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EL -ELGRE CGA PPAEN GO
a Benito Nazar Anchorena
N Taco-Yaco, esa estancia
Que de mis mayores fué,
Se oy6 telatar la historia
Que a ustedes les contaré.
‘Aunque ya hace muchos afios,
Parece que ayer lo he visto.
El capataz, por entonces,
Era Tolosa, fio Sixto.
160
El también ha de acordarse
—C6mo no se va a acordar—
Si Dios lo tiene con vida
Segan me es grato esperar.
Mas si acaso él no pudiera
Tustificar lo que digo,
Donde se halle Juan Lescano
Me serviré de testigo.jCristiano empefioso aquél
Pata correr avestruces!
Que hasta los hombres més guapos
Al verlo se hacian cruces,
Pues nunca lo acobardaron
Cuevas, troncos ni pajales.
Para él todo el campo es abra,
Sin respetar andutriales.
Otro que atriesgara asi
Descalabratse por gusto,
Solo s¢ de don Blas Vocos,
El boleador de San Justo.
Siempre recuerdo una vez
Que Jo vi entrar en un moro...
Pero a todo esto es el caso
Que sin raz6n me demoro.
Para caer de nuevo al rastro,
Y a mis de los que ya van,
Pondré a Audifacio Cabrera
Y a Federico Galin.
Y remataré Ja lista,
Para no pecar de prédigo,
Con fio Froilin Montenegro,
Que sabia citar el cédigo.
Era el tiempo de las hierras;
Y no asentando el rocio,
En Ja minga de Ia fruta
Se ocupaba el mujerfo.
161
Asi, ala Tuna fresquita
De aquella noche de ‘marzo,
Beneficiaban las pasas
Y orejones para el zarzo.
Y sentadas al contorno
De capachos y bateas,
Con mate y cuento buscaban
Diversién en sus tareas.
Mas de uno, para ayudarlas,
Acndia desde el fogon.
Ahi se armaban los noviazgos
Con licencia del patron.
Asi casaron, me acuerdo,
La Laurencia y la Pastora.
jPobres chinitas de casa,
Por dénde andarin ahora!
S6lo de una se ha sabido,
Que al decir de unas mujeres,
Contrajo segundas nupcias
Con un gringo rico, en Ceres.
Me alegraré que el destino
Siga prestindole ayuda,
Y que se encuentre feliz
Con su extranjero la viuda.Como les iba diciendo,
La noche que hago memoria,
Fué fio Cirilo Ramirez
Quien nos refirié la historia.
Aunque andaba, segtin creo,
Pisando ya los setenta,
Eta de presencia airosa
Y aventurero de cuenta.
Usaba un chambergo hechizo
De esos que a estilo casero
Con ana negra moldeaban
En la boca del mortero.
Y cn fierro bruto forjadas
Ostentaba unas espuelas
Con rodajas de diez puntas
Y tamafias arandelas.
El mismo le habfa labrado
Un cabo de asta de chivo
‘A su pufial, que Mamaba
“EI Poder Ejecutivo”.
Pues era hombre habilidoso,
Como todo gaucho de antes,
En cualquier labor de campo
Que piensen Jos circunstantes.
Il
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Y aunque viejo, se mostraba
—No lo digo por lisonja—
Capaz de sacarle el tiento
Punta a punta a cualquier lonja.
Por congraciarse las nifias,
Daba a veces el barato
De escobillar con espuelas
El marote y hasta el gato.
Porque fué en sus mocedades
Tan ducho para las danzas,
Que competia en los malambos
Con veinticinco mudanzas.
Valia la pena de verlo,
Mis que no tuviese un cobre,
Siempre leno de arrogancia
Bajo el ponchito de pobre.
Y sobre el pecho asentada,
De larga y poblada qu’era,
Como la cola del peine
Le iba blanqueando la pera.
Para que no se le fuese
A entedar, segtin colijo,
De fantastico solfa
Manearla con el batbijo.Eta de los que guardaban Dando una cuarta, en ayunas,
La chala, haciendo copete, De los dos vinos batidos
Dentro las botas colgadas Con tres huevos de lechuza
Del horcén del mojinete. Todos de distintos nidos.
Cargaba chuspa tefiida Ahora préstenme atencién,
De azaftén, para el tabaco, Si no los cans6 el preludio.
¥ el yesquero se lo habia hecho Quizds esto hasta a los sabios
De una cola de mataco. Pueda servirles de estudio.
Sabla también sus recetas
De palabra y de ingrediente.
El vicio de la bebida
Le quité asi a mucha gente;
163Hace tiempo que habitaban
La Sierra del Cardonal,
Juan y Andrés Peralta, hermanos
Por el vinculo legal.
Trabajaban de meletos,
Lo cual comprender se deja,
Porque en esas espesuras
Habia entonces mucha abeja.
Era de aquella chiquita,
Que ademés no tenia flecha,
Y cn los huecos del cardon
Acopiaba su cosecha.
Tan diligente y guardosa,
Que en pintando el afio bueno,
Hubo colmena que dié
Solo en miel un ode Ileno.
Con lo blando de la penca,
Juego y no afén era el cotte.
Cualquicr negocio pagaba
Por Ja cera un buen importe.
Y en ella estaba el provecho;
Pues los actos teligiosos,
De mayordomos tenian
A los vecinos rumbosos.
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Asf es que pata las fiestas
Del Rosario y Candelaria,
Hasta mas de dos atrobas
Consumia la luminaria.
Ahora, quien pudiese al Valle
Fletarla de preferencia,
Volvia de esa Catamarca
Platudo y con la indulgencia.
Pero eta amarga esa vida,
Aunque abundase la miel,
Con tantos tigres y tanta
Vibora de cascabel.
Tenian que largarse solos
Y a pie por aquellos certos,
Pues el dafio habria acabado
Con caballos y con perros.
En el coraz6n del monte,
Sudando de sol a sol,
Acampaban pot tres meses
Bajo un toldo de simbol.
Como hombres baquianos que eran,
Para dormir en sosiego,
No dejaban de rodearlo
Todas las noches con fuego.Y al separarse de dia,
Bajo el silencio infinito,
De rato en rato se daban
Distancia y rumbo en el grito.
Caz4ndolos con industria,
Chanchos del monte com{an,
Y de odres para la miel
Con los cueros se surtian.
Al rosillo acostumbraban
En la cueva darle humazo;
Y chuzo limpio al majén,
Que es un marrano picazo.
Asi en el monte meleaban
Haria ya como un mes,
Cuando empez6 Juan Peralta
A desconfiarle al Andrés.
Pues casi nada comfa,
Sin enflaquecer por eso,
Antes bien se iba mostrando
Mis floreciente y més grueso.
Todo el dia bostezaba
Como si durmiera poco,
Y amanecfa encandilado
Con unos ojos de loco.
IV
165
Mas hay que saber guardarse
Cuando se empaca el rosillo
Y empieza a hacer castafietas
Al afilar el colmillo.
Que a pie o montados se encuentren,
Vean bien lo que Ics detallo,
Pues siempre tira a capar
O desjarreta el caballo.
Le notaba con tecelo,
Por mds que fuesen hermanos,
Vestigios de sangre seca
En las ufias de las manos.
Y una ocasi6n que sesteaban,
De reojo le alcanz6 a ver
Un costillar lastimado
Que al punto logr6 esconder.
Al oftecerle su auxilio,
Le respondié de mal modo,
Sin escuchar reflexiones
Y negando herida y todo.Hasta que al fin una noche
Le parecié que entre suefios
Lo sentia andar en lo oscuro
No sé en qué trances 0 empefios.
Y al despertarse alarmado,
Por ser contra su costumbre,
Escabullisse en el monte
Lo divis6 a la vislumbre.
Pero se animé a seguitlo,
Bien que de lejos y oculto.
El lienzo de Ja camisa
Le iba sefialando el bulto.
Pues aunque ya esté menguando
La luna en el horizonte,
Algo alumbra todavia
Lo tenebroso del monte.
166
Mu, ees. ee
Llegan asi a un descampado,
Y lo ve que, en su desvelo,
Saca de un tronco y extiende
Como una manta en el suelo.
Ahi empieza a revolcarse
Desnudo sobre esa manta,
Y de repente—j cruz diablo!—
Hecho tigre se levanta.
Desentumié los tendones,
Pegando un bramido ronco,
Y las ufias afilé
Atafiando el mismo tronco.
Figtirense la sorpresa
Que al pobre Juan le produjo
Saber de aquella manera”
Que tenia un hermano brujo.De temor que, ya cambiado,
Lo desconociese alli,
Se mantuvo en las tinieblas
Quedito y fuera de si.
Porque bien sabemos todos,
Habiendo ya tanta prucha,
Que el hombre-tigre en su safia,
Con carne humana se ceba.
Suerte fué que a contraviento
Se encontrara su escondite;
Pues sin esto, acaso el otro
Con él hace su convite.
Recién cuando entre los montes
Se interno bramando lejos,
Fué por un tizén que el sitio
Clareara con sus reflejos.
Y hallando un cuero de tigre
En el paraje de que hablo,
Comprendiéd que en él estaba
La picardia del diablo.
Con un gancho lo arrastré,
Por no tocarlo, hasta el toldo,
Y encomendéndose a Dios
Lo entetté bajo el rescoldo.
Aqui advertitles conviene,
Que al tigre de ese linaje,
Aparte de la fogata
No hay defensa que lo ataje.
167
Mas, tres sefias lo descubren,
Que mentar es oportuno,
Para que por tal lo saquen
Si se encuentran con alguno.
Tiene la frente pelada,
Un poco més corto el rabo,
Y al revés volcado el pelo
Sin causarle menoscabo.
De esta suerte, si lo apuran,
Se achata escondiendo el vientre
A contrapelo se encrespa
Y ya no hay bala que le entre.
Entonces, mientras el perro
U otro cazador le amaga,
Usted se le corre atras
Echando mano a la daga.
Que ganéndole la cola,
Su fin ya es cosa resuelta,
Pues no tiene coyunturas
Para dar la media vuelta.
¥ obligado a levantarse,
Le entra el cuchillo a la fija.
Todo ser de cuatro patas
Es mortal por la verija.
Si alguno cree que estas cosas
Son pura labia 0 caprichos,
Piense que no tiene acabo
La malicia de los bichos.No més que con la mirada
Caza la ampalagua al zorro,
Y es de oirlo gritar a Juancho
Como pidiendo socorto.
Mata a Ja vibora el sapo
Rodedndola con la baba;
Que a golpes, cuando despierta,
De asco ella misma se acaba.
Cuando queria amanecer,
Regres6 el brujo a las casas,
Iba volando de ficbre
Con el calor de las brasas.
Pues se quemaba en el cucro
Su propia naturaleza;
‘Asf es que ya habia perdido
EI pelo de la cabeza.
Cay6 en la puerta del rancho
Rendido al mal que lo postra.
Diz que el empacho de sangre
En los labios le hacia costra,
Entra a suplicar, entonces,
Sabiéndose descubierto:
“Deme una sed de agua, hermano,
«Pues de no,soy hombre muerto.”
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Aunque es blanca la gaviota,
Si en zambullirse anda lista,
Por mis clara que esté el agua
Se le pierde a usted de vista.
Y centre tantos acomodos
Y cualidades secretas,
Han de saber que la outria
Tiene en el lomo las tetas.
“Y procure trace al punto,
«Para aliviar mi pecado,
«Ni més que sea una garrita
“Del cuero que me ha quemado.”
Condolido el otro al ver
Que sin remedio agoniza,
Le alcanza agua y con un palo
Va a revolver Ja ceniza.
Hallando un pedazo entero,
Se lo Neva sin tardanza.
El enfermo, reanimado,
Sobre aquello se abalanza.
Y tevolcindose encima,
Tigre otra vez se volvid,
Y con cl cucro en los dientes
De nuevo el monte gand.ee
Nunca se supo més dl,
Por cierto en figura de hombre,
Pero mucha sangre humana
Siguié manchando su nombre.
Ahora han de saber que al brujo
Que causa tales estragos,
Tigre Capiango le Maman
Muy justamente en los pagos.
eee
ie Me
ee *
Porque es y que esta palabra
Dan como el nombre més vil
A los ladrones malvados
En la lengua del Brasil.
Y en la historia se halla escrito,
Y a mi favor ello aboga,
Que cuatrocientos capiangos
Tuvo Facundo Quiroga
169
Formaban dos regimientos
Que de sangre hacfan dertoche,
De dia como soldados
Y como ficras de noche.
De eso a él mismo le vendria
Su apodo por el estilo.
Asi dijo y concluy6
Su telato fio Cirilo.
Ln
Mas, pata que vean ustedes
Que en esto no todo es charla,
Como ahi no paré Ia cosa,
Voy hasta el fin a contarla.
Pues a eso de medianoche
—Mis que mi verdad peligre—
En Ja estancia despertamos
Oyendo bramar al tigre.Por allé nunca los hubo
Ni de esa ni de otra laya.
Pero el hecho es que ahi cerquita,
Si sefior, bramé en la playa.
Roncaba al ras de la tierra
Como cuando va de largo
Sin ponderacién les digo
Que ese momento fué amargo.
Con el rabo entre las picrnas,
Se acoquind Ja perrada;
Y por refugio, hasta el patio
Se nos vino la majada.
No pudo ya quedar duda
De que Ia cosa era cietta;
Con que, el resto de la noche,
Pas6 la. gente despierta.
Foe
Pero lo rato es, y tanto
Que ya casi no lo creo,
Que no se hallé rastro alguno
Ni hubo merma en el todeo.
Aunque Ja playa cra limpia,
Y tan blando el polvo en ella,
Que ni los teros dejaban
De estampar alli su huella.
Después he ofdo deci
Que es malo nombrar el daiio,
Porque puede presentarse
Con cestidumbre 0 engaiio.
Y hasta que alguno lo explique,
Pues no tengo esa virtud,
Que se conserven deseo
Con alegria y salud.
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———
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SUE ES Mon,
aie.
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