100% encontró este documento útil (3 votos)
1K vistas37 páginas

LLaves Del Crecimiento Espiritual

free
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (3 votos)
1K vistas37 páginas

LLaves Del Crecimiento Espiritual

free
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LLAVES

DEL
CRECIMIENTO
ESPIRITUAL
Descubra los tesoros de Dios

J O H N M A C A RT H U R
La misin de Editorial Portavoz consiste en proporcionar productos de calidad
con integridad y excelencia, desde una perspectiva bblica y confiable,
que animen a las personas a conocer y servir a Jesucristo.

Ttulo del original: The Keys to Spiritual Growth, 1991 por John F. MacArthur,
Jr. y publicado por Crossway, 1300 Crescent Street, Wheaton, Illinois 60187.
Traducido con permiso.
Edicin en castellano: Llaves del crecimiento espiritual 2014 por Editorial
Portavoz, filial de Kregel Publications, Grand Rapids, Michigan 49505. Todos
los derechos reservados.
Traduccin: Juan Snchez Araujo

Ninguna parte de esta publicacin podr ser reproducida, almacenada en


un sistema de recuperacin de datos, o transmitida en cualquier forma o por
cualquier medio, sea electrnico, mecnico, fotocopia, grabacin o cualquier
otro, sin el permiso escrito previo de los editores, con la excepcin de citas
breves o reseas.

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bblicas han sido tomadas
de la versin Reina-Valera 1960 Sociedades Bblicas en Amrica Latina;
renovado 1988 Sociedades Bblicas Unidas. Utilizado con permiso. Reina-Valera
1960 es una marca registrada de la American Bible Society, y puede ser usada
solamente bajo licencia.

El texto bblico indicado con nvi ha sido tomado de La Santa Biblia, Nueva
Versin Internacional, copyright 1999 por Biblica, Inc. Todos los derechos
reservados.

El texto bblico indicado con lbla ha sido tomado de La Biblia de las


Amricas, 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation. Usado con
permiso. Todos los derechos reservados.
EDITORIAL PORTAVOZ
2450 Oak Industrial Dr. NE
Grand Rapids, Michigan 49505 USA
Vistenos en: www.portavoz.com

ISBN 978-0-8254-1836-5 (rstica)


ISBN 978-0-8254-6454-6 (Kindle)
ISBN 978-0-8254-8605-0 (epub)

1 2 3 4 5 / 18 17 16 15 14

Impreso en los Estados Unidos de Amrica


Printed in the United States of America
Para
Matthew, Marcy, Marc y Melinda,

mis queridos hijos, cuyo crecimiento espiritual


constituye el inters principal de mi vida, y cuya madurez
ser mi mayor alegra en este mundo.
Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conoci-
miento del Hijo de Dios, a un varn perfecto, a la medida de la
estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos nios
fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por
estratagema de hombres que para engaar emplean con astucia
las artimaas del error, sino que siguiendo la verdad de amor,
crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.
Efesios 4:13-15

Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro


Seor y Salvador Jesucristo. A l sea gloria ahora y hasta el da de
la eternidad. Amn.
2 Pedro 3:18
Contenido

Agradecimientos 7
Introduccin 9
1. La llave maestra 13
Presuposicin
2. El propsito principal 20
La gloria de Dios
3. El plan maestro 38
Cmo glorificar a Dios
4. La obediencia 58
La apertura de las habitaciones de los criados
5. La llenura del Espritu 75
La apertura de la central de energa
6. La confesin 89
La apertura de la cmara de los horrores
7. El amor 109
La apertura de la suite nupcial
8. La oracin 119
La apertura del lugar santsimo
9. La esperanza 131
La apertura del cofre de la esperanza
10. El estudio bblico 147
La apertura de la biblioteca
11. La comunin con los hermanos 159
La apertura de la sala
12. El testimonio 168
La apertura del cuarto de los nios
13. El discernimiento 178
El cierre de la puerta de entrada
Notas 187
Agr adecimientos

Quiero dar las gracias al Dr. Lowell Saunders, que prepar la pri-
mera edicin de este libro hace ya muchos aos; as como a Dave
Enos, Allacin Morimizu y Phil Johnson, los cuales han ayudado
con la presente revisin.
Introduccin

ltimamente no omos hablar mucho acerca del crecimiento


espiritual. Muchos creyentes en nuestra sociedad se han dejado
desviar por enseanzas diversas que prometen poder, energa
sobrenatural y xito sin tener que pasar por el proceso de cre-
cimiento para alcanzar la madurez cristiana. Estn buscando
experiencias espectaculares, puntos de inflexin trascendentes,
soluciones instantneas para sus problemas espirituales; pero la
victoria real y duradera no se obtiene por esos medios. El plan de
Dios es que alcancemos la madurez a travs de un proceso conti-
nuo de crecimiento.
El hecho de que la iglesia contempornea haya dejado de dar
importancia al crecimiento espiritual est produciendo frutos
amargos. Millones de personas que se confiesan cristianas se ven
afectadas por una atrofa en su desarrollo. Las iglesias estn lle-
nas de gente espiritualmente inmadura, sin discernimiento, dbil
y frgil: el subdesarrollo espiritual es la norma, no la excepcin.
Miles de individuos quiz millones dependen ahora de la
terapia y, obviamente, prefieren confiar en los psiclogos antes
que pasar por los rigores del verdadero discipulado cristiano y del
crecimiento en la gracia.
Esto representa una seria amenaza para la iglesia. Hablando
francamente, puede ser un sntoma de que algo anda terriblemente
mal; ya que el crecimiento constituye uno de los signos esenciales
de la vida tanto en el terreno fsico como en el espiritual. Si no
hay crecimiento es que tampoco existe vida verdadera. All donde
no se observa crecimiento espiritual tenemos buenas razones para
dudar de que haya vida cristiana.
Est usted creciendo? Si no es as o no est contento con su
ritmo de crecimiento, este libro se ha escrito para usted.
De una cosa puede estar seguro: Dios quiere que todo cristiano
alcance la madurez espiritual. Su Palabra nos manda que crezca-
10 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

mos en la gracia y el conocimiento de nuestro Seor y Salvador


Jesucristo (2P. 3:18). Esta es nuestra obligacin y nuestro pri-
vilegio! Da tras da podemos avanzar hacia un conocimiento ms
pleno, elevado, personal y experimental de Dios y de Cristo. Nos
es posible llegar, a travs de su Palabra, al Dios que la escribi, y
conocerlo a l de un modo ms ntimo.
Tengo la impresin de que muchas personas albergan ideas
equivocadas acerca de la madurez espiritual: no estn creciendo
todo lo rpido que podran hacerlo, o se encuentran atrapadas en
un nivel muy inferior al que deberan estar, porque entienden mal
lo que significa ser espiritualmente maduro y crecer en la gracia.
He aqu algunas pautas para que no nos desviemos.
El crecimiento espiritual nada tiene que ver con nuestra posi-
cin en Cristo. Dios nos ve ya perfectos en su Hijo Jess: estamos
completos en l (Col. 2:10). Tenemos todo lo que necesitamos
en cuanto a la vida y la piedad (2P. 1:3); somos nuevas criatu-
ras (2Co. 5:17); posicionalmente, gozamos de la perfeccin. Sin
embargo, en la prctica, no damos la talla. El crecimiento es ese
proceso mediante el cual lo que somos en Cristo se hace ms y
ms real en nuestra experiencia diaria.
El crecimiento espiritual nada tiene que ver con el favor de
Dios. Dios no nos quiere ms porque seamos ms espirituales.
Algunos padres amenazan a sus hijos dicindoles que el Seor
no los amar si no se portan bien. Esto es ridculo: el amor de
Dios por nosotros no depende de nuestro comportamiento. Aun
cuando ramos dbiles, impos, pecadores y enemigos
(Ro. 5:6-10), Dios demostr su amor hacia nosotros enviando a
su Hijo a morir por nuestros pecados. l no puede amarnos ms
simplemente porque estemos creciendo.
El crecimiento espiritual nada tiene que ver con el paso del
tiempo. En el mbito espiritual, la madurez no se mide por el
calendario: es perfectamente posible que una persona haya sido
cristiana durante cinco dcadas y, sin embargo, an sea un beb
en Cristo. Hace varios aos le, en la revista Time, una encuesta
bblica que se haba llevado a cabo entre estudiantes de los ltimos
aos de la escuela secundaria. Segn estos, Sodoma y Gomo-
Introduction < 11

rra eran amantes; Mateo, Marcos, Lutero y Juan escribieron los


Evangelios; Eva fue creada de una manzana; y la burra de Acab
se llamaba Jezabel. Y no vaya usted a pensar que se trataba de
estudiantes fuera de lo comn! Conozco a algunas personas ya
jubiladas que podran dar respuestas peores que esas!
El crecimiento espiritual nada tiene que ver con el cono-
cimiento. No se pueden equiparar los hechos, los datos, la
informacin o la inteligencia con la madurez espiritual. Es posible
acertar el cien por cien de las preguntas de la encuesta de Time y,
aun as, a menos que el resultado de su conocimiento sea una vida
conforme al modelo de Cristo, no le servir de nada. Una verdad
que es incapaz de cambiar la vida y la conducta de las personas
puede en realidad resultarles perjudicial, ya que en lugar de lle-
varlas a la madurez quiz las endurezca.
El crecimiento espiritual nada tiene que ver con la actividad.
Algunas personas suponen errneamente que los cristianos ms
maduros siempre son los ms atareados; sin embargo, el activismo
no conlleva necesariamente la madurez, ni puede ser sustituto
de ella. De hecho, una actividad excesiva puede llegar a impedir
aquello que resulta realmente decisivo y trascendental en la vida
cristiana. Mateo menciona a un grupo de personas que suplicar
ser aceptado por Cristo sobre la base de las obras maravillosas
que realizaron; pero l los rechazar (Mt. 7:21-23). El activismo
no puede comprar la salvacin ni producir la madurez espiritual.
El crecimiento espiritual nada tiene que ver con la prosperi-
dad. Algunos exclaman: Mire cmo me ha bendecido el Seor!
Tengo mucho dinero, una preciosa casa, un buen automvil y un
trabajo seguro. Ve cmo me ha prosperado Dios por haberlo
honrado?. No crea usted tal cosa: Dios tal vez le haya permitido
prosperar, pero eso no es muestra de crecimiento espiritual (2Co.
12:7-10). Algunas personas se dedican de tal manera a buscar la
prosperidad que descuidan todo lo dems; lo cual no supone un
signo de madurez, sino ms bien todo lo contrario.
Como ya hemos sealado, el crecimiento espiritual consiste
simplemente en hacer coincidir nuestra prctica con la posicin que
disfrutamos en Cristo. Nuestra situacin en el Seor es sublime.
12 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

Dios juntamente con [Cristo] nos resucit, y asimismo nos hizo


sentar en los lugares celestiales con Cristo Jess (Ef. 2:6). No
podramos estar en una situacin ms exaltada. Posicionalmente
somos perfectos; pero ahora el Seor quiere que vayamos refle-
jando progresivamente esa posicin en nuestra propia experiencia:
en esto consiste el crecimiento.
El crecimiento espiritual resulta decisivo. Llmelo como
quiera: seguir la justicia (1Ti. 6:11), ser transformado (Ro. 12:2),
perfeccionar la santidad (2Co. 7:1), proseguir a la meta (Fil. 3:14)
o edificarse en la fe (Col. 2:7). El objetivo comn de todos los
cristianos consiste en ser transformados en la misma imagen
del Seor (2Co. 3:18).
Crecer espiritualmente no es algo mstico, sentimental, devo-
cional, psicolgico o una consecuencia de poner en prctica ciertos
secretos inteligentes. Lo experimentamos a medida que vamos
comprendiendo y practicando los principios que se nos dan en la
Palabra de Dios. Sus bendiciones sin lmite estn guardadas en
una cmara acorazada divina que se abre con facilidad utilizando
una serie de llaves especiales, las cuales son el tema de este libro.
Dispngase, pues, a abrir los tesoros de Dios en Cristo Jess!
1
<

LA LLAVE
MAESTR A
Presuposicin

La Biblia est viva. La Epstola a los Hebreos dice que la palabra


de Dios es viva y eficaz, y ms cortante que toda espada de dos
filos; y penetra hasta partir el alma y el espritu, las coyunturas
y los tutanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del
corazn (He. 4:12). Para Pedro, la Palabra de Dios es incorrup-
tible vive y permanece para siempre (1 P. 1:23). Y Pablo se
refiere a la Biblia como la palabra de vida (Fil. 2:16).

LOS SIGNOS VITALES DE LA BIBLIA


En qu sentido est viva la Palabra de Dios? La mejor forma
de apreciarlo es comparndola con la decadencia, destruccin y
corrupcin que nos rodea. La muerte reina en este mundo. La
tierra no es otra cosa que un enorme cementerio: todos estn
muriendo. Algunas personas piensan que aprovechan bien la vida,
cuando en realidad lo nico que hacen es deslizarse pendiente
abajo, porque tanto sus cuerpos como su gloria se secarn y se
marchitarn como la hierba (1P. 1:24).
En contraposicin a esto, la Biblia es inagotable, inextinguible
y transmite vida: la muerte y la decadencia del sistema mundano
no la afectan.
La Biblia est viva. Es siempre nueva. En cada generacin y
cada poca demuestra su vitalidad y pertinencia. Sus riquezas son
inagotables y sus profundidades insondables.
14 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

Hace algunos aos decid seleccionar un libro de la Biblia y


leerlo, cada da, durante un mes. Cre que al cabo de treinta das
conocera de veras el libro en cuestin. Empec con uno relativa-
mente breve: 1Juan. Al cabo de aquellos treinta das descubr que
an haba cosas acerca de este libro que no saba; de modo que
continu leyndolo durante un mes ms. Pero, incluso entonces,
pens que no conoca 1Juan tan bien como quisiera; as que ampli
el plazo otros treinta das. Sabe usted una cosa? La primera eps-
tola de Juan an conserva para m misterios que ni siquiera he
empezado a sondear: cada vez que la leo me emociono!
Otra razn por la que decimos que la Biblia est viva es su
actualidad. Ha ojeado alguna vez sus viejos libros de texto de
la escuela secundaria o la universidad? La mayora se han vuelto
anticuados: el progreso y los descubrimientos los han hecho obso-
letos. Pero la Biblia sigue hablando de un modo tan perspicaz y
concluyente en el siglo XXI como lo haca en el siglo I.
La Biblia discierne los corazones: tiene una lucidez que nos
impresiona. Es como una espada aguda de doble filo que disecciona
las partes ms ntimas de nuestro ser y juzga los pensamientos y
las intenciones del corazn (He. 4:12). Nos revela exactamente lo
que somos; razn por la cual aquellos que se aferran a su propio
pecado no quieren leerla para no sentirse redargidos. Estas son
algunas razones por las que decimos que la Palabra de Dios est
viva.
La Biblia da vida. La Palabra de Dios no solo est viva, sino
que tambin da vida. El poder reproductor es una caracters-
tica fundamental de la vida. Las palabras y los pensamientos
meramente humanos no pueden impartir vida espiritual, pero la
Palabra viviente de Dios s es capaz de hacerlo: l, de su volun-
tad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos
primicias de sus criaturas (Stg. 1:18). El Espritu Santo utiliza la
Palabra para producir el nuevo nacimiento. La nica manera de
convertirnos en hijos de Dios es por medio de la Palabra de vida:
As que la fe viene del or, y el or, por la palabra de Cristo (Ro.
10:17, lbla); siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino
La llave maestra < 15

de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para


siempre (1P. 1:23).
Consideremos la parbola del sembrador que encontramos en
Lucas 8. La Palabra de Dios es la semilla esparcida por el mundo
(v. 11). Una parte cae junto al camino y el diablo la arrebata para
que la gente no crea y se salve. Cul es la simiente que las per-
sonas deben recibir para ser salvas? La Palabra dadora de vida.
Jess destac la importancia de la Palabra en el proceso de
regeneracin: El espritu es el que da vida; la carne para nada
aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espritu y son
vida (Jn. 6:63). El Espritu divino utiliza la Palabra de Dios para
producir vida.
La Biblia sostiene la vida espiritual. Como dijo el puritano
Thomas Watson, son las Escrituras las que engendran y nutren la
vida del creyente. Nacemos espiritualmente por medio de ellas y
ellas nos alimentan llevndonos a la madurez. El consejo de Pedro
es: Desead, como nios recin nacidos, la leche espiritual no
adulterada, para que por ella crezcis para salvacin (1P. 2:2).
Ha visto alguna vez a un beb con hambre? No tiene ningn
inters en que se le digan cosas, en jugar con nosotros o en que se
le tome en brazos. Nada le satisface sino el alimento. Pedro nos
dice que as de fuerte debera ser nuestro deseo de la Palabra.
Muchos cristianos no ansan la Palabra de ese modo; a conse-
cuencia de lo cual estn flacos y desnutridos, y padecen inanicin
espiritual. Estos necesitan recordar las palabras de Jeremas,
cuando dice: Fueron halladas tus palabras, y yo las com; y tu
palabra me fue por gozo y por alegra de mi corazn (Jer. 15:16).
Pablo le recuerda a Timoteo esa misma verdad: Si esto ense-
as a los hermanos, sers buen ministro de Jesucristo, nutrido
con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido
(1Ti. 4:6).
La Palabra de Dios alimenta a los creyentes. La necesitamos
como los bebs precisan de la leche; pero tambin debemos crecer
a fin de tomar alimento slido (He. 5:13-14).
La Biblia transforma las vidas. Pablo animaba a los efesios a
renovarse en el espritu de sus mentes (Ef. 4:23); y, en Romanos
16 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

12:2, el apstol expresa que la renovacin de nuestro entendi-


miento nos transforma. Aun siendo ya creyentes, necesitamos
dejar que la Palabra nos cambie. No llegamos a ser perfectos
cuando creemos: el Espritu Santo todava tiene mucho que
hacer para moldearnos a la imagen de Cristo. An luchamos con
nuestras pautas de vida pecaminosas (Ro. 7:15-25) y, solamente
saturando nuestras mentes de la Palabra y viviendo en obediencia
a sus principios, podemos modificar dichas pautas.
Muchos cristianos forcejean con el problema de cmo tener
un mayor compromiso con el Seor. Participan en seminarios,
leen libros, buscan determinados dones espirituales, consultan a
psiclogos, escuchan programas de radio hacen todo menos leer
la Biblia. Sin embargo, si descuidamos la Palabra, pocos cambios
experimentaremos, ya que solo el Espritu Santo, obrando por
medio de las Escrituras, puede llevarnos a la madurez en Cristo.
Pablo record esta verdad a los corintios cuando dijo: Por
tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un
espejo la gloria del Seor, somos transformados de gloria en gloria
en la misma imagen, como por el Espritu del Seor (2Co. 3:18).
De qu espejo estaba hablando? De las Escrituras, naturalmente.
Segn dice Santiago: Si alguno es oidor de la palabra pero no
hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un
espejo su rostro natural. Porque l se considera a s mismo, y se
va, y luego olvida cmo era (Stg. 1:23-24). Cmo llegamos a
cambiar a la semejanza de Cristo? Cuando vemos la gloria de
Jesucristo revelada en el espejo de las Escrituras, el Espritu de
Dios nos transforma en su misma imagen. He ah la llave maestra
para el crecimiento espiritual.
El puritano Philip Henry escribi:

La conversin nos lleva a la Palabra de Dios que es nues-


tra piedra de toque para que nos examinemos a nosotros
mismos como en un espejo para vestirnos (Stg. 1), como
nuestra regla de conducta y trabajo (G. 6:16), como el agua
para lavarnos (Sal. 119:9), como el fuego que nos calienta (Lc.
24), como la comida para alimentarnos (Job 23:12), como
La llave maestra < 17

nuestra espada para luchar (Ef. 6), como consejera siempre


que dudamos (Sal. 119:24), como el cordial que tomamos para
reconfortarnos, como la herencia que nos enriquece.

NO HAY ATAJOS HACIA LA MADUREZ ESPIRITUAL


Muchos creyentes tratan de idear algn mtodo rpido para
alcanzar antes la madurez cristiana, pero esto no es posible. Solo
cuando miramos fijamente en el espejo de la Palabra de Dios y
contemplamos la gloria del Seor y permitimos que la espada del
Espritu acte como cirujano de nuestras almas y que el agua de la
Palabra nos limpie, el Espritu Santo transformar nuestras vidas.
El paso ms importante en mi propio desarrollo espiritual fue
cuando me compromet a estudiar a fondo la Biblia. El estudio
bblico se ha convertido en la pasin de mi vida, y no hay nada
en el mundo que me consuma ms que el deseo de conocer mejor
y comunicar a otros la Palabra. Aunque no he llegado a la meta
de la semejanza perfecta con Cristo (Fil. 3:13-14), s he aprendido
que el Espritu Santo utiliza las Escrituras para transformarnos a
la imagen de Jess.
La Biblia es esencial en nuestra vida cristiana: determinante
en la regeneracin y decisiva para nuestro crecimiento espiritual.
En ella, Dios nos ha dado todas las cosas que pertenecen a la
vida y a la piedad (2P. 1:3), y si la descuidamos pagaremos un
altsimo precio.

EL USO DE LA LLAVE MAESTRA


Permtame sugerirle cinco formas especficas de utilizar, para su
crecimiento espiritual, esta llave maestra que es la Palabra de Dios.

Crala
Son muchas las voces que compiten hoy da con las Escrituras
tratando de obtener nuestra lealtad. La ciencia, la psicologa, el
humanismo y el misticismo constituyen fuentes de autoridad que
rivalizan con la Biblia, pidiendo a gritos nuestra atencin. No siga-
mos en eso a la mayora. Hay demasiadas personas en la iglesia
dispuestas, al parecer, a abandonar la Palabra de Dios a cambio de
18 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

supuestos atajos para alcanzar la madurez. Pero nuestra respuesta


debe ser la de Pedro: Seor, a quin iremos? T tienes palabras
de vida eterna (Jn. 6:68). Aceptemos la Biblia como lo que es: la
Palabra inspirada, infalible, inerrante y suficiente de Dios. Dudar
de las verdades que el Seor ha revelado en las Escrituras nos
robar el gozo y puede llegar a destruir por completo nuestra fe.1

Estdiela
Cada cristiano debera ponerse como meta ser, al igual que Apo-
los, poderoso en las Escrituras (Hch. 18:24). Hay demasiados
creyentes satisfechos con un estudio bblico superficial o incluso
inexistente. Tal descuido del estudio metdico de la Biblia puede
dar como resultado errores doctrinales o una forma equivocada de
entender cmo vivir la vida cristiana. Las Escrituras recompensan
a quienes son estudiantes diligentes y, mediante su estudio, pueden
presentarse a Dios aprobados (2Ti. 2:15).

Hnrela
Los ciudadanos de feso honraban la estatua de Diana porque
pensaban que Jpiter la haba enviado del cielo, y la adoraban por
muy obscena, horrorosa y fea que fuese. Sin embargo, algo ver-
daderamente hermoso ha bajado a la tierra enviado por Dios: su
preciosa Palabra, que es ms valiosa que el oro y toda la pedrera
(Pr. 3:14-15). No honre, pues, la Biblia solo de palabra, mien-
tras dedica su vida a perseguir sustitutos mundanos; aunque sean
cosas tales como la diversin, la poltica, la filosofa, la psicologa,
el misticismo y las experiencias personales.

mela
Oh, cunto amo yo tu ley! escribi el salmista. Todo el da
es ella mi meditacin (Sal. 119:97). Puede usted decir lo mismo?
Dedica a la Palabra tanto tiempo y atencin como a otros objetos
de su gusto menos merecedores de ello? Lee usted la Biblia como
si se tratara de una carta de amor que Dios le enva? Es la Palabra
de Dios su pasin, aquello hacia lo cual se siente arrastrado en sus
La llave maestra < 19

ratos de sosiego? U opta usted por diversiones que en realidad


obstaculizan su crecimiento?

Obedzcala
La obediencia es, en ltima instancia, la nica respuesta apro-
piada a la Palabra de Dios. De nada nos servir creer, estudiar,
honrar y amar la Biblia si no la obedecemos. Los mandamientos
de Dios no son opcionales, sino obligatorios. No podemos abor-
dar la Biblia como si se tratara de una bandeja de aperitivos de
la que podemos escoger caprichosamente aquello que queremos
y no queremos obedecer. Nuestra obediencia debe ser implcita.
Samuel dijo al desobediente Sal: Se complace Jehov tanto en
los holocaustos y vctimas, como en que se obedezca a las palabras
de Jehov? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios,
y el prestar atencin que la grosura de los carneros (1S. 15:22).
De este modo descubriremos que la Palabra de Dios es la llave
maestra que abre todo lo dems en el terreno del espritu. Nin-
guna estancia espiritualmente privilegiada est cerrada para esa
llave. A pesar de lo que muchos creen y ensean en la actualidad,
nada que no sea la Palabra ninguna experiencia espiritual o
solucin mstica, ningn secreto sobrenatural o frmula metaf-
sica puede abrir la puerta a algn poder espiritual inaccesible
para las Escrituras.
Ciertamente hay otras llaves, cada una de las cuales da libre
acceso a algn valioso y nico principio de crecimiento espiritual;
pero todas ellas estn basadas en esta gran llave maestra, puesto
que los principios en cuestin forman parte de la Palabra.
El gran avivamiento en tiempos de Nehemas comenz cuando
el pueblo inst a Nehemas a que les leyera las Escrituras (Neh.
8). Mientras las escuchaban, sus corazones despertaron, y los que
oan fueron convencidos de pecado, limpiados, edificados, y res-
pondieron obedientemente.
Tal vez anse usted experimentar un avivamiento personal. Le
insto, entonces, a permitir que la llave de la Palabra de Dios le
abra ese gran almacn de las riquezas que son suyas en Cristo
Jess.
2
<

EL PROPSITO
PRINCIPAL
La gloria de Dios

Si saliramos a la calle y preguntsemos a diez personas al azar


cul consideran ellas que es el tema ms importante del mundo,
probablemente recibiramos diversas respuestas: el dinero, el
amor, el matrimonio, el sexo, la libertad, la seguridad, la posicin,
el placer, la paz y la felicidad.
Pero, desde el punto de vista de Dios, solo hay una respuesta
posible. Se trata del asunto principal de todo el universo, el prop-
sito de la creacin, la meta principal de la vida cristiana y la razn
de ser de todas las cosas que Dios ha hecho y har.
Cul es, pues, ese propsito? El Catecismo menor de West-
minster nos da la respuesta. La primera pregunta que dicho
catecismo nos hace es: Cul es el fin principal del hombre?. A
lo que responde: El fin principal del hombre es glorificar a Dios
y gozar de l para siempre. Los redactores del Catecismo menor
crean que todos los cristianos deban entender que existen para
la gloria de Dios y para disfrutar de l.
Alguno podra objetar que nos estamos basando demasiado en
el Catecismo, aunque este tenga como base las Escrituras. Pero
la suprema importancia de la gloria de Dios no es simplemente
idea de algn hombre: la Biblia la respalda sin rodeos. David
escribe: A Jehov he puesto siempre delante de m (Sal. 16:8),
refirindose a dar gloria a Dios. Al hacer esa declaracin, lo que
David est diciendo es, efectivamente: En todo lo que hago,
El propsito principal < 21

tengo mi atencin puesta en Dios. Todo lo que llevo a cabo, lo


realizo completamente enfocado en Dios. Todo es para su gloria,
su honra y el cumplimiento de su voluntad.
El resultado de tal enfoque lo vemos en el versculo 9: Se ale-
gr por tanto mi corazn, y se goz mi alma. Esta es otra manera
de decir que David experimentaba un gran gozo en Dios; por lo
que su meta era vivir siempre para su gloria y, como consecuencia
de ello, disfrutar de l para siempre. Esto es a lo que se refiere
tambin el Catecismo.
El objetivo supremo de la vida de todo hombre o mujer debera
ser glorificar a Dios, y el resultado que esto produce es un gozo
ilimitado. La madurez espiritual viene de concentrarnos en la per-
sona de Dios hasta que su majestad nos atrapa y nos perdemos
en ella.

LA INHERENTE GLORIA DE DIOS


Qu queremos decir con glorificar a Dios? Podemos considerarlo
esencialmente desde dos vertientes. La primera tiene que ver con
la gloria inherente del Seor: la gloria que Dios posee en s mismo.
En Isaas 6:3 se nos dice que los serafines clamaban a gran voz:
Santo, santo, santo, Jehov de los ejrcitos; toda la tierra est
llena de su gloria.
La gloria inherente de Dios forma parte de su ser, no es algo
que haya recibido. Aunque Dios no hubiera creado a los hombres
y los ngeles, an poseera su gloria inherente; y si nadie le diera
gloria, honra o alabanza alguna, l seguira siendo ese Dios glo-
rioso que es. En eso consiste la gloria inherente: es la gloria de la
naturaleza divina. Se trata de la manifestacin y la combinacin
de todos sus atributos. Esto es algo que nosotros no podemos
proporcionarle ni quitarle en lo ms mnimo. l es quien es: El
Dios de la gloria (Hch. 7:2).
La gloria humana se diferencia mucho de eso: no es inherente
al hombre, sino que este la recibe de fuera. Hablamos de aquellos
que son exaltados y honrados; pero si le quitsemos a un rey
su manto y su corona, y lo pusisemos junto a un mendigo, no
podramos distinguir quin es quin. La nica gloria que disfruta
22 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

un mandatario es aquella que le confieren los atavos de su cargo.


Sin embargo, toda la gloria de Dios forma parte de su ser esencial:
no es algo que se le otorga, ni que deriva de alguna fuente externa
a l. As que la gloria que Dios posee es muy diferente de cualquier
tipo de gloria humana.
Adems de las diversas referencias en el Antiguo Testamento
como el Salmo 24:7-10, el Nuevo Testamento tambin ensea
que el Seor es un Dios de gloria. Los Evangelios nos cuentan que,
durante su vida terrenal, nuestro Seor Jesucristo fue la encarna-
cin de la gloria divina (Jn. 1:14).
La resurreccin de Lzaro ejemplifica la gloria del Salvador.
Cuando Jess orden quitar la piedra que sellaba el sepulcro de
Lzaro, Marta protest por ello, pero el Seor le respondi: No
te he dicho que si crees, vers la gloria de Dios? (Jn. 11:40).
Cmo se manifest en ese caso la gloria de Dios? Por medio
de su poder, el mismo poder que haba utilizado para crear el
universo. No fue Marta quien le dio al Seor Jesucristo esa gloria;
l ya la tena. Al resucitar a Lzaro no hizo sino manifestarla.
Ms tarde, Jess dira: Padre, aquellos que me has dado,
quiero que donde yo estoy, tambin ellos estn conmigo, para que
vean mi gloria que me has dado (Jn. 17:24). La respuesta a esa
oracin quedar patente en el momento que se describe en Apo-
calipsis 21:23. La Nueva Jerusaln no tendr necesidad de sol ni
de luna, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su
lumbrera. De qu manera tan maravillosa demuestra esto que la
gloria de Dios forma parte esencial e inherente de su propia natu-
raleza! Puesto que la gloria del Seor es parte de su misma esencia,
constituye algo que l no dar a nadie ms: Mi gloria no la
dar a otro (Is. 48:11, lbla). Dios jams se despoja de su gloria.
Pero los creyentes pueden reflejar la gloria divina, como suce-
di con Moiss al bajar del monte (x. 34:30-35). Lo que es ms,
la gloria de Dios resplandece desde el interior de cada cristiano
(2Co. 3:18). Pero el Seor nunca imparte su gloria a nadie que
no sea l mismo; es decir, la gloria del Seor est en los creyentes
porque l habita en ellos. Esa majestad nunca llega a ser nuestra,
Dios jams se despoja de su gloria.
El propsito principal < 23

Esto guarda cierto parecido con la relacin que vemos entre


Faran y Jos en el libro de Gnesis. El primero le dio al segundo
su anillo el cual simbolizaba su autoridad regia y tambin una
cadena de oro (Gn. 41:42), convirtindose Jos, de este modo, en
el representante de Faran, con plenos privilegios imperiales y, en
esencia, gobernador de Egipto. Su palabra era ley. Pero hubo una
cosa que Faran no le otorg, y fue su gloria: Solamente en el trono
ser yo mayor que t, le dijo (v. 40). No renunci a su majestad.
Del mismo modo, Dios no comparte su gloria con ningn ser
creado; se trata de algo inherente a l, la suma de sus atributos, a
lo cual no se puede aadir ni quitar nada.

ENGRANDECER LA GLORIA DE DIOS DELANTE DE


OTROS
Puede que usted se pregunte: Si a la gloria de Dios no se le puede
aadir nada ni es posible aumentarla en modo alguno, por qu
hablamos de darle gloria? Cmo puede alguien dar gloria a Dios
si esta es absoluta e inherente?
En realidad, cuando hablamos de glorificar a Dios, estamos
hablando de engrandecer su gloria ante el mundo. Por supuesto,
no podemos aadir nada a esa gloria que constituye su misma
esencia, pero s nos es posible reflejar y exaltar la gloria divina
delante de los dems.
A esto se refera Pablo en Tito 2:10, cuando escribi que los
cristianos deberan [adornar] la doctrina de Dios nuestro Salva-
dor en todo. Este versculo no habla de aadir cosa alguna a los
atributos divinos. Al llevar una vida santa, influimos en el testi-
monio acerca de Dios en el mundo. No adornamos a Dios mismo,
sino la doctrina o la enseanza en cuanto a l, permitiendo que la
gente vea su gloria reflejada en nuestra manera de vivir. Jess dijo
a sus discpulos que vivieran de tal manera que los hombres vean
[sus] buenas obras, y glorifiquen [al] Padre que est en los cielos
(Mt. 5:16). As que, aunque no nos es posible aadir nada a la
gloria inherente de Dios, nuestras vidas pueden reflejar esa gloria
y engrandecerla para que otros la reconozcan. De este modo le
damos gloria Dios.
24 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

Tambin podemos dar gloria a Dios mediante el testimonio


hablado. Como dice David en 1Crnicas: Cantad entre las gen-
tes su gloria, y en todos los pueblos sus maravillas (1Cr. 16:24).
Cuando expresamos las grandes cosas que Dios ha hecho en nues-
tras vidas, le estamos glorificando.
Tambin le damos gloria al alabarle. David dijo acerca de Dios:
Tuya es, oh Jehov, la magnificencia y el poder, la gloria, la vic-
toria y el honor; porque todas las cosas que estn en los cielos y en
la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehov, es el reino, y t eres excelso
sobre todo (1Cr. 29:11). Y despus de hacer esa declaracin la
resumi diciendo: Ahora, pues, Dios nuestro, nosotros alabamos
y loamos tu glorioso nombre (v. 13). David reconoca que la glo-
ria del Seor era inherente y, por eso, deba ser alabado.
El Nuevo Testamento tambin nos habla de alabar a Dios por
su gloria. En 1Timoteo 1:17, Pablo dice: Al Rey de los siglos,
inmortal, invisible, al nico y sabio Dios, sea honor y gloria por
los siglos de los siglos. Amn. Y, al final de la epstola, el apstol
alaba a Dios por ser el nico que tiene inmortalidad, que habita
en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni
puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amn
(1Ti. 6:16).
Judas se hace eco de este mismo tema, cuando dice: Al nico
y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y
potencia, ahora y por todos los siglos. Amn (Jud. 25). Y en Apo-
calipsis vemos a grandes muchedumbres proclamando la gloria de
Dios (Ap. 5:13). El Nuevo Testamento nos ordena que llevemos
vidas que glorifiquen a Dios. Pablo oraba diciendo: Como siem-
pre, ahora tambin ser magnificado Cristo en mi cuerpo (Fil.
1:20). Deseaba exaltar a Cristo ante los ojos del mundo, y exhor-
taba a los corintios con estas palabras: Glorificad, pues, a Dios
en vuestro cuerpo (1Co. 6:20). Dicho de otro modo: utilicen
su cuerpo de tal manera que den gloria a Dios. Por ltimo, el
apstol nos dej el siguiente mandamiento de mbito general en
1Corintios: Si, pues, comis o bebis, o hacis otra cosa, hacedlo
todo para la gloria de Dios (1Co. 10:31). Todo lo que hagamos,
El propsito principal < 25

aunque sea tan mundano como comer y beber, debemos hacerlo


con el fin de glorificar a Dios.

LA GLORIA DE DIOS A TRAVS DE LOS TIEMPOS


El plan de Dios para las edades implica manifestaciones sucesivas
de su gloria. La historia es el despliegue de la gloria divina en el
pasado. La profeca predice la futura revelacin de su plenitud. Y
la Iglesia es el terreno en el que Dios ha escogido de manera nica
demostrar su gloria en el presente.

La creacin
El universo creado es un testigo silencioso de la gloria de su Crea-
dor. El salmista escribe al respecto: Los cielos cuentan la gloria
de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Sal.
19:1). Isaas, por su parte, nos informa de que toda la tierra est
llena de su gloria (Is. 6:3); incluso el mundo animal glorifica a
su Creador (Is. 43:20).
Se ha preguntado alguna vez para qu cre Dios el universo?
Colosenses 1:16 nos da la respuesta: Porque en l fueron creadas
todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra,
visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados,
sean potestades; todo fue creado por medio de l y para l. El
universo se cre para glorificar a Dios.
Todo lo que hay en este universo desde las partculas suba-
tmicas ms minsculas hasta las estrellas ms gigantescas le
glorifica, salvo dos excepciones: los ngeles rebeldes y los hombres
cados. Ya que el propsito de la creacin entera es darle gloria a
Dios, las criaturas que no lo hagan sern arrojadas de su presen-
cia; de ah que los ngeles y los hombres cados vayan a pasar la
eternidad lejos del Seor. Aunque Dios no se deleita en semejante
castigo (Ez. 33:11), este le trae gloria porque revela su santidad.

El huerto del Edn


En el huerto del Edn, Dios manifest su gloria a Adn y Eva. Gne-
sis 3:8 nos cuenta que ellos oyeron la voz del Seor que paseaba
en el huerto al fresco del da; pero ese mismo versculo tambin
26 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

nos refiere que, en un esfuerzo por eludir la responsabilidad de su


pecado, ellos intentaron esconderse de la presencia del Seor. As
que resulta evidente que Dios vino a ellos no solo como una voz,
sino tambin manifestando visiblemente su gloria; es posible que a
la manera de una luz resplandeciente (cp. x. 13:21; Hch. 9:3-6).
Qu maravilloso privilegio tenan Adn y Eva de ver la gloria
de Dios manifestarse a diario! Nadie sabe cunto tiempo dur
aquello; pero lleg el da que se rebelaron contra Dios, y su pecado
los hizo inadecuados para estar en el mismo lugar que la gloria
divina. De modo que Dios los ech del paraso y subray su expul-
sin poniendo a un querubines (seres anglicos cuya funcin es
preservar la santidad de Dios) a la entrada del huerto, con el fin
de impedir que Adn y Eva volvieran all. Entre tanto, una espada
encendida se revolva en todas las direcciones para cerrar el paso
al rbol de la vida (Gn. 3:24). El principio que vemos en el relato
de Gnesis sigue siendo cierto: los hombres cados y pecadores no
pueden estar en la presencia de Dios.
Durante el resto de sus vidas, Adn y Eva tuvieron delante
aquella espada que les bloqueaba toda esperanza de entrar
nuevamente en el huerto de Edn y que impeda que siguieran
disfrutando de una relacin con Dios cara a cara. La espada nos
habla de juicio, de una sentencia de muerte por causa del pecado.
Alguien tena que sufrir aquel terrible y eterno castigo para que la
raza humana pudiese volver a tener comunin con Dios. Y sobre
quin recay la sentencia? Porque tambin Cristo padeci una
sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos
a Dios (1P. 3:18). La muerte de Cristo satisfizo las exigencias de
la justicia divina y, gracias a ello, los que ponen su fe en Cristo
pueden recuperar la comunin con Dios.

Moiss
Seguidamente, Dios decidi manifestar su gloria a Moiss, un
hombre muy humilde (Nm. 12:3) con un concepto sumamente
modesto de su propia capacidad. Cuando Dios lo llam para ser
su profeta y guiar a su pueblo, intent escabullirse con la excusa
de que era un mal orador (x. 4:10). Pero el Seor le respondi:
El propsito principal < 27

Quin dio la boca al hombre? Ahora, pues, ve, y yo estar


con tu boca, y te ensear lo que hayas de hablar (vv. 11-12).
Sin embargo, Moiss continu objetando hasta que, por fin, el
Seor le asign a Aarn para que fuese su portavoz. A pesar de
las vacilaciones de Moiss, Dios lo utiliz para revelar su gloria a
Israel (x. 3334).
Moiss asumi su papel de gua del pueblo de Dios, e Israel
sali de Egipto y viaj hasta el monte Sina bajo su liderato. El
Seor dirigi la marcha y los guard milagrosamente del ejrcito
egipcio, las aguas del Mar Rojo, la sed y la muerte por hambre. El
xodo fue una de las mayores y ms espectaculares manifestacio-
nes del poder divino que el mundo haya conocido nunca.
Pero mientras Moiss se encontraba en la cumbre del monte
Sina recibiendo la ley de manos de Dios, los israelitas cayeron
en pecado manifiesto (x. 32), y Moiss tuvo que recordarle al
Seor que l lo haba comisionado para llevar a Israel a la tie-
rra prometida. Luego or con estas palabras: Ahora, pues, si
he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu
camino, para que te conozca (x. 33:13). Moiss saba que no
podra cumplir su cometido por s mismo, y Dios le garantiz que
su presencia ira con l (v. 14).
Pero no satisfecho con aquello, Moiss pidi al Seor que le
permitiera verle: Te ruego que me muestres tu gloria (v. 18).
Estara Dios dispuesto a hacer tal cosa? Cunto le habr tran-
quilizado Moiss or la respuesta! Dios le dijo: Yo har pasar
todo mi bien delante de tu rostro, y proclamar el nombre de
Jehov delante de ti (v. 19).
La palabra bien se refiere aqu a la esencia de los gloriosos
atributos divinos, caracterizados por la gracia y la misericordia.
La suma de esos atributos es tan gloriosa que resulta letal para los
seres humanos contemplarla! Fijar la mirada en la manifestacin
plena de la gloria de Dios sin estar protegido hubiera supuesto la
muerte inmediata para Moiss, de modo que el Seor le dijo:

No podrs ver mi rostro; porque no me ver hombre, y


vivir... He aqu un lugar junto a m, y t estars sobre la
28 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

pea; y cuando pase mi gloria, yo te pondr en la hendidura


de la pea, y te cubrir con mi mano hasta que haya pasado.
Despus apartar mi mano, y vers mis espaldas; mas no se
ver mi rostro
xodo 33:20-23

Acaso tiene Dios manos o cara? Por supuesto que no: l es


espritu, sin forma fsica definida (Jn. 4:24). Sin embargo, a
menudo el Seor utiliza palabras referentes al cuerpo humano
para que comprendamos en cierta medida cmo es l. De modo
que, cuando nos habla de su rostro o de su mano, se est acomo-
dando a nuestra terminologa.
Despus de haber tomado precauciones para proteger a Moi-
ss, Dios cumpli su promesa:

Y Jehov descendi en la nube, y estuvo all con l, procla-


mando el nombre de Jehov. Y pasando Jehov por delante
de l, proclam: Jehov! Jehov! fuerte, misericordioso y
piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;
que guarda misericordia a millares, que perdona la iniqui-
dad, la rebelin y el pecado.
xodo 34:5-7

A diferencia de tantos que actualmente hablan con bastante


petulancia de sus supuestos encuentros con Dios, Moiss,
apresurndose, bajo la cabeza hacia el suelo y ador (v. 8).

La gloria reflejada y el velo


Lo que contempl Moiss fue la shekinah: una manifestacin visi-
ble de la gloria de Dios. Y qu efecto tuvo aquella sobre l? Algo
de su resplandor se le peg en el rostro haciendo que este brillara,
aunque l no se dio cuenta de ello (x. 34:29). En realidad, su
cara reluca tanto que Aarn y los dems teman acercarse a l (v.
30). Aun el tenue reflejo de la gloria divina en el rostro de Moiss
constitua una visin imponente.
Cuando yo era pequeo, mis padres me llevaron a la granja de
El propsito principal < 29

bayas Knotts, donde haba una tienda que venda todo tipo de
artculos que brillaban en la oscuridad. Para m eran las cosas ms
extraordinarias que jams haba visto, y pap y mam me dijeron
que buscara algo de mi gusto y me lo compraran. De modo que
escog una figurilla y la guard dentro de una bolsa durante el
resto del da. Cuando llegu a casa aquella noche, saque la figurita
y la puse sobre mi cmoda, pero me sent decepcionado viendo
que no reluca.
Sabes por qu no reluce? me pregunt mi padre. Has de
ponerla cerca de alguna otra luz, ya que no tiene brillo propio.
De modo que mi padre la sostuvo junto a una bombilla durante
poco ms o menos un minuto y luego la llev otra vez a mi oscura
habitacin. Entonces funcion a las mil maravillas!
Moiss era, en cierto modo, como esa figurilla fosforescente:
tampoco tena luz propia; pero despus de haber estado expuesto
a la luz ms brillante del universo, resplandeca. Su rostro se haba
cargado de la gloria divina. El Seor haba querido despedir a su
siervo de la cumbre de aquel monte con un poco del resplandor
de la Deidad; y durante cierto tiempo Moiss tuvo que llevar un
velo puesto sobre la cara para que la gente pudiera acercrsele.
Sin embargo, cuando entraba de nuevo en la presencia del Seor,
se quitaba el velo y hablaba con l en comunin franca. As, la
gloria que haba en el rostro de Moiss pronto se renovaba, y este
tena que volver a cubrirse para hablar con el pueblo (vv. 33-35).
Por qu llevaba Moiss aquel velo? No porque la gloria refle-
jada en su cara supusiera ningn peligro para nadie, sino ms
bien porque el resplandor se iba desvaneciendo gradualmente y no
quera que la gente se distrajera con un tipo de gloria evanescente.
La figurilla que yo haba puesto encima de mi cmoda no brillaba
durante ms de una hora, sin que hubiera que recargarla con otra
fuente de luz; y eso era lo que le pasaba tambin a Moiss. El
Nuevo Testamento nos dice que Moiss se pona el velo para que
los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que haba
de ser abolido (2Co. 3:13). l saba que la gloria en cuestin no
era suya: se estaba desvaneciendo, y no quera que los israelitas
vieran cmo abandonaba su rostro.
30 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

Dos veces en la historia humana Dios haba manifestado su


gloria de manera visible: una en un sitio y otra en un rostro. El
pueblo de Israel debi preguntarse si volveran a ver alguna vez
una manifestacin parecida.

La gloria en una tienda


Pero Dios s que volvi a manifestar visiblemente su gloria, y
lo hizo en el tabernculo, una especie de tienda utilizada como
templo construida para glorificar a Dios, que a menudo escoge
lo humilde y de poco valor para revelar su gloria. Ciertamente
eso puede decirse del tabernculo. Con frecuencia pensamos en
este como en un bello recinto, pero en realidad estaba hecho de
muchas pieles de animales sin lustre ni atractivo, desgastadas por
el mal tiempo y sostenidas por estacas. Se trataba bsicamente
de un refugio porttil grande y feo. Lo que lo haca especial era
que simbolizaba al Dios de Israel y su gloria: era la morada del
Espritu del Seor durante el viaje de los israelitas tras su salida
de Egipto. En esta tienda, Dios haba escogido manifestar la she-
kinah a una nacin entera.
Dios instruy detalladamente al pueblo de Israel en cuanto a
cmo construir el tabernculo; y cuando este qued terminado,
una nube cubri el tabernculo de reunin, y la gloria de Jehov
llen el tabernculo. Y no poda Moiss entrar en el tabernculo
de reunin, porque la nube estaba sobre l, y la gloria de Jehov
lo llenaba (x. 40:34-35). Imagnese la escena: las doce tribus
de Israel tal vez varios millones de personas, puestas en for-
macin tal como Dios las haba colocado y, en medio de ellas,
el tabernculo, tan lleno de la gloria del Seor que nadie poda
entrar.
Ms tarde, en el da de la expiacin, el sumo sacerdote entraba
en el lugar santsimo y se pona delante del arca del pacto. Tal
vez piense usted que el arca era hermosa y resplandeciente como
el oro, pero probablemente se tratara de algo tosco y salpicado
de sangre sacrificial que los sacerdotes haban rociado sobre ella.
Lo nico hermoso del arca seran probablemente las alas de los
querubines extendidas sobre el propiciatorio; sin embargo, Dios
El propsito principal < 31

haba escogido manifestar all su gloria de manera visible. Cada


vez que el sumo sacerdote entraba en aquel lugar consagrado vea
la gloria de Dios.

La gloria en el templo
Durante varios siglos Dios manifest su gloria en el tabernculo,
pero al igual que en el huerto del Edn o que en el rostro de
Moiss, aquella fue solo una situacin transitoria. Con el tiempo,
durante el reinado de Salomn, el templo vino a sustituir al taber-
nculo. As como Dios haba dado instrucciones en cuanto a la
construccin de este ltimo, tambin proporcion los planos para
que se edificara el templo. El propsito de este era albergar la glo-
ria divina. Era un magnfico edificio que tard casi ocho aos en
construirse y probablemente tuviera un coste equivalente a varios
millones de dlares.
Finalmente, lleg el da de la dedicacin, y qu gran da fue
aquel! Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube
llen la casa de Jehov. Y los sacerdotes no pudieron permanecer
para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehov
haba llenado la casa de Jehov (1R. 8:10-11). Otra vez, en su
condescendiente gracia, Dios volva a manifestar su presencia en
medio de su pueblo.
Aunque el templo se construy como morada permanente
para la gloria del Seor, el pueblo de Dios no siempre le dio a l
la gloria que le era debida. De hecho, en una ocasin Salomn
se atribuy el mrito que le corresponda nicamente a Dios. El
segundo libro de Crnicas narra la visita oficial de la reina de
Sab a la corte del rey Salomn, y nos cuenta que, una vez que
la soberana hubo comprobado la sabidura de este, examinado
todas sus riquezas y visto el templo que Salomn haba hecho, se
qued asombrada. Y dijo al rey: He aqu que ni aun la mitad
de la grandeza de tu sabidura me haba sido dicha (2Cr. 9:4-
6). Y prosigui describiendo cun maravillosa era la sabidura
de Salomn, la gran suerte que tenan sus sbditos y las cosas
magnficas que l haba hecho; incluyendo, sin duda, el imponente
templo que haba construido. Evidentemente, la reina volvi a su
32 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

pas sin comprender que en ese templo resida la gloria de Dios y


no la de Salomn. Por desgracia, el relato no revela que Salomn
la sacara de su error.
A partir de entonces vemos una decadencia gradual pero
ostensible del templo y de su gloria. Ya no se vuelve a mencio-
nar la shekinah. La idolatra comenz a desplazar lentamente la
gloria de Dios durante el ltimo periodo del reinado de Salomn
(1R. 11:4) y, para cuando llega el tiempo del profeta Ezequiel, el
culto del Dios verdadero en su propio templo haba prcticamente
desaparecido.

De la gloria a la ignominia
Cuando el pueblo de Dios pec y no dio al Seor la honra debida,
l les retir su gloria. Ezequiel tuvo una visin de ello, que se
narra en el captulo 8 de su libro. En dicha visin, Dios le mostr
al profeta el culto idoltrico que se estaba llevando a cabo dentro
de las propias instalaciones del templo. Y lo que vio Ezequiel le
desconcert sobremanera: Entr, pues, y mir; y he aqu toda
forma de reptiles y bestias abominables, y todos los dolos de la
casa de Israel, que estaban pintados en la pared por todo alrede-
dor (v. 10). Luego pas al atrio interior de la casa del Seor y all
vio hombres dando la espalda al templo, inclinados con el rostro
hacia el oriente y adorando al sol (v. 16).
No es extrao que Ezequiel se conturbara tanto: en vez de
adorar a Dios en su templo se estaba adorando a Satans. Dios
no puede soportar la presencia del pecado (Hab. 1:13), de modo
que abandon su propio templo. La retirada de la gloria divina
tuvo lugar en sucesivas etapas, casi como si Dios se marchara con
renuencia y enormemente afligido. Ezequiel relata cmo la gloria
se fue retirando poco a poco. Primeramente, se elev de entre
los querubines esculpidos y se puso sobre el umbral de la puerta
(Ez. 9:3). En segundo lugar, la gloria se traslad del umbral y
descans encima de los querubines vivos de la visin del profeta
(Ez. 10:18). Desde all sobrevol la puerta oriental del templo (Ez.
10:19), y de en medio de Jerusaln, ascendi y se pos sobre un
monte situado al oriente (Ez. 11:23). Por ltimo, la manifestacin
El propsito principal < 33

de la gloria no fue ya visible, puesto que regres al cielo: Dios


retir su gloria del templo y la volvi a llevar a su trono.
La gloria no brillaba ms en medio del edificio, sino que era
como si la palabra Icabod que significa traspasada es la glo-
ria (1S. 4:21) se hubiese esculpido en los postes de las puertas.
Lamentablemente, haba llegado el da que ni siquiera aquel mag-
nfico templo segua siendo apto para albergar la gloria de Dios.
No resulta extrao, pues, que el Seor permitiera, finalmente,
que los babilonios lo redujeran a cenizas. La gloria divina ya no
estaba all! Volvera algn da?

La gloria encarnada
La gloria de Dios volvi muchos siglos despus. Juan 1:14 nos
dice: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habit entre nosotros
(y vimos su gloria, gloria como del unignito del Padre), lleno de
gracia y de verdad.
La gloria divina regres en la persona de nuestro Seor Jesu-
cristo. Y cundo se manifest ms plenamente dicha gloria? En lo
alto del monte de la transfiguracin (Lc. 9:28-36); donde, durante
unos breves momentos y en presencia de tres de sus discpulos,
el Hijo de Dios permiti que su esplendor brillara. All estaba la
gloria; no como un resplandor en el huerto, como un reflejo en el
rostro de Moiss, o como el fulgor del tabernculo o del templo,
sino la gloria inherente del Dios y hombre Jesucristo.
Aunque la gloria de Cristo es permanente como el resto de
sus atributos, aquella manifestacin dur solo cierto tiempo.
Ms tarde, algunos hombres impos lo arrestaran, lo llevaran
preso, lo condenaran falsamente, lo torturaran de un modo
espantoso y lo clavaran en la cruz donde morira. Queran des-
hacerse de la expresin ms grande que haya habido de la gloria
de Dios.
Pero no pudieron apagar esa gloria, ya que nuestro Seor
resucit de entre los muertos e incluso las terribles heridas de su
cuerpo fueron glorificadas. Su obra en el mundo haba concluido
y, entonces, Cristo ascendi al cielo.
34 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

La gloria venidera
Se manifestar nuevamente la gloria de Dios? Nuestro Seor
responde a esto en el captulo 24 de Mateo, donde se nos relata
su gran sermn del Monte de los Olivos. All Jess habla a sus
discpulos de un tiempo de gran tribulacin que se aproxima, y
esboza para ellos los acontecimientos que rodearn su regreso a
este mundo. Cuando Jess descienda fsicamente del cielo, algo
muy espectacular suceder: Entonces aparecer la seal del Hijo
del Hombre en el cielo; y entonces lamentarn todas las tribus de
la tierra, y vern al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del
cielo, con poder y gran gloria (v. 30).
De qu seal nos habla Jess? De la manifestacin visible de
su gloria, del fulgor absoluto de Dios bajando del cielo en la per-
sona de nuestro Seor Se trata de la gloria shekinah revelada
en su cuerpo, del mismo modo que la vieron brevemente aquellos
tres discpulos suyos en el monte de la transfiguracin.
Una vez ms los hombres pecadores intentarn acabar con su
majestad. Se opondrn a l aunque venga como Rey de reyes y
Seor de seores (Ap. 19:16). Cuando vean descender del cielo su
fulgurante gloria, dispararn sus misiles esperando hacerla saltar
por los aires.
Pero no podrn conseguirlo: con una sola palabra Jess exter-
minar a aquellos que traten de oponerse a su majestad. A partir
de entonces, l gobernar las naciones con vara de hierro y rei-
nar sobre el trono de David con poder y gloria: una gloria mucho
mayor que aquella que manifest en su primera venida.
Voy a sealarle algo emocionante: los que le conocemos
estaremos all! Todos los que murieron en Cristo, al igual que
aquellos que hayan sido arrebatados con l en las nubes, regre-
sarn en gloria juntamente con Jess. Esto fue lo que dijo Pablo
a los colosenses: Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste,
entonces vosotros tambin seris manifestados con l en glo-
ria (Col. 3:4). La promesa se extiende a todo aquel que haya
confiado en Jess. Cuando l vuelva, nos proporcionar nuevos
cuerpos glorificados capaces de disfrutar su gloriosa presencia
eternamente.
El propsito principal < 35

Se ha preguntado alguna vez lo que haremos durante toda la


eternidad? Apocalipsis nos da la respuesta:

Despus de esto mir, y he aqu una gran multitud, la cual


nadie poda contar, de todas naciones y tribus y pueblos
y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia
del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en
las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: la salvacin
pertenece a nuestro Dios que est sentado en el trono, y al
Cordero.
Apocalipsis 7:9-10

No solo daremos gloria a Dios, sino que tambin veremos


su gloria por toda la eternidad. Apocalipsis 21 nos describe la
gran ciudad santa de Jerusaln, que descenda del cielo, de Dios,
teniendo la gloria de Dios... La ciudad no tiene necesidad de sol
ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina,
y el Cordero es su lumbrera (vv. 10-11, 23).

La gloria en el presente
Hemos echado un rpido vistazo a la gloria de Dios en el pasado
y tenido una vislumbre de la gloria venidera tal y como se nos
revela en las Escrituras. Pero qu hay de la gloria de Dios en este
tiempo?
En nuestros das, la gloria de Dios se manifiesta en su pueblo:
la Iglesia. Tenemos el privilegio, el propsito y la responsabilidad
de demostrar la gloria divina. Segn nos dice Pablo, somos un
templo santo que alberga la gloria del Seor (Ef. 2:21-22). La
intencin con la que Dios nos ha dejado en esta tierra es para
iluminacin del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de
Jesucristo (2Co. 4:6).
Aunque somos simples vasos de barro, en nuestro interior se
halla la gloria divina (2Co. 4:7). l ha escogido las cosas humil-
des de este mundo para glorificarse (1 Co. 1:26-31). Dios nos
transforma por el poder del Espritu Santo y nos permite reflejar
su majestad. La nica forma en que el mundo puede recibir el
36 < L l av e s de l c r e c i m i e n t o e sp i r i t ua l

mensaje relacionado con la gloria de Dios es por medio de noso-


tros: la gente tiene que ver en nosotros a Cristo, la esperanza
de gloria (Col. 1:27). Cuanto ms maduros seamos, tanto ms
podr el Seor usarnos para reflejar su gloria. Pablo dice: Si,
pues, comis o bebis, o hacis otra cosa, hacedlo todo para la
gloria de Dios (1Co. 10:31).

GLORIA PARA SU NOMBRE


Algunos cristianos testifican de nuestro Seor movidos por la obe-
diencia porque se les ha ordenado hacerlo; otros comparten
el evangelio debido al amor y la preocupacin que sienten por
los perdidos. Ambos motivos son dignos, pero no constituyen la
razn ms elevada.
El motivo supremo para la evangelizacin debera ser la gloria
de Dios. Esto era lo que impulsaba a Pablo. El apstol trabajaba
arduamente, evangelizaba, predicaba y derramaba su corazn
por amor [al nombre de Jess] (Ro. 1:5). Amaba a los perdidos
y se mostraba obediente al mandamiento de Cristo de evangelizar;
pero su pasin era llevar a otros al conocimiento del Salvador
para que l pudiera recibir la gloria debida a su nombre. Si Dios
es Dios, el nico Dios y el solo Creador y Seor de los hombres,
tiene derecho a una adoracin exclusiva y a sentir celos si no se
le rinde culto.
Aquel piadoso misionero en la India, llamado Henry Martyn,
vea a la gente inclinarse delante de sus dolos. Segn cuenta,
observar a aquellas personas postrndose ante los dioses hindes
[le] inspiraba ms horror del que poda expresar... No poda
soportar la existencia si Jess no era glorificado; tal cosa [le] sera
un infierno.
Debo confesar que Dios me ha reprendido vez tras vez por no
sentir esto mismo. Ver que alguien no glorifica a Jesucristo no
siempre ha supuesto para m un infierno; pero oro continua-
mente pidindole al Seor que me d tal amor por la gloria de
Jess que se me rompa el corazn cada vez que observo a alguna
persona que no da a mi Seor la gloria que l merece.
l es sumamente digno de gloria.
El propsito principal < 37

Por lo cual Dios tambin le exalt hasta lo sumo, y le dio un


nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de
Jess se doble toda rodilla de los que estn en los cielos, y
en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que
Jesucristo es el Seor, para gloria de Dios Padre.
Filipenses 2:9-11

El autor del siguiente himno aboga elocuentemente:

Que cada pueblo y tribu


En el terrqueo globo,
Grandeza le atribuyan
Y le hagan Rey de todo.

Vemos la gloria de Dios en los cielos, en la tierra, en la salva-


cin, en la vida cristiana, en el prometido regreso de Cristo y en
cada dimensin de la existencia. Yo considero esa gloria el prop-
sito principal que desata todas las riquezas espirituales escondidas
en Jesucristo. Ahora bien, si tal es el propsito principal de la vida,
cmo podemos edificar sobre l? De qu manera nos es posible
glorificar a Dios en la prctica? Para esto necesitamos una llave
diferente, que yo llamo el plan maestro.

LLAVES 
DEL 
CRECIMIENTO 
 ESPIRITUAL
Descubra los tesoros de Dios
JOHN MACARTHUR
Título del original: The Keys to Spiritual Growth, © 1991 por John F. MacArthur, 
Jr. y publicado por Crossway, 1300 Crescent
Para
Matthew, Marcy, Marc y Melinda,
mis queridos hijos, cuyo crecimiento espiritual  
constituye el interés principal de mi
“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conoci-
miento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la
Contenido
Agradecimientos 
7
Introducción 
9
 1. La llave maestra 
13
Presuposición
 2. El propósito principal 
20
La gloria
Agradecimientos
Quiero dar las gracias al Dr. Lowell Saunders, que preparó la pri-
mera edición de este libro hace ya muchos
Introducción
Últimamente no oímos hablar mucho acerca del crecimiento 
espiritual. Muchos creyentes en nuestra sociedad se ha
10 < Llaves del crecimiento espiritual
mos “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador 
Jesucristo” (2 P. 3:1

También podría gustarte