Mecánica del Movimiento de Traslación del perro
Prof. Werner F. Kirschbaum [Link].A.
Importancia de su conocimiento: Para la eficiente evaluación visual,
morfológica y juzgamiento del perro por medio de la apreciación correcta
de la estructura en el movimiento.
Es fácil comprender que la función por la cual ha sido seleccionado un perro, producirá un tipo
definido representado por la estructura, producto del movimiento que debe practicar para
cumplir con su función.
De manera que entendemos que la estructura de un perro de caza será diferente
a un galgo debido a que los movimientos que realicen serán distintos. Lo mismo
ocurre entre los perros de caza, un Pointer que trabaja a la carrera, tendrá una
estructura distinta a un Kurzhaar que caza a un galope lento. Igualmente sucede
si comparamos la diferencia de estructura entre ambos galgos, un Saluki y un
Afgano. El primero debe correr sobre la arena y por lo tanto será de carpos y
tarsos más largos. El segundo corre sobre terreno pétreo y quebrado, que le
producirá una grupa caída y angulaciones características, necesarias para trepar
y descender a toda velocidad.
Resumiendo: Función del perro —> Movimiento —> Estructura —> Tipo
Siendo, por lo tanto, la estructura producto del movimiento, la misma debe juzgarse en
movimiento. Además, jamás un perro adopta como posición cómoda el quedarse parado. Si lo
hace, es porque algo le llama la atención, pero por un breve instante. Si observamos las
posiciones que adopta un perro durante el día, lo encontramos o bien en movimiento o, la
mayor parte del día, echado. La posición del perro, obligado varios minutos a la posición de
“stay”, tan practicada en las exposiciones, entra dentro de la calificación de desagradable e
incómoda para el mismo, y como una forma de agresión y crueldad hacia el perro.
De manera que debemos dejar mover al perro, para evaluar eficientemente el movimiento en
su traslación, y reconocer el movimiento típico de la raza, consecuente de su función que
producirá su tipo.
Si nos encargaran construir una perfecta máquina de traslación, por supuesto no la haríamos
de cuatro patas. Las ruedas han demostrado ser mucho más eficientes y alcanzar mayores
velocidades que un sistema de extremidades. Pero el perro resultó ser inevitablemente un
cuadrúpedo por su origen y evolución.
Considerando el problema, primeramente tenemos que pensar y llegar a la conclusión de cómo
está construida una máquina perfecta de traslación de un cuadrúpedo, para poder considerar
un modelo que nos permita reconocer las distintas fases del mismo.
Si la estructura del perro estuviera exclusivamente diseñada para la propulsión, el
problema de su estructura se simplificaría mucho. Pero resulta que la estructura
del antecesor del perro, el lobo, estuvo seleccionada para que pudiera realizar
múltiples funciones necesarias para sobrevivir, como cavar, enroscarse, etc., que
en parte se contradicen entre sí. Ello hace que siempre ante una estructura
polifuncional y polifacética, cualquier función u operación que realice el animal,
se encuentre ante una solución de compromiso. El perro heredó del lobo todo
esto. Por lo tanto su estructura no es la ideal para un cuadrúpedo, si
consideramos exclusivamente una función mecánica de movimiento de traslación.
Sin lugar a dudas, otro inconveniente para la formación de una estructura perfecta para esta
finalidad, es que el perro, como todo vertebrado, procede de la evolución de los mismos. Esa
evolución le produjo todas las ventajas para las operaciones multifacéticas que debe realizar,
pero también los inconvenientes para no ser una máquina perfecta del movimiento de un
cuadrúpedo.
Los vertebrados originales eran los peces y su propulsión se realizaba como aún lo hacen los
mismos en el agua, moviendo la cola en forma lateral y horizontal, con un continuo ida y vuelta
o bien verticalmente, en un sube y baja, como lo hacen delfines y ballenas. Las aletas laterales
cumplen funciones, exclusivamente direccionales. En ambos tipos de peces, la columna
vertebral debe estar formada por vértebras articuladas y móviles, para posibilitar la acción de
propulsión. Con una columna rígida esta acción sería imposible. La columna vertebral en estas
condiciones no posee problemas de sostén, puesto que inmerso en un medio líquido, el mismo
le hace de soporte, prácticamente como un estado de ingravidez, sin afectarle el peso del
cuerpo.
Fig. 1
En algún momento de la evolución, sucede que algunos peces deben modificarse al disminuir
la cantidad de agua en el ambiente y tener que sobrevivir en el barro transformándose en
anfibios. (Fig. 1) Otro paso posterior, es transformarse en reptiles donde las cuatro aletas
laterales direccionales, deben modificarse en miembros de propulsión para moverse en un
medio más sólido, y donde esa columna propulsora pierde sobre el suelo firme su utilidad
original. Por supuesto a los reptiles, esas patas rudimentarias que han desarrollado, sólo le
sirven para caminar trechos cortos, pero no para sostener continuamente el cuerpo que debe
casi siempre estar apoyado al suelo. Con una presión selectiva para sobrevivir en medios
distintos, a través de miles de años, llegamos a nuestros cuadrúpedos de patas más largas con
posibilidades de sostenerse sobre sus extremidades y de ejercer velocidad y aguante de
movimientos sobre el terreno firme. Ya la ingravidez del agua no sostiene a la columna. Ella se
debe sostener por sí misma, dependiendo para ello de su buena ubicación y construcción.
También tendrá incidencia una buena estructuración de sus miembros manifestada en
angulaciones y aplomos, ayudada por una firme musculatura dorsolumbar.
De manera que como resultado de esta evolución obtenemos un animal con dos miembros
anteriores articulados y otro par de miembros posteriores a su vez articulados, unidos a una
columna vertebral, que posibilitan que los movimientos posteriores se trasladen a los anteriores
y viceversa.
Las analogías de estructura entre un esqueleto de caballo y un esqueleto humano son
sorprendentes
y se explican por un origen ancestral común. American Museum of Natural History, Nueva York
Fig. 2.
En la Fig. 2 observamos los esqueletos comparativos del caballo y del hombre en acción. Es el
mismo esqueleto con modificaciones sobre todo en el largo de los huesos, lo que le da distintas
posibilidades en sus movimientos. El caballo, con una columna más firme, se apoya en el suelo
con sus cuatro patas casi como una mesa. Se propulsa con sus cuatro patas, lo cual le da
mucho más eficiencia que el humano para ello. El humano, en cambio, se transforma en bípedo
comprometiendo en forma crítica a su columna, especialmente en su parte lumbar,
dependiendo mucho más de su musculatura en esa zona. Pero sus manos libres para
utilizarlas con herramientas, le permitieron al hombre aprovechar al caballo como medio de
transporte.
Fig. 3.
Sobresimplificando, consideremos a un cuadrúpedo como un cuadrado, la mitad
superior constituida por el cuerpo y la otra abarcada por el largo de las
extremidades. (Fig. 3).
De tal forma, podemos desarrollar una máquina perfecta en su mecánica de traslación y
referirla a un cuadrúpedo de patas de la profundidad de su tronco. Observemos con este
modelo que las mismas pueden extenderse con un máximo de 90º de amplitud. De esta
manera a su vez, las patas delanteras no interfieren con las traseras. Si esta extensión fuera
mayor, le quitaría balance y sostén al sistema y la recuperación de cada extremidad, cuando
debe volver a su posición de apoyo, sería más difícil. Como vemos en la figura, estos 90º son
los máximos deseados, porque con este sistema el modelo llega a abarcar el mayor terreno
posible.
Si tomamos en cuenta las cuatro patas podemos observar en la misma figura que el avance de
la parte trasera izquierda produce el equivalente de la mano delantera derecha. Es decir, se
trata de un avance con extremidades en diagonal.
Mientras la pata trasera es motriz en un lado, la mano delantera del mismo lado entra en
período de recuperación colgante como un péndulo.
A su vez en la otra faz, donde la pata trasera entra en período motriz y la mano delantera
correspondiente actúa en recuperación colgante.
Mientras en un lado una pata es motriz su mano se recupera, en el otro lado sucede a la
inversa y así sucesivamente. Cuando una pata entra en período motriz, su mano diagonal entra
a su vez en el mismo proceso. Por lo tanto, en el trote el perro está apoyando y moviendo dos
miembros contrarios, en forma diagonal, lo cual le da la estabilidad necesaria. Siempre en el
tren trasero hay una pata que apoya y una mano delantera en forma diagonal que hace lo
mismo, manteniendo el cuerpo su horizontalidad necesaria para la eficiencia del movimiento,
mientras la otra pata y mano se recuperan colgadas de sus articulaciones.
Fig. 4.
En el esquema que le sigue (Fig. 4), si tomamos en cuenta el miembro trasero y
delantero motriz marcando los 90º vemos que, en cada paso de trote el cuerpo
avanza exactamente una distancia equivalente al largo de un cuerpo. Es el
máximo de avance que puede realizar un perro con su sistema mecánico
representado en las correspondientes figuras.
Si observamos en el esquema el pasaje del cuerpo desde A a B, y lo representamos en etapas
idénticas, sucesivas desde A pasando por A’, A’’, A’’’ hasta B, confirmamos que en cada etapa
el cuerpo avanza exactamente un cuerpo.
Saliendo del esquema, vayamos ahora a la figura articulada de manos y patas del perro.
Lo primero que debemos observar es el arco (cóncavo respecto de la horizontal) que se
produce, como consecuencia de la articulación. Esto tiene un sentido importantísimo para el
movimiento. Si el miembro no estuviese articulado y fuese rígido, el largo propio de la
extremidad haría que, al trasladarse, el cuerpo se elevase y descendiese a cada paso,
produciendo una elevación que sería equivalente a un arco opuesto (convexo) al que se ve en
la figura. De este modo el perro se movería en un sube y baja formando una curva cada vez
que apoya hasta dejar de hacerlo. Esto resultaría de un esfuerzo mecánico negativo. El mover
el cuerpo hacia arriba, cada vez que quiere ir hacia adelante, no tiene sentido. La forma de
evitar que el cuerpo ejerza un arco hacia arriba, cada vez que apoya sus miembros hasta que
termine su propulsión, consiste en articular las palancas de manera que las mismas produzcan
un arco inverso al realizado por esquema original (Fig. 4), según puede observarse en la figura
siguiente (Fig. 5):
Fig. 5.
De lo anterior, podríamos inferir que todo perro que no se mueve en una línea perfectamente
horizontal posee algún tipo de problema en las articulaciones de sus miembros.
Habiendo entendido el proceso mecánico elemental, veamos como podemos valorar la
estructura y observarla directamente en un perro. En primer lugar, observemos que nuestro
modelo elemental posee un cuerpo rígido, lo cual indicaría que la columna sería totalmente
inmóvil. Pero sabemos que esto no es así, y no es posible ya que le quitaría a la misma el
desarrollo de otras funciones. Sin embargo, comprendimos que para el movimiento la rigidez de
la columna es de una enorme ventaja. La misma solamente puede adquirirse por una
conformación apropiada y una correcta musculatura. Esta importancia fue científicamente
comprobada por experiencias del Karolinska Institute de Estocolmo, Suecia. Colocando un
perro en un andador sinfin, marcando las articulaciones y filmando con video en cámara lenta
observaron que la firmeza de columna ofrecía una gran ventaja en su traslación. Llamó
poderosamente la atención, que perros que no poseían buenas estructuras en sus
extremidades, rendían sorpresivamente bien en su movimiento debido exclusivamente a la
rigidez de su columna. Concluyeron por lo tanto, que cuando se selecciona por movimiento, la
primera prioridad debe ser la firmeza de columna. Por lo tanto, cuanto más rígida se muestre
esta columna, menor será el problema de trasladar un fuerte empuje trasero hacia adelante.
Esto nos lleva a un segundo problema. El tren delantero recibe todo ese empuje. Su primer
problema es atajarlo con su mano delantera. Recibe esa mano, más del 60% del peso del
cuerpo. Debe atajarlo y sostenerlo firmemente y además arrastrarlo y tirarlo hacia adelante.
Debemos tomar en cuenta que el tren delantero no está encajado como el fémur, articulado al
coxis. El tren delantero sostiene al tórax con sus ligamentos como si fuese una hamaca
paraguaya, por lo tanto no tiene la firmeza que posee el tren trasero, es decir, el tren anterior es
mucho más crítico para el desarrollo de un correcto movimiento que el posterior.
Las conclusiones a las que llegaron los suecos con sus experimentos, fueron las de crear
prioridades en la selección para mejorar la estructura del perro:
1ª prioridad: Firmeza de la línea superior, debido a una buena conformación de la
columna y adecuada musculatura en la región dorsal. Esta condición es fundamental
para que el perro se mueva en una línea horizontal constante para su máximo
rendimiento.
2ª prioridad: Firmeza en la articulación entre el tren anterior y el tórax. La amplitud del
alcance de la articulación delantera debe ser igual a la trasera. Así, todo el empuje
recibido de atrás es tirado hacia adelante con una tracción equivalente, y para ello se
entiende que la angulación delantera debe ser igual a la trasera. Si ello no sucede se
debe a que el húmero y la escápula correspondientes son cortos, no permitiendo una
angulación igual a la trasera. Por lo tanto, para solucionar este problema, se deben
seleccionar ejemplares con ambos huesos más largos.
3ª prioridad: El tren trasero debe tener una buena angulación para que exista un buen
empuje. Hemos visto que ello no es de gran utilidad, si no se cumplen las primeras dos
prioridades. Esto está altamente condicionado a la longitud y posición de la grupa,
fácilmente visualizables en la región del muslo: cuanto mayor es el tamaño del muslo,
mayores son las posibilidades de una buena angulación trasera.
Las Figuras 6 y 7 nos permiten, sobre dibujos con perros ideales en la estructura de su raza,
observar su eficiencia en el trote. Allí vemos que el Rottweiler llega a un 76,68% y el
Dachshund a 84,16 % mientras que con la fotografía de un Ovejero alemán observamos que
llega a un 100%. La ventaja del ovejero alemán es que está especialmente seleccionado para
su eficiencia en el trote. Las razas anteriores apuntan a no ser tan unilaterales.
Qué posibilidades tenemos para apreciar estas cualidades en forma visual y morfológica. Por
supuesto, no creo que exista la más remota probabilidad de apreciar esto en un perro en forma
estática, por más espectacular que resulte su “stay”. Nadie posee una visión radiográfica.
Tampoco se aprecia mucho pasando las manos por las distintas zonas de su cuerpo. Además,
no es posible juzgar la firmeza de una línea superior en un animal inmóvil. Lo mismo sucede
con su alcance y arrastre delantero e incluso el empuje trasero. Todo esto lo podemos apreciar
en un perro moviéndose en su mayor soltura, al trote.
Friederum Stockmann, gran criadora de perros Boxer, del famoso kennel “vom
Dom”, en su libro pionero sobre la construcción del perro, afirmó ya antes de la
segunda guerra mundial lo siguiente: “en el buen rendimiento del trote del
perro, se reconoce una buena espalda, una grupa fuerte y larga, con una
unión firme con la línea superior y buenas angulaciones. El trote muestra
las cualidades o faltas de la totalidad del cuerpo del perro, en forma mucho
mayor que cualquier otro andar o posición del mismo”.
Walter Martin, el gran criador alemán de ovejeros alemanes del kennel “von der Wienerau”, y
mejor juez de todos los tiempos del ovejero alemán, me manifestó que de las enseñanzas
personales de la propia Friederum Stockmann y de sus escritos, basó todos los sistemas de
selección y mejoramiento de sus perros que le produjeron tantos éxitos. Además los utilizó
siempre en sus excelentes juzgamientos de la raza.
Si reconocemos que el movimiento del trote es la mejor forma de evaluación de la estructura
del perro, nos queda el problema de saber mirar un perro en movimiento para su juzgamiento.
Para llegar a ello, habrá que contar con el suficiente talento, mentalizar la teoría existente, y
recurrir a muchas horas de observación y aprendizaje.
Fig. 6.
En las diferentes figuras de un Rottweiler representamos con imágenes su eficiencia en el
desplazamiento, que no es de un 100% debido a que un Rottweiler no está exclusivamente
seleccionado para un máximo rendimiento en el trote.
La prohibición del corte de cola en el Rottweiler mejorará, según manifestó el juez
especialista alemán de la raza, Helmut Weiler, la estructura de su tren trasero y
dará una mayor firmeza en la línea superior. El corte original de la cola le ha
provocado al Rottweiler un implante de cola alto, con consecuente grupa alta,
caída, y por lo tanto, corta. Como resultado de ello, el perro moverá el trasero de
izquierda a derecha, compensando la falta de posibilidad de alcance de sus
miembros posteriores. Esto hará que la región lumbar se resienta cediendo
durante el movimiento.
Con el objeto de buscar, forzosamente, un mejor posicionamiento de la cola,
habrá que seleccionar grupas más largas que beneficiarán su movimiento trasero.
Fig. 7.
Más complicada es la estructura de un Dachshund, que en un dibujo idealizado tampoco puede
realizar una eficiencia de un 100%. Pero es interesante simplemente con este esquema
reafirmar lo que dicen los alemanes, que un Dachshund es y debe ser, siempre, un perro
cuadrado de patas cortas. Pero observemos que no tiene más remedio que poseer ambas
angulaciones, trasera y delantera, sobreanguladas. Jamás debe ser largo, pues si lo fuera,
como lo seleccionan algunos criadores, su eficiencia en el movimiento se vería sumamente
comprometida.
Fig. 8.
Solamente el ovejero alemán, seleccionado estructuralmente para una máxima
eficiencia en el trote, alcanza el 100% en el mismo. Los ovejeristas en Alemania
lograron seleccionar un perro con una firme línea superior que transmita todo su
cuerpo con el máximo empuje trasero hacia delante, para luego con un tren
delantero con la máxima angulación delantera posible, nunca menor a la trasera,
ataje, recibiendo a todo el cuerpo del perro, en una de sus su manos, para tirarlo
hacia adelante como si fuese un carro. Para ello, además de lograr una firmeza
con una columna vertebral privilegiada, debieron alargar el húmero y la escápula
para lograr una angulación delantera de 90 grados.
Es notable cómo esta información tiene cada vez más difusión. Los jueces cada vez más en
sus juzgamientos empiezan a darle prioridad al movimiento. Hace poco en una exposición de la
VDH en Alemania con cerca de 5 mil perros, obtuvo el BIS un Kurzhaar, (Fig. 9) que además
de ser uno de los cinco mejores perros en las pruebas de caza, poseía una estructura notable y
se movía con mucha fluidez con pasos rendidores. Llamó la atención en este perro, que el
mismo se mostraba con una estructura mucho más cuadrada que los que generalmente se ven
en la raza. Probablemente, con el tiempo, todas las razas acortaran el largo de su lomo y
tendrán una grupa amplia y bien ubicada.
Kurzhaar actual .......................................Kurzhaar antiguo
Fig. 9.
Los perros dejarán de mostrarse exclusivamente en esa posición compulsiva y execrable de
“stay” y se moverán con libertad, permitiéndoles respirar, sin colgarlos ahogándolos con la
correa. Igualmente al mostrarlos parados, deberán hacerlo con naturalidad y la correa floja.
Recordemos lo que nos decía aquel gran criador y juez americano, Frank Sabella, cuando
decía que:- “todo perro que se lleva colgado en la pista, como suele ser frecuente en
Cocker americanos y Caniches, es porque tienen un problema en su tren delantero”.
También nos decía aquella gran criadora americana de Schnauzer miniatura, Carol
Weinberger, que el “stay” suele ser definitorio en muchos jueces americanos pues son pocos
los que saben evaluar y apreciar la estructura del perro en movimiento.
Como ya dijimos, cada vez más los jueces le están dando mayor prioridad al movimiento en el
juzgamiento de los perros. No es necesario moverlos mucho. Casi siempre con una vuelta de
trote un juez avezado puede definir al ganador. Por supuesto que esto es criticado, pues anula
el hecho de que el arte del “handling” permita disimular los defectos y enaltecer las cualidades.
Pero, en las exposiciones, debemos buscar el mejor perro y no la mejor presentación,
contrariamente a lo que opinan muchos.
Veremos que, con el tiempo, los perros de todas las razas se tornaran más cuadrados, tendrán
una línea superior muy firme, angulaciones traseras y delanteras iguales, con disminución de la
zona lumbar, alargamiento de la grupa y del húmero. Pues todas las razas de perros son
cuadrúpedos y necesitan una mecánica perfecta para su propulsión, con las diferencias lógicas
de las funciones específicas para cada raza.
Agradecimiento:
Al Lic. Claudio C. Pena por la corrección del texto y sus valiosas sugerencias en el mismo,
como así también en la diagramación y producción de gráficos.
Referencias:
Halberrstma, J.M.1983. The Stride Cycle of the Cat. Acta Physiol. Scand. 521: 1-75.
Friederum Stockmann. 1993. Vom Körperbau des Hundes. Gollwitzer Verlag. pp 253.
Westenberg, K. Mayo 1999. De las aletas a las patas. National Geographic, pp. 116-127