Cruzadas
La llamada a la Cruzada de Urbano II en Clermont (1095)
Que vayan pues al combate contra los infieles -un combate que merece la pena
emprender y que merece terminarse en una victoria- los que se dedicaban a las guerras
privadas y abusivas en perjuicio de los fieles!
Que sean en adelante caballeros de Cristo los que no eran ms que bandidos! Que
luchen ahora en buena ley contra los brbaros los que combatan contra sus hermanos y
parientes!
Estas son las recompensas eternas que van a conseguir los que se hacan mercenarios
por un miserable salario: trabajarn por el doble honor aquellos que se fatigaban en
detrimento de su cuerpo y de su alma. Estaban aqu tristes y pobres; estarn all alegres y
ricos. Aqu eran los enemigos del Seor; all sern sus amigos.
F. DE CHARTRES, Historia Hierosolymitana. Recoge: A. Lozano y E. Mitre, Anlisis y
comentarios de textos histricos, Madrid, 1979, p. 182.
La conquista de Constantinopla por los cruzados
[Cuando los cruzados entran en Constantinopla y el emperador Murzuflo huye,
comienza una matanza de griegos. Mientras la ciudad arde, los latinos acampan dentro de la
ciudad]
LV.- El marqus Bonifacio de Monferrato cabalg a lo largo de la costa hacia el Bucolen,
cuando lleg all, se le rindi, salvando as la vida los que estaban dentro. Fueron
encontradas all la mayor parte de las altas damas que haban huido al castillo; fue
encontrada la hermana del rey de Francia, que haba sido emperatriz, y la hermana del rey
de Hungra, que haba sido tambin emperatriz y muchas otras damas. Del tesoro que haba
en aquel palacio no hace falta hablar, pues tanto haba que no tena fin ni medida.
Igual que este palacio se rindi al marqus Bonifacio de Monferrato, el de las
Blanquernas se rindi a Enrique, hermano del conde Balduino de Flandes, salvando
igualmente las vidas de los que estaban dentro. Tambin all fue encontrado un tesoro muy
grande, no menor que el de Bucolen. Cada uno llen con sus gentes el castillo que le fue
entregado e hizo custodiar el tesoro; y las otras gentes que estaban dispersas por la ciudad
hicieron tambin gran botn; fue tan grande la ganancia que nadie os podr hacer la cuenta
entre oro y plata, vajillas, piedras preciosas, satenes, tejidos de seda, capas de cibelina, de
gris de armio y toda clase de objetos preciosos como nunca se encontraron en la tierra.
Godofredo de Villehardouin, mariscal de Champagne, da testimonio segn la verdad y en
su conciencia que, desde que el mundo fue creado, nunca se gan tanto en una ciudad.
Cada uno escogi la residencia que le plugo, pues haba suficientes. As, se alberg la
hueste de los peregrinos y de los venecianos; fue grande la alegra por la fortuna y la
victoria que Dios les haba proporcionado pues los que haban estado en la pobreza nadaban
ahora en la riqueza y el lujo (...)
G. DE VILLEHARDOUIN, La conqute de Constantinople, ed. A. Pauphilet, Historiens et
chroniqueurs du Mogen Age, Pars, 1952, pp. 144-147.
Clusulas de la paz entre Gnova y Egipto en 1290
Los genoveses tendrn garanta para sus personas y bienes (...) Podrn circular
libremente, incluso en Siria (...) Dependern judicialmente del cnsul de los genoveses en
Alejandra, ante el que debern llevarse las querellas de los musulmanes u otros sbditos
del sultn, pero las querellas iniciadas por genoveses contra sbditos del sultn se llevarn
al Diwan, ante el emir (...) Ningn genovs podr ser detenido por faltas de otro, a no ser
que haya salido por su fiador (...)
Sobre sus importaciones de oro y plata, los genoveses debern dar seis besantes, 16
carats por 100 de oro, y 4 besantes y 12 carats por ciento para la plata. Si traen moneda, 4
besantes, 12 carats por ciento para el oro y plata. Ningn gravamen sobre las pieles, cueros
y piedras preciosas (...) Los genoveses deben pagar en la aduana de Alejandra 12 por 100
sobre las mercancas pesadas, pero solo despus de efectuada y cobrada la venta. Sobre los
paos de todos los colores, de seda y lana, sobre el oro hilado y la madera, 10 por 100 (...)
Toda mercanca depositada en la aduana para ser vendida en subasta debe ser
inventariada, as como el precio de venta obtenido (...) ningn genovs ha de ser forzado a
vender las mercancas que ha trado, si quiere llevrselas, puede hacerlo sin pagar derechos
(...) Si un genovs es deudor de la aduana pero acreedor de un musulmn, puede partir
cargando sobre este la responsabilidad de su deuda. Los genoveses tendrn almacenes
suficientes, cerrados con llave, y la aduana los har vigilar (...)
CAHEN, CL, Orient et Occident au temps des Croisades, Pars, 1983, doc. XX. Recoge: M.
A. Ladero Quesada, Historia Universal de la Edad Media, Barcelona, 1987, pp. 693-694.