Retahlas
Pajarito, pito pito, Dnde vas t tan bonito? Voy al campo de la era, pim, pom, fuera.
Tengo, tengo, tengo t no tienes nada. Tengo tres ovejas en una cabaa. Una me da leche, otra
me da lana, y otra mantequilla para la semana.
Cinco pollitos tiene mi ta: Uno le canta, otro le pa, otro le pica la masa molida; uno le dice
Ay, ta, ta! El otro le toca la sinfona.
NO y LITERATURA III
En este blog se muestran temas y actividades para los estudiantes de IV semestre
de UNEFA. sede LOS [Link] EDUCACIN INTEGRAL
martes, 11 de mayo de 2010
LEYENDAS INDIGENAS VENEZOLANAS
Leyendas Venezolanas
Las Cinco guilas Blancas: Segn la tradicin de los Mirripuyes (tribu de los Andes venezolanos),
fue Caribay la primera mujer. Era hija hija del ardiente Zuh (el Sol) y la plida Cha (la Luna). Era
considerada como el genio de los bosques aromticos. Imitaba el canto de los pjaros y jugaba con
las flores y los rboles.
Una vez Caribay vio volar por el cielo cinco guilas blancas y se enamor de sus hermosas
plumas. Fue entonces tras ellas, atravesando valles y montaas, siguiendo siempre las sombras
que las aves dibujaban en el suelo. Lleg al fin a la cima de un risco desde el cual vio como las
guilas se perdan en las alturas. Caribay se entristeci e invoc a Cha y al poco tiempo pudo ver
otra vez a las cinco hermosas guilas. Mientras las guilas descendasn a las sierras, Caribay
cantaba dulcemente.
Cada una de estas aves descendieron sobre un risco y se quedaron inmviles. Caribay quera
adornarse con esas plumas tan raras y esplndidas y corri hacia ellas para arrancarselas, pero un
fro glacial entumeci sus manos, las guilas estaban congeladas, convertidas en cinco masas
enormes de hielo. Entonces Caribay huy aterrorizada. Poco despus la Luna se oscureci y las
cinco guilas despertaron furiosas y sacudieron sus alas y la montaa toda se engalan con su
plumaje blanco.
ste es el origen de las sierras nevadas de Mrida. Las cinco guilas blancas simbolizan los cinco
elevados riscos siempre cubiertos de nieve. Las grandes y tempestuosas nevadas son el furiosos
despertar de las guiilas, y el silbido del viento es el cano triste y dulce de Caribay.
El Mito de las Cuevas: En todo el territorio venezolano, los indgenas de las diferentes tribus
compartan la creencia de que eran las cuevas los pasadizos hacia el ms all. Cuando alguien de
la tribu mora, se haca una especie de ceremonia a la entrada de la caverna. Si no se escuchaba
ningn ruido durante el rito, se daba por entendido que el alma del difunto haba pasado sin
problemas al otro mundo. En cambio, si se escuchaban ruidos se supona que el espritu del
familiar o amigo muerto estaba siendo enjuiciado y castigado por sus faltas cometidas en esta vida.
Muchas veces se escuchaban esos ruidos, debido a los animales que habitan en las cuevas. Es
por sto que los murcilagos y dems animales nocturnos alados eran considerados como los
transportadores de las almas.
Guaraira Repano: La ciudad de Caracas est enclavada en un hermoso valle. El Avila es el nombre
con que se conoce a la montaa que bordea el Norte de la metrpoli. En tiempos precolombinos
reciba el nombre de Guaraira Repano, que significa algo as como: "la ola que vino de lejos" o "la
mar hecha tierra". Segn los mitos de los indgenas venezolanos, en tiempos antiguos no exista la
montaa. Todo era plano, se poda ver hasta el mar. Pero un da las tribus ofendieron a la gran
Diosa del mar y sta quizo acabar con toda el pueblo. Entonces se levant una gran ola, la ms
alta que se haba visto y toda la gente se arrodill o e implor perdn de todo corazn a la Diosa y
justo cuando iba a descender la ola sobre ellos, se convirti en la gran montaa que hoy existe. La
Diosa se haba apiadado y haba perdonado a la tribu.
El dueo del Fuego: Cerca de donde nace el Orinoco viva el Rey de los caimanes llamado Bab.
Su esposa era una rana grandota y juntos, tenan un gran secreto ignorado por los dems animales
y los hombres. Estaba guardado en la garganta del caimn Bab. La pareja se meta en una cueva
y amenazaban con la prdida de la vida a quien osara entrar, pues decan que dentro haba un dios
que todo lo devora y slo ellos, reyes del agua, podan pasar.
Un da la perdiz, apurada en hacer su nido, entr distrada en la cueva. Buscando pajuelas
encontr hojas y orugas chamuscadas, como si el fuego del cielo hubiera estado por ah. Prob las
orugas tostadas y le supieron mejor que cuando las coma crudas. Se fue aleteando a ras del suelo
para contarle todo a Tucusito, el colibr de plumas rojas. Al rato lleg el Pjaro Bobo y entre los tres
urdieron un plan para averiguar cmo hacan la rana y el caimn para cocer tan ricas orugas. Bobo
se escondi dentro de la caverna aprovechando su obscuro plumaje. La rana solt las orugas que
traa en la boca al tiempo que Bab abra la suya, que era tremenda, dejando salir unas lenguas
rojas y brillantes. La pareja coma las orugas sin percatarse de Bobo, tras lo cual, se durmieron
satisfechos. Entonces, Bobo sali corriendo para contarles a sus amigos lo que haba visto.
Al da siguiente se pusieron a maquinar cmo arrebatarle el fuego al caimn sin quemarse ni ser la
comida de los reyes del agua. Tendra que ser cuando ste abriera la tarasca para rer. En la tarde,
cuando todos los animales estaban bebiendo y charlando junto al ro, Bobo y la perdiz colorada
hicieron piruetas haciendo rer a todos, menos a Bab. Bobo tom una pelota de barro y la avent
dentro de la boca de la rana, que de la risa pas al atoro. En el momento que el caimn vio los
apuros que pasaba la rana, solt la carcajada. Tucusito, que observaba desde el aire, se lanz en
picada, robando el fuego con la punta de las alas. Elevndose, roz las ramas secas de un enorme
rbol que ardi de inmediato. El Rey caimn exclam que si bien se haban robado el fuego, otros
lo aprovecharan y los otros animales arderan, pero Bab y la rana viviran como inmortales donde
nace el gran ro. Dicho esto, se sumergieron en el agua y desaparecieron para siempre.
Las tres aves celebraron el robo del fuego, pero ningn animal supo aprovecharlo. Los hombres
que vivan junto al Orinoco se apoderaron de las brasas que ardieron durante muchos das en la
sequedad del bosque, aprendieron a cocinar los alimentos y a conversar durante las noches
alrededor de las fogatas. Tucusito, el pjaro Bobo y la perdiz colorada se convirtieron en sus
animales protectores por haberles regalado el don del fuego.
Dueo de la Luz: En un principio, la gente viva en la obscuridad y slo se alumbraba con la
candela de los maderos. No exista el da ni la noche. Haba un hombre warao con sus dos hijas
que se enter de la existencia de un joven dueo de la luz. As, llam a su hija mayor y le orden ir
hasta donde estaba el dueo de la luz para que se la trajera. Ella tom su mapire y parti. Pero
eran muchos los caminos y el que eligi la llev a la casa del venado. Lo conoci y se entretuvo
jugando con l. Cuando regres a casa de su padre, no traa la luz; entonces el padre resolvi
enviar a la hija menor.
La muchacha tom el buen camino y tras mucho caminar lleg a la casa del dueo de la luz. Le
dijo al joven que ella vena a conocerlo, a estar con l y a obtener la luz para su padre. El dueo de
la luz le contest que le esperaba y ahora que haba llegado, viviran juntos. Con mucho cuidado
abri su torotoro y la luz ilumin sus brazos y sus dientes blancos y el pelo y los ojos negros de la
muchacha. As, ella descubri la luz y su dueo, despus de mostrrsela, la guard.
Todos los das el dueo de la luz la sacaba de su caja para jugar con la muchacha. Pero ella
record que deba llevarle la luz a su padre y entonces su amigo se la regal. Le llev el torotoro al
padre, quien lo guind en uno de los troncos del palafito. Los brillantes rayos iluminaron las aguas,
las plantas y el paisaje.
Cuando se supo entre los pueblos del delta del Orinoco que una familia tena la luz, los warao
comenzaron a venir en sus curiaras a conocerla. Tantas y tantas curiaras con ms y ms gente
llegaron, que el palafito ya no poda soportar el peso de tanta gente maravillada con la luz; nadie se
marchaba porque la vida era ms agradable en la claridad. Y fue que el padre no pudo soportar
tanta gente dentro y fuera de su casa que de un fuerte manotazo rompi la caja y la lanz al cielo.
El cuerpo de la luz vol hacia el Este y el torotoro hacia el Oeste. De la luz se hizo el sol y de la
caja que la guardaba surgi la luna. De un lado qued el sol y del otro la luna, pero marchaban
muy rpido porque todava llevaban el impulso que los haba lanzado al cielo, los das y las noches
eran muy cortos. Entonces el padre le pidi a su hija menor un morrocoy pequeo y cuando el sol
estuvo sobre su cabeza se lo lanz dicindole que era un regalo y que lo esperara. Desde ese
momento, el sol se puso a esperar al morrocoy. As, al amanecer, el sol iba poco a poco, al mismo
paso del morrocoy.