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Ejercicios Sobre El Perdon

Este documento analiza el sentimiento negativo de la envidia a través de varios pasajes bíblicos y conceptos. La envidia es descrita como un sentimiento que causa tristeza por el bien ajeno y que surge cuando otra persona tiene algo que uno desea. Se ilustra cómo la envidia llevó a Caín a matar a su hermano Abel y analiza la historia del hijo pródigo, donde el hermano mayor siente envidia por la celebración del regreso de su hermano menor. La envidia es una raíz destructiva que
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Ejercicios Sobre El Perdon

Este documento analiza el sentimiento negativo de la envidia a través de varios pasajes bíblicos y conceptos. La envidia es descrita como un sentimiento que causa tristeza por el bien ajeno y que surge cuando otra persona tiene algo que uno desea. Se ilustra cómo la envidia llevó a Caín a matar a su hermano Abel y analiza la historia del hijo pródigo, donde el hermano mayor siente envidia por la celebración del regreso de su hermano menor. La envidia es una raíz destructiva que
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<b>Perdonar es sanar

La terapia del perdn: experiencia de liberacin: </b>Introduccin


02
1. Los ojos mgicos

03

2. Los Sentimientos del hombre

05

3. Tomar Conciencia de nuestros sentimientos

07

4. Gnesis de nuestros sentimientos y emociones

09

Ejercicio 1: Mantener elevado el espritu

11

5. Expresin de los sentimientos

12

6. Represin de los sentimientos

14

7. La afectividad

16

8. Dos sentimientos opuestos

18

Ejercicio 2: Afectividad;

20

9. el camino del perdn

21

10. La Misericordia

23

11. Sentimientos negativos

25

12. el odio

27

Ejercicio 3: De corazn a corazn;

29

13. El Rencor

30

14. El resentimiento

32

15. La Venganza

34

16. La envidia

36

Ejercicio 4: Cuando mi corazn est amargado

38

17 La Violencia

39

18. Causas de la violencia

41

19. La clera

43

20. El sentimiento de la ira

45

Ejercicio 5: deshacer percepciones negativas

47

21. La Amargura

48

22. La depresin

50

23. Sanacin de los sentimientos negativos

52

24. Necesidad del perdn en nuestra vida

54

Ejercicio 6: tratar las heridas de la infancia

56

25. El perdn alivia trastornos fsicos

57

26. Higiene mental

59

27. Antdoto contra experiencias amargas

61

28. Poder sanador del Espritu Santo

63

Ejercicio7: Relajacin con Jess;

65

29. Jess, el rostro del Padre

66

30. Jess y el perdn

68

31. Jess y los lmites del perdn

70

32. Jess sana hoy


Ejercicio 8: experiencia de perdn

72
74

33. Sanacin por la cruz

75

34. Fundamentos bblicos del perdn

77

35. Qu es el perdn

79

36. El difcil arte de perdonar

81

Ejercicio 9: oracin de perdn

83

37. Aventura humana y espiritual

84

38. El perdn como estilo de vida

86

39. El perdn construye comunidad

88

40. El perdn sana y libera

90

Ejercicio 10: Un perdn no otorgado

92

41. La terapia del perdn

93

42. La memoria y los recuerdos

95

43. Cmo orar por sanacin de los recuerdos

97

44. Prisioneros en nuestra propia crcel

99

Ejercicio 11: Cmo tener sentimientos positivos

101

45. El amor sana

102

46. Servir es perdonar

104

47. Perdonar y olvidar

106

48. Perdonarse a s mismo

108

Ejercicio 12: Respirar a Dios

110

49. Perdonar a Dios

111

50. Perdonar a los otros

113

51. Terapia para perdonar

115

52. Perdonar para ser libre

117

Ejercicio 13: Ver a Dios en la naturaleza

118

- La historia del rencor

p. 1 51

Perdonar es sanar Fred Luskin

51. El mtodo sanar

52. Las cuatro etapas del perdn

Perdonar y Olvidar

p. 173 198

Lewiz B. Smedesp. 1 40

Ejercicio14: los ruidos agresivos


53. Como perdonar:

Perdonar y Olvidar

54. Cmo perdonar

Lewis B. Smedes p. 123 130

p. 138 - 142

55. Motivos del Perdn

p. 159 - 174

56. Motivos del Perdn

p. 180 196

Ejercicio 15: ideas nuevas sobre el perdn


Ejercicio 16: ideas nuevas sobre le perdn
Ejercicio 17: Visualizacin del enfado
Ejercicio 18: Perdonar, sanar, restaurar, Renovar

<b> LA ENVIDIA : </b>(Lc 15, 25-32; 18,9-14; Mt 20,1-16; Hech 13,44-45; Gn 37,1-36)
Les invito a reflexionar sobre uno de los sentimientos ms comunes entre hombres y mujeres, la envidia.
Nos ayudaremos del evangelista Lucas, en su extraordinaria parbola del hijo prdigo, que tiene dos partes
bien diferenciadas. Examinemos la segunda parte, a partir del v. 25, donde se nos muestra la relacin del
hermano mayor con el menor y con su padre. El hermano mayor al ver la alegra de su padre por el regreso
del hermano, se enfureci. Un poder oscuro sali a luz desde las profundidades de su endurecido corazn:
<b>brot la envidia</b>. De repente apareci la persona resentida, orgullosa, severa y egosta, que estaba
escondida dentro de l, y con los aos se haba hecho todava ms fuerte y poderosa.

<b>Naturaleza de la envidia</b> La envidia es un gusano que lo primero que muerde y roe es el propio
corazn del envidioso. Se convierten la antesala del resentimiento. La envidia entristece y con frecuencia
deshace amistades. Suele definirse como el disgusto o tristeza por el bien ajeno, considerado como mal
personal, ya que disminuye la propia excelencia, felicidad, bienestar o prestigio. Es un sentimiento
desagradable que se produce al percibir que otra persona tiene lo que uno desea. Pero esto dificulta el
desarrollo de la persona que sufre y sus relaciones con los dems. Se dice que es un sentimiento inherente a

la naturaleza humana, y que si no se sabe dominar puede convertirse en altamente destructivo para quien lo
admite en su vida. Este sentimiento aparece ya en los comienzos de la humanidad con efectos desastrosos
como el asesinato. La envidia se produce casi siempre hacia personas muy cercanas. Segn la Escritura, se
inici entre dos hermanos: <i>Can hizo a Yaveh oblacin de los frutos del suelo. Tambin Abel hizo
oblacin de los primognitos de su rebao, y de la grasa de los mismos. Yave mir propicio a Abel y su
oblacin, mas no mir propicio a Can y su oblacin, por lo cual se irrit Can en gran manera y se abati
su rostro</i> (Gen 4,3-5).

<b>Naturaleza de la envidia:</b> La envidia es un sentimiento negativo del que se habla poco y se sufre
en mayor o menor grado en la vida. Se trata de un tipo de reaccin que tenemos todos los seres humanos y
del cual pueden surgir las mayores aberraciones tanto a nivel personal como de proyeccin hacia los dems.
La envidia origina una serie de reacciones negativas que pueden hacer que el envidioso se asle de los dems
o tenga serias dificultades para relacionarse adecuadamente con ellos. El envidioso se alegra de los fracasos
ajenos y sufre con los xitos ajenos, y desperdicia tanta energa que no es capaz de alcanzar sus propios
objetivos. Considera que los dems consiguen las cosas con facilidad y sin esfuerzo; no es una persona
generosa, si triunfa, nunca se siente satisfecho, este sentimiento es muy perjudicial para quien lo siente y
muy peligroso para la persona envidiada. La envidia, tan prolfica como perjudicial, es la raz de todo mal,
fuente de desrdenes y miseria sin fin, causa de la mayora de los pecados cometidos. La envidia da vida al
odio y la animadversin. De ella se engendra la avaricia, por ella se miran de mala forma los honores que
logran otros, y se piensa que tales honores deban ser nuestros. De la envidia viene el desprecio a Dios, y a
los saludables preceptos de nuestro Salvador. El hombre envidioso es cruel, orgulloso, infiel, impaciente y
pendenciero; y, lo que es extrao, cuando este vicio gana el dominio, no es ms dueo de s mismo, y es
incapaz de corregir sus muchas faltas. Si la paz se rompe, si los derechos de la caridad fraterna son violados,
si la verdad es alterada o disfrazada, es frecuentemente por la envidia.

Por eso, el hijo mayor no quera la rehabilitacin de su hermano. Se ha quedado de pie rgido, y su corazn
permanece en la oscuridad. Entre las personas buenas es ms frecuente la actitud del hermano mayor. En
vez de cubrir al hermano cado con la comprensin, nos tornamos duros, destruimos al hermano. Y todo lo
hacemos creyendo que estamos obrando ejemplarmente. El hermano mayor haca todo exteriormente bien:
era obediente, fiel, cumplidor de la ley, trabajador como el que ms. La gente le respetaba, le admiraba, le
alababan por su gran responsabilidad y le consideraban modelo en su casa. Visto todo desde el exterior, no
tena fallas. Pero, cuando vio la alegra de su padre por la vuelta del hijo, su corazn apareci repleto de
<b>envidia, raz terriblemente destructora</b> de la unidad. Se traslucen, adems, en el hermano
problemas familiares. Asoman algunas races, que brotan de su corazn con una fuerza demoledora: se
enfad y no quera entrar (v.28). Este no quera entrar revela lo fuerte y arraigada que estaba esa raz y la
fuerza desgarradora con que, en forma incontenible, acta, llevndose por delante las buenas apariencias del
actuar del hermano mayor. No quiso entrar al banquete, no quiso la unidad. La envidia le lleva
obstinadamente a romper, tambin, con su padre y a volver trizas a su hermano. A su padre, que le suplica
entrar al banquete, le dice: jams he dejado de cumplir una orden tuya y nunca me has dado un cabrito para
tener una fiesta con mis amigos. Cunto resentimiento y amargura en sus palabras! Es, entonces, cuando
aparece la causa de la ruptura con su hermano menor y con su padre: la ENVIDIA, que podemos llamar el
pecado de los buenos. Como vimos, es una raz terrible: Can dej endurecer su corazn por la envidia y
termin asesinando a su hermano Abel (Gn 4,1-8); los hermanos de Jos quisieron acabar con l; los
trabajadores de la via, llenos de envidia, se lanzaron a murmurar contra el dueo por pagar la misma
cantidad a los primeros y a los ltimos trabajadores (Mt 20, 1-16).

La envidia es raz, tambin, de rupturas en empresas y grupos polticos, en la Iglesia a todos los niveles, en
las comunidades religiosas. No cae muy bien que otros sean estimados, mejor tratados, mejor pagados, que
se les alabe delante de todos. La actitud del hermano mayor es la actitud del religioso que se siente bueno,
cumplidor, y que no ve la necesidad de conversin personal. En efecto, la parbola nos deja en suspenso ante
la conversin del hermano mayor. El considera que est muy bien, porque cumple. A pesar de ser tan duro
con su hermano y de la indiferencia con su padre. No se da cuenta que la indiferencia es ms terrible que el
odio. As lo expresa la filosofa popular: diame, por piedad, yo te lo pido! Odio quiero ms que

indiferencia.
El hermano mayor, aunque conviva con su padre en la misma casa, fue dejando enfriar sus relaciones y su
amor con l. Y as se fue distanciando hasta llegar a estar ms lejos de su padre que el mismo hermano
menor cuando se march a tierras lejanas. Se nota, tambin, que el hermano mayor ha perdido, la alegra de
estar con su padre. Al quejarse a su padre, esa queja sale de las profundidades de un corazn que siente que
nunca ha recibido lo que le corresponde, segn l mismo juzga. Y todo esto ha ido creando en l un fondo de
resentimiento. La envidia es un oscuro y enorme poder, que lleva a no ser fraternos con todos mis hermanos,
o con alguno en particular.
Parece que es esta una de las mltiples traducciones de la cizaa, de que habla el evangelista Mateo (cf. Mt
13, 24-30). Donde germine el bien, no hay porqu extraarse de que algn enemigo lance a escondidas un
puado de esta gramnea, llamada envidia.
<b>El envidioso se descubre fcilmente : </b>Un proverbio dice que la envidia es la venganza de los
incapaces: hay gente que no logra escribir algo que valga la pena, y se consuela ensandose contra el
trabajo de los otros. El envidioso se hace la ilusin de que crece rebajando a los dems. Se siente pequeo y
quiere crecer a expensas del otro. El triunfo de los dems provoca una punzada dolorosa en el envidioso. El
bien del otro le hace sentirse mal, lo lanza a hacer el mal y as, fcilmente se descubre como envidioso.
<b>Espritu farisaico : </b>En la descripcin que hace Jess del hermano mayor, se adivina una
descripcin del espritu farisaico, un espritu envidioso, mas bien comn entre los hermanos que aparecen
como buenos. Por lo tanto, sin decirlo explcitamente est igualando a ciertos religiosos con los fariseos,
con el hermano mayor. Por boca del hermano mayor hablan los fariseos, los que se creen buenos y, entre
ellos los religiosos, cuando no amamos, cuando somos duros de corazn o cuando no somos fraternos.
<b>El espritu del Padre: </b>Vale la pena examinar el vocabulario que emplean el padre y el hijo mayor. El
padre siempre habla de perdn, de misericordia, de acogida; mientras que el hijo mayor, el envidioso, habla
de justicia, de cumplimiento de la ley, de castigar al trasgresor. Resalta, sobre todo, la actitud permanente de
misericordia del padre que olvida, y no quiere, ni siquiera, or hablar de las fallas del hijo menor. No se
sorprende de su falta y, con su amor, hace brotar el bien en el corazn del hijo extraviado y busca
continuamente a su hijo mayor. La parbola es la escenificacin de nuestra propia situacin y de la
misericordia del padre. Es un canto al amor perdonador del padre.
<b>Efectos de la envidia : </b>La envidia se sabe disfrazar y ocultar. Aparece bajo pretexto de bien, sobre
todo de justicia, de amonestaciones fraternas, o de cualquier otra forma solapada que destruye la fraternidad
en nuestro mismo corazn. Sus efectos, que hielan y endurecen el corazn son, entre otros: despreocupacin,
desinters, por el otro y por sus cosas, frialdad, indiferencia, resentimiento, pesadumbre por el bien del otro,
dureza, insistencia en la justicia, silencio negativo, etc.
Trabajamos contra esta raz educando nuestro corazn en la misericordia y el perdn frecuentes. Ningn
lugar mejor que esta parbola como la mejor piscina de aguas medicinales, que nos pone en contacto
personal con la misericordia de nuestro Padre Dios.

Ejercicio 4: cuando mi corazn est amargado

Respiro profundamente, despacio. Ojal viendo entrar y salir el aire


de mis pulmones: el que sale es oscuro, el que entra es claro.

Siento mi corazn amargado y como endurecido. Lo siento fro,


mudo, inaccesible. Siento la presencia de Jess a mi lado.

Expongo mi corazn a las caricias del sol, que es Jess. Voy


recibiendo su ternura, su suavidad como el agua cadenciosa.

Caliento mi corazn con la presencia clida de Jess, manso y


humilde de corazn.

Alabo a Jess y veo su rostro manso, misericordioso, veo la


humildad de su corazn.

Bendigo y felicito a Jess por ser bondadoso, humilde y siento que


su calor, su dulzura, su humildad, como el sol, me va penetrando,
me va llenando de su suavidad y mansedumbre.

Mi corazn se abre todava tmidamente, vacilante a Jess.


<b>

LA VIOLENCIA</b> (Gen 3, 8; Gen 3,1-19; )

Les invito a reflexionar sobre un sentimiento que est en la raz de toda vida humana, que acompaa a todo
mortal, la violencia. No es algo nuevo para la humanidad e irrumpe en la vida humana desde el paraso
terrenal, acompaando al hombre desde entonces. En la sociedad actual, la violencia se ha convertido en una
epidemia. Hay naciones donde los asesinatos, las violaciones, los robos, los asaltos violentos y los
allanamientos han alcanzado niveles alarmantes en las ltimas dos dcadas. Elementos de formacin
humana tan poderosos como el cine y la TV se han convertido en maestros insuperables de la violencia,
llegando hasta el hogar. Nos hemos convertido en volcanes de impaciencia, violencia y terrorismo. Y no fue
as desde el principio.

<b>El aliento de Dios llen los abismos:</b> <i>Las tinieblas cubran los abismos, mientras el espritu
de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas</i> (Gen 1,2). El abismo, smbolo de completa

desolacin, esperaba su transformacin, anhelaba la vida. Entonces, Dios inund de luz las tinieblas, elimin
el caos, cre un paraso, y coloc all al hombre, <i>insuflando en su narices un aliento de vida</i> (Gen
2,7).

En este mundo creado por Dios exista la vida, nunca la confusin, el desorden o la violencia. Todos los
vivientes estaban conectados en su nivel ms profundo por el <b>aliento ntimo</b> y amoroso de Dios, su
Espritu Santo, que El, en una intimidad amorosa, introdujo en nosotros dndonos su vida. El mismo aliento
de Dios, su amor tierno, penetr en las criaturas, era la vida que todo lo vivificaba. Introducir dentro de otro
nuestro aliento (Gen 2,7) es un simbolismo que expresa participar la vida, el amor, quedar afectados con una
relacin de intimidad que produce vida amorosa y energa nueva. La Comunidad divina nos particip su
vida, su amor y as vivamos en una amistad ntima con El y con todas sus criaturas llenando todo de
mansedumbre, de suavidad, de bondad. Dios se paseaba todos los das por el jardn a la brisa de la tarde
como signo de amistad con su criatura, el hombre, y con todos los seres de la naturaleza, creados
amorosamente por Dios. No exista la violencia; en todos los vivientes exista el aliento de Dios: una dulce
amistad una a todos los vivientes (Gen 3, 8). El aliento de Dios llena de vida la creacin. Desde entonces, si
la vida empieza a faltar, otra persona puede introducir su aliento, boca a boca, en los pulmones para
estimular la vida. Esa accin de reanimar, caracterstica de Dios Padre, ha sido entregada al hombre. As
participamos en el proceso constante de reavivar, dar vida, y jams quitarla.

<b>El hombre fue creado sin violencia.</b> En el paraso no era necesario sacrificar animales para
alimentarse. Dice la Escritura que: <i>Yaveh Dios plant un jardn en Edn, donde coloc al hombre que
haba creado. Hizo brotar del suelo toda clase de rboles deleitosos a la vista y buenos para comer</i>
(Gen 2,8-9) y dio al hombre este mandato: <i>de cualquier rbol del jardn puedes comer, menos del rbol
de la ciencia del bien y del mal</i> (Gen 2,16). Los rboles que plant Dios le daban al hombre el
alimento necesario y suficiente. No haba necesidad, por tanto, de ningn gnero de violencia, ni siquiera
para el sacrificio de animales. Adems, la primera pareja viva en unas relaciones idlicas, en ntima amistad
con Dios, consigo mismo y con la naturaleza. Los rboles frutales, el sol, la luna, los mares, las aves, los
animales, la mujer y el hombre eran todos hermanos y amigos, hijos del Padre que inspir la misma fuente
de vida interior en amistad.

<b>Origen de la violencia:</b> La Palabra de Dios muestra que las tendencias para interrumpir el aliento
amoroso de Dios en nosotros, para quitar violentamente la vida, se inician cuando el hombre desobedece a su
Creador, perdiendo su amistad. El libro del Gnesis narra que Adn y Eva desobedecieron, es decir, se les
inocul el virus del individualismo y se rebelaron contra Dios, rompiendo su relacin con l, comiendo del
fruto prohibido y dando origen a la violencia en el mundo. En efecto, el pecado es el inicio y el origen de
toda violencia.

<b>Ruptura en cadena:</b> Despus de este primer acto de violencia, de rebelda contra Dios, rompieron
tambin sus relaciones entre ellos: Adn acusa vilmente a Eva: <i>la mujer que me diste por compaera
me dio y com</i> (Gen 3,12). Rompieron con los animales: <i>la serpiente me enga</i> (Gen 3,13).
Rompieron en forma indigna con la naturaleza: <i>maldito ser el suelo por tu causa</i> (Gen 3,17).

La violencia se continu en cadena. Poco despus de haber sido expulsados del paraso vino el primer
incidente de violencia fsica del cual existe un registro. Can, al darse cuenta de que el sacrificio de su
hermano Abel era ms agradable a los ojos de Dios, tuvo envidia, se llen de violencia y, en un arranque de
celos, mat a su hermano. La raza humana conoci los arrasadores efectos de la violencia, conoci el
asesinato. Ya para el tiempo de Lamec, el tataranieto de Can, la violencia haba llegado a niveles muy
elevados y de hecho se le celebraba. Lamec se vanagloriaba de sus habilidades para cometer actos

inapropiados y perpetrar actos de violencia masiva que fueron una respuesta desproporcionada a las ofensas
cometidas contra l: <i>Yo mat a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un
cardenal que recib. Can ser vengado siete veces, mas Lamek lo ser setenta y siete</i> (Gen 4, 23-24).

<b>Tratamiento de la violencia:</b> Creci tanto la violencia que Moiss tuvo que dictar una ley para
frenarla en algo. Dios le dict a Moiss el principio del "ojo por ojo, y diente por diente" para limitar la
violencia. Debe ser una violencia proporcionada, no se permite tomar una vida por un ojo, o mutilar un
miembro del cuerpo por un diente. La ley de Moiss fue el primer paso de Dios para tratar la violencia de la
humanidad, insistiendo en la justicia. La ley no elimina la violencia, pero le pone un freno.

La directriz final de Dios para tratar la violencia vino con Jesucristo, segn lo indica el evangelista Mateo,
que expresa el tratamiento a la violencia en dos momentos. Primer momento: "<i>Oyeron que se dijo: Ojo
por ojo, y diente por diente. Pero yo les digo: No resistan al malo; antes, a cualquiera que te golpea en la
mejilla derecha, vulvele tambin la otra.</i>.." (Mt 5,38-39). Segundo momento: "<i>Oyeron que se dijo:
Amars a tu prjimo, y aborrecers a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, oren por los que
les persiguen y calumnian..</i>." (Mt 5,43-45). El distintivo de los hijos de Dios es el amor, nunca la
violencia.

Entre los antiguos semitas imperaba ya la ley de la venganza, que era el desencadenamiento de la violencia,
que daba lugar a unas interminables luchas y crmenes. La ley del talin: Ojo por ojo y diente por diente
constituy en aquellos primeros siglos del pueblo elegido un avance tico, social y jurdico notorio que
frenaba la violencia. En ese avance el castigo no poda ser mayor que el delito, cortando as de raz la
interminable cadena de venganzas.

Jess da un definitivo avance, en el que juega un papel fundamental el sentido del perdn y la superacin del
orgullo. Jess establece que el cristiano no tiene enemigos personales. Su nico enemigo es el mal, el
pecado, pero nunca el pecador. As lo vivi especialmente con los que le crucificaron y todos los das con los
pecadores que se revelan contra l y le desprecian.

En pocos versculos Cristo eleva las estrategias de la humanidad para lidiar con la violencia a un nuevo
nivel. Los seguidores de Cristo ya no tienen que tratar con la violencia de sus enemigos slo en base de la
justicia, que enfatiza una represalia proporcional, sino en base al amor. Cristo revela que el remedio final de
Dios en cuanto a la violencia no es la violencia, la venganza, la represalia, sino la reconciliacin.

<b>Cristo rechaza la violencia:</b> l indica claramente que "todos los que tomen la espada, a espada
morirn" (Mt 26, 52). Se ve cmo la ley de la continuidad funciona en este caso: el odio produce ms odio,
la violencia engendra ms violencia. Adems, la violencia no soluciona los problemas reales y subyacentes
que estn involucrados en un conflicto. La violencia es un ataque contra la persona, no contra los problemas;
en realidad no se enfrenta a los problemas subyacentes tales como el miedo, el odio y la pobreza. Es una
simplificacin grave suponer que la violencia es la solucin a los problemas personales, polticos o sociales.
La violencia elimina toda posibilidad de entendimiento y, por ende, tambin toda posibilidad de
reconciliacin.

"Qu haras si alguien se mete en tu casa, si trata de violar a tu esposa, si est a punto de matar a tu abuela?
No es cierto que tienes que usar la violencia en esos casos, aunque seas un cristiano?" Tales preguntas
demuestran la forma tan profunda en que la violencia ha penetrado en la sociedad actual. En tales casos, la
persona supone que las nicas opciones reales son "matar o morir". La Biblia nos pide que actuemos frente a
nuestros enemigos tal como Cristo actu frente a los Suyos. No olvidemos que aunque una vez fuimos
enemigos de Cristo, ahora somos los recipientes de Su amor que nos transforma. Quizs no exista una
ocasin en que nuestra fidelidad a Cristo se ponga a prueba en forma tan severa como cuando se nos pida
que amemos a un enemigo. A final de cuentas, la alternativa del cristiano esta entre la violencia y su muerte
y futura resurreccin. La creencia en el hecho de que nuestra vida est en manos de Cristo, nuestro Salvador
resucitado, y que la muerte fue vencida en la cruz -quizs nuestra propia muerte violenta-, significa que
podemos seguir a Cristo a donde nos llame. Y que amar a nuestros enemigos nos puede costar lo mismo que
le cost a Cristo.

<b> CAUSAS DE LA VIOLENCIA: </b>Hace pensar la creciente violencia imperante en todos los
mbitos del mundo y de nuestra sociedad. Pero perturba todava ms la exaltacin abierta que se hace de
ella, por pare de personas y hasta de pases, sin respetar siquiera el universo infantil. Necesitamos cuidarnos
para que la pasin no haga de nosotros seres adictos a la violencia. Era lo que ms tema Pablo para los
nuevos cristianos: <i>Queridos mos, no se venguen, no se dejen vencer por el mal; venzan el mal con el
bien</i> (Rm 12,19-21). Tratemos de profundizar para ver a qu podemos atribuir este crecimiento casi
astronmico de la violencia.

En este campo son mltiples las causas, no podemos ser simplistas. Pero hay una estructura, que ha sido
erigida en principio y que explica, en gran parte, la atmsfera general de violencia de nuestro mundo y este
principio es la competitividad o la competencia sin lmites.

En primer lugar,<b> la competitividad</b> robustece el campo de la economa capitalista de mercado. Se


presenta como <b>el motor de todo el sistema</b> de produccin y de consumo. Quien es ms apto -ms
fuerte- en la competencia en cuanto a precios, facilidades de pago, variedad y calidad, vence. En la
competitividad opera implacable el darwinismo social: selecciona a los ms fuertes. Estos, se dice, merecen
sobrevivir, pues dinamizan la economa. Los ms dbiles son peso muerto, por eso deben ser incorporados o
eliminados. Esa es la lgica feroz que destruye a los pequeos porque que no tienen vala.

Pero la competitividad no se qued nicamente en el ordenamiento de la economa, invadi prcticamente


todos los espacios: las naciones, las regiones, las escuelas, los deportes, las iglesias, las familias, la
educacin. Adems, para ser eficaz, la competitividad debe ser agresiva. Quin logra atraer ms y dar ms
ventajas? No es de admirarse que todo pase a ser oportunidad de ganancia y se transforme en mercanca,
desde los electrodomsticos hasta la religin, hasta la educacin. Los <b>valores personales</b> y
sociales, tales como la gratitud, la cooperacin, el amor, la amistad, la compasin, la devocin, tienen valor
pero no tienen precio; y cada vez se encuentran ms arrinconados. Y estos valores son los espacios donde
respiramos humanamente, lejos del juego de los intereses. Su debilitamiento nos va haciendo anmicos, nos
va deshumanizando, destruyendo, como vemos que est sucediendo.

En una sociedad competitiva como la nuestra, por el virus terrible del individualismo, en la que el ms fuerte
se impone y el ms dbil es derrotado, destruido, los creyentes, libres de rivalidades, tenemos que gritar con
nuestra vida que lo que vale no es la competencia, sino la colaboracin, la cooperacin. En una sociedad
inhumana, en que las personas son instrumentalizadas, y se relacionan desde el dominio y el poder, nosotros
tenemos la misin de anunciar con nuestra vida que la persona se construye desde el respeto, la igualdad, la
fraternidad y que lo que importa es la calidad de las relaciones interpersonales: fidelidad, servicio, perdn,

amor y cooperacin.

En la medida en que sobre los valores prevalece la competitividad se va armando un cataclismo que provoca
cada vez ms tensiones, conflictos y violencias. Nadie acepta perder ni ser devorado por otro. Lucha a toda
costa defendindose y atacando. Luego del derrocamiento del comunismo, se igual la cuestin econmica
que tom una marca capitalista, a la cual acompaa la cultura poltica neoliberal, privatista e individualista,
los dinamismos de la competencia fueron avanzando y fueron llevando todo al extremo. En consecuencia,
los conflictos recrudecieron y la voluntad de hacer la guerra no fue refrenada, fue creciendo imparable. La
potencia hegemnica de turno se hace campen en la competitividad; emplea todos los medios, incluyendo
las armas, el terrorismo para triunfar siempre sobre los dems.

Cmo romper esta lgica frrea? Rescatando y dando centralidad a aquello que en otro tiempo nos hizo dar
el salto hacia la humanizacin. Lo que nos hizo dejar atrs la animalidad fue <b>el principio de
cooperacin</b> y de cuidado. Nuestros ancestros humansticos salan en busca de alimento. Por eso,
nuestros antepasados, en lugar de que cada cual comiera solo como los animales, traan la comida al grupo y
repartan solidariamente entre ellos. De ah naci la cooperacin, la sociabilidad, el lenguaje y el dilogo.
Por este gesto se inaugur la especie humana. Ante los ms dbiles, en lugar de entregarlos a la seleccin
natural, se invent el cuidado y la compasin para mantenerlos vivos entre nosotros.

Slo los valores que surgen desde la solidaridad y cooperacin, el cuidado y la compasin son los que
limitarn la voracidad de la competencia, desarmarn los mecanismos del odio y la violencia y darn rostro
humano, civilizado y cristiano a la fase planetaria de la humanidad. Importa comenzar ya ahora para que no
sea demasiado tarde.

<b>La violencia familiar: </b>La familia es el ambiente social donde todos nos movemos. Pero, tambin,
la familia ha sido tomada por la violencia. Esta se desarrolla entre mayores y entre nios, entre esposos con
mayor influencia hacia las mujeres, con los discapacitados, etc. Esa violencia puede ser fsica o psquica, y
ocurre en todas las clases sociales y culturas. En la prctica el mismo maltrato tiende a convertirse en algo
normal, a travs de conductas violentas que no son sancionadas como tales. La violencia hacia las mujeres y
los nios, estadsticamente reviste la mayor casustica. Debe inquietarnos el modo como se solucionan los
conflictos. Cuando las relaciones interpersonales se apoyan en el respeto y el esfuerzo mutuo para lograr los
objetivos, cuando surjan los conflictos, estos se resolvern amigablemente a travs de la negociacin, el
acuerdo y la cooperacin. Pero cuando las relaciones se basan en la intimidacin, en el individualismo y en
las posiciones de poder, los conflictos harn surgir la agresin y la violencia. Se buscarn estrategias
agresivas para la solucin de los conflictos.

<b>La violencia en Colombia:</b> La historia de Colombia ha sido un lamentable suceso de


manifestaciones de violencia. Desde las guerras de independencia, pasando por las guerras de "los Mil
Das", y por una mirada de alzamientos y revoluciones, hasta llegar a la institucionalizacin de la violencia
con la guerrilla. Mientras el pas se mueve, y cambia su realidad, la violencia permanece. Sobrevive la
violencia en sus odios y en sus fantasmas, en los ganadores y en los perdedores.

Juan Pablo II insiste en llamar a los violentos y a todo el pas en general a acabar con la violencia que tantos
estragos est haciendo en Colombia. Estos llamados son reflejo de su alma dolida de buena pastor y de su
vida de oracin incansable. Quiere advertirnos que los odios los podemos estar sembrando tambin cada uno
en nuestra familia, en el ambiente de trabajo, en la calle... Y que no estamos haciendo lo suficiente para
contrarrestar el influjo salvaje de los espectculos que juegan con la vida humana, de cierta prensa, de

algunos programas de TV, del cine que slo exhibe violencia y parece gozarse con la violencia, que ha sido
la constante en nuestra vida de colombianos.
<b>Educacin del corazn: </b>Lo peor que puede tener una sociedad es acostumbrarse a la muerte y a la
violencia. Nuestra juventud no conoce la formacin. Hay buen nivel de transmisin de conocimientos en las
diversas escuelas y universidades, pero se echa en falta algo ms que la disciplina. La disciplina slo es
eficaz cuando tiene un motivo, nunca el principio de autoridad con obligacin de obedecer.
El deseo de dar sentido a la vida se apoya sobre lo que llamamos valores humanos: sentido de racionalidad
que domine sobre las pasiones, aprender a comportarse como personas libres y responsables, que sepan
pedir sus derechos cuando tambin cumplen sus deberes, que sean creativos y no borregos en manos de los
slogans por los que les manipula un sistema, que no sean individualistas sino solidarios todo ello se va
logrando con unos referentes que vivan esto que predican. Esto es lo que forma de verdad a los jvenes, y
no sermones, pues los jvenes necesitan modelos crebles. Primero hay que presentar ideales a la juventud,
y luego ya viene la ayuda en la disciplina, una lucha decidida en conseguir esos ideales: es decir educacin
a travs del esfuerzo.

Este conjunto de cualidades, superior en importancia a los conocimientos, se le llama educacin afectiva
es la gran laguna del mundo de hoy: la educacin del corazn. Si amar es el fin de la persona, aprender a
amar es la gran tarea, y educar ser el arte de las artes. Gregorio Maran es quien deca haber aprendido
ms en la escuela primaria que en la universidad: el maestro de escuela le ense a ser persona activa,
diligente, amante de la ciencia los conocimientos vienen despus, lo primero es crecer en las distintas
etapas de la personalidad: faceta psicolgica, social, espiritual. Luego tambin el aspecto intelectual,
terico, cientfico, especulativa, pero sin olvidar la formacin integral, dirigida a toda la persona, al mundo
afectivo, al mundo de los valores y al mundo intelectual.

<b> LA CLERA: </b>Les invito a reflexionar sobre el sentimiento de la clera. Es una realidad muy normal en
nuestra vida y todos la conocemos. Nuestra vida diaria de relacin con los dems trae, junto con muchas alegras, una
parte de frustraciones, exasperaciones, obstculos para la comunicacin entre las personas. De ah la importancia de no
dejar remansar en nuestro interior las pequeas cleras, porque se pudren y nos hacen mucho dao. Es necesario
expresarlas de la manera ms constructiva posible. La clera tiene dos hermanas gemelas que son la ira y la rabia; ta de
ellas es la violencia. Toda esta familia est a disposicin de la clera; si no sabemos trabajarlas a tiempo tienen efectos
deletreos.

La clera evoca escenas de extrema violencia, lo cual hace que se tenga gran miedo a experimentar esta emocin. A
algunos les resulta difcil ver en la clera y en el deseo de venganza realidades psicolgicas sanas en s mismas. Se
puede utilizar el trmino sanamente para describir el estado de irritabilidad interior provocado por una contrariedad, un
insulto o una injusticia. O en forma incorrecta llamar a la clera odio o resentimiento, cuya finalidad es hacer dao al
otro o incluso destruirlo. Ella nos habla del estado de irritabilidad interior provocado por una contrariedad, un insulto o
una injusticia. No podemos asimilarla al odio o al resentimiento, cuya finalidad es hacer dao al otro o incluso destruirlo.
Hay que distinguir, pues, la emocin pasajera de la clera del sentimiento voluntario de odio o de resentimiento. Aunque
la clera sea un movimiento violento del alma, tiene, a pesar de las apariencias, elementos positivos. Es una reaccin
normal ante una injusticia, una bsqueda de autenticidad y un esfuerzo para suprimir el obstculo que oculta el amor
ajeno. El resentimiento, por el contrario, se introduce en el corazn humano como un cncer y slo se aplaca cuando el
ofensor es castigado o humillado. Puede revestir diversas formas: sarcasmo, odio duradero, actitudes despectivas,
hostilidad sistemtica, crtica reprobatoria y pasividad agresiva, que mata cualquier posible alegra en las relaciones.

En tanto no se quiera reconocer la clera y sacar el mayor provecho de ella, se corre el riesgo de que repudra en el
interior y se transforme en resentimiento y odio.

<b>Efectos nefastos de la clera reprimida:</b> Reprimir la clera es sumergirse en un mar sin esperanza de salir de
l y, tarde o temprano surgir en forma de desviaciones. Pues la energa emocional no se puede reprimir, siempre se

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expresa de una manera artificial y engaosa. La clera puede desplazarse y atacar a seres inocentes, objetos, animales o
personas. Alguien, para aliviar su clera reprimida da una patada a un objeto o un animal. Alguien dice que el marido
que le pega a su esposa intenta liberarse de la imagen de su madre. Hemos visto a un nio, despus de que su madre le
rie, dar un golpe a su hermanito. La acumulacin de pequeas cleras reprimidas provoca ataques incontrolables de
violencia. Las personas que se prohben el menor impulso colrico o se culpabilizan vuelven la clera contra s mismos.
Se acusan, se autocastigan, cuando no s sumen en una depresin nerviosa. El nico modo de salir de este atolladero
emocional consiste en conectar con la clera reprimida y encontrarle una expresin apropiada.

La clera no reconocida puede ser causa de varias enfermedades psicosomticas, por el gran gasto de energa y del estrs
que produce. Es este un ests nocivo, origen de los ms diversos males fsicos. As las manifestaciones excesivas de
clera, ya sean fsicas o verbales, dan lugar a menudo a las siguientes enfermedades: colusin coronaria, artritis
degenerativa, lceras gstricas, lceras duodenales. Por otro lado, las personas que reprimen su miedo o su clera son
propensas a enfermedades de la piel, a la artritis reumtica y a las colitis ulcerosas. Las personas que ejercen un
autocontrol excesivo y no se atreven nunca a expresar su clera o su miedo corren el riesgo de padecer asma, diabetes,
hipertensin y migraas.

<b>Beneficios de la clera:</b> La clera no es en absoluto perjudicial, pues procede de un saludable instinto de


supervivencia fsica, psicolgica y moral. El efecto beneficioso o perjudicial depende del uso que de ella se haga. Bien
utilizada contribuye al buen funcionamiento de las relaciones entre las personas. La manifestacin adecuada de la clera
conlleva el deseo de restablecer el contacto. De la agresividad no reprimida resultan otros efectos beneficiosos, como
lograr descubrir los valores a los que se concede mayor importancia. La clera sirve para dar la alarma y advertir del
peligro de dejar que alguien abuse de nosotros o traspase nuestras fronteras personales; tambin hace reaccionar ante las
injusticias cometidas con una persona o grupo. En una palabra, despierta la energa moral necesaria para afrontar el mal
y la injusticia.

<b>Poner la clera a nuestro servicio:</b> La represin de la clera y del deseo de venganza conducen a situaciones
deplorables. Nos acosan los permanentes estallidos colricos verbales, los arrebatos, sobre todo en quienes tenemos un
temperamento colrico, volcnico y no bastan los esfuerzos de la voluntad. Cualquier borrasca de rabia reduce a nada
todos los esfuerzos. Qu hacer? Es necesario centrarse en las sensaciones, permanecer en contacto con la situacin
interior y tratar de vivirla, de describir la clera y todo lo que se desea decir y hacer inducidos por ella. En un segundo
momento, hablar con la clera, acogerla como amiga y decirle que de momento no necesitamos sus servicios. Se termina
reconcilindose con la clera. Veamos lo que le pas a una persona que levaba unos meses trabajando para superar su
clera y reconciliarse con ella. Dice l: un da que estaba dando clase, intentaba que mis estudiantes me escucharan,
pero era intil, hablaban ms fuerte que yo. De repente sent que se me formaba el nudo en el estmago. Estaba a punto
de estallar en una de mis violentas crisis de clera. Entonces les dije con una voz firme: Cuidado! En este momento
estoy sintiendo llegar a una amiga que os har callar. Es mi clera. Y ya saben que cuando estalla, es terrible. Si se
callan, se calmar. Atnitos ante mi nuevo modo de imponer disciplina, mis estudiantes se callaron. Desde hace cuatro
meses no me he vuelto a encolerizar. He aprendido a reconocer mi clera y a respetarla como a una amiga. De lo
contrario la clera, ayudada por la violencia se convierte en rabia y siembra destruccin. Las emociones son energas
positivas, que exigen ser reconocidas, dominadas y utilizadas en el momento oportuno. Pero, cuando se las teme o se las
reprime en el inconsciente, forman ncleos denominados complejos, que forman la sombra de la personalidad. Esta
se vuelve anrquica e incontrolable mientras la persona se niegue a reconocerla e intente huir de ella.

<b>Manejo y control de la rabia:</b> Por todos es conocido el grado de inversin de valores en nuestra actual
sociedad, la violencia familiar, la descomposicin social. La complejidad de esa descomposicin se refleja en la manera
como los individuos manejan sus emociones y se relacionan con el mundo.

En nuestros das ha ocurrido un cambio en la manera como los seres humanos expresamos nuestras emociones. La
clera, la ira, la rabia con niveles altos de hostilidad y violencia son emociones muy comunes en la gente. Aunque no
hay estadsticas que sustenten la idea de que las personas de nuestro tiempo presenten ndices ms altos de rabia,
violencia y hostilidad, la mayora de los profesionales del rea de la salud mental concuerda que en realidad s se han
producido dichos cambios en la poblacin.

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Pudiera pensarse que este cambio en la manera de expresar las emociones est relacionado con los cambios que se han
producido en la sociedad en los ltimos aos. En este sentido, muchos orientadores creen que estamos viviendo la era
limtrofe en lo que se refiere al campo de la salud mental. La hostilidad exagerada y la dificultad en mantener relaciones
interpersonales bien pueden representar las caractersticas de esta poca dividida y superficial en que vivimos, donde las
personas le dan tan mal manejo a sus emociones. La destruccin de la familia nuclear, la drogadiccin y alcoholismo, el
divorcio y la movilidad geogrfica, entre otros, aparecen como los responsables en parte de los altos grados de rabia y
hostilidad que experimenta la poblacin al inicio del nuevo milenio.

Hay que impulsar un manejo adecuado de los sentimientos y emociones. La rabia debe ser utilizada de una manera
adaptativa y productiva. Pero si los seres humanos permitimos que la rabia exagerada y la hostilidad controlen nuestro
comportamiento, entonces el futuro de la sociedad se ver todava ms amenazado.

<b>Estrategias:</b> La rabia, como sentimiento, no es ni buena ni mala. Manejada apropiadamente puede ayudar al
ser humano a mantenerse saludable. Sin embargo, existe una amplia literatura cientfica que sostiene que los ndices
altos de rabia y hostilidad pueden comprometer la salud y el bienestar de los individuos. Altos ndices de rabia han sido
asociados con cardiopatas, trastornos de personalidad, impulsividad, drogadiccin y otros desrdenes tanto fsicos como
psicolgicos que impiden que el hombre desarrolle su potencial al mximo.

<b>Efectos de la rabia:</b> Junto a la clera la rabia es como una tormenta en el mar. Las olas continan mucho
despus que la tempestad se apacigua, porque la turbulencia de la rabia no puede aquietarse al instante. Asciende hasta
que la situacin tiene todo el drama de un enjambre de avispas que ataca. Esa excitacin que se experimenta con la rabia,
que hace hervir la sangre y hace que todo el organismo tienda a la destruccin de otros, se convierte al final en autodestruccin. Muchsima gente que sufre de esas explosiones de rabia, an despus de un largo rato de haber estallado,
siguen experimentando a nivel fsico y mental las consecuencias. Lo peor es que la trascendencia de la rabia en otras
personas puede durar mucho ms tiempo. El mal que se hace con esas manifestaciones es tan terrible que ha destrozado
matrimonios, aniquilado familias, echado a la ruina a empresas y provocado hasta crmenes horrorosos. El malestar
que viene despus de un estallido de rabia es tan depresivo que hace a la persona sufrir no
solamente por el agotamiento fsico, mental y espiritual, sino por el dao que ha hecho y por el
consiguiente complejo de culpa que siente. Si usted se acostumbra a la rabia, despus no podr
controlar sus emociones y har dao a mucha gente y a usted mismo. En las etapas avanzadas,
esta "adiccin" a la rabia puede ser casi tan difcil de curar como el alcoholismo y algunas
formas de drogadiccin. La rabia es auto-veneno y tambin hiere profundamente a los dems
convirtindolos en enemigos. A la vez, despierta la ira de esas personas en contra suya. La
rabia engendra rabia!

Entonces, qu hacer con ella? Pues, tome conciencia que enferma y produce graves problemas
en uno y en los dems. Sneca dijo, "el mejor remedio para la ira es la dilacin." Thomas
Jefferson sugiri: "cuando ests enojado, cuenta hasta cien antes de hablar." Estos consejos
viejos y gastados han resistido la prueba de uso frecuente y funcionan! Hay que recordar lo
triste y lamentable de las consecuencias de la ira. La idea es dar tiempo y pensar para entonces
hablar, actuar, escribir o intentar corregir defectos en otras personas. Es interesante observar
cmo se acta de manera tan diferente despus de unas horas de que sucedi el hecho que
tanto le molest.

Acostmbrese a hablar con suavidad; mejore sus ademanes y gestos. Trate de tener el hbito
de la delicadeza en el trato. En la medida en que pueda, controle mejor sus mpetus y
manifistese siempre pacfico y tranquilo. Debe proponerse hacer el esfuerzo para lograrlo.

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Entregue a Jess aquello que le molesta. Tranquilcese; mantngase ms sereno y equilibrado.


Trate de tomar la vida con ms calma. Confe y entrguele al Seor ese sentimiento del que
quiere liberarse. Quien vive en Dios lo puede todo. Con el Seor las cosas marchan mejor. No
olvide: CON DIOS, SOMOS . . . INVENCIBLES!

<B>EL SENTIMIENTO DE LA IRA: </b>(Ef 4, 23-26; Jn 2, 14-16;


Les invito a reflexionar sobre la ira, que juega un papel importante en nuestras relaciones. Cuando no somos
seores de ella, cuando no tenemos la vigilancia necesaria de nuestras reacciones emocionales o no
perdonamos, nos descontrolamos. Si no somos conscientes de nuestros sentimientos o no los trabajamos,
podemos comportarnos inconscientemente de modo injusto y destructivo, pues actuamos por instinto. Los
sentimientos tienen influencia profunda sobre nuestras ideas, opiniones, acciones y, en general, sobre nuestro
cuerpo y nuestro comportamiento. Podemos enojarnos, pero sin pecar. Por principio y de suyo la ira no es
mala, pues todos tenemos el justo derecho de tomar represalia por las ofensas, <b>segn la recta razn y la
ley general</b>. Mientras el hombre se atenga al dictamen de la razn y obre de acuerdo con las exigencias
de la naturaleza, la ira es un acto digno de alabanza; es un deber del que la ley puede pedir cuentas. Por eso,
pudo decir san Juan Crisstomo: "Quien con causa no se ara, peca. Porque la paciencia irracional siembra
vicios, fomenta la negligencia, y no slo a los malos sino tambin a los buenos los invita al mal". Slo
cuando se excede la medida racional, o cuando no se llegue al justo medio, la ira o la no ira, son pecado. No
se puede decir que una persona airada est pecando, ya que su acto de ira puede responder en proporcin
justa, a la medida racional que la ira por celo est reclamando de l, pues al centrarse la ira en la venganza, si
el fin de la venganza es recto, la ira es buena.
<b>Las primeras comunidades:</b> Los cristianos de la primera comunidad apostlica se amaban y se
trataban mutuamente como hermanos (cf. Hech 2,42-47). Con el paso del tiempo, las comunidades fueron
creciendo en tamao y en nmero y fueron creciendo las diferencias personales (cf. 1Cor 11, 17-22).
Incluso, se hizo ms difcil recordar que ser cristiano supona fuertes exigencias en las relaciones personales.
No basta con haber recibido el bautismo, con rezar y participar en la celebracin de la Eucarista. Los
cristianos tenan que vivir su fe en el contacto con el hermano, en sus relaciones de cada da, que se fueron
cargando de conflictos. Avanzando el tiempo las comunidades empezaron a tener fuertes dificultades en las
relaciones, a caer en la mediocridad, y destruir as la vida comunitaria.
<b>Tratando de comprender la ira.</b> La ira, en su esencia ntima, es una sed tan viva de venganza,
correspondiente a una injuria recibida, cuya satisfaccin se logra con la venganza. Es tan poderosa que
resulta repulsiva tanto para quien lo experimenta en s mismo como para quien la advierte en otro. Como
afecta a las relaciones humanas, hasta hacernos capaces de odiar, ha suscitado ms debates que ninguna otra
emocin. Muchos catlicos haban credo que el sentimiento de ira era en s mismo pecaminoso. Ha tenido
que pasar mucho tiempo hasta descubrir que es una emocin humana normal, regalo de Dios para la
supervivencia fsica y psicolgica.
La Carta a los Efesio, cuando afirma: <i>Si se aran, no pequen; </i>no se ponga el sol mientras estn
airadosToda acritud, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, desaparezca de entre ustedes (Ef
4,26.31), entiende que no es el <i>sentimiento </i> de la ira lo que es malo, sino la conducta perjudicial o
culpable que dimana de l. Cmo es posible airarse sin pecar? Si encontramos expresiones de ira en la vida
de Jess, quiere decir que esta no es pecado, sino un estado emocional normal. Cuando a uno le pisan el pie,
brinca. En ese caso la ira es un sentimiento normal, con ciertos lmites. Se entiende que la gente tiene
sentimientos de ira. Pero esos sentimientos no deben llevarnos a una conducta injuriosa. El sentimiento es
una cosa y su expresin externa es otra. No podemos controlar los sentimientos, pero s podemos controlar
su reaccin. Una cosa es sentir ira y otra mostrarla en la conducta. Tener ira no es pecado, mientras sea
aislada y se eviten las conductas que sean perjudiciales para la vida familiar. De todos modos, la ira es un
sentimiento difcil de controlar.
<b>Sentir no es consentir:</b> Lo primero que tenemos que hacer es distinguir el sentimiento de ira del
pecado de la ira. Nos ensean la psicologa y el Catecismo de la Iglesia Catlica que <b>sentir</b> no es lo
mismo que <b>consentir</b>, y que los sentimientos en s mismos, no son ni buenos ni malos, son
amorales, no son pecado. Dice el Catedcismo que el trmino pasiones designa los afectos y los
sentimientos. Ejemplos eminentes de pasiones son el amor y el odio, el deseo y el temor, la alegra, la

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tristeza y la ira. En s mismas, las pasiones no son buenas ni malas. Las emociones y sentimientos pueden
ser asumidos por las virtudes, o pervertidos en los vicios. (CaIC 1767-1774).
En segundo lugar, el sentimiento de ira surge cuando lo que la persona espera, necesita o desea no es
alcanzado. Por eso, si no hay deseo no hay ira. As, si yo espero que mis hijos se porten siempre bien, hagan
la tarea sin protestar, y mantengan sus cuartos en orden, si esto no sucede me voy a frustrar. El sentimiento
de la ira es una reaccin a mi frustracin, porque las cosas no suceden como yo quisiera que fueran.
<b>Testimonio de la Escritura:</b> En los Evangelios encontramos el testimonio de que Jess se enoj
contra los mercaderes en el templo de Jerusaln (Juan 2,13-16); cuando los fariseos quisieron ridiculizarlo
por curar en el da sbado, Jess <i>pase sobre ellos su mirada enojado y apenado por su ceguera</i>
(Mc 3,5); cuando los discpulos reprendan a los nios para que nos se le acercaran <i>Jess se enfad y
les dijo: Dejen que los nios vengan a m</i> (Mc 9,13-14).

<b>Sentimiento normal</b>: Cristo se air porque haban convertido la casa de Dios en cueva de ladrones.
Cuando vinieron los nios a El y los apstoles no los dejaron acercarse, el Seor se enoj. Esta es la ira
normal, reaccin normal del celo por la gloria de Dios ultrajada. La ira normal no lleva nunca a la agresin.

<b>Sentimiento anormal</b>: Hay otro grado al cual puede llegar la ira que es lo que llamamos "la rabia",
la furia. Ese es un grado muy grande de ira que puede llevar, y ordinariamente lleva, a la agresin de palabra
o de obra; la rabia es una forma muy fuerte de ira. Es terrible y lleva a la violencia, a la agresin.

No hay que confundir <b>ira</b> con <b>rabia,</b> con <b>resentimiento</b>. En el


<b>resentimiento</b> hay su parte de ira tambin, que la persona va almacenando, pensando en lo que le
hicieron lo va guardando. Por eso se llama resentimiento, que significa <b>volver a sentir</b>. Esta ira va
destruyendo a la persona que la siente, no al que caus el resentimiento, que a veces ni se entera que hizo
calentar al otro. La ira destruye, si llega a convertirse en odio, cuyo proceso final es el resentimiento, que es
una ira congelada. La ira se puede convertir en una adicin. Cundo se puede decir que una persona es
adicta a la ira? Cuando no tiene control sobre la ira y sta es algo crnico, compulsivo.

<b>Elemento de crecimiento personal:</b> La ira es un elemento fundamental de crecimiento personal.


Puede ser un enemigo que arruine nuestras relaciones y destruya familias y comunidades o puede hacerse
presente como un amigo. Ser como una especie de faro para nuestro conocimiento y una fuente de energa
para la accin. Clarificar nuestras necesidades ms profundas y conocer nuestras barreras nos sita en la
posicin de asumir las riendas de nuestra ira, en vez de que ella lo asuma sobre nosotros.

<b>Ms importante que cualquier sacrificio:</b> La Escritura nos introduce en las lneas maestras de la
vida de los seguidores de Jess en cuanto a las relaciones. La esencia de estas lneas de conducta es el amor.
Los sinpticos presentan el mandamiento del amor dentro de un contexto de conflicto. Jess ha llegado a
Jerusaln. El jefe del sanedrn, los escribas y los ancianos han puesto en duda su autoridad. Cuando Jess
contina enseando, ellos se ponen furiosos y quieren detenerlo; algunos fariseos y saduceos se renen e
inventan unas preguntas para ponerle una trampa. As, con ese teln de fondo, rodeado de enemigos y de
trampas, puesto a prueba y atacado, Mateo, Marcos y Lucas presentan a Jess hablando del amor (cf. Mc
12,28-34//). Ensendonos as que la mansedumbre y la misericordia moderan la ira, el odio.

El conflicto no nos exime del amor. La ira contra el prjimo no nos exime del ms grande de los
mandamientos. Ms an, el momento de la ira es el momento de responder con amor. Nos llama a abordar el

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conflicto con la actitud y conducta de los que viven a Jess, de los que creen que amar al prjimo <i>vale
ms que todos los holocaustos y sacrificios</i> (Mc 12,33). Incluso cuando alguien nos ha atacado, nos ha
engaado, ha sido hostil con nosotros, nuestra respuesta es dejarnos guiar por el amor. Y esto no significa
negar nuestra ira, sino enfrentar nuestra ira, a la persona contra quien nos airamos con un comportamiento en
armona con el amor evanglico: honradez, respeto y sobre todo disposicin para el perdn.

Jess, en medio de la oposicin, peleando con sus amigos y con sus enemigos, habla del amor. Nos habla de
un Padre que perdona, que acoge entre sus brazos al hijo que le ha ofendido; habla del pastor cansado que
sale en busca de una sola oveja perdida; de una mujer sorprendida en adulterio que experimenta su acogida
en vez de su lapidacin; de un criminal que muere saborendola misericordia y el perdn. Estas historias nos
dicen que no podemos tener vida sin conflictos y que el conflicto nos ofrece la oportunidad de recuperar
algo que hemos perdido, la oportunidad de la curacin, de dar la vuelta a nuestras vidas, la oportunidad de
regresar a nuestra casa, la casa del Padre.

<b>Ejercicio 5: deshacer percepciones negativas: </b> Respira pausada

y profundamente, viendo el aire que entra y sale de tus pulmones.


Imagnate que vas de camino a una importante reunin y te
encuentras con un embotellamiento de trfico.
Comienzas a preocuparte, sientes que te viene dolor de cabeza, que
tienes los hombros tensos, y piensas en las peores consecuencias de
tu retraso.
Ahora, imagina durante unos minutos que ests all en tu asiento
como un manojo de nervios y te das cuenta que tu ansiedad no hace
avanzar ms de prisa el carro que tienes delante ni el tuyo, ni el que
tienes detrs.
Inspira hondo y sueltas un suspiro. Te dices: reljate. Sientes
cierto alivio.
Decides que cuando llegues a la reunin sencillamente explicars lo
que te ha sucedido.
Sintonizas tu emisora de msica relajante, favorita.
Te recuerdas de nuevo que tienes una opcin en la forma de
reaccionar ante esa situacin y vuelves a afirmar que puedes
relajarte.
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Haces otra inspiracin honda. Te echas hacia atrs en el siento,


respiras profundamente y disfrutas de la oportunidad de estar a
solas.
Acabas de hacer un cambio fundamental: de sentirte pequeo,
limitado y desvalido ya has pasado a identificarte con el <i>yo
</i>central y esencial, que es la fuente de tu poder personal.
<B>LA AMARGURA: </b>

(Hebr 12,14; Ef 4,31-32; Gal

5,19-21)
Cuando una persona no irradia felicidad ni goza de una actitud sana, probablemente se deba a que no ha
sabido rodear su existencia, su personalidad de aspectos positivos; cuando revivimos un recuerdo negativo,
llevando cuenta de ofensas que se nos han causado, el recuerdo se convierte en amargura que entristece
nuestra existencia. No importa si la causa del rencor sea real o imaginada, su veneno nos carcome poco a
poco hasta que se derrama sobre todo lo que nos rodea y lo corroe. Pienso que todos hemos conocido
personas amargadas. Tienen una memoria extraordinaria para los ms insignificantes detalles negativos, se
consumen en quejas y se ahogan en resentimientos. Llevan cuenta minuciosa de las ofensas sufridas, y
siempre estn listos para demostrar a los dems cunto han sido ofendidos. Por fuera aparentan tranquilos y
serenos, pero por dentro revientan por su amargura reprimida. La amargura afecta todos nuestros
sentimientos, acciones haciendo infeliz, atormentada y resentida a la persona amargada.

<b>Naturaleza de la amargura: </b>La amargura habla de alguien que carga sobre sus hombros
caractersticas dainas, no solo para su desarrollo emocional sino para aquellos que le rodean. En cada ser
humano hay unas cuotas razonables de amargura provocada por muy diversas circunstancias. Podemos decir
que es casi connatural a la persona esa falta de dulzura por las cosas de la vida. Lo que nos debe preocupar
es que la amargura se convierta en un sentimiento constante en el da. La amargura es una herida en el alma
que va ms all de los malos momentos que nos hayan hecho pasar, o de las maldades que hayamos
cometido. La amargura es la victoria del mal, que quita la alegra de vivir, son esos sentimientos mal
encauzados que te encierran en ti mismo. Para la persona amargada no existe el pasado, ni el presente, ni el
futuro, solo existe esa falta de ilusin que tienen los que estn muertos en vida, pues la amargura destruye y
mata el espritu humano.

Las personas constantemente amargadas defienden su indignacin. Sienten que el hecho de haber sido
heridas tan profundamente les exime de la obligacin de perdonar. Pero son precisamente estas personas las
que ms necesitan perdonar. A veces tienen el corazn tan lleno de rencor que no les queda capacidad para
amar. La amargura los debilita y los mantiene atados, presos en su propia crcel.

La persona amargada se aferra a rencores contra personas, cosas o acontecimientos con efectos desastrosos
para el cuerpo y para el alma. La amargura abre las puertas al mal, debilita ante los pensamientos homicidas
que surgen y quita todo poder a la oracin. Por eso Cristo nos pide resolver nuestra diferencias con los
dems antes de presentar nuestra ofrenda ante el altar (Mt 5,24). Podemos orar todo un da, pero si
guardamos rencores, la puerta de Dios permanecer cerrada. La amargura no es slo una perspectiva
negativa de la vida, es un pecado. Destruye el alma y es capaz de destruir tambin el cuerpo. Sabemos que la
tensin nerviosa puede causar lceras, jaquecas e insomnio. La investigacin mdica ha demostrado que hay
conexin entre un enojo no resuelto y los ataques al corazn; parece que las personas que reprimen su
resentimiento son ms susceptibles que aquellas que pueden desahogarse, que dan rienda suelta a sus
emociones.

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Cuando una ofensa, una traicin o una defraudacin se enquistan en el corazn humano, afectan en forma
negativa los sentimientos, pensamientos y acciones, transformando al enfermo en una persona infeliz,
resentida y atormentada. Nadie puede ser feliz o tener paz si su corazn est preso por una amargura.

<b>La Escritura: </b>La Palabra de Dios ensea que la amargura es enemigo de la paz, y que es muy
peligrosa cuando hecha raz en el corazn. Una persona amargada es peligrosa y envenena a las personas
que estn junto a ella. En efecto, han surgido enemistades entre parientes y amigos de un amargado,
distancindose llenos de resentimientos y hasta de odio. Contaminan a las personas que simpatizan con el
resentido y amargado.

La carta a los Hebreos deja bien claro que la amargura es enemiga de la paz, muy peligrosa y se convierte en
una verdadera epidemia cuando echa races en el corazn: <i>Hagan todo esfuerzo para vivir en paz con
todos. Pongan cuidado en que no brote ninguna raz de amargura y por ella llegue a inficionarse la
comunidad</i> (Hebr 12,15). En efecto, una persona amargada envenena a las personas que estn con ella,
llenndolas de resentimiento y hasta de odio y hasta haciendo surgir enemistades entre sus mismos parientes
y amigos. La amargura contamina hasta a los mismos que simpatizan con l. Una persona amargada
contamina toda una comunidad.

La carta a los Efesios buscando aliviar a quienes se dejan tomar por la amargura les dice: "echen fuera de
ustedes la amargura, las pasiones, el enojo, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Perdnense
mutuamente como Dios les perdon en Cristo" (Efesios 4, 31-32).

<b>Algunos hechos: </b>La amargura es un veneno que destruye las relaciones entre las personas y
contamina el trato, creando discordia, celos, iras, odios, rencillas, divisiones. Por eso el remedio contra la
amargura es el perdn, el olvido de las ofensas, soportndose unos a otros por amor. Nadie puede ser feliz o
tener paz si su corazn est atormentado por alguna amargura.

Oigamos el siguiente caso: El marido se estaba muriendo, y la esposa permaneca endurecida e insensible
como una piedra. Ante los dems haba vivido una vida intachable. Era ordenada, meticulosa, trabajadora,
honrada, capaz y confiable, pero no poda amar. Luego de meses de lucha, la causa de su frialdad qued
aclarada: era incapaz de perdonar. Ella no tena agravios de gran magnitud, pero estaba doblegada bajo el
peso colectivo de mil rencores pequeos.

Otro caso: era una mujer joven de quien su to haba abusado sexualmente. Aunque era, sin duda, la vctima
inocente de un depravado, su desdicha pareca ser, por lo menos en parte, auto-perpetuada. No quera ni
poda juntar la fortaleza interior necesaria para perdonar. Amordazada durante aos por el temor de
exponerse, y por el alcoholismo que su atormentador mantena con regalos diarios de vodka, esta pobre
mujer estaba desesperada. Se le haba brindado terapia psiquitrica intensiva y no le faltaban comodidades
materiales. Tena buen empleo y un crculo de amigos que la apoyaban; no se haban escatimado esfuerzos
para ayudarle a restablecerse. A pesar de todo, sus emociones oscilaban desde la risa nerviosa hasta el llanto
inconsolable. Se llenaba de comida un da, y al otro da ayunaba y se purgaba. Beba botella tras botella. Era
una persona difcil de ayudar. Slo ella poda iniciar el proceso de su curacin. Pero todo consejo pareca
intil. Enfurecida y confundida, se sumi cada vez ms profundamente en la desesperacin hasta que,
finalmente, tuvo que ser hospitalizada porque haba tratado de estrangularse. Las heridas que causa el abuso

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sexual necesitan aos para sanar; en muchos casos dejan cicatrices permanentes. Sin embargo, pueden
concluir en una vida atormentada o en el suicidio. De todos modos, hay personas que han encontrado la
libertad y una nueva vida, una vez pudieron perdonar. Esto no significa resignarse u olvidar lo ocurrido.
Significa que se debe tomar una decisin consciente de dejar de odiar, porque el odio no ayuda nunca. Como
un cncer, el odio se extiende a travs del alma hasta destruirla por completo.

Por otro lado, existe a un alto nivel la amargura, esa que vive en aquellos que parecen no apreciar la belleza
de la vida y que enfrascados en su frustracin personal les impide valorar en su justa dimensin a los dems.
Es una actitud malsana, que hace desconocer lo importante de irradiar alegra y tranquilidad espiritual aun en
los momentos ms difciles de la existencia, que hace personas inseguras y solitarias.

Cuando revivimos perpetuamente un recuerdo negativo, llevando cuenta de las ofensas que se nos han
causado, el recuerdo se convierte en rencor. No importa si la causa del rencor es real o imaginada, su veneno
nos carcome poco a poco hasta que se derrama y corroe todo lo que nos rodea.

El amargado tiene una memoria extraordinaria para los ms insignificantes detalles. Se consume quejndose
y se ahoga en resentimientos. Lleva cuenta minuciosa de las ofensas sufridas, y siempre estn listos para
demostrar a los dems cunto han sido ofendidos. Puede que por fuera aparenten tranquilos y serenos, pero
por dentro revientan por un odio reprimido. A veces tienen el corazn tan lleno de rencor que ya no hay
capacidad para amar.

<b>Tarea para el amargado:</b> Detecta qu es lo que produce en ti la amargura. Desde cundo te


sientes as. Orar con oracin de perdn. Buscar ayuda externa para que te puedan explicar con
objetividad la situacin que ha motivado la amargura. Busca situaciones que te hagan superar la
amargura.

<b>

LA DEPRESIN: </b>Les invito a una reflexin sobre la depresin, enfermedad que tambin
nosotros podemos adquirir al dar cabida a pensamientos y sentimientos negativos obsesivos, a relaciones
difciles con los padres, con la pareja, con otras personas, y en general, a incapacidad de perdonar, y de sacar
de nuestra mente ciertas ideas y sentimientos contra otras personas, contra la vida, contra Dios,
hundindonos en una tristeza permanente y en tedio por la vida. En este trabajo seguir de cerca la XVIII
conferencia Internacional celebrada en Roma sobre La depresin. Hoy se afirma que la ms grave
enfermedad de nuestro tiempo no es el cncer, ni la malaria, ni el sida, ni siquiera el hambre que asola a
multitudes inmensas en el llamado tercer mundo. La ms grave enfermedad del mundo contemporneo es
la prdida del gusto por la vida. Y no puede ser de otro, afirm el cardenal Paul Poupard en su charla
sobre <i>Las ideas depresivas del mundo contemporneo</i>, cuando se ha estrangulado la vida humana
en la verdad misma de su ser. En efecto: convertido <b>el trabajo</b> en mero instrumento del dinero que
la <i>polilla y la herrumbre corroen</i>; <b>el amor</b> y la amistad aniquilados en la soledad que
convierte al otro en puro <i>objeto</i> de inters egosta; y reducido <b>el deseo de infinito</b> al
instante, que <i>hoy es y maana es arrojado al fuego</i>; en un mundo as, cmo podr nadie liberarse
de la depresin en cualquiera de sus formas? La difusin de la depresin constituye un fenmeno que
preocupa, y mucho, a la Iglesia. Por eso, a quienes se encuentran afligidos por este enfermedad, el Papa les
propone profundizar en su vida espiritual para descubrir el amor de Dios y superar as ese estado de falta de
nimo. La vivencia de la fe proporciona puntos de referencia slidos para edificar sobre ellos una
personalidad madura e integrada. La receta del Pontfice para superar la depresin est en coincidencia con
los consejos de psiquiatras y psiclogos.
<b>Realizacin: </b>El Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, presidido por el cardenal Javier
Lozano Barragn, convoc en el Vaticano, del 13 al 15 de noviembre del 2003, la XVIII Conferencia
Internacional sobre "La depresin". El tema interesa no solo a mdicos sino a la sociedad en general y

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tambin a la Iglesia. Para afrontar esa enfermedad y buscar soluciones congreg al fin de semana a 600
mdicos, laicos comprometidos y hombres de Iglesia. En la actualidad hay en el mundo ms de 340 millones
de personas que padecen depresin, y, en el ao un milln de personas se quitan la vida.
Juan Pablo II en su intervencin, a todos los asistentes, precis: Se manifiestan fragilidades humanas,
psicolgicas y espirituales, que al menos en parte son inducidas por la sociedad. Ante esta situacin, el
Papa seal proponer nuevos caminos para que cada uno pueda construir la propia personalidad,
<b>cultivando la vida espiritual</b>, fundamento de una existencia madura. De hecho, afirm, la
depresin es siempre una prueba espiritual. A las personas que dejan de percibir el sentido de la vida, el
obispo de Roma les recomend la meditacin de los Salmos en los que el autor sagrado expresa en oracin
sus alegras y angustias, el rezo del Rosario y la participacin en la Eucarista -manantial de paz interior-.
El Papa recuerda a los enfermos de depresin que en su amor infinito, Dios est siempre cerca de los que
sufren. En este sentido, aadi: La enfermedad depresiva puede ser un camino para descubrir otros
aspectos de uno mismo y nuevas formas de encuentro con Dios.

<b>Naturaleza de la depresin:</b> La depresin, el ms frecuente de todos los trastornos mentales, es un


estado emocional de abatimiento, tristeza, sentimiento de indignidad, de inutilidad, de culpa, indefensin y
desesperanza profundos. La misma lleva al que la siente, a la soledad, la prdida de motivacin, el retraso
motor y la fatiga. Puede llegar incluso a convertirse en un trastorno psictico donde el individuo se queda
completamente incapacitado para actuar en forma normal en su vida de relacin. A diferencia de la tristeza
normal, o la del duelo, que sigue a la prdida de un ser querido, la depresin daina es una tristeza sin razn
aparente que la justifique, y adems grave y persistente. Puede aparecer acompaada de varios sntomas,
incluidas las perturbaciones del sueo y de la comida, la prdida de iniciativa, el auto castigo, el abandono,
la inactividad y la incapacidad para el placer. Las personas deprimidas se consideran desgraciadas,
frustradas, humilladas, rechazadas o castigadas. Miran el futuro sin esperanza.

La "depresin" se ha convertido hoy en una enfermedad familiar, corriente. Ms all de sus sntomas
clnicos, que permiten el diagnstico mdico, la depresin se presenta como <b>un padecimiento del
alma</b>, que atenaza a quien lo sufre. Cada vez son ms las personas que, en algn momento de su vida,
han sucumbido ante esa enfermedad, donde la vida aparece cargada de tedio, de aburrimiento, de hasto. La
cultura dominante hoy, ciertamente, es un terreno ms que favorable a la depresin, que contamina toda
verdadera ilusin tratando de destruirla, hasta en los ms jvenes. Desvinculada del otro, encerrada en su
mortal soledad, aislada del verdadero amor, sin sentido alguno en la vida, cmo va a subsistir la actual
sociedad?

La vctima de la depresin deseara, tal vez, arrinconarse en una esquina y dejarse morir. La persona, cautiva
por esta dolencia, expande su pesimismo sobre todo, especialmente sobre el futuro, ms temido que
esperado. Las consecuencias que acarrea para el enfermo pueden ser varias: baja laboral, problemas
familiares e, incluso el suicidio. La depresin afecta en general a mujeres, hombres y, ltimamente, a los
nios por pertenecer a esta sociedad donde el placer es su centro y el divorcio ha destruido a la familia,
cayendo las consecuencias especialmente sobre los nios, que viven sin padre o sin madre. La tristeza y la
pesadumbre y los cambios de humor es algo comn, son niveles "normales" hoy, especialmente en los hijos
e hijas de divorciados. Pero los sntomas de la depresin grave son: estar deprimido casi todo el da, casi
todos los das; no sentir inters por la mayora de las actividades ni placer al hacerlas; padecer cambios de
hbitos en la comida y el sueo; estar nervioso, perezoso o cansado; sentirse intil o culpable; tener
problemas de concentracin; y pensar constantemente en la muerte o el suicidio.

<b>Causas:</b> Adems de las ya enunciadas, hay que destacar hoy el influjo de los factores ambientales presentes en
la cultura que nos envuelve. Una cultura demasiado liviana, demasiado vaca de valores, demasiado hurfana de
referencias que, lejos de aligerar la vida del hombre, tantas veces la sobrecarga de temor y de tensin. En esta sociedad
de la comunicacin y de la abundancia, de la competitividad, la lucha y la violencia, el ser humano amanece solo y
confundido, tal vez acompaado nicamente por su pobreza, saturado de desengao y frustraciones, sumergido en la

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inutilidad de la nada. El Papa, en el discurso a los participantes en la Conferencia, llamaba la atencin sobre este influjo
pernicioso de la sociedad: "Es importante ser conscientes de las repercusiones que tienen <b>los mensajes transmitidos
por los medios de comunicacin</b> <b>sobre las personas</b>, al exaltar el consumismo, la satisfaccin inmediata
de los deseos, la carrera hacia un bienestar material cada vez mayor. Es necesario proponer nuevas vas, para que cada
uno pueda construir la propia personalidad, <b>cultivando la vida espiritual</b>, fundamento de una existencia
madura".
<b>Terapia:</b> Es preciso conocer y aceptar la enfermedad, dejndose ayudar para salir de ella. En medio del
archipilago de islas incomunicadas en que se van convirtiendo nuestras personas, nuestras ciudades, no siempre es fcil
encontrar el apoyo del otro, de la familia, de los amigos. Junto a la insustituible labor de los mdicos, no debe faltar la
cercana personal. La comprensin, la compaa, la escucha. El saberse amado, vale ms que todos los tratamientos, aun
cuando estos sean necesarios. El Santo Padre afirma: es importante tender la mano a los enfermos, hacerles percibir la
ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida en la que se sientan acogidos, comprendidos, sostenidos,
dignos de amar y de ser amados". La fe cristiana es un buen antdoto contra la depresin. No es un frmaco ms, sino
una ayuda importante. La fe nace del amor y, por consiguiente, genera confianza. Infunde la conviccin de que el
hombre es siempre amado por Dios; de que el mundo no es hostil, pues ha salido de sus manos; de que el otro no es un
enemigo, sino un hermano. Aun en medio del sufrimiento, ocasionado por la enfermedad, que no hemos de entender
como un castigo, la vivencia de la fe brinda motivos de esperanza, y proporciona puntos de referencia slidos para
edificar sobre ellos una personalidad madura e integrada. La Iglesia, y la sociedad en su conjunto, no pueden desatender
este problema. Ms all del tedio de la vida, frente a la desesperanza, est la serena certeza de que Dios nos ama. Uno de
los psiquiatra asistentes, Enrique Rojas, deca: Yo creo que el mal del siglo XXI ya lo tenemos delante: hemos pasado
de la era de la ansiedad a la era de la depresin y del desamor. Est claro que el antdoto a esa nada que corroe a la
cultura dominante, est justamente en ese imprescindible amor que el mundo se empea en ignorar dndole la espalda,
como si se tratase de un ilusorio sueo: La alegra es la primera y la ltima palabra del Evangelio, afirmaba ya el poeta
convertido, Paul Claudel.

<b>Recomendaciones y propuestas de la Conferencia Internacional:: </b>* Para salir de la depresin el hombre


tiene necesidad de volver a encontrar los valores y un sentido a su existencia. La resurreccin de Cristo constituye el
desemboque definitivo de la victoria contra la depresin.
* Volver a encontrar la confianza en s mismo y en la vida pasa a travs de la pedagoga de <b>la esperanza
cristiana</b>, una esperanza que nos abre un futuro con Dios y que nos arraiga en el deseo de encontrar nuestra
felicidad con Cristo en la vida eterna, apoyndonos en la gracia del Espritu Santo.
* Para volver a crear un autntico vnculo social a partir de un cambio completo del comportamiento de cada hombre, es
necesario volver a valorar los principios de la moral, que son capaces de imprimir un profundo cambio en el espritu del
hombre deprimido para elevarle, restaurando al mismo tiempo tanto la persona como la sociedad. * El hombre que sufre
tiene siempre un puesto privilegiado en la antropologa bblica y en el mensaje cristiano. El deprimido no ha sido
olvidado por Dios, es ms, constituye el centro de su amor compasivo. De hecho, al comenzar su misin mesinica,
Jess afirma: Yo he venido para los enfermos..., entre los cuales se encuentran tambin los deprimidos. La vida
espiritual transforma esta promesa en contenidos concretos que ofrecen al creyente un apoyo espiritual para afrontar toda
enfermedad, incluida la depresin.
* Se afirma que la ausencia de puntos de referencia contribuye a hacer frgiles las personalidades, inducindolas a
considerar que todos los comportamientos son iguales. De aqu se deriva la importancia de recordar a la familia, a la
escuela, a los movimientos juveniles y a las asociaciones parroquiales su papel insustituible a causa de la incidencia que
estas realidades tienen en la formacin de la persona.
* Los medios de comunicacin son instrumentos de civilizacin que al proponer modelos de vida y caminos culturales
respetuosos de los valores de la vida, de la familia y de la sociedad, pueden ser de gran ayuda para convertir las actitudes
y tendencias individualistas y de muerte de la cultura postmoderna en comportamientos positivos, personales, altruistas y
solidarios a favor de la vida.

<b> CURACIN DE LOS SENTIMIENTOS NEGATIVOS :


</b>1Ts 5,23-24:
Despus de haber reflexionado sobre la misericordia del Padre, de Jess, vamos a reflexionar sobre un tema
fundamental para nuestra vida, y que brota de la misericordia de Dios, la curacin o sanacin de
<b>toda</b> la persona. En efecto, el odio, los rencores y otros sentimientos dainos, de los cuales ya
hemos hablado, son enfermedades del alma y del espritu con un gran poder para debilitar el vigor del
cuerpo con una cantidad de enfermedades, pero que se pueden sanar. El Seor Jess, al encarnarse, ha
querido venir a sanarnos de todas nuestras enfermedades y dolencias del cuerpo, del alma y del espritu.
Ordinariamente asociamos la curacin con mdicos, curanderos, medicamentos y otras ayudas. Pero, sin
dejar a un lado a stos, Jess asocia la curacin con la fe y el amor, y con la proclamacin de la Buena

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Nueva. Los tesoros de fe y amor, que el Seor ha puesto en nuestro corazn, crecen tanto ms cuanto ms se
comparten. Interesarnos por los que sufren, orar por los enfermos y con ellos, es un modo muy prctico de
proclamar nuestra fe y expresar nuestro amor, orando por los enfermos y con ellos.
<b>Antropologa bblica.: </b>La Biblia nos presenta al hombre como un ser esencialmente relacionado
con Dios, con sus semejantes y con toda la creacin. Y esto, porque el hombre es <i>relacin</i>, y la
calidad de su vida, su crecimiento, su xito o su fracaso, su felicidad o su frustracin depende de cmo viva
esas relaciones. Nuestro concepto del hombre, compuesto de cuerpo y alma, es de origen griego. Para la
Biblia el hombre es un ser compuesto de cuerpo, alma y espritu. Tres dimensiones que funcionan como un
todo: <i>que todo su ser, <b>cuerpo</b>, <b>alma</b> y <b>espritu</b>, se conserven sin mancha
hasta la venida de nuestro Seor Jesucristo</i> (1Ts 5,23). Veamos cada una:
<b>Las tres dimensiones esenciales del hombre: </b>- <b>Dimensin fsica:</b> el hombre tiene un
<i>cuerpo</i> material (soma) animado, visible, bien organizado, con sus peculiaridades, incluida su
debilidad y caducidad por ser un cuerpo material, pero que puede ser habitado por el ES, y destinado a la
resurreccin (cf. 1Cor 15, 39-44).
- <b>Dimensin psicolgica:</b> el hombre tiene, tambin, <i>alma</i> espiritual (psij), principio que
anima el cuerpo, dando al ser humano su dimensin psicolgica, con sus peculiares formas de expresin, tan
complejas y, a veces, tan desconcertantes.
- <b>Dimensin espiritual</b>: el hombre es, finalmente, <i>espritu</i> inmortal (pneuma), soporte
sobrenatural, que hace de l un ser inteligente, responsable, libre, semejante a Dios. El <i>corazn </i>se
considera como la sede por excelencia del espritu; por tanto, como el centro ms profundo de la persona, su
conciencia, donde se toman las decisiones, donde uno responde o resiste a la llamada de Dios. Forma la
parte sobrenatural del hombre, que le da capacidad de relacionarse con Dios. La calidad del corazn decide
el curso y la calidad de la vida de cada uno; el cuerpo, animado, bien organizado, con su vigor y su debilidad
est habitado por el alma y el espritu y destinado a la resurreccin.
Les invito a que aprendamos a hacer una terapia especial, para que podamos utilizarla en nuestras
enfermedades de cuerpo, alma y espritu. As como se da la helioterapia, tratamiento de sol, aprendamos a
hacer la pneumaterapia, tratamiento de ES. Vamos a exponernos al Sol espiritual que es el ES para que nos
regale una sanacin de todo nuestro ser: mente, espritu y cuerpo.
Jess se hizo hombre para sanar al hombre en su totalidad: en su espritu, su corazn, su mente, memoria y
afectividad, en su cuerpo, en sus relaciones con Dios y con los dems. Jess quiere sanar a todo el hombre,
al hombre en todos sus componentes. Es interesante el objetivo de la medicina holstica: no solo toma en
cuenta el rgano enfermo, sino a la persona entera, del griego holos= entero. No se contenta con sanar una
infeccin en la pierna, sino que toma en cuenta el resto del cuerpo, toda la persona. Por sanar la infeccin
podra prescribirse un medicamento demasiado fuerte que podra daar el corazn, el estmago.
As es que acta el ES. No quiere sanar la infeccin de un dedo sin sanar el corazn. Como el ES quiere
sanar a todo el hombre, necesitamos saber de qu est formado el hombre y qu debe ser sanado en l. La
Biblia nos presenta una visin del hombre, una antropologa sencilla, pero profunda, nos presenta al hombre
compuesto de tres dimensiones.
<b>Enfermedades, causas, remedios: </b>Es importante que conozcamos los diversos tipos de
enfermedad que aquejan al ser humano as como sus causas, y los remedios que el Seor ha puesto en
nuestras manos. Podemos distinguir varios tipos de enfermedad y sus posibles causas. Como remedios para
esas enfermedades encontramos un remedio natural, ms o menos eficaz; una ayuda de Dios para su
curacin, a travs de la oracin o intercesin; otras personas van tras poderes ocultos, obtenidos por medios
oscuros, abusando de la bendicin de Dios . En este caso la ruina es inevitable. Todo el que tenga fe y amor
puede orar pidiendo la curacin para s o para otros. Los Sacramentos son, as mismo, fuente de sanacin,
pues ah est Jess, para quien no hay ninguna enfermedad imposible de curar.
<b>Enfermedades psquicas o emocionales: </b>Su causa es el rechazo, la falta de amor, el fracaso en las
relaciones humanas, por odios, rencores, resentimientos. Una enfermedad terrible hoy es la incredulidad, que
es una atrofia mental. La Psiquiatra moderna intenta remediar este tipo de enfermedades. La intercesin o la
oracin por perdn, por sanacin de recuerdos, por sanacin interior va mucho ms all de la Psiquiatra.

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Los Sacramentos de la Eucarista y de la Reconciliacin, administrados en clima de amor y de fiesta,


contribuyen eficazmente a la sanacin.
<b>Enfermedades espirituales: </b>Su causa es el pecado o desorden espiritual: el rechazo del amor y
amistad de Dios, o de su plan de salvacin. Una enfermedad terrible del espritu es la idolatra, que consiste
en darle a la criatura el lugar del Creador: <i>habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni
le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazn se
entenebreci</i> (Rm 1,21). La insensats o necedad es la verdadera enfermedad de nuestro espritu. Hoy
se est difundiendo rapidsimamente otra enfermedad del espritu llamada supersticin o esoterismo. Para
superar esta enfermedad se necesita la conversin, que se puede impetrar del Seor. El Sacramento de la
Reconciliacin transforma al pecador arrepentido en hijo de Dios en gracia, y ayuda a preservar la salud
espiritual. Tambin los otros Sacramentos son fuente de salud espiritual
<b>Enfermedades fsicas: </b>Son causadas por infecciones, dieta inadecuada, desorden en las comidas o
bebidas, accidentes, stress, depresiones. La medicina moderna, acupuntura y otras, ha progresado con xito
controlando este tipo de enfermedades del cuerpo. La oracin hecha con fe y amor contribuyen a una ms
profunda y completa curacin. El Sacramento de la Uncin de los enfermos est ordenado a la sancin
corporal, lo mismo que los otros Sacramentos.
<b>Enfermedades psicosomticas: </b>Se dan, tambin, enfermedades fsicas debidas, principalmente, a
estados mentales o emocionales. Un odio, una depresin, rechazos, etc. producen cncer, asma y otros. Estas
enfermedades son campo especial para la Psiquiatra. La oracin con fe y amor y la oracin por sanacin de
recuerdos ayudan a remediarlas, lo mismo que los Sacramentos de la Eucarista y Reconciliacin.
<b>El Seor sana cualquier enfermedad: </b>El ES sana el corazn de hombres y mujeres, sana los
matrimonios, las parejas, sana a quien se lo pide, especialmente del desamor. Pero hay que pedirle este
regalo. Una pareja hablando con el sacerdote le deca: estbamos a punto de separarnos; habamos visto ya
tres veces a un abogado. Cada vez que entrbamos a su despacho discutamos muy fuerte. No podamos
soportarnos ms. Ya estaba listo el divorcio. Pero, un da me llev a un encuentro de oracin y all, no se
cmo, orando sent un fuego en mi corazn, que era de piedra. Sent que se estaba quebrando! Al regresar a
mi casa, despert a mi esposa, la abrac y le dije: sabes una cosa? Te amo, te amo. Ella me mir
desconcertada y me dijo: te has vuelto loco? Por mi parte, llev a mi esposa a un encuentro de oracin en el
Espritu y actualmente los dos amamos un grupo de oracin. Y agreg nuestro buen hombre: hoy tiemblo tan
slo pensar que estuve a punto de perder a mi esposa, a mis hijos y nietos que son mi alegra. Pude haberme
privado de ellos toda mi vida y el Seor, me regres todo, todo.
<b>Entregarnos a Jess: </b>El Seor nos ensea a hacer uso de todos los medios a nuestro alcance para
bien de los hombres. Jess entr en la sinagoga de Nazaret y dijo: <i>el Espritu del Seor est sobre m,
porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buen Nueva, a proclamar la liberacin a
los cautivos y dar vista a los ciegos, a dar libertad a los oprimidos y proclamar un ao de gracia del
Seor</i> (Lc 4,16-22). Dentro de m, de t hay un <i>pobre</i>, un <i>cautivo</i>, un <i>ciego</i>,
un <i>oprimido</i>. Jess me invita: coloca todo en mis manos amorosas para liberarte. Con Jess
Salvador en nosotros no es posible pensar en odios, venganzas, rencores; solo en perdn y en gracia. Pues el
Seor no tiene otra ley que la del amor; a travs de su Iglesia, de sus discpulos, de la oracin contina su
misin sanadora y liberadora, misin de amor, de perdn, de sanacin y liberacin.
Cada sanacin, sea del espritu, del alma o del cuerpo es una demostracin del Poder de Dios, que anuncia
La liberacin para su pueblo. Nuestra sociedad actual, cargada de tensiones y conflictos internos, el Seor
muestra su poder y su amor cada vez ms a travs de la sancin interior o exterior con la oracin en fe.

<B>NECESIDAD DEL PERDN EN NUESTRA VIDA: </b>Es tanta la importancia del perdn en
nuestra vida, que no son necesarios muchos discursos para comprender la imperiosa necesidad que tenemos
de l. Con slo ver el panorama mundial nos damos cuenta de la necesidad del perdn. Nadie est libre de
herir, de ofender, de recibir heridas, como resultado de frustraciones, decepciones, problemas, traiciones. Las
dificultades ocasionadas por la vida en sociedad aparecen por doquier: conflictos entre los esposos, en las
familias, entre las personas divorciadas, entre jefes y empleados en el trabajo, entre amigos, entre vecinos,
entre razas, entre naciones. Y todos tienen necesidad de perdonar para restablecer la paz y continuar
viviendo juntos en paz. En la celebracin de unas bodas de oro preguntaron a la pareja cul era el secreto de

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su longevidad conyugal. La esposa respondi: despus de una pelea, nunca nos hemos ido a dormir sin
pedirnos mutuamente perdn.

Intentemos imaginar cmo seran unas relaciones entre personas, en la familia, en nuestra vida personal sin
perdn. Las consecuencias seran gravsimas. Estaramos condenados a nunca poder librarnos de los daos
sufridos, a vivir siempre resentidos, a permanecer aferrados al pasado y a estar buscando la venganza.

No es esta una campaa publicitaria para vender un producto. Es cuestin de ver la realidad. En efecto, al
da son muchas las veces que necesitamos y que pedimos perdn. Cuando empujamos al vecino, cuando
tememos molestar a alguien, cuando interrumpimos una discusin. Las primeras palabras que aprendemos
en todas las lenguas son: perdn, gracias. Ellas constituyen los elementos bsicos del comportamiento
de las personas y de la vida social. Decir: perdone, adems de ser un valor evanglico, es salir de uno
mismo y demostrar respeto por la otra persona. En medio de tanta violencia, el perdn es una dimensin
vital para la supervivencia de la humanidad.

<b>Estilo de nuestra sociedad: </b>La violencia y la esclavitud del sexo se han apoderado de nuestra
sociedad. Hemos ido haciendo a un lado los modales de seoro y dominio de s mismo, y nos hemos dejado
tomar por maneras bruscas, grotescas y llenas de violencia. Dichas actitudes nos estn indicando que la
sociedad actual acta en forma dura, violenta. Quienes se gloran de ser buenos y justos desprecian a los
dems; actan como los escribas y fariseos del tiempo de Jess. l mismo nos habla de dos personajes,
fariseo y publicano, cuyos retratos abundan en nuestra sociedad, ms numeroso el primero. Los dos fueron al
templo a orar: el fariseo, cumplidor de la ley; y el publicano, un marginado, que se sabe pecador, injusto. El
fariseo slo se mira a s mismo. Su oracin es autosuficiente. No cree que debe algo a Dios. Desde su
perfeccin legal condena y desprecia al otro. El marginado se reconoce pecador, y ora pidiendo a Dios
misericordia. Uno se cree justo y lo expresa, el otro se cree pecador y lo expresa tambin. Uno es perdonado,
el otro sale del templo peor de lo que entr. Vivimos en un mundo, algunas de cuyas caractersticas son el
desamor, la dureza, la agresividad y la bsqueda de imagen. Hay que ser el primero, hay que mostrarlo y
estar firme cueste lo que cueste, y pese a quien pese. Es la dinmica del poder, carcomida por el sentimiento
de inseguridad, que lleva a comparar, juzgar y condenar a los dems, como un sistema sutil de autodefensa.

Pero el estilo de nuestra sociedad se ha ido endureciendo todava ms. Somos testigos hoy de una escalada
terrorista a nivel mundial. Tenemos como trasfondo en el paisaje de nuestra vida los dramticos
acontecimientos de aquel fatdico y demencial ataque contra las torres gemelas en Nueva York. Ese da se
produjo un duro despertar de la humanidad ante este cncer que es el terrorismo. Desde entonces, el mundo
entero ha tomado conciencia con nueva intensidad de la vulnerabilidad personal y social y ha comenzado a
mirar el futuro con un sentimiento profundo de miedo, hasta ahora desconocido. Ante esos estados de nimo,
la Iglesia desea dar testimonio de su esperanza, fundada en la conviccin de que el mal, la violencia, el
terrorismo no tienen la ltima palabra en los avatares humanos. La historia de la salvacin descrita en la
Sagrada Escritura proyecta una gran luz sobre toda la historia del mundo, mostrando que est siempre
acompaada por la solicitud diligente y misericordiosa de Dios, que conoce el modo de llegar a los
corazones ms endurecidos y sacar tambin buenos frutos en un terreno tan rido y estril.

Somos testigos tambin de otros acontecimientos sangrientos, de indecibles sufrimientos de pueblos enteros
y personas, causados por los totalitarismos nazi y comunista. Ellos nos interpelan ntimamente y animan
nuestra oracin. Muchas veces nos hemos detenido a pensar: cul es el camino que conduce al pleno
restablecimiento del orden moral y social, violado tan brbaramente? La conviccin a la que llegamos,
reflexionando y confrontndonos con la Revelacin bblica, es que se puede restablecer completamente el
orden quebrantado, si conjugamos la justicia con el perdn. Los pilares de la paz verdadera con la justicia y
el perdn.

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<b>Necesidad de perdonar y de ser perdonado:</b> hacemos nuestra la verdad que estamos ofreciendo a
los dems: es preciso recorrer el sendero penitencial, a partir de la necesidad de ser perdonados por Dios,
que solidarice <b>en la humildad</b> a todos los hombres. Como se ha perdido el sentido del pecado
resulta incomprensible, para nuestro mundo, que el perdn sea una necesidad existencial. Sin capacidad de
perdn, y de pedir perdn, la sociedad se corrompe por dentro y corre peligro de disolucin. Quien da
sentido a la conversin y personifica el perdn es Jesucristo. Su presentacin resuelve tantas bsquedas
intiles, desalienta tantos intentos fallidos de pacificacin social! La Iglesia, integrada por los bautizados
que no han renegado de su pertenencia <i>cordial</i> a ella, ofrece al mundo lo que tiene: <i>la
presentacin y celebracin de Jesucristo</i>, el Seor y Salvador, que nos regala la paz, pero no como la da
el mundo. El perdn es siempre un acto de esperanza, un renacimiento, que abre al hombre un nuevo futuro.
Solamente la fe puede seguir esperando que tambin el ofensor reconocer un da aquella imagen de Dios
que nadie puede eliminar del todo.
<b>Un testimonio consolador:</b> llegu virgen al matrimonio -deca una seora-, muy enamorada de
mi esposo, y cuando naci nuestra hija mi felicidad era completa. Sin embargo, mi pequea comenz a sufrir
bien pronto distintas dolencias y erupciones en su piel. Los remedios no tenan efecto definitivo y vivamos
angustiados sin saber qu hacer. Un da mi suegra dijo: mi nuera es una bella persona, pero nunca conoci
bien a mi hijo, muy mujeriego antes de casarse. Se realiz un examen de sida, y dio positivo, no solo en la
nia, sino en m y en mi esposo. Las palabras se borran si trato de revivir ese drama. Dios me ayud a
perdonar todo lo que he vivido, pero uno sigue inmune al dolor cuando recuerda. El herpes atac a mi hija
con tanta furia que le rompi la boca y la cara, y la morfina ya no le calmaba los terribles dolores. Muri y lo
ms cruel fue que un sacerdote se neg a hacerle la uncin de los enfermos cuando supo que tena sida. Fue
un golpe terrible a mi fe en Dios.
Otro sacerdote de buen corazn me recibi y me ayud a desprenderme de mi hija. Me dijo que recitara
despacio el Padre nuestro y cuando dijera hgase tu voluntad se la entregara al Seor. Empec 7 veces esa
oracin y siempre me frenaba al llegar a esa frmula. El me puso la mano sobre el hombro, termin la
oracin y sent un alivio inmenso. Comprend que al aceptar la voluntad del Padre, asuma la muerte de mi
hija y todo mi dolor, y dejaba atrs el odio y la amargura. Tambin perdon a mi esposo. Fue un
irresponsable, pero nunca con la intencin de hacerme dao ni a m ni a nuestra hija. Hoy Dios es todo para
m y comparto mi experiencia, que pueda ayudar a todos y les digo a los jvenes que elijan muy bien su
pareja y sean conscientes para que no sufran despus ni hagan sufrir.

<b>La primaca del Amor:</b> Tambin hoy, la muerte y resurreccin de Cristo, que nos liber con su
perdn, est generando hombres y mujeres santos, capaces de renovar sus estructuras y con ellas las de la
sociedad, hasta adecuarlas a los valores evanglicos. Sin contradecir el respeto a la legtima pluralidad, los
testigos del Evangelio podrn, ms an, debern emprender la delicada ciruga de separar el trigo de la
cizaa. Un evangelio que no impregne la vida, y los modos ordinarios de actuar no es el Evangelio de Jess.
La sociedad actual ha perdido la capacidad de reconocerse necesitada de perdn.

Juan Pablo II nos seal, tambin, que por s sola, <b>la justicia no basta</b>. Ms an, puede llegar a
negarse a s misma, si no se abre a la fuerza ms profunda que es el amor. Por eso, deca, he recordado
varias veces a los cristianos y a todas las personas de buena voluntad la necesidad del perdn para solucionar
los problemas, tanto de los individuos como de los pueblos. <b>No hay paz sin perdn!</b> Lo repito
tambin en esta circunstancia, teniendo concretamente ante los ojos la crisis que sigue arreciando en
Palestina y en Medio Oriente.

El cristiano sabe que <b>el amor</b> es el motivo por el cual Dios entra en relacin con el hombre. Por
eso el amor, a travs del perdn, es la forma ms alta y ms noble de relacin de los seres humanos entre s.
El perdn debe animar, pues, todos los mbitos de la vida humana, extendindose igualmente al orden
internacional. Slo una humanidad en la que reine <b>la civilizacin del amor</b> podr gozar de una
paz autntica y duradera, concluye el Papa.

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Necesitamos abrir nuestro ser al amor, a la comprensin, al perdn y cerrarlo a la dureza, a la violencia, a la
brusquedad. Quiero que mi medida sea la misma que usen conmigo: una medida de compasin, de bondad,
de misericordia ilimitada. Quiero entender a los otros y perdonarlos incondicionalmente. Quiero echar en el
agua del amor las brazas encendidas del odio y del resentimiento y abrir mi corazn en todo momento al
perdn. Que el amor del Seor me colme, me su humildad me vuelva misericordioso y me ayude a perdonar
siempre de corazn, haciendo aun lado las ofensas que leguen a mi vida.

<b> Ejercicio: 6: TRATATAR HERIDAS DE LA INFANCIA: </b>Cuando estamos haciendo


un trabajo sobre el perdn, puede suceder que descubramos en nuestro interior una herida antigua
que an sigue viva, aunque de manera inconsciente. Esta herida es capaz de bloquear nuestro
proceso de perdn. Por eso es necesario hacerla consciente y someterla a un proceso de curacin.
Un sacerdote psicoterapeuta nos propone hacer la siguiente

<B>MEDITACIN: </b><i>Adopta una postura cmoda, reljate. Durante varios minutos aparta de
ti toda posible distraccin, para ello respira profundamente y cntrate en tu proceso de respiracin. Inspira
despacio. Expira despacio y cntrate en el aire que entra y que sale.

Tmate tiempo para entrar en ti mismos, como has hecho en otros ejercicios de meditacin. Vuelve a la
situacin creada por la ofensa y revive lo que sucedi. Date tiempo para identificar la herida y nombrarla
con precisin.

Permanece en contracto con la emocin o el conjunto de emociones que emerge de ti. Despus a partir de
la emocin identificada o del complejo de emociones, vuelve a tu pasado como si pasaras una a una las
pginas de un lbum de recuerdos. Guiado por la misma emocin, deja emerger las imgenes, los recuerdos
o las palabras vinculadas a las diversas pocas de tu vida pasada.

Cuando te hayas remontado hasta el recuerdo ms lejano, concdete tiempo para volver a ver y a vivir la
escena. Qu edad tienes? quin est contigo? qu pasa?cmo reaccionas? qu decisin tomas
despus de este acontecimiento doloroso?

Recuerda el nio que eras. Cmo ests vestido? dnde est? cmo lo describiras? Observa lo que vive
como si estuviese ah, presente ante ti. Explcale todo lo que pas. Bendice la Seor por l y dale gracias.
Jess est tambin presente dndote su amor. Encauza el amor de Jess hacia la herida que tanto dao te
hace. Dile a Jess: unge, Seor esa herida con el leo de tu Espritu, con tu sangre amorosa. Y deja que
Jess realice esta uncin que es sancin.

Contina recorriendo a toda tu experiencia de adulto orante y empieza a hablar con Jess para que El te
tranquilice, llene de amor ese momento y vaya llenando todo tu ser de amor y de equilibrio. El te
tranquiliza. Entrgale a su amor, a su uncin, todo tu estado de nimo de aquel momento. Mira cmo l va
tomando todo tu ser herido. Te toma entre sus brazos y te llena de su amor y de su ternura.

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Si la herida fue ocasionada por una persona es el momento que ests con ella y ponla confiado junto aol
Seor. Qudate confiado junto a tu Seor mientras l te apacigua, siente su amor y la accin de su Espritu
de amor sobre tu compaero/a y sobre ti. Despus de un rato de estar junto a l, levntate, dale un abrazo,
y qudate sintiendo su amor, su ternura. Agradcele amorosamente el amor que te ha regalado y abraza
tambin ala persona que te ha herido. Perdnala.

Tmate tiempo para sentir la presencia del Seor, dejar en su manos tu herida para que l la vaya sanando.
Si consideras que tienes la suficiente4 confianza en tu Seor, pdele que empieces a perdonar a la persona
que te inflingi la herida. Si percibe resistencia, no te esfuerces y contina alabando a tu Seor por esa
persona. Confa en tu Seor y contina alabndole y sintiendo que su presencia amorosa te arropa a ti y a ti
y a la persona que te ha herido. Deja que tu vida se llene del amor que el Seor te est entregando.

Antes de separarte del Seor, agradcele, djate llenar de su amor, tranquilidad, serenidad, equilibrio.
Acabas de dar un gran paso, que tienes que repetir varias veces, por el camino de la sanacin y de tu
perdn emocional.

</i>

<B>EL PERDN ALIVIA TRANSTORNOS FSICOS: </b>La vida no es fcil para nadie, si bien
algunos tenemos pruebas menos fuertes que otros. Ante acontecimientos difciles, muchos de nosotros nos
aferramos al dolor, a la rabia, la ira, al resentimiento; sin darnos cuenta que esos sentimientos son como
cncer que corroe nuestra alma y nuestra vitalidad. Quin no ha sentido la punzada de la traicin, un trato
injusto o algo ms gravoso? Muchos nos aferramos a la rabia y al dolor que nos causa, pero otros
<b>deciden</b> no hacerlo. Las investigaciones ms recientes muestran que aprender a perdonar puede
reportarnos enormes beneficios. Es una eficaz manera de aplacar la ira, reducir el estrs y, quiz lo ms
importante, mejorar nuestra salud fsica, psicolgica y espiritual.
Cada vez hay ms pruebas de que perdonar a quien nos ha lastimado u ofendido produce efectos curativos
muy profundos, no solo en el campo emocional, sino en nuestro mismo cuerpo. As que la prxima vez que
sientas el deseo de cargar con el pesado fardo del rencor y la amargura, el odio o la indiferencia, reglese el
don del perdn.
Tambin es importante perdonarnos a nosotros mismos nuestras deficiencias, errores y fallas. Slo as
podemos dejar atrs esos fantasmas que nos impiden vivir plenamente. La fuerza del perdn hace olvidar las
ofensas, alivia el resentimiento y nos preserva de muchas enfermedades emocionales y cardiovasculares.
En el otoo de 2003, unos 40 investigadores se reunieron en Atlanta para revisar sus hallazgos sobre el poder
curativo de hacer las paces. Un estudio demostr que olvidar los resentimientos reduce el dolor crnico de
espaldas. Otro revel que el perdn disminuye las recadas en mujeres drogadictas. Y segn otro
investigador, el simple acto de pensar en la empata y la reconciliacin pone a funcionar la circunvolucin
temporal media izquierda del cerebro, lo que indica, tambin, que <b>todos tenemos un centro mental del
perdn</b>. As que, adems de sus grandes beneficios emocionales, liberarse de la ira puede ayudar,
tambin, a aliviar otros trastornos fsicos. Veamos cmo logramos otorgar el perdn.
<b>No se ate al rencor: </b>Elizabeth descubri como perdonar, en un encuentro fortuito con la amiga de
la que se haba distanciado. "Decid encararla y decirle lo ofendida que estaba", cuenta. "Ella me escuch,
pero no ofreci disculpas. Entonces, sorpresivamente, fui yo quien se disculp por haberle guardado rencor
tanto tiempo. En ese momento me di cuenta de que la haba perdonado". El efecto fue instantneo. "Mi ira se
esfum, aade. "No reanudamos nuestra amistad, pero ahora, cuando me encuentro con ella, puedo respirar
tranquila y el corazn no me palpita."

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La experiencia de Elizabeth concuerda con los hallazgos del Doctor Fred Luskin, director del proyecto sobre
el PERDN de la Universidad Stanford, quien ha observado que <b>desterrar la ira reduce el estrs</b>
hasta el 50 por ciento. Los participantes de sus estudios tambin han mostrado mejora en su vigor fsico,
estado de nimo, calidad de sueo y vitalidad en general. "Llevar a cuestas una carga de amargura y rabia
por haber sufrido un agravio es sumamente daino", afirma.
La razn es que estamos conformados para reaccionar ante cualquier cosa que nos produzca tensin como si
fuera una crisis, ya sea una alarma de incendios o recordar un pleito encarnizado. En una situacin as,
nuestro cuerpo segrega las hormonas del estrs: adrenalina y cortisol, que nos aceleran el pulso, la
respiracin y el pensamiento. Ocurre tambin un aumento en el nivel de glucosa en la sangre, lo cual tensa
los msculos. Esto resulta inofensivo si el susto es pasajero, pero la ira y el resentimiento perduran mucho
ms y convierten en toxinas las hormonas que deberan protegernos. El efecto inhibidor del cortisol sobre el
sistema inmunitario est asociado con algunos trastornos graves. Al decir de Bruce McEwen, director del
laboratorio de neuroendocrinologa de la Universidad Rockefeller en Nueva York, el CORTISOL atrofia las
neuronas, causa prdida de memoria y aumenta la presin arterial y el nivel de glucosa en la sangre, lo cual
propicia el endurecimiento de las arterias y la aparicin de males cardiacos.
Al parecer, perdonar detiene la secrecin de estas hormonas. En Marzo de 2003, unos investigadores de la
Universidad de Wisconsin-Madison reclutaron para un estudio a 36 excombatientes varones enfermos de las
coronarias y agobiados por dolorosos motivos, algunos relacionados con la guerra y otros con problemas
conyugales, laborales o traumas de la infancia. La mitad recibieron terapia para perdonar, y cuando la
aplicaron se observ en ellos una mayor afluencia de sangre al corazn.
El solo pensar en como aliviarse de una herida puede ser til. En un estudio realizado en 2001, la psicloga
Charlotte Van Oyen Witvliet, del Hope College de Holland, Michigan, les coloc unos sensores a 71
estudiantes y los hizo revivir mentiras, insultos o traiciones de sus familiares, amigos o novios. Al pedirles
que se imaginaran perdonando a sus ofensores, los sujetos presentaron una frecuencia cardiaca y una presin
arterial mucho menores que cuando pensaban en sus resentimientos. "Al parecer, el perdn es un poderoso
antdoto contra la ira, que se asocia estrechamente con la hipertensin crnica y la propensin a las
afecciones cardiacas", dice la psicloga.
<b>Perdonar lo imperdonable: </b>Betty Ferguson hizo lo que la mayora de la gente quizs no podra:
perdon al asesino de su hija. Tras el asesinato, en 1975, de su hija Debbie, de 16 aos, Betty se deprimi
tanto que se embriagaba para poder dormir, y descuid a sus otros cuatro hijos. No dejaba de maldecir al
asesino, Ray Payne, maestro de Debbie, quien la rapt antes de matarla. Que arrestaran a Payne y lo
sentenciaran a cadena perpetua no aplac el dolor de Betty, y menos ante la ausencia absoluta de motivos
para tan horrendo crimen. "El odio me consuma", dice. Y todo el tiempo sufra dolores de cabeza y de
espalda casi insoportables.
En 1981, en el sepelio de su hermana una frase del Padre nuestro la sacudi: "Perdonen a quienes les
ofenden". Empez a leer libros sobre el perdn y a creer que sto podra ser lo que buscaba. Visit la tumba
de su hija, en cuya lpida deca: "Lo que el mundo necesita ahora es amor". Estas palabras hallaron eco en su
corazn. Entonces comenz a decirse en voz alta "Voy a perdonar al asesino de mi hija". Y al cabo de unos
meses le escribi: "He dejado de sentir ODIO POR USTED. Puedo visitarlo y pasar juntos el da?". 11 aos
despus del crimen, en 1986, visit al asesino en la crcel. "Le dije todo lo que significaba mi hija para m y
lo perdida y atormentada que me haba dejado su muerte. l me escuch, y juntos lloramos. Sal convertida
en otra persona, llena de paz y tranquilidad". Cuando sus consternados amigos le preguntaron por qu lo
haba hecho, contesto: "el perdn es el mayor regalo que me he dado a m misma y a mis hijos". Hoy da
Betty trabaja en Pensilvania como mediadora en un programa para vctimas de delitos violentos.
<b>Alivio profundo: </b>Pese a sus beneficios, mucha gente se resiste a perdonar, lo cual es un grave
error. "Aferrarse a un resentimiento durante meses o aos significa resignarse a permanecer enojado". En
1992 Catherine OBrien se divorci, y durante aos guard rencor a su ex marido porque pensaba que la
separacin haba arruinado su vida. "De pronto me qued sola con una hija de 12 aos", refiere. "Era
extenuante, y me dola no tener ya con quien compartir las obligaciones y las alegras de educar a la nia".
La ira cobr su precio. "Todo el tiempo estaba nerviosa, tensa y cansada, y me resfriaba con frecuencia".
Pero en cierto momento, "comprend que slo se estaba daando a si misma". Se encontr con su ex esposo,
lo perdon, dicindole que seguira adelante con su vida. Sinti un profundo alivio y expres: "Me quite un
peso de encima y mi salud mejor". Renunciar al rencor "sustituye la hostilidad por sentimientos positivos

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que tranquilizan y relajan el cuerpo, lo que favorece la salud". En Irlanda del Norte, 17 adultos que perdieron
a algn familiar a manos del terrorismo recibieron terapia. Al cabo de una semana, su angustia se redujo un
40 por ciento, y presentaron 35 por ciento menos jaquecas, dolor de espalda e insomnio.
<b>Cmo hallar la paz: </b>Analice la ofensa con objetividad. No justifique al ofensor, pero trate de
entender sus motivaciones. Examine sus sentimientos al respecto. Intente no tomrselo a pecho; slo usted
result lastimado. Piense en lo bueno del ofensor, no solo en sus actos hirientes. Perdona por conviccin, no
por presin o sugerencia de otros. Y hgalo de corazn. No hace falta que se lo diga al ofensor.
<B>HIGIENE MENTAL: </b>
En el tema anterior hablbamos de dos maneras de sanar: a travs de la naturaleza y a travs de la gracia.
Naturaleza significa la ciencia, el progreso, la medicina, la tcnica y todos los recursos que el hombre ha
recibido de Dios para dominar la tierra y su propia existencia, siempre en la obediencia. Gracia significa la
fe y la oracin mediante las cuales obtenemos a veces sanaciones y milagros de parte de Dios. Hay un tercer
camino y es la bsqueda de poderes ocultos, obtenidos por medios oscuros, a espaldas de Dios. Entra aqu en
escena el que un da dijo que le pertenece todo poder en la tierra y que lo entrega a quien le adore. Cuando
seguimos ese camino, la ruina es inevitables y hemos cado en las redes de la araa y no saldremos de all
fcilmente.
Les invito a reflexionar sobre un tema que pertenece a la primera manera de sanar, a travs de la naturaleza.
Es un tema muy importante para nuestra salud espiritual y corporal, para tener sanos la mente y el corazn y
ser as siempre dadores de perdn. Es un tema muy poco utilizado en nuestra pastoral: <b>la higiene
mental</b>. El estilo de hoy de caminar tan aprisa nos obliga a aplicar los frenos para no chocar con otros
hermanos que caminan tambin con prisa. Y grandes prisas generan grandes tensiones. No sacamos tiempo
para detenernos, para reflexionar, para relajarnos, para descansar. Sin darnos cuenta de ello, la prisa, la
velocidad nos mantiene frecuentemente tensos, irritables, agresivos, cansados y hasta atemorizados.
Tambin nuestro cuerpo acumula tensiones, dolores, cansancio. Mantenemos la frente arrugada, los hombros
encogidos o tensos, agarrotados, rgidos los brazos, crispadas las manos, inquietas las piernas, todo lo cual
refleja la tensin que vivimos. Esos estados de tensin consumen grandes energas, limitan nuestra
capacidad de vivir contentos con nosotros mismos y en paz con los dems, adems que nos disponen para
una cantidad de enfermedades, cardiovasculares, depresiones, cncer, etc. Espacios de relajacin y descanso,
no son un lujo, sino una necesidad. Cuando el Creador finaliz su obra creadora, <i>descans y bendijo el
descanso</i> (Gen 2,3). Otro tanto hizo Jess con sus discpulos: <i>Vengan tambin ustedes aparte, a
un lugar solitario, para que descansen un poco</i> (Mc 6,30-32).
El objetivo de la higiene mental es ayudarnos a realizar dos tareas paralelas: 1) Limpiar de nuestra mente los
pensamientos negativos: odio, envidia, clera, violencia, miedo y otros, que nos impiden estar en armona
con nosotros mismos, con los hermanos y con el mundo que nos rodea. Liberarnos de nuestras ataduras, no
estar recordando permanentemente los errores, culpabilizarse, ni alimentar viejos rencores. 2) Reemplazar
todos estos aspectos negativos por pensamientos positivos y creativos: generosidad, confianza, alegra,
tolerancia, perdn.
El gran principio bsico de la higiene mental es <b>el amor a los dems</b>. Lo que se oponga a este
principio es funesto y acta negativamente sobre la inteligencia, el espritu y el cuerpo. El desequilibrio del
sistema nervioso provoca enfermedades orgnicas, por lo que es necesario mejorar nuestra salud por la
higiene mental.
<b>

: </b><b>El pensamiento : </b>

El equilibrio de la persona depende en gran manera de la calidad de sus pensamientos. Un estado de nimo
positivo (bondad, alegra, confianza, perdn) aumenta el bienestar y transmite un sentimiento de plenitud y
satisfaccin. Las reacciones negativas (miedo, tristeza, odio, violencia) tienen una influencia depresiva que
puede provocar la enfermedad. De hecho, la influencia del nimo puede cambiar considerablemente la salud
de una persona y su aspecto fsico. La ira aumenta la tensin arterial, la angustia altera la digestin, un grave
choque moral puede ser causante de que el cabello se vuelva blanco repentinamente. Los problemas graves
pueden hacer que la piel se vuelva amarilla y producir desordenes hepticos. El odio puede generar hasta un
cncer. Un cerebro saturado de pensamientos negativos puede desequilibrar el organismo y envejecerlo
prematuramente. Ningn medicamento podr curar jams un espritu que est siendo rodo por la amargura,
el rencor, el odio; solamente el perdn y los pensamientos constructivos podrn restablecer la salud mental.

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<b>Alimento de la mente : </b>El pensamiento es una fuerza poderosa, formidable y conviene mantenerlo
limpio. l modela y fortalece nuestra psique. Por lo tanto, el alimento de la mente, con el que
programamos nuestro subconsciente, debe ser de buena calidad. Cuntos se preocupan por dar a su
espritu un men equilibrado? Cuntos se contentan con las trivialidades que ofrecen los medios de
masas, que podran compararse a alimentos estropeados y empobrecidos? Qu decir de la proliferacin de
la literatura centrada en la violencia, la pornografa y la falta de valores?
Necesitamos seleccionar las lecturas, los programas de TV, las actividades recreativas, las relaciones. Si
queremos conservar nuestro equilibrio, busquemos la admirable lnea de conducta aconsejada por san Pablo
en el siguiente criterio, sencillo y de gran beneficio para nuestra salud: <i>Tengan en cuanto todo cuanto
hay de verdadero, honesto, justo, puro, amable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio</i> (Filip
4,8).
<b>Autodisciplina : </b>Nuestras capacidades necesitan de ejercicio constante para desarrollarse. Quien
deja vagabundear su mente realizar muy pocos progresos. Una atencin disciplinada protege el espritu
de la distraccin. Dominar la imaginacin y desarrollar la atencin son claves en la higiene mental. Podemos
ayudarnos, entre otros, de los siguientes ejercicios: - Distenderse fsicamente (relajacin de todo el cuerpo). Hacer el vaco mental durante unos minutos. - No pensar en nada. - Fijar la atencin en algo agradable y
positivo. Tenemos a nuestra disposicin recursos insospechados de energa, equilibrio y voluntad, pero hace
falta ejercitarnos para que se manifiesten.
<b>Valor y perseverancia : </b>
En la vida llena de ansiedad que nos impone la sociedad actual, es necesario desarrollar el valor, soportar las
contrariedades, las prdidas, las dificultades de todo tipo, saber aceptar el sufrimiento, la enfermedad, luchar
contra el egosmo, el error, los prejuicios y la intolerancia. Para ello son imprescindibles la voluntad, el valor
y la perseverancia. Para alcanzar el xito y la felicidad, necesitamos adquirir el hbito de no rendirnos ante
los primeros obstculos, desarrollando seguridad y confianza en nosotros mismos. Tambin hay que
atreverse a decir no en algunas ocasiones.
<b>La clave de la salud: </b>
Cuando se comenz por primera vez a construir el Canal de Panam, se descuid limpiar la jungla de
mosquitos y otras plagas pues no se tena la experiencia de los graves peligros que stos constituan. Como
resultado, muchos de los obreros ms capaces perdieron la vida. Los sombros pantanos de la jungla
albergaban agentes causantes de enfermedades y muerte, y el gran proyecto tuvo que ser abandonado por
aos hasta que toda la zona fue limpiada y saneada. Solamente entonces el maravilloso proyecto de un canal
que uniese los dos ocanos pudo ser una realidad asombrosa. An hoy los ingenieros vigilan constantemente
la selva para que no se infecte de nuevo con esos mismos agentes de enfermedades.

La corriente de la vida en nuestro cuerpo debe ser mantenida pura y libre de los elementos que la
contaminan. Esa corriente interior puede ser un ro de vida, salud y energa o puede transformarse en un
turbio pantano de enfermedad y muerte. Y esto depende de nosotros. Podemos purificar esa corriente y
mantenerla realmente como un ro vivificante si seguimos un programa sabio y prudente para nuestra vida.
Este programa incluye la luz del sol, aire fresco, ejercicios fsicos, descanso, confianza en Dios y
pensamientos positivos.<b>La sanidad ms profunda: </b>Dando origen a todos esos pensamientos
positivos est nuestro Padre celestial, ms grande y poderosos que nosotros, con quien nos unimos en la
oracin. Al respecto, deca santa Teresa: orar es el acto de abrir muestro corazn al Seor como a un
amigo. La oracin nos pon en comunicacin amorosa con el Dios dador de la salud. Junto con la salud del
cuerpo Dios da tambin salud a nuestra naturaleza espiritual. Algunas veces, la salud fsica slo vuelve
gradualmente y otras no regresa. Pero al entregarnos en las manos del Padre encontramos la paz sabiendo
que podemos, con seguridad, confiar nuestro futuro a l. Nuestra vida es ms feliz cuando obedecemos las
leyes que nuestro amoroso Creadorhafijadoparanuestrobien.
<B>ANTDOTO CONTRA EXPERIENCIAS AMARGAS: </b>

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Les invito a continuar la reflexin iniciada en el tema anterior sobre las ayudas para sanar que nos ofrece la
naturaleza. Vamos a pasar revista a algunas ayudas que contrarrestan los efectos de tantas heridas, para poder
perdonar y as sanar de enfermedades, tanto del cuerpo como del alma y del espritu. Muchos de nosotros
sufrimos de rencores reprimidos durante aos. Lastimamos nuestro bienestar psicolgico, nuestras relaciones
y nuestra misma salud fsica cuando nos apegamos a experiencias amargas vividas, a los rencores.
Necesitamos hoy recuperar el poder que le hemos concedido al pasado para arruinar nuestro presente.
Perdonar nos devuelve la paz. Nuestras principales barreras para el perdn ordinariamente no son las ofensas
sino la falta de herramientas para poder perdonar. No hay ofensa que sea imperdonable. Pero hace falta tener
una motivacin. As, por ejemplo, a la depresin ofrece la Biblia como antdoto el amor de Dios y la
conviccin de que el ser humano es un hermano, no un enemigo, como lo constat el congreso internacional
convocado por la Santa Sede sobre la depresin.

<b>Obstculos para poder perdonar: </b>Por nuestro orgullo innato aparecen muchos obstculos que nos
impiden otorgar el perdn. Entre otros est la falta de <b>motivacin</b>. Algunas personas se quedan
pensando en que la herida que han recibido es algo imperdonable y as permanecen alimentndose con sus
rencores, les cuesta despojarse de ellos, y se resisten a la idea de perdonar. No encuentran las suficientes
razones para perdonar. Y ya vimos cmo son tantos los efectos positivos que nos trae el perdonar y tantos los
efectos nocivos del resentimiento, la ira y la depresin. Cmo se logra progresar en la vida cuando
perdonamos, pues no hay ofensa imperdonable para un hijo de Dios, pero hace falta la cuota de nuestro
esfuerzo personal para que regrese nuevamente la paz a nuestra vida.
<b>Lo que no funciona: </b>Adems de la motivacin personal y de la preparacin para perdonar hace
falta que no continuemos reaccionando negativamente ante el dolor, ante la ofensa. Hay en nosotros
estrategias que no funcionan y necesitamos, por lo tanto no repetirlas. Necesitamos aprender a relajarnos,
aprender buscar la paz, a sacar de nosotros las cosas que nos envenenan, el dolor, la rabia para aprender a
perdonar. Pero la paz solo llega cuando dejamos de sentir rencor, cuando culpabilizamos menos al ofensor,
cuando insistimos en olvidar la historia del acontecimiento o acontecimientos que nos llevan a alimentar el
rencor. A medida que pensamos en la paz y la buscamos vamos aprendiendo a perdonar.
Es necesario, por tanto, asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos. Recordar que somos los
responsables de nuestros sentimientos emocionales y que tenemos que ser seores de nuestros sentimientos
y no dejar que sean ellos quienes nos dominen y nos esclavicen a ellos. Tampoco debemos responsabilizar al
pasado por lo que sentimos en el presente. No tenemos porqu arruinar nuestros das, nuestro presente,
cuando el acontecimiento que me hiri ya pertenece al pasado. Tampoco tenemos porqu cederle a nuestro
ofensor poderes excesivos sobre nuestros sentimientos.
<b>Responsabilidad de nuestros sentimientos: </b>Responsabilizarse de los sentimientos significa tener
el control de las reacciones emocionales propias. Saber manejar las emociones y reacciones. Para lograr la
responsabilidad de nuestros sentimientos es importante no perder de vista las cosas positivas, las cosas
buenas de la vida. Para esto es necesario invertir tiempo y energa buscando la belleza, el amor y la amistad
en la vida. As podemos contrarrestar el tiempo que desperdiciamos en alimentar rencores y disgustos y en
paladear heridas. Necesitamos, igualmente, reforzar nuestras emociones y nuestros sentimientos positivos.
Reforzar los sentimientos positivos debo hacerlo cada vez que se me presenta algn disgusto.
<b>Apreciar y ejercitarte en lo bueno de la vida: </b>Asumir la responsabilidad significa que, a pesar de
estar heridos, hagamos un esfuerzo para apreciar lo bueno de la vida. Si las experiencias dolorosas son
intensas, no lo son menos la belleza de un atardecer o el amor que se siente por los hijos, por los amigos.
Pasamos ms tiempo pensando en el rencor que centrndonos en la gratitud, en el amor o en e aprecio de la
amistad, de la naturaleza. Es este el primer paso para responsabilizarnos de nuestros sentimientos y empezar
a perdonar. Cuando ms pensamos en el amor a los hijos o en la belleza de un da de sol, el resultado ser
que le dedicamos menos tiempo al dolor, al rencor.
Las imgenes que tenemos en nuestro interior las podemos cambiar cuando queramos. Slo hace falta un
poco de esfuerzo y consagracin a realizar una higiene, una limpieza mental. Y esta se realiza siempre que
yo, en vez del rencor, de pensar en las heridas que he sufrido, sin pensar en buscar venganza sintonizo con la
verdad, la gratitud, la belleza, el amor y el perdn. Es difcil pero se puede hacer. Siempre hay experiencias
o historias de generosidad y hasta de herosmo en nuestra vida anterior, en nuestro diario vivir. Cunado yo,
en vez de buscar estas imgenes me quedo en el sufrimiento bloqueo aquello que me puede salvar. Es ms

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sencillo llegar al perdn y al amor que quedarse alimentndose de veneno, paladeando el rencor. Tambin
puedes detenerte a saborear la experiencia de amor y de unin en hogares que tienes a tu alrededor. Hay
tambin cerca de nosotros animales cariosos, fieles. Solo es cuestin de detenernos admirando esos
ejemplos de amor y de gratitud.
Hay, igualmente, en nuestra patria paisajes maravillosos, infinidad de planicies alfombradas de esmeralda,
sitios inolvidables como la sabana de Bogot, lugares esplendorosos, llenos de extraordinaria belleza,
bosques generadores de silencio, soledad, neblina, llanuras imborrables como el valle del Cauca y cumbres
coronadas de blancura como son todos nuestros nevados. Son tan hermosos que resulta imposible tener mal
humor estando ante ellos, pensando en ellos.
En nuestra querida Colombia encontramos belleza natural siempre a la mano: cafetos mezclando su verdor
con el rojo de sus granos, cuyo lquido llena al pas del aroma suave y perfumado que de ellos emana;
platanares, guadales y sauces que llenan de belleza y de vida a nuestros campos; variedad y riqueza de
pjaros en los guayabales e incontables rboles frutales, y cuyas voces son una sinfona en el paisaje patrio;
los arreboles de los atardeceres en montaas, valles, barbechos, llanuras, sabanales y los aorados mares. Y
toda esta belleza es tan verdadera como los son los dolores del pasado, y a ella llegamos solo con un cambio
de pensamiento, de imgenes. Un pensamiento se quita, se cambia, poniendo otro, as de fcil. Ni siquiera
tienes que levantarte de tu silla, slo tienes que tomar una decisin de cambiar ideas, pensamientos,
imaginacin: el dolor por el amor, el rencor por el olvido, las heridas por la belleza que te rodea. El reto est
en aprender a descubrir la belleza, el amor, las cosas bellas que te rodean donde quiera te encuentres y, entre
nosotros las tenemos siempre abundante y a la mano. Las ideas del perdn y del agradecimiento nos hacen
recordar que aun cuando estamos heridos, no tenemos que estarnos alimentando solo con el dolor. Tenemos
la opcin de seleccionar, de experimentar en todo momento el amor, de gustar las cosas hermosas, la belleza,
la amistad sin estar buscando el desorden, el dolor, el veneno.
<b>Somos libres para pensar lo que queramos: </b>Nadie nos puede imponer en qu y cuando
concentrar nuestra atencin. Cada uno manejamos nuestra voluntad, nuestra libertad, nuestra imaginacin
como queremos. Si tenemos la costumbre de alimentarnos de rencores, debemos tener presente tambin que
todo hbito se puede modificar. El mundo est lleno de hroes que se sobrepusieron a las dificultades con
valenta. Y lo que otros lograron tambin lo puedo yo, para bien mo y de otros que se pueden beneficiar
admirando nuestra vida equilibrada.
Cuando vivimos en una atmsfera de amor, de gratitud, de belleza y de perdn le damos descanso a nuestro
cuerpo y a nuestro espritu. En cambio, cuando nos centramos en dolores y rencores, nuestro espritu se
endurece, nuestro cuerpo se tensiona. Las sustancias qumicas se activan y la persona se siente cansada y
agobiada. Acusamos al ofensor por nuestro malestar y nos esclavizamos sirviendo a nuestro dolor, a nuestros
rencores y violencia. Empieza a buscar tu mejora saboreando y viviendo la gratitud, el amor, la belleza y el
perdn.
<b>Viviendo lo positivo: </b>Si tantos han vivido la gratitud, tambin t la puedes vivir. Agradece por la
abundancia de alimentos que se producen en nuestros campos; por la salud que nos da el aire si estrenar de
nuestros campos y montaas; por la bondad de tantas personas que nos rodean; por el regalo de la vida y la
salud. Fjese en la hermosura del cielo tan azul, en el multicolor de nuestros campos, en el juego alegre de
tanto nio que llena nuestros campos y ciudades; disfrute los lugares maravillosos de nuestra prdiga
naturaleza patria; disfrute en la televisin de los programas sobre nuestra variada naturaleza patria; saboree
la abundante msica del variadsimo flolklor patrio; delitese con la asombrosa belleza de las flores y su
variedad de colores; admire lo bien que se ven las personas que usted quiere y ama. Busque personas que
hayan perdonado y pdales que le cuenten su historia; acurdese de las veces que usted hiri a alguna
persona y quiso que le perdonara; recuerde las veces que ha perdonado y no olvide que s es capaz de
perdonar. Mire a los enamorados y algrese de su felicidad; recuerde las veces que ha sido amado y que ha
amado; llame aun amigo y dgale que lo aprecia; pregntese qu puede hacer para volverse una persona ms
bondadosa; dgale a una persona comparta con usted cuando ella se ha sentido verdaderamente amada.
Durante el da disminuya su ritmo y preste atencin a su respiracin, reljese; d gracias al Seor en cada
respiracin. Preste atencin a un paisaje que lo llene de tranquilidad, piense en alguien que le ha amado y
trate de revivir en el momento presente los sentimientos de paz y amor que vivi entonces. Ests preparado
para ejercitarte en el perdn que todo tu ser te est reclamando.
<B>PODER SANADOR DEL ESPRITU SANTO: </b>Les invito a reflexionar sobre el poder
maravilloso de Jess y de su Espritu para curar una cantidad de males que impiden que amemos con

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verdadera elegancia y desenvoltura. El poder del ES y la Palabra de Jess sanan el corazn, la mente,
nuestras relaciones y las enfermedades de nuestro cuerpo. Diremos primero unas palabras sobre el Poder
sanador del Espritu Santo para luego reflexionar sobre Jess.
Oigamos al respecto el testimonio del tercer evangelista: <i>Bajando con ellos se detuvo en un paraje
llano, haba una gran multitud de discpulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de
Jerusaln y de la regin costera de Tiro y de Sidn, que haba venido <b>para orle y ser curados</b> de
sus enfermedades. Y los que eran molestados por espritus inmundos quedaban curados. Toda la gente
procuraba tocarle, porque sal de l <b>una fuerza</b> que sanaba a todos</i> (Lc 6,17-19).
Lucas nos habla, en este trozo del su Evangelio, de una <i>fuerza de</i> Jess, que sala de l y sanaba a
todos. Esa fuerza no era un fluido magntico, una corriente hipntica, un poder de sugestin u otra cosa
semejante. Esa fuerza de Jess se llama el <B>ES</B>. Ya nos lo haba clarificado dos captulos antes el
evangelista, al afirmar que <i>Jess volvi a Galilea por <b>la fuerza del ES</b>, y su fama se extendi
por toda la regin</i> (Lc 4,14). En el discurso <i>programtico</i>, el evangelista habla de que Jess
inici su misin con el poder del ES: <i>El Espritu del Seor est sobre m, porque me ha ungido y me ha
enviado a proclamar la liberacin a los cautivos, a dar vista los ciegos, libertad a los oprimidos, y a
proclamar un ao de gracia y de perdn</i> (Lc 4, 18-19). El evangelista escribe en clave de ES, de
sanacin y de perdn. El programa de Jess da comienzo sanando con el Poder del Espritu Santo. Tambin
la vida de la Iglesia ha sido inaugurada e impulsada desde el principio por el ES y su Poder (Hech 1,8;
2,15ss.).
<b>Sanacin tridimensional: </b>Jess quiere sanar con la fuerza de su Espritu a todo el hombre, en
todas sus dimensiones y componentes. La medicina holstica -del griego holos = entero-, no solo toma
en cuenta el rgano enfermo, sino a la persona entera. No se contenta, por ejemplo con sanar una pierna,
sino que toma en cuenta el resto del cuerpo. Para qu servira sanar una rodilla si nuestro espritu, nuestro
corazn o nuestra alma estn enfermos? El ES sana a hombres y mujeres, a toda la persona en sus tres
dimensiones esenciales: inteligencia, corazn y cuerpo. <b>La inteligencia,</b> que abarca la esfera del
raciocinio; <b>el corazn,</b> que abarca la esfera de la afectividad y de la voluntad; <b>el cuerpo</b>,
que abarca la esfera biolgica. Para nuestra razn o inteligencia nos da luz, certidumbre, verdad; para
nuestro corazn nos da amor, capacidad de perdn; para nuestro cuerpo nos da fuerza para que est sano y
fuerte.
<b>Terapia pneumtica: </b>
Por analoga con el trmino helioterapia, que es un tratamiento de sol, vamos a realizar una terapia
pneumtica. Se trata de un tratamiento de Espritu Santo. As como en una helioterapia nos exponemos al
sol; durante la pneumaterapia exponemos a la accin sanadora del ES todo nuestro ser, en sus tres
dimensiones: mente, corazn y cuerpo.
<b>Sanacin de la mente: </b>Comenzamos con algunas enfermedades de nuestro espritu, con la
<b>incredulidad</b>, que tanto auge va teniendo en nuestros das. San Pablo dice de ellos: <i>incrdulos
a quienes el dios de este mundo ha cegado el entendimiento para impedir que vean brillar el resplandor de
la gloria de Cristo</i> (2Cor 4,4). La persona incrdula es orgullosa, cerrada, terca. Slo considera este
mundo y cree saberlo todo. La incredulidad es una atrofia mental, una atrofia del espritu, una incapacidad
para tener en cuenta el pensamiento que est por encima del nuestro. No quiere reconocer el pensamiento
que le rebasa, rehsa dar el salto hacia arriba.
Otra enfermedad del espritu es la <b>idolatra</b>. En ella el hombre no acepta a Dios y se hace sus
propios dioses, rinde homenaje a la criatura en lugar de Dios. Es l quien dispone de Dios y no a la inversa.
Se convierte en necio, pues se coloca a l en vez del Creador. Perdiendo el sentido de Dios, pierde el sentido
de su vida, se desorienta y va a la deriva como un carro sin timn. Esta es la verdadera enfermedad de
nuestro espritu.
Son tantos los dolos de la sociedad actual, nuestros dolos. Para unos es su propio yo. Nadie ms que mi yo.
Para otros es el dinero. Nos traiciona, nos corrompe y nos dejamos corromper. Es un dios terrible, sin
compasin y cuntos estragos est haciendo en nuestra Colombia. Para otros es el sexo, que se ha apoderado
de todos los estamentos destruyendo la familia y las personas. Para otros es el futbol, dios a quien se sirve no
solo los domingos y fiestas, sino durante toda la semana.

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Un <b>esoterismo</b> furibundo se ha apodera del hombre de hoy, con una cantidad de supersticiones que
le hace recurrir a brujos, magos, adivinos, ocultismo, espiritismo, constituyendo otra grave enfermedad del
espritu. Y para sanar de todo lo anterior hay dos maneras ordinarias, la naturaleza y la gracia. Pero cuando
tomamos un tercer camino, la bsqueda de poderes ocultos escondindonos de Dios, abusando de sus
nombre y de sus signos, entonces estamos en poder del mentiroso, del enemigo, de quien dijo que le
pertenece todo poder en la tierra y lo entrega a quien le adora.
<b>Sanacin del corazn: </b>Tambin hoy estamos especialmente afectados de cardiopatas. Una
enfermedad del corazn hoy es la <b>abulia,</b> del griego<b> a</b> sin y <b>boul</b>, voluntad.
Esta enfermedad es la ausencia de voluntad, de decisin y lo que de ella se deriva: cansancio, pereza, lasitud,
encontrar todo demasiado pesado, demasiado difcil; es una permanente pereza espiritual que obstaculiza la
santidad. Los matrimonios, el sacerdocio, la vida religiosa, estn tocados por este virus y muchos padecen
esta enfermedad, de tal manera que decisiones tan trascendentales se toman solo temporalmente, desistiendo
de lo que un da desdieron vivir para siempre.
Otra enfermedad gravsima es el deseo de poder. El cristiano, el hombre comn ya no se gua por el servicio
sino por el deseo de poder. Aumentan los autoritarios, que en la familia o en el trabajo se imponen de manera
tirnica. Es terrible esta enfermedad de la voluntad. La violencia, clera en el hombre de hoy es terrible y ha
destruido a los individuos y a la misma familia. La violencia domstica va creciendo kilomtricamente
convirtiendo a las familias en verdaderos infiernos y constituyendo una terrible y asoladora enfermedad
espiritual.
<b>Sanacin del cuerpo: </b>As como exponemos en las playas nuestros cuerpos para recibir el beneficio
de los rayos solares, de la misma manea necesitamos exponer, tambin nuestro cuerpo al sol del Espritu
Santo para que l lo sane tambin de las enfermedades fsicas: parlisis, enfermedades de los ojos, de los
huesos, de los odos y tantas otras. Tenemos que ser conscientes que las enfermedades no son un castigo de
Dios. De muchas de ellas nosotros mismos somos responsables o tenemos nuestra parte de responsabilidad.
Muchas de ellas son consecuencia del abuso, ya sea en el comer o en el beber, en la sexualidad o en las
drogas.
Antes de curar al paraltico, Jess le hizo una pregunta extraa: <i>Quieres curarte? </i>(Jn 5,6). El lo
quiere, pero Jess quiere escuchar que el mismo enfermo lo exprese. Jess quiere saber si nosotros mismos
realmente lo deseamos, y si estamos dispuestos a vivir aquello que nos cuesta. Jess sana las enfermedades
fsicas mediante su palabra. Este es el testimonio de un enfermo, que fue sanado: Yo era alcohlico en
ltimo grado. No poda estar dos horas sin beber. Haba vuelto imposible la vida de mi esposa y de mis tres
hijos. Un da me llevaron a un encuentro donde se lea la Biblia. Al escuchar la Palabra de Dios, me sent
como atravesado por una descarga elctrica y me sent sano. Luego, cada vez que tena deseos de beber
alcohol, corra a abrir la Biblia en ese versculo. El hecho de volver a leer esa Palabra me da fuerza inclusive
ahora en que estoy totalmente sanado. Luego intent decir cul era esa palabra, pero su garganta se cerr de
emocin. Se trataba de un versculo del Cantar de los Cantares, que dice: <i>Celebremos tus caricias ms
que el vino</i> (Ct 1,4). La Palabra de Dios, escuchada en ambiente de fe y oracin tiene un inmenso
poder sanador.
El ES no acaba con las sorpresas. Muchos han venido a acompaar a sus enfermos. Simplemente se
consideraban acompaantes y en la oracin descubren que ellos son los verdaderos enfermos! Otros no son
sanados. Cuando San Francisco de Ass muri tena unas diez enfermedades graves, segn estiman mdicos
actuales. El logr que oros se sanaran, pero l vivi con su propia enfermedad. En el frica, una mujer
cojeaba y haba orado mucho por su sanacin, pero no haba sanado. Al final cambi su oracin y le dijo al
Seor: Est bien, acepto cojear toda mi vida, pero me vas a prometer que al llegar al Paraso, all me hars
bailar, porque yo naca par bailar!
Dios tiene dos maneras de socorrer y mostrar su poder: quitando el mal o dando fuerza para soportarlo de
una manera nueva y, hasta gozosa, unindonos a Cristo, completando as <i>lo que falt a la pasin de
Cristo, a favor de su Cuerpo, que es la Iglesia</i> (Col 1,24).

Ejercicio 7: Relajacin con Jess


Sierra los ojos. Respira despacio, profundamente. Inspira. Expira (varias veces).Toma
conciencia de tu estado interior.

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Visualiza a Jess junto a ti. Oye su voz suave y amiga que te dice: Estoy contigo. He
venido para ayudarte y compartir todo contigo. Quiero darte mi visin de la vida, mi paz,
mi libertad. Entrgame tus preocupaciones. Deja que pase tu estado de nimo, tu
irritacin; yo te ayudar a perdonar, y a empezar de nuevo. Confa en m. Nada se ha
perdido, pues yo lo cambio todo en gracia.
Responde en tu corazn a la invitacin de Jess, deja en sus manos lo que el te pide.
Descansa un rato inactivo y silencioso, arropado con su amor. Deja que su Espritu vaya
inundando tu espritu. Di con Jeremas: Me sedujiste, Seor, me sedujiste. Eres ms
fuerte que yo, y me pudiste. Invita, tambin a san Juan de la Cruz y di con l: quedme y
olvidme/ el rostro reclin sobre el Amado,/ ces todo y dejme/ dejando mi cuidado/
entre las azucenas olvidado./ (Noche oscura).
Ahora, toma conciencia de tu cuerpo. Mrale con amor y gratitud. Es obra de Dios; templo
del Espritu Santo. Identifcate con tu cuerpo. Gracias a l puedes establecer contactos
enriquecedores, y realizar tantas cosas tiles. Por eso, precisamente est tu cuerpo
fatigado, tenso, y necesita relajarse, descansar.
Fija tu atencin en la frente: arrgala y sultala varias veces hasta quedar relajada.
Concntrate en los ojos: aprieta y suelta los msculos varias veces; percibe la mano de
Jess o de Mara- sobre ellos; siente evaporarse tu cansancio. Ofrece tus ojos a Jess para
que ningn mal pueda llegar a tu corazn a travs de ellos; y para que Jess pueda mirar y
amar a travs de ellos.
Ofrece al Seor tus odos, y todos los ruidos y sonidos del ambiente n que vives o trabajas;
todas las plabras y conversaciones que escuchas. Pide la Seor que use tus odos para
escuchar a los dems, como lo desea El. Cunto bien se puede hacer escuchando con
amor! Presta atencin al Seor por si desea susurrar una palabra a tu odo.
Consagra al Seor tu lengua y tus cuerdas vocales. Pdele sane toda herida y rectifique
todo error, causados por tu lengua; ofrcele todas las tensiones, enfados y sentimientos
negativos, fruto de discusiones y conversaciones. Tu paz y la de otros depende en gran
parte de tu lengua. Dile de corazn: Seor, haz de mi lengua un instrumento de alabanza,
de paz, de armona.
Concentra tu atencin en tu cerebro y sistema nervioso. Ofrece a Jess tus tensiones,
crispaciones, estrs, fatiga. Siente cmo El te arropa en su manto de luz, paz y amor.
<B>JESS, EL ROSTRO DEL PADRE: </b>Para poder entender mucho mejor el perdn, les propongo
acercarnos y hundirnos en la adorable persona de Jess, que en todo momento nos ha enseado que Dios es
Perdn, que el Padre es perdn, que El es perdn. Fascina la persona de nuestro Salvador. Es totalmente
cercano, pero aparece trascendente en su manera de obrar, actuando como Dios al perdonar los pecados de
los hombres. Porque <i>el Hijo del hombre tiene en la tierra el poder de perdonar los pecados</i> (Mc
2,10). El Jess que nos presentan los evangelios es un Jess que cautiva, fascina, seduce y deja en nosotros
una marca imborrable, apareciendo tambin como Maestro. El nos ensea con su palabra y con su vida.
Entremos a ver esta faceta de Jess, que es un padre y un Maestro perdonando. Nos ensea con su manera
tan fina y delicada de perdonar, con su modo recibir a los pecadores y a quienes necesitan ser rehechos con
el perdn. Comprenderemos mejor al Jess del perdn si hemos hecho la experiencia de acercarnos a El a
recibir su perdn amoroso y tierno. De Jess sabemos lo que hemos vivido de El y con El. De todos modos

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al Jess que perdona se le entiende mejor en la meditacin serena de su vida, en la escucha silenciosa
dejndose empapar por la lluvia fina de la contemplacin, de la iluminacin callada de su Espritu de
Resucitado, llenando de perdn al pie del lago a Pedro, a sus discpulos y al mundo entero.
<b>El revelador del Padre: </b>Cuando uno de sus discpulos, Felipe, en medio de una inmensa nostalgia
por el Padre de quien les acaba de hablar Jess, le pidi que les mostrara al Padre, Jess nos regal esta
maravillosa revelacin: <i>el que me ha visto a m, ha visto al Padre</i> (Jn 14,9). Jess, con su rostro,
con su persona, con sus obras, con su palabra nos revela al Padre, nos regala la revelacin inaudita de la
misericordia y del perdn de nuestro Padre Dios.
Jess no solo acoge a los pecadores y come con ellos, sino que proclama que no ha venido a condenar, sino a
curar y a perdonar. Es esta la gran novedad de Jess, que ha venido a <i>traer fuego a la tierra </i>pero
no el fuego de la clera, de la violencia, de la venganza, sino el fuego del amor misericordioso, del perdn.
Su vida entera y sus actos son la revelacin ltima de la misericordia de Dios, cuyas entraas se conmueven
ante la miseria del hombre. Jess es le buen samaritano, <i>que se compadece</i> del hombre herido y
abandonado a la orilla del camino. No solamente no rechaza al pecador, sino que se invita para entrar a su
casa.
<b>La autntica imagen de Jess: </b>El Evangelio nos muestra la figura externa e interna de Jess. Nos
muestra al Jess misericordioso en todas sus pginas. Una de ellas es el texto evanglico de (Mc 2, 1-12), de
un paraltico sanado por Jess. Este cuadro nos ofrece una autntica imagen de Jess, que aparece aqu
investido de un <i>poder extraordinario</i>, que lo descubre como Dios: el poder de curar unido al de
perdonar los pecados. Slo Dios perdona los pecados, solo Dios tiene el poder de curar al paraltico. Jess
subordina la curacin del paraltico al poder del perdn. La curacin del paraltico es, por tanto, el
testimonio impresionante de que Dios se manifiesta plenamente en Jess, que perdona y cura; Dios est
presente en Jess y obra mediante l su plan de perdn y salvacin. Esta milagrosa sanacin contiene en s la
clave interpretativa para saber quin es Jess. Solo Dios puede perdonar los pecados; Jess los perdona,
luego El es Dios. En esta curacin aparecen los dos niveles de la identidad y de la misin de Jess: el
humano y el trascendente. <i>solo Dios tiene el poder de perdonar</i> (v. 7).<i> </i> El aparece con
los dos poderes por igual: perdonando y curando. Aunque san Agustn dir: es ms glorioso para Dios sacar
bien del mal que crear algo de la nada; as es ms sublime convertir a un pecador, dndole la vida de la
gracia, que crear de la nada todo el mundo fsico, el cielo y la tierra.
Jess no cesa en su intento de restaurar la amistad buscando la reconciliacin de Dios con el hombre y de los
hombres entre s. Dentro de nosotros existe una fuerza hostil que turba y destruye nuestra relaciones con el
Dios de amor y hace, a veces, imposible la convivencia en paz y armona. Necesitamos, pues, redescubrir la
necesidad del perdn y conocer y valorar los mltiples caminos que el Seor a travs de la Iglesia. El
sacramento de la Reconciliacin es la va primera va del perdn. Cuando recibimos generosamente de Dios
el perdn hemos hecho una experiencia maravillosa de la misericordia del Padre sobre nosotros y estamos en
capacidad de entregar nuestro perdn a quien sea y ante las ofensas que nos hayan hecho. Las relaciones
humanas no pueden jams fijarnos en nuestro pasado y no perdonar es uno de los ms temibles peligros que
se nos presentan.
<b>El Padre misericordioso: </b>Otro de los momentos en que Jess nos revela el rostro misericordioso
del Padre, que perdona siempre, es la parbola del padre misericordioso (Lc 15,1-3. 11-32). En ella
encontramos dos mentalidades, dos concepciones enfrentadas de Dios.
Por una parte est la conducta de Jess abierta y dialogante, sin antipata ni clasismos, que no huye de los
pecadores sino que los busca, los acepta, los perdona y come con ellos. Por otra estn los fariseos, y quienes
son como ellos, que no aceptan al pecador y, por lo mismo, son incapaces de perdonar. En este modo de ver
a Dios hay un antropomorfismo obstinado en rebajar a Dios al nivel de los criterios humanos. Jess quiere
superar ese antropomorfismo y revelarnos el verdadero rostro de Dios, a quien Jess conoce porque viene de
Dios, ms an, El es Dios. No podemos partir de nuestros conceptos para elaborar un Dios a nuestra medida.
Importa, pues, dejarnos instruir por las enseanzas de Jess, revelador del Padre Dios y con su enseanza
llegar a descubrir el verdadero rostro de Dios. Ver a Dios como los fariseos, o como ellos, es idolatra. Ese
dolo del dios severo con corazn de hierro tiene hoy adoradores y profetas y no comprende el misterio del
amor y del perdn del Seor. Su dios es distante y fro. Choca con el Dios cercano, en medio de nosotros y
perdonador, que nos ha revelado Jesucristo.

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En la parbola, los dos hijos aparecen nicamente para mostrarnos la actitud del padre, personaje central de
la parbola. Jess nos muestra aqu el verdadero rostro de Dios, que es misericordia y perdn. Si alguna vez
el hombre tiene la desgracia de alejarse del Seor, de los hermanos, siempre ser recibido por el Seor con
los brazos abiertos y el corazn lleno de perdn. Y esto porqu? Porque el Hijo no nos saca de su corazn, a
pesar de que le hayamos ofendido, a pesar de que hayamos ofendido al hermano.
La parbola del padre misericordioso nos dice que el padre tena dos hijos. Los dos viven alejados, el
menor, de su casa y el mayor, del corazn de su padre. El hijo menor sale de casa sin salir del corazn de su
padre, se va y vuelve, protagonizando una historia mala que termina bien. El hijo mayor se queda en casa sin
entrar en el corazn del padre. Su historia queda incompleta y no sabemos si acept o no los brazos de su
padre, el perdn que amorosamente le ofreca.
<b>El padre perdona, el hijo mayor no: </b>En contraste con el padre, retrato vivo de la forma de ser del
Padre celestial, el hijo mayor no quiere perdonar a su hermano, no tolera que el padre lo acoja y organice
una fiesta en su honor. En cambio el padre ha perdonado totalmente al hijo menor. En su estilo de perdn no
le ha dejado que confiese su falta, ha volcado sobre el todo su amor y ha organizado una fiesta por
recobrarlo salvo. El Padre perdona, y celebra fiesta por el que ha perdonado; el hermano mayor tiene el
corazn de piedra y su boca de palabras duras, ofensivas, destructoras; por su incapacidad de perdonar, se
convierte en enemigo del hermano, se ha frenado en el pasado y no quiere cancelar la deuda a su hermano.
Es incapaz de perdonar porque carece de amor por su hermano y por su padre, no ha dejado entrar el amor
en su corazn. Las cosas le han endurecido. Cuando el hombre carece de Dios es incapaz de otorgar
cualquier clase de perdn.
Jess nos muestra el rostro del Padre amoroso, su manera de ser, misericordioso, bondadoso, indulgente,
lleno todo l de una capacidad infinita de ternura y de perdn. De El le llega al hombre esa capacidad de
perdonar. El Dios duro, inflexible, rgido, severo, riguroso, cruel, no tiene que ver con el Dios que Jess nos
presenta en su vida: un Dios lleno de misericordia, que espera a quien le ha ofendido para darle su abrazo y
as entregarle el perdn amoroso del que est lleno ese corazn divino que siempre perdona y olvida, ms
an, siempre se adelanta en su amor perdonador.
<b>El misterio de la cruz: </b>Cristo es la encarnacin, el rostro del perdn de Dios, cuya profundidad
infinita se descubre en la cruz. All se oyeron esas abismales palabras: <i>Padre, perdnales, porque no
saben lo que hacen</i> (Lc 23,34). Con este acto Jess nos est revelando el secreto del corazn del Padre.
En la cruz Jess puede decirnos: <i>Esta es mi sangre, la sangre de la nueva alianza, derramada por
todos para la remisin de los pecados </i>(Mt 26,28). Solo el amor divino poda elevarse a ese nivel de
perdonar y ser as fuente de vida nueva para los asesinos. Vamos a detenernos en dos momentos que nos
revelan el rostro de Jess y en l el rostro del Padre.

<b> JESS Y EL PERDN : </b>(Mateo 18, 21-22; 23-35; Jn 8, 1-11; Jn 20, 22-23;

En el tema anterior vimos cmo el Padre se nos ha revelado como misericordioso. Siendo Jess uno con el
Padre, no poda actuar de forma distinta. Una caracterstica de Jess fue la de interesarse por las personas,
pues cada una es fuente inagotable de riqueza, de dignidad, tambin de necesidades. Esto le permiti ubicar
debilidades al interior de las personas, de las comunidades. Entre las principales debilidades se encuentran el
egosmo, la violencia, el rencor, la prepotencia. Las personas alimentan, tambin, odios personales o
ancestrales, trasmitidos de generacin en generacin, y aceptados como naturales, lgicos e inalterables.
Jess rompi con esos odios y explic que eran parte de la levadura del pecado. Por ello, en el NT, san
Mateo nos habla de manera especial de la necesidad de practicar el perdn, de la responsabilidad de los
creyentes respecto al perdn y del desafo de construir, con el perdn, las comunidades del Reino de Dios.

Necesitamos mirar a Jess, para aprender lo que significa ser mansos y misericordiosos; lo que significa
buscar la justicia, ser limpios de corazn, trabajadores por la paz. Con nuestra mirada fija amorosamente en
l, descubrimos el sendero del perdn y de la reconciliacin en un mundo a menudo devastado por la
violencia y el terror. En el amanecer del 11 de septiembre del 2001, el mundo vio con una claridad dramtica
el rostro trgico de la demencia humana. Vio lo que sucede cuando el odio, el pecado y la muerte toman el
control de la vida. Pero eso, necesitamos contemplar a Jess y or su voz, que resuena en medio de nosotros.

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Su voz que es voz de vida, de esperanza, de perdn; voz de justicia y de paz. Slo tenemos que escucharla y
dejarnos educar por ella!
<b>La necesidad del perdn
</b>
En toda agrupacin humana surgen dificultades, problemas, obstculos. Lo importante es la forma como los
resolvemos. Jess nos propone como terapia el mtodo del perdn. Es un mtodo alternativo. Por lo general,
nos orientamos a imponer nuestra voluntad. Pero, el perdn contradice a la imposicin. Por eso, perdonar es
un aprendizaje riesgoso y difcil, pues implica luchar contra nuestra manera personal de actuar, contra
nuestros propios instintos, nuestras propias fuerzas, contra nosotros mismos, enfrentar nuestros miedos y
fantasmas.

Jess proclam el perdn como parte de su mensaje de liberacin. Y lo hizo con insistencia entre sus
seguidores. Comprendi que algunos podran abrazar la causa del reino de Dios, enfrentarse a los peligros y
amenazas del sistema, y an as mantener actitudes de prepotencia, de egosmo, de envidia que negaban en
la prctica el contenido, la razn por la que estaban luchando. Actuando as no eran coherentes, no eran
consecuentes sus palabras con sus actos. Es este un peligro que todos enfrentamos en nuestras vidas. Jess
fue consecuente en sus palabras y sus acciones. Y promovi la necesidad de crear nuevas actitudes, nueva
visin de las relaciones humanas, basada en el perdn, el dilogo y la tolerancia.

El perdn es la lgica, el estilo, el mtodo de Jess. La imposicin es la lgica de los poderosos, la lgica del
ms fuerte, del ms rico, del prepotente. Son dos lgicas opuestas, antagnicas. El perdn es la bandera que
ondea Jess y las comunidades del Reino de Dios.

<b>Jess y el perdn: </b>Como Jess se haba mostrado siempre comprensivo y otorgando el perdn a
quienes eran considerados pecadores, algunos escribas y fariseos acudieron a El con un caso extremo, una
mujer sorprendida en adulterio (Jn 8,3-11), para ver si la perdonaba y acusarlo de incumplir e irrespetar la
ley de Moiss.

Es importante notar la trampa que los lderes religiosos tendieron a Jess. Buscaban una razn por la cual
poder acusarle, prenderle y condenarle a muerte. Leyendo el capitulo anterior Jn 7,45-52, se puede notar que
sus enemigos haban fracasado en ese intento. Uno de los propios dirigentes les hizo recordar que no haba
encontrado razn para condenarle. A la vez que ellos pusieron la trampa a Jess, el quiso ayudarles a
entender que <b>el no haba venido para condenar, sino para perdonar</b> y recuperar a los pecadores.

La mujer que le llevaron haba sido sorprendida en adulterio. Podemos imaginar como debi haberse
sentido ella en presencia de Jess y de aquellos acusadores? No caba duda de que era culpable del pecado
de adulterio y, segn la ley de los judos, deba morir. La pobre mujer no tena ninguna base para salvarse de
la muerte. Su nica esperanza era la misericordia y el perdn.

Jess dirigi el pensamiento de los acusadores hacia su propia culpa; no aprob el pecado, pero tampoco
quiso unirse al grupo de los acusadores, que estuvo dispuesto a condenar a la muerte a aquella mujer. El
bienestar espiritual de ella no le interesaba al grupo. Por su parte, Jess la reconoca como pecadora, pero
quiso restaurarla a su respeto y dignidad como persona, a la vez que le perdon su pecado y le hizo
experimentar la dulce experiencia de ser perdonada. Tambin los acusadores, que eran pecadores,
necesitaban del perdn como la mujer. Por eso, les hizo dirigirse hacia su propio corazn, hacia su propio

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pecado, para que reconocieran su realidad. Pues, tambin a ellos quera perdonar. Pero ellos, en su
obstinacin por condenar, no quisieron recibir el perdn. Este pasaje nos revela una de las obras ms
radicales que Jess realizo en su ministerio terrenal: <b>perdonar</b>. En vez de condenar, perdon a esta
mujer y la puso en camino de vivir una vida diferente a la de antes, una vida de felicidad en el Seor.

Jess perdona de esa forma porque ama mucho. Solo un gran amor puede perdonar un gran pecado. Los
escribas y fariseos condenan, no perdonan porque son incapaces de amar. Slo perdona quien ama. El
perdn est esencialmente unido al amor.
Por eso, nosotros, si queremos aprender a perdonar necesitamos matricularnos en la escuela de Jess y
aprender a amar a su estilo, incondicionalmente y sin ningn inters: <i>Yo les digo: amen a sus enemigos,
hagan bien a los que les odian, bendigan a los que les maldicen, rueguen por los que les difamen</i> (Lc
6,27-28).
Fruto del perdn es el olvido de la ofensa. As perdona Jess: <i>todos ellos me conocern cuando
perdone su culpa y de su pecado no vuelva a </i>acordarme (Jer 31,34). El perdn olvida, pero para poder
olvidar hace falta la humildad, una profunda humildad. Humildad y amor completan el perdn. Estos son los
ingredientes del amor de Jess: su gran amor y su gran humildad. Y este es el camino a seguir.
<b>Construir comunidades

</b>
Para construir comunidades es indispensable el perdn. La base de la comunidad es el acuerdo. No es fcil
llegar a acuerdos. El acuerdo es el resultado de un entendimiento, en el que ambas partes ceden. Es el fruto
del dilogo. Surge de la deliberacin. El acuerdo se construye, se crea, no se impone. La construccin de
comunidades del reino de Dios es el resultado de un acuerdo y unin de voluntades: "<i>Porque donde dos
o tres se renan en mi nombre, all estoy yo en medio de ellos</i>" (Mt 18, 20).

<b>Jess es mi perdn.: </b>Un monje contemplativo, despus de una larga y dolorosa enfermedad,
agonizaba consciente del momento que viva. El Abad, reunido con la comunidad en la celda del enfermo
para celebrar el sacramento de la uncin de los enfermos, invit al enfermo a pedir perdn a Dios y a los
hermanos. El enfermo contest, con una gran serenidad: <i>"S, pido perdn al Seor y a todos. Yo mismo
perdono a todos, pero tengo una gran confianza: Jess es mi perdn".</i>

Jess, ms que perdonar, l mismo es perdn, es comprensin, es cercana, es bondad y hace que nos
pongamos de acuerdo unos con otros, que seamos constructores de paz. Y en este camino de bsqueda de
Dios es bueno recordar que Jess es perdn, que es el rostro de perdn que tiene el Padre cuando mira tu
vida con tu pobreza, tus limitaciones, tus pecados. Cuando ests haciendo la ruta de la bsqueda de Dios, a
medida que vayas descubriendo que Dios es amor, te dars cuenta del alcance y la importancia que tienen tus
infidelidades, tus huidas, tus desconfianzas.

Por ello yo te invito a decirle al Seor con todo el amor de tu alma: <i>"T eres mi perdn, mi fuerza, mi
vida. T eres la oracin que yo quiero decirle al Padre. T eres mi hermano, el amigo cercano, el
compaero de camino, T eres mi perdn. T eres mi oracin, Seor Jess". Reglame aprender a perdonar
y olvidar como t lo haces.

</i><B>JESS Y EL LMITE DEL PERDN: </b>(Mt 18, 21-35;


Veamos hasta dnde necesitamos perdonar, cul es el lmite. Ya sabemos que es preciso perdonar. Pues,
como dice un proverbio rabe: el hombre que perdona se parece al incienso que embalsama el fuego que le

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consume. Perdonar es complicado, porque no siempre somos conscientes de toda la rabia, la amargura y el
resentimiento que se ha acumulado en nuestro corazn. Pero, se sabe tambin que el resentimiento produce
efectos nocivos. El estrs causado por el resentimiento ataca el sistema inmunolgico. Y esto explica el
origen de enfermedades como la artritis, arteriosclerosis, enfermedades cardiovasculares, diabetes, etc. Entre
las mejores ayudas contra esos efectos nocivos algunos mdicos recomiendan <i>la prctica habitual,
diaria del perdn.</i> Para descubrir cul es el lmite de entrega de nuestro perdn les invito a encontrarnos
con detenimiento con una parbola que nos propone Jess en el llamado sermn de la comunidad.
<b>El lmite del perdn: </b>En cuanto al lmite de nuestro perdn los rabinos, con fundamento en las
Escrituras decan que se poda llegar a perdonar hasta tres veces. Pedro, en su experiencia al lado de Jess,
crea que se deba perdonar siete veces. Jess, en su escuela, propone un perdn sin medida, siempre. As se
desprende del dilogo que se da entre Pedro y Jess en relacin con el perdn de las ofensas. Dice el
evangelista que Pedro, dialogando con Jess: <i>se acerc y le dijo: Seor, cuntas veces tengo que
perdonar a mi hermano las ofensas que me haga?hasta siete veces? Jess le dijo: no te digo hasta siete
veces, sino hasta setenta veces siete </i>(Mt 18,21-22). Despus de esta enseanza aadi una parbola
que trata sobre la actitud de perdn continuo y de corazn, especfica de los miembros de toda comunidad
cristiana.
<b>Parbola del siervo despiadado: </b>Pedro ha preguntado a Jess el lmite del perdn y hace su
propuesta inquietante: <i>siete veces?</i>, porque la paciencia tiene un lmite. Jess, como de
costumbre, le responde con una parbola (Mt 18,21-35), que es la mejor explicacin al Padre nuestro cuando
dice: <i>perdona nuestra ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden</i>. La parbola
describe las relaciones del hombre con Dios y de los hombres entre s mismos. Es un drama en <b>tres
actos</b> y los protagonistas son un rey y sus siervos. <b>Primer acto</b>: el rey llama a cuentas a sus
siervos y le presentan uno con una deuda astronmica, imposible de pagar: le deba 10.000 talentos,
equivalentes a cien millones de denarios; el denario era el sueldo diario de un trabajador. Ni trabajando
muchos aos, ni vendindolo con toda su familia, hubiera podido pagar: es un deudor insolvente. El rey
<i>tuvo compasin </i> y le perdon toda la deuda. <b>Segundo acto:</b> el siervo perdonado se
encuentra con un compaero que le debe una suma irrisoria: cien denarios. Con <i>un poco de paciencia
</i>pagara y todo quedara resuelto. Sin acceder a ninguna prrroga, rompe su relacin con el compaero,
y le hace meter en la crcel. <b>Tercer acto:</b> nuevamente el rey y el siervo insolvente. El rey condena
al siervo despiadado, por no tener compasin con su compaero, habiendo sido l perdonado completamente
de una deuda impagable. Contrastan las actitudes del rey perdonando y del siervo cruel, condenando
despiadadamente a su compaero. La experiencia del amor misericordioso del rey para nada le sirvi. Cada
uno somos responsables de la manera de compartir fraternalmente el perdn recibido del Padre.
<b>Somos deudores insolventes: </b>Nosotros, al ofender, acumulamos sobre nosotros una deuda con
Dios colosal, impagable. La decisin del rey de querer vender al hombre, a su esposa, sus hijos y sus bienes,
quiere subrayar la desesperada situacin del deudor. Este se convierte en un deudor insolvente. Solo Dios es
la nica salida. El, grande en misericordia, nos perdona gratuitamente nuestra deuda cuando llegamos
arrepentidos a su presencia. La actitud del perdonado debe ser perdonar. Por eso, el cristiano, perdonado
siempre, debe perdonar siempre. Pero, en la parbola se agrava la situacin del deudor cruel con su actitud
personal de corazn duro, terriblemente vengativo. Este siervo no se da cuenta de todo lo que pierde por no
perdonarle a su compaero una deuda tan pequea e insignificante. Ms adelante se dar cuenta de los
estragos que produce su rencor, su violencia, su odio. Esos estragos llegan a todos los campos de su persona:
el econmico, mental, familiar, social, fsico y espiritual.
<b>Nuestra experiencia: </b>Unas veces soy el siervo cruel, otra el consiervo, y debo ser siempre como el
rey. La convivencia comunitaria crea roces, ofensas, daos. Unas veces no nos ofenden realmente, otras
somos suspicaces, o muy sensibles. Otras, sin querer o queriendo, nos herimos, nos ofendemos realmente. Y
nos cuesta perdonar de corazn, ya sea las ofensas grandes, o las de cada da. Utilizamos en el perdn dos
clases de medidas: que Dios nos perdone siempre, pero yo no siempre. Lo que yo hago a los dems nunca es
grande, siempre tiene excusas, nunca es para tanto. Lo que los otros me hacen, eso siempre es grave,
imperdonable, sin excusas. Adems, nos cansamos de perdonar. De ah la importancia de estar muy unidos
con el Padre celestial que nos ayuda a ser misericordiosos como l, a perdonar siempre.

<b>Perdnanoscomo nosotros perdonamos: </b>La parbola nos ensea la inaudita magnanimidad del
Padre. El ofrece la gracia de su perdn totalmente gratuito y tan magnnimamente que el hombre ni siquiera
puede sospechar. Pero este perdn no lo puede recibir quien no est dispuesto a perdonar a su hermano con

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generosidad. Adems, quien vive continuamente envuelto en la misericordia de Dios, no puede ser duro y sin
piedad con sus hermanos cuando le han hecho algn dao o le deben algo.

El versculo comienza con una peticin de ese perdn gratuito que da el Seor y que debe cambiar la forma
de vivir nuestras relaciones. Le decimos al Seor: <i>Perdnanos</i>. El <i>como nosotros
perdonamos a quienes nos han ofendido</i> es una peticin de los cristianos que hemos tenido la
experiencia del perdn de Dios en nuestra vida y, por ello, queremos manifestar que vivimos en la lgica de
la gracia. Nos ponemos en la misma longitud de onda que el Seor. En realidad esta peticin del
Padrenuestro es una peticin de conversin, de colocarnos en armona y en coherencia con su amor. Al
perdonar <i>a los que nos ofenden</i> manifestamos que estamos en el circuito de la gratuidad del amor
del Seor.

Rehusar perdonar al hermano es bloquear el movimiento del amor y del perdn del Seor. Impedimos que su
vida circule y se difunda en el mundo a travs de nosotros, de nuestros actos. Bloqueamos el circuito del
amor de Dios que debe salvar al mundo. Lo afirma el evangelista Mateo: <i>Porque si ustedes perdonan a
los hombres sus ofensas, tambin el Padre celestial les perdonar a ustedes; pero si no perdonan a los
hombres, tampoco el Padre les perdonar sus faltas</i> (Mt 6,14-15).

<b>Sean misericordiosos</b>A lo largo de la historia de la salvacin, el pueblo bblico fue purificando su


concepcin del perdn entre los hombres, valindose de su experiencia del perdn que reciba de Dios. La
misma ley del Talin representaba una evolucin positiva respecto a las prcticas corrientes de los pueblos
vecinos, pues impona lmites a la escalada de la venganza: Ojo por ojo y diente por diente! Pero no ms!

Jess, en cambio, con su proceder y su enseanza sobre el perdn, es una revelacin de la misericordia del
Padre, que revoluciona los fundamentos, la finalidad de las relaciones humanas y trasciende nuestra
concepcin del perdn: <i>Amen a sus enemigos y oren por los que les persiguen y calumnian.</i>
<i>Sean misericordiosos </i> <i>como el Padre celestial es misericordioso</i> (Lc 6,27-36).

<b>El cristiano y el perdn: </b>El cristiano debe <i>estar siempre dispuesto a perdonar</i> para imitar
a Cristo que se sacrific por nosotros, para nuestro perdn. El perdn es consecuencia de que nosotros
mismos hemos sido perdonados. <i>Perdonar es siempre una actitud divina</i>. Solamente perdonamos en
Jesucristo. Y la fe en Cristo supone una conversin total y una donacin completa a Cristo que transforma
toda nuestra persona. El cristiano desde Cristo se abre al perdn y a la reconciliacin. La nueva vida
centrada en Cristo se caracteriza por la actitud de Jess que siempre es el primero que perdona y siempre
gratuitamente. Adems de perdonar, Cristo en la cruz pide perdn por sus asesinos y los disculpa ante el
Padre celestial: <i>Padre, perdnalos; ellos no saben lo que hacen</i> (Lc 23,34).

<b> JESS SANA HOY


</b>

(Lc 4,16-19; Mc 7,14-23;

Les invito a reflexionar sobre un tema fundamental para quien ha sido herido en su interior. Jess vino a
curar al hombre de sus pecados, de sus heridas y a darle vida en abundancia: <i>Acaso olvida una madre
a su nio de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entraas? Pues aunque ellas llegasen a olvidar, Yo
nunca te olvido. Mralo, te tengo tatuado en la palma de mis manos</i> (Is 49,15-16). Dios-amor se
preocupa de nosotros, de nuestra salud corporal o fsica y espiritual o interior. Cuida de nosotros mejor que

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una madre cuida de su hijo pequeo. El tema de la sanacin interior es un tema central en el ministerio de
Jess, poco manejado hoy por nuestra pastoral. Jess ha venido a sanar los corazones destrozados por el
desamor y nos ofrece un corazn nuevo. Necesitamos ponernos en contacto con el poder sanador de Jess,
que nos quiere completamente sanos.
<b>Testimonios:</b> Un sacerdote sufri durante varios aos de dolores de cabeza persistentes, gripas y sinusitis.
Lo agravaba el clima tropical donde viva y el trabajo que tena que realizar. En un momento de dilogo con el Seor, el
le dijo: Tu vida est llena de tensiones innecesarias, que destruyen tu salud. La fuente de esas tensiones no es ni el
clima, ni el trabajo, sino tu espritu desconfiado y negativo. Cuando trabajas, lo haces como si yo no estuviese contigo.
Porqu no confas en m? Ah est ese sacerdote al que no acabas de aceptar. Porqu no lo perdonas y aceptas, como
yo te perdono y acepto a ti?. Y Jess, mdico divino, no solo hace el diagnstico a fondo, receta el tratamiento, sino
tambin nos sana. Por eso, con su ayuda comenc a mirar a mi hermano sacerdote, con amor y comprensin,
perdonndolo. Me fue fcil perdonarlo ms de siete veces. Comenc a visualizar el trabajo, no como <i>mi trabajo</i>,
sino como algo del Seor, que yo realizo bajo su direccin y con su fuerza. El Espritu de alabanza vino a reemplazar mi
espritu de queja. A los pocos das sufr un ataque fuerte de gripa y sinusitis. Pero, segu confiando en el Mdico divino y
alabndole. Desde entonces, -hace ya doce aos- no he vuelto a tener gripa fuerte, ni sinusitis, ni dolores de cabeza.
Oigamos otro testimonio: En mi familia viv un ambiente de costumbres y normas cristianas. Como estudiante cumpl
siempre con las prcticas de piedad. Tena informacin, pero no formacin cristiana; no me haba encontrado con el Dios
vivo y verdadero. Desde los 15 aos, al ser traumatizada por un sacerdote en la confesin, no volv a confesarme, ni
siquiera el da de mi matrimonio, al que llegu ilusionada. Tuve varios hijos, pero poco a poco fui perdiendo la ilusin.
Mi esposo y yo vivamos en el egosmo: me faltaba lo nico que necesitaba: amor. Mi matrimonio se convirti en un
infierno. Al no recibir amor de mi esposo, lo busqu por otro lado y ca varias veces en la infidelidad. As se agrav mi
problema matrimonial y me fui alejando ms y ms de mi esposo. Al repetirse mi infidelidad vino la catstrofe: sufr un
trauma. Se acrecentaron las agresiones matrimoniales. Ya no me interesaba mi persona, me detestaba a m misma, me
despreciaba y quera eliminarme. No le encontraba sentido a una vida tan vaca, donde no exista el amor, sino el odio.
La culpa se la echaba a mi esposo. Cada da me senta menos humana, menos mujer. Las pocas veces que iba a Misa
comulgaba en pecado mortal y eso me haca sentirme ya condenada en vida y empeoraba mi situacin.
En estas circunstancias viv un retiro espiritual. El ES me regal el arrepentimiento y la seguridad de que Dios me
perdonaba. Al domingo siguiente asist a la santa misa, pero no me fue posible comulgar, no quera cometer un sacrilegio
ms. Recib el regalo del arrepentimiento, me acerqu al sacerdote como aquella mujer que se acerc por detrs de Jess
a lavarle los pies. El Seor me acogi con ternura y me liber del gran peso que yo no poda soportar. Esa confesin me
llen del amor que estaba necesitando y all mismo renaci el amor a mi esposo. Esa tarde volv a nacer. Estaba
inundada de una paz total imposible de describir. Comulgu y sent que no era yo quien reciba a Jess, sino El quien me
reciba, me aceptaba, me amaba y llenaba todo el vaco de mi vida. Soy consciente de mi debilidad, pero ahora mi
corazn no est vaco, tengo a Jess vivo en m y que me da su amor a en abundancia.

<b>Ministerio de Jess:</b> Jess, al exponer su programa de evangelizacin, insiste en la sanacin del


hombre (cf. Lc 4,16-19). De los cinco objetivos propuestos en su programa, cuatro se realizan al interior del
hombre y uno al exterior, mostrando as Jess que nuestro interior es el ms necesitado de su accin
sanadora. Lo que enferma al hombre, generando toda clase de enfermedades, es el desamor, el rechazo, el
desprecio. Estas heridas afectivas se instalan en el corazn, influyendo en nuestro cuerpo y en nuestro
comportamiento con los dems. Y una persona enferma interiormente no puede ser feliz, ni crecer
espiritualmente. Muchas personas van acumulado en su interior toda clase de mugre: temores, frustraciones,
agresividad, miedo, resentimiento, rivalidades, odios. Con terapias logran cierta serenidad. Pero, en el
subconsciente continan ocultas las heridas emocionales. Estas hacen imposible la felicidad, el amor, el
crecimiento espiritual. Sanar esas heridas es ms importante que curar los mismos males fsicos.
<b>Cuatro tiranos: l</b>os psiclogos hablan de <i>cuatro tiranos</i>, perturbadores de la
personalidad y que actan desde nuestro interior. Son ellos: el odio, el temor, el complejo de inferioridad y el
complejo de culpa.
<b>El odio:</b> es una aversin, antipata u oposicin extrema hacia alguien, hacia algo. Al no recibir el
amor que esperbamos, al ser maltratados, despreciados, ignorados, surgen en nuestro interior sentimientos
de rencor, hostilidad, resentimiento, agresividad, rebelda, violencia, indiferencia. Todo esto nos hace vivir
amargados e imposibilita nuestra felicidad. Hoy estamos enfermos de odio, ms de lo que aparece. Nos
hemos olvidado que odiar al hermano es igual que asesinarlo: <i>todo el que odia a su hermano es un
asesino</i> (1Jn 3,15).
<b>El miedo:</b> padres muy severos, maestros o superiores poco comprensivos influyen para que desde
pequeos hayamos acumulado temor a la autoridad, al fracaso, a tomar iniciativas, a hablar en pblico, a
confiar en los hermanos, a morir, etc. Mientras no nos liberemos de esos miedos, con la accin del ES,

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actuaremos inhibidos, frenados y, ms adelante, superiores, nos convertiremos en autoritarios, dspotas,


opresores.
<b>Complejo de inferioridad:</b> se da al no recibir la comprensin, los estmulos que todo persona
necesita; cuando nos hacen sentir incapaces, intiles, nos hacen sufrir frustraciones, cuando se nos ridiculiza,
se nos humilla delante de los dems. Por eso nos tornamos tristes, esquivos, irascibles, rebeldes.
<b>Complejo de culpa:</b> sentimiento anormal de culpa. Lleva a la persona que lo padece a encerrarse
en s mismo, angustiarse, resignarse. Se puede exagerar la culpa por escrpulos y hasta por querer afianzar
nuestra personalidad religiosa. La culpa anormal engendra sentimientos de miedo, complejos, desesperacin,
depresin, autodestruccin.
<b>Generadores de otras enfermedades:</b> Jess contina hoy sanando esas enfermedades
emocionales: odios, rencores, amargura, violencia, agresividad, pues ellas pueden doler por mucho tiempo
con consecuencias fsicas, psicolgicas, espirituales, sociales. <i>Consecuencias fsicas:</i> lceras
estomacales, gastritis, dolores de cabeza, de estmago, presin alta, etc. <i>Consecuencias psquicas:</i>
depresiones profundas, angustias, agresividad descontrolada, disgusto por la vida, desconfianza
generalizada, resentimientos permanentes y otras; <i>Consecuencias espirituales: </i>dificultad en la
oracin, frialdad espiritual, sensacin de no ser amado por Dios, falta de gusto por los ejercicios espirituales
y otros; <i>Consecuencias de orden social: </i>encerramiento y aislamiento, mal humor, espritu de
desaliento, comportamiento agresivo, dificultad por la convivencia pacfica, para amar y dejarse amar, para
asumir compromisos, espritu de crtica destructiva y negativa.
<b>De dentro sale el mal del hombre:</b> Se dice que <b>tres cuartas partes</b> del dolor y
enfermedades corporales se originan en estados mentales, emocionales o espirituales. Jess mismo nos ha
dicho que el mal sale de dentro, del corazn del hombre. Por eso, con una gran realismo se nos invita a
examinar esas zonas ms profundas de nuestro ser, que realmente necesitan sanacin. Esas zonas pueden
estar: en tu mente dominada por el negativismo, por el pesimismo, la sospecha, la duda; en tu afectividad
dominada por la tristeza, el miedo, la ansiedad, el odio, la angustia, la culpabilidad; en tu espritu ahogado
por el pecado, el rencor, el odio, la venganza, la desconfianza y la falta de perdn. Esas zonas, todava no
redimidas, precisan tu atencin y la del Mdico divino.
Ordinariamente, cuando nuestros sentimientos negativos son intolerables y amenazantes, los enterramos en
nuestro subconsciente, para alejarlos de nuestra propia conciencia, pues de otro modo nos inquietara
permanentemente. Y as, vamos por la vida sin ser conscientes, ocultando nuestros sentimientos, y sin captar
el mensaje, que el Seor nos enva a travs de ellos. El engao puede entrar en nuestra vida, complicando
nuestra conducta, nuestras relaciones con los dems. Consulta con tu Mdico divino: El te recetar
<i>colirio para que te untes en los ojos y recobres la vista</i> (Ap 3,15-22). Te ensear a dialogar sin
miedo con tus propios sentimientos. Y te dedicar todo el tiempo y la atencin que necesites.
<b>Jess mdico divino:</b> Jess contina hoy sanando esas enfermedades generadas por el desamor. Es
necesario buscar sanar estas heridas con una terapia reiterativa de oracin, hasta conquistar la paz definitiva.
Jess san a la samaritana del odio y de su incapacidad de amar, a Nicodemo y a los apstoles del miedo. El
es Escuela de sanacin para todos nosotros.
<b>Proceso de sanacin:</b> El mtodo curativo de Jess alcanza a toda la persona y no solo a parte de
ella, va al fondo y a la raz del mal: al pecado, que es la enfermedad ms terrible del ser humano y la raz de
todos los males. Es necesario abandonarnos sin condiciones a Jess, mdico divino, para que haga en
nosotros lo que vea necesario. Este libre consentimiento es el punto de partida de toda sanacin profunda.
Invoca, por tanto, al ES, a Jess o a la Virgen Mara. Lee alguno de los siguientes textos: Jn 3,1-21;4,5-19;
20,11-17;Lc 10,38-42. Visualiza a Jess, y ponte en lugar de la persona que dialoga con El en ese pasaje.
Con la ayuda de la lectura, visualiza a Jess resucitado, radiante, muy humano y accesible. Se acerca a ti
sonriente, deseoso de compartir contigo su paz, su felicidad. Contempla sus heridas abiertas: de ellas
recibirs la sanacin de tus heridas. Si no consigues visualizar al Seor, no te preocupes. Haz un acto de fe
firme en su presencia junto a ti y dile: Seor, yo s que t ests aqu porque me amas y deseas mi felicidad.
Inndame con tu presencia, con tu luz. Una palabra tuya bastar para sanarme. Te firmo un cheque en
blanco para que, como alfarero divino, transformes este barro en una nueva criatura.

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<b>Dialoga con Jess</b>: con toda sencillez y confianza cuntale lo que ms te preocupa en este
momento. Hblale de tus problemas, de tus complejos, de tus sentimientos dainos. Deja que su presencia,
su mirada, su luz penetre dentro de ti cualquier zona que est ominada por las tinieblas, que est herida. Dile
que te muestre lo que de ti le desagrada y a ti te perjudica. Dile que exponga a su amor, a su luz, la raz de tu
enfermedad, la fuente de tu mal, la causa de un conflicto, el porqu de un complejo o problema.

<b>Ejericicio 8: UNA EXPERIENCIA DE PERDN: </b> Les presento una experiencia sobre el
perdn. Leer libros ayuda, or conferencias ayuda, pero no hay nada como vivir, experimentar el perdn. Nada sustituye
a la experiencia. Para lograrla propongo una experiencia que nos entrega un sacerdote, que ha trabajado proporcionando
guas prcticas para aprender a perdonar. La experiencia que l nos ofrece es a travs de la meditacin. El nos propone
una vivencia en forma de meditacin. Porque en el perdn, al igual que en todas las prcticas espirituales como la
oracin o la meditacin, no se improvisa. No podemos perdonar de inmediato sin antes habernos preparado del mejor
modo posible.
<b>Guas para la experiencia de perdn: </b>1. Esencial de la experiencia es seguir atentamente los movimientos de
tu corazn, aprender cosas sobre ti y aceptarte tal como eres. Evita forzarte a perdonar a toda costa. Es mejor que el
perdn llegue a tu corazn como un fruto maduro. Pero, puede suceder que tu corazn se cierre a la compasin. Acepta
cualquier movimiento interior. Tmate la libertad de suspender tu experiencia cuando necesites hacerlo.
2. Para iniciar el ejercicio, es aconsejable que elijas una ofensa pequea. As como en los ejercicios fsicos, al principio
no te atreves a levantar pesos de muchos kilos, ni a correr una maratn, as ocurre con el perdn. No empieces queriendo
perdonar ofensas graves, como la del estafador que te ha arruinado, o la del ex-cnyuge que te ha sometido a malos tatos
durante aos. Elige una ms leve como la del feje grosero, o una rebelda del hijo.
3. Al finalizar la meditacin, sera til que escribieras tus impresiones y, mejor todava, que las compartieras con un
compaero. Esto te puede ayudar a profundizar en tu reflexin.
4. La meditacin puede durar unos 20 minutos. Para facilitar su desarrollo, elimina lo que pueda distraerte. Adopta una
postura cmoda, preferentemente sentado, con los pies en el suelo y los ojos cerrados.

<b>Desarrollo de la</b> <b>Meditacin


<i>Tmate tiempo para entrar en contacto contigo mismo. Poco a poco, vete centrando tu atencin en los
movimientos de tu corazn. Percibe sus latidos y su calor. Ahora, hazte estas preguntas: Qu
representa el perdn para m?qu nueva calidad de vida me podra proporcionar?. Recuerda una
experiencia positiva en la que t hayas sido perdonado. Tmate tiempo para saborear la alegra de ese
perdn. Imagnate un mundo hecho de relaciones felices y de perdn Deja aflorar en ti el recuerdo de
la persona con la que ests resentido. Mrala. yela. Sigue sintiendo la que experimentas de verdad
Con mucha atencin a tu vivencia y delicadeza hacia ti, deja que se aproxime esa persona que habas
expulsado de tu corazn. Toma conciencia de los bloqueos que pueden producirse en ti en ese momento.
Deja emerger las emociones y los sentimientos que te animan. Tmate tiempo para identificarlos bien y
aceptarlos. Si tus emociones son demasiado fuertes, no sigas. Tmate tiempo para digerirlas y asimilarlas
antes de continuar. Si te sientes bien, sigue dejando aproximarse a la persona que quieres perdonar.
Contina observando lo que pasa en ti.
Cundo te sientas preparado, djala entrar en tu corazn. Susrrale: te perdono!. Dirgete a su
corazn y, con tus propias palabras, a tu manera, reptele suavemente:Te perdono todo lo que me has
hecho en el pasado, de manera deliberada o no, y lo que me ha hecho dao o me ha perjudicado; tus
palabras, tus gestos e incluso tus pensamientos. Te perdono, te perdono!. Toma conciencia de hasta qu
punto esa persona est sufriendo y se siente asustada y herida. Dale tiempo para recibir tu perdn y
sentirse conmovida por l Es tan emocionante, tan sublime y reconfortante ver cmo dos corazones se
encuentran en el respeto y la paz. Descubrirs que para t la ofensa ha concluido, ha quedado zanjada,
que ya no influye en ti. Lo que poda quedar de resentimiento se borra con el perdn, porque los
corazones de ustedes se han encontrado y reconocido con gran simpata. S, con el perdn todo acab.
Luego, con tu bendicin, djale marcharse con un apersona liberada, transformada, rejuvenecida por tu
perdn. Djale seguir su camino, desendole la mayor felicidad posible. Date tiempo para saborear la
curacin. Agradece a Dios que te a concedido esta gracia.: </b><b></i>Eplogo a la meditacin:
</b>Concdete un momento de reflexin para recoger los frutos, ya sea compartindolos con alguien, o
anotando tus impresiones en un diario. Para ello, te pueden ser tiles las siguientes preguntas: Qu has
vivido durante la meditacin? Si te sientes liberado, felictate y celebra este perdn. Si has encontrado
obstculos, felictate por tu valor y tmate tiempo para identificarlos bien. Qu contina bloqueado en ti?
Tmate tiempo para aceptarte con ese bloqueo. Qu necesitaras para eliminar este o estos bloqueos?

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Qu tendra que hacer para progresar en el perdn?

<B>SANACIN POR LA CRUZ: </b>Vamos a reflexionar sobre un elemento humano, una


fuerza terrible que se opone y resiste al plan de Dios, a su amor. Es una enfermedad hereditaria que
es sanada por la muerte de Jess en la cruz. Esta enfermedad es el egosmo, alimentado por el
orgullo, que nos llevan a centrarnos en nosotros mismos, no importarnos los dems y convertirnos
as en el centro del universo. Todo tipo de injusticia, odio, guerra, violencia estn motivados por
un egosmo y un orgullo exagerados. Por la propia experiencia podemos afirmar que muchas
enfermedades fsicas son originadas por nuestro egosmo. Cuntas lceras, depresiones, tensones,
dolores de cabeza, gastritis y otro tipo de dolencia brotan en nosotros debido a nuestro egosmo.
<b>El egosmo: </b>El egosmo, que nos lleva a buscar la seguridad en nosotros mismo, tratando
de ser el centro del universo, es un cncer que va destruyendo completamente a quien lo padece.
El egosta no sabe darse, porque a nadie ama, ni siquiera a s mismo. No puede ver a lo lejos, por
eso nunca se fija en los otros, sino para sacar provecho de ellos. Slo se ve, se escucha, se sirve a
s mismo y a sus intereses personales. La gratitud no existe en el corazn del egosta. Ms an, el
egosmo es el causante de la miseria, adulterios, guerras, violencia que hay en el mundo, en la
familia del egosta y an dentro de s mismo.
Los dos pies, donde se apoya el egosta, son la comodidad y la ley del menor esfuerzo. Estas
normas son tan explotadas por la propaganda de la actual sociedad del consumo y del bienestar. El
desorden, la miseria mundial, todos los sentimientos negativos: violencia, odio, rabia, etc., se
manifiestan de una manera evidente en el egosmo, enfermedad tan contagiosa que se propaga
entre hombres y mujeres a la velocidad de la luz. El egosmo convierte en individualistas a quienes
lo viven y, as, no saben compartir nada, pues todo lo quieren para ellos mismo. No han aprendido
otras palabras que mo, mo.
El egosmo solo produce dolor, violencia, terrorismo, odio, amargura, angustia, intransigencia,
divisin, sufrimiento. El egosta no se siente amado ni ama. Por eso, es un problema para s mismo
y un problema para su familia y para la comunidad.
<b>Medicina: </b>La medicina para curarse del egosmo la entreg el Seor en una de sus
bellsimas mini parbolas, cuando nos dijo: <i>Si el grano de trigo no cae en tierra y muere,
queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto</i> (Jn 12,24). Jess lo ense con sus palabras,
pero lo rubric con su vida: <i>El muri para que ya no vivamos para nosotros mismos sino
para l, que por nosotros muri y resucit</i> (2Cor 5,15).
Jess se olvid y se neg a s mismo en todas las formas posibles. En el desierto fue tentado con
egosmo, fama y riquezas, pero triunf. Vivi una vida que fue un acto de amor continuo,
muriendo, finalmente, en una cruz por todos nosotros.
<b>La victoria sobre el egosmo: </b>Jess nos am olvidando su trono en el cielo, hacindose
semejante a nosotros en todo, menos en el pecado. Olvid la comodidad naciendo en un establo.
Se hizo pobre e hijo de pobres; renunci a su dignidad, fue insultado y escupido; fue azotado,
coronado de espinas, clavado de pies y manos en la cruz y all, renunci a todo: al poder, a la
defensa, a la venganza; muri a todo lo que el mundo ofrece como camino fcil y cmodo, dando
as la prueba mxima del amor, entregando la propia vida por el amado, para curarnos de nuestro
egosmo que busca en todo la comodidad.
As nos demostr que es posible renunciar a ser el centro del universo, vencer el egosmo y
despreciar los caminos del poder y del dominio que el mundo ofrece. Las calumnias no le hirieron,
ni tuvo necesidad de responderlas, de defenderse; los insultos no le movieron a vengarse, sino que
tom la condicin de siervo; la violacin que hicieron de sus derechos humanos no le afect,

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porque ya antes haba renunciado libremente a ellos; la cruz, signo de escndalo se convirti en
signo de la victoria de Cristo sobre el egosmo.
<b>Para sanar profundamente: </b>Como todos estamos gravemente enfermos del cncer del
egosmo, necesitamos una sanacin completa y radical, que no puede realizarse con simples
aspirinas. La nica manera de dominar el egosmo con sus secuelas de violencia, odio, amarguras,
rabias, incapacidad de perdonar, etc., es haciendo lo que hizo el nico que lo ha vencido del todo:
morir a nosotros mismos.
Jess, el mdico divino, le da a la persona egosta la siguiente receta: <i>Si alguno quiere venir
en pos de m, niguese a s mismo, tome su cruz y sgame. Porque quien quiere salvar su vida la
perder, pero quien la pierde por m la encontrar. De qu le sirve al hombre ganar El mundo
entero, si pierde su vida? O qu puede dar el hombre a cambio de su vida?</i>( Mt 16,2-25; Lc
14,26-27; Jn 15,14).
Negarse a s mismo es lo mismo que morir a s mismo. Y morir significa dejar de vivir. Morir
a s mismo es dejar de vivir para s y empezar a vivir para los otros. Negarse a s mismo no
significa renunciar a un pedazo de carne, de pan, de comida durante la cuaresma, dar limosna, sino
ver cmo servir a los dems, olvidndonos de nosotros y de lo nuestro.
Ser discpulo de Jess es amar de tal manera que Jess sea el dueo de las posesiones personales,
afectos, familia y de la propia vida. Debo amar a los dems, perdonarlos, de la misma forma que
El lo hizo. Su mandamiento es amar a los dems de la misma forma que El am, dando la vida por
el otro como El, como prueba de amor: <i>Nadie tiene amor ms grande que el que da la vida
por el amigo</i> (Jn 15, 13).
La nica manera del vencer el egosmo, y con el la violencia, la venganza, la injusticia, el odio,
que nos enferma y nos hace infelices, es morir a nosotros mismos. Esta es la verdadera liberacin
y sanacin radical. Si no aprendemos a morir a nosotros mismos, cualquier contrariedad se
convertir en una catstrofe y todas las heridas normales que recibimos sangrarn y se infectarn,
contagiando a otros. Las adversidades se convertirn en tragedias y los problemas en traumas. As
comienzan a veces odios seculares y hasta guerras. Algunas personas viven tristes y amargadas
porque otra no les correspondi el saludo.
<b>La medida del amor: </b>El termmetro que indica si somos de Cristo es el amor. Si no
amo, simplemente no soy cristiano. Cristianismo y amor son sinnimos. Este amor tiene dos
niveles. <b>Primero</b>: <i>amar a tu prjimo como a ti mismo</i> (Mc 12,31). El amor
con que nos amamos a nosotros mismos es la medida con que debemos a amar a los otros.
<b>Segundo</b>: <i>mense unos a otros como yo los he amado</i> (Jn 13,34). Y Cristo nos
ha amado: <i>como el Padre me ama as les he amado yo</i> (Jn 15,9). Cada uno de nosotros
es amado por Cristo con el mismo amor con que Jess es amado por el Padre celestial. El modelo
para amarnos unos a otros, por tanto, es como el Padre ama a su Hijo nico, con un amor divino,
con ese amor que le cost la vida a Cristo.
Por tanto, quien identifica al cristiano no es el egosmo sino el amor que, existiendo en nosotros,
va sanando y destruyendo el egosmo. Quien en verdad muere a s mismo adquiere una vida
radicalmente distinta, vive en la forma en que Cristo nos ense a vivir, sanndonos en la cruz. De
la misma manera, si nos entregamos a El, extirpar el tumor de nuestro egosmo hacindonos
verdaderos hijos de Dios, capaces y libres para amar.
<B>FUNDAMENTOS BBLICOS DEL PERDN: </b> (Jer 31,31-

34; Is 55,6-9; Ex 34,6-7; Mt 6, 27-38; Lc 15,1-32)


Les invito a que veamos qu nos dice la Biblia sobre este tema fundamental del perdn. La

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Escritura, dijimos, es la ctedra desde la que el Seor nos ensea la ciencia del amor, de la
misericordia y del perdn. El aprendizaje de esta ciencia dura toda la vida, pues en
cualquier momento nos acecha la garra del odio, de la desesperacin. En la tradicin bblica
el perdn es una de las manifestaciones del amor de Dios, que se revela como misericordioso.
Porque l es amor es perdn y misericordia. De todos modos el pueblo elegido conoci el perdn
porque lo recibi a manos llenas de su Dios y Seor, que le amaba hasta morir.
Para el pueblo de la alianza, el perdn de Dios es misericordia y esta es fruto de una experiencia
amplia y riqusima. El pueblo sabe lo que es la misericordia porque la ha recibido del Seor.
Siempre que fueron infieles pidieron la misericordia de Dios y siempre el Seor se apiad de ellos.
A medida que el pueblo fue haciendo su camino hacia Dios fue tomando conciencia de que El es
un ser vivo, y su amor es misericordioso, gratuito y grande sobre manera. Al tratar de entender el
perdn se llega hasta la misericordia, que tiene en la Biblia un contenido riqusimo, que Juan Pablo
II expone en su carta encclica Dives in misericordia, n. 4.
<b>Antiguo Testamento: </b>La Biblia presenta al hombre o al pueblo pecador como un deudor
insolvente, al que Dios borra gratuitamente su deuda: <i>perdona el pecado de tu pueblo segn
tu gran misericordia</i> (Num 14,19). Y cada vez ese perdn es tan autntico y eficaz que Dios
no vuelve a recordarse de ese pecado, que queda destruido: <i>cuando perdone su culpa, y de su
pecado no vuelva a recordarme</i> (Jer 31,33-34; Is 38,17; Hebr 10,17).
Los profetas piensan que Dios tendra derecho a dejar estallar su clera ante la monstruosidad de
los pecados de los hombres; pero, terminan reconociendo que el corazn de Dios no es como el del
hombre (Is 55,6-9), que l no quiere destruir: <i>mi pueblo se inclina a la apostasa; gritan pero
nadie los levanta. Cmo voy a abandonarte, Efran, cmo voy a traicionarte, Israel? Mi corazn
se revuelve dentro de m, y todas mis entraas se estremecen. No actuar segn el ardor de m ira,
no destruir a Efran, porque soy Dios, no un hombre; en medio de ti soy el Santo y no me gusta
destruir</i> (Os 11,7-9).
El lenguaje corriente del AT identifica la misericordia con la compasin o el perdn. Pero el
trmino misericordia es mucho ms rico, pues se halla en la confluencia de dos corrientes: la
compasin (<i>rahanim) </i>y la fidelidad (<i>hesed</i>). <i>Rahanim </i>expresa el apego
instintivo de un ser a otro. Segn los semitas, este sentimiento tiene su asiento en el seno materno
(1Ry 3,26), en las entraas, o como decimos nosotros, en el corazn (Jer 31,20. Es la ternura de la
madre. Este trmino introduce una connotacin femenina, ms maternal, pues viene de la raz
<i>rehem</i>, que significa seno materno. La revelacin bblica quiere hacernos comprender que
entre Dios y el hombre existe el mismo lazo que une a una madre con su hijo. Este amor no se
parece a ningn otro. Es exigencia del corazn mismo de Dios, una ternura gratuita llena de
paciencia y comprensin maternales, siempre pronta a perdonar. Y Cristo es la encarnacin, la
epifana visible de la misericordia del Padre.
El segundo trmino hebreo <i>hesed</i> significa tambin, misericordia. Designa piedad,
relacin que une a dos seres e implica fidelidad, que no es una bondad instintiva, sino consciente,
voluntaria, incluso, es respuesta a un deber interior, fidelidad con uno mismo.
Las dos palabras tienen significados amplios y ricos que las biblias las traducen por misericordia,
amor, ternura, fidelidad, piedad, compasin, clemencia, bondad y, hasta gracia. Esos significados
expresan la riqueza y profundidad de la fidelidad de Dios para con su criatura, el hombre. Segn
esto la misericordia supera ampliamente el perdn y Dios, desde el principio hasta el fin manifiesta
su ternura con ocasin de la miseria humana.
En el Sina Dios revela a Moiss el fondo de su ser, que es perdn hasta la misericordia. Su pueblo
acaba de apostatar. Entonces, Dios proclama que sin hacer mella a su santidad, la misericordia
divina triunfa siempre sobre el pecado: <i>Yahveh es un Dios de ternura y gracia, lento a la ira
y rico en misericordia y fidelidad, que mantiene su misericordia hasta la milsima generacin,

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perdona las faltas, la rebelda y los pecados, sin dejarlos impunes</i> (Ex 34,6-7). Su
misericordia le hace aguardar con paciencia infinita. Tal es el ritmo que marcar las relaciones de
Dios con su pueblo hasta la venida de su Hijo. El perdn es expresin de su mismo ser. El es fiel,
pues no puede renegar de s mismo. Y la misericordia es expresin de la fidelidad de Dios. Los
frutos del amor maternal de Dios son el perdn, el deseo de restablecer al pecador en la alianza
que su pecado ha roto, infundindole esperanza en su salvacin.
<b>Nuevo Testamento: </b>En el Nuevo Testamento Jess, con su vida y su palabra, nos revel
el rostro de Dios. En la parbola del hijo prdigo (Lc 15,11-32), nos revela el ser del Padre, rico en
perdn y misericordia. Nos pinta al Padre, vigilando el regreso del hijo pecador, y cuando lo
descubre de lejos le tiembla el corazn y corre amorosamente a su encuentro.
Con esta parbola quiso Jess revelarnos la verdadera imagen de Dios, infinito en misericordia
para con el pecador. Por eso esta parbola es la carta de identidad de Dios, que el mismo Hijo de
Dios nos entreg. En la lectura de la parbola va surgiendo poco a poco el rostro misericordioso y
fascinante de un Dios incomprensible para el solo razonamiento humano. Jess, al revelarnos al
Padre, quera que nos encontrramos en cualquier momento con unos brazos que nos cien
tiernamente, con el corazn misericordioso de nuestro Padre-Dios que nos cubre con su infinita
ternura como lo hara la mejor de las madres.
<b>Dos clases de pecadores: </b>Al ver el comportamiento de los hijos de la parbola con su
padre, vemos tambin el comportamiento del padre. La conducta de los hijos sirve nicamente
para revelarnos el corazn del Padre. El hijo menor, despilfarrador, destructor de su herencia, se ha
convertido en esclavo de cosas y placeres, ha encenegado su filiacin; el mayor, cumplidor, fiel,
pero carente de amor, duro con su hermano e indiferente con el Padre, no ha querido convertirse.
Los pecados de uno y del otro hacen resplandecer ms el amor y la misericordia del Padre.
Es tal el amor y la misericordia del Padre que, an antes de que el pecador le pida el perdn ya se
lo ha otorgado. El comportamiento del Padre expresa su perdn abundante. La ternura y
misericordia del Padre para con su hijo pecador nos muestra a un Padre conmovido, que an
estando su hijo lejos, le contina amando ms fuertemente. Si el hijo dej a su padre, se alej de
l, el amor misericordia del Padre no conoce lejanas. Sus sentimientos le hacen conmoverse tan
hondamente y nos muestran el afecto materno de Dios, nos muestran a la madre que hay en el
corazn de Dios. Su amor de madre lo hace totalmente vulnerable y siempre disponible a perdonar,
a recibir al hijo perdido y al hijo indiferente y duro con l. No podemos callarnos ante Dios que
corre hacia nosotros para entregarnos su amor, su perdn, su misericordia. Tambin el Padre,
celestial, como el padre de la parbola se lanza con los brazos extendidos hacia nosotros, aunque
no lo merezcamos. El Dios de Jesucristo es un Padre lleno de amor y misericordia con nosotros,
especialmente con los pecadores.

<b> QU ES EL PERDN: </b>Para que podamos caminar con seguridad en el camino del perdn,
les invito a concretar en qu consiste el perdn y qu no es el perdn. En efecto en esta realidad encontramos
mucha confusin y es bueno de entrada disipar equvocos. Clarificaremos lo que es el perdn para poder
experimentar, vivir esa realidad maravillosa, columna vertebral de toda sanidad. Muy a menudo a la base de
toda herida afectiva hay un problema de perdn.

En el principio el hombre tena una comunin perfecta con Dios, que le permita tener una vida afectiva
organizada donde sus sentimientos y emociones eran gobernados por la paz, el amor, el gozo y todos los
atributos divinos. Por el pecado se rompi esa comunin con Dios. El hombre cay en una desorganizacin
afectiva donde sus sentimientos y emociones pasaron a ser gobernados por el temor y la culpa, dando lugar a
la <b>amargura</b>, al <b>odio</b> y a los <b>resentimientos</b>, races de todo desorden emocional,
mental y de personalidad, productores de: <b>neurosis</b>, <b>psicosis</b>, <b>esquizofrenias</b>,
<b>epilepsias</b>, <b>etc.</b> Se da lugar tambin, a las llamadas enfermedades psicosomticas: asma,
diabetes, hipertensin, gastritis, artritis y parlisis; estas, en su mayora, tienen su origen en el alma, como
consecuencia de los traumas emocionales o heridas del alma. Por ello es importante que el alma sea

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trabajada con el perdn de Dios para sanar sentimientos y/o emociones. Ningn mdico, psiclogo,
psiquiatra o medicina pueden quitar la culpa por el pecado.

<b>Qu no es el perdn: </b>Perdonar no es un sentimiento ni emocin, ni consiste en adoptar una actitud


de superioridad o de soberbia. Si se perdona a alguien porque se le tiene lstima o se le considera tonto, se
est confundiendo perdn con compasin. Es como cuando el patrn le dice a su trabajador: no te
preocupes, te perdono. De todos modos, ya saba yo que no seras capaz de hacerlo bien. Perdonar no es
permanecer pasivos ante la injusticia, ni aceptar o justificar hechos atroces, deshonestos o injustos. Podemos
perdonar a alguien y al mismo tiempo tomar medidas para que vaya a la crcel o exigirle una indemnizacin.
Podemos perdonar y terminar una relacin, retirarnos de un trabajo o despedir a un trabajador deshonesto. El
perdn no exige que te comuniques verbal y directamente con la persona a la que has perdonado. No es
necesario que le digas: te perdono. Aunque esto pueda ser parte importante del proceso de perdonar, interesa
formarnos del otro una actitud amorosa, amable, serena.
Un perdn rpido y superficial no sera un verdadero perdn. Falso perdn sera seguir de vctima cuando la
salida est en tomar el control de la vida. Igualmente es falso perdn culparse o culpar, ya que la culpa
enferma, paraliza y aprisiona. Falso perdn es decir perdname sin sentirlo y sin un firme propsito de
mejoramiento.
<b>Que es el Perdn: </b>El perdn es un acto de amor y una decisin de la voluntad. Pero, no lo logra el
hombre con sus solas fuerzas. Es un regalo de Dios, y una ley espiritual: <i>Si ustedes perdonan a los
hombres sus ofensas, tambin el Padre les perdonar a ustedes</i>;<i> pero si no perdonan, tampoco el
Padre les perdonar sus</i> <i>ofensas </i>(Mt 6,14-15; Ef.4,3 2). Es una relacin que se establece
entre el hombre y Dios, y entre el hombre y el hombre. Ante Dios reconocemos que hemos pecado
-<i>somos pecadores</i>-. Y ante los hombres deponemos enojos y amarguras mutuas, dando
satisfacciones por ofensas emitidas o recibidas. El perdn solo es posible por la naturaleza divina que hay en
el hombre. Est condicionado por el arrepentimiento y la voluntad de agradar a Dios. Y no quiere decir
aprobar o defender la conducta que te ha causado sufrimiento, ni tampoco dejar de tomar medidas para
proteger tus derechos.
El perdn nos libera del pasado, nos hace olvidar sufrimientos, ofensas, y recibir sanidad de nuestras
emociones y sentimientos. As como de las enfermedades. Nuestras oraciones son odas y recuperamos la
comunin e intimidad con Dios. Necesito dar el primer paso y tomar la firme decisin de amar perdonando.
Dice un proverbio que el camino ms largo empieza con el primer paso. Y el primer paso en el largo y
difcil camino del perdn consiste en <b>decidir</b> perdonar. No vale pena hablar de los sinsabores y
miseria, por ejemplo, la venganza, pues son tan graves como para no dejarse tentar por ese descenso al
infierno, aun cuando el instinto nos incite a tomar la revancha. Es este el punto de partida de cualquier
perdn verdadero: decidirse por l.
<b>El perdn es un regalo divino: </b>Por nosotros mismos slo podemos vengarnos, pero somos
incapaces de perdonar; este es un regalo que el Seor otorga a quien se lo pide confiada y humildemente.
Pero, adems, es un regalo, que tambin nosotros otorgamos al ofensor. Le damos al ofensor ese regalo de
misericordia, sin esperar nada a cambio. Es este el estilo con el cual Juan Pablo II perdn a Al Agca, que
intent matarlo en la plaza san Pedro. As como el Seor nos regala el perdn tambin nosotros decidimos
otorgar el regalo de perdonar, pues el Seor nos da fuerzas para ello. Para la mayora de las personas el
perdn es una experiencia ardua y empinada. En efecto, nuestro orgullo herido busca la revancha, la
venganza. Ciertas heridas se enquistan en nuestro ser, nos alejan del amor y nos hacen difcil otorgar el
perdn
<b>El perdn es un proceso: </b>Normalmente el perdn no se da de una vez para siempre. Es un camino
que tiene varias etapas, y sujeto a los muchos altibajos de nuestro mismo carcter, herido por las ofensas.
<b>El perdn es una actitud: </b>El perdn requiere una formacin permanente hasta que, con la
exigencia sobre nosotros mismos, adquiramos la costumbre de perdonar. La prctica permanente nos permite
tomar el control de nuestros sentimientos y emociones, para que no sean ellos los que nos dominen y
manejen a su ritmo. El Padre nos cre para ser <b>seores</b> de todo lo que hay en el cielo, en la tierra y
en los ocanos. Tenemos que ir creando en nosotros una nueva manera de vivir: amando, comprendiendo y
construyendo un mundo ms humano y fraterno. El perdn nos libera de ser vctimas, esclavos y nos

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convierte en hijos de Dios y hermanos de los dems, nos aleja del temor y nos sumerge en la confianza y en
el amor. Sin rechazar a los hermanos nos ensea a rechazar el mal que nos infieren y nos convierte en
sembradores de paz y reconciliacin.
<b>El perdn es sanador: </b>As como el rencor y el odio enferman y matan, el perdn nos trae vida y
salud. Muchas investigaciones han demostrado los terribles efectos del rencor, del odio, del resentimiento en
la salud integral de las personas. Como el odio, los rencores, el sentimiento pueden ayudar al surgimiento de
un cncer, de un infarto, de la misma manera el perdn es causa de sanacin de las mismas enfermedades. El
Dr. William Greene de la universidad de Nueva York realiz un estudio sobre gemelos y comprob que la
tencin, el odio, los rencores y las penas enferman. Las personas que experimentan ansiedad crnica,
prolongados perodos de tristeza y pesimismo, tensin continua u hostilidad incesante, rencor y odio, estn
endoble riesgo de contraer asma, artritis, dolor de cabeza, lceras y problemas gstricos. Dicen que el grado
de riesgo es tan daino como el del cigarrillo, el licor o el colesterol elevado. Se recomienda, por tanto,
liberarse de las emociones venenosas y buscar remedios para sanar el alma, las relaciones: relajarse, orar,
perdonar, hacer deporte, servir a los hermanos.
<b>Una nueva visin de las relaciones humanas: </b>El perdn no es un gesto rutinario, sino una flor
oculta, bellsima, que florece en cada ocasin sobre una base de dolor y victoria sobre uno mismo. El perdn
crea unas relaciones humanas nuevas con el culpable. Nos ensea a dejar de mirar al otro con ojos de
resentimiento y a mirarlo con los ojos mgicos. Ver a la persona en un marco ms amplio que el de la
ofensa. Necesitamos seguir creyendo en la dignidad de aquel o aquella que nos ha herido, oprimido o
traicionado. Slo as se modificar nuestra imagen perversa del otro. Detrs del monstruo que nos ofendi
descubriremos un ser frgil, dbil como nosotros, capaz de cambiar y evolucionar.
Para realizar esto se requiere una cantidad de fuerzas espirituales que superen nuestras fuerzas humanas. Por
eso, necesitamos estar atentos a la accin del Espritu que sopla donde quiere y cuando quiere, a la espera
relajada y llena de esperanza de su don. No somos el nico agente del perdn. Es por esto que el perdn no
conoce la suficiencia, se hace discreto, humilde, sencillo y silencioso. No depende ni de la emotividad, ni de
la sensibilidad, sino que viene del fondo del ser, de lo ms profundo del corazn, donde habita la Comunidad
divina.

<b> EL DIFCIL ARTE DE PERDONAR: </b> El perdn es una necesidad de nuestro tiempo. Esa
imperiosa necesidad surge del hecho de que nadie est libre de heridas, como consecuencia de frustraciones,
decepciones, penas de amor, traiciones. Las dificultadas de vivir en sociedad se encuentran por doquier.
Conflictos en las comunidades religiosas, en la familia, personas divorciadas, en las parejas, entre patrones y
empleados, entre compaeros. Todos tienen algn da necesidad de perdonar para restablecer la paz y
seguridad viviendo juntos. Para descubrir la plena importancia del perdn en las relaciones humanas,
intentemos imaginar cmo sera un mundo sin l. Estaramos condenados a perpetuar en nosotros mismos y
en los dems el dao sufrido. Cuando lesionan nuestra integridad fsica, moral o espiritual, algo sustancial
que ocurre en nosotros: una parte de nuestro ser se ve afectada, lastimada, incluso mancillada, como si la
maldad del agresor hubiera alcanzado nuestro yo ntimo. Nos sentimos inclinados a imitar a nuestro agresor
como si un virus contagioso nos hubiese infectado. Quin ha sido maltratado buscar maltratar, determinar
no dejarse maltratar ms. Estar a la defensiva y con todos tendr desconfianza.

Si perdonar significa olvidar, qu ocurrira con las personas dotas de una excelente memoria? El perdn les
sera inaccesible. Por lo tanto, el proceso del perdn exige una memoria y una conciencia lcida de las
ofensa; si no, no es posible la ciruga del corazn. La prueba del perdn no es el olvido; el perdn ayuda a la
memoria a sanar; la herida poco a poco va cicatrizando; el recuerdo de la ofensa ya no inflige dolor. Una
memoria curada se libera y puede emplearse en actividades distintas del recuerdo deprimente de la ofensa.
Las personas que afirman "Perdono pero no olvido", han comprendido que el perdn no exige amnesia.

<b>Perdonar no es slo un acto de la voluntad.</b> Algunos ven el perdn como una frmula mgica
apta para corregir todas las ofensas. El perdn lo reducen a un simple acto de la voluntad capaz de resolver
todos los conflictos de un modo instantneo. Muchas personas dicen: "Cuando me lo proponga lo voy a

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olvidar todo" "cuando yo lo quiera lo voy a perdonar", "a m nadie me roba la paz, basta que me lo
proponga", etc. Este tipo de perdn es muy superficial. Lo pronuncian los labios pero no el corazn, sirve
para calmar la conciencia, la ansiedad, pero no cura de raz. Por supuesto que la voluntad representa un
papel importante, pero no realiza el trabajo del perdn por s solo. Para el perdn se movilizan todas las
facultades; la sensibilidad, el corazn, la inteligencia, el juicio, la imaginacin, la fe, etc.

<b>Perdonar no puede ser una obligacin:</b> El perdn o es libre o no existe,. Es un acto sublime de
generosidad. Hay algunos que sienten la gran tentacin de obligar a la gente a perdonar libremente: "hay que
perdonar", "se debe perdonar a los dems", etcPensar as es crear un debate interior entre la voluntad de
perdonar contra las reticencias de los sentimientos y las emociones, que tambin exigen ser escuchados.

Reducir el perdn, como cualquier otra prctica espiritual, a una obligacin moral es contraproducente,
porque, al hacerlo, el perdn pierde carcter gratuito y espontneo. Es ms eficaz convertir el corazn,
hacerlo mas humano, ya que el corazn no miente y es lo ms sincero que tenemos.

<b>Como perdonar.</b>El perdn se integra simultneamente en dos universos: el humano y el divino; es


importante respetar estos dos componentes para articularlos bien, pues, de no hacerlo as, se corre el riesgo
de amputar el perdn en uno de sus elementos esenciales. El perdn constituye el nico vnculo posible entre
los hombres y Dios, ms an, el perdn es un don del Seor.

<b>El universo divino.</b> Perdonar significa dar en plenitud; llevar el amor hasta el extremo a ejemplo
de nuestro Seor Jesucristo. Para dar este paso se requieren fuerzas espirituales que superen las fuerzas
humanas. En el perdn todo es cuestin de amor. As es, quien verdaderamente ama, ni siquiera tiene que
perdonar porque el amor verdadero desconoce el resentimiento. No perdonar equivale a crear un universo
sin Dios.

No cabe duda que Dios es el autor intelectual y prctico del perdn, y lo ha convertido en un don gratuito
para todo hombre que quiere forjarse un futuro. Renunciar a la voluntad de perdonar es cerrar mente,
corazn y cuerpo a la accin de Dios. El perdn de Dios se hace discreto, humilde, incluso silencioso. No
depende de la sensibilidad ni de la emotividad, sino que emerge desde el ser y del corazn animado por el
espritu. Goza de algo nico que no tiene nada en comn con el sentimiento. El perdn es Dios mismo; es el
Padre misericordioso del hijo prdigo; es el amor en su pura gratuidad; es el pap que all donde los hijos
engendran muerte, hace surgir la vida con el perdn. <i>Dios es y ser siempre la fuente primera y ltima
del perdn autentico, pero el perdn no acontece sin la cooperacin humana.</i>

<b>El universo humano.</b> El perdn se sita en el tiempo y tiene sus perodos largos y cortos; implica
un antes, un durante y un despus. Perdonar requiere una multitud de condiciones; tiempo, paciencia consigo
mismo, moderacin, prudencia y perseverancia en la decisin de llegar hasta el final. El perdn comienza
con la decisin de no vengarse;<i> "si quieres ser feliz un instante: vngate. Si quieres ser feliz toda la
vida: perdona".</i>

El perdn requiere una introspeccin; una conversin interior, una peregrinacin al corazn; una iniciacin
al amor hacia los enemigos. Perdonar para liberar en uno la fuerza del amor. El perdn requiere una

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bsqueda de una visin nueva de las relaciones humanas. El perdn no es olvido del pasado, sino la
posibilidad de un futuro distinto del impuesto por el pasado o por la memoria. Para perdonar es
indispensable seguir creyendo en la dignidad de aqul o aqulla que nos ha herido o traicionado. Las
amistades renovadas exigen mas cuidado que las que nunca se han roto. Perdonar no slo supone liberarse
del peso del dolor, sino tambin liberar al otro del juicio malintencionado y severo que de l nos hemos
formado.

El perdn es liberacin. Renueva devuelve la alegra y la libertad a quienes estaban oprimidos pon el peso de
la culpabilidad. Perdonar es un gesto de confianza hacia un ser humano; es un acto de amor hacia el pecador,
al que no queremos cerrar definitivamente el futuro. El perdn es un derecho del corazn herido y de la
mente perturbada por el odio. Cuando Pedro le pregunto a Jess cuantas veces tengo que perdonar le
contest hasta setenta veces siete. Lo que es lo mismo que siempre. Perdona y sers feliz! Perdonar no
significa olvidar o negar las cosas dolorosas ocurridas. Perdonar es la poderosa afirmacin de que las cosas
malas no arruinarn nuestro presente, aun cuando hayan arruinado nuestro pasado.

Hay tres componentes principales que motivan la creacin de largos y dolorosos resentimientos: Tomar la
ofensa exageradamente personal; culpar al ofensor por nuestros sentimientos; crear una historia de rencor.
Piense en alguna herida personal para as darse una idea de cmo lo aflige ahora. Cierre los ojos y piense en
aquel doloroso suceso por un momento. Cuando recuerde claramente lo ocurrido, piense o escriba
brevemente un resumen sobre aquella experiencia. Cuente la historia de lo que pas, en el papel o en la
cabeza. Ahora analice lo que pasa cuando piensa en ello hoy. Por ejemplo, cul es su pensamiento ms
recurrente al recordar el suceso? Luego tenga en cuenta cmo se siente y fjese cmo reacciona su cuerpo al
revivir el dolor.

Una vez consideradas sus respuestas, por favor responda a las siguientes preguntas: 1. Piensa usted en esa
dolorosa situacin ms de lo que piensa en las cosas buenas de la vida? 2. Al pensar en ello siente
incomodidad fsica o alteracin emocional? 3. Cuando hace memoria sobre el particular, lo hace con los
mismos pensamientos? 4. Repite la historia una y mil veces en la cabeza?

Debe quedar claro que los rencores no son seal de enfermedad mental. Sentirse herido(a) tampoco es
indicio de estupidez, debilidad o falta de autoestima. Sencillamente significa que no se est preparado(a)
para afrontar las cosas de otra manera. Sentirse herido(a) en la vida es normal pero difcil, y casi todos
creamos rencores en algn momento. Sin embargo, que sean comunes no significa que sean saludables.

Por ms preparacin que se tenga para perdonar, hay momentos en que es til -hasta necesario- sentirse
molest@. Puede ser que algn lmite personal haya sido violado; podemos hallarnos en peligro o haber sido
maltratados. Aun as, las situaciones que exigen reaccionar con molestia son muy pocas. Reaccionar
movidos(as) por el dolor slo ayuda cuando ello soluciona el problema.

<b>Ceder el poder</b>: El error ms grande que se comete bajo el efecto de las sustancias estresantes es
culpar de nuestra molestia a la persona que nos lastim. Al culpar a otros por nuestros sentimientos, les
cedemos el poder de controlar nuestras emociones. Seguramente tal poder ser mal usado y seguiremos
heridos(as). Es alarmantemente alta la cantidad de personas que le ceden poder a aquellos que nos los
quieren. Sentirnos mal cada vez que pensamos en la persona que nos lastima se vuelve costumbre y nos hace
sentir vctimas de alguien ms poderoso. Responsabilizar a las personas por sus acciones no es lo mismo que
culparlas por nuestros sentimientos.

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<b>Ejercicio 9: ORACIN DE PERDN: </b>El poder sanador del perdn no tiene lmites.

Una madre tena dos hijas que haca tiempo no se hablaban: una era casada y la otra, soltera, y
viva con su madre, viuda. La soltera era bonita y simptica; la casada era menos atractiva, motivo
por el cual envidiaba a su hermana y deca que su madre la prefera y, por ello no volvi a casa.
Habiendo empezado la madre a orar con insistencia por sus dos hijas, ambas se dieron cuenta de su
situacin, oraron perdonndose mutuamente y, despus de dos aos se encontraron nuevamente en
casa. All se perdonaron nuevamente y sellaron en ese momento con un abrazo las tres.
Un joven profesional cometi adulterio y su esposa, mal aconsejada, decidi no perdonarlo y
separarse. El la buscaba desesperado, ella le hua y no quera verlo ni orlo. El empez a orar por
ella, a pedirle perdn al Seor y a ella en su oracin; adems envi a su esposa un folleto sobre el
perdn. Finalmente ella entendi que con su orgullo no restaurara su hogar. Con la gracia del
perdn que los dos recibieron iniciaron nuevamente su vida de pareja cristiana.
Les invito a que hagamos una oracin de perdn, aunque sea corta. Pero que les ayude a que
tambin ustedes hagan algo parecido en sus vidas y que tomen la costumbre de estar perdonando
con frecuencia y siempre que tengan algo contra alguna persona que les haya ofendido.
Ante de iniciar la oracin inicia orando al Espritu Santo para poder entrar en oracin de perdn.
Cierra los ojos. Desde la fe y con la imaginacin mira a Jess y a las personas necesitadas de tu
perdn y que el Seor te va mostrando. <b>Reljate:</b> respira pausadamente, profundamente.
Siente que, al entrar el aire en ti, va entrando Jess, no como una persona sino como una presencia.
El aire que entra en ti es ms claro. <b>Detn tu respiracin</b>, haciendo que Jess pase por
todo tu interior y lo vaya purificando. <b>Exhala el aire:</b> es un aire viciado que, al salir,
lleva consigo el desamor, la violencia, tus rencores, tus dolencias y tus angustias.
Al Seor, que est en tu corazn, dile confiada y amorosamente: Padre!, te adoro presente en m,
quiero amarte de todo corazn. Grande y maravilloso eres! Te pido la gracia de amar a todas las
personas que t has puesto cerca de m en mi vida. Quiero darles hoy el perdn que t me entregas
para ellos. Hoy quiero perdonar como T lo hiciste en la cruz, cuando tus enemigos eran fuertes.
Espritu de amor, aydame a reconciliarme hoy y a restablecer las relaciones rotas o interrumpidas
en mi corazn. Gracias, de antemano, mi Seor por esta misericordia que me regalas para
entregarla!
Jess amoroso, te bendigo, te amo y quiero alabarte con todo mi ser, con todo lo que soy. Gracias,
mi buen Jess, por el amor que me regalas, por la misericordia que tienes para conmigo. Hoy
quiero presentarte las personas a quienes he ofendido, y tambin aquellas que me han ofendido.
Dame la gracia del perdn (voy recordando las personas que me han ofendido, las ofensas que he
recibido a travs de mi vida, las heridas que me han quedado convertidas en rencores, en odios
hacia alguien o hacia algo).
Seor Jess, hoy perdono de todo corazn a esas personas que me han herido, a aquella en especial
cuyo recuerdo an me llena de rencor, de frialdad, a aquellos a quienes he herido; te pido que les
des la gracia de perdonarme; declaro inocentes a mis enemigos, retiro la demanda que te he hecho
contra ellos y me perdono a m mismo. Como T lo hiciste en aquella tarde del viernes santo, hoy
le digo a mi Padre querido: Padre, perdnalos, ellos no saben lo que estaban haciendo!
Gracias, Seor, por darme el don del perdn; sname de mis recuerdos y heridas. Gracias, Seor.
<b>: </b><B>AVENTURA HUMANA Y ESPIRITUAL

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: </b>Les invito a hundirnos en esa riqueza


maravillosa de las relaciones entre los hombres, que es el perdn, clave de la paz interior y de la felicidad y
que el Creador ha colocado en el corazn de todo hombre y mujer. Perdonar es una aventura maravillosa y
sublime, capaz de cambiar el rumbo de una vida, camino hacia la felicidad y la paz. Es, tambin, un
misterio, y a menos que lo busquemos, permanecer oculto a nosotros.

<b>Elementos del perdn: </b>En realidad, perdonar es excusar hasta lo que no tiene disculpa. Y ms an.
Cuando excusamos a alguien, hacemos caso omiso de su error sin exigir nada a cambio. Cuando
perdonamos, no solamente perdonamos una falla o un pecado, sino que abrazamos al pecador y buscamos
rehabilitarlo y restaurarlo. Puede que no siempre sea aceptado el perdn ofrecido, pero una vez extendida la
mano, desaparecen los resentimientos.

La palabra perdn viene de una raz griega que significa alterar o cambiar. Por el perdn puedo cambiar y
alterar cualquier situacin que me permita cancelar la deuda de otra persona conmigo. Por el perdn libero a
alguien de un agravio real o aparente. Usted perdona cuando libra al deudor de su deuda y da por finalizada
la cuenta pendiente que ha habido entre usted y la persona que lo lastim. Veamos tres elementos necesarios
para que se d el perdn: el <b>agravio,</b> o dolor causado por la persona a quien no podemos perdonar;
la <b>deuda</b>, o la herida que nos han hecho, el engao, la traicin, infidelidad, los diferentes motivos
que han dejado una marca en nuestro corazn; la <b>cancelacin</b>, anulacin o pago de dicha deuda.
Identificados esos elementos, es necesario decidirnos a actuar y que lo que tenemos escondido salga a la luz
para que no siga mortificando e hiriendo nuestra vida.

<b>Experiencias que requieren perdn: </b>Critica usted a las personas que le han herido cuando
alguien se las menciona?Se ha esforzado mucho durante su vida para no ser como fueron sus padres? Hay
personas de las cuales querra vengarse? Lo maltrataron de nio? Abusaron de usted sexualmente,
corporalmente o de palabra? Fue obligado por alguien a escoger una carrera que no quera? No pudo por
razones econmicas asistir a la escuela que usted deseaba? Perdi alguna oportunidad de trabajo por un
amigo egosta? Ha sido calumniado, sealado o han querido ensuciar su imagen y destruir su testimonio
limpio? Hablan a sus espaldas de usted y critican el trabajo o misin que usted realiza? Se ha tropezado
con ingratos que le han pagado mal? Si ha respondido "s" a algunas de estas preguntas y usted ha vivido
estas situaciones mencionadas, tome la llave, abra la cajita y permita que todo salga a la luz. Se dar cuenta
que esto le traer libertad a travs del anlisis y usted precisar lo que necesita perdonar. Tenemos ya los
ingredientes para el perdn pero, hemos descubierto diferentes razones que no permiten perdonar. Qu
hacer? No puedo dejar pasar el momento sin lograr una solucin. Para ello es necesario hablar de un mensaje
que siempre es real y vivo, el ms sublime amor que haya existido jams y es: el perdn de nuestro Seor
Jesucristo.

Que beneficios me traera seguir el ejemplo de Jess y usar esos elementos que hoy orientan a este pueblo
hispano? Pues mire, al reconciliarse con esa persona que le ofendi, que le maltrat, que le ocasion
sentimientos de desdicha, resentimiento, amargura, esa reconciliacin dar paz a su alma. Esa pena que
carcome su interior ser cambiada por un sentimiento de aceptacin, e incluso, hasta podr sentir compasin
por la persona que le ofendi. Mi consejo es ste, "no te acuerdes de las cosas pasadas ni traigas a tu
memoria las cosas antiguas." Deja que el haga un nuevo y limpio corazn de amarguras y rencores.

No usemos ms la frase "yo perdono, pero no olvido". Recuerde que perdonar es <b>cancelar la
deuda</b>. Deje que su corazn se libere de sentimientos insanos que slo te traern dolor y perturbacin.
Necesita ser una persona gozosa. No luche ms con el pasado, entirrelo!, y adquiera la libertad de su alma
a travs del perdn.

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Yo, tambin, he tenido que perdonar y esto me llen de paz y calma, alimentando mi espritu. No significa
que ests de acuerdo con lo que pas, ni que lo apruebes. Perdonar no significa dejar de darle importancia a
lo sucedido, ni darle la razn a alguien que te lastim. Simplemente significa dejar de lado aquellos
pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.

El perdn se basa en la aceptacin de lo que pas. La falta de perdn te ata a las personas con el
resentimiento. Te tiene encadenado. El rencor y falta de perdn es el veneno ms destructivo para el espritu
ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.

El perdn es una declaracin que puedes y debes renovar a diario. Muchas veces la persona mas importante
a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.

"La declaracin del Perdn es la clave para liberarte". Con qu personas estas resentido? A quienes no
puedes perdonar? Eres t infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos? Perdona para que
puedas ser perdonado, recuerda que con la vara que mides, sers medido. "Aligera tu carga y estars mas
libre para moverte hacia tus objetivos".

<b>El Crculo del Odio y el Crculo del Amor: </b>Cuentan que un importante seor grit al
director de su empresa, porque estaba enfadado en ese momento. El director lleg a su casa y grit a su
esposa, acusndola de que estaba gastando demasiado, porque haba un abundante almuerzo en la
mesa. Su esposa grit a la empleada porque rompi un plato. La empleada dio una patada al perro
porque la hizo tropezar. El perro sali corriendo y mordi a una seora que pasaba por la acera, porque
le cerraba el paso. Esa seora fue al hospital para ponerse la vacuna y que le curaran la herida, y grit
al joven mdico, porque le doli la vacuna al ser aplicada. El joven mdico lleg a su casa y grit a su
madre, porque la comida no era de su agrado.

Su madre, tolerante y un manantial de amor y perdn, acarici sus cabellos dicindole: - "Hijo querido,
prometo que maana har tu comida favorita. T trabajas mucho, ests cansado y precisas una buena
noche de sueo. Voy a cambiar las sbanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas, para que
puedas descansar en paz. Maana te sentirs mejor". Bendijo a su hijo y abandon la habitacin,
dejndolo solo con sus pensamientos...En ese momento, se interrumpi el crculo del odio, porque
choc con la tolerancia, la dulzura, el perdn y el amor. Si t eres de los que ingresaron en un crculo
del odio, acurdate que puedes romperlo con tolerancia, dulzura, perdn y amor. No caigamos en el
crculo del odio pensando que es imposible encontrar amor: la manera ms rpida de recibir amor es
darlo, hay ms alegra en dar que en recibir.

El amor lo perdemos cuando lo queremos para nosotros, es como el fuego que cuando lo extendemos
nos acaricia con su calor; el amor tiene alas y no hay que encadenarlo. El amor es el don ms preciado
que Dios nos ha regalado, y que nos da la oportunidad de regalar. Adems, cuanto ms se da ms nos
queda porque se agranda nuestro corazn al amar, ah est el secreto del amor.

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De nada tiene necesidad este mundo como del amor. Lea hace poco algo que nos viene muy bien para
permanecer en el crculo del amor, y no caer en el del odio: el amor alienta, el odio abate; el amor
sonre, el odio grue; el amor atrae, el odio rechaza; el amor confa, el odio sospecha; el amor
enternece, el odio enardece; el amor canta, el odio espanta; el amor tranquiliza, el odio altera; el amor
guarda silencio, el odio vocifera; el amor edifica, el odio destruye; el amor siembra, el odio arranca; el
amor espera, el odio desespera; el amor consuela, el odio exaspera; el amor suaviza, el odio irrita; el
amor aclara, el odio confunde; el amor perdona, el odio intriga; el amor vivifica, el odio mata; el amor
es dulce; el odio es amargo; el amor es pacfico; el odio es explosivo; el amor es veraz, el odio es
mentiroso; el amor es luminoso, el odio es tenebroso; el amor es humilde, el odio es altanero; el amor
es sumiso, el odio es jactancioso; el amor es manso, el odio es belicoso; el amor es espiritual, el odio es
carnal. El amor es sublime, el odio es triste. El amor todo lo puede... No hay dificultad por muy grande
que sea, que el amor no lo supere. No hay enfermedad por muy grave que sea, que el amor no la sane.
No hay puerta por muy cerrada que est, que el amor no la abra. No hay distancias por extremas que
sean, que el amor no las acorte tendiendo puentes sobre ellas. No hay muro por muy alto que sea, que
el amor no lo derrumbe. No hay pecado por muy grave que sea, que el amor no lo redima. No importa
cuan serio sea un problema, cuan desesperada una situacin, cuan grande un error, el amor tiene poder
para superar todo esto. Quien es capaz de experimentar realmente el amor, puede ser la persona ms
feliz y ms poderosa del mundo. Amar... Siempre... En cada acto, en cada pensamiento, en cada da que
amanece, en cada noche que llega, hacer de la vida siempre una cancin de amor... San Josemara
Escriv, un hombre que saba amar, deca con sencillez que no tena que aprender a perdonar, porque el
Seor le haba enseado a amar. El mensaje que Dios proclam con su vida es esto, hacerlo todo por
amor

<b> EL PERDON COMO ESTILO DE VIDA: </b> Adoptar el perdn como un estilo de

vida es un tema sumamente importante y benfico, pues mantenemos equilibrada nuestra


vida. A todos nos cuesta perdonar, tenemos dificultades para perdonar a alguien,
rechazamos la idea de pedir perdn, nos incomodamos cuando nos lo ofrecen y somos
duros para perdonarnos a nosotros mismos. Pero, para el cristiano el perdn no es algo
sentimental ni condicional. Es una decisin que debemos de adoptar como mandato de
Dios. No hay opcin para elegir entre seguir resentidos o perdonar, entre odiar o amar, o
entre la aceptacin o la indiferencia. Estamos obligados a vivir el perdn y ojal adoptarlo
como nuestra manera de vivir. Si la ausencia de amor ha desorganizado a la humanidad, y
la falta de perdn hace que la vida sea amarga, dolorosa, infeliz, el perdn nos coloca en
una atmsfera de equilibrio, armona y felicidad. De ah la importancia de hacer de nuestra
vida cristiana una vida permanente de perdn.
Y es que la incapacidad de perdonar envenena nuestro corazn y ese veneno se expresa en gestos
permanentes, amargos y dolorosos en el rostro. Adems, la falta de perdn hace que durante
mucho tiempo vivamos sumergidos en el odio. Revivir permanentemente las ofensas o daos que
nos han inferido, refuerza y potencia nuestra energa negativa, nuestra energa positiva se
desarmoniza y nos provocamos la ms variada cantidad de enfermedades a plano fsico,
psicolgico y espiritual. Adems de frenar nuestra evolucin, podemos padecer graves problemas
econmicos.
<b>La raz del perdn: </b>Perdonar implica convivir con los dems y aceptarlos como son, con
sus defectos y virtudes. Sin tolerar el pecado, s perdonar al esposo(a) que grue todo el da, al hijo
por ser poco activo, al amigo por fallarnos, al hermano por ofendernos, al trabajador por
engaarnos, al jefe por maltratarnos., etc.

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La raz del perdn est en Dios, nuestro Padre, que nos ama y que por su amor nos concede el
perdn, cuando arrepentidos clamamos a l. Aparte de nuestra obediencia, el no espera nada a
cambio; aunque el hombre le haya traicionado, olvidado, y renegado de l, o haya cometido el
peor pecado. l siempre est dispuesto a concedernos su perdn, y a nos manda que perdonemos
hasta setenta veces siete (Mateo 18, 21-22), es decir siempre.

Perdonar es un modo de vivir. Es estar listos para olvidar. Es practicar pequeos o grandes actos de
sacrificio para poder enfrentar mayores ofensas ms adelante, la prctica del perdn nos capacita
para el futuro. Es una resolucin de ser misericordioso a pesar de que la ofensa haya sido enorme,
grave y deliberada. Aqu es cuando ms valor tiene el perdn. Aceptar una disculpa o una solicitud
de perdn sincera es tambin perdonar y respetar al ofensor, sin importar la profundidad de la
herida.

Pero, sobre todo, perdonar es escoger amar, derribando cualquier barrera, cerrando heridas,
abriendo las prisiones del alma, olvidndonos de nosotros mismos y llenndonos de tremenda paz.
Amor y perdn van juntos, no puede existir uno sin el otro. Un autor de espiritualidad se pregunta
con referencia al perdn: Quin sufre ms, el que odia o el que es odiado? Muchas veces, el que
es odiado vive feliz, en su propio mundo, pero el que cultiva el rencor se parece a aquel que toma
es sus manos una brasa ardiente o al que aviva una llama. Pareciera que la llama va a quemar al
enemigo; pero no es verdad, el que se quema es el que tiene la llama en su mano. El resentimiento
solo destruye al resentido, porque el tal, no perdona.

<b>Cmo podemos perdonar estando heridos: </b>Qu frmulas o reglas humanas hay para
poder conseguir esta curacin? En realidad no las hay, slo el amor que viene de Dios. Cuando nos
encontramos en una situacin penosa, cuando alguien no se habla con algn hermano, amigo, o
familiar, porque est dolido y se queja resentido y cuestiona Cmo puedo confiar en ti ahora?
Cmo puedo perdonarte otra vez si siempre vuelves a hacer lo mismo? Otros dicen Cmo y
cundo puedo empezar a perdonar si no me siento listo?, y otros no se atreven a pedir perdn
porque consideran que las heridas hechas a otros son muy grandes y creen que es muy difcil decir
lo siento, o porque consideran no merecer el perdn. Y si alguien no quiere recibir el perdn o no
quiere perdonar? En cualquier circunstancia debemos hacer algo aprobado por Dios: Si no puedes
encontrar al ofensor, entonces, un perdn silencioso en tu corazn te vendr bien, y oraciones
sinceras
para
recibir
la
fuerza
del
perdn.
El perdn es total, y no se da porque alguien lo merezca, es ms bien, el precio del amor. Dle a
alguien el regalo de su perdn, no slo una vez, sino setenta veces siete.

<b>Beneficios del perdn: </b>Cuando perdonamos de verdad, suceden cosas maravillosas tanto
al que perdona como al perdonado. Es como abrir una llave con gran caudal de agua y dejarla
correr. Los resentimientos, culpas y enfermedades del alma se lavan, se limpian, se liberan. La
alegra y la paz nos inundan, nos sentimos felices, humildes, ntegros, livianos y libres para amar,
casi perfectos. Se abre una fuente de amor que estaba cerrada, pues con el perdn se cumple lo
dicho por san Pablo: r<i>evstanse, como elegidos de Dios, santos y amados, de entraas de
misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportndose unos a otros y
perdonndose mutuamente</i> (Col 3,12-14). Vale la pena perdonar, porque no hay terapia ms
liberadora que el perdn (Ef 4, 31-32).

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<b>Terapia de perdn: </b>Para iniciar una terapia de perdn, debemos tener presente los
siguientes aspectos:
- No es necesario que pida perdn de viva voz; puedo perdonar en mi corazn y en mi mente.
Pero,
no hay mejor experiencia que pedir perdn a los ojos de la otra persona.
- Sabemos que las palabras y pensamientos que emitimos son energa en accin y se convierten en
un poderoso bumerang. Al ser negativos, al estar cargados de odio o rencor, salen de nosotros a
buscar ms odio, ms rencor y lo atraen y nos lo inyectan multiplicado. En vez de amarnos nos
estamos autoagrediendo.
- El perdn es una autodefensa para poder conservar nuestro equilibrio y armona. Si me hieren y
yo decido agrandar la herida puedo llegar hasta el borde de la muerte. Es ms culpable el que me
hizo una herida de un centmetro o yo, que la agrand hasta un metro?
- No debo omitir el perdn a m mismo, ya que el perdn es una consecuencia del amor. As como
debo trabajar para amarme bien, debo hacerlo para perdonarme bien.
- Es necesario trabajar el perdn a nuestros padres. Estn vivos o no. Todo problema no resuelto
con ellos, afecta nuestra energa positiva de por vida. Por difcil que haya sido nuestra relacin con
ellos, tenemos que cerrar con urgencia ese captulo. En el fondo del corazn de los padres hay un
amor hacia sus hijos que no han sabido manifestar. Por eso vale la pena decir en oracin: pap,
mam yo se que me quieres, solo que nos logras decirlo en la forma ms conveniente. Tenemos
siempre que dar el primer paso para que la brecha entre nosotros se vaya achicando. Recordemos
que ellos son tan imperfectos como nosotros y que, si sus errores nos molestan, limitan o duelen,
est en nosotros mismos el poder para cambiar esas situaciones.
- Tenemos que insistir en perdonar totalmente, pues es el tiempo mejor invertido, ya que nos libera
de un lastre negativo, que afecta nuestras relaciones con los dems. Cuando empecemos a
perdonar una a una las anteriores situaciones veremos que la gente comienza a cambiar sus
actitudes, las relaciones se van mejorando y hasta nos encontraremos manteniendo un dilogo
normal y respetuoso con un apersona con la que habamos mantenido relaciones de discordia.
<B>EL PERDN CONSTRUYE COMUNIDAD: </b>Nosotros nacimos en una familia y fuimos
creados para vivir en comunidad. Nos necesitamos los unos a los otros. Por eso, convivir con las personas exige saber
perdonar para recomponer las relaciones rotas o interrumpidas con los hermanos. Como el odio enferma, el perdn sana,
a condicin de que perdonemos de corazn y al estilo de Jess. Una comunidad cristiana, arraigada en la alabanza y en el
perdn, es el lugar adecuado al cual pueden acudir los quebrantados de corazn y recibir curacin. Veamos el siguiente
testimonio sobre lo que es un perdn de corazn y al estilo del Seor.

Habla un sacerdote: En el curso del interminable conflicto del Lbano algo parecido a lo que
sucede actualmente en Colombia- fui invitado por algunas comunidades cristianas a compartir sus
angustias y sus esperanzas en medio de una tragedia permanente cuyo desenlace nadie poda
prever. Beirut estaba an dividido en dos. Las armas tronaban sin cesar. Los francotiradores,
emboscados en algunos edificios derruidos o en las esquinas de las calles, abatan
sistemticamente a cuantos caan en su lnea de mira, hombres y mujeres.
Una tarde, en casa de unos amigos libaneses, fui invitado por unas comunidades cristianas a
compartir sus angustias y sellar un acuerdo fraternal. Alguien propuso leer una pgina del
Evangelio. Vacil unos segundos; despus de recorrer con la mirada al grupo que permaneca
atento, ley el pasaje sobre el perdn (Mt 18, 23-35). Aquel era un grupo de amigos, hombres y
mujeres atormentados por aos de guerra, en la que todos haban perdido uno o varios miembros

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de sus familias. Ca instintivamente en la cuenta en <b>la enormidad</b> de las palabras de


Jess. Dominando su dolor, aquellas gentes se atrevieron a hablar. Estupefacto, o aquellas voces
rotas por tantas desgracias reconocer humildemente que semejante perdn no poda brotar
naturalmente de su corazn. Demasiado odio, sangre y muerte les haba triturado.
Despus de esa confesin sin rebozo, <b>se pusieron espontneamente a orar</b>,
<b>pidiendo a Dios</b> que hiciera nacer en ellos por la fuerza de su Espritu <b>aquel perdn
imposible</b>. Su oracin era de una grandeza y densidad impresionantes. Al trmino de la
oracin, ya entrada la noche, uno de ellos me acompa al carro. Al separarnos, me ofreci un
dinero y me dijo: Padre, quiero que diga una misa por mis dos hijos, muertos a los 16 y 20 aos.
Y, despus de una breve vacilacin, aadi: Los torturaron, les arrancaron los ojos y la lengua
Y, antes incluso de que yo tuviera tiempo de reaccionar, aturdido por semejante atrocidad, me dio
otro billete explicando: Y diga otra misa por quienes los mataron. Mi garganta fue incapaz de
emitir sonido alguno. Solo estrech su mano largamente, en silencio. Me march inundado por la
grandeza de aquel perdn, que brot desde la oracin. <b>Aquella noche, antes de acostarme, a
pesar del horror de cuanto haba escuchado, una inmensa accin de gracias se elev de mi
corazn: qu grande, Seor, es el hombre que sabe perdonar como T! De pronto me
percat de que el perdn puede constituir una de las ms hermosas manifestaciones del
Espritu en el corazn humano, pues ese gesto no sale espontneamente del corazn, ni es a la
medida humana.: </b>Comprend que perdonar es realmente un paso del Espritu; es participar
del amor infinito del Padre; es tener parte en el don de su amor. Nuestra lgica humana, la del
espiral del odio, de la venganza que engendra venganza, violencia, queda rota por el perdn.
Qu increble salto! Pasar de nuestra lgica humana a la del Padre Dios; a la del amor de Jess,
que un da en el Calvario expir suplicando: <i>Padre, perdnales, porque nos saben lo que
hacen!</i>(Lc 23,34).
Pero, perdonar no puede ser un trmite burocrtico que tarda meses y meses; tampoco implica
pactos ni firma de tratados. Es una de las capacidades humanas que da dignidad y seoro, al
sobreponernos por voluntad propia a nuestros sentimientos heridos y cancelar, en los dems,
deudas que tienen con nosotros. Es el cemento que rehace la comunidad cuando se ha dividido.

<b>Jess vincula la justicia a la misericordia: </b>En el Antiguo Testamento prevaleca la


<i>ley del Talin</i>, inspirada en la estricta justicia: ojo por ojo, diente por diente. En tiempo
de Jess, los escribas y fariseos se haban quedado en el cumplimiento exacto y minucioso, pero
externo, de los preceptos. Para entrar en el Reino de los Cielos es necesario superar radicalmente
la concepcin antigua y el cumplimiento solo externo. Jesucristo introduce una modificacin
fundamental, tremendamente revolucionaria, que consiste en vincular la justicia a la misericordia,
ms an, en subordinar la justicia al amor y atender al corazn, que es donde se produce el mal
que contamina al hombre. A partir de l, las ofensas recibidas debern perdonarse, porque el
perdn es parte esencial del amor. Jess no pide "un poco ms de amor", sino hacer lo contrario de
lo que exige la justicia, yndose al otro extremo por el camino del perdn y del amor. Si el AT
deca no matars, Jess manda: no encolerizarse con el hermano (Mt 5, 20-24).

<b>Perdonar es una decisin: </b>A diferencia del resentimiento producido por ofensas
recibidas, el perdn no es un sentimiento. Perdonar no equivale a dejar de sentir. Hay quienes
consideran que estn incapacitados para perdonar ciertos agravios porque no pueden eliminar sus
sentimientos: no pueden dejar de experimentar la herida, el odio ni el afn de venganza. De aqu
pueden derivarse complicaciones en el mbito de la conciencia moral, especialmente si se tiene en
cuenta que Dios espera que perdonemos para perdonarnos l. La incapacidad para dejar de sentir

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el resentimiento, en el nivel emocional, puede ser insuperable, al menos en el corto plazo. Sin
embargo, si se comprende que el perdn se sita en un nivel distinto al del resentimiento, esto es,
en el nivel de la voluntad, se descubrir el camino que apunta a la solucin.

El perdn es un acto de la voluntad porque consiste en una decisin. Al perdonar opto por cancelar
la deuda moral que el otro ha contrado conmigo al ofenderme y, por tanto, lo libero en cuanto
deudor. No se trata de suprimir la ofensa cometida, y hacer que nunca haya existido, porque
carecemos de ese poder. Slo Dios puede borrar la ofensa y conseguir que el ofensor regrese a la
situacin en que se encontraba antes de cometerla. Pero nosotros, cuando perdonamos de verdad,
desearamos que el otro quedara completamente eximido de la mala accin que cometi. Por eso,
perdonar implica pedir a Dios que perdone, pues slo as la ofensa es aniquilada.<b>Pasos
para aprender a perdonar: </b>Ante una ofensa, la alternativa ms noble, inteligente y
sabia no es otra que la del perdn-amor, que nos libera de miedos y temores, de
actitudes violentas y de ataque y nos proporciona libertad y paz interior; en definitiva,
felicidad. En efecto:

1. Cuando optamos por el perdn y perdonamos de corazn, nos despojamos por


completo del odio, del rencor y de los sentimientos de venganza. Nos sentimos ms
humanos, ms libres, ms bondadosos. En definitiva, en paz con nosotros mismos y
felices.

2. El que perdona o pide perdn de corazn, se ennoblece y dignifica al instante, pues


solo las almas nobles, grandes y sensibles estn dispuestas a perdonar y a mostrarse
compasivas y tolerantes con las debilidades y miserias humanas. La bondad y el perdn
siempre andan a la par. Quien quiera incrementar su bondad, no encontrar mejor atajo
que aprender a perdonar.

3. Si odiar es envejecer, morir espiritualmente, porque todo el que odia se instala en un


pasado destructivo. Perdonar es rejuvenecer el espritu y construir un presente mejor con
amor. El amor-perdn, como prctica habitual, nos proporciona paz y un perfecto estado
de salud psquica.

4. El odio y la venganza nos presentan la realidad de forma totalmente distorsionada. El


perdn, por el contrario, nos hace inteligentes y empticos, relaja nuestro cuerpo y
nuestra mente, nos da perspectiva, corrige nuestras percepciones errneas de la
realidad y nos abre a la objetividad y a la verdad. El perdn rompe definitivamente las
cadenas con las que nos encarcela y esclaviza el resentimiento.

<B>EL PERDN SANA Y LIBERA: </b>Reflexionemos sobre la accin poderosa del perdn en nuestra
vida. Si el amor moviliza el poder de Dios sobre nosotros, el perdn, la otra cara del amor, destapa,
desbloquea la entrada para que una corriente sanadora entre en toda la persona y el bienestar fluya por toda
la vida. Por eso a un verdadero perdn sigue siempre la sanacin. Dios nos quiere felices y sabe que cuando

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estamos en pecado, cuando necesitamos su perdn, cuando no perdonamos, nos sentimos tristes,
traumatizados, incapaces de amar. Necesitamos, por tanto recibir el perdn y perdonarnos a nosotros mismos
y a nuestro prjimo. Y al perdonar, disculpamos completamente, no volvemos a recordar la ofensa. Una
seora llevaba varios aos sufriendo de jaqueca e insomnio. Se acerc a pedir que oraran por ella. Despus
de orar por unos minutos su dolor de cabeza se agrav. Uno de los que oraban por ella le dijo: El Seor te
llama a perdonar a una persona que te hiri hace mucho tiempo, a la que nunca has perdonado. Ella
pregunt sorprendida: Cmo lo sabe, si a nadie le he dicho esto? Y el que oraba insisti: para sanarte es
preciso que perdones a esa persona, y la perdones incondicionalmente. Es tan difcil, pero lo intentar con
la ayuda de Dios, dijo la aludida. Y as lo hizo. Continuaron la oracin de intercesin, y a los pocos minutos
la seora sorprendi a todos echndose a rer. Luego explic entre lgrimas:me senta oprimida por un peso
enorme, que no me dejaba dormir en paz. Y de pronto siento que ha desaparecido. Y s que no volver, pues
el Seor se lo ha llevado. Desde entonces esa seora pudo perdonar, se liber de su peso y se convirti en
un apstol del perdn con su testimonio. Su receta, desde entonces, para muchos males y tensiones es
perdn incondicional. Si esta receta es costosa, mucho ms es la enfermedad. Jess Salvador vino a
salvarnos, a perdonarnos. Perdonar es otra forma de decir que Jess vino a llenarnos de su amor, porque
perdonar es amar. Se perdona porque se ama, y cuando no se quiere perdonar es porque la persona se niega a
amar. Dar el perdn es hundirnos en el mar insondable del amor, de la sanacin de todo nuestro ser. El
perdn moviliza el poder sanador del Seor y desbloquea la entrada por donde pasa la corriente sanadora del
amor.

<b>Enfoque positivo:</b> Se ha dicho que las guerras se gestan en la mente humana. Acabar con las
guerras, no es cuestin de acabar con las armas, de entregarlas. Es preciso poner fin a los planes agresivos de
la mente humana, al odio, la venganza, la codicia, el orgullo y el egosmo represados en el corazn humano.
Para crear la paz necesitamos comenzar a construirla en nuestra mente y en nuestro corazn. Ya lo dijo el
Seor: <i>mi paz les doy; no se la doy como la da el mundo</i> (Jn 14,27). El mundo nos ofrece una paz
armada, con secuelas de miedo, ansiedad, incertidumbre constante. Jess nos ofrece una paz, fruto del amor,
el perdn, la justicia, fuente de optimismo, de <b>seguridad</b> y de esperanza. Pero para recibir y
compartir esa paz es preciso liberar nuestra mente de actitudes negativas y nuestro corazn de todo
sentimiento negativo.

Como las grandes guerras, tambin los conflictos entre las personas se gestan en la mente: cuando buscamos
nuestro propio inters, olvidando el de los dems; cuando imponemos nuestras propias ideas, violentando a
los dems; cuando nos creemos mejores que el otro; cuando no reconocemos nuestros propios fallos y
exageramos los del prjimo. Por eso san Pablo nos exhorta: <i>No hagan nada por rivalidad, ni por
vanagloria, sino con humildad, considerando cada uno a los dems como superiores a s mismo, buscando
cada uno no su propio inters sino el de los dems. Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que tuvo
Cristo Jess</i> (Filp 2,3-5).<i> </i>

<b>Tomar la decisin</b>: Perdonar es un acto de la voluntad y no un sentimiento; es una decisin libre y


personal. Hay que distinguir entre voluntad y emociones. Si siento que no puedo perdonar, porque mi
corazn est herido, necesito pedir al Seor la gracia de tomar la decisin, de querer perdonar. Se puede
tomar la decisin, aunque se siga sintiendo el dolor. El acto de la voluntad domina las emociones y cuando
se otorgue el perdn las emociones se van ajustando poco a poco al perdn, a aceptar a la persona a quien se
ha perdonado. Querer perdonar es ya perdonar. Es importante, por tanto, querer, orar para que quiera
perdonar, aunque hayan fuertes emociones por la herida recibida y el dolor que haya recibido y que todava
se siente. Insistiendo en la oracin con perseverancia se logra perdonar de corazn. El Seor nos pide que
hagamos el acto premeditado de la voluntad. Y, si no lo podemos, pidamos su ayuda.

<b>Cmo orar por perdn: p</b>ara aprender a perdonar necesitamos comprender el funcionamiento de
nuestro corazn emocional y as saber cmo lograr su curacin. En nuestras relaciones con los dems
tenemos encuentros satisfactorios o desagradables. Esos encuentros quedan grabados en nuestro interior,

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archivados all como recuerdos agradables o desagradables. Las emociones son almacenadas en la memoria,
a manera de las fichas en un fichero o en un computador, y basta un pequeo estmulo para que, en cuestin
de segundos, aparezca en m esa informacin y me haga reaccionar positiva o negativamente, est o no
presente fsicamente la persona cuyo recuero me hace reaccionar.

Mi centro emocional origina en m las relaciones correspondientes a la imagen que guardo. <b>Los
recuerdos agradables</b> que conservo de una persona forman en m la <b>imagen buena</b> de ella
ficha blanca-. Por eso, mi relacin con esa persona ser feliz, dichosa: la amo, quiero estar con ella, la
recuerdo gratamente y me ser fcil y placentero vivir con ella. Aunque la persona tenga defectos notorios, si
la amo, me ser siempre atractiva. <b>Los recuerdos dolorosos</b> o desagradables que guardo de una
persona, suscitan en m indiferencia, fastidio, rencor, odio, y otros sentimientos negativos; esos recuerdos
forman en m <b>la imagen desagradable</b> de esa persona ficha negra-. Insistir en rechazarla y, por
lo mismo, no podr amarla, perdonarla, ni relacionarme espontneamente y con facilidad con ella. Recuerda
siempre: segn la imagen que tengas en tu interior, en tu corazn, as sern tus relaciones con esas personas.
Buena imagen produce buenas relaciones, imagen dolorosa o desagradable produce relaciones difciles,
rotas. Lo que forma o deforma las imgenes son los recuerdos buenos o desagradables que t tengas de las
personas. Vale la pena que hagas este test: trata de acordarte de tu pap, tu mam, hermanos, tos/as, amigos,
etc.; los momentos que viviste con ellos, desde nio cul es la imagen que tienes de ellos? tus relaciones
con ellos son positivas? Si son desagradables, necesitas orar y perdonar. Basta ver, or, recordar, or hablar
de una persona, para que tu corazn reaccione de inmediato positiva o negativamente, sin lograr controlarte,
aunque lo quieras. Dentro de ti est la facilidad o la dificultad de amar a alguien. El impedimento est dentro
de ti, en tu propio corazn (cf. Mc 7,14-23) y es all a donde debes acudir para tu sanacin.
All, como en un computador, hemos guardado: <b>fichas blancas:</b> recuerdos gratos y buenos, que nos
hacen amar a determinada persona, o <b>fichas negras</b>: recuerdos desagradables que nos hacen no
amarla, no querer estar en su presencia, no querer tener ninguna relacin con ella. Para cada persona
tenemos un fichero con fichas blancas y negras. Si abundan las blancas la amaremos y tendremos buenas
relaciones con ella, si abundan las negras nuestra relacin con esa persona ser difcil, cuando no imposible,
y en ves de amarla, sentiremos fastidio, disgusto, rabia y hasta odio. En este caso es necesario reconstruir la
imagen deformada de esa persona para poder amarla. Esta es la obra que hay que hacer por medio de la
oracin, que nos lleve hasta el perdn. Es necesario, por tanto, un trabajo personal, unido al poder de Jess.
Solo as se van quemando, se van destruyendo todas las fichas negras que tenemos sobre una persona para
poder amarla ms y mejor. Y estas fichas se van remplazando por blancas para formar la imagen agradable
de esa persona y poder amarla. Ese trabajo de reconstruccin se hace con la oracin, por la cual el Seor
cambia nuestro corazn duro con los hermanos por un corazn de carne, amoroso, fraterno: <i>pondr en
ustedes un corazn nuevo.. quitar el corazn de piedra y les dar un corazn de carne</i> (Ez 36,26-27).
Para amar al otro necesitas, por tanto, curar tu corazn, intervencin de cuidados intensivos que se realiza
en la sala operatoria de la oracin; necesitas que el Seor haga en ti un trasplante de corazn. Slo as podrs
<b>reconstruir</b> en t esa <b>imagen deformada</b> que conservas, hasta convertirla en agradable y
bella. Solo, entonces, podrs aceptarla y amarla. El inicio de esta reconstruccin se logra con la oracin, con
el perdn de las ofensas. Por lo tanto, en esta <b>reconstruccin de la imagen deformada</b> es
fundamental la oracin. Me ayuda igualmente realizar el siguiente ejercicio: busco una virtud o un valor en
dicha persona y alabo por ello y doy gracias al Seor durante unos 8 das, 1 mes; tomo otra y hago lo mismo,
as voy perdonando y formando en m una nueva imagen agradable, de dicha persona.

<b>Perdono si Dios est vivo en m:</b> El ambiente vital de Dios amor es el perdn. Por eso, si l est
vivo en m, soy capaz de perdonar. Pues, no hay cosa que haga el hombre ms semejante a Dios que
perdonar (Cicern). Por gusto nadie perdona, pero por Dios somos capaces de perdonar a quien sea.
Lo importante es que Dios est vivo en m. El me hace extender las manos y ofrecer
incondicionalmente el perdn. Si encuentro dificultades para perdonar, la oracin ir ablandando mi
corazn y facilitando el poder perdonar (experiencia ma de orar y orar para ser capaz de perdonar). Yo
creo que Jess, que es amor, tuvo que orar mucho por los fariseos, pues ellos se convirtieron en el
obstculo ms grande en su ministerio. El necesitaba tener comunicacin con ellos, aunque ellos
estuviesen tan cerrados a l. De la misma manera, nosotros necesitamos orar por quienes nos ofenden
o no quieren saber nada de nosotros. Es necesario orar por aquellas personas a quienes deseamos
perdonar. Dios se hace vivo en nosotros con la oracin permanente y con su poder, recibido en la
oracin, logramos perdonar.

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<b>El perdn es sanador:</b> Cuando somos perdonados u <b>o</b>torgamos el perdn entramos en


una <b>dinmica liberadora</b>, sanadora: la herida queda cicatrizada, sanada. Hoy perdonar se ha
convertido en una <b>terapia necesaria</b> y urgente. Nuestra sociedad camina desequilibrada, llena de
violencia, porque no sabe perdonar, o no es capaz de perdonar. No tiene paz porque no sabe perdonar. Los
odios encadenan al pasado, y as no somos libres para vivir el presente (el religioso que llevaba veintitantos
aos amargado con otro compaero; logr perdonarlo, se liber y hasta se puso ms elegante). Las personas
que odian mantienen el corazn encadenado a la violencia. En cambio, cuando perdonan, se rompen las
cadenas, se liberan y quedan como hundidos en los brazos amorosos del Padre, como el hijo prdigo
cuando se decidi a regresar a su casa.

<b> Ejercicio 10: UN PERDN NO OTORGADO

Veamos cmo un perdn no otorgado hace que la ofensa no se pueda olvidar, a pesar de ser
tan balad, y que las heridas vuelven a sangrar.
</b>El doctor Juvenal Urbino haba regresado a su alcoba y empez a vestirse sin prender la
luz. Su esposa estaba a medio sueo y l lo saba. El doctor dijo: hace como una semana que me
estoy baando sin jabn. Entonces, ella acab de despertar, record y se revolvi con rabia, porque
en efecto haba olvidado reponer el jabn del bao.
Haba notado la falta tres das antes, cuando ya estaba debajo de la regadera y pens reponerlo
despus, pero lo olvid hasta el da siguiente. Al tercer da le haba ocurrido lo mismo. En realidad
no haba transcurrido una semana, como l deca para agravar la culpa, pero s tres das
imperdonables, y la furia de sentirse sorprendida en su falta acab de sacarla de juicio. Como
siempre, se defendi atacando: -pues yo me he baado todos estos das- grit fuera de s- y
siempre ha habido jabn.
(El incidente los llev a la separacin del lecho)El no estaba dispuesto a volver mientras ella no
admitiera que no haba jabn en el bao; y ella no estaba dispuesta a recibirlo mientras l no
reconociera haber mentido a conciencia para atormentarla.
El incidente les dio oportunidad de evocar muchos otros pleitos minsculos de otros tantos
amaneceres turbios. Unos resentimientos revolvieron los otros, reabrieron cicatrices antiguas, las
volvieron heridas nuevas, y ambos se asustaron con la comprobacin desoladora de que en tantos
aos de lidia conyugal no haban hecho mucho ms que alimentar rencores.
(Siguen algunos intentos de reconciliacin y amenazas de una ruptura definitiva hasta que)
Al cabo de cuatro meses, l se acost a leer en la cama matrimonial mientras ella sala del bao,
como ocurra a menudo, y se qued dormido. Ella se acost a su lado con bastante descuido para
que despertara y se fuera. El se despert a medias, en efecto, pero en vez de levantarse apag la
veladora y se acomod en su almohada. Ella lo sacudi por el hombro para recordarle que deba
irse al estudio, pero l se sinti tan bien otra vez en la cama de plumas de sus bisabuelos, que
prefiri capitular: -djame aqu, dijo. S, haba jabn
An cuando ya eran viejos y apacibles se cuidaban de evocar este episodio, porque las heridas
apenas cicatrizadas, volvan a sangrar como si fuera ayer.
<b>Analizar ese trozo y descubrir cmo pudieron haberse
destruido ciertas causas, cmo pudieron evitar causar heridas,
como se pudo evitar rupturas. Qu decir de los amigos que
rompen la amistad, de los matrimonios que se separan, de la
paz que se destruye?: </b><b>LA TERAPIA DEL PERDN

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(Mt 5,38-48; 6, 9-14; 1Tes 5, 15; 1Jn 2, 9-11; 3, 14-15; Lc 15, 11-24): </b>Vivimos en una sociedad herida
por el odio, el rencor, la violencia; en la que es frecuente la venganza; en la que es comn levantar fuertes
barreras de resentimiento, de rencor y de odio en la familia, en la sociedad. El perdn es una de las materias
ms difciles de aprender y de realizar. De todos modos hoy existen muchos mtodos que favorecen la
terapia para perdonar, as: la relajacin, la meditacin, y terapias naturales.
<b>: </b>La falta de perdn es causante de la mayora de los problemas en las familias, en nuestra patria, de
la ruptura de cantidad de matrimonios. En cambio la terapia del perdn es garanta de paz, de sanacin de
nuestro ser, de curacin de toda nuestra vida, llenando al mismo tiempo nuestro corazn de bondad y de
amor. Vivimos con resentimiento, indiferencia, rabia acumulada, amontonando en nuestro corazn cantidad
de energas negativas que llenan de violencia nuestro ser y queman nuestras energas positivas. Dejamos de
ser nosotros mismos, nos convertimos en esclavos de la violencia, y nos dejamos manipular por nuestros
sentimientos enfermos, doloridos, envenenados. No hemos aprendido a educar nuestros sentimientos.
Perdonar es complicado, pues no siempre somos conscientes de la violencia, de la rabia, de la amargura que
se acumula en el propio corazn, o aunque seamos conscientes nos es casi imposible perdonar. Nos
acostumbrarnos a guardar amarguras en nuestro interior, a ser impositivos, violentos, duros con los dems.
No perdonamos porque no sabemos, porque no queremos, porque nuestro orgullo nos bloquea y no nos deja
lograr la reconciliacin, porque no nos perdonamos a nosotros mismos, porque no perdonamos a Dios.
Les invito, por tanto, a hacer una caminata hacia el interior de nuestro ser herido, de nuestra patria enferma,
de nuestra sociedad traumatizada; una caminata hacia el interior de nosotros mismos para realizar un trabajo
de clarificacin y con la ayuda del Seor, de curacin de tantas heridas mediante el perdn. Despus de una
mirada a nuestra sociedad y luego a nosotros mismos, vale la pena hacer una terapia a nuestro propio
corazn.
<b>Nuestra sociedad est enferma: </b>Iniciemos nuestra reflexin con el siguiente canto brbaro,
compuesto a gloria de Lmek, y donde la Escritura nos muestra la ferocidad creciente de los descendientes
de Can: <i>Yo mat a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que
recib. Can ser vengado siete veces, pero Lmek lo ser setenta y siete</i> (Gen 4, 23-24).
Desde entonces ha ido creciendo pasmosamente la violencia en el mundo. Actualmente cubre como espesa
niebla todos los continentes. Nuestra querida Colombia est enferma, llena de violencia, de indiferencia, de
rencores, de desasosiego, de inseguridad, de muertes violentas. La violencia no se genera solo desde la
guerrilla. El deseo de venganza est vivo en casi todos los corazones en el campo y en la ciudad. Los
violentos atacan abiertamente, los pacficos desean secreta o abiertamente en su corazn que los
violentos sean destruidos cuanto antes, que los maten, que acaben con ellos para tener paz. Unos son
violentos abiertamente, otros en su corazn y solo hace falta un pequeo estmulo para que salga a
borbotones la violencia. Nuestra sociedad se ha vuelto insensible ante la multitud de muertes violentas. El
cine, la televisin alimentan esa violencia y nosotros nos dejamos llenar de ella. Tambin nuestro corazn o
es violento, o se llena de violencia, ya que formamos parte de esta patria llena de violencia. Nuestro trabajo
en este da es entrar cada uno en s mismo y descubrir hasta dnde se ha entado en m la violencia.
<b>Urgencia de una terapia: </b>Dilogos y pactos no logran sanar el corazn de esta sociedad para que
la violencia amaine y se implante la paz. Necesitamos una Colombia nueva, sin odio ni venganza y con gran
capacidad de perdn. Pero el perdn es una terapia personal, individual. No ser la TV, ni los otros medios
ordinarios de comunicacin quienes se encarguen de reeducar a nuestra patria. Es el perdn de las ofensas
otorgado personalmente por cada uno. As lo ense quien conoce el corazn humano: <i>porque si
ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, tambin el Padre celestial les perdonar a ustedes; pero si no
perdonan a los hombres, tampoco el Padre celestial les perdonar sus ofensas</i> (Mt 6,14-15).<i> </i>
No se perdona de la noche a la maana. Es un proceso largo, en el cual regresan a la mente los agravios, las
heridas. Pero con el paso del tiempo, si realmente se perdona, el recordar no duele.
<b>El perdn es divino humano: </b>La terapia del perdn nos viene por dos fuentes: Dios y el hombre.
Hay que evitar, por tanto, dos errores: <b>Primero</b>: reducirlo a un comportamiento simplemente
humano. <b>Segundo</b>: considerarlo como una prerrogativa exclusiva de Dios, no dejando cabida a la
iniciativa humana. Es necesario respetar esos dos componentes; de no hacerlo as, se corre el riesgo de
amputar al perdn uno de sus elementos esenciales. Alguien deca que el arco iris entre Dios y los hombres
es el perdn. Dar perdn es cuestin de relaciones divinas. Es maravillosa la accin creadora de Dios en el

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perdn. El perdn es Dios mismo, el Padre misericordioso del hijo prdigo, el amor en su pura gratuidad.
All donde los hombres engendran la muerte, el perdn, que es de Dios, hace resurgir la vida.
<b>El perdn brota del corazn de Dios: </b>El perdn es regalo de Dios, brota de su corazn, que es
misericordia. Es fruto de la gratuidad de Dios. El corazn de Dios es como el de un madre: Sin dice: el
Seor se ha olvidado de m. Puede acaso una mujer olvidarse del nio que cra, no tener compasin del hijo
de sus entraas? Pues aunque ella lo olvidara, yo nunca me olvidara de ti (Is 49,15). Por lo tanto es
necesario entrar en relacin con Dios para poder otorgar el perdn. Y la mayora de las veces no se pude
perdonar a la primera. A veces hay que estar orando un tiempo largo. Perseverar.
<b>Corresponde al hombre</b>: el verdadero perdn comienza con una decisin libre o deseo de la
voluntad de perdonar: quiero perdonar. Algunas personas dicen: Yo quiero perdonar, pero no puedo. Es
fundamental querer. Si ves que no puedes es porque tus sentimientos estn muy heridos y protestan; o
porque tu corazn est rodeado de mecanismos de defensa. Esto est hablando de de que se necesita
sanacin de recuerdos.
La decisin de no vengarse, el curarse por dentro mediante la oracin de perdn, la creacin de un orden
nuevo, y todas estas tareas van ms all de las fuerzas humanas. Y esto con razn, pues el trmino
perdonar que viene de <b>per</b> y <b>donar</b> significa dar en plenitud. Es una forma de amor
llevada hasta el extremo: amar a pesar de la ofensa recibida. Y esto, para lograrlo, requiere fuerzas
espirituales, que superan las fuerzas humanas. La experiencia espiritual vivida en el proceso de otorgar el
perdn se sita en un plano diferente al material, en un plano espiritual, en el cual mi yo tiene que abandonar
el control de la situacin. Tiene que estar atento a la accin del Espritu. El trabajo psicolgico cede su lugar
a recibir de Dios la gracia del perdn. Pero <b>querer</b> todo esto es trabajo del hombre. Y <b>podemos
ensayar a dar un perdn</b> desde nuestro mismo ser.
De todos modos, sera lindo poder decir: Te perdono! Pero tengo que ser humilde. Dar el perdn no
depende de la emotividad, ni de la sensibilidad, sino que brota del fondo del corazn lleno del Espritu del
Seor. No es cuestin de relaciones humanas, sino divinas. Pero una vez conectado con Dios, yo tengo que
querer, poner mi voluntad y los medios aptos para ello. Dios sin m nada puede hacer, yo sin Dios soy
incapaz de perdonar.
Es maravillosa la accin creadora de Dios en el perdn. El perdn es Dios mismo, el Padre misericordioso
del hijo prdigo, el amor en su pura gratuidad. All donde los hombres engendran la muerte, el perdn, que
es de Dios, hace resurgir la vida. Podemos ensayar a perdonar desde nosotros mismos. Va ser una de las
experiencias que realizaremos. Es cuestin de actuar y ver hasta donde hay algn logro. P or lo general no se
perdona de la noche a la maana. Es un proceso largo, en el cual regresan a la mente los agravios, las heridas.
Pero con el paso del tiempo, si realmente se perdona, el recordar no duele.

<b>LA MEMORIA Y LOS RECUERDOS: </b>El tema de la sanacin interior es muy largo y uno
no se sana de una sola vez. Mucha gente piensa que est en paz, pero en su memoria hay guardadas una
cantidad de heridas que necesitan ser sanadas mediante el perdn. Este tiene que llagar hasta las ltimas
fibras de nuestro ser, especialmente hasta la memoria y los recuerdos. Les invito, por tanto a iniciar una
reflexin sobre este tema.

Cada persona es un mundo y su interior es tan complejo, que resulta difcil de esclarecer. Ha recibido, desde
su concepcin e infancia, gran cantidad de sensaciones tanto positivas como negativas. Todos llevamos en
nuestro interior un mundo de experiencias, que a travs de la vida hemos recibido, lo cual nos hace
reaccionar de manera muy distinta. Para conseguir la mayor paz y felicidad en nuestro interior, necesitamos
entrar dentro de nosotros mismos, para descubrir aquello que nos est haciendo dao. Es necesario, por lo
mismo, buscar a Cristo, dejarnos amar y cubrir nuestra vida con su perdn. Es la nica manera para poder
perdonar, aunque, de pronto, sea un camino largo, pues las heridas afectivas son hondas y se infectan con
facilidad. Por eso, necesitamos tener una vida de oracin personal, prolongada, estar con Jess: media hora,
un ahora, segn el crecimientote espiritual de cada uno. Ser sanados, poder perdonar no se recibe como por
encanto. Slo el Seor nos sana. En la presente reflexin veremos el poder del perdn en la sanacin de la
memoria, que es el almacn de los RECUERDOS. Los recuerdos son la base para una vida emocional

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estable. El recuerdo es como la fotografa de un acontecimiento, feliz o desdichado, registrado en mi


memoria.

<b>El acontecimiento feliz</b> queda registrado sin problemas y se convierte en parte integrante de mi
vida. El Seor aprovecha los buenos acontecimientos de la vida para sanar en nosotros lo que ha sido herido.
<b>El acontecimiento desdichado</b> plantea problemas, porque, cuando fue registrado en mi memoria,
hiri mi afectividad. El recuerdo de esta herida, que siempre es signo de una falta de amor o de una
frustracin, se convierte en un veneno que se infiltra en nuestro ser enfermndolo.

<b>Los recuerdos y el olvido:</b> Muchas heridas de la vida son tan amargas que la conciencia no soporta
retenerlas y las enva al subconsciente. Y aunque aparentemente se olvidan, quedan guardadas en la
memoria. Alguna vez, como de paso, resurgen al ver a alguien, pero no queremos complicarnos e
inmediatamente ignoramos y olvidamos ese recuerdo. Estos son recursos para mantener la paz interior. Ese
olvido no hace que las heridas se desatiendan y se hagan inofensivas. Son falsos olvidos que se transforman
en una gran espina que nos convierte en susceptibles, temerosos, competitivos, celosos, envidiosos, y
ansiosos.

Las malas experiencias a las que nos hemos enfrentado y no han sido sanadas a tiempo, quedan guardas en
la conciencia y lastiman por lo bajo, produciendo sensaciones desagradables y difusas. Por lo mismo, puedo
llegar a herir a otro como yo fui herido. Hay pequeeces que ahora parecen infantiles, pero que cuando las
recordemos ms adelante nos producirn dolor. En consecuencia, si esto no lo voy sacando, ir acumulando
desperdicios dainos dentro del corazn.

<b>Consecuencias de los recuerdos no sanados:</b> Los recuerdos no sanados nos pueden acarrear
situaciones desagradables y difciles. En otras palabras: cuando vemos caracteres raros, reacciones extraas,
estados de nimo tristes, abatidos, cabizbajos, etc. podemos sospechar que algn recuerdo no querido hay en
el subconsciente de esa persona. Cada sentimiento, desde la concepcin da por resultado recuerdos que
quedan grabados en el subconsciente; estamos afectados emocional y fsicamente por los recuerdos que
recibimos desde los sentidos; asociamos experiencias presentes con las pasadas; los recuerdos dolorosos
negativos, tienden a hacernos negativos e infelices. As, un padre bebedor, y su falta de amor con sus hijos, o
la falta de amor en la relacin entre sus padres, traer a los nios fuertes recuerdos negativos, resentimiento
hacia el padre bebedor; otras experiencias traumticas cuyo resultado es el resentimiento y la culpabilidad.

<b>Un hecho:</b> Una joven universitaria llevaba dos aos con sus estudios interrumpidos. Cuando su
mam, cargada de hijos, slo tena un deseo: ojal esta criatura no llegue a nacer con vida. Naci la
criatura, una nia muy inteligente, pero introvertida. Sus primeros aos pasaron sin complicaciones. A los 18
aos se encontr lejos de su familia, en una residencia de estudiantes. A las pocas semanas muri su padre, y
tambin envenenado accidentalmente un sobrino a quien ella quera muchsimo. Esto le provoc una
profunda depresin con tendencia al suicidio. La joven perdi el sueo y el apetito, aunque no la fe ni la
esperanza. A los dos aos, y a pesar del tratamiento mdico, se encontraba en un estado de gran debilidad
fsica y emocional. En la primera entrevista se le pregunt: Qu juegos te gustaban en tu niez? Esta fue su
respuesta: No me gustaba jugar con otras nias. Prefera sentarme sola y pensar, o soar despierta que me
haba muerto y me estaban haciendo el funeral con cantos, velas y flores. Los deseos y sentimientos de la
madre se haban grabado en su hija ya antes de nacer. De ah surgan sus sueos o juegos de nia, y sus
tendencias de autodestruccin ms tarde.
Conocida su historia, se le explic cmo Jess resucitado puede penetrar hasta nuestro subconsciente, borrar
imgenes nocivas y sentimientos negativos, sanar heridas y llenar vacos, y de ese modo cambiar el rumbo

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de nuestra vida. Se le ayud a comprender y perdonar a su mam lo hizo con dificultad-; a perdonar
tambin a los que haban envenenado a su sobrinito lo encontraba imposible, pero con la ayuda de la gracia
lo hizo-. Luego se le invit a revivir su pasado en compaa de Jess, pidindole borrase aquellas imgenes
nocivas y sentimientos de rechazo a la vida, captados antes de nacer. Se le pidi al Seor y a la Virgen Mara
que la arropasen en su amor ya desde el seno materno, y en los momentos ms crticos de su vida. Se le
pidi al ES que descendiese sobre ella y le infundiese un deseo grande de vivir para Jess y, desde Jess,
para los dems. La joven comenz a mejorar visiblemente, sobre todo despus que hizo una confesin
general y de haber orado por segunda vez por sanacin. No mucho ms tarde reanud sus estudios con nueva
ilusin, y con un gran deseo de consagrar su vida al servicio de los que sufren y no tienen en quin apoyarse.
<b>Jess sanador:</b> Con el progreso de la medicina, el hombre goza cada vez de mayor control sobre
las enfermedades. Pero, tambin, sumergido en un mundo de tensiones, falto de higiene mental, de defensas
espirituales, se encuentra cada vez ms agobiado por conflictos internos y enfermedades psicosomticas.
Adems, los conflictos crecen en proporcin directa con la indiferencia religiosa, pues el hombre no puede
construir su vida a espaldas del Seor, su Creador, Redentor y Santificador.
Jess viene al encuentro del hombre contemporneo all donde ms herido y enfermo est: en su espritu, en
su mente, en su corazn, su afectividad y sus relaciones con los dems. Sus sentimientos negativos, dudas,
rencores, ansiedad, tristeza, soledad, pueden crecer hasta convertirse en una carga intolerable, capaz de
provocar el derrumbamiento interior. Jess sale a su encuentro invitando: <i>vengan a m los que est
cansados y agobiados y yo los aliviar. Tomen mi yugo y aprendan de m a ser mansos y humildes de
corazn y alcanzarn descanso para sus almas</i> (Mt 11,28-30).

Cuando deseemos entrar en nuestra memoria, -nos podemos encontrar con recuerdos muy dolorosos-, nunca
debemos hacerlo solos sino acompaados siempre de Cristo Jess. Se trata de revivir hechos dolorosos ante
la mirada de Cristo, y luego entregarlos, confiando en la obra sanadora del Seor. No debemos permitir que
quede ninguna parte de nuestra vida, fuera de la mirada y de la luz del Seor. Puede tratarse de cosas que nos
den vergenza, o que nos hagan sentir culpables, pero para alcanzar la paz, es necesario no esconderlas ms.
La mirada de Jess no hace dao; no nos hace sufrir. Solo busca mi felicidad, mi liberacin. Justamente un
signo de que hemos sanado la herida, es que podemos presentar serenamente aquel hecho ante la mirada del
Seor. l conoce el hecho, no se lo podemos ocultar. Pero es necesario presentrselo, y permitirle que entre
all, para poder sanarme. Es muy til imaginarse ese momento del hecho doloroso, slo y sufriendo; pero
pedir en aquel momento a Jess que me abrace, consuele y unja mi herida con el leo de su ES.

<b>La oracin cristiana:</b> Entregamos nuestras vidas a Dios, y no siempre gozamos de una profunda y
verdadera paz interior. La santidad a que Cristo nos ha llamado es una armona entre cuerpo, mente y
espritu: una integracin de los tres elementos. Sabemos de la influencia que tiene en el hombre los
recuerdos sensoriales. Si los recuerdos son positivos y agradables, tendremos una persona positiva y feliz. Si
los recuerdos son negativos y dolorosos, la persona ser negativa e infeliz. El 90% de nuestra mente es
subconsciente, y en ella estn almacenadas todas las experiencias de nuestra vida, que influyen en ella.

El dolor que producen los recuerdos puede sanar para siempre. Un resultado valioso de la identificacin de
los recuerdos es la posibilidad de orar especficamente por recuerdos bien identificados. Orar por todos los
recuerdos en general, no es tan efectivo. En esta oracin de sanacin del hombre interior, pedimos al Seor
que sane estos recuerdos negativos profundos para que la persona sea libre de esas ataduras. Si un hombre
tuvo padres perfeccionistas, conservar la tendencia al perfeccionismo en todo lo que haga. Aunque las cosas
estn bien hechas, l siempre tender a perfeccionarlas ms, y esto le causar tensiones, dejndole un
profundo sentimiento de imperfeccin. Por medio de la oracin, el Seor le sanar de esta conducta
compulsiva hacia el perfeccionismo exagerado. De la misma manera suceder con los otros recuerdos
dolorosos de la niez como son los padres "severos", "poco amorosos", "posesivos", "tolerantes",
"hipocondracos", etc.

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<B>CMO ORAR POR SANACIN DE LOS RECUERDOS: </b>Vamos a detenernos en un tema,


iniciando una reflexin, que nos puede ayudar mucho y que cada uno podemos completar ms adelante con
nuestra experiencia de orantes. Todos necesitamos sanar nuestros recuerdos. Ese mundo de vivencias que
hemos ido acumulando, algunas de las cuales pueden estar hacindonos dao con su recuerdo, necesitamos
compartirlas con algn hermano, con Jess como hicieron los discpulos de Emas. Cuenta la Palabra, que
los dos regresaban a su pasado conversando entre s sobre todo lo que haba pasado (Lc 24,14).

<b>Los dos de Emas: </b>Dos discpulos de Jess, tristes, abatidos, desorientados, se alejaban de
Jerusaln, de su comunidad, sin ilusin y sin esperanza. Su Maestro haba muerto, crucificado das antes.
Para ellos, Jess y su seguimiento era una causa perdida. Decepcionados regresan a su pueblo. Durante el
camino de regreso hacia Emas, su pueblo, Jess resucitado se hizo el encontradizo con ellos y les pregunt:
<i>de qu discuten entre ustedes mientras van caminando tan tristes?</i> (v. 17).

Los discpulos empiezan a explicar el motivo de su tristeza, reviven su pasado, pero no estn solos. Jess
camina con ellos! El escucha con amor, comparte con ellos la Palabra de Dios y les va explicando el sentido
del sufrimiento, del dolor, iniciando as en los discpulos un proceso de curacin de sus recuerdos.

Al final del camino reconocen que el caminante que les acompaa es Jess Resucitado, reconocen que en su
dilogo con Jess se les han abierto los ojos y el Maestro les ha sanado el corazn, les ha sanado su vida:
<i>No estaba ardiendo nuestro corazn dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino?</i>. Su
tristeza y abatimiento han sido curados. Y han sido llenos de alegra, de ilusin, de nueva energa y deciden
regresar en ese mismo momento a Jerusaln y compartir con su comunidad de discpulos su nueva fe en
Jess resucitado.

Necesitamos repetir esa experiencia cuantas veces sea necesario. Aunque invisible Jess resucitado vive y
acompaa a los suyos por los caminos de la vida, por las carreteras de los recuerdos, deseoso de aliviar sus
cargas y sanar sus heridas. Te puede ayudar mucho, como a los de Emas, tomar un compaero, y en
presencia de Jess, compartir con l algo de lo que te preocupa y te pesa. Pdele a Jess en oracin que te
acompae, pdele luz, ayuda. El Seor est presente, tea acompaa en tu humilde confesin y en la oracin
que hagas con tu compaero y te regala, como a los dos de Emas, sanacin, alegra, equilibrio.

<b>Cmo orar: </b>Con la fe y la imaginacin visualiza a Jess junto a ti, consciente de que El es tu
Salvador en el sentido ms pleno. Recorre tu vida con Jess desde sus comienzos hasta este momento. No
tengas prisa, para que su gracia penetre muy hondo, ojal hasta las races mismas de tus conflictos.

Al iniciar tu oracin por sanacin de los recuerdos, vas recorriendo mentalmente tu pasado, y casi
revivindolo mentalmente. Te detienes en aquellos incidentes que te han marcado ms, o que te han
traumatizado; con los ojos del corazn mira a Jess, presente en cada uno de esos acontecimientos. Desde tu
pobreza ofreces tus recuerdos y experiencias dolorosas, tus temores, angustias, resentimientos, culpabilidad
y otros conflictos emocionales; le presentas tambin las zonas vacas y conflictivas de tu vida.

Todo lo vas ofreciendo con una confianza ilimitada en su poder, con un abandono total en su bondad. Pide a
Jess que lave en su sangre preciosa cada uno de esos recuerdos dolorosos, que sane por sus heridas tus

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propias heridas; que llene con su amor y su fuerza tu propio vaco. Mira a Jess recorriendo tu vida pasada
limpiando y sanando heridas, rompiendo cadenas, llenando vacos. Dile a Jess que le amas y que quieres
amarle ms y ms cada da, amarle y servirle a l en los hermanos.

Una vez que has ofrecido al Seor tu pasado, tus recuerdos dolorosos, difciles, djalos en sus amorosas
manos, bajo la accin de sus llagas divinas. No le des demasiadas vueltas a tu pasado. El nombre de Jess
conjura tus miedos, tus angustias, tus resentimientos: <i>mantnganse firmes y no se dejen oprimir
nuevamente bajo el yugo de la esclavitud</i> (Gal 5,1). Jess desde la oracin te libra de tu esclavitud, de
un pasado lleno de angustias, sobresaltos y resentimientos y hace que no vuelvan a tu corazn. Desde el
momento de tu oracin abre para ti nuevos horizontes, llenos de luz y d esperanza. Desde tu oracin con
Jess vive de cara a un futuro lleno de equilibrio, lleno de Jess.

<i>Una cosa hago: olvido lo que dej atrs y me lanzo a lo que est por delante, corriendo hacia la meta,
para alcanzar el premio a que Dios me llama en Cristo Jess. Desde el punto a donde hayamos llegado,
sigamos adelante</i> (Fil3,13-16). Acepo en fe la presencia y la accin sanadora y liberadora de Jess en
mi vida, an antes de sentir sus efectos. Termino mi oracin dndole gracias de corazn, canto y alabo su
santo nombre. La alabanza confirma y acelera el proceso de sanacin.

<b>El amor sana: </b>Un da <i>se le acerc a Jess un leproso y puesto de rodillas le dijo: Si quieres
puedes limpiarme? Compadecido de l, Jess extendi su mano, le toc y le dijo: quiero, queda limpio Y
al instante le desapareci la lepra y qued sano</i> (Mc 1,40-42). En presencia del dolor y de la
desgracia, Jess siente compasin. Por eso sana. Y es que a Dios solo s ele conquista con el corazn.
Tenemos que asociar las curaciones de Jess ms con su amor que con su poder. Cuando un nio se cae y se
hace dao en la mano su madre lo levanta, lo abraza, lo besa y acaricia su mano enferma. El nio se calma y
el dolor desaparece. De la misma manera, nosotros, llenando de amor al hermano enfermo imploramos de
Seor su curacin.

Cuando roamos, no necesitamos conocer tcnicas, lo nico que necesitamos es fe y amor. Necesitamos
dejarnos llenar del amor y de la compasin de Jess por le enfermo que sufre. Pues lo que realmente hiere al
hombre y genera toda clase de enfermedades psicosomticas es el rechazo, el desprecio, el desamor. Y lo que
regenera, sana y libera es el amor, la aceptacin, el aprecio sincero. Cuando aceptas a una persona tal como
ella es y la miras con amor, y ala ests pacificando, equilibrando, sanando, porque la ests ayudando a salir
de s misma, a abrirse a la vida con optimismo y al poder sanador del amor, del Seor que es amor.

Me debe quedar bien claro, que la sanacin, y en particular la sanacin de los recuerdos, es un movimiento
de nuestro corazn hacia el corazn de Dios, es cuestin de mucho amor, un adentrarse en ese ocano
insondable de su amor. Si oro por m mismo, por sanacin de mis recuerdos, debo hundirme antes en el amor
del Seor para que me d mucho amor por m mismo y de ese ocano fluya la sancin de todo mi ser, de mi
vida hasta el momento presente. Es esta la forma ms eficaz de evangelizacin, proclamarme y proclamar al
hombre contemporneo que Dios le ama y desea su felicidad.

<b>Madre de misericordia: </b>Jess, naciendo en la pobreza de Beln y muriendo por nosotros en el


Calvario, es la mxima expresin del amor del Padre hacia nosotros, sus hijos. Es bonito constatar cmo
Mara, su Madre, se encontraba junto a l en ambos momentos llenndolo de su amor y de su compaa. Por
eso se llama a Mara, Madre de Misericordia, Salud de los enfermos y Consuelo de los afligidos. Ella atrae

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con el amor a sus hijos, la sanacin y consuelo de Jess sobre ellos. Ella est junto a Jess para interceder
por nosotros y para transmitirnos la salud y la transformacin, que de El recibimos.

En un mundo en el que todo, hasta el cuidado de los enfermos, se va comercializando, hacen falta personas
renovadas por el ES, corazones como el de nuestra Madre Mara, capaces de captar y transmitir el amor
infinitamente poderoso de nuestro Jess. Slo con el amor veremos cmo el Seor nos cura. Es mediante el
maor que el mundo volver a creer que el Padre ha enviado a su Hijo ungido por el ES <i>para anunciar
la Buena Nueva a los pobres, vendar los corazones heridos, consolar a los que lloran, dar vista a los ciegos,
dar libertad a los oprimidos y proclamar el ao de gracia del Seor</i> (Lc 4,18-19); Is 61, 1-2).

Seor, crea en m y en cada uno de nosotros aqu presentes un corazn amante como el de nuestra Madre, la
Virgen Mara, danos el Espritu que a Ella le concediste; haz de cada uno de nosotros instrumentos dciles
de consolacin y sanacin; llnanos con tu amor para gloria de tu nombre y bien de nuestros hermanos
necesitados. <i> </i>

<B>PRISIONEROS EN NUESTRA PROPIA CARCEL: </b>Imagnate que tienes que ir a


trabajar con las manos atadas, los pies encadenados y cargando una pesada bola de hierro. Te
daras cuenta de inmediato, lo difcil que sera trasladarte al lugar indicado y desempear
eficientemente tus labores. No solo eso, sera enorme la energa mental y fsica que estaras
perdiendo al cargar ese peso durante todo el da, y tratar de pensar sobre como ser libre de esa
esclavitud.
Este ejemplo ilustra con toda claridad lo que realmente sucede en el mbito espiritual. Es decir,
cuando alguien nos perjudica o nos decepciona, tenemos la tendencia a enojarnos dando lugar a la
amargura y resentimiento contra esa persona. Y cuanto ms pensamos en aquel incidente, ms
razones encontramos para sentirnos indignados, causando un deterioro fsico, mental y emocional,
lo cual impide que podamos aprovechar al mximo nuestras capacidades. Cuando esto est
sucediendo en nuestra vida, es porque nos hemos convertido en prisioneros en nuestra propia
crcel, debido a que no hemos podido perdonar a quien nos hizo dao, siendo as, tambin somos
prisioneros de la otra persona, porque en lo nico que estamos pensando es en la manera de
desquitarnos de ella. Cuando en realidad los nicos que estamos siendo perjudicados, somos
nosotros mismos. La amargura, rencor y enojo, son un agobiante peso que tenemos que cargar, y
eso nos esta consumiendo por dentro. Cules son las consecuencias que sufrimos cuando estamos
prisioneros en nuestra propia crcel? Veamos:
<b>Produce una esclavitud emocional: </b>La persona que nos perjudic, comienza a dominar
nuestros pensamientos, actitudes, conversaciones y planes futuros. De tal manera que levantamos
una pared invisible cada vez mas alta contra los dems, debido al temor de volver a ser heridos.
Llegamos al grado que nos quedamos completamente solos y aislados, sintindonos rechazados y
que
a
nadie
le
importamos.
<b>Destruye las relaciones afectivas: </b>Si persistimos en guardar rencor contra alguien que
nos ha traicionado, entones ser muy difcil seguir manteniendo una relacin muy estrecha con esa
persona. Se pierde la confianza, amor y respeto, de tal forma que terminan siendo relaciones
truncadas. A la vez, mostramos una actitud a la defensiva, haciendo que los dems se alejen de
nosotros.

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<b>Perjudica nuestra salud: </b>Nuestros cuerpos fueron creados de tal manera que no
podemos albergar por mucho tiempo el enojo, amargura y rencor, sin que nos afecte fsica y
emocionalmente. As que comenzaremos a sentir diversos trastornos y padecimientos, lesionando
severamente nuestra salud.
<b>Afecta nuestra relacin con Dios: </b>Ya no tenemos el mismo inters en participar en la
iglesia, ni la disposicin para meditar continuamente en la Palabra de Dios. No podemos orar con
efectividad, perdemos el gozo y la paz, ya que la ira, resentimiento y amargura, son un obstculo
espiritual que obstruyen nuestra comunin con Dios y detienen todas las bendiciones que desea
darnos. La Biblia nos amonesta en Efesios 4, 31-32 de la siguiente manera: Qutense de ustedes
toda amargura, enojo, ira, gritera y maledicencia, y toda malicia. Antes sean benignos unos con
otros, misericordiosos, perdonndose unos a otros, como Dios tambin los perdon a ustedes en
Cristo. La orden de Dios es precisa: Despjense de toda AMARGURA, que es un resentimiento
muy arraigado, ENOJO, que es clera, irritacin y furia, IRA, que es una alteracin violenta y
agresiva, MALEDICENCIA, que consiste en la accin de maldecir, y toda MALICIA, es la
inclinacin para actuar con maldad.
Estas actitudes nos mantendrn permanentemente prisioneros, en nuestra propia crcel, e
impedirn que lleguemos a ser las personas ntegras que Dios quiere que seamos, y cumplir el
propsito que ha designado para nuestras vidas. Si no estamos dispuestos a examinarnos a
nosotros mismos, sino que siempre estamos echando la culpa a los dems por nuestros problemas,
entonces nos estaremos engaando y seguiremos siendo prisioneros de nuestra propia crcel. En
cambio, si nos auto analizamos, entonces descubriremos las verdaderas causas que nos mantiene
atados. Mientras haya rencor y amargura en nuestro corazn, no experimentaremos un
avivamiento espiritual, porque el amor de Dios no puede manifestarse en una vida dominada por el
rencor. Tenemos que aprender a ser benignos, misericordiosos y perdonadores unos con

otros, siendo esta la nica llave que podr abrir la celda de nuestra prisin emocional y
ser verdaderamente libres.
<b>Una triste experiencia: </b>Esta es la historia de una mujer joven de quien su to haba

abusado sexualmente. Aunque era, sin duda, la vctima inocente de un depravado, su


desdicha pareca ser, por lo menos en parte, auto-perpetuada. No quera ni poda juntar la
fortaleza interior necesaria para perdonar. Se haba encerrado en s misma, en su propia
desgracia y no quera salir de all a travs del perdn. Amordazada durante aos por el temor
de exponerse, y por el alcoholismo que su atormentador mantena con regalos diarios de vodka,
esta pobre mujer estaba desesperada. Se le haba brindado terapia psiquitrica intensiva y no le
faltaban comodidades materiales. Tena buen empleo y un crculo de amigos que la apoyaban; no
se haban escatimado esfuerzos para ayudarle a restablecerse. A pesar de todo, sus emociones
oscilaban desde la risa nerviosa hasta el llanto inconsolable. Se llenaba de comida un da, y al otro
da ayunaba y se purgaba. Y beba botella tras botella. Esta pobre alma era una de las personas ms
difciles para ayudar pues solo ella poda iniciar el proceso de su sanacin. Pero todo consejo
pareca intil. Enfurecida y confundida, se sumi cada vez ms profundamente en la desesperacin
hasta que, finalmente, tuvo que ser hospitalizada porque haba tratado de estrangularse.
Las heridas que causa el abuso sexual llevan aos en sanar; en muchos casos dejan cicatrices
permanentes. Sin embargo, no es inevitable que termine en una vida atormentada o en el suicidio.
Por cada caso como el que acabamos de describir, hay otros cuyas vctimas encontraron la libertad
y una nueva vida, una vez que pudieron perdonar. Esto no significa resignarse u olvidar lo
ocurrido; tampoco depende de poder encontrarse cara a cara con el abusador, cosa que hasta podra
ser contraproducente. Pero s significa que se debe tomar una decisin consciente de dejar de
odiar, porque el odio jams nos ayuda. Como un cncer, el odio se extiende a travs del alma hasta
destruirla por completo.

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<b>Otra experiencia</b>: A lo largo de los aos, he tendido relaciones estables con personas
que me han engaado, mentido y abandonado inesperadamente. Tambin he tenido traumas
personales que han puesto a prueba de una forma especial mi disposicin a perdonar. Una a los 20
aos, cuando estaba en la universidad. El violador, que me superaba don mucho en tamao y
fuerza, me agresin con actitud hostil y amenazante. Esa violacin fue una agresin extrema a mi
libertad personal, un ataque a mi cuerpo y mis emociones. Al principio tuve un abrumador
sentimiento de ira y miedo, pero con el paso del tiempo llegu a perdonar. Y estro no significa
justificar comportamientos inaceptables o abusivos. No existe en el mundo manera alguna de que
yo pueda justificar lo que me ocurri. Y porque opt por perdonar, la experiencia vivida no ha
endurecido mi corazn, no me ha encerrado en m misma. Al perdonar me liber de la carga de
continuar siendo vctima para siempre, y puedo disfrutar de mi vida actual plenamente y con
libertad. A veces me ha resultado fcil perdonar; otras, el perdn ha sido una decisin muy
valiente. Pero en ambos casos, siempre me proporcion ms paz en el corazn, siempre me dej
ms feliz, y libre para continuar creando relaciones sanas con otras personas y conmigo misma
(Robin Casarjian).

Ejercicio 11:<b> Cmo tener sentimientos positivos: </b>Cuenta una historia oriental que
un discpulo y el maestro pasean por el bosque. Entonces, el discpulo le dice al maestro: -he pasado
gran parte del da pensando en cosas que no deba pensar, deseando cosas que no deba desear,
haciendo planes que no deba hacer.... El maestro le seala al discpulo una planta y le pregunta si
sabe qu era: Belladona dijo el discpulo-. Puede ser mortal para quien coma sus hojas.

-Pero no puede matar a quien simplemente las contemple apostilla el maestro . As todas las
emociones y sensaciones y sentimientos no nos pueden causar ningn mal si no nos dejamos seducir
por ellos. Los sentimientos negativos no deben vencernos, sino advertirnos de que tenemos an
mucho trabajo para expurgar las malas hierbas de nuestro interior, cultivar las buenas obras.

Muchas cosas que nos hacen sufrir se deben a una visin negativa del mundo, una enfermiza visin
deformada de la realidad, que nos hace pensar que somos malos, o que los dems son malos, o que el
mundo es malo. Se trata del viejo dualismo de dar al mal una categora que no tiene, como si fuera
un semi-dios que nos persigue. Es verdad que en el mundo hay maldad, pero sta no es ms que la
ausencia de bien, el mal en s no tiene consistencia, es el negativo de la bondad, su ausencia. As la
soberbia, avaricia, lujuria, gula, ira, envidia y pereza no son ms que expresiones del egosmo, de la
ausencia del amor. El mal genera sentimientos negativos, y el amor, positivos. El mal produce un
desorden interior, y el bien una armona que da paz y felicidad. La cultura grecorromana pona el
ideal del sabio en la ausencia de sentimientos (<i>apatheia</i>). Esta apata no es ms que una
caricatura del ideal de la persona, pues los sentimientos son parte importante de nuestro ser: no son
malas las pasiones como no es malo el cuerpo, sino que todo ha de ser encauzado en un dinamismo
del amor. Nuestro ideal no es un nirvana de ausencia de sentir, sino un amoroso sentir, que tambin
pasa por el dolor. El ideal budista, basado s en la benevolencia y misericordia universal, pero que
rechaza todo apasionamiento, precisamente por eso no es verdaderamente humano: la serenidad
autntica viene de ese amor apasionado, que no es un sentimiento, sino la forma ms alta de
afectividad del corazn. Hablo de ese corazn que es ncleo ntimo del hombre, donde ste toma sus
decisiones. La categora de una persona, su realizacin personal, su plenitud, depende de tener buen
corazn, que se manifiesta en la solidaridad, la fraternidad, etc. En cambio, las frustraciones,
resentimientos y todo tipo de amarguras son causados por la ausencia de este amor de corazn,
orientado hacia Dios y los dems.

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Las pasiones incontroladas desencadenan pulsiones instintivas, adiciones y dependencias (alcohol,


sexo, drogas). Hay que educar toda pasin para que integrndola en la interioridad nos ayuden a
tener un corazn bueno, a base de acciones buenas que se convierten en virtudes. As, las tendencias
hacia el bien, la verdad y la belleza van dominando todo lo que hacemos, va creciendo en nosotros un
anhelo de sublimidad, de cosas grandes, y el deseo bsico de amar y ser amado se va purificando de
adherencias egostas que hacen dao. La nostalgia de no tenerlo an todo se va transformando en
plenitud de tenerlo todo en la esperanza. La pena causada por la limitacin de la realidad
(limitaciones fsicas o psicolgicas, mal de la naturaleza y maldad humana) se vuelve entrega,
servicio, y la certeza de que todo mal no sera permitido por Dios si no fuera porque de ello puede
sacar por caminos a nosotros desconocidos todava un bien ms alto: surge de ah una confianza
muy grande en la vida, que ponemos no en nuestras fuerzas o en el destino, sino en algo mucho ms
alto, que es el amor de Dios y la confianza en que nos salvar.

Haz unas cuantas respiraciones profundas. Que la inspiracin sea ms larga y lenta de lo habitual. Mientras
dejas salir el aire, siente cmo se afloja la tensin y te relajas. Relaja los hombrosrelaja los msculos del
cuello.
Ahora, en tu imaginacin, lleva las manos a la cabeza, introdcelas con suavidad, con mucha suavidad
dentro de tu mente. Quita de ah todas las ideas que tienes actualmente sobre lo que significa el perdn.
Coloca estas ideas en un lugar seguro, de donde puedas cogerlas de nuevo despus nuestros ejercicios
espirituales, o antes, si deseas recuperarlas.
Te invito a abrirte a un modo enteramente nuevo de definir el perdn y a trabajar con el en tu vida diaria. Al
retirar las ideas que te resultan familiares, creas una apertura que te permitir ms de lleno y con mayor
energa a lograr magnficas oportunidades de otorgar el perdn.

<B>EL AMOR SANA</b> (Mc 1,40-42;

No digo que iniciemos, sino que continuemos, pues toda nuestra reflexin sobre el perdn nos ha llevado
siempre hasta el amor, como la gran columna vertebral del perdn. En efecto la falta de perdn habla de una
incapacidad de amar a quien no queremos perdonar. Les invito a que ofrezcamos a Jess que sea dueo de
nuestro interior y que haga un trasplante, o lo que El crea mejor, de nuestro corazn de piedra y lo cambie
por un corazn de carne, que ame a todos los hermanos. Invitmosle a que visite todos los lugares de nuestra
vida en donde hemos sido heridos. En efecto, a la base toda herida afectiva hay un problema de perdn. Y si
este perdn o se da, e imposible encontrar la paz consigo mismo, con el prjimo y con Dios.
<b>Amor de Jess: </b>Nos cuenta Marcos que <i>se le acerc a Jess un leproso suplicndole y,
puesto de rodillas, le dijo: si quieres, puedes limpiarme. Compadecido de l, Jess extendi su mano y le
dijo: quiero, queda limpio. Y al instante, le desapareci la lepra y qued limpio</i> (Mc 1,40-42). El
evangelista nos dice que Jess se compadeci. Compadecer es padecer con, es decir, sufrir con el otro
llevado del amor a esa persona. En presencia del dolor y de la desgracia, Jess siente compasin, amor y por
eso sana; por eso realiza sus milagros. Toda curacin proclama, ms que el poder de Jess, su amor. Y a l
se le conquista, tambin por el amor.
Nosotros asociamos los milagros de Jess ms con su poder que con su amor. Pero me parece que este es un
mecanismo de defensa. Pues de otro modo, la ausencia de curaciones por nuestra parte la atribuimos ms a
nuestra falta de poder que a nuestra falta de amor. El Seor curaba porque sent compasin por los enfermos.
Cuando un nio pequeo se cae y se hace dao en la mano, por ejemplo, su mam lo levanta y lo abraza,
mientras besa y acaricia amorosamente la mano de su hijo. El nio se levanta, se calma y el dolor
desaparece. Esta es la forma como el Seor nos sana, acariciando y besando nuestro corazn, nuestras
heridas, por las cuales somos incapaces de perdonar. Por eso las personas sern capaces de perdonar, si
experimentan el amor del Seor y lo transmiten a quienes antes odiaban. No son necesarias ningunas
tcnicas psicolgicas, s necesita algo del amor y compasin de Jess para con aquellas personas que han

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sido sacadas fuera del crculo del amor. Necesitamos expresa el amor del Seor con nuestra actitud, nuestros
gestos, el tono de la voz y nuestras palabras.
Lo que realmente hiere a la persona y genera toda clase de enfermedades psicosomticas es el desamor, el
rechazo, el desprecio. Y lo que regenera, sana y libera es el amor, que otorgamos con el perdn. Cuando
perdono a un apersona, la acepto como es y la miro con amor, ya la estoy cambiando y, sobre todo, estoy
cambiando yo.
<b>Amor de la persona: </b>Veamos el siguiente testimonio, que nos haba de la capacidad de
transformacin que tiene el amor: Estoy cuidando a una seora de 86 aos. Hace cuatro meses haba sido
desahuciada por los mdicos. Estos la haban enviado para su casa a terminar all lo que le quedaba de vida.
Su mdico me propuso si quera hacerme cargo de ella, y yo acept. Cuando fui por primera vez a su casa,
no pude evitar llorar al verla en el estado en que la vi. Cunto ped a Jess por ella! Estuve de acuerdo que
la seora necesitaba grandes dosis de amor y de mimos. La pobre mujer estaba como una nia apenas
hablaba, no coma, no poda hacer nada. No poda mover nada de su cuerpo. Pero, poco a poco aquello fue
cambiando, llegando a caminar con ayuda y a veces por s misma. Hoy la seora canta, me cuenta infinidad
de cosas, y hablamos mucho de Jess. Ha llegado a hacer oracin por m cuando yo no me encontraba del
todo bien. El mdico, que deca que esa seora nunca se podra tener en pie, reconoci que eso es obra de
Dios. El la est sanando a base de amor. Yo le bailo, le canto, la mimo mucho; y ella responde con gran
amor. E amor que ha recibido a raudales le hacho olvidar el desamor que la estaba matando. No dejo de
alabar y dar gracias a Jess por esa mujer que l est curando. Yo misma he llegado a ver Jess en ella.
Para lograr la curacin de una persona por perdn, es necesario un movimiento hacia el corazn de Dios,
para adentrase en el Ocano insondable de su amor.
<b>Amor potenciado: </b>Mara Santsima es Madre de Misericordia, salud de los enfermos, consuelo de
los afligidos. Est siempre junto a Jess para interceder por nosotros y transmitirnos lo que recibe de El.
Cuando una madre compasiva y afligida se dirige a Mara, y la oracin de las dos llega hasta Jess, no hay
nada que l les pueda negar. Una madre es incapaz de odiar a sus hijos. Est llena de amor y, por eso, llega
hasta el corazn de sus hijos. (invit a orar a los que amaban al esposo de Merche).
<b>El perdn y los sentimientos: </b>Es esencial comprender lo siguiente. Cuando alguien siente que es
incapaz de perdonar es porque quiere hacerlo desde sus sentimientos, desde s mismo. Con sus solas fuerzas
nunca lo podr. Slo lograr enfermarse ms de odio o indiferencia. Es con Cristo como debemos entrar en
actitud de perdn. La nica manera de perdonar es con el amor de Jess, que se logra en la oracin. El
perdn no se sita al nivel de los sentimientos, depende de la voluntad. Por eso, con mis encuentros con
Jess puedo lograr tomar la decisin de perdonar y pedir a Jess que venga a penetrar y a fortalecer con su
presencia mi voluntad, las decisiones que yo tenga que tomar. Y es que el perdn es fruto de la gracia del
Seor, de su amor en m, no de mis sentimientos.
<b>Un testimonio: </b>Recuerdo bien el tiempo en que mi noviazgo se rompi. Me deca que deba
perdonar a mi novio. Me pona de rodillas, exclamando que lo perdonaba por esto, por aquello. Pero yo no
haba descubierto an la gracia del perdn. Fue entonces cuando v mi propia actitud frente a mi novio. Vi el
otro lado del problema.
En un retiro de sanacin, alguien me pregunt porqu no me haba casado. Contest que me encontraba bien
as. Ms 15 personas me hicieron la misma pregunta. Comprend, entonces, que yo me negaba a casarme a
causa de la infidelidad que haba visto en mi padre para con mi madre, a quien haba hecho sufrir mucho.
Por esa infidelidad, yo haba sufrido desde mi niez e inconscientemente haba hecho el propsito de no
casarme.
Perdon a mi padre en el retiro. Pero cuando regres a casa y lo v, sent ganas de cortarlo en pedacitos.
Comprend las palabras de Jess de la necesidad de perdonar <i>no siete, sino setenta veces siete</i> (Mt
18,22). Me puse a orar y orar todos los das durante diez minutos pidiendo a Dios la gracia de perdona todo
lo que me haba hecho padecer, hasta que recib la gracia de perdonarlo. A medida que oraba el Seor me
mostraba los buenos recuerdos que guardaba de l. Despus de unos 8 meses recib la gracia en mi corazn.
Necesito, por tanto, orar todos los das hasta que se me otorgue dicha gracia.
Por eso da tras da le pido: Seor Jess, dame la gracia de perdonar a mi padre todas sus aventuras, todas
sus infidelidades, todo lo que hemos sufrido por su causa. A medida que yo oraba por perdn, mis

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sentimientos fueron cambiando frente a l. La oracin modificaba mis sentimientos y emociones. Me fui
tornando apacible y mi relacin con fue mejorando hasta que lleg a ser maravillosa. Fui constatando el
trabajo hecho por el Seor no solo en mi propio corazn sino en el de mi padre.
Necesitamos hacer una oracin fiel y perseverante para pedir la gracia del perdn. Pues no basta con
perdonar una vez por todas. Solo una oracin diaria hecha por das, meses e incluso aos, nos podr obtener
la gracia del perdn.

<B>SERVIR ES PERDONAR: </b>Les invito a reflexionar sobre el perdn partiendo de un gesto


simblico del Seor (Jn 13, 2-17) en una de sus enseanzas extraordinarias. Se trata del gran servicio que
debemos entregar al hermano con nuestro perdn. Tambin nosotros, como discpulos de Jess, podemos
realizar ese gesto simblico de lavar los pies a los hermanos. Esta experiencia puede tocar nuestro corazn,
si la hacemos en oracin. Con el gesto del lavatorio de los pies Jess quiso ensear a sus discpulos lo que es
el servicio. Y servir es amar. Y amar es perdonar. As que, en oracin, vamos a lavar los pies a un hermano,
como smbolo de amor, para reparar la falta de amor en nuestra vida; y como smbolo de perdn, para
perdonar a quien sintamos necesidad de hacerlo.

Gracias al perdn podemos dejar nuestro pasado atrs, y abrirnos a nuevas relaciones personales: con Dios,
con nosotros mismos, con el mundo que nos rodea, con la gente del trabajo, con nuestra familia. En nuestras
relaciones herimos a las personas y stas nos hieren a nosotros. Por eso, necesitamos el blsamo del perdn.

<b>Jess nos ense a perdonar: </b>Tengo que perdonar, porque el Padre me perdon por su hijo Jess
mediante la cruz. Pero, segn los evangelios, la vida de Jess fue tambin un continuo acto de amor y de
perdn, ensendonos a perdonar. Su muerte en la cruz y su resurreccin constituyeron la cspide de su vida
de perdn. Cristo quiere de sus discpulos, que adoptemos como estilo de vida el perdn. Aunque para
quienes lo ven desde fuera es algo heroico, para el cristiano debe ser su manera ordinaria de vivir. As lo deja
entrever la carta a los Efesios: "Sean amables unos con otros, con un corazn tierno, perdonndose
mutuamente como Cristo les perdon a ustedes" (Ef 4,32).

Cuando Jess nos manda: "No juzguen y no sern juzgados" (Lc 6, 37), nos quiere decir que no pongamos
etiquetas a nadie, no condenemos, y perdonemos siempre. Jess fue hasta el extremo del perdn dando su
vida por nosotros para que as nosotros pudisemos perdonar. En la cruz, no solo nos perdon sino que nos
excus delante de su Padre: "Padre, perdnalos porque no saben lo que hacen". Necesitamos repetir
continuamente la oracin del discpulo: "Perdona nuestras ofensas como tambin nosotros perdonamos a los
que nos ofenden". Cuntas veces tengo que perdonar? Tantas cuantas necesitas perdonar. As que no puedes
perdonar 3 y esperar ser perdonado 9. Si quiero ser perdonado 9, debo perdonar 15, debo perdonar 70 veces
7, todas la vece, siempre. Es esta la enseanza de Jess.

<b>Cmo debe ser el perdn: </b>El perdn, como el amor, es incondicional. No debo poner ninguna
condicin para perdonar. En la parbola del hijo prdigo, el padre fue a abrazar al hijo que estaba perdido y
haba vuelto, sin esperar que le devolviese el dinero que haba malgastado. Esto es muy importante para
nosotros, perdonar incondicionalmente. Es esta nuestra responsabilidad espiritual. As lo expres Jess en la
parbola del criado despiadado: este deba mucho dinero a su patrn y pidi al rey ms tiempo porque el rey
le iba a arrestar y a llevarlo a la crcel. El criado le pidi y el rey no solo le dio ms tiempo sino que le
perdon la deuda. Si yo le debo a una persona 300 millones de pesos, y ella me perdona esa deuda, yo soy
300 millones de pesos ms rico, porque ella me ha perdonado. Puedes ver cmo eres de rico a travs del
perdn de Cristo. Era una gran deuda la que el siervo tena y el rey le perdon. Pero, este criado fue y se
encontr con otro que tena una pequea deuda con l, y fue tan cruel y despiadado con l que lo mand

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arrestar por esa pequea deuda. Enterado el rey de lo sucedido, se enfad tanto, que mand arrestar al
sirviente de por vida.

Dios nos llama a ser generosos otorgando el perdn. Pues Dios nos perdona en la medida en que
perdonemos a otros. Si yo no perdono a una persona le cierro mi corazn y comienzo a odiar. Y cuando me
cierro al perdn convierto a esa persona en algo tan malo que la aparto de mi vida. Un corazn que no
perdona empieza a hablar mal del otro, incluso desproporcionadamente. Y bloquea el amor que viene de
Dios y bloquea nuestro crecimiento en Cristo. La falta de perdn nos convierte en personas amargadas.

<b>Debo buscar dar el perdn:</b> No solamente estamos llamados a imitar a Cristo perdonando a otros,
sino tambin pidiendo perdn a Dios, a quien herimos, hiriendo al hermano. Si necesito buscar el perdn de
una persona tambin necesito buscar el perdn de Dios. Y esto lo hago en la confesin, arrepintindome de
mis pecados: "Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es Dios para perdonar los pecados y
purificarnos de toda injusticia" (1Jn 1,9).

<b>El perdn es un proceso: </b>El perdn tiene diferentes etapas, que necesitamos seguir. Si tenemos
que perdonar debemos darnos cuenta de que hemos sido heridos. Si la herida no es cubierta con el perdn
produce ira o enfado, y eso produce amargura, envenenamiento. Pero para perdonar necesitamos antes
reconocer que hemos sido heridos. Tambin debemos pedir a Dios que nos sane esa herida que hemos
recibido. Y si nosotros tenemos una buena relacin con la persona que nos ha herido, necesitamos hacerla
consciente de que nos ha herido para poder restaurar esa relacin. Tenemos que tener mucho cuidado en no
cerrarnos. Cuntas veces hemos odo que alguien ha hecho mal a otra persona. Y la ofendida ya ha cometido
un asesinato en su mente o en su corazn, diciendo: "a esta persona no le vuelvo a hablar ms porque me ha
hecho esto y esto". Qu es eso? Es un asesinato, estoy echando a esa persona de mi vida.

<b>Perdn y amor van juntos: </b>Cuando Cristo habl del perdn, lo hizo hablando del amor. Esto
significa que cuando Cristo perdon no solamente no dej de amar, sino que increment su amor hacia los
dems. A travs de la cruz, Cristo nos am y nos perdon.

Qu sucede cuando necesitamos perdonar? Necesitamos recrear una relacin personal, construir puentes
otra vez, encontrarnos otra vez como hermanos y reconstruir lo que hemos roto. Y muchas veces la
reconstruccin de estas relaciones personales significa tambin restitucin. La restitucin no significa
solamente que yo he cogido dinero y que tengo que devolverlo, sino tambin que si he quitado el respeto o el
honor debo devolverlo nuevamente. Y cuando comenzamos un proceso de perdn necesitamos empezar de
nuevo a amar, a organizar las circunstancias en las que se ha producido la ruptura. A organizar nuestra
memoria, para poder perdonar y olvidar. No puedo olvidar el incidente en si mismo, pero a travs de la
gracia que Dios nos da, recordars el mal suceso que ha provocado la ruptura. Pero con la gracia de Cristo
sobre esa herida, olvidars la cicatriz que te ha causado, el mal que te ha hecho, no el incidente, porque
nosotros debemos recordar las cosas. Pero la gracia de Cristo nos ayudar a olvidar la herida.

Como el perdn no es fcil, necesitamos el poder de Dios para perdonar, no podemos esperar que el perdn
llegue fcilmente, ya que ser herido no es algo estupendo. El perdn cuesta, lleva tiempo, y requiere un
esfuerzo, no viene automticamente. El sanar viejas cicatrices y restaurar relaciones personales es cuestin
de tiempo. Necesitamos servir a quienes hemos herido en nuestra vida, darles amor, para que seamos
capaces de perdonar y de restaurar aquello que hemos hecho mal. Se necesitan dos para bailar un tango. No
puedo bailar el tango yo solo, necesito compaero. De la misma manera, cuando hablamos de perdn, se

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requieren las dos personas. As, si yo quiero buscar el perdn, el otro necesita tambin recibir la gracia para
perdonarme y abrir de nuevo su corazn a m. El proceso sanador se hace mucho ms rpido cuando es
recproco.

<b> </b> <B>PERDONAR Y OLVIDAR: </b>A la falta de perdn se le llama, tambin, cncer
emocional. Aunque los investigadores todava no saben cmo prevenir todos los tipos de cncer, ya han
detectado una de las causas que lo provoca: <b>la irritacin constante</b>. Fumar provoca el cncer de
pulmn porque la nicotina y el alquitrn de los cigarrillos <b>irritan</b> los pulmones. Exponerse a las
quemaduras producidas por los rayos solares <b>irrita</b> la piel y esto incrementa la posibilidad del
cncer de piel. <b>La irritacin emocional</b> puede causar el equivalente al cncer emocional. El peor
tipo de irritacin emocional, aquello que destruye a la gente como un cncer emocional, es no perdonar a los
que nos han lastimado u ofendido.

<b>Relacin entre perdonar y olvidar: </b>Ya hemos visto que perdonar es una decisin de la voluntad.
<b>La accin de olvidar</b>, en cambio, <b>tiene lugar en el mbito de la memoria</b>, que no
responde inmediatamente a los mandatos de la voluntad. Yo puedo decidir olvidar una ofensa y que se borre
aquel recuerdo, pero no lo consigo. La ofensa sigue ah, en el archivo de la memoria, a pesar del mandato
voluntario. Lo primero que esto me dice es que olvidar no es lo mismo que perdonar, porque yo puedo
decidir perdonar y perdono, mientras que mi decisin de olvidar no tiene el mismo resultado. El perdn,
entonces, puede ser compatible con el recuerdo de la ofensa.

En cambio, la expresin <i>perdono pero no olvido</i> significa que, en el fondo, no quiero olvidar, y
ese no querer olvidar equivale a no querer perdonar. Por qu? Cuando se perdona, se cancela la deuda del
ofensor, lo cual es incompatible con la intencin de retenerla, de no querer olvidarla. En consecuencia, si
bien no podemos identificar el perdn con el hecho de olvidar el agravio, s podemos decir que <i>perdonar
es querer olvidar.</i>

Ordinariamente, si la decisin de perdonar, que incluye el deseo de olvidar, de no registrar los insultos, ha
sido firme y se mantiene, el recuerdo de la ofensa ir perdiendo intensidad y, en muchos casos, acabar
extinguindose con el paso del tiempo. Pero aun si esto ltimo no ocurriera, el perdn se habra otorgado,
porque su esencia no est en el hecho de olvidar, sino en la decisin de liberar al ofensor de la deuda
contrada. Una seal elocuente de que se ha perdonado, aunque no se haya podido olvidar, es que el recuerdo
involuntario de la ofensa no cuenta en el modo de conducirse con el perdonado. Tal vez no sea posible
olvidar, pero hay que proceder como si hubiramos olvidado. El verdadero perdn exige obrar de este modo.
Porque el verdadero amor "<i>no lleva cuentas del mal</i>" (1 Cor 13, 5).

Por otra parte, podemos decir que olvidar es perdonar? Ya hemos visto que se trata de dos acciones
distintas. Una ofensa se puede olvidar sin haber sido perdonada, aunque si el agravio ha sido intenso,
difcilmente se olvidar si no se perdona. Por eso, cuando la ofensa ha sido grande y se ha decidido
perdonarla, el olvido puede ser una clara confirmacin de que realmente se ha perdonado. Borges narra, con
brillante imaginacin, un supuesto encuentro de Can y Abel, tiempo despus del asesinato, que ilustra lo
que acabo de decir: Caminaban por el desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy
altos. Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron. Guardaban silencio, a la manera
de la gente cansada cuando declina el da. En el cielo asomaba alguna estrella, que an no haba recibido su
nombre. A la luz de las llamas, Can advirti en la frente de Abel la marca de la piedra y dej caer el pan que
estaba por llevarse a la boca y pidi que le fuera perdonado su crimen. Abel contest: "T me has matado o
yo te he matado? Ya no recuerdo; aqu estamos juntos otra vez como antes". Porque olvidar es perdonar -dijo
Can-. Ahora s que en verdad me has perdonado. Yo tratar tambin de olvidar. <b>Dios olvida la culpa:

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</b>Un sacerdote cargaba por muchos aos la carga secreta de un pecado que haba cometido muchos aos
atrs. Ya se haba arrepentido y confesado ante Dios pero no tena paz en su corazn, no senta que Dios lo
haba perdonado. Un da, a una religiosa que tena la fama de ser muy amiga de Dios, y que ocasionalmente
tena sueos o visiones que Dios le daba, le dijo: dile al Seor que te diga cul es mi pecado secreto, que no
me deja vivir en paz, a pesar de que lo he confesado ya. Unos meses despus lo visit la religiosa y le dijo
"anoche Dios me hablo!" "Y le pregunt de mi pecado secreto del pasado?" "si" respondi "y que le dijo
Dios?". Y ella le contest: "Me dijo: dile que no me acuerdo!". El sacerdote le dijo: entonces s era Dios. Y si
se olvid de mi pecado es porque ya me lo ha perdonado. Porque Dios cuando perdona olvida. As le dice el
profeta: <i>todos ellos me conocern del ms chico al ms grande, -orculo de Yahveh- cuando perdone
su culpa y de su pecado no vuelva a acordarme</i> (Jer 31,34; cf. Ez 18,22; 33,16; Hebr 10,17).

<b>Perdonar como Cristo</b>


Cul es el estilo del perdn de Cristo? Pablo nos lo dijo: "Sean benignos entre ustedes, misericordiosos,
perdonndose unos a otros, como Dios los ha perdonado a ustedes en Cristo" (Ef 4,32). Cmo nos perdon
Dios? Borr completamente el libro donde estaban nuestros pecados y ya no nos acusa por ellos. Podemos
decir despus de su perdn: ahora s borrn y cuenta nueva.

Cuando recibimos a Jess como nuestro Salvador, l inmediatamente ech "en lo <i>profundo del mar
todos nuestros pecados</i>" (Miq 7,19). Por su parte, David declar: "Cuanto est lejos el oriente del
occidente, hizo alejar de nosotros nuestros pecados, nuestras rebeliones" (Salm 103,12).
Por qu us David la frase "el oriente del occidente", en vez de "el norte del sur"? La distancia. que hay
entre el Polo Norte y el Sur es exacta y medible. Por el contrario, nadie puede determinar dnde empieza el
oriente y dnde termina el occidente. Existe una distancia infinita e inmensurable entre los dos! Entiende lo
que esto significa? Dios nos separ de todos nuestros pecados en forma total. De la misma manera, nos
manda que hagamos lo mismo y borremos el libro donde apuntamos las ofensas de otros hacia nosotros!

Si perdonar equivale a olvidar, debemos tratar a nuestros semejantes con sinceridad y amor. Sobre todo,
cuando uno viene a nosotros y dice, perdname por la ofensa, hemos de perdonar de todo corazn. En el
evangelista Mateo dice Jess: As tambin mi Padre celestial har con vosotros si no perdonis de todo
corazn cada uno a su hermano (Mt 18,35) <b>Es una hipocresa abominable cuando un cristiano dice
te perdono, pero continuamente se acuerda del mal que se le ha hecho.</b> Debemos ordenar nuestra
mente y andar en la verdad de Cristo. Si no lo hacemos, seremos guiados por nuestra concupiscencia, y una
vida as nos llevar al error y al pecado.

Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque am mucho; mas aquel a quin se le
perdona poco, poco ama (Lc 7,47) No es este el problema de muchos, que aman poco?
El perdn une a los hombres; el guardar rencor los distancia. El perdn sana las heridas del alma, nos alivia
en nuestras emociones y nos hace sentir bien, pues ya no hay nada que nos acuse porque hemos perdonado
como Dios en Cristo nos ha perdonado a nosotros.

<B>PERDONARSE A S MISMO: </b>Entremos a reflexionar el tema el perdn a s mismo, que segn


varios analistas, constituye el momento decisivo en el proceso del perdn. En efecto, el perdn a Dios y el
perdn a los otros tiene que pasar por el perdn que yo me conceda a m mismo. Quien quiere perdonar pero
no logra perdonarse a s mismo es como quien se mete al mar sin saber nadar. Se convierte en juguete de las
olas. Lo esencial de toda sanacin es aprender a perdonarse a s mismo, pues desde all viene la prctica para
el perdn a los dems. Solo el perdn que te otorgues a ti mismo lograr restablecer la paz, la armona
interior y har posible que podamos abrirnos al perdn al otro.

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<b>Origen del desprecio a s mismo: </b>El corazn se va envejeciendo por el pecado, el odio, la falta de
perdn. A partir del pecado nuestro corazn se ha llenado de debilidad, culpabilidad, agresividad que, a
veces, es dirigida contra los hermanos ms cercanos. Puede ser que uno haya sido marcado por reproches
humillantes de parte de padres, familiares, educadores: eres un bruto! no sirves para nada! eres un intil!
O se nos marc con silencios terribles o nos hicieron pasar vergenzas ante los dems por habernos
comportado de una manera que pareca reprensible ante los mayores. Somos seres repletos de culpabilidad.
Esta puede comenzar ya desde el seno materno, por ejemplo, al no ser acogido, al no ser deseado, o al no ser
aquello que se esperaba: nio o nia; todo eso hace que nos sintamos culpables de vivir. Son muy diversos
los orgenes de la culpabilidad, y se contina as porque no se ha descubierto an la realidad profunda,
transformadora del perdn.

<b>Un corazn nuevo: </b>El autoperdn, como el perdn en general, es el regalo maravilloso que nos
ofrece el Seor, de un trasplante de corazn, de un cambio que slo El puede realizar en nosotros. Cuando
somos indiferentes u odiamos, se ha atrofiado ya nuestro corazn, se ha endurecido como la piedra y es
urgente cambiarlo, realizar un trasplante. As lo reconoce y lo promete el Seor: <i>Les dar un corazn
nuevoquitar de ustedes el corazn de piedra y les dar un corazn de carne</i> (Ez 36,26). Cuando el
corazn experimenta el desamor y avanza por ese camino, se va endureciendo y se va haciendo cada vez
ms difcil el amor. Los remedios ordinarios no actan y es necesario un cambio del corazn, que solo Dios
puede hacer.

Con el corazn nuevo, que nos regala el Espritu Santo, podemos iniciar nuevamente el proceso integral del
amor, aprendiendo a amarnos y aceptarnos a nosotros mismos, continuando con la aceptacin de los otros y
de Dios.

Poder perdonarse a s mismo es un a experiencia transformadora. Mucho ms que vivir en la forma en que se
viva cuando se era incapaz de perdonar. Y esta experiencia abre los raudales del amor para ser capaz
tambin de perdonar a los dems, a Dios. Poder perdonar no se logra con aspirinas, con medios humanos. Es
toda una ciruga que realiza el gran Mdico divino, el Espritu Santo.

<b>Un nuevo nacimiento: </b>Poder perdonar es recibir, igualmente, la gracia de un nuevo nacimiento,
regalo del Espritu Santo. Solo El realiza ese cambio interior que nos hace capaces de vivir de nuevo el amor
con los dems, que nos llena de luz, de paz, de gozo, de esperanza. Cuando esto sucede es porque hemos
recibido y se ha realizado en nosotros el milagro sorprendente, el don fabuloso del nuevo nacimiento, como
le explicaba el Seor a un telogo de su tiempo: <i>El que no nazca de nuevo del agua y del Espritu, no
puede entrar en el Reino de Dios</i> (Jn 3,5-7).<i> </i>Slo con el Espritu Santo, que es Amor,
podremos comenzar a perdonar, podremos empezar de nuevo a amar.

Con este regalo del Seor entramos por la autopista de la aceptacin de nosotros mismos. Y realizada esa
aventura maravillosa, ya podemos viajar con facilidad por las diversas carreteras del perdn a los padres, a la
pareja, a los familiares, educadores y dems hermanos. Y es que perdonarse a s mismo es, quizs, el mayor
desafo que podemos encontrar en el vida.

<b>Qu es perdonarse a s mismo: </b>Perdonarse a uno mismo no significa justificar un


comportamiento. Tampoco supone no sentir remordimiento por el pasado, pues este se da cuando se ha
amado de verdad a ciertas personas; pero deja de convertirse en una fuerza emocional predominante y es
sustituido por la misericordia y la bondad. Podemos reprimir la rabia o la culpabilidad, hacindonos creer

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que todo est bien. Por eso, el perdn a s mismo requiere una total sinceridad, que hace brillar la luz de la
verdad sobre cada rincn oscuro de nuestro yo.

Adems, se requiere valor para reconocer la verdad de nuestra experiencia negativa, para aceptar el miedo,
la humillacin, la vergenza, la tristeza, el despecho y hasta el odio por nosotros mismos. La experiencia del
perdn a s mismo es una fuerza y un estmulo necesarios para continuar el proceso de sanacin de nosotros
mismos, iniciado con el autoperdn. Pero es necesaria una oracin fiel, confiada, pidiendo la gracia de poder
perdonarse.

<b>Un hecho: </b>Una seora sufra insomnios desde haca veinte aos. Se haba casado hacia los 16 con
un hombre de 30. La diferencia de edad era muy grande. Cuando esta mujer lleg a los 20, se enamor de
otro hombre joven y enga a su marido. Esa relacin dur hasta que su amante muri. Despus de esto ella
tom conciencia de su pecado y se confes, pero no poda encontrar la paz ni reconciliar el sueo.

En un grupo de oracin pidi que oraran por ella. En la oracin alguien recibi una visin donde apareca
esta mujer llevando una tumba sobre su cabeza. Orando por discernimiento se descubri la infidelidad de la
mujer y que ella necesitaba, adems del perdn sacramental, perdonarse a s misma. La mujer respondi que
ya haba confesado su pecado y que en cada confesin volva a confesarlo nuevamente, pero que se senta
incapaz de perdonarse a s misma el haber sido infiel.

Pregunt si no sera bueno poner a su marido al corriente de su infidelidad, pero se le hizo ver que era
preferible callar, y lo urgente era perdonarse a s misma, pedir a Jesucristo la gracia de entrar en una actitud
de perdn y reconciliacin consigo misma. Se decidi a pedir la gracia y logr perdonarse su infidelidad.
Pocos das despus, radiante de alegra, dijo: por primera vez he dormido toda la noche!

La culpabilidad nos corroe y nos destruye, porque ordinariamente somos para con nosotros mismos los
peores jueces. Nos juzgamos ms duramente que Dios, que es amor y ternura. Es necesario recibir la gracia
y perdonarnos a nosotros mismos para lograr vivir en equilibrio, en paz.

<b>Ejercicio 12: RESPIRAR A DIOS: </b>Este ejercicio te ayuda a colocarte en una temperatura interior
de presencia de Dios, de bondad para poder con la ayuda de tu Seor otorgar el perdn que necesitas dar.

<i>Percibe el aire que pasa por tu nariz al aspirar. Siente el aire y su calidad: aire caliente?aire
fresco?... Percibe las reas donde se siente. Aspira lentamente el aire por la nariz para poder sentirlo
Siente si entra ms aire por una fosa nasal que por la otra Siente cmo se llenan los pulmones al aspirar
y cmo se relaja el pecho al expirar Concentra ahora tu atencin en ti mismo al observar tu propia
respiracin. Verifica que el <b>yo</b> es diferente de la respiracin que ests observando. Puedes decirte:
no soy la respiracin Enfoca de nuevo tu respiracin. No intentes controlarla o profundizarla,
sencillamente toma conciencia de ella Toma conciencia de los movimientos que se producen en tu cuerpo,
en los pulmones, en el diafragma. Toma conciencia de la inspiracin.., de la expiracin. Di internamente:
ahora estoy absorbiendo el aire ahora estoy soltando el aire. Sin reflexiones. nicamente ser
consciente de ello.

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Observa el diafragma que se llena y se vaca Aspira y expira varias veces suavemente. Percibe el aire que
pasa por tu nariz y se expulsa por tu boca. Aire caliente, aire fro Concentra ahora tu atencin en ti
mismo, en el yo que est respirando El aire est cargado de la presencia de Dios. Aspira como aspiras el
aire expresa deseo, hambre y sed de Dios Desea que l te penetre y purifique, como el aire que penetra
en tus pulmones y purifica tu sangre. Como el aire oxigena tu sangre, la presencia de Dios te reconforta, te
reaviva Aspira profundamente queriendo que Dios purifique tu vida y la llene de bondad Al expulsar el
aire, expresa arrepentimiento por tus pecados y omisiones. Experimenta tambin el deseo de entregarte al
Seor. Pon nfasis en esa entrega al expulsar el aire de tus pulmones Repite conscientemente
<b>aspiraciones</b> y <b>expiraciones</b> dndoles el sentido de entrega, de amor, de intimidad, de
alabanza, de accin de gracias, de purificacin, de perdn. Te recomendamos este estilo de oracin
acompasada, acompaando la respiracin. Nuestros deseos de Dios son actos de amor. Abre los ojos y
contina presente al Seor.

</i>Ahora asimila lo mejor posible la siguiente parbola: Ostra que no ha sido herida no puede producir
perlas. Estas son el producto del dolor resultados de la entrada de una sustancia extraa e indeseable en le
interior de la ostra, como un parsito o un grano de arena. No olvides: las perlas son <b>heridas
curadas.</b> En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa llamada <b>ncar</b>.
Cuando penetra en la ostra un grano de arena las clulas del ncar comienzan a trabajar y cubren el grano de
arena con capas y capas y capas de ncar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. Como resultado, se
va formando una hermosa perla. Una ostra que no fue herida de algn modo no puede producir perlas,
porque la perla es una herida cicatrizada.

Te has sentido lastimado por las palabras hirientes de alguien? Fuiste acusado de haber dicho cosas que
nunca dijiste? Tus ideas han sido rechazadas o mal interpretadas? Sufriste los duros golpes de los
preconceptos, de que te hayan juzgado mal? Has recibido indiferencia, desamor, frialdad, hielo, olvido,
distanciamiento?

Entonces, si esto lo has recibido con amor, perdonando, produces perlas. Cubre tus heridas con varias capas
de perdn, de amor. Son pocas las personas que se interesan por este tipo de proceso. La mayora slo
aprenden a cultivar resentimientos dejando sus heridas abiertas alimentndose con varios tipos de
sentimientos pobres, envenenados, e impidiendo, por lo tanto, que las heridas cicatricen. Por eso, en la
prctica vemos que son muchas las ostras vacas, No porque no hayan sido heridas, sino porque no han
sabido perdonar, comprender y transformar un dolor en amor: una sonrisa, una mirada, un gesto, la mayora
de las veces dicen ms que mil palabras.

<i>Nuevamente cierra las ojos, toma conciencia de tu respiracin, de la sensaciones de tu cuerpo, siente la
espalda tocando suavemente la silla siente el cuello moviendo suavemente la cabeza adelante y atrs, a
derecha e izquierda siente la presencia de Dios dentro de ti, albalo y dale gracias por el momento que te
ha dado de conciencia de su presencia amorosa en ti, del amor que te ha dado.</i>

<B>PERDONAR A DIOS: </b>Les invito a que reflexionemos ahora sobre los tres niveles fundamentales
del perdn: el perdn a Dios, el perdn a s mismo y el perdn a los dems. En cuanto al perdn a Dios, las
dos palabras no parecen ir juntas. Sin embargo casi todos guardamos en nuestro interior resentimientos
contra Dios, adems de forjarnos falsas ideas acerca de El. Ya hemos visto que el perdn se centra en el
amor de Dios. Cuando la persona est centrada en el amor de Dios, cuando descubre que es amada por Dios,
por un Dios que nos acepta como somos, desaparecen muchsimos problemas.
Es importante darnos cuenta de que, aunque oremos mucho, participemos en retiros, en muchas Eucaristas,
es necesario recibir la revelacin de Jess, el descubrimiento del Dios vivo y verdadero, de lo contrario
podemos vivir con grandes desconfianzas y resentimientos frente a Dios, sobre todo en momentos difciles,

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cuando pensamos que Dios se olvid de nosotros, nos envi ciertas desgracias, cuando pudo habernos
liberado de ello.
<b>Falsa idea de Dios: </b>Mientras no tengamos un verdadera idea de Dios, recibida en nuestro
encuentro diario con la Palabra de Dios, en la oracin, en los sacramentos, es imposible confiar en El,
entregarnos del todo a El. Si Dios es para m: un Dios muy atento a que yo cumpla todo lo que se me pide,
de lo contrario tampoco l cumple con todo lo que yo le pido; un Dios que, si me porto bien con El, con los
dems, El se porta bien conmigo; un Dios juez, que me sigue paso a paso, como con un lupa en la mano, al
igual que un cientfico que observa a un bicho raro; un Dios listo para condenarme tan pronto como yo d un
paso en falso; un Dios que tiene que devolverme cien por uno, cuando yo soy atento con l, me porto bien,
no desobedezco ninguno de su mandamientos ni rdenes; un Dios que tiene que evitar el dolor en mi vida,
los sufrimientos, las dificultades, que me castiga ya en esta vida. Con frecuencia le atribuimos a Dios los
desastres ms significativos de nuestra vida. Como aquel hombre, que estaba muriendo de cirrosis,
ocasionada por beber en exceso. Su pregunta era: porqu Dios me est castigando? Atribuyendo a Dios la
enfermedad causada por su desorden en el beber. Si estas son las ideas que tengo de Dios, ese no es el Dios
de Jess, el Padre suyo, mi Dios, sino un Dios que me he forjado yo mismo segn mis propios intereses y
que nunca me dejar vivir como un verdadero hijo del Padre celestial al estilo de Jess, nuestro hermano
mayor.
<b>Un sastre judo: </b>Veamos la historia de un sastre judo que un da terminaba sus plegarias y, al salir
de la sinagoga, se encontr con el rabino. - Qu has estado haciendo en la sinagoga, le pregunt el rabino.Estaba rezando. Y qu, confesaste tus pecados? S, rabino, confes mis pequeos pecados.- Tus
pequeos pecados? S, confes que a veces corto mi tela por el lado delgado, que a veces hago trampa para
ganar un par de centmetros de un metro de lana. - Le dijiste eso a Dios? S, rabino, y ms. Le dije:
Seor, yo engao en pedazos de tela. Pero, T permites que los bebs mueran, que enfermos muy queridos
sufran permanentemente. Hay tantos inocentes que padecen cncer y otras enfermedades. Y T no haces
nada por remediarlo. En cambio a tantos que son tramposos, injustos con los dems, borrachos, estafadores,
les aumentas su fortuna, su bienestar. Pero te propongo un trato. T me perdonas mis pequeos pecados y yo
te perdono a ti los grandes. El sastre judo, como tantos de nosotros, atrap a Dios para pedirle cuentas.
Otra persona sufri el dolor indecible de ver morir a su hijo antes de cumplir los 15 aos. Y as le preguntaba
a Dios: en dnde ests, Dios, y qu es lo que ests haciendo cuando la gente buena sale lastimada, profunda
e injustamente? Tantas personas buenas son capaces de perdonar a Dios, cuando los ha abandonado y
desilusionado al permitir la mala suerte, la enfermedad, la crueldad?
<b>Momentos de oscuridad: </b>En nuestra vida diaria pasamos por perodos de tribulacin, de tristeza,
de infelicidad, cuando caemos en la tentacin, cuando perdemos alguno de nuestros seres queridos, cuando
padecemos enfermedades graves, cuando quedamos sin empleo, cuando nos roban. Muchas veces atribuimos
a Dios esas tribulaciones. Decimos: Dios me castig. Qu mal he hecho para que me viniera esta
adversidad? Porqu ha permitido Dios que me sucediera esta desgracia? Errneamente culpamos a Dios de
nuestras desgracias y nos enfadamos con El.
No nos damos cuenta que si caemos en la tentacin, la culpa es nuestra. As lo afirma Santiago:
<i>ninguno, cuando sea probado, diga: es Dios quien me prueba; porque Dios ni es probado por el mal,
ni prueba a nadie</i> (Sant 1,13).
<b>Unin con Cristo: </b>Ante el sufrimiento propio o de nuestros seres queridos, podemos acordarnos
del sufrimiento de Jesucristo por nuestra salvacin. Y de lo dicho por el apstol: <i>cuando nos
encontramos en alguna prueba, es para que tengan consuelo y salvacin</i> <i>al soportar pacientemente
los mismos sufrimientos que Cristo sufri por nosotros</i> (2Cor 1,5-6). Recordar, igualmente, que en esta
vida tenemos que participar en los sufrimientos de Cristo: <i>me alegro cuando tengo que sufrir por
ustedes; as completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo</i> (Col 1,24). No olvidarme de
comulgar con Cristo en sus padecimientos <i>hasta hacerme semejante a El en su muerte, tratando de
llegar a la resurreccin de entre los muertos</i> (Filp 3,10-11). Adems, alegrarnos <i>de participar en
los sufrimientos de Cristo; de ese modo, en el da que El venga glorioso, ustedes estarn tambin en el gozo
y la alegra</i> (1Ped 4,13). No debemos reprimir el grito de los que sienten que Dios los ha abandonado
en medio de las tormentas del dolor.
<b>Perdonar a Dios: </b>Si he tenido una falsa idea de Dios, si lo he culpado porque no entiendo cul
debe ser mi actitud ante el dolor y la prueba, tengo que pedirle perdn. Parece una hereja decir que tengo

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que perdonar a Dios. Pero, necesito perdonarlo por lo que he imaginado de l totalmente contrario a la
realidad de su infinito amor.
A veces no logramos creer que Dios nos ama. Y es porque alimentamos resentimientos contra El. A medida
que aceptamos que tenemos que perdonarlo, en ese mismo momento empieza a modificarse la idea personal
de Dios. Necesitamos, por tanto, perdonar a Dios. Digmosle:
Seor, reglame poder estar contigo y perdonarte en este momento. Primero que todo, confieso que muchas
veces he sentido resentimiento contra ti, que mis sufrimientos eran ocasionados por ti; que era voluntad tuya
que yo sufriese. He llegado a sentirme amargado y a tener resentimientos contra Ti, por las veces que la
muerte lleg a mi familia. Por la enfermedad, los momentos difciles, las dificultades financieras, las
oraciones no respondidas. Perdname, Seor, por mi desconfianza contra ti al pensar que no escuchas mi
oracin, que no me atiendes como lo haces con otras personas. Hoy me das oportunidad de perdonarte el mal
que te he atribuido. Hoy me explico algunas actitudes mas, bastante negativas, en el campo de la fe y de la
oracin. Te perdono por las veces que pens que t me enviabas ciertas enfermedades, accidentes, la muerte
de algn ser querido, pues la gente deca que eso era voluntad de Dios o castigo por determinados pecados.
Hoy acepto de corazn lo que ha sucedido en mi vida, pues t eres mi Padre y me amas de corazn! Ahora
comprendo que t has querido convertir el dolor en bendiciones para m. Te confieso como mi Padre
querido! Quiero entregarte mi amor, signo de mi perdn total. No ms rencores contigo! Bendito seas, mi
Seor y mi Dios, mi Padre amantsimo.
<B>PERDONAR A LOS OTROS: </b>(Mt 5,21-24; 18, 21-35)

Entremos ahora a reflexionar sobre el tercer nivel del perdn, el perdn a los dems, teniendo siempre
presente que si no existiese el perdn, las relaciones humanas seran imposibles. A lo largo de nuestra vida,
muchas personas nos maltratan y nos hieren. El Seor, que nos ama, quiere que perdonemos a esas personas,
para que podamos vivir en paz y alegra. Tenemos que ser conscientes, adems, de que con nuestra falta de
perdn a los dems, estamos debilitando las relaciones con nuestro Padre Dios. En cambio, al perdonar a los
hermanos, nos abrimos a la gracia de Dios, que nos perdona generosamente.

Sorprende que algunas personas, animadas por la venganza y la desconfianza, puedan amedrentar, torturar y
matar a otros. Tambin impacta que existan tantas personas que, a pesar de tragedias personales o familiares
que han vivido, encuentran en su corazn una capacidad de perdn que, sin duda, los convierte en dignos de
admiracin.

Vemos, adems, que una persona que humilla a otra lo hace porque antes ella misma ha sido humillada; que
el abusador tambin fue abusado; que un maltratador recibi antes maltrato. Sin embargo, tambin es
evidente, que no todo el que ha recibido heridas, hiere. Son miles las familias, en Colombia, que han perdido
padres, hermanos, amigos; que han tenido que abandonar sus tierras bajo amenazas de muerte, sin armar
cadenas de venganza a su paso. De todos modos son ms los que, a pesar de ser vctimas, siguen creyendo
en un mundo con valores.

<b>A quines perdonar: </b>Despus de dirigir el perdn a uno mismo, a Dios, necesitamos entregarlo a
nuestros padres, hermanos, hijos, a la pareja, ya que las relaciones ntimas pueden engendrar frecuentes
conflictos. El perdn a estas personas es el ms importante y es nuestro mayor desafo, inferior solo al hecho
de perdonarnos completamente a nosotros mismos. Perdonamos, tambin, a los amigos y a cualquier otra
persona importante en nuestra vida. Igualmente, necesitamos perdonar a los extraos, a las instituciones, a
los enemigos tradicionales. Y no podemos dejar de <b>perdonar</b>, tambin, a aquellas personas que
invaden nuestra vida y nos dejan con recuerdos dolorosos desapareciendo al final sin volverse a dejar ver
jams.

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<b>Ir al encuentro del otro: </b>El Seor Jess, en el <i>Sermn de la Montaa, </i> nos dej una
enseanza maravillosa, riqusima para lograr unas relaciones gratas, pacficas, unas relaciones que
construyan siempre la comunidad. Nos dijo: <i>si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, te
acuerdas que tu hermano <b>tiene algo contra ti</b>, deja all tu ofrenda y <b>ve primero a reconciliarte
con tu hermano</b> y, entonces, s vuelve a presentar tu ofrenda (Mt 5, 23-24). </i>Esta enseanza de
Jess nos pide reconciliarnos con el hermano, ponernos en paz con l cuanto antes.Jess, <b> en su escuela
de amor</b>, pide que sea yo quien <b>vaya al encuentro</b> de quien est ofendido conmigo para llenar
de paz nuestras relaciones con el perdn. No me dice Jess, que si descubro en m algo contra mi hermano,
sino que si descubro que mi hermano tiene algo contra m, que est enfadado conmigo, aun cuando yo no
tenga que ver con el enfado, debo ir al encuentro de mi hermano. En la escuela de Jess soy yo quien tengo
que ir en busca de mi hermano para que se ponga en paz conmigo. Yo digo: que me busque el! Jess me
dice: bscalo t!
Que difcil entender, sobre todo en ciertos momentos, cuando creo que yo no tengo que ver nada o casi
nada, que el perdn va al encuentro del hermano. Una frase muy nuestra y que indica nuestra disposicin a
no perdonar es: estoy dispuesto a perdonar, pero si viene el a pedirme perdn. El me hiri, el me ofendi,
pues que se humille delante de m. Que me busque! Yo estoy dispuesto a hacer las paces, pero no voy a ser
el primero. Se empea en no dar el primer paso hacia la reconciliacin. Veladamente el Seor nos haced ver
la necesidad que tenemos de humildad para lograr la reconciliacin con el hermano. Sin humildad es
imposible pedir el perdn, entregarlo
<b>Perdonar siempre: </b>Las enseanzas que nos entrega el evangelista Mateo en el captulo 18 de su
evangelio se conocen como el discurso de Jess sobre la comunidad. De los 35 versculos de que consta,
veinte de ellos estn dedicados a la humildad y al perdn. All, Jess nos habla de que el perdn al hermano
no tiene lmites y que tenemos que ofrecerlo siempre.

La pregunta de Pedro y la respuesta de Jess sobre el perdn marcan la pauta del espritu de misericordia, de
bondad que debe acompaar a la actuacin de los cristianos en sus relaciones. La cifra 70 veces 7 equivale
a siempre. Con lo cual el Seor nos dijo que hay que perdonar al hermano continuamente y siempre, las
veces que sean necesarias.

Se puede observare aqu un contraste entre la actitud calculada, mezquina de los hombres al otorgar el
perdonar; y la misericordia infinita de nuestro Padre Dios, que siempre que le pidamos el perdn nos lo
concede. La diferencia de perdn divino y humana est expresada en los diez mil talentos que el dueo
perdona a su siervo y los cien denarios que el siervo no quiere perdonar a su compaero. Un talento
equivala a seis mil denarios, y el denario era el jornal diario de un trabajador. La enseanza con que termina
la parbola de Jess es la de perdonar siempre y de corazn a nuestros hermanos, pensando que ms me ha
perdonado Dios a m que lo que tengo yo que perdonar a mi hermano. Este trozo es complemento del que
vimos arriba, de la carta magna del nuevo Reino trado por Cristo, y contenida en el <i>Sermn de la
Montaa</i>.

<b>Perdonar a los ms cercanos: </b>La mayora de adultos, hombres y mujeres, no han tenido con sus
padres una relacin que haya satisfecho sus necesidades bsicas de afecto y amor. De pronto, sus exigencias
hoy nos enfurecen, sus enfados producen los nuestros. Les exigimos an un amor que no nos pueden dar.
Cunto necesitamos aceptar que ya no puede cambiar lo hecho, y perdonarlos de corazn.

Se estaba en una sesin de grupo. Una nia adolescente, que haba visto morir a sus padres, abrazaba a otra
que lloraba mientras relataba cmo su propia madre, amenazada con un arma, fue obligada a observar cmo
violaban a su hija adolescente. Al tiempo que ambas se abrazaban, la hurfana deca: amiga, el pasado es
pasado, dejmoslo atrs, que se quede all, no permitas que la maldad de otros marque nuestras vidas y las
contine envenenando.

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Ya al final de la sesin, las dos compusieron un canto a la vida, y lo cantaron con otros nios, cuyas historias
de vida tenan sucesos parecidos. Todos, al cantar, despertaron su conciencia y con su llanto, caracterstico
del momento en que, de la oscuridad del dolor, se pasa a vivir la aurora de la esperanza, tomaron la decisin
de perdonar y de generar oportunidades de crecimiento para los dems. Crearon el compromiso de perdonar
y ayudar a quienes lo necesiten, a que perdonen. Por el contrario, los victimarios de esas nias haban
decidido tomar otro camino, el de la venganza.

Y es que, para sanar las heridas es necesario que las personas reconozcan la grandeza que habita en ellos y
tengan clara su misin en la creacin, para que el violento no crea que tiene el poder de marcar la vida de
otras personas.

Construir la paz requiere quitar la violencia de nuestro corazn mediante el perdn.

<b> TERAPIA PARA PODER PERDONAR: </b>Como culminacin de estos Ejercicios o terapia para el
perdn les ofrezco la siguiente reflexin que les puede ayudar cuando se vean incapaces de perdonar por la
sensibilidad que hayan podido desarrollar y para la curacin de cualquier otra clase de enfermedades. El
siglo XX ha sido siglo de grandes alcances en lo espiritual y en lo tecnolgico: los viajes espaciales a la
Luna, el avance de la Ciberntica, el descubrimiento de la TV a Color, la comunicacin por Satlite, el
invento de la computacin, la navegacin por Internet, los trasplantes de todo gnero. En lo religioso, se ha
llegado a un acercamiento entre la jerarqua y los laicos, a trabajar y a vivir el Ecumenismo; se dio una
apertura a los grupos carismticos y a un tema, de gran ayuda para el mundo, <b>el tema de la sanacin
interior.</b> Quin iba a pensar que poda existir una manera de transformacin de la sociedad, no basada
slo en el capital, en la revolucin, en la lucha armada, sino en la revolucin de la conciencia, en la sanacin
del interior?

<b>Hoy el Seor sigue sanando:</b> El sigue regalando nuevas estrategias y mtodos de


sanacin<b>.</b> Libera a muchas personas atadas por el mal. De un 100% de enfermedades que acosan al
ser humano, un 10% es ocasionado por enfermedades fsicas; y un 90%, por enfermedades interiores,
provenientes de problemas psquicos y daos en el espritu. El espritu humano se enferma, produciendo
enfermedades fsicas. No siempre se puede afirmar que una enfermedad fsica es verdaderamente fsica,
pues puede provenir por un problema del alma, del espritu, de cualquier rea interior. Por esto, se debe
atender al ser humano en su integralidad: en su parte fsica, psicolgica, o espiritual. La enfermedad, que
aparentemente aparece como una enfermedad fsica, puede ser psquica, de problemas en el espritu, en la
conciencia, en la voluntad. Para sanar esas enfermedades se recurre a la sanacin interior, de la voluntad que
no quiere perdonar. Por este medio se pueden sanar las impresiones ms fuertes del interior y por
consiguiente todas las enfermedades que se hayan dado por esta causa. El Seor sigue sanando hoy como lo
haca ayer. <B>L</B>o nico que l exige es un pequeo deseo en la persona de ser curado, volverse a Dios
y abrirle las puertas del corazn. La gracia Divina se activa por la oracin produciendo la curacin. La
sanacin se hace de varias maneras: oracin <b>imponiendo las manos, oracin por sanacin interior,
etc.: </b><b>La imposicin de manos:</b> El Seor entreg a su Iglesia el don de orar imponiendo las
manos. Asegur que se dara la curacin imponiendo con fe las manos y orando: <i>a los que creyeren, los
acompaarn estos milagros: en mi nombre lanzarn demonios, hablarn nuevas lenguas, tocarn las
serpientes, y si algn licor venenoso bebieren, no les har dao,<b> impondrn las manos sobre los
enfermos y quedarn curados</b></i> ( Mc 16,17-18). As actuaron los apstoles: "<i>Entonces les
imponan las manos y reciban el Espritu Santo</i> (Hech 8,17-20).

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La imposicin de manos debe ir siempre acompaada con oracin confiada y ferviente al Padre, para que
por medio de Jesucristo nos unja con el poder del Espritu Santo, nos inunde con su amor, toque al enfermo
y le cure. Para un gran nmero de enfermedades se puede recurrir a la imposicin de las manos implorando
la gracia de la curacin. As como el Seor concede la ciencia al mdico para que pueda curar al enfermo
con las medicinas, de la misma manera, y an ms, concede discernimiento espiritual para buscar en el
interior de la persona la causa que produce la enfermedad. Cuando la Palabra es pronunciada sobre la
enfermedad esta produce un efecto que es incomparable con cualquier otra medicina, ya que libera, desata,
destruye el mal y toda causa interior que haya producido la enfermedad. Es necesario pedirle al Seor, el
carisma de la imposicin de las manos y ejercerlo como Dios manda: sin orgullo, sin vanagloria, sin creer
que uno es el que hace la sanacin, pues quien cura es el Seor y slo El. Las manos se imponen sobre la
parte afectada orando por breves momentos pidiendo que el dolor se retire, o que el Seor unja la parte
afectada con el poder maravilloso del Espritu Santo.

<b>La sanacin interior: S</b>alud interior es la purificacin interior del ser humano, para que exista una
verdadera armona entre el cuerpo, el alma y el espritu. Para lograr esta armona se requiere que la persona,
libre de las ataduras pueda vivir en paz consigo mismo, con los dems, y armonizar con Dios Comunidad.
La oracin por sanacin interior puede llegar a algunas enfermedades designadas como psicosomticas, es
decir, enfermedades del cuerpo causadas por heridas emocionales, por pecados, por el alejamiento de Dios, o
por otras dificultades espirituales. La sanacin interior puede ser de varios tipos: Sanacin de los recuerdos,
sanacin por el perdn, sanacin de la culpabilidad, de traumas ocasionados por la muerte de seres queridos,
violaciones, o grandes impresiones. Se trata de abrirse al amor misericordioso del Seor, fuente de donde
mana el agua que purifica de toda impurea o suciedad. La plenitud de la purificacin interior se da a travs
del sacramento de la reconciliacin. El terapista de la salud interior ayuda a quienes no han podido abrirse al
amor misericordioso del Seor en el sacramento y la sanacin de sus heridas. Por ello es aconsejable:
i<b>nvocar al Seor y alabarle</b>: la alabanza da al ser humano, ms confianza y ms seguridad para
acercarse sin timidez; s<b>e le presenta al Seor el problema:</b> de su vida personal, familiar, el no
querer perdonar, sus pecados, recuerdos, resentimientos, culpabilidades, etc.; d<b>ejar al seor que
hable</b>, a travs de la Palabra para que oriente al paciente. Orar por el problema interior determinado, y a
la vez por las enfermedades fsicas que se hayan presentado; no dejar pasar un cuadro existencial sin haberlo
sanado, liberado, o perdonado, <b>ah est el secreto de la sanacin interior; dar gracias</b> al Seor
por la sanacin interior y fsica de la persona. Se puede imponer las manos en la cabeza de la persona por
quien se ora, en la columna o en el estmago. El orante terapista debe colocarse junto al Seor Jess, dejarse
acompaar de El y orarle para que le fortalezca y le gue en su trabajo. Luego s, dice la siguiente
<b>Oracin</b> u otra semejante<b>:: </b>Recibe el don del Espritu Santo con sus gracias, dones,
carismas y frutos; Siente el Espritu Santo que est ingresando a tu corazn, a tu alma, a tu espritu. Djalo
entrar porque l quiere llegar hasta la profundidad de tu ser para sanarte. No le cierres el corazn, ni tu
mente, no dejes que nada, ni nadie sea obstculo para tu encuentro con el Seor. Deja que el Espritu Divino
sondee todo tu ser, djalo entrar para que te produzca la salud interior. Abre todo tu ser y dispn tu corazn
para que el Espritu Santo te envuelva profundamente. Deja que l sondee y unja tus recuerdos, tus
experiencias traumticas, djalo que llegue a los momentos ms dolorosos de tu vida. Djalo llegar a tu
niez, a tu juventud, a tu vida de familia, talvez llena de problemas y obstculos. Abandnate en el poder del
Seor, que l te ama, l quiere entrar en ti como luz resplandeciente que quiere destruir toda oscuridad y te
quiere liberar de toda atadura. Siente el poder del Espritu Santo, experimenta sus gracias, su bendicin,
siente cmo la luz del Espritu Santo te est lavando, purificando, desatando de toda clase de atadura,
enfermedad; siente el resplandor de su luz. Abandnate en la Gloria de Dios y deja que el Seor te bendiga,
te purifique y te libere.

<b>Prosigue:</b> Espritu Santo, llena e inunda a este hermano N.N que confa en ti, en tu amor, en tu
poder, en tu misericordia; que quiere ser sanado interiormente, entra en la profundidad de su ser, cada vez
ms profundo, llega hasta sus recuerdos ms profundos, hasta la causa de sus conflictos, problemas, traumas,
emociones; llvalo hasta las races ms profundas de su problema, de sus dificultades personales, familiares,
sociales, religiosas; espritu santo, sondalo interiormente, porque t lo conoces, porque t lo amas, porque
t, espritu Santo lo haz guiado desde la experiencia de Fecundacin, de desarrollo en el seno materno hasta
el da de hoy. Derrama Espritu Santo, el fuego Divino para que queme todo mal interior, derrama el agua
divina para que lave todo mal, ngelo con tu Ungento Divino para que depure todas sus heridas; limpia
toda enfermedad y purifica todo el corazn de este hermano. Gracias Espritu Santo, porque ya haz llevado a

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este hermano hasta sus recuerdos ms profundos, a sus temores ms ntimos, a sus lazos esclavizantes,
apegos, preocupaciones, miedos, traumas, complejos, inseguridades que estn escondidos en su interior, que
subyacen en la profundidad de sus recuerdos y teme recordarlos. Gracias Espritu Santo porque este
hermano va a ser sanado de todo mal y perdonado de todo pecado. Gracias Espritu Santo porque este
hermano ya est experimentando el resplandor de tu luz, porque ya est viviendo tu amor, tu fe, tu poder, tu
calor, tu bondad...

A modo de ejemplo, veamos un caso de resentimiento de una mujer hacia otra, que le quit el marido. La
oracin de sanacin con el perdn, se realiza, colocndose con la otra persona junto a Jess vivo, amoroso.
Se exhorta a la paciente a entregar su problema de resentimiento en la oracin, segura que de esa manera se
va a sanar. Se empieza la oracin mirando a los ojos del Seor y luego a la otra persona: alabando,
glorificando, dando gracias al Seor <b>por el amor</b> que le da a esa persona, a m. Y esto un buen rato
hasta que me d cuenta que lo estoy haciendo de todo corazn. Luego alabo, glorifico, doy gracias al Seor
por el amor que me da a m. Hasta que me d cuenta que lo estoy haciendo de todo corazn. Le doy gracias,
alabo, glorifico al Seor por le perdn que le da al persona, hasta que me d cuenta que lo hago de todo
corazn. Luego le digo a la persona: te perdono con el perdn con que el Seor te perdona y esto hasta que
me d cuenta que lo estoy haciendo de todo corazn. Termino agradeciendo al Seor por su amor, por el
amor que ha derramado en nosotros y por haberme dado la gracia de perdonar de corazn.

<b>Sanacin de los recuerdos:</b> Generalmente, la sanacin de recuerdos, se realiza a travs de la


regresin, llevando a la persona hasta que se descubra el momento en donde est, incluyendo el ao. Se lleva
a la persona al estado de la interiorizacin profunda. Se realiza un recorrido de toda su vida, empezando por
el momento en que se inicia en el seno materno, el nacimiento, su infancia, cinco, diez, doce aos;
adolescencia, juventud, edad adulta, momento actual. Se puede orar, ms o menos, de la siguiente manera:
Seor, te presento los conflictos internos, que esta persona recuerda en este momento y que an tiene en su
interior: cura Seor, todo problema, libera Seor, todo recuerdo, retira Seor Jess, todo mal recuerdo del
pasado. En este problema concreto, que le ha afectado, Seor, snala totalmente.

<b> PERDONAR PARA SER LIBRE: </b>Haz unas cuantas respiraciones profundas. Que la inspiracin
sea ms larga y lenta de lo habitual. Mientras dejas salir el aire, siente cmo se afloja la tensin y te relajas.
Relaja los hombrosrelaja los msculos del cuello.
Ahora, en tu imaginacin, lleva las manos a la cabeza, introdcelas con suavidad, con mucha suavidad
dentro de tu mente. Quita de ah todas las ideas que tienes actualmente sobre lo que significa el perdn.
Coloca estas ideas en un lugar seguro, de donde puedas cogerlas de nuevo despus nuestros ejercicios
espirituales, o antes, si deseas recuperarlas.
Te invito a abrirte a un modo enteramente nuevo de definir el perdn y a trabajar con el en tu vida diaria. Al
retirar las ideas que te resultan familiares, creas una apertura que te permitir ms de lleno y con mayor
energa a lograr magnficas oportunidades de otorgar el perdn.

Conoc a Ral en un seminario, tres aos despus de haber sido liberado de un secuestro. Sus
captores lo haban encerrado en un armario durante seis meses amarrado con cadenas. Me hablaba
con un entusiasmo pleno de ilusiones y de afecto, pareca feliz a pesar de haber soportado una
experiencia tan dolorosa y destructiva. - No sientes rabia o rencor contra tus captores? -le
pregunt abiertamente-. Me mir, se frot la cara con las manos y su rostro se ensombreci por un
instante. - Recin sal, -respondi con firmeza-, no fue fcil. Mi desesperacin y mis rencores eran
mi peor tortura, pero un da decid que ya no quera cargar ms las cadenas. - A qu te refieres?
-dije intrigado-. - Yo estuve secuestrado con otra persona, -replic-, nos liberaron al Mismo
tiempo. Despus me la encontr, rabiosa y amargada, slo hablaba de su pasado, del dao
irreversible que le haban causado, de lo crueles que haban sido, de lo feliz que se sentira el da
en el que se hiciera justicia. Guard silencio por un instante, como si revisara sus propias

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reflexiones. - Sabes? -prosigui despus de una pausa-, al ver a esta persona me di cuenta que
daba lo mismo que lo hubieran liberado, que su cuerpo estuviera libre, porque l haba decidido
continuar secuestrado en su mente, en su dolor, en su pasado. Prefera pensar en sus captores, no
disfrutaba a su familia, ni de la posibilidad de construir el presente ni el futuro que le dio la vida. Pero, Cmo se puede olvidar algo tan duro? segua interrogando-. -Mis captores me quitaron la
libertad, pero no voy a permitir que me quiten mi tranquilidad, si yo contino alimentando este
rencor, les estar dando mi vida, es cmo si eligiera llevarlos conmigo en cada momento, por el
resto de mis das. Ni mis seres queridos ni yo nos merecemos eso, la verdadera venganza ser mi
felicidad, dejarlos atrs y disfrutar de cada instante de mi vida. Hizo una pausa y mir hacia
adelante con una expresin alegre. - Las verdaderas cadenas -concluy- las tenemos en nuestra
mente cuando decidimos continuar apegados al dolor, al resentimiento o al pasado. Eso es peor
que un armario oscuro, -dijo con nfasis y prosigui-, yo prefiero que los mos me recuerden como
alguien que supo reacoger la alegra de la vida y no como alguien que se qued alimentando la
rabia y la autocompasin.
Cules son las cadenas que podras empezar a soltar ahora? Cules son los eventos pasados o
presentes que puedes dejar de alimentar con rabia o dolor? En cada momento puedes decidir
agravar tu herida o empezar a sanarla para siempre.
<b>Cuando el Odio quiso matar el Amor: </b>Escuch una vez este relato: Cuentan que en la historia del
mundo hubo un da terrible en el que el Odio, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las
malas virtudes, convoc a una reunin urgente con todos los sentimientos ms oscuros del mundo y los
deseos ms perversos del corazn humano. Estos llegaron a la reunin con curiosidad de saber cul era el
propsito. Cuando estuvieron todos habl el Odio y dijo: "Os he reunido aqu a todos porque deseo con
todas mis fuerzas matar a alguien". Los asistentes no se extraaron mucho pues era el Odio que estaba
hablando y l siempre quiere matar a alguien, sin embargo, todos se preguntaban entre s quin sera tan
difcil de matar para que el Odio los necesitara a todos. "Quiero que matis al Amor", dijo. Muchos
sonrieron malvolamente pues ms de uno quera destruirlo.

El primer voluntario fue el Mal Carcter, quien dijo: "Yo ir, y les aseguro que en un ao el Amor habr
muerto; provocar tal discordia y rabia que no lo soportar". Al cabo de un ao se reunieron otra vez y al
escuchar el informe del Mal Carcter quedaron decepcionados. "Lo siento, lo intent todo pero cada vez
que yo sembraba una discordia, el Amor la superaba y sala adelante".

Fue entonces cuando, muy diligente, se ofreci la Ambicin que haciendo alarde de su poder dijo: "En
vista de que el Mal Carcter fracas, ir yo. Desviar la atencin del Amor hacia el deseo por la riqueza y
por el poder. Eso nunca lo ignorar". Y empez la Ambicin el ataque hacia su vctima quien
efectivamente cay herida y la ador en sus dolos, que son una tentacin constante, y una causa frecuente
del alejamiento del amor verdadero. Muchos dolos se levantan muy bien construidos y refinados que se
presentan bajo capa de progreso o que proporcionan ms material bienestar, ms placer, ms
comodidad...: su Dios es el vientre, y su gloria la propia vergenza, pues ponen el corazn en las cosas
terrenas, como dice San Pablo en su Carta a los Filipenses, y es aplicable a la idolatra moderna, a la que se
ven tentados tantos, olvidando el tesoro autntico, la riqueza del amor. Pero, despus de luchar por salir
adelante, el Amor renunci a todo deseo desbordado de poder y triunf de nuevo.

Furioso el Odio por el fracaso de la Ambicin envi a los Celos, quienes burlones y perversos inventaban
toda clase de artimaas y situaciones para despistar el amor y lastimarlo con dudas y sospechas
infundadas. Pero el Amor confundido llor y pens que no quera morir, y con valenta y fortaleza se
impuso sobre ellos, y los venci. Ao tras ao, el Odio sigui en su lucha enviando a sus ms hirientes
compaeros, envi a la Frialdad, al Egosmo, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad y a muchos otros
que fracasaron siempre, porque cuando el Amor se senta desfallecer tomaba de nuevo fuerza y todo lo

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superaba. Cuando venan las Desgracias pareca sucumbir, pues como deca Claudio de Colombiere los
golpes imprevistos no permiten muchas veces que uno aproveche de ellos, a causa del abatimiento y
turbacin que levantan en el alma; mas con un poquito de paciencia, se ve como Dios dispone a recibir
gracias muy grandes precisamente por aquel medio. Sin tales percances tal vez no habra sido el amor del
todo malo, pero tampoco del todo bueno.
El Odio, convencido de que el Amor era invencible, les dijo a los dems: "No podemos hacer nada ms...
El Amor ha soportado todo, llevamos muchos aos insistiendo y no lo logramos. De pronto, de un rincn
del saln se levant alguien poco reconocido, que vesta todo de negro y con un sombrero gigante que caa
sobre su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fnebre como el de la muerte. "Yo matar el Amor, dijo
con seguridad. Todos se preguntaron quin era ese que pretenda hacer solo, lo que ninguno haba podido.
El Odio dijo: "Ve y hazlo".

Tan slo haba pasado algn tiempo cuando el Odio volvi a llamar a todos los malos sentimientos para
comunicarles despus que, de mucho esperar, por fin el Amor haba muerto. Todos estaban felices, pero
sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro habl: "Ah os entrego el Amor totalmente
muerto y destrozado", y sin decir ms ya se iba. "Espera", dijo el Odio, "en tan poco tiempo lo eliminaste
por completo, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. Quin eres?" El sentimiento levant
por primera vez su horrible rostro y dijo: "soy La Rutina."

La rutina es ausencia de amor, monotona, y la monotona es falta de energa (dice la cantante Laura
Pausini), significa que est ya muerto el amor. El amor es un fuego al que hay que echar cada da cosas
nuevas: "Los pequeos actos de cortesa endulzan la vida, los grandes la ennoblecen" (Karina Valenzuela).
En la batalla del amor frente al odio, hay que cuidar las cosas pequeas que son -en frase de la Escrituralas que si faltan dejan paso a las pequeas raposas que destrozan el campo de ese amor. La dejadez, el
abandono de los detalles, produce el desmoronarse de todo el amor: Ser que la rutina ha sido ms fuerte
(canta el grupo Ella baila sola). En los pequeos detalles es donde se libra la batalla del odio contra el
amor: el amor alienta, el odio abate; y tomo de Mauricio Fornos algunos de los campos en los que se libra
esta batalla: el amor sonre, el odio grue; el amor atrae, el odio rechaza; el amor confa, el odio sospecha;
el amor enternece, el odio enardece; el amor canta, el odio espanta; el amor tranquiliza, el odio altera; el
amor guarda silencio, el odio vocifera; el amor edifica, el odio destruye; el amor siembra, el odio arranca;
el amor espera, el odio desespera; el amor consuela, el odio exaspera; el amor suaviza, el odio irrita; el
amor aclara, el odio confunde; el amor perdona, el odio intriga; el amor vivifica, el odio mata; el amor es
dulce; el odio es amargo; el amor es pacfico; el odio es explosivo; el amor es veraz, el odio es mentiroso;
el amor es luminoso, el odio es tenebroso; el amor es humilde, el odio es altanero; el amor es sumiso, el
odio es jactancioso; el amor es manso, el odio es belicoso; el amor es espiritual, el odio es carnal. El amor
es sublime, el odio es triste

<b> Carta de una joven religiosa desde la trgica Bosnia: </b>Soy Lucy, una de las jvenes
religiosas que ha sido violada por los soldados serbios. Le escribo, Madre, despus de lo que nos
ha sucedido a mis hermanas Tatiana, Sandria y a m. Permtame no entrar en detalles del hecho.

Hay en la vida experiencias tan atroces, que no pueden contarse a nadie ms que a Dios, a cuyo
servicio, hace apenas un ao me consagr. Mi drama no es tanto la humillacin que padec como
mujer, ni la ofensa incurable hecha a mi vocacin de consagrada, sino la dificultad de incorporar a
mi Fe un evento que ciertamente forma parte de la misteriosa voluntad de Aquel, a quien siempre
considerar mi Esposo Divino. Haca pocos das que haba ledo Dilogo de Carmelitas, y

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espontneamente ped al Seor la gracia de poder yo tambin morir mrtir. Dios me tom la
palabra, pero, de qu manera!

Ahora me encuentro en una angustiosa oscuridad interior. El ha destruido el proyecto de mi vida,


que consideraba definitivo y exaltante para m y me ha introducido imprevistamente en un nuevo
designio suyo que, en este momento me siento incapaz de descubrir. Cuando adolescente escrib en
mi Diario: Nada es mo, yo no soy de nadie, nadie me pertenece. Alguien, en cambio, me apres
una noche, que jams quisiera recordar, me arranc de m misma, queriendo hacerme suya... Era
ya da cuando despert y mi primer pensamiento fue el de la agona de Cristo en el huerto.

Dentro de m se desencaden una lucha terrible. Me preguntaba por qu Dios permiti que yo
fuese desgarrada, destruida precisamente en lo que era la razn de mi vida, pero, tambin me
preguntaba a qu nueva vocacin El quera llamarme. Me levant con esfuerzo y mientras ayudada
por Sor Josefina me enderezaba, me lleg el sonido de la campana del convento de las Agustinas,
cercano al nuestro, que llamaba a la oracin de las nueve de la maana. Me hice la seal de la cruz
y recit mentalmente el himno litrgico: En esta hora sobre el Glgota, Cristo, verdadero Cordero
Pascual, paga el rescate de nuestra salvacin. Qu es Madre, mi sufrimiento y la ofensa recibida,
comparados con el sufrimiento y la ofensa de Aquel por quien haba jurado mil veces dar la vida?
Entonces, dije despacio, muy despacio: Que se cumpla tu voluntad, sobre todo ahora que no
tengo dnde aferrarme y que mi nica certeza es saber que T, Seor, ests conmigo!

Madre, les escribo no para buscar consuelo, sino para que me ayude a dar gracias a Dios por
haberme asociado a millares de compatriotas ofendidas en su honor y obligadas a una maternidad
indeseada. Mi humillacin se aade a la de ellas, y, porque no tengo otra cosa que ofrecer en
expiacin por los pecados cometidos por los annimos violadores y para reconciliacin de las dos
enemigas etnias, acepto la deshonra sufrida y la entrego a la misericordia de Dios. No se
sorprenda, Madre, si le pido que comparta conmigo un gracias que podra parecer absurdo. En
estos meses he llorado un mar de lgrimas por mis dos hermanos asesinados por los mismos
agresores que van aterrorizando nuestras ciudades, y pensaba que no podra sufrir ms de eso, tan
lejos estaba de imaginar lo que me habra de suceder! A diario llamaban a la puerta de nuestro
convento centenares de criaturas hambrientas; tiritando de fro, con la desesperacin en los ojos.

Hace unas semanas un muchacho de 18 aos me dijo: Dichosas ustedes que han elegido un lugar
donde la maldad no puede entrar. El chico tena en la mano el rosario de las alabanzas del
Profeta. Y aadi en voz baja: Ustedes no sabrn nunca lo que es la deshonra . Pens largamente
sobre ello y me convenc de que haba una parte secreta del dolor de mi gente que se me escapaba
y casi me avergonc de haber sido excluida. Ahora soy una de ellas, una de las tantas mujeres
annimas de mi pueblo, con el cuerpo devastado y el alma saqueada.

El Seor me admiti a su misterio de vergenza. Es ms, a m, religiosa, me concedi el privilegio


de conocer hasta el fondo la fuerza diablica del mal. S que de hoy en adelante, las palabras de
nimo y de consuelo que podr arrancar de mi pobre corazn, ciertamente sern crebles, porque
mi historia es su historia, y mi resignacin, -sostenida por la fe-, podr servir, sino de ejemplo, por
lo menos de referencia para sus reacciones morales y afectivas. Basta un signo, una vocecita, una

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seal fraterna para poner en movimiento la esperanza de tantas criaturas desconocidas. Dios me ha
elegido, que l me perdone esta presuncin, para guiar a las ms humilladas de mi pueblo hacia
un alba de redencin y de libertad. Ya no podrn dudar de la sinceridad de mis palabras, porque
vengo, como ellas, de la frontera del envilecimiento y la profanacin. Recuerdo que cuando
frecuentaba en Roma la Universidad Auxilium para la Licenciatura en Letras, una anciana
eslava, profesora de literatura, me recitaba estos versos del poeta Alexej Mislovic: T no debes
morir porque has elegido estar de la parte del da.

La noche, en que por horas y horas fui destrozada por los serbios, me repeta estos versos, que los
senta como un blsamo para el alma, enloquecida ya casi por la desesperacin. Ahora ya todo
pas, y al volver hacia atrs, tengo la impresin de haber sufrido una terrible pesadilla. Todo ha
pasado, Madre, pero, todo empieza. En su llamado telefnico, despus de sus palabras de aliento,
que le agradecer toda la vida, Usted me hizo una pregunta concreta: Qu hars de la vida que te
han impuesto en tu seno? Sent que su voz temblaba al hacerme esa pregunta, pregunta a la que
no cre oportuno responder de inmediato, no porque no hubiese reflexionado sobre el camino a
seguir, sino para no turbar sus eventuales proyectos con respecto a m. Yo, ya decid. Ser madre.
El nio ser mo y de nadie ms. S que podra confiarlo a otras personas, pero, l, aunque yo no
lo quera ni lo esperaba tiene el derecho a mi amor de madre. No se puede arrancar una planta
con sus races. El grano de trigo cado en el surco tiene necesidad de crecer all, donde el
misterioso, aunque inicuo sembrador lo ech para crecer. Realizar mi vocacin de otra manera.
Nada pedir a mi congregacin que me ha dado ya todo. Estoy muy agradecida por la fraterna
solidaridad de las Hermanas, que en este tiempo me han llenado de delicadezas y atenciones, y
particularmente por no haberme importunado con preguntas indiscretas. Me ir con mi hijo. No s
adnde, pero, Dios que rompi de improviso mi mayor alegra, me indicar el camino a recorrer
para hacer su voluntad. Volver pobre, retornar al viejo delantal y a los zuecos que usan las
mujeres los das de trabajo y me ir con mi madre a recoger en nuestros bosques la resina de la
corteza de los rboles. (...). Alguien tiene que empezar a romper la cadena de odio que destruye
desde siempre nuestros pases. Por eso, al hijo que vendr le ensear slo el amor. Este mi hijo,
nacido de la violencia, testimoniar junto a m, que la nica grandeza que honra al ser humano es
la del perdn. Afectuossimamente,

Lucy Vertrusc

<b>Ejercicio 13: Ver a Dios en la naturaleza: </b>Retrate con tu imaginacin a cualquier lugar propicio
y crea un clima de silencio y alabanza; una iglesia silenciosa, una terraza bajo un cielo estrellado, la playa, la
cima de una montaa, la orilla de un ro, un lugar donde haya abundantes rboles de pino.

<i>Imagina la naturaleza alrededor, rboles, pjaros, animales, el cielo, la montaaContempla la


naturaleza y absorbe el silencio que ella transmiteExperimenta la naturaleza en movimiento: el frescor de
la maana, el calor del medio da, los colores del poniente, la oscuridad de la noche, las estrellas, la luna
Pregunta a la naturaleza, a los rboles, a los pjaros, al ro, a la montaa, a las estrellas, si tienen algn
mensaje para darte. Pregunta, sobre todo, a las personas si tienen algo que decirte. <b>Oh valles y
espesuras/ plantadas por la mano del Amado,/ decid si por vosotras ha pasado</b> Pregunta tambin
al Seor lo que tiene que decirte por medio de la naturaleza. Espera la respuesta de Dios. Puede ser una
palabra, una frase, un silencio Piensa: a travs de tus ojos Dios contempla la belleza de la creacin.
Invita al Seor a mirar a travs de tus ojos las cosas ms bellas que El ha creado. Si te inspiras en la Biblia,
invita a la creacin a glorificar al Seor con el cntico de Daniel (3,52-90).

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</i>Ahora elige en el bosque un pino, ser un pino con la bandera de Colombia, y le dices al Seor: quiero
ser tu pino, Seor, con las ramas verdes y frescas, alimentado siempre por la sabia de tu vida divina, apoyado
en una cruz de madera, smbolo de tu crucifixin y muerte; me sostendr muy derecho y no caer ante las
dificultades y crisis de la vida, ya que mi soporte est en Ti y no en m mismo. Como un reflejo tuyo mi
forma ser triangular, signo de tu Santsima Trinidad; y si una rama sobresale demasiado, hazme sensible
para cortarla a tiempo para que sea menos doloroso.

Empezar desde hoy a limpiar todo musgo o heno que tengan el tronco y las ramas; a quitarme todo lo que
me estorba: el egosmo, el orgullo, la soberbia, la envidia, los rencores, la incomprensin, que como
parsitos crecen sin que me d cuenta. Como un recuerdo de todas las estrellas que brillaron en la noche
bendita en que T naciste, me llenar de colores y luces para reflejar a los dems la alegra de tu venida al
mundo y de tu presencia en l.

Escoger <b>el color amarillo</b>, el ms brillante, para que represente mis alabanzas. Por el sol que sale
cada da, por las estrellas, los atardeceres, por todas las maravillas del mundo que tu has creado para
nosotros, Padre querido. Continuar con <b>el color azul</b>, para simbolizar el perdn que te pido para
entregarlo. Porque no siempre he sabido serte fiel, porque no s perdonar, porque evado la luz y prefiero ser
tinieblas. Perdn, Seor, porque conocindote, no doy testimonio de ti. Tambin pondr <b>el color
rojo</b>, que representa mi oracin. Te alabar por ser quien eres; te pido por mi familia: que reines
siempre T y seas el centro de ella. Dame, Seor, lo que T sabes que necesito y no s pedirte: paciencia,
humildad y prudencia para no herir jams a nadie. Por ltimo, el color blanco para decirte: gracias por tanto
como he recibido de Ti; porque me has dado salud, alegra y satisfacciones. Gracias, tambin, por las
enfermedades, las penas y los sufrimientos. Gracias porque me acercas ms ntimamente a Ti.

Y en lo ms alto, con luz muy intensa, pondr una estrella que me ilumine siempre, ser mi fe. Te pido,
Seor, una fe madura, inquebrantable, siempre en aumento y que se alimente de tu Eucarista y de tu
Palabra. Una fe que, pro eso, brillar, para que todo aquel que se acerque a m sienta tu Presencia, te vea.
Dame, Seor, la alegra de permanecer siempre unido a Ti.

Pata terminar: <i>Recibe al Seor en tus aspiraciones; entrgate de nuevo a l en tus expiraciones. Siente
la paz que te da, descansando en su Presencia, que inunda todo tu ser. Agradece el amor con que te ha
inundado.</i>

<b>Ejercicio 14: Visualizacin de Perdn: </b><b>Dentro de la escuela de la vida, el perdn es una de


las materias ms difciles de aprender</b>. Pensamos que guardar rencor es ms fcil y ms seguro, ya
que esto impide que las personas que en algn momento nos hicieron dao, nos vuelvan a lastimar. Nada
ms lejos de la verdad.

Tenemos que ser conscientes que el perdonar nos hace libres, nos quita la carga. <b>Recordemos que la
energa acumulada en nuestro organismo por el rencor, baja nuestras defensas desencadenando
enfermedades</b> que, de manera gradual, pueden causarnos hasta la muerte, como por ejemplo el cncer.

<b>Slo basta perdonar para darnos la oportunidad de vivir en libertad. No es necesario que la
persona a la que perdonamos se entere</b>. Tampoco tenemos que reiniciar la relacin si no lo deseamos.

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Tampoco se trata de olvidar. El perdn nos sirve para que este tipo de recuerdos no nos dae ms, para que
ya no nos duelan. <b>El perdn es para el bien de la persona que perdona.

Antes de perdonar a los dems, aprender a perdonarte a ti mismo</b> . Necesitamos dejar de


atormentarnos por lo que hicimos o dejamos de hacer. Visualiza que eliminas la culpabilidad de tu esquema
de vida y en su lugar sacas provecho de tus errores aprendiendo de ellos y no volvindolos a cometer.
Visualzate perdonando y mrate eligiendo actuar mediante la compasin, la comprensin y la ausencia de
juicios.

<b>
Ejercicio 15 Visualizacin de un enfado: </b>Ahora haz una pausa de unos dos minutos y piensa en una
ocasin en que te hayan hecho enfadar.
Cmo te sentas? Cmo te sientes? Si en estos momentos la clera te invade, toma conciencia de cmo te
sientes.
Respira hondo, despacio y adntrate en tus sentimientos. qu ves debajo de tu rabia? Ves miedo?
Tristeza? Inseguridad? Desamparo? Impotencia? Sientes que te han herido o que te han abandonado?
Tienes una sensacin de desilusin ante expectativas no satisfechas o sueos normalizados?
Mira an ms profundamente. Bajo ese miedo, esa frustracin y/o esa tristeza, hay un ruego a alguien de
que te preste atencin, de que te escuche?
Hay una peticin, consciente o inconsciente, de respeto, reconocimiento, inters o amor, peticin de
perdn? Entrgate al ES y pdele que te regale el perdn que necesitas dar a tu hermano. Agradece y adora a
la Comunidad divina del Padre del Hijo y del Espritu Santo.
Ejercicio16: los ruidos agresivos
<b>Los ruidos tan comunes y agresivos en nuestra sociedad constituyen un peligro serio para la salud
psquica y fsica. Silos percibimos como intrusos, enemigos de nuestra paz y tranquilidad, nos crean
graves tensiones. Adems, pueden provocar rencores muy profundos cuando los asociamos a ciertas
personas o partes de nuestra sociedad. Para vivir en paz y proteger la salud es preciso reconciliarse
con ellos. Gracias al perdn y la reconciliacin podemos cambiar nuestra actitud hacia los ruidos; y de
ese modo reducir las tensiones y poner fin a los rencores y resistencias. Tal es el objetivo del siguiente
ejercicio.: </b>Concentra tu atencin por un momento en los ruidos que ms te molestan. A travs de ellos
puedes llegar a ser fuerte: la sociedad que te rodea, la fbrica, la discoteca, los jvenes y su msica a todo
sonido, al escuela, el nio que llora, esa persona que grita. Ponte en su lugar y trata de comprender a esas
personas. Ora al Seor de esta manera o parecida: Jess, dame tu amor y tu comprensin hacia esa o esas
personas; crea en m tu silencio y tu paz. Desde Jess ofrece el perdn y la paz a la sociedad que te rodea, a
las personas, a los ruidos, a las circunstancias.
Con los ojos cerrados y odos bien alerta, dedica un rato a captar todos los sonidos y ruidos que llegan hasta
ti: suaves, fuertes, prximos, lejanos. Vete percibiendo todos esos ruidos sin resistirlos, sin crisparte, con
gran paz. Djalos que te visiten como amigos, que te acaricien o rocen ligeramente. Tmalos como parte de
algunos de los hijos de Dios, que acaso ni piensan en l. Ruidos y sonidos alaben al Seor. Pero no los
retengas en tu mente. Djalos ir como han venido, sin esfuerzo, sin preocuparte de ellos.
Concntrate en tu propia respiracin, atento slo al aire que penetra tus pulmones. Es un smbolo del
Espritu de Dios, que va penetrando todo tu ser. Con cada respiracin repite mentalmente: Ven, Espritu de
paz, inunda mi ser!

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<b>Ejercicio 17: el embotellamiento: </b>Imagnate que vas de camino a una reunin importante y te
encuentras con un embotellamiento del trfico. Comienzas a preocuparte, sientes que te viene dolor de
cabeza, que se te van poniendo los hombros tensos, y piensas en las peores consecuencias de retraso.
Ahora, imagina durante un momento que ests all en tu asiento del carro como un manojo de nervios y te
das cuenta de que tu ansiedad no hace avanzar ms de prisa al carro que tiene delante ni al que est detrs.
Respira hondo y suelta el aire. Te dices: reljate. Sientes cierto alivio. Decides que cuando llegues a la
reunin sencillamente explicars lo que te ha sucedido.
Ahora sintoniza tu emisora favorita. Te recuerdas de nuevo que tienes una opcin en la forma de reaccionar
ante esa situacin y vuelves a afirmar que puedes relajarte.
Haces otra honda inspiracin. Te echas hacia atrs en el asiento, respiras profundamente y disfrutas de la
oportunidad de estar a solas.
Ejercicio 18: PERDONAR, SANAR, RESTAURAR, RENOVAR
"El mayor espectculo del mundo es ver un hombre esforzado luchando solo contra la adversidad; pero hay
uno todava ms sorprendente y es el ver a otro hombre lanzarse en su ayuda sin que este se lo pida"

Valores humanos: viviendo la sobriedad


Vivir la sobriedad nos permite controlar nuestros deseos e impulsos, sin embargo no siempre es fcil saber
aplicar este valor en la vida ordinaria.
Porque existen recuerdos, situaciones, acontecimientos, personas, que ms que huellas han dejado heridas en
el alma y se convierten en la piedra en el zapato que no nos deja avanzar puesto que duele y lastima cada vez
que intentamos caminar. Por esto urge, es necesario aprender a perdonar
Y el perdn... es la medicina que sana el dolor del alma, es el sentimiento que devuelve la esperanza, es el
milagro que renueva o restaura, es la magia que nos permite recordar sin sufrir, y muchas veces olvidar
aquello que tanto nos hizo llorar, nos rob la fe en el amor, en la amistad, en Dios, en uno mismo, en los
dems.
<b>Perdonar: </b>Por ello debemos aprender a Perdonar; quizs a Dios, no porque haya hecho algo mal
sino por aquello por lo que lo hemos culpado: enfermedades, accidentes, consecuencias de los errores de la
humanidad, infertilidad, hijos con caractersticas no esperadas, abundancias o carencias, inconformidades
propias que nos impiden encontrar la paz. Hacemos de nuestra oracin un muro de lamentos, nos alejamos
de El porque no logramos entender o discernir cul es su voluntad, le culpamos de los errores de otros
<b>Sanar: </b>Para poder renovar nuestro interior, es preciso liberar de toda culpa a Dios, aprender a
descubrir y experimentar su inmenso amor y encontrar en l la sanacin interior
Hay casos en los que nos cuesta reconocer, que es a nosotros mismos a los que debemos perdonar; porque
nos culpamos de muchas de las cosas que pasan a nuestro alrededor, juzgamos muy severamente nuestros
errores, nos atormentamos por lo que dejamos de hacer o hicimos mal; divorcios, muertes, separaciones,
palabras dichas y otras que no se dijeron, flores marchitas, historias de amor y amistad que no lograron
terminar de escribirse o que tuvieron un triste final y nos quedamos estancados en el pasado sin poder
avanzar; negndonos la oportunidad de empezar de nuevo, liberarnos, restaurar, renovar
Perdonarnos, es ser capaces de aceptar e indultar nuestra propia humanidad; pasar la hoja, atrevernos a
escribir un nuevo captulo de nuestra historia personal.
Para encontrar la paz del alma, hace falta perdonar tambin a los dems; la palabra que doli, la traicin que
golpe, la accin que la vida destroz, el abandono que dej vacos internos, la omisin, la indiferencia, los
acosos, el cansancio, la fragilidad humana del otro que tanto hiri, que rob La fe, la esperanza de creer en
el amor, en la amistad, an en el mismo perdn

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Perdonar al otro es liberarnos de sentimientos que causan mucho ms dolor; porque nos encasillan en hechos
que ya pasaron, en tormentas que cesaron, en diluvios y terremotos que aunque arrasaron con lo mejor de
nosotros mismos, no todo se lo han robado; porque mientras nuestro corazn siga latiendo, tenemos la
oportunidad de seguir viviendo, restaurando lo que est destruido, renovar el corazn herido, devolviendo la
fe y la paz que se haba perdido
<b>Restaurar: </b>El perdn sale de nosotros mismos, de nuestra capacidad de amar, de volver a
empezar El aprender a perdonar surge de esa experiencia que tengamos del Amigazo Dios que nos ense
a perdonar, saldando El mismo todas nuestras deudas, liberndonos de toda culpa, regalndonos la nueva
vida en el amor que a diario nos manifiesta, en esa cruz, que ms que condenarnos nos redime y nos libera
Perdonar es empezar de nuevo, amar con tanta intensidad que hagamos del perdn el milagro que restaure
nuestra vida, le devuelva la paz y la esperanza perdida; y nos llene de fuerza y fe para hacer nuestros sueos
realidad.
<b>Renovar: </b>Por ello, revisa tu interior y piensa: Qu te hace falta perdonar? Qu te impide
avanzar?... Ests listo para empezar de nuevo, reparar, restaurar, renovar?...Solo Dios nos da esa capacidad
de perdonar; de El recibimos y aprendemos el perdn que le devuelve la paz al corazn Cada da en
nuestra oracin repetimos: Perdnanos como perdonamos Digmosle tambin, ensanos a perdonar
como Tu nos has perdonado

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