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La Tejedora y su Poder Creador

La joven mujer pasa sus días tejiendo un largo tapiz. Un día desea compañía y teje un hombre, quien cobra vida. Él pronto demanda más y más cosas tejidas, hasta que ella se cansa y desteje todo, incluyendo al hombre, dejándola sola nuevamente pero en paz.

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La Tejedora y su Poder Creador

La joven mujer pasa sus días tejiendo un largo tapiz. Un día desea compañía y teje un hombre, quien cobra vida. Él pronto demanda más y más cosas tejidas, hasta que ella se cansa y desteje todo, incluyendo al hombre, dejándola sola nuevamente pero en paz.

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La Tejedora

Se despertaba cuando todava estaba


oscuro, como si pudiera or al sol
llegando por detrs de los mrgenes de
la noche. Luego, se sentaba al telar.
Comenzaba el da con una hebra clara.
Era un trazo delicado del color de la luz
que iba pasando entre los hilos
extendidos, mientras afuera la claridad
de la maana dibujaba el horizonte.
Despus lanas ms vivaces, lanas
calientes iban tejiendo hora tras hora
un largo tapiz que no acababa nunca.
Si el sol era demasiado fuerte y los
ptalos se desvanecan en el jardn, la
joven mujer pona en la lanzadera
gruesos hilos grisceos de algodn ms
peludo. De la penumbra que traan las
nubes, elega rpidamente un hilo de
plata.
De esa manera la muchacha pasaba
sus das cruzando la lanzadera de un
lado para el otro y llevando los grandes
peines del telar para adelante y para
atrs.
No le faltaba nada, cuando tena
hambre, teja un lindo pescado
poniendo especial cuidado en las
escamas. Y rpidamente el pescado
estaba esperando en la mesa que lo
comiese. Si tena sed, entremezclaba
en el tapiz una lana suave del color de
la leche. Por la noche dorma tranquila.
Tejer era todo lo que haca. Tejer era
todo lo que quera.
Pues tejiendo y tejiendo ella misma
trajo el tiempo en el que se sinti sola.
Y por primera vez pens que sera
bueno tener al lado un marido.
No espero al da siguiente. Con el
antojo de quien intenta hacer algo
nuevo, comenz a entremezclar en el
tapiz las lanas y los colores que le
daran compaa. Poco a poco su deseo
fue apareciendo. Sombrero con plumas,
rostro barbado, cuerpo armonioso,
zapatos lustrados. Estaba justamente a
punto de tramar el ltimo hilo de la
punta de los zapatos cuando llamaron a
la puerta.
Ni siquiera fue preciso que abriera. El
joven puso la mano en el picaporte, se
quito el sombrero y fue entrando en su
vida.
Aquella noche, recostada sobre su
hombro, pens en los lindos hijos que
tendra para que su felicidad sea aun
mayor y fue feliz por algn tiempo.
Pero si el hombre haba pensado en
hijos, pronto lo olvido. Una vez que
descubri el poder del telar, solo pens
en todas las cosas que este poda
darle.
-Necesitamos una casa mejor- Le dijo a
su mujer. Y a ella le pareci justo,
porque ahora eran dos. Le exigi que
escogiera las ms bellas lanas color
ladrillo, hilos verdes para las puertas y
las ventanas, y prisa para que la casa
estuviera lista lo antes posible.
Pero una vez que la casa estuvo
terminada, no le pareci suficiente.
-Por qu tener una casa si podemos
tener un palacio?- pregunto. Sin
esperar la respuesta, ordeno
inmediatamente que fuera de piedra
con terminaciones de plata.
Das y das, semanas y meses trabajo
la joven tejiendo techos y puertas,
patios y escaleras y salones y pozos.
Afuera caa la nieve, pero ella no tena
tiempo de llamar al sol.
Esta vez no necesito elegir ningn hilo
tomo la lanzadera del revs y pasando
velozmente de un lado para otro
comenz a destejer su tela. Desteji los
caballos, los carruajes, los establos, los
jardines. Luego desteji a los criados y
al palacio con todas las maravillas que
contena. Y nuevamente se vio en su
pequea casa y sonri mirando el
jardn a travs de la ventana.
La noche estaba terminando cuando el
marido se despert extraando por la
dureza de la cama. Espantado miro a
su alrededor. No tuvo tiempo de
levantarse Ella ya haba comenzado a
deshacer el oscuro dibujo de sus
zapatos y el vio desaparecer sus pies
esfumarse sus piernas. Rpidamente la
nada subi por el cuerpo. Tomo el
pecho armonioso, el sombrero con
plumas.
Entonces como si hubiese percibido la
llegada del sol, la muchacha eligi una
hebra clara. Y fue pasndola
lentamente entre los hilos como un
delicado trazo de luz que la maana
repiti en lnea del horizonte.

FIN

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