RUANDA:
EL
GENOCIDIO
OLVIDADO
Por
Mnica
Redondo
Muerte!
Muerte!
Las
fosas
con
cadveres
de
tutsis
solo
estn
ocupadas
hasta
la
mitad!
Daos
prisa
en
acabar
de
llenarlas!,
gritaba
uno
de
los
locutores
de
la
radio
ruandesa
Radio
Mille
Collines.
Este
llamamiento
es
solamente
un
ejemplo
del
odio
entre
estos
dos
clanes,
tan
parecidos
pero
tan
distintos
a
la
vez.
El
1994,
el
genocidio
de
Ruanda
caus
casi
un
milln
de
muertes.
El
aniquilamiento
de
tutsis
por
parte
de
hutus
era
algo
prcticamente
inevitable,
y
que
llevaba
cocindose
desde
hace
aos.
Muchos
se
preguntan
qu
se
poda
haber
hecho,
si
era
evitable.
Ahora
ya
es
tarde,
ha
pasado
y
es
un
captulo
de
la
historia
de
Ruanda
que
ser
difcil
de
superar.
Pero
cmo
empez
realmente
el
genocidio
de
1994?
Cules
fueron
los
motivos
de
los
hutus
para
cometer
tal
atrocidad
y
aniquilar
a
miles
de
tutsis?
Introduccin
Anteriormente,
Ruanda
estaba
habitada
por
una
solo
comunidad,
el
bunyaruanda,
que
se
divide
en
tres
castas
tradicionales:
los
tutsis
(propietarios
de
rebaos,
14%
de
la
poblacin),
los
hutus
(los
agricultores,
85%)
y
los
twa,
que
correspondan
a
un
1%
de
la
poblacin,
en
su
mayora
criados
o
jornaleros.
Este
sistema
de
castas
(comparable
al
de
la
India)
se
cre
siglos
atrs,
durante
el
reinado
de
un
monarca
que
reciba
el
nombre
de
mwami
y
procedente
de
la
casta
tutsi.
Durante
la
conferencia
de
Berln
se
repartieron
diferentes
tierras
africanas
a
pases
europeos.
Ruanda
fue
cedida
en
aquel
momento
a
Alemania,
la
cual
no
manifest
demasiado
inters
por
la
sociedad
ni
por
el
pueblo;
hasta
el
punto
de
que
muchos
ruandeses
vivieron
como
un
pas
colonizado
sin
saberlo.
Despus
de
la
Primera
Guerra
Mundial,
los
alemanes
perdieron
la
colonia
a
favor
de
Blgica.
Antecedentes
del
Genocidio
de
1994
La
sociedad
de
Ruanda
en
aquella
poca
podra
compararse
a
las
relaciones
feudales:
los
tutsis,
la
casta
dominante
y
aristocracia,
eran
los
ms
ricos
del
pas
gracias
a
la
cra
del
ganado.
Los
numerosos
hutus,
en
cambio,
eran
simple
agricultores,
explotados
y
dominados
por
los
tutsis.
Todo
igual
que
en
el
feudalismo:
la
misma
dependencia,
las
mismas
costumbres,
la
misma
explotacin.
A
mediados
del
siglo
XX,
el
conflicto
crece
entre
las
dos
castas
por
la
dominacin
de
la
tierras.
El
problema
de
Ruanda
era
que
no
haba
sitio
para
los
dos.
En
otros
pases,
una
de
las
partes
puede
retirarse
y
ocupar
territorios
libres
donde
vivir
en
paz.
En
el
llamado
Pas
de
las
Mil
Colinas
no
haba
esta
opcin.
Ruanda
es
pequea,
montaosa
y
muy
densamente
poblada
por
lo
que
es
difcil
encontrar
un
sitio
para
que
los
que
cran
el
ganado
y
los
que
cultivan
la
tierra
vivan
en
armona.
No
hay
lugar
para
retirarse.
En
este
contexto
aparecen
los
belgas,
que
haban
gobernado
Ruanda
apoyndose
en
los
tutsis.
Al
principio,
la
relacin
pareca
ser
provechosa,
hasta
que
empezaron
las
olas
de
protestas
anticoloniales
en
frica
por
la
independencia.
El
problema
para
Blgica
radicaba
en
que
los
tutsis
eran
los
principales
interesados
en
desvincularse
del
pas
europeo.
En
respuesta
a
la
posicin
independentista
de
los
tutsis,
los
belgas
empiezan
a
apoyar
a
los
hutus,
ms
sumisos
y
dispuestos
a
compromisos.
As,
empieza
la
iniciacin
de
los
hutus
contra
los
tutsis,
accin
apoyada
en
ese
momento
por
la
misma
Blgica
y
animada
por
la
sublevacin
campesina
de
1959.
Los
campesinos
quemaron
las
fincas
de
sus
amos
y
siguieron
con
la
matanza
de
miles
de
tutsis.
Como
consecuencia,
miles
de
vctimas
tutsis
tuvieron
que
exiliarse
a
pases
vecinos
como
Uganda,
el
Congo,
Tanzania
o
Burundi.
La
antigua
casta
aristocrtica
perdi
entonces
su
posicin
dominante
y
el
poder
pas
a
manos
del
campesinado
hutu,
que
proclam
la
independencia
de
Ruanda
en
1962.
De
esta
manera,
se
crea
la
tragedia
ruandesa:
a
causa
de
la
imposibilidad
de
reconciliacin
entre
dos
comunidades
que
reclaman
el
mismo
territorio.
Ruanda
y
alrededores
Durante
el
reinado
de
los
hutus
en
Ruanda,
los
tutsis
que
se
instalaron
en
los
campamentos
a
las
afueras
del
pas
conspiraban
un
contraataque.
En
1965
intentan
invadir
territorio
ruands
con
el
fin
de
acabar
con
sus
enemigos.
El
ejrcito
hutu
consigue
detener
la
ofensiva
y
organiza
una
cruel
masacre,
en
la
que
murieron
veinte
mil
tutsis
por
machetes
hutus.
Durante
el
conflicto,
muchos
corresponsales
como
Ryszard
Kapuscinski
intentaron
penetrar
en
Ruanda
para
informar
de
lo
ocurrido,
pero
no
consigui
penetrar
all
ningn
medio
de
comunicacin.
Este
hecho
da
a
entender
alguno
de
los
problemas
de
las
guerras
africanas:
suceden
en
silencio,
sin
testigos,
en
secreto
y
en
lugares
inaccesibles.
Lo
mismo
ocurre
en
el
caso
de
Ruanda.
Tras
la
antigua
masacre
de
1965,
los
tutsis
crearon
una
especie
de
dictadura
militar
feudal
en
Burundi,
con
el
fin
de
poder
vengarse
de
los
hutus.
A
partir
de
ese
momento,
los
ataque
entre
los
dos
clanes
fueron
repetidos,
causando
una
grave
crisis
en
el
pas.
Aprovechando
la
difcil
situacin,
el
general
Juvnal
Habyarimana,
del
ala
hutu
radical,
dio
un
golpe
de
Estado
en
1973.
Cre
una
dictadura
de
hierro
y
un
sistema
de
partido
nico,
aunque
en
sus
reformas
segua
siendo
latente
el
conflicto
entre
los
tutsis
y
los
hutus:
los
tutsis
leales
al
rgimen
podan
llegar
a
ser
jefes
de
aldea
o
de
un
pueblo,
aunque
nunca
ministros.
En
cambio,
los
que
criticaban
el
rgimen,
les
esperaba
un
futuro
desalentador
en
la
crcel.
Los
hutus
no
partidarios
del
nuevo
gobierno
les
esperaba
el
mismo
destino.
Este
hecho
seala
que
la
guerra
de
Ruanda
no
solo
consista
en
un
conflicto
ente
castas,
sino
tambin
en
un
choque
violento
entre
dictadura
y
democracia.
Mientras
tanto,
muchos
de
los
tutsis
que
haban
huido
de
Ruanda
tras
la
primera
masacre,
seguan
esperando
su
momento
de
venganza.
Su
nica
esperanza
era
regresar
a
casa
con
sus
rebaos
y
estaban
dispuestos
a
hacer
cualquier
cosa
con
tal
de
conseguirlo.
Las
nuevas
generaciones
que
haban
visto
la
desesperacin
en
los
ojos
de
sus
padres
tambin
queran
actuar
y
luchar
para
conseguir
la
paz
que
todos
anhelaban.
Jovri
Museveni
empieza
entonces
un
ejrcito,
donde
se
incorporan
los
jvenes
y
los
tutsis
valientes
y
deseosos
de
venganza.
El
ejrcito
de
vengadores
tutsis
fundan
la
organizacin
llamada
Frente
Nacional
de
Ruanda
(FNR)
y
se
preparan
para
atacar.
Por
su
parte,
Habyarimana
tiene
un
ejrcito
dbil
y
desmoralizado.
Ante
la
obvia
e
inevitable
derrota
de
los
hutus,
el
general
y
presidente
llama
al
ex
presidente
francs
Miterrand
pidiendo
ayuda.
Esta
llamada
telefnica
fue
de
gran
importancia
para
la
historia
de
Ruanda
y,
en
particular,
para
el
genocidio,
an
por
llegar.
Si
recordamos
el
contexto
de
aquel
momento,
es
crucial
entender
que
entre
Francia
e
Inglaterra
segua
habiendo
una
relacin
tensa,
a
causa
del
problema
anterior
de
Fashoda.
Pars
empez
a
tener
inters
por
lo
ocurrido
en
Ruanda
a
causa
de
esta
mala
relacin:
cuando
la
anglfona
Uganda
haba
entrado
en
el
territorio
de
la
francfona
Ruanda,
estaban
violando
las
fronteras
de
la
Francophonie,
una
situacin
que
los
franceses
no
quisieron
desaprovechar
para
seguir
la
lucha
con
el
Reino
Unido.
Francia
empez,
a
partir
de
ese
momento,
a
ayudar
a
Ruanda
en
su
conflicto
con
el
ejrcito
tutsi.
Enviaron
al
aeropuerto
de
Kigali
(capital
de
Ruanda)
dos
paracaidistas
franceses,
lo
que
provoc
que
los
guerrilleros
tutsis
se
echaran
para
atrs.
Ellos
haban
venido
a
luchar
contra
el
rgimen
de
Habyarimana
y
no
para
enfrentarse
con
Francia:
saban
que
tenan
poco
que
hacer.
La
ofensiva
se
interrumpi,
aunque
los
guerrilleros
ocuparon
los
territorios
del
nordeste,
dividiendo
Ruanda.
Habryarimana
pensaba
que,
con
el
tiempo
y
gracias
a
la
ayuda
francesa,
su
ejrcito
sera
lo
suficientemente
fuerte
como
para
derrotar
a
los
guerrilleros
y
stos,
por
su
parte,
confiaban
en
que
los
franceses
acabaran
retirndose,
lo
que
les
permitira
seguir
con
la
ofensiva.
En
medio
de
esta
gran
incgnita,
el
ejrcito
del
gobierno
ruands
sigue
trabajando
con
el
fin
de
agrandarse,
consiguiendo
finalmente
un
total
de
treinta
y
cinco
mil
hombres.
Adems,
se
crea
la
Guardia
Presidencial,
unos
destacamentos
de
lite
equipados
por
equipamiento
moderno,
enviado
por
Francia,
Repblica
de
Sudfrica
y
Egipto.
A
mediados
de
1993,
los
pases
africanos
obligaron
a
Habyarimana
a
firmar
un
acuerdo
con
el
Frente
Nacional
de
Ruanda
para
que
los
guerrilleros
formaran
parte
del
gobierno,
entraran
en
el
Parlamento
y
constituyan
un
cuarenta
por
ciento
de
las
fuerzas
armadas.
Regresando
del
extranjero
tras
haber
firmado
el
compromiso
con
el
enemigo,
Habyarimana
muri
a
causa
de
un
accidente
de
avin,
provocado
por
unos
elementos
ni
identificados.
En
ese
instante,
empez
la
matanza
de
hostigadores
del
rgimen
hutu,
fue
la
seal
que
necesitaban
para
empezar
el
genocidio
contra
los
tutsis.
El
asesinato
del
presidente,
segn
el
informe
oficial
del
Gobierno
Ruands,
de
fecha
once
de
enero
de
2010,
establece
como
responsable
el
atentado
a
extremistas
hutus.
Si
bien,
otras
fuentes
apuntan
a
que
el
atentado
fue
perpetrado
por
el
Frente
Patritico
Ruands
(FPR),
dominado
por
exiliados
tutsis
y
polticos
en
contra
del
rgimen
ruands.
Puede
decirse
que
el
asesinato
no
ha
sido
esclarecido
en
su
totalidad.
El
Genocidio
La
muerte
de
Habyarimana
desat
los
odios,
mientras
que
la
prensa
y
el
gobierno
culpaba
a
los
tutsis
de
dicho
atentado,
lo
que
desencaden
un
plan
genocida
preparado
por
el
gobierno
ruands
con
el
objetivo
de
exterminar
a
los
habitantes
de
la
raza
tutsi,
as
como
a
los
hutus
moderados.
As,
da
comienzo
el
llamado
primer
holocausto
africano,
que
supone
el
exterminio
de
una
cifra
entre
los
800.000
y
el
milln
de
tutsis
y
hutus
moderados
que
fueron
asesinados
por
el
ejrcito,
la
milicia
extremista
Interahamwe
y
la
poblacin
civil
incitada
por
el
gobierno.
En
los
tres
meses
que
dur
el
conflicto
genocida,
se
aniquilaron
a
un
nmero
de
personas
cinco
veces
mayor
que
en
el
genocidio
nazi
durante
la
Segunda
Guerra
Mundial
en
el
mismo
periodo
de
tiempo.
Las
vctimas
de
la
masacre
El
libro
Una
temporada
de
machetes
de
Jean
Hatzfeld
rene
los
testimonios
de
un
grupo
de
amigos
hutus,
que
fueron
responsables
de
una
multitud
de
asesinatos
tutsis
durante
el
genocidio.
Adalbert,
uno
de
ellos
explica
una
de
sus
vivencias
durante
la
masacre:
Como
jefe,
adems
de
las
granadas,
tena
desde
haca
poco
derecho
a
usar
fusil.
De
camino,
sin
pensar
en
nada,
quise
probarlo.
Puse
a
los
nios
en
hilera
a
veinte
metros,
me
par,
les
dispar
dos
veces
por
la
espalda.
Era
la
primera
vez
en
mi
vida
que
usaba
un
fusil
porque
ya
no
hay
costumbre
de
cazar
en
Beguesera
desde
que
no
quedan
fieras.
Me
result
curioso
ver
cmo
caan
los
nios
sin
hacer
ruido.
Era
tan
cmodo
que
casi
daba
gusto.
Como
ya
he
comentado
en
las
introduccin
de
mi
trabajo,
la
radio
ruandesa,
Radio
Ruanda
y
Radio
Mil
Colinas,
incitaban
a
cometer
los
asesinatos
tutsis.
Aos
antes
del
genocidio
de
1994,
muchos
periodistas
parecan
vaticinar
lo
que
ocurrira,
y
criticaban
a
los
tutsis
llamndolos
cucarachas
que
haba
que
exterminar.
Simon
Bikindi
y
Kantano
Habimana,
dos
de
los
periodistas
hutus
ms
conocidos,
animaban
con
canciones.
A
causa
de
sus
ocurrentes
canciones
e
historias
y
de
su
poder
social,
consiguieron
que
los
tutsis
vieran
sus
insultos
y
ofensivas
como
algo
gracioso.
Aunque
seguramente
ninguno
pudo
darse
cuenta
de
la
importancia
que
llegaron
a
tener
finalmente.
Innocent
Rwiliza,
uno
de
los
supervivientes
tutsis,
cuenta:
Esos
seores
[los
periodistas]
eran
artistas
famosos
y
unos
virtuosos
muy
divertidos.
Preparaban
tanto
lo
que
decan
y
lo
repetan
tantas
veces
que
tambin
a
nosotros,
a
los
tutsis,
nos
haca
gracia
orlos.
Hacan
llamamientos
para
que
matasen
a
todas
las
cucarachas,
pero
de
una
forma
muy
chistosa.
A
nosotros,
los
tutsis,
esos
chistes
nos
parecan
divertidsimos.
Nos
reamos
de
lo
ocurrentes
que
eran
las
canciones
que
animaban
a
todos
los
hutus
a
unirse
para
suprimir
a
los
tutsis.
Nos
pasaba
lo
mismos
con
los
diez
mandamientos
del
hutu,
que
aseguraban
que
pronto
acabaran
con
nosotros.
Estbamos
tan
acostumbrados
que
ya
no
nos
fijbamos
en
aquellas
matanzas
terribles.
La
guerra
en
Ruanda
fue
financiada,
en
parte,
por
el
dinero
sacado
de
programas
de
ayudas
internacionales
tales
como
la
financiacin
proporcionada
por
el
Banco
Mundial
y
el
Fondo
Monetario
Internacional,
malversado
despus
por
el
gobierno
extremista
hutu
para
la
compra
de
machetes,
hachas,
cuchillos
y
martillos.
Es
importante
remarcar
que
el
genocidio
se
llev
a
cabo,
adems
de
con
fusiles,
con
machetes.
La
utilizacin
de
esta
herramienta
es
muy
significativa,
ya
que
los
hutus
fueron,
en
su
origen,
agricultores.
Estaban
acostumbrados
a
manejarlos
y
a
trabajar
con
ellos,
aunque
en
esta
ocasin
los
fines
eran
distintos
que
antao.
lie,
otro
de
los
testimonios
del
libro
de
Hatzfeld,
explica
que
el
garrote
machaca
ms,
pero
el
machete
resulta
ms
natural.
Los
de
Ruanda
estamos
acostumbrados
al
machete
desde
la
infancia.
Lo
que
hacemos
todas
las
maanas
es
agarrar
un
machete.
Segamos
el
sorgo,
cortamos
las
plataneras,
(..),
matamos
los
pollos.
Incluso
las
mujeres
y
las
nias
cogen
el
machete
para
las
tareas
pequeas,
como
hacer
astillas
para
guisar.
Es
el
mismo
ademn
para
diferentes
necesidades,
y
nunca
nos
desorienta.
Adems,
al
principio,
muchos
tenan
que
aprender
a
cmo
matar,
ya
que
era
un
trabajo
que
no
haban
practicado
anteriormente:
En
el
fondo,
un
hombre
es
como
un
animal;
das
el
corte
en
la
cabeza
o
en
el
cuello
y
se
cae
solo.
Los
primeros
das,
quienes
haban
sacrificado
ya
pollos,
y
sobre
todo
cabras,
llevaban
ventaja;
es
lgico.
Luego,
todo
el
mundo
se
acostumbr
a
esta
actividad
nueva
y
se
puso
al
da.
Machete
Muchos
de
los
asesinos
han
admitido
que
llegaba
un
momento
en
el
que
mataban
por
inercia,
desconociendo
los
motivos
reales
que
le
llevaban
a
esa
guerra.
Adalbert
es
una
muestra
de
ello:
Durante
las
matanzas
no
vea
nada
en
particular
en
los
tutsi,
slo
que
haba
que
suprimirlos.
Quiero
dejar
claro
que
desde
el
primer
seor
que
mat
hasta
el
ltimo,
no
lament
nada.
Otros
de
los
actores
importantes
de
este
conflicto
es
la
Iglesia
Catlica.
A
pesar
de
que
muchos
condenaron
el
genocidio,
otro
participaron
activamente
en
l.
Segn
un
informe
de
la
Organizacin
de
la
Unidad
Africana,
muchos
civiles
que
se
cobijaron
en
las
iglesias
fueron
masacrados
por
monjas
armadas
con
machetes.
El
Papa
Juan
Pablo
II
admiti
oficialmente
que
decenas
de
sacerdotes,
religiosos
y
monjas
de
las
etnias
rivales
participaron
activamente
en
las
matanzas.
En
marzo
de
1996
se
expres
con
estas
palabras:
La
Iglesia
como
tal
no
puede
ser
responsabilizada
por
las
faltas
de
sus
miembros,
que
han
actuado
en
contra
de
la
ley
evanglica
por
la
que
sern
llamados
a
dar
cuenta
de
sus
acciones.
Todos
los
miembros
de
la
Iglesia
que
pecaron
durante
el
genocidio
deben
tener
el
coraje
de
hacerle
frente
a
las
consecuencias
de
los
actos
cometidos
contra
Dios
y
la
humanidad.
El
genocidio
ruands
de
1994
lleg
a
su
fin
tres
meses
ms
tarde,
tras
la
victoria
militar
tutsi
del
Frente
Patritico
Ruands
(FPR).
Cuando
la
victoria
del
FPR
era
cuestin
de
tiempo,
Francia
envi
ms
de
dos
mil
hombres
desde
sus
bases
de
Goma
y
Bukavu,
la
llamada
operacin
Turquesa,
que
tena
como
objetivo
parar
las
masacres,
permitir
el
suministro
de
ayuda
y
socorro
y
establecer
una
zona
de
seguridad
al
sudoeste
del
pas.
Esta
zona
supuso
un
refugio
provisional
para
miles
de
hutus,
que
se
escondan
de
las
fuerzas
del
FPR.
El
gobierno
del
FPR
acus
a
Francia
de
falta
de
neutralidad
y
de
haber
protegido
a
antiguos
dirigentes
hutus
culpables
del
genocidio
y
de
ralentizar
el
avance
del
FPR.
EL
12
de
julio
de
1994,
el
FPR
tom
la
ciudad
de
Ruhengeri,
consiguiendo
as
la
victoria
sobre
el
antiguo
ejrcito
ruands.
Tras
entrar
en
la
Kigali,
se
anunci
la
formacin
de
un
gobierno
de
transicin
de
unidad
nacional,
presidido
por
el
hutu
Bizimungu,
miembro
relevante
del
FPR,
multipartidista
y
multitnico.
El
29
de
julio,
Francia
retir
sus
tropas
de
la
ya
apaciguada
Ruanda.
Reacciones
internacionales
Ante
tales
catstrofes,
qu
hicieron
los
pases
del
mundo,
la
llamada
comunidad
internacional
para
poner
freno?
Romeo
Dallaire,
el
general
que
comandaba
en
ese
pas
en
1994
las
tropas
de
paz
en
las
Naciones
Unidas
ha
mostrado
en
diversas
ocasiones
el
descontento
hacia
la
reaccin
de
la
organizacin
a
la
que
perteneca.
En
noviembre
de
1993
empez
la
Misin
para
la
asistencia
en
Ruanda
(UNAMIR),
bajo
el
comando
de
Dallaire
y
con
el
objetivo
de
garantizar
la
seguridad
en
las
zonas
desmilitarizadas
y
respetar
el
alto
el
fuego
del
gobierno
ruands
y
el
FPR.
Tres
meses
despus,
Romeo
Dallaire
enva
un
fax
al
Departamento
de
Paz
en
el
cuartel
general
de
la
ONU
en
Nueva
York.
Haba
recibido
una
fuente
donde
avisaban
de
la
posibilidad
del
inicio
del
genocidio
y
de
la
conspiracin
hutu.
Solicitaba
refuerzos
y
proteccin,
adems
de
los
planes
que
se
deban
tomar
a
cabo
para
medidas
preventivas
y
permiso
para
intervenir.
Recibi
contestacin
de
la
ONU
ese
mismo
da,
denegndole
el
permiso.
Una
semana
despus
del
inicio
del
genocidio,
Dallaire
envi
otro
fax
subrayando
la
importancia
de
una
intervencin,
obteniendo
otra
negativa.
Con
5.000
hombres
hubiera
sido
suficiente
para
frenar
la
guerra,
afirma
Dallaire.
Romeo
Dallaire
Se
ha
criticado
en
diversas
ocasiones
la
actuacin
de
la
ONU,
que
ha
negado
la
existencia
del
fax
de
Dallaire.
El
periodista
de
The
New
Yorker
Philip
Gourevitch,
autor
del
libro
Deseamos
informarles
de
que
maana
nos
matarn
junto
con
nuestras
familias,
recibi
una
copia
de
la
contestacin
de
la
ONU
al
fax
de
Dallaire
de
forma
clandestina.
Pidi
explicaciones
a
la
organizacin,
que
quiso
justificar
sus
actos
alentando
la
cantidad
de
mensajes
que
reciben
diariamente
como
el
del
general.
Es
normal
encontrar
hiprbole
en
muchos
de
los
informes,
dijo
Iqbal
Riza,
la
persona
que
contest
al
fax
de
Romeo
Dallaire.
Diez
aos
despus
del
conflicto,
se
celebr
en
Nueva
York
una
ceremonia
en
memoria
de
las
vctimas.
El
entonces
secretario
general,
Kofi
Annan,
pronunci
un
discurso
de
remordimiento
en
el
que
admita
la
falta
de
responsabilidad
ante
la
toma
de
decisiones
durante
el
genocidio.
Si
la
comunidad
internacional
hubiera
actuado
con
rapidez
y
determinacin
podra
haber
detenido
buena
parte
del
genocidio
()
pero
no
haba
la
voluntad
poltica
ni
las
tropas,
declar.
Adems
de
la
organizacin,
se
ha
culpado
en
especial
a
los
Estados
Unidos,
Blgica
y
Francia
de
la
poca
actuacin
en
el
genocidio.
Ruanda
fue
durante
aos
una
colonia
belga,
por
lo
que
Blgica
podra
haber
ayudado
a
sus
antiguos
colegas
a
ralentizar
el
problema.
La
causa
primordial
de
su
silencio
fue
la
muerte
de
diez
soldados
belgas
de
la
ONU
en
mayo
de
1994.
Estos
asesinatos
hicieron
que
el
pas
se
echara
para
atrs.
Por
su
parte,
EE.UU.
tena
mucho
poder
en
aquel
momento
ante
la
ONU
e
internacionalmente.
Si
hubiera
credo
necesario
parar
la
guerra
ruandesa,
podra
haber
ahorrado
al
pas
africano
un
gran
desastre.
Era
uno
de
los
pases
(junto
con
Francia)
con
ms
posibilidades
de
actuar,
aunque
no
lo
creyeron
conveniente.
La
causa
fue
el
asesinato
de
diez
y
ocho
soldados
americanos
en
Somalia
meses
antes
del
genocidio.
Los
crmenes
impactaron
mucho
a
la
sociedad
norteamericana,
y
no
queran
verse
involucrados
en
otra
situacin
similar
en
Ruanda.
Finalmente,
Francia
fue
el
pas
que
ms
colabor
con
el
pas
africano.
Las
diversas
intervenciones
militares
francesas
en
Ruanda
podran
haber
servido
de
algo
para
el
genocidio
si
Francia
lo
hubiera
credo
necesario.
Pero
no
fue
as.
Antes
del
triunfo
militar
del
FPR,
Francia
entr
en
Ruanda,
en
una
de
sus
actuaciones
ms
criticadas.
Se
les
acus
de
impedir
que
los
tutsis
ganaran
la
guerra,
ayudando
a
los
hutus
a
escapar
y
frenando
el
poder
del
FPR.
El
general
Romeo
Dallaire
explic
en
una
entrevista
por
qu
cree
que
los
franceses
impidieron
el
xito
de
los
tutsis:
Los
franceses
se
mueven
en
la
zona
por
la
llamada
francophonie,
por
el
orgullo
de
controlar.
Enseguida
comprob
asombrado
que
tanto
franceses
como
belgas
y
alemanes
tenan
all
consejeros
a
decenas.
Ellos
si
saban
lo
que
pasaba,
pero
ninguno
proporcionaba
a
la
ONU,
es
decir,
a
m,
su
representante,
la
informacin
que
posean.
Y
al
mismo
tiempo,
esos
pases
que
estaban
en
el
Consejo
de
Seguridad
tampoco
dejaban
a
la
ONU,
ni
a
m,
montar
mi
propia
unidad
de
informacin,
porque,
deca,
el
mandato
no
contempla
eso.
Incluso
cuando
tuve
constancia
de
que
se
pasaban
armas
de
contrabando
a
travs
de
la
frontera
de
Uganda
y
ped
para
buscarlas,
me
contestaron
que
no.
En
definitiva,
el
genocidio
se
perpetu
a
puerta
cerrada.
Segn
las
declaraciones
de
varios
supervivientes,
entre
ellos
una
enfermera
y
comadrona
de
la
maternidad
Sainte-Marthe,
Valrie
Nyirarudodo,
dos
das
despus
de
la
explosin
del
avin
presidencial
lleg
un
destacamento
de
cascos
azules
con
tres
coches
blindados
a
la
regin
ruandesa
de
Nyamata.
Iban
haciendo
paradas
en
iglesias,
conventos
y
hospitales
para
recoger
a
todos
los
blancos
que
se
encontraban
en
tales
lugares
para
que
huyeran
del
pas.
Nyirarudodo
explica:
Se
pararon
delante
de
la
verja
[de
la
maternidad].
Les
pidieron
a
las
tres
hermanas
blancas
que
recogieran
sus
cosas
inmediatamente.
Dijeron:
no
merece
la
pena
que
pierdan
el
tiempo
en
despedirse.
Hay
que
irse
ahora
mismo.
Las
suizas
queran
llevarse
a
sus
colegas
tutsis
de
velo
blanco.
Los
militares
contestaron:
No.
Son
ruandesas;
ste
es
su
lugar.
Vale
ms
dejarlas
con
sus
hermanos.
El
convoy
se
march;
y,
detrs
de
l,
una
camioneta
de
interahamwe
que
iban
cantando.
Y,
claro
est,
poco
despus
a
las
hermanas
tutsis
las
rajaron,
igual
que
a
los
dems.
En
el
aeropuerto
de
Kanomb
se
organiz
un
puente
areo
a
toda
prisa
para
llevar
a
los
sacerdotes,
cooperantes,
diplomticos
o
voluntarios
de
organizaciones
humanitarias
para
que
volvieran
a
sus
casas.
Ninguno
de
ellos
ha
podido
explicar
de
manera
convincente
la
causa
de
esta
huida
tan
repentina.
Claudine
Kayitesi,
una
campesina
superviviente
de
la
colina
de
Ntarama
intent
dar
su
respuesta
a
esta
marcha:
Los
blancos
no
quieren
ver
lo
que
no
pueden
creer.
Y
no
podan
creer
en
un
genocidio,
porque
es
una
matanza
que
supera
a
todo
el
mundo,
a
ellos
y
a
los
dems.
Adalbert,
uno
de
los
presos
que
prest
sus
declaraciones
a
Jean
Hatzfeld
en
Una
temporada
de
machetes
admite
que,
tras
el
abandono
de
las
tropas
de
los
cascos
azules
de
la
ONU,
las
matanzas
se
multiplicaron.
Vimos
con
nuestros
propios
ojos
cmo
escapaban
los
blindados
por
la
pista,
nuestros
odos
no
oan
ya
esas
vocecitas
que
hacan
reproches.
Por
primera
vez
en
la
vida,
no
nos
sentamos
bajo
la
modesta
vigilancia
de
los
blancos.
().
Tenamos
la
seguridad
de
matar
a
todo
el
mundo
sin
que
nadie
nos
mirase
mal.
Sin
tropezar
con
la
regaina
ni
de
un
blanco
ni
de
un
cura.
En
vez
de
disfrutar,
hacamos
chistes.
Estbamos
demasiado
a
gusto
con
ese
trabajo
fuera
de
lo
normal
que
haba
empezado
bien.
En
el
fondo,
nos
habamos
vuelto
demasiado
seguros
de
nosotros
y
empezamos
a
remolonear.
Y
fue
esa
despreocupacin
tan
grande
la
que
nos
result
fatal.
Los
juicios
Antes
del
genocidio
ya
tuvieron
lugar
matanzas
entre
tutsis
y
hutus,
sobre
todo
durante
el
planteamiento
de
la
gran
masacre
aos
antes
de
que
ocurriese.
Y
todos
ellos
parecan
quedar
impunes.
lie
Mizinge
un
ex
militar
que
admite
haber
asesinado
a
una
asistente
social
en
1992,
subraya
que
nadie
nos
reprochaba
nuestros
crmenes.
Parece
que
hasta
1994,
las
autoridades
y
la
comunidad
internacional
no
fueron
conscientes
de
la
importancia
y
envergadura
de
los
crmenes.
Aunque
ya
fue
tarde.
De
todas
maneras,
tras
el
primer
holocausto
africano,
se
cre
la
posible
medida
definitiva
para
prevenir
la
repeticin
de
tal
masacre.
El
Consejo
de
Seguridad
de
las
Naciones
Unidas,
reconociendo
las
violaciones
de
los
derechos
humanos
cometidos
en
Ruanda
y
de
acuerdo
con
el
captulo
VII
de
las
Naciones
Unidas
cre,
mediante
resolucin
955
de
ocho
de
noviembre
de
1994
el
Tribunal
Penal
Internacional
para
Ruanda
(International
Criminal
Tribunal
for
Rwanda,
ICTR),
con
el
propsito
de
contribuir
a
la
reconciliacin
nacional
en
Ruanda,
mantener
la
paz
en
la
regin
y
perseguir
y
juzgar
a
las
personas
responsables
de
los
crmenes
cometidos
entre
el
uno
de
enero
de
1994
y
el
treinta
y
uno
de
diciembre
de
1994.
El
Tribunal
con
sede
en
Arusha,
Tanzania,
ha
condenado
el
pasado
veinte
de
diciembre
de
2012
al
ex-ministro
Augustin
Ngirabatware
a
35
aos
de
prisin
por
los
delitos
de
genocidio,
incitacin
para
cometer
genocidio
y
violacin
contra
la
humanidad.
Ngirabatware
fue
arrestado
en
Alemania
en
septiembre
de
2007
y
transferido
a
Arusha
un
ao
despus.
Augustin
Ngirabatware
Otro
caso
relevante
es
el
de
Joseph-Dsir
Bitero,
nativo
de
Kanazi.
Su
juicio
empez
el
26
de
mayo
de
1998.
Le
condenaron
a
muerte
meses
despus.
Desde
entonces
lleva
esperando
el
indulto
presidencial
o
la
abolicin
de
la
pena
de
muerte.
De
su
juicio
dice:
Todo
cuanto
dije
volvera
a
repetirlo
hoy.
Me
juzgaron
en
un
momento
en
que
los
supervivientes
estaban
demasiado
indignados.
Esperaban
un
escarmiento
y
las
nuevas
autoridades
queran
proporcionarles
una
venganza
vistosa.
Ms
adelante
o
el
juicio
de
monseor
Misango
por
la
radio.
Lo
absolvieron.
El
ex
secretario
de
mi
partido
vive
tan
a
gusto
en
mi
casa.
Hay
incluso
un
promotor
nacional
del
genocidio
que
fue
durante
una
temporadita
primer
ministro,
antes
de
escapar
e
irse
a
hacer
negocios
a
Amrica.
As
es
como
van
la
suerte
y
la
mala
suerte
en
un
partido.
Los
que
piensa
pusieron
en
marcha
el
genocidio
y
los
militantes
pagaron
los
cascos
rotos.
Bitero
fue
ex
jefe
de
la
milicia
extrmista
interahamwe
y
de
joven
se
meti
en
el
partido
MNRD,
el
del
presidente
Habyarimana.
A
pesar
de
que
el
gobierno
ruands
ha
criticado
la
labor
del
ICTR
por
cara
y
lenta,
una
abogada
espaola
prxima
al
Tribunal
que
prefiere
mantener
su
nombre
en
el
anonimato,
recalca
que
la
gran
labor
del
ICTR
en
el
plano
del
derecho
internacional
debe
ser
reconocida.
As,
puede
destacarse
la
famosa
sentencia
Akayesu,
que
es
considerada
la
primera
condena
internacional
por
genocidio
y
la
primera
en
reconocer
la
violencia
sexual
como
actos
constitutivos
del
genocidio.
En
dicho
caso,
se
declar
a
un
acusado
culpable
de
violacin
por
no
haber
impedido
ni
detenido
una
violacin
en
su
calidad
de
oficial,
y
no
por
haberla
cometido
personalmente.
El
tribunal
consider
que
la
violacin
constitua
tortura
y
que,
dadas
las
circunstancias,
la
violacin
generalizada
como
parte
de
unas
medidas
dirigidas
a
impedir
nacimientos
dentro
del
grupo,
constitua
un
acto
de
genocidio.
Por
ejemplo,
en
las
sociedades
donde
la
pertenencia
a
una
etnia
est
determinada
por
la
identidad
del
padre,
violar
a
una
mujer
para
dejarla
embarazada
puede
impedirle
dar
a
luz
a
su
hijo
en
el
seno
de
su
propio
grupo.
Hasta
el
momento
se
han
completado
setenta
y
un
casos
desde
que
se
inici
el
Tribunal
y
se
pretende
finalizar
con
diez
y
seis
casos
de
apelacin
el
prximo
2014.
Roland
Amoussouga
declar:
The
ICTR
has
shown
to
the
whole
world
that
impunity
will
no
longer
be
tolerated.
Adems
del
ICTR,
el
gobierno
ruands
recuper
una
de
sus
formas
de
justicia
tradicional,
llamados
los
tribunales
de
Gacaca,
formados
por
nueve
jueces
y
en
los
que
el
acusado
compadece
dentro
de
la
comunidad
y
debe
solicitar
perdn
a
las
vctimas
y
a
la
comunidad.
Dichos
tribunales
juzgan
a
la
poblacin
civil
acusada
de
colaborar
en
la
masacre
de
1994
y
no
pueden
condenar
a
la
pena
de
muerte.
Los
objetivos
de
los
tribunales
de
Gacaca
son:
la
reconstruccin
de
la
verdad;
la
aceleracin
de
los
procedimientos
legales,
ya
que
actan
al
mismo
tiempo
que
los
tribunales
de
Ruanda
y
el
ICTR
en
Tanzania
y
la
reconciliacin
de
todos
los
ruandeses
as
como
la
construccin
de
la
unidad
nacional.
Otra
de
las
medidas
que
ha
puesto
el
gobierno
ruands
para
lograr
la
reconstruccin
nacional
es
la
celebracin
de
Umuganda
o
servicio
comunitario
obligatorio,
que
se
realiza
por
toda
la
comunidad,
de
8.00
a.m.
a
11.00
a.m.,
el
ltimo
sbado
de
cada
mes.
El
servicio
puede
consistir
en
la
limpieza
de
las
calles,
carreteras
o
bien
el
ofrecimiento
gratuito
a
la
comunidad
de
alguna
habilidad
particular,
como
por
ejemplo,
la
consulta
mdica
por
parte
de
los
mdicos.
Conclusin
En
definitiva,
el
genocidio
de
Ruanda
supuso
una
autentica
masacre
para
los
tutsis
y
los
hutus
que
se
oponan
al
gobierno.
No
es
la
primera
guerra
llevada
a
cabo
ni
tampoco
el
primer
genocidio,
pero
quiz
es
uno
de
los
conflictos
ms
salvajes
que
han
tenido
lugar.
Por
norma
general,
a
la
palabra
genocidio
se
le
asocia
la
Segunda
Guerra
Mundial
de
Hitler
y
el
holocausto
judo.
Y
muy
pocos
se
acuerdan
de
Ruanda.
Los
dos
son
conflictos
muy
distintos
pero
los
dos
han
tenido
graves
repercusiones
tanto
para
los
inocentes
como
para
los
culpables.
En
Ruanda,
no
haban
cmaras
de
gas,
ni
hacan
experimentos
(mdicos?)
con
las
victimas,
casi
no
haban
ni
armas.
La
guerra
se
perpetu
con
garrotes
y
los
machetes
que
usaban
los
hutus
para
labrar
el
campo.
La
manera
de
llevar
a
cabo
el
genocidio
no
fueron
ni
por
asomo
adaptada
a
los
nuevos
tiempos.
sta
es
una
de
las
caractersticas
del
conflicto
ruands:
podra
haber
pasado
de
la
misma
manera
hace
cien
aos.
Parece
como
si
el
tiempo
no
hubiera
pasado
en
las
lejanas
colinas.
No
hay
bombas
atmicas,
no
hay
aparatos
de
ltima
tecnologa.
Ni
siquiera
hay
ayuda.
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Jean,
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Anagrama.
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tm