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S A
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J*<<M-Zh
El
LA COQUITO
OBRAS DEL AUTOR
de Tarquino
La suegra
Ornen dispar?
(3
edicin).'
Memorias de un suicida
Saldo de almas:
edicin).
(7.
edicin).
(3.
edicin).
(4."
a
La farndula (6. edicin).
a
La piara (2. edicin).
a edicin).
(3.
a
?/fcf* (2. edicin).
a
Coquito (8. edicin).
Alcibiades-Club
7?/
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La
0^ * *W f3* licin).
c7*a
^^//^ ^ftw.
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JU, **:A
a
(3-
edicin).
a
* ocho
edicin)
(4.
del Botnico
edicin).
(3.
a
(2.
edicin).
pregunta de Pilotos
(4." edicin).
Memorias de un sommier
Las chicas de Terpscore (V
a
Un
pollito <bien> (2.
edicin).
edicin).
a
Iravrahsmo agudo (2. edicin).
a
La Diosa Razn (2. edicin).
* *te
W*
7?/
Compadrito.
<*'
&'* edlcln)
'
Tobilleras.
Fundn
de gala.
Los nietos de San
Los Corrigendos.
Ignacio
(2.
edicin).
En colaboracin:
Con Luis Antn
del Olmet:
Uska
es
Orkz!
Traduccionbs:
El burdel de Ftberto (La maison
Lorrain
Pkilibert\ de Jean
JOAQUN BELDA
LA
COQUITO
NOVELA
(octava edicin)
BIBLIOTECA HISPANIA
CIO
4.
MADRID
i-
Es propiedad.
Queda hecho
que marca
u*
la
el
depsito
Ley.
Sucesores de Rivad.neyra
(S.
A.).
-Paseo de San Vicente,
o.-MADRlD
Hay
ms
en Madrid un barrio, centro y emporio de lo castizo, cuyas calles, si no las
tortuosas y tpicas del viejo Madrid, son,
de ms bullanga y holgorio. La
del Duque de Alba le sirve de antesala, y
sin disputa, las
calle
por uno y otro lado la de Embajadosolar de Vicente Pastor y asiento de la F-
lo limitan
res
brica de Tabacos
con sus veintisis
tarillos
de Baco.
de contera,
y en
la del
tupis,
Mesn de Paredes,
que son otros tantos
La Ronda de Valencia
el
al-
srvele
cuadriltero que acabamos
de sealar te juro, lector, que hay espacio sobra-
do para la inspiracin de los poetas populares,
para que los dolores y las alegras del
pueblo tengan su escenario y su pblico.
sitio
Por las calles de este barrio paseaban antao
don Ramn de la Cruz y el ilustre Mesonero, y
pasean hoy, y se soplan un quince con seltz en
alguna de sus tascas, poetas y prosistas como
Lpez Silva, Pedro de Rpide, Casero, Diego
San Jos y Fernando Mora. Ellos os han dicho,
en verso y prosa, cmo es la vida de estas gentes del pueblo,
que vinieron
al
mundo para
tra-
JOAQUN BEL5A
bajar
y tener
hijos
sobre todo para esto lti-
No
hay punto en el planeta habitado por
seres humanos donde se vean tantas criaturas
como se ven aqu, jugando en medio del arroyo
mo.
en invierno de tres de
verano hasta
muy
en adelante, y
e.
cerca de la media noche.
nombre de algunas de
Encomienda, Dos Hermanas qui-
fjate, lector,
sus calles
la tarde
en
el
nes eran estas dos hermanas, y qu hacan?
Abades qu cerca de estos abades estaban las
dos hermanas!
Oso,
Tribulete y Cabestreros.
Los que van con los cabestros?
A esta calle hay que dedicarle mayor atencin
que a sus compaeras del barrio. Un hombre de
indudable talento alz en ella un teatro y lo bautiz con el nombre de Saln Nuevo; tena ra^
zn: acabado de hacer, no cabe duda que era
nuevo pero en la poca a que nosotros nos re-'
;
f erimos, el local,
como
estas personas
que enve-
jecen en plena juventud, era ya una ruina con
puntas y ribetes de cuadra. Se le segua llamando Saln Nuevo, como se les sigue llamando a
los diputados
tria
y senadores
los padres de la pa-
por cachondeo.
madera y con las paredes rezumando humedad y
cochambre a un lado de l haba un a modo de
El vestbulo era una pieza con
el
techo de
en
el cual
cajn grande, que era
el retrete,
haba
que entrar con zancos y con un pauelo atado a
las narices. Al otro extremo del vestbulo haba
LA COQUITO
ua
de botellas de
a chiquito la papeleta; mientras el pblico esperaba el comienzo
de las secciones, le atronaban el oido con granrifa
licor
des voces:
Ocho me .quedan!
me quedan, y
nmero
A
a cinco
Gran
de anis Gran Duque
i
Siete
se sortea
cincq,
el
botella
Cuando daban
so,
la entrada, la
que ocupaba, apretujndose,
gente del paralos peldaos
de
una escalera desvencijada, para pescar mejor sitio, emprenda una verdadera lucha, como po-
una jaura hambrienta a la que ensean un trozo de carne fresca, en medio de la
dra hacerlo
cual alguno caa al suelo
y sufra
los pisotones
de los dems. Se oa una blasfemia espantosa y
la gente de abajo se echaba a rer.
La
sala era
una especie de pasillo alargado, en
cuyas paredes haba pintados unos frescos
o menos alusivos; las tabas del piso,
sobre
ellas,
andar
pareca que iban a hundirse bajo los
pies del espectador,
filas
al
ms
y para pasar por
entre dos
de butacas, haba que reducir considerable-
no faltando
pectadores que, para evitar tamaa molestia,
mente
el
ciesen el
dando
con
por encima de
lo cual la sala,
En
la persona,
es-
hi-
arribo a sus localidades respectivas
saltos
maba un
co.
volumen de
las filas
de butacas,
a la entrada del pblico, to-
aspecto por dems extrao y pintoreslas butacas haba mugre de cuatro ge-
JOAQUN BELDA
neraciones, y los palcos eran cajoncitos con dos
sillas,
la
en
en donde
espectador no poda rascarse
cabeza, porque hubiera tropezado con la
el
En
mano
techo.
un aspecto srdido
general, el teatro tena
que apabullaba
en
el
al
que por primera vez entraba
y aparte de ello, tena ese ca/cter de cosa
provisional y de corta vida que ostentan las tiendas de campaa y los barracones de las ferias.
l,
Bueno, pues aquel tinglado, cuya caracterstica en
materia de olores era
picante y grato
olor a cuadra que se notaba en todo l, se lle-
naba de gente todas
pecialmente en
las
noches hasta
la seccin
por lo cntrico del
el
de
local,
el techo, es-
No
las once.
sera
pues distaba de
ila
Puerta del Sol ms de dos kilmetros, y tampoco debido a la baratura de los precios, ya que
la seccin
costaba
ms cara que en
cualquier
teatro del centro.
El milagro, pues milagro era lograr que
el
pblico diera dinero or entrar en local tan in-
mundo,
Jo realizaba,
con
el
slo prestigio de su
cuerpo y de su cara de nio, La Coquito, la clebre e inconmensurable Coquito, reina de la
rumba y emperatriz
Lector, conoces a
del cuptf.
La Coquito? No
digas que
ha
visto alguna vez bailar esa danza infernal que
ella cre, y que llaman la rumba, debiendo llamarla l motor elctrico de la lujuria? Quin
no, porque te pones en ridculo; quin
no
la
LA COQUITO
no ha notado que se le caa la baba, al verla desnuda, y sacando por la parte alta de una miniatura de camisa los dos pichoncillos blancos con
que
se cran los hijos,
mientras cantaba con
pi-
carda inimitable aquello de
"...
a aquel que
me
d dinero
mis coquitos vender?"
Quin no ha soado alguna vez con ella?
Quin por ella no se ha hecho alguna vez una
ilusin engaosa,
como todas
las ilusiones?
Adela Portales, alias La Coquito, la muchacha de quien se contaban ms cosas, como aquella historia de las rifas en la Habana, a duro la
papeleta,
repartiendo sus gracias entre los es-
pectadores, segn la suerte les favoreca cada
noche la que haba aplastado colchones y deshecho camas en compaa de casi todos los prncipes extranjeros que vinieron a ciertas bodas
;
reales
la
chica buena,
muy buena
en
el
fondo,
que no se haba enamorado nunca, ni siquiera
de uno de esos chulillos que son
verdad de
el
casi todas las cortesanas
nico amor
la
individua
que no saba lo que era amor y que poda recitar
de memoria todas las porqueras de que son ca;
paces los hombres, cuando se les eleva
perativo categrico del vicio
con
madre con calor
lo
im-
que no
se
afirmaba
la
la socia
haba acostado nunca, nunca!
el
un individuo
si
no era
JOAQUN BELDA
por dinero, o por cosa que
que se haba prestado
,1o
valiese; la sujeta
al capricho
un poco raro
de cierto periodista famossimo, que se haba
empeado en amar a ila muy diablica en pleno
depsito de cadveres, y se sali con la suya
entre tres fiambres que dorman el ltimo sueo
en las cmaras frigorficas del local; la pobre
nia, que, despus de hecho lo que antecede,
rompi a
llorar
como un mamonzuelo,
aterro-
rizada ante la idea de la muerte, y diciendo:
"yo quiero ser buena!, yo quiero ser buena!",
como
si
no
lo fuese
a su manera... Esa es
La
Coquito; y perdona, lector, que para presentrtela nos hayamos puesto un poco oratorios; es
que hablando de
ciertas cosas, caray!,
desca-
uno en seguida.
Pues La Coquito, ahora, despus de tres viajes a Amrica y seis o siete por toda Espaa, se
haba hecho empresaria en Madrid y haba to-
rrila
mado
el
barracn de
un finsimo
'la
calle
de Cabestreros, con
instinto que la acreditaba de psic-
Que por qu dePues muy sencillo la mayor parte
ioga de las muchedumbres.
cimos esto ?
de los hombres, en cuestiones de amor, son
francamente anormales y no sienten
si
el
placer
no va acompaado del sufrimietnto propio
masoquistaso
ajeno
sdicos.
Los masoquistas que hay en
la capital
paa, que, vamos!, son legin, y
digan
las pupilas
no que lo
de Mesone-
si
de los falansterios
de Es-
LA COQUITO
Romanos y Jacometrezo, encontraban mayor placer en ver a La Coquito en un sitio info
mundo, con olor a boiga, que en verla en un
local limpio, donde slo el entrar fuera ya un
deleite. Que al entrar en el Saln Nuevo haba
nances? Mejor. Que en las butacas se estaba incmodo? Miel sobre hojuelas;
los sacrificios llevados a cabo por contemplar a
que taparse
las
mujer amada son siempre sabrosos; dgalo si
no el novio que, por charlar un rato con la nola
pasa horas enteras
via,
al sol
y a
la lluvia
de la
calle.
Y La
Coquito era amada, mejor dicho, desea-
da por muchsima gente
si
momento dado
en un
muchos que la deseaban con deseo hambriento, la toma de Lie ja
por el ejrcito de Von Kluck sera un almuerzo
en la Bombilla, comparado con lo que el cuerpo
hubieran cado sobre
de
la
ella los
pobre chica tendra que aguantar.
Ella,
con su pblico
especial,
como
los
gran-
des tenores y las grandes trgicas, reinaba en su
teatro con soberana indiscutible.
El ao que La Coquito dejase de trabajar en
Madrid, a la Corte de las Espaas le faltara
algo; sera como un ao en que no luciera el
sol o en que Joselito no torease en nuestra plaza.
Coquito comparta sus tareas artsticas con un elenco de su absoluta confianza: formaban parte de l las hermanas Mi~
ralles, una rabia y otra morena, sositas en su
La
trabajo, pero de cierta malicia en el rostro.
Monterito, famlica y escuchimizada
escoba, y que era un perro fiel para
La
como una
empresaria, que la quera como a una hermana. La
Rigvleta, gorda, gordsima hasta la fatiga, que
cuando en los momentos culminantes del espectculo se alzaba para dar tono realista a
su arte el- faldelln que cubra sus partes menos
nobles, dejaba ver un promontorio carnoso tan
desarrollado, que de l hubieran podido sacar-
se
muy
la
bien diez o doce kilos de filetes pesados
a conciencia.
Vena luego
el
estado llano, for-
mado por La Lucerito, La Geranio y otras cuanque se renovaban cada quince
das, en un eterno desfile de carne anmica y
engaada para rellenar el espectculo, que el
tas infelices ms,
pblico
mientras
leyendo
lenta.
el
trabajaban
ellas
entretena
peridico o insultndolas con toda va-
JOAQUN BELDA
14
como un
entre todas ellas, feliz y dichoso
sultn en su harem, estaba
el
primer actor Pepe
Rodillo, nico representante del sexo feo en la
casa.
Pero
este
verdadero hroe de Carlyle me-
rece prrafo aparte.
Quien le viera por la calle, y aun en el teatro
cuando no se caracterizaba, le creyera un sacerdote vestido de paisano o un empleado metdico en sus costumbres. Hombre simptico, con
simpata natural, careca de esa vitola picaresca
que suele rodear a esta clase de artistas haba
rodado mucho por esos pueblos de Dios, en
;
compaas
gnero chico, y conoca la tristeza de acostarse sin cenar despus de haber hecho
del
de millonario yanqui sobre
La Coquito
le contrat,
la escena,
asegurndole
hasta eme
pan y
el
el
sosiego.
Tena cinco hijos y una mujer, a los que quera con delirio, y con todos ellos viva en una
casita de Bellas Vistas
son tan caros los pisos!
gunas
flores,
;en la calle de Alcal
,
con
mucho
sol
al-
desde donde diariamente tena que
ensayo y a la funcin despus de recorrer los diez kilmetros y medio que hay entre
venir
al
su casa y la calle de Cabestreros. El pblico, que
no saba esto de
cinco hijos
y de
los kilmetros
las flores, se
lo otro de los
meta con
cena con harta frecuencia, de un
modo
en es-
injusto
e indecoroso.
Rodillo,
que era un hombre joven y que por
LA COQUITO
15
tener cinco hijos tena acreditada su acometivi-
dad en ciertos terrenos, realizaba todas las noches en el escenario un milagro evidente: La
Coquito se echaba sobre
zaba su
piel
las otras le
porque
como
l, le
acariciaba, le ro-
en ciertos momentos, y
abrumaban a caricias entre todas,
por
la cara
as lo exiga el trabajo,
l,
impasible,
no fuera con l la cosa, ni siquiera alteraba en unos milmetros la lnea de su pantaln
ni cambiaba de color su rostro.
Si a cualquiera de los que estaban en la sala
le hubiera hecho La Coquito la centsima parte
si
de cosas que
ses hubiera
le
haca al actor, a los nueve
me-
habido un proceso por estupro en la
Audiencia de Madrid. Por menos, por muchsimo menos, aumenta diariamente la natalidad
en muchos pases y ganan dinero las comadronas.
Pepe Rodillo, despus de aquel masaje,
marchaba a su casa por la calle de Bravo Mui illo, pensando en su mujer
y en si al menor de
sus chicos se
que
le
le
habra aliviado la tos con la
dej aquella tarde.
Coquito, adems de un teatro y una
La compaa,
y una cara y un cuerpo
di-
vinos, tena otra cosa
Todos
tena
una madre.
hemos tenido pero tan original, tan
simptica, tan famosa como doa Micaela, ni
ha habido ni habr muchas. Viuda no se saba
de quin, era lista como un perro galgo, y tena
una cualidad sobresaliente que la haca altala
mente agradable, y era que, a pesar de que su
hija haba llegado a la cumbre y tena mucho
dinero y alhajas de valor, y automvil, ella segua vistiendo con la misma modestia que cuando era criada de no s quin, y de su velustrn
y su trajecito negro no sala ni por sopas.
No habra sido fea, ni muchsimo menos, y
aunque el desfile de los aos haba marchitado
las rosas
de sus encantos, todava estaba para
un caso extremo, de
lo
que puede dar fe
episodio siguiente, tan verdico
lio
de San Mateo
a cierta capital de
como
el
evange-
La Coquito a trabajar
provincias, y el mismo da de
lleg
su llegada se present en su hospedaje
rio
el
un teno-
de la localidad con intencin de... adjudi-
JOAQUN BELDA
1$
Como
hombres de provincias son
tan expeditos, plante la cuestin sin ambages
a la propia doa Micaela, que sali a recibirle,
y en una forma tal, que claramente se vea que
aquel hombre haba tomado a la madre por la
carsela.
La
hija.
estos
respetable dama, al pronto se alter,
pero acordndose de aquellos versos de Byron
que dicen "que no hay fruta ms sabrosa que
del secuestro...", quiso recordar sus aos
la
mo-
y decidi aprovechar las circunstancias.
De modo que usted, joven, deseaba... le
dijo al mozo con un aire de ingenuidad ado-
zos,
rable.
.
Amarla a
Ay! Pero caso que
Qu mal puede haber en
usted, seorita.
es
el
yo...
as
de
pronto!...
ello? Usted, Co-
quito, es el capullo,
viene a libar en
Doa
la
mariposa que
l.
Micaela, al or lo del capullo, se emo-
cion, y hasta se
Le
y yo soy
humedeci moralmente.
corre a usted
mucha
Bastante, porque son
prisa?
las seis,
y a
las siete
tengo que estar en Los Luises, que hay eleccin
de Junta directiva.
Y usted que en una hora tendremos
tiempo de todo?
honor de conousted no
cree
tiene el
Seorita,
cerme en una hora soy yo capaz de
;
jardn entero, y
me
falta jardn.
libar en
un
LA COQUITO
No
hablaron ms; una chaise-longue de enprest blando acobijo, y 1 mance-
tretiempo
les
bo sali a
la calle tan
de yacer con
Qu
dose
10
la
convencido de que acababa
creadora de
deca
importancia
rumba.
luego en
ta!
la
lo deja a
el
casino, dn-
uno como
si lo
vaciaran por dentro.
Aquella noche doa Micaela fu
al teatro
con
una cara completamente transfigurada: estaba
como esas plantas que en el rigor de un esto
cruel estn a punto de secarse, y reciben de pronto la caricia de una lluvia benfica que las restaura en su antigua lozana.
Ya
lo deca
su hija
en uno de sus cupls favoritos.
"Las mujeres, cual
las plantas,
necesitan,
necesitan
mucho
riego;
pues precisan con frecuencia
la
la
humedad,
humedad para
el
sustento."
dirigindose a la que en la obra figuraba
ser su
hermana, enferma no
se
saba de qu,
aada
"Este
es,
hermana,
mi parecer:
t lo que necesitas
no
es
ms
que... correr.
JOAQUN fiELDA
29
eres la planta
que est en retoo,
y te hace falta
regarte
el
el c...
uerpo."
conquistador de doa Micaela, que tam-
bin fu aquella noche al teatro, cmo iba a
faltar l
!,
empeado en que La Coquito no ha-
ba trabajado aquella noche, pues l
no
haba
la
visto en escena.
Que no hombre, que no
bajado!...
Si la
Que no ha
conocer yo!
amigos, que porfiaban con
Claro es que a
deca
tra-
a sus
l.
postre sali de su error, y
se enter de que por unos minutos haba hecho
de padre de
La
Coquito, yaciendo con su madre.
Fu a pedir a
que
le
la
sta explicaciones y a exigirle
devolviera las cien pesetas que
le
haba
dado; pero doa Micaela, que tena de tonta
que nosotros de confiteros,
le dijo,
lo
entornando
los ojos:
Desengese
ted
ver,
me
ha dado esta tarde no
aunque
r ya!
usted, joven; todo lo que usse lo
quisiera.- Dios sabe
podra devol-
dnde
esta-
Podemos
empezar?
Cuando
Oye,
quieras...
Celio,
hay
mucha gente?
De preferencia quedar una
Lo dems, como siempre.
Pues mndale recado de
la
fila
por
lle-
nar.
la taquilla
al
que
no despache ms.
Doa
Micaela, que ayudaba a su hija a po-
nerse la malla por los muslos, intervino, rauda
Hija, por Dios! Qu gana de
veinticuatro pesetas! Hay que ver!
Veinticuatro
Ya creo!
tirar a la
calle
lo
No
fra
tuvo que calcular
las diez
seis
mucho para
decir la ci-
preferencias de la ltima
a seis reales cada..., justo: veinticuatro.
Micaela
se
saba de
teatro lleno, con
ras partes,
como
rando, Coquito
Djeme
le
memoria
lo
Como
Doa
que haca
media entrada, con dos
fuese.
fila,
siguiese
ei
terce-
murmu-
par los humos
madre; no quiero escndalos. No sabe usted que hay quien tiene inters
en que los haya? Si se rompe una butaca, como
usted,
JOAQUN BELDA
'
22
viene ocurriendo todas estas noches, y est todo
dnde
va a sentar el que ha pagado
y se encuentra de pronto en el suelo ?
Sabia precaucin! Las butacas del Saln
lleno,
Nuevo
de la calle de Cabestreros eran
jas que
el
muy
rada
se
Por
caf de Ponibo.
ms
vie-
estar la tempo-
avanzada, no quera la Empresa po-
nerlas nuevas
pero, por lo visto,
una
tras otra,
no iba a tener ms remedio; todas las noches,
cuando la seccin de las once estaba en todo lo
suyo, y La Coquito, sema desnuda y con un camisn de gasa, se mova al comps de la rumba
para ensear al pblico a su pblico uno de
los divinos meloncillos pectorales, se oa en la
sala un estrpito formidable al estrpito seguan
unas carcajadas, y a veces unos ayes de dolor.
El asiento de la butaca nmero tal, fila nmero
tantos, haba venido al suelo, arrastrando en su
espectador que la ocupaba,
cada
al
da de
los tiranos arrastra
como
la ca-
siempre la de los cor-
tesanos venales que caminaban tan a gusto sobre los lomos procaces de la tirana.
El cado reclamaba un asiento, y haba que
drselo si por estar el teatro lleno no lo haba
;
ya levantado, armaba un
escndalo de ordago a la grande
Yo he pagado una
Esto es un escndalo
Que me devuelvan
butaca, no un escotilln
disponible, el cado,
mi dinero!!
La primera noche
se resolvi el conflicto co-
LA COQUITO
locando
al
espectador en
daba vaco; pero
la
el
nico palco que que-
segunda, que estaban todos
ocupados, tuvo que sentarse
del piano
del
sexteto,
su parte, pues desde
cuerpo de
del
las
23
el
hombre encima
con gran regocijo, por
all las
artistas
se
piernas y
el
resto
vean en tamao
mayor que el natural, y hasta se podan cachear sin ms que alargar la mano.
Peso como ello era absurdo, y La Coquito
no toleraba en su teatro ms cosas absurdas que
a su propia madre, tom ila ,sabia medida de que
casi
ya
se
ha hecho mencin, y que honraba
visin de la artista.
la pre-
Ya
malla y sujeto al ombligo
un fajn de goma, que se pona para con-
metida en
la
servar en todo caso la pureza de la curva del
anca, se
asom
espejo y comenz
al
su carita de nia.
No
la
un poco
el
estuco de
seguiremos *en la ope-
racin, entre otras razones,
chitar
el
porque sera mar-
innegable encanto de aquel ros-
tro todo purezas.
No
es
que necesitase de
la
complicidad del afeite para disimular los estra-
gos que
el
tiempo an no haba podido hacer
en su persona
pero es que la propia Venus Ca-
lipigia, vista al saltar del
lecho a las once de la
maana, perdera, indudablemente, el sesenta
por ciento de su belleza dos sitios hay, dice el
sabio, en que la mujer hermosa no debe dejar;
se contemplar por sus adoradores
cador;
el otro...
uno
es
el
to-
es ese camarote reservado don-
de es costumbre entrar solo y donde todas las
grandezas humanas vienen a finar en una mis-
ma
podredumbre.
Adela Portales,
La
mujeres en quienes
un
la
Coquito, era una de esas
edad parece haber hecho
alto al llegar a los quince aos.
Su cara
4e.
JOAQUN BELDA
26
y de nia inocente y encogida, era algo
que no variaba con el tiempo, y seguramente
cuando Adela llegase a los cincuenta aos, senia,
guira teniendo igual aspecto de tobillera, inci-
misma pureza los ojos, de un micandido, y el pelo, que procuraba llevar
tante por su
rar
muy
siempre
la ilusin, la
el
recortado para seguir cultivando
ayudaban eficazmente a componer
conjunto.
'
El cuerpo era tambin de nia,
arrollo en el pecho
y caderas que
ble para acusar el sexo,
sin
el
\9\W]
ms des-
indispensa-
las piernas,
que pare-
can hechas a torno, eran dos columnitas que es-
taban pidiendo a gritos la faldita corta y la
cuerda para saltar en
Imagnese
el
el
Retiro por las maanas.
atractivo que
una hembra
as
ba necesariamente de ejercer sobre todo
ha-
hom-
habiendo pasado de los cuarenta y
cinco aos, vea ya el amor como una iniciacin
bre que,
cuyo principal encanto consiste en pervertir a
un inocente. Nombrar a La Coquito en una tery aun de algunos metulia de seores mayores
nores cuyo temperamento no estaba de acuerdo
era
con
la
edad
por
la
medula de
como pasar un
papel de lija
los concurrentes,
cuyas len-
guas iban a frotarse por los labios respectivos
en un movimiento un poco atvico.
muchacha, despus de haberse atado una cinta de terciopelo negro alrededor
Esta noche,
la
LA COQUITO
de
la cabeza,, resaltando as
choso de
pejo, se
27
ms
el
blanco
le-
mir por ltima vez al esagrand con la punta de los dedos el
fia
cara, se
cerco de los ojos, y se dispuso a salir a escena,
metindose de prisa en una bata suelta de encajes
y de
lazos.
nia pura
Laque
pareca
ca
e inocente, el ngel de
candor
escapado de una pensin, ha-
su entrada en escena pronunciando las
si-
guientes frases: Hola, chicas! Le habis cogi-
do ya
los
huevos a se
Bien es verdad que
obra se llamaba El l-
la
timo pliegue, y haba que hacer honor al ttulo
desde la primera escena.
Ed repertorio del Saln
Nuevo
lo
formaban
obras de ttulos ambiguos, que se prestaban a
una interpretacin maliciosa por parte de algn
malpensado: El hijo de Pura, Tres noches sin
sacarla,
la
Tomar por
el atajo,
el
gran xito de
temporada, la obra cumbre del gnero,
nial Tortilla de almejas, pieza en seis
la ge-
cuadros
que se deca escrita por un oficial del Consejo
de Estado, y en la cual haba un personaje, banquero arruinado
que en una escena de marcado sabor trgico, deca a gritos, parndose en
el
l,
centro de la escena:
"Me
Todas
persigue la Justicia.
las gentes
me
Quieren chuparme
Pues bueno. Que
escupen.
la
me
sangre?
la
chupen!"
JOAQUN BELDA
30
fondo de todo ello no haba
ms que una dosis de moralidad muy grande.
Por ejemplo: la obra titulada Tres noches sin
Claro que en
el
un estudianhaban obligado a empe-
sacarla era la historia de la capa de
te, al
cual sus vicios
le
ar toda la ropa, y que llevaba tres noches de
un fro intenso sin poder sacarla del empeo la
:
una, porque no tena dinero
la otra,
porque ha-
ban cerrado la casa de prstamos por defuncin del dueo, y la tercera, por haber perdido
la papeleta.
La misma obra que
y cuyo
esta noche se representa-
El ltimo pliegue, poda al
principio alarmar un poco a ciertas conciencias
timoratas, no era ms que una poesa buclica
puesta en accin un pastor y una pastora se encontraban sorprendidos por la noche en medio
del campo, lejos de sus viviendas respectivas;
l la coga en sus brazos y la ayudaba a camiba,
ttulo,
nar, salvando los pliegues
rreno, hasta que,
repliegues del te-
ya exhausto, y cuando detrs
del ltimo piliegue
se vean
los tejados
de
la
casa de ambos, caa al suelo con su preciosa
carga, mientras los corderillos balaban a lo
le-
jos.
Y la
bis
frase de salida de
La
Coquito
"Le
ha-
cogido ya los huevos a se?", no era ms
que esto un chico de una granja vecina llegaba
:
con una cesta de huevos y esperaba en la puerta
a que una de las zagalas saliera a hacerse cargo
LA COQUITO
31
Qu hay en
de la mercanca.
ello
de pecami-
noso?
Lo que
haba que ver y que admirar era la
manera que La Coquito tena de decir todas
aquellas atrocidades
era un encanto,
y,
desde
luego, era la nica manifestacin verdaderamente artstica
que haba en
el
espectculo. Sin es-
fuerzo, sin estudio alguno, las palabras salan de
los labios
de
la
muchacha con una naturalidad
y una sencillez casi inexplicable* No era la ingenuidad afectada con que algunas diseuses matizan las frases crudas, v que, a la larga, llega a
empalagar; era
hablar corriente v llano de
el
quien sabe que lo que dice no tiene importancia ni malicia alguna,
en
el
y que toda
-la
malicia est
auditorio.
Se notaba ello mejor comparando la inflexin
de voz de La Coquito con las desgarradas expresiones de las otras artistas ( !) que la acompaaban en la escena: infelices muchachas de
una extraccin por dems modesta, crean que la
gracia de su trabajo consista en subrayarlo
todo,
acompaando hasta con
vocablo equvoco.
procacidad
el
gesto cualquier
El extracto del asco y de
lia
En
pasillo
el
que llevaba
Rosalinda, una rubia
escenario,
al
muy
La
agradable que
imitaba en todo a la empresaria, la detuvo para
decirle
Ya
ah a
Qu
Oye, y que ms
Le habr hecho dao
Lo que
cara
en una semana.
Asqueroso!...
tienes
j
se.
lata!
est
triste
que ninguna no-
che.
la cena.
tiene es
Por un agujero de
sala, y,
efectivamente,
de la derecha,
como
la
de no haber cenado
decoracin mir a la
all,
en
el
primer palco
siempre, estaba
el
hombre,
y con el brazo izquierdo sosteniendo la cabeza, y la vista fija en
la puerta de 'la decoracin donde haba de apa-
casi ocultndose del pblico,
recer
La
Coquito.
Era un hombre de unos cuarenta aos, muy
l)ien vestido, y con una palidez tan intensa en
el rostro afeitado, que pareca un mueco de
marfil al que hubiesen puesto unos ojos
muy ne3
JOAQUN BELDA
34
No
gros.
era
un hombre vulgar: emanaba
tristeza sepulcral
de toda su persona, que en su
rostro pareca imposible la sonrisa,
clavaba
la vista
en alguien o en algo,
y cuando
pareca un
mundo
espectro que acabase de volver a este
desde
las
tai
sombras del
otro.
Llevaba quince das persiguiendo a Adela de
un modo
tenaz, implacable
en aquel palco de
solo,
ella se fij
apareci una noche
derecha, completamente
la
en
con no fingida curiosi-
dad; desde entonces no faltaba una noche a
seccin de las once,
mandando comprar
co en cuanto se abra por
las
tardes
el
la
el pal-
despacho
Pero no era eso slo muchas veces,
durante el da, si Adela se asomaba a los balcones de su casa de la calle de Espoz y Mina, se
de
billetes.
lo
encontraba plantado en
acera de enfrente,
la
mirndola exttico, con esa
fijeza de ojos
mochuelos y los buhos miran a
sonas cuya muerte profetizan.
que
los
Cuando Adela, a
para
del
encontraba parado junto a
Comendador ante
la
estaba
el
la estatua
cena de don Juan.
la salida del teatro, cerca
madrugada, cuando
all
las per-
de su casa
rueda trasera del automvil, como
la
la
se lo
el teatro,
las siete, sala
con
la calle
ya de las dos de
quedaba desierta,
hombre esperndola, en un
ace-
por la hora y por la soledad en
que todo haba quedado, le infunda a la chi-
cho
febril, que,
quilla
un miedo insuperable.
LA COQUITO
36
su maLleg a cobrarle verdadero terror.
dre
sabia maestra en el arte de facilitar aproximaciones le prohibi muy seriamente que le
hiciese caso,
si
aquel hombre se acercaba,
hacan tantos otros
!,
corno
para entablar cierta clase
de negociaciones.
Claro es que doa Micaela empez por protestar, como protestaba siempre, contra los que
llamaba romanticismos de su hija
ella
No
qu tendr ese hombre que no ten-
gar los dems! Porque lo ves asi tan
serio...
Pero tratao puede que gane mucho.
Si
de
--Que no, madre, que me da mucho miedo.
ese hombre me tocase nada ms que al pelo
la ropa,
creo que
me
morira del susto.
no era slo miedo, era otra cosa que
no saba
si
tres cosas a
era asco,
risa,
ella
o desprecio, o las
un tiempo. Durante
la representa-
cin procuraba observarlo a hurtadillas, y as
pudo notar una noche y otra que en ciertos mo-
mentos, y sobre todo al final, cuando ella bailaba la rumba y sacaba al aire durante un cuarto
de segundo uno de los meloncillos del pecho,
la
mano
derecha del hombre espectro desapa-
reca del barandal del palco e iba
no se saba dnde.
a esconderse
Ella se lo figuraba, y
una rabia muy grande.
el
figurrselo le daba
Cuando iba a su cuarto para vestirse con
traje de calle, Celio, el
se acerc
el
segundo apunfe,
para darle un recado
odo
al
Tengo una cosa para usted; pero me
dicho que no
entere su mam.
Qu es?
Esto.
han
se
Le ense un
papelito,
oculto en
casi
la
mano.
Trae.
Pero
Ahora
es
que espera contestacin.
te la dar.
Mand
fu corriendo a su cuarto.
a la ma-
dre por agua caliente, y al quedarse sola abri
el billete.
No deca ms
Coquito."
ted,
que esto
"La amo a
us-
firmaba: "El hombre del pal*
co nmero dos."
Por un movimiento
papel a las narices.
to,
como
ech
ella se
debajo
del
inexplicable se llev el
Qu
raro
haba credo.
No
ola
Lo
estruj y lo
a muer-
tocador convertido en
bola.
Sonaron unos golpecitos en
la
puerta
unn
JOAQUN BELDA
38
Se puede,
Pasa,
Adela?
hija.
Era La Monferito, una
de diez y
chiquilla
ocho aos, que pareca tener treinta y cinco tal
era la expresin de fatiga que tena marcada en
;
el
rostro y en todo
el
cuerpo.
No
era fea, y te-
na desde luego ese encanto enfermizo que
nen todas las anmicas cuando
llan mucho.
Al
verla,
Oye,
noche
tras
te
Adela
los ojos les bri-
se alegr.
chica, pero a
ti
qu
te
pasa que esta
he tenido que coger tres veces, mien-
bailbamos
cayeras
tie-
al
la
machicha, para que no te
suelo?
dos noches
Pues, nada que
Ah! Pero anoche tambin?...
Ya
Y dnde
A Los Burgaleses?
No; Habanero.
Te vas a matar!
Y qu quiere usted que haga?
sin dor-
llevo
mir.
lo creo!
fuisteis?
al
Call la otra, porque
no supo qu
decir.
La
Monterito, retorcindose las puntas del paoln
que llevaba
al cuello,
y que, con una camisa que
no cubra ms abajo de los muslos, era todo su
vestido, dijo, mirando al suelo y pasando no
pocas vergenzas:
.
Digo
ted...
un
que.
. .
favor...
yo quera que me
hiciese us-
LA COQUITO
Para eso
un
39
hagan
ests t hoy, para que te
favor.
Se ech a
rer
para adularla.
No quiero ms que
Y
La
baj
la
diez pesetas...
cabeza hasta meterla en
Coquito dej en
el
pecho.
el
tocador la toalla con
que se untaba de vaselina la cara, se puso en
jarras,
se encar
con
No debiera darte
para lo que los
la otra
un cntimo, porque s
quieres... No, y no te los doy.
ni
Cochina! Pero, por qu sois tan estpidas al-
gunas mujeres? As acabis luego.
Hoy ha
esta-
do en mi casa la Obdulia... Sabes de dnde
viene?... Del hospital; ha estado tres meses, y
se ha quedado que no quieras saber. Ya no sirve ni para vender lotera por
La Monterito
las calles...
se ech a llorar: entre los hi-
pos de llanto se la oa decir
Pero
si
dice que lleva tres das
sin co-
no puede ms..., que va a hacer
cualquier barbaridad para que lo metan en 5a
mer..., que ya
crcel...
Que
ms!...
trabaje,
como trabajamos
Y que no se
las mujeres...
empee en
los
de-
vivir a costa de
Digo, y qu mujeres! Si
al
me-
nos t fueses una princesa, o tuvieses cuenta corriente en el Banco,
muy bueno
algo de lo que te sobrase...
como
que
le dieses
pero una chiquilla
que tiene que trabajar para mal comer... Vamos, hombre!
t,
JOAQUN BELDA
40
Tiene usted
ne; pero
yo
si
que
lo s
la tie-
usted se viera en mi caso...
si
Volva
razn;
madre con
la
Qu
del
el jjarro
agua:
mocosa?... Ah, ya!... Ah
te pasa,
fuera, en el cafetn, ties a se; por lo visto te
est esperando.
esperando a
que quiere que yo
Dos duros!... Oye,
S, la est
ella
y a dos duros
le d.
dile
a pedir a m... Tonta!
te
que
me
Quies que
los
venga
te lo
espan-
yo?
Doa Micaela...
Di que y ahora mismo
s,
que no
le
vuelves a ver
el pelo
salgo,
te
juro
en tu vida...
Se dispona a salir, pero La Monterito
puso delante de la puerta.
No! No! Eso no!
Estese usted
Como
Pero
Qu pasa?
Pues
Y ech a
Eso
queris
si
madre
quieta,
se
yo era por hacerte un favor.
es que...
mucho!
como un nene con
que... le quiero
llorar
se
es lo peor,
hija!
aadi
rabieta.
filosfica-
mente doa Micaela, dando un gran suspiro.
La Coquito cogi el bolso de mano que tena
en una caja de un armario,
monedas de cinco pesetas
puso en
la
mano
lo abri
y sac dos
sin decir nada, se las
derecha a la llorona, y
unos golpecitos en
la cabeza.
le
dio
LA COQUITO
41
Gracias. muchas
gracias; pero que conste que
ltima
Bueno, bueno...
Y ahora a que maana, a
venga por
que quiero yo hablar con
Pero.
No, no
T
y vei
gracias
es la
te
S,
vez.
dile
se
se
las cinco,
aqu,
l.
te asustes.
estars delante,
rs
que no es nada de lo vuestro. Es una cosa
que
se
me ha
ocurrido.
Qu tramaba La Coquito? Pronto
bremos.
lo sa-
Al
salir aquella
noche,
como
todas, el es-
pectro haca su guardia junto al auto-
mvil.
La
de
la
calle estaba desierta;
apagados
los focos
puerta del teatro, no quedaba en ella
luz que
el
como ojo
farolillo del
sereno,
parpadeando,
de agonizante, en la esquina de
bajadores, y
un
farol del
que pareca aumentar
ms
Em-
alumbrado pblico
las tinieblas.
Del Mesn de Paredes vena el ruido confuso de un gramfono, que entonaba unas solea-
El automvil esperaba metido en la Travesa de Cabestreros, para no entorpecer la cirres.
culacin durante toda la noche; en cuanto
Coquito apareca en
el
primer escaln de
trada, se acercaba el carruaje al pie
La
la en-
mismo de
la
escalinata.
Antes, casi siempre, Adela* sala sola
plebeyo de la madre no
le
pareca
muy
el
tipo
a pro-
psito para exhibirlo entre las sedas del carrua-
y prefera ir sola a ir mal acompaada. Eso
si no la acompaaba alguno de sus buenos amigos, con quien bajaba a poco en la puerta de
je,
JOAQUN BELDA
44
cualquiera de los restaurantes del centro; pero
esto suceda pocas veces.
Desde que
hombre plido inici la persecucin, La Coquito no sala nunca sola se haca
escoltar hasta la puerta misma del coche por la
madre y por Celio, y una vez en l, meta dentro a la madre de un tirn y ordenaba a Manolo, el chauffeur, que partiese a escape. Y una
el
noche en que doa Micaela tuvo que quedarse
en casa martirizada por unas neuralgias, meti
a Celio en el coche casi a la fuerza y le hizo
que la acompaase hasta
Mina. El segundo apunte,
la calle de
al verse
aquella caja con la empresaria,
perfumes de
ella,
Espoz y
encerrado en
mareado por
los
estuvo a punto de desmayar-
susto de ella y para dar
evidentes seales de vida, comenz a pellizcarse
la
pero luego, ante
en
el
el
solomillo izquierdo, sin darse clara
cuenta de lo que haca.
Esta noche, la chica, al ver al hombre plido, tuvo ms miedo que nunca; antes, cuando
aprovechando un
haba preguntado:
salan por el cafetn, Celio,
descuido de
Qu
Nada
I
la
le
;
madre,
le
contesto a ese to ?
la carta
no
tiene contestacin.
Se agarr al brazo de doa Micaela, y fu a
subir en el auto; pero la madre, que era siempre mujer de triples intenciones, hizo lo que
hacia todas las noches
subir ella primero
jar a la chica en la acera, al lado del to,
y deque no
LA COQUITO
ms que
se separaba
el
paso.
La
lo preciso
Coquito tembl
para no estorbar
ver que
al
y en voz de
se le acercaba,
45
el
sujeto
splica infinita le
deca:
Pero
es
que no, por
Su voz
que no merezco que
lo
me
diga ustea
menos?
era dulce, suave, en completa contra-
posicin con su rostro y con toda la figura.
Ade-
qued sorprendida..., y de pronto, como
quien se ve en la imprescindible necesidad de
la se
hacer algo, ech
gado de
seta
mueca
al
bolso que llevaba col-
izquierda, *sac de l
una pe-
se la dio al espectro.
Doa
todo,
la
mano
le
Micaela,
que se haba percatado de
pregunt mientras suba
Qu
Nada
mosna.
Pues
Ya
es,
;
al
carruaje
hija?
un pobre que me ha pedido una
li-
dsela. Pobrecillo!
se la he dado.
Al
partir el coche,
La Coquito mir
a la calle
con curiosidad instintiva y vio cmo el espectro
cogi la peseta, la acercaba a sus labios y es-
un beso estrepitoso.
Fu el nico momento en que la faz de aquel
hombre se transform un poco se le hincharon
las narices, se le dilat la pupila y la boca form
un embudo triangular, como la del gastrnomo
tampaba en
ella
que se dispone a tragarse
una serie de dos docenas.
la
primera ostra de
Don Alejo
Cadrniga, notario de un pue-
blo rico de la provincia de Alicante,
no otro era
La
el
hombre-espectro perseguidor de
Coquito, sinti una cosa extraa,
traa, al tener en sus
la
moneda que
manos y junto
la chica
Para explicarse
rrir
que
lo
muy
ex-
a sus labios
haba sacado del bolso.
que
sinti es preciso recu-
a ciertos tratados de patologa sexual, en
que todas
las aberraciones gensicas reciben
su
explicacin cientfica, o, mejor, recordar ciertas
narraciones de Mirbeau, en las que, con
mayor
fuerza persuasiva, se pinta de lo que es capaz
una medula desviada de su centro. Esto ltimo
la literatura de Mirbeau
es lo mas ameno.
Pero aun con ello, habr gentes que no se
expliquen la voluptuosidad del notario ante
desprecio que
La Coquito acababa
todos los que no comprenden
el
el
de hacerle;
encanto de
una bofetada dada por manos femeninas, cuando los ojos de la que la da saben mantener con
el
golpe; los que no se han echado a
los pies de
una mujer para besrselos nada ms
s y por puro gusto; los que no se
energa
que porque
JOAQUN BELDA
48
hacen cargo de que
de
las piernas
ella
son tan
adorables, porque sirven para patear..., todos
esos
pobrecillos!
puede que
se ran
en esta
ocasin del bueno de don Alejo, que, a pesar
de su aspecto ultraterreno, era un buen hombre
en toda
la
extensin de la palabra.
All en su pueblo viva, ganando
solo con
ro,
una
para evitar meter
un da en que
criada,
al diablo
dine-
generalmente vieja,
dentro de casa
quedado
se haba
mucho
pero
sin servicio se
present a pretender una mocetona guapa, con
pechazo enorme y
y con
un aspecto general de yegua descansada, que al
el
notario
vicio, y,
le
pareci
como
era
el
muy
cabello negrsimo,
bien.
un hombre
La tom
tmido, al principio
pas varias noches arrodillado a
dormitorio de
de
la
frito
ella,
a su ser-
aspirando por
la
el
puerta del
resquicio
puerta
perfume mezcla de pescado
moza exhalaba
y polvos de arrozque
el
la
mientras dorma.
Otras veces, aprovechando los ratos en que
la
chica iba a la compra, se meta en su cuarto, se
apoderaba de sus peines, que olan a sus cabe-
y se dedicaba a tocar la flauta con ellos como un fauno voluptuoso... La cosa acab como
era natural que acabase la chica lleg a mandar
en l de tal modo, que el hombre acab por fregarla los platos, mientras ella, sentada en una
llos,
mecedora, se rea a carcajadas; y los das de
limpieza, nuestro hombre fregaba todo el piso
LA COQUITO
de
la casa,
le
iba
49
en tanto que la moza, con una vara
pegando para que
hiciese a conciencia la
operacin.
Don
Alejo, que hasta entonces haba sido
un
hombre normalmente amoroso, comprendi que
estaba perdido y que aquellas cosas, una vez
que se las tomaba el gusto, no haba medio
dentro del berrinde dejarlas. El goce mayor
che lo tuvo un da en que, al volver a su casa
al atardecer, se encontr con un papel escrito
por
la criada,
en
el
que
le deca,
despus de
lle-
narle de insultos, que se fugaba a Barcelona con
muy guapo
un chico
mil pesetas que
el
le
y con cuatro
del pueblo
haba sacado
al
notario
tiempo que haba estado en su casa.
en
Y el bue-
no de don Alejo, que en la escala descendente
de su anormalidad no se paraba en descansillos,
pens que aquella chica no le haba comprendido; de haberlo hecho' y de haberle hablado
con franqueza, l acaso no hubiese tenido inconveniente en que ella y el chico guapo se viesen
a diario en su casa
y, si
haca falta, en el pro-
pio lecho notarial... siempre que a l
le
deja-
sen contemplar la funcin oculto detrs de unas
cortinas.
Por aquellos
un viaje
a Alicante,
jar por primera vez a
all,
La Coquito;
tanto
le
agra-
que las tres noches que estuvo en la
pas metido en el cine, y cuando vol-
la chica,
capital las
hombre que hacer
en un cine, vio traba-
das tuvo el
5q
JOAQUN BELDA
nia
vio a su casa iba pensando por qu aquella
l
no haba de entrar a servir en su domicilio y
se encargara de lo dems.
Al da siguiente, al ir a redactar de su puo y
maletra una escritura no muy larga, vio que la
no derecha estaba muy torpe y que el pulso le
temblaba, no dejndole escribir, como si con
aquel brazo acabase de levantar en vilo a un
Ministerio liberal en vspera de crisis. jQu tres
noches pas en Alicante, a solas en su cuarto del
hotel y con una postal de La Coquito encima de
la
mesa de noche
Qu
doa Micaela en el sitio donde
dems mortales tenemos el estma-
tena
los
go? Un bal?
lar de los
Un
cielo
Un
so-
de la Gran Va ?
El da en que
ra
crter de volcn?
que
la
la
menos hasta que
noble
dama muera
quie-
fecha fatal se retrase, por lo
se acabe el
avance francs en
Notre Dame de Lorette
deben los mdicos,
aunque muera de muerte natural, que es en ella
una indigestin, hacer la autopsia de sus restos,
pues seguramente se descubrirn nuevos horizontes en el campo de la fisiologa humana, y
eso iremos ganando todos.
Por las noches, cuando despus de la funcin
!
las
dejaba
el
automvil a
la
madre y a
la hija
en
algn restaurante del centro, donde era la cita
con
el
cabrito de tanda, se desarrollaba
guiente dilogo entre doa Micaela y
rero:
A m trigame un
Y huevos, cmo
o en
De dos maneras.
bist
los
plato
tortilla?
las
el
el
si-
cama-
con patatas.
los quiere usted, ai
JOAQUN BELDA
52
Muy
El
blanco o negro?
Blanco y negro me gustan mucho
De
quiere usted
o
Djese usted de hombre de Dios ponbien!
vino,
los pe-
ridicos ilustrados.
postre,
fruta
dul-
ce... o... ?
oes,
ga usted fruta y dulce, y lo que haya.
Estos eran los momentos peores de
La
la
vida
momentos que peridicamente todos tenemos como compensacin de
de
Coquito, esos
problemticas alegras; se avergonzaba, asoma-
ba
el
rubor a sus mejillas, que no se mancha-
ban de carmn ni aun para decir ni hacer en escena las mayores atrocidades, y procuraba distraer con su conversacin al que haba de pagar
todo aquel almacn de comestibles, para que no
se percatara
de
escena bochornosa. Ella, que
la
coma menos que un paj arillo en la pelecha, y
que haba pasado ms de un da con un huevo
y la mitad del otro
En sus excursiones por provincias hubo sitios
madre,
se subi el
en un pueblo de
Cuba,
les
la
La
Coquito y su seora
precio de los comestibles, y
donde, a la llegada de
provincia de Matanzas, en
prohibi la entrada la primera autori-
dad local, diciendo que aquel ao andaba escaso
en la comarca el ganado vacuno, y, por lo tanto,
la cosecha de filetes era exigua y haba que guardarlos para los habitantes del pas.
El amigo que acompaaba esta noche a La
LA COQUITO
53
Coquito, y que, como hacan todos, prolongara
despus su compaa al salir del restaurante, era
un sujeto fornido, moreno, muy moreno, con el
bigote, que habra sido espeso, recortado a la
inglesa, y con un aire de hombre de accin en
todos los terrenos verdaderamente marcado.
Era un ave de paso, uno de tantos que quera
satisfacer un capricho momentneo, y que despus de satisfecho no volvera a acordarse de
La
Coquito ms que
al
ver su retrato en las ca-
jas de cerillas.
Con una ingenuidad
contaba a
su caso; aos atrs haba tenido
ella
un estanco en
ln Madrid, y
le
Mayor, y un da liquid
fu a Amrica a probar fortuna
la .calle
negocio y se
antes de irse haba visto a
el
simptica,
La
Coquito en
el sa-
haba gustado tanto, que se ha-
le
ba prometido a
rico se acercara
mismo que
ella
si
algn da era
para pagarle una noche
de amor, de placer o de lo que fuese.
ahora,
al cabo de algunos aos, volva, no millonario,
con algn dinero, y fiel a su capricho, se
haba apresurado a cumplirlo, entregando antes
pero
a doa Micaela
portero
dos
nadie
billetes
Miraba
do que
al
vuelta a
al sitio
de
el
la
consumo del restaumadre y estaba vien-
da siguiente iba a tener que salir de
Amrica para rehacer su fortuna a tan-
to ascendera la cuenta del comestible
tible
el
de a mil, y comprometin-
dose tcitamente a pagar
rante.
pase sin hablar con
en aquella noche memorable.
y bebes-
JOAQUN BEL)A
64
Mimosa, y con la timidez sencilla con que
acoga a todo et mundo, Coquito le preguntaba
Y, dime la verdad: cmo me encuentras
ahora? Mejor o peor que cuando te fuiste?
Mejor, muchsimo mejor.
De verdad?
porque yo he
jYa
No
envejecido mucho en
tiempo.
Y eso qu
que ver?
Mujer, porque a quien ms gustas
a
Tampoco me
cara y sobre todo
Pues porque
s si ser
lo creo!
este
tiene
es
les
los viejos.
lo explico.
cuer-
tienes
po de nia.
Coquito se quedaba pensativa. Era verdad
que deca aquel hombre. Estara
da a ser
el
pelo
el
lo
condena-
ella
eterno juguete de unos hombres con
muy
blanco y las
manos muy
consol un poco lo que aadi
el
fras ?
La
otro:
Ahora
que no hagas caso; hay quien es
viejo en estas cosas a los veinte aos. Y yo he
sido uno de esos, de lo que me alegro, pues vejez en amor,
como en
todo, quiere decir expe-
riencia.
miraba fijamente haca unos
Oye, yo te noto algo en la cara.
Ella
le
Ya
Y qu es?
despus que nos vimos
Pues
instantes.
lo creo!
que,
de en
el teatro,
me
he recortado
esta tar-
el bigote.
LA COQUITO
Para
55
qu has hecho eso?
Despus
lo vers.
Se marcharon; el hombre pag una cuenta
con la mitad de la cual haba para mantener con
desahogo, durante un ao, a todas las fieras del
Retiro, incluida la pantera de Java.
El automvil
llev a los tres a casa
Haba en
quito.
ella
de Co-
una habitacin, que pudi-
ramos llamar de distinguidos, en la que haba
de todo: desde un espejo en el techo hasta un
frasco de sublimado sobre el tocador, con una
jeringuilla al lado.
Doa Micaela
se despidi
muy
finamente del
husped y se fu a dormir. Coquito, atacada de
sbitos pudores a ltima hora, haba corrido a
desnudarse tras un biombo japons, sin consentir
que
el
amigo
la ayudara.
T avisarsdijo
cendiendo un
pitillo
que haba en
el suelo.
De
como
pronto,
ste tranquilamente, en-
y dejndose caer en una
si le
un revlver, psose en
piel
hubieran apuntado con
un salto y dio un
espantoso: haba sentido mover el agua
grito
tras el
biombo, como
si
pie de
Coquito se dispusiera a
y protestaba indignado
Muchacha Qu vas a hacer ?
lavarse,
Ay,
me has asustado! Iba a lavarme.
No hagas
No ves que
hijo,
tal cosa.
toda poesa
al
le
quitas
acto? Si no acudo a tiempo,
me
JOAQUN BELDA
56
fastidias.
me
Para eso
he recortado yo
el bi-
gote?...
Pero,
hombre, esas cosas se avisan. Qu
quiero yo ms que darte gusto ? Haberme dicho
que te gustan las cosas al natural y sin alio.
T no
ves que de gustos no hay nada escritor
Sala ya de detrs del biombo, completamente
ms que
medias y unos zapatitos. Al cuello, colgndole entre los dos senos,
llevaba un pendentif de perlas y brillantes, que
desnuda, sin
las
un juego extrao con su carne rosada.
Qu cuerpo! Realmente aquello era un prodigio aquella criatura haba resuelto en sus miembros el problema de la eterna juventud: ni una
arruga, ni un desgaste de la piel, nada que delatase el cansancio de los aos, pues aunque no
haca
era vieja, haba cumplido ya los veinticinco.
Decan que haba tenido un hijo. Por dnde
y de dnde le haba salido? No sera de aquel
vientre de terciopelo, terso
guramente
se lo
como
el
marfil
se-
haban trado de Pars en una
cajita.
Los pechos, que
ella
enseaba en
teatro
el
todas las noches en los espasmos de la rumba,
eran
les,
como dos
prietos,
meloncillos a medio criar
y con un ligero vaivn
al
igua-
andar, que
haca temblar los botoncillos del vrtice, rosados
como
la
calva de un senador limpio.
El amigo no esper mucho all haba un silln, y la sent en l, echndole una pierna por
;
LA COQUITO
encima de cada brazo;
ella
57
ech los suyos
al
respaldo y cerr los ojos; l se arrodill y co-
Ariba haciendo descubrir panoramas
menz una exploracin por
gona, que
le
el
bosque de
la
deliciosos.
De cuando
tonto, tocaba
en cuando,
el
sujeto, que
suavemente uno de
los
no era
botonci-
temblaba un poquito y suspiraba levemente como en un xtasis.
los pectorales
ella
un gato maullaba, y un
sereno, apoyado en un farol, lea El Correo Espaol. Los vecinos, para que acudiera a abrirles
la puerta, tenan que hacerle una ovacin.
Afuera, en
la calle,
que
LEha subido mucho. don
Ya, ya
Y que cuando
conoci en Alicante
eran
Ahora ms guapa.
mucho hay
Aparte de que
la chica
Alejo,
advierto a usted,
lo veo...
usted la
otros tiempos.
est
la solicitan
eso,
que tiene que echar suertes para ver con
quin va a ser... Y como una madre tiene que
das
Ella es una criatura, y
una no la aconsejara... Ahora mismo, si su-
mirar tanto por su hija
si
me
piera que estoy hablando con usted,
los ojos
le tiene
Pero dgale
sacaba
un miedo que no es para dicho.
que no hay motivo que yo no
;
ms que verla..., verla fuera del escenay como ella quiera ponerse. Que me amarre
manos si no se fa; yo no har ms que lo
quiero
rio
las
que
ella
me diga.
Ay, qu gracioso! No,
ted que ella es
muy
si le
advierto a us-
complaciente; no hay
ms
sino que tiene que perder el miedo.
Pues mire usted
para ver
si
lo
va perdien-
do poco a poco, y para que se convenza de que
JOAQUN BELDA
60
yo no soy un fantasma, sino un hombre como
los dems, me va usted a hacer el favor de en-
mi parte.
sac un estuchito
tregarle esto de
El notario
terior haba
llantes
una
rojo, en
cuyo
in-
sortija de platino con dos bri-
como dos granos de uva y una amatista
Doa Micaela la cogi, la
mir con detenimiento, y, como maestra que era
como una
aceituna.
en cierta clase de tasaciones,
Esto
No,
Pues
le
le
dijo:
habr costado a usted dos mil qui-
nientas .pesetas.
seora, tres mil
le
aqu tengo la factura.
han cobrado quinientas de ms. Le
habrn conocido el capricho.
El anterior dilogo se desarroll entre
el
hombre-espectro y la madre de La Coquito, una
tarde, a las cinco, en la vicara del caf del Progreso.
tro
La noche
con
la hija,
dama, al salir del teay cansada de que sta desperantes, la
una ocasin que poda ser magnfica,
dej caer al suelo un papel, haciendo seas al
notario de que lo cogiese. Era la cita en el caf
diciase
para la tarde siguiente. Decidida a terminar de
una vez, habl as antes de separarse
Bueno, mire
usted,
a eso de las dos, que es
don Alejo:
la
esta noche,
hora en que acostum-
bramos volver del teatro, est usted frente a
sa ya sabe usted dnde es.
ca-
S, seora.
Si la he podido convencer, saldr al balcn
LA COQUITO
61
que ha de hacer. Si no,
maana a estas horas nos vemos otra vez aqu.
del centro
le dir lo
Muy
Y ahora me voy, que tengo una
bien.
lectura en
como ella le coja
por su cuenta, le mete en cama para un mes.
Tiene unas manos para dar bofetadas!
el
teatro.
Un
Preprese, porque
espasmo
casi elctrico
Llam
pas por
el
cuerpo
camarero y pag su caf y
lo que doa Micaela haba tomado, que no era
ms que lo siguiente una racin de patatas fridel notario.
al
tas,
un
bocadillo, dos mediasnoches,
un choco-
con mojicn, un vaso de leche con bizcochos y dos ensaimadas. La buena mujer, cuanlate
do
se pona a hablar de su hija, perda el sentido
de la realidad y de la medida del estmago
Cuando
Adela haba solicitado conferenciar con el novio de La Monterito, tena
su plan sabiamente trazado con arreglo a la estrategia en la que era maestra.
Saba
con
cia que,
los
ella,
con aquella claridad de inteligenel
encanto de su boca, constituan
dos atractivos principales de su persona, que
no hay
mundo, por despreciable que
que no se pueda sacar algn par-
ser en este
parezca, del
tido.
Y
de
con
en clase de hombre despreciable,
el
novio
La
Monterito era completo: bizco, pecoso,
el
pelo que pareca esparto tintado de ne-
gro y con un alma que pareca un trapo sucio,
Julin El Casaca vena a ser algo as como una
cra de lechn
que hubiera nacido en
el
fondo
de un estercolero.
Bueno, pues este engendro es el que La Coquito pensaba utilizar para que le librase de una
vez de la pegajosa persecucin del notario-espectro.
Llevaba
ella
varias noches soando con
l,
todas ellas se despertaba sobresaltada invariablemente, a eso de las cuatro de la madrugada,
gritando
JOAQUN BELDA
64
No,
paz
no! Por ah no! Djeme usted en
Que me muero
Las alucinaciones eran tan terribles, que a4
cuarto da tuvo que empezar a tomar bromuro y
a darse duchas de agua alcanforada.
Porque era el caso, y esto era lo ms terrible!, que en el fondo de todo aquel terror haba
un gramo de voluptuosidad vergonzante. Algo
parecido a lo que debe sentir la doncella que camina sola por un bosque a media noche y ve salir de la espesura un bandido violador armado
hasta los dientes.
Muy
pronta
Casaca;
la
entendieron
novia de
vista, sufri
oy decir a
se
ste,
que
La
Coquito y El
asista a la entre-
una sacudida de terror cuando
la
le
empresaria
Y hace
des un golpe para
que
Muy fuerte?
Homhre, como para matarlo, no no vayamos a
todos a
No menester. En cuanto yo hable un
par de
que yo soy cosa
T que debes
si
falta
le
espantarlo, se lo das.
presidio.
ir
ser
le
veces...
lo
le
decir es
tuya y que no consientes que nadie
me haga
monos.
Descuide usted, doa Adela, que
de aqu en adelante, cuando ese to cirio 'la vea a
usted por la calle, va a correr a refugiarse en las
Ele!...
alcantarillas.
En
Saln Nuevo, como en la Comedia
francesa, haba su comit de lectura. Nael
da de coger
las
obras as al tuntn,
como hacen
otros empresarios, y estrenarlas sin haber aquilatado antes su mrito artstico ; se constitua el
su engendro, y luego, por mayora absoluta de votos, se admita la
comit,
el
autor lea ante
obra o se acordaba darle dos patadas
ponerlo de
ellas
en
al
autor y
la calle.
Dicho comit estaba constituido por doa Micaela, empresaria madre, que ejerca funciones
de presidente y que era la primera que hablaba
y la que casi siempre sacaba adelante su opinin
los
dos vocales eran
el
simptico Pepe Rodillo,
primero y nico actor de la compaa, y Celio,
el segundo apunte, que expresaba la satisfaccin
que le producan las lecturas por una serie escalonada de eructos que iban, desde
el
tmido y
casi contenido a flor de labio, hasta el explosivo,
que haca cuartearse las paredes de aquella cuadra que reciba el nombre de Saln Nuevo.
Cuando
que
la
no eructaba durante la lectura, es
obra no le haba gustado. Aquella tarde
Ceilio
66
JOAQUN BELDA
'
quiso doa Micaela que,
como
cosa excepcional,
su hija formase parte del comit.
Pero, madre, qu empeo
usted en
que yo aguante una
de
Anda,
que
autor me
ha
suplicado mucho.
pero corre
me van a hacer
tiene
esas
lata
hijita, si es
se
si
lo
el
la .voz,
que asista siempre, y eso no
vaya
me
da
la
gana,
Te advierto que
Ya
ves
si
un seor muy simptico.
que al hablar conmigo y
es
ser atento,
anunciarme que iba a traer
para ti esta sortija.
le
ense
la
que
unos das antes en
Es
quiere
No
el
el
me
la obra,
notario
le
regal
haba dado
caf del Progreso.
Pero entonces lo que ese seor
colarme no slo la obra, sino algo ms.
bonita...
es
lo creo...
maana me
lo
Sabes
lo
que vale eso? Esta
han tasado: dos mil
setecientas
pesetas.
Como La
cuerpo,
la
Coquito tenia alma de nia, cuaU su
no pudo nunca pensar que
obra a cuya lectura iba
tarde fuese
el
autor de
a asistir aquella
propio hombre-espectro de quien
se haba propuesto huir.
sin verle,
ella
el
Llevaba cuatro das
ella atribua aquella feliz circunstan-
cia a la labor de
El Casaca, que
le llevaba
ya
sa-
cados cerca de cincuenta duros a cuenta de
ello.
lo
ocurrido era que, no habiendo podido
LA COQUITO
67
doa Micaela convencer a su hija para que le
recibiese en la noche famosa, ide un plan diablico,
como todos
los
suyos
Escriba usted una obra
le
haba dicho
notario cuando se volvieron a ver en
yo
me encargo
La Coquito
el
al
caf
de todo lo dems.
tuvo un movimiento de ira
al
darse cuenta de la encerrona, cuando una vez
constituido
el
los muebles,
comit de lectura en
compareci
el
el
cuarto de
hombre-espectro con
mamotreto debajo del brazo. Pero l la mir
con unos ojos tan suplicantes y dijo unas pael
labras tan discretas mientras se sentaba en la
silla
para dar comienzo a
mentneamente vencida,
la faena,
que
ella,
mo-
se limit a bajar los
ojos y hacer cuarenta pedazos
mano.
I Seguiremos paso a paso
el
pauelito que
llevaba en la
es
que
el
notario en la lec-
Nunca Lo nico que
di-
hombre, con sus noches de
es-
tura de su creacin
remos
al
pectador asiduo, haba tomado bastante bien
tono de
el
la literatura especial
coliseo de la calle
el
que se cultivaba en
de Cabestreros.
La obra
era una apoteosis del masoquismo, y el notario
con aquel tonillo especial que es costum-
la ley
bre emplear para leer las escrituras de compraventa,
y que en
constitua
un hbito arraiga-
dsimo.
Al nico que no le gust la obra fu a
Pepe Rodillo. Era ste un hombre de un buen
JOAQUN BELDA
68
gusto natural, sencillo y aristocrtico en su vida
privada, que tena una serenidad interior para
aguantar las tempestades que sus frases pro-
vocaban en
la
sala,
verdaderamente maravi-
Los autores le encargaban siempre de decir las mayores atrocidades, y como cada una
de ellas provocase un coro de aullidos, l acoga stos con igual satisfaccin que si fuesen
ovaciones y se preparaba a decir la siguiente con
llosa.
ms
bro.
Su
opinin pesaba
del comit; pero,
como
all
mucho en
se
acababa siempre
haciendo lo que doa Micaela quera,
qued admitida con toda
seno
el
clase
obra
la
de pronuncia-
mientos favorables.
La
Coquito, que haba observado
mucho
con esa indefensin en que para
lector,
al
la obser-
vacin ajena nos deja una lectura o un discurso,
al salir
a la calle
Madre,
noche
le
dijo a la autora de sus das
dgale usted a ese
hombre que
esta
lo espero.
Pens, despus de la encerrona, que
modo de
hacer con
el
nico
librarse del espectro para siempre era
l
un escarmiento ejemplar.
La
Coquito, para sus expansiones tumultuosas, tena alquilado
afueras de
Cuando
la
le
hotelito en las
Prosperidad.
aquella noche
el
notario lleg a
l,
una emocin sagrada. Tir
iba temblando con
del timbre
un
que haba en
la verja,
sali a abrir-
doa Micaela, quien, ponindose un dedo en
los labios, le dijo
por lo bajo:
Usted no haga
ni diga nada,
y venga con-
migo donde yo le lleve.
Le cogi de una mano, le hizo subir una escalinata, y en un perchero que haba en el vestbulo le hizo dejar el sombrero. Siguieron por un
pasillo estrecho adornado de palmeras, y al final,
ella empuj una puerta y le pas a una habitacin que estaba completamente a obscuras.
Espere usted
Y
sin
ms
ah.
sali
y ech por fuera con dos
vueltas la cerradura.
Al otro extremo de la habitacin se abri una
puerta y penetr una persona. Hubo un silencio
que el notario no saba cmo interpretar, y al
cabo de
l se
encendieron las luces de
la habita-
JOAQUN BELDA
70
que era un saloncito tapizado de rojo y con
amplios divanes adosados a las paredes en stas
cin,
haba hasta media docena de espejos de grandes lunas.
En un
vuelta en
una
La
ngulo estaba
Coquito, en-
especie de bata de grana, y con
mano
Le mir
fiera
ya sabe usted que yo...
Avanz hacia l con la fusta en alto y
como podra decirlo una reina
la...
una fusta en
la
amenazadora, y
le
derecha.
pregunt
Qu quieres?
Seorita...
De
rodillas
A m
me
se
Casi a cuatro pies cay
el
le dijo,
habla de rodillas
hombre
al suelo,
y
cuando le vio en aquella postura, se acerc,
puso un pie en la espalda y le habl as
ella,
le
Por qu
eres tan antiptico?
m, para
merecerme, hay que hacerme antes muchas cosas.
Sabes tocar
el
piano?
Con la voz bronca
No...
Pues
contest
levntate y ven aqu.
Haba un piano en un extremo de
y a
la estancia,
se sent el espectro.
Anda, toca El
Pero... no
Toma, pues
vals de las olas.
s...
si
ese es
el
mrito, tocar sin sa-
Anda!
Torpemente empez a pasar
ber...
el
las
manos por
piano.
Eso no
es lo
que yo
te
he pedido.
LA COQUITO
La
71
fusta entr en funciones
ms
ci
cincuen-
cayeron sobre las espaldas del improvisado panista, que acab revolcndose en
ta latigazos
suelo con
el
Al verlo
el
rostro
as,
demudado de
terror.
sea por continuar la comedia,
sea porque ella realmente se excitase, se arroj
sobre
y empez a darle en
la cara
con
la
pun-
ta del pie, llegando algunas veces hasta a meter-
medio zapato en
le
la boca.
Anda, come, come
ah!
El chupaba, chupaba como en un xtasis.
Ella se quit la bata y apareci completamente
desnuda; una vez as, le oblig a tomarla a caballo y a pasearla por la habitacin, hasta que l
cay exnime y echando baba por la boca...
Hoy
da el notario purga sus devaneos anor-
males en un manicomio de las Provincias Vascongadas. Un zapato de mujer, sucio y astroso,
no
se le cae
nunca de
la boca.
Nada ms
de
tual
policromo que
las
funciones de
pblico habi-
el
La Coquito;
en
tenan representacin todas las clases de la so-
ciedad y todas las edades, y no diremos todos
los sexos, porque rara vez se vea por all una
mujer, y
sobre
de
las
ella,
pocas veces que entraba una, caa
furalo o no lo fuese,
el
sambenito
la liviandad.
Las primeras
filas, las
de la preferencia, apa-
recan casi siempre ocupadas por unos ancianos
venerables que lucan con impudor sus calvas y
la nieve de sus cabellos; alternaba con ellos
gente
muy moza,
estudiantes que all en
el
fon-
do de sus provincias haban soado muchas veces con
La
Coquito, y venan aqu a hacer tangible su sueo. Desde estas primeras filas, y sobre todo cuando las artistas se crean en
ber de acercarse a. la batera, se
menores
detalles el edificio
les
el
de-
vea en sus
ms o menos armo-
nioso de su cuerpo, incluso aquellas partes recnditas
que de
hombres y
las
antiguo
mujeres a
acostumbramos
llevarlas tapadas,
los
y que
JOAQUN BELA
74
ellas
mal cubran con unos
velillos
y unas gasas
de transparencia incitante.
Empleados, horteras, algn que otro tratante
en viinos de la calle de Toledo, gente que no
hubiera cambiado ese espectculo por una re-
presentacin de Parsifal
eso es aparte
cas,
ocupaban
ni nosotros
el
tampoco,
resto de las buta-
en una aglomeracin pintoresca.
arriba,
apretujados como carneros en vagn de ferro-
miembros prensados y
bertad de movimiento que la de los
carril,
paban
con
la
los
sin
ms
li-
ojos, ocu-
entrada general unos cientos de perso-
nas; eran aprendices de
taller,
vendedores de
peridicos, algn soldado que otro,
de los bailes
ms bajos de Amaniel y
la
gente
las
Ven-
de instintos rectilneos, que
cuando La Coquito o la gorda Rigoleta echaba
tas,
gente toda
fuera de la camisa una de las bolsas pectorales,
o se volva de espaldas y alzaba en alto el promontorio carnal, partido por gala en dos, y con
su canal incitante en el centro, ruga, aullaba,
pero con el mismo rugido con que las fieras del
Retiro dan saltos en sus jaulas cuando ven pasar
el carretn en que les llevan la comiiida.
Sabiamente mezclada con aquellos lobeznos
estaba la claque, formada por individuos de
idntica procedencia, y que aunque por su oficio,
poblado de escepticismos, parece que debieran
estar libres de ciertas sinceridades en sus entu-
siasmos, eran los que
ms
se enardecan en los
LA COQUITO
75
momentos culminantes. La consigna
en una ovacin en cuanto
era estallar
empresara mova
la
un dedo, y al llegar a la rumba, nmero obligado del programa diario, el aplauso tomaba caracteres de aclamacin,
baba con temblores
De
el
teatro todo retum-
lricos.
vez en cuando, ya empezada la seccin,
un viejeoito pulpasitos menudos e in-
haca su aparicin en la sala
andando a
seguros, como andamos todos en la primera infancia o al salir de una conferencia de Vzquez
cro, atildado,
Mella. El ancianito ocupaba su asiento en la
y permaneca quieto, inmvil, con
ojos fijos en el escenario, y con la boca en-
primera
los
fila
treabierta para dejar paso a la anhelante respiracin.
tual
Qu goce
mstico, qu encanto espiri-
experimentaba aquel ser a
la vista del ros-
No estaba su naturaledeseo? O es que acaso el
tro infantil de Coquito?
za muerta ya para el
deseo no muere nunca,
es?...
como cosa
infernal que
El buen seor sacaba de cuando en cuando
un paueo que
ola a colonia,
temblona se limpiaba
el
y con
sudor de
la
mano
la frente.
Al
terminar la funcin, esperaba a que se hubiese
alejado
barullo del pblico,
y sala a la calle
con su pasito de perdiz y con la mirada en xtasis, alejndose poco a poco del teatro y acerel
cndose a la musrte.
Como
contraste,
rara era la noche que
ocupaba una butaca de orquesta adosada
no
al es-
JOAQUN BELDA
76
cenanio un tipo famoso
un muchachote de unos
quince aos, pero grande y robusto como si tuviera treinta, dependiente de una de las pescaderas del barrio, que en cuanto cerraba la tien-
da
se plantaba
en
el
teatro con su mandil im-
pregnado de escamas de besugo y sus zapatones, en cuyas suelas no faltaba nunca alguna
sardina machacada. Entrar l y esparcirse por la
sala
un suave olor a marisco un poco aejo, era
todo uno; olor que, por otra parte, enardeca
ms
a los espectadores y resultaba de
mucha
ac-
tualidad en aquellos momentos, gracias a esa relacin que la Naturaleza ha establecido entre el
olor de langostino
y el de cierto desfiladero sexual por donde hemos de pasar todos.
Las ropas, el aliento, hasta los pelos del pescaderito estaban impregnados de ese aroma hasta tal )unto,
que
el
vecino de
la
butaca de
al
ms que cerrar los ojos, poda creer que
tomando un bao en la playa de Corcu-
lado, sin
estaba
bin,
donde, segn dicen,
el
marisco abunda
camas de las fondas, en vez de
encuentra uno a media noche quis-
tanto, que en las
chinches, se
quillas.
Lo que no
podan explicarse algunos especta-
dores ingenuos es
cmo
aquel
muchacho poda
disponer casi diariamente de los 6 reales que costaba
la
butaca de preferencia en
el
Saln Nuevo.
Acerca de esto circulaba una versin, de cuya
autenticidad no nos atrevemos a responder por
LA COQUITO
77
ningn acta notarial que d fe del hecho; se deca que el chico, a quien en el teatro
llamaban todos el Percebe, entraba gratis, teniendo adems reservada aquella localidad para
no
existir
siempre que quisiera ocuparla; claro es que a
cambio de ello do ut des l provea diariamente a doa Micaela de almejas, cigalas, mejillones y dems fauna subocenica, en cantidad
mayor o menor, segn haba sido la sisa de
aquel da.
El chico era un verdadero demonio, y haba
llegado a ser una institucin en la casa durante
;
el
espectculo, las artistas le dedicaban sus
jores
cupls y sus
cuando
la letra
de
ms
la
diablicas sonrisas,
siempre uno del pblico,
como en
cancin exiga alguna de
esas alusiones sangrantes en
la recoga,
me-
el
que
la
vctima es
Percebe es
el
que
aquella letra canalla que de-
ca:
"
Q u me dice usted
Que me dice usted?
Todo
Que
le
Pues,
hijito,
pica a usted la cosa?
ello se lo
rsquese!"
decan al pescadero, y ste,
con su cara bonachona, en vez de rascarse, lo
que haca era contestar con otra barbaridad
mayor, por ejemplo:
Por qu no bajas
t y
El pblico aplauda, y
el
me
rascas?
humorismo de
el
JOAQUN BELDA
78
nmero ms atractichico era hombre de ideas
Percebe constitua acaso
vo del programa;
el
el
y halagado por la caricia de la popularidad, cuando la gorda Rigoleta cantaba La
Pulga y se acercaba donde l estaba, con la camisa en alto, el chico coga la manguilla del extintor de incendios que haba sobre su cabeza
propias,
y apuntaba con
ella al vrtice
tista.
Era un ateniense!
sexual de la ar-
Una
tarde, estando
doa Micaela sentada
dentro de la taquilla inspeccionando la
venta para la seccin de las
siete, -vio
que un
muchacho la llamaba desde la calle con timidez
Hace usted el favor, seora?
Qu pasa?
Que
no
la
quisiera hablar con usted; vamos,
molesta.
Como
el
chico iba bien vestido y adems pa-
reca relativamente resuelto a hablar
la vuelta
por
el
joven se quit
haca
si
con
ella,
dio
vestbulo y sali a la calle. El
sombrero;
el
ademn de
al
ver que
ella
no
reconocerle, le dijo
No acuerda usted de m?
No,
Pareci
desencanto.
cuanNo recuerda usted hace dos
do Coquito trabajaba en
Saln Madrid?
Qu pas?
Pues que una noche, a
de
se
seor.
sufrir cierto
aos...
el
la salida
yo.
funcin,
bulo y
me
acerqu a usted en
le dije
que su hija
me
el
la
caf del vest-
gustaba mucho, y
JOAQUN BELDA
80
que
que yo quera...,
yo..., vamos...,
ser...
No
poda
se acuerda usted?
Pero, hombre de Dios, en
me habrn
esos dos aos se
acercado a decirme lo
Cmo
quinientas personas.
me
si
mismo unas
quiere usted que
acuerde de cada uno?
No; pero de m
cuanto yo
Yo
que acordar en
se tiene
d unos datos.
le
-rVamos
s
v
a ver.
le dije,a
usted que era un estudiante su-
mis padres me manday todo, privndome del caf
jeto al poco dinero que
ban; pero que as
del teatro,
de... bueno, de otras cosas
como
haba reunido cuarenta duros y quera
ofrecrselos a su hija a cambio de una hora, de
esas,
media,
si ella
Ah!
quera...
ya voy cayendo...
-Que yo saba que ella vala ms, mucho
ms, pero que si quera, como favor especial...,
yo no
S, s...;
se lo dira a nadie.
Doa Micaela
ri
con ganas
Ya me acuerdo, Qu
tambin de
Ahora, ya acordar
que me
No,
no;
tengo una memoria
Pues con mucha
y dndome una
gracioso!
ya.
usted
se
lo
contest.
hijo,
infer-
si
nal.
delicadeza,
me dijo: "Es la primera vez que un
mocoso me quiere tomar a m el pelo. Usted no
leccin,
sabe que mi hija gasta
al
da
ms de cuarenta
LA COQUItO
81
duros en papel del retrete?"
tera"
"Tendr
disen-
contest yo.
Muy
Mucho; pero a usted entonces no
gracioso.
reci,
pues
marero y
al or
le
haba ido
mi contestacin llam
dijo que
all
me
echase a la
se lo pa-
a un ca-
calle,
porque
a estafarla. Y, encarndose con-
migo, aadi: "Cuarenta duros! Por ese pre-
amo."
cio en la calle de Ceres es usted el
an
insist y,
como quien
Yo
pide una limosna,
le
no acceda usted me obligara a pegarme un tiro, porque estaba loco, loquito por
su hija, y a eso, echando lumbre por los ojos,
repiti usted: "Suspenda usted lo del tiro, y
cuando haya reunido ocho billetes ms como
esos dos de cien que ahora me ofrece, dse una
dije
que
si
vuelta por aqu y hablaremos.
Por menos de mil
pesetas no deshace Coquito la cama."
Caray, y qu buena memoria
Ya
Y no peg usted
Ya ve que
No, porque poda habrselo pegado y no
matarse.
Pues, nada, no me pegu.
Bueno, y ahora qu
ha roto?
A ninguna; y a usted?
tiene usted!
lo creo!
se
se
el
tiro?
no.
lo
tripa se le
m,
Hablaba con aplomo, como quien sabe que
no viene a mendigar, sino a dar por
las cosas su
precio.
6
g2
JOAQUN BELDA
Pues, nada, que
me
segu
el
consejo que usted
dio y, casi quitndomelo de la boca, he lo-
grado reunir
las
mid pesetas... y aqu se las
traigo.
Doa Micaela
llos filetes
que se
qued como si uno de aquecoma cual si fueran sopas en
se
leche se le hubiera atravesado en
el
gaote, sin
pasar ni para atrs ni para adelante.
El chico se imagin que aquel pasmo era in-
y echando mano a
credullidad,
de
ella
un
billete
la cartera extrajo
de quinientas y cinco de cien.
Tome
La dama cambi de
Venga usted conmigo; aqu
usted.
tono.
en
la calle
no
estamos bien.
Pasaron al teatro y por el centro de la sala,
an a obscuras, se dirigieron al escenario. El es;
tudiante se alarm.
No,
por Dios, seora; yo no quiero verla
todava; me dara mucha vergenza. Es mejor
que usted la hable antes y me la prepare.
No, si no la vemos. Es que quiero hablarle
a usted a solas.
Vamos
a sentarnos aqu mismo;
ya nos avisarn cuando vaya a entrar la gente.
Tomaron asiento en la segunda fila de butacas, y doa Micaela le habl como una madre.
Voy a hablarle con franqueza, pues veo
que es usted una persona decente. Si usted supiera lo que me gusta a m tratar con personas
Para ella decencia v dinero eran sidecentes
LA CQIf
83
En primer lugar, no sabe usted lo
nnimos
que le agradezco que despus de dos aos se haya acordado de mi hija; en eso se ve que es usted persona de buen gusto, y esto no estar
bien que yo lo diga pero, en fin, ya est dicho.
.
Y muy bien dicho
Ahora, que usted debe tener en cuenta que
!
en dos aos han pasado muchas cosas
en buena hora
lo diga,
la chica,
cada da gusta ms. Ha-
un seor de Mlaga pas en casa
dos noches, y al despedirse dej un cheque de
cinco mil pesetas. Ayer mismo, Delmonte, el toero, que estuvo con ella un rato anteayer por la
tarde, nos mand un par de pendientes que rase usted del brillo del sol en un da de agosto!...
Y otros, cuyos nombres yo no puedo revelar,
pero que estn muy altos, muy altos!, y hasta
un obispo que viene mucho a Madrid y que va
ce quince das,
por
las
noches a casa disfrazado de vendedor del
Heraldo, y que si ella quisiera dejar esto del
teatro y recogerse en casa, quizs que dentro de
poco seramos obispas definitivamente.
Era su
mana todos los personajes de cierto viso, todas las cumbres de la sociedad haban yacido con su hija, cosa que aada un nuevo blasn a su escudo de madre avisada. Y aunque algunas de aquellas cosas eran
verdad, otras, Dios mo!, no existan ms que
obsesin, su
en su acalorada fantasa.
Usted me ha
sido
muy
simptico, y por eso
JOAQUN BELDA
84
ms pero yo tengo que defender a mi
y aunque quiera, por menos de dos mil
io siento
hija,
pesetas no puedo permitir que nadie la toque.
Seora
Despus de
mucho; con
todo, usted
misma
la
no debe apurarse
facilidad con que ha re-
unido esas mil pesetas, puede reunir otras mil, y
ese da ya sabe usted dnde estamos.
No
contest,
En
aqued preciso
qued un momento pensativo, y
luego, echando la cabeza en las manos, se puso
a llorar como lo que era: como una criatura.
momento
se dio luz en la
y entraron los profesores del sexteto. Doa Micaela no saba qu hacer.
Vamos, hombre, no sea usted nio; vamonos de aqu, que va a entrar la gente y no quiero
sala
escndalos.
El mozo se levant, y despus de limpiarse los
ojos, se encamin a la puerta sin decir una palapor lstima y tambin por tea que hiciera algn disparate dentro del
bra. Ella le sigui
mor
teatro
cuando
los porteros
lleg a la puerta llam a
le
Acompae
uno de
dijo
usted a este joven
Vapor y haga usted que
le
sirvan
al
un
caf del
bist
con
patatas.
Ella, llena de fe, crea
tas era algo as
que
el bist
como una panacea
clase de doJores fsicos
y morales.
con pata-
contra toda
Aquella noche,
La
hija
la
Tuvo
durante
la
cena en casa de
macho
Coquito, tuvieron la bronca
la
madre.
sta la debilidad de contar a aqulla la
escena con
el
estudiante, y la muchacha, que ya
venia molesta por
el criterio inflexible
dre para admitir
de
la
ma-
aprovech
pretendientes,
la
ocasin para saltar.
Eso, madre,
a precio
fijo,
de que usted
como
se
vende
bernas, tiene poca gracia,
el
me venda
vino en
las ta-
y ya me voy yo har-
tando.
No, que ser mejor que cada uno
que quiera, y
marche
el
vencionales.
el
d lo
que no quiera dar nada, que
sin pagar. Si te parece,
anuncio en
te
se
pondremos un
balcn que diga: "Precios con-
"
Coquito se exasperaba con este
modo
de ar-
gumentar, y empezaba a dar gritos y a romper
vasos, estableciendo el imperio de la guerra en
el
coquetn comedorcito que pareca un nido
de paz. Era una pieza pequeita, con un balcn
a la calle
de Espoz y Mina, y con los muros
ta-
JOAQUN BELDA
86
pizados de papel salmn, que apenas se vea,
porque
tapaban los mil y pico de retratos de
Adela en todos los trajes y en todas las posturas; haba uno desconocido del pblico, en el
lo
que apareca Coquito completamente desnuda y
sujetndose cada uno de los pechos con una
mano, mientras en el rostro se dibujaba una
mueca de cachondera
ban ganas
hecho en
de...
Habana, en unos meses de locura
la
que pas
que aun en efigie daperjudicarla. El retrato estaba
tal,
all,
batiendo
el
record
del
amor
suelto.
En un
de
piano que haba en uno de los ngulos
su teclado con un pa-
la habitacin, cubierto
o de seda verde, fu a
vasos arrojados por
su
tesis.
La
lo
los
Coquito, para -defender
madre e hija mantenan
como el mundo. Qu produce
mucho
barato, o lo poco caro?
deca que abriendo la
mano
muchos que
ran a ella
uno de
disputa que
era tan vieja
ms:
La
estrellarse
en
el
La
precio acudi-
deseaban con ardor
la
bien lo notaba ella en las miradas
brientas que
le
echaban en
hija
el
teatro
ham-
pero que
no podan permitirse el lujo de gastar en la brevedad de una noche lo que cuesta una yegua inglesa bien criada.
La madre no hay que
contrario.
Cul de
las
contestacin era un ovillo
si
decir que sostena lo
dos tena razn?
;
La
pero es evidente que
cien cajas de polvos de la casa Gal, a diez pe-
LA COQUITO
87
producen mil, quinientas cajas, a duro,
producen dos mil quinientas. Est esto claro?
setas,
En
casa de Coquito viva una
hermana suya,
gorda como un tonel, pero de cara tan fina y
bonita, que pareca una Virgen de Murillo para
;
un poco aquel trust de las grasas, la
hermosa mujer se haba sometido a un rgimen
que le haba recomendado un sacerdote, padre
de dos hijas, que tocaban el violn en un cine de
Pontevedra el rgimen era un poco duro, pero
eficaz, y consista en lo siguiente por la maabueno, lo de uno
na, en ayunas, se pasaba uno
un paraguas abierto por entre las
es un smil
disolver
piernas,
despus, sentado en
el suelo,
con los
un comunicado de la
guerra europea tres veces seguidas. Al medio
da se poda comer de todo, menos carne, pespies en la pared, se lea
cado, frutas, legumbres, huevos y lacticinios,
y
uno meterse en la
y cuando el coloquio amoro-
a la puesta del sol procuraba
cama con
alguien,
so estuviera en todo lo suyo, se suspenda la
emisin del pensamiento, para preguntar
paero
al
com-
"Usted es germanfilo o francfilo
?"
Siguiendo a la letra estos preceptos, a los
quince das se perdan veinte kilos y treinta pesetas, que era el precio de un bote de emplasto
de basalto, que era lo nico que se poda comer.
Por
la
noche, en la cama, se notaba que del
cuerpo salan unas a
era
la
modo
de serpentinas, que
grasa desprendida del organismo; a la
JOAQUN BELDA
88
maana
siguiente,
alrededor del lecho, haba
una acera con bocas de riego y todo era el basalto que haba hecho su obra mientras nosotros
dormamos.
La hermana de Coquito, a causa del rgimen,
no se sentaba nunca a la mesa con la familia al
or las voces de la disputa, acudi con toda la
:
ligereza que le permitan sus doscientos setenta
kilos.
Pero, qu os habis vuelto
que mam...
que
Pero, qu ha pasado?
es
locas?
Si es
Si es
sta...
madre, que aun no se haba calmado,
rostro de su hija el siguiente bofetn
la
solt al
moral
Pues,
abierto
el
nada; que a tu hermana se
le
ha
apetito de repente y quiere que pon*
gamos a duro
para
el baile,
salir a siete
u ocho
duros diarios.
Cuando
doa Micaela, se olvidaba
de que era persona, y no empezaba a calmarse
hasta haber soltado una barbaridad muy grande
por
se irritaba
la boca.
El instinto de
marla
al
las
dos hermanas
les
hizo
lla-
orden:
Madre!... No sabe usted
lo
que
dice.
Coquito, despus de esto, no tuvo fuerzas
que era una canAquellos ojos, hechos para la
que para romper en un
turria de iglesia.
ms
llanto
LA COQUITO
risa
89
eran una fuente de lgrimas,
la picarda,
que, al correr por las mejillas, barran
resto
de los polvos y el carmn que quedaba en
de la funcin de la tarde.
ellas
madre pronto en las habitaciones no se oy ms que el jipo
de tres llantos distintos. Las disputas entre la
madre y la hija acababan siempre as, y ahora,
como siempre tambin, fu doa Micaela la primera que pidi la paz, sin abandonar por eso
La gorda
el llanto.
se dedic a
la
tropezones, sin que apenas se
Addla..., hija ma..., perdname...
a veces...
no sabe
ms que
go ms aos y s que
unos cochinos, y que si
Nuevo
ti.
es
que
una... lo que se dice. Yo...
ves t qu querr.
por abusar de
en-
le
empez a hablar:
tendiera lo que deca,
calmar a
Y eso
los
tu bien
pero.
. .
ya
ten-
hombres son todos
los dejaran... acabaran
no, vaya!, eso no.
golpe de llanto, e intervencin de la
gorda, que se estaba poniendo nerviosa.
Vamos,
madre, vamos, que tampoco es
para tanto.
Coquito se fu
al
balcn
y,
apoyada en
los
comenz a hablar, al principio con calma y como si hablase para ella sola, despus
cristales,
exaltndose poco a poco hasta llegar
Todo
al furor.
mundo
contra m, y yo soy la que
he de pagar por todos y la que ha de ganar para
todos.
como
Y
la
el
encima se
me
insulta
se
me
obliga,
otra noche, a acostarme con aquel to
JOAQUN BELDA
90
adems le ola la boca a entierro de grajos, slo porque dio quinientas pesetas ms que de costumbre. Pues ya me voy yo
hartando, ea Y el mejor da cojo el tren y no
antiptico a quien
me
volvis a ver
Coquito!
S,
s; ni
el
ms
pelo en la vida.
ni
menos. Qu os habis
porque yo diga que s a todo, y est
conforme con todo, y baje la cabeza a todo, no
credo, que
anda por dentro la procesin? Pues s anda, y
desde hoy en adelante van a cambiar mucho las
cosas y a m ya no me domina nadie y har lo
que me d la gana, y me acostar con quien quie;
ra
pues no faltaba ms
Lo
deca, pero era en
vano; con su carcter
y perezoso, seguira siendo la vctima de
todos, que slo tena por desahogo a su escladbil
vitud
el
efmero de decir todas esas cosas siem-
pre que haba bronca en casa, o sea cada ocho
das.
La madre y la hermana, a
mismo siempre, la oan con esa
fuerza de or lo
tranquilidad con
que se oyen los dicterios familiares que, siempre los mismos, llegan a perder la fuerza, como
un disco de gramfono o como un discurso parlamentario. Slo cuando la chica dejaba de hablar para tomar el tonillo de un llanto que parta las entraas y pareca no se iba a acabar nunca, las dos parientas se conmovan y se abrazaban a ella, en un cuadro de ternura a cuyo lado
LA COQUITO
el
91
Paolo y Francesca era un atropello de tran-
va.
As,
mur
ahora Coquito, entre lgrimas, mur-
Ya
veris...,
ya veris cuando no
me
vol-
vis a ver ms!...
Era una paradoja, pero surti su efecto; las
tres se abrazaron como las tres Gracias, y durante unos minutos rein en la estancia
el
go-
tear pantagrulico de las lgrimas.
Idnticas en todo, estas escenitas solan tener
el
mismo
final
cuando
los ojos
empezaban a
se-
carse y los pauelos eran ya sbanas de bao o
paal de nene, Coquito,
siempre con
la
suya por
de de libertad que
muy mimosa,
el
se sala
momento, nico
la chica
alar-
poda disfrutar de
cuando en cuando. La madre, que en
el
fondo,
y a pesar de su idolatra por la ternera con patatas, era una sentimental, preguntaba a la hija
Vamos,
haremos
res
lo
no
hija ma, vamos,
que t quieras. Qu es
llores
lo
ms;
que quie-
ahora?
Esta vez
la chica replic
Qu he de
querer,
madre Ya
!
lo sabe us-
ted: que llame al chico ese de las mil pesetas.
No
le
da a usted lstima que
el
pobrecillo se
haya tenido que privar durante dos aos hasta
de baarse para reunir ese dinero?... Algunas
veces parece que
no
tiene usted corazn.
JOAQUN BELDA
92
Doa Micaela
del
estmago;
hija:
Lo
aunque no del tamao
prueba es que contesto a la
lo tena,
la
<
>
llamare; pero te
llamar, hija ma, lo
arruinando.
advierto que te ests
Desde
que haba ocurrido lo del notario,
Coquito tena ratos de una inmensa me*
lancola; algunas noches sufra pesadillas, y al
aliquando
despertar, si estaba sola en la cama
bonus dormitat Homerus
empezaba a dar
gritos, se daba de calabazadas contra la mesa de
noche y, agarrando el cuello de la botella de agua
que sobre ella haba, se echaba el lquido por
las espaldas y se quedaba dormida, hmeda an,
pero con
la
conciencia tranquila. Si en
el letho,
por casualidad venturosa, se haba metido
guien
pues hoy
no se resmejor nos va-
da ya se sabe que
peta la santidad del hogar, y a lo
mos
a despertar una
un recaudador
al-
maana y a encontrarnos
del inquilinato
que viene a co-
brarnos entre sbana y sbana
la chica tena
donde agarrarse sin necesidad de echar mano a
,
y entonces el que sufra la pesadilla
era el otro, que, interrumpido en lo mejor de
su sueo, se vea obligado a aguantar sobre su
la botella,
cuerpo
el
peso
poco y
delicioso
del de ella,
para una danza morisca, con intercadencias de
JOAQUN ELDA
94
suspiros y ayes, que era
que
se le
En
en
el
nico jarabe con
curaban a Coquito
el
malos sueos.
notario tendido panza arriba
ellos vea al
los
tapiz del centro de la estancia, con los
el
ojos desencajados y la boca llena de espuma,
desfallecindole ya
la entrepierna,
el
imperativo categrico de
mu-
pero pidiendo a gritos a la
pegara ms y ms, siempre ms,
cual una alfombra que a palos se le saca el polvo.
chacha que
En
real
le
estas visiones Coquito,
de
la
noche de marras,
como en
la
escena
se transfiguraba
ya
no era la nia de rostro candido e inocente, sino
la hembra duea del mundo por un momento,
que, con un palo en la mano, vea cmo todos
se sometan a su imperio en un espasmo de esclavitud. Los ojos le echaban lumbre; la boca,
de ordinario un poco grande, sangraba ahora
por la mordedura de los dientes en un rictus espantoso, y los pechos, aquellos dos divinos
moncillos, blancos
como
el
li-
nardo, se elevaban
endurecidos y con el botn del vrtice
lleno de amenazas, como el pitn de un toro de
al cielo
Miura.
Toda
ella
vibraba de orgullo
al
ver que
el
po-
hembra llegaba a
enloquecer al ser humano, como enloqueca a
aquel pobre notario, hombre todo prosa hasta
der de seduccin slo de
que
la conoci.
la
en aquella exaltacin de todo
su ser haca una cosa que, segn su cuenta, slo
la realizaba el cinco
por ciento de
las veces
en-
LA COQUITO
95
tregarse, corresponder con sus liquidaciones in-
una verdadera liquidacin por traspanotario
aunque con
traspaso fu
moral
exterior liquidacin de aquel guia-
teriores
so,
slo
el
el
a la
po humano, que
se revolcaba en el suelo
un cerdo en la pocilga.
Por una especie de terror
como
mstico, desde que
ocurri aquello , la habitacin en que la escena
se desarrollara haba
el servicio
de
la
quedado inutilizada para
casa de
la
Prosperidad
Coquito
no haba vuelto a entrar en ella, y, colocando un
candado en cada una de sus puertas, la que daba
al pasillo
la principal,
da del vestbulo
que
la estancia
que
se abra
la izquier-
del hotel, se haca cuenta de
no
exista,
al
pasar por junto
a ella se santiguaba.
Haban pasado ya dos meses del suceso, y un
da en que Coquito y su madre pasaban all una
breve temporada, lleg a la casa una muchacha
costurera,
que
ocho
tiempo necesario para confeccionar
das,
se
instal en ella para
siete
unos juegos de ropa blanca que Coquito necesi-
y no para escena ciertamente en escena se
presentaba casi como la ech al mundo doa
taba,
Micaela, y si se hubiera atrevido a sacar siquiera un matine e, el pblico la habra linchado para
repartirse luego sus vestiduras.
Cuando
mos que era una mrtir
La primera noche de estancia en
deci-
doa
Micaela, no sabiendo dnde meter a dormir a la
la casa,
JOAQUN BELDA
96
obrera, la coUoc en
cuarto del notario,
un
como
catre que puso en el
se le llamaba ya,
sin
que Coquito supiese nada. La chica se acost
antes de que la madre y la hija volviesen del
teatro, y se durmi de un tirn, como se duermen los justos que adems han trabajado catorce horas diarias.
madre
eso de las tres volvieron del teatro
c hija, solas, por casualidad, pues
hay das
acia-
y se dispusieron tranquilamente a acostarse.
Coquito dorma en una habitacin que estaba
contigua al comedor, y la madre en otra, al lado
de sta y comunicadas junto al techo por un
gos,
montante, que se disimulaba con una cortina de
gasa; cuando Coquito no estaba sola en su estancia, la
madre
todo
lo oa
desde
cin de los dos amantes de n
esos ruidos
conversa-
la
momento
iscronos y alechugados que los
muebles producen en ciertos instantes de
como
si
hasta
se quejasen de
to forzoso celestinaje.
que se
Todo
boreaba doa Micaela. Era
someta a cieroa y todo lo sa-
les
lo
el
la vida,
espionaje, el sitio
en regla captando un cuerpo y una voluntad
Coquito se estaba desnudando para meterse
en
la
cama era
;
la
cuarta vez
al da
que
se des-
La falda y la blusa haban cado ya
como caen las gotas de la lluvia sobre
nudaba.
al
suelo,
el
sombrero de paja recin comprado
el
da en que
se le ocurre a usted salir a la calle sin paraguas.
En
la
habitacin vecina, su madre,
la
noble
LA COQUITO
97
dama, ha tiempo que roncaba a comps de tres
por cuatro, en la primera juventud de una digestin preada de promesas hepticas.
Era la hora en que a Coquito, al retirarse
sola, la asaltaban fantsticos terrores
no
se oa
en
la
casa
ningn ruido humano, pues los ron-
quidos de su madre no eran humanos; afuera,
en la
calle,
cantaba
el
mirlo,
y por
el
arroyo,
mal empedrado, marchaba un milord desvencijado hacia su encierro, como una fnebre comi-
En
tiva.
el
ambiente haba sahumerio de dolor
y sbanas puestas a secar en
De
los balcones.
pronto, de la otra parte de la casa, hacia
donde caa
ron a
fatdico cuarto del notario, llega-
de la joven, que en aquel mo-
los odos
mento
se dispona a lavar su conciencia
en un
unos ayes lastimeros, quejumbrosos, acipresados, como los que dara un sujeto a quien quisiesen ponerle a la fuerza una irribidet bizantino,
gacin ancestral, o
va,
un
Qu
agua
leerle,
ms a
la
fuerza toda-
artculo de fondo.
era aquello? Coquito se estremeci, y
el
tembl en su recipiente como
el
del bidet
Ocano movido por
guan, y la chica,
la brisa.
Los quejidos
como un nene de
se-
tres aos,
grit instintivamente
Mam!
Mam!
El comps de tres por cuatro del ronquido de
doa Micaela fu aminorando su ritmo.
Mam grit con ms fuerza
!
la chica,
7
JOAQUN BELDA
98
tiempo que una espantosa voz de "Socorro!"
retumb por toda la casa.
Doa Micaela volvi, en
s,
a travs del
y,
montante, dijo:
Qu
hija? Durmete.
Venga usted pronto, mam, que tengo mucho miedo.
Pero, qu pasa?
Venga usted pronto, que hay ladrones en
Qu
hija?
Pero, no ha odo usted nada?
quieres,
la casa.
dices,
No,
no; pero all voy.
dama, al echarse de un salto de la
cama, tuvo el acierto de meter uno de los pies
en la plenitud del vaso de noche que debajo de
La
ilustre
ella haba.
Ladrones en casa!
Como
en
las
novelas y en las pelculas del cine. Cuando le
sorprendi el grito fatal, estaba ella entregada a
un sueo de
las mil y una noches; soaba que
un ternero lechal asado al horno, y
estaba despachando en compaa de un
tena delante
que
lo
surtidor de patatas asadas que sala del interior
de un palimpsesto con slo apretar un timbre
elctrico. Qu pena
Cuando oy los gritos de su hija, pens que
acaso se tratase de una pesadilla en
cuentes por aquellos tiempos
pero
ella
tan fre-
como
al
acu-
envuelta en una sbana, pues
doa Micaela dorma desnuda, porque deca que
dir a su lado
LA COQUITO
99
ropa es un pretexto que los hombres han in-
la
oy
ventado para no baarse
tdicos,
ya no pudo dudar
en
trado .alguien, y no a cobrar
los aullidos fa-
la casa
el
haba en-
inquilinato pre-
cisamente.
Los
un
eran los siguientes:
gritos
Socorro
Favor
Que me matan
La dama
como buena
que,
un volcn en
el sitio
donde
imaginacin, reconstituy
gundo
Vaya
la
meridional, tena
los
dems tienen
la
escena en medio se-
en casa haba entrado alguien,
evidente
ro, ni
cochino!
to
ello era
pero no haba entrado a llevarse dine-
a matar a nadie, sino a filtrarse a Coquito
impunemente y sin soltar un cuarto; haba llegado a la habitacin donde dorma la modista, y,
tomndola por su hija, la haba germanizado en
su
mismo lecho.
Qu otra cosa poda
ser? Adela inspiraba
deseos tan fuertes, que hasta
por
ella... Cielos!,
ra el estudiante
una
escala de
tiro,
el
Se-
que, en
haba decidido comprar-
mano y tomar por
jeto de sus ansias,
llegaban
la asalt.
de las mil pesetas
vez de pegarse un
se
al escalo
una sospecha
asalto al ob-
como quien toma un parape-
to? Fuese lo que fuese, haba que evitarlo a
toda costa.
Cuando comunic a su
hija su pensamiento,
sta estuvo a punto de llamarla imbcil.
Parece mentira que tenga usted ms de cua-
100
;:
JOAQUN BELDA
'
renta aos,
mam. De manera que una mujer
armar ese escndalo
porque al despertarse a media noche se encontrase con que la estaban... haciendo madre?
Tambin es usted ingenua
se
iba a quejar e iba a
Mujer, como
que
Pues por eso precisamente.
dice ella
Segn Coquito
es soltera...
se trataba de algo
no haba ms remedio que
al sereno,
ir all,
y que luego resultase que
ms
serio
pues llamar
origen de
el
todo aquel escndalo era un ratn que se haba
metido
oliendo a queso Roquefortpor
sadizo sexual de
el
la costurera,
panfli y exponerse a
el
pa-
era hacer un poco
un bochorno.
Vaya usted
delante,
Doa
como arma defensiva y ofen-
Micaela,
mam; yo
ir detrs.
vaso de noche de su hija y se lanz
por los pasillos blandiendo su arma, y gritando
siva,
cogi
Alto
el
ah
Arriba las manos
^to lo haba visto
en una de
ella
efecto, lo
mismo
obras
y crea que era de
policacas del teatro Price,
un gran
las
si
los asaltantes esta-
ban violentando una caja de caudales, que
si
estaban explorando ciertos recodos gensicos de
la
propiedad de
la
husped.
Coquito pens seriamente que
mejor mod'j
de desarmar es
el
de desarmar a los ladrones lo
lo tena en su mismo cuerpo;
otra paradoja
ech, pues, a andar detrs de la autora de su*
das,
y con ambas manos se subi hasta
los sob?.-
LA COQUITO
101
eos la camisa de dormir, dejando al descubierto
cosas que seguramente con su sola contempla-
cin bastaran para que los forajidos rindiesen
armas y se concertase un armisticio que pusiera
n a la contienda.
Apenas haban echado a andar,
los ruidos ce-
como por encanto; seguramente
saron
las
ha-
ban odo, y se haban puesto en guardia. Coquito temblaba
trar
en
el
eso
s,
se haba jurado
no en-
cuarto del notario, aunque de su
entrada dependiese su vida.
Atravesaron
el pasillo,
llegaron al comedor,
y no haban andado dos pasos dentro de l,
cuando la puerta del cuarto famoso se abri con
estrpito,,
la
modista
sali plida,
con
la faz
desencajada y con la camisa recogida a modo
de turbante en lo alto de la cabeza. Doa Micaela encendi la luz elctrica, y la joven fugiti-
va
se
ech en sus brazos, presa de terrores mi-
lenarios.
Doa Micaela, por Dios! Coquito, no me
Ay, qu miedo!
dejen ustedes
ma? Cuntos,
Qu ha pasado,
sola.
hija
te
cuntos?...
|
Cuntos qu?
Cuntos hombres han
un sueo.
Ninguno; todo ha
Qu
Lo que ustedes oyen; un sueo, una
entrado...
si
sido
dices?
pesa-
JOAQUN BELDA
102
dilla horrible.
Pero, qu tiene esa habitacin
que parece que
las
paredes hablan?
Coquito se estremeci y acudi a refugiarse
grupo de su madre y de la otra poco a poco
al
madre a los
habl con ms calma.
sta fu pasando de los brazos de la
de
la hija,
y ya en
ellos,
tengo la seguridad de que todo ha sido
un sueo, porque ahora
al
despertarme he en-
cendido la luz y no he visto a nadie: las dos
puertas de la habitacin estaban cerradas por
dentro,
como yo
he tenido
el
he dejado
acostarme, y
valor de mirar debajo de la cama, y
las
al
tampoco haba nadie.
Adela, medio llorando, pregunt:
Pero, qu ha soado usted?
Una cosa espantosa
figrese usted que de
pronto veo que se abre esta puerta y entra un
hombre
to
alto, plido,
muy
plido,
la joven, sin saberlo, estaba
del notario
famoso
y de un
,
como un muerdando
las
salto coge
seas
mis za-
patos y se planta con ellos encima de la cama:
uno Jo llevaba en la boca y chupaba de l como
si
fuera una pastilla de cafe con leche de Lo-
groo, recibida esta maana, y
ofreca a m, y
l
me
deca
hasta hacerme sangre,
el
otro
me
lo
"Toma, y pgame con
y si no me pegas muy
yo mismo, con mis dos manazas, te estrangular." Yo empec a pegarle, pero l no
haca ms que decirme: "Ms, ms", hasta que
fuerte,
yo, cansada, fui a dejarlo,
y entonces
l se
ech
LA COQUITO
103
sobre m, con nimo, sin duda, de estrangular-
me. Entonces, y a los gritos que por lo visto les
han despertado a ustedes, me despert yo tambin.
Pues,
hija,
nos ha filtrado usted
replic
doa Micaela, un poco enojada
yo cre que,
por lo menos, la estaban a usted haciendo un
;
par de gemelos.
Adela no
se atreva a hablar.
Qu
Qu
misterio
envenenado haba dejado en las paredes de aquel cuarto el notario maldito? Qu bien haba hecho ella en no querer
era aquel?
fluido
entrar en la habitacin! Pero las quejas de la
joven
la
apartaron
de
por Dios!
No
sus
pensa-
fatdicos
mientos.
Ay,
no me dejen pasar
pido
noche ah
la
r en la carbonera,
les
en
el
ms
sola.
retrete,
sino que
Yo
dormi-
pero ah no,
ah no.
Lo
repeta
como huyendo de una
Hasta entonces no
obsesin.
se haba fijado
la singular belleza de aquella
joven
Coquito en
el
pelo era
rubio, de ese rubio oro que, al caer sobre los
da a
ojos,
seo,
el
la cara
una lbrica expresin de
cuerpo, ahora al aire, en
de-
la precipita-
cin de la fuga, era un armonioso conjunto de
entrantes y salientes que se amplificaban en la
y de las caderas en ese lugar
entrepierna, de cuyo nombre no quiero
lnea de los pechos
de
la
acordarme, haba un mechoncito de guedejas
104
JOAQUN BELDA
aunque de un tono ms obscuro que el
pelo de la cabeza, y rizadas con un sortijeo que
rubias,
haca recordar los escaparates del Trust joyero.
Y por detrs, al final de la espalda,
del cuerpo
humano donde
en esa regin
parece que
Natura-
la
ha complacido en mostrarnos la fuerza
de su podero, las dos tortas de carne blanca se
hallaban separadas por una raya de negro humo,
que al llegar a la mitad de su camino se parta
en cruz hacia los cuatro puntos cardinales.
leza se
No me dejen
sola,
me
no
dejen
segua
su-
plicando, con los ojos entornados, en los que
unas ojeras tan grandes que parecan pintadas
hacan sombra a las pupilas.
Doa Micaela no
deca nada; se haba deja-
do caer en una silla, como pesarosa de haber
abandonado el lecho por una futesa.
Pero
la hija,
cuyo corazn en
ciertos
momen-
un cordial recin sacado del horno, se
compadeci de la pobre chica, y acaricindola
tos era
con suavidad los pelos de
la
nuca,
le
dijo llena
de emocin:
No
a
mi
se apure usted, joven; se
cuarto, y as,
que sea de
La
si
vendr usted
pasa algo, lo que sea de una
las dos.
enlaz por
la cintura,
mientras
ella
daba
las gracias
jAy! Pero yo no
no;
no
No,
quisiera que por
usted... se...
tonta,
si
es molestia.
mi culpa
LA COQUITO
Con suavidad
tras la madre,
la llev hacia
con
los ojos
105
su cuarto mien-
medio cerrados, de-
ca:
Hijas
mas, haced lo que queris; yo no
puedo ms, y voy a meterme en
la
cama.
Al
hay que advertir al lector que
que pas en el cuarto de La Coquito,
llegar aqu
lo
cuando ya las dos jvenes estuvieron metidas en
la cama, yo no lo vi, desgraciadamente, y, por
lo tanto, no puedo atestiguar de su absoluta veracidad a m me lo han contado, y como me lo
;
contaron
lo cuento,
haciendo la salvedad de que
acaso todo ello no sea
ms que una calumnia
arrojada sobre las aficiones sexuales de
no
la ar-
porque el
espectculo de dos cuerpos de mujeres hermotista.
sas,
Si
es verdad, debiera serlo,
haciendo ciertas cosas, es siempre una nota
de arte en estos tiempos de prosasmo.
Y lo que a m me han contado es lo siguiente
al entrar en la habitacin y cerrar por dentro la
puerta, las dos jvenes quedaron as como sus
pensas y sin saber qu decirse la una a la otra.
Como ya estaban desnudas, no tuvieron que
pasar
es,
el
trabajo de desnudarse, que siempre lo
sobre todo cuando
con automticos a
el
vestido va abrochado
la espalda.
Coquito se dirigi
al lecho,
sentse en
l,
JOAQUN BELDA
108
dijo a la otra, tutendola ya, acaso sin darse
cuenta
Anda, acustate
Y
la otra,
que se haba quedado en medio de
arreglndose un poco los pelos, re-
la estancia,
plic
aqu.
Ay
J
No, no yo
;
en esta chaise-longue
me
acostar aqu, seorita,
dijo sealando a
una que
haba junto a un gran espejo.
Vamos, no
acostarte donde
seas tonta
yo
me
si
es que te da asco
he acostado, lo
dices,
pondr sbanas nuevas.
te
Por Dios, no diga usted
Y
para demostrar que no haba
meti en
el
hecho lado
lla,
se
donde ya Coquito le haba
joven se qued en la misma ori-
la
hablaron ms, y
la luz
tal cosa,
lecho,
como no queriendo
No
g
eso!
por medio de
molestar.
la
duea
la
del cuarto apa-
pera que tena sobre
su cabeza.
Por
de
el
silencio
y por
las dos, pareca
midas
gros,
pero
la
el
la respiracin
anhelante
que se haban quedado dor-
miedo, como
el
valor, hace mila-
modista, poco a poco, acaso incons-
cientemente, fu metindose en
cama, mientras
la
compaera
el
centro de ia
se acercaba
tam-
duda porque, como dice la Fsica, los
cuerpos se atraen, si no hay en medio quien lo
bin, sin
estorbe.
Como
el
camino a recorrer era corto, tarda-
LA COQUITO
ron poco en encontrarse
las
J09
dos en
el
centro del
y sus epidermis establecieron un contacto
tenue, hasta que Coquito, acaso en sueos y sin
saber lo que se haca, soando acaso que estaba
oprimiendo el botn de un timbre, puso su mano
lecho,
derecha en
ra.
el
pectoral izquierdo de la costure-
Los pechos de
artista,
sta, al revs
que
los
de
la
eran amplios, exuberantes, aunque sin
llegar a la monstruosidad,
los
dedos de
la
creadora de la rumba notaban palpablemente
este contraste, recorrindolos en toda su exten-
y detenindose ms especialmente con el ndice en el nutritivo botoncito del que todos hemos chupado cuando pequeos, y del que despus, sin duda por atavismo, seguimos chupando siempre que nos dejan. La modernista insin
vencin del bibern ha privado a los peque-
mal hora, de este aprendizaje, que
ms tarde echarn de menos.
Al sentirse tan directamente aludida la modista, no dijo palabra, pero aument la velocidad
de su respiracin, trocndola ahora en un tenue
uelos, en
quejido de deseo y apetito.
La diablica Coquito no se haba enterado
por
de las condiciones fsicas del
saliente de su amiga, y siendo insuficiente el
bien,
lo visto,
un medio de indisque se incorpor un poco
palpeo con la mano, apel a
y fu
en el lecho, cogi con una mano uno de aquellos
meloncillos que hacan rugir al pblico del Sa-
cutible eficacia,
110
JOAQUN BELDA
'
Nuevo
ln
ensearlos durante un segundo
al
rumba, y lo coloc encima del compaero
de su amiga, perfectamente acoplado, de tal
en
la
modo
que, botn con botn, casaban
como
auto-
mticos macho y hembra. Cuando tuvo hecha la
colocacin, comenz a moverlos de modo con-
marcha
cntrico y con
la furia.
acelerada, hasta llegar a
todo esto sin que ninguna de las dos
hablase una palabra. Para qu? Las dos se
iban entendiendo a maravilla, y el lenguaje hablado, siempre imperfecto, hubiera sido una
profanacin en aquellos momentos solemnes.
Con
movimiento, que cada vez era ms
el
agitado, se fu
piracin,
la
aumentando
el
anhelar de la res-
pierna derecha de
La
Coquito fu
como
cuando no va
subiendo, subiendo sobre las de la otra
sube
el
ascensor de una escalera
ya
el
Un
esfuerzo ms, y
cruce de las cuatro piernas era perfecto, y
dentro algn seor gordo.
en posicin de bis a bis para
un rigodn diablico, claro es que ya no fueron
dos pechos solos los que se juntaron, sino dos
al
quedar
las dos
meloncillos y dos sandias en plena madurez.
El calor empez a ahogarlas, y La Coquito,
de un puntapi, dej caer a los pies de la cama
la
sbana que
las cubra. Lector, el espectculo
que entonces se ofreci a la vista de las mudas
paredes de aquella alcoba, es uno de esos espectculos que no se anuncian en los peridicos,
porque a la Prensa moderna aun le queda mu-
LA COQUITO
111
cho camino que recorrer para llegar a ser una
cosa definitiva yo no pude gozar de l, porque
;
aquella noche
yo mucho
Libertad, donde se
y a aquella hora
tena
que hacer en la calle de la
inauguraba un almacn de sesos huecos, con su
rgano elctrico y todo.
Coincidi
el
descorrer del teln con la per-
fecta formacin del bloque que constituan aque-
dos cuerpos de diosas. Por qu
no
era perfecta la unin? Por la boca? Pues ya
estaban unidas, llevando, como en todo, Adela
llos
sitio
y siendo su apndice lingual el
que fu a buscar en parajes hermanos un cao
la parte activa,
ms de
el
inmortal y vieia
como
la habitacin contigua,
doa
la fuente castalia,
mundo.
Y a todo esto,
en
eme no haba podido coger el sueo, efecto de ese nerviosismo especial que produce la proximidad de una tormenta, dndose
Micaela,
cuenta clara de lo que estaba pasando
al
lado del tabique, se volvi de espaldas a
red,
la
otro
pa-
mientras pensaba:
" Pobrecitas
Mientras se entretienen en ha-
no gastan dinero."
cer eso,
La obra de aquellos dos cuerpos jvenes continuaba como en las pelculas cinematogrficas,
:
ya todo era cuestin de movimiento, y ste empez lento, acompasado, girando los dos cuerpos
en sentido inverso, teniendo como estacin central
de todo ese movimiento
el vrtice
sexual.
JOAQUN BELDA
112
Las piernas de
como
la
modista, gruesas y firmes
palos del telgrafo, iniciaron
un movimien-
to envolvente contra los flancos del cuerpo de
Coquito, y bien pronto la cintura de sta se hundi bajo el peso de un muslo robusto y tornea-
do que pareca una tenaza el movimiento, uniformemente acelerado, iba llegando ya al mayor
grado de intensidad, y el promontorio trasero
de la artista se hunda como sumido por el desfiladero de la otra, en cuyo interior deba haber
a aquella hora una temperatura de alto horno.
No se ha inventado an un aparato para re;
que en
un momento as desarrollan dos cuerpos femeninos; de haberse inventado, el alumbrado de
coger y aprovechar toda
ciertas poblaciones sera
la electricidad
ya un problema resuel-
y el precio del kilovatio bajara hasta el extremo de que cien de ellos valdran menos que
to,
una media
tostada. Si
hubiramos puesto nues-
tras
manos sobre alguno de
en
esta
ocasin
aquellos dos cuerpos
goloso! seguramente
ha-
bramos recibido una descarga elctrica; ya la
cama cruja en un chasquido acelerado, y comenzaron a orse por primera vez en el curso (Je
la operacin las voces de las dos muchachas
eran unas palabras aceleradas, animndose, acaricindose, ofreciendo y pidiendo el Paraso
para dentro de unos segundos.
a todo esto
la
marcha de
los
cuerpos era
ya de sesenta frotaciones por minuto, y como
se
LA COQUITO
113
aproximase el desenlace, la de abajo abri las
dos piernas, las cerr sobre la espalda de
la
otra,
que subi en
y apret como
vilo,
fuera
si
a cerrar un bal.
Ya
estaba
all
la
sartn
en una ltima con-
vulsin, Coquito acudi con la boca a
los cabe-
rubios de la otra, limpios y bien olientes,
y
los mordisque en un ataque de furia.
Hubo un
llos
un ltimo grito salvaje, y la operacin
qued terminada a conciencia y satisfaccin
de
grito,
las dos.
Sin moverse, sin separarse siquiera, quedaron
extticas y en un abandono general de
miembros las respiraciones eran ya amplias
y sose-
gadas
los ojos
de Coquito estaban cerrados,
y
los de la costurera abiertos,
muy
abiertos,
y per-
didos en un paraso lejano.
As estuvieron largo rato doa Micaela, cogido ya el sueo al arrullo de los ruidos vecinos,
;
roncaba como en sus mejores aos,
y con la
tranquilidad serena de un justo.
Cunto tiempo pas? No lo sabemos, porque se nos par el reloj pero, sin duda, el sufi;
ciente para que Coquito volviese de
su colapso.
Con voz quebrantada, mimosa, llam
a la otra
Oye!
rQu quieres?
Cmo llamas
Venancia.
I
te
Hablaba despacio, como avergonzada,
tal
:
:
JOAQUN BELDA
1U
como
si,
al
volver a la realidad despus de aquel
delirio de algunos minutos, sintiese rubor
que haba hecho.
Quieres que encienda
No, no;
Anda, para
No, Coquito,
genza.
Tonta
de lo
la luz?
luego...
verte; quiero verte as...
no,
que
me
da mucha ver-
Y
la
entonces Venancia, en un tono que era a
vez una splica y una invitacin, aadi
No te quites... Yo an no estoy cansada.
La
respuesta fu un beso que estall estrepi-
tosamente en
el
silencio
augusto de la alcoba.
tras el beso vino algo diablico, algo infernal-
mente travieso, que hara temblar a Lucifer en
su despacho del Averno Coquito, lentamente y
abrazando con fuerza el cuerpo de Venancia,
inici una vuelta completa, estando primero las
dos de costado sobre el lecho, y acabando el
juego quedando la artista debajo, y viceversa.
:
No
hay que decir los contactos, las bromas,
las picardas a que dio lugar la operacin, y
cuando estuvo terminada, Adela pregunt
No ests mejor as?
Como
Lo hago para que descanses
t quieras.
ahora
el
espo-
so eres t.
modista pesaba ms que Coquito, y
sta tuvo que aguantar la dulce pesadumbre de
Pero
la
LA COQUITO
115
una suavidad extraordinaria,
y como Venancia iniciase el movimiento de antes, pero ahora con ms libertad, porque ningn peso la cohiba, la otra, admirando aquella
aquellas carnes de
maestra y aquel saber acoplarse con perfecta
justeza para que en ningn caso quedase un
hueco sin llenar y un poco desengaada, pues
se haba
primicia
hecho
le
la ilusin
de estar gozando una
pregunt:
Oye, con franqueza; no
es la
primera vez,
verdad ?
,
La
otra no contest.
Anda, dmelo.
primera...; ten
primera,
Mujer,
en cuenta que tengo
Y quin fu primera?
medio
Call otra
y por
Me da mucha vergenza.
Vamos, anda; pues que
Pues
mi hermana...
Arrea
Te advierto que yo apenas me cuenta;
as
la
la
veinte aos.
la
vez,
fin,
riendo, dijo
eres hipcrita.
fu...
di
fu una noche en que nos tuvimos que acostar
mi cuarto estaban de obra.
Sin decirme nada, empez a acariciarme, como
t esta noche, y cuando me fui a dar cuenta
juntas, porque en
ya estaba encima, dicindome que aquello era
una moda que haban sacado ahora para dormir,
y que era una gran cosa, pues as se tena el
sueo ms tranquilo,
,
116
JOAQUN BELDA
'
Y verdad!
Eso
Y cmo
Pues ms
es
deca
ella.
es tu
alta
alta,
morena.
hermana?
que yo, y morena,
Tiene un pelazo
por qu ser, pero en piertos
en
yo no
luego,
por ejemplo,
sitios,
planta de los pies, tiene
la
muy
ms
pelo que
un
hombre
las
hombre.
Es que t has
plantas de
Mujer! Pero
Ya,
Qu mal pensada
Me
que
A quin?
A hermana.
le
visto a algn
los pies ?
se lo figura una.
ya.
la tienes
eres.
traer
Hay
un
que verte
da.
tu
Le
tras,
dio un fuerte pellizco en
un poco
celosa, le deca
Oye, guarra, no
Y como en
un brazo, mien-
tienes bastante
conmigo^
toda esta conversacin no haban
dejado de moverse, tuvieron que suspenderla,
porque ambas, en
el interior
de su cuerpo, reci-
bieron un aviso telefnico que llam
sobre ciertos parajes. Se repiti
momentos
la
la
atencin
escena de
con ms bro, y tras ella,
ya buscando un descanso reparador, se separaantes, acaso
ron relativamente las jvenes, yendo cada una
a ocupar su puesto en
el
lecho.
Sin embargo, sus manos' seguan unidas, y as
se fueron quedando dormidas cuando la prime-
LA COQUITO
ra luz del alba
117
comenzaba a entrar por
los in-
tersticios del balcn.
A
de
las once,
doa Micaela aporre
la
puerta
alcoba con insistencia.
la
Vamos,
nias, que es
muy
tarde.
Despert primero Coquito, y dijo a su madre:
ms
Ay, mam, djanos otro
Pero
que nos hemos quedado dormidas
muy tarde; hemos tenido insomnios.
Bueno, bueno; pero tomad desayuno
ratito
si
Si
es tardsimo.
es
si-
el
quiera. Queris que os lo entre?
Venancia
se despertaba
entre desperezos, y casi,
en aquel momento,
dormida an,
sin saber
a punto fijo de lo que se trataba, al or lo de entrar alguna cosa, replic con
Ay!
vehemencia
que me lo entren.
Tomaron caf con leche y bollo suizo, all sobre la cama. Coquito, al ver los bollos, los sea'
S, s;
y ambas rieron.
habr que decir que durante
l a la otra,
No
el
desayuno
hubo sus bromas deliciosas, tales como quitarse la una a la otra una sopa de la boca, echarse
parte del tazn de caf con leche por el pecho
abajo, y luego recogrselo y secrselo con la
lengua la misma que se lo haba echado, y otros
aticismos por
Por
fin
el estilo.
decidieron levantarse
mientras se
la-
vaba, Venancia comenz a darse clara cuenta
llg
JOAQUN BELDA
tenido en sus brade lo que haba hecho: haba
a la mujer
gozndola, a la clebre Coquito,
zos,
ms
cuyo
codiciada de Espaa entera,
nombre
lengua por los
pronunciaban todos pasndose la
ocurrido casi en broma,
labios, y la cosa haba
haba poblado
empujadas por la casualidad, que
alcoba de primera hode fantasmas invisibles su
ra de la noche.
Cuando su hermana
rabiar de envidia... la
se enterase,
muy
puerca!
como
iba a
primera
LaMicaela
cuando
con que tropez doa
quiso cumplir el encargo
dificultad
que su hija
le
diera de buscar al estudiante de
mil pesetas fu la de que no saba dnde
las
buscarle.
En
sus conversaciones, ni le haba dicho quin
tas
cmo
dnde viva; en escondiciones, ponerse a buscarlo era empresa
era, ni
tan insensata
se llamaba, ni
como buscar en Madrid un
menos
pres-
6o por 100.
dijo a Coquito, sta hizo un
tamista que diese dinero a
del
Cuando se lo
mohn de contrariedad
Vlgame Dios, mam! Pero cmo no se
te ocurri preguntarle, por lo menos, el nombre ?
Y para qu? Como no pensaba
Ni yo tampoco busco! Ya sabe
ir
a bus-
carlo...
lo
usted
que no acostumbro a buscar a nadie ha sido
;
l el
que ha venido a buscarme a m, por medio de
usted, y con el dinero en la mano, que es com
usted los quiere.
Con
la
mitad del dinero en
la
mano.
JOAQUN BELDA
120
Bueno, no discutamos;
chico
ha
pegado
por culpa de
Tiraban
Bueno, ojal que no pero pongamos que
si
el tiro
ese
se
usted...
s.
Es que
iba usted a seguir
quilidad por las noches
Dormira de
Bueno, tmelo
da,
durmiendo con tran-
como los serenos.
broma Coquito, para
original en todo, hablaba a su
madre
indistin-
tamente de t o de usted, segn caan
sas
la
Yo, en cambio, pase
conciencia
Eso
del tiro
no
las pe-
que pase, tendr
tranquila.
lo
haba echado en saco roto
no le pareca inverosmil que un hombre
matase por no poderla conseguir, y hay que
Adela
se
muy
lo
ser
convenir que tena razn para pensar
pues
as,
por mujeres y cosas de mucho menos valor que
La Coquito ha habido quien ha tomado pasaporte para
otro
el
cia
un chico de
por
la torre
de
del casino, la
con
la
mundo.
Yo
conoc en
Mur-
diez y ocho aos que se tir
la catedral
porque en un baile
noche anterior,
lo
sorprendieron
bragueta abierta mientras bailaba unos
cuando el Juzgado acudi a levantar el
cadver, vio con asombro que en el pantaln no
tena un solo botn, pues sin duda uno a uno se
los haba ido arrancando el suicida poco antes
lanceros
en un rapto de furor.
Coquito, que
la
noche antes haba regalado
tan esplndidamente su cuerpo a una pobre
mo-
LA COQUITO
121
no quera que por dejar de ponerlo a la
disposicin de un sujeto que no quera regalos,
dista,
sino que daba mil pesetas, se pegase ste
corno
de Murcia, no porque
el
za tener
la
le
un
tiro,
diera vergen-
bragueta abierta, sino porque
daba
le
rabia todo lo contrario.
se
Haban pasado varios das, y ya madre e hija
iban olvidando del muchacho, en la imposi-
bilidad de buscarlo por parte alguna
ca probabilidad de que
nuevo a
La
y en
la
po-
solo se presentase de
recibir la tercera repulsa.
chica lea con avidez todos los das la sec-
cin de sucesos de los peridicos, fijndose es-
pecialmente en los suicidios pero no encontraba
;
nada. Sin embargo, un da ley una cosa que la
llen de espanto
"Ayer puso
de un coche
era un suelto que deca as
a sus das, arrojndose
fin
al
paso
fnebre, en la calle de Alcal, un
joven de diez y ocho aos> llamado Dionisio Alvarez Macatruque. El suicida, que en la edad en
menos
que todo sonre
cho cannico y
otros
ma
abandona
el
el
catedrtico de Dere-
de Patologa, decimos nos-
este
mundo, ha sido una
vcti-
de los festejos organizados este ao por
Ayuntamiento, pues en
ltimo
le
la fiaccolata del
dieron un golpe en
la
el
jueves
cabeza con una
monumentales farolas que cay al suelo
desde la carroza titulada Venus y sus acreedores, y de resultas- del golpe se qued ms loco
que una cabra. La locura le ha impulsado a to-
de
las
"
JOAQQN BELDA
122
mar
la fatal
resolucin del suicidio
en
el
mismo
ha servido de apisonadora
ha sido conducido al cementerio del Este, sin
volverlo a Madrid, para evitar molestias al cadver y a los mdicos forenses adems, asi el entierro le sale gratis a la familia, y para ello ha
coche fnebre que
le
bastado con que
el
piedad
un obeso
la
carroza
fiambre que ocupaba en procontratista de obras
muerto en la becerrada del gremio
se corriese un poco a un lado para dejar sitio al
nuevo compaero de pasaje en la canoa au-
pblicas,
tomvil de Caronte.
Con
los ojos fuera
de las rbitas,
el
pelo en
desorden y las manos crispadas, Coquito corri
en busca de su madre para que le descifrara
aquel enigma. Sera ste?
si
qu remordimiento de tronchar
era, qu pena,
as
en flor la
lozana de una vida por mil cochinas pesetas
Felizmente, la
madre
posible que fuera aqul.
la
consol; no, no era
Un
hombre tan romn-
y exaltado no era posible que muriera de
modo tan prosaico; lo menos que habra hecho
tico
un tiro o leerse un tomo de poede Heine traducidas al castellano por un
sera pegarse
sas
autor cataln.
Doa Micaela
era una optimista; para
ella
Schopenahuer era un sargento de Orden pblico
que padeca del hgado, y la muerte no era ms
que una cosa que los hombres han inventado
para hacer ms llevadera
la vida, frase
que
ella
LA COQUITO
123
haba odo a uno de los autores del Saln Nue-
vo una noche en que estaba inspirado.
Cmo iba a creer ella en el suicidio del estudiante ? No el que tiene una esperanza, aunque sea remota, no se suicida, y aquel joven en
el cielo de su vida vea brillar una esperanza
;
La Coquito.
La vida, con
sus cambiantes irisados
ay,
se encarg pronto de dar la razn a
Jeroma
doa Micaela. Aquella noche, mientras su hija
y dems compaeras del elenco representaban
un apr opsito titulado La bajada es por delan!
te
a propsito para devolver
de un realismo descarnado
incidentes,
con sus
la cena,
la
ma-
uno de los palcos del interior del escenario, donde tena costumbre de colocarse a
modo de atalaya de lo que en la sala y la escena
suceda, vio en el nmero 8 de la segunda fila
el rostro de nio y de soador del pobre estudre, desde
diante de las mil pesetas.
La
noble
dama
se
ms que dos
conmovi, cosa que no
le
cuando
vea una corrida de toros de Miura y cuando
ocurra
rara avis!
los
veces en
se cortaba
-la
vida
los apndices
crneos de
dedos pedestres.
Al bajar
su hija.
el teln, saJ
corriendo en busca de
Ah
Quin?
Ves como yo
est!
tena razn?
JOAQUN BELDA
124
Pero quin
El
Ah!
Lo llamo?
es
estudiante.
Quedse en (suspenso en realidad, ahora ya
le pareca un poco fuerte eso de ir en busca de
un hombre, aunque este hombre hubiese ido an;
tes
en busca de
ella.
Bueno pero. de
modo.
Mujer, corre de mi cuenta.
. .
cierto
jeso
Doa Micaela
esper a que terminase la fun-
cuando el teln
joven de la segunda fila.
cin, sin dejar de observar,
taba levantado,
al
es-
El pobre tena esa cara de tristeza resignada
que adoptamos todos en presencia del fracaso
definitivo de nuestras ilusiones, o
cuando ha-
biendo puesto todo nuestro amor en
la
compra
de unas botas, notamos con desgarramientos en
el
alma que nos han resultado estrechas.
En
su carita, alargada y sonrosada, haba
el
surco de violeta de unas ojeras, y en sus ojos,
el melanclico dilatar de la pupila, denotaba que
mancebo haba intentado consolarse de los
desdenes del ser amado perturbando el silencio
el
de su yo nocturno con manipulaciones indostnicas.
Dona
Micaela, ducha en menesteres de terce-
na, aguard a que la funcin terminase, y a
salida del pblico se hizo la encontradiza con
estudiante en
el
mismo
vestbulo.
la
el
LA COQUITO
La
125
gente sala apretndose despacio, con esa
que no se ha samayora encenda un
tristeza del placer de la carne
tisfecho a derechas, y la
que es tambin otro sntoma de has-
cigarrillo,
to sexual.
mozo
El
vio cuando
con su desparpajo
ella,
comenz a llamarlo por
habitual,
el
la
da de autos
senta hacia la
Desde
seas.
dama
ese des-
precio hiperclorhdrico que a nosotros nos ins-
piran
la
mayora de
y casi todas
las conferencias del
Ateneo
Como
contes-
joven
se limi-
las letras
de cambio.
tacin a sus primeros mohines,
t a sacar la lengua con
dor
ta
pero
como
el
un ademn de empera-
ella siguiese
llamndole, y has-
un intento de aproximacin,
iniciara
dej querer,
y,
se
acercndose a su vez, se revisti
de un supremo desdn para decir:
Qu quiere usted de m,
Pero
bos,
le
la
falsa seora?
dama, que no entenda de endecasla-
contest
Hola Gracias Dios que
usted
encima.
A m
Le he buscado por todas partes durante dos
semanas.
De cundo ac se buscan halcones y pa
le elcho
la vista
lomas?
A partir
tico de
de aqu se desarroll un dilogo po-
puro
siglo xvi, en el
que
la
madre de La
Coquito representaba a maravilla, y sin darse
126
JOAQUN BELDA-
cuenta,
una de aquellas damas de media edad
que, habiendo conocido todos los recovecos
pasadizos del
amor en su juventud,
se dedica-
ban a facilitar aproximaciones y ayuntamientos
con un calor y un ardor verdaderamente evanEl galn, en cambio, era uno de aque-
glicos.
Lindoros y Lucindos, flor de las rejas y
ventanas, cola de vestido de todas las damas
llos
hermosas y corolario obligado de toda
Pues digo que.
intriga.
Nada bueno para m
que
Se equivoca
Que me equivoco?... En caso engaado no soy
sino mi propio corazn.
Tiene usted
que una cabra a
Lo de cabra no a m a quien ms
cuadra.
Va usted a
excepcin, y no
diga
.
ser lo
diga.
usted.
el
tal
yo,
ms suerte
pienso.
es
le
ser la
por
ah,
porque nadie
un corazn de
tiene
ya que
le
lo
lo creera.
Mi
oro, quiere que...
Bah A cualquier cosa
bajo;
usted una
y no
Vamos,
le
di\\
es
que
ha costado tanto trabajo reunir ese
nero...
hija,
llama usted tra-
poetisa.
Si lo tiene todava,
en sublimado o en un
se lo
ha gastado
revlver...
Al llegar aqu doa Micaela se ech a rer,
con una risa en cuyo fondo haba mucho de bo-
LA COQUITO
nachohera.
termin
se
127
dilogo del
el
si-
glo XVI.
El estudiante no tuvo fuerzas para seguir en
la actitud
de altivez olmpica en que se haba co-
locado desde
tia, alegra,
el
principio
una mezcla de angus-
incredulidad e hipo congestivo llen
su cerebro, y
hizo quedar
,le
como
hipnotizado
y a merced de lo que aquella mujer quisiera hacer con l.
Sera verdad? No se tratara de una nueva
broma ?
por
Ira l
fin
a realizar su sueo, por
tanto tiempo acariciado? Y,
como
ocurre casi
siempre, al tocar con los labios la fuente
placer, surgieron las
mor de que
primeras amarguras
del
el te-
cuerpo y las caricias
de Coquito fuese inferior a la ilusin que l
la realidad del
se haba forjado acerca
de
ellas,
era la gota de
acbar disuelta en el chantily del deseo. Esta
imagen
del chantily se
emplea mucho en los
pueblos de la serrana de Ronda.
Iban a
salir ias artistas
por
el
vestbulo,
el
muchacho quiso evitar todo encuentro. De pronto le asalt un remordimiento de tragedia no se
haba baado desde haca una semana, y adems
;
era mircoles
la
sus carnes desde
ropa interior vena cubriendo
el
sbado ltimo. Sera un sa-
crilegio rozar sus cascarrias
con
el
divino ncar
del cuerpo de Adela,
todo purezas, y para evi-
tarlo quiso
ltimo recurso.
probar
el
128
JOAQUN BELDA
Oiga,
no tendra tiempo de
un momento y volver ?
La dama no le entendi
ir
mi casa
al principio.
Volver
casa de
derecho
noche
Pero.
noche no
Ay Pero caso que
puede
Cmo que no
comprome Como que no; Coquito
desde hace quince
no habra inconveniente.
Entonces, qu hemos de hacer TendreMaana.
mos
Maana? No: maana, tampoco; maamarqus.
na viene
Qu marqus?
Uno.
Bueno! Y pasado?
S; o...
ir
ustedes.
esta
Claro.
es
el
esta
ser.
la tiene
das.
tida
Pero... entonces.
Si no,
le
ipaciencia.
el
No, no; pasado, el obispo. Ya est avisado
viene pasa,
y me ha escrito hoy dicindome que
do maana.
El joven dio un suspiro.
Vamos a ver, qu da es hoy? inquiri
doa Micaela para evitar preguntas capciosas.
Pues hoy
es mircoles.
Mircoles...
Ech mano
al
Pues entonces...
bolsn que siempre llevaba pen-
LA COQUITO
120
dknte del codo, y sac una carterita de piel negra, sujeta con una goma. La repas con toda
minuciosidad, consultando nombres y fechas, y
por
fin dijo:
tes
Mircoles...,
de
la
Pues
entonces, hasta
semana que viene no podr
Enristr
lpiz
el
mar-
el
ser.
y se dispuso a apuntar
la
nueva partida.
Cmo su nombre?
Ordez.
Sin hache, verdad?
seora y con
Buenoaadi mientras
misma hora.
viene usted por aqu a
Me vendr, seora ya creo que me
es
Julio
S,
ee.
escriba
se
ese da
esta
s,
lo
vendr.
pensando en
que acababa de ocurrir. Para poseer aquella mujer haba que tomar vez en la cola de la lujuria,
como para 'beber agua o sacar la cdula. Y luego, aquella madre, llevando la cuenta rigurosa
de los pecados de la hija, cual si fuesen partidas
de cebada.
Julito sali a la calle
lo
Indudablemente, lo (pintoresco no haba muerto
an en
Hasta
mundo.
el
el
martes!
De
de la esperanza, que es
tivo
que
se conoce.
el
aqu a entonces vivira
alimento
ms
}
conforta-
Lector
si
tus ocupaciones de esta noche
pertenecen
al
gremio de
no
las inaplazables,
una peseta con setenta y
cinco, que es el precio de una butaca de preferencia para la seccin monstruo de las once en
el Saln Nuevo, ven con nosotros, que no persi
tienes en
ders
el
el bolsillo
tiempo.
Para el habitual, el espectculo podr ser un
poco montono, y a ratos estomagante para el
que lo presencia por primera vez, aquel teln,
que se abre a los acordes de un sexteto, le descubre panoramas inexplorados de la moral de un
pueblo que fu grande, y el da menos pensado
;
lo
volver a
ser.
En Espaa hay muchas
cosas que ver
la ca-
una tarde de
toros, una sesin del Congreso en da de bronca,
la feria de Sevilla, unas elecciones y una discusin del Ateneo. Por estas cosas, y otras ms,
Espaa representa an algo en el concierto de
las naciones, y yo conoc un ciudadano ingls, de
Liverpool, que haca todas las primaveras un
tedral de Burgos, la calle de Alcal
JOAQUN BELDA
132
viaje a
Madrid
y media
de la tarde, la bajada de los chicos que venden
La Corres por la calle del Factor, con la edicin
slo por ver, a las tres
de las dos.
Bueno, pues entre esas cosas que dan la fisonoma moral -de un pueblo, estaban las secciones
monstruos de once a una del Saln Nuevo, en
que La Coquito luca los primores de su arte,
como la unidad seguida de ceros.
No
haba forastero que al llegar a Madrid, y
despus de haber tomado caf en el Colonial y
haber visto
la
por venir acompaado de
si,
Nuevo
mujer, no lo
parada, no fuese al Saln
la
volver a su provincia y preguntarle los compaeros del (Casino por La Coqui-
haba hecho,
al
que decir
i Chiquillo, qu
tena
to,
ta
Yo
iba
verla casi to-
das las noches.
Contestar otra cosa hubiera sido ponerse en
y hasta deshonrarse.
Entremos, lector ya conoces
ridculo
tbulo hierve de gente, y, a
de
las rifas
de
las botellas
la casa.
uno de sus
atruena
el
El ves-
lados, el
espacio con
sus aullidos:
Una me
A
diez la papeleta
iqueda!
Magnfica
En
la
botella de ans
Gran Duque
atmsfera hay un polvillo
el
que flotan
la
nicotina.
las esencias del
En
los
especial, en
sudor humano y de
rostros hay ese abotarga-
LA COQUITO
1^3
miento especial que los adorna cuando vamos
por la calle detrs de una mujer f tingible, o
cuando cruzamos de acera para subir a cierta
casa donde el pecado tiene una sucursal. En estos momentos el tufillo del sexo contrario nos
enardece, y no queda en nosotros de racionales
ms que lo suficiente para no andar a cuatro patas... Y, sin embargo, hay quien opina que si no
fuera por esos momentos en que la bestia interior recobra su imperio, la vida sera una cafetera vaca.
Ya han dado
aglomera
la
entrada; en las puertas se
rebao, y t y yo, lector, sentimos
que en esa regin de nuestro organismo donde
la.
el
espalda pierde su
nombre y
se
degrada hasta
convertirse en sentina, hay ciertas insinuaciones
sodmicas que nos inquietan.
vamos a
sin el
T y
yo, lector,
protestar; pero, para qu?
La
vida,
poliformismo sexual, carecera de- con-
tenido.
Aparte de que ese es privilegio de todas las
grandes aglomeraciones. El scubo es colectivispor exigencias de su neumatismo psquico, y
sin ciertos aglutinantes del discbolo masiforta
me,
el
ncubo perecera por agnosis. Est esto
claro ?
Cuando penetramos en
ba, los de la
delantera.
mente.
ya los de arrientrada general, nos han tomado la
La
delantera
la sala,
de
paraso,
natural-
JOAQUN
134
Bajo sus
filar
por
BEDA
y requiebros, tenemos que despasillo central, en busca de nuestras
risas
el
cuando algn detalle de nuestra indumentaria, o simplemente de nuestro fsico, les
llama la atencin, recibimos en el acto un piropo, que la canalla nos dedica con especial comlocalidades
placencia
Uy,
Con
el
el
pollo del clavel!
ese abriguito y
puerta
un chuzo me abre
sereno!
brero,
la cra
va un seor que
nar su faz con
pueblo
de ese som-
Delante de nosotros, canino de
ra,
Joven, gurdeme usted
la
lo
el
rfa
tenido
como un
insulto,
.1
coro:
el
rasgo de ador-
elegante monculo. Esto el
estima casi
Pntelo en
Ponle un
Serafina
el
la fila terce-
y ruge a
otro ojo.
visillo al vidrio.
Es una
contribucin que hay que pagar, y es
un desfiladero por el que hay que pasar antes
La
Coquito; y es tambin un martirio
ms que aadir a los muchos que dentro del lo-
de llegar a
cal se
sufren con placer, en obsequio a
ella.
nosotros nos han dicho solamente lo siguiente
Dnde
te surtes
de narices?
Hemos querido protestar; pero,
La vida, sin un poco de eutrapelia,
tomvil sin gasolina.
para qu?
sera
un au-
LA COQUITO
Mira,
hemos tenido
lector,
135
suerte
fila
segun-
nmeros dos y cuatro desde aqu, frunciendo un poco el arco superciliar, podremos ver
da,
hasta el hgado de las artistas, a travs de sus
camisillas vaporosas.
Lleno ya el teatro, el sexteto inicia un pasodoble, en el que hay todas las alegras y todas las tristezas de la raza; el pblico parece
una tripulacin sublevada. Porque el teln tarda un poco en alzarse, se promueve una tempestad en las alturas, y para conjurarla un poco,
hombre de edad provecel director del sexteto
ta,
que seguramente en
fondo ser un des-
el
y pasar las maanas tocndole el rgano a
unas monjas en una capillita hmeda y llena de
ta
flores
una poica japonesa
inicia
como por ensalmo
mientras
el
qjue
calma
furores del concurso^
los
pblico lleva
el
comps con
pies
manos, no tiene tiempo para protestar, y sabido es que la polca es el panem et circenses de
los salones de variets
sexteto es
toda
llan
el
as
como
el
maestro
del
pararrayos donde va a acumularse
la electricidad
en
de los nublados que esta-
la sala.
Esta noche
el
pararrayos acaba tambin en
punta y con una calvicie que parece el pavimento de un saln de baile, en cuyo centro hubiera
un montculo puntiagudo.
Por fin se alza el teln la escena est vaca.
Pasa un rato, y por una de las puertas laterales
:
136
JOAQUN BELDA
"
sale envuelta en
un mantn de Manila una pieza
de bacalao de Escocia con pies y cabeza de mujer, y a la que el cartel, con un eufemismo piadoso, llamaba La Guayabita. Qu gana de poner motes a la sopa de fideos
Aquella seorita, como anuncio de un producto para adelgazar, hubiera tenido
midable: los ojos se perdan en
un
xito for-
las sinuosidades
nimbados con ese crculo violceo,
del cual tiene la culpa el alto precio que alcanza
la carne de ternera y los brazos, largos, largos
como un discurso de Mella, eran arcos de vofln,
que un viento muy fuerte habra quebrado.
del crneo,
pesar de
ello,
la chica se
vea obligada a
uniforme de la casa, que consista en un
camisoln de papel de fumar, a travs del cual se
vestir el
vean dos pellejos lacios, dos ciruelas vaciadas
por
el
picotazo de los pjaros, dos globitos de
esos con que juegan los nios, pero ya rotos
con
el aire
fuera.
Vindola, toda idea lbrica hua
al instante
de
nuestra alma, y momentneamente quedaba para
nosotros suprimido
atractivo,
misma
el
sexo contrario.
Qu
qu encanto haba encontrado en
aquella
mujer para dedicarse
al teatro?
primera vista pareca que, para que una mujer
decidiera exhibirse en
ner algo que
la
un tablado haba de
hioiera apetecible:
el
te-
gnero
evocaba ideas de cuerpos hermosos y caras picarescas, pero la realidad era cruel. Al abrir la
LA COQUITO
137
boca y empezar a cantar, la voz de aquella muchacha, que con una escoba o un soplillo en la
mano
acaso hiciera a diario una creacin, sona-
ba a cementerio, a pulmn hueco y agujereado,
como un fuelle vencido al que se le saliese el
Con
aire por mil brechas.
cantarse
ms
aquella voz no poda
que| el Miserere
o una de esas
obras de algunos modernos compositores espaoles que parecen haber estancado la explota-
cin del doral.
Bueno; pues con aquella voz y aquella facha,
aquella mujer, esta noche, cantaba lo siguiente:
"Yo
soy
chulona
la
ms guapa
y ms bella,
que al pueblo alborota
con slo pasar
envuelta en los flecos
del traje de luces
que llevan
las
hembras
para torear,
para camelar
y para matar
a los hombres que nos miran
con fatigas.
Y eche usted
Lo
en
una cosa penada por
del alboroto
sal!"
ms de ser
de Orden pblico,
las calles, a
la ley
JOAQUN BELDA
138
puede que fuera una hiprbole, hija de
ginacin
meridional
de
aquella
la
ima-
desgraciada;
pero aqu dentro, en
el
una realidad
El espectculo entristeca
tangible.
era el acoso,
teatro, el alboroto era
insulto a coro de
el
llevado a cabo en la
una hembra,
mayor impunidad por una
reunin de hombres que, aunque cada uno* en su
vida privada
fuese
una| persona
decente, en
momento no eran ms que unos animales
hediondos y despreciables como el cerdo o
aqudl
tan
hormiguero.
el oso'
Era posible que la especie humana se olvidase hasta ese punto del grado que ocupaba en
la escala zoolgica? Porque aquello que haba
en el escenario no era ms que una pobre mujer
como
podido ganar fregando suelos o
que haba salido
se los hubiera
a ganar unos reales,
Por qu ensaarse con
hasta aquel extremo? Na quedaba insulto
dando cera a
ella
all
los pisos.
que no
se le
cara,
los rugidos
vomitase a gritos
all,
en su misma
que acompaaban su trabajo
no eran los de admiracin que acompaaban,
por ejemplo, el trabajo de La Coquito, y en cuyo fondo, de indudable bestialidad, haba siempre un homenaje para la hembra, sino ese otro
rugido con que
de
ila
la
jaura celebra la proximidad
pieza.
ella,
y esto era
lo
ms
aquella lluvia de miseria
lamentable, reciba
y de bajeza con una
LA COQUITO
indifereiTca
139
pasmosa, sin un gesto, sin un enco-
como acostumbrada
gimiento de hombros,
a vi-
vir en aquella atmosfera de oprobio.
Por
lla
fin,
artista dijo* la ltima frase, aque-
lia
de "Eche usted sal!", con
cin y
el
mismo
la
misma
entona-
con que hubiera podido
sprit
decr
Eche usted
va a haber
sal
quie,n lo
a ese cocido, que luego
no
coma.
El teln baj entre un gritero salvaje, librn-
donos
nas
al fin
de una pesadilla a las pocas perso-
unas doce o quinceque en todo
habamos conservado
la
el teatro
ecuanimidad suficiente
para no insultar a una mujer.
Por lo visto, ramos unos seres privilegiados,
unos hombres de lite moral, ya que no cedamos fcilmente a la sugestin de la masa, revolendonos con
ella
por
el cieno.
Sin duda fu esta conciencia de nuestra superioridad la que nos hizo adoptar de pronto
una postura violenta en
g a
llo,
el asiento,
la
que
obli-
ste a ceder bajo el peso de nuestro orgu-
viniendo al suelo en su mitad y dejndonos
con medio cuerpo en
zando
las
impurezas del
Bien pronto
lector,
el
aire y el otro
medio
suelo.
se abati nuestra soberbia.
lo recuerdas?,
ro-
me
ayudarme a levantar; pero
diste tu
l
T,
mano para
asiento recobr
automticamente su posicin natural, y yo
me
JOAQUN BELDA
140
sent
de nuevo elevado
ai nivel
de los dems
espectadores.
Ibams a protestar del incidente ante el acomodador; pero para qu? La vida sin estos
altos y bajos sera una paella sin guisantes.
"
Claro
el
que no te fatigaremos con
relato minucioso del desfile que consties, lector,
tua la primera parte del espectculo
llo
una especie de
era aque-
relleno para dar tiempo a que
La
Coquito, y el pblico lo soportaba
con paciencia como un martirio ms.
apareciese
Tras
la tragedia dolorosa de
La Guayabita
venan las hermanas Montnchez, dos bailarinas
que pegaban unos saltos absurdos,
cantaba unos cupls de segunda
ca de
nombre
y* despus
mano una
que no era
indefinido,
chi-
pero
fea,
que, acaso por su poca cultura, accionaba de
un modo terremtico cuando haba de hacer alguna alusin al corazn, se llevaba las manos a
los sobacos, y ocasin hubo en que para decir
:
siguiente versos
"Tengo ya
la
cabeza perda
de orlo nombrar.
'
.
.
con fuerza las narices en una especie
de masaje moral. El pblico se diverta mucho
con aquella incongruencia, y no se atreva a mese frotaba
terse
demasiado con
ella.
Quin sabe
si
aque-
142
JOAQUN BELDA
con la inconsciencia del genio, no sera
la inventora de una mmica nueva? En el cielo
del arte cada da alumbra un nuevo sol.
Vino un intermedio que el pblico acogi con
satisfaccin: aquello era como un oasis en el
arenal de un desierto, y la gente se despere-
Ha
chica,
zaba en las butacas y bostezaba en las alturas,
como quien siente los preludios de una fiebre.
Tras
teln se apreciaban aprestos de deco-
el
rado y ajustes de la mise en sCene: el teatro moderno es harto meticuloso, y La polla de Julio,
que era
el
capo lavoro que a continuacin iba a
representarse, tena ciertas exigencias de atrez-
zo que no podan improvisarse.
En
maestro tuvo que interpretar lina polka y un tango argentino el auditorio lo reclam en forma airada, con un fuego
el
entreacto,
el
empleado en pedir la rebaja de impuestos,
hubiera desgravado considerablemente nuestra
Hacienda nacional. Cuando son el timbre anunciando el principio de la obra hubo en lia sala
un vientecillo de fronda.
Por fin La celestial Coquito iba a mostrarnos la magia de su cuerpo, el centelleo de sus
ojos y el ncar de sus dientes, que al caer sobre
que,
ellos los resplandores del
foco elctrico, parecan
mgicas joyas de incitacin.
El lector nos permitir que le narremos, aunque sea a grandes rasgos, el argumento de la
obra a cuya representacin vamos a asistir: ello
LA COQUITO
es necesario para
143
comprender
ja que de ella se desprende.
la tesis
Para
o morale-
llegar a esa
comprensin, no basta con estar atento a todas
y cada una de sus escenas, porque cuando ms
atentos estis, un mohn delicioso de Coquito,
con el cual descubra la ltima vrtebra de la columna, o el entourage del ombligo, desviar
vuestra atencin de la obra, para fijarla en lo
que es ms positivo.
En primer lugar, a qu gnero literario pertenece La polla de Julio? Es tragedia? Puede
desde luego afirmarase que no; Coquito y su
consejera ulica, doa Micaela, no admitan en
otro,
su teatro lo trgico;
all la
influencia fatal del
hado no tena nada que hacer, pues para ello estaban el teatro Espaol y el Monte de Piedad de
abierto de nueve de
la plaza de las Descalzas
la maana a doce de la noche.
Nos bamos
a encontrar en presencia de una comedia? El
castigat ridcndo mores no estaba ausente del todo en el espectculo con que nos bamos a deleitar; pero para que aquello fuese una comedia perfecta, faltaba ese elemento de elegan-
cia aperitiva,
plo, es la
que en
el
teatro de Lope, por ejem-
razn bsica del xito.
ms que
artistas. Me-
Sanete? El pueblo no intervena
desde
la sala,
para abuchear a los
no haba ms traidor que el director del sexteto con sus desafinaciones contumaces. Para que fuese drama lrico faltaba emolodrama ?
All
144
JOAQUN BELDA
'
cin pasional, y para opereta se echara de menos el eterno prncipe Tonino, que paseaba sus
blasones por toda la pista del ridculo.
Ni obra de
ideas, ni
una de esas comedias
sentimentales que ahora se escriben, y en todas
hay un galn que viene de fuera, y
que acaba siempre por acostarse con la primera
las cuales
actriz;
En
qu
era, entonces,
La
polla de Julio?
primer lugar, bueno ser no olvidar que
todas esas clasificaciones clsicas que culmina-
ron en Boyleau
drama, comedia y sanete
han cado ya en desuso, arrasadas por el viento
de las modernsimas teoras estticas. Hoy da
os lo dice una pobre vctima que asiste a
ms de ciento cincuenta estrenos al ao se escriben muchas cosas que no son dramas, ni
comedias, ni sanetes. Son algo de todo, un mo-
saico,
un
tapiz vario
moderna, y
si
colorista
como
la
vida
a sus autores respectivos se
preguntase por
les
gnero literario a que perte-
el
necen sus hijos espirituales, contestaran en un
arranque de sinceridad
Ver usted
yo
mi equipo de ropa
es
que necesitaba renovar
y he llevado eso a
Lara. Si me lo ponen veinte noches, siempre son
setecientas pesetas, con las cuales me hago de
un repertorio de camisetas y calzoncillos, y an
me quedan
interior,
diez duros para unas botas de box-
calf.
Yo
conoca un autor
muy afamado, que como
LA COQUITO
145
en cierta ocasin necesitase ponerse toda la den-
tadura postiza, construy en
seis das
una em-
en dos actos, y se la llev a Federico Oliver. Influido por su preocupacin, titul
la obra Sin dolor, y cuando la ley a la compaa, no falt quien dijera que aquello, ms que
bolia pasional
a Oliver, debiera habrselo llevado
ilustre
al
odontlogo don Florestn Aguilar.
pesar de todas estas folias,
un xito de demencia, y
la
obra tuvo
durante varias
la gente,
noches, ech las muelas, rindose a enca abierta,
en los momentos ms serios de
Perdo-
la obra.
na, lector, la extensin de este divagar, y
vamos
argumento de La polla de
que es
con
el
como
na
sigue
al alzarse el teln
Julio, representado por
Julio,
aparece en esce-
Pepe Rodillo,
ptico actor que naca todas las noches
la
saa con que
el
mentaba de
lo
sim-
tal
era
pblico acoga sus creaciones.
en una
Julio, sentado
el
silla,
y pensativo,
mala que era su
se la-
polla, la gentil
Margarita, hija nica que
le
haba nacido
vuelo de unos amores con
la
sea Bernarda, fa-
llecida en la
paz del Seor unos meses antes.
Al verse viudo
la
educacin
al re-
Julio,
de
tuvo que hacerse cargo de
Margarita, que
ms que
polla le haba salido gallina, y pasaba el da fuera de casa, metindose en cuantos agujeros en-
contraba y dando guerra a todas las mocitas del
barrio.
El hombre, con acentos que recordaban
Hamlet y a Edipo en Colonna,
se
quejaba de
10
"
JOAQUN BELDA
146
su mala suerte, empleando
mayor
la
forma potica para
alevosa:
*'La desgracia too lo arrolla
y me persigue con
bala;
han visto ustedes lo mala
que me ha salido la polla ?
Renunciamos a
deraba de
tos, as
la
describir el jbilo
concurrencia
que
al or esto.
se apo-
Los
gri-
imprecaciones, los mandatos, caan du-
rante unos minutos sobre la cabeza del actor,
que era un estoico para eso de aguantar
tem-
los
porales.
Ladrn
'
Que
Dale
la
ensee!
la vuelta y...
ya sabes!
Se haca al fin la paz y continuaba el desarrollo de la trama escnica.
Margarita, la polla de Julio, no tardaba en
hacer su aparicin en escena. Era La Coquito, y
vena con una falda azul muy corta, que dejaba
al descubierto un tobillo de escultura, envuelto
en una media Manca, y formando el contraste a
unos zapatos de charol altsimos. Qu pies Daban ganas de arrojarse a ellos, y una vez en
!
aquella postura, esperar sus rdenes para operar en el terreno que ella nos ordenase.
blusa blanca
muy
de seda, pues slo
Una
escotada, debfa ser de papel
as se explicaba
que a travs
LA COQUITO
147
de su tejido pudieran verse los divinos limoncipecho, movindose y danzando a com-
llos del
ps de los pasos que
nimbo que
ella
los haca
de la vida se vea en
Al
lles.
oy en
daba, y velados por
ms
apetitosos.
ellos
un
El botn
con todos sus deta-
Adela y acercarse a la batera se
sala el primer rugido verdaderamente
salir
la
transcendental de la noche.
Qu haba en
la
cara de aquella mujer, mez-
de infantil y demonaco, que cuando estaba
en escena obligaba a todos a no mirar a otra
cla
parte
ms que a
ella ?
Era un
brillo,
una viveza
que dominaba y que infiltraba en el organismo un deseo raro de ser su esclavo, y conespecial
mova la medula con sacudimientos elctricos.
Se haba inventado el cinturn elctrico; bah!
Al lado de Coquito, ese cinturn era una pastide alcanfor.
lla
que parta
cualquier
el
la boca, aquella
boca grande
rostro en dos mitades, y que en
mujer hubiera sido un defecto, en
un atractivo ms, con su invitacin constante al intercambio lingual, para el que no hay
ms tarifas aduaneras que las de los dientes.
ella
era
La
polla se presentaba delante del autor de
sus das,
no con
el
rostro
compungido
habiendo hecho unas travesuras,
dn con
la actitud
y con
el
solicita el per-
gesto, sino con la
desenvoltura del que todo lo de este
ne
la
del que,
mundo
tie-
costumbre de pasrselo por cierto viaducto
JOAQUN BELDA
148
veda, montaba en colis, y
crispando sus puos, le preguntaba:
genital.
El padre,
Oye,
al
hija de la
Gran Bretaa, que pareces
una inglesa, quieres hacer el favor de decirme
dnde has pasado la noche?
Pues en una casa.
Que casa ha sido esa?
Pues una casa en la que me han tratado muy
i
Te
<
bien.
han tratado?... Vamos,
pasado la noche en una casa de
s;
que has
trato...
muy
bueno.
Eso
es.
Pero no era esto lo peor; la chica no vena
sola, sino acompaada por tres amigas, una de
las cuales era la gorda Rigoleta, y las otras, La
Guayabita y otra de aquellas desgraciadas que
salan a escena para servir de satlites.
Como no
era cosa de perder
el
tiempo, bien
pronto aquellas cuatro damas empezaban a zarandear a Julio, en medio de un baile cuya msica
acompaaba
tra diablica.
ladoras,
las incongruencias de
La cancin
y surga en
el
se llamaba
una
le-
Las Conso-
curso de la representa-
cin con la natural fluidez con que surgen siem-
pre estas cosas. Margarita
Mira, pap
ningn
le
deca a su padre
no creas que hemos estado en
malo que te lo digan estas amiguitas. Estuvimos en un teatro donde salan unas
mujeres muy ligeras de ropa... mira, as.
sitio
LA COQUITO
14
cuatro y comenzaba una
exposicin de todas las gracias con que la Na-
Se desnudaban
las
turaleza dot al cuerpo femenino, gracias que en
muchachas salvando, naturalmente, a
Coquito y a la gorda Rigoleta, que en medio de
tus grasas no careca de cierta hermosura ciclaquellas
tornaban en agravios y las lneas escultricas se convertan en lneas de ferrocarril de
pea
se
va estrecha.
Pero esto era lo de menos; con Coquito en
escena se perdonaba todo lo dems es decir, no
es que se perdonaba, es que no se reparaba en
ello. nicamente cuando en un momento de espasmo artstico Rigoleta enseaba la cordillera
que rodeaba su vrtice sexual, o La Guayabitct,
por encima del corpino, daba al aire alguna de
;
aquellas vejigas que la servan de pechos,
blico
armaba un escndalo
p-
el
igual al que por unos
minutos se apodera del de las plazas de toros
cuando el estoque cae ms abajo de la rodilla del
animal.
,
La
letra de
tamente a
las
Las Consoladoras no pasara cierantologas, pero no se trataba de
eso se trataba de que Coquito
:
nos diese
siempre
ella
medida de su talento y nos revelase
un matiz nuevo de su arte, montndose a caballo sobre los lomos de una de sus compaeras,
y
la
frotando contra sus espaldas
pechos. Para ello
el
el
prestigio de sus
autor no haba tenido
que hacer decir a sus intrpretes
ms
JOAQUN BELDA
150
"
Yo soy
la
consoladora
del amor.
Yo cakno
ya
las angustias
del dolor.
Si te duelen los rones
yo
Y,
cima
el
dolor
te aliviar.
montaba enun nuevo pro-
sin duda, para alivirselo, se
del enfermo,
ensayando
as
cedimiento teraputico.
*
i
Julio se le caa la baba viendo las gracias
de su hija, y en un rapto de amor paternal acababa por coger a su polla y echrsela al hombro,
mientras las dems iniciaban una 'danza que ter-
minaban con unos revolcones por
el suelo.
Ser preciso decir que aqu bajaba el teln
para el final del primer cuadro ? El lector lo habr adivinado con su perspicacia, ya que esa ba-
jada del teln era la vlvula de seguridad de Ja
caldera del entusiasmo.
po
se
Con una bajada a
han evitado muchas congestiones.
tiem-
EL
segundo cuadro
se
desarrollaba en
ambiente de dolor que apenaba
ola
un
todo
a yodoformo. Julio tena enferma la polla;
haba consultado con unas cuantas eminencias
mdicas, se la haban visto los mejores especialistas
de
la corte, se la
haban reconocido, palpa-
do y auscultado, y todos estaban conformes en
el final Julio no tena ms remedio que separar:
La
soledad y unas inyecciones de
flogisto eran lo nico que podan salvar la vida
se de su hija.
de
la infeliz
el
Margarita, extenuada por
el
abuso
manoseo.
Julio, al or el fatal diagnstico, haba estado
a punto de desmayarse; esto haba ocurrido en
el entreacto,
pues como en
ms que un
la
compaa no ha-
no era posible sacar a escena el coro de doctores, como en El rey que rabi. Ahora, ya ante el pblico, el padre infeliz
ba
actor,
llegaba al corazn del auditorio con sus clamo-
musa
res
de desesperacin;
or g e Manrique, Espronceda, Bcquer, L-
pez Silva
la
hablaba por
remacos:
triste
de la raza
su boca con trenos je-
!;
JOAQUN BELDA
152
"No
llores,
corazn, que
no atiende tu dolor
ni
el
bien perdido
oye tu llanto
a tiempo t le dieras estrofanto,
si
de tu hija no escucharas
Qu
el
gemido.
fu de su vigor y lozana,
qu de su empuje, que a raudales brota?
Hoy ya, mustia, arrugada y casi rota,
es paja lo
Fu
que fu planta bravia.
del cuarenta
y dos recio mortero
que ante su boca cosech la ruina,
y con furia salvaje, mi... nenina
.donde apunt con fe hizo agujero.
Por
que
la
detrs,
por delante, por doquiera
miris os quedaris pasmados;
para librarse de su saa artera
slo existe
un recurso:
Cmo podr
vivir
si
estar sentados.
no
es
con ella?
Noya
ms bella,
Slvamela, San Sadurn de
Una
te
vela de esperma, la
ofrezco
si
me
salvas a la polla."
i
Estas ltimas frases Pepe Rodillo
las
deca
llorando, aderezndolas ccn unos sollozos hipantes,
que estaban pidiendo a voces los balones de
oxgeno.
el
pblico, ese pblico bajo cuyo boscaje
de brutalidad corre siempre
el
arroyuelo de la
misericordia, se entre^.ba, lloraba tambin, pe-
LA COQUITO
153
ro con un llanto que pareca una risotada y en-
como
tre el cual se oan frases
stas
Animal!
Eunuco!
Qu vas a hacer ahora?
Cmprate una de goma!
'
Tanto y tanto arreciaba
la
<
Rodillo
ovacin
deca los versos
como Calvo cuando no
lan los juanetes
der de algn
modo
le
do-
que Julio, para corresponal entusiasmo del pblico, no
tuvo ms remedio que avanzar hasta la batera,
levantarse la chaqueta hasta la altura de los
r-
ones y sealar los primeros compases de un
tango de marcado sabor de epopeya.
pblico
el
le
dio lo suyo con no medida
-
prodigalidad.
Coquito apareci por
la
puerta del fondo
no
ms que mirarla para comprender que, en
efecto, aquella chica no estaba buena. Unas oje-
haba
ras profundas le
jillas,
y un
su ser.
manchaban de
violeta las
me-
aire de desfallecimiento invada todo
Yno
con
habr que decirlo
ello esta-
ba ms guapa,- y, desde luego, mucho ms apetitosa, con ese encanto enfermizo que tienen las
violaciones en los lechos de los hospitales.
las habis
probado nunca ? Pues
No
es cosa de car-
denales.
La
chica le hablaba a su padre con sinceridad
que
lo que
lo
ella tena, lo
la llevara
que
la
estaba consumiendo,
a la tumba en plazo brevsimo,
154
JOAQUN BELDA
no encontrar remedio adecuado, era una falde humedad interior que, amojamndole los
ce
ta
msculos conductores de
la linfa nerviosa,
le
obligaba a pasar las noches en un grito, y a su-
cuando vea a un hombre de su agrado,
ahogos espasmdicos. Claro es que ella no empleaba estos trminos para hablar de su enfermedad no era tan cursi, y lo haca ms a la pata
frir,
la llana,
cia
para ponerse
media
al alcance
de
la inteligen-
del auditorio. Ella deca:
"Ay, padre!, lo que
es que
me
y me hace
me
pasa
seco por dentro,
un fregado
que me humedezca la casa.
Con una manga de riego
se cura mi enfermedad;
falta
sta, padre, es la
no
verdad
lo dejis para luego/'
El padre, hacindose cargo, contestaba
cari-
oso:
Vamos,
s; lo
que t necesitas
es
una du-
cha.
ella,
bajando
los ojos
y cruzando
nos, deca:
"La
ducha, estando malucha,
ser mi dicha completa:
en toda buena bra... vata
hay casi siempre una ducha."
las
ma-
LA COQUITO
155
un chico que
haba entrado por el ojo, y ella
Total, que en la vecindad haba
a Margarita
quera que
le
entrase tambin por otras partes
le
que como daba
la
maldita casualidad de que
el
chico se dedicaba a la hidroterapia, y posea en
su casa un arsenal completo de aparatos de du-
chas de todas
clases,
de regadera, de chorro, in-
frazoteicas
y vaginales, Julio cerr
queriendo hacer un ltimo sacrificio
los ojos,
paternal, se
y fuese lo que Dios
quisiera. El, mientras su hija tomaba la medicina, se ira a jugar un bridge al tupi de abajo,
por aquello de ojos que no ven... oculista que lo
dispuso a llamar
al vecino,
cobra.
Esto de que Julio
hija
el
se ausentase mientras su
hidroterapia) se dedicaban a las labores
propias de los sexos de ambos, cuando
ambos
sexos se encontrasen juntos, quizs no entrase
en los clculos del autor
al
planear su obra
no
cabe duda que sta, con aquella ausencia, perda
en solidez y fuerza emotiva, pues hubiera sido
mucho ms
de
la
al
la
noble y ajustado al patrn clsico
tragedia griega, que
el
padre presenciase
cura de su hija oculto tras un plato sopero, y
final, cuando el joven de las duchas terminase
su misin, saliese de su escondite y se dedicase
a enjugar
agua
el
cuerpo de su hija y a frotarlo con
caliente.
En
Clitemnestra hay una escena
parecida a sta. Es en Clitemnestra?
punte
JOAQUN BELDA
156
no lo recordamos, y no tenemos tiempo de
compulsar la cita.
Pero el teatro es transigencia con la realidad,
fijo
en
la realidad
Nuevo
el
cuadro
artstico del
Saln
era que Pepe Rodillo, nico actor de la
casa, haba de hacer el papel de hidroterpico,
despus de haber hecho
ca a quien
el
el
de padre de
la chi-
hidroterpico iba a... sulfatar. Ho-
rribles exigencias
De modo que
de
la ficcin escnica!
lo del bridge
no era ms que un
golpe de teatro, y donde Rodillo se iba al salir
de la escena no era al tupi
qu ms quisiera
l
sino a su
dera con un espejo en
hombre de
La
la
un cajn de ma-
cuarto, que era
la tapa,
a vestirse de
ducha.
escena quedaba ocupada tan slo por Co-
quito,
que aprovechaba
nlogo cantable que
la ocasin
para un mo-
pblico le obligaba a re-
el
no temas, lector, no te lo colocaremos ntegro para muestra te presentaremos
petir tres veces
slo
un retazo
"
Qu
& ran dicha,
mis dolores
van por
De
fin
a terminar
ese chico
la gran...
maa
mi sequa va a calmar.
Padres que tenis muchachas
que
se
mueren de
calor,
LA COQUITO
157
escuchad estos consejos
que os dar de balde yo..."
msica haca un arpegio parecido al
de la viola de Hugonotes, y durante el cual era
raro que el cornetn no cometiese una infamia
Aqu
la
con desafinaciones.
Una muchacha
soltera
no debe dormir;
pues durmiendo siempre sola
sola
sola, sola!
tendr sueos que sufrir.
No
debe comer
ms berzas
que los nabos y pepinos,
pues si come tambin peras
peras, peras!
se le
agrandar
el...
estmago.
Si notis que tiene vrtigos
y vomita y se marea,
esperis que pase el tiempo
tiempo, tiempo
y buscis una niera."
No
copiamos ms por no
dems son
fatigarte, lector
slo variaciones de la
misma
lo
idea
adems, creemos que con lo copiado hay bastante para que, no olvidndolo, puedas dar a tu
hija,
si
la tienes,
El chico de
las
una educacin esmeradsima.
duchas se presentaba, por fin,
JOAQUN BELDA
158
en escena venia con una
;
bro; por lo visto,
la
manga de
hom-
riego al
ducha iba a ser de chorro
libre.
Verlo Margarita y echarse a su cuello llena de
pudor fu todo uno. El dilogo que se desarro^
un poco vivo, como lo
exigan las circunstancias, y de un corte renacimiento que atufaba un poco.
llaba a continuacin era
T
que me pondr (buena?
Mujer, t no
ms que ponerte como
yo
que
dems corre de mi
Esa manga me parece muy
Hay que ver cmo
mujeres Cuancrees
tienes
te diga,
cuenta.
lo
larga.
sois las
do
es corta, os quejis, y
nis
el
grito en
cuando
es larga, po-
el cielo.
dentro me
Oye, y toda agua que
entrar
De que entra toda respondo
tiene
el
yo.
te
Al
llegar a este punto,
tra conciencia
hay una voz en nues-
que nos obliga a hacer una aclara-
cin: sentiramos, mucho, lector amado, que t
pudieras creer que cuanto aqu se cuenta y las
hemos inventado
Eso no puede creerlo ms "que aquel
palabras con que se cuenta lo
nosotros.
que por
la
pureza espartana de sus costumbres
no haya hecho nunca una escapada al Saln
Nuevo o no se haya detenido en las calles ante
cualquiera de los carteles que anuncian
tculo de dicho coliseo. Cosas de
el
espec-
Mim y
Nina,
LA COQUITO
Ya
te Judit,
159
eres hijo de Pura,
y otros de
eufemismo retrico.
comprender el lector que en obras qu&
llaman, el lenguaje tiene que estar en ar-
igual
Ya
as se
mona con
el ttulo,
blico se creera
pues de lo contrario
el
p-
defraudado.
Repetimos que esto va para los hombres serios y formales que no han querido molestarse
nunca en visitar el feudo teatral de La Coquito;
los otros, los hombres a la moderna, que van a
con ms asiduidad que
al
Museo de Pintu-
saben que no hemos inventado nada y que
acaso nuestro relato, comparado con la realidad,
ras,
sea el texto de los trece martes de
San Antonio,
corregido y aprobado por la censura eclesistica.
Expelido este desahogo, continuemos
lato.
el re-
El desenlace se aproxima, caro lector;
el
chico del riego deca a Margarita que para reci-
ducha haba de quedar completamente
desnuda; as se haba hecho en todos los tiempos, y no era cosa de variar ahora costumbres
bir la
seculares.
Ay,
De
pero, he de
Si te
desnudarme delante de
ti?
da vergenza, ponte de espaldas.
espaldas...
grande?... Eres
muy
y t con esa manga tan
caprichoso.
Coquito empezaba a desnudarse a
la vista del
pblico: caa primero la falda azul, descubrien-
do
las
medias blancas en toda su amplitud, y
JOAQUN BELDA
160
cuando stas iban a acabarse en el divino ensanche de los muslos, una camisita de beb con
unos lazos rosa serva de incentivo, con lo que
permita entrever en la penumbra de sus eneajes.
Soltndose a tirones los automticos de
la
espalda, la chica se dispona a quitarse la blusa
s
las gentes, las
mas
del
pobres gentes del pblico,
demonio de
la lujuria, se
vcti-
removan en
sus asientos, se alzaban en ellos para ver mejor,
como
presintiendo que detrs de aquella blusa
iba a nacer para ellos
una nueva Venus de entre
espumas del mar Jnico.
En la sala se fabricaba un silencio de matadero caa la blusa, y, en efecto, la camisita, que
las
mitad justa de la raya
de los pechos, dejaba ver casi todo el contorno
de ellos, blanquitos y temblones como dos palomitos que se arrullan. Y lo que faltaba, con el
terminaba su misin, a
botn de
la vida,
la
pequeo y erecto en su cen-
tro, se adivinaba, se presenta, casi se
tras la batista de la camisa,
otros
el
palpaba
que era para nos-
velo de riadna de nuestros deseos.
Concebs nada ms encantador, ms inoitante, ms de mareo, que el misterio a medias
de unos pechos que se esconden como la amada
que no se atreve a asomarse del todo al balcn
estacazo? Al dar ella
padre y le arrime un
unos pasitos, los escondi-
dos diablejos, con
balanceo del cuerpo, au-
por temor a que venga
el
el
mentaban y disminuan alternativamente
la su-
LA COQUITO
acaso
e agachaba
lotitas,
por acaso
feliz
un poco, entonces
las pe-
descubierto, y
perficie al
161
si
a punto de rompe** su prisin, nos tras-
ladaban
^ptimo
al
cielo
en un ascensor de cien
caballos.
Pero
chico de la manga,
el
como
nosotros, era
insaciable.
No, mujer; no puede Tienes que
quedarte complefamente desnuda.
Me va a dar
Ya
Bueno, pues
Ya
No, que queda uno
toy viendo.
Mujer, y qu voy a hacer? Lo tengo
asi
ser.
fro.
.te
calentar yo.
cierra los ojos.
est.
no,
abierto
te
te lo es-
as
le
desde que tena quince aos. Es una enfermedad.
Y qu das para curarte eso ojo?
Pues para ojo me dan unos parches de
nabos
Vamos,
parcheo.
del
te
el
cocidos.
>si
Como
ver
el
el lector, el
dilogo vena ligado
en una lgica concatenacin de ideas.
escrito de otra maniera el
No
ha
telo, ese modelo de
se
obras silogsticas.
Coquito, ante la necesidad, se dispuso a qui-
Qu
tarse la camisa.
iba a pasar all? Coquito,
completamente desnuda, y el pblico vindola as
por siete reales Acontecimiento <fe tamaa tras!
11
JOAQUN BELDA
162
cendencia social no se haba producido desde
que se inaugur
el
primer evacuatorio de
la
Puerta del Sol.
En
escena haba una chaise-longue, y en
ella se reclin Margarita, por consejo de su cula
randero; ya en
y en postura a propsito
para hacer humanidad nueva, se iba despojando
lentamente de la camisa primero sacaba un brazo, ensendonos el cncavo del sobaco, depilado, pero no del todo, para no privarnos del
encanto de un pelillo de piel de melocotn, que
invitaba a pescar un clico de frutas; despus
sacaba el otro, y como ya no le quedaban ms
brazos que sacar, proceda a arrollarse poco a
poco la frgil tela, del ombligo para arriba.
No habis visto nunca la salida del Sol en
una maanita dulce y tibia del mes de las flores ? Las tristezas de la noche van huyendo por
Occidente, y el cielo, por Oriente, va tindose
de una claridad plida, como si el da antes lo
hubiesen untado con tintura de yodo y se huesta imagen de
biese ya amortiguado el tinte
la tintura de yodo no la habrn ustedes ledo
nunca en toda nuestra literatura, tan rica en
imgenes y en ripios poticos. El Sol, como
onza de oro que llega a tiempo al bolsillo de un
cesante, va apareciendo poco a poco, lentamente, saludando con su risa de buen padre del da
a todas las cosas, y poniendo en ellas una cariella,
cia,
mientras se abren a su calor, y mientras las
LA COQUITO
163
puertas de las granjas y caseros se abren tambin para dar salida al labriego que va en busca
que la tierra guarda en el seno
de sus surcos; en las flores de la campia hay un
estremecimiento de la vida que vuelve, y en las
arcas de los Ayuntamientos rurales hay un dficit de varias pesetas, porque en ellas ha tiemdel
pan
diario,
po que se ha puesto el Sol.
Bueno, pues este espectculo que tan brillantemente acabamos de describir, es un entierro
de tercera comparado con <el espectculo del
cuerpo de La Coquito, descubrindose por parcelas al pblico, a medida que la camisa iba
arrollndose. Aquella carne haca temblar de
placer al auditorio; ya la camisa no era
ms que
una especie de turbante alrededor del pecho de
la chica ya el hombre de la hidroterapia, arro;
dillado ante ella, haba puesto la
manga en
esta-
do de guerra, y haba apuntado hacia el sitio
del mal. Llegaba el momento de la congestin
bblica; Coquito fu a sacarse la
cabeza,
y de
camisa por
pronto... maldicin!
quedaba a obscuras, y
el
La
la
escena se
pblico empezaba a be-
rrear.
El chico protestaba con toda la fuerza de sus
pulmones
Ay, que me la han cortado
Qu te han cortado ?
La
corriente,
obscuras,
mujer: nos hemos quedado a
JOAQUN BELDA
164
No importa, Por qu
contacto?
Ya voy, ya voy;
no
estableces
un
brete ms, para que
agua entre
el
bien.
Ms?...
No
puedo;
si
parezco la Puerta
de Toledo.
muy
Ahora!
No me
de piedra
Ya, ya
As,
bien; preprate. All va la du-
cha...
no soy
aprietes tanto, hombre, que
lo veo.
Se oa
el estallido
de un grifo que se abre, se
senta salir el agua, y, sobre todo, se oan los gri-
un sadismo espantoso,
tos de Coquito, gritos de
que en
la sala
cos de
muchos espectadores en
de ataque a
manga
la
ponan
los
igual situacin
bayoneta en que se encontraba
del hidroterpico.
mento no
imperativos categri-
al
la
que en aquel mo-
ya poda retirarse
con los cuatro quintos, para el resto de sus das.
Ay, ay, ay Qu bien! Me voy mejorando
se le pusiese as,
por momentos...
Y Juego este
Y qu
fresquita est el agua...
aparato, qu fino, qu suave, pare-
ce terciopelo... Ay, ay!
Que
me
muero!...
No
Ya no
ms, por Dios!
abuses, hombre...
Pero, mujer, y tu salud?
me ha venido ya toda de nuevo.
Si
Ay
!...
Haba otro silencio, poblado de unos sollozos.
El pblico empezaba a impacientarse por tanta
obscuridad. Margarita, en medio de ella, y ter-
LA COQUITO
165
minada ya la cura, haba empezado a vestirse.
Me pondr la camisa, porque me he quedado fra... As...
entonces, reparada indudablemente la ave-
ra de la fbrica, volva la luz,
contraba sola en escena
zada ya su misin
el
se en-
hidroterpico, reali-
con cunto valor y glo-
habase marchado a
llamaba.
En vano
Ingrato Se ha
ria
y Coquito
la calle.
ella lo
con
?a,
riego,
el
lo principal.
tendr
ido.
me
.,
pero no importa yo
;
he puesto buena, y esto es
Cuando me haga
ms que
no
falta otra vez,
llamarlo y vendr en seguida.
El padre, el seor Julio, se presentaba en escena nuevamente. Se haba encontrado en la escalera al hidroterpico y lo saba todo. Vena
radiante, tumultuosamente satisfecho es mucha
;
alegra la que produce ver en peligro de muerte
como una hija,
vida en un instante.
a algo tan nuestro y tan querido
y notar cmo recobra la
Se abrazaba a su hija.
Hija de mi alma Lo
S?
Ya que han sido
Tres?
minutos seguidos aguantando me
como una
Pues
verdad, no me he dado cuenta
de
han
o
[Eres de padre
!
s todo.
tres.
S, tres
cha,
herona.
yo, la
si
sido tres
hija
trescientos.
tu
JOAQUN BELDA
166
No plantee usted
nada.
Conque ahora,
charadas.
No
sana, libre, feliz
abierto para que te entre
sabemos
y con todo
aire en esos
el
Qu dichoso soy!
Pero la obra, que acaso fuese en
derno un gnero nuevo, y como tal
pulmo-
nes.
el
teatro
mo-
iaclasificable
dentro de los cnones consagrados, tena
al final
una moraleja: para ello se haba escrito, para
ensear a los hombres nuevos caminos de salvacin y nuevas normas morales. Es decir, que todas aquellas escenas, de un realismo salvaje,
todo aquel dilogo un poco de pocilga, que nosotros creamos fabricado para pasar
na
un
fin
docente,
como
el rato, te*
cualquier poesa de
Salvador Rueda.
ese fin docente estaba contenido en la
si-
guiente cuarteta que Pepe Rodillo colocaba al
pblico
como
aplauso:
contera de la obra para pedir
'
"Todo en
el
mundo
es bambolla,
todo cansa y todo hasta,
si notis el peor da
que est enferma vuestra polla."
el
Lector
todo
lo
que ha pasado hasta aqu
en esta seccin del Saln Nuevo, y que t
hemos presenciado con tanta valenta y paciencia, no tiene ninguna importancia.
Si en el coliseo de la calle de Cabestreros no
y yo
ocurriese
ms que
eso,
La Guayabi-
a pesar de
que siempre existe
para nuestro pblico en acorralar a una mujer
hambrienta a pesar de La polla de Julio y de las
ta
del indudable encanto
poicas
chotis del sexteto; a pesar de la cara
de Coquito y del placer que se experimentaba'
con slo verla en escena, su sala parecera una
sucursal del desierto de Libia en
un da de
di-
funtos.
Pero en
como
Saln Nuevo de
la calle
de Cabes-
Saln Madrid, y despus donde Dios quisiese con tal que fuera
treros,
antes en
el
Adela
cerca de nuestro domicilio
Portales,
Coquito, bailaba todas das noches LA
BA!!!
al final
de cada seccin.
La
RUM-
Hemos
dicho
algo?
Quin haba inventado este baile de perdicin y de infierno, en el que haba toda la mali-
JOAQUN BELDA
168
cia
el
de una juerga de frailes del siglo
verm de todas las
fbricas de Torino?
de lo haba aprendido Coquito f...
mos de
eso
ms
Por ahora
exista en el
Ya
Dn-
hablare-
tarde.
lo nico
el
es
que no
alguna, de las
muchas
que diremos
mundo danza
inventadas por
xv y todo
consorcio de la gracia y la
rumba pudiera compararse. El
garrotn ? Bah Eso era el tmido meneo de una
novicia. El tango ? Ganas de lucir los fondillos
de los pantalones, si era un hombre el que lo
lascivia,
que a
la
!
bailaba, o los cabos del cors
La
f uriana?
era una mujer.
Entretenimiento de los guardias
nobles pontificios cuando el
si
Papa
est durmien-
do la siesta. El tango argentino? Por Dios,
Baldomera! Si eso es el paso de un torrente por
encima de una tabla, y dando traspis.
Con esta creacin de la rumba por La Coquito
nos est ocurriendo a sus contemporneos
lo
que ha ocurrido siempre en la Historia. Los
contemporneos de Nern tenan a ste por un
empleado del matadero de Roma, un poco aficionado a la sangre humana con cebolla; pero
ha hecho falta que pasen los siglos y que el
tiempo ahume con su ptina al verdugo de
Agripina, para que podamos ver la grandeza casi
divina a que llega
la
maldad
da quemar una ciudad como
del to
Roma
car, al resplandor de sus -llamas,
que man-
para fabri-
unos versos ms
LA COQUITO
169
incendiarios que la brea con que sus esclavos ro-
ciaron las calles.
quien habla de Nern puede hablar dej
V, de ambos Esparteros l toy de Napolen. Los que tomaban
rero y el otro
caf en las Tulleras con el vencedor de MaCid, de Carlos
rengo vean en
l,
sin poderlo remediar, al te-
niente un poco afortunado a quien le salan bien
por chamba
las
carambolas de
Jena,
una por
Waterloo, rotura del pao y que-
un encuentro por retroceso
siete tablas;
las batallas
Austerlitz,
bradura del taco por haber tirado de prisa y con
mucha
fuerza.
As es
hombres,
la vida.
como
nuestra
si
al
cuanto nos
Parece que los hechos y los
convivir con nosotros, se achican,
propia pequenez contagiase
rodea.
Bueno, pues yo afirmo con toda solemnidad,
y si me equivoco que la Historia arroje sobre
mis hombros toda la responsabilidad de la afirmacin, que estamos asistiendo, con esto de
la
rumba, a un acontecimiento de igual importan-
y de mucha mayor trascendencia que la batalla de las Pirmides. Pasarn los aos, y los
pollos de ahora nos tornaremos viejos, y cuando
una tarde, sentados en la terraza del casino, nos
dediquemos con otros de nuestra misma promocin a evocar y remover las brumas del recuerdo, diremos con los ojos melanclicos:
cia
Qu tiempos
aquellos
Todo
era grande,
JOAQUN BELDA
170
no como ahora, que hasta
los
puros de a peseta
son del tamao de una angula. Hay que ver!
Aquel ao 15, por ejemplo, Snchez Guerra era
ministro de la Gobernacin se inaugur el tranva del puente de Segovia Joselito y Belmonte
llenaban de locos los manicomios de Espaa, y
;
La
Coquito, se acuerdan ustedes?, bailaba la
rumba ocho veces cada noche.
Al decir esto ltimo, nuestra lengua, ya temblona como un veterano del 69, humedecer
nuestros labios con un babeo de caracol.
La Coquito!... Vive an esa mujer?
Ya lo creo Vive en Morata de Tajua, casada con uno que fu cura, y al verla bailar una
noche en
el
Chantecler.
del Chantecler?
Una
Se acuerdan ustedes
. .
barraca de feria que haba
en lo que hoy es Plaza de Toros del distrito del
Centro...
yo me acuerdo.
Bueno, pues vio y
S, s
se volvi tan loco por
la
ella,
que
mand
de
al
al
ir
la barbera al da
barbero que no
la corona...,
r y cas con
al
siguiente
le afeitase los pelos
poco tiempo Coquito st
reti-
el presbtero.
Qu mujer aquella
Hubo
quien
le
dio mil
duros slo porque consintiese en darle una paliza.
Y nosotros habremos
esto,
y no
visto
y gozado todo
se nos habr cado la cabeza al suelo
LA COQUITO
171
hecha pedazos!... Decididamente
un venado.
el
hombre
es
Nosotros pensamos y tejernos la fortuna de
que con nosotros piense el noventa y nueve pot
ciento de la gente, que hoy da en Madrid hay
dos cosas que hacen
la
vida verdaderamente
amable, y son las que tienen
la
culpa de esa nos-
que invade a todo madrileo en cuanto,
sea en Pars o en Manzanares, pasa quince das
talgia
fuera de la calle de Carretas. Estas dos cosas
rumba de La Coquito y las pastillas de
caf con leche de Logroo recibidas esta maason
na.
Estamos conformes?
>la
Viendo bailar
jer se olvida
la
rumba
uno de todo
a esa diablica
lo
mu-
que no sea su cara
de nia precoz y sus pechos de virgen indostnica; saboreando
lcteo
el
una de
esas pastillas de jugo
mezclado con caf, que lian popularizado
nombre de
la capital
ganas hasta de hacer
de la Rio ja,
las paces
le
dan a uno
con Tirso Escu-
dero, ilustre hijo de Logroo, del que nos se-
paran de antiguo abismos de chismorreos.
Nosotros hemos visto a Coquito estremecerse
con
las
convulsiones de la rumba, y hemos
hemos
de Logroo en una
credo en Dios;
visto fabricar las pasti-
llas
fbrica
en
el
que
montada ad hoc
barrio de la Guindalera, de esta corte
9
por-
tuvieran que venir del propio Logroo
se gastaran
mucho
dinero en
el
viaje
y he-
JOAQUN BELDA
172
mos
cado de rodillas, alabando
el ,poder
de
la
Divina Providencia.
En
la sala,
prepara para
co
fila
mientras Coquito en su cuarto se
danza, hay un rebullir del pbli-
la
algunos escpticos leen
el peridico,
y en a
mitad de ella, nos enconrostro de nia del estudiante, hoy
tercera, hacia la
tramos con
feliz,
el
radioso, con la vivacidad del sediento
que
una larga caminata ve, por fin, brillar el
Sol en el cristal de la fuente que ha de apagar
tras
su sed.
Hoy
iba a ser
durante
tras
los cuales
una espera de varios
das,
haba procurado conservarse
limpio de todo contacto carnal para atesorar reservas, llegaba,
por
la calderilla del
fin, el
momento de cambiar
sueo por
el
oro de
la reali-
dad. Aquella noche, a primera hora, se haba
entrevistado cOn doa Micaela, y todos los detalles se
haban ultimado. El,
al
terminar la fun-
marchara a casa de ellas y esperara en el
portal. Al despedirse hasta luego, la madre tuvo
cin,
uno de esos rasgos lricos que daban el sello especial de su carcter.
Oiga, joven: como a usted le dar lo mismo, procure llevar el dinero en billetes chicos,
porque luego, para cambiar nosotras, todo son
dificultades.
As
La
lo har,
como
gustis, seora.
advertencia daba a 3a entrevista cierto
parecido a las del huerto del Francs.
LA COQUITO
173
Procure usted llevar mucho dinero suelto,
porque ese to, como no vea una banca muy
no
fuerte,
^leca
anima
se
Lopera a sus
vc-
timas.
El tambin estaba dispuesto a dejar la vida
con el dinero en aquel huerto de doa Micaela,
que la fruta que ms lozana creca era la
manzana.de nuestros primaros padres... Y ahora, aqu en el teatro, al pensar que aquella mujer que tantos codiciaban iba a ser suya dentro
de poco, sufra desvanecimientos medulares.
en
el
Va a
hay silencio y
ansiedad. El foco colocado al fondo de la entrada general verta ya su orga de luz en el escenario
alzarse el teln
en
la sala
todas las bocas se abran, y las que lo ha-
can con
ms
estrpito eran las de unos seores
graves, serios, formales, de esos que tienen to-
dos los problemas resueltos menos
el
de
la lu-
y que ocupaban delante de nosotros unos
asientos de la primera fila. Eran hombres casajuria,
dos que, para venir a ver a
La
de inventar ante sus mujeres
quier! junta
lo ineludible
la
Coquito, haban
reunin de cual-
de ciertos compro-
misos de amistad; y es que la mujeres casadas
no comprenden sus propios intereses sin el en:
tusiasmo que
el
espectculo de
La
Coquito pona
medulas de sus maridos, iban a gozar
ellas de la barbarie de su acometividad sexual, cuando volvan a casa a las dos de la madrugada ? De dnde ?
en
las
174
JOAQUN BELDA
Ya
suena la msica, y en la sala se produce el
ltimo movimiento de ansiedad. La msica que
acompaa a
ms
danza cubana
la clebre
es acaso lo
una msica picaresca, juguetona, imitativa de los movimientos concntricos de cierto acto carnal, cuando se
ejecuta de prisa porque al tren se le han roto los
incitante de toda ella
es
frenos y tambin del sube y baja de la mano
del hombre
la misma que ara los campos y da
cuando ste se acuerda de que el placer de Onn puede ser una solucin provisional en ciertos casos. Al final, la
msica se revuelca, se retuerce, cae en un desmayo fro que llega a hacer dao en las sienes.
direccin a los globos
No
cabe duda que
autor de esa msica de
el
pentagrama
modelo vivo de una pareja
condenacin agrup las notas en
teniendo delante el
de amantes en
el
momento de
el
la eterna sinfona
no hay en ella inspiracin, sino copia.
Al levantarse el teln, la escena est vaca y
as sigue durante un rato, sin duda para excitar
ms nuestra
impaciencia, y mientras, la msica
contina sonando.
Al
fin
se
abre la ltima
puerta del lado izquierdo y aparece Coquito, que,
apenas ha dado unos pasos en escena, cae de
lleno
A
do,
en
la
el
foco de la luz.
cabeza lleva anudado un pauelo mora-
como
ese que se ponen las mujeres en
daluca para enjalbegar los
y que, recortando
el
muros de
valo de
An-
las casas,
la cara,
hace a
LA COQUITO
sta
ms
facciones
armona de
bonita, resaltando la
;
175
lo
nico
la prisin del pauelo,
y ca-
unos caracolillos de pelo son
que se escapa de
yendo sobre
las
los ojos
hacen que stos aparezcan
soadores y perdidos en un negro extravo. De
las orejas cuelgan unos magnficos zarcillos de
brillantes,
que con
la luz
despiden destellos de
un modo extraordinario, como los ojos y los
dientes, menudos y apretados, que parecen de
ncar.
Un
pauelillo tambin
morado y con
flores
de oro le cae por los hombros, y ella sujeta con
las manos sus dos puntas delanteras. Recomen-
que no pierda de
damos
al lector
uelo
l es el secreto del
obra a
modo
encanto de
dio por
la
rumba
de tapadera incitante, cubrien-
do y descubriendo a comps
semioculto, tiene
vista este pa-
ms
un pauelo de
lo que,
por estar
atractivos. telo se per^
las narices
por este otro
pauelo de los pechos estamos dispuestos a per-
dernos unos cuantos mortales que tenemos poco
que perder.
Sin hiprbole puede decirse que
lo
dems
del
cuerpo celeste de Coquito est desnudo, pues
una gasa a modo de camisita, muy ancha por los pechos, para que stos
puedan jugar despus con toda libertad; ni
tampoco es una prenda de guardarropa un lienzo, tambin morado, que le cubre las caderas y
no
es ir vestida llevar
que por delante apenas tapa
el
vrtice sexual
176
JOAQUN BELDA
'
por detrs no llega a ocultar
la
felizmente
cuarta parte de los hemisferios de
Estos,
como dos
la
ni
fachada.
baloncitos apretados
desarrollan una curva discreta,
el
mayor peligro.
Los muslos, las
y macizos,
en la que est
piernas, los brazos, la espalda
pecho estn al aire. La carne parece seda, un poco plida, pero limpia y brillante,
en una invitacin ai mordisco, con su ligero tem-
casi todo el
blorcillo.
empieza la danza.
Con las puntas del pauelo muy separadas y
ste sirviendo de fondo, sobre el que se destaca mejor la parte alta del cuerpo, la muchacha,
empieza a dar unos saltitos y a temblar por todo
su organismo. Este temblor es el que nos invade
cuando el fro nos hace tiritar, o, ms propiamente an, el que sufrira una persona que, atacada de picores rabiosos por todo el cuerpo, intentara librarse de ellos frotndose con furia
unas partes con otras del organismo.
Dicen, y debe ser cierto, que en las fiestas que
l
se celebran
en los bohos cubanos
rumba naci como Minerva de
piter
donde
la
cabeza de Jlas negras que han de bailar la danza se
untan previamente
pimienta,
rretir la
se
uncin
el
cuerpo con ungento de
ponen junto
;
un
ataca, e impelidas
la
al
fuego para de-
picor infernal, rabioso, las
por
l,
danzan, danzan, hasta
caer rendidas por la fatiga, revolcndose por el
LA COQUITO
177
El atroz martirio de lujuria obliga a los
espectadores a sentir tambin cierto picor, si no
suelo.
en todo su cuerpo, en una parte
de
l,
muy
que los romainos conocan con
respetable
el
nombre
de grifo de la vida.
La
Coquito no se untaba nada en su cuerpo,
limpio y de morena transparencia nacarina pero
ante nosotros se retorca, se agachaba al suelo,
;
se alzaba irguiendo el busto hasta parecer
Y en
iba a caer de espaldas.
taba
el
que
estos temblores es-
encanto enfermizo del baile; pues, im-
pelidas por ellos, las piernas se frotaban unas
con otras, las dos partes del hemisferio posterior se abran o apretaban por su raya central,
ya duros y bravios por el masaje
que uno a otro se daban, se empujaban, temblaban como flanes recin hechos, y crecidos de
los pechos,
pronto por
el ejercicio
de un
modo
inesperado,
iban juntos de un sobaco a otro, querindose
escapar por los bordes altos de la camisilla.
La
msica, aquella msica que pareca ins-
pirada por
el
mismo
Eros, segua siempre so-
nando con sus cabriolas y sus desmayos.
La letra que serva de fondo a esta msica, y
que Coquito iba diciendo con voz firme
al
prin-
y despus, deliciosamente quebrada por
ia fatiga, era una prueba de que la incongruen:ia es tambin patrimonio de los trpicos, y no
cipio,
slo de nuestras
Cmaras
legislativas.
Deca as
12
JOAQUN BELDA
178
"
ba
la
'
ba Conchita,
la iba la
a la ba
'
la
cubanita,
que yo vendo
son ms dulces que la miel.
A la ba la ba Conchita,
los coquitos
a la ba
ba
la
a aquel que
la cubanita,
me
d dinero
mis coquitos vender."
Aqu
msica se quebraba en un
la
retorci-
miento, con algo de aire de marcha solemne
"Eh,
como
Eh,
la nieve.
ih,
como
oh; mis cocos blancos son
ih,
oh mis cocos dulces son
;
la miel.
Cocos... Cocos..."
La msica
del principio:
volva a recobrar
el
ritmo saltarn
'
"Alza, columba, rumba,
ven, coco, marg...,
ala te ver eh,
ala te ver eh.
'
Alza, columba, rumba,
ven, coco, marg...,
ala te ver eh,
ala te ver eh."
Como
ver
el lector,
entre esto y
un discurso
LA COQUITO
179
cualquiera de los que pronuncian los jefes de las
minoras en un debate poltico del Congreso,
mismo parecido que entre un duro y cinco pesetas. No hay ms diferencia que la induhay
el
mentaria del que pronuncia una y otra cosa. Indudablemente todo ello tendr su sentido en el
campos cubanos, a menos
camelo y la banana sean frutos
cal especial de los
que por all el
de la flora natural
del pas.
Para nosotros ahora
'
que salan
como perlas de la boca apetitosa de Coquito,
tenan un significado especial, un poco esotrico. Aqulla era una yendedora de cocos, que esestas palabras,
taba dispuesta a vender su mercanca por dinero,
que es por
lo
que
se
venden
casi
siempre todas
de este mundo, y los cocos eran los
pechos redondos, saltarines y juguetones, denlas cosas
tro de
a.
benvola prisin de
Ja ,camisa.
Ella enseaba la mercanca, velada por una
gasa, para que
no
la
picasen las moscas,
colocan las frutas en las fruteras; pero
era una mujer
como
como
comprenda en seguida que
nadie que no sea tonto compra sin ver bien lo
que va a comprar, y aunque todos hemos odo
ponderar mucho los cocos pectorales de La Co*
lista
quito, para rascarse el bolsillo haca falta algo
ms que una
simple referencia, o aquel entre-
verlos rodeados de sombras tras la gasa.
llegaba, lector, el
noche
los espectadores
momento de
fiebre
de
la
ya no conservbamos de
JOAQUN BELDA
180
hombres ms que
pues la
lasci-
unos perfectos
haba convertido en
nos
via
la apariencia,
guarros, glotones por hocicar en la bazofia de la
Ni por todo el oro del mundo hubiese
abandonado su sitio en aquel momento ninguno
carne.
de nosotros, y algunos, ms despreocupados,
aprovechaban la obscuridad de la sala, y la se-
guridad de que en aquellos instantes nadie haba de fijarse en
el
vecino, para perpetrar, deba-
jo de la capa o del abrigo,
del
el
crimen solitario
amor, que siempre ser un crimen mientras
haya en
el
mundo
falta
de poblacin en muchas
naciones.
La
orquesta disminua sus sones en un mode-
de espaldas al pblico
ya no cantaba. Hay momentos en que las palabras son ociosas, aunque sean con msica.
El movimiento de su cuerpo aumentaba en
violencia, y el ahogo del pblico era ya mayor
rato,
y Coquito
se volva
inclinada hacia adelante,
muy
riosa
bien la rotacin de la esfera posterior, fu-
y jadeante.
Qu
que
nos enseaba ahora
la
estara haciendo aquella
viramos
to se volva,
la cara ni las
aumentaba
la
mujer
manos ?
all,
sin
Muy pron-
orquesta sus sonidos,
y Coquito, soberana de impudor y de franqueza,
se abra el pauelo con ambas manos y nos enseaba, ya libre, sin tapujos, sin gasas que lo
velasen y magnfico en toda su amplitud, uno de
sus pechos,
una
bolsita de carne
un poco more-
LA COQUITO
na, contorneada
como
<por
181
manos de
escultor
meticuloso, en cuyo centro se ergua triunfante
de la vida, conK> un moshubiese parado en un quesito re-
e imperioso el botn
cardn que se
cin hecho.
Sacaba
el
la batera,
un trofeo de
En
el
busto hacia fuera, se aproximaba a
victoria.
pblico estallaba
un rugido, un verda-
dero rugido de bestia en celo
esconder
el
Coquito volva a
pecho, continuando
el baile.
Pero
gente no se conformaba: metida ya en
que de
como
lo paseaba por toda la sala
la bestialidad, quera llegar
hasta
el
la
bos-
el fin,
danza y caa el
teln era ya un clamor de pueblo que reclama
por la fuerza, si de grado no se le quiere dar, la
satisfaccin de un capricho.
El teln volva a alzarse, pues si no el teatro
y
cuando
la artista
terminaba
la
hubiera ardido por los cuatro costados, y Coquito, risuea y complaciente, volva a empezar
la
danza con igual entusiasmo que antes.
Habra sido curioso observar uno por uno los
rostros de los espectadores, y sacando de ellos
una fotografa en aquel momento, se tendra
una galera curiosa, digna de figurar en un museo del vicio
del crimen sin sangre.
Nada que
fuera expresin racional haba en aquellos ojos
abotargados por
la fiebre,
en aquellos pmulos
y sudorosos, en aquellas bocas abiertas
para dejar paso al anhelar de la respiracin el
salientes
182
JOAQUN BELDA
momento
mismo se mata
espectador pasaba por ese
de ceguera
en que lo
a la mujer
por celos infundados que se vota la candidatura
republicana en unas elecciones. Y los que creyndose observados por todos, queran aparendel instinto
tar indiferencia, eran los que
ms descubran
interior de sus cloacas, <con aquellas
muecas
el
for-
zadas y aquellos bostezos que no eran ms que
sequedad de garganta.
Coquito se saba de memoria a su pblico, y
por ello no ignoraba que repetir el baile para
hacer lo
dar
mismo que
auditorio
al
superarse a
do ms
el
los
primera vez era defrauen cada repeticin tena que
la
misma, y por
movimientos,
ahora, marcan-
ello,
al llegar al final
y echar
pecho fuera, lo mantena ms tiempo a
como un
la in-
tapaba y
descubra con travesura a comps de las voces
temperie, lo ergua
reto, lo
del pblico.
ms digna an de
estudio que la cara de
los espectadores era el rostro de aquella
en aquellos instantes:
su expresin
faz con
se transfiguraba, trocaba
humana en
divina y adornaba su
una sonrisa maligna,
que, con lo grande de su boca,
en dos partes,
Nada ms
fo, el
como una
incitante
mujer
quieta, exttica,
le
divida la cara
posesa.
que aquello
vencimiento definitivo de
la
era
el
triun-
mujer, que
al
ver a sus pies cien hombres rabiando y babean-
do de lujuria por
ella,
se trastornaba, se
embo-
LA COQUITO
183
rrachaba de orgullo y sufra un acceso de fiebre dominadora. Deba gozar y sufrir con mucha intensidad Coquito en aquellos trances, a
costumbre y si no gozaba ni sufra,
arte con que finga ambas cosas era tan so-
pesar de
el
la
una consagracin ms.
Y los hombres, los machos del pblico, engaados por aquello, mugan de sadismo al Ver
el cuerpo hermoso de la bailarina fatigndose y
berano, que
slo ya era
cubrindose de sudor para divertirlos a ellos;
entusiasmo era ya rabia, deseo loco de marti-
el
rizar a la
mujer y de
ser martirizado por ella,
ganas de echarse a sus
mordiendo, y en
aquella postura ser apaleado por Coquito, como
pies,
notario famoso que se alimentaba de suelas
el
de zapatos.
en aquellos momentos, una voz providen-
que vena de lo alto de la entrada general,
aullaba, no como peticin, sino como mandato,
que todo el pblico subrayaba
cial
Los dos!
ella,
ya de
'
qu remedio!,
los deseos
como
esclava que era
y aberraciones del pblico,
dispona a obedecer, sin cerrar
un
se
pice el estu-
che de su sonrisa, que mareaba. Se volva de espaldas y segua en sus frotaciones: al dar de
nuevo la cara a la sala y separar con violencia
las
dos puntas del pauelo, apareci Coquito
y como
era, sin velos,
Micaela
la
ech
al
sin tapujos,
mundo:
tal
como doa
los dos pechos, bre-
JOAQUN BELDA
184
ves, pero macizos, iguales,
armnicos, saluda-
un temblor de impudicia.
La camisa, cada ya hacia el ombligo, no era sino
una bandera que se arra tras un bombardeo
ron
al
auditorio con
tenaz.
entonces,
el
estudiante,
que llevaba un
cuarto de hora mordindose los labios, crispan-
do
\Ob
puos y apretando
las piernas
cruzadas
para evitar... lo inevitable, se rindi como
la ca-
amada. Un ro vital rompi el cauce y se desbord por las campias de sus muslos.
El chiquillo echse a llorar de rabia.
misilla de su
Julito
sali
la calle
enfadado consigo mis-
mo. Qu asco! Una semana haciendo penitencia y no metindose en la cama hasta que
el sueo no Je renda, para evitar juegos malabares con su organismo, y ahora, cuando faltaban minutos para la batalla, dispersaba tontamente uno de los ejrcitos de reserva que tanta falta le iban a hacer dentro de poco.
Algo
por
consolaba
le
ella,
la
siempre por
idea de que haba sido
ella
!,
y ante
ara de su
el
hermosura, donde se haba consumado
crificio
que ahora,
andar,
al
le
el
humedeca
sa-
los al-
rededores del obelisco sexual con riadas petroleras.
Recordaba
sacin del
to acto
casi
con miedo
la
extraa sen-
momento quien haba llamado
la'
a cier-
muerte chiquita no haba inventado
ninguna entelequia. Eso, una muerte dulce, una
agona cachonda, como dicen que es la de los
qu ahorcado habr vuelto a consemejante infundio? era
que
ahorcados
tar
diante haba sentido
lo
el
una muerte de
fuera la causante, ya que coincidi
de abrrsele las esclusas con
la
la
el
estu*
que
ella
momento
aproximacin de
JOAQUN BELDA
186
Coquito a
paba,
la batera, frente al sitio
armada de
arma de
la doble
que
ocu-
sus pechos
y con la eterna sonrisa, que pareca una burla
del que con tanto placer se estaba muriendo por
ella.
Mesn de Paredes la genSaln Nuevo le empuj ms de
Sali a la calle del
te
que
sala del
una vez fuera de
sin prisa.
la acera,
La noche
por donde caminaba
tena esa suavidad de algu-
nas de las del mes de marzo
los infinitos tupis
estaban llenos de gente, y un sereno
conversaba con una prostituta barata en la es-
de
la calle
quina de la calle de Juanelo.
De una de
las
puertas de la acera izquierda sala la magia do-
una guajira cantada por
Cabra en el disco de un gramfono.
lorosa de
el
Nio de
Ola a ans y a lea de las tahonas cercanas.
Un coche de punto iba despacio, calle abajo, a
encerrar sin duda, con el cansado tintineo del
nico cascabel de su caballo
se
matan
los
era la hora en que
novios en las casas de citas de las
y en que empieza a toranormalidad el instinto sexual de
calles tristes del barrio,
cerse hacia la
mayora de los pobres mortales.
Habis notado lo lricos que nos sentimos todos despus de saciar el hambre de la carne?
Conozco individuo que siempre que sale de
cierta casa de vampiresas de la calle de Lope de
Vega, va tarareando casi en voz alta el aria de la
calumnia de El Barbero de Sevilla, y puede asela
"
LA COQUITO
gurarse que
el
Pepe Verdi
tras
187
Aida lo escribi
un da de amor en el divino
tercer acto de
aples.
A Julio,
enton
el
en aquel momento, la malaguea que
gramfono despus de
la
guajira de
antes, le pareca cosa de los ngeles del cielo,
par a orla, acompandola con el pensamiento; la copla no era la primera vez que la
se
y tena ese sabor festivo que tienen
oa,
casi
todos los cantos populares del pas de las pasas
\
"Clavado en
el
corazn
un pual y un cuchillo
me clavo un tenedor,
llevo
si
ya ves t
si
esto es sencillo,
parecer un comedor.
t
con el optimismo del momento, se extasiaba oyendo aquello. Ya la calle haba quedado medio vaca; y cuando el mozo se haba
Jlito,
olvidado ya de todo, not que una figura huma-
no
se le paraba delante,
en
el
y ponindole
carburador de su organismo,
acento meloso
Vamos,
Tuvo que
le
la
mano
deca con
'
vienes?
fijarse bien
que se trataba. Delante
para comprender de lo
e. l
un rostro enunos ojos que no
tena
yesado en el que brillaban
habran sido feos antes de que los calcinara el
yoduro, y ms arriba, unos pelos untados con
188
JOAQUN BELDA
'
bandolina parecan de azabache en
de
la
el
misterio
noche.
Peinetas y abalorios de talco, una ropa pobre,
pero limpia, una boca de labios
muy
rojos
y dientes muy amarillos, y aquello, aquel montn de ruinas y afeites, era una mujer, una hembra de amor, una cortesana, hija de aquellas qut
Cermico de Atenas endulzaban con sus
manos la austeridad de la vida de los filsofos
que acudan a ellas en la hipocresa de las horas
en
el
nocturnas.
Qu
Que vengas conmigo.
Y dnde?
Aqu cerquita a
No tengo
tonto! Todos
dar mucho
El gusto ser mo.
dices?
la calle
de
la
Esgrima.
dinero.
decs lo mismo...
'Anda,
gusto.
ra, te
Ya
Mi-
lo creo!
Mira, podemos hacerlo a
la
francesa y a la italiana; vers qu bien.
Y a alemana? Porque yo soy germanovas con
y veo que
Y cmo a alemana? Lo hacemos
la
es
mo
los aliados.
t te
filo,
la
co-
t quieras.
Aquella mujer era una ingenua, que tomaba
en serio las bromas sencillas del estudiante.
alemana Los subditos del Kaiser habrn inventado la cerveza, una filosofa nueva, un mtodo de investigacin cientfica y una msica lila
LA COQUITO
de bueyes; pero una nueva
como un par
gera
manera de hacer
Italia, ese
189
amor, no.
el
pueblo de
artistas, que,
segn dicen
algunos, ha atacado por detrs a su aliada Aus-
maestra en esa clase de golpes, que el
que no los haya probado, puede muy bien graduarse de pobre, hombre. Julio, al or la propoes
tria,
sicin de aquella
como
ella no.
momia,
sinti
un
escalofro, y
haba cesado en sus manejos de
animando la
psiquis con el concurso del tacto no hay mujer,
por horrible que sea, que no pueda llegar con el
hombre a iguales resultados.
Vamos, anda...
Pero Julio acab de volver en s. Aquella
mujer no poda figurarse con quin iba l a acostarse aquella noche! Adems, se le haca tarde,
y sera una falta imperdonable llegar al portal
entrepierna,
fusele poco a poco
de Coquito despus que
ella.
Dio unas perras a aquella
di quitndose
el
criatura,
se despi-
sombrero. Mientras se alejaba
hacia la plaza del Progreso, iba pensando en
aquella proposicin con cierta melancola.
italiana
La
la
invasin del Tirol entrando por de-
Seguramente con La Coquito habra que
renunciar a ello, pues claro es que no iba la chi-
trs!
ca a descender a aquellos refinamientos de la
calle
de la Esgrima.
Cuando
lleg al
Progreso
le asalt
una idea
melanclica. Habra l renunciado a la
felici-
JOAQUN BELDA
190
como ocurre
dad, pasada por su lado,
ces en
na
'la
vida
Tuvo ,que dar un
raras ve-
quiebro en ple-
acera, pues otra cortesana vena derecha a l
como una
flecha,
del Tirol;
sin
eso, no.
duda para proponerle
La
lo
tentacin hubiera sido
demasiado fuerte y no haba que abusar de
la
flaqueza de la carne.
Sin ms tropiezos lleg a la calle de Espoz y
Mina. No era empresa fcil para un hombre solo
cruzar Madrid a aquella hora
a la vuelta de cada
calle,
en cada esquina,
acechaba la tentacin
en forma de mujer, y mediante un desembolso
que oscilaba entre dos y cinco pesetas.
El sereno, al verlo parado en
el
portal,
se
acerc solcito:
Buenas noches,
Creo que A casa
seorito.
Va
usted
al
prin-
cipal ?
s.
Le dio timidez
de...
declararlo; gracias a que
distinguido vigilante nocturno
con toda
le
el
sac del apuro
solicitud.
A casa de
Coquito
eso pero me han dicho que espere
en
Han venido ya?
nunca vienen
No,
de
dos
la seorita
es;
S,
aqu,
el
portal.
seorito
antes
las
o dos y media. Pero pase usted dentro y espere
aqu.
Le
abri la puerta y
le
hizo entrar.
Es admi-
rable la solicitud casi paternal con que los sere-
nos acogen a todo
el
que va a visitar
el
domicilio
LA COQUITO
de una cortesana
no hay en
191
ellos ese
mal humor
que ejerce oficio de celestinaje ms o menos directo. La abundancia de
la propina acaso explique estos abismos psicoinconsciente de todo
el
lgicos.
Cuando
salga usted maana,
yo
le
esperar
para abrirle.
Maana! Pero es que iba l a salir al da
siguiente? Mejor quisiera quedarse all, morirse
entre las caricias de ella poco a poco, con la
agona lenta de algunos patricios romanos.
Pas una media hora larga en la entrada de
la casa. No era mucho tardar? Despus de esperar ms de un ao, aun no haba, por lo visto,
esperado bastante. Oy el ruido de un automvil al principio
de
la calle; el
coche vena des-
pacio y se detuvo frente a la puerta de la casa.
Julio
entr
le
fuese su verdugo
un temblor de
el
que viniese en aquel auto.
Baj primero doa Micaela, y
entrada,
al
verlo en la
dijo:
le
Hola
fiebre, cual si
Est usted aqu ? Suba usted.
El no habl palabra ech a andar tras la dama, y antes de subir el primer peldao de la es
calera tuvo que apartarse para dejar paso a
La
Coquito.
La muchacha pas por su lado sin hablar, sin
mirarlo siquiera, y como un gamo que huye,
ech a correr escaleras arriba, dejando atrs a la
madre.
JOAQUN BELDA
Aun
sonaba
llave del sereno
la
cerrando
el
rumla creadora de la
portn de la calle, cuando
tardo
del piso. La puerta
ba hizo sonar el timbre
llegaron al vestbulo la
poco en abrirse; cuando
desaparecido por
dre y Julio, ya la hija haba
izquierda; dona Micaeun pasillo que haba a la
donde ola muy
pasar a un saloncito
la le hizo
completamente a obscuras
y que estaba
del
bien,
acord repentinamente
para que el recuerdo fuese
huerto del Francs
en la
al verlo avanzar
El estudiante
se
ms
vivo,
doa Micaela,
obscuridad,
Tenga
un
le
dijo:
tropezar en
usted cuidado, que va a
que hay ah.
Lopera deca a
Todo como en Peaflor;
silln
vctimas
Cuidado con
esa caera del agua,
usted a tropezar.
las
no vaya
'
bajaba la cabeza para
en la
el golpe de maza
ver el obstculo, vena
portillo de lo eterno.
nuca, que le abra el
golpe; la luz que caa
Julio no recibi ningn
que
aparato de cuatro brazos
a raudales de un
la que
la habitacin, fue
haba en el centro de
cuando
el visitante
todos los recuerdos.
vino a baarle, quitndole
que ahora
Espere usted aqu un poquito,
vendremos.
do-
Por qu hablaba en plural
Vendremos?
haba l contado, y puea Micaela? Con eso no
un exceso de carino
que aquella seora, en
de
LA COQUITO
193
maternal, no abandonase a su hija, ni en ciertos
momentos solemnes.
Pas revista a la
estancia
era
un
saloncito
pequeo y cuadrado, con un balcn que ahora
apareca cerrado de cristales y maderas, y con
los muros tapizados de salmn. Un gran espejo
cubra
muro de
el
la izquierda
y unos muebles
de la puerta de
y coquetones
daban al local aspecto de casa elegantita y de
habitacin en que se paraba poco. Algunos retratos de Coquito y varios muecos de china esparcidos en mesitas y rinconeras completaban la
fisonoma de la estancia, que pareca un nido sin
entrada,
sencillos
paj arillos.
Otra espera, y no corta bien conoca Coquito
arte de hacer guardar antesala, que tan de:
el
muchacho estaba
nervioso, excitado acaso por el perfume de ella,
seables hace a las personas. El
que
se respiraba hasta
y que era un olor
conservada en
rear
la escalera
seco, picante,
sitio
de
como de
fruta
hmedo, que llegaba a ma-
y un aceleramiento en
pulsaciones del joven... Despus un desengaruido en
el pasillo
o, pues el ruido pasaba de largo por la
puerta de
en
la casa,
como una obsesin de besuqueos.
Un
las
en
la habitacin,
misma
y todo volvi a 'quedar
silencio.
Dos o
tres veces se repiti el susto
al fin, al
cabo de media hora larga, sin ruido previo, suavemente, como ocurren en el mundo las cosas
13
JOAQUN BELDA
194
grandes, se abri una puertecilla de escape, en la
que Julio apenas se haba fijado, y que pareca
una trampa en el muro, y apareci ella con una
bata celeste, muy enjoyada y con su eterna sonrisa
en
el
rostro.
Le salud como
Hola!
Le
si le
Cmo
conociera de toda
la vida.
ests?
tendi la mano, y sin esperar su respuesta,
que no lleg a
salir
de
los labios del joven, sen-
tse a su lado, cruzando las piernas con decisin.
Coquito en aquel momento tena ese aire
in-
confundible de la persona que quiere drselas
de despreocupada, y que realmente est llena de
emocin. El, rojo como un pimiento, no deca
nada, y empezaba a notar que las sienes se
baaban de unas perlas de sudor
le
fro.
Cmo llamas?
Ordez.
te
Julio
julio...
S...
Quedaron
dos callados, y al encontrarse
sus miradas se echaron a rer. Ya l cobr fuerlos
zas con aquella risa y habl de primeras
No
cirle,
choque a usted que no sepa qu depero es que estoy que...
le
-Qu?
Pngame usted
la
mano
aqu, en
el
cora-
zn.
Blandamente,
le
meti por debajo del chaleco
LA COQUITO
191
una de sus manitas, cortas y rosadas, y con un
gesto de colegiala,
Ahora,
dijo:
le
Jess! Pero, es que est usted
s.
malo?
usted tiene la culpa.
que se puso colorada. Dios santo,
y era aquella la mujer corrida, cuyo nombre no
pronuncian las honradas sin santiguarse, y que
Fu
ella la
fijamente,
sin
hiprbole,
aquella escena del
habra
amor ms
representado
veces que pelos te-
na repartidos por todo su organismo! Cual-
quiera da reglas fijas para la psicologa de ese
arcano con cors que se llama una mujer
usted supiera que yo he sufrido desde
hace ms de un
Pero, hombre, por qu me llamas de
ted?
Es verdad; que no me doy
Me
Si
lo
ao...
us-
cuenta.
es
o me inspiras tanto respeto...
A eso Coquito no supo qu contestar instintivamente era una mujer de su tiempo, y no
comprenda entre hombre y mujer ese lenguaje
fiilosco-cursi de que tanto han abusado en esinspira usted,
aos
tos ltimos veinte
los autores
de comedias,
y que en Ja vida real no se produce ms que cuando uno de los interlocutores se ha soplado dos
copas de ms.
Bueno; y
Yo?
me ha
t...
S;
verme.
qu es
dicho
lo
que queras de m?
mi madre que
queras
JOAQUN BELDA
196
Verte, no
en
eso ya lo hago todas las noches
pero no
el teatro;
me
basta con eso.
Coquito se estaba fijando en
l,
caso de lo que deca; era bonito
rostro,
muy plido y
por
el
el
zagal.
Su
con los ojos azules, era uno
de esos rostros intermedios entre
la nia,
casi sin hacer
el
hombre y
que suspiran con vehemencia to-
das las jamonas lascivas; y los cabellos, entre
rubios y castaos, tenan en algunos mechones
matices de oro, y
ban
la
al
caer sobre la frente nimba-
blancura del rostro con arreboles de
puesta de Sol.
En
todo
haba ese aire virginal y de primicia que no pierden algunos mancebos aun desl
pus de cien noches tormentosas, y con el ensueo de sus ojos, y cierto aire lnguido y suelto al andar, era
uno de esos sujetos que,
al
tropezrnoslos por las noches en calles solitatias,
nos obligan a llevarnos instintivamente
mano
al final
la
de la espalda, en espera de asaltos
ancestrales.
Ordez, a pesar de su apariencia de
efebo codiciable, era un hombre, todo un hombre bien pudo comprobarlo Coquito al posar su
Julito
en medio
gadoen
vista
del errar a que la haba entre-
cierta entrevia sexual del cuerpo de
l,
y notar que un
dos,
empu jaiba
obelisco, levantado
hacia
el cielo la tela
en segun-
de sus panta-
con amenazas de ruptura.
con qu delicia o con qu terror
lones,
al
mismo
LA COQUITO
197
dndose cuenta, poco a poco, de
que aquel nio o nia, o lo que fuese, le gustaba mucho y le inspiraba deseos que raras vetiempo fu
ella
ces senta.
Para
amor
ella,
era
en
mayor
la
parte de los casos, el
un mecanismo, algo
mhace una suma
as
quinas de calcular, en que se
como
esas
apretando un botn, o se sabe los sablazos que
van a dar a uno en el ao moviendo un resorte; a lo ms que llegaba cuando el hombre que
estaba con ella era un virtuoso del colchn de
muelles, era a, ya metida en faena y con la luz
le
apagada y
el
cuerpo en dnamo, entregarse sin
reservas mentales. Pero este apetito, este' deseo
anterior al acto carnal,
y que
se presentaba
antes de que se hubiese soltado
aun
un botn de
la
no recordaba ella haberlo experimentado
ms que una vez en Cuba, en que habiendo visto una noche de luna
o sea la letra de una guajira
a un negro bandose en el ro Zapote,
vio que sacaba un brazo muy fuerte y musculobata,
so del agua, y luego se dio cuenta de que lo
que ella haba tomado por brazo era... otra cosa,
tambin de
la
ste del bao.
propiedad del negro bozal. Sali
. .
y a
taron Coquito y
orillas del ro:
la
maana
siguiente desper-
en un lecho de caas de
con aquello slo tena
bastante para bendecir su viaje a la
11a,
del cual se trajo
duros y
el secreto
las
la chica
Gran Anti-
adems quince o veinte mil
de a receta de
la
rumba,
'
JOAQUN BELDA
198
La noche
Zapote
del
iba,
por lo visto, a re-
Manzanares, y con un blanco que acaso eclipsase al negro del trpico.
petirse a orillas del
como
los ojos,
conocen en
estas cosas del gusto se
se contagian, Julio, al notar el efecto
que su persona haba producido, se ech a los
pies de Coquito, y cogindole ambas manos, le
dijo entre sollozos
Coquito
Qu
/
Que no puedo ms
te pasa,
hombre, qu
te
pasa ?
ayud a levantarse abrazados como dos buenas hermanas omeleteras,
salieron por la misma puerta falsa por donde anSe puso de
pie
le
tes haba entrado ella.
Anda, vamos y no hagas mucho
ruido, que
an no se habr acostado mi madre.
Entraron en una habitacin, en la que la nota
ms saliente de su decorado y mobiliario era
una chaise-longue amplia, resistente, que estaba
all como un trono vacante, esperando al nuevo
monarca.
No
que el lector penetra en
esta estancia, al menos con el vuelillo de la imaginacin la primera fu al principio de este vees la primera vez
con aquel hombre serio y fornido
que pag con tanta esplendidez ,1a cena pantardico relato,
grulica de
No
doa Micaela.
se sabe qu misterio flota en
de ciertas habitaciones, que
le
el
ambiente
obliga a uno a
quitarse la chaqueta y los pantalones apenas pe-
LA COQUITO
199
netra en ellas y antes de haber hablado una sola
palabra. As como al entrar en la mayor parte
de los Ayuntamientos de Espaa, lo primero que
se le ocurre a cualquiera es abrocharse,
en otros
mechinales parece que Ja ropa es un estorbo, y
procede uno a desabrocharse aunque se est muriendo de
Ver
fro.
Julito la chae-longue
y quedarse en man-
mismo
acto inconsciente:
gas de camisa fu un
sus dedos temblones haban iniciado ya la sepa-
racin de
ambos lados
del chaleco,
que unos brazos fuertes
trs,
el
en
le
y unos dientes de
cuando not
sujetaban por de-
le
rata se le clavaban en
lbulo de la oreja izquierda. Pens otra vez
el
huerto del Francs pero la voz de Coquito
;
mal pensamiento, dicindole
libr del
mientras
cima
le
dejaba caer
al
al
odo,
suelo con ella en-
No
te
desnudes an. Luego, ms tarde...
El senta
el
peso de
tra la alfombra,
ella,
oprimindole con-
y notaba cmo su boca
se pa-
seaba en una fiebre de mordiscos por su cuello
y por su cara. En un momento en que pudo volverla, vio que la chica estaba an vestida con su
y haciendo un esfuerzo, logr librarse de
su prisin, pero no sujetarla debajo, como quera, y ambos hubieron de quedar frente a fren-
bata,
te,
tendidos de costado contra
Como
el suelo.
juegan los gatos en enero en
de un tejado,
,as
el
alero
jugaban aquellos dos chotos
al
JOAQUN BELDA
200
ms
peligroso juego del revuelco amoroso. Ella,
astuta, haba sujetado
nas de
l,
manos con su
con
suyas las dos pier-
las
en cambio, cogindole
dos
las
izquierda, meti la derecha por el
borde del pecho de
la bata,
tico, los limoneillos
ms prcamamantan los
buscando,
con que se
nenes.
'
Se defenda la chica con valor
No, no; djame. Eso luego...
Anda, los de la rumba, ensamelos
Luego.
su-
plicaba Julito casi llorando.
Todo
lo
. .
Luego.
dejaba para luego aquella mujer.
Era rubor? Nada de eso: era simplemente
nocimiento exacto del valor de cada una de
colas
partes de su cuerpo, y sabia precaucin de no
entregar
primer ataque lo que ms
al
eran nada los coquitos de
ba
Por rozar con
la
la
vala.
creadora de
la
Ah
rum
punta de un dedo cualquie-
ra de sus dos botones, diera antao
el
mando de
su provincia un gobernador de una de las aragonesas,
como Granada Boabdil por un beso de
cierta boca.
Anda, que me voy a morir de
Luego,
sed.
luego...
Pero haba que hacer algo
talones del estudiante
no
el
equipo de pan-
era, ciertamente, el de
Luis Medrano, y el que llevaba puesto amenazaba con estallar. No en balde se juega por los
suelos con
una mujer como Coquito;
sta, entre
LA COQUITO
otros dones, tena
el
201
de hacerse cargo, y cuando
pudo conseguir la libertad para una de sus manos, fu con ella a explorar ciertos parajes del
joven, que ,era donde el estallido amenazaba.
Ahora fu ste el que peg un salto hasta
quedar sentado en
el
suelo
por Dios No me toques
No,
Por qu? Es de
y temes que
bromas;
No, no
que no quiero
hija, no,
ah.
tornillo
se te
caiga ?
gastes
es...
que
el
lo
tren salga antes de su hora.
Hubo un
silencio':
fuerza. Ella se arregl
dos respiraban con
^os
un poco
los cabellos,
que
haban iniciado un artstico desorden, y senta-
da tambin, esper a que
l,
por sus pasos con-
y como prctico que conduce la nave al
fondeadero entre los escollos de la entrada del
tados,
puerto, sacase a luz su imperativo categrico,
que pareca un faro vigilante entre
las borras-
cas del Ocano.
Quin ha dicho que
bil,
sido
la
raza .espaola es d-
como ahora se
Feijo? Pues Feijo era ms
apocada, feble,
dice?
Ha
inculto que
una mesa de noche. Quin se ha atrevido a
afirmar que entre nosotros, los hombres del La-
dan ejemplares magnficos de sementales humanos, de esos que .derriban una pared
de un relincho, y traspasan una fbrica de hierro
de un empujn? Lo ha afirmado Ontiveros?
cio,
no
se
JOAQUN BELDA
202
Pues Ontiveros
el
es
un pesimista, que todo, hasta
Montilla, lo ve negro.
No
hagan ustedes caso. Esas son afirmaciones gratuitas que hacemos los machos al da siguiente de sufrir un fracaso amoroso. Fjate,
no quieres fijarte, que te pasen por
agua un huevo
en Julito; aprecia en lo que
vale el podero de su conciencia que acaba de
exhibir, y dime si en Espaa, como en los ejrcitos del Kaiser, no hay tambin su artillera
gruesa, para rendir con media docena de disparos el campo atrincherado de Amberes. Y no
es slo Julito otros que no nos llamamos as...
pero bueno, no se trata ahora de hacer propaganda de los productos de la casa. Probad y os
lector
si
convenceris.
Coquito,
arrodillada,
miraba
aquello
con
asombro y con temblores de deseo. Como la
palma se eleva en medio del desierto como la
Giralda se alza en medio del casero policromo
;
de entre
como
el
pico del Teide surge bravio
la lujuria
de los campos canarios, as
de Sevilla
aquel imperativo era la antena de una telegrafa
sin hilos, ideal
que hubiese de recoger
das hertzianas que circulan por
la chica
el
las on-
sptimo
cielo.
alma ma! que, a pesar de ha-
muchas cosas en este mundo, nunca las
haba visto ms gordas, pensaba que aquel braber visto
zo del ,negro que
ella
haba visto baado por
luz de plata de la luna en
una noche
la
tropical, era
LA COQUITO
un
palillo
ra tena
203
de dientes comparado con lo que aho-
como
letra
la vista y,
por
la vista.
lo tanto,
de pago inmediato.
y la volva loca de
gozo a un mismo tiempo. Podra ella guardar
Esto era
en
que
lo
la aterraba
divino estuche de su cuerpo aquella joya,
el
que pareca fabricada
I
No
rio,
tendra
ya que
un
ella
,en el
pas de los gigantes?
lmite la elasticidad de su crite-
nunca haba odo hablar de nin-
guna mujer que hubiese albergado en su casa
por una noche a un poste del telgrafo pblico ?
Pasifae celebr un coloquio con un buey, segn dicen los que le vieron pero con una ganadera a un tiempo, ni Pasifae, ni la Chana.
Como el indio se arrodilla ante un dolo de la
;
orilla del
Ganges, as estaba
postrada ante
ella
Este rea ^orgulloso y satisfecho, y hasta se
acordaba con melancola de sus mil pesetas, que
Julio.
an tena en
el bolsillo,
pero que dentro de poco
habra de entregar en
manos de doa Micae-
Haba estado torpe con ensear su interior
a la hija, y aun quiz a la propia madre anla.
tes
de cerrar
el trato,
es seguro que se habra
ahorrado doscientos duros.
a
l al
Como
que deban pagarle, como
le
fenmeno, era
pagan a Juan
Belmonte.
i
Coquito extendi las manos lentamente, como
un ceremonial de un rito clsico, y fu a coger
con suavidad aquel cetro de imperio del mundo.
Mientras llegaban a l sus dedos, iba pensando,
JOAQUN BELDA
204
por qu no?, en un fenmeno de ptica. Con
no era
tacto saldra de su error, pues
el
posible
que en un cuerpo tan pequeo hubiese tales amplitudes de conformacin.
Un
nuevo grito de
l casi la
asust
No!, no! Te ruego que
Ya
dio rabia
Claro Como que de
no...
,
a ella le
No
ser
cera.
hizo caso de la burla, y se limit a repe-
tir
Luego...
Ahora era
Luego... Luego...
que quera una tregua, y contena con los ojos las impaciencias de ella. El
l el
suelo iba a servirles de lecho
como en
los colo-
quios amorosos de las edades patriarcales
fu tendindose
pereza,
ella
con
l,
el
como una pantera que
ella
se des-
ya en postura propicia, cay sobre
mpetu de un arroyo que se des-
borda.
Hubo
esos movimientos usuales de todo aco-
plamiento sexual, que los hombres hacemos
mismo que
las bestias:
lo
comps de piernas que
que se alza, sin que nadie sepa
quin la alza, madera que cruje, bocas que se
juntan y ruiseor que canta en un rbol prximo, o encima de un ropero a falta de rbol.
Coquito sinti que sus carnes se desgarraban,
y apoy la cabeza contra el suelo con el estoicismo obligado del que se somete a una operacin
se abren, falda
quirrgica sin cloroformo;
all,
junto
al suelo,
LA COQUITO.
205
junto a la tierra, de la que todos venimos y a
la que iremos a parar, fu a buscarla la boca de
con
l,
el
acero del apndice lingual en
ristre,
jadeando, babeando, con las crispaciones del
un
mundo, si la creacin de un mundo nuevo no
fuera siempre una tontera.
Ella, entregada, rendida, y echndote una de
las piernas por el coxis, se quejaba como una
y con furia
epilogo,
suficiente para crear
corderilla
Ay, ay!
Qu pasa
Qu
Julio...
te
s yo!...
Ya
no haMaron ms
fu una danza infernal,
una convulsin epilptica de los dos cuerpos jvenes, en una de cuyas revueltas la mano de l
hizo presa en uno de los pechos de ncar de la
hermosa. Eil ro vital se sali de madre e inund
prados ribereos, fecundndolos para la cosecha futura. El ltimo signo de vida antes del
los
marasmo
final,
fu
un mordisco de
en
(los
ca-
que olan a heno y a violeta.
Y en el mundo, la rueda del amor haba dado
una vuelta ms, camino del infinito...
bellos de ella,
En
el
piso de abajo de Coquito viva
ma viu-
da de un comandante, mujer tan virtuosa y de
costumbres ,tan austeras, que no guisaba nunca
tortilla de patatas, porque deca que para ello
JOAQUN BELDA
'
206
era preciso andar con huevos.
morcilla en
el
Jams echaba
cocido, porque deca que eso era
ofender a Dios, y cuando sala dje su casa era
para or misa en la vecina iglesia de San Sebas-
o para comprar pelotas de fraile en una
confitera de la plaza de Santa Ana.
Bueno, pues hay quien dice y nosotros acogemos el rumor con toda clase de reservas, pues
no nos consta su autenticidad de un modo fidedigno que la noche del coloquio del estudiantin
y La Coquito, la viuda despert sobresaltada
por haber odo un ruido extrao en el techo de
te
su habitacin, que caa
el
diablo las carga
precisamente debajo del revolcadero de
de
la
la reina
rumba.
La viuda encendi
cho, haciendo
un
la luz
y vio que por
taladro, penetraba
el te-
un objeto
extrao, terminado en punta, aunque algo roma,
y que
ella
recordaba haber visto alguna vez an-
de quedarse viuda. El objeto suba y bajaba
en movimientos peristlticos, hasta que acab
tes
por desaparecer.
Ella dijo que aquello era cosa del demonio.
lio,
El demonio
El imperativo categrico de Judespus de hacer el traspaso del cuerpo de
Coquito como
perforado
el
ra de hierro.
i
el
piso
de cualquier lechera, haba
,de la
casa, que era de
armadu-
Tras
de
tempestad vino
la
la
calma; tras
del ddirio, el ungento amarillo de la
conversacin.
Cados en
la chaise-longue
como dos nufra-
mar
arroja a la orilla sin ropa y sin
dinero, fu ella la que inici el dilogo, ya en
gos que
el
plena confianza:
Oye, y verdad que me cont mi madre?
Qu cont?
habas
Lo de mil
que
duro en mucho tiempo.
do duro
a perra
Duro duro? Y perra
es
lo
te
pesetas
las
las
reuni-
chica
chica.
Mira, algunas veces
prar un peridico
me
entraban ganas de com-
echaba
mano
al bolsillo, sa-
caba cinco cntimos, y cuando se los iba a dai
al vendedor me arrepenta, me guardaba el di-
una caja de
calomelanos en cuya tapa haba hecho un orinero, y al llegar a casa lo meta en
ficio.
Calomelanos
Pues otro
da...
Fu
el
da de
bueno, eso hay que verlo.
San Antonio, y habamos cenado
JOAQUN BELDA
208
escabeche en un puesto de la Florida varios
amigos y yo; volvamos a eso de la una de la
madrugada hacia Madrid, y yo llevaba una sed
rabiosa
la boca, seca
la
lengua, fuera
la gar-
ganta, apretada...
como yo cuando
Eso. Bueno, pues en
S
bailo la
rumba ms de
tres veces.
cuesta de
lustroso,
un aguaducho de
San Vicente haba un
la
botijo grande,
que seguramente para moverle necesi-
una gra, y cubierto con un pao mojado
en toda su parte de arriba. Aquello fu para m
como el rbol salvador para el que va huyendo
de un toro por un suelo de guijarros. Sin decir
nada a los otros me separ dd grupo y me fui al
puesto con una perra gorda en la mano cuando
tara
me
me
acord de
y guardar
ti
era ya tarde para arrepent r-
los diez cntimos en el sarcfago
dueo del aguaducho haba acudido ya, preguntndome solcito:
" Qu va a ser ? " Pero tuve un rasgo me lan
c y le dije al hombre con toda naturalidad:
" Tiene usted champagne Piper Hiedsick?" El
de los calomelanos, pues
el
hombre, que era un
me mir
los ojos me
castizo, se cuadr,
de alto abajo, y echando lumbre por
dijo: "Pero usted se ha credo que a m esto
me
paga Lhardy?"
Yo me
gan
el
sofoco,
me
faltaba
ms que novecientas noventa y nueve
pesetas
lo
pero
me
ahorr
la
perra gorda ya no
;
y noventa cntimos para... llegar hasta
ti.
Cuan-
LA COQUITO
209
do llegu a mi casa me agarr a una botella de
barro que haba en el balcn y traspas su contenido de Lozoya a mi estmago durante media
hora a la maana siguiente despert dando gri;
moverme en
cama de un
lado para otro, se me volcaba el agua como una
catarata o como un salto para mover un molino.
tos
en
el
vientre, al
la
Coquito, no poda remediarlo, en
una sentimental, y
el
al or el relato
fondo era
de aquellas
hazaas, que parecan llevadas a cabo por un
hroe de Troya, se ech
que ya ante
si
al cuello del
ella tena el prestigio
yo
te
contara
la
muchacho,
de un valiente.
de corridas de toros
de cuartas de Apolo renunciadas,
perdidals, la
los paseos a pie de casa a la
como
Universidad, des-
un carro de
perdicin. Cada peseta ahorrada me pareca un
escaln subido en una escalera que me acercase
preciando
el
tranva
si
fuese
y a cuyo final, en el ltimo peldao, estabas t, esperndome con los brazos abiertos y
tapndome piadosamente con tu cuerpo la figura de tu seora madre, presta a cobrar las mil
a
ti,
pesetas
y a apuntar
la
partida en
el
debe de su
embrujado.
l'bro
Tantas
Bueno!
ganas tenas de verme?
No
eran ganas, era apetito de-
mente.
La
que
chica callaba extasiada. Tanto vala
ella,
entregaban los hombres a toda clase
de locuras por poseerla? Nada, ni aun el mismo
as se
.:
210
JOAQUN BELDA
homenaje diario
del pblico, del cual triunfaba
con slo exhibir su cuerpo, a diferencia de otros
artistas, en cuyo triunfo ha de colaborar el estudio,
conmova
le
tanto, le llegaba tan adentro
adentro!
y tan
como
aquel sacrificio del
pobre muchacho que durante tanto tiempo casi
no haba vivido para llegar hasta ella.
Julio no quiso que la conversacin languideciese y volviese demasiado pronto la pelea del
amor.
aprovech
el
momento para
saciar
una
curiosidad que desde hace tiempo senta.
Oye,
quin te ense a bailar
la
Nadie aprend yo vindola
a unas negras en un boho de Cuba.
Es
Y cmo fu?
Pues
que
yo trabajando en
la
y a
ti
rumba ?
bailar
sola,
,1a
curioso.
nada,
estaba
Habana, y un amigo
muy
que vena todas
las noches a mi cuarto, y algunas me acompaaba despus hasta el amanecer, me dijo una vez
"Oye, Adfela, voy a llevarte una noche, cuando
rico,
termines tu contrato aqu, a que veas una cosa
que
te
va
,a
gustar."
Y l me dijo
"No
"Qu es?"
te lo
mi
digo
es
le repliqu
una sorpresa."
y la primera noche que me qued libre vino mi amigo a buscarme en un coche, y salimos al campo,
Haba luna?
Total, que termin
contrato,
Si.
^-Me
lo haba maliciado,
LA COQUITO
211
Por qu?
Porque no hay noche cubana,
,
en romances, en que
ni
ms
alto <lel cielo
^o
brille la
por lo visto,
all
en coplas
luna en lo
ni
ese astro tie-
ne poco que hacer, y sale todas las noches a
alumbrar con sus reflejos los retozos de los gua-
chindangos y las lubricidades de las mulatas atasi alguna noche, por
cadas de furor ertico.
olvido, el ,disco lunar se abstiene de cumplir
con
su obligacin faltando en su puesto de viga
celeste sobre los
plas que
dan
campos de caa,
la vuelta al
se
hacen co-
mundo recordando
el
fenmeno, como se hicieron aqu cuando la
muerte del Espartero. Recuerda si no aquello
que habrs odo muchas veces
Mochuelo en
al
Oden
los discos
"Una noche en que
no daba su
la
luna
luz tan bella,
solamente alguna estrella
alumbraba mi fortuna.
Vida ma!"
i
Cosa que aqu ocurre cada lunes y cada martes, sin que lo convirtamos en poesa; si acaso,
en vez de fiarnos solamente de alguna estrella,
instalamos
carburo o alguna lmpara Nitra.
Bueno, pues aquella noche haca luna. Yo,
mientras
les
los
el
el
coche corra por entre los platana-
campos de maz, me iba fijando en
,el
212
JOAQUN BELDA
yo no haba visto nunca noches como
aqulla el firmamento parece que est tan cercielo;
ca de la tierra, que con empinarse
va a tocar con
dd
mano, y por todos
la
se
los lados
horizonte se vean unas claridades tan inten-
que yo muchas veces
sas,
preguntaba
le
un poco
si
me
amigo y
volva al
aquel raudal de luz era
el
alum-
brado de un pueblo o de alguna fbrica. El se
mo
de
me
rea
la
la
contestaba
"A
todos os pasa lo mis-
primera vez aquello es
;
Y el olor,
noche. "
se aspiraba
la
la claridad natural
mezcla de olores que
en medio de aquella vegetacin era
tan intenso, que llegaba una a sentir los aho-
gos del mareo
y, sin quererlo,
pensaba
lo agra-
dable que sera revolcarse por aquella verdura
en compaa de algn hombre que no fuera
exigente.
muy
Iba madre contigo?
Ya creo!
Pues a seguramente no
pensamientos tan
como
pasaba por como por Lavapis en
tu
lo
se Je ocurri-
ella
ran
poticos
Ella
,los
tuyos.
all
una noche de verbena; yo apenas la oa, pero
puedo asegurar que iba repitindole a mi amigo
la eterna cancin: "Que la chica ha subido mucho; que ya no es lo que era; que tiene cada
da una docena de pretendientes..." Es su obsesin.
Bueno,
Pues nada,
sigue.
que despus de caminar una
LA COQUITO
213
hora corta, llegamos a una especie de barraca
que, oculta entre el follaje, no la vimos hasta
que
la
tuvimos encima.
seis
siete
Una
docena de negros y
negras salieron a recibirnos, hacin-
donos muchas zalemas y besndome todos a mi
la mano y llamndome, desde que llegu, amita.
Qu
ricos!,
Nos sentamos en
butacas de lona que se
mento
la
misma puerta en unas
movan solas, y al mo-
la
negra ms fea de todas, grandota
con unos labios que parecan rajas de sandia,
nos fu pasando por delante, dando unos brin-
una .bandeja en
quitos,
la
que haba unas veinte
copas grandes, llenas hasta
la
mitad de un
lqui-
do negro y espeso, que yo beb sin saber lo que
era, pero presumiendo que no me haban llevado all para envenenarme. En cuanto tuve la
boca llena ya saba lo que era aquello
era ron
tiqusimo ron espeso y caliente, muy caliente,
hasta abrasar la boca. Cuando ya el lquido me
yo not que aquel ron no era
lleg al estmago,
como
el
que yo haba bebido hasta entonces,
que tena un picor extrao, suave y emoliente.
Sera
Ca! Yo me
cazalla.
intrigu; quise despejar la in-
cgnita y se lo pregunt a mi amigo. El se rea,
mucho, y no quera decrmelo; pero al
ver que me enfadaba me descubri el secreto:
aquel ron llevaba una dosis muy fuerte de menta pero no del licor de la menta adulterado por
se rea
JOAQUN BELDA
214
jugo de la planta, extrado a golpes y vertido en las barricas del prol
alcohol, sino del propio
pio ron.
Pues
misa con
Mira,
que
el licorcito era
como para
decir
l.
yo aquello y empezar a dar botes
en la mecedora, fu todo uno. Por todo el cuerpo, como una corriente elctrica, me corra un
deseo feroz de amar a alguien en medio del ardor de la noche del trpico, que se me haba a
m trasladado a las venas. El deseo, que en m
hasta entonces haba sido una necesidad ms o
menos perentoria, era ahora un mandato imperativo, una apretura como... qu te dir yo?,
como cuando ha bebido una mucha cerveza y
tiene en la vejiga un hierro candente que urge
or
expulsar.
Y qu
Nada; poco a poco me fu bajando
hiciste?
la fie-
y aunque me qued la gana, ya era una cosa
tolerable; mirando al cielo y aspirando el perfume de los campos, me di cuenta de que en
aquella tierra las caricias del amor tienen que
bre,
ser mordiscos,
y me expliqu despus,
al
ver lo
puede nacer y cultivarse
un baile como esa rumba, que parece haberla inventado el demonio.
Y las negras, qu haba sido de ellas?
Yo not con extraeza que, apenas nos saque
vi,
que slo
all
ludaron a nuestra llegada, desaparecieron; pen-
A COQUITO
s si acaso sera
215
costumbre que en las
visitas se
retirasen ellas.
ellos?
,
Los negros?
S.
All
estaban, sentados a
un
lado,
en
el
sue-
formando semicrculo, muy calladitos y mirndome de un modo fijo, exttico, con un brillo en los ojos que no poda saberse si era deseo o extraeza, y que a m me obligaba a bajar
la vista cada vez que los miraba. Aquellos hombres daban miedo, con el fulgor blanco de sus
lo,
dientes,
que enseaban de vez en cuando, como
una en el cuello.
tu amigo qu haca?
afilndolos para clavrselos a
Bueno, y a todo
Sentado a mi
esto,
lado,
cogido una
fijo, sin
muy
cerca,
me
haba
mano y me miraba tambin muy
dejar de sonrer.
Y tu seora madre?
La pobre! Se haba quedado dormida en
su asiento, despus de haberse quejado varias
veces de una debilidad espantosa y haber hecho
matasen un gallo para comrselo con
arroz en cuanto despertase.
que
le
Tu madre
De pronto
es
una
poetisa.
sentimos un ruido extrao por
detrs de la barraca, algo as
como
relinchos de
montadas por el macho, aullidos de hembra que est dando a luz
seis cras a un tiempo. Le pregunt a mi amigo
bestias,
saltos de cabras
JOAQUN BELDA
216
''Son las potras en
calma,
potrero?"
el
me contest: "No;
l,
con toda
que ya
qu van a hacer?" "Ya
"Y
vienen para ac."
son
las negras,
Los negros, al
or el ruido, se haban puesto en pie de un salto
rean, olfateaban como el galgo ante el rastro
mujer;
lo vers,
de
y sin estarse quietos, daban unos
la liebre,
sal-titos
pies
en
suelo
el
y quisieran
las
gustar..."
te
como
tuvieran fro en los
calentrselos.
negras?
gunte tanto por
si
ellas,
No
choque que te prepero es que han llegado a
te
interesarme; yo en este lance juego a las negras.
Pues
negras
las
aparecieron
tromba, aullando, saltando
hasta que
al
en
como una
fila
quedar frente a nosotros
ron por parejas, dejando en
el
de cinco,
se pusie-
centro sola a la
que pudiramos llamar capitana o directora de
todo aquello. Las negras vestan de un
muy parecido
como
salgo yo en
el
modo
teatro para
rumba, aunque un poco ms... sugestivo a la cabeza, un pauelo arrollado igual que
yo, pero de un color encarnado rabioso, casi
fuego, y asomando por debajo de l en grandes
bailar la
;
mechones el pelo, negrsimo como el jugo de
un calamar; una camisilla, tambin rojo guindilla, les
caa casi debajo de los pechos,
stos
salan al exterior en toda su plenitud a los pri-
meros compases de la danza; el pie, completamente descalzo, y la pierna, desnuda hasta la
entrada del desfiladero sexual.
LA COQUITO
217
Vamos, una indumentaria como para
de
arruinar a todos
Es que hace mucho
gente
Pero, por que
de manicomio
comenz con
El
s,
tejidos.
los fabricantes
calor.
all
es bas-
se ye, la
lo
tante fresca.
furia
baile
aquellas mujeres bailaban gritando,
de animarse a
sin dejar
mismas con voces descompasa-
das y con chasquidos de lengua de los que se
usan para hacer andar a las caballeras.
constelado de
Todo
bajo
no? Muy
de
mujeres
Los movimientos de
ello
plata
el
cielo
la
potico.
las estrellas,
aquellas
lle-
gaban a ser inverosmiles por lo vertiginosos;
pareca que una corriente elctrica, transmitida
por un enchufe en el sobaco, las sacudiese hasta
desmigue, haciendo confetti de sus carnes
el
de carbn.
mente
feas,
siendo,
como
eran,
se transformaban,
indudable-
se embellecan
repentinamente, con los labios gordetones y rojos
como
tes
blanqusimos,
como
los
sandas recin caladas; con los dien-
como
fichitas
de domin o
cpsulas de leche de grilla viuda, y con
pechos macizos, firmes,
como grandes
pellas
de betn.
Coquito se enardeca recordando todo aque-
que en su conversacin ordinaria era
que la funda de un fagot, ahora, al
remembrar aquellas horas de fiebre y de lujuria
llo; ella,
ms
sencilla
cabra bajo
el cielo
amplio del trpico, se vol-
JOAQUN BELDA
218
va oratoria, adquira un brillo de luxol
mos cobrado
ba
la
el
en
anuncio
y matiza-
narracin con unos adjetivos de juegos
que en su boca parecan bombones.
florales
Las gotas de sudor que
ban
los ojos,
no he-
la piel
al principio perla-
de las negras eran pronto chorros
que, al resbalar por el cuerpo, daban a ste
un
una ganas de
acercarse a aquellas mujeres, y con la lengua
irles limpiando el sudor, que deba tener un su-
brillo
apetitoso; le entraban a
gestivo sabor a percebe gallego.
Con lengua? Por Dios, Adela!
cundo guardas
paos de cocina?
Yo,
no me haba
la
Para
los
fijado en la
al principio,
danzarina del centro
aquella mujer, o no esta-
ba entre las dems cuando nosotros llegamos, o
me
haba pasado completamente
Era
la
ms gruesa de
inadvertida.
todas, pero con
una gor-
dura que pareca hecha a torno, como un gigantesco mueble de bano. Vamos, algo as como
si la Cibeles tomase un bao de tinta.
En las comparaciones se ve que eres una
La
griega.
nes,
cara,
con
la
proporcin de sus faccio-
demostraba que en cualquier tipo de
varias razas de la especie
deforme que
Ya
noc
sea,
lo creo!
humana
las
puede, por
encontrarse la belleza.
En
los
baos de Cestona co-
yo un siams que encenda
lumbre de bonito que
era.
los pitillos sin
l..\
Bueno
pues yo
Coquito
219
aseguro que aquella negra era hermosa de verdad: los ojos eran dos
brasas, y en la cara redonda se abra una boca
;
te
que daba miedo, majestuosa, gigantesca, como
si estuviese mordiendo un pltano monstruoso
u otra cosa alargada y redondita, como un
tano humano.
Coquito, al decir esto, lanz una mirada
pl-
ln-
guida a ciertos bajorrelieves de Julio, ahora desfallecidos provisionalmente.
Qu caderas y qu pechos
posea aquella
Las primeras eran de yegua lustrosa y
bien criada, y con los saltos de la danza se al-
criatura
o descendan hasta la tierra, como
las aspas de un molino y los pechos, yo, que he
visto muchos en este mundo, te aseguro que son
los ms grandes que he visto en mi vida.
T conoces a la Carmen Fernndez?
Bah Los de sa, al lado de los de mi nezaban
al cielo
son dos
de
que
Es que gustan pechos grandes?
Te
como alimento
me repug
gra,
pildoras
Sigue,
siento vrtigos.
te
dir
quinina.
los
diario
nan pero para agarrarme a ellos en un momento de apuro me dislocan. Claro que los de esa
mujer de que hablas, siendo tan hermosamente
grandes, caeran un poco lacios al mostrarse
;
ahora en libertad.
Lacios?
Aquellas inmensas esferas, que
para recorrerlas en toda su extensin requeran
JOAQUN BELDA
220
\ arias horas, parecan tener
terior
de
tal
modo y con
hacia delante; y
ban
la
al
tal
una armadura
in-
firmeza se erguan
moverse de arriba abajo da-
inequvoca sensacin de dureza de un ba-
ln de foot-ball.
-Qu?
Las
Dos
'
puntas.
dtiles
aun no maduros, que de un mo-
mento a otro pareca iban a abrir sus bocas para
soltar un ro con el que pudiera nutrirse media
humanidad. Imagnate el encanto, el apetito irresistible de carne negra que se despertaba viendo
bailar a aquella fiera
da como
De
la
una danza tan intenciona-
rumba.
vez en cuando llegaba a nuestras narices
ima oleada de ese tufillo especial e inconfundible que despide la carne de los individuos de
color; es un olor aceitoso, un poco de almizcle,
como de carne que suda siempre bajo su capa
de negro humo, y aquel olor, que en otro momento hubiera sido molesto, era ahora un incentivo ms,
como
las gotas
de bter que se
le
verm, y que tomadas solas saben a
chinches con pulmona.
En ese detalle se vea que Coquito tena un
echan
al
marcado
espritu de observacin.
has coincidido nunca en
el
mismo
Lector, no
lecho con una
negra, o siquiera con una mulata?
Pues has perdido un tiempo
Que no?
precioso.
Para
sa-
LA COQUITO
221
no creas
tisfacer ese capricho de reyes indios
que tienes que tomar pasaje en
y marchar a Cuba o
to
y mucho ms
al
la Trasatlntica
Senegal con menos gas;
cerca, sin salir de la calle de
Preciados, puedes probar la canela de ese rego-
y vers cmo me
deo,
calle,
acera de
lo agradeces.
la izquierda,
Por dicha
pasea casi a diario
su impudicia una pobre hija de Cienfuegos, fea
como un paraguas
mueca que te hace
cado
te
parecer
sin
al
eso.
Acepta
del tufillo
su relato,
el
varillaje completo; la
pasar para invitarte
principio que es
al
de un dentista, con
dientes iguales
e)l
la
el
blancura de dos
al
pe-
anuncio
filas
de
y apretados pero no es nada de
reto, y entonces comprobars lo
convencers de que Coquito, en
;
y te
no dejaba
libre
paso a
la fantasa.
Yo me ahogaba a medida que
Hay
la
danza iba
una figura, que es la mejor, y que yo no puedo practicar en el teatro,
porque nuestro pblico, aunque es de los ms
amplios, no tolera todava ciertos avances.
avanzando.
en
ella
Como que en
Espaa, mientras los maestros de escuela no cobren ms sueldo, no podr
intentarse el teatro verdaderamente reformador
del porvenir.
Eso
Pues
Bueno;
dice
mi madre.
celebro haber coincidido con
mento en
la
como te
rumba de por
pues
mujeres que forman
la
hay un moen que las dos
ponen de fren-
deca,
all
pareja se
ella.
JOAQUN BELDA
222
te,
sin cesar de bailar, se
van acercando poco
a poco hasta unir sus pechos, y entrelazndolos
como los dedos de la mano cuando se cruzan,
empiezan una frotacin vertiginosa que no tiene ms remedio que hacerles dao; los pechos
salen despedidos para uno y otro lado, como
esas pelotas de los aparatos para medir la fuer-
za que hay en todas las verbenas, y cuando ya
las que estamos de simples espectadoras no po-
demos ms y llegamos a punto de revolearnos
por
el
sudo,
ellas se
agarran con los dedos a los
botones pectorales de las compaeras y aprietan,
aprietan, hasta hacerlas sangre, y slo sueltan
cuando un grito de
leona herida,
les
furia,
un
alarido sdico de
obliga a aflojar la presa.
Por parejas? Pero y
Eso haba dejado para
gorda?
la
lo
lo ltimo,
a m, por lo menos, fu la que
me
porque
rindi.
Ya
sabes que ella bailaba sola san formar pareja
con nadie, y
al llegar el
momento de
lo
que pu-
diramos llamar la frotacin teutnica, la pobre, contagiada por la fiebre de las dems, empezaba a echar miradas de horno a derecha e
quierda,
el
como pidiendo por
que frotarse
sus movimientos ya de
un
mecnico, aquella pobre, loca de lujuria,
peda a gritos un consuelo.
rojo brillante, se
de
caridad un pecho con
sin interrumpir la danza, al con-
trario, acelerando
modo
iz-
las caderas,
le
La
camisilla, de
un
haba escurrido hasta cerca
y pronto iba a quedar desnuda;
LA COQUITO
los
4
223
ms
gran-
firmes, erguidos hacia el cielo,
como
pechazos enormes parecan ahora
des y
ms
retando a todos los poderes violadores de la
creadn, y el cuerpo todo ya no era ms que una
inmensa esponja chorreando sudor brillante por
Hubo un instante en que yo,
me haca, me puse de pie y me
todos sus poros.
sin
saber lo que
se-
par violentamente de mi amigo; fu que
tirando
el
ella,
pauelo que tenia cogido con las ma-
nos, llev stas a los timbres pectorales
y empe-
z a rozarlos con fuerza uno con otro.
Por debiera haber empezado.
Se haba
ya
tormenta
ah
iniciado
concurso
el
la
final
negro que tocaba
ba en un instrumento
muy
el aire
raro,
en
el
de la rum-
una especie de
sanda hueca con dos palos atravesados, haba
tirado ya ste al
fiera
sudo y
se acercaba
los dientes afilados a
una de
nas que estaba prxima a caer
ms, con los ojos saltones,
como eran ms
ellos
que
ellas,
con paso de
las bailar-
al suelo.
le
Los
de-
imitaban; pero
dos negros haban
entablado una verdadera batalla por la posesin
de una de
las
rodaban per
hembras
el
suelo
por
furia, hasta que,
se pegaban, se mordan,
y volvan a
fin,
ms
que pareca vencido,
se retiraba detrs de la barraca,
do y
alzarse con
con
el
labio
can
los pies arrastrando.
las
manos?
*~^No
me
fij
pero casi puedo asegurar que
JOAQUN BELDA
24
no las llevaba en el bolsillo. Ya no quedaba ms
que un negro para cada negra..,
Para la gorda tambin?
Para ella, no como si fuese una diosa, o
como si obedeciesen una orden superior, ninguno haba intentado ni siquiera aproximarse
ella.
Pobre seora! Siempre
i
tocaba quedar-
yo hubiera estado all, con
han gustado a m siempre los bizco-
se
en casa... Ah,
lo
que
me
le
si
chos de chocolate!...
Aquello
iba a terminar
las bailarinas iban
cayendo unas tras otras en brazos de sus amantes
de una hora. Las nuevas parejas desapare-
can
muy
pronto entre
las altas
yerbas cercanas
algunas, antes de hacerlo, unan sus bocas en
una succin kilomtrica, de esas que sirven para
explicar los principales captulos de la historia
del
mundo.
Y gorda?
Yo vea todo
la
velo polvoriento;
aquello
como
a travs de
mi cabeza estaba
un
definitiva-
mente perdida, y bien pronto acab de perder el
resto de pudor que yo siempre he posedo como
herencia sagrada de mis antepasados. La gorda
haba quedado sola en escena, sin cesar de bailar; aquella mujer, como picada por una infernal tarntula de siete palmos y cabeza libre, estaba dispuesta a morir bailando, como seguramente morir mi compaera La Argentinita. Ya
no haba msica que la acompaase, y aquello
LA CQIld
225
no era ms que un conjunto de saltos incoherentes, sin ninguna trabazn rtmica no cesaba
de prodigar sus miradas en demanda de alguien,
hombre o demonio, que quisiera tomar su cuer;
y su cara ya no era de hombre ni
de mujer, sino de diosa de la lascivia, que con
los labios y el aleteo de la nariz pide una ducha
po por
asalto,
vaginal o un revlver.
da se clav en m,
me
De
pronto, aquella mira-
atenaz para no separarse
ya de mis ojos, y not con espanto y con jbilo
que aquella masa de carne ardiendo vena hacia
m. La camisa se le haba enredado a los pies, y
de una patada se deshizo de la tela roja, extendindola en
el
suelo
como un gran charco de
sangre; qued completamente desnuda, y yo la
vea, acercndose por momentos como una lo-
comotora que nos viniese encima, sin poder nosotros movernos de la va. Los ojos, que echaban fuego, eran los faroles de la mquina, y los
pechos eran los dos topes enormes con los que
iba a
empujarme hacia
sexual, en
no
se saba
bosque del
el
que por
la
la
muerte;
la piel
vello, era la caldera
pound de carne humana, y por
me
di cuenta; fu
tringulo
uniformidad del color
dnde acababa
del hogar, mezclada con
el
el
y empezaba
de aquella
Com-
all sala la
llama
ascua del deseo.
un encontronazo, y
el
cuello y
me
No
sent te-
rror de nio al notar que aquellos brazos
caan sobre
el
me
llevaban casi en volan-
das a un maizal cercano. El grito que di fu ya
15
JAOUIN BELDA
226
de susto y de gozo, porque un apndice lingual
haba iniciado un avance por todas las cavidades
de mi cabeza
misma, con sus manazas, dej
mi cuerpo desnudo en un segundo, y echndome
al suelo, cay sobre m con todo el peso de cien
;
ella
toneladas de carbn.
se entrega
Me
entregu a
un hijo a su madre
e)
ella
como
ajuste de nues-
tros cuerpos se hizo tan a la perfeccin, que
un
papel de fumar, para pasar, por entre alguno de
nuestros rganos, hubiera tenido que someterse
a
un rgimen para adelgazar.
O hacer unas
Aquel cuerpo quemaba, arda como una
oposiciones.
tea
embreada; despus he sabido que a todos los
negros les pasa igual; pero yo aseguro que
aquella pobre mujer, en aquel momento, tena
ms de cuarenta grados de fiebre. Yo sent de
pronto que a la fuerza me metan un objeto en
la boca; cre al principio que se trataba de una
bola de billar o de una lata de arenques; pero
me di cuenta de que estaba chupando porque
cuando se encuentra uno algo en
ha de hacer sino chupar?
uno de
los hemisferios
ella
de
el
la
la boca,
qu
botn pectoral de
mujerona.
qu haca?
Empez
a moverse de babor a estribor, y
yo, a cada uno de sus movimientos, sala despe-
dida para
el
lado contrario
no tard mucho en
comps, y entonces ya, de pasiva, me
troqu en una furia, que le haca la competencia
coger
el
LA COQUITO
2*27
Yo no
tampoco me he
a la que tena encima.
he gozado en mi
vida tanto, ni
entregado nunca
con tanta amplitud;
suaves
como de
cuando
ella
los cabellos
bajaba
el
como cuando nos
apoderaba de m al
el
Un
negra,
la
metan en
cuerpo en
vulsiones del deleite.
mide de carne;
me
seda, se
de
la
boca
ltimas con-
las
sufrimiento gozoso,
martiriza
el
ser
amado,
se
sentir el peso de aquella pir-
contacto de su piel
me
haca
efecto de unos botones de fuego deleitosos, y
all abajo, donde los dos hornos se juntaban, era
el
un sinapismo, ardiente y picante a un tiempo,
me
que
cosquilleaba hasta
el
vestbulo de la
matriz.
Tardasteis mucho
de arte?
Vers
ella, al
en...
odo,
redondear
me animaba
la
obra
con unas
palabras extraas que yo no entenda, pero que
yo no he vuelto a olvidar:
" Anda,
cucala."
"Vamos, machita." "No me cantimplore ms,
que
me
S,
aplanaco."
camelos del trpico, como
rumba. Todos
la letra
los ritos tienen sus rezos
de
la
y su vo-
cabulario secreto.
Cuando
y
oliente a
sent
que
chirimoya
cuerpo como
el
sudor de
soltera,
me
ella,
espeso
corra por
el
una consagracin, no
pude ms y abr el grifo de mis desages interiores. Notarlo ella y empezar unos aullidos de
el
leo de
loba, acelerando hasta el infinito el
movimiento,
JOAQUN fiELDA
228
me morda
fu todo uno;
las orejas,
me
lleaba en las anfractuosidades anales
meter en mi boca a un tiempo
las
cosqui-
y quera
dos bolsas
gi-
como
una ma-
gantescas de su pecho, empresa tan vana
pretender que un elefante haga madre a
Me
riposa.
daba
que
lo
se
de vida, not
desmayaba sobre m
sin soltar la
La obra
Julito
y mientras
me quedaba
poco que ya
ella
presa.
sent clavada en el suelo,
de arte estaba terminada.
levant
se
sofocado,
limpindose
el
sudor, y despus de dar en silencio unos paseos
por
la estancia,
pregunt a Coquito, que haba
quedado inmvil en el suelo, como si el relato
la hubiese extenuado tanto como la realidad d^
aquella noche de locura:
Y tu amigo? Qu haca a todo eso?
Cuando
minutos,
otras,
volv a la vida, despus de varios
le vi all,
con
el
cruzado de brazos ante nos-
rostro transfigurado por la lujuria
y una repugnante sonrisa cruzndole la cara
como un latigazo. Contemplaba su obra, porque
entonces comprend que todo aquello lo haba
preparado
l.
Era un griego de
Pericles tu amigo... Bue-
no, y el cielo tropical contemplara impasible,
y hasta alumbrara con sus claridades todo aquello, verdad?
Claro
qu iba a hacer el pobre
Por ver esas cosas y otras parecidas es por
lo
que
le
llamamos
cielo.
Qu envidia!
Apenas terminada la narracin
como
tempestuosa, alguien,
tado tras
la
de
si
la
noche
hubiese es-
puerta del cuarto esperando
el final,
dio unos golpecitos discretos en las maderas.
Coquito, sin sorprenderse,
como quien ve y
oye una cosa normal y sabida, hizo, s, un gesto
de asco y fu cautamente a refugiarse en un ngulo de
la estancia,
junto a una mesita de te;
Julio qued sorprendido;
mirando a
la chica,
pregunt
Quin ser?
Pero desde fuera no dieron tiempo a
ponde:
-
res-
Soy yo, don Julio
haga usted
el
favor.
El joven qued helado su imperativo categ;
rico,
que poco a poco, con
relato, haba
deciendo
io
como
dre!
los esplendores del
cobrado nuevas frondosidades, obe-
la ley
de
la
gravedad, rindise
al suc-
penacho de un jinete herido. La maqu vendra? A pedirle cuentas de lo
el
que haba hecho con su hija? Acaso hubiese l
cado en una encerrona que pudiese costarle
muy
cara.
Se haba desvelado en un insomnio
JOAQUN BELDA
230
un poco de conversacin? O era vctima de uno de esos ataques de
famelia que en ella eran cronomtricos, y la im-
pertinaz, y slo buscaba
pulsaban a caer sobre unos rones a
o sobre un entrecot,
sobre
como cay
el
la
broche
Condestable
Roma?
Tal vez no hubiese motivo para tanto pesi-
mismo, y la buena de doa Micaela, modelo de
madres y amas de casa, no viniese ms que a
traerles unos viajes de agua caliente o un juego
de toallas pequeas, tan necesarias para tener
limpia
la
conciencia cuando se ha pecado mucho.
Cobr nimos, y con voz resuelta pudo decir
Ah! Es usted?
S, seor; haga el favor de abrirme, que
tengo que decirle una cosa.
Era una dama quien lo peda, y para Julio,
ante la peticin de una dama, no haba ms que
dos caminos bajar la cabeza o llamar a un
guardia.
Abri
una bata
la
puerta; doa Micaela, envuelta en
plisada,
que a todas luces delataba ha-
ber pertenecido a la hija antes que a la madre,
penetr en
la
estancia.
aquel tocado estaba
no queremos
la
aquella hora y con
ms hermosa que nunca;
decir que estuviera guapa,
porque
pobre haba sufrido demasiado en este mun-
do para estar guapa; pero... vamos, que estaba
menos fea que otras veces.
Al entrar ni siquiera mir a la hija; se acerc
LA COQUITO
a Julito, que
sitio,
los pantalones en su
habl en prosa y
le
Como
decirle
aun llevaba
231
al
tenor siguiente
mismo, vengo a
usted ah eso haga el favor
a usted le ser lo
que
si
tiene
de drmelo.
Eso
qu
se refera la noble
vocablo inexpresivo, que lo
que a una prenda de ropa inte-
rirse a la cdula
Pero
rior.
de
ella,
dama? Eso era un
mismo poda refe-
por temperamento, era enemiga
las situaciones
ambiguas.
S, las mil pesetas.
Del ngulo de la estancia en que se haba
fugiado Adela sali un grito de protesta.
Mam
Qu,
re-
hija?
del
da
mes
lo
Tengo que hacer
las
cuentas
antes de acostarme, y a este seor
le
mismo...
Completamente
mismo.
Fu a la percha, donde haba colgado la americana, y extrajo de ella una crter ita, en la que
se vea
que no estaba
dar tesoros.
Unos
lo
muy
billetes
acostumbrado a guarde
cien, otros
de
cin-
cuenta y otros de veinticinco; doa Micaela no
podra quejarse de lo fielmente que haba cumplido su encargo
aquello era un muestrario casi
completo de esos papelitos que da el Banco de
Espaa, y con los cuales lo mismo se compra un
vagn de trigo que el honor de algunas mujeres.
Pero ya Coquito sala de su actitud expectan-
JOAQUN BELDA
232
te
y vena hacia su madre echando lumbre por
los ojos:
Pero, mam,
las cuentas
lante
es que
no puede usted hacer
de memoria sin tener
el
dinero de-
Ya sabes que
me
no, hija ma; que
me
equivo-
Mire usted, don
Julio usted, que es hombre de mundo, comprender lo que me pasa yo en una cuenta, cuando
co y se
va
el
santo
al cielo.
no tengo delante el
duros me parece que no apunto nada,
apunto cincuenta pesetas,
billete
o los
si
y cuando digo de veinte llevo dos, si no me
los llevo de verdad me da un vahdo y me caigo
al suelo.
Qu ganas de abochornarme!
Pero por
Tu madre
qu, tontita?
No comprendes que
Doa Micaela contaba
zn.
es lo
el
tiene ra-
mismo?
botn y lo hallaba
conforme con sus previsiones. Fu a salir, pero
antes
siempre la madre vigilante y celosa del
bien de su hija!
se
detuvo para decir:
A qu hora quieren ustedes que
maana
A ningunarugi
medio
Bueno, bueno; que
les
llame
la hija
lo
lo
llorando.
t quieras, hija ma,
que t quieras.
dando las buenas noches, como una
matrona romana que entraba en el impluvium.
Coquito estaba roja. Aunque el pudor no era
sali,
LA COQUITO
233
su estado de conciencia habitual, era una mujer,
y senta de cuando en cuando el tirn del sexo.
Ves, ves? Como a una yegua que se vejn-
de en
Supongo que no
la feria.
a llorar por eso.
irs
Ya
comprenders que no vale la pena, y que yo no
me asusto por tan poco. Por referencias saba
cmo las gastaba tu madre en estas cuestiones, y
no tengo ms que recordar lo que hizo conmi-
go
la
primera vez que tuve
el
gusto de hablarle,
para no sorprenderme. Si quieres que
con franqueza, hasta
me
te
resulta pintoresca
manera de ser.
Claro! Qu vas a
hable
di-
vertida su
decir t?... Pero es
asqueroso
Sin embargo, se equivocaba Coquito, se equi-
vocaba Julio, se equivocaban todos
al
juzgar a
y nadie tena razn. Lo
que ella haca al tratar y cobrar la venta del
cuerpo de su hija como se trata y cobra una parla
madre de
la artista,
tida de patatas, ni era asqueroso, ni repulsivo,
ni siquiera censurable.
Era, simplemente, una
cuestin fisiolgica.
La persona que ha nacido
sin olfato o lo
ha
perdido despus de nacer, es responsable o merece censura porque af pasar junto a
una
le-
o a una oficina municipal no note el mal
olor? Lo que doa Micaela haca no era cinismo,
ni alarde inmoial, ni despreocupacin de persona que conoce el mal y decide echrselo todo a
trina
JOAQUN BELDA
234
la espalda:
en
ella
nada de
eso.
El sentido moral era
un defecto de construccin, un olvido
del
fabricante que hace nuestros cuerpos y nuestras
al
y que a veces lanza al mundo un cuerpo
que le falta un pie, o un alma a la que le falta
la
comprensin ideolgica del
almas,
bien.
y por nospongan maana mismo
una
Puesta doa Micaela en un trono
otros que la
sera
Catalina de Rusia que firmaba una sentencia de
muerte como quien firma una postal para un lbum, o una reina como aquella trgicamente frivola que, cuando
el
pueblo se amotinaba porque
haban puesto las roscas y las libretas a la altura de una antena radiotelegrfica, preguntaba
le
que por qu ese pueblo no coma bizcochos.
Malas? Nada de eso; la Historia no es justa
si las moteja as. Para que personas como Cataoh, las vidas palina de Rusia y doa Micaela
ralelas
fuesen malas, hara falta que lo fuese
el granizo cuando cae sobre una montera de cristales, o el pepino cuando, en noche de verano,
nos obliga a hacer la serpentina en la cama, retorcidos por el dolor de un miserere.
Y luego, colocad a una persona as en una
sociedad en que por dinero se ganan las actas de
diputado, y por dinero se consigue permiso para
abrir una casa de lenocinio, y por dinero se hace
cannigo a un sacristn de aldea, y se convierte en Mesalina a cualquier mujer que iba
para Santa Teresa, y decidme si esa persona no
!
LA COQUITO
235
ha de creer en el dinero como en un dios, y no
ha de tratar sus asuntos con el respeto de un
comentarista de los Evangelios.
Oh, doa Micaela Tienes todos nuestros
!
petos y todas nuestras simpatas
muy
de dinero no andamos
podemos
tratar contigo
como
distancia,
Julio,
slo que
con
la
como
pictricos, pues
ms que desde
se trata
ya soltada
res-
no
lejos,
las reinas.
mosca y calmadas
las
inquietudes de Coquito, torn a darle vueltas a
la
cabeza
naci la
la historia
de
rumba para
el
de los pblicos
la
noche cubana en que
aplauso y la admiracin
lo que hasta entonces haba sido
negrazos y negrazas, iba a ser,
gracias a Coquito, danza divinamente infernal
baile grosero de
que triunfase en los escenarios, sometiendo
yugo de
la lujuria a
al
unos cuantos cientos de
hombres.
Ahora, que a
el final
de
no haba acabado de
la historia
aquella negra,
que persona, aplastando contra
la
llenarle
ms
yerba
el
bestia
cuer-
po de marfil y ncar de Coquito, mientras el amigo contemplaba embobado los toros desde la barrera,
no acababa de
artista, tena
llenarle,
imaginado otro
l,
final
que era un
para
la co-
media.
A l le
y
la
hubiera gustado que mientras la negra
espaola planchaban las yerbas de los cam-
pos cubanos con
el
los negros, aquellos
peso de sus divinos cuerpos,
cargamentos de carbn que
JOAQUN BELDA
236
tan bien aullaban poco antes, no estuviesen ociosos y
no
se contentasen
con trabajar en
la
som-
bra, all a las espaldas del boho.
Uno de
gra de
puesto a retaguardia de la ne-
ellos,
las
carnes bovinas, poda
brir la retirada
de
la
muy
bien cu-
operacin que las dos
jeres estaban ejecutando
otro,
mu-
cogiendo del
amigo de Coquito, que ya se le haba
hecho antiptico con su aire zumbn y de hombre experimental, por qu no reviva con l
ciertas escenas que en Sodoma y en Gomorra
eran tari frecuentes como en Madrid los puestos
de agua de cebada ?
All haba, indudablemente, un gran caudal
revs al
de fuerzas perdidas; porque, qu hacan aquellas
negritas apetitosas que con tanta picarda
rumba ? No comprendan que
estaban perdiendo un tiempo precioso? Unidas
haban bailado
la
por parejas a sus negros de sus almas, debieron
ejecutar
las
all
ms original de
humano ha inventado
aquel escarceo, la
posturas que
el
ser
para amar y que los galos practicaban tanto antes del yo y aun siguen practicando hoy da, digan lo que quieran los pesimistas, despus de
haberla exportado a otros pases.
Cmo
aullaran en la hora de la conjuncin
aquellos cuerpos de fuego!
del cielo se acercaran
ms
Hasta
a la tierra para apren-
armona unique convierte todo conglomerado de
der a amarse unas a otras all en
versal,
las estrellas
la
LA COQUITO
237
cuerpos vivos en una especie de sucursal de la
plazuela del Botnico, de una de la madrugada
en adelante.
Pero en
pleto,
el
espectculo com-
mundo no hay
ni siquiera el
los aspirantes a
que dan
cargos pblicos siempre que se anuncia una nue-
va combinacin de ellos. Julio hubo de resignarse con la realidad que el relato de su amante pasajera acababa de ofrecerle.
Esta, desde el incidente de la madre, se haba
quedado triste sentada en un silloncito de am;
plios brazos,
que en un ricn de
la estancia ha-
apoyaba la cara en la mano izquierda, con
visibles muestras de hasto. No se haba desnudado a pesar de la batalla anterior, ni un solo
pliegue de su bata haba aumentado su surco, y
all estaba, con el pechito medio adivinndose
ba,
entre los encajes, con
pelo ordenado y con el
el
enorme medalln de brillantes cayndole por. la
garganta, como un atractivo ms, con su brillo
de princesa de leyenda,
en escena, cuando
mucho ms honesta que
sala
a representar uno de
aquellos entremeses diablicos.
Julio la contemplaba
el
como
a un juguete con
que muchos hubiesen jugado, pero que, fuer-
y bien construido, aun estuviese para muchos
juegos. Estaba plida, muy plida, con un co-
te
lor quebrado, casi enfermizo,
que invitaba a
col-
marla de besos, halagos y caricias.
El estudiante, que a pesar de estar abonado
JOAQUN BELDA
238
al
tendido nueve era un sentimental, la miraba
compasivo, y senta por ella en aquel momento,
no lujuria ni deseo ms o menos garan, sino
una profunda lstima. Quin sabe!
Aquella mujer, educada de otro modo, salida de
otro vientre, acaso hubiera sido una esposa modelo, una madre ejemplar; se habra aburrido
mucho, pero* hubiera sido todo eso.
Tal y como era ahora, Coquito era buena, no
con esa bondad exterior de la misa diaria y la
lstima,
aversin
al
lavado de los bajos relieves sexuales,
sino con aquella otra
no asustarse de
ste se asuste
ms
firme,
que consiste en
las faltas del prjimo,
mucho de
aunque
las nuestras. Juilio,
aho-
encogida y triste, a la nia me
triscaba por las calles vendiendo lotera, y en la
ra vea en
ella,
que nadie
se fijaba, a
ella,
porque tena
lleg
uno
y acaso
nel del
quin?
tampoco
boca
Ella
le
ser para burlarse de
muy
grande; un da
misma no
lo
empez
para todas
el
rodar por
recordaba,
abri a la chica ese t-
Canfranc a cuya salida est
la desgracia
ella
la
no
las
el
la
dicha o
mujeres, y ya para
fango y por el bien-
estar.
no ocurre aquello, o llega a ocurrir de otro
modo, Adela Portales, al frente de un aparato
telefnico o de un colegio de nias, hubiera
sido una santa. La nostalgia de ello le venia a la
mente cada vez que se asustaba de algo, como
en quella famosa visita al Depsito de cadveSi
LA COQUITO
239
en compaa de El Duende. "Yo quiero ser
buena, yo quiero ser buena. " Y no saba que con
slo quererlo, ya lo era, al menos en intencin.
De la compasin hacia una mujer hermosa se
res
muy
pasa
fcilmente a lo otro
Julio, silencioso,
pues saba que en ciertos momentos las palabras
son estorbos, acercse a Coquito y se ech a
sus pies como uno de esos galgos de los cua-
como suprema muestra de
pas varias veces la mano por la ca-
dros ingleses. Ella,
gratitud,
beza,
le
enredando sus dedos en
las sortijas
de oro
de sus cabellos*
El, despus,
y siempre
muy
clin su cabeza en las rodillas
poco a poco,
de
ella,
re-
y qued-
como dormido; dur poco aquel descanso,
pues la mano derecha de l, que, como Napolen, no saba estar ociosa, comenz a acariciar
se
los tobillos
de la chica, que eran dos patitas de
chota, torneadas por la seda de las medias.
comprendi todo,
pues era muy comprensiva, y adems tena una
dilatada experiencia de casos iguales: cuando
llegaba ese momento adoptaba una actitud pasiva; defenderse hubiera sido necio, y adems
un gasto de fuerzas intil. Ech la cabeza atrs
Ella, desde el principio, lo
sobre el respaldo del silln, y por encima de
ella cruz los brazos ; as, en actitud de gato que
se
despereza, quedaba
como
plaza abierta al
enemigo, y que se entrega sin resistencia. Nada
ms tentador que una mujer puesta as; hay en
JOAQUN fcELDA
240
ella
como una
peticin de ataque general, so-
bre todo, cuando,
do por
las
como
ahora, se ven asoman-
grutas del sobaco unos bosquecillos
vellosos de piel de melocotn, que son nido caliente de lenguas atrevidas.
Julio baj hasta los pies de su amada, y
all,
por encima del charol de los zapatos, fu dejando sus besos como una ofrenda; algunas veces
suba con ellos hasta la altura de la rodilla,
pero bien pronto bajaba,
de que en un
por
pajecillo humil-
momento de audacia
las habitaciones
saliese corriendo
se internase
reservadas de su reina, y
como un gamo
nor ruido.
En un
como
al sentir el
me-
arrebato cogi Julio
el
pie derecho de
y lo zambull con zapato y todo en su
boca, hasta la altura del empeine; all chup,
la artista
chup como de un caramelo gigantesco fabricado con tinta de calamares. Coquito dio en su
asiento un salto de terror y de placer se haba
;
acordado de pronto del notario trgico con su
instinto
de limpiabotas, que tan mal
fin tuvo...
Julio haba odo decir que aquel detalle estti-
co lo practicaba mucho el papa Alejandro VI
con una de sus hijas, y le pareci que el hacerlo
l
ahora era una buena prueba de acendrado
catolicismo
cuando
el
zapato sali de
all
pare-
ca sin estrenar, por lo limpio
Arrojado a sus
pies,
rendirse, en entregarse
y reluciente.
gozaba l lo indecible en
como una
cosa a
la
mu-
LA COQUITO
jer
que
241
dominaba. Recordaba
as le
las veces
que en aquellos ltimos tiempos de apetitos
ra-
biosos por la chica, haba l sufrido hasta la
rumba dar
aquellos saltos, y no poder ofrecrsele como alfombra para ellos. Y recordaba ms una noche
agona en
el
teatro al verla en la
que ante
calle
el
escaparate de una zapatera de
de la Montera, y a la vista de unos zapatos
de charol con tacn
punta haba
ella
muy
alto
y un lazo en
la capa,
pensando en
los pies
metidos en aquellas joyitas.
Con
timidez,
como quien teme profanar
santuario de una imagen, alz la bata con
manos, y contempl el panorama
cosas que no pueden describirse;
Vctor
si la
la
ejecutado ciertas manipulacio-
nes por debajo de
de
la
Hugo puede
ponernos a
tuviramos sobre
ra de Pars, con
el
la
ambas
interior.
la
el
Hay
pluma de
la vista,
como
mesa, a Nuestra Seo-
alarde de su inspiracin ge-
nial; pero ni Vctor ni nosotros
que nos pare-
cemos a Hugo en el amor decidido por el rag
de ternera podemos intentar siquiera presen-
tar al lector el espectculo radiante de aquel des-
Termopilas
es
de Alcal en las proximidades de
la
filadero, al lado del cual el de las
la
calle
Cibeles.
Eran primero unas sombras entre sedas, algo
obscuro, de donde sala un perfume ntimo, como de cajn de cmoda mucho tiempo cerrado,
y en el que se hubiesen guardado membrillos y
16
JOAQUN BELDA
242
naranjas. Las formas de los muslos
recan
como
no desapa-
era uso antao, entre bosques de
encajes y puntillas, que no eran ms que estorbo
y una complicacin en esa hora febril en que el
pulso tiembla y se desea llegar a
la
meta cuanto
antes; unas praderas de seda color rosa, listas
y plegables a
camino
la piel, facilitaban el
al
ex-
plorador, y, a su final, una nota de color, una
mancha ms obscura que
las
dems, era como
botn de rosa que se entreabre para recibir
el
roco de la maana, cerrndose en seguida ante
el
temor de que
el
roco se convierta en tem-
poral.
Avizorando
abajo, era
un
el
ojo y dirigiendo
canalillo sutil lo
la visual
que
se vea,
hacia
como
arroyo que corre entre montaas, y cuyo final,
aunque no se vea, se presenta en un divino re-
manso de
esplendor. Julio, tambin ahora, re-
cordaba a
la artista
cuando
all
en
la escena,
para matizar bien una situacin, se volva de es
paldas
al
pblico y enseaba los dos hemisferios
posteriores, cubiertos apenas por el faldelln de
la camisita
Por
y en lucha tenaz
llegar hasta ellos,
fuera, habra
ln
Nuevo
el
uno con
como fuera y con
dado cualquier espectador
hasta
la
el
otro.
lo
que
del Sa-
vida de su propia suegra;
y l ahora los tena all, al alcance, no de sus
manos, sino de algo ms... Decididamente, la
vida no era tan gris como aseguran los concejales republicanos.
LA COQUITO
243
Fu una labor de ingeniero zapador la de limpiar de obstculos el camino no eran stos mu;
chos
los pantalones
para
la
la
bata nicamente
labor de miniaturista que
ejecutar,
un papel de fumar
l se
sera
pero
propona
una manta de
Palencia.
Los pantalones vinieron pronto a tierra, ayudando un poco ella para deshacer los lazos que
los sujetaban a la cintura; pero el muchacho se
ahogaba bajo la campana de la bata, y aquello
ya fu ms complicado. El, slito como un hombre,
desabroch todos
con mucho respeto,
lillos
los botones delanteros,
de los pechos, que ya estaban casi
al
ella.
pero sin decir nada y alprenda qued libre y cay al
Ella se rea, se rea
zando
suelo
los brazos, la
como un
trapo de cocina. El cuerpo de Co-
quito, aquella figulina
de carne, objeto de tantas
codicias y de tantas locuras, estaba
casi tendido en la butaca, sin
camisilla
des-
hom-
cubierto, la fu subiendo a la altura de los
bros de
sin rozar siquiera los globu-
como
ms
all,
al aire,
velo que una
aquellas que sacaba en escena,
que Julio tuvo buen cuidado de arrollar como
un paraguas a la altura de los sobacos.
Un
globo de luz que haba en
ahora con sus claridades
fina
como de
ncar.
la
el
techo baaba
carne aquella, tersa
Aunque con
la luz
escena pareca otra cosa, era morena,
rena,
y slo en algunos
sitios se
de
la
muy mo-
tornaba plida,
JOAQUN BELDA
244
como antiguos
cardenales que con
biesen perdido
el
al
tiempo hu-
morado de su prpura.
Con uncin de peregrino que
llega
el
tras largo viaje
ara santa, Julio se arrodill ante
el
haba un
si-
cuerpo de Coquito; en
la estancia
uno de esos silencios que se proempezar Joselito una faena, o cuando
lencio solemne,
ducen
al
un poeta americano lee, bailndolos,
de uno de sus poemas.
los versos
El mozo, que por lo visto ya era viejo para
ciertas cosas
que hay quien las aprende instin-
tuvo
un rasgo de artista de circo
se ech las manos a la espalda, adelant el busto, y sin ms arma que ese apndice sin hueso
que Dios nos ha dado para que pronunciemos
tivamente
discursos y quitemos el pellejo a los amigos, comenz su faena de maestro.
Fu primero un paseo reposado por
las
dos
carreteras que desde las rodillas conducan al
palacio central de los placeres
ese paseo era as
como una
friccin de vaselina que suavizase el
camino, o
como
veces
al da
esos riegos que se hacen dos
en las carreteras de las provincias
vascongadas por medio de un carrito que lleva
en su trasera un salto de agua.
Pero en
este paseo, dondequiera
que
el
pa-
ameno y propicio a decon suma complacencia, y eran
seante encontraba lugar
tenerse, lo haca
esos lugares aquellos en que
braba, doblndose sobre
el
terreno se que-
mismo, como en
los
LA COQUITO
vallecitos de las ingles, o
nicies
al sol
donde
la piel,
245
en aquellas otras pla-
por estar menos expuesta
al aire, se suaviza, se sensibiliza
infinito. All el
arma renovaba
hasta
el
sus ataques, au-
mentaba su velocidad y su bro, para volver luego en un piansimo, que era como una tregua,
a su paso habitual por
Aunque
el
resto del camino.
con un espritu de adaptacin al
medio realmente admirable, iba lentamente dan-
do
la
ella,
vuelta a sus muslos, para que
l llegase
el
trabajo de
por igual a todas partes con relativa
cuando quera recorrer con
plano inferior de aquellos miem-
facilidad, el artista,
sus caricias el
bros, se vea forzado a adoptar unas posturas
un poco grotescas con el cuello en alto y mirando al techo, como esos obreros del estuco cuando
trabajan en un cielo raso, en eterna oposicin a
una tortcolis sublunar.
Coquito, dndose cuenta de todo aquello que,
en honor a
verdad, tan a la perfeccin y con
tanto detalle como ahora lo haba probado muy
la
pocas veces, comprenda
el
poder formidable de
seduccin y hasta de defensa que existe en el
apndice lingual de ciertos animales no olvi-
demos que
lo es
hombre, a Dios gracias, tambin
con su suavidad de cierto aterciopelado
el
viscoso y su elstica ductilidad, que
colarse por todas partes.
le
permite
Este msculo, que vara de color segn el estado del estmago de su dueo, y que al ser co-
JGA0UIN fiELDA
246
gido por los dientes nos hace proferir en una
maldicin aun a los mejor hablados, es un ins-
trumento de gobierno que, manejado con
talen-
viene rigiendo los destinos del mundo, des-
to,
de que este anodino planeta sali del caos, donde parar
al fin.
Este
serpiente es alfiler
estilete,
y en
la
que en boca de
de un senador roma-
no era una palanqueta, ha derribado tronos, deshecho pueblos, cambiado regmenes y formado
imperios, ya manejado por Demstenes y Antonio Maura, ya empleado con astucia en la soledad de los triclinios o de las alcobas, para con-
vencer a las queridas de los Csares, que crean
No
ellos, los
muy
necios
gobernar
olvidemos tampoco que
la
el
mundo.
lengua, guisada a
y adornada con zanahorias, tiene lo
suyo y puede regir a su modo a un pueblo.
Al principio, cuando en los primeros pases se
desliza por la piel, parece un instrumento vulla escarlata
gar que apenas hace efecto; pero poco a poco, a
van abriendo y penetra
por ellos el jugo bucal, es un espasmo, un hormigueo que obliga a dar unos suspiritos apagados, como un traidor que se mete en casa suavemente y sin hacer ruido, y cuando se le quiere
medida que
los poros se
echar ya ha penetrado demasiado.
Para
el
ataque
Julio no solt tampoco
final,
manos de su espalda como un esclavo a quien
su seor hubiese amarrado y le- obligase a trabajar as por mayor martirio, el chico se dispona
las
L COQUITO
247
a cumplir con su deber, aceptando
aquello
le
un bosque a
de
la
la
deleite
ms.
Hay
entrada de ciertos desfiladeros
sombra es grata y el desorga; en l, cmo no?, se detuvo el
mujer, donde
canso es
como un
produca
dao que
el
la
estudiante, despus de haber inspeccionado con-
venientemente todos los alrededores.
sombra de sus arbolillos, unos castaos
de ramaje rizado y sedoso, ri el artista una
la
batalla
que recordaba aquella o aquellas
inter-
Argona, en
las que los guerreros no hacen ms que tejer y
destejer, pasando varias veces por el mismo
minables de aquel otro bosque de
la
sitio.
A lo
mejor el explorador, audaz en sus avances, se asomaba al valle profundo que divida el
bosque por el centro de sus dos laderas pero no
;
haca
ms que asomarse, pues
se
retiraba al
punto, considerando que aun no haba llegado
su hora, y que, como dice el refrn, cada cosa a
su tiempo, y los navos en adviento.
Por
la
parte norte del bosque avanzaba la
vanguardia del ejrcito invasor pareca que por
;
all, sitio el
ms
peligroso,
como saben
ligentes, iba a tener lugar el
pero aquello no era
pues bien pronto
el
ataque a fondo;
ms que una
enemigo
los inte-
se
falsa alarma,
retiraba para
volver a sus paseos de exploracin.
Coquito, en xtasis, inmvil
de
la digestin pacfica,
como
la estatua
clavaba los ojos en
el
JOAQUN BELDA
248
techo; pareca mirar all arriba algo impalpa-
y extrahumano que le diese la explicacin de
todo lo que estaba sintiendo por dentro, que
era un deseo nuevo, una cosa rara, muy rara y
ble
muy
distinta de lo que haba sentido otras ve-
ces en situaciones anlogas,
ella,
que tena un
archivo en aquella rama del placer, a cuyo lado
los de
Simancas y
La Hoja
cin de
el
de Indias eran una colec-
de Parra.
Aquel chico era un maestro
la experiencia,
profesora eterna del amor y de la vida, haba en
l sido suplantada por un fino instinto que haca
dar a su apndice bucal vibraciones de arpa eEl invasor penetraba en aquella cavidad con
lica.
timideces de educando, al principio; con audacias
de piloto noruego, despus.
Se encontraba all con uno de esos parajes
que la Naturaleza se ha complacido en instalar
en ciertos terrenos cercanos
al
mar
hmedas, una verdadera cueva de
en que
glos,
el
o a tierras
estalactitas,
agua, cansada de gotear durante
marcando
el
paso montono de
si-
la vida, se
ha detenido en cristalizaciones polidricas, que
por acabar en punta recuerdan mucho a la mayora de los dramas de Berstein. La Poesa ha
hecho de estos lugares
lticos
postura
al
en
ellos
lrica
capillas de sus cultos dro-
hay que entrar con
y con
el
cuerpo en
menor descuido uno de
el
alma en
cuclillas,
pues
aquellos picos mila-
LA COQUITO
grosos se
le
249
incrusta al visitante en
el
depsito
los sesos.
ele
Cosa rara! Aquella gruta, propiedad de La
Coquito, por la que, sin hiprbole, poda ase-
ms de mil
descubierto, un
gurarse que haban pasado
pareca
un lugar
recin
cuyo velo acabase de rasgarse
como en
aria de tenor,
La
frescura interior, la
cinto,
las
turistas,
misterio
conjuro de un
al
peras mitolgicas.
misma
estrechez del re-
hablaban de algo virginal, de una primicia
ramaje de un bosque del bosque por donde haba merodeado
poco antes el peregrino
y que es para el viajero sorpresa y bendicin. Y es que la imaginacin y el agua de vegeto obran a las veces estos
de fontana, oculta entre
el
milagros.
Nueva o
o
vieja, primicia
reprisje, el viajero
o antigedad, estreno
comenz una detenida
peccin por los parajes
ms
ins-
recnditos de la
cueva milagrosa, que bien pronto surti su efec-
No
hubo recoveco, no hubo alicatado de
aquella maravilla del arte moro por donde no
pasase con insistencia el estilete que Julito guardaba para estos casos y para humedecer el borto.
de del papel Jean en que liaba los
pitillos.
Haba un sitio, all en lo ms alto del techo,
y ya donde ste empezaba a curvarse para formar la pared del fondo, que sala y brillaba ms
que
el resto,
algo as
por encontrar una de
como
esas pepitas de oro
las cuales
pasan una vida
JOAQUN BLDA
250
de esclavitud los mineros de California, y por
la que luego, ya fuera de la mina, se matan los
hombres, como por una hembra que no
ms que
se en-
amante de manos ensangrentadas. Julito, o mejor dicho, su apndice, fijse
en ella, y comprendiendo que aquel era el punto
flaco del enemigo, donde se ganan o se pierden
las batallas, fuese a ella derecho como una bala
y empez una lucha en que todas las probabilitrega
al
dades de victoria estaban de su parte.
Cauto y arrojado a un tiempo, de vez en
cuando, en
juego
la furia del ataque, repeta el
de antes, suspenda las hostilidades e iniciaba
un repliegue con
alarma todo
ello,
el
grueso de
las
fuerzas
pues sin dar tiempo
al
falsa
enemi-
go para rehacerse, volva a cargar con ms furia, y ya con verdadera rabia.
Coquito, arriba en
el silln, se
un sacacorchos atacado de
retorca
como
epilepsia; los ojos,
un extravo de
demencia, eran lo nico vivo en el rostro, muerto en un gesto que no se poda llamar doloroso
ni cerrados ni abiertos, sino en
gozoso, y con la boca grande entreabierta
como un pez que va a tragarse el anzuelo. De
ni
vez en cuando una flexin del cuerpo sobre los
brazos, que se apoyaban en
to,
el
respaldo del asien-
haca elevar al propio Julio a alturas impre-
no soltar su presa, como
en las mandbulas un ascensor ideal.
Todo anunciaba la proximidad del
vistas para
si
fin
tuviera
el si-
LA COQUITO
251
que hasta entonces haba reinado en la
estancia, se vea ya interrumpido por unos quelencio,
jidos que Adela daba; tenues, suaves,
lidos de recental a quien la
madre
como
se le
ba-
ha fu-
gado con el semental de turno, o como esos ayes
montonos que dan los individuos cloroformizados antes de dormirse del todo.
El, en cambio, en progresin geomtrica, au-
mentaba
ritmo de sus movimientos, adap-
el
tndose de un
modo
perfecto a los vaivenes de
ya un perro de presa que ha cogido
carne, una sanguijuela a la que, para que suelte
ella; era
agarre, hay que
el
insistencia
matar a
hubiera ya sido
tirones. Slo
intil.
que
la
Coquito aca-
baba de entregarse de veras, sin reservas, como
quien hace las diez de ltimas, y seguir all sera tan insensato como tomar un helado con
paja y seguir chupando de la paja cuando ya
del vaso no quedase ms que el cristal.
Casi de un empujn lo hizo ella separarse, y
verse libre se estir cuanto pudo en el asien-
al
to,
hasta casi caer al suelo.
La commedia
co. Julito,
pe en
slo
la
el
como
finita, diremos con
el
el
clsi-
que acaba de recibir un gol-
cabeza, rod por tierra, borracho.
vino emborracha;
el
mozo
de cara de
nia, con la boca espumeante, pareca
viduo que,
al salir
No
un
indi-
de una lechera, no hubiese
tenido la elemental precaucin de limpiarse los
labios con la
manga de
la
americana.
Lector
amigo, no has pasado t por esos
instantes de la vida en que, atacado
or-
el
ganismo de verdadera fiebre amorosa, no acertamos a encontrar otra razn a la existencia
que la del revuelco?
Puedes ahorrarte la respuesta, pues la conocemos: s!
T, lector, eres un hombre completamente
normal; no tienes vicios conocidos, trabajas
honradamente seis horas diarias para ganar tu
pan y el de los ,tuyos, y no has escrito nunca
nada para el teatro. Eres una persona decente.
Pero t, lector, sales una tarde de noviembre,
a eso de las
en la
seis,
de poner un certificado
de Carretas, y te encaminas a la
Puerta del Sol. No hace fro ni calor; acaban
calle
de encender las luces de los comercios y del
alumbrado pblico, y la ciudad se ha echado a
con sus molestias y con sus encantos;
caminando despacio y con el alma tranquivas pensando en aquel juguetillo barato que
la calle
t,
la,
el
menor de
tus hijos te pidi
que
le
compraras
JOAQUN BELDA
254
adobando
a peticin
entrar en
el
De
con unas
caricias,
y vas a
Bazar X.
pronto, por la acera, cruza una mujer
andando de prisa, mirando a todos con altanera y enseando una
partorrilla tan vulgar acaso como las muchas
bien puesta,
docenas de
te
decidida,
que has visto desde que
ellas
salis-
de tu casa.
Aquella mujer
se
ve desde luego que no ha
salido a la calle a oxigenarse
derte a
ti,
porque
ha salido a per-
as estaba escrito
mienzo de los siglos en el
tino. Al principio te paras,
libro
la
desde
mayor
el
del
co-
Des-
miras con un poco
de apetito, y vas a seguir tu camino... Pero no
puedes, echas a andar tras ella no es que la va;
yas siguiendo,
qu tontera
edad de eso: eso
es del
ya no ests en
pr.mer ao de
la ca-
rrera.
Cruzas a la otra acera, y entonces ella te ve.
Casi no te mira; y si lo hace, es para despreciarte
con
A lo
mirada. Ya ests perdido!
la
mejor
individua vive o tiene su... vi-
la
vienda provisional
al
trmino de
la calle
No
de Bra-
vo Murillo,
ah,
a la vuelta.
siempre tras
ella,
cruzas Madrid, dando prime-
ixnporta; t,
ro un rodeo por Atocha y la Bolsa, para volver
a la Puerta del Sol por la calle del Correo, y
pasas por tres de los distritos de la capital, jadeante,
que
atropellando
te corta el
al
paso o
grupo de charlatanes
te la
va a hacer perder
LA COQUITO
255
de vista, echndote a los pedruscos del arroyo
cuando en la acera hay mucha gente... T,
que tomas a veces el tranva para no subir a
pie hasta la Red de San Luis
Llegis, por fin, adonde ella quiere. En el
camino no te ha sonredo, no ha dulcificado en
obsequio tuyo la dureza de la expresin, y slo
te ha dejado entrever, con un arte admirable,
que al seguirla a ella no sigues a ninguna entelequia. Se mete en el portal, y antes de empujar la puerta de cristales que da paso a la
escalera, te echa una ltima mirada como dirindote
Vamos,
hombre!, que no
me como
a na-
die.
No
que no hay en aquel
momento fuerza humana que te impida cruzar
es verdad, lector,
la calle,
entrar en la casa, subir la escalera y...
volverla a bajar hora
y media despus, con
piernas un poco dbiles,
el
las
busto erguido, en-
tonando una cancioncilla y encendiendo un
pi-
tillo?
Por
mientras venas, la gente te ha
y alguno hasta
visto
porta!
muy
la calle,
se
ha redo de
ti.
vas a lo tuyo. Si entras, se
tarde, te gastas el dinero,
y a
No imte
hace
lo mejor, te
un desengao. No importa! T entras
porque hay una voz dentro de ti que te dice
que entres. Mira que se te hace tardsimo y no
llevas
tienes
tiempo antes de volver a tu casa de com-
JOAQUN BELDA
256
prarle a tu chiquillo
Cuando
juguete.
el
No importa!
mismo
tu chiquillo sea mayor, har lo
que t haces ahora.
Bueno, y qu es esa fuerza que as empuja
en ciertos momentos, haciendo pasar por todo?
Qu necesidad perentoria
que, como la dd comer y
con imperio
e inaplazable es esa
la del beber,
la satisfaccin?
hace que se cometa
el
Es
lo
exige
mismo que
llamado crimen pasional,
hembra no quiere acceder a los caprichos del macho. Es lo que los poetas llaman
porque
la
inspiracin,
y obliga
al
pobre vate que vive en
una casa de huspedes de tres pesetas a emborronar unas cuartillas cantando a unas princesas lejanas
y tan lejanas!
que
descoyun-
tan los bancos de sus jardines de ensueo, de
puro dejarse caer en
ellos
con
el
paje rubio, de
acometividad legendaria.
Pues
llame, es
en
que sea y llmesele como se le
lo que senta Coquito, apenas vuelta
marasmo en que la sumieron las ca-
eso, lo
del
ricias internas del estudiante.
Acababa de saciar con creces su fuego interior, y, no obstante, por una sobreexcitacin
frecuente en tales casos, notaba que aquello no
poda parar all, y un deseo extrao, morboso,
le atenazaba, poblndole la mente de disparates.
Se fijaba en el chico, tendido en el suelo an,
y ms plido que nunca, y al verlo con su cara
LA COQUITO
257
de seda rosada y sus cabellos rubios, no saba si
para ella aquello era un hombre o una mujer;
es decir,
no acertaba a distinguir
gustaba de
l,
lo
que
le atraa,
lo
si
que
le
era lo que tena
de nia, con su rostro lampio y las formas de
su cuerpo suaves como las de una tobillera, p
que tena de macho cabro, con
lo
colosal de su bien
la
chimenea
acusado sexo.
Qu importaba? Ni qu necesidad tampoco de hacer ahora la distincin? Le gustaba.
y no haba que meterse en ms, como aquella
vez en Barcelona, cuando se encaprich de
aquel
herma frodita que
se exhiba
en una de
barracas del Paralelo, y no par hasta me-
las
con
Desengao cruel!
Aquello, ni era nombre ni mujer, y cuando
Adela despert al da siguiente, notaba en el
cuerpo ese disgusto especial que trae consigo
la aurora, cuando hemos dormido con un saco
terse
en la cama.
de paja o con la
No
"los
le
momia
de algn rey godo.
extraaba ahora,
al
ver
al
chico con
ojos nimbados por unas ojeras de carbn, y
con un mohn de nia a la
los labios contrados
que acaba de dejar
el
novio, sentir por
bre de posesin que la atacaba tambin
a
ella,
esa
fie-
y como
a la mitad, por lo menos, del pblico
cuando vea en un teatro a esos transformistas
imitadores de mujeres, que la atraan ms que
las
mismas
estrellas
Juiito, que,
por
a quienes imitaban.
lo visto, se
encontraba
17
muy
JOAQUN BELDA
218
a gusto tendido en
la cabeza,
el
suelo y con las
manos
tras
iba poco a poco despertando de su
miraba a Coquito con ojos de carnero
en capilla, y, sin hablar palabra, parece que iba
adivinando lo que ella pensaba. Llevaban un
rato mirndose fijamente, y por fin, al mismo
tiempo, soltaron los dos el trapo, en una risa
franca y maliciosa a un tiempo. El habl prixtasis,
mero
En qu piensas?
Y t?
Yo?... En mismo que
Pues entonces ya
lo
t.
lo sabes.
no iban a salir de dudas. Pero es que
misma, dndole vueltas a la cosa, no aca-
As,
ella
baba de resolverse tampoco. Posesin, pero en
qu forma? En la vulgar y corriente de un
hombre y una mujer que
se
desean?
Ya
lo
ha-
ban hecho, y no era cosa de repetir. Entonces...
Tomar
ntima,
como se toma a una amiga
misma haba tomado a la cos-
a Julito
como
ella
turera rubia la noche de los memorables te-
no era cosa que, en aquel
momento, tuviese para ella grandes atractivos.
Ella quera algo que no fuese nada de aquello,
y, como no saba lo que quera, comenz a dis*
gustarse consigo misma, y acab sentndose a
rrores notariales,
derechas en
1a pared.
el
silln
y volvindose de cara a
LA COQUITO
259
Ests cansada?
No... y t?
Yo Quieres que me vaya?
A m no me
no.
estorbas.
El achac
la acidez
co cambio de
humor
de la respuesta y el brusde la chica a ese depsito
de histerismo que todas
sigo
como
sin el
cio,
el
las
mujeres llevan con-
bolso de mano, y sin
afn desmedido
el
cual,
por las sortijas de pre-
seran verdaderos ngeles
de Dios en
'la
tierra.
Lo que
estaba visto es que con palabras no
se arreglaba aquello. Felizmente,
de
la
la cabecita
en
el
interior
de la muchacha haba brotado ya
chispa que, convertida pronto en llama, iba a
aclararlo todo.
El cerebro humano,
lo
mismo
el
del pensa-
vendedor de camarones, es una
curiosa devanadera; es admirable ver cmo
dor que
del
dentro de esa ensaimada ceflica que tenemos
por corona de nuestro ser se enlazan unas ideas
con otras, y de una incongruencia brota una
idea genial, y de un chiste de almanaque nace
el
proyecto de un tnel gigantesco; obra maes-
tra
de
la ingeniera.
Coquito haba recordado, as de pasada, y
por incidencia, la noche del notario, el grotesco
modo de
gozar de aquel hombre, para
el
cual
una suda de zapato era una torta de almbar. Y
despus de todo, por qu no? Qu saba na-
260
JOAQUN BELDA
nada? Todo eso de la anormalidad, del
amor natural y del camino recto, no serian
trabas que los hombres han inventado, sin dardie de
de placorresponde en medio de
se cuenta, para acortar la pobre racin
cer que a cada
las tristezas
de
uno
la
le
vida ?
Coquito, adems, haba sacado de su madre,
ms de unos lunares excntricos en los omoplatos, un horror instintivo a todo lo que fuera
filosofar, pn aquel momento pasaba por uno
de esos estados de conciencia en que uno prev
r
que acaso va a hacer una tontera, pero tambin
que, si pierde
la"
ocasin y no la hace, va a que-
un remordimiento enorme para toda
darle
la
vida.
la
ocasin iba a ser rarsima en adelante:
con los novios de una noche que
ella
gastaba a
diario,
era
que
estaba decidida a hacer con aquel mozo.
ella
Como
difcil,
casi
imposible,
hacer...
prueba de que lo estaba de un
irrevocable, psose en pie de
andar por
un
salto
lo
modo
y ech a
la estancia.
Dnde
Ahora
vas?
lo sabrs.
En
los ojos
de Julio, en su mirar dulce y de
sumisin, vea ella
muy
claro
que aquel
chi-
co se prestaba a todo, y que quiz lo estuviera
deseando. Se acerc a l, sentse a su lado en el
suelo,
y echndole
casi al odo:
los
brazos
al cuello le
habi
LA COQUITO
261
a una cosa?
Oye,
Ya creo
Pero no sabes de que
quin hay que matar?
De que
Hombre, por Dios!, no
de
Pues
atreves?
Vamonos a
te atreves t
lo
se trata.
lo
si
sea. J^
lo
se trata
eso...
entonces...
la
Julio,
la
lle
calle;
que no vea
te
la falta
que pudiera hacer
heroicidad para salir tranquilamente a la ca-
a cualquiera hora
del
da o de la noche, se
asombr un poco.
Y
A
verme
Pues aguarda.
la calle?
por qu no he de atre-
Antes de que pudiera detenerla, se levant
y sali de la estancia, procurando no hacer mucho ruido. En la casa no se oa el aleteo de una
mosca; verdad es que en el domicilio de doa
Micaela no las haba, pues ya tena ella buen
cuidado de instalar en
tios
la
proximidad de los
si-
golosos unos papeles ingleses en los que
mosca que
caa,
mosca que mora en plena
ju-
ventud.
El chico, aguzando un poco el odo, crea
percibir, all en el fondo del inmueble, algo as
como los hervores de un puchero; acaso aquellos fueran esos ruidos brujos compaeros de
la noche que el espritu del pecado produce en
el interior de la viviendas, o acaso
por qu
no? los ronquidos del sueo de doa Micaela,
JOAQUN BELDA
262
que dorma de ordinario como un justo, como
lo que era, despus de todo.
En mucho menos
tiempo del que se emplea
en contarlo, estaba ya de vuelta Coquito; se
haba puesto una falda azul, una blusita senci-
un abriguito deleznable y un pauelo
de encaje, a modo de toquilla, que le cubra
llsima,
cabeza y apenas dejaba ver el rostro, dndodos vuedtas por el cuello. La cara, recorta-
la
le
da
en
as
bonita,
la
ms
pureza de sus facciones, era ms
picara,
con un
en los ojos
brillo
casi sobrenatural.
Al ver a Julio an en el suelo, le increp
Vamos, hombre! Aun ests as?
El chico se puso la chaqueta, puso en un or-
den relativo sus cabellos
an conservaban
las huellas
aire resuelto le ofreci
Cuando
Vamos por
y...
el
otras cosas que
de la batalla, y con
brazo.
t quieras.
hacer
mucho
Salieron
ciones de
la
puerta falsa y procura no
ruido.
al pasillo, ella
un ladrn de
con todas
las
precau-
pelcula, l sin darle
mu-
cha importancia a todo aquel misterio que aun
no comprenda. Con voz en tono casi natural,
pero que en
el
sonaba a un
muchacho
Siento marcharme sin despedirme de
caonazo, dijo
silencio de la casa
el
tu
madre, pero...
Sinti que ella
le
pona
la
mano
en
la
boca;
LA COQUITO
tuvo que tragarse
de
las palabras,
de
voz baj-
versallesca. Coquito, en
una cortesa
sima,
el resto
263
dijo
le
No comprendes que
Calla, estpido!
va enterar mi madre?
El estupor le dej mudo, cosa que
agradeci en
le
alma. Conque aquella salida
el
se haca a espaldas
de
la
un tiempo No
heroico a
ella
se
madre? Magnfico y
caba duda lo rapta:
ba. Buen final de aventura y buena envidia les
iba a producir a sus compaeros de Universi-
dad cuando leyesen
la noticia
en
los peridi-
cos.
Abrir
fcil
la
puerta de la escalera fu empresa
era de resbaln y
el cierre
que tirar de
l.
no haba ms
El conflicto se present
al tra-
tar de cerrarlo sin hacer ruido, pues haba que
tirar de la puerta
turbando
el
y dar un
golpe,
y aquel golpe,
de doa Micaela, poda conprincipio de una serie de golpes
,sueo
en el
que cayesen sobre el cuerpo de los fugitivos.
Y, sin embargo, haba que obrar: los minutos
vertirse
eran platino. Ella, que en los momentos de apuro tornaba siempre a ser
la
nia de la falda
corta, le dijo a Julio, angustiada
Qu
hacemos?
Estaban ya en la escalera,
prisin
pero,
al
otro lado de la
aquella maldita puerta
el
muchacho entonces tuvo un rasgo
genial,
de esos rasgos que acaso
no consigne
la historia
uno
JOAQUN BEL&
264
en su da, porque es sabido que la Historia es
siempre la escriba Monsem o Saturnino Ca-
lleja
una
silla
a la que
le
faltan varios palos.
Fu una dea hermana gemela de la que deshizo, cortndolo, el nudo gordiano, o de aquella
(
otra de los huevos pasados por agua, de Coln,
que despus de llevadas a
nos parecen muy fciles.
la prctica,
El ruido de aquella puerta
a todos
al cerrarse
era
un
peligro inminente que haca falta conjurar en
breves momentos;
de conjunto,
dijo
Tontina!
el chico,
viendo
a Coquito
No
el
problema
lo siguiente:
cuando maana
tu madre note nuestra fuga, qu ms da que
se encuentre la puerta abierta o cerrada ? Si el
pjaro ha volado, qu importa que los hierros
la cierres:
de la jaula estn intactos?
Calla
pues es verdad no se
:
me
haba ocu-
rrido.
dio un tironcito suave a
la puerta,
dejn-
dola encajada nada ms.
La bajada de
una de las bajadas ms amenas y pintorescas que se han producido en el mundo, desde que Marco Antonio
la escalera fu
con Cleopatra y tuvieron que bajar juntos y a cuatro patas la escalera de dos mil peldaos jdel templo de Osiris. Ella, Adela, como
se li
ms ducha, pues
al fin
estaba en su casa, des-
lizbase por los tramos agarrada a la baranda,
con relativa suavidad
pero
l,
que no tena
LA COQUITO
265
donde agarrarse, como no fuera a los saledizos
caderiles de la chica, y que adems desconoca
el terreno que pisaba..., no lo pisaba, ,sino que
luchaba a trompicones con l, cual si se despease por una de las vertientes orientales de los
Crpatos.
Cayendo
no levantndose acull ni en ninguna parte, iba el joven
apurando el trago amargo, cruzando te una
aqu, tropezando all,
vez tres escalones, y pisando en cambio otras
cuatro veces en uno mismo.
todo ello acom-
paado con una de ruidos y de taconeos en
escalera, que era de madera, que a Coquito
estaban poniendo nerviosa.
la
la
Hijo, por Dios Parece que
primevez que bajas por una
Y
En
primera
y
yo
hago que
por
Y
hubiera agradecido, no
Hay que
j
es la
ra
escalera.
estas condiciones, la
lo es.
la ltima.
Si
lo s,
te tires
el bal-
cn.
te lo
creas.
verte!
Al doblar
ltimo tramo se vio
la luz de la
ya a aquellas horas, por el
montante de la puerta de entrada. Pero ello no
sirvi para disipar las tinieblas en que la parecalle,
muy
el
dbil
ja se hallaba sumida, sino que fu nuevo tor-
mento, algo
as
como
si
al
individuo condena-
do a morirse de hambre en
cueva,
le
el
fondo de una
enseasen por arriba un salchichn
JOAQUN BELDA
266
de ave, atado
la
,a
punta de un pan de Viena, o
viceversa.
Al
final
y cuando ya
de la escalera,
la artista
respiraba por pisar terreno firme, Julio se
pe en que
all
un
faltaba
escaln,
y con
pierna comenz a buscarlo, haciendo en
co ese
mismo movimiento
que
los
cuadrpedos ejecutan con
que
es signo,
segn
em-
el
la
va-
de cavar la tierra
la
pezua, y
los psiclogos veterinarios,
de desvaro mental o de melancola.
Seis o siete flexiones de rodilla llevaba eje-
cutadas
el
el
espacio sacase
rio,
como un afilador que en
punta a un cuchillo imagina-
estudiante,
cuando
acompaante
la
se dio cuenta de la
extraa mana.
hombre?
Qu
Nada, que no
Pero, qu buscas?
A m que no me digan;
haces,
atino.
guarda simetra con
no midi bien
el
de
campanario
los
este escaln
dems. El constructor
espacio; pasa lo
San
no
Marcos
mismo en
de
el
Venecia,
donde...
Pero ya no hay ms
Ests segura?
T vers! Anda, sigue
hasta
todo
Habra jurado que
si
es llano
escalones.
andando, que ya
la puerta.
antes, al subir, haba
un escaln
al
principio de...
LA COQUITO
267
comprendi que se despeaba
por el terreno de la insensatez.
En" la puerta, un llavn salvador que CoCallse, pues
quito llevaba les puso en la calle. Julio, al verse
en
la acera, respir
arbase de librarse
j
Quin
pulmn batiente, como
de una pesadilla.
a
al entrar antes
en aquella casa,
biera dicho que iba a salir del
modo que
le
si
hu-
lo ha-
Qu extraa era la vida!
Y Julito, pensando en aquella huida al lado
de la mujer que durante tanto tiempo haba
ca!
y recordando cmo en la escalera
acababa l de jugarse los huesos, pensaba que
al lado de ello, la huida a Egipto era un viaje
de la Agencia Cook.
codiciado,
La
calle estaba yaca.
que
No
haba en
un borracho que
el sereno,
ella
ms
se retira-
ba a su casa haciendo croch con las piernas
1 eterno
borracho de todas las calles madri-
dan
leas en cuanto
cantarillis en
el
las tres
una ronda de
boquete de
esquina del
la
Pasaje, dos vendedoras de lotera y cinco
retrices
cho que
El sereno,
acudi
me-
de baja extraccin. Por eso hemos
la calle
Coquito que
di-
estaba vaca.
notar que
al
solcito.
al-
la
puerta se abra,
Por primera vez
la institucin
le
pareci a
de los vigilantes noc-
turnos no era tan admirable como pregonan sus
aduladores.
Qu
guien malo?
No...,
es eso, seorita?
digo,
s...
Se ha puesto
al-
no me ena comprar una
yo, yo, que
cuentro del todo bien y voy a ir
medicina en compaa de este caballero.
Dme
No, no
la receta
cho.
quiero
y yo
ir
ir.
yo misma. Es un
capri-
JOAQUN BELDA
270
Bueno,
pues entonces, acompaar a
los
seores.
El delirio
Quin
se quitaba a aquel to de
encima con su obsequiosidad de merengue ? Felizmente, la chica tena recursos para todo.
Oiga
Pepe...
El sereno
llamaba Pepe.
vida! segua pensando
usted,
se
la
Qu extraa
es
Julio.
Coquito, en voz baja, dijo a Pepe unas palabras de sortilegio, y al final de ellas
un duro. El sereno
se
larg
le
conmovi, y con su voz
natural, replic:
Descuide
usted, seorita; ser
un neum-
tico.
Qu
tico ?
que
que
entenda
hombre por neum-
aquel
Al estudiante,
ver y or las cosas raras
ofreca, ya no le caba duda de
al
la
vida
la
noche estaba embrujada.
le
La pareja, cogida del brazo, ech a correr,
ms que a andar, hacia la Puerta del Sol. Es
decir, la
trar,
que corra era
cumpliendo en todo
que desde
cado.
ella
e)l
el
l se
dejaba arras-
papel de seducido
primer momento se haba adjudi-
La muchacha
se haba subido el velo casi
hasta los ojos; era imposible reconocerla.
Dnde vamos?
Ella no
Te
por
contest.
advierto,
hora no
sale
Continuaba
si
no
lo sabes,
que a esta
de Madrid ningn tren.
el
mutismo de
ella
cuando
llega-
LA COQUITO
ron a
la
271
esquina de la Carrera de San Jerni-
mo. Frente al caf de Puerto Rico haba parado un coche con el alquila levantada, y Coquito
fu hacia l. Abri la puerta, hizo entrar a Julio casi de un salto, y dio al cochero unas seas
que
el
chico no
pudo
El cochero, que
el
or.
pescante, se llev las
plic
manos a
la
cabeza y su-
medio llorando:
Seorita, por Dios, a estas horas!...
Ella,
subiendo ya
obedecida, no dijo
dorma sobre
al llegar ellos
Si no quieres
vas hablaremos a
Cerr
al
coche,
ms que
ir
la
segura de ser
esto:
llamo a un guardia, y
hora de la propina.
puerta de un golpe cuando ya
la
el
si
co-
che haba echado a andar. El hombre del pescante no haba dicho
ms que una
frase filos-
fica.
Como usted quieraPacomio.
crey en
caso de averiguar
Bueno, pero dnde vamos?
No me preguntes, porque no
he de
arre,
Julio se
algo.
el
lo
decir. Si
ve,
no
te lo
ests dispuesto a ir
manda parar y baja por
Quin? Yo?...
el
donde yo
ese lado.
Si este coche, sin relevar
fuera capaz de llevarnos
caballo,
mundo, hasta
te lle-
all ira
yo
al
al fin
del
lado tuyo sin chis-
tar apenas.
Pues
mos
no preguntes ms; no vamundo vamos un poco ms para
entonces,
al fin del
JOAQUN BELDA
272
Ay, qu susto he pasado! Si mi madre me
coge, me despedaza. Bueno, te juro que es la
primera vez en mi vida que hago esto.
Es posible?
ac.
Como
De
lo oyes.
da,
alguna vez salgo
m mi madre salir de
acompaada, a estas horas de
sola; pero dejarme a
casa, ni sola ni
la noche!...
Como
no, gallito!...
no
Te aseguro que
Ella
fe dejar,
pero t alguna vez que
otra...
no.
Por qu
lo iba a ne-
gar?
Respiraba satisfecha de aquella libertad conquistada a fuerza de sobresaltos.
La mujer cocomo la crea
de la sensualidad,
el vulgo, fugndose de noche, a escondidas para
que no le dieran unos azotes, como cualquier
alumna del Sagrado Corazn... Por eso deca
Julio que la noche estaba embrujada.
rrida, la arpa
Una
cosa comenz a preocuparle
Coquito ha-
ba salido de su casa con lo puesto, sin
maletn, con solo
un
bolsillo de plata
un mal
colgado de
mueca, y en el que, forzndolo un poco, todo lo que poda meterse era un real de anises.
la
Haba aquella chica renunciado a su ajuar, a
sus joyas, a su dinero, por huir con l en una
congestin de romanticismo?
era la pasin que
le
Tan
volcnica
haba inspirado, que as
abandonaba por su amor, casa,
lujo, riquezas, el Saln Nuevo,
patria, familia,
el
automvil, y
LA COQUITO
273
hasta las tenacillas de rizar, que seguramente
se
haban quedado en Espoz y Mina?
La cosa le conmova de tal modo, que estu-
vo a punto de
llorar,
corazn, por otro
el
lado, se le encoga al pensar
que aquel olvido
de Coquito saliendo de su casa sin recoger
quiera
el^
soberbio pendentif que
magnolias de
las
puede que
los
pechos
pagase
lo
le
caa entre
al bailar la
muy
si-
rumba,
caro dentro de
poco, teniendo que colocarse de pen caminero
para dar de comer a
garle la llave
amante que, al entrede su corazn, no lo haba hecho
la
del llavn de su caja de caudales.
Al llegar a la Cibeles, vio Julio que por encima de la puerta de Alcal aparecan los primeros livores perdn, no lo volver a decir!
del alba.
Tom
Olzaga y subi a
los altos
del
la
el
coche por
la calle
de
de Serrano. Dnde iba?
Hipdromo? Al
palacio del
Blanco y Negro?
El carruaje, torciendo a la derecha, se meti
en un zig-zag de calles que acab de desorientar al
mozo.
No pudo
seguir prestando atencin
a lo de fuera, porque Coquito, cogindole una
mano y
llevndola a su corazn, le pregunt
voz ms mimosa que nunca, y con los
ojos entornados
con
la
Me quieres?
Ms que a salvacin de mi alma.
Pues ya
.
la
vers.
18
JOAQUN BELDA
274
Le
dio
un
beso, en tan
haber cogido un bache,
trao.
el
Lo que empez en
mal hora, que, por
carruaje hizo un excaricia
terminaba en
trompicn. Julio, filsofo, pens en aquel
amor
que slo tena unas horas de vida y ya comenzaba a lastimar.
Qu extraa era
la
pronto iba a amanecer.
vida! Afortunadamente,
Volaba
les
bles,
coche por
el
campo
unos hote-
de cartn piedra que, por lo delezna-
parecan construidos de un
sional
tiese
el
y para que
la
modo
primera lluvia
en pasta, comenzaban a orlar
de un
al principio
modo
provi-
los convirel
camino,
intermitente, despus
agrupados en montoncitos, como
los tacos
de
un rompecabezas.
Julio
che
la
y
no
la chica
se haba vuelto a atrever a
mino
formular
Dnde iban? Indudablemente don-
pregunta.
de Dios y
iban callados dentro del co-
el
cochero quisieran; por aquel ca-
crea l que
no
ya, en verdad, lo
se iba a parte alguna, pero
mismo
le
Lo que cruzaban ahora
daba.
eran ya unas calles
con sus serenos y todo entre casa y casa, un
espacio no mayor que un tiesto de albahaca,
daba en el silencio de la noche las primeras no:
tas
hmedas de
la
primavera. Seguramente que
a aquellos huequecitos
mente sus dueos
ahora, en
el
el
le
llamaran pomposa-
jardn del hotel; a Julio
reposo del amanecer,
le
parecan
JOAQUN BELDA
276
uno de esos
ristas
cestitos de flores
que llevan
las flo-
de los teatros para ocultar en ellos las
amor que
cartas de
llevan a los palcos de las
golfas.
En una
esquina haba una tienda de vinos
an o ya? En su interior, de pie, beban unos hombres entre el humazo de un taabierta:
baco pegajoso;
cochero, al pasar, ech al es-
el
tablecimiento una mirada de simpata.
Haban cruzado
y,
ya en
sin
el
el
barrio de la Prosperidad
campo, se detuvo
aguardar a que
le
el
coche
Coquito,
preguntasen, sac
la ca-
beza por la ventanilla, y dijo al cochero
Ve usted aquel montn de casas que hay
izquierda?
Pues una de
la
seora.
S,
ellas es
siga usted, que yo
le
avisar.
El caballo, ya un poco fastidiado de todo
aquello, tir por una hondonada, bajando cada
vez ms
la
Lo
cabeza
al suelo.
amanecer haba sido, por lo visto,
una ilusin de Julio; ya en pleno campo, se
vea que era de noche, y noche cerrada. Qu
extrao Jurara l que haba visto por Levante unas claridades de aurora, algo as como un
del
mesa del firmamento hubiese
empezado a tender una mano previsora, y aho-
mantel que en
ra,
la
de pronto, las tinieblas recobraban su im-
perio,
y en
la
albura del mantel acababan de
LA COQUITO
un
volcar
Cuando
tintero...
277
l
deca que la no-
che estaba embrujada!...
El hotel que Coquito posea en
dad estaba ya en pleno campo en
;
lomita haba cinco, y
la Prosperi-
lo alto
de una
ltimo de todos era
el
el
de la artista. Tena forma de chalet suizo, y en
l el jardn no era la nota grotesca de las cuatro
y un rosal tonto, sino un espacio grande, abierto, con sus caeras de rie-
matas de
go y en
perejil
magnolieros y las clavellinas
crecan con holgura y sin meter sus tallos por
la
el
que
los
ventana de
la cocina.
Volvi a asomar Adela
la
cabeza por la ven-
tanilla.
El ltimo.
El caballo, como
si lo
ltimo esfuerzo y subi
momento
hubiera odo, hizo un
repecho.
el
por qu?
Julio
Micaela, de la buena
se
En
aquel
acord de doa
madre de aquella mujer
que acababa de raptarle, y que hua con l hacia lo desconocido, sin .ms ropa que la puesta.
Pobre seora Qu despertar iba a ser el
suyo aquella maana? Seguramente
que hara, despus, eso
de tomar
s,
lo
primero
el
desayu-
no, sera correr junto al lecho de su hija a pre-
guntarle qu tal haba pasado la noche; y qu
dolor el suyo, qu desgarramiento el de su
alma,
al
al
contemplar vaco
el
nido de
la
paloma,
ver que su hija, aquel pedazo de sus entra-
as hecho artista, que
ella
haba dejado
all la
278
JOAQUN BELDA
'
noche anterior, acompaada, por ms seas, haba volado,
el
como vuela
el
ptalo de la rosa que
huracn de una noche de enero empuja hasta
las puertas
de un depsito de cadveres! Po-
bre madre
Su vida
aparecera tronchada en
un
momento: de fijo llorara, pateara, aullara
como la loba a quien quitan sus cachorros, y
no se tomara unas tabletas de cido prsico,
porque doa Micaela, entre horas, no tomaba
ms que cosas calientes pero, desde luego, cae;
en un estado
ra
remas
al
de desesperacin, que Jelado suyo parecera un profesor de
tal
Y, como secuela de la catstrofe,
perdera el. apetito, que para ella era cosa ms
grave que la prdida de un imperio colonial.
El coche par, y la voz de Coquito vino a saguitarra.
car
al
estudiante
de
piscina
la
de
sus pesi-
mismos.
Anda,
Ya hemos
baja.
llegado?
Ya.
Ech
pie a tierra,
Madrid,
se adelant
y ella le sigui entreg al
cochero unas monedas, que no debieron ser pocas, tal fu lo mucho que lo agradeci, y, cuando ya el coche haba emprendido el regreso a
en
ella
una
llave
mano, y pasaron.
to
el
la
verja del hotel, meti
que extrajo del
bolsillo
de
En el
jardn haca fro; y proncalor de la casa les dio blando cobijo.
El lector ya conoce
el
inmueble en que ahora
LA COQUITO
nos encontramos
en
l se
279
desarroll la pequea
tragedia del notario limpiabotas y tuvo lugar la
extraa alucinacin de
la
joven costurera que
tan delicioso final culinario tuvo.
Qu
sitio?
iba a buscar Coquito a tal hora
ella,
y en
desde que ocurri aquello,
tal
le ins-
piraba un miedo insuperable la habitacin que
sirvi de escenario.
casa,
Por qu, pues, venia a
poco menos que
sola,
y a
la
hora en que
la
indudablemente los espritus del mal y de
muerte tienen vacacin para andar por
la
el
mundo ?
Para explicarse de un modo
satisfactorio la
contestacin a estas preguntas que
llar
lector ha-
el
en lneas posteriores, es preciso conocer
aquel captulo de la Patologa sexual que habla
del goce por. el miedo.
Es probado que algunos
individuos de esos que han perdido
el
centro de
gravedad de su medula, y que, entre parntesis,
no son tan dignos de compasin como a primera vista parece, necesitan pasar miedo para po-
der practicar
el
amor. El terror, para
un
men-
ellos, es
como pueda serlo la
ta y la estricnina y yo s de un amigo que en
las noches tenebrosas del mes de noviembre o de
afrodisaco tan potente
difuntos, siempre que senta
vago deseo
de...
hacer gimnasia sueca con ciertas partes de su
organismo, se iba a uno de los cementerios de
Carabanchel, saltaba
la tapia,
tumba de un abastecedor de
all,
la plaza
de
sobre la
la
Ceba-
JOAQUN BELDA
280
da, saciaba sus aspiraciones aberroicas.
verdad que en
el
Bien es
citado cementerio haba
chica, hija del conserje, capaz
una
de galvanizar a to-
dos los difuntos que su padre guardaba, y que
esta chica, guapa como un castao en flor, era la
que acompaaba a mi amigo a
qu haras,
pa,
lector, al lado
la tumba...
de una mujer gua-
y sobre una tumba? Tumbarla! Ello
es
claro.
Pero, por lo que fuera, lo cierto es que aquel
hombre extrao que pareca un hroe de Prudencio Iglesias, saciaba en una necrpolis ese
anhelo moral que la mayora de los mortales sa-
San Marcos o, a lo sumo, en
de Lope de Vega. Y en una crnica de hace
cian en la calle de
la
veinte aos, de la ciudad de Buitrago, se habla
de un sujeto que se tenda cuan largo era entre
los dos rieles de la va del tren,
y hasta que no
pasaba por encima un mercanca
no...
despacha-
ba; este buen hombre lleg a ser alcalde de su
pueblo, y
hoy da
tiene en l
una
calle.
Perteneca Coquito a este grupo de los anor-
males del amor? Habitualmente, no; pero esta
noche, enardecida por las caricias, que parecan
femeniles, de aquel hombre-nia, haba desper-
tado en
notario
lla
ella
!
tan extrao capricho.
El cuarto del
A nada le tema ella tanto como a aque-
habitacin: parecale que slo con poner
pie en ella se le iba a echar
el
encima un espectro,
IA COQUITO
281
con manos largusimas y ojos descomunales, y
se la iba a comer con patatas.
Pues entrara en ella, se metera en la cueva
del monstruo acompaada de Julio, procurara
que se repitiese la escena de la noche de marras
y descifrara adems el misterio de aquel chico,
que con su cara de tobillera y sus amplitudes
sexuales en
el
bajorrelieve se le ofreca
fenmeno, distinto de todo
lo
que
ella
como un
haba co-
nocido hasta ahora.
El interruptor de
la luz
estaba casi en
el
cen-
tro del pasillo, algo distante de la puerta de entrada.
Hasta que
duea
la
del hotel dio
con
l,
tentando las paredes, transcurri medio minuto,
que a Julio
se le antoj
medio
siglo
se vea otra
vez en una marcha por las tinieblas, bajando y
subiendo escalones, sin ms gua que la no muy
certera del instinto.
Oye,
que no
Espera,
t,
que yo no
me muevo
de aqu hasta
una luz.
hombre, ya voy, ten un poco de
traigas
paciencia.
La
luz se hizo al fin y la
mano,
Julio de la
el
le
corredor; junto a
que
ella
no
chica, cogiendo a
hizo atravesar
l
el pasillo
haba una puerta falsa,
se atrevi ni a mirar.
Oye, abre
Tiene echada
Pues
esa puerta.
la llave.
qutala. Pareces tonto!
La
puerta, al ceder, se quej en
un chirrido
JOAQUN BELDA
282
largo y desesperado,
en pena a
la
que se
como
le
que dara un alma
presentase en pleno Purel
gatorio un acreedor de los que hubiera dejado
en este mundo.
Entra. Es que
Yo? Qu cosas
Ah, a derecha,
tienes
la
No
dices!
est la luz.
tuvo que buscar mucho
tancia con
junto
miedo?
al
se ilumin la es-
fulgor de seis globos colocados
el
techo; aquello, con sus divanes de ter-
ciopelo verde adosados a los
jos decorando stos,
muros y sus
espe-
ms que cueva de brujas o
mansin de espritus pareca la sala de sesiones
de un Ayuntamiento.
Esprame aqu, que vengo en seguida.
Sali Coquito y cerr la puerta tras
realidad, ni se haba fijado en
el
s.
En
cuarto del mis-
y ya arda en ganas de penetrar en l y
desafiar a sus tenebrosos moradores.
El estudiante, al verse all solo, hizo lo que
hacemos indefectiblemente todos los mortales
al encontrarnos solos en una habitacin donde
hay unos divanes muy amplios dejarse caer en
terio,
uno de
ellos.
Es cosa que no
cin tiene ventanas a la
hombre!,
ellas;
el
La
puede que antes
el
divn es con nosotros.
Se desperez,
pudo.
calle,
mueble nos asomemos a
pero si no las tiene, vamos,
de echarnos sobre
alguna de
falla; si la habita-
hora,
el
estir
sus
miembros cuanto
cansancio de la noche de amor,
LA COQUITO
el
mismo
traqueteo del camino
283
le
fueron entre-
gando insensiblemente al sueo lentamente, sin
dar vueltas, se qued dormido.
A poco, de todo su ser no quedaba en la estancia ms que el cuerpo, tendido como una piltrafa o como un cadver. El alma habase ido
donde las almas durante el sueo. Dnde?
El da que sepamos esto nos vamos a hinchar
;
de ganar dinero.
Lo
despert
la puerta,
vida
sin
embargo, de sobresalto
tan blandamente
como
no haba soado; en
l,
al
la
infeliz
dormi-
l la vigilia
por lo menos, fa-
llaba el conjuro de aquellas paredes, de
vctima
volver a
se haba
do volva a la vigilia, y eso que a
no le sentaba nunca bien.
que Co-
quito sacudi con estrpito para entrar.
Nada,
la
ruido de
el
que fu
costurera en noche tambin
memorable. Ese fu el primer temor de Adela
cuando lo vio despertar, metindose los puos
por los ojos.
Te habas dormido?
Como un magistrado de Sala cuarta de
Jess! Por qu has hecho eso?
que me he dado
Ah!, pero t
cuenta
Qu has soado
Yo, nada. Para qu?
Ests seguro?
Ya creo! Por menos, no me acuerla
lo Civil.
crees
lo
do de nada, y es
lo
lo
mismo.
JOAQUN BELDA
28G
Quedse pensativa. Era posible? Seria entonces un infundio la leyenda de aquella habitacin y habra en ella la
misma vulgaridad que
en cualquier despensa o cuarto de
Slo
la
ropa?
verdad que no haba
que... si Julio era
soado, tambin lo era que se despertaba con
la
mente poblada de una
de apetitos nue-
serie
vos y de deseos absurdos. Miraba a Coquito, y
le pareca ms guapa, ms dominadora, y a me-
ms ganas le
daban de echarse a sus pies como un cojn y
ms echaba de menos en su mano un ltigo con
dida que se iba fijando en
el
que golpease a sus anchas
ella,
mundo.
el
luego, por qu de repente le haba acu-
dido a
la
memoria y
al deseo,
que era
lo
trgico, la frase invitativa de aquella pobre
retriz
de
la calle del
ms
me-
Mesn de Paredes? Tam-
bin lo hago a la italiana,
le
haba dicho pocas
horas antes una especie de esqueleto envuelto
en trapos, que, por
Qu
es lo
lo visto, era
que haca a
un aparecido.
la italiana
aquel espec-
tro que estuvo a punto de hacerle perder la no-
che? El encaje de bolillos? Los versos? El
arroz con almejas?
No
se
haba explicado bien
la
dama, aunque
una voz
secreta que le bajaba de los rones al
coxis
estaba diciendo ahora
le
muy
las claras
de lo que se trataba.
Se emborrachaba con sus propios pensamien-
LA COQUITO
tos; enloqueca ante la idea de
287
una posibilidad
remota de que Coquito, aquella joya de todos
los placeres, se
transformase por un momento
en
Mesn de Paredes y
la visin del
entornando
los ojos:
Tambin
Por
le dijese,
lo
hago a
la italiana.
or esa frase dicha por tal boca, por tro-
car en realidad su ensueo de manicomio, no
hubiera
teniclo
inconveniente en aquel
mento en vender su alma
al diablo, si
porque este distinguido prncipe de
mo-
no fuera
las
Tinie-
ha tiempo que haba suspendido esas ope-
blas
raciones de compraventa por no convenirle el
Le colocaban cada mercanca ave-
negocio.
riada!...
Por qu no intentar un sondeo en
miento de
el
pensa-
la artista sobre ese particular?
No
habamos quedado en que la noche estaba embrujada? Pues a ver si los poderes brujos venan en su ayuda y se abra un tnel ms a la
mundo.
Fu un movimiento recproco de aproxima-
civilizacin en el
cin
temblorosa y llena de pronto de grandes miedos, fu a refugiarse en sus brazos; l
;
ella,
corri a
ella,
a cuatro patas, por
la
estancia,
como los monos de la jaula grande del Retiro.
Dos sonoros besos, uno en cada zapato, cayeron a los pies de la artista como dos rosas
blancas arrojadas desde un palco proscenio. Ha-
JOAQUN BELDA
288
ba entrado en la estancia sin
ms ropa
sobre
el
ncar moreno de sus carnes que
el
calzado; al entrar haba dejado en un rincn
las
medias y
de uno de los divanes una caja de cartn en
que podan caber
No
muy
bien dos pichones asados.
pierdas, oh, lector!, de vista esa caja, pues
aseguro que es de
te
la
Haba en
muy
seo
y sta era la verdad, un degrande de pegar y ser pegado, de sufrir
el
sufrimiento ajeno; cuando
se aparta del
que
las
de sorpresa.
los dos,
y gozar viendo
amor
las
camino
se pierde lo
monasterio que a
la
real, las
mismo pueden
tido en
veredas por
llevarle a
montanera donde unos
dos se engordan. Julio, con
un pimiento, dijo a
la
el
el
un
cer-
rostro conver-
chica en tono de
y abrazndose a sus rodillas
T no has tenido nunca un perro?... Pues
splica
hazte cuenta que este perro soy yo.
Una
bofetada, que para ser cosa de juego
era harto dura, fu la contestacin de Coquito.
un estremecimiento de placer por
todo el cuerpo, una verdadera sensacin nueva,
que lleg a su cumbre cuando la chica aadi:
Eso es lo que le haca yo a mi perro... Y
Julio sinti
y esto...
Otra bofetada y un golpe con la rodilla en
plena barba, que hizo al chico caer de espaldas.
Se levant a poco, y con voz dulcsima le dijo
Bueno, pero y el perro... qu te haca a ti?
esto...
LA COQUITO
Ella no contest
289
mimosa, lo ayud a alzarse,
fuese por lstima o porque se le hubiese pasado la locura. Ya estaba l de rodillas y abrazado a su cintura, mientras ella rea, sin saber
;
El momento era de peligro; no ha-
qu
decir...
ba
ms que
decidirse,
manos
las
sabias de l
se decidieron.
Fu una
vuelta amplia y suave por todo el
contorno de
la cadera,
un punto de parada en
con frotaciones perifricas, y desde
derecha se desliz como por un tobogn
los rones,
all la
hasta
el
canal posterior.
Estte
Con
que
la
me
quieto, que
mano
se escapase
dad y con toda
pones nerviosa!
libre la sujetaba
;
para impedir
con voz impregnada de humilangustia del que pide un cen-
la
timito para completar para
un
bollo, l
no deca
ms que una palabra
Anda!... Anda!... Anda!...
Era una
una splica montona y
chica no entendi al prin-
canturria,
vergonzosa, que
la
cipio.
Pero qu
Anda, mujer,
de eso, haz de m
lo
es lo
que quieres?
buena conmigo.
cambio
que quieras para siempre:
tu esclavo, tu perro, tu administrador, lo que
quieras, para toda la vida.
Pero a cambio de
No me entiendes
qu?
19
290
JOAQUN BELDA
Ahora ya
a entender, y de plano; uno
lo iba
de sus dedos fu
el
una perforacin en
zaba en
el
indicador indudable. Indic
el
botn floreal que se
centro de la roca,
Ms
Desdichado!
al-
y...
no haberlo he-
le valiera
Fu una furia, una verdadera loca escapada de un manicomio la que cay sobre l con das
manos, con los pies, con los dientes una lluvia
cho.
de patadas, araazos, mordiscos y escupitajos le
llen el cuerpo de electricidad, obligndole a revolcarse
como un
poseso.
todo
mezclado
ello
con una sarta de improperios
Canalla!
credo t?
Eres
el
Asqueroso! Pero qu
Miserable! Granuja!
te
has
Atenesta!
primer hombre, te enteras?,
el
prime-
ro que se atreve a hablarme de eso!
l,
en medio de los golpes, aun tuvo fuer-
zas para decir
Pues eso
es precisamente lo
que yo quera,
ser el primero.
Una patada
en la boca
tes de arriba se le
le
hizo callar
bambolearon como
dos diensi
hubiese
mordido en falso un trozo de turrn o como si,
leyendo una poesa del siglo de oro, tropezase
con un ripio. Se vio aplastado contra el suelo
por todo el peso del cuerpo de ella, que aunque
no era mucho, dejado caer
tando, aumentaba
demasiado
lejos,
el triple
con rabia y aprecrey haber llegado
as
;
pues hubo un
momento en que
LA COQUITO
291
pens morir de asfixia; pero bien pronto, del
seno de todas aquellas torturas comenz a
varse
licia,
como un
ele-
una extraa deun placer angustioso que le ahogaba como
cntico nuevo,
una dosis fuerte de cloroformo.
Coquito se cansaba de pegar y se alz para
tomar un respiro en la habitacin se oa el ja;
como
dear de los dos,
La
toras.
perio
y de dominio
sela as
de dos locomo-
cara de ella era una sola
o en
calle
la fatiga
la
los
que slo
mueca de imla
vean en la
escena no podran nunca imaginr-
ante una mujer tan decidida a hacerse
obedecer no haba
ms que dos caminos
diencia o la fuga.
Para
sible,
y adems no
la
lleg a sus odos la
Julio, la
deseaba
voz de
la obe-
fuga era impo-
como una
ella,
caricia
ahora bronca
como de matrona.
Levntate y ponte de
Lo hizo con toda
Ahora ven hasta aqu andando
Y ech a andar.
Con brazos en cruz!
rodillas!
presteza.
as!
los
Al
le
chico, para ser la
faltaba
dos,
rueda de un molino, no
ms que un aspa
la tercera la
los brazos parecan
formaba, ya en plena flores-
cencia, aquella parte emprica de nuestro orga-
nismo que generalmente ocultamos a
das de nuestros semejantes, y sin
hombre
sera
un
violn sin arco,
las
la
mira-
cual el
292
'
Pdeme
veces
JOAQUN BELDA
perdn!...
Besa
el
suelo veinte
!...
cada vez que la cara del joven bajaba a
hocicar en el pavimento, ella, la ofendida, aprovechaba la ocasin para plantarle en plena cerviz la suela de su zapato
vidumbre.
como un yugo de
ser-
que descansar, y para eso estaban
Hubo
divanes;
echronse cada uno
los
separados,
bramaba por lo bajo la artista
de cuando en cuando y aun conservaba ensomen
el
suyo, y aun
brecida aquella cara, de ordinario tan dulce y
tranquila.
la paliza le
haba dejado deshecho de
cuerpo y de alma no pensaba en nada y senta
en la nuca un vaco desconsolador, como si con
;
un tubo de goma y a fuerza de succiones
le
hu-
bieran ido sacando del cerebro todo el conteni-
Para amortiguar aquella sensacin de sombrerera vaca, apretaba la cabeza con las dos
do.
manos por
la
parte del cogote.
Pero aquello no era ms que una tregua, y la
batalla tena que seguir hasta que uno de los dos
quedase fuera de combate. Ella, sin moverse de
su sitio, rompi de nuevo las hostilidades.
Eres un guarro, te enteras? Un solemnsimo guarro... La culpa la tengo yo por haber-
te
tenido lstima
dre tena razn
y haberte
admitido...
yo no deb nunca bajar
Mi mala tari-
JOAQUN BELDA
294
mi
no tenas
dinero, fastidiarse, que las manos te quedaban
libres para convulsionarte al sol y a mi salud lo
que hubieses querido... Feminista! Despus de
todo, no serias el primer hombre que me desea
con hambre desde hace tiempo y que tiene qua
contentarse con verme desde lejos... El primer hombre Pero es que t eres un hombre ?
Volva la locura, y empez a hablar para ella
fa,
tarifa de reina, lo oyes?...
si
y como si nadie la escuchase mientras pronunciaba un ro de palabras incoherentes iba
sola
mueca del rostro
se iba poco a poco trocando en un gesto de
triunfo J en un espasmo de alegra feroz. Codesarrugando
el
entrecejo y la
quito se fijaba en Julio y en su cuerpo desnudo,
ahora
del todo,
pues
la batalla
ban deshecho sus ropas
el
pataleo ha-
aquel chico tena cuer-
po de mujer, que por otra parte casaba
muy
bien
con su rostro de nia rubia y ojerosa; las carnes eran blancas, y en la cadera hasta iniciaban
una elevacin mujeril que
ondulacin
al llegar
se disolva
en suave
las llanuras del...
Trans-
tber.
Los brazos y
lampios y torneailusin, y en general, en
las piernas,
dos,
completaban
todo
la
haba esa fragilidad de
aos que se est abriendo
orgnicas.
al
la chica
de doce
amor con timideces
Qu fenmeno de
la
Naturaleza era
aqul? Ella no haba visto nunca nada seme-
LA COQUITO
jante,
aquello, a costa de lo
que probarlo
y como
tal
Naturaleza
la
lo daba.
acaso no tuviese nocin exacta de la
nal. Ella
pena del Talin, pero
la
presenta;
castigar aquel efebo por do
le
que fuese, haba
acababa de ocurrir algo infer-
la chica le
pecar
295
de
la idea
ms haba querido
produjo un jbilo tan intenso, que no
pudo contenerse, y
en una estrepitosa
estall
carcajada.
Tan
estrepitosa,
que Julio se alarm e incor-
porse de un salto en
,
el asiento.
De qu
Ya vers!
te res?
decidida
por llamar
al
.a
no perder
chico por
deba tener, y
muy
el
fina,
el
tiempo, empez
nombre que
ella crea
levantse para acer-
carse.
ahora vas a hacer todo
Oye,
diga; verdad, hermosa?
que yo
Por qu me has cambiado sexo de
pente
No, tontina; somos dos buenas amigas.
Julita, rica
lo
te
re-
el
si
Cambamelo t a m si quieres. Ya vers Oye,
no hagas caso de lo de antes todo ha sido una
broma. Es que no entend bien lo que queras;
!
pero ahora ya he cado.
Estaba ya junto a
l,
y de cuando en cuando,
entre caricia y caricia le abofeteaba, sujetn-
dole la cabeza con la otra mano.
le
miraba
el
JOAQUN BELDA
296
cuerpo y comparaba; en algunos sitios, por
ejemplo, en los costados, la piel de Julio era mu-
cho ms tersa y suave que la suya propia, y en
bosquecillo de las axilas era menos poblada
fronda que en
el
suyo
que
es decir,
ella, la
el
la
mu-
jer adorable, con su cuerpo libre de corpulencias
ca
y de redondeces de esas que
ms hombre que l.
Puesto que
iba a ser.
incitan, pare-
Naturaleza lo haba querido,
la
Se levant
sin dejar de rer diabli-
camente y sin dejar de repetir:
Vers..., vers...
Fu
'
al
extremo de
la habitacin,
donde
al
en-
trar haba dejado la caja de cartn cuya vigi-
lancia
hemos recomendado
cuerpo careca de medio
al lector.
fsico, ella
plementos con que perpetrar
la
Ya
que su
buscara su-
divina violacin
de aquella virginidad tan apetitosa. Las industrias
haban progresado mucho en
el
ltimo
cuarto de siglo!
Fu a
lio,
abrir la caja; pero antes se volvi a Ju-
imperativa.
Que no mires,
No mires
Bueno, mujer, no mirar.
No, no me mejor otra
ahora...
ser
fo;
te
digo!
cosa.
Volvi, y con los propios calzoncillos de l,
que yacan en el suelo como un jirn de neblina,
le
vend
los ojos.
de aquello.
El
se dejaba hacer,
!
l
'
encantado
LA COQUITO
Y ahora, para que no
297
te quites la
venda, te
voy a atar las manos.
Cogi la camisa, la retorci en forma de cuerda,
le sujet los
brazos a la espalda, apretn-
dolos bien por las muecas.
Ay, que me haces dao!
Bah! Bueno que
es
te
vayas acostum-
brando.
Qued echado en el asiento como un fardo o
como un viajero al que unos bandidos hubieran
dejado maniatado a la orilla de un camino.
Coquito, segura de que no la vea, abri la
caja,
y sac de
ella,
envuelto en papel de seda,
un objeto extrao, que desdichadamente no
puede exponerse en
los escaparates
mercios donde se vende, porque
la
sociedad contempornea es todava
prejuicios.
Es
artculo que
de los co-
moral de
la
un saco de
no puede fabricarse
no habra dos iguales, y, adems,
no hace falta que se acople con exactitud, porque el campo de operaciones donde ha de desarrollar su actividad es de una elasticidad maraa medida, pues
villosa.
De
fabricacin alemana, cmo no!, tiene algo
de kolosal, con esa robustez que
el
pueblo ger-
mano da
a todas sus concepciones, y que hace
que, por ejemplo, los palillos de dientes de Post-
dam haya que
cogerlos con dos manos. E obje-
to imitaba a la perfeccin el
modelo natural, y
JOAQUN BELDA
298
estaba fabricado con una pasta de caucho y polvo de mrmol, que lo haca temible.
Con unas
sobre
sus
mientras
nal
el
cintas de seda, Coquito lo sujet
riones.
el
s,
estaba
firme;
pueblo del Kaiser tuviese en su arse-
armas como
nazos
Prob:
aqulla, poda hipotecar a cao-
porvenir del mundo.
a Julito, unas horas
antes, al pasar por la calle del Mesn de
Paredes, le hubieran dicho que la proposicin de
Seguramente
la
que
si
mujer-espectro iba a realizarse, pero... a la in-
versa, hubiera acogido el dicho con la
mas
vi-
brante de las carcajadas. l, invadido por la espalda,
Su
como
cuerpo,
el
Tirol y
el
Trentino? Locura!
campo de maniobras a
la italiana?
Ilusin
Y he aqu que la locura se cumpla y la ilusin
se haca realidad. Coquito,
nalmente
el
cambiado provisio-
sexo gracias a los perfeccionamien-
tos de la industria alemana, vena a l
armada
de todas armas. Para evitar un golpe en falso
prepar un poco
el
terreno: ella aquello no lo
haba hecho nunca, y no teniendo para la operacin ms gua que la del instinto, haba que
tomar precauciones.
Oye, Julita, ahora hars todo lo que yo
diga, verdad?
S, hija, s; pero qu quieres hacer?
Eso ya lo vers. Por lo pronto chate
suelo.
te
al
JOAQUN BELDA
300
Formando un
ovillo,
sin poderse valer de
manos, fu escurrindose hasta el pavimento.
Vulvete de espaldas... as, boca abajo,
como si te doliese la barriga... Esas piernas, enlas
Ahora, veas
que notes, no te muevas,
cogidas... As...
lo
lo
j
que veas y notes
Muy
Vas a retratarme?
Pudiera El objetivo ya
est pronto.
ser.
No
quieto
era empresa llana lo que la infernal chica
tramaba. Hazte cargo, lector, con tu buen sentido tantas veces probado, de las dificultades de
la operacin.
Qu
sewits deca que
ciles
de
la
haras t en tal caso? Clau-
una de
guerra era
la
enemigo. Qu dira
las
maniobras ms
de picar
la
dif-
retaguardia
el
clebre teorizante de
las batallas ante este caso,
en que no se trataba
al
slo de picar, sino de banderillear
tirarse a
matar en corto y por el camino recto?
Adems, Julio, o Julita, como tena las manos
sujetas a la espalda, haba de apoyarse contra el
suelo,
con
el
pecho o con
tigaba en demasa
un
la frente,
el instinto le
ello le fa-
haca torcerse a
hombros mejor
punto de apoyo. El mismo bulto de las manos
all sobre los rones no era nada cmodo para
la atacante; tuvo un momento de lucidez y le
lado,
buscando en uno de
los
dijo
Vers,
yo
esas
manos
las
tendrs mejor
voy a poner.
Solt el nudo e hizo que
como
te las
la
vctima apoyase
LA COQUITO
301
parte delantera del cuerpo en el borde de
la
uno de
cuando estuvo as, cogi sus
brazos, los cruz como un haz de lea y los at
muy alto al marco de uno de los espejos qu
decoraban la estancia. La postura era de una bilos divanes
zarra trgica
ma
estaba
all
el reo, la
pobre
vcti-
destinada al sacrificio, al tormento, entre-
gando sus carnes
sadismo del verdugo, que
al
igual poda quemarlas con
un
hierro candente
que rociarlas con agua helada o con vino de
Valdepeas.
Julio dejaba hacer,
como un
trapo, sin protes-
moverse siquiera, convencido de que por
brutal que fuese lo que Coquito tramase, siem-
ta, sin
pre habra de ser diablicamente delicioso.
le
importaba dejar
all
la piel
o un trozo de
solomillo, despus de haber dejado en
doa Micaela
de estudiante?
zaba?
No
el
manos de
contenido de su pobre cartera
No
era ella la que
le
martiri-
era para que ella gozase para lo que
sus carnes iban a temblar?
No
haba estado
meses y meses aguardando esta hora de
de la que,
Qu
como un
infierno,
hilo de plata, haba estado
pendiente su vida?...
de una vez haba sentido
recordaba lo que
al verla
ms
en escena bai-
rumba, o simplemente oscilando sus pechitos tras la camisa: unas ganas feroces de
lando
la
echarse a sus pies, de ser por ella pisoteado, es-
como una rana.
modo natural? No;
trujado, escupido
Amarla
al
eso a las de-
JOAQUN BELDA
302
ms mujeres guapas que se encontraban por la
calle. Besarla? Bah! Eso a su novia, aquella
chica regordeta del pueblo, que crea que dar
un beso en la obscuridad del cine era trasladarse a una orga de Babilonia... Con ella, con Coquito, no morir a sus manos, o que, por lo menos, con uno de los huesos de su trax se construyese la criatura el puo de un en-toat-cas.
Y ella Seguramente en su vida, que no haba sido la de una reina de los juegos florales,
no haba llegado nunca, como en aquella hora, a
;
comprender cuanto hay de criminal y de salvaje
en el fondo de toda exaltacin de la carne. Este
pobre cuerpo nuestro, que el Gran Ironista Universal fabric en un momento de hasto con un
poco de arcilla y otro poco de serrn de mojama, encierra en el fondo de su apercalinada vulgaridad unos veneros de perversin inagotable
cuando en el pramo sexual de la vida de un
oficinista
pierta
o de una patrona de huspedes des-
el cuclillo
de
la
voluptuosidad, no hay pu-
que no se convierta en Cleopatra, ni empleado de cinco mil reales que no se trueque en
Sardanpalo. Qu asco, y qu grandeza a un
pilera
tiempo
Coquito
all,
a la vista de aquellas carnes pos-
teriores del chico, de las
podido sacarse
tres
que
muy
bien hubieran
o cuatro kilos de
solomillos, vea que iba a estropear a
para siempre, y no
le
filetes
y
un hombre
importaba notaba que iba
;
LA COQUITO
303
a deshonrarlo marcndolo de un
modo
indeleble
estigma de los sodomitas, y senta una
alegra feroz. Que el chico, en adelante, y si
con
el
por azares de
la
vida tuviera que someterse a un
examen de su organismo, sera la mofa de esta
sociedad, un poco rancia en estas cuestiones del
amor? Y qu? Mejor, mucho mejor: ella habra sido la culpable, y esto le llenaba de un orgullo monstruoso.
Porque en
ms que
eso
fondo, y aparte
el
:
el
placer,
no era
apetito voraz de gozar las primi-
de aquel cuerpo de hombre-nia, que tanto
haba interesado con el doble encanto de su
cias
le
ambigua persona.
como
la primicia, la inicia-
dnde
con
vida un poco de campamento
que hacen en Madrid
estudiantes buscacin por la va natural no era posible
estara ya,
la
los
ba, sin darse cuenta,
a pesar de
encantos,
serlo,
y por
mer caminante
Casi? Esto
tesco
un camino secundario
que,
no carecera seguramente de
el cual, la
certeza de ser
el pri-
era casi absoluta.
de zozobras. Sera groun tiempo que aquel mocoso,
la llen
trgico a
atrayendo con su carita sonrosada a algn moscardn de los que andan por el mundo
por las
plataformas de los tranvas, hubiese ya probado
la fruta extica,
De menos
como un
pltano sin creencias.
nos hizo Dios, y era cosa de verlo
cuanto antes.
El producto de
los talleres
alemanes inici un
JOAQUN BELDA
304
avance por entre dos promontorios, y en la estancia se escuch un ay! que aun no era ms
que de dolor.
quito,
No
era mala seal aquella, y Co-
animada por
primer xito, sigui ade-
el
lante.
Perderse por un atajo, por
el
que nadie ha pa-
sado nunca, tiene sus inconvenientes,
nar a ciegas,
el
el
de cami-
de tener que marchar apartan-
do broza y maleza, entre otros pero tiene tambin sus encantos, y entre ellos no es el menor
el de abarcar con la vista panoramas que nadie
ha contemplado, y que se ofrecen a nosotros
con todo el encanto de lo virginal. Adela, al segundo empujn, sinti que en sus riones repercuta el golpe, como aquel beso que, segn el
;
dado en Cantn, se oy en Cdiz; para
ella haba de haber tambin su martirio, como
ocurre siempre en esta clase de operaciones no
hay atajo sin trabajo, dice el refrn, y va de citas, y no cabe duda que, como se ha dicho antes,
poeta,
all
haba alguien que estaba tomando por
el
atajo.
Julito,
yse en
viendo que
el
Por
la
cosa se formalizaba, cre-
caso de protestar.
Dios, que
que ya hay
me
vas a matar!
Yo
creo
bastante...
Ella, enardecida
con
la queja, dio
un nuevo
avance, y ya sus dudas se disiparon por all, al
menos en la direccin en que ella marchaba, no
;
haba pasado nadie.
LA COQUITO
El chico, mordindose
y haciendo con
llar,
muy
el
305
los labios
para no chi-
cuerpo unas contorsiones
una malaguea garganteada, senta en su interior una
cosa muy extraa, desde luego algo nuevo que
nunca haba sentido- y en estos tiempos en que
todos andamos locos detrs de la novedad, no
una impresin as como si toes poca cosa
mando un bao, por un fenmeno de fsica, emraras,
como
si
estuviese cantando
pezase a internarse en su organismo toda
agua
los
del
el
mar, con algn que otro percebe de
ms gordos. Era una
introinspeccin
la piel
recogindose para adentro, cual un paraguas
que se cierra y ya nunca ms va abrirse.
En medio de sus torturas el chico notaba que
muy
rompiendo all adentro
con rotura definitiva un plato se rompe y puede
laarse un pitillo se rasga y se le muda el papel; una pipa de mbar se quiebra y... se compra uno otra; pero si una pobre flor se troncha
algo
serio se estaba
;
por
el tallo,
qu se hace con
ella,
Leovigilda ?
Esta sensacin de algo irreparable era
la
que
mar de sus impresiones, y
quejarse de un modo lastimoso.
la
cada una de sus quejas, Coquito, aumentando
la
sobrenadaba en
que
le
haca
el
fuerza, contestaba con
Te
Aguanta
Eso
una crueldad
fastidias!
es lo
que puedas
que t queras hacerme a m,
lo
drn!
20
la-
JOAQUN BELDA
306
En
realidad, el dolor, lo que en trminos es-
trictos deba llamarse dolor, casi haba desapa-
Era
recido.
humano
posible que el organismo
transigiese tan pronto con sus propias vergen-
zas? Julito segua quejndose, pero ya de un
modo
con
mecnico, por
la sociedad,
el
bien parecer, por cumplir
que es por
lo
que va uno a
las
psame y a las lecturas de poesas...
De pronto fu un matiz, un atisbo, algo casi imperceptible lo que se oy en el fondo de uno
de aquellos ayes, un dbil hilillo de complacenvisitas de
como si el sufrimiento fuese a dejar plaza a
su hermano gemelo el placer y como la mmica
cia,
de esos payasos que empiezan llorando, y sin
dejarlo, acaban en una carcajada, trocando el
llanto
en risa de un
Gozaba
si
el
modo
portentoso.
An
chico con todo aquello?
no;
ms de una
para ganar Zamora hizo falta
hora, para ganar aquella otra fortaleza, virgen
de ataques anteriores, era poco
el
espacio de
unos segundos. Segua quejndose; pero cada
vez la gota de miel disuelta en
miento era mayor,
y,
por
fin,
la hil del sufri-
ms
100 de
la disolucin convirtise
abejas.
La
quito; la cosa
le
los dicterios
zuela
150 por
en miel pura de
batalla iba a ganarse.
Acaso antes que
ya
del
dise cuenta de ello Co-
produjo un furor sin
lmites,
de un repertorio soez y de pla-
empez a acompaarlos de unos golpes
LA COQUITO
en los costados de
307
que sonaban
vctima,
la
como tambores.
con nuevos bros y a costa de un gran dolor en su propia cintura, Adela
Se acercaba
tirse a
el final
fondo como maestra consumada. Oyse
nico grito de queja; los dems fueron ya
el
francas voces de delicia,
como un coro
Podra asegurarse que
all
ms en
el
anglico.
ya no caba hacer
sentido del avance;
el
producto de
la
fabricacin alemana haba desaparecido todo l
no meda ms que 26 centmetros de
la vista
de los mortales, y hubiera sido intil buscarlo
por el suelo, ni debajo de los muebles. Dnde
estaba? Adivinanza...
cuerpo
el
Lo
humano no
lo
que
dilatase
de pronto,
all
no poda hacerse
se haba hecho.
Convencida de
la
que como
se
creando rganos nuevos,
ms de
cierto era
ello, la
asaltante emple toda
fuerza que hasta entonces haba dedicado a
marcha, en movimientos de rotacin, que Julio no tard en imitar en sentido inverso para
la
ms
complicacin.
res de lucha
La
cosa tomaba ya caracte-
ni cesaban los ayes de l ni se aca-
llaban los insultos de
ella,
suerte de pellizcos, palos
mezclado con toda
y araazos en
las po-
bres carnes de la vctima, que vibraban de pla-
nuevo martirio aumentaba el goce
forzado, y ya en plena locura del momento
cer; a cada
del
tanto tiempo esperado, hubiera
querido que
Joaqun belda
308
aquella mujer inventase
un
suplicio nuevo,
que
acabara con su vida entre espasmos de amor.
En un momento
de ajetreo cay
venda con que habale
l
entonces, en
el
cubierto los ojos, y
espejo que tena enfrente, pude
ella
ver algo espantoso que
le
llen de terror, y,
por lo mismo, contribuy a acelerar
lo visto
al suelo la
el final.
Por
en aquella habitacin haba duendes, o
acababa de penetrar un fantasma
s, all
estaba,
a su espalda, con los ojos en blanco, la boca retorcida
como en un ataque
epilptico, los pelos
chorreando sudor y cayendo por
la
cara
como
sanguijuelas temblonas, y un aire infernal en to-
mudarse de ropa
interior al propio don Flix de Montemar. Por
lo visto el fantasma aquel era el que le estaba a l haciendo... el padrn, ya que tan encima
lo tena; pero fijndose bien, pudo ver que aquella cara que le haba parecido una visin, era el
to el rostro que hubiera hecho
La
propio rostro de
demencia del
la
ras,
la
acto.
que en aquel momento estaba gozanchiquilla, sabiamente distribuido por ho-
Con
do
Coquito, transfigurado por
lo
haba para veinte aos de cachondeo; los
pechitos se haban agrandado,
tanto golpear en
el
los brazos, de
cuerpo de Julio, estaban ya
morados y prximos a caer exnimes, y todo el
cuerpo de cintura para abajo, hundido para adelante y como sumido en el de la vctima, no ofreca
ms
saliente
que
el
frontis postumo, tambin
LA COQUITO
tembln como
los
la
hoyuelos de
309
confluencia de dos flanes; en
la
espalda y en los de las corvas,
la
carne se haba vuelto
ms
negra. La nia
candorosa y lasciva del teatro, que volva locos a los espectadores con slo ensear una panaqu una pantera de carne plida,
torrilla, era
que vibraba hasta por
los pelos
punto ya de venir
contacto,
aument
momento hubiera
la fiebre
de los dos
el
la
mujer.
en aquel
La
el
hombre
cara de Julio, acaso porque
papel que representaba as lo exigiese, era
desde luego
ms femenina, con unas
tamao de un
dos,
le
el
sido difcil discernir cul, en
aquel acoplamiento monstruoso, era
y cul
perder
al suelo, sin
como en
tintero,
xtasis
los ojos
ojeras del
muy
entorna-
los pelos del flequillo,
que
caan hasta cerca de la nariz, ayudaban al
cambio de sexo.
Una nueva va de comunicacin accTbaba de
abrirse a viajeros posteriores en Espaa, pas,
segn dicen, tan falto de ellas. Un misterio ms
que se haba roto; el da en que los rompamos
todos, seremos omniscientes,
jar
el
y seguramente ba-
precio de los comestibles.
Para celebrar
la
apertura del nuevo tnel,
Coquito dio tan fuerte mordisco en la espalda
a Julito, que los dientes se le mancharon con la
sangre de
piel abajo,
te,
l;
un chorrito rojo corri por
la
y otro chorro, de color bien diferenemiti cierta casa de banca de la propia per-
JOAQUN BELDA
310
tenencia del estudiante, liquidando a la vista del
pblico un soberbio supervit.
res son en todo
ms
Como
hipcritas que
el
mujehombre, y
las
no hacen esas liquidaciones al exterior, sino al
interior, no pudo verse la emisin de Coquito,
pero debi ser suave!
Vinieron ambos a
co, al darse
tierra,
unidos an. El chi-
cuenta de lo que acababa de perder
para siempre, acordse de pronto de
la
la visin
de
Mesn de Paredes. "Tambin lo
italiana..." Ya lo creo! Indudable-
calle del
hago a
la
mente, aquello haba sido una profeca de algn
poder brujo.
Y, al sentirse todo ventilado por dentro, no
pudo menos de repetir su frase de antes
Por algo he dicho yo que la noche estaba
embrujada
y media de la maana; como hasta las ocho
no se levantaban las chicas, y su madre no lo haca nunca antes de las diez, estaba salvada.
Coquito
El sereno
lleg a su casa a las siete
le
abri la puerta de la calle,
la
y como la haba dejado
cerrar; no tuvo ms que em-
del piso la encontr tal
encajada, pero sin
pujar con
llas
mucha suavidad y
entrar de punti-
hasta su cuarto. Diez minutos despus, lava-
da y refrescada, estaba en
ovillo, como una alumna de
el
las
lecho hecha
un
Ursulinas que,
pensando en San Luis Gonzaga, se ha quedado
dormida con las manitas en la entrepierna.
Hasta
la
esquina de la calle la haba trado
un coche, dentro
del cual haba seguido Julio
hacia su casa, y que, para tomarlo a aquella hora, haba tenido que venir a pie por en medio
del
campo hasta
ra
en
el
la calle del
Prncipe de Verga-
trayecto apenas haban hablado, sumi-
dos los dos en una especie de letargo, producto
neto del cansancio de la noche y del hasto que
deja siempre lo gozado,
al
bajar ella del co-
JOAQUN BELDA
312
che se haban despedido con un "hasta otra vez"
y un apretn de manos que pareca el saludo a
la
un entierro.
chica un poco avergonzada, no
presidencia de
Volva
porque
la
slo
recobrar la razn vea toda la bestia-
al
lidad de las locuras de aquella noche, sino por-
que
la
ltima de todas
castigo con
ellas,
algo as
que haba purgado
el
las
como un
dems,
la
humillaba a los pies de un hombre por primera
vez en su vida.
Efectivamente,
la
aventura del cuarto del no-
un final lamentable; saba al
que no saldra sin que el influjo fa-
tario haba tenido
entrar en
l,
tal del to
de los zapatos obrase sobre
ocurri que, cuando despus de
canso por
el
ella.
un largo
des-
suelo tras la epopeya del asalto,
fueron recobrando
el sentido, la chica,
invadida
por ternuras repentinas, echse a los pies de
l,
pidindole con vehemencia que la perdonase.
Fu en vano que
quisiera alzarla, parecindole
Magdalena de ltima hora, y
aunque, para consolarla, insisti en lo que ya
era en l una obsesin, dicindole
Perdonarte! De qu?... Si no has sido t,
ha sido el poder brujo de la noche...
Ella insisti de tal modo, que Julio no tuvo
ridicula aquella
ms remedio que
perdonarla.
Pero no era eso lo que Coquito quera
Haz de m lo que quieras pgame, todo
lo
LA COQUITO
merezco. Mientras no
me
des por lo
o tres patadas, no creer que
Tanto
no
salir
pes,
que
313
me
menos dos
has perdonado.
y tanto lleg a amenazarle con
si no saciaba su apetito de gol-
insisti
de
all
Julio, incapaz
en su vida ordinaria de
molestar a un mosquito, lise con
ella
a bofeta-
mecnicamente y por salir del
paso, dolindole los golpes ms que si l mismo
das, al principio
los recibiera; despus, aficionndose al vapuleo,
y excitado en
la
As... as...
faena por las voces de Adela
No
hombre
eres
si
no me das
ms fuerte. As, con el pie...
La escena bochornosa acab arrastrando Julio
a la artista por toda la habitacin, cogida del
pie derecho,
tricos
que
y llorando
la
espasmos his-
ella entre
dejaron sin sentido.
Salieron a la calle y cruzaron
cogidos del brazo, y
ella
con
la
el
campo muy
cara tapada, en-
amanecer, y cuando los trabajadores iban en grupos a Madrid en busca del
tre las nieblas del
pan colocado en
se les
tal
lo alto de
un andamio
al
pasar
quedaban mirando, como bichos raros a
hora y en aquellos parajes.
A la muchacha le dola todo
el
cuerpo, cual
acabase de tomar una ducha elctrica; y
si
no-
un escozor
desconsolado, y ms abajo, en el campo de la
batalla anterior, algo muy extrao, una impresin de divorcio de sus carnes, como si un pa-
taba en
el
mordisco de
la espalda
JOAQUN BELDA
314
raguas automtico se hubiese abierto en
organismo y
rior de su
se
empease en
el inte-
salir al
exterior sin cerrarse.
Llevaban andado un buen trecho, y Julio se
volvi a mirar por ltima vez el hotel de La
Coquito; por detrs de
asomaba ya
la claridad
como miraramos
donde hemos perdido para siempre un
del sol
tio
chico lo mir
el
de oro o un par de guantes.
lgrima porque se
dentro, que ya ni
el si-
reloj
no derram una
haba quedado tan seco por
humedad tena que pudiera
trocarse en llanto.
Qu sueo ms
tranquilo y feliz disfrut Co-
quito hasta las dos de la tarde, en que su
golpe
la
Despert y enmisma postura en que se haba
puerta del dormitorio
contrse en la
madre
quedado dormida ni una vuelta en la cama, ni
el tormento de haber soado. Cuando la madre
le pregunt, no supo al principio de lo que ha:
blaba.
Y pjaro?
Qu pjaro?
A qu hora ha marchado?
Quin?
Cmo que quin? Don
ha
a
Ah, ya!
puerta?
media. No has
a
por Dios, qu
el
se
Julio...
Pues...
se
ido
las
siete
sentido la
Hija,
dormido de un tirn hasta
iba
sentir! Si he
las nueve.,,
LA COQUITO
315
Ms
Por qu?
Por nada, mam; por qu va a ser?
Bien ha aprovechado ocasin
vale as!
la
el
sabe Dios cundo se ver en otra.
no ha sacado bien
No
pollo
dir que
pringue a su dinero.
el
Lo que
No hemos hecho apenas
ms que dormir en toda
Ya me
o
Te vas a
aqu
almuerzo?
Me
es eso...
la noche...
levantar
lo figuro!...
te traigo
el
levantar.
muy
Se arregl
despacio, con
de movimientos que
le
una languidez
recordaba los das fuer-
Habana, y cuando se sent
a la mesa vio que no tena ganas ni de abrir la
boca. Hubiera sido un martirio intentar siquiera comer un bocado de aquella tortilla de rones que su madre le puso como primer plato,
tes de calor
en
la
y por todo el oro del mundo no hubiera podido
soportar por ms tiempo la vista de aquellos
pajeles que vinieron despus.
Llvate
madre, y treme una taza de
Pero que has
loca?
Luego comer; ahora no puedo.
Caf! Y tomar nada desde anoche a
esto,
caf.
es
te
vuelto
sin
las nueve...
Lo querrs con media tostada?
Hubiera vomitado slo de orlo si en el estmago hubiera tenido algo que arrojar. Desde
JOAQUN BELDA
316
anoche, a las nueve
Pues no
le
haban pasado
a ella cosas desde anoche, a las nueve
era verdad, no haba
haba dado su vida,
Tomar,
tomado nada; pero dar...
y lo que no daba nunca:
su orgullo de mujer.
Era muy raro
vaca por dentro,
cual
lo
que
como
le
sin
Se senta
objeto en la vida,
pasaba.
un barco que navegase a
posible que ella, ella
la deriva.
Era
misma, volviese aquella
tarde al teatro y trabajase y bailase la
rumba
para diversin de unos cuantos tos lascivos
que, seguramente, en la alcoba seran tan puer-
cos o
ms que
el
candoroso Julito?
Por primera vez acaso
sinti hasto, cansan-
que llevaba y que positivamente no conduca a parte alguna; gracias a
cio de aquella vida
Dios no era una romntica, y tena de sentimental lo que tiene Luis Esteso de subdicono
pero por lo visto pasaba por un cuarto de hora
triste,
le
pareca mentira que ella volviese a
La
Coquito de siempre: alegre, revoltasa y
con una funda de gutapercha guarecindole el
ser
corazn, para que no llegasen a
esas cursileras de la pasin.
l,
ni en
Era
broma,
posible que
todo hubiera sido un sueo con pesadilla de
una noche de marzo?
No
slo era posible, sino necesario; la
dre vino a recordrselo, mientras
caf pedido:
le
ma-
serva el
LA COQUITO
317
No
que a
cuatro y media
mos que
en
Para qu?
Ensayan
nmero
de Las
Vaya! Por qu no vas t? Yo
dormir otro poco.
pero a de
ya sabes que
no puedo
en
Esta noche?
Ya no acuerdas? Ay, ay! A
ha
trastornado
cabeza
mocoso
No digas burradas, mam! Qu pasa
noche?
Mujer, que don Miguel,
Tribunal
olvides
tene-
las
estar
el teatro.
las chicas el
ese
Irrigadoras.
quisiera
Ir
esta noche...
lo
tu lugar.
ir
te
ti
la
te
ese.
el
esta
ese del
de
la
Rota, nos lleva a cenar en casa de
Camo-
y quiere que luego le enseemos el hDtel.
Es verdad; no me acordaba. Con el fro
que har esta noche en la Prosperidad!
rra,
hermossimo...
y hace un
Por qu no mandas un recado
Fro,
da
le
dole que
noche...
me
duele
mucho
la cabeza,
dicin-
y que otra
Mujer, ya
sabes que es
puede echar una cana
al aire
un seor que no
siempre que quie-
y tiene que ser hoy; para eso
paga mejor que los dems.
Bueno, bueno; no se hable ms, cenare-
re; l dice hoy,
lo
mos;
es decir, cenars t,
porque
lo
que es yo,
JOAQUN BLDA
38
si
tengo
las
mismas ganas que ahora, con un
vaso de leche despacho.
En
eso ya no
me
meto, ni creo que se
meta l tampoco. Nosotras vamos; de la cena
yo me encargo, y de lo dems, ay!, bien quisiera encargarme yo tambin...
No
caba duda: a Coquito la haban cambiado.
No
hablaba ms que lo preciso,
y pasaba largos ratos en los ensayos, sentada
en una silla, con la cabeza apoyada en la mano
y
los ojos perdidos
En
en un extravo sooliento.
no estaba ms que
dispensable para tomar parte en
de
el
teatro
el
las
tiempo
in-
secciones
tarde y de la noche, y en cuanto stas ter-
la
minaban, desnudbase ms que de prisa y marchaba a su casa a toda la velocidad del automvil.
La primera que not
y
el
cambio fu la madre,
motivo de gran alar-
el
notarlo fu para ella
ma. Haban sido intiles cuantas preguntas y
sondeos le haba dirigido para averiguar la
causa de aquellas murrias; unas y otros se haban estrellado siempre ante la contestacin invariable de la hija:
Nada,
mam. Qu
Que estoy
Doa Micaela
ga?...
consecuencias
Coquito,
le
quiere usted que ten-
aburrida.
se espantaba al pensar
que pudiera
alegre
tener
en las
aquello.
Si
y vivaracha Coquito, perda
JOAQUN BELDA
320
su alegra y su humor, qu hombre iba a ser
tan abnegado que diese dinero por encerrarse
con
ella
en un cuarto, a or suspirar y a conta-
giarse de su aburrimiento? El primer da, por
si
aquello era del estmago, la
entr por la
maana en
la
madre amorosa
alcoba de su hija
con un vaso de tamao natural lleno de agua
de Carabaa;
la
misma
apurado
el
la
pasiva resignacin con que hubiera
veneno de
de disgustar a
gante
muchacha apur aquello con
la
los
Borgias
no era cosa
coautora de sus das por pur-
ms o menos. El desengao de
la
noble
dama fu atroz cuando vio que Adela pas el
da ms triste que nunca y andando de prisa
por
el pasillo
de
la casa.
Las compaeras del teatro, mujeres todas de
una psicologa primitiva y que no comprendan
los recovecos de las almas, participaron a doa
Micaela sus sospechas.
Ms
estara
enamorada
pronto se alarm. Sevale que un tranva la hu-
Coquito? La madre
ra horrible!
No
al
biera atropellado; pero su alarma dur poco.
Conoca a su hija como
si
la
hubiera parido
dos veces y saba que, afortunadamente, su
corazn no estaba constituido para el amor;
ella
amaba con
el
cuerpo, con sus limoncillos
pectorales, con los ojos, con la boca, con toios
sus rganos, pero con
sino que en
el sitio
el
no pareca
dems mortales
corazn...
en que los
LA COQUITO
tenemos esa viscera tan
321
cursi, ella tea
un pa-
quete de algodn hidrfilo.
la
Pepe Rodillo, maestro en experiencias, dio a
madre un consejo que no era ninguna tonte-
ra
Coquito
lo
que tiene
dijo
le
una noche
en que doa Micaela estaba ms desesperada
que nunca
matando;
llvela usted al
ne,
y todas
una
es
las
falta
de oxigeno que la est
campo, que se oxige-
maanas, en ayunas, que
se
beba
un cubo de agua puesta al sereno, y luego se
d un paseo al sol de dos horas. No tienen ustedes un hotel en la Prosperidad? Pues vayanse ustedes a vivir a l, seora, que con el automvil pueden ir y venir al teatro en diez minutos.
Ay,
si
fuera mo!...
El automvil?
No,
Hombre, Pepe, para que t
el hotel.
te
bebas todas
maanas un cubo de agua no te hace falta
el hotel
con que te lo pongan delante y te silben, no dejas ni gota.
No se enfade usted, doa Micaela, que mi
consejo es un consejo cientfico.
las
El
;
hotel!
Sabes
ciendo estos das?...
lo
Que
lo
que
me
viene
di-
venda por lo que
no piensa volver ms a l.
La gorda Rigoleta dijo algo a continuacin
den, que
que,
o era una sandez, o poda
ser el principio
de tina tragedia.
JOAQUN BELDA
322
Una
hermana ma se puso as: no coma,
no dorma, no quera hablar con nadie...
Pues qu haca?
Sentarse en una butaca y leer peridicos:
Bueno pues se le quit todo ello slo a los nueve meses... cuando naci mi sobrinito, ese rubito que viene conmigo por aqu algunas tardes.
Hija, por Dios, no hables as! Se me po-
nen
las narices
de punta!
Pero no, no haba cuidado ni madre en
agraz, ni enamorada. Coquito, una vez ms,
:
haba sabido librarse de los dos microbios:
de la maternidad y
morada no
el
el del
amor. Coquito ena-
sera Coquito,
porque todo su en-
canto, todo su prestigio, estaba en eso, en ese
don
con que
especial
el
Cielo la haba dotado,
esa insensibilidad para la pasin, que la haca
tomar del amor slo lo que ste tiene de fisiolgico, como una mquina de fabricar espasmos
Con ella se tena siempre la
que el amor de una hora no iba a
sin consecuencias.
seguridad de
convertirse en cadena para toda la vida.
Lo que
sigue
la
como
muchacha
tena era ese fastidio que
secuela obligada a todas las plenas
satisfacciones de todo lo que se ha deseado
cho,
y luego,
nos descubre
al poseerlo,
inevitable de su inanidad
es algo as
el
mulado
como un
remordimiento por haber empleado un tan gran
caudal de deseos en cosa que tan poco vala,
lo
ha experimentado todo
el
que ha ido a
vi-
LA COQUITO
una ciudad
sitar
323
muy ponderada y
se
ha encon-
cama del hospedaje,
cmoda o la mesa del
trado llena de chinches la
el
que ha empeado
comedor para
la
a los toros, y luego ve con dolor que los toros no embisten por derecho.
La
ir
brutalidad que ella haba ejecutado con
Julio haba credo que iba a ser algo as
como
un nuevo modo de goce centuplicado que
ella
hubiese inventado para su uso particular, y al
no haba ms que unos
desgarres, un hombre que pierde algo inevitable, y un placer doloroso que duraba dos milsimas de segundo, se llamaba a engao y le enencontrarse con que
all
traba la murria.
Para distraerse de
ella
haba empezado ape-
lando a remedios absurdos, tales como coger un
peridico, buscar las noticias de la guerra,
contar las letras que tenan los nombres de los
pueblos que la falange alemana iba tomando en
Rusia a un paso de caballo desbocado Novo
Georgiesky, Brest Litowsky, Srtabuy. El da
:
de la toma de Varsovia haba sido para
sorpresa ver
llano,
ella
una
cmo en un pueblo de nombre
tan
y que con tanta facilidad
se pronunciaba,
haban puesto los guerreros del Kaiser tanto
empeo por
Ya
por
poseerlo.
las tardes,
y pasados quince o veinte
dndole miedo quedarse en casa, en aquellas horas tan dulces de la Primavera, se haba
dedicado a lo que no haba hecho nunca: suba
das,
JOAQUN BELDA
324
en
el
automvil, y sola, completamente sola, se
marchaba
Una
Retiro y a la Castellana.
al
de esas tardes, a
la vuelta,
ya cerca de
Coquito not de repente un bienestar
la Cibeles,
que acaso pudiera ser
el
principio de su cura-
cin; la animacin portentosa del paseo, donde
los coches iban al paso, pues apenas caban to-
dos, la haba saturado de optimismo.
aquellas gentes de los coches, que la
Viendo
miraban
con curiosidad, y que parecan felices, con resignacin ms que con felicidad verdadera,
pensaba
ella
que todo era
lo
mismo, y que eso
gozar no era sino un accidente de esta vida
del
vulgar, en la que lo mejor es dejarse arrastrar
por
la corriente.
Por
la calle
de Alcal, ya obscura con la no-
che que entraba, suban los carruajes por miles,
como un
ro
que remontase su curso; aquello
daba una impresin de vida grande y fastuosa
que* a Adela le confortaba. En un momento mir
al cielo,
nal.
De
que aun arda por
Julio
no
se acordaba
la calle del
Are-
ya ms que como
uno de tantos: era un asqueroso, como todos.
Y con esta filosofa, seguira marchando por la
vida.
Julio, casualmente
vagando por
la
en aquel momento,
acera del Banco, sostena
dilogo siguiente con
un joven
diel
petulante que
haba llegado haca dos das a MadricJ.:
JOAQUN BELDA
325
Hombre, aquella de aquel cochedeca
La Coquito
provinciano no
La misma.
Lo que me gusta a m esa mujer No poel
es
dra yo... emulsionrmela?
Esto
homque cuando viene a Madrid
con ese aire
lo deca
bre de provincias,
con cincuenta duros en
terrible del
el bolsillo,
cree que
van
a abrrsele hasta las puertas de los conventos.
Hombre, como poder,
Pero no
pse!,
no
es
un im-
se lo aconsejo
a us-
Por qu? Es una mujer divina!
Al que
Tan divina como
coge
posible metafisico.
ted.
peligrosa.
por su cuenta
le
deja con seales indelebles pa-
ra toda su vida. Dgamelo usted a m!
Cmo!
Pero usted se
la ha... emulsio-
nado?
Julio dio
la
un
y echndose
suspiro,
las
espalda dijo:
No, seor; a
Gracioso! Usted un
Es
pero hay una cosa de
ella
m...
es
escptico.
posible ;
no puedo dudar en
este
la
que ya
mundo.
es?
De que hay perdidas
no
manos
irreparables. Si usted
vamos a tomarnos unas copas de
al Lyon d'Or. Usted paga.
se opone,
coac aqu,
FIN
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