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Jaeger - Aristóteles

Aristoteles

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A R I S T O T E L E S

Primera edicin en alemn, 1923


Primera edicin en ingls, 1934
Primera edicin en espaol, 1946

Queda hecho el depsito que marca la ley


Copyright by Fondo de Cultura Econmica

Impreso y hecho en Mxico


Printed and made in Mxico
WERNER JAEGER

ARISTOTELES
bases para la historia de
su desarrollo intelectual

Versin espaola de os Gaos

FONDO DE C U L T U R A ECO N O M ICA


P an u co, 63 - M xico
N O T A D EL E D IT O R

Este libro es una traduccin de Aristotle, Fundamentis o


thc History o his Development, versin inglesa, por R ich ard
R obinson, de la obra original de Werner Jaeger Aristteles,
Grundlegung einer Geschichle seiner Entwicklung, publicada en
B erln , en 19 23, por la W eidmannsche Buchhandlung; la versin
inglesa fue editada por la Claren don Press de O xford, Inglaterra.
H a sido preciso hacer nuestra traduccin de acuerdo con la
versin inglesa, por contener sta no pocas mejoras y adiciones
hechas por el propio autor sobre la prim itiva edicin alemana.
A su vez, esta versin espaola ha merecido la atencin directa
del profesor Ja eg er, que ha hecho ciertas correcciones y aadido
ciertos datos nuevos, as como dos importantsimos apndices: el
prim ero sobre El origen y la evolucin del ideal filosfico de
la vida y el segundo sobre Diocles de Caristo, un nuevo discpulo
de Aristteles.
A diferencia de la edicin alemana, en que los textos griegos
aparecan sin su versin respectiva, en la nuestra aparecen todos
traducidos; esta traduccin se ha hecho siguiendo la inglesa del
Jow ett Copyright Futid y de la O xford University Press; la tra
duccin al ingls del testamento de Aristteles, publicada po r la
Loeb Classical Library, se debe a R . D. Hicks, y la de las citas de
Jm blico al propio R ich ard Robinson.
Con el mismo fin de hacer este libro accesible para todos, las
obras antiguas se citan siempre con nmeros romanos y no con
letras griegas> excepto la Metafsica de Aristteles, en que una
situacin especial hace confuso el uso de los nmeros.
P R E F A C IO D E L A U T O R A LA E D IC IO N
ALEM AN A

[Link] libro, tratado y monografa a la vez, requiere unas breves


palabras de explicacin. No trata de hacer una exposicin siste-
mtica, sino de analizar los escritos de Aristteles para descubrir
en ellos las huellas medio borradas de la marcha, de su espritu.
Su armazn biogrfica tiende simplemente a hacer ms palpable
el hecho de que la masa anteriormente indiferenciada de sus
obras se reparte en tres perodos distintos de evolucin. D ebi
do a la cortedad del material es el cuadro que as obtenemos
naturalmente fragmentario; no obstante, dan sus lineas generales
un panorama suficientemente claro de la ndole intelectual de
Aristteles y de las fuerzas que inspiraron su pensamiento. Ante
todo representa esto una ganancia para la historia de los proble
mas filosficos y de sus orgenes. La intencin del autor no es,
sin embargo, hacer una aportacin a la filosofa sistemtica, sino
proyectar luz sobre aquella parte de la historia del espritu grie
go conocida bajo el nombre de Aristteles.
Desde /pi vengo comunicando repetidamente los resultados
de estas investigaciones en lecciones dadas en las universidades de
Kiel y de B erln ; hasta la forma literaria qued fijada esencial
mente por los mismos tiempos, si se excepta la conclusin. La
literatura aparecida desde entonces no es muy importante por lo
que respecta a Aristteles mismo, y me he limitado a mencionarla
en la medida en que he aprendido algo de ella o me veo obligado
a discrepar de ella. En vano buscar el lector los resultados ni
siquiera de investigaciones anterioresy cuando se reducen a repre
sentar cambios sin importancia de opinin o de forma; tales cosas
no tienen nada que ver con el desarrollo de un espritu. Menos
an es mi propsito analizar todos los escritos de Aristteles por
el inters propio de cada uno, ni llevar a cabo un examen mi
croscpico de todas sus capas. La finalidad es tan slo la de
<)
10 P R E F A C IO

dilu cidar el fenm eno de su desarrollo intelectual como tal, en su


significacicin concreta y por m edio de ejem plos evidentes.
Para concluir expreso mi ms profundo agradecimiento al edi
tor, que afront animosamente el considerable riesgo de publicar
este libro, a pesar de lo desfavorable de los tiempos.

Berln, Pascua de 1923.


E L P R O B LE M A

A r is t t e l e s f u e el primer pensador que se forj al mismo

tiempo que su filosofa un concepto de su propia posicin en la


historia; con ello fu el creador de un nuevo gnero de concien
cia filosfica, ms responsable e ntimamente complejo. Fu el
inventor de la idea de desarrollo intelectual en el tiempo, y vi
incluso en su propia obra el resultado de una evolucin ex
clusivamente dependiente de su propia ley. En el curso de su
exposicin presenta dondequiera sus propias ideas como la con
secuencia directa de la crtica que hace de sus predecesores,
especialmente de Platn y su escuela. Era, por consiguiente,
filosfico y aristotlico a la vz seguirle en esto, y tratar de
entenderle por medio de los supuestos partiendo de los cuales
haba construido sus propias teoras.
Tales intentos no nos han dado, sin embargo, una viva visin
de la ndole individual de su filosofa; lo que no puede sorpren
der al fillogo, que no est acostumbrado a servirse de los juicios
de un escritor acerca de s mismo como de un documento obje
tivo, ni a sacar de ellos sus patrones de medida. Especialmente
intil result el juzgar a Aristteles, como se ha hecho realmente,
por su manera de entender a sus predecesores, como si hubiera
habido jams un filsofo capaz de entender a sus predecesores
en este sentido. A buen seguro que slo puede haber un patrn
de medida positivo para apreciar la obra personal de Aristteles,
pero no es la forma en que l critica a Platn, sino la forma en
que platoniza l mismo (pues tal es lo que significa filosofar
para l). Por qu imprimi al conocimiento esta especial direc
cin no puede explicarse simplemente por la historia anterior a
l, sino tan slo por su propio desarrollo filosfico; justo como
tampoco l mismo deriv sencillamente la posicin de Platn en
la historia del pensamiento griego de la de sus predecesores, sino
que la explica como el resultado de la confluencia de estas in-
11
A R IST O T E LE S

fluencias histricas y de la propia originalidad creadora de su


maestro. Si al tratar del proceso intelectual queremos conceder
todo su peso al elemento creador- y original de las grandes indi
vidualidades, ser menester que completemos la tendencia general
del tiempo con el desarrollo orgnico de la personalidad de
referencia. Es el propio Aristteles 'quien muestra la estrecha
relacin entre desarrollo y forma; el concepto bsico de su filo-
sola es el de la forma incorporada que vive y se desarrolla*
(Goethe). La finalidad es, ensea, conocer la forma y la entele-
quia por medio de los estadios de su desenvolvimiento. T a l es
la nica va por la que cabe intuir directamente la ley que rige
una estructura intelectual. Como dice l mismo al principio
de sus lecciones sobre los estadios preliminares de la vida pol
tica, ni aqu ni en parle alguna llegaremos a ver bien en el
interior de las cosas, a menos que las veamos realmente crecer
desde sus comienzos .
Es una de esas casi incomprensibles paradojas en que abunda
la historia del conocimiento humano el que jams hasta ahora
se haya aplicado el principio del desarrollo orgnico a su creador,
si exceptuamos unos pocos esfuerzos que, aunque apreciables,
fueron demasiado parciales y por ello no ejercieron influencia.
No hay exageracin en decir que en un tiempo en que se ha
amontonado toda una literatura sobre el desarrollo intelectual
de Platn, apenas alguien habla del de Aristteles y casi nadie
sabe nada sobre 1. La verdad es que nuestra negligencia en
aplicarle el punto de vista evolucionista ha venido a pasar
por un signo de lo que le diferencia objetivamente de Platn.
Mientras que la historia del desarrollo intelectual de este ltimo
amenaza con ir gradualmente cegndonos para el impulso cons
tructivo que constituye uno de los elementos bsicos de su pen
sar, nos hemos acostumbrado a mirar casi como una seal de
estupidez filosfica el indagar la cronologa y el desarrollo de la
doctrina de Aristteles y las fuentes de la misma. Pues, pensa
mos, la mnada, que lleva intemporalmente dentro de s el
germen de todas las particularidades, es justamente el sistema.
La principal razn de que no se haya intentado hasta ahora
estudiar el desarrollo de Aristteles es, brevemente dicho, la idea
escolstica de su filosofa como un sistema esttico de conceptos.
E L PR O BLEM A

Sus intrpretes fueron maestros consumados en su aparato dia


lctico, pero sin experiencia personal alguna de las fuerzas que
haban inspirado su mtodo de investigacin, o de su caracters
tica combinacin de sagaz y abstracta apodctica con vivaz y
orgnico sentido de la forma. El espirilualismo de Aristteles
est impregnado xle una visin intuitiva ele la realidad. El es
tricto rigor de sus demostraciones es tan slo la cadena salvadora
con que el siglo iv refrenaba sus desbordantes energas. La in
comprensin de este punto se remonta a la separacin de las
partes ms especficamente filosficas de su doctrina, la lgica y
la metafsica, con respecto a los estudios referentes a la realidad
emprica, separacin que qued consumada por los tiempos de
la tercera generacin del Perpatos. Los servicios prestados ms
tarde por la lnea de comentaristas que empieza con Andrnico
(siglo i a. c.), a quien debemos la conservacin de los tratados,
fu muy grande. Apegndose a la letra de la tradicin, sobrepa
saron con mucho a los mseros sucesores de Teofrasto y Estratn
en rigurosidad de la comprensin filosfica. Pero ni siquiera
ellos fueron capaces de restaurar el espritu original. No exista
un firme progreso de las ciencias naturales y humanas capaz de
educarles debidamente, ni por consiguiente nada de aquella fe
cunda accin recproca entre experiencia y pensamiento de que
las ideas especulativas de Aristteles haban sacado su flexibili
dad y su poder de adaptacin. Desde entonces no ha habido
solucin de continuidad en nuestra idea de Aristteles. Sin una
sola interrupcin sigue la tradicin oriental a la de los comenta
ristas, y el aristotelismo occidental al oriental. Cada uno de ellos
ejerci un efecto educativo sobre su edad que 110 puede estimarse
demasiado, pero su caracterstica peculiar es justo ese escolasti
cismo puramente conceptual que ya haba cerrado al mundo
antiguo el camino de una viviente inteligencia de Aristteles. Se
era incapaz de lomar su filosofa como el producto de su singu
lar genio operando sobre los problemas que le planteaba su edad,
y as concentr la atencin en la forma en que ella se expresaba,
sin sospechar siquiera cmo haba llegado a ser la que era. Simul
tneamente se haba perdido una de las principales fuentes para
el conocimiento de su desarrollo, los dilogos y cartas, de lo
que el nico culpable haba sido la actitud tradicional. Esta
4 A R IS T O T E L E S

haca imposible todo acceso a su personalidad V as sucedi que


el nuevo amor por la Antigedad que suscitaron los humanistas
no produjo cambio alguno en lo referente a Aristteles, singu
larmente por considerarse a ste como el prncipe del escolasti
cismo medieval, que era igualmente despreciado de todo punto
por Lutero y los humanistas. Aristteles es la nica gran figura
de la filosofa y la literatura antigua que no ha tenido jams un
renacimiento. Todos saban que era una potencia con la que
haba que contar y una de las bases del mundo moderno, pero
110 pas de ser una tradicin, si no por otras razones, por la
simple de que incluso pasados los das del Humanismo y la Re
forma siguieron los hombres necesitando an demasiado de su
contenido. Tanto Melanchthon como los jesutas edificaron
su teologa sobre la M etafsica. Maquiavelo sac sus reglas de la
Poltica y los crticos y poetas franceses las suyas de la Potica.
Moralistas y juristas se apoyaron en la Etica y todos los filsofos
hasta Kant, y an ms ac, en la lgica.
Por lo que respecta a los fillogos, lo que les impidi penetrar
hasta la forma interna del pensamiento de Aristteles, no es
tanto un inters excesivo por el contenido, cuanto el estrecho y
superficial concepto de la prosa literaria antigua que volvieron
a introducir los humanistas. Los fillogos han hecho penetran
tes estudios de los escritos conservados y tratado de fijar el
texto. Mas a la nueva sensibilidad para el estilo le resulta est
ticamente ingrato el estado de imperfeccin en que han llegado
hasta nosotros. Se les juzg, pues, con el criterio de la obra
literaria, del que constantemente se burlaban por ser enteramente
ajeno a su naturaleza. Ingenuamente se comparaba el "estilo"
de los dilogos de Platn, y el resultado era perderse de entu
siasmo por el maravilloso arte de los ltimos. Empleando toda
suerte de medios discursivos, declarando apcrifos los pasajes
perturbadores y transponiendo frases o libros enteros, trataban de
forzar a los escritos de Aristteles a entrar en la forma de manua
les legibles. L a razn de ser de esta clase de crtica era la
incomprensin de esa forma provisional, que siendo de todo
punto caracterstica de la filosofa de Aristteles, constituye el
inevitable punto de partida de toda inteligencia histrica del
mismo. Hasta en el caso de Platn ha sido frecuentemente pa-
EL P R O B LE M A

sacia por alto durante largos perodos la importancia de la


orma para la inteligencia de su peculiar manera de pensar; en
especial estn siempre propensos los filsofos especialistas y los
estudiantes de literatura a considerarla como algo literario, ca
rente de toda real significacin para Platn mismo, a pesar del
hecho de ser algo nico en la historia de la filosofa. Actual
mente, sin embargo, saben la mayora de las personas que el
estudio de la evolucin de la forma de sus escritos es una de las
principales claves para alcanzar una inteligencia filosfica de l.
Tratndose de Aristteles, siguen dedicndose, en cambio, ex
clusivamente al contenido, por la suprema razn de que suponen
que "no tiene forma alguna". La estrecha idea que de lo que
constituye la forma literaria tenan los retricos de la poca
helenstica, estuvo a punto de privarnos de los tratados, y es
efectivamente responsable de la desaparicin de los escritos de
los estoicos y epicreos. Tan pronto como abandonamos esa
idea, surge naturalmente la cuestin del desarrollo histrico,
pues es absolutamente imposible explicar el peculiar estado en
que se encuentran los escritos conservados sin hacer la suposicin
de que contienen las huellas de diferentes estadios de una evolu
cin. Un anlisis de los tratados nos conducira de suyo a la
misma conclusin, que confirman aun los fragmentos de sus
perdidas obras literarias. El principal propsito de este libro
ser, por consiguiente, mostrar por vez primera, y mediante los
fragmentos de las obras perdidas y el anlisis de los tratados
ms importantes, que en su raz hay un proceso de desarrollo.
Fu, efectivamente, partiendo de la interpretacin de estos docu
mentos, emprendida con vistas a una edicin de la M etafsica,
como surgi la presente obra. La crtica filolgica est aqu, sin
embargo, directamente al servicio de la investigacin filosfica,
pues lo que nos importa no es tan slo la condicin externa de
los escritos en cuanto tal, sino tambin lo que esta condicin nos
revela sobre la fuerza motriz del pensamiento de Aristteles.
P R IM E R A P A R T E

LA ACADEMIA
CAPTULO I

LA A C A D E M IA P O R E L T IE M P O D E LA E N T R A D A
D E A R IS T O T E L E S

Segn ll testimonio de su bigrafo, que es digno de fe, Arist


teles escribi al rey Filipo de Macedonia que haba pasado veinte
aos con Platn. Dado que fu miembro de la Academia hasta
la fecha de la muerte tlel ltimo (348/7), tiene que haber en
trado en ella durante el 368/7. Por aquel tiempo era un joven
de unos 17 aos.1 Al partir se acercaba a los cuarenta.
Estos conocidos hechos han llamado demasiado poco la aten
cin. Que un hombre de un talento tan profundamente ori
ginal haya permanecido durante un perodo tan largo bajo
la influencia de un extraordinario genio de naturaleza totalmen
te distinta, y se haya desarrollado enteramente a su sombra, es
un hecho sin paralelo en la historia de los grandes pensadores,
y quiz de todas las personalidades independientes y creadoras.
No hay signo ms seguro del poder de asimilacin de un disc
pulo, ni al mismo tiempo de lo fuerte y lo seguro de su instinto
creador, que su relacin con un gran maestro a quien dedica su
juvenil afecto. La fuerza espiritual e impersonal que opera a
travs de un maestro semejante pone en libertad, refrenndo
los, los talentos del discpulo y hace madurar a ste hasta que es
capaz de pisar sobre sus propios pies. T al fu el desarrollo inte
lectual de Aristteles. Fu su experiencia del mundo de Platn
lo que le capacit para partir hacia el suyo propio. Fu la unin
de ambos lo que di a su intelecto la maravillosa fuerza, agilidad

1 La carta se menciona en la Vita Marciana (Rose, Aristotelis Fragmenta,


p. 127, 1. 18; cf. tambin [Link]., ibid., p. 438, 1. 13, y la trad. la ti
na, p. .J43, 1. 12). La cifra 17 no aparece en el pasaje, pero se la relacion
con l por lo menos desde la poca de los bigrafos alejandrinos, cf.#Dionis.
Hal., Ep. o.d Am m .f 5 (R 72SV
20 L A ACAD EM IA

y elasticidad con que alcanz un nivel ms alto que el de Platn,


a pesar de la neta diferencia existente entre el genio ilimitado
de su maestro y la limitacin del suyo propio. Descender de
aquel nivel hubiera sido, por consiguiente, hacer girar hacia atrs
la rueda del destino.
Hasta el mismo da de hoy, se ha considerado frecuentemente
la relacin filosfica de Aristteles con Platn semejante a la
de un moderno filsofo universitario con Kant. Esto equivale
a decir que de una manera mecnica acept ciertas partes de la
doctrina de su maestro y rechaz otras. La excepcionalidad de
Platn y su modo pintoresco de filosofar dieron naturalmente
lugar a la sospecha de que Aristteles no haba acertado a enten
der a su arquetipo. Se supuso que haba pasado por alto lo que
haba en Platn de mtico, plstico e intuitivo; y que por haber
hecho caso omiso de estos fundamentales aspectos, sus crticas
parecen errar casi siempre el blanco. Siendo exclusivamente
abstractas, entraaban en realidad un trnsito a otro gnero
(fietpaots ele; aW.o yevog).
Qu acusaciones ms miopes y mezquinas! Evidente es por
ms de un pasaje que Aristteles se haba dado perfecta cuenta
de dichos rasgos del pensamiento de Platn antes de empezar a
criticarlo. Cmo sera posible que los hubiese ignorado el fun
dador de la psicologa y de su aplicacin a los procesos intelec
tuales y estticos? Fu precisamente Aristteles el primero que
caracteriz, en concisas pero expresivas palabras, los elementos
poticos y profticos que los modernos creen haber sido ls pri
meros en descubrir en Platn; y su definicin de la ndole est
tica de los dilogos es mejor que la mayora de las de los ltimos.
' Ni por un momento se imagin jams Aristteles que al exponer
las dificultades lgicas y ontolgicas de la teora de Platn haba
juzgado ni de su significacin histrica, ni del valor absoluto de
su contenido. No es necesario apoyar esta afirmacin con citas.
Es evidente de suyo para todo el que sabe que Aristteles no se
acerc a las maneras de ver de Platn con un fro espritu de
crtica, sino que empez por experimentar durante muchos aos
el hechizo de la abrumadora impresin personal que en conjunto
ejercieron sobre l.
Una cosa es, sin embargo, entender, y otra completamente dis
A L A E N T R A D A DE A R IS T O T E L E S 21

tinta querer reproducir y perpetuar en su integridad un mundo


tan complicado como el de Platn, tan complejo por sus tenden
cias intelectuales y tan individual por su forma de presentarse.
Este es el punto donde se separan el platonismo fecundo y el
infecundo. Es infecundo el cultivar una esttica e insincera
imitacin simiesca del espritu de Platn, haciendo gran ruido
con sus imgenes y expresiones favoritas. Es fecundo trabajar
sobie sus problemas; y este trabajo, que el propio Platn declara
lo ms importante, lleva necesariamente ms all de l. Es tam
bin fecundo comprender lo que tiene de unilateral nuestro
pensar moderno, inevitable y todo como ello es, oteando con
Aristteles el contraste entre nuestras ciencias y la irrecuperable
unidad del espritu de Platn. La actitud de Aristteles frente
a este problema cambi con el tiempo. Habiendo empezado por
tratar de imitar y continuar ingenuamente la manera de Platn,
acab por distinguir entre la esencia durable y la formulacin
externa, la segunda de las cuales o depende de accidentes de la
edad, o es algo nico y, por ende, inimitable. Entonces trat de
separar la forma conservando la esencia. De ser una forma per
fecta vino la filosofa platnica a ser para l la materia o 5Xr) con
que hacer algo nuevo y ms alto. Haba aceptado las doctrinas
de Platn con toda su alma, y el esfuerzo hecho para descubrir
su propia relacin con ellas llen su vida entera y es la clave del
desarrollo de su espritu. Es posible distinguir un progreso gra
dual, en cuyos diversos estadios podemos percibir claramente
el despliegue de su propia naturaleza esencial. Hasta sus ltimas
producciones conservan algn vestigio del espritu platnico, aun
que ms dbil que los que se encuentran en las primeras. Su
propia idea de desarrollo puede aplicrsele: por fuerte que sea
la individualidad de la materia , la nueva forma acaba por
vencer su resistencia. La forma crece hasta que ha configurado
la materia desde dentro de acuerdo con su propia ley, e impuesto
su propia configuracin sobre ella. Exactamente como la trage
dia alcanza su especial naturaleza propia (Sa^e xr\v airtrfe (paiv)
"partiendo del ditirambo y llevando a ste a travs de varias
formas, as Aristteles se hizo a s mismo partiendo de la filosofa
platnica. La historia del desarrollo de su espritu y el orden
de los documentos probatorios puede determinarse con certeza
22 LA ACAD EM IA

representa una escala precisa de progreso gradual en tal direccin,


aunque en algunas materias nunca fue ms all de un compro
miso. En tales materias le entendieron con suma frecuencia sus
discpulos mejor de lo que l se haba entendido a s mismo, es
decir, elim inaron el elemento platnico que haba en l y tra
taron de conservar exclusivamente lo que era puro Aristteles.
El Aristteles especfico tan slo es, sin embargo, la mitad del
Aristteles real. Es lo que 110 acertaron a comprender sus disc
pulos, pero l mismo siempre fu consciente de ello.
La Academia en que entr Aristteles en haca mucho
que no era la del tiempo del Sim posio, alrededor de cuya mesa
haba imaginado Platn en la pleamar de su entusiasmo reunidos
a los prncipes del arte y de la ciencia y a los representantes de
la juventud helnica, para or de los labios de la profetisa el
gran misterio del nacimiento del intelecto salido del seno de
Eros. Haca mucho que la esencia de la filosofa de Platn haba
dejado de residir en la figura creada por l en sus primeras obras,
la figura central del filsofo Scrates. En contenido y mtodo
hallbase entonces muy ms all del campo de los problemas
socrticos. Fu solamente por medio de la lectura, y no de la
viva presencia del espritu socrtico en la Academia de la dcada
del 370 al 360 como Aristteles aprendi lo que haba significado
Scrates para Platn y sus primeros discpulos. El Fe don v el
(orgias, la R epblica y el Simposio eran entonces los testimo
nios va clsicos de un captulo cerrado en la vida del maestro, v
descollaban por encima de las afanosas actividades de la escuela
como dioses inmviles. A buen seguro que todo aquel a quien
estos dilogos trajeran desde lugares distantes a gozar de la pre
sencia real de Platn se quedara sorprendido de no encontrar va
celebrados los misterios entre los filsofos. Ciertamente que irra
diaban una lucr/a revolucionaria v una nueva gravedad, v que
stas las encontr Aristteles tambin en la Academia: pero sus
clsicas doctrinas sobre las Ideas, sobre la unidad y la m ultipli
cidad, sobre el placer y el dolor, sobre el estado, sobre el alma v
la virtud, no eran en absoluto inviolables santuarios en las dis
cusiones de los estudiantes. Estas doctrinas eran objeto de un
constante examen, defensa y modificacin, a la luz de penetrantes
distinciones y laboriosos escrutinios de su valide/ lgica. El rasgo
A L A E N T R A D A DE A R IS T O T E L E S

distintivo era que los estudiantes mismos lomaban parte en el


comn esfuerzo. Las imgenes y los mitos de los dilogos seguan
siendo la obra ms caracterstica e irreproducible de Platn; mas,
por otra parte, la discusin de conceptos vino a ser el principio
esencial de la Academia juntamente con la tendencia religiosa de
la escuela. Eran estos los dos nicos elementos transfer bles del
pensamiento de Platn, en quien iban preponderando tanto ms
sobre el lado artstico de su naturaleza cuantos ms estudiantes
atraa. Siempre que las antagnicas fuerzas de la poesa y la
dialctica se mezclan en un mismo espritu, es natural que
la primera sea progresivamente sofocada por la ltima, pero en
el caso de Platn arrastrbale la escuela irresistiblemente en esa
direccin.
El sesgo del espritu de Aristteles qued decidido por el
hecho de haber entrado en la Academia justo cuando estaba
empezando a desarrollarse este importante cambio, el desenvol
vimiento de la dialc tica del ltimo perodo de Platn. Gracias
a los recientes progresos de la investigacin podemos seguir el
proceso con cronolgica precisin en los grandes dilogos meto
dolgicos escritos por Platn durante aquellos aos, el Tccteto,
el Sofista, el Poltico, el Parrnnides y el Filebo. El primer di
logo del grupo, el Teeteto, se escribi poco despus de la muerte
en 369 del lamoso matemtico cuya memoria honra.- T a l es lo
ms caracterstico de Ja Academia por el tiempo de la entrada
de Aristteles, ya que en l y los dilogos siguientes (el Sofista

2 Sobre las razones externas de esta fecha cf. los concluyentes argumentos
de Eva Sachs, I)e Theaeteto Athejiiensi Mathematico, Berln, KJ14, pp. 1 8 ss.
La principal prueba procede, naturalmente, de los anlisis estilstico y filo
sfico del dilogo, que confirman ambos los argumentos externos a favor de
la fecha tarda. El Sofista, que es el desarrollo positivo del problema del
Teeteto, contina el plan de este, como hace tambin el P oltico; nadie
considera hoy el Sofista como un dilogo elemental' de los comienzos de
la ca era de Platn, segn haca Zellcr y los que le precedieron. Las fu n
damentales investigaciones de Campbell tardaron algn tiempo en penetrar
en Alemania, pero desde entonces las han confirmado en todas sus partes
las investigaciones posteriores. El toque final lo ha dado la historia del
desarrollo de la dialctica de Platn, (pie es lina adicin tarda; cf. especial
mente los Studien zur Enlw icklung d a platotilschen Dialektih, de J. Stenzel
(Rreslau, 1917), a los que debo mucho.
24 LA A C AD EM IA

v el Poltico) empieza la obra de la escuela, que haba quedado


casi oculta en los escritos del perodo clsico, a arrastrar a su
servicio la entera actividad literaria de Platn, dejando as una
pintura de s misma a la que no falta nign rasgo esencial.3
Para entender a Aristteles y su relacin con Platn es impor
tante no partir de la vaga idea de Platn como un todo, sino
reemplazarla por el concepto preciso de su ltimo perodo, el
perodo abstracto y metodolgico que comen/. por el 369. Este
di a Aristteles una direccin definida y le abri un campo de
trabajo adecuado a su talento particular.
El pensamiento socrtico siempre se haba mantenido cercano
a la vida real y el primer Platn haba sido un reformador y un
artista. En contraste con esto, era el de Aristteles un pensa
miento abstracto, y su actitud la del puro hombre de ciencia.
Pero estos rasgos no eran de su propiedad privada; eran comunes
a la Academia entera durante el tiempo en que perteneci a ella.
En el Teeteto tenemos la apoteosis del filsofo antisocrtico de
los ltimos das de Platn. El mecanismo del dilogo encomienda
el dibujo del tipo a Scrates, pero el retrato que traza no se
parece nada a l, si hacemos caso de su propia y fidedigna carac
terizacin en la A pologa, sino al prisionero de la matemtica;
y patente es que a precisar sus rasgos ayud el nuevo concepto de
la vida teortica . Scrates se haba ocupado exclusivamente con
el hombre y 110 con lo que existe en el cielo v bajo tierra. El
Teeteto, en cambio, habla del alma filosfica como de un alma
que geometriza y astronomiza .4 Es un alma indiferente a lo
que est a mano; que desprecia precisamente las actividades
prcticas que haban llenado las vidas de los oyentes favoritos de
Scrates; y que se cierne en las alturas, segn la solemne cita
de Pndaro.

3 Desde la aparicin de la edicin alemana de este libro ha tratado


Friedrich Solmsen de determinar ms exactamente hasta qu punto coincide
el cuadro que presentan los dilogos dialcticos con las efectivas actividades
filosficas de la Academia y hasta qu punto se queda a distancia de ellas.
Cf. su libro "D ie Entwicklung der aristotelischen Logik und Rhetorik
(N eue Philologische Untersuchungen, ed. por Werner Jaeger, vol. v, Ber
ln, 1929), p. 40. Sus observaciones constituyen un valioso complemento de
lo dicho ms arriba. 4 Teet., 173 E-.174 a .
A LA E N T R A D A DE A R IS T O T E L E S *5

El Teeteto hace una inequvoca referencia a la prxima apa


ricin del Parmnides. Este ltimo se escribi, con bastante
seguridad, antes de las continuaciones del primero, el Sofista y
el Poltico; por consiguiente, estaba probablemente acabado al
entrar Aristteles en la escuela, o no puede en ningn caso ser
muy posterior. Quienes insinan que fu Aristteles el autor de
las objeciones que hace este dilogo a la teora de las Ideas,
hacen la improbable suposicin de que tomara la iniciativa de
una actitud revolucionaria cuando an era extremadamente jo
ven y acababa de entrar en el grupo. El dilogo muestra que ya
antes de Aristteles haba ido lejos la Academia en la crtica del
hbrido carcter de las Ideas, a medias sustancias y a medias
abstracciones. No poda pasar mucho tiempo sin que se separa
sen ambas cosas. Platn mismo pensaba realmente ser capaz de
superar las dificultades; sin embargo, prepar el camino para lo
que sobrevino, al reconocer justo en principio el llevar a cabo
un laborioso examen lgico y ontolgico de las Ideas, como el
que se hace en este dilogo y en los posteriores. Las especula
ciones de Aristteles no pueden ponerse en relacin con el Fedn
o la R e p b lica , ni con la teora de las Ideas tal como se presenta
en ellos.
En el Teeteto son Teeteto y Teodoro tipos opuestos. El uno
representa la joven generacin de matemticos, interesados por
la filosofa; el otro, la vieja, que no quiere saber de ella, aunque
son expertos en su propia materia. No fu accidental que las
relaciones de Platn con famosos matemticos encontraran su
expresin en un dilogo justamente por aquel tiempo. Por el
ao 367 Eudoxo de Czico traslad su escuela a Atenas, a fin
de discutir con Platn y sus secuaces los problemas que intere
saban a ambas partes.5
El acontecimiento llam fuertemente la atencin, y desde

- 6 La conjetura de Tannery (Histoire de Vastronomie, p. 296, n. 4) resulta


confirmada por la Vita (Rose, p. 429, 1. 1), segn la cual Aristteles entr
en la Academia bajo Eudoxo . Alguno de los autores de extractos debe de
haber entendido mal la afirmacin y tom a Eudoxo por un arconte. Lo que
su autoridad le deca era simplemente que la entrada de Aristteles haba
coincidido con la presencia de Eudoxo. Cf. Eva Sachs (que sigue a F. Jacoby),
op. d t., p. 17, n. 2.
26 L A A C AD EM IA

aquel momento encontramos constantemente a miembros de


aquella escuela de matemticos y astrnomos en comunicacin
con la Academia. Ejemplos de ello son Helicn y Ateneo. Ya
en la R ep blica podemos observar los efectos del descubrimiento
de la geometra del espacio por Teeteto. Desde su trato con
Eudoxo tomaron Platn y sus secuaces un gran inters por los
ensayos hechos por la escuela de Gzico para explicar los movi
mientos irregulares de los planetas mediante simples suposiciones
matemticas. Pero no fu sta la nica manera en que los estimu
l Eudoxo. Ensanch enormemente sus conocimientos de geo
grafa y de la cultura humana, aportando precisas informaciones
de Asia y de Egipto y describiendo a base de su extensa expe
riencia personal la situacin de la astronoma en aquellos terri
torios. Tambin fu importante su contribucin a las cuestiones
ticas. El problema de la naturaleza y significacin del placer y
el dolor, que haba de ser tan cntrico en la tica de Aristteles,
condujo en la Academia a un gran debate durante los ltimos
aos de Platn. Jencrates, ^speusipo y Aristteles participaron
en l con sendas obras D el Placer; Platn particip con el F ileb o .
Muchos aos despus an hablaba Aristteles, que haba conoci
do a Eudoxo en los comienzos mismos de su propia estancia en
la Academia, con verdadero calor de su impresin personal, al
recordar los estmulos debidos a Eudoxo. Tambin ste suscit
dificultades acerca de las Ideas y sugiri una modificacin de la
teora.0
En todos los campos haba empezado la escuela de Platn a
atraer cada vez ms extranjeros, de los ms diversos tipos. Sus
viajes haban puesto a Platn en estrecho contacto con los pita
gricos reunidos en Tarento en torno a Arquitas. La influencia
de stos llegaba hasta Sicilia, y en Sicilia floreca por el mismo

6 Sobre el carcter de Eudoxo y su teora del placer segn Aristteles,


cf. Et. N ic ., X , 2. Sobre la nueva formulacin de la teora de las Ideas pro
puesta por el primero, cf. M e t a f A 9. 991a 17; y con mayor extensin en
el segundo libro De las Ideas (Rose, frg. 189), conservado por Alejandro en su
comentario del pasaje. Eudoxo propone ver en la participacin la inm a
nencia de las Ideas a las cosas, a lo que se opone Aristteles con toda
energa. Que la participacin era el problema ms debatido en aquel m o
mento, resulta claro por los ltimos dilogos de Platn.
A L A E N T R A D A DE A R IS T O T E L E S 27

tiempo la escuela mdica de Filistin. Platn debe de haber


tenido relaciones con Filistin. El autor de la apcrifa carta
segunda parece saber que Platn visit a Filistin y hasta, al
parecer, que este ltimo fu invitado a ir a Atenas. Si no Filis
tin mismo, es en todo caso un efectivo miembro de su escuela
el personaje oculto tras del annimo doctor siciliano que se
impacienta ante las sutilezas lgicas de la Academia, segn lo
pinta un poeta cmico contemporneo.7 Dicho sea de paso, este
caso muestra que aunque Platn estaba acostumbrado a cambiar
ideas con especialistas de todos los campos, el frecuente resultado
se reduca simplemente a poner de manifiesto el abismo infran
queable existente entre la ciencia jnica o siciliana y lo que l
entenda por la misma palabra. El hecho de que haga un abun
dante uso de las ltimas investigaciones en materia de medicina,
matemticas y astronoma para construir su relato de la creacin
en el T im eo, no debe cegarnos para la forma personal con que
maneja este material.
La Academia de los ltimos das de Platn andaba, en efecto,
a vueltas con una gran masa de material, y no cabe duda de que
tal ambiente hizo posible a un Aristteles aprender por sus

7 Epcrates, frg. 287 (Rock). Cf. tambin M. Wellmann, Fragmente der


sikelischen Aerzte (Berln, 1901), p. 68, y mi artculo Das Pneuma im
Lykeion , H erm cs, [Link]. p. 5 1. n. 3. En las ediciones anteriores de este
libro, segua yo an la teora de Wellmann. que hasta hace poco aceptaban
en general los cultivadores de la filologa clsica y los historiadores de la
medicina griega, la teora de que tambin Diocles de Caristo (en la isla
de Eubea), el famoso escritor mdico a quien los antiguos solan llam ar el
segundo Hipcrates , perteneca a la escuela siciliana de medicina, y deba
de ser un lazo de unin entre Filistin y Platn. Desde entonces publiqu
mi libro Dioklcs von Karystos, en que pruebo que este gran representante
de la medicina posthipocrtica vivi mucho ms tarde de lo que haban
supuesto los investigadores, debiendo ponerse su floruit por el ao 300 a. c.
En mi libro reno fuertes pruebas de que Diocles era un miembro de la
escuela de Aristteles, cuya terminologa y pensamiento reflejan los frag
mentos conservados de Diocles. Como convincente ejemplo de la influencia
de Aristteles sobre la ciencia de sus das, pertenece Diocles al captulo de
este libro que trata de la organizacin de las ciencias en la escuela peripat
tica. Cf. el breve resumen de los resultados de mi libro que doy en mi artculo
'Diocles de Caristo, un nuevo discpulo de Aristteles , agregado como apn
dice a esta traduccin espaola.
28 L A AC A D EM IA

propios medios la significacin de los hechos empricos, que


llegaron a formar una parte tan importante de sus propias in
vestigaciones. Pero la costumbre generalizada hoy de hablar de
una organizacin de las ciencias en la Academia es un puro
error.8 Las modernas academias y universidades no pueden ver
en Platn a su modelo. La idea de una unidad sistemtica de
todas las ciencias le fu totalmente extraa, y ms an su reali
zacin en una organizacin enciclopdica de todas las materias
con fines de enseanza e investigacin. Medicina, matemtica,
astronoma, geografa y antropologa, el sistema entero de las
ciencias histricas y el de las artes retrica y dialctica, para no
hablar sino de los principales canales por donde discurri el
pensamiento griego, surgieron cada cual por s, aunque a veces
se juntaran varios de ellos en una persona, y sigui cada cual,
imperturbable, su propio camino. A un Teodoro o un Teeteto
es habra parecido una idea realmente extraa la de combinar
en un sistema cientfico universal su matemtica y las inves
tigaciones sobre la cultura o la arqueologa griega que hadan
algunos sofistas. Tambin andaban por su lado los mdicos.
Demcrito y tras l Eudoxo, anticipacin hasta cierto punto del
tipo representado por Aristteles, son fenmenos anormales. Eu
doxo era maravillosamente multiforme. A la matemtica y la
astronoma sumaba la geografa, la antropologa, la medicina y
la filosofa, siendo creador l mismo en los cuatro primeros
campos.
Platn se interesaba exclusivamente por el Ser . Si quere
mos darle su lugar en la historia del pensamiento griego, debe
mos decir que es uno de los representantes de la especulacin
sobre la sustancia (oxra). Con su teora de las Ideas le di un
nuevo giro; en realidad, le devolvi la vida. Partiendo de las
Ideas e interesndose solamente por la unidad y lo suprasensible,
empieza por no tocar en punto alguno la multiplicidad del mun
do emprico. Sus indagaciones se desvan de los fenmenos para
dirigirse a algo ms alto . Las forzosas exigencias de su especu-

8 Generalizada desde el ahora famoso artculo de H. Usener en el vel. 53


(1884) de los Preussische Jahrbiicher, reimpreso en Vortrage und Aufsatzc,
p. 69.
A L A E N T R A D A DE A R IS T O T E L E S 29

lar sobre conceptos tenan que conducirle a desarrollar el mtodo


de la divisin, que ms tarde result de tan enorme importancia
para el intento aristotlico de hacer un estudio emprico de las
plantas y los animales, as como del mundo del espritu. Pero
Platn mismo no se interes por reducir los individuos a un
sistema. Yacan stos por debajo del reino de las Ideas; y siendo
literalmente infinitos (cbieipov), eran incognoscibles. Su concep
to del individuo (atojAov) era el de la Forma nfima, que ya no
es divisible y reside en el lmite de los fenmenos y la ciencia y
realidad platnicas. Las muchas clasificaciones de plantas, etc.,
de que habla Epcrates y que se consideraban en general como
la ocupacin peculiar y ms caracterstica de la Academia (has
ta la grande obra Semejanzas de Espeusipo no trataban evidente
mente de otra cosa), no se llevaban a cabo por obra de un inters
por los objetos mismos, sino a fin de aprender las relaciones lgi
cas entre los conceptos; es lo que prueba la gran cantidad de
libros producidos por la escuela en aquel tiempo con el ttulo
de Clasificaciones. Al clasificar plantas no aspiraban los miem
bros de la escuela a crear un verdadero sistema botnico en
mayor grado de aqul en que aspira Platn, en el Sofista, a hacer
un estudio histrico de los efectivos solistas.9
En el fragmento citado anteriormente no quiere decir Epcrates que
los platnicos llevaran a cabo estudios botnicos con un espritu positivo.
L o que ridiculiza es su entusiasmo por clasificar, que los llev a considerar
las relaciones entre los conceptos ms importantes qu las cosas mismas.
Estaban definiendo el mundo de la naturaleza y dividiendo la vida (fJov)
de los animales y la naturaleza de los rboles y las especies de los vegetales;
y entre estas ltimas estaban examinando cul es la especie de la calabaza/

II fq y q qjvocd; <pOQi<>M,evoi
&lFX()Q loV <(J0V TE |3 )V
v8ocov te pvmv Xaxoivv xe
X&X* Iv xotoic: TTJV XO?vOX\Wrr|V
?n'ycaov xvps ax y^vov^-

Aqu f}(o no significa las costumbres de los animales, que se diran ftaixa.
Es lo mismo que "naturaleza y gnero , y stos son realmente trminos de
la dialctica de Platn, como lo son definicin , divisin y examen
de los conceptos. Los fragmentos de los "O noia de Espeusipo los ha reunido
P. Lang, D e Speusippi Academici scriptis (Bonn, 19 11, tesis). Ya el ttulo
indica cul era la finalidad del libro.
LA A C AD EM IA

No hay gran distancia desde semejantes clasificaciones de lo


real hasta la idea de una sola ciencia que abrace tantos sectores
cientficos cuantos son los sectores de la realidad (ov). Y aunque
la articulacin de las ciencias positivas no se efectu hasta que
la idea aristotlica de realidad reemplaz al ser trascendental de
Platn,10 siempre sigue siendo un hecho digno de nota el de que
la idea de una sistematizacin de las ciencias especiales, cada
una de las cuales haba surgido independientemente, fuese una
consecuencia de la filosofa tica de los conceptos y de su entu
siasmo por la clasificacin. Es ya demasiado tarde para apreciar
las ventajas y desventajas de haber llevado a cabo tal sistemati
zacin en detalle. Cabe presumir que fueron bastante numerosas
unas y otras. En ninguno de los perodos de verdadero floreci
miento de la investigacin penetr ntegramente todas las cien
cias el espritu general de una determinada filosofa; y es natu
ral, puesto que cada ciencia tiene su propio espritu y sus propios
principios. Unicamente bajo la influencia de naturalezas duales,
o all donde la filosofa tom por guas a hombres de ciencia
lamosos, que le imbuyeron el espritu de ramas especiales de
investigacin, tuvo lugar una penetracin parcial. Aristteles,
Leibniz y Hegel, tipos muy diferentes, son los ejemplos ms im
portantes.
Platn tena cierto conocimiento especializado de las cuestio
nes matemticas, que le permiti seguir los importantes descu
brimientos de la ciencia de su tiempo. Tambin se interesaba
por la astronoma hasta donde poda sta tratarse entonces mate
mticamente. En la ltima parte de su vida se dedic seriamente
a la fsica de los elementos, en la esperanza de llegar a ser capaz
de deducir matemticamente las diferencias cualitativas entre los
llamados elementos de Empdocles, que miraba como simples
fases. Fuera de esto, su inters por los fenmenos se reduca a la
esfera de la medicina11 y a la de la tica y poltica. En esta
10 Hay tantas partes de la filosofa como clases de sustancias , Arist.,
Metaf., r 2, 1004a 2.
11 Cf. ahora, sobre el inters de Platn por la medicina como un modelo
metdico para la filosofa, mi libro Paideia, Los Ideales de la Cultura GriV-
ga, vol. 3 (Mxico, 1945), pp. 34 ss. En el segundo volumen de la misma obra
(Mxico, 1944) he aplicado sistemticamente las indicaciones de Platn en
A LA E N T R A D A DE A R IS T O T E L E S 31

ltima recogi, especialmente para las Leyes, un extenso material


de derecho penal e historia de la civilizacin. Fu, pues, durafite
el perodo en que Aristteles perteneci a la escuela como miem
bro, cuando Platn volvi su atencin a las cosas particulares,
y el estmulo que su coleccin de nuevos materiales histricos y
polticos represent para Aristteles resulta claro por las nume
rosas coincidencias entre las Leyes y la Poltica. Por otro lado,
Aristteles careca del temperamento y de la capacidad necesaria
para cuanto fuese ms que un trato elemental con la principal
preocupacin-de la Academia, la matemtica; mientras que la
Academia, por el contrario, no poda estimularle en el campo de
la ciencia biolgica, en que resida su verdadero y propio genio.
De acuerdo con ste como estaba, y fecunda como fu la
experiencia juvenil que Aristteles hizo del proceder riguroso y
metdico de las diversas ciencias, la impresin hecha sobre l
por la personalidad de Platn fu la ms fuerte de todas. Platn
oteaba todas aquellas frtiles llanuras desde la alta cima de su
propio espritu creador e ntima visin, y Aristteles fu entera
mente presa de l.
No es aqu nuestro propsito discutir la influencia de la
personalidad de Platn sobre sus contemporneos, ni traducir a
una frmula su posicin en la historia del conocimiento, aun
que para un hombre como Aristteles fuese naturalmente esta
ltima cuestin el meollo de toda su actitud respecto a l. Los
elementos de que surgi su obra no comprendan ni la iatOQa
(indagacin) jnica, ni la Ilustracin racionalizante de los sofis
tas, aunque estas dos cosas constituyesen juntamente, a pesar de
su disparidad, las formas del conocimiento por excelencia a la
sazn. El primero de los verdaderos elementos era 1) la phrnesis
o sabidura de Scrates, que presentaba slo una semejanza super
ficial con el racionalismo de los sofistas, pero que esencialmente
estaba arraigada en el reino de una conciencia tica de normas

este respecto a la interpretacin de sus obras. E11 el Gorgias, donde desarrolla


por prim era vez su concepto de la filosofa como una techne que se cuida
del alma hum ana , explica esta idea por la analoga con la medicina, la
" techne que se cuida del cuerpo . Un paralelo completo de medicina y
filosofa se hace en la R ep blica , cuya composicin y mtodo estn determ i
nados en amplia medida por esta analoga.
3* LA AC A D EM IA

absolutas, no descubierto hasta entonces por la ciencia ni la filo


sofea griega, y que requera un concepto nuevo y supraemprico
de la intuicin intelectual. El segundo y el tercer elementos,
tambin extraos al pensamiento de la poca* eran dos adiciones
nuevas a la filosofa socrtica, productos de dar a la phriiesis
un objeto suprasensible y de hacer de ste una forma". Tales
eran 2) la Idea, resultado de un largo proceso de desarrollo visual
y esttico del espritu griego, y 3) el estudio, descuidado durante
largo tiempo, de la ovaa o sustancia, al que proporcion Platn
un nuevo material con el problema de la unidad y la pluralidad,
y un contenido viviente y tangible con la invencin de las Ideas.
El ltimo elemento era 4) el dualismo del mito rfico del alma,
a aceptar el cual le inclinaba toda su idiosincrasia, y que regado
por su fuerte imaginacin, ech firmes races en la nueva con
cepcin del ser.
Bien mirados estos cuatro elementos, no es difcil suponer que
haran sobre las personas de una cultura corriente la impresin
de una mezcla de poeta, reformador, pensador crtico y profeta.
(El rigor con que se impuso a s mismo su nuevo mtodo no
habra alterado en un principio esta impresin.) No es sorpixm-
dente, pues, que en vista del abismo existente entre l y el resto
entero de la ciencia, tanto antigua como moderna, se le haya
tachado de mstico y expulsado de la historia del pensamiento.
Pero si tan sencilla solucin fuese acertada, sera bastante difcil
de entender por qu ha tenido tan gran influencia sobre los
destinos del conocimiento humano; y el hecho de ser el sol en
torno al cual giraban personalidades como las de Teeteto, Eu
doxo y Aristteles, es decir, los adelantados de ms talento en el
campo de la investigacin cientfica que produjo el siglo iv, es
bastante para condenar la filosofa barata cuya idea de la com
plejidad de las corrientes de la vida intelectual es tan inadecua
da, que querra borrar de la historia del conocimiento al ms
revolucionario de todos los filsofos, por no haber descubierto
simplemente nuevos hechos, sino tambin nuevas dimensiones.
Aristteles vi tan claramente como Eudoxo que Platn haba
soldado en su obra filosfica descubrimientos cientficos, ele
mentos mticos y misteriosos reinos del espritu en que no haba
penetrado jams la mirada del conocimiento. Esta soldadura no
A L A E N T R A D A D E A R IS T O T E L E S 33

era en modo alguno el simple resultado de las inclinaciones


subjetivas del creador; era la consecuencia necesaria de la situa
cin histrica, cuyos elementos analiz ms tarde Aristteles con
una profunda comprensin tanto de la creacin como del creador.
En un principio, no obstante, se abandon sin reservas a aquel
incomparable e indivisible mundo, como lo muestran los frag
mentos de sus primeros escritos, y fueron precisamente los
elementos no cientficos de la filosofa de Platn, esta es, sus
partes metafsicas y religiosas, lo que dej la huella ms dura
dera en su espritu. Aristteles ha de haber sido inslitamente
sensible para tales impresiones. Fu el conflicto entre stas y sus
propias tendencias cientficas y metdicas lo que suscit ms
tarde la mayora de sus problemas; y la fuerza de las impresiones
queda bellamente demostrada por el hecho de no haberlas sacri
ficado nunca, a pesar de haber ido en materia cientfica ms
all de Platn en todos los puntos. En Platn busc y encontr
un hombre que le guiara hasta una nueva vida, exactamente
como en su dilogo N erinto presenta al sehcillo labrador de
Corinto cautivado por el Gorgias hasta el punto de dejar su ara
do por buscar y seguir al maestro.
Platn explica en su carta sptima las relaciones entre cono
cer el bien y perseguirlo. El conocimiento que segn Scrates
hace buenos a los hombres y el llamado comnmente conoci
miento cientfico son distintos. El primero es creador y slo
puede ser alcanzado por almas que tengan una fundamental
afinidad con el objeto que se trata de conocer, o sea, con lo
bueno, lo justo y lo bello. No hay nada a que se haya opuesto
Platn ms apasionadamente hasta el trmino mismo de su vida
que a la afirmacin de que el alma puede conocer lo que es
justo sin ser justa.12 Esto, y no la sistematizacin del conoci
miento, fu su finalidad al fundar la Academia y sigui sindolo
hasta el fin, como muestra esta carta, escrita en su senectud.
Hgase una comunin (aurv) de elegidos, de aquellos que, una
vez que sus almas han crecido en la atmsfera del bien, son
capaces, en virtud de sus superiores dotes, de participar al cabo
en el conocimiento que es como luz que proyecta u n vivo

12 Carta V II, 344 a.


34 L A AC A D EM IA

fuego . A l le parece, dice Platn, que la busca de este cono


cimiento no es cosa para la masa de los humanos, sino slo para
los pocos a quienes una ligera seal basta para que lo encuentren
por s mismos.13

13 Ibid., 341, c -e .
CAPTULO II

P R IM E R A S O B R A S

A r i s t t e l e s e s c r i b i una serie de obras en forma de dilogo.


Los fragmentos que de ellas quedan no estn tan estudiados
como deban, en parte porque es ms grato dejar a los fillogos
un trabajo tan enojoso, pero tambin debido a la conviccin,
siempre imperante en la escuela peripattica, de que al verda
dero Aristteles hay que buscarlo en los tratados. Pero incluso
si deseamos entender solamente los tratados, pueden ensearnos
muchas cosas los fragmentos de los dilogos perdidos. Aunque
no supisemos nada ms acerca de la relacin entre las dos clases
de escritos, resulta de suma importancia ser capaz de precisar
que los dilogos, modelados sobre los de Platn, pertenecen casi
ntegramente a los primeros aos de Aristteles, y que ste aban
don prcticamente en su ltimo perodo la actividad literaria
(puesto que los tratados se reducen a ser las bases escritas de sus
vastas actividades como profesor y conferenciante). Hay, en efec
to, excepciones a esta afirmacin. A lejandro o De la Colonizacin
debe de haber sido, a juzgar por el ttulo, un dilogo del momen
to en que la poltica racial de Alejandro en Asia indujo a Arist
teles a hacer pblica su desaprobacin ante el mundo de lengua
griega. El rezagado que es este dilogo tuvo, por tanto, una
especial razn de ser en la posicin poltica de Aristteles. M uta-
tis mutandis, lo mismo pasa con la coleccin de 158 Constitu
ciones, destinadas a la publicidad y escritas en un estilo vivo y
claro, como podemos ver por el de la Constitucin de Atenas.
A pesar de estas excepciones, sigue siendo exacto decir que en el
curso de su desarrollo intelectual cambi radicalmente Aristte
les de ideas en punto a la necesidad de presentar la ciencia en
forma literaria y a la relacin entre la obra literaria y la verda
deramente creadora.
36 LA ACAD EM IA

En Platn era el impulso creador el original y primario.


Platn no escriba para exponer el contenido de su doctrina. Su
deseo era presentar al filsofo en el dramtico instante de buscar
y encontrar, y hacer visible la duda y el conflicto; y esto, no
como una mera operacin intelectual, sino como una lucha con
tra la pseudociencia, el poder poltico, la sociedad y su propio
corazn; pues el espritu de la filosofa de Platn chocaba nece
sariamente con todas estas fuerzas. Con arreglo a su manera
personal de verla, no es la filosofa una esfera de descubrimien
tos teorticos, sino una reorganizacin de todos los elementos
fundamentales de la vida. Vase, por ejemplo, el paradjico re
trato del filsofo en el Teeteto, o el duelo entre el Scrates del
Gorgias y Calicles, que defiende la idea egosta del estado y de
la sociedad, para la que tener el poder es tener la razn. Estos
dilogos no tienen de comn ms que el nombre con las con
versaciones didcticas de Giordano Bruno, Hume o Schopen-
hauer. Platn escribe la tragedia del filsofo. A diferencia de
sus imitadores, jams se limit a presentar diferencias teorticas
de opinin bajo un barniz estilstico.
El Teeteto, que es contemporneo de la entrada de Arist
teles en la Academia, es el primero de un grupo de dilogos ra
dicalmente diferentes de los anteriores as por su forma como por
su contenido; y preludia el desplazamiento de los principales
intereses filosficos de Platn a los estudios metodolgicos, ana
lticos y abstractos.1 En este grupo queda el equilibrio entre los
elementos estticos del espritu de Platn y los filosficos des
truido en favor de los ltimos. Las disonancias, claramente
perceptibles para los odos finos, empiezan a aparecer en el
Teeteto. No se deben tanto a la falta de pulimento externo en la
forma, cuanto a la conquista del impulso dramtico de Platn
por su inters abstracto por el mtodo, al perseguir sin solucin

1 J. Stenzel lu sido el primero en dar cabal cuenta de la relacin entre


el desarrollo filosfico de Platn y su forma. Vase su discurso Literarischc
Forra und philosophischer Gehalt des platonischen Dialogs , Jahresbcricht
d . Schlesischen Gesellschaft f r vatert. K u ltu r, 1916; reimpreso en Studien
zur Entwicklungsgcschichte der platonischen Dialektik, etc., Breslau, 1917,
pp. 123 s.f. Sobre los ltimos dilogos vase el captulo Die neue Metho-
dc\ pp. 15 w.
P R IM E R A S O BRAS 37

de continuidad una sola cuestin a lo largo de toda una trayec


toria. Cabe, en rigor, encontrar al dramaturgo Platn incluso
aqu, en la medida en que es capaz de poner de manifiesto una
peripecia y una complicacin incluso en el desarrollo de ideas
abstractas y metodolgicas. Mas a pesar de lo artsticamente tra
bajado de su construccin, resulta significativo que precisamente
este dilogo parezca a la mayora de los filsofos modernos el
mayor esfuerzo filosfico" de Platn. Es de hecho casi un trata
do, positivo aunque crtico; y no es casualidad que en la intro
duccin se refiera Platn a su anterior mtodo de escribir dilo
gos, y anuncie simplificaciones cuyo fin ser dar mayor exactitud
y lucidez cientficas a la exposicin.2
El Sofista y el Poltico muestran ms claramente an las di
ficultades que encuentra ahora Platn en la forma dialogada.
La aplicacin del mtodo de la divisin a un concepto particu
lar, bajando paso a paso de lo universal a lo particular, es un
procedimiento tan montono y poco dramtico, que al comienzo
del Sofista se ve obligado el dirigente de la discusin a decir a sus
interlocutores que no le interrumpan con demasiada frecuencia,
.o que sera preferible que prestasen odo a un discurso seguido.3
sto equivale a abandonar abiertamente el mtodo "obsttrico"
de discusin de Scrates, y a anunciar que en adelante no ser
la forma dialogada nada ms que un inesencial adorno estils
tico. No son excepciones el Tim eo ni el Fileb o; lo que de dilogo
- 2 T e e t 143 b . El Teeteto conserva la forma externa de un dilogo socr
tico y hace frecuentemente referencia expresa a la mayutica de Scrates.
JP tro esta misma reflexin sobre la naturaleza y lmites del mtodo socrtico,
consciente de s y enrgicamente destacada, muestra que Platn se sirve de
propsito ahora de la vieja forma del contrainterrogatorio (IXevxo?) sim ple
mente para poner en claro los fundamentos de la cuestin de la definicin
del conocimiento. Exactamente seala Stenzel la estrecha conexin entre el
Teeteto y el Sofista; este ltimo resuelve el problema planteado por el ante
rior, sin servirse de la mayutica . Cf. las palabras finales de Scrates en
d Teet., * 10 c: He aqu los lmites de mi arte; no puedo ir ms lejos/'
a S o f s i 7 d . Verdad es que los interlocutores siguen haciendo observa
cin tras observacin (frtog Jtpos Ijco?), dndose por supuesto que el que
responda dir siempre que s; pero esto es algo totalmente distinto de la
antigua conversacin obsttrica , por preguntas y respuestas , en que el
que pregunta no adelanta ideas nuevas, sino que se lim ita a incitar al que
roponde a hacerlo.
38 LA ACAD EM IA

ofrecen al lector se reduce a un transparente velo de estilo echa


do sobre un contenido puramente doctrinal. No es en absoluto
la vivacidad de la conversacin lo que da al T im eo su enorme
eficacia. El F ileb o podra transformarse sin dificultad en un
tratado unificado y metdico, muy parecido a la Etica de Arist
teles. En las Leyes ha desaparecido el ltimo rastro de ilusin
escnica. Se ha renunciado conscientemente a la pintura de ca
racteres' (r|floJtoua); y el conjunto es un solemne discurso o aren
ga, no de Scrates, sino del propio Platn, el extranjero de
Atenas.4
Como era lgico, la figura de Scrates, despus de haber sido
relegada a papeles menores desde el Sofista en adelante, acaba
por ser abandonada en las Leyes. En el F ileb o aparece una vez
ms, la ltima, porque este dilogo discute cuestiones que ha
ban sido planteadas realmente por Scrates. (Las respuestas se
obtienen, sin embargo, por medio de mtodos que jams se le
haban ocurrido a l.) En este ltimo perodo es completo el di
vorcio entre el Scrates histrico y el propio filosofar de Platn.
Otra seal de andar buscando su propia expresin la inclina
cin general de ste hacia la ciencia, la lgica y el dogma. El
postrer fruto de la teora de las Formas fueron los mtodos de
la clasificacin y la abstraccin, que es lo que entiende Platn
por dialctica, en el sentido estricto de sus ltimas obras. Estos
mtodos revolucionaron la forma del dilogo de controversia que
haba surgido del contrainterrogatorio socrtico, despojndolo
de su significacin psicolgica y convirtindolo casi en un tra
tado. No era posible seguir avanzando en la misma direccin.
Era una simple cuestin de tiempo la muerte del gran arte de
los clsicos dramas platnicos, una vez muerta su raz. T al fu
el momento en que empez a escribir el joven Aristteles.5

4 El autor del Epinom is juzga correctamente el verdadero estado de la


cuestin en 980 d. Hace al ateniense recordar a los otros dos un famoso pasaje
de las Leyes en trminos que abandonan en absoluto toda realidad dram ti
ca: como recordaris, pues a buen seguro tomasteis notas (wio^VTM-aTa)
en el acto". Aqu nos encontramos de pronto en mitad de una conferencia.
3 Nadie ha tratado an de conectar los dilogos de Aristteles con el des
arrollo de la forma de Platn. R . Hirzel (D er Dialog, p. 275) ni siquiera
plantea la cuestin. Basndose en una simple impresin general de los di-
P R IM E R A S O BRAS

Iodos los miembros de la Academia escribieron dilogos,


aunque ninguno ms, ni de ms peso que Aristteles. Este hecho
es significativo para comprender la relacin de la nueva gene
racin con Platn. Todos ellos se sirvieron del dilogo como de
una forma ya fija, sin preguntarse hasta qu punto era posible
semejante imitacin. Los griegos tendan naturalmente a imitar
cualquier cosa, una vez ya descubierta , y no haban compren
dido aun que el dilogo de Platn era en su perfeccin clsica
algo absolutamente inimitable, la flor de una combinacin ni
ca de necesidad histrica, potencia creadora individual y expe
riencia personal. , Sus discpulos vieron en el dilogo el vehculo
recibido para dar forma viva a la filosofa esotrica, y de ah
el que cada uno desease ver reproducida en semejante medio la
accin del maestro sobre l. Pero cuanto ms iban comprendien
do que a causa de la ntima unidad de su personalidad, vida
y obras, era Platn una indivisible magnitud que no poda
tomarse como un todo sin incurrir, ya en un muerto escolasti
cismo, ya en un diletantismo literario, tanto ms conscientemente
se pusieron a buscar formas fundamentalmente nuevas para lo
que en su maestro haba de cientfico y objetivo y por lo mismo
de separable. Estos ensayos no tuvieron propiamente su punto de
partida en los dilogos, sino en la enseanza oral de Platn. Es
significativo, as de la natural afinidad del joven Aristteles con
Platn, como de su incapacidad para ver objetivamente al maes
tro, el hecho de que no emprendiera desde un principio este
camino, sino de que empezara insistiendo en el dilogo. Eviden
temente, encontraba al Platn esencial ms vivo, ms potente y
ms objetivo en el dilogo que en ninguna otra forma.
Los fragmentos conservados de sus dilogos, juntamente con
las noticias procedentes de la Antigedad y las imitaciones de
escritores posteriores (Aristteles ejerci una influencia especial
mente poderosa sobre Cicern), nos permiten inferir que Arist
teles invent un nuevo gnero de dilogo literario, a saber, el
dilogo de discusin cientfica. Aristteles vi justamente (pie
logos de Platn, slo llega a ver un tipo opuesto a ellos en el aristotlico.
Considera los dos gneros como debidos simplemente a la diferencia de
carcter de ambos autores, sin hacer justicia a los factores inherentes a la
situacin.
JO LA A C AD EM IA

haba que abandonar las preguntas y respuestas obsttricas ,


que ya no llevaban ms que una vida de sombras, desde que ha
ban dejado de ejercer su verdadera funcin, por haberse tornado
una simple mscara para discursos largos . Pero mientras que
Platn tenda en su ltimos das a reemplazar el dilogo por la
leccin dogmtica, Aristteles opone un discurso a otro, repro
duciendo as la vida real de la investigacin en la Academia
antigua. Uno de los oradores tomaba la direccin, propona el
tema y resuma los resultados al final. Esto trazaba naturalmen
te estrechos lmites a la pintura de personalidades. El arte de es
cribir los discursos se tomaba de la retrica y se desarrollaba de
acuerdo con los preceptos del Pedro de Platn. El efecto causado
por el dilogo pas a depender ms de su carcter (rjdos) en
conjunto que de la ethopoeia de determinadas personas; pero al
par que perda en objetividad esttica, gan probablemente en
unidad de forma y de tendencia. Fu, por consiguiente, una
simple consecuencia lgica la que sac Aristteles al acabar ha
cindose a s mismo el director de la discusin en sus propios
dilogos.
Este cambio, si no restauraba el original propsito socrtico
del dilogo (perdido sin esperanzas de recuperacin), le di una
vez ms un contenido efectivo, el que responda a la nueva for
ma de las conversaciones, en las cuales haba tenido siempre su
raz. En lugar de la liza de argumentos, con los dramticos gol
pes y contragolpes de los duelos ersticos, se trataba de largos
exmenes y demostraciones teorticos, llevados siguiendo un m
todo riguroso. Puede deplorarse el cambio, pero era inevitable,
como reconoci Platn al abandonar la conversacin obsttri
ca y la pintura de caracteres. Los historiadores de la literatura,
que no ven las fuerzas internas que andaban operando, creen
haber probado que Aristteles fu causa de la decadencia del
dilogo. Por el contrario, se limit a llevar a cabo la inevitable
transicin a otro estadio. El dilogo de discusin es la simple
expresin del hecho de que el elemento cientfico de Platn
acab por romper su forma y moldearla de nuevo a su conve
niencia. No era una simple cuestin de esttica; era una trans
formacin del espritu filosfico, que produjo necesariamente su
nueva forma propia.
P R IM E R A S O BRAS 4

Es costumbre aplicar las observaciones accidentales de escri


tores posteriores sobre las caractersticas del dilogo de Aristte
les a todos ellos, pero los simples ttulos muestran que es algo
imposible. Endent o del Alm a y G rilo o de la Retrica no pueden
haber sido muy distintos del primer tipo platnico, del que son
ejemplos el Fe don y el Gorgias. Uno de los fragmentos del Eude-
mo conserva an la tcnica socrtica de las preguntas y respues
tas.6 Cabe dudar si apareca Aristteles como director de la
discusin en dilogos de este tipo. Aquellos en que se nos dice
que era el director, el Poltico, en dos libros, y la Filosofa, en
tres, eran evidentemente obras casi didcticas, y por tanto diver
sas de todo punto.7 El ejemplo de Platn deba ser suficiente

Frg. 44. (Doy los nmeros de los fragmentos segn la edicin Tcubner
de los Aristotelis Fragmenta de Rose, 1886, que difieren de los de la anterior
edicin de la Academia.) No hay, sin embargo, mayutica en estas preguntas
y respuestas. Es el discpulo quien hace las preguntas, mientras que los dems
le dan una informacin sistemtica. La conversacin la cuenta una tercera
persona, corno en el Platn de los primeros tiempos. Aristteles no se sirve,
pues, del principio sentado al comienzo del Teeteto. Desde la primera edicin
alemana ha hecho una nueva y ms completa edicin de los fragmentos de
los dilogos de Aristteles mi discpulo Richard Walzer: Aristotelis Dialo-
gorum fragmetita in usum scholaram selegit Ricardus Walzer (Florencia, C.
C. Sansn i, 1934). Los nuevos fragmentos descubiertos en el presente libro
se han incluido en la coleccin de Walzer. Como en ella se indican los
nmeros de la de Rose. 110 es necesario cambiar las referencias a esta ltima
en mi libro.)
7 Frgs. 8, 9 y 78. El ltimo pasaje (Cic., Ep. ad Quititum fr .. 111, 5, 1)
parece referirse no solamente al Poltico ( de praestante viro ), sino tambin
a los libros De la Justicia ( de repblica , cf. la nota siguiente), que Cicern
tuvo que haber conocido. T an pronto como miramos sin ideas preconcebidas
los pasajes de referencia, resulta evidente que no tienen base alguna los
ensayos hechos para explicar la contradiccin en las afirmaciones de Cicern
sobre el mos Aristotelius. En Ad Att., X III, 19, 4, dice que es aristotlico
que el autor mismo dirija la discusin. En A d fam.} I, g, 23, llam a aristo
tlico el estilo de sus libros De Oratore, aunque no es l mismo el director
en ellos. En cada lugar tiene razn. Aristteles no tomaba la direcin en
todos sus dilogos; en el G rilo y el Eudem o es seguro que no aparecia en ab
soluto. Es aristotlico desarrollar una serie de discursos largos; es aristotlico
poner una introduccin especial a cada libro de un dilogo; es aristotlico in
troducirse a s mismo en el dilogo. Pero no hay ningn pasaje que diga
que un dilogo no es aristotlico a menos que exhiba a la vez estas tres
peculiaridades. No debemos tratar de arrancar a nuestras autoridades un tipo
42 L A ACAD EM IA

para precavernos contra la suposicin de que Aristteles tuvo


una forma fija que no cambi jams. Es un hecho que su carrera
como escritor de dilogos abarca todos los estadios que van desde
la conversacin obsttrica hasta el puro tratado. Es una ca
rrera que marcha paralela a su evolucin como filsofo, o ms
bien, que es la expresin orgnica de sta.
Es con frecuencia posible mostrar que tal o cual dilogo
aristotlico est modelado sobre tal o cual platnico, especial
mente en lo que se refiere al contenido. El Eudem o est empa
rentado de esta manera con el Fedn , el G rilo con el Gorgias y
los libros De la Justicia con la R e p b lica . 8 El Sofista y el P o l
tico, como el Sim posio y el M enexeno, haban sido sugeridos na
turalmente por los dilogos de Platn del mismo nombre. El
Protrptico, que no era un dilogo, revela la influencia de los
pasajes protrpticos del Eutidem o de Platn, hasta llegar al eco
literal. Es posible que Platn figurara como interlocutor en los
dilogos.
Tambin el estilo muestra una muy estrecha dependencia.
Parece, en verdad, que Aristteles alcanz pronto su propia ma
nera, un estilo cuyo nico afn era ser puro y claro, o tal como
es natural al puro hombre de ciencia;0 pero el E u dem o, por

nico y constante de dilogo aristotlico. Otro tanto hay que decir de la


afirmacin de que Aristteles atacaba la teora de las Formas "en los d i
logos .
s Que los libros De la Justicia estn modelados sobre la R epblica puede
inferirse con certeza /) de la existencia de tantos dilogos parecidos y 2) del
hecho de que Cicern hace uso de ambas obras en su De R ep blica. En la
R epblica de Platn mana la filosofa poltica del problema de la justicia,
exactamente como debe de haber sido en los libros De la Justicia en tiempo
de Aristteles, un hecho importante para la historia del origen de los subttu
los de los dilogos platnicos.
o La lucidez es la nica nota de buen estilo sealada por los retricos ante
riores que reconoce Aristteles (R et., III, 1404b 1, 1414a 19; Pot., 1458 18.
Cf. J . Srroux, De Theophrasti virtutibus dicendi, Leipzig, 1912, p. 30). De
la lucidez se dice que lo abarca todo. Es un ideal que 110 se dirige tanto a la
oratoria prctica, cuanto a la creacin de un estilo puro y cientficamente
riguroso. Lo abandonaron de nuevo Teofrasto y todos los cultivadores poste
riores de la retrica, que cedan al gusto de la poca, pero Aristteles piensa
que el conocimiento es una fuerza que debe modificarlo todo, el lenguaje
inclusive.
P R IM E R A S O BRAS 43

ejemplo, contena mitos y ostentaba otras vividas gracias, tales


como frecuentes imgenes, parcialmente basadas en bien conoci
dos modelos platnicos, que eran famosas en los posteriores tiem
pos de la Antigedad. En la imagen de los hombres subterr
neos que suben a la luz y a ver el cielo, el lenguaje es de tal
poder que arrastra. El mito de Midas es un eco del estilo apoca
lptico de la Moira en el ltimo libro de la R e p b lica . Cicern
.elogia la urea corriente de la prosa de los dilogos de Aristte
les. Las afectaciones retricas estn por completo ausentes; claros
y exactos de pensamiento, finos y movidos de forma, eran escri
tos que cautivaban a los mejores hombres de los posteriores tiem
pos de la Antigedad. Es una prueba de la amplitud de su esp
ritu el que Crates el Cnico y Filisco el remendn leyeran juntos
en la zapatera el Protrptico; el que Zenn y Crisipo, Cleantes,
Posidonio, Cicern y Filn padecieran la enrgica influencia de
estas obras de la juventud de Aristteles en sus ideas religiosas;
y el que San Agustn, que tuvo conocimiento del Protrptico,
a travs del Hortensio de Cicern, fuera conducido por l a la re
ligin y al cristianismo.10 Los neoplatnicos frecuentaban los di
logos de Aristteles tanto como los de Platn, y la Consolacin de
Boecio emite el ltimo eco, medieval ya, de su elemento reli
gioso. Como obras de arte no los mencionaba la Antigedad en
la misma lnea que los de Platn, aunque los estimaba alta
mente; pero su influencia religiosa en la edad helenstica fu
casi ms importante que la del arte tan distante, objetivo y no
edificante de Platn.
Pero cul era la relacin filosfica de Aristteles con Platn
en estas obras? Extrao sera que la influencia del modelo se
encerrara en la eleccin de tema y en detalles de contenido y
estilo, mantenindose, en cambio, una actitud general de repul
sin frente a Platn, como la de tiempos posteriores. Sim posio,
M enexeno, Sofista, Poltico, se escribieron realmente para su-

1 Sobre el Protrptico en la zapatera del remendn ver frag. 50. Sobre


la conversin de San Agustn por obra del Hortensio v. C o n f e s III, 4, 7:
lile vero liber mutavit affectum meum et ad te ipsum, domine, mutavit
preces meas et vota ac desideria mea fecit alia. Viluit mihi repente omnis
vana spes et immortalitatem sapientiae concupiscebam aestu cordis incredihili
et surgere cocperam. ut ad te redirem (cf. tambin V III. 7, 17).
44 LA ACAD EM IA

petar los dilogos de Platn de iguales ttulos, mostrando cmo


debieran haberse tratado las cuestiones discutidas en ellos? Si
gui obstinada y pedantescamente el discpulo las huellas del
maestro, con el simple fin de hacer sucesivamente jirones cada
una de sus obras? Antes de achacarle semejante falta de gusto y
de tacto, hubiera habido que dedicar ms seria atencin a otra
posibilidad, la de que la finalidad de estos dilogos fuese pura
y simplemente la de seguir a Platn en filosofa, lo mismo que en
todos los dems rdenes de cosas.
La inteligencia de los dilogos haba tenido un destino pere
grinamente desgraciado justo desde la recuperacin de los tra
tados por Andrnico, en tiempo de Sila. En aquel tiempo eran
todava muy ledos y altamente estimados; pero pronto empe
zaron a perder terreno, cuando los eruditos peripatticos acome
tieron la empresa de dar una interpretacin exacta de los trata
dos, olvidados durante tanto tiempo, y se pusieron a escribir
comentario tras comentario sobre ellos. Los neoplatnicos hicie
ron algn uso de ellos como fuentes de un platonismo puro, en
contraste con los tratados; pero un intrprete estrictamente pe
ripattico, como el sagaz Alejandro de Afrodisias, no sabe qu
hacer con ellos, aunque debe de haber ledo la mayora. jMs
ingenuo en materia filolgica de lo que sera forzoso en aquel
tiempo, explica la relacin entre ellos y los tratados diciendo
que los ltimos contenan las verdaderas ideas de Aristteles,
mientras que los primeros contenan las falsas opiniones de otras
personas!11 Se reconoca, por tanto, en aquel tiempo que haba
contradicciones entre los dos gneros. Los frustrneos esfuerzos
de los peripatticos posteriores para explicar este embarazoso
estado del asunto pueden descubrirse en la conocida tradicin
acerca de la diferencia entre los escritos exotricos y los esotri

11 Elias, en Arist., Categ., 24b 53: Alejandro explica la diferencia entre


las notas de lecciones y los dilogos de diferente manera, a saber, diciendo
que en las notas de lecciones da sus propias opiniones y la verdad, m ien
tras que en los dilogos da las opiniones de otros, que son falsas. A pesar de
la nevet de la expresin, con seguridad el comentarista reproduce correcta
mente la esencia del punto de visla de Alejandro. Contradicciones entre los
dos gneros de escritos las advirti ya Cicern (D e Fin ., V, 5, 12). En aque
llos das se atribuan a la forma literaria de los escritos de divulgacin.
P R IM E R A S O BRAS 45

cos. Los estudiosos buscaban naturalmente la explicacin de los


dilogos en los tratados, y la encontraban en la frase "discursos
exotricos , que aparece varias veces y en algunos casos puede
referirse fcilmente a los dilogos publicados. En oposicin a
estos discursos exotricos o dirigidos al mundo exterior, consi
deraban los tratados como un cuerpo de doctrina esotrica o secre
ta, aunque no hay indicio alguno de semejante nocin o expre
sin en Aristteles. As acab la relacin entre el contenido de
los dilogos y el de los tratados por parecer como la de la opinin
con la verdad. En algunos pasajes parece haber abandonado
Aristteles realmente y de propsito la verdad, pensando que las
masas eran incapaces de alcanzarla. Hasta la dificultad de los tr
minos tcnicos en los tratados, que di tantos quebraderos de
cabeza a los sabios posteriores, se puso por la fuerza al servicio
de esta interpretacin mstica, llegndose a forjar una carta en
que Aristteles escriba a Alejandro que los trminos eran oscu-
ros de propsito, con el fin de extraviar al no iniciado.
La crtica moderna ha sido escptica en punto a esta mis
tificacin, que es paladinamente una invencin posterior, oriun
da del espritu del neopitagorismo.12 Sin embargo, no consigui
-librar del prejuicio contra los dilogos.18 Esto es, por supuesto,

t2 Fu la restauracin del estudio de los tratados por Andrnico lo que


plante por primera vez el problema de la relacin entre estas fuentes de
pura doctrina aristotlica y los escritos exotricos, que haban sido hasta
aquel tiempo casi el nico Aristteles ledo. Esta restauracin tuvo lugai
durante la pleamar del neopitagorismo. que de acuerdo con su propia natu
raleza buscaba siempre lina especial doctrina secreta en todos los pensadores
anteriores. La idea se aplic entonces a los escritos de Aristteles.
13 En los ltimos tiempos lian aparecido dos obras que por primera ve/
reconocen que el contenido de los dilogos es platnico. En ber Aristteles
Entwicklung (Festgabe fiir Georg ron Hcrtlin^, Fviburgo, 1913), Dyroff ha
recogido en forma breve numerosos ecos de Platn en los dilogos. Su punto
de vista es principalmente sistemtico. No entra en el detalle de las obras
particulares, lo que era realmente imposible dentro de sus lmites. Su artcu
lo no lleg a mis manos sino cuando ya estaban escritos estos estudios. El
me confirma en mi punto de vista, pero ahora necesitamos una exacta inter
pretacin, como lo muestra la manera que tiene Dyroff de ver el dilogo De
la Filosofa. Tambin la tesis doctoral de Viena de A. Kail (Diss. Phil. Vitidob.,
X I, 67) me lleg posteriormente al trmino de mis propias investigaciones.
Kail slo discute el Eudemo y el dilogo De la Filosofa, Sus consideraciones
46 L A ACAD EM IA

ms difcil para los modernos de lo que era para los antiguos, a


causa de que actualmente slo tenemos fragmentos con que traba
jar. Ms bien, pues, que creer a estas escasas, pero preciosas
reliquias, han confiado los sabios en las autoridades , y espe
cialmente en dos pasajes, uno de Plutarco y otro de Proclo,
procedentes ambos de la misma fuente, que habla de las crticas
de la teora de las Ideas hechas por Aristteles en su Etica, Fsica
y Metafsica y en sus dilogos exotricos .14 Estos pasajes pare
can proporcionar la prueba inconmovible de (pie ya en los dilo
gos haba adoptado Aristteles la posicin en que se encuentra
en las obras crticas. Era, por consiguiente, necesario, o bien
colocar su "defeccin de Platn ya en los tiempos de su estancia
en la Academia, o bien colocar los dilogos ms tarde. No fu
difcil encontrar otra autoridad en favor de la primera supo
sicin. Digenes Laercio dice que Aristteles se apart de Pla
tn en vida de ste todava, lo que habra hecho decir al segun
do: Aristteles me ha ddo de coces, como hacen los potros con
sus madres al nacer .15 Bajo la influencia de estos pasajes hizo
Bernays, en su brillante libro sobre los dilogos de Aristteles,
un decidido esfuerzo por eliminar todo giro platnico de los
fragmentos, interpretndolo como una explosin de sentimiento
lrico. Por el contrario, Valentn Rose se aferraba vidamente a
ellos como pruebas de su fantstica idea de que todos los dilogos
perdidos eran apcrifos.10 Lo que tenan de comn ambos sabios
era simplemente la irracional conviccin de que un hombre de
espritu tan riguroso y sistemtico como Aristteles 110 poda
nunca abandonar sus opiniones, una vez formadas. Suponan que
desde sus mismos comienzos eran sus escritos una aguda crtica
de Platn, y la idea de que hubiera pasado por una fase plat
nica les pareca en intolerable contradiccin con la sobria, fra
y crtica naturaleza de su inteligencia.

generales, que proceden ele von Arnim, son justas, y Kail consigue buenos
resultados en detalle, pero filosficamente no es profundo. Ninguno de estos
dos trabajos tiene siquiera la idea de ligar el problema de los dilogos con
el del desarrollo de los tratados. 14 Frg. 8. Dig. L., V. 2.
1 J. Bernays, D ie Dialoge des Aristteles in ihrem Verhiiltnis zu seitien
brigen XVerken, Berln, 1863; Valentn Rose, Aristteles Pseudepigraphus,
Leipzig, 1863.
P R IM E R A S O BR A S 47

La conclusin es obvia. Si esta manera de ver, ntimamente


consistente, es insostenible en conjunto; si Aristteles empez por
atravesar un perodo platnico, que dur una veintena de aos;
si escribi obras inspiradas por el espritu de Platn y defendi
la visin del universo de ste, quedan destruidas todas nuestras
ideas anteriores acerca de la naturaleza de nuestro hombre, y
necesitamos tallarnos un nuevo concepto, as de su personalidad
y de su historia, como de las fuerzas que moldearon su filosofa.
De hecho, este mito de un Aristteles fro, esttico, inmutable
y puramente crtico, sin ilusiones, experiencias, ni historia, cae
hecho pedazos bajo el peso de los hechos suprimidos artificial
mente hasta ahora en favor de la propia causa. No es en reali
dad sorprendente que los aristotlicos antiguos no supieran qu
hacer con los dilogos, especialmente dado que su inters era
trazar una clara distincin entre Platn y Aristteles y prestar a
la doctrina del ultimo la mayor unidad posible. Para ellos era la
coleccin de los tratados una sola unidad sistemtica sin distin
ciones cronolgicas. An no haban aprendido a aplicar la idea
de desarrollo, que pudo haberles enseado el propio Aristteles,
a la historia de una filosofa o de un individuo. As no que
daba nada que hacer sino rechazar los dilogos como exposicin
de ideas no aristotlicas, explicndolos como un caso de litera
tura mercenaria de divulgacin: De todas suertes, an antes de
empezar a interpretarlos, es cierto que los dilogos contradicen
los tratados. Dnde estn sus afinidades lo muestra el hecho de
que los valorasen y pusiesen en el mismo rango que las obras
de Platn los neoplatnicos y otros admiradores de la religin
y filosofa del ltimo. Ms adelante pondremos ejemplos de esto.
Slo queda que considerar la prueba de Plutarco y Proclo, que
hizo a Bernays sentirse obligado a negar a p riori todas las hue
llas de platonismo en los dilogos.
Tambin este argumento se esfuma tan pronto como lo exa
minamos de cerca. En primer lugar, no se trata de dos pruebas
diferentes; la coincidencia de expresin es seal segura de que
ambos autores siguen la misma autoridad, puesto que Proclo no
parece seguir a Plutarco. Lo que dice el pasaje es que Aristteles
no se opuso a la teora de las Formas de Platn solamente en su
Etica, Fsica y M etafsica, sino tambin en los dilogos exotricos.
-1 LA A C AD EM IA

Come) prueba citan Plutarco y Proclo, ambos bebiendo de la mis


ma fuente, un pasaje de uno de los dilogos, donde Aristteles
se presenta a s mismo diciendo que no puede simpatizar con el
dogma de las Formas, ni aun a riesgo de hacerse sospechoso de
discrepar por espritu de contradiccin.7 Esto muestra que ambas
noticias se fundan en la situacin histrica concreta de un di
logo particular (con la mayor probabilidad el De la Filosofa,
del que sabemos que en l atacaba Aristteles otras partes de
la metafsica de Platn). Generalizar esto y aplicarlo a todos los
dilogos es ilegtimo, l o d o lo que ello prueba es lo que ya sa
bamos, que haba uno o dos dilogos en que Aristteles se opo
na a Platn. Esto no nos autoriza en absoluto para eliminar
por medio de la interpretacin las ideas platnicas que encon-
17 Frg. 8. Proclo (en su obra Examen de las Objeciones de Aristteles al
Tim eo de Platn, en Ju an Filopono, De M undi Aetern., II, 2, p. 3 1, 17 Rabe):
v No hay doctrina de Platn que aquel hombre [esto es, Aristteles] recha
zara ms resueltamente que la teora de las Ideas. No slo, en efecto, llama
a las formas sonidos en las obras lgicas, sino que en la Etica ataca al bien
en s y en las obras fsicas niega que pueda explicarse la generacin por medio
de las Ideas. Es lo que dice en la obra De la Generacin y la Corrupcin, v
mucho ms en la Metafsica, pues aqu se ocupa con los primeros principios
y hace largas objeciones a las Ideas, as en el comienzo como en el medio v
en el fin de esta obra. Tam bin en los dilogos declara inequvocamente
que 110 puede simpatizar con este dogma, ni aun a riesgo de hacerse sospecho
so de discrepar por espritu de contradiccin (y,av xi^ avTv ornxai t
cfi?vOveixtav vTiAvt'tv)*
Plutarco. Adv. Colot.. 14 ( 11 15 b): Aristteles no se cansa de insistir en
las Ideas, respecto de las cuales objeta a Platn, y suscita toda suerte de
dificultades contra ellas en sus notas ticas, [metafsicas] y fsicas, y tam
bin por medio de sus dilogos exotricos, por lo que algunos le creen ms
animado de un espritu de contradiccin que de un espritu filosfico...
estos dogmas, como si se propusiera minar la filosofa de Platn (cpi?.o-
vcixtfqov cvoig fo^tv)* La fuente original seguida por ambos y reprodu
cida con ms exactitud por el autor ms reciente, Proclo, enumeraba por
separado todos los lugares de las obras de Aristteles que atacan la teora de
las Formas. As. se citan tres pasajes de la Metafsica, libros A, Z y MN. La
cita de Anal. Post., I. 22. 83a 33. lo mismo que la de Et. Mic., I, 4, reproduce
las mismas palabras del original. Lo mismo pasa con el pasaje que he impreso
en itlicas (que procede del dilogo De la Filosofa). Fu el nico pasaje que
pudo descubrir en los dilogos el autor, aunque su enumeracin es manifies
tamente muy cuidadosa v completa. Este catlogo resulta as una prueba
directa de que la polmica de referencia era nica en los dilogos.
P R IM E R A S O BRAS 49

tramos en otros dilogos. Ms bien debemos reconocer que estas


o bras prueban un desarrollo en las doctrinas filosficas, exacta
mente como hemos demostrado que lo prueban en la forma.
Es un hecho que el propio Plutarco, aunque se le ha credo
hasta aqu mostrar que Aristteles era por completo opuesto a
Platn incluso en los dilogos, nos da una prueba explcita e
inequvoca de la realidad del desarrollo filosfico de Aristteles.
En un pasaje en que no se ha fijado nunca la atencin,18 men
ciona realmente a Aristteles como el ejemplo por excelencia del
hecho de que el verdadero filsofo consentir en modificar sus
ideas sin pesar, antes bien con alegra, tan pronto como se percate
de que estaba en un error. Aristteles, Demcrito y Crisipo, to
dos cambiaron de esta manera sus primeras opiniones filosficas;
y el trmino que usa Plutarco para designar el cambio (^ieta-
Tteaftai) prueba que no puede referirse a cuestiones de menor
importancia, puesto que era un trmino tcnico de la filosofa
helenstica para designar el pasarse de una escuela a otra. En
cima, tiene que haber sabido que las primeras opiniones en
cuestin (x jt^eflev avtw aQoxovta) se encontraban enuncia
das en los dilogos de Aristteles. La cosa resulta clara si volve
mos la vista una vez ms al otro pasaje y lo examinamos cuida
dosamente. Aristteles no atacaba a Platn solamente en los
tratados, sino tambin en los dilogos, como resulta de tales y
cuales pasajes. El contraste implica evidentemente la tcita ad
misin de habrnoslas aqu con algo notable y contrario a la
regla general. En trminos generales debe de haber considerado
Plutarco los dilogos de Aristteles como prueba de un punto de
vista platnico; que es lo que sugiere tambin el hecho de hablar
incidentalmente de ellos como de las obras platnicas de Arist
teles .19
18 Plut., De Virt. Mor., c. 7, pp. 44755.: Por qu en las especulaciones
filosficas no es penoso cambiar de opinin por influencia ajena y mudar
de posicin (nexaTiftf a)ai) frecuentemente? El propio Aristteles y Dem
crito y Crisipo abandonaron algunas de las opiniones que les haban satis
fecho anteriormente sin escndalo ni pena y hasta con p lace r.. . Por consi
guiente, cuando la razn parece abandonar lo falso por lo verdadero, cede
gozosa. He llamado la atencin sobre el pasaje por primera vez en Hermes,
LXIV ( 1 9 2 9 ), p . 2 2 .
Plut., A dv. Colot., 20: "como dice Aristteles en sus obras platnicas
LA ACAD EM IA

Como vimos ms arriba, estos hechos no eran tan claros en


los ltimos tiempos de la Antigedad para todos como para
Plutarco. Es lo que muestra un importante pasaje de Eusebio
sobre la gran obra polmica escrita contra Aristteles por Cefi-
sodoro, discpulo de Iscrates.-0 Esta obra parece haber sido un
producto de la competencia entre la Academia y la escuela de
Iscrates, perteneciente al momento en que Aristteles, un ju
venil miembro entonces de la escuela de Platn, acababa de in
troducir en sta el estudio de la retrica, siendo as causa de que
se hiciera pblica la latente rivalidad entre las dos instituciones.
Eusebio nos cuenta que Cefisodoro hizo armas contra la teora
de las Ideas de Platn y todas sus dems doctrinas sucesivamente,
y expresa su sorpresa por el hecho de que Ceisodoro hubiese gra
vado a Aristteles con tales opiniones. De acuerdo con las ideas
que prevalecan, Eusebio piensa en Aristteles como en el natu-

(v xot; II axcovtyvo^). Esto se refiere habitualnicnte al dilogo De la F ilo


sofa. Es cierto que una tradicin irreprochable nos informa de que este
dilogo contena un ataque confia Platn; pero si, como es probable, la
frase las obras platnicas haba llegado a ser un nombre recibido para
designar el grupo entero de dilogos, nada haba que impidiera que el De
a Filosofa fuese designado de la misma manera. La mayora de estos escri
tos eran realmente platnicos, no slo en la forma, sino tambin en la
doctrina.
20 Euseb., Praep. Evang., X IV , f (el autor nos dice que aqu sigue a
Numenio): Mas cuando este Cefisodoro vi a su maestro Iscrates criticado
]>or Aristteles, ignoraba y desconoca al propio Aristteles; pero viendo que
las ideas de Platn eran celebradas, y pensando que Aristteles filosofaba
siguiendo la manera de Platn, atac a Aristteles con criticas que se aplica
ban a Platn, y argument contra l comenzando por las Formas y siguiendo
por lo dems, de todo lo cual no saba nada, por lo que se lim itaba a
conjeturar cul fuese la opinin comn sobre aqullos. Al fin de la seccin
hay otfo pasaje del mismo sentido: Este Cefisodoro no argumentaba contra
la persona a quien atacaba [esto es, Aristteles], sino contra alguien a quien
no quera atacar [esto es, P latn ]. En cuanto a la explicacin dada aqu de
por qu en su polmica contra Aristteles atacaba Cefisodoro la doctrina,
no de Aristteles, sino de Platn, es una msera invencin ad hoc que no
puede tomarse en serio ni un momento. Decir que no estaba familiarizado
con la filosofa de Aristteles y que atacaba el maniqu de Platn por ser
ste ms famoso, es una solucin que slo poda ocurrrsele a quien no tu
viera la menor idea de la verdadera situacin durante la estancia de Arist
teles en la Academia.
P R IM E R A S O BRAS 51

ral antpoda de Platn. No saba"(l o su autoridad, Numenio),


y difcilmente hubiera podido saberlo en aquella tarda fecha,
que el Aristteles que Cefisodoro tena en la mente era por com
pleto distinto del que los tratados, no publicados sino siglos
despus, haban hecho familiar a los lectores de los tiempos del
Imperio. Cefisodoro slo conoca a Aristteles por sus publica
ciones literarias, es decir, por los dilogos que haba escrito
siendo an miembro de la Academia; y puesto que al escribir un
libro contra Aristteles ataca la teora de las Ideas, toda la ense
anza que debemos sacar es la de que, hasta aquella fecha, todo
lo que haba de escritos de Aristteles estaba enteramente basado
en la filosofa de Platn.
Nuestra interpretacin de los fragmentos supervivientes de
los dilogos va a defender en detalle esta interpretacin; y las
cuestiones que plantearemos afectarn a los fragmentos realmen
te conservados y no sern simplemente generales. Como punto de
partida tomaremos cuantos hechos cronolgicos y filosficos pue
dan fijarse con precisin por medio de los fragmentos. La misma
data temprana de los dilogos slo puede probarse adecuada
mente por medio de la interpretacin de cada uno por separado.
CAPTU LO III

E L EUDEMO

L a f e c h a del dilogo Eudemo, que lleva e l nombre del amigo


cipriota de Aristteles, la da la ocasin de que se compusiera, la
cual es fcil de reconstruir por la noticia del sueo de Eudemo
que debemos a Cicern.1
Este discpulo de Platn, desterrado de su pas, se puso grave
mente enfermo durante un viaje por Tesalia. Los mdicos de
Feras, donde yaca doliente, desesperaban ya de su vida, cuando
se le apareci en sueos un bello joven que la asegur que pron
to estara sano, que poco despus encontrara su muerte el tirano
Alejandro de Feras, y que pasados cinco aos volvera Eudemo
a su pas. Aristteles refera, evidentemente en su introduccin,
cmo pronto resultaron verdad la primera y la segunda predic
cin; Eudemo se restableci y poco despus fu asesinado el
tirano por los hermanos de su mujer (359). Tanto ms frvida
fu la esperanza del desterrado de ver cumplida la tercera dentro
de cinco aos y volver a Chipre. En el intervalo estuvo en Ate
nas Din, que haba sido desterrado de Siracusa. Con ayuda de
la Academia haba reunido una tropa de resueltos voluntarios,
dispuestos a arriesgar la vida por la liberacin de la patria de
Din. Llenos de entusiasmo por los ideales polticos de Platn,
que crean iba a realizar Din, se sumaron a la expedicin algu
nos de los jvenes filsofos. Entre ellos estaba Eudemo, que fu
muerto en uno de los combates sostenidos en las afueras de Sira
cusa, exactamente cinco aos despus del sueo (354). Este in
esperado cumplimiento de la visin se interpret en la Academia

1 Arist., frg. 37 (Cic., De D iv., I, 25, 53). El Eudem o se encuentra m en


cionado como un desidertum en un catlogo del siglo m d. c. (papiro),
editado por Medea Norsa en Aegyptus, vol. 11 (1921), p. 16. Es indudable, por
tanto, que era an ledo en aquella fecha.

52
E L EU D EM O 53

en el sentido de que lo predicho por el dios haba sido la vuelta


del alma, no a su patria terrena, sino a la eterna.
En el dilogo inmortaliz Aristteles la memoria de su que
rido amigo, buscando consuelo a su pesar. Empezaba haciendo el
relato del sueo de Eudemo, a fin de mostrar que con su cumpli
miento resultaba confirmada por la deidad misma la verdad de
la doctrina de Platn sobre el origen celeste del alma y su futura
vuelta all. Este relato suministraba el punto de partida de una
conversacin metafsica acerca del alma , cuya parte central era
la cuestin de la inmortalidad. Las ideas del Fedn, el ascetismo
y la habituacin a la muerte, reviven en esta primera obra de
Aristteles. La vida terrena del alma entre las cadenas de la
corporeidad, que el Fedn compara con una prisin, se vuelve
para Aristteles un perodo de destierro de una patria eterna. En
la pintura del fugitivo en un pas extrao, sintiendo la nostalgia
de la patria de que ha sido expulsado, hay un fervoroso anhelo de
la paz y seguridad que reinan en las llanuras celestes. El Eudem o
era un libro de consolacin. No es cosa de gastar palabras acerca
de la singular insensibilidad que no es capaz de ver en l sino
un fro ejercicio estilstico en la manera del Fedn . Lo nico que
podra proporcionar un verdadero consuelo era una fe viva en
aquella inversin de los valores de la vida y de la muerte que
haba llevado a cabo Platn en el F ed n . El autor del Eudem o
estaba absolutamente rendido a aquella fe en otra vida y a las
correspondientes ideas acerca del mundo y del alma. De donde
el que los neoplatnicos usen del Eudem o y del Fedn como
fuentes igualmente vlidas para el conocimiento de la doctrina
de la inmortalidad de Platn. Vamos a examinar los fragmen
tos de la obra de Aristteles a la luz de esta doctrina.
Lo mismo que Platn en el Fedn, atacaba Aristteles en el
Eudem o la concepcin materialista que se opone a la doctrina
de la inmortalidad, y la atacaba en la misma forma que tiene
en el F ed n , a saber, la de la tesis de que el alma no es ms que
la armona del cuerpo, es decir, que si bien se distingue de la
suma de los elementos del cuerpo, slo es el producto de la justa
articulacin de ellos que es tambin la idea del alma del mate
rialismo moderno. De la crtica que de esta concepcin haca el
Eudem o quedan dos contraai^gumentos. El primero es como si-
54 LA ACAD EM IA

gue. La armona tiene un contrario, a saber, la desarmona.


Pero el alma no tiene contrario alguno. Luego el alma no es
una armona. 2
Tenemos aqu la no identidad de dos conceptos probada por
la no identidad de sus notas. Aristteles presupone, pues, el
conocimiento del importante hecho de que la identidad de los
objetos depende de la identidad de sus atributos. El atributo que
toma aqu como termino de comparacin es 1111 atributo perte
neciente a la lgica formal la posibilidad de presentar un con
trario opuesto a los conceptos que se trata de examinar, el alma y
la armona. Se encuentra que ello es posible con la armona,
pero que el alma no tiene contrario alguno de tal ndole. Arist
teles formula su silogismo de un modo simple y tajante, muy
complacido evidentemente de su lacnica fuerza. No resulta in
mediatamente claro lo que le condujo a escoger justo esta clase
de argumento para demostrar la no identidad de los dos concep
tos y de su contenido; mas ello resulta patente tan pronto como
consideramos la siguiente proposicin de su doctrina de las ca
tegoras: la sustancia (ovoa) no admite contrario , esto es, no
es posible concebir una oposicin por contrariedad a ella.3 En
realidad, pues, el silogismo no se limita a contener la prueba de
que el alma no es una armona; supone implcitamente, ade
ms, que el alma es una sustancia lo que es muy importante
para fijar el punto de vista filosfico del dilogo. Es fcil de ver
cmo un pensador para quien sta era una doctrina aceptada
pudo ser llevado a emplear dicho principio de lgica formal al
atacar la concepcin materialista, ya que tal principio alcanza
indudablemente al adversario en su punto dbil.
Es interesante observar la relacin entre el argumento aristo
tlico y el de Platn en el Fedn (93 c ss.). Este ltimo es ms
complicado. Segn Platn, el alma es, o moral, racional y buena,
o inmoral, irracional y mala. Platn muestra que estos opuestos
estados o constituciones son una especie de orden y armona o
desorden y desarmona en el alma. Son posibles varios grados de
estos atributos del alma. Por consiguiente, puede la armona
misma, o su contraro, ser armoniosa en mayor o menor grado.

2 Arist., frg. 45. 3 [Arist.,] C a t e g 2.4 ss.


FI EV D EM O

Si fuese verdad la proposicin del adversario, y no fuera el alma


sino una armona de ciertos estados, sera posible sustituir sim
plemente el concepto de armona por el del alma, lo que dara
por resultado el absurdo de que el alma podra ser ms o menos
alma.4 Luego la armona slo puede ser un atributo del alma,
pero 110 el alma misma. La modificacin de la prueba por Arist
teles pues su argumento no es ms que una nueva formulacin
del de Platn muestra claramente lo que, como el lgico que era,
rechazaba en su modelo. La demostracin del Fedn tiene por
base su propio principio lgico, que est formulado en la doctrina
aristotlica de las categoras as: La sustancia (ovaa) no parece
admitir variacin de grado (t lMov xai t fjrrov). No quiero
decir con esto que una sustancia no pueda ser ms o menos ver
daderamente sustancia que otra, sino que ninguna sustancia pue
de ser ms o menos de lo que es. Por ejemplo, un hombre no
puede ser ahora hombre en ms alto grado que antes, pero
s puede estar ms plido que antes. La categora de cualidad ad
mite por naturaleza el ms y el menos, pero la d sustancia
no. 5 De esta ley se sigue, cuando se cree con Platn que el
alma es una sustancia, que no puede haber en el alma varia
ciones de grado, mientras que puede haber armona y desarmo
na, como en todos los trminos relativos que tienen contrarios,
por ejemplo, la virtud y el vicio, o el saber y la ignorancia.0
Tambin Platn infiere, pues, la no identidad del alma y la ar
mona de la imposibilidad de aplicar un mismo principio lgico
a ambos conceptos: o, en trminos aristotlicos, de su pertenecer a
distintas categoras.
Ahora podemos ver claramente por qu alter Aristteles
como lo hizo el argumento del Fedn. Bajo el punto de vista de
Platn, un 'ms o menos*, una variacin de grado, slo puede

* Platn. Fedn, 93 R-n. r* [Arist.,] Categ.%3b 3 3 4 a <).


[Arist..] C a t e g 15: Les es posible a los trminos relativos tener
contrario. As, la virtud tiene un contrario, el vicio, siendo ambos relativos:
el saber tambin tiene 1111 contrario, la ignorancia.* De esto se sigue en
6*> 20 que tambin parece que los trminos relativos pueden adm itir varia
cin de grado, exactamente como la incompatibilidad de la sustancia con
el ms y el menos se sigue de su incompatibilidad con la oposicin poi
contrariedad (evavcirns).
LA ACAD EM IA

ocurrir en lo indeterminado (ojieiqov), nunca en nada absoluta


mente determinado (jtoag). Ahora bien, nos encontramos con
un ms o menos", con una escala variable de grados, con un
termino intermedio entre dos extremos, siempre que nos encon
tramos con contrarios opuestos. Por ende, la proposicin emplea
da por el Fedn, a saber, la de que la sustancia no admite ms
ni menos, la reduce el Eudem o a la proposicin anterior de que
depende, a saber, la de que la sustancia no admite contrario
opuesto. De donde la reduccin tambin de la prueba a un solo
y simple silogismo, con el cual consigue Aristteles el mismo
resultado.
Al mismo tiempo logra sacar un segundo contraargumento
de lo que queda de la prueba de Platn despus de haberle ex
trado el ncleo. Es el que expone de la siguiente manera:
Opuesta a la armona del cuerpo es la desarmona del cuerpo,
mas la desarmona del cuerpo vivo es la enfermedad, la debili
dad, la fealdad. De stas es la enfermedad una falta de simetra
en los elementos, la debilidad una falta de simetra en las partes
homogneas (niojiE{)f) y la fealdad una falta de simetra en
los miembros. Si, por consiguiente, la desarmona es la enfer
medad, la debilidad, la fealdad, la armona es la salud, la fuer
za, la belleza. Mas yo digo que el alma no es ninguna de estas
cosas, ni la salud, ni la fuerza, ni la belleza. Pues hasta Tersites
tena un alma, a pesar de toda su fealdad. Luego el alma no
es una armona .7
Este argumento se sigue directamente de la antropologa de
Platn. Este distingue virtudes del alma y del cuerpo. Las del
alma son la prudencia, la fortaleza, la justicia y la templanza;
las del cuerpo, la salud, la fuerza y la belleza. Paralela es la serie
de las cualidades opuestas, los vicios del cuerpo y del alma. Las
virtudes dependen de la armona (simetra), los vicios de la
desarmona (falta de simetra), del alma o del cuerpo segn los
casos. Esta explicacin de la enfermedad, la debilidad y la feal
dad como una falta de simetra en el cuerpo y sus partes o las
relaciones entre stas, la tom Platn de la medicina contempo
rnea, en la que bas toda su ciencia de la tica o teraputica

7 Arist., frg. 45 (Rose, p. 50, 1. 13).


EL EU D EM O 57

del alma, y en que vea el modelo de la verdadera ciencia y del


mtodo riguroso. Su doctrina de la virtud es una doctrina de la
enfermedad y de la salud del alma, modelada sobre la medicina
y que tiene por principio el concepto de medida (utQov) y de
simetra o armona. Pero una vez sentado que la armona es el
principo de las virtudes corporales, la salud, la fuerza y la belleza,
no es posible definir al mismo tiempo el alma como la armona
del cuerpo. Este argumento tiene la ventaja de atacar al adver
sario materialista en su propio terreno. La explicacin de la
salud como la simetra del cuerpo y de la enfermedad como la fal
ta de sta, puede contar con la aprobacin de los representantes
de la ciencia natural; no as la explicacin de la virtud como
la simetra del alma, que era el punto de partida del F e d n .
Esta doctrina platnica de las virtudes del alma y del cuerpo, que
Aristteles sigue y desarrolla aqu en detalle, es enteramente
extraa a los tratados. Responde al espritu de la matemtica
pitagrica. Segn Platn, el justo estado tico del alma, exacta
mente como el estado natural y normal del cuerpo, slo es un
caso especial de la universal ley csmica de la simetra, tal como
la desarrolla el F ileb o , como una parte de la idea de la natu
raleza de las cosas concebida por Platn en sus ltimos tiempos.8

8 Sobre la doctrina de las tres virtudes del cuerpo v. Platn, R ep ., IX ,


591 b ; Leyes, I , 631 c ; y Fil.A 25 d ss. (especialmente 26 b ), et passim. Platn
est encantado de trazar el paralelo entre ellas y las virtudes del alma. En
FU., 26 b , se reducen a una relacin numricamente determinada entre ciertos
opuestos; el origen de esta teora resulta revelado claramente por el Eudem o.
Tam bin este dilogo muestra que la tica de la medida o hetqov descansa
en una transferencia a la esfera mental de ideas matemticas de la medicina
contempornea. El trmino medio aristotlico ((xeoxrig) es lina vuelta
consciente a este punto de partida, y desarrolla la analoga con ms rigor
an. E l litQOV o medida del mdico era tambin un justo trmino medio
que tena que determinarse subjetivam ente y al que haba que apuntar
'(erroxteafleu); y todo ello era doctrina mdica cuando menos desde la es
cuela de Hipcrates. Los otros nicos lugares en que aparecen las virtudes
corporales son los tempranos Tpicos (116 b 17, 139 b 2 1, 145 b 8) y el sptimo
libro de la Fsica (246b 4), del que se sabe tom forma durante la estancia
de Aristteles en la Academia o poco despus (cf. E. Hoffmann, De Aristo-
telis Physicorum L. V II, tesis, Berln, 1905). El cuadro se completa con la
doctrina de las cuatro virtudes del alma en el Protrptico, que tambin es
enteramente platnico. Digamos de paso que no hay diferencia alguna entre
LA ACAD EM IA

El anlisis de estos dos argumentos lia arrojado un doble re-


sultado. En primer lugar, nos ha enseado que en el Eudem o
todava depende Aristteles por completo de Platn en metaf
sica, no slo en el rechazar el materialismo, sino tambin en los
puntos positivos. No se haba advertido anteriormente, en efecto,
que sus pruebas descansan en la misma base que la metafsica
y la doctrina de la inmortalidad de Platn, a saber, el concepto
que ste tiene de la sustancia y del alma, pero hay que atribuirlo
simplemente a la falta de una cabal interpretacin. Que Arist
teles ve an aqu en el alma una sustancia absoluta es lo que
resulta claro de sus imitadores posteriores. Por ejemplo, Olimpio-
doro reproduce el primer razonamiento en esta forma; la armo
na tiene un opuesto; pero el alma no lo tiene, por ser una sus
tancia (Arist., frg. 45). La afirmacin de que hay una petitio
principii en esta formulacin es cierta; pero es igualmente cierta
de la forma original, donde la petitio est tranquilamente sobreen
tendida.9 La petitio se remonta a Platn mismo, como hemos
mostrado, pues exactamente lo mismo se sobreentiende en el F e
dn. El carcter dogmtico de la prueba salta an ms clara
mente a la vista en Plotino, al decir simplemente: el alma es
una sustancia, pero la armona no lo es .10
La doctrina posterior de Aristteles se encuentra a medio
camino entre la idea materialista de que el alma es la armona
del cuerpo y la idea platnica del Eudem o, de que es de suyo una
sustancia. El alma es sustancia slo en cuanto es la entelequia
de un cuerpo natural que posee la vida en potencia .11 No es

la definicin de la salud como la simetra de los elementos en el Eudem o


y como la simetra de lo fro y lo caliente en los Tpicos, pues los elementos
salen de lo caliente y de lo fro, lo hmedo y lo seco, considerados como
los opuestos fundamentales, y Aristteles llama frecuentemente a etas cua
lidades elementos hasta en sus tratados.
9 Bernays, op. cit., p. 145, n. 15.
10 Plotino, En., IV, 7, 8 (p. 133, 1. 19-^p. 134, 1. 18, en el texto de Teuh-
ncr de 1884, editado por Volkmann). Claro es que Plotino se sirve del
Eudemo v no del Fedn, puesto que divide la prueba nica del Fedn
(93 b 55.) en los dos argumentos que saca de ella Aristteles, sustituyendo
tcitamente con ellos la prueba de Platn, mientras que reproduce sin cam
bio alguno los dos primeros argumentos del Fedn (92 a -c y 93 a ).
]1 'E v t c A x f u * ctcu citoc; <pvoixov S irv ^ ifi ^co^v e x * ? & c 1
EL EU D EM O 59

separable del cuerpo, ni por tanto inmortal; pero en conjuncin


con el cuerpo es el principio formador del organismo. Al alma
del Eudem o pueden aplicrsele, por el contrario, las observacio
nes que hace Plotino al rechazar el alma entelequia de Arist
teles desde el punto de vista platnico. El alma no posee ser,
porque es la forma de algo; al contrario, es una absoluta reali
dad (ovaa). No recibe su existencia del hecho de existir en un
cuerpo; existe antes de pertenecer a ningn cuerpo .12 Ahora
bien, puesto que encontramos la doctrina de la preexistencia en
el E u dem o , basta ello slo para mostrar que el alma es en l una
sustancia (ouoa); y por eso 110 debe sorprender el que Plotino,
que impugna el concepto aristotlico del alma, pueda sin embar
go hacer plenamente suyo el argumento del Eudem o, mientras
que por el contrario atacan el silogismo los defensores del ge
nuino Aristteles, como Alejandro y a su zaga Filopono. Se
gn estos ltimos, tiene el alma un contrario, a saber, la priva
cin, y el argumento cae por la base. Esta manera de ver supone
el concepto de entelequia y se deduce correctamente de l. Al
rechazar el razonamiento, lo relaciona Alejandro con el argu
mento del Fedn, del cual est sacado.13 Lo que distingue a la
primera idea del alma mantenida por Aristteles es el hecho
de que el alma no es an la forma de oigo, sino forma en s (an
no el&og tivg, sino eIS; ti), Idea o algo de la naturaleza de la
Idea. As se nos dice expresamente, y ahora es posible por pri
mera vez entenderlo realmente.14 El propio Aristteles nos ha

4 12 a 1 9 ss. En el captulo entero examina Aristteles su primera idea del


alma como una sustancia, y la matiza con la doctrina de que el alma no e
separable del cuerpo, sino que es simplemente sustancia en cuanto concepto
o form a (r\ o'oa i) x a r a xv ?.6yov. 4 1 1 0 ) .
12 Plotino, En., IV, 7. 8 (Volkmann, p. 1 3 1. 19; y csp. p. 135, 11. 31 ss.).
13 Alej. Afr., In Arist. De An., en Filop.. Comm. in Arist. De An.t p. 144,
II. 2 5 5 5 . (Hayduck). Forma y privacin son la pareja de contrarios cuyo sus
trato es la materia (cf. Metaf., A 2, 1096b 355., y esp. *>32-34 y 1070b 18; et
passim). Asi, pues, el alma en cuanto forma aristotlica tiene un contrario
exactamente como la aimonn.
1* Arist., frg. 46 (Rose, p. 52. I. 19): Y en el Eudem o muestra que el
alma es una forma (el6g ti). El punto importante es la ausencia de todo
genitivo tal como de un cuerpo o de algo ; y 110 necesitamos seguir a
Bernays ( op. d t., p. 25). que lo suple y que explica cmo la expresin es
(k) L A ACAD EM IA

dejado un importante testimonio que proyecta luz sobre los he


chos de su desarrollo intelectual. A l atacar la teora de ,1a armo
na en su obra sobre el alma, cita su primer escrito. Toma del
Eudem o el segundo argumento, el cientfico, que desarrolla algo,
pero abandona tcitamente el agumento de la sustancialidad
del alma.15
El segundo hecho que descubrimos en nuestro anlisis es el
de que el joven Aristteles era, por completo, independiente de
Platn en la esfera de la lgica y la metodologa. Aunque depen
diente de l en su visin del mundo, es aqu enteramente libre
y quiz tiene incluso un ligero sentimiento de superioridad. Su
reduccin de la prueba de Platn a sus elementos, y la perfeccin
tcnica de las dos pruebas que construye con ellos, revelan una
larga experiencia en estas cosas; y los conocimientos recogidos
en la doctrina de las categoras constituyen las bases de sus co
rrecciones. No significa nada en contra el hecho de que la obra
que poseemos sobre las categoras no pueda haberse escrito antes
de los das del Liceo, ni sea en absoluto del propio Aristteles.
(Es caracterstica del perodo de naturalismo y empirismo que
surgi en su escuela despus de su muerte.) La actitud funda
mental implcita en la doctrina de las categoras y las princi
pales partes de la doctrina misma se haban desarrollado antes
de que Aristteles osara minar las bases metafsicas de la filo
sofa de Platn.10

intencionadamente ambigua a fin de ocultar una secreta oposicin a Platn.


Simplicio piensa que ello contradice la idea corriente en Aristteles.
15 Arist., De A n., I, 4, 408a 1 $s.
Las Categoras no pueden ser una obra temprana, porque ponen el
Liceb como ejemplo de la categora de lugar, lo que se refiere indudable
mente a la escuela, que todava proporciona algunos otros ejemplos de con
ceptos lgicos. Basta pensar en Coriseo; el detalle del frecuente uso de su
nombre como ejemplo resulta claro cuando uno se imagina las lecturas de Asos,
a las cuales estuvo presente. En las Categoras se presenta la doctrina aristo
tlica de la sustancia primera y segunda como nominalista, detalle que no
puede eliminarse ni explicarse de ninguna otra manera, y ni siquiera la
forma es aristotlica. No debe estimarse en menos de lo que vale la im por
tancia de estas leves y no intencionadas indicaciones verbales. Ss ms, el
autor da por supuesto que se conoce ya la doctrina de las categoras, lim i
tndose a plantear unas pocas cuestiones. Nada de esto debe im pedim os,
E L EU D EM O 6i

Esto muestra qu dbil era el vnculo original entre la lgica


y la metafsica en el espritu de Aristteles, como opuestas a las
de Platn. Aristteles es el verdadero padre de la lgica, a a
que dedic un inmenso cmulo de sagaz pensamiento. Pero ja
ms reconoci en ella una parte de la filosofa, ni nada que tu
viera un objeto propio; siempre la trat meramente como un arte
o facultad (Svvajng) con reglas formales especiales, ms o menos
semejantes a la retrica. Haba llegado a ser ya el primer espe
cialista en lgica antes de deducir de su nueva doctrina de la
abstraccin consecuencias que iban contra la teora de las Ideas.
La influencia de sus estudios de lgica puede verse tambin
en algunos de los restantes fragmentos del argumento del Eu
demo en favor de la inmortalidad, y especialmente en su gusto
por lo que llamaba dialctica. Por esta palabra entiende Arist
teles, en contraste con Platn, todos aquellos argumentos que
descansan en premisas simplemente probables y tienen una fuer
za puramente subjetiva. El propio Platn hace un gran uso de
ellos en sus dilogos. Al lado de los argumentos rigurosamente
apodcticos, sirven para apoyar la prueba, como los peltastes sir
ven al lado de los hoplitas. (Hay que tener siempre presente el
lado erstico de la lgica de Platn y Aristteles.) Estos argumen
tos no poseen una completa exactitud (dxQpeia) cientfica. Sin
embargo, quin despreciara su peso en favor de una vida futu
ra que Aristteles saca de las creencias religiosas de los pueblos,
los ritos y los ms antiguos mitos? 17 Hasta en sus tratados parte
habitualmente de la manera general de ver o de las opiniones
de los grandes hombres. Trata de combinar el conocimiento
racional y puramente filosfico con el nclfco de verdad que yace
escondido en tales fuentes. Esta es la causa de que le hayan acu
sado de una proclividad hacia el sentido comn los que gustan

sin embargo, ver que la mayora de los detalles son aristotlicos en el fondo;
el Eudem o muestra qu temprana fecha se les debe asignar en el desarrollo
intelectual de Aristteles. Ernst Hambruch muestra en sus Logische Regeln
der platonischen Schule in der aristotelischen T o p ik que un gran nmero
de importantes puntos de ciencia lgica contenidos en los Tpicos se descu
brieron durante la estancia de Aristteles en la Academia (W issenschaftliche
Beilage zum Jahresbericht des Askanischen Gymnasiums, Berln, 1904).
IT Arist., frg. 44 (Rose, p. 48, 11. 11-22).
LA A C AD EM IA

de lo radical y extremo (y desde la revolucin romntica tenemos


en general a estos sujetos por los ms profundos pensadores, al
menos en la esfera intelectual). Pero es un hecho que esta dia
lctica cela una peculiar teora de la experiencia, en el sentido
histrico y concreto del trmino. Prestando odo no simplemente
a su propia razn, sino tambin a lo credo histricamente, a la
experiencia colectiva de los hombres o a las ideas de personajes
clebres, no tanto descansa Aristteles perezosamente en la opi
nin general, cuanto despliega una profunda comprensin de las
limitaciones de todo argumento meramente intelectual sobre
semejantes materias.
Para sondar las profundidades metafsicas del Eudem o, debe
mos dirigirnos l mito de Midas y Sileno. Cuando el rey pregun
ta al ltimo cul es el bien supremo (t jtvtov aQzrd)xaxov)t
Sileno seala con pesar la miseria y la infelicidad humana. El
estilo revela la influencia del discurso de Laquesis, hija de Anan-
ke, en el libro X de la R ep blica (617 d En trminos y tono
respira Sileno el melanclico humor de la naturaleza encadenada
por la tierra y estupefacta. Una terminologa platnica inteli
gentemente disimulada expone los principios de la filosofa
dualista. Es enteramente imposible que los hombres alcancen el
bien supremo; los hombres no pueden participar de la natura
leza de lo supremo ((xeTaaxev rife xov PetaaTOv qwoecog). Pues el
bien supremo para todo hombre o mujer es no haber nacido (t
yevoflai). Pero si nacieron, es lo mejor esto s que pueden
alcanzarlo morir lo antes posible. 18
El singular atractivo de estas elevadas palabras, el efectivo
orculo que contienen, reside en su intencionada ambigedad.
La sabidura popular aconseja la amodorrada resignacin; lo
mejor es morir. En este ingenuo pesimismo no hay esperanza algu
na de otro mundo ms perfecto o de una ms alta existencia tras
la tumba. Aristteles, por el contrario, insina en las palabras
de Sileno la concepcin fundamental de la metafsica de Platn.
T \ii\ Y^veoftai no es simplemente no haber nacido ; significa
tambin no entrar en el ciclo de la Generacin . A la Genera
cin opone el F ileb o (53 c ss.) el puro Ser del mundo de las Ideas,

18 Arist., frg. 44 (Rose, p. 48, 1. 23p. 49, 1. 11).


EL EU D EM O

como mi extremo contrario y su suprema nieta a la vez. Todo lo


valioso, todo lo perfecto, todo lo absoluto pertenece al Ser; todo
lo ivialo, imperfecto y relativo pertenece a la Generacin. Mien
tras que en su tica posterior difiere Aristteles de Platn en
no buscar un bien absoluto, sino lo mejor para el hombre
(vflpomvov aY<*&v), en este dilogo se halla por completo en
terreno platnico. Es aun evidente de suyo para l que cuando
discutimos el valor supremo debemos pensar en el Ser trascen
dental o el Bien absoluto, y no en lo que los griegos llamaban
; felicidad (e&ai^ovu). En el Bien absoluto no puede participar
acti\idad terrena alguna. Debemos retornar lo ms pronto posi
ble del reino de la Generacin y la Imperfeccin al mundo invi
sible del Ser.
i El platonismo de Aristteles resalta con la mayor claridad en
; el principal tema del dilogo, la doctrina de la inmortalidad.
Ms tarde sostuvo que el problema esencial de la psicologa era
r la conexin entre el alma y el organismo corporal, reivindicando
para s el haber sido el primero en descubrir la naturaleza psico-
^ fsica de los fenmenos psquicos. El primer resultado del descu
brimiento de estas relaciones psicofsicas fu inevitablemente el
de elimniar la fe platnica en la pervivencia del alma individual,
y la nica parte de sus primeras convicciones que pudo conservar
Aristteles fu la creencia en que el puro us es independiente
del cuerpo. Todas las dems funciones del alma, tales como la
conciencia, el amor y el odio, el miedo, la ira y la memoria, impli
can la unidad psicofsica como sustrato de ellas, y desaparecen
juntamente con ella.19 Esta incredulidad en la inmortalidad del
alma entera (sta es la nica manera histricamente rigurosa
de expresar lo que los modernos suelen llamar anacrnicamente
la inmortalidad individual) aparece bastante temprano en Aris-
\ tteles. En los tratados tiende el libro A de la Metafsica a limi-
\ tar la supervivencia al us, y este libro se escribi poco despus
de la muerte de Platn.20 Y hasta en un extracto del Protrpti-
tico de Aristteles hecho por Jmblico leemos: El hombre no
19 Sobre la inseparabilidad de las funciones del espiritu respecto del
cuerpo ver De A n.y I, i , 304 16, et passim . Sobre la diferencia entre el us
separado" y las funciones psicofsicas ver I, 4 408 *> 18-30.
20 Arist., M etaf., A 3, 10 70 a 24.
64 L A AC A D EM IA

tiene nada de divino o de sagrado, excepto la nica cosa que me


rece la pena, cuanto hay en nosotros de us y razn. Esto es lo
nico de cuanto tenemos que parece inmortal y divino. 21 Esta
limitacin le induce a valorar el us como lo ms alto; es real
mente Dios en nosotros lo que recuerda la doctrina del us
que entra desde fuera . Su doctrina tica de la felicidad y su
doctrina teolgica del pensamiento dependen de este modo de
ver. Es comprensible, por consiguiente, que ya desde los neopla-
tnicos se empezara a tratar de referir los argumentos del Eude
mo al us exclusivamente. Temistio relaciona esta difcil cues
tin con el problema de cmo entender la concepcin del alma
en el Fedn, que contiene igualmente ciertas ambigedades.
Temistio, o su fuente, atribuye, en efecto, al Fedn la secreta .
intencin de hacer eterno exclusivamente el us, pero aqu con
funde la intencin de los argumentos de Platn con sus conse
cuencias.22 Los mitos del castigo de los pecados y de la recom
pensa de las almas en la otra vida implican inevitablemente la
supervivencia del alma entera , mientras que pierden todo su
sentido aplicados al us de Aristteles. No se puede negar, sin
embargo, que las ms serias de las pruebas del Fedn (para
emplear la expresin de Temistio) prueban la eternidad de la
razn exclusivamente, por ejemplo, la de la reminiscencia y la del
parentesco del alma con Dios. El hecho es que Platn no distin
gui claramente en sus dilogos los dos problemas, que se domi
naron por primera vez en las discusiones de la Academia de don
de sali la cauta frmula posterior de Aristteles. En el Fedn
todava podemos distinguir claramente las corrientes originales
de pensamiento que se unieron en la religin de la inmortali
dad de Platn. Una viene de las especulaciones anaxagricas so
bre el puro us; ste descansaba en una apoteosis de la razn
cientfica, constituyendo el sumo emblema filosfico del racio
nalismo del siglo v. La otra corriente es de opuesto origen. Sur
ge de la fe rfica en otra vida, de la religin catrtica que
predica el arrepentimiento y la purificacin, a fin de que el alma
(iln?XT|) pueda evitar los ms terribles castigos en el ms all.
En esto no hay especulacin; es el sentimiento tico y religioso

21 Arist., frg. 6 1. 22 Arist., frg. 38.


E L E U D EM O *5

de la independencia e indestructibilidad de la esencia del alma.


En Platn se soldaron estas dos corrientes en una visible unidad.
Esta unidad estaba basada, sin embargo, no en un real paren
tesco de sus elementos, sino en la maravillosa combinacin de cla
ridad racional y frvido anhelo religioso que era el alma de
Platn. Puesta a prueba por el intelecto analtico, se rompe
de nuevo la creacin en sus partes originales.
Tras todo esto no puede sorprendemos que en el Eudem o
siga Aristteles las ideas del Fedn hasta en la tesis de ser inmor
tal el alma entera .23 Estas ideas realistas son las nicas que
pueden confortar religiosamente el corazn humano, ya que al
hombre no se le da nada de la eternidad de la razn impersonal
sin amor y sin memoria de esta vida. Pero Aristteles ha lucha
do con dudas y stas dejado sus huellas en su concepto de la
1 reminiscencia platnica. Sabemos que en su psicologa rechaza
la reminiscencia juntamente con la teora de las Ideas y la super-
* vivencia del alma entera.24 El Eu dem o, por otra parte, est ba-
V sado an en esta teora. Pero en el momento de escribirlo se ha
^ planteado ya Aristteles, y ha tratado de responder con los m-
> todos de Platn, la cuestin psicolgica de si la conciencia es
continua en la vida que sigue a la muerte. Esta es la cuestin
en que ms tarde le pareci descansar la inmortalidad en el sen
tido del Fedn. La continuidad de la conciencia depende de la
s memoria. Mientras que ms tarde niega que la posea el us, en
el Eudem o trata de salvarla para el alma que ha vuelto al otro
" mundo. Lo hace ensanchando la reminiscencia de Platn en una
doctrina de la continuidad de la conciencia a lo largo de las tres
fases de la existencia del alma su existencia anterior, su vida
sobre la tierra y su vida despus de la muerte. Al lado de la idea
.platnica de que el alma recuerda el otro mundo, pone su pro
pia tesis de que recuerda tambin ste. Para ello se apoya en una
analoga. A l caer enfermos pierden los hombres sus recuerdos,
hasta el extremo de olvidar cmo se lee y se escribe, mientras que
por otro ladQ aquellos que han vuelto de la enfermedad a la
23 Es lo que resulta perfectamente claro de las palabras de Tem istio,
que implican la necesidad de una "interpretacin1 para aplicar al us exclu*
sivamente las pruebas de la supervivencia del alma del Eudemo .
2* De An., III, 5, 430 23; Metaf., A 9, 993* 1.
LA ACAD EM IA

salud no olvidan lo que padecieron mientras estaban enfermos.


De la misma manera olvida el alma que ha descendido dentro de
un cuerpo las impresiones recibidas durante su existencia ante
rior, mientras que el alma a la que la muerte devuelve su patria
en el otro mundo recuerda sus experiencias y padecimientos
(jiadrjjuaTa) aqu.25 La vida sin cuerpo es el estado normal del
alma (xat qpvaiv); su estancia en el cuerpo es una grave enfer
medad. El Leteo de lo que contemplamos en nuestras vidas ante
riores es slo una interrupcin y oscurecimiento temporal de
nuestros recuerdos y de la continuidad de nuestra conciencia.
Puesto que no es de temer nada de esta ndole cuando conva
lecemos de nuevo, esto es, cuando nuestras almas quedan libres
de sus cuerpos, estas ideas parecen garantizar la inmortalidad del
alma entera. La validez de la prueba depende de la exactitud de
su supuesto, que el conocimiento humano es una reminiscencia
de los espectculos de all (t sxs {tecjxata). La inmortalidad
personal que ensea el Eudem o se mantiene en pie o sucumbe
necesariamente con este dogma platnico. Platn apoy su gran
descubrimiento lgico, lo a priori, con el mito de la reminiscen
cia. En un principio sigui el joven Aristteles las vas de este
mito, y nada nos autoriza a mirar esta manera de pensar, que es
un dogma fundamental en el M enn y en el Fedn, como una
simple metfora en el discpulo. Pero en el momento en que ste
comprendi claramente la naturaleza especficamente lgica del
pensamiento puro, y advirti que la memoria es un fenmeno
psicofsico, neg que el us fuese capaz de reminiscencia, y aban
don la preexistencia y la inmortalidad. En el Eudem o, sin em
bargo, an no ha llegado al punto en que el mito realista de
Platn iba a dividirse en sus dos elementos, la poesa y el pen
samiento.
El crculo de ideas platnico que encierra las vicisitudes del
alma en el Eudem o queda cerrado a excepcin del ltimo esla
bn, a saber, las Formas. U n crtico fro e imparcial sentir cier
tamente que no sera razonable eliminar del testimonio de
Proclo, que ste califica de autntica doctrina aristotlica, justa
mente aquel eslabn de la cadena de conceptos que es el nico

25 Arist., frg. 41.


E L jEUDEMO 67

que da sentido y conexin lgica a la exposicin culera, o decla


ra que es una adicin de la propia cosecha. Este eslabn es la
teora de las Formas. Son precisamente las Formas del Fedn
lo que se esconde tras de los espectculos de all . Prescindiendo
por completo del lenguaje, que es Platn puro, jams hubiera
podido Aristteles hablar de semejante manera sobre la base de
su psicologa y epistemologa posterior. Y aun suponiendo que la
cita de Proclo no garantice explcitamente la presencia de las
Formas en el Eudem o, la adopcin de las doctrinas de la pre
existencia y la reminiscencia sera bastante por s para hacerlas
necesarias. Como Platn dice en el F edn y se pueden admitir o
negar las Formas, pero no pueden separarse de la reminiscencia
o la preexistencia. Estas doctrinas se mantienen en pie o sucum
ben juntas, y la necesidad de la una y la otra es exactamente la
misma.20 Ms tarde, cuando Aristteles abandon la teora de
las Formas, fu inevitable que renunciara con ella a la reminis
cencia.
T al es, pues, la relacin en que estuvo Aristteles con Platn
hasta el ao 354-53 aproximadamente, despus de trece aos,
por lo menos, de estudiar bajo su direccin. Su perodo pla
tnico se extiende hasta cerca de la muerte de su maestro.
En la medida en que las primeras obras nos informan sobre la
naturaleza de un escritor, es perfectamente posible inferir del
Eudem o alguna de las caractersticas tpicas de Aristteles. Lo
notable es que era ya un maestro en el terreno del mtodo y de
la tcnica lgica por un tiempo en el que an dependa por
completo de Platn en metafsica. Esta dependencia tena evi
dentemente sus races en las profundidades de sus sentimientos
personales y religiosos no razonados. Las correcciones que trata de
introducir en su arquetipo platnico son cautas y conservadoras.
Hasta ensaya el seguir a lo largo del camino ms privativo de
Platn, el reino del mito de la carrera del alma. Este es la sede
de una de las mayores potencias filosficas de Platn, la poten-

26 platn, Fedn, 7 6 d. El principal argumento de Bernays, para probar


que el panorama del [Link] no puede basarse en la doctrina de las Formas,
es una vez mAs el testimonio de Proclo y de Plutarco, de que Aristteles
atacaba las Formas ya en los dilogos (op. cit., p. 25). En contra de esio
ver pp. 47-8 y n. 17, supra.
66 LA AC A D EM IA

cia de dar forma a una W eltanschauung. En el Eu dem o se ve


ya claro que la capacidad de Aristteles en este punto es menor,
a pesar de lo intenso de su ntima necesidad de ella, que su ge
nio cientfico en sentido estricto.
CAPTULO IV

EL PROTREPTICO

I. Form a y propsito

J el Eudem o es el Protrptico la obra ms importante


u n to co n

para nosotros de todas las escritas antes de la muerte de Platn,


tanto por el grado en que se conserva cuanto por su importan
cia general. En primer trmino, sin embargo, necesitamos una
prueba de que estaba escrito antes de la muerte de Platn, pues
hasta ahora apenas si se ha presentado la sombra de una. N i si
quiera se ha resuelto completamente el problema de su forma
literaria, a pesar de haberse discutido mucho hasta tiempos re
cientes. Menos an se ha intentado determinar su contenido filo
sfico.
El Protrptico guarda una posicin excepcional entre los pri
meros escritos de Aristteles. Est dirigido a Temisn, un prn
cipe de Chipre. Aunque no sabemos nada ms acerca de este
hombre y de sus circunstancias, fcil es de imaginar qu clase de
persona poda ser un pequeo dspota ilustrado de comienzos
de la edad helenstica. Conocemos a otros dos prncipes cipriotas
por el encomio de Evgoras debido a Iscrates y por la carta abier
ta de ste a Nicocles, hijo de Evgoras. La misiva, a Nicocles
es un protrptico; seala al joven gobernante los mejores prin
cipios de un justo e inteligente rgimen. En el siglo iv rivaliza
ban las escuelas en esta forma por obtener la atencin de los
poderes temporales, con el fin de ganar influencia en la poltica.
No sabemos si fu por medio de su amigo cipriota, Eudemo, como
lleg Aristteles a conocer a Temisn. Lo que debemos suponer
con certeza es que el propsito de su epstola formaba parte de
las actividades polticas de largo alcance a que estaba entregada
por aquel tiempo la Academia.
69
yo LA AC A D EM IA

Aristteles se diriga- a Temisn en la introduccin. Aqu


deca que la riqueza y poder de Temisn le hacan especialmen
te apto para la filosofa.1 Esto no es una adulacin, como parece
a primera vista. Recordemos que, segn la manera de ver de Pla
tn, las nicas personas que pueden tener la esperanza de realizar
el mayor bien en el estado, y prestar ayuda a la humanidad que
padece, son los filsofos que obtengan el poder poltico o los
reyes que se consagren seriamente a la filosofa. Tambin Pla
tn estima, pues, que la riqueza y el poder son indispensables
instrumentos de la Idea.2 Hay que ayudar a Temisn a realizar
la filosofa poltica de la Academia.
La forma de la obra est estrechamente relacionada con este
propsito, y ste es uno de los puntos en que padecemos las
consecuencias de haber tratado habitualmente ambas cuestiones
por separado. La forma protrptica tuvo su origen en el nuevo
mtodo educativo de los sofistas. No es un desarrollo del m
todo socrtico. En modo alguno pide necesariamente la vestidu
ra del dilogo, aunque se haya solido considerar sta como la na
tural para los escritos exotricos de Aristteles.3 Cuando en su
Hortensio pone Cicern en forma de dilogo las ideas del Pro-
trptico de Aristteles, cree necesario anunciar la modificacin
hasta en el ttulo. Y la forma de los protrpticos conservados,
aunque pertenecen al tiempo de los emperadores, nos permiten
inferir que un protrptico era una exhortacin, algo semejante
al sermn helenstico para hacer proslitos, que est relacionado
con l en forma y espritu y que fu adoptado por la Iglesia
cristiana. Probablemente era frecuente convertir en dilogos ideas
protrpticas, como sucedi en la T a b lilla del Pseudo-Cebes. Si

1 Arist., frg. 50.


2 El autor de la segunda carta platnica expresa un pensamiento entera
mente platnico cuando dice (310 e ): E s una ley natural que la sabidura
y un gran poder se atraigan mutuamente. Siempre se estn persiguiendo y
buscando uno a otro y siempre van juntos.
3 En nuestros catlogos de las obras de Aristteles, as en el de Digenes
como en el de Hesiquio y Tolomeo, figura el Protrptico entre los escritos
exotricos, que se dan primero. Pero esto no implica nada sobre su forma,
puesto que es posible que fueran exotricos otros escritos adems de los
dilogos. El Protrptico se contara exactamente lo mismo como exotrico aun
cuando estuviese en la forma de un discuiso o de una carta abierta.
KL P R O T R E P T IC O 7l

pas lo mismo con el Protrptico de Antstenes no es seguro, pero


todo el mundo sabe que Platn obr as con argumentos socr
ticos en el Eutidem o. En este dilogo pone Scrates a los sofistas
que toman parte en la conversacin ejemplos de una discusin
/protrptica con un discpulo, en su propia y peculiar forma de
preguntas y respuestas, exactamente como juega caprichosamen
te a menudo con las formas sofsticas de expresin. Aristteles
sigue expresamente este ejemplo clsico de protrptica platnica
pero slo en el contenido. En la forma toma aqu por una vez
el camino, no de Platn, sino de Iscrates.
La forma de una carta personal no es la nica cosa tomada
por Aristteles a esta fuente; pues la exhortacin (jtaoav<ng)
era una parte expresa del mtodo isocrtico de educacin. Diri
girse a una persona particular es un recurso de estilo sumamente
antiguo en toda clase de enseanza moral y discurso didctico.
En el perodo durante el cual fu la poesa el medio generalizado
de ejercer una influencia espiritual sobre la humanidad, pode
mos seguir el curso del dirigirse a un individuo desde las exhor
taciones de Hesodo a Perses fiasta el poema didctico de Emp-
docles y las mximas dirigidas por Teognis a Cirno; las escuelas
seguan usando estas ltimas para la educacin moral de los
nios en los tiempos de Scrates y los sofistas. Los sofistas reem
plazaron esta poesa gnmica de viejo estilo por una nueva forma
en prosa, que empez a rivalizar con xito con el mtodo tradi
cional.4 El modelo de prncipe que nos da Iscrates en su A
N icocles es la contrapartida sofstica del modelo de caballera
en Teognis. Ambos pertenecen al mismo gnero. El Protrptico
de Aristteles es ms, sin embargo, que una gua filosfica para
prncipes. Proclama el nuevo ideal de la vida puramente filos
fica, que Platn requera del hombre de accin tanto como de
cualquier otro (pues el exhortar a un poltico prctico a cultivar
la vida teortica es un rasgo platnico, extrao al Aristteles
posterior). Digamos de paso que la obra no est, como se afirma
generalmente, dedicada al principesco amigo de Aristteles. El
dedicar dilogos y tratados pertenece a los hbitos literarios de
4 P. Wendland traza la fiel historia del desarrollo de la prosa protrp
tica desde la poesa gnmica de las Tjto{tfpcai en su Anaximenes von Lampsa-
kos (Berln, 1905), pp. 81 ss. Cf. Iscr., A d Nicocl., 3.
7* LA ACADEMIA

la cortesa helenstica; nada de semejantes usos artificiales era J


conocido en el mejor perodo. En Aristteles sigue siendo el di- j
rigirse a una persona particular la viva expresin de la manera
propia de una exhortacin tica fructfera. Es algo orgnicamen-\
te unido con el estilo protrptico como tal. ]
Hay otras huellas de la imitacin de la exhortacin o jta-/
Qaveaig socrtica. Verdad es que incluso aqu encontramos la'
forma peculiar que sella todo lo que proviene de Aristteles, el
predominio de la organizacin de cadenas de pensamientos en \
silogismos apodcticos. Verdad es que precisamente aqu poda l
esta forma ganar fciles e ingeniosas victorias. ( Debemos filo- '
sofar? , tal era la cuestin que preocupaba a toda exhortacin al
estudio de la filosofa. La respuesta de Aristteles vena a punto. ./
O debemos, o no debemos filosofar. Si debemos, debemos. Si no
debemos, tambin debemos (para justificar esta manera de veri.
Por consiguiente, en todos los casos debemos filosofar.5 La ma
yora de los fragmentos conservados tienen una forma silogstica
similar.) Sin embargo, a travs de este velo de dialctica brillan
frecuentemente las ideas de las exhortaciones ms antiguas. La
ccin recproca entre el viejo repertorio de ideas y la nueva y
contundente manera de apoyarlas resalta con particular claridad
en uno de los fragmentos ms largos. Este pasaje sobrevivi lo
bastante para entrar en las antologas bizantinas; su forma origi
nal y no abreviada se ha descubierto ltimamente en un papiro
de Oxirrinco.6

Cree que la felicidad humana no est en la magnitud de las


riquezas, sino en la buena ndole del alma. Ni siquiera del cuer
po se dice que se encuentra bien cuando est magnficamente
vestido, sino cuando est sano y en buenas condiciones, aun cuan
do le falte semejante ornamentacin. De la misma manera, slo
el alma cultivada debe llamarse feliz; y slo el hombre que tal
es, no el hombre magnficamente ornado con bienes externos,
pero carente de toda vala propia. Tampoco llamamos a un mal
caballo valioso porque tenga un bocado de oro y costosos arneses;
rservamos nuestro elogio para el caballo que se encuentra en
perfecto estado.

r Fio. G Frg. 57* Cf. Pap. O x y r h vol. IV, pp. 83 ss.


EL P R O T REPTIC O 73

O bien:

Exactamente como sera una ridicula figura un hombre que


fuera intelectual y moralmente inferior a sus esclavos, de la mis
ma manera debemos creer miserable a un hombre cuyas riquezas
sean ms valiosas que l mismo... La saciedad engendra el liber
tinaje, dice el proverbio. La vulgaridad ligada al poder y a las
riquezas produce la locura.

Estas ideas no son peculiares de la sabidura platnica, pero la


forma apodctica de exponerlas es nueva. El frecuente debemos
creer es incluso uno de los procedimientos tcnicos de la exhor
tacin sofstica. Iscrates, en su discurso a Nicocles, y el autor
del protrptico A Dem nico empiezan sus sentencias de esta ma
nera no menos de quince veces. Nuestro anlisis filosfico mos
trar que Aristteles transform efectivamente, no slo el in
agotable fondo de la antigua sabidura proverbial griega, sino
tambin la tica y metafsica de Platn. Sold el contenido exhor
tatorio del Gorgias y el Fedn con la prosa uniforme de la pro
trptica socrtica. Esta sntesis es el fruto de los esfuerzos de los
jvenes platnicos por naturalizar la retrica tcnica en la Aca
demia y convertirla en una disciplina cientfica.
De esta suerte viene a ser el Protrptico un manifiesto en
pro de la escuela de Platn y de su idea de los fines de la vida
y de la cultura. Iscrates haba combinado el adiestramiento in
telectual, por medio de ejercicios formales de composicin oral
y escrita, con la instruccin en los principios de la tica y de la
poltica prctica. Su crculo se encontr de pronto en pblica
oposicin con un nuevo competidor. El Protrptico mostraba que
la Academia poda sostenrselas en la esfera de la retrica. Pero,
adems, su contenido tiene que haber parecido a los seguidores
de Iscrates un ataque abierto a su ideal de cultura. Las obser
vaciones polmicas de Iscrates sobre el ideal platnico de la
educacin de la juventud por medio de la pura filosofa, y su
defensa del trivial punto de vista utilitario en la educacin, ende
rezada a halagar la psicologa del filisteo medio estas cosas pe
dan haca tiempo una respuesta por parte de la Academia. En
el Protrptico refutaba Aristteles la trivial tesis de que el valor
del conocimiento debe medirse por su utilidad en la vida prc
74 L A AC A D EM IA

tica. Pero lo que refutaba a las personas vulgares todava ms


convincentemente que la agudeza de sus silogismos era la demos
tracin, renovada a cada lnea, de su propia superioridad inte
lectual. Aristteles mostraba que ni un buen estilo de escritor,
ni una vida llena de sensibilidad, ni una actividad poltica crea
dora las metas a que Iscrates haca profesin de conducir
eran posibles sin una verdadera solidez en los ltimos principios
de las convicciones humanas.
Parece que la escuela de Iscrates no dej de publicar una
rplica, y que un accidente nos la conserv entre los discursos de
Iscrates. Es la exhortacin annima A Dem nico, msera pro
duccin de una personalidad inferior, que delata un espritu de
pura envidia y rivalidad. E n el autor puede reconocerse a un
discpulo de Iscrates por el arsenal de que toma sus armas inte
lectuales: la composicin y los lugares comunes del discurso
muestran que no pudo escribirse considerablemente ms tarde.
Probablemente se conserv tan slo por haber sido un encargo
de la escuela. En la introduccin expone el autor sus intencio
nes de la siguiente manera.7

Quienes componen discursos protrpticos dirigidos a sus pro


pios amigos se entregan, no cabe duda, a una laudable ocupacin;
sin embargo, no trabajan en la parte ms vital de la filosofa.
Quienes, por el contrario, ensean a la juventud, no los medios
con que pueden ejercitar la habilidad en la simple dialctica
(8i* d>v tr]v 8sivrryca rrjv v totq Xyou; <rxr|aovoiv),8 sino cmo
pueden ganar reputacin de hombres de un carcter firme, pres

7 [Iscr.,] A d D e m o n 3.
8 La idea de la filosofa que tiene el autor es la de Iscrates, una idea
parecida a la nuestra de cultura general. La habilidad en el argum entar
que el autor condena y el cultivo de ella, no es, como vi Wendland, la
fiabilidad del retrico. El autor no combate la protrptica en favor de la re
trica, sino la filosofa lgica o dialctica; cf. Iscr., H el., 2, donde se carac
terizan de nuevo las mismas cosas como un excesivo inters por los argu
mentos (jieQieQya v xo? ^yois). En la Antidosis (258 s. J se asocian la
dialctica, la geometra y la astronoma como formando el programa educa
tivo distintivo del adversario. Igual que en el discurso A Demnico, se dice
de ellas que son efectivamente tiles como disciplinas intelectuales (265),
pero que 110 sirven de nada para las grandes acciones e ideales.
EL P R O T R E P TIC O 75

tan un servido mayor a sus oyentes, ya que mientras que el pri


mero los exhorta a progresar en el argumentar, el ltimo mejora
su conducta moral.

Esto parece enderezarse contra un protrptico dirigido a un amigo


desde un punto de vista filosfico, conscientemente teortico y
abogando por el estudio de la dialctica. Es seguro que ninguna
. obra de este gnero puede haberse vuelto suficientemente famosa
para parecer peligrosa al crculo isocrtico excepto el Protrptico
de Aristteles. Esto concuerda especialmente bien con lo que dice
el secuaz de Iscrates sobre la actitud hostil para con la vida y el
mundo desplegada por su adversario en su idea del fin de la
educacin. El de Aristteles era el primer protrptico filosfico,
y hasta donde sabemos el nico que planteaba en trminos pre
cisos la controvertida cuestin de si debemos realmente educar
tan slo para la vida . Frente al mundo burgus de Iscrates le
vanta su audaz requisitoria en favor de la vida teortica . Pero
no necesitamos conformarnos con consideraciones generales; es
posible dar una prueba ms tangible de su influencia sobre el
A D em nico.9

A D e m n 19: No dudis Arist., frg. 52 (Rose, p. 62,


en recorrer un largo camino en 1. 7): No debemos esquivar
busca de quienes hacen profe la filosofa, si la filosofa es,
sin de brindar una instruc segn pensamos, la posesin
cin til; pues vergenza sera y el uso de la sabidura, y la
que los mercaderes crucen vas sabidura uno de los ms
tos mares, en el afn de au grandes bienes. No es cosa de
mentar sus riquezas, y que la navegar hasta las columnas
juventud no sea capaz ae so- de Hrcules, corriendo mlti-

9 En sil excelente discusin del A Demnico llam a la atencin P. Wend-


land (op. cit., pp. 9255.) sobre sus relaciones con el Protrptico de Aristteles
y seala el paralelo reproducido en el texto. Aunque l no la saca, a m me
parece la inevitable consecuencia de estas observaciones la de que el A De
mnico est dirigido principalmente contra el Protrptico, y escrito realmente
con la intencin de anotarse otro triunfo contra el ideal de esta obra. No
es, naturalmente, necesario que el eco siguiera inmediatamente a la aparicin
de la obra de Aristteles, pero ciertamente se escribi en vida de ste an.
Durante los cien aos inmediatos fu constantemente creciente la influencia
del Protrptico (cf. Arist., frg. 50), lo que hace perfectamente comprensible
tal crtica de l.
L A A C AD EM IA

portar ni siquiera jornadas pies peligros por el amor a la


por tierra para hacer progre riqueza, y que no gastemos di
sar su entendimiento. nero ni esfuerzos por adquirir
Cf. el comienzo de esta sec la sabidura. De esclavos es
cin: Cree que muchos pre verdaderamente suspirar pol
ceptos son mejor que mucha la vida en lugar de hacerlo
riqueza, pues la riqueza pres por una buena vida, y seguir
tamente nos deja, pero los las opiniones de la multitud
preceptos perduran eterna en lugar de pedir que la mul
mente; pues de todas las ri titud siga las nuestras, y perse
quezas nicamente la sbidu- guir el dinero, pero no prestar
ra es imperecedera. atencin ninguna a lo que es
ms noble.

La correspondencia de los dos pasajes no puede ser acciden


tal, por la siguiente razn. En Aristteles el cuadro de los nave
gantes corriendo toda clase de peligros en su sed de riqueza pro
porciona un perfecto contraste con los hombres que han de hacer
sacrificios si quieren cultivar los ms altos bienes. El discpulo
de Iscrates, por su parte, lo reproduce sin vigor, tal como un
retrico que recoge rasgos de estilo en sus lecturas para hacer
ms tarde uso de ellos. Es incapaz de lograr el verdadero efecto
perseguido. Su anttesis resulta forzada y fra. A la imagen ro
bada de los mercaderes navegantes opone el seguro viaje por
tierra del estudiante que se dirige a Atenas para entrar en la uni
versidad. Su sorprendente admonicin de que muchas lecciones
valen ms que mucha riqueza no carece por una vez entera
mente de originalidad, pues en la escuela de Iscrates la ins
truccin era costosa.

II. Conservacin y reconstruccin

En su penetrante libro sobre los dilogos de Aristteles diri


gi Bernays la atencin de los fillogos hacia las obras de los
neoplatnicos, poniendo algunos ejemplos de su predileccin por
estos dilogos.
Produjo ello un excelente fruto en 1869, cuando Ingram
Bywater mostr que haba amplios fragmentos del Protrptico
de Aristteles en la obra de Jmblico del mismo nombre, donde
yacen enterrados bajo numerosos extractos de los dilogos de
EL PRO TREPTICO 77

Platn.10 Quiso la suerte que por dicha fecha completara Ber


nays sus investigaciones, y su conclusin de que Aristteles no
haba tenido jams un perodo platnico le cerr el paso para
emprender el alcance del nuevo descubrimiento. Hasta el propio
Bywater se dej convencer enteramente por la argumentacin
de Bernays. El placer del descubrimiento le indujo a publicarlo
rpidamente, sin hacer ningn esfuerzo cuidadoso por cerciorar
se de lo que haba encontrado o fijar los lmites de los nuevos
fragmentos.
El Protrptico de Jmblico es un libro de lectura para prin
cipiantes en filosofa. Est compuesto a base de obras que ense
aban una doctrina genuinamente pitagrica, como hacan los
neoplatnicos que haban sucedido a Porfirio. Eran i ) las de es
tos neoplatnicos, 2) los escritos, por la mayor parte espurios,
de los antiguos pitagricos citados por los anteriores, y sobre
todo 3 ) los de Platn y del primer perodo de Aristteles, consi
derados como genuinamente esotricos. El carcter sagrado de
estos escritos es un ejemplo del tremendo poder ejercido entonces
por la tradicin encarnada en libros; tambin lo vemos en el
Cristianismo y el Judaismo de la misma poca, como ms tarde
en el Islam. Partiendo de pasajes de los dilogos de Platn, la
mayor parte muy conocidos y puestos en conexin de una mane
ra muy descuidada, teje Jmblico un abigarrado tapiz. Las tran
siciones son inadecuadas y estereotipadas, de suerte que las cos
turas son perceptibles por todas partes a primera vista. Las partes
dialogadas se transforman en prosa continua, no sin graves inad
vertencias. Aunque no se dice explcitamente que se cita a Platn
y a Aristteles, no se trata de un intento de engaar, pues los
pasajes eran familiares a toda persona competente. An as, es
una triste obra y una prueba del hecho de que la cultura lite
raria y la independencia cientfica declinaban constantemente
por aquellos tiempos. Jmblico tom en consideracin el Pro
trptico de Aristteles por ser ste el arquetipo de aquel gnero
de escritos, si no por otra razn, y sac sus extractos de su propia
lectura de la obra. A los neoplatnicos les atraa el carcter asc
tico y religioso del libro. Lo consideraban una prueba del pla

10 T h e Journal of Philology, vol. 11, pp. 55 ss.


7 LA A C A D EM IA

tonismo atribuido a Aristteles, o en todo caso un medio de


conciliar las contradicciones que se encontraban entre Platn y
la doctrina peripattica. Se puede llegar a decir que los neopla
tnicos provocaron un renacimiento del libro, pues casi todos
ellos presentan huellas de l.
Pasemos a determinar la extensin de los extractos que se
encuentran en Jmblico, tarea ya intentada por Bvwater, Hirzel
y Hartlich.11 La parte principal de su libro, los captulos 5 19,
est hecha de citas de los dilogos de Platn. En los captu
los 612 estas series estn interrumpidas por pasajes de Arist
teles. Todos ellos proceden de una obra perdida, y que sta es
el Protrptico lo reconoci por primera vez el propio Bywater.
La identificacin no era difcil, porque partes de estos captulos
se encontraban en Cicern, San Agustn, Proclo y Boecio, en
forma literalmente igual o aproximada, y atribuidos a Aristte
les o en pasajes evidentemente protrpticos y en escritos de los
que poda probarse la dependencia respecto del Protrptico de
ste. Impresionados por la falta de orden de los extractos, con
cluyeron Hirzel y Hartlich que Jmblico deba de haberse ser
vido tambin de otros escritos de Aristteles, pero esto no se
ha probado. Adems de Platn y Aristteles, se hace uso de otro
escritor en el captulo 5, y a l se atribuyen las partes de este
captulo que no pueden adjudicarse a Platn. Su trmino se
pone generalmente en el comienzo de los extractos de Aristteles
dentro del captulo 6 y cuya fuente es demostrable (como en la
ltima edicin, la de Pistelli), pero espero mostrar en otro lugar
que proceden de Porfirio. Esto hara probable el que tambin
sea Porfirio el autor de las otras tres secciones no identificadas
del captulo 5, puesto que son de un origen claramente neopla-
tnico.
Los extractos de Aristteles empiezan con unos argumentos
muy inconexos en pro del valor de la filosofa. Estn basados en
el Eutidem o de Platn, puesto que estn tomados ms o menos
literalmente de la conversacin protrptica de Scrates (278 e ss.),

Hirzel, Hermes, vol. x, pp. 8$ss. Paul H artlich, De exhortationum a


Graecis Romanisque scriptarum historia et ndole (Letpz. Studien, vol. xi,
parte 2, Leipzig, 18S9).
EL PRO TREPTICO 79

hecho que ha pasado inadvertido. Lo que es ya ms importante


es que sta es la misma parte del Eutidem o de que tambin se
sirve Jmblico como comienzo de sus citas de Platn (p. 24,
11. 22 ss.). Puesto que no es probable que la repeticin sea un
descuido, y puesto que las palabras no son una simple cita del
Eutidem o, sino una reduccin un tanto forzada de la exposicin
de Platn a varios silogismos bastante largos en que hay algunos
trminos aristotlicos, es evidente que Jmblico no se sirve aqu
directamente de Platn, sino de una fuente intermediaria. Esta
fuente es el Protrptico de Aristteles. Exactamente como en el
, Eu dem o tom Aristteles por modelo el Fedn, as en el Pro
trptico sigui frecuentemente la obra que contena la crtica de
la protrptica de los sofistas hecha por Platn, a saber, el E u ti
dem o.
Esto nos hace dar otro paso. Bywater compara los siguientes
pasajes:

Cic., Hortensio (ed. Baiter), Jmbl., Protr. (ed. Pistelli),


frg. 26 (ed. Mueller, frg. 36): p. 24, I. 22:
Beati certe omnes esse volu- Todos los hombres desea
mus. mos ser felices.

Que Cicern hizo uso del Protrptico de Aristteles en su dilo


go protrptico es tan absolutamente seguro por otras razones,
que apenas si era necesaria la prueba de esta coincidencia lite
raria. Bywater supone que de nuevo es aqu Aristteles la
fuente comn. El pasaje de Jmblico, juntamente con todo su
contexto (p. 24, 1. 22p. 27, 1. 10), pertenece sin embargo a una
cita directa del Eutidem o, y esto invalida la inferencia de By*
water por lo que se refiere a Jmblico. De otra parte, la idea
de que tambin Cicern hiciera uso directo del Eutidem o le
achaca un mtodo de trabajo ms a retazos del que empleaba en
realidad. La frase citada, que formaba el comienzo del silogismo,
estaba sin duda tomada realmente del Protrptico de Aristteles,
y es Aristteles, y no Cicern, quien la sac del Eutidem o, junto
con todos ios dems pasajes que recuperamos antes. Aristteles
estaba poco dispuesto, parece, a omitir la famosa frase inicial de
la conversacin protrptica del Eutidem o. Jmblico, sin embargo,
8o LA A C AD EM IA

la omite al citar a Aristteles, porque pocas pginas antes la haba


copiado directamente de Platn. Es este mtodo de hacer extrac
tos el responsable de la completa falta de conexin en la primera
serie de argumentos (p. 37, 11. 322) que tom Jmblico del
Protrptico.
El pasaje inmediato revela an ms decisivamente el mtodo
de Jmblico (Arist., frg. 52).
Consiste en una sola argumentacin completa que se extiende
a lo largo de varias pginas (p. 37, 1. 22p. 41, 1. 5). A primera
vista parece ser de una sola pieza. Dado que las 11. 1524 de la
p. 40 estn citadas tambin en Proclo, que las atribuye expresa
mente a Aristteles, se ha inferido que no slo este pasaje, sino
la prueba entera est tomada del Protrptico. Esta obra tiene con
seguridad que haber discutido la posibilidad de la filosofa como
sector del conocimiento humano, su importancia para la vida y
la velocidad de su progreso. Adems, la prueba entera reaparece
en otro libro de Jmblico donde se la usa incongruentemente
como una defensa de las matemticas. All la precede una crtica
de la filosofa hecha por sus enemigos, los que se oponen en prin
cipio a toda teora pura; y tambin este pasaje ostenta todas las
seales de un origen aristotlico. Es por lo que Rose enlaza
las dos versiones (frg. 52).
L a evidencia interna muestra que no puede haber duda acer
ca de lo justo de la atribucin. La nica cuestin es la de si Jm
blico tom la prueba en su integridad o la zurci l mismo con
retazos de Aristteles. En primer lugar, mientras que los extrac
tos de Platn estn simplemente yuxtapuestos sin mayor cone
xin, advertimos que los de Aristteles prueban una ntima rela
cin. En su fuente aristotlica encontraba Jmblico una serie
completa de ideas protrpticas, que naturalmente deseaba imitar.
Pero la esperanza de que nos haya conservado intactas series ente
ras de argumentos del Protrptico de Aristteles resulta por des
gracia ilusoria. Su modelo le incit realmente a intentar una
prueba coherente del valor propio de la filosofa. Pero los cap
tulos en que articul esta serie de ideas, aunque pulidos exter
namente, son una combinacin sumamente tosca y violenta de
materiales aristotlicos. Su soldadura externa no nos permite
inferir que estn intactos o que sean realmente seguidos.
EL P R O T R E P T IC O 81

Sirva de ejemplo el fragmento 52. El conjunto es una defensa


tripartita de la filosofa. Las palabras iniciales y finales y las
del centro, por medio de las cuales estn unidas las tres partes,
son reminiscencias del estilo de Aristteles en los tratados. Pero
s comparamos la otra versin de este extracto que se encuentra
en el libro 111, encontramos que en ella omite enteramente Jm
blico la introduccin y da la conclusin en otra forma. Se sigue
que l es el responsable de la estructura de la prueba y de las
palabras que la denotan. Jmblico se sirve de las ideas de Aris
tteles como piedras de construccin, a las que obliga a entrar
toscamente v 1 su pobre armazn. De la arquitectura original no
queda huella. La misma conclusin se sigue de las palabras con
servadas por ambos, Jmblico y Proclo, al final del fragmento,
De su estrecha y minuciosa correspondencia resulta claro que son
exactamente las palabras originales de Aristteles. La nica dife
rencia est en el punto de vista bajo el cual se hace en cada caso
la cita. Proclo se sirve de ella para probar que la filosofa es un
fin en s misma (8i* auto apetv), tesis tratada en forma exhau^
tiva por el Protrptico. Jmblico desea demostrar por medio de
ella que la filosofa no puede ser un estudio muy difcil, lo que
no era ciertamente la intencin de Aristteles. Esto suscita la
sospecha de que el resto del edificio de la prueba tampoco sea
aristotlico. La disposicin que Jmblico da a su material es
superficial, y nuestro anlisis de l no sera menos superficial si
lo dividisemos en captulos, y an ms si asignsemos stos a
diferentes escritos de Aristteles. No hay razn alguna para su
poner que Jmblico se sirviese de ms de una obra. Se .ha adu
cido que tal captulo no puede proceder del Protrptico pot
mencionar cosas ya parcialmente discutidas en otro captulo.
Semejantes argumentos no son convincentes. Los captulos son
construcciones de la fantasa. Se derrumban tan pronto como se
golpea el deleznable cemento que mantiene los miembros en su
sitio. Unicamente estos ltimos, sacados de los lugares que ocu
pan, resisten la investigacin sin pulverizarse. Su sustancia tiene1
la cohesin que le da la frrea lgica del silogismo aristotlico.
Fundndose en paralelos que se encuentran en Cicern, Sai>
82 LA AC A D EM IA

Agustn y Boecio12 se ha demostrado que tambin los siguientes


pasajes son extractos del Protrptico: cap. 8, p. 47, 1. 5p. 48,
1. 21 (frgs. 59, 60 y 61) y cap. 9, p. 52, 1. 16 -p . 54 1. 5 (frg. 58).
A stos hay que aadir el comienzo del cap. 8, p. 45, I. 6p. 47,
1. 4 (frg. 55). Todo este trozo deriva de una sola fuente. Se
caracteriza por raciocinios dialcticos ( de acuerdo con lo que
es claro para todos"), que Aristteles gusta especialmente de usar
en sus obras literarias, y por un empleo peculiar del concepto
de sabidura ((pQvriaig), del que hablaremos ms tarde. Pero
hay todava ms extractos. Empiezo por el captulo 7, que es
especialmente importante y que hasta ahora no ha sido conside
rado como procedente del Protrptico de Aristteles.
Las palabras iniciales son del propio Jmblico (p. 41, 11. 6
15). Este se propone mostrar 1) que el pensar (t cppovstv, que es
aqu un trmino genuinamente platnico que significa el con
junto de la filosofa pura) es valioso en s para los hombres;
2) que es til en la vida, ya que sin pensar ni razonar no puede
l hombre alcanzar nada de provecho; y 3) que la filosofa es
esencial para alcanzar la felicidad, cualquiera que sea el plan de
Vida que se pueda tener, ya se entienda por felicidad un mximo
de sensaciones placenteras (r}8ovr|), ya una vida completamente
ifribuda de principios ticos y ocupada en realizarlos (pctr)),
ya la vida del intelecto puro (q)Qvr]aig). Estos tres puntos corres
ponden exactamente a la sucesin de los captulos: 1) caps. 79,
a) cap. 10 y 5) caps. 1 1 12. Ahora bien, es posible dudar hasta
qu punto estn copiados estos captulos de una fuente aristot
lica (ms abajo se muestra que de hecho todos son extractos del
Protrptico); pero nadie creer que en el orden que guardan en
Jmblico constituyan un continuo fragmento de Aristteles. Por
consiguiente, debe hacerse responsable al propio Jmblico de
las palabras introductorias que anuncian el esquema de los seis
captulos siguientes. Lo que l hace es tomar este esquema y lle
narlo con pasajes escogidos de su fuente (aunque tampoco cabe

12 Las esperanzas de Usener (R h ein . Mus., vol. 28, p. 400) de encontrar


importantes trozos del Hortensio en Boecio no se han visto cumplidas. De
Ijecho, Boecio no puede haber hecho uso en absoluto del Hortensio, como el
propio Usener se vi obligado a adm itir ms tarde (Anecd. H olderi, p. 5*).
San Agustn fu, en cambio, un asiduo lector del dilogo.
EL PRO TREPTICO 83

duda de que las tres divisiones del esquema estn copiadas asi
mismo de la propia fuente). Esto es claro desde el primer mo
mento; despus de anunciar su plan no hace Jmblico esfuerzo
alguno para suavizar la transicin a la cita literal, sino que em
pieza con la frase esquemtica de Aristteles eti tovvv (p. 41,
1. 15). La prueba as abierta se extiende hasta la p. 43, 1. 25 y
forma en conjunto una sola serie de ideas, aunque la 1. 5 de la
p. 42 est indudablemente abreviada. En la 1. 25 de la p. 43 em
piezan algunos recortes ms, pero la conclusin de la parte
precedente (p. 43,11. 225) muestra qu estrecha era su conexin
original con el argumento que sigue (p. 43, 1. 27, hasta el fin del
cap. 7). Es patente que todo esto se compone de citas inconexas
de un autor anterior, y el estilo y las ideas revelan a cada paso que
este autor es Aristteles. Fuera un proceder verdaderamente
ametdico excluir estas pginas simplemente porque parezca no
haber una prueba externa a su favor, cuando estn rodeadas por
todas partes de pasajes que puede demostrarse son aristotlicos.
La principal serie de ideas de la primera seccin (p. 41, 1. 15
p. 43, 1. 25) es especficamente aristotlica, y lo mismo la forma
en que se desarrolla. Con el fin de determinar lo-que es favorable
y provechoso para cada naturaleza hace el autor uso del concepto
de xXog. El fin de cada naturaleza debe buscarse en alguna
actividad importante, en alguna viva eficacia que ella tenga. En
el conjunto de sus obras o funciones (egyov) ha de destacar una
como su peculiar virtud (obceca perr)) frente a todos los dems
individuos o especies; sta es la obra que es esencial a ella y
constituye su tXog. La tarea de cada naturaleza est determinada
por su capacidad innata. La escala de las funciones en orden a
su valor depende de la naturaleza, pues las instrumentales son
siempre las inferiores biolgicamente y las dirigentes las supe
riores. T a l es, por ejemplo, la relacin de las funciones del cuer
po a las del espritu. En este sentido, el Bpyov de las facultades
del espritu tiene mayor valor que el de las del cuerpo. La ms
alta de todas es aquella facultad del alma cuyo valor no reside
en producir un simple resultado (sQyov) distinto de su propia
actividad (kvQytia). Esta facultad no tiende a la produccin
de ningn objeto externo, y en ella son una cosa la actividad y
el producto. Su nombre es phrnesis, que quiz deba traducirse
84 L A A C AD EM IA

por 'razn pura . La phrnesis tiene slo a s misma por su ob


jeto y fin, y no produce nada sino a s misma. Es intuicin pura
(&80)(na). En el concepto de intuicin estn reducidos a unidad
el ser, la accin y la produccin. La forma ms alta de la vida no
es ni la produccin en los trminos corrientes, ni la accin en
los mismos trminos, sino la visin contemplativa del intelecto,
que es activa y productiva en un sentido ms alto. Lx>s siguientes
elementos del contexto resultan al primer golpe de vista de un
contenido aristotlico: la comparacin de los placeres de la con
templacin con los del uso desinteresado de la vista; la impor
tancia de la idea de funcin y obra (ev^yeia, eoyov); la distin
cin entre funciones ejercidas en actividades y funciones ejercidas
simplemente mediante actividades; la distincin entre activida
des productivas, prcticas y teorticas; y la identidad del sujeto
y el objeto en el entendimiento agente.13 En la doctrina de los
rangos jerrquicos, dada aqu por supuesta y mencionada expre
samente algo ms adelante, tenemos el principio fundamental de
la teleologa de Aristteles, a saber, que en cada esfera de la
realidad entraan los rangos superiores a los inferiores. Por lti
mo, a Aristteles le era familiar la doctrina de las tres vidas y
los tres puntos de vista, el hedonstico-sensual, el tico y el in
telectual.
Adems de esta prueba interna, tenemos otra externa y con
vincente. En el captulo sobre la forma original de la Etica se
mostrar cmo amplios y coherentes trozos de la Etica Eudem ia
corresponden exactamente por su contenido y su lenguaje a los
extractos conservados por Jmblico. Algunos de ellos son pasajes
de los que el autor de la Etica Eu dem ia dice expresamente que
los toma de las obras exotricas". Ahora bien, si comparamos
estos pasajes con los extractos de Jmblico, encontramos que es
tos ltimos son los arquetipos. Se sigue que la obra de que
tom Jmblico sus citas fu una de aquellas obras perdidas de
Aristteles que dieron origen a la tan larga disputa sobre la
posibilidad de aplicarles el trmino de exotricas", aunque esta

18 El concepto de Iqyov, que es uno de los elementos ms importantes


en la teora del valor de Aristteles, est presente a lo largo de todo el pasaje.
Aparece en los siguientes lugares: p. 4 2 ,11. 5, 15, 19, 20, 22; p. 4 3 ,11. 6, 9, 18, 21.
EL P R O T R E P T IC O 5

posibilidad sea actualmente indubitable. Pues bien, el captulo


sptimo de Jmblico es uno de estos extractos. Por consiguiente,
tiene que ser aristotlico. Igualmente cierto es que tiene que ser
del Protrptico, puesto que ello es verdad de los otros pasajes de
la Etica Eudem ia de los que se sabe que estn copiados, y puesto
que la serie entera de las ideas es de un tono protrptico.
En sus lecciones posteriores toc frecuentemente Aristteles
la cuestin del valor de los diferentes gneros de vida, poniendo
ante la eleccin entre ellos a sus oyentes. En semejantes coyuntu
ras distingua invariablemente la vida de placer y lujo, la vida
de accin y la del estudioso y filsofo. El Protrptico es el origen
tanto de la cuestin como de la respuesta, que es la de que la
vida dedicada al conocimiento puro es preferible a todas las de
ms formas de la existencia humana, incluso bajo el punto de vis
ta tico.
Pero la significacin de la cita del captulo sptimo de Jm
blico no est agotada todava.
Todo lector de la Metafsica se ha sentido arrastrado una y
otra vez por la fuerza de sus pginas iniciales. Aristteles des
arrolla en ellas con irresistible poder la idea de que lejos de ser
contrario a la naturaleza humana el ocuparse con estudios teor
ticos, el placer de ver, de entender y de conocer est profunda
mente arraigado en l, limitndose a expresarse de diferente ma
nera segn el distinto rango en que el hombre es consciente y
culto. El es la verdadera realizacin de la ms alta naturaleza
humana; no se reduce a ser un simple medio de satisfacer las
crecientes exigencias de la vida civilizada, sino que es el ms alto
de los valores, el valor absoluto y cima de la cultura; y de todos
los estudios es el ms alto y ms deseable aquel cuyo fruto es la
ciencia ms exacta y cuya forma perfecta es la visin desintere
sada del conocimiento puro. El valor protrptico de estas ideas
no puede menos de ser sentido por todo aquel que haya apren
dido por su propia experiencia el supremo valor de tal actividad
cuando se la persigue por su propio inters. Jams se ha enten
dido ni encomiado el conocimiento de una manera ms pura,
ms frvida o ms sublime, y an hoy es letra muerta para
quienes no pueden perseguirlo con este espritu. Pues bien, en
searnos a comprenderlo as en este profundo sentido fu lo
86 L A A C AD EM IA

que se propuso Aristteles con el Protrptico, y la clebre intro*


duccin a la Metafsica no es en esencia nada ms que una versin
abreviada de su clsica exposicin del tema en aquella obra. Es
lo que muestra una comparacin con el captulo sptimo de
Jmblico (p. 43, 1. 20), que desarrolla la misma idea con mayor
extensin y detalla ms el tema. Pues encontramos que el cap
tulo inicial de la Metafsica es simplemente un conjunto de
materiales extractados de esta fuente, con vistas a una leccin, y
que ni siquiera estn bien unidos entre s por un slido cemento.

Protr., p. 43, 1. 20. M etaf., A 1, 980a 21.


El pensamiento y contem Todos los hombres desean
placin. .. es la ms deseable por naturaleza conocer. Un
de todas las cosas para los indicio de ello es el deleite
hombres, como lo es (pienso) que nos causan nuestros sen
el sentido de la vista, cuya po tidos; pues an prescindien
sesin escogera un hombre do de su utilidad, se les ama
incluso si no hubiera de salir por ellos mismos; y sobre to
de l sino la vista misma. dos los dems el sentido de la
Ahora bien, si amamos la vista. Pues no slo con miras
vista por ella misma, es ello a la accin, sino incluso cuan
bastante prueba de que -todos do no vamos a hacer nada,
los hombres aman extremada preferim os el ver (se puede
mente el pensamiento y cono decir) a cualquier otra cosa.
cimiento. . . Pero lo que dis La razn es que este sentido
tingue la vida de la no-vida es nos hace conocer y saca a luz
la percepcin, estando la vida muchas diferencias entre las
determinada por la presencia cosas, en mayor grado que to
de esta facultad... dos los dems. Por naturaleza
La facultad de ver difiere nacen los animales con la fa
de los dems sentidos por ser cultad de la sensacin...
la ms clara, y sta es la razn
por la que la preferim os a
todo. Si, pues, hay que elegir la vida a causa de la percepcin,
y si la percepcin es una clase de conocimiento que escogemos
porque capacita al alma para conocer, y si como hemos dicho
frecuentem ente la preferible de dos cosas es la que tiene ms de
la misma cosa,1* necesariamente se sigue que la vista es el ms
deseable y honorable de los sentidos, pero que la sabidura es
ms deseable que este sentido y que todos los dems, e incluso
que la vida misma, puesto que es duea de una mayor porcin

14 Leyendo oxi en lugar de oxmeQ.


EL PRO T REPTICO 81

de verdad.1* Por consiguiente, todos los hombres buscan la sa


bidura sobre todas las cosas; pues aman la sabidura y el cono
cim iento porqu e aman la vid a.

El significado del conciso trmino ycbirioLS en la segunda


frase de la Metafsica, a saber, el amor de una actividad por ella
misma, recibe una expresin mucho ms clara en el correspon
diente pasaje del extracto del Protrptico, como era necesario
en una exposicin exotrica. No hay palabra que no sea paten
temente aristotlica; pero el autor de los extractos junt varios
pasajes diferentes del Protrptico, llevado de la similaridad de
su contenido, y como la soldadura es muy tosca, el resultado es
que el todo haga un efecto tautolgico. Es absolutamente impo
sible, sin embargo, que nos las hayamos con una simple par
frasis del pasaje de la M etafsica. Estos extractos van decidida
mente ms all de lo que se dice en la ltima obra. Resulta
especialmente claro en la importancia dada al razonar lgica
mente correcto, lo que coincide con aquella primera manera de
Aristteles que nos pint el Eudem o. Ejemplos son el uso como
premisa del principio tpico de que aquel de dos objetos que
posee en ms alto grado una cualidad valiosa es valioso en ms
alto grado l mismo,16 y el uso de definiciones para probar que
la sabidura es un bien por medio del concepto de vida. Tanto
en la M etafsica como en el Protrptico es dialctico el mtodo
de demostracin, lo que tambin concuerda con lo que observa
mos en el Eudem o.
Los dos primeros captulos son enteramente de esta ndole,
y puesto que ensean el mismo principio fundamental que el
Protrptico, a saber, la autosuficiencia del puro conocimiento
teortico, es natural suponer que estn esencial o ntegramente
tomados de l. Es cosa que puede demostrarse fcilmente en de
talle. En ambos escritos se desarrolla el concepto de conocimiento

IR Leyendo xuQircQa overa.


n* En el Eudem o se empleaba la proposicin lgica de que la identidad
del objeto depende de la identidad de los atributos, para refutar la doctri
na de que el alma es una armona del cuerpo. Atribuyendo el mayor valor
del objeto a la presencia (vnQxeiv) de atributos ms valiosos, procede aqu
Aristteles de una manera semejante.
88 L A ACAD EM IA

puro, ponindolo en contraste con la actividad del hombre prc


tico, que descansa en la simple experiencia o rutina. No es el
hombre emprico y prctico quien est ms alto, sino el teortico
y contemplativo; pues el empirismo jams alcanza a ver dentro
de las causas y razones de los fenmenos, como el hombre teor
tico, que lo debe a su seora sobre lo universal. Cuanto ms
emprico se es y cuanto ms se descansa en la percepcin (jtQafts-
aig), tanto menos exacto es el conocimiento que se tiene. El nico
conocimiento verdaderamente exacto es el de lo que es ms
cognoscible, a saber, aquellos principios ms generales (t jtQcbta)
que constituyen el objeto de los ms altos estudios teorticos.
Bien puede ser que en la prctica tenga ms xito el simple
emprico que un teorizante desprovisto de toda experiencia real,
pero el primero jams llega a ejercer una accin que dependa
realmente de principios seguros y de ver dentro de la necesidad
de las razones necesarias del caso, no pasando de ser vulgar .
La disimulada polmica contra las personas vulgares y su me
nosprecio por la teora, que es constante a lo largo de los prime
ros captulos de la M etafsica, est modelada sobre el Protrptico,
en el cual haba Aristteles refutado en detalle los ataques de
los empiristas. Por fortuna, todava poseemos un fragmento que
penetra profundamente en los argumentos del lado opuesto
(frg. 52; Rose, p. 59, 11. 17 y ss.).

Que la filosofa es intil en la vida prctica, es cosa que puede


verse de la siguiente manera. El mejor ejemplo de que dispone
mos es la relacin entre los estudios teorticos o puros (rtiGTrjpiai)
y las disciplinas aplicadas que estn subordinadas a ellos (vjto-
iteuEvai S;ai). Pues observamos que los gemetras son harto in
capaces de aplicar sus demostraciones cientficas en la prctica.
Cuando se trata de dividir un terreno, o de otra operacin con
magnitudes y espacios, los agrimensores saben hacerla, debido a
s experiencia, pero los que se ocupan con las matemticas y con
las razones de estas cosas, mientras que son capaces de conocer
cmo se debe hacer, no saben hacerla.
1.
La exigencia de exactitud ([Link]) en el conocimiento cien*
tfico es otra cosa a la que se le concede gran importancia en el
Protrptico. En l est puesta en conexin con la doctrina de
EL P R O T R E P T I C O 89

que la ciencia es conocimiento de las razones y los primeros prin


cipios, pues nicamente lo universal y los principios pueden
conocerse con exactitud. En algunos pasajes hay hasta una
coincidencia literal. El paralelismo entre los dos escritos es igual
mente completo en el derivar los rangos superiores y supremos
del conocimineto de los inferiores e ingenuos. Pero no hemos de
esperar, naturalmente, que Aristteles se repita mecnicamente
una pgina tras otra; los ecos literales resultan la excepcin. La
consideracin ms decisiva es la de que estas ideas se pensaron
originalmente para el Protrptico. En ste entran por su propia
naturaleza esencial, mientras que en las lecciones de metafsica
son una adicin externa, arbitrariamente recortada para adap
tarse a las exigencias de una introduccin.
Inmediatamente despus de los largos pasajes del tercer libro
de Jmblico cuyo origen pone Rose en el Protrptico, sigue una
exposicin del desarrollo gradual de la filosofa partiendo de las
otras artes , que tambin procede del Protrptico (frg. 53).
Basndose en la teora de las catstrofes, de Platn, la obra de
Aristteles enseaba que despus de las devastaciones causadas
por el diluvio, se haban visto obligados los hombres a empezar
a dedicarse al descubrimiento de las cosas necesarias simplemente
para comer y vivir (t keq ttjv TQoq>r\v xa! t jtQCOTOV f|vayx-
ovto ([Link](pev). Cuando las cosas fueron mejor, inventaron las
artes recreativas, como la msica y dems semejantes. Fu ms
tarde todava, una vez satisfechas plenamente aquellas sus nece
sidades, cuando volvieron su atencin a los estudios liberales y
a la filosofa pura. No hay duda de que Aristteles tiene espe
cialmente presentes las disciplinas matemticas cuando habla de
los grandes progresos hechos por las ciencias puras en los tiempos
recientes (esto es, durante la generacin de Platn). La misma
observacin vuelve a aparecer en la Metafsica (A 1, 98ib 13
982a 2). Aqu carece extraamente de relacin con el contexto,
mientras que en el Protrptico serva para mostrar que una vez
estimulados los estudios filosficos, ejercen una irresistible atrac
cin sobre el espritu de los humanos. La referencia original a
las matemticas subsiste an en la M etafsica, donde se citan las
investigaciones matemticas de los sacerdotes egipcios como el
comienzo de la tercera era. Tambin procede del Protrptico
90 LA A C AD EM IA

la distincin entre las artes tiles y las liberales. En realidad de l


est tomado cuanto hay en los dos primeros captulos de la
Metafsica. Debemos admitir que ello es tambin verdad de
la seccin teolgica 982b 28983a 11, eminentemente platnica,
aunque aqu nos falla nuestro material.17
Con respecto al captulo noveno de Jmblico, se reconoce que
su final (p. 52, 1. 16p. 54, 1. 5 frg. 58) pertenece con seguridad
al Protrptico. Por su contenido forma parte de la rplica de
Aristteles a la objecin de que la filosofa es intil para la vida.
Sabemos por Cicern que Aristteles se serva realmente de la
divisin de los bienes en necesarios y valiosos en s (vayxaa y
Si avx yajtc^ieva o tafteQa), como tambin de la bella des
cripcin de las islas de los bienaventurados, cuyos habitantes, no
teniendo necesidades terrenas, estn ntegramente consagrados a
la pura contemplacin.18 Pero Jmblico aminor grandemente la
fuerza del pasaje. Aristteles no se limitaba a pintar un agra
dable cuadro. Tenda a mostrar a la humanidad aislada, por
decirlo as, de las necesidades (xQeta) de la vida. Sirvindose de
una imagen para lograr semejante propsito, segua a Platn en
la R ep blica , donde se emplea la historia de Giges con el fin de
observar la conducta de un hombre que puede hacer lo que

17 En dos clebres lugares, donde encomia la divina bienaventuranza de


la pura contemplacin filosfica (M e t a f A 2, 982b 28, y Et. Nic., X , 7, 1177b
31) exhorta Aristteles a los hombres a no temer el poner sus pensamientos
en las cosas divinas e inmortales, contradiciendo as el antiguo precepto
griego. Es notorio que en ambos pasajes toma cierto nmero de ideas y
frmulas expositivas del Protrptico; y el derrocar la antigua exhortacin es
protrptico en el ms alto grado. Ahora bien, el autor del protrptico A De
mnico, quien (como se mostr ms arriba) hace un uso polmico de la obra
de Aristteles en varios lugares, escribe en el 32 lo que sigue: "Piensa en
las cosas inmortales, teniendo un alma altiva, y en las cosas mortales, gozan
do en la justa medida los bienes que posees. Aunque el autor entiende aqu
el pensar en las cosas inmortales" en un sentido puramente moral y no-
especulativo, les concede en todo caso cierto valor; y ello muestra que Aris
tteles le indujo a corregir la exhortacin tradicional, que no quera saber
nada de tan alto pensar. De ah que pueda considerarse como cierto que
el clebre llamamiento a hacernos inmortales hasta donde podamos" (Et,
Nic., 1 1 7 7 b 33) apareci originalmente en el Protrptico, de donde se tom
para la Etica y para la introduccin a la Metafsica.
i Frg. 58.
EL P R O T R E P T I C O 9*

quiere, sin tener que tomar en cuenta a los dems hombres y


sus juicios. Se afirma comnmente que Jmblico reproduce el
original con ms fidelidad que Cicern. Es un error. Cicern
dice: suponiendo que estuvisemos en las islas de los bienaven
turados, qu necesidad tendramos de oratoria, puesto que all
no hay procesos judiciales? Qu necesidad tendramos de las
virtudes de la justicia, la fortaleza, la templanza y ni siquiera
de la prudencia moral? Unicamente seran an deseables el co
nocimiento y la contemplacin pura. Se sigue que amamos el
conocimiento por su propia causa, y no en razn de su utilidad,
ni de ninguna necesidad nuestra. Jmblico omite todo esto, y
por consiguiente oscurece el alcance del cuadro. Cicern conser
va en conjunto el tenor del original con bastante precisin. La
nica alteracin que introduce es la adicin de la elocuencia a
las cuatro virtudes cardinales aducidas en el Protrptico. Es algo
hecho evidentemente a causa de Hortensio, que no contaba la
filosofa, sino la elocuencia, como el bien supremo.
La prueba de la superior fidelidad de Cicern debe encon
trarse en el libro dcimo de la Etica Nicom aquea. Una vez ms
influye en la pluma de Aristteles una reminiscencia de su
antigua obra.19 El tema es el mismo del Protrptico, a saber, la
pura contemplacin. Aristteles la pone en contraste con la vida
activa. Esta ltima requiere muchas ayudas externas para que
se realice la disposicin tica (f| xtg xQrlYa ^1 La libe
ralidad requiere la riqueza. Lo mismo pasa con la justicia, si se
desea devolver lo igual por lo igual. La fortaleza requiere la
fuerza. La templanza slo puede atestiguarse cuando se tiene
ocasin de perder el dominio de s propio. De qu otro modo
ejercitar una buena disposicin? Y sin ejercicio jams llega a su
plenitud. El que practica el conocimiento no necesita, por el
contrario, de ayuda externa para ejercitar su virtud; a la inver
sa, semejantes ayudas slo podran servir de obstculo. Aristte
les presenta aqu adems la contemplacin (decoga) como aislada
e independiente de las necesidades de la vida. A la idea se le da
un giro diferente; se rechaza deliberadamente la doctrina de las
cuatro virtudes de Platn. Con la inclusin de la liberalidad

Et. Nic., X , 8, 117 8 * 24 5.


9* LA AC A D EM IA

recupera el conjunto en eficacia lo que pierde en entusiasmo


con la supresin de las islas de los bienaventurados. A pesar de
estos retoques, se reconoce aun, sin embargo, el cuadro original,
por mantenerse el antiguo mtodo de presentar las mismas ideas.
El punto esencial, tanto aqu como en Cicern, es la desaparicin
de las virtudes ticas en el estado de pura beatitud que es
propio de la visin intelectual. Lo que prueba que la versin
de Cicern es la ms completa.
Tambin la primera parte del captulo noveno procede del
Protrptico. Esto resulta con tanta seguridad del contenido como
del estilo. Aristteles empieza por dividir las causas de la gene
racin en naturaleza, arte y azar, distincin que hace tambin
en otros lugares, aunque en ninguno tan frecuentemente como
aqu.20 Es una idea caractersticamente aristotlica la de que
la naturaleza es finalista en ms alto grado incluso que el arte,
y que el finalismo que reina en el trabajo, sea [Link] o destreza,
no es sino una imitacin del finalismo de la naturaleza. La mis
ma idea acerca de la relacin entre las dos cosas se expresa a
menudo brevemente en el libro segundo de la Fsica, que es uno
de los escritos ms antiguos de Aristteles. Tambin se la alude
incidentalmente en otros lugares, pero nunca bien desenvuelta
y articulada como aqu. Una expresin como la siguiente es
rigurosamente original: no imita la naturaleza al arte,21 sino el
arte a la naturaleza; y el arte existe para ayudar a llevar a cabo
20 Volveremos a encontrar sta divisin tripartita de las causas de la ge
neracin en el dilogo De la Filosofa. Se ha dudado de su autenticidad, pero
en realidad es una parte de la fsica mecanicista que imperaba antes de Platn.
Ya en las Leyes, X , 888 e, haba hecho Platn uso de ella exactamente como
lo hace Aristteles en el Protrptico, para mostrar que la naturaleza (<pv<yis)
no va a la zaga del arte (texvti) en inteligencia y recursos, y para desenvol
ver su nuevo concepto de la <pai por este procedimiento. La forma realista
en que aparece trabajada la idea en el Protrptico muestra qu estrecha
mente segua Aristteles al Platn del ltimo perodo, incluso en su filosofa
de la naturaleza.
21 Esta era en realidad la idea de los sofistas presocrticos, que estaban
enteramente imbuidos de espritu racionalista y enseaban la existencia de
una adaptacin mecnica de los medios a los fines en la naturaleza y especial
mente en el organismo humano. Huellas de semejante sistema se conservan
en Jen., Mcm., I, 4, 6 s., y Arist., Part. A n i m a l II, 15. La filosofa de la
naturaleza de Aristteles se basa en una actitud enteramente distinta, como
EL P R O T R E P T I C O 93

lo que deja de hacer la naturaleza (p. 49, 1. 28). Los medios


empleados para apoyar esta idea son de nuevo indubitablemente
aristotlicos. Aristteles pone ejemplos tomados de la agricultura
y de los cuidados que requieren los organismos ms altos antes y
despus del nacimiento. Tambin sienta la proposicin de que
hay un finalismo universal en la naturaleza orgnica, poniendo
ejemplos tomados a la mecnica del cuerpo humano y a sus
procedimientos de autoproteccin.22 Toda generacin se produce
en razn de un fin. Un fin es lo que aparece siempre como el
resultado final de un desarrollo, de acuerdo con una ley natural
y mediante un proceso continuo, y es aquello en que este proceso
alcanza su perfeccin. As, en el proceso de la generacin es lo
espiritual posterior a lo fsico, y en el reino de lo espiritual vuel
ve a ser lo posterior el elemento intelectual en su forma pura*
Por eso tena razn Pitgoras cuando llamaba a la pura contem-

dice l misjno aqu. Es una filosofa teleolgica. Lejos de que la naturaleza


presente tendencias incipientes a rivalizar con el arte de nuestras m qui
nas, todas las artes se reducen a ser un intento del hombre por competir con
la naturaleza orgnica y creadora; y esta competencia tiene necesariamente lu
gar en otro medio (el de la construccin artificial), en el que nunca es
posible hablar de un fin (t Xoc) en el ms alto sentido, el orgnico.
22 Bernays (Gesammelte Abhandlungen, vol. i f p. 23) crea que era Her-
clito el autor de la proposicin de que el arte es una imitacin de la natu
raleza, debido a que el autor de D el M undo (5, 396 *> 7 ss.) explica el pro
ceso de la generacin natural como una amalgama armoniosa de contrarios
y lo prueba con el ejemplo de las artes, de las que declara no ser sino im ita
ciones de la naturaleza; pero lo que el D el M undo cita de Herclito en esta
coyuntura ( lo que concuerda y lo que difiere, lo que produce armona y
lo que produce discordia) no presenta seal alguna de semejante idea. En lo
concerniente al inferir del arte a la naturaleza y la conclusin de que la lti
ma es el arquetipo, la idea es peripattica y no tiene nada que ver con el
sabio de Efeso. Demcrito sostiene una doctrina similar, aunque algo distin
ta, cuando llama a los hombres los discpulos de los animales, de la araa
en el tejer y zurcir, de la golondrina en el edificar y de las aves canoras en el
canto (frg. 154). (Con lo ltimo, cf. Lucrecio, vase 1379. Lucrecio tambin
deriva el cocinar (1. 1102) y el sembrar e injertar (1. 1361) de la imitacin de
la naturaleza, lo que es seguro que lom de Demcrito por intermedio de Epi-
curo.) Pero Aristteles se refiere a algo enteramente nuevo. Funda, en efecto,
la proposicin de que el arte es una imitacin de la naturaleza en el carcter
teleolgico de todo lo que construye el hombre y en la idea teleolgica de la
naturaleza.
94 L A A C AD EM IA

placin el fin del hombre, esto es, la perfeccin de la naturaleza


humana. A la cuestin de para qu nacemos, replicaba que para
mirar al cielo . Tambin Anaxgoras se expresaba de la misma
manera.
El apotegma de Anaxgoras aparece de nuevo en la Etica
Eudem ia, y la correspondencia verbal es tal, que o Jmblico tuvo
que tomarlo de ella, o tiene que habernos conservado la fuente de
donde pas a la Etica Eudem ia. Ms tarde, cuando analicemos
el curso entero de las ideas de la Etica, se har patente cmo lo
ltimo es lo exacto. Una vez ms, por consiguiente, reproduce
aqu la Etica Eudem ia al Protrptico, lo que prueba que este
ltimo es la fuente de que tom Jmblico no slo el apotegma
de Anaxgoras, sino toda la argumentacin del cual es ste una
parte.
Es cosa que puede probarse indirectamente. La doctrina de
que el arte imita a la naturaleza se encuentra ms desarrollada
an en la teora de Posidonio sobre el origen de la cultura. Lo
que era esta teora lo conocemos en sus lneas generales por la
dcimanovena epstola de Sneca; Posidonio sostena que los pro
gresos de la cultura eran descubrimientos filosficos. Posidonio
hizo un gran esfuerzo por difundir en la Antigedad de poste
riores tiempos la doctrina aristotlica de que las artes haban
surgido por etapas, primero las necesarias para la vida, luego las
de placer y por ltimo la contemplacin pura. Se ha sugerido
muy plausiblemente que expona estas ideas en su Protrptico.23
Si la hiptesis es correcta, tenemos aqu otro de los muchos pun
tos en que se adhiri Posidonio a la doctrina de la obra del mismo
nombre de Aristteles. No nos interesa el particular matiz que
le da; lo importante es que el arquetipo aristotlico presta un
esencial apoyo a la idea de que la forma en que la expresa Po
sidonio deba de encontrarse en su Protrptico.
La demostracin de que el resto de los extractos de Arist
teles hechos por Jmblico (caps. 1012) son tambin del Pro
trptico no necesita ser tan larga. El captulo 10 empieza con
la proposicin de que el arte es una imitacin de la naturaleza,

23 Ver Gerhusser, D er Protreptikos des Posetdonios (tesis de Heidelberg),


Munich, 1912, pp. 18 ss.
EL P R O T R E P T I C O 95

de la que ya se mostr que procede del Protrptico. I)e ella se


deduce que hasta la ciencia poltica necesita de una fundamen-
tacin filosfica, puesto que requiere, ms an que la medicina
y dems, partir de la naturaleza en el sentido propio del trmino,
esto es, del verdadero ser. Nada sino el conocimiento de ste
puede dar al hombre de estado una visin ntima de las ltimas
normas (Spot) de acuerdo con las cuales debe dirigir su actividad.
La poltica slo puede llegar a ser un arte exacto llegando a ser
de un cabo a otro filosofa. Como se advirti ms arriba (p. 88),
este pasaje del ideal de la exactitud en la ciencia pura es una
de las partes del Protrptico reproducidas en el libro primero de
la M etafsica. El colorido platnico que tiene en Jmblico, y
que est deliberadamente borrado de la Metafsica, consuena con
el Protrptico muy bien, como mostrar en detalle la interpre-'
tacin filosfica de los fragmentos (pp. 109-111); Hirzel y Diels
reconocan que este colorido no constituye razn alguna para
atribuir el pasaje al autor neoplatnico de los extractos; las ideas
son demasiado originales para ello. Aristteles seala que slo
cuando se estudie la poltica a base de principios cientficos y se
la mire como una disciplina normativa, quedar libre de su pre
sente infecundidad e inestabilidad (observacin especialmente
pertinente en una obra dirigida a un poltico prctico). Esta serie
de ideas culmina en la prueba de que en definitiva la poltica es
teortica por su carcter. La nica base para una poltica creadora
es, no las simples analogas de la experiencia, sino el conocimien
to teortico de los primeros principios. Una vez ms es aqu el
principal propsito de Aristteles refutar a los simples empricos,
que no conocen nada mejor que las llamadas constituciones mo
delo (evvojxai) de Esparta y Creta. (Aristteles parece aludir a
Iscrates y a la teora sofstica del estado.) Lo que nos ensea que
la discusin crtica de los tres estados ideales (Esparta, Creta,
Cartago), que constituye en la actualidad el libro segundo de la
Poltica, se remonta por su contenido al perodo acadmico de
Aristteles. De este modo obtenemos una visin de una parte
muy interesante de sus primeras ideas en poltica. Con todos sus
supuestos platnicos, no podra haberlas escrito ningn otro pla
tnico, en razn de sus preocupaciones predominantemente meto
dolgicas. Ello prueba que el Protrptico tomaba directamente en
9<> LA ACAD EM IA

cuenta los fines polticos de la Academia. El hecho de que ei


captulo 10 sea de contenido poltico se ha supuesto una prueba
de que debe proceder de alguna obra puramente poltica de
Aristteles; pero esto es superficial. Lo decisivo no es el conte
nido, sino el punto de vista bajo el cual se le presenta; y el punto
de vista de este fragmento la importancia dada al carcter teo
rtico de la poltica normativa muestra que pertenece al elogio
de la pura teora en el Protrptico.
El captulo undcimo se ocupa con la relacin entre la sabi
dura (q)QvT]oig) y el placer. Este tema se ha tenido por inapro
piado para un protrptico, fundndose en-que no aparece en los
posteriores. Pero semejante mtodo de razonar es bsicamente
desacertado. Lo que era propio de un protrptico dimanante de
la escuela de Platn no puede deducirse mecnicamente de. los
lugares comunes de los protrpticos posteriores de los tiempos
imperiales. El mtodo no ha dejado de usarse hasta con dema
siado entusiasmo en la investigacin literaria, pero jams podr
tener xito cuando nos las hayamos con escritores como Platn
y Aristteles, cuya forma es el resultado individual y orgnico
de las exigencias de su materia. Es realmente evidente de suyo
que la relacin entre la sabidura ((pQvrioig) y el placer, tradi
cional tema de discusin en la Academia, estaba en su lugar en
un protrptico que intentaba mostrar que la verdadera felicidad
es el conocimiento platnico (qp()vT]Gi<;). Positivamente no poda
probarse la tesis de otra manera. Aristteles era incapaz de con
cebir la felicidad sin el placer; era, por tanto, necesario inquirir
qu gnero de placer puede dar la sabidura. Si haba de dejarse
bien sentado el ideal de la pura contemplacin, haba que hacer
frente a semejante problema. Se le encuentra discutido ya en la
R ep blica,24 y luego ms acabadamente en el Filebo. La Etica
Nicom aquca, a su vez, en el libro dcimo, que muestra que la
vida teortica es la verdadera felicidad, examina la relacin
del placer con la actividad perfecta, y tambin, y ms especial
mente, la sensacin de placer puro que acompaa al conoci
miento. Ya hemos mostrado que este trozo del libro dcimo
depende en parte de su contenido del Protrptico y tiene el mis-

2 1 P la t n , R e p ., V I , 5 0 6 n.
EL PRO T REPTICO 97

mo tema. Por consiguiente, el placer de la contemplacin era


una parte necesaria del asunto principal del Protrptico, como se
probar una vez ms cuando mostremos que la Etica Eudem ia
hace uso del Protrptico. Tanto en el Protrptico como en la
Etica se enumeran la sabidura, el placer y la virtud como los
tres posibles gneros de felicidad. En el Protrptico culmina la
demostracin en la prueba de que la vida de pura contemplacin
aporta la ms completa satisfaccin a las exigencias de estos tres
ideales. En la contemplacin se encuentra no slo el clmax del
conocimiento filosfico, sino tambin la perfeccin del desarro
llo tico del hombre, y la pura felicidad del ininterrumpido gozo
espiritual. De la construccin no puede quitarse un solo elemen
to sin destruir el conjunto. Ello prueba que la primera parte
del captulo duodcimo es tambin un extracto de la obra de
Aristteles.
No es ciertamente demasiado audaz imaginar que el Protrp
tico, como los ejemplos posteriores de este gnero de literatura,
culminaba en una descripcin de. la vita beata. Tanto su mate
ria como su forma piden semejante composicin, de suerte que
la inferencia del ltimo y derivado al primero y original est
aqu exenta de todo riesgo. |Qu no daramos por poseer ese
eplogo, en que Aristteles se elevaba a las alturas de sus con
vicciones ltimas! Pero sugerir que l es el autor de la conclu
sin que se encuentra realmente en Jmblico (p. 6o, 1. 7p. 6i,
1. 4), es consentir que el deseo sofoque la reflexin crtica.25
Entusiastas sern las frases y hasta inspiradas, pero no es el entu
siasmo contenido de Aristteles, quien jams renuncia al riguroso
ritmo de su marcha apodctica y valora la forma ms alto que la
ms alta inspiracin, con frecuencia hasta el punto de que sus
argumentos desbordan sensiblemente la ltima. Los ms de los
detalles del pasaje de Jmblico podran, sin embargo, haberse to
mado perfectamente del Protrptico, y as ser en efecto. Tales
son lo antinatural de nuestra existencia terrena y corprea, lo
msero de todo nuestro conocimiento y percepcin, el contraste
entre nuestra presente e inestable morada y aquel lugar del que
venimos y al que pugnamos por volver, y la desproporcin entre

2* H artlich, op. c i t pp. 254 ss.


98 L A A C A D EM IA

el esfuerzo requerido para obtener las cosas simplemente necesa


rias a la vida y el tiempo que somos capaces de dedicar a las
nicas cosas valiosas, las cosas eternas. Pero la poco apretada
y simplemente asiociativa reunin de estas ideas en una edifi
cante intimacin a buscar el otro mundo; la confusin que puede
descubrirse en ellas; la uncin sacerdotal con que inserta el es
critor algunos de los trminos rituales de Platn; la presencia
de ciertas frases caractersticamente neoplatnicas, como el sen
dero celeste y el reino de los dioses", y, por ltimo, la excesiva
locuacidad de la conclusin, con su torpeza para llegar a un fin
todas estas cosas delatan retoques de la mano de Jmblico. A
continuacin siguen extractos de Platn.

III. La filosofa del Protrptico

El Protrptico no trata un problema nico. Su importancia


rebasa los lmites de la filosofa especializada, pues reside en la
universalidad de la cuestin que plantea sobre la conducta en
la vida la cuestin del sentido y la justificacin de la filosofa
y de su lugar dentro de la totalidad de la vida humana.26 No es
que fuese la filosofa de Platn lo primero que enfrent a los
hombres con esta cuestin; sta retorna persistentemente en las le
yendas sobre Tales, Anaxgoras, Pitgoras y Demcrito. Pero
cada nueva generacin de verdaderos estudiosos la revive y ar
guye apasionadamente sobre ella contra la masa de la huma-
26 Con respecto a la filosofa del Protrptico me encuentro en oposicin
no slo al ensayo de conciliacin de Bernays, sino tambin al punto de vista
expuesto en el Archiv fiir Geschichte der Philosophie (vol. i, p.- 493) por
Diels, que en aquel tiempo quera elim inar las patentes huellas de platonis
mo en los fragmentos, explicndolas como simples ornamentos estilsticos. El
verdadero estado de la cuestin lo sugiri Hirzel (Mermes, vol. x , p. 98). Sin
embargo, fu demasiado tmido para oponerse al prejuicio reinante, como
hubiera sido lo lgico; y Diels lo redujo al silencio. Desde entonces cambi
Diels de ideas sobre el desarrollo intelectual de Aristteles, como resulta claro
de la Zeitschrift f r vergleichende Sprachforschung, vol. x l v h , p. 2 0 1 , n. 4.
A qu reconoce que mi Entstehungsgeschichte der Metaphysik demuestra que
Aristteles tuvo un perodo platnico. Pero los escritos exotricos son en
parte anteriores aun a los pasajes ms antiguos de los tratados, y su conte
nido constituye el estudio que precedi al platonismo crticamente revisado
<le aquellas obras.
EL PR O T R E P TIC O 99

nidad; pues en su forma ms acabada nunca deja de ser la


vida teortica" un postulado del estudioso nato, que, aun cuan
do su exactitud se experimenta de nuevo una y otra vez, es pro
bable que no se pueda lograr jams que parezca justificado al
sentido comn de la generalidad. La vida teortica pide una
fuerte y copiosa fe en el poder del conocimiento para elevar a
sus hroes ms alto de lo que en otra forma tienen los hombres
el privilegio de alcanzar. Partiendo de esta fe, que es totalmente
distinta del orgullo intelectual del pedante, est escrito el Pro-
trptico de Aristteles. La experiencia de que esta obra da testi
monio no es la de ningn idilio vulgar de intelectual, sino la
beatitud del hombre que aprendi a ver el mundo a travs de
los ojos de Platn. La obra viene a ser as un manifiesto en favor
de la vida platnica y de la filosofa platnica como el medio
para alcanzarla. Para nosotros tiene la ventaja de ser la confe
sin que esperbamos saliera de la propia boca de Aristteles.
No es un accidente que un miembro de la joven generacin
de acadmicos emprendiese la justificacin del ideal de la vida
intelectual ante el mundo externo. Aquella generacin haba
padecido el viejo conflicto entre la teora y la prctica con reno
vada violencia. El propio Platn no neg jams, ni siquiera en
sus perodos ms teorticos, que haba sido el discpulo de Scra
tes, quien hace sus penosas preguntas a sus congneres sobre el
conflicto de la conciencia y de las necesidades de la vida. La
filosofa de Platn tena igualmente sus races en las necesidades
del da y de la vida prctica; slo su culminacin, la aprehensin
de las Formas, penetra en la regin del puro conocimiento teor
tico. En sus manos se torna la exigencia socrtica de que conoz
camos la naturaleza de la virtud una doctrina de la primaca del
intelecto creador que contempla al ser puro y reorganiza conse
cuentemente la vida. Platn discute el derecho de cualquier otro
gnero de vida a este puesto. Ello no es un intento de probar
al prctico incorregible que ciertas dotes" para la teora tienen
alguna justificacin para coexistir con otras actividades, ya que
no causan ningn dao; es la audaz fe en que nada sino el cono
cimiento de la verdad ms alta puede ser la base de una vida
merecedora de su nombre. Platn jams cedi en este punto, ni
siquiera cuando abandon los esfuerzos por reformar la realidad
too L A A C A D EM IA

y se consagr exclusivamente a la investigacin; pero la joven ge


neracin se vi obligada a hacerse de nuevo la pregunta, justo
porque no haba experimentado jams nada sino la vida teor
tica; y haba de encontrar el valor de esta vida en el hombre
interior, en la pura beatitud de la contemplacin y en la unin
del intelecto con lo eterno. As, el ideal platnico, originalmente
henchido de celo reformador, tom un giro contemplativo y
religioso.
Este exuberante ideal de contemplacin slo puede justifi
carse por medio de una concepcin que implique la identidad
del conocimiento teortico y la conducta prctica. T al concepto
es el de ph r n esis21 La phrnesis es central en el Protrptico,
que se ocupa de la posibilidad, el objeto, el uso, el desarrollo
y la felicidad del conocimiento teortico. Puede interpretrsela
como la aprehensin creadora de la bondad pura por medio de
la ntima intuicin del alma, y al mismo tiempo como una
aprehensin del ser puro, y tambin como la derivacin de la
actividad valiosa y del conocimiento verdadero de uno y el mis
mo fundamental poder del espritu. La phrnesis es una de las
ideas innatas" del alma griega. Pas por un largo desarrollo,
pero ningn perodo la llev ms cerca de su plenitud que el que
va de Scrates a Aristteles. En el Protrptico su significacin
es puramente platnica. Durante largo tiempo haba estado di
vidida en dos sistemas, uno predominantemente prctico y econ
mico, el otro moral y religioso. Esta divisin la hizo apta para
ser el punto de cristalizacin del pensamiento de Scrates. Luego
la recogi Platn, quien subray fuertemente el elemento de co
nocimiento intelectual que haba en ella, y examin la naturaleza
especial de este conocimiento". Entonces se di a s misma por
objeto la Forma o arquetipo, convirtindose en la intuicin in
telectual del bien y de la belleza en s. La Forma se present por
primera vez a Platn en conexin con los problemas de Scrates,
es decir, en la esfera tica; pero como ensanch su imperio hasta
convertirse finalmente en el principio general de todo ser, la
2T [Nota del traductor [ingls]. La palabra (pgvriatg se traduce habi
tualmente por sabidura" en Platn. En la Etica Nicomaquea, de Arist
teles W. D. Ross la traduce por sabidura prctica . A veces la mejor tra
duccin es prudencia*'. El verbo correspondiente significa pensar en .]
EL PR O TREPTICO 10 1

phrnesis recibi c$da vez ms contenido. Se torn la ciencia


eletica del ser. Se torn el us anaxagrico. En una palabra,
se torn razn teortica pura, lo contrario de lo que haba sido
en la esfera prctica de Scrates. En este punto dividi Platn
su sistema en dialctica, tica y fsica. Desde entonces hubo varias
phronseis. Frecuentemente no significaba el trmino ms que
ciencia especiar'; gimnstica y medicina y cualesquiera discipli
nas eran phronseis. Este desarrollo slo puede entenderse por
medio del de la filosofa de Platn en conjunto y su final divi
sin en tres filosofas. Al mismo tiempo se inici un desarrollo
en la teora de los primeros principios, en el curso del cual se
volvi la Forma matemtica, para terminar en una teologa y en
una monadologa. En el Protrptico tiene la phrnesis casi exclu
sivamente esta significacin. Es us, especulacin metafsica,
aquello que es realmente divino en nosotros, un poder totalmen
te distinto de las dems facultades del alma, como lo es en el
T im eo y en el F ileb o, en las Leyes y en el Epinom is.
Mientras el Protrptico entiende la phrnesis en el pleno sen
tido platnico, como equivalente del conocimiento filosfico en
cuanto tal, cuando llegamos a la M etafsica nos encontramos con
que ha desaparecido el concepto. Tambin la Etica N icom aquea
ofrece un cuadro completamente distinto. En esta obra est re
chazada definitivamente la phrnesis del Protrptico. En el libro
sexto se dedica considerable espacio a la cuestin del puesto de
la phrnesis entre las facultades intelectuales. Doquiera se lee
entre lneas una intencin polmica. Aristteles reduce el tr
mino a su significacin en el lenguaje usual, esto m, al sentido
que tena antes de Platn. Le despoja de todo su alcance teortico
y diferencia tajantemente su esfera de la sophia y del N us.2S En
el lenguaje vulgar es una facultad prctica que se ocupa en dos
cosas, la eleccin de lo ticamente deseable y el prudente descu
brimiento de lo ventajoso para uno mismo. T al es la termino
loga posterior de Aristteles. Se halla a la mxima distancia
de la posicin tomada en su primer perodo cuando concede la

28 Et. Nte., V I, 5M. El sentido del lenguaje usual se subraya en 1140#


*5 y 29; b 8, 10 y 1 1 ; y 114 1* 25, 27 y *>5. [Nota del traductor [ingls]. 2 o<pa
es algo prcticamente idntico a sabidura .]
102 L A A C A D EM IA

phrnesis a los animales.29 En relacin a la tica significa ahora


una disposicin habitual del espritu a deliberar prcticamente
sobre cuanto concierne al bien y al mal humanos30 (e|ig jtpcwcri-
xr|). Aristteles insiste en que no es especulacin, sino delibera
cin; en que no se refiere a lo universal, sino a los fluctuantes
detalles de la vida; y en que, por consiguiente, no tiene por objeto
las cosas ms altas y ms valiosas del universo, y de hecho no es
en absoluto una ciencia.31 Todo esto se reduce a la pblica re
tractacin de las ideas platnicas del Protrptico. Mientras que
all describa Aristteles la metafsica como la phrnesis del g
nero de verdad que haban instaurado Anaxgoras y Parmni-
des y sus seguidores , aqu declara expresamente que personas
como Anaxgoras y Parmnides no se llaman phrnim oi, sino
sophi, justamente porque indagando las leyes eternas del uni
verso, no buscan su propio provecho.32
Bajo este cambio de terminologa yace un cambio en los
principios fundamentales de la metafsica y la tica de Aristte-
les. Para Scrates significaba la phrnesis el poder tico de la
razn, sentido modelado sobre el lenguaje ordinario al que
Aristteles devuelve sus derechos en la Etica N icom aquea. Pla
tn analiz la naturaleza de esta comprensin tica ms exacta
mente, derivndola de la contemplacin de las Normas eternas
y en ltima instancia del Bien. Esto la cambi en la aprehensin
cientfica de objetos independientes; pero Platn no careca de
justificacin para conservar el nombre de phrnesis, en cuanto
que el conocimiento del verdadero ser era de hecho un conoci
miento de l^p puras Normas por respecto a las cuales debe orde
nar el hombre su vida. En la contemplacin de las Formas se
amalgaman el ser y el valor, el conocimiento y la accin. Cuando
se abandon la teora de las Formas, se separaron el ser y el
valor, y la dialctica perdi por ende su significacin directa
para la vida humana, que era para Platn un rasgo esencial de
ella. La distincin entre metafsica y tica se hizo mucho ms
tajante que antes.33 A quien mira hacia atrs desde este punto
29 Et. Nic., VI, 7, 114 1a 27. 30 Et. N ic.f V I, 5, 1140b 4 y 20.
31 Et. Nic., V I, 8, 114 1b 9 y 14; 114 1a 21 y 3 3 .; 1142 24.
32 Frg. 52 (p. 59, 1. 3, en Rose). Et. N ic., V I, 7, 114 1b 35.
33 sto es cierto de todos los valores especficamente humanos, pero n o
EL PR O T REPTICO 103

de vista le parece Platn un intelectualista , por basar la accin


tica exclusivamente en el conocimiento del ser. Aristteles traz
una lnea entre la una y el otro. Descubri las races psicolgi
cas de la accin y la valoracin moral en el carcter (fjdot;), y
desde entonces el examen del fjflog ocup el primer trmino en
lo que se vino a llamar pensamiento tico, y suprimi la phrnesis
trascendental. El resultado fu la fecunda distincin entre razn
teortica y razn prctica, que hasta entonces haban estado con
fundidas en la phrnesis.
De este esbozo del desarrollo histrico se sigue necesariamen
te que en el Protrptico se basaba Aristteles en una metafsica
diferente. Fu el abandono de la teora de las Ideas lo que le
llev a romper con la doctrina de la primaca de la phrnesis de
Platn y con su deduccin exclusivamente teortica de la vida
tica. Por consiguiente, el Protrptico, que est an completa
mente dominado por el concepto de la phrnesis en el viejo sen
tido, deba de estar basado en la metafsica tica de Platn, esto
es, en la unidad del ser y el valor. Todas sus partes esenciales
son de hecho platnicas, no slo por el lenguaje, sino tambin
por el contenido. En ninguna otra parte aprueba Aristteles la
divisin acadmica de la filosofa en dilectica, fsica y tica (ex
cepto en los Tpicos, pero aqu es simplemente mencionada al
pasar y los Tpicos son, cabe presumir, uno de sus primeros es
fuerzos).34 Es ms, no hay hasta aqu huella alguna de lo que

del valor o bien absoluto. Aristteles crea tanto como Patn que el ser y el
valor en sentido absoluto coinciden en el concepto de Dios. En este respecto
sigui siendo un platnico hasta el da de su muerte. El ms alto ser es asi
mismo el ms alto bien. En el punto en que est a mayor distancia de las
cosas humanas la metafsica penetra en la tica, y la tica en la metafsica.
L a perspectiva, sin embargo, ha cambiado completamente. Slo a larga dis
tancia aparece el polo inmvil, como un ltimo faro sobre el horizonte de la
existencia. La relacin de la metafsica con las acciones particulares es dema
siado dbil para que se la llame phrnesis.
34 En el frg. 52 (p. 60, 1. 17, en Rose), en el curso de una demostracin
de que podemos llegar a un verdadero conocimiento, distingue Aristteles
claramente el conocimiento 1) de lo justo y lo benfico , 2) de la natura
leza y }) del resto de la verdad . Aristteles no posee an una expresin
para denominar la filosofa prim era (cf. p. 59, 11. 14, en Rose, donde el
concepto de la misma est de nuevo ligado al conocimiento de lo justo y lo
injusto y al conocimiento de la naturaleza, y de nuevo expresado por medio
104 L A A C AD EM IA

encontramos en la Etica, la cimentacin de la doctrina de la vir


tud por medio del anlisis psicolgico; en lugar de esto tenemos
la doctrina arquitectnica de las cuatro virtudes de Platn.35 Lo
decisivo es, sin embargo, lo que el Protrptico dice sobre el m
todo de la tica y la poltica.
Los adversarios de la filosofa son presentados describiendo la
tica de acuerdo con la idea de ella que tena Platn, como si
lo exacto de esta idea fuese evidente de suyo. Es una ciencia de lo
justo y lo injusto, de lo bueno y lo malo, semejante a la geome
tra y a las ciencias emparentadas con sta.36^ Aristteles llama
aqu la atencin sobre un punto que haba suscitado evidente
mente severas crticas, la idea de que la tica es una ciencia
exacta. En otro lugar describe la poltica (que considera inse
parable de la tica) como una ciencia que busca normas absolutas
(5 q o i ). A la poltica filosfica opone las artes , que se sirven de
un conocimiento simplemente de segunda mano. Ordinariamen
te, cuenta Aristteles la poltica emprica como una de ellas, por
estar sus decisiones basadas tan slo en las analogas de la expe
riencia, y ser por ende incapaz de dar nacimiento jams a una
accin creadora. La poltica filosfica tiene por objeto lo exac
to en s . Es una ciencia puramente teortica.37
Este ideal de exactitud matemtica es opuesto a cuanto ense
a Aristteles en su Etica y Poltica sobre el mtodo de estos estu
dios. En la Etica Nicom aquea se opone explcitamente a los que
piden un mtodo exacto, como incompatible con la naturaleza
de la materia. En este respecto equipara la tica y la poltica

de una perfrasis). En todo caso, el trmino dialctica' de Platn no le


parece ser bastante caracterstico; no alcanza a distinguir la ontologa de
la tica y la poltica, ni encierra referencia alguna a un objeto. Por esta lti
ma razn lo lim ita Aristteles a la lgica formal, que carece de todo objeto.
En armona con la divisin tripartita de la filosofa est la prueba i) sobre la
sustancia (p. 6o, 1. 2 1 p. 61, 1. 1, en Rose), 2) sobre las virtudes del alma
(p. 6 1, 11. 28, en Rose) y 3) sobre la naturaleza (p. 6 1, 11. 817, en Rose).
En los T p., I, 14, 105 b 20 ss., distingue Aristteles entre premisas ticas, f
sicas y lgicas; aqu de nuevo se evita "dialcticas ; cf. Jencrates, frg. 1
(Heinze).
35 Sobre las cuatro virtudes platnicas ver frg. 52 (p. 62 > 1. 1, en Rose)
y frg. 58 (p. 68, 11. 69). 36 Frg. 52 (p. 58, 1. 23, en Rose).
37 Jm bl., Protr., p. 55, 11. 1 y 6 ss., en Pistelli.
EL PR O T RE PTICO 105

a la retrica ms bien que a la matemtica.38 Las proposiciones


de ambos estudios son simplemente tpicas, nunca universales;
sus inferencias tienen en el mejor de los casos el valor de una
regia general, pero no sin excepcin. Contra el ideal metodol
gico que haba sostenido en el Protrptico replica Aristteles aqu
que cuanto ms generales son las proposiciones ticas, tanto ms
vacas e ineficaces son tambin.39 Virtualmente, cada palabra so
bre esta materia contenida en la Etica Nicom aquea est escrita
con una intencin polmica, y debemos aprender a leerlas tenin
dolo presente as. En el Protrptico se deca que el poltico fil
sofo se distingua del vulgo de los polticos por la exactitud de
su conocimiento de las normas; el primero contempla las cosas
en s mismas y no queda contento con sus abigarradas repro
ducciones en la realidad emprica. Hay una deliberada reminis
cencia de este pasaje, casi con las mismas palabras, en la Etica
N icom aquea, pero aqu est la idea vuelta en la exactamente con
traria. Leemos que se debe distinguir entre la manera de medir
un ngulo recto que tiene un gemetra y la que tiene un carpin
tero (esto es, un emprico). El primero contempla la verdad
misma; el ltimo penetra en la naturaleza de la rectangularidad
slo hasta donde le es necesario para sus propsitos prcticos.
\Y es con el ltimo, no con el gemetra, con quien Aristteles
compara la ciencia tica o poltical El ideal de Platn, de una
tica que procediese more geomtrico, est rechazado aqu con
toda energa, mientras que en el Protrptico conserva todava un
imperio no discutido;40 y cuando Aristteles insiste aqu en que
para el poltico, y hasta para el estudiante que asiste a lecciones

38 E t. N ic., I, 1, 1094b 1 1 27; I* *3 n o s * 23.


30 Et. Nic., II, 7, 1107a 29.
*0 Et. Nic., I, 7, 1098a 26: " Y tambin debemos recordar lo que se dijo
antes, y no buscar precisin en todas las cosas igualmente, sino en cada clase
de cosas aquella precisin que armoniza con la materia, y no ms que la
que sea propia de la indagacin. Pues un carpintero y un gemetra estudian
el ngulo recto de diferente manera; el primero lo hace en la medida que el
ngulo recto es til para su trabajo, mientras que el ltimo indaga lo que
es o qu clase de cosa es, pues es un contemplador de la verdad. Debemos,
pues, obrar de la misma manera tambin en todas las dems materias, de
suerte que no quede nuestra principal tarea subordinada a las cuestiones
menores." Cf. Jm bl., Protr., p. 55, 11. 1 14, en Pistelli.
io6 L A AC A D EM IA

de tica, es la experiencia prctica mucho ms importante que


la erudicin teortica, tambin esto es polmica contra su propio
y primer punto de vista platnico.41 De origen tardo es de
nuevo la declaracin de que la filosofa no es necesaria para un
rey, sino ms bien un obstculo; el rey debe, sin embargo, dar
odo a los consejeros verdaderamente filosficos. Esto parece
provenir de una obra dirigida a Alejandro y referirse a una
situacin especial que puede datarse durante la expedicin de
Asia.42 Entre los das de la epstola a Temisn, que invitaba a
ste a practicar una poltica teortica basada en las Formas, y los
das en que Aristteles escribi este consejo, haba ocurrido un
cambio en lo fundamental de su pensamiento.
El ideal de la tica geomtrica slo poda haberse concebido
sobre la ltima teora de las Ideas. Para Platn era el conoci
miento medicin. Por una ciencia exacta entenda aquella que
mide cosas de acuerdo con una medida absoluta y completamen
te determinada, De donde el que lo indeterminado (ajteipov),
lo mltiple del mundo sensible, no sea objeto jams de pura
ciencia. El F ilebo muestra cmo en su senectud trataba Platn
de hacer de la tica una ciencia exacta, segn el modelo mate
mtico, por medio de los principios de lmite (jteQag) y de me
dida (jjttQov). En dicho dilogo reaparece constantemente la
idea de medicin; es el signo del estadio matemtico de la teora
de las Ideas. Puesto que todo lo que es bueno es mensurable y
determinado, mientras que todo lo que es malo es inmensurable
e indeterminado, as en el cosmos como en el alma, la poltica y
la tica ltimas de Platn no son realmente nada ms que una
ciencia teortica de la medida y la norma. En el segundo libro
de su perdido Poltico escriba Aristteles: el bien es la medida
ms exacta'.43 El platnico Siriano cita estas palabras en contra
de su autor, y concluye de ellas que Aristteles haba entendido
la doctrina de Platn mejor en otros tiempos. Aristteles pensa-.
ba exactamente la misma cosa en el Protrptico, cuando peda
exactitud y describa la poltica como una ciencia de puras or-
41 E t. N ic., X , 10, 118 1 y 10; I, 13, 1102a 1955. 42 Frg. 647.
43 Frg. 79. Las observaciones de Siriano sobre esta afirmacin, que no
reproduce Rose, son importantes por mostrar que era plenamente consciente
de la contradiccin entre ella y la idea posterior do Aristteles.
EL PRO TREPTICO 107

mas. Esta es la filosofa del F ileb o , que da el primer lugar en la


tabla de los bienes a la medida ((etqov), el segundo a lo men
surable (aiifijueT^ov), y el tercero a la razn que aprehende la
medida (phrnesis).4* En la R ep blica era la Forma del Bien d
fundamento del ser y de la cognoscibilidad del mundo real en
tero. Segn el Filebo y el Poltico de Aristteles, es la razn de
ello el ser la medida ms alta y universal, la unidad absoluta que
hace el mundo de las Formas determinado, simtrico y por
ende real, bueno y cognoscible. Todo lo que es indeterminado
queda excluido de ella. No necesitamos indagar aqu qu parte
de la idea posterior de Platn, de que las Formas son nmeros,
debe jugar en esta doctrina. Aristteles menciona frecuentemente
la idea en el Protrptico. Su tica posterior es una deliberada
oposicin a la idea defendida all y en el P oltico; segn esta
tica posterior no hay normas universales, ni medida alguna,
excepto la medida individualmente viva de la persona tica
autnoma, y la phrnesis no se refiere a lo universal, sino a lo*
particular.45

44 FU., 66 a.
45 El hombre bueno juzga de cada clase de cosas rectamente y en cada
lina se le hace patente la verd ad ... Y quizs el hom bre bueno difiere de los-
dems principalmente por ver la verdad en cada clase de cosas, siendo p o r
decirlo asi una norma y medida de ellas , Et. N ic., III, 6, 1113 a 29 s. E l hom^
bre educado y refinado, por consiguiente, siendo, digmoslo asi, una ley para
si mismo , IV , 14, 112 8 a 3 1. Si la virtud y el hombre bueno como tal sor*
la medida de cada cosa, aqullos sern tambin placeres que le parezcan serlo-
y aquellas cosas placenteras que l goce , X , 5, 1176a 18. Digamos de paso>
que estas notables afirmaciones prueban una vez ms, slo con que las m ire
mos a la luz del Protrptico, que las investigaciones ticas de Aristteles
estaban en su origen enteramente dominadas por el problema platnico d e
la mensurabilidad y la medida de los fenmenos morales; el cambio consiste
simplemente en rechazar las normas universales y no reconocer ms medida
que la conciencia autnoma de la persona ticamente educada ( el hom bre
bueno), medida que no puede reclamar ninguna exactitud en el sentido
epistemolgico. As Aristteles remite a cada hombre a s mismo, y reconoce
la inagotable variedad de las condiciones de la accin moral individual, sin
m inar la inviolabilidad de la norma interna. E l famoso concepto de la virtud
como un medio entre exceso y defecto est tratado tambin como un proble
ma de medicin de cantidades continuas (II, 5, 1106a 26); y es esta manera
de tratarlo lo que da sentido al mtodo empleado, hecho que es por lo gene-
io8 L A A C A D EM IA

El bien es la medida ms exacta significa exactamente lo


mismo que el apotegma de Platn en las Leyes, Dios es la me
dida de todas las cosas . Este ataque directo a la afirmacin de
Protgoras, de que el hombre es la medida de todas las cosas, ten
da a poner a la norma absoluta en el trono del universo.4*
Dios es el bien en s, la pura mnada, la medida de las medidas.
As, la poltica y la tica se tornan teologa y ocupan su puesto
a la cabeza de la filosofa teortica; lo que es y lo que debe ser
son idnticos en su sentido absoluto; y la accin humana se reali
za en referencia inmediata al ms alto valor y sentido del mundo.
De acuerdo con sus propios principios niega la Etica N icom aquea
que la poltica ocupe esta posicin directiva; la poltica no pue
de ser la ms alta sabidura en mayor medida de aquella en que
los fines de la vida humana pueden aspirar al bien supremo,
avizorado solamente por el sabio en su intuicin de la divini
d ad 4*
La idea del F ileb o , de que la filosofa debe convertirse en una
ciencia exacta y matemtica48 no influy en el Protrptico sim
plemente con respecto a la naturaleza de la tica y la poltica*
Es tambin la oculta razn de lo que all se dice de la relacin
entre la ciencia emprica y pura. La ltima doctrina de Platn
tom de la matemtica no slo el concepto de medida y el ideal
de la exactitud, sino tambin el problema de trazar la lnea
entre la ciencia pura y aplicada. En el Protrptico se presenta a
los adversarios de la pura filosofa y de la ciencia como juntando
la geometra y la agrimensura, la teora de la armona y la msica,
la astronoma y el conocimiento del cielo y del tiempo que tiene
el marino, a fin de probar que la teora es realmente una rmora
en todos los sectores de la actividad prctica, porque desva al
estudioso de adquirir prctica y llega con frecuencia a menos
cabar la seguridad de su instinto natural 49 Nos gustara saber
ia l completamente m al entendido, debido a que todo el mundo ignora las
realidades histricas de que surgi el problema de Aristteles.
40 Platn, Leyes, IV , 7 16 c: "D ios debe ser para nosotros la medida de
todas las cosas, y no el hombre, como dicen comnmente.
47 Et. Nic., V I, 7, 1 1 4 1 20 ss.
48 Sobre la exactitud (xQpeia) como la seal del carcter cientfico de
una disciplina ver Fil., 56 b c, 57 ce, 58 c, 59 a , 59 d , etc.
49 Frg. 52 (p. 5 9 ,11. 1855., en Rose).
E L PRO T REPTICO 109

cmo replicaba Aristteles a estas crticas, pero por desgracia se


ha perdido su respuesta. La idea de juntar pares de ciencias pu
ras y empricas no la haban inventado sus adversarios; se haba
servido primero de ella Platn. El F ileb o distingue una aritmti
ca de los filsofos de la aritmtica del vulgo;60 es ciencia en mayor
o menor grado segn que las unidades con que opera son igua
les o desiguales. Anlogamente hay dos artes de calcular y dos
de medir; de hecho, hay varias "artes donde existe una pareja
semejante de gemelos, sin que se les distinga por el nombre.51
Aquellas en las que se ocupan los verdaderos filsofos son incom
parablemente superiores a las dems, debido a su exactitud y
verdad en materia de nmero y medida. Cabe presumir que la
respuesta de Aristteles a los empiristas fuera similar a la de
Platn en el F ileb o ; no importa qu "arte sea ms til ni cul
de mayor aplicacin, sino cul apunta al mayor rigor, claridad
y verdad. "U na pequea mancha de blanco puro es ms blanca y
ms bella y ms verdadera que una gran extensin de blanco
mezclado de otro color , y el amante de los colores puros prefe
rir, por tanto, la primera incondicionalmente.52 Esta idea de
que el conocimiento debe convertirse en exacto, aun cuando por
ello se torne intil, es tambin la conviccin del Protrptico.
Surge la actitud artstica frente a la matemtica que es carac
terstica de la ltima teora de las Ideas de Platn; y sin esta
sensibilidad artstica para el mtodo es Aristteles incompren
sible*
El Protrptico da una clara expresin no slo a las consecuen
cias de la teora de las Formas, sino tambin a su contenido
real.58 Exactamente como en las artes y tcnicas los mejores
tiles con que el hombre mide y comprueba lo recto o lo liso de
las cosas perceptibles estn copiados de la naturaleza, as tam
bin tiene el poltico, segn Aristteles, normas definidas (oqoi)
que recibe "de la naturaleza misma y de la verdad , y por res
peto a las cuales juzga lo que es justo, noble, bueno y prove
y Fil., 5 6 D.
51 Fil., 57 d . Cf. E p i n 990 a , donde se pone en contraste al astrriomo
matemtico con el emprico y el hombre que conoce el tiempo.
62 F il.f 35 A.
s Jm bl., Protr., p. 54, 1. 22p. 55, 1. 14 (no lo incluye Rose).
lio L A AC A D EM IA

choso. Exactamente como los tiles tomados de la naturaleza son


superiores a todos los dems, as es la mejor ley la que ms con
cuerda con la naturaleza. Es imposible, sin embargo, conocer
esta ley sin aprender primero a conocer el ser y la verdad por
medio de la filosofa. Ni los tiles de las otras artes, ni sus ms
rigurosos clculos se derivan directamente de los ms altos prin
cipios (ojx djt aJicv tgv jtQCTcov); proceden de fuentes de se
gunda mano, tercera, o ms lejana todava, y sus reglas son el
fruto de la simple experiencia. Tan slo la imitacin (|x[AT]oig)
del filsofo se ejerce directamente sobre lo exacto en si (cbi
avtcov Tv xQi6a)v); pues el filsofo es un contemplador de las
cosas en s y no de imitaciones (aiJtcv yg oti deatr|g, M/ ov
|U|i^aT(ov).
Tanto el lenguaje como el contenido filosfico de este pa
saje son Platn puro, hecho que ya se haba notado en los
das en que era inconcebible la idea de que Aristteles haba
tenido un perodo platnico.54
Mientras se lo consider aisladamente, pudo parecer una
explicacin suficiente decir que era una imitacin del estilo
de Platn, y que la propia opinin del discpulo yaca discreta
y cautelosamente oculta bajo esta imitacin; pero el sentido
de estas palabras slo puede entenderse efectivamente dentro de
su conexin orgnica con la filosofa del Protrptico, y esta
ltima requiere la metafsica dualista de las Formas como la
base teortica de las doctrinas antes expuestas sobre los valores.
Las primeras cosas de que aqu se habla no son las mismas
que las de la Metafsica y los Analticos de Aristteles. Verdad
es que en la M etafsica leemos exactamente como aqu que el
filsofo aprehende los ms altos principios, las cosas que son
ms universales (jipcota);55 y hemos mostrado que sus dos prime
ros captulos estn en estrecha dependencia del Protrptico de

54 En Hermesy x , 99, comparaba Hirzel justamente este fragmento, donde


se llama al gobernante y al poltico al estudio de la filosofa, con la peticin
platnica de que los reyes filosofen o slo los filsofos sean reyes. Hirzel dice
tambin que el captulo X de Jm blico no pertenece al Protrptico, sino a a l
gn escrito puramente poltico del prim er perodo de Aristteles; pero ya
hemos mostrado cmo esto es un error.
55 Metaf., A 2, 982a 25.
EL P R O T R E P T IC O ni

un cabo a otro; pero esto se limita a hacer ms significativo el


hecho de que Aristteles evita aqu deliberadamente la expre
sin platnica las primeras cosas en s (airea t jiQayca), eli
minando el en s (airr), es decir, eliminando justamente
aquel trmino que Jiace de la expresin primeras cosas en el
Protrptico una reliquia de terminologa especficamente pla
tnica. Pero prescindiendo an de esto, la expresin primeras
cosas no puede aludir aqu al universal abstracto en el sentido
posterior de Aristteles, porque lo universal abstracto no se pone
en contraste con imitaciones (jLii[irmata) de ninguna especie.
"Imitaciones es de nuevo un trmino especficamente plat
nico, que no puede usarse con sentido independientemente de
la doctrina de que las Formas son arquetipos (jta^aSsy^aTa)
de que participan las cosas sensibles. Suponer que un lgico tan
agudo y un estilista como Aristteles pudiera emplear imita
cin simplemente en el sentido atrofiado de cosas percepti
bles es sencillamente imposible.56

56 La expresin imitacin tiende a subrayar la mayor realidad del arque


tipo. Por ende no puede seguir usndose desde el instante en que cesan las
Formas de ser sustancias para volverse simplemente los ms altos universales.
Menos posible sera an decir que bajo el punto de vista de Aristteles son
las cosas particulares de la naturaleza visible, compuestas de materia y form a,
imitaciones de las entelequias o formas que son activas en ellas. Im ita
ciones presupone la trascendencia platnica, la separacin del arquetipo
y la copia. La cuestin la resuelve el hecho de que Aristteles sigue usando
el trmino tcnico de Platn cuando critica las Formas en sus obras poste
riores; con frecuencia las llama simplemente en sis (curra), sin otros tr
minos acompaantes, exactamente como hace aqu cuando dice pues es un
contemplador de en sis y no de imitaciones (auxcov y&Q toxi deaxrjs, kX* ov
xi|XT||xTtv, Jm bl., p. 55, 1. 13). Aqu el pronombre no se refiere a nada que
vaya antes; est usado absolutamente. Esta manera de escribir no es clara
a menos que se ponga en contraste las Formas con los correspondientes fen
menos sensibles o copias, y de aqu que slo la encontremos cuando es as.
Cf. M etaf., 991 5, en s y en lo particular (m xaxg x a ! xrjg xi/vg); a 30,
no slo de las cosas sensibles, sino tambin de las en s (ou jivov
tcov alodiTCujv. -akXa x a ! axv); b 30, entre las cosas de aqu y las en
s (nexa^\) xajv Seq t* eotai xa ! auxav); 997 b 14, adems de las en s
y las sensibles (jiap avrcg x a ! x a s alafhryug); b 24, entre las en s y las
perecederas (nexajv avxv xe rta! xwv (pdaQxojv). Este peculiar uso de la
terminologa de Platn ha escapado evidentemente a la atencin de los
investigadores.
L A A C AD EM IA

Semejante medio de salir de las dificultades que embarazan


toda interpretacin aristotlica del pasaje sera desesperado, y
an hay otro hecho que lo hace imposible. Las mentadas ex
presiones platnicas se equiparan con la frase la naturaleza
en s y la verdad . Ahora bien, ste no puede ser el concepto
aristotlico de naturaleza. En primer lugar no resultara justi
ficada la adicin del en s . En segundo trmino, sta natu
raleza es la fuente de normas absolutas y exactas para la poltica
y la tica, lo que no es de Aristteles.57 Por ltimo, Aristteles
no poda decir que el filsofo que investiga la naturaleza inves
tiga las primeras cosas en s , mientras que las dems artes,
cuyos instrumentos y reglas se obtienen igualmente de la natu
raleza visible, tan slo se ocupan con copias de segunda mano,
tercera o ms lejana todava; pues si uno y otras tienen por
objeto de su imitacin la naturaleza en el mismo sentido, qu
es lo que distingue la filosofa de las dems artes en este respecto?
Esta comparacin entre la filosofa, que contempla las cosas
en s, y las artes, que se limitan a imitar copias de copias, nos
lleva un poco ms lejos. Procede de la exposicin de la teora
de las Formas en el libro dcimo de la R ep b lica .5S El tertium
comparationis es el hecho de que unas y otras tienen su arquetipo
en algo objetivo y externo a ellas, en lo que leen, por decirlo as,
la ley de su objeto. Para las artes y tcnicas es el arquetipo la
naturaleza perceptible. Para los filsofos es la naturaleza misma,
que slo puede aprehenderse por medio del pensamiento puro.
Esta naturaleza es el ser real y puede describirse, por tanto,
como las primeras cosas en s (airea xa jigcota). 59 Se sigue
que estas primeras cosas no pueden ser en modo alguno los

57 El Poltico de Platn, 297 c y 300 c ss., es el origen de la aplicacin


de los trminos imitacin y copias de la verdad a una poltica que
procede segn modelos terrenos y de acuerdo con leyes y constituciones
escritas, pero no es creadora por no estar basada en la norma eterna. En
dicho dilogo se encuentra frecuentemente, como tambin la comparacin
del verdadero poltico con un timonel (cf. 297 e). El problema mismo
viene tambin del propio lugar. En 308 c se llam a a la poltica ideal de
Platn la forma verdadera y natural de la poltica".
58 Platn, R ep., X , 599 a , 600 E, 602 c, 603 a , 605 B.
50 platn, Parm ., 132 d : Las Ideas son, por decirlo as, modelos fijados
en la naturaleza. La ecuacin de naturaleza, ser y verdad es platnica.
EL PR O T REPTICO

ms altos universales, porque mientras que su identificacin con


la naturaleza en s les da una realidad objetiva, Aristteles
neg en su madurez que los universales poseyeran tal realidad.
La nica inferencia posible de estos hechos es la de que en este
pasaje se consideran an los ms altos universales y las cosas ms
exactas como idnticos con lo esencialmente real y esto slo
es cierto de la Idea platnica.
Slo de la Idea se poda decir que es la naturaleza misma, la
divina, la constante, la perdurable y eterna, de cuya vista vive
el poltico filosfico y a la cual amarra su nave como un buen
timonel.60
La principal funcin de las Formas en el Protrptico es servir
de apoyo a su teora del conocimiento suministrando un objeto
exacto al conocimiento puro, y en segundo trmino suministrar
normas ticas. Esta es la direccin en que el desarrollo intelectual
de Platn acab por llevar a ste, y Aristteles le sigue. Ello
conduce a dar mucho mayor importancia al mtodo y a la supre
sin tcita, si no a la negacin expresa, del carcter existencial
de las Formas. La prueba misma de que poseen en efecto una
existencia real se hace ahora descansar principalmente en las
exigencias y los supuestos del conocimiento conceptual. Si los ni
cos objetos reales fuesen los fenmenos sensibles, el pensamiento
conceptual, que es el nico exacto, no tendra objeto real; y en
este caso no habra conocimiento en absoluto, de acuerdo con la
manera de ver de la poca. La idea de que el conocimiento puro
es exacto viene a ser realmente as el punto cardinal del pensa
miento de Platn en su ltimo perodo. La Forma es el objeto
puro revelado por el pensamiento exacto. Este era uno de los
principales argumentos de la Academia. Aristteles lo reproduca
en su obra perdida De las Formas, y Alejandro de Afrodisias nos
lo conserv tomndolo de ella.61 El argumento explica por qu
el Protrptico llama a las Formas lo exacto en s . Incluso reapa
rece el trmino tcnico usado en la prueba acadmica, a saber,
lo absolutamente determinado (xa d>(>iqiva).62 En posteriores
60 Jm bl., Protr.y p. 55, 11. 21 ss.
61 Frg. 187.
62 Frg. 52 (p. 6o, 1. 21, en R ^ e ). Cf. De las Formas, frg. 187 (p. 149, 1. 22,
en Rose).
I!4 L A AC AD EM IA

das fu uno de los ms difciles problemas de Aristteles el deci


dir si podemos tener un conocimiento cientfico de lo supra
sensible; si no existen las Formas de Platn, no est claro cmo
puedan captarse por medio de conceptos generales las esencias
de las cosas. El Protrptico, por otra parte, arguye con notable
precisin, y evidentemente partiendo de supuestos por completo
distintos, que es posible tener una ciencia de lo justo y lo bueno,
de la naturaleza y del resto de la verdad" (esto es, lo realmente
real , ovtcog ov). Para su autor, lo que es primero en el orden
del ser coincide con lo que es ms cognoscible; y esto ltimo,
llamado tambin lo determinado y lo ordenado, coincide con el
bien y la causa.63 Es verdad que expresiones como anterior por
naturaleza y anterior por respecto a nosotros , y primeras co
sas en el sentido de razones ltimas , se encuentran por doquie
ra tambin en la filosofa de Aristteles. Pero no cabe duda de
que surgieron originalmente de los argumentos de Platn en
favor de las Formas. Consuenan perfectamente con ellos y deben
de haberse inventado primeramente para ellos. Su sentido slo
es claro mientras se les aplica a una realidad trascendental como
aquella en que crea Platn, tornndose ambiguos cuando se les
refiere a la esencia inmanente. De aqu que Aristteles se vea
obligado a matizar su sentir aadiendo determinaciones (tales
como por naturaleza y por respecto a nosotros ). No pueden
usarse absolutamente, como en el Protrptico, a menos que la
verdad, el ser y el valor coincidan en el ms perfecto objeto de
conocimiento (como lo hacen en la teora de las Formas). La
amalgama de tica y ontologa, que tambin se encuentra en el
argumento, slo es explicable a base del supuesto de que las pala
bras anterior y bien se refieren a las formas.
La prueba final la da la idea aceptada en el Protrptico de los
elementos (gtoixbcx) de la realidad, idea que la Metafsica im
pugna en detalle.64 En la primera obra escribe Aristteles como
sigue: lo anterior es causa en mayor grado que lo posterior,
pues cuando se destruye quedan destruidas con ello las cosas que
reciben de ello su sustancia (trjv ovoav), las lneas con los n-
63 Frg. 52 (p. 60, 11. 17 ss., en Rose).
r 64 Frg. 52 (p. 6o, 1. 26, en Rose), cf.# M etaf., A 8, 1017b 18; N 3*
1090 b 5.
EL PRO TREPTICO U5

meros, las superficies con las lneas y los volmenes con las
superficies . La Metafsica, por su parte, niega toda sustanciali-
dad a los objetos de la matemtica, nmeros, puntos, lneas, su
perficies y volmenes, al mismo tiempo que dice que los platni
cos sostenan esta manera de ver. Leemos all: Llamamos
sustancia (otica) aquello. .. tambin cuya destruccin acarrea la
del todo, como queda destruido el cuerpo con la destruccin de
la superficie, segn dicen algunos, y la superficie, con la destruc
cin de la lnea; y en general piensan algunos que el nmero es
de esta naturaleza". En las partes ms antiguas de la M etafsica
est la crtica del platonismo dirigida principalmente contra esto,
la forma final de la teora de las Ideas, segn la cual las Ideas,
o tienen a su lado objetos matemticos existentes como sustan
cias, o son realmente nmeros ellas mismas. Aristteles llama a
ste un argumento notoriamente dbil . Esto se limita a hacer
tanto ms significativo el hecho de haber mantenido anterior
mente l mismo la doctrina que ataca aqu. Esta se mantiene
en pie o sucumbe juntamente con la idea platnica de sustancia
y con la doctrina de que las ideas y los objetos de la matemtica
poseen una realidad trascendental.
Aristteles deja ver que haba en la Academia una controver
sia sobre los elementos de la realidad. Es imposible conocer algo
ms hasta que conozcamos las causas y principios de las cosas, si
son el fuego o el aire [esto es, los elementos de los fsicos], o el
nmero o algunas otras naturalezas [qraeig, esto es, las Ideas]. 65
El propio Platn hace insinuaciones semejantes en sus ltimos
dilogos, sin levantar realmente el velo. En el F ileb o habla abier
tamente del gran ardor (jtoXXfj Gxovbv\) que reinaba en torno
a la teora de las Formas y la controversia sobre la divisin (jiera
naiQeaecog |A(piopr|TT]ai<;) en conexin con ellas.66 Aristteles
tom una viva parte en estas discusiones, lo que se limita a hacer
ms notable el hecho de que en el Protrptico subordine su
opinin personal a la doctrina acadmica prevaleciente. Dos con
clusiones pueden sacarse con certeza. Primera, ni siquiera en
aquellos tempranos das mantuvo la teora de las Formas como
un dogma esttico; era un partidario de ella, pero hablaba de

65 Frg. 52 (p. 61, 1. 13, en Rose). 66 Fil., 15 a. Cf. Parm., 130 b ss .


n6 L A ACAD EM IA

ella con plena conciencia de sus dificultades. Estas dificultades,


sin embargo y sta es la segunda conclusin, no le parecan
an suficientemente fundamentales para permitirle resueltamen
te refutar la doctriha de Platn, como hizo en su obra D e la
Filosofa y en la M etafsica poto despus del 348. Y as quiz
podamos decir que ni en el Protrptico, ni en los ltimos dilo
gos de Platn, revela totalmente el autorretrato literario de la
Academia el verdadero estado de sus discusiones esotricas. Es
significativo que lo ms interesante de las primeras obras de Aris
tteles y de los ltimos dilogos de su maestro sea con frecuencia
precisamente lo que no dicen.
Ello da ms valor a esta confesin del representante de la ge
neracin joven, como un dato ms que aadir a lo que del
espritu de la Academia pone Platn en sus escritos. Por ello
averiguamos lo que le pareca esencial en la obra de la Aca
demia.
Cuando menciona con entusiasmo el rpido avance (m8oaig)
reciente de la filosofa por el camino de la ciencia exacta, nos
sentimos directamente transportados en pleno centro de la comu
nidad de estudiosos fundada por Platn. Los miembros de la
Academia sentan que navegaban en plena corriente del progre
so, una corriente en comparacin con la cual eran las otras ar
tes agua estancada. Aristteles habla del vivo paso del movi
miento y cree que la plenitud cabal del conocimiento est al
alcance de la mano. Participa de la confianza que sacaba su
generacin de la conviccin de poseer potenciavcreadora y de
haber hecho progresos sin ejemplo. Aquellos hombres crean que
la genuina investigacin puede hacer felices a los hombres, y
esta fe no brotaba de argumentos artificiales, sino de una verda
dera buena fortuna y de una experiencia intensificada; si esto fu
verdad alguna vez, lo fu entonces. Los extraos pueden pensar
que se trate de una obra ingrata, exclama Aristteles, pero quien
la ha probado una vez, jams quedar saciado de ella.67 Es la
nica forma de la actividad humana que no est limitada a
tiempo, lugar ni instrumento alguno. Ni pide que la aliente un
lucro externo. Quien la posee es posedo por ella; en consecuen

67 Frg- 52 (p. 62, 1. 20, en Rose).


EL PR O T RE PTICO 117

cia, no conoce nada ms placentero que estar sentado dedicado


a ella (jipoceSpea). Fu aquel crculo de estudiosos lo que hizo
nacer el ideal de la vida teortica de Aristteles es decir, no
el animado gimnasio del Lisis o del Crmides, sino la cabaa
(xaWpT]) del jardn cerrado de la Academia. La paz reinante en
l es el verdadero original de las islas de los bienaventurados del
Protrptico, ese pas de ensueo del trascender filosfico.08 El
nuevo tipo de filsofo no se modela sobre Scrates, sino sobre
Pitgoras, Anaxgoras o Parmnides. El Protrptico nombra a
estos tres como fundadores.
Este cambio es lo bastante importante para detener nuestra
atencin un poco ms. Este parece haber sido el momento en
que la Academia plante por primera vez el problema del Scra
tes histrico y el platnico, debido a que los miembros se torna
ban cada vez ms conscientes de la distancia que los separaba
del tipo socrtico. En sus primeros ensayos para distinguir la
participacin de Scrates de la de Platn, negaron naturalmente
al Scrates histrico casi cuanto de conocimiento filosfico se
le atribuye en los dilogos de Platn. Ms tarde sigui a este
radicalismo una reaccin, de suerte que Aristteles lleg al
siguiente resultado: dos cosas deben atribuirse en justicia a S
crates, los raciocinios inductivos y la definicin universal. 69 En
todo caso no hay conexin entre Scrates y la filosofa teortica
del Protrptico. En esta obra se caracteriza la metafsica, que an
68 Frg. 58 (p. 68, 1. S y p. 69, 1. 1, en Rose). El modelo literario de
ella era Platn, G o r g 526 c. y R ep ., V II, 540 b . L o s platnicos refieren
estos dos pasajes a la vida en la Academia. El Epinornis, 992 b , reproduce
la misma idea.
69 M etaf., M 4, 1078b 27. Esta cautelosa frmula me parece seguir
siendo el ms exacto resumen de los hechos histricos. M aier (Sokraies,
Tub in ga, 19 13, pp. 77 ss.) tena sin duda razn al negar que Scrates tu
viera una teora lgica de lo universal y la induccin; es harto tiempo
de que dejemos de llam ar a Scrates el primer lgico, apoyndonos en la
afirm acin de Aristteles. Pero las literales palabras de ste no prestan base
alguna a semejante manera de ver; Aristteles se lim ita a enumerar las
operaciones lgicas que practicaba Scrates. Considera a Scrates, sin em
bargo, desde su propio punto de vista. Su propsito no es en lo ms mnimo
el de hacer "un retrato del hombre , sino el de descubrir en l, como en
Demcrito y los pitagricos, los primitivos orgenes del mtodo lgico
(cf. 1078 b 20).
li8 L A AC A D EM IA

no ha recibido el nombre de filosofa primera", como una espe


culacin del tipo introducido por Anaxgoras y Parmnides *
y se considera que el antepasado de la filosofa de Platn es Pit-
goras.70 Hasta en el libro primero de la M etafsica sigue Aristte
les sosteniendo que la doctrina de Platn era esencialmente
pitagrica por su origen, aunque haba aadido algunas pecu
liaridades por su propia cuenta".71 Esta manera de ver, que tiene
que haber asombrado frecuentemente al lector, no tiene la in
tencin de empequeecer a Platn. Era la manera de ver oficial
de la Academia, y Aristteles segua mantenindola al escribir
las palabras citadas por el 348/7. El Scrates platnico haba
sido el resultado del deseo de crear y modelar del artista; el culto
de la Academia por Pitgoras, uno de los ejemplos ms nota
bles de autosugestin religiosa que haya habido jams, fu una
proyeccin de la Academia misma y de su metafsica de los n
meros en la personalidad medio mtica de Pitgoras, a quien
veneraban los platnicos como el fundador de la vida teortica ,
y a quien pronto atribuyeron libremente las ideas de su propio
tiempo y escuela.
El cuento sobre Pitgoras en el Protrptico, con todo y ca
recer de importancia, nos permite ver con nuestros propios ojos
cmo se desarroll la invencin de ancdotas hasta llegar a tener
su fatal influencia sobre la historia de la filosofa griega. Le
preguntan a Pitgoras cul, es la finalidad de la vida humana.
Responde que contemplar los cielos .72 En respuesta a una se
gunda pregunta, se caracteriza a s mismo como un contempla
dor (Oeo)Q<;) de esta ndole. Comparemos con este cuento la
clsica historia del origen de la palabra filsofo en las Cues-
tiones Tusculanas de Cicern, la cual procede de Herclides de
Ponto, un compaero de estudios de Aristteles.73 De nuevo aqu
se interroga a Pitgoras. Este se llama a s mismo un filsofo, y
para explicar este nombre nuevo hace la siguiente narracin.
Compara la vida humana con las grandes fiestas de Olimpia, a
las que acude todo el mundo formando una abigarrada multitud.
70 Jm bl., Protr., p. 5 1, 11. 8 y 1 1 ; frg. 52 (p. 59, 1. 4, en Rose).
71 M etaf., A 6, 987a 30.
72 Jm bl., Protr., p. 5 1, 1. 8. La frase de Anaxgoras en la lnea 13 es
una variante de sta. 73 Cic., Tuse., V, 3, 8.
EL PR O TREPTICO 119

Algunos estn all para hacer negocios en la feria y divertirse;


otros desean ganar la corona en el certamen; otros son simple
mente espectadores. Estos ltimos son los filsofos, de los cuales
no hay sino pocos. Tras la lectura del Protrptico se reconoce en
los primeros dos grupos a los representantes del placer y la virtud,
esto es, de las vidas apolustica y prctica . El filsofo vive
exclusivamente para la teora, para la pura phrnesis. A pesar de
sonar atractivamente, ni constituye esta historia una unidad, ni
es original. Herclides, el ms fielmente pitagrico de todos los
platnicos, se sinti evidentemente estimulado por el Protrp
tico. Entonces proyecta la distincin de las tres vidas en el
oscuro pasado. El meollo del cuento est en la palabra teora ,
que sugiere inevitablemente una doble significacin. Ya el Pro
trptico haba trazado el paralelo entre la contemplacin de la
realidad por el filsofo y el sagrado espectculo de Olimpia, y lo
haba hecho as en un pasaje cercano al que da las respuestas
de Pitgoras.74 Herclides combin simplemente estos dos ele
mentos en una historieta, que embelleci ligeramente. Lo que
para Aristteles era simplemente un recurso estilstico, se vuelve
ahora una imagen de las tres vidas (ya que no todo el que va
a Olimpia es un espectador), y se atribuye al propio Pitgoras
(arrg ?<pa). En realidad, el cuento presupone las ideas funda
mentales de la ltima tica y metafsica de Platn.
Finalmente, debemos considerar lo que pueda decirnos el
Protrptico sobre la primera actitud de Aristteles ante la vida
y la religin. En este respecto resulta la obra complementaria
del Eu dem o, mostrando la existencia de una diferencia radical
entre la idea del otro mundo sentada en la obra ms antigua y
las opiniones de la ms reciente. En ambas obras es Aristteles
absolutamente pesimista en punto a la vida terrena y los bienes
e intereses temporales. Nos exhorta a dejar la vida por nuestra
propia voluntad, a fin de obtener a cambio de ella un bien ms
alto y puro. Pero mientras que el Eudem o, con su doctrina del
alma y su inmortalidad, es predominantemente especulativo, el
Protrptico nos introduce en una atmsfera ms personal.
Siguiendo el ejemplo y la doctrina de Platn, est convencido

Jm bl., Protr., p. 53, I. mj.


1*0 L A A C A D EM IA

Aristteles de que hay altos valores imperecederos y de que hay


un mundo ms verdadero al que conduce el genuino conocimien
to. Por ese bien abandona todos los bienes aparentes del poder,
las riquezas y la belleza.75 Jams se ha denunciado ms despecti
vamente la inanidad de todas las cosas terrenas. En cuanto al
sueo del esttico siglo xvm armona, serenidad sin nubes y el
goce de la belleza, no siente el Protrptico sino el ms profundo
disgusto por l. Es probable que no halagara realmente jams
al espritu griego. Hubo momentos como el siglo iv, en que la
actitud esttica pareca triunfar en la vida y en el arte, pero pron
to los super el reflexionar que la fuerza, la belleza y la alta talla
no son sino una ridiculez que carece de todo valor . Cuando se
escribieron estas palabras haca mucho que haba dejado de pa
recer divina la belleza del cuerpo en su sublime austeridad, y el
arte que debiera interpretarla viva de una simple apariencia,
el culto vaco de la forma. En el Protrptico pone Aristteles sus
manos sobre el bello Alcibades, que haba sido el dolo de aque
lla edad, que se complaca en encontrar en l su propia imagen.
Aristteles pone el dedo en el punto dbil de aquel tiempo cuan
do dice que si alguien pudiera ver en el interior de aquel cuerpo
tan admirado con los ojos de Linceo , encontrara un nausea
bundo cuadro de fealdad.76 El mismo se [Link] la vista de Lin
ceo de otra actitud frente a la vida cuando penetra este muro
material y visible que nos rodea y descubre tras las escenas de
apariencia un nuevo y hasta aqu invisible mundo, el mundo
de Platn.
A bas de esta idea, la perfeccin de todas las imperfecciones
de la vida humana tiene que estar en el mundo trascendental.
As resulta la vida la muerte del alma, y la muerte la fuga a una
vida ms alta. Aristteles toma el lenguaje del Fedn y declara
que la vida del verdadero filsofo ha de ser una continua prc
tica de la muerte.77 En ello no encontrar nada demasiado duro,
pues para l es el encarcelamiento del alma en el cuerpo un
estado antinatural lleno de indecibles padecimientos.78 Estos se
75 Jm bl., Protr., p. 53, 1. 19.
76 Frg. 59 (p. 70, 1. 1 1 , en Rose; cf. 11. 7 ss.).
77 Cf. Diels, A rchiv fr Geschichte der Philosophie, vol. i, p. 479.
78 La seccin final de los extractos del Protrptico, refundida por Jm -
EL PRO T REPTICO 12 1

pintan con horribles colores mediante la imagen de los piratas


etruscos. Para torturar a sus prisioneros, ataban estos piratas los
cuerpos vivos cara a cara con cadveres y los dejaban perecer
lentamente, forzando as a la vida y a la Corrupcin a una unin
antinatural. A pesar de la rudeza autotorturadora de esta ima
gen, ostenta las seales de una genuina experiencia personal y
una pattica emocin. El joven Aristteles haba sentido real
mente los dolores de la existencia dual del hombre, como los
haban sentido antes que l Platn y los rficos. Es una idea
absolutamente intolerable y blasfema la de que esta imagen pla
tnica no es nada ms que una mscara convencional que oculta
un espritu en realidad ligero y jovial. Necesitamos simplemente
aprender de nuevo nuestra historia. El hecho es que hubo un
tiempo en que tales ideas le parecan a Aristteles una parte
inseparable de su propio yo. Emplea toda suerte de frases y
metforas para inculcarlas. Se complace en tomar palabras del
vocabulario de los misterios, porque slo por medio de la reli
gin logra entender y superar la violencia de la existencia dual
del hombre. Como susurran las antiguas doctrinas msticas, es
el conjunto de la vida humana una penitencia por alguna
grave culpa en que incurri el alma en una existencia anterior.
El proceso suprasensible de la vuelta del alma a su patria
es como para incluir tambin las obligaciones morales del hom
bre. La tica resulta despojada as de su vigencia absoluta y su
valor independiente. Por lejos que est Aristteles de reducir los
varios aspectos de la vida moral efectiva exclusivamente a la vi-

blico (ver pp. 97-98 supra), est contaminada de neoplatonismo, pero el siguien
te pasaje me parece inequvocamente genuino: Pero aqu, debido a que
es quiz antinatural para nuestra especie el existir aqu, es difcil apren
der ni exam inar nada, y slo con dificultad puede un hombre percibir
algo, debido a lo antinatural y absurdo de nuestra vida; pero si alguna
vez logramos salvarnos volviendo al lugar de donde vinimos [otra vez el
E u d em o!], es patente que todos lo haremos fcil y gustosamente. (Jm bl.,
Protr., p. 60, 11. j o 15). ' k ) X evxavda nv i t J i a g cpvaiv tocos
t l v a i [?] t yvo g fm<jv t n a v d v e i v t i x a l axojrev e o t i x a i n - X ig
[ a v ] a l a t i v o i T O [ ? ] f u xi\v < p \> a v x a l t t j v J i a p < p a iv t o i^ v , a v 6 o t e
6 u v r id c i) fie v cKoftfjvai j i X i v S f t e v SfjXov cbg fJ6iv x a ! q q o v a r
ioi}aofev jcvTeg. La repeticin de jcag paiv muestra que tambin aqu
se abrevi torpemente el original.
122 L A A C A D EM IA

sin mstica, o de recurrir al xtasis, subordina sin embargo in


condicionalmente el reino de la voluntad y de la accin a la
contemplacin del bien eterno.
El filsofo debe mantenerse tan libre como le sea posible
de las distracciones de la vida prctica. El Protrptico nos amo
nesta a no dejarnos envolver demasiado profundamente en nego
cios mortales, y a no extraviarnos por los falsos caminos que sigue
la humanidad. Todas estas cosas se limitan a poner obstculos a
nuestro retorno a Dios. Nuestra nica aspiracin debe ser la de
que podamos morir un da en paz, volviendo as de esta estrecha
prisin a nuestra patria. Debemos, o buscar la verdad y consa
grarnos a ella, o acabar de una buena vez con la vida, pues todo
lo dems no es sino locura y vanas palabras.79

70 Frg. 61 (p. 72, 1. 20, en Rose). Cicern pone este pasaje al final de
su Hortensio, en compaa de pensamientos similares tomados tambin del
Protrptico. Probablemente, tambin en el original se encontraban al finaL
SEGUNDA PARTE

V I A J E S
CAPTULO V

A R IS T O T E L E S E N ASOS Y E N MACEDONIA

En 348/7 m u r i Platn, y casi en el mismo momento qued des


truida Estagira, despus de saqueada e incendiada por las tropas
de Filipo de Macedonia, que andaba atacando las ciudades co
merciales de la Pennsula Calcdica. De un golpe qued as pri
vado Aristteles de sus dos patrias, la de sus antepasados y la de
su espritu (pues esto ltimo haba hecho de Atenas para l la
presencia de Platn). A pesar de su creciente independencia en
materia intelectual, se haba rehusado a dejar a Platn mientras
vivi ste; pero una vez cerrados para siempre los ojos del maes
tro, pronto se rompi el lazo que le ligaba a sus condiscpulos.
En el mismo ao parti para Asia Menor, abandonando su crcu
lo de amigos y el escenario de veinte aos de una experiencia
ennoblecedora y una abnegada obra en comn.1 En ausencia de
toda informacin sobre la verdadera razn de tan importante
paso, que quiz se decidi dar incluso antes de la muerte de
Platn, se han adelantado torpes sugerencias. En sus escritos
aplica frecuentemente Aristteles una afilada crtica a las doctri
nas de Platn; no fu difcil, pues, encontrar quienes conjetura
ran que haba roto con su maestro, y que su marcha de Atenas
era la expresin de la ruptura. Se escrut su carcter con la espe
ranza de descubrir razones personales. Sus burlas afectaban ingra
tamente los nervios delicados (aunque siempre dejan lugar al
mayor respeto cuando Aristteles habla de Platn), y todo l era
especialmente enojoso a aquellos que tomaban su intelecto domi
nador y su insistencia en la pureza lgica como signos de un
espritu destructor. Pero el propio Aristteles protesta contra la
insinuacin de que la crtica haya de tener siempre motivos
l Apolodoro, en Dig. L ., V , 9 (cf. V. 3, donde la cronologa es desespe
rantemente confusa); Dionis. Hal., E p . ad Am m ., 5.

125
126 V IA JE S

personales, ni siquiera en el caso de resultar verdadera. En pos


teriores tiempos de la Antigedad, la maledicencia le acus
abiertamente de malicia e ingratitud, y los motivos de su marcha
quedaron sepultados en una espesa niebla de sospechas, disper
sar expresamente la cual no es todava superfluo, aunque nos
hemos vuelto ms escpticos en punto a los juicios morales con
vencionales; singularmente porque siguen sin explicar las verda
deras razones del paso.2
Un sagaz y culto intelectual de los tiempos imperiales, Aris-
tocles de Mesina, tuvo la energa moral de rasgar este velo de
leyendas. Puso un trmino a la persistente tradicin de los com
piladores, remontndose a las fuentes originales, y demostrando
la msera insuficiencia de las bases en que descansaba la male
dicencia. El azar nos ha conservado por suerte aquella parte de
su investigacin crtica donde despus de haber destruido triun
falmente el frgil tejido de mentiras, muestra que la leyenda de
una ruptura entre Platn y Aristteles descansa en la interpreta
cin escandalosamente errnea de un pasaje de un discpulo del
ltimo, Aristoxeno de Tarento.3 Con toda probabilidad fu
Aristocles quien, despus de demoler estos cuentos apcrifos, de
volvi a la luz aquel precioso documento personal que nos da la
verdadera actitud de Aristteles frente a su maestro mejor que
todas las hiptesis de la malicia ajena, a saber, la elega de altar
dedicada a Eudemo.4 La afirmacin de que el hombre a quien
testimonia su entusiasmo Aristteles en este fragmento no es
Platn, sino Scrates (a quien Aristteles no haba visto en toda

2 Aristteles protesta contra las acusaciones iniciadas por los seguidores


de Platn en Et. Nic., I, 6, 1096a 1 1 - 1 6 y frg. 8. Nuestra informacin sobre
la maledicencia en las escuelas la ha examinado crticamente Stahr (Aristo-
telia, Halle, 1830, vol. 1, pp. 4655./ Este toma su material de Francisco
Patricio (Discussiones peripateticae, Basilea, 1581). Este ltimo, un platni
co del Renacimiento, estaba absolutamente cegado por su odio a Aristteles;
da implcitamente fe a toda acusacin, por absurda que sea.
3 Aristocles en Euseb., Praep. Evang., X V , 2, 3.
4 Esta es la opinin de Immisch (Philologus, vol. l x v , p. 11). La hace
probable el hecho de que, como mostr Stahr (ibid., vol. i, p. 61), lo que
la vida de Aristteles segn Amonio nos cuenta de la relacin de ste
con Platn debe referirse, en razn de sus ecos literales, al fragmento de
Aristocles conservado en Eusebio.
EN ASOS Y EN M ACEDO NIA 1*7

su vida), es contradictoria en s y psicolgicamente inverosmill5


Jams se la habra adelantado, si los investigadores hubiesen te
nido constantemente presente el hecho de que esta rara joya debe
el haberse vuelto a descubrir tan slo al afn de un bigrafo cr
tico por buscar informacin de primera mano, y por consiguiente
ha de contener la explicacin dada expresamente por Aristteles
de sus relaciones con Platn y su rplica a los maliciosos crti
cos de esta relacin. Los neoplatnicos tomaron el poema de una
erudita obra sobre el asunto, donde se le citaba tan slo en la
medida en que arrojaba una luz directa sobre l. Claro es, por
consiguiente, que por el hombre "a quien no es lcito a los perver
sos ni siquiera loar no se entiende en esta elega otra persona
que Platn; y que los perversos' cuyas loas considera Aristteles
que van en detrimento del maestro, no son precisamente ninguna
misera plebs, sino aquellos equivocados admiradores que crean
de su deber defender a Platn contra las crticas que de su
doctrina haca Aristteles.6 Demos aqu una traduccin literal:

Al llegar a la famosa llanura de Cecropia


Piadoso levant un altar de la santa Amistad
Al varn a quien no es lcito a los perversos ni siquiera loar,
Al nico o primero de los mortales que revel claramente,
Con su propia vida y con los mtodos de sus palabras,
Cmo un varn llega a ser bueno y feliz al mismo tiempo.
Ahora, imposible que nadie vuelva jams a alcanzar ambas cosas.

El que dedica el altar y de quien se habla en ste en tercera


persona, nos es desconocido. La noticia de que el poema estaba
dirigido a Eudemo no sirve de nada, porque no podemos pre

5 Bernays, Gesammelte A bhandlungen, vol. i, pp. 14355. Justam ente


rechazada por Wilamowitz (Aristteles und Athen, vol. 11, p. 413), y ms
recientemente por Immisch (loe. cit.).
6 Slo as logramos dar sentido concreto a esta apasionada condenacin
del impo. En el estilo de Aristteles es inconcebible una vacua hiprbole
retrica; y atribuirla a Digenes el Cnico (como hace Gomperz, G riech i-
sche Denker, vol. 11, p. 539; e Immisch, loe. cit.> p. 21), porque tambin
l enseaba la autosuficiencia de la virtud, parece de todo punto dema
siado extrao. Es posible que Digenes apelara a Scrates en apoyo de sus
propias doctrinas, pero jams a un pensador tan teortico y tan lejano de
l como Platn.
V IA JE S

cisar si se alude al cipriota o al rodio. Los ltimos neoplatnicos


se decan en su confusa versin de la vida de Aristteles capaces
de explicar la inscripcin del altar, y segn ellos el que lo haba
dedicado era Aristteles. Es muy inseguro hacer de esto la base de,
la interpretacin. Afortunadamente, las varias versiones que que
dan de la tradicin biogrfica nos capacitan para seguir con
tanta claridad el crecimiento de las leyendas, que podemos des
cubrir las etapas del desarrollo gradual de la supuesta inscrip
cin.7
Aunque hay alguna oscuridad en la situacin externa que
pinta Aristteles, no hay ninguna en la interna, y sta es la
que nos interesa. La primera lnea habla de un hombre, proba
blemente un discpulo de Platn, que vino a Atenas y levant
aqu un altar. Que fuera un altar a Platn, esto es, que se le
concedieran a ste honores divinos, no puedo admitirlo. A pri
mera vista puede confundirnos el hecho de que altar rige en
el griego dos genitivos, Amistad y varn ; pero un griego
tena con seguridad que pensar sin vacilacin que lo significado
era que levantaba un altar a la Serensima Phila, en honor de
la amistad del hombre a quien los perversos no pueden ni siquie
ra loar.8 El adjetivo santa pone fuera de toda duda que la

1 Immisch considera la inscripcin autntica (loe. cit., p. 12); pero en la


Vita Marciana el hexmetro apcrifo Aristteles levanta este altar en
memoria de Platn" se cita solo, como es justo (p. 432 en Rose), y luego
leemos y en otro lugar dice de l un varn a quien no es lcito a los
perversos ni siquiera loar . La segunda lnea es un pentmetro, y lo que
pas es que el negligente compilador de la llam ada Vida segn Am onio
junta el pentmetro y el hexmetro (p. 439 en Rose), suponiendo que
varn estaba en oposicin a Platn y que las dos lneas formaban un
solo dstico, aunque reproducidas separadamente en su fuente. Es incon
cebible que hayan sucedido las cosas de otra manera, a saber, que el autor
de la Vita Marciana pueda haber tenido delante de s el dstico como un
todo, y entonces haberlo roto y dicho que el pentmetro proceda de otro
poema. Originalmente inclua con probabilidad la cita el fragmento entero
de la elega, pues es patente que se le haba obtenido de Aristocles (ver
supra, p. 126, n. 4).
8 Wilamowitz (loe. cit., pp. 4 13 sj.) junta idpvoaxo (Jdjiv v S q ; ( levan
t un altar a un varn , esto es, a Platn) y considera de la santa Am istad"
como un genitivo de causa o como un esquema jnico , aunque piensa que
esto es menos plausible; pero ambos serian algo rebuscado pata el simple
EN ASOS Y EN M ACEDO NIA 129

divinidad en cuyo nombre se levantaba el altar era Phila. Por


otra parte, el segundo genitivo hace igualmente seguro que aquel
altar de la amistad deba consagrarse, no a ninguna alegora ra
cionalista, no a ninguna abstraccin sin sangre ni vida, sino al
varn en cuya persona y acciones se haba revelado la diosa a sus
discpulos como un auxilio verdaderamente real.9 La apoteosis
de la persona humana es imposible dentro de la idea de la reli
gin de Platn, y los ejemplos de Alejandro, Lisandro y Epicuro
son inaplicables aqu. Slo aquello que es de la naturaleza de
una Forma puede ser plenamente divino.10 Como un ejemplo
de este sentimiento religioso especficamente platnico podemos
tomar el himno de Aristteles a Hermias (infra, pp. 139-140).
Tambin aqu encontramos que ni est dirigido el poema al ser
humano muerto, ni est personificada la idea abstracta de virtud.
Virtud significa aqu la Forma divina de la virtud humana (Aris
tteles usa dos veces la palabra noQ<pr|) que pugna por alcanzar
el ms alto premio de la existencia, tal como tuvieron la expe
riencia de l Aristteles y sus amigos en la vida y mueite de
Hermias; y por consiguiente es la virtud de Hermias . El him-
y prosaico lenguaje que vena siendo la regla en la poesa elegiaca desde los.
das de Eveno y de Critias. Immisch, sintindolo as, pero queriendo con
servar el altar dedicado a Platn, enmend el texto leyendo Evaefleow
tffHViyv <piXv|v ( en honor de la santa Amistad levant un altar al hombre
. a quien , etc.), lo que es sencillamente imposible. (En su posterior comen
tario de L os-T rabajo s y los Dias de Hesodo llam Wilamowitz el Zr^vg
(fXaxes avdQcTcov (ver 253) un locus classicus de un nombre que rige dos
genitivos".)
Aristteles, Jencrates, Espeusipo y Filipo de Opunte, todos escribie
ron obras De la Amistad en la Academia. Toda una literatura sobre el
tema surgi en torno a Platn en su vejez. Es cierto que seguan discutin
dose tesis erticas de la manera tradicional, pero haca mucho que Eros
110 constitua el smlx>lo unificador del grupo. Aristteles lo proyect a la
metafsica, donde sigui viviendo como el amor D ei que mueve al mundo.
' Mueve al mundo como mueve lo amado. El neutro es significativo del
cambio.
10 La idea de Wilamowitz, de un Platn-dios, a quien supone dedicado
el altar (loe. cit., vol. 11, pp. 4 13 .,), es ciertamente bella, pero apenas
responde al temple de los severos y piadosos varones del crculo de Platn.
Sin duda que para Aristteles ocupa Platn un lugar excepcional entre
los mortales (1. 4), pero siempre sigue siendo el mortal que dirige hacia
la meta divina.
V IA JE S

no canta las alabanzas de una diosa invisible, jams vista del


hombre, pero las canta en honor de su ltima encarnacin visi
ble sobre la tierra. En fin, el altar ostentaba una sola palabra,
A la Amistad ; pero Aristteles, que interpreta aqu la inscrip
cin a la manera de un piadoso exegeta ante un objeto sagrado,
la refiere certeramente a La Amistad de Platn . No echamos
de menos el segundo nombre, aunque la amistad envuelva dos
personas, pues en la relacin de los amigos (qnXot, como se
llamaban los miembros de la Academia) cul de ellos poda
reclamar exclusivamente tal lugar? La amistad de Platn era
sagrada para todos, porque ella era el ntimo lazo de su comu
nidad.
Hay una estrecha relacin entre la dedicatoria y los atributos
que a la manera de un himno adjudican a Platn las ltimas
lneas. El principio fundamental, as de la teora de la amistad
de Platn como de la vida real de la Academia, era el de que el
verdadero amigo es simplemente el hombre perfectamente bueno.
De ah que las ltimas lneas loen en Platn al mortal a tra
vs de quien se realiz esta Forma trascendental.11 El es el nico,
o el primero en todo caso, que nos ha mostrado que el hombre
es el libre dueo de su propia vida y destino, si es bueno, y que
no se limit a ensearlo en teora, sino que fu un vivo ejemplo
de ello para sus amigos. Nadie ser capaz jams de volver a ha
cerlo as dice Aristteles, como debemos concluir del nico de
todos los mortales , que no admite compromiso; pero quin
puede predecir el futuro o decir lo que es posible al hombre? Y
Aristteles atena el nico con el o primero , y en la ltima
lnea atena vuelva jams con ahora en todo caso es
imposible para la presente generacin igualarle jams.12 En este
Desde que se escribi este libro he discutido de nuevo y en detalle
el poema en la Classical Quartery (vol. xxi, 1927, pp. 13 ss.) y mostrado
que xaTSeilev ( revel) se dice comnmente de los fundadores de religiones
y personas semejantes. Esto hace totalmente inequvoco qu lugar asigna
Aristteles a Platn en la elega.
12 De la inteligencia de la lnea final depende la inteligencia del poema
entero. En contenido es irreprochable. Sus intrpretes no advirtieron que
ovx ecm Xapev ("imposible alcanzar ) es una expresin constante en los
tratados de Aristteles para indicar la inasequibilidad del ideal. En la
Pol.-, V III, 1332^ 23 dice de un ideal poltico: puesto que no es fcil de
EN ASOS Y EN M ACEDO NIA

contraste entre la presente generacin y el gua sobrehumano


hay una trgica resignacin, por virtud de la cual no es este
poema conmemorativo una simple muestra de exaltada loa, sino
una humana y conmovedora confesin. El hecho es que Arist
teles niega en su Etica la doctrina de Platn, de que la felici
dad del hombre slo depende del poder moral de su alma.13
Aristteles quisiera impedir a los charlatanes el reproducir esta
sublime sentencia. Mas para Platn, su creador, era una verdad
absoluta. Dnde est el hombre capaz de seguirle por este es
carpado sendero?
Lo Inasequible
aqu se cobra;
lo Indescriptible
aqu se obra.
No obstante, la marcha de Aristteles de Atenas fu la expre
sin de una crisis en su vida interior. Queda el hecho de que
jams volvi a la escuela en que se haba educado. Cabe presumir
un nexo con la cuestin del sucesor de Platn, que haba de
determinar inevitablemente el espritu de la Academia durante
alcanzar (ov pqiSiov XaEv). III, 1285b 7: "la aristocracia sera ms deseable
que la m onarqua,. . . si fuera posible obtener muchos hombres de la misma
clase (Sv Xaev, esto es, descubrir en realidad o hacer real). Se ha obje
tado la yuxtaposicin de vuelva jam s y ahora . Esta manera de hablar
se debe a la concisin que comprime dos expresiones posibles en una, a
saber, jam s, o por lo menos no ahora y ninguno de los que viven
ahora (ou&evi xwv ye vuv). Aristteles escribe su propio lenguaje, que no
puede reducirse a una serie de reglas. Lo nico que le interesa es el rigor
del matiz intelectual que desea expresar, y no la tersura de la diccin; por
ejemplo, la precisa distincin del o prim ero en la cuarta lnea es ms
propia de una leccin que de una elega. El maestro nos ha enseado la meta
pero los hombres del presente no podemos volar tan alto tal es el sentido
de la conclusin. Se sigue que el poema se escribi despus de la muerte de
Platn y est dirigido a Eudemo de Rodas. El sentimiento es demasiado
directo, sin embargo, para haberse escrito durante el ltimo perodo de A ris
tteles. Parece ser el brote de una intensa emocin, de un ntimo conflicto.
Si, como yo creo, fu en Asos donde se hicieron alumnos de Aristteles as
Teofrasto como Eudemo, la elega puede haberse escrito poco despus de la
muerte de Platn. En el momento en que Aristteles abandonaba al maestro
en materia de doctrinas, el impulso de su corazn le movi a declarar su
interna relacin con l en la forma de una ntima confesin personal.
1 3 Immisch lo subraya justamente as, loe. cit., p. 17.
132 V IA JE S

un largo porvenir, y la resolucin de la cual no poda contar


con la aprobacin de Aristteles en ningn caso. La eleccin,
fuese de Platn o de los miembros, recay sobre Espeusipo, so
brino de Platn. Su edad haca imposible pasarle por alto, por
patent que fuera la superioridad de Aristteles para todo el que
tuviese ojos para ver. La consideracin decisiva quiz fueron
ciertas circunstancias externas, tales como la dificultad de entre
gar la Academia a un ineteco, aunque sta se super posterior
mente. La eleccin de Espeusipo mantena a la familia de Pla
tn en la posesin de la propiedad. Si adems de tales razones de
conveniencia externa, jugaron tambin una parte las antipatas
personales, ya no es posible decirlo, pero es prcticamente evi
dente por razones generales que tenan que obrar as. Una cosa
es, sin embargo, segura: no fu la crtica de las doctrinas funda
mentales de Platn lo que impidi a Aristteles sucederle al fren
te de la Academia. El propio Espeusipo haba declarado insos
tenible la teora de las Ideas en vida del propio Platn, y haba
abandonado tambin los nmeros Ideales sugeridos por Platn
en su ltimo perodo. Tambin difera del maestro en otros de
talles fundamentales. Y que en la escuela no se pensaba sino
altamente de Aristteles cuando abandon Atenas, lo prueba la
persona que lo acompa, a saber, Jencrates, el ms conserva
dor de todos los discpulos de Platn en punto a modificaciones
de la doctrina, pero al mismo tiempo un hombre perfectamente
recto. La marcha de Aristteles y Jencrates fue una secesin.14
Se dirigieron a Asia Menor en la conviccin de que Espeusipo
haba heredado simplemente el cargo, pero no el espritu. El
espritu se haba quedado sin hogar y ellos partieron a edificarle
uno nuevo. Durante los aos siguientes fu el escenario de su
actividad Asos, en la costa de la Trade, donde trabajaron en
comn con otros dos platnicos, Erasto y Coriseo de Escepsis
del Ida.
No se ha reconocido la importancia de este perodo. La carta
sexta de Platn, cuya autenticidad ha demostrado convincente
mente Brinckmann,15 est dirigida a Erasto y Coriseo, dos ex-
Estrabn, X III, 57, p. 610.
13 Rheinisches M useum, N. F., vol. [Link], 19 11, pp. 226ss. En nuestra
manera de ver los acontecimientos externos relacionados con Hermia* coin-
EN ASOS V EN M ACEDO NIA *33

alumnos de la Academia entonces en Asia Menor, y a su amigo


Hermias, seor de Atarneo. Los dos filsofos deben ponerse bajo
la proteccin de Hermias, pues que si bien personas de excelente
condicin, carecen de experiencia mundana; Hermias, por su
parte, debe llegar a apreciar su firme y fiel amistad. Esta nota
ble relacin entre los dos compaeros de Platn y el prncipe de
Atarneo resulta iluminada por una inscripcin publicada prime
ramente por Boeckh,10 en que Hermias y los compaeros' (la
frase ritual xal o etaQOt se encuentra cinco veces en el
original) hacen una alianza con el pueblo de la ciudad de Eritras.
El comentario de Ddimo a las Filpicas de Demstenes recien
temente descubierto, no deja duda de que los compaeros que
aparecen aqu con Hermias como partes legales del contrato no
son otros que los dos filsofos de la vecina ciudad de Escepsis,
segn era ya probable por la carta de Platn.
Hermias era un hombre de humilde origen. No es de negar
que era eunuco. En hechos se basa probablemente hasta la noti
cia de que en sus primeros aos se le emple como encargado de
cambiar el dinero en la caja de un banco, aunque la da Teopom-
po, quien lo pinta lo ms ingratamente posible.17 Hermias empe
z por tomar posesin de algunas aldeas de la montaa en la ve-

tidimos casi totalmente (ver mi Entstehungsgeschichte der M etaphysik des


Aristteles, 19 12, pp. 3 4 ^ , y esto es la ms fuerte de las pruebas, ya que
Brinckmann parti de un punto muy distinto y ambos alcanzamos inde
pendientemente la misma conclusin. Aunque mi libro no se public has
ta 1912, se haba ya presentado como tesis a la Facultad de FilosoTa de
Berln, cuando apareci la miscelnea de Brinckmann.
16 Boeckh, Hermias von Atarneus en A bhandlungen der B erlin er Aka-
dem ie, 1853, Historisch-philosophische Klasse, pp. 133 ss. (K leinere Schriften,
-vol. v, p. 189). L a inscripcin aparece en la Sylloge de Dittenberger, vol. i,
P- 37-
17 Hermias era ciertamente griego, o jams hubiera podido presentarle
Aristteles en su himno como el mantenedor de la verdadera tradicin de la
virtud helnica, en contraste con los brbaros que lo asesinaron arteramente
(cf. el epigram a, Rose, frg. 674). En la carta a Filipo dice Teopom po (D
dimo, In Demosthenem, col. 5, 24, Diels-Schubart, Berln, 1904): Aunque es
un brbaro, filosofa con algunos platnicos, y aunque fu esclavo, compite en
los certmenes con costosos cargos. Aqu, la primera afirmacin es, en todo
caso, o una mentira estampada en obsequio a la anttesis retrica, o sim ple
mente una alusin al hecho de que era eunuco.
34 V IA JE S

cindad del Ida.18 Ms tarde obtuvo pblico reconocimiento de la


administracin persa, permitindosele adoptar el ttulo de prn
cipe, probablemente despus de pagar una suma adecuada. Su
residencia la tena en Atarneo. Su influencia poltica, constan
temente creciente, extendi el rea bajo su dominio hasta alcan
zar un tamao asombroso. Debi de acabar por sostener un
importante contingente de mercenarios, pues redujo a la obe
diencia plazas rebeldes por medio de expediciones militares, y
ms tarde resisti el sitio que le puso el strapa persa.
Despus de haber vivido durante largo tiempo en la Acade
mia, volvieron Erasto y Coriseo a su nativa ciudad de Escepsis.
La primera razn que tuvo Hermias para entrar en relacin con
ellos no fu ciertamente el entusiasmo teortico por la filosofa
de Platn. Los filsofos deban de ser personas de importancia
en aquella pequea ciudad. La comunidad estaba orgullosa de
sus dos doctos hijos. No era inslito que las pequeas ciudades
griegas pidieran leyes a ciudadanos que se haban vuelto famosos.
El matemtico Eudoxo, que volvi a Cnido con fama de gran
sabio, goz all de alta consideracin; se vot un decreto en su
honor y se le confi la tarea de escribir nuevas leyes para la
ciudad.19 No cabe duda de que Erasto y Coriseo trataron de
introducir en Escepsis varias reformas polticas sugeridas en la
Academia, como hicieron en otros lugares otros platnicos, unos
como dictadores o consejeros de los prncipes, otros como comu
nistas y tiranicidas. Probablemente, Platn deseaba que se en
tablase una amistad entre los dos compaeros y su vecino'
Hermias, porque si bien reconoca sus nobles disposiciones, tema
que fuesen algo doctrinarios. La carta que poseemos es el solemne
documento de este peculiar pacto entre R ealpolitik y esquemas
teorticos de reforma. El espritu de Platn se cierne sobre la
institucin, y aunque no conoce a Hermias,20 a quien supone un
18 Ddimo, In Demosthenem, col. 5, 27, Diels-Schubart.
1 Dig. L., V III, 88.
20 Ver Platn, Carta V I, 322 e . Por el contrario, Estrabn (X III, 57,
p. 610) hace errneamente de Hermias un filsofo y un antiguo alumno
de Platn, a fin de explicar su relacin con la Academia. Por una razn
inexplicable se supuso en otros tiempos que esta contradiccin probaba que
la carta era apcrifa, aunque el relato de Estrabn contiene otras muchas
inexactitudes (Brinckmann, loe. cit., p. 228).
EN ASOS Y EN M ACEDO NIA 135

hombre ajeno a la filosofa y puramente prctico, exhorta a las


tres partes a leer la carta en comn cada vez que se renan; y
caso de producirse algn desacuerdo, a recurrir al arbitraje de la
Academia en Atenas. El movimiento reformista se presenta as
como el resultado de un sistema poltico-filosfico que debe reali
zarse en toda Grecia, siempre que se d la oportunidad, y del
que la Academia entiende conservar la direccin.
Una vez instalada esta oligarqua de sabios, exigieron natural
mente los filsofos que Hermias estudiase geometra y dialc
tica,21 exactamente como un da lo haba exigido Platn de
Dionisio, su discpulo Eufreo de Perdicas, rey de Macedonia, y
Aristteles de Temisn de Chipre; y lo mismo que estos otros
hombres hambrientos de saber, hombres de un siglo activo e
ilustrado, pero ntimamente vacilante, se aplic Hermias al estu
dio con un celo creciente; y lo que es ms, se puso a dirigir su
vida segn principios morales, lo que no haba hecho durante los
primeros aos de su encumbramiento, segn declara Teopompo,
quiz no sin alguna justificacin. De los juicios contradictorios
del historiador quo, que lo considera absolutamente falto de es
crpulos, y de los platnicos, cuya honrada admiracin por l se
refleja en Aristteles y Calstenes,22 podemos concluir que no era
una persona vulgar, que era una mezcla de inteligencia natural,
energa emprendedora y gran poder de la voluntad, pero que
estaba lleno al mismo tiempo de contradicciones sin resolver.
En todo caso, el beneficio que recibi de los hombres de Escepsis
no se limit a la salud de su alma; sabemos ahora por Ddimo que
le dieron certeros consejos polticos, por los cuales les hizo pre
sente de la ciudad de Asos. Por recomendacin de ellos cambi
voluntariamente su tirana en una forma ms suave de constitu
cin . Este paso le concili los pueblos eolios de la costa, y la
consecuencia fu que los territorios situados desde la regin del
Ida hasta la costa de Asos se pasaron a l por su propia voluntad.

21 Platn, Carta VI, 322 d .


22 V er la yuxtaposicin de los juicios favorables y adversos en Ddimo,
col. 4, 60 ss. Cita sucesivamente el libro X L V I de las Historias Filpicas de
Teopompo, la carta de ste a Filipo, el encomio de Hermias por Calstenes,
el poema de Aristteles a Hermias, la vida de Aristteles por Hermipo
y el libro VI de las Historias Filpicas de Anaxmenes.
VIAJKS

En Ja forma mas suave de constitucin podemos reconocer la


idea de Platn y Din, que haban tratado de consolidar la tira
na siracusana mediante la adopcin de una forma constitucio
nal, y de unir luego los estados-ciudades de Sicilia bajo la jefa
tura estrictamente monrquica de aqulla, con propsitos de
poltica extranjera. Lo que no logr realizarse en Sicilia, lleg
a ser una realidad poltica en miniatura en Asia Menor.23
Las reformas de Erasto y Coriseo debieron de tener lugar an
tes de la muerte de Platn, porque dado que Aristteles se reuni
con ellos en 347 no en Escepsis, sino en Asos, el presente de Her
mias deba de ser un hecho consumado en aquel tiempo. Ddimo
nos cuenta expresamente lo que no conocamos antes: que oy a
los filsofos y vivi con ellos durante un perodo de tiempo con
siderable; y en efecto, no era posible que Platn se refiriese en
su carta sexta a cuestiones puramente teorticas, como la doctrina
de las Formas (322 n), de no saber que estaban" interesados en
ella igualmente los tres destinatarios. El lenguaje de Ddimo nos
obliga a imaginar, no unas discusiones filosficas simplemente
Ddimo, col. 5, 52, Diels-Schubart. Al principio lie intentado resta
blecer el texto en algunos puntos:
x a l e ]ls [tr|v i-
<ttq<itty qpXou; 6 Jto ifa a x o K oq w ov] x a l VE-
p a a x o v x a l AQiaxox[eA.T)v x a l EevoxgxTyv]* i x ai
jmlvt[<; o5]xoi jca<? ['E<?|uqi fiivYOv............] vaxe-
pov [ .......... .] fyto[u 0 ev avxayv..............]. efcwxev
ax[og 6 ]co ceis.] . . [.......................mxT]]s & tr|v
xvpav[v ]a n[eT](mi[cEV elg jtQaio]x<?av 6u-,
v a a tc a v : to x a i Jia[rjg xife ov]e[ y Y ]*? rtto*
cv ) A aooO , 6xe [8ri x a l iWQTia]ft6lg xog el-
qtm jvois qn^oacpois [rtveip,Ev] xrjv Aaocov
jiXiv, ji X io x a b* avx[cbv CLJio6^]p,evo; A qi-
axoxtaiv o lx e i x a x a [6 ix e ix o * 0 ) 0 $ toxov.
Tomando en cuenta los puntos restablecidos, puede traducirse el texto
como sigue: Y en la comarca circundante hizo expediciones, e hizo amigos
suyos a Coriseo y Erasto, Aristteles y Jencrates; por eso vivan todos estos
hombres con Hermias . . . ms tarde . . . les escuch . . . les hizo d o n e s ... cam
bi realmente la tirana en un rgimen ms suave; por lo cual vino tambin
a gobernar sobre toda la comarca vecina hasta Asos, y entonces, lleno de
extremada complacencia por los dichos filsofos, les entreg la ciudad
de Asos. De todos ellos prefera a Aristteles, con quien lleg a tener una
verdadera intimidad.
EN ASOS Y EN M ACEDONIA '37

casuales, sino verdaderas lecciones. Dentro del grupo recay la


direccin naturalmente en Aristteles, y el hecho de que Hermias
se sintiera especialmente obligado con l parece mostrar que
el fu quien tom la parte principal en las lecciones. Nada menos
que una colonia de la Academia de Atenas estaba tomando for
ma en Asos por aquel tiempo, y all se pusieron los cimientos de
la escuela de Aristteles.
Debe de haber sido all donde goz Calstenes la enseanza
de su to, pues no le oy en Atenas; en todo caso, hemos de su
poner que conoca personalmente a Hermias, por haber escrito
un encomio de l. En posteriores das fu Neleo, hijo de Coriseo,
uno de los aristotlicos ms activos e importantes; y de la vecina
ciudad de Ereso de Lesbos lleg Teofrasto. Cuando al cabo de
tres aos dej Aristteles Asos y se estableci en Mitilen, en
Lesbos, fu probablemente la influencia de Teofrasto lo que mo
tiv la decisin.24 El fu tambin, como es bien sabido, quien

24 Que Teofrasto se uni a Aristteles a ms tardar durante el perodo


macedonio, lo prueba su conocimiento personal de Estagira y el hecho de
poseer all una propiedad (Dig. L., V, 52; Historia Plantarum , III, 1 1 , 1;
IV, 16, 3). Esta slo puede haberse adquirido por medio de una estancia
bastante larga en aquella ciudad, y tal estancia slo puede haber tenido
lugar durante el perodo anterior a la fundacin de la escuela en Ate-
nas (335)* cuando Aristteles, junto con el pequeo grupo que lo haba
seguido a Macedonia, estaba frecuentemente fuera de la corte largos inter
valos, y en especial durante los aos inmediatamente interiores a la subida
de Alejandro al trono, cuando este ltimo tomaba ya parte en los negocios de
estado. Si es as, se sigue que la relacin de Teofrasto con Aristteles data
de la estancia del maestro en Asia Menor, y que Teofrasto lo sigui de all
a Macedonia. Ni siquiera es imposible que hubiese odo incluso a Platn,
pasando por el mismo proceso de desarrollo que Aristteles (Dig. L., V , 36)
y dejando a Atenas con ste, pero es sumamente improbable. Teofrasto fa
lleci en la Olimpada 123. Si tena 20 aos cuando se uni a Aristteles en
Asos en 348/ 7 , deba de tener por lo menos 80 al morir, aun suponiendo
que fuese el prim er ao de la Olimpada (288), y puede habeT llegado hasta
los 84. Apenas es posible, por ende, que fuera discpulo de Platn durante
mucho. Es mucho ms natural pensar que le atrajera de Lesbos a la vecina
Asos la enseanza de Aristteles y de los otros acadmicos que estaban all.
Su amistad con Calstenes (a quien Teofrasto dedic Calstenes o D el Dolor
despus de su muerte, Dig. L., V, 44) tiene que pertenecer tambin a una
poca anterior a la fundacin de la escuela en Atenas, pues que Calstenes
sigui a Alejandro a Asia en 334 y nunca volvi.
138 V IA JE S

leg los papeles y la bilioteca de Aristteles a Neleo, quien a su


vez los dej a sus parientes de Escepsis. La estrecha relacin en
tre Aristteles y los amigos de Escepsis y Asos, en,razn del cultivo
de la filosofa, acaba por quitar toda apariencia de novela al
relato frecuentemente puesto en duda del redescubrimiento de
sus papeles en Escepsis, en la bodega de los descendientes de Ne
leo,25 y ahora resulta claro que el frecuente uso del nombre
de Coriseo como ejemplo en las lecciones de Aristteles se remon
ta a una poca en que su dueo se sentaba realmente en el banco
del aula de Asos. En este orden de cosas es importante fijarse en
una tradicin que se encuentra en el escritor judo Josefo
(C. A pionem , 176), y en que evidentemente nadie repar nunca.
Josefo menciona una obra de Clearco, discpulo de Teofrasto y
uno de los mejor conocidos entre los primeros peripatticos, so-
bre el sueo. El propio Aristteles apareca como personaje en
el dilogo, y se refera a un judo que hablaba griego y que se le
haba acercado durante su residencia en el Asia Menor, para
estudiar filosofa con l y algunos otros escolsticos . Sea este
relato invencin de Clearco, o un verdadero fragmento de tra
dicin utilizado por l para sus propios fines, en cualquiera de
los dos casos tiene que haber estado convencido de haber habido
una poca en que Aristteles ense en Asia Menor en compa
a de otros platnicos, y esta poca slo puede haber sido aque
lla en que ense en Asos. En todos sentidos fueron las expe
riencias de esta estancia en Asia Menor decisivas para el resto de
la vida de Aristteles. Hermias le di a Pitias, su sobrina e hija
adoptiva, por mujer. De este matrimonio no sabemos nada,
excepto que de l naci una hija que recibi el mismo nombre
que su madre. En su testamento dispone Aristteles que los hue
sos de su mujer, que haba muerto antes que l, reposen al lado
de los suyos, como haba sido el ltimo deseo de ella. El relato de
Estrabn es, como siempre, romnticamente exagerado; narra
una sensacional historia de la fuga de Aristteles con la hija del
tirano, que supone haber tenido lugar despus de la captura de
Hermias. Aqu como en todas partes ha corregido y ensanchado
nuestros conocimientos el reciente descubrimiento de Ddimo.

25 Estrabn, X III, 54, p. 608.


EN ASOS V EN M ACEDO NIA *39

Despus de tres aos de actividad de Asos pas Aristteles a


Mitilene de Lesbos, donde ense hasta 343/2. Entonces acept
la invitacin del rey Filipo para ir a la corte de Macedonia como
tutor del prncipe.2*1
Poco despus de haber emprendido esta nueva labor recibi
noticias del terrible destino de Hermias. Mentor, el general persa,
despus de encerrarle en Atarneo y asediarle all sin xito, le
atrajo arteramente a una entrevista y se lo llev preso a Susa.
All le atormentaron para interrogarle sobre sus tratados secretos
con el rey Filipo, y como guard corajudamente silencio, lo cru
cificaron. Estando en el tormento hizo el rey que le preguntaran
qu ltima gracia peda. Respondi: di a mis amigos y com
paeros (jtQg xovg qpAoug te xal staipoug) que no he hecho nada
malo o indigno de la filosofa . T al fu el saludo de adis dirigi
do a Aristteles y a los filsofos de Asos.27 El afecto de Aristteles
por su amigo y la profunda emocin que sinti ante su muerte
estn vivos hoy an en el cenotafio de Delfos, para el cual com
puso l mismo el epigrama dedicatorio, y en el hermoso himno
a Hermias. Mientras que el partido nacionalista de Atenas, diri
gido por Demstenes, ennegreca el carcter del difunto; mien
tras que la opinin pblica se manifestaba dudosa sobre l en la
Hlade, y se encrespaban por todo el pas los sentimientos contra
Filipo y sus partidarios, lanz Aristteles al mundo este poema,
en que se declaraba apasionadamente al lado del muerto.

Virtud, penosa para la raza de los mortales,


Premio ms bello de la vida,
Hasta el morir por tu causa,
Virgen, es un destino envidiado en la Hlade,
Y el soportar duros e incesantes trabajos.
26 Cf. mi Ent. Met. Arist., p. 35. Como ejemplo del punto de vista err
neo ver A. Gercke en Realenzyklopadie der klassischen Altertumswissenschaft,
vol. 11, col. 1014. Gercke considera la cada de Hermias como la razn de la
fuga de Aristteles, y por eso la pone en el ao 345, por ser hecho probado
que Aristteles slo pas tres aos en Asos (348-5); pero Ddimo ha m ostra
do que dej Asos en vida de Hermias todava, y que este ltimo no cay has
ta 341. Algunos (incluyendo Gercke, loe. cit.) han conjeturado que Aristteles
estuvo en Atenas durante un corto perodo intermediario, en el que ense
en el Liceo, pero esto descansa en una apresurada y errnea interpretacin
de Iscrates, X II, 18. 27 Ddimo, col. 6, 15.
V IA JE S

Tal fruto brindas al espritu,


Par de los inmortales, y mejor que el oro
Y que ilustres antepasados y que el sueo de ojos lnguidos.
Por tu causa Heracles, el hijo de Zeus, y los gemelos de Leda
Mucho hubieron de soportar en las hazaas
Que emprendieron buscando poseerte.
Por anhelo de ti bajaron Aquiles y Ayax a la mansin de Hades.
Por amor de tu forma tambin el infante de Atarneo
Dej en la desolacin los rayos del sol.
Por eso har famosas sus hazaas el canto,
Y l ser declarado inmortal por las Musas,
Hijas de la memoria,
Que engrandecen y recompensan la firme amistad y el culto de
[Zeus hospitalario.

El valor nico de este poema para nuestro conocimiento del


desarrollo filosfico de Aristteles no se haba beneficiado nunca.
Por la mayor parte se le haba mirado simplemente como un do
cumento humano, pero l muestra que cuando Aristteles haba
llevado a cabo su destructora crtica de la Idea platnica, siguie
ron en l caminos separados el pensamiento exacto y el sentimien
to religioso. Para la parte cientfica de su personalidad haca
mucho que no haba nada semejante a una Idea al escribir esas
lneas, pero en su corazn segua viviendo la Idea como un sm
bolo religioso, como un ideal. Lee ya las obras de Platn como
poesa. Exactamente como en la Metafsica explica la Idea y la
participacin del mundo sensible en su ser como una libre crea
cin de la imaginacin contemplativa, as se le aparece de nuevo
aqu, en este poema, transfigurada en la forma de una virgen por
quien morir es an algo sublime en la Hlade. Las palabras en
la Hlade no deben pasarse por alto. Tambin Calstenes, en
el elogio de Hermias que escribi por el mismo tiempo, se sirve
de su heroica muerte para pintar la virtud ([Link]\) griega, en
contraste con la manera de ser de los brbaros ( t)v pagP(XDv
tpjtoi;),28 y el epigrama dedicatorio de Aristteles en Delfos re
vela odio y desprecio por los medas , que no haban logrado
vencer a Hermias en franca lucha, sino que faltando arteramente
a su palabra, le haban asesinado cruelmente. La comparacin
de Hermias con Heracles y los Discuros, con Aquiles y Ayax,
28 Ddimo, col. 6, 10-13.
EN ASOS V EN M ACEDONIA

no es un recurso clel estilo panegrico; Aristteles no entiende


exornar a su amigo con los patticos adornos de los hroes
homricos. Por el contrario, todo herosmo helnico, desde el
ingenuo de Homero hasta el moral del filsofo, se le presentaba
como la expresin de una nica actitud frente a la vida, una
actitud que slo escala las alturas de la vida cuando supera a
sta. Encontraba el alma del poder de los griegos en esta platni
ca virtud o herosmo, fuese proeza militar o firme silencio en
el dolor; y la instil en Alejandro, de tal suerte que en mitad de
un siglo de luces el orgulloso conquistador luch largamente,
conducindose como si fuese Aquiles. Sobre su sarcfago repre
sent el escultor la batalla decisiva entre helenos y asiticos como
un ejemplo del mismo contraste en el rostro de los orientales
los signos de un profundo padecer fsico y psquico, en las formas
de los griegos la fuerza espiritual y corporal, original y no que
brantada de los hroes.
La hostil actitud de Aristteles y sus compaeros hacia Persia
era en aquel tiempo general en la corte de Macedonia. Ahora,
que el testimonio de Ddimo ha rehabilitado la cuarta Filpica
de Demstenes, sabemos con certeza que ya en 342/1 andaba
Filipo pensando seriamente en un plan de guerra nacional con
tra el enemigo hereditario, una guerra como la que vena tra
mando haca largo tiempo la propaganda panhelnica de Iscra
tes y su crculo. Slo ella poda justificar la fuerza bruta con
que imperaba el rey de Macedonia sobre las libres ciudades grie
gas. Por medio de sus agentes secretos supo Demstenes que
Hermias se haba puesto de acuerdo con Filipo, y consecuente
mente en una situacin difcil por respecto a Persia. Este tratado
militar abra el camino a un ataque de Macedonia contra Penia.
Hermias, que era un poltico que vea lejos, se haba dado perfec
ta cuenta de que los tiempos estaban maduros para invocar la
proteccin de Filipo en favor de su posicin en el noroeste del
Asia Menor, tan difcilmente ganada. Parecindole inevitable el
choque entre el Imperio persa y el poder militar de Macedonia,
esperaba conservar su independencia dndole a Filipo la cabe
za de puente que necesitaba en Asia y asegurndole una fuerte
base de operaciones en Eolia. Ignoramos quin cont a los persas
estos planes. Como quiera que sea, cuando el general persa tom
>42 V IA JE S

prisionero a Hermias, Demstenes se regocij pensando que pron


to el Gran Rey le arrancara con la tortura confesiones capaces de
arrojar una clara luz sobre el complot de Filipo y disponer a
Persia favorablemente para la alianza con Atenas, en pro de la
cual haba Demstenes luchado en vano largo tiempo.29
Apenas resulta concebible que Aristteles no supiese nada de
los altos negocios de estado que con su propio amigo y suegro
andaba tratando Filipo, en cuya corte viva. Aristteles se tras
lad a Pela en 342 y Hermias sucumbi en 341. No sabemos si el
tratado secreto se hizo durante este ao o estaba ya en vigor
cuando lleg Aristteles a Macedonia; pero es probable que no
permaneciera secreto largo tiempo, y por consiguiente que se
haya concluido no mucho antes de la catstrofe. En todas
las circunstancias, pas Aristteles a Pela con la aprobacin de
Hermias y no sin cierta especie de misin poltica. L a tradicin
convencional quiere que el rey Filipo anduviese buscando por
el mundo a un hombre capaz de educar a su importante hijo,
y que por eso se fij en el ms grande filsofo de la poca; pero
en el momento en que Aristteles profesaba en Asos y en Miti-
lene, todava no era la primera figura intelectual de Grecia, ni
Alejandro un personaje histrico. Tampoco puede haber deci
dido la eleccin el hecho de que Nicmaco, el padre de Arist
teles, hubiera sido el mdico personal de Amintas en la corte de
Macedonia, pues desde entonces haban pasado cuatro dcadas.
Todo indica que fu la relacin entre Hermias y Filipo lo que
sugiri realmente este notable smbolo de acontecimientos hist-
1 ico-universales, la asociacin del pensador y del gran rey. Hacer
simplemente de tutor privado no se habra ajustado al carcter
viril de Aristteles, ni en Macedonia hubo nunca muchas perspec
tivas de tomar una parte semejante a la que haba tomado Platn
en la corte de Dionisio y Aristteles mismo junto a su principesco
amigo de Atarneo. De aqu que sea importante el que cuando
analicemos la Poltica, reparemos en una gradual transicin des
de el radicalismo tico de Platn y desde sus especulaciones sobre
el estado ideal hacia la R ealp o litik, y que lleguemos a la conclu
so Demstenes, Discursos, X , 3 1. Cf. los escolios ad loe. Estos refieren las
misteriosas reticencias de la cuarta Filpica a Hermias, lo que resulta confir
mado por el comentario de Ddimo.
E X ASOS Y EX M ACEDO NIA M3

sin de que el cambio se efectu principalmente bajo la influen*


cia del experimentado hombre de estado que era Hermias. Aris*
tteles no recomend a Alejandro el ideal platnico del pequeo
estado-ciudad, tal como se mantiene en las partes ms antiguas
de su Poltica, aunque este ideal segua teniendo su importancia
para las ciudades griegas, que haban permanecido formalmente
autnomas, y aunque Aristteles volvi a reconocerlo posterior
mente, cuando profesaba en Atenas. Aristteles se daba perfecta
cuenta de que estaba formando las ideas del heredero del estado
dirigente de Grecia, el reino europeo ms poderoso de la poca,
y de que era al mismo tiempo un eslabn diplomtico entre Fili
po y Hermias y que emprendiese la tarea es ms significativo
de su carcter que todas sus teoras polticas. La muerte de Her
mias di a todo un giro inesperado, pero el sentimiento anti
persa de la coalicin as destruida se torn una parte de la vida
emocional de Aristteles, y en tal atmsfera creci Alejandro.
Era una cuestin de fe para Aristteles que Grecia poda
dominar el mundo, si estuviese polticamente unida. Como fil
sofo reconoca la primaca cultural de aquel pueblo, que donde
quiera llegaba a encontrarse, penetraba y dominaba las naciones
circundantes con asombroso poder. No haba raza capaz de riva
lizar con la solidez intelectual del griego de las ciudades; tanto
en la guerra como en el comercio, conquistaba gracias a su
simple superioridad tcnica y a su personal confianza en s mis
mo. Por otra parte, la tradicional estrechez de la vida poltica
en los estados-ciudades autnomos pona en el camino de cual
quier unin orgnica dificultades que Aristteles, nacido en la
Calcdica, era incapaz de apreciar con la dilatada pasin por
la libertad del demcrata del Atica. Hijo de una familia que
haba vivido en la corte de Macedonia, era fcil para l habi
tuarse a la idea de una Grecia unida bajo la hegemona mace
donia. Pero en una forma tan inestable de estado tena que
haber inevitablemente una antinomia entre la monarqua pa
triarcal o agrcola, por un lado, y la libertad de las democracias
urbanas, por otro. Ello deba trabajar en favor de la desunin
interna, y slo poda superarlo la eminente personalidad de un
verdadero rey, en que pudiera ver Grecia su propia encarnacin.
Aristteles saba que un hombre as es un regalo de los dioses.
MI V IA JE S

No era l un defensor de la monarqua a toda costa; el pensa


miento griego no posey de hecho nunca o, por lo menos, no
el del siglo cuarto la penetracin jurdica necesaria para apre
ciar el valor de la legitimidad de una sucesin fija. Pero cuanto
menos miraban los griegos a un monarca reinando por derecho
legal en nuestro sentido, tanto ms dispuestos estaban, hasta en
el siglo de la mayor ilustracin, a inclinarse ante la innata y
natural majestad de una individualidad superior, si apareca
como un salvador en medio del caos e impona a su mundo de
formas polticas exhaustas la ley de una inexorable Ananke his
trica.
Aristteles esperaba encontrar tal rey nato en Alejandro, y
a l se debe que el joven monarca pensara a veces honradamente
en su misin histrica como un proyecto helnico, aunque siem
pre conserv bastante de un R ealp olitiker para apoyarse en sus
slidas tropas domsticas, su descendencia de Hrcules, como
rey de Macedonia, y su puesto de general en jefe. La enorme dife
rencia entre l y Filipo se revela con mxima claridad en su
actitud hacia los griegos. Filipo supo cmo hacer un inteligente
uso de la civilizacin griega, segn lo muestra su invitacin a
Aristteles, por ejemplo; y no era capaz de imaginar un estado
moderno sin la habilidad tcnica y la ciencia militar griega, o
sin la diplomacia y la retrica griega. Pero en su interior era lite
ralmente un brbaro astuto, y su genial capacidad se limit a
hacer el hecho ms brutalmente palmario, ms insultante. Por
naturaleza era Alejandro un fiel vstago de aquella cepa salvaje,
v sus contemporneos griegos, a quienes su excelente educacin
condujo a suponer con error que podan medirle con patrones
griegos, jams lograron comprender su mezcla de grandes cuali
dades con una demonaca imprevisibilidad, un frentico deseo
de placer y en sus ltimos das crecientes extravos de brutalidad
y crueldad. No obstante, el grado notablemente alto de concien
cia personal e histrica de s que tena es una clara seal de la
influencia de Aristteles. Su plan favorito, partir para Asia como
un segundo Aquiles, es caracterstico de tan peculiar mezcla y de
la claridad con que la perciba l mismo. Era un griego por su
escuela literaria y moral. Era un griego en su pugnar por la
virtud , esto es, por una ms alta y armoniosa individualidad.
EN ASOS Y EN M ACEDONIA

Pero su retadora imitacin de Aquiles es la expresin de su apa


sionada y romntica condicin, de que haba un contraste entre
l y la poltica y cultura excesivamente civilizada del siglo cuar
to, y tambin lo es quiz de un cierto espritu caballeresco semi
brbaro, que le haca imposible fundirse con la Ilustracin grie
ga. Marcha a Asia rodeado de historiadores y sabios; en Ilion
busca la tumba de Aquiles y lo llama afortunado por haber en
contrado un Homero para heraldo de sus hazaas. De semejante
joven bien poda esperar Aristteles que condujera a los griegos
a la unidad y sentara el dominio de ellos en el Este sobre las
ruinas del Imperio Persa (las dos cosas estaban inseparablemente
ligadas en su mente). La comunidad de ideas entre los dos hom
bres fu evidentemente muy estrecha, no slo mientras vivi
Aristteles en Macedonia, sino hasta mucho despus de empezar
las guerras persas. Slo cuando la expedicin a Asia haba exten
dido inmensurablemente el horizonte del paisaje de la Ilada
empez Alejandro a confundir la conducta de Aquiles con otros
papeles orientales. Entonces su misin griega hizo lugar al nue
vo propsito de reconciliar pueblos e igualar razas, y Aristteles
se bpuso a Alejandro con toda energa. El trmino de sus rela
ciones ntimas no debe autorizar, sin embargo, para arrojar
sombra alguna sobre los tiempos en que Alejandro puso como
heredero del trono de Macedonia las bases de su pensamiento
poltico bajo la tutora de Aristteles, y este ltimo trab una
estrecha amistad con Antpater, que en algunos respectos ocup
el puesto de la de Hermias y que dur an despus de la muerte
del filsofo. Al morir Filipo cumpli Alejandro el deseo ms
caro de su maestro reedificando su ciudad nativa, Estagira, que
haban devastado las tropas de Filipo durante la guerra de la
Calcdica. Tambin se respet la ciudad natal de Teofrasto, Ere-
so de Lesbos, cuando tomaron la isla los macedonios. Calstenes
acompa a Alejandro a Asia como historiador.
C A P T U L O VI

E L MA N I F I E S T O DE LA FILO SO FIA
L a h isto ria de la poca ms fecunda de la vida de Aristteles
era en otros tiempos una pgina en blanco. No se saba del pe
rodo que va desde sus treinta y siete a sus cuarenta y nueve
aos, esto es, desde el momento en que dej la Academia hasta el
momento en que volvi de Macedonia a Atenas y fund la es
cuela peripattica (347-335). No se lograba rastrear relacin
esencial alguna entre sus viajes v la vida de reclusin en la
Academia que los haba precedido. En todo caso, no parecan
ser de especial importancia para la inteligencia del Aristteles
pensador. Dado que sus escritos no podan fecharse con rigor,
pareca haber un completo vaco entre su perodo acadmico y
su perodo peripattico, suponindose que los tratados se haban
escrito todos durante el ltimo. V dado que tampoco se saba
nada preciso sobre su actividad de maestro y de escritor ante
rior a la fundacin de la escuela, no es sorprendente que los
investigadores se imaginasen su pensamiento habiendo alcanzado
una forma final, y considerasen los tratados como su expresin
sistemtica y definitiva. Dentro de este sistema pareca corres
ponder el ms alto puesto a la metafsica, el estudio del ser puro,
cpula dominante bajo la cual quedan todas las ciencias espe
ciales incluidas, presupuestas y por lo mismo superadas.
Ahora sabemos, por la obra de Ddimo recientemente descu
bierta, que Aristteles reanud su enseanza inmediatamente
despus del 347, y que su primera aparicin independiente tuvo
lugar mientras estaba an en Asos. Lo que se nos dice de su
actividad durante estos aos muestra que haba llegado a sentir
el deseo de ejercer una ancha influencia pblica. Al mismo
tiempo, todo lleva a la conclusin de que continuaba sin pertur
bar su estrecha afinidad con Platn y las preocupaciones de ste.
Segua viviendo y enseando entre discpulos de Platn. Como
E L M A N IFIESTO D E LA FILOSOFIA 147

hemos visto, su marcha de la escuela de Atenas 110 u en nin


gn sentido una ruptura con la comunidad acadmica como tal;
y sera una inadmisible contradiccin suponer que despus de
haber sido un fiel discpulo durante toda la vida de su maestro,
rompiera con l desde el instante en que haba muerto. Todo
lo contrario, su desarrollo intelectual tom cada vez ms algo del
pblico carcter que siempre haba determinado la personalidad
y la influencia de Platn. Fund escuelas y sembr las simientes
de la filosofa en varios lugares. Tom parte en asuntos polticos,
como haba hecho Platn, y lleg a tener influencia en las cortes
de los ms poderosos gobernantes de su tiempo. Por primera vez
empez a contar hombres importantes entre sus discpulos. Es
probable a p riori que ste fuera tambin el tiempo de su pri
mera aparicin ante el gran pblico como crtico de Platn,
puesto que ahora tena que explicar la filosofa platnica sobre
su propia responsabilidad y de acuerdo con su propio concepto de
la naturaleza de la misma. Partiendo de esta consideracin, debe
mos tratar de penetrar ms hondo en la misteriosa oscuridad
de estos aos decisivos, durante los cuales alcanz la primera
formulacin general de su propio punto de vista. Y descubrimos
que entre el primer estadio, dogmticamente platnico, de su des
arrollo intelectual, y la forma final de su pensamiento en plena
madurez, hubo un perodo de transicin cuya naturaleza puede
certificarse con precisin en muchos detalles; un perodo en que
critic, rehizo y se independiz; un perodo, hn otros tiempos
enteramente pasado por alto, que fu claramente distinto de la
forma final de su filosofa, aunque revela la entelequia de
la ltima en todos los puntos esenciales. La ventaja de examinar
esta situacin no se reduce a obtener un cuadro del desarrollo
gradual de sus principios. Slo sabiendo lo que con el tiempo
refuerza, suprime e introduce, podemos formarnos un concepto
claro de las fuerzas determinantes que trabajaban por producir
en l una nueva W eltanschauung.
A la cabeza de este proceso coloco el dilogo De la Filosofa.
Generalmente se le cuenta entre los primeros escritos,1 pero su
1 Bernays y Heitz no ven diferencia alguna entre ste y los otros escritos
exotricos, a causa de que admiten que Aristteles atacaba a Platn en todos
ellos. Dyroff, en cambio (op. cit., p. 82), generaliza su idea correcta de
148 V IA JE S

doctrina es evidentemente un producto de la transicin. Los


numerosos fragmentos conservados, algunos de ellos muy impor
tantes, hacen el intento de reconstruirlo ms esperanzador que
con cualquier otra de las obras perdidas. De nuevo aqu tendre
mos que entrar en las minucias de la interpretacin, a fin de
extraer lo esencial de nuestro material. Hasta el presente se le ha
entendido muy poco. Por su estilo, por su contenido y por su
finalidad, ocupa un lugar nico en el desarrollo intelectual de
Aristteles.
D e la Filosofa se menciona expresamente como habiendo
atacado la doctrina de los nmeros ideales, y de hecho es la
nica obra literaria de que sepamos con precisin que su con
tenido era antiplatnico. Dicha crtica formaba evidentemente
parte de una refutacin general de la doctrina de las Ideas, pues
no trata de la de Espeusipo, de que los nmeros matemticos
eran sustancias independientes, sino con la forma posterior de
la doctrina del propio Platn, segn la cual las Ideas eran n
meros. Si las Ideas fuesen otra clase de nmero, y no el mate
mtico, no tendramos inteligencia alguna de l. Pues, quin
entender otra clase de nmero, al menos entre la mayora de
nosotros?" 2 Siriano nos conserv estas palabras del libro segundo
del dilogo. El que habla es el propio Aristteles, que enuncia
su apora sobre la doctrina de Platn medio en serio y medio en
broma.
La misma actitud me parece expresarse en otra crtica frag
mentaria de la teora de las Ideas, cuyo origen, aunque no rigu
rosamente probado, es ms que probable. Es el pasaje tomado
por Proclo y Plutarco de una fuente comn, para probar que
Aristteles atacaba a Platn en los dilogos lo mismo que en los
tintados.3 Puesto que la tradicin no nos informa de la existencia
de una crtica de Platn en ningn dilogo excepto De la F ilo
sofa, y puesto que esta crtica no identificada concuerda sor
prendentemente bien con la actitud expresada en el fragmento
de este dilogo citado por su nombre, sera antinatural no atri
buir ambas a la misma obra, especialmente dado que el simple
que el contenido de los dilogos y del Protrptico era por la mayor parte
platnico, y supone que lo mismo era verdad del De la Filosofa tambin.
2 Frg. 9. 3 Frg. 8. Ver supra. p. 48.
EL M A N IFIESTO D E LA FILOSOFIA 149

ltulo de esta obra, tan inslitamente informativo para un di


logo, sugiera un examen acabado de los problemas fundamen
tales de la filosofa. De nuevo aqu era el propio Aristteles el
que hablaba. No conocemos las palabras exactas empleadas por
l, pero ambos testimonios conservan la notable declaracin de
que no puede simpatizar con la teora de las Ideas, aun cuando
se le crea discrepar por simple espritu de contradiccin'. Esta
declaracin ilumina todava con mayor claridad que el otro frag
mento el hecho de que en el cuadro que pinta del obstinado
conflicto de opiniones reproduce Aristteles la verdadera situa
cin. Algo haba de ceder. Finalmente apela al respeto que
todo investigador debe a toda conviccin honrada y razonada.
Enrgicamente rechaza la maliciosa sugestin, que naturalmente
se haba hecho en la Academia, de que su divergencia de ideas se
debiera a motivos personales. Esta imputacin fu evidentemen
te una de las principales razones de que publicara su crtica, que
no cabe duda haba sido ya materia de discusin durante algn
tiempo dentro del crculo platnico. Cuando al cabo anunci
al mundo: no puedo ms que mantener mis objeciones , haba
dejado de importarle realmente el reconquistar la buena volun
tad de aquellos antiguos amigos de quienes disenta ahora. Esta
ba dispuesto a someter sus argumentos al veredicto del pblico.4
Hasta donde podemos juzgar por el ttulo y los fragmentos,
era el dilogo singular por su forma tanto como por su conte
nido. Cicern, cuando apela a Aristteles para justificar su
propio proceder, nos cuenta que el ltimo apareca en sus pro
pios dilogos y diriga la discusin. Hemos mostrado, sin embar
go, que esto slo ocurra probablemente en unos pocos dilogos;
de hecho slo en el Poltico y la F ilosofa * En este ltimo, la
prominencia del propio Aristteles estaba ciertamente relacio
nada con la naturaleza de la obra como una especie de mani
fiesto personal. El ttulo sugiere un tratado ms bien sistemtico,
y los fragmentos lo confirman. No cabe duda de que un defensor

* El pasaje debe su conservacin a su singular importancia para el des


arrollo de la actitud crtica de Aristteles frente a Platn. Era nico. Por eso
el generalizar una situacin tan individual y no susceptible de repeticin y el
aplicarla a todos los dilogos es un procedimiento que se refuta a s mismo.
5 Ver supra, p. 41.
15 0 V IA JE S

de la concepcin platnica pronunciaba un largo discurso en


oposicin a Aristteles. Cicern nos cuenta, adems, que Aris
tteles escriba una introduccin distinta a cada uno de los libros
cuando sus dilogos tenan ms de uno, de lo que podemos
inferir que cada libro era completo de suyo, como en los dilogos
de Cicern.6 As, tanto formal como filosficamente est la obra
a medio camino entre las primeras obras, platnicas, y los trata
dos, y por el espritu se aproxima a los ltimos. La fecha de
composicin la seala la relacin entre esta crtica de la teora
de las Ideas y la del libro primero de la Metafsica. Uno de los
pocos puntos sobre la cronologa de los tratados que pueden fi
jarse con toda exactitud es ste: poco despus de la muerte de;
Platn redact Aristteles un afortunado bosquejo de los resul
tados de las discusiones que se haban sostenido sobre las Formas
en la Academia, en el que intentaba delinear su nuevo sistema de
platonismo perfeccionado; la introduccin a este primer bosque
jo est contenida en el libro primero de la M etafsica.7 Ahora
bien, es inconcebible que la crtica del dilogo De la Filosofa,
que se diriga al pblico y estaba en forma literaria, fuese ante
rior a estas discusiones esotricas; esta crtica no era el primer
paso, sino el ltimo. En consideracin a la Academia, habra
evitado Aristteles todo el tiempo posible un examen pblico
de las controversias internas de su escuela sobre cuestiones lgi
cas y metafsicas, que pocas personas eran capaces de juzgar; y
los fragmentos conservados prueban que slo obr as cuando le
oblig la propia defensa. Se sigue que el dilogo se escribi al
mismo tiempo que la crtica de las Formas del libro primero
de la M etafsica, o poco despus, y ciertamente tras la muerte de
Platn. Aristteles entra en liza armado no slo con crticas des
tructivas, sino tambin con una concepcin propia. Hasta que

6 Cic., E p. ad A t t IV, 16, 2; quoniam in singulis libris utor prooemiis,


ut Aristteles in eis quos lxeQixovs vocat. Las introducciones tienen, por
consiguiente, que haber estado muy dbilmente conectadas con lo siguiente.
Segn Proclo (In Parmeti., I. 659, Cousin), lo mismo era cierto de los dilogos
de Teofrasto y Herclides Pntico, que estaban modelados sobre los de Aris
tteles. #n el Eudem o, por el contrario, la discusin brota naturalmente
de la invencin introductoria, como pasa en Platn.
7 Ver Ent. M et. Arist., pp. 2 8 ss., esp. p. 33.
E L M A N IFIESTO DE LA FILOSOFA

Andrnico public la M etafsica constituy este dilogo la prin


cipal fuente de informacin sobre las opiniones filosficas ge
nerales de Aristteles en el mundo antiguo, y de l sacaron su
conocimiento del autor los estoicos y epicreos. Era, sin em
bargo, un Aristteles sin desarrollar aquel con quien tuvieron
que contentarse.
Aristteles empezaba con el desarrollo histrico de la filosofa.
No se confinaba en los filsofos griegos desde Tales en adelante,
que despliegan una verdadera continuidad y que eran puros
investigadores que procedan sin supuestos a lo largo de lneas
definidas. Contrariamente a su proceder en la Metafsica, retro
ceda al Oriente y mencionaba sus antiguas y gigantescas creacio
nes con inters y respeto. En el libro primero de la Metafsica se
limita a aludir a los sacerdotes egipcios y a los servicios que pres
taron a la matemtica, en razn del ejemplo de ocio y contempla
cin filosfica que daban a los griegos. Pero en su dilogo
penetraba hasta los ms antiguos tiempos si seguimos su pro
pia crpnologa y hablaba dc los Magos y de su enseanza.8
Venan luego los venerables representantes de la ms remota sa*
bidura helnica, lote telogos, como l los llama; a continuacin,
las doctrinas de los rficos y sin duda de Hesodo, aunque ste
110 aparece en los fragmentos; y por ltimo la sabidura prover
bial tradicionalmente atribuida a los Siete Sabios, de conservar
la cual se haba cuidado especialmente el dios de Delfos. Esto
daba ocasin para mencionar <el viejo culto apolneo. Es digno
de nota que Aristteles fu el primer sucesor de Platn que se
desembaraz de la despectiva opinin que ste tena de los so
fistas. Devolvi al nombre su justa significacin como un ttulo
de honor; y tuvo la sagacidad histrica de poner a los Siete
Sabios a la cabeza de esta sucesin de intelectos dominantes, cuya
influencia sobre el desarrollo del pensamiento griego le pareca
tan importante, que los incluy la historia del saber filosfico.9

8 Frg. 6.
9 La prueba de la existencia de est os detalles en el dilogo De la Filosofa
es como sigue. Aparte del fechar la religin de los Magos, nicamente el
clculo sobre la antigedad del p ro ve rb io dlfico "Cnocete a ti mismo",
que conduca a la cuestin de la fecMa de los Siete Sabios, se atribuye con
precisin a este dilogo (frg. 3). A ristteles adjudicaba el proverbio a un
V IA JE S

Esta masa de hechos estaba crticamente tamizada y reducida


a un orden. Aristteles planteaba la cuestin de la autenticidad
de los poemas rficos conservados. Negaba que Orfeo hubiera
escrito versos, y distingua entre las ideas religiosas y la forma
en que se las haba transmitido, adjudicando correctamente esta
ltima a un perodo bastante posterior, all por los fines del
siglo vi. Este es el origen de la idea, que impera todava, de que
la mistificacin del poema rfico era invencin de nomcrito,
telogo de los Pisistrtidas, que tenan inters por el misticismo
rfico.10 Tambin indagaba Aristteles la antigedad del prover
bio Concete a ti mismo , que estaba inscrito sobre la entrada
del templo de Delfos. Trata de determinar su fecha por medio
de la historia de la construccin.11 Anlogamente, en lugar de
admirar de un modo ingenuo la cana antigedad de la sabidura
egipcia y de la religin irania, trataba de asignarles las fechas
ms definidas posibles.12
Esta rigurosa cronologa no es el resultado de un simple in
ters arqueolgico, sino de un principio filosfico. Su doctrina
era la de que en la historia humana vuelven a aparecer las mis
mas verdades, no simplemente una vez o dos, sino indefinida
mente.13 Como consecuencia ech las bases de una coleccin de
proverbios griegos, fundndose en que estos lacnicos y contun
dentes preceptos empricos eran las supervivencias de una filo
sofa prehistrica, y se haban conservado por medio de la pala
bra oral a travs de todos los cambios del espritu nacional, en
virtud de su concisa plenitud de sentido. Sus perspicaces ojos
divisaban el valor de los proverbios y de la poesa gnmica para
el estudio de los orgenes de la reflexin tica. Al griego educado
le pareca cosa vulgar el minucioso trabajo requerido para hacer
una coleccin semejante, y el intento de Aristteles provoc el

tiempo anterior a Ouiln, Se sigue que los fragmentos \ y 5 proceden del


mismo contexto. Que los telogos deben de haberse mencionado resulta
obvio del hecho de que tambin en la Metafsica hace empezar con ellos la
reflexin filosfica.
K> Frg. 7.
11 Frg. 3. F ir . (>.
Del C ielo, l. 3, 27o1/ 19; Meteor.. I, 3, 339h -7- Metaf.; A 8, 1074^ 10;
Pol., V II, 10. 13-c^ 23.
E L M A N IFIESTO D E LA FILOSOFA >53

franco menosprecio de los crculos socrticos.14 Al examinar


la antigedad de la mxima dlfica Concete a ti mismo ,
trataba de resolver la cuestin de a cul de los Siete Sabios se de
ba. Basndose en las conclusiones que sacaba de la construccin,
pona trmino a la controversia, un tanto vacua, con un juicio
salomnico: puesto que la mxima es ms antigua que Quiln,
no procede de ninguno de los Siete, sino que haba sido reve
lacin de la propia Pitonisa. El alcance del argumento resulta
claro cuando consideramos el testimonio de Plutarco, segn el
cual en las obras platnicas" sostena Aristteles que el Con
cete a ti mismo era el ms divino de los preceptos de Delfos,
y que era el mismo precepto que haba planteado a Scrates
su problema. La peculiar frase en las obras platnicas (v
xolg nXuTmxolg) es paralela a la frase en las obras socrticas ,
que significa los dilogos socrticos de Platn; tiene que referirse
a la forma, no al contenido, y que significar los dilogos plat
nicos de Aristteles. La relacin establecida aqu entre la vieja
mxima dlfica y la nueva bsqueda socrtica de un conoci
miento tico cae mejor dentro del dilogo De la Filosofa que
dentro de cualquier otro. Es un ejemplo de la doctrina de que las
verdades filosficas vuelven a descubrirse a lo largo del curso de
la historia. As, vena Scrates a ser el restaurador del principio
tico de la religin apolnea; en realidad, como Aristteles tra
taba de mostrar con el cuento de la visita a Delfos, fu de aquel
antiguo centro de revelacin de donde recibi Scrates el impulso
externo que le condujo a aquellas cuestiones que agitaban todos
los problemas ticos de su tiempo.15

Sobre el inters de Aristteles por los proverbios ver jcagoija en el


Index Aristotlicas de Bonitz. Sobre la idea de que los proverbios son re li
quias de una antigua filosofa ver frg. 13. Sobre las colecciones de prover
bios ver Dig. L ., V, 26 y Ateneo, II, 60 d.
i Que los fragmentos 1 y 2 forman un conjunto con el 3 resulta indu
bitable tan pronto como se advierte que la clave del conjunto es la teora
del retorno peridico de todo conocimiento. No nos importa aqu la cues
tin de si los preceptos dlficos pertenecen realmente a la tica de Apolo
o son manifestaciones de sabidura extranjera acogidas bajo la proteccin del
dios. El paralelo entre Scrates y la mxima dlfica aparece tambin en el Ps.-
IMatn, A lcib., I, 124 si: tomando consejo de m y de la mxima dlfica
Concete a ti mismo
V IA JE S

El vnculo as descubierto entre religin y filosofa se extien


de a lo largo del dilogo. La misin apolnea de Scrates la haba
tocado ya Platn en la A pologa; aqu se usa la doctrina de los
ciclos para ensancharla hasta un renacimiento de la sabidura
dlfica. Apolinismo y socratismo son los dos polos del desarrollo
de la tica griega. La investigacin de la fecha de origen del or-
fismo debe de haber formado parte de la misma idea. Aristteles
jams dud de la historicidad de Orfeo; subray lo tardo de la
formulacin literaria exclusivamente a fin de reemplazar al ver
sificador y fabricante de orculos pisistrtida por un genuino
profeta de la antigedad griega. Estaba seguro de que los poemas
rficos eran tardos, pero no haba nada que impidiera ser de
una gran antigedad a la enseanza religiosa misma. Lo que le
llev a investigar la fecha de su origen fu sin duda su reciente
retorno, en una forma ms espiritualizada, en la doctrina de la
otra vida y de la trayectoria del alma de Platn.
Otro ejemplo de este mtodo se encuentra en el siguiente
fragmento. En su Historia N atural dice Plinio (30, 3): "Eudoxo,
que deseaba que se pensara que la ms famosa y ms beneficiosa
de las sectas filosficas era la de los Magos, nos cuenta que
Zoroastro vivi 6,000 aos antes de la muerte de Platn. Arist
teles dice lo mismo . Sabemos que Eudoxo, el astrnomo y
amigo de Platn, se haba interesado por la ciencia oriental
y egipcia durante su estancia en los pases respectivos, y trado
consigo a Grecia el saber que haba recogido de los representantes
de un mundo ms o menos cerrado todava para los helenos.
En aquel tiempo era la Academia el centro de un inters muy
fuerte por el Oriente. Como un augurio de la expedicin de Ale
jandro y el consiguiente rapprochement entre griegos y asiticos,
es este inters de una gran significacin, 110 reconocida en modo
alguno suficientemente. Los canales por los que se abri paso
la influencia oriental slo pueden rastrearse en pequea medida.
Gracias a un fragmento de una lista de alumnos de la Academia,
conservada en un papiro de Herculano, sabemos por casuali
dad que un caldco era miembro regular de la escuela.1<; Esto
parece haber sido durante la intima dcada de la vida de Platn.

i r> Index Acad. H e r c u l a n col. m , p. 13 (Mckler).


E L M A N IFIEST O D E LA FILOSOFA

Otros signos de influencia oriental sealan el mismo perodo.


Tales son el paralelo del A lcibiades I, entre las cuatro virtudes
de Platn y la tica de Zaratustra, y la teologa astral presentada
como la ms alta sabidura por el discpulo y secretario de Pla
tn, Filipo de Opunte, en su postscriptum a las Leyes. Para
autorizar las nuevas ideas religiosas que predica seriamente a
los griegos apela Filipo abiertamente a fuentes orientales.17
Estas tendencias se originaron indudablemente durante el tiempo
en que estuvo presente Eudoxo en la Academia, aunque nuestro
material no nos permite por desgracia apreciar en toda su exten
sin la enorme influencia ejercida sobre los platnicos por este
hombre. Se relacionaban en parte con la admiracin de la Aca
demia por la astronoma caldea y siria , de cuya antigua fami
liaridad emprica con los cielos haba obtenido su cmputo de
los tiempos de revolucin y su conocimiento de los siete planetas,
un conocimiento que aparece en Filipo de Opunte por primera
vez en Europa. En parte, tambin, se relacionaban con el atrac
tivo del dualismo religioso de los Parsis, que pareca prestar
apoyo a la metafsica dualista de la vejez de Platn. El alma del
mundo mala que se opone a la buena en las Leyes es un home
naje a Zaratustra, hacia quien se senta atrado Platn a causa
de la fase matemtica en que haba acabado por entrar su teo
ra de las Ideas, y a causa del dualismo intensificado envuelto
en ella.18 Desde aquel tiempo en adelante permaneci la Aca
demia vivamente interesada por Zaratustra y la enseanza de los
Magos. Hermodoro, discpulo de Platn, discuta el astralismo en
su M atem tica, derivando de l el nombre de Zaratustra, que
declaraba significar adorador de las estrellas (at^a&trrT]^).10
Estas influencias suscitaron el inters de Aristteles por los
Magos en el dilogo De la Filosofa. Hasta el intento de deter

17 Epin.t 986 e , 987 b y 987 d 988 a . Ps.-Platn, Alcib., I, 1 21 e 122 a .


1 % Leyes, X , 896 e . "A t. Y puesto que el alma ordena y habita toda las
cosas que se mueven, como quiera que se muevan, no deberemos decir que
ordena tambin los cielos? Ce. Naturalmente. At. Un alma o ms? Ms de
una respondo por ti; en todo caso, no debemos suponer que haya menos
de dos; una, la autora del bien, y la otra, de lo contrario.
1 Sobre Hermodoro, De la Matemtica, usada por Socin en la Dia-
doche, ver Dig. L., T, 2 y 8; cf. escol. al Ps. - Platn, A l c i b I 122 a .
V IA JE S

minar la fecha de Zaratustra lo haban hecho ya otros acadmi


cos. Hermodoro, por ejemplo, le haba puesto 5,000 aos antes
de la cada de Troya. Las investigaciones de este platnico se
guan siendo la principal autoridad en la materia cuando el
docto alejandrino Socin escribi su historia de las escuelas filo
sficas. Al lado de Hermodoro mencionaba la sugestin de Jau
to, segn la cual Zaratustra haba vivido 6,000 aos antes de la
invasin de Jerjes.20 La fecha dada por Aristteles y Eudoxo y
reproducida por Plinio difiere de las otras fechas tradicionales
en su peculiar punto de referencia. Si comparamos 6,000 aos
antes de la muerte de Platn y cifras contadas desde la cada
de Troya o de la expedicin de Jerjes (que ms tarde abri ca
mino a la de Alejandro), resulta evidente que semejante manera
de calcular no se debe a las exigencias de la cronologa, sino al
deseo de enlazar a Zaratustra y a Platn como dos fenmenos
histricos esencialmente similares. La razn de la comparacin
y del inters de Aristteles por los miles en nmeros redondos
del intervalo, es patentemente la idea presentada en De la F ilo
sofa, de que todas las verdades humanas tienen sus ciclos natu
rales y necesarios. Ahora bien, en un fragmento del que se sabe
que pertenece al libro primero de este dilogo habla Aristteles
de la enseanza de los Magos, a saber, del dualismo iranio, segn
el cual haba dos principios, un espritu bueno y otro malo,
Ormuz y Arimn; y Aristteles identifica a stos con las divini
dades griegas Zeus y Hades, el dios de la luz celeste y el dios de
la oscuridad ctnica. Tambin Plutarco compara la doctrina
de las almas del mundo, buena y mala, de Platn con el dualis
mo de los caldeos y Magos. Es natural suponer que la misma
consideracin actu sobre Aristteles en el fragmento donde tra
za un paralelo entre Zaratustra y Platn.21 Esta suposicin se
vuelve segura por obra del nico pasaje restante donde men
ciona a los Magos, a saber, una de las partes ms antiguas de la
Metafsica, que debe asignarse por otras razones al momento en
que se escribi D e la Filosofa. Aqu de nuevo es el asunto el dua
lismo platnico. Como primeros precursores de ste menciona
/
-Q Dig. L., I, 2.
-1 Frg. 6 (Plutarco, Is. et O s i r 370 f).
EL M A N IFIESTO D E L A FILOSOFA *57

Aristteles en Grecia a Fercides y en Asia a los Magos.22 El


entusiasmo de la Academia por Zaratustra subi hasta la intoxi
cacin, como el redescubrimiento de la filosofa india por Scho*
penhauer. Llev a la conciencia histrica de s que tena la es
cuela a pensar que la doctrina platnica del Bien como un
principio divino universal haba sido revelada a la humanidad
del Este por un profeta oriental miles de aos antes.
Esta explicacin resulta confirmada por el nmero 6,000.
Sabemos por Teopompo, que quiz lo sac del propio Eudoxo,
que la generacin de ste y de Aristteles tena conocimiento del
gran ciclo de la religin irania y del drama universal de la lucha
entre Ormuz y Arimn.23 Ormuz y Arimn gobiernan por turno
(v \iBQog), cada uno durante tres mil aos. Durante otros tres
mil luchan, y cada uno trata de herir al otro y destruir lo que
l cre. Finalmente gana la partida el espritu bueno. La dura
cin de este drama escatolgico se estima diversamente en la
tradicin irania, unas veces como siendo de 9,000 aos (sta
es evidentemente la cifra que sigue la fuente de Teopompo)
y otras veces de 12,000. De acuerdo con ello vara el significado
de cada acto de 3,000 aos dentro del ciclo csmico. Por esta
razn quiz los medios a nuestra disposicin no nos permitan
determinar sin ambigedad los puntos precisos en que se supo
na aparecan Zaratustra y Platn;24 pero no es a buen seguro un

-2 M etaf., N 4, 1901b 8.
23 Teopompo, frg. 72 (Mueller). Cf. Jackson, T h e Date of Zoroaster ,
Jou rnal of the American Orient. Soc., vol. xvii (1896), p. 3; F. Cumont,
Textes et monum. de M ilhra, vol. 1, p. 310 , n. 6; y ltimamente Gisinger,
Erdbeschreibung des Eudoxus (Leipzig, 1907). En vista de que la creacin del
dios bueno se completa en 6,000 aos, los Padres de la Iglesia y filsofos
cristianos de la historia identifican este perodo con los seis das de la
creacin segn el relato mosaico.
24 En la edicin alemana original de esta obra trataba yo de fijar con ms
rigor las posiciones probables de Zaratustra y Platn en el drama csmico de
la religin irania. Desde entonces mi afirmacin de que el asignar a Zara
tustra a una fecha 6,000 aos anterior a Platn implica algn vnculo in
terno entre ellos, o ms bien entre sus principios, la han recogido muchos
orientalistas y quiz es universalmente aceptada. Pero en vista de recientes
investigaciones iranias prefiero ahora no intentar el armonizar las tradiciones
griega y persa, pues que para mi propsito es lo nico importante el sentar
el hecho de que poco despus de su muerte, e incluso en vida suya todava.
V IA JE S

accidente que la cifra 6,000, que es el nmero de los aos entre


los dos segn Aristteles y Eudoxo, sea divisible por 3,000. Zara
tustra y Platn son evidentemente dos importantes etapas en el
viaje del mundo hacia su meta, el triunfo del bien.
La principal razn para adjudicar el fragmento de Plinio
al libro primero del dilogo De la Filosofa es que slo en este
contexto puede entenderse plenamente; pero puesto que Rose
lo incluye entre los fragmentos del apcrifo M gico por razn
que no se logra descubrir bien estar disipar expresamente la
sombra de sospecha que por lo mismo ha cado sobre l.25 Plinio
110 sac su informacin del De los Magos de Apin, como conje
tura sin razn Rose, sino de la erudita obra del mismo ttulo
de Hermipo, el continuador de Calimaco. En la siguiente lnea
seala inequvocamente por su fuente a Hermipo, expresando
una ingenua admiracin por su vasta lectura de los textos origi
nales, que es muy propia en vista de su propia falta de ella. No
fu Plinio, sino Hermipo, quien consult a Eudoxo. As pode
mos confirmarlo comparando el pasaje con el fragmento 6, una
referencia a los Magos de la que se sabe con precisin que perte
nece al libro primero De la Filosofa. Tambin este fragmento
procede de Hermipo y de nuevo aqu menciona ste por sus
fuentes a Eudoxo y a Aristteles. Damos los dos extractos lado
a lado.

se puso a Platn en relacin con Zaratustra y con la doctrina irania de la


lucha entre el principio bueno y el malo. Sobre Platn como el fundador
de una religin, segn lo ve la elega de altar de Aristteles, ver mi artculo
Aristotles Verses in Praise of Plato*', T h e Classical Quarterly, vol. xxi
0 9 2 7 )> P- 1 3-
25 Arist., frg. 34. Cf. Rose, Arist. Pseudepigraphus, p. 50. La razn por la
que Rose atribuye el fragmento al Mgico es probablemente la de que en
Digenes Laercio (I, 1 y I, 8) se menciona esta obra como una de las de
Aristteles en el contexto inmediato a la cita de De la Filosofa sobre los
Magos. Pero un examen preciso muestra que Digenes 110 sigue la misma
fuente al citar cada una de las dos obras como obras de Aristteles. El Mgico
apcrifo lo dan como principal fuente Socin y Hermodoro, pues Digenes
menciona los tres nombres tanto en I, 1 2 como en I, 78 (el extracto se
extiende hasta y Hermodoro est de acuerdo con l ep esto ), mientras
que la informacin procedente del De la Filosofa de Aristteles y de
Eudoxo estaba obtenida de Hermipo, como se mostr arriba.
E L M A N IFIESTO DE LA FILOSOFIA 159

Plinio, Historia N atural, Digenes Laercio, I,


3o, 3. prlogo, 8.
Sin duda empez con Zo- Aristteles, en el libro p ri
roastro en Persia, segn las mero de su dilogo De la F i
autoridades, que estn de losofa declara que los Magos
acuerdo. No es tan claro si son ms antiguos que los egip
hubo slo un hombre de este cios, y adems, que creen en
nombre u otro ms adelante. dos principios, el esp ritu
Eudoxo, que sostena que es bueno y el espritu malo, el
la ms excelente y valiosa de uno llamado Zeus u Ormuz,
todas las sectas filosficas, dice el otro Hades o Arimn. As
que este Zoroastro vivi 6,000 lo confirman H erm ipo en su
aos antes de la muerte de libro prim ero sobre los M a
Platn. Aristteles dice lo mis gos, Eudoxo en su Viaje alre
mo. H erm ip o, que escribi dedor del M undo y Teopom
copiosamente sobre todo ese po en el libro octavo de su
arte, y coment 2.000,000 de Filpica.
lneas de poesa escritas por
Zoroastro, aadiendo un n
dice a cada libro, dice... que
su maestro fu Agonaces, y
que l vivi 5,000 aos antes
de la guerra de Troya.20
Es evidente que Hermipo se sirvi de las mismas fuentes para
sus dos referencias a los Magos, a saber, el dilogo De la Filosofa
y el Viaje de Eudoxo, debiendo de haberlos citado exactamente
cada vez. Digenes reproduce ntegramente su cita, pero Plinio
se limita, como suele, a nombrar los autores sin los libros. El
fragmento de Plinio se ajusta perfectamente a la teora de los
ciclos y a las discusiones cronolgicas del libro primero D e la
Filosofa, que contena otras referencias a los Magos, por lo que
en el futuro debe inclursele entre los fragmentos del dilogo. La
posicin paralela de Platn y Zaratustra en el ciclo no da la im

20 Sobre la forma correcta del nombre Agonaces ver Fr. C. Andreas, en


Reitzenstein, I)ie Gttin Psyche , Sitzungsberichte der H eidelberger A kade-
mi der Wissenschaften, Philosophisch-historsche Klasse, vol. viii (1917),
Abh. 10, p. 44. Sobre la significacin de la anterior discusin de las a fir
maciones de Aristteles acerca de la doctrina de Zaratustra para la tradicin
oriental y su cronologa ver Reitzenstein-Schaeder, Studien zum antiken
Synkretismus aus Irn und Griechenland (Leipzig, 1926), p. 3.
presin de haberse inventado durante la vida de Platn. Tampo
co poda encontrarse, con seguridad, en el Viaje de Eudoxo, que
muri mucho antes que l. La originalidad de Eudoxo reside
exclusivamente en poner a Zaratustra hace 6,ooo . Fu Arist
teles quien, llevado de su doctrina del retorno peridico de todo
conocimiento humano, vincul especficamente por primera vez
esta cifra al retorno del dualismo, colocando con ello a Platn en
una posicin que corresponda a su profunda reverencia por l.
No puede caber duda de que el dilogo en que diriga as la luz
de los siglos sobre su maestro se escribi despus de la muerte de
este ltimo.27
La doctrina de que la verdad retorna con determinados inter
valos implica que los hombres son incapaces de conservarla
permanentemente una vez que se la ha descubierto. No se supo
na, sin embargo, que la humanidad no pudiera mantenerse du
rante mucho en un alto nivel espiritual, y que por esta razn
perdera continuamente de nuevo incluso verdades conocidas
durante largo tiempo. La teora era que la tradicin, y en realidad
la civilizacin en conjunto, resulta destruida peridicamente por
violentas convulsiones de la naturaleza. En otras palabras, se
aplicaba a la historia de la filosofa la doctrina de las cats
trofes de Platn. Bywater ha dado razones convincentes para
creer que esta doctrina se encontraba en los dilogos de Arist
teles.28 En el Tim eo se sugiere que todas las tradiciones ms
27 Si las palabras de Plinio "sex milibus annorum ante Platonis mortem
no proceden de la fuente intermediaria Hermipo es verdad, como me ha
sealado Eduardo Fraenkel, que en la cronologa tcnica "ante m ortem .. .
no significa a veces ms que ante aliquem , sino de la autoridad de H er
mipo, slo pueden ser de Aristteles, puesto que Eudoxo muri antes que
Platn. (Es imposible seguir a Gisinger, op. cit., p. 5, n. 1, que supone,
basndose en el pasaje de Plinio, que Eudoxo muri despus que Platn).
Simplemente por razones internas, sin embargo, me parece seguro que una
comparacin semejante no pudo haber surgido en vida todava de Platn, y
otro tanto es cierto de la actitud del dilogo en conjunto frente a Platn
y su filosofa.
2S Bywater (Jou rn . of Pfulology, vol. vn, p. 65) adjudica al De la Filosofa
trozos de Filopono, In Nicom. Arithm . La teora de los cataclismos se conecta
all con el progreso del conocimiento, y sta es una idea que Aristteles tom
de Platn y desarroll. La forma de la teora que analiza Bywater es, sin
embargo, estoica, especialmente la idea del desarrollo de las artes y del
E L M A N IFIEST O D E LA FILO SO FIA 161

antiguas de los griegos haban sido aniquiladas por sobrecog-


dores hechos naturales. Mitos tales como los de Faetn y del Di
luvio se interpretaban como huellas de estos hechos en la me
moria humana. El mismo mtodo de interpretacin se aplica a
los ms antiguos triunfos de la cultura en las Leyes, exactamente
como Aristteles explica en la M etafsica las leyendas de los dio
ses como reliquias, desfiguradas por la tradicin, de un primitivo
estadio de su propia teora de los motores de las esferas.29 Este
procedimiento de racionalizacin no puede haberse originado,
ciertamente, en el cerebro imaginativo de Platn. Lleva el sello
de la ciencia jonia, y verosmilmente procede del propio Eudoxo,
junto con la teora de las catstrofes. Aristteles hizo libre uso
de l. En la M eteorologa, por ejemplo, arguye fundndose en
la tradicin mtica la existencia prehistrica de la hiptesis del
ter, que es un hecho la invent l mismo.30 Por otro lado, no es
ciertamente Eudoxo el autor de la idea del retorno de todas las
cosas intelectuales. Pero esto no hace sino mostrar ms clara
mente la accin de la ciencia natural contempornea sobre las
ideas de los hombres acerca de la historia de la cultura, su manera
de servirse de los mitos y su concepto del espritu humano, que,
como la naturaleza con sus fuerzas, da a luz siempre de nuevo
lo que yace oculto en su seno.
Presentando a Platn en el libro primero como un hombre de
todos los tiempos, fuera del alcance de toda mezquina oposicin,
y como la culminacin de toda la filosofa anterior, abra Arist
teles la perspectiva adecuada para la crtica subsiguiente. El libro
segundo era una destructora crtica de las Ideas. El tercero expo
na su propia visin del mundo; era una cosmologa y una teolo
ga; como el segundo, tomaba forma a travs de una crtica de
Platn, por la sencilla razn de que dependa de l a cada paso.

cambio continuo que ste causa en la significacin de sabidura . Ver mi


N em esio s von E m esa, Q u ellen fo rsch u n g en zu r G esch ich te d es alte ren N eu p la-
ton ism u s u n d zu P o seid o n io s (Berln, 1914), pp. 12455. Ver tambin Gerhus-
ser, D e r P ro tre p tik o s d es P o seid o n io s (tesis de Heidelberg, 1912), pp. 16 ss.
29 Platn, T im e o , 22 a c, C ritias, 109 d ss.; L eyes , III, 677 a. Arist., M e taf.,
A 8, 1074b 1 13.
30 M eteor., I , 3 , 339b 2 0 5 5 .; D e l C ieloA I, 3, 270b 16 5 5 .; D e A n im al. M o tu ,
3, 699a 27; P o l.f V II, 10, 1329 b 25.
i62 V IA JES

Su contenido general lo describe el epicreo del De Natura


Deorum. En lo esencial adoptaba Aristteles la teologa astral de
los ltimos das de Platn. T al le pareca ser el obligado punto
de partida de la metafsica ahora que haba sufrido un colapso
la teora de las Formas. Platn pensaba que tras el mundo del
mito sideral de sus ltimos aos yaca el mundo suprasensible de
las Ideas, del que eran copia los cielos visibles. Aristteles, empe
ro, se ocupaba exclusivamente con el lado cosmolgico de aquel
mundo dual (as, aunque de diferente manera, haca aquel otro
discpulo de Platn, Filipo de Opunte, en el Epnom is). De esta
suerte vino a ser Aristteles el verdadero fundador de la religin
csmica de los filsofos helensticos, quienes, emancipados de las
creencias populares, buscaban los objetos de su culto exclusiva
mente en los cuerpos celestes. Pero todava no se han puesto al
desnudo los hilos que enlazan, por una parte, la religin astral
de Aristteles con la Academia, y, por otra, la teologa estoica
con las primeras ideas de Aristteles. En particular, no se ha reco
nocido claramente la importancia de Aristteles en este orden
de cosas, por haber partido los investigadores demasiado exclusi
vamente de los tratados, que fueron totalmente desconocidos de
la edad helenstica.
Segn la desfavorable referencia hecha por Cicern, que pro
cede de alguna fuente epicrea utilizada tambin por Filodemo,
declaraba Aristteles en su libro tercero D e la Filosofa que Dios
era ya un espritu, ya el mundo, ya el ter, ya algn otro ser a
quien estaba subordinado el mundo y que diriga el movimiento
de ste por medio de una especie de vuelta sobre s mismo (repli-
catione quadam )?1 Aplicando el dogma de la escuela epicrea,
descubre el criterio gruesas contradicciones en tales afirmaciones;
pero por superficial que pueda ser su juicio sobre ellas, no puede
ponerse en duda la exactitud de la referencia como tal. El Dios
a quien est subordinado el mundo es el trascendental motor
inmvil, que dirige el mundo como causa final del mismo, en
razn de la perfeccin de su puro pensar. Este es el ncleo ori
ginal de la metafsica aristotlica. Al lado de esto, describa Aris
tteles el ter como un cuerpo divino, o como un cuerpo ms

31 Frg. 26 (Cic., De Natura Deorum, I, 13, 33).


E L M A N IFIESTO D E LA FILOSOFIA 163

divino, segn hace en los tratados; con seguridad, no lo llamaba


dios.32 La divinidad del ter no parece conciliarse muy bien con
un estricto monotesmo trascendental, pero por debajo del motor
inmvil estaban las deidades de los astros, cuya materia era et
rea. No hay ninguna contradiccin en el hecho de que Aristteles
llamase dios ya al mundo, ya al ter, esto es, primero al todo y
luego a la parte. Mundo no significa aqu lo que creen los
epicreos que significa. No es el concepto helenstico del cos
mos repleto de criaturas vivientes y continente de todas las cosas,
sino los cielos, la simple periferia. T al era el modo de usar la
palabra que tena la Academia antigua, como muestra tambin
el Epinom is. En esta obra se dice que es indiferente que llame
mos al ms lto de los dioses, que es el cielo, Urano, Olimpo o
Cosmos. En otro pasaje leemos que la ms fiel denominacin
para l es la de Cosmos.83
La influencia del Platn de los ltimos tiempos sobre el dilo
go De la Filosofa no se reduca a la terminologa. En los princi
pales rasgos de su teologa tambin coincide casi exactamente
el dilogo con el Epinom is. Es digno de nota que el epicreo,
que anda buscando puntos flacos, no dice absolutamente nada
sobre los cincuenta y cinco dioses de las esferas de la metafsica
posterior. En el dilogo an no haba adoptado Aristteles, evi
dentemente, semejante doctrina.
As lo confirma un pasaje del Pseudo-Filn en la obra D e la
E ternidad del M u n do. Se dice en l que Aristteles imputaba un
terrible atesmo (8eivt|v detrjta) a los filsofos que declaraban
que el mundo tena principio o fin, porque con ello venan a
decir que este grande y visible dios (tooovtov qxtv 9 zv) no

B2 Cicern traduce ter por caeli ardor. Esto es corriente, y la caracteri


zacin de l como divino es una prueba de que lo mentado es la hiptesis
aristotlica del ter como el quinto elemento (cf. Cic., D& Natura Deorum ,
I. 14. 371 ardorem , qui aether nominetur, al que se refiere Plasberg al co
mentar nuestro pasaje). Aristteles tiene que haber propuesto, por tanto,
la hiptesis mientras estaba an en la Academia, donde se hizo bastante
general, aunque experiment algunos recortes y cambios. Su prim era presen
tacin al pblico fu sin duda la del De la Filosofa.
33 E p in ., 977 a , b y 987 B.
164 V IA JE S

era nada ms perfecto que una obra de las manos. Que llamaba
al cosmos un panten que comprenda el sol, la luna, las estre
llas fijas y los planetas. Y que haca la burlesca observacin de
que mientras en otros tiempos haba temido que pudiera derrum
barse su casa tan slo por obra de una tempestad, o de la vejez,
o de un defecto de construccin, ahora la amenazaba un peligro
mucho mayor, de creer a los pensadores que destruan el universo
entero en sus afirmaciones.34
Reconocemos el tono. All donde ataca la idea de la destruc
cin del mundo de los fsicos, es Aristteles mordazmente agudo.
Es notoriamente ms suave y respetuoso cuando rechaza el relato
de la creacin del Tim eo pues a esto alude el una obra de las
manos . Aqu encontramos el mismo aire personal que ya ha
bamos encontrado en la crtica de las Formas en el libro segun
do. Tambin el libro tercero estaba escrito de un cabo a otro en
una referencia polmica a Pfatn, como nos informan las noti
cias de Cicern. Esto debe aplicarse principalmente a la doctri
na de la eternidad del mundo, pues 'sta era la mayor innovacin
de Aristteles,35 y puesto que el pasaje no procede de ninguno de
los tratados existentes, y est indudablemente tomado de un di
logo en vista del estilo, la nica fuente que es posible sugerir es
el dilogo D e la Filosofa. Era esta obra, ahora perdida, pero muy
leda en la Antigedad, la que contena los dos puntos filosfi
cos considerados entonces como ms caractersticos de Aristte
les: la adopcin del ter como el elemento de los cielos y la tesis
de que el cosmos es indestructible e increable. Los doxgrafos
mencionan comnmente los dos juntos como sus peculiares adi
ciones a la cosmologa de Platn, y ello es exacto.
A pesar de la divergencia en los detalles, sigue siendo la
doctrina del dilogo completamente platnica por sus puntos
positivos, y sobre todo por la fusin de teologa v astronoma.
Las Leyes son el origen de la imputacin de atesmo contra

34 Frg. 18. Ps.-Filn, De Aei. M undi, 3, 10 (p. 53 en Cohn-Reiter).


35 Frg. 26 (Cic., De Natura Deorum, I, 13, 33): "Aristotelesque in tertio
de philosophia libro multa turbat a magistro suo Platone dissentiens . Ma-
nuncio insert un non antes del dissentiens, y Rose sigue a Lam bino en el
adoptarlo; pero ello da un sentido inaceptable, y Vahlen ha nostrado que
es tambin estilsticamente imposible (cf. Plasberg, edicin grande, p. 218).
E L M A N IFIESTO D E LA FILOSOFIA 165

aquellos cuyas ideas astronmicas eran heterodoxas. En dicha


obra converta Platn esta ciencia, anteriormente muy atea, en
la esencia de la teologa.36 Con la referencia de Cicern concuer
da el que el pasaje antes mencionado del Pseudo-Filn emplee
tambin la palabra cosmos en el sentido de cielo. Pues qu
es la doctrina del cosmos que comprende en s el sol, la luna
y las estrellas sino un reflejo del cuadro del universo del Tim eo
(30 d)? La deidad, queriendo hacer de este mundo el ms bello
y perfecto de los seres inteligibles, construy un animal visible
que com prenda en s todos los dems animales de una natura
leza emparentada con la suya. Verdad es que para Aristteles ha
ca mucho no eran los cielos la imagen visible de la suma Forma,
que contiene en s todas las dems Formas y el cosmos inteligible
entero. El mundo de las Formas ha desaparecido, y con l el
demiurgo que haca el mundo visible siguiendo el modelo de
aqullas. Pero esto no hace sino acrecentar la dignidad religiosa
y metafsica de la imagen, esto es, de los cuerpos celestes y del
cosmos mismo como la visible unidad del mundo, las nicas ga
rantas empricas de la existencia de algo permanente y durable
en el flujo del devenir exigida por Platn. La expresin dios
visible es ella misma platnica; y la comparacin de los cielos
con un panten que encierra todos los dioses particulares, aun
que las palabras puedan pertenecer no a Aristteles, sino a Fi*
ln, es aristotlica de intencin y reaparece en el Epinom is
cuando se habla del cielo como Olimpo.37 La vieja teora del
Olimpo deja su sitio al sentimiento de que hay una divinidad
en el cosmos, y la palabra simboliza as tan decisivo cambio en
la historia de la religin griega. Los astros son seres vivos, racio
nales, que habitan el cosmos con divina belleza e inmutabilidad.
Es la teogonia de la Antigedad helenstica y posterior, y Pla
tn es la fuente de que emana.
En la metafsica posterior de Aristteles no sigui ya aislado
el principio del motor inmvil, como sabemos; se asign un motor
trascendental especial a cada una de las esferas que producen
* Leyes, 821 d822 c/898 c y 899 a . El pacto entre la astronoma y e l
atesmo se deshace en 697 a s s .
Sobre el cielo como Olimpo ver Epn., 977 b; sobre los astros c o m o
im g e n e s de los dioses dentro de l ver E p n 984 a .
166 V IA JE S

las progresiones, retrogradaciones y puntos estacionarios aparen


tes de los cuerpos celestes. De esta idea no hay traza en nuestro
dilogo. El motor inmvil se cierne por encima de todos los de
ms dioses, inmaterial y separado del mundo como Forma pura.
La unidad del mundo est anclada en esta Forma. Los astros y
los cielos tienen, sin embargo, en su interior almas, y siguen sus
propias leyes internas espontnea y conscientemente. Esta teora
de las almas inmanentes de las estrellas excluye el otro mtodo de
explicacin. Las causas de los movimientos celestes se haban
discutido largamente en la Academia. En las Leyes menciona
Platn como razonables tres hiptesis, sin decidirse resueltamen
te en favor de ninguna. Estas hiptesis deben ser vlidas para to
dos los cuerpos celestes sin distincin. O bien debemos concebir
los astros como cuerpos con almas en su interior (para Platn es
el alma el principio del movimiento espontneo): o bien el alma,
que no est en el interior del astro, se forja un cuerpo externo de
fuego o aire y propulsa con l el astro; o bien, finalmente, el
alma no tiene cuerpo alguno, pero dirige el movimiento del
astro por medio de algn poder extraordinario y maravilloso .38
La teora del propio Platn es probablemente la de las almas
inmanentes, pues sta se ajusta mejor tanto a su idea de que el
alma es el principio de todo movimiento, como a la simplicidad
plstica y a la potencia vivificadora de su pensamiento. Platn
habla de la segunda como de la doctrina de ciertas personas
(Xyo<; xivfiv), verosmilmente astrnomos; se piensa en las esferas
de Eudoxo, aunque ste vivi casi con seguridad demasiado tem-,
prano para haber credo que las esferas tuviesen almas. El alma
sin cuerpo de la tercera hiptesis es evidentemente una Forma
trascendental, que mueve el astro como causa final, como lo
amado mueve al amante. Es el principio del motor inmvil. El
poder maravilloso de que habla Platn puede imaginarse como
semejante al anhelo de las cosas sensibles por la Idea o a la
rexis de Aristteles.
Probablemente, ser siempre imposible para nosotros deter
minar si fu Aristteles mismo o algn acadmico quien conci
bi por primera vez la teora del motor inmvil y la aplic al

38 Leyes, X , 898 e.
E L M A N IFIESTO D E L A FILOSOFIA 167

problema del movimiento de los astros. La naturaleza colectiva


de sus estudios nos impide distinguir la parte precisa de cada
persona. El espritu de la idea es platnico, es decir, es una idea
que no pudo surgir por s, sino slo dentro del universo de pen
samiento platnico, quienquiera que haya sido su agudo inven
tor. Aristteles se sirve de ella nicamente con referencia al sumo
principio, que es distinto del mundo y carece absolutamente de
movimiento; los astros y los cielos, por otro lado, deben su
movimiento a almas inmanentes. Lo sabemos as, no simple
mente por el pasaje de Filn, sino sobre todo por los argumen
tos aristotlicos conservados por Cicern, que hay que examinar
ahora. Segn Platn, una de las tres hiptesis deba ser verdad
de todos los movimientos celestes sin distincin. El hecho de
que Aristteles combine la primera y la tercera quiz indique que
no haba sido el creador de ninguna.
En el libro segundo de su obra sobre los dioses nos da Cice
rn pruebas de su existencia procedentes de Cleantes, de Crisipo,
de Jenofonte y varias de Aristteles, que no obtuvo evidente
mente de sus propias lecturas, sino de una coleccin ya hecha.39
Muchos de los argumentos se limitan a repetir lo que ya estaba
dicho. Ni siquiera la coleccin misma sacaba nada de los ori
ginales, no ms que Sexto, quien tambin hizo una coleccin de
argumentos en favor de la existencia de dioses, sumamente pare
cida a sta por su contenido.40 De aqu que el testimonio de Ci
cern deba utilizarse crticamente. No obstante, es en esencia
autntico. Ambos puntos pueden demostrarse por lo que se
refiere ya al primer argumento. Todos los elementos dan origen
a cosas vivas, la tierra a unas, el agua a otras, el aire a otras. De
aqu le parece absurdo a Aristteles suponer que no haya cosas
vivas en el elemento que por su pureza y potencia de movimiento
es ms adecuado para producirlas, a saber, el ter. Mas en la
regin del ter encontramos los astros. Verosmilmente, por
tanto, los astros son seres vivos de aguda inteligencia y movimien
to extremadamente rpido.
Se ha atribuido justamente este argumento al dilogo D e la
Filosofa, pero en l no puede haber aparecido en su forma pre-
39 Ce., De Natura, Deorum , II, 15, 4244 (parcialmente reproducidos en
Rose como frgs. 23 y 24). *0 Sext. Emp., Adv. Phys.x I, 49.
V IA JE S

sente. Hemos visto que en esta obra mantena ya Aristteles


la doctrina del ter como un quinto elemento. El argumento
conservado por Cicern supone slo cuatro. No puede perte
necer a un perodo anterior a la introduccin del quinto, ni
puede atribuirse por tanto a ninguna obra anterior de Arist
teles; es una adaptacin de su argumento a la teora estoica de
los elementos, que es un compromiso entre la tradicional y la
aristotlica, en el que se miraba al fuego y al ter como un solo
elemento. Lo nico que reproduce exactamente la autoridad
estoica de Cicern es la naturaleza formal, analgica, del razo
namiento. Aristteles empezaba por la validez universal de la
proposicin de que hay cosas vivas en cada uno de los elementos
que conocemos por experiencia. De ella infera que hay tam
bin seres vivos en el ter, aunque este elemento no est abierto
directamente a la investigacin cientfica. El sentido original
del argumento debe de haber sido, por tanto, ste: puesto que
cabe demostrar que se encuentran cosas vivas en todos los ele
mentos, unas en la tierra, otras en el agua, otras en el aire y otras
en e fuego, tiene que haber ciertamente algunas tambin en
el ter; mas en el ter estn los astros; luego stos son seres vivos.
Es algo sugerido por el T im eo (59 e ), donde los cuatro elementos
estn poblados con sendos gneros de seres divinos. Tiene en
cuenta el Epinom is esta teora del ter, que haba aparecido en el
intervalo, aceptando cinco gneros de dioses elementales en lu
gar de los cuatro del T im eo ; pero ya con el simple orden en que
coloca los elementos muestra el autor que su intencin no es
seguir a Aristteles implcitamente, sino hacer una adaptacin
conservadora de su hiptesis a la del T im eo . Segn Aristteles
ocupa el ter el lugar ms alto del mundo, siguiendo luego el fue
go, el aire, el agua, la tierra. Filipo mantiene al fuego en la
posicin ms alta, siguiendo luego el ter y el aire y luego el agua
y la tierra; as, el nico cambio hecho en la doctrina de Platn
es el de que en el lugar del aire, el nivel ms alto y ms puro de
lo que haba llamado ter ya Platn mismo,41 tenemos dos distin
tos elementos.42 As, el Epinom is, asimilando externamente la
41 Fedn, 109 d ; Tm ., 58 d.
*2 L a posicin de los cinco elementos en el mundo se encuentra en E p in
984 d s s . En 981 c se llama al ter ''quinto cuerpo . Esta es la expresin
E L M A N IFIEST O D E L A FILO SO FA

teor^ del ter, elude con deliberacin el elemento verdadera


mente! esencial de la idea. El argumento de Aristteles, a dife
rencia del de Platn, no se endereza a demostrar la existencia de
dioses o espritus mticamente concebidos. Se entiende que es una
prueba estrictamente emprica, y en cuanto tal supone que
Aristteles se crea capaz de demostrar empricamente la existen
cia de sus animales del fuego. Todava en la Historia de los A n i
males segua interesndose por los insectos de los que supona
que volaban a travs del fuego sin padecer dao, y habla de
observaciones hechas sobre tales criaturas en Chipre.43 El pasaje
ms significativo es, sin embargo, uno de Apuleyo, no incluido
en la coleccin de los fragmentos, donde se atribuye expresa
mente a Aristteles la doctrina de los animales nacidos del fuego.
Merece la pena mirar de cerca este pasaje, no por razn de los
milagrosos moradores del fuego, sino por la serie de ideas que
nos permite seguir.
En su obra sobre el signo divino de Scrates tiene Apuleyo
un argumento superficialmente parecido al de Aristteles, pero
en realidad muy diferente a la vez por su propsito y sus pre
misas. Puesto que hay seres vivos en la tierra y en el agua, y
puesto que en el fuego (como dice Aristteles) hay criaturas
nacidas en este elemento y que permanecen continuamente en
l, y puesto que por ltimo hay tambin seres vivos en el ter,
a saber, los astros cuyas almas se haban vuelto entretanto un
dogma tan bien establecido, que poda considerarse como un he
cho de experiencia, se sigue que hay tambin seres vivos en el
aire, aunque sean invisibles, a saber, los espritus del aire.44

aristotlica, pero aqu significa simplemente el quinto y ltimo cuerpo poi


descubrir, no el ms distante de la Tierra. Que al ter se le llamaba el q u in
to cuerpo" o la quinta sustancia en el D e la F ilo so fa se sigue del hecho
de que los doxgrafos, cuya fuente es siempre este dilogo, emplean univer
salmente este modo de mencionar la idea especficamente aristotlica. En
los tratados es el primer cuerpo". El E p in o m is es la primera de las muchas
obras a las que prest el D e la F ilo so fa la expresin quinto cuerpo ; hay
tambin otros numerosos puntos en que aqul depende de ste. Puesto que
Iscrates (V, 12) menciona las L ey es en el ao 346, el dilogo de Aristteles
tiene que haber aparecido en 548/7.
43 H ist. A n V, 19, 552 b 10.
44 Apul., D e D eo Socr., V III, 137, p. 15, 1. 12, en Thomas.
170 V IA JE S

Los nicos ingredientes aristotlicos de este argument^ son


aquellos que Apuleyo, siguiendo a su fuente, atribuye directa
mente a Aristteles, es decir, los animales del fuego. Que no
del cristianismo o de Filn convirti el autntico argumento
lo muestran varios pasajes de Filn, donde se encuentra la misma
inferencia, con el mismo inters por la prueba de existencias de
espritus en el aire, esto es, de ngeles. Filn observa, tambin
incidentalmente, que los animales del fuego deben de encon
trarse en Macedonia, es decir, evita dar a conocer a sus lectores
su fuente pagana y nombra el pas en lugar de la persona.48
Esta correspondencia entre dos autores tan separados en el tiem
po muestra que algn filsofo estoico que viva antes de los das
del cristianismo o de Filn convirti el autntico argumento
aristotlico de una prueba de la divinidad del cosmos en una
prueba de la existencia de ngeles. Las dos formas estn comple
ta y desesperadamente confundidas en el pasaje paralelo de
Sexto.46 Sin mayores averiguaciones acerca del autor de la modi
ficacin, podemos contentarnos con la conclusin que es lo
nico importante en punto al argumento conservado por Cice
rn, a saber, la de que originalmente inclua los animales del
fuego y los cinco elementos y que stos fueron suprimidos poste
riormente por la autoridad estoica de Cicern.47

45 Filn, De Gig., 2, 78; D e Plantat., 3, 12; D e Somn.x I, 22, 135. En


el ltimo pasaje omite los animales del fuego; en la forma modificada del
argumento slo eran realmente un estorbo.
46 Sext. Em p Adv. Phys., I, 86, p. 410, 1. 26. A qu se infieren ambas co
sas, que hay espritus en el aire y que los astros tienen almas. Se han con
fundido los argumentos aristotlico y angelolgico.
47 L a fuente del argumento de Filn y Apuleyo es patente desde la p ri
mera mirada. En su refundicin del argumento de Aristteles, con el fin
de obtener una prueba de la existencia de espritus en el aire, sigui el
autor el Epinom is, 984 D5$., donde se da por supuesta la existencia de almas
de los astros y se demuestra la de seres areos. Aristteles, por el contrario,
tiene que haber entendido por los seres areos ciertos animales conocidos
por experiencia, puesto que de otro modo fracasa su analoga. Probablemen
te entiende las aves. Si es as, concuerda perfectamente el que la autoridad
de Apuleyo critique en detalle semejante supuesto. Con toda exactitud ob
serva que las aves son animales terrestres . Encima, slo ocupan la regin
ms baja del aire. No hay ave capaz de volar por encima del Olimpo (el
autor da mediciones matemticas de su altura, pero el nmero de los estadios
E L M A N IFIEST O D E LA FILOSOFIA 171

En todo caso, los animales del fuego y el argumento entero


tienen que proceder de un dilogo. Es imposible referir el pasaje
de Apuleyo a los insectos de los que se dice que vuelan a travs
del fuego en la Historia de los Anim ales, aunque as lo hagan los
comentaristas, porque el punto esencial que se requiere para el
argumento del D e la Filosofa, a saber, que los animales nacen
en el fuego y pasan su vida entera en l, se encuentra slo en
Apuleyo y Filn, y no en la H istoria de los A nim ales. El pasaje
procede de la obra que utilizaban ms que cualquier otro escrito
de Aristteles los filsofos y doxgrafos helensticos.
Es posible mostrar cmo influy la forma original del argu
mento en la literatura sobre la eternidad del mundo provocada
por el D e la Filosofa. Podemos seguir paso a paso el proceso en
que esta literatura sac sus armas de la armera del dilogo. Ya
mencionamos en este orden de cosas la obra sobre la eternidad
del mundo atribuida tradicionalmente a Filn, que no slo se
sir^e de Aristteles, sino tambin de otros buenos autores peripa
tticos como Teofrasto y Critolao. Desde la aparicin del libro
de Aristteles haban sobrevenido los estoicos con su doctrina de
que el mundo est sujeto a una continua destruccin y regene-
ha desaparecido, por desgracia, de los manuscritos), mientras que la atms
fera se extiende muy por encima de l, "desde las vueltas ms bajas de la
luna hasta el pico ms alto del Olimpo . Esta regin no puede carecer abso
lutamente de habitantes. Adems, el autor, a fin de obtener los cuatro
elementos estoicos en \ez de los cinco de Aristteles, considera los animales
del fuego y los astros como siendo unos y otros moradores de! fuego. Su
nica concesin a Aristteles es separar el ter, no como un elemento ms,
sino simplemente como el nivel superior y ms puro del fuego. Esta barroca
mezcla de angelologa, observacin emprica y pensamiento cientfico exacto
corresponde, a mi parecer, a Posidonio, sugerido ya como fuente de Apuleyo
por Rathke (D e A p u lei quem scripsit de deo Socratis libello, p. 32; tesis,
Berln, 19 11). Pero Rathke dej de advertir que Posidonio hace uso del
dilogo De la Filosofa en su argumento y lo combina con el Epinom is. El
bello libro de Reinhardt sobre Posidonio (Munich, 1921) me parece dema
siado escptico en punto al elemento religioso y mtico del pensamiento del
filsofo; por ejemplo, niega errneamente que creyese en animales del fuego.
En la actualidad subestimamos la influencia de la Academia antigua y del
primer Aristteles sobre Posidonio y los estoicos en general. El hecho de
que en los Doxgrafos* 432, 4, slo se atribuyan cuatro gneros de seres vivos
as a Platn como a Aristteles es simplemente una de las muchas confu
siones de aquella sabidura de manual (cf. Diels en los Proleg., p. 64).
V IA JE S

racin, y la concepcin peripattica requera que se la defen


diese frente a los contraargumentos del prtico. A causa de la
presencia de este ingrediente estoico en el autor, que vivi hacia
los comienzos de la era cristiana y comparta la tendencia de su
tiempo a armonizar Platn y Aristteles, result grandemente
alterada la forma de los argumentos, de los que se sirve sin
mencionar a su creador, y no tenemos justificacin alguna para
atribuir a Aristteles todo cuanto se encuentra en los fragmentos.
Por otra parte, exactamente as como omite los animales del
fuego en Apuleyo y Filn, omite Rose en la presente obra un
argumento que, si no aristotlico l mismo, est empero formu
lado en palabras tomadas al argumento zoognico de Arist
teles para emplear la expresin del Epinom is. Mientras que,
segn nuestra hiptesis, arguye Aristteles la existencia de las
almas de los astros en el ter por analoga con las criaturas vi
vientes de los elementos conocidos, el Pseudo-Filn toma esto por
supuesto y convierte el argumento en un argumento contra la
transitoriedad del mundo. Si ha de llegar un da en que des
aparezcan las criaturas vivientes que se mantienen en las regiones
de los varios elementos, tanto las de la tierra como las del agua,
las del aire como las del fuego (jcuQyova), se sigue por analoga
(xat'vaXoYav) que tambin estn condenados a la destruccin
los cielos, el sol, la luna y todas las estrellas (esto es, los seres
vivos del ter). Pero esto entra en conflicto con su divinidad,
con la que se mantiene en pie o sucumbe su eternidad.48 Es
evidente que aqu tenemos una amalgama de dos clsicos argu
mentos procedentes del D e la Filosofa de Aristteles. La infe
rencia de la eternidad del cielo partiendo de su divinidad se
aplica mecnicamente a todos los cuerpos celestes. (Por obra de
una imitacin verbal del pasaje en que Aristteles llama al cielo
este gran dios visible 49 se les describe como este grande y
bienaventurado ejrcito de dioses visibles adorados desde anti
guo , 6 xoo