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Cuentos Navideños

Cuentos navideños para niños(a) de diversas edades con dibujos para pintar. Ayuda en la lectura de finalización de año y les aporta a la magia navideña en la etapa final de año escolar.
Derechos de autor
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Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
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Cuentos Navideños

Cuentos navideños para niños(a) de diversas edades con dibujos para pintar. Ayuda en la lectura de finalización de año y les aporta a la magia navideña en la etapa final de año escolar.
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El cuento navideo del

reno Rudolph

rase una vez un reno


llamado Rudolph que, por haber
nacido con una curiosa y
peculiar nariz roja, grande y
brillante, caminaba solitario por
el mundo. Los dems renos se
burlaban de Rudolph todo el
tiempo,
con
frases
como
pareces un payaso, tienes una
manzana en la nariz Rudolph
se senta muy avergonzado y
cada da se alejaba ms de la
gente. Su familia senta mucha pena por l.
Las bromas sobre la nariz de Rudolph eran tan molestas y constantes que
Rudolph acab apartndose de todos. Viva triste, encerrado en su casa,
sumamente deprimido. Con el apoyo de sus padres, Rudolph decidi
abandonar el pueblo adonde viva y empez a caminar sin rumbo durante das,
meses, aos...
Se acercaba la Navidad y Rudolph segua solo por su camino. Pero una noche,
en vspera navidea, en que las estrellas brillaban ms que en otros das en el
cielo, Pap Noel preparaba su trineo, como todos los aos. Contaba y alineaba
los 8 renos que tiran de su trineo para llevar regalos a todos los nios del
mundo. Santa Claus ya tena todo preparado cuando de repente una enorme y
espesa niebla cubri toda la tierra.
Desorientado y asustado, Pap Noel se preguntaba cmo lograran volar el
trineo si no conseguan ver nada. Cmo encontraran las chimeneas?, Dnde
dejaran los regalos? A lo lejos, Santa Claus vio una luz roja y brillante y
empez a seguirla con su trineo y renos. No consegua saber de qu se
trataba, pero a medida que se acercaban, llevaran una enorme sorpresa. Era
el reno Rudolph! Sorprendido y feliz, Pap Noel pidi a Rudolph que tirara l
tambin de su trineo. El reno no poda crerselo. Lo acept enseguida y con su
nariz iluminaba y guiaba a Santa por todas las casas con nios del mundo.

Y fue as como Pap Noel consigui entregar todos los regalos en la noche de
Navidad, gracias al esfuerzo y la colaboracin del reno Rudolph. Sin su nariz
roja, los nios estaran sin regalos hasta hoy. Rudolph se convirti en el reno
ms querido y ms admirado por todos. Un verdadero hroe!
FIN

Cuento navideo para nios de Dickens

Ebenezer Scrooge era un empresario y su nico socio, Marley, haba


muerto. Scrooge era una persona mayor y sin amigos. l viva en su mundo,
nada le agradaba y menos la Navidad, deca que eran paparruchas. Tena una
rutina donde haca lo mismo todos los das: caminar por el mismo lugar sin que
nadie se parara a saludarlo.
Era vspera de Navidad, todo el mundo estaba ocupado comprando regalos y
preparando la cena navidea. Scrooge estaba en su despacho como siempre
con la puerta abierta viendo a su escribiente, que pasaba unas cartas en
limpio, y de repente lleg su sobrino desendole felices navidades, pero este
no lo recibi de una buena manera sino al contrario, su sobrino le invit a
pasar la noche de Navidad con ellos, pero l lo despreci diciendo que eso eran
paparruchas. Su escribiente llamado Bob Cratchit segua trabajando hasta
tarde aunque era noche de Navidad, Scrooge le dijo un da despus de Navidad
tendra que llegar mas temprano de lo acostumbrado para reponer el da
festivo.
Scrooge viva en un edificio fro y lgubre como l. Cuando ya restaba en su
cuarto algo muy raro pas: un fantasma se le apareci, no haba duda de quien
era ese espectro, no lo poda confundir, era su socio Jacobo Marley le dijo que
estaba ah para hacerlo recapacitar de cmo viva porque ahora l tena que
sufrir por la vida que haba tenido anteriormente. Le dijo que en las siguientes
noches vendra 3 espritus a visitarlo.
En la primera noche, el primer espritu lleg, era el espritu de las navidades
pasadas, ste lo llevo al lugar donde l haba crecido y le ense varios
lugares y navidades pasadas, cuando l trabajaba en un una tienda de

aprendiz; otra ocasin donde estaba en un cuarto muy slo y triste y tambin
le hace recordar a su hermana, a quien quera mucho.
A la segunda noche el esperaba al segundo espritu. Hubo una luz muy grande
que provena del otro cuarto, Scrooge entro en l, las paredes eran verdes y
haba miles de platillos de comida y un gigante con una antorcha
resplandeciente, era el espritu de las navidades presentes. Ambos se
transportaron al centro del pueblo donde se vea mucho movimiento: los
locales abiertos y gente comprando cosas para la cena de Navidad. Despus lo
llevo a casa de Bob Cratchit y vio a su familia y lo felices que eran a pesar de
que eran pobres y que su hijo, el pequeo Tim estaba enfermo. Finalmente lo
lleva a la casa de su sobrino Fred donde vio como gozaban y disfrutaban todos
de la noche de Navidad comiendo riendo y jugando. Despus de esto regres a
su cuarto.
A la noche siguiente, esperaba al ltimo espritu, pero este era oscuro y nunca
le lleg a ver la cara. Era el espritu de las navidades futuras, quien le mostr
en la calles que la gente hablaba que alguien se haba muerto. Despus lo
llev a un lugar donde estaban unas personas vendiendo las posesiones del
seor que haba muerto, y tambin le ense la casa de su empleado Bob
donde pudo ver que su hijo menor haba muerto y que todos estaban muy
tristes. Por ltimo, lo llev a ver cadver de este hombre que estaba en su
cama tapado con una sabana, y al final, le descubri quien era el seor que
haba muerto Era l mismo, Ebenezer Scrooge.
Cuando el despert se dio cuenta que todo haba sido un sueo y que ese da
era da de Navidad, se despert con mucha alegra, le dijo a un muchacho que
vio en la calle que fuera y comprara el pavo mas grande y que lo mandara a la
casa de Bob Cratchit. Sali con sus mejores galas muy feliz porque poda
cambiar y se dirigi a casa de su sobrino, al llegar lo salud y le dijo que haba
ido a comer y estuvo con ellos pasndosela muy bien. Al da siguiente en la
maana le dio a su trabajador un aumento y desde entonces fue un buen
hombre a quien todos queran. El hijo menor de Bob, el pequeo Tim, grita
contento. Y que Dios nos bendiga a todos!
FIN

El rbol de Navidad
rase una vez, hace mucho tiempo, una isla en la que haba un
pueblecito. En ese pueblecito viva una familia muy pobre. Cuando
estaba prxima la Navidad, ellos no saban como celebrarla sin dinero.
Entonces el padre de la familia empez a preguntarse cmo poda ganar
dinero para pasar la noche de Navidad compartiendo un pavo al horno
con su familia, disfrutando de la velada junto al fuego.
Decidi que ganara algo de dinero vendiendo rboles de Navidad. As, al
da siguiente se levant muy temprano y se fue a la montaa a cortar
algunos pinos.

Subi a la montaa, cort cinco pinos y


los carg en su carroza para venderlos
en el mercado. Cuando slo quedaban
dos das para Navidad, todava nadie le
haba comprado ninguno de los pinos.
Finalmente, decidi que puesta que
nadie le iba a comprar los abetos, se los
regalara a aquellas personas ms
pobres que su familia. La gente se
mostr muy agradecida ante el regalo.
La noche de Navidad, cuando regres a su casa, el hombre recibi una
gran sorpresa. Encima de la mesa haba un pavo y al lado un arbolito
pequeo.
Su esposa le explic que alguien muy bondadoso haba dejado eso en su
puerta. Aquella noche el hombre supo que ese regalo tena que haber
sido concedido por la buena obra que l haba hecho regalando los
abetos que cort en la montaa.

La nia de los fsforos


Qu fro tan atroz! Caa la nieve, y la noche se vena encima. Era el da
de Nochebuena. En medio del fro y de la oscuridad, una pobre nia pas por la
calle
con
la
cabeza
y
los
pies
desnuditos.
Tena, en verdad, zapatos cuando sali de su casa; pero no le haban servido
mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya haba usado:
tan grandes, que la nia las perdi al apresurarse a atravesar la calle para que
no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.
La nia caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y
azules del fro; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de
cajas de fsforos y tena en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal
da: ningn comprador se haba presentado, y, por consiguiente, la nia no
haba ganado ni un cntimo. Tena mucha hambre, mucho fro y muy msero
aspecto. Pobre nia! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos

rubios, que le caan en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en


sus cabellos. Vea bullir las luces a travs de las ventanas; el olor de los asados
se perciba por todas partes. Era el da de Nochebuena, y en esta festividad
pensaba
la
infeliz
nia.
Se sent en una plazoleta, y se acurruc en un rincn entre dos casas. El fro
se apoderaba de ella y entumeca sus miembros; pero no se atreva a
presentarse en su casa; volva con todos los fsforos y sin una sola moneda. Su
madrastra la maltratara, y, adems, en su casa haca tambin mucho fro.
Vivan bajo el tejado y el viento soplaba all con furia, aunque las mayores
aberturas haban sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban
casi yertas de fro. Ah! Cunto placer le causara calentarse con una cerillita!
Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse
los dedos! Sac una. Rich! Cmo alumbraba y cmo arda! Despeda una
llama clara y caliente como la de una velita cuando la rode con su mano.
Qu luz tan hermosa! Crea la nia que estaba sentada en una gran chimenea
de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latn reluciente.
Arda el fuego all de un modo tan hermoso! Calentaba tan bien!
Pero todo acaba en el mundo. La nia extendi sus piececillos para calentarlos
tambin; ms la llama se apag: ya no le quedaba a la nia en la mano ms
que un pedacito de cerilla. Frot otra, que ardi y brill como la primera; y all
donde la luz cay sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La
nia crey ver una habitacin en que la mesa estaba cubierta por un blanco
mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y
relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. Oh sorpresa! Oh felicidad!
De pronto tuvo la ilusin de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento
con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus
piececitos. Pero la segunda cerilla se apag, y no vio ante s ms que la pared
impenetrable
y
fra.
Encendi un nuevo fsforo. Crey entonces verse sentada cerca de un
magnfico nacimiento: era ms rico y mayor que todos los que haba visto en
aquellos das en el escaparate de los ms ricos comercios. Mil luces ardan en
los arbolillos; los pastores y zagalas parecan moverse y sonrer a la nia. Esta,
embelesada, levant entonces las dos manos, y el fsforo se apag. Todas las
luces del nacimiento se elevaron, y comprendi entonces que no eran ms que
estrellas. Una de ellas pas trazando una lnea de fuego en el cielo.
-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pens la nia; porque su abuelita,
que era la nica que haba sido buena para ella, pero que ya no exista, le
haba dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube
hasta
el
trono
de
Dios".

Todava frot la nia otro fsforo en la pared, y crey ver una gran luz, en
medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.
-Abuelita!- grit la nia-. Llvame contigo! Cuando se apague el fsforo, s
muy bien que ya no te ver ms! Desaparecers como la chimenea de hierro,
como
el
ave
asada
y
como
el
hermoso
nacimiento!
Despus se atrevi a frotar el resto de la
caja, porque quera conservar la ilusin de
que vea a su abuelita, y los fsforos
esparcieron una claridad vivsima. Nunca
la abuela le haba parecido tan grande ni
tan hermosa. Cogi a la nia bajo el brazo,
y las dos se elevaron en medio de la luz
hasta un sitio tan elevado, que all no
haca fro, ni se senta hambre, ni tristeza:
hasta
el
trono
de
Dios.
Cuando lleg el nuevo da segua sentada
la nia entre las dos casas, con las mejillas
rojas y la sonrisa en los labios. Muerta, muerta de fro en la Nochebuena! El
sol ilumin a aquel tierno ser sentado all con las cajas de cerillas, de las cuales
una
haba
ardido
por
completo.
-Ha

querido

calentarse

la

pobrecita!-

dijo

alguien.

Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que haba visto, ni en medio de qu
resplandor haba entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos .

LA ESTRELLITA DE BELN

De entre todas las estrellas que brillan en el cielo, siempre


haba existido una ms brillante y bella que las dems. Todos
los planetas y estrellas del cielo la contemplaban con
admiracin, y se preguntaban cul sera la importante misin
que deba cumplir. Y lo mismo haca la estrella, consciente de su incomparable
belleza.
Las dudas se acabaron cuando un grupo de ngeles fue a buscar a la gran
estrella:
- Corre. Ha llegado tu momento, el Seor te llama para encargarte una
importante misin.
Y ella acudi tan rpido como pudo para enterarse de que deba indicar el
lugar en que ocurrira el suceso ms importante de la historia.
La estrella se llen de orgullo, se visti con sus mejores brillos, y se dispuso a
seguir a los ngeles que le indicaran el lugar. Brillaba con tal fuerza y belleza,
que poda ser vista desde todos los lugares de la tierra, y hasta un grupo de
sabios decidi seguirla, sabedores de que deba indicar algo importante.
Durante das la estrella sigui a los ngeles, indicando el camino, ansiosa por
descubrir cmo sera el lugar que iba a iluminar. Pero cuando los ngeles se
pararon, y con gran alegra dijeron Aqu es, la estrella no lo poda creer. No

haba ni palacios, ni castillos, ni mansiones, ni oro ni joyas. Slo un pequeo


establo medio abandonado, sucio y maloliente.
- Ah, no! Eso no! Yo no puedo desperdiciar mi brillo y mi belleza alumbrando
un lugar como ste! Yo nac para algo ms grande!
Y aunque los ngeles trataron de calmarla, la furia de la estrella creci y
creci, y lleg a juntar tanta soberbia y orgullo en su interior, que comenz a
arder. Y as se consumi en s misma, desapareciendo.
Menudo problema! Tan slo faltaban unos das para el gran momento, y se
haban quedado sin estrella. Los ngeles, presa del pnico, corrieron al Cielo a
contar a Dios lo que haba ocurrido. ste, despus de meditar durante un
momento, les dijo:
- Buscad y llamad entonces a la ms pequea, a la ms humilde y alegre de
todas las estrellas que encontris.
Sorprendidos por el mandato, pero sin dudarlo, porque el Seor sola hacer
esas cosas, los ngeles volaron por los cielos en busca de la ms diminuta y
alegre de las estrellas. Era una estrella pequesima, tan pequea como un
granito de arena. Se saba tan poca cosa, que no daba ninguna importancia a
su brillo, y dedicaba todo el tiempo a rer y charlar con sus amigas las estrellas
ms grandes. Cuando lleg ante el Seor, este le dijo:
- La estrella ms perfecta de la creacin, la ms maravillosa y brillante, me ha
fallado por su soberbia. He pensado que t, la ms humilde y alegre de todas
las estrellas, seras la indicada para ocupar su lugar y alumbrar el hecho ms
importante de la historia: el nacimiento del Nio Dios en Beln.
Tanta emocin llen a nuestra estrellita, y tanta alegra sinti, que ya haba
llegado a Beln tras los ngeles cuando se dio cuenta de que su brillo era
insignificante y que, por ms que lo intentara, no era capaz de brillar mucho
ms que una lucirnaga.
Claro, se dijo. Pero cmo no lo habr pensado antes de aceptar el encargo.
Si soy la estrella ms pequea! Es totalmente imposible que yo pueda hacerlo
tan bien como aquella gran estrella brillante... Que pena! Mira que ir a
desaprovechar una ocasin que envidiaran todas las estrellas del mundo....
Entonces pens de nuevo todas las estrellas del mundo. Seguro que
estaran encantadas de participar en algo as! Y sin dudarlo, surc los cielos
con un mensaje para todas sus amigas:
"El 25 de diciembre, a medianoche, quiero compartir con vosotras la mayor
gloria que puede haber para una estrella: alumbrar el nacimiento de Dios! Os
espero en el pueblecito de Beln, junto a un pequeo establo."
Y efectivamente, ninguna de las estrellas rechaz tan generosa invitacin. Y
tantas y tantas estrellas se juntaron, que entre todas formaron la Estrella de
Navidad ms bella que se haya visto nunca, aunque a nuestra estrellita ni
siquiera se la distingua entre tanto brillo. Y encantado por su excelente
servicio, y en premio por su humildad y generosidad, Dios convirti a la
pequea mensajera en una preciosa estrella fugaz, y le dio el don de conceder
deseos cada vez que alguien viera su bellsima estela brillar en el cielo.

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