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Algunos Malentendidos Acerca Del Conductismo

El Camino de La Felicidad - Jorge Bucay

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1

ALGUNOS MALENTENDIDOS ACERCA DEL CONDUCTISMO1


Esteve FREIXA i BAQU2
El conductismo es probablemente, con el principio de indeterminacin de
Heinsemberg y la teora del caos, uno de los tpicos sobre los que pesan el
mayor nmero de malentendidos. El propio Skinner elabor en su tiempo un
largo listado de ellos, as como su rplica pertinente; pero, como lo dice el refrn popular, no hay peor sordo que el que no quiere escuchar, y buen nmero de ellos sigue circulando de generacin en generacin, resistiendo a todo
esfuerzo de enderezamiento (mala hierba nunca muere, para seguir con el refranero).
Vamos pues a probar un nuevo ngulo de ataque: la analoga. Digamos
cosas ya dichas (y seguramente mejor dichas) por otros desde hace tiempo,
pero usando (y, dirn algunos quizs no sin razn- abusando) del viejo recurso de la metfora, con todas las imprecisiones que ello supone, para intentar
obtener el mximo efecto pedaggico posible. Esperamos as contribuir (quizs) a deshacer algunos de estos tenaces malentendidos.
Permtanme, para ello, que empiece hablando de astronoma.
Si pidisemos a la primera persona que nos encontramos que nos describiese lo que se puede ver en el cielo, probablemente nos respondiera: el
Sol, la Luna y las estrellas. En efecto, aparentemente, stas son las tres categoras de objetos celestes sobre los cuales todo el mundo estara de acuerdo.
Sin embargo, esta categorizacin es completamente errnea. En primer lugar,
el Sol no es una categora en s, puesto que no es ms que una estrella (matinal, cierto; pero estrella al fin y al cabo); por otro lado, entre lo que llamamos
estrellas hay, evidentemente, estrellas, pero tambin, planetas (Venus, Marte,
etc.). Y tambin podramos recordar que la Luna no es ms que un satlite que
gira alrededor de un planeta, los planetas siendo, de alguna forma, los satlites
del sol, que es una estrella como las dems. Estrellas y satlites podran por
tanto, en ultima instancia, bastar para categorizar lo que vemos en el cielo si se
considerase la Luna como el satlite de un satlite.
En resumen, la simple categorizacin en tres elementos iniciales esconde una realidad muy diferente, no directamente accesible a las apariencias,
y que pide una conceptualizacin del universo mucho ms elaborada (y adecuada) que la generada por las simples apariencias. Sealemos de paso que el
hecho de saber que el Sol es una estrella no nos impide verlo como lo ven las
personas que no lo saben; lo que ha cambiado no es la percepcin sensorial
del objeto, sino su conceptualizacin.

Texto, aumentado y corregido, de la conferencia pronunciada en la UNED (Madrid) el


17 de mayo del 2002, lo que explica su carcter coloquial as como la ausencia de bibliografa.
2
Catedrtico de Anlisis Experimental de la Conducta de la Universidad de Picardie.
direccin postal: Facult de Sciences Humaines. Dpartement de Psychologie. Chemin
du Thil. 80025 Amiens cedex 1. France. correo electrnico: [Link]@[Link]

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2
El ejemplo precedente constituye una ilustracin, ms o menos conseguida, de lo que se llama el error categorial, es decir, un proceso errneo de
atribucin de un elemento a una categora. Este fenmeno es usual, no solamente en la vida cotidiana, sino tambin en las ciencias jvenes, en un momento de su evolucin en el que se encuentran todava prisioneras de las apariencias, de las teoras del sentido comn y en el que las conceptualizaciones
ms elaboradas no han sido an generadas.
Este es el caso de la psicologa, y el concepto mismo de conducta es un
arquetipo de ello (el concepto de mente constituye igualmente un ejemplo paradigmtico; pero, de momento, nos vamos a centrar sobre la conducta).
En efecto, la idea que la gente se hace en general de la conducta es tan
errnea como la que consiste en crear una categora especfica para el sol
cuando ste pertenece a la categora de las estrellas.
La concepcin tradicional supone que la conducta est constituida por el
movimiento visible de un ser vivo o de una de sus partes. As, saltar una valla
es una conducta, de la misma manera que presionar un botn o conducir un
coche. Pero, realizar un clculo mental [(7 x 8) 6] 1/2 = ?), es una conducta? La respuesta tradicional es, naturalmente, no. La conducta ser el
anuncio del resultado (100), pero no el proceso mental que nos ha permitido
encontrar este resultado.
Desde esta ptica, la conducta es el ltimo eslabn de un proceso iniciado, cierto, por un estmulo (la pregunta) pero cuya parte esencial se sita a
nivel interno, mental. Si una escuela psicolgica, como el conductismo, declara tener como nico objeto de estudio la conducta, parece pues que se descalifica por s misma, puesto que, en la medida en que no se interesa ms que en
el resultado, es decir, en el ltimo eslabn de la cadena, niega la parte ms importante, es decir, los procesos mentales que han supuestamente permitido
enunciar esta respuesta y sin los cuales la respuesta jams hubiese sido posible. Se dice pues del conductismo que constituye un enfoque basado en el modelo de caja negra.
En efecto, en la medida en que el conductismo, segn se pretende, slo
se interesa en los estmulos y las respuestas (el clebre esquema SR), no
tiene ms solucin que, o bien negar la existencia de los procesos mentales
que se sitan entre los dos (lo que sera un caso de deshonestidad intelectual,
ya que cualquiera puede constatar fcilmente que antes de dar la respuesta ha
necesitado un cierto tiempo durante el cual ha realizado este clculo mental,
tiempo proporcional a la dificultad de la operacin), o bien meter dichos procesos entre parntesis afirmando que, puesto que se sitan en el interior del organismo, puesto que no constituyen fenmenos pblicos, accesibles a varios
observadores, no pueden ser abordados por el mtodo experimental, es decir,
no pueden ser estudiados cientficamente. De ah la necesidad de concebir al
organismo como una caja negra, opaca, que no deja ver lo que se desarrolla
en su interior, y concentrarse en consecuencia sobre los nicos fenmenos observables: los estmulos y las respuestas.
Tal es, brevemente resumida, la concepcin que la gente se hace del
enfoque conductista. Es necesario sin embargo reconocer, en honor a la verdad, que ciertas formas de conductismo, el conductismo metodolgico y el
conductismo filosfico, directamente derivados de (o asimilables a) las corrientes operacionalistas (que postulan que no se puede abordar un objeto de estudios ms que si ha sido correctamente operacionalizado, es decir, traducido a

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una serie de operaciones pblicas y observables) no est muy alejado de esta
concepcin.
Si tal fuese el caso, habra que reconocer que la posicin conductista sera absurda, puesto que por un lado, reconocera que lo importante no es tanto
la conducta (ltimo eslabn) como los procesos que permiten elaborarla; pero,
puesto que stos son inaccesibles a un observador externo, no habra ms remedio, so pena de caer de nuevo en la introspeccin (la vieja introspeccin en
reaccin a la cual el conductismo se haba constituido), que contentarse con la
conducta; esta conducta que, aunque sin gran inters en s, tiene el mrito de
ser pblica y susceptible eventualmente de proporcionarnos algunas informaciones sobre los procesos mentales que le han dado nacimiento. As es como
los psiclogos cognitivistas conciben la conducta: poco (o nada!) interesante
en s misma, pero constituyendo la nica va de acceso aceptable (ellos tambin son cientficos; por lo tanto, rehusan la introspeccin) para intentar comprender los mecanismos del aparato (ntese la esplndida metfora mecanicista) psquico, mental, cognitivo.
Pero todo lo anteriormente expuesto est basado en la aceptacin, como algo evidente, de la definicin de conducta como movimiento muscular visible, pblico y, de manera complementaria, del carcter mental de los procesos internos, privados, que actan en presencia del estmulo a fin de elaborar
la respuesta adecuada. Y, precisamente, lo que vamos a intentar poner en evidencia es que esta dicotoma, mental- conducta, es incorrecta ya que deriva
de un enorme error categorial.
La parte escondida del iceberg no es ms que iceberg.
Despus de haber echado mano de la astronoma, y antes de pedir
prestados algunos ejemplos de la fsica, permtasenos, para agravar nuestro
caso, apoyarnos sobre la gramtica.
En efecto, la gramtica nos ensea que los verbos describen acciones,
es decir, comportamientos, conductas. Hemos tomado, hace un momento, saltar una valla, presionar sobre un botn o conducir un coche como ejemplos de
conducta, en contraste con el clculo mental, actividad que no es considerada
como tal en la visin tradicional de las cosas.
Sin embargo, calcular es un verbo de la misma forma que lo es saltar,
presionar o conducir. As pues, lgicamente, si se trata de un verbo, ste denota una accin, es decir, una conducta. Calcular es, por consiguiente, una conducta pura y simple.
Llegados a este punto, creemos adivinar la reaccin, escptica, del lector: se trata de un sofisma, de un juego de palabras, de una demostracin puramente verbal, declarativa, sin ninguna relacin con la realidad, con la veracidad de las cosas.
En efecto, no tenemos intencin de contentarnos con esta demostracin
lgica basada sobre definiciones gramaticales para defender nuestro punto de
vista, aunque vamos a utilizar de nuevo un argumento lingstico, concretamente etimolgico. Pero antes quisiramos pararnos sobre algunos aspectos ms
evidentes relacionados con el clculo; no con el clculo mental sino, de momento, simplemente con el clculo manual.
Cmo resuelve un nio, que est aprendiendo a contar, el problema:
cunto suman 3 y 2 ?. Sencillamente, se ayuda con sus dedos para levantar

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primero tres dedos, despus otros dos, contarlos y, finalmente, enunciar el resultado: 5.
En efecto, los dedos son las primeras muletas que se utilizan en el
aprendizaje del clculo. Y esta es la razn por la cual nuestro sistema de numeracin es el sistema decimal, compuesto por diez elementos bsicos diferentes (0,1, 2... 9) que corresponde a lo que se llama contar en base 10. Por
qu la base 10 ms bien que la base 2 (como los ordenadores), la 7 o la 13,
por ejemplo? La respuesta es evidente: porque no tenemos 2, 7, 13 dedos,
sino 10.
Una prueba suplementaria? Cmo hacen los franceses para decir 80?
Dicen quatre-vingts (cuatro-veintes) en vez de octante o huitante que sera
la forma normal si siguiesen el sistema decimal. Saben ustedes por qu? Porque sus antepasados los galos (como los Mayas, y otras civilizaciones antiguas) contaban en base 20 Y por qu 20? Porque, adems de dos manos,
tenemos 2 pies! La base 20 ofrece, en efecto, el doble de posibilidades que la
base 10. Y aunque el sistema decimal fue introducido en Francia hace siglos y
siglos, an quedan algunas huellas de esta antigua base 20, que mezclan con
la base 10 sin que ello les cause el menor problema (los nicos a quienes causa problemas son a los extranjeros, como ustedes y yo, cuando intentamos
aprender su idioma).
Todo esto para ilustrar un fenmeno bien conocido: cuando se est en
fase de aprendizaje del clculo, uno se ayuda (por eso hablbamos de muletas) de los elementos externos que tiene a mano (y perdn por el juego de palabras), elementos que pueden ser contados y manipulados a voluntad (en manipular hay mani, del latn manus-mani: mano). Calcular es pues, al principio,
una conducta manual, manifiesta, motora y pblica, de contar, con la mano,
con los dedos (de la mano y/o del pi, etc.). Nadie puede negar que tal actividad constituye una conducta, con todas las de la letra.
Pero, pronto, los 10 o los 20 dedos resultan insuficientes para realizar
clculos que necesitan ms de 10 o de 20 elementos. As pues, los dedos se
sustituyen por pequeos objetos fcilmente manipulables, tales como los huesecitos, las bolas (que han generado los famosos bacos, utilizados an en
ciertas civilizaciones orientales), los guijarros... y ah queramos llegar : Cmo
se deca un guijarro, una piedrecita, en latn? Sencillamente: clculo (que ha
llegado hasta nosotros en la expresin: clculo renal, o clculo en la vescula
biliar). Etimolgicamente, calcular viene pues del latn calculare y significa:
manipular guijarros, en el sentido de contarlos". Calcular es pues realmente
una conducta, y no solamente en virtud de un simple razonamiento lgico, de lo
que antes poda parecer un mero sofisma (es un verbo, luego es una conducta), sino tambin en virtud de su propia etimologa, como antes lo habamos
anunciado.
Sea! -me dirn ustedes-. As pues, calcular de manera externa, visible,
pblica, manipulativa, no supone ningn problema. Se trata, sin discusin posible, de una conducta. Pero esto no prueba en absoluto que los procesos mentales que se desarrollan en nuestro interior mientras realizamos esta actividad,
sin la ayuda de ningn elemento externo manipulable, sean tambin conductas.
Vamos a responder a esta objecin.
Para ello, es necesario franquear una etapa ms: soltar las muletas. En
efecto, a fuerza de repetir una conducta, se adquiere una maestra cada vez
ms pronunciada; la conducta se automatiza y se vuelve cada vez menos de-

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pendiente de su soporte manipulativo. La conducta puede entonces interiorizarse, emitirse sin recurrir a su componente motriz.
Este proceso se puede ver claramente en el aprendizaje de la lectura. Al
principio, se lee en voz alta, siguiendo el texto con el dedo y moviendo todos
los msculos del aparato fonador. Posteriormente, se abandona el sealar con
el dedo; se llega luego a leer para s, sin emitir ningn sonido, pero se distingue todava un ligero movimiento de los labios, hasta que todo movimiento
desaparece y se llega a la lectura silenciosa del adulto, a la lectura que se podra llamar mental. Esto es lo que sucede con nuestro ejemplo del clculo
mental. Una vez que nos hemos convertido en expertos en el clculo, podemos efectuarlo interiormente, mentalmente, sin ningn componente kintico.
Pero calcular, ya sea de forma manipulativa o de forma mental, se expresa
siempre por un verbo, por lo que reviste siempre el status de conducta. La nica diferencia entre las dos modalidades est en su carcter pblico versus su
carcter privado, exterior versus interior.
En resumen, se trata slo de un simple problema de accesibilidad por
parte de un observador externo. Pero una diferencia de accesibilidad no es suficiente para justificar una dicotoma tan marcada como procesos mentales
versus conducta, fenmenos considerados como pertenecientes a dos categoras tan radicalmente diferentes que se llega a considerar a una de ellas como
la causa de la otra. Una simple diferencia de accesibilidad a un fenmeno nunca tuvo el poder de cambiar ni la naturaleza ni el estatus del fenmeno en
cuestin, que es independiente del hecho de que se pueda acceder hasta el
ms o menos fcilmente.
En otras palabras, la diferencia de accesibilidad concierne al observador, no al fenmeno. El fenmeno es lo que es, independiente de su accesibilidad, que es una caracterstica dependiente del observador. Un fenmeno
no cambia en su esencia a causa de las limitaciones perceptivas del observador. Los infra- y los ultra-sonidos, los rayos infra-rojos y los rayos ultra-violetas
no son fenmenos esencialmente diferentes de, respectivamente, los sonidos
audibles y los colores perceptibles por el ser humano por el simple hecho de
que no los percibe. De hecho, pueden ser percibidos por otras especies animales, lo que demuestra que no tienen nada de particular en s, es decir, que su
inobservabilidad humana no implica ninguna diferencia de estatus (ontolgico).
Crear categoras diferentes de fenmenos en funcin, nicamente, de su
accesibilidad humana, constituye una acto de un antropocentrismo descarado,
demasiado corriente por desgracia, pero sin ninguna justificacin objetiva ms
que el lisonjeo de nuestro ego. Es hacer del ser humano la medida de todas las
cosas; pero las cosas eran as mucho antes de nuestra aparicin sobre la tierra, continuarn sindolo despus de nuestra eventual desaparicin, y se burlan totalmente, con razn, de la concepcin que nosotros tengamos de ellas.
Existen pues conductas visibles, a las que podemos llamar manifiestas,
y conductas escondidas, a las que podemos llamar mentales. Pero ambas
son conductas con todas las de la ley; y no considerarlas as a causa de su diferencia de accesibilidad, suponer que slo son conductas las primeras, creando as una categora diferente para las segundas, aadiendo, para postre, una
relacin causal entre ambas, constituye, ni ms ni menos, un magnfico error
de categorizacin. La analoga siguiente debera acabar de poner en evidencia
nuestra posicin.

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Se trata de la analoga con los icebergs. Un iceberg es una masa de hielo, a la deriva sobre el ocano, que presenta, en virtud de las leyes de la fsica,
una parte visible y una parte escondida (la parte visible y la parte escondida del
iceberg, como se dice normalmente). A nadie se le ocurrira considerar que el
iceberg es solamente su parte visible, que su parte escondida pertenece a otra
categora de fenmenos y, todava menos, considerar que la parte oculta constituye la causa de la parte visible. El iceberg es el conjunto, la suma de la
parte visible y de la parte escondida; y el hecho de que est dividido en dos
partes por la frontera de la lnea de flotacin no tiene el poder de generar dos
fenmenos diferentes. Del mismo modo, la conducta es el conjunto, la suma de
la parte manifiesta y de la parte mental, y el hecho de que est dividida en
dos por la frontera de la piel no tiene el poder de generar dos fenmenos diferentes.
As, las llamadas funciones "mentales", los llamados procesos cognitivos3, lejos de ser las causas de la conducta, son conductas en s mismas, conductas que antes de haber sido interiorizadas, transformadas en mentales,
eran autnticas conductas motoras, pblicas, manifiestas, externas. En otras
palabras, los procesos mentales no forman parte de la explicacin, sino
de lo que debe ser explicado. Y es ah donde la visin tradicional, tanto de la
gente de la calle, como de los psiclogos cognitivistas, se revela incorrecta. En
efecto, al interrumpir la cadena explicativa de la conducta en el eslabn de lo
mental se tiene la impresin de haber dado una explicacin, cuando lo que se
hace no es ms que retrasar la solucin del problema. Decir que el alumno ha
podido responder correctamente a la pregunta que se le hizo porque ha efectuado un clculo mental correcto no supone avanzar en lo ms mnimo, pues
an hay que explicar por qu ha realizado un clculo mental correcto. La explicacin cognitiva, abortando con una respuesta que parece satisfactoria la bsqueda de la explicacin, interrumpe la cadena causal en un eslabn intermedio
(interviniente, pero intermedio) e impide proseguir en el camino del establecimiento de la causa primera, la que realmente nos interesa.
Esto se parece mucho al razonamiento de los nios que responden a la
pregunta: De dnde vienen los pollos? diciendo: del supermercado; y que
cuando nos oyen quejarnos de que no tenemos suficiente dinero para terminar
el mes nos dicen que vayamos a buscarlo al cajero automtico de nuestro banco. Ignoran que los pollos (por suerte!) no son producidos por los supermercados y que el dinero (por desgracia!) no aterriza en el banco si antes uno no lo
ha ganado con su trabajo. El supermercado y el banco son variables intermediarias, no variables independientes (causas).
3

Ah est tambin comprendido pensar, considerado sin embargo como lo contrario de


actuar, que deriva etimolgicamente de una conducta: pesar (evaluar). Del mismo modo
que idea, prototipo del concepto abstracto, "mental", que deriva del griego idea (ver),
ms explcito en la palabra latina videre (ver). Mejor an: teora, considerada como la
abstraccin total, puesto que designa una sucesin ordenada de elementos abstractos,
proveniente del griego teora: procesin ordenada de individuos enviados a una celebracin religiosa o un orculo, donde se encuentra el aspecto de sucesin de elementos
organizados y que se emplea todava en nuestros das, en su primer sentido, en una frase
(un poco en desuso, cierto) como: "una teora de cardinales se avanza lentamente hacia
el Papa".

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Interrumpir la explicacin de la conducta manifiesta en la accin de la
conducta no observable equivale a explicar la parte visible del iceberg por su
parte sumergida, olvidando que las dos deben ser explicadas en trminos de
temperatura, densidad, etc. que son las verdaderas causas del fenmeno que
nosotros llamamos iceberg. Decir que la bombilla se enciende porque se ha
manipulado el interruptor no es falso, pero es muy incompleto puesto que esto
no explica por qu manipulando el interruptor la bombilla se enciende. La explicacin completa (y, por lo tanto, correcta)4 nos remite a la nocin de electricidad, de conduccin, de flujo interrumpido o no de electrones, etc. y es en este
punto donde la corriente (y dale con los juegos de palabras!) conductista se
opone a la escuela cognitiva: en su negativa a conceder un papel primordial al
eslabn intermedio, interno, mental, no porque est escondido y por lo tanto
resulte inaccesible (caja negra), sino porque no constituye ms que una conducta, como la conducta manifiesta que se supone debe explicar, y que, en
consecuencia, no forma parte de la explicacin sino de lo que debe ser explicado.
Lejos de contentarse pues con estas pseudo-explicaciones de medio recorrido (preadas, por ende, de errores categoriales), el conductismo se vuelve
hacia el ambiente, fuente ltima (o primera; depende de cmo se consideren
las cosas) de las conductas, tanto pblicas como privadas, segn una relacin
de interaccin que no tiene nada que ver con el clebre esquema (unidireccional, mecanicista y reduccionista) estmulo-respuesta, en el que sus detractores
han querido siempre encerrar al conductismo para poder criticarlo mejor. Pero
esto sera otra historia...
Llegados a este nivel de nuestro discurso, hemos de confesar, en aras
de la verdad, que, para desenmascarar lo ms eficazmente posible el error categorial de lo que hemos llamado la parte oculta del iceberg, hemos utilizado
expresiones y conceptos que implican y conllevan otro error categorial, muy corriente tambin y no menos peligroso, que vamos a intentar corregir a continuacin. Pero nos ha parecido mas pedaggico ir por partes, ocuparnos de un
slo error a la vez y enfrentarnos luego con el siguiente, ms bien que intentar
denunciarlos todos al mismo tiempo corriendo el riesgo de crear confusin y dificultar, al fin y al cabo, la comprensin de nuestra argumentacin.
Cul es pues ese segundo error categorial al que acabamos de referirnos? Sencillamente, el error de situar la conducta en el organismo.
Efectivamente, lneas arriba hemos escritos frases como : La conducta
puede entonces interiorizarse... Una vez que nos hemos convertido en expertos
en el clculo, podemos efectuarlo interiormente... conductas que antes de
haber sido interiorizadas... y otras por el estilo. Pero la ubicacin de la conducta, ya sea en el interior del organismo o en otro lugar, conlleva graves problemas; entre otros, el suponer que la conducta, puesto que puede ser situada en
algn sitio, tiene caractersticas, propiedades, atributos espaciales, es decir,
posee extensin en el espacio (res extensa, como diran los antiguos). Vamos
pues a ocuparnos de este asunto.
Y para ello, vamos a tomar prestada una analoga a un buen amigo
nuestro, Josep Roca. Se trata, a decir verdad, de un viejo chiste antimilitarista
4

Vase los diferentes tipos de causalidad (formal, eficiente, etc.) que Aristteles distingue.

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primario, chiste que conocamos desde hace muchos aos pero al que nunca
se nos hubiese imaginado sacarle todo el jugo epistemolgico que ha sabido
sacarle Roca.
Se trata pues de un sargento instructor que est explicando a sus reclutas las bases elementales de la balstica. Dice el sargento: el proyectil describe
una curva ascendente hasta llegar a su punto culminante y, a partir de este
punto, empieza a caer a causa de, segn dice el manual, la fuerza de la gravedad; pero, si queris que os diga la verdad, as, entre nosotros, yo creo que,
sencillamente, el proyectil se cae por su propio peso. Y aqu es donde uno deba rerse, pues resulta en efecto cmico descubrir que el sargento es tan corto
que ignora que caerse por su propio peso no es ms que la versin popular,
sencilla, del lenguaje corriente (vulgata) de la fuerza de la gravedad.
Pero no se ran demasiado, puesto que, finalmente, el sargento no iba
tan equivocado como parece. O, si prefieren, son Uds. quienes se equivocan al
pensar que el sargento es un ignorante. Porque da la casualidad de que, sin
saberlo, tiene razn en un punto: no es lo mismo caer por su propio peso que
caer a causa de la fuerza de gravedad. El sargento se equivoca sin embargo
al decir que el proyectil cae por su propio peso. En realidad, cae a causa de
la fuerza de gravedad, que no es lo mismo, ni mucho menos. Y si me permiten
que despus de la astronoma y de los icebergs les siga hablando de fsica (antes de volver a la conducta, que es lo que en definitiva nos interesa), vamos a
intentar aclararles todo este asunto.
Las piedras no caen por su propio peso.
Cuando decimos que un proyectil (o una piedra, o un cuerpo cualquiera)
cae por su propio peso, estamos afirmando de manera clara y explcita que
las piedras tienen un peso que les es propio, es decir, que el peso est en la
piedra, o, dicho de otro modo, que el peso es una propiedad (en el sentido literal de la palabra propiedad, como cuando decimos que tal fbrica es propiedad
de tal persona) de la piedra. Consideramos pues que el peso es una propiedad
esencial (en el sentido de esencia) de la piedra, al igual que lo son su forma,
su tamao o su volumen. Es decir, consideramos que el peso pertenece a la
piedra, como le pertenecen su forma, su tamao o su volumen.
Pero, contrariamente a la forma, el tamao o el volumen, que s son cualidades
propias de una piedra, el peso no lo es, por la sencilla razn que los cuerpos
tienen volumen y masa, pero no volumen y peso.
La masa s que pertenece al objeto ; la masa s que es una cualidad
esencial de la piedra ; pero el peso no. Recuerden sino las nociones de fsica
que nos ensearon en el colegio : un cuerpo tiene una masa dada, y dicha masa, que es una caracterstica propia de cada cuerpo, interna al cuerpo, por decirlo de alguna manera, se transforma en peso al interactuar con la fuerza de
la gravedad, que es una caracterstica externa a la piedra, una caracterstica
del entorno, del ambiente en el que se encuentra la piedra. El peso no constituye pues una propiedad esencial de la piedra, sino una propiedad relacional.
Todos sabemos que una misma piedra posee un peso diferente en la atmsfera terrestre y en la luna, por ejemplo, a causa del valor diferente de la fuerza
de la gravedad en estos dos ambientes distintos. La masa de la piedra es la
misma en la tierra que en la luna; sin embargo, su peso vara considerablemente. Y las comillas que hemos utilizado delatan nuestra concepcin equivo-

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9
cada del asunto: la piedra no posee un peso, y no se trata, por lo tanto, de
su peso; la piedra, sencillamente, pesa. Y ya estamos donde queramos llegar: pesar es un verbo, una accin, una propiedad relacional y no una propiedad esencial, propia, interna al objeto. As pues, los objetos (y los sujetos), por
definicin y por pura lgica, no poseen la interaccin ni en su interior ni en ninguna parte: sencillamente, interactan, que es muy diferente.
La analoga nos parece ahora suficientemente clara: los verbos expresan conductas y las conductas, que son interacciones, no se sitan en el interior del organismo. La conducta no es pues una propiedad esencial del sujeto
sino una propiedad relacional. Considerar la conducta como algo que reside en
el sujeto equivale a confundir el peso con la masa. Ubicar la conducta en el interior del sujeto no tiene ms sentido que situar el peso en el interior del objeto.
La interaccin, ya sea peso o conducta, no se ubica en ningn sitio por la sencilla razn de que no posee atributo de extensin (res extensa, como dira Aristteles). Tan poco sentido tiene decir que se sita en el interior del organismo
(versin tradicional) como decir que reside en el ambiente (cosa que nadie defendera).
Al ver un organismo que se comporta (que emite una conducta, como
decimos a veces en nuestra jerga) tendemos a considerar que exterioriza una
conducta que posea en su interior, de la misma manera que cuando vemos
una piedra (o un proyectil, para volver al caso de nuestro sargento) caer atribuimos su conducta (de caer) a una propiedad interna del objeto: su peso. Cometemos el mismo error que si, despus de frotar una cerilla en el rascador de
su caja y ver aparecer la llama en la punta del fsforo, afirmramos que la llama se hallaba en el interior de la cerilla. A la pregunta: dnde se hallaba la
llama antes de frotar el fsforo contra el rascador, en la cerilla o en el rascador? la respuesta correcta es: ni en la una ni en el otro. La llama no se encontraba en el interior de la cerilla ni en el interior del rascador; la llama es la
resultante de la interaccin entre ambos.
Asimismo, la conducta no es una propiedad esencial del organismo, sino
una propiedad relacional; y es por ello que se expresa mediante un verbo, que
designa accin, y no mediante un substantivo (de substancia, esencia) que designa un objeto con res extensa. Una piedra no tiene peso (substantivo); pesa
(verbo). Un enamorado no tiene amor (y que todos los Romeos del mundo me
perdonen); ama. Un delincuente no tiene agresividad: agrede. Y este deslizamiento gramatical que cometemos desde el verbo (la accin, la conducta) hacia
el substantivo (la cosa) corresponde ni ms ni menos al proceso de cosificacin, substantivacin, reificacin (tomando la raz latina res-rei), proceso tan corriente y habitual que ni siquiera somos conscientes del abuso que cometemos
de l.
Y, sin embargo, la reificacin constituye otro error categorial clsico
(confundir verbos con substantivos) en la explicacin tradicional de la conducta,
error que, aadido a los dos que acabamos de denunciar, configura la visin intuitiva del comportamiento adoptada implcita o explcitamente por nuestros
conciudadanos y frente a la cual el anlisis conductista, claramente antiintuitivo, encuentra graves dificultades para cuajar. Intentemos pues desenmascarar este nuevo tipo de error categorial.
Los hombres y las mujeres no mueren porque son mortales.

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Viajemos por un instante a travs del tiempo hasta la poca prehistrica
y observemos la vida cotidiana de una tribu de trogloditas.
Una maana, nuestro protagonista (llammosle Uhr) sale de su cueva
para ir a cazar un mamut y alimentar asi a su familia. Al salir observa que el
suelo presenta hoy un aspecto diferente de lo acostumbrado: hay como un
manto transparente que lo recubre todo (la noche precedente ha helado). Es la
primera vez que Uhr se halla confrontado con este fenmeno, que desconoce
por completo. Aparte de constatarlo, no le otorga mayor importancia y se lanza
corriendo, como de costumbre, en bsqueda de su presa. Evidentemente, ni
corto ni perezoso, resbala estrepitosamente y se encuentra en el suelo con la
rtula izquierda partida en dos. Moraleja: dos meses sin poder sustentar a su
familia.
La prxima vez que nuestro hroe, ya repuesto de su herida, constata al
salir de caza que el suelo presenta esas caractersticas peculiares (estimulo
discriminativo) que le condujeron al accidente (consecuencia aversiva), modifica su manera de desplazarse a fin de evitar la cada (conducta de evitacin), y
por aproximaciones succesivas (moldeamiento) acaba desplazndose de forma
adecuada sobre suelos resbaladizos.
Cuando se plantea denominar esta nueva forma de desplazarse respecto a la forma habitual, acua un nuevo trmino: prudentemente, de manera
prudente. Se trata de un adverbio o de un adjetivo (no de un verbo ni an menos de un substantivo), es decir, de un trmino que califica una conducta. En
vez de detallar, elemento tras elemento , la nueva manera de desplazarse
(pon el pi derecho bien plano sobre el suelo; desplaza tu centro de gravedad
sobre l antes de levantar el pi izquierdo; avnzalo lentamente y luego... etc.
etc.), una vez puestos de acuerdo sobre el catlogo de conductas que se halla
resumido bajo el vocablo prudentemente, dicho vocablo funciona como una
etiqueta que resume y condensa en una sola palabra dicho repertorio conductual. Desplazarse de manera prudente (o prudentemente) no es ms que la
manera resumida, econmica de decir: desplazarse poniendo el pi derecho
bien plano...etc.).
As, cuando el estmulo discriminativo lo requiere, aparece la conducta
adaptada a fin de evitar las consecuencias aversivas, y un simple aviso verbal
basta para solicitar tal conducta: familia! hoy, cuando salgis, debis desplazaros de manera prudente. Se trata de un tipo de conducta particular, sin ms.
Veamos el paso siguiente. En otra ocasin, nuestro hombre, persiguiendo su presa, se encuentra frente a un barranco sobre el que yace un tronco de
rbol cado. Para atravesarlo sin caerse, debe desplazarse de una manera que
no es ni la habitual ni la que ahora llamamos prudente (no es lo mismo andar
sobre el hielo que desplazarse sobre un tronco cado). Deber acuar un
nuevo trmino para designar esta nueva forma de desplazarse? Ello sera una
solucin. Pero puesto que hay varios elementos comunes entre esta nueva
forma y la forma llamada prudente (slo deben emitirse en circunstancias particulares; ambas evitan desgracias, etc. etc.), otra solucin consiste en extender,
ampliar (generalizar) el sentido de la palabra prudentemente a otras circunstancias que aquellas que primitivamente sirvieron para generar el trmino. Diremos pues que en ambos casos hay que comportarse de manera prudente
aunque la cadena de conductas concretas que hay detrs no sea idntica.
Franqueemos ahora una etapa ms en este proceso de generalizacin.
No utilicemos este vocablo solamente para las formas de desplazarse, sino

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tambin para otras actividades, incluso sociales, en las que, de manera quizs
algo metafrica, puede hablarse de prudentemente. Imaginemos, por ejemplo,
que un buen da, en el momento de servir el guisado de mamut, Uhr se da
cuenta de que se le ha acabado la sal. Se le ocurre pedirle un poco a su vecino, pero supone que si lo aborda con su rudeza habitual, va a tener que comer
sin sal. Lo aborda pues de una manera diplomtica a fin de evitar que el vecino
le niegue el favor. Puede decirse entonces, ampliando de nuevo el campo de la
generalizacin, que se ha comportado de manera prudente.
Hasta aqu hemos contemplado la gnesis del adjetivo prudente y del
adverbio prudentemente5. Imaginemos ahora que nuestro personaje, vistas
las ventajas que acarrea comportarse de manera prudente (ley del efecto),
adopta esta conducta no ya de manera espordica sino de forma habitual. A
la larga, el observador de todo este proceso puede resumir la constatacin Uhr
se comporta regularmente de manera prudente diciendo: Uhr es prudente.
La introduccin del verbo ser es correcta pero peligrosa. En efecto, el
observador lo usa como puro resumen de se comporta regularmente, pero utiliza para ello el verbo que, por definicin, denota esencia. De este modo,
hemos deslizado el campo semntico desde la conducta (se comporta) hasta la
esencia (es); desde la propiedad relacional hasta la propriedad esencial (retomando los conceptos del apartado anterior).
Si tuvisemos siempre presente cmo hemos llegado hasta ah, no
habra problema. Es decir, si recordramos que prudente es una etiqueta para
resumir un catlogo de conductas y que es equivale a se comporta regularmente, no caeramos nunca en la trampa de contestar un da, a un nuevo observador acabado de llegar, que no habiendo presenciado la gnesis de tal peculiar conducta respecto a la cual muestra una cierta curiosidad, pregunta: por
qu anda Uhr de esta forma cuando el suelo est blanco, y de esta otra cuando
cruza un tronco sobre un barranco, y de esta otra cuando va a pedir un poco de
sal a su vecino? dicindole (en lugar de explicarle las contingencias que han
generado y que mantienen dichas conductas): porque Urh es prudente.
Con tal pirueta lingstica, que no es ms que una pura y simple tautologa (puesto que la pregunta era: por qu Uhr se comporta de manera prudente? y la respuesta ha sido: porque Uhr es prudente) hemos transformado
descaradamente lo que nos serva como descripcin abreviada de una conducta habitual en su propia causa. Uhr ya no se comporta de manera prudente
por la cuenta que le trae, es decir, en funcin de las consecuencias, sino en virtud de algo que Uhr posee en su interior y que le mueve a ser prudente: la
prudencia.
No puedo impedirme de aprovechar la ocasin para sealar hasta qu punto el lenguaje
mismo que utilizamos se halla impregnado por la concepcin mentalista y dualista del
ser humano y de su conducta. En efecto, qu quiere decir, literalmente, prudentemente? Ni ms ni menos que con la mente prudente. Y lo mismo para todos los adverbios en mente: clara-mente, amable-mente, maliciosa-mente, etc. Y el colmo de los
colmos lo constituye el adverbio mentalmente, es decir, con la mente mental. Quin
dijo aquello de que el mundo mental miente monumentalmente? Es por eso que, en la
medida de lo posible, debe preferirse la expresin de manera prudente a prudentemente y, en general, evitar los adverbios en mente (a pesar de que soy consciente de
que, en mi charla, los estoy usando a menudo. Nadie es perfecto!).
5

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Y fjense que, sin darnos cuenta, hemos introducido, por primera vez en
esta historia, un substantivo: la prudencia. Hemos pues substantivado, cosificado, algo que, al principio, slo era descripcin de conducta. Como por arte de
magia6 nos hemos sacado del sombrero de copa, en el que habamos introducido slo un adjetivo y un adverbio, un magnfico substantivo, vivito y coleando
que, por designar, como es lo propio de todo substantivo, un objeto, una cosa
(de ah lo de cosificacin), posee atributos de extensin, de res extensa (de
ah lo de reificacin). Una prueba adicional de que la prudencia posee ahora
atributos espaciales viene dada por el hecho de que hablamos de poca o
mucha prudencia, de una gran capacidad de, etc.
Y lgicamente, puesto que ocupa espacio, debe situarse en algn sitio.
Y qu mejor sitio que en el interior del organismo que se comporta con
prudencia, como decimos coloquialmente? La prudencia es ahora una cualidad
propia, esencial del sujeto y no una propiedad relacional. Y es por esto que este apartado se halla ntimamente relacionado con el precedente.
Nos hallamos pues frente a afirmaciones como: los hombres mueren
porque son mortales, el carbn es negro porque posee la negrura o, como lo
deca ya irnicamente Moliere en sus comedias burlndose de los mdicos de
su poca (y yo dira, de los psiclogos de la nuestra), el opio adormece porque posee virtudes adormecedoras. Dichas afirmaciones no son ms que tautologas apenas disfrazadas, puesto que ser mortal no constituye en absoluto
la causa de la muerte de los hombres, sino la simple constatacin de que todos
los hombre mueren. Sencillamente, llamamos mortales a los seres que mueren, y en ningn caso la simple denominacin de un fenmeno puede ser transformada en su causa.
Si substituimos pues en la frase: los hombres mueren porque son mortales la palabra mortales por su definicin, obtenemos la perogrullada siguiente: los hombre mueren porque son seres que mueren. Y frente a esta
tautologa ahora desenmascarada, ni siquiera un nio de 4 aos, en plena fase
de: pap, por qu los pjaros vuelan?; pap, por qu los peces no se ahogan? etc. se contentara con dicha explicacin. Pero basta con camuflarla un
poco y parece una docta sentencia: Pedro ayuda a su prjimo porque posee
una gran bondad; Pablo martiriza a los animales porque posee un elevado
grado de sadismo. La bondad y el sadismo, al igual que la prudencia de
nuestro ejemplo o la agresividad del ejemplo de Los Horcones, no constituyen
las causas de la conducta observada; no son ms que la substantivacin de la
descripcin condensada de una conducta habitual, substantivizacin erigida al
rango de causa en virtud de un grosero proceso tautolgico disfrazado. Ser
bondadoso, ser sdico, no es ms que la manera rpida de decir que fulano o
fulana de tal se comporta habitualmente de una manera que hemos convenido
en llamar bondadosa o sdica (y que consiste, entre otros elementos, a ayudar
a su prjimo y a martirizar a los animales indefensos respectivamente). Pero en
modo alguno puede ello ser la causa de dichas conductas, so pena de tautologa flagrante.

Precisamente hace poco Los Horcones publicaron un papel exactamente sobre el tema
que estamos debatiendo cuyo ttulo era: Ten acts of magic, en el cual detallaban magistralmente y con mucho humor este proceso de tautologizacin en diez actos o etapas de un nmero de circo a base de predigistacin prestidigitacin y magia.

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La pregunta pertinente sera: por qu Uhr se comporta habitualmente
de esta manera llamada prudente y, por consiguiente, le llamamos prudente?
Formulada as la pregunta, resulta evidente que la respuesta: porque es prudente aparece como inequvocamente tautolgica y la rechazamos por insatisfactoria, buscando entonces las verdaderas causas: porque de no hacerlo as,
su familia se morira de hambre. Y tal respuesta, poniendo el acento en las
consecuencias de la conducta, desplaza el factor causal desde el interior del
sujeto hacia el entorno, o, mejor dicho, pone el acento sobre la interaccin entre el sujeto y el entorno. Se trata de un notable cambio de perspectiva, no?
Pues bien, por extrao que nos parezca, es a travs de este mismo proceso de reificacin abusiva que han sido generados todos los trminos tradicionales explicativos de la conducta humana: la generosidad, la impulsividad,
agresividad, introversin/extroversin, tenacidad, bondad, sadismo (que tomaremos como ejemplo en el apartado siguiente), simpata y los centenares de
vocablos del mismo estilo de los que usamos (y abusamos) cotidianamente. Y,
apareados a un razonamiento tautolgico disfrazado, proporcionan el sistema
explicativo de la conducta tanto del hombre y la mujer de la calle como de, con
un poco ms de sofisticacin, evidentemente, de los psiclogos tradicionales. Y
es precisamente porque la psicologa tradicional comete los mismos errores categoriales que la gente de la calle que sta se reconoce perfectamente (es por
eso que hablamos de concepcin intuitiva) y acepta sin chistar la jerga pseudo-cientfica de los profesionales del asunto, como en la poca de Moliere
ocurra con la medicina. Y as estamos!
Y puesto que hablamos de medicina no estara de ms que nos parsemos un instante para denunciar otro error de razonamiento, perfectamente
enraizado en los anteriores y que contribuye, lgicamente, a mantenerlos: la
transposicin del modelo mdico a los asuntos de la conducta.
Una de las crticas ms recurrentes dirigidas contra el conductismo consiste en afirmar que ste slo se ocupa de las conductas (los sntomas) sin
preocuparse de los conflictos internos que las ocasionan (las causas).
El lector que ha tenido la bondad de seguirnos hasta aqu podra ya objetar tal afirmacin de que las conductas no slo son lo que se observa desde
el exterior (iceberg, caja negra, etc.) y que el trmino interno conlleva graves
problemas (peso y masa). Pero ello no bastara para convencer a su interlocutor de que, en el fondo, l tiene razn cuando considera que el conductismo acta como una aspirina: suprime (temporalmente) la fiebre pero no cura la infeccin (el paralelo con el modelo mdico aparece aqu con toda su esplendor). Intentemos pues convencer con otros argumentos a nuestro contradictor, analizando con cierto detalle la analoga implcita de su razonamiento.
El bacilo de Koch existe!
Cuando un psiclogo tradicional o un psicoanalista explica la conducta
de una persona que disfruta infligiendo sufrimientos a su prjimo, martirizando
animales indefensos o azotando a su pareja sexual, aduce la existencia del sadismo (substantivo) en el interior de sujeto. Y si alguien les pregunta por qu se
comporta dicho individuo de esta forma, la respuesta no se har esperar: porque es un sdico. La conducta sdica que presenta es la consecuencia, el sn-

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toma de un trastorno psicolgico: el sadismo. Tenemos pues una explicacin
en dos trminos: los sntomas (la conducta sdica) y la causa (el sadismo).
Si un terapeuta conductista consigue exitosamente modificar la conducta
de tal individuo hasta la supresin total de cualquier manifestacin sdica, el
psicoanalista aducir que slo los sntomas han sido suprimidos (igual que un
analgsico disimula el dolor), pero que, como no se ha tratado la causa profunda, el sntoma aparecer de nuevo bajo una forma u otra (lo que ellos llaman
el desplazamiento del sntoma).
Es evidente que si las cosas fuesen efectivamente tal y como ellos las
consideran, las terapias conductistas seran un engaabobos que slo produciran efectos pasajeros sin solucionar en absoluto la raz del problema. Si las
cosas fuesen as, seran los psicoanalistas quienes tendran toda la razn del
mundo.
Pero el problema reside, como siempre, en la conceptualizacin misma
del asunto, conceptualizacin que, como vamos a exponer, se basa sobre una
analoga seductora pero abusiva del modelo mdico.
En efecto, si un sujeto tose repetidamente, escupe sangre y presenta
una piel plida (sntomas7), el mdico diagnosticar una tuberculosis galopante.
Y si alguien le pregunta por qu se comporta dicho individuo de esta forma, la
respuesta tampoco se har esperar: porque es un tuberculoso. Y si un curandero consigue exitosamente suprimir los sntomas, nadie osar afirmar que se
ha vencido la tuberculosis del sujeto, tuberculosis que va a continuar desarrollndose catacumbalmente hasta causar daos irreparables en el organismo
por falta de tratamiento adecuado dirigido contra la causa y no contra los meros
sntomas.
Hasta aqu, el paralelo (la analoga) entre las dos situaciones parece no
slo evidente sino, adems, dar la razn a los oponentes al conductismo.
Pero analicemos ambas situaciones un poco ms profundamente. En el
primer caso, la existencia del sadismo ha sido inferida, postulada a partir de los
sntomas, y la nica prueba de su existencia es precisamente la presencia de
los sntomas. Como lo hemos indicado antes, estamos en presencia de una
explicacin en dos trminos. En el segundo caso, puede igualmente decirse
que la tuberculosis ha sido inferida a partir de los sntomas. Pero, contrariamente al caso del sadismo, la nica prueba de la existencia de la tuberculosis
no la constituye la presencia de los sntomas. Un simple anlisis biolgico de
las secreciones salivares del sujeto bastar para demostrar que contienen un
agente patgeno, concretamente, el bacilo de Koch. La verdadera causa del
conjunto de sntomas que resumimos con la etiqueta de tuberculosis es el bacilo de Koch. La tuberculosis, como el sadismo, no son ms que etiquetas para
resumir sntomas (o conductas, como en el ejemplo de la prudencia); pero en
modo alguno, bajo pena de tautologa descarada como nos esforzamos en
demostrarlo en el apartado anterior-, pueden ser considerados como la causa
de dichos sntomas (o conductas).

Para no complicar las cosas, no vamos a introducir aqu la distincin entre sntoma y
signo, el primero siendo algo subjetivo (jaqueca) y el segundo objetivo (fiebre). De
hecho, los tres sntomas que acabamos de enumerar no son sntomas sino signos. Pero
como que cuando se debate de lo que estamos debatiendo siempre se habla de sntomas,
vamos pues a seguir la tradicin.

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Y es por eso que dos trminos no bastan para analizar adecuadamente
la situacin. El tercer trmino, decisivo, es, por supuesto, el bacilo de Koch. Y
ntese que su existencia no ha sido simplemente inferida a partir de los sntomas; el bacilo de Koch posee una existencia propia independiente de los sntomas que produce. Puede ser aislado, cultivado, estudiado en un tubo de ensayo, sin que provoque tos a nadie. Es decir, puede desconectarse la causa
de las consecuencias puesto que, si stas dependen de aqulla, lo contrario no
es cierto. Es por ello que insistimos sobre el hecho de que la existencia del bacilo puede ser demostrada independientemente de la presencia de los sntomas. No se trata pues de una simple inferencia, de un postulado, sino de una
realidad que puede ser demostrada.
En el caso del sadismo, qu prueba independiente de los sntomas
puede ser presentada para justificar su existencia? En ausencia de cualquier
conducta (incluso privada) sdica, quin se atrevera a catalogar a fulano de
tal como sdico? Nadie, evidentemente; puesto que, en caso contrario, todos
ustedes, como yo, podemos ser diagnosticados como sdicos latentes, masoquistas latentes, asesinos latentes, etc. etc. etc. No; en la realidad cotidiana,
nadie considera como sdico a alguien que no presenta ni ha presentado nunca la ms mnima conducta sdica. El sadismo no existe con independencia de
la conducta sdica; y es por eso que, si se elimina dicho tipo de conducta, se
ha eliminado, de hecho, el sadismo, que no era ms que la etiqueta para designar tal conducta y que haba sido postulado a partir de ella misma.
Queda claro pues que en un caso estamos en presencia de una explicacin que comporta slo dos trminos mientras que en el otro disponemos de
tres. La analoga entre ambas situaciones es, por lo tanto, ilegtima, falsa y
abusiva; es decir, puro sofisma.
El modelo mdico no puede ser as, alegremente, transpuesto a los
asuntos de la conducta, asuntos que se ajustan mucho ms a un modelo educacional, de aprendizaje, que al modelo mdico. Criticar las terapias conductistas con argumentos relativos al modelo mdico no es ms que el reflejo de una
conceptualizacin errnea de los fenmenos abordados, a pesar de su aparente pertinencia.
Pero, me dirn ustedes, cmo explicar entonces el desplazamiento, el
resurgimiento del sntoma, constatado a veces despus que una terapia conductista lo haya erradicado? Este argumento, clsicamente esgrimido por los
psicoanalistas, demuestra que, en efecto, poseen una buena capacidad de observacin; desgraciadamente, (y contrariamente a lo que ellos piensan) es su
capacidad de explicacion, de conceptualizacin la que no est a la altura. En
lugar de postular porque se trata de un simple postulado- que, habiendo eliminado el sntoma sin preocuparse de resolver su causa profunda, el sntoma aparece bajo otra forma, puede proponerse otra explicacin a dicho fenmeno
utilizando conceptos puramente conductuales.
En efecto, en el mbito mdico, la nocin de beneficio secundario de la
enfermedad es ampliamente conocido. Cuando alguien recibe la etiqueta de
enfermo por parte de un profesional de la salud al que la sociedad ha otorgado
dicha funcin y potestad, obtiene (como compensacin, en cierto modo, de la
desgracia de haber enfermado) un cierto nmero de privilegios secundarios: se
le dispensa de trabajar, se le permite quedarse en la cama an y cuando su estado no lo justifique plenamente, se le toleran ciertos caprichos, la gente a su
alrededor se muestra ms tolerante y menos exigente, etc. etc. Privilegios que

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desaparecen bruscamente cuando se le da de alta, lo que explica la existencia
de ciertos enfermos funcionales, bien conocidos del cuerpo mdico y hospitalario, que perpetan sus dolencias -ahora imaginarias- para prolongar dichos
beneficios secundarios .
De la misma manera, un sujeto que padece fobia de los ascensores,
pongamos por caso, recibe un trato preferente por parte de su entorno familial. Si un da se ha decidido cenar juntos con los Rodriguez, que viven en el noveno piso de un edificio con ascensor, se invitar ms bien a los Rodriguez a
venir a casa en vez de ir a su casa de ellos; se evitar alquilar una habitacin
situada en los ltimos pisos de un hotel cuando se salga de vacaciones, reservando una situada en las plantas inferiores, etc. Es decir, se prestar una atencin especial al sujeto, se organizarn siempre las cosas en funcin de su
problema.
Si un terapeuta eficaz le soluciona su problema y le permite (al cabo de
unas pocas sesiones de tratamiento y no despus de aos -y an!- de divn)
tomar tranquilamente el ascensor, se encuentra entonces privado sbitamente
del beneficio secundario que su transtorno le proporcionaba (refuerzo social) y
es muy probable que presente una nueva fbia (emita una operante de la misma clase) a fin de recuperar los beneficios secundarios que le produca la anterior (afin de obtener de nuevo el refuerzo que le haba sido retirado).
Una terapia conductista correcta no se centrar pues nicamente en el
cliente (como dira Rogers) sino que informar a su entorno familial de los riesgos que incurren si dejan de prestar atencin sbitamente al ex-fbico, y les
instruir sobre la manera de hacerlo paulatinamente (programa); es ms, les
exhortar a desplazar la atencin que antes prestaban a su fobia a otros aspectos de su conducta afin de que no se encuentre privado de algo que antes obtena mediante su antigua fobia y evitar as que lo busque a travs de una nueva fobia. Y los estudios de efectividad de las terapias, tanto a medio como a
largo plazo, muestran inequvocamente que, cuando el terapeuta imcluye dichos aspectos en su tratamiento, no hay ningn desplazamiento ni resurgimiento del sntoma.
Llegados a este punto del discurso, uno puede legtimamente preguntarse cmo es que si la conceptualizacin conductista, una vez expuesta con detalle, aparece como mucho ms pertinente que sus rivales, no consigue destronarlas e imponerse como ocurre normalmente con toda teora que supera, en
potencia explicativa y en parsimonia, a las otras teoras en boga.
Varios factores nos parecen poder explicar esta situacin anmala. Pero
quisiramos, como eplogo a esta ya quizs demasiado larga reflexin, exponer
por lo menos uno de ellos que, a nuestro modo de ver, constituye un obstculo
relevante a tal cambio de paradigma. Y, para ello, vamos a echar mano, una
vez ms, del viejo recurso de la metfora.
La mscara no es el rostro.
En las antiguas tragedias griegas, los actores cubran su rostro con una
mscara, triste o sonriente, segn el personaje que deban interpretar. Slo con

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ver la mscara, se poda predecir pues el papel que iba a interpretar el actor
puesto que su conducta sobre la escena dependa de la mscara que llevaba8.
Evidentemente, a nadie se le ocurrira confundir la mscara (visible) con
el rostro (invisible). Aunque el espectador no poda ver el rostro a causa de la
mscara que lo cubra, saba perfectamente que el actor tena un rostro propio
y que la mscara era, por decirlo de alguna manera, de quita y pn, y que un
da poda arborar una mscarsa triste y otro una de alegre, pero que ninguna
de las dos eran su verdadero rostro. No haba pues confusin posible entre el
rostro y la mscara.
Imaginemos ahora que, por una razn dada, un actor conserve siempre,
da y noche, durante aos y aos, una misma mscara sobre su rostro, hasta el
punto que se le pega a la cara como una segunda piel y que, al final, la gente
olvida por completo que lo que percibe no es el verdadero rostro del sujeto sino
una simple mscara9, mscara que no corresponde mejor al rostro verdadero
que otra mscara diferente y quizs ms adaptada. Es decir, no por ser la ms
antigua es la ms adaptada ni, an menos, es el rostro mismo.
Si, llegados a este punto, un nuevo director escnico decidiese hacer actuar a este actor con otra mscara y le pidiese que se quitara la antigua, la gente le tratara de loco, le acusara de querer desfigurar al actor y proclamara que
la nueva mscara se adapta mal al rostro, que no corresponde, no cuadra, sin
darse cuenta de que lo que ahora llama rostro no es el rostro verdadero sino
una simple mscara que, con el tiempo, se ha convertido en familiar, en una
vieja conocida. Para la gente ya no hay distincin entre el rostro y la mscara
pues, a sus ojos, constituyen una nica cosa; y querer cambiar la mscara equivale para ellos a querer cambiar el rostro. Slo la nueva mscara que propone el director es considerada como una mscara; la antigua, no. Y en vez de
decidir si la nueva es ms adaptada que la antigua, como lo pretende el joven e
inovador director escnico, es decir, en lugar de escoger entre las dos mscaras, la gente considera que le estn proponiendo elegir entre una mscara y un
rostro. Y, lgicamente, frente a esta (falsa) alternativa, prefiere el rostro ms bien que la mscara; lo natural ms bien que lo artificial, lo intuitivo ms bien que
lo anti-intuitivo, lo conocido ms bien que lo nuevo (o, como diramos hoy en
da, lo real ms bien que lo virtual).
Hasta aqu la metfora. Supongo que ya me han visto venir. Al principio,
haba un fenmeno por explicar la conducta- y una explicacin propuesta la
teora cognitiva, por ejemplo-. Est claro que la explicacin propuesta tiene que
encajar ms o menos con el fenmeno que pretende explicar (como una mscara debe ajustarse ms o menos al rostro del actor) para ser verosmil. Pero
se trata slo de una explicacin entre otras posibles y, en todo caso, distinta
de, no identificable con, el fenmeno que trata de explicar. Un fenmeno y su
explicacin son dos cosas distintas. Y uno puede preferir otra explicacin
8

Y ste es, etimolgicamente, el origen del vocablo personalidad. En efecto, la conducta del actor era funcin de su mscara, al igual que la psicologa tradicional pretende
que la conducta de un ser humano es funcin de su personalidad. Y es que el vocablo
griego para mscara era persona.
9
Algo parecido ocurre con el lenguaje. En efecto, existe una figura de estilo llamada
catacresis que consiste precisamente en utilizar una metfora tan vieja y familiar que
ya nadie se da cuenta, al usarla, de que es una metfora (por ejemplo : el pie de la mesa,
la antena de televisin, el brazo de la butaca, la hoja de papel).
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sin por ello modificar en absoluto la naturaleza del fenmeno en cuestin.
Rechazar un modelo explicativo no implica en modo alguno rechazar el
fenmeno que debe ser explicado.
Pero si una teora explicativa se ha perpetuado durante siglos (gracias,
entre otras razones, a su carcter intuitivo) hasta el punto de que ya no es percibida como una teora (que puede ser substituda en cualquier momento por
otra) sino como el fenmeno mismo, resulta evidente que toda nueva teora
aparecer como aberrante, como contraria a la evidencia misma, al sentido
comn ms elemental.
Cuando una conceptualizacin se ha confundido hasta tal punto con el
fenmeno que intenta conceptualizar que ha llegado a identificarse con l, a no
formar ms que una sola y misma entidad all donde en realidad hay dos, entonces criticar, negar o combatir tal teora equivale a criticar, negar o combatir
el fenmeno en cuestin. Y como que negar el fenmeno no es honradamente
posible, puesto que existe; como que no se establece ninguna diferencia entre
el fenmeno y la teora secular que lo ha venido conceptualizando, y por lo tanto no se puede negar sta sin negar aqul, entonces resulta honradamente imposible negar la teora en cuestin.
El conductismo no niega tal o cual fenmeno, como se suele afirmar. Niega su conceptualizacin bajo la teora cognitiva (u otra) y propone una conceptualizacin diferente para dicho fenmeno. El problema proviene de la confusin del concepto con la cosa; y como que la cosa ha sido bautizada con el
nombre que le ha forjado la teora primitiva (en los dos sentidos de la palabra),
al negar dicho nombre de pila parece ser que se niegue la cosa en s, puesto
que se hallan ntimamente confundidos10.
Por tomar un ejemplo, el conductismo, cuando discute el concepto de
imgen mental, no discute el fenmeno que los cognitivistas han explicado con
el concepto de imgen mental, sino la conceptualizacin cognitiva de dicho fenmeno en trminos de imgen mental. Para darse cuenta de ello es necesario
ser consciente de la diferencia entre ambos (el trmino y su conceptualizacin);
y no se trata de un simple matz; se trata de una diferencia tan fundamental
como la que existe entre un rostro y una mscara.
No es pues de extraar que se prefiera una teora que parece corresponder perfectamente a un mbito dado puesto que es a travs de las gafas de
esta teora que se contempla el mbito. Y se llevan estas gafas desde hace
tanto tiempo que uno se ha olvidado ya de que las lleva. Y como que son verdes, se ven las cosas verdes, y se acaba por creer que las cosas son verdes.
Y cuando llega el joven conductismo y propone unas gafas marrn, la gente dice que las gafas marrn son malas porque con ellas el mundo se vera marrn,
y todos sabemos que el mundo no es marron sino verde. Y no vale decir a la
gente que se quite las gafas verdes y ver que el mundo no es verde, (ni quizs marrn, pero que se acerca ms al marrn que al verde, por lo que las gafas marrn son, hasta nueva orden, ms adaptadas), porque le van a contestar:
10

El concepto de cielo , por ejemplo, recubre cosas muy distintas para un astrnomo,
un creyente o un pintor. Si el primero afirmase que no existe, el creyente se indignaria y
el pintor lo trataria de loco o mentiroso ; si el creyente afirmase que la Virgen Maria subi al Cielo en cuerpo y alma, el astrnomo tendria sus dudas Sencillalmente, utilizan
la misma palabra para designar conceptos distintos, y sus conversaciones se transforman en un verdadero dilogo de locos.

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19
Pero de qu gafas verdes me habla Ud? Si yo no llevo gafas... Qu mascara? Pero si no lleva mscara...
Quedan seguramente muchos otros malentendidos por deshacer. Pero
si con este texto hubisemos conseguido enderazar algunos de ellos, nos daramos por satisfechos. Ustedes dirn...

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