... 15
La gallinita roja............................................................................................. 17
El len y el ratn.......................................................................................... 19
La cenicienta................................................................................................ 20
Bambi........................................................................................................... 26
El caracol y el rosal...................................................................................... 28

Caperucita Roja
H
aba una vez una adorable nia que era querida por todo
aqul que la conociera, pero sobre todo por su abuelita, y no
quedaba nada que no le hubiera dado a la nia. Una vez le
regal una pequea caperuza o gorrito de un color rojo, que
le quedaba tan bien que ella nunca quera usar otra cosa, as que la
empezaron a llamar Caperucita Roja. Un da su madre le dijo: Ven,
Caperucita Roja, aqu tengo un pastel y una botella de vino, llvaselas
en esta canasta a tu abuelita que esta enfermita y dbil y esto le
ayudar. Vete ahora temprano, antes de que caliente el da, y en el
camino, camina tranquila y con cuidado, no te apartes de la ruta, no
vayas a caerte y se quiebre la botella y no quede nada para tu
abuelita. Y cuando entres a su dormitorio no olvides decirle, Buenos
das, ah, y no andes curioseando por todo el aposento.

No te preocupes, har bien todo, dijo Caperucita Roja, y tom las


cosas y se despidi cariosamente.

Caperucita Roja

La abuelita viva en el bosque, como a un kilmetro de su casa. Y no


ms haba entrado Caperucita Roja en el bosque, siempre dentro del
sendero, cuando se encontr con un lobo. Caperucita Roja no saba
que esa criatura pudiera hacer algn dao, y no tuvo ningn temor
hacia l.

Buenos das, Caperucita Roja, dijo el lobo. Buenos das, amable


lobo.
Adnde vas tan temprano, Caperucita Roja?
A casa de mi abuelita.
Y qu llevas en esa canasta?
Pastel y vino. Ayer fue da de hornear, as que mi pobre abuelita
enferma va a tener algo bueno para fortalecerse.
Y adonde vive tu abuelita, Caperucita Roja?
Como a medio kilmetro ms adentro en el bosque. Su casa est
bajo tres grandes robles, al lado de unos avellanos. Seguramente ya
los habrs visto, contest inocentemente Caperucita Roja. El lobo se
dijo en silencio a s mismo: Qu criatura tan tierna! qu buen
bocadito y ser ms sabroso que esa viejita. As que debo actuar
con delicadeza para obtener a ambas fcilmente. Entonces
acompa a Caperucita Roja un pequeo tramo del camino y luego le
dijo: Mira Caperucita Roja, que lindas flores se ven por all, por qu
no vas y recoges algunas? Y yo creo tambin que no te has dado
cuenta de lo dulce que cantan los pajaritos. Es que vas tan apurada
en el camino como si fueras para la escuela, mientras que todo el
bosque est lleno de maravillas.

Caperucita Roja

Caperucita Roja levant sus ojos, y cuando vio los rayos del sol
danzando aqu y all entre los rboles, y vio las bellas flores y el canto
de los pjaros, pens: Supongo que podra llevarle unas de estas
flores frescas a mi abuelita y que le encantarn. Adems, an es muy
temprano y no habr problema si me atraso un poquito, siempre
llegar a buena hora. Y as, ella se sali del camino y se fue a cortar
flores. Y cuando cortaba una, vea otra ms bonita, y otra y otra, y sin
darse cuenta se fue adentrando en el bosque. Mientras tanto el lobo
aprovech el tiempo y corri directo a la casa de la abuelita y toc a
la puerta. Quin es? pregunt la abuelita.

Caperucita Roja, contest el lobo.


Traigo pastel y vino. breme, por favor.
Mueve la cerradura y abre t, grit la abuelita, estoy muy dbil y
no me puedo levantar.

El lobo movi la cerradura, abri la puerta, y sin decir una palabra


ms, se fue directo a la cama de la abuelita y de un bocado se la
trag. Y enseguida se puso ropa de ella, se coloc un gorro, se meti
en la cama y cerr las cortinas.

Mientras tanto, Caperucita Roja se haba quedado colectando flores, y


cuando vio que tena tantas que ya no poda llevar ms, se acord de
su abuelita y se puso en camino hacia ella. Cuando lleg, se
sorprendi al encontrar la puerta abierta, y al entrar a la casa, sinti
tan extrao presentimiento que se dijo para s misma:

El lobo feroz

Oh Dios! que incmoda me siento hoy, y otras veces que me ha


gustado tanto estar con abuelita. Entonces grit: Buenos das!,
pero no hubo respuesta, as que fue al dormitorio y abri las cortinas.
All pareca estar la abuelita con su gorro cubrindole toda la cara, y
con una apariencia muy extraa.

! Oh, abuelita! dijo, qu orejas tan grandes que tienes.


Es para orte mejor, mi nia, fue la respuesta. Pero abuelita, qu
ojos tan grandes que tienes.

Son para verte mejor, querida.


Pero abuelita, qu brazos tan grandes que tienes.
Para abrazarte mejor. Y qu boca tan grande que tienes.
Para comerte mejor. Y no haba terminado de decir lo anterior,
cuando de un salto sali de la cama y se trag tambin a Caperucita
Roja.

Entonces el lobo decidi hacer una siesta y se volvi a tirar en la


cama, y una vez dormido empez a roncar fuertemente. Un cazador
que por casualidad pasaba en ese momento por all, escuch los
fuertes ronquidos y pens, Cmo ronca esa viejita! Voy a ver si
necesita alguna ayuda. Entonces ingres al dormitorio, y cuando se
acerc a la cama vio al lobo tirado all. As que te encuentro aqu,
viejo pecador! dijo l. Haca tiempo que te buscaba!
Caperucita con la cesta

Y ya se dispona a disparar su arma contra l, cuando pens que el


lobo podra haber devorado a la viejita y que an podra ser salvada,
por lo que decidi no disparar. En su lugar tom unas tijeras y empez
a cortar el vientre del lobo durmiente.

En cuanto haba hecho dos cortes, vio brillar una gorrita roja,
entonces hizo dos cortes ms y la pequea Caperucita Roja sali
rapidsimo, gritando: Qu asustada que estuve, qu oscuro que est
ah dentro del lobo!, y enseguida sali tambin la abuelita, vivita,
pero que casi no poda respirar. Rpidamente, Caperucita Roja trajo
muchas piedras con las que llenaron el vientre del lobo. Y cuando el
lobo despert, quiso correr e irse lejos, pero las piedras estaban tan
pesadas que no soport el esfuerzo y cay muerto.

Las tres personas se sintieron felices. El cazador le quit la piel al lobo


y se la llev a su casa. La abuelita comi el pastel y bebi el vino que
le trajo Caperucita Roja y se reanim. Pero Caperucita Roja solamente
pens:

Mientras viva, nunca me retirar del sendero para internarme en el


bosque, cosa que mi madre me haba ya prohibido hacer.

Y fueron felices y comieron perdices


Los 3 cerditos

A
l lado de sus padres, tres cerditos haban crecido alegres en
una cabaa del bosque. Y como ya eran mayores, sus papas
decidieron que era hora de que construyeran, cada uno, su
propia casa. Los tres cerditos se despidieron de sus papas, y
fueron a ver cmo era el mundo.

Los tres cerditos

El primer cerdito, el perezoso de la familia, decidi hacer una casa de


paja. En un minuto la choza estaba ya hecha. Y entonces se fue a
dormir.

El segundo cerdito, un glotn, prefiri hacer la cabaa de madera. No


tard mucho en construirla. Y luego se fue a comer manzanas.

El tercer cerdito, muy trabajador, opto por construirse una casa de


ladrillos y cemento. Tardara ms en construirla pero estara ms
protegido. Despus de un da de mucho trabajo, la casa quedo
preciosa. Pero ya se empezaba a or los aullidos del lobo en el bosque.

No tardo mucho para que el lobo se acercara a las casas de los tres
cerditos. Hambriento, el lobo se dirigi a la primera casa y dijo:
breme la puerta! breme la puerta o soplare y tu casa tirare! Como
el cerdito no la abri, el lobo soplo con fuerza, y derrumbo la casa de
paja.
Casita de paja

El cerdito, temblando de miedo, sali corriendo y entro en la casa de


madera de su hermano. El lobo le sigui. Y delante de la segunda
casa, llamo a la puerta, y dijo: breme la puerta! breme la puerta
o soplare y tu casa tirare! Pero el segundo cerdito no la abri y el lobo
soplo y soplo, y la cabaa se fue por los aires.

Casita de madera

Asustados, los dos cerditos corrieron y entraron en la casa de ladrillos


de su otro hermano. Pero, como el lobo estaba decidido a comrselos,
llamo a la puerta y grito: breme la puerta! breme la puerta o
soplare y tu casa tirare! Y el cerdito trabajador le dijo: Soplas lo que
quieras, pero no la abrir!
Casita de ladrillos

Entonces el lobo soplo y soplo. Soplo con todas sus fuerzas, pero la
casa ni se movi. La casa era muy fuerte y resistente. El lobo se
qued casi sin aire. Pero aunque el lobo estaba muy cansado, no
desista. Trajo una escalera, subi al tejado de la casa y se deslizo por
el pasaje de la chimenea. Estaba empeado en entrar en la casa y
comer a los tres cerditos como fuera. Pero lo que l no saba es que
los cerditos pusieron al final de la chimenea, un caldero con agua
hirviendo. Y el lobo, al caerse por la chimenea acabo quemndose con
el agua caliente. Dio un enorme grito y sali corriendo y nunca ms
volvi. As los cerditos pudieron vivir tranquilamente. Y tanto el
perezoso como el glotn aprendieron que solo con el trabajo se
consigue las cosas.

Los tres cerditos contentos


Rapunzel

H
aba una vez una pareja que desde haca mucho tiempo
deseaba tener hijos. Aunque la espera fue larga, por fin, sus
sueos se hicieron realidad.

La futura madre miraba por la ventana las lechugas del huerto vecino.
Se le haca agua la boca nada ms de pensar lo maravilloso que sera
poder comerse una de esas lechugas.
Sin embargo, el huerto le perteneca a una bruja y por eso nadie se
atreva a entrar en l. Pronto, la mujer ya no pensaba ms que en
esas lechugas, y por no querer comer otra cosa empez a
enfermarse. Su esposo, preocupado, resolvi entrar a escondidas en
el huerto cuando cayera la noche, para coger algunas lechugas.

Rapunzel

La mujer se las comi todas, pero en vez de calmar su antojo, lo


empeor. Entonces, el esposo regres a la huerta. Esa noche, la bruja
lo descubri.

-Cmo te atreves a robar mis lechugas? -chill.

Aterrorizado, el hombre le explic a la bruja que todo se deba a los


antojos de su mujer.
-Puedes llevarte las lechugas que quieras -dijo la bruja -, pero a
cambio tendrs que darme al beb cuando nazca.
El pobre hombre no tuvo ms remedio que aceptar. Tan pronto naci,
la bruja se llev a la hermosa nia. La llam Rapunzel. La belleza de
Rapunzel aumentaba da a da. La bruja resolvi entonces esconderla
para que nadie ms pudiera admirarla. Cuando Rapunzel lleg a la
edad de los doce aos, la bruja se la llev a lo ms profundo del
bosque y la encerr en una torre sin puertas ni escaleras, para que no
se pudiera escapar. Cuando la bruja iba a visitarla, le deca desde
abajo:

-Rapunzel, tu trenza deja caer.


La nia dejaba caer por la ventana su larga trenza rubia y la bruja
suba. Al cabo de unos aos, el destino quiso que un prncipe pasara
por el bosque y escuchara la voz melodiosa de Rapunzel, que cantaba
para pasar las horas. El prncipe se sinti atrado por la hermosa voz y
quiso saber de dnde provena. Finalmente hall la torre, pero no
logr encontrar ninguna puerta para entrar. El prncipe qued
prendado de aquella voz. Iba al bosque tantas veces como le era
posible. Por las noches, regresaba a su castillo con el corazn
destrozado, sin haber encontrado la manera de entrar. Un buen da,
vio que una bruja se acercaba a la torre y llamaba a la muchacha.

Rapunzel le cortan el pelo

-Rapunzel, tu trenza deja caer.


El prncipe observ sorprendido. Entonces comprendi que aquella
era la manera de llegar hasta la muchacha de la hermosa voz. Tan
pronto se fue la bruja, el prncipe se acerc a la torre y repiti las
mismas palabras:

-Rapunzel, tu trenza deja caer.

La muchacha dej caer la trenza y el prncipe subi. Rapunzel tuvo


miedo al principio, pues jams haba visto a un hombre. Sin embargo,
el prncipe le explic con toda dulzura cmo se haba sentido atrado
por su hermosa voz. Luego le pidi que se casara con l. Sin dudarlo
un instante, Rapunzel acept. En vista de que Rapunzel no tena
forma de salir de la torre, el prncipe le prometi llevarle un ovillo de
seda cada vez que fuera a visitarla. As, podra tejer una escalera y
escapar. Para que la bruja no sospechara nada, el prncipe iba a
visitar a su amada por las noches. Sin embargo, un da Rapunzel le
dijo a la bruja sin pensar:

-T eres mucho ms pesada que el prncipe.

-Me has estado engaando! -chill la bruja enfurecida y cort la


trenza de la muchacha.
Con un hechizo la bruja envi a Rapunzel a una tierra apartada e
inhspita. Luego, at la trenza a un garfio junto a la ventana y esper
la llegada del prncipe. Cuando ste lleg, comprendi que haba
cado en una trampa.

-Tu preciosa ave cantora ya no est -dijo la bruja con voz chillona -, y
no volvers a verla nunca ms!

Transido de dolor, el prncipe salt por la ventana de la torre. Por


fortuna, sobrevivi pues cay en una enredadera de espinas. Por
desgracia, las espinas le hirieron los ojos y el desventurado prncipe
qued ciego.

Rapunzel

Cmo buscara ahora a Rapunzel?


Durante muchos meses, el prncipe vag por los bosques, sin parar de
llorar. A todo aquel que se cruzaba por su camino le preguntaba si
haba visto a una muchacha muy hermosa llamada Rapunzel. Nadie le
daba razn.

Cierto da, ya casi a punto de perder las esperanzas, el prncipe


escuch a lo lejos una cancin triste pero muy hermosa. Reconoci la
voz de inmediato y se dirigi hacia el lugar de donde provena,
llamando a Rapunzel.

Al verlo, Rapunzel corri a abrazar a su amado. Lgrimas de felicidad


cayeron en los ojos del prncipe. De repente, algo extraordinario
sucedi:

El prncipe recuper la vista!


El prncipe y Rapunzel lograron encontrar el camino de regreso hacia
el reino. Se casaron poco tiempo despus y fueron una pareja muy
feliz.

Pinocho
Hace mucho tiempo, un carpintero llamado Gepeto, como se senta
muy solo, cogi de su taller un trozo de madera y construy un
mueco llamado Pinocho.
Qu bien me ha quedado! exclam. Lstima que no tenga vida.
Cmo me gustara que mi Pinocho fuese un nio de verdad. Tanto lo
deseaba que un hada fue hasta all y con su varita dio vida al
mueco.

Pinocho

Hola, padre! salud Pinocho.


Eh! Quin habla? grit Gepeto mirando a todas partes.
Soy yo, Pinocho. Es que ya no me conoces?
Parece que estoy soando! Por fin tengo un hijo!
Gepeto pens que aunque su hijo era de madera tena que ir al
colegio. Pero no tena dinero, as que decidi vender su abrigo para
comprar los libros.

Sala Pinocho con los libros en la mano para ir al colegio y pensaba:


Ya s, estudiar mucho para tener un buen trabajo y ganar dinero, y
con ese dinero comprar un buen abrigo a Gepeto.

De camino, pas por la plaza del pueblo y oy:

Pinocho y Gepeto Bailando

Entren, seores y seoras! Vean nuestro teatro de tteres!


Era un teatro de muecos como l y se puso tan contento que bail
con ellos. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que no tenan vida y
bailaban movidos por unos hilos que llevaban atados a las manos y
los pies.
Bravo, bravo! gritaba la gente al ver a Pinocho bailar sin hilos.
Quieres formar parte de nuestro teatro? le dijo el dueo del teatro
al acabar la funcin.
No porque tengo que ir al colegio.
Pues entonces, toma estas monedas por lo bien que has bailado le
dijo un seor.
Pinocho sigui muy contento hacia el cole, cuando de pronto:
Nariz Pinocho

Vaya, vaya! Dnde vas tan deprisa, jovencito? dijo un gato muy
mentiroso que se encontr en el camino.
Voy a comprar un abrigo a mi padre con este dinero.
Oh, vamos! Exclam el zorro que iba con el gato. Eso es poco
dinero para un buen abrigo. No te gustara tener ms?
S, pero cmo? contest Pinocho.
Es fcil dijo el gato. Si entierras tus monedas en el Campo de los
Milagros crecer una planta que te dar dinero.
Y dnde est ese campo?
Nosotros te llevaremos dijo el zorro.
As, con mentiras, los bandidos llevaron a Pinocho a un lugar lejos de
la ciudad, le robaron las monedas y le ataron a un rbol.
Grit y grit pero nadie le oy, tan slo el Hada Azul.
Dnde perdiste las monedas?
Al cruzar el ro dijo Pinocho mientras le creca la nariz.

Se dio cuenta de que haba mentido y, al ver su nariz, se puso a llorar.


Esta vez tu nariz volver a ser como antes, pero te crecer si vuelves
a mentir dijo el Hada Azul.
As, Pinocho se fue a la ciudad y se encontr con unos nios que rean
y saltaban muy contentos.

Qu es lo que pasa? pregunt.


Nos vamos de viaje a la Isla de la Diversin, donde todos los das son
fiesta y no hay colegios ni profesores. Te quieres venir?
Venga, vamos!
Entonces, apareci el Hada Azul.
No me prometiste ir al colegio? pregunt.
S minti Pinocho, ya he estado all.

Y, de repente, empezaron a crecerle unas orejas de burro. Pinocho se


dio cuenta de que le haban crecido por mentir y se arrepinti de
verdad. Se fue al colegio y luego a casa, pero Gepeto haba ido a
buscarle a la playa con tan mala suerte que, al meterse en el agua, se
lo haba tragado una ballena.

Ir a salvarle! exclam Pinocho.


Se fue a la playa y esper a que se lo tragara la ballena. Dentro vio a
Gepeto, que le abraz muy fuerte.

Tendremos que salir de aqu, as que encenderemos un fuego para


que la ballena abra la boca.

As lo hicieron y salieron nadando muy deprisa hacia la orilla. El pap


del mueco no paraba de abrazarle. De repente, apareci el Hada
Azul, que convirti el sueo de Gepeto en realidad, ya que toc a
Pinocho y lo convirti en un nio de verdad.
La liebre y la tortuga

L
a liebre siempre se rea de la tortuga, porque era muy lenta.
Je, el En realidad, no s por qu te molestas en moverte -le
dijo.

-Bueno -contest la tortuga-, es verdad que soy lenta, pero siempre


llego al final. Si quieres hacemos una carrera.

-Debes estar bromeando -dijo la liebre, despreciativa- Pero si insistes,


no tengo inconveniente en hacerte una demostracin.

La tortuga y la liebre

Era un caluroso da de sol y todos los animales fueron a ver la Gran


Carrera. El topo levant la bandera y dijo: -Uno, dos, tres Ya!

La liebre sali corriendo, y la tortuga se qued atrs, tosiendo en una


nube de polvo. Cuando ech a andar, la liebre ya se haba perdido de
vista.

Pero cul no fue su horror al ver desde lejos cmo la tortuga le haba
adelantado y se arrastraba sobre la lnea de meta. Haba ganado la
tortuga! Desde lo alto de la colina, la liebre poda or las aclamaciones
y los aplausos.

-No es justo -gimi la liebre- Has hecho trampa. Todo el mundo sabe
que corro ms que t.
-Oh! -dijo la tortuga, volvindose para mirarla- Pero ya te dije que yo
siempre llego. Despacio pero seguro.
-No tiene nada que hacer -dijeron los saltamontes- La tortuga est
perdida.
Je, je! Esa estpida tortuga!, pens la liebre, volvindose

Para qu voy a correr? Mejor descanso un rato.


As pues, se tumb al sol y se qued dormida, soando con los
premios y medallas que iba a conseguir.

La tortuga sigui toda la maana avanzando muy despacio. La


mayora de los animales, aburridos, se fueron a casa. Pero la tortuga
continu avanzando. A medioda pas junto a la liebre, que dorma al
lado del camino. Ella sigui pasito a paso.

Finalmente, la liebre se despert y estir las piernas. El sol se estaba


poniendo. Mir hacia atrs y se rio:
Je, el Ni rastro de esa tonta tortuga! Con un gran salto, sali
corriendo en direccin a la meta para recoger su premio.

Pero cul no fue su horror al ver desde lejos cmo la tortuga le haba
adelantado y se arrastraba sobre la lnea de meta. Haba ganado la
tortuga! Desde lo alto de la colina, la liebre poda or las aclamaciones
y los aplausos.

-No es justo -gimi la liebre- Has hecho trampa. Todo el mundo sabe
que corro ms que t.

-Oh! -dijo la tortuga, volvindose para mirarla- Pero ya te dije que yo


siempre llego. Despacio pero seguro.
La gallinita roja

H
aba una vez una gallina roja llamada Marcelina, que viva en
una granja rodeada de muchos animales. Era una granja
muy grande, en medio del campo. En el establo vivan las
vacas y los caballos; los cerdos tenan su propia cochiquera.
Haba hasta un estanque con patos y un corral con muchas gallinas.
Haba en la granja tambin una familia de granjeros que cuidaba de
todos los animales.

La gallinita roja

Un da la gallinita roja, escarbando en la tierra de la granja, encontr


un grano de trigo. Pens que si lo sembraba crecera y despus podra
hacer pan para ella y todos sus amigos.

-Quin me ayudar a sembrar el trigo? les pregunt.

Yo no, dijo el pato.


Yo no, dijo el gato.
Yo no, dijo el perro.
Muy bien, pues lo sembrar yo, dijo la gallinita.
Y as, Marcelina sembr sola su grano de trigo con mucho cuidado.
Abri un agujerito en la tierra y lo tap. Pas algn tiempo y al cabo el
trigo creci y madur, convirtindose en una bonita planta.

-Quin me ayudar a segar el trigo? pregunt la gallinita roja.


Yo no, dijo el pato.
Yo no, dijo el gato.
Yo no, dijo el perro.

Muy bien, si no me queris ayudar, lo segar yo, exclam Marcelina.


Y la gallina, con mucho esfuerzo, seg ella sola el trigo. Tuvo que
cortar con su piquito uno a uno todos los tallos. Cuando acab, habl
muy cansada a sus compaeros:
-Quin me ayudar a trillar el trigo?

Yo no, dijo el pato.


Yo no, dijo el gato.
Yo no, dijo el perro.
Muy bien, lo trillar yo.

Estaba muy enfadada con los otros animales, as que se puso ella sola
a trillarlo. Lo tritur con paciencia hasta que consigui separar el
grano de la paja. Cuando acab, volvi a preguntar:

-Quin me ayudar a llevar el trigo al molino para convertirlo en


harina?
Yo no, dijo el pato.
Yo no, dijo el gato.
Yo no, dijo el perro.

Muy bien, lo llevar y lo amasar yo, contest Marcelina.


Y con la harina hizo una hermosa y jugosa barra de pan. Cuando la
tuvo terminada, muy tranquilamente pregunt:

Y ahora, quin comer la barra de pan? volvi a preguntar la


gallinita roja.
-Yo, yo! dijo el pato.
-Yo, yo! dijo el gato.
-Yo, yo! dijo el perro.

-Pues NO os la comeris ninguno de vosotros! contest Marcelina. Me


la comer yo, con todos mis hijos. Y as lo hizo. Llam a sus pollitos y
la comparti con ellos.
El len y el ratn

U
na tarde muy calurosa, un len dormitaba en una cueva fra y
oscura. Estaba a punto de dormirse del todo cuando un ratn
se puso a corretear sobre su hocico. Con un rugido iracundo,
el len levant su pata y aplast al ratn contra el suelo.

-Cm te atreves a despertarme? -gru- Te-voy a espachurrar.

-Oh, por favor, por favor, perdname

la vida -chill el ratn atemorizado-Prometo ayudarte algn da si me


dejas marchar.
-Quieres tomarme el pelo? -dijo el len-. Cmo podra un ratoncillo
birrioso como t ayudar a un len grande y fuerte como yo?

El len y el ratn

Se ech a rer con ganas. Se rea tanto que en un descuido desliz su


pata y el ratn escap.

Unos das ms tarde el len sali de caza por la jungla. Estaba


justamente pensando en su prxima comida cuando tropez con una
cuerda estirada en medio del sendero. Una red enorme se abati
sobre l y, pese a toda su fuerza, no consigui liberarse. Cuanto ms
se remova y se revolva, ms se enredaba y ms se tensaba la red en
torno a l.

El len empez a rugir tan fuerte que todos los animales le oan, pues
sus rugidos llegaban hasta los mismos confines de la jungla. Uno de
esos animales era el ratonllo, que se encontraba royendo un grano
de maz. Solt inmediatamente el grano y corri hasta el len.

Oh, poderoso len! -chill- Si me hicieras el favor de quedarte


quieto un ratito, podra ayudarte a escapar.

El len se senta ya tan exhausto que permaneci tumbado mirando


cmo el ratn roa las cuerdas de la red. Apenas poda creerlo cuando,
al cabo de un rato, se dio cuenta de que estaba libre.

-Me salvaste la vida, ratnenle dio. Nunca volver a burlarme de


las promesas hechas por los amigos pequeos.

La cenicienta

rase una mujer, casada con un hombre muy rico, que enferm,
y, presintiendo su prximo fin, llam a su nica hijita y le dijo:
Hija ma, sigue siendo siempre buena y piadosa, y el buen Dios
no te abandonar. Yo velar por ti desde el cielo, y me tendrs
siempre a tu lado. Y, cerrando los ojos, muri. La muchachita iba
todos los das a la tumba de su madre a llorar, y sigui siendo buena
y piadosa. Al llegar el invierno, la nieve cubri de un blanco manto la
sepultura, y cuando el sol de primavera la hubo derretido, el padre de
la nia contrajo nuevo matrimonio.

La cenicienta
La segunda mujer llev a casa dos hijas, de rostro bello y blanca tez,
pero negras y malvadas de corazn. Vinieron entonces das muy
duros para la pobrecita hurfana. Esta estpida tiene que estar en
la sala con nosotras? decan las recin llegadas. Si quiere comer
pan, que se lo gane. Fuera, a la cocina! Le quitaron sus hermosos
vestidos,le pusieron una blusa vieja y le dieron un par de zuecos para
calzado: Mira la orgullosa princesa, qu compuesta! Y, burlndose
de ella, la llevaron a la cocina. All tena que pasar el da entero
ocupada en duros trabajos. Se levantaba de madrugada, iba por
agua, encenda el fuego, preparaba la comida, lavaba la ropa. Y, por
aadidura, sus hermanastras la sometan a todas las mortificaciones
imaginables; se burlaban de ella, le esparcan, entre la ceniza, los
guisantes y las lentejas, para que tuviera que pasarse horas
recogindolas. A la noche, rendida como estaba de tanto trabajar, en
vez de acostarse en una cama tena que hacerlo en las cenizas del
hogar. Y como por este motivo iba siempre polvorienta y sucia, la
llamaban Cenicienta.

Un da en que el padre se dispona a ir a la feria, pregunt a sus dos


hijastras qu deseaban que les trajese. Hermosos vestidos,
respondi una de ellas. Perlas y piedras preciosas, dijo la otra. Y
t, Cenicienta, pregunt, qu quieres? Padre, corta la primera
ramita que toque el sombrero, cuando regreses, y traemela. Compr
el hombre para sus hijastras magnficos vestidos, perlas y piedras
preciosas; de vuelta, al atravesar un bosquecillo, un brote de avellano
le hizo caer el sombrero, y l lo cort y se lo llev consigo. Llegado a
casa, dio a sus hijastras lo que haban pedido, y a Cenicienta, el brote
de avellano. La muchacha le dio las gracias, y se fue con la rama a la
tumba de su madre, all la plant, regndola con sus lgrimas, y el
brote creci, convirtindose en un hermoso rbol. Cenicienta iba all
tres veces al da, a llorar y rezar, y siempre encontraba un pajarillo
blanco posado en una rama; un pajarillo que, cuando la nia le peda
algo, se lo echaba desde arriba.

la cenicienta

Sucedi que el Rey organiz unas fiestas, que deban durar tres das,
y a las que fueron invitadas todas las doncellas bonitas del pas, para
que el prncipe heredero eligiese entre ellas una esposa. Al enterarse
las dos hermanastras que tambin ellas figuraban en la lista, se
pusieron muy contentas. Llamaron a Cenicienta, y le dijeron:
Pinanos, cepllanos bien los zapatos y abrchanos las hebillas;
vamos a la fiesta de palacio. Cenicienta obedeci, aunque llorando,
pues tambin ella hubiera querido ir al baile, y, as, rog a su
madrastra que se lo permitiese. T, la Cenicienta, cubierta de polvo
y porquera, pretendes ir a la fiesta? No tienes vestido ni zapatos, y
quieres bailar? Pero al insistir la muchacha en sus splicas, la mujer
le dijo, finalmente: Te he echado un plato de lentejas en la ceniza, si
las recoges en dos horas, te dejar ir. La muchachita, saliendo por la
puerta trasera, se fue al jardn y exclam: Palomitas mansas,
tortolillas y avecillas todas del cielo, vengan a ayudarme a recoger
lentejas!:

Las buenas, en el pucherito;


las malas, en el buchecito.

Y acudieron a la ventana de la cocina dos palomitas blancas, luego las


tortolillas y, finalmente, comparecieron, bulliciosas y presurosas,
todas las avecillas del cielo y se posaron en la ceniza. Y las palomitas,
bajando las cabecitas, empezaron: pic, pic, pic, pic; y luego todas las
dems las imitaron: pic, pic, pic, pic, y en un santiamn todos los
granos buenos estuvieron en la fuente. No haba transcurrido ni una
hora cuando, terminado el trabajo, echaron a volar y desaparecieron.
La muchacha llev la fuente a su madrastra, contenta porque crea
que la permitiran ir a la fiesta, pero la vieja le dijo: No, Cenicienta,
no tienes vestidos y no puedes bailar. Todos se burlaran de ti. Y
como la pobre rompiera a llorar: Si en una hora eres capaz de limpiar
dos fuentes llenas de lentejas que echar en la ceniza, te permitir
que vayas. Y pensaba: Jams podr hacerlo. Pero cuando las
lentejas estuvieron en la ceniza, la doncella sali al jardn por la
puerta trasera y grit: Palomitas mansas, tortolillas y avecillas todas
del cielo, vengan a ayudarme a limpiar lentejas!:

Las buenas, en el pucherito;


las malas, en el buchecito.

La cenicienta
Y enseguida acudieron a la ventana de la cocina dos palomitas
blancas y luego las tortolillas, y, finalmente, comparecieron,
bulliciosas y presurosas, todas las avecillas del cielo y se posaron en
la ceniza. Y las palomitas, bajando las cabecitas, empezaron: pic, pic,
pic, pic; y luego todas las dems las imitaron: pic, pic, pic, pic,
echando todos los granos buenos en las fuentes. No haba
transcurrido an media hora cuando, terminada ya su tarea,
emprendieron todas el vuelo. La muchacha llev las fuentes a su
madrastra, pensando que aquella vez le permitira ir a la fiesta. Pero
la mujer le dijo: Todo es intil; no vendrs, pues no tienes vestidos ni
sabes bailar. Seras nuestra vergenza. Y, volvindole la espalda,
parti apresuradamente con sus dos orgullosas hijas.
No habiendo ya nadie en casa, Cenicienta se encamin a la tumba de
su madre, bajo el avellano, y suplic:

Arbolito, sacude tus ramas frondosas,


y chame oro y plata y ms cosas!

Y he aqu que el pjaro le ech un vestido bordado en plata y oro, y


unas zapatillas con adornos de seda y plata. Se visti a toda prisa y
corri a palacio, donde su madrastra y hermanastras no la
reconocieron, y, al verla tan ricamente ataviada, la tomaron por una
princesa extranjera. Ni por un momento se les ocurri pensar en
Cenicienta, a quien crean en su cocina, sucia y buscando lentejas en
la ceniza. El prncipe sali a recibirla, y tomndola de la mano, bail
con ella. Y es el caso que no quiso bailar con ninguna otra ni la solt
de la mano, y cada vez que se acercaba otra muchacha a invitarlo, se
negaba diciendo: sta es mi pareja.

Al anochecer, Cenicienta quiso volver a su casa, y el prncipe le dijo:


Te acompaar, deseoso de saber de dnde era la bella muchacha.
Pero ella se le escap, y se encaram de un salto al palomar. El
prncipe aguard a que llegase su padre, y le dijo que la doncella
forastera se haba escondido en el palomar. Entonces pens el viejo:
Ser la Cenicienta? Y, pidiendo que le trajesen un hacha y un pico,
se puso a derribar el palomar. Pero en su interior no haba nadie. Y
cuando todos llegaron a casa, encontraron a Cenicienta entre la
ceniza, cubierta con sus sucias ropas, mientras un candil de aceite
arda en la chimenea; pues la muchacha se haba dado buena maa
en saltar por detrs del palomar y correr hasta el avellano; all se
quit sus hermosos vestidos, y los deposit sobre la tumba, donde el
pajarillo se encarg de recogerlos. Y enseguida se volvi a la cocina,
vestida con su sucia batita.

Al da siguiente, a la hora de volver a empezar la fiesta, cuando los


padres y las hermanastras se hubieron marchado, la muchacha se
dirigi al avellano y le dijo:
Arbolito, sacude tus ramas frondosas,
y chame oro y plata y, ms cosas!
El pajarillo le envi un vestido mucho ms esplndido an que el de la
vspera; y al presentarse ella en palacio tan magnficamente ataviada,
todos los presentes se pasmaron ante su belleza. El hijo del Rey, que
la haba estado aguardando, la tom nmediatamente de la mano y
slo bail con ella. A las dems que fueron a solicitarlo, les responda:
sta es mi pareja. Al anochecer, cuando la muchacha quiso
retirarse, el prncipe la sigui, para ver a qu casa se diriga; pero ella
desapareci de un brinco en el jardn de detrs de la suya. Creca en
l un grande y hermoso peral, del que colgaban peras magnficas. Se
subi ella a la copa con la ligereza de una ardilla, saltando entre las
ramas, y el prncipe la perdi de vista. El joven aguard la llegada del
padre, y le dijo: La joven forastera se me ha escapado; creo que se
subi al peral. Pens el padre: Ser la Cenicienta? Y, tomando un
hacha, derrib el rbol, pero nadie apareci en la copa. Y cuando
entraron en la cocina, all estaba Cenicienta entre las cenizas, como
tena por costumbre, pues haba saltado al suelo por el lado opuesto
del rbol, y, despus de devolver los hermosos vestidos al pjaro del
avellano, volvi a ponerse su batita gris.
El tercer da, en cuanto se hubieron marchado los dems, volvi
Cenicienta a la tumba de su madre y suplic al arbolillo:

Arbolito, sacude tus ramas frondosas,


y chame oro y plata y ms cosas!

Y el pjaro le ech un vestido soberbio y brillante como jams se viera


otro en el mundo, con unos zapatitos de oro puro. Cuando se present
a la fiesta, todos los concurrentes se quedaron boquiabiertos de
admiracin. El hijo del Rey bail exclusivamente con ella, y a todas las
que iban a solicitarlo les responda: sta es mi pareja.

Al anochecer se despidi Cenicienta. El hijo del Rey quiso


acompaarla; pero ella se escap con tanta rapidez, que su
admirador no pudo darle alcance. Pero esta vez recurri a una
trampa: mand embadurnar con pez las escaleras de palacio, por lo
cual, al saltar la muchacha los peldaos, se le qued la zapatilla
izquierda adherida a uno de ellos. Recogi el prncipe la zapatilla, y
observ que era diminuta, graciosa, y toda ella de oro. A la maana
siguiente presentse en casa del hombre y le dijo: Mi esposa ser
aquella cuyo pie se ajuste a este zapato. Las dos hermanastras se
alegraron, pues ambas tenan los pies muy lindos. La mayor fue a su
cuarto para probarse la zapatilla, acompaada de su madre. Pero no
haba modo de introducir el dedo gordo; y al ver que la zapatilla era
demasiado pequea, la madre, alargndole un cuchillo, le dijo:
Crtate el dedo! Cuando seas reina, no tendrs necesidad de andar
a pie. Lo hizo as la muchacha; forz el pie en el zapato y,
reprimiendo el dolor, se present al prncipe. l la hizo montar en su
caballo y se march con ella. Pero hubieron de pasar por delante de la
tumba, y dos palomitas que estaban posadas en el avellano gritaron:
Ruke di guk, ruke di guk;
sangre hay en el zapato.
El zapato no le va,
La novia verdadera en casa est.

Mir el prncipe el pie y vio que de l flua sangre. Hizo dar media
vuelta al caballo y devolvi la muchacha a su madre, diciendo que no
era aquella la que buscaba, y que la otra hermana tena que probarse
el zapato. Subi sta a su habitacin y, aunque los dedos le entraron
holgadamente, en cambio no haba manera de meter el taln. Le dijo
la madre, alargndole un cuchillo: Crtate un pedazo del taln.
Cuando seas reina no tendrs necesidad de andar a pie. Cortse la
muchacha un trozo del taln, meti a la fuerza el pie en el zapato y,
reprimiendo el dolor, se present al hijo del Rey. Mont ste en su
caballo y se march con ella. Pero al pasar por delante del avellano,
las dos palomitas posadas en una de sus ramas gritaron:
Ruke di guk, ruke di guk;

sangre hay en el zapato.


El zapato no le va,
La novia verdadera en casa est.

Mir el prncipe el pie de la muchacha y vio que la sangre manaba del


zapato y haba enrojecido la blanca media. Volvi grupas y llev a su
casa a la falsa novia. Tampoco es sta la verdadera, dijo. No
tienen otra hija? No, respondi el hombre. Slo de mi esposa
difunta queda una Cenicienta pringosa; pero es imposible que sea la
novia. Mand el prncipe que la llamasen; pero la madrastra replic:
Oh, no! Va demasiado sucia! No me atrevo a presentarla. Pero
como el hijo del Rey insistiera, no hubo ms remedio que llamar a
Cenicienta. Lavse ella primero las manos y la cara y, entrando en la
habitacin, salud al prncipe con una reverencia, y l tendi el
zapato de oro. Se sent la muchacha en un escaln, se quit el
pesado zueco y se calz la chinela: le vena como pintada. Y cuando,
al levantarse, el prncipe le mir el rostro, reconoci en el acto a la
hermosa doncella que haba bailado con l, y exclam: sta s que
es mi verdadera novia! La madrastra y sus dos hijas palidecieron de
rabia; pero el prncipe ayud a Cenicienta a montar a caballo y
march con ella. Y al pasar por delante del avellano, gritaron las dos
palomitas blancas:

Ruke di guk, ruke di guk;


no tiene sangre el zapato.
Y pequeo no le est;
Es la novia verdadera con la que va.

Y, dicho esto, bajaron volando las dos palomitas y se posaron una en


cada hombro de Cenicienta.

Al llegar el da de la boda, se presentaron las traidoras hermanas,


muy zalameras, deseosas de congraciarse con Cenicienta y participar
de su dicha. Pero al encaminarse el cortejo a la iglesia, yendo la
mayor a la derecha de la novia y la menor a su izquierda, las
palomas, de sendos picotazos, les sacaron un ojo a cada una. Luego,
al salir, yendo la mayor a la izquierda y la menor a la derecha, las
mismas aves les sacaron el otro ojo. Y de este modo quedaron
castigadas por su maldad, condenadas a la ceguera para todos el da
Bambi

rase una vez un bosque donde vivan muchos animales y donde


todos eran muy amiguitos. Una maana un pequeo conejo
llamado Tambor fue a despertar al bho para ir a ver un
pequeo cervatillo que acababa de nacer. Se reunieron todos
los animalitos del bosque y fueron a conocer a Bambi, que as se
llamaba el nuevo cervatillo. Todos se hicieron muy amigos de l y le
fueron enseando todo lo que haba en el bosque: las flores, los ros y
los nombres de los distintos animales, pues para Bambi todo era
desconocido.

Todos los das se juntaban en un claro del bosque para jugar. Una
maana, la mam de Bambi lo llev a ver a su padre que era el jefe
de la manada de todos los ciervos y el encargado de vigilar y de
cuidar de ellos. Cuando estaban los dos dando un paseo, oyeron
ladridos de un perro. Corre, corre Bambi! -dijo el padre- ponte a
salvo. Por qu, papi?, pregunt Bambi. Son los hombres y cada
vez que vienen al bosque intentan cazarnos, cortan rboles, por eso
cuando los oigas debes de huir y buscar refugio.

Bambi

Pasaron los das y su padre le fue enseando todo lo que deba de


saber pues el da que l fuera muy mayor, Bambi sera el encargado
de cuidar a la manada. Ms tarde, Bambi conoci a una pequea
cervatilla que era muy muy guapa llamada Farina y de la que se
enamor enseguida. Un da que estaban jugando las dos oyeron los
ladridos de un perro y Bambi pens: Son los hombres!, e intent
huir, pero cuando se dio cuenta el perro estaba tan cerca que no le
qued ms remedio que enfrentarse a l para defender a Farina.
Cuando sta estuvo a salvo, trat de correr pero se encontr con un
precipicio que tuvo que saltar, y al saltar, los cazadores le dispararon
y Bambi qued herido.
Pronto acudi su pap y todos sus amigos y le ayudaron a pasar el
ro, pues slo una vez que lo cruzaran estaran a salvo de los
hombres, cuando lo lograron le curaron las heridas y se puso bien
muy pronto.

Pasado el tiempo, nuestro protagonista haba crecido mucho. Ya era


un adulto. Fue a ver a sus amigos y les cost trabajo reconocerlo pues
haba cambiado bastante y tena unos cuernos preciosos. El bho ya
estaba viejecito y Tambor se haba casado con una conejita y tenan
tres conejitos. Bambi se cas con Farina y tuvieron un pequeo
cervatillo al que fueron a conocer todos los animalitos del bosque,
igual que pas cuando l naci. Vivieron todos muy felices y Bambi
era ahora el encargado de cuidar de todos ellos, igual que antes lo
hizo su pap, que ya era muy mayor para hacerlo.
El caracol y el rosal

Haba una vez

Una amplia llanura donde pastaban las ovejas y las vacas. Y del
otro lado de la extensa pradera, se hallaba el hermoso jardn rodeado
de avellanos.

El centro del jardn era dominado por un rosal totalmente cubierto de


flores durante todo el ao. Y all, en ese aromtico mundo de color,
viva un caracol, con todo lo que representaba su mundo, a cuestas,
pues sobre sus espaldas llevaba su casa y sus pertenencias.

Y se hablaba a s mismo sobre su momento de ser til en la vida:


Paciencia! deca el caracol. Ya llegar mi hora. Har mucho ms
que dar rosas o avellanas, muchsimo ms que dar leche como las
vacas y las ovejas.

El caracol y el rosal

Esperamos mucho de ti dijo el rosal. Podra saberse cundo me


ensears lo que eres capaz de hacer?
Necesito tiempo para pensar dijo el caracol; ustedes siempre estn
de prisa. No, as no se preparan las sorpresas.

Un ao ms tarde el caracol se hallaba tomando el sol casi en el


mismo sitio que antes, mientras el rosal se afanaba en echar capullos
y mantener la lozana de sus rosas, siempre frescas, siempre nuevas.
El caracol sac medio cuerpo afuera, estir sus cuernecillos y los
encogi de nuevo.

Nada ha cambiado dijo. No se advierte el ms insignificante


progreso. El rosal sigue con sus rosas, y eso es todo lo que hace.

Pas el verano y vino el otoo, y el rosal continu dando capullos y


rosas hasta que lleg la nieve. El tiempo se hizo hmedo y hosco. El
rosal se inclin hacia la tierra; el caracol se escondi bajo el suelo.

Luego comenz una nueva estacin, y las rosas salieron al aire y el


caracol hizo lo mismo.
Ahora ya eres un rosal viejo dijo el caracol. Pronto tendrs que ir
pensando en morirte. Ya has dado al mundo cuanto tenas dentro de
ti. Si era o no de mucho valor, es cosa que no he tenido tiempo de
pensar con calma. Pero est claro que no has hecho nada por tu
desarrollo interno, pues en ese caso tendras frutos muy distintos que
ofrecernos. Qu dices a esto? Pronto no sers ms que un palo
seco Te das cuenta de lo que quiero decirte?

Me asustas dijo el rosal. Nunca he pensado en ello.


Claro, nunca te has molestado en pensar en nada. Te preguntaste
alguna vez por qu florecas y cmo florecas, por qu lo hacas de
esa manera y de no de otra?
No contest el caracol. Floreca de puro contento, porque no poda
evitarlo. El sol era tan clido, el aire tan refrescante! Me beba el
lmpido roco y la lluvia generosa; respiraba, estaba vivo. De la tierra,
all abajo, me suba la fuerza, que descenda tambin sobre m desde
lo alto. Senta una felicidad que era siempre nueva, profunda siempre,
y as tena que florecer sin remedio. Esa era mi vida; no poda hacer
otra cosa.
Tu vida fue demasiado fcil dijo el caracol (Sin detenerse a
observarse a s mismo).
Cierto dijo el rosal. Me lo daban todo. Pero t tuviste ms suerte
an. T eres una de esas criaturas que piensan mucho, uno de esos
seres de gran inteligencia que se proponen asombrar al mundo algn
da algn da. Pero, de qu te sirve el pasar los aos pensando
sin hacer nada til por el mundo?

No, no, de ningn modo dijo el caracol. El mundo no existe para


m. Qu tengo yo que ver con el mundo? Bastante es que me ocupe
de m mismo y en m mismo.
Pero no deberamos todos dar a los dems lo mejor de nosotros, no
deberamos ofrecerles cuanto pudiramos? Es cierto que no te he
dado sino rosas; pero t, en cambio, que posees tantos dones, qu
has dado t al mundo? Qu puedes darle?
Darle? Darle yo al mundo? Yo lo escupo. Para qu sirve el mundo?
No significa nada para m. Anda, sigue cultivando tus rosas; es para lo
nico que sirves. Deja que los avellanos produzcan sus frutos, deja
que las vacas y las ovejas den su leche; cada uno tiene su pblico, y
yo tambin tengo el mo dentro de m mismo. Me recojo en mi
interior, y en l voy a quedarme! El mundo no me interesa.
Y con estas palabras, el caracol se meti dentro de su casa y la sell.

Qu pena! dijo el rosal. Yo no tengo modo de esconderme, por


mucho que lo intente. Siempre he de volver otra vez, siempre he de
mostrarme otra vez en mis rosas. Sus ptalos caen y los arrastra el
viento, aunque cierta vez vi cmo una madre guardaba una de mis
flores en su libro de oraciones, y cmo una bonita muchacha se
prenda otra al pecho, y cmo un nio besaba otra en la primera
alegra de su vida. Aquello me hizo bien, fue una verdadera bendicin.
Tales son mis recuerdos, mi vida.
Y el rosal continu floreciendo en toda su inocencia, mientras el
caracol dorma all dentro de su casa. El mundo nada significaba para
l.
Y pasaron los aos.

El caracol se haba vuelto tierra en la tierra, y el rosal tierra en la


tierra, y la memorable rosa del libro de oraciones haba
desaparecido Pero en el jardn brotaban los rosales nuevos, y los
nuevos caracoles seguan con la misma filosofa que aqul, se
arrastraban dentro de sus casas y escupan al mundo, que no
significaba nada para ellos.
Y a travs del tiempo, la misma historia se continu repitiendo

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