CELINA
Celina tiene una calle en el bolsillo. Est ovillada como una pelota de pioln. La
despliega y la vuelve a ovillar. El ovillo tiene un montn de cuadras y tambin una
plaza.
Celina piensa que algn da su ovillo tendr el largo necesario para medir la panza
del mundo. Por eso anda ovillando y aadiendo, ovillando y aadiendo piolines
nuevos. Engord su ovillo con piolines que trajo de su pueblo, cuando vino a vivir
a Buenos Aires. Cada uno es una cuadra, un recuerdo.
La vea siempre, sentada en el umbral, rulos negros, piernas muy largas. Pero hoy
estaba diferente. Lloraba.
No quise preguntarle por qu
lloraba, sino distraerla, consolarla, as que me
acerqu y le cont que yo tambin andaba con algunos problemas. A veces un
clavo saca otro clavo.
Le cont que tena un libro atragantado. Un libro que estaba escribiendo, para que
lo leyeran chicas como ella. Pero no me sala, no lo poda armar.
Tampoco estaba muy segura de que a Celina le interesara lo de mi libro
atragantado.
-Est todo revuelto- rezongue- el principio en el medio, y el final por la Loma del
Yacar.
Del yacar?, abri los ojos.
La Loma del Yacar, donde no supe ni sabr.
Celina se ri y sac el ovillo. Tena diez mil nudos que unan los pedazos, de todos
los colores y texturas. Empez a hacer ovillo enrollando la punta del primero en un
palito. Es decir, tena un ovillo y un ovillito.
Lanas, piolas, hilos, cordoncitos, cintas finas, piolines de plstico y de papel
pasaban y pasaban y se convertan en una pelota.
_Slo te faltan algunos tallarines!. Cmo lo hiciste?.
- Juntando hilos-me dijo. Snif, snif, ya no haba lgrimas-. Fui aadiendo ste con
ste, ste con ste ve.
- Y ahora qu hacs?.
- Los cambio de lugar, los vuelvo a aadir. As me acuerdo de cuando lo encontr.
-Ah la entend. En la pelota parecida a un gatito Celina se haba trado ovillado a
su pueblo
-Y no se te enreda?. No se pierde la punta de tanto envolver y desenvolver?.
-No, mire-dijo-. La punta est en cualquier parte.
-Cort una lana color celeste tierra y empez a ovillarla en un palito. Ahora haba
tres ovillos.
-Tens razn- le dije pensando en m libro-. Cualquier punta puede ser buena.
Y la invit a mi casa. Yo tambin soy del interior, pajuerana en Buenos Aires, y
quera contarle cosas que record de pronto en esa charla con ella.