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Emmanuel Carrre

El bigote
Traduccin de Esther Bentez

EDITORIAL ANAGRAMA
BARCELONA

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Ttulo de la edicin original:


La moustache
P.O.L. diteur
Pars, 1986

Diseo de la coleccin: Julio Vivas y Estudio A


Ilustracin: Kostov / Shutterstock

Primera edicin: septiembre 2014

EDITORIAL ANAGRAMA, S. A., 2014


Pedr de la Creu, 58
08034 Barcelona
ISBN: 978-84-339-7901-8
Depsito Legal: B. 14314-2014
Printed in Spain
Reinbook Imprs, sl, av. Barcelona, 260 - Polgon El Pla
08750 Molins de Rei

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Para Caroline Kruse

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Qu diras si me afeitara el bigote?


Agns, que hojeaba una revista en el sof del saln, solt una breve risa y despus contest:
Sera una buena idea.
l sonri. En la superficie del agua, en la baera
donde remoloneaba, flotaban islotes de espuma salpicados de pelitos negros. Tena una barba muy recia
que lo obligaba a afeitarse dos veces al da si no quera
verse, por la noche, con el mentn azul. Al despertar,
despachaba la tarea frente al espejo del lavabo, antes de
ducharse, y no era sino una serie de gestos maquinales,
desprovista de toda solemnidad. Por la tarde, en cambio, ese trabajo se converta en un momento de relax
que organizaba con esmero, tomando la precaucin de
dejar correr el agua por la alcachofa de la ducha, para
que el vapor no empaara los espejos que rodeaban la
baera empotrada, colocando un vaso al alcance de la
mano, y extendiendo profusamente luego la espuma
sobre la barbilla, pasando y volviendo a pasar la navaja
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con cuidado para no cortarse el bigote, cuyos pelos


igualaba despus con unas tijeras. Debiera o no salir y
tener buen aspecto, este rito vespertino ocupaba su lugar en el equilibrio de la jornada, al igual que el nico
cigarrillo que se permita, desde que haba dejado de
fumar, despus del almuerzo. El tranquilo placer que
le proporcionaba no haba variado desde el final de su
adolescencia, la vida profesional lo haba aumentado,
incluso, y cuando Agns se meta cariosamente con el
carcter sagrado de sus sesiones de afeitado, le contestaba que era, en efecto, su ejercicio zen, la nica playa de meditacin consagrada al conocimiento de s y
del mundo espiritual que le dejaban sus intiles pero
absorbentes actividades de joven ejecutivo dinmico.
Agresivo, correga Agns, tiernamente burlona.
Ahora ya haba terminado. Con los ojos entornados, todos los msculos en reposo, escudriaba en el
espejo su propio rostro; se divirti exagerando su expresin de hmeda beatitud y despus, cambiando a
ojos vistas, de virilidad eficaz y decidida. Un resto de
espuma se adhera a la punta del bigote. Slo haba
hablado de afeitrselo en broma, como hablaba a veces de cortarse el pelo muy corto; lo llevaba semilargo, peinado hacia atrs.
Muy corto? Qu horror! protestaba infaliblemente Agns. Con el bigote, encima, y la cazadora
de cuero, menuda pluma!
Pues puedo quitarme tambin el bigote.
Me gustas con l conclua ella.
A decir verdad, nunca lo haba conocido sin l.
Llevaban cinco aos casados.
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Bajo al supermercado a hacer unas compras dijo


Agns asomando la cabeza por la puerta entreabierta
del cuarto de bao. Tendremos que marcharnos dentro de una media hora, o sea que no te entretengas.
Oy un roce de telas, se estaba poniendo la chaqueta, el ruido del manojo de llaves que recoga de la
mesa baja, la puerta de entrada que se abra y despus
se cerraba. Habra podido conectar el contestador, pens, ahorrarme una salida chorreante del bao si suena
el telfono. Bebi un sorbo de whisky, hizo girar en la
mano el gran vaso cuadrado, encantado con el tintineo de los hielos; bueno, de lo que quedaba de ellos.
Pronto iba a levantarse, secarse, vestirse...
Dentro de cinco minutos, se concedi, disfrutando con el placer de la tregua. Se imaginaba a Agns
avanzando hacia el supermercado, taconeando por la
acera, esperando en la cola, delante de la caja, sin que
eso hiciera mella en su buen humor ni en la vivacidad
de su mirada: siempre se fijaba en pequeos detalles
raros, no forzosamente divertidos en s, pero de los
que saba sacar provecho en los relatos que despus
haca. Sonri otra vez. Y si le diera la sorpresa, cuando subiera, de haberse afeitado de veras el bigote?
Cinco minutos antes, ella haba declarado que sera
una buena idea. Pero no haba podido tomarse en serio su pregunta, no ms que de costumbre, en cualquier caso. Le gustaba con bigote, y l tambin se gustaba, por otra parte, y eso que con el tiempo se haba
desacostumbrado de su rostro lampio: realmente no
poda saberlo. De todas formas, si su nueva cara no les
gustaba, siempre podra dejarse crecer el bigote; tarda11

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ra unos diez o quince das, durante los cuales hara


el experimento de verse distinto. O es que Agns no
cambiaba regularmente de peinado, sin avisarle? l se
quejaba siempre, le haca escenas pardicas, y cuando empezaba a acostumbrarse, ella se haba hartado y
apareca con un corte nuevo. Por qu no l tambin?
Sera divertido.
Ri silenciosamente, como un chiquillo que prepara una trastada, y despus, alargando el brazo, dej
el vaso vaco en el tocador y cogi un par de tijeras
para la tarea de desbaste. Enseguida se le vino a la cabeza que aquel montn de pelos poda obstruir el sifn de la baera: para eso bastaban unos cuantos cabellos, y luego era todo un folln; haba que echar uno
de esos productos desatascadores a base de sosa que
apestaban durante horas. Se apoder de un vaso de
dientes que coloc en el reborde, en precario equilibrio delante del espejo, e, inclinndose sobre l, empez a cortar en la masa. Los pelos caan al fondo del
vaso en mechoncitos compactos, muy negros, sobre
el sedimento blanco de cal. Trabajaba lentamente
para no desollarse. Al cabo de un minuto levant la
cabeza, inspeccion su obra.
Si era slo por hacer el tonto, tambin poda detenerse en ese momento, dejar su labio superior engalanado con una vegetacin irregular, vivaz aqu, rala
all. De nio, no entenda por qu los adultos varones nunca sacaban un partido cmico de su sistema
piloso, por qu, por ejemplo, un hombre que decida
sacrificar su barba sola hacerlo de una sola vez, en lugar de ofrecer a la hilaridad de amigos y conocidos,
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aunque slo fuera un da o dos, el espectculo de una


mejilla lampia y otra barbuda, de un medio bigote o
de patillas en forma de Mickey, payasadas que una
pasada de maquinilla bastaba para borrar tras haberse
divertido con ellas. Qu raro que la aficin a ese tipo
de caprichos se difumine con la edad, justamente
cuando resultan realizables, pens, comprobando que
tambin l, en semejante ocasin, se plegaba a la costumbre y ni se le ocurra ir a cenar con aquella pinta
a casa de Serge y Vronique, viejos amigos, sin embargo, que no se hubieran molestado. Prejuicio pequeoburgus, suspir, y sigui manejando las tijeras
hasta que el fondo del vaso de dientes estuviera lleno,
el terreno ya propicio para el trabajo de la navaja.
Haba que darse prisa, Agns regresara de un momento a otro y el efecto sorpresa se ira al garete si no
haba terminado a tiempo. Con las alegres prisas de
quien empaqueta un regalo en el ltimo minuto, aplic crema de afeitar en la zona desbrozada. La maquinilla rechin, arrancndole una mueca; sin embargo
no se haba cortado. Nuevos copos de espuma punteados de pelos negros, aunque mucho ms numerosos que los de haca un rato, cayeron en la baera. Lo
repiti dos veces. Pronto su labio superior estuvo ms
liso an que sus mejillas: un buen trabajo.
Aunque su reloj era sumergible, se lo haba quitado para baarse, pero la operacin no haba durado,
segn sus clculos, ms de seis o siete minutos. Mientras daba los ltimos toques haba evitado mirarse al
espejo para reservarse la sorpresa, verse como Agns
lo iba a ver muy pronto.
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Levant la vista. Nada del otro jueves. El bronceado del esqu de Semana Santa perduraba an un poco
en su cara, de forma que el lugar del bigote recortaba
en ella un rectngulo de una palidez desagradable, que
pareca incluso falso, pegado: una falsa ausencia de bigote, pens; y ya, sin abdicar completamente del malicioso buen humor que lo haba empujado a hacerlo,
lamentaba un poco su gesto, se repeta mentalmente
que el desastre se arreglara en diez das. As y todo,
habra podido hacer aquella gracia en vsperas de las
vacaciones, mejor que despus: se hubiera bronceado
totalmente, y tambin le habra crecido otra vez de
forma ms discreta. Menos gente se enterara.
Mene la cabeza. Bueno, no era nada grave, no
haba por qu atormentarse. Y el experimento, al menos, habra tenido el mrito de probar que el bigote
le sentaba bien.
Se levant, apoyndose en el reborde; quit el tapn de la baera, que empez a vaciarse ruidosamente
mientras se envolva en la toalla. Temblaba un poco.
Delante del lavabo se friccion las mejillas con aftershave, dudando si tocar el sitio lechoso del bigote.
Cuando se decidi, un picor le hizo fruncir los labios:
la irritacin de una piel que desde haca casi diez aos
no haba conocido el contacto del aire libre.
Apart los ojos del espejo. Agns ya no tardara.
De repente descubri que le inquietaba su reaccin,
como si volviera a casa despus de pasar una noche
fuera, engandola. Se dirigi al saln, donde haba
colocado, en una butaca, la ropa que pensaba llevar
esa noche, y se la puso con furtivo apresuramiento.
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Con los nervios, tir demasiado fuerte de un cordn


del zapato, que se rompi. Un gorgoteo vehemente
le anunci, mientras renegaba, que la baera haba
terminado de vaciarse. En calcetines volvi al cuarto
de bao, cuyas baldosas mojadas le hicieron contraer
los dedos de los pies; pas el chorro de la ducha por
las paredes de la baera hasta que los restos de espuma y, sobre todo, los pelos desaparecieron totalmente. Se dispona a fregarla con el producto guardado
en el armarito de debajo del lavabo, para ahorrarle
ese trabajo a Agns, pero se arrepinti al pensar que,
al hacerlo, se comportara menos como marido atento que como criminal deseoso de eliminar todo rastro de su fechora. Vaci, en cambio, el vaso de dientes que contena los pelos cortados en el cubo de
metal, cuya tapa se alzaba con un pedal, y despus lo
aclar con cuidado, aunque sin raspar la capa de cal.
Aclar tambin las tijeras y a continuacin las sec
bien para que no se oxidaran. La puerilidad de este
camuflaje le arranc una sonrisa: para qu limpiar
los instrumentos del crimen cuando el cadver se ve
a la legua?
Antes de regresar al saln ech un vistazo circular
al cuarto de bao, evitando mirarse al espejo. Luego
puso un disco de bossa nova de los aos cincuenta y
se sent en el sof con la penosa impresin de estar
en la sala de espera de un dentista. No saba si prefera que Agns volviera enseguida o se retrasara, dejndole un momento de respiro para reflexionar, para
devolver su gesto a sus justas dimensiones: una broma; en el peor de los casos, una iniciativa desdichada
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de la que ella se reira con l. O se declarara horrorizada, y sera igual de gracioso.


Son el timbre de la puerta; no se movi. Transcurrieron unos segundos; despus la llave escarb en
la cerradura, y, desde el sof, del que no se haba movido, vio a Agns entrar en el vestbulo, empujando
la puerta con el pie, con los brazos cargados de bolsas
de papel. Estuvo a punto de gritar, para ganar tiempo: Cierra la puerta! No mires! Al divisar sus zapatos en la moqueta se arroj precipitadamente sobre
ellos, como si la tarea de ponrselos pudiera absorberlo mucho tiempo, evitndole mostrar el rostro.
Habras podido abrir dijo Agns sin acritud, al
verlo congelado en aquella postura, al pasar. En vez de
entrar en el saln, se fue derecha a la cocina, y, aguzando el odo, l escuch, al fondo del pasillo, el ligero zumbido de la nevera que ella abra, las bolsas arrugadas a medida que retiraba sus compras; despus, sus
pasos que se acercaban.
Se puede saber qu haces?
Se me ha roto un cordn mascull sin levantar
la cabeza.
Pues ponte otros zapatos.
Ella ri, se dej caer en el sof, a su lado. Sentado
sobre el borde de las nalgas, con el busto rgidamente
inclinado sobre los zapatos, cuyos pespuntes escudriaba sin verlos, estaba paralizado por lo absurdo de la
situacin: si haba gastado aquella broma era para recibir a Agns todo ufano, exhibirse burlndose de su
sorpresa y, si acaso, de su desaprobacin, y no para
acurrucarse con la esperanza de diferir lo ms posible
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el momento en que ella lo vera. Era preciso reaccionar a toda prisa, recuperar la ventaja, y, animado quiz por la peroracin untuosa del saxofn en el disco,
se levant con un movimiento brusco y se dirigi,
dndole la espalda, hacia el pasillo, donde estaba el
armario de los zapatos.
Si quieres ponerte sos le grit ella, siempre
se le puede hacer un nudo al cordn, hasta que compremos un par de recambio.
No, da igual contest, y sac un par de mocasines que se calz de pie, en el pasillo, forzando las
palas. Por lo menos no habra problemas de cordones. Respir a fondo, se pas la mano por la cara, demorndose en el sitio del bigote. Era menos chocante
al tacto que a la vista; Agns no tendra ms que acariciarlo mucho. Se forz a sonrer, sorprendido al
comprobar que casi lo consegua; empuj la puerta
del armario, calzndola con el cartn que impeda
que se entreabriera, y regres al saln, con la nuca un
poco tiesa, pero sonriente, a cara descubierta. Agns
haba quitado el disco y lo meta en la funda.
Quiz debiramos marcharnos ya dijo volvindose hacia l, antes de cerrar despacio la tapa de la
platina, cuyo botn rojo se apag sin que l la hubiera visto apretar la tecla.
Al bajar al stano donde se encontraba el garaje,
ella ech un vistazo a su maquillaje en el espejo del ascensor, despus lo mir a l con aire aprobador; pero
esa aprobacin, evidentemente, se refera a su traje y
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