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Las Confusiones: La Comunicación en La Educación

educomunicacion

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Este texto reflexiona sobre los alcances de la comunicacin en la educacin, centrando su

atencin en la mediacin pedaggica. Tras despejar una serie de confusiones en torno a lo


comunicacional -reducido a medios, a impactos o al simple dilogo-, se pregunta por lo que
significa comunicar en el campo de la educacin, enfatizando la importancia de lograr una
verdadera comunicabilidad y en relacin con esto, de superar la violencia, el autoritarismo,
la fatiga, el desaliento y el peso de la tradicin del discurso institucional.

LA COMUNICACIN EN LA EDUCACIN

En el nmero anterior de la revista desarrollamos el concepto de mediacin


pedaggica, cuyo eje fundamental es la comunicacin que, en sentido amplio
comprende el intercambio y la relacin de saberes y puntos de vista, la produccin
de sentidos, las tcticas de la palabra y el juego del dilogo, la interlocucin y la
escucha, el ejercicio del poder, los acercamientos y alejamientos, las simulaciones
y aperturas entre distintos seres.
No pretendemos idealizar la comunicacin, como si de antemano su presencia
permitiera lograr una educacin diferente. Nos interesa aclarar su alcance en el
marco de la relacin con la educacin, a fin de avanzar en la comprensin de la
mediacin pedaggica.

Las confusiones

La relacin comunicacin-educacin ha estado sujeta a varias confusiones que no


terminan de aclararse.
Primera confusin: lo comunicacional reducido a medios.
Segunda confusin: lo comunicacional reducido a impactos.
Tercera confusin: lo comunicacional reducido a dilogo.
La inicial es ya bastante antigua, al menos dentro de este siglo cuyo tiempo corre
con tanta violencia. Naci en el horizonte de comprensin de la vieja tecnologa
educativa, empecinada en asignar a los medios un papel que nunca llegaron a
tener. La idea era: si incorporamos recursos audiovisuales a la enseanza, si los
nios pueden ver, adems de or al maestro; si les hacemos llegar otras voces,
otros paisajes, otros contextos, avanzaremos ms all de las viejas formas de
relacin en el aula.
En 1965 alertaba Piaget en relacin con el riesgo de un verbalismo de la imagen.
Durante esa dcada, y buena parte de la siguiente, los pases del Tercer Mundo
fueron los principales compradores de tecnologa educativa. El pensador tena

razn. Los anhelados cambios no se dieron. Medios son medios, si no hay quien
les d sentido, y en nuestro caso sentido educativo, de nada vale el ms rico
sistema de sonidos o de representaciones visuales.
Los medios vinieron a incorporarse a la escuela para transformarla, y pronto ella
los sum a sus antiguas rutinas. Todo el dinamismo de la televisin, por ejemplo,
quedaba reducido a una sesin expositiva; as comenz a repetirse a travs de la
pantalla la dinmica de las clases. Los maestros, y el sistema escolar, colonizaron
los medios.
La segunda confusin arroj muchos productos con intencin educativa. Se
trataba de devolver a las nuevas tecnologa su ritmo y su discurso perdidos. Si la
publicidad tiene tanto xito, si nos atraen ms las caricaturas y las series que una
leccin, por qu no apelar a esas formas expresivas? Fueron los tiempos
dorados de Plaza Sesamo, por mencionar uno de los programas ms
representativos de esta tendencia.
Fascinacin e impacto, como grandes pilares, y, a travs de ellos, los temas a
aprender. Hubo pases que distribuyeron entre los maestros miles de lminas y
cartillas, plenas de color y de golpes a la sensibilidad del nio. La educacin se
volva una cuestin de seduccin. Atacar los sentidos equivala a educar.
Diseadores, ilustradores y autores, aparecan como los nuevos dolos de este
espacio, tan dado a la bsqueda de hroes.
Pero los logros tampoco fueron los previstos. La iniciativa result alcanzada por el
derrumbe de las economas (la dcada perdida de los 80, signific tambin una
dcada menos en el terreno de la educacin). Y los creadores de materiales
saban mucho de su profesin, pero poco y nada de la percepcin de los
destinatarios, y menos de las variaciones de ella en relacin con la edad y la
condicin social. Adems, mensajes son mensajes, si no hay quien les d sentido,
y en nuestro caso sentido educativo, de nada vale el ms rico sistema de
imgenes.
La tercera confusin no alcanz a desarrollarse demasiado en nuestros pases
latinoamericanos, aunque no faltaron experiencias, en especial en la educacin de
adultos. El argumento: no son los medios, ni los mensajes impactantes la clave del
proceso. Lo nico que cuenta es el dilogo, el intercambio, la relacin entre dos o
ms seres que van construyendo su respuesta. La tecnologa termina por pervertir
la relacin entre los humanos. Slo cuando alguien habla con otro, y se ponen en
juego la mirada, la palabra, el gesto, es posible educar y educarse.
Pero no siempre dos personas cara a cara dialogan. Ms an, a menudo no lo
hacen, porque una de ellas intenta dirigir las respuestas de la otra, porque se
temen, porque desconfan, porque no cualquiera abre su ser a los dems. El ideal
de la comunicacin no se ha concretado, en los espacios educativos, en una
comunicacin ideal. Las excepciones cuentan, sin duda, pero como tales.

Y, sin embargo, las tres confusiones tienen su lado de valor. La primera alude a la
tecnologa, y hoy menos que nunca es imposible negar su importancia. La
segunda, a los mensajes, y dentro de ellos al discurso educativo; an cuando es
necesario discutir la tendencia al impacto. La tercera, a las relaciones
presenciales. El problema ha sido trabajar como si una excluyera a las otras. Y,
sobre todo, el problema ha sido la ausencia de reflexin de lo comunicacional en
el campo de la educacin.

La comunicacin en la educacin

Visin extrema: toda cultura puede ser reducida a lo comunicacional Acaso no


dicen algo cada una de las obras del ser humano? Acaso es posible privar de
significado cualquiera de sus productos o de sus actos?
No nos interesa criticar esa visin. Pero sealemos que su excesiva
generalizacin termina por eliminar las diferencias. Si todo es comunicacin, no
toda relacin comunicativa es similar. Dicho de otra manera: no es lo mismo
comunicar en ciencia, en arte, en publicidad o en propaganda poltica, que hacerlo
en el campo de la educacin.
Dos ejemplos:
En el terreno de la ciencia la comunicacin pasa a formar parte
de la pasin por el tema, por el conocimiento. Por ello los
lenguajes se van especializando y, en general, la comunicacin
se concentra entre quienes tienen informaciones y experiencias
que compartir.
En el caso de la publicidad, la comunicacin entra en la lgica
de la venta, todo lo que vemos y omos se orienta a la
promocin de alguna mercanca. Comunicar equivale, en este
caso, a persuadir.
Primera pregunta, entonces:
Qu significa comunicar en el campo de la educacin?
La respuesta pasa necesariamente por nuestra concepcin de la educacin. Nos
interesa una lnea enmarcada en la preocupacin por el respeto a las culturas y
las diferencias, por el reconocimiento de las caractersticas del educando, por la
orientacin hacia la vida y las necesidades de este ltimo, por la bsqueda de
alternativas en estos tiempos, tan plenos de contradicciones y de pueblos
empobrecidos.

En sntesis: una educacin al servicio de sus interlocutores y no de la burocracia o


de alguna pretensin cientfica.
Una concepcin semejante, requiere de una propuesta comunicacional coherente
con ella. No se puede hablar de democratizacin de la enseanza, y al mismo
tiempo lanzarse a promover sistemas de manipulacin y de impacto. No se puede
insistir en el reconocimiento de los interlocutores, y simultneamente disear
materiales sin ninguna consulta con ellos. No se puede idealizar la labor del
educador, y a la vez aceptar relaciones de autoritarismo.
Para nosotros, una educacin as concebida, requiere de una comunicacin que:

tenga como protagonistas a los sectores en ella involucrados


refleje las necesidades y demandas de stos
se acerque a su cultura
acompae procesos de construccin de conocimientos
ofrezca instrumentos para localizar, procesar e intercambiar
informacin
facilite vas de expresin
permita la sistematizacin de experiencias, mediante recursos
apropiados a diferentes situaciones
colabore, por todo lo anterior, en promover y facilitar el aprendizaje y
el interaprendizaje

Esta caracterizacin nos abre el camino hacia la comunicabilidad. Partimos de la


necesidad de una voluntad de comunicacin por parte de cada uno de los
participantes en un acto educativo, en especial de quienes forman parte de la
institucin.

La comunicabilidad

Entiendo ese concepto como:


La mxima intensidad en las relaciones presenciales, grupales, con el
contexto, a travs de los materiales didcticos y diferentes medios, y con
uno mismo.
Y entiendo mxima intensidad como:
Un sentirse bien con el otro, con los otros, entusiasmado, contenido,
sereno, inmerso en un ambiente de seguridad pedaggica, respetado,
reconocido en los propios tiempos y en las propias percepciones.

La mxima intensidad desde todos los elementos que dan sentido a un acto
educativo:

el estudiante
el educador
la institucin
los materiales y recursos de aprendizaje

La comunicabilidad en el estudiante se produce cuando se le abren camino para


que emerjan sus expresiones y percepciones, es decir, para que se manifieste en
un aula, por masiva que sea, la diferencia.
La comunicabilidad en el educador se produce cuando es dueo de lo que con
Francisco Gutirrez hemos denominado la madurez pedaggica:
Ser dueo del tema, de la cultura general y de los recursos expresivos
(verbales, gestuales, a travs de distintos medios) para interactuar con el
otro desde l, para tender los puentes necesarios entre temas y cultura y
quienes debern aventurarse a construir a partir de ellos.
La comunicabilidad en la institucin se produce cuando se abren en ella espacios
de convivencia y de interaccin, cuando todo se llena de sentido, entendido como
lo que tiene un sentido para mi vida.
La comunicabilidad en los materiales y recursos de aprendizaje se produce
cuando son elaborados para que pueda mantenerse un dilogo con ellos, para
sentirlos cercanos y no muros de exclusin, para que permitan ir desde ellos a
otros seres y materiales, al contexto y a uno mismo.
La comunicabilidad con uno mismo se produce (en el estudiante y en el educador)
cuando estoy inserto en un sistema de enseanza-aprendizaje que me permite
partir de mi experiencia, revalorizar mi pasado, mis recursos expresivos, mis
percepciones, mis sueos, para involucrarlos con fuerza en el acto educativo.

El muro

Todo lo anterior nos lleva a una conclusin: los educadores somos seres de
comunicacin, los sistemas educativos son sistemas de comunicacin, los
materiales educativos son materiales de comunicacin, los estudiantes son seres
que crecen en la diferencia y en la comunicacin.
Es ste el ideal, nuestra utopa pedaggico-comunicacional.
Pero muchos sueos se estrellan contra:

el muro de la violencia
el muro del autoritarismo
el muro de la fatiga
el muro del desaliento
el muro del discurso institucional

No hay comunicabilidad posible en la violencia. Y se ejerce violencia por el


igualamiento forzado (todos los estudiantes estn igualmente vacos, slo cuentan
los contenidos con los cuales llenarlos), por humillacin, por exclusin, por
empobrecimiento en la vida y en las relaciones, por ausencia de alegra y de
entusiasmo.
El autoritarismo corresponde no slo a un sistema, sino tambin a seres, en el
cuadro tan difundido de la personalidad autoritaria. Se ejerce violencia cuando no
se soporta la risa ajena, cuando todo se lo quiere limitar por miedo y desconfianza
en el otro (s de un docente que caracteriza el aula como un campo de batalla y
dispone sus estrategias para vencer siempre... al estudiante), cuando en el fondo
se odia a los jvenes.
El muro de la fatiga cierra el camino a la comunicabilidad porque uno puede sacar
fuerzas de donde ya no van quedando y hacen falta fuerzas, renovadas energas
para mantener la preciosa tensin de la comunicacin en un aula. No es con
educadores obligados a sobrevivir como se puede sembrar en las aulas la
comunicabilidad.
Ligado a la anterior, el muro del desaliento, que a menudo viene confundido con
enfermedades, con la ausencia de voluntad para seguir adelante en esta tarea de
comunicar siempre y por todos los medios. El desaliento tiene causas sociales,
pero tambin individuales. Uno no puede cumplir indefinidamente con algo que no
le gusta, y menos cuando se trata de estar inmerso en lo comunicacional.
El peso de la tradicin del discurso institucional aparece a menudo como un muro
para la comunicabilidad. Conozco muchas experiencias en las que una docente
intent cambiar la situacin de entropa comunicacional, al menos en su aula, y
cay en las sanciones de la conduccin. Hemos vivido largo tiempo en no pocos
establecimientos un discurso despersonalizado, alejado de la vida y del
aprendizaje, pleno de lugares comunes y de intentos de mostrar el contexto como
si fuera siempre el mismo y como si cada joven y cada generacin de ellos fueran
siempre las mismas.

Practicar la comunicabilidad

Cuando la comunicacin falta, cuando no se la logra en todas sus posibilidades,


no podemos caer en la acusacin fcil al docente o incluso a la institucin.
Afirmamos con fuerza que todo repercute en la comunicacin en la educacin:
tanto los problemas del contexto social y nacional como lo que sucede en el
interior de la institucin. La comunicacin es siempre una delicada trama, difcil de
sostener en toda su riqueza cuando circunstancias sociales, institucionales o
personales presionan sobre el quehacer educativo.
Por ello la opcin por la comunicabilidad no es sencilla dentro de esas presiones, y
a la vez exige mucho ms que las rutinas capaces de reducir al mnimo
interacciones y expresiones. Cuando uno opta por ella, lo hace por un camino
complejo, en el cual se compromete ms energa y ms esfuerzo, pero a la vez se
puede vivir con todo el ser la condicin de educador.

Daniel Prieto Castillo


Mendoza, Octubre de 1999

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