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Filosofía Dialogal de Martín Buber

Elegí este tema porque me parece fundamental esa idea de Buber de restablecer el diálogo para devolverle al mundo la humanidad que requiere. Su teoría del diálogo Yo-Tú es una de las propuestas más originales para comprender la realidad de la comunicación interhumana. La relación Yo-Tú nos lleva hacia el ser y hacia D´´s, y de esa forma podremos responder las preguntas fundamentales de la existencia: ¿quién soy?, ¿qué lugar ocupan los otros en mi vida?; ¿por qué existo?; ¿cuál es mi destino?; cuestionamientos que han dado origen a la Filosofía. El diálogo entre D´´s y el hombre se logra al vivir en comunidad. La dialógica buberiana encuentra su plena realización en la relación religiosa. Si el hombre sólo aspira a relacionarse y a responder a los requerimientos de los Tú particulares, no alcanza su plenitud. Es necesario unir lo terreno y lo celestial.

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Filosofía Dialogal de Martín Buber

Elegí este tema porque me parece fundamental esa idea de Buber de restablecer el diálogo para devolverle al mundo la humanidad que requiere. Su teoría del diálogo Yo-Tú es una de las propuestas más originales para comprender la realidad de la comunicación interhumana. La relación Yo-Tú nos lleva hacia el ser y hacia D´´s, y de esa forma podremos responder las preguntas fundamentales de la existencia: ¿quién soy?, ¿qué lugar ocupan los otros en mi vida?; ¿por qué existo?; ¿cuál es mi destino?; cuestionamientos que han dado origen a la Filosofía. El diálogo entre D´´s y el hombre se logra al vivir en comunidad. La dialógica buberiana encuentra su plena realización en la relación religiosa. Si el hombre sólo aspira a relacionarse y a responder a los requerimientos de los Tú particulares, no alcanza su plenitud. Es necesario unir lo terreno y lo celestial.

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PROGRAMA NAVAT

CURSO: FILOSOFA Y PENSAMIENTO JUDO


ALUMNA: SUSANA N. GRNMANN DE GALAK
MONOGRAFA FINAL:
MARTN BUBER: SU FILOSOFA
DIALOGAL
Toda vida verdadera es encuentro
Yo y T. Primera parte

I INTRODUCCIN
Eleg este tema porque me parece fundamental esa
idea de Buber de restablecer el dilogo para devolverle al
mundo la humanidad que requiere. Su teora del dilogo
Yo-T es una de las propuestas ms originales para
comprender la realidad de la comunicacin interhumana.
La relacin Yo-T nos lleva hacia el ser y hacia Ds, y de
esa

forma

podremos

responder

las

preguntas

fundamentales de la existencia: quin soy?, qu lugar


ocupan los otros en mi vida?; por qu existo?; cul es mi
destino?;

cuestionamientos que han dado origen a la

Filosofa.
El dilogo entre Ds y el hombre se logra al vivir en
comunidad. La dialgica buberiana encuentra su plena
realizacin en la relacin religiosa. Si el hombre slo
aspira a relacionarse y a responder a los requerimientos de

los T particulares, no alcanza su plenitud. Es necesario


unir lo terreno y lo celestial.

I I VIDA DE BUBER

Martn Buber naci en Viena, Austria en 1878. Gran


parte de su vida residi en Lemberg, Galicia. A raz de la
separacin de sus padres en 1881, vivi con su abuelo,
Salomn

Buber

(estudioso

de

la

tradicin

hebraica

midrshica). En el hogar de sus abuelos paternos se


respiraba la tensin entre las dos tendencias en las que se
debata la vida juda de aquella poca. Por un lado su
abuelo, destacado estudioso de los textos hebreos, y por el
otro, su abuela, producto del movimiento de emancipacin
de los judos de Europa oriental que intentaban modernizar
la cultura hebrea. Ambos fueron figuras importantes en la
vida de Buber quien, desde pequeo, se inclin al estudio
de la cultura universal sin olvidar la tradicin de sus
antepasados.
En 1889 conoce a Paula Winkler, su futura esposa. Al
iniciar sus estudios en la Universidad de Viena en 1896, se
concentr en la filosofa de Kant y Nietzche. Fue alumno de
W. Dilthey y de G. Simmel. En 1898 adhiere al sionismo y
comienza a divulgar conceptos ticos y culturales que eran
un renacimiento espiritual del judasmo.

Como

estudiante

particip

en

las

actividades

del

movimiento sionista, y por invitacin de Teodoro Herzl


-padre del sionismo- fue delegado en el Tercer Congreso
Sionista celebrado en 1899. En 1901, como director del
peridico Die Welt, puso nfasis en la necesidad de una
nueva creatividad juda. Con los aos se retir de la esfera
poltica sionista.
En 1901 se dedic al estudio del pensamiento hasdico
(movimiento religioso que aspira a la perfeccin del alma
fundado en el siglo XVIII por el Baal Shem Tov) y en 1904
obtuvo su doctorado en misticismo en la Universidad de
Berln. En este perodo comenz a escribir sobre el
hasidismo y se aboc a hacer investigaciones sobre la
filosofa de la religin.
Por este tiempo, entra en el Crculo de Viena (Franz Kafka,
Max Brod, Hugo Bergmann). Entre 1906 y 1909 publica
Las historias del Rabino Nachman, Las leyendas de Baal
Shem Tov, y Confesiones extticas, obras de carcter
mstico religiosas. En la Introduccin de Las leyendas del
Baal Shem, Buber desarrolla por primera vez el sentido de
la relacin mutua entre yo y t, que luego ser el concepto
central de su vida y su pensamiento. All distingue entre el
mito puro, en el que no existe un t contrapuesto a un yo, y
la leyenda, en la que hay uno que convoca, y un convocado.
La leyenda es el mito de la convocatoria, en ella se divide
la personalidad original del mito. En ste no existe una
divisin del ser esencial, conoce la multiplicidad pero no la

dualidad. El hroe ocupa otro nivel que el dios, no se


contrapone a l: no son el yo y el t; el hroe tiene una
misin, pero no una vocacin. Asciende, pero no se
transforma. El dios del mito no convoca, concibe. Concibe
al hroe y le da una misin. El dios de la leyenda convoca
al hijo del hombre, el profeta, el santo. La leyenda es el
mito del yo y t, del que convoca y el convocado, lo finito
que penetra en el infinito y ste que necesita a aqul. Este
pasaje contiene en germen el dilogo entre yo y el eterno
t, que Buber desarrollara ms adelante, en la tercera
parte de Yo y t. Quien lo inspira no es Feuerbach, ni
Kierkegaard, sino el Baal Shem, que aparece como el
mismo Buber en su relacin con el jasidismo, con el
hombre que convoca y enva. Buber escribe: ste es un
ejemplo de la relacin dialgica en su cumbre ms alta,
porque incluso con esas alturas la diferencia esencial entre
los socios persiste en toda su fuerza, y en semejante
proximidad, el hombre conserva su independencia.
Antes de la Primera Guerra hace una exposicin del
misticismo judo, con lo que trata de unir a los judos y
buscar conexiones de valores y visiones comunes con otras
religiones, como el cristianismo, el islamismo o el budismo.
Intenta mostrar un lenguaje comn a todos los hombres en
su espiritualidad, que sobrepase las barreras religiosas y
vea lo universal del judasmo. En 1913 Buber entra en
contacto

con

varios

intelectuales,

proyectando

la

constitucin de un crculo intelectual para la promocin


de la colaboracin internacional y la unidad de los pueblos
4

. Esta institucin aborta por el estallido de la primera


guerra mundial. En 1914 publica Daniel, dilogo sobre la
realizacin.
Viaja dando conferencias. A partir de 1916 fue editor del
peridico Der Jude, (El Judo) foro central de los
intelectuales judeoalemanes, plasmando all su inters en
la religin y la filosofa. Su pensamiento se enmarca con un
tipo

de

existencialismo

humanista

que

subraya

el

compromiso, la eleccin y la accin, vivindolo ms en la


comunidad que en la soledad contemplativa.
A principios de la dcada de los 20's, junto con el pensador
judeo-germano Franz Rosenzweig, complet una nueva
traduccin de la Tor al alemn.
En 1923 publica su obra ms conocida y la que expresa
mejor su pensamiento dialgico: Ich und du, reelaborada
en 1926. Adems, es nombrado profesor en la Frei
Jdische Lehrhaus de Frankfurt. Y comienza a impartir
Historia de las religiones y tica en la universidad de esta
ciudad, cargo que ocup hasta 1933. El trabajo pedaggico
de Buber alcanz la cima en los aos previos a la ascensin
de los nazis al poder. En 1934, de hecho, qued a la cabeza
de un instituto para la formacin de maestros cuando los
educadores

judos

estaban

siendo

progresivamente

excluidos del sistema. Se rebel contra el nacionalismo


nazi de "sangre y tierra" y reafirm que los judos deban
mantener su autntica identidad, ya que la meta educativa

no poda ser racista. Se convirti en lder del sistema


educativo judeo- germano.
Adems,

public

Realeza

de

Ds,

Lo

venidero:

investigaciones sobre la formacin histrica de la Fe


Mesinica, y El ungido, segunda parte inconclusa por el
advenimiento del nazismo. En el ao 1935 el rgimen nazi
le prohbe hablar en pblico. Se traslada a Jerusalem en
1938,

donde

se

integr

al

cuerpo

docente

de

la

Universidad Hebrea. A la vez, activ en la poltica en un


intento por reconciliar el creciente conflicto entre rabes y
judos. Desde el inicio propone la convivencia comunitaria
entre palestinos y judos, los que, nacidos de un tronco
comn, tienen derecho a vivir juntos en la misma tierra en
igualdad de condiciones. Un pensamiento muy adelantado
para su poca y que recin se comienza a intentar.

En

1943 aparece su obra de Antropologa Filosfica (El


problema del hombre). Dos aos ms tarde, ve la luz un
nuevo libro, su obra de Moiss, en la que Martin Buber
reconstruye la figura histrica de Moiss, en polmica con
Edward Meyer, que haba negado la posibilidad de tal
reconstruccin. En 1946 escribe Palestina, un estado
binacional. En 1949, tras el establecimiento del Estado de
Israel, fund un Instituto de Educacin para Adultos y
particip en la fundacin del Brit-Shalom, asociacin de
intelectuales que buscaba vnculos con los rabes siendo
partidaria de un estado binacional.

En 1950, aparecen Dos modos de fe, Caminos de


utopa y La va del hombre a la Doctrina Jasdica. Vale
consignar que entre 1962 y 1964 cuida l mismo una
edicin completa de su obra en tres grandes volmenes: a)
Escritos sobre Filosofa, b) Escritos sobre la Biblia, c)
Escritos sobre el Jasidismo.
Durante los ltimos cinco aos de su vida, Buber recibi a
muchos lderes y maestros de los kibutzim que venan a
discutir sus problemas. Muchas de estas discusiones eran
difundidas y causaban repercusiones entre otros kibutzim.
En cada ocasin Buber asombraba a todos con la
originalidad de su pensamiento, y la manera en que
comprenda el problema apenas se lo formulaba en
trminos concretos, dice Avraham Shapira, en un largo
ensayo titulado Meetings with Buber (Encuentros con
Buber). Con el mismo criterio, las ideas y las ideologas le
parecan menos importantes que la confianza del joven en
aqul a quien escucha. se, no la idea, es el alfa. Shapira
presenta un cuadro ntido de lo que Buber deca y cmo lo
deca: Pronunciaba claramente y subrayaba cada letra,
cada palabra. Al cabo de cada respuesta breve, aguardaba
una seal de que le haban comprendido. Cuando relataba
una historia finalizaba con una cesura, como si diera
tiempo al interlocutor a absorber sus palabras, y luego
bajaba la vista, se inclinaba sobre su escritorio o se echaba
hacia atrs en su silln, pero sin liberarse de la tensin de
la conversacin. En sus ltimos aos, advert al final de
cada conversacin, cunto se haba concentrado en ella,
7

hasta el punto de quedar exhausto Me maravillaba ver


cmo los jvenes camaradas vacilantes y reverentes se
convertan en una sola velada en interlocutores de Buber.
Despus de la tensin inicial se relajaban en sus asientos
como si se despojaran de una armadura.
Su labor en el campo educativo continu hasta su muerte
acaecida en Israel en 1965.
III ALGUNAS DE SUS OBRAS

Los cuentos de Rabi Nachman (1907)

La leyenda del Baal Shem (1908)

Yo y t (1923)

Sobre el judasmo (1923)

Qu es el hombre? (1942)

Entre el hombre y el hombre (1947)

La fe proftica (1950)

Imgenes del bien y del mal (1952)

El conocimiento del hombre (1966)

Caminos de utopa, Fondo de Cultura Econmica,


Mxico, 1955.

En la encrucijada, Sociedad Hebraica Argentina, Bs.


As. 1955.

Moiss, Ed. Lumen, Bs. As., 1994.

Cuentos Jasdicos, Paids, Barcelona, 1994.

Ensayos sobre la crisis de nuestro tiempo, Ed. Mil,


Bs. As., 1988.

El humanismo hebreo y nuestro tiempo, Ed. PorteasAMIA, Bs. As., 1977.

Sionismo y universalidad, Ed. Porteas-AMIA, Bs. As.,


1978.

Eclipse de Dios, Nueva Visin, Bs. As., 1970.

IV DESARROLLO DEL TEMA


Cuando Buber fue explanando su pensamiento en
una serie de breves escritos Zwiesprache (1929), Die
frage an den Einzelnn (1936), Was ist der Mensch? (1938),
Elemente des Zwischenmenschlichen (1953) y, sobre todo
despus de su salida de Alemania nacional socialista, para
ocupar una ctedra en la Universidad de Jerusalem en
1938, las ideas que Ich und du contena han logrado
difusin y prestigio universales.
En la gnesis de Ich und du confluyeron dos corrientes
espirituales: una juda jasdica y otra occidental y europea.
El general desencanto de la gente de Europa frente al
individualismo burgus y la esperanza de una vida social a
la

vez

ms

personal

ms

comunitaria,

son

tan

perceptibles en el fondo de sus pginas, como la visin


jasdica del cosmos y del hombre.
De la confluencia de estas dos corrientes, qu result en
orden a la visin teortica de la relacin interpersonal?
9

Responderemos

esta

pregunta

desde

los

niveles

fenomenolgicos, histricos, psicolgicos, y la dinmica


concreta de la relacin Yo-t, tal como Martin Buber la
entiende:
1) El lenguaje se basa sobre dos palabras fundamentales,
palabras principio, o protopalabras (grundworte),
que no nombran cosas sino modos de relacin entre la
persona hablante y el mundo: palabra principio yo-t, y
la palabra principio yo-ello. Cuantas veces habla el
hombre, y sea cualquiera el contenido de su expresin
verbal externa o interna, est diciendo yo-t o yo-ello.
Decir t es estar diciendo a la vez yo-t; decir ello es
estar diciendo a la vez yo-ello; decir yo es estar diciendo,
o bien yo-t, o bien yo-ello. La existencia entera del
hombre descansa sobre una u otra de estas dos palabras
fundamentales, una vez han sido pronunciadas en su
alma. Estos dos modos de la relacin y la existencia
merecen

profundizarse.

a)

La

relacin

yo-ello

se

manifiesta primariamente como experiencia y posesin


de algo: es la que expresan frases como yo veo algo,
yo quiero algo. Frente a la realidad, quien dice yo-ello
observa y utiliza. Bien distinto es lo que acontece en la
relacin yo-t. sta la relacin en sentido pleno, la
relacin por excelencia se manifiesta primariamente
como encuentro, y en modo alguno implica posesin:
aqul que dice t no tiene cosa alguna, no tiene nada.
Pero est en la relacin. Digo: quien dice yo-t,
contempla y acepta, a diferencia del observador siempre
10

vido y agresivo, el contemplador escribe Buber


adopta la postura que le permita ver el objeto a su
gusto, y con toda espontaneidad espera lo que se ofrezca
a su contemplacin. La intencin no impera en l ms
que al comienzo; todo lo dems es involuntario. No se
apresura a anotar y no teme olvidar algoNo se cuida
con empeo de los rasgos. (los rasgos extravan).
(lo interesante no es lo importante). Dir: todos los
grandes

artistas

han

sido

contempladores.

Lo

verdaderamente propio de la relacin yo-t no es la


contemplacin, sino el conocimiento ntimo, aqul
en que el otro (hallndome yo receptivo) me dice
algo a m, algo que exige mi respuesta. El lenguaje
cotidiano usa frases metafricas: eso me dice algo, o eso
no me dice nada. Lo que quiero sealar es que el
conocimiento ntimo es: t me dices algo a m.
2) La palabra principio yo-ello hace referencia a un objeto
dotado de cualidades especficas y de confn. En cambio,
el yo-t, no es objeto y carece de confn. El t llena el
horizonte. Todas las cosas viven en su luz. La relacin
yo-t es directa e inmediata. Entre el yo y el t no se
interpone ningn juego de conceptos, ningn esquema y
ninguna imagen previa. Entre el yo y el t no hay fines,
ni

apetitos

ni

anticipaciones.

Todo

medio

es

un

obstculo, slo cuando los medios quedan abolidos, se


produce el encuentro. La relacin yo-t lleva consigo
libertad y originalidad; la relacin yo-ello, por el
contrario, implica necesidad y determinacin.

En el

11

encuentro, el yo y el t se enfrentan libremente en una


reciprocidad en modo alguno ligado a la causalidad. En
l encuentra el hombre la garanta de la libertad de su
ser. Slo quien conoce la relacin y la presencia del t es
un hombre apto para tomar una decisin. Y el que toma
una decisin es libre porque se ha presentado ante Ds.
La nica cosa que puede hacerse fatal para el hombre
es creer en la fatalidad, porque esta creencia suprime el
movimiento que conduce a la reversin Y as, estar
libre de la creencia de que no hay libertad, es llegar a
ser libre. Gracias a esa reversin, el hombre conquista
o reconquista la armona de la libertad y el destino.
Slo el hombre que realiza en s mismo la libertad,
encuentra el destino. Cuando descubro la accin que me
requiere, en ese movimiento de mi libertad, se me revela
el misterio, ms tambin se me revela el hecho de que
yo no puedo realizar esa accin tal como yo la quera, y
hasta en mi resistencia. Aqul que, dejando de lado
todas las causas, toma su decisin desde el fondo mismo
de su ser; aqul que se despoja de sus bienes ese
hombre libre ve aparecer el destino como una rplica de
su libertad. El destino no es entonces su lmite, sino su
cumplimiento. Libertad y destino enlazados dan sentido
a la vida.
3) La palabra principio yo-t slo puede ser pronunciada
por el ser entero.

Mi repuesta al t con quien me

encuentro, es un acto de mi ser pleno. Me realizo

12

cuando entro en contacto con el t:

hacindome yo,

digo t. En estas citas, Buber demarca lo acaecente


cuando la palabra principio yo-ello se pronuncia. Ni
entonces entra en juego todo mi ser, ni puedo considerar
mi actividad como una relacin plena de m mismo. Es
decir, yo-ello es tan slo utilizar parcialmente mi ser
propio y el ser del mundo.
4) El yo de la relacin yo-t es persona, subjetividad
autntica; el yo de la experiencia yo-ello es individuo
singular, mero sujeto. En el pensamiento de Martn
Buber, la condicin de persona y la condicin de
individuo singular son dos polos de la existencia
humana. No hay hombre que sea slo persona, ni hay
hombre

que

sea

slo

individuo

singular.

Hay

verdaderamente una duplicidad del yo, -entindase


bien-, un yo doble, en cuya trama predomina uno u otro
de sus dos ingredientes. La grandeza buberiana, entre
otras muchas cosas, consiste en descubrir que la historia
real de la humanidad no es sino la cambiante relacin
entre aquellos hombres en quienes es ms fuerte la
condicin de persona, y aquellos otros en los que
prevalece la prioridad singularizadora.
Estas ideas que vamos vertiendo, y que estn en
consonancia, -entre otros-con las de Pedro Lan Entralgo,
vigorizan y a su vez le dan un tinte judeo-universal al
enfoque tan impregnado de acercamiento tanto al mundo
como a Ds. Bien lo dice Buber: las palabras bsicas no

13

expresan algo que estuviera fuera de ellas, sino que


pronunciadas fundan un modo de existencia.
La pregnancia de estas palabras es increblemente
original. No slo da lugar a la existencia, a la relacin, a la
habitabilidad en el mundo, sino que aseveran que no existe
yo en s, sino que siempre est referido a una relacin. Ni
existe ningn yo en s, sino el yo de la palabra bsica yo-t
y el yo de la palabra bsica yo-ello. Cuando el ser humano
dice yo se refiere a uno de los dos.
Hemos de decir que estas palabras fundantes de la
existencia humana, que dan concrecin a quien las
pronuncia, necesitan atravesar un largo proceso histrico y
psicolgico que capacite al hombre de pronunciarlas con
suficiente explicitud.

En el principio fue la relacin. Y

tan es as, que la vida prenatal del nio es un estado de


pura vinculacin natural, un puro intercambio de jugos con
el organismo materno. Pero el nio no reposa slo en el
seno de su madre, sino en la naturaleza entera. Un viejo
texto mtico judo afirma que en el seno materno el
hombre est iniciado en el todo, pero con el nacimiento lo
olvida. Estamos en lo arcaico, estamos en la verdad
perviviente en el fondo del ser humano como una imagen
secreta de su deseo. Por supuesto, podemos pensar contestes con Freud que el hombre aspira secretamente
a retornar al claustro materno (sentimiento ocenico), pero
tambin la criatura humana ansa el logro de un lazo
csmico entre el ser ya abierto a la vida espiritual y su t

14

verdadero. Slo si el todo de la realidad fuera para l un


verdadero t, podra el hombre sentirse plenamente feliz.
El nacimiento y su trauma enfrenta al nio con el mundo,
pero ste durante la primera infancia todava sigue siendo
t. Se trata de una correspondencia viviente y activa con
un gigantesco interlocutor, el mundo, que habla mediante
colores, blanduras y durezas. En esa indistintividad,
verdaderamente una dualidad indistintiva, entre el beb y
el mundo exterior, va a ir despejndose - a travs de
distintos y complejos actos psquicos - la realidad.
Pequeos

gritos

inarticulados

resuenan

obstinadamente, carentes an de significacin, en el vaco;


pero esos gritos, un buen da, se tornarn inopinadamente
en

dilogo.

Con

quin?

Quiz

con

la

tetera

que

sonoramente hierve, pero esto ser ya un dilogo.


Es maravilloso observar la riqueza del lenguaje de
Buber. No por nada est enrolado entre los filsofos
existencialistas dialogales, corriente tan prdiga en su
produccin de filsofos judos. Permtasenos repetir aqu
las bellas palabras con que Buber describe esta primera
etapa de la relacin del nio con el mundo: En la
necesidad de contacto (necesidad de un contacto, primero
tctil, luego visual, con otro ser), el t innato se ejercita
bien precozmente, y de manera cada vez ms neta expresa
la mutualidad, la ternura; pero el instinto de creacin que
ms tarde aparece (instinto de producir objetos por
sntesis

o,

si

esto

no

es

posible,

por

anlisis,

15

desmembrando, desgarrando), revela asimismo aquella


necesidad:

prodcese

entonces,

en

efecto,

una

personificacin de la cosa creada, un dilogo con ella. El


desarrollo del alma del nio se halla indisolublemente
ligado al desarrollo de ese nostlgico deseo de t, a las
satisfacciones

las

decepciones

que

tal

deseo

experimenta, al juego de su actividad, y a la trgica


seriedad de sus desrdenes

Mustrase en ellos un

esfuerzo por salir del mundo originario de lo indiviso e


informe, ese mundo del cual, por el hecho del nacimiento,
haba nacido el individuo fsico, pero no todava el ser
personal ntegro, actualizado, que no se perfila sino poco a
poco, a medida que va entrando en el mundo de la
relacin.
Llega un momento en que a travs del t se descubre el
hombre a s mismo como yo. Hasta entonces toda la
realidad

exterior

vena

siendo

el

interlocutor,

el

compaero, en definitiva, t. Pero hay una edad en que el


compaero aparece y se esfuma, y que los fenmenos de
relacin mudablemente se condensan o disipan. Con esta
alternancia

va

esclareciendo

robustecindose

la

conciencia del trmino de la relacin que perdura sin


cambio, la conciencia de yo. Tal vivencia del propio yo est
comprometida en la trama de la relacin con un t: es el
modo como se conoce a s mismo algo que tiende hacia el
t sin ser el t. Hasta que al fin el vnculo se rompe, y el
yo, en sbito destello se encuentra en presencia de s
mismo, despegado de lo que era, como si se tratase de un
16

t extrao, para inmediatamente tomar posesin de s y


ofrecerse concientemente a la relacin. Es la hora de la
vida en que el nio demuestra ser persona. (cito a Lan
Entralgo)
Ms all de lo subjetivo, ms ac de lo objetivo, en el
delgado filo en el que el yo y el t se encuentran, se halla
el nosotros.
Esquemticamente podemos hablar de tres momentos:
en primer trmino, yo y t, es decir, las personas que de
manera directa nos relacionamos; en segundo lugar, el
mundo, nuestro mundo; en tercero, el T eterno, la
realidad misteriosa y fundamentante de Ds.
Hablando del T eterno, citamos nuevamente a Buber:
Ds abarca el todo, pero no es el todo. De igual modo, D
s abarca mi persona, pero no es mi persona. A causa de
esta verdad inefable puedo decir t en mi lenguaje como
cada uno en el suyo. A causa de esta verdad inefable hay
un yo y el t, y el dilogo, y el lenguaje, y el espritu cuyo
acto originario es el lenguaje, y hay desde la eternidad, el
Verbo.
Aunque la visin jasdica del hombre y del cosmos sea
uno de los supuestos del pensamiento de Buber, y aunque
el brillante estilo literario con que su autor lo expone,
delate con frecuencia la fortsima impregnacin bblica de
su alma a Martn Buber se debe la ms fiel y hermosa de
las traducciones alemanas de la Biblia - , no por ello debe

17

pensarse que la doctrina buberiana acerca de la relacin


yo-t sea de naturaleza mstica. Cualesquiera que sean las
ltimas implicaciones metafsicas del encuentro genuino,
ste se halla muy lejos de ser un trance mstico: un cambio
de miradas con cualquier desconocido puede ser relacin
autntica entre un yo y un t.
Las

tres

notas

principales

del

encuentro

son:

la

subitaneidad, la novedad y la gratitud.


Tres son los principales gneros del dilogo: el dilogo
autntico, hablado o silencioso; el dilogo tcnico, y el
monlogo disfrazado de dilogo.
El

movimiento

dialgico

fundamental

consiste

en

volverse hacia otro; el movimiento fundamental del


monlogo es, por el contrario, el repliegue; y yo llamo
repliegue dice M. Buber a la conducta ntima de quien
se sustrae a la aceptacin, en su esencia, de la otra
persona, segn su singularidad, y no admite la existencia
del otro sino bajo la forma de su propia experiencia, como
un modo de existir su propio yo. Es decir, digno y fiel hijo
de su pueblo, Buber siente renacer en su espritu la vieja
voz proftica, pero tambin, guardando fidelidad a su
tiempo, no habla slo a sus hermanos en la fe, sino a todos
los hombres.
La interpretacin de la dialgica buberiana es harto
compleja. Mucho me falta an por estudiar y leer sobre su
contenido.

Pero

he

recibido

en

parte

la

portentosa

18

movilizacin de transitar alguna de sus ideas. En Buber, y


especficamente en el trabajo que estamos comentando, se
descubre que no slo posee una dimensin antropolgica y
tica, sino tambin como dice Mariano Ure

- una

hermenutica. Yo agregara una dimensin psicoanaltica.


Cuando

habl

de

sentimiento

ocenico,

realic

dos

movimientos: primero, dotar a la teora de la relacin y del


encuentro con algo que va ms all de la mstica.

Es

verdad que desde un punto de vista cronolgico Buber


parti del misticismo, en tanto cosmovisin ms global,
ms concreta, incluso ms realista y justa que las simples
afirmaciones de algunas religiones o de algunas filosofas,
pues apuesta a una visin de conjunto de la realidad en la
que no haya quiebra, ruptura absoluta entre sujeto y
objeto, entre teora y prctica, entre Ds y hombre. Y, en
segundo lugar, hacer que parezca posible la curacin de
esa gran enfermedad de su generacin imbuda de la
separacin y desintegracin de las facultades humanas y
que conduce a la alienacin del hombre respecto a s
mismo. El sujeto freudiano es dual, fisurado, dividido por la
represin. El yo buberiano tambin es doble y queda
fusionado a esa relacin posibilitante del yo-t - yo-ello.
Mientras que el sentimiento ocenico se parangona y
compara con un anhelo inconciente de volver al seno
materno, fantaseado como un paraso que nunca se tuvo y
se quiere reencontrar, la bsqueda del infante buberiano
es, tal cual hemos escrito, desarrollada en dos tiempos: el
primero, en ese intento de salir del magma indistintivo; el

19

segundo, en esa necesidad de poder adecuar el yo-t a su


existencia (obviamente, ms subjetiva que biolgica).
La mediacin grandiosa de un T eterno tambin
encuentra

su

psicoanaltica

parangn
que

ordena

en
la

la

metfora

posibilidad

paterna

gregaria

solidaria con el mundo. Recordemos que Buber fue el


primero en estudiar e interpretar desde un punto de vista
filosfico-hermenutico los textos jasdicos (especialmente
entre los aos 1904-1909), y hasidismo deriva de hasidut,
palabra hebrea que significa piedad, compasin.
Otra situacin en comn con el psicoanlisis es el situar
al Otro en una posicin esencial para el desarrollo de la
propia mismidad. Vienen a mi memoria unos versos de
Antonio Machado que dicen: El ojo que t ves no es ojo
porque t lo veas, es ojo porque l te ve.
Freud

defina

conferencias,

el

como

psicoanlisis,
el

en

alguna

intercambio

de

de

sus

palabras

ensalmadas. A pesar de que Buber entienda por lenguaje


algo

distinto

de

la

exteriorizacin

de

las

vivencias

interiores o pensamientos del hombre, a veces lo utiliza del


mismo modo que se usa corrientemente.

Por supuesto,

esta analoga que he hecho es absolutamente arbitraria.


Pues la relacin del hombre que marca Buber implica la
comunicacin con las cosas que no poseen habla. Entonces
se da un verdadero intercambio, pero no a travs de
palabras sonoras.

20

Las esferas de la relacin, mojn terico de Yo y T,


son tres: es decir, son tres los niveles en los cuales el
hombre (Yo) se comunica con su

(T). Estas esferas se

corresponden con los tres tipos de T: las cosas de la


naturaleza, los hombres, y las formas inteligibles que se
manifiestan en el arte.
De esta manera, Buber explica que el dilogo no se da
solamente entre personas. De entre las tres esferas
posibles de la relacin, es decir de comunicacin con un
T, se destaca la de la convivencia del hombre con el resto
de los hombres, slo aqu encuentra su respuesta la
palabra explicitada en el lenguaje. En esta comunicacin
del hombre con su ser semejante a s, se plenifica el
lenguaje como secuencia, en discurso y contradiscurso.
Slo aqu encuentra su respuesta la palabra explicitada en
el lenguaje. Slo aqu va y viene de la misma forma la
palabra bsica, estn vivas en una lengua la palabra bsica
de la invocacin y de la respuesta, Yo y T no slo estn en
relacin, sino tambin en firme lealtad.
Dice Buber: Cun bello y legtimo suena el Yo pleno de
Goethe! Es el Yo del puro intercambio con la naturaleza;
sta se le ofrece y habla incesantemente con l, le revela
sus secretos y sin embargo no traiciona su misterio. Ese Yo
cree en ella, y cuando dice a la rosa tambin T eres T!,
est all con ella en una realidad nica.
Adems de sealar que existen tres esferas de la
relacin, Buber tambin nos dice que hay tres tipos de
21

dilogo, pero slo uno de ellos es verdadero intercambio


viviente. El primer tipo es el dilogo autntico, al que
corresponden las tres esferas del encuentro (la naturaleza,
los hombres, y las formas inteligibles). All, cada uno de
los participantes considera al otro o a los otros en su ser y
se dirige a ellos con la intencin de que se funde una
reciprocidad vital. El segundo tipo de dilogo es el
tcnico, que sirve para entenderse objetivamente en el
mundo del Ello. Y, por ltimo, el dilogo aparente, al que,
cuando se le saca el disfraz, se lo descubre como
monlogo. Buber destaca que es comn ver en el mundo
contemporneo que los hombres hablan (se relacionan) con
s mismos en lugar de comunicarse realmente con los
dems. Resulta familiar ver que, hoy en da, se establecen
verdaderos dilogos de sordos, donde ninguno de los
interlocutores est dispuesto a recibir la palabra del otro
en su ser, sino que, encerrados en s mismos, se preocupan
por imponer su propia opinin o inters. Este ltimo es la
clase de dilogo que predomina en nuestro tiempo, debido
a que habitamos una poca en la que no se reconoce la
dignidad de la persona, y en la que la caridad y la
solidaridad son escasas. El mismo Buber cuenta que a lo
largo de su vida conoci gente que se desenvolva
socialmente muy bien, pero que, sin embargo, nunca haba
hablado de ser a ser con otra persona. Aqu se ve la raz de
los males del mundo actual.
Habida cuenta de la gravitacin que ha tenido este
pequeo gigante que fue el libro Yo y T, las ideas
22

contenidas en l han ejercido y ejercen una honda


influencia en la historia del pensamiento humano. Un
novelista de fama, Leo H. Myess, confes que la lectura de
este libro le hizo cambiar por completo su visin del mundo
y de la vida. Aposentando en una delgada arista, porque ni
su pensamiento ni su vida pueden pasearse por las claras
alamedas

de

un

sistema

cualquiera,

Martin

Buber

establece el principio dialgico la presencia sustancial


del prjimo como nica posibilidad humana de acceso al
ser.
As se coloca decididamente enfrente del individualismo
extremo y del colectivismo fundamentalista: de la ficcin y
de la ilusin. Cabe citar, no como digresin del tema, sino
avalndolo, el libro Qu es el hombre?, primera parte
(Trayectoria de la interrogacin). All, Buber plantea que
en tren de meditar el hombre sobre s, no se atreviera a
tratar este objeto como un todo, a investigar su ser y
sentido autnticos. A veces inicia la tarea, pero pronto se
ve sobrecogido y exhausto por toda la problemtica de esta
ocupacin con su propia ndole y vuelve atrs con una
tcita resignacin, ya sea para estudiar todas las cosas del
cielo y de la tierra, menos a s mismo, ya sea para
considerar al hombre como dividido en secciones a cada
una

de

las

cuales

podr

atender

problemtica, menos exigente,

en

forma

menos

menos comprometedora.

Esta cita se vuelve a cristalizar en algo que el mismo


Martn Buber menciona: habla de que en el prlogo de su
obra capital De la recherche de la verit (1674), el
23

filsofo

Malebranche

(el

ms

destacado

continuador

francs de Descartes) dice: entre todas las ciencias


humanas la del hombre es la ms digna de l. Y sin
embargo, no es tal ciencia entre todas las que poseemos,
ni la ms cultivada ni la ms desarrollada. La mayora de
los hombres la descuidan por completo. Y aun entre
aqullos que se dan a la ciencia, muy pocos hay que se
dediquen a ella, y menos todava quienes la cultiven con
xito.
Para Buber,

judo universal, magnfica sntesis del

endogrupo y la universalidad, el judasmo le pareci a la


manera

que

Albert

Einstein

nos

recordaba

casi

exclusivamente una actitud con respecto a la vida. Por lo


tanto, yo y t nos conformamos mutuamente. Esto nos llev
entre otras muchas cosas a la eleccin de un ejemplo
individual: Martn Buber, que concentra, a la vez, algunos
conceptos que citar, ligados a algunos referentes sobre lo
dicho anteriormente, parafraseando al Dr. Leopoldo M.
Galak

en

su

trabajo

Sigmund

Freud:

la

valerosa

ambivalencia.
1)

La cultura le proporciona al pensamiento sus


condiciones

de

formacin,

de

concepcin,

de

conceptualizacin, a la vez que empapa, modela y


dirige los conocimientos individuales.
2)

La cultura y la sociedad estn en el interior del


conocimiento humano y no solamente son externas.

24

3)

Un acto de conocimiento individual (Yo-T) es un


suceder cultural (Yo-T Yo-Ello)

4)

La relacin entre los espritus individuales y la


cultura es (en esto convengo con E. Morin)
hologramtica y recursiva. Hologramtica, en tanto
la cultura est en los espritus individuales, y stos
estn en la cultura. Y recursiva porque hay
interretroacciones entre el individuo y la misma.

5)

Existe un narcisismo hostil (Hanna Arendt) y un


narcisismo

de

las

pequeas

diferencias

que

comprometen la integracin humana.

V CONCLUSIN
El humanismo excelso, la introduccin del Ich und Du
en la cultura, el enciclopedismo admirable de su autor, la
actividad desplegada en pro de una humanidad plena y
fraterna, hacen imprescindible el acercamiento a las bases
antropolgicas buberianas en este momento histrico que
atravesamos y vivimos, que es un tiempo de prefijos: pre
post pro anti neo-, lo que da cuenta que la
esencialidad de algo es absolutamente endeble, que todo
es descartable y rpido, donde la aceptacin de lo otro
como distinto es casi imposible.
La idea acerca del encuentro que concibi Buber
encierra una amplia gama de problemas filosficos: la
determinacin del sujeto con relacin al Otro, la posicin

25

tica de la responsabilidad, el concepto de inclusin como


opcin gnoseolgica, el posicionamiento frente al Otro
desde el lenguaje. Pero, sobre todo, la idea de encuentro
est ligada a una particular visin del hombre y a la
necesidad de poder pensar al mismo tiempo desde un
punto de vista sustancialmente diferente y novedoso.
En la actualidad vivimos en un mundo donde las
necesidades

bsicas

estn

al

orden

del

da

la

comunicacin de los ciudadanos, a travs de los logros


tcnicos y cientficos, no son ms que un adelanto para una
parte de la poblacin. El mundo se ha transformado en una
mquina absorbente y reproductora de exigencias y
paradojas que dejan de lado la consideracin especfica del
Otro como un igual a m. Gran parte de los ciudadanos
modernos se han constituido como una fuerza de gravedad
en s mismos, que atraen para su bienestar lo ms que
pueden, devorando mercancas por el solo placer de
consumirlas.
Los pensadores de corte pesimista y apocalptico
provocan un atractivo indiscutible en el diseo de un
mundo dominado por relatos que apuntan al fin de las
utopas y a una era del vaco. Estamos ante el olvido del
ser, ms an, en el olvido de las capacidades del hombre
como especie.
De Buber podemos decir que si hubiera habido uno
igual, no hubiera sido necesario que existiera, pero l

26

represent algo nuevo, algo que nunca antes existi, algo


original y nico.
La voz de un hombre como Martn Buber aparece
como un eco que nos recuerda que una vida diferente es
posible.

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BIBLIOGRAFA CONSULTADA:

Barylko, Jaime: 5.000 aos de Pensamiento Judo.


Ateneo Judeo Argentino 19 de Abril, Rosario,
Argentina, 1984.
Buber, Martn: Su obra traducida.
Enciclopedia

Judaica

Castellana.

Editorial

Enciclopedia Judaico Castellana, S. de R. L. Mxico,


1948.
Friedman, Maurice: Encuentro en el desfiladero.
Planeta. Bs. As. , 1991.
Galak, Leopoldo Mario: Sigmund Freud: la valerosa
ambivalencia. En: Crecer en el gueto, crecer en el
mundo. Compilacin realizada por Ricardo Feierstein
y Stephen Sadow. Tercer encuentro internacional de
Intelectuales. Rosario 2005. Edit. Mil.
Lain Entralgo, Pedro: Teora y realidad del otro.
Revista del Occidente. Madrid, 1961.
Pensadores de la modernidad. Unidad IX del Curso
Filosofa

y Pensamiento Judo del Centro Virtual de

Estudios Judaicos. CEJ Lookstein.


Rodrguez Isidoro: Martin Buber, el filsofo del
dilogo. De la Bibliografa del

Centro de Estudios

Judaicos del Cej Lookstein.


Sanchz Meca, Diego: Martn Buber. Edit. Herder.
Barcelona, 2000.
28

Ure,

Mariano:

El

dilogo

Yo-T

como

teora

hermenutica en Martin Buber. Eudeba, Bs. As., 2001.

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