Annotation
Sala y Lorkun tratan de penetrar en lo
desconocido, atravesar la Puerta Dorada... Su
objetivo es alcanzar el orculo de Estpal y
obtener ayuda de los dioses. Pero ni siquiera
conocen la forma de abrir las puertas. El nuevo rey
Roselln Corvian, ya est sentado en el trono de
Vestigia y comienza su reinado de oscuridad.
Cumplir el nuevo rey el pacto por el que la reina
y sus ms allegados pueden salir de Vestigia
pacficamente? Podr Lorkun llegar al orculo de
Estpal atravesando la Puerta Dorada? Lograrn
reunir un poder capaz de oponerse al de Lasartes
para derrotar a Roselln?
ANTONIO
MORALES
El oraculo de Estepal
EVEREST
MARTIN
Sinopsis
Sala y Lorkun tratan de penetrar en lo
desconocido, atravesar la Puerta
Dorada... Su objetivo es alcanzar el
orculo de Estpal y obtener ayuda de
los dioses. Pero ni siquiera conocen la
forma de abrir las puertas. El nuevo rey
Roselln Corvian, ya est sentado en el
trono de Vestigia y comienza su reinado
de oscuridad. Cumplir el nuevo rey el
pacto por el que la reina y sus ms
allegados pueden salir de Vestigia
pacficamente? Podr Lorkun llegar al
orculo de Estpal atravesando la
Puerta Dorada? Lograrn reunir un
poder capaz de oponerse al de Lasartes
para derrotar a Roselln?
Autor: Martin Morales, Antonio
2014, EVEREST
ISBN: 9788444148274
Generado con: QualityEbook v0.75
El orculo de Estpal
La Horda del Diablo. Libro V
Ttulo original: El orculo de Estpal
Antonio Martn Morales, 2014
Ilustracin de portada: Mara Espejo
Sala y Lorkun tratan de penetrar en lo
desconocido, atravesar La Puerta Dorada... Su
objetivo es alcanzar el Orculo de Estpal y
obtener ayuda de los dioses. Pero ni siquiera
conocen la forma de abrir las puertas. El nuevo
Rey Roselln Corvian, ya est sentado en el trono
de Vestigia y comienza su reinado de oscuridad.
Cumplir el nuevo Rey el Pacto por el que la
reina y sus ms allegados pueden salir de Vestigia
pacficamente? Podr Lorkun llegar al Orculo de
Estpal atravesando la Puerta dorada? Lograrn
reunir un poder capaz de oponerse al de Lasartes
para derrotar a Roselln?
A mi padre Jos
CAPTULO 1
El muerto
Una pareja se acerc al cauce del arroyo, con la
intencin de baarse en las termas. El aire glido
meca los arboles sujetos a los peascos que
coronaban la poza. El sonido del agua no cesaba,
se descompona en matices burbujeantes cuando se
extenda en el claro del bosque. Los cortinajes de
vapor hacan presagiar la calidez de aquellas
aguas termales. La muchacha dej un petate que
vena abrazando todo el camino en el regazo.
Extrajo de l un mantel y lo extendi
primorosamente sobre la hierba hmeda, despus
lo cubri con una manta de pieles mullidas.
No mires!
La chica se alarm cuando escuch la
advertencia. No le hizo caso, mir. En la poza,
entre las nieblas provocadas por las aguas
calientes que bullan en el ambiente escarchado,
una figura humana permaneca inmvil, opaca y
tenebrosa entre los vapores. Era un hombre de tez
gastada, griscea, macilenta, muy quieto,
demasiado oscuro.
Est muerto? pregunt la joven con un hilo
de voz.
Creo que s, est cocido en las aguas,
desangrado.
Gela se tap la cara mientras su prometido se
acercaba con tiento a las aguas humeantes. El
muerto flotaba inmvil junto a la pequea estatua
de Ebo y Faldo.
Cunta sangre habr salido, mira las piedras
del cauce advirti Caleo sealndolas.
La poza contena las aguas gracias a algunas
rocas apiladas que hacan de presa. El agua se
derramaba a favor de la pendiente suave que
guiaba el rumbo de un arroyo que naca en otras
piedras donde era reunida y segua un curso hacia
el interior del bosque. En la ribera del riachuelo,
varias manchas rojas advertan del paso de
grandes cantidades de sangre.
Quin ser? Cunto tiempo llevar as?
No lo s, pero deberamos avisar a los del
pueblo, vmonos susurr Gela con un miedo
reverencial expreso en sus ojos.
Se ha suicidado.
Caleo no dejaba de mirar la espada que el
hombre haba usado para quitarse la vida.
Intentaba no toparse con sus ojos, uno ms abierto
que otro, de un verde seco y blanquecino, que
sobresala entre los vapores. Tena una expresin
desafiante en el rostro aquel muerto. Su espada era
una visin mucho ms agradable. Desde pequeo
siempre lo haban fascinado las armas. Aquel
hombre pareca un mercenario, un pirata, tal vez.
Si lo hubiera descubierto solo, Caleo le habra
quitado la espada sin problemas. Estaba seguro de
que Gela gritara si tocaba al muerto. Caleo
pens que tal vez, si avisaba y ofreca ayuda a los
hombres del alguacil, lo recompensaran de alguna
forma. Pensaba ms all, que esa espada sera una
buena recompensa. A Gela no le dijo ni una
palabra, ella se opondra.
Avisemos al alguacil.
Gela asinti aliviada de que a Caleo no se le
hubiera ocurrido hacer tonteras.
Espera. Si lo dejamos as, cualquiera que
venga por aqu podra robarle la espada. Quizs
incluso tiene oro en sus bolsillos. Si viene alguien
con peores intenciones que nosotros, lo saquear.
Siempre me dices que nadie viene ya a esta
poza...
Eso le deca porque ella no quera desnudarse.
Esa era la verdad sin disfraces. Cuando se citaba
con ella a las afueras del pueblo, cuando coga su
mano y echaban a correr hacia dentro de la
espesura, l la deseaba. Gela era muy hermosa y
tena la esperanza de poder hacerle el amor antes
de la boda. Faltaban todava tres aos para el
casamiento. Caleo estaba todava reuniendo la
dote para construir la casa donde viviran. Ella lo
besaba y le permita ciertos tocamientos por
encima de la ropa. Caleo se mora por verla
desnuda, por eso la llevaba a la poza. Como la
joven deba estar de vuelta en casa antes del
anochecer, deban ser muy cuidadosos en sus
encuentros. Estaban prometidos oficialmente y no
era decoroso que se vieran a escondidas. Acudir a
la vieja poza que Calerio descubriera en las
conversaciones furtivas de los operarios del taller
de su padre haba significado la aventura ms
provocativa a la que jams se hubiera enfrentado.
Gela acceda siempre a regaadientes. Lloraba en
el camino de ida y se quejaba cuando despus de
baarse tena que secar su pelo con vehemencia
para que nadie sospechase. Lloraba por los
nervios, por su inseguridad y su falta de aplomo
para ser feliz sin estar al abrigo de lo que sus
familiares aprobaban.
Me llevar su espada sentenci Calerio,
cada vez ms seguro de que se le escapara una
oportunidad de oro si no se quedaba con la
espada.
Ests loco?
Si vienen los hombres del alguacil seguro que
se la quedan ellos. No te puedo dejar sola aqu, y
tampoco puedes ir t a ver al alguacil.
Por qu?
Porque le contara a tu padre que vienes aqu
conmigo y se pensaran lo peor... ni siquiera te
quitas el camisn para baarte y ellos me
enviaran al templo a hacer penitencia pensando
que venimos aqu a otra cosa.
Venimos aqu a otra cosa, Calerio.
Gela se puso colorada. Le daba miedo que
Calerio le quitase la espada a ese cadver, pero
mucho ms la aterraba el que alguien pudiera
descubrirlos.
Yo he encontrado a este hombre y esa espada
si se la va a quedar alguien... debo ser yo.
Se subi al borde de la poza. Gela no se opuso
ms.
Ten cuidado.
Est muerto, no seas estpida. Si aguanto la
peste, esa espada es ma.
Gela odiaba cuando Calerio se comportaba as,
cuando se obsesionaba con algo. A veces la
humillaba, y cuando algo le sala mal o su padre lo
reprenda por desatender el taller, Gela pagaba las
consecuencias de su malhumor.
Calerio agarr la hoja de la espada que
sobresala del agua y tir de ella. Haba imaginado
que sera fcil sacrsela de la mano al muerto. Su
familia tena un negocio de confeccin y jams en
su vida haba ido ms lejos del puerto de Aligua.
Ir a las cantinas del puerto y escuchar los relatos
de los marinos era lo ms parecido a viajar para
Calerio. Cuando comprob que la espada estaba
trabada en los dedos del cadver, pens que igual
el tipo no estaba fiambre. Se asust en el instante
en que sinti un tirn que le impidi sacar del agua
la espada. Con el susto estuvo a punto de caer.
Te vas a matar, ten cuidado! le grit Gela
mientras lo sostena para impedir que cayera.
Lo has visto?
No pretenda asustar a Gela, pero ella se retir
varios pasos cuando entendi que la pregunta se
refera al cuerpo inerte. Calerio lo mir. Se estaba
moviendo. Su cara se hunda en el agua caliente
mientras que la espada emerga hasta vrsele la
mano. El cadver no estaba anclado en las rocas
como al principio pens Calerio, flotaba
simplemente y cualquier cambio o fuerza lo
desplazaba en su inmersin. La espada qued ms
a la vista. La empuadura estaba modificada.
Tena un adorno un poco tosco pero que suba el
valor del arma. Una piedra ahora cubierta de
sangre oscura por la accin de las aguas.
Ests robndole a un muerto!
El grito cogi a la pareja por sorpresa. Calerio
perdi la estabilidad. Esta vez su cuerpo se venci
hacia el interior de la poza. El equilibrio le haca
presagiar que caera dentro y tuvo que poner un
pie hacia all intentando buscar un apoyo.
Sumergi su pierna en el agua y acab cayendo
entero. Ola peor que antes y pens con horror que
estaba cerca del cadver. Sac la cabeza del agua
de inmediato para ver quin era el intruso.
Eres un inepto, Calerio.
Pese a las vaharadas de vapor que emergan de
las aguas ahora ms revueltas, Calerio reconoci
perfectamente a Nefred y dos de los hombres del
alguacil. Nefred era de la misma edad que Calerio,
pero aparentaba ms aos por su corpulencia.
Con este hombre te vas a casar, Gela?
Nefred siempre miraba a Gela con avaricia.
Calerio saba que sus padres lo haban intentado
casar con ella, pero la joven haba preferido a
Calerio. Nefred tena fama de conflictivo, de
meterse en peleas y problemas. El alguacil lo
haba reclutado para las patrullas de vigilancia.
Calerio y la mayora saban que era una forma de
darle al muchacho una oportunidad que lo alejase
de las cantinas y las malas compaas. El puesto
haba provocado en Nefred una prepotencia y la
envidia velada de Calerio.
Sal de ah...
Calerio no acept la ayuda de Nefred para salir
de la poza. Sin mirar al muerto, se aup en el
murete resbaladizo y consigui subir al poyete
rocoso.
Apestas ms que el muerto.
Gela fue rpidamente a ayudarlo a salir.
Lo acabamos de encontrar ahora...
Ya veo dijo Nefred mientras inspeccionaba
el cadver. Qu opinis, podra ser un pirata?
Sus dos acompaantes eran de la capital, de
Aligua. Las patrullas se montaban en todas las
localidades cercanas; los alguaciles trataban de
ponerles las cosas difciles a los saqueos
constantes que sufran por algunos clanes de
piratas que acosaban los alrededores de los
grandes puertos: fondeaban en las playas cercanas
o hacan pasar sus bajeles por embarcaciones
honradas, cometan el robo y levaban las velas
zarpando con viento favorable.
No parece un pirata afirm el ms alto.
Lo has matado t, Calerio?
La pregunta de Nefred pareca seria. Calerio
comenz a sentir miedo; su novia lo mir
desconcertada.
Ese hombre se ha cortado las venas. Mralo t
mismo. Lleva das muerto.
Nefred rio como si todo se tratase de una broma.
Vais a tener que dar muchas explicaciones
cuando el alguacil os interrogue. Pero me divertir
ms cuando vea la cara de tu madre, Gela, en el
momento en que le expliques que andabas a solas
con Calerio. Qu diablos ibais a hacer aqu
solos?
Ahora sus acompaantes miraron a los jvenes y
rieron.
Ibas a explicarle de dnde vienen los nios,
Calerio?
pregunt
Nefred
agarrndose
obscenamente sus partes.
Calerio sinti que se le aceleraba el pulso. En su
mente se le dibujaba la idea de sacar la espada del
agua y hundirla en el abdomen de aquel estpido
engredo en el que se haba convertido Nefred.
Quiero su espada afirm como si no hubiera
escuchado a Nefred.
Y una mierda.
Ni siquiera Nefred y sus chicos tenan armas
como aquella. Ellos llevaban dagas y un garrote
con punta de hierro. Su trabajo no era ms que el
de vigilar y advertir al alguacil de cualquier
persona forastera o comportamiento sospechoso.
Los secuestros de los piratas se haban cobrado
muchas vctimas y aquellas patrullas servan para
alertar a las autoridades con rapidez y evitar
muchas desgracias.
Nefred tard lo indecible en decidirse a dejarlos
marchar. Calerio corra tirando de Gela por el
bosque. Le haca dao para obligarla a ir ms
deprisa. Tena la sospecha de que, si tardaba
demasiado, Nefred robara el arma nada ms que
para fastidiarlo. Avisaron al alguacil e inventaron
una excusa para explicar a sus familias lo
sucedido.
Madre, le estoy hablando de un muerto y me
segus preguntando por...
Es una vergenza que te vean con l a solas!
Despdete de la fiesta de la luna de verano!
A los dioses pido que la primavera sea larga
entonces!
Vete a tu habitacin y de ah no te atrevas a
salir! Como vuelvas a escaparte con l, romper
tu compromiso!
As fue en casa de Gela. Calerio tuvo ms suerte,
pues la noticia del muerto lleg antes a su casa que
la circunstancia de estar acompaado por Gela en
el bosque. Su padre se interes por las ropas del
cadver. Saba que ms tarde o ms temprano
vendra la reprimenda por lo otro, pero Calerio se
entreg al relato sobre el cadver flotante con
energa para intentar que su padre se centrase en
esa parte del suceso.
Tena una capa de viaje.
Esos carroeros seguro que lo dejan en
cueros.
Padre, podra pedirle al alguacil que me d
su espada? Lo he encontrado yo, merezco algo a
cambio.
No. No mereces ms que una regaina por
andar con Gela por donde no debas, Calerio. Es
que quieres que esa familia piense mal de ti y se
rompa el compromiso?
Ahora Calerio sinti calor en las mejillas.
Padre, esa espada debiera ser ma...
Debes quitar de tu cabeza esas tonteras de
espadas y duelos; en la vida real, en la vida que t
vas a vivir, debes preocuparte por aprender de
tejidos, como tu padre. En toda mi vida jams us
un arma contra otro hombre. Deja de pensar en
estupideces que no comprendes.
Ya s todo sobre tejidos.
Todo... idiota, siempre hay que aprender ms,
siempre hay que mejorar. Las espadas son para
caballeros y soldados que viven veinte aos. Con
la que hay liada en Vestigia, estoy seguro de que
se harn levas pronto y entonces desears no haber
deseado jams tener esas ilusiones de hazaas y
estpidas aventuras.
Me habra gustado vivir en Nirtenia. All
podas llegar a ser caballero como en Vestigia, sin
ser hijo de un noble.
Eres un iluso, hijo, un iluso!
CAPTULO 2
La espada misteriosa
El rumor sobre el cadver se extendi y la
guardia de Aligua apareci en el pueblo de
Calerio. Hombres uniformados con armaduras
ligeras, lanzas y espadas. Hombres que infundan
miedo en estpidos como Nefred que no haca ms
que ofrecerles agua y tener atenciones excesivas
como si acaso fuesen a llevrselo para la
guarnicin por su buen comportamiento.
Nefred es un lameculos, fjate como se ofrece
al capitn de la guardia comentaba Calerio
susurrando a Gela. Estaban acompaados de sus
padres y por eso les permitan estar juntos. La
madre de Gela de cuando en cuando los miraba
inquisitoriamente, como si, de su rostro, el agravio
de la poza no fuera a diluirse en dcadas.
Se haban reunido para dar sepultura al cadver.
Corra el rumor de que era un soldado de Vestigia.
Los encargados de preparar el cuerpo para el
entierro as lo afirmaban. Tena tatuajes militares
de la famosa Horda del Diablo, una faccin de
lite de sus viejos enemigos que caus terror
precisamente en esa regin de Nuralia. Conocer
esos detalles hizo que Calerio deseara an ms
aquella espada. Las rencillas con el enemigo
sureo instauraron la tradicin en la guerra de no
gastar sacos de seda en cadveres enemigos y,
pese a estar ya en tiempos lejanos a la Gran
Guerra, el capitn de la guardia orden que se
enterrase al desdichado desnudo y boca abajo,
para que su viaje fuese orientado al inframundo. El
padre de Calerio siempre lo adverta de lo poco
juiciosas que eran las costumbres en las
sepulturas.
Calerio no olvidara aquel tatuaje. Lo fascin
verlo. Era un smbolo militar enemigo muy
conocido en la regin de Aligua, no en vano aos
atrs fue la Horda del Diablo quien arras la
ciudad. El cuerpo fornido de gran palidez comenz
a ocultarse a medida que le ponan tierra encima
ante la mirada llena de fascinacin de quienes
asistan al entierro. Despus de cubrir el agujero,
sin lpida o seal, se congregaron junto a sus
pertenencias apiladas en el suelo circundante a la
tumba.
Quin fue el primero en descubrir el cuerpo?
pregunt el capitn de la guardia levantando la
voz. Entonces todos miraron hacia Calerio. Su
corazn lati con fuerza. Haba llegado el
momento de reclamar la espada.
Acrcate al capitn, chico. Di tu nombre en
voz alta.
Ca... Calerio.
El capitn rebusc en su cinto y extrajo lo que
rpidamente Calerio reconoci como una moneda
de oro.
Despus de registrar el cadver hemos visto
que no haba sido saqueado y afirmo ante estos
testigos que ese hombre tena una bolsa de oro
bastante abultada. Esto es para ti, por tu honradez.
Calerio percibi cmo las orejas se le ponan
rojas. Tena que decirlo ahora o no tendra otra
oportunidad.
Mi seor, mi seor...
El capitn levant su mano para que se callaran
algunos de sus hombres. Quera escuchar al
muchacho.
Si es posible, me gustara quedarme con su
espada. Siempre he querido tener una.
El capitn frunci el ceo. Se acerc al cadver.
Haban colocado la espada junto a l, envuelta en
un pao. Descubri el arma dndole un pequeo
puntapi, sin agacharse.
No parece un arma muy valiosa, joven... El
capitn la inspeccion con asco, como si la muerte
de su dueo pudiera ser contagiosa. Estaba claro
que si le vea algo de valor al arma no le
permitira a Calerio quedarse con ella. Te
gustara ser soldado?
El jefe de la guardia de la ciudad lo pregunt
con sorna. Calerio asinti.
Haremos una cosa; si eres capaz de vencer a
uno de mis hombres en un duelo a espada, te la
quedars.
Entre el pblico se form revuelo.
Mi seor, mi hijo no... implor el padre de
Calerio. Rpidamente uno de los soldados al
servicio del capitn lo empuj de nuevo hacia la
multitud.
La quieres o no?
Calerio haba practicado mucho con espadas de
madera, pero jams haba agarrado un arma real en
su mano. Estaba ante una de esas encrucijadas del
destino. Sinti que todos en el pueblo estaban
pendientes de l. Inspeccion a los guardias, que
no parecan del todo expertos en combate.
Intil, te hars dao con esa espada! grit
alguien annimo por detrs de los que estaban
observando la escena. Calerio apret los puos.
Deseaba tener esa espada. Pero tena miedo a
quedar lisiado en un duelo.
Vamos, no ser un duelo a muerte. Si tocas el
casco de mi hombre, habrs ganado. Si en cambio
es l quien lo hace en tres ocasiones, pierdes. Si
mueres, tambin pierdes, claro est.
Se hizo el silencio. Calerio asinti. Le tendieron
un yelmo abierto sin visera. Apestaba a sudor.
Pesaba en la mano pero no cuando lo llev puesto;
en la frente, una pequea almohadilla facilitaba su
encaje. Calerio se agach y recogi la espada del
suelo. En su mano se alojaba con cierta
naturalidad. Era pesada, pero no tanto como haba
imaginado. Pens que era un arma bastante buena.
En la cruceta tena una piedra roja un poco tosca y
plane sustituirla por alguna otra decoracin ms
noble. Era una piedra fea en un primer vistazo,
pero emanaba cierto poder de atraccin.
Adelante.
El adversario de Calerio era de su misma altura
aunque ocupaba prcticamente el doble que l.
Envi su acero en arco descendente para bajar el
arma de la mano de Calerio. l sostuvo el tajo con
la espada. Vibr la empuadura en su mano y
sinti dolor en la mueca. Se le cay y se hizo
dao en el brazo. Entonces son un porrazo. El
tipo le haba golpeado el casco.
Vamos, Calerio, a ver si no se te cae la
espada! Era Naufred. Las risas se repartan
hasta en los miembros de su familia. El soldado
daba espectculo como si no se tomase en serio el
combate. Gela no rea, tena las manos reuniendo
plegarias bajo su barbilla, al borde del llanto. l
fue a recoger del suelo la espada. El arma haba
cado dejando a la vista el lado donde estaba
aquella piedra de aspecto tosco. Recogi la
empuadura inspeccionndola y entonces sucedi.
Mir aquella luz que pareca moverse dentro de la
gema. Se le llenaron los pulmones de aire y el
dolor del brazo dej de molestarlo. Percibi cmo
sus msculos se apretaban sin mediar voluntad, sin
desearlo. Sinti que la espada no pesaba en su
mano. Se asust de repente del fresco en su
pensamiento, de la facilidad para moverse. Haba
desaparecido el zumbido del golpe en el casco.
Calerio sinti que era fuerte, que pisaba como un
dios al que nada poda daarlo.
Vamos a ver de qu ests hecho dijo su
oponente avanzando hacia l con paso decidido.
Alarg la mano y trat de golpear directamente el
casco de Calerio. El joven no se defendi. Estaba
inmvil. El impacto asust a los presentes y a su
mismo rival, que pensaba que el muchacho se
apartara en esa primera intentona.
Calerio no lo haba notado. Ruido nada ms. Vio
cmo su adversario era lento y predecible. Lo
haba dejado golpear porque presenta que no
deba temer nada de esos movimientos frgiles,
como de nio. Todos se asustaron y a l le dio por
rer.
Ests llorando? Lo siento... deca el
soldado hasta que entendi que no era llanto, era
risa, una risa desbordante que silenci a los
presentes. Mequetrefe, te vas a enterar.
Calerio detuvo el siguiente golpe del soldado.
Se dio cuenta de que ni tan siquiera necesitaba
hacer fuerza. Sostuvo su espada como si fuese una
espiga de trigo. Le bloque tres secciones
horizontales y desvi un intento de estocada. Todo
lento, fcil. Entonces toc el casco de su
adversario con el lomo de su espada. Le
sorprendi el sonido potente. El soldado se
desplom del porrazo.
Haba ganado.
Dioses... susurr el capitn.
Para quien estuvo contemplando el suceso,
Calerio haba sido tan rpido que prcticamente
fue un borrn en los ojos. El golpetazo sent al
soldado de culo y perdi su empuadura. Su yelmo
se deform y un hilo de sangre le reg la frente y
la nariz. El capitn se acerc a su hombre herido
que, de aquel tremendo porrazo, se haba quedado
inconsciente. Estaba impresionado.
Calerio sinti miedo. Cuando le retiraron el
casco al tipo, respir hondo. Vio la sangre y pens
que poda haberlo matado sin esfuerzo. Tena que
tener cuidado con esa fuerza nueva y demoledora.
Est bien, chico, qudatela sin vaina ni cinto y
ven a verme a la ciudad maana mismo. Quiero
que aprendas instruccin de combate.
Calerio agradeci a los dioses que nadie
relacionase la espada con el prodigio que acababa
de suceder. No poda creerlo. Ni siquiera
prestaban atencin a la espada y l la envolvi de
nuevo en el pao y se la llev tan fcilmente que le
pareci un regalo divino. Se olvid por completo
de su familia y de su prometida, que disimulaba su
alegra delante de su madre. Abrazar la espada lo
haca imaginar un futuro prximo donde se vea
practicando con ella en el bosque, provocando
muescas en troncos mientras simulaba feroces
combates. Quizs iba a poder convertirse en
soldado, apartarse as de la tradicin familiar,
viajar por el mundo y conseguir mucho oro al
servicio del rey Deterin.
No poda, en su ignorancia, sospechar siquiera
la historia de esa espada, la historia de la piedra
que tena engarzada y que haba pertenecido a
Remo, hijo de Reco.
CAPTULO 3
Huida hacia el sur
Trento fren su corcel en el risco que dominaba
la hondonada. Le gustaba adelantarse y contemplar
como un guardin el paso del grupo que protegan
sus hombres. Desde el saliente rocoso donde
vigilaba, poda divisar la muralla de la ciudad
portuaria de Mesolia. Vio el mar picado, oscuro
en la lejana, detrs de la curva de los cerros ms
cercanos. Les quedaban por recorrer campos de
matorrales y arbustos azotados por el mismo
viento que torca las crines de su caballo y que le
traa el olor de la costa. La caravana discurra
entre las colinas por un camino pedregoso. Los
carruajes temblaban y las patas de los caballos, de
cuando en cuando, patinaban al apoyarse en la
aglomeracin de guijarros helados; los animales
protestaban relinchando en el bocado sujeto a las
bridas.
Comenz a llover. El agua le acariciaba el rostro
y refrescaba su caballo con rachas un poco
desordenadas por el viento, como salpicadas por
la melena de una diosa invisible. Cuando el ltimo
de sus hombres en la retaguardia cruz la
estrechez, Trento guio con las riendas a su caballo
y lo puso en marcha. Sinti de nuevo la pendiente
del risco al descender. Escuchaba las herraduras
rascar la roca mientras se colocaba en una
posicin ms ventajosa sujeto a la silla, para
ayudar a su montura a descender de aquellas
peas. Lo fascinaba la nobleza del animal, un
corcel canela muy inteligente que le haban
entregado al elevarlo al grado de general. Regres
al camino y trotando se acerc a los carruajes de
ms entidad. Los sobrepas sin faltar a la
costumbre de mirar la ventana de la diligencia ms
lujosa. Unos velos impedan que se divisara el
habitculo, pero Trento siempre crea ver la
silueta de la reina cuando se asomaba. Apretaba
las mandbulas para sonrer, y las piernas a los
costados de su caballo para adelantarse a buen
paso y con porte distinguido. En cierto modo
deseaba dignificar con su actitud aquella caravana
indigna, fruto del fracaso y la derrota.
Trento se llev un disgusto muy grande la noche
en que recibi la visita del general. Nevaba en
Venteria y mirar la ventana mientras apuraba una
jarra con licor, junto a la chimenea, era todo su
entretenimiento hasta que varios golpes en la
puerta lo sacaron de su trance apacible. Era una
noche oscura, glida, poco propicia para asuntos
que no fuesen urgentes. Habra sido ms lgica su
convocatoria mediante mensaje o visita del jefe de
armas, o que lo citasen a primera hora en el
despacho del general, en la casa de armas de los
espaderos, donde era habitual reunirse. Que
Grcebal se presentase en persona en su lugar de
residencia era ya un mal augurio.
Quin va?
Abre, soy Grcebal.
Pas el general y su escolta se detuvo en la
puerta. Trento lo agasaj con lo que tena en su
despensa. El general no despreci el licor. Sus
ojos parecan hechizados por el fuego desde el
primer momento en que haba mirado las llamas
del hogar. Trento le cedi el butacn donde l
sola acomodarse para reflexionar despus de la
jornada.
Trento, todo se ha perdido.
El capitn guard silencio.
El rey Tendn ha muerto.
Las chispas que saltaban de un tronco a otro
entre el fuego protestaron ms que l. Se haba
quedado mudo.
El rey ha muerto. Un incendio accidental, eso
dicen. Brienches por poco se quema con l. Ha
sido un golpe definitivo para nosotros. La reina,
Itera, se marcha de Vestigia. Ha aceptado rendir
las puertas de Venteria a cambio de un
salvoconducto.
Ese fue el momento en que naci la congoja. En
su cuello una presin lo angusti desde que
Grcebal comenzase a describir la rendicin de su
amada Venteria, y no lo abandonara hasta el
presente, aunque pens en ese momento que tal
vez, poco a poco, aquel peso que oprima su
cuello y envenenaba su saliva cada da supusiera
menos lastre, y se convirtiese en algo llevadero.
Los das pasaron y la congoja inundaba su corazn
sin aliviarse, sobre todo cuando recordaba aquella
conversacin.
He pensado que seras el hombre idneo para
llevar a la comitiva al sur, a los Puertos Azules en
Mesolia, y de all...
Y vos, mi general?
No seas formal conmigo ahora, Trento, estoy
destrozado. Se ha decretado la rendicin. Las
tropas se acogern al mando militar que entre con
el tirano en la ciudad. La reina me ha ofrecido ir
con ella, pero yo prefiero irme a Lavinia. Lord
Vleron ha rechazado la oferta de la reina.
Entonces quiz no todo est perdido. Quedan
la Liga del Norte y Mesolia... Yo quiero pelear!
Desengate. Las praderas y campias de
Belgarn son sumisas a la ciudadela de Gosield y
all manda Aslec Decorio, que lidera la Liga del
Norte. Despus de lo que le sucedi a su primo
Furberino, que no sobrevivi al asedio de
Debindel porque segn las malas lenguas, Remo lo
mand encerrar en una mazmorra que sucumbi al
derrumbe, respeta la alianza de Perielter con
Roselln. Nurn, Agarin, Debindel, Gosield y en
unos das caer Venteria. Roselln es rey. Nadie
lo va a impedir y, cuanto antes digiramos esa idea,
menos veneno tendremos en la sangre.
Trento tuvo un acceso de furia, apret la jarra en
su mano y la arroj al fuego. Se hizo aicos dentro
de la chimenea, aunque de ella no escap ni una
gota de licor, ni un cascajo de barro.
La misin que se te encomienda es esta.
Grcebal le entreg un documento con sello real.
No haba tenido muchos como ese en las manos.
Trento lo abri con mucho cuidado.
Con una guarnicin de cien hombres
protegers con tu vida el traslado a los Puertos
Azules de la reina y dems integrantes de la
comitiva. Viajars junto a ella a Plbea y te
asegurars de que sea instalada en Banloria,
capital del reino de Boleinas, de acuerdo a su
posicin. Tendrs poderes absolutos en lo que se
refiere a esos hombres y solo obedecers lo que la
reina dicte fuera de Vestigia. Es tu obligacin
llevarla sana y salva a la capital, bajo la
proteccin de la corte del rey Asvinto. All sers
su hombre de confianza y su protector. A partir de
ahora eres con este otro documento ordenado
general de los ejrcitos de Vestigia. Lamento que
las circunstancias sean estas.
Trento pens rpidamente en sus ataduras en
Vestigia y en el cambio que podra significar esa
misin en su vida. No contemplaba la opcin de
negarse a la misin que lo converta en el ltimo
retazo de la integridad de lo que antes haba sido
el reino de Vestigia. Pens en qu forma pudiera
sacarle ventaja a su nueva posicin.
Tengo familiares en Nurn. Quiz gracias a
este pacto pueda sacarlos de all.
Escribe sus nombres aqu.
Grcebal extrajo de un bolsillo interno de su
capa una cartera de cuero cerrada por un broche.
Lo liber y rebusc entre varios trozos de papiro.
Le tendi uno en concreto. Trento vio una lista de
nombres. Pens con rapidez. Escribi el nombre
de su hermano y el de su cuada. Despus escribi
los hombres de Remo, Sala, Lorkun... estaba
dispuesto a escribir ms nombres cuando Grcebal
le retir el papiro.
Ests loco? Remo es el hombre ms buscado
de Vestigia. Ni lo mientes, ni siquiera preguntes
por l y por los otros. Roselln no olvida lo que
pas en Debindel. Se cuentan historias tremendas
de lo que all sucedi. Como represalia por la
derrota que Remo les infligi, un gigante, una
criatura que no es de este mundo al servicio de
Corvian destruy la fortaleza.
Trento habra desconfiado de aquel rumor si no
hubiese padecido la invasin de silachs en
Venteria, si no hubiese compartido con Lorkun y
Remo maravillas ms all de lo razonable. Guard
silencio.
Dicen que orden levantar las piedras del
derrumbe del castillo de Furberino para encontrar
el cadver de Remo y que, al no dar con su cuerpo,
envi soldados a las cuatro esquinas del reino
para capturarlo. No seas loco. Tu hermano y tu
cuada es un buen trato. Los dems son
compinches buscados del innombrable Remo, hijo
de Reco.
Ni siquiera s si estn con vida.
Ahora cabalgando hacia el mar, con el horizonte
nuboso y la incertidumbre de lo que quiera que le
deparase en Banloria, Trento echaba de menos a
Remo y los dems. Se preguntaba dnde los habra
conducido la suerte. Saba que estaban luchando
precisamente por la causa que l se vea forzado a
abandonar. Antes de marcharse a cumplir las
rdenes de Grcebal, fue a preguntar en varias
notaras, en las que no obtuvo noticias de sus
amigos. Visit al bibliotecario Birgenio y all
contact tambin con Tena Mfler, que resida
temporalmente en la biblioteca mientras las
autoridades intentaban asegurar su barriada contra
la maldicin.
S que partieron de Venteria con un objetivo
contest Birgenio. Persiguen leyendas tan
antiguas que tal vez pudieran ms considerarse
locuras, pero Lorkun se march con Sala y su
amiga Nila para inmiscuir a Remo en esos
trabajos, por lo que muy probablemente, si dices
que no encontraron a Remo en Debindel despus
de aquella batalla, deseo pensar que fue con ellos
en la bsqueda que Lorkun deseaba llevar a cabo.
Trento pens en los misterios en que su amigo
Lorkun se haba inmiscuido en el templo de
Azalea, cuando l mismo lo acompa para
desvelar las pruebas y la cmara secreta. Desde
ese momento Lorkun no haba vuelto a ser el
mismo.
No consigui en definitiva ni una sola nueva
sobre Remo y Lorkun. Les dej recados en varios
postes notariales y confi en tener noticias de
ellos. Los invit a hacer lo nico sensato en
aquellas circunstancias: huir de Vestigia. En sus
notas les explicaba la naturaleza de su misin de
forma poco concreta; simplemente les expuso que
avatares de la guerra lo haban conducido a
Banloria, que fuesen a visitarlo si estaban en
peligro. Si acudan a Banloria, Trento y sus
hombres podran protegerlos.
CAPTULO 4
Un barco para la reina
En la taberna las discusiones se elevaban por
encima del humo del tabaco.
Seores, silencio! tron Trento, alterado.
Desde que se haban establecido en un
campamento a las afueras de Mesolia, todo haban
sido dificultades. Trento se ocup de buscar el
mejor alojamiento posible para la reina, pero su
decisin de no revelar la identidad de la seora
instaur recelo en los comerciantes y propietarios
de los negocios de hospedaje. No pudo controlar a
los nobles que los acompaaban, que prefirieron
por su cuenta y riesgo tomar habitaciones en las
posadas ms lujosas del pueblo. Mantener el
secreto iba a ser muy complicado con esa
desorganizacin. Trento intentaba hacer valer los
documentos que le haba entregado Grcebal, en
los que la corona de Vestigia corra con todos los
gastos de su hospedaje y traslado, pero cuando la
noticia de la muerte del rey y el consabido pacto
para exiliar a la reina fue de dominio pblico, al
llegar a las notaras un comunicado directo de la
notara real de Venteria lo seal como
embaucador y mentiroso.
Qu rey ha firmado esas cartas de garanta?
le preguntaban los contratistas.
La reina se iba de Vestigia, se marchaba a un
exilio pactado. El gobernador de Mesolia les
envi un mensaje apremiando su partida, como si
no quisiera que lo sealasen como protector de la
reina. Como siempre la regin de los Puertos
Azules intentaba pasar con total neutralidad por un
conflicto que para ellos les era ajeno. Le dio
nuseas ver cmo a la seora no la reciban
acorde a su posicin.
Convoc una reunin de contratistas para
seleccionar los navos que habran de llevarlos a
Plbea y dejar atrs esa madriguera de lobos. No
deseaba que la reina pagase de sus arcas el viaje,
y los contratistas no dejaban de buscar excusas
para aducir un precio desorbitado por llevar a sus
hombres y a la reina a tan lujoso destino sin
decidirse a aceptar las cartas de garanta.
Dices que el nuevo rey firma esos
documentos, y si ese rey maana es destronado?
La guerra no terminar hasta que Odraela, Numir,
el valle de Lavinia y nosotros rindamos pleitesa a
ese rebelde que tan rpido se apresura a firmar
pagars como monarca. Que yo sepa, todava eso
no ha sucedido, ni siquiera se le ha coronado.
Los nobles y la camarilla oligrquica
comenzaron a ponerse muy nerviosos. Teman que
incluso el seor de la ciudad decidiera secuestrar
a la reina o memeces similares. Trento intentaba
hacer lo correcto. No crea justo cargar con ese
gasto a la reina; sus consejeros lo apoyaban, pero
los nobles se alteraban, solamente preocupados
por escapar cuanto antes. De hecho ya hubo quien
haba pactado su propio transporte sin tenerlo en
cuenta. Los contratistas aducan poca claridad en
la oferta y no fiarse del pagador, as que cuando
los nobles mostraban oro contante y sonante
complicaban la tarea negociadora de un Trento
obcecado en que la seora no tuviera que abrir sus
cofres. Su empeo estaba motivado en que no
saba el talante con el que los poderosos en
Banloria iban a recibirlos y prefera poseer oro
suficiente para torcer voluntades llegado el caso.
Ese Corvian no nos inspira confianza, y si no
tiene arcas suficientes para pagar la guerra y
demora el pago de sus compromisos durante aos?
Pasaban los das y Trento, acostumbrado a
agilizar las conversaciones con cuchillos, no poda
soportar la lentitud y los razonamientos
burocrticos. Sent de culo de un puetazo a uno
de los nobles despus de aducir ciertas prebendas
y lujos que deba tener su acomodo en el barco
donde debiera ubicarse. Haba cien soldados bien
pertrechados de la guardia real dispuestos a
ejecutar cualquier orden que Trento diera, as que
poda ejercer cierta presin, y sus modos con los
contratistas comenzaron a semejarse ms al
chantaje que a la negociacin.
Si no dispongo de los barcos que necesito en
tres das, los abordar con mis hombres y ya no
haris negocio alguno.
Su advertencia hizo elevar la voz de los
contratistas, que lo acusaban de presionarlos en
exceso e instaban al caudillo de Mesolia a
proteger y reforzar la guarnicin del puerto. Hasta
tres alguaciles con destacamentos de cien hombres
se desplazaron para contener posibles altercados.
Despus de una sesin ms de discusiones,
Trento decidi ir con algunos de sus hombres a
tomar una jarra de cerveza a las tabernas ms
alejadas que encontrasen en el puerto, en un intento
desesperado de rescatar un resquicio de
tranquilidad.
En una que ola a cerveza en abundancia despus
de que se le reventara uno de los toneles al dueo,
clav el codo en la barra y se dispuso a pedir
cervezas para l y tres de sus hombres que lo
acompaaban.
Seor, creo que ese grandulln nos viene
siguiendo desde hace rato.
El comentario de uno de los maestres lo hizo
fijarse en un tipo realmente grande. Era negro
como la madera caoba y miraba de soslayo con
dos ojos grandes como rtulas. Se protega del fro
con una capa, una realmente enorme que, sin
embargo, no le lleg