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Prometheus 1x02

El documento narra la historia de un joven con habilidades de fuego que es perseguido por un grupo armado. Luego de una confrontación en su apartamento donde muere su acompañante, el joven los enfrenta y huye. Más adelante ataca a los perseguidores y escapa con documentos, para luego explotar el vehículo. La historia continúa con una llamada a un hombre en un hotel que cancela una operación.

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Prometheus 1x02

El documento narra la historia de un joven con habilidades de fuego que es perseguido por un grupo armado. Luego de una confrontación en su apartamento donde muere su acompañante, el joven los enfrenta y huye. Más adelante ataca a los perseguidores y escapa con documentos, para luego explotar el vehículo. La historia continúa con una llamada a un hombre en un hotel que cancela una operación.

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PROMETHEUS

Capitulo 2

—Te ves hermosa esta noche…


La voz gruesa de aquel hombre joven endulzo los oídos de esa chica, pelirroja,
vestido negro, muy bella.
La sala de estar solo era un simple paso hacia lo que mas le importaba a el, la
habitación.
Caminaron hasta la cama, entre besos y caricias. No tardaron en quitarse la ropa, y
acostarse. Toda la escena era observada con unos binoculares por un hombre
encapuchado, que estaba detrás de unos arbustos. En ese momento, tomo su radio y dio
aviso…
—Es el, tercer piso, disparen primero, pregunten después, pero antes, déjenlo que
termine… —añadió el sujeto.
—Copiado… —respondió una voz del otro lado de la línea.
Pasaron varios minutos, y la pareja observada aun seguía en la cama, aunque ya
habían calmado sus respectivas “ansias”. El joven encendió el televisor y comenzó a
hacer zapping. Entre tantos canales que vislumbraba, se freno en un portal de noticias.
Allí estaba, una refinada periodista en sus cuarenta presentando una de las tantas
noticias del día, arriba en la pantalla, estaba el titulo de la misma: “posible identikit del
asesino de las hermanas Whitaker”. Sobre la derecha de la pantalla, estaba digitalizada
una imagen en papel del rostro del sospechoso. Aquellas facciones eran muy similares a
las del joven que sostenía con su mano el control remoto, pelo rubio, corto algo
despeinado y ojos claros. Subió un poco el volumen y continuo escuchando acerca de esa
noticia: “las autoridades confirman que los cuerpos presentan severas quemaduras como
para obtener huellas o restos de ADN del asesino, aunque gracias a la colaboración de un
testigo reservado, este podría ser su aspecto. Si bien el departamento de policía de
Metrópolis no se ha expedido oficialmente, hay rumores de que el modus operandi de
estos homicidios, coincidirían con algunos casos sin resolver en el norte del país, por lo
que estaríamos hablando de un asesino serial, aquí, en Metrópolis”.
El joven apago el televisor y miro a la chica, que dormía placidamente. Se sentó en
la cama, busco en su mesita de luz y abrió un cajón, allí dentro deslizo sus dedos sobre
un cuchillo de pronunciada envergadura.
Se tomo la cabeza con ambas manos mientras parecía refunfuñar, mezclando sus
dedos con su cabello.
—¿Que ocurre? —ella abrió suavemente los ojos y le acaricio la espalda.
—Nada, nada… — asintió el, sin quitar la mirada del suelo.
Ella rozo sus dedos sobre el hombro derecho de el, allí había un tatuaje de un
extraño símbolo.
—¿Es un tatuaje? ¿Que significa? —preguntó ella.
—Es una marca —contestó el.
En ese momento, un ruido hizo levantar la mirada al joven. Una explosión sacudió la
puerta de entrada del apartamento. La chica exhaló un grito, mientras se aferro al
cuerpo del muchacho. Este se dio la vuelta y mirándole le dijo…
—¡Debajo de la cama, escóndete!
La chica era un manojo de nervios y balbuceando cosas como “¿Que rayos es
esto?", se arrojo al piso.
El joven tomo el cuchillo y salio disparado hacia la sala de estar.
Dos sujetos de pasamantoñas y grandes armas se adentraron en el lugar, cortando
con su silueta la luz lunar que entraba por la ventana.
Apuntaban a todos lados mientras se hacían unas señas con las manos.
El joven salio de entre de las sombras y tomo por sorpresa a uno de los invasores,
cortándole el cuello, el otro se dio media vuelta y comenzó a disparar. El muchacho uso
como escudo al cadáver del asaltante y trato de esquivar el ataque, en tanto que tres
sujetos más ingresaban al apartamento.
El joven se quito de encima el cuerpo inerte del invasor, había perdido su cuchillo
con el brusco movimiento y quedo a merced del otro atacante. Extendió ambas manos y
broto fuego de las mismas, ante la incrédula mirada del agresor. Solo basto una ráfaga
impulsada a gran velocidad para evaporizar al sujeto. Los demás comenzaron a disparar
a diestra y siniestra mientras el joven corrió para volver a la habitación.
Escondido detrás de un sofá, trato de bloquear la puerta.
—¡Cameron! —grito el, dirigiendo su mirada hacia la cama.
Pero la bella chica yacía inerte en el suelo, una bala le había alcanzado. Al verse
acorralado, un ataque de furia invadió al muchacho, sus pupilas se tornaron amarillas y
comenzaron a brillar, sus manos desprendían fuego de nuevo y luego fue todo el cuarto
el que siguió el mismo patrón. Del otro lado de la pared, los invasores sacaban unas
granadas que arrojaron por un agujero que habían hecho a coste de balazos en la puerta.
El joven vio las mismas pasar frente a el y caer junto a la cama. Luego, exclamó un grito
estruendoso y todo el lugar exploto.
El sujeto de pasamontañas que esperaba en la van fue testigo de todo.
—Mierda… —bajó del vehiculo y intento comunicarse a través de su radio—.
Repórtense equipo Alpha, ¡Reportéense!
Pero sus intentos fueron estériles. Lo único que escucho fue el sonido agudo de
interferencia.
Miro detrás de él y dio la orden a otro grupo de encapuchados.
—Vamos… —ordeno. Retrocedió unos pasos y abrió las compuertas de la van, allí
había una caja negra. Tras abrirla saco un arma de gran calibre. La tomo con ambas
manos y cruzo la calle siguiendo a los demás.
Subieron las escaleras del apartamento en medio del humo. Al llegar todas las luces
estaban apagadas, apenas se podía ver por la iluminación que generaban las llamas en
los muebles.
Se separaron y inspeccionaron el lugar, había varios cadáveres allí, eran del “equipo
Alpha”.
El que parecía ser el líder, el tipo con el arma extraña, dio unas indicaciones.
—Revisen los cuerpos…
Y eso es lo que hicieron todos. Uno de los encapuchados se separo del grupo y fue
a inspeccionar el baño, estaba con la puerta tirada abajo y los vidrios de un espejo roto
desparramados. Cruzo la puerta apuntando su arma, que tenia una pequeña linterna en
la mira la cual alumbraba aquel cuarto oscuro.
Al mirar cerca de la bañera noto la cortina corrida. Camino hacia allí y de un
santiamén abrió la misma. Pero no había nada allí. Respiro aliviado, pero al darse vuelta
se topo con el muchacho de cabello rubio, que en un solo movimiento le incrusto su
cuchillo en la quijada, matándole en el acto. Uno de los invasores sintió el ruido que se
escuchan cuando alguien pisa sobre cristales en el suelo y fue a verificar.
Al entrar al baño vio a su compañero de pie dándole la espalda.
—¿Estas bien? —preguntó.
Este apenas se dio vuelta y acento con la cabeza.
—Tenemos que irnos, la policía estará aquí en unos minutos.
Todos emprendieron la retirada mientras podían empezar a oír el sonido de las
patrullas de policía que llegaban a la vuelta de la esquina, pues algún vecino desvelado
los había llamado al oír los disparos.
El líder de la banda subió a la van y apretó el acelerador a fondo para salir de
aquella calle cuanto antes. Mientras que los otros hicieron lo mismo pero en una convy
blanca.
Se alejaron a gran velocidad mientras que aun se podía ver el apartamento
ardiendo, cada vez con mayor intensidad, provocando otra estruendosa explosión.

La convy blanca iba por una avenida no muy transitad de la ciudad. Adelante iba
uno de los encapuchados, ya se había quitado el pasamontañas, era un sujeto de unos
40 años, con un par de cicatrices, corte de pelo al ras y facciones europeas.
—Iremos al muelle, a la unidad 22, ahí esperaremos ordenes hasta mañana —
exclamó mientras miraba por el retrovisor. Se percato que uno de los hombres no se
había quitado el pasamontañas—. ¿Eh Garret, que sucede?
Pero “Garret” no articulo palabra, solo miraba el suelo, mientras tenia las manos una
encima de la otra sobre su estomago. Apenas si hizo un gesto y negó con la cabeza.
—Eh Deklan fíjate, Garrett no se siente bien.
El tal Deklan se acerco a Garret y le miro a los ojos, esos ojos verdes no eran los de
Garret. La luz de los faroles callejeros eran intermitentes a medida que el vehiculo
recorría la avenida, pero lo suficiente para que Deklan se diera cuenta de que “ese” no
era Garret.
—Oh mierda… —susurro Deklan.
Desde una visión panorámica se pudo ver a la convi detenerse a un costado del
camino. Se pudieron escuchar gritos y varios disparos, incluido el ruido de los cristales del
vehiculo estallar en mil pedazos. Las ruedas de la convi comenzaron a emanar humo para
luego derretirse. Las compuertas del carro se abrieron y un encapuchado salio de ella,
pegando un pequeño salto hasta el suelo. A sus espaldas estaban los cuerpos apilados de
los demás sujetos, la mayoría carbonizados. Se quito la capucha y era el joven de las
manos en llamas. Fue hasta el asiento del conductor y saco el único portafolio que no se
había hecho añicos. Lo arrojo al suelo y lo abrió, de allí saco un teléfono móvil, y un
arma. Luego retrocedió dos pasos y saco un trapo que llevaba debajo de esa vestimenta
que le había quitado al atacante en el baño de su apartamento. Lo siguiente que hizo fue
abrir la entrada de la gasolina y colocar el trapo envuelto en el orificio. Lo froto un poco
con sus dedos y este comenzó a arder. Se alejo varios metros y contemplo la explosión
del vehiculo.

METRPOLIS  HOTEL HILTON

Era más de medianoche, Un hombre se encontraba en un cuarto de hotel, viendo


por una ventana el transito de la ciudad. No era muy alto, tenia algunas entradas que
delataban su adultez, su cabello era marrón, y su piel blanca. Estaba en un piso alto, de
uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. Volvió sobre sus pasos y se podía ver que
sobre su cama había varias armas de distinto tipo y varias municiones.
En ese momento el sujeto recibió una llamada…
—Si –respondió.
—¿Esta vivo?
—No hay confirmación.
—Cancela la operación, regresa a Moscu.
—Pero puedo encargarme de esto, solo necesitare otro equipo.
—Ya tuviste tu oportunidad, es muy peligroso, tenemos otros trabajos.
—Esta bien, mañana tomare un vuelo hacia allí.
—¿Hay bajas?
—Cayeron cuatro hombres.
—Ocúpate de los cuerpos, que nadie haga preguntas.
—Lo haré.
—Asegúrate que no queden cabos.
—Si señor.
La llamada se corto y un golpe a la puerta distrajo al hombre. Se acerco para mirar
por el hoyuelo de la puerta y vio aun sujeto de gorra y traje, parecía ser un botones del
hotel.
El sujeto tomo una de las pistolas que había en la cama y la puso detrás de su
espalda…
—¿Quien es?
—¿Servicio a la habitación señor, ordeno un vino? —respondió el joven.
El tipo se tranquilizo y exhaló un suspiro, abrió la puerta y dejo pasar al mozo con
un carrito y el vino, sumado a algunas sodas y agua mineral.
El joven mozo entro y salio del lugar pero antes, el “huésped” le pidió algo más.
—¿Podrías traerme algunas frutillas?
—Si señor, no hay problema —exclamó el joven.
Pasaron unos minutos y el sujeto se encontraba preparando un trago cuando
volvieron a golpear la puerta.
—Pasa chico…
El mozo volvió a entrar con su carrito mientras que el hombre entro al baño.
—Déjalo ahí nomás, y gracias… —exclamó este.
Cuando salio del baño, el empleado del hotel parecía haberse ido así que cerró con
llave la puerta y fue hasta el carrito donde estaban los tragos. Justo en ese momento vio
al espejo el reflejo de una figura que emergió detrás de él, era el empleado. Antes de
que pudiera reaccionar, el botones lo sujeto aplicándole una llave y coloco un pañuelo en
su cara. El hombre cayo desmayado y su agresor quedo de pie, observándolo.
El joven se quito la gorra y dejo ver su rostro, era el joven que habían tratado de
“cazar” esa noche aquellos encapuchados.

Había perdido la noción del tiempo, solo escuchaba el sonido de su respiración, y tal
vez el de algunos grillos.
No podía ver nada en absoluta, no tardo en darse cuenta que tenia una capucha
puesta.
Estaba sentado en una silla, atado de pies y manos, era un cuarto pequeño, con
paredes bastantes húmedas, solo una pequeña bombilla de luz iluminaba el lugar.
Alguien se acerco hasta la silla y le quito la capucha, su rostro estaba pálido y sus
ojos lucían bastante cansinos.
—Despierte agente Stewart –exclamo el muchacho rubio.
Stewart pareció reaccionar poco a poco. No había dormido en toda la noche,
digamos que nadie lo hubiera hecho en su lugar, secuestrado, amordazado y arrojado a
la cajuela de un coche, donde el único sentido que podía usar era el auditivo. Así y todo
su entrenamiento militar lo había preparada para una situación de esa índole, aunque no
para lidiar con un hombre “diferente” a cualquiera que haya visto en su vida.
—¿Que hago aquí? –murmuro mientras movía sus manos, para comprobar que tan
aferradas estaban a la silla. Como suponía, bastante aferradas.
—Puedes intentarlo unos diez años que no lograras aflojar eso —exclamo el sujeto
que lo había puesto en ese lugar, no era otro que el mismo sujeto que lo había atrapado
la noche anterior, aquel joven que su equipo no pudo matar.
—¿Porque no me has matado aun? –pregunto Stewart.
El joven camino un poco alrededor de la habitación y comenzó a explicar sus
motivos.
—Quiero información.
—¿Y creías que te serviría de algo todo esto? –replico el maniatado—. No diré una
puta palabra.
Como respuesta el joven le golpeo en el rostro bastante fuerte.
—¿Me crees estúpido? —grito —. Tu equipo intento liquidarme y ni siquiera se los
motivos—exclamo el joven—. No es la primera vez que alguien quiere matarme.
—Tu mejor oportunidad es salir por esa puerta ahora —dijo en tono de amenaza el
secuestrado — y huir lo mas lejos que pueda. Mi gente me estará buscando en este
momento.
El joven hecho una sonrisa.
—No te preocupes, creo que están bastante ocupados en el infierno.
Stewart trago saliva. Sabia que no tenía demasiadas opciones a partir de ese
momento.
El muchacho tomo un bolso que había en el suelo y lo coloco sobre una mesa que
había frente a la silla donde estaba su prisionero. Lo abrió y comenzó a sacar varias
herramientas, entre ellas, distintos tipos de cuchillos.
—¿Qué mierda es eso? –pregunto Stewart.
—No tengo mucho tiempo, hablaba en serio cuando dije que necesitaba respuestas.
El sujeto solo le observo con estupor. El joven tomo una silla y se sentó delante del
amarrado.
—¿Quién los envío? –pregunto el muchacho. Pero no obtuvo palabras del sujeto.
El joven tomo un pequeño cuchillo de la mesa y lo clavo en la pierna de este. Un
grito ensordecedor sacudió la habitación.
—Puedo hacerlo de 100 diferentes formas y confía en mi —guardo silencio dos
segundos —…dolerá mucho
—bien, bien, cálmate Vincent, cálmate —espeto Stewart.
El joven congelo sus facciones, ahora parecía estar mas alterado que lo que había
evidenciado en todo el interrogatorio.
—¿Como sabes mi verdadero nombre? —pregunto—. ¡Contesta de una buena vez
carajo!
Pero Stewart se quedo callado, por lo que “Vincent” tomo otro cuchillo e hizo un
ademán…
—¡Esta bien, hablare! —suplico Stewart —. Queremos eliminarte, porque eres un
jodido bastardo, sicópata, y enfermo asesino serial.
Vincent movió su boca hacia un costado, mientras se mordía la lengua. Se cruzo de
brazos y se echo para atrás en su silla, como si estuviera viendo tranquilamente la
televisión en el living de su casa, su expresión era de total aburrimiento.
—¿Crees que soy idiota? –murmuro—. Si acaso he sido alguna vez descuidado, y he
dejado algún cabo suelto, cualquier detective o policía de cabotaje me hubiera abordado
ya. Ustedes no me buscan por eso.
Stewart solo atino a reírse un poco. Su “distracción” no había dado resultado,
Vincent era mas listo de lo que el suponía. Aquella sonrisa irónica no hizo mas que
enfurecer a su captor, quien camino hasta la mesa donde esta el bolso y saco un taladro
eléctrico, el cual hizo girar un poco para verificar si funcionaba.
—Veremos cuanto dolor puede resistir tu sentido del humor, “soldado”.
Lo último que se escucho es el ruido del taladro, y el grito desgarrador de Stewart.
Mientras la escena nos aleja de la habitación y nos da un panorama de donde esta
ubicado ese lugar, era una cabaña en medio de un inmenso bosque, por la altura del sol,
ese atardecer no debía estar muy lejos de su fin. Pasaron un par de horas y el cielo gris
cubría todo el paisaje

En frente de esa cabaña abandonada se encontraba aquel joven rubio de cabello


corto, llevaba guantes y una chaqueta negra. El lugar parecía bastante gélido por así
decirlo, solo el sonido de algunos pájaros y el gruñido de alguna alimañaza podían oírse.
Aquel joven que parecía llamarse Vincent, por las palabras del agente Stewart, aun
contemplaba la cabaña en cuestión. En ese instante saco una caja de cigarrillos y de ella
saco uno en particular. Seguidamente se quito uno de los guantes y lo que hizo luego fue
encender el cigarro con una llama que salía de su dedo índice.
Fumo un poco y tras unas bocanadas de humo echo el cigarro al suelo. Se quito el
otro guante y coloco ambos en el bolso que yacía al costado de su pie derecho. Luego,
extendió su brazo y la palma de su mano direccionada frente a la cabaña, una llamarada
de fuego salio de su mano e impacto contra la casilla, que empezó a prenderse fuego
automáticamente. Quizás los dos bidones de diez litros de gasolina tirados a unos metros
de la cabañaza, vacíos, nos daban una idea de porque la casa ardía rápidamente.
Tras hacer eso, Vincent tomo su bolso y camino alejándose del lugar por un largo
sendero que llevaba hasta la carretera…

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