LE MONDE diplomatique Venezuela
M I S S I S S I P P I
La fractura de la
Norteamrica profunda
P. 15-17
POLTICAS SOCIALES EN EL MERCOSUR
La igualdad como prioridad
poltica P. 4-5
Caracas marzo-abril de 2012 1
U N I N
E U R O P E A
Economistas a sueldo en
la mira P. 18-20
ENCARTE N 9
Sofa Argello Pazmio
A o I V. N m e r o 3 2 . C a r a c a s , m a r z o - a b r i l d e 2 0 1 2 2 0 B s F.
Ed i c i n
Eslogan o consigna
L
a poltica venezolana se haba acostumbrado al bipartidismo, antes de
que Hugo Chvez apareciera en la
escena nacional. Esa polarizacin a favor
de unos partidos polticos que eran parte del mismo sistema (Accin Democrtica y Copei) se agudizaba en la medida
que exista una eleccin y se diferenciaban por el eslogan. Con la polarizacin
electoral sobrevivieron los partidos
tradicionales y es la forma que han encontrado y los que aparecieron luego
de sus respectivas purgas internas para
intentar derrotar a Chvez.
Desde que ste lanz su candidatura presidencial y fue a elecciones en
1998, estos partidos dejaron a un lado
a sus candidatos Luis Alfaro (AD) e
Irene Sez (Copei), y se unieron con
Henrique Salas Rmer (Proyecto Venezuela). La historia de los resultados es
conocida, tambin las que le siguieron.
La oposicin se ha atomizado para enfrentar a Chvez en cada eleccin, esta
vez lo hacen con la Mesa de la Unidad
Democrtica (MUD), a pesar de las severas discrepancias polticas que existe
entre las diferentes organizaciones que
la integran.
Despus que la oposicin quem los
cuadernos electorales, una vez concluida
sus primarias para escoger el candidato
presidencial de la derecha (tambin a
sus alcaldes y gobernadores), comenz
su campaa electoral con el eslogan sobre el progreso, por un lado, y con una
estrategia que apunta a desprestigiar al
ente comicial, por otro.
El candidato elegido por los electores opositores, Henrique Capriles Radonski, comenz la carrera poltica en
las filas del partido socialcristiano Copei,
con quien logr la diputacin por el estado Zulia en 1998. Se mantuvo en el
Congreso mientras el pas discuta la
nueva Constitucin. En 2000 cambia de
partido y pasa a formar parte de Primero Justicia (PJ), pero sin cambiar de acera
ideolgica, ya que ambas organizaciones
con fines polticos, a principios del nuevo
milenio, se disputaron la franquicia de lla-
marse Partido Popular, lo que los identificara ms con el homnimo partido de
derechas espaol.
El cambio no fue un asunto ideolgico sino generacional. En PJ estaban los
muchachos, las caras nuevas, mientras
Copei se fosilizaba y desapareca del escenario poltico lo que comenz con la
separacin de su fundador, Rafael Caldera,
en 1994, y dej de ser una de las referencias electorales que, junto con Accin
Democrtica, conformaban el bipartidismo poltico venezolano.
En 1999, Capriles estuvo en contra de
la aprobacin de la nueva Constitucin
porque supuestamente consolidara una
dictadura constitucional en la que habra
tres tipos de ciudadanos: los civiles, los
militares y los indgenas. Le preocupaba sobremanera estos ltimos, porque la
Carta Magna, segn el candidato, le daba
capacidad a los indgenas para crear naciones aparte en sus territorios ocupados. En las elecciones del ao 2000 llega
a la alcalda de Baruta y participa con
su partido en el golpe
de Estado de 2002. El 12
de abril de ese ao se
convierte en justiciero.
Por la maana se dedica
a la caza de chavistas en
su municipio y por la tarde
pretende requisar la embajada de Cuba, mientras esta
sede era agredida. En las elecciones de 2008 logr la
gobernacin del estado
Miranda, y una de sus
medidas fue el cese del apoyo
estadal a las misiones sociales.
Segn las encuestas nacionales publicadas, el
candidato Capriles
no ha dado buenos dividendos. Algunas dicen
que esta candidatura se
estanc alrededor del
30%, otras revelan que pierde puntos en la medida en
ve n e zola n a
La austeridad es un mal inevitable?
Por Ral Cazal
que se acerca la fecha de la eleccin. Su
discurso electoral no ha logrado pasar ms
all de chistes y de pretender convencer a
los electores chavistas de que mantendr
las misiones sociales con la creacin de una
Ley.
Mientras, el presidente Chvez ha logrado movilizar a la poblacin para resolver
el problema de la vivienda, por la situacin
creada por las lluvias que, desde finales de
2010, afectan considerablemente al pas.
A diferencia del bipartidismo tradicional, la polarizacin actual se debate entre
dos proyectos polticos totalmente contrapuestos. El de la oposicin, con el eslogan
de progreso, no oculta su intencin de
recurrir al Fondo Monetario Internacional
y, por ende, a sus recetas econmicas que
traeran como resultado la profundizacin
de las desigualdades sociales; y el proyecto
de los socialistas, que lidera Hugo Chvez,
con la consigna de soberana e independencia. El 7 de octubre el pueblo decidir
por un modelo econmico y social. l
Ilustracin: Ugo Ramallo
Frente a los acreedores:
el atrevimiento argentino
y la pusilanimidad griega
La crisis griega no es indita. Otros pases,
agobiados, al igual que Grecia hoy, por la carga de
la deuda escogieron no obstante no pagar ms, como
la Argentina de las dcadas 1990-2000. Este ejemplo
emblemtico ilustra tambin las lgicas que conducen
a la catstrofe y los mecanismos que podran permitir
a Atenas aflojar el tornillo de los ajustes
Por Maurice Lemoine
Periodista
odo empieza a partir de una idea deslumbrante. Para
poner fin a la inflacin que devasta al pas a su llegada
al poder en 19891, el presidente peronista Carlos Menem acompaado por su super ministro de Economa Domingo Cavallo, formado en Harvard y ex funcionario de la
dictadura (1976-1983) fija la tasa de cambio de la moneda
argentina de manera rgida: 1 peso=1 dlar. Este sistema es
bautizado convertibilidad. Al principio, esta poltica alentada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene xito:
la inflacin desaparece, el crecimiento econmico se afirma.
El 1 de enero de 2001, Grecia cumple con los requisitos de
Maastricht y se une a la zona euro. Un ao ms tarde, las monedas
acuadas de la nueva divisa reemplazan al dracma, la antigua moneda nacional.
Despus de la crisis mexicana (1994-1995), la Argentina
tiene dificultades para financiarse en los mercados: el alza de
las tasas de inters que alcanzan el 20% pesa sobre su presupuesto. Dado que varias crisis golpearon a las naciones emergentes (el sudeste asitico, Rusia, Brasil), el dlar, transformado
en inversin refugio, ve crecer su valor. El matrimonio de amor
del peso con el billete verde se vuelve en contra de la Argentina: al quitarle al Banco Central toda autonoma, el gobierno
perdi el control de su poltica monetaria. Cuando varios vecinos importantes, como Brasil, devalan su moneda, cuando
el dlar sube en relacin al euro, Argentina pierde toda competitividad en sus mercados, tanto prximos como lejanos. El
ao 1998 marca as el trnsito del crecimiento a la recesin.
(contina en la p. 7
2 LE MONDE diplomatique Venezuela
Caracas marzo-abril de 2012
Malvinas
Caracas, marzo-abril de 2012
Ral Cazal
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una errnea visin alternativa
Por Atilio A. Boron*
En el momento
en que Argentina
reactiva su derecho
a la soberana sobre
las islas Malvinas,
y recibe como
respuesta por parte
del primer ministro
Cameron el ttulo de
colonialista, una
carta abierta publicada
y firmada por un grupo
de intelectuales y
publicistas sorprende
por su tono entreguista
y su desconocimiento
del significado
del trmino
autodeterminacin
de los pueblos,
al proponer un
referndum en unas
islas arrebatadas
a Argentina y
reclamadas por sta
desde hace 179 aos.
*Socilogo. Director del
PLED
s bueno que en Argentina
haya irrumpido una discusin acerca de qu actitud tomar en relacin a las Islas
Malvinas. Desde hace mucho
este pas estaba atrapado entre
las secuelas paralizantes de la ignominiosa derrota sufrida hace
casi treinta aos -producto de
la incompetencia, fanfarronera
y demagogia de la dictadura genocida- y la va muerta de una
estrategia diplomtica que pese
a su perseverancia no rindi
frutos porque el mal llamado
orden mundial es en realidad
un cruento e injusto desorden
en donde slo por excepcin
deja de regir la ley del ms fuerte. Es de celebrar que en fechas
recientes el gobierno nacional
haya modificado algunos aspectos de esta estrategia buscando
nuevos y valiosos aliados regionales para inclinar a su favor
una correlacin de fuerzas que
en el uno a uno de la diplomacia convencional entre el Reino
Unido y Argentina, nos conduca inexorablemente a un nuevo
ciclo de decepciones. Gracias
a las torpes provocaciones de
David Cameron la causa de las
Malvinas se latinoamericaniz y
Londres acus el impacto al ver
que, en esta parte del mundo,
su pertinaz colonialismo suscitaba creciente repudio a la vez
que solidaridad con la Argentina y que Washington admita,
para desasosiego britnico, que
haba un problema de soberana
que deba discutirse bilateralmente. Y es lgico que el tema
se haya latinoamericanizado
porque la controversia sobre la
soberana del archipilago involucra al menos tres aspectos que
hacen al inters comn de Amrica Latina: (a) la explotacin de
recursos naturales de nuestros
espacios martimos: recursos renovables (si no se los depreda),
como la pesca, y no renovables,
como el petrleo; (b) el acceso
a la Antrtida, fuente segura de
enormes riquezas minerales e
hidrocarburferas cuyo tratado,
que deja congelados los reclamos de soberana sobre ese
territorio, debera ser renovado
en fechas prximas; y (c) el ac-
ceso al paso biocenico a travs
del Estrecho de Magallanes, de
extraordinaria importancia en
la hiptesis de que por diversos
motivos fuese inoperable el Canal de Panam. Estas cuestiones, como es obvio, no pueden
ser indiferentes para la regin,
y muy en especial para los pases sudamericanos. La causa
subyacente de las bravatas del
anodino premier britnico son
los graves problemas econmicos (hasta ahora disimulados)
y sociales (indisimulables) que
atribulan al Reino Unido. Baste
recordar que hace menos de un
ao multitudinarias protestas
populares culminaron con saqueos e incendios en las principales ciudades britnicas, las
que impulsaron a Cameron a
escalar el diferendo militarizando an ms al Atlntico Sur y
violando los acuerdos regionales
que velan por la desnuclearizacin de esta parte del mundo,
incluyendo en su juego a la
figura del prncipe Guillermo
con toda la carga simblica que
esto implica y yndose de boca
con afirmaciones tales como
que la Argentina era un pas colonialista, lo que en cuestin de
minutos convirti al mulo de
Margaret Thatcher en el hazmerrer universal toda vez que ms
de la mitad de los territorios
an sometidos al yugo colonial
tienen como potencia dominante al Reino Unido, entre
ellas nada menos que Gibraltar,
en las puertas de Europa. Esto
produjo la paradojal coincidencia de Espaa con la Argentina
en sus reclamos anticolonialistas, ante las cuales Londres
respondi con su acostumbrado
desprecio por la legalidad internacional.
Ante la complejidad que
tiene la lucha por recuperar a
las islas es importante que en
Argentina se debata el asunto
con la seriedad que se merece,
sin patrioterismo pero tambin
sin desaprensivos cosmopolitismos, entre otras cosas porque
de por medio estn los seiscientos cuarenta y nueve jvenes
argentinos que fueron sacrificados en la guerra, los ms de
mil que regresaron heridos y
mutilados, los muchos que se
suicidaron despus y la afrenta
que representa para el honor
de este pas los reclamos de los
miles de conscriptos que an no
obtienen del estado nacional el
resarcimiento que se merecen
por sus servicios prestados en la
guerra. Esta advertencia viene
a cuento porque en los ltimos
das se ha desencadenado entre un grupo de intelectuales y
publicistas crticos del gobierno una especie de torneo para
ver quien adopta posturas ms
anglfilas y entreguistas, con
argumentos que ofenden la inteligencia de los argentinos y la
memoria de nuestros muertos al
paso que llenan de regocijo al
Foreign Office. Uno de los disparates ms significativos es el que
dice, en lnea con los pretextos
de Londres, que la Argentina
debera consultar a los isleos
si es que aceptan o no que Las
Malvinas sean reincorporadas al
patrimonio nacional. Se apela,
errneamente, a la doctrina de
la autodeterminacin nacional lo que le permiti al historiador Luis Alberto Romero (en
una columna publicada en el
diario La Nacin) y a un grupo
de 17 intelectuales y publicistas
proponentes, segn ellos, de
una mirada alternativa sobre
la cuestin de las Malvinas, renunciar alegremente y sin ms
miramientos al legtimo derecho que le asiste a la Argentina
y dar por definitivamente perdida una batalla que este pas
viene librando desde hace 179
aos1.
Quienes postulan la doctrina de la autodeterminacin
nacional se olvidan que sta
slo es aplicable a condicin de
que se cumpla con un requisito inescapable: que quienes se
amparen en ese derecho sean
los pobladores autctonos de
un territorio, lo que no ocurre
en el caso de las Malvinas. La
escasa poblacin argentina que
haba en las islas fue desalojada
por una fuerza expedicionaria
britnica que se apoder violentamente del archipilago y estableci, en su lugar, una pequea
LE MONDE diplomatique Venezuela
colonia que al cabo de casi dos
siglos no supera las tres mil almas. Esa viciosa modalidad de
adquisicin territorial se llama,
en el derecho internacional,
conquista, y de por s invalida
cualquier pretensin de legitimar la presencia post festum
de los intrusos auscultando su
voluntad o no de perpetuar los
efectos de la conquista gracias
a la cual se apoderaron de unas
tierras que no eran suyas.
La inconsistencia del argumento es ms que evidente y
no se necesita ser un eminente
jurisconsulto para comprobarlo.
Propongo el siguiente experimento mental: imaginemos
lo que habra ocurrido si la Argentina hubiera sido una gran
potencia y a comienzos del siglo
diecinueve hubiese ocupado
militarmente una dependencia
britnica, prxima a sus costas, como por ejemplo la Isla
de Man, expulsando al puado
de ingleses que la habitaban y
hubiese instalado all una pe-
Ante la complejidad que
tiene la lucha por recuperar
a las islas es importante que
en Argentina se debata el
asunto con la seriedad que
se merece, sin patrioterismo
pero tambin sin desaprensivos cosmopolitismos, entre
otras cosas porque de por
medio estn los seiscientos
cuarenta y nueve jvenes
argentinos que fueron sacrificados en la guerra
quea comunidad de argentinos
amparados por la permanente
presencia de un destacamento
armado donde los reclamos de
la corona britnica hubiesen sido
sistemticamente desodos y una
medida desesperada para recupe-
Caracas marzo-abril de 2012 3
rar la isla por las armas -tomada
cuando en Inglaterra el fantasma
de Cromwell y los sentimientos
antimonrquicos preanunciaban
una crisis poltica de enormes
proporciones- hubiese permitido su transitoria reintegracin
al dominio britnico, slo para
que, poco despus, sus tropas
sufrieran una aplastante derrota
a manos de la potencia colonizadora sudamericana. Luego
de ello Londres proseguira con
sus infructuosos reclamos mientras una arrogante Buenos Aires
ratificaba su absoluto rechazo a
cualquier inicio de conversaciones sobre el tema so pretexto de
que nada poda hacerse contra la
voluntad de los isleos, descendientes de quienes ocuparon por
la fuerza esa isla dos siglos atrs.
Seguramente que, en este caso,
los actuales cosmopolitas dispuestos a ceder definitivamente
las Malvinas a los ingleses se
hubieran rasgado las vestiduras
ante esta sucesin de atropellos
al derecho de gentes, el desprecio
por la negociacin diplomtica y
el desacato a las resoluciones de
las Naciones Unidas. Pero ya no
como un experimento mental
sino como una palpable realidad
esto es lo que Londres ha venido
haciendo desde 1833, y es por
ello que rehsa a sentarse en una
mesa de negociaciones, honrar
las reiteradas recomendaciones
del Comit de Descolonizacin
de Naciones Unidas y la Resolucin 2065 de la Asamblea
General que insta a las partes a
buscar una solucin pacfica al
diferendo, cosa a la cual el Reino
Unido se ha negado sistemticamente. Y lo hace porque el
Foreign Office es consciente de
que toda la legislacin internacional le juega en contra; que su
acto de piratesca apropiacin de
unas islas que no eran suyas es
insanablemente ilegal e ilegtimo
y lo mismo vale para el Pen
de Gibraltar- y ni siquiera mil
aos de ocupacin podrn redimir a los invasores britnicos de
ese pecado de origen. Tal como
lo recordara Fidel Castro pocos
das atrs, una vez iniciada la
negociacin diplomtica los ingleses no tendrn ms remedio
que irse porque slo les asiste el
hecho desnudo de la conquista
y la fuerza2. Pero los crticos se
olvidan de todos estos molestos
detalles y adoptan, en algunos
casos de modo sorprendente
dada sus trayectorias poltico-intelectuales, el punto de vista del
colonizador. La culpa, por supuesto, es de los colonizados, de
las vctimas; la razn, en cambio,
siempre est del lado de los colonizadores. La historia argentina
y latinoamericana est repleta de
casos como estos en los cuales la
colonialidad de las elites culturales las convierte en voceros de
las potencias coloniales.
Claro que para esto es preciso olvidar muchas cosas: (a)
que el recalentamiento del tema
Malvinas fue responsabilidad de
Londres y no de Buenos Aires;
(b) que hasta ahora el gobierno
argentino ha dado muestras de
una saludable prudencia, al no
caer en las burdas provocaciones de Cameron y responder a
su bravuconada reforzando la
presencia militar en el Atlntico
Sur; (c) y que el ncleo central
de su argumentacin, la autodeterminacin de los isleos
se desploma ante el peso de
un componente central de la
misma tradicin jurdica anglosajona que los crticos se supone
tienen en alta estima y que dice
que might does not make right, o
sea, la fuerza no crea derechos.
En consecuencia, en el caso
de las Malvinas, como en cualquier otro en donde un Estado
arrebata el territorio de otro
pas por la va de la conquista,
la doctrina que se aplica no
puede ser la de la autodeterminacin nacional, por las
razones arriba expuestas, sino
la de la integridad territorial
que establece que ningn estado tiene derecho a apropiarse
de un territorio que pertenece
o se halla bajo la jurisdiccin
de otro. Segn esta doctrina
la consulta a los deseos de los
isleos es irrelevante a la hora
de resolver la cuestin de la
soberana, aunque va de suyo
que si las Malvinas llegaran a
retornar algn da a la Argentina (en un futuro que sin dudas
est muy lejano, aun cuando
Londres decida dejar de violar
la legalidad internacional y obedezca el mandato de la ONU)
el modo de vida de los isleos,
su lengua y sus tradiciones deberan ser incondicionalmente
respetadas y la Argentina debera aceptar, como lo han hecho
Bolivia y Ecuador, el desafo de
construir una comunidad poltica binacional, bilingustica y
multicultural. Pero esto nada
tiene que ver con la cuestin
de la soberana: quienes apelan
a la autodeterminacin de los
isleos cometen un grave error
jurdico y poltico, al paso que
sus confusas elucubraciones
desnudan los peligros que el rechazo visceral a una gobernante,
en este caso Cristina Fernndez
de Kirchner, puede tener sobre
mentes que, bajo otras circunstancias, dieron en algunos casos
muestras de notable lucidez y
clarividencia. l
Luis Alberto Romero, Son
realmente nuestras Las Malvinas?, La Nacin, 14 de Febrero
de 2012; el documento de los
17 intelectuales y publicistas
lleva por ttulo: Malvinas: una
visin alternativa, y se public
ntegramente en la edicin del
23 de Febrero de 2012.
2
Ver al respecto el esclarecedor
anlisis de Marcelo G. Kohen
sobre todos los obstculos interpuestos por el Reino Unido para
evitar el inicio de negociaciones
diplomticas sobre el futuros de
las islas: Quin bloquea en
la cuestin Malvinas, en Pgina/12, 12 de enero de 2012.
1
4 LE MONDE diplomatique Venezuela
i observamos las caractersticas de las polticas direccionadas a la inclusin
e integracin social habremos
de verificar un cambio de enfoque estratgico y normativo, su
traduccin en los diseos y formulacin de planes, programas
sociales y proyectos sociales, as
como en los resultados que a la
vista se comprueban como exitosos. Todo parece indicar que
nos hallamos en una etapa de
transicin signada por la revisin de los sistemas y modelos
de proteccin social con una intencin implcita de reconstruir
una matriz de bienestar capaz de
resolver los nudos crticos que
presenta nuestra realidad societal. No obstante ello, la deuda
fundamental con la equidad
y la igualdad social es asunto
que preocupa a los gobernantes
de la Regin, sobre todo si tomamos en cuenta que Amrica
Latina contina siendo el continente ms desigual del mundo.
Repasemos sucintamente los rasgos que caracterizan esta etapa de
transicin en el ltimo decenio:
Estabilidad
macroeconmica
En tiempos de globalizacin
y de fuerte interrelacin en el
planeta, los Estados nacionales an cuentan con mrgenes
importantes de autonoma en
el manejo de las principales
variables macroeconmicas. Tal
y como lo seala la CEPAL, la
crisis mundial desatada en el
ao 2008 fue absorbida por las
economas nacionales latinoamericanas en virtud de haber
aplicado polticas contracclicas, lo que permiti moderar
la profundidad y la duracin
de su impacto (CEPAL, 2010)
De hecho, varias de las medidas de poltica de mercado
de trabajo adoptados fueron
el vehculo para que el mayor
gasto fiscal llegara en la mayor
medida posible a las personas,
reflejando un preocupacin por
la igualdad (CEPAL, 2010). El
ao 2011 sealaba el Informe
de referencia -, se inici con un
dinamismo econmico singular,
revirtiendo y dejando atrs los
efectos de la crisis, el crecimiento del PBI regional proyectado
supera el 4.1 y en algunos de
los casos, por encima del 6%, al
mismo tiempo que descienden
las tasas de desempleo abierto
ubicndose en el entorno del
7%. Mientras los pases ms
industrializados atraviesan por
una de las peores crisis financieras (obsrvese las medidas adoptadas en Europa que implicaron
reduccin del gasto pblico,
disciplina fiscal, congelamiento
de salarios, etc. y los impactos
generados por la especulacin
en Estados Unidos), la Regin
sigue creciendo y las economas
sortean los coletazos sin mayores contratiempos.
Caracas marzo-abril de 2012
Polticas Sociales en el MERCOSUR
LA
IGUALDAD
como prioridad poltica
Por Christian Adel Mirza*
La primera dcada del siglo XXI ha marcado sin duda el inicio de un proceso significativo de cambios en
las orientaciones en el campo de las polticas pblicas sociales en la Regin (MERCOSUR).
Ms especficamente estas transformaciones se han plasmado en la esfera de la accin social del
Estado con relacin directa a los problemas sociales. Dicho de otro modo, la cuestin social ha sido
resignificada tanto torica como empricamente, por los actores principales que hoy asumen la
conduccin de la gestin pblica en los cuatro Estados Parte del MERCOSUR
Todo parece indicar que
nos hallamos en una etapa
de transicin signada por
la revisin de los sistemas
y modelos de proteccin
social con una intencin
implcita de reconstruir una
matriz de bienestar capaz de
resolver los nudos crticos
que presenta nuestra realidad
societal. No obstante ello,
la deuda fundamental con la
equidad y la igualdad social
es asunto que preocupa a los
gobernantes de la Regin,
sobre todo si tomamos en
cuenta que Amrica Latina
contina siendo el continente
ms desigual del mundo.
*Magister en Ciencia
Poltica con especializacin
en Gobierno y Polticas
Pblicas. Profesor e
Investigador de la Facultad
de Ciencias Sociales
(Udelar) e investigador
Senior para CLACSO.
Actualmente es el Director
Ejecutivo de Instituto Social
del Mercosur
El regreso del Estado
protector
A contrasentido de las doctrinas
o tesis del Estado minimalista
y la desregulacin funcional al
patrn de acumulacin y a los
intereses del capital, particularmente el capital financiero y
trasnacional, el ltimo decenio
manifiesta el retorno del Estado,
sobre todo en el campo de las
polticas sociales. El regreso del
Estado toma la forma de planes,
programas sociales y proyectos
sociales, de una accin pblica
masiva, sostenida en el tiempo
y con una importante movilizacin y aplicacin de recursos
presupuestales. La mayor intervencin estatal deja entrever una
cierta intencionalidad de domesticar el mercado, es decir,
operar en el mismo con acciones
volitivas, en algunas esferas muy
decisivas para la recuperacin de
los salarios. Vase el ejemplo de
la negociacin colectiva introducida en Uruguay mediante el
funcionamiento de los Consejos
de Salarios Tripartitos que suponen una injerencia mucho mayor que en las dcadas anteriores
fundamentada en la necesidad
de inclinar la balanza a favor del
trabajo en una relacin que es
asimtrica y desigual entre Capital y Trabajo.
Los ciudadanos son sujetos
de derechos
Colocar el centro de atencin en
los derechos supone abandonar
la idea que los ciudadanos son
objetos de la compasin y de la
asistencia pblica. Deben ser tenidos como sujetos de derechos
y el Estado garantizar su pleno
ejercicio; esto es precisamente
lo que sustenta hoy da la base
conceptual de las polticas sociales en el MERCOSUR. La
integralidad de las polticas pblicas desde un enfoque sistmico ha sido el intento puesto en
prctica en los ltimos aos. Sin
embargo, los propios constreimientos del modelo productivo
limitan todava -y pese a los
esfuerzos desplegados- aquella
aspiracin de integralidad de las
intervenciones pblicas para obtener resultados en trminos de
mayor equidad. Persisten rasgos
de un modelo liberal-residualista
que conviven o coexisten con la
aplicacin de planes sociales que
pretenden apuntar a las causas
que producen y reproducen la
pobreza y no solo a mitigar los
efectos perversos de las polticas econmicas. La tendencia
indica un itinerario probable en
la remocin de aquellos resabios
en la arquitectura de proteccin
social.
Tensin entre universalidad
y focalizacin
Es lo que aparece con fuerza en
el escenario de las polticas sociales. De un lado se proclama el
acceso universal a la educacin,
la salud, la vivienda (y por cierto que se toman medidas en ese
sentido), de otro lado, persiste
el criterio de focalizacin o de
discriminacin positiva para el
acceso a prestaciones sociales no
contributivas. An as, a modo
de ejemplo, las modificaciones
del rgimen de asignaciones familiares en Argentina y la nueva
estrategia de Brasil sin Miseria
demuestran una intencin de
recorrer un camino hacia aquella universalizacin desanclada
de la comprobacin de medios
-o al menos de moderar el criterio- ampliando notablemente
la cobertura de colectivos sociales. Introduciendo asimismo el
concepto de focalizacin subsidiaria, esto es, una focalizacin
complementaria que contribuye
al ejercicio efectivo de los derechos por parte de sectores vulnerables que se encuentran en
situacin de desventaja econmica y social.
Y en cuanto al impacto en la
disminucin de la brecha social o, dicho de otro modo, en
la reduccin de la desigualdad,
los resultados no han sido plenamente satisfactorios, pese al
descenso del coeficiente de Gini
(como uno de los indicadores
de medicin), sobre todo en
consideracin a los altsimos
niveles de desigualdad que
arrastra la Regin desde varias
dcadas atrs.
Transferencias Monetarias
Directas
Incremento del Gasto
Pblico Social
La implementacin de Programas de Transferencias Condicionadas de Renta es una
impronta generalizada en toda
la Regin. Precisamente con la
llegada al poder poltico de los
partidos y coaliciones progresistas, la transferencia monetaria
directa se erige como un pilar
sustantivo de las estrategias de
combate a la pobreza y la indigencia. Vale remarcar que los
impactos en aquella direccin
han sido altamente positivos,
dado que la indigencia o extrema pobreza ha bajado de manera sensible y en menor medida
bajaron los ndices de pobreza.
Debe subrayarse a modo de
ejemplo, al ms reciente de los
programas de esta naturaleza,
el Tekopor en Paraguay el cual
avanz sustancialmente en trminos de cobertura fuertemente sustentado en la cooperacin
con las organizaciones sociales
territoriales. Las condicionalidades muy discutidas por
otra parte han evidenciado
un incremento de la matrcula
escolar y de la concurrencia a
los diversos efectores de salud.
Aun cuando se entiende que el
Gasto Pblico Social debera
considerarse propiamente como
inversin social, por lo general
se registra en los presupuestos
(tcnicamente) como gasto
aplicado por el Estado a cubrir
las necesidades de la poblacin,
ofreciendo los bienes, servicios
y prestaciones que lo hagan posible. As es como observamos
que en Amrica Latina el porcentaje destinado al gasto social
se ubicaba en el 12.21% del PBI
en 1990-91, para el ao 20072008 aquel trepaba al 18% y
superaba levemente el 20%
en el MERCOSUR (CEPAL,
2010). Esto se explica en buena
medida por el incremento en
el sector salud y en educacin
y por el aumento relativo de la
seguridad social. An cuando el
GPS mantiene globalmente un
carcter procclico, la mayora
de las naciones desarrollan una
poltica de expansin del gasto
en coyunturas de contraccin
econmica mediante transferencias, subsidios y estmulos
al empleo. Segn el Panorama
Social de la CEPAL la pobreza
LE MONDE diplomatique Venezuela
se increment levemente durante el 2008 y 2009 a consecuencia de la crisis pero hubo
nuevamente una recuperacin
de la tendencia de descenso sostenido. Segn el mencionado
Informe (CEPAL, 2010), para
Argentina, Chile, Per y Uruguay la pobreza disminuy por
el efecto crecimiento; mientras
que para Brasil, Ecuador, Panam y Paraguay por efecto distribucin.
Convergencia de
estrategias: la cuestin
social en la agenda poltica
Hay evidencia por lo antedicho,
que el MERCOSUR camina a
paso seguro por la senda de las
transformaciones necesarias en
la superacin de la pobreza y la
indigencia, para lo cual debe subrayarse las recientes decisiones
que ha tomado el bloque rela-
Mientras los pases
ms industrializados
atraviesan por una de las
peores crisis financieras
(obsrvese las medidas
adoptadas en Europa que
implicaron reduccin del
gasto pblico, disciplina
fiscal, congelamiento
de salarios, etc. y los
impactos generados por la
especulacin en Estados
Unidos), la Regin sigue
creciendo y las economas
sortean los coletazos sin
mayores contratiempos.
Caracas marzo-abril de 2012 5
tivas a la Dimensin Social del
proceso de integracin regional.
En ese sentido se sealaba en
la Declaracin de Buenos Aires
Por un Mercosur con rostro
humano y perspectiva social
del 14 de julio de 2006: la necesidad de Asumir la dimensin
social de la integracin basada
en un desarrollo econmico de
distribucin equitativa, tendiente a garantizar el desarrollo
humano integral, que reconoce
al individuo como ciudadano sujeto de derechos civiles,
polticos, sociales, culturales y
econmicos. De esta forma, la
Dimensin Social de la integracin regional se configura como
un espacio inclusivo que fortalece los derechos ciudadanos y
la democracia1.
La Declaracin de Principios del MERCOSUR Social
sintetiza los temas que haban
ocupado la atencin y generado acuerdos en las reuniones
de Ministros y Autoridades del
MERCOSUR Social hasta ese
momento2. Los fundamentos
conceptuales se refieren a la:
centralidad de la Dimensin
Social en la integracin que
pretenda promover un desarrollo humano y social integral;
indisociabilidad de lo social y
econmico en la formulacin,
diseo, implementacin y evaluacin de las polticas sociales
regionales; reafirmacin del
ncleo familiar como eje de
intervencin privilegiado de las
polticas sociales en la regin;
centralidad del rol del Estado;
proteccin y promocin social desde una perspectiva de
derechos, superando la visin
meramente compensatoria de
lo social; participacin de una
sociedad civil fortalecida or-
ganizacionalmente. Asimismo
en la Cumbre de Presidentes
en Asuncin de fines de junio
2011, el Consejo Mercado
Comn (mxima instancia decisoria) aprob -a propuesta de
la Reunin de Ministros y Autoridades de Desarrollo Social
(RMADS) y la Comisin de
Coordinacin de Ministerios de
Asuntos Sociales (CCMASM)el Plan Estratgico de Accin Social (PEAS) que articula nueve
ejes fundamentales y 26 directrices estratgicas para la Regin, que se desarrollarn a partir del ao 2012 bajo el formato
de proyectos sociales regionales.
Finalmente en la instancia realizada en Montevideo (6 y 7 de
diciembre 2011) y das antes
de la Cumbre de Presidentes,
la Reunin de Ministros y Autoridades de Desarrollo Social
(RMADS) resolvi definir en
su prximo Plan Bienal los ejes
prioritarios; a) la profundizacin de la institucionalidad de
la Dimensin Social del MERCOSUR en particular su apoyo
al Instituto Social del MERCOSUR, b) la elaboracin y ejecucin de proyectos regionales
en el marco del PEAS, c) desarrollar la estrategia de identificacin, intercambio y difusin
de mejores prcticas en el rea
social y d) fortalecimiento de la
integracin con otras instancias
del MERCOSUR sobre todo las
designadas por la CCMASM.
En sntesis, la cuestin social ocupa un espacio jerarquizado en las agendas pblicas de
los gobernantes en el Bloque
MERCOSUR y de la sociedad
en su conjunto: ello significa
recuperar la centralidad del
trabajo como mecanismo de
integracin, observar las nuevas
manifestaciones de la exclusin
social y de la pobreza, identificar y resaltar las formas histricas de discriminacin hacia determinados colectivos sociales,
advertir los reclamos por una
ciudadana plena, las urgencias
en materia de reparto de la riqueza y en suma, reconocer
que la democracia se consolida
y solo se asegura en la medida que las personas y familias
sientan que en aquella residen
las respuestas a sus demandas
y necesidades. Ya no basta con
obtener un crecimiento econmico sostenido, ms an, para
que sigan creciendo las economas y hablemos de desarrollo
es absolutamente imprescindible la satisfaccin de determinadas condiciones sociales que lo
hagan viable a largo plazo y se
redistribuya la riqueza de modo
equitativo. Y si dichos asuntos
ocupan un lugar privilegiado en
las agendas gubernamentales,
ello es fruto de una decisin poltica pero tambin de la accin
social colectiva que reclama
cada vez ms participacin.
El MERCOSUR tiene pues
un enorme desafo por delante
-que de alguna manera ha sido
asumido-: seguir reduciendo la
pobreza y eliminar la indigencia, pero avanzar sustancialmente en direccin a disminuir
la brecha social an existente. Si
la calidad de vida y el bienestar
de la poblacin es la prioridad
inequvoca de los cuatro gobiernos del Bloque, es la hora
de profundizar las estrategias
mancomunadas a nivel regional
para revertir el proceso histrico
de concentracin de la riqueza y
acrecentar los mecanismos de su
redistribucin equitativa.
Declaracin de Buenos Aires
Por un Mercosur con rostro
humano y perspectiva social,
Buenos Aires, 14/ 07/ 2006.
2
Se refiere a la VII Reunin
de Ministros y Autoridades de
Desarrollo Social del Mercosur,
Bolivia, Chile, Per en 2004; la
Declaracin de Asuncin y la
Declaracin de Montevideo en
2005; y la Declaracin de Buenos Aires en 2006.
1