0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 497 vistas30 páginasContrapunto I
Técnica del contrapunto a través de la historia.
Método de contrapunto.
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Diether de la Motte
CONTRAPUNTO
EDITORIAL LABOR, S.A.‘Traduccién de Miguel Angel Centenero Gallego
Cubierta de Jordi Vives
2. ediciéa: 1995
Titulo de la edicién original: Diether de la Motte: Kontrapunkt
Gemeinschaftliche Originalausgabe:
Deutscher Tascheabuch Verlag, Machen usd
Barenreiter-Verlag, Kassel-Basel-London-New York
© 1981 Birenreiter-Verlag Kassel
Edicion autorizada por Barenreiter-Verlages Kassel-Basel-London-New York
© de la edicién en lengua castellana y de la traduccién:
Editorial Labor, S. A.
Grupo Telepublicaciones
Editorial Labor, S. A. - Escoles Pies, 103. - 08017 Barcelona
Depésito legal: B. 44800-95
ISBN: 84-335-7863-4
Printed in Spain - Impreso en Espafia
Impreso en Emegé, Industria Grafica, S. A.
Londres, 98 - 08036 Barcelona
A Karl Votterle, in memoriamPROLOGO
‘Tras la Armonia...
A la vista del éxito obtenido con el planteamiento de mi Armo-
nia,’ era muy natural que intentase lo propio en el campo del con-
trapunto: un libro de texto que no impusiera reglas ni transmitiera
como dogma de fe normas tradicionales, sino que ofreciese a modo
de instrucciones sélo lo que se deja deducir de las obras maestras,
s6lo aquello que resulta de inmediata evidencia para el lector y que
es controlable por éste, Un manual que no destilase de la muisica
ninguna «definicién rigida», sino que ensefiara como han compues-
to determinados grandes compositores en diferentes épocas. Sin em-
argo, la Armonia no podia tomarse como modelo. En ella se ense~
fiaba el desarrollo y transformacién de un lenguaje: seria insensato
leer uno de los capitulos posbachianos sin haber adquirido previa-
mente las herramientas para su comprensién medianté una forma-
cién en el estilo de Bach y en la terminologia que en él se desarro-
lla. El &mbito del contrapunto recomienda otra solucién. La polifo-
nia de Bach se entiende y ensefia facilmente sobre la base de una
concepcién arménica funcional; seria mucho més trabajoso querer
transmitirla como un estilo de Palestrina transformado. Por otra
parte, es perfectamente posible plantear un curso sobre la composi-
cién para voces en el siglo xx que no requiera conocimientos del
estilo de Palestrina o de Bach. Si en la Armonia tenfamos el desa-
rrolio y transformacién de un lenguaje, lo que presentamos aqui,
en el CONTRAPUNTO, son tres pilares de la ensefianza independien-
tes y diferenciados. En esta obra se llaman —por orden de exten-
sién de los capitulos— Josquin, Nueva Misica y Bach. _
‘Como usar este libro
Consecuencia de lo dicho fue disefiar el libro de tal modo que
se pudiera elegir a voluntad Josquin, Bach o la Nueva Musica como
Ambit del curso. De esta manera, si lo que se quiere es trabajar
dos campos, resulta posible estudiar primero Bach y luego Josquin,
1 Versién castellana de Harmonielehre, publicada por Editorial Labor,
Barcelona, 1989. (N. del T.)
va© primero Josquin y después Ia Nueva Misica; y si se dispone de
menos tiempo, se puede, por ejemplo, tratar en profundidad el ca-
pitulo de Josquin y estudiar a continuacién, 0 bien anteriormente,
sdlo algunos ejercicios de los capitulos dedicados a Bach y a la
Nueva Musica, Hace cincuenta afios se intento, a partir del contra-
punto de un campo estilisticamente no mis concreto que el de la
muisica «antiguan, pasar directamente a la composicion moderna.
Aqui ya no hablaremos de ello. Tenemos la posibilidad de procu-
rarnos una idea general y una formacién practica en los distintos
lenguajes de la musica, eligiendo a voluntad los campos de estudio
y su ordenacién. No obstante, el capitulo «Bach» requiere el cono-
‘cimiento del capitulo sobre Bach de la Armonia, Los capitulos «Jos-
quin» y «Nueva Milsica» no exigen conocimientos previos y pue-
den estudiarse, asimismo, como primera disciplina (tras la teria ge-
neral de la musica, se entiende), con anterioridad a la Armonia.
Libro de lectura y de trabajo
En mi Armonia se sigue el camino trazado por a historia de la
mnisica; en el CONTRAPUNTO es posible dar saltos. Esto no sélo per-
mite pasar cosas por alto, sino que, més atin, incita a ello. Ninguna
buena clase de armonia obviaria alguna Ue las insteucciones del con-
trapunto (suponiendo que las obviase, lo cual resultaria bastante raro,
y no que se limitase @ permanecer en un tinico punto de la evolu-
cién de la musica). Quedaban auin sin considerar situaciones de la
historia de la musica que hicieron posible miisicas de un nivel igual-
mente alto. Ello me levé a la idea de colocar, delante de los capi
tulos de trabajo y entre ellos, capitulos de lectura en los que tam-
bién se proponen ejercicios sueltos, mas para profundizar en la com-
prension que por ofrecer una formacién compositiva. Es asi como
se dejan conquistar para la asignatura de contrapunto los tratamien-
tos de Perotin, de los neerlandeses o de Heinrich Schiitz, el trabajo
motivico de Haydn y Beethoven o el tratamiento de las voces de
Schumann, Brahms y Wagner; y asi como se nos permite pensar la
musica desde puntos de vista generales («sacto-profano»). Nosotros,
los teéricos de la musica, no tenemos la menor necesidad de dejar
para las clases magistrales de historia la visién general del desarro-
llo de aquélla, sobre todo de la musica anterior a Bach, Espero, pues,
que en el fuluro las diferentes asignaturas se enriquezcan mutua-
mente y profundicen mas entre si. Este modo de presentar los ca-
va
pitulos de lectura ha tenido influencia, asimismo, en los capitulos
de trabajo. También quien no quiera coger el lapiz podra leer estos
capitulos con provecho y disfrute intelectual. Por el hecho de que
ello es quiza lo verdaderamente nuevo de este planteamiento, me
alegraré por todos los que encuentren prictico este libro; pero
me hard feliz que haya quienes lo consideren cautivador como lec-
tura, quedando asi fascinados, como yo, por la variedad de posibil
dades de la expresion musical.
Josquin des Prés como capitulo fundamental
_ Quien atin no conozca la musica de Josquin (muy pronto llega
ré a amarla tanto como yo mismo) considerari devaneos de espe-
cialista en miisica antigua que no desea ver la realidad de la vida
de la misica el que se elija como campo principal de trabajo de Ja
formacién contrapuntistica el lenguaje de un compositor que sélo
conoce puiblicos muy particulares y que en la vida musical, cultivo
de la musica sacra incluido, es un verdadero marginado. Pero no
porque su lenguaje sea marginal, sino exclusivamente por razén de
su reparto de papeles. (Una voz de nilfio y de dos a cuatro voces
de hombre! En el coro mixto, el contralto se atormenta en las zonas
graves, mientras que dos voces de tenor, sutilmente colocadas, su-
fren igual tormento en los agudos. He aqui el tinico problema para
la reanimacién de esta musica maravillosa, Mas nosotros no somos
tuna agencia de conciertos. Leyendo, cantando en clase, cantando
con acompafiamiento al piano o escuchando discos con ias partitu-
ras, la sorprendente expresividad de esta musica se deja transmitir
y vivir sin que previamente hayamos de apartarnos ascéticamente del
amor 2 Beethoven o a Brahms. Quien hasta ahora haya conocido
sélo la musica clisico-romantica alcanzard a encontrar un acceso di-
recto a la miisica de Josquin en el hecho de que le ser4 posible
reconocer el sentido dramético de Beethoven, la vehemencia del
compositor de Die Winterreise [Viaje de invierno] o la pasién de un
Brahms, transportado todo ello a una situacién anterior de la histo-
ria de la musica. Si tomamos como modelo a este primer miisico
de expresion modema, ya en los primeros ejercicios compositivos
podremos realizar nuestra propia inversién en fantasia y fuerza ex-
presiva y desarrollar con ello tales habilidades. Lo cierto es que
puede escribirse una composicién a dos voces, cargada de énfasis,
en el estilo de Josquin. Qué provechoso es esto para hacer atracti-
1va la ensefianza de una asignatura y, sobre todo, qué provechoso
resulta, al mismo tiempo, para el estudiante! Yo, por lo menos, re-
cuerdo mis estudios de contrapunto, antes que nada, como una serie
de normas, prohibiciones y ejercicios de ambito premusical. /Acaso
no es verdad que en muchos lugares, tras el vivaz mundo musical
de la armonia, no hay més remedio que calarse las gafas, despren-
derse de indumentarias multicolores y ajustarse un cilicio gris cuan-
do, en las severas clases de contrapunto, se tratan rigidos fragmen-
tos compositivos? Aiin otro argumento igualmente importante: hay
muchisimas composiciones a dos voces de Josquin, pero ninguna
de Palestrina. De este modo, uno ya puede contrastar sus primeros
¢jetcicios con el modelo de un gran compositor, y no s6lo con nor
mas derivadas de cualquier obra a varias voces de compositores
como Palestrina, iquien, obviamente, no valoraba mucho las posibi-
lidades expresivas de la doble voz!
Palestrina, caso especial
Un caso singular del libro es el capitulo sobre Palestrina. No se
lo puede considerar en si mismo, como el resto de los capitulos de
trabajo y de lectura, sino que sélo es posible leerlo razonablemente
‘tas el estudio del gran capitulo sobre Josquin. Lo tinico que cabe
preguntarse aqui es: «Qué es lo que ha cambiado entretanto?», Las
diferencias no son tan grandes (sorprendentemente pequefias, en
realidad, si se piensa en el lapso de dos generaciones), de modo
‘que seria sensato establecer un pilar de la ensefianza nuevo y espe-
Gifico, Pero tan cautelosa modificacién del lenguaje es extremada-
mente instructiva, pues consiste en una restriccién de Jos recursos,
y no en su ampliaciOn, de tal modo que una reflexiGn comparativa
puede iluminar tanto la voluntad de expresién de Josquin como la
de Palestrina.
iQue se amplie la asignatura!
Seria ilusorio pretender la cobertura de Josquin, Bach y la Nueva
Musica en el tiempo disponible para el contrapunto en Ja forma-
cién de un muisico. Al margen de relatar en clases magistrales algu-
‘nos de los capitulos de lectura, el docente habré de decidirse por
‘Josquin o Bach; s6lo podria abarcar més materia con «voluntarios»
x
especialmente interesados y particularmente capaces. Es lamentable
‘que los planes de estudio no permitan mayores posibilidades; ade-
més, en este asunto se requieren modificaciones urgentes. iAdonde
iremos a parar si, hoy como ayer, tanto el violinista al que se da
licencia para tocar en una orquesta como el joven profesor de mii-
sica comienzan una carrera profesional de cuarenta afios sin tener
préctica en el lenguaje de la musica de los wltimos sesenta! De ello
resulta, al jubilarse estas damas y caballeros, un vacio de compren-
sin de cien afios cuyas consecuencias son devastadoras. Me aver-
siienza, trabajando ya tanto tiempo en la ensefianza de la musica,
el que yo mismo me haya rendido hasta hoy, sin oponer la menor
resistencia, a las previsiones de los planes de estudio. Pero reclamo
desde ahora, estoy seguro de que con el apoyo de mis colegas, que
se conquiste para la asignatura de composicién un semestre sobre
«Composiciin de la Nueva Musica», adicionalmente al mimero ac-
tual de semestres previstos para armonia y contrapunto; y no como
asignatura optativa, sino como materia obligada para el examen de
graduacién. Deliberadamente, el capitulo sobre la Nueva Musica se
ha planteado de un modo estilisticamente muy amplio, para que
se haga justicia en cierta manera al espectro de aquélla, del que ya se
hablara. Se quiere transmitir un mejor conocimiento y una mayor
atencién a la variedad de nuevas formas de expresin, como base
para la comprensién o, en el mejor de los casos, del amor a Ia mii-
sica viva. Si no conseguimos esto, dentro de muy poco podremos
inscribir Ia profesién de miisico 0 de profesor de miisica bajo el
epigrafe mas sincero, més apropiado, de «guarda de museo».
Sélo a dos voces
En el capitulo de estudio sobre Josquin trabajaremos tnicamen-
te a dos voces; con igual amplitud lo haremos en el correspondiente
a Bach, tanto a una como a dos voces; y en el de la Nueva Mii-
sica se trabajara en parte a una y a dos voces y en parte la «compo-
sicién para piano». Se ha renunciado a la escritura a tres voces por
Jas siguientes razones: al igual que mi Armonia, este libro amplia el
material mas de lo usual; pero, Nueva Miisica aparte, pretende re-
servar el mayor tiempo posible a la asignatura de composiciOn, tal
‘como también sucede en la Armonia. No obstante, quien haya es-
tudiado Josquin a dos voces ganaré menos en conocimientos con
la composicién a tres voces de Josquin que estudiando adicional-
amente Bach a una y dos voces, y viceversa. En la formacién de los
miisicos se precisa, en gran medida, slo el contrapunto a dos voces.
‘Aquellos que quisieran o tuvieran que rendir més (directores, macs-
tros de capilla, profesores de musica, musicos de iglesia) debieran
estudiar, con preferencia a trabajos a tres voces en el mismo estilo
(0 como opcidn alternativa, en todo caso), dos lenguajes musicales
distintos a dos voces. Propuesta para la modificacién de los corres-
pondientes reglamentos de eximenes: «Un ejercicio de contrapun-
to a tres voces 0 dos trabajos de contrapunto a dos voces en dos
lenguajes musicales distintos». Por lo demés, cualquiera de mis co-
legas esté en situacién de trasladar el mismo método, sobre 1a base
de las instrucciones dadas aqui para dos voces, a las composiciones
a tres voces de Josquin o Bach.
No mis «especies»...
Nota contra nota, 2:1, 4:1, sinéopas y, finalmente, el florido
contrapunto de los valores mixtos; este curso en cinco etapas de
aprendizaje fue la espléndida idea de Fux, compatriota de Bach, a la
que se han ajustado todos los libros de texto posteriores y que tam-
bién sigue el manual de Jeppesen basado en el estilo Palestrina. No
tenfa yo voluntad para un motin a cualquier precio, pero, contraria-
mente a mi intencién inicial, me he visto forzado a apartarme de
este método. Las especies no resultan adecuadas aqui, por el hecho
de que el Bach a varias voces, y también a una, se entiende como
secuencia arménica presentada melédicamente. Se ofrece en este
punto la estructura de la Armonia. Las etapas adecuadas para el ¢s-
tudio de la polifonia de Bach son las funciones principales y secun-
darias, las notas ajenas al acorde, las dominantes intermedias y la
modulacién. Pero tampoco se hace justicia a Josquin con las cinco
especies. En primer lugar, he considerado més sensato utilizar un
mayor niimero de etapas para concentrar por completo la atencién,
sucesivamente, sobre un solo recurso de la técnica compositiva; en
dichas etapas especiales no se trata tinicamente la aceleracién desde
las redondas a las negras, via blancas. En segundo término, las es-
pecies son una abstraccién de excepciones, de situaciones extraor-
dinarias, y no la transmisién de casos normales por medio de la
ensefianza, Lo que la especie 2:1 explica como «nota de paso» es,
en la musica de Josquin (también en la de Palestrina), la més rara
de las tres posibilidades de transicién; es la excepcién y no la norma.
xa
tor qué colocatia, entonces, en el centro del aprendizaje? Las sin-
copas tienen en Josquin lz funcién de crear forma, frenan el dis-
curso, marcan conclusiones de frases, cléusulas. Su inflacién a la
categoria de especie es ajena a la miisica. Determinadas negras y
grupos de’ negras son recursos raramente utilizados que significan
Siempre algo muy concreto. Son casos que hay que practicar en de-
talle, utilizandolos con moderacién. Por el contrario, en la especie
4:1 se aprende a emplear las negras para el disefio melédico, como
relleno del movimiento. En las especies mecdnicas, que son las cua-
tro primeras, no es posible invertir la menor imaginacién musical.
No obstante, si alguien lo intentase, tal como proponen algunos ma-
nuales, estara pensando en una falsa musica. Lo que, desde luego,
‘no constituye el mejor camino hacia la Musica. Con nuestro méto-
do, por el contrario, la composicién empieza ya desde el mismo
primer ejercicio, pues se siguen en él pasajes modelo de grandes
‘composiciones. Personalmente, considero esta oferta de curso alta-
mente estimulante 0, utilizando una expresién de Wilhelm Maler,
«amusicalizante», No hay «estudios» ni trabajo previo. Uno se en-
cuentra directamente en la musica. Y no cabe entonces dar al pri-
mer ejercicio tan sélo una solucién «correcta.
a ni tampoco cantus firmus
‘Un manual de contrapunto a dos voces que coloca ante cada
ejercicio, ante cada etapa de estudio ejemplos de soluciones toma-
dos de grandes compositores no puede ensefiar una composicién
sobre cantus firmus, porque no existe en los maestros ningin ejem-
plo de ello. (En todo caso, no en Josquin y Palestrina; es bastante
taro en Bach, al final de cuyo capitulo se presenta en primer térmi-
‘no la composicién con cantus firmus como uno de los tres tipos de
composicién.) En todo caso, la composicién para dos voces iguales
y de la misma naturaleza es, con mucho, él tipo, predominante en
Bach; en Josquin es el tinico que existe. En consecuencia, s6lo ese
puede ser el modelo de este manual. Con todo, si escribiese uno
mismo ambas voces, planificando unas veces una, otras la otra, reac
cionando unas veces en esta y otras en aquella o, en el mejor de
los casos, inventando directamente pasajes a dos voces —que es a lo
que se deberia aspirar—, se ganaria, ya desde el primer ejercicio,
una idea mucho més viva de la naturaleza de la polifonia, de la
interaccién de las voces, que sdlo juntas constituyen una unidad.
xmSe inventarfa una unidad a dos voces. Asi entenderiamos que la
polifonia no es una agregacién de voces particulares. El que en
ia musica polifénica las voces hayan de ser en cada momento algo
individualizado y tengan que conducirse «la una contra la otra es
una exigencia del pensamiento ajena a la musica, que, por la
tencia de la armonia, quiere ver en el contrapunto una oposicién
todo (véase la introduccién al segundo capitulo). Los ejercicios
de especies activan esta heterodoxia: el cantus firmus, aunque con-
duzea siempre con tanta seguridad como la mano de una madre,
transcurre en las cinco especies tan por completo distinto de la voz
—lo tinico que hay que escribir, que ésta queda siempre «a la con-
trax, como un individuo aislado. Cierto es que en exémenes en clau-
sura el método del cantus firmus lo pone més facil. Pero también
es verdad que cuando se inventa libremente a dos voces los ejerci-
cios se dejan precisar més: dado un motivo inicial, se piden por lo
‘menos x compases con x cléusulas intermedias que deben levar a
los pasos x y x; se dan también un texto y las voces que han de
intervenir. En un examen oral, por su parte, surgen conversaciones
sumamente estimulantes, y quisiera decir que muy dignas: supon-
gamos un trabajo de andlisis sobre una notacién dada. 6Podria ser
esta composicién de Josquin? Si no lo es, ipor qué no? Qué hay
de extraordinario en este pasaje, segiin el estilo de Josquin? (Como
podria razonarse el empleo de este o aquel recurso? iCuél de las
tres composiciones a dos voces ofrecidas es tipica de Josquin? (Cué-
les son los rasgos que sefialan a esta composicién a dos voces como
tipica de la época de Bach?
Con Lipices de colores...
Este libro no es un compendio de preceptos, desde la regla 1
hasta la 487. Se trata de una reflexidn sobre la musica en 1a que
descripcién, andlisis, interpretaciOn, «reflexion acerca de» ¢ instruc-
ciones sobre técnica compositiva se integran en una unidad. Debe
Jeerse necesariamente con l4pices de colores, marcando en verde lo
que resulte interesante como idea, en azul lo que haya que apren-
der, en rojo lo que deba memorizarse como precepto, en amarillo
los ejercicic Sélo asi se pondra de manifiesto el armaz6n necesa-
rio para su uso intensivo, que yo no he querido presentar de forma
‘Agradecimientos
Gerhard Schwarz, quien hace casi treinta afios fue mi primero y
tolerante patron como director de la Escuela de Musica Sacra, fue
también el primero en introducirme en la Missa Pange lingua de Jos-
quin; no me refiero sélo a las notas, sino también a la expresividad
de esta musica. Fl director musical de la Universidad de Bonn, Emil
Platen, reconocié ya la necesidad de que la ensefianza del contra-
punto se levase a cabo hoy dia haciendo hincapié en el anlisis, y
‘asi me lo hizo comprender cuando atin no estaba escrita mi Armo-
nia. Tengo mucho que agradecer a estos dos guias. He integrado
en este trabajo bastante de lo aprendido de mis colegas de Ham-
burgo, Albrecht Giirsching, Christoph Hohlfeld y Wemer Kriitcfeld.
Mis alumnos Hans-Ulrich Fuss y el compositor Ulrich Busch se han
presentado voluntarios como conejillos de Indias para el capitulo de
‘Josquin. Lograron superar el trance y se han convertido en buenos
misicos. No puedo imaginar consejo y asesoramiento editorial més
‘animoso que el encontrado, también para este libro, en Wolfgang
Rehm. Doy las gracias a Jiirgen Sommer por su inteligente asesora-
miento en la redaccidn. Karl Votterle, al que tengo mucho que agra-
decer y a quien mantengo imborrable en mis recuerdos como per-
sonalidad impresionante, seguramente se hubiese interesado de
modo especial por este libro. Por eso esta dedicado a su memoria.
Diether DE LA MOTTE
Hamburgo, verano de 1979RECOMENDACIONES SOBRE LA BIBLIOGRAFIA
EI Sederunt de Perotin fue publicado en 1930 con comentarios
de Rudolf Ficker, muy detallados y dignos de ser leidos, sobre la
ejecucién préctica y la transcripcidn critica. Viena, Universal-Baition,
num. 8211.
Nos referiremos siempre a la siguiente edicion: Die drei- und vier-
stimmigen Notre-Dame-Oreana (Los organa de Notre-Dame a tres y
‘cuatro voces}, edicién critica completa, con una amplisima introduc-
cién de Heinrich Husmann, 1940; reimpresion, 1967, Georg Olms,
Wiesbaden, Hildesheim/Breitkopf & Hartel.
‘Guillaume Dufay: Misa Se /a face ay pale, edicién Barenreiter,
adm. 1712,
‘Chansons de Gilles Binchois, edicién de Wolfgang Rehm, «Mu-
sikalische Denkmilem» [Monumentos de la Musical, volumen I, Ma-
guneia, B. Schott’s Sdhne, 1957.
Heinrich Isaac: Missa’Carminum, Méseler, Wolfenbilttel, «Das
Chorwerko {Obra Coral], cuaderno 7.
TJosquin des Prés: Méseler, Wolfenbiittel, «Das Chorwerk [Obra
Coral], cuademnos 3, 18, 20, 23, 33, 42, 57 y 64, asi como, sobre
todo, la Missa Pange lingua, en el cuaderno 1.
Tmportante, el ensayo de Carl Dahlhaus «Zur Akzidentiensetcung
in den Motteten Josquin des Prez» [Sobre el empleo de accidentales
tn los motetes de Josquin des Prés}, en Musik und Veriag, Karl Vor
terle zum 65. Geburtstag [Miisica y edicin. En el 65 cumpleaiios de
Karl Votterle}, Barenreiter, 1968.
Heinrich Schiitz: Nueva edicion de las obras completas, sobre
todo Kleine Geistliche Konzerte I (Pequefios conciertos sacros I}, edi-
cion Barenreiter, nim. 3664.
‘Joseph Milller-Blattau: Die Kompositionslehre Heinrich Schiitzens
in der Fassung seines Schillers Christoph Bernhard [La concepcién
compositiva de Heinrich Schiitz, segin la version de su discipulo
Christoph Bernhard], Bérenreiter, 1964. :INDICE
Prologo vu
Recomendaciones sobre la bibliografia xvi
«1. Perotin (~ 1200) 1
| 2. Dufay, Ockeghem, Binchois, Isaac: Entre lo «artistico» y
lo «popular (siglo xv) W
+ 3. Josquin des Prés: polifonia motivico-imitativa(~ 1500) .. 42
Material tonal 5 2
Compases RR 03 we . 47
Valores de las figuras .... SE 48
Intervalos posibles am ees 49
Extensién de las voces 49
Distancia entre partes en la composin ‘ados voces... $0
La imitacion = a 51
Paralelas 1 56
‘Tratamiento de los saltos ...... ©
El tritono ceteeeees 8
Disonancias de paso. i 68
La disonancia en tiempo fuerte (retards) : 16
Notas negras ne - 90
Bordaduras in 332 coves 9B
Saltos en negras .. fee 103
Formacién de las cadencias. ss 108
La ligadura en el coral gregoriano . 116
«Licencias» : 120
Josquin como misico de expresién moderna. : 11
‘Analisis de las obras a dos voces de Josquin 134
«4. Palestina: polifonia vocal clisea (~ 1570) . 152
1. Claridad sonora 152
2. Emancipacién del # a 154
3. Negras to 1ST
4. Negras aisladas - 162
5, Cambios en el campo de la disonancia ... 164
6. UA dos voces? : 8 m1
7. Texto y musica 2... .seeeeee0s . 1410.
8. Gregoriano «domesticado» .......
Anilisis comparativo de dos secciones crucifixus, a tres
voces, de Palestrina
Intermezzo: sacro-profano
Heinrich Schiitz: sous gravis y soylus luxurians (~ 1650)
Johann Sebastian Bach: contrapunto arménico (~ 1730)
Homofonia arménica
‘A dos voces
Tres tipos compositivos de Bach
Haydn y Beethoven: trabajo motivico (1780-1825)
Las fugas de Haydn y Beethoven .......
‘Schumann-Brahms-Wagner: «voz interior» (1830-1880)
iFuga romantica? ..... 2...
Enmascaramiento del curso de las voces
Estructura instrumental sin «conduccién de las voces»
«Voz interiom P
La técnica reticular de Wagner
Nueva Miisica: construccién y expresién (1910-1970)
El viejo modo mayor, bajo un nuevo prisma (Stravinsky,
Shostakovich) .......... eapereanss
«Tonalidad» de la voz. cantada (Hindemith, Schoenberg)
La voz cantada en la dpera (Berg, Henze)
Hindemith a dos voces
Miisica dodecatonica (Schoenberg, Webern, Fortner)
La construccién como «invencién» (Debussy, Bartok,
Dallapiccola, Messiaen) ......
Entre voz y acorde (B. A. Zimmermann, Ligeti, Lutos-
lawski) feceeteeeeteeeees
182
373
410
PEROTIN (~ 1200)
La miisica polifonica alcanz6 su primer punto culminante, hacia
1200, en los grandes organa de Perotin, que ejercid en Notre-Dame
de Paris; dichos organa hallaron tal aplauso en el obispo, entusiasta
del arte, que se ordené su ejecucién anual. Lo que ello significa, en
época tan temprana, solo podremos apreciarlo si consideramos que
las composiciones de los autares del barroco, al servicio de los prin-
cipes o de la Iglesia, estaban todavia destinadas al «uso inmediato» y
habia que componerlas para cada ocasién. La musica era quizi més
necesaria que en'la actualidad, pero también se la consumia como
los sermones, que hay que redactar de nuevo para cada oficio divi-
no, o como el menii que se servia a diario en la mesa de los princi-
pes, Sin embargo, hacia 1200, un obispo con gusto artistico exalta
una composicién al rango de obra, de obra de arte a la que se juzga
digna de sobrevivir y que debe ser no sélo escuchada, sino escu-
chada muchas veces.
El Sederunt Principes de Perotin es una obra a cuatro voces (Or-
ganum quadruplum) de sorprendente extensién. La primera parte
consta de 135 compases, y la segunda, de 300. Después de Perotin
ya no se escribieron, en varias generaciones, grandes formas musi-
cales de esta extensién. Fl resto de la muisica medieval conocié s6lo
la pequefia forma. El trabajo de Perotin resulta atin’ més sorpren-
dente si consideramos la limitacién de recursos que se imponia aun
compositor de esta época. Pero, a pesar de estas resistencias del ma-
terial, Perotin consigui6 crear un lenguaje musical tan rico en con-
trastes y de tal variedad expresiva que la polifonia de Josquin o de
Bach, asi como la musica de los clisicos vieneses, puede referirse a
como punto de partida de su técnica compositiva. Siglos antes
de Ia separacién de la técnica compositiva y del pensamiento musi-
cal en esos dos hermanos enemigos que son polifonia y homofo-
nia, Perotin manejaba ambos y nos ensefiaba lo insensata que puede
ser la pretensidn de observar la musica, que dispone soberanamen-
te de todos los recursos con unas u otras lentes.
Pero estudiemos en primer lugar los estrechos limites del mate-
rial compositivo. Todos los organa de la época de Perotin utilizan
como unidad de compas —transcribiendo a nuestro sistema de no-
tacién— sélo las»; divididas en j...'-(al igual que Heinrich Hus-
mann, editor de la edicién critica completa de los organa, usaremos
ya sin mayor problema la denominacién moderna compds). Enton-ces no era posible representar los valores de las notas, porque la
notacién mensural estaba aiin sin desarrollar. Asi pues, solo se po-
dian usar unos cuantos modelos ritmicos, los lamados modi:
Ol 42 4s LY Le
ales dd pid sd |
Ol+ dye ssys
are eee ne
9 | 4 a [a a |
o [ddd days das
Los arcos de ligadura de nuestro ejemplo indican qué notas se
hallaban escritas en grupos, con el fin de aclarar mediante tales agru-
pamientos de notas, llamados ligaduras, el modus de que se trata:
he Be sserezeiemotiee |i dd dps dd
me eae ez ezesezemows= (Jd) ddd
Claro esté que las notas Jargas se podian rellenar. Por ejemplo
de |J.JJ J! cabia derivar | J3J3 JI, etc. El compositor también podia
cambiar de uno a otro modus. En todo caso, la transcripcién de no-
tacién modal sigue siendo un problema y las transcripciones que se
dan en nuestra obra (de Ficker, de Husmann) difieren en algunos
‘momentos unas de otras. (Ahora nos referimos a Ia transcripcién
de Husmann.) Dado que en las obras de Perotin y de su época los
‘modelos que comienzan con una nota corta acentuada (modi 2° y
49) s6lo desempefiaban un cometido secundario, el modelo domi-
nante |4.2J2l y el ambito de variacién de toda la musica de esta
época no son mayores que estos fragmentos:
[AJd Ns ded sss Iss pls III
psd ddd |d = [ddd dew
2
pads dpsddrps dd sys drys |
pe ddd dda few
jada fa drjpddd ssdrpdia |
[a ddd dd dr [ae
Los organa a cuatro voces se componian pata voz de hom-
bre en registro de tenor y contralto. La extension completa del Se-
derunt es:
(El sib’ se alcanza en la voz aguda solo una vez.) En cuanto a alte-
raciones, se dan Unicamente Sib, en vez de Si, y muy raramente
Mib, en lugar de Mi. El tenor, que es la voz menos flexible, se
orienta hacia la melodia gregoriana, pero tiene libertad para mante-
ner notas de duracién diversa. Dejando a un lado las excepciones
(unas veces el acorde de cuarta y sexta, otras una disonancia y, en
ocasiones, 1a triada mayor), al principio del compas son norma las
consonancias perfectas. Las voces se mueven libremente entre ellas,
sin ocuparse unas de otras. Quiero decir que no existian reglas de
conduccién de las voces: se encuentran unisonos y octavas paralelos
con tanta frecuencia como pasos de disonancia a disonancia. Al prin-
cipio del compés los acordes no abarcan globalmente més de una
octava, por lo que resultarfa imposible un acorde como:
Anotemos cémo pueden colocarse las voces restantes en los co-
mienzos del compas, en una pieza con cantus firmus. Comprobare-
mos con ello que una nota del cantus firmus puede quedar mante-
nida durante muchos compases. Por tal motivo, o bien el acorde
queda fijo durante un trecho algo largo o restan pocas posibilidades
de variacién. En la segunda de las soluciones que se dan como ejem-
plo, la tercera nota del cantus firmus se prolonga por varios compa-
ses; en el tercer ejemplo es la penuiltima nota la que se alarga. En-
tretanto, las voces agudas modifican la posicién del acorde:——
Propongimonos el gercicio de inventar, en distintas versiones,
acordes posibles para el inicio del compas sobre el siguiente cantus
firmus (el comienzo del gran Viderunt omnes de Perotin).
Elaboraremos con ello solo el esqueleto de una composicidn; algu-
nas posiciones de acordes pueden permanecer sin cambios durante
muchos compases. iPerotin extiende el fragmento de cantus firmus
que damos aqui a lo largo de 166 compases! En este cantus, coloca-
do bastante agudo, uno o varias voces habrin de ser casi siempre
més graves:
a
Vis dere om nes
Veamos ahora cémo ha llegado a ser posible, pese a lo limitado
de los recursos, una composicién de tan gran variedad y fuerza ex-
presiva, Observemos en primer lugar el planteamiento de gran forma
de Perotin. La llamada técnica del discanto se utiliza tnicamente en
el climax final de la obra. (Discanto quiere decir un cantus firmus
‘muy mévil que cambia de nota de un compés a otro.) Por lo demas,
las restantes notas del cantus firmus quedan tenidas durante un tiem-
po bastante largo y fijan con ello la posicién del acorde hasta un
punto al que jamés se atrevi6 a llegar la musica de épocas posterio-
res. Porque, en primer lugar, en la fermata de la miisica barroca las
voces agudas mueven precisamente.contra la autoridad arménica de
la nota tenida y, en segundo término, una fermata tan famosa
como la del principio de la Pasién segin san Mateo de Bach irige
sélo por cinco compases! La gran forma del Sederunt se presenta de
este modo: areas de acordes I/coral gregoriano a una voz/éreas de
acordes I/segmento de discanto en que el cantus mueve compés
por compés/coral gregoriano a una voz. Presentamos a continuacidn,
esquematicamente, los dos grandes fragmentos de areas de acordes:
4
Comienzo en compés 1 52 68 90 103 125, 133
Duracion del acorde: S116 «22138 comps.
ef.
Tenallsote Fa re sol re sol/Do Fa
‘Comienzo
en compas 1 61-100 116 118 141 142 177 192 208 205
Duracién
delacorde; 60 39 16 2 23° «1 35:15 12 1 13comps
Acorde
ef,
Tonalidad’? Fa/Si Fa Fa Sib lFa Fa Fa Fa sol Fa
(El segmento de discanto que ain ha de venir distribuye las res-
tantes 85 notas del cantus firmus en 83 compases; el curso de la
actividad musical es, por tanto, extraordinario a causa de esta acele-
raciOn del tempo de la accién arménica.) A veces, a lo largo de las
amplias dreas de acordes, las voces agudas también abandonan el
niicleo del acorde en tiempo fuerte. Son asimismo frecuentes las
disonancias al comienzo del compas. La tendencia a construir un
segundo nicleo acérdico sobre una misma nota del cantus firmus
(ea seccién tras seccién 0 con una oscilacién pendular) se indica
colocando dos ‘acordes sobre la nota correspondiente del cantus fir-
‘mus. El Ambito del acorde se lena mediante el movimiento de las,
voces agudas. Se crean de este modo ambitos de acordes mayores
© menores —por expresarlo con nuestro lenguaje—. Todo ello queda
representado con notas punteadas y con la denominacién de ‘onali-
dad. Estos cambios, como por ejemplo el primero y jubiloso Fa
mayor tras 51 compases en re menor, también debieron de vivirse
‘como sucesos de energia primordial ya hacia 1200, pues estén ex-
puestos compositivamente de un modo demasiado obvio:—
Era, sin duda, el cantus firmus el que decidia dénde debian co-
locarse zonas en’ mayor y én menor. (En esta época hubiera sido
tan imposible fa menor sobre Fa como La mayor sobre La.) Pero-
tin decidia, no obstante, la duracién de esas zonas. El primer gran
fragmento deja surgir del cantus firmus mis acordes menores; el se-
gundo pone el acento en los mayores. Perotin refuerza esta ten-
dencia al mantener en el primer gran fragmento el area en mayor
sobre Fa, con 16 compases relativamente cortos, y al rozar furtiva-
mente en el segundo fragmento, con un solo compas, uno de los
dos dmbitos (sol menor,.en torno a Re), dejando que el otro (la
menor, sobre La) se dirija varias veces a Fa mayor.
En Jo melédico, las posibilidades de configuracién compositiva
son limitadas. Nuestro ejemplo muestra multiples cambios de posi-
cidn: unas veces la segunda vor se halla por encima de la primera,
otras es la tercera la que estd sobre la segunda. Encontramos motivos
6
que se conservan de un fragmento a otro; de tal manera que, al
final de nuestro fragmento, la segunda voz imita el disefio pentatd-
nico que aparece en la tercera voz a partir del compés 52. No siem-
pre hay quintas-octavas vacias en tiempo fuerte. Véase el Fa mayor
en el compés 55, disonancia de segunda en el compas 54. A veces
hallamos unisonos paralelos (re”, do”, en los compases 53, 55, 57).
Las disonancias atin se producian sin considerar las posteriores re~
gas de conduccién de las voces (compases 48, 54): las voces eran
libres entre las notas de apoyo. En estos trechos intermedios cada
voz habia de escucharse, por asi decirlo, con su propio oido parti-
cular, 0 sea, de modo distinto de como escuchamos la musica poli-
fonica posterior.
Es fascinante que funcionase la libertad compositiva y el modo
en que funcionaba, a pesar de tantas limitaciones de las posibilida-
des de desarrollo, Slo hay que poner de manifiesto los hechos; tie-
nen lugar en una regién en la que ni estamos acostumbrados ni
hemos aprendido a escuchar profundamente con atencidn. Es algo
que funciona en las proporciones en la duracién de las frases: en el
ritmo global, podriamos decir, porque el ritmo en detalle venia ya
decidido por el modus y casi no permitia intervenciones creativas.
La técnica dominante en el tratamiento ritmico de las frases es Ia
construccién de grupos simétricos, con destruccién de la simetria a
continuacién. Presentamos aqui un fragmento con una concatena-
cin de grupos de dos compases que se prolonga alin més:Obsérvese la disonancia periédica en el tiempo fuerte del segun-
do compas de cada grupo. Los dos compases quedan asi soldados
en una unidad indisoluble. No andaré falto de razén quien sienta
esta forma de hacer musica como algo muy profano. Esta simetria
de la frase estuvo en la base de la lirica profana de la Edad Media
y también nos es conocida en, la antigua musica de danza. (Fue en
los himnos donde hallé su entrada en la melodia sacra.) Pero, con
frecuencia —y esto es lo extraordinario de la técnica de Perotin—,
tuna irregularidad tras el mantenimiento durante cierto tiempo de la
simetria de la frase lama a prestar gran atencién, pues anuncia el
final de una seccién y nuevos ¢ importantes sucesos. Asi, a nuestro
Ultimo ejemplo le siguen més grupos de dos compases, 2, 2, 2 (lo
que hace un total de ocho grupos de dos compases), i4! 3! En el
Liltimo grupo entran dos nuevas notas de cantus firmus. He aqui los
dos grupos de compases que interrumpen la simetria anterior:
1
136
En el ejemplo de la pégina 6 tenemos 3+1 compases a partir
del compas 48. Dichos 3 + 1, como perturbacién de la simetria ante-
rior, dirigen la atencién, por otra parte, hacia un nuevo suceso. Pre-
cediéndoles habia un esquema periddico 2+4, 2+4, 2+4. Este
grupo de seis compases repetido tres veces con tan solo una mini-
ma variacién y cuyo motivo de campana va pasando de la primera
a la segunda voz, y viceversa, repiquetea asi la primera vez:Es decir, el oyente experimenta:
Compés 30 a 2 ®
244,244,244 (BIT! Nueva nota de canmus fir Nueva nota de cannes firmus,
mus, nuevos sucesos en la con 2+4,2+4,2+4. Para
‘vor superior: frase de 12 acaba, una lamada al oyen-
compases icon 2+3 para te: i2, 2! Nueva nots de
ceonclit! cantus firmus en el sitime
‘rupo de dos compases.
Al comienzo del «érea de acordes Il», en la zona de acordes
que bascula entre Si bemol mayor y Fa mayor, al oyente se le hace
particularmente claro un esquema 2+ 3, repetido cuatro veces, como
zona de orden, de tranquilidad, de alivio, de armonia (ide armonia
de las frases!):
1
6
10
eo
Partiendo del acorde de cuarta y sexta de Si bemol mayor, las
frases atraviesan disonancias sorprendentes, también en tiempos fuer-
tes del compés, y sdlo para terminar desembocan en una conso-
nancia perfecta sobre Fa. (Ficker es de la opinién de que la segun-
uda alteracién, que segin Husmann s6lo afecta a la tercera voz en el
compés 20, rige para todas las yoces durante todo el fragmento.)
Obsérvese, en particular, la estructura de los grupos de dos com-
pases. Tres veces el mismo modelo y, la cuarta vez, una desviacién
que, por cierto, cabe entender como ‘ascenso. Se alcanza entonces
un Sol como nota culminante. A este oasis de paz le sigue un grupo
de siete compases.
El fragmento con frases de duracién més irregular —podriamos,
seguramente, pensar en «salvaje, excitado, tormentoso, intranquilo,
vivaz» o algo similar— introduce, a partir del compas 252 de I], las
longitudes de frase 15, 4, 3, 4, 5... A partir del compas 120 de II,
frases cortisimas y una periodicidad mas clara introducen los com-
pases ya comentados icomo 2, 2, 2, 2, 2, 2, 2, 2, 4, 3! «Alegre, salta-
rin, no complicado» serian los posibles pensamientos de un oyente
de hoy. iQuién se atreveria a decir cémo se ola entonces! Lo tinico
cierto es que unos cambios de estructura tan claros no fueron colo-
cados ahi por Perotin sélo por casualidad. El plano de simetria mayor
se sitia inmediatamente antes del fragmento de discanto conclusi-
vo ¢ introduce, a partir del compés 177 de Il, las longitudes de frase
44,444.44, 4, 16, 3
Hasta aqui, a simetria de las frases y su alteracién. Y desde aqui
podemos trazar un arco hasta los temas periédicamente recupera-
Gos de Mozart 0 Beethoven, a los que siguen fragmentos que se
desarrollan y se disuelven, en los cuales la simetria periddica de los
grupos de compases es destruida metédicamente. Pero también la
musica contrapuntistica posterior puede remontar los origenes de
su técnica hasta Perotin, tal como aclara el siguiente pasaje:
0
a _————_
2
1BPor de pronto, el gran mimero de silencios da como resultado
luna reducida densidad de la composicién. No hay ni un silencio en
comin a lo largo de 20 compases y, sin embargo, itenemos aqui el
pasaje més rico en silencios de toda la obra! Si los intérpretes toca-
sen y cantasen siempre igual de fuerte, en este fragmento se pro-
ducirla autométicamente una parte més suave. Aunque no hay quien
lo sepa, puede que los intérpretes hiciesen més patente esta ten-
dencia compositiva.
Dos motivos, ambos de tres compases y opuestos por su curva
melédica y por su pauta de movimiento, pasan de una a otra de las
tres voces méviles; Ios dos aparecen en las tres voces. Las voces
agudas introducen cuatro veces ambos motivos a un tiempo, pero
intercambidndolos en cada ocasién. Esta suerte de permuta de voces
como recurso para reactivar la composicién, la variacién de la rea-
paricién de un determinado grupo, se da con mucha frecuencia en
Perotin. La técnica del «contrapunto doble», indispensable posterior-
mente para la composicién de la fuga, tiene aqui su punto de arran-
que. Las notas ajenas al motivo estén claramente en minoria en estos
23 compases. En los tres ultimos compases, el motivo més tranqui-
Jo, que esté situado en la voz aguda, adopta el movimiento vivaz
del contramotivo y se muestra, en esta nueva conformacién, como
teflejo literal del otro motivo: casi deseariamos hablar ya de trabajo
motivico (Haydn) y de movimiento quebrado (término con el que
denominarémos la técnica de Beethoven que permite a los motivos
sallar a través de las voces).
Ejercicio. Andlisis del siguiente fragmento segin los puntos de
vista elaborados hasta ahora.
Tua
4
1. Determinese e interprétese la estructura de los grupos de com-
pases que resulta de la disposicién de los silencios.
2, Analicense los acordes en los tiempos fuertes y en la zona
central del compas, Hay consonancias perfectas, imperfectas, tria-
das por tanto, y disonancias. Qué tipo de acorde se utiliza en cada
momento? iQué estructura formal resulta de ello? ¢Se confirma 0
se pone en cuestién la tesis de que las voces, fuera dél acento del
compés, se mueven independientemente y sin preocuparse unas de
otras? @Se da una planificacién consciente o es cuestién de azar?
3, GHay repeticiones de motivos? ‘En qué se distingue la segun-
da voz de las otras?
4, Analicense los cambios de posicién. iQué voz es, respective-
mente, la més aguda?
5. Marquense todos los unisonos y octavas paralelos; se encuen-
‘ran aqui con una frecuencia mayor que la normal en esta compo-
icién, Solo posteriormente se consideré una falta, que se debe su-
primir conscientemente de esta miisica, lo que aqui es atin un re-
1scurso artistico aplicado con plena conciencia. (Véase 1a pregunta
sobre las paralelas en la pégina 11 de Armonia.) fe
Estos organa debieron de interpretarse y escucharse con un én-
fasis apasionante, algo inimaginable en nuestra época posterior de
sublimacién de la interpretacién y de la vida de los misicos. Los
contempordneos hablan con menosprecio de una exaltacién exage-
rada, del acompafiamiento del canto con movimientos de las manos,
de gestos fantasmagéricos, de un modo de cantar que suena unas
veces a éxtasis y otras a relincho de caballos, del tormentoso rugi-
do del érgano, de cimbalos, carillones, flautas, etc. Podemos supo-
ner una ejecucién mixta vocal-instrumental como modo de instru-
mentacién: puede que las voces de nifio y los instrumentos entra-
sen, por secciones, a diferentes octavas. Los relatos contemporéneos
confirman asimismo que se realizaban gradaciones dindmicas. Cuan-
do se cree en semejantes relatos, como me sucede a mi, se cae en
la cuenta de que no existen, por desgracia, grabaciones discogrif
cas adecuadas de esta miisica, que no es en modo alguno acético-
‘igida, sino mucho més orgidstico-fastuosa, y cuya recuperacién para
nuestra vida musical atin estd pendiente.
1
2, DUFAY, OCKEGHEM, BINCHOIS, ISAAC:
ENTRE LO «ARTISTICO» Y LO «POPULAR» (SIGLO XV)
Doscientos cincuenta afios después de Perotin. La miisica se ha
desarrollado no s6lo rectilineamente, en una direccién, sino en miil-
tiples facetas. A partir de ahora hemos de pensar en varias historias
de la misica simulténeas. (Cun distante se halla Pergolesi de su
contempordneo Bach, o Schubert del ultimo Beethoven; hay poco
en comiin entre Schoenberg y Orff, entre Webem y Richard Strauss.)
‘Son muchas y diversas las posibilidades musicales en germen
que, implantadas en la obra de Perotin, se desarrollan por diferen-
tes vias, (Para cudles de esas vias podemos considerarnos compe-
tentes con nuestro libro de contrapunto? iQué tipo de musica de-
biera permanecer al margen de la teorfa musical, tanto antes como
ahora, porque no se somete a unos puntos de vista arbitrariamente
restringidos? Es por ello por lo que el lector, a quien rogamos sea
tolerante con la amplitud de nuestro enfoque, debe reparar antes
de nada en que hoy tenemos una nocién muy reducida de lo «on-
trapuntistico». Ello obedece a que desde el desarrollo de la armo-
nia vemos la musica dividida en dos campos. Si tendemos, en un
caso, a registrar s6lo sucesiones de acordes, en el otro esperamos
voces independientes que tienen que ver lo menos posible entre si,
que no se permiten, ipor el amor de Dios!, la mas minima censura
en comin (véanse las reglas correspondientes a la composicion de
fugas en la tipica obra francesa de Gedalge: reglas que tienen en
cuenta todo, salvo precisamente la praxis bachiana de la fuga) y que,
en una especie de neurosis aguda, representan una tara en todo mo-
mento. Seamos conscientes de esto: que en el sentido de los erro-
res antes descritos, es tan insensato encasillar como contrapuntisti-
‘ca, cualquier miisica escrita antes de la vigencia de la teoria de la
armonfa, como negar a aquélla toda tendencia a la formacién de
periodos para la fusién y concordancia de las voces 0, también, para
subordinar unas voces a otras. En la Edad Media, el contrapunto
no significaba finalmente algo més que muisica polifénica, Por ello,
debiéramos evitar la pretension de ver, bajo el prisma de lo contra-
puntistico, sélo ta mitad de lo compuesto.
Cantemos de punta a cabo la siguiente voz y comprobemos qué
nos queda en la memoria. Hégase el vano intento de describir con
precisién esta melodia a una persona que no la haya oido nunca,
de manera que pueda reconocerla como tal voz descrita. Miisica sin
"7perfil personalizado, volétil, sin configuracién tangible. Pero esta era,
justamente, la nobilisima intencién del compositor del siglo xv. «ln
omni contrapuncto varietas accuratissime exquirenda est», escribe
el tedrico coeténeo Tinctoris. Heinrich Besseler, editor de esta
misa, comenta «que se entendia por varietas una modificacién de
la técnica musical de cualquier tipo que pudiera pensarse, teniendo
dicha modificacién el valor de precepto principal. Quiere decirse que
la repeticién de grupos o disefios de notas, la repeticién de lo mismo
y de cosas similares o la reaparicién de un determinado ritmo en el
compas siguiente era mal vista. La idea melédica debe aportar en
cada momento algo nuevo, inesperado, sorprendente. No se busca
Ja regularidad, sino la irregularidad».
aa pipe:
Guillaume Dufay (~ 1400-1474), soprano del «Kyrie Iv, a cuatro
voces, de la misa Se la face ay pale
18
El comienzo del tenor, incluido también en el ejemplo, muestra
que en esta época las voces alin no se hallaban sometidas a un
orden uniforme, en el sentido de nuestra articulacién de los com-
pases. (Véanse ios comentarios sobre Ockeghem.) Examinemos la
varietas en el aspecto ritmico y tomemos, como consecuencia de
ello, la unidad =- como medida de referencia: en 25 unidades en-
contramos 22 conformaciones distintas. Helas aqui reunidas, orde-
nadas segiin la duracién de la primera nota de cada unidad. Sdlo
tres conformaciones, las marcadas con, se presentan por dupli-
cado:
= oe de
2s rn)
_ a a
oo dw hdd d dad
oJadd Jde IL
os a
oto d isso di
eo. e did J
ode - ib ddd
eo oe ew Id dd
ee 8 er
Dos generaciones después de Dufay la varietas se verd reempla-
zada por imitacién, motivo y elaboracién motivica, SOlo el siglo xx
conoce nuevamente algo comparable: la muisica atemdtica. Por con-
siguiente, este tipo de conformacién nos es poco familiar y tendre-
‘mos que realizar cierto esfuerzo para comprenderla. Surgiré, como
compensacién, un extraordinario refinamiento de nuestro oido.
Gercicio. ‘“Eminciese» la voz de Dufay con ta-ta-ta, todo a la
misma altura.
19‘Siguiente ejercicio. Sin seguir las notas, esciichese a otra perso-
na haciendo lo mismo, pero introduciendo entonces algunos «fa-
llos». (Si se incluyeran otros grupos posibles, pero no utilizados por
Dufay, no podriamos detectar tales fallos, como es natural, aunque
si detectariamos la repeticién de un grupo después de un corto es-
pacio de tiempo, cuando no inmediatamente.) En tal caso, los oyen-
tes deben reaccionar de forma inmediata al percibir la repeticion de
lun grupo. Quedard de manifiesto que si colocamos varias veces con-
formaciones llamativas, como, por ejemplo, J- J44- JJ, éstas serin
localizadas més facilmente que, digamos, las repeticiones de mi o
Por supuesto, también es més facil percibir las repeticiones cuando
se suceden muy cerca unas de otras, es decir, cuando el comienzo se
varia més © menos asi
Jeo flow d lod add fo «
je dd dd fo ddd fee
Naturalmente, ef elercicio mas efectivo se da cuando crea uno ‘mis-
‘mo cursos de voces ritmicamente similares. Debiéramos tomamos
esta libertad, aun cuando no tengamos aqui la posibilidad de tratar
antes, més profundamente, las leyes de la musica de esta época.
Seria’suficiente con que tomésemos en consideracién lo siguiente: .
solo es posible prolongar una figura con otra de su mismo valor:
fa adem a}
jodo disso ol
0 de la mitad de su valor:
[= |
|
joo afd
20
jo a ddd
je da ddd]
Quedan excluidas, por tanto, prolongaciones como éstas:
|e ale of Jw elsddde|
Joo dd |p of?
%) Ligar figuras largas a otras més cortas queda como excepcién
hasta la Nueva Musica, legitimada por un distinto ductus del len-
guaje. Los idiomas eslavos, por ejemplo, presentan silabas cortas
acentuadas y largas no acentuadas JJJ .
Jandéek, Jenufa:
festa i
(ain eres un nifio)
bych bedind—
{pues sélo con él)
Al margen de esto, slo hallamos contravenciones al servicio de
luna suprema expresién que legitima el traspaso de los limites y que
hace vivible su inmensidad. iDénde, si no en Monteverdi, encon-
trariamos ejemplos mas arrebatadores! En el Combattimemto, la mo-
ribunda Clorinda se despide asi de Tancredo y del mundo:
y, aparte de la facilidad de la «incorrecta» resolucién del retardo de
cuarta en el pentiltimo compés (no hay ya peso mundano que tire
hacia abajo de la disonancia de cuarta), también el ritmo de su canto
encuentra su liberacién de la energia cinética terrestre. Monteverdi
utiliza tales ligaduras, desde luego, al servicio de una excitacién ex-
trema, como en el Orfeo:
a“ Z
mai pis non tor- amare, et fo riman-go? Noy mo ————
Nosotros, en todo caso, no nos permitiremos estos medios de
expresién. Examinemos, sin embargo, con cudnta cautela se in-
troducen los movimientos en Dufay. En los cinco lugares marcados
se inicia cuidadosamente un posterior movimiento, més rapido, me-
iante una tinica blanca. Mas raramente, hallamos en la misma misa
incrementos del movimiento que comienzan en tiempo fuerte:
joo w[dddde
|= oj¢dd do]
Las negras se limitan a J-4 y <-444 , es decir, se utilizan solas
© en grupos de tres. También encontramos negras sobre tiempo
fuerte, en grupos de dos o cuatro, pero s6lo en tres lugares en toda
la misa de Dufay, y precisamente de esta forma:
peddde Lda,
jo dt dd dsj dde day
je As ddddye d
Este tipo de construcciones es, por tanto, muy raro y debemos
eliminarlo de nuestros ejercicios (lo cual quiere decir que pueden
aparecer alguna vez, ipero s6lo cada diez paginas!).
Las ligaduras de'negra a negra, como
o Wday = [2 Jdde |
‘no son utilizadas por Dufay; las ligaduras entre iguales sélo se per-
miten con figuras de valores més largos.
Invéntense desarrollos ritmicos de voces, a ser posible sin elabo-
rar una lista de control de las formas ya utilizadas. Lo mejor es
2
que, mientras tanto, se cante uria y otra vez lo ya escrito y que se
transfiera al oldo el trabajo de detectar eventuales repeticiones de
motivos,
Hagdmonos conscientes asimismo, con la voz de Dufay, de la
maestria de-la varietas en el plano melédico, mediante una prueba
hecha al azar. (En qué inmediaciones melédicas esté, por ejemplo,
la nota La? Anotemos las notas que siguen cada vez que aparece
un La:
Ss SS
En 15 grupos de tres notas encontramos i12 formas melddicas
distintas! (Es comprensible que la reaparicién de un grupo ritmico
no coincida con la del disefio melédico, porque ello reforzaria peli-
grosamente lo ostentoso de las repeticiones.)
Johannes Ockeghem (~ 1430-1495), comienzo del «Pleni sunt coeli»,
de la misa L'homme armé
. ree oeEste fragmento a dos voces confirma que el principio de la va-
rietas no s6lo regulaba las relaciones entre las voces respectivas. En
las 23 unidades de compas de este pasaje a dos voces hay de hecho
un solo grupo repetido (la repeticién se halla en la otra voz); es
decir, ihay 22 compases con ritmos diferentes! Reundmoslos como
hemos hecho con Dufay. Sélo asi se pondra de manifiesto la maes-
tria en el uso de todas las posibilidades. También aqui casi todas
Jas wnotas en negro» entran en tiempo débil. Fxcepcidn: las prime-
ras negras de la voz inferior. Bien es verdad que éstas no inician
realmente un movimiento nuevo; antes al contrario, continuan el
impulso de la voz superior. Observemos también la varietas en la
relacién reciproca entre ambas voces. Es el movimiento més largo
de ambas voces con el mismo ritmo lo que aparece dos veces:
ddido ddd de
releps “letre |
Pero veamos también ahora la tendencia contraria, la tendencia a
la unificacién de hechos, a la compilacién. Para comenzar la voz
superior se da un triple ascenso hacia los puntos culminantes Do,
ReMi, Fa. Se afirma el Fa una vez més y, tras el silencio, se llega a
Sol, la nota més alta de todo el pasaje. Las restantes notas-punta
del fragmento describen la curva suave y globalmente descendente
4
Fa MiRe Re Mib Re Do, Entonces se producen permanentemente
ripidos cambios en la duracién y altura de las notas a diferentes
niveles de sucesos, pero la melodia de notas-punta progresa con len-
titud.
'Y también es perceptible la tendencia a la penetracién motivica;
en los tres primeros compases de la voz superior parecen luchar
por su predominio la voluntad motivica y la reflexion sobre la va-
Fetas tradicional. E! «Qui tollis» a dos voces de la misma misa con-
firma esta tendencia:
wow
El completo relajamiento de la técnica compositiva de esta época
es dificilmente concebible. A diferencia del lenguaje de Palestrina,
més tardio, completamente organizado en su conjunto y més limi-
tado de recursos, en el ejemplo de la pagina 24 encontramos: pri-
mero, una bordadura ascendente; segundo, unisonos paralelos tras-
lapados; tercero, quintas paralelas ocultas en una composicin a dos
voces, ¥ cuarto, salto en la misma direccidn hacia el unisono. Aun-
que no nos consideremos capaces de desarrollar ejercicios ni a una
ni a dos voces en el lenguaje de Ockeghem, teriemos que conocer,
sin embargo, con qué hemos de contar en el plano melédico, me-
diante el andlisis de la musica de esta época: estén ausentes por
‘completo los saltos de séptima. Encontramos unos cuantos saltos
de sexta ascendente mayor 0 menor, pero en sentido descendente
no se da ninguna de las dos. Los saltos de octava se producen en
gran nimero; en la mayoria de los casos son hacia arriba y s6lo
muy pocas veces hacia abajo.
25Johannes Ockeghem, comienzo del Credo de la Missa Prolationum
En este lenguaje musical, dificilmente comprensible desde hoy,
queremos penetrar sélo hasta el punto en que podamos hacernos
una idea de la extraordinaria naturaleza intelectual y artistica de tal
arte compositivo. De modo semejante, en siglos posteriores el pen-
samiento contrapuntistico se inclinard en la misma direccién una y
otra vez, hasta el punto de traspasar la frontera de lo que se puede
aprehender mediante el oido. (Por tanto, la pregunta de si corres-
ponde al ofdo el juicio exclusivo sobre la categoria y significacion
de una composicién no es sdlo una cuestién del sigio Xx.)
La brevis = de los neerlandeses se componia de tres 0 dos «»; Ia
4», de tres 0 dos ; por lo demds, tanto por encima como por deba-
0 de estos valores, la norma fue la division por dos (v. p. 27). ‘Tam-
bin hoy contamos con la division en dos o en tres (< = JJ0 JJ) ),
pero la diferencia es esta: para nosotros, el valor de la figura que
hay que dividir es fijo, de tal manera que las figuras que son parte
de aquélla tienen que contentarse con la mitad 0 con un tercio del
tiempo. Para los neerlandeses era al revés. Era la J la que tenia una
duracién fija, de modo que la «., y més ain la =, presentaban du-
raciones distintas segin de cudntas J se componian. En tal caso,
éeuénto puede durar una =?
Oss dis ds
(tempus perfectum cum prolatione perfecta)
Os La Ld
(Cempus perfectum cum prolaione imperfecta)
etds dy
(tempus imperfectum cum prolatione perfecta)
cu uy
(tempus imperfectum cum prolatione imperfecta)
6
|
I
|
°
O°
‘tempus perfectumn
f
Mensura:
sinno:
tempus imperfectum
‘cum prolatione
imperfecta»
‘tempus imperfectum
‘eum prolatione
perfecto»
tempus perfectum
Iimperfectas
exempus pesfectum
cum prolatione
perfeciayJe JJ Jaded Jad dijsd dd jad jdt |
ot a
ajsd Jd dd Jad Jad edsddsad faa jdday
(ued JR iea etnies Le Jaadee |
1
WERE JRE Je Re REE IR]
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JPAU2d Jdede pss do ytd] es |
1 it 4 6 at L
- {yr
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a 6 5 1
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OU ©
a L 1Por consiguiente, el pulso ritmico no cambia nunca, si bien la
breve se completa con 3 veces 3, 3 veces 2, 2 veces 3 0 2 veces 2
pulsos,
Observemos ahora el comienzo del Credo de la Missa Prolatio-
num, de Ockeghem, famosa por su arte contrapuntistico, Se escri-
‘bid en una época que no conocia las partituras asentadas en un fibro
coral especifico. Sin embargo, a Ockeghem le basté aqui con anotar
dos voces; una valia a la vez para soprano y contralto y la otra para
tenor y bajo, Se trata en realidad de un canon doble de las dos voces,
agudas y grave, Pero delante de la primera nota habia dos claves y
dos signos de mensura. Mediante las distintas claves, contralto y bajo
suenan una quinta més grave que, respectivamente, soprano y tenor
¥, por los signos de mensura diferentes, cada voz leva su propio
paso, porque Ockeghem utiliza las cuatro posibilidades:
Soprano (C) = adds ad
canto Ce As dd
om Oe dds disdss
m dss dds
Una 2-dura entonces tanto como
blancas (S.)
blancas (C.)
3=9 blancas (T)
blancas (B.
KxRX
Hoy, naturalmente, escribimos la duracién de seis blancas como
=-y la duracién de nueve blancas, como =: También estamos
acostumbrados a las lineas divisorias, que tienen validez conjunta-
mente para todas las voces implicadas, pero que en este caso, si que-
remos poner la musica de Ockeghem en una partitura moderna,
hemos de colocar en cada voz: is6lo después de 36 blancas tienen
todas las voces una linea divisoria comin! Resulta entonces, segan
nuestra manera de notar, esta curiosa imagen de la parttura (v. p. 28).
‘Comparemos ambos pares de voces de! can‘ ada «figura uni-
dad de compas» de! soprano (6 J) presenta en el contralto sdlo el
valor de un compés entero més corto (a saber, 4 4), pero todos los,
30
valores més cortos tienen Ia misma duracién en ambas voces. De
igual modo, las voces graves se diferencian en la interpretacién de
las notas y silencios que constituyen una unidad de compés. Tam-
bién la distinta realizacion de las dos notas sobre la silaba —trem se
acomoda a reglas generales; pero esto son cuestiones que, no ob-
tante, queremos evilar. A nosotros nos basta con esta explicacién:
cada vez que se utiliza una «figura unidad de compas» ambas voces
agudas 0 ambas voces graves se alejan una de otra cada vez més,
mientras que las notas cortas se toman en todas las voces con la
misma rapidez, es decir, no modifican la distancia del canon. Oc-
Keghem se aprovecha de esto en su habil planteamiento, tal como
queda de manifiesto en el curso posterior del Credo, que no offe-
cemos aqui: cuando la primera voz se ha alejado lo suficiente de la
segunda (como la tercera de la cuarta), Ockeghem no introduce ya
ninguna figura unidad de compés, de modo que las voces canéni-
camente vinculadas permanecen entonces a una distancia fja y sue-
nan con un mismo tempo. La distancia definitiva entre las voces
agudas asciende a nueve o. Por tanto, Ockeghem tenia que intro-
ducir en las voces agudas nueve figuras unidad de compés para con-
seguir la distancia deseada. Esta misma estrategia es la que aleja la
tercera voz de la cuarta, slo que aqui la diferencia de duracién entre
las figuras unidad de compas no es 6 : 4, como en las voces agudas,
sino 9:6.
Una muestra de habilidad increfble, pero no pdr el grado de com-
plejidad, sino sélo por el tipo de ésta, distinta de Ja de una fuga a
cuatro voces de Bach o de la que presenta la variacién contrapun-
tistica de la sinfonia de Anton Webern.
Comprender y vivir no son la misma cosa. Deberiamos intentar
acercarnos un paso més a este mundo de la musica, que tanto se
ha alejado de nosotros; tenemos que intentar vivir cuatro diferentes
estnicturas temporales que transcurren simulténeamente. Percutamos
a cuatro mediante un ataque de tres niveles de intensidad (v. p. 29).
Como es natural, un ejercicio de este tipo sélo tiene sentido si
cada uno de los que golpean logra integrar de oido las otras estruc-
turas temporales y no cierra las orejas, absorto en su propia tarea
Se siente uno, y esto es lo desconcertante de esta experiencia, en
el Ambito de una composicién de 1960 a 1975, es decir, como si
‘nos encontrésemos en una composicién de los norteamericanos
Steve Reich o Terry Riley. :
‘Véase otro ejemplo a dos voces de la misma misa de Ockeg-
hem:
3dun Serip > s
‘También aqui encontramos, de nuevo, un canon a distancia de
uinta, Dos © equivalen en la voz grave a una figura unidad de com-
pis, mientras que en la aguda son tres o. Por tanto, la voz aguda se
retrasa una o por cada nota que ocupa un compas entero. Los dos
‘grupos de ligaduras» | 6 = F-1 aparecen en la voz grave como
150151 , de tal modo que completan «dos compases» en ambas
voces, conforme a la reglamentacién del siglo xv. Observamos, una
‘vez més, que el compositor ya no introduce figuras unidad de compas
cuando se ha alcanzado entre las voces la distancia temporal deseada.
32
e- ait, Le plus haute bien
Djs + uane es - Ton on
Mel od, ‘A dieu ca qe
3‘que
vous
sim
pls
u's grant ps
Tour Seow.
Tenemos aqui una miisica antigua, de quinientos afios, que se
revela de modo inmediato a nuestro entendimiento musical sin ne-
cesidad de ningin adiestramiento previo particular. Una cancién pro-
fana més en el gran mimero de las compuestas por Binchois sobre
textos de eminentes poetas de la época; pieza preciosa de la musica
de cémara con una parte de voz (¢ instrumento acompafiante, como
se comprueba por el fragmento sin texto) y dos instrumentos de la
misma extensién que la voz. Los multiples cruzamientos de voces
en las partes acompafiantes dificultan su interpretacién al piano por
los no ejercitadas. Mediante esta técnica de cruzamientos de voces
dentro de una extensién estrechamente limitada se oscurece la im-
presién de que hay dos voces independientes, imponiéndose la sen-
sacién de una uniformidad sonora. Veamos, por ejemplo, partes
como esta:
2
4
Tanto més se hace notar como solista la voz cantada. He aqui
las extensiones de las voces, que hacen obvia la privilegiada posi-
cién de la voz de canto:La parte del canto es también la més mévil. No es, ciertamente,
una voz mds entre otras, sino la melodia claramente més relevante.
‘La tonalidad de la pieza eé llamativamente moderna: un correc-
to mayor. Sorprende ademés, en una obra de esta época, lo que
uno estaria tentado de lamar elaboracién «motivica» de la melodia.
Dieciséis veces se introduce el elemento ritmico J. J, que en ambas
voces instrumentales, conjuntamente, aparece en sOlo ocho ocasio-
nes. En el transcurso de la melodia se da siempre la misma con-
centracién en un tinico gesto. Curvas con un punto culminante que
alcanza una vez el La, otra el Si, y que en los demés casos desem-
bocan con insistencia, reiteradamente, en Sol. Es ello lo que da su
énfasis a estas melodias sobre Sol, estrechamente relacionadas desde
el punto de vista motivico. Sin embargo, es precisamente su gran
semejanza la que hace ver claro que nunca reaparecen de forma
exactamente igual.
lismo» es una cinta estilistica; este lenguaje musical tiene en Bin-
chois la magia de «la primera vez».
Siempre casi lo mismo. Estamos lejos de fa riqueza de la misi-
ca’ de varietas, de su plenitud de material, que supone de forma
natural el anonimato y que oculta lo personal en lo colectivo. (Esta
era también, precisamente, la intencién de los compositores de la
Iglesia.) Por el contrario, lo que tenemos aqui es una pieza incon-
fundibie de Misica-Yo que ya no se sustenta solo en Ia habilidad
compositiva, sino en la idea. (No obstante, sustentada en la idea
significa también idependiente del éxito de la idea!) Comparemos
tan sélo nuestra chanson con la igualmente preciosa De plus en plus,
‘en la que a Binchois se le ocurre una posibilidad melédica comple-
tamente distinta: grandes movimientos en el ambito sonoro, més
saltos, cada frase tiende hacia una nota culminante distinta. No sue-
rnan acaso los ocho primeros compases como la miisica de «aire po-
pulam» del siglo x1X? Resulta, entonces, que nuestro tardio «popu-
36
La chanson a tres voces reproducida con anterioridad funciona
de modo distinto: canta su lamento siempre casi igual. De los 16
grupos ritmicos .. 2", s6lo uno tiene curso ascendente, con un in-
tervalo de segunda; en los dos iltimos compases tenemos tres casos
de tercera, pero ei suspirante motivo de segunda descendente se
presenta en doce ocasiones. Parece como si Binchois se hallase més
proximo a Schubert que a su contemporineo Dufay.
Heinrich Isaac (1460-1517), «Christe eleison» mim. 2 de la Missa Car-
minum
La tendencia a ta sencillee, a lo inmediatamente comprensible,
se opone desde un principio a la fascinacién de lo complejo, del ofi-
37cio contrapuntistico. Si bien, por una parte, podemos observar la
alternancia en Ia fuerza de atraccién de ambos polos tanto en el
curso de la historia de la miisica como en el de la evolucién de
compositores concretos, también resulta posible, por otra, plantear
como objeto de reflexidn el problema del equilibrio de ambas ten-
dencias en obras particulares. La Liedermesse [Misa de canciones}
de Isaac, en la que se introducen numerosas melodias de canciones
populares, més de las que puedan comprobarse hoy dia (hay mucho
que suena a cancién popular, pero las canciones en si ya no se co-
nocen), es un claro ejemplo de la tendencia a la sencillez en el len-
guaje musical.
(Christe secundum 5
wees kei some
Las voces primera y tercera interpretan la conocida Cancién de
Innsbruck, de Isaac, formando canon, En éste, la distancia entre las
entradas varia de compas a compés y medio. Se hace dificil justifi-
car esto, al menos como necesidad de la técnica compositiva. La
segunda frase, por ejemplo, también hubiera sido posible a distan-
cia de compas:
Con estos cambios de distancia, resulta que todas las frases de
a primera voz acaban en tiempo fuerte; sin embargo, me pareceria
39exagerado afirmar que Isaac hizo tal cosa intencionadamente. Cabe
suponer, més bien, que le estimulé la intencidn de lit de la
rigida mecdnica del canon. En cambio, las pequefias divergencias
en el curso de la melodia se dejan percibir como necesidades de la
técnica compositiva. En este el motivo por el que la tercera voz. ha
de comenzar su segunda frase con Sol, desviéndose de la cancién.
En la entrada de la tercera frase, por el contrario, la necesaria di-
vergencia se produce en la primera voz (de no haber sido asi, se
hubieran producido los unisonos paralelos Fa-So!). En consecuen-
cia, ninguna de las dos voces es claramente la voz principal, s6lo
que ambas producen conjuntamente el cantus firmus.
Isaac recompuso muchas veces su propia melodia y la concibid,
ademas, de distintas formas. En la coleccién de Forster, de 1539,
suena asi (transportada a la tonalidad de nuestro «Christen):
ooo
Las dos mitades de la melodia duran por igual cuatro compases.
Lo que resulta interesante aqui es el modo en que Isaac acaba en
el «Christe» con el problema de la repeticién. En relacién con este
asunto, los compositores de todas las épocas han tendido a evitar
un retomo literal en las obras polifénicas y a dar preferencia a un
desarrollo ulterior més fluido. La utilizacién por Isaac de una senci-
lla melodia de cancién en la composicién de una misa conduce a la
confrontacién del periodo de la cancién con la polifonia de desa-
rrollo, Se rinde aqui a esta ultima un tributo menor, pero tan ma-
gistralmente elaborado que resulta sumamente efectivo. La segun-
da mitad de la cancién comienza con una nota corta, como anacru-
sa. En el «Christen, Isaac amplia esta pequefia diferencia a gran
40
incremento gradual del movimiento, si bien sus modificaciones en la
composicién a cuatro voces se limitan a los pocos lugares marcados
“x, Empero, la energia de la anacrusa después de silencio, que se
da slo dos veces en los cinco primeros compases, ise correspon-
de ahora con las seis entradas anacriisicas después de silencio de
los lugares paralelos de la segunda parte!
3 1
Entendémonos bien: tal incremento gradual no se celebra con
pompa. La composicién sigue siendo sencilla y el mal oyente ape-
nas notaria casi nada de aquél antes de la nota culminante, que se
alcanza s6lo hacia el final, y del gran movimiento de cuarta que la
precede, Sin embargo, para un oido refinado esta parte final no es
tun «incremento», sino una consecuencia, un «resultado del incremen-
to» que se manifestaba con anterioridad en la intensificada energia
de la anacrusa.
El amplio campo de la musica polifénica se extiende entre Ja
sencillez de cancién popular (Isaac) y la «complejidad acrobiti-
‘can (Ockeghem), tanto como entre la varietas fluida (Dufay) y la
«melodia con acompafiamiento» elaborada motivicamente (Binchois).
Seria de muy pocas luces querer destacar una sola de las cuatro
posibilidades como la verdadera polifonia. Nos refeririamos con ello
no a la verdadera musica, sino a la estrechez, tan ajena al arte, de
un Unico punto de vista en el que la musica sélo acabaria marchi-
tandose.
4