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Kataplum plam pluf
Del texto: 2002, Luis Daro Bernal Pinilla
De las ilustraciones: 2002, Sandra Ardila
De esta edicin:
2015, Distribuidora y Editora Richmond
S.A. Carrera 11 A # 98-50, oficina 501
Telfono (571) 7057777
Bogot Colombia
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Ediciones Santillana S.A.
Av. Leandro N. Alem 720 (1001), Buenos Aires
Editorial Santillana, S.A. de C.V.
Avenida Ro Mixcoac 272, Colonia
Acacias, Delegacin Benito Jurez,
CP 03240, Distrito Federal, Mxico.
Santillana Infantil y Juvenil, S.L.
Avenida de Los Artesanos, 6. CP 28760, Tres Cantos, Madrid
ISBN: 978-958-743-432-3
Impreso en Colombia
Impreso por Editorial Delfn Ltda
Primera edicin, octubre de 2002
Segunda edicin, octubre de
2015
Direccin de Arte:
Jos Crespo y Rosa Marn
Proyecto grfico:
Marisol Del Burgo, Rubn Chumillas y Julia Ortega
Todos los derechos reservados. Esta publicacin no puede ser
reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o
transmitida por un sistema de recuperacin de informacin,
en ninguna forma ni por ningn medio,
sea mecnico, fotoqumico, electrnico, magntico,
electroptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el
permiso previo, por escrito, de la editorial.
Kataplum
plam pluff
Luis Daro Bernal Pinilla
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Kataplum plam pluf
Heufifeeee!... Heufifeeee! gritaba Pau9
la usando sus manos como megfono.
Heufifeeee! coreaba Angie,
subida en un tronco y estirada
hacia el cielo como si fuese de
caucho.
Como Heufife no contestaba, don
Eco, siempre burln, remedaba a
su antojo a las pequeas:
FIFEEEEeeee FIFEEEEeeee FIFEEEEeeee.
Afnicas y cansadas de mirar
para arri- ba, Angie y Paula
volvieron
pensativas
a
su
habitacin. Y se sentaron en las
camas apo- yando la tristeza entre
sus manos.
10
Era la primera vez que la estrella
no sala al caer el sol, desde
aquella noche de diciem- bre. Las
nias jugaban en el amplio solar
de la casa a quien lanzara ms
alto un zapato. Angie levant con
fuerza la pierna derecha. Su
mocasn vol por encima de la
cabeza de
su hermana. Pero no volvi a caer a tierra.
Lo buscaron bajo la hojarasca
del patio. Entre la copa del
antiguo almendro. En el tejado de
la vieja casona. En los rincones
ms oscuros del solar. Pero no
apareci.
Luego de un rato, cuando
trataban de in- ventar algo
convincente para decirles a sus
padres ya que nadie les creera
que
un
zapato
haba
desaparecido en el cielo, vieron
asombradas cmo una luz de
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cinco puntas, roja e intensa, se
posaba encima del patio.
Heufife, asi se llamaba la
estrella, les de- volvi el zapato.
Despus
las
invit
a
balancearse. Sus rayos formaban
luminosos
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columpios entre los rboles. Luego,
las con- vid a rebotar como
pelotas
sobre
sus
brazos
bermejos. A trepar por ellos y a
deslizar- se, una y otra vez,
vertiginosamente,
sobre
sus
empinados toboganes brillantes.
Jams se haban divertido de esa
forma. Ni conocido amiga ms juguetona y maravillosa.11
Por eso la extraaban tanto esa noche.
Ya
s,
llamemos
a
Heufife por telfono
exclam Angie saltan- do
de la cama.
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12
S. Me lo aprend de memoria
el da que me lo dio contest
Angie con suficiencia, mientras
pulsaba el nmero del telfono de
Heufi
e:00100200300400500600700800
9.
Tan largo! se admir Paula
viendo marcar a su hermana.
Claro, imagnate los millones de telfonos que deben existir en el espacio.
Heufife, a la orden respondi
de in- mediato la estrella. Su tono
era triste.
Mmm! alcanz a soltar
Angie, muda de emocin.
Tonta! grit Paula quitndole
la bo- cina. Al, Heufife, al?
Ests ronca, Paula? Casi no
te reco- nozco la voz coment
Heufife.
Es por tu culpa, Heufife.
Llevamos ho- ras gritndote. Qu
te
pas?
Estbamos
muy
preocupadas dijo la nia con tono
de reproche.
13
Gracias, amigas, pero no
pude apare- cer. Coco me lo
impidi coment la estre- lla sin
mas explicaciones.
Coco? El que asusta?
exclam Pau- la sorprendida,
compartiendo de mala gana el
auricular con Angie.
Noo. Ese no. El otro. El hijo
menor de Palmera Rosada.
Palmera Rosada? inquiri Angie.
Y quin es esa?
14
La palmera, amigas, que est
en la pun- ta de la pennsula
habl en plural al sentir que ambas
escuchaban. No la han visto?
La gigantona esa que suelta
unos cocos que parecen bolas de
bsquet? grit Paula.
Ah, la que tiene unas hojas de un color
raro como... se qued Angie
pensativa, re- cordando.
Como rosado, zonza . No ves
que se llama Palmera Rosada?
aclar Paula, ha- cindole un gesto
de burla a su hermana.
Esa
misma
exclam
sonriente Heufi- fe. Y ahora s
que est gigantona de verdad.
Y qu diablos tiene que ver
esa Palme- ra Rosada contigo?
pregunt Angie.
Si les contara, nias habl
Heufife con vergenza. Luego de
unos instantes, confes: anoche
paso Halley. Un cometa amigo
que haca mucho tiempo no
vena. Me dio una gran alegra
verlo. Nos pusimos
a charlar, nos tomamos unos
traguitos... y...
Ya s grit Angie, te
emborra- chaste.
Bueno, me mare. Nunca me
haba pa- sado. Y me dio por
lanzar unas gotas de lquido csmico sobre la tierra. Con tan mala
15
suerte que le cayeron a Palmera Rosada.
Y se emborrach tambien? rio Paula.
No. Peor que eso. Comenz a
crecer sin parar. A una velocidad
increble. En pocas horas lleg
hasta m cont Heufife.
Que Palmera Rosada se
estir hasta el cielo? grit
incrdula Angie. Como una
melcocha?
Eso fue anoche? intervino
tambin Paula, pensativa.
S, amigas.
Ah, por eso pap sali
volando a me- dianoche hacia la
punta de la pennsula
16
record Paula. Te acuerdas,
Angie, que despert a mam y le
dijo algo?
S, cuando lo llamaron del
peridico confirm su hermana.
Angie ?... Paula?... repeta
la estre- lla al no escuchar a las
nias, que se haban
puesto a rememorar, olvidndose por un
instante de su conversacin telefnica.
Y si eso fue ayer... tom de
nuevo Paula la bocina, por qu
no saliste hoy?
Porque no puedo contest
Heufife con la voz entrecortada.
Ya s. No quieres ver al hijo
menor de Palmera Rosada. A ti
tampoco te gustan los cocos? Por
lo peludos y tiesos? inter- vino
Angie muerta de la risa.
Oh, no!, Coco es muy tierno
replic de inmediato la estrella.
Pero t dijiste que ese Coco no
te haba dejado salir protest
Paula, ya molesta por no entender
nada.
Como Palmera Rosada
aclar Heu- fife estaba cubierta
de lquido csmico, Coco tambin
creci desaforadamente. Pa- rece
el dcimo planeta del sistema
solar. Toda mi luz qued atrapada
en su cuerpo y...
Y qu pasa con eso? la cort
Angie impaciente.
17
Que yo soy una Estrella Fra.
Y noso- tras desaparecemos si
dejamos de alumbrar durante tres
das seguidos explic por fin
Heufife.
Tres no ms? se alarm Paula.
S,
amigas.
Luego
nos
apagamos. Y us- tedes sufrirn
terribles
temperaturas.
Las
Estrellas Fras hacemos soportable
el calor del sol en la tierra aclar
Heufife.
De verdad? exclamaron al
unsono las nias, aterradas.
S. Solo somos cinco. Una para
cada con- tinente. Y no tenemos
quin nos reemplace
puntualiz la estrella. Luego de unos ins-
18
tantes complet: a m me
corresponde Amrica.
Y si te mueves un poquito?
propuso Angie.
No es posible. Las Estrellas
Fras tene- mos mucha luz. Pero,
por desgracia, somos
fijas Su voz se quebr.
Paula se apart del telfono con
la cara agachada. Angie sigui
pegada a la bocina, pero sin decir
palabra. De repente, Paula volvi
gritando entusiasmada:
Heufife!... Heufife! No te
angusties. Alquilaremos un can
con nuestros aho- rros. Y de un
tiro desaparecer ese Coco entrometido.
S exclam Angie. Y si
queda algo del intruso, haremos
unas cocadas de re- chupete.
Estn locas? reaccion con
vehe- mencia Heufife. Cmo
creen que voy a
permitir que atenten contra tantas
estrellas que me rodean? O que
destruyan a Palme- ra Rosada? O
a su hijo?
Pero Heufife, es cuestin de
vida o muerte. No entiendes que
es por salvarte?
explic Paula.
Se olvidan que fui yo quien arm
este
19 embrollo? Heufife no soport ms.
Y colg apesadumbrada. Las nias
quedaron muy tristes.
Al rato, Angie insisti en tumbar a Coco.
Nada de eso, Angie, no seas
loca! Heu- fife no nos lo perdonara
sentenci Paula.
Qu va! Tarde o temprano
ese Coco caer. Acaso Palmera
Rosada tendr fuer- za para
cargarlo toda la vida? Con lo que
debe pesar ahora ese Cocote!
se conven- ci Angie.
Ay, Angie, ya te dije que no!
Adems cuando Coco se desprenda
de Palmera Ro-
20
sada, de Heufife no quedar ni la
sombra...
ni de nosotros
pronostic con pesimismo Paula.
Oye, y si le escribimos a
Palmera Ro- sada y le pedimos que
haga algo? propuso entonces
Angie.
Magnfica idea! grit Paula
recobrando la esperanza. Pero t,
que
tienes
buena ortografa,
escribe la carta. Y yo bus- co a
Mirage. Despus de tanto tiempo,
le va a gustar mucho volar de
nuevo.
Angie redact la nota para
Palmera Rosada mientras Paula
revolcaba la caja de juguetes.
Mirage era un avin de
combate que odiaba la guerra. Se
volvi tan pequeo hu- yendo de
ella, que no tuvo ms remedio que
aterrizar en un almacn de
aeromodelos para ocultarse de
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sus jefes y evitar ser juz- gado por
desertor. All lo haba comprado el
padre de las nias.
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Ya acab exclam Angie. Te la leo?
No. No tenemos tiempo. Ms
bien d- blala y mtela dentro de
Mirage dispuso Paula.
Ya est afirm Angie, abre
bien la ventana.
Escribiste clara la direccin?
21
preocup Paula.
S. Adems, ya todos deben
conocer a Palmera Rosada en el
espacio supuso An- gie: con el
lo que se ha armado!
Luego de miles de recomendaciones para
que evitara las
mlti- ples zonas
de conficto que
hay en la tierra,
y de
manifestarle
la urgencia de
sal- var a
Heufife y al
planeta, Mirage
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se
des- peg por
encima del
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viejo almendro del abuelo. Luego
remont, el cielo en lnea vertical,
como un cohete, a ve- locidad
supersnica.
Palmera Rosada comprendi la
aficcin de las pequeas. Y
aprovech
a
Mirage
para
comunicarles su determinacion.
Paula y Angie no durmieron en toda la noche. Ni apartaron un instante sus ojos del
firmamento. Casi a la
madrugada, al divisar el avioncito en la distancia, abrieron la
ventana de par en par. Mirage
tom pista sin contra- tiempos en
la cama de Paula. Y esta ley la
carta de Palmera Rosada en voz
alta:
Las hermanas se abrazaron y
lloraron. Mirage sobrevolaba feliz.
Haca piruetas al- rededor de la
habitacin como si estuviese en
revista area.
En
el
espacio,
todas
las
constelaciones fueron convocadas
de inmediato a peticin
de la propia Heufife. La reunin se inici en
23
un ambiente de tensin. La estrella
inform del peligro por el cual
atravesaba
el
continente
americano. Y confes que ella era
la nica culpable de lo sucedido.
Luego se abri un amplio debate
csmico. Al final se vot en
secreto. Por unanimidad se aprob
el plan de la Osa Mayor de bajar a
Coco hasta la tierra. As salvaran
a Heufife y al planeta y no haran
mayor dao a Pal- mera Rosada ni
a su hijo.
Las nubes, encargadas de la
delicada ma- niobra, comenzaron
al instante a organizar- se en
formacin
de
escalera
y
a
ensayar la manera de transportar
a Coco de nube en
24
nube, hasta dejarlo en la cima de
una mon- taa.
Al caer el da, cuando Sol
recoga, cansa- do, su corona de
fuego,
y
la
seorita
Luna,
apurada, retocaba coqueta su cara
redonda,
Heufife
y
Palmera
Rosada esperaban nerviosas.
Grupo de Emergencia, a sus puestos!
Ahora! orden la Osa Mayor.
Una cuadrilla de atlticos luceros
comen- z a desenroscar a Coco
de la cresta de Pal- mera Rosada.
Cuando lograron desprender- lo,
Coco se despidi de su madre.
Entonces, sin perder tiempo, fue
colocado en el sitio convenido.
Listo el personal!... Ya! se
escuch. La Nube nmero 1
respir profundo, reu- ni todas
sus fuerzas y recibi el gigantesco
fruto. Enseguida se lo pas a Nube
2. Esta a Nube
sucesivamente.
3.
as
Todo era precisin y cuidado.
Coco des- cenda con el mximo
de seguridad. Tanto, que hasta
Palmera Rosada estaba contenta
del desarrollo de la operacin. Se
haba do- blado hacia la tierra para
observar cmo ba- jaban a su hijo.
De repente, un grito inund el espacio.
25
Era Nube 1945. Abrazada por un
viento c- lido e impetuoso que
hua de una explosin atmica, la
desafortunada nube se descuaj
en lluvia y solt aparatosamente a
Coco. Las nubes cercanas casi se
desarman al tratar de atraparlo.
Pero todo fue en vano.
Coco se precipit al vaco a una
velocidad impresionante.
Palmera Rosada se desmay.
Las estre- llas gritaron. Las nubes
lloraron. A Luna, aterrorizada, se
le corri el maquillaje. Sol, quien
ya comenzaba a roncar, tuvo una
s- bita aparicin
cientfico pudo
que
ningn
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explicar, causando desajustes en
su sis- tema.
Los radares terrestres, que hasta ese
mo- mento no haban detectado la
operacin, empezaron a emitir
seales. No identifi- caban el objeto,
pero daban informaciones sobre su
tamao. Los satlites alertaron al
27 mundo entero.
Las noticias eran alarmantes.
Los estra- gos que causara si se
estrellaba
contra
la
tierra
presagiaban
la
ms
terrible
catstrofe
en la historia de
Amrica.
Cuando ya todo pareca perdido
para el continente ante la
hecatombe que anun- ciaban las
cadenas de televisin, la Osa
Mayor envi una cuadrilla de
raudos y po- derosos ciclones de
las Antillas. De inme- diato, el
comando
de
huracanes
se
atraves en el camino de Coco, lo
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intercept y logr
rumbo de su cada.
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desviar
el
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Angie y Paula celebraron la
aparicin de Heufife, quien les
gui un ojo en medio de la
emergencia. Luego sintieron un
ruido ensordecedor. Y vieron una
mancha monu- mental, oscura y
redonda, que descenda como un
disparo hacia el ocano.
28
Es Coco! Es Coco! grit Angie.
Pobrecito!, se va a volver papilla.
Las nias, asustadas, se taparon
los odos y cerraron con fuerza sus
ojos.
Instantes despus:
KATAPLUM PLAM PLUFF!
Coco penetr en el agua
salpicando todo el litoral. Y se
rompi en pedazos de diver- sos
tamaos...
A
la
maana
siguiente,
innumerables is- las emergieron
como por encanto. Sus for- mas,
dimensiones y colores caprichosos
crearon una nueva geografa que
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Heufife iluminaba por las noches.
A su lado, Palme-
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ra Rosada observaba con nostalgia
pero con orgullo cmo Coco, su
hijo,
haba
contribuido
a
embellecer el alegre esplendor del
mar Caribe.
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