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"El Rin: Poema de Hölderlin"

El poema describe al Rin, uno de los ríos más importantes de Europa. Comienza describiendo el nacimiento del Rin en los Alpes y su deseo de explorar otros lugares como Italia y Grecia. Luego habla sobre cómo el Rin se contenta con fluir a través de Alemania y nutrir a sus hijos en las ciudades que fundó, aunque nunca olvida su origen. Finalmente, el poema reflexiona sobre la naturaleza divina de los ríos y cómo aunque los dioses necesitan de los héroes y humanos, aquel

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"El Rin: Poema de Hölderlin"

El poema describe al Rin, uno de los ríos más importantes de Europa. Comienza describiendo el nacimiento del Rin en los Alpes y su deseo de explorar otros lugares como Italia y Grecia. Luego habla sobre cómo el Rin se contenta con fluir a través de Alemania y nutrir a sus hijos en las ciudades que fundó, aunque nunca olvida su origen. Finalmente, el poema reflexiona sobre la naturaleza divina de los ríos y cómo aunque los dioses necesitan de los héroes y humanos, aquel

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"el Rin" por Friedrich Hlderlin.

a Isaak von Sinclair (Traduccin: Hctor A. Piccoli)


En la oscura hiedra sentado, en el portal
estaba del bosque, justo cuando el ureo medioda,
visitando la fuente, baj las escaleras
de la montaa alpina,
que se llama para m, segn creencia antigua,
la edificada por los dioses,
la fortaleza de los celestiales,
donde empero
secretamente an mucho decidido
llega hasta los hombres; desde all
percib sin sospecharlo
un destino, pues en la clida
sombra, consigo mucho discurriendo,
hacia Italia acababa
de rseme el alma divagando
y lejos, a las costas de Morea.
Ahora empero, dentro de la montaa,
hondo bajo las argnteas cumbres
y bajo el verde gozoso,
donde estremecindose los bosques hacia l,
y unas sobre otras las testas de las peas
miran para abajo a lo largo de los das,
all, en el ms fro abismo, o
el lamento de redencin
del efebo, lo oyeron bramar
y acusar a la madre tierra,
y al tonante, que lo engendr,
compasivos los padres, mas
huyeron los mortales del lugar,
pues terrible era, al rodar
sin luz en sus cadenas,
la ira del semidis.
Era la voz del ms noble de los ros,
del Rin, nacido libre,
y otra cosa esperaba l, cuando all arriba
se separ de sus hermanos,
del Tesino y el Rdano,
queriendo peregrinar, e impaciente
a Asia lo impulsaba el alma regia.
Mas irrazonable es
desear frente al destino.
Los ms ciegos, empero,
1

son los hijos de los dioses. Pues conoce


el hombre su casa, y al animal
fue dado dnde ha de edificar,
mas a la inexperta alma de aqullos,
la falta de no saber adnde ir.
Un enigma es lo surgido puro. Aun
el canto apenas puede develarlo. Pues
como empezaste, quedars,
por ms que obren disciplina
y necesidad, lo ms
puede el nacimiento,
y el rayo de luz que encuentra
al recin nacido.
Pero dnde hay uno,
para permanecer libre
toda su vida, y realizar solo
el deseo del corazn, as
desde alturas propicias, como el Rin,
y dichosamente as nacido
de sagrado seno, como aqul?
Por ello su palabra es de jbilo.
No ama l, como otros nios,
llorar entre las fajas;
pues cuando las costas desde el principio
se deslizan, sinuosas, hacia sus lados,
y envolvindolo sedientas, ansan
arrastrarlo, a l, el imprudente,
y protegerlo entre sus dientes, riendo
desgarra las sierpes y se precipita
con el botn, y si en la prisa
un mayor no lo desbrava,
lo deja crecer, como el relmpago
hiende la tierra, y como hechizados huyen
tras l los bosques y hundindose los montes.
Pero un dios quiere ahorrar a sus hijos
la vida presurosa, y sonre
cuando inmoderados, mas contenidos
por Alpes sagrados, en la hondura,
como aqul, se encolerizan con l los ros.
En una fragua as, se forja luego
tambin todo lo puro,
y es hermoso, cmo despus
de abandonar los montes,
vagando quedo se contenta
en la tierra alemana,
y calma el ansia
en misin benvola, cuando cultiva
la tierra, el padre Rin, y nutre
amados nios, en ciudades que ha fundado.
2

Mas nunca, nunca lo olvida.


Pues debe antes perderse la morada,
y la ley, y tornarse inicuo
el da de los hombres, antes que olvidar
pudiera tal el origen
y la pura voz de la juventud.
Quin fue el primero en corromper
los vnculos del amor,
y en hacer de ellos dogales?
Se mofaron entonces del derecho propio
y por cierto del fuego celestial
los altaneros, slo entonces,
despreciando los senderos mortales,
escogieron lo osado
y aspiraron a igualarse a los dioses.
Pero con la propia inmortalidad
tienen los dioses suficiente, y
si necesitan los celestiales de una cosa,
es de hroes y hombres,
y dems mortales. Pues dado
que los bienaventurados nada sienten por s,
debe, si se permite
decirlo, sentir siendo partcipe
otro en nombre de los dioses,
se necesitan; no obstante es
su fallo, que destruya l
su propia casa e injurie
como a enemigo lo ms amado,
y sepulte a padre e hijo bajo las ruinas,
si uno quiere ser como ellos
y no sufrir lo desigual, el iluso.
Dichoso por ello aqul, que hall
deparado un dichoso destino,
donde de las peregrinaciones
y pesares el recuerdo dulce
eleve an su rumor en la margen segura,
para que hacia aqu y all pueda gustoso
mirar hasta los lmites,
que con el nacimiento Dios
le sealara por morada.
Entonces reposa, venturoso en su modestia,
pues todo lo que ha querido,
lo celestial, por s mismo cie,
inexpugnado, sonriente ahora,
que l reposa, al denodado.
Semidioses pienso ahora,
y conocer debo a los caros,
pues a menudo su vida
me conmueve el pecho anhelante.
Mas a quien fue dada como a ti,
3

Rousseau, invencible el alma,


la de vehemencia tenaz,
y seguro el sentido,
y dulce el don de oir
y hablar, de modo de hacer
desde una plenitud sagrada, como el dios
del vino, insensata, divinamente
y sin ley, comprensible a los buenos
la lengua de los ms puros,
mas de cegar, con justicia, a los irreverentes,
a los siervos sacrlegos, cmo llamo al extranjero?
Todo aman, como la madre,
los hijos de la tierra, y as tambin acogen,
los dichosos, todo sin esfuerzo.
Por ello tambin se sorprende
el hombre mortal y se estremece,
cuando piensa en el cielo, que con brazos amantes
acumul sobre sus hombros,
y en la carga del gozo;
a menudo le parece entonces lo mejor,
casi olvidado por entero estar all,
donde el rayo no abrasa,
en la sombra del bosque,
en el fresco verdor junto al Bielersee,
y en sosegada pobreza de tonos,
igual a los principiantes, aprender de los ruiseores.
Y magnfico es entonces resurgir
del sueo sagrado, y despertando
del frescor del bosque, ya al atardecer
ir al encuentro de la luz ms suave,
cuando el que edific los montes
y seal el sendero de los ros,
despus de haber guiado aun, sonriente,
la atareada vida de los hombres,
pobre en aliento, cual velas
con sus aires, tambin reposa
y hacia la alumna ahora,
el formador, hallando
ms bien que mal,
cae el da hacia la tierra actual.
Entonces celebran la fiesta nupcial hombres y dioses,
la celebran los vivos todos,
y ecunime
es por un momento el destino.
Y los fugitivos buscan el albergue,
y dulce sueo leve los valientes,
mas los amantes son lo que fueron, estn
en casa, donde se goza la flor
en brasa inofensiva, y el espritu
envuelve en el susurro a los rboles lgubres,
4

los no reconciliados, en cambio, estn


transformados, y se apresuran
a tenderse las manos,
antes que la luz amiga descienda
y llegue la noche.
Mas para algunos esto
pasa fugazmente, otros
lo guardan por ms tiempo.
Los dioses eternos estn siempre
plenos de vida; hasta la muerte
empero, puede aun un hombre
guardar lo mejor en la memoria,
y vive entonces lo supremo.
Slo que tiene cada cual su medida.
Pues difcil es soportar
la desdicha, pero ms difcil la dicha.
Un sabio pudo, empero,
desde medioda hasta la medianoche,
y hasta que brill la maana,
mantenerse lcido en el banquete.
A ti puede aparecerse Dios en el sendero ardiente
bajo los abetos, o cubierto de acero
en la oscuridad del robledal, Sinclair querido,
o en las nubes, t lo conoces, porque conoces, juvenil,
la fuerza del bien, y jams est oculta
para ti la sonrisa del Soberano,
de da, cuando
febril y encadenado luce
lo vivo, o aun
de noche, cuando todo es confuso
y sin orden, y retorna
el caos antiqusimo.

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