EL MINOTAURO
Monlogo
Por Csar Anguiano
Se encienden las luces y se ven unos muros con unas pocas antorchas. Han de
simular pasadizos por los que el actor pueda ir y venir. ste llevar una espada a la
cintura e ir desenrollando un ovillo de hilo por los pasadizos, al tiempo que intenta
taparse la nariz con un pauelo.
TESEO: Este hedor a carne corrompida es la vergenza de los imperios. An
no llegaban nuestras naves al puerto y ya esta pestilencia volaba hacia nosotros
como una nube de murcilagos. Aunque el rey Minos aspir profundo y declar
que no haba nada como el calor y los aromas de la patria. Soberbio se burlaba de
los hombres que l mismo haba escogido para el sacrificio. Har que se arrepienta
de sus mofas y del temor gratuito que infundi en mis compaeros, ahora muertos.
Por qu no mostrar un poco de piedad, as fuera falsa, con quienes estaban tan
cerca de la muerte? Mostrarse cruel es la peor manera de ejercer el poder, pero
juro que este da, antes de que el deslumbrante carruaje de Apolo se sumerja en el
mar, habr matado al hijastro de Minos, ese monstruo engendrado por la reina
Pasifae y un toro que debi haber sido sacrificado a los dioses.
Slo Ariadna es amable en esta tierra de tinieblas. Slo ella nos regal a los
condenados una sonrisa. Y a m algo ms; esta espada capaz de cortarlo todo y este
ovillo. Qu vaya desenrollndolo mientras me adentro en el laberinto, me dijo, y
as podr encontrar al regreso la salida. Algunos aseguran que Eros la ha unido a
m en irrompible lazo, y que pretende escapar conmigo, ser mi reina en Atenas
cuando todo esto concluya. Pero habr de confiar en una mujer que desea ver
muerto a su hermano? Acaso no estuvieron, el monstruo que habita estas paredes
y ella misma, en el mismo vientre; no bebieron la misma leche? Esta isla de Creta
est gobernada por una familia de locos. Primero un rey que intenta engaar a los
dioses, luego una reina enamorada de un toro, y por ltimo un monstruo
alimentndose de seres humanos. Habrn de ser estos los parientes y abuelos de
mis hijos?
Ah, Ariadna, Ariadna, cmplice del futuro asesino de tu hermano, en qu
hilos has cado t misma enredada? Y sin embargo, qu gran ayuda me has
brindado. No en vano dicen que es fcil denunciar la locura ajena, pero cosa
imposible ver la propia. Te sacar de este sitio, lo prometo, y te dejar en una playa
lejos de este hedor y esta vergenza. Porque aunque la bestia muera -si es que
muere y no yo-, continuar apestando esta isla durante siglos; tan grandes han sido
los crmenes que aqu se han cometido.
Me alejar de ti, pero en los rezos de mi vejez, pronunciar tu nombre, y an
en el lecho de mi muerte recordar que me ayudaste a liberar a Atenas. Las olas
del mar te arrullarn, Ariadna, y los dioses, tarde o temprano premiarn tu
inocencia.
Se escuchan los cascos de Minotauro entre las paredes. Deja caer el ovillo y saca la
espada.
Ah, est. Es hora de mostrar mi valor y de probar que soy digno hijo de un rey.
Quiera la diosa Atenea protegerme contra estos locos descendientes de Zeus. Esta
espada tiene apenas el tamao de los agudos cuernos del Minotauro, pero mi brazo
es largo; traspasar y cortar su carne antes que l pueda siquiera tocar la ma.
Deber morir antes de que la asamblea luminosa de los dioses se haga visible en el
cielo.
Ah estn, son sus cascos resonando sobre el piso de piedra. Muchos habrn
muerto de espanto slo de escucharlos, pero yo he de resistir, he de mirar a la
bestia y an traspasarla. Atenas ha de quedar libre; ni uno ms de sus mozos y
doncellas servir de pasto a la locura que encierra este laberinto. He de recuperar
la dignidad que la ciudad ha perdido por culpa de mi padre Egeo. Ceder cada ao
a siete de sus muchachos ms valientes y a siete de sus doncellas ms honestas, no
es condenar a Atenas a una eterna sumisin?
La cobarda se ha extendido por todas las islas y ciudades, basta una amenaza
de Minos para que entreguen nos slo sus riquezas, sino lo mejor de su sangre. Mi
padre me ha cedido sin oponer resistencia, me ha entregado con el gesto
displicente de un rey que se deshace de una sortija barata. Slo al final del gran
banquete donde el amo del mar escogi a sus vctimas, mi padre simul pesar. Se
acerc a mi odo y me dijo: Si logras cumplir tu plan de matar al monstruo y
volver, cambia las negras velas de los barcos que ahora te llevan, por unas blancas.
As de lejos sabr que has triunfado y encontrars la ciudad en fiesta en honor
tuyo.
Pero mi padre no ha de reinar, si yo sobrevivo. Atenas no ha de ceder ms ni su
sangre ni sus tesoros. Volver con velas negras en lugar de blancas, y har que el
corazn de mi padre se oprima al divisarlas. Aunque seguramente ha mandado
traer ya de retorno a Medo, y dndome por muerto, lo ha nombrado de nuevo su
heredero. Pero he de impedir que el vstago de Medea, la hechicera asesina de sus
propios hijos, reine en Atenas. La locura ha de ceder su reino a la razn. La
venganza y la magia tendrn que ceder sitio a las leyes y la sabidura. La sangre de
los atenienses y de toda el tica es tuya, Palas, no permitas que se riegue
intilmente entre los cuernos y el vientre de un monstruo.
Ah, se han acallado sus cascos. Acaso ha escuchado mis ruegos y el slo nombre
de la diosa lo ha hecho huir. Pero a donde quiera que vaya lo encontrar, donde
quiera que se oculte le dar muerte; igual que a Perifetes, el salteador de caminos;
o que a Sinis, el doblador de rboles.
Recoge el ovillo y contina enredndolo en el laberinto, desaparece detrs de un muro.
Cuando vuelve a aparecer, el actor traer una cabeza de toro sobre la cabeza.
MINOTAURO: Llevar unas tijeras e ir cortando los hilos que Teseo ha ido
enredando. Mi padrastro ha enviado un mensajero, al que he atravesado de lado a
lado con mi cornamenta en pago de sus servicios. Antes de morir me ha dicho que
vendr un hroe de Atenas a darme muerte; que tenga cuidado, que los atenienses
siempre han sido valientes y fecundos en ardides. Aqu lo espero, en el corazn de
este laberinto construido por Ddalo, el hombre constructor de muecas que
danzan por s mismas, el hombre que provey de falsas ancas de vaca a mi madre,
para que yo pudiera ser engendrado. Maldito sea mil veces su nombre, por ceder a
Pasifae, a la locura que ocasion mi nacimiento! Ahora, perdido el favor del rey, se
oculta en algn lugar de la isla con su hijo caro; construye alas con cera y plumas
para escapar de Creta. Ignora que matar a su hijo de ese modo. Pero quin,
quien en toda esta historia no ha sacrificado a sus hijos, comenzando por la loca
Medea que hasta hace poco gobernaba en Atenas? Qu rey o reina, con tal de
conservar al menos un remedo de poder, no est dispuesta a matar al brote tierno
de sus entraas?
Minos me am un poco, acaso porque no era su verdadero hijo, jugaba
conmigo y hasta me besaba; supongo que de la misma manera que se besa a los
perros, y de la misma que el mago encantador besa a la serpiente: slo para
impactar a su pblico y obtener alguna moneda. Slo mientras su reino creca me
utiliz para provocar pnico; luego fui encerrado en este sitio. Pretende olvidar
que fue con terror que construy su imperio. Como si fuera tan fcil, como si no
continuara llegando, da a da, lo mejor de la sangre de Grecia, slo para ser
vertida en el mar. Porque es imposible que yo devore a tantos, por ms que mi
soledad y mi rabia, sean grandes. Ahora slo soy el smbolo de la maldad de Creta,
de este inmenso imperio martimo. Este laberinto son sus entraas, y yo soy como
el cuajo que convierte en queso la blanca leche, las larvas que transforman en
guano la carne de los muertos.
Teseo pretende mi vida. Mi propia hermana le ha dado una espada para
matarme. Ella, Ariadna, la muchas veces pura; la muchacha amante de la danza,
para quien Ddalo construy una inmensa pista de baile. Felices los ojos que la
vieron danzar y hermanarse con el viento Dichosos quienes contemplaron sus
manos y sus cabellos perfumados, mientras giraba al ritmo de la msica A veces,
en medio de este tedio, la recuerdo, y me parece imposible que la nia que acerc
su rostro a mi testuz, y que adorn con flores los rizos de mis an pequeos
cuernos, desee ahora mi fin. Le habr Medea, cuando an era la reina de Atenas,
enviado alguna pcima para volverla loca? La habr cegado el amor de ese
pretendido hroe? O ser cierto que en corazn de mujer no germina ni se
reproduce nada sino serpientes? Que otros te llamen pura, dulce compaera de mis
juego infantiles; puta del hombre del hombre que pretende destruir tu reino. T
me envas a la muerte, ms yo te maldigo, te condeno a ser abandonada por tu
amante, si es que logra cumplir su cometido y salir con vida de estas gruesas
paredes. Sers abandonada en una playa desierta mientras duermes, sin ms
compaa que las olas del mar. Conocers, te lo aseguro, la soledad y la amargura
que desde hace aos me acompaan.
Parece que los dioses favorecern ahora a la lejana Atenas. Aunque nada es
seguro, pues an los planes de los dioses se coartan. Nada dejar de hacer para
destruir al ms fiero de los enemigos de Creta. Podra ir por l en este momento y
traspasarlo con mi cornamenta, aplastarlo con los cascos en que terminan mis
piernas, pero dejar que extienda sus ridculos hilos, que al fin y al cabo en ellos, t
y l, Ariadna, morirn enredados.
Cortando siempre con sus tijeras, desaparece en el laberinto. Aparece Teseo.
TESEO: Desenredando el ovillo y sin darse cuenta del hilo hecho pedazos en el suelo.
S, tena razn Ariadna; este laberinto es prodigioso, tiene ms vueltas que
nuestras tripas; es el intestino gigantesco del imperio de Creta. A cuntos miles de
jvenes griegos ha digerido, convertido en inmundo estircol? Caro a de pagar
Ddalo tanto ingenio y el rey que ha mandado construir tan gigantesco pasadizo.
En algunos de sus dominios se le conoce como Minos el justo; amarga burla
hacerse llamar as, l, el ms sanguinario de cuantos reyes han existido. Pero
pronto ha de terminar su dominio, pronto ser la sangre de su progenie y su pueblo
la que se vierta defendiendo a Atenas y a los griegos todos. Contados estn los das
de este imperio, contados los instantes que le restan a ese ser con cabeza de toro.
Infame y cruel Minos, con qu donaire te sentaste a la mesa de mi padre y
requeriste luego mi presencia; con seguridad estaba desde un inicio en tu lista,
pero simulaste decidirte por m en el ltimo momento. Odiosas elegancias las
tuyas, pero pronto sabrs qu bien me s vengar de padres como t. Pregntale a
Sinis y a su hija; pregntale a Escirn, hijo de Plope, quien obligaba a los
viajeros a lavarle los pies en las aguas del mar y luego los ahogaba. Hace mucho
que su propio cuerpo es pasto de los peces. Pronto tu alma se reunir con todos
ellos en el Hades.
Pero qu hace este hilo semejante al mo, cortado en pedazos? Acaso me
persigue al que pretendo dar caza? Acaso el hado quiere que ambos quedemos sin
vida y sepultados en este pasadizo. Qu as sea, pero antes de que la sed y la fatiga,
acaben conmigo, he de dar muerte al Minotauro.
Tira el ovillo de hilo y se interna en el laberinto empuando la espada.
Pero se oculta; tiene miedo de mi brazo y del filo de la espada. Seal que teme la
muerte, y que acaso no sea invencible como suponen todos.
Se pierde de nuevo en el laberinto y se ver dos o tres veces, ya a Teseo, ya al
minotauro recorriendo sigilosos el laberinto.
Pero a dnde se ha ido, que doy vueltas y vueltas y no lo encuentro? Es como si
me persiguiera a m mismo, como si intentara clavar el regalo de Ariadna en mi
propia espalda. Acaso se divierte conmigo como hace el gato con el ratn antes de
darle muerte. Recogiendo el ovillo y comenzando de nuevo desenredarlo. Juguemos
un poco pues;
al final veremos quin es la vctima y quin el predador.
Desenrollar este ovillo, ofrecido por Ddalo a la dulce Ariadna, acaso sea uno ms
de sus ingeniosos inventos y no se termine nunca como pretende. Si tal cosa es
cierta, pronto se quedarn sin filo las tijeras del Minotauro, pronto ha de terminar
con esta espada clavada en el corazn.
He de lavar la afrenta que ha convertido a los griegos en la irrisin de los
pueblos libres. Entregar lo mejor de su sangre! Ms de mil pueblos y ciudades
griegas entregando cada ao sus hombres ms fuertes y sus muchachas ms
probas! En nmero de catorce mil y veinte mil se sacrifican cada ao. Ah, los
imperios! Pero Grecia ha te terminar pronto con ms de uno y ensear a las
bestias que se llaman a s mismo hombres, a vivir como verdaderos hombres. Palas
Atenea, diosa de la justicia y las artes, ser nuestra gua.
Ven, ven, inmunda criatura a mi espada. Tu slo nombre infunde terror ms
all de los mares e impide el pensamiento, pero he aqu un hombre que ha logrado
vencer el miedo y ha comprendido que, para recuperar todos la capacidad de
raciocinio, debes morir este da. Que Apolo detenga en el cielo su luminoso
carruaje, y no vuelva a moverlo sino cuando yazgas sobre un charco de sangre,
insaciable hijo de Pasifae.
Ah se escucha. Con sigilosos pasos me persigue, pero sus rudas pezuas lo
delatan. Hara mejor en esperarme en un oscuro recodo, traspasar mi carne por
sorpresa con su cornamenta. Pero si se mueve de un lado a otro es que me teme;
acaso la esperanza de contemplar de nuevo la luz del sol, de volver a correr por
pasturas verdes, o entre dorados trigales, lo vuelve cobarde. Quiz no eres t quien
debera estar aqu, metido entre estas recias paredes, sino tu padre, el infame que
te enseo a devorar sin hastiarte carne humana; y Ddalo el inventor de esta
prodigiosa prisin. Deberan probar ellos mismos sus inventos crueles. Pero a cada
uno le llega su hora; si el que fue industrioso y honrado muere a veces como el
peor de los ladrones, cun peor no terminan los que fueron siempre villanos.
Parece que este hilo no se acabar nunca. Parece el laberinto una tela de
araa, pero no encuentro al entenado de Minos. Ha de ocultarse en algn rincn,
agazapado. Quiere atraparme por sorpresa, o esperar sencillamente a que muera
de hambre. Maldita la hora en que despreci las provisiones que me ofreca
Ariadna. Qu bien me vendra ahora un trago de agua. La bestia debe estar ahta
con la carne de los atenienses comidos la pasada noche. Si le da sed, le bastar
exprimir un poco alguno de los cadveres. Pero yo soy hombre y no ave de rapia;
prefiero morir que comerme a mis semejantes.
Se interna en un pasadizo y desaparece.
MINOTAURO: No hay criatura ms ciega ni ms hipcrita que el hombre;
pretende ocultar a su mano derecha lo que de manera vil ejecuta con la izquierda.
El buen Teseo pretende destruir el imperio de mi padre y fundar uno propio.
Pretende consagrar su ciudad a Palas Atenea, pero con el conocimiento y el poder
tambin llega la avaricia. Mientras es pobre e ignorante, el hombre se conforma, y
no pide sino poder arrastrar un poco ms y besar sus cadenas. El hombre es
cobarde por naturaleza, slo unos pocos entre ellos logran abrir los ojos y se
disputan los tronos y los reinos con saa.
Teseo est lleno ahora de buenos de deseos. No quiere sino el bien para los
griegos y la raza humana. Qu poco sabe de s mismo el hijo de Etra y Egeo. Es
como un ciego incapaz de mirarse al espejo. Ignora, o simula ignorar, que lleva en
sus entraas y en su cabeza su propio laberinto. Quiere fundar un imperio sin ros
ni mares color prpura. Piensa que la sola la razn es un fundamento. Pero qu
imperio de los que existen, o hubo en el pasado, se ha sostenido de otro modo que a
la fuerza y con sangre? Es un pueblerino, Teseo; no en vano creci perdido en la
provinciana Trecn, metido en las faldas de su madre, y entre las piernas de su
abuelo Piteo. Pero antes de que mueras has de saber, te lo prometo, como es que
rueda y se gobierna el mundo.
Abomina de los esclavos y los seores. Quisiera hombres libres por todas
partes, pero qu es l sino un prncipe, un aprendiz de tirano. No ha habido ni
habr nunca un reino como el que suea. Las cuerdas que dan cohesin a las
ciudades y a los reinos estn tejidas con sangre. Acaso habramos podido ser,
ingenuo Teseo, cuando llegara el tiempo de nuestro mando, excelentes aliados.
Habramos podido conquistar Babilonia, y an el lejano y montaoso imperio de
los hititas. Pero qu torpes tus ojos! Si ests en la tierra no distingues el mar, y si
navegas, todo es agua y espuma para ti; pierdes de vista las islas, la tierra firme, y
an las esferas luminosas que sirven de gua a los navegantes. Tanta estupidez ser
tu muerte, Teseo. Pero si tus ojos son miopes, apaguemos unas cuantas antorchas.
Las apaga. Qudate pues y muere, completamente ciego.
Se va.
TESEO: Apenas distingo mis manos. Apenas s escucho correr un poco de agua, o
acaso sea sangre que gotea y resbala en los muros. Ahora entiendo al nio que a
media noche despierta y no ve nada en torno suyo sino tinieblas. Ahora entiendo el
temor mujeril cubrindose la cabeza las tardes de tormenta. Nada hay ms triste
para el hombre que caminar a ciegas. Antes prefiere lanzarse a un precipicio que
no saber a dnde le llevan sus pasos. Deb haber aceptado la corona luminosa
ofrecida por Ariadna, o al menos un poco de agua.
Ya deben ser visibles los dioses en el cielo nocturno, y brillar sus cuerpos como
un collar de cristales. Aunque qu importa si la luz o la oscuridad reinan all
afuera; si aqu, an el medio da es ms negro que las noches de invierno.
Poco a poco se irn acostumbrando mis ojos a las tinieblas, de cualquier modo
los cascos delatarn al monstruo si se acerca. El arma que hasta el da de ayer le
sirvi para infundir terror a sus victimas, ser ahora su perdicin. Pero
busquemos, que mi espada est ansiosa por darle muerte y mis ojos por
contemplar de nuevo los dorados rayos del sol.
Hasta ac escucho los rezos de las madres de Grecia pidiendo mi victoria.
Cuntos jvenes veo zarpar de distintos puertos, creyendo que vienen a una
muerte segura. Unas y otros se llevarn la ms alegre de las sorpresas. Slo
Pasifae, entre todas las madres, derramar lgrimas antes de que termine la
noche. Aunque Minos se encoger de hombros; est acostumbrado a sacrificar a
sus hijos. Pobre Androgeo, haber tenido que llamar padre, a ese hombre que le
procur la muerte. No aguard Minos, siquiera, a que Androgeo recibiera los
trofeos obtenidos en los juegos panatenienses. Ansioso estaba el tirano que
gobierna esta isla por fabricarse una excusa y esclavizar a Atenas. Mat a su hijo,
y culpando a los atenienses, los invadi, imponindoles luego abominable tributo:
verter la mejor sangre del tica en este repugnante agujero.
Ah, que bien saben los tiranos desangrar a los pueblos que someten. Pero hoy
Grecia, a travs de mi mano ha de vengarse. Ya son varios los aos en que en
nmero de trece mil, y hasta veinte mil, se sacrifica a tus hijos. Despierta, Grecia;
o pronto no quedar nadie que se llame griego!
A gatas, buscando. Pero dnde est el ovillo? Tengo que encontrarlo o no habr
modo de escapar con vida. Acaso no es mala idea que reinaras conmigo en Atenas,
Ariadna; no seran tontos los hijos que contigo tuviera. Pero antes, debo matar a tu
hermano. Baila, Ariadna pura, alguna danza propicia. Guame entre las sombras.
Aqu est! Debo extenderlo y aferrarme a l como a mi tabla de salvacin. En
una mano el ovillo y en la otra la espada.
Da varias vueltas por el laberinto extendiendo su hilo.
MINOTAURO: Arrastrando un espejo. No dejar de perseguirme si no lo obligo a
mirarse el rostro. Pero aqu le dejar este espejo y encender esta antorcha para
que pueda contemplarse. La enciende. Por ms que vaya aprisa de pasillo en pasillo
no dejar de mirarse un poco. Como Medusa quedar convertido en piedra.
La virtud de los hombres no es ms que hipocresa; en el mejor de los casos,
mera ceguera. Cunto se engaa el virtuoso cuando, extasiado en su propia
virtud, toma la espada y pretende con ella limpiar el mundo! Los asesinos sinceros
causan menos mal que estas supuestas almas nobles. Acaso no estaba el mar
atestado de piratas antes de que mi padre se hiciera con el dominio de ellos? No se
haba interrumpido el comercio desde la Jonia hasta los distantes pilares de
Jpiter? Teseo habra podido practicar la justicia en su propia casa, meter en
orden a sus ambiciosos primos antes de pretender que la humanidad entera sea
libre. Suea ver convertida Atenas en un eterno faro de luz, pero no ser otra cosa,
tarde o temprano sino un enorme montn de piedras. La misma suerte le espera a
estas paredes. En tres mil aos no serviremos sino de inspiracin, de modelo para
crear an ms grandes laberintos. Nuevos minotauros estn destinados a nacer
Nacern nuevos Teseos? O slo habr reyes, como el prudente Egeo, que saben
someterse al poderoso? Matar al monstruo que llevamos dentro requiere ms
locura que valor. Matar a los antiguos dragones no es sino alimentar y mimar a los
nuevos.
Pero ven, ven incauto Teseo. Antes de precipitarte en las riveras del Aqueronte
sers por un instante el monstruo de tu propio laberinto. Ven, que los seres como
yo no tememos dar ni recibir la muerte. Peores son estos pasadizos que el tenebroso
Hades; all crecen lotos, al menos, y los baa el roco, pero aqu no hay nada sino
oscuridad y un repugnante olor a carne putrefacta. Ven, librame si puedes de esta
soledad, de estas tinieblas; que yo he de intentar, en buen pago, liberarte de la luz
y de todas las cosas buenas que no supiste disfrutar en la tierra. Hace ya mucho
que se escuchan tus quejas; ni los mismos esclavos obligados a obedecer a un amo
caprichoso; ni yo mismo privado de la luz, don que hasta el ms miserable de los
hombres disfruta, nos lamentamos tanto. Ven, veamos si la aguda punta de mis
cuernos te contenta al fin.
Sale.
TESEO: Cmo han podido los hombres y mujeres de Grecia, durante aos,
sentarse a comer y tomar vino, mientras tantos de sus semejantes vienen a morir a
este sitio todos los das? Cmo las mujeres pueden engendrar y an parir a nios
que no servirn sino para ser sacrificados? Cmo pueden los hombres que se
llaman justos dormir, y los poetas componer canciones, y las doncellas adornarse
con flores el cabello, mientras tantos horrores tienen lugar en este laberinto?
Hacen bien los reyes en otorgarse el ttulo de pastores y conductores de hombres.
Pues stos no aoran sino ser conducidos de un prado a otro ms verde, como las
dulces ovejas. Se espantan un poco cuando viene el lobo por una de ellas, pero tan
pronto la fiera se aleja con la vctima, se olvidan del peligro y vuelven a su
incesante rumiar. Comprender algn da el hombre la gloria de ser libre? O le
bastar con tener una ocupacin, un poco de comida y un lecho donde engendrar
ms esclavos? Slo t tienes la respuesta, Palas. Yo slo s que hace aos que no
duermo de indignacin, pensando en la forma en que los griegos alimentamos la
avaricia y la vanidad de Minos. Haz que me libre ya de esta vergenza, de esta
humillacin, as sea recibiendo la muerte.
Vaya, un espejo perfectamente dispuesto y una antorcha. Un espejo que no
refleja nada. Un azogue donde el Minotauro se figura que no existe, una superficie
que no refleja el sufrimiento ni la soledad. Encender otro fuego y lo pondr junto
a ste. Lo enciende. As quizs el toro ser capaz de mirarse, de descubrir todos los
monstruos que se dan cita dentro de l, y se dar muerte por s mismo.
Se enciende una luz y se ilumina la cabeza del toro, bastante cerca de Teseo. l lo
presiente y retrocede espantado dando mandobles. La luz se apaga, se enciende en otro
lado del escenario y se ve el Minotauro por un instante.
Ah, parece que te multiplicas, pero aunque te vuelvas legin, te baars esta
noche en las aguas del olvido.
Se interna de nuevo en el laberinto con el hilo y la espada. Entra y sale varias veces de
l. El escenario se habr convertido en una telaraa.
MINOTAURO: Este juego se prolonga demasiado. En poco tiempo llegarn las
nuevas vctimas. Podra esperar a que Teseo se confunda con ellas; dejarlo
concebir un poco de esperanzas, pero la mquina que mueve al imperio de mi
padre, enorme y prodigiosa, no se detiene nunca; como una gigantesca piedra de
molino debe triturar el grano. Ests a un instante de ser convertido en polvo,
Teseo, pronto no sers sino unas breves partculas manchando mis pezuas. En eso
acabarn tus sueos de volver libres y racionales a los hombres.
No he de moverme de este sitio hasta que aparezcas por ese pasadizo. Como
cuchillo en fruta madura han de hundirse mis cuernos en tu carne. He de salvar a
los hombres de quedar sin gobierno, he de impedir que los mares se llenen de
nuevo de piratas. Los nicos asaltantes sern los autorizados por mi padre, y
nunca ser mayor su nmero que el que conviene a la buena salud del gobernado.
La misma fuerza y exceso de sangre pueden resultar contraproducentes; los
mismos mdicos, sabios entre todos los hombres, aplican estn mismas sangras.
Una vena abierta ha de mantenerse en el cuerpo de Grecia, slo as podr ser
gobernada adecuadamente.
Ven, Teseo, prometo colgar tu crneo a la entrada del laberinto; servirs t
mismo de espanto a todos aquellos que pretendiste salvar. Les bastar ver lo que
ha quedado de tu cuerpo para perder del todo la esperanza.
Casi todos mueren presas del terror, pero deberan pensar que mueren en aras
de la paz. Si mi padre no los eliminara a tiempo, pronto levantaran a toda Grecia
en una guerra fraticida y estpida. Cientos de pueblos han perecido de ese modo.
No dilates, Teseo, que la sonrosada Aurora sale ya de su sueo y est lista para
abrir los portones por los que aparecer de nuevo el carruaje de Apolo. Piensa por
fin, antes de morir, en la belleza deslumbrante de ese carro. Reconoce que, como
aseguran los poetas, no hay nada ms bello que un escuadrn de soldados presto a
la batalla; recuerda el calor del pecho de tu madre cuando te amamantaba;
recuerda tus juegos infantiles en las lejanas playas de Trecn. Recuerda que alguna
vez estuviste vivo, pues ests a un instante de la muerte.
Aunque al menos t viviste. Ms de dos dcadas disfrutaste de la luz del sol. A
mi no me dej mi padre disfrutar de olor del trigo, del sabor de la miel, o del vuelo
de las abejas sobre las flores, sino unos pocos aos. Pronto qued preso en este
laberinto; casi ciego sin haber perdido los ojos; sin otro perfume para mi nariz
que el de la carne corrompida.
Ven, no me mover de este sitio.
Se apagan las luces. Cuando se encienden estar Teseo en el mismo lugar. Por el frente
tendr su propio rostro, pero envejecido varias dcadas y con canas. Por la espalda
ser el Minotauro; ste no se ver sino en el momento preciso.
TESEO: Ven, no me mover de este sitio. Pronto he de librarte de esta prisin.
Pronto sers libre igual que Grecia y comenzar la edad de la razn. No he de
moverme; tu hambre insaciable te lanzar pronto por los pasadizos buscando
nuevas vctimas.
Acercndose al espejo. Pero no ha pasado por aqu el Minotauro, ni se ha visto
al espejo? Debera estar su cuerpo por aqu, tendido en el suelo, y sin vida. O es
que ha resistido su propia visin y lleno de vergenza, ha corrido a esconderse
hasta lo ms profundo de esta crcel? Debe ser duro alimentarse slo de maldad y
verse el rostro de repente. Debe ser duro incluso para aquel cuya maldad y bondad
se mantienen en precario equilibrio. El hombre siempre disfruta imaginndose
mejor de lo que es; no hay bruja que no se suee a veces como una virgen inocente,
que no ame los vestidos blancos y adornar con flores su cabello. No ha obligado
Minos a sus sbditos a llamarlo justo, l, el ms feroz y cnico de los tiranos?
Acaso es no es verdad que su patria apesta? Es increble cmo los tiranos se
engaan, cmo les gusta pensar que todas sus maldades redundarn en bienes para
sus gobernados. Mandan matar a uno, o a un millar, y se dicen a s mismos o quien
quiera escucharlos, que todo es en aras de la paz. Se burlan de la justicia y llaman
cndido a todo aquel que cree en ella, a todo aquel que no se venga por su propia
mano y acude a los tribunales. Le llaman el derecho sagrado de los reyes; pero no
hay nada sagrado entre los hombres sino las cosas que estos mismos deciden.
Sagrada debiera ser la vida y la libertad, pero no hay poderoso que no est
dispuesto a sacrificarlas. Es mentira que del mal hecho broten, como flores, cosas
buenas. Jams ha brotado un rosal de un escupitajo; ni se posan alondras sobre los
cadveres. Ah donde el mal se ha hecho presente no queda, durante largo tiempo,
sino tristeza y desolacin.
Este laberinto debe quedar sin bestia que lo habite, deben derrumbarse sus
techos y parar la enorme mquina que lo alimenta. Debe Palas extender su reino y
proteccin sobre todos. Los das de los reyes que gobiernan a los hombres como a
bestias, estn contados. Pronto sern las artes, la estrategia y la sabidura lo que
gobierne el mundo, pronto el hombre dejar de ser como la oveja, esquilada cada
ao por el pastor. Pronto tus hijos, Grecia, dejarn de ser llevados al matadero.
Pero encendamos otra antorcha y pongmosla junto al espejo. La enciende y la
coloca. Obliguemos al Minotauro a mirarse a s mismo; que vea gravados en su
rostro los crmenes cometidos. Qu vea en este espejo los gritos horrorizados de las
vrgenes que masacra; el de los jvenes que intilmente intentaban luchar y salvar
la vida; que vea de un golpe toda la sangre, que como un ro, ha corrido por estos
pasadizos. Que vea los cientos, los miles, los cientos de miles de vidas que ha
costado el podero de su padre.
MINOTAURO: Deberas olvidar la sangre que ha corrido por estos pasadizos y
empezar a concentrarte en la que t mismo has derramado, hipcrita Teseo.
TESEO: Quin me llama por mi nombre? Quin se olvida que soy el hijo de un
rey y se atreve a pedirme cuentas?
MINOTAURO: Soy el monstruo que todos llevamos dentro. El que te hizo amarrar
a Sinis, el gigante, a dos pinos para desmembrarlo. En cuntos pedazos qued
reducido su cuerpo?
TESEO: Le apliqu el mismo castigo que sola emplear con sus vctimas.
MINOTAURO: Y tambin ahogaste al soberbio Escirn. Y sedujiste a Perifetes y
lo fuiste cortando poco a poco hasta que el tamao de su cuerpo y la pequea cama
coincidan en todo.
TESEO: Eso mismo haca l a los viajeros.
MINOTAURO: Los has enviado al Hades y as has concentrado su fuerza y su
maldad.
TESEO: Slo su fuerza.
MINOTAURO: Y su maldad. De qu otro modo, sino siendo completamente
malvado, habras ayudado a matar a tus cincuenta primos, los hijos de tu to
Palante? A cuntos de ellos mataste con tus propias manos?
TESEO: Mis primos? Pero esa fue decisin de mi padre...
MINOTAURO: Fue decisin de tu padre. Pero a cuntos de ellos acosaste hasta el
ltimo rincn de su casa para darles muerte, sin importarte sus mujeres o los hijos
que lloraban al lado? Pero esos fueron slo tus primeros crmenes, Teseo; y no son
nada, si se les compara con aquellos que has cometido ahora que ya ests viejo.
TESEO. Viejo?
MINOTAURO: Mrate al espejo si no lo crees.
TESEO: Es verdad; mi pelo est blanco.
MINOTAURO: Hace mucho que no eres joven.
TESEO: Y hace mucho tambin que no duermo. Basta que cierre un poco los ojos
para comenzar a perseguirte o ser perseguido en este laberinto.
MINOTARAURO: El laberinto que llevas dentro, en tu cabeza y el corazn.
TESEO: Mentira; el laberinto que los locos de Ddalo y tu padre construyeron.
MINOTAURO: Ese hace mucho que ha dejado de existir.
TESEO: Si eso fuera verdad, t tambin estaras muerto, igual que el tirano de tu
padre.
MINOTAURO: El Minotauro de Cnosos, ha muerto; t mismo le diste muerte con
la espada que te diera Ariadna. Ahora slo existe el Minotauro de Atenas y vive en
tu palacio, y duerme en tu cama.
TESEO: Mentira!
MINOTAURO: Mrate al espejo!
TESEO: Mirndose. No tendra estas ojeras si la dulce Ariadna estuviera conmigo.
Ella sabra de alguna droga, de alguna planta que me hiciera conciliar el sueo. Me
ayudara a dar muerte una y otra vez al Minotauro, a escapar de este laberinto.
Pero la dej abandonada.
Esto es una pesadilla. Hace dcadas que yo soy el rey de Atenas y que di
muerte al Minotauro.
Ariadna! Ariadna! Mal haya el da en que te dej abandonada en aquella
playa! Encontraste un poco de agua? O te moriste de sed a la orilla del mar, sin
siquiera una sombra para protegerte del sol? Ojala que los dioses te hayan hecho
justicia. Qu diferente seran mis noches si estuvieras conmigo. El fantasma de mi
padre me visita; una y otra vez me dice que cambie las velas negras de mis barcos
por unas blancas. Y una y otra vez lo veo caer entre las rocas al mar.
MINOTAURO: El padre que t mataste, el que perfectamente te advirti que
cambiaras las velas de tus barcos.
TESEO: Crea que no me amaba; quera castigarlo. De dolor se quit la vida
cuando crey que haba perecido en el laberinto. Todava parece que lo veo
precipitarse entre las rocas.
MINOTAURO: Te enfureca que entregara lo mejor de la sangre del tica para el
sacrificio, pero t has cuadruplicado el nmero de las vctimas. Cuntos griegos y
cretenses mueren ahora al ao, conquistando nuevos territorios para los
atenienses?
TESEO: Al menos mueren por su patria. Pronto ha de caer la misma Troya en
manos de los griegos, a quienes hice libres.
MINOTAURO: Tu ambicin es slo ambicin; no la adornes con palabras
hermosas. Ahora no son trece ni veinte, sino cuarenta o cincuenta mil los que
perecen cada ao. Date cuenta quin eres, Teseo. Mrate al espejo.
TESEO: Soy el rey de Atenas.
MINOTAURO: Eres el nuevo carnicero, el nuevo monstruo que asola los mares.
TESEO: Dando espadazos al aire. Mentira! El monstruo, el Minotauro continas
siendo t, pero hoy he de matarte definitivamente.
MINOTAURO: Mrate al espejo, Teseo.
TESEO: Pretendes engaarme. Hacer que enloquezca. Hace aos que me
persigues en sueos. Pero esta noche he de librarme de ti, definitivamente. Pronto
he de tener de nuevo noches tranquilas.
MINOTAURO: Hipcrita. Ni todos tus patrocinios a las artes, ni los templos
erigidos a Palas Atenea, harn que se borren tus crmenes o que vuelvas a disfrutar
de la dulzura del sueo.
TESEO: Esta noche he de dormir tranquilo; as tengamos que morir ambos. Ah
ests, ya te he matado muchas veces, pero hoy morirs definitivamente. Pero qu
son estos cuernos detrs de m, estas pesuas, este pelambre hirsuto en mi cogote?
Enfurecido, da golpes de espada al aire. Retrocede hasta los hilos. En determinado
momento dirige uno de los espadazos contra s mismo. Da unos pasos, herido, y queda
enredado en la telaraa, al parecer sin vida. Luz sobre su cabeza de toro.
Se apagan las luces.